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Timestamp: 2017-10-17 14:57:01
Document Index: 7692224

Matched Legal Cases: ['artículo 160', 'artículo 77', 'artículo 117', 'artículo 25', 'artículo 5', 'artículo 55', 'artículo 39', 'artículo 4', 'artículo 1', 'artículo 4']

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Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 11/28/2014 07:56:00 a. m.
Caducidad de la patente por falta de pago. Soluciones.
Una vez superados los requisitos de fondo (novedad, actividad inventiva y susceptibilidad de aplicación industrial) y los requisitos formales (el procedimiento administrativo pertinente) para que la invención pueda ser patentada, la ley supedita su validez al pago de las denominadas anualidades, pagaderas según lo que la Ley y su Reglamento establecen.
La falta de pago de una de estas cuotas supondrá que la patente dejará de tener efectos desde ese momento pasando su objeto a formar parte del acervo común, no aplicándose, por tanto, los derechos que la ley expresamente le reserva.
Superados los trámites necesarios para el otorgamiento del certificado de patente, resultaría contraproducente que ese derecho se perdiera por la inobservancia del plazo para llevar a cabo un trámite tan cotidiano como puede ser el pago de una cuota.
Con el objetivo de impedir esta situación, nuestra legislación establece cuatro supuestos en los que el titular puede subsanar su situación, evitando así los efectos negativos que seguramente se producirìan, a saber:
1.- Sobretasa
La Ley de Patentes establece como fecha de vencimiento de la anualidad (artículo 160) el último día del mes del aniversario de la presentación de la solicitud de patente.
La anualidad podrá abonarse dentro de los tres meses anteriores o en el mes posterior a esa fecha.
De no satisfacerse el pago, se establece un plazo de 6 meses (una vez transcurrido el mes posterior a la fecha de vencimiento al que ya nos hemos referido) dentro de los cuales se podrá efectuar el pago de la anualidad junto con una sobretasa que podrá ser del 25% o del 50% según ese pago se haga dentro de los tres primeros meses o dentro de los tres últimos.
2.- Regularización
En el supuesto de que los plazos ya referidos hayan transcurrido, el artículo 77 del Reglamento de ejecución de la Ley de Patentes contempla la regularización de la situación mediante el pago de una cantidad equivalente a la vigésima anualidad, siempre y cuando este pago se efectúe antes de la fecha en que deba hacerse efectivo el pago de la anualidad siguiente.
En el caso de declaración de la caducidad por no haberse tenido en cuenta el plazo original y no haber podido acudir a los supuestos ya planteados, se podrá acudir al artículo 117 de la Ley de Patentes en el cual se establece la rehabilitación.
En función de este artículo, una vez que la caducidad se ha declarado y ha sido publicada en el correspondiente Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI), el titular podrá, dentro de los seis meses siguientes a dicha publicación, justificar que la falta de pago se ha debido a causas de fuerza mayor, esto es, a una situación ajena a él y que escapa a su control.La rehabilitación se producirá una vez abonada la tasa y su correspondiente recargo.
4.- Restablecimiento de derechos
(Esta figura aparece recogida en el artículo 25 de la Ley de Marcas y se aplica a la Ley de Patentes según indica la Disposición Adicional 7 de aquélla.)
Iniciado a través de un procedimiento administrativo separado, el restablecimiento de derechos podrá utilizarse por el titular de una patente que no haya podido hacer frente al pago de una anualidad aún habiendo demostrado toda la diligencia requerida.
Para la presentación de la solicitud que da inicio al procedimiento, el interesado va a disponer de un año a partir de la expiración del plazo que la ley otorga para el pago de la anualidad (recordemos, un mes después de la fecha de vencimiento).
De este modo, se amplía sensiblemente (6 meses más) el plazo de pago de la anualidad siempre y cuando se cumplan los reqiuisitos legalmente establecidos (dentro del plazo de un año desde la expiración del plazo, de dos meses desde el cese del impedimento que causó la falta de pago, inicio del procedimiento con una base motivada).
Es importante recalcar que, una vez declarada la caducidad, ésta comenzará a producir sus efectos a comienzos del año para aquél para el cual no se haya pagado la tasa, lo que se traduce no sólo en que su objeto pasa al dominio público, sino que también otorgará derechos a terceros que durante ese intervalo lleven a cabo cualquier tipo de acto que estaría prohibido legalmente y frente a los cuales, en caso de que el titular subsane la situación de caducidad, no podrá interponer acción alguna.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 11/12/2014 11:27:00 p. m.
Cuando se habla de expresión artística se piensa, por lo general, en una obra pictórica, una escultura o una obra arquitectónica que, debido al buen hacer de su creador ha alcanzado esa consideración a nivel general y ha supuesto un importante hito en lo que a cultura e historia se refiere.
Pero cualquier creacióm del ser humano va a poder ser considerada creación artística, tanto las antes mencionadas como cualesquiera otras de las ya existentes (las litografías o las pinturas murales), así como las que puedan aparecer en un futuro fruto del progreso y el avance tecnológicos.
Sin olvidarnos de las obras literarias, los fonogramas y las obras audiovisuales a las que la ley de propiedad intelectual vigente en España dedica extensas secciones, es también importante hacer referencia a la fotografía, expresión artística que también tiene cabida en la ley.
En lo que a derechos de autor se refiere una fotografía se considera a todos loe efectos como una obra artística y por ello se le va a conceder el mismo plazo de protección que se otorga a todas las demás expresiones artísticas: la vida del autor más 70 años desde el 1 de enero del año siguiente de la fecha de la muerte del autor.
No obstante, la ley va a diferenciar dos supuestos, en lo que a duración del período de protección se refiere, en virtud del aporte intectual que haya hecho el autor.
De este modo, a diferencia del supuesto de creación artística mencionado, la ley habla de la "mera fotografía" como el supuesto que no ha requerido esa gran aportación del autor.
Quizá el caso más claro es el de los retratos, las fotografías utilizadas en los documentos de identidad.
Se trata de imágenes cuyo contenido y cuya técnica de realización no suponen un significativo esfuerzo por parte del autor y es por ello por lo que se otorga un período de protección significativamente menor respecto al régimen general: 25 años desde su realización.
¿Es esta diferencia de protección razonable en todos los supuestos?
Es comprensible que la mayor protección se otorgue a importantes fotógrafos (se me ocurre Annie Leibovitz) o a aquéllos que se dedican a la edición de fotografías pero, ¿qué hay de los que se dedican a "capturar" el momento?
Sin ánimo de desmerecer a ninguna de estas personas, puesto que personalmente sí pienso que se trata de una forma de expresión artística, ¿no podrían considerarse como meras fotografías por tratarse de capturas cuya principal aportación es la oportunidad, es decir, el estar en el lugar adecuado en el momento adecuado?
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 11/05/2014 10:23:00 p. m.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 10/29/2014 07:42:00 p. m.
El registro de cualquier signo como marca va a requerir el cumplimiento de una serie de requisitos, a saber:
- Susceptibilidad de representación gráfica
- Identificación de productos o servicios en el mercado
Todos los signos que cumplan estos requisitos sin incumplir las prohibiciones absolutas (artículo 5) y las prohibiciones relativas (artículos 6 a 10) que establece nuestra Ley de Marcas, van a poder ser registradas una vez superen el procedimiento administrativo establecido al efecto..
Sin embargo, por los avatares del tiempo esta condición es susceptible de cambiar perdiendo tal signo su condición de marca registrada llegando a ser considerada nula, si el error que ahora se aprecia se remite al momento en que se hizo el registro o antes de éste, o caducada si la situación es sobrevenida al mismo.
Es el caso que establece el artículo 55.1 d) de la ya mencionada Ley de Marcas que nos habla de la caducidad de la marca.
Este artículo contempla la situación de una marca que, habiendo sido debidamente registrada en su momento, se ha convertido en la denominación habitual del producto por la actividad o inactividad de su titular.
Hace ya unos años se hizo muy popular un determinado tipo de lácteo cuyo principal atractivo era su textura, que difería de lo ya conocido y habitual hasta entonces en ese tipo de productos.
Su popularidad hizo que otras empresas dispusieran de ese mismo producto, pero utilizando en todo momento el nombre original que se le había asignado.
Esta práctica hizo que el nombre original se convirtiera en usual, al existir multitud de productos del mismo tipo, haciendo que lo que se había concebido en un principio como marca, pasara a ser un nombre de uso común en el público perdiendo su significado original.
El cambio de nombre del producto en cuestión y una llamativa campaña de marketing en la que se vuelve al origen para hacer que el consumidor ya fidelizado se percate del cambio, lo interiorice y continúe consumiendo ese producto como si el cambio nunca se hubiera producido.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 10/22/2014 09:10:00 p. m.
Supongamos que existe un artículo divulgativo sobre el descubrimiento de una nueva espcie animal que resulta de gran interés para la comunidad científica que ha sido publicado en una revista inglesa y, por tanto, escrito en ese idioma.
Supongamos ahora que ese mismo artículo se publica en una revista española, en lengua castellana, con las únicas diferencias que admitiría la propia traducción, esto es, tratando de salvar el texto original en la medida de lo posible, sin hacer modificaciones, recortes ni añadidos.
Ambos artículos tienen autores distintos, no relacionados, siendo el artículo escrito en castellano posterior en el tiempoy sin hacer referencia al artículo inglës ni a su autor, presentado, por tanto, como original.
En este caso ficticio, ¿se estarían violando los derechos que asisten al autor del artículo original? ¿Se estarían generando nuevos derechos al crearse un nuevo texto?
En ambos casos la reapuesta es sí, con matices.
El autor que se apropia de un texto ajeno sin indicar la fuente (el autor original) está incurriendo en el delito de plagio, penalmente tipificado (artículos 270 a 272 del Código Penal).
Por otra parte, la traducción de un texto preexistente genera derechos de autor, por entenderse como una obra derivada, a pesar de que cierto sector de la Doctrina no lo entiende así porque esa traducción no genera una obra nueva o diferente.
Pero, ¿y si estas dos situaciones confluyen?
Personalmente entiendo que la traducción del artículo es una obra nueva que ha requerido un considerable esfuerzo intelectual que generaría derechos al autor si no pesara más el hecho de que se trata de un texto no original, lo que lo deja sin ese requisito tan fundamental para que se considere que la obra tiene entidad suficiente para tratarse como tal.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 10/16/2014 09:06:00 p. m.
Una vez vista una película, lo más habitual es quedarse con dos cosas: el argumento general y las escenas más destacables (sea buena o mala).
De ello se nutren las películas cuyo principal atractivo es tratar el argumento de una película que ha alcanzado un éxito destacable, desde un punto de vista cómico o aglutinar películas con una temática similar dándole un matiz satírico.
Hace algunos años, se hizo famosa la película Scary Movie y, más tarde, todas sus secuelas, en las que se trataba de manera cómica las películas de terror adolescente como Scream (el leit motiv de la primera película y de la estética de la saga) o Sé lo que hicisteis el último verano.
Y esto no era nuevo. Leslie Nielsen alcanzó un gran éxito con las películas de “Aterriza como puedas”, filmes en los que se satirizaban las películas de accidentes aéreos, y "Agárralo como puedas" que hacían lo propio con los de temática policíaca.
Más tarde se utilizaría la coletilla "como puedas" (al menos en España) para las películas de ese mismo estilo, Charlie Sheen satirizó la saga de Rambo protagonizando "Hot shots" partes I y II y, en 2009, se hizo lo mismo con "Spanish Movie" y las escenas más destacadas del cine español reciente.
Entrando en materia, ¿podría considerarse este nuevo enfoque de un guión ya divulgado una violación de los derechos de su autor?
Sería lógico pensar que sí, ya que se trata de partes de una historia que ya se ha hecho accesible al público general, que han alcanzado la fama y son reconocidas por éste.
Sin embargo, esto no es así cuando hablamos de las parodias.
Nuestra Ley de Propiedad Intelectual contempla estos casos en su artículo 39, donde se establecen los requisitos para que una obra sea considerada como tal; que no exista riesgo de confusión con la original y que no se produzca un daño a la misma.
Cualesquiera de los ejemplos que se han mencionado anteriormente cumple los requisitos para ser considerados como parodia puesto que es bien sabido por el público general cuál es su objetivo.
Otro caso sería el de los doblajes con voces exageradamente cómicas de de fragmentos de películas, series o demás material audiovisual.
En estos casos el material utilizado sí sería el original del autor al que se añade ese nuevo elemento.
¿Sería esto infracción de derechos de autor?
Lo que se utiliza es material protegido por un tercero y, en tanto en cuanto no exista autorización, se infringirían los derechos.
Sin embargo, el añadido que se hace en estas creaciones es lo que les da el valor creativo y la distintividad y no puede entenderse que exista riesgo de confusión en el público o daño al autor y/o a su creación...
Una nueva Diretiva europea que ha entrado en vigor el pasado 1 de octubre supone un cambio significativo en la situación actual al liberar a los parodiantes de la obligación de tener que obtener una autorización o una licencia del titular de los derechos siempre y cuando las parodias no supongan la divulgación de un mensaje discriminatorio o sean competencia directa de la original.
Esta nueva Directiva supone una mayor libertad para los parodiantes pero, ¿suponen una disminución de la libertad de los autores de las obras originales?
Al tratarse de obras distintas no se podría entender como tal, puesto que si existe la suficiente diferencia entre ambas obras no va a haber competición alguna.
Otra cosa sería analizar si podría haber algún tipo de aprovechamiento económico por parte de la parodia al basarse en lo que ya ha sido creado, algo a lo que se le da un nuevo enfoque, de carácter satírico, que va a suponer para el público un cambio radical respecto de lo ya conocido, al pasar de drama o intriga a comedia.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 10/05/2014 07:57:00 p. m.
Etiquetas: Derechos de autor, Opinión
Si hay algo patente en los tiempos que corren es que la innovación y la evolución tecnológica son un proceso continuo y pararse a reflexionar en los cambios del día a día o aferrarse a viejos modelos de negocio no benefician a las empresas ya establecidas.
El mejor ejemplo de cómo las empresas tratan de estar continuamente al frente de la innovación es, en mi opinión, el requisito cada vez más solicitado en sus procesos de selección de la figura del nativo digital también conocido como “homo sapiens digital”.
A través de la incorporación de personal con estas características, esto es, jóvenes nacidos en las décadas de los 80 y de los 90 con conocimiento a nivel experto en el uso de todo tipo de aplicaciones informáticas, cuyo mayor exponente son las redes sociales, las empresas se aseguran de estar al tanto de los más importantes movimientos no sólo de sus competidores sino también de sus consumidores, reales o potenciales, pudiendo así conocer de primera mano las nuevas tendencias y el grado en que su empresa está o no adaptada a ellas.
Matthew Wall, reportero de negocios de la BBC en el artículo que ésta publicó el pasado 4 de septiembre (http://www.bbc.com/news/business-28865268), hace referencia a la evolución que las empresas han de llevar a cabo para adaptarse al cambio continuo que se vive en el mundo empresarial.
El autor habla de cómo las compañías no han sabido adaptarse al cambio en el comportamiento de los consumidores provocado principalmente por modificaciones en el concepto en que éstas estaban basadas.
Como ejemplo, grandes empresas como Kodak, Polaroid o Blockbuster, que vieron sus pilares de negocio totalmente sacudidos debido a la introducción de la digitalización de imagen y vídeo.
Cabe preguntarse si hubiera sido posible evitar las consecuencias de este enorme cambio cuando hablamos de empresas dedicadas a la producción y distribución de aparatos que, inevitablemente, han quedado obsoletos con el paso del tiempo (es el caso de las máquinas de escribir; reducidas a meros elementos decorativos tras la aparición del ordenador).
Algunos ejemplos en el artículo de Wall muestran una respuesta afirmativa.
Lo que el autor plantea es cómo las grandes empresas tienen un menor margen de maniobra en lo que a innovación se refiere no frente a las nuevas empresas sino a aquéllas empresas cuyo principal valor añadido es el riesgo que están dispuestas a tomar en aras de la innovación.
De este modo, una “start-up”, una pequeña empresa surgida bien de una universidad, bien de una conjunción privada de activos, va a disponer de modelos de desarrollo de producto de los cuales las grandes empresas pueden beneficiarse, introduciendo un mínimo de flexibilidad en su orientación a la innovación.
La preocupación de que una determinada inversión para la innovación de alguno de sus productos vaya mal y esto pueda dañar la reputación de la compañía, así como la visión cortoplacista de los ejecutivos perjudican la evolución de la empresa, muy bien asentada en las raíces creadas y afianzadas durante tanto tiempo.
Sin embargo, en contraposición a los casos de las empresas antes mencionadas están los ejemplos de empresas como General Electric, Barclays Bank o British Gas que han apostado bien por externalizar la innovación bien por crear “start-ups” internas.
Pero quizás el mayor ejemplo es el del gigante de internet Amazon y su concepto de los “Two pizza teams”, equipos reducidos de personas (compuestos por un número de personas que puede alimentarse por dos pizzas familiares) con la autonomía necesaria para potenciar la toma de riesgos y la innovación.
En definitiva, la evolución de la sociedad se refleja no sólo en los avances tecnológicos, sino también en la forma en que se hace frente a estos cambios. Las grandes empresas tienen mucho que aprender de las pequeñas en lo que a formas de enfrentarse a la innovación se refiere, eso sí, siempre y cuando exista algún tipo de interés en ello, pues como dice Íñigo Irízar en su blog (http://irizar.wordpress.com/2014/09/22/innovando-como-piratas/):
“A los ejecutivos de las empresas triunfadoras no les interesa cambiar nada. Están cómodos con la situación que les permite que sus empresas ganen. Estos ejecutivos son, en general, lo menos innovador que uno pueda imaginar. Si un político quiere impulsar la innovación, tiene que escapar de ese tipo de compañía, buscando auténticos emprendedores e innovadores.”
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 9/23/2014 08:31:00 p. m.
Si observamos la Ley de Patentes (Ley 11/1986) encontramos no sólo los requisitos para que una invención pueda disfrutar de los beneficios que otorga la concesión de una patente, sino también, de forma exhaustiva, las excepciones a tal situación.
La ley habla por un lado, de invenciones, esto es, creaciones cuyo objetivo es la solución de un problema de carácter físico o material del ser humano; y por otro, de una serie de características que éstas deben cumplir para poder ser patentadas.
De este modo, en su artículo 4.4, esta ley establece todos aquellos supuestos que, a pesar de ser creaciones que podrían calificarse como invenciones patentables, no encuentran esa protección
bien porque están protegidas en otros ámbitos (como es el caso de las creaciones literarias o los programas de ordenador ambos protegidos por la Ley de Propiedad Intelectual), bien porque no se consideran invenciones como tal.
Como base de la teoría de patentes encontramos que lo que se protege son las invenciones; un descubrimiento, por definición, no será nunca una creación humana a pesar de que los medios para hacerlo sí lo sean y hayan supuesto un considerable esfuerzo intelectual, sino que se tratará del hallazgo de algo preexistente en el que la única acción del hombre es, precisamente esa, encontrarlo.
El lunes de esta misma semana The Guardian recogía la opinión de Luigi Palombi acerca de la noticia de que un tribunal federal australiano ha declarado como patentable material genético humano por sí sólo, aislado de su conjunto (http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/sep/08/human-dna-belongs-to-no-one-it-shouldnt-be-patented).
Aislar parte del material genético humano sería extraer algo ya existente de un todo, pero no crearlo de la nada. Por tanto, no se trataría de una invenciòn, sino que sería un descubrimiento, una extracción de algo creado por la naturaleza, sin minusvalorar, repito, los medios para llevar a cabo ese aislamiento.
A finales de los '90 y con vistas a lo que se podría convertir en el uso prohibitivo e indiscriminado de todas y cada una de las partes del ADN humano o del material genético a través de la concesión de patentes, la UE, Japón y EE.UU. decidieron tomar una postura única acerca de este tema considerando la materia biológica aislada del cuerpo humano como no patentable, lo que se tradujo en Europa en la Directiva 98/44/CE, transpuesta en nuestra legislación a través del apartadoa 1 del artículo 1 de la Ley 10/2002.
En definitiva, la materia biológica (material genético, ADN) no sería patentable como tal aunque estuviera aislada del cuerpo humano.
Sin embargo, una materia biológica con esas mismas características sí será patentable si es obtenida por cualquier tipo de procedimiento de carácter técnico diseñado con ese objetivo.
Lo que supone la decisión del tribunal federal australiano es la patentabilidad y, por tanto, uso en exclusiva de ciertos elementos del cuerpo humano, lo que limitaría seriamente cualquier avance investigador al estar sujetos a autorización de un titular.
Esta decisión supone un hito por ser contraria a todo lo que se venía regulando hasta el momento.
¿Serviría esta decisión para que se produjera un cambio por parte de instancias superiores en lo que se ha decidido para cumplir con los estándares internacionales?
O, por otra parte, ¿sería esta decisión la base para un cambio de mentalidad a nivel internacional sobre este tema, que hiciera que comenzaran a patentarse todas y cada una de las partes del ser humano?
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 9/15/2014 08:39:00 p. m.
En la tercera entrada de este blog, El gran debate de la innovación (http://todolosderechosreservados.blogspot.com.es/2014/08/el-gran-debate-de-la-innovacion.html), se hacía referencia a cómo, a pesar de que a día de hoy todavía se están llevando a cabo inventos y éstos mejoran la calidad de vida de las personas, no se ha alcanzado un grado inventivo que pueda compararse al de los inventos creados en su momento.
Llegados a este punto, ¿podría hablarse de la misma situación para el caso de la creatividad intelectual? ¿Se ha alcanzado ya la cumbre en lo que a creaciones artísticas, y en concreto literarias, se refiere?
Sobre este aspecto se hace una breve alusión en el artículo de la BBC referido al estreno de la próxima película protafonizada por Nicole Kidman y Colin Firth (http://www.bbc.com/news/entertainment-arts-29037806).
Con un argumento prácticamente idéntico al de la más que recomendable película de culto “Memento“ (al menos según lo descrito en el artículo), este nuevo film se basa en la primera novela del autor Steven SJ Watson.
Lo que se plantea aquí es si la adaptación de una obra literaria al cine supone un beneficio para el autor de la primera. Es evidente que, económicamente sí, si un libro decide convertirse en película por parte de los grandes estudios de Hollywood es porque es un best-seller y la historia es lo suficientemente atractiva para que los espectadores acudan en masa a las salas de cine a disfrutar de ella.
Pero, por otra parte, el espectador va a relacionar la película con el autor del libro, lo que podrá llevar a la pérdida de lectores y, en ocasiones, a hacer que los nuevos pierdan el interés que podrían suscitar los nuevos libros de éste si la adaptación no cumple las expevtativas planteadas por el libro.
Además, el autor que ha visto su historia convertida, con mayor o menor éxito, en película podría pensar, al escribir su próxima obra, en cómo quedaría ésta una vez adaptada, lo que rozaría la novelización de la película, más que la idea original en que ésta se basa.
Las adaptaciones de novelas nos dan una idea del bajo riesgo que están dispuestos a tomar los estudios cinematográficos, puesto que existe un precedente de éxito que se conservará si la obra cinematográfica está bien hecha y, a la vez, es fiel al original.
Por supuesto, estas adaptaciones van a ser legítimas siempre y cuando se respeten los derechos; el tema de un posible perjuicio al autor va a ser una cuestión en la que éste deberá valorar cual podría ser el perjuicio ocasionado según su grado en que se involucre en la adaptación.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 9/07/2014 10:04:00 p. m.
Etiquetas: Derechos de autor, Ideas, Innovación, Opinión, Propiedad intelectual
Establece nuestra Ley 17/2001, el concepto de marca dando una definición que en lenguaje legal se puede calificar como "numerus apertus" y en términos más habituales como "todo" aquello que se menciona en la Ley y aquello que, sin aparecer expresamente recogido en ella, cumple los requisitos establecidos.
El artículo 4 de esta ley reserva su primer epígrafe a establecer las dos características básicas que debe reunir un signo para poder ser considerado marca:
-ser susceptible de representación gráficaç
-ser distintivo de los productos o servicios de una empresa.
Es el párrafo 2 el que, tras darnos ejemplos de estos signos, va a dejar constancia de esa imprecisión utilizando la expresión a “título enunciativo”.
Así, podrán registrarse como marca cualesquiera de los signos enumerados por la ley, una combinación de ellos o cualquier otro que cumpla esos requisitos.
En función de la forma del distintivo hallamos marcas de diversas formas en lo que nos viene rodeando diariamente: denominativas (formadas sólo por palabras: Lexmark®, Compaq®), gráficas (símbolos o angramas: la manzanita de Apple®) o mixtas (una combinación de los dos anteriores). Además podemos hablar también de marcas tridimensionales (la forma del producto, como es el caso de la tableta de chocolate Toblerone®), sonoras (la sintonía de los móviles Nokia®), gustativas, olfativas, táctiles…
Por tanto, en base a esta premisa, absolutamente cualquier cosa podría entenderse como marca en el sentido de que permite que el consumidor reconozca el producto o el servicio en el mercado dado el carácter distintivo que ha adquirido.
Esto recuerda al caso de las pelotas de tenis cuyo característico olor (a hierba recién cortada) sirvió para que le fuera concedida, en segunda instancia tras superar las dudas de la Oficina, una marca comunitaria.
Yendo un poco más allá, podríamos hablar del carácter distintivo que se da a un producto como son, en el caso expuesto a continuación, las galletas Oreo®.
Las campañas publicitarias han tratado de dar un carácter distintivo a una forma característica de comer estas galletas (independientemente de que el consumidor vaya a seguirla o no).
Pero, ¿podría entenderse esto como susceptible de registro?
El proceso es susceptible de representación gráfica y, al fin y al cabo, se habría alcanzado la distintividad del producto frente a los competidores, reconociéndose como característico de este determinado producto.
De ser posible el registro, no se impediría a terceros, como resulta evidente, que utilizaran esa forma de ingerir productos similares de esa forma característica, sino que sería un medio de dar distintividad al producto, siendo reconocible extensamente por el público general.
Publicado por Jacobo Santamarta Barral en 8/28/2014 11:04:00 a. m.