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Zacapa – Hoy en la Historia de Guatemala
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15 de mayo de 1935: el presidente Jorge Ubico convoca a una Asamblea Constituyente para modificar la Constitución de 1879
Plaza Central de Guatemala en 1945. La construcción del Palacio Nacional de Guatemala y la remodelación de la Plaza de Armas fueron emprendidas por el gobierno del general Jorge Ubico para fomentar la economía y paliar los efectos d ela Gran Depresión en el país. En el recuadro: retrato autografia del general Ubico. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
El l de abril de 1935, el presidente general Jorge Ubicopresentó a la Asamblea Legislativa la propuesta de modificar 27 artículos de la Constitución de 1879, con el fin de “suprimir las restricciones que dificultan el libre ejercicio de la iniciativa presidencial” y, como todo fue aprobado, el 15 de mayo de 1935 convocó a una Asamblea Constituyente que conformó entre sus partidarios para que aceptara las reformas propuestas.1
La principal reforma que le interesaba al gobernante era cambiar las disposiciones hechas en 1927, durante el gobierno del general Lázaro Chacón, y que prohibían la reelección del presidente. Para legalizar esta reforma el gobernante convocó a un plebiscito, en que el que obtuvo la aprobación de la población para su reelección. Pero hubo otras modificaciones importantes:1
Dejó en suspenso el Artículo 66 que dice “El período de la Presidencia será de seis años“3 y dispuso que el período como Presidente Constitucional de general Ubico terminara el 15 de marzo de 1943.1
Estableció la Ley de Probidad que estableció controles que prohibieron el enriquecimiento de los funcionarios y limitó su autoridad y funciones; hasta entonces, el artículo 17 decía: “todo poder reside originariamente la Nación: los funcionarios no son dueños sino depositarios de la autoridad, sujetos y jamás superiores a la ley y siempre responsables por su conducta oficial”.4
Artículo 26: “es libre la emisión del pensamiento por la palabra, por escrito y también por la prensa, sin previa censura“. 5 El gobierno de Ubico limitó la libertad de prensa prohibiendo prohibió los ataques de los periodistas a los funcionarios públicos.
Artículo 28: “la propiedad es inviolable, sólo por causa de interés público legalmente comprobado, puede decretarse la expropiación; y en este caso, el dueño antes de que su propiedad sea ocupada, recibirá en moneda efectiva su justo valor“. 5 Este artículo fue modificado porque se introdujo un sistema de imposición fiscal sobre aquellas haciendas cuyo rendimiento no fuera adecuado a su extensión y condiciones.1
Artículo 25: “se garantiza el derecho de asociación y de reunirse pacíficamente y sin armas; pero se prohibe el establecimiento de congregaciones conventuales y de toda especia de instituciones o asociaciones monásticas”. Las reformas ampliaron la prohibición para incluir a aquellas agrupaciones que procuren el cambio de las instituciones por medios violentos o ilegales, refiriéndose a las organizaciones comunistas y, posteriormente, fascistas.1
Artículo 96: “la ley organiza las Municipalidades sin alterar el principio de elección popular directa y designa las facultades que le corresponden.”6 Este artículo fue totalmente modificado, ya que los organismos locales pasaron a depender del ejecutivo, sustituyendo a los Alcaldes por los Intendentes nombrados por el poder central.2
Se restringieron algunos de los derechos individuales, y se ampliaron las facultades del ejecutivo, hasta eliminar el Consejo de Ministros, aunque este siempre había sido una figura decorativa conformada casi siempre por los diputados de más confianza del gobernante de turno.2
En 1941, se reunió la Asamblea del Partido Liberal Progresista, el partido fundado por Ubico, a fin de convocar a una constituyente con el sólo objeto de reformar el artículo primero transitorio de la Constitución de 1935, de manera que permitiera la reelección del gobernante una vez más. Como resultado, en julio de ese mismo año se convocó a una Asamblea Constituyente, que en sólo dos días aprobó, con un sólo voto en contra, la reforma del artículo transitorio, autorizando la reelección de Ubico para el período siguiente, que terminaría el 15 de marzo de 1949, dejando nuevamente en suspenso el artículo 66. La justificación a la que aludió la Constituyente, conformada casi en su totalidad por personal de Partido Liberal Progresista, fue el apoyo popular de la ciudadanía y la obra realizada en las circunstancias difíciles con que encontró el gobierno en 1931, y que se debían a la Gran Depresión que empezó en 1929.2
Valladares de Ruiz, Mayra (Agosto de 1995). Los gobiernos liberales y sus fuerzas políticas 1871-1944. En Estudios del IIHAA, 2 (95). Guatemala: Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas, Universidad de San Carlos. p. 106.
Asamblea Legislativa (1879). Constitución de la República de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 11.
Autor hoyhistoriagtPublicado el mayo 15, 2020 Categorías Amatitlán,Chimaltenango,Chiquimula,Ciudad de Guatemala,El Progreso,Escuintla,Huehuetenango,Izabal,Jalapa,Jorge Ubico,Jutiapa,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Reforma Liberal,Retalhuleu,Roderico Anzueto Valencia,Sacatepéquez,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,ZacapaEtiquetas Alta Verapaz,Baja Verapaz,Chimaltenango,Chiquimula,Departamento de Amatitlán,El Progreso,Escuintla,Guatemala,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,Huehuetenango,Izabal,Jalapa,Jutiapa,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,Zacapa
3 de mayo de 1865: la Cámara de Representantes elige al Mariscal Vicente Cerna como presidente de Guatemala
El Mercado central de la Ciudad de Guatemala, construido por el gobierno del Mariscal Vicente Cerna y destruido por el terremoto de 1976. En el recuadro: el Mariscal Cerna. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
El licenciado Pedro de Aycinena asumió la presidencia provisoria tras la muerte del Capitán General Rafael Carrera el 14 de abril de ese año, ya que de acuerdo a la constitución vigente a él le correspondía por ser el minismo más antiguo. Su primer acto oficial fue enviar una proclama a la población anunciado la elección del nuevo presidente a la brevedad posible. (Nota de HoyHistoriaGT: es importante destacar que debido a que Carrera había si nombrado presidente vitalico en 1854, la constitución tuvo que ser modificada para regresar al sistema de presidentes electos cada cuatro años.) 1,2
El decreto de Aycinena dice así:
Pedro de Aycinena,
Ministro de Relaciones Exteriores, encargado interinamente del Gobierno;
Por cuanto: ha llegado el caso previsto en los Artículos 5° y 9° del Acta Constitutiva de la República, con motivo del fallecimiento del Excmo. Sr. Capitán General D. Rafael Carrera, Presidente de la República;
Con presencia de lo dispuesto en dichos Artículos, y oído el parecer del Consejo de Estado,
TIENE A BIEN DECRETAR Y DECRETA:
Art. 1.° — Se convoca d la Cámara de Representantes, para que constituyéndose en Asamblea general, con la concurrencia de los funcionarios que al efecto designa el Art. 5° se verifique la elección de Presidente Constitucional de la República.
Art. 2° — Con tal objeto, la Cámara abrirá su sesión extraaordinaria el dia 1.° de Mayo próximo entrante; celebrando una Junta preparatoria el dia 28 del corriente.
Art. 3° — El Ministro de Gobernación queda encargado de la Ejecución del presente Decreto.
Dado en el Palacio del Gobierno, en Guatemala, á catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco.
M. Echeverría.
Y por disposición del Sr. Ministro encargado interinamente del Gobíerno, se imprime publica y circula.— Guatemala, Abril 14 de 1865.
Echeverría.3
La elección fue realizada el 3 de mayo de 1865 por los miembros de la Cámara de Representantes que, al igual que como ocurriría con las Asambleas Legislativas que hubo en los gobiernos liberales, estaba compuesta por allegados del fallecido presidente. Los candidatos que se presentaron fueron el Mariscal Vicente Cerna y el general Manuel González.4 El Mariscal Cerna era de origen mestizo y había sido uno de los correligionarios de Carrera desde la época en que ambos peleaban juntos durante el alzamiento católico campesino que derrocó al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en 1838. Gracias a su amistad con Carrera tuvo puestos de importancia en la administración del gobierno, siendo el Corregidor del entonces vasto departamento de Chiquimula y llegando al máximo escalafón del ejército guatemalteco. Por otra parte, el general González era descendiente de una de las familias criollas del país, pero quien acababa de regresar de México tras una larga ausencia.4
El Mariscal Cerna resultó electo, y desde su toma de posesión fue llamado “Huevo Santo” por el pueblo guatemalteco dada su parsimonia, la falta de vivacidad en su caráter y, sobre todo, por las estudiadas práticas jesuitas de piedad y catolicismo con el que el nuevo presidente se presentó ante la sociedad.5 También se dice que fue nombrado así porque, a diferencia de Carrera, no acostumbraba a tener agasajos con jovencitas durante sus viajes a los diferentes poblados que visitaba.
Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 87.
Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 4.
Aycinena, Pedro de (14 de abril de 1865). Decreto del Ministro de Relaciones Exteriores, Encargado Interinamente de la Presidencia. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 1.
Autor hoyhistoriagtPublicado el mayo 3, 2020 mayo 3, 2020 Categorías Alta Verapaz,Amatitlán,Baja Verapaz,Chimaltenango,Chiquimula,Clan Aycinena,El Progreso,Huehuetenango,Izabal,Jalapa,Jutiapa,Pedro de Aycinena,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,Vicente Cerna y Cerna,ZacapaEtiquetas 1865,3 de mayo,Alta Verapaz,Baja Verapaz,Chiquimula,Clan Aycinena,El Progreso,Escuintla,Guatemala,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,Huhuetenango,Izabal,Jalapa,Jutiapa,mayo,Pedro de Aycinena,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Vicente Cerna,Zacapa
1 de mayo de 1947: durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo entra en vigencia el decreto 330 del Congreso de la República: el Código de Trabajo
Escenas de la producción cafetalera en Guatemala grabadas en madera con base a las fotografías realizas por Eadweard Muybridge en 1875. Aquel era el trabajo tradicional de los indígenas guatemaltecos hasta 1947. En el recuadro: el presidente de Guatemala, Dr. Juan José Arévalo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Hasta 1947, las leyes vigentes en Guatemala favorecían grandemente a los patronos, en especial a todos aquellos que establecieron sus fincas cafetaleras o de otra índole durante el gobierno del general J. Rufino Barrios y los gobiernos liberales que le siguieron. Leyes como el Reglamento de Jornaleros redactado por el ministro de Fomento del general Barrios, el licenciado Manuel María Herrera Moreno,1 o la Ley de Vagancia y la Ley de Vialidad emitidas durante el gobierno del general Jorge Ubico,2 tenían como único propósito proporcionar de mano de obra indígena casi gratuita a los grandes cafetaleros a fin de impulsar la economía nacional.
Los cambios globales que se produjeron hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, impulsados por el fin del fascismo y el establecimiento del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos produjeron una oleada de leyes que mejoraban las condiciones de los trabajados en todo el mundo.3 En Guatemala gobernaba el Dr. Juan José Arévalo, quien llegó al poder en las primeras elecciones que se realizaron tras el gobierno de 14 años del general Jorge Ubico, que fue el último gobernante liberal en la región. En Guatemala, tanto el período liberal, que duró de 1871 a 1944, como el conservador, que fue de 1838 a 1871, se caracterizaron porque los presidentes eran dictadores prácticamente dueños de vidas y haciendas que se perpetuaron en el poder y que sólo salieron de la presidencia muertos o derrocados, con la única excepción del general Manuel Lisandro Barillas en 1892.4
Los cambios sociales que se observaron durante la época revolucionaria (1944-1954) obedecieron a las transformaciones globales que se produjeron por la caída de los regímenes fascistas de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia. En Guatemala, los principales cambios que se dieron incluyeron la implementación de un Instituto de Seguro Social y la de leyes que ofrecieran un mínimo de protección a los trabajadores. Así pues, el Decreto 330 del Congreso de la República fue enviado al ejecutivo el 8 de febrero de 1947 y aprobado por el presidente, Dr. Juan José Arévalo, el 20 de febrero, entrando en vigor el 1 de mayo de eso año para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.5
Desde entonces, el Código ha sufrido varias y serias reformas. Por ejemplo, luego del triunfo de la Operación PBSUCCSS de la CIA estadounidense que derrocó al presidente de Guatemala, coronel Jacobo Arbenz Guzmán, el presidente Carlos Castillo Armas emitió el Decreto Presidencial 570 el 28 de febrero de 1956, el cual modificó 97 artículos del Código de Trabajo y derogó 7 de ellos. Posteriormente, durante el gobierno del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, se aprobó la reforma contenida en el Decreto 1441 del Congreso de la República del 29 de abril de 1961, que constituyó prácticamente una
sustitución total del Decreto 330, por lo que desde entonces, se considera al Decreto 1441 como el Código de Trabajo.6 Desde entonces se han venido dando otras reformas para actualizar la ley a las nuevas formas de trabajo que han surgido en las últimas décadas.5
Wagner, Regina (2001). Historia del café de Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p. 97.
Bianchi, Julio (1941). Prólogo de “¡Ecce Pericles!” de Rafael Arévalo Martínez. Guatemala: Tipografía Nacional. p. vi-x.
Eric Rauchway (2007), The Great Depression and the New Deal: a Very Short Introduction. (en inglés) Oxford University Press ISBN 9780195326345. pp. 10 y siguientes.
Colmenares Arandi, Rodolfo (2007). Código de Trabajo, 1947-2007. Edición conmemorativa. Guatemala: Ministerio de Trabajo y Previsión Social. p. 1.
Congreso de la República de Guatemala (5 de mayo de 1961). Decreto 1441: Código de Trabajo. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 1-193.
Autor hoyhistoriagtPublicado el mayo 1, 2020 Categorías Alta Verapaz,Baja Verapaz,Chimaltenango,Chiquimula,Eadweard Muybridge,Escuintla,Huehuetenango,Izabal,Juan José Arévalo,Jutiapa,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,ZacapaEtiquetas 1 de mayo,1947,Alta Verapaz,Baja Verapaz,Código de Trabajo,Chiquimula,El Progreso,Escuintla,Guatemala,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,Huehuetenango,Izabal,Jalapa,Juan José Arévalo,Jutiapa,mayo,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,Zacapa
29 de septiembre de 1897: se inicia la revolución de José León Castillo en el oriente guatemalteco contra el autogolpe de José María Reina Barrios
Ruinas de la Iglesia Colonial de Chiquimula. En el recuadro: el licenciado José León Castillo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
En 1897, en medio de la grave crisis económica que provocó en Guatemala el desplome del precio internacional del café (único producto de exportación de Guatemala en esa época), el general presidente José María Reina Barrios pasó de ser un gobernante democrático progresista, a convertirse en dictador, extendiendo su periódo de gobierno hasta 1902. Este cambio se inició cuando pidió a la Comisión Permanente de la Asamblea para que convocara a sesiones extraordinarias, pero como ésta se rehusara, lo hizo él mismo como Jefe del Ejecutivo, provocando así que muchos de los diputados renunciaran. Entonces convocó a una nueva asamblea entre sus allegados, y ellos extendieron su mandato presidencial el 1 de junio. Este fue el detonante de las revoluciones en su contra, pues se advertía el deseo dictatorial del presidente y se estaban sufriendo los graves efectos de la crisis económica.
Aquel 1 de junio, Reina Barrios envió un telegrama a todos los alcades y gobernadores, para hacerles saber la extensión de su mandato y sus poderes dictatoriales. Entre los que recibieron aquel telegrama estaban Próspero Morales (su antiguo Ministro de la Guerra) y José León Castillo, a quien el presidente mantenía en Chiquimula como Comandante de Armas para demostrar que no le temía, a pesar de ser un fuerte opositor. Ambos respondieron lacónicamente al telegrama del presidente el 2 de junio, diciendo que harán del conocimiento de sus subalternos del mensaje presidencial; sus mensajes eran totalmente opuestos a los serviles mensajes del resto de autoridades locales, y presagiaban las revoluciones que ambos encabezarían.
Reina Barrios, a pesar de la grave crisis, seguía empecinado en terminar el Ferrocarril del Norte y contrayendo fuertes préstamos para ello, lo que le acarreaba más animadversión. A finales de agosto de 1897, la nueva Asamblea Constituyente convocada por el presidente entre sus amigos aprobó definitivamente la extensión del gobierno del presidente y la suspensión de la constitución, y fue cuando Castillo se enteró por intermedio del diputado Rosendo Santa Cruz y del telegrafista Antonio Monterroso (a quien el entonces estudiante Baudilio Palma del Instituto Nacional Central para Varones en la ciudad de Guatemalay le prestó su mula para que viajara hasta Chiquimula) de que Reina Barrios iba a destituirlo y enviarlo a la Penitenciaría Central.1
Castillo ya lo veía venir y con diez mil pesos plata que había conseguido, entregó el puesto y prácticamente huyó para El Salvador junto con Santa Cruz y Monterroso, y con el capitán Salvador Cuellar, Mateo y Vicente Paz Pinto y los cadetes Salomé Prado y Rodolfo Tinoco. Al llegar a Santa Ana, se enteraron de que el presidente salvadoreño Rafael A. Gutiérrez les prohibió estar en la región fronteriza con Guatemala. Allí se quedaron entonces, tratando de subsistir, cuando estalló la Revolución Quetzalteca el 7 de septiembre de 1897, lo que hizo más difícil aún su estadía en El Salvador.1
El jefe militar del occidente de El Salvador era el general Tomás Regalado, quien había compañero de estudios de Castillo en Guatemala. Cuando éste le pidió ayuda, Regalado no dudó en proporcionársela, sin pedir permiso al presidente Gutiérrez. Así fue como Castillo obtuvo ciento cincuenta hombres al mando del general José Rodríguez de Santa Ana, ciento setenta y cinco rifles y doce mil cartuchos, y pudo ingresar por Chingo (Jeréz) en la frontera de Jutiapa el 29 de septiembre de 1897 a las 4 de la mañana.1
De Chingo pasaron a Coatepeque y de allí a Yupiltepeque, en donde decidieron que lo mejor era atacar Jutiapa desde El Sillón, utilizando para esto un ardid que hizo creer al gobierno de Reina Barrios que sus fuerzas eran de tres mil hombres. Ante esto, Castillo pidió al general Vicente Farfán, jefe político del departamento, que se rindiera pero cuando éste lo puso a votación, sus hombres (entre quienes estaba un tío político del diputado Santa Cruz) votaron a favor de la lucha, pues aunque eran castillistas, djieron que a pesar de que se había roto el orden constitucional, ante todo eran militares con responsabilidad ante Reina Barrios. Y así, los revolucionarios siguieron en El Sillón, perdiendo tiempo valioso para una revolución de caráter guerrillero de ataques por sorpresa que no está en capacidad de repeler un ataque frontal, aunque recibieron víveres de Zapotitlán, que decidió unirse a los alzados.2
Castillo reunió a los Jefes para hacer un recuento de lo que tenían y encontraron que en ese momento tenían diez mil cartuchos y trescientos hombres. El general Rodríguez solicitó ciento cincuenta hombres para cortar el paso de los seiscientos chiquimultecos que iban por el Tamarinco a atacarlos, de acuerdo al plan de José María Reina Barrios. Castillo accedió y ordenó que fueran con él con los coroneles revolucionarios Antonio Monterroso, Salvador Cuellar y Mateo Paz Pinto. uiso que también fue Santa Cruz, pero Rodríguez se negó porque lo odiaba y no quería tener que fusilarlo. El general Aguilar también pidió cien hombres para hacer otro frente y en El Sillón se quedó Castillo con el general Pedro Barillas, un piquete de fuerza y algunos soldados, lo que hizo sospechar a Farfán de que algo pasaba pues no lo atacaban. Los revolucionarios optaron entoncs por salir de El Sillón antes de que Farfán los capturara y se fueron a Yupiltepeque para unirse a los cien hombres de Aguilar y emprender el retorno hacia Coatepeque, lo que muchos han visto como el principio del fracaso de la revolución.2
En Los Horcones vieron una fuerza que parecía la de Rodríguez, pero resultó se enemiga y le hicieron frente, Castillo en persona junto con los generales Aguilar y Barillas y el general Ibarra de Atilizaya, El Salvador, junto con el mexicano José María González y once cadetes de la Escuela Politécnica al mando del oficial chileno Ricardo Ramos. La fuerza gubernamental era la del general Eulogio Flores. Los revolucionarios triunfaron y se hicieron de algunos pertrechos y hombres que se les unieron.2
Pero para entonces, el gobierno de Reina Barrios ya había desbaratado la revolución de Occidente y empezó a dirigir sus fuerzas hacia el oriente. Y no ayudó a la causa castillista que los revolucionarios hayan estado dos días en Asunción Mita, Jutiapa, sin hacer nada.2
El general salvadoreño Ibarra fue a Santa Ana a conseguir nuevos elementos del general Regalado, junto con Petrona Godoy. Ambos consiguieron de Regalado diez mil cartuchos y cuatro mil pesos plata acuñada. De ese dinero, solamente dos mil pesos llegaron a Castillo, pues el resto, dijo Petrona Godoy, se había usado para pagar al licenciado Salvador Sandoval y al general Máximo Cerna.3
A las fuerzas revolucionarias se unieron José María González, quien había dirigido la Asonada de Chiquimula en 1896, el capitán e ingeniero Isidro Valdez y un oficial de apellido Castañeda de Cuilapa. El coronel Alfonso Aguilar con el piquete de fuerza “batallón Navajas” fue por el convoy y lo encontró acampando en Santa Rosa. Mientras los revolucionarios marchaban sobre Chiquimula, eran seguidos por las fuerzas del general Farfán, que no los atacó a pesar de contar con una fuerza de casi dos mil hombres, debido a que era castillista.3
Cuando estaban cerca de San José La Arada, ocurrió un hecho fortuito que sería decisivo para la revolución. Un tiro se le escapó a un soldado y mató a un sobrino del general Rodríguez, quien ya no estuvo al cien por ciento en el resto de la campaña. (Castillo y Rodríguez no se conocían antes del movimiento y fueron presentados en la casa del general Regalado). Por otra parte, la revolución seguía aumentadon con la incorporación del militar Landelino Sandoval con más de treinta hombres armados. Esa noche acamparon en Santa Rosa, a ocho kilómetros de San José La Arada. Aquella noche Castillo quiso recorrer las avanzadas, pero Rodríguez lo convenció de que descansara junto con Santa Cruz, ya que él iba a hacer el recorrido con las fuerzas de refresco. A las dos de la mañana un castillista que venía desde Chiquimula despertó a Castillo para contarle como estaba la situación allá, y Castillo sorprendido le preguntó cómo había llegado hasta él. El emisario le dijo que el camino estaba libre y que el sorprendido era él al ver cómo Castillo estaba “durmiendo a pierna suelta, casi en las barbas del enemigo que ya estaba ocupando las posiciones de La Arada“. Castillo ordenó la retirada inmediata y al hacerlo se encontraron con el general Rodríguez y el grueso de la fuerza.3
Mientras tanto, fuerzas gubernamentales provenientes de Jalapa y Jilotepeque marchaban hacia Jicampa, comandadas por el coronel Manuel Urrutia, que era castillista, pero quien llevaba instrucciones de atacarlo de inmediato. Urrutia llevaba paso lento para dar tiempo a que los revolucionarios ganaran terreno, pero Castillo y sus aliados no lo aprovecharon.3
En la mañana del día siguiente, los revolucionarios pasaron revista a la tropa y concluyeron que estaban listos para atacar Chiquimula, pues contaban con diecisiete mil cartuchos y quinientos hombres equipados. Las tropas que iban a resistirlos provenían de Chiquimula, Zacapa y San Agustín Acasaguastlán y ya estaban formando un triángulo con las fuerzas del coronel Rafael Cabrera al norte, las del coronel Joaquín Flores al oriente, y mil quinientos hombres que ya ocupabn las posiciones en La Arada, al sur, comandaas por el general Elías Estrada.3
El plan de Castillo consistió en enviar al capitán Salvador Cuellar a la media noche para burlar a las fuerzas de Estrada y atacar por sorpresa a Cabrera. Cuellar cumplió con su cometido y al amanacer había tomado la cabecera y aumentado sus fuerzas con los castillistas que allí había. Pero el resto de las fuerzas revolucionarias fue descubierta por las avanzadas en La Arada y tuvo que presentar batalla. Las fuerzas gubernamentales no presentaron una buena pelea, empezando por el general Estrada, luien se había emborrachado antes de la batalla y no supo como combatir. Y así tras prácticamente un día completo de combate, las fuerzas del gobierno emprendieron la retirada, dejando tras de sí ochenta mil cartuchos, bombas, un cañón en mal estado y un lote de medicinas. El mismo general Estrada dejó su mula de raza abandonada al huir, la que Castillo regaló a Rodríguez que había peleado valientemente. Y es que la retirada fue tan mal organizada que un grupo de quinientos soldados tinocos al mando del coronel Ramos quedó en su posición y no solamente se entregó, sino que se adhirió a la revolución, presentándose personalmente a Castillo. Mientras tanto, Cuellar resistió los tres asaltos que hizo el coronel Flores en San Esteban.3
Tras las victorias en La Arada y en Chiquimula, cuando las fuerzas vencedoras de Castillo entraron a Chiquimula los pobladores, y especialmente los estudiantes del Instituto, celebraron como que si hubieran ganado la revolución. En ese momento contaban con mil trescientos hombres con suficientes cartuchos para resistir una semana los ataques de toda la tropa que los rodeaba. Pero las fuerzas gubernamentales se estaban reforzando y estaban estrechando el cerco contra los revolucionarios, además no había señales de que otras partes del país apoyaran al movimiento. Las fuerzas orientales que estaban combatiendo a las fuerzas de Próspero Morales en la región occidental del país fueron llamadas a marchas forzadas a atacar a Castillo a Jalapa y Chiquimula, mientras que el general Toledo se puso al frente de un contingente regular que marchó sobre Zacapa, el siguiente objetivo de los revolucionarios. Además, la retaguardia revolucionaria era atacada por el general Florentín González, y tras él venían las fuerzas comandadas por los generales Pío Porta, Vicente Farfán y Manuel Duarte.4
En La Arada, se había quedado la mayor parte de las fuerzas castillistas, además de los quinientos tinecos que del coronel Ramos, todos al mando de las fuerzas era el general Rodríguez. Por otra parte, de Chiquimula salió un piquete de la fuerza revolucionaria comandada por el coronel Salvador Cuellar hacia Zacapa, quien logró tomar fácilmente la plaza que defendía el Jefe Político, coronel Oliva, pero cometió el grave de error de abandonarla para regresar a notificar la buena noticia a Chiquimula. Y es que cuando Cuellar salió de Zacapa las fuerzas del gobierno la recuperaron y los revolucionarios se retiraron pensando que se había producido una derrota. Cuando Castillo se enteró de la torpeza de Cuellar, mandó al señor Santa Cruz a ocuparla nuevamente, junto con toda la tropa de que disponía en Chiquimula. Pero para entonces, los viajes de ida y vuelta a Zacapa (una distancia de 36 kilómetros por caminos en mal estado) solamente lograron que las fuerzas del gobierno avanzaran sin ser molestadas.4
Y en La Arada también también se estaban cometiendo errores. Increíblemente, Rodríguez abandonó las posiciones que recibió, aún sabiendo que en ese lugar en 1851, las fuerzas del general Rafael Carrera habían vencido categóricamente a los liberales gracias a su posición estratégica. Rodríguez, se situó en San Esteban, dejando abierto el camino hacia Chiquimula y a los jefes castillistas que estaban allí prácticamente a merced de las fuerzas del gobierno, pues Castillo había enviado sus útimas fuerzas a Zacapa sin saber que estaba descubierta su retaguardia. Para colmo de males, lo quinientos hombres que comandaba el coronel Ramos se retiraron al ver que su jefe había sido tratado despectivamente por el general Rodríguez. Y es que los miembros de estas fuerzas ya estaban desmotivadas desde el momento que Castillo (a quien sí respetaban) no los llevó consigo a tomar Zacapa.Solamente se quedaron en La Arada el coronel Manuel F. Rivera con veinticinco hombres y el oficial Paganini de Quetzltenango con ochenta rifleros; al saber de las torpes maniobras de Rodríguez, mandaron a avisar a Castillo para que evitara salir hacia Zacapa a toda costa, pero ya era tarde.4
Cuando Rodríguez se retiró a San Esteban con el grueso de las fuerzas, las tropas gubernamentales del general Florentín González, que habían salido de Santa Rosa, atacaron la pequeña fuerza de Rivera y Paganini. Castillo, por su parte, al recibir el mensaje de Rivera, salió para La Arada junto con el general Pedro Barillas, el coronel Alfredo Quiñónez y veinte soldados, al mando del oficial Saberlio Miner. Con su pequeño grupo, Castillo atacó las fuerzas gubernamentales, reforzando a las de Rivera que resistía con gran ferocidad, y mientras Paganina flanqueaba por el lado izquierdo a las tropas de González. Aquel innecesario combate no se debió haber producido nunca, de haberse quedado Rodríguez en La Arada.4
Castillo y sus hombres se retiraron y pasaron por Chiquimula para irse a San Esteban, para reunirse con el general Rodríguez llevando los pocos hombres y pertrechos que les quedaban, y los heridos en los últimos combates. Pero allí se encontraron con que el coronel Marcos García, de Mataquescuintla, les contó que las tropas ya habían partido hacia El Salvador encabezadas por el general Rodríguez. Castillo se enfureció y envió a algunos soldados a caballo para que detuvieran a Rodríguez y que lo esperaran para hablarse. Así se hizo, y Castillo llegó hasta donde estaban para recriminarles su actitud cobarde y obligarlos a regresar, pero por el camino de Jocotán hacia la frontera con Honduras, pues el camino que habían utilizado ya lo había recuperado el gobierno. El único motivo para regresar ahora era sacar a Santa Cruz y a Cuellar de Zacapa, en donde estaban como dueños de plaza, pero rodeados por las fuerzas gubernamentales. Sin embargo, no hubo necesidad, pues Santa Cruz se enteró del desastre que ocurrió en Chiquimula y emprendió la retirada hacia Honduras por el camino de Lanchor y llegó a reunirse con Castillo.3
Santa Cruz y Castillo decidieron apoderarse de Zacapa una tercera vez, y ordenaron a las tropas marchar para allá de inmediato, pero Rodríguez se opuso, pretextando que las tropas estaban cansadas. Cuando llegaron a Chiquimula, los revolucionarios trataron la extraña actitud de Rodríguez y aunque Santa Cruz dijo que era un plan militar, Macario Sagastume dijo que lo que pasaba era que Rodríguez quería abandonar a Castillo y convertirse en el jefe directo de la revolución. De acuerdo con Sagastume, Rodríguez iba a dejar a Castillo en Santa Rosa y luego atacaría Jalpa por el camino de Jilotepeque y Pinula. Ante esto hubo quienes opinaron que fusilaran a Rodríguez de inmediato, pero Castillo, dijo que lo mejor era que éste regresara a Santa Ana, en El Salvador y que le diera parte al general Tomás Regalado, que lo había recomendado, sin olvidar mencionar lo del tiro que se le había escapado a un soldado y que había matado al sobrino de Rodríguez en La Arada. (Es conveniente indicar aquí que Castillo era ultra liberal, identificado con las enseñanzas radicales y casi fanáticas del Dr. Lorenzo Montúfar, mientras que Rodríguez estaba emparentado con el mariscal Vicente Cerna, ex-presidente guatemalteco, y era favorable al retorno de los conservadores al poder).4
Al día siguiente, todos partieron juntos hacia al ataque de Zacapa pero Rodríguez y sus hombres se quedaron a la retaguardia y por último se fueron a El Salvador con parte de los pertrechos, dejando a la fuerza revolucionaria reducida a solamente seiscientos hombres. Ya para aquel momento las deserciones proliferaban.5
El general Florentín González había pasado por Chiquimula y los estaba esperando en Zacapa, también con seiscientos hombres. Los revolucionarios atacaron rápidamente pero González resistió, confiando en los refuerzos que le llevara Toledo por el ferrocarril; los revolucionarios sabían esto, y enviaron al capitán Tomás Menéndez Mina y a Paganini a detenerlo a la estación, pero nunca lo hicieron y Toledo ingresó sin problemas con casi mil quinientos hombres y buena artillería. La derrota fue total. Cuando se dió la orden de retirada, algunos soldados no se dieron y terminaron siendo capturados y pasados por las armas. Entre las pérdidas de los revolucionarios estuvo el capitán jutiapaneco Francisco Carrillo.5
Las tropas del gobierno prefirieron no salir a perseguir a los revolucionarios, quienes logaron huir despacio con sus heridos, petrechos y proclamas que no pudieron repartir en Zacapa. Cuando ingresaron al territorio hondureño un grupo de soldados de ese país los conminó a rendir sus armas, pero Castillo se opuso y hasta amenazó con resistir pero finalmente le dieron autorización de proseguir, reingresando a Guatemala por Esquipulas.5
Ya solamente quedaban 120 hombres cuando llegaron a Carboneras, y allí fueron sorprendidos por las fuerzas de Tolero, que los desbarató y capturó a algunos de ellos, aunque no los fusiló. Los hombres que quedaban llegaron a Citalá y luego a Ocotepeque, en donde les dijeron que se fueran para Tegucigalpa, a lo que dijeron que sí, pero en realidad se fueron a El Salvador por Chalatenango.5
Así fracasó aquella revolución castillista, dejando únicamente como resultado el afianzamiento del general Reina Barrios en el poder y el agotamiento de los recursos nacionales, que tuvieron que gastarse para contrarestar ésta y la revolución de occidente. Aunque Reina Barrios fue asesinado el 8 de febrero de 1898, las revoluciones no lograron su cometido, pues el sucesor del asesinado presidente fue el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien impuso una férrea dictadura que se extendió por veintidós años y a quien también se opuso Castillo con todas su fuerzas.
Nuestro Diario (12 de enero de 1926). Retazos de nuestra historia: el movimiento revolucionario de Castillo. Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
— (13 de enero de 1926). Retazos de nuestra historia: el auge de la Revolución. Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
— (14 de enero de 1926). Retazos de nuestra historia: la Revolución recibe nuevos elementos. Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
— (15 de enero de 1926). Retazos de nuestra historia: el desastre de la Revolución. Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
— (16 de enero de 1926). Retazos de nuestra historia: la huída de los castillistas. Guatemala: Nuestro Diario.
Autor hoyhistoriagtPublicado el abril 19, 2020 mayo 6, 2020 Categorías Chiquimula,Jalapa,José León Castillo,José María Reina Barrios,Jutiapa,Mataquescuintla,Reforma Liberal,Santa Rosa,ZacapaEtiquetas 1897,29 de septiembre,Chiquimula,Guatemala,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,José León Castillo,José María Reina Barrios,Jutiapa,La Arada,Santa Rosa,septiembre,Zacapa
3 de abril de 1877: el gobierno de J. Rufino Barrios implementa el Reglamento de Jornaleros autorizando a los cafetaleros a pagar salarios ínfimos a los campesinos indígenas
Una niña indígena recoge la cosecha de café en una finca cafetalera propiedad de alemanes en Alta Verapaz en Guatemala en 1934. En el recuadro: la familia alemana propietaria de la finca. El reglamento de jornaleros y la expropiación de tierras comunales indígenas que realizó Barrios en 1877 permitieron la formación de grandes latifundios cafetaleros a expensas de la propiedad y trabajo indígenas. Fotogramas tomados del documental fílmico “Guatemala Expedition (1933-1934)“.
La Reforma Liberal fue en realidad una profunda Reforma Agraria que favoreció a los criollos liberales, iniciando en 1877, cuando el general presidente J. Rufino Barrios vió que la expansión del cultivo del café sería la base financiera que iba a permitirle a él y a sus correligionarios convertirse en potentados que podían rivalizar con los “nobles” aristócratas.1
Solamente había un problema para los planes de Barrios: la población indígena. Para salir de ese problema, Barrios implementó dos programas de Reforma Agraria:
Abolición de la propiedad comunal indígena para que las tierras pudieran ser compradas a precios de ganga por inversionistas extranjeros
Reglamento de Jornaleros, que estableció el mandamiento gracias a lo que el gobierno autorizó a los dueños de las grandes fincas que se formaron a dar salarios miserables a los campesinos indígenas que trabajaran para ellos.1
Gracias a estos dos programas, el desarrollo del café en Guatemala fue considerable.1 De hecho, por medio del Reglamento de Jornaleros se trataba a los trabajadores casi como esclavos, teniéndolos en una situación de servidumbre similar a la de la época de la colonia. Y es que como el reglamento señalaba que el patrono podía adelantarle parte de su sueldo al trabajador, los patronos idearon un sistema por el cual muchos campesinos poco a poco se fueron endeudado con el dueño de la finca hasta que dicho endeudamiento era ya impagable y tenían que mantenerse a perpetuidad en dichas tierras ya que no podían dejar su trabajo sin haber saldado completamente la deuda adquirida. A esto se sumaba que las deudas eran heredadas de padres a hijos, por lo que estos último ya estaban obligados a permanecer en la finca en que habían trabajados sus padres. Y, por si esto no fuera poco, la mayoría de las fincas pagaban con su moneda propia, la cual podían intercambiar únicamente en la tienda de la finca por los productos que allí se encontraban, los cuales eran vendidos a altos precios.2
Reproducimos a continuación aquel reglamento emitido el 3 de abril de 1877, redactado en su mayoría por el Ministro de Hacienda, Manuel Herrera, con algunos comentarios para ponerlo en su debido contexto histórico:3
J. Rufino Barrrios, general de División y Presidente de la República de Guatemala.
En uso de las amplias facultades de que se halla investido,
(Nota de HoyHistoriaGT: Barrios no tenía ninguna facultad constitucional en lo absoluto, pues estaba gobernando en base al Acta de Patzicía, el cual fue el documento que los liberales revolucionarios firmaron el 3 de junio de 1871 desconociendo al presidente constitucional Vicente Cerna).
El siguiente REGLAMENTO DE JORNALEROS
De los patrones y jornaleros
Sección primera: de los patrones
Artículo 1°. Se entiende por patrón el dueño o arrendatario de una finca rural y para los efectos de este Reglamento el que a su nombre la administra o gobierna.
Artículo 2°. Agente del patrón, es el individuo autorizado para concertar trabajadores y representarlo ante las autoridades en los contratos o reclamaciones por el mismo motivo. Para ser reconocido como agente, basta presentar una carta poder extendida en papel simple y firmada por el patrón u otro individuo de su familia o de sus dependientes.
(Nota de HoyHistoriaGT: nótese cómo se facilita la identificación de quien representara a los patrones).
Artículo 3°. El agente obliga al patrón a estar y pasar por los conciertos o contratos que celebre con los jornaleros, lo mismo que por las gestiones que haga conforme al artículo anterior.
Artículo 4°. El patrón y sus agentes o dependientes están obligados:
A mantener el buen orden en su respectiva finca;
A exigir al jornalero que trate de acomodarse en su finca, que exprese su nombre y apellido, lugar de su vecindario, última finca donde haya trabajado y la exhibición del libreto o boleta de solvencia con su anterior patrón; (Nota de HoyHistoriaGT: es decir, el campesino indígena tenía que dejar su lugar de residencia para trasladarse a la finca, y soportar el trato y la vivienda que le proporcionaran)
A dar parte a la autoridad inmediata si el jornalero que se presenta fuere colono de otra finca y no llevare autorización para concertarse, o si fuese habilitado por otro partón, con quien no esté solvente;2
A llevar un registro o matrícula de cuentas corrientes en donde asentará semanalmente el debe y el haber de cada jornalero, haciéndoselo saber cada semana y anotándolo en el libreto del mismo jornalero.2
A proporcionar a los colonos habitaciones de teja o pajizas, y ocupación a ellos y sus familias para que puedan ganar un jornal, y no habiendo trabajo en la finca designarle una área de terreno, sin gravamen alguno, para labrarlo por su propia cuenta; (Nota de HoyHistoriaGT: las familias completas se iban a trabajar de jornaleros, incluyendo a mujeres y niños, y tenían que abandonar sus lugares de origen para ir de finca en finca).4
A permitir a los colonos, buscar trabajo en otra finca, cuando lo haya en la que habitan, dándoles el permiso por escrito, indiando el tiempo por el cual pueden concertarse;
A no hacer anticipo alguno al colono de otra finca, que trabaja con permiso escrito, de su patrón, bajo la pena de perder la cantidad anticipada que ingresará al fondo de caminos;
A dar al colono o jornalero un libreto que éste conservará en su poder, y asentar en él semanariamente el debe y haber de su cuenta; (Nota de HoyHistoriaGT: este documento se prestaba a todo tipo de abusos, pues los campesinos indígenas eran analfabetos). En la primera hoja del libreto se pondrá el contrato que se hubiese celebrado con el colono o jornalero, con todas sus circunstancias y condiciones.
A dar a los colonos o jorganerlos una alimentación sana y abundante, cuando en virtud del contrato esté obligado a suministrarla;
A establecer gratis una escuela de primera letras, dominical o nocturna, en las fincas donde hubiera más de diez familias para los niños que trabajan en ellas, y diaria para los pequeños de ambos sexos, si no hubierse población inmediata, o ésta carezca de escuela; (Nota de HoyHistoriaGT: es decir, había mano de obra infantil de ambos sexos).
A pasar al fin de cada año a la autoridad más próxima, una nómina de los nuevos jornaleros habilitados y de los colonos admitidos en el año con razón de su procedencia y de los cambios habidos en los que existían anteriormente.
Artículo 5°. La falta de cumplimiento de cualquiera de las obligaciones que establece el artículo anterior, será penada con una multa de diez a cincuenta pesos, segun los casos. Las autoridades locales son las competentes para imponer esas multas.
Artículo 6°. En el caso del inciso 7°. del artículo 4°., el colono o jornalero queda obligado a enterar al respectivo fondo el anticipo que hubiere recibido. No pudiendo hacer el entero, descontará su valor en trabajos públicos, salvo el primer patrón la cantidad, para que el jornero o colono se lo abone en trabajos propios. (Nota de HoyHistoriaGT: por supuesto, los patrones nunca abonar esto; los indígenas eran enviados a trabajar en caminos rurales o a hacer el servicio militar si no eran traslados a otra finca).
Artículo 7°. El patrón que a sabiendas seduzca a un colono o jornalero de otra finca, incurrirá en una multa de veinte a cien pesos, sin perjuicio de devolver al mozo, quedando responsable de lo que adeuda a su anterior patrón y a perder la habilitación que le haya dado en favor del fondo de caminos, en cuyo caso se procederá como se dispone en el artículo anterior.
Artículo 8°. Ningun patrón tiene derecho de castigar al colono o jornalero por faltas cometidas en la finca, y en cualquier caso que ocurra, deberá dar parte a la autoridad local más inmediata para que conozca de la falta y la castigue.
Artículo 9°. Es obligación estricta de los patrones tratar bien a los colonos o jornaleros, lo mismo que darles la boleta de solvencia cuando soliciten trasladarse a otro punto.4
Artículo 10°. Cuando el patrón se negare sin motivo a dar al colono o jornalero boleta de solvencia, éste podrá ocurrir a la autoridad local, para que en vista del respectivo libreto se la mande dar, imponiente al patrón una multa de diez pesos.
Artículo 11°. En caso de epidemia local que amenace la vida de los habitantes de una finca, no podrá retenerse en ella a los colonos y jornaleros, debiendo pasado el peligro, volver a la finca a cumplir sus compromisos.4
Artículo 12°. En el caso del anterior artículo, el patrón extenderá por escrito al colono ó jornalero, la respectiva licencia, expresando en ella la cantidad que adeuda y el tiempo que le falta para cumplir su concierto. (Nota de HoyHistoriaGT: el sistema de la libreta se corrompió de tal modo, que aun y cuando los salarios que se pagaban eran miserables, los patrones se las ingeniaron para que los campesinos siempre les estuvieran debiendo).5
Artículo 13°. El patrón que no lleve el libro de cuentas corrientes de que habla el inciso 4°. del artículo 4°., además de pagar la multa que corresponda, quedará sujeto, respecto a cuentas, a estar y pasar por lo que conste en el libro del colono o jornalero.
Artículo 14°. A cualquiera clase de jornaleros el patrón deberá darles habilitación diaria ó cada ocho dias si así lo exigieren para sus alimentos.
SECCIÓN SEGUNDA: Jornaleros
Artículo 15°. Hay tres especies de jornaleros: colonos, jornaleros habilitados para trabajar por tarea, por dia ó por mes, y jornaleros no habilitados.
§ I De los colonos
Artículo 16°. Se entiende por colono el jornalero que se compromete á residir y trabajar en una finca rural o que de hecho trabaja y reside en ella. Los arrendantes de las fincas de campo, están comprendidos en la clase de los colonos y obligados á trabajar en la propia linea si en el contrato de arrendamiento no se hubiere estipulado lo contrario. El mismo carácter y la misma obligación tienen los poseedores de terrenos en precario, comprendidos en los de otra finca rural.
Artículo 17°. El tiempo por el cual puede concertarse un colono será convencional, pero no podrá exceder de cuatro años. Sin embargo, no se retirará de la finca sin estar solvente con su patrón aunque haya pasado el término. (Nota de HoyHistoriaGT: como ya se indicó en la nota del artículo 12, los patrones se las ingenieron para que los colonos estuvieran siempre endeudados con ellos).
Artículo 18°. Son obligaciones del colono:
Prestar su trabajo en la finca por el salario convenido siempre que hubiere ocupación en ella;
Estar sometido al patrón y sus agentes, en todo lo relativo al buen orden y ejecución de los trabajos de la finca;
Conservar el libreto de su cuenta corriente, cuidando de que el patrón asiente semanariamente el estado de ella en dicho libreto;
No recibir de otro patrón anticipo alguno por cuenta de trabajo, que deba verificarse antes de concluirse el término porque se concertó como colono ó aunque se haya concluido, sino está solvente con el patrón;
Enviar á sus hijos a la escuela de primeras letras establecida en la misma finca;
Permanecer en la finca todo el tiempo concertado y no retirarse de ella antes que termine, aun cuando estuviere solvente con su patrón.4
Artículo 19°. El patrón calculará la suma, que pueda anticipar al colono según los trabajos que haya de ejecutar cutar y el tiempo del compromiso. (Nota de HoyHistoriaGT: he aquí una de las principales fuentes de fraude para endeudar a los trabajadores).5
Artículo 20°. Cuando no esté obligado el patrón á suministrar alimentos al colono y éste no pueda procurárselos por consecuencia de suma escasez de granos, o sólo pueda obtenerlos a un precio tal que no baste su salario para proveer a su subsistencia, podrá retirarse de la finca aun cuando no se haya terminado el tiempo de su concierto, a no ser que el patrón se los proporcione a precios cómodos. (Nota de HoyHistoriaGT: he aquí otra de las principales fuentes de fraude para endeudar a los trabajadores).6
Artículo 21°. Si el colono en virtud de los dispuesto en el artículo anterior, hubiere de retirarse de la finca, deberá hacerlo con permiso escrito del patrón en el cual conste la cantidad que adeuda y el tiempo dentro del cual debe volver á cumplir sus compromisos.
Artículo 22°. El colono que extraviare su libreto, deberá estar y pasar por las constancias que respecto á su cuenta existan en los libros del patrón.
§ II De los jornaleros habilitados.
Artículo 23°. Jornalero habilitado es el que recibe dinero anticipado, obligándose a pagarlo con su trabajo personal en una linea rústica. (Nota de HoyHistoriaGT: esta fue fuente de usura para los patronos).5 Para la anticipación se tendrá presente lo dispuesto en el articulo 19.
Artículo 24°. El jornalero habilitado tiene las mismas obligaciones que el colono y cuando no esté concertado por tiempo determinado, puede retirarse de la finca, una vez pagado el anticipo.
Artículo 25°. Son comunes a los jornaleros habilitados las disposiciones de los artículos l8 a 22.
§ III. De los jornaleros no habilitados
Artículo 26°. Son jornaleros no habilitados los que se comprometen á trabajar en una finca rústica sin recibir anticipación alguna y se han de observar respecto de ellos las disiciones contenidas en el inciso 3°. del artículo 4°.
Artículo 27°. El jornalero que no haya recibido habilitación, deberá cumplir el tiempo porque se obligó a trabajar; si no se hubiese fijado ese tiempo se entenderá de una semana.
Artículo 28°. A esta clase de jornaleros deberá pagárseles jornal semanariamente, sino se hubiere estipulado otra cosa, sin perjuicio de la habilitación diaria de que habla el artículo 14.
Artículo 29°. Los jornaleros no habilitados están sujetos a las obligaciones prescritas en los incisos 1°. y 2°. del artículo 18.
Artículo 30°. Son autoridades competentes para los efectos de este reglamento, las siguientes: Jefes políticos, Gobernadores de los pueblos, Alcaldes Municipales o Jueces de Paz y Preventivos y Alcaldes auxiliares.
Artículo 31°. Cuando algún particular desee para sus trabajos un mandamiento de jornaleros, deberá solicitarlo del Jefe político del departamento, cuya autoridad designará el pueblo que deba proporcionarla. (Nota de HoyHistoriaGT: a los indígenas no se les pedía permiso sino que se les obligaba a ir a donde y cuando dijera el Jefe Político). En ningún caso excederá de sesenta el número de jornaleros de cada mandamiento.6
Artículo 32°. Cuando sean comprendidos en un mandamiento jornaleros habilitados por otro patrón, este tiene el derecho de reclamarlos y la autoridad está en la obligación de tragarlos. El patrón que de propia autoridad sustrajere de un mandamiento o tomare por la fuerza a un jornalero habilitado por él, perderá el derecho que le concede este artículo y la cantidad que le adeude el jornalero, a favor del fondo de caminos, procediendo de la manera determinada en los artículos 6°. y 7°.7
Artículo 33°. El jornalero habilitado que sea separado de un mandamiento para entregarlo a su patrón, deberá devolver á la autoridad la habilitación que hubiere recibido, ya sea para habilitar con ella otro jornalero en su lugar ó ya para devolverla al dueño del mandamiento.
Artículo 34°. Podrán pedirse mandamientos y la autoridad darlos por ocho o quince dias, si los jornaleros fueren del mismo departamento donde se halla la finca, y por un mes si fueren de otro departamento. En el primer caso el patrón no abonará a los jornaleros gasto de viaje y en el segundo les pagará á razón de dos reales por cada diez leguas de ida y nada por el regreso. (Nota de HoyHistoriaGT: éstas ínfimas cantidades se aprecian mejor si se comparan con la fortuna que amasó el general Barrios durante su gobierno y que fue publicada el 3 de agosto de 1885).8
Artículo 35°. Todo el que solicite mandamiento de jornaleros deberá pagar el derecho siguiente:
Si el mandamiento lucre por ocho ó quince dias, se pagará medio real por cada jornalero;
Si fuere por mas de quince dias UD real por cada uno. Estas sumas formarán parte de los fondos de propios de cada Municipalidad.
Artículo 36°.A los jornaleros de un mandamiento deberá dárseles habilitación antes de salir del lugar de su domicilio, pero la autoridad cuidará bajo su responsabilidad, que dicha habilitación no exceda de la mitad de lo que deba ganar cada uno en el tiempo convenido.
Artículo 37°. En toda Secretaria Municipal se llevará un libro para anotar los mandamientos que se den en lista nominal, expresando el tiempo por que sale, la finca á donde van a trabajar los jornaleros y la cantidad pagada por derechos, conforme al artículo 35. Dicho libro servirá para la revisión y aprobación de las cuentas de cada municipio, y el Secretario Municipal que no cumpla con esta prevención, será destituido de su destino, pagando además una multa no menor de veinte pesos.
Artículo 38°. Las autoridades a que se refiere el artículo 30, tienen las obligaciones siguientes:
Intervenir en los contrati enganche ya sea como jornaleros habilitados o no habilitados, siempre que sean requeridas por cualquiera de las partes, cuidando de que el Secretario cumpla con lo dispuesto en el artículo 37.
Administrar pronta y cumplida justicia, en caso de contención o desacuerdo entre el patrón y el colono ó jornalero y hacer que cada uno por su parte cumpla con sus respectivas obligaciones;
Cumplir con prontitud las prevenciones de los Jefes políticos sobre mandamiento de jornaleros, sujetándose a las prescripciones de este Reglamento;
Facilitar a los patrones o agentes el enganche de jornaleros;
Autorizar a los dueños de fincas que ofrezcan las garantías convenientes para que tengan una pieza de encierro para asegurar á cualquiera que cometa un delito ó falta, mientras se pone a disposición de la autoridad. A falta de un local a propósito, deberán ser conducidos inmediatamente al pueblo mas próximo;7
Perseguirá los deudores fraudulentos por habilitaciones recibidas de diversos patrones, remitiéndolos con seguridad a la finca cuyo patrón se haya presentado á la autoridad. En caso de adeudar el jornalero anticipos a varias fincas se les remitirá a los patrones por el orden en que hayan presentado su reclamo: excepto que uno quiera pagar por todos y los demás convengan en el pago;9
Autorizar las boletas de solvencia cuando asi lo solicite algun jornalero para cambiar de domicilio y extendérsela cuando el patrón se niegue á hacerlo, si del libreto resulta su solvencia;
Cuidar de que se hagan efectivas las multas que se impongan por infracción de este Reglamento;
Cumplir por su parte y hacer cumplir el presente Reglamento.
Artículo 39°. Todos los gastos que se originen para obligar al jornalero al cumplir sus compromisos,serán pagados por el patrón, a cargo del jornalero, anotándolo así en su libreto y en su cuenta.
Artículo 40°. Las funciones de los alcaldes auxiliares están determinadas en la ley y las ejercerán siempre con sujeción a ella como agentes ó comisionados de las autoridades superiores como Jefes políticos, Jueces de Paz, Alcaldes Municipales, etc.
Artículo 41°. Cuando hubiere desacuerdo entre el patrón y el trabajador respecto a tareas, alimentación, jornales ú horas de trabajo, la autoridad que conozca del reclamo, se arreglará á los términos del contrato consignado en el libreto; y á falta de esa constancia, á la costumbre establecida en el lugar donde estuviere situada la finca.
Artículo 42°. Es obligación de los jornaleros que salen a trabajar fuera de su domicilio y que sean militares, dar aviso al Comandante local para que no les considere como faltistas. Los Comandantes no podrán oponerse a su enganche siempre que no estén en servicio activo.
Artículo 46°. Las demandas y reclamos entre patrones y jornaleros se ventilaran siempre ante los alcaldes Municipales ó Jueces de paz. sino sucediere de la suna determinada por la ley como límite de la competencia de esas autoridades y aun cuando los contendientes sean militares, si no estuvieren en servicio activo: cuando pasen de esa suma corresponde conocer a los Jefes Políticos y determinaciones no habrá otro recurso que el de responsabilidad.
Artículo 47°. Los Gobernadores, Alcaldes Municipales, Jueces preventivos ó de paz y Alcaldes auxiliares, que infringieren cualquiera de las obligaciones que este Reglamento determina, incurrirán en una multa desde cinco á veinticinco pesos, según los casos. Estas multas serán impuestas por los Jefes políticos ó Jueces de Paz en su caso.9
Artículo 48°. Todas las multas que se impongan á las autoridades, patrones ó jornaleros por razón de este Reglamento, ingresarán al fondo de caminos. Al efecto, las autoridades locales de la República remitirán mensualmente á la Jefatura Política dichas multas con cuenta y razón.
Artículo 49°. En cada Jefatura política se llevará un libro exclusivo para esta cuenta con sus comprobantes, en donde se asentarán los ingresos de cada pueblo por razón de multas. Cada tres meses se formará un estado de ella que se remitirá al Ministerio de Fomento, trasladándose tambien a la Administración de Rentas la existencia que resulte y haciendo constar el traslado al pié del mismo estado.
Artículo 50°. En todo el mes de mayo próximo, están obligados los patrones á presentar á la autoridad local más inmediata, la lista de los colonos de su finca y mozos habilitados por cuenta de trabajo, estén o no trabajando: y desde el mes de diciembre próximo entrante se hará según lo previene el inciso 11 del artículo 4.° de este Reglamento. Las habilitaciones que hasta la publicación de este Reglamento, hubiesen recibido los jornaleros, por cuenta de trabajo, de diversos patrones, serán pagadas contra el orden de antigüedad.
Artículo 51°. El .Ministro de Fomento queda encargado del cumplimiento del presente Reglamento y de resolver las Consultas que se hagan por las autoridades sobre su inteligencia,oscuridad é interpretación.
Dado en el Palacio Nacional en Guatemala, a tres de abril de mil ochocientos setenta y siete.
El Ministro de Fomento: Manuel Herrera.9
Chacón Córdova, Carolina (2018). La figura del general Jorge Ubico Castañeda: dictador o tirano. En: 200 años en camino, Bicentenario de la Independencia – 2021. Guatemala: Autorictas Prudentium. pp. 5-7.
Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.
Gobierno de Guatemala, Recopilación de Leyes, p. 74.
Autor hoyhistoriagtPublicado el abril 17, 2020 mayo 7, 2020 Categorías Alejandro Marure,Alta Verapaz,Baja Verapaz,Chimaltenango,Chiquimula,El Progreso,Escuintla,Huehuetenango,Izabal,J. Rufino Barrios,Jalapa,Jutiapa,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Reglamento de Jornaleros,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Santa Rosa,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,Verapaz,ZacapaEtiquetas 1877,3 de abril,abril,Chimaltenango,Chiquimula,Departamento de Amatitlán,Escuintla,Guatemala,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,Huehuetenango,Izabal,J. Rufino Barrios,Jalapa,Jutiapa,Petén,Quetzaltenango,Quiché,Reforma Liberal,Reglamento de Jornaleros,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,Verapaz,Zacapa
Calle de San Nicolás en Quetzaltenango, luego de los fuertes combates entre las tropas alzadas lideradas por el coronel Próspero Morales y las fuerzas leales al gobierno de Reina Barrios en septiembre de 1897. Imagen tomada de “La Ilustración del Pacífico” En el recuadro: retrato del presidente guatemalteco Reina Barrios.
La crisis económica derivada de la caída del preció internacional del café tomó al general presidente José María Reina Barrios en medio de varios proyectos faraónicos con los que pretendía convertir a Guatemala en un destino de inversión para las naciones europeas y norteamericanas. Desafortunadamente, todo quedó inconcluso cuando la economía se desplomó provocando que cuando Reina Barrios propusiera extender su mandato para remediar la situación, se enfrentara a una férrea resistencia.1
José María Reina Barrios2
Los siguientes dos telegramas ejemplifican las contestaciones serviles que recibió Reina Barrios de sus allegados:
Totonicapán, 2 de junio de 1897 – Señor General Presidente: Desde que los buenos guatemaltecos vimos la conducta subversiva de varios representantes del pueblo, esperábamos que los demás, como sinceros patriotas, se retirasen del seno de aquel alto cuerpo, como en efecto sucedió, y que dejando al reconocido patriotismo de Ud. y a su ilustrado criterio la salvación del conflicto de la Patria, esta vendría indudablemente en las perfectas condiciones que encierra su estimable telegrama recibido hoy y fechado ayer: como funcionario púbico y como buen guatemalteco, ofrezco a Ud. incondicionalmente mi lealtad y humildes servicios para el sostenimiento del orden público y para el fomento de todo aquello que tienda al ensanche de nuestros principios democráticos y sus naturales consecuencias. Adrián F. Caballeros.3
San Sebastián Huehuetenango, a nueve de junio de mil ochocientos noventa y siete. Impuestos los vecnios de este pueblo de que el señor General don José María Reyna Barrios, Presidente de la Repªblica, ha asumitodo todos los poderes de la Nación, por causas justas y conocidas de todos, dispusieron espontánea y libremente asociarse de la Corporación Municipal y celebrar el acta siguiente: 1.°. Los vecinos de San Sebastián Huehuetenango, como la mayoría de la República, especialmente la gente honrada, aprueban el proceder del señor General Presidente y una vez más le ofrecemos nuestra adhesión. 2.° Que siendo la paz el mejor bien que los pueblos pueden disfrutar, creen que la personalidad del General Reyna Barrios en la presidencia de la República es la mejor prenda que puede garantizar aquel bien, y por consiguiente, desean siga de Presidente, y corta de una vez el desasosiego e intranquilidad que empezaba a sentirse con las luchas electorales. 3.° Que el país le debe mucho al General Reyna, por la sabia, prudente y conciliadora política que ha tenido con México, y las Repúblicas vecinas, no queriendo tomar parte en sus contínuas e ingratas guerras en que se destrozan entre sí, tocándole a Guatemala perder sangre y dinero. 4.° Que el Ferrocarril del Norte y la Exposición son obras que solamente el genio audaz, perseverante y patriótico del General Reyna puede llevar a su feliz conclusión, pues son obras que fuera de su gran importancia en su costo, tienen enemigos exteriores, que a otro que no fuera el General Reyna, se intimidaría por el dinero que hay que invertir, o lo halagarían de la manera provechosa al mandatario a fin de que no se hiciera dicho Ferrocarril. 5.° Que el gobierno del General reyna, ha puesto en práctica todas las libertades públicas, ha garantizado a la sociedad, ha reprimido los pícaros, ha puesto coto al abuso de los empleados, ha escuchado las quejas que se le han dirigido, y que bajo su Gobierno hemos progresado, y que si no continuara en el Gobierno de la República, volveríamos a lo de atrás, porque es difícil gobernar con tino y acierto, libre de pasiones de partidos y sin ambiciones de plata, lo que dudamos haga otro en el Poder. 6.° Que aunque hijos del último rincón de la República, le damos al General Reyna Barrios un voto de gracias por todos los bienes que le ha hecho a la República, por su buen Gobierno, y por las dotes políticas de que el cielo lo ha dotado; ya que la Asamblea, representante de los pueblos, nada hizo, ofuscada por cuestiones de bandería y de ambicios de medro, lo que es de sentir; pues antes que el principio de alternabilidad, antes que todo, queremos paz, garantías y progreso. 7.° Que esta nuestra humilde manifestación sea elevada al Señor Presidente, por medio del señor Jefe Político del Departamento. Firmado por el alcalde Fernando Castillo y los miembros del concejo municipal.4
Por otra parte, he aquí dos telegramas muy significativos, enviados por el coronel Próspero Morales (ex-ministro del gabinete de Reina Barrios) y por el licenciado José León Castillo, quienes acababan de ser nombrados Jefes Políticos de San Marcos y de Chiquimula, respectivamente,5 y quienes encabezarían sendas revueltas contra el gobierno pocos meses después:
San Marcos, junio 2 de 1897. – Señor General Presidente. Al quedar enterado de su telegrama de ayer, lo he mandado publicar por bando, como está ordenado. Próspero Morales.6
Chiquimula, junio 2 de 1897. – Señor General Presidente: Se ha publicado por bando a los vecinos de esta cabecera y se ha comunicado a las autoridades de mi jurisdicción, su telegrama en que manifiesta haber asumido los poderes de la Nación. José León Castillo. 6
Macías del Real, A. (15 de mayo de 1897). Resumen quincenal. En: La Ilustración Guatemalteca. Guatemala: Siguere, Guirola y Cía. I (22) p. 320
El Progreso Nacional (1897). Telegrama del General Presidente y contestaciones de las autoridades de la República. En: Documentos importantes, Biblioteca de “El Progreso Nacional. Guatemala: Tipografía Nacional. p. i-ii.
Autor hoyhistoriagtPublicado el junio 2, 2019 junio 4, 2020 Categorías Alta Verapaz,Amatitlán,Baja Verapaz,Chimaltenango,Chiquimula,Escuintla,Izabal,José María Reina Barrios,Jutiapa,Petén,Próspero Morales,Quetzaltenango,Quiché,Reforma Liberal,Retalhuleu,Sacatepéquez,San Marcos,Sololá,Suchitepéquez,Totonicapán,ZacapaEtiquetas 1897,2 de junio,Alta Verapaz,Baja Verapaz,Chiquimula,Escuintla,Historia,Historia de Guatemala,History,History of Guatemala,Huehuetenango,Jalapa,José León Castillo,José María Reina Barrios,junio,Próspero Morales,Quetzalatenango,San Marcos,Santa Rosa,Suchitepéquez,Totonicapán,Zacapa