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Timestamp: 2019-09-21 03:04:31
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RIESGOS GENERALES: octubre 2015
Se basa en el supuesto de que, una vez que un trabajador sufre un accidente, la probabilidad de que se vea involucrado en otros en el futuro aumenta o disminuye respecto al resto de los trabaja- dores. La contribución de esta teoría al desarrollo de acciones preventivas para evitar accidentes es escasa o nula.
Teorías sobre la causalidad de los accidentes - La teoría de la casualidad pura
De acuerdo con ella, todos los trabajadores de un conjunto deter- minado tienen la misma probabilidad de sufrir un accidente. Se deduce que no puede discernirse una única pauta de aconteci- mientos que lo provoquen. Según esta teoría, todos los accidentes se consideran incluidos en el grupo de hechos fortuitos de Hein- rich y se mantiene la inexistencia de intervenciones para prevenirlos.
Teorías sobre la causalidad de los accidentes Teoría de la causalidad múltiple
Aunque procede de la teoría del dominó, la teoría de la causa- lidad múltiple defiende que, por cada accidente, pueden existir numerosos factores, causas y subcausas que contribuyan a su aparición, y que determinadas combinaciones de éstos provocan accidentes. De acuerdo con esta teoría, los factores propicios pueden agruparse en las dos categorías siguientes:
De comportamiento. En esta categoría se incluyen factores rela- tivos al trabajador, como una actitud incorrecta, la falta de cono- cimientos y una condición física y mental inadecuada.
Ambientales. En esta categoría se incluye la protección inapro- piada de otros elementos de trabajo peligrosos y el deterioro de los equipos por el uso y la aplicación de procedimientos inseguros.
La principal aportación de esta teoría es poner de manifiesto que un accidente pocas veces, por no decir ninguna, es el resul- tado de una única causa o acción.
Teorías sobre la causalidad de los accidentes La teoría del dominó
Según W. H. Heinrich (1931), quien desarrolló la denominada teoría del “efecto dominó”, el 88 % de los accidentes están provo- cados por actos humanos peligrosos, el 10%, por condiciones peligrosas y el 2 % por hechos fortuitos. Propuso una “secuencia de cinco factores en el accidente”, en la que cada uno actuaría sobre el siguiente de manera similar a como lo hacen las fichas de dominó, que van cayendo una sobre otra. He aquí la secuencia de los factores del accidente:
Heinrich propuso que, del mismo modo en que la retirada de una ficha de dominó de la fila interrumpe la secuencia de caída, la eliminación de uno de los factores evitaría el accidente y el daño resultante, siendo la ficha cuya retirada es esencial la número 3. Si bien Heinrich no ofreció dato alguno en apoyo de su teoría, ésta presenta un punto de partida útil para la discusión
y una base para futuras investigaciones.
TEORIA DE LAS CAUSAS DE • LOS ACCIDENTES
Los accidentes se definen como sucesos imprevistos que producen lesiones, muertes, pérdidas de producción y daños en bienes y propiedades. Es muy difícil prevenirlos si no se comprenden sus causas. Ha habido muchos intentos de elaborar una teoría que permita predecir éstas, pero ninguna de ellas ha contado, hasta ahora, con una aceptación unánime. Investigadores de diferentes campos de la ciencia y de la técnica han intentado desarrollar una teoría sobre las causas de los accidentes que ayude a identi- ficar, aislar y, en última instancia, eliminar los factores que causan o contribuyen a que ocurran accidentes. En el presente artículo se ofrece un breve resumen de las diferentes teorías sobre sus causas, además de una estructura de los accidentes.
Parámetros que influyen en la dispersión de los contaminantes (I)
En la dispersión de contaminantes influyen dos tipos de paráme- tros: los parámetros de la fuente y los parámetros meteorológicos. En los primeros las concentraciones son proporcionales a la cantidad de contaminante emitido. Cuando se trata de polvo, debe conocerse el diámetro de las partículas para poder deter- minar la sedimentación y la precipitación del material (VDI 1992). Puesto que las concentraciones en la superficie son menores cuanto mayor sea la altura de la fuente, este parámetro tiene que ser también tenido en cuenta. Además, las concentra- ciones dependen de la cantidad total de gases liberados, así como de su temperatura y velocidad. Si la temperatura es superior a la del aire exterior, los gases estarán sometidos a flotación térmica. La velocidad de liberación, que puede calcularse conociendo el diámetro interior de la fuente y el volumen de gases liberados, produce fuerzas ascensionales dinámicas. Existen una serie de fórmulas empíricas que puede utilizarse para describir estos pará- metros (VDI 1985; Venkatram y Wyngaard 1988). Debe recor- darse que la flotación térmica y las fuerzas dinámicas no dependen de la masa del contaminante en cuestión, sino de la cantidad total de gas liberado.
CONTAMINACION ATMOSFERICA: • MODELOS DE DISPERSION DE CONTAMINANTES ATMOSFERICOS
La finalidad de los modelos de contaminación atmosférica es estimar las concentraciones de contaminantes en el aire exterior como consecuencia, por ejemplo, de procesos industriales, fugas o el tráfico. Estos modelos se utilizan para estimar la concentración total de un contaminante e identificar la causa de unos niveles extraordinariamente altos de contaminación. En la fase de plani- ficación de los proyectos, permite anticipar la contribución al estrés ambiental y optimizar las condiciones de emisión. Dependiendo de las normas sobre la calidad atmosférica esta- blecidas para el contaminante en cuestión, se utilizan los valores medios anuales o las concentraciones máximas durante cortos períodos de tiempo. Por lo general, las concentraciones deben determinarse en el lugar donde viven las personas, es decir, cerca de la superficie a una altura de unos dos metros del suelo.
Importancia de la evaluación del impacto ambiental
La evaluación del impacto ambiental (EIA) es el proceso por el cual el organismo responsable prepara un informe detallado sobre el impacto ambiental de una acción propuesta que afecta considerablemente a la calidad del entorno humano (Lee 1993). La EIA es un instrumento de prevención que tiene como fina- lidad evaluar el entorno humano en la fase inicial del desarrollo de un programa o proyecto.
La EIA resulta especialmente importante en los países donde se desarrollan proyectos como parte de su reorientación o rees- tructuración económicas. La EIA se ha incorporado a la legisla- ción en muchos países desarrollados y cada vez se aplica más en los países en vías de desarrollo y con economías en transición.
La EIA es una herramienta que integra la planificación y gestión del medio ambiente, considerando las interacciones entre diferentes medios. Por otra parte, la EIA incorpora la esti- mación de las consecuencias ambientales al proceso de planifica- ción, con lo que se convierte en un instrumento adecuado para el desarrollo sostenible. La EIA combina asimismo propiedades técnicas y participativas al recoger, analizar y aplicar datos cien- tíficos y técnicos considerando el control de calidad y la garantía de calidad e incluye consultas con los organismos responsables de la protección del medio ambiente y las personas que pueden verse afectadas por ciertos proyectos antes de aprobar ningún procedimiento. Un plan de calidad atmosférica puede conside- rarse como parte integrante del proceso EIA aplicado a la atmósfera.
Capa de Ozono Una estrategia para el seguimiento del control de la calidad
Una estrategia para el seguimiento del control de la calidad del aire consiste en planes y políticas referentes a la manera de poner en práctica futuros planes de calidad atmosférica.
Al ser también un plan preventivo, el plan de calidad atmosférica debe incluir estimaciones de las tendencias de la población, el tráfico, la industria y el consumo de combustibles para poder evaluar respuestas a futuros problemas. La adopción de medidas con antelación a los supuestos problemas evitará multitud de difi- cultades en el futuro.
Transporte internacional de residuos peligrosos
Como consecuencia de una serie de graves incidentes provocados por el descubrimiento en países en desarrollo de diversos carga- mentos de residuos peligrosos procedentes de las naciones indus- trializadas, el transporte internacional de residuos peligrosos se reguló en 1989 en virtud de la Convención de Basilea sobre control del transporte internacional y la eliminación de los resi- duos peligrosos (véase igualmente Kummer 1992). El Convenio se basa en el principio del consentimiento informado de cada Estado afectado con anterioridad al inicio del transporte de los residuos. La Organización de la Unidad Africana (OUA) fue más lejos y adoptó el Convenio de Bamako de 1991 sobre prohibición de la importación en Africa y el control del transporte interna- cional y la ordenación dentro del continente de los residuos peligrosos.
Protección de la capa de ozono (II)
El Convenio de Viena fue desarrollado por el Protocolo de Montreal de 1987 sobre las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono, que, a su vez, ha sido adaptado y modificado en la reunión de Londres, de 1990 y, más recientemente, en la reunión de Copenhague, de 1992. En el artículo 2 del Protocolo se exige a las partes contratantes que impongan determinados controles sobre las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono, concretamente los derivados fluorocarbonados, los haluros, otros derivados fluorocarbonados completamente halo- genados, el tetracloruro de carbono y 1,1,1-tricloroetano (cloruro de metilo).
En el artículo 5 se excluye de los límites impuestos a las emisiones, bajo las condiciones establecidas en el artículo 5(2) (3)
y por un período máximo de diez años, a determinados países en desarrollo, “con objeto de que puedan satisfacer sus necesi- dades domésticas básicas”. En el Protocolo se prevé igualmente la prestación de asistencia técnica y financiera a las naciones en desarrollo firmantes del documento que soliciten acogerse a los beneficios del artículo 5. Se acordó la creación de un Fondo Multilateral destinado a financiar la investigación en esos países y el cumplimiento de sus obligaciones (artículo 10). A la luz de los resultados de la Evaluación Científica de la Destrucción de la Capa de Ozono, realizada en 1991 y en la que se determinó la progresiva destrucción de la capa de ozono atmosférico en las latitudes medias y altas de ambos hemisferios, en noviembre de
1992 se acordó en Copenhague la adopción de varias nuevas medidas, naturalmente, en el marco del régimen general antes definido. Los países en desarrollo conservan su derecho a acogerse a los aplazamientos previstos en el artículo 5. Todas las partes contratantes se comprometieron a no utilizar haluros a partir de 1994, y a dejar de emplear los derivados fluorocarbo- nados, el hidroxibutilfluorocarbono, el tetracloruro de carbono y cluorurometilo a partir de 1996. El empleo de HCFC se estabili- zará en 1996, se reducirá en un 90 % a partir de 2015 y se elimi- nará desde 2030. El bromuro de metilo, utilizado todavía en la
conservación de frutas y cereales, se someterá a controles volun- tarios y las partes contratantes se comprometen a “hacer cuanto estuviese en su poder para estabilizar su empleo a partir de 1995 en los niveles de 1991. El objetivo estratégico consiste en estabilizar el contenido de cloro en la atmósfera en el año 2000, para luego reducirlo por debajo de los niveles críticos para el 2060.
Protección de la capa de ozono (I)
En el Convenio de Viena de 1985 sobre protección de la capa de ozono se impone a las partes contratantes la obligación general,
“dentro de sus posibilidades y de acuerdo con los medios a su alcance”, de:
(a) cooperar mediante la observación, la investigación y el intercambio de observación sistemáticos, a mejorar la comprensión y evaluación, tanto de los efectos de la acti- vidad humana sobre la capa de ozono, como de la alteración de ésta sobre la salud y el medio ambiente; (b) adoptar las medidas legislativas o administrativas adecuadas y cooperar en la armonización de las estrategias apropiadas para controlar, limitar, reducir o prevenir la ejecución, bajo su jurisdicción o control, de cualquier actividad humana que produzca o sea capaz de producir efectos adversos como consecuencia de la modificación real o potencial de la capa de ozono; (c) cooperar en la adopción de los procedimientos, medidas y normas consensuados para la aplicación del Convenio, con vistas a la adopción de protocolos y anexos al mismo; y (d) cooperar con los organismos internacionales competentes en la aplicación efectiva del Convenio y los protocolos suscritos por dicha partes.
Efectos transnacionales de los accidentes nucleares
Aunque el siniestro ocurrido en Chernóbil en 1986 atrajo la aten- ción mundial hacia las repercusiones transnacionales de los acci- dentes nucleares, anteriormente se habían adoptado algunos convenios en los que se habían abordado diversos riesgos deri- vados del uso de ingenios nucleares, incluidos el Convenio de
1961 sobre responsabilidad por daños a terceros en el campo de la energía nuclear (1960) y la Convención de Viena sobre respon- sabilidad civil por daños nucleares (1963). Es de destacar asimismo el Tratado de 1963 de prohibición de las pruebas de armas nucleares submarinas, atmosféricas y en el espacio exterior. El Convenio de Viena de 1980 sobre la protección física del material nuclear había constituido un intento de establecer normas para la protección del material nuclear contra una serie de riesgos, incluido el terrorismo. En la estela de Chernóbil, se adoptaron en 1986 dos convenios: uno sobre la comunicación temprana de los accidentes (Convenio de Viena sobre la comuni- cación temprana de accidentes nucleares) y otro sobre la coopera- ción internacional cuando se producen tales accidentes
(Convenio de Viena sobre asistencia en caso de accidente nuclear
o emergencia radiológica).
Contaminación atmosférica transnacional a gran distancia
El Convenio sobre contaminación transnacional a gran distancia, suscrito en Ginebra en 1979, fue el primero de ámbito europeo en el que se abordó el problema de la contaminación atmosférica. No obstante, era un simple convenio marco cuyo objetivo se circunscribía a “limitar y, en la medida de lo posible, reducir gradualmente y prevenir la contaminación atmosférica, incluida la contaminación transnacional a gran distancia”. El progreso efectivo en la regulación de las emisiones de determinadas sustan- cias vino de la mano de los protocolos, de los que hasta ahora se han suscrito cuatro: en el Protocolo de Ginebra de 1984 (Proto- colo de Ginebra sobre financiación a largo plazo del programa de cooperación para la supervisión y evaluación de la difusión a gran distancia de la contaminación atmosférica en Europa) se creó una red de estaciones de control de la calidad del aire; en el Protocolo de Helsinki de 1985 (sobre la reducción de las emisiones de azufre) se estableció el objetivo de reducir las emisiones de azufre en un 30 % para 1993; en el Protocolo de Sofía de 1988 (sobre control de las emisiones de óxidos de nitrógeno o de sus flujos transnacionales), posteriormente reem- plazado por el Segundo Protocolo del Azufre, firmado en Oslo en
1994, se fijaba el objetivo de mantener en 1994 los niveles de emisión de óxidos de nitrógeno registrados en 1987; por último, en el Protocolo de Ginebra de 1991 (sobre el control de las emisiones de compuestos orgánicos volátiles o de sus flujos transnacionales) se fijaron una serie de alternativas para la reduc- ción de las emisiones y los flujos de compuestos orgánicos volátiles.
Lasers Conclusiones
Aunque el láser es algo relativamente nuevo en el lugar de trabajo, está difundiéndose rápidamente y lo mismo sucede con los programas relacionados con su seguridad. Las claves para el uso seguro de los láseres son, en primer término, confinar si es posible la energía radiante del láser y, si no lo es, adoptar medidas de control adecuadas e instruir a todo el personal que trabaje con láseres.
Mediciones de los láseres
A diferencia de lo que ocurre con algunos riesgos en el lugar de trabajo, en general no es necesario realizar mediciones para la vigilancia de niveles peligrosos de radiación láser en los lugares de trabajo. Dadas las dimensiones de los láseres confinados y de la mayoría de los haces láser, la probabilidad de alterar las trayecto- rias de los haces y la dificultad y el coste de los radiómetros láser, las normas actuales sobre seguridad preconizan medidas de control basadas en la clase de riesgo y no en la medición en el lugar de trabajo (vigilancia). El fabricante debe realizar medi- ciones para asegurarse del cumplimiento de las normas de segu- ridad sobre láseres y de la adecuada clasificación del riesgo. De hecho una de las primeras justificaciones para la clasificación del riesgo de los láseres fue la gran dificultad que entraña realizar medidas apropiadas para la evaluación del riesgo.
Lasers Vigilancia médica
Los requisitos sobre vigilancia médica de los trabajadores que utilizan láseres varían de unos países a otros, en función de la normativa local sobre medicina en el trabajo. Hubo un tiempo, cuando el uso de los láseres estaba restringido a los laboratorios de investigación y era poco lo que se sabía sobre sus efectos bioló- gicos, en que era completamente normal que todos los trabaja- dores que utilizaban láseres se sometieran periódicamente a un reconocimiento oftalmológico general completo, con fotografía del fondo de ojo (retina). No obstante, al principio del decenio de
1970 se cuestionó la validez de esta práctica, ya que los hallazgos clínicos eran casi siempre negativos y se advirtió claramente que tales exploraciones solo servían para descubrir lesiones agudas detectables subjetivamente. Esto indujo al grupo de trabajo sobre láseres de la OMS, reunido en Don Leaghreigh, Irlanda, en
1975, a pronunciarse en contra de tales programas de vigilancia y
a promover la comprobación de la función visual. A partir de entonces, la mayoría de los grupos nacionales de la salud en el trabajo ha rebajado continuamente las exigencias de reconoci- miento médico. Hoy día los reconocimientos oftalmológicos completos sólo se exigen con carácter universal en caso de lesión ocular por láser o de sospecha de sobreexposición y generalmente se requiere una exploración de la función visual antes de desem- peñar un puesto de trabajo. En algunos países se requieren explo- raciones adicionales.
Lasers Formación
En la investigación de los accidentes con láseres tanto en situa- ciones de laboratorio como industriales surge un elemento común: la falta de una formación adecuada. La formación sobre seguridad de los láseres debe ser adecuada y suficiente para las operaciones con láser en las que intervendrá cada trabajador.
Ha de ser específica para el tipo de láser y la tarea que el traba- jador tenga encomendada.
Lasers Medidas de seguridad (II)
Cuando no sea posible encerrar láseres de las clases 3 y 4, deberá establecerse una zona con entrada controlada para el láser y generalmente dentro de la zona de riesgo nominal (ZRN) del haz láser es obligatorio el uso de protectores oculares contra el láser. Aunque en la mayoría de laboratorios de investigación en los que se utilizan haces láser colimados la ZRN abarca la totalidad de la zona controlada del laboratorio, en aplicaciones de haz focalizado la ZRN puede ser sorprendentemente limitada
y no abarcar toda la sala.
Como garantía contra el uso inadecuado y posibles acciones peligrosas por parte de usuarios del láser no autorizados debe utilizarse la llave de control que traen todos los productos láser fabricados comercialmente.
Dicha llave deberá guardarse en lugar seguro cuando no se utilice el láser si éste es accesible a las personas.
Durante la alineación y la puesta a punto inicial del láser es preciso adoptar precauciones especiales, ya que la probabilidad de sufrir lesiones oculares graves es muy elevada en tales circuns- tancias. Los operarios que trabajen con láseres deberán estar instruidos en los métodos de seguridad antes de realizar la puesta a punto y alineación del láser.
Después de establecerse los límites de exposición profesional se desarrollaron medios de protección ocular contra el láser y se definieron especificaciones para determinar las densidades ópticas (OD, una medida logarítmica del factor de atenuación) que serían necesarias para láseres específicos en función de la longitud de onda y de la duración de la exposición. Aunque existen en Europa normas específicas de protección ocular contra el láser, en Estados Unidos el American National Stan- dards Institute facilita otras guías bajo las designaciones ANSI Z136.1 y ANSI Z136.3.
Detectores de contaminación gamma
Como la mayoría de los emisores gamma emiten también partí- culas beta, casi todos los monitores de contaminación detectarán radiación beta y gamma. La práctica habitual es emplear un detector que sea sensible a los dos tipos de radiación con el fin de incrementar la sensibilidad, puesto que la eficiencia de la detec- ción suele ser mayor para partículas beta que para rayos gamma. Los contadores de centelleo de plástico o de cristales de yoduro de sodio (NaI) son más sensibles a los fotones que los contadores G-M, por lo que se recomiendan para detectar rayos gamma.
Detectores de contaminación beta
Pueden utilizarse monitores beta portátiles de varios tipos para la detección de contaminación por partículas beta. Los contadores Geiger-Mueller (G-M) exigen en general una ventana delgada
(de densidad superficial entre 1 y 40 mg/cm2). Los contadores de centelleo (de antraceno o plástico) son muy sensibles a las partí- culas beta y relativamente insensibles a los fotones. Los conta- dores beta portátiles no se pueden usar en general para vigilar la contaminación por tritio (3H), porque la energía de las partículas beta del tritio es muy baja.
Todos los instrumentos empleados para detectar la contami- nación beta responden también a la radiación de fondo,lo que debe tenerse en cuenta al interpretar las lecturas del instrumento.
Cuando existe una radiación de fondo de alto nivel, los conta- dores portátiles detectores de contaminación tienen un valor limitado, puesto que no indican aumentos pequeños de tasas de recuento iniciales elevadas. En estas condiciones, se reco- miendan ensayos de barrido o de impregnación.
Detectores de contaminación alfa
La sensibilidad de un detector alfa está determinada por el área y el espesor de su ventana. Por lo general, el área de la ventana es de 50 cm2 o mayor, y la densidad superficial de la ventana es de
1 mg/cm2 o menor. Los monitores de contaminación alfa deben ser insensibles a la radiación beta y gamma para reducir al mínimo la interferencia de fondo. Esto se consigue por lo general mediante la discriminación de la altura de impulsos en el circuito contador.
Los monitores portátiles alfa pueden ser contadores propor- cionales de gas o contadores de centelleo de sulfuro de zinc.
Detección y medición de la radiación y de la contaminación radiactiva
La vigilancia o supervisión mediante instrumentos de barrido y detección en superficies de trabajo, suelo, ropa, piel y otras super- ficies son procedimientos meramente cualitativos. Es difícil convertirlos en cuantitativos. Los instrumentos empleados suelen ser dispositivos detectores, no medidores. Como la cantidad de radiactividad que interviene es a menudo pequeña, la sensibi- lidad de los instrumentos deberá ser alta.
El requisito de transportabilidad de los detectores de contami- nación depende de los usos previstos. Si el instrumento está destinado a vigilancia general de superficies del laboratorio, es recomendable emplear un instrumento portátil. En cambio, si el instrumento es para una aplicación específica y el elemento a supervisar se puede llevar hasta el instrumento, la transportabi- lidad no es necesaria. Los monitores de ropa, manos y calzado no son portátiles en general.
Los instrumentos y monitores contadores suelen incorporar lecturas en medidores y salidas aurales o conectores para auricu- lares. En la Tabla 48.14 se identifican los instrumentos que pueden emplearse para la detección de contaminación radiactiva.
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