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Timestamp: 2018-02-24 23:57:22
Document Index: 76908346

Matched Legal Cases: ['Artículo 172', 'Artículo 75', 'artículo 16', 'Artículo 19', 'Artículo 19', 'artículo 16', 'artículo 17', 'artículo 23', 'artículo 23', 'artículo 23']

Cerro Mercedario: No puede haber matrimonio entre dos personas del mismo sexo
No puede haber matrimonio entre dos personas del mismo sexo
por Eduardo A. Sambrizzi
1. El matrimonio homosexual es jurídicamente inexistente, por carecer de un requisito de orden natural.
Con independencia de la clara disposición establecida en el Artículo 172 del Código Civil - que impide la celebración del matrimonio entre personas del mismo sexo -, cabe señalar que tal como ha puesto de relieve la destacada jurista santafecina María Josefa Méndez Costa (1) - siguiendo de tal manera la opinión ampliamente mayoritaria de la doctrina argentina -, (2) una pretensión contraria tipificaría un supuesto de matrimonio inexistente, por carecer de un requisito de orden natural absolutamente indispensable para satisfacer la concepción del matrimonio, por cuanto ello cuanto ello constituiría una relación contra la naturaleza, y nunca sería un matrimonio, que implica la complementación de sexos en una comunidad espiritual y física que normalmente se prolonga en la procreación. de allí que las garantías legales ofrecidas al matrimonio no pueden aplicarse a las uniones entre personas del mismo sexo sin crear una falsa visión de la naturaleza del matrimonio.
En efecto, el matrimonio es una institución del orden natural - que existe grabada en la mente y en el corazón de los hombres -, o sea, que es propia de la naturaleza humana, pues es ésta. en razón de la calidad sexuada del hombre, la que lo impulsa a un consorcio para toda la vida, (3) que se encuentra ordenado, dentro de esa armonía que deriva de la naturaleza, además de a lograr el bien de los esposos, a la generación y educación de la prole, que hace a la mejor perpetuación de la especie. Lo cual es un elemento constitutivo del matrimonio y pertenece al mismo por su propia naturaleza. La sexualidad está encauzada a la fecundación, y la diferenciación sexual a la complementariedad, encontrándose la misma orientada al servicio de la intercomunicación interpersonal y, de esa manera, a la perfección de los integrantes de la pareja. la misma naturaleza impele a que se establezca cierta sociedad entre el varón y la mujer, y en eso consiste el matrimonio. Existe, pues, una abismal diferencia entre el matrimonio y la unión de personas del mismo sexo, quedando además en este último caso excluida la generación en forma natural. Y si, como señala María Josefa Méndez Costa, "la potencialidad de generar es inseparable de la concepción de familia", ello excluye del concepto a la pareja homosexual, siendo la diversidad de los sexos, agrega, un carácter distintivo del matrimonio. (4)
Resulta indiscutible que la relación sexual entre dos personas del mismo sexo es contraria a la naturaleza humana, habiendo sostenido Jorge Scala al respecto que "como el matrimonio natural y jurídicamente está ordenado a la familia, y ésta depende de la procreación, entonces ninguna unión homosexual puede basarse en un consentimiento de matrimonio pleno". Por ello, agrega dicho autor, "la unión de dos personas del mismo sexo jamás podría constituir un matrimonio, ni mucho menos fundar una familia", siendo el matrimonio homosexual inconstitucional y violatorio de los derechos humanos. (5)
Lo cierto es que, tal como se ha afirmado, la unión homosexual "es aberrante desde el punto de vista natural, porque es absolutamente incapaz de procurar el bien de los cónyuges - no hay bien posible si vulnera la naturaleza de las personas -, y porque no puede dar lugar al advenimiento de la prole". (6)
2. El matrimonio entre personas del mismo sexo no podría incorporarse a nuestra legislación sin violar normas constitucionales.
En efecto, para establecer legalmente el matrimonio homosexual, deberían derogarse distintos Tratados y Convenciones Internacionales enumerados en el Artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional a los cuales se les ha dado jerarquía constitucional, y de los que resulta que el matrimonio debe ser contraído entre un hombre y una mujer. Podemos al respecto recordar la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 (7), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica, Ley 23.054) (8), y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Ley 23.3136) (Adla, XLIV-B, 1250; XLVI-B, 1107) (9).
Y si bien el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobado por la Ley 23.313, no es tan explícito al respecto, debemos no obstante señalar que al referirse a la familia como elemento natural y fundamental de la sociedad, establece que se le debe conceder la más amplia protección y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo. De lo que se deduce al dar por sentado que los hijos son una normal consecuencia del matrimonio que, además de los mismos, la familia debe estar constituída por un hombre y una mujer.
Recordamos también la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (Ley 23.179) (Adla, XLV-B, 1088), que en el artículo 16 enumera los hechos sobre los cuales los Estados Partes deben tomar medidas adecuadas para eliminar la discriminación contra la mujer en todos los asuntos relacionados con el matrimonio y las relaciones familiares, lo que debe hacerse, se dispone, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, refiriéndose en su inciso g) a los derechos del marido y la mujer; y no, en cambio, a los de dos personas casadas del mismo sexo.
Al ocuparse del derecho internacional de los derechos humanos contemporáneo, y específicamente, de los Tratados que reconocen el derecho a casarse -entre las cuales se hallan aquellos a los que hace un instante nos hemos referido-. Bidart Campos afirma que si bien al emplear las mismas afirmaciones tales como la del derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio no especifican que dicha fórmula significa entre si, "parece cierto que no están imaginando el casamiento como derecho de un varón con otro varón ni de una mujer con otra mujer, sino de un hombre con una mujer; sería bastante rebuscado hurgarle otro sentido". Y agrega que "a los tratados de derechos humanos no se han incorporado las valoraciones que tienden a catalogar la unión entre personas del mismo sexo como matrimonio". (10)
3. En distintas legislaciones se establece en forma expresa que el matrimonio debe ser celebrado entre un hombre y una mujer.
Son numerosas las legislaciones en las cuales se establece que el matrimonio debe ser contraído entre un varón y una mujer, y si algunas no han incorporado ese concepto en forma explícita es, simplemente, porque lo han considero innecesario, dada su manifiesta obviedad.
Entre las leyes que disponen en forma expresa que el matrimonio debe celebrarse entre un hombre y una mujer, recordamos a los Códigos Civiles de Paraguay (art. 140, inc. G), también en el Art. 4º (de la Ley 1/92), Colombia (Art. 113), Chile, (11) Panamá (Art. 93, Inc. 1º), Perú (art. 234), Venezuela (Art. 44), (12) Québec (Art. 365) y Portugal de 1966 (Art. 1628, Inc. E); esa es también la tesitura adoptada, entre otros, por los Códigos de la Familia de Bolicia (Art. 84, inc. 2º), de Cuba (Art. 2) y de Costa Rica (Art. 14, inc. 6º, ref. por la Ley 5895 del año 1976). (13)
4. Resulta improponible la celebración de un matrimonio entre personas de igual sexo.
Afirmar que la unión de dos personas del mismo sexo debe ser considerada un matrimonio, sería relativizar la noción de dicha institución, puesto que existen diferencias esenciales entre el matrimonio y aquella unión. Lo expresado no es arbitrario, sino que se fundamenta en lo que verdaderamente es un matrimonio, cuya esencia no puede ser dejada de lado sin que la misma quede desvirtuada. Y ello es así hasta un punto tal que el resultado de la unión de dos personas de igual sexo no puede sino ser considerada de cualquier otra manera, pero no como un matrimonio.
Augusto M. Morillo entiende que las parejas formadas por dos hombres o dos mujeres tienen derecho a registrar su unión, así como a gozar de no pocos de los beneficios sociales, jurídicos, impositivos, de asistencia social y hereditarios asignados al matrimonio; pero esa unión, agrega, no es un matrimonio, que solo se configura si se trata de la unión de hombre y mujer. Y agrega que “insistir en la denominación de matrimonio para las parejas que formalizan esas uniones es desvirtuar el registro propio, específico y calificante del matrimonio, cónyuge, esposo, consorte, si acatamos que desvirtuar es quitar la virtud, sustancia, esencia y vigor que tiene, define y porta un concepto, o la naturaleza de la cosa”.
Siguiendo esas pautas, Bidart Campos dice a su vez que “denominar matrimonio, y encuadrar de modo recíproco a la unión entre personas de un mismo sexo, es asimilar lo que no resulta asimilable. La Ley puede hacerlo… pero que tal tipo de unión responda a lo que antológicamente es la unión nupcial no parece lo más verdadero ni acertado”. Y más adelante se pregunta: “¿Quién desmentiría, por más apelaciones igualitarias que hiciera, que los roles personales y sociales masculinos y femeninos no son los mismos? Y si existe – como enfáticamente lo defendemos – un derecho a la identidad de la personal que obliga a respetar las diferencias que identifican a cada ser humano en su mismidad, no nos parece demasiado lógico ignorar lo que de diferente hay entre el varón y la mujer para decir que “es matrimonio” la unión entre dos hombres o entre dos mujeres”. (15)
A su vez, Zannoni ha sostenido que si bien la cohabitación estable entre personas del mismo sexo atañe, en principio, a una opción que se desempeña en la esfera de la intimidad, lo que queda amparado por el principio de reserva que consagra el Artículo 19 de la Constitución Nacional, el matrimonio trasciende la esfera íntima de los cónyuges, pues la institución matrimonial apunta a la organización social, y como tal, tiene una serie de requisitos y de impedimentos que el legislador ha considerado razonables. Lo que es así porque se reconocen al matrimonio ciertas funciones que se consideran necesarias y, en consecuencia, deseables para la sociedad, debiendo la ley no solo respetar la privacidad, sino también atender las proyecciones sociales del vínculo. (16)
Se ha expresado, asimismo, que permitir el matrimonio entre personas de igual sexo supone “introducir un peligroso factor de disolución de la institución matrimonial y, con ella, del justo orden social”, ya que “los significados unitivo y procreativo de la sexualidad humana se fundamentan en la realidad antropológica de la diferencia sexual y de la vocación al amor que nade de ella, abierta a la fecundidad”. Ello aparte de ponerse de relieve el daño a los hijos que pudieran tenerse ya sea por la procreación asistida o en virtud de la adopción, ya que a los mismos se les privará del derecho de “contar al menos con un padre y una madre adoptivos, capaces de representar la polaridad sexual conyugal. La figura del padre y de la madre es fundamental para la neta identificación de la persona”. (17)
Como se advierte de lo hasta aquí dicho, existe consenso en la afirmación de que el matrimonio debe ser celebrado entre personas de distinto sexo, habiendo Bibiloni considerado en forma expresa en su Anteproyecto a la identidad de los sexos como uno de los impedimentos para contraer matrimonio.
5. La negativa a que las personas de igual sexo contraigan matrimonio no constituye una injusta discriminación, ni atenta contra la igualdad.
Resulta claro que la negativa a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio, no constituye un acto discriminatorio en el sentido peyorativo que se le da a esa palabra. Discriminar es “separar, distinguir, diferencia una cosa de otra” (18), es tratar en forma distinta a dos situaciones que no son iguales y cuyas diferencias son relevantes, lo cual no puede tildarse de arbitrario: a nadie se le ocurriría condenar por discriminatoria, por ejemplo, la disposición que fija una edad mínima para contraer matrimonio, o para vender bebidas a jóvenes, o que no permite contraer matrimonio a dos hermanos entre si, pues en ello existen razones que la generalidad de la gente – y desde ya, quien ha dictado la norma – considera aceptables como para hacer una distinción al respecto.
Quizás no esté de más recordar que contra lo que algunos erróneamente proclaman, la discriminación no es cuestionable en si misma, sino cuando se trata en forma desigual dos situaciones esencialmente iguales, no obstante no existir entre ellas diferencias cualitativas que justifiquen la aplicación de una solución distinta. Y así, la ley antidiscrimantoria 23.592 no sanciona toda la discriminación, sino únicamente aquella que en forma arbitraria “impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional…”
Resultaría por tanto erróneo calificar de injusta discriminación el hecho de no admitirse la celebración del matrimonio entre dos personas de igual sexo, pues en tal caso la discriminación tiene fundamento y se justifica, dada la esencial disparidad existente entre ese supuesto y el de la pareja heterosexual, que hace que aquella no deba tener el derecho que sí tiene, en cambio, la heterosexual, en cuanto a la posibilidad de poder celebrar el matrimonio entre quienes la integran. Sí, en cambio, sería injusto tratar como iguales relaciones que son desiguales, y que no tienen ni pueden tener el mismo significado social. Debe tenerse en cuenta al respecto que una cosa es respetar las diferencias, lo que sin duda está bien y debe tenderse a ello, y otra muy distinta, por cierto, favorecer legislativamente determinadas inclinaciones que nada aportan al bien común.
Por otra parte, tampoco podría afirmarse con la finalidad de cuestionar la negativa a la celebración de matrimonio entre personas de igual sexo que una prohibición en tal sentido violaría la garantía de igualdad ante la ley – que implica gozar de iguales derechos en las mismas circunstancias –, ya que no se puede afirmar que sean iguales las circunstancias de las parejas heterosexuales unidas en matrimonio, uno de cuyos fines es la procreación, y quienes, por ser del mismo sexo, no pueden procrear. Otorgarles a estas últimas el derecho a contraer matrimonio constituiría en buena parte un contrasentido básico, además de un desperfilamiento de la institución matrimonial.
Resulta de interés recordar con relación al tema, las conclusiones arribadas en el documento de las 40 Organizaciones No Gubernamentales españolas (19), donde se afirmó al respecto que “una sociedad democrática es una sociedad pluralista; no una sociedad uniforme… por esta razón, el principio de igualdad y no discriminación de los ciudadanos ante la ley, lejos de conllevar a una imposición coactiva de una uniformidad igualitarista, significa tratar lo igual como igual y lo desigual como desigual, dando a cada uno lo suyo, lo que le pertenece en justicia”. (20)
En dicho fallo también se afirmó que la exigencia de que el matrimonio debe celebrarse entre personas de distinto sexo no es discriminatoria, pues solo podría calificarse de esa manera a una norma que impidiese el matrimonio de personas en razón de su orientación sexual, lo que no es el caso de la ley argentina, que no tiene en cuenta dicha orientación. E igualmente, que le matrimonio heterosexual no pretende colocar en situaciones de indefensión a gays o lesbianas, ya que su orientación sexual se encuentra abarcada por el principio de reserva que consagra el Artículo 19 de la Constitución Nacional.
(1) “Consideraciones sobre el consentimiento matrimonial en la proyectada reforma de la Ley 2323”, La Ley, 1987-A, 1070 y ss., III, 2, 2.1. Ver, también, de la misma autora, “Los principios jurídicos en las relaciones de familia”, Santa Fe, 2006, p.45
(2) Véase al respecto, entre muchos otros, BORDA, Guillermo A., “Tratado de Derecho Civil. Familia”, 10º ed., Buenos Aires, 2008, t. 1, p.141, Nº 156 y autores citados en p. 142, nota 271; BELLUSCIO, Augusto César, “Manual de Derecho de Familia”, 8º ed., Buenos Aires, 2006, t. 1, p. 319, parágr. 151; LLAMBÍAS, Jorge Joaquín, “Tratadote Derecho Civil. Parte General”, 4º edición act., Buenos Aires, 1970, t. II, pp. 601 y ss., espec. P. 606, Nº 1919; VIDAL TAQUINI, Carlos H., “Matrimonio Civil. Ley 23.515”, Buenos Aires, 1991, p. 113 y ss., parágrafos 4 y 5; ZANNONI, Eduardo A., “Derecho Civil. Derecho de Familia”, 5º ed., Buenos Aires, 2006, t.1, p. 352, parágr. 259. véase también del mismo autor, “Ineficacia y nulidad de los actos jurídicos”, Buenos Aires, 1986, p. 143 y ss.; PETTIGIANI, Eduardo Julio, en “Código Civil Anotado”, de LLAMBÍAS, Jorge Joaquín, t. I, p. 366, Nº 1; RÉBORA, Juan Carlos, “Instituciones de la Familia”, Buenos Aires, 1945, p. 37, Nº 6; BLUMKIN, Silvia B., “Aptitud Nupcial”, en “Enciclopedia de Derecho de Familia”, dirigida por Carlos A. R. Lagomarsino y Marcelo U. Salerno, Buenos Aires 1991, t. I, p. 404, 1º; MOLINARIO, Alberto D., “De los nuevos supuestos de inexistencia matrimonial”, La Ley, 108-1075 y 1087; CAPPARELLI, Julio César, “El consentimiento matrimonial en la Ley 23.515”, ED, 133-979.
(3) PÉREZ DE HEREDIA Y VALLE, Ignacio, “Código de Derecho Canónico”, dirigido por Antonio Benlloch Poveda, 8º edición, Valencia, 1993, comentario al canon 1055, p. 470.
(4) Los principios jurídicos en las relaciones de familia, cit p. 44 y ss., adonde recuerda a Aristóteles en cuanto éste afirma que se entiende por oikos (familia) “una convivencia querida por la misma naturaleza para los actos de la vida cotidiana, es decir, algo basado en la propia naturaleza para cumplir el fin para el que ha sido querida, que no es otro que el de la conservación de la vida individual (satisfacer sus necesidades físicas y espirituales) y de la especie (engendrar y educar a nuevos hombres)”.
(5) “Derecho argentino y uniones homosexuales”, ED, 212-927.
(6) MAZZINGHI, Jorge Adolfo, “Tratado de Derecho de Familia”, 4º ed., Buenos Aires, 2008, t. 1, p. 279, parágr. 164, a). Conf. MOLINARIO, Alberto D., “De los nuevos supuestos de la inexistencia matrimonial”, La Ley, 108-1075 y 1087.
(7) En el inciso 1 del artículo 16 de dicha Declaración se estableció que los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivo de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia.
(8) En el inciso 2 de su artículo 17 se dispone con relación a la protección de la familia, que se reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia si tiene la edad y las condiciones requeridas para ellos por las leyes internas…
(9) Inciso 2 del artículo 23, similar a la norma transcripta en la nota que antecede. Con relación a si dicho Pacto obliga a los Estados Partes a regular el casamiento entre personas homosexuales, Rolando E. Gialdino ha respondido lo siguiente: “Para el Comité la respuesta por la negativa resulta indudable. El artículo 23 trata expresamente el tema matrimonial, por lo que debe ser tenido en cuenta al considerar la disposición sustantiva en la que se define un derecho utilizando el término hombre y mujer, en lugar de todo ser humano, todos, o todas las personas. Y ello se ha entendido reiterada y uniformemente en el sentido de que la obligación emanada del Tratado para los Estados Partes, según el párrafo 2 del artículo 23 del Pacto es reconocer como matrimonio únicamente la unión de un hombre y una mujer que desean casarse”. (GIALDINO, Rolando E., “Los derechos civiles y políticos ante el Comité de Derechos Humanos”,cit. Por MORELLO, Augusto M., “Desvirtuación del Matrimonio”, La Ley, 2005-D, 1472 y ss., 1)
(10) BIDART CAMPOS, Germán J., “Matrimonio y unión entre personas del mismo sexo”, ED, 164-723, IV.
(11) En el art. 102 del Código Civil se establecía en forma expresa dicha circunstancia. Nada se dice al respecto, en cambio, en la actual Ley de Matrimonio 19.974 del año 2004, aunque en algunas normas, tales como en los arts. 7 y 18 de dicha Ley, se habla del marido y la mujer.
(12) Al comentar la legislación venezolana, Isabel Grisanti Aveledo de Luigi califica de “condición natural ineludible” a la diversidad de sexos en el matrimonio (Lecciones de Derecho de Familia, 1991, p. 104)
(13) Cabe señalar que, con fecha 20 de junio de 2006, la Sala Constitucional de Costa Rica resolvió por cinco votos contra dos rechazar la acción de inconstitucionalidad que pretendía avalar la procedencia en ese país del matrimonio entre personas del mismo sexo.
(14) “Desvirtuación del Matrimonio”, La Ley, 2005-D, 1472, II.
(15) “Matrimonio y unión entre personas del mismo sexo”, ED, 164-721, 5 y 7. Dice también Bidart Campos que “No es igual la convivencia y la unión entre dos personas del mismo sexo, que entre dos de sexo distinto. Hay una diferencia. Esta diferencia no vale para la ignominia de los diferente, sino solamente para no identificar lo que, realmente, es sumamente desigualitario” (p. 722, Nº 9)
(16) ZANNONI, Eduardo A., “Derecho Civil. Derecho de Familia”, 5º ed., cit., t. 1, p. 244 y ss., parágr. 168
(17) Conferencia Espiscopal Española, documentos del 15 de julio de 2004 y del 21 de abril de 2005, en Noticias Globales, año VIII, Nº 532 y 582, respectivamente.
(18) Esta es la primera acepción que da el Diccionario de la Lengua Española de la palabra “discriminar” (20º edición, t. 1, p. 505)
(19) Cit. Por MÉNDEZ COSTA, María Josefa, “Los principios jurídicos en las relaciones de familia”, p. 47
(20) Conf. CONEN, Cristian, “Las uniones de hecho y civiles y el principio de no discriminación del matrimonio”, La Ley, 2006-A-1031
(21) Derecho de Familia. Revista interdisciplinaria de Doctrina y Jurisprudencia, 2008-II-35, con nota crítica de TAVIP, Gabriel Eugenio, “Denegatoria del matrimonio homosexual: ¿Y los derechos de los individuos?”.
(fuente: Periódico La Ley)
Publicado por mario en 9:46
es por todo esto que Dios quitó sus ojos de nuestro país, por que lo único que hacen es violar la ley de Dios no hay temor al Señor, y mientras más nos alejemos de Dios más cosas mos van a seguir pasando. No nos queda otra que volvernos a Dios Nuestro Señor, si queremos un país mejor.
21 de noviembre de 2009, 0:30
Yo creo en Dios pero hay que aceptar que muchas personas no creen en Él o, dicen creer en Él pero vivien como si no existiera. Entonces, más allá de la fe que cada uno de nosotros tengamos, hay que hacer entre todos un país para todos.
Personalmente, no creo que Dios haya quitado los ojos de la Argentina ni del mundo. Recordá que los seres humanos somos libres para decidir cada paso que damos y que Dios es profundamente respetuoso de la libertad humana. Creo que, como creyentes, lo que nos queda es aportar a nuestro país desde el lugar que nos toca vivir y, claro está, rezar.
En los países occidentales más progres y ricos se ha desatado una carrera: la de quien legaliza antes a las uniones de homosexuales, equiparándolos en todos los aspectos, incluidos los económicos, con los matrimonios normales: los de toda la vida, los de uno con una y para siempre.
Parece que una minoría bien organizada se ha empeñado en cargarse el mejor tesoro que tiene la sociedad: la familia. Para ello, el mejor camino es desprestegiar, banalizar y prostituir al matrimonio. Llámense como quieran a estas uniones entre homosexuales, que siempre han existido, regúlese como se quiera, pero jamás sean llamadas ni equiparadas al “matrimonio” . En Alemania las llaman : “Sociedades de Vida Registrada”.
En ninguna otra época como en la actual se ha aceptado el hecho de la homosexualidad con tanta comprensión como hoy. Lo que la Iglesia y la sociedad condenan en los homosexuales es lo mismo que condenan en los heterosexuales: el uso del sexo fuera de los límites de toda razón y moral , el engaño disimulado y la degeneración social. Y esto sí lo están imponiendo las mayorías políticas dominantes de media Europa, no la Iglesia, ni la sociedad ¿Dónde está la tan cacareada demanda social en que se escudan los políticos?. ¿ No será, mas bien la lucha por un puñado de votos, o el miedo a ciertos grupos de presión secretos o no tan secretos con un indudable poder internacional?
Nuestra sociedades, están hartas de problemas ficticios que no existen más que en las mentes calenturienta de algunos progres y políticos, cuya única meta es el poder. Tras dos o tres mil años de civilización nadie había parido una idea tan brillante como esta. ¿ O ha sido un aborto?
Afortunadamente ,gran parte de la sociedad y la Iglesia no se rigen por modas, no se venden por unos votos más o menos y no se doblega por presiones de ningún foro. Otra cosa es que buena parte de nuestra sociedad se haya empantanado tanto en sus costumbres y moral que aquí nadie sabe ya lo que es bueno o malo. Todo vale. Lo realmente vergonzoso y lamentable es que se haya elevado a la categoría de dogma, lo que no pasa de ser una vulgar degradación social y política.
Supongamos que se aprueban estas leyes.Por las mismas razones, a continuación, se exigirán leyes análogas para tres o más homosexuales. ¿Por qué no para dos o tres personas normales, sin enredos sexuales, que convivan juntas por motivos económicos, de trabajo o amistad? ¿Por qué no para ancianos jubilados que viven solos y no pretenden más que compañía? Al fin y al cabo lo que más importa son las subvenciones económicas, lógicas en familias que tienen o pueden tener, criar y mantener hijos; pero absurdas en los demás casos. Sin embargo, repita Vd. una tontería o barbaridad 1000 veces todos los años y, al final, aparecerán mentes sesudas que justificarán cualquier cosa. Y, siempre en nombre de la libertad, de la democracia, de la paz, de la justicia y de la solidaridad. ¡ Faltaría más!
La Iglesia, recordaba recientemente que «los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza». Pide, al mismo tiempo, evitar «todo signo de discriminación injusta». ¿Por qué se ocultan estas afirmaciones en los medios de difusión? Son esos medios poderosos de difusión y presión que sirven a ideologías conocidas: fracasadas unas y vigentes otras.
La legalización de matrimonios entre homosexuales no es más que un eslabón de una larga cadena, una escaramuza que no tiene más objeto que despistar al personal sobre una guerra mucho mas amplia y trascendental: La destrucción de la civilización cristiana occidental. Un marxismo trasnochado fracasó estrepitosamente en el intento, pero algunos aún no se han enterado; un capitalismo en continua adaptación a los problemas sociales puede ser igual de peligroso. ¿Quién manda hoy?
Alejo Fernández Pérez (http://www.arbil.org/)
Hasta hace muy pocos años todo el mundo sabía lo que era un “matrimonio normal”, lo que era un “homosexual” y quienes podían o no adoptar a un menor. A nadie, desde hace miles de años, se le ha ocurrido igualar la unión entre dos homosexuales con el matrimonio. De pronto, llegan los progres; y en nombre de su peculiar sentido de la libertad, igualdad y fraternidad, utilizan las palabras matrimonio y homosexual con significados opuestos al sentir general de la sociedad. Sorprendentemente, la adopción de menores por los homosexuales, se torna una exigencia, un derecho.
Zapatero, Presidente del Gobierno español, prometió que: “no sólo piensa aprobar los “matrimonios” homosexuales, sino también la adopción de niños por éstos “si hay consenso social” O sea, cuando él quiera.
“Ni qué decir tiene que los homosexuales son ciudadanos de pleno derecho, y por ello, acreedores de la misma consideración y respeto que merecen quienes no lo son. Pero eso no les da derecho, por muy bien organizados y concienciados que estén, a tratar de imponer a la mayoría, a través de poderosos grupos de presión, su particular visión del matrimonio y de las adopciones de menores”
Además, ¿a cuento de que viene crear este problema artificial? ¿Ignoran que por cada niño que en España necesita adopción hay muchísimas familias “normales” que para a adoptar a los niños tienen que ir a por ellos a China o al Perú? Nó, no lo ignoran, y esto quiere decir que les importan un comino los homosexuales y los niños, los cuales se utilizan como medio para arrebañar votos y conseguir el poder; para ello, los partidos de izquierda y algunos políticos despistados de la derecha o centro, no sólo tratan de cambiar el Derecho de Familia sino también el diccionario y el sentido del lenguaje. Se empieza por llamar matrimonio a cualquier unión de dos homosexuales , después se pedirá para las uniones de tres o más personas del mismo o diferente sexo, después … para lo que haga falta. Resultado: el desprestigio del verdadero matrimonio.
Destruyendo al matrimonio, se destruirá la familia y destruyendo la familia habremos destruido la sociedad. Entonces tendremos vía libre para implantar una nueva sociedad, que nadie sabe como será. En último término, el movimiento gay es sólo un eslabón más, de nuevas ideologías que pretenden la destrucción de la sociedad occidental: judeocristiana, romana y griega. Ya lo intentaron en Rusia y en China con consecuencias desastrosas. ¿Por qué la sustituiremos? ¿Por el islamismo, el budismo, la Nueva Era, …?
Todas las personas tenemos limitaciones, los homosexuales también, y con esas limitaciones hay que contar. Digan lo que digan las leyes, ignorarlas sería engañarnos y engañar a los demás. ¿Es una de esas limitaciones la adopción de menores? ¿Por qué se aducen tantas “razones” morales, físicas, científicas para justificar esas adopciones?. Generalmente, cuando se aducen muchas razones es porque no se tiene razón. Jarabes para la tos hay muchos porque ninguno cura.
Una duda nos ronda : El movimiento gay, parte de cuyas exigencias pueden ser legítimas, ¿ Es un movimiento genuino o está siendo orquestado y utilizado por poderes ocultos, por gentes a quienes sólo interesa el voto, el poder y que han visto en los homosexuales una fuente de votos e influencias?
Lo realmente vergonzoso y lamentable es que se haya elevado a la categoría de dogma político lo que no pasa de vulgar prostitución social y política. Como hay que justificar lo injustificable, se echa mano del “Relativismo Moral y Social” que como un cáncer esta minando el tejido de nuestras sociedades. Siempre se encuentra un “filósofo” capaz de convertir en verdad profunda, lo que no es más que una simple aberración. Así, todo vale. La única vara de medir son nuestros intereses, pasiones y deseos particulares.
Alejo Fernández Pérez (www.arbil.org)
una obra social debe hacerse cargo por orden judicial
Por primera vez en la Argentina, una obra social –la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires– deberá pagarle a una pareja de lesbianas un tratamiento de fertilización asistida para que puedan tener un hijo en común con un donante de semen anónimo. Así lo dispuso la jueza porteña Elena Liberatori, titular del Juzgado Contencioso Administrativo Nº 5 de la Ciudad de Buenos Aires. Este diario había informado en octubre del año pasado sobre el reclamo de Marisa y María del Pilar y el artículo publicado entonces fue considerado por la jueza como prueba en favor de la pareja.
Marisa había tenido su primer conflicto con la obra social cuando pidió la inscripción de María del Pilar como beneficiaria. Para cualquier pareja hétero, anotar a su pareja es un trámite simple, pero OBSBA sólo reconoce a las parejas homosexuales si tienen la unión civil, que sólo rige en la Ciudad de Buenos Aires. Marisa es enfermera en un hospital porteño, pero vive con su pareja en La Matanza, donde no existe ni eso. Están casadas en la práctica hace seis años, pero no tienen una libreta oficial que lo certifique, por las razones que en estos días tanto se están discutiendo en el Congreso y los Tribunales.
El año pasado, asesorada por los abogados de la Federación Argentina LGBT, Marisa envió una carta documento a OBSBA y consiguió que María del Pilar recibiera el carnet. Tras ganar esa primera batalla, dieron el siguiente paso. Querían ser mamás, juntas, para lo cual necesitaban la cobertura del tratamiento de fertilización in vitro, que no podían pagar de su bolsillo.
Para leer la nota completa ir a http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=34616
27 de noviembre de 2009, 9:30
Una decisión polémica / El martes se concretará la primera boda
(http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1204809)