Source: https://aldiaargentina.microjuris.com/2006/06/08/inundaciones-en-el-garage-barrio-de-belgrano-rechazo-de-la-demanda-contra-garagista/
Timestamp: 2019-01-18 01:27:32
Document Index: 126235257

Matched Legal Cases: ['artículo 1107', 'artículo 902', 'artículo 909', 'artículo 514', 'artículo 1107', 'artículo 902', 'artículo 909', 'artículo 514']

Inundaciones en el garage. Barrio de Belgrano. Rechazo de la demanda contra garagista – AL DÍA | ARGENTINA
Ed. Microjuris.com Argentina	en 8 junio 2006
Partes: Rishmuller Aldo Santiago c/ Emprendimientos Belgrano SA y otro s/ daños y perjuicios
Fecha: 8-jun-2006
Cita: MJ-JU-M-8289-AR | MJJ8289 | MJJ8289
1.-Resulta improcedente el reclamo de los daños y perjuicios aducido contra el garagista por incumplimiento de la obligación de custodia y garantía que tenía a su cargo, en los supuestos en que circunstancias meteorológicas extraordinarias, imprevisibles e inevitables hubiesen tenido lugar -en el caso, en el Barrio de Belgrano-, afectando a una gran cantidad de habitantes, revistiendo de por sí aptitud causal para producir el resultado dañoso, resultando intrascendente la omisión de colocación de las barreras en el garage por parte de la empresa demandada. En otros terminos, no resulta responsable la empresa por la omisión de colocar las respectivas barreras de contención de aguas al momento de los hechos, pese a tratarse de una zona en la cual frecuentemente se producían inundaciones (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
2.-El contrato de garage es una convención a la que le son aplicables, en forma armónica, las normas de los contratos de locación y depósito, no siendo necesaria la instrumentación escrita de sus cláusulas y admitiéndose cualquier medio de prueba a los fines de acreditar su celebración. En este aspecto, la obligación del garagista es la organización de los medios humanos y previsiones técnicas concretas para cumplir con la finalidad de cuidado y seguridad del rodado sobre el cual tiene la guarda, lo que conlleva la responsabilidad por los daños o perjuicios causados por los automóviles que se ponen a su cuidado (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
3.-Habiéndose reclamado una indemnización por el incumplimiento de un contrato de garage, debe ponderarse que en esa figura confluyen caracteres de la locación de cosas, de servicios y del depósito. En ella, la actividad del garagista no se agota en una prestación única, sino que, además de suministrar el local, debe proceder a la custodia del automotor, su limpieza, etc., a cambio de una contraprestación establecida en dinero. Es así que resulta incorrecto el encuadramiento de la cuestión dentro de la órbita del art. 1113 2° parte del CCiv., cuando no se hubiesen derivado daños como consecuencia de una actividad o explotación comercial de una cosa riesgosa. En este sentido, el artículo 1107 del CCiv. es claro en cuanto establece que los hechos o las omisiones en el cumplimiento de las obligaciones convencionales no están comprendidos dentro de la órbita de la responsabilidad civil objetiva extracontractual, si no degeneran en delitos del derecho criminal”. Un planteo en tal sentido debe ser desestimado (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
4.-Para que vientos y lluvias revistan el carácter de caso fortuito o fuerza mayor deben ser de una violencia excepcional, extraños o desacostumbrados desde épocas lejanas y, en principio, de amplias proyecciones dañosas, tal cual ocurre en los ciclones, terremotos, huracanes, inundaciones sin precedentes cercanos u otras fuerzas análogas. Es así que para que una tormenta -de viento, de lluvia, de nieve- configure un caso fortuito, tiene que ser extraordinaria -para el lugar y las circunstancias- y de una magnitud o fuerza notoriamente inusuales, pues los accidentes de la naturaleza no constituyen casos fortuitos mientras que por su intensidad no salgan del orden común. Por ello, sólo los supuestos en los que los fenómenos atmosféricos como el de autos escapan a lo que la meteorología pueda calificar de sucesos ordinarios y por ende se tipifiquen como acontecimientos atmosféricos extraordinarios , pueden entrar dentro del contenido del art. 514 del CCiv., pues en esas circunstancias también quedan fuera las normales previsibilidades de todo deudor. En el caso bajo examen, el hecho de la naturaleza -inundación por temporales de lluvia-, reunió las condiciones de imprevisibilidad, extraordinareidad, irresistibilidad, extraneidad, actualidad e insuperabilidad. Fue un hecho imprevisible desde que no había razones para pensar que las lluvias anunciadas podrían llegar a superar los temporales propios de la época del año, y por los mismos motivos debe calificárselo como extraordinario. Asimismo, cumple la nota de irresistibilidad porque el cumplimiento de la máxima diligencia esperable, esto es, la colocación de las compuertas por parte del garagista, no resulta suficiente para evitar la inundación del garage. Es así que el fenómeno de la naturaleza aludido resulta fuera de la esfera de acción de la demandada -hecho extraño- y el mismo fue contemporáneo al acaecimiento del daño -actual- (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
5.-Conforme autorizada doctrina, el hecho es imprevisible cuando supera la aptitud predictiva media, o la previsión de un hombre diligente; idea de prognosis abstraída a partir de las circunstancias de persona, tiempo, lugar y referida a la naturaleza de la obligación. Ello con especial atención a lo normado en el artículo 902 del CCiv., donde el concepto de prognosis experimenta un ajuste conceptual, cuando es mayor el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas. Y a lo dispuesto en el artículo 909 del mismo cuerpo legal para los contratos que suponen una confianza especial entre las partes. Siguiendo esta línea de pensamiento, puede afirmarse que en el supuesto de verificarse circunstancias meteorológicas extraordinarias, imprevisibles e inevitables que afectaron a una gran cantidad de habitantes, con aptitud causal para producir el resultado dañoso, resultando intrascendente la omisión de colocación de las barreras por parte de la empresa garagista, queda configurada la eximente contemplada en el artículo 514 del CCiv., esto es, el hecho fortuito, con las notas de imprevisibilidad, irresistibilidad, extraneidad, actualidad, sobreviniencia e insuperabilidad, propias del caso, con aptitud suficiente para romper el nexo de causalidad entre el hecho acontecido y el daño producido. Por ello debe concluirse que la causa eficiente del siniestro -daños al rodado objeto del contrato de garage- no residió en la conducta omisiva por parte de la empresa demandada sino por la configuración del caso fortuito (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
6.-Debe distinguirse entre causa” y condición”, pues mientras la primera produce la consecuencia, la segunda no la produce por sí, sino que simplemente la permite o la descarta. El modo de distinguirlas consiste en preguntarse si la acción u omisión que se juzga era per se” adecuada para provocar normalmente esa consecuencia, juicio de probabilidad que debe formularse en abstracto, en un plano objetivo, con prescindencia de lo efectivamente ocurrido (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
7.-El principio de normalidad” -en el caso, de fenómenos climáticos- no es otro que el que recoge el art. 901 del CCiv., esto es que el resultado debe ser pronosticable de acuerdo a lo que acontece ordinariamente -principio de causalidad adecuada-, adoptando así un criterio de probabilidad: no es necesario que ocurra fatalmente el resultado, sino que basta que lo haga de ordinario. De acuerdo a tal criterio, las circunstancias meteorológicas extraordinarias, imprevisibles e inevitables que afectan a una gran cantidad de habitantes, con aptitud causal para producir el resultado dañoso, torna intrascendente la omisión de colocación de las barreras por parte de la empresa garagista (del voto de la Dra. Zulema Wilde, al que por compartir fundamentos adhiere la Dra. Marta del Rosario Mattera y la Dra. Ana M. Brilla de Serrat).
Buenos Aires, a los días del mes de junio de 2006, reunidas las Señoras Jueces de la Sala “J” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones de la Capital Federal, a fin de pronunciarse en los autos caratulados:”Rishmuller, Aldo Santiago c/ Emprendimientos Belgrano SA y otro s/ daños y perjuicios”.-
Contra la sentencia de fs. 562/568 vta. se alza la parte actora, quien expresa agravios a fs. 585/595. Corrido el traslado de ley pertinente, el mismo fue evacuado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a fs. 602/607 y por la empresa codemandada “Emprendimientos Belgrano SA” a fs. 608/610 vta. Con el consentimiento del auto de fs. 612 quedaron los presentes en estado de resolver.
I. a) Se agravia el actor por el rechazo de la demanda interpuesta. Funda su queja en que la sentencia hace una interpretación dogmática de los hechos y de las pruebas producidas, apartándose de las reglas del debido proceso y efectuando una construcción ajena a los antecedentes del juicio y las circunstancias comprobadas de la causa (fenómeno climático), violando así el principio de congruencia. Concretamente, se agravia por entender que el “a quo” ha omitido considerar la omisión de la empresa codemandada de colocar las compuertas y barreras de contención para evitar inundaciones en el garage, hecho reconocido por ésta, por lo que entiende que de haber mediado esa diligencia las consecuencias no hubieran sido las mismas. Entiende que existe una relación de consumo en los términos del art. 19 de la Ley 24.240 (Ley de Defensa del Consumidor) y que el garagista ha incumplido con la obligación de custodia y garantía que tenía a su cargo, siendo que el hecho resultaba previsible para el empresario dedicado a la explotación del establecimiento (arts. 901 y 902 del Código Civil). Asimismo, sostiene que la empresa resulta responsable en los términos del art.1113 2° parte del Código Civil por ejercer su actividad de explotación comercial con cosas riesgosas.
En segundo lugar, plantea la responsabilidad solidaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no sólo por falencias en su ejercicio del poder de policía en la habilitación del garaje de la empresa codemandada, sino también por su inactividad en la implementación de obras de saneamiento, limpieza, mantenimiento, de sumideros, construcción de obras y túneles aliviadores para evitar inundaciones en la zona afectada. Prueba de ello, según su parte, está en el reconocimiento del propio Jefe de Gobierno a ese entonces de la referidas falencias y en los llamados a licitación durante el año 2005 para la construcción de los referidos túneles. En ese sentido, hace alusión a diferentes publicaciones periodísticas a las que cita. Expresa que no se dan los caracteres propios del caso fortuito (imprevisibilidad e irresistibilidad), haciendo alusión a diferentes criterios doctrinarios y jurisprudenciales al respecto, y concluyendo que en el caso de autos el fenómeno climático no fue imprevisible sino un hecho natural y ordinario. Por lo que concluye que el Gobierno de la Ciudad también resulta responsable en su carácter de dueño o guardián de cosas riesgosas, como lo son los sumideros y alcantarillas no preparados para contingencias mayores a las normales. (Ver fs. 585/594).
I. b) En primer lugar, debe decirse que el contrato de garage, es una convención a la que le son aplicables, en forma armónica, las normas de los contratos de locación y depósito, no siendo necesaria la instrumentación escrita de sus cláusulas y admitiéndose cualquier medio de prueba a los fines de acreditar su celebración.En este aspecto, la obligación del garagista es la organización de los medios humanos y previsiones técnicas concretas para cumplir con la finalidad de cuidado y seguridad del rodado sobre el cual tiene la guarda, lo que conlleva la responsabilidad por los daños o perjuicios causados por los automóviles que se ponen a su cuidado. (“Monaco, Oreste Alejandro c/ Gertner, Raúl Omar s/ sumario”. CNCiv. – Sala L – Nro. de Recurso: L051500 – Fecha: 28-8-1997- elDial.com – Editorial Albrematica – AE10644)
Es así que, habiéndose reclamado una indemnización por el incumplimiento de un contrato de garage, debe ponderarse que en esa figura confluyen caracteres de la locación de cosas, de servicios y del depósito. En ella, la actividad del garagista no se agota en una prestación única, sino que, además de suministrar el local, debe proceder a la custodia del automotor, su limpieza, etc., a cambio de una contraprestación establecida en dinero. (“Federación Patronal Cooperativa de Seguros Ltda. c/ Garage Parking y otros s/daños y perjuicios”. CNCiv. – Sala H – Nro. de Recurso: H182931 – Fecha: 14-2-1996).
Es así que resulta incorrecto el encuadramiento de la cuestión dentro de la órbita del art. 1113 2° parte del Código Civil, tal como lo pretende el apelante, ya que no se han derivado daños como consecuencia de una actividad o explotación comercial de una cosa riesgosa.En este sentido, el artículo 1107 del Código Civil es claro en cuanto establece que los hechos o las omisiones en el cumplimiento de las obligaciones convencionales no están comprendidos dentro de la órbita de la responsabilidad civil objetiva extracontractual, “si no degeneran en delitos del derecho criminal”.
Por ello, el planteo de la actora en este aspecto deberá desestimado.
Ambas partes se encuentran contestes en que el vehículo del actor se encontraba estacionado en el garaje de la empresa codemandada el día del hecho, 24 de enero del 2001, fecha en la cual se produjo una intensa lluvia que inundó por completo los niveles existentes en el subsuelo, originándose los daños que se detallan en el rodado del Sr. Rishmuller.
Asimismo, la actora imputa responsabilidad a la empresa por la omisión de colocar las respectivas barreras de contención de aguas al momento de los hechos, pese a tratarse, según, su parte de una zona en la cual frecuentemente se producían inundaciones.
Ahora bien, de la prueba informativa rendida, emanada del Servicio Meteorológico Nacional de la Fuerza Aérea Argentina, surge que las lluvias y tormentas desatadas el día del hecho fueron de una intensidad inusual e infrecuente y se sucedieron en un corto período de tiempo, superando todos los récords anteriores para ese período y en ese lugar, sin precedentes anteriores. (Ver informe de fs. 403/407 y tabla de fs. 410).
Es así que, a fs. 403 se informó: “En cuanto al fenómeno local debe consignarse que su desarrollo se produjo por una conjunción de factores termodinámicos en el término de pocas decenas de minutos.Los movimientos desencadenantes son inicialmente de ascenso dentro de un radio de algunos kilómetros; estos movimientos pueden acelerarse en los niveles medios hasta 40 ó 50 metros por segundo, llegando en este caso a superar los 10.000 metros de altura.
“Este movimiento genera una dinámica propia que hace que en capas bajas se produzca una convergencia de vapor de agua que luego continua ascendiendo y condensándose, mientras que en un sector de dimensiones más limitadas en kilómetros, se va produciendo una fuerte corriente descendente que arrastras consigo las gotas de lluvia (y el granizo si los niveles alcanzados son muy fríos) . “Normalmente este tipo de nube, cumulonimbus, es transportado por los vientos medios de altura, pero si permanece en un mismo sitio o se mueve muy lentamente, como fue en este caso, prácticamente toda la precipitación se concentra en un lugar muy limitado. Por ello se puede inferir que uno de los factores que contribuyeron al récord de lluvia fue la escasa traslación del sistema durante su desarrollo.”
Asimismo, su imprevisibilidad e inevitabilidad quedó patentizada mediante lo expuesto en el informe de fs. 408/409, cuando se consigna que “. ningún modelo físico-matemático, nacional o internacional, cuyos resultados se analizan permanentemente, anticipaban la ocurrencia de fenómenos importantes .”; “. No obstante, las dimensiones y probable intensidad de los fenómenos no permitían emitir un aviso de alerta.”
Por otro lado, la intensidad e insuperabilidad de las precipitaciones aludidas también quedaron acreditadas mediantes las constancias periodísticas digitales obrantes a fs. 460/468, ya citadas y analizadas por el “a quo” y a cuyas consideraciones, en honor a la brevedad, me remito.
A fs. 391 consta el informe ocular del Inspector Calvo, de donde surge acreditado el anegamiento de la cochera en sus tres subsuelos.
Por otra parte, a fs. 384 consta la exposición policial del actor, resultando por demás trascendente el reconocimiento formulado en la parte final:”Por todo lo narrado, considera el hecho casual obra de la fatalidad y sin imputación a terceras personas”.
Cabe destacar que para que vientos y lluvias revistan el carácter de caso fortuito o fuerza mayor deben ser de una violencia excepcional, extraños o desacostumbrados desde épocas lejanas y, en principio, de amplias proyecciones dañosas, tal cual ocurre en los ciclones, terremotos, huracanes, inundaciones sin precedentes cercanos u otras fuerzas análogas (Salvat – Acuña Anzorena, “Hechos ilícitos”, núm. 2885; Colombo, “Culpa aquiliana”, pág. 607; Cám.Nac. Civil, Sala “C”, 17-10-63; causa 84.268 del 1-11-2001 de esta Sala). (Causa 94.546 del 30-03-04 RSD: 61/04 “Azuni c/ Municipalidad de Vicente López s/ ds. y ps.”. El Dial – AI29C. Ed. Albremática).
Es así que para que una tormenta -de viento, de lluvia, de nieve- configure un caso fortuito, tiene que ser extraordinaria -para el lugar y las circunstancias- y de una magnitud o fuerza notoriamente inusuales, pues los accidentes de la naturaleza no constituyen casos fortuitos mientras que por su intensidad no salgan del orden común. (“Lowy, Juan c/ Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires s/ daños y perjuicios”. CNCiv. – Sala D – Nro. de Recurso: D174096 – Fecha: 19-3-1996 – El Dial, CNCiv.: 12278. Ver, en igual sentido, “Dasque, Liliana Graciela c/ Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires s/ daños y perjuicios” (Expte. N° E147044)- CNCiv., Sala E, 09-06-94, ya citado por el “a quo”).
Por ello, sólo los supuestos en los que los fenómenos atmosféricos como el de autos escapan a lo que la meteorología pueda calificar de sucesos ordinarios y por ende se tipifiquen como “acontecimientos atmosféricos extraordinarios “, pueden entrar dentro del contenido del art. 514 del Código Civil, pues en esas circunstancias también quedan fuera las normales previsibilidades de todo deudor. (“Serena, Juan c/ Huayqui y Corvia s/ daños y perjuicios” – CC0102 – LP 222949 RSD – 114-97 S – 10-6-1997.El Dial – WD50B).
Y es precisamente ello lo que ha ocurrido en el caso de autos.
En el caso bajo examen, el “hecho de la naturaleza” (inundación por temporales de lluvia), invocado como “caso fortuito” reunió las condiciones de imprevisibilidad, extraordinareidad, irresistibilidad, extraneidad, actualidad e insuperabilidad. Fue un hecho “imprevisible” desde que no había razones para pensar que las lluvias anunciadas podrían llegar a superar los temporales propios de la época del año, y por los mismos motivos debe calificárselo como “extraordinario”. Asimismo, cumple la nota de irresistibilidad porque el cumplimiento de la máxima diligencia esperable, esto es, la colocación de las compuertas, no hubiera podido evitar la inundación del garage. Es así que el fenómeno de la naturaleza aludido estuvo fuera de la esfera de acción de la demandada (hecho extraño) y el mismo fue contemporáneo al acaecimiento del daño (actual). (Ver, en este mismo sentido, autos “Rodríguez Solana, Ignacio F. c/ Municipalidad de General Pueyrredón s/ daños y perjuicios” (Expte. N° 120841), Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Mar del Plata, Sala II, 24/06/2003. El Dial – AA18E8. Editorial Albremática).
Conforme autorizada doctrina, ” el hecho es imprevisible cuando supera la aptitud predictiva media, o como tantas veces se ha indicado, la previsión de un hombre diligente; idea de prognosis abstraída a partir de las circunstancias de persona, tiempo, lugar y referida a la naturaleza de la obligación. Ello con especial atención a lo normado en el artículo 902 del Código Civil, donde el concepto de prognosis experimenta un ajuste conceptual, cuando es mayor el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas. Y a lo dispuesto en el artículo 909 del mismo cuerpo legal para los contratos que suponen una confianza especial entre las partes.” (Ver Bueres, A. – Highton, E. “Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial.” T. 2 A. Pág. 179. Ed. Hammurabi. Bs. As.1998).
Siguiendo esta línea de pensamiento, no cabe duda que el hecho de autos resultó imprevisible, no resultando óbice el hecho de que se tratara de una empresa como sostiene la apelante, pues, como ya se ha dicho, se toma como parámetro el nivel de predictividad medio de un hombre diligente.
En conclusión, se ha configurado en el caso la eximente contemplada en el artículo 514 del Código Civil, esto es, el hecho fortuito, con las notas de imprevisibilidad, irresistibilidad, extraneidad, actualidad, sobreviniencia e insuperabilidad, propias del caso, con aptitud suficiente para romper el nexo de causalidad entre el hecho acontecido y el daño producido.
Por lo que habré de coincidir con el primer sentenciante en cuanto a que la causa eficiente del siniestro no residió en la conducta omisiva por parte de la empresa codemandada sino por la configuración del caso fortuito ya analizado.
En este sentido, debe distinguirse entre “causa” y “condición”, pues mientras la primera produce la consecuencia, la segunda no la produce por sí, sino que simplemente la permite o la descarta. Y el modo de distinguirlas consiste en preguntarse si la acción u omisión que se juzga era “per se” adecuada para provocar normalmente esa consecuencia, juicio de probabilidad que debe formularse en abstracto, en un plano objetivo, con prescindencia de lo efectivamente ocurrido.
El principio de “normalidad” a que se alude no es otro que el que recoge el art. 901 del Código Civil, esto es que el resultado debe ser pronosticable de acuerdo a lo que acontece ordinariamente -principio de causalidad adecuada-, adoptando así un criterio de probabilidad:no es necesario que ocurra fatalmente el resultado, sino que basta que lo haga de ordinario.
De acuerdo a tal criterio, entiendo que la circunstancias meteorológicas extraordinarias, imprevisibles e inevitables que se sucedieron en la ciudad de Buenos Aires durante el día de los hechos y en el lugar en que ocurrió (Barrio de Belgrano), afectando a una gran cantidad de habitantes fue lo que revistió de por sí aptitud causal para producir el resultado, resultando intrascendente la omisión de colocación de las barreras por parte de la empresa demandada.
En cuanto a la demanda instaurada contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entiendo que corresponde efectuar igual razonamiento, por lo que la misma no debe prosperar.
En este sentido, habré de coincidir con el “a quo” en que la informativa de fs. 432/441 no puede erigirse como elemento válido para pretender responsabilizar al ente comunal.
Por otro lado, el apelante pretende introducir por vía de agravios cuestiones que no fueron sometidas a conocimiento del juez de la anterior instancia, conforme surge de la lectura de la ampliación de demanda obrante a fs. 95/98.
En cuanto a lo planteado, es adecuado hacer alusión al deber que pesa sobre el sentenciante respecto de la obligación de fundar sus decisiones bajo pena de nulidad (art. 34 inc. 4° del CPCC) , respetando el orden jerárquico de las leyes y el principio de congruencia.
Por la primera limitación queda excluida la posibilidad de entrar a conocer sobre lo planteado (art.277 CPCC) .
Es así que los argumentos vertidos por el apelante no alcanzan a conmover los fundamentos brindados por el primer sentenciante en el fallo en recurso.
II. COSTAS.-
II. a) Se agravia la actora por la imposición de costas a su parte, argumentando que debe merituarse que se consideró con derecho a demandar con plena convicción y total buena fe dentro del marco contractual y frente al incumplimiento de la otra parte. (Ver fs. 594/594 vta.).
II. b) Teniendo en cuenta las particularidades del caso en estudio, tratándose de una cuestión fáctica dudosa y de cierta complejidad, cabe concluir que el aquí accionante pudo creerse verosímilmente con derecho a demandar.
Es por ello que propicio la modificación de la sentencia sobre este punto, disponiendo la imposición de costas en el orden causado para ambas instancias.
I. Se confirme la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación y de agravios, con excepción de las costas de primera instancia, las que se imponen por su orden.
II. Se impongan las costas de esta instancia en el orden causado.
Las Dras.Marta del Rosario Mattera y Ana M.Brilla de Serrat adhieren al voto precedente.
Fdo.Zulema Wilde-Marta del Rosario Mattera-Ana M.Brilla de Serrat-
Buenos Aires, de 2006.-
I. Confirmar la sentencia recurrida en todo lo que decide y ha sido materia de apelación y de agravios, con excepción de las costas de primera instancia, las que se imponen por su orden.
II. Imponer las costas de esta instancia en el orden causado.
III. Oportunamente se regularán los honorarios de Alzada.-
Es copia fiel de su original que obra a fs.613/616vta.-
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