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Timestamp: 2017-10-23 14:06:45
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EL DELITO DE TRﾃ：ICO DE DROGAS
F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA Coordinadores:
F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA ARACELI MANJÓN-CABEZA OLMEDA
tirant lo b anch Valencia, 2009
Copyright ® 2009 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).
F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA ARACELI MANJÓN-CABEZA OLMEDA Y OTROS
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: V-5200-2008 I.S.B.N.: 978-84-9876-400-0
ÍNDICE Listado de autores ..................................................................................................... Atribución de epígrafes a cada autor ....................................................................... Abreviaturas.............................................................................................................. Prólogo .......................................................................................................................
CAPÍTULO PRIMERO EL TIPO BÁSICO 1.1. El bien jurídico. Otros intereses presentes en la tipificación. Delito de peligro abstracto .................................................................................................... 1.2. Actos de cultivo, elaboración y tráfico............................................................. 1.3. Promoción, favorecimiento y facilitación ........................................................ 1.4. La posesión ....................................................................................................... 1.5. Consumo ilegal................................................................................................. 1.6. Cuestiones comunes......................................................................................... 1.7. Concepto de drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas. Las Convenciones de Naciones Unidas. El sistema de listas. Clasificación en función del daño a la salud. La pureza de la droga ....................................... 1.8. Normativa administrativa: los usos autorizados en la docencia, la investigación, la industria y en el ámbito terapéutico (Ley 17/67, de 8 de abril, el Real Decreto 2829/77, de 6 de octubre, y la Orden del Ministerio de Sanidad y Consumo de 14 de enero de 1981). El Real Decreto 75/1990, de 19 de enero, sobre tratamiento con opiáceos para dependientes .................................. 1.9. Los supuestos de atipicidad ............................................................................ 1.9.1. Introducción ........................................................................................ 1.9.2. Consumo compartido .......................................................................... 1.9.3. La invitación o donación a sujeto determinado ................................ 1.9.4. Posesión y consumo compartidos en la pareja y casos similares ..... 1.9.5. Las donaciones altruistas o compasivas. Especial atención a las donaciones a personas presas ................................................................ 1.10. La cuestión del precio y la condición del receptor .......................................... 1.11. La venta de una pequeña cantidad de droga. La dosis mínima psicoactiva. 1.11.1. Convivencia en el TS, hasta principios de 2004, de dos tesis opuestas: atipicidad y tipicidad de las ventas de cantidades mínimas de droga ................................................................................................... 1.11.2. Sentencias que aplican el Cuadro Resumen del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo......................................................................... 1.11.3. Matizaciones a la “línea dura” de aplicación del Cuadro Resumen del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo: la STS 298/2004, de 13 de marzo, y la cuestión de la dmp de heroína ................................... 1.11.4. La STS 272/2004, de 5 de marzo, y la diferenciación entre componente psicoactivo y mínimo de toxicidad a propósito de la heroína. Rechazo de la dmp como límite entre la atipicidad y la tipicidad.
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Vuelta a la inseguridad jurídica. Los Votos Particulares a las SSTS 982/2005, de 22 de julio y 1214/2005, de 6 de octubre. El Voto Particular a la STS 422/2004, de 26 de marzo. El ATC 323/2007, de 6 de julio...................................................................................................... 1.11.5. La dosis mínima psicoactiva de hachís ............................................. 1.11.6. Acuerdo del Pleno no Jurisdiccional del Tribunal Supremo de 3 de febrero de 2005: mantenimiento del criterio jurisprudencial y anuncio de una posible reconsideración del mismo .......................... 1.11.7. Acuerdos del Pleno no Jurisdiccional de 25 de mayo y de 25 de octubre de 2005: propuesta al Gobierno para introducir un tipo atenuado en el artículo 368 CP ..................................................................... 1.11.8. La STS 1101/2007, de 19 de diciembre y el Voto Particular formulado a la misma: entre la atipicidad y la tentativa .............................. 1.12. Dosis mínima psicoactiva y pureza.................................................................
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CAPÍTULO SEGUNDO TIPOS AGRAVADOS DEL ARTÍCULO 369 CP 2.1. Introducción: el nuevo sistema de agravación de los artículos 369 y 370 CP. Especial referencia a las diferencias entre la regulación anterior y posterior a la LO 15/2003, de 25 de noviembre .............................................................. 2.2. Los tipos agravados en particular................................................................... 2.2.1. El culpable fuere autoridad, funcionario público, facultativo, trabajador social, docente o educador y obrase en el ejercicio de su cargo, profesión u oficio ................................................................................. 2.2.2. El culpable perteneciere a una organización o asociación, incluso de carácter transitorio, que tuviese como finalidad difundir tales sustancias o productos aun de modo ocasional ................................. 2.2.3. El culpable participare en otras actividades organizadas o cuya ejecución se vea facilitada por la comisión del delito ............................ 2.2.4. Los hechos fueren realizados en establecimientos abiertos al público por los responsables o empleados de los mismos.......................... 2.2.5. Las sustancias a que se refiere el artículo anterior se faciliten a menores de 18 años, a disminuidos psíquicos o a personas sometidas a tratamiento de deshabituación o rehabilitación ............................... 2.2.6. Fuere de notoria importancia la cantidad de las citadas sustancias objeto de las conductas a que se refiere el artículo anterior ............ 2.2.7. Las referidas sustancias se adulteren, manipulen o mezclen entre sí o con otras, incrementando el posible daño a la salud ................. 2.2.8. Las conductas descritas en el artículo anterior tengan lugar en centros docentes, en centros, establecimientos o unidades militares, en establecimientos penitenciarios o en centros de deshabituación o rehabilitación, o en sus proximidades ............................................... 2.2.9. El culpable empleare violencia o exhibiere o hiciere uso de armas para cometer el hecho.........................................................................
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2.2.10. El culpable introdujere o sacare ilegalmente las referidas sustancias o productos del territorio nacional, o favoreciese la realización de tales conductas............................................................................... 2.3. Las reglas del artículo 369. 2 CP ....................................................................
CAPÍTULO TERCERO TIPOS AGRAVADOS DEL ARTÍCULO 370 CP 3.1. Agravaciones del tipo básico. Imposibilidad de que algunas agravaciones operen sobre el tipo básico............................................................................... 3.2. Utilización de menores o disminuidos psíquicos ............................................ 3.3. Ser jefe, administrador o encargado ............................................................... 3.4. Extrema gravedad. Las distintas modalidades de la extrema gravedad...... 3.5. Las penas del artículo 370 CP.........................................................................
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CAPÍTULO CUARTO ARTÍCULOS 372 A 378 CP 4.1. 4.2. 4.3. 4.4. 4.5.
Penas de inhabilitación especial y absoluta (artículo 372 CP) ...................... El castigo de los actos preparatorios (artículo 373 CP) ................................. El comiso (artículo 374 CP) ............................................................................. La reincidencia internacional (artículo 375 CP) ............................................ Atenuación por abandono y colaboración. Requisitos (artículo 376.1 CP). Delimitación con la atenuante 4ª del artículo 21 CP ..................................... 4.6. Atenuación por deshabituación (artículo 376.2 CP) ...................................... 4.6.1. Fundamento........................................................................................ 4.6.2. Requisitos ........................................................................................... 4.6.3. La discrecional atenuación de la pena por el Tribunal de Instancia 4.6.4. Aplicación de la atenuante analógica ................................................ 4.6.5. Compatibilidad con las atenuantes genéricas .................................. 4.6.6. Retroactividad favorable .................................................................... 4.6.7. Nueva atenuación facultativa en el Proyecto de Ley Orgánica 121/000119 por el que se modifica la LO 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal (BOC 15 de enero de 2007) ............................ 4.7. La cuantía de la multa (artículo 377 CP) ....................................................... 4.8. La imputación de pagos (artículo 378 CP)......................................................
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CAPÍTULO QUINTO UNA CUESTIÓN PROCESAL RECURRENTE: LAS INTERVENCIONES TELEFÓNICAS 5.1. Introducción crítica. Sobre la manifiesta inconstitucionalidad del precepto pretendidamente regulador de las escuchas telefónicas ............................... 5.2. Delito grave, medida excepcional: prohibición de escuchas prospectivas.....
Necesidad de efectivo control judicial ex ante y ex post a la intervención ... Indicios bastantes ............................................................................................ Motivación por remisión al Atestado peticionario.......................................... El secreto de las comunicaciones abarca no sólo la conversación, sino también todos sus elementos, como el número desde el que se llama ................. 5.7. Excursus final: la nulidad de las intervenciones y la existencia de otras pruebas .............................................................................................................
LISTADO DE AUTORES ÁLVAREZ GARCÍA, Francisco Javier (Catedrático de Derecho Penal, Universidad Carlos III). ANDRÉS DOMÍNGUEZ, Ana Cristina (Titular de Derecho Penal, Universidad de Cantabria). CASTRO MORENO, Abraham (Titular de Derecho Penal, Universidad Carlos III). DOPICO GÓMEZ-ALLER, Jacobo (Titular Interino de Derecho Penal. Universidad Carlos III). GUTÍERREZ CASTAÑEDA, Ana (Prof. Ayudante de Derecho Penal, Universidad de Cantabria). LAMARCA PÉREZ, Carmen (Titular de Derecho Penal, Universidad Carlos III). MANJÓN-CABEZA OLMEDA, Araceli (Titular de Derecho Penal, Universidad Complutense de Madrid). OTERO GONZÁLEZ, Pilar (Titular de Derecho Penal, Universidad Carlos III). PEDREIRA GONZÁLEZ, Félix María (Prof. Ayudante Doctor de Derecho Penal, Universidad Complutense de Madrid). SÁNCHEZ-VERA GÓMEZ-TRELLES, Javier (Prof. Asociado de Derecho Penal, Universidad Complutense de Madrid, Abogado).
ATRIBUCIÓN DE EPÍGRAFES A CADA AUTOR Capítulo Primero Epígrafes 1.1 a 1.8: F. Pedreira González. Epígrafe 1.9: J. Dopico Gómez-Aller. Epígrafes 1.10, 1.11, y 1.12: A. Manjón-Cabeza Olmeda. Capítulo Segundo Epígrafe 2.1: A. Manjón-Cabeza Olmeda. Epígrafe 2.2 (2.2.1., 2.2.3, 2.2.4 y 2.2.5): F. J. Álvarez García. Epígrafe 2.2 (2.2.2, 2.2.6, 2.2.7, 2.2.8, 2.2.9 y 2.2.10): A. Castro Moreno. Epígrafe 2.3: A. Castro Moreno. Capítulo Tercero Epígrafes 3.1, 3.2 y 3.3: A. Gutiérrez Castañeda. Epígrafe 3.4: A. Manjón-Cabeza Olmeda. Epígrafe 3.5: A. Gutiérrez Castañeda. Capítulo Cuarto Epígrafes 4.1, 4.2, 4.3 y 4.4: A. C. Andrés Domínguez. Epígrafe 4.5: C. Lamarca Pérez. Epígrafe 4.6: P. Otero González. Epígrafes 4.7 y 4.8: A. C. Andrés Domínguez. Capítulo Quinto J. Sánchez-Vera Gómez-Trelles.
ABREVIATURAS Art.: ATS: BOCG: BOE: CGPJ: CP: Dmp: GBL: GHB: IINT: INT: LE: LSD (LSD-25): LORC:
Artículo Auto del Tribunal Supremo Boletín Oficial de las Cortes Generales Boletín Oficial del Estado Consejo General del Poder Judicial Código Penal Dosis mínima psicoactiva Gammabutirolactona Gammahidroxibutirato Informe del Instituto Nacional de Toxicología Instituto Nacional de Toxicología Ley 17/1967, de 8 de abril, de Estupefacientes Dietilamida del ácido lisérgico Ley Orgánica 12/1995, de 12 de diciembre, de Represión del Contrabando. MDA (píldora del amor): Metilendioxanfetamina MDEA (Eva): N-metil-dietanolamina MDMA (éxtasis): 3,4-metilendioximetanfetamina OSPP: Orden de 14 de enero de 1981 RDTOD: Real Decreto 75/1990, de 19 de enero, por el que se regulan los tratamientos con opiáceos de personas dependientes de los mismos RDSPP: Real Decreto 2829/1977, de 6 de octubre, por el que se regula la fabricación, distribución, prescripción y dispensación de sustancias y preparados psicotrópicos. STC: Sentencia del Tribunal Constitucional STS: Sentencia del Tribunal Supremo THC: Tetrahidrocannabinol
PRÓLOGO Es un lugar común oír hablar del “problema de la droga”, como si sólo de uno se tratase. Lo más acertado es hablar de “los problemas de la droga” y reconocer que son varios y diversos: los sociales y sanitarios ligados al consumo abusivo; el crimen organizado, cuya actividad favorita es el tráfico de drogas y el consiguiente blanqueo; la capacidad corruptora de las ganancias ilícitas y su infiltración en el sistema económico; la supuesta necesidad de acudir a métodos excepcionales de persecución, a veces de dudosa constitucionalidad, dada la ineficacia de los tradicionales; la filosofía que alimenta la lucha mundial contra la droga que sirve para justificar, por un lado, las legislaciones súper excepcionales y, por otro, ciertas políticas exteriores de un solo país en relación a muchos otros. También debe subrayarse que, a veces, para atacar un problema, se ha incrementado el tamaño de otro o, incluso, se ha creado uno nuevo. Basta analizar la historia reciente, desde finales del siglo XIX, para entender que alguno de esos “problemas” no existían y que se generaron con lo que se presentaba como “la solución” (¿a qué problema?). Un análisis serio de la cuestión requiere no perder de vista los orígenes de la cruzada antidroga y sus motivaciones: la prohibición se gesta y desarrolla, no para atajar un grave problema de abuso de drogas, sino que aparece como reacción o arma para atacar diversas situaciones que nada tienen que ver con la protección de la salud pública. Hubo motivos racistas, contra los negros del Sur y contra la mano de obra china; motivos económicos en la guerra de los médicos, farmacéuticos, productores y curanderos para obtener la “exclusiva” en la dispensación de drogas; motivos políticos, en la pugna entre China y EEUU por el control del opio y en la utilización, por parte de EEUU, de la cruzada planetaria antidroga como pretexto para intervenir en asuntos internos de otros países. No deben olvidarse, tampoco, algunos datos históricos que nos demuestran, al menos, tres cosas: Primera, que hubo otra situación previa a la prohibición, en la que el consumo de drogas no era cuestión especialmente problemática. Segunda, que alguno de los “problemas de la droga” son hijos de la prohibición. Tercera, que la prohibición se ha desarrollado en los más variados escenarios y ha afectado a casi todo, más allá del ámbito de la salud pública. Basta recordar que la fiscalización internacional se impone colándola como un polizón en el Tratado de Versalles; que EEUU ha condicionado durante un tiempo —a través de la certificación— su ayuda exterior a que los países destinatarios obtuviesen determinados resultados en la lucha contra la droga, sin olvidarnos del Plan Colombia; que el dinero de la droga fue ofertado para pagar la deuda externa de un país a cambio de un compromiso de no extradición; hasta la fórmula originaria de la Coca-Cola hubo de modificarse para sustituir la cocaína por cafeína.
Este libro no pretende dar respuesta (si es que la hay) a los “problemas de la droga”. Su objetivo es humilde: presentar, de forma ordenada, siguiendo el articulado del Código Penal, las soluciones que la doctrina y, sobre todo, la Jurisprudencia ofrecen a la hora de interpretar y aplicar los preceptos penales. Pero también este ámbito restringido está cuajado de “problemas” mal resueltos, unas veces por el Legislador, otras por el Tribunal Supremo, y, en ocasiones, por ambos. Por otro lado, no puede olvidarse que en esta materia la legislación española, tributaria del marco internacional que nos vincula, es extremadamente excepcional, con unas dosis de excepcionalidad solo comparables a las que se dan en el ámbito del terrorismo: adelantamiento de las barreras de protección, castigando como delito consumado comportamientos que están en el umbral de los actos preparatorios materiales generalmente impunes; consideración como autoría de conductas de participación; agravante de reincidencia internacional; atenuaciones excepcionales por abandono y confesión; penas disparadas y desproporcionadas. Tanto exceso en el uso del instrumento represivo contrasta con la situación de desprotección de los menores e incapaces frente a las drogas, que se intenta resolver con una interpretación jurisprudencial, acaso bien intencionada, pero carente de fundamento. En la más reciente Jurisprudencia del Tribunal Supremo puede observarse la existencia de dos líneas interpretativas contradictorias y coetáneas, que conducen a dar respuestas muy distintas a idénticos supuestos. El caso más alarmante, al menos por el número de resoluciones que genera, es el de las ventas de pequeñas cantidades de droga. Hasta el año 2004 se consideraban atípicas las ventas de mínimas cantidades de droga —las que se mueven alrededor de dosis únicas de consumo habitual—, por entenderse que no había riesgo de difusión y, por tanto, que no había afectación del bien jurídico salud pública. A partir de 2004 se adopta un nuevo criterio: estas conductas serán típicas cuando la cantidad de droga trasmitida supere la dosis mínima psicoactiva. Pero hay voces disidentes dentro del propio Tribunal Supremo que rechazan el nuevo umbral de la tipicidad, existiendo algunas resoluciones y varios Votos Particulares que resuelven en sentido contrario al, de momento, mayoritario. La manera en la que se está desarrollando la cuestión permite afirmar que la misma no está en absoluto resuelta, y que podría terminar ocurriendo algo similar a lo que se produjo a propósito de la “notoria importancia de cocaína”, a consecuencia de la “desobediencia” de la Audiencia Provincial de Madrid a la línea, entonces mayoritaria, del Tribunal Supremo y de la postura crítica de un Magistrado del Alto Tribunal. Tratándose de la venta de cantidades mínimas de droga cambia el escenario, la sustancia y la conducta: la disidencia está en la Audiencia Provincial de Vizcaya y en algún Magistrado del Tribunal Supremo; la sustancia es ahora la heroína, y la conducta se refiere a venta de cantidades mínimas.
Por otro lado, no puede olvidarse la insistencia en resolver problemas a través del instrumento de los Plenos no Jurisdiccionales de unificación de doctrina. No es el tráfico de drogas el único caso en el que se recurre a los Acuerdos de dichos Plenos, pero hay que reconocer que es uno de los escenarios favoritos en los que el TS escenifica su concepción de los Acuerdos no Jurisdiccionales como vinculantes y como fuente de Jurisprudencia. La cuestión es todavía más grave cuando se eleva a la categoría de fuente la doctrina revelada, no ya en un Acuerdo no Jurisdiccional, sino en un Cuadro Resumen del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo que “dice” reflejar un Informe del Instituto Nacional de Toxicología, lo que no es cierto. De manera que, tratándose de la cuestión que más Sentencias genera, o sea de la venta de pequeñas cantidades de droga, se está condenando, no en base a lo que dice el CP, ni a lo que interpreta el Tribunal Supremo, a través de sus Acuerdos no Jurisdiccionales o de sus resoluciones, sino en base al entendimiento —incompleto y sesgado— que el Gabinete Técnico quiso hacer de un Informe del Instituto Nacional de Toxicología. A la vista de todo lo anterior, resulta imprescindible que el Tribunal Supremo resuelva —con criterio unitario y aceptable— la cuestión de la tipicidad o atipicidad de las ventas de cantidades mínimas de drogas, lo que exige recordar que el bien jurídico es la salud pública, que en Derecho español no existe un tipo de suministro individual de drogas, y que los principios de seguridad jurídica y proporcionalidad son complementarios y no contrapuestos, lo que debe llevar a rechazar la “seguridad jurídica del exceso y de la desproporción”. El mismo problema de existencia de dos líneas contradictorias en la Jurisprudencia, se observa a propósito de la interpretación de la agravante de extrema gravedad, de sus requisitos y del ámbito subjetivo de aplicación. Debe reconocerse, en todo caso, que las dificultades con la “extrema gravedad” se han generado a partir de la Ley Orgánica 15/2003, por la que se introdujeron modificaciones en materia de agravaciones del tráfico de drogas. Esta reforma, en su conjunto, es rechazable. Piénsese en la difícilmente comprensible agravación de “uso de violencia”, tan novedosa como inútil: no resuelve nada que no estuviese ya resuelto; donde innova lo hace para exasperar en exceso casos en los que no se justifica el salto a la pena superior; hay supuestos de violencia que necesariamente deberán quedar fuera de la agravante, aunque no se exprese así; y, finalmente, no se cubre ninguna realidad criminológica lo suficientemente peculiar, olvidándose, sin embargo, otras más características. Aberrante es la nueva agravación de “contrabando” que tira por tierra todos los esfuerzos doctrinales y jurisprudenciales que lograron una solución admisible a los casos de tráfico con contrabando. Muy criticable resulta la redacción de la agravante de participar en otras actividades organizadas, que, ahora, podrán ser, delictivas, ilícitas o perfectamente lícitas, lo que conduce a dos absurdos: dar igual fuerza agravante a comportamientos lícitos, ilícitos y delictivos, y privar de fundamento a la agravación. Tampoco puede olvidarse la reforma de la agravante de “obrar en
el ejercicio de profesión, cargo u oficio” que ya no exige el abuso, con lo que se vuelve a una situación legal que se había superado. Tratándose de la agravación de difusión de drogas en centros militares o penitenciarios, su ya dudoso fundamento anterior desaparece en la nueva redacción, al ampliarse el ámbito de las conductas objeto de agravación (todas las del artículo 368 CP y no sólo las de introducción o difusión) y extenderse hasta las proximidades de esos lugares; extensión que tiene sentido cuando se trata de centros escolares en base a una interpretación teleológica, no geográfica, del término proximidades, pero que carece de justificación cuando se trata de cuarteles o prisiones. Los desaciertos de la Ley Orgánica 15/2003, las infundadas tesis que el Tribunal Supremo sostiene en algunas materias capitales, y, sobre todo, la coexistencia de soluciones radicalmente opuestas a idénticos supuestos, nos colocan ante un panorama difícil. Con este trabajo se pretende hacer una exposición ordenada de las distintas cuestiones, facilitando la labor de los que han de manejarse en la práctica; se pretende también subrayar los aspectos más problemáticos de la doctrina jurisprudencial y presentar interpretaciones mejor fundamentadas a las que nos ofrece, en ocasiones, el Tribunal Supremo.
EL TIPO BÁSICO 1.1. EL BIEN JURÍDICO PROTEGIDO. OTROS INTERESES PRESENTES EN LA TIPIFICACIÓN. DELITO DE PELIGRO ABSTRACTO En los denominados delitos de tráfico de drogas, tan complejos como trascendentes desde un punto de vista dogmático y político-criminal, junto con el límite al ius puniendi, absolutamente necesario pero eminentemente formal, que conlleva el principio de legalidad, resultan imprescindibles otras restricciones de carácter material, esto es, relativas al contenido de la potestad punitiva del Estado, para evitar que el papel activo que ha de desempeñar el mismo en la protección de la convivencia social se convierta en un intervencionismo opresivo y antidemocrático, cuando no se traduzca en un efecto perverso desde una perspectiva político-criminal global. En este ámbito debe tenerse en cuenta, especialmente, el denominado principio de ofensividad, lesividad o principio de exclusiva protección de bienes jurídicos, que puede verse como una implicación del Estado Social y Democrático de Derecho, y en cuya virtud, como pone de manifiesto la doctrina mayoritaria, todo delito ha de comportar la lesión o puesta en peligro de un bien jurídico1.
Cfr., por todos, ÁLVAREZ GARCÍA, Francisco Javier Introducción a la teoría jurídica del delito, Tirant lo blanch, Valencia, 1999, pp. 11 y ss. También para el Tribunal Constitucional la protección de un bien jurídico es un requisito indispensable para la limitación de derechos constitucionales. En este sentido, la STC 24/2004, de 24 de febrero señala: “…la imposición de sanciones penales sólo puede considerarse proporcionada y constitucionalmente legítima, si resulta necesaria para proteger bienes jurídicos esenciales frente a conductas lesivas o peligrosas para los mismos…”. Al bien jurídico generalmente se le atribuyen diversas funciones, como la función de límite frente al Legislador ordinario, la función sistemática, la función de criterio de medición de la pena y la función de guía en la interpretación. Esta última función, como veremos, resulta clave en esta clase de delitos, permitiendo saber qué comportamientos quedan incluidos en el ámbito de aplicación de los preceptos y excluir las conductas que, aunque formal y aparentemente pudieran entrar en el amplísimo tenor literal de los mismos, son incapaces de afectar al bien jurídico protegido. Sin embargo, lo cierto es que las dificultades aparecen cuando se intenta concretar el concepto de bien jurídico, a los efectos de que pueda cumplir las funciones que tiene atribuidas, algo que, desde nuestro punto de vista, puede conseguirse razonablemente a través de la vinculación del bien jurídico con la Constitución. De esta forma, el ilícito penal puede concretarse únicamente en la lesión o puesta en peligro de un valor constitucionalmente relevante (Cfr. un desarrollo convincente de esta postura en ÁLVAREZ GARCÍA, Francisco
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EL DELITO DE TRÁFICO DE DROGAS F. JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA Valencia, 2009 tirant lo b anch Coordinadores: Director: