Source: http://economiafeminita.com/aborto-en-alemania-un-derecho-no-conquistado/
Timestamp: 2019-03-27 00:48:55
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Aborto en Alemania: un derecho no conquistado – Economia Femini(s)ta
Por Justina Lee y Lilly Schön
Cuando pensamos en la legislación sobre el aborto en algún país lo que solemos preguntarnos es si está o no prohibido. Sin embargo, es importante analizar la situación más allá de esta dualidad porque los matices son muchos. Aún en los países en los que el aborto no se encuentra prohibido, las leyes no siempre garantizan su libre acceso. Este es el caso de Alemania, en donde el aborto sigue siendo criminalizado. Excepto aquellas interrupciones que se realizan dentro de los primeros tres meses de gestación, el aborto se castiga con penas de prisión. Y aún dentro del estadío permitido, no resulta tan fácil acceder a este derecho. Por otro lado, el aborto sí es legal en casos de violación, peligro de vida de la madre o enfermedades graves del embrión (estos dos últimos son legales hasta la semana 22).
Los obstáculos para abortar
Quien quiera realizarse un aborto en Alemania, deberá primero asistir obligatoriamente a un centro de salud certificado en donde recibirá asesoramiento gratuito sobre las implicancias del procedimiento. A menudo este asesoramiento forzado se lleva a cabo en instituciones eclesiásticas, las cuales, en muchos casos, tienden a condicionar de manera ideológica a la persona que acude a ellos. En segundo lugar, la persona gestante debe esperar un mínimo de tres días antes de recibir el permiso para interrumpir su embarazo. En tercer lugar, si la persona confirma su decisión de abortar, ella misma tendrá que buscarse una clínica que esté facultada para realizar la intervención (no todas lo están). Esta búsqueda no es tarea fácil porque lxs profesionales de la salud tienen prohibido publicar que realizan abortos en sus páginas web. Por último, de conseguir quien realice el procedimiento, las personas con sueldos mayores a 1033 euros deben pagar hasta 480 para poder realizarlo (hay que tener en cuenta que el salario mínimo es de 1200 euros). En los casos en que la persona gestante carece de ingresos, o gana menos de 1033 euros por mes, puede solicitar (nuevo trámite mediante) una subvención pública.
A estos obstáculos se le suman otros factores importantes a tener en cuenta: la brecha salarial persiste y se posiciona como una de las más altas en la región con un 22% de diferencia entre varones y mujeres. A su vez, las mujeres tienen los trabajos peores pagos y los contratos más precarizados. Según la Statisches Bundesamt (Oficina de Estadísticas) casi el 50% de las mujeres trabajadoras tiene un trabajo part-time mientras que solo el 10% de los varones tiene este tipo de empleo. Simultáneamente, las mujeres representan más del 70% de las personas con “trabajos atípicos”. Esto es, trabajos con contratos que no incluyen vacaciones, aguinaldo, días de enfermedad y con sueldos máximos que no superan el salario mínimo mensual.
Todo este largo proceso para poder acceder al derecho a abortar existe porque en el mismo Código Penal de Alemania hay dos artículos que criminalizan la interrupción voluntaria del embarazo: el 218 y el 219a. El primero establece la ilegalidad del aborto y el segundo, la penalización a lxs médicxs que publiquen que realizan estos procedimientos (las penas pueden ir desde una multa hasta dos años de cárcel).
Un caso resonante en los últimos tiempos fue el de la Dra. Kristina Hänel, quien en el 2017 publicó en su página web que realizaba abortos, por lo cual recibió una multa de 6000 euros. Esta situación generó un importante revuelo en el país y la gente salió a las calles a manifestarse. Las organizaciones feministas decidieron organizarse y empezar a luchar nuevamente para abolir el artículo 219a que tiene sus orígenes en los tiempos del nazismo.
El malestar llegó al Parlamento, y generó que la coalición del Ejecutivo Alemán —conformado por el partido de Angela Merkel (la Unión Demócrata Cristiana) y los socialdemócratas— lo tratara en el Congreso durante los últimos meses de 2018. Tras un arduo debate, se resolvió reformar el artículo pero no abolirlo. La reforma no elimina la pena a la publicidad sobre el aborto por parte de lxs profesionales de la salud para “evitar la normalización del aborto”. Lo que sí permite dicha reforma, es que los centros médicos puedan publicar que allí se practican abortos. De este modo, quien desee obtener información adicional con respecto a la práctica, deberá dirigirse personalmente a las autoridades y a las asociaciones médicas.
Si bien esta reforma representa un avance en cierto sentido, el hecho de que el artículo siga vigente en el Código Penal significa que el debate no está saldado. El artículo no fue abolido, como se viene reclamando hace años, lo cual indica que se sigue criminalizando la publicación de información relativa al aborto por parte de lxs profesionales de la salud. Ante esta situación, las organizaciones feministas reclaman que las personas gestantes deben poder obtener toda la información necesaria y detallada de sus médicxs, sin tener que acudir a otras instancias.
Abolición del artículo 218: una conquista pendiente
Para poder entender por qué en Alemania el aborto sigue siendo ilegal, hay que remontarse a 1871, casi 150 años atrás. El artículo 218 del Código Penal entró en vigencia en 1872, un año después de la creación del Reich alemán. En ese entonces, era imposible para las mujeres y sobre todo para las de clases más bajas encontrar médicxs que realizaran abortos, lo que las llevaba, en la gran mayoría de las ocasiones, a la muerte en intentos de hacérselos ellas mismas, en condiciones no higiénicas y de manera clandestina. Ante esta situación, el movimiento de mujeres proletarias alemanas decidió, a principios del Siglo XX, organizarse por la legalización del aborto y la abolición del artículo 218 bajo el lema “Dein Bauch gehört Dir” (“Tu vientre te pertenece”).
Los argumentos a favor de la legalización del aborto en aquel entonces eran los mismos que escuchamos hoy: que las leyes restrictivas no solo no conducen a menos abortos, sino que convierten al aborto en un riesgo para la salud, riesgo que corren especialmente las mujeres pobres. Este movimiento contaba, entre otras, con mujeres como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. Las mujeres proletarias lucharon no sólo por la legalización del aborto, sino también por la liberación de las mujeres de un Estado opresivo, y contra un código penal patriarcal que incluso permitió a los varones violar a sus mujeres con impunidad hasta 1997, tan solo 22 años atrás.
En 1920 lxs socialdemócratas presentaron una moción al Parlamento alemán para que se permitiera el aborto durante los primeros tres meses de gestación. Si bien ese fue el año que las mujeres ocuparon puestos en el Parlamento por primera vez en la historia de Alemania, la ley no fue aprobada. A partir de ese momento, durante seis años, el Poder Legislativo trató anualmente una posible revisión del artículo 218. Se rechazaron en esos seis años todas las peticiones de reforma o supresión del artículo. Sin embargo, un año después, en 1927 se le concedió a las mujeres embarazadas el derecho a interrumpir el embarazo si sus vidas estaban en peligro. Fue la primera vez que se legalizó una causal dentro de la ley del aborto.
Durante toda la República de Weimar, que duró desde 1919 hasta 1933, a pesar de sus reclamos, las organizaciones de mujeres y los partidos de izquierda no lograron conquistar el derecho al aborto legal. En 1931, se produjo un hecho histórico dentro del movimiento: lxs médicxs Else Kienle y Friedrich Wolf fueron condenados por realizar abortos y dicha condena generó el surgimiento de un movimiento popular que salió a las calles a reclamar contra la justicia de la República de Weimar y contra las iglesias cristianas. En toda Alemania despertaron manifestaciones y marchas de protesta para exigir la absolución de ambxs y la abolición del “vergonzoso artículo”. El artículo no fue eliminado, pero ellxs fueron finalmente liberadxs.
Con la asunción de Hitler como nuevo mandatario del Tercer Reich, se reintrodujo el artículo 218 original de 1871, el cual no permitía el aborto bajo ninguna causal y se lo penalizaba con 5 años de prisión para la mujer que se realizara uno. La publicidad del asesoramiento al aborto y la asistencia para abortar también fueron castigadas con penas de prisión de hasta dos años. En 1943, la pena por aborto incluso se incrementó a pena de muerte.
Paralelamente, el aborto forzado a personas que se las consideraba “inferiores” era una práctica en el nazismo que era muy corriente. Durante la dictadura nacionalsocialista, el activismo político del movimiento de mujeres proletarias fue desmembrado. Esto significó no solo un gran golpe a la lucha contra la prohibición del aborto, en particular, sino también para la lucha por los derechos de las mujeres en general.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, Alemania quedó dividida en dos bloques: la creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS) en el marco de la Guerra Fría provocó que en 1949 las zonas de ocupación occidentales se unieran en un nuevo Estado independiente denominado República Federal Alemana (RFA) o Alemania Occidental. La URSS constituyó ese mismo año la República Democrática Alemana (RDA) o Alemania Oriental o del Este. En el Este, la legalización del aborto en los primeros tres meses de gestación sin asesoramiento obligatorio fue conquistada en 1972. En la RFA nunca se llegó a legalizar.
La lucha por la legalización del aborto en la RFA
En paralelo a la lucha por la legalización del aborto en Francia, en donde activistas feministas como Simone de Beauvoir escribieron y firmaron un manifiesto con el lema “Yo aborté”, en Alemania Occidental el mismo movimiento por la legalización del aborto fue liderado por Alice Schwarzer. En junio de 1971, con el lema “Wir haben abgetrieben!” (¡Hemos abortado!) se redactó un manifiesto que fue firmado por 86100 mujeres en un periodo de dos meses. Dentro de las firmantes se incluían conocidas actrices, publicistas, funcionarias, trabajadoras, amas de casa, lesbianas y heterosexuales, ancianas y jóvenes. Sin embargo, este reclamo no fue exitoso e incluso se presentaron cargos criminales contra algunas de las firmantes. Finalmente, después de muchas protestas, acciones, eventos mediáticos y fuertes demandas de los movimientos de mujeres, en 1974 se aprobó una ley que despenalizaba el aborto dentro de los primeros tres meses de gestación con asesoramiento obligatorio. No obstante, el partido conservador UDC presentó una queja en el Tribunal Constitucional Federal que declaró la ley como inconstitucional, la cual tuvo solo 3 días de vigencia.
Al fin y al cabo, en febrero de 1976 el Gobierno Federal de Alemania Occidental aprobó una ley sobre el aborto. Según esta ley, las mujeres pueden acceder a un aborto bajo distintas causales: indicación médica (peligro para la madre), criminológica (violación, incesto), eugenésica (discapacidad del niñx) e “indicación de emergencia” (situaciones psíquicas y sociales excepcionales). Si no existía ninguna de estas indicaciones, el aborto era ilegal y punible.
Después de la caída del muro de Berlín, Alemania fue reunificada y por ende, también sus códigos penales. En este sentido, el país retomó la discusión sobre el artículo 218. En 1990 tuvo lugar una primera manifestación contra la introducción de dicho artículo en todo el país. El 16 de junio de 1990, unas 10000 personas se manifestaron en Bonn, la capital de la RFA, a favor de eliminar el artículo 218, y unas 3000 personas se manifestaron en contra. Estas manifestaciones condujeron a un debate público intenso sobre la futura regulación del aborto y la correspondiente redacción del Tratado de Unificación.
El 21 de junio de 1990, día de la aprobación del Tratado de Estado, se entregaron 17260 firmas a la Cámara Popular y 26500 cartas contra la introducción del artículo 218. A pesar de una intensa lucha por parte de organizaciones políticas y civiles, el reglamento de la RFA primó por sobre el de la RDF. Esto significó que, hasta el dia de hoy, siga existiendo el asesoramiento obligatorio. Desde entonces solamente se logró una reforma en donde el aborto está despenalizado los primeros tres meses de gestación, legalizado en casos de violación, peligro de vida de la madre o enfermedades graves del embrión.
El mito de la igualdad de género en Alemania
Hoy por hoy, se considera a Alemania uno de los países más igualitarios del mundo. Sin embargo, cuando nos enfocamos en los derechos conquistados, las mujeres siguen siendo la “segunda clase”. El crecimiento de los grupos llamados “pro-vida” es cada vez más notable y su peso político está en aumento. Dichos grupos tienen alianzas con partidos políticos que ocupan un lugar muy importante en el Parlamento: Alternativa para Alemania (el partido político de extrema derecha) y la Unión Demócrata Cristiana (parte del oficialismo). Existe también un número importante de hospitales cristianos financiados por el Estado que prohíben la realización de abortos. A esto se suma que la interrupción del embarazo no es una práctica que se enseña en las universidades, y en muchos hospitales no se aprende. En las zonas rurales es muy difícil poder abortar y no todxs lxs médicxs quieren realizar estas intervenciones por temor a ser criminalizadxs.
El país que tiene como líder a una de las mujeres más poderosas del mundo no avanza hacia la igualdad de género. Ésta no solo no fue alcanzada, sino que le falta mucho camino para conquistarla. Según las últimas estadísticas de la Bundeskriminalamt (Oficina Federal de Investigación Criminal), en 2017 hubo 371 intentos de asesinato de parte de varones a sus parejas/ex-parejas mujeres. Esto significa que aproximadamente cada 23 horas hay un intento de femicidio en Alemania. De esos 371, 224 mujeres sobrevivieron y 147 fueron asesinadas. La ley y los medios siguen titulando a estas muertes como “Drama de Relaciones”.
Afortunadamente, la ola del feminismo de Latinoamérica y la fortaleza de nuestro Movimiento de Mujeres y Disidencias despertó el activismo en muchas personas y organizaciones: este 8 de marzo de 2019 será el año en que Alemania hará su primer Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans y le mostrará al mundo que todavía hay muchas tuercas que ajustar.
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