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Timestamp: 2017-08-16 18:21:02
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Matched Legal Cases: ['artículo 1', 'artículo 6', 'artículo 38', 'artículo 26', 'artículo 13', 'artículo 1', 'artículo 6', 'artículo 14', 'artículo 13', 'artículo 7', 'artículo 15', 'artículo 7', 'artículo 9', 'artículo 36', 'artículo\n6', 'artículo 33', 'artículo 36', 'artículo 9', 'artículo 9', 'artículo 106', 'artículo 124', 'artículo 125']

José Sánchez Pérez Universidad de Granada - PDF
José Sánchez Pérez Universidad de Granada
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Nicolás Montero Contreras
1 1 José Sánchez Pérez Universidad de Granada El reconocimiento de los derechos fundamentales surge con la convicción inalienable de que los mismos son propios de cualquier persona proporcionando libertad y dignidad por el simple hecho del nacimiento. Se enuncia así el principio de la igualdad como una parte importante de la historia de la modernidad que surgió con la referencia de la revolución francesa y sus principios de igualdad, libertad y fraternidad. Se establece en un principio la naturaleza como regla de igualdad de modo que basta nacer hombre para ser igual, planteamiento que tiene un aspecto claramente positivo en tanto que permite la consideración a individuos diferentes como iguales, si bien ofrece otro lado negativo al construir una igualdad formal en tanto que inicialmente no se establecieron mecanismos legislativos para modificar la sociedad (Rubio, 2002: 928) 2. Sin embargo, pese al reconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales contenidos en constituciones democráticas como la nuestra, se ha ofrecido un tratamiento restrictivo al principio de igualdad cuando el mismo viene referido a extranjeros. La regulación de los diferentes derechos civiles, políticos y sociales de los extranjeros se muestra como un elemento clave tanto en la defensa de los propios valores de la democracia como en un instrumento de capital importancia para que los trabajadores extranjeros puedan alcanzar unas condiciones de vida dignas, si bien es obvia la aparición de tensiones entre la concepción universalista de los derechos humanos en el ámbito internacional y el derecho de los estados a la libre determinación y a la soberanía. En cuanto a la materia específica tratada (en particular el accidente de trabajo del extranjero en situación irregular y en general los derechos de seguridad social del mismo) puede apreciarse una evolución positiva desde que se promulga la Constitución Española de 1978 y que se concreta a partir de la consolidación del fenómeno migratorio desde finales de los años 90. Inicialmente, con la primera ley de extranjería (Ley Orgánica 7/1985 de 1 de julio), el contrato de trabajo del trabajador inmigrante irregular es considerado nulo y la prestación de seguridad social bajo esta perspectiva resulta inexistente. La regulación que ofrecía esta norma trataba a la inmigración como un fenómeno coyuntural respondiendo a un control casi policial de los inmigrantes en una lógica de seguridad y de policía administrativa. Después, tras la vigente Ley Orgánica de Extranjería 4/2000 de 11 de enero, la situación cambia a través del reconocimiento legal explícito de los efectos de seguridad social del contrato de trabajo del inmigrante en situación irregular. Sin embargo las expectativas actuales no parecen acabar de consolidar el innegable avance descrito; la continuada, grave y persistente crisis económica que afecta a los países de la Unión Europea sólo ha permitido desarrollar en los últimos tiempos una normativa de carácter regresivo, legislando no para favorecer la integración del trabajador extranjero, sino para facilitar la vuelta hacia los países de origen como lo muestra de modo explícito la Directiva de retorno de diciembre de El último capítulo lo encontramos en la conocida como Directiva de permiso único cuya finalidad era la de introducir un permiso único de residencia y trabajo, y que simultáneamente permitía la exclusión de los trabajadores temporales y a los desplazados por las empresas, limitando significativamente algunos derechos como los relativos a la exportación de pensiones, derecho a becas o formación profesional. Finalmente la Directiva fue rechazada el pasado 15 de diciembre de por el Parlamento Europeo al considerarse que mina la igualdad entre los trabajadores de dentro y fuera de la Unión Europea, si bien por un estrecho margen que hace posible un nuevo intento de la Comisión Europea para aprobar definitivamente la propuesta. Sánchez Pérez, J. (2011). El accidente de trabajo del inmigrante sin papeles. En F. J. García Castaño y N. Kressova. (Coords.). Actas del I Congreso Internacional sobre Migraciones en Andalucía (pp ). Granada: Instituto de Migraciones. ISBN: Trabajo realizado en el desarrollo del Master de Estudios Migratorios, Desarrollo e Intervención Social. Forma parte además del tema central del trabajo de fin de Master. 2 La autora expone tanto el valor histórico y transformador del principio de igualdad como las críticas que cabe plantear al mismo cuando el mismo se limita a una igualdad formal, o mera norma abstracta sin desarrollo. 3 La ponente de la citada Directiva, la eurodiputada del Partido Popular Europeo Veronique Mathieu ha mantenido la propuesta de resolución con el apoyo de populares y liberales, y con la oposición del grupo socialista, si bien en la votación del día 15 de diciembre el cambio de postura de los liberales deparó el rechazo de la Directiva por 350 votos en contra y 306 votos a favor, con 25 abstenciones.
2 CONTEXTO HISTÓRICO DE TRATAMIENTO DE LA MANO DE OBRA EXTRANJERA Desde antiguo una característica común de la regulación del mercado de trabajo en España ha sido la preferencia de los trabajadores españoles frente a los extranjeros, lo que tiene ejemplos históricos en medidas tan explícitas como la reflejada en el Real Decreto de 8 de septiembre de 1932 que legitimaba la prioridad de los trabajadores nacionales, al establecerse con extranjeros el inicio de las decisiones extintivas de las relaciones de trabajo (Ramos, 2010:635). 1.1 La determinante influencia de los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo OIT Para el tiempo descrito (Segunda República) España ya era miembro de la Organización Internacional del Trabajo. Había ingresado en el año 1919 y había ratificado varios de sus convenios, entre los que destaca el Convenio-OIT, nº 19 sobre Igualdad de trato entre los trabajadores extranjeros y nacionales en materia de indemnización por accidente de trabajo. Este convenio, a través de su artículo 1.1, plantea la exigencia de la equivalencia de trato entre los nacionales del país que suscribe el convenio y los extranjeros, siempre que exista un principio de reciprocidad de trato, estableciendo de forma literal: Se garantiza esta igualdad de trato a los trabajadores extranjeros y a sus derechohabientes, sin ninguna condición de residencia. Sin embargo, en lo que se refiere a los pagos que un miembro, o sus nacionales hayan de hacer fuera de su territorio en virtud de este principio, las disposiciones que hayan de tomarse se regirán, si fuere necesario, por arreglos particulares estipulados con los miembros interesados. A tenor de la interpretación doctrinal (Borrajo, 2009:27) 4 el Convenio-OIT nº 19 en concordancia con el Convenio-OIT nº 97 (de 11 de julio de 1949) relativo a los trabajadores migrantes permiten considerar que la exigencia de residencia legal es clara y firme a tenor de los propios Convenios-OIT. Así el Convenio-OIT nº 19 disponía de forma tajante en su artículo 6.1: Todo miembro para el cual se halle en vigor el presente Convenio se obliga a aplicar a los inmigrantes que se encuentren legalmente en su territorio, sin discriminación de nacionalidad, raza, religión o sexo, un trato no menos favorable que el que se aplique a sus propios nacionales en relación con las materias siguientes: a) b) la seguridad social (es decir, las disposiciones legales relativas a accidentes de trabajo, enfermedades profesionales, maternidad, enfermedad, vejez muerte, desempleo y obligaciones familiares así como cualquier otro riesgo que, de acuerdo con la legislación nacional, esté comprendido en un régimen de seguridad social), El principio de la preferencia de los trabajadores españoles sobre los extranjeros en la actualidad tiene su traducción en el artículo 38.1 de la Ley Orgánica de Extranjería -con nueva regulación en la Ley 2/2009- cuando señala que en el procedimiento de obtención de la autorización de residencia y trabajo se tendrá en cuenta la situación nacional del empleo. En el mercado de trabajo se compra fuerza de trabajo a cambio de salario, pero ese intercambio no es libre y se encuentra condicionado por la política de inmigración cuando se trata de un trabajador inmigrante o de un empresario que ofrece un empleo. Ello no ha impedido en los últimos diez años un esfuerzo por integrar la irregularidad de la inmigración, constituyendo un auténtico desafío el otorgar efectos jurídicos a relaciones de trabajo en las que intervienen inmigrantes. En este contexto surge la Ley Orgánica 4/2000 con la finalidad entre otras de evitar la explotación sistemática de mano de obra inmigrante que, gracias a la economía sumergida, ha permanecido fuera del sistema. Se pretende de este modo evitar el dumping social que derivaría de la producción a bajo coste gracias a bajos salarios y mínimas condiciones laborales y sociales, y que supone un serio riesgo de deterioro de los niveles de tutela de los derechos laborales, económicos y sociales de los trabajadores en general (nacionales, comunitarios y extracomunitarios) (Ramos, 2010:636). Por su parte la Ley 56/2003, de Empleo, en su artículo 26.1 alude de modo específico y concreto a los inmigrantes como colectivo prioritario para el fomento del empleo, al tratarse de un colectivo con especiales dificultades de integración en el mercado de trabajo (Triguero, 2010: 50) La norma citada se expresaba en el siguiente tenor literal: Artículo El Gobierno y las comunidades autónomas adoptarán, de acuerdo con los preceptos constitucionales y estatutarios, así como con los compromisos asumidos en el ámbito de la Unión Europea, programas específicos destinados a fomentar el empleo de las personas con especiales dificultades de integración en el mercado de trabajo, especialmente jóvenes, mujeres, parados de larga duración mayores de 45 años, discapacitados e inmigrantes, con respeto a la legislación de extranjería. 4 Borrajo Dacruz interpreta que hay una clara voluntad a favor de la exportabilidad de las prestaciones, buscando que no se negasen los beneficios propios de la víctima del accidente de trabajo a sus familiares cualquiera que sea el país en que éstos residieran pero no que se borre toda diferencia de trato en razón a que la residencia sea legal o ilegal. Viene en definitiva a cuestionar el autor la oportunidad de la doctrina aperturista del TS reconociendo las prestaciones de accidente de trabajo a inmigrantes sin documentar, estableciendo que a falta de residencia legal la reparación ha de correr íntegra a cargo de la empresa infractora pues de otro modo, pagarían en realidad los cotizantes en situación administrativa regular, los propios trabajadores y los empresarios correctamente asegurados. 5 Pronto queda en evidencia que la abstracción y ambigüedad de la norma la convertirá en papel mojado, no dejando de ocupar el valor del precepto otra posición que la de un testimonio abstracto con propósito ideal pero vacío de contenido al no disponer de desarrollo normativo concreto.
3 La Organización Internacional del Trabajo ofrece datos acerca de cómo la aceleración de la globalización económica ha generado más trabajadores migrantes que en cualquier otra etapa histórica. El desempleo y la creciente pobreza han provocado que un número muy elevado de trabajadores busquen trabajo en países desarrollados. En forma paralela se ha generado una demanda de mano de obra poco cualificada que ha propiciado desplazamientos masivos. La OIT estima que actualmente existen en el mundo 175 millones de trabajadores migrantes, y alrededor del 15% de éstos se encuentra en situación irregular de los que aproximadamente la mitad son mujeres (García, 2010: 3) 6. Los trabajadores migrantes contribuyen sin duda a dinamizar la economía tanto en los países de acogida donde habitualmente realizan trabajos desechados por la población autóctona, como la economía de sus países de origen a través de las remesas que envían. Los principales textos de la OIT sobre migraciones que regulan la gestión de flujos migratorios los encontramos en el Convenio sobre los trabajadores migrantes (revisado), de 1949 (Convenio-OIT nº 97), donde se conviene que los Estados deben facilitar las migraciones internacionales con fines de empleo, facilitando servicios de información y asistencia a los trabajadores migrantes. Se regula, siendo esta la cuestión más relevante, que los Estados deben aplicar a los inmigrantes un trato no menos favorable que los nacionales en cuestiones relativas a las relaciones de trabajo (condiciones de empleo, libertad sindical y Seguridad Social). Por otra parte el Convenio sobre los trabajadores migrantes (disposiciones complementarias) de 1975 (Convenio- OIT nº 143), establece medidas para combatir las migraciones clandestinas e ilegales, a la vez que dispone el respeto de los derechos humanos básicos de todos los migrantes. Se añade una cuestión de creciente importancia con la consolidación de los flujos migratorios y que determina la obligación de los Estados miembros de facilitar la reagrupación familiar, facilitando la reunión de las familias de los trabajadores migrantes que residen legalmente en su territorio (García, 2010: 4). 1.2 La Unión Europea, avances y retrocesos en la cuestión migratoria La pérdida de la nacionalidad en el interior de Europa consecuente con los acuerdos de libre circulación de trabajadores y ciudadanos miembros de la Unión Europea impone una política uniforme en visados y permisos de residencia respecto de los trabajadores extracomunitarios. Precisamente uno de los principio fundamentales del Tratado de Roma de 1957 fue la libertad de circulación de trabajadores, promulgándose para asegurar este derecho el Reglamento nº 1612/68 del Consejo de 15 de octubre de 1968 relativo a la libre circulación de trabajadores dentro de la Comunidad, reglamento que se desarrolla en torno al principio general de supresión de cualquier discriminación, directa o indirecta por motivos de nacionalidad en el empleo, el salario y demás condiciones de empleo. El discurso político de Tampere 7 pretende que la Unión Europea tenga como objetivo la construcción de un espacio abierto y seguro, así como respetuoso con los derechos humanos. Sin embargo, fuera de la retórica de Tampere, la legislación comunitaria en materia de extranjería camina hacia dos conceptos: el concepto de ciudadanía que proporciona titularidad de derechos políticos y públicos y el concepto de residencia, cuya titularidad sólo permite el beneficio de las libertades económicas (Rubio, 2002: 971). De lo expuesto, deriva un doble status en lo que se refiere al trabajador emigrante; de una parte tenemos a los ciudadanos comunitarios o inmigrantes de la Unión Europea (que se rigen por los Acuerdos de Schengen 8 y Tampere) y los inmigrantes extracomunitarios que tienen un severo control de entrada y de estancia. El desarrollo normativo de la Unión Europea no ha focalizado su interés tanto en fomentar la integración del inmigrante extracomunitario como en regular de forma uniforme los mecanismos para su expulsión. De este modo la Directiva 2008/115/CE 9 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2008 regula las normas y procedimientos comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países en situación irregular (García, 2010: 12). Esta Directiva establece normas y procedimientos comunes que deben aplicarse en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países en situación irregular. Eso sí, al menos, se pretende observar de forma escrupulosa el respecto de los princi Ello no obsta a que como denuncia el autor con frecuencia quede en evidencia una escasa protección social de los inmigrantes, población especialmente vulnerable a la explotación y al tráfico de personas 7 El Consejo Europeo celebró una sesión especial en Tampere, los días 15 y 16 de octubre de 1999, sobre la creación de un espacio de libertad, seguridad y justicia en la Unión Europea. El Consejo Europeo se mostró resuelto a que la Unión se convirtiera en un espacio de libertad, seguridad y justicia, utilizando plenamente las posibilidades que ofrece el Tratado de Ámsterdam, lanzando un firme mensaje político para confirmar la importancia de este objetivo, acordando una serie de orientaciones y prioridades políticas que se pretende se conviertan en una realidad, procurando que el compromiso compartido de libertad, sustentado en los derechos humanos, en instituciones democráticas y en el Estado de derecho se extienda a otros ciudadanos de todo el mundo. 8 El Acuerdo de Schengen constituye uno de los pasos más importantes en la historia de la construcción de la Unión Europea (UE). El acuerdo tiene como objetivo finalizar con los controles fronterizos dentro del espacio de Schengen formado por la mayoría de los Estados miembros de la Unión y algunos terceros países y armonizar los controles fronterizos externos. 9 La Directiva 2008/115/CE fue publicada en el Diario Oficial de la Unión Europea del 24/12/2008. y aprobada por el Parlamento el 18/06/08 y por el Consejo el 09/12/08
4 pios de Derecho Internacional, los derechos fundamentales propios del Derecho comunitario, y las obligaciones existentes en materia de protección de los refugiados y de derechos humanos. Los países miembros han de adoptar una decisión de retorno contra cualquier nacional de un tercer país que se encuentre en situación irregular en su territorio, a salvo de que el afectado sea titular de un permiso válido de residencia o cualquier otra autorización que otorgue un derecho de estancia expedido por otro país miembro, exista convenio bilateral aplicable o cuando concurran razones humanitarias o un procedimiento pendiente de renovación del permiso del que derive el derecho de estancia. La decisión indicada debe contemplar un plazo, con duración comprendida entre siete y treinta días si bien puede ser prorrogada durante un tiempo prudencial atendiendo a las circunstancias concurrentes como puedan ser la duración de la estancia, la existencia de menores escolarizados, u otro tipo de vínculos familiares y sociales. Dentro del periodo voluntario de salida se pueden adoptar determinadas obligaciones para evitar el riesgo de fuga, pudiendo utilizarse como último recurso medidas coercitivas para llevar a cabo la expulsión. 2. LA VALIDEZ DEL CONTRATO DE TRABAJO DE LOS TRABAJADORES INMIGRANTES EN SITUACIÓN IRREGULAR En este contexto la validez y eficacia del contrato de trabajo entre un empresario y un trabajador extracomunitario sin haber obtenido previamente la autorización administrativa para trabajar ha sido uno de los aspectos más controvertidos y sometidos a cambio de posición en los ámbitos doctrinales y jurisprudenciales, situación que ha quedado expuesta a sucesivos y frecuentes cambios normativos. Un criterio interpretativo relevante de la situación de los extranjeros irregulares en España nos la ofrece la sentencia 236/2007 del Tribunal Constitucional, donde se plantea que el legislador no puede privar al trabajador extranjero de los derechos que les corresponden en su condición de persona, de modo que el artículo 13.1 de la Constitución autoriza al legislador a introducir restricciones y limitaciones ante derechos cívicos como es el derecho al trabajo, pero tal posibilidad no es ilimitada, sino que no podrá determinar la privación de derechos inherentes a la dignidad humana debido al incumplimiento de los requisitos de estancia o residencia. Paralelamente y como contrapeso, también es destacable que el incumplimiento de los requisitos administrativos relativos a las autorizaciones de estancia y residencia en España impide a los extranjeros el ejercicio de un grupo específico de derechos, o ciertos contenidos de derechos, que por su naturaleza sean incompatibles con su situación de irregularidad. El marco de referencia para la definición de la cuestión discutida es la Constitución, aunque también los Tratados internacionales de contenido laboral y de Seguridad Social suscritos por España, así como el marco legal definido por el ET (artículo 1.1) según el cual se presume existente el contrato de trabajo cuando concurre la prestación de servicios retribuidos, de forma voluntaria, dependiente, y por cuenta ajena. 2.1 Evolución de nulidad del contrato de trabajo, hacia el reconocimiento formal de su validez Durante mucho tiempo se ha sostenido la nulidad del contrato de trabajo sin autorización administrativa del trabajo efectuado por el trabajador inmigrante sobre la consideración de que se incumple el mandato imperativo de la obligación de autorizar el trabajo prestado por el extranjero, conectado con el artículo 6.1 del Código Civil que mantiene el efecto de la nulidad de los actos contrarios a normas imperativas Cuando España pasó a convertirse en un país receptor a gran escala de inmigrantes en torno a finales de la década de los noventa, pudo verificarse en la práctica cómo la calificación de nulidad de los contratos no provocaba otro efecto que favorecer a los empresarios que utilizaban mano de obra barata de inmigrantes indocumentados (Ramos, 2010:638). En las leyes de extranjería e inmigración anteriores a la reforma de 2003, el contrato de trabajo era considerado nulo tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, reconociéndose al mismo tiempo, la falta de autorización para trabajar con la falta de capacidad para contratar (Triguero, 2010: 59). El Tribunal Constitucional tuvo ocasión de pronunciarse respecto del problema planteado en numerosas ocasiones, siendo exponente del criterio mantenido la sentencia 107/84 de 23 de noviembre de 1984 en la que se cuestionaba si se debían considerar vulneradoras del principio de igualdad consagrado en el artículo 14 de la Constitución Española en relación con los artículos 13 y 35 las sentencias que declaraban la nulidad de los contratos de trabajo celebrados por quien, siendo extranjero, carecía de autorización de residencia que autorizaba para trabajar. Tal sentencia delimitó el objeto del recurso de amparo al plantear si la exigencia de un requisito administrativo como la autorización de residencia a unos ciudadanos de países hispanoamericanos para formalizar válidamente contratos de trabajo vulneraba o no el principio de igualdad, discutiéndose si a tales efectos en relación a la contratación laboral los ciudadanos extranjeros deben ser tratados igual que los españoles, concluyéndose que en materia de acceso al trabajo no resulta exigible desde una óptica constitucional la igual-
5 dad de trato entre extranjeros y españoles cuando no existe tratado que así lo imponga, pues nuestra Constitución solo reconoce el derecho al trabajo para los españoles, si bien sí existe esa igualdad de trato una vez producida la contratación (Azón. 2003, 152). La sentencia elabora una clasificación de derechos para nacionales y extranjeros a partir de lo dispuesto en el artículo 13.1 de la Constitución Española, el cual señala que Los extranjeros gozarán en España de las libertades públicas que garantiza el presente Título en los términos que establezcan los tratados y la ley. Se utiliza una distinción clásica entre titularidad y ejercicio de derechos que corresponden por igual a españoles y extranjeros, de modo que la exigencia del mismo tratamiento solo será predicable de los derechos fundamentales inherentes a la dignidad de la persona, y por tanto pertenecientes a todos, sin distinción por razón de nacionalidad. Se establece que el derecho del trabajo no se encuentra incluido entre aquellos. Por el contrario su ubicación constitucional apelaba a una consideración como derechos cívicos que pertenecerían o no a los extranjeros en virtud del desarrollo que al efecto hubieran previsto tratados y leyes. La citada sentencia del TC 107/84 en definitiva resuelve que una legislación que exige el requisito administrativo de la autorización de residencia para reconocer la capacidad de celebrar válidamente un contrato de trabajo no se opone a la Constitución. Puesto que este requisito quedaba en manos del legislador, se ofrece de este modo la vía regulación del tratamiento desigual entre españoles y extranjeros, si bien una vez iniciada la relación laboral el trato desigual no resulta posible por lo que las condiciones de trabajo no podrán revestir ningún tipo de trato diferenciado por razón de la nacionalidad del trabajador. La cuestión relativa a la validez y eficacia de la relación laboral existente entre una empresa y un trabajador extranjero sin permiso de trabajo, se analizaba partiendo de lo dispuesto en el artículo 7. c) del ET según el cual los extranjeros solo podrán contratar la prestación de su trabajo de acuerdo con lo dispuesto en la legislación específica sobre la materia, regulación que era la contemplada en la Ley Orgánica 7/1985 de 1 de julio, que en su artículo 15.1º condicionaba totalmente la posibilidad de realizar una actividad laboral en España a la obtención del permiso de trabajo. A tenor de esta normativa el TS en sentencia de 21 de marzo de 1997 concluye que un contrato de trabajo sin obtención del permiso de trabajo es un contrato concertado contra la prohibición expresa de la ley, que merece la calificación de nulo por aplicación concertada de los artículos 6.3 -según el cual los actos contrarios a las normas imperativas y a las prohibitivas son nulos de pleno derecho, salvo que en ellas se establezca un efecto distinto para el caso de contravención- y 1275 del Código Civil -por el que los contratos sin causa, o con causa ilícita, no producen efecto alguno, siendo ilícita la causa cuando se opone a las leyes-, en relación con el artículo 7 del Estatuto de los Trabajadores, declaración de nulidad que se declarará sin perjuicio de lo prescrito en el artículo 9 del ET, conforme a la cual el trabajador en estas circunstancias carece de acción para reclamar por despido frente al empresario, pudiendo tan solo exigir la remuneración por el trabajo que ya hubiera prestado. El fenómeno sociológico de la inmigración masiva producida a finales de los años noventa, paralelo a un periodo de expansión económica, llevó a constatar de forma recurrente cómo la calificación de nulidad de los contratos de trabajo con extranjeros contribuía a favorecer a los empresarios que utilizaban mano de obra extracomunitaria indocumentada. De este modo se produce el rápido y descontrolado aumento de la economía irregular que pasaba a nutrirse con fuerza de trabajo inmigrante en situación irregular y que ejerce una gran capacidad de atracción para absorber un volumen de mano de obra de costes laborales muy reducidos. Esta situación es objeto de serias críticas que incorporan denuncias claras y directas, propiciando el que se aprobara la Ley Orgánica 4/2000 de 11 de enero que contribuye decisivamente a proporcionar un cambio de orientación sobre la validez y eficacia del contrato de trabajo concertado por un extranjero sin autorización para ello. Se alcanza así una dulcificación en la consideración de los efectos del contrato de trabajo así como un menor rigor a la hora de sancionar las prestaciones de servicios por el inmigrante irregular, pasándose de aplicar la sanción de expulsión a calificar la conducta como atentatoria al orden público laboral, considerándose como una infracción leve acompañada de sanciones constitutivas de multa. Sin embargo no se alcanza una situación pacífica pues la contrarreforma que se deriva de la aprobación de la Ley Orgánica 8/2000, supone una vuelta a atrás traduciéndose en una serie de recortes del catálogo de derechos reconocidos a los extranjeros, produciéndose una nueva modificación con la Ley Orgánica 14/2003 en la que el artículo 36 de la misma alcanza una nueva regulación, según el cual: Art. 36. Autorización para la realización de actividades lucrativas. 1. Los extranjeros mayores de dieciséis años precisarán, para ejercer cualquier actividad lucrativa, laboral o profesional, de la correspondiente autorización administrativa previa para residir y trabajar. La autorización de trabajo se concederá conjuntamente con la de residencia, salvo en los supuestos de penados extranjeros que se hallen cumpliendo condenas o en otros supuestos excepcionales que se determinen reglamentariamente. [ ] 3. Para la contratación de un extranjero el empleador deberá solicitar la autorización a que se refiere el apartado 1 del presente artículo
6 La carencia de la correspondiente autorización por parte del empresario, sin perjuicio de las responsabilidades a que dé lugar, incluidas aquellas en materia de Seguridad Social, no invalidará el contrato de trabajo respecto a los derechos del trabajador extranjero, ni será obstáculo para la obtención de las prestaciones que pudieran corresponderle. La regulación actual señala de forma expresa que la carencia de la preceptiva autorización administrativa no invalidará el contrato de trabajo respecto a los derechos del trabajador extranjero, introduciendo con ello una radical diferencia respecto a la regulación anterior con la que claramente se quiere indicar que el contrato de trabajo no quedará invalidado y esta situación no afectará a los derechos laborales del trabajador extranjero que se mantienen por ello íntegros y sin limitación. 3. EL ALCANCE DE LA FUNCIÓN INTERPRETATIVA DE LA JURISPRUDENCIA LABORAL Y SU INFLUENCIA EN LOS CAMBIOS NORMATIVOS ACERCA DE LA VALIDEZ DEL CONTRATO DE TRABAJO SUSCRITO SIN AUTORIZACIÓN A tenor del contenido literal del artículo 33.3 de la Ley Orgánica 4/2000 (más adelante artículo 36.3) relativa a la validez del contrato suscrito sin permiso de trabajo, la jurisprudencia se muestra receptiva a considerar que el contrato de trabajo así convenido no podía calificarse como nulo. De este modo el contrato debía entenderse válido a los efectos de permitir que para el trabajador se desplegaran todos los derechos derivados de la relación laboral existente con la empresa. A partir de esta nueva situación se plantean diversos recursos que tiene que resolver el TS con el objetivo de superar el tradicional y arcaico planteamiento en virtud del cual la nulidad contractual ofrece los efectos que prevé el artículo 9.2 del ET y que se reducen exclusivamente a la reclamación de los salarios correspondientes al tiempo trabajado. Poco a poco se van a producir avances que conforman la nueva situación. 3.1 La obligación de cotizar por el trabajador El primer paso hacia la consideración de validez del contrato de trabajo suscrito sin autorización se produce con la sentencia de la Sala Tercera del TS de fecha 2 de diciembre 1998 que establece la obligación de cotizar por el trabajador ante la Seguridad Social, indicando que el artículo 9.2 del ET establece que el trabajador podrá exigir por el trabajo que ya hubiera prestado la remuneración consiguiente a un contrato válido; lo que implica la introducción en el ámbito del Derecho Social de una especificación del principio de prohibición del enriquecimiento injusto. A partir de la revisión de actas de liquidación de cuotas, al margen de la eventual nulidad del contrato 10, el TS estableció que el trabajo prestado en régimen laboral por un trabajador extranjero en situación de irregularidad para el empresario generaba a tenor de lo contemplado en el artículo 106 de la LGSS la obligación de cotizar (Quintero, 2010: 215). 3.2 La declaración de validez del contrato de trabajo Posteriormente se produce la unificación de doctrina en el año 2003 a raíz de 3 sentencias (de 9 de junio, 29 de septiembre y 7 de octubre) dos a raíz de un accidente de trabajo y una relativa a un pleito por despido, que declaró que el contrato no es nulo a la luz del nuevo precepto legal (art LOE) y que en consecuencia corresponde al trabajador la protección legal propia de todo contrato de trabajo La sentencia del TS de 7 de octubre de 2003, recurso 2153/02 declaró el derecho de un trabajador de nacionalidad colombiana que carecía de permiso de residencia y de trabajo, y que no estaba de alta en Seguridad Social a la prestación de incapacidad permanente en grado de absoluta derivada de accidente de trabajo, razonando que se trata de un trabajador cuyo país ratificó el Convenio número 19 de la OIT, también ratificado por España, y el principio de reciprocidad obliga a conceder el mismo trato a los trabajadores extranjeros y nacionales en materia de indemnización por accidente de trabajo, por lo que se considera al extranjero irregular en situación de alta de pleno derecho en la Seguridad Social. La sentencia establece que las personas incluidas en el campo de aplicación del régimen general de la Seguridad Social a tenor de lo previsto en el artículo 124 de la LGSS causarán derecho a las prestaciones del mismo cuando, además de los particulares exigidos para la respectiva prestación, reúnan el requisito general de estar afiliada y en alta o en situación asimilada al alta, al sobrevenir la contingencia o situación protegida, salvo disposición legal expresa en contrario, y que no se exigirán periodos previos de cotización para el derecho a las prestaciones que se deriven de accidente, sea o no de trabajo. En forma añadida, de conformidad con lo previsto en el artículo 125 de la LGSS los trabajadores comprendidos en este régimen general se considerarán de pleno derecho en situación de alta a efectos de accidente de 10 El reconocimiento de la validez del contrato de trabajo aún está por llegar en la doctrina posterior.
Para los ojos de mi madre. Que siguen mirando.
Para los ojos de mi madre. Que siguen mirando. CRÓNICA DE LA ESCASAMENTE SEDUCTORA DOCTRINA DE LA PROTECCION SOCIAL POR LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO AL INMIGRANTE SIN PAPELES QUE TRABAJA BAJO
SENTENCIA. Es Magistrado Ponente el Excmo. Sr. D. JOAQUÍN SAMPER JUAN ANTECEDENTES DE HECHO
Tribunal Supremo, Sala Cuarta, de lo Social, Sentencia de 18 Mar. 2008, rec. 800/2007 Denegación de la prestación de desempleo a extranjero que no cuenta con autorizaciones de residencia y de trabajo DESEMPLEO.