Source: https://www.scribd.com/book/350609435/Comida-chatarra-estado-y-mercado
Timestamp: 2019-04-19 02:44:47
Document Index: 34435516

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Comida chatarra, estado y mercado by Baltazar Caravedo, Emilio García, and Lluba Kogan - Read Online
by Baltazar Caravedo, Emilio García, and Lluba Kogan
Publisher: Universidad del PacíficoReleased: Jun 6, 2017ISBN: 9789972572777Format: book
Comida chatarra, estado y mercado - Baltazar Caravedo
María Matilde Schwalb y Cynthia A. Sanborn (editoras)
1a edición: diciembre 2013
ISBN: 978-9972-57-267-8
ISBN e-book: 978-9972-57-277-7
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú: 2013-19260
Comida chatarra, Estado y mercado / María Matilde Schwalb y Cynthia A. Sanborn, editoras. -- 1a edición. -- Lima : Universidad del Pacífico, 2013.
4.Desnutrición infantil
5.Política nutricional -- Perú
I.Schwalb, María Matilde.
II.Sanborn, Cynthia.
394.12 (SCDD)
El 17 de mayo de 2013, el presidente del Perú, Ollanta Humala Tasso, promulgó la Ley 30021, Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes, cuyos objetivos son promover el derecho a la salud pública y el desarrollo adecuado de las personas, y reducir las enfermedades vinculadas al sobrepeso y la obesidad entre menores de edad. Popularmente conocida como la ley contra la «comida chatarra», propone lograr estos objetivos a través de la educación nutricional, el fomento de la actividad física, la implementación de quioscos y comedores saludables en las instituciones de educación básica, así como también de la regulación de la publicidad e información relacionada con alimentos y bebidas dirigidos a los niños{1}.
Aunque en teoría estos objetivos parecerían consensuales —¿quién no desea que sus niños se nutran bien?—, en la práctica pocas veces una ley ha causado tanto revuelo. Airadas protestas y entusiastas halagos han colmado los espacios de radio, televisión, diarios y redes sociales, ofreciendo una infinidad de opiniones. Entre las razones para oponerse a la ley, se ha dicho que violaría las libertades fundamentales de las personas y/o de las empresas; que pone obstáculos innecesarios al comercio internacional; que en lugar de preocuparnos de la obesidad deberíamos resolver, primero, el problema de la desnutrición infantil; y que esta ley hasta podría impedir la transmisión del Mundial Brasil 2014{2}. Pero, hasta ahora, lejos de llegarse a un acuerdo, estas declaraciones han dejado más interrogantes que respuestas.
En los últimos años, el Perú ha realizado importantes esfuerzos por reducir el hambre y la desnutrición crónica infantil. Entre 2007 y 2012, según el INEI, la desnutrición crónica infantil se redujo de 27,8% a 18,1%, con lo cual el Perú cumplió con el Objetivo de Desarrollo del Mileno número uno (ODM-1) y además con la meta de la Cumbre Mundial de la Alimentación de reducir a la mitad el número absoluto de personas con hambre{3}. Pero aunque hay todavía mucho por hacer para erradicar ese porcentaje persistente de niños con desnutrición, según fuentes del gobierno y de organismos internacionales, hoy en día el Perú exhibe simultáneamente una expansión de sobrepeso y obesidad alarmante. Aunque la solidez de las fuentes sobre este tema forma parte del debate político actual, según la Encuesta Global de Salud Escolar 2010 realizada por el gobierno peruano, el 19,8% de niños de hasta 16 años presenta sobrepeso o riesgo de obesidad{4}.
Llama mucho la atención que en nuestro país —como consecuencia de múltiples factores complejos— haya aumentado notoriamente el peso de todos los grupos etarios de la población, con consecuencias que van bastante más allá de la salud, socavando la autoestima, afectando las relaciones de familia y, en general, impactando campos tan variados como la economía, el derecho, la gastronomía, el márketing y el trabajo social.
Posiblemente sea muy tarde para contener la expansión de los niveles de sobrepeso entre los adultos en el Perú. De acuerdo nuevamente a las cifras de la OMS, entre 2002 y 2010, considerando la población de mayores de 15 años, el sobrepeso de las mujeres aumentó de 63% a 70%, mientras el de los hombres lo hizo de 51% a 61%. Por su parte, la obesidad se expandió de 29% a 38% entre las primeras y de 11% a 18% entre los segundos{5}. Quizá por ello, el Congreso de la Republica y el Poder Ejecutivo han comenzado a concentrar sus esfuerzos en los menores de edad, de los cuales, según fuentes del gobierno, uno de cada diez niños menores de cinco años ya sufre de sobrepeso (9,8%), una cifra muy superior al 6,6% promedio mundial.
Que la mencionada ley no basta para resolver el problema es reconocido por todos. Sin embargo, mientras que para algunos es un paso importante en la dirección correcta, para otros es una medida equivocada y hasta anticonstitucional. Es por ello que desde el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP) —y por iniciativa de María Matilde Schwalb, vicerrectora de la Universidad del Pacifico y experta en márketing y derechos del consumidor— hemos decidido aunar esfuerzos entre investigadores de diversas disciplinas y perspectivas, para ofrecer esta colección de ensayos motivados por la Ley 30021 y su entorno actual. Hemos invitado a colegas de todas las áreas de investigación del CIUP, desafiándolos a esbozar un intento de reflexión, algo más densa que una de corte periodístico pero de menor calibre que un trabajo académico, sobre cualquiera de los aspectos de la ley o sobre temas relacionados con ella. Resultó significativo y alentador que 15 investigadores respondieran al llamado, analizando el contexto en que se da esta ley; la naturaleza y los detalles de la misma; sus puntos débiles, vacíos y aciertos; y ofreciendo sugerencias alternativas para afrontar el problema del sobrepeso y la obesidad.
Lo que ofrecemos aquí es un menú variado de novedosos argumentos e ingeniosas respuestas a interrogantes en torno no solo a esta ley sino también a partir de enfoques más amplios. Se encontrará usted con respuestas a preguntas como: ¿es aceptable para el Estado intervenir, regular y hasta prohibir lo que el consumidor desea ingerir? ¿No deberían ser los padres los principales responsables de la alimentación de sus hijos y no las autoridades políticas? La misma industria alimenticia, nacional y transnacional, ¿no es capaz de autorregularse? Es decir, los mecanismos de mercado, ¿no son suficientes para ello? Además, ¿qué se entiende por «comida saludable»? ¿Qué influencia tiene la publicidad sobre lo que consumimos nosotros y nuestros hijos? ¿Cómo afrontar la presión de los lobbies de la industria y del márketing? Y, finalmente, ¿cómo lograr que esta ley —o las alternativas propuestas por algunos autores— se implementen de manera efectiva?
Las reflexiones aquí publicadas provienen de las más diversas disciplinas —administración y márketing, economía, derecho, ciencia política, sociología, psicología, filosofía y literatura—. De este modo, el lector encontrará un conciso pero sustancial análisis desde diferentes perspectivas y con opiniones divergentes. Para facilitar su lectura, hemos organizado estos trabajos en seis secciones. En la primera, Emilio Garcia, administrador y consultor de empresas, hace una revisión panorámica de ley comparando las experiencias de otros países. En la segunda, se encuentran trabajos de análisis constitucional y filosófico, de Cecilia O’Neill, abogada y jefa del Departamento de Derecho de la UP, y de Alonso Villarán, filósofo y profesor de la Escuela de Postgrado. En la tercera parte, los trabajos de Óscar Súmar (Derecho), Juan Mendoza (Economía) y Leda M. Pérez (Ciencia Política), desentrañan conceptos de economía política y regulación, mientras la cuarta sección aborda el problema a través de la economía del comportamiento en los textos de Fernando Ruiz (Sicología), Francisco B. Galarza (Economía) y Jürgen Schuldt (Economía). En la quinta sección, presentamos trabajos de María Matilde Schwalb, David Mayorga y Guillermo Runciman, de la Facultad de Ciencias Empresariales, los cuales cuestionan la ley desde el campo del Márketing y del rol empresarial en general. Finalmente, en la sexta sección, Liuba Kogan, socióloga y jefa del Departamento Académico de Ciencias Sociales; Baltazar Caravedo, sociólogo y director del Centro del Liderazgo; y Elio Vélez (Literatura) afrontan el problema desde el ámbito sociológico y cultural.
Esta variedad de paradigmas permitirá que mientras algunos cuestionan la constitucionalidad y la racionalidad de la ley, otros sostengan que las medidas propuestas son racionales y favorecen el bien común. Mientras algunos consideran necesario que el Estado ejerza más autoridad y obligue a las empresas y a los ciudadanos a modificar su conducta, otros plantean intervenciones más creativas que coercitivas, provenientes de la educación o de las teorías de «paternalismo liberal», aparte de quienes destacan la importancia de las medidas de autorregulación del mismo sector empresarial. Por cierto, las opiniones y propuestas expresadas aquí, aun cuando están basadas en fundamentos teóricos, filosóficos o comparativos, no pueden desvincularse de la realidad del Estado peruano, cuya reducida capacidad para regular al sector privado y a sí mismo es ampliamente reconocida. Sin embargo, algunos autores sostienen que la medida —y su amplia difusión y debate— servirá para fomentar la educación y despertar la conciencia de los padres de familia sobre la necesidad de dar una mayor atención a la alimentación de sus hijos, y de los directivos de empresa de preocuparse más por el impacto no deseado que sus productos y sus prácticas empresariales provocan en el consumidor; todo lo cual ya sería un avance respetable.
Aunque lo que presentamos es un variado buffet y no un recetario único, lo que comparten todos los autores es la seriedad y el compromiso profesional que caracteriza el trabajo del CIUP. Una institución que acaba de cumplir cuatro décadas de intensa labor de investigación y difusión de conocimientos que buscan alimentar —figurativamente— los debates sobre política pública y privada en el país.
«You are whatyou eat», clamaba el filósofo alemán Ludwig Feuerbach en 1850. «Tú eres lo que comes». Una frase que dice mucho de las personas y que bien puede ampliarse a las naciones y sociedades. Tal es el caso de la llamada «Fast Food Nation», como algunos han etiquetado a los Estados Unidos. En el Perú del siglo XXI, la gastronomía y sus componentes autóctonos se han convertido en fuente de orgullo nacional, acompañados por la ubicua Inca Kola. Pero no nos hemos preguntado si nuestros niños están comiendo lo que necesitan para mantenerse sanos, para disfrutar de la vida en un país que crece, y para desarrollarse personal y profesionalmente; si estamos haciendo lo suficiente para ayudarlos a ayudarse. En nuestra opinión como editoras, el aporte más importante de la Ley 30021, hasta ahora, ha consistido en obligarnos a plantear estas preguntas y buscar algunas de las respuestas.
El objetivo fundamental de esta colección es un llamado a la reflexión y a la toma de conciencia por parte de todos los involucrados —padres de familia, educadores, directivos de empresa, líderes políticos, organizaciones de la sociedad civil, entre otros— sobre los peligros y las graves consecuencias derivadas del creciente sobrepeso y de la obesidad en nuestra sociedad, sin descuidar la otra cara de la moneda que es la desnutrición crónica infantil. En segundo lugar, buscamos provocar la reflexión y el debate sobre el rol del Estado, el mercado, las empresas (tanto la industria de alimentos como las agencias de publicidad), la sociedad civil y las familias, en la provocación o prevención de esta epidemia. Finalmente, buscamos plantear diversas soluciones para este problema antes de que sea demasiado tarde.
Asimismo, agradecemos a los autores de este libro, quienes respondieron a nuestra convocatoria con entusiasmo y sin mayor incentivo que el deseo de aportar al debate y al país. También agradecemos a Oliver Elorreaga, asistente de investigación, por su apoyo a lo largo del proceso y especialmente en la elaboración de los anexos, así como a María Elena Romero, directora ejecutiva del Fondo Editorial de la Universidad de Pacífico, por su constante apoyo, creatividad y paciencia.
UNA APROXIMACIÓN A LA LEY DE PROMOCIÓN DE LA ALIMENTACIÓN SALUDABLE: LA LIBERTAD DE LOS CONSUMIDORES Y LOS LÍMITES A LA LABOR EMPRESARIAL
El siguiente trabajo tiene como objetivo plantear una aproximación breve y sencilla a la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 30021). Para ello, primero se presenta una breve aproximación a la ley. Luego, se procede a citar una serie de opiniones a favor y en contra de la misma, las cuales han sido extraídas de declaraciones en medios de comunicación escrita. En seguida, se exponen brevemente algunas experiencias con leyes similares alrededor del mundo. Finalmente, se cierra el texto con algunas reflexiones al respecto a la ley protagonista de esta publicación.
1. LA LEY DE PROMOCIÓN DE LA ALIMENTACIÓN SALUDABLE
Como se sabe, recientemente se promulgó la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 30021), la que en su artículo 1 menciona que tiene por objeto «La promoción y protección efectiva del derecho a la salud pública, al crecimiento y desarrollo adecuado de las personas, a través de las acciones de educación, el fortalecimiento y fomento de la actividad física, la implementación de kioscos y comedores saludables en las instituciones de educación básica regular y la supervisión de la publicidad, la información y otras prácticas relacionadas con los alimentos y bebidas no alcohólicas dirigidas a los niños, niñas y adolescentes para reducir y eliminar las enfermedades vinculadas con el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas conocidas como no transmisibles» (El Peruano 2013).
En este sentido, seguidamente se presentan algunos planteamientos de la mencionada ley en función de algunos de sus principales artículos (El Peruano 2013):
En el artículo 2, se menciona que las disposiciones son de aplicación a todas las personas naturales y jurídicas que comercialicen, importen, suministren y fabriquen alimentos procesados. Así como al anunciante de dichos productos.
En el artículo 4, se afirma que el Ministerio de Educación promoverá la enseñanza de la alimentación saludable dentro de los centros educativos básicos regulares y de los que brindan educación no escolarizada, y fomentará programas de promoción de hábitos alimentarios que contribuyan a mejorar los niveles de nutrición.
En el artículo 6, se asevera que las instituciones de educación básica regular pública y privada, en todos sus niveles y en todo el territorio nacional, promoverán los «kioscos y comedores escolares saludables», de acuerdo a las normas que dicta el Ministerio de Educación en coordinación con el Ministerio de Salud, el Ministerio de Agricultura, los gobiernos locales y los gobiernos regionales.
En el artículo 7, se menciona que las instituciones de educación básica regular promoverán la práctica física de sus alumnos en la cantidad mínima diaria establecida. Además, que los gobiernos locales deben fomentar la implementación de juegos infantiles en parques y espacios públicos.
En el artículo 8, se estipula que la publicidad que esté dirigida a niños, niñas y adolescentes menores de 16 años y que se difunda por cualquier medio de comunicación social debe estar acorde con las políticas de promoción de salud. Principalmente, la publicidad no debe incentivar el consumo inmoderado de alimentos y bebidas no alcohólicas con grasas trans, alto contenido de azúcar, sodio y grasas saturadas. De la misma manera, la publicidad no debe indicar como beneficios de la ingesta la obtención de fuerza, ganancia o pérdida de peso. Por otro lado, la publicidad tampoco debe usar argumentos o técnicas que exploten la ingenuidad de los niños, niñas y adolescentes de manera que pueda confundirlos respecto de los beneficios nutricionales del producto en anuncio. Cabe mencionar que existen otros puntos que la publicidad debe cumplir. Asimismo, los mensajes publicitarios deben ser claros, objetivos y pertinentes. De esta manera, las imágenes, diálogos y sonidos que se utilicen en la publicidad de estos productos deben ser precisos en cuanto a las características de ellos.
II. OPINIONES A FAVOR Y EN CONTRA
Según Meunier y Van der Brempt (1993), la intervención del Estado no se justifica por un modo de producción, sino por las prácticas de consumo. Los poderes públicos animan o frenan la oferta o la demanda, interfiriendo en las preferencias individuales. Los economistas suelen tener dos argumentos para justificar la intervención del Estado. El primero se trata del caso de bienes o servicios para los cuales la información puesta a disposición del público es incompleta. Sin la intervención de los poderes públicos, habría divergencias entre la satisfacción esperada por los consumidores antes de la elección y la que obtendrán en el momento de disponer de una información más completa. Por otro lado, en el segundo sí se tiene información completa; sin embargo, los consumidores no hacen uso adecuado de los bienes o servicios porque descuidan su propio interés a largo plazo en beneficio de satisfacciones más inmediatas. O también puede que los consumidores no tengan en cuenta los efectos de su elección sobre el cuerpo social en su conjunto. En otras palabras, se consideran las elecciones de los consumidores como irracionales; por esta razón, el Estado debe elegir por ellos. De estas dos maneras, los poderes públicos justifican su intervención de tutela en la sociedad.
Como era de esperarse, la Ley 30021 ha desatado una serie de antagonismos en la sociedad peruana. Desde el Estado —principalmente— existen opiniones a favor y desde otras instancias se han formulado una serie de opiniones en contra. Seguidamente se citan algunas opiniones de diversas personalidades importantes y ciertamente representativas en cuanto a sus opiniones, ya sea por los cargos que ostentan o por el rol que cumplen en la sociedad peruana.
A favor de la ley, la ex ministra de Educación, Patricia Salas, afirmó que »Hay padres que hacen el esfuerzo para que los chicos tengan una adecuada alimentación y les envían una lonchera saludable, pero si en el quiosco del colegio hay productos chatarra, entonces contradice el esfuerzo que hacen estos padres en ese sentido. Entonces, ahí tenemos que lograr un equilibrio. [...] Queremos generar un ambiente seguro y que sea coherente con el discurso educativo. No se trata de moldear la vida de la gente de manera compulsiva, se trata de generar espacios diversos como una escuela segura y saludable. Parte de la formación del chico es aprender a decidir, porque la autonomía también es parte de la educación» (El Comercio 2013a).
En esa línea también se encuentra Margaret Chan (directora general de la Organización Mundial de la Salud), quien aseveró que «Esta medida [la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable] es un paso necesario para prevenir y hacer frente al incremento de enfermedades no transmisibles» (El Comercio 2013b).
También el presidente del Perú, Ollanta Humala Tasso, se pronunció a favor de la mencionada ley diciendo que «Con esto [la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable] no se está atentando contra la libertad, lo que hacemos es promover una cultura sana y en eso queremos que nos ayuden los gobiernos regionales y los alcaldes y las autoridades en general. Algunos empresarios consideran a nuestros hijos como un mercado del cual pueden sacar un provecho económico abusando de la ingenuidad para que compren cualquier cosa» (El Comercio 2013c).
Por su parte, Juan Jiménez, ex presidente del Consejo de Ministros del Perú, manifestó que «La ley no establece en lo absoluto ninguna imposibilidad de desarrollo de la industria alimentaria en el país. Eso está fuera de ley [...] la industria podrá producir los alimentos y los productos que considere convenientes y necesarios de acuerdo al mercado. Lo que se está planteando es básicamente una política de salud pública vinculada a la alimentación, creo que es loable para el país que tengamos políticas adecuadas en materia de salud y que podamos prevenir. Aquí no se está conculcando el derecho a nadie, aquí lo que se está planteando es cómo mejorar la salud de la población y es, en todo caso, una adecuada ponderación de derechos, pero no se restringe en absoluto el nivel ni la producción de la industria en el país ni en el extranjero» (El Comercio 2013d).
En esta línea, la ministra de Salud Midori de Habich dijo que «En el Perú ya hemos hecho una transición de una carga de enfermedad que significaba años perdidos por muerte prematura o por discapacidad, a un perfil donde una gran carga se debe a enfermedades no transmisibles o crónicas, como diabetes o cáncer. La ley busca prevenir que estos problemas en el futuro se conviertan en una crisis para el sistema, como está ocurriendo en otros países. Esto es información al consumidor, no es prohibición. Y ya en el Código de Protección al Consumidor se indicaba que lo que se quiere es un consumidor informado. La ley no prohíbe la venta ni la producción, pero sí pide información para el consumidor» (El Comercio 2013e).
Finalmente, Crisólogo Cáceres, presidente de la Asociación Peruana de Consumidores (Aspec), afirmó que «El Código de Protección y Defensa del Consumidor establece que el Estado debe velar por el bienestar de los consumidores y esta es una norma destinada a ello, especialmente a los más jóvenes. Entonces, es obligación del Estado regular este tema. [...] Si ya ha quedado demostrado que la comida industrializada hace daño, entonces tiene que haber una regulación especial. [...] Aquí se quiere confundir deliberadamente a la población. Exhorto a los empresarios a que dejen de confundir a la población, porque emiten un discurso en el que sostienen que con esta norma se va a prohibir el pollo a la brasa, el pan con chicharrón, el suspiro a la limeña porque tienen demasiada grasa o azúcar, lo cual no guarda relación con lo que señala la norma. Nadie se está metiendo con la gastronomía. [...] Cualquier ley sobre este tema tiene necesariamente que referirse a la publicidad. En el texto aprobado por el Congreso se ha hecho caso a los empresarios y se eliminó el tema del horario, que era lo que más les molestaba. Se accede a este pedido eliminándose la restricción horaria y ahora quieren que se elimine toda mención relacionada con la publicidad. Eso es un abuso y el Estado no puede acceder a eso. Las empresas tienen como objetivo el lucro. El Estado, en cambio, tiene como fin supremo el bienestar de los ciudadanos. No se puede privilegiar al lucro de las empresas sobre la salud de 30 millones de consumidores peruanos, especialmente de los niños. [...] Las enfermedades crónicas que se pretenden evitar como obesidad, hígado graso, enfermedades coronarias, diabetes, hipertensión e insuficiencia renal son muy dolorosas y costosas. Entonces, es necesario prevenir y lo mejor es no esperar a que la gente se enferme para recién actuar» (Agencia Peruana de Noticias Andina 2013) (énfasis agregado).
En la otra orilla están los detractores a la mencionada ley como Alan García Pérez, ex presidente del Perú, quien afirmó que «con leyes no se va a evitar que la gente coma grasa. Lo que creo es que el Estado debe hacer políticas educativas de salud y en los colegios enseñar a los alumnos que esto (‘comida chatarra’) es negativo cuando se come en exceso» (El Comercio 2013f).
En la misma línea está Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, quien dice que «El Estado no debe imponer qué alimentos consumir, pues esa es una labor de tipo educativa que corresponde íntegramente a los padres. Hace mucho tiempo que no como comida chatarra. Creo que mucha de esa comida hace daño, pero que me impongan y que me impidan [...]. Muchos han salido a discutir por qué el Estado le tiene que decir a sus hijos qué debe o no debe comer, por qué deben decirle qué es lo mejor o lo peor cuando es una tarea de los padres de familia» (El Comercio 2013g).
Al respecto, el congresista Juan Carlos Eguren señaló: «Si habrá limitaciones para los anunciantes, es obvio que la pauta publicitaria de los medios va a caer, lo que puede afectar gravemente la economía de los medios de comunicación y eso ni siquiera es lo más grave. Lo más grave es que los medios comenzarán a depender en exceso de la publicidad estatal al disminuir la publicidad privada. Eso es muy peligroso,