Source: https://www.esdiari.com/5786-sobre-la-sucesin-y-la-igualdad/
Timestamp: 2020-01-18 00:03:28
Document Index: 125681529

Matched Legal Cases: ['artículo 14', 'artículo 57', 'artículo 14', 'artículo 14', 'artículo 14', 'artículo 57']

Sobre la sucesión y la igualdad. - EsDiari.com
Sobre la sucesión y la igualdad.
Hablábamos el otro día, Polidoro amigo, de los problemas sucesorios que en la Primera Familia española causaba la desafortunada redacción de nuestra Norma Fundamental, tan fáciles de haber sido evitados éstos con aquella muletilla que yo proponía, añadida al artículo 14, aclarando que «la igualdad por razón de sexo -en cuanto a sucesiones hereditarias- no regirá para la Familia Real», o con otra muletilla sumada al artículo 57.I, diciendo «no obstante lo dispuesto en contra en el artículo 14, que solo será de aplicación al resto de las familias españolas, pero no a la Familia Real». Vuelvo a insistir en que más me parece un problema familiar que un problema nacional. Sin embargo, desde un estricto punto de vista jurídico, además de democrático, considero que la igualdad de derechos sucesorios -y de todos los derechos y deberes- entre hombre y mujer, es el que debe prevalecer, sin que esa igualdad signifique que los cargos -públicos o privados- deban repartirse al cincuenta por ciento, como algunos pretenden, lo cual es absurdo, pués aquí -en el reparto de sillones y direcciones, que no de herencias- lo que se debe tener en cuenta no es el sexo, sino la inteligencia y capacidad de las personas, que es cosa muy distinta. A cada uno según su saber, que no al cincuenta por ciento para unos y para otras, porcentaje sólo admisible si todos igual de listos y capaces. Ni tampoco -en igualdad de inteligencia- mayor porcentaje para los varones, aunque algunos se apoyen en sus genitales cuando dan una orden y digan aquello tan macho de: «esto se hace por c….». Y a lo mejor resulta que son rencallos.
Sí, José María, en esto de las sucesiones, creo yo, debe imperar el principio que muchas veces me has recordado del «prior tempore, potior jure», o séase de que «quien es primero en el tiempo, mejor derecho tiene», principio que además de regir para determinar el dominio de un inmueble, que la ley lo atribuye al primero -de entre varios adquirentes de la misma finca- que inscriba su título en el Registro de la Propiedad, también debe ser de aplicación en las sucesiones hereditarias a la Corona, que debe favorecer a quién primero nazca, o sea al primer inscrito en el Registro Civil, aunque en este caso sea en un libro especial reservado a la realeza. No pasa de ser una opinión, pero arraigada a fuerza de oir eso de la igualdad entre los hombres todos, aunque luego, al momento de la verdad, compruebes que los primeros que no acatan eso de la pregonada igualdad son aquellos que la predican -los políticos-, pero para los demás, no para ellos, ni para los suyos.
Sí, Polidoro, muy cierto es lo que dices, por lo menos en cuanto atañe a beneficios económicos que se reparten y asignan entre ellos, los salvadores de la patria y sus acólitos. Cualquier trabajador por cuenta ajena o funcionario de plantilla, después de trabajar toda una vida, cotizando con arreglo a sus haberes reales, percibe una pensión que se regula en función de sus años de cotización, dándose muchas veces el caso -en el trabajador de la empresa privada, sobre todo- de percibir una pensión muy inferior a aquélla base por la que venía cotizando. Ha pagado por 100 -pongo por caso-, pero como la pensión máxima es la de 80, ésta última es la que cobra como pensionista. En la clase política se hace caso omiso de las leyes sobre Seguridad Social, dictándose ellos una ley especial que les asegure unas suculentas pensiones vitalicias -ad libitum- que pagamos los demás.
Supongo, José María, que dices eso por lo publicado estos días en la prensa acerca de cierto presidente autonómico, que al cesar en su cargo «percibirá una indemnización de 125.000 euros anuales durante una legislatura y después un pago vitalicio de 94.000 euros», también anuales. En esta España de las desmesuras económicas -y de los que se favorecen con ellas- ha venido muy bien eso de cambiar la peseta por el euro, pues al hablar en euros parece que la desmesura se disminuye y pasa casi desapercibida a los ojos del ciudadano contribuyente, al que se nos considera bobo de baba. Si háblasemos todavía en pesetas tendríamos que decir que ese afortunado presidente se retira con 20.798.000 de pesetas el primer año, y con 15.640.000 de pesetas los años siguientes, hasta su muerte. Considerando lo de las catorce pagas anuales, el primer año cobrará 1.485.000 pesetas al mes, menos Julio y Diciembre, que cobrará 2.971.000 pesetas, cada uno de ellos. A partir del segundo año estas cifras se reducirán a las de 1.117.000 pesetas los meses ordinarios y 2.234.000 pesetas los meses con paga extraordinaria. Lo cual no está nada mal, habida cuenta de que un funcionario, catedrático de 2ª Enseñanza, o un empleado por cuenta ajena, con título universitario y hasta con doctorado, después de cotizar toda una vida laboral -y muchas veces trabajar como nunca lo hará un político-, viene a cobrar de la Seguridad Social unos 25.000 euros anuales, no los 125.000 euros del primer año y los 94.000 euros de los años siguientes, de ese citado presidente de una Comunidad, pronto a cesar en su sinecura, para entrar en otra. Además el probo funcionario o el docto empleado, puestos a título de ejemplo, perciben esa cantidad en concepto de «pensión», no como una «idemnización», tal como se dice del político, como si al ocupar esa presidencia autonómica se le hubiese inferido algún daño que hubiere que «indemnizar». Así entiende el DRAE la indemnización: Cantidad abonada a alguien para compensarle o resarcirle de un daño o perjuicio que se le causó. Y de esos daños, que me den a mi muchos.
Ya ves, Polidoro, que eso de la igualdad es para los demás, que una cosa es predicar y otra cosa es dar buen trigo. Y lo triste es que esto no tiene remedio, pues es mal que invade a cuantos hacen de la política su medio de vida, unos dicen que por vocación y otros callan sus motivaciones, aunque algunos las sospechamos, sobre todo si les conocemos de tiempo atrás. Podrán ser muy honrados, muy honestos -como se dice ahora-, pero en cuanto se ocupa un cargo o carguillo, el político suele olvidar lo que siempre debiera tener presente, que él es un asalariado representante, un mandatario del pueblo, al que está obligado a servir, y cuyas leyes -las que son comunes a todos- debiera respetar, el primero él. Esa absurda costumbre, incluso en ocasiones hasta servil, de magnificar los cargos y pretender hacer de un hombre público, tal vez hasta indocto, poco menos que un ser superior, nunca la entendí. Recuerdo con este motivo lo que decía en una ocasión la recién desaparecida periodista Oriana Fallaci, después de haber entrevistado, a lo largo de sus años, a una serie de políticos, todos ellos de primera línea, que no había encontrado entre ellos ningún hombre excepcional. Yo tampoco. No he tenido esa suerte. Todos han sido hombres corrientes o incluso por debajo de la media nacional algunos.
Desde luego es absurdo, José María, aparte de antidemocrático, que existiendo una ley nacional -y general- que establece el Régimen de la Seguridad Nacional para el conjunto de los españoles, para todos, unos empleados nuestros -del pueblo soberano-, los políticos en el poder o en la oposición, todos ellos, del primero al último, no estén acogidos a esa norma igualitaria que exige unos períodos mínimos de cotización y fija unas pensiones máximas y mínimas, con arreglo a las bases cotizadas.
No, señor; ellos, por lo menos ese presidente que dice la prensa, y con él otros, al cesar voluntaria -o forzosamente- en su cargo se «auto-indemnizan» con casi veintiun millones de pesetas el primer año, y se adjudican un «pago vitalicio» de casi dieciseis millones de pesetas, tambien anuales. Encima nos dirá y jurará éste que todos los españoles somos iguales y que él es de izquierdas y además socialista. ¡Cómo para morirse de risa! Ya sabes que voté «no» a la Constitución. No me gustó, no me gustaron muchas cosas -empezando por las Autonomías-, ni la forma en que fueron redactados muchos de sus artículos, poco precisos y fuente de ambigüedades. Concretamente, ese artículo 14, el que pregona la igualdad de los españoles, debiera haber dicho así: «Todos los españoles, incluídos los dedicados a la política en cualquiera de sus vertientes -nacional, autonómica, provincial, municipal, etc.-, son y serán iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal, social o dedicación política, rigiéndose todos por las leyes comunes para todos establecidas, sin que sean posibles privilegios de clase alguna». Esta prudente redacción hubiere bastado, aparte del inciso acerca del derecho de sucesión a la corona, añadido a este mismo artículo 14 ó bien el propuesto para el artículo 57,1, conforme optáramos por sucesor varón o nos fuese indiferente el sexo del heredero, conforme decíamos antes.
O sea, Polidoro, que no crees en eso de la igualdad constitucional de los españoles. No te recrimino por ello. Hay muchos días en que yo tampoco. Seguiremos hablando de esa entelequia.
Salamanca, 8 Octubre 2006.
Fuente: José María Hercilla Trilla.