Source: http://www.parthenon.pe/mas/breaking-the-law/lady-oscar-el-destino-de-una-rosa/
Timestamp: 2019-08-25 11:45:51
Document Index: 40044931

Matched Legal Cases: ['artículo 2', 'Artículo 2', 'artículo 6', 'Artículo 6', 'artículo 14', 'Artículo 14']

30 mayo, 2017	por Samanta Taipe
Oscar: Una rosa entre espinas
En una noche lluviosa un ansioso padre aristócrata aguarda la llegada de un bebé. Desea que sea hombre, pero ante la presencia de la comadrona y sirviente Nanny quien le lleva a la recién nacida, decide ponerle de nombre Oscar. Su curioso nombre masculino se debe a que su padre había tenido varias hijas mujeres y como ya se encontraba entrado en años añoraba tener un hijo varón que lleve el apellido y siga sus pasos como oficial de la realeza. Desde ese momento fue criada como un niño noble de la época, se le impuso la práctica de la esgrima, montar a caballo, vestir como varón, uso de pistolas, así como estudios propios de un niño noble.
Es así como su padre, un importante oficial del ejército, niega el sexo de su hija y decide educarla como si de un soldado varón se tratara, dándole además un nombre masculino: Oscar. La joven se convierte en una excelente soldado al servicio de la realeza francesa, y años más tarde en Capitana de la Guardia Imperial y protectora de la nueva princesa de Francia, María Antonieta.
Si bien a lo largo de la historia se desarrollan los dramáticos cambios sociales en torno a la Revolución Francesa y la actuación de Lady Oscar como Guardia Imperial ante tales acontecimientos, en esta ocasión solo nos enfocaremos en analizar los primeros años de vida de Lady Oscar con la finalidad de destacar temas como el derecho al libre desarrollo de la personalidad y el derecho a la identidad personal, que por cierto vienen siendo materia de discusión a raíz de las iniciativas impulsadas por los diversos sectores de la población en la lucha por el reconocimiento y defensa de derechos, tales como la población LGTBI.
Derecho a la identidad personal y al libre desarrollo de la personalidad
El artículo 2 inciso 1 de la Constitución Política del Perú de 1993 reconoce los derechos a la identidad y libre desarrollo de la personalidad de la siguiente manera:
“Artículo 2.- Toda persona tiene derecho: 1. A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física, y a su libre desarrollo y bienestar (…)” (subrayado nuestro).
Asimismo, el artículo 6 de la Ley Nº 27337, que Aprueba el Nuevo Código de los Niños y Adolescentes, regula también estos derechos en los siguientes términos:
“Artículo 6.- A la identidad.- El niño y el adolescente tienen derecho a la identidad, lo que incluye el derecho a tener un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y llevar sus apellidos. Tienen también derecho al desarrollo integral de su personalidad (…)” (subrayado nuestro).
En esta misma línea, el Tribunal Constitucional se ha pronunciado señalando que el derecho a la identidad es entendido como el derecho que tiene todo individuo a ser reconocido estrictamente por lo que es y por el modo cómo es. Es decir, se trata del “(…) derecho a ser individualizado conforme a determinados rasgos distintivos, esencialmente de carácter objetivo (nombres, seudónimos, registros, herencia genética, características corporales, etc.) y aquellos otros que se derivan del propio desarrollo y comportamiento personal, más bien de carácter subjetivo (ideología, identidad cultural, valores, reputación, etcétera)”[1].
En palabras de Carlos Fernando Sessarego, la identidad es de carácter unitario, pero tiene dos vertientes. La primera es la identidad estática, la cual “está dada por el genoma humano, las huellas digitales, los signos distintivos de la persona, como su nombre, imagen, estado civil, su edad y fecha de nacimiento, entre otros datos”[2]. Mientras que la identidad dinámica consiste en el despliegue temporal y fluido de la personalidad, estando así constituida por “los atributos y características de cada persona, desde los éticos, religiosos y culturales hasta los ideológicos, políticos y profesionales”[3].
La distinción de estas dos vertientes tanto en la línea del Tribunal Constitucional como la del Dr. Fernando Sessarego evidencia que el derecho a la identidad personal no se reduce simplemente a aspectos meramente objetivos como el nombre o los rasgos físicos y biológicos, como se creía antes incluso estando vigente la Constitución de 1979, sino que también comprende aspectos de mayor desarrollo espiritual que constituyen propiamente la personalidad de cada persona.
A efectos de enriquecer más lo anterior, cabe hacer referencia a la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes cuyo artículo 14 aborda la identidad juvenil en los siguientes términos:
“Artículo 14.- Derecho a la identidad y personalidad propias.- 1. Todo joven tiene derecho a: tener una nacionalidad, a no ser privado de ella y a adquirir otra voluntariamente, y a su propia identidad, consistente en la formación de su personalidad, en atención a sus especificidades y características de sexo, nacionalidad, etnia, filiación, orientación sexual, creencia y cultura”.
En este punto es del caso citar también la distinción que realiza el Dr. Fernando Sessarego de las vertientes de la identidad sexual. El sexo desde el punto de vista estático se refiere a un elemento estático, en tanto que consiste en el “(…) sexo cromosomático (…), aquel con el que la persona nace y muere, bajo el cual el sujeto es inscrito en los registros click here del estado civil”[4]; mientras que el sexo dinámico se refiere a la “(…) personalidad misma del sujeto, a su actitud y comportamiento psicosocial, a su hábitos y modales, a su manera de sentir y de vivir”[5].
Desde que nació así como durante toda su infancia, Lady Oscar vio vulnerados sus derechos a la identidad personal en su dimensión dinámica, así como a ejercer libremente su derecho a la identidad sexual. Ello, puesto que a pesar de ser mujer fue siempre tratada por su padre como un varón, ordenándosele a usar armas, practicar esgrima, montar a caballo e incluso a vestir como varón. Una escena que ejemplifica todo ello es cuando su padre la obliga a punta de golpizas a usar el atuendo propio de un soldado a afectos de enfrentarse a duelo con el Conde Girodelle y, en consecuencia, asumir el puesto de Capitana de la Guardia Imperial y protectora de la nueva princesa de Francia. Frente la mentalidad cerrada de su padre y la rigidez de sus órdenes, Lady Oscar no tuvo la libertad de definir por sí misma su personalidad, así como tampoco la posibilidad de decidir cómo comportarse, sentir y vivir conforme a sus propios intereses y preferencias. A Lady Oscar se le impuso, contra su voluntad, asumir un rol distinto a su condición de mujer. Esto último queda demostrado cuando, luego de una pelea con Oscar, André le grita a lo lejos que “aún no es tarde para empezar a ser mujer”; y es que ya en anteriores escenas Oscar se había manifestado un tanto confundida con respecto a la forma en cómo era tratada y cómo ella quería que la traten, y cómo ella deseaba forjar su proyecto de vida.
Así como el caso de Lady Oscar, actualmente, existen muchos casos de personas que pese a tener una orientación sexual definida, como por ejemplo aquellos que forman parte de la población LGTBI, han sido excluidas por su propio entorno, obligándoseles a no comportarse según sus intereses y preferencias, viendo de esta manera limitados sus derechos a la identidad personal y libre desarrollo de su personalidad. Es frente a ese escenario que cabe tener en cuenta que el derecho a la identidad tiene una gran importancia para proteger la equivalencia ciudadana de personas pertenecientes a distintos grupos sociales, pues permite construir de mejor manera la igualdad dentro del respeto a las diferencias.
[1] Sentencia del Tribunal Constitucional emitida el 20 de abril de 2006 en el Exp_2273_2005_PHC_TC sobre proceso de hábeas corpus interpuesto por Karen Mañuca Quiroz Cabanillas contra el Jefe del registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC).
[2] FERNANDO SESSAREGO, Carlos. Derecho a la identidad personal. Buenos Aires: Astrea. 1992. p. 15.
[3] FERNANDO SESSAREGO, Carlos. Derecho a la identidad personal. Segunda Edición. Lima: Instituto Pacífico S.A.C. 2015. p. 681.
[4] Ídem. p. 682.
[5] Ídem. p. 683.
Escrito por Samanta Taipe