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Timestamp: 2018-05-28 05:16:46
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MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 8
HISTORIA CONSTITUCIONAL. UNIDAD VIII- GUIA DE RELECTURA
GOBIERNO DE MARTIN RODRIGUEZ / RIVADAVIA.
Martín Rodríguez asumió como gobernador de Buenos Aires poniendo fin a una etapa que, aunque breve, fue tal vez la más turbulenta por la que atravesara la provincia. El peso de los sectores altos rurales había comenzado a gravitar en Buenos Aires y si la paz no se conseguía por la fuerza de las armas, se la compraba. Desde su estancia de “Los Cerrillos” Juan Manuel de Rosas lanzó un manifiesto al pueblo de Buenos Aires en octubre de 1820.
Rodríguez firma con López un pacto en la estancia de Don Tiburcio Benegas, cerca del arroyo del medio, el 24 de noviembre de 1820. Por el tratado, López se comprometía a abandonar Buenos Aires y alejar de ambas provincias a quienes hicieran peligrar la paz. Esta cláusula estaba redactada casi exclusivamente para el chileno Carrera, quien marchará a unirse con Ramírez. Una cláusula secreta establecía la entrega de 25.000 cabezas de ganado a la provincia de Santa Fe para recuperar la maltrecha ganadería de la provincia. Como el gobierno no tenía recursos, Rosas asumió el compromiso de proveer las "vaquitas", promesa que concretará a lo largo de tres años con la ayuda de algunos amigos estancieros. El 4 de diciembre de 1820 llegan a Buenos Aires comisionados regios enviados por Fernando VII para tratar de llegar a algún entendimiento con las ex colonias. El gobierno porteño les hace saber que sólo negociará sobre la base del reconocimiento de la independencia. Tres días más tarde los españoles dan por concluida la misión sin ningún resultado positivo. Nombrado gobernador titular en abril de 1821 con “facultades extraordinarias sin límite de duración”, “protector de todos los derechos y conservador de todas las garantías”, Martín Rodríguez designó ministros a Manuel José García y a Bernardino Rivadavia. Este último manifestaría: “La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que debía presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación”. Tomás de Iriarte definía a Rodríguez como “un hombre vulgar, un gaucho astuto que tuvo buena elección de ministros y fue dócil para dejarse gobernar”. El Pacto de Benegas distanció a López de Ramírez y Carrera y lo acercó a Buenos Aires. Ramírez entró en Santa Fe y fue derrotado por López en Coronda, el 26 de mayo de 1821. Allí se le unió Carrera y ambos marchan contra Bustos en Córdoba, quien los derrota en Cruz Alta el 16 de junio. Deciden separarse. Carrera huye hacia Chile y Ramírez va hacia el Chaco, pero es alcanzado por las tropas del lugarteniente de Bustos, Bedoya, y derrotado en San Francisco, cerca del Río Seco. El caudillo entrerriano logró huir pero quedó prisionera su compañera, doña Delfina. Ramírez volvió para rescatarla pero recibió un balazo en el pecho que le quitó la vida instantáneamente. Bedoya le mandó la cabeza de Ramírez a López, quien la hizo embalsamar y la colocó en una jaula sobre su escritorio. Carrera es capturado en Punta Médano el 31 de agosto y entregado a las autoridades mendocinas. Es sometido a un consejo de guerra y fusilado el 4 de septiembre. Su cabeza y su brazo derecho son expuestos durante varios días en el cabildo mendocino. El artículo segundo del Pacto de Benegas establecía la convocatoria a un Congreso Nacional en la provincia de Córdoba. Pero los porteños demoraron el envío de sus diputados e hicieron todo lo posible para que el Congreso fracasara. El golpe de gracia vino de la mano del ministro Rivadavia que logró el retiro de los diputados de Buenos Aires del congreso cordobés en agosto de 1821. En septiembre Bustos debió admitir su fracaso. Afirma en un manifiesto a los argentinos que “no estando el país en el momento de recibir esa constitución, declárase fracasado y suspendido el congreso”. Pero Buenos Aires quería quedarse muy tranquila de que la guerra interna no volvería a perturbar sus negocios. Esta fue una de las causas que la llevaron a impulsar la firma de un tratado con las provincias litorales. El Tratado del Cuadrilátero, firmado el 25 de enero de 1822 establecía una “paz firme, verdadera amistad y unión entre las cuatro provincias contratantes”. Se comprometían a la defensa conjunta en caso de un ataque exterior y por artículo tercero fijaban los límites divisorios de las provincias de Entre Ríos y Corrientes y de ésta con Misiones. El pacto “reservado” establecía indemnizaciones en ganado y dinero a las provincias de Santa Fe y Corrientes por parte de Entre Ríos a causa de los bienes perdidos por las acciones de Ramírez. La habilidad de los porteños hizo que la palabra “federación” no figurase en ninguno de los artículos del Tratado. Buenos Aires con su aduana, celosamente conservada, con su situación privilegiada que la acerca, como a ninguna otra región, al mundo exterior, estaba decidida a volcar todos sus esfuerzos al fortalecimiento interno y al propio progreso. Rivadavia había regresado de Inglaterra muy entusiasmado por las doctrinas económicas y políticas vigentes en la capital de la Revolución Industrial. Allí había conocido al ensayista político Jeremy Bentham y a través de él apreció las obras de Adam Smith, David Ricardo, Bacon, Locke y Newton. Dirá en carta a Bentham: “¡Qué grande y gloriosa es vuestra patria!, mi querido amigo. Cuando considero la marcha que ella sola ha hecho seguir al pensamiento humano, descubro un admirable acuerdo con la naturaleza que parece haberla destacado del resto del mundo a propósito”. En ese momento la influencia británica en Buenos Aires era notable. En la nueva universidad, fundada por Rivadavia, se creó la cátedra de economía política, siendo su texto principal el libro de James Mill Elements of Political Economy. En las escuelas primarias de todo el país se estableció el sistema lancasteriano y los libros de texto se obtenían de la firma R. Ackermann de Londres, que contrataba a españoles para traducir los libros ingleses para el mercado latinoamericano. Las reformas de Rivadavia incluían modificaciones radicales en el sistema económico tendientes a atraer inversores extranjeros, sobre todo británicos. En 1822 se estableció una bolsa de comercio y más de 200 comerciantes extranjeros asistieron a su inauguración. Ese mismo año se fundó el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Tres de sus ocho directores eran ingleses al igual que el tenedor de libros de la entidad bancaria. Los billetes del banco y sus monedas se hacían en Londres. Un comerciante inglés escribía entonces: “Los precios módicos de las mercancías inglesas, especialmente las adecuadas al consumo de las masas les aseguraron una general demanda en el momento de abrirse el comercio. Ellas se han hecho hoy artículos de primera necesidad en las clases bajas de Sudamérica: el gaucho se viste en todas partes con ellas. Tómense todas las piezas de su ropa, examínese todo lo que lo rodea y exceptuando lo que sea de cuero, ¿qué cosa habrá que no sea inglesa? Si su mujer tiene una pollera, hay diez probabilidades contra una de que sea manufacturada de Manchester. La caldera u olla en que cocina su comida, la taza de loza ordinaria en que la come, su cuchillo, sus espuelas, el freno, el poncho que lo cubre, todos son efectos llevados de Inglaterra. Cuanto más barato podamos producir estos artículos, tanto más consumo tendrá. Cada adelanto de nuestra maquinaria contribuye a la comodidad y bienestar de las clases más pobres de aquellos remotos países, al mismo tiempo que perpetúa nuestro predominio en sus mercados”. Pero la situación de las Provincias ¿Unidas? difería enormemente de la europea. Aquí no había industrias, ni una burguesía con ganas de aplicar las nuevas técnicas del progreso y mucho menos de arriesgar sus seguras ganancias ganaderas en “aventuras industriales”. En definitiva las ideas de Rivadavia, que eran las del liberalismo progresista de principios de siglo, no tenían por estas tierras base de sustentación en una clase dirigente muy conservadora y desconfiada de las novedades. De todas maneras el ministro Rivadavia llevó adelante una serie de reformas que intentaron modificar la estructura del estado bonaerense y hasta la relación de éste con el poder eclesiástico.
Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos en 1798 donde cursó Gramática, Filosofía y Teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias, abandonando los estudios en 1803. Durante las invasiones inglesas. Se incorporó a las milicias con el grado de Capitán en el cuerpo de "gallegos" donde tuvo una destacada actuación. El 14 de agosto de 1809, a los 29 años se casó con una joven muy distinguida de la sociedad porteña: Juana del Pino y Balbastro, hija del octavo virrey del Río de la Plata, Joaquín del Pino. El matrimonio Rivadavia se muda a la calle Defensa 453 donde nacerán sus cuatro hijos: Benito, Constancia, que morirá a los cuatro años, Bernardino y Martín. Rivadavia participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo y votó contra la continuidad del virrey. Pero no tuvo un rol protagónico en los sucesos de mayo. En el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas, tomó partido por estos últimos. Cuando tras meses de enfrentamientos el 22 de setiembre de 1811 fue creado el primer Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea; Rivadavia fue nombrado Secretario de Gobierno y Guerra. En el Triunvirato la personalidad política de Rivadavia se impuso desde el primer momento y se tornó protagónica. No pocos compararon al
triunvirato con los tres mosqueteros que eran tres pero eran cuatro y el cuarto era el más influyente de todos. Sancionó e hizo jurar el 19 de diciembre de 1811, el Estatuto, por el cual el Triunvirato se transformaba en la autoridad máxima, disolviendo la Junta Grande. Esto provocó un gran descontento en el interior y le dio un carácter autoritario al Triunvirato. La llegada de San Martín y Alvear a Buenos Aires, en 1812, y la creación de la Logia Lautaro, se convirtieron en un escollo para el poder de Rivadavia, al que se sumaría la palabra y la acción de Bernardo de Monteagudo desde de la Sociedad Patriótica. Todos estos elementos, sumados a las sucesivas derrotas militares sufridas por los ejércitos patriotas, precipitaron los acontecimientos y provocaron la "revolución" del 8 de octubre de 1812, el primer golpe de estado de la historia argentina. Ese día, las tropas de San Martín y otros cuerpos militares, se hicieron eco del descontento popular y derrocaron al primer Triunvirato, reemplazándolo por otro, afín a las ideas de la Logia y la Sociedad Patriótica, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Alvarez Jonte. Tras esta derrota, Rivadavia desapareció por dos años de la escena política, hasta que el Director Supremo, Gervasio Posadas, le encargó en 1814 junto a Manuel Belgrano una misión diplomática en Europa, con el objeto de obtener apoyos para la revolución. El fracaso de la misión fue rotundo. Belgrano regresó en 1816, pero Rivadavia permaneció en Londres hasta 1820. En Europa tomó contacto con círculos intelectuales, políticos y económicos de España e Inglaterra que le proporcionaron gran parte de su formación y le aportaron importantes contactos que le serían muy útiles en los años venideros. Tras el tumultuoso año 20 y la caída de las autoridades nacionales, Martín Rodríguez fue nombrado, en abril de 1821, gobernador titular de Buenos Aires con "facultades extraordinarias sin límite de duración", "protector de todos los derechos y conservador de todas las garantías", designó a Bernardino Rivadavia como Ministro de Gobierno, un cargo muy importante equivalente al de un Primer Ministro actual . En su discurso de asunción decía Rivadavia: "La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que debía presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación." Tomás de Iriarte en sus memorias define al gobernador Martín Rodríguez como a "un hombre vulgar, un gaucho astuto que tuvo buena elección de ministros y fue dócil para dejarse gobernar." Rivadavia había regresado de Inglaterra muy entusiasmado por las doctrinas económicas y políticas vigentes en la capital de la Revolución Industrial. Allí había conocido al ensayista político Jeremy Bentham y a través de él apreció las obras de Adam Smith, David Ricardo, Bacon, Locke y Newton. Le decía en una carta a su amigo Bentham "¡Qué grande y gloriosa es vuestra patria!, mi querido amigo. Cuando considero la marcha que ella sola ha hecho seguir al pensamiento humano, descubro un admirable acuerdo con la naturaleza que parece haberla destacado des resto del Mundo a propósito." Pero la situación de la Provincia de Buenos Aires difería enormemente de la europea. Aquí no había industrias, ni una burguesía con ganas de aplicar las nuevas técnicas del progreso y mucho menos de arriesgar sus seguras ganancias ganaderas en "aventuras industriales". En definitiva las ideas de Rivadavia que eran las del liberalismo progresista de principios de siglo, no tenían por estas tierras base de sustentación en una clase dirigente muy conservadora y desconfiada de las novedades. De todas maneras el ministro Rivadavia llevó adelante una serie de reformas que intentaron modificar la estructura del estado bonaerense y hasta la relación de éste con el poder eclesiástico. En noviembre de 1821 se dictó una ley de olvido para promover la pacificación que permitió el retorno de desterrados como Alvear, Sarratea, Soler, Dorrego y Pagola. "Es preciso no acordarse, si es posible, ni de las ingratitudes, ni de los errores, ni de las debilidades que han degradado a los hombres o afligido a los pueblos en esta empresa demasiado grande y famosa. Por esto ha pensado el gobierno que obra dignamente proponiendo en esta oportunidad el adjunto proyecto de ley de olvido." También lanzó una reforma eclesiástica que le traería graves problemas. . Suprimió los fueros eclesiásticos, que permitían a las órdenes monásticas tener sus propias cortes de justicia; confiscó las propiedades de las órdenes religiosas y creó instituciones que competían en áreas de poder e influencia que había sido patrimonio de la Iglesia: fundó la Universidad de Buenos Aires, la Sociedad de beneficencia y el Colegio de Ciencias Morales. Entre los bienes eclesiásticos expropiados figuraba el santuario de la Virgen de Lujan porque. "el gobierno, para velar por el cumplimiento del principio de que las instituciones piadosas están obligadas a rendir a algún servicio público que contribuya a la comodidad o al sostén de la moral, y en todo caso al progreso del país que las adopta; procedió a instruirse de cuál era el objeto y servicio del santuario llamado de Luján, cuál era el estado de sus bienes y rentas y cuál su administración. Lo que ha resultado, comprobado es, que no rinde servicio alguno, y que no tiene más objeto que el culto de una imagen."
Los sacerdotes descontentos, encabezados por Gregorio Tagle, encabezaron dos conspiraciones en agosto de 1822 y marzo de 1823. Esta fue la más importante. El gobierno se enteró del intento y decidió reprimirlo. En la Plaza de la Victoria los conjurados marchaban al grito de "¡Viva la religión!" y "¡Mueran los herejes!" mientras repartían rosarios, escapularios y panfletos. Dos de los complotados fueron fusilados, muchos fueron detenidos y Tagle logró huir. Rivadavia suprimió los Cabildos, último resabio de la organización política colonial, y estableció una novedosa ley electoral que incluía el sufragio universal, con las limitaciones propias de la época. La nueva ley establecía que tenían derecho al voto todos los hombres libres nativos del país o avecindados en él mayores de 20 años, pero sólo podían ser elegidos para los cargos públicos los ciudadanos mayores de 25 "que poseyeran alguna propiedad inmueble o industrial". Manuel Dorrrego tuvo una importante participación en los debates sobre la ley electoral, entre otras cosas dijo entonces: "...Y si se excluye (del voto) a los jornaleros, domésticos y empleados también ¡entonces quien queda? Queda cifrada en un corto número de comerciantes y capitalistas la suerte del país. He aquí la aristocracia del dinero, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro en el Banco, y entonces el Banco sería el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación con todas las provincias" Por iniciativa de Rivadavia, el gobierno contrató en 1824, un empréstito con la firma inglesa Baring Brothers por un millón de Libras. El nacimiento de la Casa Baring coincide con el de la gran política financiera del Imperio Británico. Los hermanos Alexander y Francis Tornhill , son los hijos del fundador de la casa, Sir Francis Baring y los principales directivos de la misma en el momento de firmarse el empréstito con Buenos Aires. Los Baring unirán su carrera financiera a su actividad política. Alexander será nombrado por el Primer Ministro Peel, ministro de la Moneda. Su hermano Francis llegará a ser Lord de la tesorería entre, ministro de Hacienda de Inglaterra entre. Director de la Compañía de Indias y Primer Lord del Almirantazgo. El empréstito se contrataba con el objetivo de crear pueblos en la frontera con el indio, fundar un Banco, construir una red de agua y un puerto. Los gestores fueron: Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson y en su conjunto se llevaron 120.000 Libras del monto total del crédito en carácter de comisión
Descontadas las comisiones de los seis gestores, dos de los cuales eran ingleses, los gastos de emisión y varias cuotas adelantadas, llegaron a Buenos Aires sólo 570.000 Libras, la mayoría en letras de cambio sobre casas comerciales británicas en Buenos Aires propiedad de los gestores del empréstito. Pero la deuda se asumía por el total: 1 millón de Libras. El dinero del empréstito, por diversas circunstancias, no se destinó a la construcción de obras públicas como había sido previsto. Se dilapidó en gastos improductivos. Para 1904, cuando se terminó de pagar el crédito, la Argentina había abonado a la Casa Baring Brothers la suma de 23.734.766 pesos fuertes. Todas las tierras públicas de la provincia quedaron hipotecadas como garantía del empréstito. Rivadavia decidió entonces aplicar el sistema de "enfiteusis" por el cual los productores rurales podrían ocupar y hacer producir las tierras públicas, no como propietarios sino como arrendatarios. El monto del canon que debían pagar al Estado lo fijaban los mismos arrendatarios de manera que terminó siendo insignificante. Los grandes propietarios aprovecharon el sistema de enfiteusis para acaparar enormes extensiones de tierra con el desembolso mínimo que les permitía la ley. Poco después de concedido el empréstito, el 31 de marzo de 1824, llegó a Buenos Aires un nuevo Cónsul de Su majestad, Mr. Woodbine Parish. El funcionario traía la misión de firmar un tratado de Libre Comercio y Amistad cuyo texto era idéntico al impuesto por William Huskisson -jefe del "Board of trade" londinense- a todas las ex colonias de Hispanoamérica, que ambicionaban ser reconocidas. Al mismo tiempo, este tratado impuesto por Inglaterra como requisito previo para el reconocimiento de nuestra independencia, y firmado el 2 de febrero de 1825, sellará el destino del país como nación dependiente de una nueva metrópoli que le asignó un papel inamovible en la división del trabajo que imponía al mundo: el de simple productor de materias primas y comprador de manufacturas. En medio de una prosperidad que iba en aumento, con sus instituciones reformadas, Buenos Aires, conducida por Rivadavia, no abandonaba sus viejos planes con relación a la organización del país. Ya a partir de 1823 la Provincia había comenzado a tender los hilos para reunir un nuevo Congreso cuyo cometido era, fundamentalmente, el de dar una Constitución al país que permitiera su organización. Se buscaba además apoyo para solucionar el problema de la Banda Oriental incorporada al Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina.
Lentamente, la iniciativa fue prendiendo, y en diciembre de 1824 representantes de todas las provincias de la época -incluidos los de la Banda Oriental, Misiones y Tarija- comenzaron a sesionar en Buenos Aires, cuyo gobierno era ejercido por Las Heras. El Congreso tomó diversas medidas, entre ellas la Ley Fundamental, la Ley de Presidencia y la Ley de Capital del Estado. La Ley Fundamental promulgada en 1825, daba a las provincias la posibilidad de regirse interinamente por sus propias instituciones hasta la promulgación de la Constitución, que será ofrecida a su consideración y no será promulgada ni establecida hasta que haya sido aceptada. Este promisorio comienzo sufrirá sus primeras grietas el 6 de febrero de 1826 con la creación del cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los defensores del proyecto pretendieron utilizar la situación de guerra con el Brasil, para transformar en permanente el cargo provisorio que había sido delegado en el gobierno de Buenos Aires. El candidato elegido fue Bernardino Rivadavia, lo que molestó aún más a las provincias puesto que representaba a la tendencia unitaria. Buenos Aires es "el sitio más despreciable que jamás vi, estoy cierto que me colgaría de un árbol si esta tierra miserable tuviera árboles apropiados. . . " Así escribía, tres meses después de su llegada a estas tierras, John Ponsonby, barón de Imokilly, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Gran Bretaña ante las Provincias Unidas. Woodbine Parlsh, afectado por la designación de Ponsonby, había escrito que ". -un high aristocrat está poco calificado para tratar a los bajisimos demócratas con quienes debemos alternar aquí" Ponsonby fue recibido por Rivadavia el primero de setiembre de 1826, con guardia de honor y salvas de artillería. Un mes después escribía sobre Rivadavia: "El Presidente me hizo recordar a Sancho Panza por su aspecto, pero no es ni la mitad de prudente que nuestro amigo Sancho. . . Como político carece de muchas de las cualidades necesarias". Estimó, sin embargo, que Rivadavia era "autor de muchas, beneficiosas y buenas leyes". La Ley de Capital del Estado, proyecto presentado por el nuevo presidente y aprobado de inmediato, le hizo perder a Rivadavia también el apoyo de los porteños. La ciudad de Buenos Aires quedaba bajo la autoridad nacional, hasta que ésta organizara una provincia. La provincia había desaparecido, contraviniéndose así lo expresado por la Ley fundamental de 1825. Se terminó por aprobar en diciembre de 1826 una Constitución que, si no fuera por su
declarado republicanismo, coincide en cuanto a su tendencia centralizadora con la de 1819 y, como aquella, provoca la airada repulsa de los caudillos y los pueblos. Así fracasó este nuevo intento de organizar al país. Rivadavia renunció en junio de 1827. Pocos días después el poder nacional quedaba disuelto cobrando nuevos impulsos la guerra civil y las autonomías provinciales. Rivadavia se retiró definitivamente de la vida pública. En 1829 parte hacia Francia, dejando a su familia en Buenos Aires. En París vuelve a su oficio de traductor. Pasan por sus manos "La Democracia en América" de Tocqueville; "Los viajes" y "El arte de criar gusanos de seda" de Dándolo. En 1834 decide regresar a Buenos Aires. Pero el gobierno de Viamonte le impide desembarcar. Su mujer y su hijo Martín, que lo esperaban en el puerto, suben al barco y se suman al exilio de Rivadavia. Los hijos mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder. El 2 de septiembre de 1845, murió pidiendo que su cuerpo "no volviera jamás a Buenos Aires". Sin embargo sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 descansan en el mausoleo levantado en su honor en Plaza Miserere.
LEY DE CAPITALIZACIÓN.
El Presidente de la República, DECLARA:
Artículo 4° - Que le ministro de Gobierno queda especialmente encargado de la ejecución de la presente, que se publicará en el registro Nacional.
Artículo 1.- Siendo ya oportuna y urgente la instalación del Poder Ejecutivo Nacional de un modo permanente y con el carácter que corresponde, el Congreso procederá al nombramiento de la persona en quien debe hacerse tan alta confianza.
Artículo 2.- Una mayoría de un voto sobre la mitad de los diputados presentes en la Sala del Congreso hará la elección. Si después de tres votaciones, ninguno obtuviese la expresa mayoría, se publicarán tres personas que hayan obtenido el mayor número, y por ellos se sufragará en las votaciones siguientes. Si reiterada la votación hasta tres veces, ninguno de los tres presupuestos reuniere la mayoría que exige el artículo, se excluirá el tuviese el menor número de votos. En igualdad entre o dos de ellos, decidirá el presidente de la Sala, quedando solamente dos. Si repetida tres veces las votación entre los dos, no resultase la mayoría expresada, decidirá el presidente de la Sala.
Artículo 3.- La persona electa será condecorada con el título de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tendrá el tratamiento de excelencia, y los honores correspondientes al Jefe Supremo del Estado.
Artículo 4.- Durará en el ejercicio de sus funciones por el tiempo que establezca la Constitución, el que se le computará desde el día en que tome la posesión.
Artículo 5.- Para su recepción prestará juramento en manos del presidente del Congreso en la forma siguiente: “Yo,... Juro por Dios nuestro Señor y por estos santos Evangelios que desempeñaré fielmente y con arreglos a las leyes, el cargo de presidente de las provincias unidas del río de la plata, que se me confía: que cumpliré y haré cumplir la Constitución, que se sancionare por el Gobierno de la nación; que protegeré la religión Católica; y que defenderé y conservaré la integridad e independencia del territorio de la unión, bajo la forma representativa republicana.
Artículo 6.- Las facultades del Presidente serán las que se han transferido por las leyes anteriores al Gobierno de Buenos Aires como encargado provisoriamente del Poder Ejecutivo Nacional, y las que ulteriormente se le acuerden.
Artículo 7.- El Presidente gozará de una compensación anual de veinte mil pesos; que no será aumentada ni disminuida durante el tiempo de su administración. Y dé orden del mismo se comunicará a V. E. para su conocimiento y cumplimiento. Sala del Congreso, en Buenos Aires, 6 de Febrero de 1826.
Manuel de Arroyo y Pinedo, Presidente - Alejo Villegas, Secretario.
· Art. 1.º Las tierras de propiedad pública, cuya enajenación por la ley del 15 de febrero es prohibida en todo el territorio del Estado, se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos, de 20 años, que empezaran a contarse desde el 1.º de enero de 1827.
· Art. 2.º En los primeros diez años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.
· Art. 3.º El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos, en cuanto pueda ser, al que ha de justipreciarse, o de tres en caso de no haberlos en ese número.
· Art. 4.º El gobierno reglará la forma en que ha de ser nombrado el jury del que habla el artículo anterior, y el juez que ha de presidirlo.
· Art. 5.º Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolviera definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.
· Art. 6.º La renta o canon que por el artículo 2.º se establece, empezará a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.
· Art. 7.º El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.
· Art. 8.º Los periodos en que ha de entregarse el canon establecido, serán acordados por el Gobierno.
· Art. 9.º Al vencimiento de los diez años que se fijan en el artículo 2.º, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la legislatura
MATERIAL DE LA GUIA DE RELECTURA: UNIDAD 7
HISTORIA CONSTITUCIONAL. UNIDAD 7 - GUIA DE RELECTURA.
Real Fortaleza de Buenos Ayres, 27 de Mayo de 1810 en Historia de las Leyes de la Nación Argentina, Enciclopedia Legislativa o Digesto razonado, anotado y concordado por David Peña (1810-1916), T. 1, p. 125
...importa que V. quede entendido que los Diputados han de irse incorporando en esta Junta, conforme y por el orden de su llegada a la Capital, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene al mejor servicio del Rey y gobierno de los Pueblos, imponiéndose con quanta anticipación conviene a la formación de la general, de los graves asuntos que tocan al Gobierno. Por lo mismo se habrá de acelerar el envío de Diputados, entendiendo debe ser uno por cada ciudad o Villa de las Provincias, considerando que la ambisión de los extranjeros puede exitarse a aprovechar la dilación en la reunión para defraudar a 5. M. los legítimos derechos que se trata de preservar. Servirá a todos los pueblos del Virreynato de la mayor satisfacción, el saber como se lo asegura la Junta, que todos los Tribunales, Corporaciones Xefes, y Ministros de la Capital, sin excepción han reconocido la Junta y prometido su obediencia, para la defensa de los augustos derechos del Rey, en estos dominios, por lo qual es tanto más interesante que este exemplo empeñe los deseos de Y. para contribuir en estrecha unión a salvar la Patria de convulsiones que la amenazan, si no se prestasen las Provincias a la unidad y armonía que debe reinar entre ciudadanos de un mismo origen, de dependencia e intereses. A esto se dirigen los conatos de esta Junta, a ello los ruegos del pueblo principal del Virreynato, y a lo mismo se le excita, con franqueza de quantos auxilios y medios puedan de su arbitrio, que serán dispensados prontamente en obsequio del bien y concentración de los Pueblos.
Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y otros funcionarios públicos. 6 de diciembre de 1810
Fuente: Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), reimpresión facsimilar dirigida por la Junta de Historia y Numismática americana, Buenos Aires, 1910, pág. 711: Gaceta correspondiente al 8 de diciembre de 1810.
1º El artículo 8º de la orden del día 28 de mayo de 1810 queda revocado y anulado en todas sus partes.
2º Habrá desde este día absoluta, perfecta, e idéntica igualdad entre el Presidente, y demás vocales de la Junta, sin más diferencia, que el orden numerario y gradual de los asientos.
5º Todo decreto, oficio, y orden de la Junta deberá ir firmado de ella, debiendo concurrir cuatro firmas cuando menos con la del respectivo secretario.
7º Se retirarán todas las centinelas del palacio, dejando solamente las de las puertas de la Fortaleza, y sus bastiones.
8º Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos.
15º Desde este día queda concluido todo el ceremonial de iglesia con las autoridades civiles: estas no concurren al templo a recibir inciensos, sino a tributarlos al Ser Supremo. Solamente subsiste el recibimiento en la puerta por los canónigos y dignidades en la forma acostumbrada. No habrán cojines, sitial, ni distintivo entre los individuos de la Junta.
Dado en Buenos Aires en la Sala de la Junta a 6 de diciembre de 1810; Cornelio de Saavedra,Miguel de Azcuénaga,Dr. Manuel de Alberti,Domingo Matheu,Juan Larrea,Dr. Juan José Paso, secretario,Dr. Mariano Moreno, secretario.
LA CREACION DE LA JUNTA GRANDE
Instalada la Primera Junta el 25 de mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, al segundo día de funcionamiento, ordenó el envío de una circular a los Cabildos del interior invitándolos a designar un representante para incorporarse al nuevo gobierno nacional.
Hacia diciembre de 1810, la gran mayoría de los diputados provinciales ya habían arribado a la capital para incorporarse a la Junta. Los representantes del interior exigían el cumplimiento del derecho que les asistía a sus ciudades de manejar conjuntamente con Buenos Aires los destinos de la revolución. Sin embargo, tropezaron con la decida oposición de Mariano Moreno y Juan José Paso, originándose la primera gran crisis en el gobierno nacional.
Finalmente, se resolvió por votación de los miembros de la Junta, que los diputados del interior se incorporaran formalmente a la Junta, constituyéndose la denominada Junta Grande. De inmediato Moreno presentó su renuncia.
Uno de los mayores desafíos que enfrentó este nuevo gobierno fue la conspiración permanente contra ella, dentro y fuera de la Junta, por parte de los seguidores de Moreno. Eran jóvenes ilustrados que formaron una agrupación política, la Sociedad Patriótica, que habría de influir en forma decisiva en la marcha de la revolución en los años venideros.
Ciertamente, la Junta grande resultó demasiado numerosa para gobernar con rapidez y eficacia. Con el paso del tiempo se fue desprestigiando y creciendo notablemente el grupo opositor.
La noche del 5 al 6 de abril de 1811, el conflicto llegó a la calle, cuando una multitud de poncho y chiripá, integrada por peones rurales, artesanos y gauchaje, decidió en forma pacífica pero decidida dar un golpe de fuerza y expulsar de la Junta a Vieytes, Azcuénaga, Rodríguez Peña y Larrea, los seguidores de Moreno, logrando la incorporación de Feliciano Chiclana y del Doctor Joaquín Campana, este último como secretario. Solicitaban la separación de todos los funcionarios nacidos en España, que se expulsara de Buenos Aires a los europeos que resultaran sospechosos para la causa, y que Manuel Belgrano fuera enjuiciado por su derrota en el Paraguay.
Como resultado de la asonada quedaron enfrentados porteños y provincianos, ya irremediablemente; y los saavedristas debieron asumir toda la responsabilidad del gobierno y la conducción de la guerra.
Las noticias que venían del norte sobre la terrible derrota del ejército en Huaqui, debilitó enormemente la situación de la Junta, a la par que crecían las críticas por su ineptitud e ineficiencia. El peligro que acechaba obligó a Cornelio Saavedra a alejarse de su presidencia para marchar hacia el norte a fin de reorganizar el ejército. El Cabildo aprovecharía estas circunstancias para imponer la creación de un nuevo órgano ejecutivo que devolviera a Buenos Aires el manejo del movimiento revolucionario, en sustitución de la Junta: el Triunvirato.
Entre las medidas adoptadas por la Junta Grande en el lapso de su gobierno se destacan el Reglamento de Juntas provinciales y subordinadas, por el que extiende el funcionamiento de Juntas a las gobernaciones intendencias, instaurando un sistema de voto obligatorio, pero manteniendo la subordinación a la propia Junta de Buenos Aires; y el Reglamento sobre libertad de imprenta que reconoce la libertad de publicación de las ideas políticas, aboliendo los juicios de censura previa.
Pocas personalidades de la historia argentina produjeron hechos prácticos y concepciones ideológicas de fuertes contenidos en un tiempo meteórico, como ha sido el segmento de la vida de Mariano Moreno, que se inicia el 25 de mayo de 1810 y culmina con su curiosa muerte en alta mar diez meses más tarde (4 de marzo de 1811).
A dos siglos de la cruzada libertadora, los mismos viejos debates siguen actuando como telón de fondo para la aparentemente no terminada organización nacional. A continuación un perfil de Mariano Moreno, denominado de manera justa 'numen' de la Revolución de Mayo.
Era un abogado inquieto por las nuevas ideas, pero que vivía apegado a una vida tradicional burguesa. Nadie podría haber imaginado que ese abogado silencioso, para nada grandilocuente al adherirse a la gesta de Mayo y comprometerse como secretario de la Junta de gobierno, iba a desatar todas las pasiones políticas transformado al aceptar su compromiso, en un revolucionario jacobino, caracterizado por un fuerte implante cultural e ideológico.
Esto no fue espontáneo, había estudiado junto a otros próceres en la Universidad Real y Pontificial de Chuquisaca (Bolivia), uno de los pocos centros culturales de la época dirigido por jesuitas y profesores laicos, donde se tuvo acceso a los libros prohibidos de la Enciclopedia de Denis Diderot y otros, a las obras de Juan Jacobo Rosseau y Francisco Voltaire, además de los manifiestos, panfletos y declaraciones de derechos de la Revolución francesa de 1789. Los escritos del Abate Sieyés y la obra rebelde de los jesuitas Mariana y Suárez, que habían teorizado, sobre la 'resistencia a la opresión' y el 'tiranicidio' (entendido como la muerte del tirano para evitar males mayores), paralelamente a John Locke.
Será en Chuquisaca donde Moreno conocerá a otro hombre procedente de la alta burguesía colonial, Julián Álvarez, el 'prócer desconocido' de la Revolución de Mayo, que sería luego su mano derecha en la fundación y desarrollo del periódico 'La Gaceta de Buenos Ayres'.
Proyecciones políticas y económicas
Según investigaciones de Dardo Corvalán Villardo y Milciades Peña, el escrito sobre 'La representación de los Hacendados' (1810), de orientación librecambista fue realizado en el estudio de Mariano Moreno, pero no es de su autoría sino de otros abogados que pertenecían a su estudio.
La teoría sobre el libre comercio que defendían algunos revolucionarios porteños como Manuel Belgrano, estaba enderezada a combatir el anacrónico monopolio español que ahogaba a los pequeños comerciantes e incipiente burguesía porteña. Sin embargo, las ideas políticas y económicas de Mariano Moreno fueron expuestas a través de sus escritos de la Gaceta, los decretos de la Primera Junta y en el 'Plan de operaciones', en donde defendía al proteccionismo económico, la expropiación compulsiva de los intereses españoles y realistas, y el desarrollo de un proceso incipientemente industrial.
La formación cultural de Mariano Moreno, como la de Julián Álvarez, Juan José Castelli y Juan José Paso, entre otros, tenía un fuerte sesgo iluminista e ilustrado, es decir, de estilo francés. En el caso de Moreno, de todas maneras, no era anticatólico ya que cuando tradujo 'Del Contrato Social o principios del Derecho Político' escrito por Juan Jacobo Rosseau, prefirió no incorporar el capítulo contra la religión, por considerarlo equivocado.
Pero hay otra explicación, Moreno combinó la acción y la práctica con la ideología y actuó sobre la marcha de los acontecimientos. No quiso enfrentarse con la Iglesia Católica, ya profundamente dividida debido a que la jerarquía española y criolla apoyaba a los realistas y al Imperio español, siguiendo instrucciones del Vaticano. Mientras no pocos curas de campaña defendían la revolución como el Deán Funes, Santa María de Oro y Fray Luis Beltrán, llamado el 'artillero de la Revolución'.
El decreto sobre 'Supresión de honores' que lo enfrentó con Cornelio Saavedra, sus escritos sobre libertad de prensa y de conciencia, sobre la libertad de culto, sus directivas apoyadas por todos los miembros de la Junta ordenando el fusilamiento de realistas liderados por el Virrey Liniers, ajusticiados en Córdoba, y sus ideas proteccionistas conmovieron incluso a sectores de la propia revolución, entre ellos al presidente de la Junta, sobre quien existe una mitología de personalidad militar pero que en realidad cubría su afán de comerciante porteño que veía en Moreno complicaciones para sus intereses patrimoniales. En 10 meses Moreno transformó ideas, concepciones y produjo polarización política. No lo hizo sólo, tuvo el respaldo de la Sociedad Patriótica, que era un centro conspirativo, el Club de Marco (café ubicado frente al actual Colegio Nacional Buenos Aires) y fundamentalmente la Logia Independencia, entidad masónica revolucionaria, presidida casualmente por su amigo y venerable maestre Julián Alvarez, quién recibiría en 1812 a los conjurados de la fragata Canning, procedentes de Londres, a donde habían escapado de las garras de la inquisición española continental.
Vale recordar que a la sombra de la Logia Independencia y la Sociedad Patriótica se crearon grupos de choque civico-militares paralelos a los Patricios de Cornelio Saavedra. Estos activistas fueron alentados por French y Beruti, que cumplieron diversas tareas revolucionarias, desde fusilar contrarrevolucionarios, actos de acción directa y como el repartir propaganda el 24 y 25 de mayo en la plaza frente al Cabildo.
Moreno como todos los ilustrados tuvo clara visión prospectiva sobre la importancia de la prensa en la difusión de las ideas. Eran tiempos en los que no existía la profesión periodística como actividad rentada, sino que los textos estaban dirigidos generalmente a la difusión de ideas. Por tales motivos muchos de sus redactores eran considerados 'publicistas'. Recién con la Revolución francesa se popularizaron las gacetillas que ya habían hecho su aparición en 1776 durante la independencia norteamericana.
El sector más radicalizado de la colonia tenía conocimiento sobre la importancia de las publicaciones de gacetillas y lo que hoy se conoce como diarios.
Moreno, inmediatamente con Álvarez y otra personalidad intelectual, Bernardino de Monteagudo comenzó con la difusión de las nuevas doctrinas con la 'Gaceta de Buenos Ayres', que lo sobrevivió varios años.
Criollismo y Universalidad en Mariano Moreno
Moreno supo conjugar lo nacional latinoamericano con las ideas universales del Iluminismo y la Enciclopedia. El historiador judeo polaco Boleslao Lewin desarrolló en profundidad estas cuestiones en sus trabajos sobre Moreno y Rosseau. De hecho las ideas morenistas en la economía, sobre el proteccionismo y la industrialización fueron llevadas a cabo por José de San Martín en Cuyo, probablemente transmitidas por Julián Álvarez cuando colaboró junto a él. En esa zona San Martín expropió a las familias ricas en animales y bienes para la causa del Ejército libertador y estableció una única aduana, entre otras resoluciones.
El mismo plan económico del 'Plan de Operaciones' de Moreno y la estatización cuyana de San Martín, años más tarde tendrán realización concreta en el Paraguay de los López, destruido a sangre y fuego en 1861, cumpliendo instrucciones del Imperio británico, por los ejércitos del Brasil esclavista y de la Argentina mitrista.
No obstante, las banderas morenistas fueron levantadas por federales doctrinarios, como Felipe Varela, Manuel Dorrego, Domingo French y su hermano Manuel Moreno, en contra de la ambición centralista propia de los comerciantes porteños del Partido rivadaviano.
Resurgirán esas ideas por la unión latinoamericana con el yrigoyenismo, los socialistas, y hasta en el peronismo reivindicaran a Moreno, en contra del nacionalismo católico. El entonces diputado Albrieu, dirá en el Parlamento de la primera época peronista buscando las raíces del justicialismo en la trilogía: Moreno - San Martín - Perón.
Por supuesto, la singular historia circular argentina se reserva el derecho de repetir sus errores y elegir los caminos de intereses mezquinos, dejando a la deriva las observaciones y propuestas de figuras como la de Mariano Moreno, que murió en un barco a Londres, en circunstancias poco claras. Decreto de la libertad de imprenta - 26 de octubre de 1811
Art. 2º El abuso de esta libertad es un crimen, su acusación corresponde a los interesados si ofende derechos particulares; y a todos los ciudadanos, si compromete la tranquilidad pública, la conservación de la religión católica, o la constitución del Estado. Las autoridades respectivas impondrán el castigo según las leyes.
Art. 3º Para evitar los efectos de la arbitrariedad en la calificación, graduación de estos delitos se creará una junta de nueve individuos con el título de Protectora de la libertad de la Imprenta. Para su formación presentará el Exmo. Cabildo una lista de cincuenta ciudadanos honrados, que no estén empleados en la administración del gobierno; se hará de ellos la elección a pluralidad de votos. Serán electores natos: el prelado eclesiástico, alcalde de primer voto, síndico procurador, prior del Consulado, el fiscal de S. M., y dos vecinos de consideración, nombrados por el Ayuntamiento. El escribano del pueblo autorizará el acto, y los respectivos títulos, que se librarán a los electos sin pérdida de instantes.
Buenos Aires, 23 de noviembre de 1811
La Asamblea del Año XIII, también conocida como la Asamblea General Constituyente y Soberana del Año 1813, fue un congreso de diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata convocado por el Segundo Triunvirato que sesionó en Buenos Aires desde el 31 de enero de 1813 hasta el 26 de enero de 1815. Sus objetivos eran que los representantes de los pueblos libres reconocieran la soberanía del pueblo, proclamaran la independencia de las Provincias Unidas y redactaran una constitución que definiese el sistema institucional del nuevo estado; y si bien estas dos últimas finalidades no se cumplieron, la asamblea estableció una importante cantidad de reformas en las instituciones rioplatenses.
Artículo 6°. Esta Capital tendrá cuatro Diputados por su mayor población é importancia política; las demás Capitales de Provincia nombrarán dos y uno cada ciudad de su dependencia, á excepción de Tucumán, que podrá á discreción concurrir con 2 Diputados á la Asamblea.
Los diputados que representaron a las provincias del Alto Perú fueron elegidos bajo la protección del Ejército Auxiliar y de las republiquetas. El 29 de julio de 1813 fue enviada una circular perentoria a los gobernadores intendentes de Potosí y de Cochabamba, al presidente de Charcas, y a los tenientes gobernadores de Santa Cruz de la Sierra y de Tarija, para que aceleraran la elección de los diputados, ordenándose al general Manuel Belgrano que la hiciese cumplir. El rechazo de los diputados orientales
En consonancia con esta medida, el 5 de marzo de 1813 la Asamblea suspendió la incorporación de los diputados de la Banda Oriental , elegidos el 21 de abril de 1813 en el Congreso de Tres Cruces bajo el liderazgo de José Gervasio Artigas, expresando dudas sobre la falta de formalidad en la elección. Solo dos diputados habían sido elegidos por los cabildos como se había ordenado, el resto lo eran por el congreso provincial reunido en Tres Cruces. La historiografía tradicional uruguaya considera que la razón fue que se negaba a incorporar a los diputados que llegaban con las instrucciones propuestas por Artigas, orientadas a declarar inmediatamente la independencia del reino de España y organizar a las provincias bajo una forma de estado confederal, organización que rompía con la centralización existente hasta ese entonces.
· Por Montevideo: Dámaso Larrañaga (remplazado por Tomás García de Zúniga) y Mateo Vidal;
· Por Maldonado: Dámaso Gómez Fonseca;
· Por Canelones; Felipe Cardoso;
· Por San Juan Bautista (actual Santa Lucía) y San José: Marco Caldedo;
· Por Santo Domingo Soriano: Francisco Bruno de Rivarola
La asamblea envió al diputado Pedro Pablo Vidal a tratar con Artigas, pero al no lograrse acuerdo, en la sesión del 1 de junio de 1813, confirmada el 11 del mismo mes tras un pedido de revisión, se rechazó a la mayoría de los diputados orientales. Fueron exentos de esta medida los dos diputados elegidos de acuerdo a la forma prescrita, antes del Congreso de Tres Cruces, el de Maldonado Dámaso Gómez Fonseca —residente en Buenos Aires— y el de Montevideo, Dámaso Larrañaga. Sin embargo, solo se incorporó el primero, pues el segundo no concurrió a Buenos Aires extendiendo poderes para su remplazo al enviado de Artigas, Tomas García Zúñiga, quien a su vez retiró el pedido de incorporación.
La Asamblea asumió la soberanía nacional, por primera vez en nombre del pueblo, y no del monarca español. En el juramento estuvo ausente el juramento de fidelidad al rey Fernando VII de España.
A principios de 1814, la Asamblea dio un paso más en dirección a la concentración del poder en el ejecutivo, al crear el Directorio, a cargo de un poder ejecutivo unipersonal para el que eligió a uno de los miembros más nuevos del Triunvirato, Gervasio Posadas, quien gobernó sin consultar casi a la Asamblea.
· Proclamó la teoría de la representación política.
· Declaró el principio de la soberanía del pueblo.
· Resolvió la libertad de las provincias rioplatenses.
· Aprobó el uso de varios símbolos patrios:
· Estableció el Escudo Nacional Argentino.
· Encargó la composición del Himno Nacional Argentino.
· Autorizó el uso de la escarapela argentina.
· Abolió el uso del escudo de Armas de España.
· Mandó a acuñar la primera moneda nacional en oro y plata en la Casa de la Moneda de Potosí.
· Suprimió el uso de la efigie del rey de España sustituyéndola por el escudo nacional.
· Declaró fiesta cívica al 25 de Mayo.
· Dictó la libertad de vientres de las esclavas.
· Puso fin al tráfico de esclavos.
· Eliminó los mayorazgos
· Suprimió los títulos de nobleza.
· Derogó el servicio personal de los indios: la encomienda, la mita y el yanaconzgo.
· Libró a los indios de la obligación de pagar el tributo.
· Abolió la Inquisición.
· Determinó que la religión católica era el culto oficial del Estado.
· Declaró la libertad de cultos.
· Estableció el patronato.
· Aprobó un estatuto reglamentario, que reemplazó al poder ejecutivo colegiado, el Triunvirato, por uno unipersonal, el Directorio.
· Promulgó el Reglamento de Justicia, creando las Cámaras de Apelaciones.
· Suprimió la práctica de la tortura y quemó los elementos de tortura en las plazas públicas.
· Declaró una amnistía para los expatriados por causas políticas.
· Proclamó la libertad de imprenta.
· Ordenó realizar un censo nacional.
· Otorgó franquicias para el comercio.
En relación al problema de la esclavitud, los diputados promotores de su abolición anunciaron que su primera medida sería la liberación de todos los esclavos en el territorio nacional. Este anuncio provocó las airadas protestas del Brasil, el principal beneficiario del comercio negrero de América del Sur, ya que muchos de sus propios esclavos se fugarían hacia el territorio rioplatense.] En consecuencia, se dictó sólo la ley de libertad de vientres: se declararon libres los hijos de los esclavos nacidos en territorio de las Provincias Unidas después del 31 de enero de 1813. La esclavitud se aboliría definitivamente con la sanción de la Constitución Argentina de 1853, en las provincias interiores, y en 1861 en la provincia de Buenos Aires.
Proyectos constitucionales.
Si bien la Asamblea del Año XIII no logró sancionar una constitución ante ella se presentaron dos proyectos constitucionales. El primero fue redactado por la Sociedad Patriótica y el segundo, por una "comisión oficial" nombrada a tal efecto por el Segundo Triunvirato. Estos dos proyectos presentados a la Asamblea tenían en común la división de poderes, la forma de estado unitario y la forma de gobierno republicana.
Además, hubo otros dos proyectos constitucionales, ambos anónimos. El primero de ellos era similar al de la "comisión oficial" y el último adoptaba como forma de estado el federalismo.
A pesar que la Asamblea fue convocada con el fin primordial de sancionar una constitución no trató ninguno de los cuatro proyectos constitucionales.
Las Instrucciones del año XIII fueron el mandato que llevaron los diputados de la Provincia Oriental a la Asamblea Nacional General constituyente de 1813 de las Provincias Unidas del Ríos de la Plata. En 1813 la junta de Buenos Aires decidió convocar a todos los pueblos de las Provincias Unidas del Ríos de la Plata para que enviaran representantes a una asamblea, para definir el tipo de gobierno del nuevo país.
Las Instrucciones del año XIII defendían los conceptos de independencia, república y federalismo. Proponían "conservar la igualdad, libertad y seguridad", que el gobierno federal se situase fuera de Buenos Aires, liberar el comercio entre provincias, determinar el derecho de posees armas y declarar puertos libres a Maldonado y Colonia. Por otra parte, el documento definía los límites de la Banda Oriental.
El contenido del documento, opuesto al proyecto de nación unitaria liderado por Carlos María de Alvear, determinó el rechazo de los diputados orientales, que no pudieron incorporarse a la Asamblea.
Luego de la caída del gobierno del Primer Triunvirato y la creación de un Segundo Triunvirato, el Cabildo de Buenos Aires aprobó un reglamento que debía acatar el nuevo gobierno y que prescribía, que éste debía de convocar una Asamblea General de las provincias dentro del lapso de tres meses "precisa e indispensablemente". Dicha asamblea tenía como objetivo central el de redactar una constitución provisoria y tendría un poder tan extenso "como quieran darle los pueblos". Si bien no se hablaba directamente de independencia, en la fórmula del juramento que se prescribía para todos los miembros del Triunvirato se eliminaba toda referencia a España y a Fernando VII.
La Asamblea se reunió el 31 de enero de 1813. Para su correcto funcionamiento previamente se había aprobado un procedimiento al cual los pueblos debían ajustarse para la elección de sus representantes, estos representantes debían de concurrir a la Asamblea General provistos de un pliego de instrucciones en las que se consignase la voluntad de sus electores sobre los temas que considerasen importantes.
Apenas se hubo incorporado al segundo sitio de Montevideo, José Rondeau apremió a Artigas para que se jurase fidelidad a la Asamblea reunida en Buenos Aires. El caudillo, sin embargo pidió que se postergara esa ceremonia hasta la realización del Congreso Provincial que había convocado y se abrió el 5 de abril de 1813 en la quinta de Manuel Sainz de Cavia, situada en Montevideo, en la actual intersección de las calles avenida Italia y Morales (donde se encuentra el Hospital Británico). Artigas a pesar de hacer caso omiso a algunas reglamentaciones de la Asamblea General como el número de representantes que debía de escoger etc., se dispuso a formar el Congreso de Tres Cruces (nombre del Congreso Provincial) en reconocimiento a la Asamblea General, eligió los representantes y redactó las instrucciones que debían llevar los representantes, las llamadas Instrucciones del Año XIII.
El primer día de reunión Artigas expuso sus ideas a los diputados en el discurso conocido como la Oración de Abril. En ésta, reconoció Artigas que su autoridad como jefe debía dar paso a la propia decisión del pueblo "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana". El mismo día se redactó el acta de condiciones de reconocimiento. Allí se planeaba:
· Los orientales debían ser públicamente reivindicados, ya que Manuel de Sarratea, los había considerado traidores.
· Debía mantenerse el sitio de Montevideo que se había iniciado en 1812.
· Se respetaría la autonomía de la Banda Oriental, que pasaría a considerarse una provincia.
Participes de la redacción de las Instrucciones del año XIII
El texto de las instrucciones que recibieron los diputados (representantes) no fue, al parecer, discutido en el congreso; se habla de una tercera reunión plenaria el día 15 de abril, pero no hay constancia de ésta. El documento expresa entonces las opiniones de Artigas y su círculo íntimo. La redacción correspondió, sin duda, a Miguel Barreiro, sobrino segundo de Artigas y, por entonces, su más estrecho colaborador. Si bien las mismas han sido atribuidas a José Benito Monterroso —también sobrino segundo y secretario de Artigas— o a Dámaso Antonio Larrañaga, pero ninguno de los dos asistió al Congreso: Larrañaga estaba en Buenos Aires y Monterroso en Córdoba, realizando sus estudios eclesiásticos.
El pensamiento federalista expresado en las Instrucciones fue la causa principal por la cual los diputados orientales (quienes eran: Mateo Vidal, Felipe Cardoso, Marcos Salcedo y Francisco Bruno de Rivarola) fueron rechazados al llegar a Buenos Aires y no se les permitió ingresar a la Asamblea. Los diputados Dámaso Gómez Fonseca (por Maldonado), y Dámaso Antonio Larrañaga (por Montevideo), habían sido elegidos de la forma prescrita y antes del Congreso de Tres Cruces, por lo que fueron admitidos. Sin embargo, Larrañaga cedió sus poderes a Tomás García de Zúñiga, enviado de Artigas, quien a su vez desistió de incorporarse. Gómez Fonseca, residente en Buenos Aires, fue vicepresidente de la asamblea durante el mes de mayo de 1813.
Los 20 artículos[
1. Los que se refieren a la organización general del estado.
2. Los que se refieren a la organización particular de cada provincia.
3. Los relativos a la Provincia Oriental.
1. Independencia, concebida como la separación nacional de todas las provincias del viejo virreinato platense respecto al poder colonial español.
2. República, en oposición a las teorías monárquicas sostenidas por un sector de la dirigencia revolucionaria porteña.
3. Federalismo, aplicado en dos etapas: una inicial confederación ofensivo-defensiva entre las provincias, para derivar luego en una constitución de un Estado federal.
· El artículo primero busca la independencia de las provincias del poder español y desea cortar lazos de fidelidad con la familia real.
· El artículo 2º consagra la igualdad de las provincias, una vez lograda la independencia de España, a través del pacto recíproco.
· El 3º y 4º promueven la libertad civil y religiosa y tienen como objeto conservar la igualdad de los ciudadanos y de los pueblos; y sobre cuyas bases debería organizarse tanto el gobierno nacional como el provincial.
· El 5º y 6º se refiere a que los poderes se debían organizar en un sistema de gobierno republicano, es decir, que el poder se ejercería a través del legislativo, ejecutivo y judicial y la independencia de éstos.
· El artículo 7º explica que las provincias tendrán un gobierno Federal, y se expresa que el gobierno supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado.
· Los artículos 8º y 9º se refieren a los límites de la Banda Oriental, por los que se reclaman los siete pueblos de la Misiones Orientales.
· El artículo 10º habla de la confederación y de la protección que se deben entre sí las provincias.
· Los artículos 12º y 13º mencionan sobre la habilitación de puertos.
· El 14º menciona las tasas arancelarias, donde no existirán preferencias.
· El 16º trata sobre el régimen de organización interna de cada provincia, mencionando que cada provincia tendrá su propia Constitución.
· El 17º y 18º regulan la milicia de cada provincia y las potestades de cada una para nombrar oficiales y reglar la milicia, a fin de evitar el despotismo militar. Para ello el 17 establece la inviolabilidad del derecho de los pueblos a guardar y tener armas.
· El 19º es el que genera más enfrentamiento con la élite que gobierna Buenos Aires, ya que establece que el sitio de residencia del gobierno "precisa e indispensablemente", ha de ubicarse fuera de Buenos Aires.
· El 20º establece que el gobierno central tendrá que prestar toda su atención para "preservar a la Provincia las ventajas de la libertad y mantener un gobierno libre de piedad, justicia, moderación e industria".
El Congreso de Tucumán - julio de 1816
Debe comprenderse que por el estado de las ideas en Europa, la forma monárquica parecía ser la conveniente para conseguir que se reconociese la independencia. Y antes que un príncipe español, o portugués, o fran­cés, o inglés, era más patriótico coronar uno nativo de América. El prin­cipio de la legitimidad era agitado por la Santa Alianza, ¿y qué monarca más legítimo en América del Sur que el descendiente de sus antiguos reyes? El proyecto no era tan descaminado, y debe reconocerse que la capital en el Cuzco como quería el catamarqueño Acevedo significaba la unidad de América.
LA VOCACION MONARQUICA Y EL CONGRESO DE TUCUMAN.
Para introducirnos al tema que nos ocupa, es necesario trabajar con una noción de proceso y en consecuencia es prudente visualizar el contexto histórico en el que se va a desarrollar el Congreso de Tucumán. Para ello, es necesario comprender la situación predominante en las Provincias del Río de la Plata por la caída del Imperio Napoleónico en 1815, como también revisar el escenario que tuvo lugar con anterioridad y durante la constitución del Congreso de Tucumán.
La caída del Imperio Napoleónico implicaba la erupción de una serie de factores que hacían a la economía, la política, el mundo de las ideologías y las sociedades europeas.
Desde ésta óptica, aparece por primera vez en el concierto internacional la idea del equilibrio del poder. Las transformaciones que había producido la invasión napoleónica a sus vecinos, a otros más lejanos y a otras regiones recónditas, no podría destruirse alegremente, al tiempo que algunas reformas trascendentales de la legislación y la economía, quedaría vigentes con suficiente beneplácito de los pueblos que habían visto pasar su tropa y se convirtieron en vasallos hasta el desastre de Waterloo.
El concierto europeo se armó aquí a partir de ciertos consensos básicos: 1. la territorialidad, 2. la nacionalidad, 3. la restauración monárquica, 4. el cristianismo, y 5. la paz en base al equilibrio del poder.
1.- En cuanto a la territorialidad, poco se discutieron las concesiones en las que terminó el trazado fronterizo. Polonia fue la gran perdedora al ser repartida entre las potencias ganadoras, España recobraba sus posesiones de antes de la invasión de 1808, Rusia se quedaba además con la actual Finlandia e Inglaterra no iría a reclamar más que la expansión de sus comercios y el dominio de los mares, cerrando incluso su capacidad industrial a la exportación y en sentido inverso derribando las barreras arancelarias proteccionista que había extendido Napoleón a favor de los productos franceses.
2.- La Nacionalidad, comenzaba incipientemente a enlazar territorio y nación, esto posiblemente tenga el mejor ejemplo en su origen, en el discurso de Fichte que ya habla de la nación alemana invocando a la Gran Germania. También se puede considerar el inicio de la autodeterminación de los pueblos en cuanto a no cambiar su status civil y político por una invasión extranjera. El Estado Nación todavía no cobraría vida y un ejemplo de ello es la devolución de los dominios que retomara el Papado.
3.- La restauración monárquica lleva consigo el principio de la legitimidad, sin una resistencia popular contra la monarquía existente de la época, el proceso se configura de la siguiente forma: las poblaciones locales se levantan contra la invasión napoleónica defendiendo su integridad territorial y su pertenencia nacional, aunque aceptando la caída del régimen feudal y la expansión de las libertades a través de las codificaciones, pero si uno observa con detenimiento la configuración de formas de gobiernos europea después del Congreso de Viena, no tiene más remedio que aceptar que hay mayoría de monarquía absolutas menos monarquías constitucionales, pero todas ellas toleradas por los súbditos.
La búsqueda de un orden internacional que asegure la seguridad interior y la paz europea, hizo pensar a los principales movilizadores del Congreso de Viena, la necesidad de contar con un diseño que elimine las guerras civiles denominadas de religión, pero que en realidad se pueden considerar de sucesión.
Existía pleno acuerdo luego de las firma de los Tratados de París para celebrar un Congreso en Viena para resolver el problema del equilibrio europeo. Y aquí se invocaron los intereses colectivos y el principio de la solidaridad. El Pacto de la Santa Alianza, firmado entre Austria, Prusia y Rusia, legitimaría la política a través de la religión. Si bien la potencia británica iba a proceder con reservas, surgía claramente que el compromiso consistía en, un concierto de las grandes potencias, Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia, que evitaran algún tipo de resistencia o levantamiento posterior de Francia, junto al establecimiento de monarquías cristianas independientemente de la religión vigente en cada uno de estos países.
Anglicanos, Católicos, Luteranos, y Ortodoxos, se pondrían de acuerdo en lo que Duroselle llamaría a una Europa legitimista clerical y reaccionaria.
4.- El Cristianismo a partir de éste momento, pasaría a ser un eje de consolidación de las monarquías, eliminando las disputas por la sucesión al no discutir a cual de las Iglesias cristianas pertenecía el Príncipe.
5.- El equilibrio del poder constituyó un hito fundamental en la historia de las Relaciones Internacionales. La habilidad de Metternich, Canciller de Austria, permitió que no solo tuvieron lugar los Tratados de París por los el cuales Francia asumía los costo de la guerra y volvía a su fronteras originales, sino que tanto vencedores como vencidos, se sentaron a la mesa para discutir la posibilidad fáctica del cumplimiento de los Tratados. Esto contempló un comportamiento recíproco entre Francia y sus ganadores. Al cabo de tres años la Francia revolucionaria veía caer parte de su conquista con restauración de Luís XVIII, conservando otras como un gobierno asambleario y una monarquía constitucional atemperada. El premio mayor fue el del retiro de todas las fuerzas de ocupación de los países vencedores quedando librada así Francia a su propio destino.
El temor mayor a partir de éste momento para las colonias americanas, aún aquellas gobernadas en nombre de Fernando VII, como las otras de temprana independencias, lo constituía el pacto de solidaridad de las potencias europeas, y la restauración de la monarquía en base a una legitimidad no discutida en los hechos.
El criterio que primaba entonces, al momento de la reunión del Congreso de Tucumán, tenía que ver con éste contexto externo, pero también la inestabilidad del sistema político interno no contribuía a definir la situación para la declaración de la Independencia completando el proceso iniciado en la Revolución de Mayo con la posibilidad de pasar del gobierno criollo a un gobierno argentino emancipado, sin lazo alguno con la España restaurada monárquicamente.
Éste camino de conciliar las aspiraciones de España y de sus dominios en América, había tenido concreción a través de misiones diplomáticas que recalaran en Europa. El temor llegaba a tal extremo que fueron enviados de acuerdo a la ocasión el gran Belgrano, Rivadavia y Zarratea. En la ocasión que los dos primeros partieran, contaron con instrucciones reservadas que tenían por propósito evitar el regreso de las Colonias de España, que la administración quedara en manos americanas, y que se garantizara la libertad y la seguridad del país. En la documentación se encuentran frases tales como: “Obtener la independencia política o al menos la libertad civil de éstas provincias”.
Ante la manifestación inicial de no intervención de los ingleses y la neutralidad de los estadounidenses, la situación quedó en manos de las negociaciones, podían existir entre los diplomáticos locales y la Corte Española. Un intento, pasó por convencer a Carlos IV, padre de Fernando VII, pero la intransigencia de éste último, minó toda posibilidad de llegar a un acuerdo.
Mientras Rivadavia permaneció en Londres, Belgrano y Zarratea regresaron. Que quedara en Europa pasando por España y Francia tuvo el pleno convencimiento que la voluntad de Fernando VII era como la toma de sus ex posesiones por la fuerza y el nuevo sometimiento de las Provincias Unidas.
Con éste escenario se aprestaban los representantes de las Provincias Unidas a reunirse en el Congreso de Tucumán.
LAS PROVINCIAS UNIDAS.
El territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ya había tenido un desmembramiento al comienzo del Congreso de Tucumán. Éste Congreso no era más que la consecuencia de la inobservancia del Estatuto de 1815 con una paradoja, que la mayoría de las provincias prestaría acuerdo a su Art. 30 de la Sección 3ª, que exhortaba a los representantes de las ciudades, villas para el nombramiento de Diputados que hayan de formar la Constitución, quienes deberán reunirse en la Ciudad del Tucumán. Si bien el procedimiento de convocatoria era bastante engorroso, y no todas las provincias enviaron sus representantes, el Congreso comenzó a funcionar el día 24 de marzo y se hizo publica su instalación el día 25.
El escenario interno no era tampoco el de los más favorables. Los españoles estaban en el Alto Perú y Chile, Díaz Vélez había sublevado el ejército de observación, el Litoral se encontraba todavía bajo la influencia de Artigas y las potencias militares extranjeras no definían todavía el apoyo a las revoluciones latinas, a lo que se combinaba la restauración monárquica.
Aún con dificultades excepto Santa Fé, Corrientes, Entre Ríos, y la Banda Oriental, estuvieron el resto de las provincias argentinas. A éstas se sumaban algunas provincias del Alto Perú, lo que ha hecho decir a García Belsunce que se distinguían tres sectores, los centralistas quienes giraban en torno a Buenos Aires, los localistas que hacían pesar las decisiones sobre las provincias interiores y los altos peruanos.
La primer preocupación del Congreso fue designar un Director Supremo. El cargo recayó en Juan Martín de Pueyrredón, aunque lo más destacable fue la elaboración de un plan de trabajo que los autores describen por materias.
1.- Un manifiesto explicativo (que nunca se publicó).
2.- Deslinde de las facultades del Congreso y su duración. (que nunca se dio).
3.- Declaración de la Independencia.
4.- Pactos inter-provinciales, como preliminares de la Constitución (no hubo)
5.- Forma de Gobierno.
6.- Constitución.
7.- Plan de arbitrios para la guerra, establecimiento de un banco, creación de la moneda.
8.- Régimen militar.
9.- La Marina de Guerra.
10.- De la Renta General del Estado.
11.- Establecimiento de la Casa de Moneda en Córdoba.
12.- Creación de Establecimientos Educativos.
13.- Funcionamiento de la justicia.
14.- Demarcación territorial y creación de ciudades y villas.
15.- El Régimen Municipal.
16.- Del Régimen Agrario.
17.- Revisión de lo hecho por la Asamblea anterior.
La labor del Congreso en la práctica comenzó con la declaración de la Independencia, aunque también entre los puntos más importantes se encontraba el dictado de una Constitución. En principio aunque no todos los diputados tenían instrucciones para la declaración; notables como San Martín, Güemes, o Artigas, parecían firmes en su decisión en mantenerse en forma independiente a los designios del nuevo reinado de Fernando VII una vez liberado del yugo napoleónico.
En el resumen historiográfico, lo que más se destaca en la declaración de la Independencia el 9 de julio y su reformulación diez días después en una reunión secreta. La resolución inicial dice así: “Nos , los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de Nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia e impone el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de ésta su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese, a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a las naciones detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración”.
La reformulación del Acta se produjo a instancia de impedir que puedan las provincias ser anexadas como colonia a cualquier otro país imperial, como por ejemplo, Inglaterra o Portugal.
Para crear este impedimento se agregó “y de toda otra dominación extranjera” luego del “rey Fernando VII sus sucesores y metrópoli”.
La forma de gobierno ocupaba un espacio importante en el pensamiento de los congresales debido a la necesidad de evitar el enfrentamiento no solo con la metrópoli española, sino también con las potencias dominante en Europa. Atento a la celebración del Congreso de Viena, Aquisgran y la Santa Alianza, cualquier iniciativa de parte estaría legitimada porque tanto la legitimidad como la restauración tenían fundamentos monárquicos. Cabe discurrir también que tanto para Portugal, España, o Inglaterra, intentar poner pié en el Río de la Plata, no hubiera sido una empresa descomunal, sino simplemente una prolongación de sus dominios y poderío.
Belgrano quién había regresaba de Europa, obró de informante para una sesión secreta del 6 de julio. En ella además de relatar los acontecimientos vivido en el Hemisferio Norte y de sumar su decepción por la imposibilidad de llegar a un acuerdo con la monarquía española o de recibir protección de Inglaterra. Manifestaba que la legitimidad como creencia imperante pasaba por monarquizarlo todo a diferencia de la etapa anterior donde las acciones tendían a republicalizarlo todo. A esto se sumaba la llegada de tropas al Brasil, aunque las noticias obtenidas propiciaban la ocupación de la Banda Oriental, para ir cercando la labor y la influencia de Artigas.
Algunos autores sostienen que lo informado fue la causa de la precipitación de la Declaración de la Independencia, y la vía más eficaz para discutir sobre la forma de gobierno. Respecto de éste último debate podríamos hacer hincapié en dos cuestiones básicas: 1º) la forma monárquica, 2º) la relación forma de gobierno, forma de Estado.
1.- La forma de Gobierno Monárquica, en principio se adjudica a Belgrano haber sido el gestor de la idea de organizar el nuevo Estado independiente observando los criterios de legitimidad y restauración vigentes en Europa. Su propuesta era la de entronizar un inca. A efectos de conjugar legitimidad y legalidad, quien podría tener derecho para el acceso al trono era un descendiente de los incas que habían sido despojados de sus posesiones con la conquista española de América.
Otra arista lamentable de éste posicionamiento también lo constituía el problema del absolutismo, por lo que una monarquía atemperada podía ser la forma de gobierno más aconsejable. Con ésta postura introdujo el debate Manuel Antonio Acevedo, que contaba con representación, consolidó la postura de Belgrano a favor de la monarquía en la última etapa de las sesiones de debates como veremos posteriormente.
La primera tendencia antimonárquica partieron de los representantes de Buenos Aires, auxiliados incluso por la prensa central, que hacía referencia que para encontrar el príncipe heredero o rey patas sucias había que buscarlos en algunas pulquerías o tabernas del altiplano, según comenta López Rosas.
Interregno, las discusiones se centraron también respecto de la opinión de Fray Justo Santa María de Oro, quién no asistió cuatro días argumentando la imposibilidad de que su mandato fuera suficientemente representativo como para definir la forma de gobierno. A instancia de la presidencia fue nuevamente invitado a comparecer dándole el resguardo por Secretaría de que había sido obligado a concurrir y con eso se satisfacía al pueblo comitente.
Luego de esa incorporación, Castro Barros reafirmó el racionamiento a favor del sistema monárquico constitucional, a lo que se sumaron otros congresales especialmente Acevedo, quien reafirmó la tendencia monárquica constitucional agregando además de que la capital debería estar en Cuzco.
José María Serrano planteó los inconvenientes para la restauración de un Imperio Inca:
a.- La monarquía no solucionaba el problema de la independencia.
b.- Debería establecerse una regencia interina que traería otros males.
c.- Las pretensiones de los aspirantes al trono originaría muchas internas.
d.- Formar una nobleza iba a ser dificultoso.
En la medida que avanzaron las discusiones y el análisis sobre la conveniencia de acompañar la restauración con una monarquía institucional incaica fue decayendo el animo de los diputados y perdió prontamente toda perspectiva de factibilidad la revisión de la forma de gobierno y la búsqueda de una fórmula que elimine cualquier intento de reconquista americana por las potencias europeas.
La postura principal se puede resumir en la transcripción del Tratado de Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López que relata así:
“Parece fábula, pero era verdad, y no solo eran los espíritus vulgares e inconscientes los que lo creían hacedero, sino personajes de primera línea en el Congreso y en el país. Oigamos a uno de los mas respetables: “Se dice por aquí que el congreso piensa seriamente en una monarquía constitucional, con la mira de fijar la dinastía en la familia de los Incas ¡Compañero estimadísimo! Si esto es verdad, yo respetaré a cada uno de esos honorables diputados, como a un Dios de la patria; yo los llamaré salvadores del país, y los tendré siempre por autores de nuestra felicidad; y usted sabe mi opinión en este gran negocio. Muchas veces hablamos con la cordialidad y confianza más ingenua sobre esto, y concordábamos en que este gobierno sería el único capaz de terminar la revolución. Yo no he dejado desde entonces de propagar mi opinión: soy entusiasta por ello. Monarquía, compañero; Monarquía nuestra bajo de una constitución liberal y cesarán de un golpe las divergencias de las opiniones, la incertidumbre de nuestra suerte y los males de la anarquía. A mas de los argumentos que el mas vulgar político deducirá de las circunstancias de nuestra América, de su localidad, de sus intereses, de sus hábitos, etc., en favor de una monarquía atemperada, la experiencia nos ha supeditado el mas ineluctable, después de haber probado todas las formas republicanas infructuosamente. Todos los patriotas de juicio están decididos por esta opinión. He oído a Dean Funés, al Dr. Valle, al provisor, al Dr. Chorroarin, al Coronel Pinto, a todos nuestros compañeros, ella es la mas conforme al sistema general de Europa, a las ideas del gabinete de Saint James, que mira hoy como una de las mayores glorias haber introducido en todas las naciones – a excepción de España – su forma de gobierno: ella hará tomar a la masa general de los indios el interés que no han tomado hasta aquí por la Revolución. Yo voy a sostener un periódico con la imprenta que ha traído el clérigo Pasos de Londres, quiero empezar por los gobiernos, y quiero que Ud. me diga cuanto sea decible y convenga discurrirse según las intenciones del Congreso. Le pido a Ud. perdón y a mi compañero Paso, por el concepto de tímidos en que los tenía”.
Al no prosperar en forma conjunta a la declaración de la Independencia la decisión respecto de la forma de gobierno a favor de una monarquía incaica, los congresales elaboraron otra fórmula, en la búsqueda de la protección de las Provincias Unidas frente a los intentos de España, o de la restauración del sistema colonial por cualquier otra potencia.
El 4 de septiembre de 1816, Miguel de Irigoyen fue comisionado con instrucciones Reservadas y Reservadísimas.
En razón de las primeras debía hacer saber a la Corte de Portugal que las Provincias del Sur estarían dispuestas a instaurar un Régimen Monárquico Constitucional bajo las bases de la Constitución Inglesa. Para ello debía solicitarse del Gobierno Portugués que se declarara protector de la libertad e independencia de estas provincias.
Según detalla Celso R. Lorenzo, esto se podía articular así:
a) Restableciendo la Casa de los Incas, mediante matrimonio con la Casa de Braganza.
De no obtener éste resultado se podría optar por:
b) La coronación de un Infante de Brasil, o
c) De cualquier Príncipe extranjero que contraiga enlace con una Infanta Portuguesa.
2. Forma de Estado y Forma de Gobierno. De darse algunos de los casos señalados con los puntos b y c, el Monarca gobernaría bajo una Constitución que dictaría el Congreso.
Las misiones fueron abortadas por la enérgica política de Pueyrredón, sin embargo en consideración a que la labor del Congreso de Tucumán continúo posteriormente en Buenos Aires y culminó institucionalmente con el dictado de la Constitución de 1819, rechazada mayoritariamente por las Provincias, resumiremos los intentos monárquicos en base a los ensayos históricos de Bartolomé Mitre.
1.- La primera vez que la idea de institucionalizar la monarquía apareció en Sudamérica, fue concomitante a los avances de los deseos de independencia. Alberdi encuentra antes de la Declaración de la Independencia un proyecto “inconsistente” para coronar como Rey del Río de la Plata a un Infante de España en 1814 con el apoyo de Inglaterra.
2.- Una segunda manifestación la encuentra en el intento de restaurar una monarquía incaica con sede en Cuzco vinculando al Río de la Plata en su totalidad en el Congreso de Tucumán.
3.- El tercer y último proyecto tuvo lugar con la promulgación de la Constitución de 1819, con la búsqueda de otro Rey europeo y el apoyo de Francia. Con ésta última empresa finalizan las dinastías soñadas en el Río de la Plata y empieza a transitar el proyecto mayoritario de gobierno republicano con la forma de Estado Federal.
Aún así, la idea del gobierno Monárquico era armoniosa con los tiempos que vivían las emancipadas colonias de España en el Cono Sur. La restauración monárquica, la firmeza de la Santa Alianza, la idea de Monarquía temperada, constituían una base sólida para una monarquía limitada, con legitimidad, y consolidada pacíficamente a través del mundo de las ideas y del restablecimiento de la paz y del equilibrio del poder en Europa. El mayor problema consistía en como hallar un exitoso proceso de reconversión de una monarquía indígena en una casa reinante dentro de la modernidad alcanzada en Occidente. La posiblidad de la descendencia española hubiera traído inestabilidad e ingobernabilidad ante cualquier suceso que requiera hacer uso de relaciones diplomáticas o institucionales con España. Una alianza con las casa de Brasil o Europa no hubieran avanzado mas allá de someterse a la ambición imperial de la descendencia lusitana , o al cambio de colonia a protectorado con alguna casa del viejo mundo. El gobierno electo popularmente, y el Estado federal, recién se impondría como modelo a mediados de siglo. Pero un nuevo intento de otra fórmula hubiera chocado con las provincias más antiguas y con las tradiciones del incipiente país.
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Publicado por Andres Salvador en 12:35
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