Source: https://esjusticiaquepido.wordpress.com/2015/08/
Timestamp: 2017-11-21 21:12:53
Document Index: 198406061

Matched Legal Cases: ['artículo 1089', 'artículo 1888', 'artículo 1887', 'artículo 1902', 'artículo 1887', 'in fine', 'artículo 1124', 'artículo 1089', 'artículo 1092', 'artículo 1902', 'artículo 1902', 'artículo 1903', 'Artículo 1905', 'Artículo 1906', 'artículo 109', 'in fine']

August 2015 – Iustiti@
El origen de la figura del cuasicontrato tiene ciertos perfiles difusos ( recordemos que se cree que tiene su origen en los comentaristas de la EM por un simple error de trasncripción).Se ha discutido su admisibilidad y su necesariedad, e incluso su utilidad.
Pero, ¿qué es un cuasicontrato?.
De nuevo ,el artículo 1089 CC, en cuanto a las fuentes de las obligaciones, señala que ” las obligaciones nacen de la ley, de los contratos, de los cuasicontratos, y de los actos y omisiones ilícitos en que intervenga cualquier género de culpa o negligencia”
El cuasicontrato es, pues, fuente de las obligaciones. El propio Libro IV del CC, en el artículo 1888 CC los define, y a continuación recoge y tipifica dos tipos de cuasicontratos: la gestión de negocios ajenos y el cobro ( o pago ) de lo indebido.
Antes de entrar en la definición y las clases de cuasicontratos, debemos hacer un pequeño inciso en la evolución histórica de esta figura para poder comprenderla.
Recordemos que en Derecho Romano, las obligaciones nacían ex contractu o ex delictu ( de los contratos o de los delitos). El jurisconsulto Gayo, sin embargo, amplió este binomio hacia una clasificación tripartita, entendiendo que había obligaciones que no nacían ni de un contrato ni de un delito, sino que se derivaban de otras causas, a las que denominó ( ex variis causarum figuris)
A los compiladores justinianeos se debe la conocida clasificación cuatrimembre de fuentes de las obligaciones. contractu, quasi ex contractu, delictu, quasi ex delictu.
Finalmente por una simple confusión de los intérpretes del Derecho Romano, se habló de cuasicontratos. De allí pasó al Código de Napoleón,y por influencia del Código Francés, a nuestro propio CC .
¿Tiene pues esta figura sentido en nuestro ordenamiento jurídico? Algunos autores la han criticado y señalan que lo que subyace en los cuasicontratos ( al menos en los nominados en el CC) es una idea de reparar un enriquecimiento injusto y que por tanto esta figura es superflúa e inútil.
Si observamos el derecho comparado, esta figura desaparece en la mayoría de ordenamientos jurídicos, o la sustituyen por otras figuras.
Sin embargo en nuestro ordenamiento jurídico ( por esa influencia del Derecho Francés que decíamos)el artículo 1887 CC define el cuasicontrato, estableciendo que ” son cuasicontratos los hechos lícitos y puramente voluntarios de los que resulta obligado su autor para con un tercero y a veces una obligación recíproca entre los interesados”.
De lo que se infiere, que son requisitos de los cuasicontratos:
la existencia de un hecho voluntario, es decir, de un acto humano capaz de generar obligaciones.
que tal acto sea lícito, pues si fuera ilícito sería aplicable el artículo 1902 del CC y se generarían orto tipo de obligaciones
que tales actos lícitos y voluntarios no sean consecuencia de una acuerdo previo, que generaría otro tipo de obligaciones.
también señala el artículo 1887 in fine, que a veces nace de una obligación recíproca entre los interesados, pero no en el sentido del artículo 1124 del Cc.
Como señalábamos anteriormente, nuestro CC, nomina dos tipos de cuasicontratos. la gestión de negocios ajenos y el cobro de lo indebido.
Como ha señalado la doctrina, ello no quiere decir que no existan otos tipos de cuasicontratos innominaos ( que respondan a la definición del 1887 CC y que reúnan los requisitos anteriormente señalados), si bien el propio TS ha prevenido sobre su extensión y ha advertido que una interpretación demasiado extensiva en cuanto a su admisibilidad llevaría a calificar de cuasicontratos a la mayoría de actos voluntarios y lícitos. Además, como ha reiterado en numerosa jurisprudencia,, en todo cuasicontrato late la idea de enriquecimiento injusto.
Posted on August 30, 2015 September 1, 2015 by Miriam Guardiola Salmerón Posted in Uncategorized	Leave a comment
La responsabilidad aquiliana
Consagra el archiconocido artículo 1089 CC las fuentes de las obligaciones en nuestro ordenamiento jurídico, señalando que las “obligaciones nacen de la ley, de los contratos y cuasicontratos y de los actos y omisiones ilícitos en que intervenga cualquier género de culpa y negligencia”.
Centrándonos en el último inciso, y dejando a un lado la responsabilidad nacida de la ley, de los contratos y de los cuasicontatos, haremos un breve análisis de aquellos actos derivados de actos y omisiones ilícitos. Dentro de los mismos, a su vez, tradicionalmente se ha distinguido entre ilícitos penales, cuya responsabilidad se regirá por lo dispuesto en el CP ( artículo 1092 CC,establece que las obligaciones civiles que nazcan de delitos o faltas ( actualmente delitos leves tras la reforma del CP), se regirán por las disposiciones del CP) e ilícitos civiles , que se regirán por lo dispuesto en el CC, y concretamente por los artículos 1902 y ss CC( aquellos derivados de actos y omisiones en que intervenga cualquier culpa y negligencia no penadas por la Ley, que quedarán sometidos a la disposiciones del Capitulo II, del Título XVI, del Libro IV).
El origen del nombre de la responsabilidad ” aquiliana” ( también conocida como responsabilidad extracontractual) debemos buscarlo en Roma y más concretamente en la Lex Aquilia.
Podemos definir la responsabilidad extracontractual como aquella derivada de la producción de un daño a una persona sin que exista una previa relación contractual y que tiene su fundamento en el llamado neminem laedere o el deber universal de no dañar y abstenerse de lesionar a los demás.
Son aquellas obligaciones que pueden nacer de una relación entre dos personas , que no se encuentran previamente unidas por vínculo contractual alguno, como consecuencia de actos u omisiones no penados por la Ley, y que son imputables a una de ellas a título de culpa o negligencia que producen daños en los derechos personales o patrimoniales de la otra, y que como consecuencia de los mismos producen una obligación de indemnizar o resarcir el daño causado.
Nuestro CC sigue un sistema de responsabilidad subjetiva, basado en la actuación culposa o dolosa del agente ( artículo 1902 CC al que luego me referiré). Si bien esta responsabilidad ” subjetiva” se ha matizado , y podemos encontrar tanto fuera como dentro del propio CC diferentes manifestaciones de responsabilidad objetiva.
El CC distingue en materia de responsabilidad extracontractual: responsabilidad por hechos propios, ajenos y por daños causados por animales o cosas inanimadas.
En cuanto a la responsabilidad por hechos propios.
El artículo 1902 CC establece que “ el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”
Exige como requisitos:
1.una acción u omisión La acción puede ser positiva ( facere) o negativa-omitiva (non facere), ilícita .
2.Daño. Debe ser un daño efectivo, cierto y existente. El daño puede ser material o moral ( hoy la doctrina y la jurisprudencia no deja duda alguna del deber de resarcir por daños morales, véase la conocida STC 6 de Diciembre de 1912).
3.- relación de causalidad entre la acción u omisión y el daño. no entraremos aquí en posturas doctrinales y jurisprudenciales relativas a la prueba, ni a las numerosas teorías relativas a la causalidad de las mismas. Bastará con acreditar ese nexo causal.
4. culpa. Sin perjuicio de la objetivación de la responsabilidad extracontractual llevada a cabo por la propia jurisprudencia, y de los numerosos supuesto de responsabilidad objetiva tanto dentro como fuera del CC ( que ha llevado a muchos autores a hablar de responsabilidad cuasi objetiva), lo cierto, es que sin abandonar el clásico principio de responsabilidad por culpa o responsabilidad subjetiva, se sgiue respondiendo por actos culpables.
Responsabilidad por hechos ajenos.
El fundamento de esta responsabilidad por hechos ajenos es la presunción de culpa, que puede consistir en una falta de vigilancia ( culpa in vigilando) o en una desacertada elección ( culpa in eligendo).
Señala el artículo 1903 Cc : “La obligación que impone el artículo anterior es exigible, no sólo por los actos u omisiones propios, sino por los de aquellas personas de quienes se debe responder.
La responsabilidad de que trata este artículo cesará cuando las personas en él mencionadas prueben que emplearon toda la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño”
Artículo 1905 Cc “El poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causare, aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará esta responsabilidad en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido”.
Artículo 1906 CC “El poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causare, aunque se le escape o extravíe. Sólo cesará esta responsabilidad en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa del que lo hubiese sufrido”.
Responsabilidad por daños causados por cosas inanimadas.
Están recogidas en los artículos 1907 y ss del CC, ( artículos 1907-1910) y recogen diversos supuestos como la responsabilidad por ruina de los edificios, responsabilidad por actividades industriales de carácter nocivo o peligroso y responsabilidad por las cosas arrojadas desde una casa.
Posted on August 30, 2015 August 30, 2015 by Miriam Guardiola Salmerón Posted in Uncategorized	Leave a comment
MR & MRS SMITH, NO THANKS
Ubi tu Cayus, ibi ego Caya
“Donde tú eres Cayo, yo soy Caya”
( Palabras rituales en una típica ceremonia romana que la esposa decía al marido)
MR & MRS SMITH, NO THANKS.
A propósito de un interesante caso que estudiamos hace relativamente poco sobre un expediente de Derecho Internacional en materia de apellidos, ha surgido una cuestión que los que me conocen sabrán de sobra que me apasiona: el tema de los apellidos en el DIPriv * y más concretamente el tema de los apellidos de la mujer ( y su “conservación”) tras contraer matrimonio.
Siempre me ha enorgullecido pertenecer a uno de los pocos países en los que : 1. los hijos conservan el apellido paterno y materno ( sí, el de los dos) y 2.- la mujer no sólo “puede” conservar su apellido de “soltera”, sino que de hecho conserva sus apellidos tras contraer matrimonio.
Recordemos también , que hasta hace relativamente poco, el orden de transmisión de apellidos a los hijos era el siguiente: el apellido paterno primero , y el materno segundo. Sólo hasta hace escasos años, se modificó el artículado del CC* ( artículo 109.2 CC y remisión in fine a la LRC) y la consiguiente LRC, para establecer que el orden de transmisión de los apellidos a los hijos sería el libremente pactado por los progenitores, y sólo en defecto de acuerdo, primero el del padre y después el de la madre. Esta cuestión , que a muchos les parecerá insignificante y baladí, encierra y denota el peso de una tradición patriarcal fuertemente enraizada en nuestra cultura y sociedad.
No obstante, si comparamos la situación del apellido de la mujer con otros derechos comparados, comprendemos que nuestro derecho es un caso aislado en cuanto a a la conservación del apellido de la mujer se refiere. Esta conservación de los apellidos maternos me gusta especialmente, porque indica origen familiar, pero sobre todo porque permite a la mujer realmente conservar su identidad. Creo recordar, que en España se cree que los orígenes remotos de esta tradición de conservar el apellido materno, procede de pueblos germánicos, donde la figura de la mujer tenía especial relevancia y el sistema patriarcal no estaba tan fuertemente arraigado como en los países de tradición latina.
En Derecho Romano, por poner sólo un ejemplo, donde la figura del pater familias estaba sólidamente implantada, y donde la mujer pasaba de la “tutela” y autoridad de un hombre a otro ( de padre a esposo, de esposo a hijo), la pérdida de identidad estaba más que patente al contraer matrimonio. Incluso en forma de ritual, se decía tras la ceremonia del matrimonio una sentencia muy plástica que en seguida va a ilustrar el caso: “Donde tú Cayo , yo Caya”. Bonito y romántico, ¿verdad?, disculpen si no se me saltan las lágrimas. Mejor, “cáyense” los dos por favor y gracias ( me van a permitir el juego de palabras, y la patada al diccionario pero no he podido resistirme).Obviamente el matrimonio era un contrato, y la mujer no más que un objeto. Pero la cosificación de la mujer y la pérdida ( si es que alguna vez la tuvo) de identidad hasta en el nombre se perpetuó históricamente, y la pérdida del apellido de la mujer al contraer matrimonio no es más que un reflejo del peso de la tradición.
Psicólogos y sociólogos de reconocido prestigio, han observado que la pérdida del apellido de “soltera” y la adopción del apellido del marido ( en algunos países de latinoamérica se habla de “Señora de “) denota una fuerte dependencia emocional, afectiva y económica ( yo añadiría incluso psicológica).Gesto que se interpreta como una forma de perpetuar prácticas machistas arcaicas que fomentan la idea de que la mujer es propiedad del hombre; como un símbolo del poder masculino sobre el femenino, o lo que es peor, una pérdida de identidad y un traspaso de poder de la familia al marido, como si la mujer no pudiera valerse por sí misma o emanciparse.
Me ha parecido interesante abordar un poco el derecho comparado y observar cuáles son las prácticas habituales en el resto del mundo.Os dejo algunas notas interesantes:
En Reino Unido y EEUU, por ejemplo, la mujer puede optar por conservar su apellido o adoptar el de su marido (aunque en la práctica, y por una tradición fuertemente arraigada, casi el 90% de las mujeres conserva su apellido y sólo en muy contados casos es el marido el que adopta el apellido de la mujer)
Lo mismo ocurre en Sudamérica, donde es habitual habla de ” Señora de ” , adoptando el apellido del marido., puesto que lo contrario sería un uso socialmente ( o políticamente) incorrecto.
En Alemania, tradicionalmente cuando una mujer se casaba, cambiaba su apellido por el del marido. Actualmente, puede mantener su apellido de soltera, cambiarlo por el del marido o que el marido adopte el de la mujer al contraer matrimonio. A pesar de ello, el peso de la tradición se impone, y más del 80% de mujeres adopta el del marido.
Según fuentes consultadas, ésta parece ser también la tónica dominante en la mayoría de países europeos:
“En Francia la mujer obtuvo hace relativamente poco, el derecho de poner sus apellidos a sus hijos.
Las italianas estaban en una situación parecida hasta que un movimiento social pidió un cambio. La solución fue salomónica: uso opcional de los dos apellidos en el orden que se deseara.
En Bélgica también se utiliza un solo apellido que, por herencia del Código Napoleónico, es el del padre. No obstante, existe la posibilidad de que una mujer -una madre soltera, por ejemplo- inscriba a su hijo con su propio apellido.
En Luxemburgo y Austria, los hijos adoptan el nombre familiar que hayan elegido los padres al contraer matrimonio, pero también existe la opción de que ambos acuerden usar el apellido de uno de ellos o los dos unidos por un guión.
En Rumanía, salvo expreso deseo de la esposa, la mujer pierde su apellido para adoptar el del marido.”
En los países de habla árabe:las mujeres mantienen desde su nacimiento sus nombres familiares y no lo cambian por los de la familia de su esposo ( ¿curioso? ¿se sorprenden como yo?). Esto es también una práctica muy común que las mujeres musulmanas de todo el mundo, a excepción de las mujeres musulmanas del sur de Asia, que tomen un nombre doble o adoptan el de su marido. En algunos matrimonios del Medio Oriente, sin embargo, la mujer adopta el apellido del marido (especialmente en las familias cristianas)”
A pesar de la evidente evolución tendente a la libre elección de la mujer para conservar su apellido de soltera o no, el peso de la tradición se impone, y en la mayoría de casos se opta por ” perder ” el propio apellido a favor del del esposo ( práctica que todavía sigue siendo común en Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Gibraltar, India, Irlanda, EEUU, y ciertas provincias de habla no inglesa en Canadá).
El caso de Escocia merece mención aparte, puesto que parece ser que hasta el siglo XX las mujeres casadas conservaban su nombre de soltera. Sin embargo, actualmente la práctica de cambiar su apellido por el de la familia del esposo es la norma.
Hemos dejado para el final un caso relativamente reciente que de seguro les sonará: el de la presitigiosa abogada experta en Derecho Internacional y Derechos Humanos: Amal Alamuddin , que optó por pasar de ser “Amal Alamuddin” a Sra Clooney tras contraer matrimonio.
Y Uds.¿¿qué opinan??
“Donde tú seas lamado Cayo, yo seré llamada Caya”, y tan felices.
*( ¿recuerdan del famoso y controvertido caso del niño Leohnard Mathías Grunkin- Paul, de nacionalidad alemana, nacido en Dinamarca , inscrito en el Regristro danés como Grunkin- Paul, en contra el BGB que exigía un sólo apellido?? seguro que sí)
Vía CC http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/cc.l1t5.html
Posted on August 22, 2015 August 22, 2015 by Miriam Guardiola Salmerón Posted in apellidos, civil, conservación del apellido de la mujer al contraer matrimonio, derecho, familia, jurídico	Tagged apellidos, CC, civil, derecho, familia, mujer casada	Leave a comment
Les dejo mi artículo en la Sección Jurídica de QAH, sobre la venta de cosa ajena. A continuación paso a reproducir el mismo.
Mucho se ha discutido doctrinalmente sobre la aceptación o no de la venta de cosa ajena en nuestro ordenamiento jurídico. A continuación pasaremos a elaborar un breve examen sobre su admisibilidad, los supuestos y casos más destacados y sus consecuencias jurídicas.
En primer lugar analizaremos su admisibilidad desde el punto de vista histórico y del Derecho Comparado:
.-En el Derecho Romano, se aceptaba, pues se consideraba que era un contrato meramente obligacional.
.-En el Derecho comparado, como el alemán se admite, a pesar de que el vendedor debe transmitir la propiedad, mientras que en el derecho francés, no se admite y se considera nula.
En España, en cambio, se ha discutido mucho su admisibilidad. Veamos su evolución histórica:
Los primeros comentaristas la negaban, entendiendo en algunos casos que era nula, o anulable.
La doctrina moderna, sin embargo, se decanta por su aceptación, pues entiende que el contrato de compraventa es consensual y obligacional (entre otros autores Castán, Roca Sastre), y además el vendedor puede llegar a adquirir la cosa ajena posteriormente y entregarla al comprador, consumándose el contrato.
En cuanto a la jurisprudencia, aunque el TS ha sido fluctuante, ha acabado por determinar su validez, por el carácter consensual, y obligacional del contrato, sin más límite que el dolo del vendedor, en cuyo caso entiende que estamos ante un caso de anulabilidad.
Una vez admitida esta figura en nuestro derecho, pasaremos a analizar los supuestos de venta de cosa ajena:
– Si ambos lo ignoran, se entiende válida. (Si el vendedor tiene la cosa en su poder, y la transmite, el comprador puede adquirir por usucapión , y si es despojado ejercitar acción de saneamiento por evicción. Si el vendedor no tiene la cosa en su poder, podrá adquirirla por cualquier medio legítimo y entregarla o a falta de esto, podrá el comprador resolver el contrato, con indemnización)
– Si sólo conocía la venta de cosa ajena en vendedor, se entiende válida también. El vendedor podrá adquirirla por cualquier medio legítimo y entregarla, o a falta de esto, podrá el comprador ejercitar acción de anulabilidad por dolo.
–Conociéndolo sólo el comprador. Será válida. El vendedor podrá adquirirla por cualquier medio legítimo y entregarla, o a falta de esto, podrá el comprador resolver el contrato.
–Conociéndolo ambos. Se entiende válida, es compraventa condicionada a que el comprador adquiera la propiedad de la cosa.
Finalizaremos nuestro análisis de esta figura con casos ( frecuentes) de venta de cosas en parte propias y en parte ajenas:
–Venta realizada por el cónyuge viudo o divorciado de bienes de la sociedad de gananciales disuelta pero no liquidada. Será válida entre las partes, sin afectar a los herederos del cónyuge premuerto o al excónyuge divorciado , que podrán impugnarla. Ratificada si en la liquidación se le atribuye el bien.
– Venta realizada por un coheredero de bienes de la herencia pendientes de partición. Se entiende que es una venta nula.
–Venta realizada por uno de los copropietarios de todo o parte de su cuota antes de la disolución de la cosa común. El TS la considera nula.
Más información| Código civil
http://queaprendemoshoy.com/la-venta-de-cosa-ajena/
Posted on August 19, 2015 August 19, 2015 by Miriam Guardiola Salmerón Posted in Uncategorized	Leave a comment