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Timestamp: 2019-12-08 15:58:09
Document Index: 330571608

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'Artículo 8', 'Artículo 9', 'Artículo 10', 'Artículo 11', 'artículo 4', 'Artículo 12', 'Artículo 13', 'Artículo 14']

Expediente 2605-D-2019
Sumario: "CONSEJO DE PLANIFICACION ECONOMICO PARA EL DESARROLLO NACIONAL - COPEDENA -". CREACION.
CONSEJO DE PLANIFICACIÓN ECONÓMICO PARA EL DESARROLLO NACIONAL
Artículo 1°. CREACIÓN. Créase el Consejo de Planificación Económico para el Desarrollo Nacional, desde ahora COPEDENA.
Artículo 2°. OBJETO. El objeto del COPEDENA es otorgar al Estado el rol central como planificador para el desarrollo de los sectores productivos e innovaciones tecnológicas.
Artículo 3°. FINALIDAD. La principal finalidad de esta ley es elevar el valor agregado de nuestra economía, incrementar la calidad, eficiencia y el uso de la tecnología en el sistema productivo, con el fin último de generar mayor riqueza para el conjunto de los argentinos.
Organización y Funciones del COPEDENA
Artículo 4°. FUNCIONES. El COPEDENA tiene como funciones:
a. Planificar, elaborar y coordinar estrategias de políticas públicas para el desarrollo productivo de los sectores esenciales, priorizando el impulso de la capacidad de innovación, con criterio federal.
b. Elaboración de revisiones cada cuatro años de la estrategia fijadas en el punto anterior.
c. Determinar cuáles son los sectores esenciales sobre los cuales nuestro país debe desarrollar la producción e innovación.
d. Planificar centros de innovación relacionados con los sectores productivos esenciales que se desarrollarán, teniendo en cuenta las particularidades y potencialidades de las distintas regiones del país.
e. Elaborar programas y proyectos orientados al mejoramiento de la eficiencia y calidad en la producción nacional, provincial y local.
f. Elaborar programas y proyectos orientados a fomentar la formación de técnicos, ingenieros y profesionales específicos tendientes a potenciar e impulsar el desarrollo de los sectores productivos y la innovación.
g. Elaborar programas y proyectos orientados a reformas de procedimientos administrativos dentro del Estado Nacional, con el fin de simplificarlos y agilizarlos para potenciar el desarrollo de los sectores productivos y la innovación.
h. Elaborar programas y proyectos para crear, fomentar y agilizar líneas de créditos específicas, así como exenciones fiscales para potenciar el desarrollo de los sectores productivos esenciales y la innovación.
i. Elaborar programas y proyectos de comercio exterior para potenciar e impulsar las exportaciones de los sectores productivos que se hayan definido según lo fijado por el inciso c).
j. Elaborar informes de análisis sobre la deuda asumida por el Gobierno Nacional respecto a los montos, plazos, acreedores, intereses y usos de los fondos; con el fin de preservar que el endeudamiento se oriente hacia los objetivos de inversión directa en infraestructura logística, infraestructura de los servicios públicos, la investigación y desarrollo, educación profesional y potenciamiento de los sectores productivos esenciales.
k. Elaborar y coordinar políticas públicas que busquen generar las condiciones estructurales para el desarrollo de la producción con sustentabilidad social, ambiental y territorial.
l. Promover el desarrollo local y regional, potenciando las capacidades, los encadenamientos productivos y las cadenas de valor.
m. Orientar y promover las inversiones extranjeras en el país que sirvan para potenciar la estrategia nacional de desarrollo productivo, poniendo énfasis en proyectos con innovación, empleo de calidad y fortalecimiento de las capacidades locales.
Artículo 5°. Autarquía. El COPEDENA actuará como organismo descentralizado, con autarquía económica-financiera, técnica y administrativa, dotado de personería jurídica propia en el ámbito del Derecho Público.
Artículo 6°. ESTRUCTURA. El COPEDENA estará compuesto por los siguientes órganos:
a) Comité Ejecutivo de Planeamiento: cuyo objetivo principal es la elaboración de una estrategia a mediano y largo plazo sobre el rumbo que debe tomar el desarrollo de los sectores productivos esenciales y las innovaciones para ser incorporados a las políticas y programas de manera integral que se lleven adelante a nivel nacional, regional, provincial o municipal.
b) Consejo Asesor: asesorará al Comité Ejecutivo de Planeamiento, acerca de los proyectos propios y de los presentados por las provincias sobre planeamiento de los sectores productivos y las innovaciones.
Artículo 7°. INTEGRACIÓN. El Comité Ejecutivo de Planeamiento del COPEDENA es un organismo integrado por el Jefe de Gabinete de Ministros y representantes de los siguientes sectores:
- Un (1) representante del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas
-Cuatro (4) Senadores: dos en representación del oficialismo y dos de la oposición.
-Cuatro (4) Diputados: dos en representación del oficialismo y dos de la oposición.
-Cuatro (4) representantes del área de economía y producción de las provincias y del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que adhieran a la presente ley.
-Dos (2) representantes del sistema científico argentino.
-Dos (2) representante del sector industrial.
Artículo 8°. Consejo Asesor del COPEDENA: El Consejo asesor del COPEDENA, estará compuesto por los siguientes miembros:
- Tres (3) representantes de las Fuerzas Armadas especializados en cuestiones de planeamiento estratégico.
- Cuatro (4) representante asignados por el Senado con conocimiento específico en planeamiento estratégico.
- Dos (2) representantes de Jefatura General de Ministros con conocimiento específico en planeamiento estratégico.
- Un (1) representante de las empresas públicas.
- Un (1) representante del sector industria con conocimiento específicos en el planeamiento estratégico.
- Un (1) representante del conjunto de los trabajadores con conocimiento es planeamiento.
Artículo 9°. Estatuto. El COPEDENA redactará un Estatuto organizativo y de personal necesario para su funcionamiento y administración de los programas, proyectos y fondos.
Artículo 10°. AUTORIDAD DE APLICACIÓN. El Poder Ejecutivo Nacional determinará la Autoridad de Aplicación de la presente ley.
Artículo 11. VINCULANTE. Las políticas elaboradas conformes las funciones del artículo 4° serán vinculantes para el Poder Ejecutivo Nacional.
Artículo 12. APLICACIÓN SUPLETORIA. Serán de aplicación supletoria las disposiciones generales del Derecho Administrativo.
Artículo 13. ADHESIÓN. Invitase a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la presente ley de acuerdo con sus respectivos procedimientos legales.
Artículo 14. REGLAMENTACIÓN. El Poder Ejecutivo Nacional reglamentará la presente ley dentro de los treinta (30) días de su sanción.
La planificación estratégica es una de las herramientas fundamentales con las que cuenta el Estado para el cumplimiento de sus funciones. Su importancia, objetivamente, es indiscutible.
El planeamiento estratégico es la elaboración, desarrollo y puesta en marcha de distintos planes operativos por parte del Estado con el fin de alcanzar objetivos y metas planteadas. Estos planes son tanto a corto, mediano, como a largo plazo.
La planificación surgió como una práctica institucional según el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social, en forma concomitante con el nacimiento de las Naciones Unidas y de instituciones dedicadas a la reconstrucción, primero, y a la promoción del desarrollo, después, como es el caso del Banco Mundial. En el continente americano, en la Conferencia de Punta del Este, celebrada en 1961, se aprobó la creación de la Alianza para el Progreso, con el objetivo de “mejorar la vida de todos los habitantes del continente”, lo que dio impulso a la puesta en marcha de gran parte de las entidades de gobierno dedicadas a la planificación del desarrollo en la región.
En la década del 60 se acuñó el término “países en desarrollo”, donde se planteó el desafío global de construir una institucionalidad enfocada en promover la industrialización, el crecimiento y el bienestar de las sociedades rezagadas. Esta orientación marcó una primera y larga época de la planificación del desarrollo (y no para el desarrollo, como se denomina actualmente). La industrialización se concebía como el motor de la modernización y de la transformación económica y social; al Estado se lo entendía como su promotor, y se otorgaba a la planificación el papel de diseñadora del horizonte y ordenadora de los procesos de cambio integral. Surgieron así, desde sus inicios, los grandes desafíos de la planificación, a saber, el de la conciliación de los plazos de acción (corto, mediano y largo), las escalas (urbana, regional, nacional y continental) y las dimensiones o sectores (económico, social e institucional).
En el actual contexto histórico la necesidad de planificar el desarrollo económico retoma impulso por la importancia y necesidad innegable de potenciar y direccionar las actividades de ciencia y tecnología y el desarrollo de los sectores productivos estratégicos y esenciales acordes a las potencialidades y necesidades de nuestro país.
Hay muchos ejemplos en la historia mundial de los últimos 50 años de grandes acciones de planificación que han logrado cambios fundamentales mejorando la calidad de vida de millones de personas, convirtiendo economías agrarias en potencias industriales en pocas décadas.
Unos de los hitos más importantes es el de Corea del Sur. Esta pequeña economía agraria de sólo 99.720 km2, algo menor que la provincia de Santa Fe, hace 50 años iniciaba su camino para convertirse hoy en una potencia industrial competitiva que ocupa el 14° lugar entre las mayores economías del mundo.
Como menciona Marcelo Gullo en su libro ¨Insubordinación y desarrollo: las claves del éxito y el fracaso de las naciones¨. A comienzos de la década del 60, Corea del Sur exportaba principalmente tungsteno, algo de pescado y cabellos humanos. En 1961 la renta anual era aproximadamente de 82 dólares por persona. Desde la década de 1960 Corea del Sur creció al 9% anual promedio, en los 70 y 80, a un 8%.
En 1974, durante el tercer gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, el producto por habitante de la Argentina era cuatro veces más elevado que el de Corea del Sur. En 1983, al finalizar la dictadura militar, Corea prácticamente había alcanzado el mismo nivel de producto por habitante que Argentina y, al terminar el gobierno neoliberal del presidente Fernando De la Rúa, el producto por habitante de Corea del Sur superaba al de Argentina en un 60%.
En 1960, un 72% de la población en Corea vivía en el campo y tenía un PBI per cápita de u$s 2.100, cifra que se multiplicó por 17 hasta alcanzar los u$s 36.700 actuales. Argentina tenía un PBI per cápita en 2017 de u$s 14.401 (hoy tras la devaluación de 2018 es mucho menor).
El inicio del camino lo marco la instalación del Consejo Supremo para la Reconstrucción Nacional, luego de una sangrienta guerra civil que se llevó más de un millón de vidas. Luego cambió su nombre a Consejo de Planificación Económica.
El papel de la política fue central en el cambio que llevó adelante Corea del Sur. El Estado promovió la sustitución de importaciones y el desarrollo tecnológico. Así como la protección y subsidios estatales a sectores claves como la industria pesada, pero exigiendo al mismo tiempo resultados de eficiencia y de responsabilidad social a los empresarios privados que recibieron estos beneficios.
La planificación permitió el cambio de una economía rural y atrasada a un país con carácter industrial, con creciente nivel tecnológico y gran inserción internacional que hace que el 44,2% de su PBI tenga destino hacías las exportaciones, especialmente electrónicas, telecomunicaciones, automotrices y productos químicos.
Otro de los países asiáticos que basó su importante transformación de una economía agraria a la segunda economía mundial, impulsada por su planificación económica, es China. Los logros de esta economía le han permitido crecer a tasas del 10% anual en los últimos 40 años, sacando a más de mil millones de chinos de la pobreza en base a su planeamiento estratégico. Este proceso no se ha detenido y hoy China tiene su hoja de ruta para los próximos 25 años con el plan llamado ¨Made in China 2025¨ presentado en mayo de 2015 donde se mostraba la estrategia adoptada por el gobierno con el objetivo de transformar al país en una poderosa potencia tecnológica, reestructurando y desarrollando su sector industrial para alcanzar mayor calidad y eficiencia en la producción.
Made in China 2025, no sólo se ejecutará durante diez años, sino que es el primer paso dentro de un programa global de treinta años de duración. La estrategia de desarrollo tiene tres fases: reducir las diferencias con otros países (2025), fortalecer la posición (2035) y liderar en innovación (2045). Con estos objetivos en mente, las autoridades del país aplicarán políticas favorables a la reestructuración de la industria tradicional manufacturera, con especial énfasis en innovación, propiedad intelectual y desarrollo sostenible.
El plan de China coindice con la estrategia de reindustrialización adoptada en los países desarrollados, que se basa en la fabricación inteligente como método para incrementar la competitividad. Un ejemplo de ello es el Plan de industria 4.0 llevado a cabo por Alemania. Se denomina Industrias 4.0: producción inteligente para el futuro. Es la planificación estratégica propuesta por Alemania para convertirse en líder global de la innovación, producción sustentada por Internet y los servicios conexos.
A lo largo de la historia mundial hay muchos ejemplos de países que lograron transformaciones espectaculares en pocos años. Casos como el de Estados Unidos, Japón o Canadá por mencionar algunos. Fue la planificación política la que permitió desarrollar las industrias estratégicas de estos países, convirtiéndolas en desarrolladas.
Por otra parte, nuestro país tiene una importante historia y experiencias de planificación económica para el desarrollo, concentradas principalmente entre la década del treinta y el golpe de Estado de 1976. Según el desarrollo histórico planteado en la tercera revisión de los avances del Plan Estratégico Territorial en 2015, en este período la planificación ocupó un lugar central en la agenda nacional de gobierno, que era considerada como un instrumento insoslayable en la promoción del desarrollo nacional que daba cuenta de las contradicciones y tensiones propias de cada modelo de desarrollo, así como de las desigualdades sociales y su reflejo en los desequilibrios territoriales.
Las primeras experiencias de planificación aparecen en Argentina luego de la crisis del 29, en línea con el intervencionismo económico promovido por el keynesianismo a nivel mundial.
En 1944, durante la presidencia de Edelmiro Farrell, se crea el Consejo Nacional de Posguerra (CNP), dependiente de Juan Domingo Perón -en ese entonces vicepresidente-, con el objetivo de lograr el ordenamiento social y económico del país. El principal documento elaborado por el CNP es el Plan de Ordenamiento Económico Social que incluye objetivos sociales, económicos y de productividad.
Luego vendrían las estrategias de planeamiento económico y social más ambiciosas y con logros concretos como fueron el primer y segundo Plan Quinquenal de Perón, basado en la experiencia del CNP, constituyeron un salto en la planificación en términos de duración, grado de implementación e integralidad. En efecto, el primer Plan Quinquenal, conformado por veintisiete proyectos de ley, se estructuraba en tres apartados -la Gobernación del Estado, la Defensa Nacional y la Economía- que se planteaban metas tan diversas como alcanzar la independencia económica del país, lograr la paz social, elevar el nivel de vida de los trabajadores y aumentar la renta nacional, entre otras.
El segundo Plan Quinquenal, elaborado por el Consejo Nacional de Planificación -organismo específico creado por Perón-, fue presentado en 1953. Este profundizó aún más ese nivel de integralidad y tuvo un mayor grado de rigurosidad, planteando objetivos para la acción social, la acción económica, el comercio y las finanzas, la infraestructura y para la propia organización del Estado. Asimismo, el segundo Plan Quinquenal se destacó por dar cuenta de la dimensión espacial del desarrollo, identificando zonas prioritarias. Esta experiencia, sin embargo, se vio interrumpida por el golpe de Estado de 1955, a partir del cual se suprimieron los organismos de planificación creados por el peronismo.
El retorno de Perón como Presidente en 1973 da un nuevo impulso a la planificación a través del Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional 1974-1977. Sus postulados buscaban poner en marcha un modelo de política económica orientado a la justicia social, la reconstrucción del Estado, la independencia económica y la integración latinoamericana, entre otros. Asimismo, contemplaba una estrategia política de viabilización de la implementación del plan que pretendía contener a los múltiples actores económicos, políticos y sociales a través una gran concertación nacional. En efecto, su proceso de elaboración incluyó acuerdos con los diversos partidos políticos, el sector sindical, gobernadores y productores, entre otros, así como la realización de asambleas en los sindicatos, fábricas y universidades, en las que se discutían los postulados del plan. Proceso que se detuvo de la peor manera con la llegada de la última dictadura militar de 1976.
A partir de mediados de la década del setenta y hasta comienzos del nuevo milenio, la planificación como instrumento de gobierno conducido desde el Estado Nacional se vuelve prácticamente inexistente. La crisis del Estado de Bienestar y el surgimiento incipiente de la globalización y del neoliberalismo como nuevo orden político mundial son acompañados por un proceso de deslegitimación de los estados centrales, considerados como estructuras burocráticas, ineficientes, alejadas de la realidad de los ciudadanos y con escasa capacidad para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social.
Esta concepción hegemónica se traduce en un proceso de reducción del Estado Nacional y en una profunda reforma de la estructura político-institucional del país que traslada competencias históricamente nacionales, como la educación o la salud, a los Gobiernos Provinciales y Municipales, dotándolos de mayores responsabilidades, aunque con los mismos recursos.
A lo largo de este proceso, que comienza hacia mediados de la década del setenta y se extiende hasta principios del nuevo milenio, las políticas de planificación de nivel nacional y regional fueron prácticamente inexistentes. El territorio nacional no era objeto de discurso ni de acción política. El espíritu de época evaluaba las regiones de la Argentina con un único criterio: el de la competitividad. El ejemplo más claro de esta idea fue la expresión acuñada por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, quien llegó a hablar de “Provincias inviables”. Esto tuvo como resultado inevitable una profundización de los históricos desequilibrios del territorio nacional.
La crisis política, económica y social que estalló en el año 2001 puso en jaque los postulados del neoliberalismo que prevalecieron y condujeron el destino del país durante un cuarto de siglo. La situación de endeudamiento y el nivel de conflictividad que enfrentaban los gobiernos municipales pusieron en evidencia que el destino de las ciudades no podía ser autónomo de un proyecto de Nación.
Con la crisis como telón de fondo, a partir de 2003 se inicia un proceso de recuperación de la autoridad y del rol del Estado Nacional en la definición de un horizonte de desarrollo nacional y de los lineamientos estratégicos para lograrlo. Entre estos lineamientos, el Gobierno Nacional pone en marcha un proceso de revitalización de la inversión en infraestructura. Esta revitalización, sin embargo, excede a las propias obras de infraestructura: supone la recuperación de una perspectiva territorial de escala nacional y de la voluntad política de lograr una configuración territorial más equilibrada e inclusiva.
En el año 2004 en pos de fortalecer la política nacional de planeamiento territorial se delinea el Plan Estratégico Territorial (PET). Los objetivos del Plan en sus distintas fases fueron recuperar la práctica de la planificación territorial, la puesta en marcha de hitos de inversión pública y ordenamiento e integración territorial tanto local, regional como internacional.
El PET y todas las políticas impulsadas por el ex Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios como lo fueron el plan de obras públicas más importante de la historia argentina: construcción de redes eléctricas, rutas y autovías, viviendas, gasoductos, hospitales, telecomunicaciones, aeroespacial, escuelas, centrales nucleares y represas hidroeléctricas, entre otras. Tratándose de una inversión de más de 94 mil millones de dólares, que permitió consolidar a la obra pública como uno de los pilares para el crecimiento económico, el desarrollo productivo en el largo plazo y la generación del empleo a nivel federal. Todas estas políticas permitieron reinstalar la cultura de la planificación del territorio consolidando una verdadera política de Estado.
No establecer un norte, principios rectores que enmarquen las decisiones políticas, permite que la llegada de nuevos funcionarios al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo promuevan decisiones con criterios coyunturales o de concepción ideológica que no aportar al rumbo del país en el largo plazo.
El problema de no tener planeamiento estratégico no solo es un problema del presente respecto al rumbo de nuestra economía y de cómo nos relacionamos con el mundo. No contar con un planeamiento estratégico, una hoja de ruta que defina como debería ser nuestro país en los próximos 20 años genera problemas de inserción global, pérdida de competitividad, destrucción de sectores productivos y puestos de trabajos; todo esto por no adaptar nuestro sistema productivo y de innovación a los cambios que está afrontando el mundo ante la llegada de las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la Internet de las cosas (IoT) y el big data llevarán a la humanidad a afrontar lo que se ha llamado la Cuarta Revolución Industrial.
La necesidad de contar con una planificación económica para el desarrollo nacional es innegable para ordenar las políticas de corto, mediano y largo plazo en post de mejorar la productividad de los sectores industriales con el fin último de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos del país. Este planeamiento se vuelve una obligación en el actual mundo donde gracias a los grandes avances tecnológicos cambiarán las relaciones laborales, productivas y comerciales, entre países, tal cual hoy las entendemos. No apostar a una planificación económica para el desarrollo nacional orientada a la innovación y el desarrollo pondrá en peligro la calidad de vida de las futuras generaciones.
La planificación económica para el desarrollo nacional tiene que ser representativa y democrática teniendo la participación de los distintos poderes del Estado Nacional y de los gobiernos provinciales, pero también de las áreas especializadas en el planeamiento estratégico. Sin duda unas de las áreas con mayor experiencia en la materia es el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Entre sus funciones se encuentra el diseño de la estrategia militar y el planeamiento estratégico militar. Incorporar los conocimientos específicos de las FFAA en materia de planeamiento estratégico elevaría la calidad técnica del plan, también permitiría recibir un asesoramiento sobre cuáles son los sectores productivos y las innovaciones tecnológicas a desarrollar en post de mejorar la defensa de la soberanía nacional.