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Timestamp: 2020-02-22 22:06:15
Document Index: 178455932

Matched Legal Cases: ['artículo 2', 'artículo 126', 'artículo 178', 'artículo 178', 'Artículo 4', 'Artículo 4', 'artículo 65']

El señor LETELIER (Vicepresidente).- Conforme a lo resuelto por la Sala, corresponde tratar el proyecto, en segundo trámite constitucional, que adelanta la plena vigencia del Sistema de Protección al Contribuyente del Impuesto Específico a los Combustibles, con informe de la Comisión de Hacienda y urgencia calificada de "discusión inmediata".
--Los antecedentes sobre el proyecto (7527-05) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
En segundo trámite, sesión 2ª, en 16 de marzo de 2011.
Hacienda: sesión 3ª, en 16 de marzo de 2011.
El señor LABBÉ (Secretario General).- El objetivo principal de la iniciativa es anticipar la plena vigencia del nuevo Sistema de Protección al Contribuyente, ante las variaciones de los precios internacionales de los combustibles, precisando el número de semanas a considerar para el cálculo del precio de paridad de los combustibles afectos a la ley y flexibilizando la determinación de los precios de referencia.
Asimismo, establece que la Comisión Nacional de Energía deberá elaborar un nuevo informe con los precios de referencia.
La Comisión de Hacienda aprobó la idea de legislar por tres votos a favor (Senadores señores Kuschel, Lagos y Uriarte), uno en contra (Honorable señor Frei) y una abstención (Senador señor Escalona).
En cuanto a la discusión particular, los artículos 1º y 2º de la iniciativa resultaron aprobados con la misma votación antes mencionada.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- En discusión general y particular el proyecto.
El señor ESCALONA.- Señor Presidente, en la Comisión de Hacienda, órgano que tiene un número pequeño de integrantes -somos solo cinco-, fui el único Senador que se abstuvo en la votación, debido a que, a mi entender, el Ejecutivo no ha resuelto el problema de fondo: un conjunto de parlamentarios, mediante declaraciones públicas (en el caso de la Cámara de Diputados, a través de un proyecto de acuerdo), han venido planteando desde hace algún tiempo la reducción del impuesto específico a los combustibles de 6 a 4,5 UTM por metro cúbico.
Una vez más, le solicito al Ministro de Hacienda un pronunciamiento explícito sobre esa materia, por la muy sencilla razón de que nosotros le advertimos en su momento que el nuevo sistema no iba a funcionar.
Quiero reiterar, una vez más, que no ha funcionado.
Ahora el señor Ministro viene al Congreso Nacional con un proyecto que presenta al Ejecutivo frente a la opinión pública como el gran solucionador, sin mencionar cuál fue el origen del problema, que surgió exclusivamente por la irresponsabilidad del Gobierno.
Se dejó morir la normativa sobre el Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles, vigente hasta el 30 de junio recién pasado, por la simple y sencilla razón, como lo admitió en la Comisión el señor Ministro de Hacienda -aunque a algunos parlamentarios de Gobierno no les guste reconocerlo y sonrían-, de que el proyecto respectivo era muy caro. Es decir, significaba un desembolso fiscal relativamente elevado.
En efecto, así es. El cálculo, en términos redondos, es que la vigencia del Fondo le significó al Estado mil millones de dólares. Y el titular de la Cartera viene a proponernos una iniciativa que al Fisco le cuesta poco más de 30 millones de dólares, o sea, la treintava parte del costo que asumió el Gobierno de la Presidenta Bachelet.
Como en la campaña presidencial se hizo toda una apología acerca de la generosidad que iba a exhibir esta Administración con la clase media, aquí estamos tomando nota de que tal disposición no existía. Lo que se comprueba es que el Ejecutivo mantiene un sistema de precios que mete la mano en el bolsillo de ese sector. No nos hallamos ante una solución para la clase media, sino frente a un estrangulamiento de esta, como se lo dije al señor Ministro en la Comisión.
La decisión del Ejecutivo es muy clara: no quiere desembolsar los mismos recursos que en el Gobierno anterior se gastaron con el objeto de generar un alivio real en el precio de los combustibles; no quiere prescindir de aproximadamente 300 a 350 millones de dólares anuales. Y la solución que presenta cuesta poco más de 30 millones de dólares. Esa es la gran diferencia.
Lógicamente, no podemos pretender que el Gobierno no apruebe el proyecto que nos ocupa. ¿Qué persigue la iniciativa? El éxito mediático fácil. La idea es que el señor Ministro, a la salida, cuando lo estén esperando las cámaras, pueda presentarse sonriente a los medios de comunicación y afirmar: "He resuelto el problema. Mañana no va a subir el precio de los combustibles".
Es cierto que el titular de Hacienda se llevará una victoria, pero pequeñita; una victoria que en la ciencia política se llama "a lo Pirro". Porque, claro, mañana no se registrará un alza. Sin embargo, si tomara nuestra propuesta, ejecutada por la Concertación en su momento, de rebajar a lo menos por un año el impuesto específico a los combustibles, podría disminuir el precio en 70 pesos. Ahí sí que efectivamente se podría mostrar sonriente frente a las cámaras y hacer el anuncio. ¡Eso es lo que le proponemos!
No mantengamos el precio del producto: ¡disminuyámoslo en 70 pesos! Eso es lo que le estamos pidiendo. Y le ofrecemos nuestros votos, que están a su disposición para rebajar ese tributo, como en su momento lo hicieron nuestros Gobiernos, a los cuales la Administración actual, durante la campaña, acusó de estrangular a la clase media.
¡Pero parece que el estrangulador anda dando vueltas por aquí cerca...! Porque no se contempla ninguna medida que, en el fondo, vaya a resolver el problema. ¡Y, entonces, el precio en las Regiones se eleva, superando en las más apartadas la barrera de los 800 pesos! ¡Y las pequeñas empresas sufren, las microempresas se ahogan y la economía nacional se asfixia!
Además, permítaseme expresarle al titular de Hacienda, con toda franqueza, que esta era una parte del proyecto que se propuso, porque se trata del SIPCO. Después iba a venir un seguro que resolvería la dificultad. ¿Y qué seguro se va a contratar ahora, con el estado de la economía mundial?
El señor Ministro dijo en la Comisión de Hacienda: "No podía adivinar el conflicto de Libia", tratando de mofarse un poco de quienes hicimos presentes -el propio Senador señor Prokurica lo planteó en el momento de la discusión- las enormes tensiones geopolíticas en la zona del Medio Oriente, donde se ubican los principales yacimientos de crudo. Si no era Libia, iba a ser otro país. Lo sabe perfectamente.
Se advirtió que las condiciones no permitían simplemente dejar morir el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo. ¡Y se le dejó morir! Y el titular de Hacienda propuso un sistema que ahora quiere adelantar. Sin embargo, no podrá implementar el seguro propuesto por la propia ley que trajo acá. ¿Por qué razón? ¿Cuál va a contratar con el drama en Japón? ¿Qué ocurrirá con la economía mundial si se detienen las centrales nucleares y ese país tiene que lanzarse, desesperado, a comprar petróleo en el mercado? Con la volatilidad de los precios, ¿a qué seguro se accederá?
¿El señor Ministro tiene la llave para asegurarnos que no seguirán las tensiones en el Medio Oriente? ¿Acaso no es perfectamente posible que algunas de las autocracias que durante décadas han oprimido a esos pueblos se desplomen producto de la protesta popular y se registren nuevas alzas del precio del petróleo?
El señor LETELIER (Vicepresidente).- La Mesa le concede un minuto para terminar su discurso, señor Senador.
El señor ESCALONA.- Gracias, señor Presidente.
¡Lo que estamos sugiriendo es un camino seguro, estable, sólido, permanente!
¡Lo que estamos sugiriendo es que, ante el descontrol de los precios de los combustibles en el mercado mundial, no se mantenga a los automovilistas y la clase media en la incertidumbre y que se rebaje de 6 UTM a 4,5 el impuesto específico, como lo hizo nuestro Gobierno!
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Les pido a quienes nos acompañan en las tribunas que no hagan manifestaciones de ningún tipo.
El señor PROKURICA.- Señor Presidente, antes de referirme al proyecto en sí, deseo contestar dos frases del señor Senador que me antecedió. Comprendo que la Oposición, en su desesperación, le eche la culpa de todo al Gobierno.
El primero de los elementos que quisiera exponerle a mi Honorable colega es que constituye una exageración responsabilizar a esta Administración de los altos precios, por ser un factor que no controla.
No sé si al leer el diario Su Señoría se pudo dar cuenta de una situación que advertí, por supuesto, cuando se originó la presente discusión, lo que hice justamente porque la Oposición retrasaba el tratamiento del proyecto. Expresé: "Si explota en este minuto una guerra, el país va a estar descubierto".
El Gobierno fue responsable y envió, en su oportunidad, la iniciativa. Lo que pasa es que la tramitación fue lenta, lo cual no es responsabilidad del Ejecutivo.
En segundo lugar, ya que se hizo referencia a aquellos tiranos que humillan y oprimen a los pueblos de África, debo puntualizar que hace pocos días leí en un diario que los militantes del Partido del señor Senador iban a pedir recursos adonde ese caballero que hoy día tiene armada una guerra civil. Así que me extrañan las dos posiciones de mi Honorable colega, porque no logro entenderlas.
Deseo consignar que la crisis que han ido generando los países del mundo árabe es netamente la responsable del precio de los combustibles. En las últimas tres semanas, señor Presidente, el valor del petróleo ha aumentado en 23,3 por ciento. Esto no había ocurrido con esa virulencia en los últimos 20 años, producto de que nos hallamos frente a una escalada, a una guerra, a una situación que resulta imprevisible y que ha originado los efectos que todos sabemos.
El Gobierno, con el proyecto de ley que ha enviado, busca proteger y amparar a nuestros consumidores, a las pequeñas y medianas empresas y, por supuesto, a la clase media. El articulado producirá los efectos que descarta mi Honorable colega. Lo que pasa es que el sistema estaba preparado para un calendario que no alcanzó a iniciarse. Y lo que hace el texto en estudio es efectuar justamente un perfeccionamiento para que la legislación entre a regir después de haber sido aprobada en el mes de febrero, anticipándose la plena vigencia del SIPCO.
Es curioso, señor Presidente, que la Concertación critique la iniciativa, en circunstancias de que, durante 20 años, nunca quiso utilizar un mecanismo que resolviera el problema de fondo.
Es más, el sistema mencionado por el señor Senador que me antecedió en el uso de la palabra rebajó por un tiempo, efectivamente, el precio de los combustibles. Pero digamos la verdad: destruyó a la ENAP, entidad estatal tan protegida por su sector. Hoy día, señor Presidente, ella debe 4 mil millones de dólares y su patrimonio asciende a 400 millones. ¿Esa es la forma responsable de defender al país? Pienso que también se defiende a los chilenos cuando se resguarda el patrimonio de todos ellos, que integran las empresas del Estado.
El proyecto incluye una segunda etapa, descrita por mi Honorable colega Escalona y que me parece también necesaria. ¿Por qué negarnos a los mecanismos que establece el mercado, como la fijación del precio de los seguros? Estoy cierto de que este no será el actual, ya que hoy se registra una guerra civil en uno de los países productores de petróleo.
Ahora, nosotros no hemos cambiado de posición. Durante una década, les pedí a los Gobiernos de la Concertación -junto con el Senador señor Orpis, Presidente de la Comisión de Minería- un impuesto móvil. ¿Qué significa eso? Que, cuando sube el precio internacional, baja el impuesto específico, de manera que la situación de los consumidores chilenos no se haga más gravosa por el factor tributario, lo cual nos parecía injusto. ¡Es lo que hace el proyecto! La idea es que el impuesto específico sea móvil, de modo que baje cuando suba el precio internacional.
Todos quisiéramos -y, por supuesto, no he renunciado a ello- lograr los objetivos deseables: por un lado, proteger a los consumidores, y, por el otro, ser también responsables, como cuando fuimos Oposición, porque es preciso mantener el ingreso fiscal, de tal manera que el Estado pueda responder a sus obligaciones.
Finalmente, pido al Senado aprobar el proyecto.
Y no renuncio a la esperanza de que, en un diálogo que sostengamos en el futuro con amplitud de criterio, podamos pedirle al Gobierno que reestudie una rebaja del impuesto específico, pero no precisamente por la cuestión que nos ocupa, sino porque, a mi juicio, desapareció su justificación. Ello no se refiere a la necesidad de los recursos, sino a la forma como opera.
Formulo un llamado, por supuesto, para que podamos abrir ese debate.
El señor TUMA.- Señor Presidente, cuando en enero pasado debatimos el proyecto tendiente a lograr un cambio o flexibilización para aplicar un sistema de amortiguación cuando se verificaban variaciones en los precios internacionales de los combustibles, el Senador que habla se abstuvo de votar, porque, en su opinión, compartida por varios Honorables colegas, no se resolvía la cuestión central.
Se cambió el FEPCO por el SIPCO, es decir, el Fondo por un Sistema, el cual garantizaba que el Estado no pondría un peso y que las fluctuaciones menores seguirían siendo absorbidas por los consumidores.
Deseo llamar la atención al Senado respecto a que estamos realizando un debate completamente falso en cuanto a las preocupaciones de los usuarios y consumidores de combustibles, porque lo que hoy día espera el país es una rebaja del precio -no solo que lo contengamos el día de mañana-, cuyo nivel resulta insostenible.
El señor Ministro, con razón, defiende la Hacienda Pública y dice: "No puedo rebajar el impuesto específico," -la propuesta formulada por mi Honorable colega Escalona causaría un impacto significativo- "porque cuento con determinados ingresos para financiar ciertos gastos establecidos en el Presupuesto de la Nación".
Tenemos una proposición para que el titular de Hacienda siga manteniendo los ingresos fiscales, pero con una modificación en cuanto a quiénes pagan el tributo.
Este último se estableció hace 25 años para que, al final del día, lo cancele solo el 20 por ciento de los consumidores, porque el resto se encuentra exento o lo recupera. Sin importar el precio del litro de bencina, cada usuario paga 255 pesos únicamente por concepto del impuesto. Si lo hace solo un quinto del total, ¿por qué no aprobamos una modificación -la hemos propuesto por medio de un proyecto de acuerdo- para que lo enteren todos los consumidores? ¿Por qué no lo democratizamos?
Hoy día, las empresas cancelan 255 pesos, pero recuperan cerca del 80 por ciento, de modo que, al final, el monto es de alrededor de 50 pesos.
Si hacemos que todos paguen el impuesto específico y lo bajamos de 255 pesos a 50, ello significará que el precio del litro de combustible, que asciende a 750 pesos, sería de 550.
Ahí coincidiría en que esa es una gran noticia para el país. Y el señor Ministro se luciría al anunciar que habríamos terminado con un tributo regresivo. ¿Por qué reviste tal carácter? Porque hace 25 años los usuarios del transporte privado pertenecían principalmente a los sectores de altos ingresos o medios altos, pero, actualmente, la clase media y otras más vulnerables acceden a un vehículo. Las políticas públicas de los últimos años han posibilitado que familias modestas lo adquieran, mas, con el nivel de precios vigente, están impedidas de seguir financiando el combustible que demanda.
¿Por qué no generamos una democratización? ¿Por qué la industria aeronáutica no contribuye al pago del impuesto? No me refiero a 255 pesos, sino a 50.
La mayor parte del volumen de consumo de combustible en el país no corresponde a los automovilistas ni a la clase media, sino a la minería, a la aeronáutica y a la industria, en general. ¿Por qué no efectuamos una distribución entre todos -personas naturales, jurídicas, consumidores, empresas- y pagamos solo 50 pesos de impuesto específico, con un impacto de 200 pesos menos en el precio final?
Creo que, en definitiva, ello significaría hacer lo que la gente espera, que no consiste en modificar la flexibilización para que una comisión especial vea cuándo se aplica el alza, la cual tendrá lugar de todas maneras.
Somos un país dependiente del combustible. No podemos controlar lo que ocurre en los Estados productores de petróleo ni el aumento en los precios, que proseguirá. Pero sí tenemos el control -y es una decisión del señor Ministro y del Gobierno- en cuanto a reducir el impuesto específico, para democratizarlo y que todos lo paguen, y que no lo hagan solo unos pocos, que son los más vulnerables.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Frei.
El señor FREI (don Eduardo).- Señor Presidente, tal como lo discutimos hoy día en la Comisión de Hacienda, me parece que estamos repitiendo el mismo debate realizado cuando hace unos meses se aprobó en la Sala el proyecto que luego se convirtió en la ley N° 20.493.
En esa oportunidad señalamos con claridad, sobre la base del informe financiero entregado por el Ministerio, que no había ninguna posibilidad de que el sistema funcionara. Eso es lo que ha sucedido.
Y hoy día, con esta nueva iniciativa, se pretende remediar en parte el mecanismo para resolver una situación de corto plazo.
En el informe mencionado -y el señor Ministro lo expresó claramente en la Comisión de Hacienda- se contemplaba cero gasto fiscal. Cuando se hacía referencia a 3 millones de dólares -se consideraba un monto de 250 pesos-, era el todo y la nada misma. Se trataba de que el Fisco no pusiera plata con motivo de los cambios en los valores de los combustibles a nivel nacional.
La discusión se llevó a cabo, la reiteramos y expusimos todas las dudas sobre el seguro: ¿cómo se iba a contratar?, ¿cuáles eran las condiciones?, ¿dónde se hallaba habilitado?
Es la misma conversación que sostuvimos hoy en la mañana. Repetimos las mismas consultas que hace cuatro meses.
En esa primera oportunidad, entonces, voté en contra del proyecto tanto en la Comisión de Hacienda como en las Comisiones unidas, así como también en la Sala, porque estimé que no resolvía el problema. Y el tiempo ha dado la razón.
Considero que la iniciativa en debate es "una aspirina", por llamarla así, porque si Sus Señorías analizan el estudio financiero entregado por el Gobierno, observarán que se expresa que el costo para los próximos días asciende a 38 millones de dólares. O sea, se resuelve el problema de las siguientes dos semanas.
Ello queda demostrado en forma clara. No conocemos cuál va a ser el costo más adelante. Solo sabemos que hoy día existe un problema en los países árabes y que seguramente el precio bajará -estaba en 105 dólares el barril- si Gadafi llega a controlar todo el país. Anoche vimos en la televisión de Arabia Saudita una altísima cantidad de armas en Bahréin, y es probable que se calme la situación. Además, tampoco conocemos lo que va a pasar en Japón en los próximos 60, 90 o 120 días.
Por lo tanto, dentro de ese período, o el Gobierno pone otros 40 millones de dólares en el momento en que el precio suba, o, de lo contrario, tendremos que discutir otro proyecto.
Aquí lo único que se está haciendo es amortiguar el incremento de 25 a 30 pesos que experimentaría el precio de la bencina esta semana. Pero ya hubo un alza y este es alto.
Durante la crisis 2008-2009 le pedimos reiteradamente al Ministro de Hacienda que bajara el impuesto específico a los combustibles. Y cuando presentó la iniciativa con las medidas para enfrentar esa crisis, se redujo el gravamen, después de un largo debate, de 6 a 3 UTM por metro cúbico. Luego, a medida que la crisis iba resolviéndose, el Ministro regresó con otro proyecto al Congreso y solicitó que volviéramos a la cifra de 6 UTM. Y aquí, después de discutirlo, dijimos: "No lo regresaremos a 6, sino que lo elevaremos solo a 4,5". Y así quedó hasta el 30 de marzo pasado, a fin de que el nuevo Gobierno resolviera en cuánto quedaba.
En la primera reunión de la Comisión de Hacienda de ese mes, el Ministro de Hacienda nos informó que el Ejecutivo no enviaría ninguna iniciativa y que, por lo tanto, el impuesto volvería a 6 UTM por metro cúbico.
En consecuencia, no hemos avanzado nada. Se ha hablado de la clase media y del altísimo costo de la bencina en Regiones: sobre los 800 pesos por litro. Y por eso le dijimos al señor Ministro: "Analicemos el fondo del problema".
Esta iniciativa resulta ser una aspirina para resolver la situación por las próximas dos semanas: los 38 millones de dólares son para solucionarla. Al igual que en el proyecto que creó el SIPCO, no se contemplan recursos.
El Senador señor Tuma ha planteado que el 21,4 por ciento de los consumidores paga el impuesto específico y que el resto no lo hace. Y todos los Ministros de Hacienda, como es lógico, cuentan con este ingreso de más de 2 mil millones de dólares. El año pasado creció 35 a 40 por ciento lo recaudado por este concepto.
Por lo tanto, pienso que esta iniciativa no resuelve el problema.
Eso sí, me molesta que algunas autoridades -no el Ministro; lo digo claramente- señalen que hoy debemos votar a favor o en contra del proyecto y que, de suceder lo segundo, quedaríamos expuestos ante la opinión pública, porque mañana habría que pagar más debido al impuesto específico.
¡Eso es un chantaje!
Por consiguiente, en tal sentido -lo señalo con claridad-, voy a mantener la votación que emití cuando se discutió el proyecto que estableció el SIPCO, por los mismos argumentos que entregué en esa oportunidad, y que hoy reitero, en la esperanza de que, como el señor Ministro ofreció, a fines de abril podamos analizar con visión general los sistemas de seguros. Porque no sabemos cómo son. Conocemos los seguros que toman las empresas, pero no los que contratan los países. Nos hallamos en una indefinición acrecentada por la situación internacional.
En consecuencia, démonos el espacio para estudiar lo relacionado con el impuesto específico. Hay múltiples formas de actuar en este ámbito sin disminuir -como muchas veces se ha dicho- la recuperación global.
Hay analistas que han señalado de manera reiterada -lo hicieron en la discusión de la iniciativa a que me referí- que este sistema no tenía ninguna salida, que no iba a resultar. Y lo expresaron nuevamente ahora.
Como Comisión de Hacienda, hemos estado disponibles -se lo manifestamos al señor Ministro- para discutir en serio este tema de una vez por todas. Aquí los que pagan fuerte son la clase media y las Regiones. Y me parece que no se merecen tal castigo.
Tenemos los instrumentos, los recursos y las fórmulas para efectuar un estudio serio en la materia y no seguir arrastrando el problema.
Por eso, esta tarde voy a mantener mi postura en este ámbito y no acompañaré esta iniciativa de ley.
El señor GARCÍA.- Señor Presidente, resulta evidente que la economía chilena enfrenta hoy un problema adicional: el alza en los precios internacionales de los combustibles producto de situaciones políticas cuya resolución, obviamente, se encuentra fuera de nuestro alcance.
Existen distintas maneras de abordar el asunto. Una de ellas la señaló con mucha claridad el Honorable señor Escalona: bajemos el impuesto a los combustibles; reduzcamos el ingreso fiscal en cerca de 330 millones de dólares al año.
La pregunta es qué gasto público dejamos de financiar con esa menor recaudación. Porque los 2 mil millones de dólares correspondientes al impuesto específico a los combustibles se hallan contemplados en la Ley de Presupuestos del presente año. Y estoy seguro de que ninguno de nosotros quiere reducir ningún gasto considerado en esa normativa, entre otras razones porque parte importante de él está destinada a la reconstrucción del país luego del terremoto del 27 de febrero del año pasado.
Pero, si no hubiéramos vivido ese sismo, alguien podría haber dicho: "Si tenemos en el Fondo de Estabilización Económica y Social cerca de 12 mil millones de dólares, por qué no sacamos de allí 330 millones, los ingresamos al Presupuesto y equilibramos las cifras".
El problema de eso radica en que convertir esos dólares a pesos haría que siguiera bajando el precio del dólar.
Además, reducir la recaudación tributaria ahora significaría menor crecimiento económico; mayor presión inflacionaria; que el Banco Central subiera la tasa de interés de manera más rápida que la actual; que la pequeña empresa, a la que todos defendemos legítimamente, terminara pagando mayores intereses y siendo afectada por la vía de una mucho mayor carga financiera.
Lo que quiero decir, señor Presidente, es que optar por una u otra solución tiene costos.
La que nos propone el Ejecutivo implica que, si el precio internacional de los combustibles continúa subiendo, seguiremos pagando un valor más alto por ellos. Porque, al entrar en funcionamiento el SIPCO, las fluctuaciones van a ser menores. Pero no nos engañemos, de continuar el alza internacional, el precio interno de los combustibles va a seguir aumentando.
Sin embargo, ese mal es mucho menor que un crecimiento de la economía más reducido. Porque en este caso lo mismo ocurriría con los empleos. Y la gran política social del Presidente Piñera se centra precisamente en la creación de miles de nuevos puestos de trabajo, como lo vimos en 2010, cuando surgieron 470 mil nuevas ocupaciones: ¡470 mil personas se incorporaron al campo del consumo y hoy disponen de un ingreso mensual!
Yo apuesto por esa vía de solución: mayor crecimiento económico, mayor cantidad de empleos, mayor capacidad de consumo, mayor poder de compra.
Eso, en definitiva, es bastante más positivo para todos los chilenos.
Por tal motivo, considero que debemos apoyar la iniciativa que ahora nos presenta el Gobierno.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Rossi.
El señor ROSSI.- Señor Presidente, parto diciendo que este es un mal proyecto.
Las iniciativas de ley se evalúan de acuerdo a si logran el objetivo para el cual se plantean, se elaboran y se envían a tramitación al Congreso. ¿Y por qué esta es mala? Porque no resuelve el problema del alza o las variaciones intempestivas, bruscas en el valor del precio del petróleo a nivel internacional.
Tanto es así que, cuando se tramitó el proyecto que creó el SIPCO, la Concertación dijo con total claridad que no iba a servir, que era mucho mejor el Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles Derivados del Petróleo (FEPC), al cual dejaron morir porque no querían asumir un compromiso con la clase media ni gastar recursos en esto.
Lo señaló, con total claridad, el Senador señor Frei. Ojalá el gasto fuera cero. La Concertación destinó 350 millones de dólares anuales en favor de la clase media y de la gente más humilde para mitigar el alza del precio de los combustibles. ¡Lo hizo la Concertación!
El Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles era una herramienta mucho mejor para tal objetivo, pero al Gobierno no le interesaba. Y el proyecto venía tan mal elaborado, que ahora el problema no solo obliga a adelantar la entrada en vigencia de la ley -que, lamentablemente, no sirve y que, quizás, podría empezar a regir en dos semanas más-, sino que también se cambia el texto de manera sustancial. Porque con la banda de precios establecida en la ley publicada el 14 de febrero de este año -o sea, hace un mes- no existía ninguna forma de inyectarle recursos al sistema, pese a la tremenda alza que ha habido y por la cual todo el mundo reclama.
Por eso, reitero: este es un mal proyecto, que demuestra la impericia del Gobierno cuando presenta una iniciativa legal al Congreso y no escucha a la Oposición, que le plantea, con total claridad, que ella no resolverá los problemas de la gente.
Los colegas de enfrente dijeron durante años: "Hay que eliminar el impuesto específico a los combustibles"; "No se justifica este impuesto, que viene de 1985"; "Hoy día las carreteras están concesionadas".
Ese discurso lo escuchamos millones de veces. ¿Y quién bajó el impuesto específico? La Concertación. Lo disminuimos a la mitad. Pero volvió a subir durante esta Administración, habiendo tenido el Primer Mandatario la posibilidad -como aquí se ha señalado- de enviar una iniciativa para que no volviera a 6 UTM el metro cúbico.
O sea, hoy día los chilenos están pagando un impuesto -250 pesos por litro, más o menos-, debido a que el Presidente de la República de este Gobierno, de una coalición que siempre sostuvo que había que eliminar el impuesto específico porque era injusto, porque usurpaba recursos de la clase media, no quiso eliminar el impuesto específico y tampoco mantenerlo en 4,5 UTM el metro cúbico. ¡Esa es la verdad! Podría haberlo efectuado perfectamente. Nosotros no podíamos: no tenemos facultad para ello.
Así que existe una tremenda incoherencia entre el discurso que la Alianza por Chile utilizó durante años y lo que esta coalición ha hecho durante la actual Administración. Encima, dejó morir un sistema que era exitoso, que inyectaba recursos cuando había un alza, logrando compensarla, mitigarla, y ayudaba a la clase media.
Este proyecto no apoya a la clase media; está mal elaborado, mal formulado; es un parche. No va a disminuir el precio de los combustibles. Lo único que hará es evitar que mañana suba 25 pesos. ¿Qué estamos planteando nosotros? Reducir el valor por lo menos en 70 pesos y bajar el impuesto específico a 4,5 UTM.
Y, finalmente, me voy a referir a un tema bien importante: la recaudación. Este año se recaudarán 5 mil millones de dólares adicionales por el precio del cobre. ¡Cinco mil millones de dólares adicionales! ¡Este Gobierno no requiere más recursos! Los indispensables para llevar a cabo la reconstrucción ya están garantizados.
Por lo tanto, no engañemos al país, porque no necesitamos esa plata. Es mucho mejor que la tengan los transportistas escolares, los taxistas, la clase media, la gente que hace un tremendo esfuerzo para salir adelante y, justamente, enfrentar las alzas de los alimentos y de los combustibles.
Ese es el llamado que estamos haciendo: busquemos una fórmula de largo plazo que resuelva el problema de manera real, y que el Estado se meta la mano en el bolsillo. No como ahora, donde para el Gobierno ojalá no se gastara un solo peso, a diferencia de lo que hizo la Concertación, cuando se destinaron más de mil millones de dólares, en cuatro años, a mitigar el impacto del alza de los combustibles en el bolsillo de los chilenos y chilenas.
El señor NAVARRO.- Señor Presidente, en verdad esto es como una película o como el eterno retorno.
Le dijimos al Ministro de Hacienda, en esta Sala, que el mecanismo propuesto no iba a funcionar. Le hicimos una serie importante de preguntas.
Lo que me queda claro es que el alzhéimer sufrido repentinamente por la UDI también se extiende a Renovación Nacional. ¡Alzhéimer! Se olvidaron que pedían la eliminación completa del impuesto específico. El Senador Pérez Varela afirmó: "Le he solicitado al Gobierno que lo rebaje". Bueno, su Gobierno no le hace caso. Se lo pidieron al Presidente Piñera, porque fue él quien expresó que no le gustaban los impuestos específicos. Ahí está en la página web de su campaña. Y la UDI, que durante 20 años criticó a la Concertación, hoy día se muestra incapaz.
Al menos tengan la hidalguía de decir que aquello que exigieron por 20 años no son capaces de hacerlo en un año de gobierno. Y expliquen las razones.
El Ministro Larraín, señor Presidente, se equivocó. Y yo esperaría que los costos que han pagado los usuarios por el alza de las bencinas les fueran reincorporados, reembolsados, pues ellos no tienen por qué ser conejillos de Indias de los Ministros de Hacienda.
En materia de precios de combustibles, le dijimos: el 12,5 por ciento es un porcentaje altísimo. Y, por cierto, la gente que tiene automóvil ha debido pagar estas alzas sucesivas.
Yo no sé de adónde viene el apuro por evitar el aumento de 22 pesos el jueves. Desde luego, nos gustaría que los precios no subieran. Se dice: "Ahora viene el Presidente Obama. Ojalá que la gente esté más contenta". Pero todas las cosas se facilitan antes de la visita del Presidente de los Estados Unidos.
Si hay una mínima coherencia, el mecanismo ofrecido por el Gobierno no puede significar cambiar cuatro palabras del texto que aprobamos en febrero para conseguir dos semanas más de estabilidad o, en definitiva, solamente para solventar un alza de 22 a 25 pesos.
A mi juicio, eso no es responsable. La vez anterior voté a favor del proyecto, pero con todas estas observaciones. Al Ministro le hice un conjunto de preguntas que hoy cobran plena vigencia.
¿Chile deberá seguir pagando una prima? ¿Se contratarán seguros? ¿Quién se va a atrever a contratarlos ahora? ¿Podría explicar el señor Ministro el impuesto negativo variable que se traducirá en una rebaja final a los combustibles? En definitiva, ¿bajará o no el precio de estos?
Uno nunca sabe cuándo habrá otra guerra ni qué país invadirá Estados Unidos para detectar un aumento en el precio del petróleo. Claramente, necesitamos un sistema mucho más seguro. El que está ofreciendo el señor Ministro no lo es; se trata de un mecanismo absolutamente transitorio que reniega del elemento fundamental: la eliminación o reducción progresiva del impuesto específico, que es, en definitiva, lo que pedían a gritos quienes hoy gobiernan.
La actual propuesta solo busca parchar un error. Y no se puede experimentar con el bolsillo de los usuarios.
Le preguntamos al señor Ministro: "¿Cómo garantiza usted que este seguro va a ser mejor que el Fondo de Estabilización?".
En verdad, no creo que los economistas de la Concertación hayan estado tan equivocados.
Llega un nuevo Ministro, proveniente de Harvard y del sector privado, que nos propone un mecanismo donde gastamos menos de un tercio que la Concertación.
Bueno, no funcionó. Claro, uno podía predecir lo que iba a pasar en Libia; pero, en realidad, es tarea de los Ministros de Hacienda tomar prevenciones.
Lo dijo el Presidente de la República cuando ordenó la alerta de tsunami: es mejor prevenir que lamentar. Pero no ha sido así con el bolsillo de los consumidores, donde ha sido mejor lamentar. Como el Gobierno no paga, sino que lo hacen los usuarios y los consumidores, entonces es posible lamentar, porque el bolsillo es del otro.
Y ahora, señor Presidente, nos piden que aprobemos un proyecto de ley, no en 24 horas, ni en 12, ni en 6. ¡En 2 horas! ¡Eso nos piden! Con un mecanismo muy poco comprensible y que, como señalaron el Senador Frei y el Diputado Lorenzini en la Cámara, viene a ser un parche, un mecanismo parcial que no da cuenta de una solución permanente.
Los prejuicios ideológicos que la ENAP albergó durante los Gobiernos de la Concertación aún se mantienen. La pregunta es: ¿resulta factible seguir pensando en invertir o en explorar en el Oriente Medio, en Egipto, en África? ¿No es posible pensar, por ejemplo, en el petróleo de Venezuela, que reiteradamente ha sido ofrecido, pero que no se ha aceptado por un prejuicio ideológico?
¡Cuarenta mil millones de dólares le compra Estados Unidos a Venezuela en crudo! ¡Ahí no hay prejuicio ideológico! Y, sin embargo, Chile, este país pequeñito del Cono Sur, se niega a hacer negocios con Venezuela, aun cuando este podría ser un gran socio en materia petrolera.
En definitiva, nos deben brindar una solución más permanente.
Yo, señor Presidente, me voy a abstener, pues, en realidad, me gusta la idea de que no haya alza el día jueves, pero más me gusta la de que no existan alzas permanentes, con un mecanismo seguro y estable.
Y también me voy a abstener porque considero que el Gobierno ha actuado irresponsablemente. El error del Ministro Larraín no lo pueden pagar los consumidores, los usuarios de automóviles, y debe ser corregido por una propuesta nueva y definitiva.
La señora ALLENDE.- Señor Presidente, también voy a comenzar mi intervención señalando que durante la tramitación del proyecto anterior se advirtió una y otra vez en las Comisiones unidas de Hacienda y Minería acerca de lo que podía ocurrir. Distintos Senadores -particularmente el señor Frei, la señora Rincón y el señor Escalona- planteamos diversas dudas: que no nos parecía un mecanismo adecuado; que se veía bastante inflexible; que era muy alta la banda de precios.
En ese momento, nadie imaginaba ni tenía claridad sobre lo que iba a ocurrir después. Sin embargo, no nos parecía un mecanismo adecuado. Además, había tremendas dudas respecto del funcionamiento de un seguro. Se preguntó al respecto muchísimas veces. Y tengo la sensación de que, en este caso, el Gobierno fue extraordinariamente soberbio, porque creyó tener un gran proyecto. No nos quiso escuchar ni tomó en cuenta los argumentos que le dimos. La consecuencia de ello la estamos viendo hoy: un proyecto tramitado a toda carrera que constituye -como se ha dicho bien claro- una "aspirinita", porque ni siquiera da para aspirina. Es una "aspirinita" para que los pobres usuarios no sufran un alza de 20 pesos en el precio de la gasolina el próximo viernes. Eso es lo que está ocurriendo.
Todo lo que se ha señalado acerca de la defensa de la clase media y de los consumidores es totalmente inefectivo. En este momento queda claro que no se va a hacer rebaja alguna.
Aquí no se ha querido escuchar lo manifestado incluso en forma unánime en la Cámara de Diputados. No se ha atendido el proyecto de acuerdo firmado de manera transversal por las bancadas.
En los cuatro períodos que integré la Cámara Baja, el entonces Diputado Julio Dittborn criticó numerosas veces la vigencia del impuesto específico a los combustibles, preguntándose por qué no se rebajaba. Todavía recuerdo cómo alzó la voz en cada oportunidad que se trataba el tema.
Y yo ahora les recuerdo que fue la Presidenta Bachelet quien, en el momento de la crisis bastante grave que debimos enfrentar -no la provocamos nosotros, por cierto; pero, dado que vivimos en un mundo globalizado recibimos las consecuencias-, tuvo el coraje de reducir ese tributo.
Lamento profundamente que la primera medida de este Gobierno haya sido volver a un sistema que no nos brinda seguridad y que impidió quedarnos -como tantos pedimos- con una cifra razonable en los precios.
Hoy estamos señalando lo único cuerdo. En primer lugar, que paguen todos los sectores, porque, como dijo muy bien el Senador Tuma, algunos no lo hacen y tal obligación debiera ser generalizada.
La verdadera solución es rebajar el impuesto específico por un período prudente, transitorio -un año o un año y medio-, ya que no sabemos con certidumbre lo que va a seguir ocurriendo debido a la crisis del Medio Oriente y menos ahora, dada la situación de Japón.
¿Qué estamos diciendo? Que se haga una rebaja, pero sin esta parodia de solución.
Durante este año, se ha aumentado el precio de la bencina -lo que tiene que soportar directamente el 35 por ciento de los chilenos-, sobre los 86 pesos, lo cual no solo repercute en los usuarios de automóviles, sino también, de modo indirecto, en el costo del transporte público -el Transantiago, por ejemplo- y en el alza de los alimentos.
Una cosa más, señor Ministro: nunca hemos oído que haya preocupación por las Regiones. Por supuesto, la vigente es una política centralista a la que estamos acostumbrados. Pero no he oído ni una palabra de inquietud por saber cuánto más cuesta a las Regiones que nosotros representamos el precio de la gasolina.
En la Región de Atacama, el precio actual es de 81 pesos más caro que en Santiago. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? ¿Es justo esto?
Entonces, la única solución consiste en reducir el impuesto específico de 6,5 a 4,5 UTM por metro cúbico. No hay otra, entendiendo que se trataría de una medida transitoria, hasta que la situación se presentara más favorable.
Dejo constancia en la Sala de que me voy a abstener, porque soy incapaz de votar esta iniciativa.
Quiero que se contenga el alza, pero lo que se nos ofrece no representa solución.
Soy incapaz de aprobar un proyecto que no es serio, que es un parchecito y que, en verdad, no aborda el problema de fondo.
¡Vergüenza debiera darles a aquellos que lo defienden como si fuera una gran iniciativa!
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Zaldívar.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Señor Presidente, en una sesión del mes de enero, cuando se discutía el proyecto de la ley que hoy intentamos modificar, sostuve claramente: "Ahora bien, creo que el proyecto que nos ocupa no es bueno. Y el Gobierno habrá de asumir su responsabilidad si el sistema planteado funciona mal. En todo caso, pienso que los fondos que prevé el mecanismo propuesto no van a ser suficientes.
"Esta iniciativa tiende a ahorrarle recursos al Fisco. Mi duda estriba en si ese ahorro, sobre todo en la primera etapa, producirá el efecto que se persigue.".
Esta no fue solo una inquietud mía. Muchos otros Senadores también la plantearon. Sin embargo, el Gobierno sostuvo que lo que nos traía como fórmula iba a operar. Todos sabemos que en este tiempo lo relativo al precio del petróleo no era novedad. Desde hace más de 20 años que hay ciclos de crisis relacionados con el precio del crudo. En los últimos 10 años, hemos conocido al menos tres situaciones de ese tipo.
Por lo tanto, lo sucedido era algo previsible. Por lo mismo, cuando se estableció el Fondo de Estabilización del Precio del Petróleo se pensó que iba a tener una vigencia permanente, a fin de evitar los ciclos negativos en la economía. Porque el precio del petróleo no solo es muy determinante para el costo de la bencina de los automóviles, sino que resulta fundamental para la economía, porque genera alzas en los precios y en los costos de todo tipo de actividades.
Ahora bien, no creo que el proyecto que se nos ha hecho llegar vaya a solucionar el problema.
Luego de su último viaje, según informa la prensa, a los pocos días de retornar al país, el Presidente de la República se dio cuenta de que el precio de la bencina subiría 28 pesos. Incluso, el día antes el Ministro de Hacienda manifestó su reticencia a revisar todo lo que tuviera que ver con el asunto. Sin embargo, el Primer Mandatario, seguramente con más sensibilidad sobre lo que podría producir un alza como esta el jueves, pidió a los Ministros de Hacienda y de Energía una solución al problema.
Por lo tanto, en mi opinión, lo que nos han traído ahora es una solución para ese día y evitar que la bencina suba 28 pesos. Y, por supuesto, nos enfrentan a una situación muy compleja; nos imponen una "discusión inmediata" y nos obligan a tener que decir "sí" o "no" en pocas horas. Además, se ha manifestado que si nos inclinamos por la negativa, seremos responsables del alza de la bencina de mañana. Pero no es así.
En esta materia, el Gobierno ha sido renuente, tal como lo fue en su momento con la situación de Magallanes, donde también se negó a cualquier tipo de subsidio. No obstante, terminó entregando lo que correspondía, por lo menos transitoriamente.
En junio, cuando terminó la vigencia del Fondo de Estabilización del Precio del Petróleo, el Gobierno presentó una iniciativa. Pero el Parlamento no es el responsable de no haberla despachado. El Gobierno no requirió las urgencias necesarias para su despacho, porque, al parecer, durante ese tiempo no había ningún tipo de riesgo de alza en el precio del petróleo en el mercado mundial. En enero se activó tal iniciativa y se nos solicitó apoyarla. Sin embargo, nosotros reclamamos y dijimos que no serviría y que no iba a producir efectos en la primera etapa, dado el juego entre el impuesto específico y las cuatro semanas que hoy se pide que se reduzcan a dos.
A mi juicio, ahora tampoco va a tener efectos. Espero que el Gobierno no vuelva a proponernos una nueva normativa para solucionar los problemas, en el caso de persistir la crisis del petróleo.
Por lo demás, como está planteado el proyecto -según se dijo muy bien en la Sala-, implica un financiamiento del orden de los 36 millones de dólares. Y, como manifestó el Senador Frei, creo que esa suma solo servirá para cubrir la primera etapa.
Se dice que se va a buscar la rebaja del impuesto específico en la misma medida en que suba el precio del petróleo; y que, en vez de realizar las consideraciones necesarias en cuatro semanas, se hará en dos.
De otra parte, se otorgan facultades bastante amplias y una ponderación muy arbitraria, para calcular aspectos que no sabemos cuáles son. Me refiero a la modificación que se hace al artículo 2°.
Pero ¿qué sucede? Si en el próximo tiempo hay alza en el precio del petróleo, el Gobierno se dará cuenta de que no fue suficiente la rebaja del impuesto específico como se propone en la iniciativa.
En mi concepto, lo más sano es proceder como se hizo en el Gobierno de la Presidenta Bachelet. Se debió presentar un proyecto que rebajara el impuesto específico a 4,5 UTM; es decir, como estaba en el mes de marzo. Además, debió darse un plazo -un año, un año y medio o dos años-, para ver cómo fluctúa el mercado y establecer un sistema permanente de resguardo para el precio del petróleo.
Creo que todo otro sistema -acuérdense de mis palabras- hará que el Parlamento vuelva a revisar la misma situación de ahora, pues no habrá una solución permanente para la rebaja del impuesto al petróleo.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Ha concluido su tiempo, señor Senador. Le damos un minuto más.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Señor Presidente, solo quiero señalar que en materia de impuesto específico yo creí siempre que aquí había un consenso, porque en las bancadas que hoy representan al Gobierno, como en las nuestras, siempre se sostuvo la necesidad de rebajar ese gravamen. Se lo he escuchado al propio Senador Prokurica.
Entonces, si hay acuerdo, revisemos este tema, terminemos con el problema y demos estabilidad al precio de los combustibles.
La señora ALLENDE.- ¿Me permite, señor Presidente? Pido abrir la votación.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- No hay acuerdo, señora Senadora.
El señor GÓMEZ.- Señor Presidente, he oído a muchos Senadores de la Concertación decir que el Gobierno no los escucha ni tiene voluntad de resolver estas cuestiones. Por mi parte, pediría al Ministro que se escuchase a sí mismo. Él dijo en esta Sala, en una sesión del mes de enero:
"En primer lugar, se ha planteado que el sistema propuesto es inseguro.
"Un señor Senador afirmó también que el Fondo no será suficiente.
"Ello no es correcto. El sistema va a ser suficiente, porque involucra estabilizar un precio dentro de un rango, con un compromiso estatal ilimitado, a diferencia del Fondo, que es limitado. Entonces, se trata de un esquema que, desde el punto de vista de la protección y la seguridad, es superior a ese otro.".
Más adelante, afirmó: "...si bien no puedo predecir el futuro con entera precisión, sí estoy en situación de afirmar que, como Gobierno, nos hacemos plenamente responsables de que el esquema va a funcionar bien. Y, más aún, estamos completamente convencidos de que operará mejor que aquel que se está reemplazando. Por eso estamos tranquilos, señor Presidente.".
Esas son las palabras con que el Ministro se refirió al proyecto, y que hoy día demuestran claramente que hubo una equivocación del Gobierno. Y lo que nosotros le pedimos ahora es que ojalá no volvamos en dos o tres meses a discutir el mismo tema.
Hemos planteado una solución transitoria, que consiste simplemente en rebajar el impuesto por un tiempo determinado -algunos señalan uno, dos años; a lo mejor podría ser por un período menor-, con la finalidad de que el resultado de eso vaya directamente a las pymes, a las personas, a aquellos que están soportando el impacto del aumento del precio de este combustible.
Pedimos también al señor Ministro que revise en este proyecto las particularidades de las Regiones. Porque es distinto lo que pasa en cada una de ellas. Naturalmente, las normas propuestas no lo consideran, pues son generales; pero, por supuesto, hay posibilidades de hacerlo.
Entonces, más que ir a un diálogo duro, solicitamos al señor Ministro que rectifique, que conversemos, que la futura ley resuelva efectivamente la situación para que no volvamos en unos pocos meses más a escuchar de parte suya las mismas palabras que acabo de leer.
Quiero aprovechar los pocos minutos que me quedan para dar una explicación a las personas que declaran no entender por qué el Parlamento no toma medidas, diciendo: "Bueno, por qué ustedes no lo resuelven, por qué no bajan los impuestos o por qué no llevan adelante aquellos proyectos que mencionan tanto en los diarios, en las reuniones". Y es, simplemente, porque la Constitución de la República señala, bajo el enunciado "Formación de la ley", lo siguiente:
"Corresponderá, asimismo, al Presidente de la República la iniciativa exclusiva para:
"1°. Imponer, suprimir, reducir o condonar tributos de cualquier clase o naturaleza...", etcétera.
Es decir, el Congreso en esto es un mero buzón, pues no tiene posibilidades de presentar una indicación si no viene patrocinada por el Ejecutivo.
Por eso, nosotros nos vamos a abstener en la votación. Queremos que, en definitiva, quede claramente establecido ante la opinión pública que la responsabilidad de lo que suceda con el precio de la bencina -que baje 20 pesos el jueves y que vuelva a subir, a lo mejor, 50 pesos en dos o tres semanas más- es del Gobierno y no de la Oposición.
Hemos hecho un planteamiento claro y serio para lograr de verdad lo que se ha prometido tanto: que el alza no afecte ni golpee tan fuertemente a la clase media y a los más pobres.
Así que, señor Ministro, yo le pido que no nos escuche a nosotros, sino a usted mismo. Usted sostuvo que no iba a equivocarse. Erró.
Por lo tanto, para que no volvamos a hablar nuevamente de este tema dentro de poco, démonos un tiempo -a lo mejor una hora- para tomar en consideración lo que hemos sugerido y, en un plazo más largo, para discutir con mayor profundidad una normativa que favorezca al país en general.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- El señor Ministro ha solicitado la palabra. Después de él hay unos seis Senadores inscritos.
Se ha pedido abrir la votación. Propongo hacerlo después de que intervenga el señor Ministro, respetando el tiempo de cada uno.
El señor LARRAÍN (Ministro de Hacienda).- Señor Presidente, tal vez sea más eficiente que yo intervenga después de los Senadores inscritos, porque así me puedo hacer cargo de sus observaciones. A no ser que ya se vaya a abrir la votación. En cualquier caso, estoy preparado para hablar en este momento.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Señor Ministro, de acuerdo al Reglamento Su Señoría tiene el derecho preferente de usar la palabra. Si quiere hablar después, no hay problema.
Recuerdo a los señores Senadores que la petición de apertura de la votación se refiere solamente a la general.
Señor Ministro, ¿se reserva para después?
El señor LARRAÍN (Ministro de Hacienda).- No, señor Presidente; no tengo inconveniente en hablar de inmediato.
En primer término, quiero hacerme cargo de algunos de los planteamientos hechos.
Parto por la cita del Senador señor Gómez, a quien le agradezco haber leído con tanta precisión lo que dije hace poco tiempo; pero deseo advertir que esas palabras -yo estoy detrás de ellas-, contrariamente a su interpretación, no constituyen un error. Y quiero explicar por qué.
Varios señores Senadores han argüido que aquí hubo un error, que el sistema no funcionó. Y en verdad, lo que estamos pidiendo es que se permita que funcione. Me parece que el juicio que se hace es demasiado severo, duro y crítico. Estamos solicitando adelantar en unas semanas su operación. Si no creyéramos en la iniciativa, querríamos cambiarla. Lo que estamos pidiendo es iniciar su funcionamiento en una semana o en algún tiempo más, para poder evaluarlo y ver qué pasó. Señalar "Esto no resultó", "Fue un error", "El Ministro se equivocó" antes de que comience a aplicarse el sistema me parece aventurado y un poco extemporáneo. No obstante que respeto tal punto de vista, creo que no corresponde juzgar algo que todavía no se aplica.
En seguida, junto con criticar el SIPCO -que todavía no funciona-, se alaba el FEPCO. Y quiero decir con toda responsabilidad que, usando los mismos parámetros del FEPCO al 30 de junio -hemos hecho las simulaciones-, no habría entrado a regir sino hasta la semana pasada.
Por lo tanto, puedo sostener que hasta ese momento ambos sistemas habrían tenido el mismo efecto en el precio de los combustibles para los consumidores.
Me hago cargo de un tercer punto. Se dice que nosotros no predijimos el conflicto de Libia; pero yo he mostrado esta mañana en la Comisión de Hacienda un gráfico -está disponible para todos los señores Senadores que quieran conocerlo- que es bastante elocuente en términos de dar cuenta de que aquel estalló un día después de que fijamos los parámetros del SIPCO. Y, por tanto, nos quedamos con un precepto del Fondo anterior, el FEPCO, por cuatro semanas. En el momento en que fijamos los parámetros, el petróleo estaba en 85 dólares, y tres semanas después, en 105. Hay un aumento de 20 dólares del precio del petróleo en el West Texas Intermediate, que es relevante para este efecto.
Por eso estamos frente a esta situación. Yo entiendo que todos los presentes -tanto los Senadores de la Coalición como los opositores y los independientes- queremos evitar que aumente el precio de los combustibles mañana. Y por eso estamos aquí. Pero también es justo reconocer que hay que mirar los timings de las situaciones. No es que nosotros desconozcamos la existencia de una zona que tiene un riesgo geopolítico en el Medio Oriente y en el norte de África. ¡Por ningún motivo! Tendríamos que ser ciegos para no verlo. Pero es imposible anticipar el timing exacto de un conflicto. El de Libia, con la escalada de precios que implicó, lamentablemente ocurrió un día después del momento en que fijamos por cuatro semanas los parámetros.
En otro ámbito, somos conscientes de que existen diferencias en los precios de los combustibles entre la zona central y las Regiones más extremas del país. Mientras más alejadas, probablemente el efecto sea mayor.
Sin embargo, ese diferencial se ve compuesto en parte por el alza del precio del petróleo. Si mañana este aumenta en 25 pesos localmente, tal incremento constituirá el precio base. Pero, como el combustible se traslada a Regiones utilizando combustible, por el costo del transporte el precio final sube.
Por lo tanto, una primera cosa que podemos afirmar es que, si se aprueba este proyecto hoy, evitaremos un aumento aún mayor y el ensanchamiento de la brecha existente entre la zona central y las Regiones apartadas.
Señor Presidente, se ha dicho también que esta iniciativa se planteó con un nulo efecto fiscal.
En realidad, el informe financiero original consignaba estimaciones de entre 3 y 200 y tantos millones de dólares. Es una banda ancha, porque no contamos con una varita mágica para determinar cuáles serán los precios futuros del petróleo. Si la tuviéramos, podríamos establecerlos con mayor exactitud.
El informe financiero explícitamente considera la mantención del precio del petróleo en 100,8 dólares por barril. Si así fuera, el gasto estimado, no en esta semana o la próxima sino durante las 10 siguientes, sería de 36,8 millones de dólares.
En todo caso, si el precio del petróleo aumentara -ojalá no sea así- y mostrara una tendencia creciente, el compromiso de recursos fiscales sería mucho mayor. Tranquilamente podríamos duplicar esa cifra si tenemos una escalada de precios, porque la protección se mantendrá por un período más extenso.
Se ha consultado por cuánto tiempo protegeremos al consumidor del alza de precios del petróleo. Ello depende de la trayectoria que estos tengan. Si bajan en las próximas semanas, habrá una disminución en los precios al consumidor, porque no mantendremos o trataremos de reducir esa baja, sino que la traspasaremos a este.
Señor Presidente, quiero ser muy claro al señalar que nunca planteamos este proyecto -tampoco se hizo respecto del FEPCO ni del FEPP- como una herramienta permanente de subsidio a los precios de los combustibles. Tales sistemas siempre estuvieron concebidos como mecanismos de suavizamiento de precios, al objeto de evitar que alzas transitorias se traspasaren a los consumidores y permitir a estos ajustarse frente a alzas permanentes.
Así se planteó.
¿Cómo funciona el sistema, señor Presidente? A través de bajar el impuesto específico variable negativo. Si se aprueba hoy lo que proponemos, mañana se reducirá dicho gravamen. ¿En cuánto? En una magnitud aproximada de 0,7 UTM por metro cúbico, según los cálculos que ya tenemos preparados para este efecto.
También se han hecho otros planteamientos.
Por ejemplo, se dice: "Si ha aumentado el precio del cobre, por qué no gastar los recursos adicionales".
Quiero recordar que, de acuerdo a la política de balance estructural que se ha aplicado en este país durante los últimos diez años, que nosotros mantenemos e intentamos perfeccionar y profundizar, no podemos gastar sobre la base de los precios corrientes, sino en una perspectiva de largo plazo, lo que es determinado por un comité independiente de expertos.
Así se gastan los ingresos estructurales.
Por lo tanto, si el precio del cobre sube, el país acumula más recursos. Si el precio baja, se sacan recursos del Fondo de Estabilización.
Señor Presidente, me referiré ahora a lo relativo a la reducción del impuesto específico a los combustibles.
En tal sentido, dejo claro que no corresponde decir, como se ha afirmado aquí, que este Gobierno aumentó dicho tributo...
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Perdón, señor Ministro.
Conforme al Reglamento, se le asignó el tiempo de que dispone un Senador para intervenir. Ese tiempo se cumplió, y le hemos concedido cuatro minutos adicionales. Pero le seguiremos dando la palabra, si lo requiere.
Lo hago presente para que no se vaya a producir una reacción incomprensible.
Estamos otorgándole las facilidades del caso al Ministro para que exponga todo lo que considere necesario.
El señor LARRAÍN (Ministro de Hacienda).- Agradezco, señor Presidente, esa consideración.
Solo estoy tratando de responder los numerosos cuestionamientos de los señores Senadores, a fin de satisfacer sus inquietudes.
Decía que no corresponde afirmar que este Gobierno aumentó el impuesto específico a los combustibles, dado que su reducción se legisló como una medida transitoria. De hecho, caducó en marzo de este año.
Ahora, siempre se puede sostener que el Ejecutivo no ha mandado un proyecto de ley para hacer permanente la reducción. Pero, cuando se tramitó la iniciativa legal pertinente, ese mecanismo fue planteado como transitorio, considerando una situación de crisis internacional, de recesión y de aumento significativo en los precios internacionales de los combustibles, mucho mayor al que hay hoy día.
Esa realidad no corresponde a la que vivimos ahora, porque, afortunadamente, no existe crisis en la economía local, sino más bien una economía que crece sobre el 6 por ciento y que genera muchos empleos, razón por la cual la situación es distinta.
Señor Presidente, hay otra cuestión que no corresponde al actual proyecto: el carácter más permanente del impuesto específico a los combustibles.
Nosotros planteamos que para reducir un ingreso de tal magnitud se requiere buscar otra fuente de ingresos, o bien, reducir los gastos y los programas que se financian con tal tributo.
Podrá resultar a veces muy simpático decir que se quiere eliminar un impuesto. Pero lo que debo hacer -es mi rol, y Sus Señorías lo entenderán-, si alguien me pide suprimir un gravamen que significa una recaudación sustantiva (en este caso, del orden de los 2 mil millones de dólares), es ver de dónde sacar la cantidad que se deja de percibir a fin de financiar los programas contemplados en el Presupuesto, o bien, reducir tales programas y los gastos que implica.
Eso sería lo responsable en nuestro caso.
Finalmente, con relación también al impuesto específico, se ha planteado la necesidad de ver cómo enfrentamos una situación permanente de aumento de los precios del petróleo.
Habrá razones que podemos debatir al respecto. No quiero discutir hoy si ello se justifica o no y las políticas adoptadas por los países de la OCDE en esta situación.
Dejo hasta acá mi intervención, señor Presidente, en aras del tiempo, y quedo a disposición de los señores Senadores para responder las inquietudes que les surjan.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Se me ha pedido cerrar el debate y abrir la votación en general.
¿Habría acuerdo para proceder en tal sentido, sin reducir el tiempo de las intervenciones para quienes están inscritos?
El señor NOVOA.- Pido la palabra para consultar una cuestión de Reglamento, señor Presidente.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- La tiene, señor Senador.
El señor NOVOA.- Señor Presidente, de acuerdo al artículo 126 del Reglamento, relativo a la discusión general y particular a la vez -me parece que es el caso-, por la sola aprobación general del proyecto este se entiende también aprobado en particular, a menos que haya indicaciones.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Existen, señor Senador. Por eso lo planteé.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- En votación general el proyecto.
El señor GIRARDI (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Pizarro.
El señor PIZARRO.- Señor Presidente, de manera muy breve, trataré de reflexionar sobre por qué se envía este proyecto al Congreso.
El Ministro de Hacienda dijo en su argumentación que se debe a las alzas en los precios internacionales del petróleo.
Esta iniciativa se presenta por dos razones.
La primera, por el peso de la opinión pública. La gente empieza a cuestionar el sistema y a reclamar, pues está pagando en exceso por los combustibles que usa a diario. ¿Y eso qué gatilla?
La segunda razón: el Presidente de la República se da cuenta, al volver de su largo periplo por el Medio Oriente y Europa, de que, si no arregla la situación o no da una señal, se le producirá un problema con las encuestas, las cuales, no cabe duda, constituyen el gran instrumento por el que gobierna.
Por eso, yo partiría pidiéndole al señor Ministro un poquito más de humildad cuando llegue al Senado a solicitar que le aprueben un proyecto.
Se lo digo fraternalmente, tal como se lo manifesté al titular de Hacienda del Gobierno anterior: ábrase a escuchar los planteamientos de gente que a lo mejor no piensa como usted pero que alguna experiencia ha ido recabando con los años.
El señor Ministro, esta mañana, temprano, en Televisión Nacional -yo lo vi; estaba al parecer en el jardín de su casa: había un portón rojo, unas plantitas arriba; se veía muy bonito- dijo: "Si el Senado no aprueba hoy el proyecto, a la gente mañana le van a subir en 25 pesos la bencina y los combustibles". ¡A la gente!
O sea, "Si el Senado no despacha la iniciativa como a nosotros se nos ocurrió, la gente va a sufrir mañana".
¿Por qué? Porque "este Gobierno" -manifestó el Ministro- "está preocupado de la gente".
Me alegro, Ministro, de que le preocupe. Pero le pido un poquito más de humildad y coherencia.
Usted está sacando este proyecto a matacaballo, en la Cámara de Diputados y aquí, porque la normativa que presentaron tiempo atrás no funciona, tal como se lo advertimos.
La explicación que da ahora ("No podemos decir que no funciona, porque todavía no entra en aplicación") no la entiende nadie. ¡Nadie! Si el sistema fuera tan bueno, no habría tenido para qué enviar esta iniciativa.
Además, cuando dice que con el FEPCO se habría producido la misma situación hasta la semana pasada -inmediatamente, Ministro, le solicito un poquito más de humildad-, está reconociendo que, si hubiésemos contado con el sistema anterior, esta semana sí habría entrado en ejecución, con lo cual usted no habría tenido necesidad de enviar este proyecto a tontas y a locas.
Entonces, digámosle la verdad a la gente y mostremos un mínimo de coherencia.
Yo respeto mucho al Senador señor García. Es un parlamentario serio. Pero debo hacer presente que, en una conferencia de prensa que dio conmigo el 23 de abril de 2008, Su Señoría expresó: "la Presidenta Michelle Bachelet y el ministro Velasco van a tener que tomar en consideración estos aspectos y adoptar una medida más radical, como por ejemplo, eliminar definitivamente el impuesto específico a los combustibles, de modo que no se anule por las futuras alzas del precio del petróleo.".
Yo estuve de acuerdo con él en esa oportunidad, al igual que en la sesión especial del 2006, a la cual hizo referencia la Senadora Rincón.
En aquella ocasión le pedí fraternalmente al Ministro Velasco que se abriera y analizara el asunto, porque el tema de fondo era que necesitábamos, de manera consensuada, contar con un sistema que permitiera a los chilenos medios -los que pagan de su bolsillo, los que no pueden descontar nada- un alivio cierto al pagar menos por los combustibles.
Entonces, señor Ministro, digamos la verdad completa: "Este Gobierno sí aumentó el precio de los combustibles el año pasado", aunque señale que el impuesto específico pasó de 4,5 a 6 UTM por metro cúbico, porque era transitorio. Por supuesto, pero a eso llegamos después de un debate tremendo.
Y todos en esta Sala le manifestamos ese mes de marzo: "Ministro, manténgalo en 4,5". El Gobierno podía haber extendido la transitoriedad, porque es materia de su iniciativa.
En consecuencia, no nos venga a manifestar ahora que no aumentó el impuesto específico a los combustibles. ¡Claro que lo hizo este Gobierno!
Por último, señor Ministro, sé que usted ha expresado su deseo de estudiar a fondo el asunto. Ahí se encontrará con todos los Senadores de esta Sala, de todas las bancadas, porque las declaraciones son transversales, aunque algunas más consecuentes que otras.
El señor NAVARRO.- ¡El Alzheimer!
La señora ALLENDE.- ¡La memoria falla...!
El señor PIZARRO.- Sin embargo, existe consenso para buscar una fórmula o un mecanismo impositivo a los combustibles que pueda conciliar los ingresos requeridos por el Estado para los gastos sociales comprometidos con la posibilidad de que los chilenos no sigan pagando un impuesto tan alto, que, a la larga, lo único que hace es perjudicar a los que queremos beneficiar.
¿Por qué no se utiliza una escala transitoria, móvil, en la que a mayor precio del petróleo, menor sea el impuesto; y a menor precio, mayor impuesto?
Si el asunto radica en el equilibrio fiscal y en los ingresos -tal como siempre lo hemos discutido-, entonces conversémoslo. Veamos exactamente cuáles son las implicancias y de dónde se pueden sacar más recursos.
Nuestro país está creciendo y lo está haciendo bien gracias a la continuidad de las políticas económicas de los Gobiernos anteriores, que usted mismo señor Ministro ha llevado adelante. Ese factor de crecimiento significa también un mayor ingreso para el erario. Estudiemos cómo lo distribuimos, conciliando que las alzas producidas en el precio del petróleo no afecten al chileno común y corriente.
Usted dijo que a fines de abril evaluaría el sistema. La pregunta es con quién va a ponderar su funcionamiento. ¿Lo hará solo con sus técnicos? ¿Lo hará mirando las encuestas? ¿O se abrirá a considerar de manera más sistemática la opinión del Senado, de la Cámara, de expertos de distintos sectores?
Analicemos el tema en su conjunto.
El Senado se halla disponible para buscar acuerdos que permitan por un lado garantizar al Gobierno los ingresos necesarios tendientes a financiar los compromisos políticos contraídos a nivel social, y por otro, beneficiar realmente a los ciudadanos.
Porque la verdad de las verdades, señor Ministro -usted lo sabe-, es que este proyecto no soluciona la demanda de la gente: que se rebaje el precio que hoy paga por los combustibles; no pretende que se eviten futuras alzas.
En definitiva, no se cumple ese objetivo.
De tal manera que le vamos a facilitar, señor Ministro, el despacho de este proyecto. Pero no lo avalaremos ni nos transformaremos en cómplices de él, pues sabemos que no va a resolver el problema.
El señor QUINTANA.- Señor Presidente, ya la denominación de esta normativa es muy extraña, pues dice "que adelanta la plena vigencia del Sistema de Protección al Contribuyente del Impuesto Específico a los Combustibles".
Reitero que es muy rara, por dos cosas. En primer lugar, porque casi se necesita una doble aprobación para que la ley pueda surtir efecto. Eso es.
Y, en segundo término, porque se refiere a una protección a los contribuyentes, pero la verdad es que con 38 millones de dólares es muy difícil lograrla. Más bien dicho, si aquí se hubiese buscado ese objetivo, debería haberse tomado el camino que le señalamos al Ministro en el debate sostenido en enero -reiterado hoy por el Senador Escalona-: "reducir de 6 a 4,5 UTM por metro cúbico". Ello permitiría mañana la rebaja automática de 67 pesos en el precio de la bencina.
¡Esa sería una buena noticia para los chilenos!
Pero no lo que tenemos hoy día, que de alguna manera sirve para que el Gobierno chantajee a la Concertación con el objeto de aprobar un proyecto que -insisto- es malo.
Con ello, se pretende enmendar algo que nunca debió salir del Senado. Por eso, muchos Senadores de la Oposición nos abstuvimos y otros votaron en contra de la iniciativa original, porque claramente era deficiente. No conduce a nada, en primer lugar, por su fase transitoria, que implementa este mecanismo de variabilidad del impuesto específico, denominado SIPCO; y, en segundo término, porque -como muy bien lo señaló el Senador Frei- su etapa definitiva, la de fondo, operará sobre la base de la contratación de seguros en el extranjero. Pero no se observa un análisis de la coyuntura internacional, que hará muy difícil para el Ministerio de Hacienda la contratación de este tipo de seguros con lo ocurrido en Japón recientemente.
Por lo tanto, seguimos engañando al país. Probablemente, mañana las noticias dirán: "No subirá 25 pesos la bencina". Pero nosotros estábamos en condiciones de entregar los votos para bajarla 67 pesos de inmediato.
Entonces, el proyecto parte de manera incorrecta desde su génesis: cuando se señala al país la necesidad de intervenir. En definitiva, el Gobierno está pidiendo permiso al Senado, mediante la iniciativa en debate, para intervenir mañana y no el 24, según lo establecido en la ley respectiva, que también es incorrecta.
Aquí, una vez más, el Ejecutivo se escucha a sí mismo. Pero a ninguno de los técnicos en la materia. Por eso es tan absurda la situación. Los especialistas, como Franco Parisi, decían que el proyecto solo podría surtir efecto en caso de ocurrir una guerra. En efecto, una fluctuación de 12,5 por ciento es muy grande, no la que semanalmente vamos a encontrar, que es marginal.
Por otro lado, el señor Ministro ha sostenido, y varios colegas Senadores de Gobierno también, que no se puede reducir el impuesto específico a los combustibles, porque de lo contrario se impedirá desarrollar el programa de reconstrucción -a propósito de la sesión de la mañana-; y cumplir los programas sociales, construcción de hospitales, etcétera.
¡Por favor, señor Ministro! Usted sabe perfectamente -a lo mejor, no se lo informó a la Coalición que lo apoya- que 5 mil millones de dólares están ingresando solo por concepto del alto precio del cobre; y que el balance estructural de hoy día -digamos las cifras con claridad- arroja varios miles de millones de dólares de superávit.
En la actualidad, el país no tiene problema para enfrentar los daños del terremoto -como se dijo en la mañana- ni la reconstrucción, ni mucho menos van a complicarse las finanzas públicas porque se toque el impuesto a los combustibles.
Nosotros creemos, señor Ministro, que aquí se debió haber buscado una solución distinta, de fondo, que sí protegiera a los contribuyentes, no como la que hoy existe, que es muy diferente a la manifestada por el Presidente de la República en su oportunidad.
Lo que ahora tenemos significa menos Estado ante un problema tan sensible como el descrito, que no solo afecta a los automovilistas. El Senador Tuma señaló que un bajo porcentaje de contribuyentes es el que paga el impuesto a los combustibles. El 80 por ciento no lo hace, como la gran industria aeronáutica, las grandes empresas, las mineras.
Por lo tanto, señor Ministro, el debate que usted piensa realizar en abril deberíamos haberlo hecho ahora, para entregarle tranquilidad a esa misma gente que su Gobierno busca beneficiar.
En la Región de La Araucanía, SERCOTEC está financiando algunos programas; ayudando a amasanderías, a un sinnúmero de microempresas. Pero esas microempresas también funcionan con combustibles, porque los precios se hallan encadenados.
Y como muy bien manifestó el Senador Pizarro: "Aquí lo que origina el problema es una decisión política". El Presidente de la República se baja del avión y da la instrucción. Yo creo, señor Ministro, que usted no está muy conforme con este proyecto, al igual que con el del posnatal. No lo veo feliz defendiéndolo. Se le dio una instrucción política que debe cumplir. Pero eso no lo deja más tranquilo, porque no va a resolver los inconvenientes. Probablemente, se va a impedir que en la próxima encuesta Adimark haya una nueva caída del Gobierno, que ha perdido 23 puntos en los últimos diez o doce meses.
A mi juicio, señor Ministro, no solo hay que hacerle caso al Presidente -está bien, se trata del Jefe de Estado-, sino también a la inmensa mayoría de chilenas y chilenos que esperan del Gobierno una protección efectiva y que no continúe la estrangulación, tal como se dijo hace un rato.
El señor NOVOA.- Señor Presidente, votaré a favor de este proyecto, cuyo objeto es permitir que entre en vigencia un sistema, que acá se está criticando sin que todavía haya operado.
Ahora, ¿en qué consiste dicho sistema? Tal como se planteó originalmente, en permitir un aplanamiento de las fluctuaciones de precios. ¿Y cómo opera? Bajando el impuesto específico cuando los precios internacionales suben -de manera que hay un desembolso del Estado- y volviendo al impuesto original cuando los precios disminuyen. Por lo tanto, siempre hay una contribución del Estado para aliviar a los consumidores.
¿Cuál es el costo de operar este sistema?
Asciende a 38 millones de dólares por las próximas nueve semanas. Pero si el precio internacional sube, la rebaja al impuesto será mayor, y el costo también.
En consecuencia, mañana se aplicará una disminución de 0,7 UTM. Y esa rebaja podrá incrementarse en el futuro -ojalá no sea así- hasta 6 UTM, si fuera necesario y si los precios llegan a valores exorbitantes.
¿Es posible mantener bajo el precio? Es imposible. En eso estamos todos de acuerdo: de Chile no depende el precio del petróleo.
¿Es factible llegar a cero o reducir el impuesto? Creo que perfectamente lo es.
No obstante, me llama la atención que, mientras nosotros durante veinte años planteamos que había que hacerlo, ahora los Senadores de la Concertación digan que es tan fácil implementarlo de un día para otro.
Y no vengan con la excusa de que transitoriamente lo bajaron en los últimos años del Gobierno anterior, porque sí se trató de una disminución momentánea, durante dos o tres años, en medio de una crisis internacional y donde el Estado chileno gastó miles de millones de dólares para mantener un precio bajo. Pero durante los otros 16, 17, 18 años, hubo oídos sordos a lo que están planteando ahora ustedes.
Por lo menos en mi caso, yo siempre he sostenido que debiéramos ir a un sistema flexible, de manera que el impuesto baje cuando suban los precios y se vuelva a un nivel equis cuando los precios sean razonables.
Y el SIPCO -ojalá comience a operar y podamos evaluarlo en uno o dos meses de funcionamiento- busca ese propósito.
Si discutimos lo relativo a la rebaja del impuesto, hay que tener en cuenta varios factores.
No somos productores de petróleo. Por lo tanto, no conviene incentivar el consumo de algo que no producimos. Existen problemas de contaminación, necesidad de energía limpia, interés por estimular el transporte público. Por consiguiente, también es preciso considerar esos elementos. Porque, a lo mejor, no queremos dar la señal de que todos ocupemos automóviles, cuando nuestras ciudades -no solo Santiago- se encuentran absolutamente atochadas.
Se perdería un ingreso fiscal que habría que compensar con otros. Y obviamente hay que analizar el efecto real de este tributo. ¿Lo pagan los más pobres o los sectores con mayores ingresos? ¿Se trata de un impuesto proporcional o de uno regresivo?
Estamos dispuestos a llevar adelante todo ese debate.
Pero, evidentemente, lo que interesa ahora es que comience a operar el sistema.
Por último, no acepto que se diga que la Concertación se encuentra sometida a un chantaje. Lo que estamos pidiendo es que se anticipe la entrada en vigencia de un sistema que esperamos produzca los efectos positivos que señala el Gobierno. Y si no lo hace, habrá tiempo para buscar las soluciones permanentes.
La señora ALVEAR.- Señor Presidente, tras la aprobación del Sistema de Protección al Contribuyente del Impuesto Específico a los Combustibles (SIPCO) en enero del año en curso, el Ministro de Hacienda -él me dirá qué bueno que lo cito- nos manifestó: "los consumidores chilenos pueden tener la seguridad de que si a futuro hay alzas violentas de los precios internacionales de los combustibles, serán en parte paliadas por este nuevo mecanismo".
Sin embargo, lo que hemos visto desde entonces es que el precio del petróleo ha aumentado en 13,7 por ciento, lo que ha generado una crítica transversal de diversos especialistas en la materia. Sin ir más lejos, el precio de las bencinas subió en promedio 32 pesos.
En tal sentido, me parece indispensable plantear lo que muchos colegas ya han expresado en esta Sala.
Creo que el mecanismo que permitiría efectivamente combatir estas alzas, frente a la situación crítica que se vive en Chile y en el resto del mundo, es la rebaja del impuesto específico a los combustibles, desde las actuales 6 UTM a 4,5 UTM. Esto daría tranquilidad.
Efectivamente, durante el Gobierno de la Presidenta Bachelet se implementó esta medida.
Y la presente propuesta, que he formulado al igual que otros colegas de la Concertación, también fue expresada y compartida por Senadores que hoy son de Gobierno.
Así, en el Diario de Sesiones del Senado -sesión 30a, en miércoles 18 de junio de 2008- se leen las siguientes palabras textuales del Honorable señor Novoa:
"Hemos planteado que lo más correcto es eliminar el impuesto específico a estos últimos o, en su defecto, establecer un tributo variable que opere como un nivelador de precios, es decir, que desaparezca cuando el precio internacional del petróleo suba mucho y que se restablezca cuando baje (...).
"De este modo, pensamos que una solución definitiva y permanente consiste en la disminución del tributo, medida que, además, produce un efecto económico que no es posible soslayar.".
Se trata de una cita textual.
¿Qué nos dijo en esa ocasión el ex Senador Romero? Él sostuvo:
"Pero lo que hoy día se precisa es la eliminación o la rebaja sustantiva del impuesto específico a los combustibles, tal como lo hemos venido expresando, en forma transversal, desde esta Corporación.".
Por su parte, la ex Senadora Matthei, actual Ministra del Trabajo, señaló:
"La UDI prefiere que, en vez de potenciar el Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles Derivados del Petróleo, se rebajen -ojalá se eliminaran- los impuestos específicos. Porque, como digo, las distorsiones que se producen causan mucho malestar.".
Y el Senador señor Horvath manifestó:
"El impuesto específico, por los antecedentes que uno recolecta en las distintas reuniones en que se aborda la materia, nace para reparar los daños ocasionados por el sismo de 1985. Estamos hablando de 23 años atrás. Eso se encuentra más que reparado. Por lo tanto, ello no tiene presentación, incluso desde el punto de vista ético.".
Ahora cito al Honorable señor Espina, quien, con la elocuencia que lo caracteriza, en dicha sesión señaló:
"Es evidente que se debe buscar un mecanismo de reestructuración para este impuesto, que sea serio, rápido y que alivie la carga injusta que se les produce a quienes pagan doble gravamen.".
Ojalá se acoja lo que hemos venido planteando varios de los Senadores que hemos hecho uso de la palabra: que se rebaje el impuesto a los combustibles. Esta es la opinión de los colegas de la Concertación y, por lo que yo expreso y leo textualmente de la sesión pertinente, de Senadores del actual Gobierno.
Un colega manifestó: "¿Por qué no lo hicieron ustedes en forma permanente?".
Mi pregunta al mismo Senador -por intermedio de la Mesa- es por qué quienes en esa sesión expresaron que era necesario rebajar o eliminar el impuesto específico a los combustibles, ahora, cuando son Gobierno, no lo hacen.
El señor GIRARDI (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Patricio Walker.
El señor WALKER (don Patricio).- Señor Presidente, queda claro -ya estamos concluyendo este debate- que el proyecto que nos ocupa tiene un efecto muy acotado, muy limitado: detener por un par de semanas el alza en el precio de los combustibles. Para ello se adelanta la plena vigencia del SIPCO, a fin de que el precio de la gasolina no suba en 25 pesos por litro. Sin embargo, no se soluciona el problema de fondo.
Todos hemos declarado ser partidarios de rebajar el impuesto específico a los combustibles. Algunos lo señalaron con más fuerza antes; otros lo expresamos hoy día. Empero, hay consenso en la materia.
Se nos dice: "¿Pero qué recortamos? ¡Porque el Estado recauda 2 mil millones de dólares al año por ese concepto! ¿Qué programa social recortamos?". O bien: "No se puede recurrir a los fondos que el país tiene en el extranjero, porque eso significaría subir el tipo de cambio, afectar la tasa de interés".
Sin embargo, esa no es la disyuntiva real.
En mi concepto, hoy existen alternativas, señor Presidente.
Una es la de que todos paguen el impuesto específico a los combustibles, que en la actualidad asciende, más-menos, a 255 pesos por litro, fijo. Y va cambiando según el aumento de la UTM.
Porque hay importantes sectores -por ejemplo, el de las empresas del ámbito aeronáutico, el minero- que se encuentran al margen de dicho tributo, que solo es pagado por 20 por ciento de los consumidores.
En consecuencia, lograr que todos los consumidores paguen el impuesto específico constituye una alternativa.
Otra es echar mano a los recursos del cobre.
Todos entendemos de superávit estructural, de ingresos estructurales. Pero cuando es mucha la holgura existe algún espacio para emplear esos fondos.
Por consiguiente, la gran pregunta es: ¿hay o no voluntad política para solucionar este problema?
La realidad en Regiones es dramática. Conversábamos recién con el Senador Horvath acerca de lo que cuesta el litro de gasolina, por ejemplo, en la Región de Aysén: su precio es bastante mayor en Coyhaique y Puerto Aysén que en Santiago; muchísimo más alto en Puerto Cisnes y en Chile Chico que en la Capital, y exponencialmente superior en Villa O´Higgins y Raúl Marín Balmaceda que en Santiago.
Entonces, también hay que hacerse cargo de la realidad de las Regiones.
Hoy día, señor Presidente, no estamos considerando la diversa realidad regional.
¡Para qué hablar de lo que sucede con otros elementos que se van a declarar combustibles por ley! De la leña, por ejemplo.
Me alegra que en Magallanes se subsidie en 85 por ciento (y debería ser mucho más) el precio del gas para calefacción de las casas.
En Aysén la gente usa leña. Pero esta tiene cero subsidio, pese a que es clave para calefaccionar las viviendas, calentar el agua, cocinar.
Lo concerniente al empleo de esos productos, que también dicen relación con los combustibles, no se halla resuelto. Y queremos zanjarlo.
Por lo tanto, señor Presidente, pedimos analizar la materia, pero sin "discusión inmediata"; con apertura y sensibilidad social, de tal modo que podamos encontrar una solución.
No se trata de buscar culpables: "que la Presidenta Bachelet"; "que fue transitorio", en fin.
¡Si hoy día quien gobierna es la Alianza por Chile! Y este conglomerado tiene las atribuciones y los mecanismos constitucionales para enviar un proyecto de ley que rebaje el impuesto específico a los combustibles de 6 a 4,5 UTM por metro cúbico.
Pueden hacer eso. Llevan un año de gobierno. Y, por cierto, nos encantaría que el Ministro nos pudiera dar al menos la esperanza de que vamos a realizar ese debate, para encontrar una solución definitiva.
Señor Presidente, yo no podría votar en contra de la iniciativa que nos ocupa hoy, pues no quiero que a la gente le suban el precio de los combustibles. Pero tampoco voy a pronunciarme a favor, por cuanto ella no es la solución. Con mi abstención contribuiré a que se apruebe, pero con una señal al Gobierno para que se busque una solución de fondo por la vía de rebajar el impuesto específico a los combustibles, que es el deseo de todos los parlamentarios que nos hallamos presentes hoy en esta Sala.
El señor GIRARDI (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Cantero.
El señor CANTERO.- Señor Presidente, adelantar la entrada en vigencia del sistema; vincular el aumento de precios de los combustibles a una rebaja en el impuesto específico para suavizar las alzas y su impacto en los contribuyentes son, a mi parecer, argumentos muy sólidos, muy claros.
En tal sentido, estoy dispuesto a apoyar este proyecto de ley.
Con la misma claridad, quiero señalar que ello no significa no estar abierto, disponible, deseoso de que el Gobierno asuma de una vez por todas una política en la lógica de rebajar el impuesto específico a los combustibles.
El señor CANTERO.- Es más: hago públicamente un llamado -y creo interpretar a la gran mayoría de las personas-, como ya lo han hecho algunos Senadores de la Coalición por el Cambio, para que el Gobierno se oriente en esa línea.
Además, existen elementos que me motivan, señor Presidente.
Por ejemplo, la brecha entre Santiago y las Regiones con relación al precio de los combustibles.
En efecto, a mayor distancia, más fuerte es el impacto. Pero no solo en el precio de los combustibles.
Prácticamente todos los productos se trasladan hacia las Regiones desde las grandes conurbaciones metropolitanas. Eso significa que, por ejemplo, los ciudadanos de mi Región (la de Antofagasta) tengan que pagar un precio más alto no solo por el combustible sino también por los artículos que se llevan hacia ella.
Yo soy pesimista en lo concerniente al precio de los combustibles. Se ha dicho: "En tres semanas el barril de petróleo ha subido de 85 a 105 dólares". Pienso que ese valor va a seguir aumentando. Y me preocupa la situación.
"El efecto es limitado o parcial", reclaman algunos. "Los fondos no van a alcanzar" o "Que se rebaje el impuesto específico a 4,5 UTM por metro cúbico", apuntan otros.
Hay que considerar esos aspectos, señor Presidente.
Ahora, lo que más me llama la atención -lo digo con claridad-, lo que más me preocupa es escuchar los llamados y planteamientos, sinceros, de parlamentarios de la Oposición, de la Concertación, en orden a que se abran espacios para conversar. Y este enfoque se está reiterando no solo en temas económicos sino también en cuestiones de otras áreas.
Es menester, en mi concepto, que el Gobierno tome debida nota de aquella circunstancia: es insistente el llamado al diálogo.
"Queremos que se nos escuche", plantean otros.
Escuchar exige una disposición de ánimo: salir de la verdad propia, subjetiva, que algunos asumen como objetiva, para entender que el otro tiene una verdad que es indispensable atender, considerar, oír.
A mí me interesa avanzar en lograr esos espacios de diálogo, de conversación, señor Presidente.
Creo que tenemos un amplio margen para hacer un esfuerzo interesante a los efectos de establecer una rebaja definitiva y una política clara en torno al impuesto específico a los combustibles:
1) Crecimiento de la economía (se exalta que el país está creciendo al 6 por ciento);
2) Precio del cobre (la libra de metal rojo está muy por sobre el valor que se tomó en cuenta para el Presupuesto de la Nación en su momento), y
3) Se afirma -este elemento es el que me hace más fuerza- que el impuesto específico a los combustibles no tiene ningún sentido a la luz del fundamento que sustentó su origen.
A mi juicio, llegó la hora de sincerar la situación. Y, si se quiere establecer un tributo con alguna característica particular, discutámoslo en esta Sala, fijemos los parámetros y definamos a qué se va a destinar.
Señor Presidente, yo voy a votar a favor señalando que estoy expectante a que el Gobierno de una vez por todas se haga cargo de los llamados que se formulan y abra un espacio de discusión.
Soy consciente de que el Gobierno no es solo el Ejecutivo: es también la Coalición por el Cambio, la cual, a su vez, tendrá que abrir espacio de diálogo internamente para avanzar en la línea expuesta.
El señor BIANCHI.- Señor Presidente, creo que a las personas que tal vez siguen el largo debate que hemos tenido en la tarde de hoy poco puede interesarles si los buenos son los de acá o los de allá, o si los malos son estos o los otros, o si en alguna oportunidad, durante tantos años de debate, se hizo una rebaja importante en el impuesto específico a los combustibles.
Lo que importa son los hechos concretos.
Hoy estamos asistiendo a la votación de un proyecto que constituye un paliativo para los próximos 20 o 30 días, mas no una solución del complejo escenario que enfrentan los pequeños empresarios, los agricultores, los pescadores artesanales, la clase media, los transportistas de carga mayor o menor y los de escolares, etcétera.
Esa situación nos preocupa, y mucho, fundamentalmente porque volvemos a tener en nuestras manos una iniciativa que no reconoce la realidad existente en las Regiones, especialmente en las más extremas, como la que me honro en representar en esta Alta Corporación.
Quiero dar aquí un ejemplo gráfico, señor Presidente, aprovechando la presencia del señor Ministro de Hacienda.
El litro de bencina de 95 octanos cuesta 799 pesos en Puerto Natales. A treinta kilómetros de ahí, en Río Turbio, Patagonia argentina, el mismo litro cuesta 362 pesos (moneda nacional); en Puerto Williams, 954 pesos; en Porvenir, Tierra del Fuego, zona productora de hidrocarburos, 884 pesos; en Punta Arenas, 760 pesos.
Tal situación -como bien manifestaron colegas que me antecedieron en el uso de la palabra- se agrava mucho más cuando, producto del mayor valor que debemos pagar en las Regiones por los combustibles, sube el precio final de las mercaderías que adquieren los consumidores en las zonas extremas, como la de Magallanes.
Es por eso que el costo de la vida en mi Región es, a lo menos, 35 por ciento más caro que en la zona central del país.
¡Esa es una verdad completa, entera!
Por lo tanto, saber en esta sesión quiénes son más o menos responsables, quiénes tienen alzhéimer, quiénes han mostrado menor o mayor consecuencia en la materia no resuelve el problema de fondo. Lo que probablemente lo soluciona es lo expresado por el propio Ministro: que en el mes de abril -palabras de él- deberemos analizar nuevamente la situación.
Hoy día solo estamos impidiendo que mañana haya un incremento de 28 pesos en el precio de los combustibles. ¡No es más que eso!
En consecuencia, votaré a favor del proyecto, porque abstenerse significa sumarse a la mayoría y, de igual forma, pronunciarse positivamente.
Prefiero ser claro, concreto, y decirle al país que a lo menos mañana tendremos un paliativo para que el valor de la bencina no suba 28 pesos, pero sumándome a la gran mayoría para pedirle al Gobierno que cuanto antes nos traiga una propuesta legal precisa a fin de ver cómo podemos generar una rebaja en el impuesto específico a los combustibles.
El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, al escuchar algunas intervenciones de Senadores de la Concertación pareciera que el Presidente Piñera es responsable incluso de la inestabilidad política de Libia.
No tenemos alzhéimer, señor Presidente.
En efecto, muchos de nosotros hicimos presente la necesidad ineludible de disminuir el impuesto específico a los combustibles. Muchos de nosotros denunciamos claramente la distorsión existente entre los precios de los combustibles de Santiago y los de las restantes Regiones.
Y el Ministro de Hacienda se ha abierto a evaluar en abril próximo la marcha de aquel tributo.
Estamos disponibles para discutir el problema de fondo, que tiene muchas variables.
Por ejemplo, el impuesto específico puede distribuirse entre todos los consumidores, a los efectos de bajar la carga.
También es factible emular el esfuerzo que hizo el Gobierno de la Presidenta Bachelet.
Esos son aspectos que deberá analizar el Ministro de Hacienda, quien, según expresé, ya se abrió a la discusión.
De otro lado, debo subrayar que la Concertación no solo fue sorda frente a los requerimientos que hizo la Coalición por el Cambio durante mucho tiempo en esta materia, sino que además usó el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo ad portas de una elección presidencial, en los términos que todos conocemos.
Pensemos en la elección que llevó al Gobierno al candidato Ricardo Lagos, cuando el Presidente Frei hizo uso político de dicho Fondo.
¡Eso hay que decirlo! ¡Alguien tiene que decirlo!
Insisto: deseamos resolver el problema de fondo, pero no queremos demagogia.
¡Que me diga el Senador Pizarro -por intermedio de la Mesa- a qué precio estaba calculado el impuesto específico a los combustibles en el proyecto de Ley de Presupuestos enviado al Congreso Nacional por la Presidenta Bachelet!
¡Que me diga el candidato a la Presidencia de la República Eduardo Frei -por intermedio de la Mesa- si en su Programa de Gobierno se consideraba la eliminación total del impuesto específico a los combustibles!
Entonces, resolvamos el problema de fondo, pero sin demagogia.
¡Porque la demagogia es fácil!
Agradezco, sí, la buena disposición de los parlamentarios de la Concertación, quienes con su abstención están permitiendo que hoy implementemos un sistema que impedirá que los combustibles suban en las próximas semanas 25 pesos, al menos de aquí al viernes. Porque en las próximas diez semanas el escenario puede cambiar, producto del clima de inestabilidad política que afecta al Medio Oriente y, adicionalmente, de la situación que aqueja a Japón, que no sabemos cómo puede golpear.
Queremos que el Sistema empiece a regir, y por eso votaremos a favor del proyecto.
Pero no olvidamos; no tenemos alzhéimer, y volvemos a sostener que el problema de fondo debe ser discutido oportunamente. Y el Ministro (reitero) ha mostrado disposición.
El señor ORPIS.- Señor Presidente, estoy dentro de los Senadores que no fueron aludidos por parlamentarios de la Concertación. Y no fui aludido porque siempre he sido partidario de un impuesto móvil.
Mi exposición será muy breve, pues el Senador Novoa explicó la situación con detalle.
Ante todo, me gustaría señalar algo que le expresé al Ministro de Hacienda: creo que el problema de fondo es otro.
El impuesto móvil tiene su lógica cuando se trata de alzas transitorias, para ir ajustándolo a las variaciones temporales que experimentan los combustibles en el mercado internacional.
La gran pregunta que debemos hacernos es si el incremento que tendrán los precios de los combustibles en el mercado internacional será transitorio o permanente.
Desde mi punto de vista, el impuesto móvil no resuelve el problema del alza permanente de los combustibles.
Es difícil predecir el futuro. Pero, cuando uno lee a los especialistas en materia de precios de los combustibles, observa que todos indican que la tendencia será hacia un alza permanente en el valor del petróleo en los mercados internacionales.
Lo anterior, por una razón muy simple: porque, más allá de la coyuntura que se vive en Japón o de la crisis que afecta a los países árabes, en el mundo se está registrando un crecimiento económico fuerte. Europa saldrá de la crisis; Estados Unidos se está recuperando; China es un motor de la economía, y lo mismo ocurre con India y otros países asiáticos. Y las reservas de combustibles fósiles no han aumentado de manera significativa, sino que se mantienen estables en el tiempo.
Entonces, todos los análisis indican que los precios van a subir porque aumentará la demanda de combustibles fósiles, mientras que la oferta no se elevará significativamente.
Ese es el escenario que se va a generar en el mediano y largo plazos.
Por lo tanto, frente a alzas permanentes en los precios de los combustibles debe haber soluciones de igual naturaleza.
Por eso, señor Presidente, si este es el análisis que se hará en definitiva, aun cuando resulta difícil predecir lo por venir, creo que para los problemas permanentes debe haber soluciones de igual índole, la cual, en el caso que nos ocupa, debe consistir en una rebaja en el precio de los combustibles.
Por mi parte, sigo la lógica -y la defendí- del impuesto flexible en la medida en que las alzas sean transitorias, pero la verdadera discusión que tenemos que hacer es si estas van a ser de esa naturaleza o permanentes. Si llegamos a la convicción de que, en definitiva, van a ser transitorias, creo que el impuesto móvil es muy útil para esa situación, al objeto de evitar la volatilidad y el impacto en los consumidores. Mas es muy distinta la realidad si los precios de los combustibles permanecerán altos en el tiempo.
El señor GIRARDI (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Frei.
El señor FREI (don Eduardo).- Señor Presidente, hace poco fui aludido por el Senador señor Chahuán en su intervención.
Me parece de mal gusto venir a afirmar que usé el precio del petróleo hace once años. Nunca había recibido esa acusación. ¿Por qué no se formuló en ese momento? ¿Por qué no se me juzgó después?
¿Once años después se sostiene que utilicé recursos del Estado para favorecer a una u otra candidatura? Jamás había sido objeto de esa aseveración.
Reitero, por lo tanto, que ello me parece de bastante mal gusto.
Y, en segundo lugar, respecto de las promesas de campaña, puedo consignar que tanto en 1994 como el año recién pasado, cuando fui candidato presidencial, fui superestricto en los ofrecimientos de campaña, porque sé cuando se actúa en esa condición y cuando se es Primer Mandatario.
El señor CANTERO.- ¡Estamos estremeciendo el edificio...!
El señor GIRARDI (Presidente).- ¡Mantengan Sus Señorías la calma ante el temblor, por favor!
El señor FREI (don Eduardo).- ¡Por algo ocurrió...!
Es preciso ser prudente y no formular acusaciones al voleo.
Y respecto a las promesas de campaña, ¡mucho cuidado! Se ofreció el cierre de la "puerta giratoria" y parece que ahora la están abriendo...
El señor GIRARDI (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Longueira.
El señor LONGUEIRA.- Señor Presidente, al escuchar a muchos de los señores Senadores, he querido intervenir con motivo del proyecto, porque nunca he planteado -y nadie, por cierto, me ha aludido sobre esa base- la eliminación del impuesto de que se trata.
Creo, además, que tampoco he pedido su reducción.
Me parece que es necesario ser algo coherente en lo que se expone públicamente.
Este tributo es de los menos regresivos que existen. Si bien es cierto que tuvo su origen en una reconstrucción, hoy día, en la práctica, se aplica, como todos sabemos -y ojalá le cambiemos hasta la denominación-, a la contaminación y la congestión, y es pagado por quienes contribuyen a esas externalidades negativas.
Por lo tanto, como nunca he sido partidario de eliminarlo, me sorprende que, en una sesión como la presente, importantes Senadores de la Concertación hayan mencionado intervenciones de Honorables colegas de la Alianza de muchos años -tal vez 20, en el caso de algunos-, quienes sí han pedido suprimirlo.
Y, paralelamente, otro conjunto de Senadores le solicita al señor Ministro humildad, menos soberbia, disposición a escuchar, cuando lo único que sí ha quedado claro en la sesión es que, durante 20 años, ¡nunca escucharon ni nunca rebajaron el tributo!
La verdad es que no sé cómo formulan su petición si lo único que ha quedado de manifiesto aquí es que lo planteado -y me excluyo, porque jamás lo hice- fue precisamente que el impuesto se eliminara, según algunos, o se rebajara, según otros. Y ello nunca se hizo en los 20 años de gobierno de la Concertación, salvo, en forma transitoria, al final.
Todos hacemos referencia también a que es preciso mejorar la redistribución del ingreso, a que se requiere construir un país más justo, a que tenemos que preocuparnos de las desigualdades, y resulta que ahora los Senadores de Oposición están pidiendo que se suprima o se rebaje un impuesto de esta magnitud.
Es muy importante tener claro que los transportistas no cancelan el tributo. Si lo rebajamos, ello no surte ningún efecto en la tarifa del Transantiago, porque las empresas de transporte lo descuentan y se les devuelve.
¿Quiénes son los que más lo pagan? La gente de más altos ingresos.
Entonces, todos queremos más viviendas, la solución de problemas pendientes -ello significa gasto-, y, paralelamente, pedimos que un ingreso muy relevante para el Fisco, como el que nos ocupa, se elimine.
Señor Presidente, considero que es necesario ser un poco más serio, más coherente en lo que se plantea. Y, por eso, deseo manifestar que nunca me he sumado a la proposición de eliminar el impuesto, ni tampoco creo haber sugerido alguna vez que se reduzca, porque, a mi juicio, el Fisco requiere recursos para enfrentar los grandes problemas de la clase media y los sectores más vulnerables.
Es un tributo que se devuelve en un 60 y tantos por ciento. Así ocurre en el caso de las actividades productivas y del transporte.
Por lo tanto, todos debiéramos discutir conjuntamente, en la práctica, en qué nivel mantenerlo.
Pero una cosa es clara: la Concertación expone hoy día aquí, políticamente, la conveniencia de una rebaja de 1,5 UTM. Cabe tener presente que la fórmula sugerida por el señor Ministro puede implicar, eventualmente, una mayor disminución si, en definitiva, el precio sigue subiendo. En consecuencia, el mecanismo se halla bien estructurado. Es el Fisco el que, cuando suben los precios internacionales, obtiene una menor recaudación y renuncia a más.
Lo que sí reviste importancia discutir -y creo que nadie lo ha señalado- es cuándo queremos que el sistema se gatille. Porque eso es lo central. Temo que ello será de poca envergadura. Lo digo porque lo relevante es evitar el traspaso a otros efectos causados por el aumento del precio de los combustibles, muy significativo este último en la economía, pues, si es mucho, al final se traduce en el alza del IPC y de la unidad de fomento. Y lo serio, a mi juicio, es que, a través de seguros y de la herramienta de que se trata, el Estado concurra a que no se registre un incremento considerable, para evitar la inflación, que es, en definitiva, el impuesto más regresivo de todos y que afecta a la clase media.
Por lo tanto, desde el punto de vista intelectual, desde el punto de vista de una buena política pública, el que se plantea es un mecanismo positivo: el Estado renuncia a recaudar cuando sube el precio. Me parece correcto el sentido. Lo único que deberíamos discutir es cuándo deseamos que se gatille, cuándo debiera irse reduciendo el impuesto.
Alguien dijo que este último, en un caso excepcional, podría incluso eliminarse integralmente. Lo más probable es que ese sea un precio enorme al cual ojalá nunca lleguemos, porque los efectos serían mucho más dañinos para la economía.
En consecuencia, señor Presidente, estimo que debiéramos actuar con un poco más de seriedad, porque resulta incompatible estar pidiendo más gasto, más cosas, resolver la distribución del ingreso, construir un país más equitativo, por una parte, y, por la otra, plantear la eliminación de un impuesto que es de los más progresivos, porque lo paga la gente de más altos ingresos y es devuelto íntegramente a quienes desarrollan la actividad del transporte.
El señor GIRARDI (Presidente).- Cerrado el debate.
El señor LABBÉ (Secretario General).- Resultado de la votación: 17 votos a favor, uno en contra y 16 abstenciones.
Votaron por la afirmativa los señores Bianchi, Cantero, Chadwick, Chahuán, Coloma, Espina, García, Horvath, Kuschel, Larraín (don Hernán), Larraín (don Carlos), Longueira, Novoa, Orpis, Pérez Varela, Prokurica y Uriarte.
Votó por la negativa el señor Frei (don Eduardo).
Se abstuvieron las señoras Allende, Alvear y Rincón y los señores Escalona, Girardi, Gómez, Letelier, Muñoz Aburto, Navarro, Pizarro, Quintana, Ruiz-Esquide, Tuma, Walker (don Ignacio), Walker (don Patricio) y Zaldívar (don Andrés).
El señor LABBÉ (Secretario General).- En conformidad a lo dispuesto en el artículo 178 del Reglamento, corresponde repetir la votación por incidir las abstenciones en el resultado.
Los señores Senadores que se abstuvieron pueden volver a hacerlo o votar.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Que se dé por repetida, señor Presidente.
El señor WALKER (don Patricio).- Con el mismo resultado.
El señor LABBÉ (Secretario General).- Ello no es posible. Es preciso votar nuevamente.
--En segunda votación, se aprueba en general el proyecto (17 votos a favor, 2 en contra y 12 abstenciones).
Votaron por la negativa la señora Rincón y el señor Frei (don Eduardo).
Se abstuvieron las señoras Allende y Alvear y los señores Escalona, Girardi, Gómez, Letelier, Navarro, Quintana, Tuma, Walker (don Ignacio), Walker (don Patricio) y Zaldívar (don Andrés), lo que se considera pronunciamientos a favor de la posición mayoritaria, conforme al artículo 178 del Reglamento.
El señor LABBÉ (Secretario General).- Se ha presentado una indicación, del siguiente tenor:
"a) En el inciso 4° del Artículo 4° de la Ley 20.493 reemplácese la reiteración de los guarismos "12,5" por "4,5"".
"b) En el inciso 8° del Artículo 4° de la Ley 20.493 reemplácese el guarismo "25" por "9".".
El señor CHAHUÁN.- ¿Quién la formuló, señor Presidente?
El señor GIRARDI (Presidente).- La Mesa la declara inadmisible, por alterar la forma de cálculo del impuesto, lo cual incide en la administración financiera del Estado, y generarse un mayor gasto fiscal. Ello, conforme a lo dispuesto en el inciso tercero del artículo 65 de la Constitución.
--Se declara inadmisible la indicación, quedando aprobado en particular el proyecto y despachado en este trámite.