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Timestamp: 2018-09-23 06:13:54
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LA LIBERTAD HUMANA COMO PRESUPUESTO DE LA CULPABILIDAD Y DE LA RESPONSABILIDAD PENAL. TALLER
Escrito por marialexbetancourt el 15-02-2018 en TEORIA DEL DELITO. Comentarios (0)
LA LIBERTAD HUMANA COMO PRESUPUESTO DE LA CULPABILIDAD Y DE LA RESPONSABILIDAD PENAL
LAPSO 2018-I
COHORTE N° XXXVII - SECCIÓN "A"
Considerar la teoría del delito, enmarcado en normas y principios que configuran la medida de legitimidad para aplicación de las leyes penales.
Haciendo uso de su capacidad de síntesis y de pensamiento crítico-reflexivo, respondan las siguientes cuestiones, a fin de dinamizar y fundamentar el debate temático sobre los aspectos básicos a tener en cuenta en la formación del magister en Derecho Penal y Criminología.
Asignación taller
abetancourt969@gmail.com
0424.309.32.00
La libertad humana como presupuesto de la culpabilidad y de la responsabilidad penal.
La libertad es la facultad de hacer u omitir, o de exigir una acción u omisión, dentro de ciertas pautas racionales y justas, impuestas por la convivencia humana. Escribe Sánchez Viamonte: “Don excelente de la naturaleza, atributo exclusivo de los seres dotados de la razón, la libertad confiere al hombre una dignidad en virtud la cual se le coloca bajo la dependencia de su propia opinión, convirtiéndolo en el dueño de sus actos”.
En principio, hay que definir claramente que es la libertad humana, es una facultad valiosa del ser humano, que le permite actuar según su propia decisión, además es una de las características que lo distinguen de los demás seres vivos, es hacer lo que queramos y en el momento en que lo deseamos. Dentro de las características que la definen encontramos la Autodeterminación, Posibilidad de elección, Dueño de la propia voluntad, Capacidad de disponer de uno mismo, Limitada y condicionada.
Sin libertad no hay responsabilidad ni tiene sentido alguno hablar de moral o de ética, del bien y del mal, de valores humanos, de acciones sensibles y admirables. A pesar de los condicionamientos a que está sujeta la conducta (genética, sexo, hormonas, situación económica, trabajo, educación, etcétera) cualquiera experimenta la existencia de la libertad personal, la capacidad de elegir en las cosas triviales y de tomar grandes decisiones.
La libertad es el supuesto necesario de la ética o moral. Para ser responsables hay que ser libres. No es libre quien no tiene la posibilidad de escoger entre el bien y el mal. No basta que el hombre tenga conciencia moral y psicológica del acto, es preciso que este dependa de su voluntad, que este en su mano realizarlo o no, de otro modo, no hay acto moral, ni siquiera acto humano.
El Derecho Subjetivo es el poder reconocido en favor de la persona para actuar dentro de los límites marcados por la ley, ser titular de un derecho subjetivo significa poseer un poder de actuación protegido por la ley. Por tanto, es la ley la que establece y configura los derechos subjetivos. Ahora bien, sería erróneo imaginar que el poder en que consiste un derecho es un poder ilimitado. Muy al contrario, la misma ley establece los límites y fronteras, más o menos acusados, para cada derecho subjetivo; de este modo asegura la coexistencia de los plurales intereses que la vida social lleva consigo.
Dicho de otro modo: cuando una persona ostenta un determinado derecho subjetivo es porque la ley ha querido concederle un determinado ámbito de acción; pero al hacerlo, la ley no desconoce la existencia de otros intereses de que son portadores los demás miembros de la colectividad, de ahí, que para conseguir la necesaria conciliación, el derecho subjetivo no se conciba como poder absoluto, sino como poder sujeto a limites; cada derecho subjetivo lleva consigo, por tanto, sus propios límites.
Una vez analizada la conducta humana en el caso concreto, si la acción típica es antijurídica por la no concurrencia de causas de justificación, el siguiente paso será determinar jurídicamente si hay culpabilidad o responsabilidad penal para la imposición de una pena. Inicialmente, la culpabilidad consistía en la relación subjetiva o psicológica del sujeto con el resultado, a título de dolo o imprudencia (culpa). Después surgió la concepción normativa de culpabilidad como un juicio de reproche por la realización de una conducta típica y antijurídica, pudiendo actuar en forma distinta.
El fundamento de esta teoría fue el libre albedrío que se supone que tiene el ser humano para elegir entre el bien y el mal. Pero el libre albedrío es cuestionado por el determinismo que explica que la forma de pensar y tomar decisiones es producto de una serie de factores económicos, sociales, políticos, religiosos etc. Especialmente, en una época en que los medios de información influyen fuertemente en la forma de pensar del ser humano.
La Culpabilidad puede definirse como un juicio de reproche, siempre y cuando el sujeto tenga capacidad para motivarse o determinarse de acuerdo con la comprensión de sus acciones, que además tenga conocimiento de la antijuricidad de la conducta realizada, y que al sujeto le era exigible obrar de otro modo, y no como lo hizo. Cumpliendo estas circunstancias, se puede imponer una pena a la persona.
La Culpabilidad es el conjunto de presupuestos que fundamentan la reprochabilidad personal del acto típicamente antijurídico. La imputabilidad es el supuesto necesario de la culpabilidad, tanto así, que la imputabilidad se denomina, también, capacidad de culpabilidad. La imputabilidad es un supuesto indispensable de la culpabilidad y es por ello que a la imputabilidad se le llama “capacidad de culpabilidad”; para ser culpable hay que ser imputable. Toda persona culpable tiene necesariamente que ser imputables, pero no toda persona imputable es culpable; tiene para ello que cometer un delito.
El aspecto negativo de la culpabilidad lo constituyen las causas de inculpabilidad. En realidad, la causa de inculpabilidad por excelencia es el error de hecho esencial que, cuando es invencible, excluye tanto el dolo como la culpa, y cuando es vencible elimina solo el dolo y deja subsistente la culpa, si el delito en cuestión está previsto en su hipótesis culposa. El error de hecho esencial encuentra su fundamento otras causas de inculpabilidad, que suelen mencionarse separadamente: la obediencia jerárquica u obediencia legítima y debida y las eximentes putativas.
La culpabilidad como fundamento de la pena se refiere a la cuestión de si procede imponer una pena al autor de un hecho típico y antijurídico, es decir, prohibido por la ley penal con la amenaza de la pena. Para ello se exige la presencia de una serie de elementos (capacidad de culpabilidad, conocimiento de la antijuridicidad, exigibilidad de otra conducta distinta), que constituyen los elementos positivos específicos del concepto dogmático de culpabilidad. Basta la falta de cualquiera de estos elementos específicos de la culpabilidad para que no pueda imponerse una pena. Por otro lado está la culpabilidad como elemento de la determinación o medición de la pena. Aquí ya no se trata de fundamentar el sí, sino de determinar el cómo de la pena. En este caso se asigna a la culpabilidad una función sobre todo limitadora.
Responsabilidad penal es la consecuencia jurídica derivada de la comisión de un hecho tipificado en una ley penal por un sujeto imputable, y siempre que dicho hecho sea contrario al orden jurídico, es decir, sea antijurídico; además de punible. Generan responsabilidad penal todas aquellas acciones humanas (entendidas como voluntarias) que lesionen o generen un riesgo de lesión a un bien jurídicamente protegido por el ordenamiento jurídico (por ejemplo: vida, integridad física, libertad, honor, orden público, etc.). La comisión de un delito o falta generará responsabilidad penal.
Romagnosi distinguió con las siguientes palabras, la imputabilidad de la responsabilidad: "Una cosa es la imputabilidad y otra cosa es la responsabilidad. Con la primera se le atribuye a alguien un determinado efecto como causa productiva del mismo. Con la segunda se pretende obligar a alguien a resarcir un daño y a sufrir una pena con motivo de aquel dado efecto. La imputabilidad es cosa de hecho, la responsabilidad es cosa de derecho". La responsabilidad, dicho con palabras más simples, es la obligación de sufrir las consecuencias jurídicas del reato.
La responsabilidad legal. La doctrina de la responsabilidad legal, creación de la Escuela Positiva, se elevó por primera vez a disposición penal positiva, en el Proyecto Ferri de 1921, que en su art. 18 disponía: "Los autores y partícipes de un delito son siempre legalmente responsables, excepto los casos de justificación del hecho". El hombre es responsable siempre de todo acto que realice, solo porque y en tanto vive en sociedad". El principio de la responsabilidad legal admite, sino una valuación ética o religiosa de la culpa en el sentido tradicional, sí una valuación psicológica y social según las circunstancias reales y personales de cada delito.
La responsabilidad designa, tras la antijuridicidad, una valoración ulterior y que por regla general da lugar a la punibilidad, en el marco de la estructura del delito. Mientras que con el predicado de la antijuridicidad se enjuicia el hecho desde la perspectiva de que el mismo infringe el orden del deber ser jurídico penal y que está prohibido como socialmente dañino, la responsabilidad significa una valoración desde el punto de vista del hacer responsable penalmente al sujeto.
Quien cumple los requisitos que hacen aparecer como "responsable" una acción típicamente antijurídica se hace acreedor, desde los parámetros del Derecho penal, a una pena. Los presupuestos de la responsabilidad jurídico penal son, entre otros, la culpabilidad, la posibilidad de conocimiento de la antijuridicidad y la normalidad de la situación en la que se actúa.
La responsabilidad depende de dos datos que deben añadirse al injusto: de la culpabilidad del sujeto y de la necesidad preventiva de sanción penal, que hay que deducir de la ley. El sujeto actúa culpablemente cuando realiza un injusto jurídico penal pese a que (todavía) le podía alcanzar el efecto de llamada de atención de la norma en la situación concreta y poseía una capacidad suficiente de autocontrol, de modo que le era psíquicamente asequible una alternativa de conducta conforme a Derecho.
Una actuación de este modo culpable precisa en el caso normal de sanción penal también por razones preventivas; pues cuando el legislador plasma una conducta en un tipo, parte de la idea de que debe ser combatida normalmente por medio de la pena cuando concurren antijuridicidad y culpabilidad. La necesidad preventiva de punición no precisa de una fundamentación especial, de modo que la responsabilidad jurídico penal se da sin más con la existencia de culpabilidad. Hoy día se reconoce que sólo culpabilidad y necesidades preventivas conjuntamente pueden dar lugar a una sanción penal
La culpabilidad sigue siendo el presupuesto decisivo (aunque no el único), de la responsabilidad jurídico penal. El hacer depender la punibilidad de la culpabilidad del sujeto tiene como finalidad poner un límite al poder punitivo del Estado (en particular: a las necesidades públicas de prevención).
En este sentido, el principio de culpabilidad impide la atribución a su autor de un resultado imprevisible, reduciendo las formas de imputación de un resultado al dolo y a la imprudencia. El derecho penal cumple las funciones genéricas de protección y motivación, o protección a través de la motivación, protegiendo los bienes jurídicos más importantes frente a los ataques más graves (principio de intervención mínima), respetando las garantías de legalidad, certeza y seguridad jurídicas propias del Estado de Derecho (principio de legalidad). Aplicando su principal consecuencia jurídica los sujetos responsables del delito cometido, es decir, con capacidad para ser motivados por la norma penal (principio de culpabilidad).
La culpabilidad hace referencia al sujeto, es decir, qué hace el sujeto, para que lo haga. Este principio a su vez encierra dos subprincipios:
Ø Principio de personalidad de las penas: Supone que la pena no puede trascender de la persona del delincuente. En los orígenes del Derecho penal prevalecía la venganza de sangre. En la actualidad la responsabilidad penal queda limitada a las personas que han intervenido en el hecho y que están detallados en la ley. Evidentemente nadie puede pagar por la pena de otro.Ø Principio de responsabilidad subjetiva: Lo que el principio de culpabilidad reclama es el rechazo de la responsabilidad objetiva y la exigencia de que el delito se cometa o dolosamente o al menos, por imprudencia. Lo que excluye la responsabilidad por resultados vinculados causalmente a la conducta del sujeto pero que ni eran previsibles ni evitables. En esta dimensión del principio de culpabilidad está hoy día todo el mundo de acuerdo “no hay pena sin dolo o imprudencia”.
El sujeto tiene pues que haber actuado con dolo o imprudencia. El principio VERSARI IN RE ILLICITA suponía que la persona que cometía un hecho principal ilícito respondía de todas las consecuencias que derivaran de ese hecho ilícito, era la responsabilidad objetiva. Este VERSARI IN RE ILLICITA supone una responsabilidad aunque este resultado no se hubiera perseguido de propósito. Un ejemplo característico era el del aborto con resultado de muerte en el que el médico que practicaba un aborto criminal respondía también de la muerte de la embarazada aunque dicha muerte fuese fortuita y nada tuviese que ver con la práctica abortiva, y respondía de esa muerte con la misma pena que si hubiese cometido homicidio doloso.
Este VERSARI IN RE ILLICITA viola el principio de culpabilidad que exige que sólo se responda por delitos dolosos o imprudentes, lo que supone que todo lo que vaya más allá del dolo o la imprudencia no es penalmente relevante.
El principio de culpabilidad se basa en la responsabilidad penal y tiene diversas implicaciones prácticas. La principal es que se exige culpa del autor (dolo o imprudencia) para que exista ilícito penal y, por tanto, sanción aparejada: nulla poena sine culpa. Si bien la afirmación es cierta, la pena no es la consecuencia del dolo o la imprudencia, sino que, como se ha referido anteriormente, sin culpa no hay delito, y sin delito no hay pena. Aunque se ampliará en entradas posteriores, el dolo y la imprudencia pueden definirse brevemente como:
· Dolo: la voluntad de cometer un acto – en este caso, delictivo – a sabiendas de su ilicitud; en otras palabras, el autor comete el hecho intencionadamente.
· Imprudencia: se comete un acto de manera involuntaria; el autor lleva a cabo una acción sin el cuidado o diligencia (prudencia) oportuna.
Por otro lado, se deriva que no puede sancionarse a otra persona que no sea la autora. Si la sanción penal se impone para que el individuo adapte su conducta a la norma y no vuelva a delinquir, no tendría sentido condenar a una persona no autora y, por tanto, no culpable. Un ejemplo claro puede encontrarse en los delitos que cometen los menores: los padres o tutores legales serán los responsables civiles subsidiarios de las indemnizaciones que puedan derivarse del delito, pero nunca se podrá imponer una sanción penal a estas personas por ilícitos penales que cometan sus hijos o tutelados. Claro está, algunas veces una tercera persona “no autora del delito principal” puede ser responsable penal por la acción de “otro” ilícito o la omisión de sus deberes: el profesor que no presta la debida diligencia a la hora de vigilar a los alumnos a su cargo. La última implicación importante de este principio es que la pena debe ir asociada a la responsabilidad del autor. Por ejemplo, si dos personas agreden a otra, cada autor debe responder de las lesiones que ha causado: ambos serán condenados por un delito o falta de lesiones, pero si la participación de cada una ha sido diferente, la pena deberá variar.
Para la imposición de una pena, no es suficiente con la comisión de un hecho típico y antijurídico. No acarrea automáticamente la imposición de una pena al autor de ese hecho. Junto a la tipicidad y a la antijuricidad, debe darse una tercera categoría en la teoría general del delito, la culpabilidad. La distinción entre antijuricidad y culpabilidad y, consiguientemente, entre causa de justificación y causa de exclusión de la culpabilidad, es uno de los hallazgos técnico- jurídicos más importantes de la Ciencia del Derecho penal. Actúa antijurídicamente quien, sin estar autorizado, realiza un tipo jurídico-penal y ataca con ello un bien jurídico penalmente protegido.
Actúa culpablemente quien comete un acto antijurídico tipificado en la ley penal como delito, pudiendo actuar de un modo distinto, es decir, conforme a Derecho. Pero este concepto de culpabilidad, como reproche que se hace a una persona por haber podido actuar de modo distinto a como realmente lo hizo, coloca al penalista ante la difícil situación de tener que decidirse entre dos extremos igualmente cuestionables: o aceptar la capacidad humana para actuar libremente y aceptar con ello el concepto de culpabilidad; o negar esta capacidad, negando con ello, al mismo tiempo, la culpabilidad como elemento categoría del delito. Sin embargo, se puede salir de esta difícil situación sin aceptar plenamente el concepto tradicional de culpabilidad, dotándola de un contenido distinto, capaz de legitimar, explicar y limitar de un modo racional la imposición de una pena.
Concepto tradicional de Culpabilidad.
Según la concepción normativa, actúa culpablemente el que pudo proceder de otra manera. Pero esta concepción es científicamente insostenible, ya que se basa en argumentos racionalmente indemostrables. La posibilidad de entender esa capacidad como resultado de nuestra propia experiencia y observación [otorga el] sentimiento de que en una situación dada somos libres de elegir entre las distintas opciones que se nos ofrecen.
Aparentemente existe una capacidad de elección entre varias opciones en cualquier persona y esa misma capacidad de elección constituye el presupuesto del actuar humano social y jurídicamente relevante. Una cosa es segura: entre varias opciones posibles siempre se puede elegir, pero no sabemos cuáles son las razones últimas que impulsan a elegir entre una u otra opción. Por eso no es posible fundamentar la culpabilidad en algo que no conocemos suficientemente.
La Culpabilidad Concepto Dialéctico: Culpabilidad y Prevención General.
Para Roxin, las finalidades preventivas no forman parte del concepto de culpabilidad, sino que lo complementan. Una vez comprobada la culpabilidad, en el sentido tradicional, procede averiguar si se puede y debe hacer responsable al sujeto por lo que ha hecho. De ahí que en lugar de culpabilidad, prefiera el término de responsabilidad. Sin embargo, no hay por qué disociar la culpabilidad de los fines de la pena, ni separarla de la responsabilidad que no es más que la consecuencia de declarar culpable al sujeto por lo que ha hecho.
El efecto intimidatorio general y la defensa social se fortalecían al declarar exentos de responsabilidad criminal (es decir, de culpabilidad) a unas pocas personas de las que, como la experiencia enseña, no puede esperarse que cumplan las expectativas de conducta contenidas en las normas penales, confirmando así la necesidad de su cumplimiento por las demás personas que no se encuentran en esta situación. Las razones de prevención general pueden exacerbarse y, mal entendidas, llevar a exigencias punitivas desmesuradas, como el castigo de personas realmente enferma mentales, la rebaja de la edad para la exigencia de responsabilidad penal, etc.
Entonces, lo que hay que hacer es criticar la teoría y la praxis jurisprudencial y legislativa que permiten esos desbordamientos preventivos generales, sin tener en cuenta los límites que también imponen las finalidades preventivas especiales acogidas en el Artículo 25 de la Constitución. En un Estado Social y Democrático de Derecho, el Estado debe estar en condiciones de demostrar por qué hace uso de la pena, y a qué personas la aplica; ello siempre para proteger de modo eficaz y racional a una sociedad que, si no es plenamente justa, tiene en su seno y en su configuración jurídica la posibilidad de llegar a serlo.
Si estos presupuestos no se dan, mal se puede hablar de culpabilidad, y exigir el cumplimiento de los mandatos normativos a las personas que por razones de inmadurez personal, de enfermedad mental, etc., no están en condiciones de cumplirlos sería una infracción clara de las bases de la responsabilidad penal en un Estado social y democrático de Derecho. Por eso la culpabilidad tiene también un fundamento material, basado en la propia idea democrática.
Concepto Material: Como Teoría del Sujeto Responsable.
Fuera del tipo de injusto, es decir, de la tipicidad y de la antijuricidad, existen una serie de elementos (capacidad de culpabilidad, conocimiento del antijuricidad, exigibilidad de otra conducta) que forman parte de la Teoría General del Delito y también condicionan la aplicación de una pena (elementos de la culpabilidad). Si no se quiere asignar a cada uno de estos elementos un puesto autónomo e independiente, cada uno constitutivo de una nueva categoría del delito, deberá procurarse reconducirlos a una misma categoría, en la medida en que respondan a un denominador común todos ellos, es decir, a un mismo fundamento material. Este fundamento material no puede encontrarse en la indemostrable posibilidad de actuar de un modo distinto.
Este fundamento material de la culpabilidad hay que buscarlo en la función motivadora de la norma penal. La norma se dirige a individuos capaces de motivarse en su comportamiento por los mandatos normativos. Lo importante no es que el individuo pueda elegir entre varios haceres posibles; lo importante es que la norma penal le motiva con sus mandatos y prohibiciones para que se abstenga de realizar uno de esos varios haceres posibles que es precisamente, el que la norma prohíbe con la amenaza de una pena. La motivabilidad, la capacidad para reaccionar frente a las exigencias normativas es, la facultad humana fundamental que, unida a otras (inteligencia, afectividad, etc.), permite la atribución de una acción a un sujeto y, en consecuencia, la exigencia de responsabilidad por la acción por él cometida.
Cualquier alteración importante de esa facultad (cualquiera que sea el origen de la misma) deberá determinar la exclusión o, si no es tan importante, la atenuación de la culpabilidad. En estos casos, la tarea del Estado social y democrático de Derecho no consiste en castigar a los que no están en condiciones de poder participar en condiciones de igualdad en la configuración de la vida social, sino en promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra, sean reales y efectivas. En una democracia que aspira a ser verdadera es necesario desarrollar un concepto de culpabilidad material, y no puramente formal. Tampoco puede ser suficiente para constatar la culpabilidad de un individuo, que éste haya podido obrar en teoría de una manera distinta a como lo hizo, si no se analizan las razones para entender por qué actúo de una determinada manera y no de otra. En la medida que el Derecho penal positivo respete los principios constitucionales y se sitúe en el contexto de un Estado democrático, se podrán interpretar los preceptos penales legales relacionados con la culpabilidad, con la suficiente amplitud como para hacer compatible la mayor y mejor protección posible de los valores fundamentales de la sociedad, con un mínimo costo de represión y sacrificio de la libertad individual. La exigencia de un determinado grado de participación subjetiva del autor en el hecho, la normalidad psíquica, el conocimiento del antijuricidad, etc., suponen un avance hacia una concepción democrática del Derecho penal, limitar el poder punitivo del Estado, en base a consideraciones emanadas de la propia dignidad del ser humano como sujeto responsable, y constituye un factor característico de la racionalidad de la cultura jurídica de nuestro tiempo.
a) La Imputabilidad o Capacidad de Culpabilidad. Bajo este término se incluyen aquellos supuestos que se refieren a la madurez psíquica y a la capacidad de sujeto para motivarse (edad, enfermedad mental, etc.). Para la imposición de una pena es necesario que la persona haya realizado una conducta típica y antijurídica, en el pleno uso de sus facultades mentales, y que además sea mayor de edad. Por ello a la capacidad de culpabilidad también se le denomina imputabilidad.
b) El Conocimiento de la Antijuricidad del hecho cometido. La norma penal sólo puede motivar al individuo en la medida en que este pueda conocer, a grandes rasgos, el contenido de sus prohibiciones. Es indispensable que el autor de una acción típica y antijurídica no ignore el contenido de la norma penal y la ilicitud de su conducta para poder motivarse a no realizar injustos penales. No es necesario que el individuo conozca exactamente todo el contenido de la norma incluyendo la pena que se le asigna, sino basta con que sepa que esta conducta es prohibida por la ley. Este requisito es eminentemente jurídico y no tiene nada que ver con la capacidad de culpabilidad. Si el autor de la conducta es adulto, y no padece de enfermedad mental y conoce la prohibición o norma penal que prohíbe la realización de la acción, la consecuencia será la culpabilidad, configurándose el concepto delito para la imposición de una pena.
c) La Exigibilidad de un Comportamiento distinto. El derecho no puede exigir comportamientos heroicos. Cuando la obediencia de la norma pone al sujeto fuera de los límites de la exigibilidad, faltará ese elemento y, con él, la culpabilidad. En este elemento, se parte de que el autor es imputable, conoce la prohibición, y en situaciones normales se puede determinar o motivar a no realizar la conducta antijurídica. En ese sentido, se puede imponer una pena, salvo que existan situaciones extremas en las cuales no se le puede exigir que no haya actuado como actuó y obedecen a la necesidad de que el Estado las regule.
ESPECIES DE CULPABILIDAD: DOLO Y CULPA
Es la voluntad criminal libre y consciente, constituida por la conciencia de querer y la conciencia de obrar, traducidas en una conducta externa (acción), es el dolo, que en el derecho penal justinianeo se denominaba dolus malus, propositum, y significaba la intención encaminada al delito, conciencia del hecho criminoso que se pensaba cometer. En el derecho canónico el dolo se expresó con las palabras dolus, voluntas, malitia; por eso el dolo equivalió también a malicia, astucia, fraude y actualmente lo expresa el legislador con esas mismas palabras al determinar los elementos de algunos delitos.
La teoría de la representación propugnada por Von Lisz sostenía que el dolo es el conocimiento, que acompaña a la manifestación de voluntad, de todas las circunstancias del hecho que concurren al acto previsto en la ley penal. Así, el autor se representa las consecuencias de su hecho (resultado antijurídico), pero, a pesar de representárselas, no se detiene en su propósito, de modo que no es solamente el resultado lo que lo mueve a obrar sino también la representación de ese resultado, que se previa.
Elementos del Dolo: Se distinguen dos elementos de composición del dolo: elemento intelectual y elemento afectivo o emocional.
El Elemento Intelectual está constituido por la previsión, por el conocimiento, la representación del acto típicamente antijurídico y comprende ante todo el conocimiento de los elementos objetivos del delito, de la figura delictiva; así por Ej., para que exista delito de hurto, es preciso que el sujeto activo sepa que la cosa mueble de la cual se apodera es ajena, El hurto es un delito doloso, intencional, pero si la persona piensa que la cosa ajena le pertenece estará exento de responsabilidad, porque el error de hecho en que ha incurrido excluye el dolo, la culpabilidad y en consecuencia la responsabilidad penal.
El elemento Afectivo, Emocional o Volitivo consiste en que no basta, para que haya dolo que el agente prevea, tenga conocimiento, se represente el acto típicamente antijurídico, sino que es menester además, que desee la realización de ese resultado típicamente antijurídico.
Dolo de Daño y Dolo de Peligro. Habrá Dolo de Daño cuando el agente tenga la intención de causar un daño efectivo, material, directo a bienes jurídicamente protegidos o a intereses jurídicamente protegidos; habrá dolo de peligro cuando el agente tenga, únicamente, la intención de crear, para tales bienes o intereses jurídicamente protegidos, una situación de peligro.
Dolo de Ímpetu y Dolo de Propósito. En el Dolo de Ímpetu, la persona obra en un momento de arrebato y de intenso dolor determinado por injusta provocación, movido por un torbellino emocional, sin que exista premeditación, deliberación para perpetrar el delito. Este tipo de dolo es típico de los delitos pasionales; en el Dolo de Propósito el agente delibera y premedita la perpetración del delito, o sea, elige los medios más idóneos y las ocasiones más propicias para perpetración de un determinado delito. Esta clasificación tiene especial interés criminológico porque en el dolo de ímpetu la persona no es peligrosa, sino que ante una situación trágica de su vida, se ve precisada a delinquir; en cambio, en el dolo de propósito si es una persona peligrosa, por cuanto premedita y delibera la perpetración de un delito, en el concurre la frialdad del ánimo que no tiene el dolo de ímpetu, en el que no concurre ni la calma del espíritu, ni el intervalo entre la determinación y la acción.
Dolo Genérico y Dolo Específico. El Dolo Genérico es simplemente la intención de perpetrar el delito in genere, es decir, el ánimo genérico de delinquir. El Dolo Específico es la especial intención o fin particular que el individuo se propone en concreto. Ej., existe un delito contra la propiedad que se denomina secuestro o lucrativo, en el que el dolo específico, la finalidad es obtener un rescate, a cambio de libertar al secuestrado, pero para que este delito se perpetre no es necesario, que el sujeto activo obtenga su objetivo.
Dolo Directo, es el dolo por antonomasia, por excelencia, el más característico y más frecuente. En el Dolo Directo el agente se representa como seguro un resultado típicamente antijurídico, y quiere directamente realizar. Partiendo de esta clasificación nos referimos al Dolo de Consecuencias Necesarias, cuando el agente se representa como seguro, como cierto, un resultado típicamente antijurídico principal, que es el que desea realizar, y un resultado típicamente antijurídico necesario, representado como cierto, como seguro, que en principio no le interesa al sujeto activo realizarlo o actualizarlo pero que es accesorio y está indisolublemente vinculado al resultado típicamente antijurídico principal.
En este caso el sujeto activo es plenamente responsable a título de dolo directo, en lo que respecta al hecho principal y es plenamente responsable a título de dolo necesario en cuanto al hecho accesorio. Ej., el que coloca una bomba para matar a una determinada persona en un lugar donde concurren varias personas y al explotar no sólo mata a la persona que desea sino a cinco personas más. En este caso es responsable a título de dolo directo en cuanto a la persona que desea matar y es responsable a título de dolo necesario en lo que respecta a las demás personas.
Dolo Eventual. Esta es una figura limítrofe con la culpa consciente con representación o con previsión, por lo que se hace difícil aun cuando no imposible establecer la diferencia entre el dolo eventual (en el campo del dolo) y la culpa consciente con representación y con previsión (en el campo de la culpa). Existe Dolo Eventual cuando el agente se representa, ya no como seguro, ya no como cierto, sino meramente como posible o mejor aún como probable, un resultado típicamente antijurídico que en principio él no desea realizar, sino que desea realizar una conducta distinta de ese resultado ya previsto como posible, más aun como probable. Además a diferencia de lo que veremos en la culpa consciente con representación o con previsión el agente no confía en su pericia en su buena suerte que impidan la realización de ere resultado típicamente antijurídico, y sin embargo el agente continúa desarrollando la conducta inicial hasta que se produce ese resultado típicamente antijurídico.
Ej., una persona maneja su automóvil a una velocidad no pautada en los reglamentos y en las leyes de tránsito, porque desea llegar a tiempo a la casa de su novia y por el poco tiempo que tiene desarrolla una velocidad desenfrenada. Él se representa no como seguro, no como cierto, pero si como probable un resultado típicamente antijurídico, el atropellamiento, lesión o muerte de una persona que pueda interponerse en su marcha, no desea realizar ese resultado que se ha planteado como probable, pero tampoco confía que su destreza, su pericia o su buena suerte lo impidan. Él dice ocurra lo que ocurra yo continúo manejando a alta velocidad porque su interés es llegar a tiempo a un determinado lugar y le queda poco tiempo. Si atropella, lesiona o mata a una persona estamos frente al dolo eventual.
Existe Culpa cuando, obrando sin intención, pero por imprudencia, negligencia, impericia en la profesión, arte o industria, o por inobservancia de los reglamentos, órdenes o instrucciones, se causa un resultado antijurídico previsible y penalmente castigado por la ley. De esta definición se desprende que la categoría de los delitos culposos está formada por los conceptos de imprudencia, negligencia, impericia en la profesión, arte o industria e inobservancia de los reglamentos, órdenes o instrucciones.
Imprudencia: El concepto de imprudencia exige una acción, consiste en obrar sin cautela, en contradicción con la prudencia, es la culpa por acción (culpa in agenda). Los individuos están obligados a actuar de acuerdo a las enseñanzas de la experiencia, considerando los intereses jurídicos de los demás y cumpliendo con su deber, la conducta contraria es imprudente. Ej., el que hace una instalación eléctrica sin tomar las precauciones necesarias, produciéndose una descarga que origina la muerte de un obrero.
Negligencia: La negligencia es una omisión, desatención o descuido, consistente a no cumplir con aquello a lo que estaba obligado o hacerlo con retardo. Según la jurisprudencia italiana, es la inobservancia de deberes. Se contrae a hechos cometidos por omisión, abstención o inacción. Es la culpa por omisión (culpa in omitiendo). Ej., la persona que está jurídicamente obligada a cortar la corriente en líneas donde se realizan trabajos de reparación y no lo hace, por lo que, en virtud de esta omisión, muere un obrero electrocutado que realiza trabajos en esas líneas.
Impericia: En el viejo derecho francés se llama torpeza a la falta de destreza, de habilidad, de propiedad de hacer una cosa y se dividía en torpeza material y torpeza moral. En esta última entra la culpa moral de la ignorancia profesional; el agente responde porque ha dejado de adquirir los conocimientos elementales para el ejercicio de su profesión o arte. La impericia o torpeza es culpable cuando es grosera y podía evitarla el sujeto tomando ciertas precauciones.Ej., el albañil que desde el andamio deja caer un ladrillo que mata a un transeúnte; pero los casos más frecuentes se presentan por falta de capacidad técnica de constructores, arquitectos, abogados, ingenieros, médicos, farmacéuticos , parteras, etc.
Inobservancia De Reglamentos: Este criterio de culpa puede existir sin que existan los otros. La palabra reglamento se usa en sentido amplio, comprende los decretos, los reglamentos, las leyes y ordenanzas o disposiciones de la autoridad que tengan por objeto tomar medidas propias para evitar accidentes o daños para la seguridad pública y para la sanidad colectiva.
1.- Culpa grave o lata, leve y levíssima. Existe la primera cuando el resultado antijurídico ha podido ser previsto por cualquier persona (todos pueden preverla); existe la segunda cuando el resultado antijurídico sólo puede ser previsto por personas de prudencia normal, promedio, por personas diligentes; existe la tercera cuando el resultado antijurídico sólo puede ser previsto por personas de excepcional prudencia, por personas extraordinariamente diligentes.
Esta división arranca del Derecho Romano, corresponde a la realidad y se determina por mayor o menor previsibilidad, la culpa levísima no se imputa penalmente sino civilmente. Los autores modernos se apartan de esta división y prefieren dejarle al juez la apreciación de la culpa, así en el artículo 409 del Código Penal venezolano vigente, referente al homicidio culposo, se establece que los tribunales de justicia apreciaran el grado de culpabilidad del agente para aplicar la pena establecida.
2.- Culpa consciente, con representación o con previsión y culpa inconsciente, sin representación y sin previsión. Es la división más exacta de la culpa, existe la primera cuando el agente se ha representado el resultado antijurídico previsible, como posible, pero no como probable; pero confía en que su buena suerte, su pericia o destreza, impedirán la realización de ese resultado antijurídico. Ej., una persona maneja a alta velocidad y se representa, prevé como posible pero no como probable, que pueda matar a alguien (resultado antijurídico previsible) pero continua, no obstante, manejando a alta velocidad, pues confía en que su buena suerte, su pericia o destreza, pueden impedir que él mate a alguien, si tal resultado antijurídico previsto como posible, pero no como probable se actualiza, habrá culpa consciente, con representación o con previsión.
Existe la segunda cuando el agente no se representa siquiera el resultado antijurídico que pudo y debió prever; en el Ej., anterior la persona va manejando a alta velocidad y ni siquiera se imagina que pueda matar a una persona y sin embargo mata, habrá culpa inconsciente sin representación y sin previsión.
3.- Culpa mediata y culpa inmediata: Existe culpa inmediata cuando existe la relación cierta y directa entre la culpa del individuo y el resultado de ella, como si un empleado de un tren en marcha deja inadvertidamente la puerta abierta de un vagón de pasajeros y se cae un niño a la vía; existe la culpa mediata cuando entre la culpa del individuo y su resultado inmediato y directo, surge un hecho nuevo “indirecto y mediato”, que tiene por consecuencia un daño. En el mismo Ej., del tren en marcha, si al ver caer el hijo el padre se lanza a socorrerlo y muere en el intento, más al hijo no le pasa nada.
Según la mayoría de los autores el empleado negligente no sería responsable por la muerte del padre, quien se lanzó voluntariamente a salvar al hijo, es decir que se responde por la culpa “inmediata” no por la culpa “mediata”. En mi opinión considero que se debe responder por ambas culpas porque si el empleado del tren no deja la puerta abierta no se cae el niño y en consecuencia tampoco se lanza el padre a socorrer a su hijo.
Actio libera in causao actio libera in sua causa, es una locución latinaempleada en el derecho penalque puede traducirse como acto libre en su causa. Mejor traducción como "acto libre por su propia causa", lo cual supone el análisis ex ante del injusto. Es utilizada dentro de la teoria del delito al momento del análisis de culpabilidad. La imputabilidad exige el análisis del hecho en el momento en que este se produjo y no en sus causas anteriores. Sin embargo con la ALIC es punible la conducta criminal inimputable (por ejemplo el homicidio en estado de ebriedad) por una conducta anterior que fue determinada libremente por el agente (por ejemplo el beber alcohol a sabiendas de su conducta homicida en la ebriedad), de allí que se denomine a la ALIC imputabilidad extraordinaria o excepcional.
Según la actio libera in causa se puede imputar a quien comete un acto típico y antijurídico en un estado de inconsciencia provocado por alcohol o estupefacientes, en el cual él mismo se introdujo, que en principio le haría irresponsable por falta del requisito de la culpabilidadpero el análisis de éste es llevado al momento en que se causa el estado de ebriedad, momento en el cual el sujeto pudo haber actuado con culpa o dolo. También por medio de esta doctrina se puede llegar a la conclusión de que el sujeto activo del presunto delito carece de responsabilidad, por haber sido introducido en estado de inconsciencia por un tercero que, por error, dolo o violencia, quebrantó o vició su voluntad.
CAUSAS DE INCULPABILIDAD. ASPECTOS NEGATIVOS DE LA CULPABILIDAD: AUSENCIA DE INCULPABILIDAD
Son aquellas que excluyen la culpabilidad y por lo tanto el delito y como consecuencia la responsabilidad penal. Son las que impiden que se reproche a un acto imputable, el acto típicamente antijurídico que ha realizado.La Imputabilidad, Falta de Madurez y Desarrollo Mental, La Enfermedad Mental, Anomalías causadas por Ingestión de drogas o alcohol. Error de Derecho y Error de Hecho. Eximentes Putativas, La obediencia legítima y debida u obediencia jerárquica, La no exigibilidad de otra conducta.
Para que pueda realizarse el juicio de reproche o de culpabilidad por el hecho cometido, el primer elemento requerido es la imputabilidad no pudiendo considerarse culpable al incapaz o inimputable.Imputabilidad significa etimológicamente atribuir, atribuibilidad, posibilidad de atribuir a una persona determinada un acto por ella realizado.
Definición de Imputabilidad:
Es el conjunto de condiciones físicas y psíquicas, de madurez y de salud mental, legalmente necesarias para que puedan ser puestas en la cuenta de una persona determinada, los actos típicamente antijurídicos por ella realizados. Es la capacidad en materia penal.
La Imputabilidad en el Código Penal Venezolano Vigente.
Nuestro Código Penal acoge en materia de imputabilidad la solución clásica: se apoya en dos principios fundamentales: la conciencia y la libertad de las personas; es decir, que el individuo entienda el significado del acto que realiza (conciencia) y determine si lo realiza o no con entera libertad (libertad).A este respecto el artículo 62 del Código penal venezolano vigente textualmente expresa: “No es punible el que ejecuta la acción hallándose dormido o en estado de enfermedad mental suficiente para privarlo de la conciencia y de la libertad de sus actos”
FALTA DE MADUREZ Y DESARROLLO MENTAL.
La falta de madurez (minoridad penal), consagrada en la Ley Orgánica de Protección del Niño, Niñas y del Adolescentes, quién considera a los menores que no han alcanzado la edad de doce años (niños) penalmente irresponsables, por ser, por en forma absoluta inimputables. A estos en el caso en el caso de haber cometido un hecho descrito en la ley como punible, sólo les corresponden las medidas de protección contempladas en la ley especial. Distinta es la situación de los menores, en edades comprendidas entre los doce y dieciocho años (adolescentes), los cuales si han cometido hechos punibles, responderán pero en forma diferente a los adultos, en cuanto a la jurisdicción especializada y a las sanciones a ser impuestas, de acuerdo a la ley citada. Los menores de dieciocho años no son imputables para la jurisdicción penal ordinaria.
Siendo las bases de la imputabilidad penal la inteligencia y la voluntad, cuando estas están abolidas o gravemente perturbadas la imputabilidad no existe, la enajenación o falta de salud mental suficiente como para privar a una persona de la conciencia y de la libertad de sus actos es, una causa de inimputabilidad. La enajenación mental puede anular la inteligencia, paralizar su desarrollo o alterarla profundamente y en el campo de la voluntad puede suprimir su voluntad, funcionamiento o trastornarlo gravemente. Por ello el enajenado mental es inimputable, no puede responder de los hechos realizados y no se le puede aplicar una pena.
Tal medida está muy mal concebida, en el sentido de que emplea términos psiquiátricamente superados, loco en psiquiatría no significa nada y demencia es un término que sirve para distinguir una especie de enfermedad mental involuntaria (ancianidad). La medida resulta defectuosa porque el enajenado es irresponsable y el acto objetivo, sin valor alguno no se le puede reprochar a quien lo perpetuó.
En Venezuela el trastorno mental transitorio si tiene base patológica, el agente estará exento de responsabilidad penal, lo ampara la inimputabilidad consagrada en el artículo 62 ajusten (enajenación, enfermedad mental suficiente). Si el trastorno tiene base de tipo emocional, el agente estará amparado por una causa de atenuación y no de exención, consagrada en el artículo 67 de nuestro Código Penal. Hay que estar pendiente de la simulación de este trastorno mental transitorio el cual puede ser provocado para alegar irresponsabilidad en el hecho cometido, por lo que se hace preciso el peritaje médico-psiquiátrico. Podemos definir el trastorno mental transitorio: es una perturbación de las facultades mentales, de corta duración, que luego cesa.
ANOMALÍAS CAUSADAS POR INGESTIÓN DE DROGAS O ALCOHOL.
Expresamente se regulan en el Código Penal (artículo 64), la situación de la perturbación mental plena proveniente de la ebriedad alcohólica y de la ingestión de sustancias estupefacientes y psicotrópicas, con la referencia a diversos casos en los cuales la perturbación se rige por otras reglas particulares que la sustraen de la aplicación de las normas generales sobre imputabilidad. El Código penal resuelve el problema de la ebriedad alcohólica aplicando sus artículos 62 y 63, como un supuesto de inimputabilidad que excluye totalmente la responsabilidad penal o como un acto de imputabilidad disminuida, pudiendo también plantearse un supuesto de ausencia de acción.
ERROR DE HECHO. ERROR DE DERECHO
El Error de Derecho en el Código Penal Venezolano Vigente: Está consagrado en el artículo 60 del Código Penal que expresa: “La ignorancia de la ley no excusa ningún delito ni falta”. (Ignorancia de la ley es lo mismo que error de derecho), por lo tanto el error de derecho no constituye causa de inculpabilidad ni eximente de la responsabilidad penal.
El Error de Hecho en el Código Penal Venezolano Vigente: Si constituye causa de inculpabilidad, y por ende eximente de la responsabilidad penal, siempre y cuando se satisfagan los requisitos exigidos para ello. El artículo 61 del Código Penal venezolano vigente establece lo siguiente: “Nadie puede ser castigado como reo de delito no habiendo tenido la intención de realizar el hecho que lo constituye, excepto cuando la ley se lo atribuye como consecuencia de su acción u omisión”.
En este error la esencia que es lo primordial, lo fundamental, lo necesario se puede presentar de diferentes formas: Hay un error que puede versar sobre el objeto material que es aquel sobre el cual el delincuente pone su mano; es decir que en un hurto, por ejemplo: la cosa sobre la que el delincuente pone la mano es el objeto material. Si es un cadáver, un homicidio; el objeto material será la víctima, el muerto. Es decir, es la parte hacia donde está dirigida la acción del delincuente.
Primer requisito: es necesario que se satisfaga un error de hecho esencial para que este proceda como causa de inculpabilidad, y se dice que es esencial cuando versa sobre un elemento sustancial de la figura delictiva o tipo penal (error de tipo), por Ej., sobre el objeto material del delito, así para que haya hurto es indispensable que la persona sepa que la cosa mueble de la cual se apodera es ajena, pertenece a otra persona (la ajenidad de la cosa mueble es el elemento esencial, sustancial, del tipo legal de hurto). En consecuencia, si el agente cree erróneamente que la cosa mueble le pertenece, falta de intención de hurtar, por tanto ese error de hecho excluye la responsabilidad penal en lo atinente al delito de hurto.
También el error de hecho esencial puede versar sobre una cualidad de la persona; así por Ej., para que un hombre cometa el delito de adulterio es necesario que tenga una relación carnal con una mujer casada y que él sepa que está casada, pero si el hombre cree erróneamente que la mujer es libre (soltera, viuda o divorciada) ese hombre no comete el delito de adulterio y aquí el error de hecho esencial recae sobre una cualidad de la mujer con la cual tuvo el acto carnal, y así el agente es penalmente irresponsable pues lo ampara una causa de inculpabilidad, como lo es el error de hecho esencial. Pero si cometerá el delito la mujer que sabe que es casada.
También puede versar el error de hecho esencial sobre la trascendencia, el significado antijurídico del acto (error de prohibición), es decir, la persona puede pensar que está realizando un acto, lícito y realmente lo que está realizando es un acto ilícito. En este caso existe una eximente putativa, de las cuales la más importante es la defensa inculpable o putativa, en la que el agente cree errónea pero seriamente, en virtud de los antecedentes del caso concreto, de las apariencias, que es víctima de una agresión ilegítima cuando en realidad no lo es, por lo que no procede la legítima defensa; pero si lo ampara una causa de inculpabilidad como lo es la defensa putativa o inculpable, la cual se apoya en un error de hecho esencial como lo es el creer que está frente a la legítima defensa.
El Error de Hecho Accidental.
Recae sobre una circunstancia accesoria, sobre un accidente del hecho punible o tipo legal. Por Ej., una persona tiene el deseo de robar una joya valiosa, pero por error de hecho se apodera de una imitación de un valor insignificante, constituyendo un error de hecho accidental que versa sobre un elemento accesorio del objeto material: el precio de la joya y no versa sobre ningún elemento esencial, sustancial del delito de hurto, pues el agente se quería apoderar de una joya y realmente se apoderó de ella, sólo que fue una imitación de valor insignificante. Luego el autor responderá por el delito de hurto pero con una atenuación por el valor de la joya.
El Código Penal en su artículo 68, consagra estos dos tipos de error, al establecer: “Cuando alguno por error, o por algún otro accidente cometa un delito en perjuicio de persona distinta de aquélla contra quien había dirigido su acción, no se le imputarán las circunstancias agravantes que dimanen de la categoría del ofendido o lesionado, o de sus nexos con éste, pero si las que habrían disminuido la pena del hecho si las hubiera cometido en perjuicio de la persona contra quién dirigió su acción”. Cuando el Código Penal habla de error, se está refiriendo al error in persona y cuando dice por algún otro accidente, se está refiriendo a la aberratio ictus.
Segundo requisito: que el error de hecho excluya tanto el dolo como la culpa, es necesario que además de esencial sea invencible, es decir, que la persona no lo hubiere podido evitar por más diligente o cuidadosa que fuere. No existe la posibilidad de preverlo. Como en el caso fortuito, el cual trasciende los límites de la culpabilidad excluyendo el dolo y la culpa. Por Ej., en un campo determinado para la caza, una persona se coloca imprudentemente en dicha área, un cazador dispara cuando ve algo moviéndose entre los arbustos, que piensa que es un conejo y era una persona, está exento de responsabilidad penal, está amparado por una causa de inculpabilidad como lo es el error de hecho invencible.
EXIMENTES PUTATIVAS. LA DEFENSA PUTATIVA.
Existe cuando el agente obra con la creencia errónea pero seriamente fundada en las apariencias, en los antecedentes, en las circunstancias del caso concreto, que está amparado en una causa de justificación, cuando la misma no existe, no lo ampara porque no están satisfechas las condiciones exigidas por la ley para que tal causa de justificación proceda. La eximente se ampara en un error de hecho esencial e invencible en que ha incurrido el agente y en tales circunstancias el agente está amparado por una eximente putativa o inculpable también eximente de responsabilidad penal.
Está consagrada en el ordinal 2º del artículo 65 del Código Penal en los siguientes términos: “El que obra en virtud de obediencia legítima y debida. En este caso, si el hecho ejecutado constituye delito o falta, la pena correspondiente se le impondrá al que resultare haber dado la orden ilegal”.
Hay que advertir que la conducta que exime de responsabilidad, satisfechas las condiciones que examinaremos, es sólo la obediencia legítima y debida u obediencia jerárquica, es decir, la obediencia que debe el subordinado al superior en virtud de una disposición legal o constitucional que establezca el vínculo de subordinación y supra ordinación respectivamente, entre el subordinado y el superior.
Ciertos autores entre ellos Luis Jiménez de Asúa y Max Ernesto Mayer, sostienen la existencia de esta causa supra legal de inculpabilidad, es decir, sostienen que además de las causas legales consagradas en la ley penal, existen otras causas supra legales no previstas en la ley penal. Estas consisten en que si a una persona no se le puede exigir una conducta distinta de la que ha realizado, esa persona es inculpable, está exenta de responsabilidad penal, porque no existe la posibilidad de reprocharle el acto típicamente antijurídico y en tal sentido está amparado por una causa supra legal de inculpabilidad cual es la no exigibilidad de otra conducta.
En Venezuela y en nuestra opinión las causas supra legales de inculpabilidad no existen, porque para nosotros en materia penal la única fuente directa, inmediata y verdadera es la ley penal en virtud del principio de legalidad de los delitos y las penas, solo ella define los delitos y establece las penas aplicables a las personas que los perpetran, por lo que sólo en ella están previstas las eximentes de responsabilidad penal, sean causas de justificación, causas de inimputabilidad o causas de inculpabilidad..
En el Código Penal vigente están previstos algunos casos de la no exigibilidad de otra conducta, siendo eximentes legales de responsabilidad penal, por Ej., en el artículo 257 del Código Penal se establece: “No es punible el encubridor de sus parientes cercanos”. Porque no se puede exigir a una persona que denuncie a un pariente cercano que haya perpetuado un delito, al contrario es natural que lo encubra para que eluda a las autoridades.
Viene a ser la actuación de un sujeto ante una situación de pánico que no puede evitar. En mi opinión estaríamos frente a una causa de inculpabilidad una exigente putativa pues se fundamente en un error de hecho esencial e invencible. En este caso el sujeto puede creer erróneamente, en la situación de miedo insuperable en que se encuentra, que está siendo agredido, o en situación de peligro, etc. Ejemplo, en el caso de las mujeres que sufren violencia intrafamiliar,en situaciones de miedo extremo, ante un peligro en donde el agresor trata de realizar un mal en contra de un hijo, o a ellas, reaccionan y matan alconviviente o esposo.