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Timestamp: 2019-01-17 05:58:24
Document Index: 233635157

Matched Legal Cases: ['artículo 241', 'artículo 34', 'artículo 34', 'artículo 250', 'artículo 16', 'artículo 23', 'artículo 16', 'artículo 23', 'artículo 2', 'artículo 2']

SENTENCIA I. INTERVENCIONES. A. De la ciudadana María Cristina Chirolla Lozada - PDF
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Julio Julián Montoya Fuentes
1 Sentencia C-740/03 Referencia: expediente D-4449 Demanda de inconstitucionalidad contra la Ley 793 de 2002 "por la cual se deroga la Ley 333 de 1996 y se establecen las reglas que gobiernan la extinción de dominio". Actor: Pedro Pablo Camargo Magistrado Ponente: Dr. JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO Bogotá, D. C., veintiocho (28) de agosto de dos mil tres (2003). La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales y legales, en especial las previstas en el artículo 241, numeral 4, de la Constitución Política, y cumplidos todos los trámites y requisitos contemplados en el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la siguiente SENTENCIA en relación con la demanda de inconstitucionalidad que, en uso de su derecho político, presentó el ciudadano Pedro Pablo Camargo contra la Ley 793 de 2002 por la cual se deroga la Ley 733 de 1996 y se establecen las reglas que gobiernan la extinción de dominio. [ ] I. INTERVENCIONES A. De la ciudadana María Cristina Chirolla Lozada La ciudadana María Cristina Chirolla Lozada solicita la declaratoria de exequibilidad de la Ley 793 de Para ello realiza los siguientes planteamientos: 1. Niega que la acción de extinción de dominio deba regularse mediante ley estatutaria y desvirtúa la supuesta contrariedad que según el actor existe entre los artículos que la integran y la Carta Política. 2. El demandante parte de un inadecuado enfoque de la acción de extinción de dominio, pues le atribuye el carácter de una sanción penal y no el de una acción real con base en la cual se declara la ilícita procedencia de un bien. Afirma que es indebido que el actor invoque la inconstitucionalidad de la Ley demandada por vulneración del cúmulo de garantías que integran el debido proceso penal, pues, como se trata de una acción real independiente de la acción penal, ella se rige por presupuestos normativos superiores diferentes y de allí que no concurran las supuestas vulneraciones advertidas en la demanda. 3. Las nuevas causales para la procedencia de la acción son exequibles pues su diferencia con el régimen anterior radica en que ahora pueden tener relación no sólo directa sino también indirecta con actividades delictivas, situación que despoja a la acción de carácter penal y que reafirma su autonomía e
2 independencia. De allí que el nuevo régimen de causales sea exequible, con excepción de la palabra "delito" que aparece en los numerales 1 y 2 del parágrafo del artículo segundo, por restringir la procedencia de la acción de una folina no prevista por la Carta. 4. La viabilidad de la acción contra bienes equivalentes es compatible con compromisos internacionales adquiridos por el Estado colombiano; su procedencia contra herederos es una reafirmación de su carácter real y no penal; su ejercicio por parte de la Fiscalía es compatible con la Carta en cuanto dispone que aquella cumplirá también las funciones que le imponga la ley; su conocimiento a cargo de jueces penales es legítimo pues aquellos también conocen de la acción civil ejercida en el proceso penal; el sistema de retribuciones incentiva el ejercicio de la acción y el cumplimiento de los fines estatales y la regulación integral del procedimiento respeta los derechos de contradicción y oposición y es compatible con el carácter real y no penal de la acción. B. De la Fiscalía General de la Nación La Fiscalía General de la Nación se abstiene de formular solicitud alguna a la Corte; sin embargo, con base en la jurisprudencia de esta Corporación, niega que la extinción de dominio deba regularse mediante una ley estatutaria y que el articulado de la ley ahora demandada vulnere la Carta Política. En este sentido, afirma que la acción procede contra particulares y contra servidores públicos; que la propiedad no sólo puede limitarse con la expropiación, pues ello equivaldría a reconocerle el carácter de derecho absoluto; que las causales para la procedencia de la acción pueden o no estar relacionadas con conductas punibles; que el legislador es competente para determinar el régimen de nulidades y excepciones, aunque las causales de nulidad no deben asumirse como taxativas; que el grado de consulta previsto para algunas determinaciones es legítimo por tratarse del ejercicio de una competencia legislativa; que el sistema de recompensas y competencias no vulnera la Carta; que la Dirección Nacional de Estupefacientes está habilitada para intervenir en el proceso y que el único régimen vigente es el establecido por la Ley 793 de C. De la Dirección Nacional de Estupefacientes La Dirección Nacional de Estupefacientes solicita la declaratoria de exequibilidad de la Ley 793 de Para ello afirma lo siguiente: 1. La ley demandada, ni en su conjunto, ni considerando cada uno de los artículos que la integran, vulnera la Carta Política. 2. No es cierto que la acción de extinción de dominio deba regularse mediante una ley estatutaria pues aquella no tiene que ver con el núcleo esencial de un derecho de segunda generación como el de propiedad y que sólo en ocasiones excepcionales puede asumir el carácter de derecho fundamental.
3 3. El carácter autónomo de la acción de extinción de dominio no configura una adición al texto del artículo 34 de la Carta, pues se trata del ejercicio legítimo de una competencia legislativa que tiene un sólido fundamento constitucional y que se aviene con su carácter de acción real de carácter patrimonial y no de acción penal. No puede confundirse con la acción reivindicatoria ya que ésta es una forma lícita de recuperar el dominio en tanto que aquella es un mecanismo de extinción del dominio ilícitamente adquirido. 4. La regulación contenida en el nuevo régimen legal de la extinción de dominio, tanto en lo concerniente al procedimiento como a la competencia, respeta el derecho fundamental al debido proceso. Igual sucede con los efectos temporales de ese nuevo régimen ya que ellos son coherentes con el régimen de la sucesión de leyes y con la imposibilidad de que el solo transcurso del tiempo legitime un dominio ilícitamente adquirido. D. Del Ministerio del Interior y de Justicia El Ministerio del Interior y de Justicia solicita la declaratoria de exequibilidad de la ley demandada. Para ello expone los siguientes argumentos: 1. La acción de extinción de dominio debe regularse a través de una ley ordinaria y no de una ley estatutaria, punto que ya ha sido decidido por la Corte, pues no se trata de la regulación del núcleo esencial de un derecho fundamental sino de la regulación de una acción real patrimonial orientada a la extinción del dominio ilícitamente adquirido. 2. La nueva ley enfatiza la autonomía de la acción de extinción de dominio, precisión que resultaba imperiosa ante las posturas que la ataban a la acción penal y que la consideraban sanción penal o consecuencia patrimonial del delito. 3. La nueva regulación de las causales para el ejercicio de la acción se orienta a que ésta no se reduzca al ámbito exclusivamente penal, sino que proceda frente a bienes adquiridos en forma fraudulenta o ilícita y sin que necesariamente dependa de la comisión de conductas delictivas. 4. La asignación de la competencia a la Fiscalía para la iniciación del proceso no vulnera la Carta pues ésta prevé que esa institución cumplirá también las funciones que le imponga la ley, facultad que ha sido ratificada por la jurisprudencia constitucional. 5. Los incentivos pecuniarios en caso de colaboración eficaz para la obtención de evidencias estimula la participación de la ciudadanía en la denuncia de bienes adquiridos ilícitamente y han sido acogidos por la Corte en otras oportunidades. 6. En el ejercicio de la acción de extinción de dominio debe respetarse el debido proceso, pero debe hacérselo teniendo en cuenta el carácter real y patrimonial que le asiste a aquella y no atribuyéndole la índole de una sanción penal y, en consecuencia, extendiéndole las garantías contenidas en el debido proceso penal.
4 7. La regulación de las fases del proceso, medidas cautelares, reglas de procedimiento, notificaciones y nulidades resulta compatible con la Carta, pues le imprime celeridad y eficacia al proceso sin desconocer las garantías procesales que les asisten a las partes intervinientes. IV. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN El Procurador General de la Nación expone los siguientes argumentos: 1. La acción de extinción de dominio no vulnera el derecho a la propiedad sino que desvirtúa la titularidad aparente de tal derecho. Ello es así en cuanto parte del presupuesto de que el bien nunca se obtuvo, pues sólo son derechos adquiridos aquellos que se obtienen de conformidad con el ordenamiento jurídico. Además, la ilegitimidad del origen de los bienes no genera derecho a indemnización o compensación alguna, se trata de una acción real autónoma que no tiene por qué regirse por la dinámica de la acción reivindicatoria y puede promoverse contra particulares y servidores públicos puesto que no existe límite constitucional alguno al respecto. 2. La acción de extinción de dominio es autónoma, objetiva, real y judicial. Esa específica naturaleza permite que los bienes objeto de ella puedan perseguirse aún encontrándose en manos de los herederos de aquél contra quien procedía la acción, pues nadie puede transmitir más derechos de los que tiene. 3. Las causales de extinción de dominio que se ajustan a la naturaleza de la acción son sólo aquellas que tienen relación con el origen directa o indirectamente ilícito de los bienes o con la falta de demostración del origen lícito de éstos, pero no aquellas causales que tienen relación con bienes cuyo origen lícito haya sido comprobado. Éstas últimas desconocen el fundamento constitucional de la acción y por lo mismo deben retirarse del ordenamiento jurídico. 4. Los bienes que de acuerdo con la ley pueden ser objeto de la acción corresponden a lo previsto en el artículo 34 de la Carta. Además, legítimamente se permite la extinción sobre bienes equivalentes cuando no resulte posible ubicar o extinguir el dominio sobre los bienes que debieron ser objeto de aquella. 5. La jurisprudencia constitucional ha aceptado el otorgamiento de retribuciones y recompensas a quienes colaboren eficazmente con la administración de justicia como uno de los mecanismos que puede implementar el legislador para la consecución de los fines del Estado y para la protección de los derechos, la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. 6. El proceso consagrado en la ley demandada para efectos de la acción de extinción de dominio es compatible con la Carta. La ley puede determinar la manera como se inicia la acción, ordenar la aplicación subsidiaria de los códigos de procedimiento penal y civil, adoptar determinaciones ajenas a la presunción de inocencia por no tratarse de una actuación en la que se debaten responsabilidades subjetivas, peiiiiitir la actuación de los afectados directamente o a través de apoderado, atribuir el
5 conocimiento de la acción a la Fiscalía en tanto ésta, por autorización constitucional expresa, puede desempeñar funciones adicionales a las previstas en el artículo 250 superior y regular las distintas situaciones procesales y el régimen de notificaciones y el contenido, efectos y ejecución de la sentencia. No obstante, la enunciación que en el artículo 16 se hace de las causales de nulidad es exequible siempre que se considere que no se trata de una relación taxativa, pues aparte de ellas pueden concurrir otras situaciones generadoras de nulidad procesal. 7. Teniendo en cuenta que los bienes sobre los cuales se declara extinguido el dominio pasan al patrimonio del Estado, es compatible con la Carta que los gastos generados por los procesos de extinción de dominio se paguen con los rendimientos generados por tales bienes. 8. Resulta ajustado a la Carta que en los procesos de extinción de dominio, con los que se busca debilitar la estructura financiera de organizaciones delictivas con gran poder económico y tecnológico, se procure el apoyo internacional y que se recurra a los tratados internacionales de cooperación no sólo para la afectación de bienes sino también para el traslado de pruebas y demás aspectos relacionados con su trámite. 9. Contra el artículo 23 no se presenta ningún cargo y por ello la Corte debe declararse inhibida para decidir de fondo respecto de él. 10. El carácter objetivo y real de la acción posibilita su aplicación con independencia del momento en que se adquirieron los bienes, pues la Constitución protege los derechos adquiridos confoime a derecho y rechaza el incremento patrimonial indebido, independientemente de la época de la adquisición, más aún si las normas procesales son de aplicación inmediata. 11. La Ley 793 de 2002 deroga expresamente la Ley 333 de 1996 y retomó muchas de las disposiciones consagradas en el Decreto Legislativo 1975 de Por lo tanto, desde el punto de vista de la vigencia de la ley, no concurre problema constitucionalmente relevante alguno. Con base en tales argumentos, el Procurador le solicita a la Corte profiera las siguientes determinaciones: [ ] 3. Declarar la exequibilidad de los artículos 4, inciso segundo, 10, 22 y 24 de la Ley 793 de Declarar la exequibilidad del artículo 16, bajo el entendido que las causales de nulidad en él contenidas no son taxativas. 5. Declararse inhibida para fallar de fondo con relación al artículo 23 de la Ley 793 de 2002.
6 6. Declarar la exequibilidad de los numerales 4 y 5 del artículo 2 de la Ley 793 de 2002, con excepción de las expresiones "o que hayan sido destinadas a actividades ilícitas... instrumento y objeto del ilícito", contenidas en el numeral 4 y "su utilización o destinación ilícita" contenida en el numeral Declarar la inexequibilidad de los numerales 3, 6 y 7 del artículo 2 de la Ley 793 de V. FUNDAMENTOS DE LA DECISIÓN [ ] No obstante la existencia de varios precedentes en relación con el régimen legal de la acción de extinción de dominio, la Corte debe precisar que no existe cosa juzgada constitucional. Y esto es así tanto en relación con los pronunciamientos emitidos respecto de la legislación ordinaria, como respecto de las decisiones proferidas respecto de la legislación de excepción ya indicada. En relación con los fallos de constitucionalidad proferidos por esta Corporación respecto del régimen legal ordinario de la acción de extinción de dominio, no existe cosa juzgada por cuanto el nuevo régimen legal fue proferido en un contexto diferente a aquél que se tuvo en cuenta para promulgar la legislación anterior. Es decir, las circunstancias existentes al momento de la emisión de la nueva legislación fueron distintas a aquellas que valoró el legislador de hace ocho años. Si bien la institución constitucional que se regula es la misma, la manera como el Congreso ha ejercido su poder de configuración normativa es diversa. [ ] Entonces, como se trata de una regulación legal diferente, emitida en un contexto también distinto, los diversos pronunciamientos de la Corte sobre esta materia no constituyen cosa juzgada frente a la nueva ley que aquí se examina. Y esto es así incluso en relación con aquellas normas jurídicas que se expresan a través de textos aparentemente iguales a otros ya examinados por esta Corporación pues, a pesar de esa aparente identidad, tales textos, al hacer parte de un cuerpo noimativo proferido frente a un contexto diferente y con una finalidad diversa, configuran reglas de derecho dotadas de un nuevo sentido, sobre las que los pronunciamientos de esta Corporación carecen de efecto vinculante y susceptibles de generar un nuevo pronunciamiento de constitucionalidad. De igual manera, si bien se aprecia que varias de las normas ahora demandadas en su momento hicieron parte del Decreto Legislativo 1975 de 2002 y que sobre ellas existe un pronunciamiento de constitucionalidad previo, en relación con ellas tampoco existe cosa juzgada pues se trató de una legislación proferida con base en las facultades conferidas al Gobierno Nacional por el derecho constitucional de excepción y, por lo mismo, sometida a unos criterios de control distintos a los de una ley ordinaria. Por tales motivos, la Corte está habilitada para pronunciarse sobre la integridad de la Ley 793 de 2002, pues no existe cosa juzgada constitucional sobre ninguno de los preceptos que la integran. No obstante, esta circunstancia no impide que, con las precisiones del caso, se retomen consideraciones esgrimidas en esas oportunidades para fundamentar algunas de las decisiones que tomará la Corte en esta ocasión. B. El derecho de propiedad y la extinción de dominio en el constitucionalismo colombiano
7 La Corte hará una breve reseña del régimen del derecho de propiedad y de la acción de extinción de dominio en el constitucionalismo colombiano y analizará la naturaleza jurídica que le asiste a esta institución, pues si bien se trata de un tema que hasta cierto punto ya ha sido definido por su jurisprudencia, principalmente en las sentencias que se ocuparon del examen de constitucionalidad de la Ley 333 de 1996, en este caso se trata de resolver cargos contra normas constitutivas de un nuevo régimen y respecto de las cuales no existe cosa juzgada constitucional. [ ] C. Aspectos fundamentales del derecho de propiedad y de la acción de extinción de dominio en el constitucionalismo colombiano 5. Como puede verse, el derecho de propiedad y la acción de extinción de dominio han sido objeto de una regulación progresiva en el constitucionalismo colombiano. En razón de ella, de manera paulatina, desde 1886 hasta 1991, se fueron delineando tres aspectos fundamentales: La exigencia de licitud para el título que origina el derecho de propiedad, la atribución de una función social y ecológica a ese derecho y su sometimiento a razones de utilidad pública o interés social. Cuando el primer presupuesto no concurre, procede la declaratoria de extinción de dominio por previsión expresa y directa del constituyente. Cuando el segundo presupuesto no concurre, procede la extinción de dominio por norma legal. Y cuando concurren razones de utilidad pública o interés social, hay lugar a la expropiación, también por previsión constitucional. 6. En relación con la declaratoria de extinción de dominio por no satisfacerse la exigencia relacionada con la licitud del título que lo origina, hay que indicar que ello es así en cuanto el ordenamiento jurídico sólo protege los derechos adquiridos de manera lícita, es decir, a través de una cualquiera de las formas de adquirir el dominio y reguladas por la ley civil: la ocupación, la accesión, la tradición, la sucesión por causa de muerte y la prescripción y siempre que en los actos jurídicos que los formalizan concurran los presupuestos exigidos por ella. Ese reconocimiento y esa protección no se extienden a quien adquiere el dominio por medios ilícitos. Quien así procede nunca logra consolidar el derecho de propiedad y menos puede pretender para sí la protección que suministra el ordenamiento jurídico. De allí que el dominio que llegue a ejercer es sólo un derecho aparente, portador de un vicio originario que lo torna incapaz de consolidarse, no susceptible de saneamiento y que habilita al Estado a desvirtuarlo en cualquier momento. El actor plantea que del nuevo régimen constitucional de la propiedad y de los derechos adquiridos no hace parte la exigencia relacionada con el justo título. Esta interpretación, no obstante, es desafortunada, pues se desentiende por completo del efecto vinculante del sistema armónico de valores, principios, derechos y deberes en que se funda la organización política y jurídica del Estado. En efecto, no tendría ningún sentido la concepción del Estado como social de derecho y, en consecuencia, como Estado de justicia; ni la inclusión del valor superior justicia en el Preámbulo de la Carta, ni la realización de un orden social justo como uno de los fines del Estado, ni la detenida regulación de la libertad y de la igualdad como contenidos de la justicia; si se peiinitiera, por una parte, que se adquieran derechos mediante títulos ilegítimos y, por otra, que esos derechos ilícitamente adquiridos fueran protegidos por la Constitución misma. Por el contrario, la concepción del Estado, sus valores superiores,
8 los principios, su régimen de derechos y deberes, imponen, de manera irrefutable, una concepción diferente: Los derechos sólo se pueden adquirir a través de mecanismos compatibles con el ordenamiento jurídico y sólo a éstos se extiende la protección que aquél brinda. La invocación que el actor hace en esta oportunidad del derecho al debido proceso no altera las cosas. Ello es así porque cualquier ley que regule un procedimiento judicial o administrativo no necesariamente se ha de sujetar a ese proceso legislativo cualificado, pues tal exigencia tiene sentido sólo cuando se trata de desarrollar el núcleo esencial de un derecho fundamental, en este caso, del debido proceso, o de imponer restricciones o limitaciones a su ejercicio, pues sólo entonces hay lugar al proceso legislativo cualificado previsto por el constituyente como un mecanismo de garantía de los derechos fundamentales y de estabilidad de su regulación. Lo contrario implicaría asumir que toda norma legal en la que se haga referencia a un trámite judicial o administrativo, por mínima que ella sea, debería tramitarse como ley estatutaria dada una supuesta regulación del debido proceso. Con este proceder, esto es, haciendo una interpretación amplia y no restrictiva de los artículos 152 y 153 de la Carta, se convertiría en regla general la excepción allí consagrada y se entorpecería la dinámica de la función legislativa ordinaria. Por lo expuesto, la Corte declarará exequible la Ley 793 de 2002 en relación con el cargo formulado por no haberse sometido al trámite de una ley estatutaria.