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Timestamp: 2017-12-16 16:40:37
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Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'Artículo 8', 'Artículo 9', 'Artículo 10', 'Artículo 11']

Apendice, en Las Cortes de Cadiz y la tercera campaña de Morelos de Lucas Alaman. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Lista de los diputados suplentes por la América española e islas Filipinas, nombrados en Cadiz por los nativos de estos paises residentes en aquella ciudad, presididos por el consejero de Indias D. Manuel Castillo Negrete, para las cortes que se instalaron en la isla de León el dia 24 de Septiembre de 1810.
D. Francisco Lopez Lisperguer, ministro del consejo supremo de Indias.
D. Luis Velasco, teniente coronel de los reales ejércitos.
D. Manuel Rodriga, capitan de los reales ejércitos.
Dr. D. Joaquin Fernandez de Leiba, alcalde de corte de la real audiencia de Lima.
D. Miguel Riesco y Puente, capitan graduado de húsares voluntarios del Rio de la Plata.
El conde de Puñonrostro, grande de España, coronel de caballería de los reales ejércitos.
D. Domingo Caicedo, abogado de la real audiencia de Santa Fé.
Dr. D. José de Mejía Lequerica, oficial de la secretaría de Estado y del despacho de gracia y justicia.
D. Antonio Zuazo, brigadier de los reales ejércitos.
Dr. D. Blas Ostolaza, presbítero.
D. Dionisio Inca Yumpangui, teniente coronel de dragones.
Dr. D. Ramon Feliú, subteniente del regimiento fijo de Lima.
Dr. D. Vicente Morales de Duarez. alcalde de corte de la real audiencia de Lima.
D. Andrés de Llano, capitan de navío retirado, diputado suplente por Guatemala.
D. Andrés Sabariego, graduado en jurisprudencia en la universidad de México, diputado suplente por aquel reino.
D. Estévan Palacios, del consejo de hacienda, ministro del tribunal de contaduría mayor de cuentas, contador en comision de la general de la distribucion de real hacienda, diputado suplente por la provincia de Venezuela.
Dr. D. Fermin Clemente. abogado de la real audiencia de Caracas, diputado suplente por idem.
D. Francisco Fernandez Munilla. capitan de infantería retirado de reales guardias españolas, diputado suplente por el reino de México.
D. José María Couto. parroco de la Puebla de los Angeles. diputado suplente por idem.
D. José María Gutiérrez de Teran, guardia de corps retirado. diputado suplente por idem.
D. Manuel de Llano. coronel del real cuerpo de artillería, diputado suplente por la ciudad y provincia de Guatemala.
D. Maximo Maldonado, prebendado de Guadalajara en Nueva España, diputado suplente por el reino de México.
D. Octaviano Obregon, oidor honorario de la real audiencia de México, diputado suplente por idem.
Dr. D. Salvador de S. Martin. prebendado de Guadalajara, diputado suplente por ídem.
D. Joaquin de Santa Cruz.
El marques de S. Felipe y Santiago, grande de España de primera clase.
Dr. D. José Manuel Couto, prebendado de la Puebla.
D. Pedro Pérez de Tagle.
ISLA DE SANTO DOMINGO.
D. José Alvarez de Toledo, teniente de navío de la real armada.
Estos veintinueve suplentes, con el diputado propietario de Puerto Rico D. Ramon Power, teniente de navío de la real armada que habia llegado ya, son los treinta que concurrieron desde la apertura de las sesiones y que permanecieron durante todas las cortes extraordinarias, no obstante haber llegado muchos de los diputados propietarios.
Esta sacada esta lista de la general de los diputados que compusieron aquellas cortes, impresa en Cadiz en la imprenta real año de 1811, habiéndose seguido el órden en que en ella estan los diputados, aunque no muy conforme con el geografico de las provincias que representaban.
Representación de la diputación americana, a las cortes de España, en 1° de Agosto de 1811. (1)
Tratandose de la pacificacion de las Américas, creemos de nuestro deber sus diputados que subscribimos, exponer a V. M. cuanto en órden a este importantísimo punto nos dictan nuestro celo y conocimientos de aquellos paises; lo que igualmente contribuira a la exacta idea de unos sucesos, que tan desfigurados llegan a noticia de la península.
El conocimiento del mal debe preceder a la inquisicion de su remedio. Para apagar el fuego que abrasa a las Américas, es necesario examinar antes los principios de que procede. El órden con que se presentan a la vista debe ser el de su indagación; porque el mas conocido facilita conocer al inmediato, y de uno en otro progresivamente se llegara al último: así como encontrada la punta del hilo, comenzando a tirar por ella y siguiendo adelante, se deshace el ovillo.
Parece convienen todos en que el deseo de independencia excitó en los americanos el fuego de su conmocion, cuando vieron imposibilitada a la península para valerse contra ellos de la fuerza. La remocion de este obstaculo es lo primero que se presenta. Pero a mas de ella, era necesario otro incidente que ocasionase la explosion, pues de lo contrario se hubiera verificado luego que se quitó el obstaculo; y no ha sido así, efectuandose en algunos puntos con mucha anterioridad a los otros, y en ninguno inmediatamente al arribo de las primeras noticias funestas de España, como la ocupacion de Madrid.
Era tambien muy natural se agregase a la explosion algun pretexto que escogitasen los conmovidos, como una egida que cubriese su proceder, para no aparecer a la faz del mundo con la nota de insurgentes, o rebeldes.
Aun mas necesario es suponer algun influjo, o a lo menos auxilio para emprender la independencia. Porque ¿cómo podian esperar su logro, faltos de armas y disciplina, y bajo el mando de jefes puestos por el gobierno, si no les hubieran proporcionado medios para ello? Aun cuando supongamos que para salir de la apatía en que han vivido tantos años, bastase el deseo de independencia sin que nadie los instigase.
Este mismo deseo que se supone ser la causa de la conmocion, es indispensable haya nacido de otra, que sera primordial; porque semejante deseo es nuevo en los americanos, o a lo menos no lo han manifestado hasta ahora, sobre ser contrario a sus íntimas relaciones y vínculos con la península.
Se nos presenta pues en la conmocion ultramarina la serie de principios que hemos insinuado: remocion del obstaculo, ocasion de la explosion, pretextos, influjo, auxilios, causa inmediata y la primordial que engendró a aquella; de las cuales hablaremos por este mismo órden, pues importa conocerlas todas.
Que considerasen los americanos como indefectible la pérdida de la península, era un resultado forzoso de las noticias que de aquí llegaban. Porque aun prescindiendo de lo que las abultaron las Gacetas extranjeras, y del cuerpo que las de su clase adquieren a tan larga distancia, ellas en sí mismas y sin añadidura alguna bastaban a inspirar aquel concepto; asi como se lo formaron, aun teniendo las cosas a la vista, muchos españoles europeos que han seguido el partido francés.
En Caracas, la noticia de la invasion de las Andalucias por los franceses y disolucion de la junta central causó la revolucion, en que sin efusion de sangre, depusieron a las autoridades en 19 de Abril de 1810, y crearon una junta con el nombre de suprema para el gobierno de la provincia, por conservar su existencia y ver por su propia seguridad, segun se explican en la proclama que publicaron a este fin.
La misma noticia comunicada a Buenos Aires por su Virrey D. Baltasar Cisneros, permitiendo al pueblo reunirse en un congreso para tomar las providencias oportunas de precaucion. y no ser envuelto en semejante desgracia, produjo en 2S de Mayo de 1810 una junta provisional gubernativa de aquellas provincias, que tomó el mando hasta que se formase el congreso con diputados de todas ellas.
El tratamiento imprudente del corregidor del Socorro en el Nuevo reino de Granada, hostilizando con tropas al pueblo desarmado (que por medio de oficios a él y representaciones a la audiencia territorial procuró calmarle y evitar un rompimiento, sin conseguir otro fruto que la muerte de ocho hombres), le irritó, resultando la revolucion de aquella provincia en 3 de Julio del mismo año de 1810, siendo el primer efecto de ella la prision del mismo corregidor y sus satélites.
En Santa Fé de Bogota fue aun menor la ocasion del rompimiento. Pasaba por una tienda un particular, a quien el tendero europeo insultó con palabras injuriosas a los americanos; de lo que ofendidos estos se amotinaron contra él y los que acudieron a su defensa; chispa que encendió el fuego de la disension, hasta instalarse en 2O de Julio de 1810 una junta que gobernase el Virreinato, excluyendo a muchos de los que antes mandaban.
En Cartagena, se instaló tambien otra junta provincial, cuyo reglamento se formó en 18 de Agosto del mismo; a lo que dieron ocasion los procedimientos de su gobernador, y las odiosas diferencias que sembraba entre unos y otros españoles, europeos y americanos.
En Chile, los atentados y extraordinarias violencias de su capitan general D. Francisco Carrasco, procesado en el consejo, causaron tal sensacion. y hostigaron de manera a aquel pueblo, que el mismo general conoció la necesidad de renunciar, sucediéndole el militar mas graduado, el conde de la Conquista. Despues de lo cual se creó una junta gubernativa del reino en 18 de Septiembre de 1810, movida del ejemplo de la junta de Cadiz; en cuya proclama, dirigida a los americanos, apoyó su resolucion. Esta junta ha sido reconocida por el congreso, y se le han dado las reglas convenientes.
En México, la prision del Virrey D. José Iturrigaray, ejecutada la noche del 15 de Septiembre de 1808 por una faccion de europeos, excitó la rivalidad entre ellos y los americanos; la que (difundiéndose sordamente por el reino, y creciendo de dia en dia por las muertes de algunos de los últimos, por las prisiones de muchos de ellos, especialmente la del corregidor de Querétaro, y por los gracias que llevó el Virrey D. Francisco Venegas para los autores y cómplices de la faccion), causó una alarma en tierra adentro, que comenzó en el pueblo de Dolores en 14 de Septiembre de 1810, y que se extendió asombrosamente (2).
Estos han sido los diversos sucesos que han ocasionado la explosion en los puntos de América en que se ha verificado; pero el pretexto que unanimemente han alegado en todos ellos, es su propia seguridad, para no ser entregados a los franceses, u otra potencia y conservarlos a Fernando VII, a quien todos han reconocido por su rey, y cuyo nombre han proclamado siempre.
El influjo lo atribuyen muchos a los agentes de Napoleon, que ha procurado sembrar la discordia en aquellas regiones para poder sojuzgarlas a la sombra de la division de sus habitantes, o a lo menos segregarlas de la península, para que debilitada esta con la falta de sus socorros, pudiese el consumar facilmente la conquista que ha emprendido. Aquí en Cadiz imputan muchos el influjo a los ingleses, quienes por sus miras mercantiles y sin intencion de dominar aquellos paises, suponen han encendido o atizado el fuego de la rebelion, o cuando menos que la han auxiliado, ya en un sentido negativo no arrostrandose a ella para impedirla, ya positivamente suministrando armas, y comunicando ministerialmente con los conmovidos, aunque de un modo paliado que no chocase a las claras con la alianza de España. Finalmente. no faltan quienes atribuyen algun influjo y auxilio a los Estados Unidos de América.
Pero ningun influjo ni cuantos auxilios se supongan, eran bastantes a conmover aquellos pueblos sin su voluntad, y hacerles aspirar a la independencia. Si hubiesen tenido adhesion suma a la metrópoli, no hubieran escuchado a los seductores; se hubieran irritado contra ellos, y hubieran despreciado los auxilios que les ofreciesen para un fin que detestaban. Es pues preciso suponer, o que eran muy flacos en la fidelidad a la madre patria, dejandose rendir a las sugestiones contrarias, o que de antemano estaban ya decididos, o cuando menos inclinados a la independencia.
Lo primero se hara increible a quien conozca su caracter, a quien reflexione en las pruebas que han dado de lealtad por el largo espacio de trescientos años, y a quien no olvide lo que no puede olvidarse por reciente, esto es, la extraordinaria defensa que hicieron contra los ingleses en Buenos Aires, para mantenerse en la dominacion española, esos mismos que ahora se han conmovido; y como sostuvieron al Virrey D. Santiago Liniers contra la faccion de europeos de la capital y de Montevideo, que trató de deponerle, so color de traicion, con el animo de separar aquel reino de la metrópoli, segun informó en 6 de Diciembre de 1810 D. José Salazar, actual gobernador de la plaza. No resta mas que apelar sino al deseo de independencia en los americanos, y un deseo no inveterado, sino nacido de poco tiempo a esta parte.
¿Y cual puede ser la causa que lo haya producido? Aquí, aquí esta el punto de la dificultad, esto es lo que debe indagarse; esta es la raiz que debe descubrirse para arrancarla si se quiere cortar enteramente el mal. No se necesita mucho discurso para encontrarla: la hallara luego una reflexion mediana, con tal que se entre a examinar la materia sin preocupacion, que es la que únicamente puede dificultar el hallazgo.
Las relaciones y vínculos de los americanos con los europeos; su conformidad en idioma, inclinaciones y costumbres; la educacion y crianza de los primeros por los segundos, apoyadas sobre el amor que desde la cuna se les inspira a la península; su respeto habitual al gobierno de España, y la obediencia y sumision antigua que se les ha convertido en naturaleza, enlazaron a unos y a otros con nudos mas estrechos que el gordiano, y que siendo imposible desatar, era forzoso cortar para la desunion. Aun la espada de Alejandro era insuficiente para ese efecto, y solo el mal gobierno pudo producirlo.
No lo dudemos. Los americanos son hombres. Aun cuando se les negase la racionalidad para conocer, no podria negarseles la sensibilidad que se concede hasta a los brutos. Las causas morales es fuerza que obren. Al dolor de verse oprimidos era consiguiente se desazonasen del gobierno opresor a pesar de adorarlo; la desazon debia producir el descontento; este es el desafecto, que no era mucho llegase hasta el grado de aversion, pues aun la gota cava la piedra sobre que cae continuamente; y unido esto a la desesperacion del remedio que inspira la duracion prolongada del mal, no fue extraño degenerar en furor para romper los vínculos sociales, como fuerza el can rabioso su cadena.
El mal gobierno, la opresion del mal gobierno es la causa primordial y radical de la revolucion de América; ni puede excogitarse otra por mas que se cavile.
¿Seran los americanos mas feroces que las fieras, para que supongamos en ellos lo que no cabe en estas, que es aborrecer sin causa a los españoles europeos, a quienes deben el ser? Por el contrario esta acreditado de dulce su caracter. ¿Seran de una cerviz indómita, que no puede sufrir el yugo de un gobierno legítimo?
Es constante su docilidad, y tres siglos de sufrimiento desmienten aquella idea. ¿Seran tan sanguinarios que se habran conmovido para cebar su saña en la carnicería y mortandad de sus hermanos? Su mansedumbre es indudable, y en los mas de los puntos ha sido sin efusion de sangre su revolucion.
¿Seran tan orgullosos, que por no depender de la península habran querido gobernarse por sí mismos? Su humildad es notoria hasta tocar casi en abatimiento; y jamas han visto a la nación española como una nación distinta de ellos, gloriandose siempre con el nombre de españoles, y amando a la península con aquella ternura que expresa el dulce epíteto de madre patria, que jamas se ha caido de sus labios.
¿Seran por último tan ambiciosos, que por obtener solos ellos los empleos de su pais, intenten la separacion? Pero a mas de ser esta contraria a los designios de ambicion, pues los excluia de los puestos de la península, es bien sabida su moderacion, y acaban de manifestarla por medio de sus representantes, pidiendo solamente la mitad de sus empleos, para que la otra mitad quedase a los europeos, a quienes siempre han preferido colocandolos ellos mismos en los destinos que penden de su mano, partiendo con ellos sus caudales, dandoles a sus hijas y hermanas para enlazarse con ellos, auxiliandolos en todo, y profesandoles tan sobresaliente estimacion, que la cualidad de europeo ha sido hasta ahora la que mas ha recomendado a un hombre para con el público de América.
Siendo esto así, como lo es en efecto, ¿a qué otro principio podra atribuirse la disension sino al mal gobierno? Su opresion creciendo de dia en dia, ha alejado del corazon de los americanos la esperanza de reforma, y engendrado el deseo de independencia como único remedio. Ha ido acopiando un material combustible, que por fin se ha inflamado con la mas pequeña chispa, y ha reventado la mina. La opresion, sin duda, es el primer eslabon de la cadena de principios que han producido este efecto; pero despues de haberlos explicado, es preciso hacer otro registro de ellos para avaluarlos y pesarlos, lo que es tambien muy importante.
Bajo su aspecto se presenta a la vista los americanos como delincuentes, que deseando separarse de la obediencia de la madre patria, se han valido de la coyuntura de sus achaques para rebelarse contra ella con cualquiera ocasion ligera, y sirviéndose de especiosos pretextos que no pasan de tales.
Examinemos pues, fondeemos la materia, registremos escrupulosamente cada uno de los principios; porque el error mas pequeño nos va a decir la pérdida de uno o muchos reinos, cuando no sean todos los de ultramar.
El concepto de que sucumbia la península, ya se dijo antes era inculpable, pues lo inducian necesariamente las noticias de sus pérdidas y situacion. Sentada esta base, era prudencia impedir el cancer que podia cundir a la América, formandose un gobierno que velase sobre su seguridad; así como se ejecutó en las provincias europeas, en las que igualmente fueron depuestas las autoridades que lo contradecian.
A la eficacia con que persuade el ejemplo, se agregaron los escritos que salian en la península, y que volando al otro lado de los mares, estimulaban a abrazar aquel partido, induciendo tambien algunos de ellos desconfianza del gobierno. ¿Qué apoyo, qué material no ministraban una de las representaciones de la junta de Valencia, la proclama de la de Cadiz, el papel del marques de la Romana, y otros que se omiten? Pero es preciso citar a la letra las palabras del sólido dictamen de D. Gaspar Jovellanos presentado a la junta central en 7 de Octubre de 1808. en el que en la segunda proposicion de las que establece como principios, dice:
Que cuando un pueblo siente el inminente peligro de la sociedad de que es miembro, y conoce sobornados, o esclavizados los administradores de la autoridad que debia regirle y defenderle, entra naturalmente en la necesidad de defenderse, y por consiguiente adquiere un derecho extraordinario y legítimo de insurreccion.
En los pueblos de América, el temor de ser entregados a los franceses era gravísimo y fundado. Los gobernantes eran europeos, de quienes no debia creerse renunciasen del amor a su patria, y del trato y comunicacion con sus padres, hermanos, parientes y amigos existentes en España. rompiendo todos sus enlaces, como era forzoso, si sujetandose esta al yugo frances, no se sujetasen tambien aquellos pueblos. Muchos de los mismos jefes y otros europeos proferian a las claras, que la América debia seguir la suerte de la península. y obedecer a Bonaparte, si ella le obedecia.
A esta ocasion comun a todas las provincias, y que obró en Caracas la revolucion, se añadió en Buenos Aires la circunstancia de comunicar su Virrey la invasion de Andalucía como un golpe decisivo, permitiendo al pueblo formase su congreso. como en efecto lo ejecutó, instalando una junta que le gobernase. Se agregaron a las funestas noticias los malos tratamientos e insultos, ya de los jefes, como en Quito, Socorro, y Chile; ya de los particulares, como en Santa Fé, y ya de unos y otros, y del gobierno mismo como en México.
Es digno de notarse que estos tratamientos comenzaron por parte de los europeos contra los americanos. En ningun punto empezó la conmocion porque algun americano insultase a los europeos, sino mas bien al contrario. En todas partes se prendia y procesaba a los americanos que se explicaban desafectos a los europeos; y en ninguna se prendió a un solo europeo de los muchos que insultaban a los americanos hasta en las plazas públicas. En aquellos solo era delito mostrarse afectos a los criollos o condolidos de su opresion; y por esto únicamente se les prendia. aunque fuesen los mas condecorados, como un Virrey. Se hacian continuas remesas de reos americanos a la península, en donde se absolvian; lo que prueba el atropellamiento con que se les habia procesado. En una palabra; la sangre de los americanos se derramaba impunemente y con profusion, y no ha corrido una gota de la europea que no haya sido en defensa, o cuando mas represalia de los rios de la primera, y a la que esta no haya acompañado virtiéndose en su auxilio.
Las calles del Socorro en el nuevo reino de Granada, los campos de Córdova en el de Buenos Aires, el monte de las Cruces, campo de Aculco, puente de Calderon, ciudad de Guanajuato, con otros mil sitios en el de México, han sido el teatro de estas escenas; sin recordar la de Quito, sobre la cual es preciso echar prontamente un velo para no horrorizar a la humanidad. Basta haberlas indicado para el conocimiento que se pretende, y solo añadiremos que en México fueron premiados por el gobierno supremo los autores de la faccion que insultó a los naturales del reino, orígen de la insurreccion.
Se infiere de todo, que aun culpando a los americanos por el deseo de independencia, no se les puede culpar por la ocasion del rompimiento, cuando ella de suyo lo provocaba aun sin aquel deseo, o digamos a lo menos, si hemos de hablar con imparcialidad, que semejantes incidentes, si no los disculpan del todo, disminuyen mucha parte del exceso con que se les acrimina. Porque querer que un hombre oiga y vea a sangre fria sus injurias, y no repela con la fuerza la de quien lo invade, es pedir una virtud superior aun al heroismo.
En cuanto a los pretextos, para conocer si son puramente tales, o hay en ellos alguna sinceridad, deben hacerse las siguientes reflexiones:
1a. Que son uniformes, esto es, unos mismos en todas partes.
2a. Que son unísonos u originales, esto es, que no hay en una provincia ecos o plagios de otra, sino que cada una los ha producido por sí misma, sin comunicarse con las demas, ni aprenderlos de ellas.
3a. Que son verisímiles, o de tal aspecto que no es facil convencerlos de malignos, aunque tal vez lo sean.
4a. Que son conformes a las maximas, cuya observancia podria exigírseles, o por cuya infraccion únicamente podia condenarseles.
La uniformidad de los pretextos es constante; y se persuade tambien facilmente que son originales, pues casi a un mismo tiempo se vaciaron en diversas provincias, como Caracas y Buenos Aires; y los insurgentes de México ni noticia podian tener de lo que se alegaba en aquellas, porque se las impidió el gobierno. Una y otra circunstancia son indicio de sinceridad, porque era mucha contingencia que obrando de malicia, la cual es muy varia en sus cavilaciones, se explicasen como de concierto las provincias que no se habian acordado ni comunicado.
La verosimilitud esta a la vista, porque los pretextos son temor de caer bajo la dominacion de Bonaparte, tratar de su propia seguridad, conservar aquellas posesiones a Fernando VII, y preparar un asilo a sus hermanos que huyan de la tiranía de Napoleon; y todo esto, si no fuere verdad, tiene toda la apariencia de ella. Era muy natural temer en las Américas el yugo francés, caso de sucumbir la península con la que estan enlazadas; lo era igualmente y dictaba la prudencia el procurar evitarlo, tratando de su propia seguridad; y no pueden convencerse de malignos estos designios cuando reconocian y juraban a Fernando VII, y ofrecian un asilo a los españoles europeos que no pudieran emigrar.
No carecen tampoco de fundamento, ni se contrarían a los principios porque debian gobernarse. Ya se dijo antes lo que apoyaba el temor de ser entregados a los franceses por sus gobernantes y demas europeos residentes allí; y lo apoyaban de parte del gobierno de la península los escritos que en ella salian inductivos a su descrédito, y que recaian sobre aquellas órdenes primitivas para reconocer la regencia del duque de Berg. El tratar de su propia seguridad gobernandose por sí, sobre fundarse en razon, estribaba tambien en el ejemplo de Andalucía, Asturias y otros puntos de la península, que ejecutaron lo mismo cuando vieron ocupadas las Castillas, instaladas juntas en Sevilla, Oviedo, etc. Sobre todo, ¿qué mas se les podia exigir, sojuzgada España como ellos creian, que reconocer al rey a quien juraron, y la fraternidad de los europeos a los que prometen acogida?
El influjo de los franceses es falso, no porque ellos hayan dejado de intentarlo; sino porque no ha surtido efecto. Bonaparte se ha valido de varios españoles en calidad de sus agentes para atraer a sí a las Américas; pero estas unanimemente sordas a su voz, a pesar de las promesas halagüeñas que la acompañan, han quemado por mano de verdugo sus proclamas; han ajusticiado a los agentes que han habido a las manos, y han detestado al gobierno de que proceden. Si los periódicos y otros papeles, especialmente de Cadiz, atribuyen a este principio su convulsion política, es para hacerla mas odiosa, y contrariandose a la maxima que dan por sentada de que aspiran a la independencia. ¿Dejaran de conocer que esta es incompatible con el trato y adhesion al tirano de Europa? ¿O podran fiarse de él despues de manifiesta su perfidia? Holanda, Polonia, España misma les han manifestado el principio a que los conduciria un paso tan arriesgado, y les ponen a la vista un despotismo mayor que el del anterior gobierno de que se quejan.
Es preciso hacer la justicia de confesar que en América no ha habido francesismo, ni lo puede haber por la razón insinuada; que en ninguna de sus conmociones se ha descubierto el impulso del brazo de Napoleon; y que este esta tan distante del corazon de los americanos, como la situacion de Francia de la de aquel continente. ¿Qué mas puede decirse, sino que se han revolucionado por no ser entregados a los franceses? Por cada cabeza de estos han ofrecido mil pesos fuertes los de Caracas en sus gacetas.
Los ingleses en los puntos de América que no comunican, como México y Santa Fé, claro esta no han podido influir, pero nosotros creemos no lo han hecho ni en los que frecuentan, pues no lo han ejecutado en la Habana que es uno de ellos; si no es que se diga que han encontrado allí las disposiciones que en otras partes, que es decir, habran fomentado, pero no excitado la conmocion. El ministro de Inglaterra en la nota que ha pasado a nuestro gobierno ofreciendo la mediación de aquella potencia para reconciliar a las provincias disidentes de América, trata de indemnizar a su gabinete de la sospecha expresada, asegurando que su comunicacion con Caracas y Buenos Aires ha tenido la mira de poder mediar, como ahora ofrece.
Y aun cuando dudase alguno de la verdad de este aserto, es innegable la utilidad mercantil anexa a la comunicacion; y que esta la han procurado los americanos abriéndoles sus puertos, y enviando emisarios a Londres. De lo primero (esto es, del trato mercantil) era consiguiente la provision de armas como de un renglon de comercio lucroso, y sin el cual no hubieran abierto sus puertos; y de lo segundo, (esto es, de solicitar los americanos la comunicacion y auxilios de Inglaterra) se infiere lo decididos que estan contra Bonaparte; pues no acuden a él, aun franqueandoles y ofreciéndoles la independencia y libertad absoluta, y se acogen a una potencia enemiga de él, y aliada de España.
Con los Estados Unidos no han tenido sino comercio, como lo exige la utilidad de unos y otros paises. En una palabra, la culpa que resulte en este punto se debe atribuir originalmente a nuestros americanos que los han solicitado; y todo se debe refundir en el deseo de independencia que es el móvil.
Puede esta distinguirse en dos clases, conviene a saber, independencia de los españoles europeos, e independencia del gobierno de la península. Los americanos no han deseado la primera, pues ofrecen acogida a cuantos europeos emigren; y en sus juntas y conmociones hay muchos de ellos que han seguido su partido. El no abrazarlo ha sido el motivo de perseguir a otros; pero no la cualidad de europeos, así como han perseguido tambien a los americanos opuestos a sus designios. La diferencia que hay únicamente es, que los mas de los europeos avecindados entre ellos les han sido contrarios, y adictos los mas americanos; lo que nace del amor respectivo al suelo patrio, queriendo cada uno resida en el suyo el gobierno que lo mande, durante la presente lucha. Y de aquí proviene que haya habido mas europeos que americanos perseguidos.
Dijimos durante la presente lucha, porque ninguna de las provincias disidentes ha aspirado a que siempre resida allí el gobierno, o que el rey se vaya para siempre a vivir entre ellos, despojando a España libre de la cualidad de metrópoli. Lo que quieren y explican en sus proclamas, reglamentos y gacetas, es gobernarse, durante el cautiverio del rey, por las juntas que ellos formen, porque no tienen confianza de las que se han instalado en la península. En efecto, las que han formado ha sido en calidad de provisionales e interinarias, como se expresa en el bando de Buenos Aires de 21 de Mayo de 181O; y la junta de Caracas contestando a la orden de 5 de Mayo del mismo año, no solo entra exponiendo tenia la autoridad en depósito, sino que concluye significando esta pronta a auxiliar a sus hermanos, y a indemnizarlos, (son sus palabras) de las pérdidas y vejaciones a que los ha expuesto el desórden de una administracion qUe hemos desconocido, porque no la creemos conforme a los derechos propios que vindicamos, y a la constitucion que ha de regirnos, miéntras se sostenga en España la lucha del heroismo contra la opresion. De manera que se han constituido un gobierno miéntras España no puede gobernarlos por la lucha en que esta empeñada; lo que convence no desear una independencia perpetua.
Tampoco puede decirse la desean respecto de la península. pues han formado sus juntas con sujecion y dependencia a la que legítimamente gobierne a nombre de Fernando VII. (Bando citado de Buenos Aires) y han expresado abiertamente quieren cumplir el juramento de reconocer el gobierno soberano de España legítimamente establecido. (Oficio de Buenos Aires a Montevidéo, de 7 de Junio de 1810).
De aquí mismo se deduce claramente no desean independencia de la nacion; pero lo confirma aun mas. probando al mismo tiempo lo anterior; ya la Gaceta de Caracas de 27 de Julio de 1810 donde se lee: sin perjuicio de la concurrencia a las cortes generales de la nacion entera; y ya la clausula literal de Buenos Aires en su oficio citado, hablando de su revolucion y juntas; estrechemos nuestras union, redoblemos nuestros esfuerzos para socorrer la metrópoli, defendamos su causa, observemos sus leyes, celebremos sus triunfos, lloremos sus desgracias, y hagamos lo que hicieron las juntas provinciales del reino antes de la instalacion legítima de la central.
Finalmente, no desean independencia de la monarquía, cuando reconocen y han jurado rey a Fernando VII, que es el punto de reunion de toda ella. Los intereses, (dicen los de Caracas en su respuesta al marques de las Hormazas de 20 de Mayo de 1810) de la monarquía española, cuya íntegra conservacion a su digno y legítimo soberano es el primero de nuestros votos, etc. Generalmente los americanos conmovidos dicen, que estan prontos a obedecer al gobierno que él constituya. Dicen mas, que dependeran de la junta que gobierne legítimamente a nombre de Fernando VII, aunque no esta puesta por él. Con que lo que rehusan reconocer es el gobierno que reside en la península; no porque reside en ella, sino porque no lo ha puesto Fernando VII, ni gobierna legítimamente en su concepto. De suerte, que si ellas se convenciesen de que gobierna legítimamente, lo reconocerian.
Lo mas que podia decirse por los que acriminan su conducta es, que los rige un error político, pero no un espíritu de division. No es una rebelion contra la cabeza de la monarquía, pues la reconocen. No es por lo mismo sedicion, pues no puede llamarse tal la division entre sí de dos partes de la monarquía, cuando ambas quedan unidas con su príncipe; así como la division de dos hermanos que siguen bajo la patria potestad, no se dice que es emancipacion de alguno de ellos; ni se llama cisma la separacion de dos iglesias que reconocen a un pontífice, como estuvieron en los primeros siglos la griega y latina.
Las provincias de América reconocieron a la junta de Sevilla, reconocieron a la central; pero poco satisfechas de una y otra las que ahora se llaman disidentes, rehusaron el mismo reconocimiento a la regencia, que creó la última al disolverse; porque dicen que no tuvo facultad para trasmitir el poder soberano que se le habia confiado, y que recayendo la soberanía por el cautiverio de! rey en el pueblo, o reasumiéndola la nación de la cual son ellas partes integrantes, no podian los pueblos de España sin ellas constituir un gobierno que se extendiese a ellas; o que así como no se las incluyó para constituirle, tampoco se las debe incluir para obedecerle, sino quieren voluntariamente hacerlo como lo hicieron con la central. Es decir que un pueblo no domina a otro, o una parte de la soberanía a la otra parte, requiriéndose la concurrencia de todas para formar un gobierno que goce el lleno de la soberanía; razon porque D. Gaspar Jovellanos, en la proposicion séptima de su dictamen citado, hablando de la central, dice:
No se puede dar a su representacion el título de nacional, pues aunque la tiene y proceda de origen legítimo, ni la tiene completa, ni la tiene constitucionalmente.
Nosotros no referimos estas razones para avaluarlas, lo que es ajeno de nuestro propósito; sino para mostrar que el espíritu de los americanos no es de division, que no se separan del gobierno por antojo de separarse, sino porque en su concepto hay fundamento para ello. Y sí afirmamos, que aun la separacion en estos términos, no es general en la América; ni hay en ella el deseo general que se supone de independencia, no solo en el sentido riguroso de esta voz, pero ni en el lato e impropio en que se usurpa.
Una gran porcion de América ni siquiera ha instalado juntas. De los distritos que lo han hecho, han reconocido muchos al gobierno. como el reino de Chile, y provincia de Santa Marta. Y aun de las que no lo reconocen hay territorios que disienten de ellas, como en Caracas. Maracaibo y Coro; en Buenos Aires, Montevidéo; y en Santa Fé, Cartagena y Panama; de suerte que no hay una provincia íntegra que no reconozca al gobierno.
En resúmen, el deseo de independencia no es general en América, sino que es de la menor parte de ella. Aun esta no la desea perpetua; y la que desea no es de los europeos, ni de la península, ni de la nacion, ni del rey, ni de la monarquia, sino únicamente del gobierno que vé como ilegítimo. Por tanto, su revolucion no es rebelion, ni sedicion, ni cisma, ni tampoco independencia en la acepcion política de la voz; sino un concepto u opinion de que no les obliga obedecer a este gobierno, y les conviene en las actuales circunstancias formarse uno peculiar que los rija. ¡Cuanto disminuye todo esto la abultada idea que se ha concebido de su revolucion!
Pero sea su intencion la que fuere, supóngase la mas criminal, y permítase que desean una rigorosa independencia, cual se pinta en muchos de los impresos que salen cada día, y cual se cree por muchos, la causa primordial es la opresion en que han vivido tanto tiempo.
Ella los ha impelido y violentado a aprovecharse de la primera coyuntura de sacudir su yugo. y sin ella hubieran reconocido al gobierno, aun reputandolo ilegítimo, para uniformarse con el resto de la nacion. Del mal gobierno ha resultado la opresion, y ella ha causado el descontento de los americanos.
Contemplemos a estos para graduar aquella, como hombres, como vivientes, como sociales. Como hombres, se creen degradados por el gobierno que los ha visto con desprecio, como a colonos; esto es, como a una clase ínfima de la humanidad, o una segunda especie de hombres, que jamas han entrado en el goce de los derechos trascendentales a todos. A esto han sido consiguientes los dicterios, apodos y sarcasmos, con que han sido siempre zaheridos por los que habiendo nacido en otro suelo, se creen superiores por solo este accidente. Como vivientes; necesitados para su alimento y comodidad de los frutos de la tierra y producciones de la industria, se quejan de las restricciones que les prohiben disfrutar enteramente su suelo, y manufacturar lo que quieran. Como sociales, se lamentan encorvados bajo el duro yugo de los gobernantes déspotas que les envían muchas veces; pues a consecuencia de que no miran estos (son palabras a la letra del célebre Say, tomo 1° de su Economía política, lib. 1°, cap. 23, par. último), el pais que gobiernan como aquel en que han de vivir toda su vida, y gozar del descanso y consideracion pública, ningun interes tienen en hacerle feliz y rico, sino en enriquecerse a sí propios, porque saben que seran atendidos a su vuelta a proporcion del caudal que traigan, y no de la conducta que hayan observado en su gobierno. Si a esto se añade el poder casi arbitrario que es preciso conceder al que va a gobernar a paises remotos, tendremos todos los elementos de que se componen en general los gobiernos mas malos. Se quejan igualmente de que los desatienden en la provision de los empleos, y de que no se les permite comerciar con los extranjeros como se permite en la península.
La certidumbre o falsedad de estos particulares, y si son o no abultadas semejantes quejas, no es punto de que debe tratarse; como tampoco sobre si es justicia quejarse ahora, cuando no ha sido la nacion, sino los gobiernos anteriores los que han dado motivo a la querella. No debe tratarse, porque ademas de no ser facil indemnizar a los gobiernos pasados, de nada importaria un discurso que demostrase ponderar los americanos su opresion, miéntras existia alguna. Por lo mismo, aunque no la haya causado la nacion, si ella no la quita y destruye enteramente, ahora que ha recobrado sus derechos y tiene en sus manos el poder, no podra hablar con sinceridad, ni seran eficaces sus palabras miéntras no se acompañen con las obras. Hablese con estas, pasese ya de las simples promesas a la realidad efectiva, y esta todo remediado.
Si el primer eslabon de que pende esta cadena o serie de principios que han producido la revolucion ultramarina es la opresion, quitada esta vendra al suelo aquella. Derríbese el pedestal sobre que se ha levantado ese cúmulo de males, y caera por tierra el coloso. Nosotros, segun los respetos de hombres, vivientes y sociales, con que hemos considerado a los americanos para coordinar las ideas sobre sus quejas, hablaremos de su remedio.
Como hombres, se quejan de ser vistos con desprecio cual colonos. La junta central declaró a las Américas partes integrantes y esenciales de la monarquía, y a consecuencia de esta igualdad con las de la península, les declaró tambien la representacion nacional; pero como la coartó la regencia, separandose de la igualdad establecida, en el reglamento que formó para las elecciones de representantes americanos, léjos de calmarse las quejas de estos, se suscitaron de nuevo. V. M. a mas de sancionar la igualdad de los habitantes de uno y otro hemisferio, les ha declarado tambien su representacion igual para las cortes futuras, pero no para las presentes. Esta restriccion deja a la querella un portillo que debe cerrarse. Es preciso desvanecer la sospecha de que se ha dictado semejante restriccion por falta de aprecio a los americanos, o por debilitar su voz, minorando su número en un congreso que ha de formar la constitucion, y cual nunca ha habido, ni volvera probablemente a tener jamas la nacion.
La decision de este mismo punto es un testimonio irrefragable de lo que daña a la América su representacion coartada. Cuando se resolvió la restriccion no hubo un americano que no votase en contra de ella, y votaron tambien muchos vocales europeos; de manera que por muy corto número se dirimió la cuestion. Si hubiera pues la representacion americana tenido la extension que le corresponde, habria salido a su favor la providencia. Esta doctrina se aplica a las demas concernientes a las Américas, y esta es la razon porque tanto claman sobre el complemento de su representación.
Como vivientes, se han lamentado los americanos de las restricciones en orden a la excavacion y cultivo de la tierra, y en punto de fabricas. Pero ya V. M. les ha permitido la explotación de las minas de azogue que estaba casi prohibida, la siembra de cuantos frutos es capaz de producir su sueldo, la manufactura de cuanto alcance su industria, y la pesca de cuanto crien sus mares; franqueza que hara siempre honor a la justificacion y generosidad de V. M. y a la que no resta para su complemento, sino el punto pendiente de estancos, en los términos en que se ha propuesto sin gravamen del erario.
Como sociales, se resienten del despotismo de sus gobernantes, y suspiran porque se atienda su mérito en la distribucion de los empleos, y se les conceda un comercio franco con las naciones con quienes estemos en paz. V. M. los libertara de lo primero permitiéndoles juntas provinciales, a imitacion de las de la península, y que tengan el gobierno de su distrito. Ellas mismas, si se les concede informar y representar sobre los sujetos beneméritos para los destinos, seran el remedio de la arbitrariedad. Este punto necesita de un remedio radical, porque es antiquísimo el descontento en esta materia, sobre lo cual nos parece a propósito transcribir las palabras de D. Melchor Macanaz en su Memorial a Felipe V, que corre en el tomo 7° del Semanario erudito. En el parrafo último titulado remedios al número 12 y siguientes dice:
Siendo los naturales de aquellos vastísimos dominios de V. M. vasallos tan acreedores a servir los principales empleos de su patria, parece poco conforme a la razon que carezcan aun de tener en su propia casa manejo. Me consta que en aquellos paises hay muchos descontentos, no por reconocer a España por cabeza suya (que eso lo hacen gustosos, mayormente teniendo un rey tan justificado y clemente como V. M.) sino porque se ven abatidos y esclavizados de los mismos que de España se remiten a ejercer los oficios de la judicatura. Ponga V. M. estos empleos en aquellos vasallos ... y de este modo se evitaran los disturbios que sabe V.M. se han suscitado al principio de su glorioso reinado.
Sobre el comercio libre, supuesto que V. M. se ocupa actualmente en él, nada debemos decir; pues no dudamos que lo establecera de modo que haciéndose justicia a la América, se promueva juntamente el bien general del Estado.
Señor, miéntras V. M. no quite los motivos del descontento, no cesaran las inquietudes y conmociones. Es forzar a la naturaleza querer impedir los efectos, existiendo las causas que necesariamente los producen. ¿Cómo no ha de quemarse la estopa, si no se extingue el fuego que la inflama? Podra en algunas provincias apagarse el incendio; pero levantara la llama en otra, y miéntras se acude a ella, volvera a brotar en la primera. Se destruira un ejército en un punto, y entre tanto se estara formando otro en otra parte. No bastara ni aun el destruir a todos los habitantes de la América, y llevar nuevos pobladores, porque los hijos de estos (que necesariamente han de nacer allí, siendo imposible enviar a las mujeres a parir en Europa) han de amar aquel suelo, y se han de resentir tambien de la opresion.
¿Por qué no se ha de remediar esta, pudiendo hacerlo V. M. tan a poca costa, segun, hemos explicado? ¿Es posible que la preocupacion de ver todavia como colonias a las Américas, aun despues de borrado este nombre, ha de prevalecer contra las luces, filantropía y liberalidad del congreso nacional? ¿Ha de obrar este de manera que haga recaer sobre la nacíon las faltas, que hasta ahora se han imputado solamente al gobierno ? ¿Y ha de cegarse por último a sus propios, y mas urgentes, y decisivos intereses?
No escuche V. M. a aquellos genios feroces, que respirando fuego y vomitando sangre, solo le aconsejaran armas y carnicería, tan ajenas de la humanidad como ineficaces para la pacificacion. Tampoco preste sus oidos a aquellos lisonjeros, que derramando miel por los labios, de los que dista mucho su corazon, le retraeran para halagarle, de dictar el remedio, sin darseles nada de la ruina a que lo precipitan, con tal que logren complacerle, cuando lo exigen sus particulares intereses. Nosotros no creemos le sea ingrata nuestra voz; pero aun cuando así lo juzgasemos, no podriamos preferir la simple complacencia de adularle, al verdadero bien de la nacíon, cuyo amor nos impele a clamar incesantemente, y pedirle desvanezca el descontento que ha causado en los americanos la opresion del gobierno.
Unicamente esto extinguira el deseo de independencia, que es violento en ellos, y lucha alla en sus pechos con su amor y adhesion a la península. Se sustraera el pabulo que le ministra aquel funesto atizador de la disension. Se les caeran las armas de las manos. No habra influjo capaz de seducirlos para empuñarlas contra sus hermanos, alucinandose en creer las toman para su defensa. Despreciaran cuantos auxilios les franqueen a este fin la Europa entera y el mundo todo. No habra ya pretextos ni ocasiones que los conmuevan; y léjos de ver como coyuntura favorable para substraerse la actual lucha de España, volveran a coadyuvar a ella con mayor fervor que el primitivo, porque imperara V. M. en sus corazones.
Cadiz, 1° de Agosto de 1811.
Francisco Fernandez Munilla.
Ramon Felíu.
Miguel Riesco.
Dionisio Inca Yupangui.
Francisco Morejon.
José María Couto.
El marques de S. Felipe y Santiago.
Ramon Power.
Maximo Maldonado.
José Antonio Lopez de la Plata.
Miguel Gomez Lastiri.
José Ignacio Avila.
Antonio Joaquin Perez.
José María Gutierrez de Teran.
Antonio Suazo.
Manuel de Llano.
José Ignacio Beye de Cisneros.
José Miguel Gordoa.
Andres de Llano.
Manuel Rodrigo.
Octaviano Obregon.
Francisco Lopez Lisperguer.
Andres Savariego.
José Eduardo de Cardenas.
Miguel Ramos de Arizpe.
Joaquin Fernandez de Leiba (3).
(1) Conteniendo esta representacion todos los motivos de queja alegados por los diputados americanos en las cortes, me ha parecido conveniente ponerla aquí íntegra, para que los lectores puedan juzgar con imparcialidad. comparando las razones expuestas en las cortes por los diputados, con lo que al mismo tiempo se decia y pasaba en México y las demas partes de América.
(2) El lector, despues de haber visto lo que sobre estos sucesos se ha dicho en el tomo 1° de esta obra, esta ya en estado de juzgar de la verdad con que aquí se refieren.
(3) Copiada del Español, núm. 24, de Marzo de 1812, tomo 4°, fol. 370.
Bases de conciliación que los comisionados ingleses propusieron a las cortes, para la pacificación de las colonias españolas, segun el N° 51 del Correo brasiliense.
Artículo 1° Cesacion de todo acto de hostilidad mútua, incluso el bloqueo entre España y la América española.
Artículo 2° Amnistía y olvido generaí de parte del gobierno de España, de todo acto hostil de los americanos contra España, y contra los europeos españoles y sus autoridades y empleados.
Artículo 3° Que se confirmen por las cortes y se pongan en ejecucion, todos los derechos declarados antes en favor de los americanos, y que estos tengan una completa, justa y liberal representacion en las cortes, y se elijan inmediatamente sus diputados por los pueblos de América.
Artículo 4° Que la América tenga un comercio enteramente libre, con cierto grado de preferencia a los españoles.
Artículo 5° Que los empleos de América, de Virreyes. gobernadores, etc., se confieran indistintamente a americanos y europeos.
Artículo 6° Que el gobierno interior de América y su administracion en todos sus ramos, quede al cuidado de los cabildos, juntamente con el jefe de la provincia, y que los individuos de los cabildos sean elegidos por los pueblos, pudiendo ser tambien elegidos europeos, que estén avecindados y arraigados.
Artículo 7° Que la América, puesta ya en el ejercicio de su dicha representacion en las cortes y de todos sus demas derechos, reconocera por su soberano a Fernando VII, y se le jurara obediencia y fidelidad.
Artículo 8° Que la América reconocera tambien entonces, la soberanía que en representacion de Fernando VII reside en las cortes, que han de ser constituidas con la reprentacion completa de América.
Artículo 9° Que la América se obligara a mantener una mútua comunicacion seguida, y la mas sincera con la península.
Artículo 10° Que la América se obligara tambien a unirse con los aliados de España, para obrar con el mayor esfuerzo, a fin de libertarla del poder de la Francia.
Artículo 11° Que la América se obligara tambien a mandar socorros liberales a la península, para la guerra contra el enemigo comun, la Francia.
Copiadas del Español, núm. 29, de Septiembre de 1812, tomo 5°, fol. 392.
Soneto sobre la prisión de Albino García.
La prision de Albino García, fue suceso que llamó mucho la atencion en aquel tiempo, y que excitó el entusiasmo de algunos poetas. El Dr. D. Francisco Uraga. cura de 5. Miguel el Grande, compuso con este motivo el soneto y redondilla siguientes. que se publicaron en el Diario de México de 25 de Junio de 1812 núm. 2457. tomo 16. fol. 707.
No llegan a doscientos los soldados.
(Buenos americanos) que acaudilla
Un jóven brioso. en cuya frente brilla
Virtud heróica, alientos elevados.
Con tal fuerza, ¿podra dejar postrados
Los furores de aquella cruel gavilla.
Que mas se aumenta cuanto mas la humilla
El valor de escuadrones esforzados?
Sí, pais hermoso: deja pues el llanto,
Que a tu favor la suerte se decide;
Ya no hay Albino, ya cesó su encanto,
Y trescientos con él ... ¡Ah! no se olvide
Que la gloria inmortal de triunfo tanto,
Se debe toda al jóven Iturbide.
Jóven en quien reside
La modestia enlazada a la bravura,
La fuerza a la dulzura;
¡Feliz Valladolid! tu gozo exalta
Y añade un rasgo al timbre que te esmalta,
De un hijo tuvo la valiente mano,
La paz anuncia al suelo americano,
Pues claro es que en el campo de la gloria
Se camina a la paz por la victoria.
Las disposiciones cristianas de Albino para la muerte, dieron motivo al mismo poeta para el siguiente epigrama.
García, ladron singular,
Tan buena muerte logró
Que he llegado a sospechar
Que hasta el cielo se robó
Por no dejar de robar.
La idea de este epigrama, bastante trivial, la tomó el poeta de una novena de San Dimas.
Albino García ha quedado en la memoria de los habitantes del bajío, como un personaje romanesco, y se cuentan de él o se le atribuyen mil anécdotas extrañas. Dícese que era muy devoto de la Santísima Trinidad, y que en todos los pueblos en que entraba le hacia celebrar funciones; que cuando caminaba en coche, llevaba en la zaga músicos con guitarras que le iban tocando jarabe, especie de baile del pais a que era muy aficionado; y que para saquear un pueblo o hacienda, decia a sus gentes: muchachos, como quien se va a bañar, con lo que queria significar que quitasen a la gente que allí habia hasta la ropa con que estaba vestida.
Viendo Albino que en el saqueo de su casa un soldado se llevaba un caballo que era de su estimacion, dijo a Iturbide que estaba a su lado, que no debia quedarse sin aquel caballo, que en un lance podia salvarle la vida, al que habia puesto el nombre de Cabro por lo mucho que saltaba; Iturbide lo conservó en efecto.
Carta del general de división D. Nicolas Bravo, sobre algunos sucesos de la revolución, que personalmente le tocan.
Habiendo suplicado al general D. Nicolas Bravo me diese algunas noticias sobre varios sucesos de la revolucion de que tiene conocimiento, por haber intervenido en ellos él mismo, me ha favorecido con la carta siguiente, que me ha parecido necesario insertar aquí en todo lo relativo al periodo que comprende este tomo, reservando lo restante para el lugar oportuno. Es la que sigue.
Sr. D. Lúcas Alaman.
Chichihualco, Febrero 21 de 1850.
Muy Sr. mio y de mi estimacion.
Tengo a la vista la favorecida de V. de 26 del próximo pasado, en la que se sirve comunicarme haber comenzado a publicar la Historia de México desde el año de 1808, de la que ha salido ya el primer tomo, y que dentro de pocos dias saldra el segundo; para cuyo efecto, y para poder V. hablar con mas exactitud, se sirve pedírme aclaracion sobre algunos puntos, y con el mayor gusto paso a complacerlo.
Efectivamente, dije en la causa que se me formó en Cuernavaca, que el Virrey Venegas me ofrecia amnistía y la vida de mi padre si me presentaba, y que no lo verifiqué por el ejemplar muy reciente que tenia presente de la muerte de los Orduñas en Tepecuacuilco.
Estos Orduñas eran dos hermanos, D. Juan y D. Rafael, sujetos propietarios y del mayor influjo en aquel pueblo y cuando el Sr. Andrade entró a él con quinientos hombres, despues de tres dias que lo habian desocupado los insurgentes, los Orduñas, sin embargo de no haber tomado partido, se retiraron a sus inmediaciones, por temor seguramente de algun ultraje de las tropas, y en seguida una partida de estas se dirigió al rancho de D. Rafael Orduña y lo apresó en su misma casa, conduciéndolo de este modo a Tepecuacuilco, donde dispuso Andrade encapillarlo inmediatamente, y al mismo tiempo mandó decir a D. Juan Orduña, que si no venia a presentarse fusilaba a su hermano el dia siguiente; este, tanto porque no habia tomado partido con los insurgentes, cuanto por libertar a su hermano, marchó de su rancho a presentarse al Sr. Andrade, quien luego que lo vefificó mandó ponerlo en capilla con su hermano, y el dia siguiente fueron fusilados los dos.
Este hecho escandaloso casi lo presencié con mi padre, porque nos hallabamos entonces en Iguala, distante un poco mas de una legua de Tepecuacuilco. Nadie podra dudar que yo estaba dispuesto a hacer cualquiera sacrificio por la vida de mi padre en su prision, y mas teniendo como tenia permiso de Morelos para hacerlo; pero este hecho barbaro me horrorizó de tal manera, que me hizo desistir de libertarlo por el medio que me propuso el Virrey Venegas.
Cuando el Sr. Morelos estuvo en Tehuacan, me nombró general en jefe de las fuerzas que obraban por el Estado de Veracruz, en ocasion que se le dió noticia de que Labaqui salia de Orizaba para Puebla con una division, por lo que me ordenó que saliese inmediatamente a batirlo por S. Agustin del Palmar, lo que verifiqué, y aunque anduve toda la noche, me encontré al amanecer en las inmediaciones de este pueblo, que estaba ya ocupado por las tropas de Labaqui; comencé a batirlo, y logré despues de cuarenta y ocho horas de accion una completa victoria, haciendo doscientos prisioneros que mandé con una escolta para el Estado de Veracruz, y regresé yo con todos mis heridos para Tehuacan a dar cuenta de la accion de armas que se me confió.
En esta entrevista que tuve con el Sr. Morelos, me manifestó que iba a dirigir una comunicacion al Virrey Venegas, ofreciéndole por la vida de mi padre ochocientos prisioneros españoles y que me avisaria su resultado.
Inmediatamente regresé para el Estado de Veracruz, donde a los cinco dias de mi salida de Tehuacan, tuve otra accion favorable en las inmediaciones del Puente nacional, atacando a un convoy que se dirigia a Jalapa con algunos efectos, les tomé noventa prisioneros y me dirigí a la villa de Medellin donde establecí mi cuartel general, y desde donde hostilizaba a Veracruz con tres mil hombres que estaban a mis órdenes.
Despues de pocos dias me comunicó el Sr. Morelos que no habia sido admitida la propuesta que hizo al Virrey, y que este al contrario habia mandado que diesen garrote a mi padre y que ya era muerto, ordenandome al mismo tiempo el que mandara pasar a cuchillo a todos los prisioneros españoles que estaban en mi poder, manifestandome que ya habia ordenado que hicieran lo mismo con cuatrocientos que habia en Zacatula y otros puntos; esta noticia la recibí a las cuatro de la tarde y me sorprendió tanto, que en el acto mandé poner en capilla a cerca de trescientos que tenia en Medellin, dando órden al capellan (que lo era un religioso apellidado Sotomayor) para que los auxiliase; pero en la noche no pudiendo tomar el sueño en toda ella, me ocupé en reflexionar que las represalias que iba yo a ejecutar, disminuirían mucho el crédito de la causa que defendia, y que observando una conducta contraria a la del Virrey, podria yo conseguir mejores resultados, cosa que me halagaba mas que mi primera resolucion; pero se me presentaba para llevarla a efecto, la dificultad de no poder cubrir mi responsabilidad de la orden que había recibido, en cuyo asunto me ocupé toda la noche, hasta las cuatro de la mañana que me resolví a perdonarlos, de una manera que se hiciera pública y surtiera todos los efectos en favor de la causa de la independencia; con este fin, me reservé esta disposicion hasta las ocho de la mañana, que mandé formar la tropa con todo el aparato que se requiere en estos casos para una ejecucion; salieron los presos que hice colocar en el centro, en donde les manifesté que el Virrey Venegas los había expuesto a perder la vida aquel mismo dia, por no haber admitido la propuesta que se le hizo en favor de todos por la existencia de mi padre, a quien habia mandado dar garrote en la capital; que yo no queriendo corresponder a semejémte conducta, habia dispuesto. no solo el perdonarles la vida en aquel momento, sino darles una entera libertad para que marchasen a donde les conviniera; a esto respondieron llenos de gozo que nadie se queria ir, que todos quedaban al servicio de mi division, lo que verificaron a excepcion de cinco comerciantes de Veracruz, que por las atenciones de sus intereses se les extendieron pasaportes para aquella ciudad; entre estos se hallaba un Sr. Madariaga, que despues en union de sus compañeros, me manifestó su reconocimiento con la remesa de paños suficientes para el vestuario de un batallón.
El coronel Rincon de que vd. me habla, estaba encargado del mando de las fuerzas del Estado de Veracruz, y a mi llegada puse en libertad a un español que ya iban a fusilar; mi madre estuvo en Tehuacán después de la muerte de mi padre, y no la vi por estar yo en Veracruz.
Al Sr. Morelos contesté manifestándole todo lo que había yo hecho, y procurando convencerlo de que esta política influiría en pro de la causa que defendíamos; pero conociéndolo, siempre temí que no aprobaría mi conducta, como lo acreditó posteriormente.
Cuando el Sr. Morelos volvió a sujetar y castigar a Chilapa después de la salida de Cuautla, se tomó prisionero al gigante Martín Salmerón, y lo mandó por tres meses a Zacatula, cumplidos éstos regreso a Chilapa y lo tuvo en su escolta algún tiempo, hasta que se separó por enfermedad y murió de ella en el mismo Chilapa. (Hasta aquí dicha carta).
En cuanto al indulto ofrecido a D. Leonardo Bravo, antes le había hecho igual ofrecimiento su hermano D. casimiro, que era adicto al partido realista; pues en esta, como en todas las familias, hubo división de opiniones, y por encargo del comandante Fuentes escribió el mencionado D. Casimiro en 27 de junio de 1811 una larga carta a su hermano D. Miguel, instándole para que él y sus hermanos se apartaran del partido que habían abrazado, la que se encontró en Cuautla entre los papeles que se hallaron en la casa que habitaba D. Leonardo, y existe en el archivo general.
Para todo lo concerniente a la muerte de D. Leonardo y la libertad concedida con esta ocasión por D. Nicolás a los españoles prisioneros, he debido seguir lo que él mismo dice en la carta que precede, pues en su causa hay variedad acerca del numero de éstos, resultando sin embargo de su declaración y de la de varios testigos, comprobado el hecho, así como también estuvieron todos conformes en cuanto a su comportamiento generoso con sus enemigos en todos los casos que se presentaron. Morelos en su causa nada habla de este incidente y los prisioneros que estaban en Zacatula no fueron muertos entonces, sino mucho después con otro motivo, y en menor número.