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Timestamp: 2020-08-06 10:44:57
Document Index: 413939644

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'artículo 1', 'Artículo 1', 'artículo 95', 'artículo 1361', 'artículo 1324', 'artículo 1324']

LA CONFESION DE PRIVACIDAD DE UN BIEN INMUEBLE – SERVILEGAL ABOGADOS
LA CONFESION DE PRIVACIDAD DE UN BIEN INMUEBLE
– Artículo 1.357 C. Civil: «Los bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad tendrán siempre carácter privativo, aun cuando la totalidad o parte del precio aplazado se satisfaga con dinero ganancial. Se exceptúan la vivienda y ajuar familiares, respecto de los cuales se aplicará el artículo 1.354.»
– Artículo 1.354 C. Civil: » Los bienes adquiridos mediante precio o contraprestación, en parte ganancial y en parte privativo, corresponderán pro indiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge o cónyuges en proporción al valor de las aportaciones respectivas.»
– El esposo tendrá un 25% (privativo) más un 37,50% por la liquidación de su sociedad de gananciales, total 67,50% del valor de la vivienda.
– A la esposa le corresponderá un 37,5% del valor de la vivienda.
» En cuanto al primero de los motivos, se trata de determinar a la vista de la prueba documental practicada y del reconocimiento expreso de las partes, cuál es el porcentaje ganancial de la vivienda que fuera domicilio conyugal y cuyo uso se encuentra atribuido a la esposa e hija desde la sentencia de separación, toda vez que tanto la primera entrega como dos de los plazos o cuotas del préstamo hipotecario que la gravaba fueron abonados por el esposo con anterioridad a contraer matrimonio, y en consecuencia, con carácter privativo. Para tales casos es decir para el caso de la vivienda adquirida antes del matrimonio por uno de los cónyuges que se convierte en domicilio conyugal durante el matrimonio, ha de estarse dada la remisión del art. 1357 .párrafo segundo a lo dispuesto en el art. 1354 del Código Civil conforme al cual la propiedad se tendrá pro indiviso entre el cónyuge y la sociedad de gananciales con relación a lo pagado por cada uno de ellos, norma especial que ha de aplicarse al caso de autos tratándose del abono de la hipoteca de la vivienda, pues no es más que un pago aplazado de la misma. En consecuencia, en el activo de la sociedad no puede incluirse la totalidad del bien sino solo la proporción que de la propiedad del mismo ostenta la sociedad de gananciales, que deberá acreditarse en ejecución de sentencia.».
» Se establece que, con carácter general, las adquisiciones de un bien con precio aplazado por uno de los cónyuges antes de la celebración del matrimonio tendrá carácter privativo aunque todo o parte del precio se abone constante la sociedad de gananciales, sin perjuicio del derecho de crédito a favor de dicha sociedad por las cantidades abonadas en el pago de dicho bien privativo. No obstante esta regla general no se aplica en los supuestos en que el bien adquirido se convierta en la vivienda familiar. En tales supuestos su carácter ganancial o privativo vendrá determinado en proporción al valor de las respectivas aportaciones.
Cuando concurran tales circunstancias el aludido bien, que hasta dicha fecha sería considerado privativo a favor de la persona que lo adquirió, pasa a convertirse en parte privativo y en parte ganancial en proporción a la procedencia del dinero destinado a su pago.»
Por Inmaculada Castillo / mundojuridico.info
Establece el art. 1324 CC: “Para probar entre cónyuges que determinados bienes son propios de uno de ellos, será bastante la confesión del otro, pero tal confesión por sí sola no perjudicará a los herederos forzosos del confesante, ni a los acreedores, sean de la comunidad o de cada uno de los cónyuges.”
Esto implica, según la Sentencia de la AP Baleares, Sec. 5.ª, de 22 de diciembre de 2014, SP/SENT/798735, que:
1º. Entre cónyuges, basta la mera manifestación o declaración del confesante de que el bien pertenece privativamente al otro, para desvirtuar el valor de la presunción de ganancialidad.
2º. Frente a terceros, sean herederos forzosos o acreedores de la sociedad de gananciales o de cualquiera de los cónyuges, esta la confesión de privatividad carece de efectos por sí sola, para evitar posibles fraudes. Por tanto, debe apoyarse en otros medios probatorios si los cónyuges desean realmente dotarla de eficacia erga omnes .
Como expresa la Sentencia TS, Sala Primera, de lo Civil, 370/2012, de 18 de junio , SP/SENT/679512, Ponente: Encarnacion Roca Trias: “(…) Según la doctrina más extendida, el art. 1324 CC recoge la antigua teoría sobre la confesión de la dote. En él, frente a la presunción de ganancialidad contenida en el art. 1361 CC, se introduce un medio de destruir la presunción, permitiendo la confesión por parte de un cónyuge de que los bienes son propiedad del otro, facilitándose así una prueba de la autonomía de las titularidades (…)”.
Si en aplicación del art. 1361 CC se presumen gananciales los bienes existentes en el matrimonio mientras no se pruebe que pertenecen privativamente a uno de los dos cónyuges, el art. 1.324 CC permite probar que determinados bienes son propios de alguno uno de ellos, por medio de la confesión del otro.
La DGRN, en Resolución de 8 de junio de 2012, SP/SENT/928850, declara que “se configura como un negocio de fijación de la verdadera naturaleza del bien, cuando existe incertidumbre sobre su pertenencia a una u otra masa patrimonial”. Se considera un medio de prueba especialmente hábil para acreditar que la adquisición del bien se realizó por el patrimonio privativo de cónyuge del confesante. Se destruye así el juego de las presunciones de los arts. 1.361 y 1.441 CC, creando otra presunción de privatividad que podrá ser destruida, a su vez por una prueba fehaciente y suficiente de la ganancialidad o privatividad del cónyuge confesante.
La DGRN, aunque la denomine «negocio de fijación», admite que se puede desvirtuar «por una prueba fehaciente y suficiente de la ganancialidad o privatividad del cónyuge confesante».
¿Cuáles son los requisitos y presupuestos a tener en cuenta?
Según la Dirección General de los Registros y del Notariado (Resolución de 8 de junio de 2012, SP/SENT/928850) deberá reunir los siguientes requisitos:
“a. Que se trate de una declaración de conocimiento del confesante sobre hechos personales suyos.
b. Que sobre el bien que se reconoce privativo del otro cónyuge, exista incertidumbre acerca de la naturaleza, de forma que no opera este efecto si el bien tiene una naturaleza ganancial o privativa claramente definida.
c. La confesión puede referirse al título de adquisición, al precio o contraprestación y de manera especial es preciso que la confesión se realice durante la vigencia del matrimonio -y por tanto del régimen económico de gananciales-, por lo que la confesión realizada por cualquiera de los que fueron cónyuges una vez disuelto el matrimonio tendrá los efectos propios que le otorga la Ley de Enjuiciamiento Civil, un efecto limitado ya que dispone que tendrá eficacia probatoria si no lo contradice el resultado de las demás pruebas».
A ellos se unen estos otros que destaca y desarrolla la Jurisprudencia:
– El autor deberá ser uno de los cónyuges, concretamente aquel a quien dicha confesión de privatividad deba perjudicar.
– Puede recaer sobre bienes que pertenezcan a la comunidad de gananciales o incluso al cónyuge que la realiza. Esta doctrina la sienta el TS, entre otras, en su Sentencia de fecha 8 de octubre de 2004, SP/SENT/61949, y extiende su aplicación “no sólo a los casos de obtención de la privacidad de bienes que en relación con su adquisición serían gananciales, sino también a los supuestos contrarios (como regla de justa correspondencia), en cuanto un bien privativo pase a ganancial, por la declaración del que por ello resulte perjudicado: y es asimismo aplicable, por igual razón, a situaciones similares (…).”, como señala la Sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia, Sec. 10.ª, 53/2013, de 28 de enero, SP/SENT/720265.
– Tiene que ser una confesión clara, reconociendo que determinados bienes son propiedad de uno o de otro. La mera negación de la existencia de bienes gananciales no podrá considerarse como tal, porque faltaría el elemento esencial, es decir, el reconocimiento por parte de uno de ellos de que los bienes son propiedad del otro. (Sentencia TS, Sala Primera, de lo Civil, 18-6-2012, SP/SENT/679512).
– Cuando no haya constancia de si un bien es propio del confesante o es común, la manifestación de éste último no alterará en ese caso tal situación, pues no podrá ser considerada un negocio traslativo de dominio, sino un medio de prueba.
– Esa confesión no tiene por sí, eficacia traslativa sino que se limita a una constatación, un acto jurídico, por lo que no que pueda dar lugar a la adquisición de un derecho real de propiedad. (Sentencia AP Sevilla, Sec. 8.ª, 468/2013, de 4 de diciembre, SP/SENT/756911).
– Tiene eficacia probatoria inter partes, es decir en el ámbito de las relaciones entre los cónyuges, más concretamente de uno frente al otro, al preservar los intereses de los herederos forzosos del confesante y de los acreedores, para no blindar situaciones de posibles fraudes, como reconoce la Sentencia TS, Sala Primera, de lo Civil, 847/2001, de 25 de septiembre, SP/SENT/28504.
¿Qué sucede con los herederos?
El art. 1324 CC establece como salvedad que tales manifestaciones, por sí solas, no perjudicarán a los herederos forzosos del confesante. De este modo, si se produjera su fallecimiento, dicha confesión no vincularía a sus legitimarios, que solo se verán afectados si la corroboran. Será precisa, por tanto, su ratificación para que sea eficaz la confesión previa sobre la privatividad del bien en cuestión. (DGRN, de 29 de febrero de 2012, SP/SENT/676122).
¿Podrá inscribirse este bien como privativo?
La DGRN en la Resolución de 10 de abril de 2015, SP/SENT/814441, establece que para inscribir un bien como privativo por confesión es necesario que en las capitulaciones matrimoniales conste expresamente la confesión específica sobre ese bien concreto. En el caso resuelto se admite la inscripción de conformidad con los arts. 1324 CC y 95 RH, por haberse realizado la confesión con posterioridad a la adquisición de la finca, en un documento público.
Señala que “la confesión hace prueba contra su autor y produce todos sus efectos en la esfera interna y frente al propio confesante. Así, mediante dicha confesión, la presunción de ganancialidad queda destruida aunque no con carácter absoluto sino sólo con los efectos relativos que la Ley le atribuye. El propio número 6 del artículo 95 del Reglamento Hipotecario admite la posibilidad de reflejar en el Registro la confesión de privatividad cuando se hiciere con posterioridad a la inscripción de la adquisición; y, como ha admitido esta Dirección General (Resolución de 27 de junio de 2003), dicha confesión puede realizarse no sólo por el cónyuge del adquirente sino por los herederos de aquél.”
En este mismo sentido se pronuncia en la Resolución de 2 de abril de 2012, SP/SENT/676153, no permitiéndose la inscripción del bien sobre el que se ha realizado la confesión, al ser esta contraria a la declaración hecha en la compraventa como ganancial, salvo que se pruebe el carácter privativo del dinero.
Natalia García blog.sepin
D. Romeo , que fuera esposo de Dña. Socorro, residía en Santo Domingo a fecha 29 de diciembre de 2009, donde otorgó un acta de manifestación notarial en la que declaraba: Que estaba casado bajo el régimen de gananciales con Dña. Socorro , que «durante el tiempo que han permanecido casados adquirieron un inmueble», «por lo cual él, en su calidad de esposo común en bienes con Doña. Socorro , renuncia desde ahora y para siempre con todas las garantías de derechos a favor de su esposa, a la parte proporcional alícuota que le corresponde sobre el inmueble de referencia, ya que el mismo fue adquirido y pagado con dineros propios de su esposa común en bienes […]»
La oficina liquidadora, en un procedimiento de verificación de datos, consideró que la escritura de disolución de gananciales revelaba un exceso de adjudicación gratuito a Dña. Socorro . El exceso debía tributar por el impuesto de donaciones y sin bonificación alguna por causa de parentesco, pues el matrimonio se había disuelto con anterioridad.
La liquidación fue impugnada en vía económico-administrativa, donde el TEAR la confirmó en base a diversos argumentos. Por una parte, consideró que la prueba de confesión sobre el carácter privativo de los bienes que autoriza el art. 1324 CC ( LEG 1889, 27 ) no es admisible en perjuicio de terceros, condición que ostenta en este caso la Hacienda Pública. Por otra, que la atribución de naturaleza privativa al inmueble se opone a los propios actos de la contribuyente consistentes en la disolución de la comunidad ganancial constituida sobre ese bien, al que asignaron ambos cónyuges carácter común. Por último, que frente a la presunción de ganancialidad es insuficiente la prueba en contrario configurada por la manifestación del esposo.
Ante la Sala, la contribuyente ataca los argumentos del TEAR alegando que el citado art. 1324 se refiere al perjuicio de acreedores conocidos anteriormente que pueden resultar lesionados por la declaración de la naturaleza privativa de un bien ganancial, lo que nada tiene que ver con la posición que ocupa la Hacienda Pública. También argumenta que la escritura otorgada intentaba extinguir el condominio ficticio o formal existente entre los esposos, lo que era necesario articular mediante la liquidación de la sociedad de gananciales porque la vivienda figuraba inscrita a nombre de esta.
La Sala estima el recurso al resultar plenamente aceptable el primer motivo planteado.
El art. 1324 CC establece: «Para probar entre cónyuges que determinados bienes son propios de uno de ellos, será bastante la confesión del otro, pero tal confesión por sí sola no perjudicará a los herederos forzosos del confesante, ni a los acreedores, sean de la comunidad o de cada uno de los cónyuges».
Conforme a la jurisprudencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo, este artículo introduce un medio de destruir la presunción de ganancialidad contenida en el art. 1361 CC , «permitiendo la confesión por parte de un cónyuge de que los bienes son propiedad del otro, facilitándose así una prueba de la autonomía de las titularidades» ( sentencia nº 370/2012, de 18 de junio ( RJ 2012, 6853 ) , rec. 1723/2009 ). Esta declaración unilateral se alza «en prueba eficaz y bastante para que determinados bienes sean considerados, aún perteneciendo a la comunidad o al cónyuge que la hace, como propios del otro» ( sentencia nº 969/2004, de 18 de octubre, rec. 2717/1998 ), confesión a la que «El precepto 1324 atribuye eficacia probatoria “inter partes”, es decir en el ámbito de las relaciones entre los cónyuges, más concretamente de uno frente al otro, al preservar los intereses de los herederos forzosos del confesante y de los acreedores, para no blindar situaciones de posibles fraudes» ( sentencia nº 847/2001, de 25 septiembre ( RJ 2001, 8152 ) , rec. 3329/1996 ).
La sentencia nº 1216/2006, de 29 de noviembre ( RJ 2006, 10030 ) , rec. 553/2000 , declara:
Los requisitos para que esta confesión produzca efectos entre los cónyuges serán:
1) Que el autor de la declaración sea uno de los cónyuges;
2) Que el confesante sea aquel a quien deba perjudicar la confesión;
3) Que el confesante tenga la capacidad de obrar y poder de disposición;
4) Que la confesión se haya efectuado constante matrimonio.
Concurriendo estos requisitos, la confesión por parte de un cónyuge acerca de que los bienes comprados por el otro constante matrimonio son privativos es perfectamente válida y eficaz y desvirtúa las presunción de ganancialidad del artículo 1361 del Código civil , de manera que, como ha afirmado la sentencia de 15 enero 2001 , “la confesión de privacidad de un bien, realizada como previene el artículo 1324 del Código civil , produce plena eficacia entre los cónyuges a quienes afecta” y la de 25 septiembre 2001 señala que “El artículo 1324 contempla una prueba lícita, que se presenta perjudicial a los intereses económicos del que la presta, pero refuerza su autonomía y libre decisión, que ha de relacionarse con su voluntad expresada de poner de manifiesto la realidad de las cosas, por lo que la privacidad de la finca se presenta plenamente en todos sus efectos, ya que la manifestación tuvo lugar vigente el matrimonio, pues los litigantes se divorciaron por sentencia muy posterior”.
Así pues, el único límite a la validez de la declaración del carácter privativo de un bien reside en la salvaguarda de las expectativas y derechos de los acreedores que podrían verse perjudicados al reducirse la solvencia de la sociedad o del cónyuge confesante por deudas privativas ( art. 1373 CC ). La tutela que el art. 1324 confiere a los acreedores se concreta en que la confesión resulta ineficaz para reducir la garantía de sus créditos, es decir, los acreedores pueden dirigirse contra el bien como si fuera ganancial ignorando la confesión sobre su naturaleza privativa. Pero esta protección del acreedor no alcanza a que, a su amparo, se interprete la confesión de modo que haga nacer de ella el crédito, que es lo que aquí se pretende. Lo relevante en nuestro caso, para la aplicación del art. 1324, es que la confesión no ha minorado la solvencia de los contribuyentes para con la Administración tributaria.
Además, la condición de acreedora que esta se atribuye se fundamenta precisamente en la negación del supuesto de hecho que prevé la norma, pues interpreta que no estamos ante una confesión sobre la titularidad de un inmueble sino ante un exceso de adjudicación gratuito producido mediante la disolución del consorcio conyugal, y no es admisible pretender la aplicación del precepto solo en la parte que le beneficia. Nótese que en tal caso estaríamos ante un supuesto de simulación en que se hallaría encubierta una donación, y no hay prueba alguna de esta circunstancia.
El resto de las razones que expone el TEAR tampoco pueden acogerse.
La disolución de la comunidad ganancial es el modo de consumar en este caso la confesión del cónyuge realizada al amparo del art. 1324 CC ( LEG 1889, 27 ) , pues tal disolución constituye el cauce necesario para el acceso de la titularidad exclusiva de la esposa al Registro de la Propiedad. Con ello la otorgante de la escritura no está incurriendo en una actitud contradictoria, sino instrumentalizando la extinción del condominio formal sobre el bien.
Tampoco es aceptable una interpretación literal en perjuicio del confesante ( in malam partem ) de las declaraciones recogidas en el documento público de Santo Domingo. Aunque en ellas se alude a la «renuncia» y a la «parte alícuota» del bien que puede corresponder al declarante, es claro el sentido de sus manifestaciones consideradas en conjunto, en cuanto van destinadas a dejar constancia de la ausencia de su derecho sobre un inmueble adquirido constante matrimonio a causa de la procedencia privativa del dinero empleado en su compra. No es el ánimo de liberalidad lo que late en las manifestaciones que recoge el acta, sino la constatación de un hecho.
impuestos-av.blogspot
– Los legitimarios deben consentir la enajenación del bien confesado.
– Los legitimarios tienen derecho a dirigirse contra la mitad de los confesados aunque existan otros bienes con los que recibir sus legítimas.
– Para el cómputo de la legítima cuentan con la mitad del valor de los bienes sobre los que recayó la confesión.
– Confesión Inter vivos: El testador puede haber hecho en vida donaciones que impidan al legitimario (heredero forzoso) recibir su legítima o haber ordenado legados que, junto con las donaciones inter vivos o por sí solos, agoten la parte de libre disposición de su herencia.
– Mortis causa: Por su parte, en caso de que la confesión se hubiese realizado mortis causa, parece que lo procedente sería tratarlo como un legado, procediendo la acción de reducción prevista en el art. 817 CC.
– Antes de la liquidación en cónyuge viudo o sus herederos pueden enajenar por sí solos tales bienes sin la necesidad de contar con el consentimiento de los legitimarios del confesante. Los legitimarios deben respetar los actos del causante, mientras no les perjudiquen realmente. Se considerarán, asimismo, desvirtuadas las presunciones de comunidad respecto a la gestión de los bienes confesados.
– Al liquidar la sociedad conyugal se debe pagar en primer lugar a los acreedores del confesante; después se determinará el caudal hereditario y se procederá al cómputo de las legítimas según los arts. 818 y 819 CC. Si en el caudal hereditario hubiera bienes suficientes para pagar las legítimas se hará con bienes distintos de los confesados; pero, si no hubiese suficientes, habría, en primer lugar que reducir los legados (817 y 820 CC); reducir las donaciones (654 y 656 CC) y, sólo después de estas operaciones, sin haber podido satisfacer su legítima los legitimarios podrán impugnar la confesión.
– El cónyuge confesante debe manifestar hechos, es decir, no cabe que diga, sin más que el bien es privativo de otro cónyuge, sino que debe manifestar el porqué lo es; se trata en definitiva de una confesión casualizada (por ejemplo, puede el cónyuge manifestar que el dinero invertido es de una herencia, o una indemnización de un accidente de tráfico por daños personales, etc.). Éste es el sentido de la expresión “intervino personalmente”; bien de forma directa o indirecta.
– Los hechos de los que se deriva el carácter privativo no deben ser contradichos por el resto de pruebas que se practiquen, ya que, si así fuera, su carácter probatorio quedaría eclipsado o contradicho por otras pruebas que apuntaran a lo contrario. En esta misma línea se pronuncia parte de la doctrina que señala como requisitos de la confesión de privatividad:
La confesión de privatividad debe recaer sobre bienes sobre los que existe incertidumbre sobre la masa patrimonial a la que pertenecen ya que, si existe certeza sobre éste extremo, no sería suficiente la confesión para probar lo contrario (24). Éste es el sentir de la STS de 15 de enero de 2001 (EDJ 2001/340) que señala que: “En cuanto a la segunda de aquellas decisiones, la de confesión de privatividad del inmueble litigioso, no puede entenderse válidamente cuestionada por afectar a un bien presuntamente común en principio -sólo los que se encuentran en esa situación presuntiva, como previenen el art. 1361 del Código Civil y el art. 94.1 del Reglamento Hipotecario , como es aquí el caso, pueden ser objeto de la confesión que como medio probatorio de lo que ya era así en realidad establece el art. 1324 del Código”
Francisco de Asís Serrano Castro del derecho.com
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Por Grupo Servilegal Abogados | 16 julio, 2020 | Abogado, Barato, Civil, Demanda, ESPECIALIDAD, Fiscal, Madrid, Mercantil, pozuelo, presupuesto | Sin comentarios |
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