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Timestamp: 2019-01-19 07:20:18
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Graves desacuerdos generan crisis política en 1846
Categoría: Graves desacuerdos generan crisis política en 1846
- Campañas de Urquiza
En Enero de 1846, Justo José de Urquiza, que había batido el año anterior a Fructuoso Rivera en India Muerta en forma tal que puso fin, prácticamente, a su carrera militar, invadió Corrientes con una fuerza de 6.000 hombres, entre los cuales había muchos correntinos, al mando de los hermanos José Antonio y Benjamín Virasoro. Lo esperaba José María Paz, quien aprestaba un Ejército correntino-paraguayo.
Paz decidió llevarlo a una trampa similar a la que le había dado el triunfo en Caá Guazú, retirándose muchas leguas hacia el norte, pero Juan Madariaga se adelantó a combatir a Urquiza, siendo derrotado y capturado en la batalla de Laguna Limpia.
Es que el entrerriano sorprendió a la vanguardia de Madariaga (el 4 de Febrero de 1846) y tomó a éste prisionero. Por la correspondencia en poder de Madariaga, Urquiza supo de los planes de Paz, de modo que persiguió a éste hacia el norte pero no lo enfrentó, para después retroceder hasta Entre Ríos.
La estrategia de Paz había servido para que Urquiza se paseara por toda la provincia, saqueándola impúnemente(1).
(1) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 353-357. Ed. Plus Ultra.
Paz se había retirado a posiciones prefijadas donde Urquiza no se animó a atacarlo y emprendió la retirada hacia Entre Ríos pero, entretanto, por intermedio de su influyente prisionero, propuso la paz a Corrientes, a condición de que el cordobés fuese alejado de la provincia.
La propuesta incluía la insinuación de que ambas provincias podían constituir la base de una reorganización de la República. Urquiza inició tratativas de paz con los Madariaga. Paz se opuso completamente y, con el apoyo de algunos diputados correntinos, intentará derrocar al gobernador. Fracasará y deberá huir al Paraguay, lo que también significará la ruptura de Corrientes con ese país(2).
(2) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 357-359. Ed. Plus Ultra.
Joaquín Madariaga fue sensible a la propuesta que le enviaba su hermano. El 4 de Abril de 1846, el general Paz -eterno desechado de sus aliados- fue despojado del mando supremo. Los paraguayos regresaron a su país y Paz se exilió con ellos.
Urquiza liberó a Juan Madariaga y, utilizándolo como mediador, firmó con su hermano el Tratado de Alcaraz, del 17 de Agosto de 1846, por el que Corrientes se reintegraba a la Confederación Argentina y confirmaba su adhesión al Pacto Federal.
Pero el Tratado tenía una parte secreta, por la cual Corrientes quedaba liberada de participar en la guerra contra el Gobierno de Montevideo, contra Francia o Inglaterra(3).
(3) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 359-361. Ed. Plus Ultra.
- Paz de Alcaraz
Inmediatamente comenzaron las tratativas de paz, que Urquiza manejó por su cuenta sin informar a Rosas. El gobernador de Entre Ríos había tomado conciencia de su posición clave dentro del panorama nacional donde hasta los ingleses lo halagaban proponiéndole la secesión mesopotámica bajo su presidencia.
Pero Urquiza no era hombre de fantasías. El 13 de Agosto de 1846 firmó con Madariaga la Paz de Alcaraz. Por ella, Corrientes se reintegraba a la Confederación y al Pacto Federal pero, por un pacto secreto adjunto se liberaba de actuar contra sus aliados de ayer y mantenía su alianza con Paraguay y Montevideo
Este pacto secreto revela el propósito de Urquiza de lograr, ulteriormente, la paz de la República y su desilusión de Rosas.
Rosas rechazó el Tratado y Joaquín Madariaga respondió invitando a Urquiza a enfrentar juntos al gobernador porteño. Después de meses de negociaciones, Urquiza invadirá nuevamente Corrientes el 4 de Noviembre de 1847. El coronel Cáceres se pasará con sus tropas al invasor, que pudo avanzar rápidamente(4).
(4) Antonio Emilio Castello. “Historia de Corrientes” (1991), pp. 362-363. Ed. Plus Ultra
- El principio del fin de la rebelión correntina
El gobernador y el Director de la Guerra eran los únicos conocedores de la proposición de Justo José de Urquiza; sin embargo, el hecho se hizo público y la calumnia difundió la noticia que el primero de aquéllos había aceptado transar con el enemigo a fin de salvar a su hermano a costa del sacrificio de la provincia y del general Paz.
El doctor Manuel Florencio Mantilla da su versión de los hechos:
"Era un ardid malévolo de la política de hostilidad contra Madariaga, nacida el año anterior en el Cuartel General de Villanueva, bajo la inspiración del intrigante doctor Santiago Derqui, hombre de la entera confianza del general Paz, política en la que estaban comprometidos militares de la provincia, enemigos del gobernador, que dificultaron la expedición de 1843, buscados y colocados preferentemente por el Director, no obstante ser malqueridos de la tropa correntina(5), los descontentos de la situación, que no faltan en los mejores Gobiernos, los aspirantes sin méritos, que anhelan mudanzas por si en los cambios medran, los jefes y oficiales predilectos, así como los amigos del general Paz".
(5) El general José Domingo Abalos y el coronel Manuel Ocampos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 204. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
"Las maquinaciones de esa política -prosigue el historiador correntino- fueron activísimas durante la invasión, de lo que resultó anarquía disolvente en el Ejército, privado ya entonces de jefes distinguidos, como los coroneles Carlos Paz, Manuel Saavedra, Dionisio Ferreyra, retirados por la ojeriza del Director, a quienes el gobernador trató con la distinción a que eran acreedores"(6).
(6) Para Madariaga eran igualmente dignos de estimación los jefes “provincianos” y los “porteños” y, sin preocuparse de dónde eran nativos, los ocupaba según la competencia de ellos. El general Paz tenía mala voluntad a “los porteños”, a quienes consideraba agentes de la Comisión Argentina organizada en Montevideo. Cuando los nombrados en el texto y otros se retiraron del Ejército acampado en Villanueva, ofrecieron sus servicios al gobernador y éste los ocupó con anuencia reservada del general Paz. Este se quejó, empero, de Madariaga. En carta del gobernador al ministro Valdés, fechada el 8 de Marzo de 1846, decía:
“Respecto a la reunión de los porteños, nadie mejor que Márquez (íntimo de Paz) sabe cómo han ido a mi lado y si han permanecido allí ha sido porque el Director no me ha dicho una sola palabra; antes al contrario, me ha dicho por escrito que los llamara. Al coronel Paz no he dado ocupación, porque he conocido la prevención que le tiene”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 204. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
"Los trabajos redoblaron después de la retirada de Urquiza, explotándose muy principalmente la calumnia lanzada contra el gobernador", dice Mantilla. Lo cierto es cuando Madariaga regresó a la capital de la campaña, halló las cosas en condiciones alarmantes: el mismo Congreso estaba implicado en un proyecto de derrocamiento.
Para conjurar los males lógicos de semejante estado, Madariaga dirigió al Director (el 23 de Marzo de 1846) la siguiente comunicación, fiel trasunto de los hechos y de sus opiniones y sentimientos:
“A mi llegada a esta ciudad me he encontrado con graves novedades, cuya extensión no conocía, si bien el Gobierno delegado me hubiese participado sus anuncios.
“Durante los días de mi residencia he podido imponerme de las maniobras desorganizadoras de ciertos hombres malavenidos con el orden, en tanto que éste no les está personalmente subordinado, del objeto que se proponen y de los medios que echan mano.
“Todo eso, general, me importaría bien poco si ellos, para darse seguramente el valer que no tienen, no invocasen el respetable nombre de V. E., proponiéndolo en sus insinuaciones como el objeto y hasta como el móvil de sus acciones.
“Ellos han emitido a la circulación las especies de un desavenimiento entre V. E. y yo, originados -dicen- por la desmoralización en que suponen al Ejército y por el estéril resultado de la campaña última, llevando su osadía hasta anunciar el derrocamiento del Gobierno y hasta asestarme las más odiosas y estúpidas imputaciones.
“V. E. debe hacerme la justicia de creer que estoy bien distante de preocuparme de la invocación con que pretenden escudarse para dar importancia a sus manejos y suplir su nulidad personal. Pero el estado a que han conseguido adelantar sus designios y las medidas con que pienso cortarlos radicalmente, exigen que me explique con V. E. en el lenguaje ingenuo de la verdad, con el espíritu benévolo de una leal y constante amistad y en el sentido de los grandes intereses del país, encomendados a su dirección.
“Una de las fatalidades -la mayor de todas quizás, que rodean al hombre colocado en una posición eminente- es la de verse expuesto a ser fascinado a cada momento en los negocios más graves, por las torcidas sugestiones de una turba de hombres interesados en explotarlo".
“Los medios ordinarios de que se valen -prosigue Madariaga- son inducir a aquél a alejar de él a sus más útiles agentes, a todos los que pueden ilustrarle y servir con celo y habilidad; a persuadirle, enseguida, que es capaz de todo, que de nadie necesita, si no es de ellos, consiguiendo por este doble manejo perturbar su razón y privarle de la ajena, enardecer sus pasiones, suscitarle enemistades y disminuir sus relaciones favorables, sus medios de influencia y de poder.
“De esta casta de hombres, general, tan abundante donde no son contenidos por un orden social regular y firme, no han faltado entre nosotros y, por desgracia, los que en esta importante situación han aparecido se han mostrado bastante adiestrados para agravar sus peligros y multiplicar sus obstáculos.
“Después de lo que han hecho y para prevenir lo que aún pueden intentar, es menester, general que ambos nos expliquemos francamente, que nos estrechemos en una mutua e íntima confianza, haciendo desaparecer de este modo a los perversos que propalan nuestro desacuerdo y, tranquilizando a la opinión alarmada y burlando la expectación del enemigo, preparado, sin duda, como se hallará, a sacar partido de tales anuncios siniestros y de un tan peligroso estado de cosas.
“Este estado es grave, es demasiado crítico para no prestarle toda nuestra atención y adoptar resoluciones que le hagan prontamente desaparecer. ¡Qué consecuencias tan funestas a la causa y qué enorme responsabilidad para V. E. y para mí, colocados como estamos en el timón de los negocios, nos apareja el sólo escándalo que él ocasiona!
“¡Qué dirá nuestro aliado, observador tan perspicaz y prevenido de nuestras cosas, cuando las considere hechas el ludibrio de vulgares agitadores, tan ineptos como malintencionados, alentados y prevalidos solamente de la indolencia y tolerancia de las autoridades supremas!
“Por lo que a mí toca, mi nombre y el teatro que ocupo son muy poca cosa al lado del gran teatro de nuestros sucesos nacionales; así, la atención que el mundo civilizado preste a lo que me concierne, no puede ser sino breve y de poco interés.
“Pero otra cosa será en cuanto a V. E., llamado como está a más altos destinos, a quien se le ha abierto una carrera tan fácil, tan llana y tan brillante al mismo tiempo. V. E. será juzgado con severidad si, por una fatalidad de aquéllas que hasta aquí han hecho malograr nuestras mejores cabezas, malogra igualmente la grandiosa ocasión que le ha deparado la fortuna.
“Para reportar los sucesos es menester saber gobernar a los hombres y para gobernar a éstos es preciso ser señor de sí mismo; es preciso no dejarse alucinar, no dejarse engañar, haciéndose tan inaccesible a las seducciones como dócil a la verdad e inflexible con el deber. V. E. se halla a estos respectos en una posición solemne, gravísima para la causa de nuestra Patria y sobremanera importante para su reputación personal y para su futuro destino; V. E. se halla comprometido a desmentir, a desarmar a esos hombres que invocan su nombre para desquiciar el orden de esta generosa provincia que, por mi consejo y por mi conducto llamó a V. E. a su seno que le recibió con los brazos abiertos, que puso en sus manos la flor de sus hijos, todos sus recursos, sin tasa, sin medida, sin responsabilidad y con ciega fe libró a la dirección de V. E. su seguridad y la salvación del resto de la República.
“Si V. E. así no lo hace, si tolera que su nombre sirva de sombra a una obra de desorganización, su conciencia, general le hablará sobre ello bien alto, le dirá si tal indiferencia es compatible con los miramientos que debe al pueblo correntino, y si es consistente con el interés y los deberes de su alta posición.
“Yo estoy tranquilo en medio de la agitación que se manifiesta; nada me conmueve interiormente, ni en cuanto a mi reputación, ni en cuanto a mi seguridad; sólo me preocupa la idea de lo que puede sobrevenir en mal de la causa general.
“Tranquila mi conciencia por el fiel cumplimiento de mis deberes, seguro de la opinión pública de mis comprovincianos por las pruebas que de ella recibo diariamente, nada hay que me embarace ni arredre; lo único que en esta posición pesa sobre mi alma es, lo repito, la triste perspectiva que alcanzo ahí donde, hasta poco ha, veíamos sonreír las esperanzas sobre la próxima salvación de la República.
“Cuando hablo así a V. E. he querido, en primer lugar, darle una prenda de confianza, abriéndole mi pecho para infundir la persuación en su espíritu, en un caso que así lo requieren nuestras mutuas relaciones; y, en segundo, llenar los deberes de mi destino por todos los medios que puedan poner a cubierto mi responsabilidad y los intereses sagrados que me están confiados. A fin de confirmar estos sentimientos por explicaciones más extensas y de acordar lo conveniente sobre los particulares indicados, pienso despachar cerca de V. E. una persona que llene estos objetos”.
El Director de la Guerra daba los últimos toques para el éxito seguro del plan descubierto por el gobernador cuando recibió la comunicación de éste; enmascarado con el papel de custodio del Congreso (sugestionado por sus agentes Derqui y Márquez) cuyo sostenimiento -para destruir a aquél- recomendaba en Oficios y cartas dirigidos a las autoridades militares y civiles de la provincia, hacía trabajos para ganarse la adhesión del Ejército contra Madariaga y tomaba medidas para desprender fuerzas que lo derrocasen.
Contestó al gobernador con fecha 27 de Marzo de 1846, en términos nada satisfactorios, confirmativos más bien de su complicidad; decía:
“Me son desconocidos los peligros de un desquiciamiento del orden y mucho más la solemnidad de las circunstancias en que se me supone colocado en el sentido que se indica. De la situación descripta no es fácil formar un juicio, tal cual requieren anuncios tan alarmantes y la importancia del asunto.
“¿Quiénes son los autores de tamaño mal? ¿Qué han hecho o piensan hacer? Conozco mis deberes y la inmensa responsabilidad que ellos me imponen; no desconozco la magnitud de los obstáculos contrapuestos para corresponder a ella. Pero mis más grandes esfuerzos se dirigirán a ese objeto y de ese modo me habré cubierto para con mis compatriotas y las personas influyentes todas, en la gran cuestión de libertad que se ventila.
“Mi primer propósito al aceptar el honroso puesto en que me colocó el Congreso de la provincia, fue sostener sus Instituciones, sus leyes y no tolerar su infracción; lejos pues de mí la idea de mover o animar a los perturbadores.
“La autoridad de que emana la mía y la de V. E. es el Congreso; desconocerla, sería violar todas las leyes y negar la legitimidad de toda autoridad constituida. ‘Se han puesto en mis manos todos los recursos sin tasa, sin medida, sin responsabilidad, que tiene la provincia’, tales son las palabras de V. E. para recordarme lo que debo a ésta.
“El soldado, el oficial, el jefe, el Ejército todo está casi desnudo, sufre toda clase de necesidades y privaciones; los segundos están descalzos y no pueden presentarse según su clase.
“¿Qué se han hecho los recursos de la provincia en mis manos? Esa duda injuriosa podría ocurrirse a cualquiera que oiga ese lenguaje si no me apresuro a dar publicidad a mis actos oficiales, rindiendo al Congreso las cuentas de mi administración...
“Por lo demás, general, es preciso no dar una inmerecida importancia a las voces que corren y no alarmarse por ellas, a punto de creer trastornado el orden. Concluiré repitiendo que en el estado en que nos hallamos no es imposible marchar y que es absolutamente necesario obrar completamente de acuerdo o la suerte de la patria y de la causa corre riesgo por más esfuerzos que se hagan para salvarla”.
Tres días después de remitir su contestación, el 30, el Director de la Guerra despachó al general José D. Abalos con una división de 700 hombres de caballería e infantería para derrocar al gobernador, so pretesto de “custodiar’’ la casa del Congreso(7).
(7) Formaba parte de la expedición -en clase de segundo de ella- el coronel Manuel Ocampos; iban también el coronel Pedro Calderón, el teniente coronel Juan Federico Olmos y los sargento mayor Felipe R. Albarenga y Reyes Ballejos. Abalos y Ocampos eran los únicos conocedores de las órdenes del Director. Este -para no alarmar, tal vez- pretendió ocultar que Ocampos marchaba con Abalos anticipando, a la salida de ellos, el siguiente Oficio dirigido al Comandante de San Roque, Departamento importante del tránsito:
“Villanueva, Marzo 29 de 1846.
“Por comunicaciones que tengo a la vista de los comandantes de Yaguareté Corá y San Miguel, estoy instruido que algunas partidas de desertores y de montoneros infestan esos Departamentos.
“Por tanto y con el fin de que no se propaguen por otros las chispas del desorden, he resuelto qne marche el coronel don Manuel Ocampos, con fuerza proporcionada, la que dirigirá según convenga.
“Llegado que fuese obrar en el Departamento de su cargo, le dará auxilios y cooperación cuanto necesite”.
La orden de apariencia que el general Abalos recibió fue la siguiente:
“Habiendo recibido la Nota y sanción del H. C. G. de la provincia, que acompaño a Vd. en copia autorizada y convencido de que el auxilio que reclama, para custodiar el lugar de sus sesiones y hacer efectivas sus resoluciones, es de todo conforme a nuestras leyes, he dispuesto que, con las fuerzas que se pondrá a las órdenes de V. S., marche desde luego a la capital de la provincia, en donde, poniéndose a disposición del H. C. G. le prestará el auxilio y cooperación que anuncia necesitar ... José M. Paz”.
El Director de la Guerra tuvo la cortesía de avisar por Oficio al gobernador la marcha del general Abalos y en cada carta particular le decía:
“No he podido prescindir de mandar la fuerza, con orden de conducirse con la circunspección y prudencia que requiere el caso. De ninguna manera creo que las cosas se conduzcan a términos que se deplore un mal inevitable, pero si las circustancias son tales que ese mal hubiera de producir después aún peores frutos, no sentiré conocerle desde ahora, para ahorrar mayores desgracias a este pueblo tan digno de mejor suerte” (sapienti pauca verba - “al inteligente pocas cosas”, señala Mantilla).
Los jefes Calderón, Olmos y Albarenga dijeron después lo que supieron sobre el objeto de la expedición, en las siguientes declaraciones:
- Coronel Calderón:
“Me dijo el general Abalos que marchábamos a Corrientes llamados por el H. C. de la provincia para servirle de apoyo, pues que el P. E. cesaba por razón de haber llenado su tiempo; que al día siguiente, el Director reuniría los jefes y oficiales del Ejército para hacerles saber esta misma disposición del Congreso.
“Hasta estar en el arroyo Ambrosio nada más supe. A las inmediaciones del Empedrado, el segundo jefe de la Fuerza, don Manuel Ocampos, hizo hacer alto a la columna, ordenando al que declara que proclamase a la tropa de su mando en estos términos:
“Que dicho coronel había recibido comunicaciones de la capital por las cuales sabía que el traidor Joaquín Madariaga la había abandonado, llevándose los caudales de la provincia; que por libertar a su hermano Juan quería entregar la provincia al tirano Juan M. Rosas; que Joaquín ni Juan Madariaga no eran la patria”; (“con otras expresiones groseras”, señala Mantilla.
- Teniente Coronel Olmos:
“Fue recién de este lado de San Roque que oyó hablar privadamente sobre el objeto de la expedición, diciéndose que iban a sostener el Congreso; porque antes le dijeron que la expedición iba destinada a perseguir unas montoneras que habían sorprendido y muerto al comandante de San Luis y al comandante de San Antonio.
“Que en Empedrado el coronel Ocampos proclamó a la tropa diciendo que el gobernador había fugado de la capital, llevándose el Tesoro y que había tratado con Urquiza entregarle la provincia, produciéndose contra él en términos ultrajantes”.
- Sargento Mayor Albarenga:
“Que el general Abalos lo llamó y le dijo que el objeto era remover al gobernador, que había cumplido su tiempo y quería continuar, encargándole guardase el secreto de esta revelación; que en Empedrado el coronel Ocampos proclamó a la tropa, diciendo que el gobernador era un traidor, que había saqueado el Tesoro y huido, y que había vendido la patria para salvar a su hermano”.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 204. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
El General en Jefe de las tropas paraguayas, Francisco Solano López, testigo de lo que ocurría en el Ejército y atento observador del movimiento político de la provincia, informó a su padre y presidente, el día 30 de Marzo de 1846, en los términos siguientes:
“Corre la noticia como positiva de que el gobernador va a ser depuesto por la Sala de Representantes y que el Director es el que ha tramado todo ésto; aún se me ha nombrado varios jefes que han ido de aquí a Corrientes, como aseguran que el gobernador había amenazado degollar a todos los Representantes si tal intentaban.
“Es mucho el trabajo que el Director tiene aquí para volver a todos en contra del gobernador, por lo que se ha hecho mucho más odioso a muchos sujetos, jefes y oficiales del gobernador”(8).
(8) “En 1881 tomé copia del original del Oficio del general paraguayo, conservado en el Archivo de la Ciudad de Asunción, en el volumen 21 bajo el Nro. 8”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Por modo tan desventurado, los sucesos tomaron rumbo sombrío.
- Crisis política de 1846
El petardo explotó en la capital. El Congreso y el gobernador terminaron sus respectivos períodos constitucionales al finalizar el año 1845 pero, el primero -arrogándose una atribución que no le confería la Carta Orgánica del Estado- suspendió por ley del 27 de Noviembre de 1845 las elecciones generales para el nuevo Congreso, al que correspondía el nombramiento del gobernador y prorrogó indefinidamente sus poderes hasta que una delegación del mismo, la Sala Permanente, declarase la oportunidad de la convocatoria.
El fundamento de semejante anormalidad fue el estado de guerra, que tenía sobre las armas a la mayoría de los ciudadanos. A falta del Cuerpo encargado de hacer el nombramiento de gobernador, aquél, que por su sola cuenta lo reemplazaba, se atribuyó también ese mandato y eligió al ya general Joaquín Madariaga (en ejercicio) hasta la reunión del noveno Congreso(9).
(9) “Patria - Libertad - Constitución. Ley.
“El H. C. G. de la provincia, usando de la soberanía extraordinaria que inviste, en sesión de este día, ha sancionado con valor y fuerza de Ley, lo siguiente:
“Art. 1ro. - El Congreso General legislativo declara: que el estado de la guerra en que se halla la provincia, llamada en masa a defender su existencia contra el feroz enemigo que la ataca, no permite la convocación de las Asambleas populares para la elección de Diputados para la 9na. Legislatura, ordenando en consecuencia se suspenda hasta que por un Acuerdo de la Sala Permanente declare la oportunidad de convocar.
“Art. 2do. - La expresada nona Legislatura de que habla el artículo anterior será investida con el carácter de constituyente.
“Art. 3ro. - Hasta entonces, la octava Legislatura continuará en el ejercicio de sus funciones.
“Art. 4to. - Hasta la misma época, el actual Gobernador y Capitán General de la provincia, coronel mayor Dn. Joaquín Madariaga, continuará en el ejercicio del P. E.
“Art. 5to. - Comuníquese al P. E. a los efectos consiguientes.
“Sala de Sesiones, en Corrientes, Noviembre 27 de 1845. Juan Baltazar Acosta, Presidente. José F. de los Santos, Pedro D. Colodrero, Diputados Secretarios”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Las razones predominantes para adoptar ambas resoluciones no modificaron la situación de hecho a que fueron reducidos los poderes Legislativo y Ejecutivo; a lo más, la disculparon(10).
(10) Decía la Comisión que estudió y despachó la ley:
“Se trata de la realización de un acto constitucional, tal como la renovación del Congreso General para la novena Legislatura. El derecho en este punto no es dudoso: la Comisión comprende bien la solemnidad de esta obligación pero entiende también que no hay institución humana que establezca derecho cuando de hecho se haga imposible y es por esto que ha procedido al examen de los inconvenientes que se oponen a la citada renovación para clasificarlos debidamente.
“La Comisión encuentra indispensable y necesario el hecho de la reunión en el Campamento General de todos los hombres capaces de llevar las armas, como existe ya, porque así lo exige la primera ley natural y política (la conservación del Estado), base de todas las instituciones, como que es la existencia misma del Cuerpo material y político.
“De consiguiente, debemos considerar este hecho como resultado de una necesidad suprema a la que debe posponerse toda otra. En este caso: si son llamados a un Cuerpo militar todos los ciudadanos que tengan capacidad física para llevar las armas, será muy diminuto el número de los sufragantes que queden en los Departamentos y desde entonces quedará sólo en la elección la apariencia del acto, faltando absolutamente su realidad (la expresión de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos), lo que estará en la imposibilidad de sufragar desde las filas de un Ejército.
“No se llenará, pues, el espíritu de la Constitución y se obtendría sólo un resultado vicioso, un Cuerpo deliberante sin misión del pueblo y sin emanación propiamente dicha de la soberanía absoluta, es decir, no se obtendría el verdadero Cuerpo legislativo que la Constitución quiere y ordena.
“Hay, además de la imposibilidad que constituye el hecho, razones generales, reconocidas por los publicistas, que resisten la formación de Asambleas populares en tiempos de guerra.
“Cuando un país (a juicio de ellos) es llamado a las armas, el espíritu militar es entonces el dominante ni puede ser de otro modo cuando se trata de pelear como soldados; y el pueblo, naturalmente, se acerca más al régimen esencialmente obediente de un Ejército que al ejercicio absolutamente libre de su soberanía.
“La falta del Poder Legislativo no es un antecedente que pueda determinar a tamaña irregularidad, porque es allanable con la continuación de la presente Legislatura. Es más natural y práctico en los países regidos por Gobiernos representativos, la continuación de los miembros de un Poder constitucionalmente electo, que renovarlo viciosamente por elecciones de minorías o que no llenan el objeto y el espíritu de la Constitución.
“Estas y otras muchas razones que emanan del estado de guerra en que se encuentra la provincia -llamada en masa a defenderse de un enemigo feroz, que amenaza a muerte su existencia- hacen imposible la reunión de Asambleas primarias para la elección de Diputados del Congreso legislativo y es por ellas que la Comisión ofrece a V. H. el siguiente proyecto”.
Firmaban el dictamen: José de los Santos Vargas, Isidoro García de Cossio y Juan Felipe Gramajo.
El periódico “La Revolución”, redactado entonces por Manuel Leiva, al exponer las causales de la ley dio, entre otras razones, éstas:
“La marcha de la actual Administración ha elevado nuestro poder y ha aglomerado elementos de guerra hasta superar al enemigo; su crédito vuela a todas partes; su patriotismo y generoso desprendimiento es la garantía más sólida del resultado de la lucha actual, que satisfará, sin duda, todas nuestras esperanzas y aspiraciones.
“A nosotros y a las demás naciones que nos observan inspira absoluta confianza, atrayendo las simpatías de argentinos y extranjeros. Esta es una verdad probada con hechos que están al alcance de todos y que no desconocen ni aún nuestros mismos enemigos.
“¿Debe cambiarse esta Administración que posee antecedentes tan gloriosos y que arrastra todas nuestras esperanzas? ¿Debe exponerse a que el cambio de la persona del gobernador cambie la política influyente en las operaciones de la guerra, enerve los ánimos, acabe con el crédito interior y exterior y que todo esto suceda en circunstancias en que va a resolverse el gran problema de la revolución y a hacerse el último esfuerzo para acabar con el tirano?
“De ningún modo; tal procedimiento, lejos de llenar el espíritu de la Constitución y el voto del pueblo correntino, sería antisocial y antipolítico”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Ningún descontento se manifestó en la provincia; la opinión pública parecía convencida de la necesidad del procedimiento observado y a la sombra de él continuó la marcha regular de los poderes públicos.
Pasado el peligro con la retirada de Urquiza, el 23 de Marzo de 1846, solicitó el Poder Ejecutivo el cumplimiento de la Constitución, a fin de dar existencia regular a los poderes públicos del Estado(11), fundándose en que “el estado de los negocios generales y la oportunidad de las circunstancias demandaban imperiosamente la renovación de la Legislatura y la instalación del Congreso constituyente”.
(11) El Congreso Provincial cerró sus sesiones a fines de Noviembre de 1845, dejando constituida la Sala Permanente -según la Constitución- para los casos graves y urgentes y el 18 de Marzo de 1846 inauguró de nuevo sus tareas.
El P. E. le pasó entonces el siguiente Mensaje:
“Habiendo cesado las causas que obligaron la suspensión de las elecciones para la 9na. Legislatura, que en ley del 17 de Noviembre acordasteis, hoy el estado de los negocios generales y la oportunidad de las circunstancias demandan imperiosamente la renovación de la Legislatura e instalación del Congreso Constituyente de la provincia, según el artículo 2do. de la citada ley.
“Por lo cual, el P. E. os pide que, tomando en consideración esta demanda, dispongáis que a la posible brevedad se verifiquen las elecciones en la forma establecida, por cuanto este negocio no admite demora.
“Dios guarde al H. C. G. muchos años. Joaquín Madariaga”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla
La demanda fue mal recibida; los diputados hostiles al gobernador la consideraron atentatoria a los privilegios parlamentarios. La verdadera causa era otra.
Los opositores habían ganado el concurso de muchos diputados, asegurándoles que el Director de la Guerra los inspiraba y sostenía y, con esa base, formaron el plan de separar del Gobierno a Madariaga, reemplazándolo por uno de ellos, porque la autoridad Ejecutiva dependía exclusivamente de la complacencia del Congreso; para sostener a éste, se contaba con el Ejército.
La iniciativa del P. E. trastornaba la combinación y de ahí que las resistiesen sospechando, con fundamento, que el resultado de las elecciones no sería propicio al propósito anhelado.
El Congreso, dominado por el sentimiento reaccionario contra el gobernador, excusó pronunciarse sobre la convocatoria a elecciones y pidió “previamente un Informe circunstanciado de la situación interior, del estado moral y material de los soldados, de los elementos y medios de acción, de las relaciones exteriores”(12); negocios, los más, confiados exclusivamente al Director de la Guerra por la ley de su creación.
(12) Oficio del 23 de Marzo de 1846. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
El gobernador contestó que oportunamente informaría al próximo Congreso sobre todos los asuntos de Estado(13), insistió en su empeño y observó que “no había faltado a ninguna conveniencia, iniciándole ni quebrantando ningún principio, pues obró en la esfera de sus atribuciones, dejando al Congreso en la plenitud de las suyas”(14).
(13) Mensaje del 24 de Marzo de 1846.
(14) Mensaje del 27 de Marzo de 1846. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Eso bastó para desencadenar la tempestad preparada. Reunido el Congreso en sesión secreta, el día 27 de Marzo de 1846, declaró que “el gobernador había abdicado de hecho y de derecho su comisión de mando interino desde el momento que reclamó la convocación a elecciones generales, porque este hecho importaba disolver el Cuerpo legislativo desconociendo su legitimidad” y, en consecuencia, pidió el auxilio militar del Director de la Guerra “para custodiar el lugar de sus sesiones y hacer efectiva sus resoluciones, a fin de prevenir actos de violencia material o algún abuso escandaloso de fuerza por parte del coronel mayor don Joaquín Madariaga”(15).
(15) “El H. C. G. considerando:
“1ro. - Que la comisión del mando interino de la provincia ejercida hasta hoy por el coronel mayor don Joaquín Madariaga, en virtud de la ley del 27 de Noviembre del año anterior, ha caducado por abdicación propia de hecho y de derecho desde el momento mismo en que trató de disolver el H. C. G. y desconoció su legitimidad en documentos publicados datados el 23 (a), 24 (b) y 27 (c) del presente, refractario de nuestras leyes, contra las atribuciones y decisiones del C. P. y contra la misma disposición de la Carta Constitucional, sección 6ta.
- “Art. 12: El P. E. no podrá bajo pretexto alguno disolver o suspender las sesiones del C. P. en los tiempos determinados ni la convocatoria y reunión del Congreso General.
“2do. - Que la Constitución de la provincia, en su sección 4ta. - artículo 4to. da a este Soberano Cuerpo la eminente y especial atribución de determinar por sí el número de tropas que hayan de custodiar el lugar donde tenga sus sesiones.
“3ro. - Que en virtud de los artículos 3ro. y 6to. de la ley del 13 de Enero de 1845, el Director de la Guerra es el Jefe de todas las fuerzas destinadas a libertar la patria.
“4to. - Que para prevenir actos de violencia material o algún abuso encandaloso de fuerza, que hay muy fundados motivos de temer por parte del coronel mayor don Joaquín Madariaga contra las resoluciones del H. C. G. o contra el mismo Soberano Cuerpo;
“Ha sancionado:
“Artículo Unico: el Director de la Guerra, brigadier general don José María Paz, pondrá a disposición del C. G. el número de tropa necesaria para custodiar el lugar de sus sesiones y hacer efectivas sus resoluciones.
“Comuníquese a S. E., el Director de la Guerra, para los efectos consiguientes.
“Sala de Sesiones, en Corrientes, Marzo 27 de 1846. José V. de Cossio, Vicepresidente; Pedro D. Colodrero, Diputado Secretario”.
(a) Este documento queda ya reproducido en una de las Notas anteriores.
(b) Dos son los Mensajes del gobernador Madariaga, datados a 24 de Marzo de 1846: el primero se refiere al Oficio que le dirigió el Congreso con fecha 23; y el segundo a un pliego cerrado para el Director de la Guerra. Helos aquí:
“Al H. C. G. de la provincia:“El P. E. tiene el honor de acusar recibo al H. C. G. de la resolución sancionada el día de ayer, cuya contestación reserva el P. E. para el próximo C. C. G.“Dios guarde al H. C. G. muchos años. Joaquín Madariaga”.
- “Al H. C. G.: el infrascripto, Gobernador y Capitán General de la provincia ha recibido del H. C. G. -con Nota de fecha de ayer- un pliego cerrado para dirigirlo en esa forma al Exmo. Director de la Guerra acerca de lo cual el P. E. debe observar al H. C. G. que, desdiciendo a su decoro esta forma inusitada y siendo contraria a las establecidas en el sistema representativo entre los Altos Poderes constitucionales pretender que el ejecutor de las leyes sea el conductor pasivo de las resoluciones del Legislativo, protesta contra esta innovación de los principios y formas consagradas universalmente y se reserva reclamar sobre ella y pedir una declaración en el particular al próximo Congreso General dando, sin embargo, curso por ahora al despacho referido.
“Dios guarde al H. C. G. muchos años. Joaquín Madariaga’”.
(c) “Al H. C. G. de la provincia:“El Gobierno se ha apercibido con el más vivo dolor del carácter altamente escandaloso y extraviado que han tomado las sesiones del H. C. G. en la discusión de la medida legal y necesaria que propuso a su resolución en los términos respetuosos y convenientes que aparecen en su Nota fechada el 23 del corriente.
“Al hacer tal demanda, el Gobierno no ha faltado a ninguna conveniencia, ni quebrantado ningún principio, obrando al contrario en la esfera de sus atribuciones, desde que dejó al Congreso en la plenitud de las suyas; y esto acaba de hacer más resaltante la incalificable actitud que ha asumido esa H. Corporación, tan depresiva de su carácter como injuriosa de los respetos que los Poderes constitucionales deben mutuamente guardarse.
“En vista de lo cual y no debiendo el Gobierno por su parte tolerar que por más tiempo se prolongue tamaño escándalo, ni se postergue indefinidamente el despacho de su solicitud, con gravísimo perjuicio de los grandes intereses del país y peligro de la noble causa que sostiene, se dirige al H. C. instándole por el despacho de su solicitud del modo que lo estime conveniente y espera que lo resuelva en la sesión de este día.
“Dios guarde al H. C. G. muchos años. Joaquín Madariaga”.
Este Mensaje emplea vocablos ásperos y hace apreciaciones duras pero, lo mismo que los anteriores, no confirma las aseveraciones del considerando primero del Congreso.
// Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Acto continuo y como si tal no hiciera, el Congreso anunció atentamente al gobernador, que había nombrado una Comisión de su seno para redactar la respuesta a sus Mensajes(16).
(16) “Al Poder Ejecutivo de la provincia:
“El H. C. G., habiéndose instruido de la Nota de V. E., datada en esta fecha, tiene la satisfacción de representar a V. E. que la tardanza en contestar a sus Notas anteriores no debe serle extraña, en razón de que ellas deben someterse, como se ha efectuado, a la discusión de los S.S. R.R. y que las resoluciones de los Cuerpos colegiados son regularmente morosas como necesarias a la ilustración y a la convergencia de las diversas opiniones que se emiten para arribar a una deliberación prudente y de inmensa utilidad.
“Para colmar, pues, las exigencias de V. S., en la sesión de esta mañana ha resuelto nombrar la Comisión de su seno, como es de práctica, la cual va encargada de la redacción de la minuta de contestación a las referidas Notas; y tan luego como se expida y obtuviere la aprobación de la Sala General, será inmediatamente puesta en manos de V. E.
“Sala de Sesiones, en Corrientes, Marzo 27 de 1846. José V. de Cossio, Vicepresidente; Pedro Díaz Colodrero, Diputado Secretario”.Este Oficio tenía por objeto no alarmar al gobernador durante el tiempo ganado con la demora para que llegase la protección del Director de la Guerra. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Madariga ignoraba lo resuelto en sesión secreta, como también que un “chasqui” especial corría por caminos extraviados con el Oficio del Congreso para el Director de la Guerra(17), y esperó tranquilo la contestación prometida, pero como ésta no fue dada hasta el 1 de Abril, con dicha fecha pasó nuevo Mensaje, urgiendo la respuesta.
(17) La sesión secreta fue en rigor un conciliábulo de los iniciados en el plan reaccionario, pues solamente ellos la celebraron, sin las formalidades del Reglamento, contando con el vicepresidente en ejercicio -pariente del doctor Santiago Derqui- y por éste sugestionada. Unicamente de ese modo era posible mantener en secreto el hecho. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Ese mismo día, uno de Abril, se supo en la capital que el general José Domingo Abalos marchaba sobre ella con fuerzas. El Director de la Guerra había respondido a la solicitud del Congreso con actividad y celo insuperables pues, en aquellos momentos, tropas en marcha y órdenes suyas desconocían la autoridad del gobernador e imponían la del Congreso(18). “El gobernador Madariaga ha sido depuesto por el Congreso, fue la noticia falsa que el Director de la Guerra mandó circular en su Cuartel General cuando despachó al general Abalos”(19).
(18) El “chasqui” conductor del Oficio del Congreso llegó al Cuartel General en Villanueva en la madrugada del 29 de Marzo de 1846. Las caballadas del Ejército estaban distribuidas en los campos de María Chica y de la Posta de Meza, no cerca del campamento; los Cuerpos, en descanso después de las fatigas de la campaña, no se encontraban listos para salir inmediatamente. Sin embargo, el general Abalos emprendió marcha el día 30, en perfectas condiciones, al frente de una división de caballería e infantería. El Oficio dirigido por el Congreso al Director de la Guerra decía:
“Tengo el honor de incluir a V. E. la honorable Resolución que con fecha de hoy ha sancionado el H. C. G. y al ponerla por su Orden en noticia de V. E., me cabe la complacencia de saludarle con los sentimientos de mi alta consideración y respeto.
“Corrientes, Marzo 27 de 1846. José V. de Cossio, Vicepresidente; Pedro D. Colodrero, Diputado Secretario”.
Para perseguir a Urquiza había destinado el Director de la Guerra dos escuadrones de caballería, sin protección, pero “para custodiar el lugar de las sesiones del Congreso (por si fuere atacada) y hacer efectivas sus resoluciones (aún no conocidas), el celo patriótico del mismo estimó necesaria una división de caballería e infantería al mando de un general.
El Congreso solicitó “tropa” pero el Director hizo más, siempre por celo patriótico: dirigió profusamente la siguiente Circular:
“Villanueva, Marzo 31 de 1846.
“El H. C. G. de la provincia se ha servido transmitirme la respetable resolución que, con la Nota que la acompaña se adjunta a Vd. en copia autorizada, para que haciéndola saber a todas las autoridades militares a sus órdenes, les exija el respeto y obediencia que se deben al respetable Cuerpo de que emana toda autoridad en la provincia.
“En consecuencia de la expresada sanción he resuelto que el señor general Dn. Domingo Abalos marche a ponerse con una división a la disposición del C. G.; y a virtud del respeto y obsecuencia que debo a la primera autoridad de la provincia y que ésta se merece para todo patriota y, muy particularmente, a los que siendo militares su principal deber es obedecer.
“Lo que se participa a Vd. para que así lo haga saber en el Departamento de su mando, cuidando que se conserve la tranquilidad y el orden, so pena de ver despedazada la patria por los terribles males que produce la anarquía.
“Dios guarde a V. muchos años. José M. Paz”.
Antecedente y a la vez explicación clara de la oficiosidad y diligencia del Director es la siguiente carta (una de tantas) de su Jefe de E. M. y amigo de confianza plena, coronel Indalecio Chenaut, escrita antes de llegar a Villanueva el Oficio del Congreso y antes de producirse diferencias entre el Cuerpo legislativo y el Ejecutivo:
“Villanueva, Marzo 27 de 1846.
“Sr. coronel Dionisio Ferreira ... es preciso no arredrarse, sometiéndonos a las medidas salvadoras y a las sabias disposiciones de la Representación de la provincia, única voz que penetrará en nuetros pechos.
“A los verdaderos patriotas corresponde abroquelarse y estar en guardia y hacer que desaparezca toda influencia del bárbaro que trata de oprimirnos. Unámosnos como hombres de corazón para dar vida a esta provincia tan querida: oigamos el eco del Congreso; ayudémoslo con nuestros esfuerzos ... Como amigo de Vd. me he creído autorizado para hacerle estos recuerdos...”.
¿Cómo supo el J. de E. M. del Ejército Aliado lo que tenía de suceder? El coronel Chenaut, adelantándose a los sucesos, demostró que estaba en el secreto que los produciría.
El general Abalos y su segundo Jefe, el coronel Manuel Ocampos, no esperaron llegar a la capital y ponerse a las órdenes del Congreso para defenderlo; reflejado en ellos el celo patriótico del Director de la Guerra, también se adelantaron a los hechos.
El Comandante Militar de San Roque, coronel Dionisio Ferreyra, instruyó al Gobierno, en Oficio del 2 de Abril de 1846, de la conducta que observaron con él, al pasar, en los términos sguientes:
“El 31 del próximo pasado llegaron a ésta el general Abalos y el coronel Ocampos con la fuerza que conducen a ésa, sorprendiéndome con sus informes y exigiéndome sometimiento al Congreso.
“Yo le contesté que estaba ignorante de todo y que mi deber era sostener la autoridad y las leyes de la provincia. Hicieron poner al arma un escuadrón, como para intimidarme, pero me mantuve firme. Nos hallábamos en éso cuando llegó un soldado de Saladas con las comunicaciones de V. E., de fecha 27.
“Ocampos me obligó a entregárselas y las despachó in continenti al general Paz. Después trataron de llevarme la poca gente que tenía y las armas, diciéndome que desconfiaban de mí.
“Yo entonces me dirigí al general Abalos y le supliqué no me quitase aquella gente, que necesitaba para guardar al pueblo y conseguí reducirlo y me hizo varias advertencias, mostrándome yo advenirme a todo”.
(19) A última hora del día 30 de Marzo de 1846, el general paraguayo Francisco Solano López, escribía el siguiente Oficio dirigido a su padre y presidente:
“Villanueva, Marzo 30 de 1846.
“En este momento vengo de suplicar al Director porque detenga un momento el correo para comunicar a V. E. un asunto del servicio que demanda un pronto reparo.
“Es el caso que la Sala de Representantes de la provincia de Corrientes ha resuelto quitar del mando del Gobierno al coronel mayor don Joaquín Madariaga. Sé que éste se ha preparado a batir con fuerza a los Representantes y éstos para contrarrestar a la expresada fuerza han pedido otra al Director de la Guerra, quien manda marchar en este mismo momento como setecientos hombres al mando del general Abalos.
“El expresado Director está muy contento de ver el resultado de sus trabajos, como dicen, pero creo que en el Ejército tendremos una borrasca por los adictos del expresado ex gobernador.
“Así es que yo voy a ponerme en guardia por lo que pueda suceder, aunque los de uno y otro partido cuentan conmigo, porque nunca yo me les he declarado ni en favor ni en contra de ninguno de ellos.
“Dios quiera que me equivoque...”. (Original, en el Archivo de Asunción, volumen 21, Nro. 10 - copia de 1880).
Alentado el Congreso con la noticia de la marcha de las fuerzas y en la creencia de la proximidad de ellas, sancionó que “la exigencia del Poder Ejecutivo era irregular e inoportuna”, negándose, en consecuencia, a convocar al pueblo para ninguna elección.
Dicha actitud respondía al propósito de destituir al gobernador en el caso esperado de su insistencia, por alzamiento contra el Congreso, de acuerdo con la resolución secreta del 27 de Marzo de 1846 y a fin de precipitarle al hecho, el vicepresidente del Cuerpo, en ejercicio, terminaba una de sus comunicaciones al Poder Ejecutivo, en la siguiente forma:
“Su integridad sabrá valorar la enérgica honradez con que los Señores Representantes sostienen el derecho inalienable de la H. S. P. y desistirá de su exigencia, dejando al H. C. G. en el libre ejercicio de sus augustas funciones”(20).
(20) Dos fueron los Oficios dirigidos al P. E. por el vicepresidente del Congreso, José V. de Cossio, ambos fechados el 1 de Abril de 1846: en el primero, sostenía la “legitimidad” del Congreso, el derecho exclusivo de la Sala Permanente para convocar a elecciones, la “inoportunidad” de éstas y la falta de atribuciones en el P. E. para lo que reclamaba; en el segundo, defendía la corrección de los procedimientos del Congreso. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 205. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
El Poder Ejecutivo -en decreto fundado, del 2 de Abril de 1846- declaró “disuelta la actual Legislatura” y convocó a elecciones según las disposiciones constitucionales(21).
(21) “Patria - Libertad - Constitución.
“El Gobierno de la provincia, considerando:
“1ro.- Que la actual Legislatura debía ya de haber sido renovada, por haber expirado el término de su duración constitucional;
“2do.- Que los fundamentos transitorios porque fue sancionada su prorrogación el 27 de Noviembre próximo pasado, se han atenuado los unos, hallándose hoy licenciada y restituida a sus hogares la mayor parte de las milicias que estaban acampadas en aquella fecha y en aptitud de ejercer ampliamente sus derechos políticos los dignos ciudadanos que los han sostenido con las armas contra el fiero invasor que vino a arrebatarlos; y desvirtuándose los otros por haber sobrevenido graves y especialísimos motivos que reclaman urgentemente la renovación del Cuerpo legislativo;
“3ro.- Que la actual Legislatura ha denegado la convocatoria solicitada con instancia por el Gobierno como medida suprema de salud, pues aquélla ha incurrido escandalosamente en la violación de su sagrada misión, convirtiéndose en agente de desorden;
“4to.- Que en un caso tan insólito como afligente no queda al Gobierno otra vía honesta y legal por donde atacar e1 desquicio, poner a cubierto el orden público y con él la causa nacional, que el pueblo de Corrientes ha sostenido y continuará sosteniendo a despecho de todos los obstáculos que aglomeren en su gloriosa carrera la malicia de los enemigos y los descarríos de los propios, sino apelar al juicio y suprema voluntad de la provincia, constitucionalmente representada:
“En Acuerdo de este día, ha decretado lo siguiente:
“Art. 1ro.- Queda disuelta la actual Legislatura.
“Art. 2do.- El día 19 del corriente, en todos los pueblos, cabeza de Departamentos, se practicarán en la forma acostumbrada, elecciones de Diputados para la nona Legislatura, que deberá investir carácter de constituyente, con sujeción a lo dispuesto en el artículo 2do. de la ley del 27 de Noviembre del año próximo pasado.
“Art. 3ro.- Los electos se presentarán en la capital a la mayor brevedad, a efecto de calificar mutuamente sus respectivos poderes en la forma que acordaren, arreglándose en lo demás a lo que dispone la Carta Constitucional.
“Art. 4to.- Verificada que sea la calificación de los poderes, se reunirán en sesión preparatoria para el nombramiento de presidente, vicepresidente y secretarios y acordar sobre lo demás que convenga a la instalación de la nona Legislatura.
“Art. 5to.- El 6 de Mayo tendrá ésta lugar, con las solemnidades de costumbre.
“Art 6to.- El Gobierno instruirá inmediatamente al Congreso de los poderosos motivos que le han forzado a esta resolución, sometiéndole todas sus referencias.
“Art. 7mo.- El presente decreto se publicará por Bando en la capital y en todas las cabeza de Departamento y se impartirán las órdenes convenientes para que tenga su puntual cumplimiento.
“Corrientes, Abril 2 de 1846. Joaquín Madariaga. Gregorio Valdés”.
Sin pérdida de tiempo, el gobernador delegó el mando en Juan Baltazar Acosta y salió al encuentro del general Abalos con fuerzas de policía y milicias de las cercanías de la capital, apuradamente reunidas.
- Disolución del Ejercito
Desastrosos resultados producía al mismo tiempo en el Ejército el plan de la política reaccionaria. La disciplina no dominó las afecciones de las tropas argentinas, contrarias en su casi totalidad a los propósitos del Director.
El mismo día que el general Abalos partió al desempeño de su comisión, varios jefes abandonaron el campamento Villanueva, con sus Cuerpos, para correr en protección del gobernador amenazado; otros los siguieron presto, solos o con grupos; después, ya fue el desorden completo e incontenible.
Los soldados salían solos, a pie, cada uno por su lado, llevando únicamente su arma y freno, en procura de caballos y, conforme los tomaban, se agrupaban y marchaban precipitadamente hacia la capital(22).
(22) En carta datada el 4 de Marzo de 1846, el gobernador Madariaga decía al ministro Valdés, refiriéndose a los trabajos anárquicos de sus opositores: “Están equivocados y yo no me equivoco; aún no he perdido con mis paisanos y quizás hoy lo considero más seguros con los que han visto en esta campaña”. La actitud del Ejército justificó que estaba en la verdad y también comprobó la sospecha manifestada por el general Francisco Solano López, en su Oficio del 30 de Marzo de 1846. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Las únicas fuerzas que permanecieron quietas fueron el escuadrón Escolta, el piquete Entrerriano y el escuadrón Santafesino. Las tropas paraguayas vieron impasibles el suceso. Ninguna medida tomó el Director de la Guerra para contener la dispersión pero, al siguiente día de ella, 2 de Abril de 1846, levantó los restos del Ejército destruido por la política y caminó en dirección al norte, hasta Caá Guazú, donde acampó en espera de los sucesos de la capital, cuyo éxito creía seguro.
Igual fin que el Ejército tuvo la división del general Abalos: el gobernador ordenó a dicho jefe que detuviese su marcha y diese cuenta de su objeto(23); dirigió Proclamas al pueblo y a las fuerzas expedicionarias(24); “requirió explicaciones categóricas” del Director(25); y salió para batir a aquél en caso de resistencia.
(23) “Al coronel Manuel Antonio Ocampos o a cualquier otro Jefe encargado de las fuerzas desprendidas del Ejército.
“Acaba de ser impuesto el Gobierno de que viene una fuerza del Ejército con dirección a esta ciudad y no teniendo conocimiento alguno del motivo de esta ocurrencia se ordena a V. E. que donde reciba ésta, haga alto y dé cuenta del objeto de su venida e intrucciones que traiga pues, de lo contrario, será V. E. irremisiblemente tratado como traidor a la patria.
“Dios guarde a V. E. muchos años. Corrientes, Abril 1 de 1846. Joaquín Madariaga”.
(24) - “¡Habitantes de la Capital!:
“Nada temáis de las maniobras con que han perturbado la tranquilidad hombres sin patriotismo; no son bastantes para conmover el orden público, que descansa en firmes bases.
“Bajo su sombra nadie tema la menor agresión. El Gobierno, que proclama altamente la causa de la libertad, trabaja incesantemente para merecer la confianza y la aprobación general. ¡Viva la Patria!
“Corrientes, Abril 3 de 1846. Joaquín Madariaga”.
- “El Gobernador y Capitán General de la provincia:
“A los soldados del Ejército Libertador:
“¡Soldados! Os traen engañados. Os arrancan del puesto en donde os destinó lo provincia para garantizar su seguridad y sostener la noble causa de la libertad y os conducen simuladamente a derrocar la autoridad constituida, a derribar del puesto en que le colocara la provincia a vuestro magistrado, a vuestro compañero de armas, que desde tantos años ha pertenecido a vosotros, que con vosotros arrojó de este suelo a los infames verdugos que los manchaban, replantando con él la gloriosa enseña, porque siempre hemos combatido y por la que jamás dejaremos de combatir.
“¡Sí compañeros! Quieren hacernos instrumento de esa obra de iniquidad, hombres a quienes abrimos nuestros hogares, a quienes acogimos en nuestros brazos, son los que ahora quieren maniatarnos para enseñorarse de ellos...
“Reconocedles ya; reconoced su pérfido engaño y venid al lado de vuestro compañero, para ayudarlo a preservar en el orden contra sus inicuas miras, a la vez que a sustentar la noble causa del pueblo correntino. ¡Viva la Patria!
“Campamento en marcha, Abril 4 de 1846. Joaquín Madariaga”.
(25) - “Cuartel General en marcha, Abril 4 de 1846.
“Al Exmo. Señor Director de la Guerra:
“El Gobierno está instruido de que una fuerza desprendida de ese Ejército se dirige hacia esta capital con objeto simulado, puesto que aquél no ha sido prevenido de cuál sea el que lo conduce.
“En este estado y después de haber sido tomadas medidas para prevenir la sorpresa, el gobernador que suscribe requiere a V. E., en los más formales términos, para que le dé una explicación categórica sobre el particular.
“Dios guarde a V. E. muchos años. Joaquín Madariaga”.
// Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Abalos contestó: “Debo seguir mis marchas, como lo hago, hasta dar el debido cumplimiento a mi comisión” pero, a la vez, remitió copia de la Orden que recibiera y las comunicaciones para el Gobierno de que era portador(26).
(26) “Campamento en marcha, Abril 3 de 1846.
“Al Exmo. Señor Gobernador de la provincia, Dn. Joaquín Madariaga:
“Por la Nota de V. E., fechada 1 del corriente, soy informado hallarse sin noticia de esta expedición que tengo el honor de mandar y verá también por el Oficio y una copia que remito a V. E. con esta fecha.
“Creo que el Señor Gobernador, desde el momento que se imponga de ellas, me hará honor y justicia y que debo seguir mis marchas, como lo hago, hasta dar el debido cumplimiento a dicha comisión, advirtiendo al Señor Gobernador que en ningún caso debo reputarme como traidor y siempre el pueblo libre correntino es testigo de mi verdadero patriotismo.
“Dios G. M. a V. E. - José D. Abalos”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
La división estaba, sin embargo, profundamente conmovida por la noticia de la disolución del Ejército y por emisarios secretos del gobernador(27).
(27) El 2 de Abril de 1846 conoció el general Abalos la disolución del Ejército por dos sargentos del regimiento Nro. 2, tomados por el escuadrón Yaguareté Corá, al mando del sargento mayor Reyes Ballejos. La noticia cundió en la división, produciendo en ella malestar anárquico. Abalos hizo Junta de Guerra en la costa del río Ambrosio y aunque algunos de los jefes opinaron que era prudente detener la marcha y consultar al Director, la mayoría resolvió continuar la expedición. Desde el río Ambrosio adelante, hombres viejos y mujeres, que no inspiraban sospechas pero que eran duchos agentes del gobernador, se dieron maña para predisponer a la tropa contra de los propósitos de Abalos. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
En las inmediaciones del río Empedrado se sublevó la tropa al grito de ¡Viva el gobernador!, durante las primeras horas de la noche del 4 de Abril de 1846, sin que el valor probado de Abalos y Ocampos lograra dominarla(28). Mientras ambos jefes fugaban con algunos hombres, aquella se incorporó a Madariaga, acampado en la costa del Riachuelo.
(28) Iniciaron el movimiento el Sargento Mayor Felipe R. Albarenga y el alférez Aniceto Monzón, ambos caacatianos. Hubo lucha, en la que algunos murieron, porque Abalos y Ocampos intentaron sofocar la sublevación. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
Dos días después del último suceso, el 6 de Abril de 1846 por la tarde, el general Paz abandonó su campamento en Caá Guazú con una comitiva de 300 hombres, entre jefes, oficiales y soldados de los escuadrones de emigrados, todos bien montados y equipados(29).
(29) - “El Comandante Militar de San Roque.
“Al Exmo. Señor Gobernador de la provincia, etc., etc. Abril 7 de 1846:
“Son las 41/2 de la tarde, hora en que llega a ésta el capitán Celestino Sánchez, por cuyo conducto me participa el Sargento Mayor Solano González, comandante del parque, que ayer a la tarde salió en marcha el general Paz, llevando a todos los jefes de su comitiva, el escuadrón Entrerriano y algunos santafesinos, habiendo antes repartido de la comisaría a los de su comitiva, vestuarios y demás que pudieron alzar y arreando las mejores caballadas.
“El comandante Rodríguez y el expresado mayor vienen trayendo la artillería y demás útiles. Mañana haré marchar una partida hasta Caá Guazú con el objeto de cuidar allí todo lo que ha quedado ...
“Dios guarde a V. E. muchos años. Dionisio Ferreyra”.
- “Comandancia de Saladas, Abril 8 de 1946. Exmo. Sr. Gobernador:
“En este momento acaba de llegar el capitán de la maestranza, Celestino Sánchez, mandado por el Sargento Mayor Solano González, con el Parte verbal que en la tarde del 6 ha fugado el general Paz del campamento de Caá Guazú, con los entrerrianos y santafesinos, llevándose toda la mulada y la mejor caballada; igualmente haber dispuesto de todo el paño de la comisaría y demás útiles.
“El Sargento Mayor González sigue conduciendo el parque, comisaría y cañones, habiendo quedado todo esto abandonado. También dice que el comandante Rodríguez lo viene custodiando. Los paraguayos se hallan pasando el Batel.
“Dios guarde a V. E. muchos años. Juan Bautista Bargas”.
El gobernador delegado había suspendídole del mando del Ejército de la provincia hasta satisfacer en juicio competente los cargos que pesaban sobre él(30). Este hecho y el fracaso de Abalos precipitaron la fuga.
(30) “Estando oficialmente comprobado que el Director de la Guerra ha despachado una fuerza del primer Cuerpo del Ejército Aliado, que la provincia le confió únicamente para abatir la tiranía y libertar la República, a derrocar la autoridad constitucional y subvertir el orden público, exponiendo así a inminente peligro la misma causa nacional que le fuera fiada:
“El Gobierno delegado ha acordado y Decreta:
“Artículo 1ro.- Queda suspendido del mando del Ejército de la provincia el Director de la Guerra, hasta que satisfaga en juicio competente los cargos que pesan sobre él;
“Artículo 2do.- Declárase a la provincia en estado de Asamblea, quedando el primer Cuerpo del Ejército y todas sus fuerzas a las inmediatas órdenes del Exmo. Señor Gobernador y Capitán General;
“Artículo 3ro.- En tanto dure este estado y hasta nueva resolución, suspéndense las elecciones de Diputados ordenadas en el artículo 2do. del decreto 2 del corriente mes;
“Artículo 4to.- El que contraviniere a las disposiciones del presente será juzgado militarmente como traidor a la causa nacional y como perturbador del orden público;
“Artículo 5to.- Esta resolución será inmediatamente comunicada -en la parte que le corresponde- al aliado de la provincia, el Supremo Presidente del Paraguay, transmitiéndole los documentos que obran a este respecto en poder del Gobierno;
“Artículo 6to.- Será asimismo notificada al Director, transcripta al Exmo. Señor General del 2do. Cuerpo del Ejército Aliado y circulada a los Departamentos, publicándose por Bando en la capital.
“Corrientes, Abril 4 de 1846. Juan Baltazar Acosta. Gregorio Valdés”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
El general Paz tomó rumbo hacia Yaguareté Corá; antes de llegar al pueblo de ese nombre, le abandonaron los santafesinos(31); cruzó el Departamento San Miguel y pasó el 15 de Abril de 1846 al territorio paraguayo, frente a la “Trinchera”, casi solo(32), sin haber explicado su conducta al aliado ni a la provincia(33).
(31) “Al día siguiente de marcha pasó el coronel Cardozo a la división de Hornos y por la noche dio parte Hornos que la división santafesina se había fugado con su coronel a la cabeza” (general E. Frías. “Recuerdos de la Vida de Campamento”, M. S.) Lo que el general Frías denomina “divisiones”, eran simples escuadrones.
(32) “Llegamos a la Tranquera de Loreto. Al siguiente día mandó un ‘chasqui’ el general al Comandante de Itapuá, adjuntándole una comunicación para el presidente del Paraguay. Marchamos a los dos días y acampamos a la orilla de la ‘Trinchera’ a esperar la contestación del presidente. Recibida ésta, ordenó el general que regresasen la escolta, los jefes y oficiales que quisieran y que se presentasen al Gobierno, que estaba seguro que los recibiría bien. El coronel Hornos -con sus entrerrianos y demás jefes y oficiales- se dirigieron al Brasil y el general, el coronel Chenaut, comandante Gainza, comandante Figueroa, capitán Martín Gainza y el coronel Frías pasaron a Itapuá, donde les hizo presente el general Paz que no podía llevar a todos a Asunción porque el presidente le recomendaba que fuese con la menor comitiva posible, así es que sólo llevó a su secretario, su ayudante, al comandante Figueroa y a su asistente” (general E. Frías. “Recuerdos...”, etc., ya citados). Uno de los acompañantes del general Paz, el coronel Felipe López, escribió al gobernador desde “Trinchera”, con fecha 17 lo siguiente:
“Antes de ayer pasó el general Paz con su comitiva. El coronel Hornos, con 115 hombres de tropa y algunos oficiales y jefes (Abalos y Ocampos), marcharon ayer para San Javier. El coronel Cesáreo Montenegro y yo son los únicos que han quedado aquí.
“Yo no puedo regresar, como es mi deseo, porque toda la mejor caballada la pasaron hoy por Candelaria, dejando los que absolutamente no pueden andar y como se les han escapado todos los individuos de tropa que llevaban como asistentes y empleados en las caballadas, quiero reunirlos para llevarlos; y si V. E. juzga conveniente autorizarme para que los paraguayos me entreguen todos los caballos y mulas que han quedado a su cargo, puede hacerlo, que yo recogeré tanto los hombres como los animales.
“Creo conveniente que V. E. me diga algo respecto al coronel Montenegro, para que regrese; este viejo patriota ha sido mal aconsejado y fascinado con la idea que hicieron valer el general Paz y sus aconsejadores.
“Por mi parte no ha sido ese engaño el que me indujo a acompañar al general Paz; fue un compromiso que contraje para verlo separado del Ejército y de Corrientes. ¡Así he sido tratado por el general Paz y por su infame Chenaut!
“Pero yo estoy tranquilo, porque he cumplido como militar y como hombre de honor”.
El gobernador recibió con cariño a los coroneles López y Montenegro.
(33) “El general Paz se abstuvo de escribir una palabra en sus ‘Memorias Póstumas’ sobre el desastre que produjo la política a cuyo servicio puso el Directorio de la Guerra; en cambio, no olvidó detalles, no respetó asunto privado de guardar, usó y abusó de la verdad, agotó su ingenio para ridiculizar debilidades o burlarse de desgracias respetables, para escarnecer y fulminar los hechos y las personas de los Madariaga y de cuántos coadyuvaron a la acción patriótica de ellos en el Gobierno y en la guerra. Es muy sugestivo el silencio del general Paz y ello mediante se explica su constante como injusta crueldad consciente, que muchos atribuyen a la austeridad de un carácter inflexible cuando, en verdad, ha sido producto de implacable rencor”. // Todo citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
“El gran lustre del nombre del general Paz le sirvió de escudo fuera de la provincia en la opinión de los mal informados y de los parciales apasionados, que atribuyeron a Madariaga la responsabilidad principal de aquella gravísima crisis; pero en el teatro de los hechos, allí donde la conducta y los actos del hombre y del político extraviado comprometieron la respetable personalidad del guerrero ilustre, el juicio público condenó al general Paz y la voluntad decidida del pueblo sostuvo con vigor a Madariaga”(34), señala Mantilla al hablar sobre el tema.
(34) Desde los primeros días de Enero de 1846 hasta mediados del mismo año, permanecieron en las aguas del río Paraná -de jurisdicción correntina- fuerzas navales de la intervención anglo-francesa, al mando de los capitanes de navío Carlos Hotham y T. Fréhoüart, que procedían de consuno como agentes de la intervención ante los Gobiernos de Corrientes y del Paraguay. El capitán Hotham, de la Marina de S. M. B., era el de más antigüedad. Después de los acontecimientos de Abril, el gobernador Madariaga instruyó a los mencionados jefes sobre los sucesos y les reiteró sus propósitos políticos. Ambos contestaron por separado, iguales, en los términos siguientes:
“He recibido la carta que V. E. me ha hecho el honor de dirigir con fecha 6 de Abril y en la que me anuncia que una crisis política ha tenido lugar en la provincia de Corrientes la cual, sin comprometer la gran causa nacional que defiende el país, han producido solamente un cambio de personas.
“El general Paz ha cesado en el Comando del Ejército y S. E. se ha puesto a la cabeza de él. De acuerdo con mi colega, el capitán Fréhoüart, comandante de las fuerzas navales de S. M., el rey de los franceses en las aguas del Paraná, fui de opinión que debía en el acto informarse de todo lo ocurrido a los señores ministros mediadores y a los almirantes, a cuyo efecto fue despachado en el acto un buque de guerra con las noticias indicadas.
“Estoy lejos de tener la pretensión de dar mi opinión sobre los sucesos de un carácter tan delicado pero, no obstante, creo fundadamente que el ministro de S. M. B. mirará con placer la determinación de perservar en el sistema de política que tiene por objeto asegurar la libre navegación del Paraná para el comercio del mundo. Tengo el honor de ser de S. E. atento y obsecuente servidor.
“Carlos Hotham. Capitán de Navío - Bergantín de guerra de S. M. B. “Dolphin” frente a Esquina, 27 de Abril de 1846”.
No obstante esta respuesta oficial, el capitán de navío Hotham escribió una carta privada a su amigo Mariano Daniel Billinghurst, y en ella decía:
“No puedo expresar a Vd. cuánto he sentido la situación lastimosa de Corrientes. No hay trabajo, por grande que fuese, que no superaría si pudiera persuadirme que, interponiéndome, produciría un bien para esta benemérita provincia y la causa.
“Pero la fría reflexión me confirma en la idea que antes de ahora he expresado a Vd. que nosotros, los extranjeros, es mejor que no nos mezclemos en disensiones de hermanos. Para dar consejo es preciso que uno esté enterado de todos los pormenores y ninguno conoce mejor que Vd. cuán improbable es que yo pueda conseguir el objeto deseado.
“Autorizo a Vd. para que diga de mi parte al señor Madariaga todo lo que sea afectuoso. Puede Vd. también decirle que -según la opinión general- yo no veo que él hubiese podido obrar de otro modo que del que ha obrado en la emergencia en que se vio y puede Vd. asegurarle de nuestra perfecta neutralidad con respecto a las personas.
“Somos amantes de la causa; sentimos no poder decir otro tanto de los actores”. // Citado por Manuel Florencio Mantilla. “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XI: “Guerra contra la tiranía de Rosas. (1843-1845)”, parágrafo 206. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.
- Resultados prácticos para la normalidad administrativa
El año de 1846 y el primer semestre de 1847 fueron de resultados prácticos para la normalidad administrativa y económica de la provincia.
Resuelto el incidente legislativo, que motivara el prestigio del general José María Paz y la intriga unitaria, con el destierro de los legisladores complicados, se afianzó el régimen político con la elección de un nuevo Congreso General y con la afirmación en el Gobierno de la provincia del general Joaquín Madariaga.
La preocupación de los negocios públicos empieza y es así cómo se afianzan las relaciones con el Paraguay y con el Estado de Río Grande del Brasil(35), normalizándose la deuda de ambos, ya como suministros al Ejército de la República vecina o como indemnizaciones del último por los perjuicios ocasionados por las invasiones brasileñas de 1844 a los habitantes de Santo Tomé.
(35) Mensaje del general Madariaga al Congreso. Registro Oficial de la Provincia de Corrientes. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
Provéese, asimismo, por el Poder Ejecutivo, a las necesidades más premiosas:
* en medio de la desvinculación de la Iglesia correntina de la época, consecuencia del rompimiento con el Gobierno de Buenos Aires, se habilita de párrocos a vecindarios abandonados, como los de San Roque, Saladas y Paiubre;
* se atiende a la refacción de la Iglesia Matriz de la capital;
* se provee de templo a Paso de los Libres;
* se asean las calles y los mercados de Corrientes;
* se reglamenta el alumbrado público;
* se funda la Casa de Misericordia, asilo de la humanidad doliente;
* se efectúan obras en el muelle y diques de piedra en el puerto de la capital; canalizaciones en el de Goya;
* se atiende la Instrucción Primaria, haciéndose inspeccionar los establecimientos de la campaña y los de la capital(36);
(36) Comisión nombrada el 7 de Enero de 1847, compuesta de Domingo Latorre, Ramón Galarza y José M. Balbastro. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
* se obliga y habilita la vacunación del pueblo;
* se asegura el tránsito por los caminos, proveyéndose de mejores recursos a las postas y correos;
* se refaccionan edificios públicos en los Departamentos; etc.
Todo esto y mucho más podía hacer el Gobierno. A la ley del 2 de Julio de 1846 -que había permitido la entrada de los elementos revoltosos de ese año- siguió el decreto del 17 de Diciembre que derogó el del 6 del mismo mes de 1843 y los hombres que vivían en el destierro, que durante años habían restado sus desvelos a la sociabilidad de la provincia, retornaron a confundirse en la obra común al amparo de las negociaciones de Alcaraz.
Urquiza fue el instrumento providencial para esa reunión de la familia correntina. Bajo las inspiraciones de su espíritu, que tal vez ensayaba su fórmula patriótica de “no existen vencedores ni vencidos”(37), los emigrados concurrían de Entre Ríos, del Brasil y del Paraguay y entre ellos, con las armas aún candentes del combate y a secundar a las autoridades constituidas, vino hasta la división correntina del Ejército de Urquiza, que en Enero de 1847 se confundía a las fuerzas en Villanueva.
(37) Después del triunfo sobre Oribe. Véase: “Urquiza y Mitre”, por Julio Victorica. Reivindica para Urquiza lo que el comentario ignorante adjudicara a Mitre. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
La reparación de la paz fue fecunda. El Fisco recaudaba como 140.000 pesos por trimestre, servía las necesidades públicas y amortizaba la deuda. El comercio, paralizado por las presas fluviales, vivificaba las fuentes de la riqueza y satisfacía la demanda de artículos manufacturados.
A fines de 1846, el primer convoy de buques comerciales llegaba a Corrientes, llenaba las arcas del Estado y extraía fuertes(38) cantidades de frutos estancados por largo tiempo en la plaza.
(38) Mensaje de Madariaga, Mayo de 1847. Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, p. 18. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
Hasta el tambor del campamento había silenciado su redoble. Dominado en San Roque el motín que cuatro sargentos organizaron el 11 de Diciembre de 1846 en Villanueva, para municionarse y huir, el Poder Ejecutivo había disuelto, el 3 de Abril de 1847, el Ejército de la provincia.
Trasladado el parque a la capital, donde quedó en custodia, la milicia, en número de seis mil hombres, había vuelto a sus hogares. Organizada, en lo posible, por Departamentos, era congregada temporariamente para ejercicios y custodia de la frontera pero podía ocuparse de la gestión de sus intereses en el pastoreo y en la agricultura, estimulados los habitantes por los precios elevados en la continuidad de la demanda.
El mismo gobernador recorría la provincia. El 17 de Marzo de 1847, por ejemplo, delegaba el Gobierno en su ministro Gregorio Valdés, para reasumirlo el 3 de Abril(39).
(39) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, p. 8. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
Luego, preocupándose de la Administración de Justicia proponía(40) un Reglamento que la regularizase y el 17 de Junio de 1847(41) promulgaba una Ley de Jubilaciones y Pensiones civiles y militares, declarándolas a cargo del Estado y apenas, en cuanto a las primeras, con una antigüedad de diez años...
(40) 4 de Junio de 1847. Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, p. 26.
(41) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1847, p. 27. // Todo citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
Todo este panorama de felicidad era precario. Conclusas las negociaciones abiertas sobre las enmiendas de Rosas a los Tratados de Alcaraz, el gobernador Madariaga se dirige al pueblo, en Manifiesto, el 28 de Julio de 1847, expresándole que, a pesar de sus esfuerzos para conservar la paz, la guerra se encendía(42).
(42) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, p. 30. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
Llamaba a la defensa, expresando que “el Gobierno de Entre Ríos, arrastrado por un fatal deber, no aprecia cuánto vale la amistad del pueblo correntino”. El mismo general Madariaga reconocía la fatalidad de la tragedia que ensombrecía el horizonte.
La Proclama del 28 de Julio de 1847 ya la dirigía el gobernador Madariaga desde el Cuartel General que estableciera en el Oratorio de Rolón, Departamento San Roque y previa delegación del mando en su ministro Valdés. El mismo día, precipitando la defensa(43), ordena la inmediata reunión del Ejército, nombra jefe del Estado Mayor al general Juan Madariaga; secretario en campaña a Federico de la Barra; y el 30 de Julio de 1847 congregaba a todos los jefes y oficiales de la provincia no comprendidos en la fuerza enrolada para destinarlos a dónde correspondiese.
(43) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1847, p. 31. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
El 6 de Agosto de 1847(44) -desde Corrientes y para habilitar de fondos- se ordenaba por Valdés una revocación del papel moneda, procedimiento que velaba una edición clandestina.
(44) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1847, p. 33. La renovación, mientras no se pudiere hacer en forma general, se ordenaba para el repuesto de la moneda inutilizada. Una fórmula de legitimar la circulación sin control del papel moneda necesario. Hubo abusos estupendos. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
El papel moneda fue instrumento de lucha y de Gobierno y no es de extrañar que a él se recurriese en vez de apelar a los empréstitos patrióticos y casi forzosos de épocas no muy anteriores.
El mismo delegado, el 6 de Noviembre de 1847, dictaba un decreto draconiano sobre penas a los que ayudasen moral o materialmente tanto al Ejército de Urquiza -que se ponía en movimiento- como a elementos rosistas que habían levantado la bandera de la rebelión(45).
(45) Penas de muerte casi en todos los casos. Sancionaba la delación como obligatoria. Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1847, p. 35. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
El 30 de Octubre de 1847, por su parte, el general Madariaga, desde el Oratorio de Rolón, hacía públicos los Tratados de Alcaraz, sus antecedentes, y explicaba las causas de la situación de la provincia(46).
(46) Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, año 1847, p. 37. // Citado por Hernán Félix Gómez. “Vida Pública del Dr. Juan Pujol (Historia de la provincia de Corrientes de Marzo 1843 a Diciembre 1859)” (1920). Ed. por J. Lajouane & Cia.
El documento de referencia merece un breve comentario, y lo merece, porque no es un documento sincero en sus argumentos y hábil en la presentación de las causales de la crisis.
Cuando los mandatarios se dirigen al pueblo, la política más sana es la de la verdad, encarnada en la línea recta. Toda desviación, todo empeño para encubrir concesiones que se pensaran hacer y se dice hicieron, para luego protestar contra las mismas, arguyendo el derecho del pueblo, es un procedimiento equivocado. Confunde el criterio de la masa y despoja a la palabra oficial de la fuerza de los conceptos terminantes y definitivos.
El gobernador Madariaga no estuvo hábil:
* exaltó los beneficios de la paz para legitimar el negociado con Urquiza, de los Tratados de Alcaraz y de la enmienda Rosas;
* ponderó la sinceridad del general Urquiza al concluir los primeros, fundado en la participación de los mismos a todos los Gobiernos provinciales;
* a renglón seguido, le imputó debilidad, al amoldarse a las órdenes de Rosas, así como el renunciamiento de la soberanía de Entre Ríos, como Estado igual en valor político al de Buenos Aires;
* declara no querer oscurecer los sentimientos elevados que inspiraron al Gobierno entrerriano y deplora su falta de energía y la facilidad con que cede la gloria del elevado puesto de organizador de la República;
* hace público que Urquiza le había prometido hacer cumplir a Rosas el Pacto Federativo de 1831, y pondera su sumisión actual;
* confiesa haber aceptado, en términos generales, la enmienda Rosas a los Tratados de Alcaraz y que sus observaciones, impugnadas por el dictador, decidieron la ruptura, pero no dice cuáles fueron las observaciones realizadas... dice, como única excusa, que “el Gobierno de Corrientes no estaba en el caso de minar su férrea voluntad”, la de Rosas.
Agrega que una breve nota de Urquiza declaró de pronto rotas las relaciones, manifestando que “como General en Jefe del Ejército de Operaciones estaba dispuesto a cumplir fielmente con su deber” y confiesa haber retenido al negociador de Entre Ríos sin entregarle sus pasaportes y tentado el recurso de dirigirse a Rosas, explicándole “cuánto había ocurrido en el curso de la negociación”.
Termina el Manifiesto con un himno a la paz, en que vivían los correntinos de todos los partidos, de diecinueve meses, y a la prosperidad que circulaba por la provincia. Ponderaba el régimen que iría a sacrificar, pero no hablaba sino a la nota heroica de un pueblo, cansado de tanto sacrificio y vivificado por un comercio que -desde 1838- no había florecido en la circulación de la riqueza innumerable.
Urquiza, por su parte, hábil, haciendo gala de la generosidad de su conducta, a raíz de su victoria en Laguna Limpia, declaraba que no hacía la guerra al pueblo correntino sino a sus mandatarios intransigentes.
El pueblo, trabajado por el recuerdo de la retirada de Paz en 1845, por el elemento rosista incorporado a raíz de las leyes de amnistía y por los soldados de la división correntina que había tenido a sus órdenes Urquiza -que devolviera en Enero de 1847- no le fue indiferente.
La conciencia colectiva, derivando naturalmente al conjuro de estas circunstancias, preparaba la casi definitiva obra de Virasoro.
Hubo, sin embargo, en la conducta de Urquiza, la nota del ensañamiento. Es que los hombres no son plenamente perfectos en la imperfección relativa de la criatura humana y reaccionan fuertemente bajo la presión de la circunstancia perentoria. Fue el caso de Urquiza.
El gobernador Madariaga tomó dos resoluciones que lo ofendieron y que no tienen una explicación razonable: una de ellas significaba una sospecha de la lealtad de Urquiza y estaba calculada a despertar en Rosas una fuerte prevención contra el gobernador de Entre Ríos.
En efecto: a más de la correspondencia oficial entre Urquiza y Madariaga, existía otra de carácter confidencial. El gobernador Madariaga mandó a Rosas toda esa correspondencia, con Nota fechada el 22 de Junio de 1847 y, a la vez que cometía este notorio abuso, desde el momento que el fracaso de un negociado no legitima la demasía, imputaba el propio fracaso al general Urquiza.
Demás está decir que Rosas, que sabía leer entre líneas, en la desconfianza natural de su espíritu sólo podía rectificar sus sospechas sobre el proceder de Urquiza y devolverle la confianza absoluta, si su acción en Corrientes se vestía con todos los horrores de la represalia. Urquiza, inteligente, lo comprendió, y es por ello pasible de ensañamiento.
La otra resolución que ofendió a Urquiza fue el retardo en entregar los pasaportes a su comisionado, el coronel Galán, a pesar de haberlos exigido por Instrucciones de su Gobierno.
Indudablemente se pretendía hacer tiempo para la organización del Ejército licenciado y esperar el resultado de la intriga urdida al enviar a Rosas las comunicaciones confidenciales de Urquiza. Fue así que recién el 6 de Julio de 1847 comunicó el Gobierno de Corrientes a Urquiza que daba sus pasaportes a Galán y ponía a sus órdenes un lanchón para que regresara.
Agréguese a ésto que Rosas contestó al gobernador Madariaga, expresándole que era con Urquiza que debía entenderse, ínter, remitía a éste -para agraviarlo- la correspondencia del gobernante correntino y se tendrá explicado el encono del general Urquiza.
Su ultimátum al gobernador Madariaga fue del 13 de Septiembre de 1847, en que lo compelía a aceptar, sin modificaciones, la enmienda Rosas a los Tratados de Alcaraz. Madariaga, el 20 de Octubre de 1847, y ya al frente del Ejército reunido en el Oratorio de Rolón, rechazaba la exigencia y se extendía en consideraciones de cargo para el régimen rosista. Mencionaba a Pago Largo, sin pensar que estimulaba el encono y preparaba los crespones que debía vestir la patria.