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Timestamp: 2017-03-30 12:40:15
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Sindicato Mexicano de Electricistas (Blog): 03-jul-2011
NO OLVIDES ACUDIR VESTIDO CON PLAYERA COLOR NEGRO Y UNA VELADORA.
Comité Nacional e Internacional de Observadores Independientes - Boletín de Prensa
Sancionarán a TV Azteca y Milenio TV por anticipar resultados electorales
3 de julio de 2011 · 2 Comentarios
TOLUCA, Edomex. (apro).- Las televisoras TV Azteca y Milenio TV, en abierta violación al artículo 159 de la legislación electoral del Estado de México, difundieron minutos después del cierre de las casillas, a las 18:00 horas, resultados de presuntas encuestas y sondeos de salida que le dan amplia ventaja al candidato de la coalición “Unidos por ti”, el priista, Eruviel Avila.
El presidente del Consejo General del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), Jesús Castillo Sandoval desacreditó estos sondeos y subrayó que se prevé una sanción de 100 a mil días de salario mínimo vigente para las empresas que violen lo estipulado en el artículo 159.
“Los únicos resultados que avala el Consejo General del IEEM son los del PREP, no los de alguna empresa encuestadora”, afirmó Castillo Sandoval.
El artículo 159 establece claramente en su cuarto párrafo:
“Durante los ocho días previos a la elección y hasta dos horas después del cierre oficial de las casillas, queda prohibido publicar o difundir por cualquier medio, los resultados de encuestas o sondeos de opinión que tengan por objeto dar a conocer las preferencias electorales de los ciudadanos”.
En el último párrafo se estipula que “quienes infrinjan las prohibiciones cometidas en este artículo, quedarán sujetos a las sanciones que este Código impone, así como a las penas que señala el Código Penal Estatal y demás disposiciones aplicables”.
TV Azteca atribuyó los resultados de encuestas de salida a la casa Mendoza Blanco, empresa perteneciente a Jorge Mendoza, senador priista y expresidente de la televisora, quien se hizo famoso por liarse a golpes con representantes de Canal 40 durante el ataque ilegal al Cerro del Chiquihuite.
También Milenio TV dio a conocer adelantos del sondeo encargado por Grupo de Comunicación Estratégica, empresa que durante los 45 días de campaña divulgó una consulta telefónica diaria.
JAVIER LOZANO FRENTE A FRENTE CONTRA EL SME ¿PATRÓN MAÑOSO O RÁBULA?
CARTA A LOLITA DE LA VEGA CONDUCTORA DE TV AZTECA
México, D.F., a 3 de julio de 2011.
Estimada Lolita de la Vega:
En su ameritado programa “Frente a Frente” que sigo a través de varios lustros, el día de ayer sábado, se inquirió “¿Qué Pasa con la Secretaría del Trabajo?” interviniendo obviamente, el titular de la dependencia Lic. Javier Lozano Alarcón, quien desempeñó obviamente, el papel protagónico.
Al abordarse el tema, predominantemente jurídico, sus televidentes extrañamos la presencia del calificado jurista Alfonso Navarrete Prida, Licenciado en Derecho, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, que representa en el evento la voz de la erudición en la disciplina y ciencia del deber ser.
Inició usted exponiendo la semblanza curricular del invitado especial, expresando su calidad de abogado y maestro de la Escuela Libre de Derecho, su trayectoria en el servicio público y su representación por parte del gobierno federal, como el funcionario emblemático de la creación de empleos para la mexicanidad.
A su vez, en primer término, el Lic. Lozano, se asumió como defensor de la clase obrera, calificando insistente y reiteradamente a los poseedores del capital, como “PATRONES MAÑOSOS”, violadores de la ley, que conculcan los derechos de los trabajadores al privarles de sus derechos a recibir salarios dignos y prestaciones remuneradoras, producto de sus tareas y labores, instándolos a formular quejas y denuncias ante la Procuraduría del Trabajo; el Servicio de Administración Tributaria y demás instancias competentes.
Después de comentar otras situaciones irrelevantes, vinculadas con su asistencia a una sesión en la Cámara de Diputados del Congreso, el invitado, en segundo lugar, tocó el tema relativo a la situación de “Luz y Fuerza del Centro”, expresando categóricamente, en términos generales, la idea de que el organismo fue extinguido legalmente, por razones de exagerado costo de la nómina laboral, cuyo resultado fue la privación de los empleos de los agremiados activos, en número aproximado de 46,000 y la afectación de los ingresos del personal jubilado, que asciende grosso modo a 22,000.
A continuación, en tercer orden, se erigió en consejero de los más de 15,000 mexicanos electricistas separados de su empleo, renuentes a la aceptación del Esquema de Indemnización Laboral “voluntario”, que sostienen la conocida lucha de resistencia pacífica, en reivindicación de los derechos de que fueron privados, y el reclamo de falta de legalidad de los mecanismos utilizados por el gobierno federal para tal efecto, exhortándolos para admitir su condición, invocando que se trata de un acto consumado e irreversible.
Extrañamente, de manera irónica y compartida, Usted y los panelistas Bárbara Yllán y José Monroy Zorribas (llamados compadres y co-conductores) estimaron plausibles los comentarios del servidor público invitado, como fácilmente se puede corroborar en la grabación del programa.
Enseguida el Lic. Lozano, imputó en forma genérica a los diputados de la Cámara que integra el H. Congreso de la Unión, la presunta irresponsabilidad de crear expectativas incumplibles a los mexicanos electricistas inconformes, y de paso atribuyó al Sr. Andrés Manuel López Obrador, la detención de la aprobación de la nueva o reformada Ley Federal del Trabajo.
Finalmente, el Sr. Secretario, a pregunta expresa de un televidente respecto del monto de su salario y sus merecimientos, justificó su recepción, aduciendo que en caso de ser menoscabados sus ingresos se propiciaría la corrupción, y se alentaría el éxodo de los servidores públicos de mandos superiores, hacia el sector empresarial y patronal, doliéndose de forma personal que desde hace dos años no han sido elevados en un solo peso sus emolumentos (no explicó la razón de su meritocracia).
Sentado lo anterior, estimable Lolita, advirtiendo que el lema de su programa se hace consistir en “Periodismo con Responsabilidad”, he de merecer de Usted, tenga presente que los asertos del Lic. Lozano, no resisten el elemental análisis crítico, y por tanto se amerita, por lo menos la atención y análisis de la subsiguiente exposición:
I. “PATRÓN MAÑOSO”.- Este adjetivo peyorativo, lo sustenta el Secretario Lozano, en las maniobras dolosas e ilegales por parte de los contratantes de la mano de obra ordinaria y calificada, de aquellos mexicanos que para subsistir, sólo cuentan con el producto de su trabajo, y en consecuencia son víctimas de la infracción a la legislación y normatividad que regulan el equilibrio de los factores de la producción y tutelan los derechos dimanados del artículo 123 de nuestra Constitución.
Tal vez Lozano olvidó que el Gobierno Federal, al que se encuentra adscrito, por virtud de las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo vigente, es el patrón de los obreros afiliados a la Sindicato Mexicano de Electricistas, y que las “mañas” a que alude se fincan en la ilegalidad e inobservancia de las leyes y normas reglamentarias aplicables al caso concreto, a las cuales denomina su servidor “inconsistencias y actos autoritarios viciados de invalidez, ineficacia y nulidad, veamos cómo se han manifestado:
A) INEFICACIA.- El Decreto de Extinción que agravia a los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, ES INEFICAZ, por haber sido expedido evadiendo las disposiciones de la Ley Federal de Procedimiento Administrativo, que es el único ordenamiento aplicable al caso específico, por mandato expreso del H. Congreso de la Unión, que expidió dicho ordenamiento, e instituyó la denominada " COMISIÓN FEDERAL DE MEJORA REGULATORIA", con el único propósito de propiciar la transparencia de los actos de la Administración Pública Federal, a fin de que estos generaran el máximo benéfico económico para la sociedad, previa audiencia de los sectores interesados, entre los que se encuentran el SME, los usuarios del servicio, proveedores, contratistas, etc., que no fueron escuchados en justicia.
Ello es así porque al expedir el Decreto de Extinción (acto administrativo de carácter general), el Gobierno Federal, no obtuvo el Dictamen previo aprobatorio en definitiva de su anteproyecto y la exención total y sin salvedades de su manifestación de impacto regulatorio, por parte de la Comisión referente, como lo exige el Titulo Tercero A de la Ley Federal de Procedimiento Administrativo, debiendo precisarse que tal omisión, origina que el Decreto sea “INEFICAZ”, por mandato expreso del artículo 10 de la Ley ya invocada, que literalmente ordena:
EN DERECHO MEXICANO, EL ACTO INEFICAZ, ES AQUÉL QUE NO PRODUCE EFECTOS LEGALES NI CONSECUENCIAS DE DERECHO, COMO LO CONFIRMA EL TEXTO TRANCRITO, APOYADO POR LA CONCEPCIÓN DOCTRINAL DE RECONOCIDOS TRATADISTAS DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO, EN VISTA DE LAS ULTERIORES CITAS.
… El acto perfecto puede ser también eficaz. Esto ocurre cuando ningún obstáculo se opone al despliegue de sus efectos, y por lo tanto a su ejecución. Acto eficaz es lo mismo que acto que se puede realizar. Puede ocurrir que el acto, aunque perfectamente formado, no pueda ser realizado, es decir, que no sea eficaz. Esto ocurre, cuando por la ley o por voluntad del agente, la eficacia del acto está sometida a una condición suspensiva o a un término. La ineficacia no deriva, por lo tanto, de la falta de perfección o de validez. Un acto puede ser perfecto, plenamente regular, y sin embargo ineficaz, por cuanto un término o una condición tienen en suspenso los efectos.”
“DISTINCIÓN ENTRE ACTO PERFECTO Y ACTO EFICAZ”
Atento lo anterior, los dictados de la lógica común le permitirán discernir, que aún admitiendo que el Decreto que intenta extinguir a Luz y Fuerza del Centro, tenga existencia y haya sido emitido colmando los elementos que la Constitución y la ley exigen, ello no lo reviste de eficacia ni factibilidad para surtir efectos y consecuencias de derecho, dado que estos solo pueden producirse, cuando el acto hubiere sido o sea aprobado mediante resolución definitiva de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria.
II. NULIDAD DE LAS BASES DEL PROCESO DE LIQUIDACIÓN DE LUZ Y FUERZA DEL CENTRO.- Por otra parte, en lo que atañe a las Bases para el Proceso de Desincorporación del Organismo Descentralizado Luz y Fuerza del Centro, emitidas por la Secretaría de Energía, apoyo en el Decreto en estudio, y distinguiendo que las nociones de ineficacia y nulidad tienen connotaciones diversas, vale decir, que estas se encuentran viciadas de nulidad absoluta, tal y como lo acredita la ulterior exposición.
TERCERO.- La Secretaría de Energía deberá publicar en el Diario Oficial de la Federación las bases para llevar a cabo la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, dentro de los tres días “hábiles siguientes” a la entrada en vigor del presente Decreto.”
Así se tiene, que en la gramática elemental, la Secretaría de Energía debió publicar las bases de mérito, en el lapso que corre del lunes doce al miércoles catorce del dos mil nueve, por ser estos días, los hábiles y siguientes, a la entrada en vigor del decreto. En otro léxico, la dependencia mencionada solo contaba con facultades para señalar y publicar esas bases, dentro del anterior periodo prefijado por el Presidente de la República. (No antes ni después)
No obstante, la Secretaría de Energía, a-priori, publicó las aludidas bases, el mismo día del decreto de extinción, esto es el once de octubre de dos mil nueve, siendo que en esa fecha carecía de atribuciones para ello, lo que implica una contravención a nuestro régimen legal de facultades regladas.
III. INVALIDEZ DE LA OPINIÓN APROBATORIA DEL ESQUEMA DE INDEMNIZACIÓN LABORAL DEL PERSONAL DE LUZ Y FUERZA DEL CENTRO, EMITIDA POR LA SECRETARÍA DEL TRABAJO Y PREVISIÓN SOCIAL. Más allá de las irregularidades apuntadas, la Tercera de las referidas bases de desincorporación y liquidación por extinción, previene:
A pesar de la literalidad de la redacción, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a cargo del Lic. Lozano, por conducto del Director General de Inspección Federal de Trabajo, mediante oficio DGIFT/0575/2009 datado el once de octubre de dos mil nueve, emitió opinión aprobatoria del esquema de indemnización laboral, que describe la base tercera que se reproduce.
De ahí que, es manifiestamente obvio que dicha Secretaría también desacató el mandato del Presidente de la República, contenido en los numerales 3 y Tercero Transitorio del Decreto que supuestamente extingue a Luz y Fuerza del Centro, por cuya razón es pertinente en el buen derecho, la procedencia de instancia de procedimiento administrativo en forma de juicio, que bajo mi patrocinio profesional le ha sido planteada a la Dependencia, con antelación.
La cultura jurídica e intelección en la materia que el Lic. Lozano asume, no ha permitido conducirse con respeto a los principios valorativos de legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia en el desempeño de sus funciones, como lo manda el artículo 113 Constitucional y su concordante 7 de la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, ni ha cumplido su deber jurídico de reconocer pública e institucionalmente, que el decreto analizado, aún siendo apegado a la Carta Magna es ineficaz, y las acciones de liquidación derivadas del mismo, resultan ser de facto, más no de jure.
IV. PROBABLE RESPONSABILIDAD PENAL.- Especial importancia adquiere el hecho, de que en las acciones de liquidación, realizadas por el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes, con la intervención y co-participación de las Secretarías de Energía y del Trabajo, se han hecho erogaciones con cargo al presupuesto de la Federación, que al carecer del sustento jurídico antes precisado, resultan ser ilegales, y probablemente constitutivos del delito previsto en el artículo 217 fracción III del Código Penal Federal, en su modalidad de "Pago Ilegal".
V. PREMISAS CONCLUYENTES.- Lolita, en atención a lo explicado, se imponen las siguientes interrogantes:
A) ¿QUIÉN ES “EL PATRÓN MAÑOSO” QUE VIOLANDO LA LEY FEDERAL DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO Y DESDEÑANDO A LA COMISIÓN FEDERAL DE MEJORA REGULATORIA, PRETENDE LA DESAPARICIÓN DEL LUZ Y FUERZA DEL CENTRO; EMITIENDO ADEMÁS AL MARGEN DEL DECRETO DE MÉRITO LAS BASES DEL PROCESO DE DESINCORPORACIÓN Y LIQUIDACIÓN DEL ORGANISMO, Y AL FINAL DEL DÍA APROBÓ EN IDÉNTICAS CONDICIONES EL DENOMINADO ESQUEMA DE INDEMNIZACIÓN LABORAL DE LOS MEXICANOS ELECTRICISTAS?
B) ¿TENDRÁ EL LIC. LOZANO LAS CUALIDADES PARA AUTODENOMINARSE ABOGADO?
C) ¿SI LA JUSTICIA SE FINCA EN EL HUMANISMO Y LA COMPRENSIÓN DE LAS NECESIDADES SOCIALES, SON JUSTOS LA PRETENSIÓN DE DESAPARICIÓN DE LUZ Y FUERZA DEL CENTRO Y LA BARBARIE JURÍDICA DEL DESPIDO DE 46,000 MEXICANOS ELECTRICISTAS?
D) ¿PUEDE DENOMINARSE A LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN PÚBLICA FEDERAL, LA DEFENSORA Y PROCURADORA DEL EMPLEO DE LOS MEXICANOS?
VI. ATRIBUTOS DEL ABOGADO JURISPRUDENTE.- El sentido común indica que la respuesta a las interrogantes anteriores, y cualquier duda sobre la cualidad del Lic. Lozano, al asumirse como “ABOGADO” y “MAESTRO DE INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DEL DERECHO”, se despeja a través de la obra “EL JURISTA Y EL SIMULADOR DEL DERECHO” cuyo autor es Ignacio Burgoa Orihuela, Doctor en Derecho y Maestro Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuyos fragmentos reproduzco considerando que deben ser de su interés para ubicar el rango y condición de su invitado reciente:
“…es el jurista el cultor del Derecho. Su actividad primordialmente estriba en construirlo para perfeccionar su normatividad positiva y en vigilar su respeto. Por ello, el jurista es un garante de la sociedad en cuanto que debe procurar que en ella imperen la justicia y la seguridad.
Para cumplir su insigne y excelso contenido social, el jurista, principalmente como abogado, debe ser libre. La libertad en este sentido significa que no debe estar vinculado permanentemente a ningún sector público, privado o social, ni patrocinar solamente los intereses que este sector represente.
Estar al servicio de alguien, sea persona física o moral, pública o privada, obliga a obedecer siempre las consignas que dé el que reciba el servicio.
Por esas razones no es admisible que los licenciados o Doctores en Derecho, que estén al servicio de algún sujeto, sea quien fuere, se llamen abogados…los directores jurídicos de las dependencias oficiales no son abogados, puesto que están al servicio de ellas y de sus superiores jerárquicos.
Además de ser libre, el jurista debe ser auténtico. La autenticidad se revela en un comportamiento acorde con lo que se piensa y se siente. Es, por tanto, una calidad opuesta al vicio de la falsedad e hipocresía, refractarias de la confiabilidad.
Sin la autenticidad no podría concebirse la idea ética del hombre de derecho en ninguno de sus tipos funcionales.
La veracidad es otro de los ingredientes morales del jurista, atributo que no implica, obviamente, que posea la verdad como valor absoluto muchas veces inasequible al entendimiento humano. Ser veraz entraña simplemente rectitud de pensamiento, no certeza trascendente en lo que se piensa.
(Paráfrasis de Rodolfo Ihering)
“Aquellos que alcanzan la posición de amos, no son más que lacayos disfrazados, dominadores brutales contra los de abajo, cobardes y serviles ante los de arriba”
Una de las imprescindibles cualidades morales del jurista es la honestidad que en su sentido amplio equivale a no ser corrupto. La corrupción es un concepto que engloba simultáneamente varias implicaciones. Así, corromper equivale a trastocar o alterar la forma de alguna cosa, echar a perder, depravar, dañar, podrir,… viciar, pervertir, incomodar, fastidiar, machar o mancillar, alterar o trastornar algún asunto. Atendiendo a tan múltiples acepciones, la corrupción entraña: 1.- Deshonestidad; 2.- Ineficacia dolosa; 3.- Ineptitud e incompetencia perseverantes; 4.- Engaño o falacia; 5.- Desvío doloso de conducta; 6.- Adulación y servilismo; 7.- Complicidad y encubrimiento; 8.- Indiferencia y apatía.
(Paráfrasis de Aristóteles)
“Muchas veces el gobierno pasa de la aristocracia a la oligarquía por la corrupción de los gobernantes, que se reparten entre sí la fortuna pública contra toda justicia; que conservan para sí solos la totalidad o, por lo menos, la mayor parte de los bienes sociales; que mantienen siempre el poder en las mismas manos y ponen la riqueza por encima de todo lo demás.”
Es evidente que el jurista debe tener un hondo sentido de justicia no sólo en lo que tradicionalmente se considera como justicia conmutativa, sino por modo primordial en lo que debe entenderse por justicia social. La justicia social entraña un concepto y una situación que consisten en una síntesis armónica y de respetabilidad recíproca entre los intereses sociales y los particulares del individuo. Sin esa esencia sintética no puede hablarse válidamente de justicia social, ya que al romperse el equilibrio que supone, se incide fatalmente en cualquiera de estos dos extremos indeseables, que son: el totalitarismo colectivista y el individualismo, que sólo atiende a la esfera particular de cada quien. Precisamente en la implantación de ese equilibrio y de esa respetabilidad estriba la justicia social.
De las consideraciones que anteceden fácilmente se deduce la ingente labor del jurista como defensor de la justicia social.
Son los grupos desvalidos de la sociedad los que más requieren sus servicios, cuya prestación redunda en la preservación misma de las garantías sociales y del derecho que las proclama.
No dañar a otro es también postulado moral del derecho que…ostenta su índole teleológica y social y rebasa su órbita de regulación de relaciones entre particulares, recogiendo de esta manera la máxima de la caritas cristiana, es decir, el amor al prójimo, pues éste no sólo debe entenderse como el otro yo, sino como la colectividad humana en que se vive (prójimo social).
La actividad del jurista se realiza a través de distintos tipos interrelacionados que reconocen como presupuesto fundamental el del jurisconsulto. Sin estudiar ni practicar la jurisprudencia, el jurista paulatinamente deja de serlo, para conservar sólo los grados académicos de licenciado o doctor en Derecho, mismos que quedan relegados, en la mencionada hipótesis, a la posesión de un simple papel: el título o diploma respectivo.
El abogado debe ser jurisprudente, esto es, un sapiente del Derecho. Sería absurdo que no lo fuese, es decir, que padeciese ignorantia iuris.
Es la libertad profesional en consecuencia, la que puede hacer grande al abogado, no los sueldos elevados, los transitorios cargos públicos que ocupe o las preseas y diplomas que haya recibido. El ilustre jurista español Ángel Osorio, al sostener que el abogado desempeña una función social, afirma que tiene la obligación de servir a la sociedad, lo cual es distinto de servir al Estado.
Otra de las cualidades cívico-morales del abogado es el valor civil, que es la libertad profesional y crítica al servicio de la sociedad. Es el espíritu combativo del ciudadano contra los desmanes, arbitrariedades e injusticias que lesionan a la comunidad. La falta de valor civil equivale a cobardía y ésta entraña, a su vez, la ausencia de hombría. El hombre, y por extensión el abogado, es un centro de imputación de múltiples deberes frente a su propia conciencia, a la familia y a la comunidad nacional a la que pertenece. En su cumplimiento estriba su misma honra que equivale a su dignidad. Un sujeto indigno, es decir, sin honra o corrupto, es el que por temor o interés mezquino de cualquier índole, no cumple sus diversos deberes.
Uno de los deberes del abogado es luchar contra las injusticias y actuar, en su carácter de jurisprudente, con el ideal de contribuir al perfeccionamiento del Derecho positivo.
La idea del abogado in abstracto es tan rica y presenta tantos matices que no es posible exponerlos en una mera semblanza como la que se ha delineado y que no persigue otra finalidad que la de exhortar a los abogados…que viven y actúan en la sociedad mexicana, para que reflexionen, con apoyo en la intimidad de su conciencia, si son o no dignos de portar la toga simbólica de su profesión, osea, de encarnar y personalizar el alma que en ella palpita y que se integra con las virtudes que se han señalado.
México seguirá viviendo si su fe en la justicia no se extingue.
Ésta debe preservarse por unos y otros contra cualesquiera actos de autoridad que violen sus mandamientos y alteren su índole normativa esencial, que es su alma. El cumplimiento de ese deber lo exige la sociedad mexicana para no caer en la abyección, que sería su ruina; y tal cumplimiento sólo es posible por los abogados…que reúnan las cualidades que se ha señalado.
Ningún rábula…que se someta a consignas que no provengan del Derecho puede considerarse digno de México, por impedir con su comportamiento, que en nuestro país reine la Justicia, que es la soberana de las virtudes, como dijera Cicerón.”
I. Neoliberalismo, Estado y poder
3 Neoliberalismo en los ochenta.
II. La prensa, al servicio del poder
1 Información y comunicación.
2 Las ideas de la clase dominante.
3 Contradicciones en la clase dominante.
4 La burguesía, para vivir, debe revolucionar.
5 Los medios de información: de control y liberación.
6 Libertad, autoritarismo, objetividad, manipulación.
7 Los medios en las llamadas sociedades socialistas.
8 El poder de los medios hoy es enorme.
Me ha parecido indispensable hacer un breve bosquejo de la ideología en que se ha sustentado el Estado mexicano, de manera particular la ideología neoliberal, impuesta como política oficial en todo el país a partir de 1982. Es por la ideología del liberalismo y el neoliberalismo con la que hemos sido dominados, no solo los mexicanos, durante por lo menos dos siglos. En nombre de la libertad, la democracia y la justicia, los EEUU y no más de una decena de países capitalistas han impuesto sus leyes y reglas en el mundo sin poder liberarnos ni un ápice de ellas. Los medios de información (TV, radio, Prensa escrita) han jugado un papel fundamental en la difusión e imposición ideológica de la que las masas trabajadoras no han podido librarse. Por ello me ha parecido que el estudio de este tema es de central importancia.
I. Neoliberalismo y Estado
Durante el período que abarca el presente trabajo, se impuso en el país una política y una economía conocida en el mundo como neoliberal. Fue iniciada durante el sexenio gubernamental de Miguel de la Madrid (1982-88), alcanzó su más alto grado de aplicación en el sexenio de Carlos Salinas (1988-94) y tuvo continuidad durante los períodos de Ernesto Zedillo (1994-2000), Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-12). Las medidas más notables impuestas por estos gobiernos fueron: el debilitamiento del Estado y la entrega de la economía al sector privado; el apoyo total al comercio de exportación y el abandono del mercado interno; la apertura plena a los capitales extranjeros y la destrucción de decenas de miles de empresas micro, pequeña y mediana radicadas en el país; una mayor polarización de la desigualdad entre la población mexicana. Para hacer comprensible la exposición he recurrido a la historia del liberalismo para luego llegar al neoliberalismo.
El hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado, escribió Juan Jacobo Rousseau a mediados del siglo XVIII. Por ese motivo, el pensador suizo se planteó construir un orden en el que la libertad y la igualdad sean patrimonio de los ciudadanos. Esos ideales se desplomaron porque la realidad se impuso: el liberalismo individualista en el que los ciudadanos, la libertad y de “libre competencia” predominaban, dio paso al reino de los oligopolios, de las empresas trasnacionales y de la globalización.
El liberalismo es una acepción derivada del vocablo latino “libertas”, que significa libertad. Según coincidencia de muchos historiadores, fue la expresión de la nueva clase burguesa en su lucha contra el Estado absolutista y el paternalismo de la iglesia, representó en Europa el pensamiento avanzado y progresista de la época. La burguesía demandaba libertad para su desarrollo económico, y esa libertad podía garantizarla solamente un régimen político, el cual, en el transcurso de su desenvolvimiento, recibió el nombre de democracia burguesa.
El liberalismo, obviamente, no se manifestó de la misma manera en todos los países. El profesor español Pedro Farias, en su estudio sobre las libertades públicas, escribe que “el liberalismo ha conformado un sistema de libertades desde la sustitución del Estado absoluto por el sistema censitario representativo hasta el primer tercio de nuestro siglo”, y apunta el profesor Farias que “MacPherson ha formulado en modelos los distintos momentos históricos de la democracia liberal, partiendo del supuesto de una sociedad dividida en clases y de la progresiva aparición de los partidos políticos” (Farias: 1988, 138).
Analiza Farias, siguiendo a MacPherson, tres modelos: El “modelo liberal I”, La democracia como protección, cuyo desarrollo ubica en el siglo XIX y que corresponde en Inglaterra al utilitarismo de Bentham y James Mill; en Francia al doctrinarismo y en América del Norte a las libertades públicas (ibid, 138). El “modelo liberal II”, la democracia como desarrollo hasta principios del siglo XX, que transita del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX; en este período “el socialismo utópico, a través de sus periódicos, juega su rol, aunque fue desbordado y la reacción no se hizo esperar. Sin embargo, la semilla revolucionaria, en los años siguientes, madura democráticamente y el liberalismo abre lentamente la información y, más tenuemente la participación” (ibid, 142-143). El “modelo liberal III”, la democracia como equilibrio, que “aparece en 1940 después de quebrarse el modelo liberal de desarrollo moral; este modelo III es elitista en el sentido en que asigna el papel principal en los procesos sociopolíticos a grupos dirigentes que, de hecho, se escogen a sí mismos (cuya expresión más sutil puede ser la teoría de los “gobiernos invisibles”)” (ibid, 154-155).
Como bien puede verse, el liberalismo es la lucha de la burguesía -clase subordinada en la época feudal- por la libertad política, administrativa, comercial y cultural. La burguesía industrial opinaba con harta franqueza que la función primordial del Estado era salvaguardar las relaciones de propiedad ya plasmadas, el libre negocio de la burguesía, la libre competencia entre los empresarios, el libre mercado, donde el juego de las fuerzas espontáneas engendra la armonía general de los intereses.
Esa libertad era el principio básico del liberalismo, y el propio liberalismo era la ideología del capital industrial. Lo cual no impedía que la burguesía liberal apelase a la ayuda del estado siempre que los obreros intentaban aliviar su suerte con una resistencia enérgica o pasiva a la explotación capitalista. En Inglaterra, incluso las huelgas estuvieron prohibidas.
Frente al liberalismo surgió a mediados del siglo XIX el marxismo que proclamaba la lucha de los obreros contra la explotación capitalista, así como contra la ideología liberal que buscaba fortalecer el dominio del capital con el desarrollo de una conciencia individualista de los trabajadores. En el siglo XIX y siglo XX, liberalismo y marxismo -aunque ideologías occidentales- representaron proyectos económicos, políticos y sociales, radicalmente diferentes y abiertamente enfrentados.
“El liberalismo clásico era antiautoritario, aunque no necesariamente democrático. Fue en su choque con el socialismo cuando ese liberalismo, por conveniencia más que por naturaleza, se convirtió en democrático y puso atención a los daños que podía causar en lo social el libre mercado (una supuesta igualdad de oportunidades pero entre desiguales)” (Bobbio:1989)
Es importante subrayar que el campesino, el artesano, el vagabundo eran también clase oprimida, no tomada en cuenta, cuya presencia legal no era reconocida. La misma burguesía, a pesar de que había logrado copar todos los cargos importantes en el campo económico, quedaba prácticamente excluida del gobierno del Estado y de la iglesia.
El Liberalismo en política, usando la filosofía de la Ilustración, logró arrancar al Estado del dominio de la iglesia, convirtiéndolo en una institución donde el soberano ya no era un delegado de dios, situado por encima del Estado, sino que era mandatario del pueblo dentro del Estado. Empero, el liberalismo, buscó fortalecer el parlamento para controlar al ejecutivo, integrándolo con personas prominentes, propietarios privados libres e ilustres que no tuvieran programa ni partido, porque eso era incompatible con el liberalismo. Por ello, cuando surgió el voto, el ideal liberal buscó que éste fuera en favor de una personalidad -influida por donantes particulares opulentos e impulsada por un comité-, no por el partido.
Toda la actividad del Estado debería limitarse a aplicar leyes. Según el liberalismo, el Estado es el servidor de la sociedad, el cual ha de velar mediante leyes adecuadas, que el individuo pueda desarrollarse libremente, pero que no entre en conflicto con los demás. Se debe salvaguardar la esfera íntima (libertad personal, inviolabilidad del domicilio particular), la garantía de las funciones políticas del ciudadano (libertad de opinión, de palabra, de asociación, de derecho al voto), así como de sus instituciones (prensa, partidos). Frente a la pretensión de neutralidad en lo social, las instituciones liberales tomaron claro partido en favor de la burguesía: garantizaron la propiedad privada, la libertad de contrato, comercio y trabajo.
En la cultura, el liberalismo es intolerante frente a todo juicio no basado en la razón. Una de las máximas armas de la burguesía fue la reclamación de la libertad intelectual: la libertad de fe, de conciencia, de pensamiento, de enseñanza, de investigación. La alianza matrimonial, por ejemplo, se convirtió en un asunto del Estado eliminándose la intervención religiosa, aunque después haya llegado a un arreglo con la iglesia en éste y otros aspectos. Para el liberalismo, el individuo y su bienestar constituye el objetivo de toda política; el Estado sólo tiene razón de existir en tanto protege la libertad del capitalista.
Mientras la burguesía luchaba contra el orden feudal, en tanto fue revolucionaria, siguió manteniendo esta concepción. Una vez logrado su ascenso al poder, y que al mismo tiempo sintió la amenaza del proletariado industrial que luchaba por reivindicar sus derechos, el liberalismo buscó crear una interpretación del Estado de derecho, más acorde con la nueva realidad y sus intereses: los individuos libres e iguales de derecho regulan sus mutuas relaciones mediante contratos privados, libremente acordados, tanto si se trata de cuestiones políticas, económicas o de otro tipo. Supeditó al poder político a las necesidades de la esfera privada y eliminó cualquier amenaza de fuerza del proletario que contravenga a la razón.
En México, por nuestras condiciones de dependencia colonial y de falta de desarrollo, esta batalla sólo puede ubicarse a partir de la segunda década del siglo XIX, expresada de manera clara y objetiva en las confrontaciones entre liberales y conservadores. Los primeros eran los representantes del México “moderno” que, apoyado en el modelo norteamericano, anunciaba la llegada del capitalismo, y los conservadores -conformados por grandes terratenientes, por militares y por la iglesia- representaban al viejo imperio, a la rancia aristocracia y a la reacción recalcitrante.
El investigador David Brading, reflexionando sobre la relación que se registró en México entre el nacionalismo y el liberalismo, hace dos interesantes preguntas:
“El misterio central de la política mexicana durante los años intermedios del siglo XIX es el predominio del liberalismo. ¿Cómo podemos explicar su éxito? ¿Cómo fue posible que una ideología desarrollada para satisfacer las ambiciones y aspiraciones de la burguesía europea se convirtiera en el credo de la coalición progresista en México, un país con estructuras sociales tan distintas a las de Europa del norte? Para explicar este fenómeno debemos primero explorar el fracaso del nacionalismo por cuanto no supo ofrecer remedios prácticos, una cuestión íntimamente relacionada con la ausencia de cualquier forma de socialismo agrario en el escenario político” (Branding: 1980, 125-126).
La realidad es que en algunas regiones del México de mediados del siglo XIX, se registraron organizaciones campesinas que lucharon contra representantes destacados del liberalismo, entre éstos, contra el gobierno de Benito Juárez que puso en práctica la Ley de Desamortización y la Ley de Nacionalización que respondían a las necesidades de la nueva burguesía que buscaba acumular tierras para su propio beneficio. Fue en esos años cuando las comunidades indígenas, mediante la acusación de poseer grandes extensiones, perdieron las tierras que trabajaban colectivamente. El periodista Gastón García Cantú, en su libro: El socialismo en México, siglo XIX, hace un análisis de las luchas campesinas encabezadas por el socialista agrario Julio López Chávez, discípulo del marxista utópico griego, Plotino Rodakanati.
Las leyes de Desamortización (1856), de Nacionalización (1859) y de Colonización y Deslinde (1883) no fueron más que medidas de la nueva clase (la burguesía liberal) en su lucha contra la iglesia, los grandes terratenientes y los militares, mismos que monopolizaban enormes extensiones territoriales que a los liberales les urgía poner en circulación para hacerlas producir.
Sin embargo hay que subrayar que estas leyes agrarias, instrumentadas para expropiar a las comunidades indígenas de su propiedad comunal, llevaron después a que los indios fueran convertidos en esclavos, peones o asalariados de las nuevas relaciones en el campo. Los liberales se impusieron en este período, triunfaron en su lucha contra el imperio de Maximiliano y también llevaron a Díaz al poder, pero cedieron ante el positivismo y a la nueva concentración económica y política.
“El problema mayor, para (los liberales), es la lucha (indígena) contra el reparto de las tierras comunales. Los liberales (y esto comienza en la época borbónica) sacralizan la propiedad individual. Para ellos el verdadero ciudadano es el propietario y la tierra la propiedad básica… No hay otro camino para el engrandecimiento de las naciones, piensan los liberales (o mejor: copian los liberales) que el trabajo individual basado en el interés individual. Así las cosas, la propiedad comunal de la tierra en las comunidades indias resulta ser un obstáculo que debe removerse de inmediato” (Bonfil: 1989, 152).
El neoliberalismo -como en sus campos fueron el neopositivismo, el neocolonialismo, el neofascismo y todos los “neos”- es el liberalismo en la época actual, es la reacción más salvaje del capitalismo contra el Estado social, el Estado benefactor, el Socialismo de Estado o el Nacionalismo revolucionario, que poco a poco se habían impuesto en el mundo haciendo crecer el poder del Estado. El neoliberalismo, formado en los años treinta del siglo XX, se dedica a ensalzar la competencia capitalista, aseverando que su mecanismo garantiza automáticamente las mejores condiciones para la evolución de las fuerzas productivas.
El elogio del libre juego espontáneo de la oferta y la demanda está indisolublemente vinculado a la defensa de la no intervención del Estado en la economía. Combina la exaltación de la libre competencia y la instauración automática del equilibrio con el reconocimiento de la necesidad. De la introducción del Estado en la economía, pero sólo como premisa para el normal funcionamiento de la economía capitalista. Apoyan la intervención del Estado -dicen los liberales- para evitar las tendencias monopólicas, pero cuando se aprueban medidas prácticas contra los monopolios se ve que su “oposición” sólo es demagógica, que le sirve sólo para enmascarar el saqueo.
No debe olvidarse que la Revolución Mexicana no fue liberal-individualista, fue más bien -a pesar de sus inconsecuencias- agraria, antiimperialista y socializante pocos años antes de que la II guerra impusiera las relaciones internacionales de mercado, de política y cultura. Desde que concluyó la II guerra y México ingresó a la competencia internacional, se comenzó a liberalizar su economía y el nuevo liberalismo inició su penetración en la política y la cultura.
“El término mismo de neoliberalismo nunca fue aceptado por aquellos que lo aplicaron en México, y hay una buena razón histórica para ello. La revolución mexicana, origen de las estructuras y prácticas políticas vigentes, se concibió a sí misma como una reacción contra los terribles efectos sociales del liberalismo mexicano del siglo XIX en las comunidades indígenas y ciertas capas medias y proletarias. Es por ello que la constitución de 1917 fue, en buena medida, una reacción contra el liberalismo y sus concepciones del individuo y la sociedad” (Cumberland, citado por Meyer: 1995, 31).
Si revisáramos la política del sexenio presidencial de Miguel Alemán (1946-52), veríamos cómo los empresarios nacionales y extranjeros obligaron al Estado y al gobierno mexicano -predominantemente agrario y rural en aquellos años-, a caminar forzadamente por la vía de la industrialización y el urbanismo. Por ello se pedía que el gobierno sólo debería dedicarse:
1. a proteger a la empresa privada ante la amenaza de huelgas o paros de los trabajadores.
2. a difundir la idea de que “primero hay que crear riqueza para luego repartirla”,
3. a amparar a la gran propiedad privada ante amenazas de invasiones o expropiaciones.
4. a abrir las fronteras del país a la nueva cultura y “estilo de vida norteamericano”.
Desde entonces, la política neoliberal comenzó a avanzar de manera pendular, al mismo ritmo en que cada sexenio de gobierno le imprimía mayor o menor fuerza. El llamado período de desarrollo estabilizador, que va de 1954 a 1970, frenado por Echeverría con su modelo de desarrollo compartido que se desplomó en 1976, es una muestra de un período neoliberal de larga duración, que se acentúa a partir de 1982.
Bien se ha dicho que a partir de los años 70 ha habido un movimiento sistemático y consciente por las transnacionales, los gobiernos y los organismos internacionales que las representan, por restaurar el nivel de la tasa de ganancia que había venido declinando. Uno de los rasgos sustanciales de este movimiento, que constituye el neoliberalismo, es la fragmentación de los procesos productivos y su dispersión geográfica. Las modernas telecomunicaciones y la computarización hicieron innecesarias la integración vertical de los procesos productivos y su orientación a la producción de grandes volúmenes de mercancías idénticas en enormes plantas que todavía en los años 50 y 60 eran el paradigma de la producción industrial.
3 Neoliberalismo desde los ochenta
El neoliberalismo se abrió y se hizo más evidente desde el inicio en los años ochenta con las agresivas políticas de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher quienes, usando el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Acuerdo General sobre la Tarifas Aduaneras y el Comercio (GATT) y, más adelante, el Tratado de Libre Comercio (TLC), impusieron a los gobiernos subordinados políticas económicas de libre mercado. En México, a partir de 1981, con el derrumbe de los precios del petróleo, se inició también el desplome de la economía, mismo que llevó al endeudamiento, la devaluación y la inflación.
“El liberalismo real es otra forma de denominar la revolución neoconservadora que puso en marcha Margaret Thatcher en 1979 en el Reino Unido, y que tuvo su más aventajado discípulo en Reagan. Margaret Thacher propuso una cruzada con un corpus teórico muy definido: guerra al intervencionismo del Estado, política monetaria a ultranza, absoluta prioridad antiinflacionista, sustitución de la política por el mercado, autogenesia social, etcétera. Se trataba, en definitiva, de romper con el compromiso histórico logrado en la posguerra entre conservadores y socialdemócratas, que habría llevado a una crisis fiscal del Estado, amenazante de quiebra” (Estefanía: 1997, 122-123)
A finales de 1982, con el ascenso de Miguel de la Madrid al gobierno de México, se inició en el país un nuevo modelo económico y político, conocido como neoliberalismo. Aparentemente era una respuesta necesaria y urgente frente a la profunda crisis provocada por políticas populistas y estatistas que, por lo menos, en los últimos dos sexenios presidenciales: el de Luis Echeverría Alvarez (1970-76) y el de José López Portillo (1976-82), se habían puesto en práctica. Sin embargo a los pocos meses se vio que la privatización o reprivatización de las empresas paraestatales, la extensión de la economía de mercado en lo interno y en lo externo, así como el debilitamiento o adelgazamiento del Estado, respondían a un proyecto globalizador transnacional.
Para la implantación de este modelo socioeconómico en México se conjugaron varios factores, particularmente dos: se manifestó un gran desplome económico provocado por la crisis de los precios del petróleo, así como un exagerado crecimiento del Estado, y se registró el ascenso al poder de un equipo de tecnócratas educados en el extranjero, así como el fortalecimiento del liderazgo mundial del gobierno norteamericano de Ronald Reagan y el de la británica Margaret Thatcher. A partir de entonces, en los primeros años de la década de los ochenta, el neoliberalismo se extendió en México y en el mundo.
Para afrontar la crisis de principios de los ochenta, ascendió al poder en México un equipo de economistas con posgrados en universidades extranjeras, particularmente norteamericanas, encabezados por Miguel de la Madrid, Pedro Aspe, Carlos Salinas, Jaime Serra, Herminio Blanco, Ernesto Zedillo, Angel Gurría, Guillermo Ortiz, Francisco Labastida, de la escuela de los Friedman y los Hayek, de monetaristas que pusieron el acento en la productividad y en la gran tecnología, en la explotación, así como en las finanzas, la especulación y las bolsas de valores; políticas que de manera automática eliminan fuerza de trabajo y multiplican el desempleo.
“Para los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, la obligación primera del Estado es concentrar el esfuerzo del conjunto en auxiliar a unos pocos a concentrar enormes cantidades de recursos -Vitro, Cemex, Carso, Televisa, Cifra, Banamex, Comermex, etcétera-, para que ellos activen el mercado, y ese mercado, con su magia, resuelva, vía exportaciones, el problema del desempleo y en el último lugar de la cadena causal, el de la pobreza” (Meyer: 1995, 42).
La dependencia económica del país, su subordinación a los bancos y a los capitales extranjeros abrió las puertas para ceder nuestra soberanía a favor de acreedores externos, pero también obligó al gobierno a privatizar tierras, cientos de empresas, así como a entregar buena parte de los cargos públicos a los sectores empresariales más poderosos. Esto demostró que la política neoliberal no fue inventada ni impuesta por el equipo de los presidentes De la Madrid, Salinas, Córdoba y Zedillo, sino que ellos sólo fueron el instrumento idóneo del capital transnacional para que el país se subordinara a las políticas internacionales. Y lo grave es que esta política sigue y no hay forma de pararla. El presidente Zedillo declaró repetidas veces, de manera abierta, que su política económica ha sido correcta y que no la cambiará.
Debe recordarse que en noviembre de 1982 Jesús Silva Herzog y Carlos Tello Macías -quienes eran los encargados del gobierno mexicano en la negociación económica con el Fondo Monetario Internacional (FMI)- dieron a conocer la llamada Carta de Intención suscrita con el FMI acerca de los controles que el gobierno mexicano aceptaba a fin de obtener el crédito de 3,850 millones de dólares que el FMI pondría a disposición durante los próximos tres años:
1. Rígido control del gasto público.
2. Deslizamiento del peso.
3. Fin del control de cambios.
4. Bajar drásticamente el exceso de gasto corriente.
5. Someterse a una calendarización por trimestre.
6. Limitar el crédito externo al sector público.
7. Establecer un crédito neto del Banco de México al sector público.
8. Tope a la emisión monetaria.
9. Incremento obligatorio de la reserva monetaria en dólares.
Acerca de esos acuerdos el analista Carlos Ramírez escribió entonces que una serie de decisiones habían sido tomadas sin importar costos, efectos y sacrificios sociales; resumía:
a) La inflación se tomará por el lado de la demanda, es decir, si la gente no compra los precios no suben. Esta política, en los Estados Unidos, ha provocado 11 millones de desempleados.
b) Aumentar precios y tarifas del sector público, para elevar los ingresos estatales. Si los aumentos de la gasolina provocan un incremento generalizado de los precios, ni modo.
c) En diciembre de 1983 los índices de inflación y desempleo serán los más altos de la historia. Habrá pobreza y nada se hará para atenuarla.
d) Disminuirá el control de precios para hacer atractiva la inversión.
e) Aumentará la inversión extranjera y las puertas del GATT nos esperan abiertas de par en par.
f) Los salarios no crecerán y el gobierno no vacilará en detener las protestas sindicales. Las requisas serán buena medida.
g) Bajará el gasto público, aunque origine no atender gastos sociales.
h) El control de cambios se someterá a acuerdos de mercado (Ramírez: El Financiero 29/XI/82)
Esa ideología liberal-individualista es la que ha determinado la línea política del Estado mexicano desde el siglo pasado, misma que en los últimos veinte años se ha visto más clara al renovarse, al convertirse en neoliberal y mostrar abiertamente su carácter privatizador y enemiga de la propiedad pública y social. Al imponerse ese modelo económico-político en todo el país, la mayoría del pueblo mexicano ha tenido que sufrir mayor desempleo, salarios más miserables y más grande profundización de su pobreza económica y social.
“Con el Estado en retirada, se abre ahora un espacio de liderazgo económico, político y cultural que sólo puede ser llenado por el gran capital. La modernización neoliberal, en países como el nuestro, lleva casi de manera inevitable a que la burguesía, la gran burguesía -esa que el estatismo mantivo por tanto tiempo dependiente y débil- se convierta en la clase estratégica, aunque ya no sea una burguesía nacional sino trasnacional” (Meyer: 1995, 39).
Para concluir, es importante conocer el decálogo que escribió el filósofo Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, en el que resume el pensamiento único que se ha venido aplicando en las últimas dos décadas. Como fundamento de ese decálogo es necesario subrayar lo que apunta Joaquín Estefanía: “Los gobiernos y los organismos internacionales han dejado de ser los que dictan la marcha de la economía; los verdaderos amos de la misma son los mercados financieros”. He aquí el decálogo:
1. El mercado, cuya mano invisible corrige las asperezas y definiciones del capitalismo;
2. Los mercados financieros, cuyos signos orientan y determinan el movimiento general de la economía;
3. El libre intercambio sin límites, factor de desarrollo ininterrumpido del comercio;
4. La mundialización tanto de la producción manufacturera como de los flujos financieros;
5. La división internacional del trabajo, que modera las reivindicaciones sindicales;
6. La moneda fuerte, factor de estabilización;
7. La desreglamentación o desregulación de la economía;
8. Las privatizaciones;
9. La liberación económica, en general;
10. Indiferencia con respecto al coste ecológico (Estefanía: 1997, 251-252-253).
II. La prensa, siempre al servicio del poder
El objetivo de este apartado, es el de describir y exponer de manera general un conjunto de ideas que permitan ver los intereses a que sirve la prensa y poner al descubierto cómo esas ideas que se difunden manipulan ideológicamente a la clase dominadas; pero también buscar, en lo posible, algunas propuestas que ayuden a que la población obtenga una posición crítica y reflexiva sobre los acontecimientos o la sociedad en que vive.
1 Información o comunicación
A la prensa, al cine, a la radio, a la televisión, se les ha llamado “medios masivos de información”, “medios de comunicación de masas”, “medios masivos” o simplemente “los medios”. Sin embargo, al parecer, sólo son de información, no de comunicación porque no se comunican con la audiencia, porque no dejan participar, no consultan, están cerrados, informan de lo que quieren y sólo obedecen a las indicaciones de sus propietarios, gerentes o directores. Por eso, por informar lo que ellos desean y de acuerdo con su particular criterio, se les define generalmente como medios de información. Leamos lo que a continuación nos dice el analista en comunicación, venezolano Antonio Pascuali:
“Comunicación es tal cuando produce una interacción biunívoca del tipo del consaber, lo cual sólo es posible cuando entre los dos polos de la estructura rige una ley bivalente: todo transmisor puede ser receptor, todo receptor puede ser transmisor. La comunicación descansa en la conservación de un contacto trascendental no fusionante, de una presencia alejada o presencia-ausencia. Es la acción recíproca entre agente y paciente. La comunicación, en el terreno de los medios, se reconocerá en el intercambio de mensajes con posibilidad de retorno no mecánico entre polos igualmente dotados del máximo coeficiente de comunicabilidad” (Pascuali: 1969)
2 Las ideas de la clase dominante
Hay que decir de entrada que, como señalaron diferentes escuelas ortodoxas marxistas -las leninistas, las stalinistas y las maoístas- los medios de comunicación, o de información, forman parte de la superestructura ideológica de la sociedad. Si bien, como dijera Engels, la relación entre base económica y la superestructura no es mecánica o automática, “en última instancia” el ser determina la conciencia, es decir, el hombre piensa de acuerdo con las condiciones en que vive.
Por eso, cuando se habla de medios de comunicación de masas, más que contabilizar las salas de cine, el número de periódicos o revistas, la cantidad de estaciones de radio o las televisoras que funcionan en la entidad, así como la cantidad de seguidores que tienen, lo importante es ir más allá para lograr ver la influencia que han tenido y poseen -para bien o para mal- en la conformación del pensamiento y la actuación de los lectores, cinéfilos, radioescuchas o televidentes.
Para analizar el problema de la prensa, por lo general parto de aquella reflexión de Marx, escrita en sus años juveniles para deslindarse del idealismo hegeliano de su época, en su voluminoso libro, La ideología alemana, en el que categóricamente señaló:
“Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, el poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente” (Marx K. y Engels F: 1968).
Esa tesis de Marx, explicada y desarrollada desde hace más de 150 años por sus discípulos, entre ellos, recientemente, Louis Althusser en sus “Aparatos ideológicos… “, me ha parecido básica para entender el papel que los medios de información de masas han venido cumpliendo como aparatos ideológicos de Estado. Más que caer en lo secundario, en su presentación formal: imagen, sonido, redacción, tamaño, color, agilidad, etc.; más que observar sus técnicas de distribución, venta de publicidad o de suscripción, lo que realmente interesa descubrir en los medios de información, es la ideología que difunden, el conjunto de ideas que manejan para convencer a su clientela con el fin de que elijan uno u otro camino o asuman determinada conducta. Esas conductas que eligen las masas subyugadas, son las enseñanzas del modo de vida establecido.
El filósofo Herbert Marcuse ha expuesto que nuestra sociedad vive sustentada sobre “falsas necesidades” que le son impuestas por los intereses de unos grupos determinados. Partiendo de que el ser humano es un producto social, del mismo modo que lo son todas las manifestaciones de su vida espiritual, abundando sobre el asunto en su obra, “El hombre unidimensional”, escrita a principios de los años sesenta, reflexiona de la siguiente manera:
“Si el trabajador y su jefe se divierten con el mismo programa de televisión y visitan los mismos hoteles de veraneo, si la taquígrafa se viste tan elegantemente como la hija de su jefe, si el negro tiene un Cadillac, si todos leen el mismo periódico, entonces esta asimilación indica no la desaparición de las clases, sino la medida en que las necesidades y satisfacciones que sirven para la preservación del “establecimiento” son compartidas por la población subyacente” (Marcusse:1964, 30).
¿Qué han hecho los medios de comunicación sino difundir una cultura para luego imponerla como la única “buena” y válida? La clase mediatizada por “los aparatos ideológicos de Estado” casi ha perdido su tradición, su memoria histórica, sus elementos culturales de identidad, para adoptar aquellos que la prensa, el cine, la radio, pero sobre todo, la televisión, difunden a diario y repiten de manera permanente. La gente parece apoyar el egoísmo, la acumulación, el individualismo, la explotación, el autoritarismo, el consumismo, la desigualdad o el racismo, productos de la cultura de dominación; parece que sólo quiere ser parte de la clase dominante.
Para explicar con detalle la manera como los medios de comunicación, la ideología y el individualismo han convertido todo en mercancía en las sociedades capitalistas, Mattelart, especialista en análisis sobre comunicación, escribe:
“Toda actividad y todo producto de la sociedad capitalista participan del mundo y de la lógica de la mercancía. La comunicación es parte de este mundo y sigue su lógica a través de la fechitización. La comunicación es un producto fetichizante. En el fetichismo los hombres se vuelven “cosas” y las cosas viven. La ideología es la reserva de signos que son utilizados por una clase para imponer la idea de sociedad que conviene a sus intereses.
La ideología, al penetrar en las diversas esferas de la actividad individual y colectiva, cimenta y unifica el edificio social. La forma de operar del proceso ideológico es silenciar los orígenes del sistema, de tal manera que los individuos puedan vivirlo como un orden natural. El medio de comunicación de masas es un mito en la medida en que se le considera como una entidad dotada de autonomía sin relación con la sociedad. Entonces, los medios de comunicación pueden ser “culpados” de crear o fomentar la violencia, la pornografía, etc.
En la sociedad capitalista, el medio de comunicación neutraliza y desorganiza a las clases dominadas. Se encarga de hacer funcionar diariamente la norma del individualismo. La transmisión de noticias es anárquica y sensacionalista. Se despoja de los hechos del contexto que les da sentido. La ley de organización de la noticia es aquella que privilegia los intereses de la clase en el poder. El análisis de las noticias revela cuáles son los frentes en que trabaja la burguesía; el hecho noticioso es la materia prima a partir del cual trata de crear representaciones colectivas, imágenes, estereotipos” (Mattelart:1974)
3. Contradicciones en las clases dominantes
Es indudable que las clases dominantes no han sido nunca monolíticas, en su interior siempre han existido fracciones y sectores que se han manifestado con diferentes intereses. El origen de las contradicciones entre esos sectores de clase generalmente hay que buscarlo en el monto del poder económico que posee cada individuo, en la escala social en que se desenvuelven y en los niveles políticos en que se mueven. Las confrontaciones entre ellos no son de clase, pero llegan a ser muy violentas e incluso llegan a los asesinatos entre mafias o grupos de poder. ¿Cuántos de esos grupos se han desarrollado ligados al narcotráfico internacional?
Las clases dominantes se dividen y se enfrentan violentamente entre sí, pero cuando observan que los trabajadores se unifican para reclamar derechos, entonces esas clases poderosas comienzan a aliarse para debilitar las luchas de los de abajo. Acuden primero a exigir que el gobierno cumpla con su papel de guardián de las instituciones, después se dirigen a los otros sectores con los que cuenta el Estado: leyes, abogados, tribunales, policía, ejército y cárceles; pero cuando lo consideran necesario, hacen uso del asesinato de los líderes de los obreros o de los trabajadores en masa. Sin embargo, también de las clases dominantes ha salido una que otra gente que llega a comprender la situación de los trabajadores y se ha solidarizado con sus luchas.
4. La burguesía para vivir debe revolucionar
La clase dominante no ha sido la misma; al correr de los siglos se ha ido transformando al mismo ritmo en que las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, lo han venido haciendo. Para seguir dominando esas clases minoritarias se valen de todos los medios a su alcance para someter a las masas. El Estado, la Iglesia, los medios de comunicación, son armas fundamentales a su servicio. Marx y Engels, en el documento que entregaron en 1847 a los obreros de varios países –El Manifiesto Comunista- que luego se convertiría en su declaración de principios y programa de lucha, escribieron:
“La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de producción, que tanto vale decir las relaciones de producción; por tanto, todo el régimen social. Al contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del sistema de producción vigente (…) la época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por la transformación constante de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales por una inquietud y una dinámica incesantes (…) Todo lo privilegiado y estable se esfuma, lo santo es profanado y, al fin, el hombre se ve obligado a contemplar con mirada fría su situación en la vida y sus relaciones con los demás (Marx K. y Engels F. 1969, 37)
5. Los medios de informacion: medios de control y liberación
La clase dominante no solo se transforma al mismo ritmo de la sociedad sino que en la sociedad moderna, como apunta Marx, no puede vivir sin revolucionarse continuamente. Hans Magnus Enzensberger, especialista en medios de comunicación, siguiendo el pensamiento marxiano, avanza al plantear que los medios, además de controlar, poseen un gran potencial liberador. Para ello se requiere descubrir, dentro de los profundos intereses de la clase dominante, las contradicciones que se mueven en su interior. El especialista escribe al respecto:
“Los medios de comunicación son producto del desarrollo industrial y su creación se explica por la necesidad de este mismo desarrollo, de crear nuevas formas de control de las conciencias y métodos más eficaces para la transmisión de la información. Debido a sus características de alcance masivo, los medios son fuerzas productivas de un gran potencial liberador. La manipulación de la conciencia social por unos pocos es producto de la división del trabajo, pero si bien los medios de comunicación masiva sirven para la manipulación, este concepto no es suficiente para explicar la acción y la utilidad social de dichos instrumentos” (Citado por Toussaint: 1981, 76)
Cuando Enzensberger habla del gran potencial liberador de los medios de comunicación expresa también una crítica directa a las corrientes marxistas que han reducido el combate a esos medios bajo la consigna de luchar: “contra la manipulación”; la realidad es que hoy esa batalla es muy limitada y, lo peor es que “amenaza en degenerar en un simple slogan que oculta más de lo que es capaz de aclarar”. Escribe el especialista que “una perspectiva socialista que no vaya más allá de atacar las relaciones de propiedad existentes es limitada”. Dada la experiencias de monopolio de los medios en los países que hasta 1989 se conocieron como socialistas, lo importante ahora sería “saber a quién entregar los medios ¿al partido?”
La sociedad capitalista, para reproducirse, debe controlar las conciencias de las masas; para ejercer ese control debe realizar un continuo bombardeo de mensajes para que aniden en la mente de los sectores dominados. Todo el gran desarrollo tecnológico ha sido creado para seguir beneficiando a los poseedores del capital. Al respecto el escritor y analista Edgar Morín enseña la forma en que se manifiesta ese bombardeo:
“El hombre contemporáneo está siendo constantemente bombardeado por una serie de mensajes que en apariencia sólo lo distraen, lo entretienen o divierten. Esta concepción implica, sin embargo, la autonomía de contenido de los mensajes, acierto que no cuenta con fundamento científico ni racional. El contenido de los mensajes responde a los intereses específicos de quienes poseen los costosos equipos de emisión (rotativas, estaciones de radio y TV). Los mensajes, en realidad, son mercancías producidas por industrias ultraligeras. El mensaje se trasmite en “una hoja de periódico y en una cinta cinematográfica, vuela en las ondas radiofónicas y en el momento de su consumo se convierte en impalpable, puesto que este consumo es psíquico. La industrialización genera una concentración técnico-burocrática y los medios de comunicación no escapan de ella… (Morín:1966)
6. Libertad, autoritarismo, objetividad, manipulación
En la actualidad se habla mucho de que se debe respetar la libertad de prensa y, como contraparte se dice que el autoritarismo debe ser combatido; que la información que se da a conocer en los medios debe ser muy objetiva y, para ello se deben evitar las intervenciones manipuladoras; se ha analizado el enorme papel que juega el pago de publicidad para la supervivencia de los medios de información, pero también se ha dicho que no deben predominar criterios comerciales en la programación. Por último, entre otras ideas, se plantea la necesidad de hacer un código de ética que rija la conducta de los medios de información. En fin.
Mientras la propiedad de las empresas de los medios de información sigan en manos de unos cuantos capitalistas, la defensa de la libertad de prensa será la defensa de la propiedad. Los dueños de los medios de comunicación, al abogar por la libertad de prensa, lo estarán haciendo para defender sus intereses como propietarios. La libertad de prensa ha tenido repercusión internacional y ha sido usada por poderosos monopolios para defenderse. La realidad es que la burguesía ha sido incapaz de llevar a sus últimas consecuencias la libertad de prensa. Se contradice al aplicar la censura y obligar a los periodistas a autocensurarse.
Contra la libertad de prensa o de información, se aplica el autoritarismo donde el medio de comunicación obedece a una dirección rígida; desde un emisor que transmite la ideología del modo de producción capitalista hacia un receptor que constituye una mayoría que no ve reflejada su forma de vida y sus aspiraciones. Un grupo de especialistas nombrados por los mismos empresarios para seguir normas imponen un mensaje a un auditorio que no participa en su elaboración. El mensaje refleja la práctica social de la clase dominante, jamás o raramente la práctica social de la población.
El periodismo, para evitar caer en la simple manipulación ideológica, debe manejar un código de la objetividad; sin embargo no se puede olvidar que así como la empresa tiene una ideología como clase dominante, también los periodistas poseen una ideología que les impide ser totalmente objetivos, lo que no quiere decir que no busquen serlo; los juicios de valor, la ideología y la lucha de clases están siempre presentes e interfieren en la redacción y transmisión de la información. Lo que hay que evitar es la utilización de un lenguaje que limite o que encarcele a los protagonistas del proceso social entre dos posiciones irreconciliables que muchas veces dividen al mundo en dos esferas (los buenos y los malos) y utilizan la justificación del orden, la armonía y la tranquilidad para llamar a la represión.
“Como paradigma del periodismo objetivo figura en América Latina el New York Times o también, Le monde: El lingüista más importante del mundo contemporáneo, Noam Chomsky, ha investigado científicamente a la prensa del “mundo libre”, llegando a la conclusión que funciona conforme a las legalidades y principios funcionales de un “sistema de indoctrinación y propaganda estatal. Un reciente análisis contemporáneo de los periódicos liberales más importantes de Europa y Estados Unidos, realizado en Holanda, coincidió con esta inferencia” (Dieterich Steffan: 1997, 70)
Dentro este mismo campo de la manipulación de los medios se encuentra el gran papel que ejerce la publicidad sobre ellos. La publicidad, como se sabe ampliamente, es un elemento esencial de la economía de mercado en el juego de la oferta y la demanda; hace el papel de puente entre el industrial, el comerciante y el consumidor. En las sociedades capitalistas, todo toma forma de mercancía. Los dueños del dinero son los herederos de la gran propiedad, son los que como propietarios, mediante la compra de fuerza de trabajo y la extracción de plusvalía, hacen cada vez más grande su poder. Quien tiene el poder manda y ordena. Ese es un problema importante que ata y subyuga a los medios de comunicación porque, al parecer. “el que paga manda”. Veamos lo que nos dice la investigadora Patricia Arraiga, al respecto:
“Los medios de comunicación masiva se desarrollan en función del gasto publicitario y, en algunos casos, como al inicio de la radio en Estados Unidos, las empresas mismas de bienes de consumo, eran las dueñas de las primeras estaciones transmisoras y las utilizaban para hacer su propia publicidad… Al decir que los medios de comunicación masiva dependen de la publicidad, afirmamos en realidad que dependen del sector de bienes de consumo. Al decir que la publicidad depende de los medios de comunicación masiva, afirmamos que el sector de bienes de consumo depende de estos últimos. Sin embargo es el sector de bienes de consumo el que, en última instancia, determina a los medios de comunicación masiva, es decir, estos medios están sometidos al desarrollo de dicho sector. Prueba de ello es que si el sector de bienes de consumo disminuye su gasto publicitario, fenómeno común en época de crisis, los medios de comunicación masiva se ven profundamente afectados” (Arriaga Patricia: 1982).
7. Los medios en la llamadas sociedades socialistas
Los llamados países socialistas, encabezados hasta 1989 por la antigua URSS y China, no fueron nunca “dictaduras del proletariado en transición hacia la sociedad comunista” como Marx lo planteó originalmente. Lo que se desarrolló en esos países fue la dictadura de los partidos comunistas, quienes en nombre del proletariado, establecieron un poder centralizado desde el triunfo bolchevique en la Rusia de octubre de 1917. Al parecer Marx tenía razón cuando planteó que la sociedad comunista sería producto del alto desarrollo capitalista y que las sociedades feudales o semifeudales, como la Rusia zarista, tenían forzosamente que desarrollar primero una economía capitalista. Marx falló porque las revoluciones triunfaron en los países económicamente atrasados y en los países altamente desarrollados no hubo revoluciones.
Planteó Marx la problemática de la transición del capitalismo al socialismo en los países capitalistas que, como escribe Bookchin, apenas habían superado la tecnología del carbón y el acero, y la problemática del paso del feudalismo al capitalismo para los países que aún no habían trescendido el nivel de las artesanías y oficios. Por ese atraso ruso, los bolcheviques encabezados por Lenin, Trotsky y Stalin, al asumir el poder que les dio la revolución de octubre, convirtieron la necesidad en virtud y se impusieron la tarea de establecer una dictadura totalitaria, de la que Stalin no fue más que su hijo legítimo. Por eso la prensa, como escribe el profesor Pedro Farias, se sometió al servicio del poder.
“La libertad de expresión en la etapa anterior a la Revolución fue reivindicada para acabar con lo que Lenin llamaba la “odiosa inquisición rusa”; sin embargo, “después de la toma del poder negaron a sus adversarios aquello que habían recabado para sí”, porque “la libertad de Prensa ayudaba al poder de la burguesía mundial”. A partir de ese momento, se atribuyó a la Prensa la función primordial de “educar, movilizar y organizar las masas” y la subsidiaria de informar, pues la información se entendió al servicio de la función principal, cuya finalidad era la “consolidación del sistema”. Inmediamente después de la revolución se posibilitó la expresión a los grupos “no marcadamente hostiles”, pero su propaganda fue muy pronto calificada como “antibolchevique” y “contrarrevolucionaria”, y por tanto eliminada a partir del final de la guerra civil. Stalin consideró la libertad de expresión como un “fetiche”.( Farias: 1988, 22).
8. El poder de los medios hoy es enorme
“La concentración de la prensa en manos de unas pocas combinaciones monopólicas, escriben Abendroth y Lenk, facilita la concentración de la “discusión” pública”. El modelo liberal, en la época del absolutismo, fue crítico, ahora no. La discusión pública ha sido sustituida por las nuevas instituciones para la implantación de intereses particulares. “Los objetivos de las asociaciones y grupos no son decididos por sus respectivos miembros, sino son convenidos por los más poderosos interesados, y llevados a la práctica por la directiva”. La discusión pública ahora es un simple concepto ideológico de un pequeño sector de intelectuales, pero el manejo de la conciencia pública queda en manos de los manipuladores de la opinión (Ver Abendroth y Lenk: 1971, 315-316).
La década de los ochenta, coincidiendo con la imposición del neoliberalismo en el contexto mundial, es el inicio del desarrollo acelerado de los medios de información, en primer lugar, de la televisión, la telefonía, la computadora, el Internet y otros medios electrónicos. A partir de entonces no hay actividad política importante, donde intervengan las masas, que pueda hacerse sin darle prioridad a esos modernos medios de comunicación. Por eso es importante conocer las opiniones del filósofo Joaquín Estefanía, tanto en los análisis que hace sobre la imposición del llamado pensamiento único, como en lo que dice respecto al triunfo de la economía y los medios sobre la política:
“En la actualidad el poder político no es más que el tercer poder; antes están el poder económico y luego el poder mediático. ‘Cuando se poseen estos dos últimos -según escribe Ignacio Ramonet- el poder político no es más que una formalidad como ha demostrado Silvio Berlusconi’. Aunque haya una punta de exageración, lo cierto es que el poder se ha movido, ha desertado del espacio de lo político. Y cuando los propios medios de comunicación publican la lista de los hombres más influyentes de su país, o del mundo, aparecen cada vez menos políticos y más financieros o representantes de la comunicación” (Estefanía: En Tiburones. 1995, 14)
Hasta los años ochenta, los políticos que participaban en los procesos electorales, se preocupaban por realizar grandes concentraciones, por efectuar visitas domiciliarias, por hacer la mayor cantidad de reuniones posibles para estar en contacto directo con los electores; sin embargo, a partir de los noventa los políticos comenzaron a darle mayor importancia a la TV, la radio, la prensa, el Internet y comenzaron a gastar la mayor parte de su presupuesto de campaña en la compra de espacios en los medios. Hoy no solo destinan el 80 por ciento de sus finanzas en mercadotecnia en los medios, sino que además los políticos ponen todo su tiempo e interés en figurar en los que esos medios les preparan.
A través de las décadas se han hecho comparaciones acerca del comportamiento de los medios de comunicación en los países capitalistas y en los llamados países socialistas. Generalmente se ha aceptado que en los regímenes capitalistas, los medios y los propietarios se plantean como objetivo central el lucro, sus negocios sólo buscan ganancias vendiendo diversión y entretenimiento, aunque anuncien que buscan “elevar” los niveles educativo y cultural de los receptores. Los que se encuentran en manos del Estado en los regímenes “socialistas” y también en algunos no socialistas, los medios, sobre todo la TV y la radio, quieren convencer, educar, tienden a propagar una ideología, y por otra parte -como no buscan el lucro-, proponen valores de “alta cultura”: charlas científicas, música y obras de teatro clásico, etc.,
Tanto la dirigencia estatal como la privada, tienen un objetivo común: la búsqueda de un gran público, de las mayorías. Para lograrlo, en ambos bloques hay quienes sostienen la tesis de: “al público, lo que quiera”, es decir, parten de la visión simplista y burda de que el público hace los medios, o manejan la idea contraria (igualmente burda y simplista), de que los medios hacen, crean el público. Ambas posturas niegan y evaden el problema específico de los medios, niegan la dialéctica entre el sistema de producción cultural y las necesidades culturales de los consumidores. La cultura de masas es pues, el producto de una dialéctica de producción-consumo en el seno de una dialéctica global que es de la sociedad en su totalidad.
Para concluir estas reflexiones acerca del papel de los medios de información en la sociedad capitalista, me ha parecido importante plantear alguna salida que ayude a cambiar la imagen negativa que se tiene de las informaciones que llegan al gran público. En tanto las empresas de información sigan en manos de unos cuantos capitalistas cuyo único interés sea acrecentar sus ganancias, las cosas no podrán cambiar; pero en la medida en que el público comienza a exigir mayor responsabilidad, limpieza y veracidad en lo que consume, los mismos capitalista entenderán que para vender tienen que ofrecer buena mercancía. Por eso un código de ética periodística, como plantea el comunicólogo Riva Palacios, puede ser una salida mediata interesante:
“Periodista que no tenga ética, no es un periodista pleno. Periodista que no coloque la ética como cimiento de su trabajo tendrá una profesión endeble, vulnerable y con poca credibilidad. Por desgracia, la ética periodística es un concepto que, en la práctica es casi nulo en el contexto nacional. Ningún medio tiene como herramienta de trabajo un código de ética, ni tampoco existe el concepto de “conflicto de interés”, cuya ausencia sólo distorsiona y vicia enormemente al periodismo mexicano (…) La prensa, con sus excepciones, no se ha convertido en un foro plural, real, sino que se ha vuelto una especie de altoparlante del gobierno y de aquellos sectores a los que quiere apoyar. Por lo mismo, tampoco ha sido espejo fiel de los diversos sectores -representativo- de la sociedad… sólo realiza ese papel para aquellos grupos con poder económico que pueden comprar espacios informativos y otorgar privilegios a los periodistas (…) Mentir, ocultar, tergiversar, ser injusto o tendencioso. Permear el trabajo por intereses creados, son violaciones fundamentales a la ética periodística… No es casual que los noticieros de la televisión mexicana carezcan de credibilidad y que los periódicos y las revistas de información general tengan circulaciones tan bajas (Riva Palacio: 1998, 111-127).
Abendroth, Wolfang y Kurt, Lenk: Introducción a la ciencia política, Anagrama, Barcelona, 1971.
Bobbio, Norberto: La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político. FCE, México, 1989.
Bonfil Batalla, Guillermo: México profundo. Una civilización negada, Grijalvo, México, 1990.
Bookchin, Murray: Escucha Marxista, Acción Directa, México, 1976.
Echeverría, Pedro: Socialismo y partidos políticos, Colegio de Ciencias y Humanidades, México, 1978.
Echeverría, Pedro: Los Cordeleros 1933-1983, SCY-UADY, Yucatán, 1983.
Echeverría, Pedro: La política en Yucatán en el siglo XX (1900-1964), Maldonado Editores, Yucatán, 1985.
Echeverría, Pedro: Las haciendas henequeneras en Yucatán. Una reseña publicada en el libro Arquitectura de las haciendas henequeneras. Universidad Autónoma de Yucatán y Escala Bogotá, Colombia, 1996.
Echeverría, Pedro: La educación pública: México y Yucatán, UADY, Yucatán, 1993.
Echeverría, Pedro: Nos llevó el tren. Los ferrocarrileros de Yucatán, Facultad de Arquitectura de la UADY, Yucatán, 1999.
Enzensberger, Hans Magnus: Elementos para una teoría de los medios de comunicación, Anagrama, Barcelona, 1974.
Estefanía, Joaquín: Contra el pensamiento único, Santillana, S.A. Taurus, España, 1997.
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Pascuali, Antonio: Comunicación y cultura de masas, Monte Avila, Venezuela, 1969.
Ramírez, Carlos: Cuando pudimos no quisimos. El decenio del derrumbe, la transición y el caos, Océano, México, 1995.
Riva Palacio, Raymundo: Más allá de los límites. Ensayos para un nuevo periodismo, Universidad Iberoamericana y fundación Manuel Buendía, México, 1998.
02 de julio de 2011 / Ricardo Pompa Michel En las últimas semanas los aspirantes del PAN se han dedicado a hacer esfuerzos por demostrar algún grado de “fortaleza” de cara al proceso del año entrante. Que si unidos con Ernesto, que si todos con Lujambio, que si Josefina sube en las encuestas o que si Emilio será el tercer presidente panista… todos hacen sus teatritos excepto uno, el autodenominado “gallo azul”.
En una entrevista para el diario Milenio, Lozano habló largo y tendido sobre sus aspiraciones presidenciales: Aprovechó para hacerle la barba- perdón, mostrar su apoyo- al secretario Ernesto Cordero, así como para presumir sus ventajas frente a sus contrincantes:
Conoce mejor al priísmo, pues fue militante hasta 2005. Sí, seguramente esto le atraerá mucha simpatía entre los panistas…
Estar involucrado en los conflictos del SME, de las minas en Cananea, Mexicana de aviación, entre otros. ¿Y acaso ha podido resolver alguno de los 3?
Tener más años de servidor público que Cordero, Lujambio y Félix juntos. Muñoz Ledo tiene muchos más años que los 4 juntos y eso no lo convierte en un buen candidato, señor Lozano.
Ser el Secretario de las confrontaciones, “el gallo azul”; si esto se reflejara en resultados estaríamos de acuerdo, pero mientras sean palabrerías parte de una estrategia mediática, dudamos que le sumen muchos adeptos.
Además de esto, a pregunta expresa de sobre quién apoya a Lozano al interior del PAN, el secretario del Trabajo fue incapaz de responder: “La verdad es que para mi es muy difícil comenzar a dar nombres o grupos, yo prefiero que lo hagan ellos, a los eventos yo no llevo porra porque no tengo”.
Interesante postura la de Lozano, revisando sus “meritos y fortalezas” honestamente no se le ven muchas posibilidades; ya ni hablemos del apoyo, prácticamente nulo. ¿Será que estemos presenciando al primer precandidato que declina? No se le ven muchos espolones a este gallo.