Source: http://noticias.juridicas.com/articulos/00-Generalidades/201210-parentesco_por_afinidad.html
Timestamp: 2014-12-20 20:51:01
Document Index: 302043239

Matched Legal Cases: ['artículo 363', 'artículo 78', 'artículo 1584', 'artículo 1', 'artículo 237', 'artículo 84', 'artículo 1092', 'artículo 754', 'artículo 57', 'artículo 173', 'artículo 255', 'artículo 28']

Artículos Doctrinales: Generalidades.
De: Joaquín Olaguíbel Alvarez-Valdés
Origen: Noticias Jurídicas Sumario:
II. La delimitación y alcance de la afinidad. III. La extinción de la afinidad.
IV. La cuestión en el Derecho español. Especial referencia al problema fiscal.
I. Introducción. El concepto de afinidad y su presencia en el ordenamiento jurídico español.
Los ordenamientos jurídicos distinguen tres clases de relaciones familiares, a ninguna de las cuales el Derecho dispensa un tratamiento unánime y pacífico: a) La consanguinidad, parentesco de sangre, cuyos límites tienden a estrecharse. b) la afinidad, que nace del matrimonio o de similar relación estable y suscita posturas muy encontradas en relación no sólo con sus límites y efectos, sino incluso acerca de su perdurabilidad. Y c) la adopción, filiación ficticia creada por el Derecho, en la que las divergentes soluciones y la frecuencia de las reformas legales ponen de manifiesto la dificultad de cohonestar los diversos intereses y afectos en conflicto.
A tratar de la afinidad como concepto jurídico lo primero que salta a la vista es la falta de acuerdo pleno sobre su misma denominación. En el Derecho positivo español y en la doctrina tradicional dominante se habla de "parentesco" de afinidad o por afinidad, parentesco "político" en el lenguaje usual; pero algunos autores prefieren el término "relación", reservando el de parentesco sólo para al vínculo surgido de la consanguinidad o la filiación En el Derecho francés y los que de él derivan el término utilizado es el de "alianza" (alliance), que es también aplicado frecuentemente en el ámbito de la antropología y la sociología.
En el Derecho positivo español no se encuentra norma alguna que defina el parentesco de afinidad o por afinidad. A falta de una definición legal, el concepto parece, en una primera aproximación, ofrecer pocas dudas. La doctrina nos dice que la relación de afinidad es la que vincula a una persona con los parientes de sangre de su cónyuge (parientes "políticos. Merece transcribirse, por su utilidad didáctica, el artículo 363 del Código Civil argentino: "La proximidad del parentesco por afinidad se cuenta por el número de grados en que cada uno de los cónyuges estuviese con sus parientes por consanguinidad. En la línea recta, sea descendente o ascendente, el yerno o nuera están recíprocamente con el suegro o suegra, en el mismo grado que el hijo o hija, respecto del padre o madre, y así en adelante. En la línea colateral, los cuñados o cuñadas entre sí están en el mismo grado que entre sí están los hermanos o hermanas. Si hubo un precedente matrimonio el padrastro o madrastra en relación a los entenados o entenadas [hijastro], están recíprocamente en el mismo grado en que el suegro o suegra en relación al yerno o nuera".
De manera mucho mas escueta se pronuncian otras legislaciones de nuestro entorno. Así, el Código Civil italiano (artículo 78) dice que la afinidad es el vínculo entre un cónyuge y los parientes del otro cónyuge, y de forma muy similar el Código Civil portugués (artículo 1584): "Afinidade é o vínculo que liga cada um dos cônjuges aos parentes do outro". El BGB, artículo 1.590, dispone que los familiares de un esposo están relacionados con el otro esposo por afinidad ("schawägerschaft") según la linea y el grado con el que estuviesen relacionados con el primer esposo. Y, como ejemplo entre los países hispanoamericanos, el Código Civil peruano (artículo 237) establece que "el matrimonio produce parentesco de afinidad entre cada uno de los cónyuges con los parientes consanguíneos del otro". Históricamente, y todavía ahora en muchos ordenamientos civiles (entre los que ya no se encuentra ya el español), la relevancia del parentesco o relación de afinidad deriva principalmente de su consideración como impedimento matrimonial, normalmente dispensable; y en algunos casos (en los que tampoco se encuentra el español, y si, por ejemplo, el francés y el italiano) como productor de la obligación de prestar alimentos. En nuestro Código Civil el artículo 84 del texto primigenio de 1889 establecía -en lo que aquí interesa- que no pueden contraer matrimonio entre si: los ascendientes y descendientes por consanguinidad o afinidad legítima o natural; los colaterales por afinidad legítima hasta el cuarto grado; y los colaterales por consanguinidad o afinidad natural hasta el segundo grado. Si bien todos los impedimentos por afinidad podían ser dispensados por el Gobierno, con justa causa.
Sin embargo, la trascendental reforma operada en el Derecho matrimonial español por la Ley de 7 de julio 1981 suprimió totalmente el impedimento de afinidad tanto en la línea recta (a diferencia de lo propuesto inicialmente en el Proyecto del Gobierno) como en la colateral, y sin diferencia entre el carácter matrimonial o extramatrimonial de la relación que genera la afinidad. (Cf. Art. 47 CC). (1) De este modo, la afinidad ha pasado a ser un concepto en gran medida extraño al Código Civil y por consiguiente no es en este texto donde podremos encontrar la respuesta a la pregunta que ahora nos ocupa.
Sin perjuicio de ello, y como acertadamente ha observado José María Luzón (2), el parentesco de afinidad no es en modo alguno irrelevante para los ciudadanos españoles en el ámbito matrimonial en tanto en cuanto los que opten por contraerlo en su forma religiosa católica (que al día de hoy son alrededor de un cincuenta por ciento) están sujetos en este punto a las reglas del Derecho Canónico (arts. 59 y 60 CC), y en concreto el artículo 1092 de Codex vigente, de 25 de enero de 1983, dispone que la afinidad en línea recta dirime el matrimonio en cualquier grado (con lo que desaparece la mención del Codex precedente, de 1917, a la afinidad entre colaterales hasta el segundo grado).
Ello no obstante, a pesar de la pérdida de su rango tradicional como impedimento para el matrimonio, en nuestro Derecho el concepto de afinidad conserva e incluso incrementa su virtualidad en muchos ámbitos del ordenamiento y ello reclama un esfuerzo de interpretación y aclaración de ciertas cuestiones dudosas que son objeto del presente trabajo. En un análisis sectorial sin pretensión de exahustividad encontramos: En el Código Civil el parentesco de afinidad, hasta el segundo grado, se toma en consideración como impedimento para ser testigo en los testamentos, salvo el caso de legados de poca importancia (arts. 681 y 682); y en el artículo 754, según el cual el testador no podrá disponer del todo o parte de su herencia en favor del Notario que autorice su testamento, o del cónyuge, parientes o afines del mismo dentro del cuarto grado, con la misma salvedad. Estas son las únicas referencias que el Código Civil hace al parentesco por afinidad. El Código Penal (Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre) reconoce en muchos casos trascendencia a la relación de afinidad. Así en el artículo 57, en relación con el 48, los descendientes, ascendientes o hermanos por afinidad del cónyuge o conviviente del agresor, se equiparan a los que los sean por naturaleza o adopción a los efectos de ciertas privaciones o prohibiciones. Similar equiparación de los afines se contiene en el artículo 173.2 (violencia física o psíquica sobre el cónyuge o sus parientes); 180.4 (agresión sexual); 182.2 (abusos sexuales); artículo 255. bis (sustracción de un hijo menor); 268 (exención de responsabilidad criminal en delitos patrimoniales, si bien sólo para los afines en primer grado si viviesen juntos); 425 (soborno en causa criminal); 443 y 444 (acoso sexual de funcionario público), y 454 (exención de responsabilidad criminal de encubridores).	Merece resaltarse el hecho de que, por el contrario, en virtud de reforma operada "ad hoc" por la Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre, la relación de afinidad ha de dejado de ser una de las circunstancias mixtas de parentesco que pueden atenuar o agravar la responsabilidad, según la naturaleza, los motivos y los efectos del delito. En el campo laboral, el Estatuto de los Trabajadores excluye de su ámbito de aplicación el trabajo de los familiares, entre los que incluye a los parientes por consanguinidad o afinidad hasta el segundo grado inclusive (art. 1.3.d), y esta misma relación se tiene en cuenta en materia de permisos, ausencias y excedencias para el cuidado de familiares (arts. 37 y 45). Similar regulación se encuentra en el Estatuto Básico del Empleado Público (Ley 7/2007, de 12 de abril, artículo modificado por el RDL 20/2012, de 13 de julio).
La afinidad produce también efectos: en la Ley Orgánica del Poder Judicial (art. 219), causas de abstención y en su caso de recusación; en el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal (art. 58.2 y 4) sobre prohibiciones; en el Estatuto General de la Abogacía (arts. 24 y 27) respecto a incompatibilidades; y en el Estatuto General de los Procuradores (art. 27) en cuanto a causas de abstención.
En materia de procedimiento administrativo, el artículo 28 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, configura como motivo de abstención -y consiguientemente de recusación- "tener parentesco de consanguinidad dentro del cuarto grado o de afinidad dentro del segundo, con cualquiera de los interesados, con los administradores de entidades o sociedades interesadas y también con los asesores, representantes legales o mandatarios que intervengan en el procedimiento, así como compartir despacho profesional o estar asociado con éstos para el asesoramiento, la representación o el mandato".
La relación de afinidad se toma en cuenta, aun sin utilizar expresamente esta denominación, en algunos supuestos excepcionales de entrada en España y reagrupación familiar (para descendientes o descendientes del cónyuge o pareja del extranjero), en el Real Decreto 557/2011, de 20 de abril, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, tras su reforma por Ley Orgánica 2/2009.
En materia de dependencia, el Decreto 615 /2007, de 11 de mayo establece que podrán asumir la condición de cuidadores no profesionales de una persona en situación de dependencia, su cónyuge y sus parientes por consaguinidad, afinidad o adopción, hasta el tercer grado de parentesco; lo que supone una notable extensión del concepto.
A todo lo cual debe añadirse la normativa tributaria, que relevante interés práctico y la actualidad de los problemas que está planteando su aplicación merece un tratamiento mas pormenorizado. II. La delimitación y alcance de la afinidad.
La sencillez y aparente rotundidad de las definiciones doctrinales y legales de la afinidad no autoriza a ignorar la existencia de ciertas cuestiones dudosas, algunas de las cuales están ya sobre la mesa y son fuente de litigios, mientras que otras han de ser conflictivas, seguramente, en un plazo no muy lejano. A mi entender, los problemas que en el mundo del Derecho (otra cosa son las relaciones familiares y sociales) plantea la afinidad son de dos tipos:
los que afectan a su delimitación, esto es, al alcance y extensión del parentesco o relación que se define como de afinidad: Quiénes son o pueden ser mis afines. la extinción de la afinidad, que encamina a la pregunta de si la afinidad se extingue por la disolución del matrimonio que le dio su origen. En el primer grupo de cuestiones encontramos dos que son pacíficas y otras dos que están ya planteadas como causa de dudas o conflictos.
La extensión de la afinidad. En la mayor parte de las legislaciones las líneas y grados del parentesco por afinidad se equiparan conceptualm