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Timestamp: 2017-08-23 08:13:01
Document Index: 241457427

Matched Legal Cases: ['artículo 71', 'ARTÍCULO 35', 'artículo 35', 'artículo 5', 'artículo 35', 'Artículo 35']

Gaceta: LXIII/2SPO-100/69636
El suscrito, Raúl Aarón Pozos Lanz, Senadora la LXIII Legislatura del Congreso de la Unión, integrante del Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional, con fundamento en lo dispuesto en el artículo 71, fracción II de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como en los artículos 8, numeral 1, fracción 1; 164, 169, y demás relativos del Reglamento del Senado de la República, someto a la consideración del Pleno de esta H. Asamblea la siguiente INICIATIVA CON PROYECTO DE DECRETO POR EL QUE SE REFORMAEL ARTÍCULO 35 DE LA LEY GENERAL PARA LA PREVENCIÓN Y GESTIÓN INTEGRAL DE LOS RESIDUOS, al tenor de la siguiente:
Flota en las aguas del Cañon del Sumidero, se le observa desde los miradores de La Quebrada, está a la vista de los transeúntes que caminan por el Paseo de la Reforma, convive con los peregrinos que acuden a la Basílica de Guadalupe, se le mira en los acotamientos de carreteras y autopistas, sobrevive a las multitudes que acuden a estadios y arenas deportivas, conforma, para vergüenza nuestra, una parte consubstancial a nuestros paisajes. Omnipresente y persistente, la basura nos acompaña a lo largo de nuestra vida cotidiana, en todos los estados y municipios, colonias populares o barriadas de lujo, en los mares y ríos, en bosques y playas, a la vista del público o en las entrañas infectas de los drenajes.
Botellas de vidrio o plástico, alimentos en descomposición, pañales, papeles, desperdicios tecnológicos, ropa usada, animales muertos y muebles inservibles. La composición de la basura que vemos en nuestro territorio es, por su variedad, una mezcla democrática que refleja la evidente falta de cultura cívica de nuestra sociedad, el fracaso de nuestro sistema educativo en la transmisión de valores. Porque no se puede explicar la presencia de basura en las calles a partir de la generación espontánea o de la incapacidad de muchas autoridades para procesar adecuadamente los residuos caseros. La basura no llega sola a las esquinas y aceras, toda vez que detrás de cada desperdicio hay un ciudadano.
La falta de civismo que nos caracteriza como sociedad no es un tema menor, sino un elemento que puede servir para explicar otros males mayores que también nos aquejan. Luis Herrera Laso ha señalado once variables que constituyen factores de propensión a la violencia y la criminalidad en México, que van desde la pobreza y marginación hasta los impactos transnacionales de la criminalidad, pasando por la ausencia de cultura de legalidad. Sobre esto último, afirma que “la ausencia de cultura de la legalidad - entendida la cultura de la legalidad como el apego a la norma en la conducta habitual del ciudadano-, es uno de los problemas que adolece la sociedad mexicana. A la ausencia de cultura de legalidad se añade la precaria cultura cívica, entendida esta como la forma en que se conduce el ciudadano en los espacios públicos, desde el manejo de la basura – México es quizás el único país de la OCDE en el que la basura es parte habitual del paisaje urbano y rural – hasta el cuidado de los espacios o el respeto a las vialidades (…).” [*]
El ex director de la Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional también ha establecido que el origen de esta situación tiene“su base está la educación – o ausencia de ella – y en el ejemplo – o mal ejemplo - de los mayores y de las propias autoridades y añade que la ausencia de una cultura de la legalidad entre la ciudadanía, sea por desconfianza o por escepticismo, genera un ambiente de permisividad y tolerancia a romper la ley.”
“La ausencia de cultura de la legalidad – y de sentido de justicia – promueve el individualismo como la mejor fórmula para sobrevivir y salir adelante. No se visualiza el bien común como el mejor escenario para el bienestar individual”, concluye el ex funcionario.
Visto así, tirar basura a la calle no sólo se reduce a un problema de higiene o imagen urbana, sino que es la expresión de un déficit educativo y de una cultura individualista que escala a niveles mayores, hasta incidir en los índices delictivos que padecemos actualmente.
Si lo anterior no fuera suficiente para preocuparnos por la forma en que es arrojada la basura a las calles de nuestro país, enfoquemos la cuestión desde una perspectiva diferente. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la organización Greenpeace, en México se recolectan diariamente entre 86 mil 343 y 100 mil toneladas de basura, lo que significa un promedio de 770 gramos por persona, las cualesson generadas principalmente en viviendas, edificios, calles y avenidas, parques y jardines. Más de la mitad de la basura que se genera en todo el país se recolecta en siete entidades, que son la Ciudad de México (19.7%), el Estado de México (9.6 %), Jalisco (7.6%), Veracruz (5.2%), Guanajuato (4.3%), Tamaulipas (3.7%) y Nuevo León (3.6%). [*] [*]No se tiene certeza de qué porcentaje de este total se recolecta en tiraderos improvisados en la vía pública, por barredoras o personal de limpia en las calles y avenidas, por lo que no se tiene una cifra real sobre la cantidad de desperdicios que son depositados fuera de lugares adecuados, lo que no obsta para suponer que el volumen debe ser alto.
Las consecuencias de este fenómeno son diversas y problemáticas en demasía. Por principio de cuentas, la basura acaba muchas de las veces en el drenaje y ello ocasiona inundaciones en época de lluvias. Tan sólo en la Ciudad de México, el director del Sistema de Aguas ha señalado que más de la mitad de los encharcamientos e inundaciones que se deben a la acumulación de residuos sólidos en el sistema de drenaje, problema que ha causado incluso que las plantas de bombeo funcionen a la mitad de su capacidad, mientras que en las colonias con encharcamientos las coladeras están tapadas y no hay manera de desalojar el agua. [*] No hay obstáculo para suponer que esta situación se reproduzca en otras entidades y municipios.
La presencia de basura en las calles y caminos también trae consigo la presencia de fauna nociva como moscas, mosquitos, perros y gatos callejeros, ratas, ratones, ardillas, gaviotas, aves de rapiña y otras especies diversas, cuya convivencia con el ser humano resulta poco recomendable para la salud en tales circunstancias.
De igual forma, el paisaje resulta afectado considerablemente, pues lugares que podían ser considerados como aptos para la presencia de personas se vuelven hostiles, dada la disminución de su encanto, lo que contribuye a la degradación de amplias zonas urbanas y rurales de nuestro país, al demérito de las condiciones de quienes viven en los alrededores y al alejamiento de los turistas, con la consiguiente pérdida de competitividad frente a otros destinos en los que se privilegian el orden y la limpieza.
A pesar de que arrojar basura a la vía pública se encuentra previsto como una falta administrativa en la totalidad de los reglamentos de policía y buen gobierno y las leyes de cultura cívica del país, así como en diversos ordenamientos de orden federal, para nadie es un secreto que tal conducta, lejos de ser sancionada con ejemplaridad, se comete con total impunidad muchas veces frente a los ojos de los elementos policiacos, quienes se abstienen de intervenir frente a semejantes casos, cosa si no se tratara de un acto ilícito, de una conducta antisocial susceptible de ser reprimida. Tal omisión por parte de las autoridades de seguridad pública constituye un factor que alienta la realización de esta clase de prácticas.
A pesar de que en muchos ordenamientos se contempla la obligación de separar los residuos generados en los hogares, entre orgánicos e inorgánicos, dicho imperativo se encuentra lejos de ser acatado en la práctica, pues, de acuerdo con el INEGI, en México solamente es separado diariamente el 11% de la basura recolectada, lo que significa que sólo en 46 de cada 100 hogares es separada la basura. [*] La omisión en el cumplimiento de esta obligación también es sancionado con multas por diversos reglamentos y leyes aplicables en la materia, pero bien sabemos que esto dista de hacerse en la práctica.
Pareciera entonces que nos encontramos frente a un callejón sin salida, pues por un lado tenemos a una ciudadanía poco dispuesta a respetar su entorno y las leyes que lo protegen, y por el otro a un conjunto de autoridades indiferentes muchas de las veces ante la transgresión de las normas. Dicha combinación, aunada a una escasa condena social, a la débil cultura cívica y a la ausencia de valores solidarios, parecieran condenarnos a vivir entre la basura, literalmente hablando. Sin embargo, tal situación no es inevitable, el cumplimiento de una maldición o nuestro destino cruel. Otras sociedades también han transitado con éxito de la suciedad hacia la limpieza, convirtiéndose en verdaderos ejemplos de orden y respeto por el paisaje y las buenas maneras. Por ejemplo, en la Ginebra del siglo XVI, al igual que en cualquier otra urbe europea de la época era constante la inmundicia, producto de la falta de servicios de limpia y drenaje, la presencia de roedores y la nula higiene de sus habitantes, lo que en no pocos casos llevó consigo o potenció pestes, verdaderas calamidades que arrasaron a la población del Viejo Continente. Tras hacerse cargo de su gobierno en 1532, Juan Calvino, uno de los pilares de la reforma protestante, estableció severas normas dirigidas a frenar el libertinaje, que se decía, privaba en aquella urbe. Se combatió el juego, la blasfemia y la ociosidad, al igual que se fomentó el culto protestante. Fueron proscritos los cantos y bailes considerados indecentes. Pero no sólo eso, las normas calvinistas llegaron a todas las fases de la sociedad y fue este reformador quien impuso la reglamentación sanitaria que dio a Ginebra esa limpieza y pulcritud por la cual es famosa todavía. [*]
Singapur, estado insular que se actualmente destaca por su dinamismo económico entre los llamados “Tigres Asiáticos”, urbe donde conviven diariamente más de cinco millones de personas de origen diverso, como chino, malayo, británico, indio y paquistaní, ha establecido un duro sistema de multas para sancionar las faltas administrativas cometidas por sus ciudadanos. De acuerdo con la EnvironmentalPublicHealthAct (Chapter 95), [*]cualquier persona que sea sorprendida arrojando basura en las calles podrá ser arrestada por la policía y llevada ante una Magistrado o una Corte de Distrito, a efecto de ser sujeta a proceso, tras el cual le podrá ser impuesta una pena de prisión de entre un mes y un año, así como una multa que va de los dos mil a los diez mil dólares singapurenses, es decir, 28 mil a 143 mil pesos mexicanos al tipo de cambio del día en que se redacta la presente, dependiendo de la gravedad de la falta y de la probable reincidencia del infractor. Cuando una persona que tenga 16 años de edad o más y sea condenada por haber arrojado basura en la vía pública, también podrá exigírsele la realización de trabajo no remunerado relacionado con la limpieza de algún lugar.  Cabe agregar que las referidas sanciones también son aplicables a quienes arrojen cigarros a la calle desde sus vehículos en movimiento. Con sanciones de esta naturaleza y una autoridad dispuesta a ejecutarlas, se antoja difícil que un ciudadano común se sienta alentado a transgredir las normas encaminadas a mantener la limpieza en las calles.
Evidentemente, nadie está pensando en la aplicación de medidas draconianas para sancionar a aquellos que ensucian las calles con basura. Si bien es cierto estamos de acuerdo con la imposición de sanciones a quienes incurran en tales ilícitos, tampoco estamos pensando en traer a la realidad de México instituciones vigentes en otras épocas o latitudes, las cuales encuentran su explicación en idiosincrasias distintas de la nuestra.
Nosotros creemos que, con independencia de la represión de actitudes antisociales, la solución al problema de la basura en las calles pasa necesariamente por dos aspectos fundamentales: la educación cívica y el convencimiento de los destinatarios de la norma, pues en la medida en que la ciudadanía cobre conciencia de lo grave que es para la salud, el ambiente y el paisaje desechar desperdicios desordenadamente, ésta clase de conductas tenderán a desaparecer, hasta convertirse en un mal recuerdo, en un atavismo digno de la mayor condena social.
Para arribar a un estado de cosas como éste se requiere de la conjunción de diversos elementos, como los principios cívicos contenidos en los planes y programas educativos, los valores transmitidos a través de las familias y la disposición de las autoridades para sancionar aquellas conductas antisociales que redundan en perjuicio de la adecuada convivencia social. Lo anterior nos lleva a afirmar que, en la solución de un problema como el aquí planteado es necesaria la conjunción de esfuerzos ciudadanos e institucionales, la cooperación entre gobernantes y gobernados, encauzada hacia un fin común, que es la limpieza de nuestro país.
Debemos reconocer que la iniciativa privada ha sido generosa en este aspecto. Por ejemplo, “Limpiemos nuestro México” constituye una campaña de acción, educación y conciencia ambiental, la cual propone acciones específicas en materia de reducción, reutilización y reciclaje de desperdicios. Gracias a esta se han recolectado desde 2009 188, 500 toneladas de basura en todo el país, habiéndose sumado a la misma hasta el año pasado más de 8 millones 800 mil voluntarios. A partir de esta campaña también se ha promovido la participación y mejora ambiental a través de concursos tales como “Ciudades más limpias de México”, “Líderes ambientales de la Comunidad” y “Recicla”. A dicha campaña se han unido empresas, instituciones de asistencia privada y entidades gubernamentales como Grupo Salinas, Fundación Azteca, Grupo Bimbo, Petróleos Mexicanos y las secretarías de Educación Pública y del Medio Ambiente y Recursos Naturales.
En una época como la presente que se distingue por la abundancia y velocidad con que se disemina la información, apelar al uso de los medios de comunicación para concientizar sobre la necesidad de mantener limpio de basura nuestro entorno es obligado. Instrumentos tradicionales como periódicos, radio, televisión y publicidad estática constituyen herramientas insustituibles en la generación de una corriente de opinión favorable al mantenimiento de la limpieza. Las redes sociales y las tecnologías de la información obviamente que pueden servir en este propósito. Existen experiencias exitosas generadas desde la iniciativa privada que son paradigmáticas de tal propósito. Desde los años sesenta y hasta entrados los ochenta, el Consejo Nacional de la Publicidad, hoy Consejo de la Comunicación, realizó una campaña destinada a crear conciencia sobre lo negativo que es tirar basura en las calles. Con base en el eslogan “Ponga la basura en su lugar”, creado por Norma W. de Camacho, presidenta de la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, dicha campaña logró posicionarse en la memoria colectiva y dicha frase, a pesar de los años transcurridos desde que fuera lanzada al aire, mantiene su vigencia.
Actualmente, el Gobierno de la República a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales impulsa la campaña “¡La basura a su lugar!”, la cual busca generar conciencia sobre la necesidad de colocar los desperdicios en los lugares diseñados expresamente para tal fin. Si bien es cierto coincidimos con el espíritu que motiva la emisión de dicha campaña, creemos que aún se puede hacer mucho al respecto. Es por ello que proponemos a través de la presente la reforma al artículo 35 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, a fin de establecer como una obligación a cargo de los tres niveles de gobierno, la realización de campañas de comunicación permanentes, de forma conjunta con organizaciones de la sociedad civil, cámaras industriales, comerciales y de otras actividades productivas, grupos e instituciones académicas, de investigación, privadas y sociales o personas en lo individual, con la finalidad de concientizar a la población sobre la gestión integral de residuos, en especial sobre los que sean sólidos urbanos y la necesidad de no verterlos en aquellos lugares no autorizados por la legislación que resulte aplicable.
Esta propuesta no sólo se dirige a concientizar a los mexicanos acerca de la necesidad de dar el uso adecuado a la basura, sino que pretende involucrarnos en la gestión integral de los residuos en general, a fin de concretar lo que postula el artículo 5 fracción X de la Ley, es decir, su generación y disposición final, a fin de lograr beneficios ambientales, la optimización económica de su manejo y su aceptación social, respondiendo a las necesidades y circunstancias de cada localidad o región.
El sentido de esto no tiene que ver sólo con el cabal cumplimiento de diversas obligaciones a cargo del gobierno, como lo son la preservación del medio ambiente y el orden público, sino con movilizar a la población en aras de un fin compartido, que es el de promover la limpieza de los espacios públicos, con todas las consecuencias benéficas a que ya hemos hecho referencia. Resulta aplicable lo expresado por el historiador Lorenzo Meyer: “la comparación y la experiencia demuestran que la calidad de la vida colectiva aumenta en la medida en que es mayor la densidad de (…) asociaciones voluntarias, dedicadas a la formación, educación y movilización de la opinión pública. En sociedades donde existe una fuerte tradición de organización voluntaria e independiente, la democracia tiene mayores posibilidades que en aquéllas donde está ausente.” [*]
La idea de una medida de esta naturaleza no sólo tiene que ver con el respeto a los espacios urbanos, la preservación del medio ambiente y la salud humana, sino con la construcción de ciudadanía, a partir de la idea de que las personas, en tanto entes sociables son depositarias de derechos y de obligaciones para con la comunidad en la que habitan.
Estamos plenamente convencidos que el éxito de una medida como la aquí sugerida contribuiría a mejorar la imagen de nuestro país, elevaría la autoestima de los mexicanos y constituiría un incentivo excelente para mejorar para mejorar las relaciones sociales. Igualmente, la supresión de conductas antisociales significaría un paso hacia adelante en la erradicación de la criminalidad y en el fortalecimiento del Estado de Derecho, pues ello permitiría hacer del respeto a la ley un valor socialmente aceptado.
La modificación legal sería del tenor literal siguiente:
I. Fomentarán y apoyarán la conformación, consolidación y operación de grupos intersectoriales interesados en participar en el diseño e instrumentación de políticas y programas correspondientes, así como para prevenir la contaminación de sitios con materiales y residuos y llevar a cabo su remediación;
VI. Impulsarán la conciencia ecológica y la aplicación de la presente Ley, a través de la realización de acciones conjuntas con la comunidad para la prevención y gestión integral de los residuos, así como el uso de materiales que cumplan con criterios de eficiencia ambiental y tecnológica. Para ello, podrán celebrar convenios de concertación con comunidades urbanas y rurales, así como con diversas organizaciones sociales, y
VII. Concertarán acciones e inversiones con los sectores social y privado, instituciones académicas, grupos y organizaciones sociales y demás personas físicas y morales interesadas.
VI. Impulsarán la conciencia ecológica y la aplicación de la presente Ley, a través de la realización de acciones conjuntas con la comunidad para la prevención y gestión integral de los residuos, así como el uso de materiales que cumplan con criterios de eficiencia ambiental y tecnológica. Para ello, podrán celebrar convenios de concertación con comunidades urbanas y rurales, así como con diversas organizaciones sociales;
VII. Concertarán acciones e inversiones con los sectores social y privado, instituciones académicas, grupos y organizaciones sociales y demás personas físicas y morales interesadas, y
VIII. Realizarán campañas de comunicación permanentes, de forma conjunta con organizaciones de la sociedad civil, cámaras industriales, comerciales y de otras actividades productivas, grupos e instituciones académicas, de investigación, privadas y sociales o personas en lo individual, con la finalidad de concientizar a la población sobre la gestión integral de residuos, en especial sobre los que sean sólidos urbanos y la necesidad de noverterlos en aquellos lugares no autorizados por la legislación que resulte aplicable.”
ARTÍCULO ÚNICO.Se reforma elartículo 35de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, para quedar como sigue:
“Artículo 35.- El Gobierno Federal, los gobiernos de las entidades federativas y los municipios, en la esfera de su competencia, promoverán la participación de todos los sectores de la sociedad en la prevención de la generación, la valorización y gestión integral de residuos, para lo cual:
“I. …” a “V. … “
“VI. Impulsarán la conciencia ecológica y la aplicación de la presente Ley, a través de la realización de acciones conjuntas con la comunidad para la prevención y gestión integral de los residuos, así como el uso de materiales que cumplan con criterios de eficiencia ambiental y tecnológica. Para ello, podrán celebrar convenios de concertación con comunidades urbanas y rurales, así como con diversas organizaciones sociales;
“VII. Concertarán acciones e inversiones con los sectores social y privado, instituciones académicas, grupos y organizaciones sociales y demás personas físicas y morales interesadas, y
“VIII. Realizarán campañasde comunicación permanentes, de forma conjunta con organizaciones de la sociedad civil, cámaras industriales, comerciales y de otras actividades productivas, grupos e instituciones académicas, de investigación, privadas y sociales o personas en lo individual, con la finalidad de concientizar a la población sobre la gestión integral de residuos, en especial sobre los que sean sólidos urbanos y la necesidad de noverterlos en aquellos lugares no autorizados por la legislación que resulte aplicable.”
“ÚNICO. - El presente Decreto entrará en vigor al día siguiente al de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.”
Salón de Sesiones del Senado de la República, Ciudad de México., a ­­28 de febrero de 2017.
[*] Herrera-Laso M., Luis , Factores que propician la violencia y la inseguridad: apuntes para una estrategia integral de seguridad pública en México, consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 14:26 horas.
[*] Consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 17:06 horas.
[*] Consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 17:29 horas.
[*] Consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 17:17 horas.
[*] Consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 17:41 horas.
[*]Simon, Edith, La Reforma, Grandes Épocas de la Humanidad, Historia de las Culturas Mundiales, México, 2002, pág. 61.
[*] Consultado en , el 7 de diciembre de 2016 a las 18:32 horas.
[*] Meyer, Lorenzo, “El Estado en busca del ciudadano”, México, 2005, Editorial Océano, serie “Con una cierta mirada”, pág. 26.
http://www.senado.gob.mx:80/index.php?ver=sp&mn=2&sm=2&id=69636