Source: http://segleg.chaco.gov.ar/seglegis/servlet/hconstramindivnuevo?2018,1,3572
Timestamp: 2018-08-19 23:23:35
Document Index: 125171575

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'artículo 4', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'Artículo 8', 'Artículo 9', 'Artículo 10']

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Proyecto De Ley Nro:3572/2018
Extracto:CREA EL “PROGRAMA PROVINCIAL DE PREPARACIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO PARA LA JUBILACIÓN” EN LA PROVINCIA DEL CHACO.- Estado:En Trámite -
08/08/18 13:39
Artículo 1:- Créase el “Programa Provincial de Preparación y Acompañamiento para la Jubilación” en la provincia del Chaco.
Artículo 2:- La autoridad de aplicación del presente programa será el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia del Chaco, o el que en el futuro lo reemplace.
Artículo 3:- Son beneficiarios del presente programa todos los agentes públicos de las distintas reparticiones y entes que conforman el sector público provincial conforme al artículo 4 de la ley 1092 A (antes ley 4787)- Organización y Funcionamiento de la Administración Financiera del Sector Publico de la provincia del Chaco- que estén próximos a jubilarse.
Artículo 4:- El programa realizará las siguientes actividades: a) Talleres, b) Charlas informativas, c) Asistencia psicológica con profesionales del área pertinente del Ministerio de Desarrollo Social, d) Mesas de trabajo, e) Asesoramiento y acompañamiento a los agentes que realicen el tramite jubilatorio, cuando así los requieran, f) Desarrollar políticas tendientes a la agilización del trámite jubilatorio, g) Distribución de folletería y demás actividades que se crean convenientes.
Además deberán fomentar diversas actividades recreativas y de acompañamiento. Los módulos de los talleres contendrán temas relativos al impacto que produce el retiro laboral, la necesidad de re-planificación de vida, entre otros.
Artículo 5:- El Ministerio de Desarrollo Social de la provincia del Chaco deberá brindar a través de la habilitación de una línea telefónica y de un segmento de la página web del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia del Chaco, información suficiente sobre el contenido del programa y los requisitos para acceder al mismo.
Artículo 6:- La creación y funcionamiento del Programa deberá publicarse en todas las áreas de Recursos Humanos de las distintas reparticiones del gobierno provincial.
Artículo 7:- La autoridad de aplicación deberá prever cronogramas anuales de actividades, garantizando la participación del mayor número de beneficiarios, ofreciendo las actividades en la totalidad de los departamentos de la provincia.
Artículo 8:- A los fines del cumplimiento la autoridad de aplicación podrá celebrar convenios con municipios, sindicatos y entidades intermedias (ONG).
Artículo 9:- Invitase a los municipios de la provincia a adherir a la presente ley.
Artículo 10:- De forma.
El presente Proyecto de Ley tiene por objeto crear el “Programa Provincial de Preparación y acompañamiento para la Jubilación”, que estará dirigido a todos los agentes públicos pertenecientes al régimen de empleo de la administración pública provincial y municipal, organismos estatales descentralizados o autárquicos, que estén próximos a jubilarse.
El programa se establece como un servicio integrador, participativo y solidario, que tiene por finalidad preparar y acompañar a las personas próximas a jubilarse, o interesadas por la temática en su proceso de jubilación, y mejorar las organizaciones laborales donde éstos se desempeñan.
Pretende brindar un espacio de acompañamiento y preparación que otorgue herramientas que fortalezcan al personal, que potencien sus habilidades emocionales y les permitan mejorar su manejo frente al proceso de cese de sus actividades laborales.
El trabajo atraviesa diversas etapas y ámbitos en la vida de las personas y, a su vez, provee estructura en relación a tiempos, actividades, relaciones, status, creatividad, desarrollo de aptitudes, crecimiento económico, determinación de la identidad, entre otros. La interrupción de la actividad laboral produce una ruptura que requiere un proceso de adaptación, debido a que por imperativos legales se establece una edad de retiro.
Jubilación es la denominación de un proceso administrativo a través del cual una persona en actividad laboral deja de realizarla y se convierte en un sujeto “pasivo”. Ello conlleva un cambio total del esquema vital que en algunas circunstancias puede ocasionar desajustes bio-psico-sociales, que se establecen como factores de riesgo.
Tanto la jubilación como la prejubilación suponen el tránsito de una actividad laboral integrada y activa hacia una situación que, en ocasiones, puede provocar efectos negativos como deterioro del bienestar psicológico y social, descenso de la autoestima, erosión en las relaciones familiares y disminución de las relaciones sociales. Dichas transformaciones afectan al individuo en sí mismo y a la relación que mantiene con todo su entorno. Es necesario entonces que se generen respuestas adaptativas y congruentes en relación a dichos cambios.
Décadas atrás una persona era considerada anciana a la edad de 65 años, concepto que hoy en día se aplica a mayores de 80 años. Se entendía la jubilación como la entrada a la vejez, con características negativas. Hoy la misma significa la llegada a una etapa de posibilidades de realización en diversos ámbitos, en un espacio de libertad.
Una adecuada preparación para la jubilación, en la que se incremente el conocimiento del fenómeno, se ofrezca apoyo y formación para facilitar el proceso de adaptación a la nueva situación, se diseñen alternativas de ocio entre las que se destaquen la participación social y el voluntariado, puede enriquecer tanto al individuo y a la comunidad.
A su vez esto puede complementarse con programas de intervención psicosocial, a través de los cuales se contribuya a cubrir las carencias que pueden surgir en muchas personas debido a la inactividad laboral; en los que se ofrezcan apoyos y actividades que amplíen las oportunidades de desarrollo y, al mismo tiempo, apunten a canalizar las experiencias adquiridas a lo largo de la vida hacia actividades significativas de trascendencia social.
Estas acciones de protección involucran a los propios individuos, sus familias, instituciones y organizaciones donde participan, pero por sobre todo, son concebidas como una responsabilidad de toda la sociedad hacia los colectivos en situación de vulnerabilidad (tal como puede entenderse a los adultos mayores). Dichas acciones pretenden no sólo protegerlos de situaciones de fragilidad, agresiones personales o colectivas, complicaciones debidas a su situación, pérdida de capacidades, abuso o maltrato, abandono, discriminación o marginación, sino empoderarlo en sus capacidades, posibilidades y derechos como persona y ciudadano.
La protección de los adultos mayores requiere de un cambio de perspectiva de lo que dicha concepción significa, debiendo pasar del mero cuidado al énfasis en el derecho que tienen de ser promovidos, con el propósito de mantenerse integrados activamente en la sociedad. El colectivo de adultos mayores constituye un grupo en acelerado aumento, con tiempo disponible, con 10 o 15 años de media de vida útil y productiva que socialmente se encuentran marginados y desplazados (Cruz, A., Pérez, L., 2006).
Es importante destacar que no existe un único paradigma de la vejez y el envejecimiento, ambos procesos aluden a una realidad multifacética atravesada no solo por el paso del calendario, sino también por aspectos fisiológicos, sociales y culturales. Hay que diferenciar entre los aspectos cronológicos de la definición de vejez y su construcción social. Según el criterio cronológico, establecido por la mayoría de los países de la región en sus respectivas legislaciones, la vejez se inicia a los 60 años, frontera que ha variado más en los últimos tiempos que en toda la historia occidental. A principios del siglo XIX se era viejo a los 40 años, mientras que hoy en día la edad a partir de la cual se considera mayor a una persona es difícil de determinar taxativamente. La definición cronológica de la edad es un asunto sociocultural. Cada sociedad establece el límite a partir del cual una persona se considera mayor o de edad avanzada; aunque sin excepciones la frontera entre la etapa adulta y la vejez está muy relacionada con la edad fisiológica. En general, la edad establecida se correlaciona con la pérdida de ciertas capacidades instrumentales y funcionales para mantener la autonomía y la independencia, lo que si bien es un asunto individual, tiene relación directa con las definiciones normativas que la cultura otorga a los cambios ocurridos en el cuerpo, es decir, la edad social. En este contexto, la vejez puede ser tanto una etapa de pérdidas como de plenitud, todo depende de la combinación de recursos y la estructura de oportunidades individuales y generacionales a la que están expuestas las personas en el transcurso de su vida, de acuerdo a su condición y posición al interior de la sociedad. Esto remite a la conjugación de la edad con otras diferencias sociales "tales CEPAL – Colección Documentos de proyectos Envejecimiento y derechos humanos: situación y perspectivas de protección como el género, la clase social o el origen étnico" que condicionan el acceso y disfrute de esos recursos y oportunidades. En segundo lugar, hay que diferenciar los enfoques que guían las interpretaciones de los temas que abordan las leyes, las políticas y los programas dirigidos a las personas mayores. Los problemas que tratan ese tipo de instrumentos son construcciones sociales que reflejan concepciones específicas de la realidad (Elder y Cobb, 1993) y que, en el caso de las personas mayores, se relacionan directamente con la concepción de la vejez a partir de la cual se delinean propuestas para lograr ciertos objetivos. Tradicionalmente, la concepción predominante a nivel programático ha sido la construcción de la vejez como una etapa de carencias de todo tipo: económicas, físicas y sociales, las primeras expresadas en problemas de ingresos, las segundas en falta de autonomía y las terceras en ausencia de roles sociales. El enfoque de los derechos conlleva un cambio paradigmático en este sentido, puesto que promueve el empoderamiento de las personas mayores y una sociedad integrada desde el punto de vista de la edad. Esto implica que las personas mayores son sujetos de derecho, no solamente beneficiarios, y que, por lo tanto, disfrutan de ciertas garantías y tienen determinadas responsabilidades respecto de sí mismos, su familia y su sociedad, con su entorno inmediato y con las futuras generaciones. Estas consideraciones forman parte del debate en el que se construyen los asuntos de la vejez y el envejecimiento como una cuestión pública y de derechos humanos en la agenda política actual, tanto internacional como regional.
Como se aprecia, aunque la edad de la vejez posee un componente biológico y cronológico insoslayable, desde el punto de vista de los derechos humanos lo más importante es su construcción social. En la sociedad occidental, la concepción predominante sobre las personas de edad y sus problemas parte de la construcción de la vejez como una etapa de carencias económicas, físicas y sociales (Huenchuan, 1999, 2004 y 2009). De ahí que gran parte de las intervenciones se concentren en lo que las personas mayores no poseen en comparación con otros grupos, de acuerdo a un modelo androcéntrico de la organización y el funcionamiento de la sociedad. Por antonomasia, los instrumentos de política más comunes ofrecen paliativos para superar esas pérdidas o carencias, y muchas veces se enfocan solo en aquellos individuos y sectores que dependen estrictamente del Estado para lograr niveles mínimos de subsistencia. Excepcionalmente la acción pública está destinada a ofrecer los mayores estándares de vida posibles a las personas de edad por su sola condición de miembros de la sociedad y sus legítimas aspiraciones de ciudadanía. El origen de esta situación reside en el hecho que las instituciones aún no se han adaptado a la nueva composición por edades de la población, ni en términos estructurales ni ideológicos, y continúan funcionando en base a un imaginario asentado en la juventud, en el que la vejez indefectiblemente está asociada con las pérdidas (Huenchuan, 2003). De este modo, las personas mayores se acercan o se desvían de un supuesto estándar de normalidad, el que en ningún caso es neutro, sino que se encuentra sesgado en favor de parámetros físicos y psíquicos que constituyen el estereotipo de la cultura dominante (Courtis, 2004). La situación es más compleja aún para las mujeres mayores, a quienes se suele interpretar a partir de los paradigmas ya establecidos, muchos de los cuales pasan por alto las relaciones de edad. Con ello se insiste en la distancia que separa a las mujeres mayores del arquetipo dominante, sea que este se refiera al varón en edad productiva o a las mujeres en edad reproductiva. Esto se aprecia claramente en la teoría de la economía política del envejecimiento, que incluye a las mujeres pero no modifica el modelo vigente, y en las teorías feministas, que no logran conceptualizar claramente el ciclo de vida como un componente intrínseco de su análisis (Huenchuan, 2010). En este contexto, se podría asegurar que el principal problema de las personas mayores es la discriminación en razón de su edad, la que tiene por consecuencia obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en los ámbitos político, económico, social, cultural, civil o de otro tipo. Como corolario, las personas mayores están expuestas a sufrir la pobreza, la invisibilización o la fragilización, con sus particulares expresiones en esta etapa de la vida.
Diversas investigaciones muestran grandes diferencias entre las personas que han sido preparadas psicológicamente para la jubilación y aquellas que no han tenido ninguna preparación para enfrentar este proceso, los primeros experimentan en forma más positiva esta etapa de la vida, lo cual contribuye a prevenir o retrasar la aparición de dificultades físicas y psicológicas.
Los programas de preparación para la jubilación constituyen entonces una herramienta efectiva para la adaptación positiva de las personas próximas al cese laboral y su ajuste hacia esta nueva etapa vital. Constituyen una herramienta esencialmente educativa ya que aportan conocimientos útiles para afrontar este ciclo pero, además, proponen la instauración de nuevos hábitos e intereses que permiten un ajuste satisfactorio que se traduce en una mejor calidad de vida, minimizando los efectos psicológicos negativos que genera el proceso de la jubilación y su asociación con la vejez.
Por todos los fundamentos expuestos es que solicito a mis pares que acompañen el presente proyecto de ley.