Source: https://blogdehistoriaderafa.wordpress.com/2016/12/09/la-constitucion-de-la-republica-espanola-de-1931-the-constitution-of-the-spanish-republic-of-1931/
Timestamp: 2018-01-21 04:46:45
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La Constitución de la República Española de 1931 / The Constitution of the Spanish Republic of 1931 | blogdehistoriaderafa
La Constitución de la República Española de 1931 / The Constitution of the Spanish Republic of 1931
Una portada de la Constitución española de 1931. Fuente: wikipedia y congreso.es
Today is the 85th anniversary of the Constitution of the Second Spanish Republic. It was approved by parliament on 9th December 1931, and it lasted until 1st April 1939, when the rebel army led by Franco were victorious in the civil war. It was used by the Spanish people in exile until the national elections in 1977, the first after the dictator’s death and forty one years after the ones that took place in February 1936. This Constitution was important because (among other things) it recognised the right to vote for women, laicism and the decentralization of the country, and, a lot of social rights for Spanish people. This Magna Carta was the most important tool to modernise Spain and overcome a situation of relative social, political and economic backwardness. Sadly, this reformist programme was interrupted by the coup d’etat of 18th July 1936. The current Constitution of 1978 is partially influenced by the one from the republican period.
Hoy es el 85ᵒ aniversario de la Constitución de la II República Española. Fue aprobada por el parlamento el 9 de diciembre de 1931, yestuvo en vigor hasta el 1 de abril de 1939, cuando el ejército rebelde liderado por Franco, obtuvo su victoria en la guerra civil. Fue usada por los exiliados españoles hasta las elecciones de 1977, las primeras tras la muerte del dictador y las primeras también en cuarenta y un años desde las que se celebraron en febrero de 1936. Esta constitución fue importante porque (entre otras cosas), reconocía el voto para las mujeres, el laicismo, la descentralización del Estado, y, muchos derechos sociales para los españoles. Esta Carta Magna también fue importante para modernizar España y superar una situación de relativo atraso social, político y económico. Tristemente, este programa reformista fue interrumpido por el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La actual Constitución de 1978 está parcialmente influenciada por la del período republicano.
Un ejemplar de la Constitución de 1931. Fuente: wikipedia
Tras la renuncia al trono del rey Alfonso XIII, se proclamó un gobierno provisional en el que había políticos que iban desde la derecha liberal hasta socialistas y republicanos de izquierda, pasando por nacionalistas catalanes. Este gobierno contaba con Niceto Alcalá Zamora (1877-1949), y, entre otros, con Alejandro Lerroux, Manuel Azaña (IR), Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero (PSOE) y Lluis Nicolau (ERC). Si bien pocos habían tenido cargos importantes durante el régimen monárquico, muchos tenían experiencia política previa. En lo referente al tema que trato en esta entrada, el 6 de mayo de 1931, el gobierno provisional de la República Española encargó a una comisión presidida por el abogado Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), vinculado a la democracia cristiana de aquella época, la redacción de un anteproyecto para la nueva Constitución para la República. Sin embargo, dicho anteproyecto sería finalmente rechazado y hubo que esperar a que la coalición vencedora de las elecciones del 28 de junio de 1931, en las que republicanos de izquierda y socialistas obtuvieron la mayoría, para que se creara una nueva comisión que redactase un nuevo proyecto constitucional. Esta comisión la componían 21 personas y estaba presidida por el militante del PSOE Luis Jiménez de Asúa (1889-1970). La comisión trabajó en el texto constitucional durante el verano de 1931, y, el debate parlamentario sobre el mismo tuvo lugar entre finales de agosto y principios de diciembre de aquel año. Tras unas sesiones parlamentarias muy intensas que tuvieron lugar durante el otoño de 1931, y en las que los distintos diputados tuvieron que posicionarse a favor o en contra de dicho texto constitucional (el historiador Santos Juliá lo menciona en la obra que cito más abajo). Finalmente, el 9 de diciembre de 1931, el texto fue aprobado por una mayoría aplastante (votaron a favor 368 diputados de los 466 que los que constaba el Congreso, en aquella época no existía el Senado). Dicho Congreso, presidido en aquel momento por el socialista Julián Besteiro, promulgó la Constitución.
La nueva Constitución constaba de 125 artículos (la actual tiene 169), que se organizaban en nueve títulos, más uno preliminar. Este texto, reconocía la separación de poderes y a España como una “República democrática de trabajadores de toda la clase” (artículo 1), y, si bien reconocía el principio de unidad del Estado, dejaba una puerta abierta a la descentralización administrativa, como se vería con la aprobación por primera vez de los estatutos de autonomía. Se empezó con Catalunya (1932), Euskadi (1936) y se siguió en Andalucía, Valencia, Galicia o Baleares. Pero, estos estatutos fueron interrumpidos por el golpe de Estado y la guerra civil. Relacionado con este tema, si bien se decía que el español era el idioma oficial, se reconocería el empleo de las lenguas (artículo 50). En cuanto a la estructura de la República, según la nueva Carta Magna, ésta se organizaba con un Presidente de la República, (con poderes simbólicos, situación similar a las repúblicas de Europa occidental en la actualidad). El gobierno estaba formado por un Primer Ministro que presidía un Consejo de Ministros (artículo 86), un parlamento unicameral (ahora hay dos, Congreso y Senado) elegido por sufragio universal mediante voto igual, directo y secreto (artículo 52), un Tribunal Supremo y un Tribunal de Garantías Constitucionales.
La Constitución de 1931 insistió en el aspecto democrático, y aprobó una serie de derechos sociales que venían recogidos en el propio texto (como el aspecto social de la economía, el derecho a la educación, el divorcio, etc.). El máximo exponente fue el conseguir el sufragio universal para todos los hombres y mujeres mayores de 23 años (artículo 36). En este punto hay que destacar que hasta entonces las mujeres no podían votar en España ni ser candidatas en unas elecciones en España. Hay que agradecer este logro, a entre otras personas, a la política madrileña Clara Campoamor (1888-1972) que discutió no sólo con los conservadores más reaccionarios que se oponían al voto femenino, sino también con compañeros y compañeras de su partido que no veían propicio conceder al voto a las mujeres en ese momento. Además, esta Constitución (en palabras de los periodistas Rafael Escudero y Alejandro Torrús) apoyó en nuestro país el referéndum legislativo, lo que permitía a los ciudadanos y ciudadanas de la época, el poder decidir sobre las leyes que se votaban en el parlamento (la actual no lo permite).
Clara Campoamor, impulsora del voto femenino. Fuente: eldiario.es
El tema del laicismo (artículos 26 y 27) fue propuesto por entre otros por Manuel Azaña (1880-1940). Este tema causó fricciones con la iglesia católica y los sectores más conservadores del país, pues temían perder la situación de privilegio de la que habían disfrutado tradicionalmente. La República estableció un Estado laico (el de ahora es aconfesional según el texto de 1978) en el que no había ninguna religión oficial (artículo 3) que reconoció la libertad de confesiones y a quien no quisiera tener ninguna, también estableció la separación entre el poder religioso y el poder político, dejó de dar dinero a las organizaciones religiosas y se les exigió que se financiaran ellas mismas. Además, prohibió la enseñanza a los representantes religiosos (en aquel momento curas y monjas), y, al potenciar la enseñanza pública (artículo 48), les privó de una situación de casi monopolio que habían tenido hasta ese momento en la educación española.
Otras situaciones reconocidas por la Constitución de 1931 fueron la capitalidad en Madrid (artículo 5), la renuncia a la guerra como política (artículo 6), el reconocimiento del Derecho Internacional (artículo 7), las autonomías (artículos 11 y 12), la libertad de circulación e inviolabilidad del domicilio particular (artículo 32), la libertad de expresión (artículo 34), de asociación (artículo 38), la protección de la familia (artículo 43), el interés social de la economía (artículo 44), la subordinación de la justicia militar a la civil (artículo 95), etc.
La Constitución de 1931 fue desde el principio muy criticada por los grupos más conservadores de la sociedad del momento y luego vilipendiada durante los treinta y seis años que duró la dictadura de Franco. Esa visión negativa no se corrigió durante la transición cuando volvió a este país la democracia, y todavía perdura la creencia en algunos sectores de la sociedad de hoy. En mi humilde opinión creo que esto no es así, y creo haber dado argumentos para valorar de forma más positiva y racional este texto constitucional, alejándonos de la visión interesada e incorrecta que quiso dar la dictadura. Esta Carta Magna intentó ser el elemento organizador y modernizador del período democrático nacido en España en abril de 1931. Se pretendía romper con el pasado, y, con los elementos que habían frenado el desarrollo social, político y económico del país. El objetivo era colocar a España al mismo nivel que estaban en ese momento países como Reino Unido, Francia o Alemania hasta que tuvo su propia dictadura (la Constitución de Weimar fue una de las inspiraciones de la española de 1931). El historiador Santos Juliá valoró la Constitución de 1931 de la siguiente forma:
“Fue el intento de organizar un nuevo Estado y dotarlo de un Código fundamental, de una norma suprema del ordenamiento jurídico”.
Por su parte, el historiador Julio Gil Pecharromán lo hizo de la siguiente manera:
“La Constitución de 1931 abría camino a una democratización profunda de las estructuras estatales y era avanzada en muchos aspectos en comparación con otras Constituciones, como la alemana, la mexicana o la austriaca, que la inspiraron parcialmente. Su extensión, con un total de 125 artículos y su minuciosidad revelan el afán de sus redactores por hacer de ella un auténtico código para la reforma social y política de España y por no dejar huecos a través de los que la derecha pudiera en un futuro desvirtuar el espíritu progresista que la informaba”.
Resulta extraño que pocos partidos políticos, a la altura de finales de 2016, reivindiquen la Constitución de 1931 (cosa que me gustaría hacer desde aquí, y espero haberlo hecho), cuando no la ignoran, y que sigan manteniendo una visión muy idealizada de la actual, vigente desde 1978. Cierto es que dicho texto constitucional fue originado fruto del momento, como consecuencia de un pacto entre los sectores más aperturistas de la dictadura con gran parte de la oposición a la misma (PSOE, PCE, nacionalistas y derecha liberal), pero treinta y ocho años después necesita ser revisada y cambiar algunos de sus aspectos. No pasa nada por reformar la Constitución, Alemania lo ha hecho unas 60 veces con la suya de 1949 y ahí sigue.
-Manuel Tuñón de Lara “La Segunda República Española” Cuadernos de Historia16, Madrid 1995
-Joaquín Varela Suances “La Constitución de 1931 y la organización territorial del Estado” Universidad de Oviedo (2013)
-Santos Juliá “La Constitución de 1931” Iustel, Madrid 2009
-Artículos de periódico y webs: Wikipedia, Alejandro Torrús (publico.es y http://especiales.publico.es/es/republica-80-aniversario/), Julián Casanova (juliancasanova.es), Rafael Escudero (lamarea.com) Francisco Delgado y Eduardo Montagut (nuevatribuna.es), http://www.congreso.es/, historiasiglo20.org, cervantesvirtual.com, (Fernando Berlín) radiocable.com, eldiario.es, radiorecuperandomemoria.com
Alegoría de la II República Española. Fuente: artehistoria.com