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Timestamp: 2020-07-04 13:55:59
Document Index: 270514624

Matched Legal Cases: ['artículo 38', 'artículo 20', 'artículo 79', 'artículo 123', 'artículo 5', 'Artículo 20', 'Artículo 38', 'Artículo 79', 'e contrario']

El Tribunal Constitucional alemán: ¿el sepulturero de la Unión Europea? - Hay Derecho
El Tribunal Constitucional alemán: ¿el sepulturero de la Unión Europea?
9 mayo, 2020 /42 Comentarios/en Blog /por José Eugenio Soriano García
Fin de una época de sosiego impuesto por el Tribunal de Justicia.
El 9 de mayo de 1950, hace exactamente 70 años, el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia Robert Schuman, en el magnífico salón de l’Horloge del Quaid’Orsay, realizó la declaración que lleva su nombre y que constituye el acta de nacimiento de lo que andando el tiempo vino a ser la hoy conocida como Unión Europea.
Ahora, con la precisión germánica que tan a gala llevan los alemanes, su Tribunal Constitucional, “celebra ese aniversario” haciendo saltar por los aires el pilar fundamental de la Unión, constituido por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea al que no solo desobedece, sino que denigra acusándole de arbitrario públicamente.
La declaración Schuman fue una declaración de paz, mientras que la Sentencia del Bundesverfassungsgericht (BVerfG, Judgment of the Second Senate of 05 May 2020 – 2 BvR 859/15 -, paras. (1-237) constituye una clara declaración de guerra. Guerra al TJUE, el único poder más o menos definido en una teórica organización basada en la división de poderes, ya que si Montesquieu levantara la cabeza se encontraría con un Ejecutivo (triple) que legisla y ejecuta, un legislativo que no lo hace y solo los Tribunales responderían a una genuina separación, más o menos clásica, constituyendo un poder supervisor e incluso rectificador de los demás.
Claro que, me apresuro a indicar, ni el Bundesverfassungsgericht había dejado de avisar desde hace tiempo que el TJUE incurría en excesos no autorizados por los Tratados, ni, por su parte, el TJUE, tiene el diseño y la organización, para acreditar que es un Tribunal de Justicia en el más estricto sentido de la palabra, máxime cuando, con soberbia conocida, viene cambiando su jurisprudencia al son de actitudes y orientaciones que nada tiene que ver con el Derecho y sí con el ambiente político propio de los organismos internacionales. Los españoles sabemos algo de eso, cuando recientemente, golpearon fuertemente a la justicia española, a la más alta, que con ingenuidad digna de mejor causa confió en la anterior jurisprudencia comunitaria al solicitar en una decisiva y sensible cuestión prejudicial la más delicada pregunta que un Estado puede hacer frente a la amenaza de un golpe de Estado.
Y es que, como indiqué en su momento, el TJUE está formado por juristas de toda clase, elegidos en definitiva por sus gobiernos respectivos cada seis años atendiendo a las circunstancias y preferencias políticas de cada momento. Y para más inri, no admiten votos particulares, por lo que el grupo dominante dentro del Tribunal marca la orientación, impone tendencias y finalmente es determinante, si bien, el sesgo de su resolución depende mucho de cada ocasión, tanto del tipo de asuntos, país o Estado afectado, como inclusive de la propia composición de cada momento.
Sería una hipérbole imperdonable afirmar que practica “justicia del cadí” al mismo tiempo que siendo, como es, la gran pieza sobre la que se podría apoyar una ilusionada confianza en el Derecho como solución para los ciudadanos europeos -L’Europe des juges de Robert Lecourt explica bien como la primacía, efecto directo e incorporación integral inmediata en la jurisprudencia nacional de cada Estado supone una rectificación completa de la tradicional dualidad internacional que exige reconocimiento de aquella- resulta imprescindible configurarlo como un genuino tribunal de justicia al más clásico y estricto modo.
No han tomado nota en el TJUE, al menos hasta ahora, de la creciente irritación y desconfianza que sus decisiones, explicadas apodícticamente muchas veces, provocan en los Estados, los ciudadanos y las empresas.
Ya veremos si el desafío del Tribunal de Karlsruhe al de Luxemburgo les hace repensar su estructura y funcionamiento. Quizás en el horizonte aparezca el modelo del Tribunal Supremo norteamericano, que, este sí, ha logrado, dentro de su peculiar forma de interpretar el principio de separación de poderes, consolidar un verdadero Estado de Derecho en aquél gran país. Y no se diga que al otro lado del Atlántico puede lograrse un tribunal tout court por ser un Estado, sino que, cualquiera que conozca la evolución de aquella “Suprema Corte”, sabe que es exactamente al revés: se logra la Unión definitiva en la práctica porque los jueces, a la cabeza Marshall, adoptaron fervientemente su condición de legítimo y fidedigno poder, mejor aún, Poder con mayúscula.Y claro que ha cometido errores, sin duda algunos muy graves como Dred Scott de 6 de marzo de 1857, el presidente del Tribunal Supremo, Roger B. Taney, al concluir, en la práctica, que los negros no eran propiamente ciudadanos y quitarles la capacidad de obrar, cebó la espoleta de la guerra civil. Pero incluso con historias tan amargas, la solvencia, histórica, de la Corte Suprema norteamericana se asienta en dos pilares: nombramiento vitalicio y votos particulares. Unido a un respeto enorme de la opinión pública y publicada.
Adelantando opinión, diré que algo habrá que hacer con las instituciones comunitarias europeas, ya que, tras el Brexit, las decepciones provocadas por el Tribunal y la falta de espíritu comunitario – consecuencia de la impensada ampliación de golpe, propiciada fuertemente por Reino Unido y por los deseos expansivos sobre su hinterland de la propia Alemania- el proyecto europeo está en sus horas más bajas desde su fundación. El riesgo de un desafío completo al estilo del Reino Unido no se avizora, quizás porque ahora la UE está ayudando fuertemente en el plano económico a luchar contra la pandemia (no entro en discusión sobre este punto). Pero el levantamiento alzado contra las instituciones, como acaba de hacer el Bundesverfassungsgericht, puede multiplicarse y con apoyo de la opinión pública. Tengamos en cuenta al grupo de Visegrado, que precisamente ha hecho del reto a los jueces parte de su política de desobediencia a las instituciones europeas, y es justo el TJUE, quien con mayor energía se opone a sus pretensiones, dada la fuerza jurídica que tienen ¿o tenían?, sus resoluciones.
El caso concreto y las declaraciones del Tribunal Alemán.
Alemania tiene muy en cuenta la necesidad, perentoria y absoluta, de mantener el equilibrio presupuestario, el control de la inflación, y es la gran patrocinadora de los acuerdos – exigencias de Maastricht, la vieja Mastrique de Lope de Vega, que constituyen, con adaptaciones, el fundamento mismo de la política financiera y, por ende, monetaria de la UE (inflación, deuda, déficit, tipos de cambio y de interés). Y es que Alemania sabe lo que significa la inflación: billetes de millones de marcos imprimidos solo por una cara porque no daba tiempo a que se secase la tinta e imprimir el reverso (el precioso libro “Una princesa en Berlin”de Arthur R.G. Solmssen lo cuenta en una novela recomendable para cualquier economista o jurista). Y en medida no desdeñable, aquella crisis, aun superada en parte a mediados de los años veinte, fue sordo detonante para que, al sumarse la crisis del 29, el que fuera pequeño partido nazi, lograra en pocos años (1933) el poder que llevaría directamente a la destrucción como país, como pueblo, como riqueza. Ese ¡nunca más!, está bien impreso en el alma alemana.
Y los alemanes, en general, por eso mismo, no están dispuestos a seguir financiando lo que consideran excesos financieros de terceros países, ni siquiera si existe algún riesgo, peligro inclusive, para mantener la sostenibilidad de la moneda única. Es algo que, tras aquellas desventuras, se graba a fuego ya en el kindergarten.
Cierto es que la soberbia de los jueces de Karlsruhe, convencidos de que comparten con la Supreme Court estadounidense el duopolio global de orientación constitucional en el mundo, ha ido más allá de las exigencias impuestas por su tradición económica de lucha contra la inflación, exigencia de austeridad, visión a largo plazo y equilibrio presupuestario (por cierto no siempre cumplido, que ya siendo Solbes comisario, tuvo que llamar la atención al Gobierno alemán por desatender los iniciales parámetros referidos).
Más allá de la fiscalización financiera, también cuando se ha tratado de derechos fundamentales, tales como los entiende Karlsruhe, ha estado desafiando con mayor o menor bravura al Tribunal de Justicia. El trabajo de Mario P. Chitti, Am Deutschen Volke lo cuenta con claridad (El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho, N.º. 7, 2009, págs. 4-9).
En todo caso, ya la sentencia Gauwailer (C-62/14) del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 16 de junio de 2015, cuestionó el programa de compra de deuda pública del Banco Central Europeo a petición de la primera cuestión prejudicial que le elevó el Bundesverfassungsgericht. Para solventar la cuestión que el tribunal alemán planteaba- con advertencia de que acabaría realizando lo que ahora ha hecho, esto es, disponer de su propia interpretación dijera lo que dijera el TJUE – tanto el entonces Abogado General, el español Pedro Cruz Villalón, como el propio TJUE, aceptaron apartarse diplomáticamente de esta encrucijada, aceptando una suerte de “cuestión judicial sobre actos provisionales de la propia Unión Europea”, sofisticada formulación novedosa, con la cual, dando además por supuesto que el Bundesverfassungsgericht no rompería las reglas del juego y por tanto aceptaría la jerarquía de tribunales tan establecida, dio en parte la razón al BCE pero marcándole límites importantes, insistiendo, paradójicamente, en el principio de proporcionalidad. Y decimos que tiene ironía la cuestión porque va a ser este principio, entonces no invocado por el Tribunal alemán, el cadalso donde se va a subir el Bundesverfassungsgericht para dar la puntilla al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
De manera que llueve sobre mojado: un tribunal de justicia ensoberbecido (valga la repetición)se encuentra sobre -afirmado, si además ha de decidir sobre un asunto que la inmensa mayoría de sus destinatarios inmediatos entienden, en términos nacionales, que es la adecuada para ellos mismos.
Y exactamente, esto es lo que ha sucedido.
La ZweitenSenats(Sala Segunda) del Bundesverfassungsgericht, da la razón a los interesados (denuncia de inconstitucionalidad frente a omisiones)ya que atiende a los recursos interpuestos por diferentes recurrentes (varios profesores entre ellos)dirigidos contra el Programa de Compras del Sector Público del Banco Central Europeo (PSPP).
Lo hace, veremos, aparentemente criticando y eventualmente rectificando mediante reconocimiento del amparo (permítase la licencia), las posiciones del Gobierno Federal y del Parlamento Federal. Pero cualquier lector avisado, cae en la cuenta, con facilidad, de que esto no es exactamente así. Y que más bien, tiene en cuenta, directamente, al TJUE, a quien reta directamente ya que no solo se refiere a su sentencia terminal sobre el caso, sino que además le descalifica de una manera grave, al indicar que la posición del tribunal europeo es arbitraria (sic). Según esta resolución, el Gobierno federal y el Bundestag alemán infringieron a los demandantes en su derecho en virtud del artículo 38, apartado 1, primer párrafo, en relación con el artículo 20, apartados 1 y 2, en relación con el artículo 79, apartado 3, de la Ley Fundamental al no adoptar medidas contra el hecho de que el Banco Central Europeo (BCE) no aplicara ni motivara la necesaria introducción del principio de proporcionalidad en las compras ocasionadas en la ejecución del PSPP.[1]
Y, aquí viene el desafío enorme, el tribunal alemán afirma (la decisión ha sido adoptada por siete votos a favor y uno en contra) que el dato de que el TJUE en su sentencia de 11 de diciembre de 2018, dijera lo contrario en la cuestión prejudicial formulada precisamente por el Tribunal alemán,esto es, que no se violaba principio alguno en las decisiones del BCE, no satisface la exigencia germana de aplicar correctamente el principio de proporcionalidad, de examen y evaluación de lo dispuesto por exigencias de dicho principio como técnica fundamental y que, por tanto, no es siquiera comprensible y más bien constituye una arbitrariedad objetiva y como tal constituye un ultra vires, rechazable y sin fuerza ni vigor en Alemania.[2]
Luego, y revisando también (¿casación oculta y tácita?) la sentencia del TJUE, concluye el tribunal de Karlsruhe que no se viola el artículo 123 del TFUE (prohibición de financiar los presupuestos estatales) y en principio hay que decir que no afecta a la asistencia financiera que está otorgando el BCE con ocasión de la pandemia que sufrimos. Dice que no afecta, pero lo dice el mismo tribunal alemán, tras reexaminar lo que en su momento dijo el Tribunal Europeo.
En su resumen de prensa, el Tribunal alemán indica, como datos, que “El PSPP forma parte del Programa Ampliado de Compra de Activos (EAPP), un Programa Marco del Eurosistema para la compra de activos. Según su razonamiento, la EAPP tiene como objetivo aumentar la oferta monetaria; el objetivo es promover el consumo y la inversión y elevar la inflación en la zona del euro a poco menos del 2%. El PSPP se puso en marcha por decisión del BCE de 4 de marzo de 2015, que posteriormente fue modificada por otras cinco decisiones. El PSPP adquiere bonos gubernamentales e instrumentos de deuda negociables similares emitidos por el Gobierno central de un Estado miembro de la zona del euro, “organismos reconocidos”, organizaciones internacionales y bancos multilaterales de desarrollo con sede en la zona del euro, en un marco detallado establecido en las decisiones del BCE. El PSPP representa la gran mayoría de la EAPP. A partir del 8 de noviembre de 2019, el Eurosistema había adquirido valores en virtud de la AEP con un valor total de 2.557.800 millones de euros, de los cuales 2.088.100 millones de euros eran imputables al PSPP.
En sus alegaciones constitucionales, los reclamantes alegan que el PSPP se opone a la prohibición de la financiación del Estado monetario (art. 123 TFUE) y al principio de autorización individual limitada (artículo 5 TUE, apartado 1, en relación con los artículos 119, 127 y siguientes. TFUE). Mediante auto de 18 de julio de 2017, la Sala Segunda del tribunal constitucional alemán, planteó al Tribunal de Justicia varias cuestiones prejudiciales; se referían, en particular, a la prohibición de la financiación presupuestaria monetaria, al mandato del BCE para la política monetaria y a un posible ataque a la competencia y a la soberanía presupuestaria de los Estados miembros. Mediante sentencia de 11 de diciembre de 2018, el TJUE dictaminó que el PSPP no fue más allá del mandato del BCE y no violó la prohibición de la financiación presupuestaria monetaria. En este contexto, se llevó a cabo una audiencia en Karlsruhe los días 30 y 31 de julio de 2019 (véase PM no 43/2019, de 25 de junio de 2019).La Decisión del Consejo del Banco Central Europeo de 4 de marzo de 2015 (UE) 2015/774 y las Decisiones (UE) 2015/2101 posteriores, (UE) 2015/2464, (UE) 2016/702 y (UE) 2017/100 son, a pesar de la sentencia del Tribunal de Justicia en sentido contrario, con vistas a los artículos 119 y 127. TFUE y Art. Estatuto del BCE que se calificará como medidasultravires.”
Y, aquí bien se ve el torpedo que lanza el tribunal alemán: tras proclamar retóricamente- y como advertencia al resto de los tribunales de los Estados miembros que lo que vale para el Bundesverfassungsgericht no les valdrá a los demás – que corresponde al TJUE velar por la aplicación uniforme de los tratados, se reserva la competencia Karlsruhe para controlar los ultra vires cometidos a su juicio por las instituciones europeas, como es el caso del BCE “porque los dueños de los Tratados siguen siendo los Estados y no hay federación europea”. Y que aun si cuentan con una sentencia del TJUE, si ésta no controla los excesos (ultra vires) incurre en arbitrariedad objetiva y desfase metodológico. Y que no se cumple con los tratados, siendo inevitable (sic) esta tensión, en la que quien resuelve el último sobre si hubo exceso o no, sobre si estuvo correctamente controlado por el TJUE, o no, y sobre quien tiene la última palabra, es…el Bundesverfassungsgericht. A lo cual llama, en denominación irónica o cazurra, “cooperación multinivel”. Un sarcasmo completo, que confirma la sátira con la que Karlsruhe trata al resto de los tribunales europeos, y que hace de la socarronería una manera de estar en el mundo jurídico, su propia y verdadera Weltanschauung cuya base fundamental es la altanería con la que contempla al resto de los actores jurídicos, so capa de una más profunda y seria reflexión que la que hacen los demás. Y esto se lo dice, expresamente, al propio TJUE., a quien descalifica por su deferencia con las instituciones europeas a las que no les exige una verdadera evaluación sobre el ámbito, extensión, contenido y límites de sus competencias.
En concreto, indica que el TJUE abdicó por completo de evaluar y fiscalizar el alcance de las decisiones del BCE y no hizo manifestación alguna sobre el principio de proporcionalidad, base según Karlsruhe de la división de poderes entre la UE y los Estados miembros.
Hay que decir, que es cierto, absolutamente, que el TJUE tiene declarada una deferencia, casi reverencia, a las instituciones europeas, haciéndose perdonar que sea un tribunal, en definitiva, designado gubernamentalmente. Algo que, si se conecta con la crítica antes realizada por nosotros, demuestra que sólo si se da el paso de constituirlo como un tribunal de justicia verdadero, esto es, estable, con capacidad de votos minoritarios en una demostración de transparencia completa ligada a la motivación de las sentencias y autos, puede darse el paso de abandonar esa deferencia pro Ejecutivo y pro Organizaciones, que tanto daño hace al “poder suave” que el TJUE debe transmitir, como lo hace en definitiva, la Corte Suprema norteamericana.
Debería tener en cuenta que tampoco los Ejecutivos comunitarios son elegidos. Europa es el reino de la burocracia. Y como tal burocracia, sus decisiones discrecionales deben ser fiscalizadas judicialmente constituyendo en frase del jurista suizo Hans Huber, “el caballo de Troya del Derecho Administrativo”. Vid García de Enterría, Eduardo. (2014). “El control de los poderes discrecionales de la administración”. Revista de Derecho Público, (17), Págs. 81-96 y Revista de Administración Pública número 38, Mayo/Agosto. 1962. “La lucha contra las inmunidades del poder en el derecho administrativo (poderes discrecionales, poderes de gobierno, poderes normativos)”.
No significa esta crítica que no podamos reconocer en su jurisprudencia avances significativos dirigidos a lograr la unión, el mercado común, y la percepción de la calidad última del Derecho comunitario. Todo lo contrario. Hay que rendir también un homenaje, a una parte de la jurisprudencia que ha logrado, al estilo del gran juez Marshall en EE. UU., extraer principios que se han demostrado necesarios, esenciales inclusive, y que se han logrado mediante decisiones creativas fruto de un declarado activismo judicial pro europeo. Es un reconocimiento que hay que realizar, so pena de ignorancia jurídica.
Pero en este “freno – acelerón”, ese “stop and go” tan característico de la jurisprudencia europea, es hora de exigir una fundamentación mucho más clara y segura, que últimamente escasea en el TJUE. Nos hemos referido a la malhadada sentencia de 19 de diciembre 2019, Asunto C-502/19. Pero la crítica es extensible a otras muchas en las que, con simpleza, el TJUE adopta posiciones que son puras decisiones. Por ejemplo, y muy alejado de este campo, la sentencia (Gran Sala) de 6 de marzo de 2018, Achmea, y tantas otras donde se puede encontrar con facilidad un abierto designio político del Tribunal de Justicia.
Ahora bien, la solución es mejorar la exigencia de calidad de las sentencias y para ello reformar en profundidad este Tribunal de Justicia. No sustituirlo por 27 tribunales con 27 jurisprudencias. Que esa sería la conclusión si tomamos en serio esta resolución del Tribunal de Karlsruhe.
Llamar ignorante, desproporcionado, arbitrario, incongruente (metodológicamente) y contradictorio al TJUE – que todo esto le dice la sentencia alemana – no es propio de otro tribunal. Como mucho, de la academia. Y decir, que “por tanto el Bundesverfassungsgericht no está vinculado a la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea” es un despropósito jurídico tan estupendo que no merecería la pena ni ser comentado, sino ignorado, si no fuera por la fuerza que la prepotente dogmática alemana impone en el Derecho de la Unión.
Y establecer como conclusión que tanto el Gobierno Alemán como el Bundestag han violado la Constitución y les da un período transitorio de tres meses para concluir su relación con el Eurosistema y que el Bundesbank no podrá participar en el Eurosistema salvo que el BCE justifique suficientemente a juicio del Bundesverfassungsgericht que es proporcional, significa que el último decisor y revisor es este Tribunal alemán y no el Tribunal de Justicia.
Un conocido dicho de Tribunal Supremo norteamericano dice: “No somos los últimos por ser los mejores, somos los mejores porque somos los últimos”. ¿Quién es a partir de ahora el mejor?
Si la respuesta es que lo será cada vez un tribunal nacional, creo no exagerar si afirmo que hemos entonado el canto de cisne de la Unión.
Esperemos que acabe sonando otra música.
[1]Artículo 20 [Fundamentos del orden estatal, derecho de resistencia] (1) La República Federal de Alemania es un Estado federal democrático y social. (2) Todo poder del Estado emana del pueblo. Este poder es ejercido por el pueblo mediante elecciones y votaciones y por intermedio de órganos especiales de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.Artículo 38 [Principios electorales] (1) Los diputados del Bundestagalemán serán elegidos por sufragio universal, directo, libre, igual y secreto. Son los representantes del pueblo en su conjunto, no ligados a mandatos ni instrucciones, y sujetos únicamente a su conciencia. Artículo 79. (3.) No está permitida ninguna modificación de la presente Ley Fundamental que afecte la organización de la Federación en Länder, o el principio de la participación de los Länder en la legislación, o los principios enunciados en los artículos 1 y 20.
[2]El Banco Central Europeo, el mismo día 5 de mayo, “tomó nota” de la sentencia de Karlsruhe, afirmando, no obstante, que sigue estando completamente comprometido con el control de la inflación y la estabilidad de precios, lo que continuará transmitiendo a todos los sectores de la economía y a todas las jurisdicciones, manifestando asimismo que la sentencia del TJUE, sigue siendo vinculante y efectiva.
https://i0.wp.com/hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2019/07/pexels-photo-159321.jpeg?fit=1880%2C1253&ssl=1 1253 1880 José Eugenio Soriano García https://hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2018/09/hay-derecho-expansion.jpg José Eugenio Soriano García2020-05-09 10:42:342020-05-09 10:42:34El Tribunal Constitucional alemán: ¿el sepulturero de la Unión Europea?
9 mayo, 2020 en 10:59
Excelente, José Eugenio. Muchas gracias.
En mi opinión, la STC alemana requiere abrir un procedimiento de infracción por parte de la Comisión Europea. Pero seguramente no se atreverán.
José Eugenio Soriano Dice:
9 mayo, 2020 en 14:02
Gracias Isaac, siempre coincidimos.
Me gustaría que desarrollaras aquí, un poco más tu tesis y su fundamentación.
Vamos listos si se produce también un “Juexit”
María J. Roca Dice:
9 mayo, 2020 en 12:50
¡Enhorabuena! Me ha parecido un artículo muy bueno
Beltrán Gambier Dice:
9 mayo, 2020 en 13:09
Vengo siguiendo al Profesor Soriano desde hace casi 40 años. Y hoy al leerle me conmovió observarle, una vez más, atento a los grandes temas del Derecho Público. No tengo nada que agregar a su magnífico comentario, tan claro y tan contundente como es él en la vida. Si haría, en cambio, un comentario sobre la “soberbia” de algunos tribunales. Dice Soriano que la dura descalificación del tribunal alemán al TJUE no cabe. Y agrega que tan duro reproche correspondería, como mucho, a la academia. Y tiene razón. Es la doctrina la que ha de valorar las decisiones de los jueces. Todavía me sorprendo cuando un compañero dice en España “lo dijo el Supremo” (como argumento de autoridad; como que ya no hay nada que hacer). El Supremo, como el Constitucional, como el TJUE y el Tribunal Constitucional alemán son, todos, órganos jurisdiccionales falibles. Como también lo es la doctrina (de la soberbia de los profesores hoy no me ocupo), pero lo que no es aceptable es la descalificación, casi furibunda, que hoy nos pone a consideración el profesor Soriano. Ni hablar cabe, de momento (pero sí mañana), de las consecuencias de esta suerte de afrenta y de pulso, no de los alemanes, sino de ese tribunal.
9 mayo, 2020 en 13:30
Excelente reflexión!… y preocupante la Sentencia del TC alemán para el futuro de la UE….
9 mayo, 2020 en 13:36
Sobre los votos particulares en el TJUE, sobre los que tan magistralmente incide el autor del post:
https://petiport.secure.europarl.europa.eu/petitions/es/petition/content/0062%252F2020/html/RECONOCIMIENTO%2BDE%2BVOTOS%2BPARTICULARES%2BEN%2BEL%2BTRIBUNAL%2BDE%2BJUSTICIA
Lucas Braquehais Dice:
9 mayo, 2020 en 14:58
Muchas gracias por esta mirada de amplio alcance.
Para reactivar el proyecto europeo es una guía segura el luminoso librito ( por lo breve) “ Pour l’Europe” (“Por Europa”), de Robert Schuman, padre de la Unión Europea, de quien escribió el canciller Adenauer en el prólogo a la edición alemana (ed. Nagel Verlag 1963): “ Lo traté con ocasión de conferencias o en conversaciones íntimas; pude conocer así a un hombre prudente y bueno, un hombre de Estado, gran francés y gran europeo. Para mí es un placer poder llamarlo amigo”.
9 mayo, 2020 en 18:37
Muchas gracias, José Eugenio.
Como sabes, el TJUE tiene jurisprudencia que declara el incumplimiento del Derecho de la UE por sentencias de los tribunales nacionales que no son conformes con el derecho europeo.
El TJUE, dada la gravedad del asunto, emitió, el 8 de mayo de 2020, el “Comunicado de prensa a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional alemán de 5 de mayo de 2020:
La Dirección de Comunicación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha recibido numerosas preguntas en relación con la sentencia dictada por el Tribunal Constitucional alemán el 5 de mayo de 2020 referente al programa PSPP [Programa de Compras del Sector Público] del Banco Central Europeo (BCE).
Los Servicios de la Institución nunca hacen comentarios sobre las sentencias de un órgano jurisdiccional nacional.
En general, se recuerda que, conforme a reiterada jurisprudencia del Tribunal de Justicia, una sentencia dictada con carácter prejudicial por este Tribunal vincula al juez nacional para la resolución del litigio principal. Con el fin de garantizar una aplicación uniforme del Derecho de la Unión, el Tribunal de Justicia, creado a tal fin por los Estados miembros, es el único competente para declarar que un acto de una institución de la Unión es contrario al Derecho de la Unión. Las divergencias entre los órganos jurisdiccionales de los Estados miembros en cuanto a la validez de dichos actos pueden llegar a comprometer la unidad del ordenamiento jurídico de la Unión y perjudicar la seguridad jurídica. Al igual que otras autoridades de los Estados miembros, los órganos jurisdiccionales nacionales están obligados a garantizar el pleno efecto del Derecho de la Unión. Solo así puede garantizarse la igualdad de los Estados miembros en la Unión creada por ellos.
La Institución se abstendrá de cualquier otra comunicación sobre este tema”.
Este Comunicado pone de manifiesto la necesidad de que en relación al caso concreto el Tribunal de Justicia –si no hubiere una rectificación previa en la fase pre-contenciosa del procedimiento de infracción- se pronunciara afirmando la vinculación del juez nacional a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, pues quien ha actuado ultra vires en este caso –y como tu señalas- es el Tribunal Constitucional alemán, ya que es el Tribunal de Justicia de la UE el único competente para declarar que un acto de una institución de la Unión es contrario al Derecho europeo.
“Es una sentencia cuya gravedad no se puede ocultar”, aseguraba Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea y jefe de la diplomacia comunitaria durante una videoconferencia con medios españoles. “Cuestiona la cadena de mando judicial, que tenía al Tribunal europeo en la cúspide” (“El Tribunal de la UE y el Constitucional alemán se enzarzan en una batalla jurídica sobre el BCE. La justicia europea recuerda a Karlsruhe que está obligado a aplicar sus sentencias”. BERNANRDO DE MIGUEL/ ÁLVARO SÁNCHEZ. https://elpais.com/economia/2020-05-08/la-corte-de-luxemburgo-advierte-al-constitucional-aleman-que-pone-en-peligro-la-seguridad-juridica-de-la-ue.html )
“Wolfgang Schäuble, exministro de Finanzas alemán y uno de los grandes críticos del BCE y su política monetaria expansiva. Pese a mostrarse en desacuerdo con el programa de compras de deuda soberana, Schäuble señala que resulta complicado que un tribunal como el Constitucional alemán no reconozca como vinculante una decisión del TJUE, pues abre la puerta a que todo el ordenamiento jurídico europeo salte por los aires” (“El TJUE defiende la legalidad de las compras del BCE frente a Alemania”. ANDRÉS STUMPF. Expansión, 9 de mayo de 2020).
Dicen DE MIGUEL Y SÁNCHEZ que “La justicia europea recuerda a Karlsruhe que está obligado a aplicar sus sentencias”; pero parece evidente que dicho “recordatorio” no puede hacerse –jurídicamente- mediante un Comunicado de la Dirección de Comunicación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Y la Comisión es la “guardiana de los tratados”.
Felio José Bauzá Martorell Dice:
9 mayo, 2020 en 18:41
Profunda reflexión, que invita a no ser optimistas sobre el funcionamiento de las instituciones europeas.
Se me antoja monstruoso que los magistrados del TJUE no sean independientes: ¿qué Justicia se puede esperar de un juzgador elegido durante un mandato por el poder político de un Estado miembro? ¿qué Justicia se puede esperar de un Tribunal que no admite votos particulares de sus integrantes? Esto significa que se suscriben decisiones que no se comparten; me pregunto cómo se logra el consenso y me da pánico responderme.
Europa se encuentra en crisis. A su excesiva burocracia se le suma su incapacidad para gestionar políticas de alcance supranacional. Si las mismas instituciones europeas alimentan el euroescepticismo, me temo que la insubordinación del Tribunal Constitucional alemán no será un hecho aislado.
9 mayo, 2020 en 21:29
Me parece excelente el artículo como referencia para debate de lo que es o debería ser la UE (un tema sobre el que ya se ha escrito y comentado en HD). En todo ello, lo más preocupante es la legitimidad institucional del TJUE en tanto en cuanto sus jueces son propuestos por los partidos políticos. Algo que desacredita la independencia jurisdiccional de la institución. Sobre todo teniendo en cuenta que no existe un Derecho único europeo, que las directivas surgen de una Comisión donde los nombramientos tienen el mismo origen y sus normas se toman (como casi todos los convenidos y tratados) a conveniencia de cada estado-miembro.
Al mismo tiempo los tribunales constitucionales parecen adolecer de la misma cuestión: su dependencia de los partidos políticos pero, en todo caso, deben ajustarse al texto constitucional (Carta Magna) que corresponda que, a su vez, es el marco del ordenamiento jurídico del Estado.
Estamos pues ante un interesante debate de competencias que nos retrotrae al ordenamiento jurídico español actual y sus muchas inconsistencias (las más actuales con motivo de la pandemia).
Finalmente estamos ante una cuestión de dinero…No de cómo gestionarlo mejor, sino cómo hacerlo más abundante aunque carezca de soporte real y, por consecuencia de valor de mercado. En el fondo late la misma cuestión: la austeridad de unos que ponen el dinero, chocando con la frivolidad de otros en gastarlo. Más controles reales para necesidades reales y menos gasto alegre (caso material sanitario inútil).
Miguel Angel Peon Riancho Dice:
9 mayo, 2020 en 19:37
Excelente reflexión Jose Eugenio; sera un asunto profundizar en el futuro inmediato, y más ahora en el complicado escenario donde se encuentra la UE. Enhorabuena.
9 mayo, 2020 en 19:39
Excelente reflexión Jose Eugenio; sera un asunto para profundizar en el futuro inmediato, y más ahora en el complicado escenario donde se encuentra la UE. Enhorabuena.
Salomé Soriano Granda Dice:
9 mayo, 2020 en 19:52
Magnífico escrito, es un análisis perfecto de cómo piensan un gran número de alemanes. Sólo falta encontrar la forma de traducirlo al alemán y publicarlo donde más difusión pueda tener en Alemania. A ver si conseguimos bajarles los humos de una vez. Muchas gracias, José Eugenio.
9 mayo, 2020 en 20:39
Grave cuestión la que plantea el Profesor Soriano en estos momentos de debilidad extrema de la UE. ¿Oído cocina?
Pedro Brufao Curiel Dice:
9 mayo, 2020 en 20:47
Efectivamente, nos encontramos ante una nueva, en palabras del profesor Soriano “guerra de los tribunales” (Revista Española de Derecho Administrativo, nº 123, 2004), pero esta vez no en España entre el Tribunal Supremo y el Constitucional, sino en el seno mismo de la UE y en su órgano motor: El Tribunal de Justicia.
El TJUE es mucho más que un órgano jurisdiccional: de modo parecido al Tribunal Supremo de los EE.UU., la unión de los europeos se ha cincelado a golpe de sentencia, solo hay que recordar los casos Simmenthal, Costa/ENEL, o Van Gend & Loos, para darnos cuenta que la burocracia y la política cumple su papel, pero que el envidiable nivel de vida, seguridad y estabilidad del que gozamos en la UE se debe sin duda a los tribunales europeos. La forja de la UE, como la de los Estados Unidos, se ha fraguado en los tizones ardiendo de los tribunales, no sin problemas ya que el paraíso terrenal no existe, y las discrepancias y errores claro que han existido (“Los votos discrepantes del Juez O. W. Holmes”, Iustel).
También es cierto que ha existido y existe esa soberbia jurídica de la dogmática y tribunales alemanes sobre el resto (Sosa Wagner, “Maestros alemanes del Derecho público”), a los que hemos mirado de reojo preguntándonos quiénes son esos señores que tanto salen de su entierro en las notas a pie de página de los libros jurídicos. Pero hay que reconocerles que la misma idea de Estado y su personalidad jurídica, la del concepto del Derecho público, las relaciones de poder en un Estado descentralizado, el carácter normativo de la Constitución (retomada por el maestro Gº de Enterría) o la misma confianza legítima hablan y piensan en alemán.
El baldón con el que le afea la conducta el Tribunal Constitucional al TJUE no augura nada bueno. A este es cierto que también se le puede afear esa cierta “condescendencia” con el poder político de Bruselas y los Estados, pero lo que hay que dejar claro, es el principio de primacía del Derecho europeo y en esta nueva lid entre tribunales seguro que aparecerán nuevos contendientes, extrajurídicos, que sumarán, en mi opinión nada bueno a una victoria que puede ser pírrica.
MANUEL ESTEPA MONTERO Dice:
9 mayo, 2020 en 21:01
¡Enhorabuena José Eugenio! Magnífica disertación sobre el papel que ha de jugar el Tribunal de Justicia Europeo como garante y constructor de Derecho Europeo así como de su necesaria reforma para adecuarlo a las exigencias de la arquitectura europea; de manera que gane en transparencia y rigor jurídico. Esperemos pues que se vaya abriendo camino la ansiada reforma para evitar que su papel se diluya en una confusión multinivel; para que se asiente pacíficamente el aserto de que conviene que sean “los mejores por ser los últimos”.
Juan Carlos Oliveira Dice:
9 mayo, 2020 en 21:41
Excelente artículo, profesor Soriano! La estabilidad de los sistemas depende casi enteramente de las decisiones que tomen sus jueces. Las reglas que rigen actualmente la conformación y el funcionamiento del TJUE pueden estar comprometiendo la imparcialidad de sus miembros y, por lo tanto, el control que estos deberían ejercer sobre las otras instituciones de la Unión. Por otro lado, los excesos del Tribunal Constitucional alemán generan inseguridad jurídica, tanto en el plano nacional como en el europeo, y claramente ponen en riesgo la estabilidad del proyecto europeo. Ciertamente la postura del Tribunal Constitucional alemán es reprochable y la Comisión debería actuar (y demostrar que es la autentica “guardiana de los tratados”), pero si la apuesta por Europa es real, también debe trabajarse en mejorar el control judicial en el ámbito de la Unión.
José María Losada Liniers Dice:
10 mayo, 2020 en 00:18
No se caerá la UE, vive demasiada top gente de ella.
Puede servir para cortar abusos de la supuesta “intelligentsia” de la Comisión y del Parlamento de la UE.
josé eugenio soriano garcía Dice:
10 mayo, 2020 en 06:56
Me parecen de interés todos los comentarios, incluido el pequeño último aunque apenas es otra cosa que una descalificación entera del orden jurídico europeo en un par de frasesitas resentidas con las instituciones comunitarias europeas.. Porque debate habrá. Y se admiten apuestas.
Con el comunicado de la Presidenta de la Comisión en respuesta a un diputado alemán (vemos que todo es germánico) en apenas dos horas (cuando tarda a veces meses en contestar) da idea de que el tema va en serio. Así también la respuesta del BCE, casi imperceptible por el tono frío y claramente indiferente hacia la Sentencia de Karlsruhe, también da idea de que estamos percibiendo ya una reacción firme.
Finalmente, recordemos con Isaac Ibañez García, que la Presidenta de la Comisión, también ha mencionado de pasada la posibilidad de un recurso contra Alemania por infracción, riesgo que a mi juicio debería convertirse en realidad con el fin de solventar de una vez por todas las tirantces con Karslruhe. Si bien, ya veremos si la diplomacia de los comunicados no se impone y todo acaba ahí, cerrando en falso la cuestión gravísima de quien es el que pone el cascabel al gato.
En mi opinión, y coincido con muchos de vuestros comentarios, procede tomar nota también de que la motivación de las resoluciones, la transparencia, es necesario para sostener una defensa audaz del espíritu europeo, de su derecho y de su economía. Y en esta línea, coincidiendo con tantos de vosotros (Felio Bauzá, Pedro Brufao, O´Farriil, Juan Carlos Oliveira…) va siendo hora de que se tome nota de que las instituciones no pueden seguir así. Y la propuesta de sostener un tribunal más solvente en la UE, abandonando ya ese cadencia de sexenios en su nombramiento y admitiendo que al igual que el TS Norteamericano debería admitir el voto en conciencia y no el simple consenso, ya que la prudencia de los jueces no significa ceder jurídicamente ante los demás y sujetarse al grupo dominante.
Confiemos que el debate sirva para reorientar ideas que consoliden la Europa con la que soñó Schumann, hace exactamente 70 años.
Kim Tweedy Dice:
10 mayo, 2020 en 17:43
El artículo es interesante, pero evidencia que su autor no estar al tanto de la deriva del Tribunal Supremo de EEUU. Es uno de los tribunales más politizados y polarizados de occidente. Hace décadas se decía que un algoritmo bastante simple era capaz de predecir el sentido del voto de cada magistrado (y acertaba el 99% de los casos). Ahora no hace ni falta, en cada caso polémico el ala conversador y el liberal funcionan como bloques sin fisuras. Los miembros son cada más extremistas (en particular los conservadores, que han “aprendido” la lección y ya no quieren sorpresas como la de Roberts con el Obamacare) y las retiradas de los magistrados son estratégicas (lo hacen cuando pueden ser reemplazos por presidentes de su cuerda). Lamento informar al profesor Soriano que ya no queda nada de ese “respeto enorme de la opinión pública y publicada”. Todos recordamos como los republicanos bloquearon el nombramiento de magistrado por Obama tras la muerte de Scalia durante un año, para retener la mayoría si ganaba las elecciones un presidente republicano (como así fue). Por tanto, se trata de una mayoría espuria y bastante poco respetada, me temo, por buena parte de la sociedad de EEUU.
10 mayo, 2020 en 17:57
Es un un gran texto, sin duda. Un interrogante que me planteo sería ¿Podría hacer lo mismo el Tribunal Supremo español, o de cualquier otro estado miembro, poniendo en cuestión el principio de solidaridad reiteradamente utilizado en el Tratado de la Unión?
Ignacio García Vitoria Dice:
10 mayo, 2020 en 23:47
Muchas gracias por el artículo, envidiable la capacidad de reacción. José Eugenio Soriano vuelve a desmentir que el Derecho sea aburrido. Se nos acumulan los temas…
11 mayo, 2020 en 08:35
Cordialmente recomendaría al Sr. Tweedy dos cosas al menos: a) que se lea bien mi apunte, ya que parece obviar que cito el caso Dred Scott y al Chief Justice que lo puso, como ejemplo de fracaso b) que se lea bien la historia del TS Norteamericano, ya que las pugnas por el nombramiento de Jueces son legendarias, no de ahora, por ejemplo lea usted lo que costó nombrar a Brandeis y de eso hace un siglo. NIhil novum sub sole!
En cuanto a su opinión no es compartida por la academia, que sigue estudiando y examinando exhaustivamente lo que la mayoría o los votos particulares realizan.
11 mayo, 2020 en 14:14
Gracias por las recomendaciones, profesor (por cierto, en inglés Kim puede ser nombre de hombre o mujer (en mi caso, Kimberly). He leído bien su interesante post, y creo conozco un poco de la historia del TS USA. Lo que pretendía decirle es que no es precisamente un tribunal que -desde hace décadas- alguien, con conocimiento de causa, pudiera poner como ejemplo de órgano judicial impermeable a las inferencias políticas. Porque es uno de los más politizados del mundo. Recuerde que, aun con la confirmación del Senado, es el Presidente quien los designa. Y es un hecho objetivo que cada vez son magistrados más extremistas y menos independientes (ya se nombran a magistrados moderados como Kennedy o Souter, por ejemplo). Puestos a escoger Tribunales Supremos, me quedo con el de Reino Unido, por ejemplo (que ha demostrado varias veces recientemente que es capaz de soportar la presión de los medios y la del gobierno). Y claro que se estudian sus sentencias y votos particulares del TS USA, faltaría más. Pero también se estudian en la academia las resoluciones del TJUE y los de cualquier tribunal importante, ¿no?. Yo no me refería a eso. Me refería al respeto institucional. Que lo ha perdido para buena parte de la sociedad. ¿Sabe usted hace cuanto que un presidente demócrata no designa a un Chief Justice (a pesar de haber gobernando tanto o más años que los republicanos)? ¿Conoce desde hace cuanto no hay una mayoría liberal? ¿Sabe usted lo que es el gerrymandering y cómo ha respondido últimamente el TS a ese fenómeno? ¿Está al tanto de que el TS está alzando sistemáticamente las suspensiones de medidas de la Administración Trump suspendidas previamente por otros tribunales federales? Se lo digo con toda cordialidad y sin ánimo de polemizar: créame, hay mejores modelos.
José Antonio Perea Unceta Dice:
11 mayo, 2020 en 10:32
Muy buen artículo, José Eugenio. Sin entrar en la cuestión de fondo, que no es mi especialidad, sí me resultan de mucho interés tus reflexiones en lo que afecta al TJUE como órgano judicial de una organización internacional a cuyas resoluciones se someten voluntariamente los Estados ab initio y no dependiendo de su conveniencia o incluso de su acierto. También desde la otra perspectiva, por cuanto es muy chocante que un tribunal nacional (por muy alto que sea) controle los defectos en su opinión existentes en la actuación de los tribunales internacionales, ya que es un incumplimiento flagrante del tratado internacional por el que se crean éstos y por el que se obliga el Estado parte (y miembro) a someterse a sus resoluciones. Al margen de estas consideraciones de iusinternacionalista, me suscitan tus análisis otras de índole política internacional, peor no muy lejanas del estudio jurídico: ¿qué diferencia a Alemania en esta ocasión de las insumisiones que se imputan a países como Polonia o Hungría? Y respecto al Grupo de Visegrado, simplemente añadir -también en este contexto político, no jurídico- que al margen de incumplimientos más o menos notorios en algunas decisiones gubernativas o legislativas, hay que empezar -es mi opinión personal después de hablar con los embajadores de estos países- a considerar si las prioridades de la UE central y occidental son las mismas que la de los Estados miembros más orientales, más preocupados por la seguridad interna y exterior que por la intervención en la producción y comercialización agropecuaria, la estabilidad de los mercados financieros y otros problemas de muy legítimo interés para Berlín o París pero que o son los suyos. Espero que pronto pueda volver a charlar contigo de estos temas.
11 mayo, 2020 en 11:34
Gracias, he aprendido mucho de este completo ensayo que trata en detalle las multiples condicionantes que tiene este asunto.
Sin embargo el autor asume como axioma que la Corte Europea de Justica es el principal eje vertebrador de la Union Europea como federación.
El Tribunal Supremo aleman sostiene sin ambages que esto no puede ser así: la Union, dictamina, es una confederación. Esto es, una union de estados soberanos. En efecto, los dueños de los tratados son los estados que la conforman (además de carecer de política fiscal o sanitaria única)
Posición en substancia similar a la mantenida por el Reino Unido y que por su indefinicion en la práctica (junto con una confianza en sus propias fuerzas) ha causado su abandono de la Union Europea. Su rechazo siempre se ha basado en las limitaciones que su participación imponia a su soberania (entre ellas la primacia de leyes creadas por el ejecutivo no electo -alias “la burocracia”- de la Union).
En vista de la mendacidad en la aplicación, entre otras actuaciones, de la euro orden de detención, otros pueden interpretar con justificado cinismo que, segun conviene, es una o la otra y considerar la posición alemana como coherente y necesaria.
11 mayo, 2020 en 12:10
La crítica que se hace al TJUE, en particular sobre la ausencia de votos particulares, tiene una explicación histórica. Desde el inicio de esta institución se pretendió que expresase una única doctrina, con la finalidad de reforzar la vertiente europea, lo que resultaba lógico en la construcción de Europea. De ahí que, aunque los Tratados no hayan impedido la redacción de tales votos, estos no se hayan vertido a lo largo de la historia del TJUE. Respecto de la elección de los jueces, estos siempre han estado al servicio de la UE, que es por cierto lo que se les exige en su función jurisdiccional y juramento. En otras palabras, el sistema de elección no tiene por qué contaminar al juez, como un sistema de carrera no evita que los jueces puedan bascular a favor de la Administración. Por último, el comentario sobre la deferencia del TJUE respecto de las instituciones de la UE, es un tanto exagerado. Como toda institución jurisdiccional comete errores a la hora de interpretar el ordenamiento, pero esto no implica que sea una mera institución que ratifique (rubber stamp) lo que hacen las otras instituciones.
11 mayo, 2020 en 12:43
“De ahí que, aunque los Tratados no hayan impedido la redacción de tales votos, estos no se hayan vertido a lo largo de la historia del TJUE”.
Por favor, le agradecería que me remitiera a algún sitio donde estén publicados estos votos particulares que Vd. dice que se han emitido.
Muchas gracias y atentos saludos,
Además, por si es de interés de los lectores:
https://derechomercantilespana.blogspot.com/2020/05/el-10-de-mayo-la-presidenta-de-la.html
11 mayo, 2020 en 15:04
No se hayan vertido quiere decir que no se han redactado.
11 mayo, 2020 en 14:47
La cuestión viene de mucho más lejos. Ya desde las sentencias Solange I y Solange II (Solange = “Mientras tanto”) del Tribunal Constitucional alemán se ha debatido la primacía del derecho comunitario (hoy, derecho de la Unión) sobre el derecho nacional y, en concreto, sobre el DERECHO CONSTITUCIONAL nacional.
¿Quién es prevalente el Derecho Constitucional, los derechos fundamentales constitucionales, interpretados por los respectivos tribunales constitucionales, o el derecho emanado de las instituciones europeas? El propio artículo nos dice que la UE todavía no es una Federación de Estados; aunque vaya aumentando la “integración”. Y con ello nos adelanta cual sería una lógica respuesta.
Todas las competencias de las que gozan las instituciones de la UE provienen de tratados internacionales que se las otorgan, lo que en España se ha llamado “auto-ruptura” de la Constitución y traslado de las competencias (propias del Estado Central, de las Autonomías o de entes locales) a una entidad europea supra-estatal.
Si bien quedó acepado en la dogmática la primacía del derecho comunitario sobre el derecho nacional, no sucedió lo mismo (claramente NO sucedió así en Alemania, en su doctrina y en sus tribunales) con respecto al derecho nacional de RANGO CONSTITUCIONAL (protección de derechos fundamentales). El mismo derecho constitucional que posibilita la auto-ruptura de las constituciones nacionales y el gigantesco trasvase de competencias a una organización -antes organizaciones- supra-estatal.
Las sentencias del TCons. alemán “Mientras tanto” I y II ya avisaban por donde vendrían los tiros si la UE no respetase los derechos anclados en las constituciones nacionales, como la alemana, constituciones de las que precisamente es de donde surge la Unión Europea, a través de tratados internacionales, previstos en las respectivas constituciones.
En base a sus propios preceptos constitucionales, que consideran violados, el Tribunal Constitucional alemán ha reaccionado ahora contra la creciente y continua “monetización” de la deuda pública, es decir comprada con dinero-fiduciario (Euros) creado de la nada.
Detrás de la correcta cuestión JÚRIDICA (en esto me convencen más, por su lógica interna, los argumentos del “arrogante” TCon. Alemán, que los del TJCE con jueces elegidos por los diferentes Estados Miembros, sin votos particulares y últimamente muy al tanto del sonido de la opinión pública mayoritaria), hay una importante cuestión ECONÓMICA. Si uno cree en el keynesianismo o en el monetarismo como solución a los problemas fiscales o económicos, el malo será también el Tribunal Constitucional alemán.
El Euro no está respaldado por ningún activo físico como oro, plata, intercambiable por los billetitos de papel. El Euro, como todas las monedas fiduciarias “de curso legal por imperativo legal”, está respaldado por la capacidad de recaudación fiscal de los países que tienen esa moneda. Hay países del Euro con importantes superávits fiscales; pero hay otros – o sus gobiernos “progresistas”- que solo viven en el perpetuo déficit fiscal, en la deuda pública creciente y que jamás reducen el gasto público (“austericidio”).
El Euro se debilita cuando con él se compran activos a precios que el mercado libre no haría, cuando el BCE se dedica a comprar papeles de deuda pública española, por ejemplo, que sin la masiva intervención del BCE cotizarían a precios muchísimo más bajos, debiendo ofrecer rendimientos (tipos de interés) muchísimo más altos, del 4% al 6% (que ya se probaron “insostenibles”, justo antes del primer rescate a España por el BCE), o más altos todavía, dada la progresiva argentinización de la economía española.
Pensar que se puede gastar sin límite sin hacer jamás recortes (¡Qué inventen otros y que los recortes los hagan otros!) y que ya vendrá “nuestro” banco central para comprarnos nuestra deuda público; aunque eso generé inflación (el impuesto invisible) y la caída de la propia moneda.
Lo que sucede es que nuestra moneda, el Euro, no es solamente nuestra y otros países no quieren seguir ese camino, mantenerlo a su costa, sobre la base de su propio esfuerzo fiscal.
Los alemanes, por su experiencia histórica que acabó en el nacional-socialismo y en la segunda guerra mundial, saben que “monetizar” los problemas y la deuda, sólo sirve para crear un burbuja aún mayor que acabará explotando y dañando a la moneda-papel que se está usando para absorber deuda pública a tipos artificialmente bajos y solventar los problemas de déficit público de los estados con credo “progresista”. Cada vez que el BCE crea “euros” de la nada y los usa para comprar deuda pública periférica a tipos bajísimos cercanos al 0-1% (es decir a precios altísimos). Llevaba años haciéndolo; pero al Dr. Sánchez y a Garicano, les parecía poco.
Hoy en día, la creación de papel-moneda de la nada (en Euros; como en USA y UK que lo lleven haciendo muchos más años) se centra en un solo activo y es en él en el que se concentra toda la inflacción. Es la madre de todas y la última burbuja posible. Ese activo es la deuda pública comprada por el BCE con dinero creado de la nada, con un simple apunte contable. Deuda pública comprada a precios burbujiles por el BCE, es decir aceptando/creando tipos de interés cercanos al 0-1%, totalmente artificiales.
Un gigantesco trasvase de dinero, de países ahorradores del dinero a países perennemente gastadores y en déficit perpetuo del sur. Y unos tipos de interés negativos o a cero, que implican otro gigantesco trasvase de todos los ahorradores / acreedores a favor de todos los gastadores /deudores… y que afectan al cálculo económico y al ahorro. Se permiten y mantienen en vida, los conocidos proyectos “zombies”, empresas “zombies”, países “zombies” que “cuando baje la marea” (cuando los tipos de interés se alejen del anormal 0%) se verá que “se estaban bañando desnudos”. Por emplear la terminología divulgativa standard.
Como el trasvase inter-generacional de dinero que suponen los esquemas piramidales de los sistemas de seguridad social desde el “genial” Bismarck (menudo negocio para el Estado cuando las personas se morían a los pocos años de alcanzar la edad de jubilación)….. pero multiplicado.
11 mayo, 2020 en 16:12
Estimado AGU:
¿De qué nos sirve que se hayan redactado si no se han publicado?
Eso es lo que se llaman, caso de existir, votos particulares “reservados”, que únicamente sirven para salvar la cara ad intra y no para dar cuenta a las partes y a los demás de la disidencia.
Fernando González Botija Dice:
11 mayo, 2020 en 16:39
Enhorabuena D. Jose Eugenio
muy interesante y muy acertado como siempre
El Constitucional aleman no tiene remedio
José Luis Martínez López-Muñiz Dice:
11 mayo, 2020 en 17:48
En bastantes de las cosas que dice mi querido colega José Eugenio Soriano sobre la sentencia del 5 de mayo de 2020 del Tribunal Constitucional alemán y su relevancia tiene toda la razón. No comparto, sin embargo, el tono de conflicto irreparable que se da al incidente, ni, sobre todo, el alto peso que se otorga en él a cuestiones de talante o de lucha por el poder, arrogancia, etc., en descrédito implícito -y descalificación explícita- del rigor jurídico que puede identificarse en esta nueva sentencia. Lo que está en juego es algo que también en España quedo sentado por la Declaración de nuestro Tribunal Constitucional sobre el fallido Tratado de 2004 sobre la supuesta Constitución europea: que, en efecto, no siendo la UE un Estado federal, ni tipo alguno de Estado, sino una organización supranacional sustentada en exclusiva en unos tratados internacionales, y, por lo tanto, en la voluntad concorde y netamente establecida con valor normativo por unos Estados, que no pueden hacer ni acordar sino lo que les permite sus respectiva Constitución y bajo sus condiciones, es evidente que la integridad del Derecho de la UE y de las decisiones que se adopten por cualquiera de sus órganos e instituciones están subordinadas a la Constitución de cada Estado en su ámbito, cuyo intérprete y garante supremo no es otro que el propio Tribunal Constitucional. El Bundesverfassungsgericht no ha hecho sino actuar e consecuencia: los tratados no le han otorgado al BCE competencias para hacer política económica, por deseable que pueda ser, sino sólo política monetaria y sometidas a las reglas que le marca la ley de la UE contenida en los tratados y sus protocolos, fijada por los Estados. El Tribunal alemán afirma con toda razón que las instituciones de la UE no pueden saltarse a la torera los procedimientos de reforma de los tratados -la potestad reservada a los Estados par fijar la ley de la Unión- y arrogarse a sí mismas competencias que los tratados no les han conferido o ejercer formalmente las que les corresponden de tal modo -violando el principio de proporcionalidad, por ejemplo- que en realidad estén ejerciendo las que son propias de los Estados y corresponden a la representación democrática institucional de los ciudadanos de cada Estado. Esta es, en realidad, la cuestión. No otra cosa que la seriedad y el rigor del Estado de Derecho: ser consecuentes con lo acordado democráticamente en los Tratados. Por eso, es de esperar que las instituciones de la Unión no se acampanen sino que revisen serenamente lo hecho para evitar el enconamiento de un conflicto que podría evitarse sin mucha dificultad y sin perjuicios para los intereses generales de la UE y la solidaridad europea.
11 mayo, 2020 en 21:07
Parece que el derecho constitucional, de rango constitucional, interno de cada país miembro, sí tiene primacia sobre el derecho derivado emanado de los órganos de la UE, que tienen las competencias que tienen (y no más, por muy expansiva que quiera ser la jurisprudencia del TJUE) porque unos Tratados Internacionales se la han dado. Pero esos Tratados Internacionales me temo no puede violar el derecho de rango constitucional interno, cuyos interpretes supremos son los tribunales constitucionales nacionales.
12 mayo, 2020 en 00:41
Mi querido colega José Luis Martínez López – Muñiz, discrepa con claridad de mi apunte sobre la sentencia del Bundesverfassungsgericht por mí severamente criticada. Y lo hace, sin mencionar ni una sola vez la Sentencia del Tribunal de Justicia a la que el Tribunal alemán dedica una crítica feroz anormal en los usos jurídicos generalmente reconocidos. Porque llamar “arbitrario” y “metodológicamente equivocado” a otro Tribunal, estimado José Luis, lo mires como lo mires, es arrogante y desafío inadmisible. No es el usus fori, salvo en caso de soberbia inaudita Y me ratifico pues en los dos calificativos. Pero estoy dispuesto a que en este punto, me contestes, con esas expresiones en la mano que literalmente usa el Bundesverfassungsgericht y expreses que eso es “rigor jurídico”. Como lo sería al parecer su afirmación de que no le vincula la sentencia del TJUE, desconociendo frontalmente los Tratados y con ellos, los principios totalmente asentados de primacía, efecto directo, y vinculación incluso difusa.
Al conectar directamente en tu comentario, la Sentencia de la Corte Constitucional alemana con el papel jugado por el BCE y obviar la sentencia del TJUE- que precisamente respondía a la primera cuestión que el Bundesverfassungsgericht planteó al tribunal europeo, reconociendo así su supremacía, una forma peculiar de la jerarquía- das un salto argumental en el vacío. Porque con toda exactitud, el tribunal alemán se enfrenta con el TJUE, dice que no le vincula y es ahí, resueltamente, donde se produce el problema. Problema que no se sitúa en conocer la extensión, contenido y límites de los poderes y funciones del BCE. Porque con toda evidencia eso es lo que hizo precisamente la sentencia del TJUE. Y lo dejó bastante claro y en consecuencia, el asunto estaba resuelto. Cuestión aparte es que no guste a muchos en Alemania, como no nos gustó a nosotros alguna otra Sentencia, a mi juicio deleznable, y a la que expresamente me refiero en mi apunte. De ahí que yo mismo haya indicado que hay que cambiar el propio TJUE. Pero exigir un cambio y criticar incluso con severidad una sentencia no significa, ni puede significar para cualquier jurista medianamente informado, que pueda desconocer las sentencias.
No es correcto pues plantear los límites de las instituciones europeas por ningún tribunal estatal como haces en tu comentario a mi apunte. Si no se está de acuerdo con las actividades y desempeños de las Instituciones (y repasa mi apunte donde critico con severidad el diseño del propio TJUE), los Tratados se cambian de acuerdo con los métodos previstos para ellos. Y se han cambiado muchas veces, en alguna ocasión incluso con estrepitoso fracaso (la mal llamada Constitución Europea). Pero la anarquía de que cualquiera de los 27 Tribunales de los Estados Miembros decida por su cuenta si las instituciones europeas han actuado correctamente e incluso, de forma impelente, procedan a fijar términos y condiciones al desempeño de las Instituciones europeas, como se hace aquí al dar tres meses para salirse del sistema salvo que el BCE rinda cuentas en definitiva al Bundesverfassungsgericht, es un despropósito totalmente contrario a los Tratados. Y sin duda alguna, sin hipérbole, el fin de la Unión que conocemos, y me ratifico en la alarma. De hecho no ha pasado nunca desde la fundación de la CECA, ni del Tratado de Roma hasta nuestros días. Esta es la primera vez que un tribunal nacional, con frescura, dice que no le vincula una sentencia del Tribunal Europeo y que no la acatará. Y que ordena además a un Estado que no la cumpla.
No entro, por largo, en el análisis bastante mejorable, de lo que sea el principio de proporcionalidad tal como pretende interpretarlo el tribunal alemán, como no entro en las cuestiones que tanto interesan a los recurrentes de orden económico. Ese no es el tema de mi apunte.
Tu propuesta de que el supuesto ultra vires comunitario lo corrija Karlsruhe, supone que mañana Madrid, o Roma o cualquiera sede de los 27, diga que esto no se le aplica y que además de un plazo, pongamos de tres meses, para salirse del sistema o exigir que una institución comunitaria le dé a él, precisamente a él como tribunal nacional final, la última palabra. Pues, mi buen José Luis, sin exageración, puedes decir, apaga y vámonos. Es la apuesta por el caos. Nadie tendría la última palabra, algo que da pánico, puesto que es la pura rebelión de los tribunales. Y rebeliones, como ha hecho el tribunal alemán, ni una. Y algo deberíamos saber de eso los juristas españoles.
Y finalmente, el derecho europeo no es simple derecho internacional. Es un muy complejo orden jurídico, que no se basa sin más en el treaty making power, con un sistema de fuentes propio y muy sofisticado. Y donde el papel del Tribunal de Justicia, tanto en el tratado de la Unión como en el de Funcionamiento, es final y determinante. Es la Europa de los Jueces la que cumple con el papel integrador que ahora ha desintegrado el tribunal constitucional alemán y al que al parecer te apuntas.
Ya veremos cual es la respuesta final de la Unión. De momento, vete mirando lo que ha dicho el propio TJUE, la Presidenta de la Comisión y la del propio BCE.
Como deseo concluir con la comitas academica que nos merecemos, me atrevo a apostarte, para cuando levantado el confinamiento podamos gustar de los pinchos regados con Ribera en tu Valladolid, que el problema no lo va a tener solo la Unión Europea, sino primordialmente, la propia Alemania.
Totalmente de acuerdo con José Eugenio.
Hoy en Expansión viene la noticia “Alemania y Europa se enzarzan por los planes del BCE”.
Recoge palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, de ayer: “El fallo del Tribunal Constitucional de Alemania es “SOLUCIONABLE” si el BCE explica el plan de compra de deuda, según fuentes presenciales citadas por Reuters”.
Esto, en mi opinión, sería caer en la trampa, pues una explicación ex post facto significaría reconocer que la última palabra la tienen los tribunales nacionales y no el BCE.
Dicha noticia recoge las palabras de la miembro alemana en el comité ejecutivo del BCE, Isabel Schnabel: “El BCE es una institución europea, lo que significa que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) tiene jurisdicción exclusiva sobre el BCE y sus acciones”. Al respecto recordó que el TJUE ya sentenció en 2018 que el programa de compra de deuda pública es legal.
12 mayo, 2020 en 11:38
He querido decir, obviamente: …la última palabra la tienen los tribunales nacionales y no el TJUE.
12 mayo, 2020 en 10:09
Agradezco tu respuesta, José Eugenio, y quedamos emplazados para esos pinchos. Recordaré solamente ahora las siguientes palabras del Tribunal Constitucional español: «(…) en el caso difícilmente concebible de que en la ulterior dinámica del Derecho de la Unión Europea llegase a resultar inconciliable este Derecho con la Constitución española, sin que los hipotéticos excesos del Derecho europeo respecto de la propia Constitución europea [léase hoy el propio Derecho Originario] fueran remediados por los ordinarios cauces previstos en ést[e], en última instancia la conservación de la soberanía del pueblo español y de la supremacía de la Constitución que éste se ha dado podrían llevar a este Tribunal a abordar los problemas que en tal caso se suscitaran, que desde la perspectiva actual se consideran inexistentes, a través de los procedimientos constitucionales pertinentes» (DTC 1/2004, de 13 de diciembre, FJ 4, tal y como lo reproduce la STC 16/2014, FJ 3). Ahí está el principio. Su aplicación en su sentencia del 5 de mayo por el BVerFG podrá discutirse. La estructura de la UE es la que es.
12 mayo, 2020 en 11:34
A mi modo de ver la UE adolece de un problema que tímida y tácitamente acaba de poner sobre la mesa el TC Alemán: Legitimidad en sus instituciones más allá del Derecho Positivo vigente.
El Derecho comunitario realmente no puede tener más fuerza legitimadora que la de cualquier tratado internacional. De hecho carece de la legitimidad previa de la existencia de una Comunidad anterior al Derecho que, por ejemplo, legitima y da vida a nuestra actual constitución.
Lo mismo, por supuesto, pasa con cualquier otra institución global. La ONU, por ejemplo. Menos sumisión es imperativa.
En el fondo esto es lo que latía en Inglaterra antes y después del Brexit. La fuerza del Common Law y la imposibilidad de preservarla en un mundo, el creado por la UE con la ayuda del Imperio, que solo recoge los “valores” del “laicismo dogmático absolutista” y que ha negado en el Tratado de Lisboa hasta nuestras raíces para darle vidilla a las “sociedades filosóficas” que equipara al Cristianismo y a nuestra Raíz Greco Romana. Los tres factores ya ausentes de la Enseñanza en la UE. Qué curioso.
No cabe ignorar cosas tan fuertes como esto porque son parte del Ser o del No Ser. Europa, entonces, ya optó por el No Ser. Lógico, al final de su camino está el nihilismo despótico que predijo Tocqueville y ratificó hace un suspiro Ferrajoli.
Lo que nos pasa es que no queremos ver las cosas que están ante nuestros ojos tapadas por el manto de nuestra querida disonancia cognitiva.
Por mucha ley que pongamos sobre la mesa, la realidad es indigerible y por tanto no va a tener nunca legitimidad otorgada y espontánea. Es decir, la que vale.
Esta incongruencia de nacimiento debe terminar por, siendo prácticos, en la ruptura de la UE en dos o tres bloques sueltos o, alternativamente, en la auténtica creación de una identidad común. Algo que no se ha hecho mientras pudo hacerse y además, se hizo todo lo posible por romper las naciones que la formaban.
Queda la opción primera que es el escenario de la Wundeswehr (Der Spiegel, 2017, Febrero). Es decir, en 2040 la UE ha dejado de existir.
Por otra parte, no nos engañemos y repasemos la historia. Esta UE –que ha tenido algunas importantes ventajas — nació por diseño imperial, fundamentalmente para ser su instrumento en la contención de la URSS. Ese pecado original no hay bautismo que lo arregle porque todas las vigentes constituciones son obligatoriamente Social-Demócratas y funcionan durante unos pocos ciclos electorales. Luego, en diez o doce ciclos electorales, el sistema de dependencia y de regresión a la media lo hace inviable, como estamos viendo. Estados elefantiásicos hiper-regulación, hiperfiscalidad, élites extractivas del tipo “Gerentes de Sucursal, y planificación centralizada. Lo que ya está aquí.
Otro ejemplo de hace semanas: la amenaza de sanciones de Washington a la compañía holandesa que legalmente estaba terminando la conexión a tierra del gasoducto báltico –el Nordstream II– para transportar Gas Natural ruso a Alemania. No es el gesto de un amigo y sí el de un superior poco respetuoso con la legalidad y autonomía de quienes, al someterse, ya no podrán negar su condición de vasallos.
¿Cómo se borran de la memoria cosas como esta? No se borran porque son células cancerígenas.
Es muy importante, creo, entender por qué UK tenía que irse. Muchos han mostrado alivio y el maniqueísmo más miope cuando la nación con más tradición democrática y de libertad individual desaparece de la Unión Europea.
Mejor una salida ordenada que es lo que ya está en el aire y en los gabinetes de estudios.
PS. ¿Ha resuelto la Sra. Lagarde sus temas con la Justicia Francesa? ¿A santo de qué la Inmunidad de los Directores del BCE?
¿De verdad alguien piensa que estos personajes pueden liderar algo que vaya a durar con legitimidad espontánea?
12 mayo, 2020 en 13:11
A la vista de algunos nuevos comentarios, me permito añadir a los míos anteriores, que la integración europea hoy institucionalizada en la UE es, a mi entender, una de las mejores cosas que han podido ocurrirnos y es de esperar que se siga consolidando y dure mucho, para bien de la paz, de la prosperidad y del buen Derecho en Europa y en el mundo. Las tensiones y conflictos que emergen a veces no tienen nada de particular, y medios hay para encauzarlos y resolverlos razonablemente bajo las pautas del Estado de Derecho, sin necesidad de elementales alarmismos. Lo preocupante sería que no existieran los cauces que existen. Basta conocer un poco la Historia.
12 mayo, 2020 en 13:18
Y yo con mi cafe disfrutando de esta ilustrada y provechosa discusión. Gracias. ( ͡° ͜ʖ ͡°)
12 mayo, 2020 en 21:29
Comparto las últimas reflexiones de Manu Oquendo y José-Luis Martínez Muñiz.
No creo que el “arrogante” sea el Tribunal Constitucional alemán, ni los alemanes. Al contrario. Quizás sean los funcionarios de la UE y del BCE o el TJUE aquellos cuya arrogancia debe ser moderada y controlada, el presupuesto deba ser equilibrado y el tesoro reaprovisionado.
Además del debate jurídico sobre la prevalencia del derecho interno de rango constitucional sobre el derecho derivado de la Unión Europea o sobre una interpretación de los Tratados que viole el derecho constitucional, hay una cuestión económica, muy importante, de fondo. Es el superavit fiscal de los países del Norte el que sostiene el Euro. El balance del BCE se debilita cada vez que éste crea “euros” de la nada para absorber deuda de países periféricos de la zona Euro que no ponen sus cuentas públicas en orden y que son adictos al gasto “por que ellos lo valen”.
¿Los alemanes, neerlandeses, finlandeses, austríacos, a parte de paganinis, apaleados? Recientemente se ofreció una ayuda de hasta 500 millardos de Euro, con control e intervención a países del sur de la zona Euro. A muchos eso no les pareció suficiente y exigieron -de nuevo- la directa mutualización de la deuda pública para poder seguir gastando SIN CONTROL ni intervención alguna y seguir emitiendo deuda pública a tipos de interés artificialmente cercanos al 0%, cortesía del Banco Central Europeo… y de los países que dan credibilidad y sostén a su moneda.
Bastante tolerancia durante tantos años han tenido con las acciones un BCE que se ha excedido mucho de lo que le permiten los Tratados y en un asunto de transcendental importancia y por el que caen todos los “imperios”: la moneda.
Síntesis de la intervención notarial en el acuerdo extrajudicial de pagos Una política de Estado tras la crisis