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Timestamp: 2017-11-20 05:56:02
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DEFENSORES - Profesionales de la Justicia! - PROBLEMAS DOGMATICOS EN LA JURISPRUDENCIA SIGLO XXI
Abogado, Postulante al Grado Académico de Magister en Derecho Penal Universidad de Talca
Fuerza irresistible, miedo insuperable, eximente de responsabilidad.
This paper seeks to decode problems dogmatic in the jurisprudence in this last century, in relation to the exemption of liability or put another way, forgiving of paragraph 9 of Chilean 10 article of the Penal Code, i.e. the force irresistible and insuperable fear, so firstly an analysis frame general of the dogmatic, in such a way the majority of authors in any position to then analyse the majority doctrine concluding with the incorporation raises of some classic bugs and to then try to add some more recent and thus achieve as it has evolved case law and how it has been shaping or majority doctrine in our past failures, which in the light of recent failures have been limited by the criminal justice reform it is very difficult to resolve, the limitation of the higher courts of Justice to resolve issues have more to do with the facts and not with the law which are presented for their knowledge and judgment.
Irresistible force, duress, exemption from responsibility.
El presente trabajo tiene por objeto el análisis de las exculpantes del numeral 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, que en su primera parte contempla la fuerza irresistible, la que según la doctrina mayoritaria corresponde a la fuerza moral irresistible y en segundo lugar contempla la eximente de responsabilidad del miedo insuperable. Se aborda estas eximentes de responsabilidad en primer lugar analizando a modo general la postura dogmática de varios autores, para luego centrarnos en el desarrollo que plantean los autores más destacados de nuestro país, tales como, los profesores Enrique Cury, Mario Garrido Montt, Sergio Politoff, Jean Pierre Matus, Maria Cecilia Ramírez y por último y no menos importante el profesor Alfredo Etcheverry, quienes como se darán cuenta en el desarrollo de este trabajo, son seguidores de la doctrina mayoritaria y que en muchos aspectos son coincidentes en sus trabajos.
Luego del análisis dogmático, el presente trabajo continúa con un análisis de jurisprudencias de estas eximentes de responsabilidad, donde podremos apreciar la tendencia de los tribunales superiores de justicia, quienes al conocer de los casos han fallado mayoritariamente en base a la doctrina mayoritaria de nuestros autores nacionales con algunos matices.
Finaliza este trabajo, con la humilde opinión de este profesional, alumno del programa de Magister en Derecho Penal de la prestigiosa Universidad de Talca en conjunto con la Universidad de Pompeu Fabre España, donde podrán apreciar a modo de síntesis como se plantea la dogmática chilena en la jurisprudencia nacional desde antaño hasta los últimos tiempos.
La fuerza irresistible y el miedo insuperable, en nuestro Código Penal, se encuentra regulada en el Libro Primero, Título I, Párrafo 2 titulado “De las circunstancias que eximen de responsabilidad criminal”, artículo 10 que señala expresamente “Están exentos de responsabilidad criminal” y su número 9 contempla “El que obra violentado por una fuerza irresistible o impulsado por un miedo insuperable”. [1]Esta norma tiene su origen en Código Penal Español de 1850, en donde el número 9 se refiere a “El que obra violentado por una fuerza irresistible” y el numero 10 a “El que obra impulsado por miedo insuperable de un mal mayor”, decisión probablemente influenciada por la propuesta de él comisionado Renjifo en orden al modelo seguido por el numeral 3 del artículo 10 del Código de Brasil que contiene: “Los que cometan crimines impulsados por una fuerza o miedo irresistible”, postura que si bien no fue acogida, llevo a que quedarán ambas causales refundidas en este numeral, donde también influyo la opinión del comisionado Pacheco,[2] lo anterior conforme a lo registrado en la sesión 7°, del 14 de mayo de 1870.
En relación a la forma en que quedo regulada estas hipótesis en nuestra legislación, cabe preguntarse el porqué de esta fórmula y no una igual a la del derecho español, autores como Cousiño[3], señalan que esta fórmula se explica fácilmente luego de que, con la supresión de la exigencia de evitar un mal mayor en el miedo insuperable, ya no habría razones para una regulación separada, Novoa por su parte,[4] reconoce que la fusión se verificó sin captar el fundamento de la separación de ambas eximentes.
2. Análisis Dogmático de la Fuerza Irresistible y el Miedo Insuperable.
2.1. La fuerza irresistible.
La primera parte del número 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, que se refiere al que obra violentado por una fuerza irresistible, no es una formula conciliadora en la doctrina, que genera discusión entre los autores.
Lo primero que se logra apreciar en conflicto, es lo que debemos entender por fuerza, y para estos efectos, algunos autores como los profesores Labatut, Rivacoba, Colvin Peña, Fuenzalida y Bañados, han entendido que esta se refiere a la fuerza física, ya que la fuerza moral relevante equivale al miedo insuperable, de tal forma que dicha parte de la norma se estaría refiriendo a lo que se denomina como vis absoluta, dejando reducida esta hipótesis a una falta de acción.[5] [6] [7] [8] Por su parte los profesores Novoa y Cousiño, agregan a esta fuerza física o vis absoluta, la fuerza moral o también denominada vis compulsiva, pero exclusivamente en la hipótesis en que se ejerce violencia física.[9] [10] Otro grupo de autores, como los profesores Vera, Fernández, Del Rio, Etcheverry, del Villar, Arias, Garcia, Prams; entienden que esta parte de la norma se refiere y aplica tanto a la vis absoluta como a la vis compulsiva, entendiendo a esta última como a la fuerza moral.[11]Por último, siguiendo a la tendencia más moderna del derecho penal, autores como los profesores Cury, Garrido, Naquira, Politoff-Matus y Ramírez , parecen más partidarios de que esta parte de la norma se refiere solo a la vis compulsiva, es decir solo a la fuerza moral, aunque no se pronuncian sobre la vis absoluta, aunque esta de falta de pronunciamiento me parece que se debe por el hecho de ser consecuentes con el desarrollo de sus obras, entendiendo como en el caso del profesor Cury, que la vis absoluta o fuerza física es analizada o desarrollada a nivel de la acción, importando un caso de inexistencia de la misma.[12]
El origen español de esta eximente de responsabilidad penal da pie para que los partidarios de restringir la aplicación a los casos de fuerza física, que se basan en la aislada pretensión lexicográfica de que “fuerza” y “violencia”, solo puede entenderse como algo físico, entendiendo que la referencia del derecho español a la vis compulsiva debería estarse a la segunda parte de la norma en comento, es decir, dentro del “miedo insuperable”, argumentándose, que así es como lo interpretó pacíficamente la doctrina y jurisprudencia de dicho país. Este argumento no ha tenido mayor repercusión, al punto que los partidarios de la tesis contraria o no se hacen cargo de esta tesis o se limitan a calificar de incomprensible la opinión dominante en España.[13]
El profesor Hernández, considera que es absurdo restringir la disposición legal, casi a la insignificancia, lo que es especialmente valido para quienes pretenden restringirla a hipótesis de vis absoluta, cuya irrelevancia penal no requeriría la previsión de una eximente, pues en ausencia de conducta simplemente decae el concepto de delito del artículo 1°.
En relación a la otra opinión extrema, que dice relación con el recurso al miedo insuperable, continúa el profesor Hernández, que no parece suficiente este recurso, pues sin duda son inimaginables situaciones extremas que en rigor no producen miedo y en la que es igualmente inexigible que el sujeto se comporte conforme a derecho.[14]
Ahora como se puede apreciar en la opinión dominante, el numeral 9 del artículo 1º de nuestro Código Penal, no duda en ver una referencia a la vis compulsiva por medios físicos o morales, manteniéndose una cierta ambigüedad solo en cuanto a la posibilidad de aplicarlo también a la vis absoluta, lo que a la luz de las mejores razones parecen, mayoritariamente, optar por su negativa, pero se hace el alcance de que esta opinión no tiene mayor trascendencia practica pues los supuestos a los que se refieren son de muy rara ocurrencia.
Por su parte, el concepto de vis compulsiva parece sugerir la idea de una fuerza ejercida por factores exógenos sobre la voluntad del sujeto, aunque la tendencia es a reconocer un concepto amplio de fuerza que incluye el compromiso de la voluntad también por factores endógenos, también aunque solo respecto de la vis compulsiva física, el profesor Cousiño se refiere a la “coacción” debida “a causas orgánicas propias”, en el mismo sentido el profesor Garcia aunque con una postura más bien ambivalente, ya que en principio adhiere a lo anterior, aunque sugiere lo contrario; el profesor Novoa se manifiesta abiertamente en contra y por su parte, el profesor Vargas insiste en un “acto de presión sobre el sujeto”.[15]
Esta distinción solo es relevante para el examen de casos en que tales factores endógenos actúan de modo espontaneo, sin la influencia de estímulos externos, casos en los que sin embargo, la posibilidad de alegación de fuerza irresistible resulta mínima por la ausencia de putos objetivos de apoyo y, más bien, debería dar paso a un examen de imputabilidad. Por lo demás, esta referencia a los factores endógenos se vincula a las cuestiones sobre tipo de pasiones que puedan ser relevantes para el análisis jurídico de los casos.
Conforme a la distinción del profesor Politoff,[16]entre pasiones débiles o asténicas, tales como el miedo, la confusión o la desesperación; y las pasiones fuertes, tales como la indignación o la ira; en que algunos autores consideran relevantes solo las primeras, entendiendo que las pasiones fuertes como la ira y el impulso vindicatio están expresamente excluidos por el número 9 del artículo 10 en la medida en que están recogidos por el numeral 4 y 5 del artículo 11 del Código Penal; otros al menos en principio, atienden exclusivamente a la intensidad del impulso, expresándolo en términos de la “moralidad” de la fuerza. Ante la objeción obvia de que muchos delitos sólo pueden entender como fruto de pasiones de ese tipo, algunos autores excluyen las pasiones o impulsos “propiamente delictivos”, aunque sin mayores precisiones. Probablemente se quiere aludir con ello a la exigencia de que se den en la especie estímulos extraordinarios que expliquen la aparición y el grado superlativo de la pasión. Con todo al menos parece existir acuerdo en que, entendida como fórmula amplia de vis compulsiva, la fuerza no se identifica con el miedo, sino que trasciende de él y abarca otras formas de conmoción anímica que puedan comprometer la capacidad de autodeterminación del individuo, si bien restringido a los impulsos análogos a los casos convencionalmente admitidos de inexigibilidad, sin esa restricción.
En contra de esta postura, se encuentra el profesor Naquira,[17]quien mantiene un concepto más amplio del miedo, lo que le ha permitido afirmar que la fuerza irresistible puede cumplir la función de clausula general de inexigibilidad de otra conducta en el derecho chileno, sin necesidad de acudir eximentes supralegales, lo que al menos, por lo señalado, resulta posible respecto de las hipótesis de inexigibilidad consistentes en una conmoción anímica.
Para clarificar lo ya señalado, y siguiendo la doctrina mayoritaria conforme al profesor Cury,[18] se aborda la fuerza física irresistible como uno de aquellos casos indiscutidos de ausencia de acción, señalando que en los casos en que el movimiento corporal del agente es el resultado de un acontecimiento ajeno a él, que ha doblegado no solo a su voluntad sino que también su cuerpo, señalando que la fuerza puede proceder de la actividad de un tercero o de los elementos de la naturaleza, dando importancia a esto, en el sentido de que en el primer caso existiría una acción de quien la ejerce y en el segundo caso no hay acto en absoluto. Concluye al respecto, señalando que para algunos autores, este sería el caso de la primera parte del numeral 9 del artículo 10 del Código Penal, pero en su opinión esta es una causal de inculpabilidad y abarca los casos de coacción y fuerza moral irresistible, aludiendo a la coacción como a la vis compulsiva.
Ahora bien, en capítulo aparte, el profesor Cury al tratar de las causas de exclusión de la culpabilidad, particularmente de la no exigibilidad de otra conducta, procede a analizar la fuerza irresistible, aludiendo a la fuerza moral, concordando con que este no es un tema pacifico en la doctrina que da origen a una viva discusión.
Luego, el profesor Cury, analizando el sentido y naturaleza de la fuerza irresistible, se hace cargo de lo que ya hemos señalado, en el sentido de la actual doctrina nacional minoritaria, sustentada en la opinión predominante en España, en que la fuerza irresistible a que se refiere el artículo 10 N° 9, primera parte del Código Penal, debe ser entendida como fuerza física, y que como consecuencia la exención de responsabilidad no se fundaría en la ausencia de exigibilidad, sino que en una falta de acción. Al hacerse cargo de esta postura, el profesor Cury señala en primer lugar, que las voces de violencia y fuerza no implican necesariamente la idea de lo físico. Agrega que a lo largo de nuestro Código si el legislador frecuentemente lo emplea en este sentido, es porque no contaba con otros términos que de manera más rigurosa, significaran sus propósitos. En todos esos casos, la limitación de los vocablos a lo físico se obtiene oponiéndolos a conceptos que incluyan la idea de coacción, tales como intimidación o amenazas. Pero señala, que existen otros casos, como en el artículo 457, en que es la ley la que se refiere a la “violencia”, no obstante lo cual los interpretes aceptan que comprende igualmente a la intimidación, porque, entre otras razones, la equiparación de violencia e intimidación es una constante en nuestro Código, señalando que por el mismo motivo se puede sostener que en el artículo 10 N° 9 las palabras “violentado” y “fuerza” han sido empleadas conforme a sus sentido natural y obvio, comprensivo tanto de la fuerza y la violencia físicas como las morales.
En segundo lugar, el profesor Cury, agrega que parecería absurdo que el legislador hubiese considerado necesario incorporar al catálogo de eximentes una que específicamente se refiriera a esta hipótesis de ausencia de acción. Puesto que en la definición de delito del artículo 1° del Código, la acción aparece como elemento estructural básico de todo hecho punible, parecería pleonástico insistir que no hay delito si no hay acción, lo que es reconocido por los propios autores de la doctrina criticada, quienes señalan que se trataría de una disposición que estaría de más, además de que se referiría a situaciones de laboratorio sin importancia práctica, interpretación que es muy objetable.
En tercer lugar, el profesor Cury, destaca que el N° 9 artículo 10, exime de responsabilidad al que “obra violentado por una fuerza irresistible”, señalando que quien se mueve simplemente vencido por una fuerza física no obra. La expresión obrar significa “actuar”, y la prueba de ello es que el mismo precepto también se emplea al miedo insuperable, respecto del cual nadie negaría que el sujeto estaría realizando una acción, tal como ocurre en los casos de los locos o dementes y las hipótesis de legítima defensa, con lo que evidentemente son actuaciones.
Por último, el profesor Cury, agrega que no es razonable que la ley excluya la punibilidad del que se encuentre en situación de inexigibilidad por una causa como el miedo insuperable y niegue la excusa cuando la ausencia de la exigibilidad se debe a otra aún más poderosa y comprensible, como lo es la amenaza de verse sometido a un grave daño físico o anímicamente perturbado por una situación excepcional, aunque se obre en realidad sin temor, decir por ejemplo que se conciben las atenuantes pasionales nada explica, ya que por una parte es inexplicable la injusticia de tratar diversamente hipótesis que , en sus efectos sobre la capacidad de autodeterminación y en su disvalor ético-social, suelen ser idénticas y, por la otra, el tenor de los preceptos que se refieren a las señaladas atenuantes ponen de relieve que ellas operan en casos en que la magnitud de la intensidad de la conmoción psíquica no fue suficiente para suprimir por completo la exigibilidad o en los que la reprobabilidad de la reacción excluye la posibilidad de exculparla, tal como ocurre en los casos de vindicación, obcecación y/o arrebato.
Concluye el profesor Cury,[19]la fuerza irresistible de que trata el art. 10 N° 9, primera parte, ha de ser entendida, en el sentido de la fuerza moral irresistible y que así lo ha declarado la jurisprudencia, aunque con vacilaciones, como se verá más adelante.
En este sentido, el profesor Cury conceptualiza “la fuerza moral irresistible como un estímulo de origen externo o interno, cuyo enjuiciamiento ético-social es análogo al del miedo, el efecto parental o el sentido de obediencia, el cual desencadena en el sujeto un estado grave de conmoción psíquica, suficiente para alterar profundamente en un hombre medio la capacidad de autodeterminación.”
A raíz de este concepto, la fuerza irresistible aparece como una excusante de gran importancia, que por la extensión de sus efectos, cumple entre las causales de inexigibilidad semejante al legítimo ejercicio de un derecho entre las de justificación. Dentro de la fuerza moral irresistible se puede en primer lugar encontrar los casos de coacción, es decir, aquellos casos en que el sujeto obra bajo la amenaza de una violencia física inminente de que otra persona se propone ejercer en contra de su persona o de un tercero, colocando en peligro su integridad corporal o su vida; en la misma suerte, la hipótesis de estado de necesidad exculpante, en los que el autor realiza típicamente el sacrificio de un bien jurídico equivalente al que trata de salvar de un peligro actual inevitable con otro medio; y por último, dentro de límites razonables, agrega esta autor, ciertos casos de inexigibilidad cuyo origen se refiere a reacciones espontaneas del sujeto, que conmueven significativamente sus facultades de autodeterminación a los cuales, en otras legislaciones, es imposible acoger si no se emprende a la apertura a las causales excusantes supralegales.
Por último, el autor reconoce la existencia de límites precisos que limitan el empleo abusivo de esta causal de inexigibilidad, las que podemos entender como requisitos para su procedencia, siendo estas, en primer lugar, precisar que el estímulo sea de una naturaleza análoga, desde el punto de vista ético-social, a la de otros a los cuales la ley acuerda eficacia excluyente de la exigibilidad, tales como el miedo de la segunda parte del numeral 9 del artículo 10, el efecto parental del 17 inciso final del Código Penal y el sentimiento de extrema obediencia del artículo 214 del Código de Justicia Militar; de manera que no podrán ser tomadas en cuenta sino solo aquellas causas de perturbación anímicas equiparables a esas con arreglo a este criterio, considerando que se deben expresamente eliminar el impulso vindicatio y la ira, de los cuales se hace cargo el artículo 11 en los numerales 4 y 5, concediéndoles solo la capacidad de atenuar la pena como disminución de exigibilidad e implícitamente otros como el arrebato sexual y la codicia desenfrenada. Se destaca en este sentido, que este criterio no traza una frontera bien definida, constituyendo un punto de apoyo para las resoluciones de la práctica. Por su parte, como segundo criterio, el profesor Cury, agregar que solo pueden ser apreciados estímulos que hayan obrado actualmente sobre el sujeto, no debiendo considerarse deformaciones educacionales o hábitos contraídos a lo largo de su existencia, sin que deba analizar aquí las patologías psicológicas ya que deben considerar en sede de privación temporal de razón por causa independiente de la voluntad del autor, señalando que para la fuerza irresistible lo que interesa es únicamente aquellos estímulos que obrando aquí y ahora sobre un hombre medio, provocarían en él un efecto perturbador irresistible. Por último, y como tercer criterio, el profesor Cury, agrega que es necesario que la perturbación experimentada por el sujeto sea tan profunda que reduzca su capacidad de autodeterminación hasta un límite que tampoco un hombre medio podría sobrepasar, siendo esto a lo que alude la ley como requisito de irresistibilidad, constituyendo la mejor garantía de que la eficacia de la eximente no se ampliara en forma inmoderada, compartiendo lo señalado por el profesor Etcheverry.[20]
Finaliza el profesor Cury, agregando que es irrelevante en principio que la causa del estímulo perturbador posea existencia real o no, la cuestión dependerá de la evitabilidad o inevitabilidad del error.
Por su parte los profesores Sergio Politoff, Jean Pierre Matus y Maria Cecilia Ramírez, dentro del análisis de las causales de inexigibilidad, se refieren al tema de la fuerza irresistible, los que al igual que el profesor Cury, se refieren a la fuerza moral irresistible, señalan que pese a que la cuestionada formula del numeral 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, fue tomada del modelo español y que en dicho país incomprensiblemente la doctrina mayoritaria y la jurisprudencia solo incluyen el concepto de fuerza física absoluta, en el derecho francés, donde aparece por primera vez, el belga y hasta en el holandés y sobretodo en nuestra jurisprudencia y doctrina mayoritaria se acepta que ella se refiera también o exclusivamente a la fuerza moral, pues a efectos de la exigibilidad de otra conducta, la fuerza física no juega ningún papel, al igual que el profesor Cury, la acción que se ejecuta en virtud de una violencia irresistible no es seguramente una acción humana, señalando que quien obra de esta forma no es aquel acto un hombre sino que lo equiparan a un instrumento, sin embargo en la fuerza moral, siguiendo a Carrara “toma parte el hombre interno y el hombre externo”, en donde el hombre violentado, por el anuncio de un mal grave e inminente o por el ímpetu de las pasiones, se produciría una anulación del libre arbitrio. Estos autores, admitiendo que la fuerza irresistible de la primera pare del número 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, se debe entender comprensiva de la vis moral, convienen estos autores, que se trata de un estímulo de origen externo o interno que haya producido en el sujeto, por su gravedad e intensidad, una alteración psíquica que conduzca a una profunda alteración de su capacidad de autodeterminarse, agregando que la presión psíquica no anula enteramente la libertad del sujeto, quien podría omitir la conducta ilícita, afrontando las consecuencias, lo que le es inexigible ya que su capacidad de libertad de decisión se encuentra reducida a un mínimo.[21]
Estos autores, al igual que el profesor Cury, también plantean criterios para determinar lo irresistible de la fuerza, no distando mucho de lo señalado por este último, sin embargo, no ven la razón para reducir los efectos de la eximente a las pasiones débiles, ya que la ley no hace distingo alguno. [22]
Por su parte el profesor Mario Garrido Montt, también dentro de su análisis de las causales de inexigibilidad de otra conducta, en relación a la primera parte del numeral 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, nos señala que existe cierto consenso en la doctrina en el sentido de que la fuerza a que se refiere el legislador es la vis compulsiva, sin aludir al concepto de vis absoluta, que es la fuerza física que transforma al sujeto en instrumento, por lo que no existiría acción en dichas circunstancias y que por consiguiente no puede llegar a plantearse la carencia de culpabilidad, compartiendo los fundamentos del profesor Cury.
En relación al concepto de fuerza, aludiendo a la vis compulsiva, el profesor Garrido Montt se refiere a “un incentivo exógeno o endógeno de cualquier naturaleza que repercute en la psiquis del afectado, con tal intensidad- aunque sin anular su facultad volitiva- que lo compele a la realización del acto típico.”[23] Agrega que lo relevante es que la fuerza se dirige a la mente del sujeto, la que puede ser moral o material, dirigida a decidirlo a la ejecución del comportamiento típico, siendo la fuerza material de esta hipótesis, distinta a la vis compulsiva.
El profesor Garrido Montt, al igual que los otros autores desarrollados, también impone condiciones para determinar la concurrencia de la fuerza irresistible, siendo para él en primer lugar la naturaleza compulsiva de la fuerza, la que puede ser de naturaleza humana o fenoménica, esto es que provenga de la actividad de terceros o de fenómenos naturales, siendo cualquiera que sea su origen, provocadora de una reacción en el sujeto imposibilitado de resistir. Esta puede tratarse de coacciones que otras personas ejerzan sobre el sujeto, entendiendo por coacción la amenaza de ejercer fuerza física en su contra o en otras personas vinculadas al coaccionado. Cabe destacar, que el profesor Garrido Montt, enfatiza que la fuerza también puede obedecer a elemento internos de la psiquis del individuo, tales como crisis psicológicas intensas y sorpresivas, un mal físico grave, etc.
Señala el profesor Garrido Montt, que la fuerza irresistible, exculpa al realizador de un acto típico y antijurídico por no ser exigible en tales circunstancias un comportamiento conforme a derecho y, que la actividad típica que realiza para proteger un bien de igual o mayor valor al que sacrifica es ilícita y no queda restringida al limitado ámbito de la propiedad ajena, como sucede en el estado de necesidad, por lo que puede recaer sobre bienes jurídicos de cualquier naturaleza.
Por su parte, en cuanto a la moralidad de la fuerza, este autor no señala que la fuerza que impulsa al sujeto, debe mantenerse un criterio relativo, más bien neutro, la fuerza debe apreciarse en el caso concreto, de acuerdo a la realidad que sufre quien la experimenta, difiriendo a los otros autores que la entrelazan con las atenuantes de los numerales 4 y 5 del artículo 11 del Código Penal, señalando que estas no pueden ser índices que permitan concluir que en el numeral en comento, solo se comprenden fuerzas éticamente valorables y que lo que debe apreciarse es si en la sociedad de que se trata son socialmente apreciadas.[24]
Como segunda condicionante, para la procedencia de la fuerza irresistible, el profesor Garrido Montt, señala que, la fuerza debe ser actual, que no ha de corresponder a costumbres, hábitos o a la educación adquirida por el afectado, que deberá consistir en estímulos que recibe en un momento determinado y que no pueda controlar.
Por último, como tercer condicionante para la procedencia de la exculpante en comento, el profeso Garrido Montt, nos dice que la fuerza que ha de impulsar al sujeto debe tener una intensidad suficiente para que este la sienta irresistible, de tal forma que las inhibiciones del sujeto y sus posibilidades motivadoras conforme a derecho deben resultar seriamente afectadas, no se trata de que la fuerza lo prive temporalmente de la razón , pues en dicho caso, estaríamos frente a la eximente del numeral 1 del artículo 10 del Código Penal, en todo caso, siguiendo al profesor Etcheverry, para invocar esta eximente, el sujeto no debe encontrarse obligado a resistir la fuerza, como los ya nombrados casos de los policías o militares, ya que son circunstancias inherentes a sus propias actividades.
Por su parte, el profesor Etcheverry respecto esta eximente, que analiza a propósito de la no exigibilidad de otra conducta, donde nos señala que en esta eximente no se discute que se contempla los casos vis absoluta, a nuestro parecer y la de los otros autores analizados, esto no es así, muy por el contrario, no concordamos con el profesor Etcheverry, no es una situación no discutida. El fundamento que nos señala este autor, obedece a una interpretación amplia de la norma, que considera más armónica con el resto del sistema, ya que si se reconoce a una emoción, como lo es miedo, el valor de excusante si es insuperable, no divisa por qué habría de negar igual valor a otras emociones, tales como el dolor, la ira, etc., si estas alcanzaran igual grado de intensidad, haciéndose cargo de que es verdad que en el artículo 11 números 3, 4 y 5 se hace referencia a estas situaciones, pero aclara que se trata de casos de emociones poderosas pero no irresistible.
Por su parte, concuerda que el carácter de irresistible es un freno para evitar abusos de su interpretación, agrega que la ley supone que los hombres normalmente pueden y deben dominar sus impulsos, aunque comprende que en tales casos es más difícil obedecer al derecho y por eso concede atenuantes, como los casos de arrebato y obcecación. Pero la fuerza se torna irresistible cuando el sujeto, para dominarla, hubiera debido desplegar un esfuerzo heroico, sobrehumano, que la ley no le puede exigir y que la fuerza no derive de una causa que el sujeto estuviere legítimamente obligado a soportar.
Por último el profesor Etcheverry, considera que una pasión u emoción, por fuertes que sean, no son irresistibles sino tiene un coadyuvante que refuerce su potencia, tales como angustias, ansiedad extrema, gran tensión nerviosa, desesperación, o sino caen en terreno propicio, como la personalidad psicótica.[25]
2.2 El miedo insuperable.
Como se ha señalado, la opinión mayoritaria sitúa a la fuerza irresistible en campo de la exclusión de culpabilidad por inexigibilidad de otra conducta ajustada a derecho, ahora corresponde proceder al análisis de la segunda parte del numeral 9 del artículo 10 del Código Penal, esto es la situación “del que obra impulsado por un miedo insuperable”, de cuya carácter de causal de inexigibilidad en la actualidad, también es mayoritariamente de acuerdo, en este sentido los profesores Labatud, Novoa, Etcheverry, Rivacoba, Colvin, Peña, Garrido, Cousiño, Naquira, Politoff/Matus/Ramírez, Del Villar, García, Prams, Vargas; sin embargo a quien ve en esta eximente, una causa de inimputabilidad.[26]
Se entiende por miedo, en general, un estado de perturbación anímica más o menos profunda, provocada por la previsión del acaecimiento actual o inminente de un mal grave,[27] aunque la previsión no sea correcta, es decir aunque el peligro no sea real, es decir que se debe tratar de un mal real o imaginario, aunque si bien respecto de esto último un sector de la doctrina se remite a las reglas sobre error y niega la eximente cuando el error ha sido vencible, discusión que parece no ser más que proyección de aquella otra sobre el carácter individualizador o generalizador del juicio de exigibilidad. Existe cierto acuerdo en cuanto a que la eximente no requiere que el miedo alcance una intensidad tal que llegue a alterar la conciencia del sujeto, caso en el cual debería indagarse más bien una causa de inimputabilidad, concretamente una hipótesis de privación total de razón del numeral 1 del artículo 10 del Código Penal. Aisladamente se ha sostenido un concepto de miedo que prescinde de una perturbación o conmoción anímica y que simplemente lo identifica con la representación atendible de que acaezca un mal inminente que no es exigible soportar, con lo cual se produce un importante grado de equiparación entre la fuerza y el miedo.
Siguiendo la doctrina mayoritaria y especialmente al profesor Enrique Cury, quien al analizar la segunda parte del numeral 9 del artículo 10 de nuestro Código Penal, señala que esta exculpado por ausencia de exigibilidad quien obra “impulsado por un miedo insuperable”, definiéndolo como un “un estado de perturbación anímica más o menos profunda, provocada por la previsión de ser víctima o de que otro sea víctima de un daño.”[28] Este autor nos señala, para que sirva de base a la exculpante es necesario que la perturbación alcance un nivel intolerable para un hombre medio, sin ser necesario que el sujeto llegue a un estado de auténtica inimputabilidad, como pretende la doctrina dominante en España; agregando que en nuestro país los casos de significativa alteración caen más bien en la causal del numeral 1° segunda parte del artículo 10 del Código Penal, refiriéndose a una privación total de la razón. Ahora bien, en relación a las causas del miedo, señala que es indispensable realizar una individualización mayor que respecto de otras causales de inexigibilidad, pues es una realidad insoslayable que ciertos sujetos experimentan un temor cerval que a otros sujetos les serian indiferentes; circunstancia que no se puede dejar de lado al apreciar esta eximente, en la medida que sea susceptible de apreciación empírica. Agrega que al igual que la fuerza irresistible, da la mismo que la causa del temor sea real u obedezca a una representación inevitable errada del sujeto, en los casos de error evitable, la culpabilidad subsiste pero atenuada. Luego se hace cargo de los casos en que existe cierta categoría de personas para las cuales existe un deber incrementado de afrontar el peligro y por consiguiente de vencer el miedo por razón de las actividades a las que se dedican, tales como los militares, policías, bomberos, médicos, etc., los que también pueden alegar esta exculpante, con la salvedad de que no pueden invocar causas de aquellos riesgos que están obligados a soportar, de tal forma que el soldado no puede exculpar su deserción por el terror a la presencia próxima del enemigo, ni el policía su colaboración con los delincuentes por el temor de ser atacado por ellos, pero en su caso, esta causal de inexigibilidad surte los efectos respecto de estos sujetos, pues la profesión de héroe, como tal no existe.[29]
Finaliza su análisis, el profesor Cury, haciéndose cargo de la opinión de otros autores, en el sentido de la exigencia de que el individuo no disponga de otro medio salvo la realización de la conducta típica, dicho de otro modo, de la exigencia de otra conducta ajustada a derecho para evitar el miedo, señalando que con ello se pierde de vista la naturaleza subjetiva de la exculpante, pues difícilmente puede esperarse de un sujeto aterrorizado que analice las circunstancias para verificar las distintas posibilidades con que cuenta a fin de escapar a lo que le aterra.
Por su parte, los profesores Sergio Politoff, Jean Pierre Matus y Maria Cecilia Ramírez, también dentro del análisis de las causales de inexigibilidad de otra conducta se refieren al miedo insuperable, y lo definen, siguiendo a la jurisprudencia española, como “un sobrecogimiento del espíritu producido por el temor fundado de un mal efectivo, grave e inminente, que nubla la inteligencia y domina la voluntad, determinándola a realizar un acto que sin esa perturbación psíquica del agente sería delictivo”,[30]agregan estos autores que no se debe entender el miedo como terror, esto es, como una causal de inimputabilidad que anule enteramente al sujeto de su voluntad, como pudiera sugerirlo dicho vocablo, aclaran que efectivamente hay un efecto psíquico ya en el temor, pero este no necesita quitar al sujeto toda posibilidad de optar por una u otra reacción frente a la amenaza de un mal o ante una situación de peligro, de tal forma que si ello fuera la exigencia, la disposición sería innecesaria porque bastaría el trastorno mental del número 1 del artículo 10 de nuestro Código Penal.
Estos autores, también plantean criterios para determinar lo insuperable del miedo, señalando que para que pueda admitirse la inexigibilidad de otra conducta, es necesaria una aprehensión ante un grave peligro o amenaza, que por su intensidad sea insuperable, siendo baremo para determinar la superabilidad el miedo, al igual que la fuerza irresistible, el fundamento mismo de la exculpación, esto es la inexigibilidad para el que padece el miedo, en el caso y circunstancias concretas, sin embargo como ya se ha planteado, para el caso de aquellos que desarrollan una actividad riesgosa, como los militares y los policías, se les imponen mayores exigencias para acoger la causal de inexigibilidad, siendo razonable para el sujeto normal, el baremo del hombre medio para excluir la culpabilidad.
Por ultimo agregan estos autores, que para el caso en que la intensidad del miedo no alcanzare el grado requerido como para considerarlo insuperable, se admite en la jurisprudencia y doctrina española, la atenuación inherente a las eximentes incompletas.
Ahora bien, estos autores haciéndose cargo de los errores sobre los supuestos de hecho que ocasionaren el miedo, señalan que caracterizándose el miedo por una alteración del ánimo, es esto lo que fundamenta la exculpación, por lo que a primera vista parece irrelevante que sus causas tengan un origen real o no y en el sentido de nuestra norma, que exime de responsabilidad por la existencia del miedo insuperable, siguiendo sus ejemplos, el miedo frente a un incendio real o imaginario es el mismo, si el sujeto está convencido de su existencia y si aplasta a otras personas por huir, su error no hace al miedo menos intenso, por lo que castigar en dichos casos por un delito doloso puramente atenuado no resulta convincente, sobre todo si se considera un derecho penal orientado a las consecuencias, y en la inexistencia en Chile de la regulación precisa que ha dado origen, en Alemania algunas tesis doctrinales en sentido contrario.
Por último concluyen estos autores que si bien puede tratarse de un miedo insuperable y que atendida la representación de los hechos por el sujeto pudo ser evitable, es decir que pudo reaccionar menos precipitadamente, es concebible ya que se trataría de un error factico, que se optara por reconocer que al terror imprudente del hechor siga el castigo por el correspondiente hecho culposo, lo mismo seria para el caso en que la fuerza que compele al autor fuere imaginaria.
Por su parte, el profesor Mario Garrido Montt en el mismo contexto, trata el miedo insuperable, definiéndolo como “un estado emocional de mayor intensidad producido por el temor fundado de un mal efectivo, grave e inminente, que sobrecoge el espíritu, nubla la inteligencia y domina la voluntad”.[31]Agrega el profesor Garrido Montt, que el miedo es un estado emotivo que debe distinguirse del simple temor, aprehensión o inquietud, donde estas últimas posiciones psicológicas pueden calificarse como normales en un estado de ánimo tranquilo. Por su parte, el miedo como un estado emocional intenso, no debe alcanzar el grado de privar al sujeto de todas sus facultades psíquicas, pues en dicho caso estaríamos en caso del numeral 1 del artículo 10 del Código Penal.
Respecto a la naturaleza de esta eximente, el profesor Garrido Montt, nos señala que la fuente la podemos encontrar en la actividad humana, en los fenómenos naturales o las meras circunstancias, esto no último no previsto por los otros autores analizados, pero esta autor nos dice que la naturaleza del miedo es irrelevante y que lo importante es que alcance la intensidad adecuada.
El profesor Garrido Montt, también impone condiciones para que el miedo tenga la calidad de exculpante, siendo la primera de ellas, que el miedo sea insuperable, considerándose de esta forma, en términos normativos, que debe alcanzar intensidad, pero no tanta como para inhibir la voluntad del sujeto, entendiendo por miedo insuperable aquel que permite no exigirle al sujeto un comportamiento diverso, un miedo que lo presione psicológicamente, de modo que una persona normal no pueda vencerlo en las condiciones que enfrenta el sujeto. Es evidente el subjetivismo de la exculpante, lo que es inevitable dada su naturaleza, ya que puede corresponder tanto a una realizad material como a una simple imaginación del sujeto. La medida de la intensidad del miedo debe hacerse con criterio objetivo, apreciando el comportamiento del sujeto conforme al baremo del hombre medio. Además, debemos agregar que la insuperabilidad del miedo, conlleva su actualidad, la inexigibilidad de otra conducta, queda limitada a las alternativas que enfrenta el sujeto en el momento específico que sufre el estado emotivo.
En segundo lugar, el profesor Garrido Montt, condiciona la concurrencia del miedo, a que una persona que lo sufra, no este obligada a soportarlo, algo a lo que ya hemos hecho referencia reiteradamente y que no es necesario abordar nuevamente ya que no existe diferencia entre esta autor y los demás.
Por último y no menos importante, el profesor Alfredo Etcheverry, también aborda él, esta eximente de responsabilidad y lo hace en el contexto de la no exigibilidad de otra conducta, analizando el miedo, distinguiéndolo del temor, señalando que el primero tiene una raíz emocional e instintiva más fuerte, en cambio el temor es más compatible con un estado más tranquilo y reflexivo, agregando que el terror y el espanto son grados más acentuados del miedo, los que frecuentemente llegan al oscurecimiento de la conciencia, las que pueden fundar la eximente del numeral 1° del artículo 10 de nuestro Código Penal.
Este autor concuerda con los otros analizados, en cuanto a que no existe exigencia legal respecto a la naturaleza que origine al miedo, de manera que puede tratarse de un origen provocado por un tercero o por hechos de la propia naturaleza.
En cuanto a la insuperabilidad del miedo, el profesor Etcheverry señala, que esto significa que para dominar su miedo y no permitir que determine sus actos, el sujeto hubiera de desplegar una fortaleza de carácter heroico, superior a la que se puede exigir al hombre normal y que esto ocurrirá cuando se teme un mal actual o inminente y grave, que amenace al sujeto o aun ser que le es afecto. Agrega este autor que en cuanto a la gravedad, no existe exigencia legal, así también en cuanto a la proporcionalidad entre el mal temido y el causado, pero que naturalmente será difícil sostener la insuperabilidad de este, si la amenaza no reviste el carácter de cierta gravedad para la vida, salud o integridad corporal.
Por último el profesor Etcheverry, nos señala que existen dos limitaciones para el funcionamiento de esta eximente, siendo la primera el hecho de que no podrán invocarla las personas que han adoptado profesiones en las que deben afrontar el riesgo, quienes si podrán invocarla respecto de miedos muy intensos que escapen a lo ordinario de sus profesiones, y lo mismo ocurre respecto de aquellos que estén obligados a soportar dicho miedo, como el caso de los soldados para desertar de la batalla.[32]
3. Análisis jurisprudencial de la fuerza irresistible y el miedo insuperable.
La jurisprudencia, en relación a la fuerza irresistible, se ha visto desde muy antiguo en considerar que esta también se refiere a la fuerza moral irresistible, sin embargo en pocos fallos ha restringido a considerar solo la fuerza moral externa, excluyendo pasiones o emociones, pero claramente en su mayoría, sin estas limitaciones.
Al respecto, cabe señalar un fallo de la Iltma. Corte de Apelaciones de Temuco del año 1936, en que se señaló: “La fuerza Irresistible del artículo 10 N° 9, consiste en la coacción material o moral ejercida por un tercero sobre el agente del delito, y no en la excitación psíquica que en este produce la presencia o actitudes del ofendido, por poderosos que sean los motivos de resentimiento que le impulsan”.[33]También en este mismo sentido se ha pronunciado la Iltma. Corte de Apelaciones de Concepción, en fallo de fecha 10 de enero de 2008, que señaló en su considerando segundo “la eximente invocada no puede prosperar, puesto que se funda en impulsos de orden moral que pueden ser constitutivos de circunstancias atenuantes”.[34]Fallo que a mi parecer es acertado, pues aplica la doctrina mayoritaria en cuanto a los límites de aplicación de las eximentes en análisis.
Por otro lado, en términos más amplios, la Iltma Corte de Apelaciones de Santiago, en fallo en contra de Desiderio Argandoña Pérez, del año 1943, absolvió al sujeto que había matado a su cónyuge, teniendo en consideración que esta lo engañaba con distintos sujetos y lo hacía objeto de constantes provocaciones y vejaciones, especialmente el día de los hechos materia sub lite, a lo que se unen, algunos informes médicos que daban cuenta de una personalidad propensa a accesos de violencia que determino que se considerara que había obrado violentado por una fuerza irresistible. Sentencia que siendo antigua, ya tenía más o menos claros los conceptos a que se aplica la doctrina mayoritaria en nuestro país.
Por su parte la excelentísima Corte Suprema, no resolvió del mismo modo en un caso similar del año 1968 contra Cleria Gutiérrez Palavecinos, caso en que la mujer da muerte a su marido en un estado pasional de gran exaltación, con estrechamiento de la conciencia vigilante y moral, producido por las relaciones sexuales que la víctima mantenía con su hija menor de ambos y los continuos castigos a los que la sometía, entendiendo la Corte, que sin embargo dicho estado carecía de intensidad suficiente como para ser considerado irresistible; fallo, que a mi parecer es contradictorio al anterior, pues me creo que las circunstancias, en que actúo la condenada son más propias que estas causales que incluso la anterior, en que uno puede tratar de ver un arrebato u obcecación.
Ahora en fallo de dictado por la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago del año 1950, en contra de Juan Hernández Guajardo, ha quedado demostrado que la reacción a un hecho que provoca gran impacto emocional pueda quedar cubierta por la eximente de fuerza irresistible, en este sentido dicho fallo señala que el imputado llega al lugar de los hechos cuando el ofendido acababa de matar a su padre, ante lo cual lo persigue y al alcanzarlo lo agrede, si bien ya no podía hablarse de legítima defensa, la Corte entendió que la conducta del imputado es una reacción natural, incontrolable y humanamente comprensible, razón por la cual absolvió. En este mismo sentido un fallo de la Iltma. Corte de Apelaciones de Talca del año 1951 en contra de José Segundo Osorio, a quien lo absuelve, fallo cuyas circunstancias consistían en que el imputado al salir de una quinta de recreo con su padre un mozo del local, con quien habían tenido un altercado, de improviso le dispara a su padre quedando mortalmente herido, reaccionando el imputado, enfurecidamente, abalanzándose en contra del agresor a quien le da muerte con un cuchillo. La Corte, en este caso, entendió que se trata de una reacción normal ante un hecho que lo privó de racionalidad.
Una sentencia contradictoria a las recientemente analizadas, es en contra de Celestino Herreras, del año 1967, de la Excelentísima Corte Suprema, en que no puede considerarse irresistible la fuerza que provocó en el imputado la presencia del ofendido en la habitación de su hija, considerando que aceptaba y conocía las relaciones de esta con aquel, que sabía que ella estaba embarazada del mismo y que había tenido dos hijos de padres distintos y conocidos suyos.
Un fallo muy importante, es el de la Corte de Apelaciones de Santiago de fecha 27 de mayo de 1993, Rol 150-1993, donde se señala: “que aceptando esta Corte que la eximente de fuerza irresistible, por no estar limitada legalmente, incluye la moral o la psicológica, ya que no se ve inconveniente para considerar a un estímulo emocional que tenga el carácter de irresistible similar al que se expresa para el miedo insuperable. Sin embargo es evidente que para aceptar la eximente debe aparecer claramente establecido en autos que la fuerza que proviene de emociones exacerbadas de dolor, celos, etc. Debe alcanzar un grado de insuperable, o sea, imposible de controlar por una persona de conducta normal. En el presente caso, hay prueba suficiente para acreditar que entre la querellante… y el cónyuge de la procesada... existía una relación de carácter amoroso… Sin embargo, esa falta del deber de fidelidad, no aparece bastante para crear en la reo una situación emocional tan fuerte que alcance al nivel de ser irresistible, si se considera la forma como ocurrió el suceso, en cuanto fue la propia procesada, la que se dirigió a la casa de la ofendida, en la noche para sorprender y tratar de enfrentar a ésta, y al no lograrlo provoco los daños que son materia de esta investigación.”
En este mismo sentido, sentencia la Excelentísima Corte Suprema, en causa rol 55-1997, que rechaza recurso de casación en el fondo contra una sentencia que no acogió la eximente de fuerza irresistible en un caso en que se alegó la reacción a celos ente un acto de infidelidad, con argumentos que confirman la eventual procedencia de la eximente por este tipo de razones: “Que no escapa a un entendimiento medio que el dolor y ofuscación connaturales al conocimiento concreto que se tiene de un evento de infidelidad conyugal se producen en mayor medida precisamente en ese momento llegando en ocasiones a obnubilar la voluntad y el entendimiento, empero naturalmente decrecen con el transcurso del tiempo, resultando así que para el hombre común es posible exigir en estas circunstancias una reflexión del acto a ejecutar”.
Ahora bien en los casos de miedo insuperable, la jurisprudencia más frecuente se da en los casos de amenazas o intimidación, pero también hay casos en que se aprecia el miedo insuperable, no obstante ser dudosa la delimitación con la fuerza irresistible en la forma amplia en que se comprende por los tribunales superiores. Así en un caso similar a los de hurto famélico la Iltma. Corte de Apelaciones de Concepción, en sentencia de fecha 9 de junio de 2006 rol 1602-2006, exime de responsabilidad por miedo insuperable al camionero que, habiéndole representado a su patrón las malas condiciones de su vehículo en que se desempeñaba, emprende el viaje en que se produce un accidente ante la amenaza de despido en una región con altos niveles de desempleo.
Agregamos a la sentencia anterior, un fallo de la Iltma. Corte de Apelaciones de Valdivia del año 2007, que exime de responsabilidad por el delito de usurpación de estado civil, por miedo insuperable, a la mujer que inscribió a un hijo de un padre hijo de otro padre, como hijo de su futuro marido, movida por el temor cierto, de que este, quien era funcionario de Carabineros de Chile, perdiera su trabajo, único sustento familiar, y su carrera, por no compadecerse con la moral institucional su matrimonio con una mujer, que entre otras circunstancias familiares, era madre de un niño extramatrimonial con otro hombre. En el proceso quedo demostrado que la imputada no perseguía ningún beneficio indebido, ni perjudicar al verdadero padre del niño, sino que únicamente salvar la carrera de su futuro marido, amenazada por unas exigencias que el mismo fallo califica de vulneratorias de derechos y que concluye: “Que a juicio de esta Corte, ese entorno de exigencias derivadas de una moral institucional particular, vinculada a sanciones disciplinarias y profesionales es el único escenario intelectual que permite explicar la conducta de la imputada y de su coimputado. Sin él, esto es, sin la creencia de que obrando como obraron podrían atenuar la reacción institucional a la falta moral y a la tacha familiar, resulta absolutamente incomprensible la comisión de los hechos de la causa”, lo que a juicio de la Corte, configura la eximente de miedo insuperable, aunque tanto para el profesor Hernández como en mi opinión, esta más bien puede consistir en un “estado de necesidad exculpante”.[35]
En causa Rit 30-2003 del Tribunal Oral en lo Penal de Talca, no se estimó la causal de eximente incompleta del artículo 11 numeral 1, en relación a la eximente del numeral 9 del artículo 10 del Código Penal, esto es el haber obrado impulsado por un miedo insuperable, por no haber resultado acreditado en la audiencia los presupuestos facticos que la configuran, toda vez que el único antecedente sobre el particular lo constituye su propia declaración en la que señala que siguió adelante por el miedo que le infundía el hecho de que había un arma de fuego de por medio, reconociendo a su vez que nunca fue amenazado, versión particular que no aparece refrendada por ninguna otra prueba, por el contrario, aparece más bien desvirtuada con los dichos de las víctimas en el sentido que Rodríguez era el más violento en su actuar, era quien gritaba y decía groserías. De la misma manera y por las razones hechas valer, se rechaza la petición de la atenuante por eximente incompleta, consagrada en artículo 11 N° 1 en relación con el artículo 10 N° 9 del Código Penal, invocada también por la defensa de dicho acusado.[36]
En sentencia N°36102, Corte de Apelaciones de Valparaíso-Primera Sala- 20 de junio de 2011, delito porte de arma de fuego.[37] En causa Rol 510-2011, se rechaza el recurso de nulidad deducido en contra de la sentencia de once de mayo de dos mil once, dictada por el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Valparaíso, la causal del recurso fue la establecida en el artículo 373 letra b) del Código Procesal Penal, esto es, la errónea aplicación del derecho en el pronunciamiento de la sentencia, con influencia sustancial en lo dispositivo del fallo, por considerar el recurrente que el tribunal recurrido omitió considerar para imponer la pena la concurrencia de la eximente contemplada en el artículo 10 número 9º del Código Penal, según el cual está exento de responsabilidad criminal “El que obra violentado por una fuerza irresistible o impulsado por un miedo insuperable”, no obstante la existencia de antecedentes más que suficientes para ello hechos valer en el juicio oral, consistente en que el condenado cometió el delito preso de un estado “de nervios” ante el aviso de que su hermano había sido “atacado, quizá golpeado y hasta gravemente lesionado” en las inmediaciones de la calle San Jorge, noticia que lo habría llevado a actuar impulsado por una fuerza irresistible o impulsado por un miedo insuperable, según dice haber demostrado en el juicio, todo lo cual debiera haber llevado al tribunal a absolver al condenado. Alega entre otras, en subsidio, que el fallo infringió el artículo 11 del referido código al no considerar para aplicar la pena, las atenuantes de responsabilidad número 1 denominada “eximente incompleta” porque, por iguales hechos que los ya expresados a propósito de la eximente 9ª del artículo 10 del Código Penal, el tribunal debió a lo menos considerarlos como constitutivos de una circunstancia atenuante, si estimaba que en el caso no concurren todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad a su representado por fuerza irresistible miedo insuperable.- la Ilustrísima Corte se hace cargo de las argumentaciones en su considerando tercero señalando que la sentencia recurrida efectúa -en su considerando décimo tercero- un pormenorizado análisis de las razones por las cuales rechaza la aplicación de la eximente 9ª del artículo 10 del Código Penal, estimando que no son efectivos los fundamentos esgrimidos por la defensa del condenado, en orden a si era o no exigible una conducta diferente de éste, quien iba “amargado” por lo que le estaban haciendo a su hermano. Señala el tribunal recurrido que -tal como señaló el acusado-, sus sobrinos sólo le avisaron que a su hermano le estaban pegando, de manera que ignoraba otros antecedentes de la agresión al momento en que decidió portar el arma y cometer ilícito por el que fue condenado -delito por el cual había sido condenado con anterioridad-, razón por la cual estima improcedente aplicar la referida eximente de responsabilidad tanto en su modalidad de fuerza irresistible como en la de miedo insuperable atendidos los hechos de la causa y la interpretación que la doctrina penal da de esta eximente. Agrega este considerando del fallo que desde que en la especie no concurre siquiera el presupuesto básico o esencial que permita plantearse la existencia de la eximente 9ª, esto es, que al momento de decidir portar el arma, el imputado hubiera estado en conocimiento de que su hermano había sido herido a bala por un arma de fuego, tampoco es posible tener por configurada la circunstancia atenuante 1ª del artículo 11 del Código Penal. En su considerando cuarto, al Ilustrísima Corte comparte lo razonado por el tribunal oral, no vislumbrando infracción a lo dispuesto en los artículos 10 circunstancia 9ª y 11 circunstancia 1ª del Código Penal- sin perjuicio de que habiéndolas examinado a cabalidad el fallo recurrido y en conformidad con las facultades que les confiere la ley, no corresponde a través de un recurso de nulidad un nuevo examen y razonamiento acerca de la procedencia o no de circunstancias modificatorias de la responsabilidad penal del condenado porque – como se ha resuelto reiteradamente por la jurisprudencia-, una nueva discusión al respecto importaría desnaturalizarlo transformándolo en un recurso de apelación que no contempla la normatividad vigente respecto de las sentencias pronunciadas por un Tribunal Oral en lo Penal.
En sentencia N° 3521, Corte de Apelaciones de Punta Arenas – Primera sala, 29 de julio de 2011.[38]Rol 54-2011, La primera Sala de la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Punta Arenas, rechazó recurso de nulidad en contra de sentencia condenatoria del tribunal oral en lo penal de Punta Arenas, deducido por la defensa invocando como causal de nulidad la contemplada en el artículos 373 letra b) en relación con el artículo 342 letra c) y el artículo 297, todos del Código Procesal Penal y, subsidiariamente, la contemplada en el artículo 373 letra b) del mismo Código. El recurso funda su primera causal en que los sentenciadores en su fallo no se hicieron cargo, en la forma que la ley lo exige, de toda la prueba producida, en especial de la documental, de la cual se desprendería -según esa defensa-, la existencia de razón de exculpación completa o atenuada de la responsabilidad criminal de su defendido, incurriendo así en la causal de nulidad invocada, toda vez que, además, la prueba rendida no fue apreciada conforme a las normas de la lógica y las máximas de la experiencia, a lo que la Ilustrísima Corte señala que resolviendo los sentenciadores en sus considerandos, expresaron que en cuanto a la concurrencia de una excusa legal absolutoria, o eximente de responsabilidad penal de miedo insuperable a favor del condenado, esgrimida durante el juicio -cuyo objetivo se pretendía con la documentación cuya omisión de apreciación se acusa–, no es concurrente en modo alguno y, luego de definir lo que debe entenderse por “miedo insuperable”, concluyen, por las razones que expresan, que en el caso presente, no se advierte una causa cierta e inminente que sea móvil único para la infracción cometida; continua la Iltma Corte, agregando que de esta manera no puede sostenerse que los jueces orales no se hayan hecho cargo de los medios de prueba que la defensa allegó al juicio para probar que el imputado obró impulsado por un miedo insuperable que lo exoneraría de responsabilidad criminal, razón por la cual corresponde rechazar esta causal de nulidad en que se funda el recurso. En relación a la segunda causal en virtud de la cual sostiene el recurrente que los sentenciadores, en el pronunciamiento de la sentencia hicieron una errónea aplicación del derecho que influyó sustancialmente en lo dispositivo de su fallo, consistente en no haber reconocido a favor de su defendido la circunstancia que se invocó consistente en la contenida en el artículo 11 N°1 en relación con el artículo 10 N°9 ambos del Código Penal; la Ilustrísima Corte señala que el artículo 10 N°9 del Código Penal, exime de responsabilidad criminal al que obra violentado por una fuerza irresistible o impulsado por un miedo insuperable y el artículo 11 N°1 del mismo cuerpo legal, expresa que es circunstancia atenuante, las expresadas en el artículo anterior, cuando no concurren todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad en sus respectivos casos. En consecuencia, tratándose de una eximente que carece de requisitos que sean separables o identificables a través de un procedimiento perceptivo o selectivo, como lo señalan los sentenciadores, la concurrencia de la eximente incompleta como atenuante queda a la apreciación de los jueces que conocieron de la causa, de manera que no puede sostenerse que estos incurren en error de derecho al resolver en sus fundamentos que en la especie no concurre elemento alguno que haga siquiera sospechable la existencia de un miedo insuperable , con lo que la atenuante alegada carece de sustento, motivo por el cual también corresponde rechazar esta causal de nulidad invocada subsidiariamente por el recurrente.
En sentencia n° 32009, Corte de Apelaciones de Temuco – Segunda sala, 25 de Octubre de 2011.[39] Rol 933-2011, La Segunda Sala de la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Temuco, confirmó resolución en conocimiento de recurso de apelación en contra de resolución que decreta el sobreseimiento definitivo por articulo 250 letra b), del Código Procesal Penal, en relación con el artículo 93 Nº 1 del Código Penal, recurso que sosteniendo la improcedencia de haberse sobreseído la causa en virtud de la causal prevista en el literal b) del artículo 250 del Código Procesal Penal, en relación con el artículo 93 Nº 1 del Código Penal, como quiera que los antecedentes recabados por el Ministerio Público para estimar a la imputada como responsable de la muerte de su cónyuge, siembra dudas de la participación culpable de la imputada en ese suceso. Agrega el apelante, que del análisis de los antecedentes de la investigación permite cuestionarse si la mujer imputada fue víctima de una agresión sicológica o humillación de parte de su cónyuge, o si ella obró en legítima defensa, o violentada por un miedo insuperable o por una fuerza irresistible, u obró para evitar un mal grave para su persona o derecho. La resolución impugnada que acoge la solicitud del fiscal asigna responsabilidad a una persona que falleció horas después que la víctima, respecto de quien no se decretó en vida diligencias específicas en su contra y ni siquiera se formalizó la investigación ni se efectuaron diligencias tendientes a establecer su responsabilidad penal. Citando a los profesores Cury, Matus y Politoff, quienes estiman que “que la muerte sólo puede extinguir verdaderamente la responsabilidad penal cuando ésta ha sido declarada por sentencia firme. En caso de que así no sea, constituye únicamente un impedimento para la determinación de su existencia, haciendo imposible la continuación del proceso destinado a ello”, concluye que la imputada ha sido condenada en mérito de la resolución que impugna sin mediar un debido proceso lo que podría causar serios perjuicios a las hijas de la imputada en su calidad de herederas de ella. Solicitando la recurrente Como petición concreta que se revoque la resolución apelada y se decrete el sobreseimiento definitivo porque el hecho no es constitutivo de delito o porque la imputada estuviere exenta de responsabilidad criminal de acuerdo con el artículo 10 del Código Punitivo, o en virtud de otra disposición legal, o por la que el tribunal determine. La ilustrísima Corte señala que se enseña que las causas de la extinción de la responsabilidad penal “son un conjunto de circunstancias que sobrevienen después de la comisión del delito y que destruyen la acción penal o la pena”, considerando que “la responsabilidad penal es el corolario jurídico de la reunión, en un acto determinado, de todos los elementos del delito”.[40] De lo expuesto aparece que el delito se encuentra acreditado en todos sus elementos, acción, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, y que la existencia de una causal de responsabilidad criminal no hace desaparecer el hecho ilícito, sino que atendida la naturaleza de ella, la responsabilidad de quien perpetró la conducta ilícita, antijurídica y culpable, considerando el momento de aparición de la causal, puede impedir la iniciación del procedimiento o la sanción del responsable y de allí la clasificación como aquellas que extinguen la acción penal y las que extinguen la pena.
Que atendido lo expuesto precedentemente veamos lo que dice el profesor Eduardo Novoa Monreal en su Curso de Derecho Penal Chileno, Tomo II, página 469: “Surgida una responsabilidad penal en razón de una conducta típica, antijurídica y reprochable, le corresponde al Estado hacerla efectiva y aplicar la pena correspondiente. Ello se realiza mediante el proceso penal, dirigido a verificar la existencia de tal responsabilidad, que concluye con una sentencia que la declara e impone pena al que delinquió. Sin embargo, existen determinados hechos o situaciones reconocidas por la ley en los que no es posible la pretensión punitiva, no obstante haberse generado una responsabilidad penal por la concurrencia de todos los elementos que la determinan. Puede suceder que se haga imposible la persecución penal mediante el debido proceso, por haberse extinguido la acción penal que permite incoarlo. También puede ocurrir que, no obstante haberse ejercitado la acción penal y haber concluido ella con una sentencia firme, quede excluida legalmente la posibilidad de aplicar la pena.” La responsabilidad penal nace con la comisión del delito y la muerte pone fin a esa responsabilidad penal sea antes del juicio, durante el juicio o si se está cumpliendo la condena. Que conforme se ha razonado precedentemente y lo latamente expuesto por los intervinientes en la audiencia fijada para conocer del recurso que se analiza, la Corte ha entendido claramente que la muerte de la víctima fue la consecuencia del actuar de su cónyuge, la que posteriormente se suicidó, por lo que el fundamento legal del sobreseimiento es el correcto, por lo que se decide confirmar la sentencia.
Como se ha logrado entender en el desarrollo de este trabajo, a modo de conclusión podemos señalar lo siguiente:
Siguiendo la doctrina mayoritaria, a la cual me siento más cómodo por sus postulados, es claro que las eximentes de responsabilidad analizadas, al menos en la doctrina, son de concurrente aplicación y contestes en el hecho de que la fuerza irresistible excluye las hipótesis de ausencia de acción, quedando circunscritas a la fuerza moral irresistible, cuyo origen puede ser interno o externo, cuyo análisis ético social es equivalente al miedo, afectos parentales o sentidos de obediencia, del cual se entiende que provoca en el sujeto una grave conmoción psíquica, capaz de alterar profundamente la capacidad de autodeterminación de un sujeto con el baremo del hombre medio, reconociendo límites de aplicación ante el riesgo de un empleo abusivo, en donde encontramos el hecho que el estímulo sea da tal naturaleza que desde el punto de su enjuiciamiento ético social, sea equivalente al de otras causales de exención de responsabilidad, sustrayéndose de esta forma, la venganza y la ira, las cuales son poseen capacidad para atenuar la penalidad; también como limite a la aplicación de esta eximente, debemos considerar que el estímulo que desencadene a esta fuerza irresistible, de tratarse de una fuente actual y no tratarse de hábitos del sujeto, ni tampoco de enfermedades patológicas de este, tales como psicopatías o neurosis, siendo importante para esta eximente que se trate de estímulos tan fuertes capaces de producir sus efectos, como lo señala el profesor Cury, obrando aquí y ahora, sobre un hombre medio, provocando una perturbación tan profunda que reduzca considerablemente su capacidad de autodeterminarse, lo implique el carácter de irresistible para este sujeto.
Por su parte, en cuanto al miedo insuperable, entendiéndola como una perturbación más o menos profunda del ánimo causada por la situación probable de que tanto el sujeto como cualquier otro puedan ser víctimas de un mal, en que al igual que la fuerza irresistible, es indiferente origen de la fuente provocadora del miedo, así también, da lo mismo que la causa de este temor sea real o imaginaria, pues se trata de lo que efectivamente cree el sujeto, pero sin llegar a caer en el error evitable pues en dicho caso no estaríamos en presencia de esta eximente, pues en estos casos la culpabilidad existe pero atenuada.
Ahora bien, respecto del miedo insuperable, es comprensible que en los casos de aquellos que se desempeñan en profesiones en que si están acostumbrados a soportar riesgos mayores o incluso se encuentren obligados por sus funciones a asumir ciertos riesgos, ya que han sido preparados para ello, el baremo del hombre medio no es suficiente requisito para su aplicación, sino que se debe elevar la vara de la media para su aplicación, no descartando que también puede aplicarse, ya que como lo han dicho ya varios autores, la profesión de héroe no existe.
Como se puede apreciar de los fallos, salvo los primeros que se han analizados que fueron obtenidos de otras autores y no directamente de la jurisprudencia circundante y que han pasado por filtro propio de la doctrina, la mayoría de los fallos son contestes en cuanto a los conceptos de fuerza irresistible y miedo insuperable, diferenciándose de lo que muchos autores han analizado en relación a la jurisprudencia española, teniendo su propio criterio que a mi parecer son proclives por la tendencia a la doctrina mayoritaria, aunque no se descarta en algunos fallos el matiz impuesto por el profesor Etcheverry, quien es de la idea de que si la ley no distingue, no podemos nosotros tampoco hacerlo, de tal forma que se cree que la fuerza irresistible es comprensiva de ambas fuerza, es decir, tanto de la física como moral, claro está que son muy pocos los fallos en este sentido, pues sigue siendo mayoritaria la doctrina que considera la vis absoluta como una ausencia de acción.
Por su parte, cabe señalar, que es posible apreciar que la jurisprudencia es bastante exigente a la hora de conceder esta eximente de responsabilidad, destacándose la exigencia de todos los requisitos que se han señalado por la doctrina para acceder a la eximente, y poniendo énfasis en el caso de la fuerza, el hecho de que esta sea resistible y en el caso de miedo, que se trata de una situación insuperable.
Por último, y a modo de apreciación personal, cabe señalar que si bien de estos fallos se puede apreciar que estas eximentes de responsabilidad son abundantemente utilizadas por las defensas, queda más o menos claro que tanto los Tribunales Orales en lo Penal, como también nuestros tribunales superiores de justicia, son más bien reacios a acogerla, más bien parece ser una excepción, lo que se aplica siguiendo el criterio de la doctrina mayoritaria, pero en mi humilde opinión, debo señalar que pese a no acogerse, es igualmente mezquino el trato que se da a la atenuante, aunque en este sentido los tribunales superiores dejan su apreciación a los tribunales orales, por su limitada posibilidad de entrometerse a los hechos que se han ventilados en las audiencias de juicios, quedando reservado su conocimiento a cuestiones de derecho.
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[1]Código Penal Chileno, que rige en chile desde el 1° de junio de 1874, Editorial Jurídica de chile, vigésima quinta edición, del mes de agosto de 2011, página 10 y 11.
[2]CILLERO, Miguel/COUSO, Jaime/HERNANDEZ, Héctor/MERA, Jorge, Código Penal Comentado, Parte General, Doctrina y Jurisprudencia, Primera Edición, Santiago, Edit. Legal Publishing, 2011, comentario de Hernández, Héctor, p. 244.
[3]COUSIÑO, Luis, Derecho Penal Chileno, T. I, Edit. Jurídica de Chile, Santiago, 1975, p. 507s.
[4]NOVOA, Eduardo, Curso de Derecho Penal Chileno, Parte General, Tercera Edición, Edit. Jurídica de Chile, T. I, Santiago, 2005, p 69.
[5]LABATUT, Gustavo, Derecho Penal, T. I, Novena Edición, Edit. Jurídica de Chile, Santiago, 1989, p. 83 s, 149.
[6]RIVACOBA, Manuel, Actas de las Jornadas Internacionales de Derecho Penal en celebración del Centenario del Código Penal Chileno, Edit. Edeval, Valparaíso, 1975, p 101 y 103.
[7]COLVIN, Alberto, Algunas Eximentes de Responsabilidad en el Código Penal Chileno, Revista de Derecho Universidad de Concepción, N° 162, Concepción, 1974, p. 10 s.
[8]BAÑADOS, Florencio, Código Penal de la República de Chile Concordado y Comentado, Edit. L.A. Lagunas, Santiago, 1920, p. 34.
[9]NOVOA, “Curso de Derecho Penal Chileno”, cit nota N° 4, T. I, p. 270.
[10]COUSIÑO, “Derecho Penal Chileno”, cit. Nota N° 3, t. I, p. 505 s, T. III, Edit. Jurídica de Chile, Santiago, 1992, p 243 s.
[11]VERA, Rubustiano, Código Penal de la República de Chile comentado, Imprenta de P. Cadot y Ca., Santiago, 1883, p. 105; FERNANDEZ, Pedro Javier, Código Penal de la República de Chile Explicado y Concordado, Segunda Edición, T. I, Imprenta Litografía Barcelona, Santiago, 1899, p. 96; DEL RIO, J. Raimundo, Derecho Penal, T. II, Edit. Nascimiento, Santiago, 1935, p.186 y también en su Manual de Derecho Penal, Edit. Nascimiento, Santiago 1947, p. 165; ETCHEBERRY, Alfredo, Derecho Penal, Tercera Edición, T. I, Edit. Jurídica de Chile, Santiago 1998, p. 208, 349 s ; DEL VILLAR, Waldo, Manual de Derecho Penal, Parte General, Edit. Edeval, Valparaíso, 1985, p. 92 y 193; ARIAS, Antonio, El Miedo Insuperable y la Fuerza o Violencia Moral e Irresistible, Edit. Conosur, Santiago, 1984, p. 98 s; GARCIA, María Paulina, El Estado de Necesidad en Materia Penal, Edit. Conosur, Santiago, 1999, p. 259 s; PRAMS, Claudio, El Tipo de Culpabilidad en el Código Penal Chileno, Edit. Metropolitana, Santiago 2005, p. 229 s.
[12]CURY, Enrique, Derecho Penal, Parte General, Octava Edición, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 2005, p 272, 454 s; GARRIDO MONTT, Mario, Derecho Penal, T. II, Cuarta Edición, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 2007, p. 51, 313 s; NAQUIRA, Jaime, Derecho Penal, Parte General, Edit. McGraw-Hill, Santiago, 1998, p. 57 s, 427 s; POLITOFF, Sergio/MATUS, Jean Pierre/RAMIREZ, Maria Cecilia, Lecciones de Derecho Penal Chileno, Parte General, Segunda Edición, Santiago, Edit. Jurídica de Chile, 2006; HERNANDEZ, Héctor, “comentario Código Penal”, cit nota N° 2, p. 245.
[13]MERA, Jorge/CASTRO, Álvaro, Jurisprudencia Penal de la Corte Suprema, Edit. LexisNexis, Santiago, 2007, p. 168.
[14]HERNANDEZ, “Comentario Código Penal”, cit. nota N° 2, p. 246
[15]HERNANDEZ, “Comentario Código Penal”, cit. nota N° 2, p. 246
[16]POLITOFF/MATUS/RAMIREZ, “Lecciones de Derecho Penal Parte General”, cit. Nota N°12, p. 475s
[17]NAQUIRA, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 424, 432 s
[18]CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 271s
[19]CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 456.
[20]ETCHEVERRY, “Derecho Penal”, T.I, cit. nota N° 11, p. 640 y 641
[21]GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p. 240.
[22]CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 343 y 344
[23]GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p. 240.
[24]GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p 242.
[25]ETCHEVERRY, “Derecho Penal”, T.I, cit. nota N° 11, p. 349 y 350.
[26]DEL RIO, “Derecho Penal Parte General”, T. II, cit. nota N° 11, p.185; HERNANDEZ, “Comentario Código Penal”, cit. nota N° 2, p. 253.
[27]LABATUT, “Derecho Penal”, T.I, cit. Nota N° 5; NOVOA, “Curso de Derecho Penal Chileno”, cit. nota N° 4, T. I, p. 565, ETCHEVERRY, “Derecho Penal”, T.I, cit. nota N° 11, p. 347; VIAL, Víctor, La no exigibilidad de otra conducta como causa de exclusión de culpabilidad, Edit. Jurídica de Chile, Santiago, 1969, p. 48; CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 458; DEL VILLAR, “Manual de Derecho Penal, Parte General”, cit. Nota N° 11, p. 192; COUSIÑO, “Derecho Penal Chileno”, T. III, cit. Nota N° 3 p. 246; GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p. 316; POLITOFF/MATUS/RAMIREZ, “Lecciones de Derecho Penal Parte General”, cit. Nota N°12, p. 346s; VARGAS, Tatiana, Manual de Derecho Penal Practico, Teoría del Delito con casos, Edit. Legal Publishing, Santiago, 2010, p. 139; ARIAS, “El Miedo Insuperable y la Fuerza o Violencia Moral e Irresistible”, cit. Nota N° 11 p. 8 y 55; GARCIA, “El Estado de Necesidad en Materia Penal”, cit. Nota N° 11 p. 315; PRAMS, “ El Tipo de Culpabilidad en el Código Penal Chileno”, cit. Nota N° 11 p. 238, 248s; NAQUIRA, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 424.
[28]CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 458.
[29]CURY, “Derecho Penal Parte General”, cit. nota N° 12, p. 458 y 459.
[30]Tribunal Supremo Español, sala penal de fecha 15.03.1947 y de 23.06.1955, citado por SERRANO GOMEZ, Alfonso, Casos Prácticos de Derecho Penal, Teoría y jurisprudencia, Madrid 1993, p 139; GARRIDO MONTT, GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p. 242.; también citado Por POLITOFF/MATUS/RAMIREZ, “Lecciones de Derecho Penal Parte General”, cit. Nota N°12, p. 347.
[31]GARRIDO MONTT, “Derecho Penal”, T. II, cit. Nota N° 12, p 242, concepto que tiene su origen de SAINZ CANTERO, Lecciones, III, p 112.
[32]ETCHEVERRY, “Derecho Penal”, T.I, cit. nota N° 11, p. 347 y 348
[33]HERNANDEZ, “Comentario Código Penal”, cit. nota N° 2, p. 248, en referencia a ETCHEVERRY, “Derecho Penal”, T.I, cit. nota N° 11, p. 309.
[34]Legal Publishing N° 38156.
[35]HERNANDEZ, “Comentario Código Penal”, cit. nota N° 2, p. 254 y 255.
[36]CERDA SAN MARTIN, Rodrigo/HERMOSILLA IRIARTE, Francisco, Código penal Jurisprudencia en el nuevo sistema de justicia criminal, Tercera Edición, Edit. Librotecnia, Santiago, p. 46.
[37]Sentencia N° 36102, Corte de Apelaciones de Valparaíso-Primera Sala- 20 de junio de 2011, http://vlex.com/vid/-287409407
[38]Sentencia n° 3521, Corte de Apelaciones de Punta Arenas – Primera sala, 29 de julio de 2011, id. vlex: 310596006 – http://vlex.com/vid/-310596006
[39]Sentencia N° 32009, Corte de Apelaciones de Temuco – Segunda sala, 25 de Octubre de 2011, id. vlex: 331907598 – http://vlex.com/vid/331907598
[40]POLITOFF, Sergio/ORTIZ QUIROGA, Luis, Texto y Comentario del Código Penal Chileno, T. I, Edit. Jurídica de Chile, Santiago, 2002, p. 434, citando a Von Liszt, Cuello Calón y Labatut.
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