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Timestamp: 2019-12-06 20:33:17
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título La protección penal del derecho al honor en los delitos por injurias y calumnias
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Hoy en día el derecho al honor de cualquiera puede verse fácilmente lesionado por los medios de comunicación, especial mención merece en los últimos tiempos la llamada "prensa rosa" o "prensa del corazón". Por ello, me parece evidente que tanto los medios de comunicación como cuantas personas usen de su libertad de expresión no puedan actuar ilimitada e irresponsablemente, deformando la verdad, inclusive mintiendo, y entrometiéndose ilegítimamente en vidas privadas ajenas.
Sin embargo, el único criterio legal directo que nos sirve como delimitador de las libertades de expresión e información es el artículo 24.4 de la Constitución Española cuando dice que "tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen". Pero este parámetro que refleja el anterior precepto de nuestra Carta Magna, además de ser muy parco, tampoco fija hasta que punto se pueden ejercer estas libertades ni, a sensu contrario, cuáles son los límites del derecho al honor, a la intimidad y la propia imagen en aras de la libertad de expresión o información.
En este artículo afrontamos el análisis del derecho al honor desde la vertiente del Derecho Penal, realizando para ello un estudio comparativo sobre la regulación y protección penal del honor en los delitos de injurias y calumnias en el Código Penal de 1973, conocido entre los operadores como el antiguo Código Penal (ACP), y el Código Penal de 1995, también conocido como el nuevo Código Penal (NCP) o como el Código Penal de la Democracia1.
Así, repasamos brevemente los antecedentes legislativos de los delitos contra el honor en nuestro ordenamiento jurídico y en el derecho comparado. Además, se ha intentado delimitar el bien jurídico protegido en los delitos de injurias y calumnias, es decir, el honor, como manifestación de la dignidad de las personas. Posteriormente, se aborda la comparación de la regulación de los delitos de injurias y calumnias en el anterior y el nuevo Código Penal. Para lograr este objetivo, se analizan los elementos integrantes de ambos tipos penales, tales como el concepto, la penalidad, las disposiciones comunes, los grados de ejecución, la consumación, prescripción y las causas de justificación. Seguidamente, también se ha estudiado desde un punto de vista crítico la especialidad que constituyen las injurias y calumnias a la Corona y a las instituciones y símbolos del Estado.
Finalmente, exponemos la normativa reguladora y protectora del derecho al honor en sus diversas manifestaciones : 1) constitucional, 2) penal y 3) civil, finalizando con un escueto análisis de la problemática entre la vía civil y penal para perseguir el resarcimiento de los daños causados por las injurias y calumnias.
La regulación de la injuria y la calumnia en el Código Penal de 1.995 implicó un profundo cambió en la concepción del legislador de los delitos contra el honor en relación con el tratamiento dado por el Código Penal de 1.973. Esta modificación tuvo tal calado que hizo prácticamente inservibles las construcciones doctrinales y las interpretaciones jurisprudenciales existentes sobre la materia hasta ese momento. No obstante, para poder entender mejor el cambio introducido por el legislador español, se requiere de unas breves referencias a los antecedentes legislativos de nuestro ordenamiento jurídico sobre los delitos contra el honor, así cómo al tratamiento dispensado por otros ordenamientos jurídicos y su influencia en vigente regulación.
2. Antecedentes legislativos de los delitos contra el honor en nuestro ordenamiento jurídico
La protección penal del derecho al honor es muy antigua. Así, se consideraban injurias los delitos que se proferían contra una persona. Al mismo tiempo, las injurias era la denominación general ya que éstas, a su vez, se diferenciaban entre la contumelia y la difamación. La diferencia que existía entre ambas radicaba en que, la primera, consistía en una ofensa que requería ser realizada en presencia del destinatario de la misma, mientras que la difamación se realizaba a espaldas del destinatario. Por su parte, dentro de la difamación encontramos el libelo que era una forma de la anterior y que se caracterizaba por las notas de escritura y permanencia.
En España, será el Código Penal de 1822 el que recoja la protección penal del honor en su Título II de la Parte Segunda. Entre los delitos "contra la honra, fama y tranquilidad de las personas" se contiene un epígrafe "de las calumnias, libelos infamatorios, injurias y revelación de secretos confiados". Por otra parte, con el Código Penal de 1848 se establecerá una regulación cuyos rasgos estructurales se perpetuarán hasta nuestros días y que incluso determinarán el contenido del Proyecto de 1980 y la Propuesta del Código Penal de 1983. Será únicamente en el Código Penal de 1928 cuando aparezca la figura de la difamación aunque fue eliminada rápidamente.
3.1. Sistemas que distinguen entre injuria y calumnia
El primer ejemplo de código penal que sigue esta distinción es el Código Penal italiano, el cual diferencia entre injuria (ofensa al honor de una persona presente), es decir, la antigua contumelia, y difamación (ofensa a la reputación de otro fuera de su presencia).
En segundo lugar, el Código Penal portugués distingue entre injuria y difamación, utilizando para ello el criterio de la dirección del acto al ofendido y a terceros, y configurando la calumnia como injuria o difamación realizada con conocimiento de la falsedad de lo imputado.
3.2. Sistemas que distinguen entre injuria, difamación y calumnia
En cambio, el Código Penal alemán adoptó distingue entre injuria (Beleidigung), difamación (üble Nachrede) y calumnia (Verleumdung) (artículos 185 y siguientes). La difamación y la calumnia comportan imputación de hechos, que no precisan ser delictivos, y se diferencian entre sí por la exigencia de prueba de la falsedad que caracteriza a la calumnia. La distinción que se realiza en este ordenamiento jurídico no coincide totalmente con los señalados para el derecho histórico ni con los de nuestro sistema actual.
Por otra parte, los Códigos Penales austríaco y suizo también siguen este sistema regulando la difamación, la cual se reserva para las imputaciones de hecho.
3.3. El sistema anglosajón y la influencia en la nueva regulación de estos delitos en el Código Penal del 95
El derecho anglosajón merece un apartado especial porque ha influido de forma importante en la regulación de estos delitos por nuestro legislador. En el derecho anglosajón, el peso de la protección del honor descansa en las acciones por libelo y fundamentalmente se basa en la vía civil. Siguiendo a vives antón, "es precisamente, el Derecho anglosajón y, concretamente, el norteamericano, como se destaca en el informe del Consejo General del Poder Judicial al Anteproyecto de Código Penal de 1992, el que ha condicionado la óptica de los Tribunales Constitucionales europeos y el que parece haber motivado la posición adoptada por el legislador de 1995 en esta materia2. Resumiendo la nueva perspectiva, puede decirse que la protección de la libertad de información, que tradicionalmente basculaba sobre la verdad objetiva, se ha estimado insuficiente, adelantándose al momento previo de la veracidad subjetiva, conforme al mandato expreso del artículo 20.1 d) de la C.E.3, con lo que la tutela al honor se hace más débil, desplazándose, a su vez, el peso de su protección hacia la vía civil4."5
Por consiguiente, la nueva regulación que se recoge en el Código Penal parece que debilita la protección del honor en la vía penal, y la desplaza a la vía civil, como en el caso anglosajón, para exigir, en su caso, la correspondiente indemnización por daños y perjuicios. No obstante, esto lo veremos con mayor extensión en un epígrafe posterior.
Como ya hemos indicado en nuestra introducción, el artículo 18.1 de la Constitución Española garantiza conjuntamente "los derechos al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen", aunque son diferentes por su objeto específico, sus límites y sus formas de protección6.
2. El honor como manifestación de la dignidad de las personas
El bien jurídico que se protege en los delitos de injurias y calumnias es el honor. Sin embargo, esta delimitación del bien jurídico protegido en los delitos de injuria y calumnia que, en principio, parece tan fácil, simple y clara, acarrea bastantes problemas a la hora de delimitarlo desde un punto de vista jurídico-penal ya que se trata de una idea multívoca y de gran riqueza semántica.
El honor, como objeto de protección penal, ha sido entendido desde diversas perspectivas psicológicas, sociológicas y morales, pero también ha sido concebido jurídicamente desde la perspectiva del Derecho, perspectiva que es la que nos interesa. Para MUÑOZ CONDE "la existencia de un ataque al honor depende de los más diversos imponderables, de la sensibilidad, del grado de formación, de la situación tanto del sujeto pasivo como del activo, y también de las relaciones recíprocas entre ambos, así como de las circunstancias de hecho"7.
Desde esta perspectiva jurídica, la esencia del honor se basa en la dignidad de la persona, que es predicable en virtud del artículo 10.1 de la C.E. que encabeza el Título I de la misma que se denomina "De los derechos y deberes fundamentales" y la STC de 2 de diciembre de 1988. En este sentido, VIVES ANTÓN señala que "la dignidad de la persona se manifiesta a través de un conjunto de derechos inviolables que le son inherentes. Tales derechos son, básicamente, los que la Constitución denomina fundamentales", es decir, los de la Sección 1ª, del Capítulo II, del Título I, entre los que se incluye la protección del honor en el artículo 18.1 C.E., y "por consiguiente, la lesión de los mismos implicará una lesión mediata de la dignidad de la persona"8.
Igualmente, SEMPERE RODRÍGUEZ, al tratar la problemática entre los artículos 18 y 20 de la C.E., indica que "a mi juicio, la problemática que subyace en el reconocimiento de los derechos del presente precepto y en otros de la presente sección no es más que el de la libertad y la dignidad de la persona" y "ello pone de manifiesto que los artículos 18 y 20 de la C.E. deben entenderse especialmente vinculados, en su interpretación, con otros preceptos de la Carta Magna, como el 10 (dignidad y libre desarrollo de la personalidad) y en alguna forma el 15 (nadie puede ser sometido a tratos inhumanos y degradantes)".
También el Tribunal Constitucional en las SSTC 214/19919, de 17 de diciembre, y 78/199510, de 22 de mayo, señala que "el reconocimiento constitucional de la dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad, además de encontrarse en la base del reconocimiento de otros derechos como el honor y la intimidad, cumple funciones, tanto de principio interpretativo como de norma integradora del ordenamiento". No obstante, existen sentencias que rechazan ese papel integrador del artículo 10 de la C.E. como es el caso de la STC 297/199411, de 14 de noviembre.
A pesar de lo recogido en la STC 297/1994, los ataques que se realizan al honor los debemos entender como ataques inmediatos contra la dignidad de la persona : en su autoestima y fama (heteoestima). En tal sentido se ha pronunciado el T.S. Federal norteamericano, al afirmar en los casos Rossenblatt vs. Baer (1966) y Gertz vs. Robert Welch Inc. (1974) que "el derecho individual a la protección del propio buen nombre no refleja más que nuestro concepto básico de dignidad esencial y valor de todo ser humano, un concepto que ha de hallarse en la raíz de cualquier sistema decente de libertad ordenada".
3. Elementos que integran el honor
Por consiguiente, si entendemos el honor desde la óptica expuesta, llegaremos a la conclusión de que el honor está compuesto por dos elementos complementarios como son: 1) el honor interno y 2) el honor externo. El primero, es decir, el honor interno, sería "ideal e intangible, que posee el hombre como ser racional y que se identifica con la dignidad de la persona"12, mientras que el honor externo sería "en el que se concreta el anterior", es decir, sería el juicio que la comunidad proyecta sobre el individuo, es decir, la reputación o fama social.
En ésta línea, cabe resaltar el pronunciamiento del Tribunal Federal alemán en Sentencia de 18 de noviembre de 1957, donde señala que el honor se halla constituido por el honor interno. Por ende, únicamente desde la idea de honor interno o de la dignidad de la persona podrá determinarse cuándo un menoscabo de la reputación o de la propia estima constituye un atentado al honor.
Llegando a la conclusión de que el factor determinante de la protección jurídica es el honor interno entendido como dignidad de la persona, se produce un proceso de socialización de lo que entendemos por honor. El honor corresponde, así, a toda persona por el mero hecho de serlo y se desliga, por el peso del principio de igualdad de concepciones aristocráticas, plutocráticas o meritocráticas. Las particularidades representadas por el linaje, la posición social y económica o los méritos van a perder la importancia que tuvieron. El derecho al honor, tal y como lo configura la Constitución, corresponde a todos y ha de tener, por consiguiente, un contenido general. En la misma línea, MUÑOZ CONDE señala que "el honor se democratiza, es decir, se le concede a toda persona por el hecho de serlo, independientemente de su edad, sexo, nacionalidad, religión, profesión, etc."13.
Esta distinción del honor en sentido objetivo como fama o reputación y el honor en sentido subjetivo como la propia estimación viene recogido en las SSTS, Sala 1ª, 23 de marzo14 y 26 de junio15 de 1987, y 24 de abril 198916. La de 23 de marzo habla "de dos aspectos íntimamente conexos : a) el de la inmanencia, representada por la estimación que cada persona hace de sí mismo, y b) el de la transcendencia o exteriorización, representada por la estimación que los demás hacen de nuestra dignidad". En este sentido, DE CUPIS define el concepto de honor como "la dignidad personal reflejada en la consideración de los demás y en el sentimiento de la propia persona".
La STS, Sala 1ª, de 9 de octubre de 199717 afirma que ésta es la definición aceptada unánimemente en la doctrina, "la cual ha sido, a su vez, aceptada y seguida por esta Sala, que, desde la sentencia de 23 de marzo de 1987, reitera que el honor se integra por dos aspectos, el de la inmanencia representado por la estimación que cada persona hace de sí misma, y el de trascendencia, integrado por el reconocimiento que los demás hacen de nuestra dignidad".
En cuanto a la distinción entre honor y prestigio profesional, la verdad, es que la jurisprudencia ha sido vacilante, pero hacia los años noventa parece admitirse por los tribunales que la faceta objetiva del honor comprende la reputación o prestigio en todos los ámbitos de la actividad humana.
PRÁctica bolonia V: la protección penal de los derechos personalísimos
Por la Dra. Bibiana Birriel y el Dr. Carlos Christian Sueiro. Docentes de Derecho Penal (uba)
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