Source: https://www.scribd.com/document/71531474/La-Enojosa-a-Sobre-El-Salitre-Sostenida-Entre-Bolivia-y-Chile-El-Famoso-Impuesto-de-Los-Diez-Centav
Timestamp: 2017-03-27 10:46:22
Document Index: 277114332

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cootroyefsl8 sobre el salitre.sostenida entre Bollli.8 J CIIiftEL FAMOSO IMPUESTO DE LOS DIEZ CENTAVOS
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IN8UOréCA U;I./,S,
VCHO se ha discutido y escrito por publicistas e historiadores de renombre, acerca del problema de las negociaciones salitreras efectuadas por Bolivia, sobre los 'productos que sacaba de los extensos yacimientos de Atacama, y cuya posesión de'sde tiempos antiquísimos nadie se había atrevido a disputarle. En efecto, sin remontarnos a las etapas más distantes de hl vida de América, cuando estaba aún sujeta al dominio de España en condición de colonia, y deteniéndonos sí solamente en el año de 1810, fecha del uti . possidetis, que estableció una perfecta y definitiva demarcación, veremos con toda claridad cuales fueron los límites asignados a los pueblos sudamericanos, por los m~marcas españoles. Ese uti possidetis, al que debían acojerse con posterioridad las nacientes repúblicas del Nuevo Continente, cuando litigaban para establecer sus verdaderos límites, entregó de hecho el despoblado de Ataéama a Bolivia, motivo por el cual, ésta ejerció todos los derechos compatibles con la posesión. Sin embargo, la cesión hecha a Bolivia por el referido uti possidetis de 1810, de tierras despobladas e in<,uttas y desprovistas de todo asomo de vegetación, como' ~ntonces se creía, no despertó el menor interés 'elf~';"
-6otros países limítrofes; pero, cuando viajeros y hombres de ciencia se aventuraron a. explorar el desierto, y después como cansecuencia de sus investigaciones yestu~liosJllegaron ~ la conclusión de que existí¡n riquezas mcalculables dIgnas de explotarse, la ambición y laen~·· 'lidia consociadas, movieron al gobierno de Chile a di&o., putar la posesión del despoblado a quien legítimamente le pertenecía, retrotrayendo las cosas a su primitivo estado y citando en apoyo de su absurda tesis, las cartas . dirigidas al Emperador Carlos V por el conquistador don Pedro de Valdivia, así como también las leyes de Indias que creyó pertinentes al caso, maliciosamente invocadas y peor interpretadas. Desgraciadamente, la situación interna de 130livia nada halagadora, permitió a Chile llevar adelante susplanes, asaeteadO'tal vez por la desastrúsa situación financiara en que se hallaba, con los ingresos de sus rentas fiscales insignificantes y sin contar con productos co. mo los nitratos y el guano, que de~e 1842 explotaba y beneficiaba Bolivia. Pues bien, para arbitrarse recursos y poder hacer frente a sus gastos presupuestales, Chile declaró l"()~rnuamente que tenía derechas sobre una parte ~ A~ma, y que en consecuencia, Bolivia no tenía razón' al- . guna para ejercer su hegemonía sobre todo el desierto. 'De aquí que-principiasen las controversias diplomáticas, que pasando por una serie de incidencias. que ahondaba aún más la política interna de Bolivia, informada por la sangrienta dictadura de Melgarejo, llevar.on a Chile a obtener de su contendor la celebración del tratado de 1866, corto paréntesis para aquella época convulsa y agitada. Pero ese tratado de 1866 no tenía casi puede de'~irsevalidez alguna, toda vez que el dictador Melgarejo al celebrarIo, había atentado contra las leyes sobre 'tributación minera expedidas por el Congreso bolivian~ y que-regían a la fecha de la celebración del ~ncionado tratado.'
-7Es ~8í COUlo, y a pesar de todo. el dictador boliviano ellO de noviembre de 1866, aprobó el tratado a que nos venimos refiriendo y que había sido celebrado en 10 de agosto del mismo año, alegando para el caso estar investido de la suma de 101 if"oderespúblicos. Como es de suponerse, hecho tan insólito como atentatorio a las leyes del Estado, no podía encontrar en Bolivia acogida favorable, y es por esto que a la \:aída de Melgarejo, el Congreso <;Iue reunió en la ciuse dad de La Paz en 1871, procedIó a desaprobar los actos de la Dictadura, lo que trajo comO'consecuencia la. consiguiente tirantez de relaciones entre Chile y Bolivi: por el hecho <.leafectarse intereses chilenos comprometidos en negociaciones llevadas a cabo por éstos, en mérito de ,lo estipulado en el tratado de 1866,", y de las graciosas concesiones expuestas en su contenido. En ef~cto, en este convenio celebrado por lã sola voluntad de Melgarejo, como ya lo, hemos dicho, se determinaron los límites que habían de separar a las dos .. ~epUblicas, los mismos que fueron objeto de apasionadas eontroversias juridicas, históricas y científicas y en que con todo ahinco se empeñaron tanto escritores bolivianos como chilenos. = Como quiera que a pesar de todas sus argucias y sofismas, la diplomacia chilena no había consolidado aún su dominio en Atacama, lo que a todo evento pretendía, y que había originadO' repetidas reclamaciones. por parte de Bolivia, hubo de apelar al tratado del 66, contando para el caso con la debilidad de Melgarejo y de su secretario general don Mariano Donato Muñoz, quien acaso influyó poderosamente en el ánimo' del Ministro de Relaciones Exteriores de aquel año, don Juan R. Muñoz Cabrera, de no muy grandes conocimientos en 10 concerniente a esta cuestión limítrofe, que tanto tenía preotupado a los dos países litigantes. y viose precisado Ch~le a dar estos pasos, por el hecho de no haber podido refutar su Ministro de Reladones y distinguido hombre público don Jerónimo V~t~:
-.8meneta! las conclusiones a que arribó su colega el de Bolivia, don Manuel Macedonio Salinas, quien con perfecto conocimiento de la materia probó el derecho que tenía su país en Atacama (posesión que le disputaba Chi- " le) y que después hURode ampliar tan luminosa.men~'don Rafael Bustillos. " Pues bien, Chile que según la propia expresión de ' una de sus más entusiastas historiadores, n'o deseaba .otra cosa que la revisión de sus frontere,.s, aprovechó de la grave crisis política porque atravesaba Bolivia, para celebrar, como ya hemos apuntado, el tratado de 10 de agosto de 1866, que fijó como límite definitívo de Chile en la frontera, el paralelo 24. ' Es preciso observar aquí, que si Chile demostraba tanto inter~s por Atacama, no era por buScar.una, dilatacióna sú territorio, sino para aprovecharse' deJas riquezas que se habían encontrado en el hasta entonces extenso despoblado, y cuyos valjados productos estudiados a la luz de la ciencia por el viajero Philippi, despertaron la codicia de Chile, quien desde entorfces'no omitió esfuerzo de ninguna clase por sentar de una vez "Su dominación en el desierto.. No será demás advertir que en 1842, Chile no tuvo reparo en declarar que todo lo descubierto en Ataè:ama, ('omo caliches, nitratos, guano, cobre y otros produë:. tos, eran netamente de própiedad chilena. Claro está, y en vista de lo que venimos exponiendo, y aprovechándose Chile de la debilidad de Melgareja, procuró sacar el mayor partido posible del tratado que aju...~arael 66, y en tal sentido logró esa tan ansiada delin\itación de fronteras y algo más todavía, pues el dictador boliviano, .sugestionado por el gobierno de San'tiago, concedió por ley de 5 de febrero de 1868, toda una serie de privilegios a favor de la casa Milbourne Clark y Cia., en la cual dicho sea de paso entraron capitales chilenos, que hubieron de consolidar el estableCImientode la que defl-puésomó el nombre definitivo de Compañia de t Salitres y Ferrocarril de Antofquta. Fueron estos ca-
-9pitalistas los señores Puelma y Ossa y Agustín Edwardst a 10'3 quP se unió con posterioridad Antonio Gibbs e hi,i' todos los que ingresando a la citada Compañía en calidad de accionistas, cimentaron la negociación Milbourne. Ahora bient a pesar de obtener el gobierno chileno grandes franquicias con el tratado de 1866 y en mérito de la ley de 5 de febrero de 1868, tales como "la concesión gratuita a la referida casa Milbourne de una inmensa extensión de territorio en el desierto de Atacama, de 15 leguas de sur a norte, y 25 de este a oeste, a partir del paralelo 24, desde el mar", a pesar de todo esto decimos, no vió (~olmadas totalmente sus aspiracionest por lo' cual encaminó su diplomacia en el sentido de alcanzar mayores ventajas aún. Pero no se vaya a creer que Chile procedía de buena fe al celebrar sus arreglos con Bolívia. Aunque aparentemente así lo demostraba, lo cierto es que en el fondo otros eran los fines que perseguía su astuta diplomacial¡¡.Una prueba de ello es que, cuando se habló del tratado de 1866, el publicista chileno don Marcial Martínez fundamentaba su opinión contraria a la letra de ese tratado con las siguientes palabras: "No hay en la historia de la diplomacia, al me" nos que yo sepa, otro ejemplo de pacto' de comunidad " que el que nosotros hemos dado, porque a nadie se " le ha ocurrido un absurdo semejante. La comunidad
" es fuente permanente de rencillast de desconfianzas, " de reclamaciones, y lo que es peor, compromete la H dignidad y soberanía de los pueblos sometidos a tal " pacto". (1)
Ciertamente que no anduvo errado el referido escritor, porque solamente la incapacidad del dictador Melgarejo pudo inclinar1~ 3; permitir que Chile ejer~iera hegemonía sobre la provincIa de Atacama, perteneCIente
(1)--1-:1 procc~t) ùe L'hil~ l'or el Dr. O. Zoyl0 folores. SC~I11\ ~iar{'i:d Martinez,
.:\1\1\1:::)·
tm en 1'\vrte Am¿'rka.-E~te rebto detallado de la negociaciÚlI salitrera, hecho por él diplom:H¡('o hQ1ivian-o. corre instrto en la ohra. de D. Mtiriano Felipe P::u: So~dáJ1. «Guerra de Cbjl~ contra e1 PerÚ y Bolîvia».-Vcase el Apéndice No. S. pág. 798 de la ohra citada.
-10 ê. Bolivia y que el pueblo de Arauco indebida e injustamente detentaba y expoliaba. Luego ¿a qué se acogió Bolivia entonces para dedarar nulo y sin valor el tratado del 66? Hemos observado en párrafos anteriores la forma como Melgarejo celebró ese pacto atentatorio a las leyes de Bolivia, y como el gobierno que se inauguró a raiz de la caída de éste, procedió a desaprobar uno a uno los actos de la dictadura, contrarios y lesivos a los intereses de la Nación. Con efecto, apenas realizados estos sucesos, una Asamblea perfectamente constituída, expidió las leyes de 9 y 14 de agosto de 1871, que declarabá caducos los convenios diplomáticos celebrados por la funesta dictadura. Como es de suponerse, la Compañía de Antofagasta, se encontró con esta decisión de la Asamblea seriamente comprometida en sus. intereses, pues ella había negociado ciñéndose a lo preceptuado en el convenio del 66, motivo pOT el cual entabló la correspondiente redamaciôn; la misma que en sí no nevaba invívita ninguna razón de derecho que pudiera justificarIa, toda vez que l~s propios capitalistas chilenos sabían que negociaban un contrato doloso, y cuyas consecuencias debieron haber prevista antes de contratar. El propio historiador chileno don Benjamín Victlña Mackenna, al hablar de estos negocios salitreros, ca~jficaal dictador Melgarejo de fácil e inconciente ampa-
rador de aquella industria en. ciernes.
De tal manera, pues, que Bolivia, defendiendo su soberanía torpemente ultrajada por Melgarejo, desaprobó ese indecoroso tratado, y libre ya de esa traba, negoció nuevamente con Chile, que en cierta JIlanera se había sustituido a los primeros empresarios de Antofagasta, pactando acto s.eguidocon .s~ antiguo e irreductible litigante, el COTIvemo 5 de dICIembrede 1872, que de ajustado por los pl~nipotenciarios Lindsay y Corral, no hubo de surtir efectos de ninguna clase y sí más bien despertó todª suerte de recelos, lo que hubo de traer como
resultado las bases de un nuevo y último tratado que foie 4jUStó el 6 de agosto de 1874, entre el Ministro' de Relaciones Exteriores de Bolivia, don Mariano Baptista y el plenipotenciario chileno don Carlos Walcker Martínez. En ese tratado, en efecto, se estipularon entre otras cosas, los límites que en lo sucesivo habían de demarcar las fronteras de los dos países, así como también la declaración expresa hecha por ambas partes contratantes de partirse por mitad las utilidades que obtuviesen como resultado de la explotación del guano, al que también y en mérito de la cláusula pertinente, se le fijó los derechos de exportación que había de pagar y la contribución con que se le gravaba como a cualquier otro productor; todo lo cual, como bien se comprenderá, quedó perfectamente especificado y precisado en los diez artíeulos del pacto en referencia. Sin embargo, y a pesar de ser tan claras las disposiciones contenidas en ese tratado, así como las que preceptuó el protocO'lo adicional del mismo mes y año, Rurgieron serias dificultades promovidas por la cancille1ía ~hilena, que, como siempre, alegaba numerosas razones inconducentes, para faltar a los compromisos que a nombre de su nación ajustaba. Fué así cómo y en vista de la situación delicada y grave que se iba planteando a consecuencia del ningún acuerdo a que llegaban ambas cancillerías y que por el contrario nuevas dificultades tendían a hacerla más crítica, obraron en el ánimo de los gobiernos litigantes, para celebrar un uev9 tratado complementario, que se ajustó en 21 de Julio de 1875. Como los anteriores y a pesar de su claridad, este tratado no resolvió el conflicto planteado, que puede decirse entraba en su período álgido de crisis. No será demás recordar, que por ley de 19 de octubre de 1871 el Congreso boliviano reunido desaprobó los actos de Melgarejo, entre los que se contaban las concesiones graciosas hechas a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, todO' lo cual hubo de traer
eom? su c~msecuencia necesaria, las consiguientes reclamaCIOnesmterpuestas por la citada Compañía. No obstante haberse celebrado los tratados de 1872 y 1874, que como ya lo hemos dicho, en nada remediaron la situación, se expidió una ley autoritativa por la cual.· se concedía amplias facultades al Gobierno para que transase con la compañía reclamante. Fué entonces que se dictó la resolución de 14 de febrero de 1878 convertida en ley en 23 del mismo mes. ' Decía así esa rw;olución: "La Asamblea Nacional Constituyente decreta: " ARTICULO UNICO-Se aprueba la transacción ce" lebrada por el Ejecutivo en 27 de noviembre de 1878 ., con el apoderado de la compañía anónima de salitres " y ferrocarriles de Antofagasta, a condición de hacer •. efectivo, como mínimum, ·un impuesto de diez centavos " en quintal de salitres exportados". (1) Comp es de suponerse y ante esta- decisión de la A!'amblea, los ánimos se soliviantaron en Chile en grado l~xtremo, porque algunos capitalistas chilenos que teJlían acciones en la Compañía de Salitres y FerrocartU de Antofagasta, se creían perjudicados en sus intereses. Ahora bien, ¿porqué se decretaba este impuesto de los diez centavos? ¿Se atentaba acaso contra la estabilidad e intereses de la citada Compañía? De ninguna manera. Lo que el gobierno de Bolivia hacía en guarda de las vitales intereses d~ su país, era buscar una just~ compensación a las concesiones y demás privilegios que Melgarejo había otorgado a la primitiva casa Milbourne Clark; y ésta la encontró en el referido impuesto de los diez centavos. Ante tal emergencia ¿qué hicieron los gobiernos oe Bolivia y de Chile? El primero mostrar su decisión ;nquebrantable, no .obstante l!l~ reiteradas reclamaciones del ministro de ChIle en BohVla; y el segundo, encon-
t¡'-Vicuña
Mackenna.-Histori
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de Tar ••. pacã-T.
l. pá«.
trando que su diplomacia era impotente para llegar a un avenimiento, ideó el plan de hacer triunfar los argumentos que aducía por medio de la fuerza. Planteada así la cuestión empezaron entonces las gestiones diplomáticas. El ministro chileno reclamó esta vez, pero en términos inconvenientes, los mismos que con tono amenazante puso en conocimiento de la cancillería boliviana en noviembre de 1878. En vista de esta actitud y de una vez por todas, el gobierno de Bolivia declaró que mantenía en todas sus partes la decisión adoptada frente a la explotación del guano por la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.
Como bien se comprenderá, Chile no se conformó can esta resolución y apeló a toda clase de subterfugios para sacar triunfante las pretensiones de la Compañía. Es por esto que se rebeló contra el temperamento adoptado por el Congreso boliviano. y aún fué más lejos todavía, pues en oficio de 18 de diciembre de 1878, el diplomático chileno acreditado en Bolivia y al disertar sobre este asunto, se dirigía en los siguientes términos al canciller boliviano: " Agotados estos medios (los irrespetuosos y des." corteses del referido diplomático y que este funciona" rio crejTó tranquilos y mesurados) y en presencia del "oficio de V. E. fecha de hoy, que tengo a la vista, " cumplo con el solemne y doloroso deber de declarar a " V. E. a nombre de mi GobiernO', que la ejecución " de la ley que grava con un impuesto a la Compañía de " Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, importa la rup" tura del tratado de límites de 6 de agosto de 1874, hoy " vigente entre Chile y Bolivia, y que las consecuencias " de esta declaración serán de la exclusiva respfmsa" bilidad de Bolivia ". (1)
(¡J---
Paz SoIdán.-Ob.
Cit. pág •.
51 Y "..
-14 . Tan in~ongrue~te nota no pudo menos que preduclr e~ ?esahento ~a~ grande en el ánimo del gobierno bolIvIano. Perclblase, en efecto, a través de cada palabra, un hecho de indiscutible trascendencia dadas las intransigencias de Chile por mantener a tod~ evénto un estado de cosas que no podía ni debía subsistir por má8 tiempo. La contienda en tal forma abiertamente quedó d~clarada . . Chile se mantuvo impertérrito en la reclamación que fgrmulara a nombre de la Compañía Salitrera, co. mo si verdaderamente esta fuera su representada~ y BoHvia por su parte adoptando una actitud franca y resuelb de acuerdO' en todo con la letra del artículo 20. del tratado complementario de 1874, que preceptuaba el nombramiento de un árbitro, para el caso en que surgiesen desacuerdos entre las dos partes contratantes, propuso a, su contrario el sometiendo condicional al arbitraje. Chile aceptó la propuesta de Bolivia; pero como quiera que el blindado "Blanco Encalada" se presentara en Antofagasta, sin motiyo alguno que pudiera justificar su actitud, 'máxime cuando había una cuestión arbitral de por medio, movió al gobierno boliviano y para zanjar' de una vez todas las dificultades provenientes de esta. enojosa cuestión salitrera, en la imprescindible necesidad de dectarar por ley de 10. de febrero de 1879, rescindido el contrato celebrado con la Compañía Salitrera en 27 de noviembre de' 1873. Claro está que quedando sin efecto lo prescrito en ese tratado, necesariamente. cop-iá igual suel~e el impue~to de los diez centavos, fijado pOTcada qumtal de salItre que se exportara y que se determinó a tenor de laley de 14 de febrero de 1878. Como se ve, el gobierno' de Bolivia creyó que con este temperamento sagaz que adoptaba, de raiz cortaba toda discusión. Pero sucedió lo' contrario, pues Chile' viendo que con esto se asestaba un rudo golpe a sus pretensiones, exigió en un ultimátum, fechado en 8 de febre,
ro de 1879 que: "el gobierno de Bolivia le contestara, den" tro del término de 48 horas, si aceptaba o no el arbitra" je, suspendiendo previamente toda innovación hecha " en el litoral con respecto a la cuestión en que se ocn" paban". (1) Como es de suponetse, el gobierno boliviano 110 po(lía dar respuesta inmediata a tan insólito documento. ¿Por qué Chile preguntaba a Bolivia si aceptaría d arbitraje? ¿Acaso no había sido el gobierno boliviano el que, cumpliendo sus compromisos, habia propuesto a Chile esta fórmula transaccional? Despréndese en efecto de los términos de ese ultimátum, que Chile procedía con sobrada malicia y mala fe, pues sólo así se explica que estando aceptada la decisión arbitral, se apresurase a enviar a la rada de Antofagasta al "Blanco Èncalada", cuya presencia desde los primeros momentos se hizo sospechosa. y tenía que ser así, puesto que al proponer el gobierno de Bo1ivia al de Chile entrar en arreglos amistosos, quedaba en suspenso la ley de 14 de febrero; de tal manera pues, que la presencia de esa nave de guelTa, ni siquiera podía justificarse alegando que cautelaba los intereses chilenos comprometidos en la Compañía Salitrera. De otro lado ¿qué solución arbitral pedía caber habiendo en aguas bolivianas una embarcación perteneciente al país litigante y que significaba una amenaza, traducida en el hecho de poder _ desembarcar fuerzas militares, caso de que no se conformaran, como no hubieran llegado nunca a conformarse COTI el fallo del árbitro? Los diplomáticos chilenos como siempre apelaron a la argucia y al sofisma. Principiaron por declarar roto el tratado de 1874 y se ampararon al de 1866 firmado' por Melgarejo, y que
)---Pa% Soldá!\_-Ob.
-16 en términos claros no preceptuaba otra cosa que la deRmembración y el despojo de. Bolivia . . Ante tal situación, Bolivia retrotrayó las cosas al estado que tenían cuando se expidió la ley que autorizaba el impuesto de los diez cemavos al salitre, reclamando de la Compañia Salitrera 10 que le correspondía como utilidad por el cobro del impuesto. Como la mencionada Compañía se negara a pagar la. diferencia resultante del pago del impuesto alegando fútiles pretextos, se decretó la órden de embargo de los materiales de la Compañía; procedimiento ajustado' ~!ntodo a las prácticas jurídicas, que autorizan al acreedor para demandar al deudor que se niega a satisfacer ~u obligación . . El caso de Bolivia era éste, sólo que la Compañía demandada, no hacía valer sus ·derechos ante los Tribunales bolivianos, sino que recurría a la paternidad de Chile~ que amparaba esta arbitrariedad, sin tener ningún derechO' que le asistiera para ello, como lo veremos más adelante. En tal virtud y ante las reiteradas negativas del representante de la Compañía para satisfacer la deuda que se le exigía, el prefecto de Antofagasta ponía en ejecución la órden impartida por los Tribunales de Bolivia: embargar los materiales de la Compañía y aprehender a don Jorge Hicks, gerente de la misma. Decía así el acuerdo de embargo y detención: " En nombre de la ley-El ciudadano Severino Za" pata prefecto y superintendente de Hacienda y mina8 " del departamentO', ordena y manda: que el dilijencie" 1'0 de hacienda José Félix Valda, apremie y conduzca " a la cárcel pública a Jorge Hicks, gerente y represenPi tante de la Compañía de Salitres y ferrocarril de An" tofagasta, deudor al Fisco de la cantidad. d.e noventa " mil ochocientos cuarenta y ocho pesos bolIVIanos, tre" ce centavos .. " Así mismo trabará embargo de los bienes de diII cha Compañía, suficientes a cubrir la cantidad adell-
" dada, depositando en persona abonada y fiable por de" recho, pues que así se tiene mandado por decreto fe· " cha 6 de los corrientes. " Requiero a todos los depositarios de la fuerza pú" blica presten los auxilios necesarios para la ejecución " de este mandamiento" .-Severino Zapata-Antofagasta, Enero 11 de 1879. (1) Planteada así la cuestión, el gerente de la, Compañía Salitrera don Jorge Hicks, se puso en salvo, pidiendo inmediata:r.nepte auxilio a Chile, que coma ya lo hemos visto, apoyaba abiertamente en todo a la citada Compañía. Esto nos revelará porque sorpresivamente Sé había presentado en Antofagasta el blindado chileno "Blanco' Encalada", y las sospechas que la 'presencia de esta nave de guera despertara en el ánimo del gobierno boliviano, las mismas que se vieron confirmadas, cuando el gerente de la compâñía litigante pidió y obtuvo asilo abordo de la mencionada nave. ~ Tales hechos no admitían ya dilación de ninguna <. lase y de consiguiente Chile que había dado los primeros pasos con la ruptura del tratado de 6 de agosto de 1874, ofició a su ministro acreditado en Bolivia en el sentido, de que pidiera sus pasaportes, lo~ que de hecho le fueron concedidos, pasando seguidamente Chile a o'Cupar con· f:US fuerzas el litoral boliviano. La guerra en tal forma quedó declarada. Por otra parte y a fin de vindicarse de las responsabilidades que de estos hechos delictuosos se derivaban para Chile, sus publicistas e historiadores de nota, se echaron a pregonar a los cuatro vientos, que Bolivia faltó a sus compromisos solemnes estipulados en los b:atados que celebrara, al fijar el )mI,mesto de los diez centavos por cada quintal de salitre' que se expOltara, y a que se acojió Chile, para arrastrar a Bolivia a la guerra. Pero hay que observar, que tras el mencionado impuesto existía latente un principio de reivindicación, pues
(1)-VicuÎla ~laçkenl1a--()b. Cil. T. I. págs. 145 y 146.
-18 ya sabemos las concesiones que había otorgado MelgareJO en mérito del tratado del 66 y que no había sido modificado' sustancialmente por los tratados posteriores. Así lo exponía en efecto el ministro boliviano Reyes Ortiz, cuando declaraba que esa era una cueetióil.
privada con los ingleses de Antofagasta que en nada afectaba al cumplido y celoso gobierno de Chile. y tenía que ser así, porque la firma de la Compañía
Salitr~.ra era inglesa, como lo hab-Ía sido la casa Milbourne Clark, que después cambió de nombre para adoptar el segundo; y aunque es cierto que algunos capitalistas chilenos contrHmyeron a cimentar la negociación, 10' hicieron simplemente en calidad de accionistas, como copartícipes eil la Compañía Salitrera anónima, pero sin hacer variar la autenticidad de la firma extranjera. ¿Con que derecho entonces Chile intervino tan descaradamente en este asunto,- ah\1miEmdoel papel de gestor dQtngocios? y si eran fu~rtes los capitales chilenos (que no lo eran) ¿no tenían los accionistas su derecho expedito' para - entablar la correspondiente reclamación ante los tribunales de Bolivia? Lo que hay de cierto y positivo, es que Bolivia apoyãndose en el principio de reivindicación, echó por tierra los planes proditorios de Chile, que vió con este enérgico proceder frustradas sus esperanzas y perdidas las ingentes riquez~s que explotaba en Atacama, a título de gratuita concesión. Volvemos a repetirIo, que la actitud de Bo'livia pudo estar encaminada contrh la Compañía inglesa cuyo representante era de esa nacionalidad, pero nunca contra los accionistas chilenos, que'-no podían hacer otra cosa en ('alida~ de tales que aprobar o desapr~bar los actos de la gerenCIa. Tan cierto es esto, que las siguientes palabras atribuídas al entonces Presidente d! Bolivia doh Hilarión Daza, confirma lo que ya antes había expuesto el canciller boliviano Reyes Ortiz:
"Mi ~uerido amigo: (se dirige a Zapata pNf~c_tt~ "-de Antofagasta). Tengo una buena noticia qne~ ., He fregado' a los gringos decretando la reivindicación ''.ode las salitreras y no podrán quitárnoslas por más que ., se esfuerce el mundo entero. Por lo demás Ud. verá si " ron viene más arrendarlas o explotadas por cuenta del
"Estado".'-l) •
Esta carta vió la luz pública en "El Independien-L:'" de Santiago, el 25 de febrero de 1879. No se nécesita de más comentarios para justificar ('ste aserto .. De otro lado, la injustificada intervención de Chile en este asunto, queda de manifiesto si se tiene en cuenta10 q:le sobre el particular escribía don Marcial Martínea-, â! l'C'Îerirse a la demanda que le hacían los señores Guillermo Gibbs y Cía. principales socios dela Compañía el pu,; blicista chileno-en vez de prestar su aprobación. al: " r'cerdo de 1:~de abril, prefirieron lanzarse a la peligro.; sa vb de las reclamaciones diplomáticas. Instruyeron .; un extem:o memorial en que confesando a cada paso la," flaqueza e inconsistencia de sus soñados derechos, con- ., elllyeroll rOl' pedir al gobierno de Chile que interpu--· ., siese RU acción diplomática, para obtener del de Boli" via la solución que ellos pretendían; solución que no "::;ólo sería- un acto de justicia, sino que redundaría en "inmediato beneficio de los intereses industriales .de -, " Bolivia. _ " Todos conocemos el folleto, que se ha hecho tris- . "temente célebre, que contiene la aludida re.clamación. " Felizmente el gobiernO' de Chile se mostró sordo
" a esa inconsu1ta queja". (1) Ya se ve pues, y por la propia confesión del afade Salitres y Ferocarril de Antofagasta: " Los señores Guillerrno Gibbs y Cia.-dice
mado pl1blicista chileno, el ningún derecho que le asis(¡)-1:.El (: )-I'az
ln-depclHlicllte»
Soldán-()h.
de Santiago-Edición de 2S de Febrero de 1Big .. cil.--A;I{'IlÙ:cC de documentos-pág. &1I.
tía a la Compañía Salitrera para solicitar el ~mparo de Chile en la enojosa controversia suscitada; siendo conveniente por lo demás hagamos la correspondi~nte salvedad, al aseverar que Chile no se mostró sordo a la ¡neon;;' &ultaqueja, como se dijo, sino que por el contrario apO'j'ó abiertamente los designios de la Compañía, al extremo de desembarcar fuerzas en AntO'fagasta ~ de hecho plantear la situación de guerra. ¡>ero hay algo más todavía. El mismo escritor, refiriéndose a la constitución ·de la Compañía, sentaba ~tas premisas concluyentes: " ¿Tiene existencia jurídica en el país? ¿Es peru sana jurídica en Bolivia? ¿Puede invocarse su nOID'''bre en privado, ante los Tribunales o, ante el gobierno, "como una entidad real y verdadera, capaz de-oere"chosy de obligaciones? ¿Puede su nombre aparecer " en algún decreto o acto gubernativo?
>" una
"Sostenemos con toda la profl,mda convicción de verdad indiscutible que nó y mil veces nó". (1)
Después de la lectura de estos párrafos queda en el ánimo la impresión doloro'sa de la forma en que Chile procedió con refinada perversión, que sus publicistas, . 2unque sin conseguirlo, trataban de cohonestar .. Por su parte, Bolivia no se quedó atrás en esto de las reclamaciones, haciendo ver al mundo todo, los coneeptos falaces de la diplomacia chilena, que en toda su historia había venido repitiéndose con co~tas intermitencias. A ello obedece la circular que en 31 de mayo de 1879, el canciller bolivianO' dirigió a las naciones ami<!'asexplicando con toda claridad y precisión estos hechos ~scandalosos Y fraudulentos que Chile sin reparos de ninguna clase insinuaba primero y amparaba después. Decía así la verídica circular: . \ "La ley de 14 de febrero de 1878, al revisar y pres"tal' su aprobación a la concesión que el gobierno hao
(l)-l'a~
S"hlin-Ob.
cit.--Apéndice
de documentos-pág.
- 21" Anónima de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, irn-Il puso diez centavos en quintal de salitre que se exporte, " como única compensación de las enormes y extralegales " concesiones que a título gratuito se había hecho a la " Compañía con el nombre de transacción. El Cuel1)O "LegÜ3IativO', que pudo haber rechazado como nulo e " írrito aquel paeto manifiestamente lesionaría para el •. Estado, se limitó a exigir la pequeña compensación de " que se trata, dando así una prueba brillante de la cir., cunspección y tino con que procedía respetando la pa,. labra del gobierno y conciliando en cuanto le era posible la equidad con la ley, y los intereses de la Com" pai1ía con los del Estado. "'La Compañía, dándose por herida en sus dere., chas: renunció la acción contenciosa-administrativa " que podía hacer valer, creyó lícito rebelarse contra to., das las formas establecidas por las leyes bolivianas y " ocurrió co'n su reclamación ante el gobierno de Chile, ..' alegando nacionalidad chilena .Yresidencia en Valpa" raíso. " El Gobierno de Santiago no tardó en dar carác" ter diplomático a la gestión, que por su propia natu~ " l'aleza era de derecho interno, y en despacho de 8 de " noviembre de 1878 fijó sus conclusiones en tono inusi,. tado y de altanería sin ejemplo, demandando la sus., pensión de los efectos de la ley de 14 de febrero, o la " ruptura de los tratados de límites. " AlegÓ que la imj>osición de que se trataba, vio;, laba el artículo 40. del tratado de 6 de agosto' del 74. " Mi gobierno no halló fundada ni justa la reclamación, ., pOI' cuanto el impuesto tenía su origen en un contrato ,. privado y debía eonsiderarse como pequeña e i~signi.. ticante compensaeión de las enormes y graciosas con" cesiones que se había hecho a la Compañía. Mandó, " en consecuencia, el cumplimiento de la ley; mas como " la Compañía hubiese protestado formalmente descono:" ciendQ el carácter obligatorio de aquella, tuvo' que4~-~
"bía hecho en 27 de noviembre del 73 a la Compañía,
~ 22~,claraI' rescindido el contrato de 27 de noviembre, man., dando suspender en consecuencia los efectos de la im•. posición impugnada por el gobierno de Chile. " Una vez rescindido el contrato, al que impropia;. .. " mente se ha llamado traasacción, l<i controversia debió·· " quedar reducida a simple cuestión privada, ventilable " ante los Tribunales de Justicia y en la que el gobierno ,i de Chile no podía intervenir, pàesto que, suspendidos ., los efectos de la ley de 14 de febrero habían- desapa" recido a la vez el impuesto, el juicio co'activo pendien.i te, la pretendida violación del articuló 40. del tratado " de 6 de agosto del 74 y, finalmente1 el arbitraje inter" nacional propuesto exigido por aquel gobierno. "La solución dada al conflicto' con la Compañía, "no pudo ser más natural y lógica, y al propio tiempo 6t más justa y pacífica. Declarada por los Tribunales de "Justicia la legalidad de la rescisión, que el Gobierno " había pronunciado sólo administrativamente, la reivjn"dicaçión de las salitreras se había realizado por los ,. mismos medios legales y ante los mismos tribunales de " justicia sin estrépito ni violencia. " La magistratura boliviana, tengo en alto honor el " poder decirIo, a voz en grito, ha dalIo una vez más " pruebas brillantes de su sabiduría, de su alta justifiil cación y de su perfecta independencia. "Dna prueba elocuente ha dado hace poco la Cor~ te Suprema, fallando' en contra del Gobierno Nacional "un reclamo del ciudadano chileno Juan Garday". (1) Preciso es observar-y esto haciendo justicia a los hombres públicos bolivianos-que ellos defendieron palmo a palmo sus derechos conculcados, como lo prueban fehacientemente los trabajos históricos de don Manuel Macedonia Salinas entre otros, y que no pudo rebatir a pesar de todas sus pruebas, el ingenio poderosO' de don Miguel Luis Amunátegui.
(¡)-Circular ria (;alvarro. dc JI de Mayo de 18¡.r-Véase «La Cutslión del Pa<:i¡Îc»» por R"dolb
Igual observación podría hacerse extensiva al diplomático boliviano don Zoylo Flores, cuya capacidad en esta materia la puso de manifiesto, refutando en todã.S BUS partes una publicación hecha por el escritÚr chileno (lOn Marcial Martínez; y que contiene la historia completa de la malhadada negociación salitrera con la Compañía de Antofagasta. Se habrá observado y por lo que venimos exponiendo, que junto con las concesiones otorgadas por el gol ierno de Bolivia al de Chile, a tenor de lo expuesto en las tratados que ambas Repúblicas celebraron, se inclu- . yó la cuestión limítrofe, origen por otra parte, de múltiples y variados incidentes, los mismos que habíanse ya repetidos años antes al primer tratado celebrado por Melgarejo o sea el de 1866, si nos atenemos a las declaraciones expresas contenidas en las MemO'rias de los Minis.tros de Relaciones Exteriores de Chile, cOl'l'espondientes a los años 1861, 1862 y 1863, sobre todo la segunda, don.tre el canciller fué más explícito, cuando apuntaba lo siguiente: ,."Las negociaciones relativas al ajuste de un trata., do de límites, que pusiera término a la antigùa cuesH tión que a este respecto trae divididas a la República y " a Bolivia, no han producido los resultados que eran de .• e~perarse". (1) Quiere decir entonces que aquella cuestión limítrofe no había concluído, sino que por el contrario, per. maneC'Ía latente. Debemos dejar constancia de que no'S estamos refiriendo a este litigio de límites por estar él consociado a la cuestión salitrera; pues bien sabido es que por el tratado de 1866, al que pretendió ampararse.chile, cuando· Bolivia declaró rescindido el trat.ado posterior de 1874, prescribía en su artÍCJ.llo 10. que: " La línea de demarcación de límites entre Chile y .¡ Bolivia en el desierto -de Atacama, será en adelante el
(¡)--.\leJl1ol-ia de Re:aciolles E;xteTioTes de Chile--Año de ¡&l.&-r"g. S.
-.- 24 "paralelo 24 de latitud meridional desde el litoral del " Pacífico hasta los límites orientales de Chile; de suer" te que, Chile por el Sur y Bolivia por el Norte, tendrán " la poseítón y dominio de los territorios que. se extien •. " den hasta el mencionado paralelo 24, pudiendo ejerc~~ " en ellos todos los actos de jurisdicción y soberaníaèo.;-" rrespondientes al señor del suelo". (1) Como el tratado de 1874 introducía algunas madi..; ficaciones en el del 66, Chile aprovechó de la coyuntura del impuesto de los diez centavos, para rebelarse contra les leyes de Bolivia, declarar nulo ese solemne compromiso y oficiar a su Ministro acreditado en La Paz, para que solicitara sus pasaportes, los mismos que le fueron concedidos. Ahora ~ien ¿tuvo derecho la Asamblea Constituyente que se reunió en Bolivia en 1871, para anular los actos de la Dictadura de Melgarejo y entre ellos el tratado de 1866? ¿Cabía el principio de reivindicación que alegó sol. bre el ten'itorio disputado primero y cedido después? Lá valiosísima opinión del distinguido cuanto acertado publicista don Julio Méndez, va a darnos la consiguiente contestación. Dice así el referido escritor: "El tratadO' de límites chileno-boliviano, oculta una " cuestión de anexión. En el tratado se dice, es cierto, " que se va a "poner un término amigable y recíproca" mente satisfactorio a la antigua cuestión pendiente en"tre ellas sobre fijación de sus respectivos límites terri" toriales en el desierto de Atacama". Este consideran" do consignado en el preámbulo del tratado es falso', "El desierto.de Atacama nunca perteneció a entre am¡'! bas. Entre Bolivia y Chile, nunca existió cuestión de "límites, sino la de dominio total y excluyente instau(2)-Trata.do que acompaña de
de agosto de .866 celebrado -publicttcÎón.-Pá •• 135
Bolivi •• y Chik.-V¿a;e
A(lé"dice
" rada por la primera con ocasión de los despojos que la " segunda le infería en el litoral de Atacama" (1) Y evidentemente que fué aquél acto un verdadero despojo, pues Chile menos que nadie ignoraba de parte de quién estaba el derecho sobre Atacama, toda vez que el litigio no era nada nuevo, dadas las polémicas sostenidas desde el año 1854 por don Manuel Macedonia Saiinas y don Rafael Bustillos, con don Miguel Luis Amun~tegui y don Jerónimo de Urmeneta. Claro está que Bolivia estuvo autorizada para declarar nulo y sin valor ese tratado: 10. por el hecho de celebrarIa un gobierno dictatorial que contra toda aprobación de la ley se mantuvo seis años en el poder, infringiendo en tal forma la Carta Política de Bolivia, que sólO' fija el período de cuatro años, término que abarca la gestión presidencial; 20. porque en mérito de ese tra- tado y obedeciendo sólo a un plan descabellado de la Dictadura, cedía el territorio de Atacama que le correspondía desde tiempos antiguos, lo cual es fácil comprobarIo, citandO' órdenes, reale& cédulas, provisiones y probanzas, y entraba en negociaciones con la parte litigante, sobre la participación que había de obtener en la venta de productos tales como los caliches, guan9 Y nitratos, propios de la zona cedida, pertenecientes a Bolivia y nunca a Chile; 30. porque los tratados de cesiónaunque este del 66 estaba disfrazado con el manto de las conveniencias comerciales y de la fijación de los derechos-sólo se celebran a raiz de nna guerra o de una «onquista, perO' nunca en pleno estado de paz y sin obtener ventajas ni compensación algunas. Y este era el ('aso de Bolivia, que partía con Chile lo que a ella única y exclusivamente le correspondía; 40. porque se aten1:aba contra la soberanía de la Nación, desmembrando el territorio en provecho de la parte contraria; 50. por que el tratadu desde sus bases preliminares era nulo e
(I)--JU1io blicctdo
t"!1
·~H,t1dcz-Vali,It'1. dt> r~jmâ,
a C'hi1e.-Articulo
«ta PatTja~
cOTTespoJlùient~
IS de OCTubre
de 18j2.
- 26írrito, lo que se desprende de cada una de sus cláusulas capciosas, siendo además doloso el; procedimiento de Chile~ que. ~abía negociaba como propio lo que no le pert~necIa, VICIando en consecuencia el pacto; 60. pQ!l." que al haberse examinado la cuestión de los productos minerales, las. partes contratantes debieron haberse sometido a las leyes de Bolivia sobre tributación minera vigentes en el año del tratado, y no proceder en abierto desacuerdo con ellas al extremo de VIOlarIas; ,y,~70. por que al pedir la reivindicación no hizo otra cosa que notí.1icar al mundo y de consiguiente a su adversario, que reclamaba lo suyo y hacía respetar sus más sagrados derechos. -. .Por eso Bolivia desaprobó ese pacto . . Pero hay algo más todavía. Cuando el gobierno de Bolivia se mantuvo inquebrantable en ,su propósito de fijar el impuesto de los diez centavos, el gobierno de' Chile sin alegar consideraciones de ninguna clase, manèió primero al "Blanco Encalada" ·a Antofagasta, y después cuando vió que Bolivia av:anzaba aún más en sus decisiones rescindiendo el tratado de 1874, desembarcó .fuerzas en esa rada y de hecho ocupó el litoral boliviano, demostrando con esta actitud la ruptura de las b~nas relaciones y sentando como premisa concluyente los preliminares de la guerra. Tan inconsulto como atentatorio a toda ley fué este plan, que los mismos hombres púpliccs de Chile, abiertamente lo condenaron. Así para don Benjamín Vicuña Mackenna, aquella 'fué una acción inconstitucional del gobierno que agredía
en Antofagasta a Bolivia, siD la autorización previa de los poderes colegisladores.
Pero el que más se distinguió entre todos, fué don Ambrosio Montt, quien en su discurso pronunciado en la Cámara de Diputados el 25 de marzo de 1879, sostenía estas conclusiones: "Ni el Ministro de Relaciones Exteriores indivi"' dualmente, ni los miembros del Gabinete, ni la entidad
"colectiva que forman el Presidente de la República y " sus secretarios de Estado, tenían facultad para decla"l'al' la guerra o ejecutar actos bélicos equivalentes, ni·· " la de establecer la caducidad de un tratado internado": "naI. .. " Un tratado es una ley: ley que prepara e inicia ,¡ el Ejecutivo, y que no puede abrogarse sin el consenti~ "miento del Congreso". (1) De la misma manera uno de los senadores por Santiago, se expresaba en idéntica forma cuando decía: " Ahora si me pregunto a mí mismo: ¿ Ha sido " esta guerra en su iniciativa conforple a las sanas y ex'~trictas nociones del derecho internacional? "Afirmo que nó. Porque bien pudimos hacer todo "lo que ejecutamos en la casta del litoral con un poco " de más calma y preparando en favor de la justicia in" disputable de nuestra causa el ánimo y la opinión, siem•. pre susceptibles de nuestros vecinos ". (2) Finalmente el senador por Aconcagua, don' José Eugenio Vergara, no quiso permanecer extraño a esta ctiscusión, y he aquí los términO's en que se pronunció sobre l'as cuestiones que se controvertían en tan memorable debate: " ¿Cómo ha calificado nuestra Cancillería, esa ocu-"pación preventiva? En mala hora y con toda impro" piedad se le ocurrió apellidarla con el nombre de rei,1 vindicación. Esta malhadada palabra estalló como " una bomba en el Perú. Ella evocó recuerdos dolorosos "entre los peruanos. ""Las reminiscencias de la famosa " declaración del almirante Pinzón respecto de las Chin"chas se despertaron; y el patriotismo impresionable " de nuestros vecinos se avivó y exaltó desmesuradamen"te hasta el extremo de suponer que la muy pacífica y
(I)-Discurso
pronundatiu
por dlltl Amurosio
en la Sl.:s¡ún de la
putadof. fit' C'hilt-. C('Ie-tJrada el 25 de ~laf1.o de t8j9. (2)--Vicui\a :'.fackcnna-Ob. cit. T. 1. pág. :.6.4.
" laboriosa República de Chile soñaba en conquistas de "territorios, perturbando la paz de los Estados vecinos " de este continente." (1) . Tal es como se ve, la forma en que los Poderes PUblicas de Chile y por órgano dE!sus más autorizados"representantes, se pronunciaron condenando la ocupación del litoral de Antofagasta, sin existir previa decla: ración de guerra. " Sólo nos queda ahora un punto por examinar, y es el relativo al arbitraje. Es un hecho que' conforme a la letra del artículo . 20. del tratado de 1874, en el caso de que suscitasen controversias en su .ejecución, se requeriría el concurso de un árbitro, 1l1lmadoa fallar y avenir a las partes, evitando así la inmediata tirantez de relaciones. De consiglfiente, y siguiendo lo pl'eceptuado en ese pacto, Chile aceptó la proposición del arbitraje, pero como apuntaba en el Manifiesto que pasó a las naciones de América su Ministro de Relaciones Exteriores, el fué sólo: " con la precisa condición de que el de Bolivia die. "se órdenes inmediatas para que se suspendiese la eje" cución de la lev de 14 de febrero de 1878, sobre el im••puesto de los diez centavos a los salitres, y se restable" cieran las cosas al estado en que se encontraban antes "del decreto de 18 de diciembre de 1878; pues consi" deraba este requisito como esencial y previo para rea" nudaI' las discusión o para initial' las gestione~ condu" centes a la constitución del Tribunal". (2) Cõmo bien se desprende de toda esta sofístiea argumentación, el gobierno de Chile falseaba el tratado de 1874 Y apelaba a la monstruosidad de solicitar por
(z)-DiSC\lI'SO
pronut1l'iadu
por dOll José Eugenio
en la se!;iÓn de la Cb.rnara de aruigas con motivq del
l)iputados de Chile. . (2)-Manîfiesto l!Staoo
celebraùa el 21 d~ marzo ùe 18¡() • Que el gohierno de Chile dirije a las
p(.)tencias (Abril,.).
de gut"rra cun el gobierno del l'erú.-Santiago-1879
medio de su canciller, que Bolivia suspendiese los efec~· tos de una ley que había dictado salvaguardando preci .•. samente su dignidad nacional, tOTpemen~e conculcadapor Chile. y se· hacía más odioso este procedimiento por el hecho de inmiscuirse la cancillería chilena en un asunto meramente contencioso administrativo, y de la exclusiva incumbencia de los Tribunales bolívianos. Si la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, se consideró agraviada, nada más lógico-como ya 10 hemos di'" cha y volvemos a repetirlo-que ampararse a la vía judicial, péro nunca incurrir en demanda de protección al nropio gobierno de Chile,. que no podía desempeñar el Î)apel de mediador en este caso, ni siquiera invocando para el efecto que habían intereses chilenos comprometidos en la negociación a que nos venimos refiriendo, pues bien conocidos son los trámites que se siguen cuando surgen desavenencias en lo estipulado en un contrato celebrado entre un gobierno y una compañía particular. Y este era el caso. Podría alegarse quizá como una causa atenuantetque Chile intervenía controlando los intereses chilenos tomprG'metidos en la mencionada negociación, pero tal ¡Iserto quedaría fuera de todo lugar, invocando el mismo tratado de 1874 en la segunda parte de su artículo o0 •.. . que d' eCla: ., Si hubiese dudas acerca de la- verdadera y exac••ta ubicación del asiento minero de Caracoles o de cual"quier otro lugar productor de minerales, pOT conside" l'arIas fuera de la zona comprendida entre esos para.• lelos, se procederá a determinar dicha ubicación por " una comisión de dos peritos nombrados, uno por cada .• una de las partes contratantes, debiendo los mismos .ô peritos nombrar un tercero en caso de discordia; y ai "no se aviniesen para ese nombramiento, lo efectuará "S. M. el Emperador del Brasil. Hasta que no aparez"ca prueba en contrario relativa a esta determinación, ••se seguirá entendiendo como 'hasta aqUí,. que ese ~~t
- 30It to minero está comprendido entre los paralelos indi." cados". (1) A pesar de todo, nada se logró para llegar a un feliz avenimiento, dando Chile pocos días después df; l~.:. decisión adoptada por Bolivia frente a las altaneríwfdé~ la negociación salitrera, la ingra.ta sorpresa de ,mandar'ar .. 3lanco Encalada", cuando estaba ventilándose la cues9 tión, 10' cual prueba una vez más, el ningún interés que tuvo Chile por solucionar satisfactoriamente las incidencias surgid.as con Bolivia y que, por el contrario, tendió a agravar, enviando a aguas bolivianas una nave de guerra, ~uya pr~'3-cnl'J.:t ubo de llevar invívita la rupt'Jra forh mal de relaciones, como efectivamente la llevó. De otro lado, las cosas entraban en su período álgido de crisis y el continente parece como que quería . convulsionarse. Frente a la gravedad de la hOl\a, el Perú, que en varias ocasiones había dado pruebas de elevados sentimientos de americanismo, creyó de su d~ber intervenir ofreciendo su mediación, la misma que fué obstaculiza.da a todo eventO' por los hombres públicos de Chile .. Una prueba de ello son las escenas vergonzosas que tuvieron lugar al arribo a Santiago delplenipotenciaIjo peruano D. José Antonio de Lavalle, y el acuerdo a que arribó el populacho reunido en Valparaíso en un meeting que tuvo lugar' en la memorable noche del 4 d~ marzo de 1879 y en que se pedía terminantemente al gobierno de Chile:
no aceptar sobre todo la mediación del Perú.
Fué entonces que principió a hablarse formalmente del tratado de alianza defensiva, celebrado por el Perú 'conBolivia el 6 de febrero de 1873, y que sirvió -de ostensible pretexto a Çhile, para arrastrar a los dos países a la guerra. Con todo, la misión Lavalle fracasó; el tratado de alianza a que nos acabamos de referir se consideró en
(l)-"rtatado paña Baptista - :'vIartinez de 6 de Agosto de t874.··-Vt·ase '12,.t
Apénùice
a lel prc:.,;talte pubiicé.ción-Pág.
- 31I~hile y maliciosamente como unpactosecreto ofensivo, y ya desde estos momentos en los tres países contendientes, sin esperanza alguna de conciliación, se dictaron las providencias necesarias para la iniciación de la campaña. Quiere decir entonces, que desde el 5 de abril de 1879, fecha de la declaratoria de guerra, Chile notificó al mundo de que había concluído azarosamente y por obra suya la pra de la diplomacia, y se inauguraba por así decirlo, la era de la conquista, informada a todas luces por la violencia y la fuerza .
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Tfatado d6límites entre BoliYia y Chile del Oa~osto.11&
La República de Bolivia y la Repûblica de Chile, deseo-. flas de poner término amigable y recíprocamente satisfa.ctorio a la antigua cuestión pendiente entre ellas, &obre la fijación desus respectivos límites territorialles en el desierto de Atacama y sobre la explotación de los depósitos de guano, existentes an el 'litoral del mismo desierto, y ,ct'ecididas a consolidar por este medio de buena inteligencia, la fraternal amistad y los vínculos de alianza íntima que las ligan mútuamente, han determinado renunciar a una parte de los derechos territoriales que- Cada una de ellas, fundada en buenos títulos, cree poseer, y han acordado 'celebrar un tratado que zanje-definitiva e irrevocabIle-mente la mencionada cuestión. Al efecto han nombrado sus respectivos plenipotenciarios; S. E .el Presidente de la República de Bolivia al señor don Juan R. Muñoz Cabrera, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia 'en Chile, y S. 'E. el Presidente de la República de Chile, al señor don Alvaro Covarrubi13.8,Ministro de Relaeiones Exteriores ·de la misma república. Los cua1es Plenipotenciarios, d'espués de haber canjeado mutuamente sus plenos. poderes, y encontrándolos en buena y debida forma, han acordado y estipulado los articulos siguientes, a saber: Art. to.-La línea de d'emarcación de ,los límites entre Bolivia y Chile en el desierto de Atacama, será en ade~ante el paralelo 24 de latitud meridional, desde 'el litoral del Pacífico has.ta los límites orientales de Chile, de suerte que Chile por el Sur y Bolivia por el Norte, tendrán la posesión y dominio de los territorios que se extienden hasta el mencionado paralelo 24, pudi~mdo ejercer en ellos todos los actos de jurisdicción y soberanía correspondientes al'señor del suelo. BANCO [};~ ; " RePUBLICA
818t.10TéCJ. l:.h
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- .J--!G¿L ,c.RANGO
La fijaci6n ~xacta de la 'línea de demaI1caci6n entre los dos países se hará por una comisión de personas idóneas y peritas, la :mitad de cuyos miembros serán nombrados por ·cada una de las altas partes contratantes. Fijada la línea divisoria, se 'marcará en el terreno por medio de señales visibles y permanentes, las cuales serán eosteadas a prorrata por los gobiernos de BÛ'livia y Chile~ Art. 2o.-·-No obstante la división territorial estipulada en el artículo, la república de Bolivia y la de Chile se repartirán -por mitad los produdos provenientes d~ la explotación de los depósitos die huano, descubiertos en Mejillones, y de los demás depósitos del mismo abon<J"que se descubrÍeronen el territorio comprendido entre los grad·os 23 y 25 de latitud meridional, C0lm9 también los derechos de ~xplota.ción que se perciban sobre los minerales ~ext~idos del mismo espacio de territorio que acaba de designarse .. . Art. 3o.-La República de Bolivia se obliga a habilitar la bahía y pwerto de MejHlones, ·estableciendo en aquel punto una Aduana con el número de empleados que exija el desarrollo de la industria y del comercio. Esta AdUana será la única oficina fiscal que 'pueda percibir los productos del guano y los de~echos de exportaci6n de metalles de que trata el artículo precedente. EI·gobierno de Chi·le podrá nombrar uno o más ,empleados fiscales, que investidos de 'un perfecto derecho die vigilan_ cia, intervengan en las cuentas de las entradas de la referida aduana de M'ejiUones y perciban de la misma oficina directamente y por trimestres o de la manera que se estipulase por fun'bos Estados, la parte de beneficio correspondiente a ChilJe, a que se refiere el artículo 20. La mÍimla facultad tendrá el gobierno de Bolivia siemp~ 'que el de Chile, para la recaudaci6n y percepción de los 'Productos de que habla el artículo anterior, estaMeciera alguna oñ-cina fis'Cal en el territorio ;comprendido entre los grados 24 y 25. Art. 4o.-Serán libres de to~o -derecho de exportaci6n, los produetos d!el territorio comprendido entre 'los grados·24 y 25 d'e latitud meridiona'l, que se extraigan por el puerto de MejiHones. Serán libres de todo derecho de exporta'ción los productos naturales de Chile que se introduzcan por el puerto de Mejillones . . Art. So.-EI sistema deexportaci6n o venta de guano y los derechos de exportaci6n sobre los minera'les de que trata el artículo segundo de este pacto, serán determinados de CQmún acuerdo por -las 8'ltas partes contratantes, ya por medio
- 37de ~'onvenciones especiales o en la forma que e.s.timaren más conveniente o expedita. _Art. 6o.-Las repú'hlicas contratantes se obligan a no ena;' genar sus derechos a la posesión o dominio del territorio que te dividen entre s.í 'por 'elpresente tratado, a favor. de otro estado. 8o'ciedad o individuo ·particular. En el caso de desear alguna de ellas hacer tal enagena.ción, el comprador no podrá ser sino la otra p'arte contrataDte. ArL 7o.-En atención a los perjuicios que la cuestión de límites entre Boliva y Chile ha irrogado, según es notorio a los individuos que, asociados, fueron los primeros en .explotar seriamente las guaneras de Mejillones y cuyos trabajos de expIo. ta-ción fueron ,suspendidos por disposición de olasautoridades de ChUe, en 17 de Febrero de 1883, las altas partes contratantes ~e comprometen a dar por equidad 'a los expresados individuos, una indemnización de ochenta mil pesos, pagadera con el diez por ciento de los productos líquidos de la Aduana de M1ejillones. Art. So.-EI presente tratado será ratific#ldo y sus ratifi. caciones canjeadas,en la ciudad de La Paz o en la de Santia"go, oentro del término de cuarenta días, o anbes si fuere posible. En testimonio de lo cua'], los infrascritos Pleni'pO'tencia. rios de la República de Boliva y de la república de Chile, han firmado el presente tratado y 'puesto sus respectivos sellos, en Santiago, a los S'ais días del mes de agosto del año del Señor de mil ochocientos sesenta y seis.
(L. S.)- (Firmado) -Juan R. Muñoz Cabrera. (L. S.)- (Firmado) -Alvaro Covarrubias.
-""38-
Protocolo dc ia Confcroncla celcbrada ootro BI Ministre de Rolacl8nes Extorlotcs J ci En~adoExtraordinario y Ministro Plenipotenciario de Chile
En la ciudad de La Paz, a 108 5 días del mes de Didemlire mil ochocientos setenta y dos años, reunidos en et salón del Despaeho de Relaciones Exteriores de BoIivia, S. E. el señor Ministro del ramo Dr. D. Cuimiro Corral, y S. E. el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Chile, el señor D. Santiago. Lindsay, con el o:bjeto de .acordar las bases d~ un arreglo definitivo, que resolviese las 'Cuestionespendientes para l'a ,ejecución d'el tratado de 10 de Agosto "de·1866, a fin ,de seguir además negociando a ,la sombra de una situación igualmente ace'ptable y digna de los Gobiernos die Chile y Bo~ivia, para propender a sustituirlo con otro que consulte mejor" 'los recíprocos intereses de ambas naciones ;el honorabLe señor Lindsay expuso: que estando zanjadas todas las dificultades que habí<animpedido dar fiel y exaeto cumplimiento al tra"Ladode .límites> 1866, tanto por los acuerdos tomados en de diversas conferencias verba¡leshabidas con el señor Ministro de Relaciones Exteriores, cuanto 'por los distintos decretos y regoluciones supremas, expedidas por el Excmo. Gobierno de Bolivia, de conformidad a -lo acordado en la conferencia verbal de 24 de Julio último, creía llegado ellcaso de pedir al señor Ministro de Relaciones Exteriol'les que se proceda a extender el protoco'lo propuesto en el oficio pasado al Ministro con fecba 15 del citado mes de Julio, protocolo en el-que c'ons""arán todos a1qu t ellos convenios y declaraciones, y se dará un carácter fijo y permanente a las-que .lo tienen condicional. En !Consecuencia,invita1baal señor Ministro a tomar esta medida que vendría a dejar definitivamente arregladas las cuestiones 'hasta hoy pendientes entre Cbile y Bolivia respeoto del , antedicho tratado. El señor Ministro de Relaciones Exberiores contestó: que estando pendientes algunas proposiciones que propenden a la abrogación del tratado de Agosto del 66, tanto porque ofrece
- 39.muchos inconv-enientes en su ejecución en la parte de la co· munidad o medias; como porque el pueblo boliviano' desea cancelar en ese tratado las oprobiosas firmas de Melgarejo y Muñoz; y ha'biendo eonvenido en que continuaría neg<*iándose en ese sentido, no encontraba embarazo a'lguno en que se procediese a estipular un arreglo que resolviese de- una mane.. ra clara y tenninà.nte las diferentes euestiones que haMan sobrevenido sobre la ejecución del tratado; pues<su gobierno estaba dispuesto a cumplirlo en todas sus partes, co-mo lo había manifestado por los mismos acuerdos y resolueiones dictadas al efecto, a fin de comprobar la buena inteligencia y perfecta armonía entre ambos gobi:ernos; y que en 'consecuencia no tenía inconveniente alguno para aceptar en ese concepto la indL caCÍón del honorable señor Lindsay y consignar en un protoco-lo genera'l los arreglos. y declaraciones ya acordados verbalmente, para que estos tengan todas las formalidades y valor l1ecesario en derecho. Al efecto, acordaron estipular y esta'blecer como ten efet~to lo ha'Cen, eonviniendo en los artículos siguientes: Art. lo.--Se declara que los límites orientales de Chile, de que se hace mención en el artículo 10. del tratado de límites de 1866, son las más altas cumbres de los Andes, y por tanto la línea divisoria de Chile con BolivÎ'a es el grado 24 de !a..titud Sur partiendo desde el mar Pacífico ,hasta la cumbre· de la cordillera de 10& Andes. Art. 2o.-P.ara determinar con señales visibles la wbicación de las minas y lugares productores de minerales que están sujetos a la participación común de derechos de exportación dentro de los grados 23 al 25, cada parte nombrará un comisionado para que en calidad ,de peritos procedan a fijar y de~ terminar dichos lugares. Si los comisionados estuvieren de a--' (:uerdo, la operación pericial se tendrá por firme y 8u'bsistente y se re-spetará como senteIllcia 'Pasada en autoridad de cosa j'uzgada, 'Sin que Sleanecesaria la apro'baCÍ'ón de lOBreapectiyos gobiternos. En easo de discordia, los mismos peritos comisio;' nados nombrarán un terceroq,ue la dirima; pero si tampoco E'stuviesen de acuerdo para tal nombramiento, la designación del tereer dirimente se hará por S. l\f. el Emperador del Brasil. Entendiéndose que el territorio de explotación común de.'3,ignadoen el artículo 20. del mismo ttatado, '=8 el polígono formado 'por el grado 23 al Norte y el 25 al Sud, las cumbres de los Andes al Oriente y el mar Pacífico ai Occidente. Art. 3o.-Se declara que la participación por mitad de d'erechos de exportación, eorresponden tanto a los metales propiamente diChos,como el salitre, borax, los sulfatos y~-dei;':
más sustancias inorgánicas que se entienden en la acepción genérica de minerales que forman el 'reino mineral. Art. 4o.-Para l'aexplotadón d'e las guaneras descubiertas o por descubrirse. dentro de la zona determinada en el artf,t:ulo 20 .d'e este protocolo. los gobiernos de Chile y dé Bolivia, fOl'9narán. de comón ac'uerdo, el reglamento respec-tivo,a fin de sacar el mayor provecho posi15ledel SlÍstemade ~xplótación.. Art. So.-La intervenc,ión fisc'al de Chile establecida en MejiUones, pof el tratado de límites de 1866, queda autorizada 'para examinar 'los libros y demás comprobantes de las demás aduanas ~ablecidas o por e~tableclersedentro del gra'do 23, no pudiendo en ningún caso negarse las autoridades bo. ~!vianasa suministrar los d'8-tosy documentos que se les pidan, en virtud de este artículo. De la misma ll'!anera Bolivia no 'podrá establecer dentro del grado 24, sino una intervención fiscal, 'Conlas mismas autorizaciones y condiciones que las expresadas para intervendón fiscal de Chile, dentro de~ grado 23. S. E. el Ministro de Relaciones Ext'eriores propuso la adopción del siguiente: Art. 6o.-EI jefe de la aduana de Meji:Hones,en unión del Jefe de la intervención chilena allí existente, procederán a balancear, liquidar y saildar tO'das las cuentas y verifï.car la ~xacta y legal percepción de der~C'hosde las aduanas esta-blecidas dentro dt'l grado 23; Y efectuada esta operación, el ~obiel"110 Bolivia entregará al de Chile la mitad de ,los deredl! chos de exportación de minerales que hubiesen producido sus ~duanas, hasta el día de la -liquidación. En lag lir{uidacionegmtmcionadas se deducirá sierppre el importe del presupuest(\ de los empleados de Haciendà. y de Justicia qut' reclal:la el buen serviciQ del territorio determinndo en el artículo 20. Después de verificada la liquidación en cada trimestre sucesivo. la aduana de Mejillones entregará directamente al ;nœrventor fiscal de Chile 'la parte de beneficio qu'e le CQrre~ ponde. El honorable señor Ministro Plenipotenciario de Chile, aceptó este artículo ad refenadUDl. y propuso que si el EXOOlO. Gobierno de Chile no 10 aprobaba, ge sometiese la estipulaci~n que contiene dicho artículo al arbitraje del Excmo. Presidente de la República del Perú. Expuso S. S. H. que a.unque no tenía imrtrucciofiles pam\esta última proposición, la iCon~ignaba igua1l"lente ad referendum, en todo lo cual 'Convinoel ··señqr Ministrf) de Rela'CÍonesExteriores de Bolivia.
- 41Art. 7o.-Se fijará de común acuerdo entre ambos go_ biernos la tarifa de exportación de pastas y minerales de tod:if "'clase, que se haga de los productos mencionados, de la zona determinada en· el artículo 20.; sin que le fuera permitido a r,inguno de ellos alterar o modificar la ta;-ifa sin consentimiento y acuerdo comÚn. Art. So.-Para los productos de guano, metales y milÎ~-: rale" de todo género que se exploten de territClrios situados al nnrtc de la línea del grado 230., Y que se exporten por las' ;trlnnna- est1ablEf::idas dentro de dicho grado, el gobierno boli. '·;ano lIeval',á separadamente su cuenLa de los rendimientos de ks d~rechos que les imponga 'en su territorio, sin que en nada :en,rra que intervenir en esta cuenta el comisionado fiscal de Chile en Mejj¡.jones. Igual derecho tendrá Chile re:õ,pedo de los productos que explotados al Sud del grado 250. se exportan por 'la,;;;aduanas !ue se hallan e::;tablecidas al Norte de lEcho grado, Art. 90.-1.0:' dos gobiernosco!wiencn en seguir nego,inndo pacífica y amigablemente con el objeto de revisar o abrogar el tïalad.) de 10 de Agosto ele 1866, sustituyéndole I:Cln otro que consulte mejor los recíprc¡:cs il1'tereses de las dos repÚbljc::~s hermana~:. a fin de quitar todo motivo de cuestiones futuras y bajo la base inamovible del grado 240. y de las hItas cumbre,; de la gran Cordillera de los Andes. En fé de lo cual, y dá.ndose por terminado el presente ..rotocok, lo firmaron por duplicado Y sellaron con sus res~· ~ectivos ~\ellos.
~:t; conforme-El
Santiago L'indsay.-(L. S.) Casimiro Corral.Oficial Mayol', - Lucas Palacios.
..•••. +--
El tratado Baptista-Martinez. de 6 de agosto ~e 1814"
En la ciudad de Sucl"e, a 6 de Agosto de 1874, se reunieron en el salón del despacho de Relaciones Exteriores d'e Bolivia, el señor don Mariano l;lapti'Slta,Ministro del ramo, Y el señor don Carlos Walker Martínez, encargado d'e negocios de Ohile. ;Expuso el señor encargado de negocios que se hallaba en aptitud de continuar las negociaciones pendientes relativas a la sustitución d,el tratad.o de Agosto de 1866 por otro que ~onsultando mejor los intereses de ambos países respondiese al voto de los gobiernos de ambas RepúblicaS\. Contest6 el señor Baptista que este 'era, en efecto, el de8eQ de Sll gobierno, con el cual interpreta'ba el sentimiento púbUco de Bolivia. Pensaba que, ,así como era la convicbón d.el gobierno boliviano, sería también la de todos. aquellos que quisiesen darse una cuenta seria de 'lo que importa'ban ciertas definiciones del tratado, origen hasta ahora de inevitaJbles con. flictos, por cuanto dependía de la misma naturaleza realmente anómala del pacto; y congratulábase de encontrar en el señor W,alker Martínez, al presente como en época pasada 1a misma lealtad y buen espíritu que lo ha:bían guiado en las primeras conferencias. Estaba dispuesto a reanudadas con tal que se resolviese a ingresar en ellas con igual dignidad entre ambos contratantes: lo que ~e obtendría retirándose la declaratoria del Excmo. señor Ibáñez de 30 de Diciembre de 1873, contra la cual había reclamado el gobierno de Bolivia. El señor Walker Martínez: alarmó al gobierno d,e Bolivia su declaración porque se le supuso un sentido que está muy lejos de las intenciones de su gobierno. No se pretendía ~on ella atterar en lo más pequeñ'o el tratado del 66, ni sighifica otra 'Cosa que el resguardo muy natural y 'legítimo d'e !os derechos chilenos, reconocidos por ese tratado. Las palabras ':territorio de particÏ'palCi6n común" han sido erróneamente interpretadas: no son sino la i(!xpresión abreviada de la partid6n de 108 derechos aduaneros de común, ,particip:ación que a Chile corresponde; y en esté sentido se hace un deber en declararlo a nombre de S1U gobierno.
-El señor Baptista : Ya el señor Walker Martinez 'ha dado. antes en n-otas oficiales la. misma explicación, que reduçi#=~. su objetO' era bastante y cO'mO'tal ia estimó el gO'bierno boliviano. Pero, en O'pinión del mismo, la declaratoria podía ~urtir dos efectos: tomada en la aparente amplitud de su textO' comO' ofensiva a'1 soberano, ha'bría producido la ruptura de 1as rela>ciones y repuesto una situación buscada fuera del tratado; mantenida en su genuino sentido 'Como ahora lo estaba, siempre importaba presión; y aunque el gobierno c'hUenolenegara este carácter, así aparecía 'por la naturaleza del acto mismo. De esta suerte se quitaba a las neg,ociaciones poste..... iores toda su libertad, <condición desventajos¡a y ofensiva al ::entimiento nacionalbolivi-ano e impropio 'además para dispo. ner la opinión de a'ffilbos pueblos a la posterior benévola ac~tación de los convenios. El señor Walker Martínez: siente sobremanera que el señor Baptista dé tal alcance a <la declaratoria. Ninguna doe sus afirmaciones revela tai presión; todas ellas, al ¡contrario, se reducen a amparar los derechos de Chile, eon motivo de las leyes d'e la última asamblea bo1ivianaque los desconocían. Fsas leyes fueron dictadas con pretensión y en contra del artículo 50. del tratadO' del 66, sancionadas pO'r ,el ejecutivo y reglamentadas después, impusierO'n natura1mente al goMemo chileno l,a obligación de protestar y resguardar su buen dererho tan auténtica/mente desconocido. No va más allá ni el texto ni el signifkado de la d,eclaratoría. El señor Baptista: Cualesquiera que fuesen las dificultades de su polític'a interior, al gobierno -boliviano le competia buscar la oportunidad de 'Ûrillarlas, a cargo s610 de dar a ea.• nocer 'este su propósito a ti,empo y sin captación a la otra parte contratante. Esto se' había hecho con el negociador de Chile, reiterándole el 'Cumplimiento exacto del artículo 50. Y pl'eviniénd,ole que la ejecución de la ley sería suspendida en el punto que lo indLcase la prudencia. La reglamentación impuesta y dada, depara'ha esas ocasiones; y el curso mismo ¿e las cosas, nos traía forzosamente la necesidad de un apla7.amiento. Al prooeder así el gobierno estaba seguro de no faltar a la ley de su paíS' y soportaba, reservand<:l sus explicaciones, las impaciencias de la opinión. La deC'laratoria c:!.esc~:mocióstas única,s fuentes autorizad'as dé informe; prese romdló de €stos antecedentes, por más que fuesen privados, úni_ cos conducentes de su !cancHlería. Pero, sobrevinieron k-s oft. dos de los días 4 y 5 de Febrero, del gO'bierno boliviano, qu~ {~estruían ep su base toda in~erpretación equivoca~a y reve8~ han el caracter de actos oficlal-es. Por ellos se dlÓ p~rte .• Ji
!robierno chileno de que el artícul5> 40. no serí'a alterado en su ,ejecución, que las le~-es que le 'contradecían se hallaban sus'P·ensas Y de fado no quedaron .ejecuta'das. En ta·lpunto. y ese era en el tuaI nos ha.llábamos, la declaratoria no tenía objeto y faltaba todo motivo para su mantenimiento: lo que era cierto, aun dánd'Û'le el único carácter que pretende el señor Walker Martínez. Es pues, indispem;able el retiro de Ia declaratoria para reanudar las negociaciones. Prosiguióse ,ia discusión por ambos negociadore., en el mismo sentido durante algún tiempo; Últimamente el señor Walker Martínez, para cortar la dificultad formuló la siguiente proposición : "Gomo una prueba sincera de mi buen deseo personal interpretando el sentimiento fraternal de mi gobierno y cre:vendo de -esta suerte dejar i}.esas las susceptibilidades de ambas cancillerías de nuestras negoeiadones sobre el tratado subrogatorio y la suspensión de la declaratoria de 10 de Diciembre,son actos coetáneos consignados 'en un mismo protocolo .• considerados como un solo acto." No doy mucha importancia a la cuestión y así creo desviada la dificultad sin que sufra la dignidad de ninguno de los .contratantes. El señor Baptista: es esta una proposi'~ión nueva que no me atrevo a ae,eptarla, ni a rechazarla, hasta consultar al Presidente y al Gabinete. ' Suspe'ndida un momento la conferencia y hecha la éonsulta, res'pondió el señor Ministro de'Re.Jaciones Exteriores que aceptaba la f6rmub propuesta, vista las grandeg y permanen., tes ventajas que rep'ortarían a Bolivia y Chile con el nuevo pacto y persuadido de que las baBes en que desde antes se haHan puesto acordes ambos negociadores deparaban aquellos beneficios. En .consecuencia de esta resolución y despejado el único obstáculo en las neg-ociaciones, continuarán éstas dando por resultado la aprobación del Tratad-o.
Las repúblicas de Chile y de Bolivia, estando igualmente animadas del deseo de consolidar sus mútuas y buenas relaciones y de apartar por medio de pactos solemnes y amistosos todas las causas que puedan tender a enfriarlas o entorpecerIas, han determinado celebrar un nuevo Tratado de límites que modificando el celebrado en -el año de 1866, asegure en lo sucesivo a los ciudadanos y a los gobiernos de am-
- 4pDas repúblicas, lapaz y la buena armonía necesarias pal'a su libertad y progreso. Al €fe'cto han nombrado y com'tituído p0r sus plenipotenciarios: la re'pública de Chile a elan Carlos Walker Martí· Lez y la república de BoHvia a don Mariano Baptista, los cuales después de haberse comunicado sus plenus poderes y de haberles hallado en d'ehida forma, han convenido en 10$ si~uientes artículos: Art. lo.-El paralelo del grado 24 clesdeel mar ha~ la cordiHera de los Andes en -el divortia aquarum es el límit-e entre las repúblicas de Chile y Bolivia. Art. 2o.-Para los efectos de este Trat[tdo se '2or.s~deran firmes y -subsistentes las línea;; de 10'1 paralelos 23 y 24 ñjadas, por los comisionados Pissis y l\Iujía, y ele (~l.lC dá te'~timoD.io el acta levantada en Antofagasta ellO de Febrero de 1870, Si hubiese dudas alcerca deja \'crdadr'ra v exacta ubicadón del asi,ento minero de Caracoles o de c'ualquier otro lugar productor de minerales por consider¡'lrl(\~; fuera de la zona comprendid'a entre esos paralelos, se procederá fi determinar dicha ubicación por una comisión de elo;; peritos nombrados, uno por cada una de las partes contratante~. debiendn los mismos peritos nombrar un terrero en caso de discordia; y ~i no se avinie;:en para ese nombramiento, lo efectuará S, l\I, el Emperador del Brasil. Hasta que no aparez':a prueba en contrario rebtiva a esta determinación. se seguirá entendiendo, como hasta aquí, que ese asiento minero está comprend.ido ,entre los paralelos indicado:,. Art. 3o.-Los depósitos de guano existent.es o que en adelante se descubran en el perímetro de que ha,bla 0.1 artículo anterior serán partibles por mitad entre Chile y Bolivia; el sistema de explotación, admini;:t,ración y venta se efectuarán de común acuerdo entre los gobiernos de las dos L''Júblicas en la forma y modo que s'e ha efectuado hasta el presêntc. Art. 4o.-Los derechos de exportación que "e impongan sobre los minera,les explotados en la zona de terreno de que hahlan los artículos precedentes, no exr.:ederán ele la cuota que actualmente se cobra; y las personas, indu:1trjas ycapitale"\ chilenos no quedarán sujetos a más contl'jb~¡c¡ones de cualquiera clase que sean que a Jas qt~r al presente existen. La estipulación conteniela en este artíCl~I~ eltE'ará por t:l t¿'l'mino ele veinticinco años. Art. 5o.-Qucdan libres y exentos del P:J,go de todo derei3ho los l,roduC'to:1 natura'les de ,Chile tlue se importasen por el HlOi'al boliviano, comprendido dentro de los paralelos 22 y 24, en rociprocidad quedan con idéntica liberación los productos
-46 DaturaJ.es de Bolivia que se importen al Htora.J chileno dentro de los paralelos 24 y 25. Art. 6o.-La repúhlica de Bolivia se obliga a la ha'bilitación I>ermanente d'e Mejillones y Antofagasta como puerto8 Ul~yofe8 de su litoral .. Art.70.--En comipensación de la renuncia que Chile haee a SUB clereC'hos venideros sobre mineral¡es en la zona territorial fonnada por los paralelos 23 y 24, Bolivia se c,ontpromete a reconocer una obligación detez;minada en una suma fijada por un tribunal de arbitraje nombrado con este objeto. Desde luego convienen la'S partes contratantes en designar en este carácter a S. M. el Emperador d'el Brasil. Art. So.-La repúbli~a de Bolivia entregará a la república de Chile, previa liquidación efectuada por dos comisionados que nombrarán respeetivamentQ las partes contratantes, la cantidad que le corresponde por la mitad de los derechos de exportación a que se refiere 'el artículo 20. d'el tratado de 1866, y que se hay,an percibido hasta 1a fecha en que se verifique el {;anj¡edelas ratifi'caciones del 'presente convenio. Si la suma pagable o parte de ella no ruese susceptible de exacta IÎ'qu~da~ión o 'por falta de elementos hastantespara la cuenta o por (·tras dificultades, los mismos comisionados la fijarán o compl-etaránprooediendo exequo et 'bono. No hallándose acordesel dirimente será S. M. el Emperador del Brasil. .. Art. 9o.-Queda desde esta fecha derogado en todas sus partes el tratado de 10 de Agosto de 1866. _ Art. l00.~EI'pI'lesente tratado S<erá ratificado por cada una de las repÚblicas 00ntratantes, ycanjieadas las ratificaciones en la ciudad de Sucre dentro del término de tres meses. En fe de lo cual, los infraSlCritos de las repúblicas de protocolo ypués-' tole sus respectivos sellos en Sucre, a los seis días del mes de Agosto da mil ocho.cientos setenta y cuatro años.
Chile y die Bolivia, han firmado el presente
(Lugar del sello) -Firmado (Lugar del sello)-Firmado
- Mariano _ C. Walker
Baptiata. Martínez.
PROTOBOLO
En la ciudad de Sucre a seis de Agosto de 1874, reunidos en el despacho de relaciones exteriores de Bolivia el &ellar Ministro del ramo y el señor encargado de negocios de GhHe, convinieron en acordar, para lag efectos del artículo 50. del tratado hecho Icon esta misma fecha, que se entenderán por productos naturales de Chile los siguientes: afrec'ho, aceites, almendras, cáñamo, eu-eras, carbón rlepiedra,carb6n de \'!'}pino, carne, cebada, cera, charqui, frutas fres'cas y secas, frejoleg, ganado vacuno y lanar, garbanzos, galleta, grasa, harinas, jabón, jarcias, lentejas, lanag, leña, linazas, ladrillos, legumbres de toda clase, maiz, manteca, Ilu~~e~, 'p.aja, past.o aprensado, en ramo y picado, quesos, sacos, suelas, sebo, turba, trigo, velas de sebo, vinos y licoreS' chilenos, etc., etc. Conviene igualmente para lORefectos del artículo 70. en que el trihunal de arbitraje que l'le nomb~,;e par las alt.aspartes contratantes procederá para determinar la suma que adeud~ Bolivia a Chile en calidad de jurados, tomando en cuenta 108 derecho..s a que renuncie Chile eon la derogación del tratado de166, los que -corresponderían a Bolivia sobre productos aná~ogos en la zona comprendida entre los paralelos 24 y 25, el conjunto del tratado, las v'cntajas reciprocas y aseguradaspa] a ambos país'es, etc. etc. Deducida la suma, el tribunal fijará o por anualidades o de la manera que juzgue más 'Conveniente y fácil el modo del pago. En fe de lo cual, los infrascritos, plenipotenÓarios de.as repúblicas de ChUe y de Bolivia, han firmado el presente ,orotocolo y puéstoles su;; respectivos sellos. (Lugar (Lugar elel sello) -Firmado-Mariano del sello)-Firmado-C. Walker Baptista. Martinez.
Es copia-El
Rosquellas .
oficial 10. de relacionesexteriores-RaD1Ón
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