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Timestamp: 2019-04-25 21:55:26
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A mayor desarrollo económico, mayor exposición de riesgo, y consecuencialmente necesidad de mayor protección del patrimonio - Jorge Subero Isa : Jorge Subero Isa
A mayor desarrollo económico, mayor exposición de riesgo, y consecuencialmente necesidad de mayor protección del patrimonio
Publicado por: admin	Fecha: 05/10/2013 15:10:28 p.m. Comentarios: 0
Maestría en Derecho de Seguro
Conferencia dictada por el Dr. Jorge A. Subero Isa
Quiero antes que nada hacer de conocimiento de muchos que no soy técnico en seguro, ni mucho menos economista, aunque confieso que me habría gustado ser uno de las dos, o los dos mejor. Mis escasos conocimientos sobre la materia son esencialmente empíricos, fruto de algo más de cuarenta y tres años de ejercicio profesional, muchos de ellos dedicados a ella, y haber ocupado algunas posiciones públicas y privadas que me han permitido conocer el pensar y el actuar de los que intervienen en ese mercado, así como la interacción existente entre el negocio y el desarrollo de un país.
Quizás sea una osadía de mi parte abordar ese tema, pero cuento con la indulgencia de ustedes y ustedes pueden contar con mi buena fe al exponerlo.
Pero si hay algo de lo que estoy totalmente convencido es que la manera más efectiva de transferirle a un tercero las pérdidas de naturaleza económicas que pueda sufrir el patrimonio de una persona es el seguro.
Con el tema que he escogido para esta intervención lo que pretendo es llamar la atención en el sentido de que el negocio del seguro se desarrolla en la medida en que el país también se va desarrollando, pues a mayor actividad económica habrá mayor exposición a sufrir una pérdida que se refleja en el patrimonio, así como la necesidad de mitigar esa pérdida a través de un instrumento idóneo a tales fines.
Desde que el ser humano apareció en la faz de la tierra ha manifestado su interés por su seguridad en todas las etapas de su transformación, que al decir de Johan Goudsblom, en su libro Fuego y Civilización han sido tres. La primera, el dominio del fuego, pues desde que el hombre primitivo aprendió a controlar el fuego le permitió atrapar animales y roturar la tierra. Sin ello la agricultura, la segunda gran transformación, no habría sido posible. El dominio del fuego también permitió cocinar los alimentos, algo que distingue al hombre de los animales y que quizá pueda ser considerado el origen de la ciencia (El humo puede haber servido además como primera forma de comunicación a larga distancia). El dominio del fuego también condujo a la cocción mediante hornos, a la cerámica y a la fundición, lo que a su vez favoreció la fabricación de cuchillos metálicos, y más tardes, espadas. La tercera gran transformación, la más importante después de la agricultura, sólo llegaría con la industrialización. Sostiene dicho autor que la unión del fuego y el agua para crear el primer motor, permitió el aprovechamiento de una nueva forma de energía para que máquinas de un tamaño y fuerza sin precedentes realizaran determinadas acciones rutinarias mucho mejor y mucho más rápido de lo que podían hacerlo las manos.[1]
Lógicamente que en ese último aspecto nos estamos refiriendo a la máquina de vapor; históricamente se registra que ella tiene sus orígenes en un invento del mecánico inglés llamado Thomas Savery, que en su época contribuyó enormemente al desarrollo de la industria de la minería. Luego Thomas Newcomen, con el asesoramiento de Robert Hooke y de John Cally perfeccionaron la máquina de Savery. Sin embargo, correspondió al escocés James Watt perfeccionarla, convirtiéndose en verdadera punta de lanza de la Revolución Industrial, quien a finales del siglo XVIII la patentó.
El nuevo diseño de la máquina de vapor hecho entre 1765 y 1776 por James Watt la convertiría en una renta suministradora de energía. Aunque Watt mismo se concentró durante toda su vida en un único uso: extraer agua de una mina por bombeo, que era el mismo para el que Newcomen la había diseñado originalmente, posteriormente el socio de Watt, Mathew Boulton, la promocionó inmediatamente como fuente de energía para toda clase de progresos industriales y muy especialmente para la mayor de todas las industrias de aquel tiempo: la textil. Treinta y cinco años más tarde el norteamericano Robert Fulton ponía a flote en el río Hudson el primer barco a vapor, y al cabo de algunos años se ponía la máquina a vapor sobre ruedas y nacía la locomotora.
Se considera que para los años 1840 o 1850 la máquina de vapor había transformado todos y cada uno de los procesos de fabricación, desde la elaboración de vidrio hasta la imprenta; había cambiado el transporte de larga distancia por tierra y por mar, y estaba empezando a transformar la agricultura.[2]
Por el impacto que hoy tiene en el seguro y en los accidentes quiero asociar el nacimiento de dicha máquina con otro gran invento que ha revolucionado a la humanidad, me refiero a los vehículos de motor.
Para el año 1769 comenzó a circular por las calles de París, El Fardier, que consistía en un automóvil de vapor, construido por Nicolás-Joseph Cugnot, que era un triciclo que montaba sobre la rueda delantera una caldera y un motor de dos cilindros y donde la rueda delantera resultaba tractora y directriz al mismo tiempo. Posteriormente, en el año 1770 construyó un segundo modelo, capaz de desplazar una velocidad de 4 kilómetros por hora. Se considera que con ese modelo de 1770 fue que se produjo el primer accidente automovilístico de la historia, al resultar imposible el correcto manejo de ese vehículo, que chocó contra una pared, la cual se derrumbó fruto del accidente.
Se estima que las primeras compañías creadas para la fabricación de automóviles fueron las francesas Panhard et Levassor, en el año 1889 y la Peugeot, en el año 1891. Ya para 1908, en Estados Unidos de América, Henry Ford comenzó a producir en una cadena de montaje que le permitió alcanzar cifras de ventas extraordinarias para la época.
Estudios revelan que la globalización genera extrañas manifestaciones sociales. El mundo es cada vez más universal y como contrapartida, está más cerrado sobre sí mismo. Las identidades se mezclan, se refuerzan, se defienden y se integran. El sincretismo transforma al mundo y éste pierde fronteras, la transfronterización se impone. La migración es, sin duda, un signo de nuestro tiempo, quizá el más claro.
Hablar de seguros es hablar de negocios (y para que no haya duda lo dice nuestra propia ley). Negocio, en una definición que está al alcance de muchas personas a través de Wikipedia y que consiste en una actividad, sistema, método o forma de obtener dinero, a cambio de ofrecer bienes o servicios a otras personas. Una definición más técnica nos ofrece Orlando Greco, en su Diccionario de Economía, cuando dice en una primera acepción: “Negocio: ejercicio de una actividad comercial que comprende un empleo de capital y la búsqueda del fin de lucro mediante la venta de mercaderías, productos o servicios”.[3] Quien se dedica al negocio se denomina negociante. Sobre esos dos conceptos podemos establecer un silogismo: si el seguro es un negocio y el negocio consiste en la búsqueda de un lucro, luego el seguro lo que busca es el lucro.
Como todo negocio, no se hace pensando que se va a perder dinero, aunque existen probabilidades de que se pierda. Todavía en nuestros días tiene vigencia la gran división existente entre las agrupaciones de personas: las que no persiguen fines de lucro y las que persiguen fines de lucro.
Un empresario es quien ejerce de manera profesional una actividad económica organizada para el fin de la producción o del intercambio de bienes o servicios. Por lo tanto las sociedades que se dedican al seguro son empresarios.
En el año 1998 tres amigos escritores latinoamericanos cuyos nombres son Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, publicaron una obra cuyo título causó inmediatamente una gran conmoción en la comunidad intelectual de toda Iberoamérica. Se trata de Fabricantes de miserias, en la cual atribuyen las causas de nuestras miserias y calamidades a diferentes sectores de la sociedad, entre ellos a los políticos, los militares, los guerrilleros, los curas, los intelectuales, los sindicatos, los empresarios, las universidades y el Estado.
A los empresarios a que se refieren los autores son aquellos que identifican como los que participan en el mercantilismo, entendiendo como tal un sistema perverso que convierte al reparto de privilegios en el factor determinante de toda o de una parte de la vida económica. Dicen que el mercantilismo, que es la discriminación institucionalizada, ha sido una de las causas de los principales fracasos latinoamericanos. Parece que todo comenzó cuando en el siglo XVII, en la Francia de Luis XIV, el ministro Colbert preguntó a un grupo de empresarios qué podía hacer por ellos, la respuesta fue contundente: “Déjenos hacer, señor Colbert” (Laissez-nous faire, monsiuer Colbert). A esta anécdota atribuyen la expresión liberal “laissez-faire, laissez-passer”.
De esa misma obra tomo el pasaje siguiente:
“¿Por qué roba bancos?, le preguntaron a un famoso asaltante norteamericano: “Porque es ahí donde guardan el dinero”.[4]
Traigo a colación la anécdota relatada anteriormente como una manifestación de que de los servicios financieros existentes en la actualidad, los bancos y los seguros son presas apetecibles al momento de buscar una parte contra quien iniciar un proceso judicial o una reclamación.
Dice Peter F. Drucker, que el término desarrollo económico, un término que no era de uso común, a partir de lo tratado en el punto cuarto del discurso del Presidente Harry Truman en 1950 y del Presidente John F. Kennedy en 1960, se convirtió en un descubrimiento grandioso y excitante. “Pero, como todo el mundo sabe, el desarrollo económico no ha funcionado. Se ha visto como un fracaso decepcionante”.[5]
Desarrollo económico, tal como lo enuncia Rondo Cameron, significa crecimiento acompañado por una variación sustancial en las estructuras o en la organización de la economía, por ejemplo, pasar de una economía local de subsistencia a mercados y comercio, o el crecimiento relativos de la producción de bienes industriales y servicios respecto de la agricultura. El cambio estructural o de organización puede ser la “causa” del crecimiento, pero no tiene por qué serlo de modo ineludible; a veces la sucesión causal se mueve en dirección contraria, o bien puede que ambos cambios sean el fruto conjunto de otros cambios en el interior o en el exterior de la economía.[6]
“El estudio de la historia contemporánea de nuestro país nos lleva a afirmar que el desarrollo se verifica en la medida en que son cubiertos los vacíos institucionales que como país estamos llamados a llenar, atendiendo a nuestras características como nación, a nuestras normativas, a nuestras instituciones y a nuestra propia realidad”.[7]
En términos generales, “En una sociedad con una economía estática la estrategia de desarrollo cae en una especie de contemporización con la situación imperante; pero cuando la economía de un país se contagia con el dinamismo de una población que demanda cada día más nuevos bienes y servicios, el éxito está reservado a los que se anticipen a las tendencias del mercado”.[8]
La afirmación anterior, que expuse por primera vez en un discurso que pronunciara el 31 de julio del año 2002, se confirma once años después con la medida adoptada por la Sony, líder en la fabricación de electrodomésticos en Japón, quien en nuestros días obtiene más dinero vendiendo seguros de vida que lo que gana fabricando artículos electrodomésticos. Panasonic y Sharp, las otras dos grandes compañías japonesas no cuentan con planes alternativos que les permitan mitigar las pérdidas a consecuencia de la competencia desplegada por las empresas norteamericanas y la revolución digital.[9]
En el mismo sentido, cuando Hiroaki Nakanishi, presidente de la centenaria Hitachi, quien adquirió su reputación por contar con la mejor tecnología (mi primer radio portátil, en el año 1963, uno de transistor, fue de esa marca) tomó las riendas de la empresa en el año 2010 sus números estaban en rojos, decidió hacer algo que se considera poco japonés: clausuró o vendió las divisiones deficitarias, la mayoría de ellas dedicadas a la electrónica de consumo, y dijo que “La tecnología digital cambió todo”. La nueva competencia está basada en los que tienen las mejores ventas, la mejor estrategia de mercadotecnia y los mayores presupuestos publicitarios.
Según Nakanishi las compañías japonesas no tienen capacidades para participar en ella. “La estructura de la industria ha cambiado completamente. No podremos ajustarnos a ese ambiente. Es por eso que estamos renunciando a esos segmentos”. Hitachi decidió regresar a su actividad principal que es la ingeniería pesada, como la fabricación de turbinas de gas, turbinas de vapor, plantas de energía nuclear y trenes de alta velocidad, pues son las áreas en que según el presidente de Hitachi la empresa puede todavía competir globalmente, y en especial en el mundo en desarrollo. En la actualidad esa compañía está centrada en la ingeniería pesada. Es así como los trenes fabricados por la empresa son los favoritos para reemplazar a toda la flota de trenes interurbanos de alta velocidad del Reino Unido. Fruto de ese cambio de estrategia Hitachi está nuevamente obteniendo beneficios.[10]
No es suficiente con que un país alcance un crecimiento económico; lo importante es que éste sea sostenible. El ex Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, dijo en una ocasión que “el desarrollo auténticamente sostenible es posible sólo cuando se respetan plenamente los derechos políticos, económicos y sociales de todas las personas. El derecho al desarrollo es la medida del respeto de todos los derechos humanos. Ese debe ser nuestro objetivo: una situación en que todos los individuos pueden elevar a un máximo su potencialidad y contribuir a la evolución de la sociedad en su conjunto”.
Repito lo que dije en el año 2000: “El desarrollo económico de un país no depende de que posea una moderna y eficiente legislación fiscal y una política eficiente y transparente, se requiere, además, de una gran disciplina, que sea capaz de entender la importancia que tienen los agentes económicos como impulsadores de la economía del país”.[11]
Alejandro Werner, es un economista mexicano, y a partir de enero de este año 2013 es el nuevo director del departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo recientemente en una entrevista que el principal reto que enfrenta América Latina es cómo adaptarse y prepararse para un entorno externo incierto dada la volatilidad del precio de las materias primas y las bajas tasas de interés mundiales. Agregando, que «Los precios de las materias primas, que han respaldado el crecimiento en muchas economías, podrían estancarse o bajar. Y las tasas de interés mundiales terminarán subiendo, y eso influirá en los reembolsos de la deuda local y externa de los países latinoamericanos».
/p>Refiriéndose a la América Latina apuntó que «Primero, América Latina ha crecido con rapidez en comparación con el resto del mundo y continuará haciéndolo, según los pronósticos. Segundo, su política fiscal sigue una trayectoria estable. Y, tercero, su población es muy joven y eso crea un entorno favorable para la inversión productiva», sostuvo al explicar el atractivo de la región para los flujos de inversión.
Más adelante decía Werner que hay que «pasar de una estrategia de crecimiento más basada en las materias primas a una que sea más autosustentable y esté basada en los servicios, la manufactura y la construcción».
No obstante esa apreciación en cuanto a la estrategia basada en la sustitución de las materias primas, por una más autosustentable, como la basada en los servicios, la manufactura y la construcción, el mismo reconoce que es aún más importante «implementar programas que fortalezcan el acceso y la calidad de la educación y la salud, que en última instancia son los determinantes a largo plazo más importantes del crecimiento, la generación de empleo y la reducción de la pobreza».
Una parte importante de esa entrevista que para los fines de estas palabras nos interesa es cuando se refiere a que la estrategia de crecimiento debe estar basada entre otras variables de crecimiento en la prestación de los servicios, recordando que el seguro es un servicio.
En nuestro mundo actual uno de los resultados directos de los intercambios internacionales lo constituye la economía transnacional, pues de ella depende fundamentalmente el nivel de vida de los habitantes de los países en el mundo moderno. De ahí la importancia que tienen los acuerdos internacionales y de su protección por parte del Estado, no escapando a sus efectos los servicios financieros como son los seguros.
Hasta hace unos años el libre cambio y el proteccionismo se limitaba al comercio de bienes, sin embargo, en la actualidad los servicios se han convertido en algo tan o más importante que los bienes para la economía mundial y requieren por tanto una protección y reciprocidad mayor que la relativa a los bienes. En la actualidad la inversión en el mundo está ganando más terreno que comercio alguno.
Todavía en nuestros días subsiste la vieja discusión en cuanto a si el desarrollo económico de un país debe estar impulsado por medidas regulatorias del Estado o si por el contrario ese desarrollo debe estar determinado por las fuerzas del mercado.
Al respecto dice Peter F. Drucker que durante cien años, a partir del crash del Mercado de Viena, de 1873, el control de la economía por el gobierno y la dirección por el Estado de la sociedad fueron causas “progresistas”. El gran debate político no tuvo por objeto el Estado del Bienestar, sino que se desarrolló entre quienes creían en un “Estado del Bienestar” en el que el gobierno se veía sometido a restricciones democráticas y legales en su control de la economía y de la sociedad y los partidarios de un totalitarismo, fuera marxista o antisemita, que predicaba y ponía en práctica un poder del Estado absoluto y sin restricciones.[12]
Más adelante el mismo autor nos dice que el período 1968-1973 es una divisoria totalmente comparable a la de 1873. Si el 1873 significó el fin de la Era liberal, 1973 marcaba el final de la era en que el Estado constituía la causa progresista.
El tema también es ampliamente tratado por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, 2008, en su obra ¡Acabad ya con esta crisis!, al afirmar que desde la presidencia de Carter, lo cual siguió Ronald Reagan se procedió a un proceso de desregulación de las economías.
El mismo Krugman dice que “De hecho la desregulación creó un desastre grave, casi de inmediato. En 1982, como ya he indicado, el Congreso aprobó la ley Gran-St. Germain. En la ceremonia de la firma, Ronald Reagan la describió como el “primer paso del exhaustivo programa de desregulación financiera de nuestro gobierno”.[13]
Dice otro Nobel de Economía, 2001, Joseph E. Stiglitz: “El Banco Mundial y el FMI decían que estaban haciendo todo eso en beneficio del mundo en desarrollo. Estaban respaldados por equipos de economistas del libre mercado, muchos procedentes de la catedral de la economía del libre mercado que fue la Universidad de Chicago. Al final, los programas de los Chicago boys no dieron los resultados prometidos. Los ingresos se estancaron. Allí donde hubo crecimiento, la riqueza fue a parar a los de arriba. Las crisis económicas en países concretos se hicieron más frecuentes; ha habido más de cien sólo en los últimos treinta años”.[14] Al respecto vale recordar el papel jugado en esa corriente económica por el economista Milton Friedman.
Por su parte los citados autores de “Fabricantes de miseria” afirman que: “En síntesis, la condición para un real despegue de América Latina hacia el Primera Mundo requiere la sustitución del Estado patrimonialista, voraz y burocrático que cargamos a cuesta desde hace siglos por otro más liviano y eficiente que permita el libre juego y desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. En vez de ser, como lo ha sido entre nosotros, otro fabricante de miseria, debe entender que su papel esencial es el de garantizar las condiciones de libertad, flexibilidad, rigor y eficiencia para la creación de riqueza y prosperidad a través de una real economía de mercado”.[15]
En nuestro país, en virtud de lo que dispone la ley 146-02, sobre Seguros y Fianzas de la República Dominicana, como se deriva de sus considerandos, el mercado asegurador y reasegurador se encuentra sometido a regulación. A estos fines nuestra ley toma en consideración: 1) la adecuación a los estándares internacionales; 2) que el seguro constituye una actividad productora de riqueza, que es preciso fomentar y mantener en el país para que pueda beneficiar a todos los sectores; 3) garantizar la inversión de los asegurados; 4) las fianzas judiciales están a cargo de las compañías aseguradoras mediante pólizas de seguros, por lo cual el manejo y supervisión de las mismas debe ser responsabilidad de la Superintendencia de Seguros; 5) transparentar el negocio del seguro en la República Dominicana para tener un instrumento legal que permita controlar y supervisar el mercado del seguro acorde con el nivel de desarrollo que impera; 6) proporcionar el máximo de protección a los asegurados y de crear garantías que sean necesarias en el negocio de seguros, para que las partes contratantes tengan la certeza de que los contratos reciban un fiel cumplimiento”.
Pero a propósito de regulación es preciso tomar en cuenta lo dispuesto por el DR-CAFTA en su artículo 12.15: Disponibilidad Expedita de Servicios de Seguros. Las Partes reconocen la importancia de mantener y desarrollar los procedimientos regulatorios para hacer expedita la oferta de servicios de seguros por proveedores autorizados.
Todos lo sabemos, el seguro cubre riesgos. Cuando hablamos de riesgos nos referimos a la posibilidad de que exista un acontecimiento capaz de causarnos un daño. Resulta casi imposible que emprendamos alguna actividad sin que en ella se encuentre presente el riesgo.
La noción de riesgo en la actualidad tiene dos acepciones diferentes, los riesgos que se corren a consecuencia de cualquier actividad y el riesgo que se deriva de los efectos de la postmodernidad, que es lo que se denomina la sociedad del riesgo. Sobre este último concepto Ulrich Beck, un escritor alemán escribió una obra que precisamente se denomina así “La sociedad del riesgo”, donde establece que ese riesgo es el de la modernización. Que es un producto global de la maquinaria del progreso industrial y agudizado sistemáticamente con su desarrollo ulterior, como son los riesgos derivados de los elementos tóxicos en la alimentación y la amenaza nuclear.
En la contraportada de “La sociedad del riesgo”, de Beck se dice que “la idea teórica directriz de este libro, claramente formulada con el fin de que alcance cuanto antes el objetivo propuesto, se puede expresar mediante una analogía histórica: al igual que en el siglo XIX la modernización industrial descompuso la anquilosada sociedad agraria y extrajo de ella el germen de un nuevo modelo social, hoy en día es este último el que está creando otras formas a partir de la modernidad”.[16]
En el ámbito del seguro vamos a hablar de la exposición del riesgo significando regularmente que de concretizarse el hecho expuesto se produciría una pérdida de carácter económico, normalmente una pérdida cuantificada en dinero.
Las posibilidades de que el riesgo cubierto por el seguro ocurra o no ocurra dependen de múltiples factores y del propio riesgo cubierto.
Un libro que recoge fuertes críticas al negocio de los aseguradores y del seguro en general es “Los banqueros invisibles”, con un sugerente título: “Todo lo que la industria del seguro nunca ha querido que usted sepa”, escrito por Andrew Tobias, de cuyo edición del año 1982 recojo lo siguiente:
“Si uno quiere vender un seguro de responsabilidad civil profesional a un sacerdote, lo primero que tiene que hacer es convencerlo de su importancia. Hay que lograr que se preocupe. Se le podría contar –como hacía un agente de ventas de la Church Mutual Insurance Company, según el Register de Des Moines- el caso, ahora ya famoso, de aquella mujer de Missouri que tenía problemas matrimoniales y a quien el párroco aconsejó que abandonara al marido, con el trágico resultado de que éste disparó contra ella cuando lo intentó. La mujer se recuperó de sus heridas, se reconcilió con su marido y procedió a ponerle pleito al sacerdote, pidiendo una indemnización que abarcaba todos los bienes terrenales del párroco. Naturalmente, esta fue recogida por las emisoras de radio y los periódicos nacionales. A partir de ese momento, resultó mucho más fácil la venta de seguros de responsabilidad civil profesional entre los sacerdotes”[17].
Recordemos la película “Mi novia Polly”, aquella película protagonizada por Jennifer Anniston y Ben Stiller, en que dos recién casados deciden pasar su luna de miel en una playa y su esposa se enamora del entrenador de buceo y decide quedarse con él, abandonando a su esposo. En esa película su autor hace uso del RiskMaster, un programa basado en el software, que utiliza el protagonista que le servía a su protagonista, un analista de riesgos, obtener mediante parámetros el nivel de riesgo que presentaba una persona. En la especie se trataba de analizar la posibilidad de un siniestro de un posible asegurado que se exponía a todos los grandes riesgos capaz de producir una pérdida, pero que al mismo tiempo le sirvió a su protagonista varón poder comparar con cuál de las dos mujeres debería quedarse para mantener una relación amorosa, luego de que la que se había ido con el entrenador de buceo decidió volver con él, pidiéndole perdón.
Hay dos términos en cualquier actividad humana muy parecidos uno al otro, pero realmente tienen significados diferentes, que son:
Prevención, que consiste en adoptar medidas destinadas a impedir o por lo menos obstaculizar que ocurra un siniestro y que de ocurrir las consecuencias sufridas a consecuencia del daño sean mínimas.
Como ejemplo tenemos el cinturón de seguridad en los automóviles: la instalación de extintores en aquellos lugares en los que pueda tener lugar un incendio, la existencia de alarmas, los medios de seguridad en general.
El otro termino es previsión, que consiste en la preocupación que siente una persona para evitar que se produzca un acontecimiento capaz de causar un daño, caracterizándose fundamentalmente por la formación de un fondo de carácter económico normalmente consistente en dinero que permitirá que llegada la ocasión se le pueda hacer frente a las consecuencias de un siniestro.
En materia de seguro la prevención juega un papel importantísimo toda vez que en la medida en que se toman las medidas precautorias de lugar se puede mitigar la ocurrencia del riesgo. De ahí es que se considera que de todas las formas de previsiones existentes en el mundo de los negocios la más económica y efectiva resulta la del seguro en razón de que las consecuencias del riesgo son transferidas a un tercero denominado asegurador, el que dispone de una estructura técnica y económica que le permite garantizar al que ha sufrido el daño una compensación de naturaleza económica.
Hay un elemento importante que debemos destacar en materia de seguro, que por el hecho de ser tan conocido no significa que lo ignoremos, que es el elemento aleatorio que al igual que el juego y la apuesta lo caracterizan, pues a partir del momento en que no existe el alea pierde su razón de ser esa actividad. Cuando no existe el elemento aleatorio no existe seguro. De ahí es que técnicamente no resulta posible asegurar un establecimiento comercial que al momento de formalizarse el seguro ya se había incendiado o de igual manera si el incendio ha sido provocado intencionalmente por el asegurado o por el beneficiario del seguro. En el lenguaje del seguro esto se conoce como el riesgo moral. Es muy vieja la expresión circundante en el lenguaje asegurador de que Lloyd’s se jactaba de poder cubrir todo riesgo excepto lo de la virginidad y las creencias religiosas, por eso es que es conocida la negativa de la misma entidad de vender a un padre siciliano un seguro que garantizaba el honor de su hija.
A pesar de que la base fundamental del seguro esta en ese elemento aleatorio, es decir que sea el azar quien determine la ocurrencia o no del riesgo cubierto en la actualidad las entidades aseguradoras disponen de estadísticas y de conocimientos técnicos suficientes que les permiten determinar las probabilidades de la ocurrencia de un riesgo. De ahí es que se recurre regularmente a la ley de los grandes números como una forma de medir el riesgo. Se busca apoyo en la incertidumbre que reportan determinados sucesos, se cuantifican en términos de probabilidad para transformarlos en seguridad.
Los avances de las ciencias médicas y farmacéuticas han contribuido a mejorar las condiciones de vida de los seres humanos, lo cual en cierta medida tiene incidencia en el seguro. Es así como en una publicación que aparece en The New York Times, en la selección semanal ofrecida por el periódico Listín Diario correspondiente al año 2010, de la autoría de Natasha Singer, con el título El Alto Costo de Vivir Más y el sub-título: Poblaciones maduras podrían causar penurias a naciones poco preparadas. En un resumen apretado se dice al respecto, que hay la buena noticia de que vivimos vidas más largas y más saludables que nunca. Las esperanzas de vida en algunos países como España, Grecia y Austria, se duplicaron en el siglo XX. Pero la mala noticia es que a ese ritmo, no podemos darnos el lujo de vivir tanto tiempo. Que por primera vez en la historia de la humanidad las personas mayores de 65 años están a punto de superar a los niños menores de 5 años. Que en muchos países, la gente de edad avanzada con derecho a pensiones financiadas por el gobierno, servicios de salud y cuidado de largo plazo, pronto excederá en número la fuerza laboral, cuyos impuestos ayudan a financiar dichos beneficios. Hay un proceso de envejecimiento global[18].
Dice George Friedman que en la Francia del siglo XVIII, diez hijos podrían ser un regalo de Dios. En la Francia del siglo XIX quizá habrían sido una carga. En la Francia de finales del XX son una catástrofe[19].
El mismo autor considera que mientras más tiempo viva la gente más personas vivas habrá en un momento dado. La esperanza de vida aumentó al mismo tiempo que disminuía la mortalidad infantil. La esperanza de vida se ha doblado en los últimos doscientos años. Para el año 2050 las Naciones Unidas prevé para el mundo industrial desarrollado una edad de ochenta y dos años, y en los más pobres se incrementará de 51 años hasta 66[20].
“El sector de los seguros ha tenido una importancia extrema en cuanto a reducir el impacto de las grandes y las pequeñas tragedias de nuestras vidas. La mayoría de las personas, sencillamente, no valoran lo que ofrecen las aseguradoras, puesto que el valor total de esto servicios puede resultar difícil de comprender. En este aspecto, los medios de comunicación parecen ver tragedia en los sitios equivocados”.[21]
Robert Shiller, en su obra referida anteriormente nos dice que el vertido de crudo de British Petroleum en el Golfo de México en el año 2010, a consecuencia de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, que dejó una mancha de petróleo en el golfo durante más de tres meses, produjo una gran tragedia, pero no tanto como se afirmó en la ocasión, pero que la verdadera tragedia la constituyó la pérdida de la vida de once operarios, pues ninguna póliza de seguro podía devolver la vida, pero el resto de las tragedias del vertido en parte se resolvió a través del seguro.
En ese accidente se perdieron unos cinco millones de barriles de petróleo, que a precio de 77 dólares el barril de aquel momento se acercaba a quinientos millones de dólares, suma que parecería mucho dinero, sin embargo, era una cifra relativamente intrascendentes para el mundo en su conjunto.[22]
En otra parte de la referida obra su autor expresa: “El público en general debería estar impaciente por ver un avance fundamental en los seguros, por todas las manera en las que éstos mejoran sus vidas. Pero, de momento, no parece entender del todo los beneficios potenciales de ello. Las posibilidades de la gestión del riesgo futuro que provienen de estar mejor asegurado parecen demasiado abstractas y remotas. Sin embargo, las ventajas –tanto de los seguros como de ampliarlos para que cubran mucho más riesgos que los actuales- son muy considerables y reales”.[23]
Nadie discute en la actualidad que el seguro constituye una importante actividad económica-financiera que no solamente contribuye al desarrollo económico de un país sino también a su crecimiento económico. Se afirma que el desarrollo del nivel de vida, así como las actividades económicas crean la necesidad de su aseguramiento. Es así como el seguro constituye en la actualidad una de las expresiones de la evolución macroeconómica donde el pago de las primas en algunos países se utiliza como un indicador económico de valor general.
La eliminación del riesgo así como la incertidumbre de su ocurrencia contribuye enormemente al desarrollo y a la eficacia de los negocios y al mismo tiempo sirve de base y de desarrollo a las actividades crediticias pues es sabido que el mercado hipotecario en cualquier país del mundo no se habría desarrollado sino hubiese sido por la existencia del seguro hipotecario. Pero al mismo tiempo la suma de dinero recibida por los aseguradores por concepto de pago de prima son invertidos en los mercados de capitales, contribuyendo también de esa manera a la actividad económica de un país.
En la medida en que el país acusa un crecimiento económico ese mismo crecimiento demanda nuevas exigencias al mercado asegurador.
Resulta más que evidente que el seguro contra daños, específicamente el que cubre incendio y terremoto, desempeña un papel de control y supervisión de las normativas de la construcción, pues es sabido que antes del aseguramiento se requiere una inspección de lo que se va a asegurar.
Se pone por ejemplo el terremoto de Haití de enero de 2010, que no solamente significó que hubo poca compensación por los daños, sino también que en los años anteriores no había habido compañías de seguros que supervisarán las normativas constructivas, una práctica que ciertamente habría reducido los daños y la pérdida de vida. Ese sismo de 7 grados causó al menos 50 mil muertos, sin embargo uno ocurrido en Northridge, California, en el año 1994, de importancia parecida al de Haití, provocó tan solo 33 muertes. El desarrollo del seguro en California, obviamente mucho más avanzado que el de Haití es una parte importante que explica esa diferencia.[24]
En Estados Unidos de América, se considera que los seguros salvaron la situación de los bancos a consecuencia de las retiradas masivas de fondo.
Ley de Glass Streagall de 1933 al regular los depósitos bancarios y la creación de la Corporación Federal de Seguros de Depósito constituyó una aliada en cuanto al depósito de los fondos de los contribuyentes.[25]
Nadie es capaz de discutir con fundamento que la actividad aseguradora es fundamental para el desarrollo económico de una sociedad. Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha buscado la seguridad, preocupado por advertir los peligros y aminorar sus consecuencias. En Babilonia, en Egipto, en Grecia y Roma, hubo ejemplos de asociaciones que se podrían considerar como antecedentes de lo que hoy conocemos como seguros. Dependiendo del tipo de sociedad, en algunos casos asumían las pérdidas por robo de ganado, resarcimientos por fallecimientos (como ocurría con los constructores de templos y pirámides en el antiguo Egipto) o inclusive cubrían la navegación. Sin ir más lejos, la palabra «póliza», que no es otra cosa que el contrato de seguro, tiene su origen en el latín y significa «promesa o compromiso».
Asegurar un bien o la vida de una persona ha permanecido en el tiempo y ha convertido a la actividad aseguradora en uno de los componentes fundamentales para dar previsibilidad económica a una sociedad.
El seguro no sólo tiene peso en una economía por su participación en el Producto Bruto Interno (PBI) de un país, por la cantidad de personas que directa o indirectamente emplea, o por las inversiones que efectúa. La importancia de esta actividad va más allá, ya que el pago de siniestros genera efectos multiplicadores y contribuye en los niveles de actividad de los distintos sectores.[26]
Para entender la importancia de la industria aseguradora, hay que partir de la base de que es una actividad que se sustenta en el principio de solidaridad. El rol de una empresa aseguradora es administrar los fondos que compensarán a los perjudicados por un siniestro (por ejemplo, autos afectados por un temporal de granizo). Hablamos de un sistema de base solidario porque las primas que abonan todos los asegurados que no sufrieron una pérdida contribuyen a resarcir el daño a los afectados.
Pero además de ese sentido solidario que el seguro lleva en su génesis, nuestra actividad también hace otros aportes a la economía. Uno de los más notorios es la participación en el mercado de capitales, donde se invierte una parte importante de las primas y con ello, indirectamente, se contribuye al financiamiento de distintos sectores de la llamada «economía real».
Por éstas y más razones, podremos coincidir en que el seguro tiene un rol muy importante para contribuir a la calidad de vida de la gente y el crecimiento constante de la economía. Cuanto mayor es la participación del seguro como un insumo básico de la economía, mayor es la evolución de un país.
El desafío que tienen los aseguradores es continuar fortaleciendo la importancia de la actividad ante la sociedad. Redoblando los esfuerzos con el objetivo de brindar a los asegurados información clara y diseñar productos accesibles para todos. De esa forma, contribuiremos a la generación de confianza, el pilar fundamental en el que se sustenta nuestra actividad.[27]
La apertura de las nuevas rutas marítimas en el tráfico de productos consistentes en especias y sedas, así como la necesidad de de invertir en calidad de préstamo grandes cantidades de dinero que se convertían en garantías de las aventuras en las travesías marinas, lo cual se vio afectado a partir de la prohibición del Papa Gregorio IX que sancionaba como usurario cualquier interés de los préstamos, recurriéndose a los garantes de riesgo para los cuales se suscribían instrumentos notariales, tuvo profunda influencia en el nacimiento del seguro. La evolución histórica nos llevó posteriormente a eliminar los trámites notariales, sustituyéndose por pólizas. El primer contrato de seguro que se tiene conocimiento posiblemente data del siglo XIV.
Correspondió a España que para la ocasión era una verdadera potencia, regular con fuerza de ley el contrato de seguro, lo cual se hizo constar en los capítulos de las Cortes de Tortosa de 1412, convocadas por el Rey Fernando, donde se reguló el seguro contra la huida de esclavos, tarea que concluyó con las ordenanzas de Bilbao de 1737. Estas ordenanzas regulaban las competencias entre otras materias a compraventas y los seguros y estuvieron en vigor y fueron Código de Comercio en más de 19 países de Iberoamérica hasta bien entrado el siglo XIX.
España constituyó en esa época un imperio tan fuerte que algunos autores consideran que la expresión del Estado-Nación autoría de Jean Bodin, fue la reacción a la amenaza de España porque el imperio español en las Américas había producido tanto oro y plata que España, bajo Felipe II, pudo financiar el primer ejército regular desde las legiones romanas, que fue la infantería española. El surgimiento de España como imperio y su actividad económica y por ende el desarrollo del seguro tienen una deuda con América en razón de que Sevilla recibía de América los productos y Burgos exportaba la lana a los Países Bajos, actividades que contribuyeron a la importancia y desarrollo del seguro como actividad económica.
Lo cierto es que República Dominicana, un país que según las más recientes informaciones provenientes de los organismos oficiales tiene 9 millones de usuarios de teléfonos celulares o móviles y más de 300 mil de líneas fijas;[28] que tiene una economía donde la inversión extranjera durante el pasado año 2012 fue de US$3,609 millones, casi un 40% en relación con el año 2011[29] y que es signataria de los más importantes convenios internacionales en materia de comercio y de los esquemas regionales de integración, requiere de una nueva normativa en materia de seguro, que se ajuste a las realidades vigentes.
Pero además, hay que tomar en consideración como tanto la globalización como la integración, los tratados de libre comercio y las normas comunitarias pueden constituir verdaderos atentados a la esencia misma de muchos de nuestros principios contenidos en la legislación adjetiva, cada día más nuestros países se ven precisados a renunciar, en aras de poderse insertar en un esquema de integración, a esos principios que en ocasiones fueron sostén de nuestro ordenamiento institucional. Este fenómeno se presenta no solamente en el ámbito del Derecho Internacional Público, sino también en el Derecho Internacional Privado.
Repetimos, es cierto que el país necesita de una nueva normativa en materia de seguro, pero de manera principal y en lo inmediato las reformas deben tener énfasis en la adecuación al Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA) el cual fue suscrito en fecha 5 de agosto de 2004 con el Gobierno de la República de Costa Rica, el Gobierno de la República Dominicana, el Gobierno de la República de El Salvador, el Gobierno de la República de Guatemala, el Gobierno de la República de Honduras, el Gobierno de la República de Nicaragua y el Gobierno de los Estados Unidos de América, y para lo cual fue necesario implementar la Ley núm. 424-06, ley que aunque modificó algunas disposiciones legales que interferían con ese tratado, no introdujo ninguna modificación en cuanto a la materia relativa al seguro.
Dentro de los principios y obligaciones asumidas por el país en el DR-CAFTA, que también hemos adoptado a través del GATT, se destacan:
1.- Trato Nacional, el cual garantiza el mismo trato que se les concede a los propios inversionistas nacionales, en lo referente al establecimiento, adquisición, expansión, administración, conducción y operación.
2.- Trato de la Nación Más Favorecida que garantiza que se le otorgue un trato no menos favorable que el que se le otorga a los inversionistas de cualquier otro país que no sea signatario, en lo referente al establecimiento, expansión, administración, conducción y operación.
El acuerdo dispone que las Partes reconocen la importancia de mantener y desarrollar los procedimientos regulatorios para hacer expedita la oferta de servicios de seguros por proveedores autorizados[30] y sujetos a los principios de Trato Nacional[31] y Nación más Favorecida,[32]con lo cual se ratifica una vez más la importancia de la regulación de este negocio.
En cuanto a los principios indicados y de acuerdo a las disposiciones del tratado, los servicios de seguros incluyen las siguientes actividades:
(a) Seguros directos (incluido el coaseguro):
(i) Seguros de vida,
(ii) Seguros distintos de los de vida;
(b) Reaseguros y retrocesión;
(c) Actividades de intermediación de seguros, por ejemplo las de los corredores y agentes de seguros; y
(d) Servicios auxiliares de los seguros, por ejemplo los de consultores, actuarios, evaluación de riesgos e indemnización de siniestros.
En ese mismo sentido el Acuerdo contempla para la República Dominicana como servicios dentro del comercio transfronterizo en el sector seguros y de conformidad con el principio del Trato Nacional[33]:
a) Seguros de riesgos relativos a:
i) Embarque marítimo y aviación comercial y lanzamiento y transporte espaciales (incluidos satélites), dicho seguro cubrirá alguno o la totalidad de los elementos siguientes: las mercancías que son objeto de transporte, el vehículo que transporte las mercancías y cualquier responsabilidad civil que pueda derivarse de los mismos; y
ii) Mercancías en tránsito internacional;
c) Corretaje de seguros contra riesgos relacionados con los párrafos (a) y (b); y,
d) Consultoría, evaluación de riesgos, actuarios e indemnización de siniestros.
En cuanto a los obstáculos el área de seguros no escapa a los mismos y entre estos podemos citar los relativos a los intermediarios o ajustadores, así como a determinadas ramas del seguro y cualquier otro tipo de seguro que no sea aplicable al Tratado.[34]
Finalmente, las empresas extranjeras que tengan o deseen operar en el negocio de seguro, o en el de reaseguros en la República Dominicana, deberán formular sus solicitudes a la Superintendencia de Seguros, expresando el campo en el que piensan operar o si una vez operando en el mercado dominicano desean incorporar un nuevo producto y depositar la documentación correspondiente, de acuerdo a las disposiciones de la Ley núm. 146-02 sobre Seguros y Fianzas en la República Dominicana[35].
Es conveniente recordar que nuestro país además del DR-CAFTA es signatario del GATT, el cual en su artículo X contiene disposiciones relativas al seguro, estableciendo el deber de los estados partes de publicar los acuerdos comerciales y las reglamentaciones comerciales en esta materia en el menor tiempo posible a fin de que los comerciantes tengan conocimiento de ello
Sin embargo, y sobre la base de que la legislación relativa al seguro en nuestro país debe ser objeto de actualización, no me parece prudente recomendar ninguna modificación específica sin que previamente se produzca un estudio técnico que tome en cuenta no solamente los compromisos que como Estado hemos contraído a nivel internacional, como por ejemplo el derivado del DR-CAFA, sino también considerar la tendencia mundial en la materia, y de manera importante lo relativo a la regulación estatal que ha permitido a otros países con similares condiciones a la República Dominicana dar respuestas al mercado asegurador, pues una materia tan delicada e importante para la economía del país no se puede abandonar al libre mercado y a la ley de la oferta y la demanda.
Pero además cualquier modificación a la vigente ley de Seguros y Fianzas debe tomar en consideración no solamente la realidad económica que vive nuestro país en la actualidad, sino también la realidad que se deriva de la nueva estructura jurisdiccional establecida por la Constitución de la República, proclamada el 26 de enero de 2010, así como los derechos fundamentales consagrados en ella y de manera preponderante los derechos del consumidor a que se refiere el artículo 53 de la Carta Magna y que copiado textualmente dispone: “Artículo 53.- Derechos del consumidor. Toda persona tiene derecho a disponer de bienes y servicios de calidad, a una información objetiva, veraz y oportuna sobre el contenido y las características de los productos y servicios que use o consuma, bajo las previsiones y normas establecidas por la ley. Las personas que resulten lesionadas o perjudicadas por bienes y servicios de mala calidad, tienen derecho a ser compensadas o indemnizadas conforme a la ley.”
Así mismo, debe tomarse en consideración la Ley núm. 358-05, Ley General de Protección a los Derechos de los Consumidores, constituye a nivel legislativo nuestra principal norma de protección a los derechos del consumidor.
Realmente, ya los mercados no son tan libres como en el pasado. Cada día más se va apretando el cinturón, y parece que estamos de vuelta a un proceso de regulación, so pretexto de protección al usuario, consumidor, cliente, o cualquier otra denominación que tenga por destino un público.
Es importante llamar la atención de que al mercado asegurador se abre un excelente nicho derivado de la propia Constitución de la República en cuanto a los recursos naturales y medio ambiente, al tenor de lo que disponen los artículos 66 y 67, relativos a los derechos colectivos y del medio ambiente.
Vale la pena significar en lo que respecta al medio ambiente lo que dispone el Art. 173 de la Ley 64-00 de Medio Ambiente y Recursos Naturales que dice: “La Secretaría de Estado de Finanzas, a propuesta de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tomará las disposiciones necesarias para el establecimiento de un seguro obligatorio de responsabilidad civil, para cubrir daños al medio ambiente y a los recursos naturales causados accidentalmente.
En mi discurso pronunciado el 7 de enero de 2011, en ocasión del Día del Poder Judicial, cuando ostentaba la condición de presidente de la Suprema Corte de Justicia dije a propósito del medio ambiente lo siguiente:
Que uno de los grandes desafíos que afrontaba el país, el cual enumeré con el ordinal quinto, fue la protección al medio ambiente y recursos naturales, donde expresaba que “la búsqueda del ideal de desarrollo humano sustentable, como garantía de un mejor estándar de vida para nuestras futuras generaciones nos plantea el desafío de la protección del medio ambiente. La relación del ser humano con su entorno, y en especial con su medio natural, debe ser recreada al interior de las relaciones sociales; de manera que nuestro vivir en sociedad integre el cuidado y el mantenimiento adecuado del medio ambiente como garantía de una vida sana.”
“Esto requiere soluciones conjuntas por tratarse de un problema que afecta a todo el mundo, que es responsabilidad y compromiso de todos ante la realidad y efectos sociales y ambientales, lo que ha puesto en riesgo la sobrevivencia del planeta tal como lo manifestaron las Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno en las Cumbres de Cancún y Mar de Plata el pasado mes de diciembre”. (Me refiero al año 2010).
Y agregaba en aquella ocasión que en el “Preámbulo de nuestra Carta Magna se establece el equilibrio ecológico como un factor esencial para la cohesión social. El Capítulo IV del Título I se encuentra dedicado a los recursos naturales. También la Sección IV del Título II, a los derechos colectivos y del medio ambiente. El asunto adquiere tanta importancia en nuestra Constitución que el artículo 72 establece una acción de amparo para garantizar a toda persona los derechos e intereses colectivos y difusos a que se refieren sus artículos 66 y 67. Estas disposiciones demuestran fehacientemente la importancia que el tema tiene en la actualidad, y que dentro de unos años se sobredimensionará”.
Pero hay que tomar en cuenta que en la medida que nos desarrollamos se van abriendo nuevas ventanas propicias para entrar al negocio del seguro. Todo es cuestión de estrategia. El seguro es una mercancía y como tal debe venderse, y es sabido que los niveles de venta no solamente dependen de la calidad del producto ofertado, sino además de la confianza y capacidad que tengan los aseguradores, así como los intermediarios, en el producto que ofrecen.
Casi concluyendo quiero hacer mías las Conclusiones a que llegó la Federación de Aseguradores Colombianos (FASECOLDA) en cuanto al impacto de la negociación de los acuerdos internacionales de comercio en la industria de los seguros, que aunque referente a un país extranjero y a pesar del tiempo transcurrido cuando se formularon esas conclusiones, para la República Dominicana tienen vigencia, cuando expresa:
“Para la industria aseguradora de los países de América Latina la celebración de acuerdos comerciales que incluyan el sector de los seguros representa un reto aun mucho mayor, ya que deberá tomar ventaja de dicho acuerdo comercial para crecer y buscar estrategias de innovación de propósitos, creación de nuevos mercados y, en últimas, lograr mayores índices de crecimiento y mejoramiento de la relación con el asegurado”.
“Por su parte, la solidez que adquieran las industrias locales se verá reflejada en una mayor demanda de su mercado interno, lo cual minimizará, naturalmente, los riesgos expuestos en este artículo. Finalmente, vista la experiencia internacional, únicamente hace falta estar atentos al proceso de negociación”.
No hay dudas de que en la medida en que nos desarrollemos económicamente como nación y que alcancemos un crecimiento sostenible aumentarán las actividades y los riesgos de pérdidas derivados de las mismas, y por vía de consecuencia el mejor instrumento de que disponemos para enfrentarlas es a través del seguro, para lo cual su normativa debe estar en consonancia con ese desarrollo.
Lo que resultaría inconcebible es que el sector seguro no pueda dar una respuesta efectiva al desarrollo alcanzado por el país, y en este sentido los intermediarios tienen una gran responsabilidad en su condición de agentes impulsadores de esa industria.
Auditorio UNIBE.-
[1] Watson Peter. Ideas. Pág. 7.
[2] Drucker, Peter. La Socierdad Poscapitalista. Pág. 25.
[3] Pág. 318.
[4] Apuleyo Mendoza, Plino; Montaner, Carlos Alberto; Vargas Llosa, Álvaro. Fabricantes de Miseria. Pág. 16.
[5] Drucker, Peter F. Las Nuevas Realidades, en el Estado y la Política, en la Economía y Negocios, en la Sociedad y en la Imagen del Mundo. Pág. 207.
[6] http://www.zonaeconomica.com/crecimiento-desarrollo
[7] Discurso Dr. Jorge A. Subero Isa de fecha 7 de junio de 2002.
[8] Idem 31 de Julio de 2002.
[9] El Nacional. Miercoles 3 de abril de 2012. Pág. 14. Tomado de BBC Mundo.
[11] Discurso Dr. Jorge A. Subero Isa de fecha 14 de marzo del 2000.
[12] Drucker, Peter F. Pág. 27. Ob. Cit.
[13] Krugman, Paul. Acabad ya con esta crisis. Pag. 78.
[14] Stiglitz, Joseph. Caída Libre. Pag. 265.
[15] Idem. Pág. 304.
[16] Edición 1998.
[17] Págs. 61 y 62.
[18] Listín Diario. Sábado 23 de octubre de 2010.
[19] Friedmand, George. Los Próximos Cien Años. Pronóstico de los Acontecimientos que Alterarán el Mundo en este Siglo. Pág. 91.
[20] Ibídem. Págs. 91 y siguientes.
[21] Shiller, Roberto J. Las finanzas en una sociedad justa.
[22] Shiller, Roberto J. Las finanzas en una sociedad justa.
[23] Idem. Pág. 121.
[24] Shiller, Roberto J. Las finanzas en una sociedad justa. Pag. 122.
[25] Kurgman, Paul. Ob. Cit. Pag. 71 y 78.
[26] http://www.gruposancorseguros.com/web/es/seguro_parametro_desarrollo.aspx
[27] http://www.gruposancorseguros.com/web/es/seguro_parametro_desarrollo.aspx
[28] El Caribe. Miércoles 3 de abril 2012. Pag.4.
[29] Diario Libre. Miércoles 3 de abril de 2012. Pág. 24.
[30] Artículo 12.15 del DR-CAFTA.
[31] Artículo 12.2 y 12.5 del DR-CAFTA.
[32] Artículo 12.3. del DR-CAFTA.
[33] Anexo 12.5.1. Sección B.
[34] http://www.sice.oas.org/trade/cafta/CAFTADR/AnexoIII-RD.pdf
[35] Anexos 12.9.2 y 12.9.3 del DR-CAFTA.