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Timestamp: 2018-05-22 08:17:26
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Matched Legal Cases: ['Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 7', 'artículo 12', 'ARTÍCULO 1', 'ARTÍCULO 2', 'ARTÍCULO 3', 'ARTÍCULO 4', 'ARTÍCULO 5', 'ARTÍCULO 6']

Proyecto de Acuerdo 11 de 2004 Concejo de Bogotá D.C.
PROYECTO DE ACUERDO 011 DE 2004
"POR EL CUAL SE ESTABLECE EL FESTIVAL DE LA CHICHA, LA VIDA Y LA DICHA DE LA PERSEVERANCIA COMO PATRIMONIO CULTURAL DE BOGOTA"
BOGOTA D.C., ENERO 1 DE 2004
Ver el Acuerdo Distrital 121 de 2004
En un contexto difícil y a veces desesperanzador de secularismo en el cual se observan de manera cotidiana comportamientos unívocos frente a las reglas mínimas de convivencia social, es importante identificar elementos propios que permitan la consolidación de sanas conductas basadas en especial en tradiciones familiares que recrean, a la vez que construyen códigos de respeto y unidad. Y es en este orden de ideas que cobra vital importancia el ir más allá de la simple y en ocasiones, ineficaz regulación normativa, y a utilizar dicha herramienta en procura de la creación de espacios, y el reconocimiento de los valores culturales como vehículo "natural" para la fijación de límites sociales que no son de carácter impositivo, y que de hecho son más efectivos que la prohibición exterior al individuo.
La Constitución Política reconoce en la pluralidad y diversidad de los habitantes del territorio, elementos contaminantes del fortalecimiento de la Unidad Nacional, la cual no se concibe exclusivamente en su aspecto físico. El Estado, ha de reconocer y proteger la diversidad tanto étnica como cultural de sus pobladores.1 Dicho reconocimiento implica actividades de promoción y defensa de aquellas costumbres, hábitos y manifestaciones populares que contribuyen al fortalecimiento de valores propios de una sociedad que pretende basar su "razón de ser" en el respeto por la dignidad humana, el aseguramiento de la "convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo".
Los últimos cuarenta años para la ciudad, han representado una fuerte avalancha de cambios tanto de carácter poblacional, como en aspectos mismos de convivencia. La influencia de nuevas tecnologías, los fuertes cambios en los esquemas de producción, la creación continua de espacios físicos y espacios no planificados ni controlados, han contribuido de manera recia a aumentar esa "trama cultural urbana heterogénea"2. En ella se conjugan e interactúan diferentes formas de pensamiento y cosmovisiones que se armonizan a través de códigos normativos y sociales construidos y fortalecidos, especialmente por medio de la necesaria intercomunicación, producto del día a día.
Con esta rápida y escueta imagen, pretendo llamar la atención sobre el deber que tiene la Corporación, de reconocer y contribuir a la recuperación de elementos propios de la cultura tradicional de los pobladores de la Capital, con miras a fortalecer su identidad como ciudadanos de Bogotá, orgullosos de sus raíces históricas, y con valores que les permitan marcar diferencias y consolidar su compromiso con la ciudad en sí, sino también frente a otras regiones y ciudades tanto de Colombia como del exterior.
La tendencia generalizada en nuestro país es asociar la cultura con los monumentos históricos, deslindándola del componente costumbrista en el cual se reflejan comportamientos de conjunto, que son los que dan muestra de las formas de pensamiento, idiosincrasia de quienes comparten no solo territorialmente un espacio, sino psíquica y socialmente.
EL FESTIVAL DE LA CHICHA, LA VIDA Y LA DICHA3
"Además, la noche de los faroles, de los pregoneros, del fuego, de las danzas ancestrales y de las memorias y leyendas son espectáculos de primera línea que se incluyen en el itinerario de esta semana cultural."4
Desde hace tres años con el nacimiento de un proyecto de vida y conservación de las costumbres las Administraciones locales han hecho presencia a través de los Fondos de Desarrollo Local.
En sus períodos presidenciales los doctores Mariano Ospina Pérez y el Ex ministro de Higiene Jorge Bejarano sean los únicos que no estén de acuerdo con el evento y se revuelquen en la tumba. Ya que estos en su papel de autoridades sancionaron el decreto que prohibía el consumo de Chicha por su efecto violento y perjudicial para la salud.
Medio siglo después de que se prohibiera la chicha, en la perseverancia se vuelve a recuperar la tradición de chicha, cuento e historia.
En el segundo domingo de octubre todo está listo para que comience la fiesta. Los niños de los colegios preparan sus comparsas, los grupos de teatro sus funciones y los amigos de los ajeno se olvidan de su profesión. Se hace un repaso por los 36 puestos instalados, se desayuna y se da inicio al festival.
La chicha se vende por $500, cualquiera que sea, una siete granos, a base de arveja, fríjol, maíz, cebada, trigo, lenteja y garbanzo.
Hacía el mediodía los puestos de alimentos se saturan, los comensales encuentran platos típicos como mazamorra, cocido, huesos de marrano, puchero, cuchuco con espinazo, sobrebarriga, ajiaco, pelanga o fritanga y tal vez están listos para probar la chicha morada directamente del Perú.
Al son del contrapunteo, el torbellino, la carrilera y la guabina chiquinquireña se penden los bailes. Con el atardecer comienzan los juegos pirotécnicos y se preparan las comparsas de las vacas locas y el Dios Fu.
Hacia las ocho de la noche con la quemada de los Dioses y la instalación de la estatua de maíz, se da por terminado el evento. Un litro y medio de cerveza y la fiesta se traslada a las casas que algún día fueron chicherias clandestinas.
LA PERSEVERANCIA5
A mediadas del siglo XVI los frailes de la orden de San Francisco se establecieron en Santafé. Años después, en 1606, decidieron fundar un convento de recoletos para lo cual necesitaban un lugar tranquilo y retirado de la ciudad; fue entonces cuando compraron, por un mil cien pesos fuertes, la Burburata, un campo ubicado hacia el norte de Santafé, de propiedad de don Antonio Maldonado de Mendoza en donde construyeron el convento de San Diego y su iglesia; el resto de los terrenos lo dedicaron al cultivo de huertos.
Dos siglos después, en el año de 1861, el gobierno del General Mosquera emite un decreto de desamortización de bienes de manos muertas, mediante el cual pasaron a manos del Estado, para ser rematados, todos los bienes de la Iglesia que se había convertido en la mayor propietaria de finca raíz de la ciudad. Fue así como los bienes de diez conventos y monasterios entre los que se hallaba la Recoleta de San Diego, pasaron a ser propiedad del Estado.
El 21 de octubre de 1873, el gobierno, a través de su Agente General de Bienes Desamortizados, señor Julián Herrera, entregó a Lorenzo María Lozano, miembro de la Junta General de Beneficencia, y a Gregorio Pereira, Síndico del Asilo de Indigentes Varones, los terrenos denominados Alto y Bajo de San Diego, que habían pertenecido al Convento del mismo nombre. De esta entrega el gobierno exceptuó cuatro hectáreas para construir el Panóptico y un pequeño lote denominado Los Borracheros.
El Alto de San Diego se extendía desde lo que hoy conocemos como el Parque de la Independencia y el barrio Bosque Izquierdo por el sur, hasta llegar a la Quinta del Río del Arzobispo por el norte y al río del mismo nombre por el oriente.
Hacia el nor-occidente de las tierras que fueron del Convento, se levantaba una casa con una tienda de chichería, propiedad del sargento José María Prieto y su esposa Catarina Rojas; al morir José María, su señora vendió la propiedad desencadenándose una serie de ventas que, finalmente, con otros terrenos, conformarían los tres bloques principales sobre los cuales se vendría a levantar la fábrica de cerveza Bavaria.
Finalizando el año de 1889 la Sociedad Fergusson Noguera y Compañía adquirió también unos terrenos que durante los siguientes años fue vendiendo a distintos compradores. Entre ellos se encontraban Leo S. Kopp y los hermanos Daniel y Friolán Vega. Kopp adquirió un globo de 200 varas cuadradas en 1894, mientras los hermanos Vega, el 16 de octubre de 1896, se hicieron a lo que restaba del terreno inicial de Alto de San Diego, ubicado en lo que era por aquel entonces el barrio de Las Nieves. La compra incluyó el horno, casas, mejoras, maquinarias, vehículos, semovientes, herramientas útiles y demás enseres existentes. La venta se llevó a cabo por 40 mil pesos, a ser cancelados en cuatro contados anuales de diez mil.
Entre los terrenos de propiedad de Kopp y los terrenos de los hermanos Vega, se estableció una relación definitiva que se materializaría en el nacimiento de un nuevo barrio. Mientras la exótica industria de Kopp, la Cervecería Alemana Bavaria, atraía una masa enorme de mano de obra que, una vez colocada, añoraba establecerse con sus familias cerca de la fábrica -para la época el lugar era alejado de la ciudad y no existían los recursos de movilización de hoy-, casi paralelamente los Vega parcelaban una parte de sus propiedades en 916 lotes de 32 metros cuadrados cada uno y comenzaban a venderlos a quienes serían los fundadores del barrio, ubicado en una esquina de su finca ahora denominada Perseverancia.
El costo promedio de los lotes era de 35 pesos, tenían una extensión de 4.30 metros de frente por ocho metros de fondo y su compra era formalizada con escritura y ante notario. En las escrituras quedaba estipulada la manzana donde se encontraba el terreno con una letra del abecedario y el lote con un número. Precisiones sobre la construcción, pavimentación de frente, desagües y hasta la siembra de un árbol, eran incluidas en estos papeles.
Entre los pioneros se contaba con antiguos habitantes de barrios como Belén o Egipto que lograban estabilizarse laboralmente en Bavaria. De esta forma, el siete de marzo de 1912, nació el Unión Obrera. Como el área total del barrio era de diez fanegadas, por disposición municipal le correspondió un espacio libre de 10 mil metros cuadrados, que se inauguró el primero de mayo de 1914 con el nombre de Plaza del Trabajo, en cuyo centro se colocó la primera piedra del Monumento al Trabajo, ante más de dos mil personas.
UN BARRIO DE BAVARIUNOS Y CHICHERÍAS
Todos los obreros pioneros de Bavaria recuerdan a Leo Kopp con gratitud y cariño; él, para estimular a sus obreros y por supuesto a la empresa, les ayudaba en la compra del lote y en la construcción de las casas.
La Perseverancia nació pues con el sello de Bavaria. El barrio era conocido por sus gentes trabajadoras, la mayoría de las cuales laboraba directamente en la fábrica en la producción de la cerveza, o indirectamente en la confección de capachos, labor en la que participaban incluso los niños.
De tal importancia llegó a ser esta actividad, que por aquellos días hizo carrera un dicho que decía: "En la Perse, donde en el día se hacen capachos y en la noche muchachos". El capacho se hacía de junco para proteger el envase de la cerveza, la que era transportada en burros o en petacas amarradas, a diferentes sitios y pueblos.
En casi todas las casas de La Perseverancia se expendían bebidas alcohólicas: chicha, guarapo, aguardiente y cerveza. La lista de fábricas de chicha es larga, entre las más reconocidas estaban La Victoria, La Campana, Las Múcuras y Los Patos. Sin embargo, hubo otros lugares como Tres Esquinas, La Cubana e infinidad de tiendas, comederos y bailaderos en donde también se vendía y consumía. Al contrario de lo que podría pensarse, la chicha y no la cerveza fue la reina de las bebidas entre los perseveranciunos.
La chicha era una profesión de fábricas; en el barrio había varias y hasta el doctor López Pumarejo tenía la suya. La chicha se trasladaba en burros y se dejaba en cada tienda y en cada casa. Había también una tienda especializada en vender pita, que venía de Las Cruces empacada en botellas champañeras tapadas con una tuza; eso se destapaba igual a como se destapa la champaña y era deliciosa."
La base para preparar la Chicha es el maíz y la miel de caña. Las mujeres expertas en la fabricación lo preparan con varios días de anticipación para que la bebida adquiera el adecuado sabor y fermento.
La preparación inicia al tomar el maíz y partirlo muy bien para luego dejarse en remojo durante ocho o quince días. Días después se saca y se cuenta y se vuelve y se muele pero que quede ya bien suavecita la masa. Nuevamente se cuela y se pone a cocinar la masa como para hacer mazamorra. Luego se baja quietica por unos ocho días. Entonces se vuelve a rebullir y si está muy espesa se le agrega agua fría para que aclare; lo mismo si le falta miel. Hasta quedar listo para tomar.
Art. 7. El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.
"Artículo 4º.- Definición de patrimonio cultural de la Nación. El patrimonio cultural de la Nación está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico museológico, antropológico y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular.
Las disposiciones de la presente ley y de su futura reglamentación serán aplicadas a los bienes y categorías de bienes que siendo parte del Patrimonio Cultural de la Nación pertenecientes a las épocas prehispánicas, de la Colonia, la Independencia, la República y la Contemporánea..."
"Artículo 5º.- Objetivos de la política estatal en relación con cl patrimonio cultural de la Nación. La política estatal en lo referente al patrimonio cultural de la Nación, tendrá como objetivos principales la protección, la conservación, la rehabilitación y la divulgación de dicho patrimonio, con el propósito de que éste sirva de testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro."
Estas razones me impulsan desde un punto de vista cultural, histórico y jurídico a someter el presente proyecto de Acuerdo a consideración de la Corporación.
1 Constitución Política. Artículo 7.
2 La ciudad observada. "Un nuevo mapa cultural" Pág. 3.
3 Basado en el reportaje de la Hoja de Bogotá. Diciembre de 2003.
4 La Hoja. Diciembre 2003. Pág. 25
5 Por la calle 32. Historia de un Barrio. Esculpiendo La Greda.
PROYECTO DE ACUERDO _ DE 2004
En uso de sus atribuciones constitucionales y legales, y en especial las conferidas por el Decreto Ley 1421 de 1993 en su artículo 12 numeral 13.
ARTÍCULO 1o.- Declarar como patrimonio cultural el «Festival de la Chicha, la vida y la dicha del barrio la Perseverancia», a realizarse en el mes de octubre de cada año para conmemorar las tradiciones culturales de Bogotá y mantener las tradiciones Cundiboyacenses.
ARTÍCULO 2o.- Vincular de manera activa a los habitantes del sector de la Perseverancias, los colindantes a estas y a todos los habitantes de la ciudad a través de invitaciones que realice el Gobierno Distrital por medio de los medios de comunicación pertinentes.
ARTÍCULO 3o.- La Administración Distrital prestara su apoyo a las distintas manifestaciones del festival.
PARÁGRAFO. La Alcaldía Mayor expedirá el reglamento interno de dichas ferias del libro callejeras.
ARTÍCULO 4o.- La organización y realización de las actividades y eventos culturales que se lleven a cabo con ocasión de la Chicha, la Vida y la Dicha, contarán con el apoyo del Instituto Distrital de Cultura y Turismo.
ARTÍCULO 5o.- El uso del espacio público para la realización de la feria se someterá a lo establecido en las normas vigentes sobre la materia.
ARTÍCULO 6o.- El presente Acuerdo rige a partir de la fecha de su publicación.