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Timestamp: 2017-09-26 02:29:34
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Ley antiterrorista y el derecho internacional de los derechos humanos. Informe en Derecho Defensoría Peanl Pública. Departamento de Estudios - PDF
Ley antiterrorista y el derecho internacional de los derechos humanos. Informe en Derecho Defensoría Peanl Pública. Departamento de Estudios
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Antonio Vázquez Henríquez
1 Ley antiterrorista y el derecho internacional de los derechos humanos. Informe en Derecho Defensoría Peanl Pública. Departamento de Estudios Profesora Cecilia Medina Quiroga* TABLA DE CONTENIDO: I. Presentación II. Análisis de aspectos consultados II. 1. Alcance del Debido Proceso y de las denominadas garantías judiciales a la luz del derecho internacional de derechos humanos II. 2. Adecuación de la ley que sanciona las conductas terroristas en Chile (Ley N , recientemente reformada por la Ley N ) a los compromisos internacionales adquiridos por el Estado en materia de garantías judiciales mínimas del acusado. II. 3. Examen de la aplicación de la ley a miembros del pueblo mapuche: algunos aspectos problemáticos desde la perspectiva del derecho internacional de derechos humanos. III. Conclusiones * Abogada, Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad de Chile, Doctora en Derecho por la Universidad de Utrecht, Holanda. Profesora de Derecho Internacional de los Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Miembro del Comité Académico y del Claustro del Programa de Doctorado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Ex Jueza de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ( ) y Presidenta de dicho tribunal en los años 2008 y Miembro del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas durante ocho años y Presidenta del mismo en los años 1999 y 2000.
2 I. PRESENTACIÓN La elaboración del presente informe en derecho obedece a una solicitud de la Defensoría Penal Pública de Chile y tiene por objeto analizar la adecuación a los tratados internacionales sobre derechos humanos de la Ley N que sanciona las conductas terroristas y su aplicación en el marco del denominado conflicto mapuche, en relación con las Garantías Judiciales mínimas que deben respetarse en la substanciación de estas causas, particularmente, en lo relativo al uso de testigos secretos. Para satisfacer este doble propósito, el desarrollo del informe se estructura en torno a tres ejes: primero, se examina el contenido y alcance del derecho al Debido Proceso y a las Garantías Judiciales, de acuerdo al derecho internacional de derechos humanos, así como las obligaciones que a este respecto tienen los Estados. En segundo lugar, se analiza la conformidad de la Ley N (recientemente reformada por la Ley N ) con los estándares internacionales en materia de derechos humanos, principalmente en lo que concierne a las reglas de procedimiento que aquella establece. En tercer lugar, se observan algunas aristas preocupantes, desde la perspectiva de los derechos humanos, que presenta la aplicación recurrente de esta ley a personas mapuche, en un contexto de intensas y violentas reclamaciones de tierras ancestrales. Por último, el informe expone las principales conclusiones en torno a los temas consultados. La estructura recién expuesta responde a una razón de carácter sustantivo. Por una parte, resulta necesario establecer un marco introductorio acerca del contenido y alcance del Debido proceso y de las garantías judiciales, conforme el desarrollo del derecho internacional de derechos humanos tanto a nivel doctrinal, normativo y jurisprudencial. En vista de ello, el informe se inicia con una referencia a los elementos más relevantes y atingentes del derecho al Debido Proceso y a las garantías judiciales, particularmente, en materia penal. Por otra parte, no es plausible referirse a la aplicación de la Ley N respecto de miembros de las comunidades mapuche, sin abordar primero las dificultades que impone esta regulación a las garantías judiciales de cualquier persona a quien se le impute una conducta terrorista. En efecto, muchos de los problemas que presenta la legislación antiterrorista en nuestro país y que han concitado mayor atención a raíz de los casos suscitados en el marco de las acciones de protesta de comunidades mapuche son, en realidad, deficiencias que amenazan los derechos fundamentales de cualquier imputado, con independencia de su origen étnico. Por ello, el informe inicia el análisis de los aspectos consultados refiriéndose a las implicancias de dicha regulación especial en la satisfacción del derecho al Debido Proceso y a las garantías judiciales de los imputados por terrorismo, así como también la forma de armonizar el goce de estos derechos con la protección de los testigos y otros intervinientes. En consonancia con lo anterior, el informe dedica su tercera parte al análisis de dos casos judiciales en los cuales se ha aplicado la Ley N a personas pertenecientes a comunidades mapuche y que muestran las consecuencias que acarrea para cualquier persona la aplicación de una ley que no es completamente compatible con las obligaciones internacionales de Chile. Esto se agrava si dicha ley se aplica precisamente al pueblo
3 mapuche con motivo de acciones que se insertan en una lucha social respecto de la cual el Estado tiene también otras obligaciones que debe necesariamente considerar. Esto implica que el cuidado de la aplicación de esta ley deba extremarse. Es importante, sin embargo, delimitar adecuadamente los márgenes de este informe. Éste no pretende hacer un análisis de las políticas públicas en materia de asuntos indígenas en Chile, ni adentrarse en el contexto político o social en el que se inserta la persecución penal de comuneros mapuches acusados de conductas terroristas. Tampoco es materia de este informe referirse a la legitimidad de las reclamaciones y acciones de protesta de estas comunidades. Por otro lado, éste no persigue analizar la conformidad de la Ley N al principio de legalidad penal, por lo que no ahonda en los problemas de tipicidad que se aprecian en ella. Sin perjuicio de ello, se formulan algunas referencias a las dudas que genera dicha ley en este ámbito, con el exclusivo propósito de facilitar la comprensión de ciertas formas de afectación a los derechos humanos derivados del uso de la Ley N Asimismo, es conveniente explicitar que los estándares de derecho internacional de derechos humanos que se invocan en este informe, provienen tanto del sistema interamericano de protección de los derechos humanos, así como del sistema de acciones Unidas y del europeo. En este sentido, es relevante hacer presente que la normativa de derechos humanos es particularmente dinámica y se desarrolla en forma sustancial a través de la jurisprudencia de los órganos de protección de los derechos humanos, especialmente, de las Cortes Internacionales. A lo largo del informe es posible apreciar cierto énfasis en dos instrumentos internacionales: la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Ello se explica en razón de que Chile ha ratificado ambos tratados generales sobre derechos humanos y ha reconocido la competencia de sus respectivos sistemas de control: la Corte Interamericana y el Comité de Derechos Humanos, respectivamente. Sin perjuicio de ello, la consideración de instrumentos, jurisprudencia u otras resoluciones de sistemas regionales de protección de los derechos humanos de los que Chile no forma parte son igualmente fundamentales para efectos de determinar el contenido y alcance de las obligaciones internacionales de los Estados en esta materia. El sistema de protección de los derechos humanos es un sistema integral que recoge el avance de los derechos en todos y cada uno de los órganos internacionales de protección, así como también en la jurisprudencia de todos los Estados sometidos a la supervisión de estos órganos. Las diversas fuentes del derecho internacional de derechos humanos constituyen un corpus juris internacional que desarrolla e interpreta las normas reconocidas en el ámbito de diversos sistemas de protección. Esto explica que tanto la Comisión y la Corte Interamericanas, así como los distintos Comités encargados de la observancia de los Tratados Internacionales de Naciones Unidas hagan suya muchas de las interpretaciones de la Corte Europea de Derechos Humanos. Esta interdependencia y retroalimentación es recíproca y constante entre los diversos mecanismos de protección internacional de los derechos humanos. Por ello, este informe hace uso de la jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos. La referencia a ella se debe también al hecho de que esta última ha tenido la oportunidad de conocer y analizar diversas temáticas que, en cambio,
4 la Corte Interamericana no ha enfrentado con frecuencia. Por razones que exceden de lo jurídico y que se vinculan más bien a la historia de nuestro continente, la Corte Interamericana ha debido conocer y resolver muchos casos de violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos, lo que evidentemente repercute en el tipo de asuntos que debe analizar. De este modo, la experiencia de la Corte Europea de Derechos Humanos cuenta con un desarrollo considerablemente más profuso de ciertos aspectos del debido proceso, que informan estándares aplicables por los restantes sistemas de protección y que justifican plenamente atender a ellos para efectos de este informe.
5 II. ANÁLISIS DE ASPECTOS CONSULTADOS II. 1. Alcance del Debido Proceso y de las denominadas garantías judiciales a la luz del derecho internacional de derechos humanos El denominado derecho al Debido Proceso -ampliamente consagrado en los tratados internacionales y en las Constituciones Políticas de los Estados- proviene de la tradición jurídica anglosajona del Due Process of law 1. Con origen en la Carta Magna de 1215, fue posteriormente desarrollado por la jurisprudencia de la Corte Suprema estadounidense, en base a las enmiendas constitucionales V y XIV2. Su ingreso al campo del derecho internacional de derechos humanos se produce con los artículos 10 y 11 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que estatuyeron un derecho general de toda persona a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, en condiciones de plena igualdad; así como los principios de presunción de inocencia y el de nulla poena sine lege. Entre 1948 y 1949 el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas comenzó a trabajar en un detallado catálogo de garantías mínimas procedimentales3, que sirvió de base al proyecto del actual artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y a la configuración de disposiciones semejantes, como el artículo 6 del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos y el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. El contenido y alcance de esta normativa ha sido ampliamente desarrollada por la jurisprudencia de los órganos de supervisión y de los tribunales internacionales de derechos humanos, incidiendo de manera considerable tanto en las interpretaciones judiciales como en las concreciones legislativas de los ordenamientos jurídicos nacionales. Actualmente, el Debido Proceso constituye una piedra angular del sistema de protección de los derechos humanos. Es, por excelencia, la garantía de todos los derechos humanos y un requisito sine qua non de un Estado de Derecho. Su extendido reconocimiento ha llevado a considerarlo un principio de derecho internacional consuetudinario4 y a ser regulado de manera tal de impedir a los Estados la suspensión de su ejercicio, incluso en 1 Noor MUHAMMAD, Due Process of law for Persons Accused of Crime, citado en NOWAK. M, U.NCovenant on Civil and Political Rigths. CCPR Commentary, N.P Engel Publisher, Strasburgo,1993, p La revisión de la Carta Magna en 1354 trajo la incorporación del concepto Due Process of Law en reemplazo del Law of the Land. WOLFE. C, The Original Meaning of the Due Process Clause, en HICKOK. W, The Bill of Rights. Original Meaning and Current Understanding, Charlottesville y Londres: University Press of Virginia, 1996, p La V Enmienda de 1791 señala No person shall be held to answer for a capital, or therwise infamous crime, unless on a presentment or indictment of a Gran Jury, except in cases arising in the land of naval force, or in the militia, when in actual service in time of war or public danger; nor shall any person be subject for the same offence to be twice put in jeopardy of life or limb; nor shall be compelled in any criminal case to be a witness against himself, nor be deprived of life, liberty, or property, without Due Process of Law; nor shall private property be aken for public use without just compensation. Por su parte, la Enmienda XIV fue introducida en 1868, tras la Guerra de Secesión. 3 NOWAK, supra nota 1, p Norma No. 100, en Jean-Marie Henckaerts y Louise Doswald-Beck, El derecho internacional humanitario consuetudinario Volumen1: Normas, Ed. Comité Internacional de la Cruz Roja, 2007, pág. 401, citado en Comisión Internacional de Juristas, Manual de Observación de Procesos Penales, Guía para Profesionales N 5, Ginebra, 2009, p. 156
6 situaciones de emergencia 5, cuanto menos, respecto de los derechos y garantías no susceptibles de suspensión de acuerdo al tratado internacional en cuestión6. Al respecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que los principios del debido proceso legal no pueden suspenderse con motivo de las situaciones de excepción en cuanto constituyen condiciones necesarias para que los instrumentos procesales, regulados por la Convención, puedan considerarse como garantías judiciales 7. Asimismo, la Comisión Interamericana ha manifestado que los Estados no tienen libertad para suspender las protecciones fundamentales del debido proceso o de un juicio justo a que se hace referencia en el artículo 8 y que son comparables a las disposiciones de otros instrumentos internacionales. ( ) Estas protecciones incluyen en particular el derecho a un juicio cargo a cargo de un tribunal competente e imparcial para las personas acusadas de delitos penales, la presunción de inocencia el derecho a ser informado sin demora, y en forma que el acusado comprenda, de toda acusación penal, el derecho a disponer de tiempo y facilidades adecuadas para preparar la defensa, el derecho a la asistencia legal de su elección o el asesoramiento de defensor gratuito cuando así lo aconseje el interés de la justicia, el derecho a no brindar testimonio en su contra y la protección contra confesiones obtenidas bajo coerción, el derecho a la asistencia de testigos, el derecho a la apelación, así como el respeto por el principio de la aplicación no retroactiva de la legislación penal 8 5 Convención Americana sobre Derechos Humanos, Artículo 27. Suspensión de Garantías: 1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del Estado parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que tales disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen social. 2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados en los siguientes artículos: 3 (Derecho al Reconocimiento de la Personalidad Jurídica); 4 (Derecho a la Vida); 5 (Derecho a la Integridad Personal); 6 (Prohibición de la Esclavitud y Servidumbre); 9 (Principio de Legalidad y de Retroactividad); 12 (Libertad de Conciencia y de Religión); 17 (Protección a la Familia); 18 (Derecho al Nombre); 19 (Derechos del Niño); 20 (Derecho a la Nacionalidad), y 23 (Derechos Políticos), ni de las garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos. 3. Todo Estado parte que haga uso del derecho de suspensión deberá informar inmediatamente a los demás Estados Partes en la presente Convención, por conducto del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, de las disposiciones cuya aplicación haya suspendido, de los motivos que hayan suscitado la suspensión y de la fecha en que haya dado por terminada tal suspensión. 6 Aunque el Pacto de Derechos Civiles y Políticos no lo contempla expresamente entre los derechos no susceptibles de suspensión, se ha entendido que tiene tal carácter cuando se trata de las garantías procesales destinadas a la tutela de los derechos que de acuerdo a dicho tratado, no admiten forma alguna de suspensión. Con todo, si en ese marco la emergencia pública del Estado pudiera dar lugar a la suspensión de alguna de las garantías del artículo 14, ella nunca podrá ir más allá de lo estrictamente necesario. Ver Comité de Derechos Humanos, Obervación General N 32, Artículo 14. El derecho a un juicio imparcial y a la igualdad ante los tribunales y cortes de justicia, párr Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, Corte IDH), Opinión Consultiva OC- 9/87, Garantías Judiciales en Estados de Emergencia (arts. 27.2, 25 y 8 Convención Americana sobre Derechos Humanos), 6 de octubre de 1987, párr Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, CIDH), Informe sobre Terrorismo Derechos Humanos, 22 de octubre de 2002, párr. 245 y 247.
7 derechos humanos. Es preciso asegurar que alguien independiente e imparcial decida las controversias con unas reglas que permitan a las partes explicar su caso, presentar sus pruebas y objetar las de la contraparte. Aunque se trata de un concepto complejo, que reúne diversas garantías y ámbitos de aplicación, el Debido Proceso apunta a un conjunto de condiciones necesarias para que un justiciable pueda hacer valer sus derechos y defender sus intereses en forma efectiva y en condiciones de igualdad procesal con otros justiciables 9. Estas condiciones, si bien pueden variar en cada caso concreto, están regidas por ciertos principios fundamentales que se encuentran en la base del Due Process of Law y del desarrollo que éste ha tenido en el derecho internacional de derechos humanos, tales como el de legalidad, bilateralidad, contradicción, celeridad, eficacia e igualdad de armas. Éste último, sin embargo, es el que probablemente expresa en mayor medida la esencia del derecho al debido proceso, presente tanto en sus exigencias generales, como en las garantías específicas que amparan al acusado. El principio de igualdad de armas implica que cada parte debe ser tratada de tal manera de encontrarse en una posición procesal equivalente para plantear su caso incluyendo su evidencia- bajo condiciones que no la sitúen en desventaja sustancial frente a su oponente10. Este mandato se relaciona con el derecho de igualdad ante los tribunales y Cortes de justicia, que garantiza tanto la igualdad de acceso a ellos como la igualdad de medios procesales, obliga a tratar a ambas partes sin discriminación alguna11 y exige que casos análogos sean tratados en procesos similares12. El principio de igualdad de armas se ocupa, fundamentalmente, de la igualdad de medios procesales y se orienta a asegurar a ambas partes del proceso y, especialmente, a la que se encuentra en situación más débil, la posibilidad razonable de presentar su caso en condiciones de igualdad 13. El principio de igualdad de armas es consustancial a la noción de juicio justo ( juicio con las debidas garantías o fair trial) e inherente al Debido Proceso. Rige tanto en los procedimientos civiles (entendidos en su acepción más amplia) como en los penales y respecto de cada una de sus etapas. El debido proceso penal ha sido objeto de una particularmente cuidadosa formulación en el derecho internacional. La razón de este cuidado dice relación con el hecho de que, en el proceso penal, no hay igualdad de hecho entre acusador y acusado. El acusador es el Estado con todas las herramientas que éste tiene para defender el cumplimiento de la ley penal, y el acusado es un ser humano individual sobre el que cae todo el peso del aparato estatal y quien arriesga la afectación de varios derechos humanos, incluyendo eventualmente la vida en los países en que todavía existe la pena de muerte. Esta desigualdad real y objetiva entre acusador e imputado obliga 9 Corte IDH, Opinión Consultiva OC-16/99, El Derecho a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del Debido Proceso Legal, 1 de octubre de 1999, párr Corte Europea de Derechos Humanos (En adelante, Corte EDH), Caso Dombo Beheer B.V vs. The Netherlands, Aplication N 14448/88, sentencia de 27 de octubre de 1993, párr Comité de Derechos Humanos, Observación General N 32, supra nota 6, párr Ibídem, párr NEGRI, Stefania. The Principle of Equality of Arms and the evolving law of International Criminal Procedure, International Criminal Law Review 5: , 2005, p. 513.
8 a dotar a este último de garantías y medios procesales que le otorguen una posibilidad real de oponerse a la acusación, lo cual se traduce, principalmente, en asegurar que aquel cuente con defensa técnica y con atribuciones defensivas que le brinden idénticas posibilidades de influir en la decisión del tribunal14. Las normas del debido proceso penal, crean, así, la igualdad inexistente en la realidad. A este respecto, es interesante considerar que en el proyecto de elaboración de la Convención Americana se discutió la inclusión de una letra b) del número 2 del actual artículo 8, que establecía que [E]l proceso debido en materia penal, abarcará las siguientes garantías mínimas [ ] b) igualdad de derechos y deberes de las partes durante el juicio 15. Esta propuesta fue rechazada y reemplazada por la formulación actual de la disposición, que concede garantías mínimas y en plena igualdad sólo al inculpado y no a ambas partes. Esto indica que el Debido Proceso es un derecho fundamental de los individuos frente al Estado y que no puede ser invocado por éste frente a sí mismo, razón por la cual se estima que los ordenamientos jurídicos pueden otorgar al Ministerio Público facultades y no garantías- para ejercer la persecución 16. Consecuentemente, el principio de igualdad de armas subyace al derecho de defensa 17 y a las diversas concreciones de éste que se reconocen en los tratados internacionales de derechos humanos bajo la expresión garantías mínimas del acusado u otras equivalentes. Tal es el caso del derecho a ser asistido por traductor o intérprete si no comprende o habla el idioma del tribunal, el derecho a conocer en forma previa y detallada la acusación formulada, a contar con el tiempo y los medios adecuados para la preparación de su defensa, a ser asistido por un defensor de su elección o por uno que le proporcione el Estado y el derecho a presentar testigos en su favor y a interrogar tanto a éstos como a los presentados en su contra 18. En el ámbito del sistema interamericano de protección de los derechos humanos, el Debido Proceso se encuentra consagrado en el artículo 8 de la Convención Americana, bajo la denominación de Garantías Judiciales MAIER, J., Derecho Procesal Penal Argentino, Tomo 1b Fundamentos, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, p. 347, Ver también Corte EDH, Caso Ernest and Others, sentencia de 15 de julio de 2003, para Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, San José, Costa Rica, 7-22 de noviembre de Actas y Documentos. Secretaría General Organización de Estados Americanos, Washington D.C. OEA/Ser.K/XVI/1.2, pp. 59, 105 y MAIER. J., Derecho Procesal Penal, citado en HORVITZ, M.I, Estatus de la víctima en el proceso penal. Comentario a dos fallos de la Corte Suprema en Revista de Estudios de la Justicia, N 3, 2003, p Así como también se vincula con el carácter adversarial del procedimiento. 18 Ver Garantías mínimas reconocidas en el artículo 8.2 de la Convención Americana de Derechos Humanos; 14.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y artículo 6.3 del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos. 19 Artículo 8. Garantías Judiciales 1. Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter.
9 confusión, ya que éste no consagra un recurso judicial. Si bien el término Garantías Judiciales estricto sensu alude a los medios procesales necesarios para hacer efectivos la titularidad o el goce de un derecho, aquel ha sido entendido y empleado como equivalente al conjunto de requisitos enumerados en dicha disposición. Por tanto, aquí se utilizará dicha expresión como equivalente a Debido Proceso. Aunque en rigor, esta última resulte más exacta, ya que abarca las condiciones que deben cumplirse para asegurar la adecuada defensa de aquellos cuyos derechos u obligaciones están bajo consideración judicial 20. El reconocimiento del Debido Proceso en el marco de la Convención Americana (artículo 8) y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 14) es extremadamente similar. Ambos instrumentos regulan en un primer párrafo (8.1 y 14.1, respectivamente) el derecho general a ser oído con las debidas garantías en la substanciación de todo proceso judicial, sea o no criminal, bajo ciertas condiciones temporales ( dentro de un plazo razonable ) e institucionales ( por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley ). Asimismo, los siguientes párrafos de los preceptos citados son mayoritariamente coincidentes. La jurisprudencia internacional ha interpretado el derecho a ser oído con las debidas garantías (fair hearing) en el sentido de exigir la observancia de la publicidad, la igualdad de armas, el respeto del juicio contradictorio, la exclusión de la agravación de oficio de las condenas y procedimientos judiciales ágiles21. Del mismo modo, aunque la ConvenciónAmericana no consigne en su artículo 8.1 el derecho a un fallo razonado, debe entenderse 2. Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas: a) derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el traductor o intérprete, si no comprende o no habla el idioma del juzgado o tribunal; b) comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada; c) concesión al inculpado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su defensa; d) derecho del inculpado de defenderse personalmente o de ser asistido por un defensor de su elección y de comunicarse libre y privadamente con su defensor; e) derecho irrenunciable de ser asistido por un defensor proporcionado por el Estado, remunerado o no según la legislación interna, si el inculpado no se defendiere por sí ismo ni nombrare defensor dentro del plazo establecido por la ley; f) derecho de la defensa de interrogar a los testigos presentes en el tribunal y de obtener la comparecencia, como testigos o peritos, de otras personas que puedan arrojar luz sobre los hechos; g) derecho a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a declararse culpable, y h) derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior. 3. La confesión del inculpado solamente es válida si es hecha sin coacción de ninguna naturaleza. 4. El inculpado absuelto por una sentencia firme no podrá ser sometido a nuevo juicio por los mismos hechos. 5. El proceso penal debe ser público, salvo en lo que sea necesario para preservar los intereses de la justicia. 20 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-9/87, supra nota 7, párr Comité de Derechos Humanos, Caso Morael c. Francia, párr. 9.3 (1989). Ver también NOWAK, supra nota 1, p. 247.
10 que éste es también un requisito del Debido Proceso22. En efecto, si el tribunal no estuviera obligado a explicitar los fundamentos de hecho y derecho de su decisión, no sería posible controlar la ausencia de arbitrariedad de parte de la autoridad. Además, el derecho a recurrir de la sentencia, establecido en el artículo 8.2, se tornaría ilusorio. El segundo párrafo del artículo 8 de la Convención Americana, así como los párrafos 2 y 3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en cambio, regulan las garantías mínimas del acusado. Dichos instrumentos, además de establecer exigencias generales para todo tipo de procesos, prescriben requisitos básicos para asegurar el Debido Proceso en la determinación de la inocencia o culpabilidad de las personas sometidas a un procedimiento penal. Quien se encuentra en este último supuesto se ubica en una situación de particular vulnerabilidad frente al poder del Estado, al estar en riesgo la restricción de otros derechos fundamentales, tales como su reputación y libertad. Esto justifica consignar un conjunto de garantías específicas que complementan la norma general consagrada en el inciso primero de las mencionadas disposiciones y que, por tanto, se aplican conjuntamente a los procedimientos penales. Dichas garantías del acusado son aquellas consideradas mínimas o elementales para hablar de un Debido Proceso en materia penal, por lo que la satisfacción de este derecho puede implicar, en determinados casos, el cumplimiento de exigencias adicionales por parte del Estado23. Por tanto, la conformidad del proceso con las garantías mínimas del acusado no implica necesariamente el cumplimiento de las exigencias del derecho a ser oído con las debidas garantías 24, consagrado en el artículo 8.1 de la Convención Americana. Por otro lado, previo a la enumeración de las mencionadas garantías mínimas del sujeto sometido a proceso penal, el artículo 8.2 de la Convención Americana, consagra otro importante elemento del Debido Proceso: el principio de presunción de inocencia. Conforme éste, toda persona a quien se atribuya la comisión de un delito deberá ser tratada como inocente hasta el momento en que una sentencia judicial firme establezca su culpabilidad, e independientemente del grado de verosimilitud y gravedad de la imputación25. De este principio se deriva, por una parte, la exigencia de que la condena y la aplicación de la pena se funden en la certeza del juzgador acerca de la culpabilidad del imputado, de modo que cualquier duda o probabilidad al respecto conducen necesariamente 22 MEDINA. C, La Convención Americana: Teoría y Jurisprudencia. Vida, Integridad Personal, Libertad Personal, Debido Proceso y Recurso Judicial, Centro de Derechos Humanos, Facultad de Derecho, Universidad de Chile, 2003, p VAN DIJK. P, VAN HOOF. F, VAN RIJN. A, ZWAAK, L (Eds.), Theory and Practice of the European Convention on Human Rights, Intersentia, Oxford, 2006, p Ver también, Corte IDH, Caso Yatama vs. Nicaragua, sentencia de 23 de junio de 2005, párr. 152; Caso Apitz Barbera y otros vs. Venezuela ( Corte Primera de lo Contencioso Administrativo ), sentencia de 5 de agosto de 2008, párr. 78; Caso Tristán Donoso vs. Panamá, sentencia de 27 de enero de 2009, párr. 153 y Caso Escher y otros vs. Brasil, sentencia de 6 de julio de 2009, párr. 139 y Tal es el caso, por ejemplo, del derech a ser informado de la asistencia consular. Ver Corte Interamericana, Opinión Consultiva, OC 16/99, supra nota 9, párr Ver también Corte IDH, Caso Lori Berenson vs. Perú, sentencia de 25 de noviembre de 2004, párr. 176, y Opinión consultiva OC-11/90. Excepciones al agotamiento de los recursos internos (arts. 46.1, 46.2.a y 46.2.b de la Convención Americana sobre Derechos Humanos), 10 de agosto de 1990, párr Comisión Europea de Derechos Humanos, Adolf Case, Informe de 8 de octubre de 1980, B.43, p MEDINA, C, supra nota 22, p Ver también MAIER, supra nota 14, p. 252.
11 a su absolución. Esto es lo que se conoce bajo el aforismo in dubio pro reo. Por otra parte, la presunción de inocencia conlleva también el deber del Estado/acusador de probar, a satisfacción razonable del tribunal, la culpabilidad del imputado. Aquel tiene la carga de destruir la presunción que ampara a este último. Asimismo, la presunción de inocencia puede comprometerse también a raíz de ciertas restricciones a la libertad personal, como acontece en el caso de una prisión preventiva que excede de lo razonable26, en el de ciertas detenciones masivas y programadas27, o en privaciones de libertad no fundadas en razones permitidas por el derecho internacional28. La presunción de inocencia obliga, en principio y directamente, al juez que conoce del asunto. No obstante ello, la jurisprudencia internacional concuerda en que dicho principio impone también ciertos deberes a otras autoridades públicas, e incluso a los medios de comunicación, quienes deben abstenerse de prejuzgar sobre la culpabilidad del imputado29. El listado de garantías mínimas reconocidas por la Convención Americana en favor del acusado la integran, primero, seis disposiciones encaminadas a hacer efectivo el derecho de defensa en condiciones de igualdad y contradicción (letras a f del artículo 8, ya mencionadas). A continuación, incorpora el derecho a no ser obligado a declarar contra sí mismo ni a declararse culpable, que se vincula, por una parte, con la carga que tiene el Estado de acreditar -más allá de toda razonable- la culpabilidad del imputado y, por otra, con la prohibición de infligir tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes. El empleo de estos últimos en la obtención de una confesión conduce a la invalidez de la misma, cuestión que se refuerza en el tercer numeral del artículo 8 de la Convención Americana, al prescribir que la confesión del inculpado solamente es válida si es hecha sin coacción de ninguna naturaleza. Por último, el catálogo de garantías básicas del artículo 8.2 consagra el derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior, proceso que debe llevarse a cabo por un tribunal de mayor jerarquía y en el cual deben respetarse todas las garantías del debido proceso. Finalmente, los párrafos 4 y 5 del artículo 8 de la Convención Americana contemplan, respectivamente, los principios de ne bis in idem y de la publicidad del juicio, como elementos fundamentales del Debido Proceso. De acuerdo al primero, el Estado se encuentra impedido de volver a perseguir penalmente a un sujeto por los mismos hechos, ya sea de manera simultánea o sucesiva. Esta garantía supone que los juicios no pueden 26 Corte IDH, Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, sentencia de 12 de noviembre de 1997, párr ; Caso Acosta Calderón vs. Ecuador, sentencia de 24 de junio de 2005, párr. 74; Caso Palamara Iribarne vs. Chile, sentencia de 22 de noviembre de 2005, párr. 197; Caso López Álvarez vs. Honduras, sentencia de 1 de febrero de 2006, párr. 67; Caso Bayarri vs. Argentina, sentencia de 30 de octubre de 2008, párr. 69. Ver también, Comité de Derechos Humanos, Observaciones finales, Italia, CCPR/C/ITA/CO/5, párr. 14, y Argentina, CCPR/CO/70/ARG, párr Corte IDH, Caso Bulacio vs. Argentina, Sentencia de 18 de Septiembre de 2003, párr. 137, caso Servellón García y Otros vs. Honduras, Sentencia de 21 de septiembre de 2006, parr. 96. En este caso La Corte precisó que las detenciones programadas y colectivas, las que no se encuentran fundadas en la individualización de conductas punibles y que carecen del control judicial, son contrarias a la presunción de inocencia. 28 Ver, entre otros, Corte IDH, Caso García Asto y Ramírez vs. Perú, sentencia de 25 de noviembre de 2005, párrs En este sentido ver Corte IDH, Caso Cantoral Benavides vs. Perú, sentencia de 18 de agosto de 2000, párr. 119; Comité de Derechos Humanos, Observación General N 32, supra nota 6, párr. 30.
12 derecho a que el proceso penal sea público, salvo en lo que sea necesario para preservar los intereses de la justicia, se encuentra estrechamente ligado a la exigencia de oralidad y al carácter concentrado y continuo del proceso. Esta exigencia ampara al imputado y promueve la transparencia de la administración de justicia, sin perjuicio de lo cual admite ciertas excepciones que deben interpretarse restrictivamente. En materia penal el Debido Proceso asegura a las personas que éstas sólo podrán sufrir una pena si es que así lo determina una sentencia condenatoria emitida por un tribunal competente, independiente e imparcial, tras conducir un juicio bajo las debidas garantías. En consecuencia, el principio nullum crimen et nullum poena sine lege conocido como principio de legalidad31- constituye un complemento relevante de los requerimientos que configuran un Debido Proceso. Sin embargo, dado que los alcances de este principio exceden los márgenes de este informe, sólo se plantearán algunas someras referencias al mismo, en la medida que sea estrictamente necesario para un análisis consistente de los aspectos consultados. En los siguientes acápites del presente informe se examinarán con mayor detención algunas de las garantías judiciales del acusado, así como otros elementos que informan el Debido Proceso. Tal aproximación, a diferencia de la expuesta en este primer apartado, tendrá un enfoque aplicado y acotado a los aspectos que surjan del análisis de la legislación chilena que motiva este informe. 30 Si bien la Convención Americana sólo menciona al inculpado absuelto, la doctrina y la jurisprudencia consideran que el principio también se extiende a favor del condenado. Ver MAIER, supra nota 14, p Esta interpretación se ve respaldada por el propio texto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 14.7 y por la opinión del Comité de Derechos Humanos, que ha señalado: Esta disposición [artículo 14.7] prohíbe hacer comparecer a una persona, una vez declarada culpable o absuelta por un determinado delito, ante el mismo tribunal o ante otro por ese mismo delito, Observación General N 32, supra nota 6, párr Artículo 9 de la Convención Americana: Principio de Legalidad y de Retroactividad. Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho aplicable. Tampoco se puede imponer pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se beneficiará de ello.
13 II. 2. Adecuación de la ley que sanciona las conductas terroristas en Chile (Ley N , recientemente reformada por la Ley N ) a los compromisos internacionales adquiridos por el Estado en materia de garantías judiciales mínimas del acusado. Antes de adentrarnos en este punto, es preciso poner de relieve que los compromisos internacionales adquiridos por los Estados en materia de derecho internacional de derechos humanos impactan, necesariamente, en la expedición y aplicación de leyes en sus ordenamientos internos. Conforme dos importantes principios de derecho internacional general, los Estados deben cumplir sus obligaciones internacionales de buena fe y no pueden excusar su incumplimiento en las normas de su derecho interno32. A su vez, los artículos 1 y 2 de la Convención Americana disponen, por una parte, que los Estados se obligan a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona sometida a su jurisdicción; y por otra, que se comprometen a adoptar, en su caso, las medidas legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades. En consecuencia, si los Estados se han comprometido a adoptar dichas medidas en sus ordenamientos internos, con mayor razón aún se encuentran obligados a no adoptar o producir normas y/o medidas que contravengan el objeto y fin de la Convención. En palabras de la Corte Interamericana, la promulgación de una ley manifiestamente contraria a las obligaciones asumidas por un Estado al ratificar o adherir a la Convención constituye una violación de ésta que, en el evento de que esa violación afecte derechos y libertades protegidos respecto de individuos determinados, genera responsabilidad internacional para el Estado. Desde la perspectiva del derecho internacional, ésta es la trascendencia de la pregunta acerca de la compatibilidad de la Ley con los tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Chile. III Consideraciones preliminares sobre el principio de legalidad penal Aún cuando no es materia de este informe, no puede dejar de advertirse la constatación de importantes inconsistencias en la tipificación de las conductas terroristas sancionadas por la Ley , lo cual representa un serio problema desde el punto de vista del principio de legalidad (nullum crimen sine lege et nulla poena sine lege) ampliamente reconocido por el derecho internacional de derechos humanos y plasmado en los artículos 9 de la Convención Americana y 15 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El establecimiento por ley de un delito debe advertir a las personas que la realización de un determinado comportamiento infringe las normas penales del país, de forma que aquellas 32 Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, Parte III, la observancia, interpretación y aplicación de los tratados, Artículo 26. "Pacta sunt servanda": Todo tratado en vigor obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe. Artículo 27. El derecho interno y la observancia de los tratados. Una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado. Esta norma se entenderá sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 46.
14 sepan con exactitud qué es lo que se encuentra prohibido y qué sanción debe recibir. De acuerdo con este principio, las conductas punibles deben estar descritas en forma clara y precisa, reduciendo al máximo el espacio para analogías e interpretaciones extensivas. Esta exigencia no es satisfecha por la Ley , tal como lo ha reconocido el propio gobierno ante instancias de supervisión internacional sobre derechos humanos33. Parte de estas insuficiencias, ciertamente, son las que se intentaron menguar a través de la reciente modificación introducida por la Ley N ; esfuerzo que, sin embargo, no termina de ajustarse completamente a los estándares internacionales en esta materia. La Corte Interamericana ha abordado la infracción del artículo 9 de la Convención Americana en casos similares. Al referirse a la aplicación de las leyes que sancionaban en Perú los delitos de Terrorismo y Traición a la Patria señaló, en el caso Cantoral Benavides, que dichos tipos penales utilizan expresiones de alcance indeterminado en relación con las conductas típicas, los elementos con los cuales se realizan, los objetos o bienes contra los cuales van dirigidas, y los alcances que tienen sobre el conglomerado social 34. Sin pretender adentrarnos en este punto que excede completamente los márgenes de este informe- es conveniente enunciar que la regulación en comento se aleja del desarrollo internacional en materia de regulación del combate contra el terrorismo en el marco del respeto a los derechos humanos, no sólo por la vaguedad de sus términos, sino porque explícitamente se extiende sobre conductas que exceden de lo que propiamente puede considerarse terrorismo (artículos 1 y 2 ). Aún cuando no existe una definición única y universalmente aceptada del terrorismo, sí existe un amplio consenso en torno al tipo de actos que merecen tal calificación, conforme a los diversos instrumentos internacionales que rigen esta materia. Los actos a los que se refieren dichos instrumentos han sido catalogados entre las formas más graves de criminalidad, caracterizados no sólo por sus fines, sino también, por su lesividad a los bienes jurídicos más preciados por la sociedad y el Estado, a saber, la vida, la integridad y la libertad de los seres humanos 35. La Ley N , en cambio, ha hecho posible la calificación terrorista de conductas incendiarias de bienes inmuebles (perseguibles y sancionables bajo el derecho penal 33 Gobierno de Chile, Observaciones al Informe del Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, el Sr. Rodolfo Stavenhagen, con ocasión de su visita a Chile, realizada los días 17 al 29 de julio del 2003, reproducido en el reciente Informe del Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos y libertades fundamentales de los indígenas, James Anaya, La situación de los pueblos indígenas en Chile: seguimiento a las recomendaciones hechas por el Relator Especial anterior, A/HRC/12/34/Add.6, 14 de septiembre de 2009, p. 24, párr Caso Cantoral Benavides, citado en MEDINA. C, supra nota 22, pp Ver Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo; Convención Internacional contra la Toma de Rehenes, Convención sobre Delitos y otros Actos Cometidos a bordo de Aeronaves; Convenio para la Represión de Actos Ilícitos contra la Seguridad de la Aviación Civil, Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, Convención sobre la seguridad del personal de las Naciones Unidas y el personal asociado, Convenio de Ginebra Relativo a la Protección Debida a las Personas Civiles en Tiempos de Guerra, Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, relacionado con la protección de víctimas de conflictos armados no internacionales (Protocolo II).
15 común) realizadas en el marco de una escalada de protestas sociales, aún cuando ellas no hayan entrañado lesión o riesgo alguno para la vida e integridad de las personas. Esto ha ocurrido, concretamente, con un número importante de integrantes de las comunidades mapuche habitantes de las regiones del sur del país, quienes han reclamado por vías violentas la restitución de sus tierras ancestrales. Quienes han debido enfrentar un procedimiento penal en su contra fundado en la Ley N han tenido que soportar efectos adversos en el goce de su derecho a un juicio justo y equitativo, como consecuencia de la regulación procesal especial que contiene dicha ley. Por otro lado, en el caso particular de los miembros de comunidades mapuche, la recurrente aplicación de esta ley durante el último decenio presenta problemas adicionales desde el punto de vista del derecho internacional de derechos humanos, que merecen ser considerados. En vista de esto, en el acápite siguiente se abordarán algunas de las objeciones más relevantes que pueden plantearse a la Ley N , en relación al derecho al debido proceso y a las garantías judiciales del imputado. A continuación de ello, se examinarán algunas de las complejidades adicionales que se observan en la aplicación de esta ley a personas pertenecientes a las comunidades mapuche. II La igualdad de armas y la contradicción bajo el procedimiento regulado en la Ley A) El derecho del acusado a interrogar a los testigos de cargo en las mismas condiciones que la acusación y la intervención de testigos con identidad protegida. El artículo 15 de la Ley establece la facultad del Ministerio Público de disponer, durante la investigación, las medidas especiales de protección que resulten adecuadas para proteger a testigos y peritos, así como a sus familiares y allegados, cuando considerare que sobre ellos pesa un riesgo cierto para su vida o integridad física. El inciso segundo prevé una serie de medidas que el Fiscal puede aplicar conjunta o separadamente para resguardar la identidad de dichos intervinientes. Adicionalmente, el artículo 16 faculta al tribunal a decretar la prohibición de revelar, en cualquier forma, la identidad de testigos o peritos 36 Ley N , Artículo 15: Sin perjuicio de las reglas generales sobre protección a los testigos si en la etapa de investigación el Ministerio Público estimare, por las circunstancias del caso, que existe un riesgo cierto para la vida o la integridad física de un testigo o de un perito, como asimismo de su cónyuge, ascendientes, descendientes, hermanos u otras personas a quienes se hallaren ligados por relaciones de afecto, dispondrá, de oficio o a petición de parte, las medidas especiales de protección que resulten adecuadas. Para proteger la identidad de los que intervengan en el procedimiento, su domicilio, profesión y lugar de trabajo, el fiscal podrá aplicar todas o alguna de las siguientes medidas: a) que no conste en los registros de las diligencias que se practiquen sus nombres, apellidos, profesión u oficio, domicilio, lugar de trabajo, ni cualquier otro dato que pudiera servir para su identificación, pudiendo utilizar una clave u otro mecanismo de verificación para esos efectos. b) que su domicilio sea fijado, para notificaciones y citaciones, en la sede de la fiscalía o del tribunal, debiendo el órgano interviniente hacerlas llegar reservadamente a su destinatario, y c) que las diligencias que tuvieren lugar durante el curso de la investigación, a las cuales deba comparecer el testigo o perito protegido, se realicen en un lugar distinto de aquél donde funciona la fiscalía, y de cuya ubicación no se dejará constancia en el registro respectivo. Cualquiera de los intervinientes podrá solicitar al juez de garantía la revisión de las medidas resueltas por el Ministerio Público.
16 protegidos, o los antecedentes que conduzcan a su identificación y fija, a continuación, las sanciones aplicables a las infracciones de esta disposición 37. Estos preceptos, referidos a la protección de testigos y peritos que intervienen durante la etapa de investigación de un delito sancionable bajo la ley , son complementados a continuación con la regulación de la forma en que la declaración de dichos testigos y peritos protegidos puede ser incorporada al juicio, como medio probatorio. Así, el artículo 18 de esta Ley señala que estas personas podrán prestar declaración por cualquier medio idóneo que impida su identificación física normal si el juez de garantía así lo dispone para recibir su deposición como prueba anticipada, o si así lo determina el tribunal oral en lo penal para que su testimonio sea presentado como prueba durante el desarrollo del juicio. Para ello el juez deberá comprobar en forma previa la identidad del testigo o perito, en particular los antecedentes relativos a sus nombres y apellidos, edad, lugar de nacimiento, estado, profesión, industria o empleo y residencia o domicilio. Una vez que esa comprobación haya sido consignada, el tribunal podrá resolver que se excluya del debate cualquier referencia a la identidad que pudiere poner en peligro la protección de ésta. Asimismo, si bien la norma condiciona la incorporación al acervo probatorio de la declaración de un testigo o perito protegido al hecho que el defensor del acusado haya podido ejercer su derecho a contrainterrogarlo, impide a éste dirigirle preguntas que impliquen un riesgo de revelar su identidad. El conjunto de normas recién mencionadas posibilitan la participación de testigos secretos o protegidos, tanto durante la fase de investigación como en la etapa de juicio, para efectos de acreditar la culpabilidad del sujeto acusado de cometer un acto terrorista. La utilización de prueba testimonial bajo estas circunstancias de reserva de identidad puede ser altamente problemática para la garantía mínima de todo acusado de poder interrogar a los testigos presentados en su contra bajo las mismas condiciones que la acusación. En efecto, el absoluto desconocimiento de la identidad del testigo por parte del acusado y su defensor impedirían a éste contar con la información básica para formularle preguntas que cuestionen su credibilidad, haciendo nugatorio el derecho del acusado a controvertir o desvirtuar los elementos de convicción aportados por dicho testigo en su contra. Esto puede significar una gran desventaja para el acusado y sus efectos pueden ser especialmente graves si la declaración del testigo anónimo resultan determinantes para que el tribunal alcance la convicción de su culpabilidad. Tal perjuicio se acrecienta si se le condena por un delito tan grave y severamente sancionado como el de terrorismo. La garantía judicial en cuestión se encuentra consagrada en el artículo 8.2 letra (f) de la Convención Americana, así como en el artículo letra (e) del Pacto Internacional de 37 Ley N , Artículo 16: El tribunal podrá decretar la prohibición de revelar, en cualquier forma, la identidad de testigos o peritos protegidos, o los antecedentes que conduzcan a su identificación. Asimismo, podrá decretar la prohibición para que sean fotografiados, o se capte su imagen a través de cualquier otro medio. La infracción de estas prohibiciones será sancionada con la pena de reclusión menor en su grado medio a máximo, tratándose de quien proporcionare la información. En caso de que la información fuere difundida por algún medio de comunicación social, se impondrá a su director, además, una multa de diez a cincuenta ingresos mínimos.
17 Derechos Civiles y Políticos 38. Dichos preceptos corresponden a una aplicación del principio de igualdad de armas y del derecho al contradictorio en materia probatoria, al garantizar tanto al acusado como a quien sostiene la acusación las mismas facultades jurídicas y procesales para obligar la comparecencia de testigos e interrogarlos y contrainterrogarlos 39. Ésta es una garantía fundamental para asegurar a los imputados y sus abogados la posibilidad de llevar adelante una defensa efectiva frente a la persecución penal, e implica que ambas partes enfrentadas en juicio tengan la oportunidad de conocer y cuestionar toda evidencia presentada. Para tal propósito, los tratados internacionales que reconocen este derecho requieren a los Estados parte la adopción de medidas positivas para asegurar realmente al acusado la posibilidad de examinar y contrainterrogar a los testigos presentados en su contra 40. Tales medidas forman parte de los deberes de diligencia que aquellos contraen para garantizar efectivamente el goce y ejercicio del derecho al debido proceso 41. La jurisprudencia internacional ha coincidido en que dicha garantía importa que el acusado tiene el derecho a que toda prueba presentada en su contra, sea en principio, producida en su presencia y en una audiencia pública bajo un debate adversarial 42. Sin embargo, esto no significa que, para admitir la declaración de testigos como evidencia, éstos deban siempre y en toda circunstancia testificar ante un tribunal en un procedimiento público 43. En efecto, en ciertos casos esto puede llegar a ser imposible si es que sólo se puede obtener su testimonio en forma anticipada al juicio- o bien inconveniente cuando su declaración en dichas condiciones pueda acarrear un peligro cierto a su vida o integridad. Por lo mismo, el uso de declaraciones de testigos obtenidas durante la etapa previa al juicio no se considera, en sí mismo, contrario al debido proceso y al derecho del acusado a contrainterrogar a los testigos de cargo y descargo en igualdad de condiciones. Tal posibilidad podrá admitirse en la medida en que se otorgue igualmente a la defensa una oportunidad idónea y apropiada para impugnar e interrogar al testigo presentado en su contra, ya sea en el momento en que aquel formula su declaración o bien en una etapa posterior El Convenio Europeo de Derechos Humanos consagra este derecho en su artículo 6.3 letra (d) exactamente en los mismos términos en que lo hace el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. 39 Aunque la redacción del artículo 8.2 letra (f) de la Convención Americana pudiera ser menos precisa que la de su homólogo en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ambas han sido interpretadas en el mismo sentido. Ver Comité de Derechos Humanos, Observación General N 32, supra nota 6, párr. 39; CIDH, Informe sobre Terrorismo y Derechos Humanos, 22 de octubre de 2002, párr Corte EDH, Caso Barbera, Messegué and Jabardo vs. España, sentencia de 6 de diciembre 1988, para En el caso de la Convención Americana, tal deber se desprende de la obligación de garantizar los derechos de la Convención, contenida en su artículo 1.1, en relación con el derecho al Debido Proceso consagrado en el artículo 8 de la misma, y particularmente respecto de su numeral 2 letra f). La Corte Interamericana ha desarrollado ampliamente los alcances de la obligación de garantizar los derechos a través de la adopción de medidas positivas. Al respecto, pueden verse, entre otros, los casos Velásquez Rodríguez vs. Honduras, sentencia de 29 de julio de 1988, párrs y 176; Masacre de Mapiripán vs. Colombia, sentencia de 15 de septiembre de 2005, párrs. 111 y 113; Ximenes Lopes vs. Brasil, sentencia de 4 de julio de 2006, párr. 103; Valle Jaramillo y otros vs. Colombia, sentencia de 27 de noviembre de 2008, párr. 98. Ver también en este sentido, Corte EDH, Caso Colozza vs. Italia, sentencia de 12 de febrero de 1985, para Corte EDH, Caso Barberá, Messegué y Jabardo vs. España, supra nota 40, para. 78; Caso Van Mechelen vs. Países Bajos, sentencia de 23 de abril de 1997, para Corte EDH, Caso Asch vs. Austria, sentencia de 26 de abril de 1991, para Corte EDH, Caso Lüdi vs. Suiza, sentencia de 15 de juinio de 1992, para. 49; Caso Van Mechelen vs. Países Bajos, supra nota 42, para. 51; Caso S.N. vs. Suecia, sentencia de 2 de julio de 2002, para. 12.
18 Consecuentemente no es admisible utilizar en juicio la declaración de un testigo que la defensa no ha tenido oportunidad de controvertir45. Más aún, una sentencia condenatoria no podrá basarse únicamente o en forma determinante en las deposiciones de tal testigo 46. Sin perjuicio de ello, el derecho del acusado a interrogar a los testigos de cargo en su presencia, públicamente y ante un tribunal no es un derecho absoluto. En ocasiones, pueden justificarse ciertas restricciones al mismo, en aras de la protección de otros derechos e intereses tutelados también por las convenciones de derechos humanos, como son la vida e integridad de los demás intervinientes de un juicio. Tal ponderación puede significar que el imputado deba soportar ciertas dificultades en el desarrollo y planteamiento de su defensa, para efectos de salvaguardar, por ejemplo, la integridad y vida de los testigos que depongan en su contra 47. No obstante, para que una restricción de derechos pueda calificarse de legítima debe sujetarse al cumplimiento de ciertos requisitos, con arreglo al derecho internacional de derechos humanos. Tales exigencias consisten en que la limitación al derecho en cuestión debe perseguir un objetivo legítimo de acuerdo a las convenciones de derechos humanos, debe ser conducente para alcanzarlo, estrictamente necesaria o la única alternativa posible para ello y proporcional 48. Tratándose de la introducción de un trato diferenciado entre las posibilidades procesales del imputado y la parte acusadora, deberán cumplirse rigurosamente los requisitos antes mencionados a efectos de no quebrantar el principio de igualdad de armas que rige las facultades de ambas partes en el proceso 49, que los tratados resguardan celosamente. Los intereses o derechos encontrados de acusados y otros intervinientes suelen estar en juego tanto en la investigación como en el enjuiciamiento de delitos de mayor gravedad y complejidad, particularmente en las modalidades de crimen organizado, como son el terrorismo y el narcotráfico. En este sentido, los mecanismos de protección de identidad de testigos pueden servir a la reducción de los peligros que éstos efectivamente podrían enfrentar por su participación en la persecución y sanción de este tipo de delitos. En ciertos casos, los testigos o sus familiares y allegados pueden ser objeto de serias intimidaciones o temer, fundadamente, ser objeto de represalias 50. La Comisión Interamericana, al referirse a las implicancias de la lucha contra el terrorismo para el respeto de los derechos humanos, ha admitido la necesidad de adoptar medidas frente a tales peligros, con el objeto de que la identificación de los testigos en el proceso penal no comprometa su seguridad. Pero al mismo tiempo, ha manifestado que estas 45 Corte EDH, Caso Unterpertinger vs. Austria, sentencia de 24 de noviembre de 1986, para. 31; Caso Kostovski v. Países Bajos, sentencia de 20 de noviembre de 1989, para. 41; Caso Hulki Güneş vs. Turquía, sentencia de 19 de junio de 2003, paras Ibídem, Caso Hulki Güneş vs. Turquía, paras. 4 y CIDH, Informe sobre Terrorismo y Derechos Humanos, supra nota 8, párr. 251; Corte EDH, Caso Jasper vs. United Kingdom, sentencia de 16 de febrero de 2000, paras MEDINA. C, supra nota 22, p ; BERNAL.C, El Principio de Proporcionalidad y los Derechos Fundamentales, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2003, pp ; GROS. H, La Convención Americana y la Convención Europea de Derechos Humanos, Editorial Jurídica de Chile, 1991, pp ; Corte IDH, Caso Kimel vs. Argentina, sentencia de 2 de mayo de 2008, párrs Corte EDH, Caso Barbera, Messegué and Jabardo vs. España, supra nota 40, para. 78; Bonisch v. Austria, sentencia de 6 de mayo de 1985, para Corte EDH, Caso Doorson vs. Países Bajos, sentencia de 20 de febrero de 1996, para. 70.
19 consideraciones nunca pueden servir de base para comprometer las protecciones inderogables de un acusado respecto del debido proceso y cada situación debe ser detenidamente evaluada en sus propios méritos ( ) Sujeto a estas consideraciones, podrían, en principio, diseñarse procedimientos conforme a los cuales se pueda proteger el anonimato de los testigos sin comprometer los derechos del acusado a un juicio imparcial. Según la Comisión, entre los factores que debieran tenerse en cuenta para evaluar la permisibilidad de estos procedimientos, se encuentran el tener suficientes razones para mantener el anonimato de un testigo, y la posibilidad de que la defensa sea, no obstante, capaz de impugnar las pruebas del testigo e intentar sembrar dudas sobre la confiabilidad de sus declaraciones ( ) que el propio tribunal conozca la identidad del testigo y pueda evaluar la confiabilidad de la evidencia del testigo y la importancia de las pruebas de la causa contra el acusado( ) 51. Del solo reconocimiento de la necesidad de protección de los testigos y de lo idóneo que para este fin pueda resultar su anonimato, no puede desprenderse inmediatamente la legitimidad de adoptar una medida como ésta. Como se señaló precedentemente, las limitaciones al derecho del acusado a contrainterrogar a los testigos de cargo en igualdad de condiciones, deben cumplir con ciertas exigencias, entre las que destaca la estricta necesidad de implementarlas. Esto importa que, si existen otras medidas de protección de los testigos que resulten eficaces y menos lesivas de los derechos del imputado/acusado deberán adoptarse aquellas 52. Consecuentemente, la reserva de identidad de los testigos, por los graves efectos que puede tener sobre los derechos del acusado, es una medida de última ratio o de carácter excepcional, cuya aplicación sólo puede plantearse respecto de los crímenes de mayor gravedad, una vez comprobada la ineficacia o insuficiencia de las otras medidas de protección dispuestas por el ordenamiento jurídico para la salvaguarda de los testigos que corran un peligro concreto y actual de sufrir un ataque a su integridad, vida o libertad personal por prestar su deposición en juicio. A este respecto, no cualquier temor puede justificar la concesión de anonimato al testigo. Es preciso corroborar que existe un riesgo concreto, actual (existente al momento de tener que prestar declaración) y fundado de padecer un ataque o enfrentar represalias por su testimonio contra el acusado de que se trate 53. Sólo un peligro de esas características puede legitimar una afectación tan intensa a los derechos del acusado. Un temor general del testigo a sufrir represalias en razón de la reputación del acusado o de la gravedad de los cargos que se le imputan no constituye razón suficiente para decretar la medida en comento CIDH, Informe sobre Terrorismo y Derechos Humanos, supra nota 8, párr Corte EDH, Caso Van Mechelen vs. Países Bajos, supra nota 42, para. 58; Consejo de Europa, Recomendación Rec(2005)9 del Comité de Ministros a los Estados miembros la sobre protección de víctimas y colaboradores de la justicia, Recomendaciones 13 a 19; Comisión Internacional de Juristas, Reporte del Panel de Juristas Eminentes sobre Terrorismo, Combate al Terrorismo y Derechos Humanos, Asessing Damage, Urging Action, Ginebra, 2009, p Ver Corte EDH, Caso Selim Sadak vs. Turquia, sentencia de 17 de Julio de 2001, para Corte EDH, Caso K.P.M Visser vs. Países Bajos, sentencia de 14 de febrero de 2002, para ; Caso Van Mechelen vs. Países Bajos, supra nota 42, para. 61.
20 El alto umbral de exigencia que pesa sobre el Estado en esta materia y que se traduce en la necesidad de cumplir una serie de requisitos para disponer esta medida, así como en el deber de adoptar un conjunto de medidas de resguardo de los derechos del acusado, se debe a la naturaleza particularmente lesiva del anonimato de los testigos para tales derechos. El desconocimiento de la identidad del testigo por parte de la defensa constituye una desventaja casi insalvable para el acusado, por cuanto priva a su abogado de la información necesaria para someter a escrutinio la conducta y los dichos del testigo o poner en duda su credibilidad 55. El Sistema Interamericano ha puesto esto en evidencia al señalar que el anonimato de los fiscales, jueces y testigos priva al acusado de las garantías básicas de la justicia ( ) El acusado [no] puede realizar ningún examen efectivo de los testigos de la contraparte, si no posee información alguna en relación con los antecedentes o motivaciones de los testigos, ni sabe cómo estos obtuvieron información acerca de los hechos en cuestión 56. El testimonio que preste una persona inculpando a otra de la comisión de un delito bien puede estar fundado en el prejuicio, o en una percepción equivocada, así como en algún interés privado o sentimiento de hostilidad. Sea que la declaración resulte simplemente errada o derechamente falsa, si la defensa no conoce la identidad de dicha persona, sus posibilidades de sacar a la luz esas circunstancias son prácticamente nulas 57. El daño que ello puede provocar al acusado resulta evidente. Consecuentemente, la idea según la cual el derecho a la defensa del imputado se satisface con el sólo conocimiento del contenido de la declaración del testigo es, cuando menos, un eufemismo 58. Por tanto, el derecho internacional de derechos humanos puede tolerar el uso de sistemas de reserva de identidad de los testigos presentados por la parte acusadora, siempre que ellos cumplan con estándares que impidan anular el derecho a defensa del acusado y, en particular, la garantía de contar con alguna oportunidad adecuada de impugnar su credibilidad e interrogarlos, ya sea antes o durante el juicio. La total falta de contradicción 55 Corte EDH, Caso Windisch vs. Austria, sentencia de 27 de septiembre de 1990, para CIDH, Informe sobre Terrorismo y Derechos Humanos, supra nota 8, párr Corte EDH, Caso Doorson vs. Países Bajos, supra nota 50, para Esto ha sido puesto de relieve por el Tribunal Constitucional de Colombia, al resolver que la reserva de identidad de los testigos era contraria a la garantía constitucional del debido proceso, consagrada en el artículo 29 de la carta Fundamental de Colombia. Al respecto, señaló el Tribunal que Podría aducirse en pro de la constitucionalidad de la institución cuestionada, que lo que en definitiva importa es lo que dice el testimonio, y no quién es el testigo; y, además, podría agregarse que conocida tal declaración, existirá la posibilidad de interrogación posterior al testigo sobre lo declarado. Sin embargo, tal argumentación resulta un sofisma inaceptable a la luz de la Constitución y de principios elementales del derecho probatorio. En efecto, para nadie es desconocido que las condiciones personales del testigo como órgano de la prueba, pueden ser también materia de debate en el ejercicio del derecho de contradicción, cual sucede por ejemplo, si el testigo ciego afirma haber visto algo, y se discute por el sindicado si aquél tiene un sentido de la vista normal, disminuido, o carece del mismo por completo [ ]Del mismo modo, la relación personal del testigo con el sindicado, con las autoridades o con quienes eventualmente puedan resultar afectados o beneficiados con su declaración, puede ser objeto de confrontación y examen en la contradicción de la prueba. Además, el contacto directo de las partes con el testigo durante la recepción de la declaración de este, permite al procesado o a su apoderado la percepción inmediata de la reacción anímica del deponente ante las preguntas que se le formulan, lo cual puede resultar útil para ejercer el derecho de preguntar o contrapreguntar en ese preciso momento [ ]. Sentencia C- 392/00, de 6 de abril del año 2002