Source: https://supremo.vlex.es/vid/395801266
Timestamp: 2019-08-26 06:57:41
Document Index: 204622749

Matched Legal Cases: ['artículo 88', 'artículo 88', 'artículo 57', 'artículo 92', 'artículo 88', 'artículo 88', 'artículo 103', 'artículo 57', 'artículo 57', 'artículo 61', 'artículo 9', 'artículo 103', 'artículo 3', 'artículo 88', 'artículo 9', 'artículo\n27', 'artículo 34', 'artículo 139']

STS, 8 de Mayo de 2012 - Jurisprudencia - VLEX 395801266
Número de Recurso: 2090/2009
Visto por la Sala Tercera (Sección Sexta) del Tribunal Supremo, constituida por los Magistrados Excmos. Sres. anotados al margen, los recursos de casación que tramitados con el número 2090/2009 ante la misma penden de resolución, interpuestos por el Procurador D. Manuel Sánchez-Puelles González-Carvajal, en nombre y representación del Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de la Carpetania, y por el Letrado de la Comunidad de Madrid, en la representación legal que ostenta, contra la sentencia de fecha 22 de enero de 2009 dictada por la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en el recurso número 2089/04 .
Ha sido parte recurrida D. Hernan, representado por el Procurador D. José Manuel Díaz Pérez
La sentencia recurrida contiene una parte dispositiva del siguiente tenor literal: >
Notificada la anterior sentencia, el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de la Carpetania y la Comunidad de Madrid presentaron sendos escritos ante la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid preparando los recursos de casación contra la misma. Por providencia de la Sala se tuvo por preparado en tiempo y forma los recursos de casación, emplazando a las partes para que comparecieran ante el Tribunal Supremo.
Recibidas las actuaciones ante este Tribunal, las partes recurrentes se personaron ante esta Sala e interpusieron los anunciados recursos de casación, expresando los motivos en que se fundan y suplicando expresamente a la Sala: el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de la Carpetania que "...estime el recurso, casando y anulando la Sentencia impugnada y declare la conformidad a Derecho de la Resolución del Jurado Territorial de Expropiación Forzosa de Madrid, de 6 de mayo de 2004, sobre determinación de la finca NUM000 del Proyecto de delimitación y expropiación del Parque Empresarial de La Carpetanía en Getafe (Madrid)"; y la Comunidad de Madrid, que dicte "...sentencia por la que se estime el recurso y revoque la sentencia recurrida".
Teniendo por interpuestos y admitidos los recursos de casación por esta Sala, se emplazó a la parte recurrida para que en el plazo de treinta días formalizara escrito de oposición, lo que verificó mediante escrito en el que termina suplicando a la Sala "...dicte Sentencia, por la que, declarando no haber lugar al mismo, confirme todos los extremos de la Sentencia de instancia y acuerde imponer al recurrente las costas procesales".
Evacuado el trámite de oposición, se dieron por conclusas las actuaciones, señalándose para votación y fallo la audiencia el día 3 de mayo de 2012, en cuyo acto tuvo lugar, habiéndose observado las formalidades legales referentes al procedimiento.
Se interponen sendos recursos de casación por el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de La Carpetanía y por la Comunidad de Madrid contra la sentencia de fecha 22 de enero de 2009, dictada en el recurso nº 2084/04 por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid, por la que se estima el recurso contencioso-administrativo interpuesto por la representación de D. Hernan contra el acuerdo de fecha de 6 de mayo de 2004 del Jurado Territorial de Expropiación Forzosa de la Comunidad de Madrid, por el que se determina en la suma de 208.124,60 euros el justiprecio correspondiente a la finca número NUM000 del Proyecto de delimitación y expropiación del Parque Empresarial de La Carpetanía en Getafe.
El acuerdo del Jurado fue recurrido en vía contenciosa por el expropiado al no estar de acuerdo con los valores tenidos en cuenta por el Jurado para determinar el importe del justiprecio.
La sentencia ahora impugnada, en relación con las cuestiones objeto de debate relativas a la valoración del suelo expropiado, razona lo siguiente en el fundamento de derecho cuarto respecto a la valoración realizada por el Jurado:
Y en el fundamento de derecho quinto aborda el examen de la prueba pericial en los siguientes términos:
Getafe, de suelo industrial entre 210-270 euros el metro cuadrado (que es dato que igualmente se acompaña a la resolución del Jurado y que no parece tomar en consideración).
Por lo demás y de modo poco coherente con el resto de los razonamientos que llevan a la identificación del valor inicial o en venta, al igual que acaece en la resolución del Jurado, no tiene en cuenta en la determinación del valor de construcción todos los diferentes usos y tipologías.
Frente a ello, consta una valoración de parte, según el informe que se acompaña a la hoja de aprecio presentada por la propiedad en vía administrativa, cuyo incremento del valor unitario resulta más acorde a los valores que se incorporan como apoyo documental de la resolución del Jurado; aspecto que por sí mismo ya justificaría un incremento del valor final que se emplea en la resolución recurrida. Así, tomó en consideración la propiedad en la valoración que aportó en vía administrativa en la determinación del valor de construcción todos los diferentes usos y tipologías (folios 41, 42 y 43 del expediente administrativo); y, en el mismo sentido, para el cálculo de la partida relativa a beneficios y gastos generales.
Además de lo anterior, el mencionado informe de parte realiza una motivación de los diferentes coeficientes cuya aplicación lleva a cabo en cuanto a la situación geográfica y otras aportaciones, explicando de modo más detallado y específico las razones que llevaron a considerar finalmente un valor de construcción unitario de 83,273 euros el metro cuadrado.
En lo relativo al valor inicial o en venta, toma en cuenta este informe de parte también los diferentes usos y tipologías de suelo, ofreciendo, además, un resultado del valor en venta unitario (302,775 euros el metro cuadrado) más acorde a los datos que exhibe la propia documentación complementaria de la resolución del Jurado.
Por lo demás, cabe destacar que este informe se acompaña de abundante documentación justificativa (folios 47-79 del expediente administrativo) de los valores que se emplean; como en el caso de los costes de urbanización, a partir de los documentos número once y doce y la explicación de las razones que llevan a tomar en consideración un valor de 28,459 euros el metro cuadrado para dicho concepto (folios 40 y 41 del expediente administrativo).
Lleva esto, en definitiva, a concluir que el resultado de la valoración de parte mencionada se mueve en valores más adecuados a los propios documentos que se acompañaron como justificación de la resolución del Jurado y que, en cualquier caso, conducirían al incremento del valor unitario manejado por éste, aún siguiendo el método de valoración que adecuadamente señala en el acuerdo objeto del presente recurso.
Así, habría que multiplicar para obtener el justiprecio el valor que recoge el anterior informe de parte (113,98 euros el metro cuadrado) por la superficie expropiada; sin embargo, cabe hacer constar con arreglo a reiterada jurisprudencia que la suma que fue reclamada por los propietarios en la hoja de aprecio formulada en el seno del procedimiento administrativo se constituye en límite a la pretensión ahora deducida en virtud de un principio de congruencia ( Tribunal Supremo, Sala Tercera, de lo Contencioso-administrativo, Sección 6ª, Sentencia de 6 de Mayo de 2001, entre otras); por ello, la estimación del recurso ha de limitarse a la anterior suma de 908.420, 60 euros (folio 32 del expediente administrativo).>>
Disconformes con la sentencia, la Comunidad de Madrid y el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de la Carpetania interponen sendos recursos de casación.
El recurso formulado por la Comunidad de Madrid se funda en un único motivo de casación articulado al amparo del artículo 88.1.d) de la Ley Jurisdiccional, que contiene dos alegaciones: la primera denuncia la infracción de la jurisprudencia relativa a la presunción de acierto de los acuerdos del Jurado, en tanto que la segunda se invoca la jurisprudencia sobre la necesidad de que el informe de parte haya de ser ratificado en sede judicial para poder desvirtuar esa presunción de certeza.
El recurso interpuesto por el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de la Carpetanía se funda en dos motivos de casación articulados también al amparo del artículo 88.1.d) de la LJCA . En el primero se invoca la infracción del artículo 57 de la Ley 30/92, así como la de la jurisprudencia que cita sobre la presunción de acierto de las valoraciones del Jurado de Expropiación, aduciendo en sustancia que la sentencia impugnada ha vulnerado dicho precepto y la jurisprudencia al igualar el valor del acuerdo del Jurado con el valor del informe del perito de parte, cuando esa jurisprudencia exige un informe de perito insaculado para poder desvirtuarla presunción de acierto de que gozan tales acuerdos.
En el motivo segundo se denuncia la infracción de las reglas de valoración de la prueba, reputando que se ha incurrido en una valoración arbitraria e ilógica, en concreto de la prueba pericial aportada por el expropiado y, específicamente, en relación con el valor en venta a considerar para la determinación del valor del suelo, a partir del valor en venta en cuanto a la determinación del justiprecio.
El motivo del recurso interpuesto por la Comunidad de Madrid, en cuanto a la primera de las alegaciones que contiene, denuncia la jurisprudencia que establece la presunción de acierto y veracidad de los acuerdos del Jurado Territorial de Expropiación Forzosa, citando al efecto diversas sentencias de esta Sala, además de hacer referencia expresa a la STC de 26 de julio de 2006 que declaró la constitucionalidad de la composición del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid, que es precisamente el punto de fricción del razonamiento de la sentencia recurrida, concluyendo que "... en el presente caso la sentencia hoy recurrida prescinde sin motivación alguna acerca de la incorrección o insuficiencia de la resolución del Jurado, para considerar un dictamen pericial de parte (...)".
Así formulado, el motivo incurre primeramente en el error de invocar una jurisprudencia -emanada de unas sentencias de los años 1981, 1983, 1986 y 1987- recaídas en relación con la presunción de acierto y veracidad de los acuerdos de los Jurados Provinciales de Expropiación Forzosa previstos en la LEF de 1954, pero no referida, como afirma la Administración recurrente, al Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid, aspecto este que conviene matizar. Cuestión distinta es que dicha jurisprudencia pueda ser también aplicable al órgano tasador autonómico, pero ello hubiera aconsejado un planteamiento diferente del motivo.
Además, el motivo evidencia otra deficiencia en el planteamiento del recurso que pone en cuestión su viabilidad, al no haberse formulado según los requisitos del artículo 92.1 de la Ley Jurisdiccional, pues no cabe mezclar en un mismo motivo alegaciones que deben ser articuladas al amparo de apartados distintos del mencionado precepto regulador del recurso de casación. Este último es un medio de impugnación extraordinario, que se caracteriza por tener motivos tasados. De aquí que no sólo haya que acudir a alguno de esos motivos, sino que, además, deba utilizarse el adecuado a cada supuesto ( Sentencia de 2 de noviembre de 2011 ). Advertir al efecto que la recurrente imputa a la sentencia recurrida un defecto de motivación, lo que entraña un quebrantamiento de las formas esenciales del juicio por infracción de las normas reguladoras de la sentencia subsumible en la letra c) del artículo 88.1 de la Ley Jurisdiccional y no en la letra d).
En consecuencia, esta primera alegación del motivo ha de ser desestimada.
La segunda alegación que se formula en el motivo aducido por la Comunidad de Madrid denuncia la infracción de doctrina jurisprudencial que señala que para enervar la presunción de certeza del pronunciamiento valorativo del Jurado no es suficiente un dictamen de parte no ratificado en sede judicial, con cita de las sentencias de esta Sala de 7 de mayo de 1996 y 30 de junio de 1998 . Argumenta que la sentencia recurrida acoge la valoración formulada en un dictamen acompañado por la parte actora, que carece de eficacia para desvirtuar la presunción de acierto del acuerdo del Jurado.
En relación al principio de presunción de acierto de los acuerdos del Jurado, no puede olvidarse que la doctrina sobre la materia establece que tal principio, habida cuenta su naturaleza de presunción "iuris tantum", puede desvirtuarse mediante prueba en contrario, fundamentalmente, por medio de prueba pericial, ahora bien, para que tal efecto se produzca es necesario aportar al proceso una prueba de tal naturaleza apta a dicho fin y que según reiterada jurisprudencia de esta Sala, la citada presunción de acierto puede ser destruida, en principio, por cualquier medio de prueba admitido en derecho y debidamente valorado por el órgano judicial. Véanse, entre otras muchas, las sentencias de 5 de abril de 2001, 1 de febrero de 2003, 10 de octubre de 2006 y 22 de septiembre de 2011 . Ciertamente, el informe de un perito judicial, por las especiales garantías de que está revestida su designación y por el examen crítico a que es sometido su parecer, tiene frecuentemente una fuerza persuasiva superior a otros medios de prueba; pero ello no significa que esos otros medios de prueba no puedan razonablemente ser considerados por el órgano judicial a fin de lograr la necesaria convicción sobre los hechos objeto de debate. El que después la Sala de instancia la haya valorado o no, no debe constituir obstáculo para la conclusión desestimatoria del alegato fundamentado en que solo la prueba pericial es apta para desvirtuar la resolución de acierto del Jurado.
El recurso interpuesto por el Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de La Carpetania, se fundamenta en dos motivos de casación, ambos aducidos al amparo del artículo 88.1.d) de la Ley Jurisdiccional .
El motivo primero se divide en dos submotivos.
Por el submotivo primero sostiene la infracción de la jurisprudencia que otorga a las valoraciones del Jurado de Expropiación la presunción de acierto derivada, en un primer plano, de la presunción de legalidad predicable de todo acto administrativo y, en otro grado, de la especial naturaleza y composición de dicho órgano administrativo; singular composición expresamente declarada constitucional por SsTC 251/2006, de 25 de julio y 364/2006, de 20 de diciembre, en relación con el Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid. Además, se arguye que esa presunción de acierto ha sido reconocida respecto de este órgano tasador autonómico en Sentencias de esta Sala de 4 de julio, 18 de octubre y 2 de noviembre de 2006 referidas al proyecto expropiatorio del polígono "Los Rosales" en Móstoles, y por último, alega el incorrecto tratamiento dado al acuerdo impugnado en la instancia al considerarlo "un documento administrativo más", como expresamente dice la sentencia recurrida.
Por el submotivo segundo denuncia que se infringe la jurisprudencia sobre la necesidad de un informe pericial practicado en el curso del proceso para poder desvirtuar la presunción de acierto de los acuerdos del Jurado, sin que a tal efecto sea suficiente la pericial de parte aportada en el expediente administrativo o con la demanda, y cita al efecto numerosas sentencias de esta Sala (18/01/2001, 23/10/2001, 16/07/2002, 16/11/2004, 27/02/1998, 16/06/1997, 21/05/1997, 10/12/1997, 13/02/1993, 4/02/1997, 8/2/1997, 14/10/1991, 23/11/1984, 18/12/2007 y 24/11/2003 ), así como un auto de 3/12/2008, y sentencias de Tribunales Superiores. Argumenta que la doctrina jurisprudencial que considera infringida no se ha modificado con la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil.
En relación con el primer submotivo, ha de reconocerse que la sentencia que se recurre cuestiona la aplicación al Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid de la consolidada Jurisprudencia sobre la presunción de acierto de que gozan las resoluciones de los Jurados Provinciales de Expropiación Forzosa contemplados en la LEF de 1954. Concretamente, afirma que aún cuando la composición del Jurado Territorial de Expropiación de Madrid es perfectamente legítima "... no existe razón alguna para que a dicho Jurado le sea aplicable la presunción de acierto fundada en una composición diferente ya que la Sala no aprecia que en dicha composición se den iguales factores que los que se tornaron para establecer la presunción de acierto" . De ello deduce que el Acuerdo de dicho órgano es un "documento administrativo más de los que integran el expediente y ha de ser comparado a efectos probatorios con el resto de las pruebas sin que ocupe una posición privilegiada en relación a éstas que determine un esfuerzo especial para romper el privilegio de su presunción de acierto, que en todo caso, repetimos, está supeditada al juicio que merezca a estos efectos la composición del Jurado que, por cierto, es en la actualidad sustancialmente distinta a la que produjo el acuerdo impugnado y ello por decisión del legislador de la propia demandada" . Recuerda la sentencia impugnada lo resuelto por el Tribunal Constitucional en STC de 25 de julio de 2006, que inadmitió la cuestión de inconstitucionalidad que la misma Sala de instancia planteó en relación con el artículo 103 de la Ley 9/1995, de 28 de marzo, de Medidas de Política Territorial, Suelo y Urbanismo de la Comunidad de Madrid, desestimándola en todo lo demás, de donde concluye la Sala "a quo" que respecto del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid, atendida su composición, no es predicable "la especial composición de equilibrio de intereses que así lo convierte en un órgano prácticamente arbitral" que sí se atribuye al Jurado Provincial de Expropiación Forzosa que contempla la LEF.
Tales argumentos de la Sala de instancia vienen a expresar un juicio apodíctico sobre una presunta falta de imparcialidad y objetividad del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid -frente a los Jurados Provinciales de Expropiación Forzosa-, sin otro fundamento que la composición del mismo que, según el Tribunal "a quo", no garantiza su neutralidad. Aserto este que ha de ponerse en relación con lo declarado en sede constitucional, como nos muestra la citada STC 251/2006, de 25 de julio, a la que han seguido otras como la STC 315/2006, de 8 de noviembre y la STC 364/2006, de 20 de diciembre, para las que la constitución de esta clase de órganos tasadores administrativos de naturaleza autonómica no merece tacha alguna de inconstitucionalidad. En este sentido, es ilustrativo el razonamiento con el que concluye la STC 251/2006 al señalar que "debemos confirmar ahora que la posición de igualdad de los españoles en el ejercicio de sus derechos fundamentales (conectados en este caso al derecho de propiedad regulado en el art. 33 CE ) resulta asegurada por las > ( STC 319/1993, de 27 de octubre
, FJ 4, con remisión a las SSTC 37/1987, de 26 de marzo, y 186/1993, de 7 de junio ), sin que dichas garantías deban ser satisfechas, en los casos en que las Comunidades Autónomas disponen de competencias normativas y de ejecución en las materias sustantivas, mediante la exigencia de la normativa estatal a través de órganos de igual composición" . Ello se engarza con lo expresado previamente en la sentencia al reconocer que "no cabe desconocer que la exposición de motivos de la Ley de expropiación forzosa pone el acento en la objetividad de su regulación, objetividad que se asienta en un triple eje: en un procedimiento reglado, en la determinación del justiprecio con arreglo a criterios fijados por el legislador y en la instrumentación del sistema por el Jurado provincial de expropiación. Sin embargo, ahora procede recordar que aquella intención del legislador se materializó en un marco jurídico por completo diferente al establecido por nuestra Constitución, lo que exige que proyectemos el criterio del legislador preconstitucional sobre el sistema de categorías de reparto competencial relativo a la institución de la expropiación forzosa contenida en aquélla. En este sentido, ya hemos visto que los dos primeros elementos del sistema (procedimiento y reglas de determinación del justiprecio) constituyen el núcleo de "la legislación sobre expropiación forzosa" que corresponde establecer al Estado ( art. 149.1.18 CE )" .
Ahora bien, el que la composición del Jurado Territorial de Madrid no infrinja la Constitución, no quiere decir, y eso es lo que cuestiona la sentencia recurrida, que sus acuerdos están presididos por la presunción de legalidad y acierto, reconocida la primera, la de legalidad, a todo acto administrativo en el artículo 57.1 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y que exige para desvirtuarla acreditar error de derecho o incorrección jurídica; y la segunda, la de acierto, reconocida por una reiterada doctrina jurisprudencial, referida esencialmente a los Jurados Provinciales de Expropiación, que no solo se fundamenta en la genérica presunción de legalidad de los actos administrativos mencionada, sino también, y sobre todo, en la especial naturaleza del órgano (pericial y arbitral), en la preparación técnica y jurídica de sus miembros, así como en su independencia, imparcialidad y objetividad, deducible del alejamiento de los intereses en juego, y que supone un "plus" con respecto a la presunción de legalidad, requiriendo para su desvirtuación la acreditación de una incorrección fáctica o error de hecho.
Recordemos que la Administración, en virtud del principio de legalidad administrativa, goza de la presunción de que ejerce sus facultades con arreglo a Derecho. Todo acto administrativo, expresión jurídica por antonomasia del ejercicio de las facultades administrativas, cualquiera que sea el órgano o Administración que lo dicte, goza de la presunción de legalidad que le atribuye específicamente el artículo 57.1 de la Ley 30/1992 y que, en todo caso, exige una valoración por parte del órgano jurisdiccional llamado a controlar su legalidad en orden a si dicha presunción ha sido eficazmente desvirtuada. Junto a esa presunción de legalidad o validez del acto administrativo también cabe hablar de una presunción de imparcialidad u objetividad del órgano o funcionario autor del mismo, tal y como reconoce la Sentencia de 27 de marzo de 2003 dictada por la Sala especial del artículo 61 LOPJ de este Tribunal Supremo cuando, con referencia a los funcionarios de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, se subraya que su actuación se desarrolla "con plena imparcialidad y sometimiento no menos pleno a la Ley y al Derecho", realidad esta que "no supone sino una particularización de la regla más general de sujeción a la legalidad de todos los poderes públicos españoles, como único cauce viable para conseguir un verdadero reinado del Estado de Derecho", y que se traduce en marco jurídico general que "permite precaver cualquier desviación de aquel mandato de plena sujeción a la legalidad y de imparcialidad" . Concretamente, "el artículo 9.1 de la misma Constitución expresa que tanto los ciudadanos como, en lo que ahora interesa, los poderes públicos, están «sujetos a la Constitución y al resto del Ordenamiento Jurídico»" . En parecida dirección, el artículo 103.1 de esa misma norma suprema previene que la Administración Pública (en la que sin duda alguna quedan insertos los funcionarios policiales) "sirve con objetividad los intereses generales y actúa (...) con sometimiento pleno a la ley y al Derecho" . El apartado 3 de este mismo precepto previene que la ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos y, dentro de éste, "las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones" . Reglas paralelas de sujeción a la ley y de imparcialidad de los funcionarios públicos, en cuanto personas que desempeñan la actividad administrativa (de la que participan aquellos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad), contiene la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, que, en su artículo 3, estatuye: "Las Administraciones públicas sirven con objetividad los intereses generales (...) con sometimiento pleno a la Constitución, a la Ley y al Derecho" .
Pues bien, a la vista de las consideraciones precedentes, podríamos afirmar que en el caso enjuiciado el proceder del Tribunal "a quo" no ha sido correcto al prescindir de toda consideración hacia el acuerdo del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid, sin otra base que la no del todo explicada falta de neutralidad de dicho órgano administrativo y con el olvido de que dicho acuerdo es, ni más ni menos, el acto administrativo objeto de impugnación jurisdiccional en la instancia, esto es, el acto que ha culminado el procedimiento expropiatorio en su fase de justiprecio, o si se quiere, incurriendo en un claro error conceptual al calificarlo como un "documento administrativo más de los que integran el expediente" . Pero en cualquier caso, con independencia del desacierto de los calificativos empleados por la Sala de instancia con respecto a la resolución administrativa objeto de impugnación jurisdiccional, lo cierto es que la "ratio decidendi" del fallo de la sentencia recurrida descansa no precisamente en la referida negación de la presunción "iuris tantum" de legalidad y acierto del acuerdo del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid y sí, como no podía ser de otra manera, en el examen de la prueba practicada en tanto que mecanismo idóneo para desvirtuar aquella presunción.
Siendo ello así, lo decisivo, lo que procede examinar es si la prueba practicada en autos acredita el desacierto del acuerdo del Jurado impugnado, objeto de consideración en el submotivo casacional segundo y en el motivo segundo que a continuación analizaremos.
El submotivo segundo del motivo primero denuncia que se infringe la jurisprudencia sobre la necesidad de un informe pericial practicado en el curso del proceso para poder desvirtuar la presunción de acierto de los acuerdos del Jurado, sin que a tal efecto sea suficiente la pericial de parte aportada con la hoja de aprecio. Sostiene que esa doctrina jurisprudencial no se modifica con la entrada en vigor de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 2000.
Ya expresamos más arriba que la prueba pericial judicial es medio apto e idóneo para desvirtuar la presunción de legalidad y acierto de los acuerdos del Jurado, pero que no constituye el único medio para conseguirlo, con la puntualización de que la valoración del material probatorio debe realizarse de acuerdo con las reglas de la sana crítica y en su conjunto.
Sometida la valoración de la expresada prueba, al igual que la pericial judicial, a la regla de la sana crítica, no se observa razón alguna para rechazar a priori, como en definitiva pretende la recurrente, el dictamen pericial aportado con la hoja de aprecio y obrante en el expediente administrativo, cuyo examen resulta obligado por el órgano judicial y excusa su proposición como prueba documental, tal y como declara el Tribunal a quo en su Auto de 4 de septiembre de 2007 sobre recibimiento del pleito a prueba.
Trasladando las precedentes consideraciones al tema que nos ocupa, concretamente, a si la prueba pericial de parte practicada con las garantías que ofrece la Ley de Enjuiciamiento Civil tiene virtualidad suficiente para desvirtuar la presunción de acierto de los acuerdos valorativos de los Jurados de Expropiación, ha de reconocerse, y a ello ya nos referíamos, en la sentencia citada de 21 de septiembre de 2011, que no puede limitarse la virtualidad de mención a la prueba pericial judicial.
Si el informe pericial de parte cumple con rigurosidad las máximas de experiencia o técnicas propias de la pericia, facilitando argumentos y explicaciones científicas que originan la convicción del juzgador, mal puede rechazarse con el solo apoyo en que no ofrece las garantías de objetividad que revisten la designación del perito por el Juez. Si así fuera, en el ámbito expropiatorio habría que calificar de inútil toda pericial de parte que discrepe de los criterios, métodos y resultados valorativos del Jurado.
Habrá que estar al mayor o menor rigor del dictamen pericial de parte, junto con el resto de las pruebas practicadas, y ello en comparación con la fundamentación que preside la solución del Jurado, para decidir si la presunción de acierto debe prevalecer.
En consecuencia, igual suerte desestimatoria que la del submotivo primero del motivo primero debe correr el submotivo segundo.
El motivo segundo del Consorcio, al amparo, al igual que el primero, del artículo 88.1.d) de la Ley de la Jurisdicción, denuncia que la sentencia infringe las reglas de valoración de la prueba por haberse realizado de forma ilógica y arbitraria, con vulneración del artículo 9.3 de la CE .
Son múltiples los argumentos utilizados por la recurrente para sostener la infracción que denuncia. Muy resumidamente son las siguientes:
- La diferencia que califica de "muy importante" entre el valor unitario del suelo considerado por el Jurado (24,87 #/m2) y el que acepta el Tribunal "a quo" (141,14 #/m2).
- No ser cierta la afirmación que se contiene en la sentencia relativa a que la resolución del Jurado incurre en contradicción y falta de motivación, y, en particular cuando se refiere al valor inicial o en venta del suelo.
- La resolución del Jurado incluye como documentación complementaria estudios de mercado y tiene en cuenta los cuatro usos lucrativos del Parque Empresarial: industrial tecnológico, industrial general, empresarial servicios y comercial servicios.
- En la hoja de cálculo del Jurado se ofrecen las operaciones realizadas, con indicación de fuentes.
- Por sentencia del propio Tribunal de instancia de 22 de marzo de 2009 -recurso contencioso administrativo 2085/04 -, dictada con motivo de igual expediente expropiatorio, se rectifica la consideración de que el acuerdo del Jurado adolece de falta de motivación y modifica su apreciación de que el valor en venta fijado por el Jurado Territorial en 938,52 euros carece de fuente documental justificativa.
- La sentencia otorga un valor privilegiado a un informe pericial de parte por el solo hecho de decir algo distinto a lo dicho por el Jurado, y ello con un soporte documental inadecuado al carecer de justificación el valor de venta.
- Infracción por la sentencia recurrida del método de valoración aplicable, de acuerdo con el artículo
27.1 de la Ley 6/98, pues correspondiendo el método residual dinámico, que es el seguido por el Jurado, en cambio el perito de parte aplica el método residual estático. Además, se denuncia el artículo 34.1.a) de la Orden 805/2003, en cuanto a la fecha de valoración de los bienes, que ha de coincidir con la de aprobación definitiva del proyecto de expropiación al encontrarnos ante un procedimiento de tasación conjunta.
Termina el Consorcio recurrente su desarrollo argumental insistiendo en el cambio de criterio del Tribunal "a quo", haciendo mención a unas primeras sentencias en que se achacó al Jurado que hubiera utilizado valores de viviendas para fijar el valor en venta de usos industriales y comerciales ( sentencias de 24 de julio y 25 de septiembre de 2008, dictadas en los recurso 1771/04, 1991/04, 2084/04, 2087/04, 2090/04, 2141/04 y 2531/04 ); a unas segundas, en las que al igual que la recurrida se admite como bueno el informe pericial de parte ( sentencias de 20 de enero de 2009, dictadas en los recurso 1769/04, 1992/04, 1993/04, 1994/04, 2089/04, 2091/04, 2124/04, 2152/04, 2153/04,y 2154/04 ), dando origen a precios dispares: 155,38 #/m2, 141,14 #/m2 o 113,98 #/m2; y a unas terceras sentencias que reconocen un valor del m2 de 64,08 euros ( sentencia de 22 de marzo de 2009, dictada en el recurso 2085/04 ) o de 54,46 euros ( sentencias de 25 de marzo de 2009, dictadas en los autos 15/06 y 91/06) o que desestiman los recursos dando por bueno el valor de 24,87 #/m2 considerado por el Jurado.
Expuestos sucintamente los argumentos del Consorcio recurrente para sostener que la sentencia infringe las reglas de la valoración de la prueba al hacerlo de forma ilógica o arbitraria, cauce indiscutiblemente idóneo en casación, la cuestión central del debate se circunscribe a examinar si los argumentos de mención permiten observar que la recurrida responde a un proceder injustificado, arbitrario o ilógico, que conduce a un resultado inverosímil. Recordemos, siguiendo reiterada jurisprudencia, que el examen de la prueba en casación queda limitada a los supuestos taxativamente declarados, entre los que se encuentra la alegación de que su valoración es arbitraria, inverosímil o falta de razonabilidad, y que para apreciar la arbitrariedad o irrazonabilidad en la valoración de la prueba pericial no basta con justificar que el resultado probatorio obtenido por la Sala de instancia, pudo ser, a juicio de la parte recurrente, más acertado o ajustado al contenido real de la prueba, sino que es menester demostrar que dicha apreciación es arbitraria o irrazonable o que conduce a resultados inverosímiles.
Es de significar que la sentencia subraya la falta de coherencia del acuerdo del Jurado en relación con los datos que incorporan los documentos de los que se sirve para realizar su valoración y los valores que en definitiva emplea. Si bien lo hace en términos genéricos, concreta, por entenderlo de gran trascendencia para el resultado final, la incoherencia en que incurre el Jurado al establecer el valor inicial o en venta del suelo.
Reproducido en el fundamento de derecho primero de esta nuestra sentencia lo expresado al respecto por la Sala de instancia, innecesario es reiterarlo ahora, pero sí es conveniente puntualizar que esa falta de coherencia en la determinación del valor en venta del suelo es el resultado, según resulta de lo expresado en el indicado fundamento, del examen de los folios 95, 96 y 97 del expediente.
Pues bien, a la vista de los expresados folios, mal puede sostenerse la conclusión de la Sala de instancia de falta de coherencia, fruto sin duda de un inadecuado examen de la documentación de mención, conducente a un resultado inverosímil, tal y como se ha apreciado por esta Sala en sentencias de 8 de septiembre de 2011 (recursos de casación números 5912/08, 5943/08 y 6106/08 ), 21 de febrero de 2012 (recurso de casación número 81/09 ) y 3 de mayo (recurso de casación número 2013/2009 ) y 8 de mayo de 2012 (recurso de casación número 2087/2009), dictadas en relación con el mismo proyecto expropiatorio.
En efecto, los valores documentales al folio 96 del expediente se refieren a viviendas nuevas y usadas en la Comunidad de Madrid, así como al mercado de oficinas, mientras que los del folio 95 atienden a los valores de mercado en atención a los cuatro usos correctamente considerados por el Jurado, a saber, industrial tecnológico, industrial general, empresarial servicios y comercial servicios. He ahí la razón por la que no se corresponden los valores documentales al folio 95 con los del folio 96. Por ello, hemos de mostrar nuestra absoluta discrepancia con la sentencia recurrida en cuanto tacha de incoherente la resolución del Jurado.
No otra solución debemos mantener cuando aduce que carece de motivación por falta de justificación o indicación de los coeficientes que aplica y por ausencia de identificación de los parámetros que le llevan a la obtención de los costes de construcción, o cuando expresa que la sentencia incurre en contradicción al determinar el índice de precios al consumo.
La documentación aportada como anexo de la resolución del Jurado, así como su fundamentación, impide en un enjuiciamiento lógico de lo por dicho órgano resuelto alegar falta de motivación por los motivos aducidos. Valorada la documentación anexa en los términos que hemos indicado como correctos, desaparece toda posibilidad de formular con éxito la alegación de falta de motivación e incoherencia del acuerdo del Jurado que hace la sentencia recurrida.
A lo expuesto cabe añadir otra circunstancia destacable en el supuesto aquí examinado. La sentencia recurrida parte de la reseñada falta de motivación y de coherencia del acuerdo del Jurado y, por ello, acoge el resultado valorativo del informe que acompaña el expropiado con su hoja de aprecio al considerar que "...se mueve en valores más adecuados a los propios documentos que se acompañaron como justificación de la resolución del Jurado", conclusión esta que alcanza tras rechazar la prueba pericial practicada en autos al reputarla, como hace con el acuerdo del Jurado, insuficientemente justificada y poco coherente.
Pues bien, dos puntualizaciones cabe hacer al respecto: de una parte, la prueba pericial judicial se practica a propuesta del expropiado, lo que de alguna manera revela la poca convicción de éste en el acierto, desde el punto de vista valorativo, del informe que acompañaba con la hoja de aprecio; que, por lo demás, bien pudo aportar luego en el proceso e, incluso, solicitar su ratificación. Y, en segundo término, rechazada la prueba pericial de autos, resultaba exigible de la Sala de instancia un mayor esfuerzo argumentativo para hacer prevalecer, como así finalmente ha ocurrido, el informe que acompaña a la hoja de aprecio sobre el acuerdo del Jurado. Es decir, considerando que el informe de parte no mereció al expropiado la credibilidad suficiente como para tener que solicitar la práctica de nueva pericia en sede judicial, la Sala debió realizar un riguroso análisis de contraste entre dicho informe y el acuerdo del Jurado de cuya revisión judicial se trataba, a fin de acreditar los errores en que éste pudiera haber incurrido; operación esta que ciertamente queda abortada si ya la Sala de instancia parte de que el acuerdo del Jurado no está motivado y es incoherente, pues de esta manera de elimina uno de los elementos de la comparación. Así pues, la conclusión alcanzada por la Sala de instancia para acoger el informe de parte en detrimento de la motivada valoración del acuerdo del Jurado resulta ilógica e irrazonable, de acuerdo con los razonamientos que hemos expresado. En consecuencia con lo expuesto procede la estimación del motivo y la revocación de la sentencia recurrida, con la desestimación del recurso contencioso administrativo deducido contra el acuerdo del Jurado
La desestimación del recurso de la Comunidad de Madrid conlleva la imposición de las costas a dicha parte ( artículo 139.2 LRJCA ), si bien, en atención a la complejidad del tema de debate, y haciendo uso de la facultad que al Tribunal confiere el apartado 3 del indicado artículos, se fija como cuantía máxima a reclamar por el Letrado de la parte recurrida, en concepto de honorarios, la cantidad de 2.000. Por el contrario, la estimación del recurso del Consorcio, exime de hacer un especial pronunciamiento en costas.
No ha lugar al recurso de casación interpuesto por el Letrado de la Comunidad de Madrid contra la sentencia de fecha 22 de enero de 2009 dictada por la Sección Cuarta de la Sala de lo ContenciosoAdministrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en el recurso número 2089/04 ; con condena en costas a la parte recurrente, con la limitación establecida en el fundamento de derecho décimo de esta sentencia.
Ha lugar al recurso de casación interpuesto por la representación procesal del Consorcio Urbanístico Parque Empresarial de La Carpetania contra la sentencia de mención, y con revocación de la misma, desestimamos el recurso contencioso-administrativo interpuesto por la representación procesal de D. Hernan contra el acuerdo del Jurado Territorial de Expropiación de la Comunidad de Madrid de 6 de mayo de 2004, que confirmamos por su conformidad a Derecho; sin hacer especial pronunciamiento de condena en costas.
No se aprecian circunstancias que aconsejen la imposición de las costas, ni en esta casación ni en la instancia.
D. Agustin Puente Prieto, estando la Sala celebrando audiencia pública en el mismo día de su fecha, de lo que, como Secretario, certifico.