Source: https://issuu.com/etxerat/docs/enfermos_graves__2010.04_
Timestamp: 2017-03-31 01:05:38
Document Index: 30001275

Matched Legal Cases: ['artículo 92', 'artículo 92', 'artículo 92', 'artículo 104', 'artículo 92', 'artículo 92', 'Artículo 92', 'artículo 92']

Presos políticos vascos con enfermedades graves e incurables by Etxerat Elkartea - issuu
SOBRE LA REPERCUSIÓN DE LA CÁRCEL
EN LA SALUD Y SITUACIÓN
DE NUESTROS FAMILIARES GRAVEMENTE ENFERMOS
El objetivo de este dossier es suministrar información, a las personas
trabajadoras y profesionales relacionadas con el cuidado y defensa
de la salud, acerca de la situación sanitaria que sufren nuestros familiares presos y presas políticas vascas.
Actualmente, 6 de nuestros familiares presos/as padecen enfermedades graves e incurables: trastornos sicológicos, diabetes
agravadas por la edad y por otras enfermedades, cánceres... Se ha
pedido su libertad condicional o provisional, pero en el caso de las y
los presos vascos el derecho a la libertad condicional es sistemáticamente denegado.
Apartados incluidos en este dossier:
1-Descripción de la situación.
2-Presos y presas políticas vascas que se
encuentran gravemente enfermos/as.
3-Número de presos/as vascos/as
enfermos/as.
4-La cárcel y sus consecuencias sicológicas.
5-La falta de asistencia sanitaria:
os médicos, psicólogos y demás profesionales que, asisten a las y los presos
políticos vascos durante largos años conocen de cerca esta realidad, que han
Influencia de la estructura y organización de la cárcel. La estructura física o
arquitectónica de la cárcel, por definición, está establecida con la función de limitar y controlar la libertad de movimiento del preso. Y esto tiene unas consecuencias concretas que atañen al aspecto de la salud. De esta manera, la estructura de
las celdas, patios, pasillos, escaleras, etc. limitan totalmente el espacio necesario
para cualquier persona. La distribución de los espacios, la limitación de los espacios, las estructuras cerradas, la estructura concreta de ciertos espacios (celdas y
patios de dimensiones reducidas, chapas agujereadas en las ventanas...) generan
unas consecuencias evidentes en la salud de presos/as que llevan largos años en
la cárcel. Esto es, les resulta claramente perjudicial. Así pues, no es de extrañar que
la mayoría de las afecciones en la salud nuestros familiares estén relacionadas con
los huesos y articulaciones: hernias, artrosis, discopatías... L@s pres@s polític@s
vasc@s tienen que soportar en muchos casos de 20 a 22 horas de celda al día
(horario de comida y cena incluidas), y el tener que vivir en esas circunstancias les
resulta claramente perjudicial. De la misma manera, el tener la ventana de la celda
casi completamente cerrada (chapas de acero agujereadas, proclives a generar el
“efecto discoteca”), las dimensiones reducidas de los patios o el hecho de que la
visión exterior de la celda o el patio se limite a la pared o muro de enfrente, genera evidentes efectos negativos tanto en la vista como en la piel de estas personas.
En otros casos, el problema principal suele ser el hacinamiento en las celdas: celdas diseñadas para una o dos personas se ven saturadas de presos, con enfermedades infecciosas muchos/as de ellos/as.
También en el aspecto psicológico es evidente la influencia de esta limitación de
la estructura arquitectónica y de distribución de los espacios. En efecto, si a los largos periodos de aislamiento (años, el muchos casos) se le añade una estructura
cerrada y la imposibilidad de la comunicación, en algunos casos la ansiedad,
depresión o nerviosismo relacionados con trastornos emocionales provocan una
predisposición al suicidio. Y el riesgo se multiplica en personas que sufrían este
tipo de trastornos antes incluso de entrar en la cárcel. Esta estructura cerrada genera también trastornos psicoanalíticos tales como dolores de cabeza, hipertensión
dificultades para conciliar el sueño. O problemas de concentración mental y de
Falta de asistencia sanitaria. Esta situación es ostensible, principalmente, en la
dejadez e irresponsabilidad de muchos médicos funcionarios y también en el
trato cruel en las consultas. También es de destacar lo que suele suceder en las
consultas ginecológicas, problemas que ocurren casi sistemáticamente, en los
dos estados, en el momento del traslado desde la cárcel a la consulta del hospital: los traslados se realizan en pésimas condiciones (por ejemplo, esposados
estrechamente con las manos atrás), la insistencia de los policías en quedarse en
el lugar de la consulta... Como consecuencia, muchas veces el preso suele volver
a la cárcel sin terminar la consulta, ya que no se respetan los derechos de los
enfermos/as y se violan el derecho a la intimidad y a la confidencialidad.
La falta de prevención para evitar el riesgo de infección se impone en muchas
ocasiones, ya que no hay protocolo para evitar los contagios. También suele
ocurrir frecuentemente la pérdida, o la llegada tardía, de los informes médicos
cuando los y las presas políticas vascas son trasladadas a otra cárcel. Muchas
veces suele ocurrir que se retrasa la realización de las pruebas complementarias,
imprescindibles para hacer el diagnóstico de las enfermedades. Las consultas
con los especialistas se retrasan por el trámite a realizar, y por tanto, se retrasan
muchos diagnósticos que potencialmente pudieran ser malignos.
Asistencia limitada de los profesionales de confianza. En lo que respecta al
derecho para recibir asistencia de los médicos exteriores a la prisión, se suele
imponer la negación y la traba. (Artículos 36.3 de la Ley Orgánica de Prisiones y
212.3 de la Normativa de Centros Penitenciarios). Desde hace algunos años
hasta ahora se han negado, por principio, la mayoría de las peticiones, en la
mayoría de las ocasiones con la excusa de la “seguridad”. Además, en los últimos
tiempos se acorta arbitrariamente la duración de las consultas (según la ley el
tiempo no es limitado). De todas las maneras, como se ha dicho, casi siempre
prohíben este tipo de visitas, por un lado la Dirección General de Instituciones
Penitenciarias, y por otro, el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la
Audiencia Nacional. En este momento este tipo de asistencia esta garantizada a
un numero limitado de profesionales, psicólogo/as concretamente, aunque la
psicóloga de confianza que mas casos de presos políticos vascos atendía fue
vetada hace ya dos años sin razón objetiva alguna, tras varios años de asistencia
autorizada. Esta medida nos afecta de diversas maneras. Por una parte, a los presos políticos vascos se les obliga a aceptar médicos en los que no confían, al
pertenecer al personal penitenciario, contraviniendo así todas las disposiciones
y normativas al respecto. En cuanto a nosotros, familiares de los/as presos/as,
con esta medida se nos obliga a buscar especialistas (odontólogos/as, sobre
todo) en la zona donde se encuentran encarcelados nuestros familiares, con el
consiguiente gasto de tiempo y dinero (desplazamiento hasta lugares alejados
de sus domicilios, pago del especialista...). Esto conlleva múltiples problemas en
todos los sentidos. Un caso de otros tantos es el de Arkaitz Saez, preso en Puerto
I y que precisa de una intervención urgente en la boca. Al carecer la cárcel de
profesional y medios adecuados para dicha intervención, la familia tuvo que
buscar un medico maxilo-facial en Cadiz para poder atender el caso. El problema
fue que se denegó la entrada a la cárcel de dicho especialista , en base a
“motivos de seguridad”. O el caso de Antton Lopez, en Puerto I, que estando en
Puerto III hace un año tuvo que recurrir a la huelga de hambre para conseguir
que le asistiera una odontóloga extra-penitenciaria, habida cuenta de que el
dentista de la cárcel no disponía de medios adecuados para atenderle y le
ponían trabas para ser asistido por otro profesional.
Escasa colaboración de los médicos funcionarios con los médicos del exterior. Cuando los médicos/as de confianza no consiguen autorización para
realizar la visita, intentan ponerse en relación con el/la médico de la cárcel o
con el hospital correspondiente para hacer el seguimiento de los presos/as.
Estos intentos casi nunca dan fruto, y por ello, las y los presos políticos vascos
no tienen la oportunidad de contrastar el tratamiento médico que reciben.
Sobre este asunto, hay que resaltar el papel obstruccionista que juegan los
equipos denominados como “juntas de tratamiento de la cárcel” (formados por
dirección, médico, psicólogo/a, educadores/as y funcionarios de seguridad).
Hay que resaltar, en este punto, que hoy en día es prácticamente imposible
este tipo de colaboración entre profesionales. En efecto, últimamente se han
impartido entre el personal sanitario de las cárceles órdenes estrictas por parte
de la Dirección General penitenciaria en el sentido de no pasar ningún tipo de
información sobre el estado de salud de los presos enfermos a sus médicos de
confianza. Hay que reseñar que hasta el momento ningún profesional de la
salud perteneciente al personal penitenciario ha cuestionado ni protestado
contra esta orden, aunque infringe gravemente el Código deontológico.
Difícil seguimiento de las patologías. Por causa de la lejanía geográfica, consecuencia de las cada vez mayores obstáculos que se ponen a las visitas con el
médico de confianza (frecuentemente, se deniegan las visitas autorizadas con
anterioridad), los médicos de confianza se ven obligados a ponerse en contacto telefónico con los médicos funcionarios. En la mayoría de los casos, la única
opción que tienen para mantener la relación con los presos y presas es por
medio de cartas, las cuales están intervenidas. En esta situación, para estos
médicos, hacer un seguimiento adecuado y riguroso de los que necesitan
ayuda sicológica o siquiátrica suele ser un verdadero reto profesional, y en
muchas ocasiones imposible.
A nuestros familiares presos se les ha denegado sistemáticamente la aplicación
del artículo 92 del Código Penal español, haciendo caso omiso a lo que dice su
propia Ley, esto es, que deben quedar en libertad las y los presos que padecen
enfermedades graves e incurables. Pero además, han insertado nuevas condiciones en dicho articulo, redactadas ad hoc para los presos políticos vascos,
como la renuncia expresa a sus principios ideológicos y colaboración con el
Estado. Claro ejemplo de ello es el auto 2007/11/16 denegatorio de la libertad
condicional de Gotzone Lopez de Luzuriaga (cáncer de mama), caso similar a
las condiciones impuestas en estado terminal a Jabier Gorostiza en 1995,
meses antes de su fallecimiento. Las peticiones que hacen los médicos profesionales para que estos presos/as sean tratados/as fuera, tampoco se toman en
Así las cosas, el gobierno español ha establecido una nueva modalidad de “libertad” que lleva aplicándola desde el verano de 2008, el gobierno español
establece una nueva modalidad de libertad condicional para nuestros familiares gravemente enfermos: haciendo caso omiso a la normativa vigente, les
imponen la “prisión atenuada” en sus respectivos domicilios familiares, con una
fuerte restricción y control sobre dicho preso enfermo (en modo alguno favorable para la evolución de su enfermedad), incluido en algunos casos el control
telemático. Así, en el verano de 2008 le aplican dicha medida al preso político
Mikel Ibáñez, a pesar de sufrir un proceso cancerígeno sumamente grave. En
este caso tiene prohibido salir de su domicilio, y cualquier consulta médica o
ingreso en el hospital para llevar a cabo su tratamiento deberá de contar con
la autorización previa del juez y la compañía de la policía. En otoño del mismo
año les imponen la misma medida a los enfermos graves Anjel Figueroa y
Marilo Gorostiaga. En este caso se les autorizan unas horas de salida de su
domicilio (remedo de las “horas de patio” de la cárcel), pero las condiciones de
control siguen siendo muy estrictas. En la primavera y otoño de 2009 se les
aplica esta medida a nuestros familiares Mikel Gil, Bautista Barandalla y Belen
Gonzalez en las mismas condiciones que los anteriores y control telemático a
los dos últimos. Y, por último, en febrero de 2010 le aplican esta medida, con
control telemático incluido, a Juan José Rego: enfermo de 72 años con un infarto de miocardio reciente en su haber, así como diabetes, pérdida importante
de visión y otras afecciones derivadas de la diabetes. Las condiciones de vida
estas personas se encuentran muy mediatizadas por una serie de restricciones
y prohibiciones como la obligación de estar en casa unas horas determinadas,
imposibilidad de acudir a consultas médicas en esas horas sin previa autorización, prohibición para salir de un determinado territorio, etc. En consecuencia, si bien nuestros familiares deberían de estar en la calle en libertad condicional, sin restricciones ni prohibiciones añadidas, se les mantiene en unas
condiciones sumamente estrictas que nada les ayuda en su enfermedad.
Las consecuencias de la prolongación de la condena. Al hilo de las sucesivas reformas y cambios jurídicos de los últimos años (realizadas ad hoc para
nuestros familiares), se ha impuesto de facto en el Código Penal la cadena perpetua para ( condenas de 30 y 40 años a cumplir íntegramente). Todo ello lógicamente devendrá en consecuencias muy negativas en la salud de las y los
presos políticos vascos. Para empezar, la media de edad del colectivo de presos y presas políticas vascas subirá de forma muy importante. Consecuencia
de ello, es lógico pensar que a raíz del aumento la edad y los años de cárcel en
condiciones inapropiadas para la salud todo ello repercutirá negativamente en
la salud de estas personas. Esto es: en un periodo de tiempo relativamente
corto veremos aumentado el numero de familiares nuestros enfermos. Pero
ademas de ello, los presos y presas que actualmente sufren enfermedades
graves verán agravada aun más su situación a consecuencia del alargamiento
de los años de encierro en prisión. Esto es: ante este riesgo evidente no resulta de más afirmar que a estos presos/as con enfermedades graves e incurables
se les impone de hecho la pena de muerte en prisión, aunque, como ha ocurrido hasta ahora, en ocasiones se les saque de la cárcel sólo para morir. Se han
dado varios casos en las últimas décadas y se están dando hoy en día; sobre
todo en casos de cánceres terminales: José Retolaza, Santi Diez, Jabi Gorostiza,
Esteban Esteban…enfermos de cáncer todos ellos y en la cárcel hasta que su
estado hacía imposible evitar la muerte.
Por otra parte, si es difícil hacer un seguimiento adecuado a la situación sanitaria de las y los presos políticos vascos que están en las cárceles del estado
español, también en el estado francés se debe hacer frente a tremendas dificultades. En ambos casos, nuestros familiares, sus médicos , sus abogados/as y
nosotro/as mismas nos vemos en la obligación de pelear fuerte para garantizar una asistencia sanitaria digna.
PRESOS/AS POLITICOS/AS VASCOS/AS
GRAVEMENTE ENFERMOS/AS
Hoy en día, son 6 las y los presos políticos vascos con enfermedades graves e
incurables:
JON AGIRRE AGIRIANO.
Natural de Aramaio. Nació en 1942 y fue detenido el
5 de mayo de 1981. Hoy en día en la prisión de
Artrosis generalizada (en ambas caderas). Hernia
discal entre las vértebras L4 y L5, en el año 2005 le
implantaron una prótesis en la cadera derecha.
Diabetes Mellitus diagnosticada en 1998, y a consecuencia de la misma: miopía
en ambos ojos, hipercolesterolemia, hipergliceridemía y grave riesgo de infarto
de miocardio, flutter auricular (bloqueo de la aurícula del corazón). Además de
otras enfermedades como: enfermedad de Dupuytre en la mano derecha, Hallus
valgus (juanete) en ambos pies (le intervinieron en junio del 2008).
Condenado a 30 años de prisión, el 11/05/1996 cumplió las ¾ partes de la condena y el 28/10/2006 la totalidad de la condena. Pero el 19/09/2006, la Audiencia
Nacional le aplicó la doctrina 197/06 eliminando de facto las redenciones que le
correspondían y alargándole la condena durante 5 años más.
En los años 2005 y 2007 se solicitó al Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria
de la Audiencia Nacional la libertad condicional (artículo 92), pero en los casos le
Influencia de la carcel en su enfermedad:
Debido sobre todo a sus edad y al tiempo de permanencia en la cárcel, sufre de
fuertes dolores en el momento de desplazarse de un lugar a otro, en desplazamientos largos sobre todo (las caderas las tiene muy afectadas), o de subir las
Hay que tener en cuenta que Jon lleva largos años sufriendo celdas y patios
cerrados, y esto le ha afectado de manera irreversible. No es casualidad que
tenga tantas afecciones relacionadas relacionadas con los huesos o articulaciones; la estructura física de las cárceles por donde ha pasado han hecho posible estas situación: los pisos de cemento, las celdas de escasos metros cuadrados, las inevitables escaleras... todo ello contribuye para que afecte gravemente a cualquier persona, y Jon es un ejemplo claro de ello. Las situaciones y
problemas aludidos en la primera parte de este trabajo le han afectado de
lleno a Jon. A causa también de esta situación y estructura cada vez tiene más
problemas de visión, y el tiempo cuenta en su contra.
Si tenemos en cuenta que una persona de esa edad y esas condiciones de
salud difícilmente puede evitar en circunstancias normales el progresivo
empeoramiento de su salud, en las circunstancias de una estancia prolongada
en la cárcel esta condenado inevitablemente a una situación irreversible. Hay
que tener en cuenta que en la cárcel el preso nunca es dueño de su situación
o su iniciativa: se encuentra siempre a expensas de lo que marque la estricta
normativa penitenciaria al régimen de vida penitenciario y a lo que disponga
el funcionario; el funcionario es el que dispone siempre cuando y como hay
que hacer las cosas. En esta situación, lógicamente, este familiar no puede controlar el desarrollo y tratamiento de su enfermedad. Como prueba de ello está
el hecho de que desde que hace dos años le intervinieron quirúrgicamente en
la cadera, y a pesar de haberlo solicitado insistentemente, ha conseguido que
le realicen un único control de todos los que le correspondían.
Además, en todos estos años se ha visto obligado a luchar constantemente
contra las barreras que se le levantaban desde las instituciones, estructuras y
personal penitenciarios. A modo de ejemplo, no es lo mismo acudir a un centro hospitalario acompañado por familiares o personas cercanas que hacerlo
en vehículos especiales, rodeado de policías, esposado y en medio de un dispositivo policial.
La asistencia no esta garantizada en la cárcel donde se encuentra. Aunque se
halla en la enfermería de la prisión, durante la noche y a primeras horas de la
tarde, mientras el preso se encuentra en la celda, la asistencia médica no está
en absoluto garantizada: prima la “seguridad” sobre consideraciones de otra
JOSE MIGEL ETXEANDIA MEABE.
Natural de Larrabetzu. Nacido en 1960. Fue detenido
en México el 03/07/2003 y entregado a los dos días al
Estado Español donde fue brutalmente torturado. En
la actualidad se encuentra en la prisión de Burgos.
Padece Trastorno obsesivo-compulsivo con un
cuadro agudo de ansiedad. En México ya padecía de lo mismo. Sufrió una de sus
crisis más graves a raíz de su encarcelamiento y los graves problemas de salud
de su padre. Intercala temporadas de crisis con temporadas tranquilas. Hepatitis
C (diagnosticada en México en 1990).
Condenado a 18 años de cárcel. El 11 de enero del 2007 solicitó al Juzgado
Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional la libertad condicional en aplicación del artículo 92. del Código Penal, pero el 01/06/2007 desestimaron dicha solicitud.
La naturaleza de su enfermedad precisa de un lugar tranquilo y adecuado donde
sus obsesiones y ansiedad no vuelvan a manifestarse. Evidentemente, la cárcel
no es el lugar mas adecuado para ello. Teniendo en cuenta que tiene frecuentes
brotes depresivos, la estructura y restricta normativa de la cárcel dirigida al castigo del penado mas que a su rehabilitación, no hace mas que agravar su
situación. La tensión y situaciones limites que inevitablemente genera el modelo de prisión actualmente vigente en el estado español no ayudan en nada, sino
todo lo contrario, a la curación de su trastorno. Y si añadimos a esto el control
total y atosigante que se ejerce sobre nuestros familiares presos, los síntomas se
Hay que tener en cuenta también que en febrero de 2008 se le denegó la autorización de la visita de una psicóloga de confianza, autorización que había estado
en vigor hasta entonces. Todas estas circunstancias, así como la denegación de la
solicitud de libertad condicional, agrava el riesgo del empeoramiento de su
enfermedad. Tanto es así que en la prisión de Herrera le impusieron el protocolo
de suicidio a comienzos de 2009.
JOSE RAMON FORURIA ZUBIALDEA.
Natural de Markina. Nacido en 1949. Está en prisión
desde el año 2003. Destinado a la prisión de Dueñas
(Palencia), y actualmente en la prisión de Basauri
Neo vesical. Cáncer de vejiga. La biopsia realizada el
22 de noviembre del 2004 en la consulta de
Urología del Hospital Gregorio Marañón muestra un
carcinoma urotelial. En enero del 2005 el especialista ordenó los siguientes
controles: BCG, cistoscopia y citología. . En noviembre de 2008 se da una
recidiva de su dolencia y a día de hoy persiste el riesgo, por lo que se le están
realizando las pruebas correspondientes.
Condenado a 30 años, en espera del recurso presentado ante el Tribunal
Supremo. El 4 de octubre del 2018 cumplirá las ¾ partes de la condena, si se
confirma la misma.
En noviembre del 2004 se solicitó al Juzgado Central de Vigilancia
Penitenciaria de la Audiencia Nacional que pudiera cumplir la condena en su
casa, pero en febrero del 2005 esa demanda fue desestimada. El 28 de diciembre del 2006 se solicita su libertad provisional al mismo Juzgado, pero el 15
de marzo del 2007 la libertad provisional fue también denegada.
En el caso de las enfermedades graves e incurables (cáncer en este caso) es
imprescindible realizar las oportunas pruebas y controles periódicos a fin de
controlar la evolución de la enfermedad y evitar que resurja o se agrave. En
este caso concreto, este tipo de seguimiento esta en manos del medico de la
prisión, que es quien envía o solicita al hospital correspondiente la solicitud
de este tipo de pruebas y controles; la cuestión es que, en este caso, las pruebas de citología o ecografía se han retrasado o incluso no se han llegado a
hacer. Es un dato muy importante a tener en consideración, teniendo en
cuenta de que este tipo de tumores puede reaparecer en un 50% de los
casos a pesar del tratamiento adecuado.
Por lo tanto, es evidente que el hecho de que el familiar enfermo no pueda
disponer del control de las revisiones y tenga que dejar este tipo de trámites
en manos de la cárcel redunda en prejuicio de su salud. En efecto, en el sistema actual del régimen penitenciario prima ante todo y sobre todo la seguridad, quedando en un segundo plano la salud del interno enfermo. En caso de
suceder un empeoramiento súbito de la enfermedad, un infarto o un accidente similar, no está garantizada una asistencia inmediata. Y lo mismo
ocurre en relación con el tratamiento y seguimiento de las enfermedades
graves e incurables: en ningún momento está asegurada la asistencia adecuada: primero es la seguridad, luego viene el enfermo.
GOTZONE LOPEZ DE LUZURIAGA FERNANDEZ.
Natural de Agurain. Nació en 1959. Fue detenida el
17/09/1989. Encarcelada actualmente en la prisión
de Villanubla (Valladolid).
En junio del 2007 le diagnosticaron un cáncer
de mama (carcinoma ductal infiltrante en
primer grado). El 26 de junio le intervinieron en
el hospital de Jaén y le extrajeron el adenocarcinoma. El 18 de septiembre de
2007 comenzó un tratamiento de radioterapia de 35 sesiones. Con muchos
obstáculos consiguió finalizar el tratamiento.
Condenada a 30 años de prisión. La Dirección General de Instituciones
Penitenciarias le aplicó el artículo 104.4. a solicitud de la prisión, por lo que
Gotzone pasó de 2º a 3er grado. El 2 de agosto del 2007, la Junta de
Tratamiento de la cárcel de Jaén, por unanimidad, decidió enviar al Juzgado
Central de Vigilancia Penitenciaria el expediente para su libertad condicional.
Pero el 9 de agosto, la misma Junta de Tratamiento, con el único voto en contra del subdirector médico, cambió de opinión y decidió hacer contra a la libertad condicional de Gotzone.
El 16 de noviembre del 2007, el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria
de la Audiencia Nacional denegó la solicitud de libertad condicional, por no
renunciar a sus ideas políticas.
Influencia de la carcel en la enfermedad:
En el caso de Gotzone, se evidencia una vez mas lo perjudicial de la cárcel
para una persona que sufre una enfermedad grave e incurable. Desde el
comienzo de su enfermedad los retrasos y suspensiones en el traslado a las
consultas hospitalarias han sido constantes. Desde que se le diagnostico la
enfermedad y comenzó el tratamiento de radioterapia (septiembre de 2007)
se han ido sucediendo una y otra vez los retrasos, suspensiones y problemas:
sesiones suspendidas por la incomparecencia de los policías destinados a
trasladarle al hospital; conducción a la consulta con la enferma esposada por
detrás de la espalda; presencia de la policía en la consulta medica, sin
respetar la intimidad y confidencialidad de la consulta; trato violento por
parte de los policías encargados de la custodia; sesiones de radioterapia suspendidas con el pretexto de la “avería” de la maquina...
Todos los protocolos internacionales sobre el Cáncer de Mama establecen la
necesidad de controles de seguimiento para detectar cualquier recidiva, controles que deben realizarse con una periodicidad exhaustiva en cuanto a
pruebas de detección y control, por lo que los continuos traslados a las consultas desde la prisión, con los retrasos y las condiciones de seguridad que se
establecen por la custodia hacen inviable un control adecuado. Hay que
añadir a ello la estructura misma y la función de la cárcel, donde no se halla
una dependencia adecuada para este tipo de enfermedad. Más aun, las tensiones que conlleva la cárcel y su régimen disciplinario son campo abonado
para el resurgimiento o el agravamiento de la enfermedad, ya que el buen
pronóstico de la enfermedad está unido a un entorno adecuado del enfermo
o la enferma y a su auto cuidado. Son necesarias unas condiciones adecuadas
para poder hacerle frente a esta enfermedad, condiciones que no se dan en
la cárcel en ninguna de las maneras.
Natural de Arrasate. Nació en 1956. En prisión desde
julio de 1997. Actualmente en la prisión de Mansilla
Cáncer de riñón. Carcinoma en el riñón izquierdo. El
9 de junio del 2005se le practicó una nefrectomía: le
extirparon el riñón izquierdo. A consecuencia,
necesita constantemente de controles de urología y su tratamiento es de por
vida. La situación que padece, esto es la prisión, no es el mejor lugar para un
enfermo de estas características: corre mayor riesgo de que su cáncer se
desarrolle de nuevo. Aún si estuviera en libertad, el riesgo de que su enfermedad se desarrolle es de un 51%.
Condenado a 30 años de prisión. El 1 de diciembre del 2006 solicitó al
Juzgado Central de Vigilancia penitenciaria la libertad condicional, en aplicación del artículo 92 del Código Penal. Pero en mayo del 2004 le fue denegada la libertad condicional, y el 24 de julio del 2007 el recurso de reforma también fue desestimado.
La situación en la que se encuentra (la cárcel), evidentemente no es la adecuada para un enfermo de estas características: en la cárcel tiene mucho más
riesgo de recidiva que estando en la calle. Por otra parte, el riesgo de recidiva
de este tipo de enfermedad en dos años es del 51 %. Por lo tanto, seria preciso que estuviera en la calle para hacer frente de forma adecuada a su enfermedad, oportunidad que se le ha sido denegada hasta ahora.
VARÓN CON DESORDEN PSICÓTICO.
Nació en 1978. Encarcelado en el año 1998.
Varón con desorden esquizofreniforme y depresiones con
síntomas psicóticos. Nació en 1978. Encarcelado en el
año 1998. Le han impuesto una condena de 30 años. En
noviembre de 2006 sufre un empeoramiento en asu enfermedad y le aplican el protocolo de suicidio: acompañamiento durante las 24 horas del día. El 21 de diciembre
del 2006 solicitó la libertad condicional en aplicación del artículo 92, pero la solicitud
fue denegada por el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria.
Como se detalla en esta lista, las enfermedades de los presos y presas que se citan
son graves e incurables en cualquier lugar y situación. Los más graves son los presos y presas afectadas por el cáncer, por ejemplo, Jose Luis Elkoro, de 74 años de
edad, en prisión desde el 29 de abril de 2009 y con cáncer de próstata aunque controlado en la actualidad. O Belén Gonzalez y Mikel Ibañez, excarcelados tras padecer unos procesos cancerígenos especialmente graves y virulentos, actualmente
en prisión atenuada pero bajo condiciones que en nada favorecen a la evolución
de su enfermedad. Pero además, también tenemos entre los más graves algunos
de avanzada edad que llevan la carga de largas condenas en condiciones de vida
muy duras: Jon Agirre Agiriano y José Ramón Foruria. Esos, y cómo no, familiares
nuestros que tienen la salud mental gravemente afectada necesitan condiciones
adecuadas para vivir;, sin embargo, en el caso de los y las presas políticas vascas se
les mantiene en las más duras condiciones.
Además, la propia normativa penal y carcelaria (Artículo 92) da la opción de dejar
en libertad al preso o presa que padece males de este tipo, para poder vivir en un
ambiente que sea el más adecuado para su salud. Pero no solamente eso; también
se debe tener en cuenta que muchos de estos casos son provocados por la cárcel
o por las condiciones de vida de la cárcel. Por lo tanto, las cárceles y los responsables que gestionan esta situación debieran actuar con aún más cuidado.
Así las cosas, entre las medidas especiales que actualmente se les imponen nuestros familiares, presos políticos vascos, queremos subrayar especialmente dos. Por
un lado las que influyen directamente en su salud: condenas casi de por vida, y por
otro lado, la negación sistemática de la libertad a quienes padecen graves enfermedades. Teniendo en cuenta la situación actual, en la que los años de condena
carcelaria se están alargando cada vez más, estas medidas pueden tener, a corto
plazo, grave influencia en la situación de la salud de los y las presas políticas vascas.
NÚMERO DE PRESOS/AS VASCOS/AS ENFERMOS/AS
Aparte de las y los enfermos y enfermas graves, hay un amplio número familiares
nuestros que solicitan asistencia directa. Habida cuenta de que hasta hace poco la
media del colectivo que conforman los presos políticos vascos era del alrededor
de los 30 años, no es normal que una proporción tan amplia de presos de esas características precise de un seguimiento a ese nivel.
Quienes tienen enfermedades físicas son 145
Quienes reciben asistencia psicológica (incluidos los solicitantes del art. 92 por
gravedad) son 36
El número total de presos y presas que reciben asistencia de cualquier clase, por
tanto, es de 181
Teniendo en cuenta que a día de hoy tenemos unos 750 presos y presas políticas
vascas (la cifra es cambiante), a nivel de proporción tenemos aproximadamente un
25% el de enfermos/as entre nuestros y nuestras familiares. De estos/as un 4% son
los/las que están graves.
Atendiendo a las enfermedades puramente físicas, las afecciones relacionadas con
huesos, médula espinal o el aparato de locomoción superan ampliamente a otro
tipo de problemas entre nuestros familiares enfermos. Así, en este momento se contabilizan 59 los afectados en este sentido. Lo cual no es de extrañar, por otra parte.
Efectivamente, estos datos no son mas que el reflejo de la influencia de la estructura
física o arquitectónica de la cárcel es estos enfermos: la cárcel como institución cerrada, patios cada vez mas pequeños y estrechos, módulos “especiales” donde al control absoluto se añade un espacio físico ínfimo, celdas de reducidas dimensiones,
alimentación escasa y de poca calidad, largas horas de encierro en la celda y tiempo mínimo de estancia en el patio (que en algunas ocasiones no es mas que un
“cajón”, cerrado por arriba con redes metálicas y barrotes)... y la tremenda carga de
los años de cárcel.
Les siguen a estos los afectados por enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio, con 39 presos y presas afectados/as y los/as relacionados/as con problemas de otorrinolaringología, con 29 presos/as enfermos/as. Les siguen a estos los
afectados por enfermedades relacionadas con la vista y el aparato intestinal, con 24
cada uno. 23 con enfermedades relacionadas con la piel; 21 con el aparato digestivo; 18 con el aparato circulatorio afectado; 17 con afecciones neurológicas... y, lo
mas preocupante, 5 relacionados con cánceres de diverso tipo ( más tres familiares
más que se encuentran en prisión atenuada por la misma enfermedad).
Ni que decir tiene que la ampliación del cumplimiento de las penas anteriormente
citada (debida a las reformas del Código Penal de los últimos años y a la aplicación
de la nueva doctrina del Tribual Supremo) tendrá cada vez mas influencia en el
empeoramiento de la salud de nuestros familiares: además de empeorar la
situación de aquellos y aquellas que se encuentran actualmente enfermos/as, el
aumento de la edad y los años de estancia en la cárcel influirán negativamente en
una proporción significativa de ellos/as.
Lo lógico es que los que hoy en día son jóvenes sanos al cabo de los años en estas
condiciones y del aumento de la edad desarrollen algún tipo de enfermedad. Las
dificultades y problemas que hemos detallado en relación a la cárcel, les pasará factura indudablemente. Los que hoy en día se encuentran ya enfermos, por otra parte,
tienen un riesgo evidente de que empeoren conforme pasan los años. Y, finalmente,
los enfermos y enfermas graves en la actualidad tendrán un riesgo real de muerte
Veamos a modo de resumen las carencias detectadas en lo relativo a la asistencia
sanitaria de los presos y presas políticas vascas en la cárcel:
*Influencia de la estructura de la cárcel en los presos/as.
La cárcel es un espacio destinado y diseñado fundamentalmente para limitar y
destruir física y mentalmente a la persona que no comulga con los cánones de la
sociedad o de una ideología de poder determinada, y en ese sentido esta función
se cumple plenamente en el caso de las y los presos políticos vascos.
*Dejación de responsabilidad o falta de denuncia por parte de las/os
medicos penitenciarios.
Muchas veces estas/os mismas/os médicos ha denunciado las nefastas
condiciones generales en las que se encuentran las cárceles: falta de higiene,
hacinamiento, alimentación descompensada y escasa, falta de dietas para
patologías concretas... Y sin embargo se limitan a pasar la responsabilidad a
los directores de las cárceles, obviando su propia responsabilidad. Tampoco
se han denunciado los malos tratos repetidos -palizas, amenazas de funcionarios, otras presiones psicológicas...
*Denegación de la información al paciente o personas allegadas.
Es habitual no dar información sanitaria a los pacientes, familiares o médicos
elegidos por estos. Se alegan motivos diversos: desde motivos de seguridad,
prohibición por parte de los superiores, el “secreto profesional”, etc., contraviniendo así el propio Código Deontológico de la O.M.C. Y los principios
de Ética Medica Europea.
*Prohibición de ser vistos por los médicos que los propios presos y presas eligen, contraviniendo
de nuevo tanto el Código Deontológico como los principios de la Ética
Medica Europea. Hace 20 años que se empezó a poner en práctica esta prohibición, siendo los “motivos de seguridad” el pretexto mas utilizado para
ello. Esto ha imposibilitado el seguimiento de algunos/as médicos de confianza sobre los procesos de atención, diagnostico, tratamiento... De esta
manera, además, se obliga al o a la paciente a ser visto por médicos que, en
ocasiones, no tienen su confianza.
*Deficiencia en la calidad de la atención sanitaria. Negligencia y/o
Mala atención al enfermo/a; enfermos/as que por su patología son trasladados/as en malas condiciones a lugares no indicados -o contraindicados-;
sometidos/as a aislamiento con claro perjuicio para su patología; medidas de
presión psíquicas -aislamientos prolongados, tortura blanca y de castigo físico; traslados a hospitales con pacientes enfermos fuertemente
esposados/as,; reconocimiento -o visto bueno- de los médicos para someter
a presos/as a medidas de castigo como aislamiento...; baja calidad de atención médica negligencias escandalosas; historias clínicas que tardan meses
en llegar -o se “extravían”- tras los traslados; procedimientos diagnosticados
que se eternizan; tratamientos que se interrumpen...
CÁRCEL Y CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS
4.1. He aquí la lista de las y los presos políticos vascos muertos a causa de la cárcel:
José Ramón Goikoetxea Bilbao. De Loiu. Apareció ahorcado en la cárcel de
Alcalá-Meco el 26-6-1985
Mikel Lopetegi Larrarte.- De Tolosa. Apareció ahorcado en su celda de Herrera de
la Mancha el 2- 3- 1988
Jean Groix. De Bretaña. Apareció ahorcado en su celda de la prisión de Fresnes
el 20-1-1991.
José María Aranzamendi Arbulu. De Elorrio. Apareció ahorcado en su celda de
la prisión de Alcalá-Meco el 7-2-1997
Juan Karlos Hernando González. De Arrigorriaga. Apareció ahorcado en su
celda de la prisión de Albacete el 20-7-1997.
Oihane Errazkin Galdos. De Donostia. Apareció ahorcada en su celda de la
prisión de Fleury el 7-7-2004.
José Angel Alzuguren Perurena. De Bera. Apareció ahorcado en su celda de la
prisión de Soria el 31-10-2005.
Igor Angulo Iturrate. De Santurtzi. Apareció ahorcado en su celda de la prisión
de Cuenca el 27-2-2006.
Estas ocho personas fueron encarceladas sin trastornos o desequilibrios sicológicos notables, y después de un no muy largo periodo de tiempo los encontraron
suicidados o en apariencia de suicidio.
4.2. Al hilo de este apunte, queremos dar a conocer y denunciar dos casos
graves ocurridos recientemente. Estos casos son demostrativos de una
situación grave y cruel que nos ha llevado a encender la alarma y todas las
Uno de estos casos es el del preso político vasco Alfontso Sebastian que está
en la prisión de Badajoz. El pasado 6 de abril de 2008 se hizo heridas profundas en los brazos y en el cuello debido a la presión de la cárcel en los últimos
tiempos. Además, en las redadas de marzo detuvieron a algunos de sus amigos y pasó muy malos momentos pensando en su situación: a él también lo
torturaron y no podía quitar de su cabeza aquel recuerdo. Aunque esos duros
momentos pasaron, hay riesgo de que la situación lo domine de nuevo. A
pocos días de este suceso, otro preso político que estaba en la prisión de Soto
del Real se cortó las venas de los brazos aunque las heridas no fueron profundas. Respetando su voluntad no se hará público su nombre, pero también en
este caso la presión carcelaria y las medidas represivas que se les imponen a
nuestros familiares presos/as en los últimos tiempos, tienen influencia directa en la disposición para tomar una decisión de esta magnitud. Queremos
dejar claro que estos dos casos que hemos detectado han ocurrido en un
corto espacio de tiempo; no es fácil calcular cuantas personas están en
¿Qué provoca a personas equilibradas en el momento de su detención,
tomar decisiones de tal magnitud después de algunos años?
Entre estos dos momentos hay algunos factores importantes: la cárcel, el
tiempo de cárcel y una política penitenciaria concreta. En efecto, la cárcel, la
estructura misma, está dirigida a destruir las supuestas actuaciones delictivas
del preso, y encaminará todos sus medios en esa dirección. Esto es, incidirá
fundamentalmente en la base personal de esa persona. Pero en el caso de las
y los presos políticos vascos, lo que quiere romper la cárcel y el sistema es la
personalidad ideológica, y para ello dirigirá una terrible presión encaminada
a conseguir el arrepentimiento o la adhesión del preso para con el sistema. Y
si no consigue eso, empleará el camino violento: aplicando las condiciones de
vida más duras y manteniéndole en prisión el mayor tiempo posible.
Así pues, la política penitenciaria actual dirigida a nuestros familiares
presos/as se basa en estas cinco columnas: el más severo régimen carcelario
(1º grado) para la mayoría desde el principio hasta terminar la condena, dispersión y/o alejamiento sistemático de sus familiares, rigurosa intervención
de todas las comunicaciones (a una con la sistemática reducción de las visitas), medidas sistemáticas de aislamiento, y prolongación de la condena de
por vida. Y por supuesto, mezclado con todo esto una presión constante.
Claro, un ambiente donde están intervenidas todas las comunicaciones de la
persona con los demás (violando toda intimidad), debe estar aislado y alejado de su ambiente natural, debe vivir bajo presión incesante, es obligado a
vivir 30-40 años entre cuatro paredes. Este ambiente, naturalmente, está
dirigido solamente a aniquilar a la persona. Y así se explican las terribles
muertes de algunas personas y estados sicológicos tan dañados.
Actualmente hemos detectado entre nuestros familiares presos/as las siguientes enfermedades en el ámbito psicológico y psiquiátrico: cuadros depresivos graves, paranoias y delirios graves, cuadros de esquizofrenia, cuadros de
ansiedad, brote sicóticos con ideas de delirio, estrés postraumático provocado por la tortura, que se alarga durante años...
El único responsable de estos casos de muerte o de personas aniquiladas es
el mismo sistema carcelario. Los casos de muerte no han sucedido espontáneamente, sino como consecuencia de una política penitenciaria planificada. Los presos y presas no se hunden de por sí, sino como consecuencia de
una política de desenraizamiento y presión.. O de surgir espontáneamente, la
cárcel es el lugar más inadecuado para curarse.
FALTA DE ASISTENCIA SANITARIA: CONSECUENCIAS
5.1 En el campo de la salud la muerte es la consecuencia extrema, y alrededor
de la falta de asistencia médica en prisión también tenemos una lista negra de
· Joseba Asensio Artaraz: 27 años. Apareció muerto por tuberculosis en la cárcel de Herrera de la Mancha el 26-6-1985.
· Juan Karlos Alberdi Martiarena: 30 años. Muerto por infarto en la prisión de
Herrera de la Mancha el 15-6-1988.
· Mikel Zalakain Odriozola: 58 años. murió de infarto en Martutene el 1-2-1990
· Pello Mariñelarena Imaz: 29 años. Muerto como consecuencia del SIDA en
Fresnes el 15-5-1993.
· Roberto Sainz Olmos: 41 años. Muerto de infarto en la prisión de Aranjuez el
4-3-2006.
La negligencia de los médicos de las cárceles y la falta de diligencia de los
responsables de las mismas han provocado, en gran medida, estas muertes. En
efecto, que un joven de 27 años como Joseba Asensio aparezca muerto por
tuberculosis repentinamente, deberíamos situarlo en parámetros no habituales. Igualmente, que un hombre de 58 años como Mikel Zalakain aparezca un
día muerto en su celda, después de negarle durante largos meses la asistencia y
el tratamiento, recomendado cuando sufrió un infarto grave. O una persona de
41 años como Roberto Sainz, tras pedir inútilmente una y otra vez que se le
hiciera un buen chequeo sufrió un infarto en la celda, y después de largo tiempo llamando sin recibir respuesta murió en la enfermería de la cárcel. Entre
otros... No debe sorprendernos, teniendo en cuenta que en la cárcel la "seguridad" es el valor principal; valor, que en este caso, está por encima de la salud del
preso. Un caso concreto: si el preso está llamando desde una celda cerrada,
deberá esperar un largo espacio de tiempo para tomar las medidas de seguridad "necesarias" y se autorice abrir la puerta. Aunque el preso esté en estado de
emergencia. Y no digamos si la llamada es de noche.
5.2. Tomando en cuenta todo esto, lo que más nos asombra es que en estas
condiciones no haya más casos de muerte; y para encontrar una explicación
a esto debemos acudir a otra lista negra: la de los presos enfermos que han
sacado directamente a morir a casa:
· Josu Retolaza Loidi: 33 años. Llevado a casa el 14-10-1986 por carcinoma epidermoide y fallecido el 19-5-1987.
· Jabi Gorostiza Lajarriaga: llevado a casa el 16-7-1994 por cáncer de laringe y
fallecido el 17-6-19995.
· Santi Díaz Uriarte: llevado a casa el 25-3-1997 por cáncer de garganta y fallecido el 27-10-1997.
· Esteban Esteban Nieto: 45 años. Llevado a casa el 7-4-1999 por cáncer de hígado y fallecido el 26-9-1999.
· Kepa Miner Aldabalde: 70 años. Llevado a casa el 2-7-1999 por enfermedad
pulmonar y fallecido el 26-4-2004.
· Jean Louis Maitia: el 6-6-1997 quedó libre y el 25-8-1997 murió a causa de un
· Juan José Etxabe: Murió de infarto el 11-7-1996, al poco de salir de prisión.
En la mayoría de estos casos, la asistencia sanitaria de la prisión fue muy lenta, y
la decisión de mandar a casa a estos enfermos se tomó demasiado tarde. Desde
que se les aplicó el artículo 92 hasta que murieron el espacio de tiempo fue muy
corto en la mayoría de los casos. En los casos de cáncer, principalmente, pasó
demasiado tiempo desde que se detectó la enfermedad hasta que estos presos
recibieron el tratamiento que necesitaban. Así que..., los sacaron a morir. Ahí tenemos los casos de Josu Retolaza, Jabi Gorostiza, Santi Díaz, Esteban Estaban, etc...
En esta línea fue muy significativo el caso de Jabi Gorostiza. A este hombre,
además de detectarle el cáncer demasiado tarde por no poner la atención debida, el juez le dio la libertad condicional con una condición: negar expresamente
sus ideas. Esto es, aunque iba a morir las opiniones político-ideológicas eran lo
Asociaci贸n Etxerat
Familiares y allegados de Represaliad@s Pol铆tic@s Vasc@s
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Presos políticos vascos con enfermedades graves e incurables
Dossier que analiza a los Presos políticos vascos con enfermedades graves e incurables