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Timestamp: 2018-02-18 19:00:20
Document Index: 386209347

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DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-Límites/AUTONOMIA PERSONAL - PDF
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Carlos Giménez Villanueva
1 Sentencia No. C-221/94 DESPENALIZACION DEL CONSUMO DE LA DOSIS PERSONAL DROGADICCION-Comportamiento personal Dentro de un sistema penal liberal y democrático, como el que tiene que desprenderse de una Constitución del mismo sello, d estar proscrito el peligrosismo, tan caro al positivismo penal, hoy por ventura ausente de todos los pueblos civilizados. Porq una persona no pueden castigarla por lo que posiblemente hará, sino por lo que efectivamente hace. A menos que e drogadicto se considere en sí mismo punible, así ese comportamiento no trascienda de la órbita más íntima del sujeto consum lo que sin duda alguna es abusivo, por tratarse de una órbita precisamente sustraída al derecho y, a fortiori, vedada par ordenamiento que encuentra en la libre determinación y en la dignidad de la persona (autónoma para elegir su propio destino pilares básicos de toda la superestructura jurídica. Sólo las conductas que interfieran con la órbita de la libertad y los inter ajenos, pueden ser jurídicamente exigibles. No se compadece con nuestro ordenamiento básico la tipificación, como delictiva una conducta que, en sí misma, sólo incumbe a quien la observa y, en consecuencia, está sustraída a la forma de co normativo que llamamos derecho y más aún a un sistema jurídico respetuoso de la libertad y de la dignidad humana, com duda, lo es el nuestro. CONSTITUCION POLITICA-Naturaleza/JUEZ CONSTITUCIONAL-Función La filosofía que informa la Carta Política del 91 es libertaria y democrática y no autoritaria y mucho menos totalitaria. Por tan del texto de una norma pudiera desprenderse una conclusión a tono con una ideología de esa naturaleza, sería necesario, en tarea de armonización sintáctica que incumbe al intérprete, extraer de ella un sentido que no rompa abruptamente el sistema que lo preserve. Porque la tarea del juez de constitucionalidad no consiste, ni puede consistir, en resignarse a que la norma bá es un tejido de retazos incongruentes, entre sí inconciliables, sino en eliminar contradicciones y hacerlo de modo razonable. DERECHO A LA SALUD-Tratamiento médico Cada quien es libre de decidir si es o no el caso de recuperar su salud. Ni siquiera bajo la vigencia de la Constitución ante menos pródiga y celosa de la protección de los derechos fundamentales de la persona, se consideraba que el Estado fue dueño de la vida de cada uno y, en armonía con ella, el Decreto 100 de 1980 (Código Penal) no consideraba la tentativ suicidio como conducta delictual; mucho menos podría hacerse ahora esa consideración. Si yo soy dueño de mi vida, a fortior libre de cuidar o no de mi salud cuyo deterioro lleva a la muerte que, lícitamente, yo puedo infligirme. DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-Límites/AUTONOMIA PERSONAL E l legislador no puede válidamente establecer más limitaciones que aquéllas que estén en armonía con el espíritu d Constitución. La primera consecuencia que se deriva de la autonomía, consiste en que es la propia persona (y no nadie por quien debe darle sentido a su existencia y, en armonía con él, un rumbo. Si a la persona se le reconoce esa autonomía, no p limitársela sino en la medida en que entra en conflicto con la autonomía ajena. El considerar a la persona como autónoma sus consecuencias inevitables e inexorables, y la primera y más importante de todas consiste en que los asuntos que sólo persona atañen, sólo por ella deben ser decididos. Decidir por ella es arrebatarle brutalmente su condición ética, reducirla condición de objeto, cosificarla, convertirla en medio para los fines que por fuera de ella se eligen. Cuando el Estado resu reconocer la autonomía de la persona, lo que ha decidido, ni más ni menos, es constatar el ámbito que le corresponde c sujeto ético: dejarla que decida sobre lo más radicalmente humano, sobre lo bueno y lo malo, sobre el sentido de su existe Que las personas sean libres y autónomas para elegir su forma de vida mientras ésta no interfiera con la autonomía de las o es parte vital del interés común en una sociedad personalista, como la que ha pretendido configurar la Carta Política que hoy rige. Si el derecho al libre desarrollo de la personalidad tiene algún sentido dentro de nuestro sistema, es preciso concluir que las razones anotadas, las normas que hacen del consumo de droga un delito, son claramente inconstitucionales. DROGADICCION-Educación como obligación estatal Qué puede hacer el Estado, si encuentra indeseable el consumo de narcóticos y estupefacientes y juzga deseable evitarlo vulnerar la libertad de las personas? Cree la Corte que la única vía adecuada y compatible con los principios que el propio Es se ha comprometido a respetar y a promover, consiste en brindar al conglomerado que constituye su pueblo, las posibilidade educarse. Conduce dicha vía a la finalidad indicada? No necesariamente, ni es de eso de lo que se trata en primer término trata de que cada persona elija su forma de vida responsablemente, y para lograr ese objetivo, es preciso remover el obstá
2 mayor y definitivo: la ignorancia. No puede, pues, un Estado respetuoso de la dignidad humana, de la autonomía personal libre desarrollo de la personalidad, escamotear su obligación irrenunciable de educar, y sustituir a ella la represión como form controlar el consumo de sustancias que se juzgan nocivas para la persona individualmente considerada y, eventualmente, pa comunidad a la que necesariamente se halla integrada. UNIDAD NORMATIVA Resultan violatorias del Estatuto Básico, los artículos 51 y 87 de la ley 30 de 1986, este último por constituir unidad normativa los acusados. DROGADICCION-Tratamiento médico Que una persona que no ha cometido ninguna infracción penal -como lo establece el mismo artículo- sea obligada a re tratamiento médico contra una "enfermedad" de la que no quiere curarse, es abiertamente atentatorio de la libertad y d autonomía consagradas en el artículo 16, como "libre desarrollo de la personalidad". Resulta pertinente, en este punto, rem las consideraciones hechas atrás acerca del internamiento en establecimiento psiquiátrico o similar, considerado, bien ba perspectiva del tratamiento médico, bien bajo la perspectiva de la pena. Si se adopta la primera, la norma resulta inconstituc por violentar la voluntad del destinatario mediante la subrogación de su capacidad de decidir, por la decisión del juez o del mé Cada quien es libre de elegir (dentro de nuestro ordenamiento) qué enfermedades se trata y si es o no el caso de recuper "salud", tal como se concibe de acuerdo con el criterio oficial. Si se adopta la segunda, la evidencia de inconstitucionalidad es mayor, pues no sólo es inconcebible sino monstruoso y contrario a los más elementales principios de un derecho civilizado, q una persona se le sancione sin haber infringido norma alguna, o se le compela a recibir un tratamiento médico que no desea. DESPENALIZACION DEL CONSUMO DE LA DOSIS PERSONAL Los preceptos de la Carta que resultan directamente violados por las disposiciones señaladas, son los siguientes: el artículo que alude al respeto a la dignidad humana como fundamento del Estado; el 2o. que obliga al mismo Estado a garantiza efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución"; el 5o. que reconoce la primacía de los dere inalienables de la persona, dentro de los cuales ocupa un lugar privilegiado el de la autonomía, como expresión inmediata d libertad; el 16 que consagra expresamente el derecho anteriormente referido, y el 13 consagratorio del derecho a la igualdad, no se compadece con él, el tratamiento diferente a categorías de personas que deben ser análogamente tratadas. REGULACION DEL CONSUMO DE DROGAS En ese mismo orden de ideas puede el legislador válidamente, sin vulnerar el núcleo esencial de los derechos a la igualdad y libertad, desconocidos por las disposiciones que serán retiradas del ordenamiento, regular las circunstancias de lugar, de edad ejercicio temporal de actividades, y otras análogas, dentro de las cuales el consumo de droga resulte inadecuado o socialm nocivo, como sucede en la actualidad con el alcohol y el tabaco. Es ésa, materia propia de las normas de policía. Otro tanto predicar de quienes tienen a su cargo la dirección de actividades de instituciones, públicas o privadas, quienes derivan de calidad la competencia de dictar reglamentos internos que posibiliten la convivencia ordenada, dentro de los ámbitos que incumbe regir. DECLARACION DE INEXEQUIBILIDAD -Efectos La declaración de inexequibilidad de los artículos 51 y 87 de la ley 30 de 1986, por las razones expuestas, impide que rev normas de contenido similar, que fueron derogadas por la ley en cuestión. REF.: Expediente No. D- 429 Normas acusadas: literal j) del artículo 2o. y artículo 51 de la ley 30 de Demandante: Alexandre Sochandamandou Magistrado Ponente: Dr.CARLOS GAVIRIA DIAZ. En Santafé de Bogotá, D.C., a los cinco (5) días del mes de mayo de mil novecientos noventa y cuatro (1.994), la Sala Plena Corte Constitucional,
3 EN NOMBRE DEL PUEBLO Y POR MANDATO DE LA CONSTITUCIÓN, Procede a dictar sentencia en el proceso de constitucionalidad contra el literal j) del artículo 2 y el artículo 51 de la Ley ANTECEDENTES. El ciudadano ALEXANDRE SOCHANDAMANDOU, en ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad, solicita a la Corte declare inexequibles el literal j) del artículo 2o. y el artículo 51 de la ley 30 de Cumplidos como están los trámites constitucionales y legales exigidos para procesos de esta índole, procede la Corte a decidi 2. NORMAS ACUSADAS. El texto de las disposiciones objeto de impugnación es el que sigue: "artículo 2o. Para efectos de la presente ley se adoptarán las siguientes definiciones:... j) Dosis para uso personal: Es la cantidad de estupefaciente que una persona porta o conserva para su propio consumo. Es dosis para uso personal la cantidad de marihuana que no exceda de veinte (20) gramos; la de marihuana hachís la qu exceda de cinco (5) gramos; de cocaína o cualquier sustancia a base de cocaína la que no exceda de un (1) gramo, metacualona la que no exceda de dos (2) gramos. No es dosis para uso personal, el estupefaciente que la persona lleve consigo, cuando tenga como fin su distribución o v cualquiera que sea su cantidad". "artículo 51. El que lleve consigo, conserve para su propio uso o consuma, cocaina, marihuana o cualquier otra droga produzca dependencia, en cantidad considerada como dosis de uso personal, conforme a lo dispuesto en esta ley, incurrirá e siguientes sanciones: a) Por primera vez, en arresto hasta por treinta (30) días y multa en cuantía de medio (1/2) salario mínimo mensual. b) Por la segunda vez, en arresto de un (1) mes a un (1) año y multa en cuantía de medio (1/2) a un (1) salario mínimo men siempre que el nuevo hecho se realice dentro de los doce (12) meses siguientes a la comisión del primero. c) El usuario o consumidor que, de acuerdo con dictamen médico legal, se encuentre en estado de drogadicción así haya sorprendido por primera vez, será internado en establecimiento psiquiátrico o similar de carácter oficial o privado, por el tér necesario para su recuperación. En este caso no se aplicará multa ni arresto. La autoridad correspondiente podrá confiar al drogadicto al cuidado de la familia o remitirlo, bajo la responsabilidad de ésta a clínica, hospital o casa de salud, para el tratamiento que corresponda, el cual se prolongará por el tiempo necesario pa recuperación de aquél, que deberá ser certificada por el médico tratante y por la respectiva Seccional de Medicina Lega familia del drogadicto deberá responder del cumplimiento de sus obligaciones, mediante caución que fijará el funcio competente, teniendo en cuenta la capacidad económica de aquella. El médico tratante informará periódicamente a la autoridad que haya conocido del caso sobre el estado de salud y rehabilita del drogadicto. Si la familia faltare a las obligaciones que le corresponden, se le hará efectiva la caución y el internamiento drogadicto tendrá que cumplirse forzosamente." 3. LA DEMANDA. A pesar de que la redacción de la demanda no es tan clara como sería deseable, se alcanza a entender en ella que las raz
4 del actor para considerar violadas las normas constitucionales, son las siguientes: 3.1. SOBRE LOS LÍMITES CONSTITUCIONALES A LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO EN LA SALUD PERSONAL. Dice el actor que las normas acusadas violan el artículo 366 de la Constitución, pues, si el Estado no puede garantizar la cura del enfermo, tampoco puede privarle de la droga que le proporciona alivio. "Si el Estado no puede garantizar la recuperación salud de los enfermos psicofisiológicos de drogadicción o toxicomanía, porque no existe clínicamente el tratamiento radi científico que asegure su curación, tampoco puede el Estado impedir o limitar el uso del medicamento que le procura aliv sufrimiento del enfermo. Los estupefacientes son parte integral de la enfermedad de drogadicción o toxicomanía y a la vez, s medicamento que alivia el dolor y el sufrimiento de los enfermos incurables." Según el demandante, las normas acusadas violan los artículos 5, 28, 29, 34 y 49 de la Carta Política, porque los drogadic toxicómanos son enfermos psicofisiológicos, estén o no bajo los efectos de un estupefaciente; "el Estado no puede sanciona pena o medida de seguridad el derecho inalienable de las personas a estar psicofisiológicamente enfermas por cualquier ca inclusive de drogadicción o toxicomanía." Añade el accionante que las normas acusadas violan los artículos 28 y 95 numeral 1 de la Carta, pues no se "puede pen quienes simplemente consumen estupefacientes, porque con su conducta no perjudican a persona diferente a ellos mismos." 3.2. SOBRE EL TRATAMIENTO DISCRIMINATORIO PARA LOS CONSUMIDORES DE DETERMINADOS ESTUPEFACIENT El demandante anota la discriminación de los adictos frente a otros enfermos incurables, afirmando que si el Estado permite q padecimiento de otros enfermos incurables sea mitigado con drogas que producen adicción, al drogadicto incurable no le p negar el Estado el consumo de la droga que mitiga su sufrimiento, so pretexto de que ésta produce adicción, sin violar el der a la igualdad. El actor sólo acusa como inconstitucionales al artículo 51 y al literal j) del artículo 2, porque el tratamiento dado por la Ley a los otros drogadictos y toxicómanos, es considerado por él como constitucional, lo que resalta otra discriminación viola el derecho a la igualdad. Efectivamente, según la Ley 30, el nicotinómano y el alcohólico son tan drogadictos y toxicóm como el marihuanero y el cocainómano; pero, se incurre en trato discriminatorio cuando se dá a los dos primeros el tratam legal de adictos socialmente aceptados, mientras se trata a los demás consumidores de drogas como contraventor delincuentes, dependiendo de qué tan enfermos estén. Afirma el accionante que la discriminación impuesta por la Ley 30 de para los toxicómanos distintos al alcohólico nicotinómano, no sólo es apreciable si se mira a los otros enfermos incurables y a los otros toxicómanos, sino que la Ley im también una discriminación entre los drogadictos más y menos afectados. La cantidad de droga que un toxicómano requ diariamente, depende de su grado de adicción y de las condiciones biofisiológicas de cada quien. Por esto, establecer cantidad tope a la dosis personal, que desconozca las necesidades de uno o varios adictos, introduce una diferenciación artific injustificada entre personas enfermas del mismo mal, con la única consecuencia legal de tratar como contraventores a los menos consumen y, como delincuentes, a los más afectados por la enfermedad SOBRE EL TRATAMIENTO MÉDICO PREVISTO EN LAS NORMAS ACUSADAS. Para el actor, los artículos 51 y 2 literal j) de la Ley 30 de 1.986, violan el artículo 5 de la Carta, "porque los derechos inaliena de la persona, se extienden hasta su derecho a enfermarse psicofisiológicamente." Añade que se violan los artículos 28 y 34 de la Carta, porque existen toxicómanos incurables, "en cuyo caso la duración d tratamientos sería indefinida y la INTERNACIÓN en un ESTABLECIMIENTO PSIQUIÁTRICO o similar por el TÉRM NECESARIO PARA SU RECUPERACIÓN se convertiría en una PENA IMPRESCRIPTIBLE." Señala también el accionante que las normas acusadas violan el artículo 47 de la Carta, "porque el Estado colombiano carec la práctica de la provisión necesaria en todos los aspectos, para brindar a los ENFERMOS DE DROGADICCIÓ TOXICOMANÍA centros psiquiátricos de rehabilitación, que no sean anexos de las cárceles, ni tugurios infrahumanos dond violan los derechos humanos de los ENFERMOS." Finalmente, el actor anota que sobre la libertad de las personas sólo puede decidir constitucionalmente un Juez de la Repúbli nó el médico tratante o unos funcionarios estatales que no tienen jurisdicción; "...la situación jurídica de un ENFERMO DROGADICCIÓN O TOXICOMANÍA, internado en algún establecimiento psiquiátrico, estaría sujeta a la vulnerabilidad del g
5 de personas del sector oficial o privado con facultad de decidir discrecionalmente sobre la rehabilitación o no rehabilitación enfermo." 4. INTERVINIENTES: El Ministerio de Justicia por medio de apoderado constituído para el efecto, presentó un escrito en el que expone las razones justifican la constitucionalidad de las normas demandadas, las cuales se resumen en seguida: - El literal j) del artículo 2o. de la ley 30 de 1986 no viola el artículo 366 de la Carta, por que "las necesidades insatisfecha salud de los usuarios de los estupefacientes no se solucionan administrándoles el tóxico, ni permitiéndoles que sigan usán libremente, sino con medidas de educación, de prevención, de tratamiento y de rehabilitación de su enfermedad, qu fundamentan todas en la supresión del uso de la droga". - En lo que respecta al artículo 51 de la misma ley se afirma que no viola el artículo 5o. de la Carta "puesto que el ciuda colombiano tiene derecho a la salud, tanto psíquica como orgánica y no, como lo plantea el demandante, derecho a estar enfe puesto que la enfermedad es un concepto opuesto al de la salud... la acción del Estado debe estar encaminada a ayuda enfermo a recobrar su salud y no a facilitarle que con el uso de una sustancia tóxica que es dañina para su organismo y pa psiquismo, perpetúe su enfermedad". - Tampoco se vulneran los artículos 34, 47 y 49 de la Constitución, pues el demandante "confunde el tratamiento para enfermedad, con la pena para un contraventor", ni los artículos 28 y 29 del mismo Ordenamiento, por que la misma parcialmente demandada, como las normas penales de procedimiento consagran "la jurisdicción competente, formalidad procedimiento para el juzgamiento de quien ha incurrido en la contravención consagrada en el artículo 51". - El artículo 95-1 de la Ley Suprema no resulta lesionado por el mandato acusado, ya que si bien es cierto que señala como d de la persona y del ciudadano "respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios. El individuo que consume d estupefaciente a sabiendas de que se trata de una sustancia tóxica, deletérea para su salud, está abusando de su derech libertad, sólo que algunas veces lo hace motivado por su enfermedad; de manera que cumple el Estado con su función cu trata de suministrarle o al menos de facilitarle la posibilidad de tratamiento para su dolencia". - Finalmente anexa un concepto emitido por el subdirector de investigación científica del Instituto Nacional de Medicina Le Ciencias Forenses, sobre el tema. 5. CONCEPTO FISCAL. El Procurador General de la Nación (Encargado) rinde la vista fiscal de rigor en oficio No. 350 del 1o. de diciembre de 1993, la concluye solicitando a la Corte que declare exequibles el literal j) del artículo 2o. y el artículo 51 de la ley 30 de 1986, este ú "en el entendido que la sanción de internamiento o restricciones a la libertad en virtud de su literal c), no pueden ser superio las penas de arresto contenidas en sus literales a) y b)". Son estas las argumentaciones del citado funcionario: - La ley 30 de 1986 otorga un tratamiento más benigno para quien consume droga que para quien la produce y comercializa razón "puede encontrarse en el hecho de que quien es usuario de la droga por regla general, es considerado una víctima más un delincuente y por ello antes que un castigo debe recibir un tratamiento adecuado para lograr su recuperacion". Para que conducta relacionada con la utilización de drogas encaje dentro de una contravención se requiere, conforme al artículo 51 ley, "que la cantidad de ellas corresponda al concepto de dosis personal", el cual también se encuentra definido en ordenamiento. - El "establecimiento de topes máximos en las cantidades de drogas o sustancias controladas que hace la ley para ubic dentro del concepto de dosis personal, no contraría precepto alguno de nuestro ordenamiento constitucional. La penalización del consumo, su tratamiento como delito o contravención, la determinación de porciones máximas, como dosis personal, consecuencia fundamentalmente de la política criminal que en un momento determinado haya adoptado el Estado en mater lucha contra el narcotráfico. Lo anterior como es lógico, siempre que la escogencia de cualquiera de esas opciones se haga d del límite de lo razonable y con salvaguardia de nuestros principios constitucionales y de la dignidad humana". - El literal i) del artículo 2o. de la ley 30 de 1986 consagra que la dosis terapéutica es la cantidad de droga o medicamento qu médico prescribe según las necesidades clínicas de su paciente, sin que dentro de dicho estatuto se consagre sanción al
6 para las conductas relacionadas con dosis de esa índole, y por el contrario "lo relativo a la dosis terapéutica es una de las pos utilizaciones lícitas de las drogas controladas, dentro del concepto no de estupefaciente sino de medicamento, en el marc ejercicio de una actividad lícita como es la medicina, y con una finalidad legítima jurídicamente como es el tratamiento, curac rehabilitación de un enfermo", pudiendo incluso la dosis terapéutica ser superior a la dosis personal. - En relación con el artículo 51 demandado, dice el Procurador, que el literal c) de dicha disposición "está orientado a logr recuperación del drogadicto a través de su internación en un establecimiento adecuado para que allí reciba tratamiento mé necesario, o de la entrega a la familia para que bajo su responsabilidad se le siga dicho tratamiento" y por tratarse de un enf no se le imponen las sanciones de multa ni arresto, ejerciendo así el Estado "una función social tendiente a la recuperación salud de aquél que es dependiente de las drogas", cumpliendo lo dispuesto en los artículos 47, 48 y 49 de la Carta. - La función curativa y rehabilitadora de la norma se percibe también en el inciso 2o. del literal c) del citado artículo 51 "cu prevé la posibilidad de confiar el drogadicto al cuidado de la familia, o remitirlo bajo la responsabilidad de ésta a una institu especializada para recibir allí el tratamiento debido". Sin embargo, considera el Procurador que el internamiento del drogadi que se refiere el inciso primero del artículo 51 demandado "tiene el carácter de sanción e implica para quien es acreedor de el pérdida de la libertad en los casos en que el internamiento deba cumplirse forzosamente, o una limitación al ejercicio de la m cuando se confía al cuidado de la familia. Como se trata de una mengua a los derechos fundamentales de la persona entr cuales se encuentra la libertad, no es posible que las restricciones a ella tengan el carácter de indeterminadas. La expresión el término necesario para su recuperación' contenido en la disposición sin la fijación de un tope máximo permitiría que la san se prolongara en el tiempo de manera indefinida, llegando incluso a ser perpetua en los casos en que el drogadicto no logra recuperación, lo cual contraría de manera flagrante los artículos 16, 28 y 34 de la Carta Política", tal como lo sostuvo la C Constitucional en sentencia C-176 de mayo 6 de Por consiguiente considera el Procurador que "cuando se imponga al consumidor o usuario de drogas que se encuentr estado de drogadicción, el internamiento o cualquier medida que implique pérdida o restricción de su libertad, a título de san de acuerdo con el literal c) del artículo 51 de la ley 30 de 1986, estas medidas no podrán ser superiores a los máx determinados como pena de arresto para quienes hayan realizado las mismas conductas pero que no sean drogadictos y que de treinta (30) días cuando sea la primera vez que hayan realizado las conductas descritas en dicho artículo y de doce (12) m por la segunda vez". 6. CONSIDERACIONES DE LA CORTE Competencia. Dado que la acusación se dirige contra normas que integran una ley, es competente esta Corporación para decidir sobr constitucionalidad, conforme a lo ordenado por el artículo de la Constitución Nacional CONSIDERACIONES DE FONDO El derecho como forma de regulación de la conducta interferida. Existen deberes jurídicos para consigo mismo Más allá de las disputas de escuelas acerca de la naturaleza del derecho, puede afirmarse con certeza que lo que caracter esa forma específica de control de la conducta humana es el tener como objeto de regulación el comportamiento interferido, es, las acciones de una persona en la medida en que injieren en la órbita de acción de otra u otras, se entrecruzan con el interfieren. Mientras esto no ocurra, es la norma moral la que evalúa la conducta del sujeto actuante (incluyendo la cond omisiva dentro de la categoría genérica de la acción). Por eso se dice, con toda propiedad, que mientras el derecho es ad alte la moral es ab agenti o, de otro modo, que mientras la norma jurídica es bilateral, la moral es unilateral. En lenguaje hohfeld puede afirmarse que el precepto del derecho crea siempre una situación desventajosa correlativa a una situación ventajosa. E caso concreto, cuyo análisis importa, un deber correlativo a un derecho. La moral no conoce esta modalidad reguladora. obligaciones que ella impone no crean en favor de nadie la facultad de exigir la conducta debida. En eso radica su unilateral No en el hecho de que no imponga deberes frente a otro, sino en la circunstancia que no confiere a éste facultad de exigir. De allí que no haya dificultad alguna en admitir la existencia de deberes morales frente a uno mismo y menos aún cuando la m que se profesa se halla adherida a una concepción teológica según la cual Dios es el dueño de nuestra vida, y el debe conservarla (deber frente a uno mismo) se resuelve en un deber frente a Dios. Pero otra cosa sucede en el campo del derecho: cuando el legislador regula mi conducta con prescindencia del otro,
7 transponiendo fronteras que ontológicamente le están vedadas. En otros términos: el legislador puede prescribirme la form que debo comportarme con otros, pero no la forma en que debo comportarme conmigo mismo, en la medida en que mi cond no interfiere con la órbita de acción de nadie. Si de hecho lo hace, su prescripción sólo puede interpretarse de una de estas maneras: 1) expresa un deseo sin connotaciones normativas; 2) se asume dueño absoluto de la conducta de cada persona, en los aspectos que nada tienen que ver con la conducta ajena; 3) toma en cuenta la situación de otras personas a quien conducta del sujeto destinatario puede afectar Implicaciones en el caso sub-examine. En el caso que ocupa a la Corte, (en relación con el consumo de estupefacientes) es preciso vincular las normas de la ley , que se refieren al consumo de las sustancias allí indicadas, con el inciso último del artículo 49 de la Carta, que disp "Toda persona tiene el deber de procurar el cuidado integral de su salud y la de su comunidad." (énfasis fuera de texto). Aplic los lineamientos anteriores al examen de dicho inciso, se tendría: 1). Se trata de un mero deseo del Constituyente, llamado a producir efectos psicológicos que se juzgan plausibles, pero en m alguno generador de un deber jurídico genérico, susceptible de plasmarse en la tipificación de una conducta penal. 2). El Estado colombiano se asume (en tanto que sujeto pretensor) dueño y señor de la vida de cada una de las personas conducta rige y, por eso, arrogándose el papel de Dios, en la concepción teológica, prescribe, mas allá de la órbita del dere comportamientos que sólo al individuo atañen y sobre los cuales cada persona es dueña de decidir. 3). Toma en consideración las consecuencias, frente a otros, de la conducta individual y por esa razón la hace objet regulación jurídica, v.gr.: la situación de desamparo en que puede quedar la familia del drogadicto; la privación a la comunida una persona potencialmente útil; el peligro que para los demás puede entrañar la conducta agresiva desatada por el consum las sustancias indicadas en la ley. Entra la Corte a examinar las tres posibilidades hermenéuticas señaladas, empezando por la últimamente enunciada y tomand cuenta las situaciones que, a modo de ejemplo, allí se indican, así: PRIMERA POSIBILIDAD HERMENEUTICA. 1). Si se asume que es en consideración a las personas próximas al drogadicto, que se verán privadas de su presencia, d afecto y, eventualmente de su apoyo económico, que la conducta punible se tipifica, habría que concluir que el tener s queridos y obligaciones familiares qué cumplir, tendría que hacer parte de la conducta típica y, por ende, quienes n encontraran dentro de esa situación no podrían ser justiciables por el delito en cuestión. Pero resulta que la norma prescind todos esos condicionamientos y hace reos de la infracción a quienes se coloquen en su hipótesis, independientemente de tengan o no familia y de que tengan o no vínculos obligacionales con alguien. En otros términos: un sindicado por esos delito podría, válidamente, argüir en su favor, para hacerse acreedor a la exención de responsabilidad, que es solo en la vida y a n está ligado por vínculos de sangre o de afecto. Pero si se trata de alguien que sí se halla integrado a una comunidad familiar, y la sanción penal se ha revelado inepta para in el consumo, el mantenimiento del castigo sólo serviría para añadir a la familia una nueva angustia, derivada de la sanción. 2). Si se argumenta, entonces, que es la comunidad toda, a la que inexorablemente ha de pertenecer, la que se va a ver pri de uno de sus miembros potencialmente útiles, habría que concluir que los ya marginados por otro tipo de comportamie asociales, egoístas irredentos, misántropos irreductibles, podrían gastar su existencia en el consumo de sustancias nocivas y ello la sociedad, antes que perder, ganaría, pues habría segregado, de modo natural, a un miembro indeseable. Y aún sub una duda: por qué si es ese el motivo de la prohibición no se le conmina bajo pena el consumo del tabaco que, de acuerdo investigaciones médicas confiables, y de amplia aceptación en el campo científico, es causa del cáncer de pulmón y del cánc general? y por qué no se le prohibe la ingestión de sustancias grasas que aumentan el grado de colesterol y propicia enfermedades coronarias, acelerando así el proceso que conduce a la muerte?. Pero no. El sujeto en cuestión sería justiciabl la conducta que, desde esa perspectiva, resultaría socialmente provechosa. Luego, tampoco parece ser ésa la razón justific de la represión. 3). Pero finalmente, puede invocarse como motivo de la punición, el peligro potencial que para los otros implica la cond agresiva desencadenada por el consumo de la droga. Sobre este punto, es preciso hacer varias consideraciones: la prime refiere al trato abiertamente discriminatorio que la ley acuerda para los consumidores de las drogas que en ella se señalan y
8 los consumidores de otras sustancias de efectos similares, v.gr., el alcohol. Porque mientras el alcohol tiene la virtud de v hacia el otro a quien lo consume, para bien o para mal, para amarlo o para destruirlo, el efecto de algunas de las sustancias q ley 30 incluye en la categoría de "drogas", como la marihuana y el hachís, es esencialmente interior, intensificador de experiencias íntimas, propias del ser monástico. Por eso ha podido decir Octavio Paz que el vino se halla vinculado al diálog relación con el otro) desde sus comienzos: el simposio griego. La droga a los viajes interiores, más propios de la cultura orie Quien toma alcohol, se halla dentro de la más pura tradición occidental, mientras que el que se droga es un heterodoxo (ta sea por eso por lo que se le castiga). No es acaso un hecho empíricamente verificable que la ingestión de alcohol, en un elevado número de personas, ocasio relajamiento de lazos inhibitorios y la consiguiente exteriorización de actitudes violentas reprimidas hasta entonces, y es f eficiente en la comisión de un sinnúmero de delitos? Por qué, entonces, el tratamiento abiertamente distinto, irritantem discriminatorio, para el alcohólico (quien puede consumir sin medida ni límite) y para el drogadicto?. Veamos si no, los datos suministrados por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Regional Nor-Occidente - Med acerca de la incidencia del alcohol en las conductas delictivas no sólo desde el punto de vista de los sujetos activos, sino tam del de las víctimas. Dice dicho informe en su parte pertinente: "En la cifra bruta de mortalidad por causas violentas, al menos para la ciuda Medellín, existe un factor que parece pudiera considerarse como riesgo, y es el de la ingestión de bebidas alcohólicas; para el 27% de las víctimas de muerte violenta tenía en su sangre cifras positivas para alcohol, para el año de 1990 ese porcenta había incrementado al 48.51% ". Y luégo, a través de dos anexos, que se incluyen al final de este fallo, se ilustra gráficamente lo anterior y se estab específicamente, una relación entre los delitos cometidos en estado de embriaguez y las conductas delictivas determinadas p dependencia de drogas. La segunda dice relación al hecho de que dentro de un sistema penal liberal y democrático, como el que tiene que desprend de una Constitución del mismo sello, debe estar proscrito el peligrosismo, tan caro al positivismo penal, hoy por ventura aus de todos los pueblos civilizados. Porque a una persona no pueden castigarla por lo que posiblemente hará, sino por lo efectivamente hace. A menos que el ser drogadicto se considere en sí mismo punible, así ese comportamiento no trascienda órbita más íntima del sujeto consumidor, lo que sin duda alguna es abusivo, por tratarse de una órbita precisamente sustraí derecho y, a fortiori, vedada para un ordenamiento que encuentra en la libre determinación y en la dignidad de la per (autónoma para elegir su propio destino) los pilares básicos de toda la superestructura jurídica. Con razón ha dicho Thomas Szasz, crítico agudo de lo que pudiéramos llamar el totalitarismo psiquiátrico: "En una socieda hombres libres, cada uno debe ser responsable de sus actos y sancionado como tal. Si el drogadicto comete un crimen, deb castigado por ese crimen, no por ser drogadicto. Si el cleptómano roba, si el pirómano incendia, si el regicida asesina, t deben caer bajo el peso de la ley y ser castigados." (Entrevista concedida a Guy Sorman, en "Los verdaderos pensadore nuestro tiempo", Seix Barral, 1992.). SEGUNDA POSIBILIDAD HERMENEUTICA. Pero descartada por arbitraria e inarmónica con nuestro estatuto básico la anterior vía interpretativa, (resulta violatoria d libertad y de la igualdad) es preciso detenerse en la enunciada en segundo término, a saber: el Estado colombiano se as dueño y señor de la vida y del destino de cada persona sujeta a su jurisdicción, y por eso le prescribe comportamientos que una perspectiva menos absolutista quedarían librados a la decisión suya y no del Estado. Empero, también esta tent exegética debe ser desechada, pues la filosofía que informa la Carta Política del 91 es libertaria y democrática y no autorita mucho menos totalitaria. Por tanto, si del texto de una norma pudiera desprenderse una conclusión a tono con una ideologí esa naturaleza, sería necesario, en una tarea de armonización sintáctica que incumbe al intérprete, extraer de ella un sentido no rompa abruptamente el sistema sino que lo preserve. Porque la tarea del juez de constitucionalidad no consiste, ni pu consistir, en resignarse a que la norma básica es un tejido de retazos incongruentes, entre sí inconciliables, sino en elim contradicciones y hacerlo de modo razonable. Por ejemplo: si de una norma se sigue que el hombre es libre y, por tanto, dis de un ámbito de autonomía compatible con el ámbito ajeno; y de otra, que no lo es, la alternativa no tiene escapatoria: opta por darle relevancia a la primera ("pro favor libertatis") ratificando la sustancia ideológica de la Carta, o la distorsiona atribuyendo trascendencia derogatoria a un precepto de significación normativa vicaria. La opción que en esta sentencia se a es, sin duda, la primera.
9 Pero si, moderando la perspectiva, asumimos que no se trata de un Estado omnímodo, con pretensiones de injerencia en las íntimas decisiones del sujeto destinatario, sino de un Estado paternalista y protector de sus súbditos, que conoce mejor que é lo que conviene a sus propios intereses y hace entonces obligatorio lo que para una persona libre sería opcional, por esa benévola se llega al mismo resultado inadmisible: la negación de la libertad individual, en aquel ámbito que no interfiere co esfera de la libertad ajena. TERCERA POSIBILIDAD HERMENEUTICA Queda, entonces, como única interpretación plausible la que se enunció en primer término, a saber: que se trata tan sólo expresión de un deseo del constituyente, de mera eficacia simbólica, portador de un mensaje que el sujeto emisor juzga dese pues encuentra bueno que las personas cuiden de su salud, pero que no puede tener connotaciones normativas de orden jur en general, y muchísimo menos de carácter específicamente punitivo. Esto porque, tal como se anotó al comienzo, no es po hablar de sujeto pretensor de este deber, sin desvirtuar la Carta Política actual y la filosofía liberal que la inspira, determinan que sólo las conductas que interfieran con la órbita de la libertad y los intereses ajenos, pueden ser jurídicamente exigibles El tratamiento médico como medida protectora del drogadicto, y la sanción penal. Especial atención merece el literal c) del artículo 51 demandado, que prescribe: "El usuario o consumidor que, de acuerdo dictamen médico legal, se encuentre en estado de drogadicción, así haya sido sorprendido por primera vez, será internad establecimiento psiquiátrico o similar de carácter oficial o privado, por el término necesario para su recuperación. En este cas se aplicará multa ni arresto". "La autoridad correspondiente podrá confiar al drogadicto al cuidado de la familia o remitirlo, bajo la responsabilidad de ésta, a clínica, hospital o casa de salud, para el tratamiento que corresponda, el cual se prolongará por el tiempo necesario pa recuperación de aquél, que deberá ser certificada por el médico tratante y por la respectiva Seccional de Medicina Legal. La fa del drogadicto deberá responder del cumplimiento de sus obligaciones, mediante caución que fijará el funcionario compet teniendo en cuenta la capacidad económica de aquélla". "El médico tratante informará periódicamente a la autoridad que haya conocido del caso sobre el estado de salud y rehabilita del drogadicto. Si la familia faltare a las obligaciones que le corresponden, se le hará efectiva la caución y el internamiento drogadicto tendrá que cumplirse forzosamente." Tal disposición impone al drogadicto (condición que ha de establecerse mediante peritación médico-legal) el internamiento establecimiento de carácter psiquiátrico o similar" hasta que la recuperación se produzca. La pregunta que la norma suscit obvia: se trata de una pena (retaliación por haber delinquido) que se destina al sujeto activo de un delito, o de una me humanitaria en beneficio de un enfermo? Si lo primero, la norma es inconstitucional, conforme al análisis que antes se ha he pues no se compadece con nuestro ordenamiento básico la tipificación, como delictiva, de una conducta que, en sí misma, incumbe a quien la observa y, en consecuencia, está sustraida a la forma de control normativo que llamamos derecho y más a un sistema jurídico respetuoso de la libertad y de la dignidad humana, como sin duda, lo es el nuestro. O se tratará, tal ve una medida humanitaria encaminada a restituir la salud a quien padece una grave enfermedad? No hay duda, para la Corte que también bajo esta perspectiva, la disposición es abiertamente inconstitucional, pues cada quien es libre de decidir si es o caso de recuperar su salud. Ni siquiera bajo la vigencia de la Constitución anterior, menos pródiga y celosa de la protección d derechos fundamentales de la persona, se consideraba que el Estado fuera el dueño de la vida de cada uno y, en armonía ella, el Decreto 100 de 1980 (Código Penal) no consideraba la tentativa de suicidio como conducta delictual; mucho menos p hacerse ahora esa consideración. Si yo soy dueño de mi vida, a fortiori soy libre de cuidar o no de mi salud cuyo deterioro lle la muerte que, lícitamente, yo puedo infligirme. Bajo el tratamiento de ciertas conductas que se juzgan desviadas, como enfermedades, se esconde el más feroz poder repre tanto más censurable cuanto más se presenta como una actitud paternal (casi amorosa) frente al disidente. La reclusió establecimientos psiquiátricos o similares, ha sido desde hace mucho, un vitando mecanismo usado por los regímenes totalit para "curar" a los heterodoxos. Y las sociedades contemporáneas se han empeñado en tratar a los drogadictos c heterodoxos, pero heterodoxos enfermos a quienes hay que hacerles ver el mundo como lo ven los gobernantes. Sobre el p anota Szasz, con su habitual agudeza: "El hecho de drogarse no es una enfermedad involuntaria, es una manera totalm deliberada de afrontar la dificultad de vivir, la enfermedad de vivir. Pero como no sabemos curar la enfermedad de vivir, prefer 'tratar' al drogadicto". ob cit. Refiriéndose al mismo problema (el encubrimiento de la pena por el tratamiento) cuenta Lon L. Fuller en "The anatomy of the
10 que algún curioso visitante de uno de esos famosos establecimientos donde se dice no sancionar sino tratar, al advertir que a de los pacientes lo sometían a una cruel tortura consistente en ponerle un chorro de agua a presión sobre la nariz, preguntó inteligente candor: " Y a esto se le puede llamar 'hidroterapia'?". Sobre el punto que venimos examinando, a saber, la obligación de un enfermo (o que es considerado como tal) de observa tratamiento médico encaminado a la curación, existe un notable precedente en esta misma Corte. Es la sentencia No. T de la Sala Segunda de Revisión, que con ponencia del H. Magistrado Antonio Barrera, sentó una significativa doctrin denegar una tutela tendiente a imponer, a quien padecía de una enfermedad grave, la obligación de tratarse médicamente. E aparte más relievante dice el mencionado fallo: "Tanto los peticionarios de la tutela, como el fallo del Juzgado Promiscuo del Circuito de Ituango Antioquia, desconoce mandato constitucional del artículo 16, que reconoce el derecho al libre desarrollo de la personalidad "sin más limitaciones qu que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico", en cuanto coartan la libertad que posee María Libia Pérez Duqu decidir si se somete o no a un tratamiento médico y las modalidades del mismo, e interfieren indebidamente la potesta autodeterminarse, conforme a su propio arbitrio dentro de los límites permitidos, en lo relativo a lo que a su juicio es conveniente para preservar su salud y asegurar una especial calidad de vida". En la norma citada hay implícita una discriminación inadmisible para el drogadicto que tiene recursos económicos y para el carece de ellos, pues mientras el primero puede ir a una clínica privada a recibir un tratamiento con los especialistas que él m elija, el segundo se verá avocado a que se le conduzca a un establecimiento no elegido por él, con todas las connotacione una institución penitenciaria La sanción (o tratamiento) por el consumo de droga y el libre desarrollo de la personalidad. Para dilucidar "in toto" la constitucionalidad de las normas que hacen del consumo de droga conductas delictivas, es pre relacionar éstas con una norma básica que, para este propósito, resulta decisiva. Es el artículo 16 de la Carta, que consag derecho al libre desarrollo de la personalidad. Lo hace en los siguientes términos: "Todas las personas tienen derecho al desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico". La frase "sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico", merece un examen refle especialmente en lo que hace relación a la expresión subrayada. Porque si cualquier limitación está convalidada por el solo h de estar incluida en el orden jurídico, el derecho consagrado en el artículo 16 Superior, se hace nugatorio. En otros término legislador no puede válidamente establecer más limitaciones que aquéllas que estén en armonía con el espíritu de la Constitu Téngase en cuenta que en esa norma se consagra la libertad "in nuce", porque cualquier tipo de libertad se reduce finalmen ella. Es el reconocimiento de la persona como autónoma en tanto que digna (artículo 1o. de la C.P.), es decir, un fin en sí mis no un medio para un fin, con capacidad plena de decidir sobre sus propios actos y, ante todo, sobre su propio destino. La pri consecuencia que se deriva de la autonomía, consiste en que es la propia persona (y no nadie por ella) quien debe darle sent su existencia y, en armonía con él, un rumbo. Si a la persona se le reconoce esa autonomía, no puede limitársela sino medida en que entra en conflicto con la autonomía ajena. John Rawls en "A theory of justice" al sentar los fundamentos de sociedad justa constituída por personas libres, formula, en primer lugar, el principio de libertad y lo hace en los siguie términos: "Cada persona debe gozar de un ámbito de libertades tan amplio como sea posible, compartible con un ámbito igu libertades de cada uno de los demás". Es decir: que es en función de la libertad de los demás y sólo de ella que se p restringir mi libertad. Lo anterior, desde luego, dentro de una concepción personalista de la sociedad, que postula al Estado como un instrumen servicio del hombre y no el hombre al servicio del Estado para la realización de un fín más allá de la persona (transpersonalis como la victoria de la raza superior o el triunfo de la clase proletaria. El considerar a la persona como autónoma tiene sus consecuencias inevitables e inexorables, y la primera y más important todas consiste en que los asuntos que sólo a la persona atañen, sólo por ella deben ser decididos. Decidir por ella es arreba brutalmente su condición ética, reducirla a la condición de objeto, cosificarla, convertirla en medio para los fines que por fuer ella se eligen. Una vez que se ha optado por la libertad, no se la puede temer. En un hermoso libro "El miedo a la libertad subraya Erich Fr como un signo del hombre moderno (a partir de la Reforma) el profundo temor del individuo a ejercer su propia libertad y a qu demás ejerzan las suyas. Es el pánico a asumirse como persona, a decidir y a hacerse cargo de sus propias decisiones, esto
11 ser responsable. Por eso se busca el amparo de la colectividad, en cualquiera de sus modalidades: del partido, si soy un mili político, porque las decisiones que allí se toman no son mías sino del partido; de la iglesia, si soy un creyente de secta, porqu se me indica qué debo creer y se me libera entonces de esa enorme carga de decidirlo yo mismo; del gremio, porque detrás solidaridad gremial se escamotea mi responsabilidad personal, y así en todos los demás casos. Cuando el Estado resuelve reconocer la autonomía de la persona, lo que ha decidido, ni más ni menos, es constatar el ámbito le corresponde como sujeto ético: dejarla que decida sobre lo más radicalmente humano, sobre lo bueno y lo malo, sob sentido de su existencia. Si la persona resuelve, por ejemplo, dedicar su vida a la gratificación hedonista, no injerir en esa dec mientras esa forma de vida, en concreto, no en abstracto, no se traduzca en daño para otro. Podemos no compartir ese ide vida, puede no compartirlo el gobernante, pero eso no lo hace ilegítimo. Son las consecuencias que se siguen de asum libertad como principio rector dentro de una sociedad que, por ese camino, se propone alcanzar la justicia. Reconocer y garantizar el libre desarrollo de la personalidad, pero fijándole como límites el capricho del legislador, es un t ilusorio para negar lo que se afirma. Equivale a esto: "Usted es libre para elegir, pero sólo para elegir lo bueno y qué es lo bu se lo dice el Estado". Y no se diga que todo lo que el legislador hace lo hace en función del interés común, porque, al revés, el interés común resul observar rigurosamente las pautas básicas que se han establecido para la prosecución de una sociedad justa. En otros térm que las personas sean libres y autónomas para elegir su forma de vida mientras ésta no interfiera con la autonomía de las o es parte vital del interés común en una sociedad personalista, como la que ha pretendido configurar la Carta Política que hoy rige. Si el derecho al libre desarrollo de la personalidad tiene algún sentido dentro de nuestro sistema, es preciso concluir que, po razones anotadas, las normas que hacen del consumo de droga un delito, son claramente inconstitucionales Libertad, educación y droga. Cabe entonces preguntar: qué puede hacer el Estado, si encuentra indeseable el consumo de narcóticos y estupefacient juzga deseable evitarlo, sin vulnerar la libertad de las personas? Cree la Corte que la única vía adecuada y compatible con principios que el propio Estado se ha comprometido a respetar y a promover, consiste en brindar al conglomerado que const su pueblo, las posibilidades de educarse. Conduce dicha vía a la finalidad indicada? No necesariamente, ni es de eso de lo se trata en primer término. Se trata de que cada persona elija su forma de vida responsablemente, y para lograr ese objetiv preciso remover el obstáculo mayor y definitivo: la ignorancia. Sin compartir completamente la doctrina socrática de que el ú mal que aqueja a los hombres es la ignorancia, porque cuando conocemos la verdad conocemos el bien y cuando conocem bien no podemos menos que seguirlo, sí es preciso admitir que el conocimiento es un presupuesto esencial de la elección libre la elección, cualquiera que ella sea, tiene esa connotación, no hay alternativa distinta a respetarla, siempre que satisfaga condiciones que a través de esta sentencia varias veces se han indicado, a saber: que no resulte atentatoria de la órbita libertad de los demás y que, por ende, si se juzga dañina, sólo afecte a quien líbremente la toma. Poco sirven las prédicas hueras contra el vicio. Tratándose de seres pensantes (y la educación ayuda a serlo) lo único dig eficaz consiste en mostrar de modo honesto y riguroso la conexión causal existente entre los distintos modos de vida y inevitables consecuencias, sin manipular las conciencias. Porque del mismo modo que hay quienes se proclaman personero una cosmovisión, pero la contradicen en la práctica por ignorar las implicaciones que hay en ella, hay quienes optan por una fo de vida, ciegos a sus efectos. El examen racional de las cosas no lleva fatalmente a que la voluntad opte por lo que se juzga mejor. Pero tiene una ve inapreciable: garantiza que la elección es libre y, generalmente, la libertad rinde buenos frutos. Al menos ése es el supues una filosofía libertaria, como la que informa nuestro estatuto básico. Con toda razón ha escrito Richard Rort: "El aglutinante s que mantiene unida a la sociedad liberal consiste en poco más que el consenso en cuanto a que lo esencial de la organiza social estriba en dar a todos la posibilidad de crearse a sí mismos según sus capacidades". Si, en una hipótesis meramente teórica -que la Corte no propicia ni juzga deseable- una sociedad de hombres educados y l resuelve vivir narcotizada, nada ético hay que oponer a esa decisión. Pero si dichos supuestos se dan, es altamente probable tal cosa no ocurra. La educación tiene por destinatario, idéntico sujeto que el derecho: el hombre libre. Los shocks eléctricos cortes quirúrgicos y los tratamientos químicos no educan, inducen conductas irresistibles y, en esa medida, niegan brutalmen condición moral del hombre, que es lo único que nos distingue de los animales.
12 No puede, pues, un Estado respetuoso de la dignidad humana, de la autonomía personal y el libre desarrollo de la personal escamotear su obligación irrenunciable de educar, y sustituir a ella la represión como forma de controlar el consumo de sustan que se juzgan nocivas para la persona individualmente considerada y, eventualmente, para la comunidad a la que necesariam se halla integrada. 7. Unidad normativa. Conforme a lo anterior, resultan violatorias del Estatuto Básico, los artículos 51 y 87 de la ley 30 de 1986, este último por cons unidad normativa con los acusados. No así el literal j) del artículo 2o., también demandado, por las razones que más adelan expondrán, y que llevan a la Corte a considerarlo claramente ajustado a la Carta. En efecto, para integrar la proposición normativa, es preciso hacer referencia al artículo 87 que, sin duda, merece comen especial. Dicha norma establece: "Las personas que, sin haber cometido ninguna de las infracciones descritas en este estatuto, estén afectadas por el consum drogas que producen dependencia, serán enviadas a los establecimientos señalados en los artículos 4 y 5 del Decreto , de acuerdo con el procedimiento señalado por este Decreto". Que una persona que no ha cometido ninguna infracción penal -como lo establece el mismo artículo- sea obligada a re tratamiento médico contra una "enfermedad" de la que no quiere curarse, es abiertamente atentatorio de la libertad y d autonomía consagradas en el artículo 16, como "libre desarrollo de la personalidad". Resulta pertinente, en este punto, rem las consideraciones hechas atrás acerca del internamiento en establecimiento psiquiátrico o similar, considerado, bien ba perspectiva del tratamiento médico, bien bajo la perspectiva de la pena. Si se adopta la primera, la norma resulta inconstituc por violentar la voluntad del destinatario mediante la subrogación de su capacidad de decidir, por la decisión del juez o del mé Cada quien es libre de elegir (dentro de nuestro ordenamiento) qué enfermedades se trata y si es o no el caso de recuper "salud", tal como se concibe de acuerdo con el criterio oficial. Si se adopta la segunda, la evidencia de inconstitucionalidad es aún mayor, pues no sólo es inconcebible sino monstruo contrario a los más elementales principios de un derecho civilizado, que a una persona se le sancione sin haber infringido n alguna, o se le compela a recibir un tratamiento médico que no desea. Ahora bien: la protección de los disminuidos "fís sensoriales y psíquicos" a que se refiere el artículo 47 de la Carta, hay que entenderla como una obligación del Estado frente personas que, hallándose en una de esas situaciones, la soliciten, creándose así una situación ventajosa para ellas, que tie entonces, la facultad de exigir dicha ayuda y no la obligación de soportar las decisiones que en contra de su autonomía resu tomar el Estado, el cual, se repite, dentro de nuestro ordenamiento, no puede asumirse como dueño de la voluntad y la vida d destinatarios. Acerca del "deber", establecido en el inciso último del artículo 49, se hicieron, en otro lugar las consideraciones pertinente ellas se remite la Corte. En síntesis: los preceptos de la Carta que resultan directamente violados por las disposiciones señaladas, son los siguiente artículo 1o. que alude al respeto a la dignidad humana como fundamento del Estado; el 2o. que obliga al mismo Esta garantizar "la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución"; el 5o. que reconoce la prim de los derechos inalienables de la persona, dentro de los cuales ocupa un lugar privilegiado el de la autonomía, como expre inmediata de la libertad; el 16 que consagra expresamente el derecho anteriormente referido, y el 13 consagratorio del derec la igualdad, pues no se compadece con él, el tratamiento diferente a categorías de personas que deben ser análogam tratadas. 8.- El literal j) del artículo 2o. de la ley 30 de 1986 En cuanto al literal j) del artículo 2o., también demandado, encuentra la Corte que se ajusta a la Norma Básica, pues constituy ejercicio de la facultad legislativa inscrito dentro de la órbita precisa de su competencia. Porque determinar una dosis consumo personal, implica fijar los límites de una actividad lícita (que sólo toca con la libertad del consumidor), con otra ilíci narcotráfico que, en función del lucro, estimula tendencias que se estiman socialmente indeseables. En ese mismo orden de ideas puede el legislador válidamente, sin vulnerar el núcleo esencial de los derechos a la igualdad y libertad, desconocidos por las disposiciones que serán retiradas del ordenamiento, regular las circunstancias de lugar, de eda ejercicio temporal de actividades, y otras análogas, dentro de las cuales el consumo de droga resulte inadecuado o socialm
13 nocivo, como sucede en la actualidad con el alcohol y el tabaco. Es ésa, materia propia de las normas de policía. Otro tanto predicar de quienes tienen a su cargo la dirección de actividades de instituciones, públicas o privadas, quienes derivan de calidad la competencia de dictar reglamentos internos que posibiliten la convivencia ordenada, dentro de los ámbitos que incumbe regir. Alude la Corte a los reglamentos laborales, disciplinarios, educativos, deportivos, etc. Cabe reiterar, entonces, que no afecta este fallo las disposiciones de la ley 30 del 86, relativas al transporte, almacenami producción, elaboración, distribución, venta y otras similares de estupefacientes, enunciadas en el mismo estatuto. Finalmente, juzga la Corte conveniente observar que, conforme a la Convención de Viena de 1988, suscrita por Colombia y conjuntamente con la ley 67 del 93, fue revisada por esta Corporación, (sent. C-176/94), dicho Instrumento Internac establece la misma distinción mantenida en el presente fallo, entre consumo y narcotráfico, y que, con respecto al primero, de libertad de penalizarlo o no, a los Estados signatarios. La declaración de inexequibilidad de los artículos 51 y 87 de la ley 30 de 1986, por las razones expuestas, impide que re normas de contenido similar, que fueron derogadas por la ley en cuestión. En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional administrando justicia en nombre del Pueblo y por mandato de la Constitu Nacional, R E S U E L V E : PRIMERO: Declarar EXEQUIBLE el literal j) del artículo 2o. de la ley 30 de SEGUNDO: Declarar INEXEQUIBLES los artículos 51 Y 87 de la ley 30 de Cópiese, notifíquese, comuníquese a quien corresponda, publíquese, insértese en la Gaceta de la Corte Constitucion archívese el expediente. JORGE ARANGO MEJÍA Presidente ANTONIO BARRERA CARBONELL Magistrado EDUARDO CIFUENTES MUÑOZ Magistrado CARLOS GAVIRIA DÍAZ Magistrado JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO Magistrado HERNANDO HERRERA VERGARA Magistrado ALEJANDRO MARTÍNEZ CABALLERO Magistrado FABIO MORÓN DÍAZ Magistrado
14 VLADIMIRO NARANJO MESA Magistrado MARTHA V. SACHICA DE MONCALEANO Secretaria General Salvamento de voto a la sentencia No. C-221/94 DERECHO AL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD-Límites (Salvamento de voto) Interpretar, como lo ha hecho la mayoría, que el derecho al libre desarrollo de la personalidad implica la facultad ilimitada de quien de hacer o no hacer lo que le plazca con su vida, aún llegando a extremos de irracionalidad, -como atentar contra su p integridad física o mental-, constituye un funesto error; pero peor aún resulta interpretar que tal derecho puede ejercerse au perjuicio de los demás. El libre desarrollo de la personalidad se basa, entonces, en el principio de una justa autonomía del hom como sujeto personal de sus actos. En virtud de la razón natural, que es expresión de sabiduría, la razón humana es la supr ley del hombre. PRINCIPIO DE DIGNIDAD HUMANA-Drogadicción (Salvamento de voto) La dignidad humana exige pues el respeto y promoción incondicionales de la vida corporal; por tanto, la dignidad human opone a esa concepción que, en aras del placer inmediato, impide la realización personal, por anular de forma irreversible tan entendimiento como la voluntad, es decir, torna al hombre en esclavo del vicio, como ocurre en el caso patético de la droga es admisible ningún atentado contra ese valor personal del hombre que es su dignidad. Todo el orden jurídico, políti económico debe permitir que cada ciudadano preserve su dignidad, y en orden a la coherencia, debe garantizar la prevalenci dicha dignidad, que siempre es de interés general. Quienes suscribimos este Salvamento no entendemos cómo p considerarse que la autodestrucción del individuo, sin posibilidad de reprimir su conducta nociva y ni siquiera de rehabilit pueda tomarse como una forma de realizar el mandato constitucional de respeto a la dignidad humana, cuando es precisam ésta la primera lesionada y, peor aún, aniquilada por el estado irracional al que se ve conducido irremisiblemente el consumido droga. CONSUMO DE DROGAS/DESPENALIZACION DEL CONSUMO DE DROGAS (Salvamento de voto) Se colige que el consumo de drogas no es un acto indiferente, sino lesivo contra el bien común y desconocedor del in general. Ante esta clase de actos, la ley tiene que prohibir esa conducta, so pena de legalizar un desorden evidente en relaciones humanas; desorden que imposibilita lograr los fines del Estado Social de Derecho, y que vulnera, en lo más hond dignidad humana. Resulta contra la naturaleza de la ley, despenalizar una conducta lesiva per se. Es un derecho de la socied de los mismos enfermos, el que la ley no permita el consumo de sustancias que, como está plenamente demostrado, inexora irreversiblemente atentan contra la especie humana. No hay ningún título jurídico válido que permita la destrucción d humanidad. Resulta un contrasentido amparar la despenalización del consumo de drogas, así sea limitado a la llamada "d personal", en el argumento de la defensa de la dignidad humana, por cuanto precisamente es esa dignidad la que s gravemente lesionada bajo los efectos de la drogadicción. PREVALENCIA DEL INTERES PARTICULAR/PREVALENCIA DEL INTERES GENERAL (Salvamento de voto) En cuanto hace a la prevalencia del interés general, sobre el particular, principio preconizado en las distintas nor constitucionales (Arts. 2o., 58, 82), este principio resulta desconocido abiertamente por la Sentencia de la cual discrepamos cuanto ésta lo supedita a una concepción absolutista del derecho al libre desarrollo de la personalidad, haciendo preval elementos tales como el irrefrenable deseo y la imperiosa necesidad del consumo en quien, bajo el único pretexto de su sobe voluntad, envenena su propio organismo y proyecta en la sociedad los negativos efectos de la perturbación mental qu sustancia le causa. DERECHOS DE LA FAMILIA-Violación (Salvamento de voto) Ningún sentido tiene, entonces, que mientras la Constitución busca proteger a la familia con tanto énfasis, pueda invocarse el desarrollo de la personalidad de uno de sus miembros como argumento que prevalezca sobre tales concepciones institucion dentro de un criterio individualista que resulta a todas luces extraño a una concepción contemporánea del derecho.
15 ALCOHOL-Consumo/TABACO-Consumo/DROGA-Consumo (Salvamento de voto) No desconocemos, en manera alguna, los efectos nocivos que puede causar el alcohol ingerido en altas dosis para el organi ni el hecho de que éste ha sido causa de muchos actos de violencia interpersonal. Pero equiparar los daños que causa la dr tanto para la propia persona como para el entorno social, con los que pueden causar el tabaco o el alcohol, es un exabrupto no resiste ningún análisis ni científico ni estadístico. En cuanto al tabaco, es evidente que la nicotina en él contenida e problema para la salud, el cual se ve agravado por el de la adicción. Sin embargo, la nicotina no es un intoxicante que se conv en un riesgo para el comportamiento humano; tampoco es una fuente, inmaginaria o real, de grandes poderes internos intuiciones. DOSIS PERSONAL/NARCOTRAFICO-Penalización (Salvamento de voto) De la decisión mayoritaria se desprende una paradoja y una ambigüedad muy difíciles de entender: Por un lado se autoriz consumo de la dosis personal, pero por otro se mantiene la penalización del narcotráfico. Es decir que se permite a los indivi consumir droga, pero se prohibe su producción, distribución y venta. Carece de toda lógica que la ley ampare al consumidor d producto y, en cambio sancione a quien se lo suministre. REF.: Expediente D-429 "La verdadera libertad no consiste en el derecho a escoger el mal, sino en el derecho a elegir sólo entre las sendas conducen al bien". G. MAZZINI "La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo". MONTAIGNE Los suscritos magistrados, JOSE GREGORIO HERNANDEZ GALINDO, HERNANDO HERRERA VERGARA, FABIO MOR DIAZ y VLADIMIRO NARANJO MESA salvan su voto en el asunto de la referencia, por no compartir la decisión de fondo Sala Plena de la Corte Constitucional del día cinco (5) de mayo de mil novecientos noventa y cuatro (1994), que de inexequibles los artículos 51 y 87 de la Ley 30 de Las razones que mueven a los suscritos magistrados a apartarse de la decisión mayoritaria son, básicamente, de orden jurí por considerar que las normas declaradas inexequibles tenían pleno fundamento constitucional y, por ende, no contraria ninguno de los preceptos de la Carta Política. Adicionalmente, consideramos que dicha decisión no sólo contradice c preceptos que informan el Estado Social de Derecho, sino que sus efectos pueden resultar altamente nocivos para bi protegidos por la Carta como la salud física y mental de los colombianos, la pacífica convivencia ciudadana, o la integridad familia como núcleo fundamental de la sociedad, y contrarían la obligación que tiene toda persona de procurar el cuidado int de su salud y la de su comunidad, el principio de solidaridad social, el de la prevalencia del interés general sobre el particular obligación de respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios, entre otros preceptos constitucionales. A continuación permitimos explicar las razones que motivan nuestro disentimiento: La Sentencia tiene una motivación que bien puede calificarse de ingenua, y anacrónica a la vez, pues sólo refleja la concep del liberalismo individualista decimonónico, sostenedor del desueto "Estado gendarme" del Laissez faire-laissez pa desconociendo en absoluto la evolución ideológica, política y económica experimentada por el liberalismo contemporáneo. C señalar que dicha evolución se plasma en el concepto de Estado Social de Derecho, cuyo diseño en Colombia empezó e Reforma Constitucional de 1936 y culminó en la Carta de Es éste un liberalismo que exalta las libertades y derechos, que admite limitaciones a éstos en aras del bien común y la intervención del Estado en la vida económica y social, buscando su actividad el logro de un orden justo y la prevalencia del interés general sobre el individual. 1. El derecho al libre desarrollo de la personalidad no es un derecho absoluto Una imprecisión sobre el sentido de la libertad -decía Locke- puede anular la libertad misma. Otro tanto se puede afirmar sob derecho al libre desarrollo de la personalidad, consagrado en nuestra Constitución, en buena hora, en su artículo 16. Interpr como lo ha hecho la mayoría, que este derecho implica la facultad ilimitada de cada quien de hacer o no hacer lo que le pl
16 con su vida, aún llegando a extremos de irracionalidad, -como atentar contra su propia integridad física o mental-, constituy funesto error; pero peor aún resulta interpretar que tal derecho puede ejercerse aun en perjuicio de los demás. No podemo suscritos magistrados compartir esta interpretación profundamente individualista y absolutista, a la vez, del artículo 16. resulta, por lo demás, abiertamente contradictoria con reiterada jurisprudencia de esta Corte, en la que se reconoce qu existen, ni pueden existir, derechos ni libertades absolutos, y que todo derecho o libertad está limitado por los derech libertades de los demás y por el orden jurídico. El caso del derecho al libre desarrollo de la personalidad no es una excepción. Sorprende que en la decisión mayoritaria se pasado por alto el hecho palmario de que el propio artículo 16 señala con toda claridad las limitaciones que tiene ese derecho que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico". En el caso concreto del drogadicto, objeto de las normas declar inexequibles, es evidente que éste con su conducta no sólo se está causando grave daño físico y mental a sí mismo, sino que ella está afectando de manera grave su entorno familiar y, en todo caso, su entorno social. Es cierto que el drogadicto, mismo, no puede considerarse como un delincuente, sino com un enfermo en cuyo auxilio el Estado y la sociedad tienen el d de recurrir. Pero por la condición mental y psicológica a que su situación lo conduce, no es menos cierto que el drogadicto co riesgo, más que ningún otro adicto, de caer en la delincuencia, como lo demuestran de manera cada vez más alarmante toda estadísticas en este campo. De ahí que no pueda reducirse de manera tan simplista el problema de la drogadicción a un as que sólo tiene que ver con el fuero interno o la intimidad de la persona, sino que, por el contrario, forzosamente afecta a to entorno social. En consecuencia, en aras de defender a todo trance la iniciativa individual, no se puede tolerar que se atrop bienes fundamentales de los asociados reconocidos en nuestra Carta Política, como son los derechos a la la vida, a la paz salud, a la seguridad, a la convivencia, al bienestar, etc. Los filósofos clásicos -de todas las corrientes- coinciden en que no hay libertad contra el género humano, así como tambié que toda libertad es responsable. De suerte que afirmar que hay libertad para el vicio, equivale a decir que el vicio, de una u forma, es un objeto jurídico protegido. Siendo que el vicio no puede considerarse como un bien, sino causa y origen de male aserto resulta absurdo. La libertad, no puede ir contra la naturaleza humana, porque, en la esencia del hombre, como princip operación, encuentra ella su razón de ser. La naturaleza humana es racional, y en tal virtud el hombre puede medir y regula actos y tendencias; por eso la libertad presupone el dominio de la persona sobre su ser. El tratadista español Millán Pu analiza el tema de la posible -y confusa- disyuntiva entre naturaleza y libertad, que pretenden establecer algunos, así: naturaleza sigue idéntica, a lo largo del cambio. Es algo fijo, como principio de comportamiento. Mas no es lo mismo se principio fijo de comportamiento, que un principio de comportamiento fijo. En la confusión de estas dos cosas hay una buena c para enjuiciar la crítica historicista a la noción aristotélica de naturaleza. Afirmar que ésta es un principio de comportamiento fi es todavía decir que tal comportamiento no pueda ser libre; ni hay aquí tampoco ninguna consecuencia necesaria. Se trata só una determinación genérica, susceptible de inflexiones específicas, pero en la cual, no obstante, ya hay algo valioso pa asunto que nos ocupa: la concepción de la naturaleza como principio y fuente de operación y de conducta". Como vemos, la supuesta contradicción que algunos ven entre naturaleza y libertad, obedece a una confusión: creer qu naturaleza humana es un comportamiento fijo. Cuando se habla de naturaleza humana, no se señala con ello una paut conducta, sino un principio de operación. Ahora bien, ese principio es racional -tiende a la perfección y no a la destrucción- y e virtud, es libre. No hay, pues, antinomia alguna entre naturaleza y libertad, sino todo lo contrario: la libertad se fundamenta naturaleza perfectible del hombre. La libertad no puede ir contra el hombre, porque el ser humano es fin en sí mismo. Po resulta cuando menos impropio afirmar que, en aras de la libertad, el hombre se puede degenerar, lo que equiva despersonalizarse. El derecho al libre desarrollo de la personalidad supone que el hombre, en el ejercicio libre de sus a aumente su autonomía, de suerte que sea dueño de sí, es decir, como persona y no lo contrario: que se anule como tal. Emmanuel Kant advierte en torno a la finalidad del ser humano, que el libre albedrío no puede tener su esencia sino e realización de los fines racionales del hombre. La finalidad de que habla el filósofo alemán es la finalidad de la naturaleza; d finalidad no es otra que el mismo hombre, ya que éste es "el único ser sobre la tierra que posee un entendimiento y, por tanto facultad de proponerse unos fines, por eso merece ciertamente el título de señor de la naturaleza, y si se considera a la natura como a un sistema teleológico, es según su destino, el fin último de la naturaleza; pero es solamente de una manera condici es decir, a condición de que sepa y de que tenga la voluntad de establecer entre ella y él una relación final tal, que ésta independiente de la naturaleza y, bastándose a sí misma, pueda ser por consiguiente fin último". Por lo demás, la interpretación errónea del derecho al libre desarrollo de la personalidad como un derecho absoluto qu consigna en la Sentencia, conduciría también a concluir que, en ejercicio de tal derecho, serían lícitas otras conductas aparentemente, pertenecen al fuero interno de la persona, como cuando una mujer consiente acabar con la vida de la criatura está en su vientre, es decir, el aborto. Siendo ello así, la Sentencia está entonces en abierta contradicción con rec jurisprudencia sentada por esta misma Corporación, que declaraó exequible el artículo 343 del Decreto 100 de 1980, el
17 penaliza el aborto (Sentencia C-133 de 17 de marzo de 1994, Magistrado ponente Dr. Antonio Barrera Carbonell). 2. La drogadicción atenta contra la dignidad humana Resulta un contrasentido, por decir lo menos, que uno de los escasos argumentos de tipo jurídico que se menciona e Sentencia para avalar la supuesta inconstitucionalidad de las normas consideras inexequibles, sea el de la dignidad humana. La dignidad humana, que es un bien irrenunciable, está implícita en el fin que busca el hombre en su existencia. El ser human fin en sí mismo, ya que toda la finalidad terrena, de una u otra manera, está referida a su ideal de perfeccionamiento. C hombre, en el uso de su libertad, debe ser consciente de esto, pues sólo el hombre tiene la superioridad sobre los demás s del universo. He ahí el por qué es fin en sí mismo; pero dicha finalidad no es absoluta, sino limitada, ya que el ser personal ordenado a unos fines que vienen determinados por la naturaleza humana. El hombre no vive sólo para sí mismo, sino tam para los demás. Qué comporta la dignidad del ser humano? Comporta que el hombre es un ser ordenado a la perfección, como fin esen Acrecentar la dignidad humana es una exigencia de la propia esencia del hombre, que es perfectible. Apartarse de la dign lleva, ineludiblemente, a la degradación del hombre. De ahí la reiterada apelación de los tratadistas de derechos fundamenta los fines racionales del hombre; y de ahí también que tales fines constituyan para la civilización los principios básicos de mora de los actos humanos. La perfección del hombre, la obtención de los fines, que lleva consigo la plenitudo essendi, constituy deber ser fundamental, pues obtener tal perfección es exigencia de su ser personal. En tal sentido, el deber ser, además de se imperativo, implica el ascenso del hombre hacia la realización de sus fines racionales. La persona humana está pues destinada a unos fines, y ello implica que bienes como la vida, la salud y la integridad fí psíquica y moral, están traspasados de finalidad y de trascendencia. La libertad se tiene para aumentar el señorío de la per sobre el entorno, y no para degradar la personalidad. La libertad supone un imperativo ético inescindible y por ello contribuye fines supremos del hombre. Esto enlaza -dice Kant- con la ley natural. Tal ley no es tampoco un añadido meramente extrínse hombre; la ley racional que dirige las tendencias de éste hacia sus fines propios, es la regla y medida de los actos humanos ahí que lo fundamental que aparece respecto de la vida, de la integridad física, psíquica y moral, y de la salud, sea el debe conservarlas. Pero a la vez, como el hombre -según se ha manifestado- es un ser de fines, y la libertad es un despliegue de personal, tal facultad se encauza a los fines del ser humano. Estas consideraciones fueron las que movieron a John Locke, considerado como el padre del liberalismo filosófico, a procl que la libertad está ordenada a unos fines, y que no consiste en una potestad absoluta, y mucho menos en una disposición atente contra el mismo hombre o contra sus semejantes. "La libertad del hombre en sociedad consiste -dice Locke- en no sometido a otro poder legislativo que el que se establece por consentimiento dentro del Estado". Locke refuta al filó subjetivista Robert Filmer, quien concebía la libertad como "la facultad que tienen todos de hacer lo que bien les parece, de según les place, y de no encontrarse trabados por ninguna ley". "La libertad del hombre sometido a un poder civil, sostiene Lo consiste en disponer de una regla fija para acomodar a ella su vida, que esa regla sea común a cuantos forman parte d sociedad, y que haya sido dictada por el poder legislativo que en ella rige. Es decir, la facultad de seguir mi propia volunta todo aquello que no está determinado por esa regla. Del pensamiento de Locke se pueden sacar en claro varias conclusiones: en primer lugar, la distinción entre la libertad natura libertad civil. Aquella significa la autodeterminación del hombre, no sometido a ninguna potestad sobre la tierra, y no teniendo límite que la ley natural; en la libertad civil el hombre sólo se somete a la ley, la cual, para ser válida, necesita del consentim común, en el que está, sin lugar a dudas, el propio juicio de quien consiente en someterse a la ley, para gozar así de la liberta el seno de la sociedad. La ley, para Locke, no es una cortapisa a la libertad, sino una garantía social de la misma. Respetan contenido de la ley, se aseguran las facultades individuales coordinadas hacia el bien común. El filósofo liberal, demuestra q tesis de Filmer niega la esencia de la libertad, ya que ésta no consiste en hacer lo que nos plazca, porque tenemos el debe encauzar nuestras facultades hacia el bien. Pero además, Erich Fromm, ilustre sicoanalista contemporáneo -citado, por cierto, en la Sentencia aprobada por la mayo también explica, desde otra perspectiva, cómo la libertad es perfeccionante, y censura el falso ideal de libertad que lleva con la facultad de destruirnos, individual o colectivamente. "Sabemos -dice Fromm- que la pobreza, la intimidación, el aislami están dirigidos contra la vida: que todo lo que sirve a la libertad y desarrolle el valor y la fuerza para ser uno mismo es alg favor de la vida. Lo que es bueno o malo para el hombre no constituye una cuestión metafísica, sino empírica, y puede resuelta analizando la naturaleza del hombre y el efecto que ciertas condiciones ejercen sobre él
18 . Vemos, pues, cómo el famoso científico coincide con los clásicos en el sentido de no reconocer una supuesta libertad que ni los valores humanos. Fromm explica: "El fenómeno del masoquismo nos muestra que las personas pueden sentirse impulsadas a experiment sufrimiento o la sumisión. No hay duda de que tanto éstos como el suicidio constituyen la antítesis de los objetivos positivos vida (...). Tal atracción hacia lo que es más perjudicial para la vida es el fenómeno que me parece con más derecho que todo demás al nombre de perversión patológica. Muchos psicólogos han supuesto que la experiencia del placer y el rechazo del representan el único principio legítimo que guía la acción humana: pero la psicología dinámica puede demostrar que la experie subjetiva del placer no constituye un criterio suficiente para valorar, en función de la felicidad humana, ciertas formas de cond Un ejemplo de esto es el fenómeno masoquista. Su análisis muestra que la sensación de placer puede ser el resultado de perversión patológica, y también que representa una prueba tan poco decisiva con respecto al significado objetivo d experiencia, como el gusto dulce de un veneno para su efecto sobre el organismo. Llegamos así a definir como ideal verda todo propósito que favorezca el desarrollo, la libertad y la felicidad del yo, considerándose, en cambio, ficticios aquellos compulsivos e irracionales que, si bien subjetivamente representan experiencias atrayentes, en realidad resultan perjudiciales la vida. En otras palabras, hay que pasar de la ilusión de libertad, que se basa en la subjetividad absoluta, a la vivencia real dentro libertad, que comporta un límite ético necesario para coordinar los distintos y legítimos intereses vitales, dentro de un marge respeto, tolerancia y apoyo mutuo. Se trata de una proclamación de la singularidad de cada uno, sin entorpecer ni el desa vital propio ni el de los demás. El libre desarrollo de la personalidad debe pues consistir en un acto de racionalidad y no de barbarie. La actividad de la r humana determina la expresión de la personalidad: la vida moral exige la creatividad propia de la persona, origen y causa de actos deliberados. La razón encuentra su fundamento en el orden a la perfección, al crecimiento ontológico de la persona: és llamada a ser cada vez más. El libre desarrollo de la personalidad se basa, entonces, en el principio de una justa autonomía hombre, como sujeto personal de sus actos. En virtud de la razón natural, que es expresión de sabiduría, la razón humana suprema ley del hombre. La razón no es otra cosa que la regla y medida de los actos humanos, de suerte que hace que el ho sea libre, y en aras de la libertad, responsable. La autonomía de la razón práctica significa que el hombre en sí mismo pos propia ley de prudencia para la praxis. La autonomía racional propia del hombre, por lo anterior, no implica el rechazo del o moral, sino todo lo contrario: la compenetración de la plena racionalidad en los fines perfeccionantes a que está llamad hombre. De ahí que, por medio de la libertad, el ser humano es un animal moral, como lo llamara Santo Tomás de Aq aludiendo al zoon politicón aristotélico. La dignidad humana exige pues el respeto y promoción incondicionales de la vida corporal; por tanto, la dignidad human opone a esa concepción que, en aras del placer inmediato, impide la realización personal, por anular de forma irreversible tan entendimiento como la voluntad, es decir, torna al hombre en esclavo del vicio, como ocurre en el caso patético de la droga puede afirmarse que el uso de la droga pueda ser algo opcional, porque no hay una indeterminación de los efectos, sino to contrario: conduce a la privación de un bien -la salud, tanto física como mental-, de manera a menudo irreversible y sie progresiva. La producción de estupefacientes es, a todas luces, un crimen actual -y no potencial- contra la humanidad, y toler consumo de la causa de un mal, es legitimar sus efectos nocivos. En otras palabras, es legalizar lo que es de por sí no legitim Nuestro ordenamiento constitucional se funda en la dignidad de la persona. En efecto, el artículo 1o. de la Carta establece "Colombia es un Estado Social de Derecho, organizado en forma de República Unitaria... fundada en el respeto de la dign humana". Por esta razón no es admisible ningún atentado contra ese valor personal del hombre que es su dignidad. Tod orden jurídico, político y económico debe permitir que cada ciudadano preserve su dignidad, y en orden a la coherencia, garantizar la prevalencia de dicha dignidad, que siempre es de interés general. La dignidad del hombre no permite que éste esclavizado, o que corra el peligro de caer bajo los efectos de la drogadicción, que es una forma de esclavitud. Por el contrar Estado y la sociedad tienen el deber de preservar al hombre en su dignidad, y de manera muy especial, de defender a la juve de todo peligro moral y físico. La dirección del hombre hacia el bien, sólo se logra mediante la libertad, entendida como la facultad de obrar con concienc las finalidades perfeccionantes a que está ordenada la naturaleza humana. Con frecuencia se confunde la libertad co libertinaje, que es la distorsión de aquella, su caricatura. La libertad fomentada en forma depravada, conduce al libertinaje ennoblece al hombre, sino que le mengua su dignidad. La dignidad humana, requiere, por tanto, que el hombre actúe segú conciencia y libre elección, es decir, inducido por una convicción interna personal y no bajo la presión de una pasión o d
19 deseo desordenado, que en el fondo es una coacción. Por ello, abandonar a su suerte al enfermo de drogadicción, equiva dejarlo sometido a la esclavitud que le ha creado su dependencia de la droga; abandonarlo a su aparente uso de la libertad, n otra cosa que colocarlo al arbitrio de quienes manipulan y controlan el mercado infame de la droga, que, complacidos, verán c ya sus víctimas están autorizadas para seguir dependiendo de su mercado letal. No se compadece, pues, con el concepto de dignidad humana ese enfoque radicalmente individualista y ciego, en cuya virtu debe permitir la libre determinación de la persona, en lo que concierne al consumo de estupefacientes, así sea en dosis limita No necesitamos demostrar los perniciosos efectos que causa la droga en la mente, en el cuerpo y en el espíritu del adicto, q se convierte en un ser carente de todo dominio sobre sí mismo, extraviado y ajeno a todo concepto de comportamiento d gobernado únicamente por los impulsos irracionales que en él provoca la ingestión de las sustancias tóxicas. Quienes suscribimos este Salvamento no entendemos cómo puede considerarse que la autodestrucción del individuo posibilidad de reprimir su conducta nociva y ni siquiera de rehabilitarlo, pueda tomarse como una forma de realizar el man constitucional de respeto a la dignidad humana, cuando es precisamente ésta la primera lesionada y, peor aún, aniquilada p estado irracional al que se ve conducido irremisiblemente el consumidor de droga. El hombre logra hacer real su dignidad, cuando se encuentra liberado totalmente de la cautividad de las pasiones y p libremente tender hacia sus fines vitales, sin coacción de circunstancias externas. El argumento de la Sentencia se sostiene, como se ha señalado, en una errónea interpretación: como la voluntad humana ape en ciertas ocasiones la droga, en aras del libre desarrollo de la personalidad, hay que permitir tal decisión, so pena de qu orden jurídico -que es externo- se involucre en la intimidad de cada cual. La sola fuerza sensitiva no es expresión de una volu consciente, de manera que el adicto a la droga, cuando la consume, no está ejercitando su libre voluntad, que siempre es raci sino dejándose llevar por la fuerza sensitiva; es decir, no está ejerciendo su plena libertad. La dignidad del hombre, pues, conduce a que éste ejerza su libre albedrío y no se deje determinar por la mera fuerza sensitiva no ser así, inútiles serían los racionamientos legales, las exhortaciones, los preceptos, las prohibiciones, los premios castigos. Para demostrarlo, hay que tener presente que hay seres que obran sin juicio previo alguno, como sucede con los s carentes de razón. Otros obran con un juicio previo, pero no libre: los animales que obran con juicio instintivo, natural, per deliberativo. En cambio, el hombre obra con juicio, puesto que por su facultad cognoscitiva, juzga sobre lo que debe evi buscar. Como quiera que este juicio no proviene del instinto natural ante un caso concreto, sino de un análisis raciona concluye que obra por un juicio libre. Cuando se trata de algo contingente, la razón puede tomar direcciones contrarias. A bien, las acciones particulares son contingentes, y, por lo tanto, el juicio de la razón sobre ellas puede seguir diversas direccio sin estar determinado a una sola. Así pues, es necesario que el hombre tenga libre albedrío, por lo mismo que es racional. cuando cae bajo la dependencia absoluta de la droga, no puede decirse que el hombre está autodeterminándose, sino qu perdido su libre albedrío y está sometido a la fuerza sensitiva que le determina la necesidad de la droga de la cual depende. libertad hay, pues, en el drogadicto? Puede haber libertad contra la dignidad? 3. El consumo de la droga no puede considerarse como un acto indiferente Como ya es tradición jurídica inobjetable, los actos de la ley pueden clasificarse en mandar, permitir, prohibir, y castiga acuerdo con la naturaleza de los actos humanos. Así, por ejemplo, la ley manda los actos humanos benéficos y necesarios el bien común; v.gr. los actos de solidaridad. A su vez, la ley prohibe los actos nocivos contra el bien común; v.gr.: el homicid secuestro, el narcotráfico. Los actos indiferentes, es decir, aquellos que tienen muy poco de bondad o maldad, son permitido la transgresión a la ley es castigada. Ahora bien, de la decisión mayoritaria se colige que el consumo personal de estupefacientes, por ser un acto privado, es un indiferente para el derecho, aunque tenga repercusiones morales. Pero resulta que no todo acto privado es, de suyo, indifer porque puede trascender a la comunidad y afectar tanto el interés general como el bien común. La gravedad evidente -que tanto, no requiere ser demostrada- del consumo de drogas, hace que sea apenas razonable juzgar que el consumo de tóxicos no sea indiferente. No puede ser indiferente para el Estado, ni para la sociedad civil, el que uno de sus miembros privándose de la salud de manera injustificada y con la complicidad de los asociados. El bienestar de cada uno de los asoci es de interés general. La Sentencia arguye que, en ese orden de ideas, se tendrían que prohibir las bebidas alcohólicas consumo de cigarrillos. La diferencia ya es bien conocida: con el consumo de cigarrillos o de bebidas alcohólicas exis posibilidad de lesión, y así como no puede obligarse a lo imposible, tampoco puede limitarse a toda posibilidad, indeterminación del objeto. El hecho posible es incierto. Pero ocurre que con el consumo de drogas alucinógenas, la circunsta no es la mera posibilidad de lesión, sino la certeza de lesión y la probabilidad, en muy alto grado, de dependencia. Ya no ha
20 mero riesgo, sino un peligro grave e inminente de que el efecto nocivo se produzca. Por todo lo anterior, se colige que el consumo de drogas no es un acto indiferente, sino lesivo contra el bien com desconocedor del interés general. Ante esta clase de actos, la ley tiene que prohibir esa conducta, so pena de legaliza desorden evidente en las relaciones humanas; desorden que imposibilita lograr los fines del Estado Social de Derecho, y vulnera, en lo más hondo, la dignidad humana. Resulta, pues, contra la naturaleza de la ley, despenalizar una conducta lesiva per se. Es un derecho de la sociedad, y d mismos enfermos, el que la ley no permita el consumo de sustancias que, como está plenamente demostrado, inexorab irreversiblemente atentan contra la especie humana. No hay ningún título jurídico válido que permita la destrucción d humanidad. El sofisma que se trae a cuento, en la Sentencia, según el cual entonces deberían prohibirse todos los vicios hace mucho resuelto por los juristas romanos y por los clásicos pandectistas, cuando demostraron cómo no todos los v humanos pueden ser erradicados por la ley; pero cuestión diferente es cuando se está en presencia de un vicio que obs directa, grave e inminentemente el bienestar individual y colectivo, caso en el cual la razón impele a prohibirlo por necesidad. 4. Las normas declaradas inexequibles tienen sólidos fundamentos constitucionales Como lo afirmamos al comienzo de este Salvamento, las normas declaradas inexequibles tienen sólidos fundame constitucionales. Para empezar, en el Preámbulo de la Carta Política se señala entre los fines de ésta el de "asegurar a integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, el conocimiento, la libertad y la paz dentro de un marco jurídico (...) que garantic orden (...) social justo". Es claro, y no necesita de mayor demostración, que la vida, la convivencia, el trabajo y la paz, entre o valores, se ven gravemente comprometidos por efectos de la drogadicción. No es compatible la coexistencia de un verda orden justo, con la destrucción paulatina de un sector de la población víctima del consumo de drogas, el cual por lo de mucho tememos se verá incentivado con la despenalización, así ésta se limite a la llamada "dosis personal". A continuación señalaremos otros de los clarísimos fundamentos constitucionales que han sido desconocidos por la Sentenc declarar la inexequibilidad de las normas objeto de la decisión: 4.1 Se fundamentan en el concepto de Estado Social de Derecho El artículo 1o. define a Colombia como un Estado Social de Derecho, con todas las implicaciones que ello tiene, particularm en cuanto hace a la efectividad del principio de la prevalencia del interés general, que también consagra este artículo. P además, señala él qe la República de Colombia está "fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidar de las personas que la integran". En cuanto hace a la dignidad humana, como se ha demostrado de modo incontrovertible e presente Salvamento, ésta se desconoce de manera flagrante al permitirse el consumo de drogas sicotrópicas y alucinóge bajo cuyos efectos el individuo atenta contra su propia dignidad como persona, al reducirse a la categoría de un ente que actú responsabilidad y sin conciencia, cayendo en los más abyectos estados de relajamiento moral y ético, en conductas irracion y, con lamentable frecuencia, en conductas delictivas. Resulta un contrasentido amparar la despenalización del consum drogas, así sea limitado a la llamada "dosis personal", en el argumento de la defensa de la dignidad humana, por cu precisamente es esa dignidad la que se ve gravemente lesionada bajo los efectos de la drogadicción. Por otra parte, tam resulta difícil demostrar cómo el trabajo se ve gravemente afectado por el flagelo de la drogadicción, y cómo quienes son víctimas ven sensiblemente reducidas su capacidad laboral y productiva. Las estadísticas demuestran claramente cómo, en alto porcentaje, quienes caen en la drogadicción, al disminuir su capacidad laboral, terminan engrosando las filas de desemple vagancia y la mendicidad. 4.2 Se fundamentan en los fines esenciales del Estado El artículo 2o. señala los fines esenciales del Estado. Entre ellos aparecen los de "servir a la comunidad, promover la prosper general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución, así como los de aseg la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo". No puede ser compatible la coexistencia de un verdadero orden just la prosperidad general, ni la convivencia pacífica, con la destrucción paulatina de sectores cada vez más grandes de la pobla particularmente de la juventud, por obra del consumo de drogas alucinógenas Menos aún puede ser compatible con la coexistencia de un orden justo ni con la convivencia pacífica, el hecho de qu despenalizar el consumo de drogas sicotrópicas y alucinógenas se incentive, por otro lado, la producción y tráfico de é fortaleciendo así a los carteles de la droga, que desde hace largos años se han convertido en los peores enemigos de la soci colombiana e internacional, a través no sólo de este tráfico nefando, sino de sus acciones criminales que, en forma tan gra
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