Source: http://www.contraelabusosexualdelainfancia.com/art2.htm
Timestamp: 2018-01-20 15:18:36
Document Index: 224180017

Matched Legal Cases: ['artículo 27', 'artículo 12', 'artículo 15', 'artículo 19', 'artículo 175', 'artículo 178']

Por : Susana Galdos Silva
Algunas veces he dado charlas a policías y he sentido su real interés por conocer más para ayudar más; en aprender para prevenir y mejorar no sólo su actividad profesional sino también mejorar como personas, como padres de familia o como esposos. Ellos y ellas, porque también había policías mujeres, comprenden que mejorando como personas en la familia, en el barrio, mejoran también como profesionales. Esto es especialmente necesario cuando trabajamos en prevención de la violencia: tenemos que erradicarla de nuestra vida diaria porque no sólo deja huellas en la persona agredida, sino también en la persona que agrede en la medida que la deshumaniza.
A nivel general, muchas personas creen que la violencia es parte de la vida, que no se puede evitar. Otras afirman que la violencia al interior de la familia es un asunto que compete sólo al padre o a la madre o al esposo o la esposa y que en eso no hay que meterse.
Otras creen que las condiciones socioeconómicas son la causa de la violencia y que mientras exista miseria, falta de educación y de acceso a mejores niveles de vida, siempre habrá violencia.
También hay que reconocer que la agresividad y la violencia pueden ser respuesta a una defensa de la vida, por ejemplo, cuando defendemos nuestros derechos o algo que nos pertenece. Por ello en las siguientes páginas vamos a trabajar sobre la agresión y el abuso en perjuicio de otra persona, concretamente en perjuicio de los niños y niñas y de jóvenes menores de 18 años, de acuerdo a la Convención sobre los Derechos del Niño.
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea de las Naciones Unidas en 1989, tiene como fundamento la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos del Niño y es un instrumento legal a nivel internacional que firman todos los países que se comprometen en la protección de la infancia; el Perú ha sido uno de los países firmantes.
Lo esencial de la Convención es que parte de reconocer que el niño y la niña así como los adolescentes son personas con derechos y, más aún, que tienen derecho a cuidados especiales y asistencia especial por carecer aún de madurez física y mental dado que están en un período de crecimiento y desarrollo. El artículo 27 precisa: "Los Estados partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social".
En el artículo 12.1 encontramos un reconocimiento explícito de la concepción del niño como persona: "Los Estados Partes garantizarán al niño que está en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño". Incluso le reconoce libertad de asociación y de celebrar reuniones pacíficas (artículo 15).
El artículo 19 se refiere expresamente al maltrato: "Los Estados partes adoptarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo".
Sin embargo, todos sabemos que la Convención sobre los Derechos del Niño así como el Código de los Niños y Adolescentes (Decreto Ley 26102) pueden quedar sólo en excelentes declaraciones que no se concreticen si no hacemos esfuerzos y unimos conocimientos y acción para que así sea.
En este texto vamos a tratar algunos aspectos relacionados al abuso infantil. El objetivo es comprender el problema para poder actuar acertadamente. Veremos la definición de abuso infantil, formas, indicadores y efectos. También examinaremos cómo el abuso se repite y refuerza en la sociedad en general, la situación de poder y superioridad de la persona adulta. Analizaremos algunas alternativas de prevención, así como pautas que pueden sernos útiles para atender y derivar a las víctimas de abuso.
La idea que guía este trabajo es la constatación de que aunque la violencia hacia la infancia y la juventud se presenta cada día y a todos los niveles, es posible su prevención, así como una adecuada atención de los niños y adolescentes que la sufren. Es posible, también, que los propios niños y adolescentes aprendan a identificar situaciones de riesgo y a prevenir y denunciar.
La actuación frente a la violencia es especialmente importante en el caso de la Policía porque justamente una de sus misiones es mantener el orden, la paz, y es la autoridad socialmente nombrada y aceptada para cuidar de la seguridad de las personas y del país.
El Código de los Niños y Adolescentes, en su sección II, se refiere a la Policía Especializada como la encargada de auxiliar y colaborar con los organismos destinados por el Estado en la educación, prevención y protección del niño y adolescente (artículo 175). En el artículo 178 reconoce la necesidad de capacitación del personal que desempeñará dichas funciones.
Por otro lado, cuando una autoridad se compromete con la prevención de la violencia y maltrato a la infancia, su tarea tiene doble impacto porque como autoridad socialmente reconocida tiene poder para realizar actividades y coordinaciones orientadas al logro de objetivos específicos.
Profundizar conocimientos con relación
al maltrato y abuso infantil
(Algunas veces pasa frente a todos y nadie se da cuenta...no sólo los golpes duelen y dejan huella)
El maltrato y abuso sexual que se da en la familia es especialmente peligroso porque deja huellas negativas profundas en razón de que la persona que maltrata o abusa es la que debería cuidar y amar al niño o niña. Por otro lado, genera un sentimiento de impotencia, pues por lo general el niño o niña que lo sufre es incapaz de escapar de la situación o de denunciarla.
(No sólo los golpes duelen y dejan huella)
El abuso sexual va desde miradas, palabras, mostrar láminas, tocar o pedir ser tocado, caricias en el cuerpo o en los genitales hasta la penetración.
Hay la tendencia a confundir abuso sexual con violación. En realidad la violación y el incesto son formas extremas de abuso sexual.
Últimamente las noticias han destacado numerosos casos de violaciones de menores. Ello ha motivado que a través de los medios de comunicación se den indicaciones a los padres de familia para que aconsejen a sus hijos e hijas. Tales indicaciones se refieren, sin embargo, a no salir con desconocidos, no ir por lugares solitarios, etcétera. Estos consejos funcionan en los casos, que son los mínimos, de violaciones hechas por desconocidos.
Si bien es importante que los menores sepan cómo cuidarse en la calle, también es necesario saber que la mayoría de abusos sexuales y violaciones a menores son cometidos por personas conocidas, ya sea del propio entorno o de la familia y que por lo general actúan con ciertas estrategias que podemos reconocer y estar preparados para prevenir.
El abusador necesita de privacidad y del silencio de su víctima. Por lo tanto, buscará la ocasión de estar solo y se asegurará que ella no va a contar lo ocurrido a nadie.
Dado que la mayoría de abusos sexuales se producen en el hogar y por conocidos, es lógico que el abusador haya "estudiado" cuándo y cómo puede estar a solas con el niño o niña. Posiblemente conoce lo suficiente a la familia para saber cómo acercarse, así como qué hacer para que el niño o niña no se atreva a contar lo ocurrido.
Por ejemplo, si son familias muy autoritarias, en las que los hijos e hijas tienen temor al padre, el abusador amenazará con que "Si cuentas ya sabes cómo se va a poner tu papá; va a estallar en cólera y te va a castigar".
Si es una madre que constantemente se queja de sufrimiento y enfermedad, posiblemente le dirá a su víctima que no debe decir nada a su madre "porque tú vas a ser la culpable si tu mamá empeora o se muere".
En otros casos, trata de culpar a la víctima diciéndole que si no gritó o corrió, eso significa que le agradó o que aceptó. "¿Por qué no pediste ayuda?, en el fondo es porque tú también querías".
Estas estrategias se ejecutan generalmente en varias fases que tienen las siguientes características:
Inicio o "enganche". Es cuando el abusador logra establecer con su
víctima un primer nivel de acercamiento y se asegura que ésta no
contará a nadie el contacto establecido. Por lo general, en esta fase
el niño o niña, dependiendo de la edad que tenga, está confundido y no entiende exactamente lo que está ocurriendo. Algunas niñas han expresado que sentían incomodidad, aunque no entendían de lo que se trataba.
En esta fase puede ocurrir que el niño o niña, si ya tiene suficiente edad como para darse cuenta, no quiera quedarse con el abusador. Cuando la madre o padre le preguntan la razón, no da explicaciones porque el abusador ya ha logrado de alguna manera asegurar su silencio.(Este silencio es un signo a tomar en cuenta en caso de existir sospecha de abuso).
Evidencia o confirmación. Puede darse de improviso, cuando el
abusador es sorprendido o porque la víctima cuenta lo que le ocurre.
En estos casos, no hay tiempo para pensar con tranquilidad y es difícil manejar adecuadamente la situación. Por lo general, la familia tiene
mucha rabia y las reacciones se dirigen hacia el violador pidiendo
sanción o castigo. Puede pasar inclusive que la víctima
sea interrogada, aún por la propia familia, una y otra vez, en un afán de comprender qué le ha pasado. Esta actitud no es la más adecuada.
Hay que considerar que la persona, ya sea niño o niña, necesita
ayuda y hay que asegurarse que reciba tratamiento médico si
es necesario y, sobre todo, comprensión, seguridad y afecto.
Otras veces el niño o niña tiene un comportamiento que lleva a sospecha, por ejemplo hace preguntas referidas al sexo o a amenazas, o usa términos que no corresponden a su edad ni a las costumbres de la casa. A partir de ello la madre o el familiar cercano o el profesor pueden sospechar y poco a poco ir acercándose a la verdad hasta que cuenta lo que le ocurre o da pistas que permitan descubrir al abusador.
En muchos casos de abuso sexual de padres o padrastros que se inicia en la infancia, las niñas cuentan lo que les ocurre al llegar a la adolescencia. El abusador sabe que al crecer e interactuar con otras personas, la adolescente puede contar "su secreto". Para evitar que esto ocurra hace todo lo posible por prohibirle que salga a la calle o se reúna con sus amigas. Cuando los argumentos son acogidos en la familia, la chica se da cuenta de que el único modo de tener algo de libertad es contando lo que ocurre.
Hay que tener presente que en el caso de abuso sexual de jóvenes varones es muy difícil que ellos cuenten lo ocurrido pues socialmente eso se asume como pérdida de la masculinidad, presumiéndose equivocadamente que tal experiencia condicionará luego un comportamiento homosexual.
Desafortunadamente son muy pocos los estudios sobre abuso sexual en niños y jóvenes. La mayoría de casos reportados son de niñas y mujeres.
Indicadores de abuso y violencia sexual
Se puede descubrir el abuso sexual en niños menores de siete años cuando su comportamiento no corresponde a su edad ni a las costumbres de la casa, sea porque muestran curiosidad en extremo o porque hacen preguntas o comentarios sobre sexo.
Las consecuencias físicas del abuso son también un camino para descubrirlo. Veamos:
Irritaciones o malestar en los genitales.
Aseo constante de los genitales o se niega a hacerlo.
Dolor al orinar. Infecciones genitales frecuentes.
Miedo a quedarse solo o con alguien en especial.
Rabia u hostilidad.
Regresión a un estadio de desarrollo anterior. Por ejemplo
si ya pedía orinar, ahora se olvida de hacerlo.
Si ya comía solo, ahora pide que le den en la boca.
En adolescentes, algunas de las conductas registradas en el Manual de Camargo son:
Incapacidad de sostener la mirada.
Frecuentes peleas y disgustos con miembros de la familia.
Cambios frecuentes y drásticos de humor.
Preocupación por temas sexuales o actividades sexuales.
Gestos e intentos de suicidio.
Por lo general, cuando hay consecuencias físicas, éstas son identificables y reciben atención. No pasa lo mismo con las consecuencias psicológicas. En la medida que no se ven, que no hay marcas visibles, no son atendidas.
Muchas personas creen que porque el niño o niña no habla sobre lo ocurrido, ya lo ha olvidado. Es importante recordar que el abuso sexual no se olvida jamás y lo que en apariencia parece haber sido olvidado, en realidad queda "guardado" y marca la vida futura.
Algunas de las consecuencias que se darán a lo largo de la vida tienen relación directa con el modo como vivirán su sexualidad, su vida amorosa y erótica. Otras se vincularán con problemas psicológicos como miedos, fobias, dificultades para enfrentar situaciones complicadas.
Por esto es necesario que todo niño o niña que ha sufrido de abuso sexual reciba el tratamiento adecuado y en el caso de adolescentes también, aun cuando éstos manifiesten entender lo ocurrido y reciban apoyo de sus familias.
Ya hemos examinado las consecuencias del abuso en los niños y niñas. Pero el asunto no termina ahí. Hay otras víctimas que por lo común no son visualizadas. "Nunca voy a olvidar lo que le hice a esa chica, ni sus gritos, ni su desesperación, tampoco sus lágrimas ni su silencio en el comparendo...pero sabes, tampoco voy a poder olvidar lo que me hice. Si hubiera pensado en lo que significaría en mi vida...si alguien me lo hubiera hecho notar...Yo mismo me aruiné para siempre".
A partir de este testimonio podemos analizar algunos de los efectos que la violencia tiene en el mismo agresor: depresión, desesperación, culpa, vergüenza, baja autoestima; dificultades legales, privación de su libertad; pérdida de su hogar y continuación de relaciones de violencia a otros niveles si no sigue un tratamiento adecuado.
Los estudios demuestran que la persona que de pequeña vivía en un ambiente de violencia, cuando crece tiende a repetirla en su hogar, en la medida que esa fue la única estrategia de relación personal y familiar que aprendió.
La violencia familiar abarca también violencia y abuso infantil. Empieza con el abuso del esposo hacia la esposa. Luego la esposa maltrata a los hijos y los hijos, a su vez, maltratan o abusan de quien pueden, sea de la abuela(o) o de la empleada de la casa. Esta relación familiar marcada por la violencia trasciende a la comunidad.
A nivel de la sociedad se sufren pérdidas por la violencia, y tal vez la más importante es que la violencia trae más violencia. También podemos enumerar costos humanos y económicos considerables como:
· Daños físicos que pueden ser irreversibles y hasta causar la muerte.
· Daños emocionales que generan depresión, baja autoestima,pérdida del deseo de vivir, sentimientos negativos, así como incapacidad para afrontar los problemas cotidianos.
Gastos de atención a las víctimas y vigilancia de los posibles abusadores.
Tratar de explicar por qué se abusa de un niño
(Donde la palabra abusivo se concreta y no se debe confundir con anormal. Tampoco se debe confundir causa con factores)
Relaciones sociales que generan maltrato
(Pasa frente a todos y parece que nadie se da cuenta)
Nuestra sociedad genera y mantiene el maltrato en la medida que hay acciones, creencias, valores y costumbres que impiden el normal y sano desarrollo de la infancia.
El proceso de violencia terrorista que vivimos durante más de quince años trajo secuelas de violencia social, así como niños huérfanos y abandonados, y familias desplazadas de sus hogares. Los niños que nacieron en esa época se familiarizaron con la muerte. Hoy día es necesario doblar esfuerzos para recuperar la importancia de vivir en condiciones de paz y desarrollo humano.
Por otro lado, las condiciones de pobreza incrementan el maltrato. Se requiere pues de políticas públicas que generen empleo y producción, es decir bases estructurales para sentar el desarrollo humano no sólo económico sino también social.
En especial, la situación de subordinación y violencia doméstica contra la mujer tiene especial relación con el abuso sexual infantil. Muchos conceptos y valores relativos a la sexualidad femenina están distorsionados y dan a entender que la mujer "provoca" la agresión.
Los roles estereotipados se proyectan también en el caso del abuso sexual infantil, en especial cuando el niño es mayor de 10 u 11 años o cuando tiene el cuerpo desarrollado, se asume que al igual que la mujer ha provocado la agresión.
Los diálogos que por lo general se establecen entre la víctima y quien recoge la denuncia o quien lleva el juicio, así como el trato que se brinda a las víctimas de violencia sexual en los juicios y denuncias, las hacen aparecer como culpables. Por eso se dice que el abuso sexual y la violación sexual son los únicos delitos en los cuales la víctima tiene que demostrar su inocencia.
Todo ello genera culpabilidad y confusión en la víctima, y en la sociedad aceptación de este tipo de delitos y no sanción o sanción mínima frente a ellos.
Situación de poder y superioridad del adulto
En lo que se refiere al abuso sexual de menores por personas conocidas, éstas se basan justamente en la autoridad que ejercen sobre su víctima, sea porque tienen más fuerza o conocimientos o están en una situación que les otorga poder: padre, tutor, profesor, etcétera.
Comprender y asumir esta definición es importante porque si bien hay algunos casos de abuso sexual y de violaciones realizadas por personas mentalmente enfermas, éstos son mínimos en las estadísticas. En cambio, sí podemos hacer mucho y cotidianamente por cambiar las relaciones de poder y para que las personas que lo tienen lo usen para proteger y ayudar y no para sus propios intereses.
¿Por qué hay tanta dificultad en aceptar
que el abuso sexual es abuso del poder?
Porque de una u otra manera son varias las personas que tienen poder: la madre y el padre sobre los hijos; los adultos sobre los menores; los profesores sobre los alumnos. Afirmar que el abuso sexual y el maltrato es abuso de poder puede llevar a pensar que todos aquellos que tienen poder son unos abusivos. Definitivamente no es así. La mayoría de personas emplea el poder socialmente asignado justamente para lo que les fue dado: para proteger, ayudar y garantizar la seguridad y bienestar. Sin embargo, también tenemos que aceptar que hay otras personas que hacen uso del poder para su propio beneficio.
(Trabajar para cortar el círculo de la violencia)
Un primer paso es evitar que se presente. Hay que reconocer que existe y que se produce en todos los niveles y clases sociales. Es necesario hablar sobre el tema a nivel familiar, con los hijos e hijas, tíos, primos, etcétera; tratar el asunto también entre vecinos y en la comunidad. El tema del maltrato y abuso infantil debe ser tan importante como los de la nutrición, educación, salud, seguridad.
Para la prevención del maltrato podemos establecer las siguientes vías: educación en la familia y la escuela y compromiso de la comunidad.
A nivel personal, como adultos y adultas tenemos el deber de lograr que los niños y niñas tengan seguridad y autoestima.
Seguridad y autoestima son las claves para frenar el abuso sexual ya que cuando el niño o la niña se siente amado no caerá fácilmente ante conocidos que simulando el afecto que necesita, abuse de él/ella. La seguridad permite que el niño o niña recurra a alguien de confianza para decirle lo que le pasa. La AUTOESTIMA hace que el niño o la niña sienta que es valioso. La autoestima se construye en las relaciones que los adultos, padre y madre y familia en general, tienen hacia el niño o niña. Los insultos y castigos disminuyen la seguridad y autoestima y hacen que luego sea más difícil la defensa de sus derechos.
En lo que se refiere al abuso sexual, es necesario hablar con el niño y la niña al respecto. Deben saber que "su cuerpo es su territorio" y que nadie lo toca sin su permiso. Esto significa que no recibirá maltrato de ningún tipo. También debe reconocer sus partes íntimas y el tipo de caricias que recibe. Ayudarlo a reconocer las caricias que hacen sentir mal y cuando no se debe guardar un secreto (cuando genera miedo, vergüenza, malestar). Por otro lado, la madre o la familia debe respetar los sentimientos y emociones del niño y si éste manifiesta que no se quiere quedar a cargo de una persona, es mejor no insistir. Al respecto, los centros de cuidado diurno son los lugares más recomendables para dejar a los niños.
El niño o niña debe saber a qué persona dirigirse para manifestarle sus dudas o temores. Puede tratarse de algún pariente cercano de confianza.
Cuando se habla de no recurrir a la violencia, algunas personas se preguntan cómo corregir entonces conductas equivocadas en los niños si no se les castiga físicamente.
Primero es necesario aclarar que los niños y las niñas, al igual que los y las adolescentes, no son buenos ni malos, simplemente son personas que están creciendo y aprendiendo lo que socialmente es correcto e incorrecto.
No hay, por lo tanto, maldad ni deseo de hacer mal las cosas, sino falta de oportunidad de aprender, o quizás se han relacionado con adultos que no han sabido enseñarles las conductas que se esperan. En este sentido, no son culpables.
El castigo físico reafirma la idea de que la violencia puede ser la solución a los problemas y continúa el círculo de la violencia familiar. Quien en su niñez recibe golpes, de adulto repite lo aprendido y a la vez enseña a sus hijos lo mismo.
Las investigaciones han demostrado que el castigo físico genera conductas extremas: o paraliza por el miedo o vuelve más rebelde a la persona. No educa.
La experiencia enseña que más se logra estimulando las conductas adecuadas que sancionando las inadecuadas. Un buen ejercicio es anotar cuántas veces en el día felicitamos a nuestros hijos o hijas por una acción o conducta que esperamos y cuántas veces les llamamos la atención cuando se han equivocado o dejado de hacer lo que les indicamos. Si reprendemos o sancionamos más de lo que felicitamos no estamos educando acertadamente y posiblemente tampoco vamos a lograr que mejoren en su conducta o su actitud.
Cuando el niño o niña es muy pequeña como para comprender una explicación verbal, se puede recurrir a aislarlo por un tiempo para que sienta que su conducta está molestando a otros o no es adecuada. No se trata de encerrarlo en un cuarto sino simplemente de sacarlo, de buenas maneras, del lugar donde estaba. Si se encontraba en la sala, se le puede llevar al dormitorio o la cocina. Una medida muy simple de aplicar para el aislamiento es un minuto por año de edad.
Cuando es mayor puede privársele durante un tiempo de alguna actividad que le guste hacer. La sanción es para corregir y no para humillar ni para que se prolongue en el tiempo, y lo mejor es establecer con anterioridad un acuerdo antes de que se presente el problema.
Es importante establecer acuerdos mutuos entre el niño o la niña o el y la adolescente y la persona adulta y tratar de recordarlos constantemente.
En la actualidad, los profesores y profesoras muestran interés por trabajar el tema. Sin embargo, muchos no saben cómo hacerlo.
Una manera simple para niños en edad preescolar, es a través de juegos y dinámicas que les permitan identificar las partes de su cuerpo que no deben ser tocadas, salvo para la higiene.
En primaria y secundaria se puede recurrir a historias sobre abuso y a preguntar qué pasó y qué pudo hacer la víctima. Es posible identificar en grupos las fases en las que se da el abuso.
Tener la certeza de que podemos acabar con el maltrato y abuso infantil
y de la adolescencia. Recordemos que durante la epidemia del
cólera había conciencia de que las condiciones socioeconómicas influían enormemente en la extensión y gravedad de la enfermedad.
Sin embargo, gracias a la organización de la comunidad y a que
cada familia implementó medidas de higiene fue posible vence
r la epidemia, a pesar de que las condiciones socioeconómicas no cambiaron.
Algo similar se puede lograr para acabar con el maltrato y el abuso infantil: unir fuerzas para que en todos los niveles se hagan compromisos y realicen acciones contra el abuso sexual.
Actuar frente a una situación de maltrato a un niño o un adolescente.
Cuando presenciamos que un padre o madre maltrata a su hijo o hija,
por lo general nos abstenemos de intervenir porque pensamos que
es un asunto familiar o privado. Como se ha explicado, el maltrato
puede generar un círculo vicioso y muchas veces la familia involucrada
no percibe el problema. La existencia de una ley sobre violencia
familiar significa que este es un problema público en el que
interviene el Estado, por lo tanto no es un asunto privado.
Interesar a las organizaciones de mujeres a que trabajen al interior de sus propias instituciones para frenar tanto el maltrato hacia la mujer como el maltrato y abuso infantil y juvenil. Frenar la violencia contra la mujer es romper la cadena que lleva al abuso infantil en la medida que cuestiona el abuso del poder y exige el respeto a los derechos humanos.
Comprometer a las escuelas, parroquias, municipalidades, delegaciones policiales y organizaciones del distrito en campañas de prevención del maltrato.
Promover la creación de cunas y centros de cuidado diurno de niños con la participación de los gobiernos locales y la comunidad.
Una idea simple es que si pescamos con un anzuelo, sólo logramos atrapar un pez. Si lo hacemos con una red, atraparemos varios.
Trabajar en redes significa potenciar nuestra posibilidad de llegar a diversos niveles y de abarcar más personas. Significa también que podemos dar un apoyo y ayuda más integral pues desde nuestro
diario quehacer o desde nuestro trabajo no es posible cubrir todas las áreas que abarca el problema.
Podemos tejer redes de prevención que comprometan no sólo a las instituciones que trabajan en el tema sino también a la escuela, la municipalidad, los colegios profesionales y medios de comunicación.
Atención de casos de abuso
(Ser consciente de la importancia de mi atención)
Generalmente, las personas que sufren maltrato no acuden en busca de ayuda. Por eso incluimos a continuación algunas razones, extraídas de consultas especializadas con víctimas de violencia, las que creemos pueden ser útiles no sólo para comprender el porqué de ello sino para que al realizar la entrevista con las víctimas sea posible adelantarse a algunos de sus temores o motivos para callar.
Por qué algunas personas agredidas no buscan ayuda
Un niño o niña de corta edad no es capaz de buscar ayuda por sí mismo. Es sólo a partir de los 7 u 8 años, siempre y cuando la víctima sepa dónde acudir y tenga la fuerza para ello, que busca ayuda, sea en una comisaría, defensoría o con un familiar. En este acápite nos referiremos a aquellos casos en los cuales presuponemos que el maltratado pudo buscar ayuda y no lo hizo y trataremos de comprender el porqué.
Carencia de alternativas: Si dependen del padre o del padrastro es muy difícil que lo enfrenten por temor a perder el apoyo económico. En el caso de los migrantes, a lo anterior se suma la dificultad del idioma, el desconocimiento del lugar y de las costumbres y, en especial, el sentimiento de discriminación. El niño o niña no encuentra a dónde ir. Temen que otros miembros de la familia estén de parte del agresor. Por lo general, el padre que abusa y maltrata aisla a su familia de sus parientes.
Miedo y vergüenza: El miedo a lo desconocido puede hacer que una persona sea víctima de abuso. Las víctimas, por lo común, se sienten culpables, sin esperanza. Tratan de esconder los hechos porque sienten vergüenza de la mala relación que llevan y no creen que alguien pueda ayudarlas.
La situación empeora cuando quien abusa amenaza con mayor violencia si el maltratado busca ayuda. La víctima cree erróneamente que seguir soportanto el maltrato es menos peligroso que buscar ayuda.
Igual ocurre con los niños y niñas: temen las consecuencias de contar lo que les sucede y también tienen vergüenza de que el profesor u otras personas se enteren de que su padre o madre los maltrata.
Esperanza y amor: Muchas personas que sufren violencia familiar aman a pesar de ella y encuentran que hay momentos agradables en la familia. Las víctimas piensan que es mejor aguantar los malos momentos que estar separados. Mantienen así una esperanza sin darse cuenta de que la situación tiende a empeorar.
Ignorancia: No saben que hay leyes que las protegen, por ejemplo la Ley contra la Violencia Familiar. Desconocen los derechos del niño, las defensorías. (Justamente en estos días la televisión difundió el caso de la desaparición de una niña que la policía encontró en casa de un familiar. Había huido de su hogar porque su padrastro la maltrataba. La siguiente semana hubo dos noticias similares. Pareciera que otras víctimas de maltrato "aprendieron" que podían huir de casa.)
Por otro lado, los abusadores o abusadoras también desconocen que pueden ser ayudados para que cambien su conducta.
Experiencias negativas: Algunas víctimas que han denunciado al agresor han tenido una experiencia negativa: su denuncia no fue o fue mal recepcionada o el abusador no resultó sancionado. Esto da la sensación de que la ley es inservible y de ausencia de protección.
Culpa: Como ya lo señalamos, en los casos de abuso sexual el agresor asegura el silencio de su víctima no sólo con el chantaje y la amenaza sino también haciéndole creer que es culpable de lo que pasa, sea porque lo permitió al inicio o porque no lo delató después.
Con frecuencia se justifica la violencia sexual afirmando que la víctima, especialmente cuando es mayor de 14 años, provocó la agresión. Suponiendo que haya sido así, siempre hay que considerar que se trata de una menor que no ha completado su desarrollo emocional ni psicológico mientras el adulto sí y, por lo tanto, es él quien debe controlar la situación. Debe asegurarse a la víctima que en ningún caso ella fue culpable.
También cuando se produce maltrato, el niño o niña prefiere creer que es su culpa, que hizo enojar a su papá. Es el modo de disculparlo para seguir queriéndolo como padre. Esto ocurre mientras son pequeños. Una vez que son jóvenes se impone el razonamiento y puede darse la protesta por la injusticia.
Confusión de sentimientos: Se presenta generalmente en la madre cuando se entera de que su hija ha sido víctima de abuso sexual por parte del padre, padrastro o algún familiar muy cercano. Sabe que debe denunciar el hecho porque siente pena y rabia por su hija, pero también tiene temor y pena por lo que le pueda pasar al agresor.
Si además depende económicamente de la persona que abusa de su hija, la situación es mucho más difícil. Lo que esa madre no sabe o no ve es que si no denuncia al agresor éste va a continuar abusando de los otros miembros de la familia. Recordemos que el silencio protege al agresor; es como darle permiso para continuar agrediendo.
Cómo acoger y tranquilizar a una víctima de abuso
Una víctima es una persona que ha sufrido y que continúa sufriendo. Posiblemente tenga miedo y desconfianza.
Nuestro deber es tratar de que exprese sus sentimientos y emociones. Pedirle que no llore es cortarle la posibilidad de desfogar su frustración o pena. De manera similar, al insultar o decir lisuras contra su agresor demuestra su rabia y frustración, lo que no se debe impedir pues ello es señal de que tiene autoestima.
Es necesario esperar que la víctima se tranquilice, ofrecerle un vaso con agua, un pañuelo y, sobre todo, un espacio privado para que pueda hablar sin sentirse observada.
Si la víctima está acompañada por otro familiar, hay que pedirle que espere afuera mientras se toma la denuncia, pues puede que haya asistido para asegurarse de lo que va a decir. También es posible que la víctima quiera que esa persona esté a su lado. Hay que analizar cada caso y evaluar si el acompañante debe o no quedarse mientras se toma el testimonio.
Dar seguridad a la víctima de que el agresor será sancionado y de que no va a estar en riesgo de volver a ser abusada.
La situación es más difícil cuando el abuso es descubierto y la víctima lo justifica o trata de disimular por las razones que ya hemos expuesto. En estos casos es necesario explicarle que nadie tiene derecho a abusar de nadie, menos aún un adulto o familiar cuya misión es proteger. Debemos hacer lo posible para que explique las razones por las cuales no quiere denunciar a su agresor y que comprenda que si no denuncia el abuso éste cada día será peor e incluirá a otros miembros de la familia. Es importante explicar también que el abuso daña al propio agresor y que un modo de ayudarlo es denunciándolo.
Algunas veces atender a víctimas de abuso genera sentimientos de rabia y deseos de venganza o de asumirlas como si se tratara de los propios hijos. Eso no ayuda mucho.
Es necesario saber escuchar, mostrar solidaridad y comprensión, deseo de ayuda, tranquilidad y tener presente que no somos personal especializado para atender los problemas psicológicos, médicos o legales, pero que sí estamos capacitados para tranquilizar, dar apoyo y, sobre todo, para realizar un adecuado registro de la denuncia que facilite la acción legal, y también para derivar a la víctima a un lugar seguro.
Si lo que la víctima relata nos recuerda una situación similar y sentimos que no podemos controlar nuestros sentimientos y emociones, es mejor pedir a otro compañero que asuma el trabajo. En este sentido saber buscar ayuda es señal de fortaleza y demuestra que se conocen las limitaciones y que queremos trabajar bien.
Cómo acoger a víctimas de abuso sexual durante la denuncia
Buscar un lugar privado y tranquilo donde se pueda realizar la entrevista sin interrupciones. Tenga presente las siguientes recomendaciones:
Crea lo que le cuenta la víctima. Los niños no inventan esas cosas. Les cuesta mucho admitirlas y hablar de ellas.
Evite preguntas innecesarias. Con niños pequeños el abuso sexual violento es asumido como un accidente. Evite los detalles innecesarios que sólo van a incomodar más a la víctima. En el caso de los adolescentes, las preguntas sobre los detalles hacen que vuelvan a vivir la violencia del abuso.
Asegúrele a la víctima que no es culpable. Recuerde que el abusador ha hecho todo lo posible para que guarde el secreto, lo que puede incluir llenarla de culpa. Lo peor que le puede pasar a una víctima de abuso sexual es ser cuestionada como si fuera la culpable.
Asegúrese de que reciba atención médica y sienta protección. Trate de explicarle que hay personas que causan daño y que serán castigadas. Para los niños y niñas pequeñas, la violencia sexual es percibida sólo como ataque físico. Por eso cuide que sus preguntas se dirijan a la violencia o al daño físico y no al contenido sexual.
Asegúrele que lo que el adulto ha hecho es incorrecto. Que nadie debe abusar de otra persona y que el agresor deberá ser castigado. Explique que por eso es necesaria la denuncia.
Cuando la víctima aún no tiene edad para comprender lo ocurrido, trate de que la persona adulta que la acompaña lo haga y siga las pautas recomendadas. Explíquele además que el abuso sexual no se olvida y que es mejor que la víctima hable y se libere del peso emocional. También debe saber que el silencio protege al agresor.
Dónde derivar en busca de ayuda legal, médica y psicológica
Las Defensorías del Niño y el Adolescente, más conocidas como DEMUNAS, de acuerdo a lo estipulado por el Código de los Niños y Adolescentes, funcionan en los gobiernos locales y en las instituciones públicas y privadas. Entre sus funciones específicas se señala la de presentar denuncias ante las autoridades competentes por faltas y delitos en agravio de niños y adolescentes e intervenir en su defensa.
Organizaciones no gubernamentales que trabajan en prevención y atención de la violencia contra la mujer, los niños y las niñas.
Postas, centros médicos y hospitales del Sistema Nacional de Salud.
Alternativas de la comunidad, barrio y familia
En la familia: Averiguar si hay algún pariente cercano a la víctima con quien ella tenga una buena relación. En casi todas las familias hay una persona que tiene sensibilidad, buen tino, que es cariñosa y que está dispuesta a acoger a un familiar que pasa por problemas, más aún cuando se trata de un niño. En este caso es importante la opinión de la víctima y que ella decida con quién quiere quedarse.
Es claro que la alternativa es transitoria hasta buscar una salida definitiva, pero el hecho de poder dejar al niño con algún familiar que lo quiera es siempre mejor que colocarlo en una institución donde no conoce a nadie.
Es recomendable visitar la casa y hablar con el familiar que acogió al menor no sólo para saber cómo se encuentra sino también para darle ánimo y resolver sus preguntas.
En el barrio: En el barrio también hay personas o familias que son conocidas por su estabilidad emocional y porque saben dar buenos consejos y acogen a vecinos con problemas. Éstas muestran gran solidaridad, inclusive en medio de sus escasos recursos, y están dispuestas a recibir a una víctima de maltrato o abuso.
Si no hay familiares, se puede recurrir a estos vecinos a fin de mantener al menor en su ambiente, con sus amistades y, al mismo tiempo, darle protección.
En la comunidad: Las parroquias son una buena alternativa para buscar consejo y ayuda a fin de derivar a una víctima de violencia sexual. Por lo general, el párroco conoce a su comunidad y puede apoyar o intervenir para que los vecinos acojan a la víctima.
Los comités de vaso de leche y los comedores son organizaciones de mujeres que también conocen las dinámicas familiares de sus asociadas y de los niños y adolescentes de su comunidad. Estas instancias organizativas pueden ser un buen apoyo para derivar casos o buscar ayuda.
En la sierra, los clubes de madres y las rondas campesinas son instancias organizativas de la comunidad a las cuales recurrir y que pueden brindar apoyo.
Asimismo, los colegios y las asociaciones de padres de familia pueden contribuir en la búsqueda de alternativas.
(Nadie puede dar lo que no tiene. No puede elegir lo que no conoce. Si sólo tiene rabia y rencor y únicamente conoce la agresión como respuesta al conflicto, ¿qué podemos pedirle?)
Al redactar el presente texto sentí lo difícil y penoso que es escribir sobre la violencia, el abuso y el maltrato, especialmente contra quienes no pueden defenderse: los niños, niñas y los adolescentes. Me imaginaba a la policía, escuchando, atendiendo, consolando, derivando, indagando, registrando. Pensaba en los sentimientos y emociones que esa tarea involucra y en lo importante que es llegar a cambiar el rumbo de una vida
La Convención sobre los Derechos del Niño, el Código de los Niños y Adolescentes y demás leyes así como las instituciones para proteger a la infancia, son muestra de un especial interés de la sociedad que tiene como sustento el concepto de que los niños son el futuro y que de su seguridad y bienestar de hoy depende el bienestar y felicidad de la sociedad en general. Pero se trabaja no sólo pensando en el futuro, sino también haciendo realidad el derecho reconocido mundialmente que tienen los niños a un presente sin maltrato ni abuso.
Por eso la tarea de quienes velan por el bienestar de la infancia y la juventud tiene doble proyección: para un presente de ejercicio de los derechos humanos de los niños, y para asegurar un mejor futuro a todos.
Cuando sientan que su tarea no es comprendida y que es poco lo que pueden hacer para frenar tanto maltrato y violencia, cuando sientan que el ánimo decae, recuerden esta historia que una vez escuché y ahora les transmito:
Un niño se paseaba por la playa.
La marea había arrojado a la arena cientos y cientos de estrellas
de mar que bajo los rayos del sol empezaban a morir.
El niño recogía una tras otra y las tiraba hacia las olas.
Un hombre pasó y le preguntó lo que hacía.
El pequeño explicó que las devolvía al mar para que no murieran.
El hombre sonrió burlón y dijo:
¿No te das cuenta que son cientos de cientos?
El niño alzó una estrella, la miró con ternura
y mientras la lanzaba a las olas salvadoras respondió.
No podré atender a todas pero para ésta ya su suerte ha cambiado.
Deseamos que este Curso de Capacitación los ayude a continuar mirando con ternura y a cambiar la suerte de los niños que llegan a ustedes.