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Timestamp: 2018-07-20 09:44:44
Document Index: 57049105

Matched Legal Cases: ['in fine', 'artículo 33', 'artículo 81', 'artículo 1', 'artículo 69', 'artículo 37', 'artículo 93']

AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL - PDF
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Ramona Casado Martínez
1 AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL Los letrados del Parlamento de Cataluña suscritos, en representación y defensa de la Cámara y en cumplimiento del Acuerdo de la Mesa de la Diputación Permanente del día 18 de octubre de 2006, según se acredita mediante las certificaciones que se acompañan en documentos adjuntos, comparecen ante el Tribunal Constitucional y como mejor en derecho proceda DICEN 1. Que, en fecha 9 de octubre de 2006, el Parlamento de Cataluña ha sido notificado de la providencia dictada por el Tribunal Constitucional por la que se admite a trámite el Recurso de Inconstitucionalidad , promovido por más de cincuenta Diputados del Grupo Parlamentario Popular del Congreso de los Diputados y, en su representación y defensa por el Comisionado don Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde, contra los artículos 2.4; 3.1; 5; 6.1, 2, 3 y 5; 7; 8; 11; 15; 20; 21.1 y 2; 33; 34; 35; 36; 37; 38; 41.5; 50.4 y 5; 52; 71.1 y 6; 76.1, 2 y 4; 78.1; 80.1 y 3; 82; 83.1; 84.2 y 3; 86.5; 90; 91; 95.1, 2, 4, 5 y 6; 96.1, 2, 3 y 4; 97; 98.1 y 2; 99.1; y 2; 102; 103; 105; 106; 107; 110; 111; 112; 114.5; 115; a) y b), 2, 3, 4 y 5; 118.1; 118.1b); 118.2; b); 118.3; 120; 121.1; a); 122; 123; 125; 126.2; 127.1, 2 y 3; a), y d); 128.3; 129; 131; 132.1; 133; 134.2; 135; 136.a) y b); 138; 139.1; 140.2, 3, 4, 5 y 1
2 6; a), b), c) y d); 141.2; 142.2; 144.5; a) y b); a), b) y c); 148.2; y 3; 150; 151; 152; 154.2; b); 157; 158.3; 160.1, a), b), c) y d) y.3; 161; 162.1, 2 y 3; 163.c); a); y 3; y 3; d) e i) y.2; 171.c), apartado segundo; 172; 173; 174.3; y 3; 180; 182.1, 2 y 3; 183; 184; 185.1; 186, 1, 2, 3 y 4; 187, 1, 2 y 3; 188; y 3; 191.1; 195; 198; 199; 200 in fine; y 4; y 4; 205 primer párrafo; y 5; 210; y 5; y 4; b); d); d); i); disposición adicional segunda; disposición adicional tercera; disposición adicional cuarta; disposición adicional sexta; disposición adicional séptima; último párrafo; disposición adicional octava; disposición adicional novena; disposición adicional décima; disposición adicional decimotercera; disposición final primera, núm. 1; disposición final segunda y disposición final tercera de la Ley Orgánica 6/2006, de 19 de julio, de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, confiriendo un plazo de quince días para personarse en el procedimiento y formular alegaciones. 2. Que, en fecha 13 de octubre de 2006, el Parlamento de Cataluña presentó escrito en el Registro General del Tribunal Constitucional, personándose y solicitando le fuera concedida una prórroga para formular alegaciones. 3. Que, mediante providencia de 13 de octubre de 2006, el Tribunal Constitucional, a petición de esta representación, tuvo por personado al Parlamento de Cataluña en el recurso de referencia y le confirió una prórroga de ocho días para la formulación de alegaciones. 4. Que, evacuando el trámite conferido mediante las providencias a que se ha hecho referencia, pasa a formular las siguientes 2
3 ALEGACIONES I. ESTRUCTURA SISTEMÁTICA Las alegaciones que presenta esta representación se estructuran fundamentalmente siguiendo la propia sistemática y división de la Ley orgánica 6/2006 en Títulos. Para mayor claridad en su lectura y localización a continuación se detalla el sumario de esta estructura sistemática que sigue el criterio señalado anteriormente sin perjuicio de la inclusión de dos apartados introductorios de consideraciones generales y de un apartado dedicado transversalmente a la defensa de la constitucionalidad de los preceptos impugnados en relación con el régimen jurídico de las lenguas I. ESTRUCTURA SISTEMÁTICA 3 II. CONSIDERACIONES PRELIMINARES 5 III. CONSIDERACIONES GENERALES: LA LEY ORGÁNICA 6/2006 RESPETA LA CONFIGURACIÓN CONSTITUCIONAL DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA COMO NORMA INSTITUCIONAL BÁSICA DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA. 7 IV. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PÁRRAFOS IMPUGNADOS DEL PREÁMBULO Y DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO PRELIMINAR 29 V. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD 68 3
4 DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS EN RELACIÓN CON EL RÈGIMEN JURÍDICO DE LA OFICIALIDAD LINGÜÍSTICA VI. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO I DERECHOS, DEBERES Y PRINCIPIOS RECTORES 107 VII. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO II DE LAS INSTITUCIONES. 133 VIII. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO III DEL PODER JUDICIAL EN CATALUÑA 194 IX ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO IV DE LAS COMPETENCIAS 233 X ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO V DE LAS RELACIONES INSTITUCIONALES DE LA GENERALIDAD. 417 XI ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO VI DE LA FINANCIACIÓN DE LA GENERALITAT 433 XII. ALEGACIONES EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIONALIDAD DE LOS PRECEPTOS IMPUGNADOS DEL TÍTULO VII DE LA REFORMA DEL ESTAUTO 496 4
5 II. CONSIDERACIONES PRELIMINARES 1. La inadmisibilidad del carácter preventivo de la impugnación La recurrente en su escrito de impugnación admite la posibilidad de que muchos de los preceptos recurridos puedan ser interpretados de conformidad con la Constitución, si bien, ante una eventual circunstancia de que pudieran aplicarse en sentido opuesto a la norma fundamental, lleva a cabo la impugnación de los mismos solicitando del Tribunal Constitucional meras declaraciones interpretativas. Frente a esta pretensión de la recurrente, esta representación solicita su inadmisión y ello de conformidad con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional a este propósito. Así, en la STC 49/1984 (FJ. 2) el Tribunal Constitucional señala que no es legítima la utilización del recurso de inconstitucionalidad con la finalidad de obtener declaraciones preventivas o previsoras ante eventuales agravios competenciales o interpretativos que pongan a cubierto de aplicaciones contrarias al orden de competencias establecido en la CE, y en la STC 239/1992 (FJ. 2) añade que el juicio de constitucionalidad no puede confundirse con un juicio de intenciones políticas, sino que tiene por finalidad el contraste abstracto y objetivo de las normas legales impugnadas con aquellas que sirven de parámetro de su constitucionalidad. Teniendo en cuenta estos pronunciamientos del Tribunal Constitucional, a los que deben añadirse los reiterados acerca del principio de interpretación de todas las normas conforme a la Constitución (entre otras STC 98/2004 FJ. 8), esta representación entiende que en todos los casos en los que la demanda solicita meramente una decisión interpretativa deberían considerarse decaídos a los efectos del pronunciamiento del Tribunal Constitucional en su sentencia. 5
6 2. La inadmisibilidad de los supuestos de impugnación carentes de fundamentación. La recurrente en determinados pasajes de su escrito de alegaciones realiza impugnaciones genéricas sin fundamentación de algunos preceptos del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sin perjuicio de la identificación concreta de este proceder en el momento correspondiente, esta representación quiere advertir de entrada que esta forma de impugnación resulta contraria al artículo 33.1 de la LOTC, que exige concreción en la impugnación y la explicitación del fundamento constitucional de la misma, y a la jurisprudencia constitucional que a este respecto de manera clara señala lo siguiente: ( ) como hemos reiterado en múltiples ocasiones, cuando el recurrente pretende la depuración del ordenamiento jurídico, tiene la carga de colaborar con la justicia de este Tribunal, concretando los preceptos impugnados y aduciendo y analizando de forma pormenorizada los motivos en los que se pretende fundar tan grave resultado. No pueden convertirse, pues, en objeto de recurso de inconstitucionalidad peticiones genéricas [ ], que no concretan los preceptos impugnados ni las razones de la supuesta inconstitucionalidad (STC 36/1994 FJ 1). A la vista del precepto legal citado y de la jurisprudencia constitucional invocada, esta representación solicita la inadmisibilidad de la impugnación de la recurrente en aquellos casos en los que la misma sea genérica y sin fundamentación. III. CONSIDERACIONES GENERALES: LA LEY ORGÁNICA 6/2006 RESPETA LA CONFIGURACIÓN CONSTITUCIONAL DEL ESTATUTO DE 6
7 AUTONOMÍA COMO NORMA INSTITUCIONAL BÁSICA DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA. La demanda de inconstitucionalidad contra la Ley orgánica 6/2006, de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña contiene en sus fundamentos jurídicos un primer punto de consideraciones generales en el que se sostiene que la Ley orgánica 6/2006 incurre en una extralimitación de la función regulatoria atribuida al Estatuto de Autonomía. Para ello se parte de una determinada concepción de la función constitucional del Estatuto de Autonomía que no atiende al alcance de la función del Estatuto de Autonomía como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma (art CE) y que limita su contenido a los términos expresamente establecidos por el art CE tratando de trasladar a las normas estatutarias la doctrina del Tribunal Constitucional sobre el contenido propio y las materias conexas en relación con normas de tan distinta naturaleza a la del Estatuto de Autonomía como son la Ley de Presupuestos Generales del Estado o las otras leyes orgánicas. Estas consideraciones generales señalan también algunos ejemplos de esta supuesta extralimitación cometida por la Ley orgánica 6/2006. Este planteamiento introductorio de la recurrente exige iniciar este escrito de alegaciones también con una consideración general sobre la función constitucional del Estatuto de Autonomía derivada de la configuración del mismo como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma a tenor de lo establecido en el art CE. A la luz de la concepción que esta representación defiende de la función constitucional del Estatuto de Autonomía se rebatirán de manera introductoria los argumentos de la recurrente sobre los supuestos de extralimitación de la Ley orgánica 6/2006 sin perjuicio de volver posteriormente sobre la cuestión en el momento de argumentar la defensa de cada uno de los preceptos impugnados por el recurso de inconstitucionalidad. 7
8 1.- La función constitucional del Estatuto de Autonomía: norma estatal fundante y configuradora del autogobierno territorial. La Constitución española de 1978 no crea ni organiza el Estado autonómico. La Constitución establece simplemente el marco dentro del que los sujetos dotados de iniciativa autonómica y el legislador estatal pueden actuar para configurar la distribución territorial del poder político. Esta remisión de nuestra norma fundamental a decisiones de los poderes constituidos para la determinación concreta de la organización territorial conlleva necesariamente que la propia Constitución prevea la intervención de un instrumento normativo de características especiales para llevar a cabo el citado cometido. Así, la Constitución configura el Estatuto de Autonomía con tres rasgos fundamentales: Es norma fundante o creadora del ente territorial dotado de autonomía política y denominado Comunidad Autónoma; es norma institucional básica de cada Comunidad Autónoma; es norma integrante del ordenamiento estatal. El Estatuto es claramente norma constitutiva de cada Comunidad Autónoma como se desprende de los artículos 143, 146 y 151 del texto constitucional ya que es su aprobación la que crea el correspondiente ente autonómico y así ha sido señalado también por la jurisprudencia constitucional (STC 76/1988 FJ 5). Ello pone de relieve que los Estatutos perfeccionan las previsiones constitucionales en materia de organización territorial del Estado de tal manera que representan un complemento indispensable de la Constitución para la determinación y concreción de dicha estructura territorial del Estado. El Estatuto es norma institucional básica como expresamente establece el artículo CE. Esta previsión constitucional reviste especial importancia porque supone la definición o la caracterización general del Estatuto de Autonomía. Este carácter de norma institucional básica, sin sumisión a otros 8
9 límites que el respeto a la Constitución en tanto que norma jurídica superior, implica que el Estatuto de Autonomía es la norma llamada a contener los aspectos fundamentales de la regulación del sistema jurídico y político de la Comunidad Autónoma. Para calibrar con más precisión el alcance de esta definición del Estatuto como norma institucional básica es necesario poner en conexión el artículo CE con el artículo y con el artículo 81 CE. Mediante el primero la Constitución, como así lo ha reconocido el Tribunal Constitucional (STC 89/1984 FJ. 7), establece simplemente el contenido mínimo de los Estatutos de Autonomía, mientras que con el segundo de los preceptos citados indica que la reserva de ley orgánica alcanza únicamente a la aprobación de los Estatutos de Autonomía. Esta constatación implica que la regulación estatutaria no se define en relación con materia alguna sino en función de la posición constitucional del ente que crea el propio Estatuto. Dicho en otras palabras, el Estatuto de Autonomía tiene por objeto todo lo que concierne a la correspondiente Comunidad Autónoma. En consecuencia, y sin perjuicio de volver sobre la cuestión más adelante cuando se trate específicamente del contenido del Estatuto de Autonomía, puede afirmarse que al mismo le compete determinar y regular el principio de autogobierno del territorio autonómico estableciendo el marco institucional de la Comunidad Autónoma, el subsistema de fuentes del derecho, el haz de competencias, las relaciones jurídicas y de poder dimanantes, el encaje con el Estado, los recursos financieros y los procedimientos de reforma. En definitiva, ello significa que el contenido del Estatuto de Autonomía no debe limitarse a los elementos expresamente previstos en el art CE o en otros preceptos constitucionales sino que puede incluir todos aquellos aspectos vinculados a la estructuración general del sistema jurídico y político autonómico con el único límite de aquellas materias a las que de manera expresa la Constitución atribuye a otra norma. Aun cuando, como consecuencia de esta función constitucional del Estatuto de Autonomía, pueda hablarse de los 9
10 Estatutos como normas paraconstitucionales o subconstitucionales de ningún modo esta representación pretende atribuir al Estatuto de Autonomía el carácter de Constitución en el sentido de ser una norma surgida de un poder originario y soberano. Simplemente se trata de subrayar que el Estatuto de Autonomía como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma integra el bloque de la constitucionalidad y desarrolla esta doble y fundamental tarea: fundar y configurar el ente autonómico. Configuración que debe hacerse con sometimiento a la Constitución como el propio Estatuto de Autonomía de Cataluña reconoce en su artículo 1 y como se ha puesto de manifiesto, además, a través del escrupuloso respeto al procedimiento seguido para aprobar la LO 6/2006 de acuerdo con la Constitución y el Estatuto de Por último, debe subrayarse que el Estatuto es además una ley estatal como así se establece en el art CE cuando este precepto señala que el Estado lo reconoce como parte integrante de su ordenamiento jurídico. En este sentido, como afirma el Tribunal Constitucional, "la aprobación de los Estatutos de autonomía por Ley orgánica no constituye un simple revestimiento formal de una norma propiamente autonómica sino la incorporación, definitiva y decisiva, de la voluntad del legislador estatal a la configuración de lo que, por su contenido, constituye la norma institucional básica de cada Comunidad Autónoma" (STC 99/1986). Todo ello significa que es el propio legislador estatal el que, de conformidad con sus potestades reconocidas en el marco de la Constitución, fija en el Estatuto norma institucional básica los aspectos vertebrales de su relación con una Comunidad Autónoma, en este caso la de Cataluña. A partir de esta consideración, no se puede decir que el Estatuto dirige o impone mandatos unilaterales al legislador estatal, ya que es el propio Estado el que aprueba el contenido del Estatuto mediante Ley orgánica y conforme al artículo de la Constitución ha de reconocerlo y ampararlo como parte integrante de su ordenamiento jurídico. 10
11 2.- La aprobación y la reforma del Estatuto de Autonomía: Una norma pactada. Dada la especial y relevante función de los Estatutos, y su carácter a la vez de norma estatal y de norma fundante y configuradora de un régimen autonómico concreto, el constituyente quiso que su procedimiento de aprobación y de reforma fuera específico y distinto del seguido para las restantes normas. Por una parte, ya se ha indicado que desde el punto de vista formal el art. 81 CE señala que los Estatutos se aprueban por Ley orgánica. Por otra parte, y éste es el aspecto más significativo en cuanto a añadir otro elemento de singularidad a los Estatutos de Autonomía, la Constitución establece que para su elaboración, aprobación y reforma se requiere la confluencia de dos voluntades: la de territorio que quiere acceder a la autonomía y la de las Cortes Generales. Ello todavía es más perceptible en los Estatutos que, como el de Cataluña en virtud de la disposición transitoria segunda y el art. 151 CE, se aprobaron inicialmente y se reformaron posteriormente siguiendo un procedimiento de elaboración territorial, pacto bilateral en las Cortes Generales y aprobación por Ley orgánica y referéndum ciudadano. 3.- La posición del Estatuto de Autonomía en el sistema de fuentes: una categoría normativa singular. En la medida en que los Estatutos constituyen complemento indispensable de la Constitución para la determinación de la distribución territorial del poder integran el denominado bloque de la constitucionalidad. Son, de este modo, juntamente con la Constitución el parámetro para enjuiciar la legislación estatal y autonómica en esta materia. Así, cualquier infracción de la norma estatutaria es, como reconoce el Tribunal Constitucional, infracción de la Constitución (STC 163/1995 FJ 4), pero los Estatutos están subordinados a la Constitución y mantienen con ella una relación de subordinación jerárquica. Eso no significa 11
12 que el Estatuto de Autonomía prevalezca de manera absoluta e incondicionada sobre cualquier otro instrumento normativo sino que el único parámetro para enjuiciar la validez constitucional de una disposición incluida en un Estatuto de Autonomía es la propia Constitución. Dicho en palabras del Tribunal Constitucional, la constitucionalidad de un precepto estatutario sólo puede enjuiciarse sobre la base de su conformidad con la norma fundamental (STC 99/1986 FJ 4). Por su parte, el procedimiento especial de elaboración, en el que destaca la exigencia de acuerdo o pacto entre la voluntad territorial y la de las Cortes Generales, confiere a los Estatutos una fuerza pasiva específica ya que únicamente pueden ser modificados por el procedimiento establecido en los propios estatutos, siendo ello también destacado por el Tribunal Constitucional (STC 36/1981 FJ 4). En consecuencia, una vez aprobado y promulgado un Estatuto de Autonomía es indisponible tanto para el legislador estatal como para el autonómico. Las características referenciadas de los Estatutos de Autonomía tienen una doble consecuencia. Por una parte, el Estatuto es norma de cabecera del ordenamiento autonómico y, en este sentido, actúa como norma sobre la producción de las normas. En definitiva, el Estatuto opera con respecto al resto del ordenamiento autonómico como norma suprema y, consiguientemente, su relación con las normas surgidas en el marco de la correspondiente comunidad autónoma viene presidida por el principio de jerarquía. Por otra parte, esta especial naturaleza de los estatutos de autonomía exige referirse a la posición que ocupa en relación con otras normas estatales y, en particular, con las leyes orgánicas. Con respecto a la posición constitucional de los Estatutos de Autonomía en el sistema de fuentes cabe recordar que dichas normas, desde el punto de vista 12
13 material, cumplen una función constitucional específica ya indicada y que, desde el punto de vista formal, se aprueban y se reforman como leyes orgánicas (art y CE), pero su complejo trámite parlamentario y el referéndum popular las convierten en una Ley orgánica especial. Así pues, tanto desde la perspectiva formal como material, se trata de una categoría normativa especial. Dichas condiciones otorgan a estos Estatutos una especial relevancia que se proyecta sobre la posición que ocupan en el sistema de fuentes. Su lugar está subordinado a la Constitución, pero son normas que pueden ser calificadas como materialmente constitucionales, puesto que conforman lo que se ha denominado el bloque de constitucionalidad, es decir, el conjunto de parámetros normativos que tienen que servir al Tribunal Constitucional para resolver los recursos y conflictos que se le planteen con relación a la distribución territorial del poder político. El Tribunal Constitucional ha confirmado que no puede haber una norma interpuesta entre un Estatuto de Autonomía y la Constitución (STC 76/1983, FJ 4) y que respecto de los Estatutos de Autonomía sólo la Constitución puede desempeñar la función de parámetro de constitucionalidad (STC 99/1986, FJ 4). A partir de estos planteamientos, deben interpretarse las relaciones de los Estatutos con las demás normas jurídicas. A este propósito, y a la vista de los argumentos utilizados por la recurrente, resulta obligado efectuar algunas consideraciones sobre la relación entre las leyes estatales y el Estatuto y, más específicamente, entre el Estatuto y las leyes orgánicas que tienen reconocimiento expreso en la Constitución y un contenido material reservado por ella, como es el caso de la LOPJ y la LOFCA. Las reservas de ley son fundamentalmente unas condiciones procedimentales que garantizan la adopción de ciertas decisiones normativas por parte de unas 13
14 determinadas instituciones y con arreglo a unas determinadas mayorías. Así, la reserva de una materia a Ley orgánica requiere su aprobación por las Cortes con una votación final en el Congreso de los Diputados sobre el conjunto del texto por mayoría absoluta. Por tanto, en este caso, cuando el Estatuto de Autonomía de Cataluña, en virtud de su función constitucional como norma institucional básica de esta Comunidad Autónoma, incorpora algunos preceptos que inciden en materias reservadas por la Constitución a su regulación en Ley orgánica, es preciso admitir que en su aprobación se han cumplido las exigencias formales de la Ley orgánica: institución competente (las Cortes), y quórum de aprobación (mayoría absoluta del Congreso de los Diputados). Tales disposiciones estatutarias son normas específicas para esta Comunidad Autónoma que deberán ser recogidas posteriormente en la Ley orgánica estatal correspondiente, puesto que es el propio legislador orgánico estatal el que se vincula mediante su aprobación a regular la materia concreta según una solución legislativa específica. Todo ello es admisible en nuestro ordenamiento, pues no lo impide la Constitución Española y se deriva del principio autonómico, presente en nuestra norma fundamental, y de la función propia de los Estatutos de Autonomía. En estos términos, el Estatuto de Autonomía como Ley orgánica estatal, que ha de ser reconocida y amparada por el Estado como parte integrante de su propio ordenamiento (art CE), en aquello que la Constitución le reserva o está directamente conectado al mismo, prima ante el resto del ordenamiento, tanto en su vertiente de fuerza activa como pasiva. Ahora bien, todo ello ha de ser entendido sin perjuicio del principio que los Estatutos no pueden sustituir a otras leyes orgánicas a las que la Constitución ha reservado un contenido propio. A este propósito es preciso atender al contenido propio de los enunciados constitucionales relativos a las reservas materiales a Ley orgánica, puesto que puede diferenciarse entre un ámbito de reserva absoluta y otro de reserva relativa. En este punto cabe señalar que la legislación estatal orgánica ha interpretado extensivamente el alcance de las 14
15 reservas constitucionales, cuestión sobre la que también se ha pronunciado el Tribunal Constitucional (entre otras, SSTC 6/1982, FJ 6; 173/1998, FJ 7, y 124/2003, FJ 11). Dichas reservas aparecen enunciadas en unos términos muy genéricos, en los que puede distinguirse un núcleo, sin el cual la materia reservada a la Ley orgánica no seria reconocible o podría entenderse vacía de su contenido propio, así como un contorno que abarca otros posibles contenidos, respecto de los que puede existir un cierto margen de disponibilidad tanto para el legislador orgánico puramente estatal, que ejerza la reserva material enunciada en la Constitución, como para el legislador orgánico estatuyente, en función de distintas, pero también legítimas, opciones de desarrollo constitucional. Unas de esas opciones posibles, al tiempo que respetuosas con la integridad de las reservas constitucionales a leyes orgánicas específicas, es la que ha ejercido el legislador estatal al aprobar el Estatuto de Autonomía de Cataluña. En este sentido, es preciso recordar que, cuando el Tribunal Constitucional se ha hallado ante una supuesta antinomia entre un precepto estatutario y otro de una ley que ha considerado amparado por una remisión constitucional, nunca ha declarado la inconstitucionalidad del Estatuto. Así, en un conflicto entre un Estatuto y la LOPJ, el Tribunal Constitucional optó por una interpretación conjunta, señalando que dichas normas no se excluyen sino que se complementan (STC 56/1990). Una solución equivalente cabría encontrar ante otras posibles colisiones entre dos preceptos protegidos por sendas reservas constitucionales (por ejemplo, de los artículos y CE). Sin perjuicio de cuanto se acaba de indicar, atendiendo a la necesaria distinción de grados o intensidades dentro de cada una de las reservas materiales a Ley orgánica establecidas por la Constitución, cuando uno de los 15
16 preceptos en los que se advierte la posible antinomia se aleja del núcleo de la reserva, lógicamente debería primar aquél que se inscribe dentro del núcleo de la reserva absoluta, ya que el primero ha invadido un ámbito reservado al segundo por la Constitución. Hay que dar preferencia en estos casos a la norma que cumple el mandato constitucional, sea el Estatuto o la Ley orgánica de que se trate. Si el precepto estatutario se encuentra en la situación de precedencia, será inaplicable hasta que la Ley orgánica se modifique en el sentido que indica el Estatuto de Autonomía. En cambio, si ninguna de las dos previsiones se encuentra dentro del núcleo de la reserva, entonces el criterio debe favorecer la mayor resistencia del Estatuto, si la otra norma es posterior, o si es anterior, la fuerza activa del Estatuto determinaría la inaplicación en el ámbito de la Comunidad Autónoma del precepto de la Ley orgánica contrario al Estatuto, recayendo en el legislador estatal el deber de adecuar esa norma en la medida que resulte incompatible con el Estatuto. En este orden de cosas, un Estatuto, Ley orgánica fruto del acuerdo de la voluntad estatal y de la voluntad territorial que incluya contenidos ajenos al artículo CE pero sin invadir reservas constitucionales en favor de otras normas, impide una regulación estatal unilateral en sentido contrario al pactado en el Estatuto. El Tribunal Constitucional, en la línea de la argumentación defendida por esta representación, ha declarado, además, que, en cuanto a leyes orgánicas respecto de las cuales no existe una reserva especialísima, la remisión que hace la Constitución en favor de una Ley orgánica "no es ni puede ser una remisión incondicionada o ilimitada, sino que es obvio que el contenido de esa Ley orgánica está limitado por los principios y preceptos constitucionales y, entre ellos, por los que regulan el reparto de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas" (STC 204/1992, FJ. 3). De esta manera, la Constitución establece reservas de Ley orgánica para la determinación de las competencias de determinadas instituciones, pero esa reserva, como subraya el Tribunal Constitucional, "no es una norma atributiva de competencias 16
17 materiales del Estado, de modo que no altera ni permite alterar el régimen de competencias que se deduce del Título VIII de la Constitución (STC 204/1992, FJ. 3). En la misma sentencia, el Tribunal Constitucional insiste en que la Ley orgánica que desarrolla la reserva normativa establecida constitucionalmente debe atenerse al conjunto del bloque de la constitucionalidad y a las reglas competenciales correspondientes. Toda esta argumentación se basa en la especial rigidez de los preceptos estatutarios, en el carácter materialmente constitucional y paccionado del contenido del Estatuto, y en el carácter de ley estatal del propio Estatuto. Se trata, en definitiva, de una autoimposición de obligaciones que el legislador estatal estatuyente puede aceptar o no, pero, si lo hace, queda sujeto a las mismas y no puede prescindir de ellas de forma unilateral, y, por lo tanto, debe cumplir el Estatuto que ha aprobado. Aquí resulta oportuno reiterar el sentido de la ya citada STC 99/1986 que enfatiza el carácter del Estatuto de Autonomía como norma integrante del ordenamiento jurídico estatal. En definitiva, la regla de la autonomía funcional es la que debe resolver las antinomias entre los Estatutos y el resto de leyes estatales y que tiene como consecuencias inmediatas el desarrollo de la fuerza activa y pasiva de los Estatutos en caso de incompatibilidad. Por lo tanto, no puede invocarse la preeminencia de la legislación estatal unilateral en contra de la virtualidad y eficacia del Estatuto ya que ello ignora el carácter también de legislación estatal del propio Estatuto. 4.- El contenido del Estatuto de Autonomía: la vinculación al carácter de norma institucional básica. A. El marco constitucional 17
18 La Constitución establece un contenido necesario para todos los Estatutos en el artículo y en el artículo 69.5 y en este sentido en los Estatutos deben figurar: la denominación de la Comunidad, la delimitación del territorio, las instituciones, las competencias y el procedimiento para la elección de los senadores autonómicos. A este contenido la propia Constitución ha previsto que se puedan añadir otros elementos como la determinación de la lengua propia cooficial (art. 3.2), el reconocimiento de símbolos propios (art. 4.2), la competencia para establecer y exigir tributos (art ), el régimen de convenios con otras Comunidades Autónomas (art. 145), las formas de participación en la organización de las demarcaciones judiciales (art ) y el reconocimiento de circunscripciones propias (art ). Ahora bien, más allá de las expresas previsiones constitucionales sobre el contenido del Estatuto que, como ya se ha indicado anteriormente, implican un contenido de mínimos, la cuestión del contenido del Estatuto de Autonomía, y de los posibles límites a las materias reguladas en el mismo, debe partir necesariamente no tanto del art CE como del art CE, es decir, de la configuración del Estatuto de Autonomía como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma. Este carácter de norma institucional básica implica, como ya se ha señalado anteriormente, que el Estatuto de Autonomía es la norma llamada a contener los aspectos fundamentales de la regulación del sistema jurídico y político del territorio autónomo. En definitiva, ello significa que el contenido del Estatuto de Autonomía no debe limitarse a los elementos expresamente previstos en el art CE o en otros preceptos constitucionales sino que puede incluir también las relaciones entre la comunidad y sus ciudadanos, una regulación de mayor densidad en el terreno competencial que la efectuada hasta el momento, las relaciones con el Estado y la acción exterior. Dicho en otras palabras, los contenidos estatutarios serán conformes a la Constitución si se corresponden con la función constitucional del Estatuto, derivada de su carácter de norma institucional básica, y no 18
19 contravienen reservas constitucionales efectuadas expresamente en favor de otra norma. Partiendo de estas premisas corresponde referirse a algunos de los ámbitos regulados por el Estatuto de Autonomía de Cataluña que han sido objeto de impugnación por incurrir supuestamente en extralimitación de la función regulatoria de dicha norma. B. La regulación de los derechos, deberes y principios rectores En una norma institucional básica como son los Estatutos de Autonomía los derechos y libertades desarrollan una función plenamente constitucional en el territorio dotado de autogobierno en el que se aplica. Se trata de una función constitucional que concuerda con la teoría clásica de la Constitución que entiende los derechos y libertades como límite a la acción de los poderes públicos y que, conjuntamente con el principio de la división de poderes, forman parte de los elementos identificadores del Estado de Derecho y del constitucionalismo contemporáneo. La incorporación de un título dedicado a derechos, deberes y principios rectores en un Estatuto de Autonomía es perfectamente constitucional por dos motivos principales. En primer lugar, porque el Estatuto, como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma según la configura el art CE, concreta el derecho a la autonomía política. En segundo lugar, porque la actividad de los órganos de la Comunidad Autónoma, en este caso la Generalidad de Cataluña, en la medida en que ejercen las funciones encomendadas por el Estatuto de Autonomía en el marco de las competencias atribuidas, debe estar sometida a límites conforme a los principios del constitucionalismo democrático y en este sentido las declaraciones de derechos y libertades son la manifestación principal de estos límites. Además los derechos, deberes y principios rectores que han sido incorporados a la Ley orgánica 6/2006, como se argumentará detalladamente 19
20 en las alegaciones concretas a cada precepto impugnado, no suponen en ningún caso una regulación directa del contenido esencial de ningún derecho fundamental, tienen conexión directa con las competencias reconocidas a la Generalidad por el propio Estatuto de Autonomía. Además, como señala el artículo 37.4 del propio Estatuto, ninguna de las disposiciones del Título I puede ser desarrollada, aplicada o interpretada de forma que reduzca o limite los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y por los Tratados y Convenios Internacionales ratificados por España. En consecuencia, a tenor de todos los argumentos señalados, esta representación entiende que en este punto debe rechazarse la impugnación de carácter general efectuada por la recurrente. C. La inclusión de materias reguladas por Ley Orgánica. Desde su función de norma institucional básica de la Comunidad Autónoma, resulta admisible incluir en el Estatuto de Autonomía determinadas referencias a materias y órganos que tienen su regulación sustantiva en otras leyes orgánicas. En este punto es preciso remitirse a las consideraciones anteriores sobre el concepto de reserva absoluta y reserva relativa a favor de un determinado tipo de norma por parte de la Constitución. En este sentido no puede haber objeción de inconstitucionalidad si la regulación estatutaria se mantiene en la vertiente externa de aquellas reservas constitucionales específicas a favor de otras leyes orgánicas, limitándose a la pura recepción enunciativa en la Comunidad Autónoma de la institución o regulación material constitucionalmente previstas, con pleno respeto a su garantía institucional y con expreso reenvío a la Ley orgánica específica. Así pues, en la medida en que el Estatuto es también ordenamiento estatal, en la medida en que su contenido se acomoda a la función singular de ser la norma institucional básica de la Comunidad Autónoma, puede legítimamente 20
21 complementar en algunos aspectos al propio legislador estatal cuando ejerza las potestades legislativas reservadas específicamente por la Constitución al legislador orgánico. No otra cosa hicieron las previsiones contenidas en el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979, especialmente los artículos 18 a 23 en cuanto a determinados contenidos de la Ley orgánica del poder judicial y los artículos 43 a 55 en cuanto al contenido de la LOFCA, sin que el Tribunal Constitucional haya formulado objeción alguna al respecto cuando se ha pronunciado sobre dichos preceptos. En el caso que nos ocupa, y sin perjuicio de la argumentación detallada en el lugar correspondiente de estas alegaciones, esta representación quiere dejar sentado que las concretas disposiciones contenidas en el Estatuto de Autonomía de Cataluña, no invaden la reserva material formulada por la Constitución a leyes orgánicas como, entre otras, la LOPJ y la LOFCA. El Estatuto, desde su función de norma institucional básica de la Comunidad, no únicamente puede incluir, sino que además resulta imprescindible que incorpore determinadas referencias a materias y órganos que tienen su regulación sustantiva en aquellas leyes orgánicas. En este caso, las previsiones estatutarias se han mantenido en todo momento en la vertiente externa de aquellas reservas constitucionales específicas a favor de la LOPJ y la LOFCA, limitándose a la pura recepción enunciativa en esta Comunidad Autónoma de la institución o regulación material constitucionalmente previstas, con pleno respeto a su garantía institucional y con expreso reenvío para su regulación material a la Ley orgánica específica. Todo ello lleva a esta representación a concluir que la demanda carece de fundamento en este punto pues de aceptarse su planteamiento supondría admitir que el anterior Estatuto era inconstitucional y que el propio Tribunal Constitucional no lo advirtió en su jurisprudencia. 21
22 D. La definición de las tipologías y la mayor densidad normativa en materia competencial. Por lo que respecta a las competencias, éste es un ámbito expresamente previsto por el artículo CE que debe integrar el contenido de un Estatuto de Autonomía. Se impugna por la recurrente que el Estatuto introduzca definiciones de las tipologías competenciales y que precise y detalle los contenidos competenciales. Entiende la recurrente que el Estatuto no puede delimitar o definir el alcance material y funcional de las competencias autonómicas y que debe limitarse a atribuir a la Comunidad Autónoma unas competencias cuyo contenido y alcance ya estaría perfectamente delimitado por la Constitución. A estos argumentos debe oponerse que el Estatuto no pretende reinterpretar los conceptos constitucionales en el sistema de reparto competencial sino concretar o completar aquello que la Constitución ha dejado abierto cuando establece las reglas y los principios que rigen el sistema de dicho reparto competencial. Dicho en otras palabras, no se trata de modificar mediante los Estatutos lo que la Constitución ha establecido sino de concretar aquellos aspectos del sistema de distribución de competencias que el texto constitucional no ha cerrado, es decir, no se trata de reinterpretar la Constitución sino en todo caso de reinterpretar la interpretación que de la Constitución ha hecho el legislador estatal ordinario. En nuestro ordenamiento la Constitución no lleva a cabo de forma completa el reparto de competencias ya que, a pesar de contener las competencias estatales y los principios fundamentales de este reparto, la efectiva y acabada distribución competencial se produce por la intervención conjunta de la Constitución y los Estatutos de Autonomía. Ciertamente la Constitución contiene reglas y principios que permiten fijar el alcance y contenido de las competencias que atribuye el Estado y evidentemente este contenido constitucional no puede ser alterado por los Estatutos de Autonomía. Ahora 22
23 bien, también es cierto que en determinados casos aspectos fundamentales del contenido material y funcional de las competencias admiten diversas interpretaciones pues el texto constitucional no las ha cerrado. A modo de ejemplo la Constitución ha dejado abiertas cuestiones tan relevantes como el concepto de competencia básica estatal, como la determinación de si las bases son principios o reglas concretas, o como si deben establecerse mediante ley o pueden contenerse en reglamentos o meros actos administrativos. Pero la Constitución no solo ha dejado abierto el alcance funcional de las bases sino también aspectos relativos a las materias competenciales, pues utiliza conceptos que tienen un núcleo claro en cuanto a las actividades públicas que deben incluirse en el mismo y al propio tiempo aparecen al lado de este núcleo ámbitos de contenido difuso e indeterminado que fácilmente se solapan entre materias competenciales colindantes. Estos aspectos abiertos de la distribución competencial los ha completado en muy buena medida el legislador estatal sin que para ello exista una específica atribución constitucional. Frente a esta práctica seguida en la construcción del Estado Autonómico puede oponerse una orientación distinta basada en la naturaleza de los Estatutos como norma institucional básica y como complemento necesario de la Constitución, integrante del bloque de la constitucionalidad en la construcción y concreción definitiva de la organización territorial del Estado. En este sentido, aquello que la sentencia 76/1983 establece en relación a que el legislador ordinario no puede dictar normas meramente interpretativas, es susceptible de una aplicación matizada a los Estatutos de Autonomía ya que la voluntad del Tribunal Constitucional que se deriva de dicha sentencia es que el reparto de las competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas no quede a merced de la voluntad unilateral del legislador ordinario estatal o autonómico, pero parece admitir que los Estatutos de Autonomía como normas pactadas entre Estado y Comunidades Autónomas, situadas entre la Constitución y el legislador 23
24 ordinario, sí puedan llevar a cabo esta función delimitadora del alcance de las competencias. De hecho, en algunos Estatutos de Autonomía vigentes pueden encontrase ejemplos de este fenómeno (art y 3 Estatuto de Autonomía de Galicia; art del Estatuto de Canarias; 33 del Estatuto de Cantabria, entre otros). Se imputa también al Estatuto un detallismo excesivo en determinadas regulaciones. En efecto, regula algunas materias concretas con un alto grado de detalle y precisión. Esta es una opción del legislador estatuyente tan legítima como la de 1979 ya que la Constitución nada dice sobre la densidad normativa o el detalle de la regulación estatutaria. Por otra parte, conviene recordar que en nuestro ordenamiento constitucional no existe reserva de reglamento (entre otras, STC 5/1981 FJ 21b y STC 73/2000 FJ 15) y que toda definición en positivo de las materias sobre las que se asumen competencias a través del Estatuto implica indirectamente una delimitación en negativo de las que no revierten al Estado. En este sentido, el Estatuto cumple estrictamente el mandato que formula el artículo d) de la Constitución, explicitando las competencias asumidas, y hace uso de la habilitación expresada en el primer inciso del artículo de la Norma Fundamental para asumir las competencias no atribuidas expresamente al Estado por esta Constitución. Todo ello además sin rebasar el umbral del límite de las reservas competenciales del Estado establecidas por el artículo E. Las relaciones con el Estado y la acción exterior. La recurrente considera que la LO 6/2006 incurre también en extralimitación cuando dedica el título V a las Relaciones institucionales de la Generalidad. Esta representación entiende, por el contrario, que esta regulación es 24
25 totalmente coherente con el carácter ya señalado del Estatuto de Autonomía como norma institucional básica. En efecto, el Estatuto de Autonomía lleva a cabo, como una de sus funciones principales, la atribución del haz de competencias, es decir, de poder político que se atribuye a la Comunidad Autónoma. Esta delimitación competencial se rige en primera instancia por las expresas previsiones constitucionales y estatutarias. Ahora bien, sin perjuicio de las mismas, el ejercicio de las respectivas competencias por parte del Estado y de la Comunidad Autónoma exige para el funcionamiento armónico del Estado autonómico la previsión de diversos mecanismos de relación que aseguren el adecuado encaje entre el Estado Central y la Comunidad Autónoma correspondiente. La regulación de este encaje debe corresponder también al Estatuto de Autonomía en tanto que norma institucional básica de la Comunidad y en la medida en que no hay una expresa previsión constitucional que atribuya con carácter general esta regulación a una norma estatal. En este sentido, el Estatuto contempla diversos instrumentos para asegurar que el encaje entre la Comunidad Autónoma y el Estado sea el más adecuado para el buen funcionamiento general del sistema autonómico. Sin obviar los instrumentos de carácter multilateral, se pone especial énfasis en algunos instrumentos de carácter bilateral, en la participación en instituciones o empresas del Estado pero ello se hace siempre con pleno respeto a la titularidad de las competencias estatales y a las reservas normativas en la materia. Al fin y al cabo, el Estatuto de 1979 ya preveía instrumentos de relación bilateral, como la Junta de Seguridad (art. 13) o la participación en empresas del Estado (art. 53), y, por lo tanto, las previsiones del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 suponen una continuidad destinada a que el ejercicio de las competencias por parte de la Generalidad y del Estado y los intereses respectivos de cada una de estas administraciones encuentren los cauces más adecuados de comunicación para asegurar el funcionamiento armónico de los poderes públicos. 25
26 En cuanto a la acción exterior, la jurisprudencia constitucional (STC 125/1984 y STC 165/1994) ya dejó sentado hace tiempo que la materia relaciones internacionales establecida en el artículo CE no se identificaba con cualquier manifestación de la acción exterior y, en este sentido, admitía que el ejercicio por parte de las Comunidades Autónomas de sus competencias determinaba que dichas Comunidades Autónomas pudieran llevar a cabo una acción exterior. Coherentemente con ello, las Comunidades Autónomas han venido desarrollando una acción exterior conectada al ejercicio de sus competencias reconocidas estatutariamente y, por lo tanto, le corresponde al Estatuto como norma institucional básica regular los elementos fundamentales de esta acción exterior respetando el límite del artículo CE interpretado de conformidad con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional anteriormente referenciada. De igual modo, y siempre invocando el carácter del Estatuto como norma institucional básica y partiendo, además, de que corresponde a las Comunidades Autónomas la ejecución del derecho comunitario en las materias de competencia autonómica, no supone vulneración alguna de la Constitución que el Estatuto contenga determinados preceptos relativos a las relaciones de Cataluña con la Unión Europea siempre que se respeten, como así hace la LO 6/2006, las exigencias derivadas del artículo 93 de la Constitución. F. La autoatribución de la competencia de la competencia La recurrente sostiene que la LO 6/2006 incluye una supuesta autoatribución de la competencia de la competencia que determina su inconstitucionalidad. A este respecto, esta representación quiere dejar sentadas tres grandes 26
27 cuestiones. En primer lugar, las disposiciones del Estatuto se dirigen tan sólo a configurar el régimen autonómico de la Comunidad Autónoma de Cataluña sin imponer un régimen general ni una interpretación determinada de la Constitución a las demás Comunidades Autónomas. En segundo lugar, como ocurre con cualquier norma jurídica, el Estatuto de Autonomía de Cataluña ha tenido que deducir y aplicar un significado concreto de los preceptos de la Constitución, y ha tenido que optar por una sistemática y por un contenido normativo determinado, pero ello no implica dar a las disposiciones estatutarias una dimensión de interpretación general y abstracta de la Constitución que en modo alguno pretenden. En tercer lugar, el Estatuto expresa unas opciones legislativas concretas que ni agotan la enorme diversidad de desarrollos estatutarios constitucionalmente posibles, ni condicionan otras posibles opciones de desarrollo estatutario en otras Comunidades Autónomas. G. El respeto a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional La recurrente pretende fundamentar con carácter general su impugnación de la LO 6/2006 en que dicha norma se enfrenta a lo establecido con anterioridad por la jurisprudencia constitucional. Frente a esta insidiosa alegación, esta representación quiere ante todo expresar su máximo respeto por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y por la contribución de la misma a la construcción del Estado autonómico en España. Dicho esto, puede constatarse que es un fenómeno común al Tribunal Constitucional, y en general a todos los órganos jurisdiccionales, que su jurisprudencia no es algo pétreo e inmodificable sino que evoluciona con el paso del tiempo. Además, en relación con el grado de vinculación entre jurisprudencia constitucional y Estatuto de Autonomía son procedentes algunas consideraciones. En primer lugar, es preciso tener en cuenta que, como ya se ha señalado anteriormente, en el caso de los Estatutos de Autonomía, el único parámetro de 27