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Timestamp: 2017-09-21 18:03:10
Document Index: 148286342

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LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO DISCIPLINARIO: Una interpretación en términos de un accidente histórico * - PDF
LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO DISCIPLINARIO: Una interpretación en términos de un accidente histórico *
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Ana Belén Martín Medina
1 LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO DISCIPLINARIO: Una interpretación en términos de un accidente histórico * Miguel Ángel Malo Universidad de Salamanca (Septiembre 2003) Dirección para correspondencia: Dpto. de Economía e Historia Económica, Edificio FES, Campus "Miguel de Unamuno" Universidad de Salamanca Salamanca Tel.: (ext. 3512) Fax: * Una versión previa de este trabajo se expuso en un seminario de la Universidad de Salamanca, donde los asistentes realizaron comentarios y sugerencias que han resultado muy útiles. No obstante, quisiera agradecer en particular a Santiago López García los comentarios realizados en dicho seminario y en conversaciones posteriores. Obviamente, sólo el autor es responsable de los errores y problemas que pudieran existir en este trabajo. Esta investigación se ha desarrollado con financiación de la CICYT (proyecto SEC ). 1
2 LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO DISCIPLINARIO: Una interpretación en términos de un accidente histórico Resumen: En este artículo se realiza un análisis de la evolución institucional del despido disciplinario en España. Se explica cómo determinados accidentes históricos que han generado dependencia de la senda dieron lugar a un sistema de despido libre costoso y los incentivos de empresas, trabajadores y gobiernos para sostener dicho sistema. Se analizan las ineficiencias de este sistema: incremento sustancial del coste del despido y carácter indemnizatorio de los salarios de tramitación. Por último, se explica cómo la reforma de las prestaciones por desempleo de 2002 es la culminación de dicho sistema de despido libre costoso. Palabras clave: despido disciplinario, accidente histórico, despido libre, dependencia de la senda, Derecho Laboral Clasificación JEL: N34, N44, K31, J63, J53 Abstract: In this article, we present an analysis of the institutional evolution of disciplinary dismissals in Spain. We explain how a path-dependence problem has been created by some historical accidents and is behind the current system of a costly employment at will. The incentives of firms, workers and governments to sustain such a system are discussed too. There are two main inefficiencies: a substantial increase in severance pay and the transformation of intervening wages in an additional severance pay. Finally, we discuss how the unemployment benefits reform of 2002 can be understood as the culmination of the Spanish costly employment at will. Keywords: disciplinary dismissal, historical accident, employment at will, path-dependence, Labour Law JEL Classification: N34, N44, K31, J63, J53 2
3 1. Introducción De dónde proviene el actual sistema español de despido? Por qué el despido disciplinario se ha convertido en la figura principal de dicho sistema y la indemnización de 45 días de salario por año trabajado en la referencia para el coste del despido? Este artículo tiene como objetivo intentar proporcionar respuestas a dichas preguntas mediante un análisis de la evolución institucional de la regulación del despido disciplinario. Para ello se seguirá la propuesta de North (1990) para entender el cambio institucional, la cual enfatiza la pervivencia de sistemas institucionales ineficientes y la importancia crucial de los accidentes históricos que generan dependencia de la senda (path-dependence). La consideración conjunta de los aspectos económicos, jurídicos e históricos nos llevará a una interpretación de la normativa sobre despidos más amplia y más rica que la convencional. Dicha interpretación convencional de la evolución histórica del despido y sus costes en España (cuya mejor representación es probablemente Serrano y Malo de Molina, 1979) afirma que con el inicio de la dictadura franquista se crea un sistema de relaciones laborales que descansa sobre la seguridad en el empleo para los trabajadores como contrapeso de la flexibilidad salarial. La forma legal de dicha seguridad habría sido la creación de costosos procedimientos legales pensados para dificultar la realización de despidos. Tras la crisis de finales de los cincuenta y la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959, el sistema de relaciones laborales franquista habría entrado en una nueva etapa que seguiría marcada por un fuerte intervencionismo estatal 1, con sustanciales restricciones legales al despido (económico y disciplinario), pero con una gran importancia de los componentes variables de la retribución salarial. Las consecuencias de estas características fueron flexibilidad salarial y rigidez en el ajuste vía cantidades, es decir, en los despidos. Por el contrario, el sistema de relaciones laborales que, tras diversos cambios legales, se instaura a partir de 1980 con el Estatuto de los Trabajadores como pieza fundamental habría tenido, frente al anterior, dos consecuencias diferentes: - Rigidez salarial, en el sentido de un cierre del abanico salarial y de incorporación de la anterior variedad de complementos dentro del salario base, debida en gran medida a la legalización de sindicatos libres y la implantación de un sistema de negociación colectiva en la línea de los existentes en otros países de Europa occidental. 1 Lo cual era bastante apreciable en la negociación colectiva, altamente intervenida, desvirtuada y sin sindicatos libres. Véase Serrano y Malo de Molina (1979) y Fina et al. (1989) para ampliar la información sobre el sistema de negociación colectiva bajo el franquismo. 3
4 - Una mayor flexibilidad (en relación con la situación previa) en los despidos, en el sentido de un menor coste para el caso de los trabajadores (al disminuir los límites máximos de la indemnización por despido improcedente), una ampliación de las posibilidades de uso de los despidos colectivos y con una legislación mucho más permisiva -sobre todo a partir de en relación con los contratos de duración determinada. Sin poner en cuestión la tesis de una mayor flexibilidad salarial en el sistema de relaciones laborales franquista (documentada, por ejemplo, en Malo de Molina, 1983 y 1984), veremos aquí cómo la normativa del despido tenía una rigidez más formal que práctica y que de hecho no tenía un carácter de contrapeso de una estructura salarial flexible. Por el contrario, veremos que más bien el sistema clásico de despido tuvo una aparición histórica que responde a los problemas del final de periodo autárquico y al intento de dar una vía de ajuste a las empresas. Esto llevó a la creación de hecho del despido libre costoso, lo cual no ha hecho más que consolidarse a lo largo del tiempo, incluso hasta el decreto de reforma de las prestaciones por desempleo de mayo de Argumentos en esta línea ya se habían expuesto con anterioridad en la literatura jurídica (Rodríguez Fernández, 1989). La novedad de este trabajo consiste en desarrollar el argumento de una forma mucho más amplia (incardinándolo en una verdadera historia del despido disciplinario) y en las argumentaciones de historia económica que nos permiten analizar desde la misma perspectiva incluso los cambios más recientes de la normativa laboral española concerniente al despido y sus costes. El desarrollo del artículo tiene la siguiente estructura. En primer lugar, se realiza en la sección 2 una presentación de la estructura conceptual (tomada de North, 1990) que servirá para interpretar la evolución institucional del despido. En la sección 3, se explica la utilización de los distintos tipos de despido para reducir plantilla, concluyendo que la figura más utilizada por las empresas para hacer frente a los shocks negativos ha sido la del despido disciplinario. En la sección 4, se presenta la historia de la regulación del despido disciplinario, mostrando que siempre se pudo despedir fácilmente bajo el sistema de relaciones laborales franquista, pero de forma costosa (y eso era lo que lo volvía difícil). En ese sentido hablaremos de la aparición de un employment at will (un sistema de despido libre o sin causa 2 ) a la española, gracias a la figura del incidente de no readmisión. En la sección 5, se hace una interpretación histórica de la evolución 2 La definición norteamericana de employment at will se estableció en la sentencia del caso Payne v. Western & Atlantic RR a finales del siglo XIX, en la que se establecía que la empresa podía despedir for good cause, for no cause, or even for cause morally wrong. No obstante, desde los años ochenta se han ido introduciendo limitaciones al employment at will, sobre todo en la legislación estatal. 4
5 institucional del despido, destacando la importancia del accidente histórico que dio lugar al incidente de no readmisión y cómo ha generado dependencia de la senda, debido a los incentivos que proporciona a los agentes del mercado de trabajo. En la conclusión se resumen las principales aportaciones del artículo y cómo la interpretación que aquí se presenta del sistema de despido español puede ayudar a entender los cambios actuales en la normativa que altera la percepción de la indemnización por despido improcedente y el pago de los salarios de tramitación. 2. El cambio institucional: accidentes históricos y dependencia de la senda A partir del trabajo ya clásico de David (1985) sobre la dependencia de la senda en el desarrollo y aplicación de la tecnología, North (1990) trata de explicar el mantenimiento a lo largo del tiempo de sistemas institucionales ineficientes. Cómo es posible la pervivencia de instituciones ineficientes en términos evolutivos? Por qué algunas sociedades sencillamente no imitan las instituciones de otras sociedades que se han mostrado como más eficientes? Dos aspectos cruciales para dar respuesta a estas preguntas son: rendimientos crecientes y mercados imperfectos caracterizados por costes de transacción significativos. Según North (1990; cap. 11) éstas son las dos fuerzas que configuran el cambio institucional (y que, además, dan sentido a la existencia de instituciones). Hay unos costes iniciales de puesta en marcha elevados cuando las instituciones son creadas ex novo. Aparecen así efectos de aprendizaje muy relevantes para los agentes (en nuestro caso, empresas y trabajadores). La razón de su aparición es el nuevo conjunto de oportunidades factibles proporcionado por las instituciones. Los agentes (en especial las empresas, porque son las que toman las decisiones sobre cuándo y cómo despedir) se adaptarán para tomar ventajas de las nuevas oportunidades generadas por el nuevo marco institucional, lo cual no implica necesariamente que esta adaptación resultará en un incremento de la eficiencia social. Se producirán efectos de coordinación (espontánea) en el comportamiento de los agentes, que se van reforzando a lo largo del tiempo. Las expectativas de adaptación se producen porque conforme se desarrollan relaciones entre los agentes que interactúan en el marco institucional irán desapareciendo las incertidumbres de la aplicación de la institución. De esta manera, la red de interdependencia que genera una institución produce enormes rendimientos crecientes. Con rendimientos crecientes del tipo descrito, las instituciones son cruciales para 5
6 entender el funcionamiento de largo plazo de la economía. No obstante, si los mercados fueran competitivos (o con costes de transacción despreciables) el funcionamiento de largo plazo de la economía sería eficiente. Ahora bien, con mercados incompletos en los que el intercambio de información es deficiente y fragmentario y con costes de transacción relevantes pueden aparecer y prevalecer sendas de largo plazo persistentemente ineficientes. Bajo estos supuestos los agentes económicos tienen que realizar considerables esfuerzos (y dedicar recursos valiosos) a descifrar un entorno complejo con las construcciones mentales disponibles (ideas, teorías e ideologías), reflejándose en resultados imperfectos y muchas veces con carácter de tanteo. En nuestro caso, el procedimiento institucional para despedir sería eficiente si la competencia condujera a los agentes que intervienen en el proceso de despido a corregir el modelo e instaurar unas nuevas instituciones de una sola vez. Sin embargo, las exigencias de la competencia en los mercados no crearán ese cambio de una sola vez, sino un cambio paulatino en el sistema de despido (que se analizará paso por paso en la sección cuarta). La estructura conceptual propuesta por North nos lleva entonces a considerar que la historia importa para explicar cómo es el sistema de despido y es precisamente cuando la historia importa que los accidentes históricos pueden generar dependencia de la senda. Bajo información incompleta, los cambios en el sistema de despido responderán más bien a necesidades específicas del momento histórico en que se producen (como es el caso del cambio introducido al final del periodo autárquico, que analizaremos en la sección cuarta). Los rendimientos crecientes (asociados con el proceso de aprendizaje en el uso de la institución) hacen que, más adelante, la vuelta atrás o el cambio sean vistos como opciones inviables, más caras que el mantenimiento de los aspectos introducidos por necesidades de un momento histórico que han dejado de estar presentes. De esta manera, el accidente histórico prolonga sus efectos a lo largo del tiempo generando dependencia de la senda. 3. La necesidad de causa justa para despedir en el ordenamiento jurídico español y los tipos de despido utilizados. Antes que nada, conviene explicar por qué el despido disciplinario es la figura jurídica principal para realizar despidos y no lo han sido los tipos de despido pensados explícitamente para reducir plantilla ante situaciones económicas adversas. Esto nos permitirá entender por qué el análisis del despido disciplinario (en lugar de otros tipos de despido) nos proporcionará las claves para entender cómo se ha despedido y se despide en España. 6
7 El punto de partida es la exigencia de una causa justa para despedir. La necesidad de una causa para que la empresa pueda romper el contrato laboral unilateralmente supone una tutela legal -limitada- del trabajador por parte del ordenamiento jurídico, como fruto de la presunción de que el trabajador es la parte más débil de la relación contractual de trabajo. Las causas del despido pueden ser de dos tipos: no imputables al trabajador (esto es, por necesidades de la actividad productiva) e imputables al trabajador. Esta distinción ha permanecido inalterada desde la Ley de Jurados Mixtos de 1931 hasta la actualidad. Las no imputables al trabajador tienen un carácter de hecho imprevisible en el momento de la firma del contrato (o, aun siendo previsible, no es posible evitar). En estas condiciones, el despido debe ir acompañado de una compensación ya que la nueva situación no se puede achacar al trabajador. La crisis como causa de despido (el habitualmente denominado como despido económico) quedaría incluida en este grupo. Las imputables al trabajador son las disciplinarias, que suponen un incumplimiento por parte del trabajador de las obligaciones marcadas en el contrato de trabajo. Por lo tanto, la causa del despido disciplinario debería radicar en la conducta del propio trabajador y no en la actividad productiva de la empresa. A partir de esta diferencia de causas, el Derecho del Trabajo español ha generado un efecto no previsto por el legislador, pero que la práctica legislativa y procedimental han acabado instaurando: los despidos individuales toman, mayoritariamente, la forma de despidos disciplinarios, quedando el resto de tipos de despidos individuales relegados a un muy segundo plano. La figura que la normativa configuraba como de despidos económicos era en un principio la de los despidos colectivos (bajo la forma de un expediente de crisis antes del Estatuto de los Trabajadores y bajo la forma de un expediente de regulación de empleo tras el Estatuto). La reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1994 ha extendido una posibilidad previa apenas usada de los despidos por razones objetivas para realizar despidos económicos (de concreción tanto individual como colectiva). En cuanto a las otras causas no económicas de despido objetivo, la jurisprudencia se ha encargado de ir cerrándolas en su aplicación práctica, hasta dejarlos reducidos a supuestos marginales (Briones, 1995). Por lo que respecta a los despidos objetivos por causa económica a partir de 1994, la normativa estuvo sometida a grandes diferencias de interpretación y aplicación (Briones 1995, y CES, 1995), con lo que en 1997 se intentó aclarar el concepto de causa económica en estos despidos, pero sigue siendo una vía usada de modo ocasional y no como la principal para la realización de despidos en momentos de 7
8 crisis. Aparentemente, la distinción anterior nos obligaría a estudiar meramente los costes de los despidos colectivos (añadiendo tras la reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1994 los despidos objetivos por causas económicas) como aquéllos que están originados en verdaderos ajustes de plantilla que tratan de hacer frente a las oscilaciones del ciclo económico. Sin embargo, el Cuadro 1 muestra que el despido individual es la gran vía de ajuste de las empresas españolas. La distinción de causas a la que se aludía antes se aprecia que no es operativa, porque el despido disciplinario (la inmensa mayoría de despidos individuales incluso después de las reformas del Estatuto de los Trabajadores de 1994 y ) no es la vía por la que la empresa se deshace de los trabajadores que no cumplen sus obligaciones. Antes bien, es el procedimiento para realizar un despido sin causa (ad nutum, en la terminología jurídica habitual) costoso. Los datos del Cuadro 1 permiten apreciar que esta situación se producía tanto en el sistema franquista de relaciones laborales como en el establecido a partir de la transición política. [AQUÍ CUADRO 1] Esta relación entre despidos individuales y colectivos -disciplinarios y económicos, en definitiva- nos está indicando que el verdadero instrumento de ajuste de plantillas en España ha sido y es el despido individual, con lo que detrás de la gran cantidad de despidos disciplinarios tiene que haber forzosamente una inmensa mayoría de despidos económicos encubiertos 4. Por lo tanto, la práctica jurídica ha creado un mecanismo para realizar el tipo de despido que nuestro ordenamiento ha pretendido desterrar desde la Ley de Jurados Mixtos de 1931: el despido sin causa, pero costoso, siendo su coste el del despido disciplinario improcedente. Dado que éste ha sido, cuantitativamente, el mecanismo de ajuste de plantillas más utilizado, el análisis del despido disciplinario es el que tiene que realizarse para entender las dificultades y los costes de despedir en España 5. Entender la evolución del despido disciplinario se convierte así en la comprensión del núcleo del sistema de despido en España. 3 Para un tratamiento teórico de los incentivos para usar el despido disciplinario en lugar del despido objetivo económico incluso cuando no hay razones disciplinarias véase Malo (2000). Para una explicación no formalizada (pero más extensa y centrada en las reformas legales de 1994 y 1997) véase Malo y Toharia (1997). 4 Adicionalmente, si los despidos disciplinarios realmente fueran tales no deberían tener una pauta contracíclica como la que tienen. En Toharia y Malo (1994) se aprecia que mantienen una relación clara con las oscilaciones de la actividad económica, aumentando en las fases recesivas del ciclo y disminuyendo en las expansiones. Esto también se puede apreciar a simple vista en el Cuadro 1. 5 El estudio del coste de los despidos colectivos tropieza con la inexistencia de estadísticas sobre las indemnizaciones que se pagan en los mismos. Sí que existen datos administrativos sobre el número de despedidos por esta vía, si bien resulta difícil reconstruir series históricas largas y es algo que se encuentra más allá del ámbito de este artículo. 8
9 4. La evolución de la legislación sobre despido en España y los cambios en el sistema de relaciones laborales 6 El régimen jurídico del despido es uno de los componentes fundamentales de cualquier sistema de relaciones laborales. Por lo tanto, al analizar la evolución de la legislación sobre despidos es inevitable describir otras normas que regulan otros aspectos de la relación laboral, ya que se complementan mutuamente. A continuación, se analiza dicha evolución desde los antecedentes más importantes de la legislación sobre despidos, haciendo especial referencia a la determinación de indemnizaciones y a la exigencia de una causa para realizar el despido. No obstante, se intenta ir más allá de la mera descripción destacando los incentivos que la legislación otorgaba a la empresa para usar unos u otros procedimientos para despedir. En el anexo se presenta un cuadro resumen para facilitar el seguimiento de la cronología del despido disciplinario Antecedentes Como antecedentes, cabe mencionar que es en el Código de Trabajo de 23 de agosto de 1926 cuando por primera vez se introduce la exigencia de causa justa, si bien sólo para la terminación de los contratos por tiempo determinado (artículo 20); no obstante, no había consecuencia alguna para la empresa si no existía dicha causa, con lo que esta exigencia no era operativa en la práctica (Rodríguez Fernández, 1989). La introducción clara de las indemnizaciones en el ordenamiento laboral tiene lugar con el Real Decreto de 22 de julio de 1928, que establece, por primera vez, la posibilidad de impugnar el despido ante el Comité Paritario 7 (artículo 17.3). Si éste apreciaba que no existía causa justa (algo que debía ser apreciado en cada caso), el patrono debía readmitirlo (artículo 17.6). Si el patrono se negaba a la readmisión, se le sancionaba con la obligación de compensar económicamente al trabajador (en concepto de indemnización de perjuicios) con una cantidad que podía oscilar entre quince días y tres meses de jornal (artículo 17.7). En la Segunda República, la norma más importante en relación con los despidos es la 6 Las fuentes seguidas en esta sección son principalmente: Montoya (1978), Mingo (1996), Rodríguez Fernández (1989), Ortiz (1995), Almansa (1968) y Valdés (1985). 7 Los Comités Paritarios fueron creados, como instituciones de Derecho Público, durante la Dictadura de Primo de Rivera. Tenían competencias para resolver diferencias individuales y colectivas que les sometieran patronos y obreros. 9
10 Ley de 27 de noviembre de 1931 de Jurados Mixtos (los cuales sustituyeron a los Comités Paritarios). Esta ley completó el régimen jurídico del despido de la Ley de Contratos de 1931, ya que se establecía que los Jurados Mixtos estaban facultados para apreciar la legitimidad del despido 8. La no readmisión del despedido en caso de falta de causa legítima del despido podía ser sustituida por una compensación económica (una indemnización) El periodo autárquico Las primeras normas franquistas relacionadas con el mercado de trabajo nacen durante la Guerra Civil. El Fuero del Trabajo se aprueba en 1938 e introduce dos cambios sustanciales en el sistema de relaciones laborales: introduce una nueva Magistratura para los asuntos laborales y crea el sindicato vertical. Mediante el Decreto de 13 de mayo de 1938 se produce la supresión de los Jurados Mixtos y las Magistraturas de Trabajo pasan a asumir las funciones de los Jurados Mixtos y de los tribunales industriales. La estructura de las Magistraturas se convierte en típicamente judicial y se compone de jueces de instrucción, fiscales y abogados. Así mismo, se crea un Tribunal Central de Trabajo. El nuevo marco institucional, todavía incompleto, se quiere asentar en 1940 con la promulgación de dos nuevas leyes: la Ley Orgánica de la Magistratura de Trabajo (17 de octubre) y la Ley de Bases de la Organización Sindical (6 de diciembre). En 1941 se promulgan una serie de leyes en relación con los despidos que introducen las siguientes novedades: - Cambios del procedimiento en los plazos de presentación de las demandas contra despidos (Ley 11 de julio de 1941, que modifica el artículo 47 de la Ley de Jurados Mixtos de 1931). - Causas de cese del contrato de trabajo y de despido disciplinario (Ley 6 de noviembre de 1941, que modifica el artículo 89 de la Ley de Jurados Mixtos de 1931). - El régimen de indemnizaciones en relación con la opción del patrono o del obrero (Ley 6 de noviembre de 1941, que modifica la Ley de Jurados Mixtos). Esta ley afirmaba que era un contrasentido jurídico (y algo en contra del derecho al trabajo establecido en el Fuero del Trabajo) que el empresario tuviera el derecho de opción entre readmitir o 8 En los Jurados Mixtos participaban tanto funcionarios judiciales como representantes de las asociaciones existentes. Su estructura era la siguiente: un presidente; un secretario; e igual número de vocales para empresarios y trabajadores. Eran, pues, semejantes a los Tribunales Industriales que todavía existen en algunos países de la Unión Europea, como es el caso del Reino Unido. 10
11 compensar cuando fue él quien hizo el despido sin causa justa. Sin embargo, también se establecen salvedades para las pequeñas empresas, a las que se les implanta un régimen de despido propio. Hay consecuencias nuevas si el despido es calificado como injusto: (i) Si la empresa tenía más de 50 operarios fijos, la opción era del trabajador. (ii) Si la empresa tenía menos de esa cifra, la opción era de la empresa. Teniendo en cuenta la estructura industrial de España -con predominio de la pequeña empresa- el caso más habitual sería el segundo. Por tanto, como señala Valdés (1985) no es evidente que el sistema franquista proporcionara estabilidad en el empleo a cambio de la falta de derecho colectivos, como se suele afirmar en muchas ocasiones (tanto que podríamos decir que dicha afirmación forma parte de la sabiduría convencional sobre la historia del mercado de trabajo español). La estabilidad, más bien, la proporcionaba la situación económica. Esta cuestión se evidenció cuando se desató la crisis económica a finales de los cincuenta y para la cual la legislación franquista no fue capaz de proporcionar estabilidad. En 1942 tenemos otra ley clave del sistema de relaciones laborales franquista del periodo, que es la Ley de Reglamentaciones de Trabajo (16 de octubre de 1942) 9 que otorgaba plenos poderes al Ministerio de Trabajo para: fijación de las condiciones colectivas de trabajo; organización del trabajo; categorías profesionales; régimen disciplinario, etc. En 1944 se cierra la provisionalidad de la regulación de las relaciones individuales de trabajo con las siguientes normas: - Ley de Contratos de Trabajo (LCT) de 26 de enero de 1944, que se basaba, en líneas generales, en la Ley de Jurados Mixtos de la Segunda República. - Los artículos 222, 223 y 224 del Código Penal sobre la represión de los fenómenos huelguísticos y de protesta colectiva. La LCT de 1944 incluye una enumeración de las causas de despido (9 categorías). El despido disciplinario aparece bajo el nombre de despido justificado. Las causas de despido disciplinario permitían su uso como instrumento represivo (Mingo, 1996). Así, la enumeración de motivos del despido disciplinario no generaba rigidez sino que permitía una amplia maniobrabilidad a la empresa ya que la legislación no cuantificaba las faltas ni el grado de gravedad; estos aspectos se dejaban a criterio del reglamento de régimen interior y de la 9 Otras normas importantes del mismo año son: la Orden de 4 de febrero de 1942 del Ministerio de Trabajo, que crea los Decanatos de las Magistraturas de Trabajo; y la Ley 14 de diciembre de 1942 creando el Seguro Obligatorio de Enfermedad. 11
12 discrecionalidad del empresario. La LCT de 1944 mantiene las consecuencias de la Ley de 1942 en términos de derecho de opción en función del tamaño de la empresa. La compensación económica era fijada por el Magistrado a su prudente arbitrio (pudiendo tener en cuenta la situación personal y familiar del trabajador) sin que el importe pudiera exceder de 1 año de jornal. En esencia, la LCT de 1944 planteaba dos problemas: la forma del despido y el incumplimiento de la readmisión. En cuanto al primer problema, la LCT (al igual que sus predecesoras) no mencionaba la forma del despido. Las Reglamentaciones de Trabajo llenaron este vacío. No hubo ninguna unidad, aunque se pueden distinguir dos formas básicas (Almansa, 1968): despido como propuesta y despido como sanción directa del empresario. Pero todas las Reglamentaciones incluían la necesidad de un expediente previo, en el que debían oírse las alegaciones del interesado. En cuanto a los trámites y plazos, la disparidad era grande. Pero en caso de incumplimiento de requisitos no se establecían consecuencias (aunque alguna Reglamentación trataba de imponer la nulidad). Por lo que se refiere a la nulidad, la Orden de 23 de abril de 1947 la impuso cuando se produjera un incumplimiento de trámites sustanciales. Sin embargo, la referencia a los requisitos de las Reglamentaciones volvía muy compleja la articulación de la norma. En relación con el segundo de los problemas de la LCT de 1944, si el empresario no readmitía al trabajador, la situación de éste era muy confusa, ya que no contaba con medios para hacer valer su opción si el patrono se oponía a ello. En definitiva, las incertidumbres en la aplicación de las instituciones relacionadas con el despido eran muy elevadas durante el periodo autárquico El sistema clásico de despido y el incidente de no readmisión A finales de la década de los cincuenta, el sistema de relaciones laborales descrito antes se muestra incapaz de hacer frente a la precaria situación económica y, a partir de 1956 se abre un periodo de cambios legales que desemboca en una nueva articulación del sistema de relaciones laborales, sobre todo en lo que se refiere al despido y las indemnizaciones. El Decreto de 26 de octubre de 1956 genera una gran cantidad de novedades en relación con el despido, que las normativas posteriores fijarán y completarán, pero sin cambiar sus 12
13 principios. Estas normas son el Texto Refundido de Procedimiento Laboral (TRPL) de 4 de julio de 1958, el TRPL de 17 de enero de 1963, el Texto Articulado de Procedimiento Laboral de 21 de abril de 1966 y el TRPL de 17 de agosto de Unificó los criterios de forma, eliminó el sistema de despido propuesta y la necesidad de expediente. En su lugar, aparecen ya los aspectos básicos del sistema clásico español que se suele asociar con todo el periodo franquista: carta de despido (con fecha y motivos del despido); distinción entre despido improcedente y nulo; e incidente de no readmisión, que regula la sustitución de la obligación de readmitir por una cierta compensación económica más elevada que la indemnización estipulada inicialmente. Por tanto, se produce una simplificación del despido y una aclaración de las incertidumbres previas. Aunque todos los componentes del esquema clásico son relevantes, cabría destacar la aparición del incidente de no readmisión (cuya denominación legal completa era la de incidente de indemnización de daños y perjuicios por la no readmisión), ya que tiene como efecto que la decisión de despido de la empresa es definitiva aunque el despido sea nulo, si bien pagando un precio mayor por ese despido. El funcionamiento de todo el procedimiento, incluido el del incidente de no readmisión se explica a continuación. La formulación del TRPL de 4 de julio de 1958 permitía, mediante la interacción de sus artículos 103 y 212 la existencia del despido sin causa costoso, ya que según el artículo 103 en los despidos disciplinarios injustificados (improcedentes en la terminología jurídica actual) el magistrado debía condenar al empresario a la readmisión o al pago de una indemnización de hasta un año de salario, correspondiendo la opción a la empresa cuando ésta tuviera una plantilla de menos de 50 trabajadores y al trabajador en caso contrario. Aquí entraba en juego el artículo 212, puesto que si la empresa no cumplía la obligación de readmitir, las consecuencias para la empresa eran el pago de una indemnización de hasta 4 años de salario y la extinción definitiva de la relación laboral. Esta situación prevista por el artículo 212 era precisamente el incidente de no readmisión 10 (Rodríguez Fernández, 1989). Para la interpretación económica de la modificación jurídica que supone el incidente de no readmisión hay que situarla en su contexto histórico. Se produce al comenzar el fin de la autarquía, y ante el reto de la apertura de los mercados al exterior. La estructura productiva fosilizada del primer franquismo exigía cambios y adaptaciones ante la grave crisis económica 10 Los detalles estrictamente jurídicos del incidente de no readmisión son revisados en Montoya (1978). Un análisis con mayor extensión y profundidad se puede encontrar en Alonso (1970) y en Rodríguez Fernández (1989). 13
14 de , acompañada de agitaciones sociales. En este contexto, el incidente de no readmisión se configura como solución de compromiso, o más bien, como "contraprestación" a los empresarios de la posibilidad de mejoras voluntarias en los salarios. En este sentido hay que decir que previamente al incidente de no readmisión, el Decreto de 8 de junio de 1956 había reconocido a la empresa el derecho a fijar, sin autorización del Ministerio de Trabajo, condiciones salariales superiores a las establecidas en las Reglamentaciones, que adquirían así el carácter de mínimos. Por tanto, la mayor facilidad para el despido del incidente de no readmisión se introduce como contrapeso de las mejoras respecto de los mínimos salariales (Rodríguez Fernández, 1989). Pero esta justificación de carácter histórico (en el sentido de que depende de circunstancias únicas que se dieron en un cierto momento) dio entrada de forma clara en el ordenamiento jurídico español al despido libre costoso, ya que bastaba con cumplir los requisitos de forma y con pagar una cierta cantidad de dinero para que el despido tuviera lugar. Ahora bien, las cantidades pagadas se desvinculaban de las que podría haber previsto la normativa para los despidos económicos, porque aparecían incentivos para no usar la normativa creada para los despidos económicos, sino para usar el camino más sencillo y rápido del despido disciplinario pero a un coste más elevado. Es aquí dónde se aprecia nuestro alejamiento de la interpretación habitual cuya referencia clásica es Serrano y Malo de Molina (1979). Los mecanismos de la carta de despido, exigencia de causa, etc., no se establecen para generar una seguridad en el empleo que sirva de contrapeso a la flexibilidad salarial, sino que nacen y se fijan junto con el mecanismo del incidente de no readmisión, clarificando legalmente el cauce ya existente para el despido libre costoso, ya que bastaba con cumplir los requisitos de forma y con pagar una cierta cantidad de dinero para que el despido tuviera lugar. La normativa proporcionaba así incentivos para un uso desvirtuado de la misma, de tal manera que si los casos llegaban hasta el juez, éste no podría por menos que fallar a favor del trabajador debido a los incentivos creados para usar inadecuadamente la norma y no meramente por el paternalismo habitualmente atribuido a la justicia laboral bajo la dictadura franquista 11. Esta mayor facilidad para despedir (en realidad otorgada a las empresas de más de 50 trabajadores, que era en las que el derecho de opción lo tenía el trabajador), les debía permitir renovar su personal y adaptar su actividad productiva (diseñada para una economía autárquica) permitiendo mejorar su competitividad de cara al comercio exterior. Algunos autores (Rodríguez 11 Algunos autores consideran que este paternalismo también ha sido relevante tras la llegada de la democracia (Jimeno y Toharia, 1993). Un análisis teórico y empírico del paternalismo de los jueces laborales (pero en el caso italiano) es Ichino et al. (2002). 14
15 Fernández, 1989) insisten en que el aumento de la indemnización podría estar encaminada a reducir la "contestación" de los trabajadores. Sin embargo, hay que señalar que el aumento de la indemnización no se aplica en el incidente de no readmisión de las empresas de menos de 50 trabajadores. Teniendo en cuenta la gran cantidad de empresas pequeñas en España esto es muy importante, y suponía, en realidad, la instauración de un sistema de compensación en el que el tamaño de la indemnización depende del tamaño de la empresa. Finalmente, en relación con los costes burocráticos del despido, el Decreto de 1956 introdujo una novedad relacionada con el régimen jurídico de la ejecución de la condena de readmisión, y que puede interpretarse como un precedente histórico de los salarios de tramitación. Cuando el Magistrado juzgaba como arbitrario el despido, condenaba al empresario al pago de una indemnización complementaria equivalente a las jornadas devengadas durante la sustanciación del procedimiento. No obstante, el TRPL de 1958 no hacía ninguna alusión a estas indemnizaciones complementarias, al igual que el resto de las normas procesales. Esto supuso la supresión de este embrión de los salarios de tramitación, pero hay que resaltar que este precedente histórico de los salarios de tramitación tuvo un claro carácter indemnizatorio supletorio y no significaba que la relación laboral continuaba hasta que el juez decidía calificar como improcedente el despido realizado por la empresa 12. En resumen, el TRPL de 1958 confirma el procedimiento que ya existía para el despido, pero aumentando el poder de decisión del empresario (con la conjugación de sus artículos 103 y 212). El régimen indemnizatorio era el siguiente: - Si es declarado improcedente por el juez (artículo 103): readmisión o indemnización de hasta 1 año de salario. - La opción es del patrono si la empresa tiene menos de 50 operarios fijos. - La opción es del trabajador en caso contrario. La empresa solía incumplir la sentencia arguyendo el principio de autoridad. El artículo 212 establecía las consecuencias del incidente de no readmisión: ampliación de la indemnización hasta 4 años de salario. Así se aprecia claramente que el despido disciplinario era siempre posible, con causa o sin ella; para el empresario todo se reducía a un problema de mayores costes y de cumplir los requisitos formales. 12 Como veremos esto se sigue apreciando incluso en los debates en torno a la reforma de las prestaciones por desempleo de
16 4.4. Transición y democracia. Entre 1976 y 1980, la legislación laboral española es vacilante y, en ocasiones, trata de dar una respuesta a la nueva situación tratando de imponer soluciones drásticas y, en otras, trata de encaminarse hacia un sistema de relaciones laborales como el existente en el resto de países de Europa occidental. La primera ley de este periodo que cambia la regulación del despido es la Ley de Relaciones Laborales de 1976 (complementada por el Real Decreto 1925/1976 de 16 de julio). Sus principales novedades son: - Imposición de la readmisión (a través de su polémico artículo 35), sin posibilidad de sustituirla por una indemnización. De esta manera esta ley sí que se proponía dar estabilidad en el empleo como contrapartida de la ausencia de derechos colectivos de los trabajadores (básicamente libertad sindical y derecho de huelga), como señala Valdés (1985). - Regreso al sistema de expediente. - El efecto del despido improcedente se equipara al del nulo aunque se mantiene su distinción a efectos dogmáticos. - Reaparece la indemnización complementaria, que, en esencia y a pesar de una cierta confusión terminológica del texto legal, se acerca a los actuales salarios de tramitación (con lo que se ve a su vez el carácter indemnizatorio de dichos salarios de tramitación). La Ley de Relaciones Laborales de 1976 buscaba la implantación de la estabilidad en el empleo por vía legal a fin de contrarrestar los primeros efectos de la crisis económica de los años setenta. El sistema establecido por esta ley eliminaba el despido sin causa costoso que había sido posible gracias al incidente de no readmisión. No obstante, esta regulación apenas subsistió un año por el fuerte rechazo empresarial que suscitó e incluso el polémico artículo 35 duró menos todavía. El Real Decreto Ley 18/1976 de 8 de octubre suspende el artículo 35 e introduce los siguientes cambios en los despidos: - Se equiparan los efectos del nulo y del improcedente, pero ahora en relación con la posibilidad de compensación por no readmisión. - El juez debía fijar la indemnización, tomando como referencia la antigüedad en la empresa, condiciones del contrato, posibilidades de nueva colocación y las circunstancias personales y familiares del trabajador. La Orden Ministerial de 15 de octubre de 1976 clarificó aún más la situación en relación 16
17 con los siguientes puntos: - Establecimiento de límites claros de la indemnización (artículo 2, disposición 2ª): entre 2 meses de salario por año de servicio y 5 anualidades (caso de tener al menos 30 años de servicio). - Eliminación del expediente y reintroducción de la comunicación escrita al despedido. - Mantiene la indemnización complementaria (hasta la fecha en que el Magistrado da por finalizada la relación laboral). Un nuevo cambio importante se produce con el Real Decreto Ley de Relaciones de Trabajo de 1977: - Se corrobora la equiparación de efectos de los despidos nulos e improcedentes, en términos de sustitución de la readmisión por compensación (salvo para representantes de los trabajadores). - Comunicación escrita (con requisitos especiales para los representantes de los trabajadores) - Extensión de los salarios de tramitación hasta la fecha de terminación de la relación contractual. - Nuevo tratamiento de las pequeñas empresas: reducción de la indemnización, si lo estima conveniente el juez, en las empresas de menos de 25 trabajadores. Un cambio adicional de este real decreto fue la creación de un nuevo tipo de despido: el despido por causas objetivas, que incluía la posibilidad de hacer despidos individuales por razones económicas, pero que apenas fue utilizado en la práctica (Briones, 1995), hasta la reforma del Estatuto de los Trabajadores de 1994 en que se amplió algo su aplicabilidad (con problemas de definición y de diseño que es lo que precisamente ha limitado un uso más extenso). Pero el cambio más importante es la promulgación del Estatuto de los Trabajadores (ET) en 1980, que trataba de configurar unas reglas básicas de funcionamiento del mercado de trabajo coherentes con el nuevo sistema político democrático. En él se fijó una fórmula de cálculo de las indemnizaciones por despido disciplinario improcedente: 45 días de salario por año trabajado en caso de improcedencia (con un máximo de 42 mensualidades, es decir, 3 años y medio de salario) 13. Con el ET, pues, se produce una reducción del máximo posible que podría llegar a pagar la empresa respecto de las leyes inmediatamente anteriores y se elimina la discrecionalidad 13 Si el despido disciplinario es procedente no hay derecho a indemnización alguna, pero sí que hay derecho a recibir la prestación de desempleo (cumpliendo un breve periodo de mora). 17
18 judicial a la hora de determinar las indemnizaciones. El ET otorgaba efectos distintos a la nulidad (readmisión) y a la improcedencia (derecho de opción de la empresa, excepto cuando el despedido es un representante de los trabajadores). En el primer caso, no había posibilidad de compensar al trabajador con dinero, mientras que en el segundo sí. Ahora bien, el Texto Refundido de Procedimiento Laboral (Real Decreto Legislativo 1568/1980 de 13 de junio) trastocó la diferencia de efectos de la nulidad y la improcedencia del Estatuto: a través de nuevo de la figura del incidente de no readmisión la eficacia extintiva se traslada también a la declaración de nulidad. La diferencia es que la opción entre readmitir o indemnizar en la nulidad no es simultánea (como en la improcedencia) sino que es sucesiva. En cuanto a los salarios de tramitación, el límite de 2 meses no es aplicable en caso de nulidad. A pesar de que la enumeración de tipos de despido del Estatuto tenía una vocación exhaustiva, el Tribunal Constitucional (Sentencia 23 de noviembre de 1981) dio vida al despido radicalmente nulo (nulidad ab radice en terminología jurídica), para un caso en el que se violaba un derecho fundamental. En este caso, se produce la readmisión inmediata y no es posible sustituir esta obligación por una indemnización. Obviamente, se trata de casos excepcionales. Una figura relacionada con el despido disciplinario que nace en los ochenta es el despido nulo en fraude de ley (despido disciplinario sin causa disciplinaria), inspirado en el Código Civil. En un principio, comenzó resolviéndose en nulidad ordinaria. A partir de la Sentencia del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 1986 se resolvió en nulidad radical y a partir de la Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de noviembre de 1991 (con la nueva Ley de Procedimiento Laboral) en improcedencia. Esta podría haber sido una vía para ir cerrando la vía del despido libre costoso (ya que tomaba la forma de un despido disciplinario en el que en realidad no había causa disciplinaria y se resolvía pagando la cantidad de improcedencia), pero como vemos sólo fue abierta por la jurisprudencia y apenas subsistió. En 1984 se produce un cambio en los costes de despido de los nuevos entrantes en el mercado de trabajo gracias a la nueva normativa permitiendo el uso más extenso de los contratos temporales, pero este cambio también supuso una alteración de otro de los componentes que se consolidan con el ET: los salarios de tramitación. Con el ET éstos toman su forma actual. Si el proceso de despido se prolonga más de dos meses, el empresario tiene derecho a que la Administración le devuelva los salarios que excedan dicho límite. Así, los salarios de tramitación no parecen tener el carácter indemnizatorio en el que ya hemos insistido con anterioridad, sino que estarían relacionados con la interpretación de quién tiene derecho a romper la relación 18
19 laboral: en caso de procedencia el derecho es de la empresa, pero en caso de improcedencia es del juez y, por tanto, la relación laboral pervive (y también el derecho a percibir el salario) hasta que el juez la rompe con la declaración de improcedencia. Ahora bien, esta concepción resulta trastocada por la práctica jurídica cuando se generalizan los contratos temporales (a partir de la reforma del ET de 1984). En caso de algún tipo de problema con la extinción del contrato temporal, el juez utiliza el régimen indemnizatorio del despido improcedente, ya que no se previó en ningún momento un régimen indemnizatorio propio y diferente para la extinción ilegal de un contrato temporal. Dada la baja antigüedad que, por definición, tiene un contrato temporal, una parte importante del dinero que percibe el temporal despedido corresponde a los salarios de tramitación. Por consiguiente, han adquirido finalmente la función indemnizatoria que tenían los embriones históricos previos de los salarios de tramitación 14 (y que ha estado en el núcleo de las reivindicaciones sindicales ante la reforma de las prestaciones por desempleo de 2002). En 1994 vuelven a introducirse cambios en la normativa de los despidos en el ET (leyes 10/1994 y 11/1994). En esta reforma de 1994 se mantienen las causas de extinción, pero se produce una "descausalización" del despido. La ley califica de igual modo al despido sin forma que el carente de causa y las anteriores causas de nulidad por defectos de forma lo son ahora de improcedencia. El resultado es una flexibilización de facto del despido, que recuerda a la introducida con el Decreto de 1956, pero esta vez la indemnización se fija de una sola vez aplicando la fórmula de cálculo de la indemnización prevista en la ley 15. Como limitación o problema de estos cambios introducidos en 1994 cabe señalar que se omite cualquier referencia a los efectos del despido disciplinario en fraude de ley, con lo que quedó por aclararse esta situación. Vemos que la reforma del ET de 1994 no hace más que mantener y profundizar lo que aquí se ha denominado despido libre costoso: la descausalización limita aún más las situaciones en que un despido puede ser declarado nulo y se clarifica el coste en caso de que la empresa opte 14 Esto se puede comprobar con un ejemplo numérico sencillo. Sea un temporal con 2 años de antigüedad y un salario de 30 euros por día. Si se produce una irregularidad en su fin de contrato, lo denuncia ante un juez y éste ratifica tal ilegalidad en el fin de contrato, se impone una indemnización de 45 días de salario por año trabajado, es decir, 45x30x2=2700 euros. Si el proceso ha durado 3 meses (90 días), recibiría además por este concepto 30x90=2700 euros. Por tanto, los salarios de tramitación supondrían la mitad del total percibido por el trabajador (5400 euros). 15 También se añade una cantidad a favor del trabajador en caso de no readmisión (caso de readmisión irregular o no admisión) tal que a la de 45 días añade otra que el juez (en atención a las circunstancias recurrentes y a los perjuicios ocasionados por la no readmisión) puede imponer y puede ascender hasta a 15 días de salario por año de servicios con un máximo de 12 mensualidades. Tiene el carácter de una indemnización por daños y perjuicios y sólo se aplica en caso de opción por la readmisión y que ésta no se produzca. 19
20 por la readmisión y finalmente no la realice. Nótese que en este segundo caso no se obliga a la readmisión, sino que sencillamente se impone un pago adicional a la empresa 16. Las reformas del ET de 1997 y 2001 no han introducido cambios sobre el despido disciplinario. Tan sólo la reforma de 1997 ha introducido un cambio que va en la línea de alterar los incentivos para usar el despido objetivo por razones económicas, pero sólo para el caso de los nuevos contratos indefinidos. Para éstos la indemnización en caso de improcedencia por despido objetivo económico es de 33 días en lugar de 45, pero sigue siendo de 45 si se trata de un despido disciplinario. En Malo (2000) se presentan comparaciones de ambos sistemas y la conclusión de dichas comparaciones es que el incentivo para el uso de la vía del despido objetivo económico es sumamente reducido. Así pues, las sucesivas reformas de los años noventa no han generado un cambio sustancial en el sistema de 1980 del ET, el cual a su vez tampoco modificó la utilización del despido disciplinario improcedente como principal vía para despedir. La única modificación que podría haber afectado al funcionamiento del despido libre costoso fue introducida por la jurisprudencia (el despido nulo en fraude de ley), pero sin que llegara a consolidarse precisamente por la propia jurisprudencia. El modelo de relaciones laborales de la democracia goza de una mayor seguridad jurídica, ya que elimina la posibilidad de que el juez decida la cuantía de la indemnización, que pasa a calcularse mediante una formula clara relacionada con la antigüedad y con el salario (igual que ha ocurrido con los despidos económicos). No obstante, hay que tener en cuenta que estas cantidades son las que percibe el trabajador en caso de que haya recurrido el despido y no se haya llegado a un acuerdo con anterioridad al juicio en el sindicato vertical (antes de 1975) o en las unidades de Mediación, Arbitraje y Conciliación (umac) a partir de 1979 o por conciliación de forma previa a la resolución judicial (como puede ocurrir prácticamente en cualquier tipo de litigio). Es decir, estas cantidades no tienen por qué coincidir con las indemnizaciones observadas en todos los casos en ambos sistemas de relaciones laborales debido a la posibilidad de negociar y pactar una cierta indemnización antes de que el caso llegue a ser resuelto por un juez. En el sistema franquista, la negociación previa en el sindicato vertical era obligatoria En la reforma del ET de 1994 se creó un nuevo tipo de despido económico de concreción individual y colectiva: el despido objetivo por razones económicas. Sin embargo, su regulación incluía importantes ambigüedades en la definición del mismo, con lo que su aplicación no ha supuesto que se mermara la preponderancia del despido disciplinario como vía de ajuste (Malo y Toharia, 1998). 17 En cuanto al acto de conciliación ante el juez tiene su origen histórico en la Ley de Tribunales Industriales de 1908, la cual en sus artículos 17 y 18 se refería al antejuicio, obligando al juez a que intentara la resolución del conflicto por medio de la conciliación entre las partes (Rivero, 1970). 20
LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO EN ESPAÑA: UNA INTERPRETACIÓN EN TÉRMINOS DE UN ACCIDENTE HISTÓRICO *
LA EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL DEL DESPIDO EN ESPAÑA: UNA INTERPRETACIÓN EN TÉRMINOS DE UN ACCIDENTE HISTÓRICO * MIGUEL ÁNGEL MALO Universidad de Salamanca a RESUMEN En este artículo se realiza un análisis