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Timestamp: 2017-08-22 09:26:57
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Política económica UE (Unión Europea). Balanza de pagos. Comercio internacional. Sistema monetario europeo. Moneda única: Euro
Tema1º La economía internacional y la balanza de pagos: la Unión Europea
Tendencias comerciales del siglo XX
España y la U.E
La balanza de pagos ( PB )
La demanda externa neta
Cuadro resumen: Forma de relación económica entre países
Comercio mundial ( pequeño resumen global )
Tema 2º El mercado de divisas: el nacimiento del euro
Las bases del sistema monetario
El funcionamiento del sistema monetario europeo
Revisiones del acta única europea
Fases de la Unión Monetaria
Los impactos dela Unión Monetaria en el sector financiero y
Los costes de la Unión Europea
La economía internacional y la balanza de pagos: la Unión Europea
Aunque el comercio internacional siempre ha sido importante, a partir del siglo XVI empezó a adquirir mayor relevancia; con la creación de los imperios coloniales europeos, el comercio se convierte en un instrumento de política imperialista. La riqueza de un país se medía en función de la cantidad de metales preciosos que tuviera, sobre todo oro y plata. El objetivo de un imperio era conseguir cuanta más riqueza mejor al menor coste posible. Esta concepción del papel del comercio internacional, conocida como mercantilismo, predominó durante los siglos XVI y XVII.
El comercio internacional empezó a mostrar las características actuales con la aparición de los estados nacionales durante los siglos XVII y XVIII. Los dirigentes descubrieron que al promocionar el comercio exterior podían aumentar la riqueza y, por lo tanto, el poder de su país. Durante este periodo aparecieron nuevas teorías económicas relacionadas con el comercio internacional.
La justificación delos intercambios internacionales descansa fundamentalmente en que las naciones poseen recursos muy distintos y capacidades tecnológicas diferentes. Esas diferencias se pueden diferenciar en los puntos siguientes:
Cantidad disponible de mano de obra, capital y tierra cultivable
Los citados factores son los que condicionan la producción de los diferentes países y los que proporcionan que éstos tiendan a especializarse.
Aunque las posibilidades tecnológicas fuesen idénticas y también lo fueran las dotaciones de recursos, hay diferencias en los gustos de los consumidores de unos y otros países que justifican la aparición del comercio internacional.
De las razones justificativas del comercio internacional, la que ha gozado de mayor aceptación es la que señala que los países tienden a especializarse en la producción y exportación de aquellas mercancías en las que poseen mayores ventajas comparativas. El resultado de esta especialización es que la producción mundial, y en consecuencia su capacidad para satisfacer los deseos de los consumidores, será mayor que si cada país intentase ser lo más autosuficiente posible.
De acuerdo con esta teoría, la existencia de diferencias en los costes relativos de producir bienes en los distintos países, es suficiente para sea beneficioso para todos que cada uno de éstos se especialice en aquellos productos en los que dispone de un ventaja comparativa respecto a otros y comerciar entre sí.
Medio siglo más tarde, el economista inglés David Ricardo mejoró esta teoría del comercio internacional. La teoría de Ricardo, que sigue siendo aceptada por casi todos los economistas actuales, subraya la importancia del principio de la ventaja comparativa. A partir de éste, se deduce que un país puede lograr ganancias si comercia con el resto de los países aunque todos los demás produzcan con menores costes. Hay ventaja comparativa cuando los costes de producción y los precios percibidos son tales que cada país produce un producto que se venderá más caro en el exterior de lo que se vende en el mercado interior. Si cada país se especializa en la producción de los bienes y servicios en los que tiene ventaja comparativa, el resultado es un mayor nivel de producción mundial y mayor riqueza para todos los estados que comercian entre sí.
Además de esta ventaja fundamental hay otras ganancias económicas derivadas del comercio internacional. Éste aumenta la producción mundial y hace que los recursos se asignen de forma más eficiente, lo que permite a los países (y por tanto a los individuos) consumir más bienes y más diversos. Todos los países tienen una dotación limitada de recursos naturales, pero todos pueden producir y consumir más si se especializan y comercian entre ellos. Como se ha señalado, la aparición del comercio internacional aumenta el número de mercados potenciales en los que un país puede vender los bienes que produce. La mayor demanda internacional de bienes y servicios se traduce en un incremento de la producción y en el uso más eficiente de las materias primas y del trabajo, lo que a su vez aumenta el nivel de empleo de un país. La competencia derivada del comercio internacional también obliga a las empresas nacionales a producir con más eficiencia, y a modernizarse a través de la innovación.
Dada la importancia del comercio internacional para una economía concreta, los gobiernos a veces restringen la entrada de bienes foráneos para proteger los intereses nacionales. La intervención de los gobiernos puede ser una reacción ante políticas comerciales emprendidas por otros países, o puede responder a un interés por proteger un sector industrial nacional poco desarrollado. Desde el surgimiento del moderno comercio internacional, los países han intentado mantener una balanza comercial favorable, es decir, exportar más de lo que importan.
Una de las formas más sencillas para limitar las importaciones consiste en impedir que entren en el país bienes producidos en el extranjero. Por lo general, se establece un límite cuantitativo a la entrada de productos foráneos. Estas restricciones cuantitativas se denominan contingentes. También son útiles para limitar la cantidad de divisas o de moneda nacional que puede entrar y salir del país. Los contingentes a la importación representan el medio más rápido de frenar o revertir una tendencia negativa en la balanza de pagos de un país. También se utilizan para proteger a la industria nacional de la competencia exterior.
El método más común para frenar las importaciones consiste en establecer aranceles a la importación, impuestos que gravan los bienes importados. El arancel, pagado por el comprador del bien, eleva el precio de ese producto en el país importador. Este aumento desincentiva la demanda de consumo de bienes importados, por lo que consigue reducir de modo eficiente el volumen de importaciones. Los impuestos percibidos aumentan los ingresos del Estado. Además, los aranceles constituyen un subsidio encubierto para las industrias competidoras de productos importados; cuanto mayor sea el precio resultante de la aplicación del arancel, mayor será el beneficio de los productores nacionales al poder vender a un precio superior del que podrían establecer en caso de competencia internacional, lo que puede incentivarles para aumentar su propia producción.
Durante los últimos años se ha incrementado la creación de barreras no arancelarias al comercio. Aunque no siempre se imponen este tipo de barreras con el objetivo de reducir el comercio, de hecho tienen este efecto. Entre este tipo de barreras se encuentran las regulaciones nacionales sobre higiene y seguridad, códigos deontológicos y políticas impositivas. La subvención pública a determinadas industrias también puede considerarse como una barrera arancelaria al libre comercio, porque estas subvenciones conceden ventajas a las industrias nacionales.
Tendencias comerciales en el siglo XX
Durante la década de 1930 se intentó por primera vez coordinar la política comercial a escala internacional. Al principio, los países negociaban tratados bilaterales. A partir de la II Guerra Mundial, se crearon organizaciones internacionales para fomentar el comercio entre países, eliminando las barreras al mismo, ya fuesen arancelarias o no arancelarias. El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, más conocido como GATT, firmado por 23 países no comunistas en 1947, fue el primer acuerdo multinacional que intentaba reducir las restricciones al comercio; el GATT comprende ahora a más de 100 países y afecta al 80% del comercio mundial. Desde 1947, el GATT ha organizado una serie de rondas de negociación multilateral, siendo la última la Ronda Uruguay, que finalizó en 1994. En ésta se acordó reemplazar el GATT por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se espera que tenga efectos positivos sobre el comercio internacional, con un aumento del 25%, antes del siglo XXI, lo que supondrá un incremento de la renta mundial en torno a 500.000 millones de dólares.
La labor a favor de la liberalización del comercio llevada a cabo por el GATT se ha visto entorpecida por el deseo de algunos países miembros de establecer bloqueos de libre comercio de carácter regional.
La idea básica es que un grupo de países, preferentemente con un nivel de desarrollo similar, se asocien con el propósito de eliminar entre ellos las restricciones al comercio. Los países se agrupan motivados por razones políticas y tratando de alcanzar las ventajas económicas ligadas al hecho de disponer de un mercado propio o interno mayor.. El establecimiento de relaciones económicas más estrechas se consideraban como el primer paso para crear una unión política. Las posibilidades a este respecto son tres: áreas de libre comercio, uniones aduaneras y mercados comunes.
Para fomentar el comercio entre países que defienden los mismos intereses políticos y económicos, o que mantienen relaciones de vecindad, se crean áreas de libre comercio en las que se reducen los aranceles (llegando a eliminarse) entre los países miembros. Uno de los primeros ejemplos de asociación de países fue la Commonwealth, creada en 1932 a raíz de los acuerdos de Ottawa que permitían reducir los aranceles entre los países firmantes. Los estados no comunistas favorecieron el desarrollo de programas para promocionar el comercio y promover la recuperación de las economías devastadas por la II Guerra Mundial.
En la unión aduanera del Benelux, creada en 1948 e integrada por Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, se eliminaron por completo los aranceles y se creó un único arancel externo común para los bienes provenientes de otros países. En 1951, Francia y Alemania Occidental (hoy parte de la reunificada República Federal de Alemania) y los países miembros del Benelux crearon la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). En 1957 estos países, más Italia, formaron la Comunidad Económica Europea (CEE, hoy Unión Europea), que pretendía reducir las barreras al comercio entre los países miembros. Más tarde, otros países fueron uniéndose a la CEE que en 1995 contaba con quince miembros. La respuesta de la URSS a la creación de estas organizaciones fue el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME o COMECON) creado en 1949. Se disolvió en 1991 debido a los cambios políticos y económicos del mundo comunista.
Numerosos economistas predicen el crecimiento de tres grandes bloques comerciales: la Unión Europea, el integrado por los países miembros del Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC o NAFTA), y el formado por los países asiáticos. El comercio dentro de cada bloque crecerá debido a la reducción y eliminación de restricciones a los intercambios de productos, pero se necesitarán muchas y duras negociaciones para poder reducir las barreras entre los tres bloques.
Un mercado común se caracteriza por los siguientes hechos:
Los países integrados en un mercado común acuerdan eliminar todas las restricciones al comercio entre sus miembros.
Se estableces una tarifa externa común a las importaciones del resto del mundo. Este hecho implica que los bienes que entran en una unión aduanera se enfrentan ala mismas tarifas, cualquiera que sea el país importador.
Se permite el libre movimiento de los factores dentro de los factores de producción, ( trabajo, capital y empresa ), dentro de la comunidad.
Se pueden ofrecer libremente dentro del mercado común servicios financieros o seguros.
Los países miembros adoptan políticas comunes en materias tales como: Seguridad Social, imposición, transporte, agricultura y competencia.
La antigua Comunidad Económica Europea ( CEE ) se estableció por el tratado de Roma ( 1957 ) y empezó a funcionar el 1 de enero de 1958. En la actualidad los quince países miembros son: Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Luxemburgo, Holanda, Irlanda, Italia, Portugal, Reino Unido, Suecia, Finlandia y Austria.
La Unión Europea tiene 4 instituciones principales:
La Comisión: Tiene como misión fundamental diseñar las políticas y presentarlas al Consejo de Ministros para que decida.
El Consejo de Ministros: Es el órgano decisorio más importante. Los miembros del Consejo, uno por cada país, representan directamente a los gobiernos nacionales.
El Parlamento Europeo: Sus miembros son elegidos directamente por los ciudadanos de cada país. El Parlamento tiene el derecho de ser consultado en la mayoría de las propuestas que haga la Comisión antes de su presentación al Consejo de Ministros.
La Corte de Justicia: Es completamente independiente de las demás instituciones. Su función principal consiste en estudiar y dirimir si un determinado país ha quebrantado los acuerdos establecidos por la Comisión.
La Unión Europea obtiene sus fondos principalmente a través de las siguientes fuentes de financiación: IVA, aranceles, aduanas y aportaciones.
-IVA : (impuesto sobre el valor añadido). Todos los países miembros deben tener establecido este impuesto. El 1 por 100 de su recaudación se destina a los fondos de la Unión Europea.
-Los aranceles sobre productos agrícolas importados: Determinados productos agrícolas no pueden importarse a unos precios inferiores a los comunitarios. La estrategia seguida por la UE consiste en establecer unos aranceles que hacen que se igualen los precios exteriores a los comunitarios.
-Los derechos de aduanas: Sobre ciertas transacciones, la UE establece una seria de derechos de aduana sobre las importaciones lo que supone aproximadamente un tercio de los recursos de la Comunidad.
-Las aportaciones de los países miembros en función del PNB: Todos los países miembros deben aportar anualmente una cantidad que depende de su PNB.
España ocupa el quinto puesto por aportación al presupuesto de la CE, detrás de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido.
En cualquier caso y según se desprende de un estudio elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda durante el período 1986-1993, España fue el país relativamente menos favorecido por los fondos de la UE destinados a la convergencia económica y a la cohesión social, es decir, al acercamiento de los niveles de renta y de bienestar de los más pobres a la media comunitaria.
Uno de los motivos de esta disfunción era el sistema de financiación del presupuesto comunitario, basado en un porcentaje del Impuesto sobre el Valor Añadido ( IVA ) , algo particularmente nocivo para los Estados menos desarrollados, donde el consumo tiene mayor peso relativo que en las economías ricas. El resultado de esta anomalía fue que la aportación de España a la caja común de la UE en relación a su PIB que era en esos años superior a la de países como Dinamarca, Italia o como Reino Unido, y equivalente a la de Francia.
En el periodo entre 1993 y el 2000 España ha estado mucho más cómoda en la UE. Los acuerdos adoptaron en Edimburgo en diciembre de 1992 alternaron los criterios de ingresos y de gastos del presupuesto comunitario a favor de los más pobres, incluida la creación de un fondo de cohesión. Como consecuencia, España fue el principal y más destacado preceptor de recursos estructurales a lo largo de estos años en términos absolutos, y mejoró su posición relativa en pagos por habitante.
. Política agrícola. En ella la Comunidad se gasta las dos terceras partes del presupuesto. Su objetivo básico es aumentar la renta de los agricultores de la Comunidad.
. Política regional. Está encaminada a reducir la diferencia entre las distintas regiones que integran los países miembros.
. Política social. Se articula a través del Fondo Social Europeo. Éste provee fondos encaminados principalmente a la formación profesional de los desempleados.
La Unión Europea con el transcurso del tiempo, ha ido evolucionando desde un bloque regional de libre comercio a una unión de países en la que cada día tiene mayor importancia los factores monetarios y políticos. En este proceso, el Informe Delors jugó un papel muy importante, pues pudo en marcha un ambicioso proyecto de integración cuyo objetivo fue, en primer lugar, el logro de la Unión Monetaria. En términos de las etapas especificadas en el citado proceso de integración, cabe señalar que desde el 1 de noviembre de 1993 estamos en la Unión Europea.
Siguiendo la senda marcada por el Informe de Delors para acceder a la UEM , en el tratado de Maastricht se concretaron los siguientes puntos:
. Una inflación que no supera el 1,5 por 100 sobre la media de los tres países comunitarios con menos inflación.
. Un tipo de interés a medio y largo plazo que no excediera más del 2 por 100 sobre la media de los mismos países.
. Una moneda que haya estado, al menos durante los dos últimos años, en la banda estrecha del SME.
. Un déficit público no superior al 3 por 100 del PIB y una deuda acumulada inferior al 60 por 100 de ese PIB.
El sentido de estos criterios fue lograr que, mediante una mayor coordinación de las políticas económicas de los distintos países se redujeran las diferencias entre ellos, es decir, que se alcanzara un nivel mínimo de convergencia entre las economías europeas, tanto en términos reales como nominales.
Desde una perspectiva más general, el establecimiento de estos criterios se puede justificar porque en un mundo cada vez más interdependiente, la coordinación de las políticas macroeconómicas y las convergencias con los objetivos establecidos por las economías más estables equilibradas y competitivas se ha convertido en una necesidad. En las actuales circunstancias, resulta muy difícil establecer unos objetivos al margen de los fijados por el resto de países y, especialmente, aquellos con los que se mantienen unos intercambios comerciales relativamente importantes. La competitividad a nivel internacional se establece en términos relativos y a la luz de variables como los precios, los salarios y la productividad, de forma que aquellos países que no logren reducir sus desequilibrios macroeconómicos y alcanzar un grado aceptable de convergencia en sus variables clave, perderán competitividad . Esto equivaldría a ver reducida su capacidad para colocar sus bienes y servicios en los mercados nacionales, lo que conllevaría una pérdida de empleo y bienestar. Precisamente, estas ideas sobre la necesidad de convergencia en una Europa sin fronteras estuvieron en la base de los acuerdos del Consejo Europeo de Maastricht.
La creación de la unión económica , ha generado sin duda ventajas políticas y económicas para los países miembros, y ha sido un incentivo clave para lograr la necesaria disciplina monetaria y presupuestaria. En cualquier caso plantea una serie de inconvenientes que podemos concretar en dos puntos:
. Al quedar velado el recurso a los reajustes del tipo de cambio y al perder la soberanía sobre la política monetaria y fiscal, estos instrumentos no se podrán utilizar para corregir los desequilibrios económicos dentro de la Comunidad.
. El ajuste y reestructuración puesta en marcha por la supresión de las barreras físicas, técnicas y fiscales, tendrá un impacto no uniforme sobre las diferentes regiones, por lo que se puede generar una tendencia hacia la acentuación de las diferencias regionales.
Balanza de pagos es relación entre la cantidad de dinero que un país gasta en el extranjero y la cantidad que ingresa de otras naciones. El concepto de balanza de pagos no sólo incluye el comercio de bienes y servicios, sino también el movimiento de otros capitales, como la ayuda al desarrollo, las inversiones extranjeras, los gastos militares y la amortización de la deuda pública.
La balanza de pagos española está estructurada en 3 bloques: cuenta corriente, cuenta de capital y cuenta financiera.
Cuenta corriente: Está integrada por cuatro grupos de operaciones: mercancías, servicios, rentas y transferencias. Las operaciones de mercancías recogen la exportación e importación de mercancías, sin incluir seguros ni fletes. Estas operaciones constituyen la denominada balanza comercial. Cuando el país exporta un bien cualquiera puede decirse que los demás países están retribuyendo a los factores productivos, residentes del país en cuestión, aumentando su renta nacional bruta disponible. Por el contrario, cuando se importa un bien de otro país se está retribuyendo a los factores productivos de dicho país y reduciéndose la renta nacional bruta del país que realiza la importación.
Las operaciones de servicios incluyen partidas tales como costes de transportes, servicios a empresas, servicios de seguros, royalties o ingresos y pagos por derecho de uso de activos intangibles, servicios personales, culturales y recreativos y otros servicios. En el caso de la economía española, lo frecuente es agrupar todas estas operaciones en dos categorías: turismo y otros servicios.
La rúbrica rentas recoge las rentas del trabajo y del capital, tales como la remuneración de trabajadores fronterizos, estacionales y otros no residentes y dividendos e intereses, es decir, las rentas de inversiones.
El último grupo de operaciones son las transferencias unilaterales o sin contrapartida. En esta categoría destacan las remesas de emigrantes, y en el caso de países pertenecientes a la UE también entran en esta partida las sublevaciones de la Unión; y además, otras donaciones privadas y públicas tales como las ayudas al desarrollo. Los ingresos generados por las transferencias corrientes recibidas aumentan la renta nacional bruta disponible, mientras que los pagos se disminuyen.
La cuenta de capital es el segundo bloque de la balanza de pagos e incluye dos tipos de transacciones:
Las transferencias de capital unilaterales sin contrapartida y que no modifican la renta nacional bruta disponible, como son los movimientos de fondos que se generan por la liquidación del patrimonio de los emigrantes, la condonación de deudas por los acreedores y los fondos para el desarrollo regional y los fondos de cohesión de la UE.
La adquisición y enajenación de activos no financieros, no producidos, como son la tierra o recursos del subsuelo, así como las transacciones relacionadas con activos intangibles, componentes de patentes, derechos de autor, marcas, etc.
El tercer gran bloque es la cuenta financiera. La cuenta financiera se categoriza de una manera precisa hecha por el Banco Central. La clase de inversión también tiene su forma de clasificación que es la siguiente:
Inversión directa: Se considera que es directa si el inversor pretende mantener una presencia estable en la empresa invertida.
Inversión de cartera: Son las transacciones en valores negociables, excluidas las que se clasifican como inversión directa.
Otras inversiones: Incluye los préstamos ligados a operaciones comerciales y financieras, distinguiendo entre el corto y el largo plazo.
Variación de reservas: Se incluye la variación sufrida por mor del comercio internacional, de los activos de reserva, como el oro monetario, los Derechos Especiales de Giro, la posición de reservas en el FMI y los activos en moneda extranjera, fundamentalmente de disponibilidad inmediata por la autoridad monetaria, para financiar los desequilibrios de la balanza de pagos, o para regular indirectamente su magnitud.
Los errores y omisiones
Finalmente, la balanza de pagos incluye una partida de ajuste con objeto de que siempre esté cuadrada, denominada errores y omisiones. Estas dos palabras es la partida de cierre de la balanza de pagos, que recoge el valor de todas las operaciones no registradas por múltiples razones y que, de haberlo sido, hubieran permitido que la suma de todos los saldos fuese igual a cero. Así pues se ha de cumplir que:
Cuenta corriente + ( Cuenta de capital + cuenta financiera ) + errores y omisiones = 0
Equilibrio y desequilibrio de la balanza de pagos
Dado que la balanza de pagos siempre está en equilibrio contable, para hablar de equilibrio o desequilibrio debemos distinguir entre transacciones autónomas y acomodantes. Las transacciones autónomas son las que tienen lugar por motivos económicos o por razones políticas pero que no toman en cuenta, en ningún momento, la situación de la balanza de pagos del país en cuestión. Las transacciones acomodantes son las que tienen lugar a consecuencia del desequilibrio provocado por las autónomas, es decir, las de carácter compensador o financiador.
No existe un único criterio para identificar las transacciones autónomas.
El saldo de la cuenta corriente no revela el préstamo que una economía efectúa al resto del mundo o el que requiere del resto del mundo; para conocerle es preciso añadir el saldo de la cuenta corriente el saldo de la cuenta de capital.
Un saldo positivo ( capacidad de financiación ) de esas dos cuentas equivale a un préstamo al resto del mundo, registrado a través de la cuenta financiera, y supondrá un incremento de los activos exteriores.
Un saldo negativo ( necesidad de financiación ) de la cuenta corriente más la de capital ,equivale a recibir un préstamo del resto del mundo, contabilizado también en la cuenta financiera, y supondrá un aumento de los pasivos exteriores o disminución de los activos exteriores.
Cuando se realiza esta agrupación de las transacciones exteriores de forma que como transacciones autónomas consideramos las liquidaciones oficiales, lo que se pretende es poner de manifiesto la situación de liquidez de un país. El saldo de liquidaciones oficiales explicita el lado monetario de las cuentas exteriores de un país, es decir, la posición en que se encuentra para defender su moneda.
Al seguir este criterio de identificación de las transacciones autónomas, el análisis de las reservas del Banco Central permite determinar la situación de déficit o supérativ de la balanza de pagos globalmente considerada. De hecho, la variación neta de reservas es el saldo de la balanza de pagos. La balanza de pagos tiene un supérativ cuando presenta en conjunto un supérativ y las divisas están aumentando , por lo que mejora la posición acreedora del país con relación al resto del mundo. En concreto, el saldo positivo indica que el reto del mundo se ha endeudado con el país en ese período en la misma cuantía en que las reservas de oro y divisas del país han aumentado.
En el caso de un déficit, las divisas procedentes de las liquidaciones están disminuyendo. Esta disminución de reservas refleja que el país se ha endeudado con el resto del mundo por la cuantía del déficit. La disminución de reservas se apunta en el lado de los ingresos también por necesidades de equilibrio contable.
En el balance del Banco de España, las reservas son una de las partidas del activo. Todo supérativ del saldo de la balanza de pagos implica un incremento de las reservas, y como tal aparece registrado en el balance del Banco Central. Paralelamente, cuando tiene lugar un déficit, se producirán las consiguientes reducciones en la cantidad de reservas. Ello se debe a que el Banco Central es el canal obligatorio para la adquisición o venta de divisas.
En cualquier caso, debe señalarse que los incrementos o las reducciones de las reservas no son sñolo el reflejo de los desequilibrios de las transacciones privadas, pública o autónomas, sino también de la actuación del Banco Central. Generalmente los bancos centrales compran y venden reservas o divisas, esto es, intervienen en los mercados de divisas con objeto de influir sobre la cotización de la moneda nacional en relación a las otras monedas o divisas de otros países. Pues bien, en las variaciones de reservas derivadas de estas intervenciones de los bancos centrales no están relacionadas las variaciones compensatorias de los desequilibrios de la balanza de pagos antes comentadas, sino que son el futuro de los intentos del Banco Central para mantener la cotización de la moneda.
El cuarto componente de la demanda agregada está constituido por las exportaciones netas.
La existencia de las aportaciones netas es lo que hace que el gasto de un país difiera de los que produce. El gasto doméstico o demanda interna, que es igual al consumo, más la inversión, más el gasto público, difiere del gasto o producto nacional porque parte del gasto o demanda interna se satisface con bienes producido en el exterior; éstos son las importaciones. Por otro lado, la diferencia entre el producto o renta nacional y el gasto doméstico o demanda interna son las exportaciones netas.
Así pues, para calcular la demanda o gasto de bienes y servicios españoles hay que considerar no sólo la demanda interna, sino también la demanda externa.
Las exportaciones españolas dependen fundamentalmente de la renta de los países con los que mantenemos relaciones comerciales, así como de los precios relativos de los bienes y servicios que se exportan españoles crecen menos que los del resto del mundo, los bienes y servicios españoles serán más competitivos y las exportaciones españolas crecerán.
Por lo que respecta a las importaciones españolas éstas están positivamente relacionadas con la renta nacional y también dependerán de los precios relativos de los productos extranjeros en relación a los nacionales y del tipo de cambio.
Dado que cuando las exportaciones netas son positivas suponen un aumento de la demanda de productos nacionales y cuando son negativas una reducción, los responsables de la política económica procurarán tomas medidas que hagan más competitivos los productos nacionales, pues ello proporcionará al aumento de la producción y del empleo.
La política monetaria y las exportaciones netas
Aquellos países que sean competitivos internacionalmente en materia de precios y calidad serán para los que las relaciones comerciales internacionales resultarán más positivas y éstas se concentrarán en último extremo en que el saldo de la balanza de pagos será favorable. Ello explica la preocupación de los gobiernos por las políticas comerciales y el frecuente establecimiento de obstáculos a la entrada de productos extranjeros. Otra forma de incidir sobre la competitividad de los productos nacionales es a través del precio de la moneda nacional en términos de las monedas de los restantes países, esto es, mediante el tipo de cambio.
Como he dicho antes, los gobiernos, a través de los bancos centrales, intervienen en el mercado de divisas , sino también alterando el tipo de cambio. Además de esta posible intervención directa sobre el tipo de cambio, los bancos centrales, mediante la política monetario, inciden sobre dicha variable. Si por ejemplo se pone en práctica una política monetaria expansiva, los precios nacionales crecerán más que los precios del resto del mundo, de forma que los productos nacionales se harán menos competitivos, las exportaciones neta se reducirán y tendrá lugar una menos entrada de divisas, lo que haría que el tipo de cambio pierda valor, es decir, se desprecie. Además una política monetaria expansiva haría que los tipos de interés bajaran, desalentando la entrada de capitales extranjeros, lo que también presionará a la baja al valor de la moneda nacional.
Cuadro resumen de: Formas de relación económica entre países
Librecambio: libre comercio internacional sin medidas proteccionistas
Bilateralismo: acuerdo arancelario ( en forma de concesiones aduaneras ) o acuerdos comerciales ( referentes a condiciones de comercio y de la navegación o en forma de listas de contingentes ) establecidos no de forma genérica sino mediante acuerdos bilaterales.
Cooperación económica: generalmente proporcionada por medio de organismos económicos internacionales auspiciados por las Naciones Unidas. Pretendían en un principio reconvertir la economía de guerra en otra de paz y elevar los niveles de producción y empleo.
. Dentro de los acuerdos de carácter multilateral hay que destacar la GATT
. Por lo que respecta a las comisiones económicas, las de Europa ( CEE ), América Latina ( CEPAL ), Asia y lejano oriente ( CEALO ) y África ( CEA ).
. Entre los organismos internacionales los más significativos son: la Organización Mundial de Comercio ( OMC ), el Fondo Monetario Internacional ( FMI ), la Organización Internacional de Trabajo ( OIT ), la Organización dela Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ( FAO ), y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento ( BIRF ).
Integración económica: pretende la integración y unión entre los países mediante la supresión de barreras arancelarias y la creación de un solo mercado supranacional.
.Sistema de preferencias aduaneras: el más representativo es el NAFTA, integrado por EE UU, Canadá y México.
. Zonas de libre comercio: entre éstas cabe destacar la Asociación Europea de libre comercio, y la Asociación Latinoamericana de integración Económica ( ALADI ).
.Uniones aduaneras y Uniones económicas: el ejemplo más significativo es el de la Unión Europea.
Se estima que en 1955 el comercio mundial (importaciones y exportaciones) suponía mil millones de dólares. Entre 1976 y 1985 se multiplicó casi por dos; el comercio mundial era casi diez veces mayor en 1985 que en 1965. Los países productores de petróleo incrementaron de modo espectacular su volumen de comercio entre 1976 y 1982. Además, éste continuó creciendo durante la década de 1980 gracias a la recuperación económica de casi todos los países industrializados. Tras una pausa a principios de la década de 1990, debido a la recesión que padecieron Europa y Japón, el crecimiento del comercio ha vuelto a incrementarse a partir de mediados de este decenio.
En 1973 se adoptó un sistema de tipos de cambio flexibles, reemplazando los anteriores acuerdos que limitaban la variación del valor de una moneda. Durante las décadas de 1970 y 1980 la competencia en precios entre países aumentó, debido a las fluctuaciones de los tipos de cambio. Para evitar estas variaciones se crearon controles, como el mecanismo de tipos de cambio (MTC) del Sistema Monetario Europeo. A corto plazo, la depreciación de una moneda abarata las exportaciones de un país y encarece sus importaciones. Es difícil predecir cuáles serán los efectos a largo plazo de las variaciones de los tipos sobre el comercio internacional, pero hay indicios de que los gobiernos se están viendo obligados a aplicar políticas monetarias restrictivas para frenar la inflación y mantener la competitividad de sus monedas.
Durante el siglo XX, el comercio ha crecido hasta el punto que es el aspecto más importante de la economía mundial. Se cree que la creciente interdependencia entre países continuará en el futuro, aunque debido a la tendencia a crear bloques económicos regionales, ciertos países serán más dependientes que otros.
Actualmente, paradójicamente, en Europa asistimos a dos realidades antagónicas. En un extremo, las luchas étnicas y los nacionalismos, movimientos éstos defensores de un individualismo cultural, social, étnico aferrados a una historia involucionista donde los hilos son movidos, muchas veces, por los intereses y egoísmos de unos cuantos, conllevando un sufrimiento sin razón, ignorándose los derechos fundamentales e inherentes del individuo, confrontados con la propia conciencia popular mayoritaria que busca y anhela la pacificación, el entendimiento y la convivencia plural.
En el otro extremo, además, observamos una Europa que lucha por aglutinar a las naciones miembros, respetando su idiosincrasia, eliminando las fronteras físicas e intentando superar los miedos de un pasado reciente bastante cruento, a través del desarrollo de los principios de solidaridad y cooperación recíproca entre sus Estados integrantes. Obviamente, desde una perspectiva objetiva, el basamento de esta unidad obedece a un interés de naturaleza estrictamente económica que busca una vía de escape a la problemática socio-económica de los países europeos ante naciones con un gran potencial económico como EE.UU o Japón.
En este modulo, exponiéndose brevemente los antecedentes, los hechos, los fundamentos jurídicos y las consecuencias de un acontecimiento histórico en donde tenemos el privilegio de ser protagonistas excepcionales al participar en su proceso de construcción y culminación, se intenta despertar en el oyente la curiosidad y la búsqueda de una mayor información sobre el tema a tratar.
LAS BASES DEL SISTEMA MONETARIO EUROPEO
La implantación de una moneda y una política monetaria única, como objetivo comunitario, fue contemplada en una serie de proyectos e iniciativas incluso antes que en el propio Tratado de la Unión Europea, pudiendo éstas ser consideradas como antecedentes de la Unión Económica Europea.
Así, en el Tratado de Roma del 25 de marzo de 1957 (Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea) se ponía de manifiesto la conveniencia de cierta coordinación en las políticas económicas y, en concreto, se establecía la creación del Comité monetario para fomentar la coordinación de las políticas monetarias de los estados miembros.
En la Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la Comunidad Europea celebrada en la Haya en diciembre de 1969, encontramos el primer pronunciamiento expreso a favor de la creación de una unión económica y monetaria, reflejándose la necesidad de efectuar un estudio sobre las posibilidades de una evolución de la Comunidad hacia tal unión.
Consecuentemente, por encargo del Consejo de Ministros de las Comunidades surge el Informe Werner, más conocido como el Plan Werner realizado en 1970 por un Comité de expertos financieros y monetarios, presididos por Pierre Werner, Primer Ministro y Ministro de Hacienda de Luxemburgo. Este informe resaltaba la necesidad de una efectiva armonización de las políticas económicas con objeto de mejorar el funcionamiento del Mercado Común pues en su defecto sólo cabría esperar tensiones crecientes dentro del mismo. Para atajar esa eventualidad, en el Plan se proponía como solución a esta necesidad la implantación de una moneda única para los países de la Comunidad Económica Europea; es decir, se especificaba en el Plan la necesidad de una "total e irreversible unión de las monedas de la Comunidad ". Asimismo, procede destacar el carácter anticipador que tuvo el Informe Werner reflejándose tanto en la caracterización de este proceso como también en su previsión de un sistema de Bancos Centrales para la Comunidad Económica Europea muy parecido al de la Reserva Federal en E.E.U.U.
Sin embargo, los progresos previstos en el Plan Werner - llegar a la unión en 1980- se vieron bloqueados por los avatares que emergen a partir de 1971, empezando por la inconvertibilidad del dólar y su primera devaluación, así como las políticas económicas divergentes debidas a la primera crisis del petróleo, provocando que las aspiraciones europeas se constriñeran a un objetivo más modesto consistente en conseguir una mayor vinculación de las monedas de los países de la C.E.E. entre sí, con márgenes de máxima fluctuación conjunta frente al dólar dando lugar a la denominada serpiente monetaria, antecedente más inmediato del actual Sistema Monetario Europeo y que perseguía la abolición gradual de la propia fluctuación.
Como consecuencia de la evolución del sistema Bretton-Woods, el Consejo de Ministros de La Comunidad Europea decide limitar la banda de la fluctuación entre las seis monedas de la Comunidad Europea a +/- 2.25 %. El Reino Unido, Irlanda y Dinamarca acuerdan formar parte de la " serpiente monetaria" anticipándose a su ingreso en la Comunidad Europea en 1973. Sin embargo, la libra esterlina, la libra irlandesa, el franco francés y la lira italiana pronto se retiran. Así, la serpiente acabó reduciéndose al DM, las monedas de Benelux y algunas escandinavas. Y de ésta y de otras circunstancias, es de donde empieza a surgir el gran predicamento del Bundesbank y del DM, así como la idea de una zona monetaria homogénea en Europa Central.
No obstante, por la gravedad de la crisis internacional y por la evidente imposibilidad de retornar a una situación de Sistema Monetario Internacional regido por el Fondo Monetario Internacional surge el Fondo Europeo de Cooperación monetaria (FECOM, abril de 1973) de la C.E.E. Con personalidad jurídica propia y sede en Luxemburgo, al Fondo se le asignó la misión de reducir progresivamente los márgenes de fluctuación de las divisas comunitarias entre sí, a base de coordinar las políticas y la acción de los Bancos Centrales, y, recurriendo, en caso necesario, a la intervención de los mercados de cambio. Entre sus cometidos, estaba asimismo el de facilitar acuerdos a fin de lograr una política concertada de reservas. Por tanto, pese a sus limitaciones operativas, el FECOM sirvió para reforzar la política comunitaria, que desde antiguo contaba ya con un órgano esencial, el Comité Monetario, creado por el Tratado de Roma. Pero las actividades del FECOM, sin un entorno consistente, no colmaron las esperanzas inicialmente puestas en él. Entre otras cosas, porque la serpiente monetaria no era ni oficial ni general.
En 1978, se retomó de nuevo la iniciativa de hacer de Europa una zona de estabilidad cambiaria , siendo el máximo exponente de este proceso la creación del Sistema Monetario Europeo, con un objetivo común al de la serpiente, pero con un soporte técnico y, sobretodo político, mucho más importante. La decisión de crear el Sistema Monetario Europeo se debió al entendimiento franco alemán, simbolizado en las personas de Valery Giscard d' Estaing y Helmut Schmidt, así como al euroentusiasmo del británico Roy Jenkins, por entonces Presidente de la Comisión Europea. Así el 12 de marzo de 1979, el Consejo Europeo reunido en París autorizó definitivamente la puesta en marcha del Sistema Monetario Europeo, que entró en vigor al día siguiente.
La aprobación del Acta Unica, en 1987, supuso un paso más en el proceso de consecución de la Unión Económica y Monetaria, impulsando la cooperación de las políticas económicas y monetarias. Dentro del contexto del Acta Unica Europea, hay que destacar las negociaciones de Nyborg-Basilea, en septiembre de 1987, que tenía como objetivo fortalecer el Sistema Monetario Europeo, a través de un uso más flexible de los instrumentos previstos para frenar las tensiones: intervenciones en los mercados de cambio, movimientos de los tipos de interés, etc.
En la reunión de junio de 1989, en Madrid el Consejo Europeo aprueba el Informe Delors que perfila un plan en tres etapas para el establecimiento de la Unión Económica y Monetaria. La peseta se integra en el mecanismo de tipo de cambio con la banda de fluctuación ampliada a +/- 6%.
Finalmente, la consagración de la Unión Económica Monetaria se llevó a cabo a través del Tratado de la Unión Europea, aprobado por el Consejo Europeo de Maastricht en diciembre de 1991 y firmado en esta misma ciudad el 7 de febrero de 1992. En este Tratado se ratificó el proceso iniciado con el Informe Delors, si bien se modificaron algunos aspectos, quedando el proyecto de la Unión Económica Monetaria definido por una estrecha coordinación entre las políticas económicas de los distintos Estados miembros y por la transición a una moneda única y una política monetaria común.
En abril de 1992 el escudo portugués ingresa en el mecanismo de tipo de cambio con una amplia banda de fluctuación, 6%. Sin embargo, en septiembre, la libra inglesa y la lira italiana se retiran del mecanismo del tipo de cambio.
En 1993 como consecuencia de la crisis monetaria en el Sistema Monetario Europeo, los Ministros de Finanzas y los Presidentes de Bancos Centrales de la Unión Europea deciden en Agosto ampliar las bandas de fluctuación de este sistema al 15%, excepto el marco alemán y el florín holandés que continúan en el 2.25%.
La segunda etapa de la Unión Monetaria Europea comienza el 1 de enero de 1994 creándose el Instituto Monetario Europeo como precursor del Banco Central Europeo.
Concluir reseñando que en 1995 Austria y Finlandia se unen al mecanismo del tipo de cambio. Sin embargo, Suecia mucho más euroexceptica no se ha propuesto ingresar en el sistema Monetario Europeo. Asimismo, es este año como consecuencia de la debilidad del dólar americano, en febrero y marzo, muchas monedas europeas se encuentran bajo la presión del bloque del marco alemán. En marzo, la peseta y el escudo sufren una devaluación en el Sistema Monetario Europeo.
En diciembre de 1978 a través de una resolución del Consejo Europeo fueron definidas las características básicas del Sistema Monetario Europeo, fijándose como fecha de su entrada en funcionamiento el 15 de marzo del año siguiente e instándose al Consejo, a la Comunidad Europea y a los Bancos Centrales a ponerlo en práctica.
El objetivo prioritario del Sistema Monetario Europeo, desde un principio, consistió en estabilizar las relaciones de cambios entre las monedas imbricadas en el mismo; a fin de garantizar un correcto funcionamiento del Mercado Común, y de ese modo contribuir a la confianza de los inversionistas. Dicho de otro modo, su objetivo principal era hacer de Europa un área de estabilidad cambiaria corrigiendo así la inestabilidad e incertidumbre derivada de la variabilidad de los tipos de cambio, al mismo tiempo que se intentaba conseguir una estabilidad interna fruto de la convergencia económica de los países, tanto en precios como en costes.
A tales efectos, pueden sintetizarse los elementos principales componentes del Sistema Monetario Europeo en tres: un mecanismo de tipos de cambio e intervención, una moneda, el ECU, que opera como unidad de reserva e instrumento de liquidación, y el Fondo Europeo de Cooperación Monetaria (FECOM), que fue disuelto a comienzos de la segunda fase de la Unión Económica Monetaria, traspasando sus competencias al Instituto Monetario Europeo.
Todos los países de la Unión Europea son miembros del S.M.E. aunque Grecia, Suecia y Reino Unido no están sometidos al mecanismo de cambios e intervención que establece para cada una de las monedas de un tipo central de cambio del ECU (pivote Central) y los tipos de cambio centrales o paridades fijas de cada moneda respecto a las restantes (pivotes bilaterales).
La llamada parrilla de paridades, considerada como la estructura básica y referencia de estabilización de los tipos de cambio de mercado de las monedas participantes, está constituida por todos los tipos de cambio bilaterales; existiendo un compromiso por parte de los Bancos Centrales de intervenir para intentar mantener a sus respectivas monedas dentro de la banda de fluctuación establecida en torno +/- 2.25% respecto al tipo Central hasta el 2 de agosto de 1993 que pasó al +/- 15% como consecuencia de las turbulencias monetarias acontecidas en el periodo que oscila entre agosto de 1992 y julio de 1993. Para su consecución, era necesario que el Banco emisor de la moneda apreciada vendiera su propia moneda a cambio de la moneda depreciada, y el Banco emisor de la moneda depreciada, asimismo, debía retirar del mercado su moneda sustituyéndola por la moneda apreciada, siendo las autoridades responsables de la moneda causante de la desviación de los tipos de cambio de mercado de los pivotes bilaterales quienes deben adoptar las medidas a seguir, en función de la debilidad o fortaleza relativa a una moneda.
La referencia para el mecanismo de cambios del S.M.E. es el ECU (European Currency Unit, escudo en francés, o simplemente Unidad Monetaria Europea). La aparición del ECU significó un principio de independencia inicial de los europeos frente al dólar de E.E.U.U.; además, el ECU pasó a servir de unidad para los cálculos presupuestarios dentro de la Comunidad Europea, empleándose, igualmente a partir de 1980, para emisiones de capital como empréstitos públicos y privados en los países comunitarios; así como, en cuentas bancarias, comercio exterior, tarjetas de crédito, entre otros efectos financieros.
El ECU cabe definirlo como la unidad monetaria del S.M.E. constituida por una cesta de monedas formada por cantidades fijas de 12 monedas comunitarias; es decir, consiste en la suma de cantidades concretas de cada una de las monedas de los estados miembros de la Comunidad Europea. La cesta del ECU debía revisarse periódicamente, en principio cada cinco años, a fin de adaptarla al peso comparativo de los países de la Comunidad Europea, en función de tres elementos: PBI, comercio intracomunitario y cuota en el FECOM. Sin embargo, desde 1993 se suprimió definitivamente por el artículo 109.6 del Tratado de Maastricht.
Por último, reseñar como funciones principales del ECU:
Servir de unidad para los cálculos presupuestarios en la Comunidad Europea.
Medio de pago y reserva de los Bancos Centrales.
Magnitud de referencia en el sistema de tipos de cambio.
Aunque la creación del S.M.E., en general, se puede considerar globalmente positiva pues además de conseguir el mantenimiento de una cierta estabilidad cambiaria y un mayor grado de coordinación de las políticas económicas, afianzando, asimismo, la cooperación entre Bancos Centrales y consiguiéndose un mayor nivel de convergencia en términos de tipos de interés y de inflación; no obstante, no se puede olvidar que el S.M.E., desde sus comienzos, venía arrastrando la dificultad de garantizar la coexistencia de un sistema de tipos de cambio cuasi fijos, en un entorno de creciente liberación de los movimientos internacionales de capital y con unos mercados financieros minuciosos ante las posibilidades efectivas de convergencia de las economías europeas.
Todo esto pone de relieve la necesidad de implantar una moneda única, desembocando en una política monetaria común y una intensa coordinación en materia de política económica, especialmente en lo referente a políticas presupuestarias, a fin de conseguir un área donde se eliminarían el riesgo cambiario previamente existente entre las monedas sustituidas por el EURO, así como unos menores costes de transacción en los cobros y pagos exteriores, consiguiéndose eliminar todo obstáculo o limitación a la movilidad de capitales.
PREVISIONES DEL ACTA ÚNICA EUROPEA
El Acta Única Europea para la creación del Mercado Único Europeo fue suscrita el 17 de febrero de 1986 en Luxemburgo, entrando en vigor el 1 de julio de 1987; en ella, se recogió el espíritu del Informe Tindemans, los trabajos que dirigió Alterio Spinelli, así como las propuestas del Comité Dooge que se formó para el desarrollo efectivo de las distintas ideas convergentes.
Tres grandes bloques de cuestiones fundamentales se integraron en el Acta Única Europea. En el primer bloque se produjo la introducción de la reforma institucional, a fin de agilizar la toma de decisiones en el Consejo, que se reforzó por un más amplio recurso a la mayoría cualificada, y, ascendiéndose, los poderes del Parlamento, de la Comisión y del Tribunal de Justicia.
El segundo bloque de asuntos, se dirigía a la definitiva formación de la consabida Europa sin frontera; es decir, al Mercado Interior Único; y, englobándose en este bloque todas las cuestiones monetarias.
En el tercer y único bloque se abarcarán las políticas de investigación y desarrollo tecnológico, medio ambiente y asuntos sociales, con programas comunes en el primer caso, criterios concertados en el segundo y aspiraciones generales en el tercero.
En el Acta Única Europea se planteó que el logro de la Unión Monetaria requería de una conferencia ac hoc, con su consiguiente traducción en un nuevo acuerdo intergubernamental.
Concretamente, la referencia al artículo 236 del Tratado de la Unión Europea que se plantea en su artículo 102 A se determinó que a fin de garantizar la convergencia de las políticas económicas y monetarias los Estados miembros cooperarían con diversos objetivos comunes: Equilibrio de la balanza de pagos, estabilidad de precios, confianza en la moneda y alto nivel de empleo haciendo hincapié en la aplicación de las disposiciones contempladas en el artículo 236 del Tratado de la Unión Europea, en virtud del cual, el gobierno de cualquier Estado miembro, o la Comisión, estarían facultados para someter al Consejo de Ministros los necesarios proyectos de revisión del propio Tratado.
Como elemento de preparación de la conferencia intergubernamental, el Consejo Europeo reunido en Hannover en junio de 1988, decidió la formación de un Comité formado por los gobernadores de los Bancos Centrales de los Estados miembros de la entonces C.E.E. y por tres expertos independientes, bajo la dirección del entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, con el fin de anticipar las grandes líneas de lo que podría ser el camino hacia la Unión Monetaria.
El resultado de esos trabajos, el Informe Delors se hizo público el 13 de abril de 1989 reiterándose la determinación de realizar progresivamente la Unión Monetaria, acordándose comenzar su primera fase el 1 de julio de 1990, emprendiéndose, asimismo, los trabajos preparatorios para la Conferencia Monetaria Intergubernamental Comunitaria.
En resumen, a partir del Acta Única Europea el Informe Delors significó una primera visión de verosimilitud de la Unión Monetaria siendo ésto positivo para la reelaboración del Tratado de la Unión Europea, Tratado que aprobó el Consejo Europeo de Maastricht en diciembre de 1991, que introducía algunas modificaciones sobre el Informe Delors referidas a la concepción de la segunda fase, que se iniciaría dos años más tarde de lo establecido en aquel Informe y sin cesión de competencias al SEBC (Sistema Europeo de Bancos Centrales) cuya creación estaba inicialmente prevista en esta fase.
FASES DE LA UNIÓN MONETARIA.
Los requisitos sobre las tres fases sucesivas de construcción de la Unión Europea se fijaron en el articulado del Tratado de la Unión Europea, concretamente en el Título VI, del artículo 102.A al 109.M, así como en una serie de protocolos sobre:
Estatutos del Sistema de Bancos Centrales (SEBC) y del Banco Central Europeo (BCE).
Estatutos del Instituto Monetario Europeo (I ME).
Procedimiento aplicable en caso de déficit externo.
Criterios de convergencia del artículo 109.I.
Condiciones para la transición a la tercera fase de la Unión Monetaria.
Alcanzar el mayor grado posible de convergencia económica, comprometiéndose cada estado miembro a adoptar un programa plurianual, destinado a garantizar la necesaria convergencia hacia la Unión Económica Monetaria.
Acabar el proceso de construcción del Mercado Interior, eliminando las barreras físicas, técnicas y fiscales que impiden su pleno desarrollo.
Eliminar cualquier clave de restricciones en lo referente a la libre circulación de capitales y servicios financieros.
Consecuentemente, el Consejo de Ministros de la Unión Europea, basándose en los
Esto originó en España el surgimiento de los programas de convergencia del gobierno de 1992 y 1994.
El IME tiene personalidad jurídica propia; y se administra y gestiona por un Consejo, que integran su Presidente y los Gobernadores de los Bancos Centrales de los Estados miembros de la Unión Europea. Los miembros del Consejo del IME actúan con absoluta independencia, es decir, sin ninguna clase de mandato imperativo, existiendo sólo una cierta coordinación observable en ciertos hechos como que el Presidente del Consejo de Ministros Comunitario y un miembro de la Comisión participan, sin derecho a voto, en las reuniones del Consejo del IME o, cuando, se invita al Presidente del IME a las reuniones en que el Consejo de Ministros de la Unión Europea haya de debatir asuntos relacionados con los objetivos y funciones del IME.
El Consejo del IME se reúne al menos diez veces por año, y en general decide por mayoría simple de sus miembros. Sin embargo, los dictámenes, recomendaciones, decisiones y directrices, necesitan de mayorías cualificada de dos tercios de los representantes.
El IME tiene una serie de atribuciones, que se detallan minuciosamente en el Tratado de Maastricht, y en los Estatutos del propio Instituto, que figuran en un protocolo anejo al Tratado de la Unión Europea. Sin embargo, de forma resumida cabe destacar las siguientes funciones sustantivas e inmediatas del IME:
Reforzar la cooperación entre los Bancos Centrales de los países miembros.
Mejorar la coordinación de las políticas monetarias de los Estados miembros, a fin de asegurar la estabilidad de precios.
Supervisar el funcionamiento del Sistema Monetario Europeo, junto con la Comisión Monetaria.
Celebrar consultas sobre asuntos competencia de los Bancos Centrales, cuando afecten a los Mercados Financieros.
Facilitar la utilización del ECU en toda clase de operaciones y supervisar su desarrollo; incluyendo la buena marcha del sistema de compensación entre Bancos Centrales.
Fomentar la armonización de las estadísticas en el ámbito monetario y financiera.
Promover la eficacia de los pagos transfronterizos, eliminando las costosas barreras que subsisten.
Preparar la Unión Monetaria.
Además, en esta segunda etapa, en lo referente a política monetaria, cada Estado debe garantizar la independencia de su Banco Central, pasando éste a gozar de completa autonomía, especialmente en lo referente a la fijación del tipo de interés básico.
Asimismo, en esta etapa, se definieron una serie de objetivos a cumplir, destacándose:
Mayor control del déficit público.
Prohibición de la financiación privilegiada al sector público.
Cumplimiento de los criterios preparatorios de la convergencia, en base a los cuales se decidirán los países que accedan a la tercera fase.
Así, concluyendo, destacar que desde el 1 de enero de 1994, entraron en vigor una serie de disposiciones necesarias para la consecución de los elementos esenciales de esta segunda fase; a saber:
Para lograr la limitación de las operaciones de crédito quedó prohibida la concesión de cualquier tipo de créditos, o la autorización de descubiertos, por parte de los Bancos Centrales a favor de instituciones u organismos comunitarios, Gobiernos, autoridades regionales o locales, u otros poderes públicos u organismos de Derecho Público o empresas de los Estados miembros; igualmente sucedió con la adquisición directa de deuda emitida por todas esas Entidades. Asimismo, se decidió impedir el acceso privilegiado del sector público a cualquier clase de Entidades Financieras distintas de los Bancos Centrales y la propia Unión Europea se comprometió a no responder mediante aval de las obligaciones contraídas por los sectores públicos en los Estados miembros.
Se establecieron como condiciones para presupuestos dos criterios básicos plenamente exigibles en la tercera fase de la Unión Monetaria:
La proporción entre el déficit público y el PIB no ha de superar un valor de referencia- inicialmente el 3%- a menos que el exceso descienda de modo sustancial y continuado hasta llegar a un nivel que se aproxime al valor de referencia o el valor de referencia se sobrepase sólo temporalmente y de manera leve.
Y, la proporción entre la deuda pública acumulada y el PIB, no rebasará un valor de referencia -inicialmente el 60% - salvo que el exceso evolucione a un ritmo satisfactorio para su ajuste.
Si un Estado miembro no cumple con estos criterios, la Comisión tiene potestad para elaborar un informe en el que habrá de tener en cuenta otro criterio, concretamente que el déficit no supere los gastos públicos de inversión.
Para el paso de la segunda a la tercera fase se requiere el cumplimiento, por parte de los Estados miembros que aspiran a ingresar en la Unión Monetaria, de las llamadas condiciones de convergencia - criterios de Maastricht- tales condiciones son:
Contar con una tasa de inflación como máximo del 1.5% por encima de la media (aritmética) de los tres Estado miembros con la inflación más baja.
Situar los tipos de interés dentro de un margen de dos puntos por encima de la media (aritmética) de los tres Estados miembros con los tipos más bajos.
No tener un déficit fiscal superior al 3% del PIB.
No llegar al 60% en ratio deuda pública/ PIB
Presentar una razonable estabilidad de cambios en el Sistema Monetario Europeo.
Todas estas condiciones pueden quedar traducidos en los siguientes criterios: estabilidad de precios, sostenibilidad de unas finanzas públicas saneadas, mantenimiento de los tipos de cambio en los márgenes de fluctuación normales que establece el mecanismo de tipos de cambio del Sistema Monetario Europeo y, por último, convergencia de los tipos de interés a largo plazo.
Esta fase supone la culminación del proceso de creación de la Unión Económica
Monetaria. El 1 de enero de 1999 es la fecha fijada en el Consejo de Madrid de diciembre de 1995 para su inicio. En esta fecha, el Consejo de la Unión Europea adoptará el tipo de cambio fijo e irrevocable al cual el EURO sustituirá a las monedas nacionales y el BCE, en sustitución del IME, y el SEBC iniciarán plenamente el ejercicio de sus funciones.
Dentro de la tercera fase cabe distinguir tres etapas para la introducción de la moneda única:
Del 1-1-1999 al 31-12-2001: el Euro no se encontrará disponible en forma de billetes y monedas, siendo utilizadas para los cobros y pagos físicos las monedas nacionales, como divisiones del Euro. Sin embargo, el Euro sí podrá ser usado para denominar operaciones financieras y mercantiles, aunque para realizar los cobros y pagos físicos que las mismas impliquen se deberán convertir los importes en Euros a moneda nacional, a un tipo de conversión fijo e irrevocable. El inicio de esta fase supondrá la adopción de una política monetaria común para todos los países que accedan a la misma.
Del 1-1-2002 al 30-6-2002, como fecha límite: comienza la circulación de billetes y monedas en Euros, que coexistirán con las monedas y billetes nacionales. Durante este período se prevé la sustitución paulatina de las monedas nacionales por la moneda única.
A partir del 1-7-2002, a más tardar. Los billetes y monedas en Euros se convierten en los únicos de curso legal para los países que hayan accedido a la tercera fase de la Unión Económica Monetaria.
Fijada la lista de los socios de la Unión Monetaria se constituirá formalmente el Banco Central Europeo a modo de órgano ejecutivo del SEBC. El SEBC se compondrá del conjunto del Banco Central Europeo y de los Bancos Centrales de los Estados miembros, siendo su objetivo esencial mantener la estabilidad de precios en una "Economía de Mercado abierta y de libre competencia, favoreciendo una eficiente asignación de recursos". Este será el órgano monetario federal actuando como poder regulador, coordinando la emisión de los billetes y la acuñación en Euros, de curso legal en los países integrados en la Unión Monetaria.
El Banco Central Europeo tendrá tres órganos de gobierno: comité Ejecutivo, Consejo de Gobierno y consejo General.
El EURO comenzará a existir como moneda única de curso legal en los países que accedan a la tercera fase de la Unión Económica Monetaria al ingreso de la misma, prescrito para el 1 de Enero de 1999: desde esta fecha el EURO será la moneda utilizada para incrementar la política monetaria común de los países participantes en la tercera fase
Sin embargo, hasta el 1 de enero del 2002, como fecha límite, el Euro no se encontrará en forma de billetes de banco y monedas para el uso al por menor, por lo que se utilizará para esas transacciones los billetes y monedas nacionales, como admisiones temporales no decimales del Euro. En consecuencia, en este período de tres años el Euro tan solo será utilizable en operaciones de tipo financiero, de política monetaria y como referencia contable en las relaciones contractuales.
La necesidad de un período transitorio de tres años reside en la imposibilidad técnica de fabricar en menos tiempo la gran cantidad de billetes y monedas necesarias para el tráfico mercantil en los países que accedan a la tercera fase. Además, este período permitirá a las entidades financieras, Administraciones Públicas y empresas no financieras la realización de los cambios necesarios en sus sistemas de información, gestión y organización, así como que el público en general adquiera un mayor conocimiento de la moneda única y de sus manifestaciones en billetes y monedas.
Por tanto, este sistema de transición lenta y gradual significa un intervalo de tres años (1999-2002) en él coexistirán las antiguas monedas nacionales (mn) y el nuevo EURO; hasta que a partir del día 30 de junio de 2002, el EURO quede en solitario con su pleno carácter de papel moneda. En consecuencia, los Bancos Centrales comenzarán a retirar las mn el 1 de enero del 2002 y transcurrido el tiempo de canje, 1 de enero al 30 de junio del 2002, esas mn dejarán de tener fuerza liberadora en los pagos. Así, con este sistema lento, la transición resultará más ordenada en el sistema informático y en todo el negocio financiero; permitiéndose que una operación realizada en cualquiera de las dos monedas (en mn y Euros) sea procesada por los intermediarios financieros mediante los Sistemas Interbancarios de transferencia de Fondos, con ajustes que permitirán incorporar el tipo de conversión irrevocable al sistema informático. Consecuentemente, desde el 1 de enero de 1999, con la infraestructura del sistema de pagos deberá garantizarse el correcto funcionamiento del Euro en el mercado único. Para ello, el IME y el SEBC, habrá de supervisar el proceso de transición e inculcar suficiente confianza en los usuarios en cuanto al efectivo mantenimiento del poder de compra de la nueva moneda; incluso entre quienes residan fuera del área del Euro.
Por tanto, a fin de facilitar el estudio y comprensión se plantea seguidamente, de forma esquemática y desglosada por años, la cronología de la transición a la moneda única. Así:
Consejo Europeo de Madrid. Adopción del escenario de introducción de la moneda única y anuncio de la fecha de conclusión del proceso de transición y del nombre de la nueva moneda.
a) El Consejo Europeo de Ministros de Economía y Finanzas adopta formalmente las decisiones de la Cumbre de Madrid.
b) Todos los Estados miembros comienzan campañas de información a continuación de la Mesa Redonda celebrada en enero y de la consiguiente puesta en marcha, en el ámbito nacional de los acuerdos alcanzados en la misma.
c) El Instituto Monetario Europeo tendrá que especificar antes de que acabe el año la regulación y estructura logística y organizativa necesarias para que el Banco Central Europeo y el Sistema de Bancos Centrales Europeos lleve a cabo su cometido en la tercera fase de la Unión Monetaria.
d) La Comisión Europea propondrá la legislación necesaria para el cambio de las monedas nacionales al Euro.
e) Los Estados miembros tratarán de hacer convergente su desarrollo económico el objeto de alcanzar los criterios durante el crucial año 1997.
Fecha económica decisiva para que los Estados miembros alcancen los cinco criterios de convergencia.
a) El Consejo Europeo decidirá sobre los Estados miembros participantes en la tercera fase de la Unión Económica Europea.
b) Nombramiento del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (mínimo cuatro miembros, máximo seis) por ocho años no renovables.
c) Asimismo, fijarán el día para la introducción de los billetes y monedas en Euros, a más tardar el 1 de enero del 2002.
d) Comienzo de la acuñación de monedas en euros por el Consejo Europeo y los Estados participantes.
e) Preparativos finales para la fase operativa del SEBC y BCE que tendrá que definir su política monetaria.
f) Adopción de la legislación europea y nacional para la introducción del Euro (pautas para la suscripción de capital propio del Banco Central Europeo, recogida de información estadística, reservas mínimas, consultas del BCE).
g) El 31 de diciembre concluirá la segunda fase de la Unión Económica y Monetaria.
AÑO 1999-2001:
-El 1 de enero de 1999 comenzará la tercera fase de la Unión Monetaria Europea.
-Fijación irrevocable de los tipos de convergencia entre las monedas participantes y el Euro. El ECU deja de existir como cesta de monedas y se convierte, bajo el nombre de Euro, en una moneda de pleno derecho.
-Entrada en vigor del Reglamento que define la "Ley monetaria" del Euro y de las monedas nacionales de los países participantes en la Unión Monetaria Europea durante el período de transición, tres años y medio como máximo.
-El SEBC formula y ejecuta la política monetaria única en el área Euro.
-El BCE realiza sus operaciones en los mercados de cambio en Euros.
-Comienzo del funcionamiento del sistema de pagos TARGET.
-Comienzo del funcionamiento del nuevo mecanismo de tipos de cambio.
-Emisión de nueva deuda pública a medio y largo plazo exclusivamente en Euros.
-Cambio al Euro de los mercados al por mayor (interbancario, monetario, de cambios y de capitales); asimismo, bajo el impulso del BCE y de las autoridades nacionales, el cambio al Euro de los sistemas de pagos al por menor (transferencias, cheques, tarjetas bancarias, etc.).
-Anuncio del calendario para la utilización del Euro por las Administraciones Públicas, si no se ha hecho antes.
-Cambio entre divisas nacionales con tipos de cambio irrevocablemente fijos-
-Control del proceso de cambio en el sector bancario y financiero. Asimismo, asistencia a todos los sectores no financieros para una transición ordenada.
-Los billetes y monedas en Euros comenzarán a circular a principios de año como muy tarde.
-Comenzará la retirada de los billetes y monedas nacionales participantes.
-El conjunto de cuentas bancaria será transformado en Euros.
-Finalizará la consideración como monedas de curso legal de las monedas nacionales participantes, no más tarde del 1 de julio.
-No más tarde del 1 de julio se procederá al cambio completo de la administración pública.
LOS IMPACTOS DE LA UNION MONETARIA EN EL SECTOR FINANCIERO Y EN LAS EMPRESAS
En el SECTOR FINANCIERO las entidades financieras tendrán un importante papel durante el período de transición al Euro; es decir, entre el 1 de enero de 1999 al 1 de julio del 2002, como máximo, momento en que las monedas nacionales pierden su poder liberatorio, dejando de ser monedas de curso legal. Todo este proceso se iniciará desde que el Consejo de la Unión Europea, en su formación de jefes de Estado y de Gobierno, confirme los Estados miembros que vayan a participar en la tercera fase de la Unión Económica Monetaria.
A partir del 1 de enero de 1999, el Euro se introduce como moneda oficial de los Estados miembros participantes, y la política monetaria será ejecutada por el SEBC en Euros, que podrá ser utilizado como unidad monetaria, pero no en metálico o efectivo, las cuentas que las entidades financieras mantengan en el Banco de España y en el SEBC se denominarán en euros, y el sistema de pagos TARGET también operará en Euros. Durante este período, los agentes económicos podrán utilizar indistintamente el Euro y las monedas nacionales en los negocios jurídicos, el tráfico mercantil o en cualquier transacción que no requiera la utilización de efectivo.
El ritmo al que se vaya produciendo la sustitución de pesetas por Euros dependerá de la decisión de cada agente económico, probablemente las entidades crediticias comenzarán a introducir activamente el Euro en toda su operativa, en la medida en que sus clientes así lo soliciten.
El papel de las entidades financieras en la fase de conversión será crucial y muy activo, como agentes del Banco de España en el cambio físico de la moneda. Estos deberán adaptar sus sistemas contables, informáticos, etc. Y se enfrentarán a multitud de problemas prácticos, ya que tanto el Euro como la peseta podrán ser utilizados como medio de pago en efectivo, y en toda la información que revista una expresión monetaria habrán que recurrir a la doble indicación (en euros y en pesetas).
Las empresas y particulares requerirán información acerca del modo en que se efectúe el canje, y las implicaciones que dicho cambio pueden tener sobre cartillas de ahorro, cuentas de crédito, hipotecas, seguros, valores de renta fija o variable, facturación de recibos, y todo tipo de productos financieros. Es necesario que la operativa y el capital humano se hallen preparados para atender las necesidades de información y asesoramiento que la sociedad va a demandar del sistema financiero.
En general, el Euro provocará un aumento de la competencia, al aportar una mayor transparencia en la formación de precios, ya que las comparaciones en el seno de la Unión Monetaria Europea no se verán distorsionadas por el efecto del tipo de cambio o importantes diferenciales de inflación.
Para las empresas financieras, el nuevo entorno traerá consigo, además, la disminución de parte de su negocio tradicional(transacciones en divisas y cambio de moneda) y una mayor presencia extranjera.
La capilaridad de la red comercial española y el propio conocimiento del mercado pueden actuar como freno del impacto que va a desencadenar la puesta en marcha de la moneda única en cuanto a una mayor implantación de entidades extranjeras. Sin embargo, es muy probable que la mayor competencia se establezca entre las entidades nacionales para mantener o incrementar su actual cuota de mercado, y dará lugar, en un entorno económico caracterizado por inflación y tipos de interés bajos y estables, a márgenes y comisiones menores y más estrechos, y a una mayor preocupación por ofrecer servicios a la clientela que sean competitivos no sólo a nivel de precios, sino también a nivel de calidad.
Para las empresas no financieras, la situación no diferirá demasiado a lo expuesto. Además de facilitar las comparaciones de precios, el Euro traerá consigo una disminución de los costes transaccionales de operar con los países integrados en la Unión Monetaria Europea y la eliminación de la incertidumbre de los tipos de cambio, y, por tanto, de los costes de cobertura derivados de la existencia previa de diversas monedas que serán sustituidas por el Euro, favoreciendo la afluencia de productos del exterior, y poniendo de relieve las deficiencias en las estructuras productivas menos competitivas.
La introducción del Euro no cambiará ni el tipo de interés ni el valor original de los saldos de los depósitos, cuentas de ahorro o imposiciones. El importe de los depósitos a tipo de interés fijo se convertirá a la tasa de cambio que se fije para el Euro, y el tipo de interés se mantendrá en el nivel acordado. En los depósitos y otros activos con un tipo de interés variable referenciado a un índice del mercado (Mibor, etc.), en el caso en que este índice de referencia desapareciera, pasarán a estar basados en un tipo equivalente en Euros, adaptándose a la evolución de los mercados.
En el SECTOR EMPRESARIAL la puesta en marcha de la moneda única supondrá, desde el inicio de la tercera fase de la Unión Económica Europea, un nuevo marco para la fijación de los tipos de interés y de los tipos de cambio en los países participantes de la misma, lo cual debe influir muy directamente sobre las decisiones financieras que adopten las empresas. Así, unos tipos de interés más bajos y más estables deben hacer más deseable que las empresas se financien con endeudamiento a largo plazo, ya que se reduce el riesgo de tipos de interés y, por tanto, la necesidad de cubrirlo. Por otro lado, el previsible mayor desarrollo de un mercado de renta fija privada suficientemente líquido puede hacer que las empresas de cierta dimensión se financien mejor emitiendo deuda en los mercados de valores.
La misma reducción de los tipos de interés y su mayor estabilidad harán más atractiva la renta variable frente a la fija, lo que significa que las empresas, especialmente las que coticen en bolsa, pueden tener más facilidades para incrementar su capital social en forma de nuevas ampliaciones de capital y, por tanto, de robustecer su estructura financiera.
La desaparición del riesgo de cambio entre los países que accedan a la Unión Monetaria Europea no sólo suprime la necesidad de cubrirlo, y, por tanto, la posibilidad de que emerjan diferencias de valoración de moneda extranjera que pueden elevar el coste financiero efectivo de una empresa que se ha endeudado en divisas, sino que puede dar a las empresas un mayor acceso a los mercados de capitales de otros países participantes.
La moneda única también debe influir sobre el área comercial de las empresas, no sólo en lo que se refiere a la forma de reflejar los precios de sus productos o servicios o a la manera de efectuar los correspondientes cobros. En general, el área comercial de las empresas se ve sometida, con la introducción de la moneda única, a nuevas posibilidades, pero también a mayores retos.
La ampliación de los mercados, junto con la evolución socio-económica, deben generar nuevas oportunidades de productos o servicios, que, con un mercado más reducido, podrían tener mayores dificultades. El propio proceso de transición a la moneda única generará una mayor demanda de nuevos productos o servicios, como cajas registradoras o expendedoras, cajeros automáticos, paquetes informáticos, servicios de asesoramiento y consultoría, etc.
Sin embargo, no debe olvidarse que la moneda única por sí misma so supone la desaparición de otro tipo de barreras, que, en la práctica, contribuirán a la segmentación de los mercados en mayor o menor medida, como el idioma, las diferencias culturales, la existencia de distintos canales de distribución, la posible influencia de normativas que no estén totalmente armonizadas a nivel comunitario, como pueden ser algunos aspectos de las leyes fiscales, etc.
En el tema de los servicios jurídicos, el 1 de enero de 1999 entrará en vigor un reglamento comunitario confirmando la continuidad de los contratos; y, en lo relativo a la fiscalidad decir que no se pagará más o menos, sino lo mismo. En cuanto a los porcentajes de las tarifas, se aplicarán a los montos convertidos a Euros; y los forfaits se expresarán ex novo en Euros.
De todo lo antedicho se deduce que la inmensa mayoría de los cambios que pueda ocasionar la conversión al Euro a las empresas son perfectamente previsibles siendo importante la adaptación rápida de los managers a través de la llamada estrategia de anticipación.
LOS COSTES DE LA UNION EUROPEA
El sistema bancario será uno de los más afectados por las consecuencias de la Unión Monetaria, enfrentándose a costes directos como indirectos en el proceso de transición al Euro. Los principales efectos cabrían resumirse en los siguientes puntos:
-Gran parte de los costes materiales del tránsito a la tercera fase, recaerán directamente en el sector, comprimiendo sus márgenes operativos.
-La desaparición de las comisiones de cambio, influirá notablemente en la cuenta de resultados, obligando a buscar nuevas áreas de negocio.
-El futuro de los mercados financieros a escala europea, se presenta incierto. La homogeneización debida al Euro, generará una reducción en el número de empleos. Y sólo por la aparición de nuevos productos, o mediante la potenciación de actividades en mercados internacionales, podrán recolocarse excedentes de personal.
-Bancos y cajas habrán de mejorar sus redes de distribución.
-Los particulares y empresas, no se circunscribirán a sus mercados domésticos, sino que buscarán financiación e inversión en el vasto MIU bancario europeo; dentro de lo que será un proceso muy rápido de desnacionalización de los sistemas crediticios.
-La globalización del mercado financiero y el aumento consiguiente de la competencia, reducirá los márgenes, pudiendo llegar a expulsar del mercado a las entidades más débiles o que no sepan adaptarse a los nuevos tiempos
Destacar que el proceso de transición a la moneda única no debe contemplarse sólo en términos de costes, sino también de beneficios, sobretodo por lo que se refiere a la mayor demanda que pueda generar de productos y servicios financieros.
Para el comercio sobretodo minorista el coste de la Unión Monetaria es considerable y se traduce como consecuencia de las operaciones de doble marcado, etiquetado, etc., necesarios durante los tres años de la tercera fase; además, están los capítulos correspondientes a los cambios de ordenadores, entrenamiento de personal, información al público y otros. Obviamente, estos costes deberán ser financiados por los empresarios, bien estrechando los márgenes o bien con la repercusión, a base de aumentar los precios, a los consumidores, provocando ésto indudables efectos inflacionistas y disminución de la capacidad de compra. Por tanto, dos vías desaconsejables, desembocando al final, que el Estado y en definitiva los contribuyentes serán quienes asumirán parte del coste del ajuste.
A modo de conclusión destacar que de la Unión Monetaria, obviamente, se desprenderán una serie de consecuencias clasificadas como favorables o desfavorables dependiendo de la perspectiva en la realización de su estudio. Así, de forma sintetizada, se destacan como puntos argumentados a favor los siguientes:
-ESTABILIDAD DE PRECIOS. La Unión Monetaria favorecerá una cultura de estabilidad de precios, pues la supervisión del Banco Central Europeo, desde su independencia institucional, implicará para los gobiernos una disciplina presupuestaria adecuada, al exigirse bajos déficit (por el Plan de Estabilización y Crecimiento que no permitirá déficit excesivos), lo cual va a llevar a una fuerte contracción de la deuda pública respecto al P.I.B, en un efecto realimentador de la disminución de las tradicionales inercias deficitarias.
-TIPOS DE INTERES. Con la Unión Monetaria, los tipos de interés serán muy parecidos en toda la zona Euro, con lo cual desaparecerá la prima de riesgo que ha venido castigando hasta ahora a las monedas más débiles respecto al marco alemán, entre ellas significativamente la peseta. El BCE será el que para todo el espacio de la Unión Monetaria fijará el precio del dinero, y habrá un tipo intercambiario común (el Euroibor). Se alentarán así las inversiones, y será posible la reducción del paro vía creación de nuevo empleo.
-AHORRO. Con el Euro como moneda única para todos los países socios, desaparecerán las llamadas barreras cambiarias, que todavía hoy se manifiestan en la necesidad de atender las comisiones de cambio a pagar a los bancos y a otras entidades financieras a la hora de importar bienes y servicios, o en el momento de cambiar los ingresos obtenidos por exportadores. La supresión de esas comisiones -que oscilan entre el 3 y el 10% de las cantidades cambiarias, según los casos- se estima que representará para las empresas y consumidores un importante ahorro anual.
-INTERNACIONALIZACION. La desaparición de las barreras cambiarias -costes de transacción- también supondrá una mayor internacionalización de las entidades financieras que ganarán en dimensión. Así, la competencia bancaria hará más intensa, al coincidir además, con nuevas fórmulas de banca telefónica y por ordenador, que permitirán la prestación de servicios financieros sin necesidad de la actual red de sucursales y agencias locales. De ese modo, es de esperar que los créditos se concedan a tipos de interés más bajos. Como también cabe la expectativa de un fuerte aumento del comercio intracomunitario que refuerce el Mercado Interior instaurado en 1993.
-MONEDA DE REFUGIO: Sin ningún género de dudas, el Euro va a ser mucho más que un simple negocio europeo, pues se convertirá en un medio de pago de los más importantes del mundo, que podría llegar al nivel del dólar, y que con toda seguridad va a ponerse por encima del yen. Pasará a ser moneda de reserva, de refugio, y de denominación de precios de productos básicos. Papeles, los tres, que internacionalmente hoy están reservados sobre todo al billete verde de Estados Unidos.
-COMPETITIVIDAD. Es seguro que después de entrar en funcionamiento la Unión Monetaria subsistirán diferencias muy notables en precios, salarios, etc., entre los distintos países de la Unión, tal como de hecho sucede hoy en Estados Unidos. En ese contexto, los países menos competitivos de la Unión Europea habrán de introducir importantes reformas en sus sistemas de organización; empezando por el mercado de trabajo -más flexibilidad de contratación, regulación de empleo más económico, prestaciones más controladas a la desocupación- un tema en el que, de manera inevitable, hay fuerte desacuerdo entre empresarios y sindicatos.
Y, por último, se barajan como argumentos en contra los siguientes puntos:
PERDIDA DE SOBERANIA: La primera desventaja se basa en la idea de que al desaparecer las viejas monedas nacionales, el presunto poder soberano del cambio exterior de los países socios se verá eliminado. Pero frente a ese posicionamiento, cabe argumentar que tal soberanía de hecho ya no existía, por la gran fuerza del marco alemán y del poderoso Bundesbank. Y sobre todo, por el funcionamiento de los mercados, que no premian ni el derroche, ni la inflación. Esos mercados son los mismos que ya apuestan, en el mejor sentido de la expresión, por la efectiva culminación del Euro. La tan traída y llevada soberanía del cambio exterior de la peseta, hay que decirlo sin ambages ¿Para qué se utilizó en España entre 1992 y 1995? Exclusivamente para de tiempo en tiempo recurrir a las llamadas devaluaciones competitivas. A la postre, fueron un reconocimiento del fracaso de políticas más creativas y potenciadoras a medio y largo plazo, que son las actuantes sobre la productividad real del sistema, la calidad, el marketing, la presencia internacional, los servicios posventa, etc.
AUTONOMIA PRESUPUESTARIA: La segunda de las grandes desventajas que sus detractores asignan a la Unión Monetaria es la pérdida de la autonomía presupuestaria. Se trata más bien de nostalgias infundadas del pasado, y no de pérdida efectiva de posibilidades verdaderas de cara al futuro, pues ya no cabe insistir por más tiempo en la afirmación de que un fuerte gasto público significa mayor nivel de empleo, porque la evidencia internacional -en igualdad de condiciones de otras variables también importantes-, demuestra más bien lo contrario: Japón, con el 30% de gasto público, sólo tiene un 3% de paro; Estados Unidos con el 35% de gasto, presenta una desocupación del 4,7%. En tanto que la Unión Europea, con un promedio del 47% del PIB de recursos gastados por el sector público, se sitúa en el 11% de paro. No es extraño, pues, que haya todo un clamor en cuanto a la necesidad de incentivar al sector privado, como verdadero creador de empleo productivo, y no burocrático, lo cual llevará a compactar el sector público.