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Timestamp: 2018-05-26 16:33:05
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Matched Legal Cases: ['Artículo 6', 'Artículo 8', 'Artículo 19', 'Artículo 25', 'Artículo 26', 'Artículo 26', 'Artículo 27', 'Artículo 29', 'Artículo 30', 'Artículo 32', 'Artículo 2', 'Artículo 2', 'Artículo 23', 'Artículo 26', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 4', 'Artículo 13', 'Artículo 14', 'Artículo 15', 'Artículo 16', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 1', 'Artículo 1', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 50', 'Artículo 64', 'Artículo 65', 'Artículo 43', 'Artículo 1', 'Artículo 7', 'Artículo 20', 'Artículo 21', 'Artículo 24', 'Artículo 1', 'Artículo 3', 'Artículo 17', 'Artículo 19', 'Artículo 10']

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La política agraria. los derechos de las mujeres en Colombia
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Jorge Montero Cáceres
1 La política agraria y los derechos de las mujeres en Colombia Octubre 31 de 2011 Calle 72 # piso 7 teléfono: (+571) fax: (+571) Bogotá, Colombia
2 La política agraria y los derechos de las mujeres en Colombia Tabla de contenido Presentación Capítulo 1 Panorama de la situación de la población rural en Colombia 1.1 Características socio-demográficas de la población rural 1.2 La desigual estructura de tenencia de la tierra en Colombia se mantiene 1.3 La propiedad de la tierra de la población campesina no ha sido garantizada efectivamente Capitulo 2 2. El derecho a la tierra está reconocido indirectamente en la normatividad internacional 2.1 La igualdad de derechos de las mujeres rurales está reconocido en los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos 2.2 La Convención contra Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reconoce los derechos de las mujeres rurales Capítulo 3 La legislación interna ha desarrollado insuficientemente el reconocimiento constitucional del derecho a la tierra 3.1 La Constitución Política señala las obligaciones del Estado en cuanto al acceso a la tierra y los derechos económicos, sociales y culturales de la población rural 3.2 El derecho a la tierra está reconocido formalmente en la legislación 3.3 La legislación nacional adoptó algunas normas favorables a las mujeres rurales La ley 731 de 2002 tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las mujeres rurales de bajos recursos 2
3 3.3.2 La ley 1257 de 2008 sobre la prevención y sanción de la violencia y discriminación contra las mujeres comprende el daño patrimonial de las mujeres campesinas La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras incluye en sus principios el enfoque diferencial 3.4 El Estado colombiano ha adoptado medidas contrarias a sus obligaciones de garantía de los derechos de las mujeres rurales La institucionalidad de la reforma agraria y el desarrollo campesino fue liquidada El Estado ha adoptado una serie de medidas legislativas contrarias a los derechos de la población rural Capítulo 4 Los órganos internacionales han recomendado al Estado colombiano medidas para garantizar los derechos de las mujeres rurales 4.1 El Comité de la Convención contra Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer ha formulado recomendaciones acerca de los derechos de las mujeres rurales 4.2 El Relator Especial sobre el derecho a una vivienda adecuada ha recomendado el reconocimiento del derecho a la tierra 4.3 El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales manifestó su preocupación acerca de la situación de las mujeres rurales en Colombia 4.4 El Comité de Derechos Humanos recomendó al Estado colombiano fortalecer los mecanismos de restituir las tierras de la población desplazada 4.5 La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación Fao- ha identificado algunas medidas necesarias para eliminar las desigualdades de género de las mujeres rurales 4.6 El Acnur ha recomendado medidas específicas para la restitución de las tierras de las mujeres en situación de desplazamiento Capítulo 5 La desigualdad que afecta a las mujeres rurales en Colombia no ha sido superada 5.1 Las mujeres rurales son gravemente afectadas por el desempleo 3
4 5.2 Las mujeres no tienen garantizado el derecho a la tierra 5.3 Las mujeres son víctimas de la violencia sexual en el contexto del conflicto armado interno Capítulo 6 Las políticas agrarias vigentes no garantizan los derechos de las mujeres Capítulo 7 La actual política agraria da continuidad al desarrollo rural y mantiene la estructura de tenencia de la tierra 7.1 La Política de Tierras no reforma la estructura de tenencia de la tierra y desconoce los derechos de las mujeres 7.2 El Plan Nacional de Desarrollo no aplica las recomendaciones internacionales relativas a los derechos de la población rural y de las mujeres 7.3 El Plan de Choque de restitución: una estrategia de formalización de la propiedad 7.4 El Plan Estratégico del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural carece de enfoque diferencial de género 7.5 La ley de víctimas no garantiza plenamente los derechos de las mujeres 7.6 El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos amenaza seriamente la economía campesina Capítulo 8 Conclusiones Capítulo 9 Recomendaciones 4
5 La política agraria y los derechos de las mujeres en Colombia Presentación La Comisión Colombiana de Juristas CCJ- tiene por objetivo la promoción de los derechos humanos y del derecho humanitario en Colombia y la aplicación de los instrumentos internacionales de protección de los mismos. En este marco, la CCJ monitorea la situación de los derechos de poblaciones en condiciones de vulnerabilidad, tales como mujeres, víctimas del desplazamiento forzado, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas y la niñez. Asimismo, a través de la elaboración de informes temáticos, la CCJ realiza seguimiento a la aplicación de las recomendaciones de los órganos internacionales de protección de los derechos humanos. La CCJ ha elaborado el presente Informe acerca de la política agraria y su impacto sobre los derechos de las mujeres, con la finalidad de brindar información acerca del cumplimiento de las obligaciones internacionales del Estado colombiano en ese campo. En su primera sección, el informe presenta un panorama de la situación de la población rural en el país. La segunda sección reseña el reconocimiento del derecho a la tierra a través de los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos mientras que el tercer capítulo se ocupa del marco normativo interno en materia agraria. La cuarta sección consiste en un recuento de las respectivas recomendaciones de los órganos internacionales de derechos humanos con respecto a las mujeres rurales. La sección quinta analiza la inequidad en el acceso de la tierra que afecta a las mujeres rurales. La sexta parte del informe se refiere a otros factores que profundizan la inequidad para las mujeres rurales, y la séptima parte analiza la actual política agraria con respecto a las mujeres. En la sección final del documento se presentan las conclusiones y recomendaciones dirigidas a la protección de los derechos de las mujeres rurales en Colombia. 5
6 Capítulo 1 Panorama de la situación de la población rural en Colombia Existen serias falencias en los diagnósticos oficiales sobre el campo colombiano, debido a que la información tiene una desactualización de 43 años, desde la última vez que se realizó el Censo Agropecuario. Por lo tanto, la información sobre la situación del campo está dispersa, es incompleta y desactualizada. Sin embrago, a partir de los datos disponibles, a continuación se presentará un panorama sobre la situación de la población rural en el país. 1.1 Características socio-demográficas de la población rural Según proyecciones del censo de población realizado en 2005, Colombia tenía en '888,594 habitantes, de los cuales 31'886,602 (74,3%) habitan en las cabeceras municipales o distritales y 11'001,990 (25,7%) en el sector rural. Sin embargo, el Informe de Desarrollo Humano de 2011 dedicado a la situación rural ha encontrado que el campo y su población tienen un peso más significativo en la realidad nacional de lo que indican las cifras oficiales. Los hallazgos de dicho estudio indican que el 75,5% de los municipios del país son rurales; en donde habita el 31,6% de la población y cubren el 94,4% de la superficie total del país. En 2005 la pobreza rural en Colombia alcanzaba un 68% mientras que la urbana era del 42%, lo que equivalía a ocho millones de personas pobres en el campo, y el 28% vivía en condiciones de indigencia (3,2 millones de personas), situación que ha empeorado. En 2008, el gobierno reconocía que la pobreza rural representaba el 36,5% de la pobreza nacional y el 49,2% de la indigencia total, y que el ingreso per cápita del campo apenas representa el 30,5% del ingreso per cápita urbano. El gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez, que comprendió dos períodos de cuatro años, atribuyó la situación de la población rural descrita anteriormente a la baja productividad y por ende los bajos ingresos, y no necesariamente la falta de empleo. Otra causa de la pobreza rural es la violencia porque, según el gobierno del Alvaro Uribe V., dicha violencia desincentivó la inversión en el campo y habría desviado la atención de los instrumentos y recursos de la política e institucionalidad para atender los efectos de sobre las víctimas del desplazamiento forzado y del terrorismo, en detrimento de los campesinos, principal objetivo de las instituciones de desarrollo rural del sector. No obstante, el diagnóstico gubernamental mencionado anteriormente es incompleto puesto que omite mencionar que el desplazamiento forzado de miles de campesinos, 6
7 indígenas y afrocolombianos, producto de lechos de violencia sociopolítica en el contexto del conflicto interno armado, ha sido promovido y aprovechado por las estructuras paramilitares al servicio de empresarios y terratenientes con la finalidad de despojar a las comunidades rurales de miles de hectáreas de tierras. Además, dicho diagnóstico oficial también ignora que la asignación de recursos presupuestales a la política de atención desplazamiento fue insuficiente. Por lo tanto, la violencia y la atención al desplazamiento forzado justifican las omisiones estatales con relación a los derechos de la población rural. En ese sentido, entre las causas del deterioro de las condiciones de vida de la población rural se deben incluir las medidas tomadas por el gobierno de Alvaro Uribe V. encaminadas a fomentar la economía agropecuaria basada en el latifundio y la agroindustria, y la conversión de los productores campesinos en empresarios. Al servicio de este propósito, el gobierno de Alvaro Uribe V. debilitó la institucionalidad rural a través de medidas como la liquidación del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria Incora- y el programa de Desarrollo Rural Integrado DRI- y la fusión de varias entidades del sector rural en el Instituto de Desarrollo Rural Incoder-. Para la población campesina, la liquidación del Incora significó el fin de las posibilidades de acceso a la tierra y la renuncia del Estado a democratizar la propiedad a través de la reforma de la estructura de tenencia de la tierra. Al respecto resulta ilustrativa la inoperancia de la nueva institucionalidad oficial para el sector rural y la inaplicación sistemática de la legislación en materia de adjudicación de tierras a campesinos y poblaciones afrocolombianas e indígenas, que fue advertida por la Procuraduría Delegada para Asuntos Ambientales y Agrarios. Según la Procuraduría, a mayo de 2005, estaban pendientes de trámite por parte del Incoder expedientes, correspondientes a solicitudes de tierras presentadas por campesinos, pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas. Por su parte, las Naciones Unidas han constatado el crecimiento de la brecha existente en Colombia entre el campo y la ciudad, como resultado de las desigualdades del ingreso y la propiedad. El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) y el Ministerio de Agricultura anunciaron que en 2013 realizarán el tercer Censo Nacional Agropecuario, después de 43 años de realizado el segundo censo de este tipo, con lo que, de acuerdo con el Ministro de Agricultura, se espera que el país disponga de una herramienta fundamental en la formulación de políticas y el diseño de mecanismos para desarrollar el sector rural colombiano. 1.2 La desigual estructura de tenencia de la tierra en Colombia se mantiene De acuerdo con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, de los millones de has de tierra de la superficie continental de Colombia, 50,9 millones de has son de uso agropecuario (44, 6%) y 63.3 millones de has (55,4%) son uso no agropecuario. De las 7
8 primeras, para actividades agrícolas se usan 4,9 millones de has y 38,6 millones de has en ganadería. La ganadería hace un uso extensivo de la tierra y es tecnológicamente atrasada, así que se estima que en pastos mejorados solamente están 5 millones de has. La estructura agraria en Colombia tradicionalmente se ha caracterizado por la desigualdad en la propiedad sobre la tierra y la persistencia de la gran propiedad latifundista, por un lado, y en la pequeña economía campesina por el otro. Esta tendencia se ha reforzado en los últimos años como resultado del despojo violento de las tierras de los campesinos y los territorios colectivos de las poblaciones afrocolombianas e indígenas por parte de las estructuras paramilitares al servicio de grandes terratenientes y empresarios. Asimismo, la concentración de la propiedad de la tierra ha sido decididamente estimulada por las políticas agrarias adoptadas en la última década. En 2001, el 57,3% de los propietarios tenía predios de menos de 3 has, por una superficie (área rural registrada) de 1,7%; el 39,7% de los propietarios tenía predios con 3 a 100 has; mientras que el 2,6% de los propietarios tenía predios entre 100 y 500 has, por una superficie de 14, 6% y solamente el 0,4% de los propietarios tenía predios mayores de 500 has por una superficie de 61,2% de la superficie. El Instituto Geográfico Agustín Codazzi Igac-, estimaba en dicha fecha que alrededor de 2428 propietarios públicos y privados (0.06%) poseían 44 millones de has (53.5%), controlando en promedio has por propietario. En contraste, 2.2 millones de propietarios (55.6%) y de predios (56.8%) correspondían a una estructura de minifundios menores de 3 has, lo cual equivale a un 1.7% del territorio registrado catastralmente. Comparativamente, el territorio promedio de cada uno de los grandes propietarios era 6000 veces la propiedad promedio de los microfundistas y minifundistas. Según el mismo Igac, 4.7 millones de has de las mejores tierras del país estaban intensamente subutilizadas y diez millones están subutilizadas, debido a que la gran propiedad latifundista no utiliza las tierras fértiles y aptas para la agricultura, mientras que la pequeña propiedad minifundista está ubicada principalmente en las tierras en condiciones desfavorables de fertilidad e infraestructura. La mencionada tendencia en la distribución de la propiedad ha generado un uso inadecuado del suelo que pone en peligro la producción de alimentos del país y la supervivencia la economía campesina tradicional, a la vez que acelera la ocurrencia de procesos de erosión e infertilidad del suelo. Históricamente, el campo colombiano se ha caracterizado por la expansión permanente de la ganadería bovina extensiva, que sostiene la propiedad latifundista y el poder político local y regional. El país solo está utilizando un 37% de la tierra apta para la agricultura, al tiempo que la ganadería absorbe cerca del 28% de la tierra apta para esta actividad. Entre 9 y 10 millones de has aptas para la agricultura no se están usando para dicho propósito. 8
9 Entre 2000 y 2010, se intensificó la injusta distribución de la tierra en el campo colombiano. En dicho período el índice Gini de concentración de la propiedad de la tierra se incrementó en más de 1%. El mayor incremento se presentó entre 2005, cuando el índice Gini alcanzó 0,86, y 2010, cuando este mismo índice ascendió a 0,89. El proceso de concentración de la tierra se refleja en la pequeña propiedad campesina. De acuerdo con el Proyecto de Protección de Tierras y Patrimonio de la Población Desplazada PPTP-, en 2009 el 10,5% del total de has eran de microfundio que corresponden al 80,5% de los predios y al 78,3% de los titulares de derechos, mientras que el 52,2% de has están en la gran propiedad o latifundios y se distribuyen en el 0,9% de los predios y el 1,1% de los propietarios/poseedores. En términos de Unidad Agrícola Familiar UAF-, a la pequeña escala corresponden 19,1% de las has, 13,7% de los predios y 14,7% de los propietarios/poseedores, mientras que a la mediana escala corresponden 18,2% de las has y 5,0% de los predios y 5,8% de propietarios/poseedores. La persistencia del conflicto armado interno, el desplazamiento forzado de la población rural y el abandono y/o despojo de sus tierras, al lado de las políticas de fomento de la producción agroindustrial que apoyan el modelo exportador de recursos naturales y el desmonte de las instituciones de la reforma agraria no han contribuido a modificar la concentración de la propiedad de la tierra en el país. 1.3 La propiedad de la tierra de la población campesina no ha sido garantizada efectivamente Un factor que se suma a las condiciones de vulnerabilidad de la población rural en Colombia es la falta de reconocimiento legal de la propiedad de sus tierras y la consecuente inseguridad jurídica. La normatividad interna establece que Propiedad o dominio es el derecho real en una cosa corporal, para gozar y disponer de ella. Por tanto, una persona es propietaria cuando tiene la facultad de disposición sobre un bien, pudiendo usufructuarlo directamente o disponer de él. Es quien aparece como titular del derecho de propiedad en el folio de matrícula inmobiliaria que lleva la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos. El Ministerio de Agricultura estima que existen cerca de 1.2 millones de predios rurales informales en el sector rural, es decir que en el 40% de los predios, los derechos de propiedad no han sido formalizados y su tenencia se presenta bajo calidades de poseedor, ocupante o tenedor. A continuación se explican los conceptos que expresan la relación con la propiedad: a. La posesión corresponde a la tenencia de un bien por parte de una persona con ánimo de señor o dueño, sea que la persona dueña tenga la cosa por sí misma, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de ella. La persona poseedora es reputada 9
10 dueña, mientras otra persona no justifique serlo. Tradicionalmente, en las familias campesinas se cede la posesión de la tierra por línea masculina. b. Ocupante es la persona que explota directamente un terreno baldío, que pertenece a la Nación y puede ser objeto de adjudicación. La ocupación es uno de los modos de adquirir el dominio sobre un bien. c. Persona tenedora es aquella que realiza actividades sobre un predio reconociendo que existe un tercero con mejor derecho. Este es el caso de las personas arrendatarias, aparceras, cosecheras y comodatarias. Junto con la desigual distribución de la tierra, la falta de títulos de propiedad de los predios rurales es una problemática que ha sido reconocida históricamente pero que no ha sido resuelta por el Estado colombiano. Los aproximadamente 1.2 millones de predios rurales que el gobierno reconoce que no tienen formalizados los derechos de propiedad, se encuentran en mayor riesgo ante acciones de despojo por parte de las estructuras paramilitares, que se ha traducido en un proceso de contrarreforma agraria. 10
11 2. El derecho a la tierra está reconocido indirectamente en la normatividad internacional Entre los derechos reconocidos en los instrumentos de protección de los derechos humanos se encuentran el derecho al desarrollo, a un nivel de vida adecuado, al trabajo y a la alimentación. Dichos derechos están ligados al derecho a la tierra. En primer término, existe una relación indisoluble entre el derecho a la tierra y el derecho a una alimentación adecuada, como parte integral del derecho a un nivel de vida adecuado, que está reconocido por los Estados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios ( ). Aunque el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales no reconoce el derecho a la tierra como derecho humano, hace un reconocimiento de otros derechos que están estrechamente relacionados con éste, como son el derecho a trabajar, que comprende el derecho de toda persona a tener la oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido o aceptado. Los Estados, en el mismo Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, y a una mejora continua de las condiciones de existencia. Asimismo, el derecho a la tierra se encuentra relacionado con el derecho al desarrollo social, que implica que se garantice a toda persona el derecho a trabajar y a elegir empleo libremente. En ese sentido, los Estados han declarado que [e]l progreso y el desarrollo en lo social exigen la participación de todos los miembros de la sociedad en un trabajo productivo y socialmente útil, y el establecimiento, de conformidad con los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como con los principios de justicia y de función social de la propiedad, de modos de propiedad de la tierra y de los medios de producción que excluyan cualesquiera formas de explotación del hombre, garanticen igual derecho a la propiedad para todos, y creen entre los hombres condiciones que lleven a una auténtica igualdad. Las Naciones Unidas han definido el derecho al desarrollo en términos de un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar del él. La mencionada Declaración señala que los Estados deben adoptar medidas para eliminar los obstáculos al desarrollo resultantes de la inobservancia de los derechos civiles y políticos, así como de los derechos económicos, sociales y culturales (Artículo 6, numeral 11
12 3), y que también deben adoptar todas las medidas necesarias para la realización del derecho al desarrollo y garantizarán, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades para todos en cuanto al acceso a los recursos básicos, la educación, los servicios de salud, lo-s alimentos, la vivienda, el empleo y la justa distribución de los ingresos (Artículo 8, numeral 1). En el caso particular de los pueblos indígenas y tribales, el derecho sobre su territorio ancestral está reconocido en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes, adoptada por Colombia a través de la ley 21 de Dicho Convenio reconoce a dichos pueblos el derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente ocupan. Además, en los casos apropiados, deberán tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia. En ese sentido, el Convenio 169 de la OIT establece que [l]os gobiernos deberán tomar las medidas que sean necesarias para determinar las tierras que los pueblos interesados ocupan tradicionalmente y garantizar la protección efectiva de sus derechos de propiedad y posesión. 3. Deberán instituirse procedimientos adecuados en el marco del sistema jurídico nacional para solucionar las reivindicaciones de tierras formuladas por los pueblos interesados, y por lo tanto deberán instituirse procedimientos adecuados en el marco del sistema jurídico nacional para solucionar las reivindicaciones de tierras formuladas por los pueblos interesados. Por consiguiente, el Convenio 169 que los Estados en sus políticas y programas agrarios deben garantizar a los pueblos interesados condiciones equivalentes a las que disfruten otros sectores de la población, en cuanto a la asignación de tierras adicionales cuando las tierras de que dispongan sean insuficientes para garantizarles una existencia normal o para su crecimiento numérico; al igual que el acceso a los medios necesarios para el desarrollo de las tierras (Artículo 19). Por otra parte, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas reconoce en su integralidad los derechos de dichos pueblos y advierte que constituyen las normas mínimas para la supervivencia, la dignidad y el bienestar de los pueblos indígenas. La Declaración hace un reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas a sus tierras, territorios y recursos de la siguiente manera: a. El derecho a mantener y fortalecer su relación espiritual con las tierras, territorios, aguas, mares costeros y otros recursos que tradicionalmente han poseído u ocupado y utilizado (Artículo 25). b. El derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado, utilizado o adquirido, y a poseer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos que poseen en razón de la propiedad tradicional u otro tipo 12
13 tradicional de ocupación o utilización, así como aquellos que hayan adquirido de otra forma. El derecho mencionado no está sujeto a que los Estados hayan hecho un reconocimiento legal de la propiedad del mismo (Artículo 26). c. La obligación estatal de asegurar el reconocimiento y protección jurídicos de las tierras, territorios y recursos, con respeto a las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas de que se trate (Artículo 26). d. La obligación estatal de reconocer las leyes, tradiciones, costumbres y sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas, para reconocer y adjudicar los derechos de estos pueblos en relación con sus tierras, territorios y recursos, comprendidos aquellos que tradicionalmente han poseído u ocupado o utilizado. Los pueblos indígenas tendrán derecho a participar en este proceso (Artículo 27). e. El derecho a la conservación y protección del medio ambiente y de la capacidad productiva de sus tierras o territorios y recursos (Artículo 29). f. El derecho a que no se desarrollen actividades militares en sus territorios, a menos que lo justifique una razón de interés público pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado. La obligación estatal consiste en celebrar consultas eficaces con los pueblos indígenas interesados, por los procedimientos apropiados y en particular por medio de sus instituciones representativas, antes de utilizar sus tierras o territorios para actividades militares (Artículo 30). g. El derecho a determinar y elaborar las prioridades y estrategias para el desarrollo o la utilización de sus territorios y otros recursos (Artículo 32). Por consiguiente, los Estados tienen la obligación de desarrollar consultas de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus tierras o territorios y otros recursos, particularmente en relación con el desarrollo, la utilización o la explotación de recursos minerales, hídricos o de otro tipo. Adicionalmente, los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de las Naciones Unidas disponen que los Estados tienen la obligación específica de tomar medidas de protección contra los desplazamientos de pueblos indígenas, minorías, campesinos, pastores y otros grupos que tienen una dependencia especial de su tierra o un apego particular a la misma (Principio n. 9); y que la propiedad y las posesiones de las personas desplazadas internas disfrutarán de protección en toda circunstancia (Principio n. 21). En cuanto a las obligaciones estatales, los mismos Principios Rectores establecen la responsabilidad de prestar asistencia a las personas desplazas internas que hayan retornado o se hayan reasentado en otra parte, para la recuperación de las propiedades o posesiones que abandonaron o de las que fueron desposeídas (Principio n. 29). 13
14 2.1 La igualdad de derechos de las mujeres rurales está reconocida en los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos La normatividad internacional ha hecho un reconocimiento específico del derecho a la igualdad entre hombres y mujeres, que abarca el derecho a la tierra y los derechos relacionados con este. a. En el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos los Estados se comprometen a respetar y garantizar a todos los individuos que se encuentren en su territorio y estén sujetos a su jurisdicción los derechos reconocidos en dicho Pacto, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social (Artículo 2). Asimismo, los Estados se comprometen a adoptar, con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de dicho Pacto, las medidas oportunas para dictar las disposiciones legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos los derechos reconocidos en el Pacto y que no estuviesen ya garantizados por disposiciones legislativas o de otro carácter. En el Pacto mencionado los Estados se comprometen también a garantizar que toda persona cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente Pacto hayan sido violados podrá interponer un recurso efectivo, aun cuando tal violación hubiera sido cometida por personas que actuaban en ejercicio de sus funciones oficiales (Artículo 2). Además, el mismo Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establece la obligación de los Estados de adoptar las medidas apropiadas para asegurar la igualdad de derechos y de responsabilidades de ambos esposos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del mismo (Artículo 23, numeral 4). Este reconocimiento es relevante en el caso de los derechos a la tierra y el patrimonio. El mismo Pacto señala también que [t]odas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho sin discriminación a igual protección de la ley. A este respecto, la ley prohibirá toda discriminación y garantizará a todas las personas protección igual y efectiva contra cualquier discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social (Artículo 26). b. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales contiene disposiciones para garantizar la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. De conformidad con el Pacto, los Estados tiene la obligación de garantizar el ejercicio de los derechos que en él se enuncian, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social (Artículo 2, numeral 2). 14
15 Asimismo, los Estados tienen la obligación de asegurar a los hombres y a las mujeres igual título a gozar de todos los derechos económicos, sociales y culturales (Artículo 3). c. De conformidad con los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de Naciones Unidas, las mujeres embarazadas, las madres con hijos pequeños y las mujeres cabeza de familia tienen derecho a la protección y asistencia requerida por su condición y a un tratamiento que tenga en cuenta sus necesidades especiales (Principio n. 4, numeral 2). d. Los Principios sobre la restitución de las viviendas y el patrimonio de los refugiados y las personas desplazadas refirman los derechos de las mujeres. Dichos Principios reconocen la necesidad de adoptar medidas positivas para garantizar a las mujeres en condición de refugio y desplazamiento interno su derecho a la restitución de las viviendas, la tierra y el patrimonio. En particular, estos Principios reconocen el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres en el goce del derecho a la restitución y que los Estados tiene la obligación de garantizar la igualdad en el goce de los derechos al retorno voluntario en condiciones de seguridad y dignidad; a la seguridad jurídica de la tenencia; a la propiedad del patrimonio; a la sucesión; y al acceso, uso y control de las tierras, las viviendas y el patrimonio. Esta igualdad debe ser garantizada en las políticas y programas de restitución de la incorporación de un enfoque de género y del reconocimiento explícito de la titularidad conjunta de ambas cabezas de familia, (Principio n. 4). En materia de restitución de las viviendas y el patrimonio, los Estados están obligados a revocar las leyes que generen efectos discriminatorios y a garantizar que sus políticas de restitución garanticen plenamente a las mujeres la protección contra la discriminación y a la igualdad de hecho y de derecho (Principio n. 9). 2.2 La Convención contra Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reconoce los derechos de las mujeres rurales De manera más específica que los instrumentos de protección de los derechos humanos anteriormente mencionados, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer Cedaw- reconoce los derechos de las mujeres. En ese sentido, los Estados partes de la Cedaw tienen la obligación de garantizar la igualdad a los hombres y a las mujeres para que puedan disfrutar de todos los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos. Por lo tanto, la Cedaw establece una serie de obligaciones de los Estados para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres y eliminar las distintas formas en que se manifiesta la discriminación en contra de las mujeres. La Cedaw obliga a los Estados a tomar acciones concretas para eliminar la discriminación en contra de las mujeres (Artículo 2), mediante disposiciones como la inclusión del 15
16 principio de igualdad entre los sexos en las constituciones nacionales; la adopción de leyes que prohíban y sancionen la discriminación contra la mujer; la eliminación de leyes, reglamentos, usos y prácticas que sean discriminatorias en contra de las mujeres; velar porque las autoridades y las instituciones públicas no incurran en prácticas discriminatorias; y garantizar la protección jurídica de los derechos de la mujer. Asimismo, la Cedaw obliga a los Estados a adoptar medidas para garantizar el desarrollo pleno de las mujeres. Para ello los Estados deben tomar medidas apropiadas en todos los campos, incluyendo el político, social, económico y cultural, para asegurar el pleno desarrollo y adelanto de las mujeres y garantizarles el goce de los derechos humanos (Artículo 3). Más allá de la igualdad formal, establecida en la legislación, para acelerar el logro de la igualdad real, los Estados están obligados doptar medidas de acción afirmativa, es decir, que favorezcan a las mujeres y corrijan las discriminaciones existentes en contra de ellas (Artículo 4). Además, la Cedaw reconoce los derechos económicos y sociales para las mujeres y obliga a los Estados a tomar medidas tendientes a garantizar a las mujeres el derecho a la asistencia social para la crianza de los hijos y acceso al crédito (Artículo 13). En cuanto al tema del presente reporte, la Cedaw hace un reconocimiento específico a los derechos de las mujeres rurales, tales como la participación en la formulación e implementación de los planes de desarrollo y en las actividades comunitarias, y el acceso a la seguridad social, los servicios de salud, la educación y capacitación técnica. Igualmente, la Cedaw establece que las mujeres rurales deben contar con garantías para el acceso a créditos, comercialización y tecnologías apropiadas y al factor más importante en el campo, a recibir trato igual en la asignación y distribución de tierras (Artículo 14). A propósito del derecho a la propiedad, la Cedaw establece la igualdad de mujeres y hombres, incluyendo lo relacionado con la firma de contratos y la administración de bienes (Artículo 15). Además, reconoce la igualdad de hombres y mujeres en la familia y el matrimonio, estableciendo que los Estados deben tomar medidas para eliminar la discriminación en el matrimonio y las relaciones familiares, asegurando el derecho de las mujeres a gozar de los mismos derechos y responsabilidades que los hombres, tanto durante el matrimonio, como cuando éste se acabe (Artículo 16). Este derecho cobra importancia para que los derechos de propiedad de las mujeres se garanticen cuando el matrimonio se disuelve y en las situaciones de desplazamiento forzado. e. La Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas llamó los Estados a garantizar el derecho de las mujeres a un tratamiento igual en los programas de reforma agraria La Comisión de Derechos Humanos afirmó que la discriminación contra la mujer en la ley en relación con la disponibilidad, la adquisición y conservación de tierras, propiedades y 16
17 vivienda, así como con el financiamiento relativo a las tierras, las propiedades y la vivienda, constituye una violación del derecho humano de la mujer a la protección contra la discriminación. En la resolución acerca de La igualdad de las mujeres en materia de propiedad, acceso y control de la tierra y la igualdad de derechos a la propiedad y a una vivienda adecuada, la Comisión de Derechos Humanos reconoció que las leyes, políticas, costumbres y tradiciones que restringen a las mujeres el acceso igualitario al crédito y los préstamos, les impiden además adquirir y heredar tierras, propiedades y vivienda, y las excluyen de una plena participación en el proceso de desarrollo son discriminatorias y pueden contribuir a la feminización de la pobreza. La citada resolución señala que la discriminación contra la mujer en la ley en relación con la disponibilidad, la adquisición y conservación de tierras, propiedades y vivienda, así como con el financiamiento relativo a las tierras, las propiedades y la vivienda, constituye una violación del derecho humano de la mujer a la protección contra la discriminación (Numeral 3). En consecuencia, la resolución hace un llamado a los gobiernos a apoyar la transformación de costumbres y tradiciones que discriminan a la mujer y que le niegan la seguridad de tenencia y la igualdad en materia de propiedad, acceso y control de la tierra y la igualdad de derechos a la propiedad y a una vivienda adecuada, a asegurar el derecho de las mujeres a un tratamiento igual en los programas de reforma agraria, así como en los planes de reasentamiento y en lo relativo a la propiedad y la vivienda adecuada, y a tomar medidas para incrementar la disponibilidad de tierra y vivienda para las mujeres que viven en situación de pobreza, en particular a las cabezas de familia (Numeral 5). f. Ante la situación de discriminación con respecto al disfrute del derecho a la alimentación, en 2010 el Consejo de Derechos Humanos destacó la necesidad de garantizar un acceso justo y sin discriminación al derecho sobre la tierra para los pequeños propietarios, los agricultores tradicionales y sus organizaciones, en particular las mujeres y los grupos vulnerables de las zonas rurales y solicitó a su Comité Asesor continuar trabajando en la cuestión de la discriminación en el contexto del derecho a la alimentación y realizar un estudio preliminar sobre los medios para promover los derechos de las personas que trabajan en las zonas rurales, incluidas las mujeres, y en particular los pequeños agricultores que producen alimentos u otros productos agrícolas, y quienes se dedican a actividades tradicionales de pesca, caza y pastoreo. El Comité Asesor informará al respecto al Consejo en su 16º período de sesiones. g. En el marco del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) reconoce los derechos de toda mujer de la siguiente manera: 17
18 - Tiene derecho al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos y a las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos (Artículo 4). - Podrá ejercer libre y plenamente sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales y contará con la total protección de esos derechos consagrados en los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos (Artículo 5). - El derecho a una vida libre de violencia incluye, entre otros, el derecho de la mujer a ser libre de toda forma de discriminación (Artículo 6). Si bien las disposiciones contenidas en los instrumentos internacionales de protección mencionados en la presente sección del informe son de obligatorio cumplimiento por parte del Estado colombiano, en virtud del bloque de constitucionalidad, como veremos en el capítulo siguiente no se ha traducido en una legislación que garantice plenamente los derechos humanos de la población rural y que sea implementada de manera efectiva. 18
19 Capítulo 3 La legislación interna ha desarrollado insuficientemente el reconocimiento constitucional del derecho a la tierra El presente capítulo expone el desarrollo normativo relativo a los derechos de la población rural, que tenía antecedentes en la legislación de reforma agraria insuficientemente aplicada, que fue elevada a rasgo constitucional en la carta de 1991, pero que posteriormente ha sido contrariada por una serie de leyes y decretos reorientaron la política agraria del Estado colombiano del ideal de la reforma agraria y el desarrollo campesino, que buscaba la justicia social en el campo, a un enfoque el que predomina la productividad económica. Este viraje de las normas y políticas agrarias han afectado los derechos de la población rural y no han permitido superar la discriminación de las mujeres, tal como se expone en el presente informe. La Constitución Política de 1991 hizo un reconocimiento del derecho a la tierra, cuyo desarrollo a nivel interno estaba hasta entonces relacionado con las medidas ordenadas por la ley de reforma agraria. Se trata de la ley 135 de 1961 Sobre reforma social agraria" que contemplaba medidas especificas para garantizar el acceso de los campesinos a la tierra y se guiaba por el principio del bien común y la necesidad de extender a la población rural el ejercicio del derecho natural a la propiedad, armonizándolo en su conservación y uso con el interés social (Artículo 1). La ley 135 se enfocaba en el desarrollo campesino, como lo expresaban claramente sus objetivos: Reformar la estructura agraria y eliminar y prevenir la inequitativa concentración de la propiedad o su fraccionamiento antieconómico; apoyar la explotación adecuada en las unidades minifundio y dotar de tierra a quienes no la posean, con preferencia para quienes la explotaran con su trabajo personal (Artículo 1, inciso primero). Dicha ley tenía además objetivos sociales claramente definidos tales como brindar garantías para el acceso a la propiedad de la tierra a aparceros, arrendatarios y asalariados agrícolas (Artículo 4); y elevar el nivel de vida de la población campesina, por medio del acceso a la propiedad de la tierra y la asistencia técnica, el crédito agrícola, la vivienda, la organización de los mercados, la salud y la seguridad social, el almacenamiento y, conservación de los productos y el fomento de las cooperativas (Artículo 5). La ley 135 de 1961 creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria Incora- (Artículo 2), el cual tenía entre sus funciones administrar las tierras baldías de propiedad nacional, adjudicarlas o constituir reservas y adelantar colonizaciones sobre ellas; administrar el Fondo Nacional Agrario; promover o ejecutar directamente labores de recuperación de tierras, reforestación, parcelación o concentraciones parcelarias; hacer dotaciones de tierras en las colonizaciones o en las tierras de propiedad privada que adquiera con el 19
20 mismo fin, y dar a los cultivadores, directamente o con la cooperación de otras entidades, la ayuda técnica y financiera para su establecimiento en tales tierras, la adecuada explotación de éstas y el transporte y venta de los productos (Artículo 3). La labor del Incora buscaba la constitución de Unidades Agrícolas Familiares, es decir, predios cuya extensión e infraestructura sea suficiente para que suministrar a una familia campesina los ingresos para su sostenimiento, el pago de las deudas por concepto del acondicionamiento, el mejoramiento de la vivienda, equipo de trabajo y nivel general de vida; que requiera para su explotación el trabajo del propietario y su familia, ocasionalmente el empleo de mano de obra externa (Artículo 50). Sin embargo, entre los aspectos positivos de la ley 135 no estaba la preocupación por la situación de las mujeres campesinas y por lo tanto no adoptó disposiciones para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en cuanto al acceso a la tierra, la asistencia técnica y el crédito ni a aspectos relativos a la producción, comercialización y mercadeo. Como se verá más adelante en el presente texto, antes de alcanzar sus objetivos, la ley 135 fue reformada por normas sucesivas que no tienen por finalidad obtener la justicia social en el campo mediante medidas que garanticen el derecho a la tierra y el desarrollo de las poblaciones campesina, indígena y afrocolombiana. 3.1 La Constitución Política señala las obligaciones del Estado en cuanto al acceso a la tierra y los derechos económicos, sociales y culturales de la población rural La Constitución Política de 1991 establece las obligaciones del Estado relacionadas con los derechos a la tierra y la alimentación, al igual que con otros derechos de la población campesina. De acuerdo, con la Constitución es deber del Estado promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores agrarios, en forma individual o asociativa, y a los servicios de educación, salud, vivienda, seguridad social, recreación, crédito, comunicaciones, comercialización de los productos, asistencia técnica y empresarial, con el fin de mejorar el ingreso y calidad de vida de la población campesina (Artículo 64). Asimismo, la Constitución establece que la producción de alimentos gozará de la especial protección del Estado, para lo cual otorgará prioridad al desarrollo integral de las actividades agrícolas, pecuarias, pesqueras, forestales y agroindustriales, así como también a la construcción de obras de infraestructura física y adecuación de tierras (Artículo 65). La misma Constitución establece que la mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades, y que la mujer no podrá ser sometida a ninguna clase de discriminación. En el mismo sentido, establece la obligación del Estado de apoyar de manera especial a las mujeres cabeza de familia (Artículo 43). 20
21 3.2 El derecho a la tierra está reconocido formalmente en la legislación interna La normatividad promulgada en la década de los años 90 desarrolló de manera formal el reconocimiento de constitucional que establece la obligación del estado de garantizar el acceso a la propiedad de la tierra y a otros servicios con la finalidad de mejorar las condiciones de vida de la población rural. En efecto, las leyes 160 de 1994 y 387 de 1997 contienen algunas normas en ese sentido, pero, como se expone en este capítulo, estas no garantizan plenamente los derechos de dicha población. a. La ley 160 de 1994 otorgó subsidios para el acceso a la propiedad de la tierra. La ley 160 reconoce el deber constitucional del Estado de promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de las personas trabajadoras agrarias y a otros servicios públicos, con el fin de mejorar el ingreso y la calidad de vida de la población campesina. Entre los objetivos de la ley se encuentran los siguientes: - Reformar la estructura social agraria y eliminar y prevenir la inequitativa concentración de la propiedad rural o su fraccionamiento antieconómico y dotar de tierras a los campesinos más pobres, las comunidades indígenas y a los beneficiarios de los programas especiales establecido por el Gobierno nacional; y apoyar a la población campesina de escasos recursos en los procesos de adquisición de tierras a través de crédito y subsidio directo (Artículo 1). - Promover, apoyar y coordinar el mejoramiento económico, social y cultural de la población rural y estimular la participación de las organizaciones campesinas en el proceso integral de la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural Campesino para lograr su fortalecimiento (Artículo 7). La ley 160 estableció un subsidio para la compra de tierras por parte de personas campesinas no propietarias en condiciones de pobreza y marginalidad o que derivaran sus ingresos de la actividad agropecuaria. Dicho subsidio tenía la calidad de crédito no reembolsable, con cargo al presupuesto del Incora (Artículo 20), equivalente al 70% del valor correspondiente a la respectiva UAF (Artículo 21). Es importante subrayar que la ley 160 introdujo criterios de selección preferencial a la situación de las campesinas jefas de hogar y las que se encontraban en estado de desprotección social y económica por causa de la violencia, el abandono o la viudez y carecieran de tierra propia o suficiente (Artículo 24). Los nombres de los cónyuges o compañeros permanentes debían ser inscritos en el registro de instrumentos públicos. Aunque el subsidio creado por la ley 160 no cubría la totalidad del precio de la tierra adjudicada a los campesinos, la ley conservaba el propósito de garantizar el acceso a la tierra de los campesinos pobres y promover la economía campesina. 21
22 El Incora reglamentó la ley 160 en lo relativo al acceso a la tierra de la población campesina en situación de desplazamiento forzado a través del acuerdo 018 de 1995, que definió criterios de selección para personas beneficiarias que residieran en centros urbanos y hubieran sido desplazadas del campo por razones de violencia (Artículo 1); que carecieran de tierras propias; que la persona aspirante fuera titular del dominio de una parcela minifundista; que se tratara de personas poseedoras, ocupantes o tenedoras de un terreno cuya extensión fuera igual o equivalente a una UAF; y que no existiera la posibilidad de ejercer directamente la posesión o usufructo sobre tales tierras, por causa del desplazamiento forzoso (Artículo 3). b. La ley 387 de 1997 incorpora a la población desplazada a los programas de subsidios para obtener tierras La ley 387 ordena al Gobierno nacional promover acciones y medidas de mediano y largo plazo con el propósito de generar condiciones de sostenibilidad económica y social para la población desplazada en el marco del retorno voluntario o el reasentamiento en otras zonas rurales o urbanas. Dichas medidas deben permitir el acceso directo de la población desplazada a la oferta social del Gobierno, entre otros a los programas relacionados con el Sistema Nacional de Reforma Agraria y de Desarrollo Rural Campesino creado por la ley 160 de 1994 (Artículo 17). Asimismo, la ley 387 en su Artículo 19, estableció que el Incora (actualmente Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural Incoder-) tiene la obligación de: - Adoptar programas y procedimientos especiales para la enajenación, adjudicación y titulación de tierras, en las zonas de expulsión y de recepción de la población afectada por el desplazamiento forzado, así como líneas especiales de crédito, dando prelación a la población desplazada. - Diseñar e implementar un registro de los predios rurales abandonados por la población desplazada e informar a las autoridades competentes para que procedan a impedir cualquier acción de enajenación o transferencia de títulos de propiedad de estos bienes, cuando tal acción se adelante contra la voluntad de los titulares de los derechos respectivos. - Crear un programa que permita recibir la tierra de personas desplazadas a cambio de la adjudicación de otros predios de similares características en otras zonas del país. Adicionalmente, la ley 387 ordena al Gobierno la formulación del Plan Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada, el cual debe incluir la creación y aplicación de mecanismos que brinden asistencia legal y jurídica a la población desplazada para garantizar la investigación de los hechos, la restitución de los derechos vulnerados y la defensa de los bienes afectados (Artículo 10). 22