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Timestamp: 2017-06-28 22:35:01
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Por Jorge Oviedo Albán II. EL RECONOCIMIENTO DE LOS USOS Y COSTUMBRES EN EL DERECHO PRIVADO NACIONAL. COMPARACIÓN CON OTROS REGÍMENES
Los usos y costumbres, como se verá, tienen una función interpretativa y normativa. Lo primero, cuando se trata, como su nombre lo indica de interpretar la voluntad de las partes en los contratos, lo segundo cuando son reglar objetivas que se imponen a las personas en sus actuaciones.27 Los usos y costumbres han sido reconocidos por la legislación nacional, tanto civil como comercial. En el derecho civil, las costumbres también se han hecho presentes a lo largo de los tiempos, cediendo eso sí espacio frente a los cuerpos legislativos que han recogido las disposiciones en este campo.28 El Código Civil, adoptado para la República por medio de la Ley 57 de 1887 que adoptó a su vez, por medio del artículo 1 el Código Civil de la nación, sancionado el 26 de mayo de 1873, se refirió a la costumbre en el artículo 8 disponiendo que:
La costumbre en la legislación civil, de acuerdo con las anteriores disposiciones, fue llamada en un plano secundario, ante el silencio de la legislación civil. La función asignada fue, de acuerdo con VALENCIA ZEA, de norma supletiva que "…sirve para llenar los vacíos legales". 29
Este artículo se refiere a cláusulas que los contratantes frecuentemente incluyen en sus contratos. Ahora, si nos atenemos a los requisitos que deben cumplir los hechos constitutivos de la costumbre, es decir: ser generales, públicos y reiterados, además de contar con el convencimiento u opinio iuris, de que se trata de reglas de derecho, vemos que esas cláusulas de uso común, son verdaderas costumbres, a las que el legislador incluso le dio un valor superior al presumirlas incorporadas a los contratos, "así no se expresen" en el mismo, para usar la expresión del artículo citado. Los hermanos MAZEAUD, plantean un criterio según el cual, al afirmar que el llamado que la ley hace a la costumbre en punto de los contratos, es en un carácter simplemente subsidiario y como una regla a la cual se debe acudir cuando la voluntad no sea clara. Afirman los autores, comentando el Código Civil francés:
"La costumbre está considerada también como una regla supletoria a la que se presume que se han referido tácitamente las partes: los artículos 1.159 y 1.160 del Código Civil no apelan a ella sino a título subsidiario, cuando la voluntad de las partes no sea determinable" .30
No hay que limitarse sin embargo a pensar que la ley civil solamente se refirió a la costumbre o cláusulas de uso común, como un criterio para interpretar la voluntad de los contratantes. Lo hizo muy claramente para integrar el contrato, es decir: para establecer en concreto cuál es la norma que deberá aplicarse ante el silencio de las partes. Pudiera pensarse lo primero, es decir, que es un simple criterio de interpretación, por la ubicación de la norma dentro del título XIII que se denomina De la interpretación de los contratos, sin embargo, creemos que la interpretación adecuada de la norma es la que hemos establecido. Si se mira con cuidado el artículo 1621, puede verse que se estructura en dos partes: en la primera, sí se acoge un criterio de interpretación de la voluntad, al establecer que "En aquellos casos en que no apareciere voluntad contraria, deberá estarse a la interpretación que mejor cuadre con la naturaleza del contrato". Pero en la segunda parte, lo reiteramos, se consagra un criterio de integración, no sólo de interpretación .31
Así entonces, y como conclusión a este acápite podemos decir que la legislación civil hizo un llamado doble a la costumbre: como regla de derecho, a falta de legislación positiva aplicable al caso, y como regla de derecho incorporada a los contratos, que se presume incluida en los mismos, así las partes no lo expresen. Debe decirse además, que ésta no puede ir contra la ley, es decir, no la puede contrariar ni derogar.
Ahora bien, además deberá tenerse en cuenta lo siguiente: en materia general, la costumbre constituye derecho, a falta de ley aplicable. Es decir: estaría al mismo plano de la ley, pero de la de carácter supletivo. Sin embargo, y refiriéndose ya a los contratos, cabría pensar que de la redacción de la segunda parte del mencionado artículo 1621, puede deducirse que, solamente cuando se trate de contratos, la costumbre podría estar en un plano igual, cuando no superior a la ley supletiva, y que sin derogarla, primaría frente a ésta en el caso en concreto. En segundo lugar, y refiriéndonos al caso de los usos, estos también fueron tenidos en cuenta por el legislador civil, quien le dio una función interpretativa de las cláusulas contractuales, de la siguiente manera: "Las cláusulas de un contrato se interpretarán unas por otras, dándosele a cada una el sentido que mejor convenga al contrato en su totalidad.
O por la aplicación práctica que hayan hecho de ellas ambas partes, o una de las partes con aprobación de la otra parte". En el Código Civil español, se hace un llamado a la costumbre y a los usos, de la siguiente manera :32
"Artículo 1 3. La costumbre sólo regirá en defecto de ley aplicable, siempre que no sea contraria a la moral o al orden público y que resulte probada.
Los usos jurídicos que no sean meramente interpretativos de una declaración de voluntad tendrán la consideración de costumbre". Por su parte, el artículo 1287 ubicado dentro del capítulo IV del Título II del libro IV, que se titula "De la interpretación de los contratos", estableció:
"El uso o la costumbre del país se tendrán en cuenta para interpretar las ambigüedades de los contratos, supliendo en éstos la omisión de cláusulas que de ordinario suelen establecerse".
Como puede apreciarse, el artículo 1 del Código Civil español reconoce el valor de la costumbre con carácter subsidiario, es decir: se aplica, cuando no aparezca ley aplicable al caso concreto .33 En cuanto al concepto de usos incluidos en la segunda parte del referido artículo 1 del Código Civil español, la doctrina de ese país se expresa de la siguiente manera:
"Mejor que entrar en disquisiciones acerca del significado del término <>, es aludir al problema de fondo que se intenta abordar con esta regla. Desde hace tiempo, en determinados ámbitos (especialmente en el mundo de los negocios), se viene reclamando que al modo habitual de proceder en la contratación se le asigne un cierto valor normativo. Así, si en un determinado sector del mundo de los negocios, es habitual contratar la prestación de ciertos servicios por un determinado porcentaje, se persigue que todos los contratos de esos servicios que se celebren, se entiendan sometidos a la tarifa usual, aunque no se especifiquen expresamente al celebrar el contrato concreto e, incluso, alguno de los contratantes ignore la existencia de ese uso o hábito. Extiéndase lo mismo para otras condiciones o cláusulas de los contratos (modalidad de prestación de los servicios o entrega de los bienes, calidades a prestar, significado de ciertas palabras o símbolos, plazos de garantía y reclamaciones, etcétera). Esto representa tanto como conferir un cierto poder normativo, consagrado jurídicamente, a los grupos dominantes en el mundo de los negocios.
Quienes esto pretendían lo consiguieron en la reforma del título preliminar del Código Civil de 1974. A partir de entonces hay base para sostener que el modo usual de proceder en el tráfico tiene o puede tener eficacia normativa" .34
Las mismas funciones, en nuestro criterio, le son reconocidas a la costumbre y los usos en el artículo 1.287 del Código civil español; interpretativa cuando afirma que "El uso o la costumbre del país se tendrán en cuenta para interpretar las ambigüedades de los contratos …", e integradora, cuando se afirma "…supliendo en éstos la omisión de cláusulas que de ordinario suelen establecerse" .35 En el Código Civil italiano de 1942, igualmente se hace un llamado a los usos y costumbres como fuente del derecho. El artículo 1 de dicho Código establece que "Son fuentes del derecho;… los usos". Es este un llamado o reconocimiento general de la costumbre como fuente del derecho. A pesar de que se refiera a los usos, la doctrina parece no distinguir de lo que hemos venido llamando usos para diferenciarlos de la costumbre en estricto sentido. Así por ejemplo se expresa BARBERO . Ahora, además del llamado general como fuente en el artículo 1, el 8 expresa que "en las materias reguladas por las leyes y por los reglamentos, los usos tienen eficacia, sólo en cuanto a ellos se hace referencia". Esto quiere decir siguiendo a BARBERO36, que en las materias generales que tienen regulación en la ley o reglamentos, se acudirá a las costumbres en cuanto en ellas se haga el respectivo llamado, es decir la costumbre secundum legem. En los otros casos, cuando no haya un llamado expreso a la costumbre por la ley aplicable a una situación expresa, se aplicará el artículo 1, "…en virtud del reconocimiento general…" .37
"Las cláusulas de uso se entienden insertadas en el contrato, si no resultara que no han sido queridas por las partes".
En los contratos en que una de las partes sea un empresario, las cláusulas ambiguas se interpretarán de acuerdo con lo que se practique generalmente en el lugar donde esté la sede de la empresa". Varias son las anotaciones que se pueden hacer a esta norma. En primer lugar, establece una diferenciación en cuanto al tipo de costumbre, se trata de costumbres generales y en segundo de prácticas de los negocios. A pesar de la unificación, nótese como dicho Código sigue pensando en que puede haber dos clases de costumbres, las generales y las empresariales. 38 En segundo lugar, el ámbito de aplicación de las mismas se restringe a interpretar las cláusulas ambiguas y no que no lo sean, como se desprende de la lectura de la referida disposición. En el Código de Comercio colombiano, se puede apreciar de una manera un poco más clara que en el Civil, la consagración de la costumbre como fuente de derecho. En primer lugar, el Código de Comercio consagra el papel normativo de la costumbre, es decir, como regla de derecho impersonal, general y abstracta. En efecto, el artículo 3 del referido estatuto, establece: "La costumbre mercantil tendrá la misma autoridad que la ley comercial, siempre que no la contraríe manifiesta o tácitamente y que los hechos constitutivos de la misma sean públicos, uniformes y reiterados en el lugar donde hayan de cumplirse las prestaciones o surgido las relaciones que deban regularse por ella.
La norma además de establecer una clasificación de costumbres y de concretar un orden de prelación entre ellas, fija los límites y condiciones que deben cumplir los hechos constitutivos de la costumbre. De la norma se puede deducir la conclusión según la cual nuestro ordenamiento no reconoce valor derogatorio de la costumbre, la cual siempre debe ir de acuerdo con los preceptos legales, no la puede contrariar, 39 es decir, no existe costumbre contra legem. Sin embargo, es necesario aclarar el siguiente aspecto: si bien es cierto que nuestro derecho no admite la costumbre contra legem, debe tenerse en cuenta que en tratándose de la costumbre mercantil, ésta tiene el mismo valor de la ley, de acuerdo con el artículo 3 del estatuto mercantil. Ahora, en cuanto a la ley civil aplicable a la materia mercantil, debe decirse que ésta, de acuerdo con las previsiones del artículo 2 del Código de Comercio, resulta aplicable, siempre y cuando se haya agotado toda posibilidad en las leyes mercantiles entre las que se encuentran las costumbres con fuerza de ley según lo dispuesto en el artículo 3 del mismo estatuto.40 Ahora, esto no quiere decir que en todo caso sea así, pues existen algunas normas civiles que por disposición expresa del Código de Comercio, son normas mercantiles. 41 En ese caso, las normas civiles sobre las materias específicas, como son las del artículo 822 del Código de Comercio, priman sobre las costumbres mercantiles. En otras palabras: si existe en nuestro derecho privado un caso en que la costumbre contra legem tiene valor, cuando se trate de costumbres mercantiles que por expresa disposición del artículo 3 del Código de comercio tienen el mismo valor de la ley mercantil, la cual a su vez prima en materias comerciales sobre la ley civil. En este caso deberá preferirse la costumbre mercantil sobre la ley civil, aun cuando le sea contraria, haciendo las salvedades indicadas expresamente, es decir: los casos de remisión directa a la ley civil como sucede con el artículo 822 del Código de Comercio. 42 En cuanto a la función secundum legem y praeter legem, debe observarse los casos concretos para ver si nos encontramos frente a uno u otro caso. Mientras la segunda no depende de las referencias de la ley para casos específicos, la primera es a la que se hace un llamado concreto en varias disposiciones del código, como por ejemplo:
El artículo 827 del Código de comercio que dispone: "La firma que procede de algún medio mecánico no se considerará suficiente sino en los negocios en que la ley o la costumbre lo admitan".
Otras normas del código que se refieren a la costumbre en su función secundum legem son los artículos 912,43 933,44 935,45 1050,46 1170,47 1297 inciso 2 48 y 1661.49 En el Código de Comercio español se reconoce también la función normativa de la costumbre, en los siguientes términos:
"Artículo 2º. Los actos de comercio, sean o no comerciantes los que los ejecuten, y estén o no especificados en este código se regirán por las disposiciones contenidas en él; en su defecto, por los usos del comercio observados generalmente en cada plaza; y a falta de ambas reglas, por las del derecho común.…".
Esto que el código español denomina usos del comercio corresponde a lo que nuestro legislador ha denominado como costumbre. Tal aseveración puede confirmarse con las palabras de la doctrina más autorizada sobre el derecho mercantil en ese país. Por ejemplo URÍA afirma: "Los usos del comercio. Son normas de derecho objetivo creadas por la observación repetida, uniforme y constante de los comerciantes en sus negocios". A estos usos URÍA manifiesta que igualmente se le puede reconocer una función normativa como interpretativa .50 En el Código de Comercio de la República Argentina, también se reconoce el papel normativo de las costumbres.51 Así el acápite II del Título preliminar:
"Los contratos de comercio se ejecutarán y cumplirán de buena fe, según los términos en que fueron hechos y redactados, sin tergiversar con interpretaciones arbitrarias en sentido recto, propio y usual de las palabras dichas o escritas, ni restringir los efectos que naturalmente se deriven del modo con que los contratantes hubieren explicado su voluntad y contraído sus obligaciones". DE EIZAGUIRRE, afirma que este artículo puede servir para que en caso de litigio el juez interprete el sentido de las cláusulas, y en caso de que se tratare de ambigüedades, éstas "…se resolverán conforme al <>. … esos usos no constituyen costumbre".52 Sin embargo URIA, cree que en el artículo 2 del Código de comercio español también se encuentra la costumbre en su función interpretativa. En palabras del autor: "Cuando el Código de comercio (art. 2) confiere al uso la condición de fuente, no excluye a los llamados usos interpretativos. Resulta así claramente de la lectura del artículo 5953 que, en definitiva, para resolver las dudas que se originen en la interpretación de los contratos, se refiere a los usos de que habla el artículo 2".54 En el derecho argentino, se reconoce igualmente la función interpretativa asignada a los usos, de la siguiente manera:
El acápite V del título preliminar del Código de comercio dispone:
6. El uso y práctica generalmente observados en el comercio, en casos de igual naturaleza, y especialmente la costumbre del lugar donde debe ejecutarse el contrato prevalecerán sobre cualquier inteligencia en contrario que se pretenda dar a las palabras.…".
Igualmente el artículo 17 del Código civil argentino se refiere a los usos y costumbres diciendo que: "Los usos y costumbres no pueden crear derechos sino cuando las leyes se refieran a ellos o en situaciones no regladas legalmente".
Nótese como en el derecho argentino, también la función interpretativa está reconocida tanto para los usos como para las costumbres.
Esta función de interpretación encuentra correspondencia con la norma del artículo 1622 del Código Civil comentada anteriormente. La diferencia radica en que mientras la norma civil se refiere tan solo a los usos, la norma mercantil reconoce la misma función pero a la costumbre.55 Sin embargo, podemos afirmar que de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 822 del Código de comercio colombiano, la norma del artículo 1622 del Código Civil, se aplica a la materia mercantil, por lo que tenemos que ante la función interpretativa, nuestro derecho privado la asigna tanto a los usos como a las costumbres.56 Es decir; debe tenerse en cuenta, de acuerdo con el artículo 822, que el legislador mercantil hace un llamado expreso a:
"los principios que gobiernan la formación de los actos y contratos y las obligaciones de derecho civil, sus efectos, interpretación, modo de extinguirse, anularse o rescindirse, serán aplicables a las obligaciones y negocios jurídicos mercantiles, a menos que la ley establezca otra cosa". Esto quiere decir que los criterios de interpretación de los contratos del Código Civil son normas mercantiles para esta materia, por la expresa remisión del tan mentado artículo 822 del Código de Comercio. Así las cosas, debe acudirse nuevamente a las normas del Código Civil que reconocen a la costumbre y los usos como fuentes del derecho, y decir que las cláusulas de uso común en materia comercial se presumen aunque no se expresen ,57 y que los usos mercantiles sirven para interpretar igualmente los contratos y actos de tal naturaleza .58
Es necesario anotar que en el derecho colombiano y en otros regímenes jurídicos que hemos analizado se reconoce o acepta la existencia de costumbres locales, generales, extranjeras e internacionales, y la jerarquía en el orden en que las hemos anotado. Las costumbres locales son las que se reconocen y rigen en una plaza determinada, las generales son las del país, y por el contrario, las extranjeras son las de un país diferente al que se analice y las últimas son las que rigen el tráfico contractual internacional.59 A éstas haremos más adelante.
Finalmente, es necesario anotar que para el caso colombiano, la costumbre, tanto local como nacional, se prueba conforme a las disposiciones del artículo 6 del Código de Comercio, y que una de las funciones atribuidas a las cámaras de comercio, frente a la costumbre, es según las voces del numeral 5 del artículo 86: "Recopilar las costumbres mercantiles de los lugares correspondientes a su jurisdicción y certificar sobre la existencia de las recopiladas". Por otra parte, los artículos 7,60 861 y 9 62 del Código de Comercio se refieren a la costumbre mercantil internacional y a la extranjera, diciendo en estas dos últimas normas, de qué manera se prueban una y otra. El concepto de una y otra lo explica magistralmente el profesor MADRIÑAN de la siguiente manera: Las costumbres internacionales, al decir del autor "…como su nombre lo indica tienen por fundamento la conducta cumplida por comerciantes de diversos países en los negocios que celebren entre sí", mientras las costumbres extranjeras "Son las que tiene carácter local o general en países distintos de Colombia".63
La doctrina en general ha manifestado que esas costumbres extranjeras e internacionales son, al decir de NARVÁEZ, Arbitrios complementarios	que colman vacíos del derecho positivo, y de acuerdo con lo cual cuando el intérprete no encuentre norma aplicable al caso concreto, podrá acudir a ellos para solucionar la cuestión que se le plantee.64 Además, el profesor NARVÁEZ, manifiesta que las costumbres extranjera e internacional adquieren prevalencia "..respecto de normas supletivas, cuando en sus transacciones las partes las hayan invocado expresamente".65 Es decir, que además de ser "arbitrio complementario", pueden valer dentro de un contrato, pero solamente cuando las partes así lo invoquen de manera expresa.
La legislación extranjera también hace un llamado expreso a la costumbre mercantil como fuente del derecho. Por ejemplo el artículo 2 del Código de Comercio de España, dispone: "Los actos de comercio, sean o no comerciantes los que los ejecuten, y estén o no especificados en este Código, se regirán por las disposiciones contenidas en él; en su defecto, por los usos del comercio observados generalmente en cada plaza; y a falta de ambas reglas, por las del derecho común. (…)".
Finalmente, nos remitimos al derecho mexicano, donde los usos y costumbres no tienen una regulación general en el Código de comercio, toda vez que el artículo 1 de dicho Código dispone que "Los actos comerciales sólo se regirán por lo dispuesto en este Código y las demás leyes mercantiles aplicables". Sin embargo, la costumbre no es una fuente ajena al derecho mercantil mexicano. Algunas normas particulares del Código de comercio recurren a los usos como por ejemplo el artículo 304 que dispone: "Salvo pacto en contrario, todo comisionista tiene derecho a ser remunerado por su trabajo. En caso de no existir estipulación previa, el monto de la remuneración se regulará por el uso de la plaza donde se realice la comisión", y el 333, que reza: "Salvo pacto en contrario, el depositario tiene derecho a exigir retribución por el depósito, la cual se arreglará a los términos del contrato y, en su defecto, a los usos de la plaza en que se constituyó el depósito". No obsta sin embargo para que en las demás materias mercantiles, así no exista una norma general en la parte general del Código que lo prevea, se pueda acudir a las costumbres para regularlas en caso de que la ley fuere insuficiente. Esta conclusión la vemos derivar del mismo artículo 1 del Código citado toda vez que existen leyes mercantiles que expresamente hacen referencia a la costumbre (usos mercantiles en la terminología de la legislación mexicana), como fuente de derecho, y del hecho de que la costumbre.66 Las leyes a que hacemos referencia son: Ley general de títulos y operaciones de crédito de 1932,67 Ley del mercado de valores, Ley de instituciones de crédito, ley para regular las operaciones financieras, Ley de Sociedades de Inversión, y Ley General de Actividades y Organizaciones Auxiliares del Crédito, que las consideran como fuente del derecho mercantil.68 Introducción | Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Conclusión | Notas