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Timestamp: 2019-05-20 10:54:10
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Matched Legal Cases: ['artículo 621', 'artículo 784', 'artículo 713', 'artículo 620', 'artículo 621', 'artículo 621', 'artículo 712', 'artículo 713', 'artículo 620', 'artículo 620', 'artículo 1382', 'artículo 1386', 'artículo 1389', 'artículo 620', 'artículo 784']

﻿ Sentencia 4366 de julio 27 de 1994
SENTENCIA 4366 DE 27 DE JULIO DE 1994
CONTENIDO:CHEQUES, REQUISITOS DE FORMA
REVISTA JURISPRUDENCIA Y DOCTRINA N°:273, SEPTIEMBRE DE 1994, PG. 1073
Sentencia 4366 de julio 27 de 1994
EXTRACTOS: «Para la Corte el Tribunal razonó lógicamente en los diferentes pasos del fallo, pues es innegable que ante una nota impuesta a un cheque como el que sirvió para la pretensión ejecutiva que se adelantó ante el Juzgado 32 Civil del Circuito de esta ciudad, consignada en términos tan precisos, “Este cheque para su validez debe llevar cuatro (4) sellos debidamente registrados ante el banco”, bien podía concluir que “...El documento entregado al actor a través del endoso, no era en el momento en que lo recibiera propiamente un título valor de la naturaleza del cheque” y que “para llegar a serlo se requería que, cumplida por el inicial tenedor la satisfacción que demandaba la culminación del negocio causal, se impusieran los sellos que entonces sí convertirían al documento en un verdadero título valor”. Y que “mientras tal no ocurriera, ni aquél podría negociarlo o transferirlo, ni éste —para el caso del actor— acudir a la acción cambiaria” (f. 99 c. Corte), o también, “que lo que afecta al cheque, desvirtuándolo como tal, es la irregularidad referida al requisito exigido en el artículo 621, numeral 2º, del Código de Comercio, esto es, que por estar incompleta la firma del creador del título, lo que desde luego trasciende a los demás poseedores del mismo, ya que estos también debían estar enterados de dicha informalidad”, y que tal “situación de hecho se ubica, por tanto, en la hipótesis de que trata el numeral 4º del artículo 784 citado, según la cual, frente a la acción cambiaria procede la excepción apoyada “en la omisión de los requisitos que el título deba contener y que la ley no supla expresamente” y no en la causal 6ª de la misma disposición...” (fl. 102, cdno. 1). Esto es que las interpretaciones que en torno a un cheque así creado se le dieron, no son fruto de la arbitrariedad ni de ignorancia acerca de la ley, como tampoco contrarios a texto expreso de derecho objetivo.
Para el efecto obsérvase:
El artículo 713 del Código de Comercio señala las condiciones de forma a que, además de las generales de todo título valor, ha de sujetarse el cheque para poder ser tenido como título valor típico conforme con lo dispuesto en el artículo 620 del mismo Código.
Es decir que el cheque deberá: 1) Llevar fecha (si no se menciona, será la de su entrega artículo 621, último inciso); 2) Indicar el lugar de su expedición (si no, lo será el del domicilio del creador, artículo 621, inciso segundo); 3) Mencionar el derecho que en él se incorpora (art. 621 ordinal 1º); 4) Estar firmado por quien lo gira (art. 621 ordinal 2º); 5) Contener una orden incondicional de pagar una suma determinada de dinero (art. 713, ordinal 1º); 6) Señalar el nombre del banco librado (art. 713 ordinal 2º); 7) Indicar si es pagadero a la orden o al portador (art. 713 ordinal 3º). Además corresponder al formulario que imprima el banco respectivo, o que se haya impreso con su autorización como lo prescribe el artículo 712 del Código.
“Se trata de documento formal, dice Posse Arboleda, como la letra o el pagaré, o cualquier título, cuya validez depende del cumplimiento de las normas legales que determinan cuáles son las condiciones que ha de llenar el título, y es evidente que la posibilidad de incluir cláusulas especiales dentro del instrumento está regulada expresamente por el legislador” (Los Títulos Valores en el Código de Comercio, ed. 1980, pág. 133).
13.1. Como el cheque es un instrumento de pago y en razón de esa finalidad el artículo 713 del Código de Comercio dispone que éste debe contener: “La orden incondicional de pagar una determinada suma de dinero”, lo que significa que tan pronto como se le presente al girado, éste debe atender la orden de pago que se le ha dado entregando a su beneficiario la cantidad de dinero que en él se señala, es forzoso concluir que cuando el derecho a ese pago se subordina a una modalidad que le resta al tenedor la posibilidad de pago inmediato, el título que en esas circunstancias se haya emitido, no tiene en rigor el carácter de cheque, y por lo tanto no está llamado a producir los efectos que como a tal corresponden según la ley.
En respaldo de lo dicho viene el artículo 620 del Código de Comercio, cuando perentoriamente establece: “Los documentos y los actos a que se refiere este título (III) sólo producirán los efectos en él previstos, cuando contengan las menciones y llenen los requisitos que la ley señale, salvo que ella los presuma...” (rayas fuera de texto).
De modo que como la omisión de tales menciones y requisitos le resta eficacia al título que se trata de crear, es de rigor aceptar que quien así lo adquiera posteriormente, corre el riesgo de que su pedido se encuentre frustrado por cuanto la acción cambiaria que ejercita no surja del documento como normalmente debía surgir, precisamente porque su mismo texto no se ajusta a las formas que la ley exige, esto es que faltando la firma como según lo estipulado debía estamparse, no alcanza a ser el título valor que teniéndola sería.
16. Autores en la materia opinan:
“El cheque tiene una vida precaria; debe ser presentado y cubierto por el banco dentro de los plazos y términos que fija la ley. Es solamente una orden de pago ya que como dice el maestro Tena, no tiene otra finalidad y por ello no podemos aceptar que el cheque sea, además un instrumento de circulación. Comenta el ilustre tratadista: “podrá suceder de hecho que mientras el tomador del documento lo presenta al banco para hacerlo efectivo, lo endose o entregue a otra persona, ésta a otra y así sucesivamente, hasta presentarse por la última al librado. El título ha circulado en ese caso, pero no se emitió con ese fin ni es eso lo que emerge de su naturaleza; la circulación del título ha sido una circunstancia accidental, adventicia, incapaz de afectar su naturaleza”.
Si es tan breve la vida que tiene el cheque en el mundo de los negocios, ello justifica que no pueda considerársele sino como un instrumento de pago. Al respecto, dice don Felipe de J. Tena: “El cheque presupone una provisión constituida precisamente en dinero, exigible, o más exactamente, disponible en el momento de la expedición del título lo cual constituye el más notable contraste con la letra de cambio, y al mismo tiempo la diferencia trascendental”...” (El cheque, Juan José González Bustamante, pág. 33).
“El derecho que se adquiere mediante el cheque es el derecho a cobrar una cantidad de dinero en lugar determinado y al vencimiento que se determina por el tenedor del título dentro de los términos legales. El derecho a ese pago no puede subordinarse a ninguna condición o contraprestación. Si la cantidad debe estar a disposición del tenedor, es evidente que su pago no pueda subordinarse a otros hechos, excepto el de la presentación del título. El cheque girado por la cantidad que resulte de la liquidación de una cuenta, es sujeto a la condición de... (sic) no son cheques y no producen efectos de tales...” (Derecho Mercantil, César Vivante, 1ª ed. págs. 506 y 507).
De modo que para que el banco librado tenga que atender la orden incondicional de pago, el instrumento debe acomodarse a la plenitud de las formas, como que si alguna falta no es cheque y puede negarse a pagarlo.
Por consiguiente, si en el caso de que se trata, el cheque Nº 0015791 librado por Emtec Cía. Ltda. contra el Banco Unión Colombiano por la suma de $ 1.650.000, a favor de Cuéllar Antonio el 21 de junio de 1991, desde el momento de su creación se emitió con la nota que se le impuso al dorso “este cheque para su validez debe llevar cuatro (4) sellos debidamente registrados ante el banco”, ha de concluirse que como esa modalidad no se cumplió, su omisión le restó eficacia de título valor como cheque, conforme a lo establecido por el artículo 620 ibídem, y si esa deducción la basó el sentenciador en las interpretaciones que los textos legales permiten y en la doctrina que citó, no puede constituir un error inexcusable. Muchísimo menos si la aclaración de voto demuestra los diversos razonamientos que apoyados en la ley se debatieron en el seno del órgano colegiado, discrepancias fundadas indiscutiblemente en la complejidad del asunto y en la manera como están concebidos los preceptos jurídicos pertinentes.
17. Por otra parte y como es muy claro que el registro en el banco de la firma del titular de la cuenta corriente se halla en función del contrato respectivo, para seguridad de ambas partes, como también en orden a la asunción del riesgo bancario que funda la presunción de responsabilidad por el pago de cheques adulterados, debe colegirse que en la ejecución del contrato el banco tiene que ajustarse estrictamente a los términos de la convención, entre ellos verificar si el cheque que se le presenta para su pago, está completo en cuanto a firmas y sellos se refiere, a riesgo de que incurra en responsabilidad contractual, por incumplimiento de ese pacto.
Precisando los alcances del contrato de cuenta corriente bancaria, tiene dicho la jurisprudencia:
“El cheque bancario, cuya principal función radica en servir como documento de pago y por ello es en esencia un subrogado de la moneda, encuentra su origen en la cuenta corriente, la cual surgió como contrato desde el mismo momento en que los instrumentos de crédito fueron una necesidad del auge económico de la sociedad.
Por virtud del contrato de cuenta corriente, que presupone que entre un cliente y un banco medien continuadas relaciones de crédito, éste se convierte entonces en una especie de delegado de aquél en los muchos encargos que le confía. Característica peculiar de este pacto ha sido siempre la de que las consignaciones que efectúa el titular de la cuenta y otra persona a su nombre, son acreditados por el banco, al cual se transfieren en propiedad; de ahí que los establecimientos bancarios dispongan del valor de los saldos en cuentas corrientes como dineros propios en todas sus operaciones.
A términos del inc. 1º del artículo 1382 del Código de Comercio colombiano “por el contrato de depósito en cuenta corriente bancaria, el cuentacorrentista adquiere la facultad de consignar sumas de dinero y cheques en un establecimiento bancario y de disponer, total o parcialmente, de sus saldos mediante el giro de cheques o en otra forma previamente convenida con el banco”.
De conformidad con la norma transcrita, y según también las demás disposiciones que en la legislación positiva en Colombia son las regulativas de este contrato, la cuenta corriente tiene, entre sus características, la de ser consensual y bilateral. Lo primero, porque para su perfeccionamiento sólo se requiere el consentimiento de las partes: el recibo de depósito expedido por el banco constituye plena prueba de la consignación en cuenta corriente, a términos del artículo 1386 ejusdem; y lo segundo, porque una vez ajustado el pacto se producen para los contratantes una serie de derechos y de obligaciones, que básicamente son los previstos por los arts. 720, 1382, 1385, 1388 y 1391 de la obra citada.
La principal obligación que como efecto del contrato de cuenta corriente asume el banco es la de pagar en principio hasta el importe del saldo disponible del librador, los cheques que éste gira contra su cuenta.
A fin de que el banco pueda cumplir cabalmente esta obligación y el cuentacorrentista ejercer el derecho correlativo, en la práctica aquél comienza por entregar a éste, reunidos en un talonario, un número plural de formularios o esqueletos que contienen impresas todas las indicaciones y los requisitos del cheque, dispuestos por el banco con observancia de las exigencias legales pertinentes naturalmente, con espacios en blanco, en relación al lugar y a la fecha de emisión, a la suma, al nombre del beneficiario y a la firma del librador.
Si bien empleando la diligencia y cuidado debidos en su vigencia mientras ellos estén en su poder, de tales modelos el cuentacorrentista puede servirse libremente; pero, y según lo manda el artículo 1389 ibídem, una vez extinguida la cuenta corriente debe devolver al banco los formularios de cheques no utilizados.
Como es obvio, el mecanismo indicado como primera ejecución en el contrato de cuenta corriente no pone a salvo la posibilidad de frecuente ocurrencia en los tiempos modernos, de que el cheque sea emitido por persona diversa del cliente del banco, y que careciendo de poder para hacerlo, emplee formularios entregados por el girado al cuentacorrentista, de los cuales esa persona, se apropia, a consecuencia de pérdida o sustracción de ellos, y en los cuales falsifique la firma del librador para cobrar sumas que el banco tiene a disposición de éste. De ahí nace el problema de saber a quién corresponde jurídicamente soportar las consecuencias del cobro indebido” (Sent. nov. 29/76, Jurisprudencia de la Corte, pág. 249).
De modo que como la argumentación del Tribunal contenida en este pasaje de la sentencia: “Luego es preciso convenir con que al consignarse tal circunstancia a través del ameritado sello, el librador no hizo más que hacer conocer tanto del inicial tenedor como de los terceros a quienes posteriormente les fuera transmitido por endoso, que no podría ser negociado o transferido porque el girado jamás lo atendería en ausencia de las exigencias impuestas por el librador bien al momento de la apertura de la cuenta corriente o ya posteriormente pero de todas formas actuales al instante de entregarse al beneficiario...” (fl. 96, c. Corte), no resulta desacertada, ya que en realidad de verdad al estar subordinado el pago del cheque a la presencia de cuatro sellos, el banco girado corrientemente no lo pagaría mientras no estuviera completo en su forma externa; luego la consideración que en ese punto hizo el ad quem, se ajustó exactamente al convenio que existía entre el banco y el librador (fls. 126 a 128, c. 2).
18. Por lo demás, si el sello de que se trata se colocó en el acto mismo de su creación, era obvio suponer que tanto el tenedor inicial como los adquirientes posteriores, se enteraron de la condicionalidad del cheque, como de su eventual impago por el girado.
Y si, como se vio, la orden incondicional de pago que debe contener el cheque es una exigencia del carácter legal que tiende a darle al título valor sus verdaderos efectos —servir solamente como instrumento de pago—, resulta obvio que si al cheque se le resta esa posibilidad de pago inmediato, no puede decirse que su circulación en esas condiciones sea eficaz, ni menos que su transferencia resulte válida frente a terceros. La misma condicionalidad del cheque pone en duda la certeza del derecho que se transfiere, así como la eventual satisfacción de los derechos que en él se incorporan, si, como en este caso, faltaba llenar una formalidad que en el documento mismo se indicaba.
Estimó el Tribunal que el cheque no era negociable; y que por esa razón, el actor no estaba legitimado para demandar. Y en apoyo de su tesis citó al tratadista Bernardo Trujillo Calle. Dijo el Tribunal:
“No es exacto predicar, como se ha hecho, que la imposición de una cláusula de tal naturaleza y como la que se analiza, sea elemento extraño al título-valor ni que tenga sólo vigencia entre librador y librado en virtud del contrato de cuenta corriente.
La misma, para supuestos como el que se examina, más que necesaria se tornaba imperiosa por las circunstancias que se han puntualizado. Y su presencia no tenía otro fin más que el de evitar que se produjeran los efectos propios de esta clase de títulos llamados a circular por endoso, mientras no reuniera las formalidades que eran propias del mismo, entre ellas la exigencia de los cuatro sellos, única forma en que el girado atendería su pago.
Si esto es así, de que un título no sea negociable “se derivan consecuencias importantes —al decir que Trujillo Calle— como la falta de legitimación”, pensamiento que apoya en el autorizado criterio de Felipe de J. Tena, el cual llega incluso a negar los principios de la autonomía, la literalidad y la solidaridad por efectos de esa cláusula (ob. cit. pág. 328).
No existirá ciertamente esa legitimación por cuanto, al recibir el tenedor el título sin el lleno de los requisitos que debe contener, aparece incompleto y por consiguiente sin posibilidad alguna de que produzca los efectos que le son propios entre otros el de ser un medio inmediato de pago...” (fls. 98 a 99, c. Corte).
Luego si el Tribunal apoyado en el concepto de un tratadista nacional, cuya versación en el tema no se pone en duda, encontró que por razón de la cláusula que al cheque se le impuso, éste no se hizo negociable por ser incompleto, esa consideración descarta cualquier error inexcusable en el punto, puesto que no obedece a ignorancia ni a arbitrariedad.
20. Como el artículo 620 del Código de Comercio advierte en forma indubitable que la falta de los requisitos fijados en la ley para cada título hace que el documento no sea eficaz como título valor específico, ha de seguirse que siendo de la esencia del cheque que éste contenga la firma de quien lo crea, la cual puede estar o no acompañada de otro u otros signos, tal como lo acepta la doctrina nacional, la falta de este requisito necesariamente da lugar a la excepción de que trata el numeral 4º del artículo 784 ibídem. Y si en ese sentido se pronunció el Tribunal, en su aclaración de voto, para llegar también a la inexistencia del cheque, no hay el error inexcusable que el demandante imputa para deducir responsabilidad civil. Esa mera circunstancia, anotada arriba, es evidente demostración de que es imposible que en este caso hubiera error y menos con la categoría de inexcusable.
“Por razones de seguridad a veces se acuerda entre librador y el librado que el primero, además de su firma, agregará en el cuerpo del título alguna señal especial impuesta mecánicamente. En tal caso debe afirmarse que la firma es completa cuando concurran tanto la firma propiamente tal, como el aditivo mecánico” (Títulos Valores. Ramiro Rengifo, 6ª ed., pág. 241).
20.1. Lo dicho es suficiente para concluir que no prospera la pretensión de la parte demandante».