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Timestamp: 2018-06-21 17:03:43
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Matched Legal Cases: ['artículo 15', 'artículo 1', 'artículo 1', 'artículo 112', 'artículo 112', 'artículo 3']

Propiedad de las miq&s. e bidrocarburos - PDF
Propiedad de las miq&s. e bidrocarburos
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Tomás Suárez Blázquez
1 Vicente Olarte Carnacho Propiedad de las miq&s d~ petróleo, carbó" e bidrocarburos El subsuelo pertenece al Estado BOGOTA lf119renta de.. La L u z " 19.6
2 Vicente OIarte Carnacho /\ Propiedad de las minas de petróleo, carbó n L e bidrocarburcs El subsuelo pertenece~al Estado BOGOTA Imprenta d e.. L a L u z" 19 I 6
3 Bogotá, abril de Sef or Secretario de la Academia de Jurisprudencia. Te ngo el honor de dirigirme a usted para comunicarle que, deseando cooperar a los altos fines de la Corporación, esto es, al estudio de la Jurisprudencia en general, y en especial la de Colombia, me permitiré enviarle algunos estudios sobre las siguientes cuestiones: L ' La propiedad del subsu elo pertenece al Estado. 2: Las sociedades extranje ras, según la legislación de Colombia, no tienen nacionalidad, sino domicilio. 3.' Adquisición de bienes raíces por extranjeros. 4.' Ne utra lidad del cabotaje inter-americano. 5.' Régimen jurídico del Canal de Panamá. 6.' El Ferrocarril de Panamá y los derechos de Colombia (1). (1) Estos estudios se irán publicando sepnrndamente,
4 Las ante riores.cuestiones, que entrañan vitales problemas, me he decidido a tratarlas en forma de Memorias, sometidas al estudio de la Academia, tanto por la importancia de ellas, como por el hecho de que el delicado estado de mi salud me impide asistir regularmente a las sesiones de la Corporación, y deseo hacer saber que eso no implica, ni el olvido de mis deberes.de socio, ni mi reconocida adhesión a la ilustrada Corporación. A la presente nota tengo el placer de acornpañar las Memorias sobre los puntos 1. 0, 4., 5. Y 6., yen tanto que el tiempo me lo permita, envilré los otros estudios que anuncio en esta comunicación. Con sentrrmentos de consideración distinguida soy su afectísimo amigo y colega,
5 El subsuelo pertenece al Estado / Se ñores Académicos: En una de las sesiones pasadas de esta Corporación, tuve el honor de esbozar lige ra mente la tesis relativa a la propiedad que el Estado mantiene sobre el subsuelo como independiente de la sup erficie del suel o; materia ésta que considero de impor tancia vital para la legislación colombiana en el rég imen jurídicó que regula lo concerniente a la propiedad minera, fuent es de petróleo e hidrocarburos en general. La doctrina leg-al que sostengo, esto es, que el Estado conserva la propiedad del sub suelo en virtud del dominio eminente tanto en íos bienes ' llamados fiscales, como en los de domini o privado, necesita en mi sentir la mayor atención, y es por ello, por lo que me permito dirigir esta memoria a fin de someterla al ilustrado criterio de la Corporación para cooperar así, no sólo al estudio de nuestra jurisprud encia, sino tamb ién como patri ótico conting ente en pr6 de una de las cuestiones más vitales para la prosperidad nacional. Anotaré en primer término las disposiciones leg ales
6 - 6- que sobre la mate ria se registran en la legislación nacional, pues eso marca la orientación legislativa en los diferentes períodos de nuestro derecho. Después de la Independencia, quedó vigen te el De~e cho español en todo aquello que no fue exp resa ni tácitamente derogado. La derogación expresa quedó consignada en la Ley 153, artículo 15, de 1887, y allí se dijo: «Todas las leyes españolas quedan abolidas» Esas leyes, consignadas en la nueva Recopilación, Título XIII, Libro VI, contiene las disposiciones que dan a conocer la legislación caste llana, en lo relativo a tesoros y mineros de oro, plata, o cualquier metal, y poz6s de sal y bienes mostrencos y hallados desde el reinado de Juan I, de quien es la primera ley expe dida en 1387'hasta En esas leyes Espaila conservó en su legislación minera que el subsuelo pertenece al soberano. La primera ley expedida en Colombia, sobre la materia, de minas, lo fue en 1823 (5 de agosto), por la cual se, autorizaba el ~rrendamiento de las minas pertenecientes en propiedad a la República, menos la de platina. Más tarde, en 1829, en el Decreto expedido por el Libertador, a virtud de proyecto presentado por el señor Restrepo, se dijo en uno de sus artículos que «conforme a la~ leyes, las minas de cualquiera clase correspondían a la República, cuyo Gobierno las concede en propiedad y posesión a los ciudadanos que las pidieren, bajo las condiciones expresadas en la ley. En el expresado Decreto se dijo textualmente que se observarían las Ordenanzas sobre minas de la Nueva España expedidas en Esas Ordenanzas disponían que las minas son propias de la. Real Corona de España y que ésta las concede a los particulares, mediante las condiciones allí expresadas. Hasta 1853 las minas habían pertenecido a la Nación. Posteriormente a la Constitución de este año, las leyes nacionales s~bre minería hacían relación a las minas ele
7 -7- esmeraldas y de sal gem a y a las de todas clases situadas en terrenos baldíos. Data del ~ño de 1868 la Ley de 15 de mayo, sobre ex plotació n de minas y depósito de carbón por cuen ta de la Naci ón, cuyo artículo 1.0 dice : «La República se reserva la propiedad de las minas y depósitos de carbón situados en los terrenos baldíos o que por cualquier título le pertenezcan, siempre que dichos te rrenos estén s,ituados en los Departamentos de P adilla, Va lle Dupar, Tenerife y Banco, en el Departament o del Magdalena, o a una distancia que no pase de 5 0 kilómetros de las ribe ras del mar, en las costas de ambos océanos, o de los dos navegables. Conforme a esta disposición, dichas minas o depósit os no I se entenderán vendidos ni adjudic ados con los terrenos y serán beneficiados por cuent a de la República, en vir tud de los contratos que al efecto celebre con el Po der Ejecutivo, los cuales serán sometidos a la aprobación del Cong reso.» Ex pedida en 1873 la Ley 29 de abril, sus estipulaciones relati vas a la explotación de mic as y depó sitos de carbón, por cuenta de la Nación, se hicieron extensivas a todas las minas y depósitos de aquel mineral,' así como a los de huano y cualqu ier otro abono; entre las disp osiciones fiscales se halla como beneficio para el Estado el 15 por 10 0 del producto'líquido de la respectiva Empresa. E n el propio año de 1873 se expidió el admirable Código Fiscal, o sea la Ley 106, y en él se establece el principio de pertenecer a la Nación las minas de metales preciosos u otras que le correspondan por cualquier título y que no se hubieren adjud icado. El Capítulo 3." se refiere a minas de carbón, depósitos de huano y otros abonos, Conforme al artícu lo II 16 reserva la Nación la propi edad de las minas y depósitos de carbón, y en la part e relativa a beneficios del Estado conser va la misma utilidad del 15 por 10 0 de que trata la Ley 2~ del propio año.
8 -8- Por la Ley 38 de 1887 se adoptó el Código de Minas de Antioquia, pero dejó vigentes, a lo menos no deregó expresa ni tácitamente las disposiciones del Código Fiscal en 1873 sobre la materia, y que la Ley 57 de 1887, sobre unificación de la Legislación nacional, adoptó en su artículo 1. De acuerdo con tal Ley se conserva el principio de no ser huano y de cualquier otro denunciables los depósitos de carbón, de abono, y asimismo estableció que en aquellos Departamentos en donde el dueño del suelo fuera del subsuelo, las 'minas de filón no podrían ser denunciadas sino por el propietario o con su permiso. Determinó esa Ley un plazo de un año a los propietarios del suelo. corno derecho preferente al de otro indiv iduo, para catar y denunciar minas, y pasado lo cual serían libremente denunciables. Anotaremos aquí que el legislador colombiano no ha definido lo que se entiende por subsuelo, ni el Estado se ha desprendido de esa propiedad, y por consig-uiente nos parece que hay una inexactitud en la disposición antes aludida, cuando dice que «en aquellos l?epartamentos en donde el dueño del suelo lo fuera del subsuelo, las minas. de filón no podrían ser denunciadas sino por el propietario o con su perrniso,» pues ocurre preguntar: cuáles eran los Departamentos en donde regía expresamente la disposición que consagrara la propiedad del subsuelo a favor de entidades determinadas? Decididamente contestamos que en ninguno, porque es preciso no confundir la propiedad que de las minas conservó la Nación hasta 1858, a virtud de la subrogación de derechos que de España adquirió, ron la misma propiedad que luégo fue transmitida él los antiguos Estados, pues el derecho citado recayó solamente sobre la superficie del suelo y no del subsuelo, que fue, y es preciso repeti rlo, del Estado. Y para que esta entidad jurídica hubiese renunciado a ese derecho del subsuelo, sería necesario acreditar el texto
9 legal o constitucional que lo expresara así, y claro es que tal disposición no existe ni pu ede existir, dado qu e lo transmitido a los antiguos Estados fue la propi edad sobre la superficie del suelo, reservánd ose la Naci ón lo qu e cient ífica y geológicamente se denomin a subsuelo. Corrobora nuestro modo de pensar, q ue en aquellos contratos que sobre ferrocarriles u obr as públicas ha celebrado la Nación, ~ra poder usufructu ar el subsuelo, han exig ido los contratistas disp osición precisa y expresa que 10 determin e así. Tenemos, pues, que en los bienes inmu ebles hay suelo y subsuelo, y que el Estado se ha desprendido en alg unos casos de la propiedad del suelo en el laboreo de minas de oro, pla ta, etc., pero que tácitamente se ha reservad o la propiedacl del subs uelo en toda clase de esos bienes. La Ley 30 de ' g03 estableció que las disposiciones del Código Fiscal, referent es a carh ón, se aplicarían también a los depósitos de petróleo. y que ningún podría celebrarse sin aprobación del Congreso. contrato Por Decreto legislativo número 48 de Ig05, se dispuso que en los territorios en que se hallasen las minas que la Nación se ha reservaclo, no podían denunciarse, ni avisarse nuevas. La Ley 59 de 1gog repiti ó lo dispuesto en los articulas 3, 4 Y 5 de la expresada Ley 30 de ' g03. La falta de una legislaci ón minera que hubiera reglamentado las fuentes de petr óleo, dio luga r a las disp osiciones anteriormente citadas y que las equiparo a las minas de carbón. Y como la ley en referencia data de 'g 03, es lógico sostener que en el lapso de tiempo anterior esa prop iedad I}o pudo ser adq uirida por personas naturales o juríd icas y que tan sólo la mantenía el Estado como re. serva de la Nación. Ese mismo principio se conservó hasta 'Q 12, que, como lo veremos, se adoptó el libre dt-
10 I nuncio de tan inapreciables riquezas. Debemos observar, antes de seguir adelante, que sea que se estudie la cuestión desde el punto de vista de la propiedad del subsuelo, o sea de la reserva de la Nación, siempre la faz de la cuestión es la misma. El Código Fiscal, sancionado en Igl?, dispuso en sus artículos IOg y 11t el libre denuncio de las minas de petróleo y asimismo su explotación permitida a personas naturales ojurídicas, o sea disposición igual a la que existió en la Ley 30 de IgOg, de Panamá, y 24 de 1913, de la misma entidad, que regularizaba la propiedad constituida sobre ella en los depósitos de petróleo. Esta innovación, tan ligeramente adoptada, que acusa faltade un estudio de la importancia capital en la materia, dispuso en el artículo 112 del referid o Códig o: «Las minas de petróleo que se encuentren en terrenos baldíos o que con tal carácter hayan sido adquiridas con posterioridad a la vigencia de la Ley 30 de Ig03, pueden denunciarse por los descubridores de ellas» y en el artículo Título 11 del Libro final, pe dice: e Exceptúanse de lo dispuesto en el artículo 112 las minas de petróleo queactualmente se explotan por particulares a virtud de contratos válidamente celebrados por el Gobierno.') Estas minas no son denunciables, y a la expiración de los respectivos contratos, el Gobierno podrá venderlas o darlas en arrendamiento, de conformidad con las reglas generales establecidas en los capítulos 1. y 11 del Título 1.0 del Libro J.' de este Código.» A pesar de lo anómalo del,principio del libre denuncío de las minas de petróleo, consagrado en el Código Fiscal de Ig12, el mismo texto hizo la excepción de aquellas minas qne se explotaban de acuerdo con contratos, las que volvían, a la. terminación de éstos, a ser dadas en venta o arrendamiento por el Gobierno y de 'acuerdo con. las disposiciones que sobre la materia se adoptaban en el
11 - J I - mism o Código. Tal disposición demu estra qu e en el cri teri o de los propios autores de la innovación de la.libertad del, denun cio, también se tuv o en cuenta la necesidad de mantener el principio de que el Estado conservara el domini o de esos bienes. Jamás podr emos explicarno s el criterio de legislación que predomin ó en los referidos redact ores del Código Fiscal de J9 J 2, en lo que conci erne \ a la disp osición que coment amos, ya porqu e. ella no se encuentra en ninguna de las legislaciones modern as, aun de las más avanzad as, ya porqu e para incorporar en nuestra leg islación fiscal tan poco pensado principio, debían preceder debates que así acredit en la necesid ad y conveniencia de su adopc ión, los que nos son desconocidos. Bueno es anotar, por vía de disgresión, que la reforma de la legisl ación de un país. en cualquiera de sus ramos, no debe ser fruto de ligeras labores, sino ex ponente de múltipl es factor es y de larguísimos estudios. Y sin entrar en un erudito punto de comparación, recuérdese qu e el Código P enal de Italia se ex pidió después de 40 años de pr eparación por eminentes criminalistas y comisiones de especialistas del Cuerp o leg islativ o, y la dispo sición adop tada en Francia sobre invest igación de la paternidad, necesitó un proceso legislativo de medio sigl o. La Ley 75 de J 9 J 3, de la cual fui aut or, consignó en su prim er articulo : «La 1\ación se reser va la propi edad de los depósitos y fuentes de petróleo y de hidrocarburos en general, situ ados' en terrenos bald íos, o en los que por cualqui er otro títu lo le pertenezcan.i Ta les son, someram ente ex puestas, las disp osiciones que existen en nuestra legislación sobr e minas de carbón y depósitos de petróleo, y en las que predomina desele la época colonial hasta el presen te casi unánime orientación res pecto a su propiedad y como reser va del Estado, y asimismo las diferencias sustanciales respecto al principio'de que la propiedad elel suelo es diversa del subsuelo,
12 Ahora, si se tiene en cuenta que, la explotación industrial del petróleo apenas data de la segunda mitad del siglo XIX, y que en algunos países es todavía más re ciente, como en Rumania, que comenzó en 1874, que es en la 'época actual el de mayor riqueza mineral, y es particularmente de 1901 que la producción petrolífera de los Estados Unidos, la de Rusia y la de Rumania, toman un incremento colosal y se acreci~nta y descubren nuevas fuentes en Méjico, Galitzia, las Indias, Alsacia, Alemania, Italia, Japón, Canadá, etc., etc., es lógico concluir que no extraño que entre nosotros la legislación sobre esa materia sea tan deficiente todavía. A g randes rasgos vaya exponer el crite rio de la leg islac ión predomi nante en algunos países de riq ueza petrolífera y que me suministra el erudito tr abajo del dis tinguido argentino señor D. Pedro O. Lu ro, y hacia los cuales llamo la atención, pues ellos 'Pueden servir de base pan un proyecto de ley sobre la materia. «La legislación rusa establece e l arrendamiento por el Gobierno en subasta pública en fracciones llamadas deciatinas, Se paga un canon sobre la cantidad de petróleo extraída.s En las tierras que el Gobierno ruso había concedido temporalmente a los siervos para la extracción del petróleo, se ha estipulado hace poco que ellos podían continuar explotándolas, después del térm ino convenido, que expiró en 1910, pero debiendo reconocer al E stado el 35 por 100 de la producción. Las superficies concedidas en arrendamiento varían, según su naturaleza y la forma de adjudicación, entre 65 y 200 hectáreas. E l Gob ierno federal de los Estados U nid os ha sujetado también los arrendamientos de terrenos petrolíferos en los territoríos a contratos en que interviene el Departamento de lo interior. En ellos se establecen las garan-
13 - 13- tías pecumanas que deben dar los arrendamientos como prenda del buen cumplimiento de sus obligaciones con el Estado. Esta fianza es de S 1,500 oro para las primeras cuarenta hectáreas, de S 2,000 oro por cada 20 hectáreas más.. Antes de finalizar el mes siguiente al de cada extracción mensual, los arrendamientos deberán pagar un canon equivalente al 10 por 100 del petróleo extraído; tomándose para estimarlo el promedio de las cotizaciones durante dicho mes de producción. La falta de cumplimiento a esta cláusula por un plazo mayor de 60 días, anula el con tr ato. El arrendatario está obligado, ade más, al pag o de una cantidad al principio de cada año en calidad del anticipo sobre el canon. Este anticipo es de 30 cen ta vos oro en los dos años subsi gui en tes, y de $ oro a partir del quinto año. R umania, que ocupa hoy el cuarto lugar en la producción mundial de pet róleo, después de los Estados Unidos, Rusia y Méjico, ha beneficiado de la experiencia.de las dos primeras naciones. dándo se una legislación, cuya últi ma reforma data de 19!o, Y a la cual ha incorporado principios y prácticas que constituyen una verdadera innovación sobre lo conocido hasta entonces. <Después de un detenido estudio de esta importante cuestión y de las dive rsas soluciones propuestas-dice el Gobierno en el mensaje que acompañó el proyecto de ley I enviado al Parlamen to en 191o-examinado y comparado las ventajas y los inconven ientes de cada una en particular, el Gohierno ha adop tado los principios que ser virán de hase para la exp lotac ión de sus terrenos.» La circunsta ncia de que sobre sus distritos explorados, uno solo, el de Pranhova, da por sí solo el 90' por 10 0 de la producción total del pa ís, movió al Gobierno a dividir los terr enos que habían de servir de base a las futur as concesiones en dos grandes categorías: los conocidos y los desconocidos, /
14 «Otro principio, que fue adoptado, dice el mensaje, y en el cual se inspiran las disposiciones del proyecto de ley sometido al Parlamento, es el relativo a la división del dominio petrolífero del Estado en lotes destinados a ser concedidos a diversas sociedades, para evitar de esta manera la concentración en una sola mano de la explotación de todos los yacimientos petroliferos del Estado, de lo que podría resultar fatalmente el decaimiento de la explotación, a causa de la imposibilidad de trabajar extensivamente en una vasta extensión, perdiendo así el Estado los beneficios que podría obtener si la explotación de los terrenos concedidos no alcanzara al máximum de trabajo de que sería susceptible. «Como consecuencia de. estos principios, el proyecto de ley prevé la división en lotes de los terrenos petrolíferos del Estado, destinados a ser concedidos. Cada uno de estos lotes comprende 'un máximum de 100 hectáreas de terrenos desconocidos, con facultad por el Consejo de Ministros de subdividir estos lotes en proporciones mas pequeñas. «Un tercer principio que debe guiar al Estado en la concesión de sus terrenos petrolíferos consiste en formar una reserva petrolífera importante para el porvenir. En efecto, la experiencia de lo que sucede en otros países que poseen yacimientos de petróleo, nos enseña que en todas partes el valor de los terrenos petrolíferos fue ascendiendo' en proporciones sorprendentes e inesperadas, a medida que las explotaciones petrolíferas eran mas numerosas, más extensivas y más prósperas, y que siempre el Estado, como los propietarios particulares, han podido felicitarse de la circunspección con la cual fuero n acordadas las concesiones de esta naturaleza. «Desde este pun to de vista, el proyecto de ley prevé los medios que aseguran al Estado en el porveni r una reserva petrolífera importante, llamada a vencer las necesi-
15 15 - dades y las dificultades gue irán siempre en aumento frente a las exigencias múltiples de la lucha encarnizada para la ex istencia de los pueblos. ~ La reserva petrolífera futura del Estado será formada de la siguiente manera para cada una de las dos categorías de sus terrenos petrolíferos conocidos, se separan desde el principio y por lote, que una sola vez, un tercio de cada constituirá la primera parte de la reser va del Estado para el porvenir. «Esta primera reserva será aumentada gradualmente con la mitad de los lotes de terrenos desconocidos, concedidos por el Estado; después de que estos terrenos pasen a la categoría de terrenos conocidos, como cons ecuencia de las exploraciones hechas por los concesionarios. «La devolución de estas mitades se efectuará n de acuerdo con las reglas previstas por la ley, por un contr atip o de concesión y por la reglament ación que lo acompaña. «Esta reserva petrolífera constituirá más tarde un tesoro inapreciable para el Estado, porque indudablement e, como consecuencia de una sabia pr evisi ón, y gracias al desarrollo gr adual de la industria petrolífera de Rumania, el valor de los terrenos petrolíf~ros del Estado alcanzará a una suma importante e inesperada. Diez años despu és de la promulgación de la ley, el Estado tendrá der echo de recurrir en proporciones moderad as y bien calcul adas a su reserva petrolífera, y bendecirá entonces la ex istencia de esta fuente de riqueza que la previsi ón patriótica y sabia del gobierno conservador supo gu ardar.» Las cuestiones de detalle anun ciadas en el mensaje que en parte reproduzco, se refieren prin cipalmente a los siguientes puntos: A-A la constitución del capital necesario para asegurar gradual e intensivamente las explotaciones petrolíferas concedidas.
16 - 16- E-Al número y profundidad de los sondeos que el concesionario estará obligado a hacer en cada lote; estos sondeos serán divididos en sondeos de explotación y en sondeos de exploración, según la naturaleza del terreno concedido y segú~ la clasificación de conocidos y desconocidos. e-a la parte del producto petrolífero bruto que toca al Estado, así como la parte de la ganancia neta a la cual el -E stado tendrá derecho, de conformidad con la escala proporcional establecida. D-A las reglas según las cuales será calculada la ganancia neta. E-Al contralor leg ítimo del Estado como part icipante de la produ cción bru ta y como consocio en la ganancia neta. E-A la part icipación del elemen to rumano en los trabajos de exploración. G-A las sanciones destinadas a asegurar el cumplimiento de las condiciones en que sean acorda das las concesiones por el Estado. Méjico, cuya producción petrolífera lo ha hecho pasar ráp idamente al tercer lugar entre los países productores, no puede servir de modeló para basar en sus práctica s una legislación conveniente a los inte reses de nuestro país. Las prescripciones del Código de minas que limita ban la superficie de cada conces ión a 27 hectáreas, han sido violadas en forma tal, que los dos grande s grupos en lucha por la hegemonía en la exploración de sus riquísimos yacimientos-el g rupo,inglés y el grupo yanquison respectivament e dueños de territorios inmensos, en los cuales ex plotan ya los pozos de mayor producción en el mund o entero. Lo ocurrido en aquel país debe servir, en consecuencia, para ev itar pelig ros análogos, pues cualquiera que sea la suerte de la guerra civil que ha costado ya tánto
17 17 - din ero y tántas lágrimas al pueblo mejicano, el dom inio industrial del petr óleo está definiti vam ent e perdido para él. Si triunfan los federales, la influencia será britá nica, y si la victoria corresponde a los revolu cionari os, se habrá extendido aún más el imper io industrial de la Standart Oil Company, El régimen fiscal de Francia en la mat eri a que nos ocupa data desde 1863, en qu e se estableció el impuesto sobre los aceites minerales. P or esta época, los merc ados europeos recibían de los Estados Unidos el petróleo y todas las Naciones establecieron un derecho de introducción. E n Francia a los aceites de petr óleo bruto se otorgó fra nquicia, pero a los pe tról eos refinados se les impuso I(n derecho de aduana de fr. 3 por cada 10 0 les ki logramos, o de 5 por 100 de su valor, a elección del importado r. E n la actualidad está en vigor la tarifa que'ímpone un impuesto int erior sobre los aceites min eral es fabri cados en Francia, así : esencia, 700 gr., fr ; aceites refinados, 800 gr., fr ; aceites de menos de 700 gr., fr. 0.10; petróleo bruto', por cado klgr. a 700 gds. y a la temperatura de 15 gds., fr ~ o debe olvidarse qu e Francia es rica en petróleo, como sus colonias Argelia, T unez, Madagascar y Kueva Celedonia. «Las únicas nacione s-contin úa el señor L uro- -que hasta hoy hayan establecido el monopolio del petróleo son Grecia y Servia, naciones sin producción pro pia y que sólo han tenido en vist a un prop ósito fiscal. «La intervención legislativa en Rumania, independientemente de las disposiciones que he detall ado antes, ha tenido por 'objeto asegura r la vida de las dive rsas refinerías de petróleo, a fin de evitar su ru ina por la absorción de las mas poderosas. El consumo interno se distribuye proporcionalmente a la capacidad productora de cada fábrica. 2
18 - 18- «E l Gobierno alemán se ha preocupado en los últimos tres años de evitar al país el peligro que aparejaba la cesación de las hostilidades entre la Standart Oil COlllpallY y las organizaciones austriacas, cuya lucha había mantenido los precios del aceite crudo en condiciones favora bles al desarrollo de las industrias. El aumento de los precios por las sociedades de producción y venta subordinadas a la influencia de la Standart Oil, se consideró un peligro para el país, y el Reischtag votó en '1911 una moción invitando a los Gobiernos confederados a promo ver encuestas y estudios respecto al posible monopolio del comercio alemán de petróleo. «Se vio desde luégo que la Alemania podría colmar las necesidades de la propia ind ustria, sin depender de la Staudardt Oil, por virtud de negociaciones extrañas Il. esta poderosa organización, iniciadas con productores de Ru- / sia, Rumania, Galitzia y hasta de los mismos Estados Unidos. «La acción del Gobierno imperial al hablar del monopolio se limitaría tan sólo a una reglamentación de los precios en el mercado interno, haciendo concurrir a tan sano propósito a todos los productores del país y a los mismos extranjeros. El manejo de todo debía ser confiado a una sociedad financiera sometida al contralor de un Comisario del Imperio. Las inteligencias entre la Deutsche Bani: y la Discanto Gosellschafl habían imposibilitado has ta ahora la implantación de este nuevo régimen mante niendo la elevación de los precios con beneficio exclusivo de los vinculados, trasmitidas por vía telegráfica, presen tan como resueltas todas las dificultades. Según el principio cardinal de nuestra legislación. el Estado no transfiere en ningún caso el subsuelo, cuyos derechos conse rva en toda clase de propiedad. ya sea baldía o pri vada. Sea cual fuere la teoría que se sustenta sobre la naturaleza de la propiedad minera, dice un eminente juris-
19 - 19- consulto mejicano en su estudio sobre propiedad del carbó n y deí pe tró leo, es indudable qu e el fundamento positivo de toda propiedad origina ria es el trabajo humano, q ue puede man ifesta se bajo la íorrna de la ocupació n» H a dic ho Thieres que si un fundo puede llegar a ser teatro de «una nueva propiedad» bajo la superficie, que es -'del cult ivador, se forma otra posesión que pertenece al min ero» (De la Propiete., , pág. 99). Los autores distinguen cuatro sistemas sobre la propiedad minera. 1. La mina es res uullius. E l Estado, como soberano, confiere la explotación dentro de las condiciones qu e fija la ley, percibiendo un impuesto. E s este el sistema sancionado en Bélgica y Holanda, o sea el de las reyalías defendido por Gomme1. 2. La mina pertenece al Estado, porque es éste sober ano y como tal dueño de los bienes llamados fiscales. T al es el régimen de domini o eminente qu e defiend en Comte, Lehardy, y acept ado en las legislaciones del Cantón de Berna, Turquía'"etc., etc. 3 La mina pertenece al que la descubra, de ig ual manera como se estableció la propiedad del suelo. Es el sistema de la ocupac ión defendido por Turgot y otros y aceptado en la legislación de casi todos los paí ses hispanoamericanos y en M éjico con resp ecto a las sustancias denun ciables. 4 El propietario del suelo tiene derecho de apropiarse los minerales del subsuelo, o sea el sistema de accesión de los fisiocratas y Merlín, etc., y adoptado en la leg islación elel Canad á, Estados Unidos e Inglaterra. Como lo hemos dejado expuesto, nuestra legislación mantiene un peculiar estado jurídic o, pero se aparta sustancialn.ente del sistema de la accesión, pues seg ún nuestro Código Civil, la accesión es un modo el e adquirir, por el cual el dueño el e una cosa pasa a serlo de lo que ella produc e o ele lo que a ella se junta. Y en ninguno de los
20 dos casos se encuentran las sustancias minerales del sub suelo, porque tan sólo reconoce ent re las accesiones del suelo, el aluv ión, y entre las accesiones de una cosa mueble a otra, la adjunción. Por otra parte, nuestro Código Civil determina que las cosas sobre que recaiga el derecho de propiedad sean individualmente determinadas y ni los yacimientos de petróleo, ni las minas de carbón reúnen ese carácter, en tanto no se les denuncie, y descubra. Los límites de la superficie del suelo son por naturaleza completamente diversos de los que existen en la profundidad del subsuelo; los primeros son conocidos, los segundos no. Y no puede aceptarse dominio sobre bienes 'raíces cuyos desconocemos. linderos En los recientes Códigos sobre reglamentación de la minería, y en especial la propiedad minera de los depósitos de petróleo, que han expedido en Venezuela, Panamá, Perú, Argentina, etc., se define lo que se entiende por suelo y por subsuelo. Las disposiciones consignadas en las leyes de los países citados a ese respecto dicen así: La ley de minas de Venezuela, de 3 de ago sto de Ig05, reg lamentada por el Ejecutivo nacional, dispone en su artículo 3. 0 : «En toda zona o circunscripción hay suelo y subsuelo; el primero principia en la superficie y se extiende en línea vertical hasta la profundidad de 3 metros, y el segundo comienza a los 3 metros y se extiende hasta una profundidad indefinida. La ley de! Perú, por la cual se puso en vigor el Código de Minas, data del 6 de junio de , y es muy explícita. En el art ículo 4. se dice : «La propiedad de las minas es separada y distinta de la del terreno o fundo superficial; y el dominio, uso y goce de ella, son tr an sfer í bies con arreglo a las leyes comunes y a las reglas especiales de este Código»