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Timestamp: 2018-08-14 21:39:51
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Matched Legal Cases: ['artículo 1', 'artículo 4', 'artículo 4', 'artículo 14', 'artículo 14', 'artículo 8', 'artículo 45', 'artículo 316', 'artículo 115']

Acoso Laboral | BLOG DENUNCIA
CATEGORÍA: Acoso Laboral; Acoso Moral; Psicoterrorismo; Control Mental; Suicidio Inducido; Acoso Moral; Acoso, Acoso en el trabajo
25 septiembre, 2015 de Anonimous	in Acoso Laboral, Categoría General y con la etiqueta acción hostigamiento e intimidación, acciones judiciales, acoso, Acoso a un superior, Acoso ¿Qué hacer?, Acoso de otros compañeros de trabajo, Acoso de un superior a un subordinado, ACOSO LABORAL, acoso moral, acoso moral a un trabajador, acoso o persecución, ACOSO PSICOLÓGICO LABORAL, acoso psicológico, Acoso Psicológico en el trabajo, actividades de acoso, Administraciones Públicas, afectan a la salud física o psíquica de la víctima, aislamiento, Art. 4.2.d, Art. 4.2.e, Asimetría de las partes, ayuda psicoterrorismo, bossing, burnt out, Características y tendencias de las víctimas del psicoterror laboral, ccoo, compañeros, compañeros de trabajo, Comportamiento de acoso, comportamientos de acoso, concepto de acoso moral, concepto de acoso moral o mobbing como riesgo psicosocial en el trabajo, defensa del acoso laboral, denuncia ante la Inspección de Trabajo, derecho de los trabajadores a su integridad física, derecho del trabajador a que se salvaguarde su intimidad personal, desacreditar a la víctima, Efectos del acoso de las víctimas, El acosado y la baja laboral, El acoso psicológico en el trabajo y sus relaciones psicológicas, EL MOBBING COMO RIESGO PSICOSOCIAL, EL psicópata organizacional, Elementos del acoso, Estatuto de los Trabajadores, extinción, extroyección, Formas de intervención frente al acoso moral laboral, Heinz, Iñaki, incidencias al acoso psicológico, Inspección de Trabajo, Intención de dañar, intervención frente al acoso moral laboral, introyección, jurisdicción civil, jurisdicción penal, jurisdicción social, legislación laboral, Ley de Prevención de Riesgos Laborales, menoscabo de su dignidad, mobbing, modelo octogonal del Mobbing, persecución psicológica, Piñuel y Zabala, prevención de riesgos laborales, procedimiento administrativo sancionador, procedimiento administrativo sancionador ordinario, procedimiento especial, Producción del daño, profesor Leymann, PSICOSOCIAL, PSICOTERRORISMO, psicoterrorismo ayuda, reducir la ocupación de la víctima, reputación Personal o Laboral, riesgo psicosocial, Seguridad Social, Sentencias, SUICIDIO INDUCIDO, Tipos de acoso, tortura psicologica, tratamiento del acoso laboral, tratamiento legal del acoso moral, ugt, VÍCTIMAS, Víctimas acoso, vertiente del acoso moral, victimización, Violencia perversa, violencia psicológica, www.lexjuridica.com	| Deja un comentario
© Publicado el 25 de septiembre del 2015
1. Introducción. Página 2
1.1. Historia del acoso psicológico laboral. Página 2
2. El Marco del Acoso Psicológico en el trabajo. Página 5
2.1. Concepto. Página 5
2.2. Elementos del acoso. Página 5
2.3. Comportamiento de acoso. Página 6
2.4. Efectos del acoso de las víctimas. Página 6
2.5. ¿Qué hacer? Página 7
2.6 No constituyen acoso. Página 7
2.7. Pistas para detectar el acoso en las empresas. Página 7
3. El acoso psicológico en el trabajo y sus relaciones jurídicas. Página 7
3.1. El concepto de acoso moral o mobbing como riesgo psicosocial en el trabajo. Página 7
3.2. El tratamiento tradicional del problema. Página 8
3.3. El tratamiento del acoso laboral conforme a la ley de prevención de riesgos laborales.
3.4. El acoso laboral llevado a cabo por el empleado o sus representantes (bossing). Página 11
3.5. El Tratamiento legal del acoso moral cuando el agresor es distinto del empleador
3.6. Formas de intervención frente al acoso moral laboral. Página 11
3.6.1. Posibilidades de intervención de la inspección de trabajo frente al acoso laboral. Página 11
3.7. Posibles acciones judiciales del afectado. Página 13
3.7.1. Ante la jurisdicción penal. Página 13
3.7.2. Ante la jurisdicción civil. Página 13
3.7.3. Acciones ante la Seguridad Social. Página 13
3.7.4. Sentencias. Página 14
4. El acoso psicológico en el trabajo y sus relaciones psicológicas Página 15
4.1. Tipos de acoso en función del origen de los ataques Página 17
4.2. Características y tendencias de las víctimas del psicoterror laboral. Página 18
4.2. Características y tendencias de las víctimas del psicoterror laboral. Página 21
4.4. EL psicópata organizacional. Página 22
5. Fundamentos científicos ante la defensa del acoso laboral. Página 23
6. Conclusiones. Página 26
7. Bibliografía. Página 28
El motivo por el cual he decidido realizar un trabajo sobre este tema, es que yo mismo he sido víctima de un acoso laboral, más bien yo diría acoso y derribo. Debo anticipar que debido a mi fuerte personalidad no han conseguido mellar mi estado de ánimo, ni mi autoestima, al contrario me he reafirmado y han conseguido que tanto personal, como laboralmente me haya beneficiado la situación, que llegó un momento a ser insostenible. Lamentablemente y por poco creíble que parezca también he sido víctima de mi superior y de un compañero por llamarle de algún modo. Todo esto detallaré en las
El mobbing es un problema muy antiguo y existe en diferentes culturas y civilizaciones aunque se ha agudizado con las nuevas formas de organización del trabajo. Las investigaciones llevadas a cabo por Leymann a partir de la década de los 80, lo han hecho más transparente y accesible y han llevado a su inclusión como riesgo psicosocial.
El concepto científico de mobbing La palabra mobbing deriva del término inglés mob cuyo significado en castellano sería el de una multitud excitada que rodea o asedia a alguien (una persona) o a algo (un edificio, un objeto) bien sea de forma amistosa o bien de forma hostil. El sustantivo mob es el gentío, el vulgo, la plebe o populacho, mientras que el verbo to mob describe la acción de ese gentío de agolparse o atestarse en torno a algo o bien la de asediar o atacar en masa a alguien. El origen de la palabra describe, por tanto, una acción colectiva de un grupo de personas frente a algo o alguien, y curiosamente no siempre de modo negativo, tal y como ahora está siendo tratada en el ámbito de las condiciones de trabajo. Es en dicho ámbito en el que el concepto de mobbing o bullying o acoso moral ha sido desarrollado históricamente por diversos científicos y psicólogos, principalmente por el Profesor Heinz Leymann cuya definición se recoge en la Nota Técnica Preventiva (NTP) 476 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) como una situación en la que una persona (o en raras ocasiones un grupo de personas) ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente (como media una vez por semana) y durante un tiempo prolongado (como media unos seis meses) sobre otra persona o personas en el lugar de trabajo con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente que esa persona o personas acaben abandonando el lugar de trabajo1. Para Leymann la diferencia entre el mobbing y cualquier otro conflicto entre personas en el mundo laboral es que el mismo no se desarrolla entre iguales sino que la víctima ocupa una posición de inferioridad, bien ya sea jerárquica o de hecho, respecto del agresor. O en otras palabras, se suele describir la relación entre el agredido y el agresor como asimétrica. Por lo tanto son tres los principales rasgos que diferencias el mobbing o acoso moral de cualquier otro tipo de conflicto interpersonal en el medio laboral: la duración, la repetición y la relación asimétrica o desigual entre las dos partes del conflicto. El concepto legal de mobbing Recientemente el término ha sido descrito por un grupo de expertos de la Unión Europea como un comportamiento negativo entre compañeros o entre superiores e inferiores jerárquicos, a causa del cual el afectado/a es objeto de acoso y ataques sistemáticos y durante mucho tiempo, de modo directo o indirecto, por parte de una o más personas, con el objetivo y/o el efecto de hacerle el vacío
2.The Mobbing Encyclopaedia Bullying. The Definition of Mobbing at Workplaces. Heinz Leymann
En los textos legales de los países de la Unión Europea apenas hay mención del mobbing si exceptuamos la legislación sueca, que lo define como recurrentes acciones reprobables o claramente hostiles frente a un trabajador o trabajadores adoptadas en el ámbito de las relaciones interpersonales entre los trabajadores de forma ofensiva y con el propósito de establecer el alejamiento de estos trabajadores respecto de los demás que operan en un mismo lugar de trabajo. En un proyecto de ley italiano se define como los actos y comportamientos llevados a cabo por el empresario, o por los sujetos que tengan una posición jerárquicamente superior o igual grado o categoría en el conjunto de los trabajadores, hechos con el propósito de dañar a un trabajador con carácter sistemático, de modo perdurable y clara determinación.
Es decir, se trata de una conducta hostil o intimidatoria seguida frente a un trabajador en el marco de su relación por cuenta ajena, que puede ser llevada a cabo por un individuo o por varios, y que este individuo o individuos pueden ser tanto el propio empleador, como su representante o mando intermedio, o incluso sus propios compañeros de trabajo con una posición de facto superior.
Se diferencia así de otros tipos de acoso, como el burn-out, motivado por la relación del trabajador con los clientes o usuarios de la empresa en la que trabaja y la presión que sufre por el trato con éstos. Y hay que tener en cuenta que el principal objeto del mobbing es hacerle el vacío al trabajador, es decir provocar su humillación y definitivo alejamiento del lugar de trabajo y en esto se diferencia también del llamado acoso sexual, que no persigue tal fin. Por lo tanto, el acoso moral o mobbing incluye en su definición a dos tipos de comportamiento que, como veremos a continuación, pueden tener un tratamiento jurídico diferenciado:
a) Por un lado, la persecución y acoso ejercitada por el empresario o sus representantes (tornándose política de empresa) frente a un trabajador o trabajadores por motivos de reorganización, de reducción de personal, etc., o con el simple objetivo de eliminar trabajadores incómodos (por motivos sindicales, personales del empleador, etc). Esta conducta se describe en inglés con el nombre de bossing, palabra que proviene de boss (patrón o jefe).
b) Y por el otro, hablamos propiamente de mobbing refiriéndonos a las formas de persecución y acoso recurrente que unos trabajadores, que ocupan una posición considerada de facto como superior, ejercen frente a otro u otros trabajadores ante la conducta pasiva del empleador y/o sus representantes.
Se entiende por acoso u hostigamiento psicológico en el trabajo: Comportamiento hostil que atenta, ofende, humilla, atemoriza, de forma sistemática la integridad física y / o psíquica llevada a cabo por una o varias empresas.
Es una sucesión de actos encaminados a un fin, la intencionalidad no se evidencia en ninguno de los actos integrantes de la conducta y sólo es detectable mediante el análisis global de la misma.
Ataques verbales: insultos, burlas, amenazas, críticas injustificadas, ridiculización. Desacreditación profesional: sobrecargar de trabajo, encomendar tareas rutinarias por debajo o por encima de sus posibilidades, asignar objetivos o proyectos inalcanzables, retener o manipular información crucial, presiones para inducir al error, bloqueo de iniciativas, impedir utilización de medios adecuados, infravalorar, no reconocer el trabajo. · Aislamiento social: limitar el movimiento en el entorno de trabajo, no escuchar, hacer el vacío, aislamiento físico, dificultar comunicación.
2.4 Efectos del acoso de las víctimas.
Para cualquier persona que sufra el ataque mediante dichos comportamientos, va sufrir en su salud consecuencias a corto y a largo plazo:
Todas aquellas situaciones NO INTENCIONALES, en las que el trabajador padece una situación de estar quemado (burnt out) o de estrés a consecuencia de una sobrecarga de trabajo o le estrés generado por la relación de la víctima con los clientes o usuarios
Tampoco entran en el acoso, las prácticas empresariales antijurídicas o abusivas.
Quejas presentadas por el personal afectado o comentarios que hagan llegar otros empleados.
3. El acoso psicológico en el trabajo y sus relaciones jurídicas:
3.1. El concepto de acoso moral o mobbing como riesgo psicosocial en el trabajo:
3.2. El tratamiento tradicional del problema:
El derecho del trabajador a su intimidad y consideración debida a su dignidad. El problema del acoso moral a un trabajador por parte de su empresario o de sus representantes cuenta con algún claro antecedente en nuestra legislación laboral. Se establece en el Estatuto de los Trabajadores el derecho de los trabajadores a su integridad física (Art. 4.2.d) y al respeto de su intimidad y a la consideración debida a su dignidad, comprendida la protección frente a ofensas verbales o físicas de naturaleza sexual (Art. 4.2.e).
a) El derecho del trabajador a la ocupación efectiva (Art. 4.2.a) ET) precepto cuyo incumplimiento viene a veces inexorablemente unido a la conducta de falta de respeto y consideración debida al trabajador y que resulta de más fácil constatación para la Inspección de Trabajo.
e) Y por último, cuando se plantean los límites a la movilidad funcional del trabajador, la cual en ningún caso se podrá efectuar con menoscabo de su dignidad (Art. 39.3. ET) y sin un procedimiento especial de modificación sustancial de las condiciones de trabajo (Art. 41 ET).
Diferencia entre la vulneración de los derechos laborales y el acoso moral:
No se trataría, en suma, de la simple violación de unos derechos profesionales sino de una conducta que tiene por consecuencia un daño en la salud de trabajador afectado por la persecución de tipo psicológico y que por tanto ha de tener el tratamiento propio de la normativa de prevención de riesgos laborales conforme a la descripción que de ella hace el artículo 1 de la Ley 31/1995 de 8 de noviembre.
Sobre qué se entiende por riesgo laboral el artículo 4.2º de la Ley establece que es la posibilidad de un trabajador sufra un determinado daño derivado del trabajo. Y por daños derivados del trabajo, de acuerdo con la definición del artículo 4.3º de la Ley, se han de considerar las enfermedades, patologías o lesiones sufridas con motivo u ocasión del trabajo. Por lo cual, también la prevención de las lesiones y trastornos psíquicos entran plenamente dentro de la obligación de protección que corresponde al empresario superando el viejo concepto de lesión corporal incorporado desde hace más de 100 años a la legislación de Seguridad Social sobre accidentes de trabajo y del que luego trataremos.
3.4. El acoso laboral llevado a cabo por el empleador o sus representantes (bossing).
Analicemos en primer lugar una de las más frecuentes manifestaciones del acoso moral o mobbing, que es la que tiene lugar cuando es el propio empresario o su representante el principal sujeto instigador o incluso autor del acoso moral hacia un trabajador. De acuerdo con el artículo 14. LPRL es obligación del empresario la prevención de los riesgos laborales garantizando una protección eficaz en materia de seguridad y salud en el trabajo, adoptando en el marco de sus responsabilidades cuantas medidas sean necesarias para tal fin, siguiendo un sistema de gestión y planificación de las actividades preventivas y valiéndose de una organización y los medios necesarios. El artículo 14 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales es suficientemente explícito al respecto.
3.5. El tratamiento legal del acoso moral cuando el agresor es distinto del empleador o sus representantes (Mobbing).
La otra vertiente del acoso moral es la que más propiamente se llama mobbing y es la producida por la acción hostigamiento e intimidación de los propios compañeros del lugar de trabajo, sean o no pertenecientes a la misma empresa que el afectado, y que ocupan una posición jerárquica o de facto superior al agredido o víctima.
Tal y como hemos señalado anteriormente, es obligación del empresario la de prevenir el riesgo, en este caso el que supone el acoso moral, y a tal fin ha de procurar, en primer lugar, que este no llegue a producirse siguiendo para ello las políticas que considere precisas. Pero una vez producida esta situación de acoso moral o mobbing por parte de los empleados a su servicio frente a otro trabajador de su empresa debe actuar respecto a ella con los mismos principios que conducen el tratamiento de cualquier otro riesgo laboral: la necesidad de analizar o valorar el riesgo valiéndose de expertos y de adoptar las medidas que se consideren procedentes a fin de evitar un daño a la salud de los trabajadores.
El inicio del procedimiento administrativo sancionador Si además de requerir el Inspector optara por iniciar el procedimiento administrativo sancionador frente a la empresa o empresas podríamos encontrarnos ante diversos supuestos de actuación en función de los sujetos y las circunstancias:
Frente a la conducta de acoso del empresario o su representante Por lo ya expuesto anteriormente podríamos considerar que en los supuestos de acoso moral por el empresario o su representante se puede dar a menudo la concurrencia de dos tipos de infracción, la de carácter laboral prevista en el artículo 8.11 de la Ley de Infracciones y Sanciones en el Orden Social como infracción muy grave por atentar contra la intimidad y dignidad del trabajador, y una infracción a la normativa de prevención de riesgos laborales.
a) Cuando detectada o identificada la situación de acoso moral no se analizase o evaluase el riesgo con la asistencia de expertos en psicosociología la empresa incurriría en la infracción. b) Cuando una vez valorado el riesgo no se adoptan las medidas que resultan de esa evaluación se incurriría en una infracción grave prevista en el Art. 12.6 LISOS (El incumplimiento de la obligación de efectuar la planificación de la actividad preventiva que derive como necesaria de la evaluación de riesgos).
3.6.2. El inicio del procedimiento especial ante las Administraciones Públicas.
El inicio del procedimiento administrativo sancionador ordinario se torna imposible legalmente cuando afecta al ámbito de las relaciones del personal civil al servicio de las Administraciones Públicas conforme al artículo 45 LPRL. De acuerdo con el propio tenor literal de este artículo el procedimiento especial solo afecta a las relaciones entre la Administración Pública y su personal y no las relaciones de coordinación de actividades empresariales previstas en los artículos 24 y 28 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Quedan por tanto excluidas de este trato especial las conductas que atenten contra la coordinación y cooperación de actividades empresariales (Art. 24.1. LPRL) las relativas a la relación de la Administración como titular de un centro de trabajo con las empresas subcontratistas que actúen en su centro de trabajo (Art.24.2 LPRL) las relativas a la relación de la Administración con empresas subcontratistas que actúen en su centro de trabajo y sean de la propia actividad (Art. 24.3 LPRL) y las relativas a la Administración Pública con el personal contratado por empresas de trabajo temporal en las que aquella tenga la condición de empresa usuaria (Art. 28 LPRL).
3.7. Posibles acciones judiciales del afectado.
3.7.1. Ante la jurisdicción penal.
Las acciones del afectado o afectados ante la jurisdicción penal podrían ir dirigidas directamente frente al agresor, sea el propio empresario, su representante u otro trabajador, bien por coacciones, amenazas o cualquier otra variedad de conducta delictiva en que podría haber incurrido. Pero la cuestión que más nos preocupa es la posibilidad de encuadrar la conducta del empresario dentro del tipo penal descrito en el artículo 316 del Código Penal. Este precepto tipifica como conducta delictiva el no facilitar los medios necesarios para que sus trabajadores para que sus trabajadores desempeñen su actividad con las medidas de seguridad e higiene adecuadas, de forma que pongan así en peligro grave su vida, salud o integridad física. La jurisprudencia sobre este precepto es muy escasa y dado que los principios del derecho penal favorecen la interpretación restrictiva y la intervención mínima nos podemos encontrar con serios obstáculos para la aplicación de este precepto en los casos en que el empresario omita adoptar las medidas preventivas necesarias para evitar o reducir al menos el peligro de acoso moral a uno de sus trabajadores.
3.7.2. Ante la jurisdicción social.
La responsabilidad contractual frente al empleador que ha ejercido un acoso moral o ha adoptado una postura pasiva frente al mismo podría dar lugar a una acción de extinción de la relación laboral por el afectado o afectados (Art. 50.1.a) ET) y/o de resarcimiento por los daños y perjuicios ocasionados.
3.7.2. Ante la jurisdicción civil.
3.7.3. Acciones ante la Seguridad Social.
Vamos a abordar el tema del reconocimiento del mobbing o acoso moral como causante de accidente de trabajo. Para comenzar debemos recordar que los términos y definiciones de accidente de trabajo, enfermedad profesional, accidente no laboral y enfermedad común que nos da la Ley de Prevención de Riesgos Laborales no sirven o no tienen efectos en la legislación de Seguridad Social tal y como se encarga de decirnos la disposición adicional primera de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Aspecto éste que desde hace tiempo trae importantes consecuencias como la diversificación entre accidentes de trabajo y condiciones de seguridad y salud en el trabajo. Las cifras de siniestralidad no dan un retrato exacto de las condiciones de trabajo porque no existe la correspondencia necesaria entre ambos conceptos. En la legislación de Seguridad Social, como es sabido, sólo se admite la calificación de enfermedad profesional dentro de una clasificación cerrada en la que no sólo se describe la enfermedad sino también el agente causante. Que dicha lista ha quedado obsoleta y caduca ha sido algo que se ha denunciado hasta la saciedad sin que hasta el momento se haya tomado alguna medida efectiva al respecto, todo lo más un dictamen aprobado por unanimidad en la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. En todo caso, el artículo 115.2.e) LGSS admite que se consideren accidentes de trabajo las enfermedades que contraiga el trabajador (…) con motivo de la realización de su trabajo, siempre que se pruebe que la enfermedad tuvo por causa exclusiva la ejecución del mismo. La redacción de este artículo ha hecho conflictivo hasta el momento el reconocimiento de enfermedades como accidentes de trabajo y de momento son muy contadas las sentencias de Tribunales Superiores de Justicia que admiten los trastornos psíquicos debidos a stress, burnout y mobbing o acoso moral como accidentes de trabajo.
2) La segunda sentencia que conocemos que se pronuncie claramente sobre el stress profesional como causa de un accidente laboral es la del TSJ del País Vasco de 7.10.97. Se trata de un trabajador especialista metalúrgico que cuando se encontraba en la sección de embalaje de lavadoras sufrió una crisis nerviosa, perdiendo el conocimiento, con gran sudoración y brusca subida de tensión arterial cuya presión alcanzó el valor 20. En el centro hospitalario se hace constar la existencia de dolor precordial y se le diagnostica stress profesional sin cardiopatía orgánica. La primera sentencia de instancia rechazó que se tratase de accidente de trabajo porque el trabajador no había acreditado que hubiera sufrido lesión. Sin embargo, concluye el TSJ que ha existido un menoscabo fisiológico que incidió en el desarrollo funcional del trabajador originando su incapacidad laboral debida a stress profesional y que por tanto estamos ante un suceso que merece la calificación de accidente de trabajo.
4) Y por último están las sentencias de los Juzgados de lo Social de Pamplona nº1 y nº3 de 19 de febrero y 20 de marzo de 2001 respectivamente, posteriormente ratificadas por la Sala de lo Social del TSJ de Navarra referidas, por primera vez en la jurisprudencia de nuestros tribunales, al acoso moral o mobbing. La resolución judicial no es tan novedosa por sus fundamentos puesto que se basa en los mismos principios de las anteriores además de las que el propio juzgado cita en sus fundamentos de derecho. Lo que tal vez resulte más chocante son los argumentos dados por la Mutua y la empresa que
carecen de cualquier respaldo legal o incluso fáctico.
4. El acoso psicológico en el trabajo y sus relaciones psicológicas:
Se rechaza el contacto con la víctima (evitando el contacto visual, mediante gestos de rechazo).
2. Actividades de acoso para evitar que la víctima tenga la posibilidad de mantener contactos sociales:
Se maldice a la víctima, se echa pestes de ella o se calumnia.
Se hacen circular cotilleos y rumores sobre la víctima orquestados por el gang del acosador.
Se fabula o inventa una supuesta enfermedad de la víctima.
Se imitan sus gestos, su postura, su voz, su comportamiento, con vistas a ser ridiculizados.
Se le ponen motes, llamándola por ellos.
Se hace burla de su vida privada.
Se le priva de cualquier ocupación, y se vela por que no pueda encontrar tarea alguna.
Se le asignan tareas que exigen una experiencia superior a las competencias que posee, con la
intención de desacreditarla.
5. Actividades de acoso que afectan a la salud física o psíquica de la víctima:
5.1. Tipos de acoso en función del origen de los ataques
¨ Un grupo de trabajadores intenta forzar a otro trabajador reticente a conformarse con las normas implícitas fijadas por la mayoría. ¨ Enemistad personal o inquina de uno o varios compañeros. ¨ Un grupo de trabajadores la toma con un compañero, debido a mera falta de trabajo o aburrimiento. ¨ Se ataca a la persona más débil, enferma, minusválida o con defectos físicos, para dar cauce a la agresividad latente o la frustración. ¨ Se desencadena el ataque por las diferencias que se tienen con respecto a la víctima (extranjeros, sexo opuesto, otra raza, apariencia física distinta).
Acoso a un superior por parte de los subordinados.
Un grupo de subordinados se rebela contra el nombramiento de un responsable o jefe con el que no están de acuerdo. Le hacen la cama.
Acoso de un superior a un subordinado: ¨El denominador común suele ser que el jefe se prevale de manera abusiva, desmesurada y perversa de su poder. El objetivo suele ser reducir la influencia social de un subordinado en su entorno, o bien forzándolo de modo inmoral a dejar el trabajo de manera voluntaria o a solicitar la baja laboral o el cambio, eliminándolo del propio lugar de trabajo”.
Entre las teorías que apuntan los diferentes autores, presenta una especial relevancia la que explica c0mo el comportamiento del hostigador obedece a la manifestación clínica de un tipo de psicópatas organizacionales no delincuentes (en sentido legal).
5. Fundamentos científicos ante la defensa del acoso laboral:
Siendo uno de los objetivos prioritarios de la defensa ante el mobbing, el control de la anomia impuesta por la nueva cultura, se sigue la orientación alemana de la Nueva Sociología de la Ley, entendida como una forma de vida social (Behlert,1990), donde aparece como causa de esta anomia el binomio indefensión-impunidad. Se retoma por ello la línea de análisis de decisiones judiciales de los procesos que sistematizó Parsons, con objeto de revisar las barreras que impiden que prosperen las peticiones de defensa.
Y el resultado de esta inadaptación, tanto de la legislación como de la conceptualización de los hechos, es que no se está juzgando el mobbing denunciado, sino un concepto de relaciones socio laborales que no se corresponde ni con realidad actual, ni con los hechos a juzgar, es decir, erróneo y por ello falso. Ante esta evidencia, resulta más incomprensible si cabe, la falta de receptividad de los juristas hacia los peritajes sociológicos, como lamenta Rasehorn (1978).
Se explicará en este informe el nivel pre científico con el que se está juzgando el mobbing, ignorando toda la investigación y tecnología del comportamiento desarrollada en la segunda mitad de siglo XX,19 cuando, precisamente, es su uso perverso el que hay que juzgar,20 proponiendo un doble frente: uno dirigido a las tecnologías que, según el modelo aquí propuesto, provocan el mobbing,21 para que aunque no sean directamente visibles, se deduzcan desde los indicadores y se denuncien como tales tecnologías, igual que se investiga la técnica utilizada en un robo cuando se detecta la sustracción, y se infiere de indicios y huellas. Y la otra dirigida a la reclamación por los efectos orgánicos que haya provocado22 el stress, desde los conocimientos que le proporciona la inmunoneuroendocrinología, ciencia desarrollada precisamente desde la investigación de tales efectos, que puede identificar la causa de los problemas demandados, ayudada por las recientes técnicas que consiguen fotografiar ya las lesiones y amputaciones neuronales que provoca.
Esta disciplina está demostrando como muchos trastornos somáticos y cognitivos son consecuencia del stress provocado, en su caso, por el mobbing, con lo que se obtiene la ventaja jurídica que conlleva la demostración de que los daños del mobbing pertenecen a la categoría de físicos. Con esta demostración se clarificarán denuncias que, por ignorancia, se remitían a esa tierra de nadie que es la violencia psíquica. El peritaje del especialista para determinar las causas, también puede aportar evidencias que no se reclamaban, al mantener excluidos los daños del stress provocado por el mobbing de esta categoría de violencia física. Porque, aunque el canal de recepción del golpe de stress sean ondas sensoriales, la reacción orgánica que provoca produce unas secuelas físicas mucho más perjudiciales que otros golpes que lleguen al organismo por su epidermis. Y en tanto que radiaciones y ondas de diversas energías, equivalentes a las ondas sonoras o luminosas que provocan las sensaciones, son consideradas violencia física, no hay razón para que no sea igualmente considerado el stress y por ello el mobbing que lo provoca. El decalage encontrado en los niveles de conocimientos que se utilizan en el delito y en su juicio puede ser bastante habitual en un futuro inmediato, si las tecnologías se desarrollan a una velocidad tan acelerada que impide la actualización constante de quienes tienen que juzgarlas, obligados por ello a reclamar la colaboración de técnicos para que realicen los correspondientes peritajes.
Cuando se da tal desnivel, entre los avanzados conocimientos de quienes provocan el problema y la ignorancia o conocimiento parcial de quienes lo denuncian y lo juzgan, se produce una falsificación de la realidad, al no corresponderse lo que se está juzgando con lo que hay que juzgar. De modo que una primera defensa es asegurar que se obtiene una explicación exacta de lo ocurrido, incluidas las técnicas empleadas, que aunque se oculten, se pueden deducir desde indicadores visibles. Porque de lo contrario se juzga sin entender, ni indagar, aquello que hay que investigar. Por ello, no se está sancionando, entre otros motivos porque los hechos reales denunciados no son los que se están juzgando, debido a lo obsoleto del modelo jurídico y de los conceptos que utiliza o de la interpretación que de él se hace, incapaces de evaluar las dinámicas que provocan el mobbing. Tampoco se puede indagar y recabar las pruebas pertinentes, porque quien juzga con criterios mecánicos un aparato electrónico, no investiga los circuitos en los que está el fallo. Y si los criterios que utiliza para probar la correcta construcción de la máquina son inadecuados o insuficientes, la indefensión es total y la impunidad está garantizada. Estamos, por tanto, ante un truco bastante habitual en la delincuencia de cuello blanco, cuando añade a la complejidad, innovación y privacidad de los actos delictivos, el ocultamiento y la falsificación, bajo apariencias que hacen mirar hacia otro lado y juzgar los hechos por aspectos que no son los que provocan el delito. El truco consiste en aprovechar las lagunas jurídicas que permite el desfase entre la tecnología y la ley (o el secuestro del conocimiento), cometiéndose el delito con las garantías de impunidad que otorga el retraso legislativo, cuando como ocurre en el mobbing, la legislación no está cumpliendo con su función de control de la problemática social.
Este desfase es menos grave en cuestiones técnicas, como el ejemplo propuesto, por la posibilidad de consultar con las patentes y recurrir al peritaje, para que las leyes científicas actualizadas establezcan si el fallo denunciado obedece a un comportamiento incorrecto. Pero queda disimulado para el no especialista en la polisemia del lenguaje con el que se definen los hechos sociales. La necesidad de exigir un juicio justo, para lo que resulta fundamental identificar los componentes aunque no visibles, predecibles desde el conocimiento de las técnicas empleadas en el mobbing. Se deduce de sus consecuencias un juicio ajustado al conocimiento que se ha utilizado para provocar el mobbing. Prácticamente eliminaría la mayor parte de las barreras que actualmente impiden su sanción, como la falta de pruebas, porque tales pruebas se deducen de la propia dinámica de los hechos. La petición de intencionalidad26 es otra consecuencia de utilizar la vía del conocimiento no científico, porque analizada la situación como un diseño experimental, la intencionalidad de provocar los efectos por quien controla los factores experimentales, es parte imprescindible. O hay intencionalidad en provocar los efectos que pretende el objetivo o no hay experimento. Luego si hubo lo segundo, necesariamente tuvo que haber lo primero. Añadiendo que no será necesario que se lleve a término el daño, sino que bastará encontrar los indicios del diseño para perseguirlo y obtener una prevención real.
Y como veremos, al ser estas tecnologías indisolubles del proceso de mobbing que hay que juzgar, toda sentencia obtenida sin tenerlas en cuenta, podría anularse por haber sido consecuencia de error o carencia de información relevante. Y lo mismo cabe decir de las excusas retóricas para mantener la impunidad del mobbing, que ante los conocimientos científicos no pueden mantenerse. Por ello, la defensa colectiva debe considerar objetivo prioritario organizar centros de documentación y medios de difusión de las fuentes, desconfiando de toda propuesta de filtros, para compensar esta gestión de la información, no ajena a la cultura del mobbing.30 Estas políticas de desinformación están permitiendo que el que aplica las tecnologías de control social avanzadas las niegue y el que las sufre las desconozca. Se añade al afectado el engaño y la indefensión, y a la sociedad la fractura de su estructura, que, al eliminar las clases técnicas medias por obra del mobbing, aparece ya tan dualizada, que la justicia no se puede administrar a un sector laboral, porque al parecer éstos ignoran qué es lo que tienen que reclamar y aquella lo que tienen que indagar. Una etapa más a incluir en la historia que nos demuestra cómo es el conocimiento, más que cualquier otro bien o capital, es el que define la magnitud de las desigualdades sociales. Pero que todavía no ha demostrado cómo ejercer el contra-control de una más equilibrada difusión de la información relevante para la población.
Es un mal endémico de nuestra sociedad actual y como primera medida los, legisladores deben regular de manera específica un asunto tan común cómo el que nos atañe, no puede ser que un mundo globalizado, en la Europa de los 25, no haya una regulación específica al respecto. Como muestra de la influencia en la actualidad del acoso en trabajo adjunto Barómetro Cisneros sobre los riesgos psicosociales en la administración: Barómetro Cisneros: Riesgos Psicosociales en la Administración
Leymann, Heinz, Mobbing. La persecution au travail. Ed. Du Seuil. Paris 1996. Esta obra es una fuente imprescindible a la hora de abordar el acoso laboral. Leymann es uno de los primeros investigadores y nos facilita respuestas a las innumerables preguntas que nos hacemos.
Piñuel y Zabala, Iñaki, Mobbing. Como sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo. Ed. Sal Térrea. Santander 2.001. Como ya he mencionado que la fuente inspiradora de mi trabajo, ha sido la obra de Leymann, esta obra ha sido un complemento esencial a la obra anterior, puesto qua añade esquemas funcionales explicativos, los cuales, alguno he añadido.
http://www.lexjuridica.com. Desde esta página de internet tuve acceso a los diversos aspectos jurídicos del acoso laboral y sus posibles acciones. Está muy bien estructurada y de fácil comprensión.
http://www.ugt.es y http://www.ccoo.es. Para conocer el punto de vista de los agentes sociales en este asunto tan espinoso. Desde estas páginas tienes acceso a casos reales y a asociaciones de afectados por el acoso laboral.
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8. Jokin, una voz que se extinguió
15 septiembre, 2015 de Anonimous	in Acoso familiar, Acoso Laboral, Acoso Moral, Acoso Sexual, Ayuda e Información, Categoría General, PSICOTERRORISMO y con la etiqueta acoso, ACOSO FAMILIAR, ACOSO LABORAL, acoso moral, Acoso sexual, ACOSO SOCIAL, altruismo recíproco, antropología, antropología social, aprendizaje social, ayuda psicoterrorismo, ética, ¿UNA HIPOCRESÍA SOCIAL POSTMODERNA?, comportamiento, conductas y discursos hipócritas, conveniencia táctica, COOPERACIÓN SOCIAL, DE LOS HIPÓCRITAS SERÁ EL REINO DE LOS CIELOS, doble moral, doble moral machista, el bien y el mal, falsificación de la verdad, fenómeno, filosofía, Grupos de Manipulación Psicológica, hipócrita, hipócritas, hipocresía, hipocresía moral, Hippias, imagen preconcebida, juicios de valor, LA HIPOCRESÍA ES BUENA PARA MANTENER LA COOPERACIÓN SOCIAL, LA HIPOCRESÍA SOCIAL, LA HIPOCRESÍA Y LAS RELACIONES HUMANAS, la mentira, linchamiento, linchamiento moral, Manipulación Psicológica, mentir, moral, Moral sexual, morales y sociales, Mundo Hipócrita, niveles de hipocresía, Nuevo Orden Internacional, políticamente correcto, prejuicios, Protágoras, psicología, PSICOTERRORISMO, psicoterrorismo ayuda, reglas, relaciones interpersonales, sociedad, sociedad egoísta e insolidaria, sociedades humanas, sociología, sofisma, sofista, sofistas, tanto tienes tanto vales, tópicos, Todd Bodnar, valores filosóficos, verdad, Violencia perversa, violencia psicológica	| 1 comentario
© Publicado el 14 de Septiembre del 2015
© Por PTobal
Nuestra sociedad actual es pura fachada, predomina la mentira, la adulación barata, las medias verdades, el engaño, la ley del más fuerte. Nos hemos hecho esclavos del consumismo. Confundimos calidad de vida con cantidad de bienes materiales. Anteponemos lo material a las personas. Parece que los únicos intereses que nos mueven son nuestros problemas, nuestro confort, los problemas de los demás nos dan exactamente igual. Durante un tiempo esta sociedad moderna nos trajo familias menos extensas. El trabajo del padre y la madre fuera del hogar, la falta de tiempo han hecho que las familias se redujeran casi exclusivamente a padres e hijos sin tiempo para cultivar otro tipo de relaciones ni con abuelos, tíos u otros familiares más allá de la relación por puro compromiso.
Pero la modernidad está llena de contradicciones. Esas mujeres y hombres que un día tuvieron que sacrificar la compañía de sus hijos para dejarlos en guarderías o al cuidado de terceras personas para poder incorporarse al mundo laboral, hoy son abuelos y ocupan un papel primordial en las nuevas familias haciendo de canguros y ocupándose de sus nietos como no lo pudieron hacer de sus hijos. Todo no son ventajas, algunos abuelos por miedo a perder la relación con sus nietos son incapaces de reconocer que las fuerzas flaquean. Los niños por otro lado pueden sufrir la diferencia de conceptos educativos. Los abuelos suelen tender a proteger y disfrutar de sus nietos, como así tiene que ser y los padres tienen la obligación de exigir, implantar disciplina, crear hábitos…etc, en una palabra educar a sus vástagos. Todo esto en ocasiones genera conflictos. Transcurrido un periodo de tiempo, cuando los abuelos ya no son productivos y necesitan cuidados aparecen nuevamente las frases grandilocuentes, la filosofía barata, las escusas pobres, los argumentos de cara a la galería que justifican nuestras acciones, la reclamación de derechos. Aparecen los intereses personales y el confort individual.
Pero aquí aparece nuevamente la Sociedad moderna, progresista con papá Estado buscando el bienestar para la población y aportando soluciones y leyes que les reportarán beneficio social y votos para seguir gobernando más que soluciones para estos sectores de población que ya no son capaces de valerse por sí mismos. El poco valor que damos en las sociedades modernas a todo aquello que no es productivo me recuerda el ejemplo que cierto conferenciante ponía al comienzo de su charla para ilustrar a su audiencia de que lo que importa no son las apariencias si no lo que hacemos.
Todos quieren el billete; da igual que esté manoseado, pisado, arrugado. El billete sigue conservando intacto su valor. Lo mismo sucede con nuestras vidas dice el conferenciante. Jamás perdemos nuestro valor. Ajados, enfermos, sin apenas movilidad porque la artrosis y la artritis nos ha dejado molidos, un poco -o un mucho- sordos, con dificultad para caminar. El conferenciante concluye: “Nada de eso altera la importancia que tenemos. El precio de la vida no radica en lo que aparentamos ser, sino en lo que hacemos y sabemos”.
Los dependientes, los excluidos necesitan, además de atenciones físicas, salud y dinero, una tercera “prestación”: El amor.
LA HIPOCRESÍA Y LAS RELACIONES HUMANAS
© Por: Jorge Rubio C.
A día de hoy y viviendo en un mundo donde la vida se rige con un conjunto de reglas y acciones que todos los individuos deben realizar para moverse en el mundo de una forma aceptable; reglas que incluyen un comportamiento políticamente correcto que se encuentra delimitando lo existente entre lo permitido y lo prohibido. Aquéllos que violan estas reglas y aseguran no hacerlo, son hipócritas.
La hipocresía contempla dos acciones que deben combinarse, la simulación y el disimulo. La primera consiste en mostrar lo que se desea que se vea; mientras que la segunda consiste en ocultar aquello que no se desea que sea conocido por el entorno. Es importante mencionar que una persona que actúa con hipocresía es aquella que, aprobando una serie de reglas y valores y acusando a aquéllos que no los cumplan, comete actos contra dicha línea de pensamiento y lo oculta. En ese sentido, una persona que está en pareja y que considera que ambas partes tienen derecho a tener un amante, y ella lo tiene, no es hipócrita; lo sería si considerando que estuviera mal tener un amante y criticara a aquellos que lo tuvieran, pero de todas formas cometiera adulterio. Con todo esto podemos expresar que la hipocresía consiste en preconizar ciertos valores y aplicar otros en la vida cotidiana. Por ejemplo: un padre que intenta concienciar a sus hijos sobre los peligros del consumo excesivo de alcohol y luego llega ebrio a su casa, es un hipócrita. Otra muestra de hipocresía se encuentra en la personalidad pública que, frente a cámara, habla sobre la importancia de la solidaridad y la ayuda social pero, en su vida privada, jamás ayuda a nadie pese a tener los medios económicos necesarios para hacerlo. La psicología explica que el comportamiento hipócrita consiste en explicar una acción propia por el entorno y atribuir las acciones del prójimo a cuestiones innatas. Esto supone un juicio sobre el otro y un justificativo sobre las propias acciones.
© Publicado por Daniel Mediavilla el 28/04/2013 en esmateria.com
La cooperación es un rasgo omnipresente en las sociedades humanas. Sin embargo, resulta sorprendente que lo sea, sobre todo en grupos grandes donde los individuos se pueden beneficiar de vivir en sociedad sin dar nada a cambio. Para tratar de buscar explicaciones a comportamientos en principio poco prácticos, la biología evolutiva ha elaborado teorías que pueden darles sentido. Una de ellas, por ejemplo, es la del altruismo recíproco, por el que una persona toma una decisión que le perjudica con la perspectiva de que recibirá en el futuro un beneficio que le compense. Esta hipótesis se puso a prueba con algunos estudios basados en la teoría de juegos, que mostraron vías por las que la selección natural podía favorecer comportamientos que de partida reducen la capacidad de supervivencia.
En uno de los experimentos más famosos, Robert Axelrod, de la Universidad de Míchigan (EEUU), afirmaba que ser amable con los demás conducía al éxito a largo plazo en la teoría de juegos, siempre y cuando se siguiesen unas pautas. En primer lugar, nunca había que ser el primero en romper la cooperación. En segundo, tampoco había que ser demasiado bueno y era necesario romper la cooperación cuando el otro la rompía y solo restaurarla cuando el otro volviese a cooperar. En tercer lugar, era necesario no ser demasiado ambicioso: la amabilidad solo daba para llegar a ser tan bueno como el primero, nunca permitía ganar, pero a largo plazo permitía ganar acumulando segundos puestos. Y, por último, los resultados de Axelrod indicaban que no era conveniente ser taimado: la transparencia siempre funcionaba mejor a largo plazo.
Los hipócritas se benefician de las recompensas de su comportamiento y de la buena imagen del altruista. Ahora, Todd Bodnar y Marcel Salathé, de la Universidad Estatal de Pensilvania (EEUU), han realizado un estudio en el que proponen que otro de los grandes mecanismos para incentivar la cooperación sería la hipocresía. En su planteamiento los autores asumen que si la transmisión de un rasgo de comportamiento como la cooperación se produce por imitación y con frecuencia se imitan comportamientos que no se pueden observar directamente, en la transmisión de la cooperación queda espacio para el engaño.
“El comportamiento hipócrita se observa con frecuencia en los estudios psicológicos, donde se mantiene que los hipócritas se benefician no solo de las recompensas de un comportamiento egoísta sino que también recogen la recompensa social y personal de ser vistos y verse a sí mismos como alguien decente y moral”
Afirman los autores en un artículo publicado en ArXiv. Utilizando un modelo matemático y un experimento basado en la teoría de juegos, los autores mostraron que la hipocresía es una barrera frente a la expansión del comportamiento egoísta, porque el hipócrita lo practica, pero lo oculta, evitando que otros lo observen y lo imiten. En el experimento, se daba a los jugadores la opción de cooperar poniendo una cantidad de dinero en un fondo común. Las donaciones se multiplicaban en cada jugada por una constante y se dividían por igual entre todos los jugadores, hubiesen aportado al fondo común o no. En este tipo de juego, los individuos egoístas tienen más beneficios porque se ahorran el coste de la aportación. A la larga, si este tipo de estrategias con mayores beneficios se imitan con mayor frecuencia, la estrategia cooperativa se vuelve cada vez más rara pese a que la población en conjunto obtendría más beneficios si todo el mundo pusiese su parte.
La hipocresía favorece la expansión de la estrategia cooperativa al atribuirle el éxito de la estrategia egoísta. Los jugadores tenían la posibilidad de cooperar o ser egoístas y después podían contar que habían hecho su aportación al fondo común aunque fuese mentira. Para medir la influencia de la hipocresía sobre la expansión o retroceso de las actitudes cooperativas, los autores introdujeron cuatro niveles distintos de hipocresía como variable y realizaron diez ensayos independientes con cada uno. Como cada uno de los experimentos era idéntico salvo por la variable, pudieron medir qué parte del comportamiento cooperativo se debía a la presencia de respuestas hipócritas. Con su modelo matemático y sus experimentos los autores consideran que en este tipo de modelos de comportamiento social parece que la hipocresía permite que se mantenga la cooperación. En un juego de bienes públicos estándar, en el que la información sobre el comportamiento de los otros jugadores se trasmite de forma fidedigna, la cooperación no se puede mantener porque los individuos que no cooperan tienen mejores resultados que los que lo hacen y su estrategia acaba por ser adoptada por una mayoría de los jugadores que también quieren maximizar sus beneficios. Los egoístas triunfan.
Los autores señalan, no obstante, que “la introducción de la hipocresía en este juego no afecta a estas asunciones básicas: a los individuos egoístas les va mejor y los participantes en estos juegos suelen adoptar las estrategias del resto de jugadores con mejores resultados”. La única diferencia es que la hipocresía hace que los individuos que no cooperan y tienen muy buenos resultados no parezcan egoístas y fomenten la adopción de la cooperación. “La hipocresía favorece la expansión de la estrategia cooperativa al atribuirle el éxito de la estrategia egoísta”, concluyen los autores.
Pese a que considera importante la función de la hipocresía en el mantenimiento de la cooperación en la sociedad, Todd Bodnar, uno de los dos autores del estudio, no considera que su desaparición fuese suficiente para hacer desaparecer el comportamiento cooperativo, porque existen otros factores, como el altruismo recíproco mencionado al principio, que lo mantendrían. Sin embargo, apunta Bodnar, “la mayor parte de esos otros mecanismos funciona mejor en pequeños grupos”. “En grandes poblaciones, la gente no puede esperar encontrarse de nuevo con personas a las que ha conocido circunstancialmente o que siempre va a estar cerca de su familia, así que la cooperación debería ser rara”, añade. “Los hipócritas prosperarán en grandes grupos donde es menos probable que la persona con la que estás hablando sepa lo que realmente hiciste”, concluye Bodnar.
© Publicado por el Blog Jóvenes con Ideales martes, 4 de diciembre del 2007
Algo que deja completamente a la vista la mediocridad dolorosa de esta sociedad, es la hipocresía moral de muchos de los individuos que la componen. La hipocresía, se caracteriza por auto-mentirse sin conciencia, crearse una ilusión sin justificación alguna. Es tan triste que la utilizamos para engañarnos a nosotros mismos. La usamos para no sentir el peso de una conciencia sucia, para no sentir en nuestros pensamientos el remordimiento, fruto del mal que podemos hacer o hacemos. Voy a dar ejemplos concretos, dejando a la luz esta hipocresía y también para demostrar que no hace falta tener una “gran capacidad intelectual” para descubrirla en nuestros ambientes. Sino que más bien es una disposición de nosotros para satisfacer nuestras conveniencias, nuestro egoísmo y nuestros placeres.
1. Ejemplo: una persona va caminando y se encuentra un celular en el piso con chip y todos los datos o una billetera con un documento y mucha plata. Gran parte de los jóvenes que me rodean (y mucha gente grande) decide guardarse la plata o el celular sin devolverlo a la persona que corresponde (siempre y cuando este la posibilidad de hacerlo obviamente). ¿Está bien o está mal? Muchos responden: ¡¡está bien si me lo encontré!! O directamente “Yo me lo quedo no soy boludo”. Sin embargo no hay más pobre acción que delate la hipocresía moral que se esconde. La mayoría de las personas responden que ROBAR está mal, sin embargo en estas situaciones, ciegan sus conciencias (para no tener el cargo de ellas) autoconvenciéndose que no están robando. Sin embargo, ROBAR es apropiarse de algo que no nos corresponde, que no lo ganamos, que no es nuestro; y por mas que no sea la forma convencional de “robar”, nos estamos apropiando de algo que era de otra persona y que tiene el derecho de seguirla teniendo.
Alguno podría objetar: “pero yo me la encontré y eso me da el derecho a poseerla”. ¿Un derecho puede estar por encima del bien? Aquí se esta perdiendo la dimensión “del otro”, hay un egoísmo e individualismo, fruto del hambre de sacar provecho y conveniencia. Nos olvidamos que hay “otra persona” que está mal, angustiada, triste porque perdió algo valioso y posiblemente seria de una gran alegría poder recuperar las cosas. ¿Por qué está siempre el YO por arriba de todo y todos, tratando de sacar provecho en cada situación?… Si tuvieras una billetera y se te cae en al camino y viene un persona detrás… ¿No te parece bien que te la devuelva, porque era tuya?… Sin embargo cuando nos conviene a nosotros esta bien quedársela…
2. Ejemplo: La doble moral machista, completamente burda e inconsistente. El hombre que anda con muchas chicas es considerado ganador, un maestro, un ídolo… hasta las mismas chicas lo miran como “EL CHICO”, obtiene popularidad, es alagado y admirado por sus compadres y amigos. Sin embargo cuando las chicas andan con muchos chicos, son consideradas como “ligeras”. El hombre condena estas actitudes de la mujer… y no las aplica a su vida porque a él le favorece tener esa fama. ¿Y quién tiene la culpa de tremenda hipocresía?, ¿Solamente los hombres? No, es la sociedad de la cual todos formamos parte, y de la cual nadie se hace cargo. Lo curioso es que el feminismo que sale en respuesta muchas veces critica y protesta contra esto queriendo dar rienda suelta a las mujeres para que sean “liberales” cuando en realidad no son las mujeres las que si deberían “andar con muchos chicos”, sino que tendrían que ser ellos los que NO tendrían que usar a las mujeres como simples objetos que sacian sus apetitos. (Recomiendo el artículo Moral sexual). Algo detestable que esta relacionado con esta hipocresía moral, es la falta de conciencia en el ejercicio que mantienen los hombres con chicas de la calle, comúnmente llamadas prostitutas. ¿Cómo un hombre puede criticar a las mujeres por ser ligeritas cuando él es el que promueve la prostitución? La principal forma para lograr que no haya prostitución, es que no haya “consumidores”. ¿Acaso no se dan cuenta que hay un ser humano, una persona, una historia, detrás de la vida de esas chicas (o chicos)? Y nuevamente se argumenta “ellas quieren” “ellas se los buscaron”, como si fueran razones validas… simplemente forma parte de esa venda que se ponen para no sentir el cargo de conciencia del mal que se hace; y que les duele cuando otros se lo remarcan.
El 80% de las chicas prostitutas nacen en lugares marginados, excluidas de toda posibilidad de desarrollo, sin educación, no saben leer ni escribir, la plata en gran parte queda en el prostíbulo que termina esclavizándolas… ellas terminan viviendo, como si fuera su casa, en un prostíbulo. ¿Te parece digno de una persona? ¿Pero a vos te parecería bien que tu hermana o tu mamá fueran prostitutas? …Te das cuenta…Todo forma parte de la hipocresía moral. Está bien cuando nos conviene y está mal cuando no nos conviene.
3. Ejemplo: este ejemplo es un poco más polémico, pero en esencia es lo mismo. Se trata de la realidad del aborto. Más allá de toda discusión y polémica de estar a favor o en contra, la realidad es que para la ciencia la vida empieza desde el momento de la concepción, evitemos relativizar diciendo “a mí me parece que no”, “a mí me parece que si” etc. Sin fundamentos claros. La vida comienza en el momento de la concepción, porque científicamente desde ese mismo momento la célula tiene los 46 cromosomas que son los mismos que tenemos vos y yo en este momento en cada célula de nuestro cuerpo, 23 del padre y 23 de la madre. Interrumpir el embarazo, es no dejar que se desarrolle una persona, que en sentido moral, seria lo mismo a matar a un chico de 2 años porque todavía no se desarrollo, no tiene posibilidad de decidir racionalmente y la madre no quiere tenerlo porque da mucho trabajo, gasta mucho dinero y tiene otros planes.
Yo le explicaba esto a una amiga y ella me decía, “no es una vida es un cacho de carne”; una vez que le demostraba que era una vida me decía… “bueno no me importa, yo me lo saco”… Pero si le preguntamos si esta bien MATAR a una persona, enseguida responden “NO”… que hipócritas resultan ser. Y ¿cuál es el interés de fondo?… No querer hacerse cargo de un hijo no planeado, porque si les decís que lo tengan y lo den en adopción, ellos saben que una vez que lo tienen y le vean los ojitos, el peso de la conciencia va a ser más grande y darlo en adopción no va a ser tan fácil… La realidad es que no quieren hacerse cargo, por que posiblemente cambie sus planes a seguir. Quieren sacarse el problema de encima, sin responsabilizarse de nada, buscando lo mejor para uno mismo por encima del bien de los demás. Incluso de la vida de otra persona. Volvemos a lo mismo, lo malo se convierte en bueno, por un interés particular y por una conveniencia personal. (Recomiendo los powers points sobre el aborto)
4. Ejemplo: resulta que en la escuela, al entregar los exámenes, el alumno mira su evaluación, para ver si el profesor se equivocó en algo al corregir. Es curioso que cuando el profesor comete un error al corregir, y baja más puntos de los que corresponde, enseguida protestamos y replicamos porque es injusta la nota… ¿Esto está mal? No para nada… si el profesor se equivocó al corregir esta bien que enmiende el error. Sin embargo cuando el profesor se equivoca al corregir pero en vez de bajarnos nos sube puntaje, posiblemente no valla nunca a decirle al profesor que se equivocó al corregir y que debe bajarnos la nota. ¿Te parecería de tonto ir a hablar con el profesor para que te baje la nota que no te mereces? ¿No te parece más mediocre que la moral se cambie según las conveniencias de cada uno?
Por otro lado, supongamos que vamos a comprar unas verduras a las apuradas y el verdulero se equivoca al darnos el cambio y nos dan de menos, enseguida reclamamos pero cuando ¿nos dan de mas?… Según qué relación nos una con el comerciante… si no es muy buena, seguramente la plata no sea devuelta a su dueño.
Estos ejemplos son sencillos, claros y concisos para darse cuenta de la hipocresía del hombre mediocre, que se miente a si mismo justificando lo injustificable, como un acto reflejo por miedo a sentir el “peso” de la conciencia. Tienen miedo a cambiar, a madurar, a crecer… En muchos casos la gente no actúa como en los ejemplos pero en muchos otros sí. Por el contrario el joven idealista debe mantener una escala de principios y valores, que le permitan tener claro lo que está bien y lo que está mal. Esto no significa que no cometa errores, todos los cometemos, por supuesto yo también, y posiblemente más que muchos otros. Pero el hecho está en no llamar bien a lo que está mal. La meta es aspirar al bien por más que cueste o no se pueda alcanzar perfectamente por nuestras debilidades humanas. Desde mi experiencia lo mejor que se puede hacer es reconocer el mal que se comete y poder decir junto a la conciencia: “Esto está mal…” Así, poder arrepentirse y mirando el sentido de nuestra vida, tratar de crecer y mejorar como personas, para experimentar la felicidad de tener en paz nuestro corazón.
“La hipocresía es el colmo de todas las maldades” Molière
“La hipocresía y la culpa son hermanas gemelas” Manuel Tamayo Y Baus
El vocablo hipocresía se utiliza en el habla cotidiana en múltiples oportunidades por personas de los más diferentes estratos sociales. Sin embargo, el mismo no ha sido mínimamente estudiado por los especialistas en Ciencias Sociales en general, como tampoco por los modernos psicólogos sociales en particular. Por tal razón, el autor de esta nota se vio obligado a escribir en 1993 un libro sobre el tema. Son estos últimos quiénes debieran prestarle al constructo una atención preferencial, debido a que el tema se presenta a diario y sin tapujos. Es posible observarlo en las relaciones familiares, restringidas o amplias; en las relaciones sexuales ajustadas a la norma de lo que se entiende por sexualidad como así también en las relaciones perversas; en los ámbitos educativos como en los laborales; en espacios comerciales como religiosos; y podríamos seguir prolongando el listado pero esto sería de nunca acabar, ya que se presenta en todos los órdenes de la vida de la sociedad capitalista y que se conocen en demasía.
Desde este espacio del discurso vamos a hablar de aquellos actos y hechos que –desde la particular óptica política– estimamos que están enfermos o, si se quiere, en un no muy ortodoxo encuadre positivista, lo que está “mal” porque entra en lo que se llama hipocresía. Pero, a diferencia de los `moralistas‘, no encaja en nuestro modo de vivir pontificar qué está bien, cómo deben hacerse correctamente las cosas, en fin, cómo cada uno va a ejecutar su experiencia de conducta social. Sería hipócrita pretender afirmar cómo debe ser dicho el mensaje, del mismo modo que consideramos una hipocresía decir cómo la crítica puede ser constructiva, en el más puro análisis gatopardista sobre la crítica y su construcción.
Si abriésemos juicios evaluatorios sobre lo que está bien y lo que está mal, correríamos el riesgo de caer en la falacia naturalista, que no es otra cosa que la confusión en la descripción de lo que es por la prescripción de lo que debe ser. Como se puede observar, el tema por el cual se incursiona es el de la ética y, su tránsito, al arriesgamos en la especulación de la filosofía moral, está cercano de caer en el rechazo y anatemización de toda aquella filosofía moral o concepción ética que no transite por los carriles que hemos fijado y decidido que son los correctos.
Por último, es el riesgo de sesgar con nuestros juicios de valor a los juicios de valores de los otros, y a partir de medirlos con nuestra vara encontrar que los juicios de los otros nunca dan la medida ni estatura suficiente como para ser creíbles y hasta “buenos“. De hecho, los valores filosóficos, morales y sociales de cada uno va a teñir la forma en que se perciben las acciones e infiramos el sistema de valores de los otros. No somos ingenuos y tenemos clara la situación, sin embargo estamos convencidos de que desde donde vamos a hablar de hipocresía no es desde un otero aislado y solitario, sino que creemos que es compartido por otros que piensan de manera semejante. Entonces, lo que hacemos es patentizar, testimoniar, el discurso callado o de dichos amistosos de aquellos que piensan que la hipocresía es un fenómeno que está alrededor nuestro y que cada día ocupa un mayor espacio a beneficio del espacio que estamos perdiendo aquellos que no queremos jugar con los naipes del fenómeno despreciado. Esto no significa que seamos los buenos de la película y los hipócritas los malos. Sólo significa que nos sentimos diferentes y con la necesidad de testimoniar la denuncia de una manera pública, ya sea para actuar y constituirnos en movimiento anti hipócrita (el colmo del delirio), o bien sólo por el placer de decir lo que tenemos ganas de decir (y el lector por el placer de leer aquello que tiene ganas de oír).
Si es cierto que se terminaron las utopías con el fin de la historia proclamado por Fukuyama no es algo que se vaya a poner en tela de juicio aquí, simplemente interesa poder levantar una voz que diga que el decreto imperial establecido y dictado por el Nuevo Orden Internacional –desde su pax americana– no nos llegó, ignoramos su existencia y nos importa un rábano su aplicación; seguimos pensando cómo queremos y creemos que las utopías son necesarias, o que por lo menos son necesarias para poder seguir viviendo con el sabor y el gusto dulce que deja el saber que todavía queda un espacio de la historia para escribir con nuestro protagonismo, aunque muchos alcahuetes hipócritas del Nuevo Orden Internacional decidieran castrar su protagonismo y presencia individual y grupal en el mundo.
En definitiva, lo que pretendemos, acuciados por nuestra axiología, es que –recordando a Marx– todos para que cada uno pueda ser libre, tengan la posibilidad de tomar la libertad de ser hombres libres. Con ese mensaje es con el que –en síntesis– pretendemos llegar a los lectores de estas reflexiones.
Lo que continúa no es otra cosa que, en el decir del poeta W. Benjamín “una auto crítica de la conciencia burguesa“, por lo que las aportaciones reflexivas y pretendidamente científicas no tienen más alcance que el que textualmente se lee en la frase de Benjamín. Es nada más que una auto crítica de nuestra conciencia burguesa que no nos permite dormir tan cómodamente como nos gustaría y que ha elegido este espacio para expresar y testimoniar aquello que siente que tiene que decir para quedar parcialmente en paz consigo misma.
A la hipocresía se la entiende como el discurso o conducta explícita o implícita en el que se dice o se hace de modo incongruente con lo que se piensa o se desea hacer. Tal incongruencia entre el discurso explicitado y el discurso deseado por parte del protagonista, no es una incongruencia producto de la contradicción o del error ingenuo, sino que es producto de la conveniencia táctica (1), usada para acomodar situaciones a una mejor adaptación oportunista a las condiciones circunstanciales con que se enfrentan. Hipocresía no es otra cosa que la capacidad para disimular o simular defectos y virtudes que tenemos o no tenemos –respectivamente– con el objetivo personal de ganar espacios en un mundo ante el cual, si nos presentamos como somos, quedaríamos fuera de lugar.
No es que este vicio –como lo han categorizado algunos discursos acartonados de la moralina hegemónica– o, mejor aún, esta forma de presentación de la persona en la vida cotidiana, sea innata a los individuos, sino que se trata simplemente de un aprendizaje social que puede hacerse algunas veces con dolor, y otras sin él. Pero que se incorpora a las pautas sociales de aprendizaje desde pequeño para el individuo y desde antaño para el colectivo. Tal aprendizaje permite ganar espacios y recompensas –materiales y simbólicas– que gratifican al narcisismo frente a la escala de valores expuestos en vidriera por la cultura contemporánea. El acceso a estos valores por parte del Yo sería imposible, o muy dificultoso de alcanzar, si no se recurre a estrategias hipócritas que son las que facilitan la accesibilidad a la parafernalia de valores contradictorios que conviven de manera promiscua en la misma estantería.
No se nace hipócrita, se hace; a partir del sistema de recompensas y castigos que usa la enseñanza –bajo el pretexto de la gratificación– para aprender conductas socialmente aceptadas. Desde ese momento crucial de la vida –hasta la muerte– es un muestrario de aprendizajes de conductas hipócritas que permiten vivir “mejor” con los otros, en cuanto se posibilita el acceso a bienes simbólicos o materiales preciados, apetecidos, deseados, envidiados y, lo que es mejor, sin mucho esfuerzo aparente. Sería un logro sin esfuerzos, ya que mantener una vida íntegra de conductas y discursos hipócritas requiere una cantidad enorme de esfuerzo psicológico –intelectual y afectivo-. El esfuerzo de ser hipócritas desgasta las reservas de salud mental y física, así como de salud social, con lo cual esta forma de vivir arrastra tanto a la enfermedad y la degradación personal como a la disgregación y alienación en lo social.
Obvio que los mecanismos descritos sucintamente –en un ejercicio intelectual de sillón– no funcionan de igual modo para todos, por lo cual se advierte de la falta de generalidad que se pueda pretender atribuirle a dicho ejercicio. Hay quiénes responden de modo acabado y casi perfecto al modelo descrito; pero también hay de los otros, los que niegan sus contradicciones con el afán de preservar no sólo su salud mental, sino también de proteger los privilegios y las posiciones adquiridas, llegando al colmo de ser hipócritas frente al espejo, en cuanto llegan a engañarse respecto a la imagen devuelta.
Es oportuno hacer una distinción necesaria para avanzar. Se trata de dos constructos que se confunden y que interesan sobremanera: hipocresía y mentira. Sobre hipocresía, de alguna manera, se ha esbozando su sentido. Acerca de la mentira, esta es un artificio intelectual y afectivo que se expresa por vía oral y en el cual se trasunta la intención de engañar al otro con argumentaciones convincentes, todo esto con el objeto de cambiarle la realidad para favorecer la propia situación. Hasta aquí no parece haber mayores diferencias entre uno y otro concepto; sin embargo se visualizará la misma al añadir que en la mentira ella tiene lugar para salir de una situación incómoda, siendo así consciente el protagonista del hecho de que está mintiendo. Es decir, el actor sabe que no está diciendo la verdad y, ese saber, es tanto un saber cognitivo como afectivo que tiñe con sus deseos al conocimiento que se tenga del episodio.
En la mentira hay una expresa y consciente falsificación de la verdad, ya sea para ocultar un hecho o bien para deformarlo. En este sentido suelen ser inteligentes los códigos penales contemporáneos que, al incorporar la figura del “falso testimonio“, solo encuadran bajo su capítulo las falsedades de la realidad que pueden ser demostradas con intencionalidad del acusado, o del dicente testimoniante, por falsificar el relato de los hechos.
En la hipocresía no existe la intencionalidad descrita en términos de la realidad objetiva externa, sino que lo que se oculta, exagera o deforma, son contenidos de la realidad objetiva interna que –normalmente– entran en el ámbito de las relaciones interpersonales directas y no mediatizadas por otras personas, hechos o elementos del ambiente. Además de los contenidos no conscientes que existen en el actuar hipócrita, aparecen también los contenidos conscientes al igual que en la mentira. Más, en general no se encontrará en la hipocresía la intención expresa de provocar un daño a otro, sino que apunta a producir beneficios a sí mismo u objetos ligados al actor.
Se puede comparar a la hipocresía con el sofisma, desde que la sofística –la de Protágoras e Hippias– se transformó en retórica vacía de contenido, llegando a alcanzar la conciencia de falsedad en la expresión del razonamiento incorrecto por parte de los sofistas, especialmente de los dos primeros siglos de la cronología que cuenta la historia en que nos movemos. Sin embargo, la posible relación entre hipocresía y sofisma es falsa desde que en el sofisma hay conciencia de la incorrección de lo que se afirma, en tanto que en la hipocresía no es necesario que haya tal capacidad cognoscitiva, siendo, más aún, el desconocimiento un rasgo característico de la hipocresía. El sofisma no es otra cosa que una mentira con plena conciencia, pero sin la búsqueda oportunista de lograr ventajas que vayan más allá de las que puede llegar a provocar el propio ejercicio intelectual en que se encerró el sofista. Por lo que la diferenciación no merece más tratamiento.
En definitiva, debe quedar claro que en absoluto han podido dejar aclaradas las diferencias entre la hipocresía y la mentira. Lo que se acaba de afirmar y que parece ser un juego de palabras perogrullesco no es más que un juego de palabras. Las diferencias no son claras por que las mismas no tienen la magnitud que permita diferenciarlas como entidades absolutamente diferentes. En todo caso –a través de la lectura anterior se desprendió– son dos constructos que tienen límites poco claros y con una superposición que facilita la confusión. Pese a todo, la hipocresía no es más que una de las formas que puede llegar a asumir el constructo mayor mentira.
Un acto hipócrita es “mentir” hacia adentro y hacia afuera. Al Yo y hacia los Otros. El sí mismo se construye y sostiene sobre la base de mentiras sistemáticas y coherentes, aunque esto que se describe no se da necesariamente siempre así. Las mentiras sistemáticas y coherentes, se venden, ofrecen, entregan a los Otros para facilitarles a ellos usarlas como un espejo donde reflejar la imagen de ése sí mismo que, ya devuelta por los Otros, se incorpora nuevamente al sí mismo que originalmente la emitió, pero reelaborada y digerida por el proceso de amalgamiento y prefiguración que han hecho quiénes la devolvieron al poseedor originario. Es decir, hay una mentira hacia los Otros que se reelabora como una verdad –sobre base falsa– que se refleja como una mentira hacia el sí mismo.
© Publicado por Antonio Domínguez 16/06/2015 en el periódico de Aragón.
El linchamiento a que ha sido sometido el concejal madrileño Zapata es un aviso para navegantes. A los recién llegados no van a perdonarles ni una. ¡Ay de quien un día fue multado por mear en la calle tras una cogorza! ¡Ay de esa niñata que en el colegio de las ursulinas un día se cagó en la madre superiora tras recibir una paliza! ¡Ay de pobre que habiendo tenido un crédito bancario se retrasó en pagar una mensualidad!, etc.,etc. Parece lógico rechazar el sentido del humor del edil de marras, un humor negro que tantos y tantos hipócritas ríen tanto en la intimidad como en la barra de un bar. No es correcto para quienes siendo bien pensantes, nunca hemos lanzado una carcajada ante chascarrillos de tal jaez. Seguro que ustedes tampoco. Incorrecto, sin duda pero de ahí a abrir la cacería con sal tan gruesa y sin avenirse a aceptar el perdón del sacrílego… A este paso nadie, salvo quienes estén nimbados de la pureza de Esperanza Aguirre (más allá de su desobediencia a quienes la multaron por infringir la ley), de José María Aznar (¿dónde quedaron sus escritos de joven y tenaz falangista?), de Felipe González (que García Damborenea lo tenga en sus oraciones) y de tantos y tantos, está libre de pecado, incluso aun habiendo pasado por el confesonario. Sí, no es correcto lo hecho por Zapata pero… si fue hace cuatro años, nada menos. Entonces no tenía cargo público, era un ciudadano privado con un mal sentido del humor, simplemente. ¿Debía pagar hoy aquello, máxime tras rectificar y pedir excusas?
¿UNA HIPOCRESÍA SOCIAL POSTMODERNA?
© Publicado por Juli Zeh
Localización: Lateral: Revista de Cultura, ISSN 1134-8755, Nº. 108, 2003, pág. 19
¿Es lo políticamente correcto una tendencia que impide pensar? ¿Nos posiciona ideológicamente el uso de lo correcto? ¿Su uso limita o amplía el tratamiento crítico de los aspectos que abordan?
Hace pocos días un repartidor de pizzas murió a causa de un accidente de circulación cerca de mi casa. El suceso no mereció la atención de ningún medio de comunicación. Supongo que ciertas noticias no suben los índices de audiencia o no ayudan a vender más periódicos, de manera que no interesan.
Para la sociedad ese pobre chico, como tantas otras personas, forman parte de la legión de los invisibles, de los que no contamos salvo en las estadísticas, de los que no existimos para los políticos salvo en el momento de las elecciones, de los que no interesamos a las empresas por nuestra escasa capacidad de consumo. Y como invisibles que somos, en demasiadas ocasiones no se nos trata con el respeto que cualquier persona se merece.
En esta sociedad de las apariencias y del “tanto tienes tanto vales” se nos juzga muchas veces por lo que parecemos, por la imagen preconcebida que se pueda tener de nosotros, y no por lo que somos. Esto se hace muy patente en el ámbito laboral. Así, los pizzeros se saltan las normas de circulación, jugándose el tipo, no por ánimo suicida sino intentando realizar el máximo de repartos posibles con el fin de redondear un sueldo miserable. Los vigilantes de seguridad de una empresa en la que trabajé hacían turnos de doce horas, que no les permitían ver a sus hijos los días de trabajo, para llevar un sueldo digno a sus casas. El personal de limpieza de otra empresa en la que estuve era ninguneado y tratado como auténticos criados decimonónicos, también a cambio de un salario de hambre.
Hay más ejemplos de este tipo, pero los tres colectivos mencionados ilustran a la perfección el grupo de trabajadores invisibles, cuyas tareas apenas se valoran cuando no directamente se desprecian, a pesar del servicio que nos hacen, y lo que es peor, muchos otros trabajadores se creen mejores que ellos, negándoles el saludo, ignorándolos o mirándoles por encima del hombro.
Hay mucha gente que se creen superiores al pizzero que va a su casa un sábado por la noche, llueva o haga frío, mientras están cómodamente sentados en el sofá viendo la televisión. Piensan que el segurata que ha estado de guardia toda la noche en la empresa es una estatua que ha pasado toda la noche durmiendo y que no se merece un “buenos días“. Toman a la señora de la limpieza por un electrodoméstico más, por un ser ignorante y simple. Cada uno puede elegir los prejuicios y los tópicos a su gusto.
Los prejuicios y las imágenes preconcebidas nos ahogan. Asumimos sin rubor que éstos y otros trabajadores son empleados de segunda o tercera división porque ganan sueldos misérrimos, no visten traje y corbata, realizan tareas poco complicadas y sin aspiraciones. Nos quedamos en la superficie del asunto, como casi siempre. Tanto da que para algunas personas esas profesiones sean la única manera de incorporarse o mantenerse en el mercado de trabajo, cada vez más feroz e implacable con los colectivos de baja cualificación. Tanto da que esas personas hagan tareas que los demás no desean, pero que no por ello son menos necesarias. Tanto da, porque ya les hemos catalogado como invisibles, como parte del mobiliario de la empresa, como perdedores que no merecen que gastemos un poco de saliva con ellos o que les dediquemos un minuto de nuestro valioso tiempo.
No cabe minusvalorar a nadie por el tipo de trabajo que desempeña. Si acaso quienes deberían ser objeto de crítica e incluso de burla son los malos profesionales, los trabajadores chapuceros o indolentes, con independencia del puesto que ocupen. La dignidad profesional, y el respeto personal inherente a ella, no ha de valorarse en función de la categoría, el sueldo o el teórico prestigio social que conlleva nuestra profesión, sino por ser un buen profesional, un buen compañero, una buena persona, con independencia de ser el director o un administrativo. No se trata de una utopía descabellada o de una revisión del discurso sobre la lucha de clases, es una cuestión de simple sentido común.
El repartidor de pizzas que murió por culpa de un accidente posiblemente conducía su moto más rápido de lo debido. Pero no lo hizo por amor a la velocidad ni por estar en contra del código de circulación. Presionado por conservar su trabajo precario, presionado por todos los repartos que le esperaban a su vuelta, presionado por las quejas de algunos clientes prepotentes ante cualquier ligero retraso esta vez la fortuna le dio la espalda y no pudo esquivar a un coche.
Nos quejamos de vivir en una sociedad egoísta e insolidaria. Reclamamos y exigimos que respeten todos nuestros derechos. A la vez damos la espalda a ciertos colectivos, les relegamos a la invisibilidad sin el menor cargo de conciencia, como si ellos fueran menos personas o tuvieran menos derechos que nosotros. Mientras sigamos anclados por los prejuicios, encadenados por una ignorancia infame, esta sociedad nuestra estará imposibilitada para ser más humana y solidaria, por muchas palabras bonitas que salgan de nuestra boca y gestos de cara a la galería que podamos hacer.
Mientras permitamos que se trate a parte de la sociedad como a sujetos de segunda, mientras se nos llene la boca de palabras como solidaridad, libertad, derechos o igualdad pero nuestros actos desmientan nuestro discurso viviremos en una sociedad de segunda.
‘The Social Maintenance of Cooperation through Hypocrisy‘
(1) La famosa pragmática, en el decir postmoderno, como así también de algunos políticos del folklore de estadistas que se prenden en cualquier argumentación para justificar sus cambios de camisa
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© Publicado el 25 de Agosto del año 2015
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@ Publicado el 12 de Agosto del 2015
Navegando por Twitter he encontrado esta noticia cuyo titular rezaba así: Acoso Laboral de la Generalitat de Cataluña a un profesor que da sus clases en español. El escueto titular no iba acompañado de ningún texto u explicación, simplemente una fotocopia muy significativa de un comunicado de la Generalitat de Cataluña dirigido al citado profesor que da sus clases en castellano era todo su contenido. Dadas mis circunstancias personales no haré ningún comentario al respecto, únicamente incluyo la citada fotocopia para que los lectores saquen sus propias conclusiones.
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