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Timestamp: 2018-01-20 09:18:10
Document Index: 245785404

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Segunda parte de la reanudacion de la sesion celebrada el dia 28 de octubre de 1914 en la ciudad de Aguascalientes, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Pido la palabra. Se pasó al señor García Vigil este asunto, sobre el cual el artículo dice: Que una Junta convocará a elecciones; no dice cuándo convocará a elecciones, después de qué tiempo; qué interinato deberá tener después de haber sido llevado a cabo, qué obligaciones tendrá después de haberlo efectuado, qué obligaciones, qué reformas sociales tendrá en su plataforma y qué compromisos tendrá con toda la Nación; nada de esto dice el artículo, por lo cual creo que debe reformarse, no rechazarse de plano, como quisiera; pero sí debe reformarse, porque es una inconsecuencia que nosotros aceptamos, ésta es desde el momento en que se dice: Convocará a elecciones, sin citar fecha determinada ni compromisos determinados.
Vuelvo a llamar la atención de los señores delegados, del hecho de que la comisión del Sur ha venido a pedirles a ustedes la adición a los principios.
Aquí el principio esencial del artículo 12, es que los revolucionarios todos de la República que se levantaron en armas, reunidos o representados por sus jefes principales, sean los que designen al Presidente Provisional de la República, y que ese presidente será el que convoque a elecciones cuando lo juzgue conveniente, cuando lo diga la Convención. Pero la esencia del artículo es que la junta la constituyan todos los elementos revolucionarios del país. Eso es lo que se desea y como aquí la Convención presente excluye a los revolucionarios del Sur ... (Voces: ¡No, no, no!)
Los mandó llamar; les mandó cinco personas de las más caracterizadas y estamos dispuestos a hacer todo lo posible para que no se vayan, sino que se queden aquí a deliberar con nosotros.
El C. Paulino Martínez (continuando):
Perfectamente, pero la Convención -como ya tuve el gusto de explicarlo a ustedes ayer- se constituyó sin aquellos elementos. Esta Convención surgió, no del acuerdo unánime de los revolucionarios, sino de un decreto dictatorial del señor Carranza. (Voces: ¡No, no, no!)
Me permito aclarar al señor Martínez, que nosotros nos habíamos declarado en Convención, esperando a ellos.
Pues en ese caso, repito, que lo que desea la comisión del Sur es que se acepte el principio de que la Convención formada de todos los elementos revolucionarios, sean los que designen al Presidente Provisional de la República.
Está perfectamente discutido el artículo 12 del Plan de Ayala y se ha llegado a esta conclusión: que es inadecuado para tomarlo como norma en los términos en que está expuesto. En esta virtud y habiendo expresado el señor Martínez que solamente se someten a la consideración de esta Asamblea los principios, yo suplicaría muy atentamente a los señores del Ejército Libertador aquí presentes, que estudiaran el artículo y presentaran a la Asamblea una proposición en que se condensara el principio allí, porque en el ánimo de esta Asamblea está la convicción de que a ella corresponde la designación del Primer Magistrado de la República, y solamente a ella corresponde la forma en que se han de llevar a cabo las elecciones, no sólo del Presidente de la República, sino de todos los Poderes de la Unión y de los Estados. Yo creo muy sencillo, para evitar pérdida de tiempo, que se condense el principio en forma del artículo 12, y que sea presentado a la consideración de la Asamblea para que no dé lugar a reformas por su mala forma y redacción. (Voces: ¡Aprobado!, aplausos, campanilla)
Esta mañana afirmaba yo que el Plan de Ayala era inferior a nuestras aspiraciones como revolucionarios, y el transcurso de la discusión ha venido a darme la razón. El Plan de Ayala es inferior a lo que esperábamos, por eso se han discutido y desechado los artículos. Si mañana encuentro pocos radicales o se ha aceptado el principio de ellos en lo que se refiere al Plan Agrario, en el número 12, que no está relacionado con la cuestión agraria, sino que se relaciona con otro asunto, con la cuestión política, y respecto de esto estoy enteramente de acuerdo. El artículo dice que cuando triunfe la Revolución; se entiende la Revolución que encabeza el general Zapata, cuando triunfe esa Revolución se convocará a una junta.
Bien; la Junta esa, ¿es superior a esta junta que ha de convocar el general Zapata porque aquí no están íntegros los elementos que se han adherido al general Zapata, sino los que han luchado por un ideal superior al que persigue el Plan de Ayala. Ese artículo tiene un gran defecto, dice que luego que se convoque a la junta se nombrará un Presidente Interino, hasta convocar a elecciones; el Presidente Interino también convocará a elecciones para la formación del Congreso, y a esto es a lo que me opongo, porque desde el momento en que la Revolución fracasara, no podriamos llevar a la práctica los anhelos revolucionarios, conforme a un Congreso, conforme a los acuerdos de esa Cámara, no los podría hacer puesto que todo aquel que intentara apoyar este artículo en el sentido de que el Presidente Interino convocará a elecciones para formar un Congreso, con toda seguridad que no es sinceramente revolucionario, porque no es posible llevar a la práctica las reformas que nosotros queremos implantar de acuerdo con las decisiones de dicho Congreso. El Congreso se opone a nosotros; los Congresos siempre son conservadores, salvo algunas excepciones; con toda seguridad que el Congreso que venga de acuerdo con la convocatoria que al efecto se expida, vendrá a procurar echar por tierra los principios que nosotros hemos defendido.
Este es el punto más esencial del artículo, el punto más peligroso.
Creo, fundadamente, que cuando se organice el Poder Judicial -los Poderes Federales, ahí está el Poder Judicial-, cuando se organice el Poder Judicial, entonces también caerá por tierra la justicia de la Revolución; con toda seguridad ante esos Poderes Federales tendrán representación los conservadores y los reaccionarios; por consiguiente, los principios de la Revolución serán un fracaso. Estoy seguro que si a la Revolución, que no ha triunfado, se la quiere sujetar a un Reglamento de una Cámara de Diputados, si se la quiere sujetar a unas leyes, si se la quiere sujetar a un Código, entonces la Revolución fracasará, porque la Revolución. está por encima de todos los códigos; es preciso pasar por encima de la ley para poder realizarla.
Así, pues, por eso me opongo a la aprobación de este artículo; es un artículo demasiado delicado y debe discutirse mucho.
Respecto al punto a que se ha hecho alusión muchas veces y que ahora el señor González Garza ha querido hablar, creyendo que nos iba a dejar fríos, no nos ha causado ninguna impresión.
Hemos venido a hacer revolución y a colaborar por llevar a la práctica los principios revolucionarios; y si don Venustiano Carranza se opone a ello, nosotros pasaremos sobre él y sobre el que se oponga a ello.
El C. Garcia Hernández:
Pido la palabra. El artículo que está a discusión consta de dos partes: la primera contiene allí un principio, el ejercicio de un derecho de la mayoría, muy grande, máxime cuando se trata de Revolución, y eso es indiscutible y con toda conciencia apruebo esto; una vez triunfante la Revolución que hemos llevado a la práctica, a la realidad; haciendo punto omiso de las frases: Una junta de los principales jefes de los Estados designará; principales jefes de la Revolución únicamente, hasta ese punto estoy de acuerdo, y en lo que sigue, no estoy de acuerdo, dice: Se convocará a elecciones, para la nueva formación del Congreso de la Unión, y éste, a su vez, convocará a elecciones, para la organización de los Poderes Federales, porque entonces la Revolución no cumple con sus deberes, y esta Convención, señores, es precisamente para que la Revolución cumpla con sus deberes.
No podría llevar a cabo ninguna reforma si se acepta, como aceptamos, la forma de esa proposición; por consiguiente, nosotros, aceptando entre otras, las proposiciones de los compañeros revolucionarios del Sur, podríamos admitirla; pero la segunda parte no, y lo mismo que digo de este artículo se puede decir del artículo 13 (voces: ¡No, no, no!), porque contiene los mismos principios. (Voces: ¡No está a discusión!) No está a discusión, bueno, de la manera que sea no es más que generalización de la primera parte del artículo, por eso quiero referirme a él; quiero decir tres o cuatro palabras, quiero ser breve.
Esos principios son admisibles, no para la República, sino para cada uno de los Estados, y lo mismo que se dice de la legislación, de la reforma revolucionaria que se necesita para la República en general, se puede decir de la reforma que necesita cada Estado, porque esa reforma necesita llevarse a cabo en vista de sus condiciones peculiares, pues no son iguales las condiciones de un Estado ni política ni económicamente a las condiciones de otros de los demás Estados. He dicho.
Hemos aprobado los artículos relativos a la cuestión agraria en principio, sin fijamos en la redacción. Los señores Berlanga y compañeros que acaban de hacer uso de la palabra, están de acuerdo en que se debe de aprobar la primera parte de ese artículo, en principio; pero creo que debemos aprobar este artículo en principio, sin fijarnos en las declaraciones que acaba de hacer mi preopinante, porque si bien es cierto que la Revolución no debe admitir que entremos en el período constitucional desde luego, también es cierto que previene este artículo que se haga convocatoria a elecciones sin decir cuándo, esto es, la tramitación para que se haga la convocatoria, cuando ya se hayan realizado los ideales de la Revolución. No debemos de tener ese prejuicio; así es que yo creo que, como los otros articulos, debemos de aprobar éste en esencia, el espíritu, sin tener en cuenta la redacción.
Voy a proponer a la Asamblea, si a bien lo tiene, que apruebe la siguiente proposición ...
No se puede presentar esa proposición hasta que no se acabe de resolver lo que está a discusión.
Entiendo que el artículo 12 no está bien redactado. El principio es bueno, puesto que establece una junta en la cual se nombre un Jefe Provisional y en la cual se señalará a este presidente la forma de gobierno a la cual debe sujetarse para que durante ese mismo gobierno se lleven a la práctica los principios revolucionarios que en la misma Convención se establezcan. Voy a llevar mi proposición a la Mesa para, que se sirvan leerla.
Señor general Buelna: no se puede dar lectura a su proposición hasta que no se termine la discusión de este artículo. Yo desearía que se pusiera usted de acuerdo con la comisión.
Tiene la palabra para una moción de orden el señor González Garza.
Señor presidente: la comisión zapatista pide unos diez minutos para redactar en concreto la esencia del artículo 12 (voces: ¡Y 13!), para someterse a discusión. (Desorden, siseos, campanilla)
Se reanuda la Junta Previa. Se pregunta a los señores delegados del Ejército Libertador si están dispuestos a retirar el artículo 12, tal como está en el Plan de Ayala.
Por mi parte ya dije que se acepten los principios.
Se pregunta a la Asamblea si da permiso a la comisión para retirar el artículo 12 del Plan de Ayala, para modificarlo. (Voces: ¡Sí, sí!)
Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie. Da permiso.
Sometemos a la consideración y aprobación de la honorable Asamblea, la siguiente modificación al artículo 12 del Plan de Ayala por considerar que sintetiza debidamente la esencia o principio sustentado en dicho artículo:
12. Una vez logrado el triunfo militar de la Revolución, una Convención formada por los principales jefes revolucionarios de los distintos Estados, nombrará un Presidente Provisional de la República, que durará el tiempo que dicha Convención señale y se sujetará al programa de gobierno que la misma acuerde, para que durante ese período y bajo ese Gobierno se lleven a la práctica los principios contenidos en este Plan y los demás de carácter revolucionario que apruebe la referida Convención.
Sala de sesiones de la Convención.
Está a discusión. (Voces: ¡Bien!)
Pido nada más que diga: para los gobernadores de los Estados también. (Risas, exclamaciones, campanilla)
Dice usted que los principales jefes revolucionarios, quisiera que se aumentara esto: O sus delegados.
¿No hay quién haga uso de la palabra? (Voces: ¡Favor de volver a leer!)
El C. secretario (vuelve a leer la proposición):
Pido la palabra. Adolece de los mismos defectos del artículo 12; este artículo no fija principios generales; nosotros hemos dicho que incorporaríamos al Programa General de la Revolución los principios, por una parte, y por la otra, la misma redacción de él señala su inconsecuencia. Dice: Tenga la bondad de leer, señor secretario.
Una vez logrado el triunfo militar de la Revolución, una Convención, formada por los principales jefes revolucionarios de los distintos Estados, nombrará un Presidente Provisional de la República que durará el tiempo que dicha Convención señale, y se sujetará al Programa de Gobierno que la misma acuerde, para que durante ese período y bajo ese Gobierno, se lleven a la práctica los principios contenidos en este Plan y los demás de carácter revolucionario que apruebe la referida Convención.
Parece que ese artículo ha sido redactado con anterioridad a esta Junta, lo que parece una inconsecuencia: una vez triunfando, se hará esto, porque ya estamos reunidos y ya no tiene razón de ser esto. Parece que todavia no se ha triunfado militarmente, y para esto es indispensable que no estemos reunidos, sino combatiendo. Es así que ya hemos triunfado militarmente, luego no tiene razón de ser el artículo ése; además de que no entraña principios generales, sino una forma particular de gobierno, y no aquella que estipulamos al suspender la sesión de la Convención para entrar en una sesión extraordinaria; por lo tanto, pido que se rechace, tanto más cuanto que sabemos nosotros que cualquier deliberación que tengamos se va a hacer efectiva, y llegado el momento se harán todas las indicaciones pertinentes al caso; todo lo que se quiera hacer, y que aquí hoy no se hace con el laconismo con que debe hacerse una proposición de esa naturaleza. Es, pues, inconsecuente y pido que se rechace por ello principalmente, porque parece que se escribió con anterioridad a esta Junta.
Ahí en la proposición se pide que se forme una Convención igual a la que está aquí formada. Yo pregunto a los señores comisionados del Sur, si no tendrían inconveniente en que la Convención que se pide en la proposición sea esta misma. En los mismos principios se basa el pedimento, y repito, pregunto a los señores comisionados del Sur si no tendrían inconveniente en que la Convención que ahí piden se forme, sea la misma ésta en que estamos.
No tenemos inconveniente, cuando esta Convención esté integrada por todos los elementos revolucionarios, pues hoy no lo está.
Voy a contestar brevemente las dos objeciones del señor García Vigil.
La primera objeción es más bien, no sé si llamarla literaria, metafísica o teológica. Se nos viene aquí a esta Asamblea política con definiciones filosóficas sobre la palabra principio.
Principio o no principio, es precepto esencial y muy esencial; ese principio es fundamental, sine qua non, para transar; principio indispensable para llegar a la paz, principio para evitar la guerra, principio para dar la razón al Sur, para dar lo que pide al Sur, es un principio para que se llegue a un acuerdo entre los mexicanos, y el señor García Vigil, con un criterio que hoy le desconozco, viene con un espíritu lleno de sutilezas, viene en nombre de la definición teológica, científica y metafísica de la palabra principio, a desconocer un artículo que es más que principio, que es una exigencia fundamental de la Revolución del Sur y también una exigencia de esta misma Convención, puesto que, como decía con muy buen criterio el señor González Garza, esta Convención no ha hecho otra cosa desde un principio que pretender ser soberana, y es lo que él cree más conveniente.
De manera que ruego a toda la Asamblea, pero especialmente al señor García Vigil, que no vayamos a la guerra simplemente por una disquisición teológica.
Voy a acabar. En cuanto a la otra objeción, creo que el señor García Vigil no se ha fijado debidamente, estamos haciendo nuevamente ese Plan de Ayala y, por lo mismo, se supone que es anterior a la Convención; es cuestión de redacción, conforme a cuyo plan se ha de celebrar la Convención; no es acuerdo tomado en esta Convención, es un artículo que se substituye en el primer Plan de Ayala; el otro artículo queda invalidado en el Plan, por eso se dice en el presente Plan en la Convención.
Por otra parte, la objeción más seria que hace el señor Márquez, es la de que la Convención ésta quede debidamente integrada, y esto es contradictorio, porque en el Código Civil se habla para el futuro, no para el pasado, y las leyes se dan para el futuro, no para el pasado. (Aplausos)
Pido la palabra. Me extraña lo que dice el señor al asentar que yo tengo de la palabra principio un concepto metafísico, teológico; esto es completamente absurdo, yo creo que es una audacia del señor Soto y Gama estar creyendo que aquí hay muchas personas que no saben lo que es metafísica y lo que es teología.
Francamente, me sorprende; yo no he metido aquí la palabra Dios ni ninguna idea que se parezca en relación a El; por consiguiente, estoy fuera de la teología, por una parte, y por otra, no he entrado yo en disquisidones filosóficas, de tal manera que se pueda aceptar la idea que tengo de la palabra principio en un orden metafísico; no, señor, profeso la filosofía positivista, estoy en pugna con la filosofía metafísica; en cuanto al significado que doy a la palabra principio, en esa acepción primordial, es en cuanto a la filología, no a la filología en metafísica, sino a la filología que es la que da el valor a los vocablos que usamos; y si no sabemos filología, no podemos entendernos. (Voces: ¡No entendemos! Risas)
Principalmente aquí, no es en el orden teológico ni metafísico, sino en el orden político donde quiere el señor Soto y Gama que yo lo entienda. Ese artículo no lleva principios, es una convicción y una convicción discutible y nada más.
Esta mañana supliqué a los señores de gran instrucción, a los literatos y a los abogados, que tuvieran la bondad de esperar que se haga la paz para que pongan una gran academia en México y nos enseñen. (Aplausos)
Que ahora nos hablen más claro, vayamos al grano y no perdamos el tiempo, que es de gran interés.
Voy a hacer una digresión a mi pequeño discurso, y tengo que hacerla, porque lo que acaba de decir el señor Murrieta es, en mi concepto, una imprudencia. Digo esto, porque el señor Murrieta se titula profesor, y hace poco, al designarse las comisiones de la Convención, él abogó acaloradamente por que hubiera una comisión de Instrucción Pública; ya sabemos por qué, porque tiene el espíritu de profesor normalista, que quiere hacer resaltar siempre una gran suma de conocimientos. Me extraña, pues, que el señor Murrieta, que abogó por la Instrucción Pública, que se titula profesor, que invocó a la pedagogía, ahora diga que no comprende. Paso que el señor Murrieta pida lo que pide en nombre de los ignaros, de los que no saben, pero no en nombre suyo y menos en ese tono que acusa algo de mofa. Eso, por una parte, por otra, ya en lo fundamental, no es nuestra culpa, sino al contrario, es nuestra mira que sepamos hacer uso de las palabras precisas para entendernos.
Si aquí existen personas que ignoren el significado exacto de las palabras que aquí usamos, yo también ignoro las palabras que a veces usan otros. Cuando las ignoro, pregunto, y sin mala fe lo hago y sin mala fe se me dicen.
Si yo he contestado en la forma que lo he hecho, ha sido porque el señor Soto y Gama hizo uso primeramente de esas palabras. Me extraña que el señor Murrieta las haya comprendido cuando las dijo el señor Soto y Gama, y ahora que yo las estoy explicando no las comprenda.
Y voy a continuar sobre la discusión del artículo 12 del Plan de Ayala. (Risas)
Si nosotros aceptamos ese articulo que entraña el desconocimiento de la Convención que hemos formado, habremos anulado todos los compromisos contraídos hasta este momento. El espíritu de ese artículo es echar por tierra todo lo hecho hasta hoy, y vuelvo a manifestar que no ha sido esta nuestra intención. Al invitar a los señores del Ejército Libertador, no pueden exigir ellos que estemos conformes con ellos en todos los principios generales.
Por tanto, si damos el paso a que quieren conducirnos al proponer ese artículo, lo que habremos hecho será anular todo lo hecho hasta este momento. (Voces: ¡No, no!)
Yo que quedé comprometido, no puedo aprobar ni hoy ni jamás este artículo modificado, o como estaba en un principio; aquí debemos continuar porque hemos principiado, y no principiar.
El señor García Vigil lo ha dicho: si ese artículo no es un principio, es una condición para afianzar el cumplimiento de los principios. De consiguiente, habiendo aprobado ya los delegados con anterioridad, habiendo aprobado en lo general la petición del señor, referente a la aceptación de los principios del Plan de Ayala, no veo yo un motivo para que no se apruebe esta condición, que afianza el cumplimiento de los principios; no se trata de deshacer lo que ha hecho la Convención, como equivocadamente dice el señor García Vigil, sino sencillamente de que afiancemos nosotros el cumplimiento de esos principios; no envuelve nada capcioso este artículo para esta Convención. El mismo señor García Vigil ha hecho nuestra defensa, exponiendo con claridad y palabras que realmente se deben usar, las condiciones para afianzar el cumplimiento de ese principio. Eso es lo que pedimos.
Entonces, con la explicación que el señor Martínez ha hecho, he llegado a esta conclusión: no es necesario formular esa proposición en esa forma. Vamos todos a cQmprometernos en hacer efectiva la soberanía de la Convención, y dentro de esa soberanía se afíanzará el cumplimiento de los principios, que es lo que preocupa al señor Martínez y en lo cual tiene mucha razón; pero en la forma en que se ha hecho esa proposición, no tiene razón de ser si ellos reconocen la soberanía de la Convención, a la cual van ellos a pertenecer dentro de poco; y si están convencidos de que nosotros obramos con lealtad, no es indispensable hacerlo como se ha hecho; basta establecer previamente que la Convención será soberana, que la Convención será la que dictará los futuros al país, hombres y cosas.
Pido la palabra para suplicar a la Presidencia se sirva preguntar al respetable auditorio si está suficientemente discutido este punto, porque creo que estamos perdiendo miserablemente el tiempo.
Debe observar el señor García Vigil que los señores zapatistas desean justificar su conducta ante las fuerzas del Sur, y que si van a retirar la cláusula ésa, tienen que poner otra análoga que llene las necesidades de este momento en esta Asamblea. No veo nada capcioso, porque la Convención seguirá trabajando sin dificultades absolutamente, ellos llenarán su requisito y nosotros haremos obra de paz, que es lo que nos proponemos todos.
Yo creo que gran parte de esta discusión se debe principalmente, no a la base que se quiere presentar como sustentando esta discusión, es decir, si es principio o no es principio, sino el punto delicado que se toca sobre la cuestión del Presidente de la República en este período de transición; desde el momento en que allí no se exige que haya un cambio, esta Convención queda en perfecto derecho de ratificar por medio de un acuerdo, al que se llegará, o de nombrar Presidente Provisional al mismo señor Carranza, quien actualmente no es Presidente Constitucional, sino Jefe Encargado del Ejecutivo; de manera que esto no se opone al sentir de la Convención; no se dice que se va a deponer al señor Carranza; no se dice que se va a nombrar un nuevo presidente; no se dice absolutamente nada, sino solamente que esta Convención nombrará un Presidente Provisional, y, repito, pudiendo ser ese Presidente Provisional el mismo señor Carranza, si la Convención lo aprueba.
Por lo tanto, pido que se apruebe ese artículo. (Aplausos)
Pido que se vuelva a leer el artículo. (Aplausos)
El artículo 12, reformado, dice así: (Lo leyó nuevamente)
No encuentro realmente cómo armonizar las dos condiciones que presentan los señores zapatistas, primera o segunda, como quieren llamar la renuncia del Primer Jefe, y segunda ... (Voces: ¡Nadie habla de eso!) Voy a relacionarlo estrechamente con lo que estoy diciendo, para que vean ustedes qué sí se habla de eso.
Yo creo que será bastante substituir una palabra por otra; el artículo un no señala una determinada persona, podria substituirlo por la palabra esta, refiriéndose a esta junta de militares, para que estando reunidos con las facultades que ya tenemos, nos capacitara desde luego para resolver la cuestión de la cual hablarán más tarde los señores zapatistas.
Quisiera saber, señores miembros de la comisión del Sur, si al cambiar el artículo 12, van ustedes a cambiar la fecha de todo el Plan. (Los comisionados del Sur hacen señales negativas)
No, ¿verdad? Está bien. Luego es como dijo el señor Soto y Gama, es una intercalación sencillamente al Plan, que tendría efectos posteriores que los que está teniendo, ¿verdad? No se cambia la fecha, luego existe el mismo Plan de Ayala.
Yo pregunto si los señores generales que integrarán esa Convención, podrán o no ser representados. Eso no está asentado.
Yo creo que es un punto que no se debe discutir, después de que el señor Martínez declaró que esta Convención es a la que se referia ese artículo.
En segundo lugar, no afirma que el señor Carranza deba o no seguir, sino únicamente que se nombre un presidente interino, y puede ser el señor Carranza. Podemos aprobar este punto tal como está.
Me extraña mucho lo que dice el señor Hay, lo he dicho dos veces: si a nosotros menos que a él nos importa el señor Carranza; nada nos importa el señor Carranza.
Nosotros estamos tratando esto únicamente para ser consecuentes; si de una manera explícita declaran los señores que la Convención a que se refieren es esta misma, que a ella van a concurrir, realmente que se le dé la misma fecha a esa modificación del artículo 12, y si se continúa la Convención, que se integrará con la representación de ellos, bajo las bases establecidas, y si se luchará por esos principios, los que nosotros traemos y que también son los únicos, entonces todos estamos de acuerdo con ellos.
Si yo he impugnado, es porque no he percibido claridad, tanto en la redacción cuanto en la temporalidad del artículo; si ellos lo hacen de una manera explícita, que no nos deje lugar a duda, y sepamos siquiera a lo que vamos a comprometernos, entonces nosotros estamos de acuerdo en todo eso. Pido, pues, que los señores expliquen.
Tal como lo desea el señor García Vigil, así lo expliqué yo ante los delegados. Nos referimos a esta Convención; vendrán los delegados de la Revolución quo se unieron a ella, conforme a la invitación que se nos ha hecho. (Aplausos)
Que así se consigne por escrito. No entiendo eso; pues como dice el señor García Vigil, se presta a dudas. Dice que después de obtener el triunfo militar se convocará a una junta militar, es decir, se habla en futuro. ¿No está ya reunida aquí? Se trata de que aquí continúen los trabajos, y que así se diga. (Voces: ¡Ya se dijo! Siseos y campanilla)
Pido la palabra para una aclaración. Creo que la mejor manera de dejar satisfecho al señor García Vigil como al señor Vallejo, es que toda la comisión del Sur se levante en masa y ratifique lo dicho por el señor presidente de ella, y que se haga constar en el acta; somos hombres de honor y nuestra palabra vale más que lo escrito. ¿Qué más quieren? (Se levanta toda la comisión del Sur) (Aplausos)
¿Es conforme a instrucciones expresas? (Voces: ¡No señor!) Yo sé, tengo la convicción de que está ratificado eso; ahora solamente quiero se tenga formalidad y que en la proposición se incluya eso.
Que el señor García Vigil se sirva redactar esa proposición. Pase usted, señor.
Estoy convencido de que no se podrían mancomunar dos proposiciones.
Lo que se acaba de hacer es una modificación al Plan de Ayala, cambiándole fecha. Si hoy se adicionara una proposición, no sería la fecha aquélla. Sería necesario hacer una proposición por separado; pero como la palabra de los señores vale tanto como su firma, estoy enteramente satisfecho y renuncio a lo que había solicitado. (Aplausos)
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta si se considera suficientemente discutido el punto. Los que estén por la afirmativa, sírvanse poner de pie. Sí se considera. En votación económica se pregunta si se aprueba. Los que estén por la afirmativa, sírvanse poner de pie. Aprobado.
El artículo 13, reformado, del Plan de Ayala, como lo proponen los señores Paulino Martínez, Herrejón, Galván y Peralta, es como sigue:
Los principales jefes revolucionarios de cada Estado, en Junta, designarán el gobernador provisional del Estado a que corresponden, y este elevado funcionario convocará a elecciones para la debida organización de los Poderes Públicos, con el objeto de evitar consignas forzosas, que labran las desdichas de los pueblos.
En mi concepto adolece de una irregularidad, porque dice:
Los 'principales jefes. ¿Cuál es el criterio que va a decir quiénes son los principales?
Yo creo que deberá fijarse, cuando menos, el grado que deban tener las personas que deban discutirse, las personas que van a ocupar los gobiernos de los Estados, o si se trata de todos los jefes.
Yo propongo que sean jefes de mayor para arriba.
Apoyo la proposición que acaba de hacer el señor Serratos, y yo creo que se evitan dificultades con quitar la palabra principales, porque por sabido se calla que entran en la denominación de jefes todos los oficiales de mayor para arriba. Se entiende por jefes de un ejército, de mayor para arriba.
Pido que se retire la palabra principales.
¿Da permiso la Asamblea para que la comisión retire su proposición, para que retire de ella la palabra principales? Los que estén por la afirmativa, sírvanse poner de pie. Sí se da permiso.
La proposición reformada queda como sigue:
Los jefes revolucionarios de cada Estado, en junta, designarán al gobernador provisional del Estado a que corresponden, y este elevado funcionario convocará a elecciones para la debida organización de los Poderes Públicos, con el objeto de evitar consignas forzosas, que labran las desdichas de los pueblos.
El C. E. Aguirre:
Hay aquí también que poner en conocimiento de la Convención un error posible respecto a la elección de algunos gobernadores de los Estados.
En el Estado de Tabasco, en el que yo operé, hay varios señores jefes; nunca pudimos estar en contacto con la Revolución en el Norte, pero se les han otorgado grados de última hora.
Podría suceder que muchos de aquellos jefes, es posible que tengan grado SUperior a otros señores que verdaderamente tomaron parte activa en la Revolución, y ahora ellos son los que van a resolver los destinos del Estado. Yo, por ejemplo, y algunos otros, no obstante que hemos luchado desde abril de 1913 en las filas de la Revolución con los principales jefes, no tengo ni siquiera el grado de mayor. Eso debe tomarse en consideración también.
Para hacer observar una inconsecuencia en la redacción de ese artículo; dice al final: esta Soberana Asamblea, y no corresponde a la fecha.
Pido la palabra para hablar en contra.
La reforma al artículo 12, que se aceptó, fue debido a que se consideraba como una condición de armonía; nos habíamos comprometido a aceptar los principios del Plan de Ayala, y los hemos aceptado; nos hemos salido de los principios y estamos discutiendo los procedimientos políticos, que no deben ser impuestos por la comisión zapatista, sino que deben ser discutidos en el seno de la Asamblea, compuesta de todos los jefes, inclusive de todos los zapatistas. Esta no es cuestión de principios, ni tampoco es cuestión de armonía; la intención, o mejor dicho, los señores comisionados del Sur traían el propósito y esas instrucciones de hacer triunfar el artículo 12, según se me ha manifestado; pero no se me ha manifestado que suceda también lo mismo con el artículo 13; el señor Díaz Soto y Gama no me dijo que también el 13. (Dirigiéndose al señor Díaz Soto y Gama) Usted me dijo explícitamente que era condición indispensable aceptar el artículo 12, y nada más.
Pido la palabra. Porque en ese momento ya estábamos hablando del artículo 12; pero también del 13 se trata.
Pero usted me dijo ...
Como dije a usted, íbamos a hablar del 12 solamente.
El artículo 13 es de mero procedimiento político, y lo que está allí no es el artículo 13, que establece las condiciones existentes en el Estado; los señores dicen que traen instrucciones del señor Zapata; que son mandatarios del señor Zapata, y aquí proponen innovaciones que no han sido aceptadas previamente por el señor Zapata.
Un C. comisionado del Sur:
Pero creo le van a gustar mucho.
Yo no niego que le gusten; pero lo que la Asamblea está discutiendo es esto: que éste no es asunto que deba discutirse en esta Junta previa, sino que es asunto que debe ir a la comisión de Programa, para que la comisión de Programa presente su dictamen, lo traiga a la Asamblea plena y la Asamblea diga si lo acepta, si lo debe aprobar. Lo que me parece mal son estas observaciones; no nos hemos reunido en Junta previa para discutir formas de programa; nos hemos reunido para discutir puntos expresos del Plan de Ayala, que tiene innovaciones que no están en ese Plan. Los señores delegados del Sur se han puesto fuera de las facultades que tienen, y no encuentro motivo para que se discuta este asunto.
En parte tiene mucha razón el señor Villarreal ...
El C. Ruiz (interrumpiendo):
Déjeme usted hablar. En parte tiene mucha razón el señor Villarreal; pero espero que la Asamblea sabrá resolver este punto; pero ha olvidado el señor Villarreal ...
Yo quisiera tener la gallardía de usted. Pero el señor Villarreal ha olvidado que esta mañana se aprobó en lo general la adopción de los principios y contenido de los artículos desde el 4° hasta el 13, con unas dos o tres excepciones. Está aprobado en lo general, ahora estamos en lo particular.
Puede el señor Villarreal atacar la parte de la adición que han hecho los señores comisionados del general Zapata, en lo que se refiere a los nuevos gobernadores, y en eso sí estoy completamente de acuerdo; pero ya será imposible en esta discusión sacar el artículo 13 y quitarlo de la discusión. Precisamente la discusión en lo particular hará que se deseche o se apruebe.
Señor Villarreal: nosotros hemos venido a hacer labor de unión y armonía; esas instrucciones son las principales que traemos, y queremos labor de unión y armonía. Se ha modificado ese artículo, porque la Revolución del Sur tiene nombrados ya gobernadores en las zonas donde domina. Tiene nombrados gobernadores conforme al artículo 13, y uno de ellos es el señor don Jesús H. Salgado, desde antes que le nombrara el señor Carranza. Tiene nombrados gobernadores en Morelos, Puebla y en la zona donde domina hasta estos momentos.
Por otra parte, nuestros compañeros revolucionarios tienen también nombrados sus gobernadores en Aguascalientes, en Nuevo León, en los lugares donde dominan ellos, y para que no hubiera este conflicto, nosotros hemos propuesto esa reforma al artículo 13, para que unos y otros respetemos lo hecho ya por los respectivos grupos revolucionarios. De esta manera cumplimos con nuestra misión de paz y de armonía.
Me parece que eso no es malo, al contrario, me parece que así no nos encontramos en pugna con lo que se haga después.
El señor Martínez nos acaba de asegurar claramente, que el señor Jesús H. Salgado fue nombrado por el señor Zapata; y el señor Lugo el otro día nos dijo que había sido nombrado en junta de generales del Estado.
Señor Martínez, ¿no dice usted que la Junta?
Dije yo que conforme al artículo 13 había sido nombrado.
Simplemente para oponerme a la parte del dictamen respecto a que sea hijo del Estado el gobernador que nombren los revolucionarios de aquel Estado.
Esto creo que va en contra de los preceptos que en lo particular ha expresado el señor Soto y Gama; él reconoce que solamente tienen derecho de ocupar puestos públicos los nacidos en México.
El dice que su Patria, para él, es el universo, el mundo; ¿por qué, entonces, poner una restricción tan estricta? Tiene sus amigos, tiene su familia, tiene sus intereses, tiene todo, y nada más porque no le tocó nacer allí no puede tener nunca el puesto de gobernador, aunque haya sido el principal elemento para que haya triunfado la Revolución en aquel Estado; nada más porque tuvo la desgracia de que estuviera en otro Estado su madre cuando él viniera al mundo. (Risas)
Pido la palabra para una aclaración. En la Constitución de todos los Estados se estipula que el gobernador sea de aquel Estado. Aun cuando ahora estemos fuera de la Constitución, creo conveniente que todos los gobernadores sean hijos del Estado.
Voy a hablar contra el dictamen. Políticamente, la forma que se le ha dado a ese artículo es magnífica, mientras la Revolución es Revolución, es decir, guerra civil; pero entrando al terreno político, es perfectamente absurdo, porque si vamos a poner en manos del nuevo Presidente de la República todo un programa que debe cumplir, ¿cómo queremos exigirle que los hombres que lo van a rodear y ayudar en su política le sean impuestos por gentes extrañas, tal vez hasta enemigos de él? Es una cosa seria, señores. Si queremos que el Presidente de la República, que es meramente provisional, cumpla con su deber, no debemos exigirle el que hasta se le pongan sus empleados. ¿Acaso no es éste un empleado, el gobernador? Debe haber armonía entre el Presidente de la República y los gobernadores de los Estados, pues sabemos perfectamente bien que lejos de sus Estados muchos de ellos fueron designados por el señor Madero para que fueran a ocupar los puestos de gobernadores de Estados donde no los conocían, y fueron allí con la aureola de prestigio de ir enviados por el Primer Jefe triunfante de la Revolución de 1910; y el pueblo, entonces, que vio en ese hombre su ídolo, los aceptó por esa razón solamente; pero luego vio que esos hombres no eran adecuados, que no eran del partido que los apoyaba, que nunca habían tenido relaciones con el señor presidente, que habían sido impuestos ahí por una facción distinta, no armonizaron jamás en su política, era un desmembramiento que daría, y dio por resultado el desastre que todos saben. Por eso digo que las personas que se mofan de mí son injustas, porque mi voz chillona es posible que a alguien le lastime; pero es mi voz natural, se los juro a ustedes, no hay nada afectado en mí, nada absolutamente.
Señores, quiero que piensen en este asunto porque es serio, es el asunto político más delicado que pueda haber. Cuando entre en el camino constitucional la República, entonces sí estaré de acuerdo absolutamente; pero mientras no sea así, debemos dejar al presidente, porque él tiene la responsabilidad inmensa de cumplir con el programa; que él haga su política y él será responsable hasta de su cabeza ante esta Convención; pero que él haga su política.
He pedido la palabra para impugnar esa proposición, porque en ella se refieren a esta Convención. Si esa proposición es una modificación a un artículo del Plan de Ayala, no puede haber en él una proposición que se refiera a esta Convención, porque estamos aprobando aquí lo que se reprobó en el otro artículo.
Tomo la palabra para atacar la proposición.
No me parece a mí justo que desde el momento que los señores zapatistas han visto que estamos perfectamente de acuerdo en todo y por todo, vengan a imponer un programa político, por lo que se refiere al manejo de los gobernadores de los Estados en la República. ¿Por qué no modificarla de esta manera: que la Convención designará cómo se nombrarán los gobernadores de los Estados?
Porque habemos muchos que tenemos ideas distintas a esas y ya tendremos ocasión de decirlo en tiempo oportuno. Cuando conozcamos el dictamen del programa, entonces lo atacaremos, lo modificaremos o lo aprobaremos, según convenga a la mayoría.
Refiriéndome a lo dicho por el señor Ruiz, que es gobernador del Estado de Colima, y por el señor Villarreal, que es gobernador del Estado de Nuevo León, debo decir que estos señores no aceptan el artículo 13 del Plan de Ayala, porque temen que los revolucionarios de aquellos Estados de que son gobernadores, no los designarán nuevamente.
Señores, ante toda la Convención presento mi renuncia del Estado de Colima. (Voces: ¡Aceptada! Aplausos)
Pido la palabra en pro del artículo.
Yo he hecho todo lo posible por abstenerme de tomar participación en la discusión de este artículo; pero ya que está tomando esa misma discusión un sesgo que, en mi humilde concepto, yo considero peligroso, me he creído en la obligación de en estos momentos hacer un poco de historia.
Tocóme en suerte el día 30 de abril de 1912 o 1913, estar en compañía del señor don Venustiano Carranza en Monclova, cuando el propietario de una imprenta le llevaba la primera prueba del Plan de Guadalupe, para que se sirviera hacerle las correcciones que estimara convenientes y diera su conformidad para hacer el tiro; acababa yo de llegar de México para poner al tanto al señor Carranza de la situación en que había dejado a la ciudad, y una vez que hubo leído esa prueba a que me refiero me pasó el pliego y me dijo que qué opinaba; leí con más o menos detenimiento el Plan, y a la pregunta especial que me hiciera que qué opinaba, le dije que por el momento no podía opinar; pero que desde luego le manifestaba que notaba algunas cosas que no iban con mi manera de ser; él, con su manera, me miró fijamente, volvió a leer el Plan y se lo dio al dueño de la imprenta, ordenándole el tiro de 30 o 40,000 ejemplares, no recuerdo; todo el día estuvo cambiando impresiones con los principales signatarios del Plan, y atando cabitos logré uniformar la opinión en el sentido de que ese Plan no iría a ningún lado, porque era impolítico; se quedaron comprometidos conmigo el doctor Rodríguez, que me acompañaba desde San Antonio en mi viaje, el mayor, entonces teniente coronel Treviño, un señor Preciat y todos los principales que estaban allí, y no sólo aprobaron mis ideas, sino que me dijeron que sería muy conveniente ...
El C. Triana (interrumpiendo):
Eso no tiene qué ver nada.
¿Cómo no ha de tener qué ver nada? Me estimularon lo suficiente para que yo me acercara al señor Carranza para pedirle una entrevista y tratar el asunto del Plan de Guadalupe. El señor Carranza me citó a las diez de la noche, y en compañía de los señores antes citados fui a su oficina.
Empezamos a tratar, no tengo a la mano las modificaciones que en aquel entonces propuse al señor Carranza antes de que se diera a la publicidad el Plan de Guadalupe.
Realmente, lo que nos está diciendo el señor González Garza es una autobiografía; ojalá que llegue pronto al punto capital.
Voy allá, señor, espérese usted.
Noten ustedes, señores delegados, que cuando habla el señor García Vigil yo no le interrumpo; que espere un momento.
El señor García Vigil no hace biografías.
Ni yo tampoco; es falsa la mofa del señor García Vigil.
Al llegar a la cláusula séptima del Plan de Guadalupe, le dije al señor Carranza que esa cláusula tenía que acarrear muy serios conflictos, y sinceramente le propuse que la mejor manera de solucionar la forma del nombramiento del Ejecutivo en los Estados, sería que se juntasen todos los principales jefes, para que en junta, a la cual podría concurrir un representante del Primer Jefe, discutieran y votaran el nombramiento hecho en cualquiera de los jefes de ahí, y sustenté esa tesis basado en que hay Estados de la República que, conforme al Plan de Guadalupe -que estipula que sea el principal jefe el que ocupe el Poder Ejecutivo-, desgraciadamente no saben ni leer.
Ante las razones que yo le expuse, vaciló el señor Carranza y después de estar un rato largo sin decir una palabra, me dijo que él no le quitaba ni ponía una coma a su Plan.
No quiero hacer autobiografía. La cuestión degeneró en discusión, porque yo le manifesté que ese Plan no iba a unirnos. Ahora bien, señores, en los momentos actuales, es público y notorio que en más de 16 Estados están gobernando jefes revolucionarios que tienen, cuando mucho, los mismos merecimientos que jefes de los mismos estados tienen para ocupar esos puestos. El Estado de Guanajuato, por ejemplo, está en estos momentos regido por el señor coronel Montes. (Voces: ¡No, no!) De Querétaro, quise decir; el de Aguascalientes, por el señor Pablo de la Garza. (Voces: ¡No, no! Risas) De Guanajuato. Son errores, nada más; los señores delegados saben adónde voy. En Puebla está gobernando Francisco Coss; en Michoacán está de gobernador Gertrudis Sánchez, y ¿para qué continuar, si la prensa señala más de 16 Estados donde jefes oriundos del Estado de Coahuila son los que rigen esas entidades?
¿Y por qué no decirlo?, hay un perfecto descontento entre los revolucionarios de aquellos Estados por esas imposiciones.
Pido la palabra para una aclaración. El señor Montes no es de Coahuila.
Yo soy del Estado de Guanajuato y no estaría conforme con, que se aceptara eso, porque si el señor De la Garza no tiene méritos, los de mi Estado, es triste decirlo, estuvieron hechos durante la Revolución unos eunucos, porque allí nadie secundó la Revolución, por consiguiente, si el señor De la Garza lo está haciendo mal, mucho más mal lo haría un vecino, porque todos son conservadores y enemigos de la Revolución. (Voces, murmullos, escándalo y campanilla)
¿Y usted, señor Vallejo? Pues en caso de que haya puros eunucos en el Estado de Guanajuato, el señor estaría muy bien como gobernador. (Voces: ¡Sí, que se vaya! Desorden, campanilla)
Tengan ustedes la bondad de escuchar. Si la proposición que se me ha hecho es de buena fe, la rechazo, porque no soy capaz de ir a ese puesto, pero si se ha hecho por burla, en verdad que no se ha procedido como el caso lo requiere.
Protesto a usted que lo que he dicho es de buena fe.
El C. Martiniano Servin:
Si el señor delegado es enemigo de la Revolución, ¿por qué está aquí? (Voces: ¡sí, sí! Siseos) ¿No dice usted que en aquel Estado todos son enemigos de la Revolución? ¿Qué está usted haciendo aquí? (Aplausos) Usted lo que tiene es gana de hablar. (Risas)
Voy a contestar a usted. Yo soy de Guanajuato, pero anduve en la Revolución de Michoacán, desde el año pasado.
El C. Servin:
Pues entonces le gusta a usted la Revolución, por eso andaba allí. (Risas, aplausos)
La Secretaría pregunta al señor para qué quiere hacer uso de la palabra.
Pido que nos concretemos al punto de la discusión.
El C. José Aguilera:
¿Para qué quiere usted hacer uso de la palabra?
El C. Aguilera:
Para una aclaración. Nada más se ha dicho que los de Guanajuato eran puros eunucos, que no son revolucionarios, porque son eunucos; protesto en nombre de tres compañeros que estamos aquí. Sí, señores, yo recorrí puntos del Estado de Guanajuato y me consta que han quedado tendidos en el valle, en el campo de batalla, muchos luchadores. He sido revolucionario constitucionalista y si fui al Estado de Morelos, fue porque me hicieron prisionero en el mismo Estado de Guanajuato y cuando logré quedar libre no pude ya regresar a mi Estado; pero soy revolucionario y no eunuco.
Yo al decir eunucos, señores, no lo he dicho en el término absoluto de la palabra; naturalmente en el Estado de Guanajuato, como en todos los Estados, hubo muchos que simpatizaron con la Revolución. Si usted revolucionó en el Estado de Guanajuato, lo felicito a usted; pero yo quiero que me haga favor de decirme qué movimiento revolucionario prosperó en Guanajuato. Yo tacho de eunuco al pueblo, no a los jefes; le faltó espíritu revolucionario, porque nadie nos secundó y usted acaba de decir que siendo guanajuatense se fue a Morelos.
Aquí se están haciendo interrupciones a cada momento y no se deja hablar a los oradores.
Continúo, señores. En el Plan original (fíjense ustedes bien, en el Plan original de Guadalupe), en el artículo 7. dice: El ciudadano que funja como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista ... (Leyó)
Me voy a permitir leer esa misma cláusula estampada en este cuadernito que trae el retrato del señor Carranza para que noten la diferencia los señores delegados, y en qué consiste y que a mi modo de ver y entender las cosas, no hace más que preparar dolosamente -óigase bien, dolosamente-, preparar la subida de los jefes del Norte en los Estados donde no tienen derecho de ser gobernadores.
El artículo 7° en este folletito, dice: Artículo 7. El ciudadano que asuma el mando ... (Lo leyó)
Noten los señores delegados, que es una cosa enteramente distinta, y que aquí, en esto que se ha hecho posteriormente, es en lo que se basa el señor Carranza para poner como gobernador en el Estado de Puebla a quien no tiene derecho a ocupar ese puesto, porque aquí, en esta Asamblea está el señor general Márquez, que fue un revolucionario en el Estado, desde 1910, que ha continuado en la brega y que no ha dado su brazo a torcer; que es uno de los principales revolucionarios, y que tiene pleno derecho, conforme al Plan de Guadalupe, a ser gobernador del Estado.
Ahora bien, señores, notemos que en el Plan de Ayala está previsto el caso, está prevista esa forma política, y previendo el caso propone que en los Estados se junten los principales revolucionarios, para que de entre ellos sea nombrado el jefe que ha de regir los destinos de cada entidad.
Por otra parte, ¿qué bien le produce a la facción zapatista y al resto de la República, para que fuera de los Estados de Guerrero y Morelos, se nombren a los gobernadores por medio de juntas de revolucionarios?; es un medio muy democrático y que traería, a no dudarlo, acarrearía o precipitaría la paz orgánica en aquellos Estados; ellos no piden para sí nada, quieren evitar un mal funesto que se está llevando a la práctica en este momento, porque tuvieron la fortuna, vieron claro, fueron clarividentes y lo rechazaron; ¿por qué rechazar un articulo que está aprobado en lo general y por otra parte, la comisión está dispuesta a quitar la frase, el requisito indispensable: Que debe ser oriundo del Estado, originario de él y las palabras que dicen: Esta Asamblea por las palabras: La Convención?
Pido la palabra para una moción de orden. Pido la palabra en contra.
En definitiva ¿para qué pide la palabra el señor Valderrama?
La pido para una moción de orden; en contra voy a hablar.
Tiene la palabra el señor Valderrama.
El señor González Garza dijo que ahí estaba el señor Márquez, que había luchado mucho en el Estado de Puebla, pues, ciertamente, también el general Lechuga es nativo de Puebla y no ha sido agraciado con el cargo de gobernador. (Risas) No tengo, no soy literato para poderme expresar, y digo: si el señor Francisco Coss ha tomado la primera magistratura de Puebla, ha sido porque ha llegado con fuerzas para poderla ocupar, lo cual mi general Lechuga, con mil hombres, no pudo ocupar Puebla, ni el general Márquez. Con tal motivo, hay mucha razón de que señores generales que no pertenecían a unos Estados, los estén gobernando actualmente.
Vuelvo a hablar en contra. El señor Paulino Martínez, presidente de la comisión del Sur, dice que la proposición que se está discutiendo tiende a la armonia, que persigue que los gobernadores de los Estados dominados por la Revolución del Sur sean sostenidos por el gobierno que emane de esta Convención, que no se les vaya a quitar y que no vaya a haber cambios en los otros Estados donde ya hayan sido nombrados gobernadores. El señor general Banderas dice lo contrario. Yo me opongo a esta proposición, porque no quiero que los jefes de Nuevo León vayan a quitarme. Los jefes de Nuevo León están bajo mis órdenes y naturalmente no podrían quitarme. Están en desacuerdo dos miembros de la comisión del Sur y yo desearía que no lo estuvieran.
El señor González Garza dice que el plan que se propone es democrático, cuando un plan donde se excluye a los ciudadanos de la República, será todo, menos democrático; es un plan de oligarquía, un plan donde todos los derechos se le dan a la casta militar y se les niegan a los ciudadanos.
Pero yo no he venido a oponerme a la proposición, porque niegue la bondad de ella, no la he discutido enteramente; vengo a rechazarla, porque no es éste el lugar para discutirla, estamos en sesión previa, para ver si aceptamos o no los principios del Plan de Ayala; ¿los hemos aceptado? No hemos venido a esta sesión para aceptar los procedimientos políticos del Plan de Ayala; entiendo y supongo que los procedimientos políticos deberán discutirse en sesión plena, donde deberán tener derecho para hablar y discutir; en ese sentido he venido a impugnar la proposición, y de paso advertir, que lo que se quiere que sí aceptemos no es parte del Plan de Ayala, se le modifica trascendentalmente, venimos a discutir el artículo 13 y ahora se presenta una nueva proposición.
Están los señores perfectamente fuera de lugar; pido, pues, que se fije bien la Asamblea en lo que se quiere hacer que acepte; que se fije bien que es un asunto que debe discutirse ampliamente, y en su debido lugar, después de que haya dictaminado la comisión de Programa, y no así tan a la ligera.
Yo pediría a los señores representantes del Sur que retirasen esta proposición; ellos han venido aquí a hacer labor de paz, y han encontrado que nosotros también estamos haciendo labor de paz; ellos han venido aquí presentando un determinado número de condiciones con carácter de preceptos que se les han aceptado, y aun hubo un punto de duda que si se trataria de principios o no, y se les han aceptado, es decir, los señores delegados del Sur han sido recibidos con los brazos abiertos, lo que se les ha demostrado. Ahora que ya ellos están convencidos de este punto, toca a ellos ceder en este otro y no ponernos a discutir un procedimiento político canfundiéndolo con los principios a que antes me he referido.
Creo yo que podríamos poner punto final aquí, retirando, los señores del Sur esta proposición, demostrando así su perfecta buena voluntad de esta Asamblea.
Señores, si simplemente se tratara de cambiar de cortesías y de expresión de buenas voluntades recíprocas, tendría yo el mayor placer, lo mismo que todos mis compañeros, de acceder a lo que desea el señor Hay, suponiendo que fuese la fiel interpretación de los deseos de esta Asamblea; pero no es el caso puesto que se trata de un artículo que, en primer lugar, es de altísima significación para la misma labor de paz que con tanta razón desea el señor Hay que se lleve a cabo y, por otra parte, es de tal manera esencial para los hombres del Sur, que la simple redacción demuestra hasta qué punto le tienen cariño y hasta qué punto exigen su cumplimiento.
Dice el artículo: Los principales jefes ... (Nueva lectura)
No quiero desarrollaros toda la historia de los conflictos sangrientos originados por haber nombrado dictatorialmente por un úcase, todos los gobernadores mandados como una calamidad por el Centro a los gobiernos de los Estados.
Ya el Presidente de la República tiene demasiadas facultades para un gobierno revolucionario; tiene espantosas facultades; pero si le damos la facultad terrible de enviar gobernadores a sea verdaderos caciques impuestos por su voluntad a cada Estado, con la agravante quizá de que no sea hijo del Estado de que se trate y que por lo misma no tenga ligas ni motivos de amistad, ni razones de unión para conducirse con corrección, volveremos a los horrores de las colorados en el Estada de Morelos, que llenaron de luto tantos hogares y que quizá fue una de las causas del derrumbe, del fracaso de la Revolución de 1910.
Eso en materia histórica; ahora en materia de actualidad, el señor que se sienta a mi lado, me dice que por estar ahí el general Gertrudis Sánchez, que es del Estado de Coahuila y que por lo tanto no conoce las necesidades, ni siente las necesidades, ni conoce los deseos y alegrías de las gentes de la localidad, como lo están haciendo en otros Estados y lo hará el que sea de allí, se están levantando los vecinos de Michoacán, según mensaje que se leyó en la Convención. A todo esto hay que agregar la serie de razones que dije esta mañana y concretaré brevemente: de entre los jefes se elegirá al que lleve el voto de la mayoría, apayando al que se designe; pero si se impone la unificación de los jefes, la mayoría de los jefes se sentirán despechados.
A eso hay que agregar la razón toral de que se está designando la elección por acuerdo del presidente, y mayor razón hay para nombrar los gobernadores, porque son más penosos, más terribles, más pesados para los pueblos los gobernadores más cercanos a éstas, y pesa más el cacique local que el presidente municipal, el jefe pplítico que el mismo gobernador, de suerte que vuelvo a decir lo que en la mañana: que se tenga más cuidado en la elección, en la designación del hombre de quien dependan las garantías de los habitantes de cada entidad.
Pido la palabra para hacer una aclaración y para contestar una alusión personal.
Puedo asegurar al señor licenciado Soto y Gama que yo seré de los que den mi voto aprobatorio cuando en debido tiempo y lugar este artículo se ponga a discusión; soy de los primeros que creen que el Presidente de la República no debe tener las facultades de toda congregación en forma de Congreso, en la forma más adecuada; creo yo que efectivamente, el presidente, quien quiera que sea, debe tener ese mínimum de facultades; por tanto, tiene mi voto aprobatorio este artículo, puesto que yo creo que será la manera más rápida para asegurar una paz orgánica en cada uno de los Estados.
No me opongo a esta cláusula por su contenido, sino como dice el señor general Villarreal, no es su tiempo, sino su forma, las condiciones en que debemos de discutirlo, y esta es la razón por la que yo propongo a los señores que la retiren.
Ahora, si yo he podido interpretar el sentir general de la Asamblea, puedo decir a ustedes, debido a una conversación que he tenido, que cuando este asunto sea presentado será aprobado casi sin discusión o con ligeras modificaciones, que no lastiman en nada a su fondo, solamente quiero yo que esto no se trate aquí, sino que lo dejemos en el programa y lugar apropiados, es decir, en sesión de la Convención Soberana y no en una Junta previa, en donde podamos discutir los asuntos de principios y de programa político o de procedimientos políticos, y no en esta Junta Previa donde solamente se trata de la aceptación de uno de los grupos con e! otro. Es bien intencionado esto, puede creerlo el señor Soto y Gama, y vuelvo a repetir, que cuando se trate este asunto daré mi voto aprobatorio.
Por el estado de ánimo de la sala, creo que aprobarán lo propuesto, pero se detienen para aprobarlo, porque no Se trata de una cuestión de principios.
Como lo que está discutiéndose es para conseguir la unidad con los señores revolucionarios del Sur, yo propongo un procedimiento: que se consulte al señor general Emiliano Zapata por telégrafo, si considera esa cláusula trece como indispensable para alcanzar la armonía.
Es verdaderamente alarmante lo que propone el señor general Angeles en el seno de una Asamblea democrática; ir a someter ésta a la voluntad omnímoda del señor general Zapata, no es nuestro deber, señor general Angeles.
Aquí hemos estado aceptando muchos puntos aun saliéndonos de la reglamentación de la Asamblea. Nos hemos erigido en Junta previa fuera de todo procedimiento cuando ya estábamos encarrilados en Convención, simplemente por dar a los revolucionarios del Sur una prueba amplísima de nuestro espíritu de concordia. Les hemos hecho concesión de todas las proposiciones que nos han pedido y lo hemos hecho de buena voluntad y honradamente, porque comulgamos con sus principios; pero cuando ya nos salimos de la órbita de los principios para discutir meros procedimientos políticos, debemos someternos a la dignidad de esta Asamblea y no someternos a lo que quiere el señor general Angeles, que le digamos al general Zapata, que dé su visto bueno a los acuerdos de esta Convención. (Aplausos)
En pro de la cláusula número 13, que envuelve como la 12 una idea revoluCionaria. Hemos aprobado los ideales revolucionarios que encierra el Plan de Ayala, y hemos aceptado el Plan de San Luis Potosí en lo general, es decir, los ideales aprobados son los ideales revolucionarios: los ideales revolucionarios bajo el punto de vista social y bajo el punto de vista político. Bajo el punto de vista político, hay un ideal revolucionario profundísimo en estas dos cláusulas, la 12 y la 13, que tienden en lo absoluto a procurar que ya sea por el sufragio efectivo, ya sea por la no reelección, no se hereden los puestos públicos de Presidente de la República ni de gobernadores. Todos hemos aprobado los ideales políticos de ese Plan, y por esta cuestión apoyo yo este ideal político revolucionario. Con la forma aprobada en esa cláusula no habrá política; se ha visto durante el gobierno del señor Madero que se hacia presión para que saliera electo el gobernador que él quería, lo que quería decir, preparar los gobiernos para los trabajos futuros para la Presidencia de la República; eso era indecoroso; ahora la tendencia para que los gobernadores sean electos por grupos de jefes en cada Estado, que a esto son las tendencias de los grupos revolucionarios, de evitarle al Presidente de la República que lo señalase, puesto que en este período preconstitucional se prepararía para que un grupo fuera a triunfar y elegir al nuevo Presidente de la República, y debemos ser honrados una vez por todas, el que salga electo que sea porque lo quiere el pueblo, y luego que de entre los revolucionarios salga electo en el período futuro al que le toque y no preparar trabajos. con los gobernadores, para que no haya influencias de ninguna manera. Por tal razón, creo que es de suma importancia el que sean enteramente libres y que no sean impuestos por el Presidente de la República.
Con respecto a que sea un hijo del Estado, no lo creo conveniente durante este período preconstitucional y sí lo creo conveniente después, en el período constitucional. En este periodo preconstitucional, si ponemos a uno del Estado, no llevará a efecto bajo ningún concepto los planes revolucionarios; con toda seguridad que influenciarán todos sus parientes y eso los perderá, e influenciarán todos los amigos y ésos serán los favorecidos; influenciará todo el sexo femenino para no derribar ni quitar iglesias, ni santos, ni nada absolutamente. (Aplausos)
Por tal razón, bajo este período preconstitucional, se necesita que sean de otro extremo de la República, con el objeto de que sean enteramente imparciales.
Hace un momento pedí hacer uso de la palabra en contra de la proposición, porque habla de los principales jefes de la Revolución en cada Estado.
En muchos Estados de la República han sido nombrados los jefes a última hora y necesitaríamos para elegir gobernador de esos Estados, que se depurara antes la personalidad de los revolucionarios, a efecto de que el electo sea el más apropiado.
Muchos individuos amigos del antiguo régimen no pierden la esperanza de ser nombrados y, repito, pongo como ejemplo mi Estado, donde hay un teniente coronel que sirvió dos meses como jefe político a Victoriano Huerta y que tomaria gran parte en la elección de gobernador. Así es que creo que deben depurarse las personalidades de los jefes. Por eso pido que sea puesta a discusión esa proposición en una sesión, no en junta previa.
El C. Luis M. Hernández:
Hace un momento el señor licenciado Díaz Soto y Gama se ha referido al señor Sánchez, y debo manifestar que si el señor general Sánchez se encuentra rigiendo los destinos del Estado de Michoacán, es porque casi todos los jefes de la Revolución en el Estado lo reconocieron como jefe de ella.
Además, dice el señor Soto y Gama que han estado ocurriendo levantamientos, y hay aquí más de ocho delegados del Estado de Michoacán y dependientes que están a las órdenes del señor general Sánchez, y todos ellos, como yo, estamos en constante comunicación con él y no tenemos noticia de ningún levantamiento de compañeros constitucionalistas; tuvimos noticia de un levantamiento de unos curas, que ya fueron colgados, y de un coronel federal, Guzmán, a quien ya se le anda persiguiendo.
Nosotros no nos opondremos a que sea hijo del Estado, y en el de Michoacán, al menos, el que hizo la revolución fue un extraño al Estado.
Voy a decir unas cuantas palabras en defensa del muerto.
El señor Ríos Zertuche dijo que el señor Madero había estado preparando su próximo advenimiento a la Presidencia de la República. Nada más falso, señores; a mí me consta, sé que de los 27 gobernadores de los Estados de la República no llegaba el número a cinco de los que el señor Madero conocía personalmente, todos los demás fueron impuestos por intrigas de los peores porfiristas, científicos e intrigantes de los Estados, que engañaron al señor Madero.
No se trata de convencer al señor Soto y Gama ni al señor Paulino Martínez; los revolucionarios del Estado de Morelos y los del Estado de Guerrero nos han mandado una proposición condicional para venir a ser representados en esta Asamblea, y una de esas condiciones es el artículo 13 del Plan de Ayala.
Podremos nosotros llegar a convencer a los señores, a los representantes todos del Ejército del Sur que están aquí presentes, pero ¿estamos seguros de que hemos convencido a los treinta o cuarenta mil que hay en el Estado de Morelos y que no crean ellos que se les está tratando de engañar? Quizá llegara el momento en que todos los representantes que están reunidos aquí, fueran juzgados por aquellos hombres, porque estaban defraudando sus intereses. Nosotros debemos ponernos en las condiciones en que están colocados, así es que no se trata de aclarar el asunto par:a convencerlos a ellos; quizá ellos mejor que nosotros están convencidos y yo tengo la seguridad de que el más desconfiado, probablemente el más desconfiado ya tiene plena confianza de que aquí hay sinceridad, de que hay deseos verdaderos de hacer la paz con el Ejército del Sur y que estamos dispuestos a hacer todos los sacrificios.
Ellos están perfectamente convencidos ya, pero es necesario que este convencimiento vaya también a aquellos hombres que no han escuchado nuestras explicaciones, y para eso es necesario que aceptemos el artículo 13.
Nuestro compañero el señor Hernández se refirió a Michoacán. Es un asunto muy grave que no quisiera yo que se tratara muy a la ligera, sino que se resolviera por principios generales. De manera que no estoy conforme con su declaración; en primer lugar estoy de acuerdo con ese principio y estamos buscando la eliminación -dígolo de una vez- de malos elementos; pero si es necesario, en lo particular trataremos ese asunto más detenidamente. Este es un asunto demasiado grave y ya tendremos oportunidad de tratarlo.
Tal parece que hay un espíritu de perder el tiempo. Uno de los oradores ha dicho que se aprobará ese artículo del Plan de Ayala en su oportunidad. ¿Por qué no aprobarlo de una vez? No debe tomarse como uno de los artículos de principios del Plan de Ayala, pero sí como una de las condiciones para llegar a la unión de los dos ejércitos, que tienen los mismos ideales, y cuanto más tiempo ganemos en este asunto, será para beneficio de la Patria. (Aplausos)
Se habla -para convencer a los elementos del Sur- que aquí estamos dispuestos a cualquier sacrificio por la paz de la República; sin embargo, se está discutiendo un punto que no propone el Plan de Ayala, que lo han modificado esencialmente, le han hecho innovaciones esencialisimas, y no sólo, sino que le han agregado unos puntos.
Esta proposición está firmada por uno de los delegados que no pertenece a la delegación del Sur; pido se considere este asunto y lleguemos a un término feliz.
Si el señor Villarreal cree que el artículo no puede aprobarse tal como está en el Plan de Ayala, proponemos se le quite la palabra principales.
La Mesa pregunta, por conducto de la Secretaria, si da permiso para retirar la proposición que se estaba discutiendo. Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie. Aprobado.
Se le da nuevamente lectura al artículo 13, reformado, del Plan de Ayala, que. dice así: (Lo leyó) Está a discusión.
Que se apruebe con la pequeña modificación que se hizo en el anterior, refiriéndose a la Convención actual.
Pido la palabra para una pregunta. Dice aquí: Los revolucionarios de cada Estado. Se entiende de los que hayan operado ahí; pero como en el Estado de Michoacán los revolucionarios que operaban ahí han sido perseguidos y echados fuera del Estado, ¿cómo se entiende?
Yo quiero hacer constar lo siguiente: dice el artículo (quitanco la palabra principales): Los jefes revolucionarios de cada Estado, en Junta, designarán al gobernador provisional del Estado a que corresponden, y este elevado funcionario convocará a elecciones para la debida organización de los Poderes PÚblicos, con el objeto de evitar consignas forzosas que labran las desdichan de los pueblos.
Quiero hacer notar esto: hay muchos Estados donde no han surgido jefes revolucionarios de bastante prestigio, y la Revolución no debe perder de vista su unidad.
Será bueno que esto se establezca como principio: que primero los nacidos allá, pero si no los hay, si resulta que en un Estado no hay más que jefes secundarios, pongo por caso, el Estado mío, en el Estado de Oaxaca, donde todos son felicistas, ¿quién va a poder hacer la revolución allá con elementos del Estado de Oaxaca, donde nosotros vemos que son recalcitrantes porfiristas?
La Revolución no debe perder su unidad y se hace necesario que vayan elementos sanos, que vayan a otros Estados a llevar a cabo la Revolución. Esto es preferible y no que un hombre perfectamente inadecuado, con los ideales de la Revolución vaya a hacer obra contraria.
También será bueno que ese hombre no solamente haya nacido en el Estado, sino que esté perfectamente identificado con la Revolución; que tenga prestigio, que tenga tal carácter, que garantice los intereses de ella. Por consiguiente, expresado ese deseo -que es el deseo de todos nosotros- en la forma en que está, no satisface.
Pido que se reconsidere para que vean los señores comisionados que no es espíritu obstruccionista. No voy a repetir todo lo dicho por los señores Villarreal, Hay, etcétera; únicamente deseo que se tome en cuenta lo que he dicho al establecer este gobierno de principios para que no vayamos a fracasar al tratar de llevar a cabo la Revolución en toda la República.
Vuelvo a repetir que respecto a los artículos del Plan de Ayala no pedimos su aprobación, sino en la esencia, en el espíritu y no letra por letra. Precisamente por lo que acaba de decir el señor García Vigil, habíamos puesto nosotros en esta cláusula:
... En los Estados donde no haya habido revolución, la Convención designará sus gobernadores; pero el señor Villarreal nos acusaba de que habíamos cambiado el artículo completamente, siendo así que lo habíamos reformado en el sentido de que fuera más aceptable por esta Convención.
Pero el señor Villarreal es una unidad que vale tanto como algunos de nosotros. (Risas)
Impugno lo propuesto por el señor Vigil, a menos que se haga esa aclaración; pero si, como dije al principio, nos atenemos aquí a los jefes que hayan operado en los Estados, se entiende que hayan sido jefes del movimiento, no los que hayan nacido en él, entonces resultará que Guanajuato no tendrá gobernador.
Pido la palabra. Pido a la honorable Asamblea nos permita agregar en el artículo la parte final: que en los Estados que no haya habido revolución, la Convención designará a los gobernadores. (Voces: ¡Muy bien, muy bien!)
El artículo 13 modificado y adicionado, queda en la siguiente forma:
Artículo 13. Los jefes revolucionarios de cada Estado, en Junta, designarán el gobernador provisional del Estado a que corresponden, este elevado funcionario convocará a elecciones para la debida organización de los Poderes Públicos, con el objeto de evitar consignas forzosas que labran las desdichas de los pueblos. En los Estados en que no haya habido revolución a juicio de la Convención, la misma designará sus gobernadores.
Me permito proponer otra adición a ese artículo, porque tendremos otros casos que se pueden presentar, como son los de Sinaloa, Sonora y Aguascalientes, cuyos gobernadores han sido nombrados en una elección justa, y no han reconocído a Huerta y deben continuar siendo gobernadores.
Pido la palabra para una aclaración. El señor Fuentes sí reconoció a Huerta.
Pido la palabra para declarar lo siguiente:
Yo, en conciencia, estoy de acuerdo con el artículo, porque parece que es la tendencia de la Asamblea; pero hago notar lo veleidoso de la Asamblea, el hacerla fijar en esto: que esta mañana se había retirado este artículo por el señor Martínez y se había aceptado que se retiraria, y hoy, otra vez vuelve a ponerse en el tapete de la discusión. (Voces: ¡No, no es verdad!)
Casi toda la Asamblea expresó su consentimiento por que se aprobara el artículo con la adición del señor Martinez, ¿para qué volvemos a discutir el mismo punto si ya está aprobado? Estamos perdiendo el tiempo miserablemente.
Suplico a la Mesa se sirva preguntar a la Asamblea si está suficientemente discutido el punto.
Sólo falta una cosa para que nos unifiquemos: que se especifique bien quienes son considerados como jefes.
Los que en todos los ejércitos del mundo son jefes, de mayor arriba; así lo dijimos desde el principio.
Muy respetuosamente me permito someter a la consideración de los señores que firman esa moción, que la parte adicional del artículo 13 del Plan de Ayala que está a discusión, se exprese ásí: (Hágame usted favor de leer, señor secretario, la parte adicional)
En los Estados en que no haya habido revolución, a juicio de la Convención, la misma designará sus gobernadores.
En los Estados donde no haya habido revolución, esos gobernadores serán designados por la Convención. A juicio de la Asamblea o de la Convención, debe decirse, porque, señores, eso de que no ha habido revolución en muchos Estados ...; hubo muchos movimientos que no fueron verdaderamente revolucionarios, que podemos llamar esporádicos, y por eso debe decir: A juicio de la Convención.
En los Estados en que no haya habido revolución, a juicio de la Asamblea, la Convención designará esos gobernadores.
Se pregunta si está suficientemente discutido el punto.
Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse en pie. Se considera suficientemente discutido.
Tiene la palabra el ciudadano Serratos.
He pedido la palabra para que todos los aquí presentes lancemos un viva a nuestra Patria, porque al fin hemos llegado a un feliz arreglo. ¡Viva México! ¡Viva la Patria! ¡Viva la Convención! ¡Viva la Revolución! (Vivas, aplausos nutridos y bravos)
Señor presidente, falta el artículo cuarto.
Por disposición de la Mesa, la Secretaría da lectura a la siguiente proposición, suscrita por el ciudadano Eduardo Hay:
Pido respetuosamente que se dé por terminada esta sesión extraordinaria y se abra la sesión ordinaria con el carácter de secreta, para tratar de un asunto de urgencia y de gran importancia.
Se ha pasado el tiempo de las sesiones secretas, todo lo debe conocer el público.
Tiene la palabra el ciudadano Hay para una aclaración.
Yo creo que la persona que acaba de hablar está proponiendo una cosa que no tiene razón de ser, porque hay asuntos que deben ser considerados como secretos ... (Voces: ¡No, no, no!)
Las galerías están diciendo que no, antes de oír lo que se va a decir.
Decía que hay asuntos que deben ser considerados secretos, porque son asuntos de gran importancia, que no pueden ser dados al público hasta que no hayan sido resueltos. En todas las Asambleas de todo el mundo hay sesiones secretas; por decoro y por dignidad deben hacerse.
Si es un asunto muy urgente, que se pase a la Mesa y ella sabrá si la sesión debe ser secreta o no.
Solamente me permito suplicar que se sirva esperamos un poco más la Mesa para hacer una proposición. Tenemos en México un miembro del Ejército Libertador que está preso; éste está prisionero por el señor don Venustiano Carranza, se llama Enrique S. Villa, es general. No lo ha puesto el señor Carranza en libertad, a pesar de que esta Convención se lo ha ordenado.
Emilio Reyes es otro de los presos que están en la Penitenciaría, y pido a la Asamblea se sirva tomar las medidas conducentes.
Pido también a la Asamblea que se sirva reiterar al señor Carranza que ponga en absoluta libertad e inmediatamente a los señores Enrique S. Villa y a Reyes.
Está a discusión la proposición del delegado que acaba de hacer uso de la palabra. La Mesa ha considerado el asunto como de obvia resolución.
Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie. Aprobado.
Por disposición de la Mesa se levanta esta Junta Extraordinaria, y se abre una Sesión Secreta ordinaria.
Se suplica a los señores delegados no se ausenten del salón.