Source: http://legal.legis.com.co/document.legis/sentencia-septiembre-28-de-1992-de-septiembre-28-de?documento=jurcol&contexto=jurcol_759920414d04f034e0430a010151f034&vista=STD-PC
Timestamp: 2019-05-24 15:57:19
Document Index: 177840259

Matched Legal Cases: ['artículo 2081', 'artículo 2081', 'artículo 2079', 'artículo 98', 'artículo 124', 'artículo 2079', 'artículo 2081', 'artículo 100', 'artículo 112', 'artículo 125', 'artículo 218']

﻿ SENTENCIA SEPTIEMBRE 28 DE 1992 DE SEPTIEMBRE 28 DE 1992
SENTENCIA septiembre 28 de 1992 DE 28 DE SEPTIEMBRE DE 1992
CONTENIDO:CONTRATO DE SOCIEDAD, OBLIGACIÓN DE HACER LOS APORTES
TEMAS ESPECÍFICOS:CONTRATO DE SOCIEDAD, PROCESO CIVIL, APORTE SOCIETARIO, SOCIEDAD, CÓDIGO DE COMERCIO
REVISTA JURISPRUDENCIA Y DOCTRINA N°:251 DE NOVIEMBRE DE 1992, PÁG.1029
Sentencia de septiembre 28 de 1992
OBLIGACIÓN DE HACER LOS APORTES
EXTRACTOS: «2 .1. De conformidad con el artículo 2081 del C. C., “no hay sociedad si cada uno de los socios no pone alguna cosa en común, ya consista en dinero o efectos, ya en una industria, servicio o trabajo apreciable en dinero. Tampoco hay sociedad sin participación de beneficios. No se entiende por beneficio el puramente moral, no apreciable en dinero”.
De vieja data tiene dicho la jurisprudencia de la Corte que el artículo anterior “...se refiere, no a la efectividad o pago del aporte, cuyo incumplimiento origina otras consecuencias (arts. 2109 y 2127 ibídem), sino al hecho de la estipulación por la cual cada uno de los socios se obligue a llevar alguna cosa al fondo de la sociedad, “ya consista en dinero o efectos, ya en una industria, servicio o trabajo apreciable en dinero”” (Cas. civ. 6 de marzo de 1952, G. J., t. LXXI, pág. 343).
El criterio precedente da la medida exacta del alcance del artículo 2081. Y él resulta corroborado cuando este precepto se compara con el artículo 2079, de conformidad con el cual, “la sociedad o compañía es un contrato por el que dos o más personas estipulan poner un capital u otros efectos en común, con el objeto de repartirse entre sí las ganancias o pérdidas que resulten de la especulación...”.
Como se ve, esta norma describe las obligaciones primordiales de las personas interesadas en conformar una sociedad. Con arreglo a la misma, tales obligaciones se caracterizan por un doble contenido, pues por una parte deberá advertirse el compromiso de llevar a cabo un aporte económicamente significativo, y por la otra deberá acordarse una participación en las utilidades o en los detrimentos que de la empresa se deriven.
De manera más categórica, y, por lo mismo más expresiva, el artículo 98 del C. de Co. dice que “por el contrato de sociedad dos o más personas se obligan a hacer un aporte en dinero, en trabajo o en otros bienes apreciables en dinero, con el fin de repartirse entre sí las utilidades obtenidas en la empresa o actividad social” (se dest.).
O sea que, como ha sido dicho, una cosa es contraer la obligación de aportar y otra darle cumplimiento a esa obligación: Para que se adquiera la condición de socio y, en consecuencia, para que la sociedad exista, basta con que se contraiga la obligación de hacer el aporte, el cual habrá de ser entregado “en el lugar, forma y época estipulados”, a términos del artículo 124 del mismo C. de Co.
Por ende, si las partes no quedan constreñidas a aportar algo en común, es decir, si su participación no es el fruto de un vínculo jurídico, sino que se hace depender de su exclusiva voluntad, no será dable decir que existe sociedad. Tampoco cabrá su afirmación cuando alguno de los aportantes es exceptuado de los beneficios que llegaren a obtenerse en el desarrollo del objeto social.
Pero si, con respecto a la primera de esas obligaciones, la parte, en efecto, la contrae, mas retarda su cumplimiento, o, incluso, deja de cumplirla, entonces el camino a seguir es el previsto en los artículos 2109 y 2127, o sea que la sociedad podrá reclamarle el pago de los perjuicios que la tardanza en el cumplimiento de la prestación le hubiere causado (art. 2109). En cuanto a los socios, tendrán derecho a dar por disuelta la sociedad, si alguno de ellos desatiende radicalmente el compromiso adquirido (art. 2127).
Así, pues, las secuelas son por completo diferentes según que no se asuma ninguna obligación, o que, habiéndosela adquirido efectivamente, se la trasgreda en los términos descritos. Si en el primer caso no existe sociedad, en el segundo, ésta surge de modo indefectible, siempre y cuando, claro está, se cuente también con la participación en los beneficios. Por lo mismo, en esta última hipótesis el camino que entonces se abre reside en la posibilidad de exigir el aporte insatisfecho, o, en su caso, en el planteamiento de la disolución de la sociedad.
La distinción de ese modo propuesta presenta un trasfondo que es, si se quiere, apodíctico, y que consiste en ver cómo si la obligación ha cobrado vida, ya no resulta jurídicamente posible hablar de inexistencia. A una obligación que ha nacido lo que le sigue es su cumplimiento, o las consecuencias del incumplimiento (ejecución forzada, indemnización de perjuicios, resolución etc.), pero nunca la calificación de haber sido algo meramente imaginario. Por eso es viable afirmar que existe palpable correlación entre el artículo 2079 y los artículos 2109 y 2127; y contraposición entre todos estos y el artículo 2081.
2.2. Lo discurrido, si la cuestión se mira a la luz del soporte legal desde un comienzo invocado por la parte demandante. Porque, de otro lado, aun cuando la en este caso considerada sea una sociedad de carácter civil, según se la definió en el acto de su constitución, tampoco se puede perder de vista que es de responsabilidad limitada y que, en consecuencia, queda regida por la normatividad mercantil, pues el artículo 100 del C. de Co., en su segundo inciso, define que “las sociedades por acciones y las de responsabilidad limitada se regirán por las normas de las compañías comerciales, cualquiera que sea su objeto” (se dest.).
Por lo tanto, si el ya citado artículo 112 del C. de Co. prescribe que “los asociados deberán entregar sus aportes en el lugar, forma y época estipulados”, y añade que “a falta de estipulación, la entrega de bienes muebles se hará en el domicilio social, tan pronto como la sociedad esté debidamente constituida”, el artículo 125 siguiente establece los arbitrios y recursos para el caso de no cumplirse con el aporte en la forma y época convenidas, ninguno de los cuales tiene que ver con una eventual inexistencia de la sociedad. Por lo demás, otra cosa es que ante el no pago de los aportes, la sociedad se vea imposibilitada de desarrollar su objeto y que, por lo tanto, incurra en causal de disolución, según lo prevé el artículo 218 del C. de Co., en su numeral 3º».
(Sentencia de septiembre 28 de 1992. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).