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Timestamp: 2016-10-21 19:19:13
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Matched Legal Cases: ['artículo 2662', 'artículo 2662', 'artículo 3', 'artículo 10', 'artículo 5', 'artículo 56']

⭐Universidad del Cema. Maestría en Finanzas. Law and Finance
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Eugenio Fuentes Martín
1 Universidad del Cema Maestría en Finanzas Law and Finance El fideicomiso como mecanismo de saneamiento de deuda Inés de los Angeles Yamúss Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 10 de diciembre de 20092 ABSTRACT El presente trabajo tiene por objeto analizar los posibles procedimientos de salvataje a los que puede recurrir la explotación empresaria, o los demás actores afectados por el estado de insolvencia que la misma pudiera presentar, revestidos a través de una fiducia; combinando adecuadamente los mecanismos legales existentes con los distintos tipos de fideicomisos que se verifican en la práctica. Para ello desarrollaremos la naturaleza jurídica del fideicomiso, que siendo un patrimonio de afectación, resulta enmarcado en los entes con personería jurídica, y brinda adecuada protección, previsibilidad y seguridad al cumplimiento de los fines trazados, ya sea arribando a la adecuada reestructuración de la deuda o liquidando la explotación en tiempo oportuno y eficaz. El análisis a efectuar nos permitirá determinar si de la aplicación del instituto del salvataje por fideicomiso en el adecuado marco del derecho de la insolvencia, surgirá la exigencia al legislador de una readecuación normativa, o bien permitirá a la libertad de las convenciones usar los mecanismos a su alcance, debidamente acompañada por la jurisprudencia, tanto del órgano judicial como de los organismos regulatorios que en cada caso deban intervenir. 23 En ese marco hemos estructurado nuestras consideraciones en tres secciones con los siguientes contenidos: En la primera sección: analizaremos la figura del fideicomiso, su concepción desde la óptica legal, su evolución partiendo de las dos grandes vertientes del derecho romano y de la concepción anglosajona, hasta su recepción en el derecho local con características específicas, enunciando su naturaleza jurídica. Adentrándonos en el instituto que nos convoca, basados en la normativa expresa y en el desarrollo doctrinario, distinguiremos las clases de fideicomisos que pueden exteriorizarse, la finalidad tenida en cuenta en cada uno de ellos y las características especiales que presenta por la acelerada evolución práctica que tuvo, con una regulación normativa que se presenta claramente escasa frente a la positiva recepción fáctica que tuvo en nuestra sociedad. En la segunda sección: analizaremos las dificultades económicas del deudor, las distintas etapas de agravamiento de las mismas, desde las perspectivas de posible default (demora en el pago) hasta llegar al estado de cesación de pagos. Nos parece interesante analizar el proceso por el que atraviesa el moroso desde su estado in bonis hasta la cesación de pagos, ya que de acuerdo al grado de endeudamiento y al grado de imposibilidad de hacer frente a ese endeudamiento, el derecho positivo confiere distintos mecanismos de reestructuración de deuda, y en ese escenario el fideicomiso podrá presentar distintos modos que reflejen una adecuada herramienta de ayuda al saneamiento de la misma; exigiendo en algunos casos la adaptación del derecho positivo, considerando algunas legislaciones que han adoptado institutos eficaces para la agilidad en la concreción de los procesos de saneamiento. Pero nuestro enfoque estará centrado en la empresa, por cuanto el objetivo que nos proponemos es el salvataje de la misma. En la tercera sección: fijaremos nuestra posición en cuanto a la naturaleza jurídica que debe reconocérsele al fideicomiso, entendiendo que reviste el carácter de sujeto de derecho. Centraremos nuestro trabajo en una de las finalidades que puede lograrse a través de esta riquísima figura jurídica, específicamente la de utilizar este vehículo como mecanismo idóneo para el saneamiento de deudas. Resaltaremos que dada la versatilidad del instituto, se presenta como una adecuada alternativa para el deudor (en especial para la empresa), frente a la imposibilidad de hacer frente a sus obligaciones monetarias; analizaremos la naturaleza de los derechos creditorios frente a un nuevo titular de los bienes que componían la prenda común de los acreedores, la utilización del vehículo en el marco de la actual normativa, la necesidad o posibilidad de su adecuación para la consagración efectiva de la herramienta, y la aplicación actual en casos aislados, para concluir en las ventajas que puede presentar una adecuada combinación del mismo con las ya conocidas soluciones que se encuentran al alcance del deudor, en un escenario que puede generar un mejor posicionamiento del acreedor y especialmente una mayor protección de su crédito. 34 PRIMERA SECCION EL FIDEICOMISO Antecedentes de Derecho Comparado y Nacional La doctrina es absolutamente conteste con relación a las vertientes que convergen en el actual sistema, tanto la regulación del derecho romano, como el anglosajón y su temprana recepción en el derecho mejicano, desde donde se extendió al resto de Latinoamérica. En ese marco, y no obstante las profundas consideraciones realizadas por los autores que hemos consultado y que serán referenciados a lo largo de nuestra presentación, en este punto seguiremos a Lorenzetti (Pág. 295) quien efectúa una adecuada cronología y descripción de las instituciones involucradas. En su origen romano, (fidei commissum) es un encargo que se confía a la honradez, a la fe del heres (testamentario o legítimo) realizado por disposición de última voluntad, presentándose como una modalidad de las disposiciones testamentarias. Es un instituto que sirvió para superar la rigidez de los legados y al principio se basó exclusivamente en la confianza al punto de que no se concedió acción legal. La fiducia en cambio, es un contrato por el cual una de las partes recibe de la otra una cosa (en la forma de la mancipatio o la in jure cessio), se obliga a hacer uso de ella con un fin determinado y a restituirla una vez logrado el fin. Se reconocieron dos formas: a) La fiducia cum creditore: es un negocio de garantía, ejercida de modo que si el deudor no paga, el acreedor se transforma en propietario; b) la fiducia cum amico: es un negocio de colaboración mediante el cual se entrega una cosa, con base en la confianza, a una persona que la adquiere en propiedad para cumplir con la finalidad perseguida, generalmente de custodia o uso. Este negocio no reconocía acciones legales, basado en la confianza pura, aunque luego se admitieron correcciones. En Roma, la fiducia y el fideicomiso eran dos instituciones distintas, funcionando la primera en las disposiciones por actos inter vivos, en tanto que la segunda se desarrollaba en los negocios mortis causa. El fideicomiso era una modalidad de las disposiciones testamentarias. Nuestro Vélez la generaliza y la conceptúa, también, como una modalidad posible de las disposiciones inter vivos. Se pasa, así, de la fiducia pura protegida sólo por las reglas del honor y de la sociabilidad, productora, a lo sumo, de una obligación natural, a una fiducia impura sancionada con acciones, a la que suele calificarse, también, como legal porque la regulación proveniente del Derecho ha reemplazado a la fides primitiva. La otra gran vertiente es el trust anglosajón. El Derecho inglés, conoció el use, que se utilizó para eludir restricciones legales a la libre disposición de bienes inmuebles, 45 transfiriéndolos a otra persona, lo que era basado exclusivamente en la confianza ya que no había acción legal alguna. Poco a poco se fue evolucionando hasta admitir acciones fundadas en la regla de equidad. Mediante el trust, una persona denominada a settlor, confía la propiedad a otro, trustee, para que se encargue de ella en beneficio de otra persona (beneficiario). El trustee se encuentra investido del control y la administración de la propiedad y entrega las ganancias que produce la misma al beneficiario. Las diferencias con la fiducia son relevantes, y siguiendo a Alfredo Di Pietro, pueden resumirse en los siguientes aspectos: a) El trust es una institución del derecho de propiedad y no de los contratos o sucesiones, como en el caso romano; b) surgen dos tipos de propiedad: el propietario legal (trustee) y el propietario en equidad (beneficiario). En Estados Unidos el trust surgió del modelo inglés, pero se amplió notablemente, como lo demuestran los términos laxos que usa el American Law Institute para definirlo: Es una relación respecto a bienes, sujetando a la persona que tiene la posesión de dichos bienes a deberes de equidad para utilizarlos en beneficio de otra persona, lo cual surge como resultado de la intención manifestada al crearlo. Se trata de una relación basada en la confianza, por la cual una persona es propietaria de una cosa; pero bajo la obligación de conservarla y utilizarla para el beneficio de otra. Es importante señalar que el trustee es considerado un profesional, que tiene el deber de evitar conflictos de intereses y por ello no puede comprar los bienes ni venderlos o constituir préstamos. La influencia anglosajona en Méjico hizo que este país hiciera de vanguardia en el Derecho latinoamericano porque al querer introducirlo en el sistema vigente encontró dificultades que obligaron a su remodelación. En efecto, no se incorporó el trust, porque no se admitía la doble propiedad, legal y de equidad; no se adoptó la fiducia (negocio fiduciario), porque pareció demasiado riesgoso e improbable que alguien se basara sólo en la confianza de otro. Se creó entonces una figura intermedia: el fideicomiso, que fuera definido como un mandato irrevocable en virtud del cual se transmiten determinados bienes a una persona llamada fiduciario para que disponga de ellos conforme le ordena el que los transmite, llamado fiduciante, a beneficio de un tercero, llamado fideicomisario. De este modo, se permite la transmisión dominial con base en la confianza, pero se atenúa el riesgo mediante obligaciones convencionales y legales a cargo del fiduciario. El fidecomiso en el código velezano y en la ley de Expresa Luis Moisset de Espanés que el fideicomiso de raíz romana, al que hace referencia el Código Civil se diferencia sustancialmente de la figura incorporada por la ley En efecto, el fideicomiso previsto en el artículo 2662 del Código Civil, como una de las formas de dominio imperfecto, es una figura en la cual el titular fiduciario- es un verdadero propietario. En otras palabras, el fideicomiso del artículo 2662 concede una titularidad de derecho real al fiduciario. Es decir, lo fideicomitido entra en el patrimonio general del fiduciario integrando parte del mismo. 56 El fideicomiso, incorporado a nuestro ordenamiento por la Ley de Financiamiento de la Vivienda y Construcción (24.441), es una normativa inspirada en el trust anglosajón, donde el fiduciario no es un verdadero propietario aunque tenga la titularidad y operatividad de los bienes, sino que cumple una función totalmente diversa. En el trust anglosajón, en el que se enraíza el fideicomiso incorporado por la ley , existe un verdadero patrimonio de afectación que, prácticamente, carece de un sujeto titular que ejerza sobre él un derecho real de dominio, con las características que dicho derecho tiene en nuestro sistema. Y ello así por cuanto, el fiduciante se desprende de los bienes de su patrimonio para constituir el fideicomiso y queda prácticamente desligado de manera total de ese patrimonio que transfiere; por su parte, quien recibe en fiducia los bienes, solamente cumple una función gerencial o empresaria de administración, que incluso será remunerada, pero que no es un verdadero dominus, porque esos bienes no le pertenecen; finalmente, el beneficiario o futuro fideicomisario -sujeto a quien se entregarán los bienes finalizado el fideicomiso- carece de un derecho real sobre los bienes fideicomitidos mientras tengan tal carácter. Es por ello que para la ley , los bienes fideicomitidos forman un patrimonio separado (art. 14) y no responden por las deudas y obligaciones contraídas por el fiduciario en nombre propio (arts. 14 y 15). Nos dice López de Zavalía que la norma ha dado cabida a una institución nueva y compleja, fruto de inquietudes que vienen de años atrás y que la ley encara con una especial metodología. Naturaleza Jurídica La nueva figura del Fideicomiso ha sido introducida en nuestro sistema normativo mediante la Ley que en su artículo primero expresa que Habrá fideicomiso cuando una persona (fiduciante) transmita la propiedad fiduciaria de bienes determinados a otra (fiduciario), quien se obliga a ejercerla en beneficio de quien se designe en el contrato (beneficiario), y a transmitirlo al cumplimiento de un plazo o condición al fiduciante, al beneficiario o al fideicomisario. La doctrina rápidamente elaboró, a partir de esa clara definición, los caracteres del Instituto, argumentando que se trata de un patrimonio de afectación con una individualidad propia y un objeto específico, encontrando en ello una excepción al concepto del patrimonio universal como atributo de la personalidad expuesto por el codificador en su nota al art del Código Civil. A partir de la expresa regulación normativa y siguiendo las enseñanzas de Don. Fernando López de Zavalía que nos honra en ser coterráneos, distinguiremos al fideicomiso del negocio fiduciario, para concluir con ello que en el que nos ocupa no hay exceso en los fines, porque su causa típica incorpora la traslación de la propiedad de bienes, para su administración, inversión o como garantía; sus propósitos pueden ser múltiples, desde la realización de inversiones millonarias hasta la protección de carenciados, incluyendo la mera administración o la garantía de deudas propias del 67 fiduciante o de terceros. La transferencia de propiedad con fines de garantía es un fin permitido y típico del negocio. Tampoco constituye un negocio riesgoso para las partes de la operación pues disponen de acciones civiles y penales para la protección de sus derechos. Clases de fideicomisos Podemos clasificar los fideicomisos desde distintas perspectivas: 1.- De acuerdo al modo de creación los fideicomisos pueden clasificarse en contractual, testamentario o público. Fideicomiso contractual: la norma positiva se ha limitado a definir la figura del fideicomiso, confiriendo libertad sobre la modalidad o tipología que puede adoptar el mismo de acuerdo a las necesidades especificas de las partes involucradas, descansando en las figuras del fiduciante y fiduciario principalmente la conformación del contrato respectivo, el que en definitiva constituirá la ley para las partes, estableciendo únicamente reglas generales (con relación a las cuales hablamos de fideicomiso ordinario) y específicas (vinculadas al fideicomiso financiero). Dentro del fideicomiso de origen contractual, se distinguen las figuras del de garantía, administración, financiero y sus múltiples combinaciones. Fideicomiso Testamentario: el artículo 3 de la ley establece que el fideicomiso también podrá constituirse por testamento, extendido en alguna de las formas previstas por el Código Civil, el que contendrá al menos las enunciaciones requeridas por el artículo cuarto. En caso de que el fiduciario designado por testamento no aceptare se aplicará lo dispuesto en el artículo 10 de la presente ley. Carregal definió a los fideicomisos testamentarios como aquellos que resultan del testamento otorgado por el constituyente. En estos fideicomisos se designa al fiduciario para que a la muerte del causante reciba la herencia o determinados bienes para ser destinados al cumplimiento del fin previsto que consistirá luego de cumplido el plazo o condición que subordina la vigencia de la propiedad fiduciaria en su traspaso al beneficiario designado (heredero o legatario) Fideicomisos públicos: la ley no trató específicamente el caso del fideicomiso público (fideicomisos en que el Estado es fiduciante, beneficiario o detenta ambas calidades conjuntamente). Cabe destacar sin embargo que el actual artículo 5 de la Ley dispone en su parte pertinente que con la finalidad de avanzar en el proceso de reforma del Estado Nacional y aumentar la eficiencia y calidad de la gestión pública, toda creación de organismo descentralizado, empresa pública de cualquier naturaleza y Fondo Fiduciario integrado total o parcialmente con bienes y/o fondos del Estado Nacional requerirá el dictado de una Ley, exceptuándose por Decreto N 2209/2002 al Banco de la Nación Argentina, al Banco de Inversión y Comercio Exterior S.A. y al Fondo Fiduciario de Asistencia a Entidades Financieras del requerimiento de la existencia de una ley para la integración total o parcial de fondos fiduciarios. 2.- De acuerdo a la finalidad, diremos que las principales clases de fideicomisos que se han creado en la práctica son: 78 Fideicomiso de garantía: Lisoprawski y Kiper, entienden que es el contrato mediante el cual el fiduciante transfiere la propiedad (fiduciaria) de uno o más bienes a un fiduciario con la finalidad de garantizar con ellos, o con su producido, el cumplimiento de ciertas obligaciones a cargo de aquél o un tercero, designando como beneficiario al acreedor o a un tercero, en cuyo favor, en caso de incumplimiento, se pagará la obligación garantizada, según lo previsto en la convención fiduciaria Fideicomisos de administración: Diplotti nos habla de fideicomisos de administración con fines de lucro o que constituya una liberalidad, según entrañen una liberalidad o busquen organizar un negocio con el fin de obtener lucro. En los fideicomisos de administración el fiduciario tendrá por función esencial la gestión de los bienes fideicomitidos, el mantenimiento de los mismos y la obtención y distribución de los frutos a los beneficiarios. La participación de los trabajadores en las empresas privatizadas: con anterioridad a la Ley , la Ley de Reforma del Estado nro y su Decreto 584/93 (entre otras normas que preveía la privatización de empresas nacionales y provinciales) establecieron al fideicomiso como un medio jurídico de implementar un programa de propiedad participada de los trabajadores en las acciones de la empresa. El Fideicomiso en la reestructuración bancaria: (art. 35 bis de la ley de entidades financieras). Esta clase de fideicomiso se utiliza en los casos de entidades financieras a las cuales se les suspende o revoca la autorización para funcionar y el Banco Central se hace cargo de su reestructuración y/o liquidación. Fideicomiso de administración de las entidades deportivas con dificultades económicas: explica Di Tulio que la ley que crea un régimen especial de orden público de administración de las entidades deportivas con dificultades económicas basándose en el denominado fideicomiso de administración con control judicial. Este régimen concurre en auxilio de la crítica situación que atraviesan estas instituciones procurando su salvataje en orden a la superación del estado de insolvencia mediante una administración eficiente. Atenúa los gravosos efectos de la quiebra, excepcionando de tal manera el régimen de concursalidad liquidativa previsto en la ley La ley es de orden público (art. 27, LED), por lo que su aplicación es obligatoria e indisponible para las partes. Incorpora la figura del fideicomiso de administración (mediante un órgano fiduciario colegiado) sujeto al control judicial, desempeñando las funciones que en los procesos de quiebra le competen naturalmente a la sindicatura, desplazando a los demás funcionarios que la ley prevé en el proceso falencial. La ley implementa un novedoso mecanismo de consolidación del pasivo, emitiendo en cada caso un certificado representativo de la deuda consolidada, que implica la creación de un título valor endosable, que perfecciona la etapa de verificación de créditos, y posibilita la negociación y circulación de los mismos, dinamizando el tráfico mercantil. Fideicomiso financiero: hemos dejado en último lugar este subtipo del fideicomiso ordinario, toda vez que ha resultado el más versátil para el cumplimiento de disímiles objetivos que se han fijado las partes. 89 La ley dispone (art. 19) que es aquel contrato de fideicomiso al que se le aplican las reglas del fideicomiso ordinario, en el cual el fiduciario es una entidad financiera o una sociedad especialmente autorizada por la Comisión Nacional de Valores para actuar como fiduciario financiero, y beneficiario, son los titulares de certificados de participación en el dominio fiduciario o de títulos representativos de deuda garantizados con los bienes así transmitidos. Dichos certificados de participación y títulos de deuda serán considerados títulos valores y podrán ser objeto de oferta pública. La Comisión Nacional de Valores será autoridad de aplicación respecto de los fideicomisos financieros, pudiendo dictar normas reglamentarias. Al decir de Patricia Arsen, el fideicomiso financiero es seguro jurídicamente, garantiza mediante el procedimiento de aprobación ante la Comisión Nacional de Valores el grado suficiente de transparencia al inversor, permite el financiamiento a un menor costo, lo cual redunda en la baja de las tasas de interés bancaria; permite a las entidades bancarias mejorar su cartera y sus relaciones técnicas legales; ayuda al otorgamiento de financiamiento tanto a la gran como a la mediana industria; favorece el ingreso de inversiones extranjeras atraídas por mecanismos ya probados en cuanto a su eficiencia; esto tan sólo por enumerar alguno de los beneficios que implica. Proyect Finance: (los fondos de inversión directa y el financiamiento de proyectos): Diplotti analiza los fondos de inversión directa como fideicomisos financieros de titulización, cuyo activo subyacente no son créditos o flujos de fondos sino bienes vinculados a actividades económicas no financieras que generan un flujo de fondos que se securitiza por medio de la emisión de títulos fiduciarios. Esta clase de fondos es una forma de titulizar proyectos de inversión alternativa a otras tales como los fondos comunes de inversión cerrados y sociedades anónimas con objeto específico. Los fondos fiduciarios de inversión directa dicen Goldenberg y Gómez de la Lastra son instrumentos para el mercado de capitales, pensados como medios para captar, concentrar y organizar recursos destinados a su aplicación en proyectos productivos específicos, que se constituyen con base en un contrato de fideicomiso, conformándose un patrimonio separado. Esta clase de fondos brinda la mayor transparencia y seguridad posible en virtud de que los fondos sólo se aplicarán al proyecto seleccionado, basados en el principio del manejo profesional de los fondos con independencia del administrador y el inversor, constituyendo un vehículo ideal para instrumentar un Project finance. Al Analizar los fideicomisos de capital de riesgo (venture capital) el autor que transcribimos, engloba las inversiones en acciones de Pymes existentes o a crearse u otra clase de ayuda financiera para ampliar su actividad; como también aportes adicionales al financiamiento de cualquier proyecto de inversión, con gran participación en el riesgo de la empresa, aportando no sólo financiamiento sino también experiencia, conocimientos y asistencia en el management; resaltando que debe preverse la existencia de correctos vehículos y mecanismos que permitan una salida adecuada de la inversión para promover las mismas. Nos refiere la experiencia del Reino Unido, que ha posibilitado conjugar adecuadamente los intereses de los inversores, las necesidades de financiamiento de adecuados proyectos de inversión que no tendrían viabilidad a través de otro mecanismo 910 de financiamiento, creación de puestos de trabajo, etc. Pero todo ello debe ir acompañado de adecuados regímenes de promoción legal y fiscal, como se ha verificado en diversos países del mundo. Luego de analizar diversos mecanismos positivamente regulados concluye que varios países han reconocido la importancia de las inversiones del capital de riesgo para su economía y han procedido a establecer incentivos impositivos y regímenes legales acordes. Si bien en nuestro medio han existido casos de fideicomisos que han invertido en acciones de pequeñas y medianas empresas, se debería avanzar normativamente para dar un mejor marco institucional a la inversión de riesgo. La crisis empresarial Entonces y dada la versatilidad que hemos dejado expuesta con relación al instituto, los distintos matices que puede presentar cada uno de los tipos analizados, el fideicomiso podrá adaptarse a cada una de las necesidades que requiera la empresa en crisis, confiriendo una solución posible de acuerdo al grado de compromiso económico en el que se encuentre. Siguiendo a Rivera, debemos recordar que en la situación o estado de insolvencia se ponen en juego tres intereses relevantes y que entran en tensión entre sí: los derechos de los acreedores; la dignidad de la persona del deudor; la protección de la empresa. En los últimos años se ha destacado la relación del régimen de insolvencia con el sistema económico financiero. Por otra parte, ha sido advertida su importancia en el tratamiento de las crisis sistémicas, para lo cual se ha dado relevancia al establecimiento de un Derecho de Insolvencia eficiente, en tanto este desempeña un rol importante en la creación y el mantenimiento de la confianza de los inversores tanto nacionales como extranjeros. Pero además porque de lo que se trata es de generar procedimientos de soluciones adecuadas frente a la insolvencia que aseguren la supervivencia de las empresas viables con el menor costo posible para todos los operadores económicos (acreedores; deudores, Estado). En la misma orientación, el informe del FMI sobre los procedimientos de insolvencia dice que la ausencia de procedimientos de insolvencia ordenados y eficaces genera el riesgo de agravar las situaciones de crisis económicas y financieras, porque en definitiva los acreedores corren el riesgo de no recuperar sus créditos, los deudores (y sus trabajadores) de no estar suficientemente protegidos y los diferentes acreedores de no estar equitativamente tratados. El derecho mismo de la insolvencia ya no es visto exclusivamente como un mecanismo para que los acreedores recuperen parte de sus créditos mediante la liquidación del patrimonio del deudor, sino también como un medio de evitar la 1011 desaparición de empresas viables favoreciendo los acuerdos entre acreedores y deudor (y como se verá cada vez más, en negociaciones privadas, ajenas a la rígida estructura de los procedimientos judiciales). De allí que el Derecho de la insolvencia, de un Derecho periférico, ha pasado a ser un Derecho central. En este sentido, el Derecho de la insolvencia es definitivamente característico de una economía de mercado; ella fija los límites de la extensión del crédito, confrontando riesgos, especulaciones empresarias y las decisiones de la empresa; compromete a todos los sectores de la economía, y expresa los fundamentales conflictos en el corazón de la política capitalista entre trabajo y capital, propietarios y administradores, deudores y acreedores, el Estado y el mercado. El sistema de la insolvencia tendrá como objetivo: La repartición previsible, equitativa y transparente de los riesgos entre los actores de una economía de mercado. Proteger y maximizar el valor de la empresa en el interés de todas las partes comprometidas en la economía en general. Esto último incluye a las soluciones preventivas como prioridades del régimen, en tanto constituye un enunciado lógico que los activos valen más formando parte de una empresa rehabilitada que vendidos para chatarra. 1112 SEGUNDA SECCION MECANISMOS DE REESTRUCTURACION Analizado entonces el instituto que hoy nos convoca, delineado los nuevos paradigmas que presenta el derecho de la insolvencia, nos adentramos al estudio de los mecanismos que el legislador ha previsto para el manejo adecuado de esa insolvencia a fin de arribar a las finalidades que puedan trazarse: ya sea la reestructuración empresaria o su liquidación. El derecho positivo confiere distintos mecanismos de reestructuración de deuda, y en ese escenario el fideicomiso podrá presentar distintos modos que reflejen una adecuada herramienta de ayuda al saneamiento de la deuda. El deudor: estados de endeudamiento El deudor puede encontrarse en distintos grados de dificultades monetarias generadas ya sea por problemas financieros, que en la mayoría de los casos se presentan como temporales o bien por problemas económicos, que comprometan en distintos grados su patrimonio. En uno u otro caso esa propia situación de imposibilidad de hacer frente a la deuda le genera nuevo pasivo, que llamaremos pasivo generado por el estado de insolvencia y que clasificaremos en monetario directo e indirecto. El monetario directo estará dado por el propio estado de mora: intereses moratorios, compensatorios, punitorios, cláusulas penales, multas por incumplimientos formales y sustanciales, etc. El monetario indirecto estará dado por el impacto económico que genera la distracción del deudor frente al estado de mora: pensemos en el empresario que ha generado su explotación en base a esfuerzo y dedicación, y que frente al default, lejos de continuar con el esmero, empeño y dedicación en la producción de su empresa, distrae sus esfuerzos en la búsqueda de alternativas de refinanciamiento. La condena social, los altos costos, los prolongados procesos judiciales que genera el proceso falencial, lleva al deudor a evitar el mismo, quizás hasta el límite de la insolvencia total, lo que conlleva un mayor agravamiento de su delicada situación patrimonial. Históricamente ha existido siempre una percepción generalizada en el sentido que, incurrir en estos procesos es un agravio que mancha. La sociedad castiga con desprecio al fracaso; lo que se vio abonado con las calificativas penales de la situación falencial, así como la práctica de producir una inhabilitación (prácticamente una capitis diminutio) para continuar siendo comerciante. Algunas legislaciones, como la mejicana han eliminado tanto la calificación de la quiebra como la inhabilitación del comerciante para no reforzar la idea de estigma; lo que no impide que cuando la conducta del deudor ha sido de colocarse en la insolvencia 1213 mediante actos fraudulentos, tal comportamiento pueda -y deba- ser sancionado penalmente. Frente a esa regulación, a esa estructuración legal, si el fideicomiso se presenta como una alternativa posible, ágil y dúctil; el deudor recurrirá al mismo en tiempo oportuno evitando de este modo el pasivo generado por las dificultades económicas, y resolviendo el cumplimiento de sus obligaciones, que se presenta como dificultoso. Es decir una solución en un adecuado momento permitirá al deudor mantener su situación in bonis, o tratar de modo adecuado su estado falencial, evitando que el problema se transforme en inmanejable. Los mecanismos legales y las nuevas perspectivas normativas, especialmente en el derecho comparado se presentan como una respuesta honrada y plausible de quien sufre el problema, permitiendo que esos mecanismos se puedan traducir en una herramienta honesta, jurídica, para resolver ordenadamente un problema que, originado en una entidad, afecta a muchos a su alrededor. Deudas generadas por las propias dificultades económicas Las obligaciones deben cumplirse en tiempo oportuno, de acuerdo a lo dispuesto en el Art. 505, 725 y conc. del Codigo Civil y la respetiva normativa aplicable de acuerdo al tipo de débito asumido; generando su incumplimiento una serie de consecuencias negativas para el deudor, y las consiguientes facultades del acreedor a fin de perseguir su cumplimiento y la reparación de los daños que la mora le genere. La valoración de las causas del incumplimiento de las deudas especialmente dinerarias, es un tema ajeno a este trabajo, si las mismas obedecen a un otorgamiento indebido de crédito por parte de acreedores, a una toma de riesgos innecesarios, o desidia deliberada. Nos limitaremos a considerar la situación objetiva de la imposibilidad de cumplimiento, sin dejar de resaltar que el moderno derecho se inclina hacia la prevención de daños, incluyéndose el daño contractual. La falta de cumplimiento coloca al deudor en estado de mora, el que genera intereses moratorios, que son la compensación que le compete al acreedor por el solo transcurso del tiempo sin la prestación efectiva del deudor. A ello se suman los compensatorios, que son el fruto del dinero adeudado al acreedor, punitorios, como sanción derivada del incumplimiento que pudo haberse pactado entre las partes o bien surgir de regulación legal específica. Es decir la deuda se ve agravada por el solo incumplimiento de la misma, lo que además comienza a generar una disminución en la capacidad del deudor de acceder al crédito. Distracción del deudor por el incumplimiento Ese incumplimiento impacta además en la administración de su actividad que se ve resentida por la necesidad de recurrir a refinanciamientos. Ya sea que consideremos al pequeño empresario individual, una Pymes o una gran compañía, el CEO, la línea gerencial, o el propio comerciante distraerán una significativa atención en el manejo de la deuda incumplida. 1314 Frente a la mora se abre una larga etapa de negociación con el acreedor, cuya importancia tendrá relación directa con el grado de imposibilidad de cumplimiento. En ese proceso de negociación, puede refinanciarse la deuda, acrecentando la original a la que se suman los costos monetarios directos, los gastos profesionales que la negociación haya generado, y la negativa calificación que recibe el deudor en mora. Puede generarse una nueva deuda para cancelar la existente de modo parcial o total, con lo cual se da una sumatoria de acreedores o una sustitución del primigenio, con el negativo impacto de la calificación que recibe el deudor moroso. El fracaso en la negociación, degenerará en un proceso falencial en el que en definitiva no se verán satisfechos de modo adecuado los intereses de ninguna de las partes. Pero repetimos en todo ese proceso, el empresario se avocó a la deuda y olvidó la necesaria generación de los flujos normales de la explotación y de un flujo extra para el saneamiento de la mora. Es decir que la deuda no sólo le genera mayor deuda, sino que puede conllevar la falta de una adecuada generación de recursos genuinos para hacer frente a los nuevos compromisos, los que se ven incumplidos por una inadecuada administración. La normativa vigente permite distintos mecanismo para que el deudor reestructure su deuda. Destacamos de modo especial la finalidad de la tendencia normativa y doctrinaria hacia el fomento de la empresa, en el contexto de una economía de mercado, preservando el valor social de la misma. Pretendemos considerar a la empresa por el valor que representa a la comunidad la existencia de una fuente de trabajo, de una fuente de generación de recursos, de un espacio de creación y desempeño humanos. Es menester visualizar el valor intrínseco de los bienes de la empresa como un todo; agrupados tienen más valor que aislados. Este preservar el valor social de la empresa, que se convierte en el eje y motivo de toda la ley, justifica las facilidades que ésta da para propiciar los arreglos entre deudores y acreedores, dentro del procedimiento o privilegiando soluciones extrajudiciales; para apoyar a los jueces en los aspectos técnicos y administrativos y, especialmente, para simplificar los trámites procesales en el juicio. Se reconoce que el problema de insolvencia de las empresas no es sólo un problema entre deudor y acreedores; es un problema social, es un problema que lastima a toda la vida económica del país. (México) Entonces en una etapa de reclamo individual, el deudor recurrirá a la negociación o mediación (obligatoria o voluntaria) renegociando la deuda primigenia, a fin de obtener mejora en el monto adeudado (quita, tasa, etc.) o emplazamiento del vencimiento. El reclamo generalizado, exigirá al deudor una actitud más enérgica en esa negociación/mediación si su objetivo es claramente el salvataje de su explotación. Analicemos ahora cuáles otras perspectivas se abren cuando el procedimiento concursal se circunscribe a la empresa, en lugar del empresario. 1415 La crisis de una empresa significa también la crisis en los equilibrios de un mercado. Ambas constataciones nos llevan a considerar que el procedimiento concursal no puede limitar sus objetivos propios al recupero de las posiciones creditorias. Los intereses de la empresa, del mercado y de los acreedores convergen naturalmente hacia un objetivo común: el saneamiento de la situación. Si esto es posible, también los acreedores obtendrán ventajas: no puede haber contraposición, ésta nace en concreto- cuando la suspensión (sine die) de los pagos se da en función de un seudosaneamiento, de una corrupta permanencia de la empresa en el mercado. Entonces si el saneamiento no resulta posible, no queda otra cosa por hacer que liquidar y lo obtenido distribuirlo a quien tiene razones crediticias para hacer valer. La valoración de aquellas empresas que pueden ser saneables no puede ser dejada en manos del deudor a quien solamente compete, en la normativa actual, la iniciativa para acceder a la administración controlada o al procedimiento sobre el concurso preventivo, o en todo caso a la quiebra liquidativa. De lo que deriva que la crisis de la empresa, para ser enfrentada como tal, necesita de la prevención de un procedimiento unitario, aunque se halle abierta a las más variadas soluciones. Horacio Roitman ha efectuado una brillante síntesis de la ley de concursos y quiebras, las distintas instituciones y soluciones allí contenidas, norma cuyo dictado tuvo como finalidad la tutela preventiva de los patrimonios que se manifiestan insolventes en aras a la reestructuración empresaria con el objetivo de evitar los procesos liquidativos y la circunstancia límite de la quiebra. La ley produjo una sustancial reforma del sistema concursal nacional, incorporando institutos novedosos y fijando como centro de su preocupación a la empresa en dificultades. La nueva legislación logró satisfacer mínimamente determinados intereses en juego, la economía cuenta con un instrumento alternativo más para recuperar empresas viables a partir de la reposición (renovado) cramdown o salvataje empresario; la presencia de las cooperativas de trabajo, en los casos de quiebra con continuidad, representa la posibilidad de incorporar a los trabajadores en la gestión empresaria en defensa de sus fuentes de ingreso, en lo que se ha denominado el fenómeno de las fábricas recuperadas por los obreros; el Derecho Concursal parece poder llegar a materializar, por fin, un medio alternativo de soluciones preventivas extrajudiciales, menos costoso y más simple, evitando la judicialidad extrema, a partir de las reformas operadas en el Acuerdo Preventivo Extrajudicial; que podrá consistir en reducciones de deuda, esperas en los plazos de pago y moratorias, suspensión de intereses, paralización de juicios y actos de ejecución forzada, etcétera. La ley argentina exige el estado de cesación de pago para la operatividad de las vías falenciales, entendiendo a este como un estado de impotencia económica, de carácter general y permanente que comprende íntegramente la situación patrimonial del deudor, determinando una verdadera alteración en su equilibrio económico, que le impide afrontar el pasivo exigible con los recursos de que dispone. No debe tratarse de un estado transitorio de crisis, ni se configura por incumplimientos aislados de obligaciones a su vencimiento. Este estado de hecho es el que lo diferencia 1516 sustancialmente con las simples dificultades económicas de la empresa, circunstancia que no amerita solución legal preventiva o liquidatoria. Con relación a los efectos del concurso preventivo, resalta el autor que seguimos que el deudor concursado sigue al frente de sus negocios y desenvuelve su actividad de acuerdo al giro ordinario de su explotación comercial con el control del síndico (funcionario que actúa como auxiliar del tribunal que lleva adelante el proceso judicial). En cambio, en la quiebra, el desapoderamiento constituye el efecto típico de su declaración, lo que significa que el deudor fallido pierde las facultades de administración y disposición de sus bienes. Lo sustituye el síndico y queda sometido personal y patrimonialmente a las resultas del proceso falencial (arts. 107 a 109), el que prevé un plazo (cuatro meses) de enajenación de los bienes que componen el activo de la quiebra, que se realiza normalmente por vía de la subasta pública o remate singular de los bienes, aunque también pude hacerse por venta directa cuando sea conveniente para los intereses del concurso (arts. 203 y ss.). La ley concursal permite igualmente la continuación de la empresa, previéndose la venta de la misma como unidad productiva en marcha, es decir en funcionamiento. El tercero adquirente de la misma no es responsable por el personal dependiente de la fallida ni de sus deudas. Puede elegir nuevo personal y celebrar nuevos contratos laborales. La declaración de la quiebra implica el cierre definitivo de la empresa y la liquidación inmediata, pero está previsto un sistema de continuación de actividades a efectos de lograr, vía licitación nacional o internacional, la venta de la unidad productiva, por un mejor valor de realización y evidentemente más beneficioso para la masa de acreedores que esperan ver satisfechos sus créditos (arts. 189 y ss. de la ley). El legislador ha dejado claramente reflejada su intención de incorporar alternativas de tipo preventiva, soluciones intermedias y por sobre todo, posibilidades de conservación de la empresa como principio fundamental, a través de la conversión de quiebra en concurso preventivo; el Concurso del agrupamiento económico, y el Salvataje, que constituye una alternativa preventiva de la quiebra para determinados sujetos que ante el fracaso de un acuerdo preventivo caerían inexorablemente en estado de quiebra. El salvataje representa un procedimiento especial que autoriza a terceros a hacer propuestas de acuerdo preventivo a los acreedores, y que en caso de obtenerse la conformidad de éstos, impone a los accionistas de la sociedad concursada la enajenación forzosa de esas acciones al tercero que ha hecho la oferta de acuerdo. No caben dudas sobre este punto; lo que persigue el sistema es que se pueda conservar la unidad empresaria en marcha, desvinculando la suerte de la misma de la figura de quienes resultan titulares de las acciones o cuotas representativas del capital social del deudor concursado. Por último la ley prevé el acuerdo preventivo extrajudicial, en el que no se requiere el presupuesto objetivo de la cesación de pagos como recaudo para acceder a esta solución preventiva. En realidad se trata de un arreglo que el deudor logra con sus acreedores por vía extrajudicial ocurriendo luego al tribunal al sólo efecto que convalide dicho acuerdo mediante la homologación judicial. Basta que el deudor atraviese meras dificultades económico-financieras de carácter general. La norma está pensada para que los distintos tipos de deudores financieros arriben a determinados acuerdos que les permitan oxigenar su situación económico-financiera y superar el estado crítico en el que se 1617 encontraban; extendiendo los efectos del acuerdo respecto de todos los acreedores quirografarios y según el caso los privilegiados en los términos del artículo 56. En cuanto a la libertad de contenido, las partes pueden acordar lo que resulte más ventajoso a sus intereses, sin necesidad de someterse a pautas limitativas en cuanto porcentaje de las quitas, plazos de pago, garantías a otorgarse, ni a la naturaleza del acuerdo. Cualquiera que sea la convención, e independientemente de la homologación, el acuerdo resulta vinculante entre las partes Richard, Junyent Bas y Muiño entienden que a las soluciones de la legislación concursal deben integrarse las normas de organización empresaria, encarándose seriamente un accionar interdisciplinario en el que se contemple igualmente el derecho laboral. Las propuestas de acuerdo preventivo (judicial o extrajudicial), de salvataje empresario y la vía de la continuación de la empresa deben estar cimentadas, en todos los casos, por un plan de administración y saneamiento cuyo objetivo sea superar la situación económico-financiera de empresa en crisis. El análisis de ese plan de empresa (por los acreedores) es el que permite evaluar si el propietario de ese patrimonio o sus administradores son merecedores de un apoyo que no imponga la necesidad de generar la ruptura de la relación jurídica propietario-patrimonio, mediante un juicio coactivo individual o general. Quien no demuestra capacidad para superar sus propias dificultades, realizando un adecuado diagnóstico y proponiendo a sus socios, acreedores o financistas un plan razonable y congruente para su análisis, no puede ser merecedor de ninguna de las tutelas que el derecho y la economía aconsejan para estas situaciones. No corresponde sino extirpar lo más rápido posible de la comunidad a quien con su actuación genera incumplimientos que, como un tumor canceroso, tiende a afectar la totalidad del cuerpo social. Y es frente a este empresario, que no es capaz de salvar su empresa, que proponemos sustituir la administración en un adecuado profesional cuya gestión redundará en una adecuada ayuda social. La exclusión de activos y pasivos En nuestro repaso sobre los mecanismos alternativos de salvataje que confiere la normativa legal no debemos olvidar la exclusión de activos y pasivos concebida como un procedimiento que otorga al Banco Central la facultad de disponer la transferencia de activos de un banco en crisis a otra entidad financiera y, con el producido esperado, pagar sincronizadamente los créditos de determinados acreedores privilegiados, siempre por un monto equivalente al de los activos excluidos a tal fin, el Banco Central acordará con el adquirente de los activos excluidos un cronograma de pago de los pasivos privilegiados excluidos. La entidad adquirente responderá con todo su patrimonio y no sólo con el producido de los activos excluidos por el pago de los pasivos excluidos. Sin embargo, este principio no se aplica en el caso de que la entidad adquirente constituya un fideicomiso y sea éste el que reciba los pasivos privilegiados. En este caso sólo los bienes fideicomitidos de dicho fideicomiso -los activos excluidos- responderán por los 1718 pasivos excluidos y el patrimonio de la entidad adquirente quedará resguardado. La figura de la constitución de un fideicomiso -en lugar de transferir los activos y pasivos excluidos a la entidad adquirente. Según sostiene Ambrosi, la exclusión es un instituto de perfiles liquidativos de naturaleza paraconcursal que persigue la satisfacción de ciertos pasivos privilegiados mediante la transferencia de activos a terceros. Una de las principales críticas al procedimiento de exclusión de activos y pasivos apunta al derecho de los acreedores que carecen del privilegio del art. 49, incs. d) y e) y del art. 53, Ley de Entidades Financieras. Se ha dicho que éstos sólo serán invitados al banquete de las pérdidas, a lo que podemos refutar, siguiendo a Mirkin que en un proceso concursal igualmente quedarán excluidos frente a acreedores privilegiados, generándose innecesariamente gastos causídicos que mediante este proceso logran evitarse. La escisión patrimonial como adecuada solución Frente a la situación que hemos dado en llamar genéricamente de insolvencia y a fin de posibilitar la continuidad de la explotación empresarial en forma sana, con un adecuado equilibrio financiero y económico, la escisión patrimonial -que en parte se opone al concepto tradicional del patrimonio universal- se impone claramente como una necesidad de la vida, para generar un corte con relación a la vieja deuda. Antes de continuar con las elecciones que puede efectuar el deudor para el saneamiento de su deuda, nos detendremos primeramente en analizar las características que ha elaborado la doctrina con relación a los elementos que puede presentar este patrimonio de afectación. A partir de la consideración de ese patrimonio especial que se separa del patrimonio de todos los actores regulados en la ley, pero que permanece vinculado a la funcionalidad para la que ha sido creado, funcionalidad y finalidad en la que todos los actores participan y comparten, se ha suscitado la inquietud de la doctrina de preguntarse si no nos encontramos frente a un nuevo derecho real, o verdaderamente frente a una realidad asociativa. No escapa a nuestro análisis que la mayoría de los autores entienden al fideicomiso como un patrimonio de afectación, cuyos derechos patrimoniales no pertenecen ya a ningún sujeto de derecho, -a título de dominio-, especialmente con relación a los sujetos que intervienen en el fideicomiso, que tiene una individualidad propia y distinta de otros patrimonios generales y especiales, que constituye una universalidad, es decir un conjunto de derechos y obligaciones (compuesto de sus propios activos y pasivos), de un patrimonio que puede aumentar o disminuir en su contenido económico; que está afectado a un fin que determina el ámbito de su régimen jurídico en lo que respecta a los derechos y a las acciones que pueden ejercerse sobre él (art. 17 LF), y que la oponibilidad a terceros está determinada por particulares reglas de publicidad. Como diría López de Zavalía: para los que gustan de sumergirse en el laberinto de las obligaciones propter rem podríamos decir que las obligaciones del pacto de fiducia ambulan con la titularidad fiduciaria. Pero no es esa nuestra postura. 1819 Nuestro punto de discusión, o de evolución, en el análisis del contrato de fideicomiso será el carácter de vínculo asociativo que puede generar. Es ese el espacio de análisis: desde la categórica negación de personalidad jurídica y de sujeto de derecho (Miguens) hasta el reconocimiento de una nueva forma asociativa (Echeverry) y el sustento de personalidad jurídica (Viramonte) que se ha dado sobre esta figura llamada fideicomiso. Antes de analizar las particularidades doctrinarias desarrolladas en torno al fideicomiso, nos parece oportuno repasar someramente las consideraciones que ha merecido el desarrollo de las posturas esgrimidas en torno al consorcio de propietario de la ley de propiedad horizontal, por las similitudes que pueden presentarse en la discusión jurídica. El consorcio de propietarios Del texto de la ley no se desprende asignación de naturaleza jurídica, de ahí que después de la sanción de la ley comenzaron los debates doctrinales que se centraron en la posibilidad de conferirle personería jurídica. Las doctrinas que niegan la personalidad del consorcio se basan en tres razones que consideran fundamentales: a) En la inexistencia de todo texto expreso de la ley que ordene, o dé pie, para que sea necesaria la creación de un ente dotado de personalidad jurídica. b) En la inexistencia de todo patrimonio común. c) Y en la esencia, o naturaleza jurídica de la denominada «propiedad horizontal» y de las relaciones de derecho personal que exige el funcionamiento del derecho real de propiedad horizontal. Las teorías que admiten la personalidad del consorcio abarcan una serie de posturas que transitan desde la idea de una personalidad restringida hasta las que consideran al consorcio como verdadero sujeto de derecho. El transcurso del tiempo y la modificación del art. 33 del Código Civil por la ley al incluir entre las personas jurídicas de carácter privado, en el inc. 2, a las sociedades civiles y comerciales o entidades que conforme a la ley tengan capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones... han incidido en esta evolución. La jurisprudencia y la Doctrina 1 han sido un factor determinante en la aceptación de la personalidad del consorcio, convirtiéndose en dominante tal caracterización. 1 LL , LL ; LL 1975-A,713; LL XXXVII 1214 sum 59; 1 ( L.L, 1982-C, 305); E.D., ); Borda, Derechos reales, t. 1, p. 625; Andrés R. Palmiero, Tratado de la propiedad horizontal, Buenos Aires, 1974, Ps. 198 y SS.; Marina Mariani de Vidal, Los derechos del consorcio de propietarios, sobre qué bienes pueden hacerse efectivos?, E.D., ; Jorge H. Alterini, Responsabilidad de los consorcistas por deudas del consorcio, E.D., ; Hernán Racciatti, La propiedad por pisos de departamentos, 3 ed., Buenos Aires, PS. l7oy SS.; Llambías, Parte general, t. II, PS. 33Y 34; Elena 1. Highton, Derechos reales, Buenos Aires, 1979, vol. IV, PS. 242 y SS.; Néstor J. Mustor, Derechos reales, Santa Fe, 1982, t. 111, PS. 51 y 52 ) (Eduardo J. Laje, La personalidad del consorcio de propietarios creados por la ley ia 512, L.L., ; Mario J. Bendersky, Propiedad horizontal, Buenos Aires, 1967, 1920 Así se ha resuelto: El consorcio de propietarios a que se refiere la ley tiene, de acuerdo con los arts. 9 y ss. de la misma, una personalidad limitada es decir, sin personería jurídica propia de los fines para los que fue esta constituida, lo cual le da capacidad para actuar frente a sus miembros y a terceros Esta postura se vio reforzada con la sanción de la ley que en el año 1968 modificó el art. 33, inc. 2, del Cód. Civil. Los consorcios de propiedad horizontal quedan comprendidos en el art; 33 del Cód. Civil (reformado por el decr.ley /68) en razón de que aquellos poseen una cierta personalidad, de acuerdo al mecanismo de la ley por el que adquieren voluntad propia expresada a través de sus órganos ; El consorcio de copropietarios tiene personalidad jurídica propia ; es un ente jurídico distinto de sus miembros y debe concedérsele una personalidad diversa de la de los individuos que lo integran. es un verdadero sujeto de derecho con personalidad propia, distinto de los miembros que lo integran En otro orden hay quienes sostienen que este específico modo de administrar y conservar las cosas o servicios comunes no sólo atañe a las relaciones internas entre los copropietarios sino que trasciende a las relaciones externas como relación de comunidad. Si, con la doctrina más moderna, captamos la riqueza que encierra la noción jurídica de comunidad de derechos -género del que participan como especies el condominio, la comunidad hereditaria, la sociedad conyugal, etc.- pronto se nos hará evidente que la tesis de la personalidad de esas comunidades atribuyen una subjetividad para resolver -técnicamente- la unidad del derecho reconocido a pluralidad de titulares frente a terceros. Ocurre que a medida que la doctrina ha privilegiado la tesis sobre la personalidad, ha debilitado correlativamente el significado que la comunidad de derechos encierra y es así que en lugar de caracterizar la relación jurídica que permite investir la cotitularidad del derecho sobre un objeto único frente a terceros ha optado por reputar que ese objeto forma el patrimonio de un sujeto que es titular de ese derecho. La Ley de Propiedad Horizontal ha creado un nuevo ente de derecho con la formación del consorcio de propietarios del edificio sometido al régimen de aquélla. El consorcio de propietarios tiene personalidad jurídica distinta a la de cada uno de sus componentes, y dentro de los fines de su creación, no puede dejar de reconocerse al consorcio de propietarios el carácter de sujeto de derecho. El consorcio de propietarios es un verdadero ente jurídico, integrado por diversos propietarios de pisos o departamentos en cuanto son condóminos del terreno y Ps, 124 y ss., y Las asambleas de propietarios en el régimen de propiedad horizontal, L.L., ); (Manuel Laquis y Amoldo Siperman, La propiedad horizontal en el derecho argentino, Buenos Aires, 1966, PS. 90 y 55.; Laquis, Nuevas consideraciones sobre la posibilidad de un sujeto de derecho en la ley , L.L., , y Otra vez sobre la personalidad del consorcio de propietarios, L.L., 1975-A- 69; Sofanor Novillo Corvalán, Derechos reales, 4 ed., Salvat, Buenos Aires, 1951, t. II, p. 463; Alfredo Sívori, Algunos aspectos sobre la ley , La Plata, 1954, p. 22; Manuel Adrogué y Horacio Homanelli, Reflexiones en torno de la ley de propiedad horizontal. J.A., doctr., ; CD, Nac. Com., sala 8, 31/10/2005, Romi SRL s/acuerdo preconcursal, SyC Mostrar más
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