Source: https://observatoriodelglifosato.wordpress.com/2009/08/03/informe-sobre-los-efectos-de-los-plaguicidas-en-la-salud-humana-y-el-ambiente/
Timestamp: 2019-03-25 16:33:34
Document Index: 254585304

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 982', 'Artículo 2', 'Artículo 5', 'Artículo 1', 'Artículo 3', 'Artículo 4']

El presente informe es una respuesta directa a las inquietudes y preocupaciones, ciertas y fundadas, de los vecinos de San Francisco, Oncativo, Barrio Ituzaingó Anexo, Mendiolaza (provincia de Córdoba); de Las Petacas y Landeta (provincia de Santa Fé), y de otros sitios y provincias de Argentina. Los cultivos en general y el de soja transgénica en particular (soja RR), esta última con más de 16 millones de hectáreas plantadas (2005), y la cría de ganado, han provocado la exposición de vastos sectores poblacionales a plaguicidas, a mezclas de plaguicidas, y a mezclas de plaguicidas con otros contaminantes, materiales y energéticos. Semejante exposición estaría provocando graves efectos sobre la morbilidad y la mortalidad humana, y sobre la biodiversidad y capacidad regenerativa de los ecosistemas. Lamentablemente estos efectos no han sido debidamente evaluados por los diferentes gobiernos (Nacional, Provinciales, Municipales). Debido al uso regular e indiscriminado de plaguicidas, Argentina estaría sufriendo una epidemia silenciosa. Su magnitud es difícil de evaluar porque persiste una crónica e inexplicable ausencia de relevamientos espacializados de morbi-mortalidad. La mayoría de los relevamientos disponibles han sido realizados por las comunidades locales, que elaboran sus censos en base al uso de formularios de epidemiología popular (FUNAM, 2004).
Existen además cuatro graves problemas fundamentales:
Problema 1. Siguen utilizándose criterios de regulación inadecuados. En Argentina las distintas jurisdicciones regulan el uso de plaguicidas basándose en una clasificación que solo considera la dosis aguda (instrumentada a partir de la Dosis Letal 50, o DL50). Semejante normativa ignora: a.1) Que existen efectos por exposición a bajas dosis (exposiciones crónicas) usualmente desconsiderados, como disrupción endocrina y depleción del sistema inmune; a.2) Que cada plaguicida es una mezcla de sustancias o cóctel (principio activo + aditivos + inertes, etc.); a.3) Que los cócteles originados en el proceso de fabricación, o producto para comercialización, sufren cambios químicos inducidos por la propia interacción química, la exposición a altas temperaturas, la luz Solar y otros factores. Esto genera nuevos cócteles con efectos distintos a los del cóctel original o de fábrica; a.4) Que el uso conjunto de plaguicidas genera nuevos, poderosos e impredecibles cócteles secundarios de sustancias químicas; a.5) Que estos cócteles de sustancias en su interacción con el ambiente generan a su vez nuevas mezclas, en algunos casos con derivados químicos más peligrosos que los principios activos originales; a.6) Que muchos plaguicidas y sus sustancias acompañantes suelen ser hidrofóbicas y lipofílicas, lo que facilita la bioacumulación de plaguicidas en el organismo de las personas expuestas, y la bioacumulación en redes alimentarias (por ejemplo DDT y sus metabolitos). Esto último eleva en “n” veces la concentración de plaguicidas respecto de la concentración con que se los dispersó; a.7) Que la aplicación de plaguicidas nunca se restringe a la superficie de cultivo tratada, pues por deriva atmosférica o migración de residuos (partículas de suelo contaminado llevadas por el viento; plaguicidas que por lixiviación llegan a las aguas subterráneas; plaguicidas que por escorrentía llegan a las aguas superficiales, etc.); a.8) Que los productos cosechados suelen contener plaguicidas aún cuando se respeten períodos de espera, y que tales sustancias se encuentran tanto en la superficie del producto (por ejemplo hojas, raíces, frutos, granos, etc.), como dentro del producto; a.9) Que usualmente la decisión de aplicar un plaguicida o mezcla de plaguicidas sobre una determinada superficie de cultivo se toma sin conocer la existencia, en su suelo, sus aguas y su biota, de un “fondo” preexistente de plaguicidas e incluso sin conocer con anterioridad la existencia de otros contaminantes de riesgo, como metales pesados y metaloides; a.10) Que las personas efectivamente expuestas a los plaguicidas y sus mezclas ya suelen contener en su organismo una cierta diversidad y cantidad de plaguicidas, y que este contenido puede interactuar con los plaguicidas de reciente ingreso generando procesos de sinergia, adición o neutralización, y a.11) Que la sensibilidad de las personas a los plaguicidas y sus derivados varía con la edad, biomasa, metabolismo, genoma y otras variables, siendo los más afectados los estadios intrauterinos (embrión, feto), los bebés y niños pequeños (pues consumen, por unidad de peso, más agua, más alimento y más aire que los adultos), y las personas de la tercera edad.
Para la aplicación de plaguicidas es usual que no se tome en cuenta la contaminación previa del suelo, que en la mayoría de los casos lleva años de recibir fumigaciones. Como se indicó antes, la aplicación parte del criterio, erróneo, que no existe fondo de contaminación. La totalidad de las normas dedicadas a regular plaguicidas ignora este aspecto, y no se requiere análisis previo del contenido en suelo de plaguicidas. Numerosos trabajos realizados en nuestro país han demostrado la existencia de fondos de residuos de plaguicidas. Miglioranza y otros (2003) hallaron residuos de DDT y metabolitos > hexaclorociclohexano (HCH) > heptacloro > clordano en suelos del sudeste de la provincia de Buenos Aires. El valor máximo de Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs en español; OCPs en inglés) fue 656,1 ng/g de materia seca en suelo superficial, y en un campo donde no se había registrado la aplicación de COPs. La presencia de plaguicidas en suelo también fue detectada por los análisis realizados en cultivo periurbano y en patios de viviendas en barrio ituzaingó Anexo (Córdoba, Argentina). Siguiendo los protocolos de requerimientos de análisis y tomas de muestra que elaboraron FUNAM y los vecinos del barrio, la Unidad CEPROCOR de la Agencia Córdoba Ciencia identificó la presencia de numerosos plaguicidas, a saber:
Muestra M2 (subsuperficial, 40-50 cm d profundidad, campo de soja frente a calle Broglie). Se halló: Malathión, Clorpirifós, Alfa Endosulfán, Beta Endosulfán.
10-3 μg/g de suelo) e isómeros del DDT (1.5 x 10-2 μg/g de suelo).
Para realizar los análisis el CEPROCOR utilizó la metodología indicada por la AOAC Official Methods of Analysis de 1996, Capítulo 10, p. 7. Se empleó cromatografía de gases, equipo Perkin Elmer con detector de captura electrónica y equipo Shimadzu GC14B con detector fotométrico de llama con filtro para fósforo, y columnas SPB-608 y SPB-1701 (CEPROCOR, 2003).
En este caso el campo sometido a fumigaciones para soja RR tenía:
c) Una fuerte contaminación natural del suelo con Arsénico (hasta 50 μg/g de suelo a 50-10 cm de profundidad, campo colindante a barrio Ituzaingó Anexo), y con Cromo (hasta 13 μg/g de suelo a 10 cm de profundidad, campo colindante a barrio Ituzaingó Anexo) (CEPROCOR, 2003; FUNAM, 2003).
En consecuencia, cualquier plaguicida utilizado en estos ambientes previamente contaminados suma su aporte a los residuos preexistentes (plaguicidas + metales + metaloides). Esto no es considerado ni por las autoridades encargadas del control, ni por los profesionales actuantes, ni por los productores. Se genera por lo tanto un cóctel de contaminantes para el cual son inefectivos los estándares permitidos para cada contaminante.
En el caso particular de barrio Ituzaingó Anexo, el barrio se asentó sobre antiguos campos de cultivo, un fenómeno común a la mayor parte de los barrios periurbanos de grandes ciudades. Las familias han estado recibiendo por lo tanto:
c) La carga compleja de los cócteles contenidos en el agua y los sedimentos de los tanques domiciliarios, muchos de los cuales estaban abiertos y sin tapa (ver abajo, Tanques 1 a 5). Cuando el contenido de agua disminuía, y desde la cañería superior se activaba el llenado (usualmente de noche), esta caída de líquido debía generar turbulencias en el fondo cenagoso, y la posterior salida, por el caño inferior del tanque, de agua contaminada que llegaba hasta las canillas internas. El posterior hervido de agua, particularmente prolongado para la cocción de carnes, debió aumentar la eventual concentración de contaminantes no volátiles como el DDT y sus isómeros, o el Arsénico. En el caso de los lactantes, la mezcla de esta agua hervida con leche en polvo para alimentarlos configuraba una variante adicional de riesgo.
La relación entre los campos cultivados y los tanques de agua domiciliarios queda confirmada por los niveles de contaminación que se hallaron en los sedimentos de los tanques de agua de barrio ituzaingó Anexo (ver abajo). Esta contaminación incluye plaguicidas, metales pesados y Arsénico.
La mayoría de estas sustancias habrían ingresado a los tanques de agua como partículas contaminadas procedentes del suelo agrícola (metales pesados, Arsénico, plaguicida), y como deriva de la aplicación de plaguicidas con aviones fumigadores y máquinas mosquito, en ambos casos transportados por el viento.
Para la identificación de los metales pesados (Cromo y Plomo) y Arsénico el CEPROCOR utilizó Espectrometría de Absorción Atómica con Atomización en Llama (FAAS), Electrotérmica (TEAS) y Generación de Vapor Frío (CAVAS). La muestra fue tratada del siguiente modo: el sedimento fue separado del líquido por filtración, y se dejó secar el residuo sólido al aire por 24 horas. Digestión cerrada en medio ácido (Ácido Nítrico calidad sub boiling) con Estación de Microondas Milestone (ETHOS 1600), según método EPA 3051 para sedimentos, suelos y residuos sólidos (CEPROCOR, 2003).
Contenido de metales y Arsénico en Tanque 1.
Calle Van der Walls 5528, Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.
ppm Veces que supera est
Argentina (1) As, Veces que
supera est
OMS (2) As, Veces que
supera est Canadá
As 44 880 veces 4400 veces 7,46 veces
Cr 25 500 veces – –
Pb 57 1140 veces – –
Fuente: CEPROCOR (2003), Análisis n° 021126-11-03, tomado el 26-11-2002.
Contenido de metales y Arsénico en Tanque 2.
Calle Van der Walls 5532, Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.
As 35 700 veces 3500 veces 5,93 veces
Cr 24 480 veces – –
Pb 28 560 veces – –
Fuente: CEPROCOR (2003), Análisis n° 021126-11-04, tomado el 26-11-2002.
Contenido de metales y Arsénico en Tanque 3.
Avenida Vucetich 7852, Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.
ppm Veces que supera est Argentina (1) As, Veces que
As 17 340 veces 1700 veces 2,88 veces
Cr – – – –
Pb 19 380 veces – –
Fuente: CEPROCOR (2003), Análisis n° 021126-11-05, tomado el 26-11-2002.
Contenido de metales y Arsénico en Tanque 4.
Calle Van der Walls 5578, Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.
Cr 27 540 veces – –
Pb 29 580 veces – –
Fuente: CEPROCOR (2003), Análisis n° 021126-11-01, tomado el 26-11-2002.
Contenido de metales y Arsénico en Tanque 5.
Calle Van der Walls 5554, Barrio Ituzaingó Anexo, Córdoba.
As 37 740 veces 3700 veces 6,27 veces
Cr 25 500 veces
Pb 74 1480 veces
Fuente: CEPROCOR (2003), Análisis n° 021126-11-02, tomado el 26-11-2002.
Referencias para los cinco tanques:
(1) Comparado con estándar para agua potable y agua de tanques de agua (Artículo 1, ex Artículo 982, Resolución MS y AS n° 494 del 7 de julio de 1994). Esta norma establece los siguientes valores máximos: Arsénico 0,05 mg/l (= 0,05 ppm); Cromo 0,05 mg/l (= 0,05 ppm); Plomo 0,05 mg/l (= 0,05 ppm).
(2) Comparado con valor de referencia del Arsénico contenido en las guías de calidad de agua potable de la Organización Mundial de la Salud, que es de 0,01 mg/l (= 0,01 ppm). Este valor es 5 veces menor al que rige actualmente en Argentina.
(3) Comparado con el estándar de Canadá para Arsénico en sedimentos superficiales, fondo de lagos, y 0-5 cm de profundidad, que es de 5,9 ppm.
(4) El Arsénico es un metaloide.
En las tablas que resumen los datos de cada tanque realizamos una comparación entre los valores observados (en μg/g), y los estándares de metales y Arsénico para agua (mg/l), pues no existen en Argentina estándares para sedimentos (ambos expresados en ppm). Respecto de los estándares mencionados en las tablas el Arsénico se encontró a valores que se ubican 880 (Código Alimentario) y 4400 veces por encima de lo permitido (OMS); el Cromo 500 veces por encima (Código Alimentario), y el Plomo 1480 veces por encima del estándar fijado para agua (Código Alimentario).
Además de los metales pesados y Arsénico se encontraron en los tanques residuos de dos plaguicidas, uno de uso actual (Endosulfán) y otro de uso pasado (Heptacloro). Para realizar los análisis el CEPROCOR utilizó los siguientes equipos: Cromatógrafos de gases marca Shimadzu serie GC-14B y Perkin Elmer AutoSystem con detector de captura electrónica (ECD) con celda de 63Ni y detector fotométrico de llama (FPD) con filtro para fósforo, y Columnas capilares HP-5, SPB-608 y CP sil 8CB (CEPROCOR, 2003). Los resultados obtenidos son los siguientes:
Contenido de plaguicidas en tanques domiciliarios de agua.
Lugar Endosulfán
μg/g sedimento Heptacloro
Van der Walls 5528 9,3 x 10-4 1,1 x 10-3
Van der Walls 5532 7,1 x 10-4 –
Van der Walls 5554 1,9 x 10-3 2,3 x 10-3
Van der Walls 5578 1,8 x 10-3 –
Av Vucetich 7852 1,7 x 10-3 –
Fuente: CEPROCOR (2003) , Informes n° 78, 79, 80, 81 y 82. Muestras recibidas el 26 de Noviembre de 2002.
Resumiendo, en los sedimentos de los 5 tanques domiciliarios de agua muestreados se hallaron los siguientes cócteles de contaminantes:
Tanque 5: Arsénico (37 μg/g), Cromo (25 μg/g), Plomo (74 μg/g), Endosulfán (1,9 x10-3 μg/g) y Heptacloro (2,3 x 10-3 μg/g). Esto es, 5 contaminantes distintos.
Los resultados anteriores muestran claramente la existencia de cócteles de contaminantes, la variación de la naturaleza de esos cócteles en cada vivienda (si bien se advierte un patrón común), y la relación que existe entre los ambientes fumigados y los tanques domiciliarios de agua que no estuvieron adecuadamente cerrados. Los organismos expuestos a estos contaminantes, y sus respectivas mezclas y concentraciones, recibieron dosis en general pequeñas y de naturaleza crónica. Aunque los plaguicidas nunca alcanzaron en estas muestras valores críticos, las personas recibían permanentemente un agua potencialmente contaminada con sedimentos que tenían entre 3 y 5 contaminantes distintos. Dos de ellos (Endosulfán y Heptacloro) son disruptores endocrinos (ver abajo).
Las normas que regulan en Argentina los plaguicidas ignoran: a) La existencia de estas bajas dosis en lugares altamente sensibles; b) La existencia de cócteles de contaminantes donde los plaguicidas son una parte del universo contaminado (cóctel de contaminantes, por ejemplo metales pesados + Arsénico + plaguicidas); c) Que los organismos reciben variados cócteles de contaminantes por distintas rutas; d) Que los organismos receptores de contaminación tienen distintas sensibilidades a diferentes contaminantes y mezclas de contaminantes, siendo los embriones, fetos, bebés, niños pequeños y adultos mayores los de mayor riesgo; e) Que estas exposiciones complejas y crónicas pueden desencadenar, de acuerdo al estado del organismo receptor, diferentes alteraciones.
Si una persona recibe por ejemplo pequeñas dosis de plaguicidas que actúan como disruptores endocrinos, y al mismo tiempo es fumadora activa o pasiva, y se halla por lo tanto sometida a los agentes de disrupción endocrina del cigarrillo, el efecto de estas distintas fuentes se suma.
Al ser usado el cigarrillo descarga una alta diversidad de sustancias químicas: 400 a 500 compuestos en su fase gaseosa, entre ellos amoníaco, cianuro de hidrógeno, tolueno, benceno y formaldehído, y unas 3500 sustancias en su fase particulada, entre ellos Naftaleno, Pirenos, Fenoles, Benzofuranos, Toluidina y la sustancia adictiva Nicotina (además de sustancias inorgánicas como Hidracina, Arsénico, Níquel, Cromo, Cadmio, Plomo y Polonio) (Hoffmann y Hofmann, 1997), y es considerado un activo disruptor endocrino (Meeck, 2001). Mujeres fumadoras pueden anticipar en 2-3 años sus menopausias (Brinton y otros, 1993), suelen tener una mayor frecuencia de sangrado irregular durante sus menstruaciones, y sufren mayores tasas de osteoporosis, una condición relacionada con menores niveles de estrógeno en el suero (Medina y otros, 1990; Schmeiser-Rieder y otros, 1995; MacMahon y otros, 1982; Rosenberg y otros, 1996). La coincidencia entre exposición a plaguicidas y exposición al humo de tabaco es de gran importancia dado el elevado número de fumadores pasivos y activos en Argentina.
Varias pequeñas dosis de distintas sustancias que tienen un efecto negativo común, como disrupción endócrina por exposición a plaguicidas (cóctel de sustancias al interior de un plaguicida, cóctel de distintos plaguicidas), y humo de tabaco, pueden generar una dosis sumada de riesgo.
Actualmente la mayoría de los cócteles de contaminantes de plaguicidas, o de plaguicidas con otros agentes, suelen ser ignorados por la industria química, los organismos de control, los profesionales intervinientes, y los productores. De allí que el uso masivo y creciente de plaguicidas pueda ser considerado un experimento químico también masivo al que se hallan expuestas, sin su consentimiento, millones de personas. La falta de evaluaciones continuas de morbilidad y mortalidad en Argentina complementa negativamente este experimento, pues reduce la posibilidad de que los epidemiólogos expertos descubran anomalías poblacionales. Este cuadro lamentable explica porqué la mayoría de las afectaciones a nivel comunitario son detectadas por la propia comunidad, que practica entonces mecanismos y herramientas de epidemiología popular.
Problema 2. Los plaguicidas llegan hasta las personas desde muy distintas fuentes y por diferentes rutas. Estas son las principales fuentes y rutas:
a) Aplicación de plaguicidas en campo (por aplicación aérea, máquinas mosquito, mochilas, etc.).
Rutas principales: a.1) Aplicación-contaminación de partículas del suelo-desplazamiento de esas partículas por efecto del viento-inhalación; a.2) Aplicación-contaminación de partículas del suelo-desplazamiento de esas partículas por efecto del viento-deposición en suelo de las viviendas-movimiento de las partículas contaminadas-inhalación; a.3) Aplicación-contaminación de partículas del suelo-desplazamiento de esas partículas por efecto del viento-deposición en tanques de agua abiertos-concentración o no por calentamiento del agua-ingesta de agua contaminada; a.4) Aplicación-contaminación del aire con plaguicidas-transporte por el viento-inhalación; a.5) Aplicación-contaminación del aire con plaguicidas-transporte por el viento-deposición en el suelo de las viviendas-movimiento de las partículas contaminadas-inhalación; a.6) Aplicación-contaminación del aire con plaguicidas-transporte por el viento-deposición en tanques de agua abiertos-concentración o no por calentamiento del agua-ingesta de agua contaminada; a.7) Aplicación-contaminación del suelo con plaguicidas-migración de los plaguicidas en profundidad (lixiviación)-contaminación del agua subterránea-bombeo de agua contaminada-ingesta de agua contaminada; a.8) Aplicación-contaminación del suelo con plaguicidas-migración de los plaguicidas por arrastre (escorrentía)-contaminación de aguas superficiales-ingesta de agua contaminada; a.9) Aplicación-contaminación de partículas del suelo-desplazamiento de esas partículas por efecto del viento-deposición en los techos de viviendas con captación para aljibes-contaminación de la cisterna con agua del aljibe-extracción del agua-concentración o no por calentamiento del agua-ingesta de agua contaminada; a.10) Aplicación-contaminación del aire con plaguicidas-transporte por el viento-deposición en los techos de viviendas con captación para aljibes-contaminación de la cisterna con agua del aljibe-extracción del agua-concentración o no por calentamiento del agua-ingesta de agua contaminada; a.11) Aplicación-contaminación superficial de vegetales tratados-consumo de vegetales contaminados; a.12) Aplicación-ingreso de los plaguicidas a los tejidos de los vegetales tratados-consumo de vegetales contaminados; a.13) Aplicación-contaminación de aire, agua y suelo-contaminación de la biota-bioacumulación en la red alimentaria-consumo de leche y carne contaminada con plaguicidas, etc.
b) Limpieza de maquinaria agrícola utilizada para fumigar (aviones fumigadores, máquinas mosquito, tanques de mezcla de plaguicidas, mochilas).
c) Concentración de envases vacíos de plaguicidas en depósitos urbanos y periurbanos (galpones, estibado en suelo), con o sin triturado y posterior destino a reciclaje.
d) Descarte irregular de envases vacíos de plaguicidas en áreas urbanas y periurbanas (espacios públicos y privados en general, ríos, canales, etc.).
e) Depósitos de productos plaguicidas para la venta (mayoristas, minoristas). Además del riesgo por fuga de plaguicidas debe considerarse la posibilidad de incendio. En este último caso podrían generarse “nubes” contaminantes, y derrames líquidos producto de las operaciones de extinción. En los casos de incendio las altas temperaturas y las mezclas de todo tipo generan cócteles químicos impredecibles, con gran cantidad de productos secundarios (por ejemplo dibenzodioxinas y dibenzofuranos).
f) Depósitos de vegetales tratados, secaderos de granos, etc. Estas instalaciones generan tres tipos de riesgo general: f.1) Descarga de plaguicidas; f.2) Descarga de partículas contaminadas con plaguicidas, que combinan potenciales efectos alergénicos y tóxicos, y f.3) Riesgo de deflagración y detonación en el caso de silos estancos. Se considera deflagración cuando la velocidad de combustión o la velocidad de la llama es relativamente lenta (1 m/s), y detonación cuando la velocidad de la llama es muy elevada (2000 a 3000 m/s) (ver Saitta, 1999). En la tabla siguiente se incluye una lista de accidentes ocurridos en silos.
ACCIDENTES PRODUCIDOS POR EXPLOSIONES DE POLVO EN SILOS.
1977 Louisiana (USA) Silo de grano 36
1977 Texas (USA) Silo de grano 18
1980 Missouri (USA) Silo de grano 1
1981 Texas (USA) Silo de grano 9
Fuente: Saitta (1999).
g) Reparación y limpieza de vehículos que transportan plaguicidas y vegetales tratados con plaguicidas (excluida la tecnología de aplicación). El frecuente uso de plaguicidas para transporte agrega una nueva fuente de contaminación sobre los productos transportados, y de riesgo para los transportistas y personas en contacto con el transporte.
h) Quema de basurales abiertos que contienen envases vacíos de plaguicidas. Estas operaciones suelen generar cócteles de contaminantes impredecibles, entre ellos dibenzodioxinas y dibenzofuranos.
i) Almacenamiento de envases vacíos de plaguicidas en celdas de rellenos sanitarios desprovistos de geomembranas.
Problema 3. Limitaciones profesionales para evaluar los riesgos sanitarios y ambientales de los plaguicidas. Los Ingenieros Agrónonos considerados en la legislación vigente como emisores de las recetas fitosanitarias y asesores técnicos del productor agropecuario suelen carecer de la suficiente formación para evitar los efectos indeseados de los plaguicidas en la salud humana y la biodiversidad.
Debe tenerse en cuenta que la mayoría de los plaguicidas carece de una evaluación completa (que incluya por ejemplo efectos de bajas dosis en los sistemas endocrinos e inmunes), y que aún en los casos donde tal evaluación se haya realizado, no queda incluida en los marbetes, y no se toman por lo tanto precauciones adicionales. En Argentina las tareas de regulación que ejercen los profesionales se relaciona mayoritariamente con la prevención de efectos agudos, y el respeto de períodos de espera. Usualmente no se considera la contaminación previa de los campos tratados, ni la generación de cócteles de contaminantes complejos que incluyen, además de los plaguicidas, numerosos contaminantes de riesgo (por ejemplo contaminación natural de los campos con metales pesados, ver arriba).
Es inadmisible que el uso de cócteles de sustancias plaguicidas primarias y secundarias (asumiendo como primarias las formulaciones de origen, y secundarias las que resultan de cambios sufridos por esas formulaciones, y las que derivan de interacciones entre plaguicidas, y los plaguicidas y el ambiente) sean reguladas únicamente por una profesión que usualmente desconoce sus efectos sobre la salud y sobre los ecosistemas.
Problema 4. El control gubernamental del uso de plaguicidas es pobre e ineficaz, y las penalidades son usualmente benignas. La naturaleza misma de los procesos productivos torna inoperante el sistema de control. ¿Cómo puede el estado vigilar adecuadamente la aplicación de plaguicidas en >16 millones de hectáreas plantadas con soja transgénica?. Esta ausencia del estado es particularmente grave en los bordes urbanos, donde interactúan los cultivos y la ciudad, y en asentamientos donde la totalidad de la planta urbana suele ser sometida a periódicas fumigaciones aéreas.
La ausencia del estado también se registra en otros temas clave. La Nación, las Provincias y los Municipios no han montado aún sistemas estandarizados y permanentes de monitoreo para conocer con detalle los niveles base de contaminación por plaguicidas en los suelos urbanos y rurales, e incluso en los ecosistemas balanceados que todavía sobreviven en Argentina. Con demasiada frecuencia se asume, erróneamente, que cualquier aplicación de plaguicidas efectuada sobre una cierta superficie de campo no se suma a los restos de aplicaciones previas (incluso aplicaciones con décadas de antigüedad). Este grave error hace que la decisión de aplicar plaguicidas parta siempre de la noción de “inexistencia previa de residuos”.
La incapacidad práctica del estado y sobre todo de los municipios para evitar que los plaguicidas lleguen hasta las personas solo puede morigerarse con la fijación de prohibiciones totales de aplicación agrícola de plaguicidas dentro de las plantas urbanas, y en franjas periurbanas. En el caso particular de la provincia de Córdoba, FUNAM intentó, junto a los vecinos de barrio Ituzaingó Anexo, que la legislación sobre agroquímicos contuviera esta prohibición. Transcribimos a continuación los motivos expuestos por FUNAM ante la Comisión que trataba el proyecto de reforma a la Ley de Agroquímicos:
“Ante todo, consideramos que la argumentación expuesta por representantes de la Secretaría de Agricultura para oponerse a dicha franja de protección (de aquí en adelante ‘la franja’) técnicamente incorrectas y carente de practicidad”.
“La Secretaría argumentó que tales franjas iban a ser ‘sitios de crianza de malezas y criadero de ratas’. En primer lugar, la franja puede ser cultivada (lo que no se permite allí es aplicación de plaguicidas). En segundo lugar, cualquier franja donde aumente la biodiversidad vegetal va a tener un suelo más protegido que zonas dedicadas a la explotación. Rechazamos por lo tanto este argumento”.
“FUNAM, la Cátedra de Biología Humana y el grupo de Madres de Barrio Ituzaingó Anexo reiteramos que el proyecto de ley debe establecer una franja de no aplicación de plaguicidas para todos los asentamientos urbanos de la provincia, ello en cualquier campo próximo a barrios o viviendas rurales, cualquiera sea la especie empleada para producción. Basamos esta requerimiento en los siguientes argumentos.
“1. La aplicación de plaguicidas con mochilas, máquinas mosquito, aviones fumigadores e incluso mangas de riego son incompatibles con las viviendas humanas cuando tales prácticas se ejecutan a menos de 2500 metros de distancia. Esto se debe a que, pese a los argumentos expuestos por distintos técnicos, la aplicación, cualquiera sea la fuente, produce: a) Deriva inmediata por aerodispersión (aerodispersión primaria). b) Deriva retardada por efecto del viento, que transporta partículas del suelo y vapores desde los campos tratados a las viviendas (aerodispersión secundaria por aire), y c) Contaminación local del suelo y de las aguas subterráneas, cuyos contaminantes pueden, vía estemedio, alcanzar personas expuestas (hidrodispersión secundaria).
“2. Lo anterior adquiere una mayor entidad epidemiológica cuando recordamos que los plaguicidas utilizados en cultivos de todo tipo (no solamente soja) son dañinos para la salud, y que el actual criterio de condicionamiento de uso por sus meros efectos tóxicos (la DL50, dosis letal para la mitad de una población experimental) no protege a las personas expuestas de: a) Los principios activos, y los aditivos e impurezas que lo acompañan. b) Las bajas dosis de uno o más productos (principios activos, aditivos, impurezas, coadyuvantes, etc.) que tienen el mismo efecto, por ejemplo disrupción endocrina, y c) La acumulación de los principios activos, impurezas, coadyuvantes etc en el ambiente y en el organismo de las personas expuestas” (FUNAM, 2004).
La Municipalidad de Mendiolaza en la provincia de Córdoba tiene vigente la Ordenanza n° 417/2005 cuyo Artículo 2° indica:
“Prohíbase dentro del Ejido Municipal la aplicación de todo producto agroquímico y de aquellos productos biológicos no compatibles con la producción orgánica, en toda práctica agropecuaria”.
La norma fija multas ejemplares (con un máximo de multa equivalente al valor de 50.000 litros de nafta super para la segunda reincidencia, por ejemplo), y establece como sanción accesoria en todos los casos “el decomiso de los productos vedados por esta norma” (Artículo 5°).
En el caso de la ciudad de Córdoba, barrio Ituzaingó Anexo tiene una ordenanza especial que impide la aplicación de cualquier tipo de plaguicida en una franja de 2500 metros. El Artículo 1° de la Ordenanza n° 10590/2003 expresa:
“Prohíbese la aplicación de plaguicidas o biocidas químicos mediante fumigación terrestre o aérea de los mismos, cualquiera sea su tipo y dosis, a menos de dos mil quinientos (2500) metros de cualquier vivienda o grupos de viviendas de barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba (…)”.
Su Artículo 3° indica por su parte que “A los fines de la presente Ordenanza se consideran comprendidos como ‘plaguicidas’ y ‘biocidas’ a todos los productos químicos orgánicos, inorgánicos o sus mezclas, que tienen por finalidad matar insectos, plantas verdes y/u otros organismos vivos (insecticidas, herbicidas y demás denominaciones conforme al organismo vivo que se trate)”.
La experiencia acumulada en este tema y los casos prácticos de prohibición permiten extraer las siguientes conclusiones:
a) Que la fijación de estas franjas y zonas donde se prohíbe la aplicación de plaguicidas es una competencia inapelable de cada Municipio (Hernández, 2006).
b) Que la distancia mínima recomendable es de 2500 metros.
c) Que es conveniente prohibir la aplicación de todo el espectro disponible de plaguicidas, incluso biológicos, pues la consideración de excepciones tornaría inaplicable la ordenanza. Si se permitiera el uso de biocidas biológicos, cada vez que se denuncia una aplicación debería el estado confirmar que se trata de producto biológico y no químico, un control que excede las capacidades usuales de los municipios.
d) Que es conveniente, al elaborar la ordenanza de prohibición de aplicación de plaguicidas, abordar todas las fuentes posibles de contaminación. Entre ellas: prohibición de arrojar envases vacíos de plaguicida al ambiente en todo el Ejido Municipal, prohibición de circular dentro de la trama urbana con máquinas mosquito y con otros dispositivos que se emplean para aplicar plaguicidas, prohibición de limpiar y reparar esas máquinas dentro de la planta urbana, prohibición de verter envases vacíos de plaguicidas en los vertederos municipales de residuos, prohibición de quema de residuos en los basurales, prohibición de instalar depósitos de envases vacíos de plaguicidas en la planta urbana, etc. (ver Anexo 1). Muchos de estos criterios han sido adoptados, por ejemplo, en el proyecto de ordenanza de control de plaguicidas que tiene en estudio la Municipalidad de San Francisco, Córdoba (Junio de 2006).
2. EFECTOS DE LOS PLAGUICIDAS SOBRE LA SALUD Y EL AMBIENTE.
2.1. ANÁLISIS DE CASOS DE PLAGUICIDAS UTILIZADOS A GRAN ESCALA.
Salvo contadas excepciones, la mayoría de los plaguicidas no son “sustancia pura” ni “principio activo puro” sino complejos de sustancias químicas. La normativa vigente, suele abordar únicamente el aspecto toxicológico de principios activos, no del complejo químico que representa cada producto. Tanto los cultivos tratados como el ambiente y posteriormente las personas expuestas son afectadas por el complejo, no por una sustancia única. Básicamente el complejo está integrado por el principio activo, las sustancias acompañantes de inclusión deliberada, las impurezas de fabricación, y los derivados químicos producto del tiempo de almacenamiento, de la temperatura, etc. La otra falencia, ya analizada enteriormente, es que la normativa aborda solamente los efectos agudos (sobre todo del principio activo), no los efectos generales del cóctel de sustancias.
Numerosos trabajos documentan los efectos de los plaguicidas sobre la reproducción. Se ha demostrado una reducción de la fertilidad (Abell y otros, 2000), un incremento de malformaciones congénitas (Rojas y otros, 2000), y una mayor incidencia de abortos espontáneos (Petrelli y otros, 2000) en las personas expuestas a cantidades elevadas de plaguicidas en distintos lugares del mundo.
Es importante advertir que los plaguicidas ingresan a las personas por rutas de muy distinta longitud, desde rutas muy cortas cuando la aplicación del plaguicida se hace junto a viviendas habitadas, y muy largas cuando arriban en productos industrializados.
En un estudio realizado por toxicólogos de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires del que participó E. D. Villaamil Lepori se encontró, tras analizar 50 muestras de leche maternizada y 51 muestras de yogures y postres disponibles en el mercado, que el 90% contenía algún plaguicida. Los residuos de plaguicidas detectados con mayor frecuencia eran el Heptacloro y su metabolito, el Epóxido de Heptacloro (presentes en el 57,4% de las muestras); HCH [Hexaclorociclohexano] (53,3% de las muestras); DDT total, Aldrin y Dieldrin (31,7% de las muestras); Clordano (28,7% de las muestras); Endrin (18,8% de las muestras), y Endosulfán y HCB [Hexaclorociclobenceno] (9,9% de las muestras) (Villaamil Lépóri, 2006; Dellamea, 2006).
Dado que los lactantes y niños consumen más calorías por unidad de peso corporal que los adultos, y que consumen una variedad más restringida de alimentos, cuando estos últimos están contaminados los riesgos para su salud son mayores. De hecho para los lactantes la única fuente de nutrientes es la leche materna o las fórmulas infantiles elaboradas sobre la base de leche vacuna. Para los niños de 6 meses en adelante, que comienzan a consumir dietas mixtas, la leche y otros productos lácteos, como yogures y “postrecitos”, siguen siendo componentes mayoritarios de la dieta. Es importante recordar que la leche materna y de vaca son dos vías privilegiadas para la transferencia de plaguicidas organoclorados (Dellamea, 2006). Según Villaamil Lépori “los bebés y niños están expuestos 10 veces m´s que los adultos a los efectos de estos residuos tóxicos (Villaamil Lépori, 2006).
La presencia de Endosulfán en el 9,9% de las muestras demuestra que este plaguicida de alto impacto sanitario no se degrada tan fácilmente como lo postulan sus fabricantes y usuarios. Otro hecho grave es que los niños que consumen las leches maternizadas y yogures analizados por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires reciben en realidad un cóctel de residuos de plaguicidas, y que la mayoría de esos residuos son activos disruptores endocrinos. Alto consumo de productos y por lo tanto de residuos con un efecto negativo común (disrupción endocrina) son por lo tanto amenazas reales e indebidamente evaluada sobre la salud de los bebés y de los niños.
2.1.1. Endosulfán (de uso permitido en Argentina).
El Endosulfán es un insecticida y acaricida. Se comercializa como una mezcla de dos diferentes formas de la misma sustancia química (Alfa y Beta Endosulfán). Su color es crema a marrón, y huele a trementina (ATSDR, 2000).
La Organización Mundial de la Salud lo ubica en la Categoría II (moderadamente peligroso) mientras que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos lo clasifica como Categoría 1b (altamente peligroso) (EXTOXNET, 1992; Joshi, 2001; PAN, 2000).
Su toxicidad a corto plazo es muy alta, ya que está influenciada por los solventes y emulsificantes que contiene (EXTOXNET, 1992).
Actúa además su metabolito, el Sulfato de Endosulfán. Es interesante recordar lo que sucede con el Endosulfán dentro de la planta de soja, ya que tanto el Endosulfán como el Sulfato de Endosulfán llegarían a los consumidores en semillas donde no se haya separado la parte grasa. Estos son los resultados obtenidos por Eduardo Lorenzatti en un trabajo realizado por el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC) de Santa Fe (Lenardón y otros, 2000).
“La técnica establecida por IRAM carece de eficacia para investigar [la] presencia de Endosulfán en soja”.
“La presencia de residuo en cantidades mayores a los valores límites permisibles como ocurre con forraje verde y con soja verde son interrogantes que se plantean frente a los límites que establecen las normas internacionales”.
“Ningún otro [trabajo] menciona (…) la incorporación por parte de la planta de moléculas con acción biológica que se alojan en órganos comestibles o materia prima de alimentos”.
“Los plaguicidas organoclorados Alfa y Beta Endosulfán usados en soja transgénica como tratamiento fitosanitario, llegan a la semilla de soja y particularmente se acumulan y depositan en el aceite. La proteína luego de separada de la parte grasa, no presenta residuos”.
“El principal metabolito del Endosulfán, el Sulfato de Endosulfán, se genera a partir de los isómeros Alfa y Beta y se detecta en plantas verdes y secas, así como en semillas verdes y maduras, superando en algunos casos los valores permitidos”.
“Los valores hallados en grano, si bien son bajos, tienen importancia por los procesos de bioacumulación de la cadena alimentaria”.
“El herbicida Glifosato, nunca antes utilizado en soja [en Argentina] sino a partir del desarrollo de las variedades transgénicas (RR), llega al grano de soja y se lo detecta en los análisis cromatográficos específicos. Su principal metabolito, el AMPA, también se halla en grano de soja en concentraciones algo superiores a su predecesor”.
“La inocuidad atribuida al herbicida y la alta degradabilidad del Endosulfán según la FDA y muchos autores, que justifican la autorización para el uso de ambos plaguicidas en soja, está cuestionada a partir de los residuos hallados en este trabajo”.
“Los valores hallados en grano maduro permiten determinar que los tiempos de espera o de carencia o tiempos de seguridad no estarían cubiertos por el tiempo que transcurre hasta la cosecha. La falta de valores máximos permisibles en el Codex permite interpretar como ausencia total o al menos no detectable por los métodos de evaluación” (según Lorenzatti en Lenardón y otros, 2000).
El Endosulfán es fácilmente absorbido por el sistema digestivo, pulmones y piel. En los casos de intoxicación aguda se hiperestimula el sistema nervioso central. Los síntomas de exposición aguda incluyen hiperactividad, temblores, disminución de la respiración, salivación, anemia, falta de coordinación y pérdida de la habilidad para mantenerse de pié. Otros signos de envenenamiento incluyen vómitos, diarrea, agitación, convulsiones y pérdida de la conciencia. Vacas, ovejas y cerdos que pastaron en campos contaminados con Endosulfán sufrieron ceguera (PANAP, 1996; EXTOXNET, 1992).
La exposición crónica a bajas dosis de Endosulfán mostró en animales efectos nocivos sobre riñón, hígado y desarrollo del feto. También disminuye su resistencia a las infecciones (ATSDR, 2000). Se lo menciona asimismo como causante de mutaciones (PANAP, 1996; Joshi, 2001; Yuquan y otros, 2000).
El Endosulfán (Alfa y Beta), CAS # 959-98-8, está considerado un disruptor endocrino (UE3). El Endosulfán puede imitar la acción química del estrógeno y provocar cáncer mamario en cultivo de células MCF-7 (Steingraber, 2001). Pero el Endosulfán “ha mostrado además de su actividad estrogénica ser un buen competidor por el receptor de progesterona” (Olea, Rivas, Olea Serrano y Molina, 2000; Vonier y otros, 1996).
Aunque su relación con otros tipos de cáncer no ha sido establecida, se considera que los organoclorados persistentes, que incluyen al DDT, PCBs y Endosulfán, pueden producir una disminución en la calidad del semen, y aumentar la incidencia de cáncer de testículo y próstata (PANAP, 1996).
Quienes más sufren los efectos del Endosulfán son los países del Tercer Mundo. Su aplicación a gran escala en Kerala (India) estaría relacionada con una elevada morbi-mortalidad por varias enfermedades. Hasta el mes de enero de 2001 su población expuesta había sufrido 49 casos de cáncer (varios tipos), 23 casos de retardo mental y 9 casos de anomalías congénitas (Joshi, 2001). Son los llamados “Niños de Kerala”. Entre 1999 y el 2000 unas 37 personas murieron por efecto del Endosulfán al norte de Borgou, provincia de la república africana de Benin.
El uso del Endosulfán está prohibido en Dinamarca, Alemania, Holanda, Suecia, Belice y Singapur, y en el estado brasileño de Rondonia. Tiene uso restringido a severamente restringido en Canadá, Finlandia, Gran Bretaña, Kuwait, las Filipinas, Rusia, Sri Lanka, Madagascar y Tailandia (PANAP, 1996; Muilerman, 1996; De Oliveira y De Oliveira, 1995; PN, 1996).
El Endosulfán tiene solo un moderado potencial de acumulación, y su molécula se rompe mucho más fácilmente que la de otros clorados, y abandona el organismo mucho más rápidamente (PANAP, 1996). Pese a su rápida degradación en agua, el Endosulfán puede persistir mucho tiempo en suelo (PAN, 2000). El problema, sin embargo, es que uno de sus productos de descomposición, el Endosulfán Sulfato o Sulfato de Endosulfán es más persistente que el Endosulfán. El Endosulfán Sulfato llega a constituir el 90% de los residuos a las 11 semanas de que se aplicara el producto comercial (EXTOXNET, 1992). Es importante señalar que las temperaturas altas favorecen la formación de Endosulfán Sulfato (EXTOXNET, 1992).
El Endosulfán, también denominado benzoepina y tiodan, tiene una Dosis Letal, DL50 oral aguda (en rata) de 18 miligramos por kilogramo de peso. Es un insecticida extremadamente peligroso con un historial muy importante de casos de intoxicación aguda en los Estados Unidos. Entre 1966 y 1982 ese país registró 113 accidentes de intoxicación, 5 de ellos fatales. No existe antídoto para este plaguicida. A nivel de fauna resulta muy tóxico para peces. La DL50 en 24 horas para trucha es de apenas 3,2 partes por billón (ppb).
Sus efectos son más graves cuando el organismo expuesto consume escasas proteínas. Según la Organización Mundial de la Salud la toxicidad aguda del Endolsulfán en ratas se incrementa 4,3 veces cuando éstas reciben una dieta pobre en proteínas. Esta conclusión podría extrapolarse a las personas desnutridas y que consumen pocas proteínas (NCF, 1984).
2.1.2. Glifosato (de uso permitido en Argentina).
El Glifosato es un herbicida sistémico utilizado en post emergencia, no selectivo y de amplio espectro. Actúa sobre pastos anuales y perennes, hierbas de hoja ancha y plantas leñosas.
El Glifosato suele presentarse como sal isopropilamina de glifosato, esto es, sal isopropilamina de N-(fosfonometil) glicina.
El Glifosato inhibe la biosíntesis de aminoácidos aromáticos (fenil alanina, tirosina y triptofano) que participan de la síntesis de proteínas. Inhibe la enzima 5-enolpiruvilchiquicamato-3- fosfato sintasa. También actúa sobre Clorismato Mutasa y Prefrenato Hidrasa. Interviene así en la vía del Ácido Chiquímico, solo presente en plantas vasculares.
El Round-Up, una de las marcas más utilizadas de Glifosato, provoca disfunción de la división celular a nivel de la activación de la CDK1/ Ciclina B. Un 0,8% de Round-Up con 8 mM de Glifosato induce una demora en la división celular (Marc y otros, 2002).
El Round-Up también se ha asociado a un número excesivo de nacimientos con deformaciones en el estado de Minessota, Estados Unidos (Environment Health Perspectives,2002).
El Round-Up es considerado un disruptor endocrino. Se observó que reduce en ratones la producción de hormonas (Environment Health Perspectives, 2000).
El herbicida Glifosato “también llega al grano de soja y se lo detecta en los análisis cromatográficos específicos. Su principal metabolito, el AMPA, también se halla en grano de soja en concentraciones algo superiores a su predecesor” (según Lorenzatti en Lenardón, 2000).
“La inocuidad atribuida al herbicida [Glifosato] y la alta degradabilidad del Endosulfán según la FDA y muchos autores, que justifican la autorización para el uso de ambos plaguicidas en soja, está cuestionada a partir de los residuos hallados en este trabajo” (según Lorenzatti en Lenardón, 2000).
Además de los derivados químicos del principio activo, es frecuente que en los plaguicidas se utilicen sustancias para mejorar la dilución de los principios activos. Entre los más usados por sus propiedades de dilución se hallan los ftalatos (varias formulaciones plastificantes), derivados del ácido ftálico. Los ftalatos son considerados disruptores endocrinos.
Como ya lo dijimos anteriormente, cada fórmula química de plaguicida contiene sustancias no declaradas y a concentraciones desconocidas que pueden aumentar sus efectos.
2.1.3. 2,4 D (ácido diclorodifenilacético, de uso permitido en Argentina).
Pese a que las empresas productoras destacan sus bondades, existe una abrumadora bibliografía donde se describen sus efectos negativos sobre la salud humana y los ecosistemas (Sierra Club, 2005). En mamíferos el 2,4 D deprime el sistema productor de energía (Zychlinski y Zolnierowicz, 1990), reduciendo en el organismo la cantidad de la molécula ATP (Palmeira y otros, 1994). En general se ha asociado el 2,4 D a la producción de dioxinas y furanos, siendo una de las dioxinas, la TCDD, un “cancerígeno humano cierto” para el IARC.
Numerosos estudios epidemiológicos relacionan el 2,4 D con el Linfoma No Hodgkin en agricultores (NHL), que se hallan más expuestos al plaguicida (Zahm, 1997; Fontana y otros, 1998; Zahm y Blair, 1992; Morrison y otros, 1992). También se han documentado los efectos teratogénicos, neurotóxicos, inmunosupresores, citotóxicos y hepatotóxicos del 2,4 D (Blackley y otros, 1989; Sulik y otros, 1998; Barnekow y otros, 2000).
El 2,4 D es un activo disruptor endocrino. Causa supresión significativa de los niveles de hormona tiroidea (Rawlings y otros, 1998). También provoca una pequeña reducción de la descarga de testosterona, y significativos aumentos en la liberación de estrógeno desde las células testiculares (Liu y otros, 1996). En roedores este herbicida también aumenta los niveles de las hormonas progesterona y prolactina, y causa anormalidades en el estro (Duffard y otros, 1991).
Los aplicadores de sexo masculino expuestos al 2,4 D muestran conteos espermáticos más bajos, y mayor cantidad de anormalidades en los espermatozoides cuando se los compara con hombres no expuestos al herbicida (Lerda y Rizzi, 1994). En Minnesota, Estados Unidos, se ha registrado una mayor tasa de defectos al nacimiento en áreas donde se utiliza a gran escala el 2,4 D y otros herbicidas del mismo tipo. Este incremento de los defectos al nacer fue más pronunciado en los niños que se concibieron durante la primavera, época durante la cual se utiliza con más intensidad el 2,4 D (Garry y otros, 1996).
Los tres plaguicidas mencionados anteriormente (el insecticida Endosulfán y los herbicidas Glifosato y 2,4 D) se encuentran entre los más utilizados en cultivos de soja RR (soja transgénica). Es interesante destacar que estos tres complejos químicos son disruptores endócrinos, y que por lo tanto la exposición a sus mezclas suma efectos de disrupción. Obviamente, su fumigación en zonas urbanas y periurbanas puede afectar la salud de las personas aún a bajas dosis. Aunque los agricultores efectúen la fumigación bajo condiciones meteorológicas óptimas, la contaminación por deriva y por transporte de partículas de suelo contaminadas es prácticamente inevitable.
2.1.4. Malathión (de uso permitido en Argentina).
Por lo menos dos formulaciones comerciales de Malathión contienen xilenos (MSDS, 1992; Chaturvedi y otros, 1989), un compuesto que estuvo presente en un caso fatal de intoxicación (Chaturvedi y otros, 1989). La exposición crónica a los xilenos produce daño en hígado y riñón, piel, ojos y médula espinal (Dean, Poje y Burke, 1987). También se asocia con una disminución en la ganancia de peso del feto y con la muerte fetal (U.S. Department of Health and Human Services, 1990: Brenner, 1992). La exposición aguda produce irritación de ojos, nariz y garganta, y puede provocar dolor de cabeza, naúseas, vómito, cansancio, dolor de estómago, vértigo, alucinaciones, pérdida de la conciencia y muerte (Dean, Poje y Burke, 1987). Otros efectos descritos incluyen pérdida de la memoria, falta de coordinación y pérdida de la audición. (U.S. Department of Health and Human Services, 1990; Brenner, 1992).
Además de los ingredientes declarados y secretos el Malathión también contiene impurezas que resultan del proceso de fabricación y de reacciones ocurridas durante su permanencia en envase (cerrado o abierto). A continuación describimos algunas de esas impurezas.
a) Trimetil fosfatos. El Malathion es sintetizado mezclando ácido dimetil fosforoditioico con 1,2 (dicarboxietil) etileno. La síntesis de Malathion se completa hasta en un 90% bajo condiciones relativamente suaves. Su precursor, el ácido dimetil fosforoditioico, sufre reacomodamientos y el producto final contiene un 10% de materiales que no son Malathion. El envenenamiento por Malathion registrado en Pakistán (1976) fue provocado, precisamente, por estas impurezas (sustratos traza de la reacción, productos). Estudios posteriores mostraron que la mayor toxicidad oral se registraba en productos comerciales menos puros (WCB, 1998).
b) Malaoxón. El Malaoxón es un metabolito producido por la oxidación del Malathión en el organismo de mamíferos, insectos y plantas. También se genera por acción del Sol y acción bacteriana. El Malaoxón es 40 veces más tóxico que el Malathión puro (Brodeur y Dubois, 1967; Aldridge y otros, 1979; Brenner, 1992). En ratas tanto el Malathión como el Malaoxón son más tóxicos en inmaduros que en adultos debido a la menor tasa de desactivación del insecticida en los hígados de los más jóvenes (Brodeur y DuBois, 1967).
2.1.6. CLORPIRIFÓS (de uso permitido en Argentina).
El Clorpirifós es un insecticida fosforado clasificado entre los productos de Clase II (moderadamente peligroso). Su nombre según la nomenclatura IUPAC es 0,0-dietil 0-(3,5,6-tricloro-2-piridil fosforotioato), y su fórmula empírica es C9H11Cl3NO3PS (Morales y Rodríguez, 2004).
Sus residuos han sido asociados con una disminución en los niveles de la hormona tiroidea (T 4), y con un aumento en los niveles de estradiol en oveja (Sherman, 1995).
Se lo relaciona además con bajo peso al momento del nacimiento, y menor circunferencia craneal en niños cuyas madres fueron expuestas en forma crónica al pesticida (Perera y otros, 2003).
2.1.5. HEPTACLORO (de uso prohibido en Argentina).
El Heptacloro es uno de los insecticidas clorados que persiste en el ambiente como resultado de aplicaciones pasadas, cuando la sustancia era de uso autorizado.
El Heptacloro interfiere en la transmisión nerviosa y puede provocar un aumento en la actividad de las enzimas que actúan sobre sustancias extrañas al organismo. Esto suele provocar serios casos de intoxicación en personas que están utilizando medicamentos por razones de salud. El Heptacloro Epóxido, uno de sus metabolitos más abundantes, tiene más efectos adversos que el Heptacloro.
La exposición al Heptacloro puede producir hiperexcitación del sistema nervioso central, daño hepático, letargo, falta de coordinación, convulsiones, dolor de estómago y coma. Es un claro disruptor del sistema endocrino (EMS, 2001). Se asocia a infertilidad y defectos en el desarrollo.
Para la EPA el Heptacloro y el Heptacloro Epóxido son cancerígenos B2, y para el IARC son cancerígenos 2 B (Posible cancerígeno para humanos, cancerígeno comprobado para animales de laboratorio).
2.1.6. DDT (de uso prohibido en Argentina).
Es un plaguicida con notable efecto residual. El DDT y sus metabolitos fueron hallados junto al Heptacloro en suelo agrícola, suelo residencial y sedimento de tanques de agua en barrio Ituzaingó Anexo (ver arriba). Además de sus efectos tóxicos, el DDT y sus metabolitos más usuales tienen una claro efecto de disrupción endocrina. Para el IARC el DDT es un cancerígeno 2 B.
2.1.7. Lindano (de uso prohibido en Argentina).
Es el gamma-hexaclorociclohexano, una de las ocho variantes químicas (isómeros) del insecticida organoclorado HCH. El HCH queda en el aire por extensos períodos de tiempo y puede viajar largas distancias. Se ha determinado que el Lindano afecta negativamente el sistema inmunológico de las personas y disminuye su capacidad para resistir enfermedades virales y bacterianas (Repetto y Baliga, 1996). Es además un disruptor endocrino, y un posible cancerígeno humano según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). A altas dosis afecta el sistema nervioso, riñón e hígado, y produce desórdenes en el tejido sanguíneo. Su contenido puede medirse en sangre, orina, tejido graso, leche materna y semen.
2.2. COADYUVANTES Y OTRAS SUSTANCIAS DE ACOMPAÑAMIENTO.
En Argentina se ha acrecentado el uso de coadyuvantes que facilitan el contacto directo entre principio activo y planta. En general puede asumirse que además de acompañar también pueden interactuar con los principios activos y de formulación sumando sus efectos, sinergizándolos o reduciéndolos (caso poco probable). Los coadyuvantes también pueden actuar como disruptores endocrinos.
Entre las sustancias más empleadas se hallan alquilfenoles como el Nonil Fenol Etoxilado (CAS # 9016-45-9), que tiene una LD50 de >0,01065 mg/l en 4 horas para conejo. Es reconocida la estrogenicidad del p-Nonil Fenol.
En el trabajo “Uso de aditivos para optimizar las pulverizaciones” el INTA indica que en la Estación Regional Agropecuaria de Castelar “se estudió la utilización, sobre hojas de soja, caracterizadas por su gran pilosidad, dos aditivos comerciales basados en Alcohol Etoxilado (AE) y en Nonil Fenol (NF), en tres dosis diferentes. Los resultados de este trabajo indican que ambos productos duplican y hasta quintuplican la superficie cubierta con respecto al testigo pulverizado solo con agua” (INTA, 2000). Lamentablemente se han realizado estudios sobre el ahorro de costos que produce el uso de coadyuvantes, pero no sobre sus efectos sobre la salud, ni su posible suma al efecto disruptor del Alfa y Beta Endosulfán.
3. DAÑOS A LA SALUD POR LAS BAJAS DOSIS DE UNO O MÁS PRODUCTOS (PRINCIPIOS ACTIVOS, ACOMPAÑANTES, COADYUVANTES, ETC.) QUE TIENEN EL MISMO EFECTO, POR EJEMPLO DISRUPCIÓN ENDOCRINA, O QUE SUMAN Y SINERGIZAN OTRAS CONSECUENCIAS.
3.1. DISRUPCIÓN ENDÓCRINA.
Existe un conjunto de moléculas que alteran el delicado balance hormonal de las personas y otros seres vivos. La EPA define a los disruptores endocrinos (DE) como “agentes exógenos que interfieren con la síntesis, secreción, transporte, unión, acción o eliminación de las hormonas naturales responsables del metabolismo, la reproducción, el desarrollo y el comportamiento” (EPA, 2003).
Actualmente se listan unas 500 sustancias como disruptoras endocrinas (Morales y Rodríguez, 2003). Entre estas sustancias se encuentran plaguicidas, herbicidas, Alquilfenoles, Bisfenol-a, Dioxinas, disolventes (por ejemplo Percloroetileno), Estireno, Ftalatos, PCBs y Tributilestaño (TBT).
En el caso particular de los cultivos de soja son disruptores orgánicos el Alfa y Beta Endosulfán, el aditivo Nonil Fenol Etoxilato y sus equivalentes, y el 2,4 D.
La disrupción endocrina se produce por la acción de sustancias químicas e incluso energías de origen externo que inciden sobre los reguladores citocrinos, sustancias que actúan en la regulación química local o intercelular. Los citocrinos (o citocrinas) que se mueven a través de fluidos extracelulares se denominan reguladores paracrinos, y los que actúan en la propia célula, autocrinos. El término intracrinos fue propuesto para designar los reguladores intracelulares (los factores de transcripción y los segundos mensajeros, por ejemplo).
Aunque tienen en realidad efectos más amplios, los disruptores endocrinos (DE, o EDC en singul; DEs o EDCs en plural) ejercen efectos muy notables a nivel de tres ejes: el HPG (eje hipotalámico-pituitario-gonadal), el HPT (eje hipotalámico-pituitario-tiroideo) y el HPA (eje hipotalámico-pituitario-adrenal). Se asume en general que la mayoría de los mecanismos que intervienen en estos tres ejes pueden ser aplicados a otros sistemas endocrinos (Damstra y otros, 2002).
Sin entrar a detallar los variados mecanismos de acción (muy bien resumidos en el trabajo de Damstra y otros), señalamos que son disruptores endocrinos:
a) Los principios activos de los siguientes plaguicidas: a.1) Plaguicidas organoclorados: DDT, Dieldrin, Clordano, Endosulfán, Lindano, Metoxicloro y Toxafeno; a.2) Plaguicidas organofosforados: Malathión, Paratión, Clorpirifós, Fentión, Metamidofós y Dimetoato; a.3) Carbamatos: Aldicarb, Carbaryl y Carbofurán; a.4) Ditiocarbamatos: Mancozeb, Maneb y Zineb, y a.5) Piretroides sintéticos: Lambdacialotrina, Permetrina y Cypermetrina (recopilación efectuada por Morales y Rodríguez, 2003).
b) Los plaguicidas (marcas comerciales) que integran además del principio activo aditivos e impurezas con efecto disruptor. Por ejemplo principio activo + ftalatos.
c) Las mezclas de plaguicidas que tienen en común acción disruptora, incluso cuando los componentes de esa mezcla son aplicados en distintos tiempos. Por ejemplo cuando se utilizan en el mismo campo dos o más productos con efecto disruptor. Por ejemplo el herbicida Glifosato y su derivado AMPA + el insecticida Endosulfán y su derivado Sulfato de Endosulfán.
D La mezcla de plaguicidas con actividad disruptora, y otras sustancias químicas y energías a las que está expuesta la persona, y que también son disruptoras endocrinas (cóctel de sustancias y energías). Esta es la situación más frecuente y de efectos menos predecible. Por ejemplo el herbicida Glifosato y su derivado AMPA + el coadyuvante Nonil Fenol Etoxilado + el insecticida Endosulfán y su derivado Sulfato de Endosulfán + congéneres de PCBs (descargado desde un transformador contaminado que sufre incendios y explosiones) + quema de plásticos PET (con ftalatos), etc.
Los disruptores endocrinos pueden producir en la mujer: cáncer de mama, endometriosis, muerte embrional y fetal, y malformaciones en los bebés. En las mujeres jóvenes pueden ocasionar pubertad precoz, cáncer de vagina, mayor incidencia de otros tipos de cáncer, deformación en los órganos reproductores, problemas de desarrollo del sistema nervioso central, bajo peso al nacer, hiperactividad, problemas de aprendizaje, y disminución del coeficiente y de la comprensión de lectura.
En los hombres adultos los disruptores endocrinos pueden producir cáncer de testículo, cáncer de próstata, reducción en el número de espermatozoides, reducción en la calidad del esperma, disminución en el nivel de testosterona, y modificaciones en la concentración de la hormona tiroidea. En los niños, adolescentes y hombre jóvenes pueden ocasionar criptorquidia, hipospadias, reducido número de espermatozoides, disminución del nivel de testosterona, problemas en el desarrollo del sistema nervioso central, bajo peso al nacimiento, hiperactividad, problemas de aprendizaje, y disminución del coeficiente y de la comprensión de lectura.
Tanto el uso de plaguicidas como los controles efectuados por profesionales se basan principalmente en las recomendaciones de los fabricantes, y la generalizada utilización del criterio de toxicidad (LD50 y asimilables), en su mayoría referidas a un solo producto (o principio activo). Este procedimiento es equivocado por dos motivos: a) Porque no intervienen sustancias puras sino complejos de sustancias químicas (ver arriba). b) Porque además de los efectos toxicológicos existen efectos de otra naturaleza a bajas dosis, y c) Porque los contaminantes derivados del uso de plaguicidas se asocian a otros contaminantes y sustancias (cóctel químico), y formas de energía ionizante y no ionizante (cóctel energético), lo que genera cócteles complejos que inciden sobre la persona expuesta.
Los barrios y viviendas rurales expuestos a la aplicación de plaguicidas reciben en forma separada o conjunta los “complejos” químicos correspondientes a diferentes marcas. Aunque se han registrado fenómenos de aplicación en que el cuerpo entero de los niños ha sido fumigado (barrio Ituzaingó Anexo, 2002-2004), el efecto más común es mezcla de bajas dosis. Aunque no suelen registrarse intoxicaciones agudas, los múltiples síntomas declarados por la población sugieren el efecto de bajas dosis, y la posible ocurrencia de fenómenos de disrupción endocrina y depleción del sistema inmune (ver abajo).
3.2. AFECTACIÓN DEL SISTEMA INMUNE.
Un gran número de pesticidas, entre ellos Dieldrin, Aminocarb, Captan, Carbaryl, Lindano (HCH), Malathión y Diclorfós pueden inducir cambios en el sistema inmune (US NRC, 1993; Barnett y Rogers, 1994; Tirado, 2002).
El sistema inmune de los niños es particularmente susceptible a los efectos de los plaguicidas. En el distrito agrícola de Moldova, donde se ha registrado una utilización intensiva de plaguicidas (20 veces por encima de la media mundial), el 80% de los niños sanos mostró depresión inmune. Niños de esta región fueron 3 veces más susceptibles de contraer enfermedades infecciosas del tracto digestivo, y 2 a 5 veces más sensibles a sufrir enfermedades del sistema respiratorio. En esta misma zona los trabajadores de fábricas de pesticidas muestran elevadas tasas de morbilidad por enfermedades infecciosas de los sistemas digestivo, urinario, respiratorio y en el caso de las mujeres, también del aparato genital (Repetto y Baliga, 1996).
La exposición a los organoclorados Aldrin y Dieldrin, prohibidos en Argentina, reduce la resistencia a infecciones virales, mientras que el DDT reduce la producción de anticuerpos en mamíferos y aves. El fosforado Paratión, también prohibido en nuestro país, retrasa la producción de anticuerpos y suprime la respuesta de células T en cultivo de células (Repetto y Baliga, 1996). Ambos autores indican que en ensayos de laboratorio varios solventes, ingredientes inertes y contaminantes de las formulaciones originales de plaguicidas también pueden suprimir la respuesta inmune (Repetto y Baliga, 1996).
4.1. Existe una marcada preocupación entre los médicos de distintas especialidades por la mayor cantidad de casos de cáncer, el surgimiento de ciertas patologías características (como afectación del sistema hormonal y del sistema inmune), y el recrudecimiento de ciertas afecciones, como alergias, y su mayor ocurrencia entre pobladores que sufren los efectos de la fumigación.
4.2. La autorización de fabricación e importación de plaguicidas, la regulación de su uso, y el seguimiento de efectos no pueden basarse solamente en la noción de intoxicación aguda, de Dosis Letal 50 (DL50), y de criterios asimilables a la dosis letal. Es necesario incorporar el concepto de efectos por bajas dosis y la noción de cócteles de contaminantes: a) El cóctel propio de cada plaguicida, que cambia con el tiempo y las condiciones por ejemplo de temperatura; b) El cóctel entre plaguicidas y coadyuvantes y otras sustancias de uso conjunto; c) El cóctel de distintos plaguicidas y su evolución química; d) El cóctel entre plaguicidas ya existentes y los aplicados en un campo, y e) El cóctel entre plaguicidas y otros contaminantes del ambiente: e.1) Energéticos (radiación ionizante, radiación no ionizante, calor, etc.), e.2) Materiales (entre ellos contaminación con metales pesados, tabaquismo, uso de medicamentos en las personas expuestas, etc.), y e.3) Biológicos (fragmentos de vegetales, microorganismos) (Montenegro, 2004a y 2004b).
Debe asumirse además la mayor sensibilidad a los efectos de los plaguicidas que muestran los embriones, fetos, bebés y niños, las madres en gestación, y las personas de la tercera edad. También debe considerarse el variable estado sanitario de las personas expuestas, y que las poblaciones indígenas suelen ser particularmente afectadas (Montenegro, 2006b).
Sobre la base de los efectos de disrupción endocrina y de depleción del sistema inmune debería revisarse el listado de sustancias autorizadas, e incrementar el listado de plaguicidas prohibidos (ver Anexo 2). Entre las sustancias que deberían ser inmediatamente prohibidas se encuentran, por ejemplo, Endosulfán y Clorpirifós.
4.3. La ausencia de franjas donde no se permita la aplicación de plaguicidas, asociada al crecimiento desmesurado e incontrolado de áreas cultivadas, han hecho aumentar en forma notable la población expuesta a los plaguicidas. Esto conforma un extenso, peligroso e inaceptable experimento epidemiológico (ver arriba).
Dada la imposibilidad de practicar controles cualitativa y cuantitativamente eficientes sobre los cultivos, la medida más práctica para disminuír los efectos del uso de plaguicidas (incluso biológicos) consiste en prohibir su uso en áreas urbanas y en franjas periurbanas.
En el Anexo 1 se incluye un proyecto tipo de ordenanza municipal. Mediante esta norma se establece una franja periurbana de protección que debe tener como mínimo 2500 metros. Si los municipios no adoptan medidas urgentes (incluso reduciendo el ancho de la franja de protección), también serán responsables de los graves perjuicios a la salud que provoca el uso periurbano de plaguicidas.
Mediante esta u otras normas debería prohibirse la localización dentro de la trama urbana y en zona residencial de: a) Fábricas de plaguicidas; b) Depósitos y fraccionadoras de plaguicidas; c) Silos y otros depósitos de granos; d) Secaderos de granos; e) Depósitos de envases vacíos de plaguicidas, y f) Fábricas dedicada al reciclaje de envases vacíos de plaguicidas. Todas estas actividades son incompatibles con la protección de la salud.
4.4. Actualmente los Ingenieros Agrónomos carecen de suficiente formación profesional para abordar las siguientes cuestiones: a) La evolución química de los plaguicidas en la secuencia fábrica-transporte-almacenamiento-aplicación-interacción con el ambiente-migración-deposición a distancia; b) La fisiología humana y su comportamiento ante bajas dosis de plaguicidas, de mezclas de plaguicidas, y de mezclas de plaguicidas con otros contaminantes; c) La noción de cócteles químicos a nivel de plaguicidas, de mezclas de plaguicidas, y de mezcla de plaguicidas con otros contaminantes, y la noción de megacóctel (Montenegro, 2004b), y d) Los efectos negativos de las bajas dosis y la exposición crónica sobre el sistema endocrino (efecto de disrupción endócrina), sobre el sistema inmune (efecto de depleción inmune), y sobre otros sistemas y tejidos (hepatotoxicidad, neurotoxicidad, etc.). Urge por lo tanto redefinir el “equipo de asesoramiento fitosanitario”. En estos equipos deben participar Médicos, Químicos y Bioquímicos, Biólogos y Veterinarios (entre otras profesiones), además de Ingenieros Agrónomos.
4.5. En general las áreas que controlan el tema agroquímicos (Secretarías y Ministerios de Agricultura en la nación y las provincias, dependencias de ambiente en los Municipios) carecen de planteles técnicos especializados para manejar los efectos de altas y bajas dosis de plaguicidas. Existe además una generalizada falta de conocimientos actualizados para enfrentar los actuales experimentos epidemiológicos a que nos somete la incontrolable expansión de los cultivos de soja, y la aplicación descontrolada de plaguicidas.
Lo ocurrido en barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba, por ejemplo, mostró no solo la incapacidad de la Secretaría de Agricultura para controlar espacios que se hallan geográficamente muy próximos a sus oficinas (barrio y Secretaría están dentro del Ejido de la ciudad), sino también escasez de actualización en sus conocimientos.
En las reuniones mantenidas entre vecinos, ONGs y profesionales del área de Agricultura en Córdoba se comprobó que los técnicos gubernamentales carecían de formación en química, ecología, y epidemiología, ignoraban los riesgos derivados de cócteles de sustancias (al interior de cada plaguicida, entre plaguicidas, y entre plaguicidas y otros contaminantes), minimizaban la importancia de considerar bajas dosis, no estimaban el riesgo por disrupción endocrina y depleción del sistema inmune, y desconocían en general la vigencia en Argentina del Principio de Precaución, obligatorio por Ley Nacional n° 25.675/2002 (Artículo 4). Es altamente probable que similares vacíos y deficiencias se observen en áreas equivalentes de otras jurisdicciones y provincias.
4.6. El sistema total de evaluación, revisión y aprobación de plaguicidas debe ser completamente revisado. Cada intervención del organismo de evaluación tiene que ser abierta a la comunidad, con un tiempo razonable de consulta pública por Internet. Dicho organismo quedaría obligado a responder todos los cuestionamientos, y a considerar los aportes técnicamente fundados. El estado debe asumir que la sola consideración de los efectos agudos y de la Dosis Leal 50 (DL50) son insuficientes para proteger la salud de las personas y los ecosistemas.
Actualmente siguen desarrollándose métodos alternativos de evaluación para mejorar los limitados sistemas actuales. Dos organismos de Estados Unidos cumplen una interesante tarea en este proceso de revisión y validación: el ICCVAM, The Interagency Coordinating Committee on the Validation of Alternative Methods, y el NICEATM, The National Toxicology Program Interagency Center for the Evaluation of Alternative Toxicological Methods. Se han evaluado por ejemplo métodos para la evaluación del efecto de disrupción endocrina (In Vitro Endocrine Disruptor Screening Assays) (ICCVAM, 2006).
4.7. Los sistemas municipales, provinciales y nacional de evaluación de la morbilidad y la mortalidad deben ser unificados. Urge establecer: a) La obligatoriedad de declarar todo caso de morbilidad y mortalidad; b) Generar un sistema de planilla universal y de historia clínica universal para homogeneizar los procesos de registro, de atención de pacientes, y de transferencia, almacenamiento y utilización de los datos; c) Garantizar que estas planillas permitan espacializar y temporalizar los datos obtenidos; d) Habilitar un sitio en Internet para el libre acceso de la información sobre morbilidad y mortalidad (sin mención de datos identificatorios de personas), y e) Institucionalizar la evaluación permanente de los datos para hallar normalidades y anormalidades en morbi-mortalidad. El caos actual de registro y la falta de sensores epidemiológicos favorece el uso de plaguicidas indebidamente evaluados, y las prácticas productivas irresponsables.
4.8. La destrucción feroz de los ecosistemas naturales de Argentina para su reemplazo desplanificado por cultivos (estrategia alimentaria de cadena corta, Montenegro, 1999 y 2006) afecta la sustentabilidad del país a corto, mediano y largo plazo. También está sustrayendo territorios que pertenecen ancestralmente a las comunidades indígenas (Montenegro y Stephens, 2006).
La existencia de >16 millones de hectáreas plantadas con soja mayoritariamente transgénica, por ejemplo, provocó la destrucción de ambientes nativos que eran indispensables para el mantenimiento de las “fábricas” naturales de agua, suelo, diversidad biótica, diversidad ecológica, y estabilidad climática. Argentina ya perdió más del 84% de sus bosques nativos, y el proceso de destrucción continúa sin que el estado arbitre medidas de control. También ha aumentado la fragilidad del país ante fluctuaciones en los precios internacionales de la soja. De continuar este proceso simplificador, acompañado del masivo uso de plaguicidas de alto impacto sanitario y ambiental, aumentará la posibilidad de fuertes colapsos locales y regionales (por desertificación, inundación, sequía, etc.), y la consolidación de un experimento epidemiológico sin precedentes. Los cultivos son actualmente la industria más dispersa y contaminante del país, y al mismo tiempo la menos controlada y evaluada desde una perspectiva sanitaria y ecológica. El mosaico ambiental de Argentina no puede transformarse en un monocultivo. Es necesario e indispensable que toda operación de desmonte y de reemplazo de la vegetación nativa se suspenda por 5 años como mínimo, y que las provincias, los municipios y la nación adopten una política conjunta de protección ambiental, de reducción de la estrategia de cadenas alimentarias cortas, de convivencia entre ecosistemas productivos y naturales (pues estos últimos son las únicas “fábricas” de suelo y de agua), de aumento de la biodiversidad en los cultivos, de reducción del uso de plaguicidas químicos, y de fomento del Manejo Integrado de Plagas (MIP, ver abajo).
4.9. El uso dominante de plaguicidas químicos debe ser reemplazado por el MIP, Manejo Integrado de Plagas (ver Brewer, 1996). Debe darse una mayor importancia al aumento controlado de biodiversidad en los cultivos, al uso de controles biológicos nativos, al control mecánico, etc.
4.10. Este trabajo es un informe abierto a las críticas y las opiniones fundadas. Se concretó en forma voluntaria enfrentando crisis de tiempo y de disponibilidad de recursos económicos. Entre sus objetivos destaca la entrega de información normalmente poco accesible para los vecinos y personas afectadas, contribuir a la fijación Municipal de franjas donde no se puedan aplicar plaguicidas, y cambiar los sistemas de evaluación de riesgos de plaguicidas. La sola consideración de los efectos agudos y de la Dosis Letal 50 (DL50) son anacronismos que provocan una creciente y silenciosa morbilidad y mortalidad. El actual enfrentamiento entre productores y afectados carece de sentido. Debe ser reemplazado por un diálogo abierto, científicamente fundado, que respete a rajatabla el Principio de Precaución reconocido en Argentina por Ley.
Mi sincero agradecimiento al Grupo de Madres de Barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba con quienes he coincidido y he disentido. Su realidad y su lucha han sido fundamentales para el cambio de realidades que parecían incambiables. A los vecinos de Oncativo, Mendiolaza y San Francisco en Córdoba, a los vecinos de Landeta y Las Petacas en Santa Fé, y a las otras comunidades con las cuales trabajamos. Su persistencia, optimismo y responsabilidad siguen inspirándonos. Desde FUNAM y nuestra Cátedra solo acompañamos. La lucha está en manos de los vecinos.
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hola sole soy de san francisco córdoba aca esta la restrinción de fumigación a no menos de 500 mts, pero hace un par de meses atras desde sociedad rural pidieron que esa ordenanza municipal caduque. Existe un grupo “paren de fumigar” que logró esta ordenanza, sabias de este grupo?
Comentario por lore 22 diciembre 2009 @ 3:57 PM
necesito un numero telefonico para comunicarme con el Dr. Raul Monetenegro
Comentario por vanesa 10 noviembre 2009 @ 4:02 PM
Vanesa: Para comunicarte con el Dr. Montenegro te recomiendo visitar la página web de su ONG: http://www.funam.org.ar/
Comentario por Soledad Sede 10 noviembre 2009 @ 4:04 PM
necesito el mail del dr. montenegro. gracias
Comentario por daniel 19 agosto 2009 @ 2:37 PM
Buenas tardes Daniel, el Dr. Montenegro es el Presidente de la FUNAM. En esta dirección encontrarás su e-mail: http://www.funam.org.ar/quienes.htm
Comentario por Soledad Sede 19 agosto 2009 @ 2:47 PM