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Timestamp: 2020-08-05 05:03:56
Document Index: 218240747

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DERECHO DE FAMILIA: ¿Qué han dicho nuestros tribunales respecto al divorcio sanción o por falta imputable? – La Ley al Día
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DERECHO DE FAMILIA: ¿Qué han dicho nuestros tribunales respecto al divorcio sanción o por falta imputable?
Divorcio y compensación económica. Incumplimiento de los requisitos de procedencia del divorcio sanción o por falta imputable. Improcedencia de compensación económica si solicitante no es la parte más débil de la concluida relación matrimonial, ni se encuentra en un estado de desigualdad o disparidad patrimonial.
Cita Online: CL/JUR/22267/2020
Demandada y demandante reconvencional interpone recurso de casación en el fondo contra la sentencia de la Corte de Apelaciones, que confirmó el fallo de primer grado que acogió la demanda de divorcio unilateral por cese efectivo de la convivencia y, rechazándose la de divorcio por culpa y la reconvencional de compensación económica. La Corte Suprema rechaza el recurso de casación en el fondo deducido.
Cuarto: Que, en esas condiciones, se debe concluir que no se conculcó lo que dispone el artículo 54 de la Ley N° 19.947, puesto que el divorcio que la doctrina denomina como «sanción» o «por falta imputable» exige como presupuestos para su declaración, en primer lugar, la existencia de una falta imputable a un cónyuge, también que el que demanda sea inocente en la falta que se invoca como motivo del divorcio; y, finalmente, que la infracción grave que se acusa a los deberes y obligaciones del matrimonio debe ser de tal entidad, que torne intolerable la vida en común de las partes.
Pues bien, al haberse establecido que la vida en común cesó en el mes de abril de 2015, ocasión en la que el demandante principal y demandado reconvencional hizo abandono del hogar común, terminando la convivencia en ese momento, los supuestos que sustentan la pretensión de la recurrente no pueden ser considerados al producirse los actos de violencia intrafamiliar en octubre de ese año y el inicio de la nueva relación a finales del mismo, esto es, ambos acontecidos una vez que la vida en común ya había terminado.
Quinto: Que, de otra parte, tampoco puede considerarse vulnerado el artículo 61 de la Ley de Matrimonio Civil, de la que fluye como requisito esencial para la procedencia de la compensación económica la existencia de menoscabo en el cónyuge que la solicita, constituyendo el presupuesto de la acción. Si bien la ley no define dicho concepto, la interpretación armónica de los artículos de la Ley N° 19.947 que reglamentan la institución, permite concluir que se trata del efecto patrimonial que se produce en el cónyuge que no pudo trabajar o lo hizo en menor medida de lo que podía y quería. El menoscabo aparece como la carencia de medios del cónyuge beneficiario para enfrentar su vida separada y futura, dada por la disparidad económica de los cónyuges, porque durante la vigencia del matrimonio uno de ellos se privó de realizar una actividad lucrativa o remunerada o lo hizo en menor medida de lo que podía y quería, por privilegiar el cuidado del hogar y/o de los hijos, quedando en un plano de desigualdad respecto del otro que no se vio afectado en este aspecto. Así puede entenderse que este elemento dice relación con un empeoramiento de la situación que durante el matrimonio tenía el cónyuge afectado, de allí entonces que la reparación que se impone por la ley busca corregir el desequilibrio o disparidad entre las partes a fin de que puedan enfrentar la situación futura e individual de cada uno de ellos, protegiéndose de esta manera al que ha tenido la condición de más débil. Este detrimento se torna relevante al terminar el matrimonio, con la declaración de nulidad o de divorcio, pues, con ello, finalizan una serie de obligaciones y deberes que compensaban de alguna manera este desequilibrio durante la vigencia del mismo.
De esta forma es un hecho establecido que la cónyuge, no obstante no haber realizado labores remunerados durante todo el matrimonio, se perfeccionó en técnicas de biomagnetismo, cuenta con la propiedad total de al menos una de las sociedades constituidas durante la vigencia del matrimonio, es dueña de una máquina adquirida por el cónyuge durante el vínculo, que es utilizada en la sociedad que le permite subsistir. Así, no obstante su dedicación al cuidado de su hija durante los primeros años de su vida, lo cierto es que pudo concluir un oficio y contar con apoyo material la sociedad y máquina para ejercerla, por lo que no se puede concluir que sea la parte más débil de la concluida relación matrimonial, ni que se encuentre en un estado de desigualdad o disparidad patrimonial o de posibilidades laborales en relación a su cónyuge y que haya que reestablecer para que pueda enfrentar su vida futura en forma separada, por lo que el menoscabo patrimonial no se ha configurado.
Divorcio culposo. Causal genérica de divorcio culposo del artículo 54 inciso 1º de la Ley de Matrimonio Civil. Enumeración no taxativa de conductas que configuran la causal de divorcio sanción. Adulterio no constituye la única forma de infracción del deber recíproco de fidelidad. Causal de divorcio sanción del artículo 54 inciso 2º requiere como presupuestos de hecho la gravedad, la intolerancia de la vida en común y la reiteración de la conducta.Insuficiencia probatoria para acreditar la transgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia y fidelidad.
Fecha Sentencia: 09/10/2019
Cita Online: CL/JUR/12106/2019
Un marido deduce demanda de divorcio culposo en contra de su cónyuge. El juzgado de familia, en primera instancia, acoge la demanda, pero la Corte de Apelaciones, revocando, decide rechazar la demanda, por estimar que la causal invocada no ha sido debidamente acreditada.
Segundo: Que el numeral 2° del referido inciso segundo señala como causal de divorcio: «Trasgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia, socorro y fidelidad propios del matrimonio. El abandono continuo o reiterado del hogar común, es una forma de trasgresión grave de los deberes del matrimonio» Es así como la referida disposición sanciona con el divorcio, la grave y reiterada infracción al deber recíproco de guardarse fe establecido en el artículo 131 del Código Civil.
Tal como lo refiere la sentencia, el adulterio en los términos definidos por el inciso segundo del citado artículo 132 no es la única causal de divorcio referida a la fidelidad matrimonial, como lo exigía la antigua Ley de Matrimonio Civil para el divorcio perpetuo en su artículo 21. Dicha conducta sin duda se comprende en la norma legal, pero también otros hechos de infidelidad conyugal de gran significación que importen un severo atentado al vínculo matrimonial.
Sobre el particular, el máximo tribunal ha indicado: «Que el incumplimiento del deber de fidelidad del otro cónyuge, como causal de divorcio, se configura con la acreditación de la concurrencia de situaciones que demuestren no sólo la ruptura del compromiso de lealtad sexual que implica el matrimonio, situación que coincide con la definición de adulterio que entrega el artículo 132 del Código Civil antes citado, que lo confina a la existencia de trato carnal de uno de los cónyuges con un tercero, sino también cualquier otro hecho que implique una relación que no guarde los límites de lo común o habitual con alguien ajeno al vínculo matrimonial, que dé cuenta de una proximidad sentimental impropia al deber matrimonial de guardarse fe entre los cónyuges. Tal perfil reúne indubitadamente la relación sentimental que la propia demandada reconoce mantener con un tercero desde fines de 2012, según se establece en el fallo recurrido.» (Corte Suprema Rol 1552 2016 sentencia de 15 de julio de 2016. El mismo criterio se había venido manifestando desde la sentencia de 12 de marzo de 2007 dictada en el Rol N° 5048 2006).
Cuarto: Que, en razón de lo anterior y atendida la gravedad de las causales descritas en el artículo 54 de la Ley de Matrimonio Civil y las perniciosas consecuencias para quien incurre en alguna de ellas, es necesario que para acogerlas y fundar en ellas la sentencia que declara el divorcio, deben encontrarse suficientemente acreditadas en el juicio respectivo.
Según lo refiere la sentencia de esta Corte Rol N 2.437 2007 de 26 de mayo de 2008 «su invocación por el cónyuge actor significa para el otro un menoscabo moral difícil de superar, que daña su autoestima y lo disminuye, como persona, en el entorno social».
También la Corte de Apelaciones de Valparaíso en fallo de 24 septiembre 2009, bajo el Rol 266 2009, sentenció que «la causal de divorcio culposo del artículo 54, inciso segundo, N° 2, de la LMC, consistente en la transgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia y fidelidad propios del matrimonio, exige para su configuración una intensidad tal que torne intolerable la convivencia conyugal, y, a la vez, lleve implícito un ataque al honor, reputación o dignidad del otro cónyuge «.
Quinto: Que, en consecuencia, para que esta causal prospere es necesario la concurrencia copulativa de los tres presupuestos de hecho: gravedad, intolerancia de la vida en común y reiteración de la conducta y es preciso que el contenido de la prueba satisfaga cada uno de dichos presupuestos de hecho.
Sexto: Que, en primer término, el legislador no le ha fijado al juez reglas para establecer lo que se debe entender por gravedad, solo ha otorgado directrices importantes, como lo serían los casos expresamente señalados en el artículo 54, a lo que debe sumarse, el hecho de tornar la vida en común intolerable, por lo que es el juez quien debe realizar un juicio valorativo respecto a los hechos en concreto que se presenten ante él, y de acuerdo a esto, señalar si constituyen o no, una violación grave de los deberes y obligaciones que les impone el matrimonio a los cónyuges entre sí, o para con los hijos.
En este sentido, la gravedad de la conducta viene estrechamente relacionada al trastorno de la vida en común, socavar los afectos o bien alterar la vida normal de la pareja o hijos, o sea cuando la falta implique un grado de trastorno difícilmente recuperable, se puede afirmar que estamos en presencia de una falta grave. El máximo tribunal ha señalado que «la gravedad exigida por la norma dice estrecha relación con que este tipo de acción (solicitud del divorcio) está concebida como una sanción para el cónyuge cuya conducta ha causado la intolerabilidad de la vida en conyugal» (Rol 81 2010, 5 de octubre de 2010). Lo reitera en sentencia de 19 de enero de 2009, cuando señala que «lo relevante para constituir la causal de divorcio aludida, es la gravedad de la situación, que torne intolerable la vida en común » (Rol 7843 2008).
Séptimo: Que, en cuanto a la reiteración de la conducta, ello significa que se haga o se suceda repetidamente. En efecto, para la causal especifica que motiva este juicio, el legislador además de exigir la gravedad de la conducta, ha sumado la reiteración, como excepción al principio general sobre los caracteres de la falta imputable al otro cónyuge definida como causa genérica del divorcio por el inciso 1° del art. 54 de la Ley de Matrimonio Civil.
En este sentido es preciso razonar que si bien es cierto, una sola infidelidad podría ser suficientemente grave para romper la comunión de vida existente entre los cónyuges, ello no resulta relevante para esta causal, ya que la propia ley suma la exigencia de reiteración de este tipo de conducta.
Noveno: Que, en estas condiciones y a juicio de esta Corte, la prueba rendida no es suficiente para tener por acreditado una transgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia y fidelidad propios del matrimonio y de tal intensidad que torne intolerable la convivencia conyugal en los términos que los exige el artículo 54, inciso primero e inciso segundo numeral 2, de la Ley de Matrimonio Civil.
Decimo: Que en tal determinación no ha podido perderse de vista que la fidelidad al interior de una pareja es una cuestión de suyo íntima, propia de la vida privada y respecto de la cual los jueces han de intervenir en la menor medida posible, sobre todo si la ley habla de infidelidad grave y si esa circunstancia puede eventualmente acarrear consecuencias patrimoniales, al tenor de lo prevenido en el artículo 62, inciso segundo, de la Ley de Matrimonio Civil.
Divorcio por culpa. Causal de divorcio del artículo 54 N° 2 de la Ley de Matrimonio Civil es de carácter subjetivo. Obligación de los cónyuges de guardarse fe es comprensible de la lealtad o fidelidad en un sentido amplio. Existencia de una relación sentimental entre la cónyuge y un tercero que provocó la ruptura irremediable del vínculo matrimonial.
Fecha Sentencia: 04/06/2019
Cita Online: CL/JUR/3101/2019
Demandante principal y demandado reconvencional interpone recurso de casación en el fondo contra la sentencia de la Corte de Apelaciones, que revocó el fallo de primer grado y rechazó la demanda sobre divorcio por culpa. La Corte Suprema acoge el recurso de casación en el fondo deducido y dicta sentencia de reemplazo.
Tercero: Que la norma contenida en el número 2° del artículo 54 de la Ley N° 19.947, a la letra, señala: «El divorcio podrá ser demandado por uno de los cónyuges, por falta imputable al otro, siempre que constituya una violación grave de los deberes y obligaciones que les impone el matrimonio, o de los deberes y obligaciones para con los hijos, que tome intolerable la vida en común.
«Se incurre en dicha causal, entre otros casos, cuando ocurre cualquiera de los siguientes hechos: 2 o. Trasgresión grave y reiterada de los deberes de convivencia, socorro y fidelidad propios del matrimonio. El abandono continuo o reiterado del hogar común, es una forma de trasgresión grave de los deberes del matrimonio».
En el presente caso, la falta se hace consistir en la violación grave de los deberes y obligaciones que derivan del estado matrimonial, que, como indica dicha disposición, se debe traducir en una que provoca necesariamente una perturbación apreciable e indiscutible al interior de la vida conyugal, por lo tanto, debe ser de intensidad relevante, requisito que es de carácter subjetivo, por consiguiente, para que se configure basta que el afectado así lo señale, ya que el grado de tolerancia admisible no es posible de ser medido y catalogado en su gravedad. (Jorge Del Picó Rubio, Derecho de Familia, Editorial Thomson Reuters, Segunda Edición, pág. 204, Año 2016). El inciso segundo, por su parte, numera, a modo ejemplar, hechos que constituyen faltas a los deberes matrimoniales, entre ellos, la transgresión grave y reiterada del deber recíproco de los cónyuges de guardarse fe, y su constatación, atendido lo dispuesto en su inciso primero, conduce a la conclusión que se configuró el supuesto de contravención a que se ha hecho referencia, provocando el efecto de tornar intolerable la vida en común, esto es, impide que al interior del matrimonio haya una convivencia armoniosa, provocando el quiebre irreversible, irreparable o irremediable del vínculo matrimonial.
La referida disposición debe relacionarse con lo que prescribe el artículo 131 del Código Civil, que señala, en lo que interesa, que «Los cónyuges están obligados a guardarse fe… en todas las circunstancias de la vida…»; lo que significa que el matrimonio les impone un compromiso que comprende todos los ámbitos de la vida en común y cualquiera que sea el acontecimiento que los cónyuges experimenten durante la vigencia del enlace. En la doctrina se sostiene que «…guardar la fe conyugal implica «fidelidad» y ésta no es más que la: «Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona», la que no aparece determinada solamente por la naturaleza y fines de la institución matrimonial y, por ende, se extiende a todos los ámbitos en los cuales se proyecta la comunidad de vida entre marido y mujer. (Javier Barrientos Grandón y Aranzazú Novales Alquézar, Nuevo Derecho Matrimonial Chileno, Segunda Edición, Editorial Lexis Nexis, Santiago, pág. 284, Año 2004). También que en el ámbito de la lealtad sexual no está referido solo a la prohibición de relaciones sexuales, sino a cualquier acto que la conciencia social repute como infidelidad conyugal, esto es, como una ruptura del deber de guardarse fe, ya sea con personas de distinto o del mismo sexo, y supongan o no la realización completa del acto sexual; y son los términos de la discusión parlamentaria que recayó sobre la normativa que contempla las causales de divorcio, la que permite concluir que la obligación de los cónyuges de guardarse fe, contemplada en el artículo 131 del Código Civil, en el ámbito de la sexualidad, es comprensible de la lealtad o fidelidad en un sentido amplio.
Cuarto: Que el segundo hecho asentado en la sentencia impugnada, referido en el motivo 2°, da cuenta de la existencia de una relación sentimental entre la cónyuge y un tercero, que importa una infracción al deber a que se ha hecho referencia. Asimismo, que provocó la ruptura irremediable del vínculo matrimonial, por lo tanto, que la vida conyugal se hizo intolerable.
Quinto: Que, en esas condiciones, la derivación lógica se traduce en que la magistratura del fondo quebrantó lo que previene el artículo 54 número 2 de la Ley N° 19.947, al concluir que no se configuró la causal de divorcio que consagra y, en razón de ello, no hizo lugar a la demanda de divorcio deducida por el cónyuge; por lo que corresponde que se anule la sentencia que se impugna, acto seguido, sin nueva vista y separadamente, dictar la de reemplazo pertinente.
Cónyuge, Divorcio por culpa, divorcio sanción, Ley de Matrimonio Civil, Obligación de los cónyuges de guardarse fe