Source: http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2018/08/
Timestamp: 2020-04-08 05:27:13
Document Index: 185366318

Matched Legal Cases: ['artículo 2', 'artículo 23', 'artículo 2', 'artículo 1614', 'artículo 28', 'artículo 23']

mujer del mediterraneo: agosto 2018
La violencia por razón de género contra la mujer se produce en todos los espacios y esferas de la interacción humana
Alcance de la Recomendación general num. 35 de la CEDAW
8. La presente recomendación general complementa y actualiza la orientación formulada a los Estados partes en la recomendación general núm. 19 y debe leerse conjuntamente con ella.
9. El concepto de “violencia contra la mujer”, tal como se define en la recomendación general núm. 19 y en otros instrumentos y documentos internacionales, hace hincapié en el hecho de que dicha violencia está basada en el género. En consecuencia, en la presente recomendación, la expresión “violencia por razón de género contra la mujer” se utiliza como un término más preciso que pone de manifiesto las causas y los efectos relacionados con el género de la violencia. La expresión refuerza aún más la noción de la violencia como problema social más que individual, que exige respuestas integrales, más allá de aquellas relativas a sucesos concretos, autores y víctimas y supervivientes.
11. En la recomendación general núm. 28 (2010) relativa a las obligaciones básicas de los Estados partes de conformidad con el artículo 2 de la Convención se indica que las obligaciones de los Estados son respetar, proteger y hacer efectivos los derechos de la mujer a la no discriminación y al disfrute de la igualdad de jure y de facto10. El alcance de esas obligaciones en relación con la violencia por razón de género contra la mujer ocurrida en determinados contextos se aborda en la recomendación general núm. 28 y en otras recomendaciones generales, como la recomendación general núm. 26 (2008) sobre las trabajadoras migratorias; la recomendación general núm. 27 (2010) sobre las mujeres de edad y la protección de sus derechos humanos; la recomendación general núm. 30 (2013) sobre las mujeres en la prevención de conflictos y en situaciones de conflicto y posteriores a conflictos; la recomendación general núm. 31 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y la observación general núm. 18 del Comité de los Derechos del Niño (2014) relativa a las prácticas nocivas, adoptadas de manera conjunta; la recomendación general núm. 32 (2014) sobre las dimensiones de género del estatuto de refugiada, el asilo, la nacionalidad y la apatridia de las mujeres; la recomendación general núm. 33 (2015) sobre el acceso de las mujeres a la justicia; la recomendación general núm. 34 (2016) sobre los derechos de las mujeres rurales. En esas recomendaciones figuran más detalles sobre los elementos pertinentes de las recomendaciones generales a las que hace referencia el presente informe.
12. En la recomendación general núm. 28 y la recomendación general núm. 33, el Comité confirmó que la discriminación contra la mujer estaba inseparablemente vinculada a otros factores que afectan a su vida. El Comité, en su jurisprudencia, ha destacado que esos factores incluyen el origen étnico o la raza de la mujer, la condición de minoría o indígena, el color, la situación socioeconómica y/o las castas, el idioma, la religión o las creencias, la opinión política, el origen nacional, el estado civil, la maternidad, la edad, la procedencia urbana o rural, el estado de salud, la discapacidad, los derechos de propiedad, la condición de lesbiana, bisexual, transgénero o intersexual, el analfabetismo, la solicitud de asilo, la condición de refugiada, desplazada interna o apátrida, la viudez, el estatus migratorio, la condición de cabeza de familia, la convivencia con el VIH/SIDA, la privación de libertad y la prostitución, así como la trata de mujeres, las situaciones de conflicto armado, la lejanía geográfica y la estigmatización de las mujeres que luchan por sus derechos, en particular las defensoras de los derechos humanos. En consecuencia, dado que las mujeres experimentan formas múltiples e interrelacionadas de discriminación, que tienen un agravante efecto negativo, el Comité reconoce que la violencia por razón de género puede afectar a algunas mujeres en distinta medida, o en distintas formas, lo que significa que se requieren respuestas jurídicas y normativas adecuadas
13. El Comité recuerda el artículo 23 de la Convención, en el que se indica que las disposiciones de la legislación nacional o de tratados internacionales distintos de la Convención que sean más propicios para el logro de la igualdad entre mujeres y hombres prevalecerán sobre las obligaciones establecidas en la Convención y, en consecuencia, sobre las recomendaciones que figuran en la presente recomendación general. El Comité observa que las medidas de los Estados partes para hacer frente a la violencia por razón de género contra la mujer se ven afectadas por las reservas que mantienen con respecto a la Convención. También observa que, como órgano encargado de vigilar la aplicación de los tratados, el Comité podrá evaluar la validez de las reservas formuladas por los Estados partes13, y reitera su opinión de que las reservas, especialmente al artículo 2 o al artículo 1614, cuyo cumplimiento es especialmente importante en los esfuerzos por eliminar la violencia por razón de género contra la mujer, son incompatibles con el objeto y el propósito de la Convención y, por consiguiente, inadmisibles en virtud del artículo 28 2 ).
14. La violencia por razón de género afecta a las mujeres a lo largo de todo su ciclo de vida y, en consecuencia, las referencias a las mujeres en este documento incluyen a las niñas. Dicha violencia adopta múltiples formas, a saber: actos u omisiones destinados a o que puedan causar o provocar la muerte o un daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico o económico para las mujeres, amenazas de tales actos, acoso, coacción y privación arbitraria de la libertad. La violencia por razón de género contra la mujer se ve afectada y a menudo agravada por factores culturales, económicos, ideológicos, tecnológicos, políticos, religiosos, sociales y ambientales, como se pone de manifiesto, entre otras cosas, en los contextos del desplazamiento, la migración, el aumento de la globalización de las actividades económicas, en particular de las cadenas mundiales de suministro, la industria extractiva y la deslocalización, la militarización, la ocupación extranjera, los conflictos armados, el extremismo violento y el terrorismo. La violencia por razón de género contra la mujer también se ve afectada por las crisis políticas, económicas y sociales, los disturbios, las emergencias humanitarias, los desastres naturales y la destrucción o degradación de los recursos naturales. Las prácticas tradicionales nocivas19 y los delitos cometidos contra las defensoras de los derechos humanos, las políticas20, las activistas o las periodistas constituyen también formas de violencia por razón de género contra las mujeres afectadas por tales factores culturales, ideológicos y políticos.
16. La violencia por razón de género contra la mujer puede constituir tortura o trato cruel, inhumano o degradante en determinadas circunstancias, en particular en los casos de violación, violencia doméstica o prácticas tradicionales nocivas. En ciertos casos, algunas formas de violencia por razón de género contra la mujer también pueden constituir delitos internacionales.
17. La Comisión respalda la opinión de otros órganos encargados de vigilar la aplicación de los tratados y de los titulares de mandatos de procedimientos especiales de que, para determinar si los actos de violencia por razón de género contra la mujer constituyen tortura o trato cruel, inhumano o degradante23, se requiere un enfoque que tenga en cuenta las cuestiones de género para comprender el grado de dolor y sufrimiento que experimentan las mujeres24, y de que los requisitos de propósito e intención para clasificar los actos como tortura se satisfacen cuando los actos u omisiones están asociados al género o se cometen contra una persona por motivos de sexo25.
19. El Comité considera que la violencia por razón de género contra la mujer está arraigada en factores relacionados con el género, como la ideología del derecho y el privilegio de los hombres respecto de las mujeres, las normas sociales relativas a la masculinidad y la necesidad de afirmar el control o el poder masculinos, imponer los papeles asignados a cada género o evitar, desalentar o castigar lo que se considera un comportamiento inaceptable de las mujeres. Esos factores también contribuyen a la aceptación social explícita o implícita de la violencia por razón de género contra la mujer, que a menudo aún se considera un asunto privado, y a la impunidad generalizada a ese respecto.
20. La violencia por razón de género contra la mujer se produce en todos los espacios y esferas de la interacción humana, ya sean públicos o privados, entre ellos los contextos de la familia, la comunidad, los espacios públicos, el lugar de trabajo, el esparcimiento, la política, el deporte, los servicios de salud y los entornos educativos, y en la redefinición de lo público y lo privado a través de entornos tecnológicos, como las formas contemporáneas de violencia que se producen en línea y en otros entornos digitales. En todos esos entornos, la violencia por razón de género contra la mujer puede derivarse de los actos u omisiones de agentes estatales o no estatales, que actúan territorialmente o extraterritorialmente, incluidas las acciones militares extraterritoriales de los Estados, a título individual o como miembros de organizaciones o coaliciones internacionales o intergubernamentales, o las operaciones extraterritoriales de las empresas privadas29.
Reconocer el papel obligado de sacrificio personal que nuestras madres tienen en la Historia de la Humanidad, es el principio básico de una mujer sana (sería interesante que los hombres hicieran este ejercicio de reconocimiento y justicia también).
Muchas llegamos al feminismo por haber odiado el rol que veíamos en nuestras madres: sumisas, anuladas, abnegadas, eliminadas de la vida, despojadas de su propia vida, de sus talentos, de su derecho a la educación, del amor por sí mismas, de la felicidad...
Y personificábamos ese odio insano e injusto, sutil o diréctamente, en nuestras respectivas madres.
Esto tenía otro elemento aniquilador en nuestra propia autoestima, si odias lo femenino, y eres niña, adolescente o mujer, odias lo más profundo de tu ser.
Automisoginia, misoginia, adulación ciega por lo masculino y sus prerrogativas de género.
Muchas feministas hemos querido ser niños desde bien pequeñas. Sí, no éramos tan tontas como se presuponía habíamos de ser: queríamos ser libres, no esclavas.
Así que es una catarsis absolutamente liberadora, volver los ojos a nuestras madres y reconocer el gran valor imprescindible que tienen en la Historia de la Humanidad, así como festejar el papel afectivo y de forja de unos valores que apelan a la solidaridad, el entendimiento, el amor entre iguales. Sin jerarquías ni ansias de poder destructivas e injustas.
Mi madre ha sufrido mucho por haberse visto obligada a no ser ella misma, por cumplir en exclusiva el rol que la sociedad le tenía preparado solo por nacer mujer. Por suerte, sigo teniéndola al lado y puedo transmitirle el reconocimiento y el amor que siento por ella. Lo cual me reconcilia conmigo misma y con mis compañeras del mundo como mujeres.
El 86% de los y las jóvenes indica que sus amistades creen que es mejor no meterse en «las peleas de pareja». La indiferencia social establece la base para la impunidad social. Las violencias contra las mujeres en las relaciones de pareja son observadas como una cuestión privada que debe resolverse en la intimidad, y a la vez, también es aceptada y reproducida en los espacios públicos. En Honduras (hombres de 15 a 19 años) y Guatemala (mujeres de 15 a 19 años) es donde más creen que sus amigas y amigos consideran que nadie debería meterse en las peleas de pareja, mientras que Cuba es el país donde más mujeres y hombres jóvenes consideran que intervendrían ante una situación de violencia.
El 77% de la juventud que participó en este estudio coincide en que todas las mujeres
deben ser madres: esta es una creencia muy instalada en la población joven de la región, lo cual es congruente con la cultura que idealiza la maternidad. La idea de la maternidad obligatoria tiene datos muy altos entre la juventud de 15 a 25 años de Cuba y República Dominicana.
Los cuidados son percibidos como una responsabilidad exclusiva de las mujeres y los hombres son sindicados como los únicos proveedores. El 56% de los jóvenes de 15 a 19 años indica que es mejor que el hombre sea el sustento de la familia y la mujer cuide de las y los hijos; además, el 46% de los varones más jóvenes opina que, en caso de despedir a alguien, es mejor mantener el trabajo del hombre. República Dominicana y Honduras son los países con los indicadores más alto, mientras tanto en Bolivia, el 61% de los hombres de 20 a 25 años cree que cuando una madre sale a trabajar fuera de la casa, los hijos e hijas sufren abandono.
Ecuador: Queremos vivir #SinViolenciaNiDiscriminación
Junto con las mujeres de Surkuna exigimos respuestas frente a la eliminación del Min @Justicia_Ec ente rector de la Ley de prevención y erradicación de violencia contra las mujeres. Es urgente que se implemente esta ley; la vida de las mujeres y niñas está en peligro.
Uno de los aspectos que refuerzan la posición de poder de unos cuerpos sobre otros es la construcción del amor romántico. La creencia que indica que quien te ama te cuida se nutre de ideas que distorsionan y pervierten las relaciones amorosas naturalizando el control sobre las mujeres. En esta línea, aparecen los celos como una prueba de amor.
Entre las percepciones más generalizadas en las personas jóvenes, está la normalización de la violencia machista que se establece mediante la posición inherente del hombre como violento y la mujer como víctima. El 50% de las mujeres y el 38% de los hombres de 15 a 25 años piensan que las mujeres aguantan situaciones de violencia en la pareja porque ellas creen que es normal sufrir violencia, y el 61% de las mujeres y el 55% de los hombres, de ese mismo rango de edad, porque creen que los agresores las amenazan con matarlas.
El temor de la mujer es que la vayan a matar. Por eso, ella no habla (mujer, grupo focal de Nicaragua).
Es importante mencionar que en República Dominicana, Nicaragua y Guatemala la naturalización de la amenaza de muerte es una creencia con porcentajes muy altos entre las mujeres y hombres de 20 a 25 años, mientras que Guatemala, El Salvador, Colombia y Honduras son los países donde más jóvenes piensan que las mujeres aguantan la violencia, porque creen que es normal.
Amor romántico: «Te celo, porque te quiero»
A lo largo de la historia, se han construido diferentes relatos sobre el amor perfilando unos modelos amorosos que se presentan como naturales y, por tanto, imposibles de modificar. Frecuentemente, los vínculos amorosos que establecen hombres y mujeres están basados en las dependencias y la promesa de fidelidad en el marco de relaciones de pareja. Se enseña que entre amor y sufrimiento hay una relación inevitable. A las mujeres, se les enseña a aguantar toda clase de abusos machistas en nombre del amor. La idealización de la pareja y el anhelo del amor romántico suponen la priorización del ser amado; por ello, se cambian actitudes y se dejan de lado amistades e incluso estudios, trabajos o metas. El amor romántico promueve un amor heterosexual, monógamo, ilimitado en el tiempo y asegurado mediante el matrimonio. Los amores que experimentamos durante nuestras vidas pueden ser una experiencia maravillosa que nos llena de energía. Pero es fundamental que mujeres y hombres jóvenes puedan problematizar el amor romántico y construir relaciones amorosas igualitarias.
Uno de los aspectos que refuerzan la posición de poder de unos cuerpos sobre otros es la construcción del amor romántico. La creencia que indica que quien te ama te cuida se nutre de
ideas que distorsionan y pervierten las relaciones amorosas naturalizando el control sobre las mujeres5. En esta línea, aparecen los celos como una prueba de amor.
Seis de cada diez hombres de entre 15 y 19 años creen que aman realmente si celan a su pareja. Esta creencia se repite en todos los países estudiados. En República Dominica, el 76% de varones de 15 a 19 legitiman los celos como prueba de amor; le sigue Honduras, con 65%. Según el promedio regional, las mujeres de 20 a 25 años tienen menos asumida esta creencia.
El 80% de la juventud afirma que sus amigos hombres revisan el celular de sus parejas y el 62% de 15 a 19 años, que ellos controlan las redes sociales de ellas. Colombia y Nicaragua son los países donde los datos son más altos al respecto: las mujeres de 15 a 19 años afirman que sus amigos hombres le revisan el celular a su pareja.
La calle como espacio de control social también limita las expresiones diversas de las opciones sexuales. Siete de cada diez jóvenes del total de la muestra piensan que sus amistades creen que las lesbianas no deberían mostrar su orientación sexual de manera pública. Los países con los mayores porcentajes de lesbofobia son Honduras, Nicaragua y República Dominicana.
A veces, yo iba con mi pareja en el bus y la gente decía: «Pero que desperdicio de mujeres» o «A ustedes, no las han cogido bien; si yo las cogiera, ya no fueran así». Eso ha sido tan horrible (mujer, grupo focal de El Salvador).
Además, seis de cada diez hombres de 15 a 25 años creen que no es normal que las personas que nacen con genitales masculinos se vistan como mujeres. Guatemala y Nicaragua son los países con los datos más altos de transfobia.
Entre las violencias que no se nombran y los controles que se naturalizan, al amor romántico Los dos imaginarios y normas sociales de este espejo están sustentados por creencias y comportamientos que aumentan las formas de control sobre las mujeres (Diagrama 3). El
estudio recoge porcentajes importantes de las y los jóvenes que no reconocen como violencia que les vigilen los celulares y las redes sociales; que controlen con quién se relacionan, cómo se deben vestir, cuándo y cómo transitar en los espacios públicos; y que se imponga la heterosexualidad como norma.
Es un espejo que refuerza las prácticas de control que fomenta el amor romántico y la heterosexualidad como mandato obligatorio. Más de la mitad de las creencias y comportamientos tienen datos muy altos entre las mujeres y hombres jóvenes de 15 a 25 años
Además, la apropiación y el control sobre el cuerpo de las mujeres se extienden hacia los derechos sexuales y reproductivos, respecto a los cuales, el 72% de la juventud tilda de incorrecto que una mujer aborte en el caso de un embarazo no deseado. El Salvador es el país donde los hombres y mujeres más jóvenes tienen el porcentaje más alto con 95% y 87% respectivamente de creencias restrictivas en cuanto al derecho a decidir sobre un embarazo no buscado.
LOS CUERPOS DE LAS MUJERES DEBEN SER APROPIADOS, NOMBRADOS, SEÑALADOS Y CRITICADOS
La creencia que justifica la violencia sexual al sostener que las mujeres cuando dicen NO, en realidad, quieren decir SÍ, es mucho más alta entre los hombres de 15 a 19 años, con un 65% de respaldo. El 87% de la juventud cree que los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres. Desde esa lógica, el 77% de la población encuestada percibe como normal que los hombres tengan relaciones sexuales con otras personas, pero se mira mal si las mujeres también lo hacen. República Dominicana, Cuba, El Salvador, Guatemala y Nicaragua son los países donde estas creencias tienen los porcentajes más altos entre las mujeres y hombres de 15 a 19 años.
El acoso callejero limita a las mujeres el uso y disfrute de los espacios públicos. La gravedad de esta violencia marca huellas en las víctimas y limita el desarrollo y autonomía de las jóvenes. Entre las y los jóvenes de 15 a 25 años, el porcentaje de aceptación como algo natural llega hasta el 75% en la región. En Cuba (75%) y República Dominicana (84%) es donde más hombres, de 15 a 19 años admiten que sus amigos piensan que pueden decir piropos a una mujer.
Un piropo es como una poesía, que a una mujer le agrade. O sea, algo que tú le dices para que ella se sienta atraída por ti. Entonces, si tú le dice otra cosa que tenga que ver con mala palabra, eso no sería un piropo (hombre, grupo focal de Rep. Dominicana).
LOS HOMBRES DEBEN APROVECHAR TODAS LAS OPORTUNIDADES QUE SE LE PRESENTAN PARA ESTAR CON UNA MUJER, GENERALMENTE LAS MUJERES DAN MOTIVOS.
Uno de los imaginarios y normas sociales nocivos que se manifiesta con más fuerza en la región es la construcción de la virilidad masculina, cuyo vínculo con la violencia se refleja cuando las y los jóvenes creen que los hombres no se pueden controlar, que las mujeres deben cumplir con las expectativas sexuales de ellos aun cuando no lo deseen, y al asumir que las mujeres son cuerpos pasivos, a quienes se les despoja el deseo y se les prohíbe experimentar su sexualidad libremente.
La mayoría de las creencias y comportamientos de los imaginarios sociales está mucho más marcada en los hombres que en las mujeres encuestadas.
Entre los resultados de la investigación, sobresale la culpabilidad hacia las mujeres por la forma de vestir, por andar hasta tarde en las calles o porque ellas han tomado alcohol. También se esgrima que ellos, si beben, no se pueden controlar. Siete de cada diez hombres jóvenes de 15 a 19 años creen que una mujer decente no debe vestirse provocativamente ni andar hasta tarde en las calles; seis de cada diez mujeres de esas mismas edades tienen la misma creencia. Los países con datos más altos en cuanto a la creencia que culpa a las víctimas por su vestimenta (hombres de 15-19 años) son El Salvador (85%) y Guatemala (75%).
UN HOMBRE DE VERDAD DEBE TENER RELACIONES SEXUALES CUANDO QUIERA Y CON QUIEN QUIERA, LAS MUJERES, NO.
Los imaginarios y normas sociales de los espejos deformantes están respaldados por creencias y comportamientos que refieren al deseo, pero en relación directa con la virilidad masculina. La mujer se establece en torno a la negación del placer sexual y la imposición de la monogamia, como un cuerpo disponible para satisfacer las necesidades sexuales del hombre, un cuerpo bajo vigilancia permanente y al cual se le niega toda capacidad de decisión.
Utilizamos el concepto de imaginarios y normas sociales para explicar que las creencias y comportamientos que los constituyen están en las raíces profundas del sistema que produce, reproduce y sostiene las violencias contra las mujeres; además, para darles un lugar importante al lenguaje, los discursos y las repeticiones o reiteraciones (de discursos y acciones) que van moldeando de forma muy desigual nuestras formas de ver, escuchar, pensar y hacer. Las creencias y comportamientos machistas, sexistas y racistas se reproducen a nivel personal, colectivo y en el conjunto de la sociedad.
El concepto de las normas sociales resalta la importancia de atender lo colectivo, es decir, a los grupos de referencias que tienen el poder de definir qué comportamientos son apropiados y cuáles no. Algunos de los grupos de referencias son las amistades, las y los profesores, artistas, madres y padres, líderes religiosos, así como influencers del mundo de la música y las redes sociales, deportistas, entre otros.
El concepto de los imaginarios sociales considera los elementos que determinan las normas sociales (grupos de referencia y comportamientos), pero también le da un lugar central al contexto y la cultura, donde ciertas instituciones han actuado para construir esquemas reguladores de lo que se debe pensar, creer y hacer. Estas instituciones (familias, iglesias, mercado, medios de comunicación, centros educativos) tienen el poder de dictar reglas y negar los intereses de determinados grupos (Diagrama 1). Consiguen que se acepte el orden establecido de la desigualdad mediante la sumisión, la culpabilidad y el miedo, y suelen tener una gran influencia en la implementación de políticas públicas
Es importante destacar que los imaginarios y normas sociales machistas, sexistas y racistas, con sus respectivas creencias y comportamientos, pueden ser transformados. Todas las personas podemos ser artífices en la promoción de imaginarios y normas sociales alternativas, tanto desde las acciones individuales como colectivas. Los cambios a nivel individual son fundamentales, sin perder de vista que es primordial que esa transgresión de creencias o comportamientos debe influir en el colectivo; es decir, necesitamos influir en quienes han tenido tanto poder en el control de conciencias y comportamientos que profundizan las desigualdades
El 13 de agosto de 1956, antes de la proclamación de la República y de la adopción de la Constitución, bajo la presidencia de Habib Bourguiba se consiguió elaborar y promulgar el Código del Estatuto Personal (CSP,en sus siglas en francés). El Código, fue considerado como un hecho revolucionario en aquellos tiempos.
El Código prohíbe la poligamia, invalida el repudio y establece el divorcio judicial como única vía legal, impone el consentimiento de ambos cónyuges para que se lleve a cabo el matrimonio, fija una edad mínima para éste, establece la igualdad de trato entre los cónyuges y suprime el deber de obediencia de la esposa hacia el esposo (artículo 23, modificado en 1993).
Sin embargo, y pese a su carácter revolucionario, el Código continúa recogiendo varias disposiciones de carácter discriminatorio. (Se mantiene la práctica de la dote. Se sigue considerando como cabeza de familia al hombre. Se mantiene la norma islámica, que establece que al hijo le corresponde el doble de lo que le corresponde a la hija.)
La Comisión de Libertades Individuales y de Igualdad (Colibe) creada por iniciativa presidencial en agosto de 2017, presentó su informe el 12 de junio tras un año de trabajo. Este documento, propone entre otros temas, la igualdad de hombres y mujeres en el derecho a la herencia y la despenalización del matrimonio homosexual.
Con motivo del 62º aniversario de la promulgación del código del estatuto personal y en el marco de la movilización general para la defensa de la igualdad y las libertades, las asociaciones, organizaciones y coaliciones de la sociedad civil se manifestaron juntos en movimiento ciudadano por la igualdad y las libertades, ayer 13 de agosto de 2018 frente al teatro municipal en Túnez
Este 13 agosto ha sido un momento en el que activistas y organizaciones en defensa de los derechos humanos han mostrado su apoyo a la Colibe.
Ya que las controversias sobre la igualdad de género, el papel de la religión y las libertades individuales que alimentaron la agitación política tras la revolución de 2011, están aumentando una vez más.
https://elpais.com/internacional/2012/08/19/actualidad/1345392313_284892.html
http://mujerdelmediterraneo.heroinas.net/2011/05/la-situacion-de-las-mujeres-tunecinas.html
Este es uno de los grandes problemas. La normalización de la violencia que empapa nuestros discursos, conversaciones, formas de relacionamientos, pero también las fuentes de conocimiento masivo y las políticas públicas. Esta normalización, alimentada por creencias y comportamientos, está fuertemente arraigada no solamente entre la juventud, sino también en las instituciones públicas y en nuestros círculos familiares y sociales, y se refuerza desde nuestras prácticas cotidianas.
La normalización de la violencia llega a tal punto que el 86% de las y los jóvenes no intervendría si un amigo le pega a su novia; es más, el 25% considera que sus amistades no intervendrían si la agresión ocurre en un espacio público, como puede ser la calle, el parque o las discotecas. La situación de Nicaragua es alarmante: cuatro de cada diez muchachos de la muestra saben que un amigo le pega a su novia. En República Dominicana, tres de cada diez jóvenes señalan que sus amigos golpean a sus parejas mujeres, según datos levantados en nuestro informe.
Si bien es cierto que el 84% de mujeres y hombres jóvenes cree que la violencia contra las mujeres es producto de las desigualdades, no piensa que solucionar el problema está dentro de su ámbito de actuación, y el 67% cree que la disminución de las consecuencias del machismo es responsabilidad de los Estados.
Las mujeres se acostumbran a que les peguen y defienden al que le pega… Entonces es mejor no meterse (hombre, grupo focal de Bolivia).
Esta indiferencia frente a la violencia es aún más preocupante al constatar que el 62% de los hombres de 15 a 19 años de la región justifica la violencia sexual por el consumo de alcohol en los varones y que el 72% culpa de las agresiones a las mujeres por la ropa que usan.
En el ámbito de la sexualidad, también existe una creencia altamente normalizada sobre el placer y deseo sexual: el 87% de las y los jóvenes cree que los hombres tienen mayor deseo sexual
que las mujeres, considerándolas como seres sin capacidad de sentir deseo ni placer, o bien que estos están disminuidos frente al deseo masculino.
Además, es muy alto el porcentaje que niega la capacidad de decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo: el 72% de mujeres y hombres entre 15 y 25 años creen que es incorrecto que una mujer interrumpa un embarazo no deseado. Asimismo, según nuestra muestra, el 77% de las mujeres y hombres jóvenes están de acuerdo con que todas las mujeres deberían ser madres. En Bolivia, por ejemplo, encontramos que el 61% de los hombres entre 20 y 25 años cree que cuando una mujer sale a trabajar, las hijas e hijos sufren abandono.
Cada mujer como tal, aunque no tenga hijos, es una madre para mí (mujer, grupo focal de Cuba).
https://oxfamilibrary.openrepository.com/handle/10546/620524
http://www.caladona.org/termomix/archives/category/entrevistes/page/2
https://www.pagina12.com.ar/133856-una-exhortacion-desde-mexico