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Document Index: 17600933

Matched Legal Cases: ['artículo 83', 'artículo 88', 'artículo 428', 'artículo 834', 'artículo 85', 'artículo 814', 'artículo 84', 'artículo 84']

DESIGNACIÓN DE LOS BENEFICIARIOS EN LOS CONTRATOS DE SEGURO DE COBERTURA DE FALLECIMIENTO 1 - PDF
DESIGNACIÓN DE LOS BENEFICIARIOS EN LOS CONTRATOS DE SEGURO DE COBERTURA DE FALLECIMIENTO 1
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María Josefa Alarcón García
1 DESIGNACIÓN DE LOS BENEFICIARIOS EN LOS CONTRATOS DE SEGURO DE COBERTURA DE FALLECIMIENTO 1 JOSÉ MANUEL BUSTO LAGO Profesor Titular de Derecho Civil. Universidade de A Coruña I.- PRECISIONES CONCEPTUALES INICIALES En la categoría general de los denominados contratos de seguro de cobertura de fallecimiento se consideran incluidos no sólo los seguros de vida entendidos éstos en sentido estricto, sino también los seguros de accidente que cubran la contingencia de la muerte del asegurado ya se trate de pólizas individuales o colectivas- (es el caso, v.gr., de los seguros del automóvil concertados a todo riesgo, seguros ofertados por entidades financieras y vinculados a tarjetas de crédito, a la contratación de viajes, etc.) En definición debida a DONATI, el contrato de seguro de vida es aquel contrato de seguro por el cual el asegurador se obliga a pagar un capital o renta al producirse la muerte o la sobrevivencia, a término señalado, del asegurado o bien a un término fijo, cesando en tal caso, cuando se verifique la premoriencia, la obligación del pago de la prima 2. Cual- 1 El texto de este estudio se corresponde, en esencia y con las necesarias actualizaciones en particular en cuanto a las necesarias referencias a la LDCG de 2006-, con la ponencia impartida por el autor en el Foro organizado por «INADE. Instituto Atlántico del Seguro», con el título «Registro, designación y tributación de los beneficiarios en los contratos de seguro de cobertura de fallecimiento» y celebrado en las ciudades de Lugo y Ourense los días 7 y 8 de marzo de 2006, respectivamente. 2 DONATI, A.: Los seguros privados [traduc. española de Vidal Solá], Ed. Bosch. Barcelona, 1966, pg. 450.
2 14 REVISTA XURÍDICA GALEGA quiera que sea la modalidad de seguro de vida que se constituya de las previstas en el art. 83 de la LCS -seguro de vida para caso de muerte, seguro de vida para caso de supervivencia o seguro mixto o alternativo-, la prestación debida por el asegurador consiste en una suma de dinero arbitrariamente fijada en el contrato. La calificación de un determinado contrato como seguro de vida o como una figura jurídica de naturaleza diversa es, en ocasiones, dificultosa, al tiempo que en dicha calificación radica el gozne sobre el que gira el régimen jurídico aplicable. Así sucedió, como significativo ejemplo, en el supuesto contemplado por la SAP Barcelona, Sección 1ª, de 22 de enero de 2001 [JUR 2001\114960], en la que precisamente se discutía si el contrato suscrito en beneficio de un determinado sujeto por la «Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona», actuando como tomador del seguro, con la entidad asegurador «Vidacaixa», era o no, susceptible de aquella calificación y ello como cuestión previa para determinar si la prestación debida por la aseguradora al fallecimiento del asegurado debía atribuirse a la esposa de éste, de la que estaba separado legalmente, como sucedería en el caso de ser un seguro de vida o si, por el contrario, dicha prestación engrosaría el patrimonio hereditario del causante y, en este caso, la esposa, careciendo de la condición de heredera, no sería destinataria de aquella prestación. La AP de Barcelona consideró que el contrato suscrito lo era de capitalización y no un seguro de vida, de manera que, a la muerte del asegurado se aplican las disposiciones propias del Derecho sucesorio. En las condiciones generales del referido contrato se especificaba como objeto del mismo la obligación del asegurador de pagar al beneficiario una pensión vitalicia periódica, constante o variable, según conste en el boletín de adhesión, con carácter inmediato y por todo el tiempo que medie hasta el fallecimiento del asegurado. Asimismo, se establecía que podía optarse a un seguro de vida en caso de muerte del asegurado, por el capital determinado en el boletín de adhesión. En las condiciones particulares del contrato se pactó que el interés sería variable, garantizándose una pensión de «x» euros hasta una determinada fecha y de «x-n» euros desde aquella fecha hasta la muerte del asegurado, concertándose un seguro para el caso de muerte del asegurado por un total de un cantidad «y» euros. La prima a pagar por el asegurado era una prima única de «y-m» euros. En un documento aparte, firmado por el asegurado, se hizo constar como beneficiaria de la «pensión vitalicia inmediata» a la esposa del asegurado, de la que se separó con posterioridad por convenio notarial. La AP entendió que se trataba de una colocación de capital a plazo sin riesgo para el asegurador, debido a la escasa trascendencia económica de que el asegurado fallezca o sobreviva, pues lo único que varía es la persona a la que habrá de restituirse la suma asegurada. En vida del asegurado, este tiene la facultad de rescatar el importe total de la prima única pagada, y en tanto no lo hace, tiene derecho a percibir una pensión periódica vitalicia. En cambio, si fallece, el derecho al reembolso del capital se desplaza a una persona distinta del asegurado, si bien desde el punto de vista del asegurador no se ha producido siniestro alguno. Estamos, entonces, ante un contrato de capitalización, entendiendo como tal aquél en el que a cambio de un desembolso único, el asegurador se compromete, con base a la técnica actuarial, a una prestación determinada en cuanto a su duración e importe, de manera que la causa de este contrato no es la cobertura de un riesgo, sino la formación de un capital. Dada la naturaleza de la figura
3 contractual, la AP concluye que no resulta de aplicación lo dispuesto en el art. 88 LCS, debiendo aplicarse las disposiciones propias del Derecho de sucesiones. Sin embargo, las afirmaciones de la AP de Barcelona en la Sentencia referenciada han de ponerse en tela de juicio desde la perspectiva de los arts. 3.1.b) y 6.2 del TRLOSSP 3. El primero de estos preceptos viene a precisar la legalidad de la realización de operaciones de capitalización basadas en técnicas actuariales que consistan en obtener compromisos determinados en cuanto a su duración y a su importe a cambio de desembolsos únicos o periódicos previamente fijados, por las entidades aseguradoras, en tanto que son operaciones sometidas al ámbito objetivo de aplicación de dicha Ley. El segundo de los preceptos invocados, el más relevante a los efectos que nos ocupan, precisa que en el ramo de vida se incluyen las operaciones de capitalización del art. 3.1.b). En esta modalidad del seguro el tomador se obliga al pago periódico de una prima y la entidad aseguradora se compromete a la satisfacción de un capital al vencimiento del contrato (es una especie de seguro de ahorro). No puede desconocerse que una de las funciones de los seguros de vida relativas a la economía individual es el estímulo del ahorro; habiéndose incrementado el porcentaje de ahorro gestionado a través de los seguros de vida de apenas un 1,2% del ahorro financiero en el año 1985 al 9% en el año II.- CONTENIDO DE LA PÓLIZA DE SEGURO DE VIDA COLABORACIÓNS 15 El art. 8 LCS establece cuáles son las indicaciones mínimas que habrá de contener la póliza que habrá de redactarse, a elección del tomador del seguro, en cualquiera de las lenguas españolas oficiales en el lugar donde aquélla se formalice -si el tomador lo solicita, deberá redactarse en otra lengua distinta, de conformidad con la Directiva 92/96/CE-. La exposición, con pretensiones de exhaustividad, del contenido obligatorio de las pólizas de seguros, requiere traer a colación otras normas diseminadas por la LCS que, en general y para ciertas modalidades asegurativas, completan lo establecido en el art. 8 de la LCS. Según esta norma, la póliza habrá de especificar 4 : 1) Nombre y apellidos o denominación social de las partes contratantes y su domicilio, así como la designación del asegurado y beneficiario, en su caso. 2) El concepto en el cual se asegura. 3) Naturaleza del riesgo cubierto. 4) Designación de los objetos asegurados y de su situación. 5) Suma asegura- 3 RD-Leg. 6/2004, de 5 de noviembre [BOE núm. 267, de 5 de noviembre de 2004; corr. errores, BOE núm. 28, de 2 de febrero de 2005]. 4 Sobre la eventual divergencia entre el contenido de la póliza y el de la proposición de seguro o de las cláusulas acordadas, el último párrafo del art. 8 LCS establece que el tomador del seguro podrá reclamar a la Entidad aseguradora en el plazo de un mes a contar desde la entrega de la póliza para que subsane la divergencia existente. Transcurrido dicho plazo sin efectuar la reclamación, se estará a lo dispuesto en la póliza. Lo establecido en este párrafo se insertará en toda póliza del contrato de seguro. Sobre la emisión de la póliza con errores; vid. STS 8 febrero 1999 [RJ 1999/337].
4 16 REVISTA XURÍDICA GALEGA da o alcance de la cobertura; 6) Importe de la prima, recargos e impuestos. 7) Vencimiento de las primas, lugar y forma de pago. 8) Duración del contrato, con expresión del día y la hora en que comienzan y terminan sus efectos. 9) Nombre del agente o agentes, en el caso de que intervengan en el contrato. 10) En caso de póliza flotante, se especificará, además la forma en que debe hacerse la declaración del abono. Además de lo preceptuado por el art. 8 LCS, también han de reflejarse en la póliza: 1º) Las condiciones generales del contrato (art. 3 de la LCS). Las condiciones generales habrán de incluirse por el asegurador en la proposición de seguro si la hubiere y necesariamente en la póliza de contrato o en un documento complementario, que se suscribirá por el asegurado y al que se entregará copia del mismo. 2º) Las modificaciones que se produzcan en el contrato (art. 5 de la LCS). 3º) Las condiciones relativas al pago de la prima aunque a ello ya se refiere el art. 8.7 LCS. Según el art. 14 de la LCS, el tomador del seguro se obliga al pago de la prima en las condiciones estipuladas en la póliza. En este punto, si se han pactado primas periódicas, la primera de ellas será exigible una vez firmado el contrato; a su vez, si no se dispone nada con respecto al lugar de pago de la prima, ex lege será el domicilio del tomador del seguro. 4º) En los seguros de personas, son menciones necesarias las contempladas en los arts. 84 (designación de beneficiario y su modificación), 89 (plazo para impugnación de contrato), 91 (circunstancias de exclusión de riesgos), 94 y 95 (régimen jurídico de los derechos de rescate y reducción de la suma asegurada), 97 (anticipos) y 104 (para el seguro de accidentes), todos de la LCS. III.- PERSONAS LEGALMENTE EXCLUIDAS: LAS PROHIBICIONES LEGA- LES DEL SEGURO PARA CASO DE MUERTE DEL MENOR DE CATORCE AÑOS Y DE LOS INCAPACITADOS El último párrafo del art. 83 de la LCS prescribe que «no se podrá contratar un seguro para caso de muerte sobre la cabeza de menores de catorce años de edad o de incapacitados», precisando en su inciso final añadido en la redacción dada al precepto por el art. 12 de la Ley 44/2002, de 22 de noviembre, de Medidas de Reforma del Sistema Financiero 5 - que se exceptúan de esta prohibición los contratos de seguros en los que la cobertura de muerte resulte inferior o igual a la prima satisfecha por la póliza o al valor de rescate. El incumplimiento de estas prohibiciones de naturaleza imperativa conlleva la nulidad del contrato ex art. 6.3 del CC, con devolución de las primas percibidas por el asegurador, sin perjuicio de su consideración como infracción administrativa leve (ex art c del TRLOSSP). 5 BOE núm. 281, de 23 de noviembre de 2002; correc. err., BOE núm. 33, de 7 de febrero de 2003.
5 COLABORACIÓNS 17 La constitucionalidad de la prohibición, en relación con los menores de edad, ha sido afirmada por el TC en Sentencia 55/1994, de 24 de febrero, resolviendo una cuestión de constitucionalidad suscitada por un JPI de Madrid en el año 1991, a propósito de un incendio en el que falleció una niña de diez años de edad, estableciendo la póliza de seguros la cobertura del riesgo de muerte del asegurado o de sus familiares a consecuencia de accidentes ocurridos dentro de su propia vivienda, cuyo tenor literal precisaba que «en el caso de haber más de una víctima, la indemnización se repartirá por partes iguales entre el número de ellas, habida cuenta de la exclusión legal, para el caso de muerte, de los menores de catorce años». Los padres de la niña fallecida en el incendio postulaban que la norma que excluye la cobertura de los menores de catorce años para el caso de fallecimiento contraría el principio constitucional de igualdad. El TC si bien defiende la relevancia constitucional del planteamiento realizado en el Auto del JPI promoviendo la cuestión de constitucionalidad, considera que el precepto no presenta faceta alguna que le haga merecedor de un juicio de constitucionalidad adverso y ello porque, de conformidad con su origen anclado en la función tuitiva de los menores 6, cumple en su ámbito el encargo para la protección de la infancia que se contiene en el art. 39 de la CE. El pronunciamiento del TC ha sido objeto de crítica, poniendo de manifiesto la verdadera raíz de la discriminación que recae sobre los beneficiarios de la indemnización del seguro de vida y cuyo fundamento es discutible de conformidad con la realidad social y la cultura asegurativa existente en nuestro país, pues resulta difícilmente concebible que se utilice el procedimiento de asegurar la vida de un menor de edad con una finalidad lucrativa de familiares allegados. Por otra parte, cualquier actuación dolosa de los beneficiarios del seguro, en estos casos, tendría una sanción específica ex art. 92 de la LCS 7. El precepto, por influjo del Derecho francés, hace extensiva la prohibición de contratar seguros de vida sobre la de los incapacitados, que lo son exclusivamente aquellas personas que así hayan sido declaradas por una sentencia judicial (ex art. 199 del CC) en virtud de la toma en consideración de las causas enunciadas en el art. 200 del CC y a través del procedimiento judicial regulado en los arts. 757 y ss. de la LECiv/2000. Por lo tanto, la prohibición, como norma limitativa, no puede hacerse extensiva a aquellas personas que no habiendo sido incapacitadas judicialmente, estén aquejadas de alguna enfermedad, de naturaleza física o psíquica, aun en el caso de que ésta haya determinado su consideración, a efectos administrativos como «discapaces» -sin perjuicio de que, a partir de la entrada en vigor de las reformas introducidas por la Ley 41/2003, de 18 de noviembre, de protección patrimonial de las personas con discapacidad 8, de esta calificación, de la que son merece- 6 En línea con el Convenio de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1989, ratificado por España mediante Instrumento de 30 de noviembre de Vid. TIRADO SUÁREZ, F. J.: «Comentario al artículo 83 de la LCS», Ley de Contrato de Seguro. Comentarios a la Ley 50/1980, de 8 de octubre, y a sus modificaciones (F. Sáchez Calero, Dir.), Ed. Aranzadi, Cizur Menor, 2005 (3ª edic.), pgs y BOE núm. 277, de 19 de noviembre de 2003.
6 18 REVISTA XURÍDICA GALEGA doras las personas afectadas por una minusvalía psíquica igual o superior al 33 por ciento, o por una minusvalía física o sensorial igual o superior al 65 por ciento 9, se deriven efectos jurídico civiles-; y mucho menos, claro está, puede hacerse extensiva a quienes estén aquejados por alguna enfermedad, física o sensorial, careciendo de dicha declaración administrativa; incluso si, al amparo de las causas de incapacitación contempladas en el art. 200 del CC pudieran ser declaradas incapaces, siempre que esta declaración, reservada a los órganos judiciales, no se haya producido. Sin embargo, en la práctica de las compañías aseguradoras se puede detectar un trato discriminatorio, carente de fundamento legal, en la contratación de seguros de vida por personas aquejadas por alguna discapacidad. Algunos estudios de mercado de seguro han puesto de manifiesto que entidades aseguradoras tan relevantes como «Mapfre» no realiza seguros de vida a personas con un grado de discapacidad que exceda un 65 %, la entidad aseguradora de «Banesto», como regla general, no realiza seguros sobre la vida de personas con determinadas discapacidades como en el caso de las lesiones medulares y las entidades «Asisa», «Sanitas» y «DKV Previasa», como regla general, no aseguran a personas con discapacidad intelectual; al tiempo que se constata que esta negativa se generaliza en aquellos supuestos en los que la causa de la discapacidad es una enfermedad mental. Pero, como se precisará más adelante, el problema no se produce sólo en el momento de la contratación, sino también cuando se pretende el cobro de las indemnizaciones en aquellos casos en los que, en el momento de suscribir el contrato, se haya ocultado la existencia de la discapacidad física, aun en aquellos casos en los que en el cuestionario de salud no se pregunta expresamente por la existencia de una posible discapacidad. Asimismo, se ha contrastado también la falta de conocimiento por parte de los comerciales de las entidades aseguradoras de las condiciones en las que se podría realizar el seguro de vida 10. IV.- LAS FUNCIONES DEL SEGURO DE VIDA EN RELACIÓN CON LOS BENE- FICIARIOS El contrato de seguro de vida es apto para cumplir diversas funciones -causas-, de modo que su conclusión y la designación del beneficiario puede hacerse por mera liberalidad -«donandi causa»-, con el fin de enjugar o satisfacer una deuda previa -«solvendi causa»-, o para conceder al beneficiario un crédito que viene a reforzar, por adicción, el primitivo que liga al asegurado, deudor de la relación antecedente, y al beneficiario, acreedor de esa relación jurídica -«credendi causa»-. En este último caso, la póliza de seguro se pacta en el seno de una relación obligatoria, en la que son partes asegurado y beneficiario, en la que el primero ocupa la posición de deudor, constituyendo la suscripción del seguro y la de- 9 El grado de minusvalía se acreditará mediante certificado expedido conforme a lo establecido reglamentariamente o por resolución judicial firme, ex art. 2º.3 de la Ley 41/2003, de 18 de noviembre. 10 Conclusiones extraídas del estudio realizado por PÉREZ BUENO, L. C.: La discriminación por razones de discapacidad en la contratación de seguros, CERMI INC, 2004 (documento núm. 11, accesible en
7 COLABORACIÓNS 19 signación el beneficiario, condición que recaerá en el acreedor o persona que éste designe, una de las prestaciones a cargo del deudor de aquella relación antecedente o previa, prestación dada con el fin de garantía. Con ello se consigue que, acaecido el evento asegurado, el acreedor beneficiario pueda hacer efectivo su crédito, mediante el capital asegurado, como un derecho propio, y por tanto con total separación de la masa hereditaria del que fue su deudor, sin someterse, por lo tanto, a las normas sobre prelación y concurrencia de créditos si no fueran suficientes los bienes hereditarios o, en su caso, los de los propios herederos. V.- EL BENEFICIARIO DEL SEGURO DE VIDA De los sujetos que intervienen en la relación jurídica derivada de la contratación de un seguro de vida (asegurador tomador - beneficiario), es al beneficiario al que la LCS dedica una mayor extensión y también es quien mayores problemas ha suscitado en la práctica, si se toman en consideración los datos estadísticos que resultan de las bases de datos de jurisprudencia. La figura del beneficiario del seguro de vida alcanza protagonismo en dos momentos temporales distintos: 1º) En vida del tomador -asegurado/causante-, cuando éste formaliza el contrato de seguro y/o pretende otorgar un negocio dirigido a ordenar su sucesión «mortis causa»; y, 2º) En el momento de fallecimiento del tomador del seguro de vida, en el que habrá que atender a la determinación de los derechos de los beneficiarios del seguro de vida y de los derechos sucesorios de los herederos, en función de lo dispuesto en el contrato de seguro, en el testamento y/o en función de la ley aplicable y especialmente la eventual aplicación de los derechos legitimarios reconocidos por las legislaciones civiles españolas. VI.- ATRIBUCIÓN DE LA PRESTACIÓN DEL SEGURO DE VIDA En el caso de que se trate de un seguro sobre la vida de una persona, la principal peculiaridad reside en que si se pacta a favor de un tercero- beneficiario a favor del cual se contrata el seguro-, habrá que determinar cómo influyen las prestaciones derivadas del mismo en los derechos sucesorios del estipulante y de los herederos del asegurado. El art. 88 de la LCS establece el derecho inmediato y directo del beneficiario del seguro de vida a percibir el capital asegurado: «La prestación del asegurador deberá ser entregada al beneficiario, en cumplimiento del contrato, aun contra las reclamaciones de los herederos legítimos y acreedores de cualquier clase de tomador del seguro [...]», precisando el último inciso del art. 85 de la LCS que «los beneficiarios que sean herederos conservarán dicha condición aunque renuncien a la herencia» 11. La doctrina, de forma casi unánime, considera que las percepciones de las prestaciones derivadas de un seguro de vida las percibe el beneficiario «iure stipulationis» (su 11 El art. 3.1.c) de la LISD considera hecho imponible de este impuesto «la percepción de cantidades por los beneficiarios de contratos de seguros sobre la vida, cuando el contratante sea persona distinta del beneficiario».
8 20 REVISTA XURÍDICA GALEGA derecho a la prestación del asegurador deriva de una relación contractual «inter vivos»), no por el mecanismo de la sucesión hereditaria, puesto que no subingresa en ninguna posición jurídica ocupada por el causante 12, de forma que el beneficiario, en principio, está protegido frente a las posibles reclamaciones de los herederos y de los acreedores del asegurado 13. Similar es el parecer sostenido por la jurisprudencia. En efecto, v.gr., la Sentencia del TS, Sala de lo Social, de 1 diciembre 1987 [RJ 1987\8804], declaró expresamente que «la pretensión ejercitada no tiene por objeto un derecho que se hubiera previamente incorporado al patrimonio de la trabajadora fallecida, sino que, por el contrario, y como se desprende de lo dispuesto en los arts. 85 y 88 Ley 50/1980, de 8 octubre, se trata de un derecho que surge, directamente y al margen de aquella sucesión, de la condición de beneficiario de la póliza». A esta doctrina jurisprudencial no es ajena la Sala de lo Civil del TS. En efecto, en la Sentencia de 14 de marzo de 2003 [RJ 2003\2748], el TS señaló que el artículo 88 LCS, que hay que relacionar con el art. 7, en cuanto preserva los derechos de los beneficiarios, al prescribir imperativamente que la prestación del asegurador deberá de ser entregada al designado beneficiario, quien dispone a su favor de un derecho propio y autónomo frente al asegurador, al ostentar el crédito condición de estar dotado de primacía. Este crédito del beneficiario se manifiesta prevalente y excluyente respecto a los herederos legítimos del tomador, ya que el referido art. 88 de la LCS establece que la prestación ha de serle satisfecha aún contra las reclamaciones de aquéllos, a los que sólo les asiste el derecho al reembolso de las primas abonadas por el contratante en fraude de sus derechos. Por último, el TS precisa que «el beneficiario es distinto de los herederos, aunque puedan coincidir y las cantidades que como beneficiario del seguro ha de percibir son de su exclusiva propiedad, y así lo decía el artículo 428 derogado del Código de Comercio de 1885, por lo que no se integran en la herencia del causante y, consecuentemente, no responden de sus deudas». En este mismo sentido se ha pronunciado la SAP Santa Cruz de Tenerife, Sección 4ª, de 9 de febrero de 2004 [AC 2004\653], afirmando la autonomía del derecho del beneficiario a la prestación del asegurador respecto a los herederos legitimarios del tomador. En el caso objeto de litis, la demandada era, según el último testamento de la asegurada, la legataria de la vivienda de la que aquélla era titular con todo lo que hubiera en ella «de puertas para adentro», pero carecía de la condición de «heredera», en tanto que, en el mismo testamento, la testadora designaba como tales a sus hermanos y otros sobrinos. Siendo ello así y al ser los beneficiarios los herederos al tiempo del fallecimiento de la asegurada (ex art. 85 de la LCS), resulta patente que la demandada no tenía el carácter de beneficiaria y, por lo tanto, el pago de la indemnización realizado por la aseguradora en dicho concepto se ha producido por error. 12 Entre otros, LACRUZ: Derecho de sucesiones, pg. 41; VALLET: Panorama I, pg. 48; LÓPEZ LÓPEZ: Derecho de sucesiones, pg. 55 y SÁNCHEZ CALERO: «Comentario al art. 659 del CC», pg CAÑO ESCUDERO: Derecho español de seguros, T. I., Madrid, 1983 (3ª ed.), pg. 413; PEREZ CONE- SA, C.: El contrato a favor de tercero, Ed. Comares, Granada, 1999, pág. 294.
9 COLABORACIÓNS 21 Por su parte, la SAP Badajoz, Sección 1ª, de 17 de marzo de 2004 [JUR 2004\122568] siguiendo el mismo criterio que la de la misma Sección y Ponente, de fecha 3 de febrero de 2000-, en el caso objeto de esta Sentencia se discutía el derecho a la percepción de la indemnización derivada de un seguro de vida por la viuda, separada judicialmente del asegurado; habiéndose ejercitado la acción de reclamación de cantidad por las hijas del asegurado frente a la compañía aseguradora. En concreto se trataba de una póliza colectiva de seguro de vida, contratada por la Universidad de Extremadura -tomador del seguro- para el personal a su servicio. La Sentencia, en contra del parecer de la dictada en la primera instancia, afirma que los derechos del beneficiario como cónyuge del asegurado no vienen expresamente negados al cónyuge separado legalmente, máxime si se trata de un contrato en el que expresamente se designa a éste al cónyuge-, como primer beneficiario. Por esta razón, el acreedor de la indemnización procedente de un seguro de vida en el que el beneficiario expresamente designado es el cónyuge, no queda regulado por el artículo 834 del Código Civil, que se circunscribe a los derechos hereditarios del cónyuge viudo (no separado judicialmente y, tras la reforma de que ha sido objeto por la Ley 15/2005, de 8 de julio, tampoco de hecho). En efecto, el tenor del artículo 85 del Código Civil no ofrece dudas acerca de que el matrimonio se disuelve, además de por la muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges, tan sólo por el divorcio y no por la separación, con las consecuencias y efectos de todo orden inherentes. La situación jurídica de «separado» deja subsistente el vínculo matrimonial como lo acredita el hecho de que los cónyuges no necesitan volver a contraer matrimonio si deciden reestablecer la situación anterior mediante la reconciliación, ex art. 84 del CC-; por consiguiente la intención o voluntad de privar al cónyuge separado de su condición de beneficiario debe constar o inferirse de manera clara y concluyente de la cláusula contractual o testamentaria en que se designen beneficiarios. VII.- LA DESIGNACIÓN DEL BENEFICIARIO DEL SEGURO DE VIDA VII.1.- La regla general acerca de la forma de la designación La designación de los beneficiarios compete, ex art. 84 de la LCS, al tomador del seguro, quien podrá modificar la designación realizada sin necesidad de consentimiento del asegurador. La excepción a esta regla general está representada por aquellos supuestos en los que existe una norma en la que se establece un orden imperativo en la prelación de beneficiarios, como acontece en el caso del seguro obligatorio de viajeros, de conformidad con lo establecido en los arts. 21 y 22 del Reglamento aprobado en virtud del RD 1575/1989, de 22 de diciembre [BOE núm. 311, de 28 diciembre], en los que, con independencia de cuál sea la legislación civil aplicable al caso, se establece la siguiente prelación 14 : 1º) Cónyuge 14 Vid. REGLERO CAMPOS, L.F.: Accidentes de circulación: responsabilidad civil y seguro, Ed. Aranzadi, Cizur Menor, 2007 (2ª edic.), pg La SAP Ourense, Sección 2ª, de 23 de marzo de 2004 [AC 2004\402], declara que en el caso del «Seguro Obligatorio de Viajeros los beneficiarios se determinan ius hereditatis, conforme al Capítulo V del Título Primero del citado Reglamento, si bien el orden de prelación sea el que fija la propia norma reglamentaria y no el general sucesorio del CC».
10 22 REVISTA XURÍDICA GALEGA supérstite no separado por sentencia firme repárese en la no adecuación a la nueva regulación de los derechos sucesorios del cónyuge; al igual que ocurre en el «Baremo de daños corporales derivados de la circulación de vehículos de motor»-. Si concurre con hijos del fallecido, percibe la mitad de la indemnización. 2º) Descendientes del fallecido (distribución ex arts. 930 a 934 del CC). 3º) Padres del fallecido. 4º) Ascendientes de segundo grado. 5º) Hermanos e hijos de hermanos en los términos establecidos en los arts. 946 y ss. del CC. 6º) Centros e instituciones sin ánimo de lucro. En cuanto a la forma de la designación, el mismo artículo establece que podrá realizarse en la propia póliza en que se formaliza el contrato de seguro, tanto en el momento de la conclusión del mismo como en un momento posterior, mediante una declaración escrita comunicada al asegurador por cualquier medio. La designación del beneficiario puede realizarse también en el testamento, admitiéndose la validez de un testamento cuyo único contenido sea la disposición designando beneficiario del seguro de vida del testador. La designación de beneficiario/s en el testamento se suele considerar como un medio especialmente útil en el caso de que el tomador y asegurado sea la misma persona, ya que permite contemplar el fenómeno sucesorio de manera conjunta, valorando de este modo la incidencia que en el mismo puede tener el seguro de vida, contando, en su caso, con el asesoramiento de un profesional cualificado, como es el notario. Sin embargo, no puede omitirse que la Ley no exige que la designación sea realizada en testamento notarial, por lo que también podría hacerse en cualquiera de las formas de testar admitida en el Derecho civil territorial común o en los distintos Derechos civiles territoriales, que resulten aplicables al tomador del seguro, de conformidad con la vecindad civil de éste. Obviamente es posible entonces también la designación en testamento realizado bajo la forma ológrafa. Qué ocurre en el caso de que el testamento en el que se designa beneficiario sea declarado nulo? La pregunta ha recibido dos repuestas diversas: 1ª) Se puede considerar, con carácter general, que la designación de beneficiario es también es nula puesto que la nulidad del testamento supone la de todas sus cláusulas con independencia de la naturaleza que se dé a éstas. 2ª) Ha de discriminarse en función de la causa de nulidad del testamento. De esta manera, en el caso de que la causa de nulidad sea el error o la falta de consentimiento del testador, la nulidad del testamento llevará consigo la de la designación; pero si la causa de la nulidad radica en un defecto de forma, no se anulará la designación. Esta última interpretación es la que resulta acorde con la naturaleza de la designación del beneficiario del seguro de vida, que no supone ordenación de la sucesión del testa-
11 COLABORACIÓNS 23 dor por causa de muerte. Como se ha afirmado ya, tanto si el asegurado coincide con el tomador, como si no, mediante la designación de beneficiario no se está ordenando el destino «post-mortem» de bienes o derechos que integran el patrimonio transmisible del testador. Pero, además, la expresión «podrá» utilizada en el art. 84 de la LCS deja abierta la posibilidad de que la designación del beneficiario pueda realizarse de forma distinta a las expresamente previstas en el precepto, planteándose la posibilidad de la designación del beneficiario por vía de endoso o a través de la cesión de créditos 15, si bien en el caso de que se proceda así, además de las condiciones propias establecidas para cada uno de estos tipos de transferencia, habrán de reunirse las condiciones previstas en los arts. 84 y 99 de la LCS -especialmente que no se haya designado un beneficiario de forma irrevocable, así como que se cumpla el deber del tomador cedente de comunicar por escrito fehaciente la cesión al asegurador-, pudiendo estipularse expresamente en la póliza que ostente la condición de beneficiario el último poseedor de la misma 16. La designación del beneficiario del seguro está sometida a la posibilidad de revocación que podrá realizarse, salvo que la designación se haya hecho expresamente con carácter irrevocable (ex art. 87 de la LCS), a través de las mismas formas en que puede realizarse la designación, admitiéndose que si la designación se ha hecho en testamento, como se trata de una disposición testamentaria atípica, la revocación no está sometida a las solemnidades requeridas para la revocación del testamento o de las disposiciones testamentarias típicas 17. Uno de los principales problemas jurídicos que se plantean con lar revocación de la designación lo es en relación con aquellos supuestos en los que la designación se ha realizado en testamento y, en particular determinar si la revocación tácita del testamento por otorgamiento de otro posterior (ex art. 739 CC), supone la revocación de la designación de beneficiario. Esta cuestión ha recibido dos respuestas contradictorias en la doctrina que se ha pronunciado sobre la misma: 1ª) Un grupo de autores consideran que la revocación tácita del testamento no afecta a la designación de beneficiarios del seguro de vida y ello fundamentalmente porque la designación de beneficiario debe ser expresa como se deriva de lo dispuesto en el art. 84 LCS, por lo que su revocación también, puesto que el art. 87 LCS exige la misma forma para la revocación que para la designación. Se trataría del mantenimiento de una disposición «inter vivos» contenida en un negocio jurídico con eficacia «mortis causa», de forma similar a lo que prescribe expresamente el art. 741 del CC en relación con el reconocimiento de los hijos. 15 TIRADO SUAREZ, F. J.: «Comentario al art. 84 de la LCS», Comentario al C. de Com. y a la legislación mercantil especial, T. XXIV-3º, EDERSA, Madrid, 1989, pgs. 154 a BOLDÓ RODA, C.: El beneficiario en el seguro de vida, Ed. J. Mª Bosch, Barcelona, 1998, pgs. 103 y PÉREZ CONESA, C.: El contrato a favor de tercero, Ed. Comares, Granada, 1999, pg. 313.
12 24 REVISTA XURÍDICA GALEGA 2ª) Otro grupo de autores se ha pronunciado en contra de la anterior interpretación, sosteniendo que se produce el efecto revocatorio, salvo que el testador manifieste su voluntad en contra en el testamento o el testamento posterior sea un testamento complementario del anterior que sea compatible con éste. En apoyo de esta tesis se han esgrimido los siguientes argumentos: a) El art. 84 LCS no prescribe explícitamente que la designación de beneficiario deba ser expresa. b) La designación de beneficiario no es obligatoria, como pone de manifiesto el hecho de que existe una previsión normativa específica para integrar el caso en que no se haya designado beneficiario (párrafo 3º del art. 84 LCS). c) En el caso de que el testamento posterior sea notarial, el testador será advertido por el Notario de que el testamento que está otorgando revoca todo el contenido de su testamento anterior, y, por lo tanto, puede entenderse que el testador está prestando su consentimiento expreso a dicha revocación. d) La designación en testamento debe someterse a todos los requisitos y consecuencias de la forma elegida, por lo que el testamento posterior la revoca. e) No puede tomarse como ejemplo el invocado, por los defensores de la tesis contraria, art. 741 del CC, puesto que éste se refiere al reconocimiento de hijos, que se trata de una cuestión de estado civil y por lo tanto de orden público sustraída al ámbito de la autonomía de la voluntad e irrevocable por naturaleza, mientras que la designación de beneficiario es una facultad del tomador del seguro. En consecuencia, puede concluirse que la designación de beneficiario hecha en testamento queda revocada por el otorgamiento de testamento posterior. Como excepción cabría señalar el caso en que, al amparo del art. 87 de la LCS el tomador haya renunciado a la revocación del beneficiario designado en testamento. En este caso no se daría el efecto revocatorio, simplemente porque el tomador carece de facultad para revocar tácita o expresamente. En aquellos supuestos en los que el tomador del seguro no coincida con el asegurado, en principio se exige el consentimiento por escrito de éste para que el contrato se entienda perfeccionado y, por lo tanto, produzca efectos, salvo en el caso en que «pueda presumirse de otra forma su interés por la existencia del seguro» (art de la LCS). La determinación del interés del asegurado en la existencia del seguro de vida parece que ha de relacionarse directamente con quienes sean los beneficiarios del mismo, cuya designación y modificación corresponden al tomador (art de la LCS), de manera que si los beneficiarios pertenecen al círculo de personas de las que razonablemente pueda deducirse que designaría como tales el propio beneficiario se inducirá o se presumirá su interés por la
13 COLABORACIÓNS 25 existencia del seguro 18. Así lo ha considerado la STS de 12 abril 1993 [RJ 1993\2993] en la que se contempla el caso de un seguro de vida del que es tomador el Parlamento Vasco y asegurados sus parlamentarios, designándose como beneficiarios los cónyuges supérstites de los mismos. Ordinariamente la designación nominativa del beneficiario no plantea excesivos problemas. Así, por ej., en el caso contemplado por la SAP de Lugo, Sección 2ª, de 6 de julio de 2005 [JUR 2005\221150] el litigio se plantea entre la única hija del asegurado fallecido (Silvia) por lo tanto, también su heredera- y la madre del asegurado que había fallecido intestado. Originariamente mucho antes del nacimiento de su hija- el asegurado había designado beneficiaria a su madre, habiendo trasladado el seguro, vinculado a un plan de pensiones, a otra entidad, sin que en el documento contractual suscrito con la nueva entidad se designase expresamente beneficiario. La AP de Lugo consideró que el contenido del nuevo contrato había de integrarse con el originario y se consideró beneficiaria a la madre del asegurado. VII.2.- La designación genérica de los hijos En caso de designación genérica de los hijos de una persona como beneficiarios, se entenderán como beneficiarios todos sus hijos y descendientes con derecho a la herencia (art. 85, inciso primero, de la LCS). La referencia genérica a los «hijos» determina que la regla interpretativa contenida en el art. 85 LCS no resulte de aplicación cuando la designación se realiza a favor de éstos, pero enunciándolos de forma nominativa; de igual manera que sucede en los casos en que el estipulante designe beneficiarios a los hijos habidos en común con determinada persona. La remisión que realiza el precepto a las reglas de Derecho hereditario supone la consideración como descendientes a efectos de la determinación de los beneficiarios del seguro de vida a los hijos y descendientes considerados como herederos forzosos en el art. 807 CC y, para el ámbito objetivo de aplicación de la LDCG/2006, «los hijos y los descendientes de hijos premuertos, justamente desheredados o indignos» (art º LDCG). La primera precisión que cabe hacer es que en el concepto de hijos han de incluirse todos aquéllos cuya filiación esté determinada, con independencia de que se trate de una filiación natural o adoptiva (art. 108 y 176 del CC), incluyendo también a los hijos concebidos y no nacidos y ello por cuanto el art. 29 del CC preceptúa que se les tendrá por nacidos para todos los efectos que les sean favorables siempre que nazcan con las condiciones que prevé el art. 30 del CC (tenga figura humana y viva veinticuatro horas enteramente desprendido del claustro materno, que son requisitos que han de reconducirse al concepto de viabilidad del nacido). También puede considerarse incluido en el concepto y a los efectos que nos ocupan los hijos habidos en virtud de técnicas de reproducción asistida o fecundación arti- 18 REGLERO CAMPOS, L. F.: «Beneficiario y heredero en el seguro de vida», RDP, marzo de 1997, pg. 213.
14 26 REVISTA XURÍDICA GALEGA ficial realizada con posterioridad a la muerte del asegurador y ello por cuanto a tenor de lo dispuesto en el art. 9.2 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida, para determinarse legalmente la filiación o reconocerse los efectos de la relación jurídica de filiación entre el hijo nacido en virtud de aquellas técnicas y el fallecido será necesario que éste consienta en el documento a que hace referencia el art. 6.3 de esta misma Ley [documento del consentimiento del cónyuge de la mujer casada para la utilización de las técnicas de reproducción humana asistida], en escritura pública, en testamento o en documento de instrucciones previas, la utilización de su material reproductor dentro de los doce meses siguientes a su fallecimiento, pudiendo revocar dichos consentimiento en cualquier momento. En consecuencia, si se cumplen estos requisitos, el hijo habido habrá de ser considerado como tal también a los efectos del art. 85 de la LCS. Pero el mayor problema que suscita, en este ámbito, el art. 85 de la LCS es el atinente a la determinación de la condición de beneficiarios del seguro de vida de los hijos del hijo premuerto (nietos del asegurado) que concurran a la herencia con otros hijos del asegurado supérstites (en concurrencia con sus tíos). Desde la perspectiva del Derecho de sucesiones la cuestión se plantea como la posibilidad de aplicar en este supuesto el denominado derecho de representación que se atribuye, tanto en la sucesión testada restringido a la legítima estricta- (art del CC) 19 como intestada (arts. 924 y ss. del CC), a favor de los descendientes de los legitimarios que premueren al causante. 19 El legislador de 1981 estableció de forma expresa el derecho de representación en la sucesión testamentaria en favor de los descendientes en línea recta ulteriores del causante cuando falta el descendiente intermedio, de manera que cuando el testador deja algo en testamento a un descendiente suyo, si éste no llega a adquirirlo, debido a causas ajenas a su voluntad, corresponde por representación a sus descendientes. Por lo tanto y por las mismas razones que concurren en la sucesión intestada, si el representado repudia la herencia no cabrá la representación, como tampoco cabrá en el caso de que el descendiente intermedio haya sido desheredado con justa causa. LACRUZ (Derecho de sucesiones, 1993, pg. 52, 11.45); DELGADO («La reforma en el Derecho de sucesiones», en El nuevo régimen de la familia [LACRUZ y otros], Vol. II, Ed. Cívitas, Madrid, 1981, pg. 194) y MARTINEZ DE AGUIRRE (Preterición y derecho de representación en el artículo del CC, Ed. Civitas, Madrid, 1991, pgs. 128 y ss.) consideran que la representación en la sucesión testada sólo se produce en el supuesto de premoriencia del designado en el testamento (caso en el que al descendiente del legitimario no preterido se le transmitirán todos los derechos que éste tuviese en la herencia del causante, de manera que puede hablarse en este caso, al menos en lo que excede de la cuota legitimaria, «de representación en su sentido pleno y originario» [SAN- CHO: «Prólogo» a la obra de MARTINEZ DE AGUIRRE: op. ult. cit., pg. 15]), pero no en los casos de desheredación o de indignidad para suceder, a los que se les seguirá aplicando el régimen de los arts. 761 y 857 CC, si bien el último de los autores citados considera que el art CC ha cambiado el marco de referencia de aquellos preceptos que ha de considerarse que no contemplan supuestos de preterición, sino de representación en la sucesión del ascendiente limitada a la cuantía de la legítima. En consecuencia, dado que, tanto los descendientes en línea recta del premuerto, como los del indigno o del desheredado lo representan en su cuota legitimaria, están obligados a colacionar aquello que hubiese debido aportar su ascendiente representado, teniendo también la posibilidad de ejercitar las acciones pertinentes en el caso de que la legítima que correspondiese al representado no hubiese sido íntegramente satisfecha. Frente a esta interpretación del art CC, algunos autores consideran que si se tienen en cuenta los antecedentes legislativos del precepto y la finalidad perseguida con su reforma -resolver un concreto problema del instituto de la preterición relativo a la situación de los descendientes preteridos de un heredero testamentario que, a su vez, sea descendiente legitimario no preterido-, éste no contempla un caso de derecho de representación en la
15 COLABORACIÓNS 27 El principal obstáculo que se observa a la aplicación del derecho de representación en este ámbito resulta de lo dispuesto en el art. 86 LCS, en el que se contempla el derecho de acrecer en los casos de designación de una pluralidad de beneficiarios: «La parte no adquirida por un beneficiario acrecerá a los demás» 20. Frente a los anteriores argumentos, se esgrime la literalidad de la remisión que el art. 85 LCS hace a las reglas propias del Derecho de sucesiones. Por otra parte, la representación sólo se aplicaría, en estos casos, a los supuestos de premoriencia del hijo del asegurador pues los supuestos de incapacidad para suceder por causa de indignidad o de desheredación, no resultan relevantes si se parte de que el beneficiario no lo es «iure hereditario», sino «iure propio»-; sin que parezca que la admisión de esta interpretación suponga una vulneración de la voluntad del tomador 21. VII.3.- La designación de los herederos El inciso 2º del art. 85 de la LCS abre expresamente la posibilidad de designar beneficiarios de la prestación del seguro de vida a los herederos del tomador del seguro, del asegurado o de otra persona (un tercero). Las posibilidades son las que siguen: sucesión testada, sino que lo único que pretende es establecer cuándo se da o no la preterición y disciplinar los efectos de ésta (LÓPEZ LÓPEZ: Derecho de sucesiones, pg. 83), simplemente declarando legitimarios directamente a los descendientes del legitimario, hijo o descendiente, que ha premuerto al causante (O'CALLAGHAN: Derecho de sucesiones, pg. 351). De conformidad con esta tesis [defendida y argumentada por vez primera por PINTO RUIZ (Revista General de Derecho, 1984, pgs y ss.) y a la que, tras algunas vacilaciones iniciales se sumó VALLET («Comentario al artículo 814 del CC», Com. Min., T. I, pg. 2012)] los descendientes del premuerto simplemente tienen derecho a su legítima larga si concurren con otros herederos no legitimarios y a su legítima estricta si concurren con otros descendientes -herederos legitimarios- del causante. Este parece ser también el criterio del TS, puesto que en el F. 4º de la Sentencia de 27 diciembre 1992 [RJ 1992\9597], siguiendo la que ha sido su línea jurisprudencial anterior a la reforma de 1981, ha declarado que en el Ordenamiento jurídico español el derecho de representación sólo opera en la sucesión intestada. Otros autores se decantan por considerar que, en virtud de lo establecido en el precepto que nos ocupa, los descendientes ulteriores del preterido han de recibir lo mismo que en virtud del testamento debió recibir su ascendiente premuerto MIQUEL GONZÁLEZ (Comentarios a las reformas del Derecho de familia, Ed. Tecnos, Madrid, 1984, pg. 1303), BOLÁS ALFONSO (Anales de la Academia Matritense del Notariado, 1982, pág. 207) y REY POR- TOLÉS (RCDI, 1982, pg. 357), de manera que si el hijo premuerto que deja descendencia había sido favorecido en el testamento con algún legado, fideicomiso o modo que exceda de los que le correspondiese por legítima, sus descendientes habrán de recibir también tal exceso sobre la legítima. ALBALADEJO (Derecho de sucesiones, pg. 72, 12.3) admite expresamente que, en virtud de dicho precepto, el derecho de representación juega en la sucesión testamentaria -en el ámbito estrictamente contemplado en el precepto-, evitando la preterición de los ulteriores descendientes y concediéndoles, como representantes de su padre, lo dejado a éste en el testamento. 20 En este sentido se ha pronunciado TIRADO SUÁREZ, F. J.: «Comentario del art. 85 de la LCS», op. cit. (3ª edic.), pgs y BOLDÓ RODA, C.: El beneficiario en el seguro de vida, op. cit., pg La aplicación del derecho de representación en este ámbito también es preconizada por REGLERO CAMPOS, F.: «El seguro de personas, especial referencia a determinados aspectos del seguro de vida: designación del beneficiario y declaración de riesgo», Cuadernos de Derecho Judicial. Derecho de seguros, T. XIX, Madrid, 1995, pg. 48.
16 28 REVISTA XURÍDICA GALEGA A) Herederos del tomador del seguro, cuando la persona del tomador del seguro no coincida con la del asegurado. En este caso se plantean, a su vez, las siguientes posibilidades: 1ª) El tomador premuere al asegurado. En este caso la posición de los herederos se consolida y, por lo tanto, habrá que estar a quiénes sean herederos en el momento del fallecimiento del tomador. En sentido contrario se ha señalado que, en todo caso, habrá que esperar si continúan siendo herederos al fallecimiento del asegurado, es decir los que fueran herederos del tomador tendrían un derecho condicionado a su supervivencia al asegurado. Esta interpretación no puede admitirse puesto que, habiéndose designado a los herederos del tomador, esta posición se consolida al abrirse la sucesión de éste. La supervivencia al asegurado ya no será una condición para ser beneficiario, sino un término -«certus que, incertus quando»-, por lo que el derecho a recibir la indemnización al fallecimiento del asegurado pasará a los herederos del beneficiario. 2ª) El asegurado premuere al tomador En este supuesto se plantea la cuestión atinente a determinar el momento que ha de tenerse en cuenta para determinar quiénes son los herederos del tomador. Ante ello caben las siguientes posibilidades interpretativas: a) Entender que los beneficiarios serán los que serían herederos del tomador en el momento del fallecimiento del asegurado si aquél hubiera fallecido ya. b) Sostener que los beneficiarios serían los que serían herederos «ab intestato» del tomador en el momento del fallecimiento del asegurado, pudiendo utilizarse el expediente del acta notarial de notoriedad para su determinación. Ambas posturas son insostenibles puesto que se estarían otorgando derechos a los «supuestos» herederos de una persona viva, teniendo en cuenta, sobre todo, que la institución de heredero, salvo excepciones como la constituida por la realizada en virtud de pactos sucesorios-, es esencialmente revocable cuando se ha hecho por testamento. Entonces, debe suscitarse la viabilidad de la solución constituida por diferir el pago de la indemnización al fallecimiento del tomador porque es el momento en el que surgen los herederos. El inconveniente a esta soluciones, se deriva del hecho de que, en este caso no se respetaría el momento a que se refiere el art. 85 LCS, que es el del fallecimiento del asegurado y sólo sería sostenible en aquellos supuestos en que, con arreglo a la norma civil aplicable, hubiera heredero designado irrevocablemente. La tercera respuesta posible resulta de considerar que la disposición queda sin efecto y, en consecuencia, se aplica el art LCS, con lo que el capital formará parte del pa-
17 COLABORACIÓNS 29 trimonio del tomador. Esta es la interpretación que más respeta la voluntad del tomador toda vez que, si no dispone del capital, éste pasará a sus herederos a su fallecimiento, al haberse integrado en su patrimonio. B) Herederos de un tercero. Se plantean los mismos problemas que en el caso de que los beneficiarios sean los herederos del tomador y éste no coincida con el asegurado, ya señalados para el caso de la designación de herederos del tomador que no coincida con el asegurado. C) Herederos del asegurado. Si la designación se hace en favor de los herederos del asegurado, se considerarán como tales los que tengan dicha condición en el momento de fallecimiento del asegurado. En el caso de que en el testamento del asegurado sólo se hayan nombrado legatarios, cabe sostener dos respuestas en orden a la determinación de los beneficiarios del seguro de vida: a) Interpretar extensivamente el artículo y entender que se distribuirá entre los legatarios, puesto que son las personas designadas por el testador para sucederle aunque sea a título singular. b) Entender que se abriría la sucesión «ab intestato» con relación a la prestación derivada del seguro de vida. Aunque se suele señalar que se trata de una cuestión de interpretación de la voluntad reflejada en el testamento, parece razonable acoger, con carácter general, la primera respuesta. D) Si la designación se hace en favor de los herederos sin especificación alguna, se entenderá que son los herederos del tomador del seguro que tengan dicha condición en el momento del fallecimiento del asegurado (art. 85 de la LCS). La expresión «herederos» hace referencia tanto a los herederos testamentarios como a los legales, de forma que el Estado o una CCAA (v.gr., Galicia, ex arts. 267 a 269 de la LDCG)- puede llegar a ostentar la cualidad de beneficiario de un seguro de vida. En el caso de que se hayan designado como beneficiarios a los «herederos legales», ha de entenderse como tales, de acuerdo con la interpretación doctrinal, jurisprudencial y hasta legal (v. gr., arts. 29 y de la LSCMA) generalizada, que éstos son aquellos que tengan, en el caso concreto, la condición de herederos de acuerdo con las normas que regulen la sucesión intestada (STS de 20 de diciembre de 2000 [RJ 2001\1509]) y no quienes tienen la condición de legitimarios o de herederos forzosos en la sucesión testada. Esta afirmación resulta de especial importancia en Galicia, habida cuenta de que se establece un elenco de legitimarios propio (art. 238 LDCG/2006), pero no un sistema de llamamientos en la sucesión intestada diverso del contenido en los arts. 930 y ss. del CC, que es de aplicación también en el caso de las sucesiones regidas por el Derecho civil propio de Galicia
18 30 REVISTA XURÍDICA GALEGA y no por el civil territorial común. De acuerdo con esta interpretación, producido el siniestro, la aseguradora habrá de pagar la indemnización estipulada a los herederos abintestato que tengan esta condición en el momento en que se produce el fallecimiento, con arreglo al orden y teniendo en cuentas las exclusiones establecidas en la Ley que resulte de aplicación de conformidad con la vecindad civil del asegurado. En la Sentencia (Sala 1ª) de 20 de diciembre de 2000 [RJ 2001\1509]), el TS precisó que los derechos del cónyuge viudo como legitimario y en relación con su condición de heredero abintestato, que se rige por lo establecido los arts. 935, 936, 943 y 944 CC, a cuyo tenor los ascendientes excluyen al cónyuge viudo y éste solamente hereda a falta de descendientes y ascendientes, determina que, concurriendo ascendientes del asegurado, el cónyuge no puede considerarse como tal a los efectos de la determinación de los beneficiarios del seguro de vida. En el caso resuelto por la STS que acaba de ser citada, las dudas se derivaban del hecho de que en la casilla «beneficiarios» del certificado individual firmado por el asegurado (la póliza de seguro colectivo de vida estaba contratada por «Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid», tomadora, con «Caja de Madrid Vida S.A., aseguradora») aparecía la mención Herederos legales, en tanto el apartado de las condiciones de la póliza relativo a los beneficiarios disponía: «A falta de designación expresa, se seguirá el siguiente orden de prelación: 1º Cónyuge, 2º Hijos supervivientes del asegurado por partes iguales, 3º Padres del asegurado por partes iguales o el superviviente de los dos, 4ºA quién en Derecho corresponda». Atendiendo a esta última estipulación, la entidad aseguradora, tras el fallecimiento del asegurado, entregó la suma de diez millones de pesetas a su viuda. Sin embargo los padres del asegurado, muerto sin descendencia, demandaron a la aseguradora con base en su condición de herederos legales del mismo y en función por tanto de su mención en la casilla «Beneficiarios» aportando con su demanda acta notarial de declaración de herederos abintestato a favor del padre, previa renuncia de la madre a la herencia de su hijo, sin perjuicio de los derechos legitimarios de la viuda. La Sentencia dictada en la primera instancia, aplicando especialmente el art del CC para una interpretación sistemática del contrato, desestimó la demanda entendiendo que la expresión «herederos legales» era tan genérica que no podía entenderse alterado el orden de prelación establecido en la referida cláusula de la póliza, pues todos los mencionados en ésta podían ser herederos conforme al art. 913 del CC. Recurrida esta sentencia en apelación por los demandantes, la Audiencia Provincial acogió el recurso y, revocando la sentencia apelada, estimó íntegramente la demanda con base en lo dispuesto por el art. 85 de la LCS. Contra esta Sentencia, interpuso recurso de casación la entidad aseguradora demandada, que no fue estimado, confirmándose la Sentencia de segunda instancia que estimó la demanda ejercitada por los padres del asegurado fallecido. De la STS (Sala 1ª) de 20 de diciembre de 2000 [RJ 2001\1509]), se derivan, al menos, las siguientes consecuencias:
19 COLABORACIÓNS 31 1ª) La designación individual realizada en un certificado individual firmado por el asegurado prevalece sobre el orden de beneficiarios de una cláusula contenida en las condiciones generales del contrato de seguro. Con todo, acaso convenga precisar que la designación de beneficiario en el certificado individual no deja sin efecto a la contenida en las condiciones generales porque ésta última lo permita, como señala el TS en la Sentencia de referencia; sino porque tal designación, sea hecha en forma específica o genérica, es un derecho exclusivo de sujeto que la realiza en virtud de disposiciones legales imperativas como son los arts. 84 y 87 de la LCS. En el caso objeto de litis el sujeto que designó beneficiario no fue el tomador, como expresamente establece la LCS, sino uno de los múltiples asegurados. En este sentido, la LCS establece en su art. 7.III de la LCS que los derechos que se derivan del contrato corresponden al asegurado o, en su caso, al beneficiario, salvo los especiales derechos del tomador en el seguro de vida. Este precisamente es uno de los especiales derechos del tomador a los que se refiere el precepto; pero como se ha encargado de señalar la doctrina que se ha ocupado del problema, el art. 7.III se refiere al tomador que realmente ocupa la posición de «dominus negotii», esto es, que verdaderamente cumpla con los deberes y obligaciones a los que se refiere el art. 7.I y señaladamente con el pago de las primas 22. Pues bien, el tomador de un seguro de grupo no puede ser considerado, salvo excepciones, un verdadero «dominus negotii». El tomador en estos casos, además de un contratante por cuenta ajena en el sentido del art. 7 LCS, suele ser un simple gestor de la colectividad por cuenta de la que contrata, el cual se limita a recaudar el dinero y a pagar formalmente la prima al asegurador 23. Así las cosas, los asegurados son los auténticos «domini» de cada una de las relaciones singulares de aseguramiento que nacen del único contrato de grupo, ya que son los que realmente pagan las primas. El tomador, aun en el caso frecuente de que sea él quien pague formalmente las primas, lo hace por cuenta de los asegurados, normalmente tras haberles detraído, total o parcialmente, de sus salarios o cuotas la cantidad proporcional correspondiente a cada uno de ellos que son materialmente los auténticos pagadores. Incluso en el supuesto de que no se dé esta detracción y sea el tomador el que también materialmente pague las primas, porque, v.gr., la existencia del seguro constituya una clase de retribución en especie derivada de la relación laboral, estatutaria o civil que une al tomador con el asegurado, dichos pagos también se realizan por cuenta de los asegurados en contemplación de la relación que los une con el tomador y, por ello, también deben ser considerados «domini negotii». Por otro lado, por si ello no fuera entendido así, en la práctica es frecuente que en estos casos se delegue la facultad de designar beneficiario en los asegurados TIRADO SUÁREZ, F. J.: «Comentario del artículo 84 LCS. El beneficiario», op. cit., pg BOLDÓ RODA denomina «representante» al tomador del seguro de grupo y de ello deduce que son los asegurados lo que ostentan el derecho de designar beneficiario (El beneficiario en el seguro de vida, op. cit. pgs ). 24 TIRADO SUÁREZ, F. J.: «Comentario del artículo 84 LCS. El beneficiario», op. cit. (3ª edic.), pg
20 32 REVISTA XURÍDICA GALEGA 2ª) La expresión «herederos legales» como beneficiarios del seguro de vida ha de integrarse con las normas que establecen quiénes tienen la condición de herederos del asegurado en el momento en que se produce el fallecimiento de éste. El art. 85 LCS contiene una regla de interpretación auténtica dictada por el legislador, que como todas las de la LCS posee carácter imperativo (ex art. 2 LCS). A tenor de esta regla, «si la designación se hace a favor de los herederos, sin mayor especificación, se considerarán como tales los del tomador del seguro que tengan dicha condición en el momento del fallecimiento del asegurado». Interpretada correctamente esta disposición, hay que entender que, en el caso de seguros colectivos, el «tomador» al que se refiere el art. 85 LCS lo es cada uno de los asegurados respecto de cada una de las relaciones de aseguramiento que nacen del contrato, dado que ellos son los verdaderos «domini negotii», de acuerdo con lo ya precisado. Por lo tanto, cuando se usa la designación genérica «herederos» en estos supuestos, los beneficiarios serán los que ostenten la condición de herederos de cada asegurado en el momento de su muerte. En el caso resuelto por la STS (Sala 1ª) de 20 de diciembre de 2000 [RJ 2001\1509]), la expresión genérica empleada para designar beneficiario no fue la de «herederos», sino la de «herederos legales». Es necesario precisar, en consecuencia, si de ello se puede derivar alguna diferencia o restricción respecto de lo establecido en el art. 85 de la LCS para la expresión «herederos» (del tomador, del asegurado o de otra persona). La expresión «heredero legal», hace referencia a quien es investido como heredero por una disposición legal. Concretamente, en alguna Ley foral, en la doctrina y en la jurisprudencia, se identifican sucesión legal y heredero legal con sucesión intestada o legítima y heredero abintestato, con la finalidad de distinguir a aquél que es heredero únicamente por ministerio de la ley del que lo es por disposición del causante 25. Esta es también la doctrina que deriva de la STS (Sala 1ª) de 20 de diciembre de 2000 [RJ 2001\1509]), en la que se identifica claramente el significado de estas dos expresiones en su FD 4º. Si el que acabamos de exponer es el sentido más habitual de la expresión «herederos legales», no cabe desconocer que, al menos, existe un significado distinto que en ocasiones también se le atribuye. Este no es otro que el de heredero forzoso o legitimario definido por el art. 807 del CC (v.gr., STS 19 de mayo de 1992 [RJ 1992\4913]). En esta última interpretación, el heredero legal lo es porque necesariamente ha de suceder con independencia de la voluntad del causante, frente a los herederos cuya institución depende exclusivamente de la voluntad de éste. Las consecuencias de atribuirle a la expresión contenida en la designación del seguro uno u otro significado no carecen de trascendencia. En efecto, si se considera que la ex- 25 Vid. v.gr. los arts. 29 y 159 de la LSCMA; la STS de 9 de febrero de 1998 [RJ 1998\609]; y SAP de Zaragoza 16 de diciembre de 1995 [AC 1995\2263]; y CÁMARA LAPUENTE, S.: La exclusión voluntaria de los herederos legales, Ed. Cívitas-ULR, Madrid, 2000.