Source: http://fvg.mx/derecho-internacional-priva-2/patino.html
Timestamp: 2017-10-19 09:03:01
Document Index: 378453618

Matched Legal Cases: ['artículo 69', 'artículo 269', 'artículo 278', 'artículo 69', 'artículo 33', 'artículo 31', 'artículo 12']

Patiño | Fernando Villarreal Gonda
RESUMEN DE LOS HECHOS Y DEL PROCEDIMIENTO
TESIS JURISPRUDENCIALES - MÉXICO
ARTÍCULO DE HORGE AURELIO CARRILLO
ARTÍCULO DE CARLOS TELLO DÍAZ
IDENTIFICACIÓN DEL CASO: Patiño (dar click aquí)
El caso Patiño constituye uno de los clásicos del Derecho Internacional Privado. Calificado por la doctrina como “novela político-jurídica”, se desarrolló a lo largo de más de 20 años de procedimientos judiciales y dio lugar a 20 grandes sentencias, aproximadamente. Más allá de la abundancia, debe subrayarse la extrema diversidad de cuestiones controvertidas y la calidad de las respuestas que algunos los tribunales dieron a dichas cuestiones.
#Reconocimiento de sentencias judiciales extranjeras
#Derecho aplicable al divorcio
#Derecho aplicable a la separación de cuerpos
#Conflicto móvil
#Reenvío en segundo grado
Lee detenidamente los hechos, y responde, para debatir en clase, las siguientes preguntas:
1. ¿Cuáles son los hechos relevantes?
2. ¿Cuáles son los principales problemas jurídicos planteados?
3. ¿Qué derecho fue aplicado a cada uno de esos problemas? ¿Cuántos fueron y por qué razones se aplicaron?
4. ¿Qué jueces intervinieron en la solución de esos problemas? ¿Cuántos fueron, de qué países y por qué razón se consideraron competentes o incompetentes para conocer y resolver esos problemas?
5. ¿Cómo funcionan la figura del Reenvío y la figura del Orden Público Internacional?
Lee detenidamente las tesis jurisprudenciales que aparecen delante, y prepara, para debatir en clase, la siguiente pregunta:
6. ¿Cuáles son, resumidamente, las tesis de la Suprema Corte?
Lee detenidamente el documento que Jorge Aurelio Carrillo, como Profesor de Derecho Internacional Privado en la Facultad de Derecho de la UNAM, envió al Lic. Miguel de la Madrid Hurtado, de la Barra Mexicana - Colegio de Abogados, el 3 de abril de 1961, y prepara, para debatir en clase, la siguiente pregunta:
7. ¿Cuáles son las críticas que endereza el maestro en contra de la postura de la Corte?
Finalmente, lee con atención el artículo de Carlos Tello Díaz, intitulado “El Divorcio Mexicano de Antenor Patiño”, publicado en Nexos en línea
El 8 de abril de 1931, María Cristina de Borbón y Bosch-Labrus, española, menor de 18 años, contrajo matrimonio, en Madrid, con Antenor Patiño y Rodríguez, boliviano. Por el matrimonio, ella adquirió la nacionalidad boliviana. El 7 de abril de 1931, los futuros esposos celebraron un contrato donde pactaban la separación de bienes y lo sujetaban a la ley boliviana. Por ser menor, el padre adoptivo de ella, Don Fernando Sebastián de Borbón y Madán, la autorizó para contratar. Establecieron su domicilio conyugal en París. Con motivo de la guerra, ella estableció su domicilio en Nueva York y él en Londres. En 1944 iniciaron las desavenencias conyugales.
Ella demandó el divorcio ante tribunales de Estados Unidos. El 10 de julio de 1944 celebraron un contrato por el que él prometió darle dinero, a cambio del desistimiento de la demanda y de la renuncia de ella a cualquier derecho de obtener cualquier indemnización en el caso de que se pronunciara el divorcio o la separación de cuerpos.
El 16 de abril de 1946, él demandó el divorcio en París. El 13 de diciembre de 1946, el Tribunal del Sena se declaró incompetente para conocer de una demanda de divorcio entre extranjeros. El 12 de mayo de 1947, la Corte de Apelación revocó la sentencia. El 21 de junio de 1948, la Corte de Casación abandonó el viejo principio de incompetencia de los tribunales franceses para conocer del divorcio entre extranjeros. El 28 de junio de 1950, toda vez que con motivo de la decisión anterior ya no existía el obstáculo de la incompetencia judicial, el Tribunal del Sena desechó la demanda con fundamento en que el divorcio estaba prohibido por la ley española a la que reenviaba parcialmente la ley boliviana, que era la ley de la nacionalidad de los esposos. El 12 mayo 1951, la Corte de Apelación admitió la demanda que originalmente era de divorcio y él convirtió en demanda de separación de cuerpos. El 21 de octubre de 1952, la Corte de Casación casó por violación a la regla del doble nivel de jurisdicción. Él desistió de la demanda presentada ante los tribunales franceses.
El 14 noviembre 1958, él obtuvo el divorcio en México.
El 1 de agosto de 1949, ella demandó ante los tribunales españoles la nulidad del contrato de separación de bienes y solicitó que los declaren unidos en sociedad conyugal, y ganó. El 23 de mayo de 1954, la Corte de Madrid revocó la sentencia. El 1 julio de 1955, el Tribunal Supremo confirmó.
El 17 de octubre de 1956, a petición de ella, el Tribunal del Sena declaró la nulidad del contrato de separación de bienes, por incapacidad, debido a que la ley española, ley de su nacionalidad el día en que celebró el contrato, exigía la ayuda del padre adoptivo y no su autorización. El 1 de julio de 1959, la Corte de Apelación confirmó. El 15 de mayo de 1963, la Corte de Casación rehusó casar la sentencia, desechando el recurso de él.
El 2 de julio de 1958, el Tribunal del Sena concedió la separación de cuerpos solicitada por ella. El 1 de julio de 1959, la Corte de Apelación de París confirmó, aplicando la ley francesa al caso, con motivo del orden público internacional francés, pues la combinación de las leyes boliviana y española impedía el relajamiento del lazo conyugal. El 15 de mayo de 1963, la Corte de Casación confirmó: es procedente la separación de cuerpos solicitada por ella; los jueces de fondo correctamente concluyeron que la aplicación de las reglas de conflicto francesas, en combinación con el contenido de la ley boliviana (que no conoce la separación) y su reenvío a la ley española (que no permite el divorcio) lleva a la imposibilidad tanto del divorcio como de la separación de cuerpos, lo cual es contrario al orden público internacional francés, por lo que la ley del foro es aplicable en sustitución de la ley normalmente aplicable.
En diversas fechas, 12 de julio de 1945, 15 de julio de 1949 y 14 de julio de 1951, los Tribunales de Nueva York ordenaron el cumplimiento del contrato de 10 de julio de 1944, por el que él se comprometió a darle dinero a ella a cambio del desistimiento de la demanda de divorcio intentada por ella en Nueva York. El 5 febrero de 1953, él ganó en primera instancia, ante el Tribunal del Sena, la demanda de devolución del dinero que le dio a ella por el contrato de 10 de julio de 1944, por el que él se comprometió a darle dinero a ella a cambio del desistimiento de la demanda de divorcio intentada por ella en Nueva York. El 7 julio de 1954 él perdió en apelación ante la Corte de París.
Bibliografía: Ancel, Betrand et Ives Lequette, Grands Arrêts de la Jurisprudence Française de Droit International Privé. 4 éd. Paris, Dalloz, 2001.
DERECHO EXTRANJERO, CARGA DE LA PRUEBA DEL. A quien invoca la aplicación del derecho extranjero le incumbe la carga de probarlo, supuesto que los jueces mexicanos no son órganos de las leyes extranjeras.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 801,082, Tesis aislada Materia(s):Común, Sexta Época Instancia: Tercera Sala Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 120
DERECHO EXTRANJERO. A QUIEN LO INVOCA COMO FUNDAMENTO DE SU ACCION LE INCUMBE LA CARGA DE PROBARLO. Si el actor basó su acción en un matrimonio celebrado en el extranjero y regido por las leyes del lugar debió haber probado que según éstas el matrimonio canónico produce efectos jurídicos semejantes a los del matrimonio civil, destacadamente si en tanto que subsiste constituye un impedimento para que los unidos por el vínculo canónico puedan contraer con persona diferente matrimonio civil, y esto, porque en el derecho mexicano no sería impedimento, porque para éste el matrimonio canónico no produce ningún efecto jurídico. Lo expuesto no obsta para que nuestra República, en acatamiento de sus compromisos internacionales sobre la materia, reconozca a matrimonios no civiles sino de cualquiera otra índole que se celebren en otras naciones el valor y efectos jurídicos que sus propias leyes les atribuyen.
Amparo directo 5752/59. Rosario Marcos Sánchez de Sena. 2 de junio de 1960. Unanimidad de cuatro votos. Ponente: José López Lira. Sexta Epoca, Cuarta Parte: Volumen XXX, página 120. Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. Nota: En el Volumen XXX, página 120, esta tesis aparece bajo el rubro "DERECHO EXTRANJERO, CARGA DE LA PRUEBA DEL.". No. Registro: 271,398, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXXVI, Tesis: Página: 45, Genealogía: Apéndice 1917-1985, Cuarta Parte, Tercera Sala, primera tesis relacionada con la jurisprudencia 242, página 676.
ESTADO CIVIL. LEY APLICABLE. TERRITORIALIDAD DE LA LEY. Los artículos 12 y 13 del Código Civil establecen que las leyes mexicanas deben aplicarse a todos los habitantes de la República, sean nacionales o extranjeros y a los actos o contratos que, celebrados en el extranjero, deben ser ejecutados en el territorio de la República mexicana. La aplicación de las leyes mexicanas, por lo que respecta a los actos del estado civil, sólo procede en cuanto a los efectos de los mismos, pues en lo relativo a forma, se rigen por las leyes del lugar de su celebración.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 271,635, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 124
DOMICILIO. LEY QUE LO RIGE. INMUNIDAD DIPLOMATICA. La determinación del domicilio de una persona física se rige por las disposiciones del Código Civil, sea la persona nacional o extranjera y no por la Ley General de Población. Esta ley impone el registro de la población que comprende tanto a los nacionales como a los extranjeros y exige a estos últimos que se inscriban en el Registro de Extranjeros, cuando se internen en el país en calidad de inmigrantes y aunque puede ser de muy diversa condición dicha calidad migratoria, reconocida y calificada por la Secretaría de Gobernación, para internarse un extranjero en la República, si se identifica por medio de los documentos conducentes y lo hace mediante un pasaporte diplomático, con él legalmente entra al país, y puede establecer su domicilio y regirse por las leyes mexicanas, incluyendo las que se refieren al estado y capacidad de las personas, sin que sea exacto que los diplomáticos que radiquen en el país no puedan estar sujetos a la jurisdicción territorial, porque tal cosa así se disponga en el artículo 69 de la Ley General de Población y se desprenda del texto de los artículos 56 y 57 de la misma ley, que no tienen mas alcance, que el referente a cuestiones demográficas.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 271,634, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 122
CAPITULACIONES MATRIMONIALES, CONSECUENCIA JURIDICA DE LA DECLARACION DE NULIDAD DE LAS. Aun en el supuesto de que las capitulaciones matrimoniales, que estipulan la separación de bienes, se hubiesen declarado nulas, la consecuencia jurídica de ello, conforme al sistema de nulidades del Código Civil mexicano, no podría ser la de que se presumiera que la voluntad de los contrayentes fue la de casarse bajo el régimen de sociedad de bienes.
Amparo directo 7803/59. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente. Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 271,631, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 10 Genealogía: Apéndice 1917-1985, Cuarta Parte, Tercera Sala, primera tesis relacionada con la jurisprudencia 281, página 791.
PASAPORTES DIPLOMATICOS, ALCANCE PROBATORIO DE LOS. El pasaporte, aunque sea diplomático, sólo demuestra que la persona, que lo ostenta entro al país legalmente, pero no que tenga en la República mexicana, carácter diplomático; es bien sabido que pasaportes de tal calidad, son expedidos a título de cortesía a personas por algún motivo ameritadas y que nuestros embajadores las visan, a sabiendas de que no corresponden a personas designadas por sus gobiernos para desempeñar cargos diplomáticos, pero que aceptan por razones de reciprocidad.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. Nota: En el Apéndice 1917-1985, página 678, la tesis aparece bajo el rubro "PASAPORTES DIPLOMATICOS, ALCANCE PROBATORIO DE LOS.". No. Registro: 271,637, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 125, Genealogía: Apéndice 1917-1985, Cuarta Parte, Tercera Sala, tesis relacionada con la jurisprudencia 242, página 678
DIVORCIO, ADULTERIO COMO CAUSAL DE. PRUEBA PRESUNTIVA. Cuando todos los elementos probatorios, por su enlace, crean la convicción de que antes de seis meses anteriores a la presentación de la demanda del juicio de divorcio en que se dictó la sentencia reclamada, existían relaciones entre la demandada y un determinado hombre, que no eran sólo de amistad, si no de adulterio, puesto que el conjunto de circunstancias comprobadas, humana y lógicamente obliga a admitir que la compañía en viajes y la persistente convivencia en hospedaje no fue efecto de casualidad, si no de concierto por motivos erótico sexuales entre ellos, teniendo en cuenta que no es normal que una mujer casada se acompañe con un hombre, sin autorización del marido, con marcada frecuencia, por distintos lugares de diversos países y épocas sin tener con él más nexos que de sola amistad, debe estimarse justa la resolución de la Sala de que fue correcto que el a quo que declarara demostrada la causal de divorcio, de adulterio, no obstante referirse a hechos anteriores a los seis meses de que trata el artículo 269 del Código Civil, en virtud de que el artículo 278 del de Procedimientos Civiles dispone que, para conocer la verdad de los puntos controvertidos puede el juzgador valerse de cualquier persona, sea parte o tercero, y de cualquier cosa o documento, ya sea que pertenezca a las partes o a un tercero, sin más limitación que la de que las pruebas no estén prohibidas por la ley ni sean contrarias a la moral, excepciones que no se presentan en la especie. Por tanto, y toda vez que la demandada confesó no sólo tener relaciones con determinado hombre si no haber viajado con él y hospedándose en los mismos hoteles, la Sala tuvo que llegar a la conclusión de que esas relaciones no sólo fueron de amistad, dentro de los seis meses anteriores al ejercicio de la acción de divorcio, porque si antes de ese período fueron de adulterio, razonablemente no resulta admisible que precisamente y antes de tal período hayan cesado las adulterinas, para quedar en simples relaciones de amistad, máxime si la demandada ni siquiera intentó demostrar su afirmación relativa a la sola amistad. Por lo que la apreciación de las pruebas en la sentencia reclamada responde a un correcto uso de las facultades del juzgador y, por ende, no constituye violación de los preceptos que se citan del código procesal, pues si bien el adulterio no tuvo una prueba directa inconcusa, que su naturaleza misma no permite generalmente, el análisis de la confesión de la demandada, en relación con los testimonios rendidos, documentos y presunciones humanas, conducen seguramente a la conclusión de la autoridad responsable, que tuvo por acreditado que la demandada, hasta la fecha de la presentación de la demanda, mantenía relaciones que revelan adulterio con el hombre que se dijo en la demanda.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 271,632, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 120
DIVORCIO, LA SEPARACION INJUSTIFICADA DE UN CONYUGE COMO CAUSAL DE, ES DE TRACTO SUCESIVO. La separación sin causa justificada de la casa conyugal, además de inducir sospecha fundada de mala conducta, siembra el resentimiento y la desconfianza, a la vez que significa el incumplimiento de los deberes que impone el matrimonio, de asistencia, socorro mutuo y convivencia. Esta causal de divorcio es de tracto sucesivo, o sea, de realización continua y por tanto no se produce la caducidad de la acción en que ella se funde, a pesar de que haya transcurrido un término mayor de seis meses siguientes al día en que hayan llegado a noticia de abandonado los hechos respectivos, en virtud de que al persistir, subsiste la causa para demandar el divorcio.
Amparo directo 7803/58. María Cristina de Borbón de Patiño. 9 de diciembre de 1959. Mayoría de cuatro votos. Disidente: Gabriel García Rojas. Ponente: Mariano Ramírez Vázquez. No. Registro: 271,633, Tesis aislada, Materia(s):Civil, Sexta Época, Instancia: Tercera Sala, Fuente: Semanario Judicial de la Federación, Tomo: Cuarta Parte, XXX, Tesis: Página: 122
Abril-Junio • Año 1961
EL CASO PATIÑO-BORBON ANTE EL DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO (1)
JORGE AURELIO CARRILLO
"(1) Título de la Redacción.
Publicamos una carta dirigida al Secretario de nuestra Comisión Editora, por el señor licenciado Jorge A. Carrillo, Profesor de Derecho Internacional Privado en la Facultad de Derecho de la U.N.A.M. Su autor expone interesantes comentarios alrededor de una sentencia de amparo pronunciada recientemente por la Tercera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. También publicamos los Considerandos cuarto, quinto y decimotercero de la sentencia referida, que son los que conciernen a las materias de Derecho Internacional y que son el antecedente de los comentarios del licenciado Carrillo. Recibiremos con mucho gusto, y publicaremos, en su caso, los comentarios de nuestros lectores acerca de este interesante juicio.
México, D. F., a 3 de abril de 1961.
Sr. Lic. Miguel de la Madrid Hurtado.
Barra Mexicana. Colegio de Abogados.
Como ya te he expresado en muchas ocasiones, no es una tarea fácil elaborar -en mi caso debería decir pergeñar-, un artículo para la revista de la Barra de Abogados. Quisiera uno medir, pesar, evaluar todas y cada una de las palabras que van a emplearse, pues sabe uno que van a pasar por el tamiz, por el riguroso tamiz, de abogados de gran prestigio y erudición.
Pero por otra parte, y convengo contigo en ello, de vez en cuando es preciso "echar tu cuarto a espadas", aun a sabiendas que errarás, porque ese temor, ese respeto que impone nuestra revista, ha ido provocando, paradójicamente su cada vez más espaciada publicación.
Nos decía el Dr. Recasens Siches en una de sus inolvidables clases, que cuando realmente tuviéramos algo que decir, lo dijéramos; con la certeza de que lo diríamos bien. Si bien esto lo refería a la palabra hablada, yo lo quiero invocar para la palabra escrita, pues tú sabes que siempre es conveniente avalar tu conducta con frases de personas que saben más que tú.
Ahora bien, amigo, yo tengo algo que decir. Quiero comentar contigo la sentencia dictada en el amparo número 7803/58, hecha pública apenas el año pasado, y que para nosotros, los que hemos hecho del Derecho Internacional Privado, nuestro campo de trabajo, creemos, pecado tal vez de excesivo optimismo, que alcanzará cierto renombre internacional.
Si tal cosa no ocurriera así, por lo menos te puedo garantizar que el caso Patiño representará en el Derecho mexicano, una marca de obligada mención en las cátedras, charlas, conferencias, etc., conectadas con ese campo del derecho al que Quintín Alfonsín, en un rasgo genial, le ha llamado con mayor propiedad el Derecho Privado internacional.
Y va de cuento, amigo.
Cuando yo pregunto en mis clases, ¿qué ley va regir el divorcio en México de un boliviano domiciliado en nuestro país, casado con una española en Madrid, que establecen su domicilio primero en París y después en Nueva York, con capitulaciones matrimoniales declaradas nulas en España y válidas en Bolivia; y sin que la cónyuge se encuentre en México?, mis alumnos se sonríen socarronamente diciendo para sus adentros, "lo que imaginan los profesores de Derecho Internacional Privado para tormento de nuestras mentes". Pero es eso exactamente lo que ha resuelto en definitiva nuestra Suprema Corte en el amparo que comentamos.
Antenor Patiño, boliviano, contrajo nupcias con María Cristina de Borbón, española, en Madrid, en el año de 1931. Celebraron en esa fecha capitulaciones matrimoniales para establecer el régimen de separación de bienes, las cuales, en años posteriores, fueron declaradas nulas en España, pero totalmente válidas en Bolivia, por los tribunales respectivos de cada uno de ambos países. Establecieron su domicilio en París; pero con motivo de la guerra, se vieron obligados a trasladarlo a Nueva York. Durante su estancia en esa ciudad, se inicia un juicio de divorcio por María Cristina en contra de Patiño el cual concluye con un convenio de reconciliación firmado ante los tribunales neoyorquinos. En diversos juicios seguidos ante estos mismos tribunales, se fijan pensiones alimenticias a favor de María Cristina, las cuales pueden hacerse efectivas sólo en tanto permanezca ella en territorio americano. En el año de 1945, regresa Patiño a París y requiere formalmente a su esposa, a través del Tribunal Civil del Sena, para que se reintegre al domicilio que él establece nuevamente, en esa ciudad, a lo cual María Cristina no accede por tener un nuevo litigio pendiente en contra de su cónyuge ante las cortes de Nueva York para disolver el vínculo matrimonial. Inicia Patiño entonces a su vez, un juicio de divorcio ante las cortes francesas, el cual no prospera como tal, por lo que se ve obligado a cambiarlo por un juicio de separación de cuerpos, en el cual se dicta una "ordenanza de no conciliación por la que se prohíbe a María Cristina molestar a su esposo en su domicilio; y a él se le autoriza a solicitar el uso de la fuerza pública para impedir que tal cosa suceda.
Así las cosas, Antenor Patiño llega a México con pasaporte diplomático, sostiene que ha establecido su domicilio en nuestro país y demanda, ante el Juzgado Séptimo de lo Civil de esta capital, el divorcio de su esposa, invocando diversas causales de la ley mexicana, que no viene al caso detallar, más la de abandono de hogar para justificar la competencia de los tribunales mexicanos, en acatamiento a la disposición del Código de Procedimientos Civiles del D. F., que declara competente en los juicios de divorcio, al juez del domicilio del cónyuge abandonado (énfasis nuestro).
Planteado así el problema, procede hacerse las siguientes preguntas: 1) ¿deben los tribunales mexicanos conocer de esta demanda?; 2) de hacerlo ¿es legitimo aplicar la ley substantiva mexicana a hechos ocurridos con anterioridad, no digamos a la demanda, sino a la residencia de Patiño en la República y en países distintos a México en los cuales, por necesidad, nunca se pensó que se estaba violando una ley con la cual las partes no tenían ningún contacto?; 3) ¿no es este caso el que tipifica lo que en nuestra especialidad se conoce con el nombre de "fraude a la ley"?
Afortunadamente, amigo, las preguntas no han quedado en el aire, y nuestros tribunales, por riguroso escalafón han ido dando sus respuestas, las cuales se encuentran resumidas en la sentencia de amparo correspondiente al juicio número 7803/58 de que venimos hablando.
Se concluyó que Patiño si estaba domiciliado en México porque llegó a nuestro país y "acreditó ser extranjero, habitante de la República Mexicana, con domicilio en la Ciudad de México, en la que reside, con propósito de establecerse, según expresamente lo manifestó con anterioridad a la presentación de su demanda de divorcio, a la autoridad respectiva y que, consecuentemente, lo coloca en posición de serle aplicables las leyes mexicanas, conforme a los artículos 12 y 29 del Código Civil” (énfasis nuestro) (fojas 124). Así que basta la declaración ante "la autoridad respectiva" para que un extranjero establezca su domicilio en México, y además como "la determinación del domicilio de una persona física, se rige por las disposiciones del Código Civil, sea la persona nacional o extranjera, y no. . . por la Ley General de Población" (fojas 126), todo extranjero podrá invocar la ley mexicana, aun en perjuicio de terceros, si previamente a la presentación de su demanda, de su querella, de su gestión administrativa, ha declarado "ante la autoridad respectiva" su propósito de establecerse en la República.
No sé tú que opines amigo; pero yo creo que nuestros tribunales deben ser un poco más exigentes en este particular. Además, recuerda que Patiño ingresó al país con pasaporte diplomático, y de acuerdo con el artículo 69 de la Ley General de Población "los diplomáticos y agentes consulares. . . no adquirirán derechos de residencia por mera razón de tiempo". No es posible regir el domicilio de los extranjeros exclusivamente por el Código Civil. La Ley General de Población, como reglamentaria que es del artículo 33 Constitucional, debe ser tomada muy en cuenta para estos efectos, ya que los ordenamientos se complementan los unos con los otros y el orden jurídico mexicano es uno solo e indivisible. A menos, claro, que hayan pesado grandemente sobre el tribunal "las inversiones de cuantía que ha hecho Patiño en nuestro país" (fojas 94/95); pero no es jurídico invocar este hecho para justificar el pseudo-domicilio de un extranjero; ya que el propio Código Civil, antepone al "principal asiento de sus negocios", "el lugar donde reside con el propósito de establecerse en él".
Así pues, le fue admitida su demanda a Patiño; pero, afortunadamente, nuestros tribunales del Distrito Federal son más escrupulosos que algunos de los estados, y decidieron emplazar personalmente a María Cristina de Borbón, quien compareció a juicio y tuvo oportunidad de ser oída (y vencida) con todas las garantías que nuestra Constitución otorga.
Ahora bien, no porque la cuestión del domicilio hubiera quedado decidida, nuestras cortes estaban obligadas a conocer del juicio de divorcio. Era evidente que el domicilio conyugal estaba o en Nueva York o en París; pero no en México. De aquí que aun cuando Patiño residiera en nuestro país, no por eso eran competentes nuestros tribunales para seguir dicho juicio. Es por eso que Patiño invocó la causal de divorcio denominada "de abandono de hogar", pues gracias a esa causal se daba pie para que nuestras cortes intervinieran. De aquí que la Tercera Sala del Tribunal Superior sostuviera que
". . . la regla general sobre acciones de estado civil, es la de que es competente el juez del domicilio del demandado; y la regla de excepción, tratándose de juicio de divorcio por abandono de hogar, es la de señalar como competente al juez del domicilio del cónyuge abandonado; . . . pero si al estudiarse las causales en este juicio de divorcio, resultase que Patiño no es cónyuge abandonado, también serían competentes los tribunales de la ciudad de México. No estando divorciado Patiño, su domicilio legal en México, es el domicilio conyugal" (fojas 24/25).
Esto sí me parece un despropósito, amigo. La razón que justifica que el cónyuge abandonado pueda demandar en su propio domicilio, es evitarle quedar vinculado a una persona que se ha alejado de él y que, por ignorar su paradero, carezca de acción procesal para deshacer legalmente el matrimonio que de hecho ha desaparecido. Pero en este caso, Patiño, de haber sido abandonado, lo fue en París (María Cristina contende que ella fue la abandonada en Nueva York) y por mucho que queramos torcer el sentido de la ley, no podemos aceptar sin repugnancia, que "no estando divorciado Patiño, su domicilio legal (¿habrá leído la Sala lo que se entiende por domicilio legal según el artículo 31 del Código Civil?) en México, es el domicilio conyugal". ¿En virtud de qué alquimia convierte la Sala en domicilio conyugal lo que es simple tránsito o lugar de "inversiones de cuantía", para usar la frase ya citada? No lo sé, amigo. No lo comprendo.
Pero supongamos que realmente nuestros tribunales fueron competentes tanto por razón del domicilio como por la causal de divorcio ya anotada. ¿Tendría por eso que aplicarse la ley substantiva mexicana?
Sobre el particular tenemos, efectivamente, el artículos 12 del Código Civil que dice (contra toda la doctrina internacional, que si bien discrepa en detalles no puede ser tan tajante como nuestra disposición) que "las leyes mexicanas, incluyendo las que se refieran al estado y capacidad de las personas, se aplicarán a todos los habitantes de la República, ya sean nacionales o extranjeros, estén domiciliados en ella o sean transeúntes” (énfasis nuestro). Este artículos se introdujo en contra de la opinión de la comisión redactora, quien en su exposición de motivos había sostenido que "en el proyecto se completó la teoría de los estatutos desarrollados en el Código de 84. Se reconoce que la ley personal debe regir el estado y capacidad de las personas; pero que esa ley no se aplicará si pugna con alguna disposición de orden público".
Pero aun así, amigo, el artículo 12 debe aplicarse con sentido común. Su espíritu es el de sujetar a todos los habitantes de la República a las leyes mexicanas, el de evitar que los extranjeros pretendan invocar su estatuto personal en perjuicio de los nacionales, el tener una norma común e igual para todos para evitar una situación privilegiada de los sectores, muy numerosos, de extranjeros que habitan en el país. Si bien gozan de todas las garantías que otorga la Constitución, deben sujetarse a sus leyes como los nacionales. Pero sostener con base en ese artículo, que un matrimonio celebrado por un boliviano con una española en Madrid, con domicilio conyugal en París y en Nueva York sucesivamente, puede ser disuelto a petición de una sola de las partes invocando causales contenidas en la ley mexicana, con la que los cónyuges no tuvieron contacto jamás, bajo la cual nunca vivieron, es un desacierto mayúsculo, ¿no crees?
Existe en la jurisprudencia norteamericana el famoso caso Torlonia, resuelto en el año de 1928, que se asemeja a éste; pero que contiene una diferencia radical. En él se decidió el divorcio de una ciudadana norteamericana, casada con el italiano Torlonia, con quien había establecido su domicilio conyugal en Roma. Por razones que no hace al caso mencionar, obtuvo una sentencia de separación de cuerpos conforme a las leyes italianas, pero no deseando continuar viviendo en Italia, regresó a los Estados Unidos y solicitó el divorcio de su esposo conforme a ley del estado de Connecticut. Torlonia se opuso alegando que las leyes italianas eran las únicas aplicables; pero la corte norteamericana sostuvo que tratándose de una ciudadana americana que había regresado a radicarse con sus hijos a los Estados Unidos, eran igualmente aplicables las leyes del domicilio de esa ciudadana. ¡Qué distinto! ¿no crees?
Sin embargo, repito, nuestros tribunales desconociendo totalmente hechos tan evidentes como la ausencia absoluta de contactos de la ley mexicana con el matrimonio Patiño-Borbón, la circunstancia de estar pendientes dos juicios de divorcio seguidos respectivamente por las partes en Nueva York y en París, con las leyes de cuyos países sí han tenido contactos efectivos; y la absoluta falta de vinculación de Patiño con México (salvo las cuantiosas inversiones ya citadas), ha decidido disolver en 1960 un matrimonio celebrado en 1931 en España por extranjeros, aplicando disposiciones del Código Civil mexicano y sin tomar en cuenta para nada el derecho extranjero.
¡Y mira que nosotros, los profesores de Derecho Internacional Privado siempre estamos suspirando por sentencias que abarquen nuestra materia!
Así mejor no pedimos nada.
Lic. Jorge Aurelio Carrillo"
"Era uno de los hombres más ricos del mundo, heredero de una fortuna legendaria en Bolivia. Su familia había sufragado golpes de Estado contra los dignatarios más altos de su país y había financiado la larga y sangrienta guerra del Chaco contra los ejércitos de Paraguay. La revolución de 1952 nacionalizó las minas de estaño que sustentaban su riqueza, pero ya para entonces era presidente de Thailand Tin Mines y British American Tin Mines. Fue diplomático en Madrid, París y Londres, y más tarde en México, aunque ya sin el cargo de ministro de Bolivia. Estaba ahí por una razón totalmente distinta.
En 1931 Antenor Patiño había contraído nupcias en Madrid, mediante el régimen de separación de bienes, con María Cristina de Borbón y Bosch-Labrus, emparentada con la familia real de España. Antenor tenía entonces 35 años: había nacido en 1896 en Oruro, Bolivia, hijo de Simón Patiño, un cholo de Karasa que hablaba quechua y español, contemporáneo y congénere de Carlos Aramayo y Mauricio Hochschild, y al que la gente llamaba el Rey del Estaño. María Cristina, en cambio, tenía sólo 17 años: había nacido en 1913, hija del duque de Durcal, primo a su vez del rey Alfonso XIII, un tipo con alcurnia pero sin dinero (“daba cheques sin fondos, no pagaba sus deudas, era la oveja negra de la familia”), y con la ilusión de adquirirlo por conducto de su hija, menor de edad en el momento de su matrimonio con Patiño.1 El desenlace de su casamiento por conveniencia, que fue un desastre, sería uno de los episodios más célebres en la historia del derecho internacional privado, al ilustrar a la perfección el problema del conflicto de las jurisdicciones y el conflicto de las leyes, como lo explicaría un libro de texto con estas palabras: “Un boliviano se casa en Madrid con una española, que se vuelve boliviana por el matrimonio. La pareja vive a veces en Estados Unidos, a veces en Francia. Luego de muchos años de matrimonio, el marido exige el divorcio en Francia: no lo consigue. Entonces lo pide y lo obtiene, a su favor, en México. En fin, la esposa pide la separación de cuerpos en Francia”.2 ¿Cuál era la competencia de los tribunales franceses en los litigios internacionales? ¿Y cuál el efecto de los juicios extranjeros en Francia?
A principios de los cuarenta, en Nueva York, donde vivían ambos a causa de la guerra en Europa, María Cristina de Borbón inició un juicio por abandono contra Antenor Patiño que concluyó en un convenio de reconciliación, que incluía una serie de pensiones a su favor, pagaderas en Manhattan. Las pensiones eran exorbitantes: María Cristina, en efecto, recibió medio millón de dólares de Patiño cuando accedió a reconciliarse con él, en julio de 1944, y la promesa de recibir medio millón más siete años después, en 1951. Pero el matrimonio no tenía ya salvación. Más tarde, al terminar la guerra, Patiño, que retornó a París sin ella, la requirió formalmente a través del Tribunal Civil del Sena. Ella no volvió porque tenía, dijo, un litigio pendiente contra él en las cortes de Nueva York. Entonces Antenor emprendió —para desolación y vergüenza de su madre, católica de convicción, doña Albina Rodríguez— un juicio de divorcio en Francia.
Pero los años pasaron y el divorcio parecía imposible.
Al cabo de una década, sin resultados a la vista, Patiño llegó a México. ¿Por qué México? Algunos pensaban que posiblemente, al reconocer al gobierno de la República Española en el exilio, México, que no tenía relaciones con Franco, estaba en posibilidad de ayudar a un hombre que había contraído nupcias en España bajo las leyes de la República. Otros más bien señalaban que el país era entonces un paraíso legal para conseguir el divorcio, al que acudían incluso varios actores de Hollywood. El caso es que el presidente Adolfo Ruiz Cortines, al tanto de sus tribulaciones, le ofreció su apoyo para resolver el asunto de su divorcio… si hacía una buena inversión en México. Antenor Patiño, a pesar de viajar con pasaporte diplomático, estableció así su domicilio conyugal en la capital de México. Ahí, en 1956, empezó la construcción del Hotel María Isabel, un edificio muy elegante, situado en la zona más exclusiva del Paseo de la Reforma, y ahí también, más tarde, concibió y planeó lo que sería su obra más espectacular: el Hotel Las Hadas en la costa del Pacífico, junto con el aeropuerto de Manzanillo.
Antenor Patiño acababa de solicitar ese año de 1956 la separación de su cónyuge, María Cristina de Borbón, ante el Juzgado Séptimo de lo Civil en la ciudad de México. Los tribunales, al aceptar su solicitud, ignoraron que el matrimonio había sido celebrado en Madrid, entre un boliviano y una española, con domicilio conyugal en París y Nueva York y con juicios de divorcio pendientes en Estados Unidos y Francia.
Entonces María Cristina de Borbón escribió el 3 de febrero de 1957 desde Davos, Suiza, donde pasaba las vacaciones de invierno, un cable largo y alarmado al presidente Ruiz Cortines. “Excelentísimo señor presidente. Me permito enviarle este cable para acogerme a su internacionalmente reconocido espíritu de justicia y para rogarle que en nombre de todo lo que vuestra excelencia hace para mantener la integridad de la ley mexicana, tenga la gran bondad de interesarse para que se cumpla dicha ley mexicana imparcialmente y sin favores en cuanto a la competencia de los tribunales mexicanos con respecto a la demanda de divorcio introducida por mi esposo Antenor Patiño, contra quien hay en México investigación penal por falsificación de fechas documentos pruebas en demanda divorcio. Hasta la fecha, contra toda expectación de mi abogado licenciado Antonio Correa, las salas séptima y tercera de lo civil, más en estos últimos días el juez de distrito, han fallado a favor de mi esposo, a pesar de no haber cumplido éste en absoluto los requisitos de domicilio exigidos por ley mexicana para introducir demanda divorcio en dicha capital”.3
La revisión del caso iba a ocurrir en unos días, el 9 de febrero, en la ciudad de México. Ella no iba a poder viajar, ni tenía ganas de viajar, para estar a tiempo en el país, pero su abogado la convenció de que debía escribir al presidente de la República. “El tribunal colegiado ha fijado fecha de revisión competencia para próximo día nueve”, explicó en el cable, “por esto me pongo en manos de vuestra excelencia para que se cumpla justicia mexicana en protección de mi hija y nietas, por quienes lucho desde hace quince años sola pero hasta ahora con éxito contra la potencia internacional de Patiño. Solamente la brevedad inesperada del plazo concediome para la revisión ante tribunal colegiado de esta causa tan importante que afecta profundamente mi larga lucha me impide venir a tiempo a México para hacer esta petición a vuestra excelencia de manera protocolaria y me da el valor de dirigirme en esta forma rogando de corazón vuestra excelencia me perdone como madre y acepte mis más respetuosos saludos. Cristina de Borbón de Patiño”.4
Pero la suerte estaba ya echada. Patiño había cumplido con su palabra: empezó a hacer inversiones importantes en el país donde residía, primero en la ciudad de México y luego en la península de Santiago, al norte de Manzanillo. Y Ruiz Cortines habría de cumplir con su promesa: ayudó a que obtuviera su divorcio. En noviembre de 1958 un tribunal de México decidió el divorcio de Antenor y María Cristina. Y Patiño pudo al fin contraer matrimonio con la mujer que era su compañera desde fines de los cuarenta, la española Beatriz de Rivera. Se casaron el 8 de enero de 1960 en Londres, “ambos por segunda vez”, anunció la revista Time.5 (énfasis nuestro)
Patiño vivía con ella en el Hotel Prado, uno de los más conocidos de la ciudad de México. Estaba contento. “Le gustaba mucho el país, se divertía muchísimo”, recuerda su familia.6 Era un hombre bajo y moreno, narizón, delgado, algo tímido, muy rico todavía pero bastante malo para los negocios, como lo habría de demostrar en la construcción de Las Hadas. Sus parientes y sus amigos lo llegaban a ver de todos los rincones del mundo, entre ellos también, en el verano de 1968, un banquero y viajero que conocía de sus años en Francia, el italiano Gian Franco Brignone, quien meses después habría de adquirir 12 kilómetros de costa y unas mil 400 hectáreas de selvas, manglares, acantilados y playas en Careyes. “Mi esposa era sobrina de Beatriz de Rivera, que estaba ya casada con Patiño”, explica Brignone. “Yo lo conocía de París, donde todo el tiempo me decía: Ven a ver, ven a ver... En México hay cosas muy interesantes”.7
Antenor Patiño, en efecto, era un polo de atracción en aquel punto de la costa del Pacífico. Fue por él, en parte, que llegó Brignone a México. Y por él también, en parte, que después llegaron otros personajes más, entre ellos Sir James Goldsmith, quien había estado casado con su hija María Isabel Patiño, con quien tuvo una bebita que habría de residir también, con los años, en la costa de Jalisco. Un poco por esa razón, Goldsmith empezó a frecuentar la costa de Jalisco, donde a mediados de los ochenta adquirió 800 hectáreas de litoral y nueve mil hectáreas de montaña en los alrededores de Cuixmala, al sur de Careyes. La historia del divorcio de Antenor con María Cristina —costoso, bochornoso, interminable— está así en el origen no sólo de Las Hadas, sino también de Careyes y Cuixmala."
1 Entrevista con Luis de Rivera, Careyes, 2 de noviembre de 2005.
2 Pierre Mayer, Droit International Privé, Editions Montchrestien, París, 1977, p.169.
3 Telegrama de María Cristina de Borbón a Adolfo Ruiz Cortines, Davos, 3 de febrero de 1957 (Archivo General de la Nación, Galería 3, Caja 536, ARC 444.3/72).
4 Telegrama de María Cristina de Borbón a Adolfo Ruiz Cortines, Davos, 3 de febrero de 1957 (Archivo General de la Nación, Galería 3, Caja 536, ARC 444.3/72).
5 Time, 25 de enero de 1960.
6 Entrevista con Luis de Rivera, Careyes, 2 de noviembre de 2005.
7 Entrevista con Gian Franco Brignone, Careyes, 8 de noviembre de 2005.
Tello Díaz, Carlos. El divorcio mexicano de Antenor Patiño. Nexos en línea, 01/08/2009