Source: https://es.scribd.com/document/93643642/cartillarecho-de-pertenencia
Timestamp: 2020-08-12 19:38:51
Document Index: 201248075

Matched Legal Cases: ['artículo 673', 'artículo 2518', 'artículo 2519', 'artículo 762', 'artículo 762', 'artículo 775', 'artículo 2522', 'artículo 2523', 'artículo 792', 'artículo 794', 'artículo 2525', 'artículo 2540', 'artículo 2524', 'artículo 90', 'artículo 91', 'artículo 99', 'artículo 140', 'artículo 2530', 'artículo 3', 'artículo 2530', 'artículo 3', 'artículo 2528', 'artículo 764', 'artículo 1871', 'artículo 2351', 'artículo 777', 'artículo 777', 'artículo 2351', 'artículo 777', 'artículo 2521', 'artículo 778', 'artículo 778', 'artículo 71', 'artículo 762', 'artículo 2522', 'artículo 778', 'artículo 778', 'in fine', 'artículo 407', 'artículo 12', 'artículo 202', 'artículo 1', 'artículo 698', 'artículo 413', 'artículo 407', 'artículo 981']

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Codigo Civil Viernes
Demanda de Usucapión 2018
LUZ MAGDALENA MOJICA
Para el derecho, la prescripción puede entenderse como un instituto jurídico por el cual el transcurso del tiempo produce el efecto de consolidar las situaciones de hecho, permitiendo la extinción de los derechos o la adquisición de las cosas ajenas. En el Derecho Anglosajón se le conoce como estatuto de limitaciones (statute of limitations).
Cabanellas 1 define dicha figura en los siguientes términos: "Prescripción: Consolidación de una situación jurídica por efecto del transcurso del tiempo: ya sea convirtiendo un hecho en derecho, como la posesión en propiedad; ya perpetuando una renuncia, abandono, desidia, inactividad o impotencia".
Los hermanos Mazeaud señalan que la usucapión es la adquisición, por el poseedor de una cosa, del derecho de propiedad o de otro derecho real sobre esa cosa, por efecto de la posesión prolongada durante cierto plazo. Portalis, integrante de la comisión nombrada por Bonaparte para elaborar el proyecto del Código civil francés de 1804 decía “La propiedad es la que ha fundado las sociedades humanas. Es ella la que ha vivificado, extendido, engrandecido nuestra propia existencia. El derecho de propiedad, es un derecho fundamental sobre el cual todas las instituciones sociales reposan, y que para cada individuo es tan precioso como la vida misma, ya que él le asegura los medios de conservarla”.
Institución que tiene sus orígenes en el derecho romano, de donde la adoptó el derecho civil francés, el que sirvió de fuente para la proyección del Código Civil Chileno de Don Andrés Bello, antecedente inmediato del Código Civil Colombiano, el que la regula en el TITULO XLI, artículos 2512 y siguientes, definiéndola en los siguientes términos: “La
El artículo 673 del Código Civil consagra cinco modos de adquirir el dominio, uno de ellos, la prescripción, la que se ubica en los modos originarios, ello porque el derecho
del propietario surge directamente en la persona de su titular, no corresponde a un acto del anterior dueño.
De la definición dada en precedencia emerge que la prescripción puede ser: a) extintiva o liberatoria, si por ella se pierde el derecho de ejercer una acción por el transcurso del tiempo; o b) adquisitiva, también denominada usucapión, cuando a través de ella se adquiere la propiedad de una cosa ajena, así como otros derechos reales, por el ejercicio de la posesión durante el tiempo que señala la ley. (art. 2518 C. C.)
Corresponde a este ensayo ocuparse de la prescripción adquisitiva o usucapión, señalando que el término usucapio proviene del latín usus+capere, lo que significa adquirir por el uso.
3. FUNDAMENTO Y JUSTIFICACION DE LA PRESCRIPCION
Los juristas, mayoritariamente, justifican la prescripción por razones de orden social y práctico. En ese sentido se ha expresado que “La seguridad social exige que las relaciones
jurídicas no permanezcan eternamente inciertas y que las situaciones de hecho prolongadas se consoliden. Por eso ha sido llamada la prescripción patrona del género humano. (…) Por otra parte, hay un fondo de justicia en reconocer derecho al que ha sabido conservar la cosa y la ha hecho servir o producir, y en desconocer toda pretensión al propietario que no se ha ocupado de ella. Por eso también puede decirse que uno de los varios fundamentos de la prescripción es la presunción de que abandona su derecho el que no lo ejercita, pues no demuestra voluntad de conservarlo. Y todavía resulta útil sancionar con la prescripción al titular del derecho que lo pierde por su negligencia.” 1
Y como fundamento práctico lo conciben los autores citados en la prueba de la
propiedad, citando a René Dekkers “la prescripción es la compensación o reparación que el tiempo nos debe por las pruebas que nos arrebata.”
En opinión de Planiol y Ripert, de todas las instituciones de derecho civil es la más necesaria al orden social, como que sin ella sería imposible la prueba de la propiedad en
la generalidad de los casos y, consecuentemente, los pleitos serían innumerables.
1 Arturo Alessandri., Manuel Somarriva, Antonio Vodanovic , Tratado de los Derechos Reales, Tomo II, Quinta Edición, pág.
Asimismo vale la pena anotar que, entre otras, existen dos teorías que explican la existencia de la usucapión. La teoría subjetiva que predica como base de esta forma de adquirir el dominio la renuncia, el abandono o la voluntad de hacer dejación del mencionado derecho por su titular al no ejercer ninguna acción de defensa frente a la posesión de otro. Tesis que es controvertida en tanto y cuanto se sostiene que sería suficiente probar que no existe esa voluntad de renuncia para que la prescripción fracasara. Y la teoría objetiva, que goza de más aceptación, la que enseña que el fundamento de la prescripción es dar certeza y seguridad a las relaciones jurídicas consolidando las titularidades aparentes, es decir, el statu quo de la posesión.
La prescripción adquisitiva puede ser ordinaria, o extraordinaria. Tendrá lugar la primera de ellas cuando además de la posesión exista justo título y buena fe en el usucapiente; y, la segunda, por el simple transcurso del tiempo exigido por la ley ejerciendo posesión sobre la cosa, precisando que en ambas formas se exigen períodos diferentes dependiendo de si lo que se va a adquirir es el dominio u otro derecho real, según sea del caso, sobre bienes muebles o inmuebles.
Según se trate de prescripción ordinaria o extraordinaria, la jurisprudencia de vieja data ha determinado los presupuestos comunes, como también los específicos, que se deben satisfacer para lograr adquirir el dominio de las cosas ajenas por este modo originario y gratuito.
4.1.1. Son comunes a ambas especies que verse sobre cosa prescriptible ajena, la posesión y el tiempo.
a. Cosa prescriptible. De conformidad con el artículo 2518 del Código Civil se gana posprescripción el dominio de los bienes corporales, raíces o muebles, que están en el comercio humano, y se han poseído con las condiciones legales. Como también los otros derechos reales que no están especialmente exceptuados.
Mientras que el artículo 2519 siguiente prevé que los bienes de uso público no se prescriben en ningún caso.
Síguese, entonces, que son prescriptibles, y por ende susceptibles de adquirirse mediante el proceso de pertenencia, todas las cosas corporales que pueden ser apropiables y los derechos reales no exceptuados; por tanto, se excluyen los bienes sobre los cuales el propietario ejerce todos sus poderes, los bienes del Estado ( de uso público y fiscales) y aquéllos sobre los cuales existe prohibición legal para usucapir, como son las cosas que están fuera del comercio, sin que en éstas se deban incluir los bienes embargados por decreto judicial 2 , sino que como tales deben entenderse los que no obstante ser susceptibles de apropiación, por su propia naturaleza o por disposición legal, no pueden ser objeto de propiedad particular exclusiva, como la atmósfera, el mar, armas de guerra (monopolio estatal), etc.; las servidumbres discontinúas de todas clases y las continúas inaparentes, los ejidos municipales, los derechos reales de hipoteca, prenda y censo.
b. Posesión. Es el elemento esencial para que opere el modo de prescripción adquisitiva. El Código Civil, en el artículo 762, la define como “la tenencia de una cosa determinada con
ánimo de señor o dueño, sea que el dueño o el que se da por tal, tenga la cosa por sí mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de él.
Definición que ha servido para predicar que la posesión se conforma por dos elementos, el animus y el corpus, el primero de linaje subjetivo, intelectual o sicológico, por el cual el poseedor se comporta y siente como dueño de la cosa, desconoce a todo otro como propietario de la misma, presupuesto que justamente diferencia al poseedor del simple tenedor (arrendatario, depositario); el segundo, refiere al simple apoderamiento físico de la cosa, a la relación material del detentador con el bien, aclarándose que no es necesario el contacto físico permanente con la cosa para su existencia, basta la posibilidad de poder disponer físicamente de ella.
La tenencia del bien a usucapir con ánimo de señor y dueño también requiere que tal sea pública, esto es, que en el contexto se reconozca al poseedor y solamente a él como el propietario de la cosa.
2 C.S.J. S. Casación Civil, Sent. 18 de octubre de 2005, M.P. César Julio Valencia Copete
De este modo el poseedor será quien se comporte como el titular de un derecho real, aunque en rigor de verdad no lo sea.
Sobre el tema ha dicho la Corte Suprema de Justicia:
En conformidad con los principios que en
Colombia informan el Código Civil, los términos posesión y tenencia corresponden a dos instituciones jurídicas no solamente disímiles sino excluyentes.
“La posesión en relación con la propiedad y la tenencia. "
“Dicho estatuto, en efecto, destaca y relieva en la posesión no sólo la relación de hecho de la persona con la cosa, sino un elemento intelectual o psicológico. Así, mediante el artículo 762 establece que "la posesión es la tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño", con lo cual reclama para su tipificación la concurrencia de dos elementos con fisonomía propia e independiente: el corpus, o sea el elemento material u objetivo; y el animus, elemento intencional o subjetivo.
“Como característica esencial atribuye en cambio a la mera tenencia la falta de ánimo de señor o dueño; para ello apenas si requiere uno de los elementos de la posesión, el corpus: de ahí que el artículo 775, sentando una regla general, preceptúe que es mero tenedor quien "tiene una cosa reconociendo dominio ajeno".
“Según la teoría subjetiva o clásica, que fue la acogida en el punto por nuestros redactores de nuestro estatuto civil, de los dos elementos que la integran es el animus el característico y relevante de la posesión y por tanto el que tiene la virtud de trocar en posesión la mera tenencia. Para que ésta exista es bastante la detentación material; aquélla, en cambio, exige no sólo la tenencia sino el ánimo de tener para sí la cosa, o sea el tenerla como dueño o señor (animus domini). Infiérese entonces de lo dicho que la tenencia material de una cosa no basta por sí sola para diferenciar al poseedor del tenedor, y de ahí que a primera vista, tomando en consideración exclusivamente el comportamiento externo de quien tiene la cosa, puedan confundirse fenómenos de suyo diferentes como son la posesión y la mera tenencia. Es realmente factor psicológico apuntado el que permite determinar en un caso dado si se está en frente a un poseedor o a un mero tenedor: si detenta la cosa con ánimo de señor o dueño, sin reconocer dominio ajeno, se tratará de un poseedor; si la tiene pero reconociendo sobre ella el dominio de otra persona, será entonces un simple tenedor.
“6. Si por definición la posesión supone la concurrencia en el mismo individuo del corpus y del animus, lógico es que ella no se adquiera, por regla general, sino desde el instante en que se unan esos dos presupuestos frente a una cosa determinada en la misma persona. Pero si para adquirirla se requiere, en principio, la suma de dos elementos, para conservar la posesión basta, generalmente, mantener su elemento subjetivo. Tal es lo que se infiere de la preceptiva contenida en los artículos que integran el capítulo 2º del título 7º del libro 2º del Código Civil.
“Y si bien es verdad, como lo predica la doctrina, en principio depende de la voluntad de la persona el que haya posesión o tenencia, también lo es que cuando se alega algún título para justificar la primera, tal ánimo de señor o dueño no solamente debe existir en el fuero interno del sedicente poseedor, sino que además debe aparecer del título mismo en virtud del cual se detenta. De ahí que, en cada caso, la determinación de la adquisición de la posesión varía según el antecedente que se invoque.
“Al efecto la doctrina del derecho ha distinguido, así:
“a) Si se invoca el simple apoderamiento de la cosa como antecedente único de la posesión, ese simple hecho basta para adquirirla, puesto que, como lo dispone el art. 787 ibídem, "se deja de poseer una cosa desde que otro se apodere de ella, con ánimo de hacerla suya", y
“b) Cuando se alega título como antecedente para poseer la cosa, es preciso distinguir si dicho título es o no traslaticio de dominio. Si lo primero, es claro que mediante él el enajenante se desprende del animus domini, el cual por consiguiente pasa al adquirente; si lo segundo, resulta evidente que el elemento intencional o psicológico de la posesión, salvo expresa estipulación en contrario, tiene que continuar y en efecto continúa en quien entrega la cosa, desde luego que el otorgamiento del título de esa clase no permite inferir contra lo que ese título de por sí significa, que el dador de la cosa se ha desprendido de su dominio sobre ésta".
La posición expuesta por la Corte Suprema de Justicia en la jurisprudencia transcrita es ampliamente admitida no sólo por doctrinantes nacionales, sino también extranjeros, vale decir, que la posesión es un hecho con repercusiones jurídicas, perspectiva que no siguió la Corte Constitucional en el año 1992, cuando sostuvo que la posesión era un derecho fundamental, tesis que comparte algunos de nuestros doctrinantes.
De otra parte, según la definición de la prescripción, la posesión debe recaer sobre cosa ajena, esto es, que recaiga sobre cosas que tienen dueño, lo que conlleva a que el bien detentado no puede tener la calidad de res nullius o res derelictae.
c. Tiempo. Se refiere al período o lapso exigido por el legislador para que se detente la posesión de manera continua e ininterrumpida, mediante una explotación duradera, para se consolide el derecho. Para lograr el cumplimiento de esta exigencia puede acudirse a la figura de la agregación de posesiones, tema que se verá en líneas posteriores.
Ahora, se debe recordar que la prescripción de largo tiempo ha variado atendiendo las circunstancias socioeconómicas del país, así como las tendencias jurídicas de otras
naciones en torno a su regulación. La ley 50 de 1936 recortó los términos de la prescripción treintañal a veinte años, y similares consideraciones se tuvieron en cuenta para la expedición de la ley 791 de 2002 que redujo los plazos para la prescripción.
Asimismo, es pertinente anotar desde ya, que el legislador determinó otros tiempos para, por ejemplo, la prescripción agraria (5 años), y la prescripción ordinaria de vivienda social (3 años).
La trascendencia del tiempo radica, en la práctica, en que es el plazo que el legislador considera pertinente para que el propietario se oponga a la posesión que se ejerce sobre su bien, y que al no hacerlo el poseedor tiene el derecho de adquirirlo por prescripción.
Esa prolongación de la posesión en el tiempo permite al titular del derecho de dominio que ha sido despojado de la cosa iniciar las acciones posesorias, y la acción reivindicatoria o de dominio para recuperarla, y si no utiliza esos mecanismos legales, o acude a ellos inoportunamente o en forma ineficaz, surge la usucapión, y el poseedor adquiere, ante todo el mundo, la condición de nuevo propietario.
Como se anotara en líneas anteriores, para que se pueda adquirir la cosa por el usucapiente es necesario que el tiempo de la posesión sobre la misma transcurra de manera ininterrumpida, continúa. De manera que cuando por alguna causa cesa de contarse el tiempo de prescripción, se predica que tal se interrumpió y, en consecuencia, el tiempo que se llevaba en posesión no se cuenta.
Al efecto señala el artículo 2522 del Código Civil “Posesión no interrumpida es la que no ha
sufrido ninguna interrupción natural o civil”.
Habrá interrupción natural cuando el poseedor por un hecho ajeno a su voluntad no pueda continuar en posesión de la cosa, ya sea material o jurídicamente (destinación del bien al uso público, por ejemplo). El artículo 2523 siguiente contempla los casos en que
ésta tiene ocurrencia, a saber: “1. Cuando sin haber pasado la posesión a otras manos, se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios, como cuando una heredad ha sido permanentemente inundada. 2. Cuando se ha perdido la posesión por haber entrado en ella otra
persona.” A continuación explica la norma que si cesa la causa que originó el primer
evento el único efecto que se produce es el de descontar el tiempo durante el cual no se pudo ejercer la posesión, mientras que por el segundo sí pierde todo el lapso de posesión que lleve, salvo que logre recobrarla, caso en el cual se entiende que no operó interrupción para el desposeído.
La recuperación debe realizarla el poseedor mediante una acción posesoria, de conformidad con lo previsto en el artículo 792 ibídem, requiriéndose, además, que la acción la interponga dentro del año siguiente al momento en que fue despojado de la misma, como emerge de lo dispuesto en el artículo 794.
Merece anotar que el artículo 2525 del Código Civil prevé que toda causa de interrupción respecto de una de las personas que tenga propiedad en común con otras, la interrumpe también frente a ellas, lo que significa que en la comunidad lo que afecte a uno de los comuneros se transmite a los demás.
Finalmente, adoptando decantada doctrina, en el nuevo artículo 2540 del Código Civil, por la modificación que le introdujo la Ley 791 de 2002, se consagró que una vez interrumpida o renunciada una prescripción, comenzará a contarse nuevamente el respectivo término.
Puede, entonces, concluirse que la interrupción de la prescripción produce sus efectos respecto de lo pasado, pero no es obstáculo para iniciar una nueva prescripción, lo que significa que la interrupción no incide lo futuro.
Respecto a la interrupción civil se tiene que tal no tiene actualmente regulación en el Código Civil, en tanto que el artículo 2524 que la contenía fue derogado por el Código de Procedimiento Civil, por tanto es a ese Estatuto al que debe acudirse, el que la regula
su artículo 90.
hay interrupción civil por la presentación de la demanda que pretenda la cosa
usucapida, siempre y cuando se lleve a efecto la notificación del auto admisorio dentro del año siguiente al día en que se intimó dicho proveído a la parte actora. De no efectuarse el mencionado acto procesal en ese término, la interrupción únicamente operara en la data en que efectivamente se notifique al demandado.
El artículo 91 siguiente estatuye los eventos en los cuales pese a la proposición de la
acción resulta ineficaz la interrupción, tales por el desistimiento de la demanda, por la terminación del proceso con ocasión de la prosperidad de alguna de las excepciones
contempladas en el numeral 7 del artículo 99, o por sentencia que absuelva al demandado, y, cuando la nulidad del proceso comprenda la notificación del auto admisorio de la demanda, precisando que en fallo reciente de la Corte Constitucional se declaró exequible este evento, bajo el entendido que se trataba de los motivos nulitivos consagrados en los numerales 1 y 2 del artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, y siempre y cuando el actor no hubiere dado lugar a la nulidad. (Según extracto publicado de la sentencia)
De manera general se ha predicado que este fenómeno jurídico esta dado en protección
a quienes no pueden valerse por sí mismos.
A diferencia de la interrupción, la suspensión sólo opera en la prescripción ordinaria y no
conlleva la pérdida del tiempo poseído, como perentoriamente lo señala el artículo 2530 del Código Civil, modificado por el artículo 3º de la Ley 791 de 2002, el que prevé que cesando la causa de la suspensión se computara el tiempo que se llevare en posesión, si fuere el caso. Y establece que este fenómeno tiene lugar respecto a todos los incapaces, las personas ausentes, entre el heredero beneficiario y la herencia, entre quienes administran patrimonios ajenos como tutores, curadores, albaceas o representantes de personas jurídicas, y los titulares de aquellos. La reforma agregó que “No se contará el
tiempo de prescripción en contra de quien se encuentre en imposibilidad absoluta de hacer valer su derecho, mientras dicha imposibilidad subsista”, en un justo reconocimiento a los
derechos de los secuestrados, de los desplazados, entre otros, y de las demás personas que no pueden ejercer el dominio sobre sus cosas por circunstancias totalmente ajenas a su voluntad.
También debe destacarse que la reforma del artículo 2530 del Código Civil, por el artículo 3 de la Ley 791 de 2002, suprimió la causal de suspensión que aquél
contemplaba “La prescripción se suspende siempre entre cónyuges”, respecto a la cual la
Corte Suprema de Justicia, por la expresión “siempre” y la coposesión que se da entre éstos, entre otras razones, había expresado que tenía ocurrencia aún para la prescripción extraordinaria.
4.1.2. La prescripción ordinaria a más de los presupuestos antes vistos, exige para su configuración de requisitos específicos, como emerge del artículo 2528 que la consagra
así: “Para ganar la prescripción ordinaria se necesita posesión regular no interrumpida, durante
el tiempo que las leyes requieren”. De conformidad con el artículo 764 la posesión es regular cuando procede de justo título y ha sido adquirida de buena fe, aunque la buena fe no subsista después de adquirida la posesión. Luego, esta forma de usucapir exige la presencia de dos elementos esenciales, el justo título y la buena fe.
Justo Título. En el ordenamiento jurídico no aparece una definición de esta exigencia, empero los artículos 765 y 766 del Código Civil se refieren al mismo, indicando en la última de las normas nombradas, cuándo un título no es justo. Por su parte, el 765 enseña que es justo título el constitutivo o traslaticio de dominio, ejemplarizando el primero de ellos con la ocupación, la accesión y la prescripción, y el segundo con la venta, permuta y donación entre vivos, de donde se ha dicho que rigiendo en el derecho colombiano la teoría del título y modo dicha disposición ha confundido el título.
La Corte Suprema de Justicia ha dicho que “Por justo título se entiende todo hecho o acto
jurídico que, por su naturaleza y por su carácter de verdadero y válido, sería apto para atribuir en abstracto el dominio. Esto último, porque se toma en cuenta el título en sí, con prescindencia de circunstancias ajenas al mismo, que en concreto, podrían determinar que, a pesar de su calidad de justo, no obrase la adquisición del dominio. Si se trata, pues de un título traslaticio, puede decirse que éste es justo cuando al unírsele el modo correspondiente, habría conferido al adquirente el derecho de propiedad, si el título hubiese emanado del verdadero propietario. Tal el caso de la venta de cosa ajena, diputada por el artículo 1871 como justo título que habilitaría para la prescripción ordinaria al comprador que de buena fe entró en la posesión de la cosa.”
Entonces cabe decir que la posesión regular, que es la exigida para la prescripción ordinaria, debe estar cobijada con título escriturario, tratándose de inmuebles, o mediante sentencia aprobatoria de partición, u otro título análogo (remate), debidamente registrado, pues sólo de esa manera se puede predicar la existencia de un justo título.
Buena fe. La Constitución Política y el Código Civil establecen que la buena fe se presume, de donde, de manera general, la mala fe debe probarse. Tratándose del poseedor, se ha hecho consistir la buena fe en la creencia, por parte de éste, de recibir del titular del derecho, sin que en verdad lo sea, lo que significa que se trata de un error de hecho por parte del poseedor. También cuando ha existido ignorancia. (arts. 83 C. P., 768 y 769 C. C.)
Unicamente, la ley protege al poseedor, cuando se evidencia la existencia de este yerro, vale decir, cuando por las circunstancias que rodearon la adquisición tuvo la conciencia de que su tradente era realmente el dueño, pero por no serlo no adquirió la propiedad.
O cuando ignora de la existencia de un derecho en cabeza de otra persona, por lo que
toma o adquiere la cosa para él. Luego, es el convencimiento de actuar correctamente
por medio legítimo exento de de todo fraude o de cualquier otro vicio.
El jurisconsulto Luis Claro Solar expone que las condiciones que debe reunir el poseedor
de buena fe son tres: a) Ignorar el derecho en cabeza de otra persona distinta del tradente; b) Estar persuadido de que quien transfiere tenía derecho y capacidad, y c) Existencia de justo título exento de fraude y de cualquier otro vicio en el acto jurídico de transferencia, es decir, en la tradición.
Como lo establece la ley la buena o mala fe que califica a la posesión de regular o irregular, solamente debe ser tenida en cuenta para el momento de la adquisición de la posesión.
4.1.3. La prescripción extraordinaria, en cambio, solamente exige los presupuestos comunes. Empero en el ordinal 3° del artículo 2351 del Código Civil establece que la existencia de un título de mera tenencia hace presumir mala fe que frustra la prescripción extraordinaria, salvo que se prueben dos hechos concurrentes: Que el propietario acredite que en los últimos 10 años el prescribiente le reconoció expresa o tácitamente su dominio; si fracasa automáticamente el poseedor es reconocido como de buena fe. Y quien pretende la usucapión debe demostrar que en los últimos diez años o más, ha poseído en forma pacífica, pública e ininterrumpida.
5. INTERVERSION DEL TITULO.
A voces del artículo 777 del Código Civil “El simple lapso de tiempo no muda la mera
tenencia en posesión”, disposición que ha dado lugar a que se predique que el detentador
precario, quien ha reconocido el dominio del titular, no puede convertirse en poseedor.
Según autorizados criterios se presenta una aparente contradicción entre lo previsto por
el artículo 777 del Código Civil “El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en
posesión”, y lo previsto en el ordinal 3° del artículo 2351, objeción que se resuelve
indicando que el mero tenedor nunca podrá lograr la prescripción del bien, empero que quien inició su relación con el bien bajo el título de tenedor puede en cualquier momento desconocer, rebelarse, ignorar, al propietario e iniciar desde ese preciso instante su posesión en nombre propio, actuando como señor y dueño, lo que significa que la situación contemplada para la prescripción extraordinaria es una excepción a la regla dada por el artículo 777.
Para que ello ocurra se debe tener en cuenta que efectiva y realmente se presente la mutación, la que se concreta en el hecho de la expresa y pública rebeldía, en el desconocimiento absoluto del propietario, razón por la cual el tiempo no se cuenta a partir de cuando entró en contacto el sujeto con el bien pretendido en usucapión, sino desde el instante en que comenzó a comportarse como dueño y señor de la cosa.
Así, la jurisprudencia en una recta y justa aplicación de las normas que gobiernan el tema ha dicho que el simple tenedor puede mutar su condición “cuando hace dejación de
la calidad jurídica de tenedor para pasar a adquirir la de auténtico poseedor”, solo que para
que así ocurra se requiere no de un simple cambio de voluntad, sino de la exteriorización de una conducta inequívoca traslucida en actos que revelen que le advino el animus domini.
Ha establecido la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia que ese trocamiento de
calidad puede devenir por “un título o acto proveniente de un tercero o del propio contendor,
o también, del frontal desconocimiento del derecho del dueño, mediante la realización de actos de explotación que ciertamente sean indicativos de tener la cosa para sí, o sea, sin reconocer
dominio ajeno”.
6. SUMA DE POSESIONES
De entrada ha de exponerse que la suma de posesiones es una figura jurídica “(…) que
consiste en el hecho de agregar al tiempo de posesión propia el lapso de posesión de los antecesores, con objeto de totalizar el tiempo exigido por la ley en cada caso para usucapir” 3 .
La génesis de la suma, agregación, incorporación o accesión de posesiones 4 se encuentra en el artículo 2521 del Código Civil, el cual establece que “si una cosa ha sido poseída
3 ACEVEDO PRADA, Luis Alfonso. ACEVEDO PRADA, Martha Isabel. POSESIÓN, PRESCRIPCIÓN Y PROCESOS DE PERTENENCIA.
Quinta Edición. Librería Ediciones del Profesional Ltda. Bogotá D.C
Colombia. Pág. 98.
sucesivamente y sin interrupción por dos o más personas, el tiempo del antecesor puede o no agregarse al tiempo del sucesor, según lo dispuesto en el artículo 778. La posesión principiada por una persona difunta
continúa en la herencia yacente, que se entiende poseer a nombre del heredero”.
A su turno, el artículo 778 del Código Civil consagra que “Sea que se suceda a título universal o
singular, la posesión del sucesor principia en él; a menos que quiera añadir la de su antecesor a la suya; pero en tal caso se la apropia con sus calidades y vicios. Podrá agregarse, en los mismos términos, a la
posesión propia la de una serie no interrumpida de antecesores”.
Por último, es necesario observar que el artículo 71 del Decreto 1250 de 1970 indica que
“Para que la inscripción de la sentencia declarativa de pertenencia produzca los efectos consagrados en el
artículo precedente [se refiere a que en adelante no se admita demanda sobre la propiedad o posesión del inmueble por causa anterior a la sentencia], en el caso de que el demandante haya agregado a su posesión
la de sus antecesores, por acto entre vivos, es necesario que éstos sean citados al proceso.”.
Este instituto tiene aplicación tanto para la prescripción adquisitiva de dominio ordinaria, como la extraordinaria, y también para la prescripción agraria y de vivienda de interés social, y como viene de verse, su fundamento legal se encuentra en los artículos 778 y 2521 del Código Civil por los cuales, ya a título universal, ora a título singular, el sucesor puede añadir su posesión a la de sus antecesores para lograr el tiempo que exige la ley para adquirir el derecho por el modo originario de la usucapión.
La Corte Suprema de Justicia se ha referido a la unión de posesiones como una institución de carácter universal, necesaria y facultativa, toda vez que la misma se encuentra en la mayoría de los ordenamientos jurídicos; señalando que implica una invaluable protección a la posesión, especialmente ante la gran transformación que se presenta frente a la relación en que se encuentran los individuos con los bienes, siendo evidente que quien ejerce la posesión generalmente la transfiere a otro, lo cual conlleva que los períodos posesorios individuales sean realmente cortos, y, por ende, la posibilidad que se adquieran los bienes por prescripción adquisitiva de dominio se torna imposible al valorarse únicamente el tiempo que los poseyó quien ejerce la acción tendiente a la usucapión, lo cual deviene en la necesidad de la existencia de la agregación de posesiones; y; finalmente, la figura en estudio es netamente facultativa bajo el entendido que la ley sustantiva establece que el poseedor podrá sumar la posesión de sus antecesores a la suya, lo que implica que éste por medio de un acto
4 La posesión en los términos consagrados en el artículo 762 del Código Civil es la tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor y dueño, es decir, requiere la convergencia del animus y el corpus sobre un objeto.
totalmente volitivo determinará si cuenta únicamente con el tiempo de su posesión o si pretende agregarle el período que otro ejerció bajo esta misma modalidad 5 . En providencia de 20 de mayo de 1987, respecto a la institución de la agregación de posesiones, expuso la Corte Suprema de Justicia que:
“Ha dicho la Corte, desarrollando el contenido de los artículos 778 y 2521 del Código Civil, que tales preceptos consagran dos reglas legales:… “es la primera la de que la posesión de una cosa principia para toda persona desde el instante en que ésta comienza a ejecutar o cumplir los hechos que la constituyen, y la otra consagra la facultad que a tal persona se otorga para poder agregar al tiempo de posesión el de su antecesor cuando la cosa ha sido poseída sucesivamente y sin interrupción, por dos o más personas; pero para usar de esta facultad es de rigor que quien la ejercita suceda a su antecesor en esa posesión a título universal o singular, es decir por herencia, venta, permuta, etc., y que además justifique la existencia de un título de las ya expresadas cualidades, pues de lo contrario los periodos de tiempo del sucesor y del antecesor quedarían desvinculados entre sí, por carecer de razón o causa determinantes del derecho de añadirlos o sumarlos entre sí.”” (G.J. CL XXXVIII, 242).
Para que la agregación de posesiones tenga lugar, es necesario que se cumplan ciertos
requisitos de carácter sustantivo, analizados tanto por la jurisprudencia como por la doctrina, los cuales pueden compendiarse de la siguiente manera:
1. Situaciones sucesivas e ininterrumpidas.
2. Identidad posesoria.
3. Presencia de título justificativo de la adquisición de las sucesivas posesiones.
Situaciones sucesivas e ininterrumpidas:
Las posesiones que se pretende sumar, ha dicho la Corte, han de ser sucesivas e
ininterrumpidas, es decir, las situaciones de las que se afirma entidad posesoria por un lado han de encontrarse encadenadas y por otro deben seguirse sin interrupción alguna. El carácter sucesivo de las situaciones con entidad posesoria repercute en que aquéllas han de encontrase encadenadas, es decir, la posesión del antecesor debe estar enlazada
a la del sucesor, se contrae a un requisito de orden cronológico que conlleva a que entre
antecesor y sucesor se presente una situación de continuidad e inmediatez sin la cual no
es dable la validez de la agregación de posesiones. De manera que si Juan pretende agregar a la suya la posesión ejercida por Pablo, entre Juan y Pablo debe presentarse una relación de sucesor y antecesor, respectivamente, inmediata, pues si resulta que la posesión la ejerció inicialmente Pablo, con
posterioridad Enrique y finalmente Juan, acaece un quebrantamiento dentro de la sucesión inmediata que se requiere entre los actos a los que se les endilga entidad posesoria, toda vez que si bien es cierto Juan y Pablo podrían considerarse como sucesor
y antecesor, correspondientemente, igualmente es innegable que dicha relación no es
5 Ver: Corte Suprema de Justicia. Sentencia de 5 de julio de 2007. Magistrado Ponente: Manuel Isidro Ardila Velásquez. Expediente 08001-007-1998-00358-01.
directamente sucesiva sino que se encuentra mediada por otro individuo, Enrique, lo que de suyo conlleva la improcedibilidad de la suma de posesiones pretendida. El segundo aspecto de la presente exigencia, el cual se encuentra íntimamente relacionado con el tópico de las situaciones sucesivas, es el de la ininterrupción que debe presentarse entre las posesiones que se pretenden agregar. El artículo 2522 del Código Civil establece de manera lógica que la posesión será ininterrumpida cuando no haya sufrido ninguna interrupción natural o civil, mostrándose como evidente que de prestarse una de dichas situaciones la adición de posesiones esta llamada a la improsperidad. Requisito sobre el cual se pronunció la Corte Suprema de Justicia en los siguientes términos:
“(…) debe tratarse de varias situaciones con entidad posesoria suficiente y contiguas entre sí, exigencia ésta que se despliega a su vez en dos sentidos distintos: uno que emerge del texto mismo del segundo inciso del artículo 778 del Código Civil cuando hace énfasis en que la procedencia de la acumulación reclama la existencia de un orden cronológico y sucesivo en las posesiones que se pretende unir; y el otro es que cada posesión debe seguir a la otra sin interrupción natural o civil, siendo de apuntar aquí que si la interrupción fue de la primera especie por haberse perdido la posesión al entrar otro en ella, las secuelas predicables de tal fenómeno desaparecen si el despojado recobra legalmente su posesión (arts. 792 y 2523 ibídem);” 6
Identidad posesoria:
Particularmente se refiere al bien sobre el cual recae la posesión, respecto al cual debe existir identidad en las posesiones que se pretenden sumar, baste para explicar este punto decir que no es dable, en el más absurdo de los casos, pretender sumar la posesión ejercida sobre un mueble a una detentada sobre un inmueble. Así mismo, si las posesiones a agregarse recaen sobre un bien inmueble, deberá comprobarse que el bien sea el mismo en las situaciones posesorias que se denuncian como antecesora y sucesora, en este caso teniendo en cuenta sus linderos y dimensiones, pues de no coincidir la intención sumatoria naufragará. Ahora, es claro que tratándose de un bien inmueble será dable aducir que no obstante el antecesor haber ejercido el derecho de posesión sobre un terreno de mayor extensión el sucesor lo ejerce en un espacio más reducido pero dentro del mismo terreno que aquél la tenía, sin que ello implique que no se cumple el requisito en comento, pues la identidad del bien se presenta por estar contenido el ahora poseído por quien pretende la sumatoria dentro del que con anterioridad poseyera el “antecesor”, lo anterior
6 Texto extraído de la Sentencia de enero 22 de 1993 proferida por la Sala de Casación Civil. Magistrado Ponente: Esteban Jaramillo Schloss. Expediente 3524
siempre y cuando sea posible establecer que se presenta la identidad posesoria, es decir, que la posesión se ha ejercido sobre el mismo bien. En cuanto al aspecto que se estudia, la Corte Suprema de Justicia en la jurisprudencia citada en precedencia consignó:
“Una segunda condición consiste en que las posesiones agregadas sean uniformes o idénticas en cuanto a su objeto, entre sí enteramente homogéneas, lo que conlleva a afirmar, por ejemplo, que no es admisible sumarle a la posesión sobre cosas corporales, aquella que recae sobre puros derechos (C.C., arts. 653, 664 y
776);”
Presencia de título justificativo de la adquisición de las sucesivas posesiones. Este tópico se refiere al vínculo jurídico mediante el cual se presenta la transferencia de los derechos posesorios entre el antecesor y sucesor de la tenencia sobre la cosa con ánimo de señor y dueño, obsérvese bien, derechos posesorios mas no dominio del bien poseído como erróneamente se interpreta en algunas ocasiones. Tal relación puede ser a título universal o singular. Este requisito buscar acreditar la cadena posesoria encontrándose notoriamente relacionado con la sucesión e ininterrupción de las posesiones que se pretenden adicionar y su falta conlleva a que los tiempos a acumular o incorporar se encuentren desprendidos o desligados entre sí siendo improcedente su sumatoria. Al respecto la jurisprudencia de enero 22 de 1993, ya citada expresa:
“(…) es indispensable la presencia de un título justificativo de la adquisición de las sucesivas posesiones, habida consideración que, en mérito de razones éticas obvias, los usurpadores no pueden sacar ventaja ninguna de la posesión que tenía la persona a quien despojaron, así como tampoco de la que ostentaron sus antecesores; “…en la prescripción extraordinaria –dice la Corte aludiendo a este punto específico- el
prescribiente puede unir a su posesión la de sus antecesores (
realidad es sucesor de las personas a quienes señala como antecesores, es decir debe acreditar la manera como pasó a él la posesión anterior, para que de esta suerte quede establecida la serie o cadena de posesiones, hasta cumplir los treinta años (hoy veinte de conformidad con el art. 1° de la L. 50/36). Y generalizando se puede afirmar que el prescribiente que junta a su posesión la de sus antecesores, ha de demostrar la serie de tales posesiones mediante la prueba de los respectivos traspasos, pues de lo contrario ”
quedarían sueltos y desvinculados los varios lapsos de posesión material pág. 695 y CLIX, pág. 357)”.
Debe anotarse que si bien inicialmente la Corte Suprema de Justicia reclamó la presencia de un título traslaticio de dominio para acreditar la suma de posesiones, posteriormente, como emerge de la jurisprudencia transcrita, solamente reclamó que se acreditara en debida forma el prescribiente cómo adquirió la posesión de su antecesor, lo que, se comenta, puede realizarse a través de cualquier medio probatorio, particularmente el testimonial. También se tiene dicho que en la agregación de posesiones se debe probar no sólo el tiempo poseído por quien impetra la prescripción adquisitiva, sino el de sus antecesores, pues sólo de esa manera se podrá demostrar que se ha ejercido la posesión por el tiempo que exige la ley.
pero entonces ha de probar que en
(G.J. T. XXXIX, pág. 20, LXVIII,
La jurisprudencia, en suma, ha expuesto que las condiciones para que opere esta agregación se pueden compendiar en: a) Que haya un título idóneo que vincule la posesión del antecesor con la del sucesor; b) Que antecesor y sucesor hayan ejercido la posesión de manera ininterrumpida y sucesiva, y c) que se haya producido la entrega la de la cosa, lo que de suyo descarta cualquier situación de hecho, verbi gracia, el apoderamiento forzado del bien, la usurpación, el despojo, etc.
6.1. Por otra parte, el artículo 778 del Código Civil en su inciso primero –in fine- precisa que en caso que se pretenda acceder a la sumatoria de posesiones el poseedor se apropia de la posesión que le antecedió incluyendo las calidades y vicios de ésta, quiero ello decir que quien pretende que el tiempo de posesión de su precursor se agregue al lapso que él ha ejercido podrá hacerlo, si están presentes los elementos estudiados precedentemente, mas en el caso que la posesión precedente sea de las denominadas irregulares, consecuencialmente, la suya, aún siendo regular, automáticamente adquirirá la calidad de la de su predecesor. Al efecto, se pueden presentar tres situaciones al momento de realizar la suma de posesiones observando la calidad y vicios de éstas, a saber:
“- Posesión regular más irregular = posesión irregular.
- Posesión regular más regular = posesión regular.
- Posesión irregular más posesión irregular = posesión irregular.” 7 .
Las variantes aludidas tienen su mayor repercusión en cuanto al tipo de prescripción que se ha de invocar al momento de entablarse la demanda, con miras a su prosperidad, pues como ya se anotó si la posesión es de naturaleza regular la prescripción que debe propenderse es la ordinaria, mientras que si la posesión es de carácter irregular la prescripción correspondiente será la extraordinaria 8 . Se concluye, entonces, que la agregación de las posesiones que preceden a la de quien pretende usucapir es facultativa de éste, pues como lo dice la norma la posesión empieza en él, solo que si hace uso de esa autorización legal también lo hace con las calidades y vicios de la posesión que une a la suya. 6.2. La adquisición de los derechos posesorios que ejerció el antecesor del actual poseedor, que no de dominio, sobre un bien, puede obtenerse por dos vías, a saber: a título universal a través de sucesión por causa de muerte o a título singular por acto entre vivos (venta, permuta, donación, etc.).
7 ACEVEDO PRADA, Luis Alfonso. ACEVEDO PRADA, Martha Isabel. Obra citada. Pág. 99.
8 Artículos 2528 y 2531 del Código Civil.
En tratándose de sucesión a título universal baste recordar que el heredero es el continuador de la personalidad del de cujus, por lo que éste tiene la misma posesión que detentaba el difunto, la cual continúa pura y simplemente en la persona de aquél. De manera que el deferirse la herencia constituye punto de apoyo suficiente para que el sucesor prosiga con la posesión que tenía su antecesor, y por ese camino logre adquirir
la cosa por prescripción.
A título singular se tiene que es una transferencia de los derechos derivados de la
posesión que traía el poseedor, que no la posesión misma, porque como anteladamente
se apuntaló esta es un hecho con consecuencias jurídicas, naturaleza que torna imposible su transmisión.
7. LAS PRESUNCIONES POSESORIAS.
El legislador desde antaño ha querido proteger a quien verdaderamente cumple con la
función social de la propiedad, y por ello ha establecido una serie de presunciones que operan a su favor, las que son efectivas mientras no se pruebe lo contrario en el procedimiento correspondiente. Entre ellas merecen destacarse:
a) De buena fe: Se presume que el poseedor cree honestamente tener derecho a poseer
b) De continuidad en la posesión: Cuando el poseedor actual prueba haber poseído en un
momento anterior, se presume que ha poseído de forma ininterrumpida durante todo el período intermedio, mientras no se pruebe lo contrario.
c) De título: Se presume que el poseedor tiene efectivamente un derecho que le autoriza para poseer. Esta presunción actúa en un doble sentido:
-A favor del propio poseedor, que no está obligado a justificar su posesión mientras no
pruebe que carece de derecho a poseer.
favor del tercero que adquiere un bien mueble con buena fe de quien aparece como
poseedor, confiando en la apariencia de titularidad que genera la posesión. En este caso, previsto por el art. 464 CC, la presunción de título no admite prueba en contrario,
y por tanto la protección del tercero adquirente es definitiva, consumándose en su favor una adquisición “a non domino”.
d) El poseedor que no tiene un derecho que justifique su posesión, puede llegar a adquirir ese derecho si esa situación se prolonga en el tiempo mediante la usucapión.
El Código de Procedimiento Civil, para hacer efectivo el derecho sustancial del poseedor, en su artículo 407 regló el denominado proceso de pertenencia, el que obviamente tiene por objeto la declaración de adquisición de dominio por el modo de la prescripción a favor de quien ha poseído por el tiempo y con los demás requisitos que exige la ley.
se tramita por el procedimiento ordinario de mayor
cuantía, sin tener en cuenta ésta, advirtiendo que existen procesos de pertenencia
Proceso que, por regla general,
De conformidad con el artículo 12 del Código de Procedimiento Civil es la jurisdicción residual, y actúa en la medida que el asunto no le esté asignado a otra especialidad. En ese orden de ideas le corresponde conocer de los procesos de pertenencia genéricos, y de los que recaen sobre bienes destinados a vivienda de interés social (por el procedimiento abreviado).
La especialidad agraria conoce de los procesos de pertenencia sobre predios agrarios, sólo que en la actualidad de ella conoce la especialidad civil.
Por la naturaleza del asunto (art. 16, No. 5 C. de P. C.), corresponde el proceso de pertenencia al juez civil del circuito, la que también se deriva para éste en el caso de la prescripción de predios agrarios, según el artículo 202 de la Ley 270 de 1996.
Por el factor territorial, conoce de manera privativa el juez del lugar donde se halle ubicado el bien, y si comprendiere varias jurisdicciones territoriales, el de cualquiera de ellas, a elección del demandante.
POSESION ENTRE COMUNEROS.
El antiguo Derecho Español incorporó la prohibición de usucapir entre comuneros, en
tanto decía que cada comunero poseía un bien común en todas y cada una de sus partes, pero no exclusivamente para sí, sino también a nombre de sus condueños, por lo que no se podía prescribir contra un comunero mientras no se reconociera su derecho pro indiviso. Postulado no acogido en el Código Chileno ni en el Código Colombiano. El legislador promulgó la ley 51 de 1943 e incorporó en el artículo 1º, de manera expresa, la prescripción entre comuneros, siempre y cuando se cumplieran ciertos requisitos. Ley precedente que fue derogada por el artículo 698 del Código de Procedimiento Civil, y se acopió en el numeral 1º del artículo 413 del mismo Estatuto Procedimental, que se encuentra legitimado para impetrar la declaración de pertenencia de un bien, quien pretenda haberlo adquirido por prescripción ordinaria o extraordinaria, para
seguidamente el inciso 3º establecer “Podrá también pedir la declaración de pertenencia el
comunero que con exclusión de los otros condueños y por el término de la prescripción extraordinaria, haya poseído materialmente el bien común o parte de él, siempre que su explotación económica no se haya producido por acuerdo con los demás comuneros o por disposición de autoridad judicial o del administrador
de la comunidad”. Preceptos que actualmente se encuentran establecidas en los numerales
y 3º del artículo 407 del Código de Procedimiento Civil.
como en líneas anteriores se anotó, la posesión material por el tiempo que
exige la ley, se encuentra fijada por la doctrina y la jurisprudencia como requisito sine qua non para adquirirse por prescripción adquisitiva de dominio un bien. Consecuencia de lo anterior es que la posesión material puede ser ejercida u
ostentada por una o varias personas, quienes concurriendo en la intención realizan actos materiales de aquellos a los que sólo da derecho el dominio, como los enunciados por el artículo 981 del Código Civil. 9 La Corte Suprema de Justicia ha dicho que:
la posesión del comunero apta para prescribir debe traducirse en hechos que revelen sin
equívoco alguno que los ejecutó a título individual, exclusivo, y que ella, por tanto, absolutamente nada tiene que ver con su condición de comunero y coposeedor. Pues arrancando el comunero de una coposesión que deviene ope legis, ha de ofrecer un cambio en las disposiciones mentales del detentador que sea
9 http://www.dmsjuridica.com/JURISPRUDENCIA/SALA_CIVIL/docs/2001/S-204-2001
manifiesto, de un significado que no admite duda; y que, en fin, ostente un perfil irrecusable en el sentido
de indicar que se trocó la coposesión legal en posesión exclusiva” 10 . Igualmente, sostuvo que “que la
comunidad también puede tener manifestación cabal en el hecho de la posesión, dando lugar al fenómeno
de la coposesión, caso en el cual lo natural es que la posesión se ejerza bien por todos los comuneros, o
por un administrador en nombre de todos, pero en todo caso, de modo compartido y no exclusivo, por
estar frente a una “posesión de comunero”. Desde luego, como con claridad lo ha advertido la
jurisprudencia, que tratándose de la “posesión de comunero” su utilidad es “pro indiviso”, es decir, para
la misma comunidad, porque para admitir la mutación de una “posesión de comunero” por la de poseedor
exclusivo, es necesario que el comunero ejerza una posesión personal, autónoma o independiente, y por
ende excluyente de la comunidad”. 11
Y de la jurisprudencia transcrita se observa que en tratándose de predios
indivisos, lo natural es que la posesión se ejerza por todos los comuneros o por un administrador en nombre de todos, pero de modo compartido y no exclusivo, en tanto se trata es de “posesión entre comuneros”. Pero en caso tal que un comunero ejerza la posesión de manera exclusiva, es decir, autónoma, independiente y excluyente de la comunidad, igualmente tiene
posibilidad de adquirir el bien, en tanto ostente las condiciones exigidas por
ley, por el término de la prescripción extraordinaria, siempre que desconozca
los derechos de los demás comuneros de origen, caso en el cual, “es indiscutible
que si puede realizarse el fenómeno de la prescripción adquisitiva, dado que el condueño poseedor
se considera exclusivo propietario de la cosa poseída; pero es indudable que tal caso de excepción
entraña sobre todo una cuestión de hecho, susceptible de ser demostrada plenamente en el
proceso por medio de elementos probatorios que evidencien tal situación especial en lo que atañe
al ánimo del comunero que demanda la adquisición del dominio por usucapión” 12 .
La Corte Suprema de Justicia precisó 3 situaciones que pueden darse con las personas vinculadas a la comunidad, como son:
“1º. Comunidad organizada y actuante. En ella los comuneros se reconocen como tales, se sabe exactamente su número, la cuota que a cada uno corresponde y el título en que la comunidad se funda. “2º. Comunidad sin propósitos manifiestos de solidaridad. En ésta, por el transcurso del tiempo, se ha perdido la cuenta del número de comuneros; ellos no conocen con exactitud la extensión indivisa de sus derechos y en la porción del fundo que poseen entra un criterio de aprovechamiento exclusivista. “3º. Desconocimiento total de la comunidad. Posesión pro suo. Aquí el comunero se olvida de su título y posee para sí, como único dueño, ignorando derechos ajenos sin interesarle quienes hacen parte de la comunidad, es decir, mostrándose extraño a su existencia. 13
La jurisprudencia ha admitido respecto del primer aparte, que es inaceptable que un comunero pueda alegar la prescripción contra los condueños, en tanto es
10 Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Civil. 27 de mayo de 1991 y 16 de marzo de 1998, Exp. 4990.
11 Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Civil. 29 de octubre de 2001, Exp. 5800.
12 Antología Jurisprudencias. Corte Suprema de Justicia. 1886 – 2006. Tomo I. Pág. 381. 13 13 Antología Jurisprudencias. Corte Suprema de Justicia. 1886 – 2006. Tomo I. Pág. 383.
una comunidad organizada que necesariamente genera derechos y obligaciones entre los mismos, y todos reconocen de todos el título que cada uno posee, el que es a nombre de la comunidad. De las comunidades sin solidaridad y desconocimiento total de la comunidad, se acepta la prescripción del comunero contra la colectividad, siempre y cuando posea el bien en las condiciones legales, en tanto no se afecta la colectividad por existir incertidumbre con respecto al número y origen de la misma y comportarse el interesado como dueño individual.
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