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Timestamp: 2020-06-01 22:11:56
Document Index: 196184694

Matched Legal Cases: ['artículo 15', 'artículo 34', 'artículo 114', 'artículo 105', 'artículo 105', 'artículo 114', 'Artículo 1']

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El ajuar doméstico: su valor a efectos de sucesiones
Para delimitar el análisis a realizar, vamos a establecer, en primer lugar, qué se entiende por “ajuar doméstico”.
Para ello, podemos acudir a la Sentencia de 26 de abril de 1995 del Tribunal Supremo en la que se define “el ajuar doméstico” como el conjunto de ropas, muebles, enseres, utensilios, etc. necesarios para la vida humana. Lo que viene a coincidir con la definición que de ajuar da el Diccionario de la Real Academia Española, cuando dice que es el “conjunto de muebles, enseres y ropas de uso común en la casa”.
Conforme a lo preceptuado en el artículo 15 de la Ley 29/1987, de 18 de diciembre, del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones el ajuar doméstico formará parte de la masa hereditaria y se valorará en el 3 por 100 del importe del caudal relicto del causante, salvo que los interesados asignen a este ajuar un valor superior o prueben fehacientemente su inexistencia o que su valor es inferior al que resulte de la aplicación del referido porcentaje.
En desarrollo de dicho precepto, el artículo 34 del Reglamento del Impuesto, aprobado por el Real Decreto 1629/1991, de 8 de noviembre dispone que “1. Salvo que los interesados acrediten fehacientemente su inexistencia, se presumirá que el ajuar doméstico forma parte de la masa hereditaria, por lo que si no estuviese incluido en el inventario de los bienes relictos del causante, lo adicionará de oficio la Oficina Gestora para determinar la base imponible de los causahabientes a los que deba imputarse con arreglo a las normas de este Reglamento. 2. El ajuar doméstico se estimará en el valor declarado, siempre que sea superior al que resulte de la aplicación de la regla establecida en el Impuesto sobre el Patrimonio para su valoración. En otro caso, se estimará en el que resulte de esta regla, salvo que el inferior declarado se acredite fehacientemente. (…)
En nuestro Derecho ha regido y rige la concepción que puede denominarse clásica, regida por el Principio Dispositivo y plasmada en el artículo 114 de la LGT de 1963, opción reiterada en el artículo 105.1 LGT de 2003, según la cual cada parte tiene la carga de probar aquellas circunstancias que le favorecen; esto es, la Administración la realización del hecho imponible y de los elementos de cuantificación de la obligación, y el obligado tributario las circunstancias determinantes de los supuestos de no sujeción, exenciones y bonificaciones o beneficios fiscales. Tras una simple lectura del artículo 105 de la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria, como antes prevenía el artículo 114 de la LGT/1963, impone que 1) En los procedimientos de aplicación de los tributos quien haga valer su derecho deberá probar los hechos constitutivos del mismo.
La estimación del 3% de la totalidad de los bienes es, en todo caso, una presunción “iuris tantum” que admite prueba en contrario.
En aquellos supuestos dónde los causahabientes entiendan que el valor real del ajuar doméstico es inferior al valor determinado del mismo conforme a la regla del 3% del importe del caudal relicto del causante, los mismos podrán solicitar la designación de un perito al Colegio de Economistas, para que emita una valoración independiente y ajustada a la realidad del ajuar doméstico del causante.
Entre los métodos de valoración posibles, en este post vamos a comentar el método de valoración estático, ya que el ajuar doméstico, por su naturaleza no tiene capacidad de generar rentas.
Los métodos estáticos se basan en el activo y pasivo existente.
La metodología consiste en valorar a precios de mercado cada uno de los muebles, enseres y ropas de uso común existentes en la vivienda habitual, y posteriormente minorar este valor según el grado de amortización (*) que haya sufrido como consecuencia del uso, o paso del tiempo. Por lo tanto, debemos ajustar todos aquellos activos integrantes del ajuar doméstico, cuyo valor difiera del valor de mercado.
Valor Activo Ajustado = Valor de Mercado – Amortización
(*) Amortización: expresión contable de la pérdida de valor de un activo, o depreciación sistemática por el funcionamiento, uso, obsolescencia o disfrute.
Los métodos de valoración estáticos deducen, del valor del activo ajustado, las deudas que puedan existir asociadas al mismo. Esto nos llevaría a obtener el valor sustancial del activo
Valor Sustancial = Valor Activo Ajustado – Deudas
Por tanto, lo que deseamos destacar, es que en el caso de recibir una herencia, al cuantificar el valor del ajuar doméstico, se valore si aceptar la valoración que resulte de la aplicación de la regla establecida en el Impuesto sobre el Patrimonio para su valoración, o bien, se considere formular una valoración distinta emitida por experto independiente.
En cualquier caso, desde Lex Veritas, estaremos encantados de analizar su caso en particular.
María Eugenia García Ruiz
Art. 1255. Pero tampoco te cueles
Artículo 1º. Mi prejuicio original
Hace muchos años tuve mi primer empleo, aún era un adolescente y empecé a desempeñar mis torpezas como freganchín (y luego pinche; de ahí mi gran amor por la cocina) en una hamburguesería de Málaga y poco tiempo después en el restaurante del mismo dueño.
Doy las gracias a mi primer jefe. El primer estipendio que recibí fue, creo recordar, de 80.000 pesetas y lo que sí recuerdo muy bien es qué hice con ese dinero. Comprar un bocadillo del mejor jamón de la tienda, con el resto un equipo de música. Así nunca se me olvidaría, eso pensé.
Después de ese trabajo pasé fugazmente por la construcción como peón, repartí pizzas para una gran cadena y tras algunos empleos intermitentes y sin contrato acabé descargando camiones durante algunos años en una distribuidora internacional de ropa. Guardo muy buenos recuerdos y muy buenos amigos, aunque ahora nos veamos poco. ¡A ver si me invitáis a las cenas de empresa al menos!
En aquel tiempo era estudiante de Bachillerato de Ciencias y jamás había pensado en convertirme en abogado. De hecho, elegí la carrera de Derecho el último día en que podía formalizar la solicitud y sin vocación alguna. Y sin saber por qué. No soy hijo de abogado (mi papá es panadero) ni conocía a ningún abogado. Y la verdad es que no tenía muy buena opinión de ellos. Como todos, yo también tengo prejuicios.
Después, muy confuso por la vida y muy enamorado, marché a la Toscana, al Chianti fiorentino durante una etapa maravillosa en muchos aspectos en la que vivía de cultivar el huerto y dar clases de español leyendo Manolito Gafotas.
No fue hasta una serie de infortunios y casualidades que probé la profesión de abogado y, desde entonces, he encontrado una vocación y una pasión infinita. Ahora me gusta el Derecho, pero más me gusta poder entender la naturaleza de los conflictos humanos e intentar ayudar a solucionarlos.
El día en que decidí abrir mi propio despacho tenía varias metas; convertirme en un buen abogado (sigo en el camino), acompañarme de un equipo mejor que yo, tanto a nivel personal como profesional (lo tengo) y ayudar a que las personas que tengan prejuicios, como yo los tuve, contra los abogados o contra esta profesión, puedan descubrir que existen miles de abogados que son personas estupendas y amables, empáticas y confiables en este país. Al menos yo conozco a muchos de ellos.
Letrado Director de Lex Veritas Abogados
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