Source: http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?ruta=CorteConstitucional/20002927
Timestamp: 2019-08-24 08:58:39
Document Index: 89721149

Matched Legal Cases: ['artículo 42', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 13', 'artículo 247', 'artículo 1', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 4', 'artículo 13', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 9', 'artículo 229', 'artículo 8', 'artículo 5', 'artículo 1', 'artículo 1', 'artículo 247', 'artículo 1', 'artículo 77', 'artículo 247', 'artículo 11', 'artículo 3', 'artículo 5', 'artículo 86', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 9', 'artículo 5', 'artículo 116', 'artículo 116', 'artículo 5', 'artículo 229', 'artículo 1', 'artículo 9', 'artículo 9', 'artículo 19', 'artículo 42', 'artículo 1', 'artículo 5', 'Artículo 1', 'Artículo 5', 'artículo 5', 'artículo 2', 'artículo 1']

C-59 de 2005
200Corte ConstitucionalCorte Constitucional20020002927CC-SENTENCIAC59200501/02/2005CC-SENTENCIA_C_59__2005_01/02/2005200029272005Sentencia C-059/05 CONCILIACION EN EQUIDAD -Alcance/ JURISDICCION ESPECIAL DE PAZ -Alcance de su institucionalización CONCILIACION EN EQUIDAD -Consagración constitucional/ CONCILIACION EN EQUIDAD -Desarrollo legal JURISDICCION ESPECIAL DE PAZ -Consagración constitucional/ JURISDICCION ESPECIAL DE PAZ -Finalidad Según consta en los antecedentes de la norma constitucional, la jurisdicción de paz fue creada como una vía expedita para la resolución de conflictos individuales y comunitarios. En ella subyace el deseo de construir la paz desde lo cotidiano, de alcanzar la convivencia pacífica a partir de una justicia diferente a la estatal, tanto por su origen y el perfil de los operadores, como por los fines y los mecanismos propuestos para su ejecución. JUECES DE PAZ- Reglamentación de su organización y funcionamiento LEY DE JUECES DE PAZ-Exposición de motivos JURISDICCION ESPECIAL DE PAZ-Principios generales JUECES DE PAZ- Decisión en equidad JUECES DE PAZ -Sus decisiones se escapan del ámbito de lo jurídico/ JUSTICIA EN EQUIDAD- Eventos en que se aplica JUECES DE PAZ- Finalidad CONCILIACION EN EQUIDAD Y JURISDICCION ESPECIAL DE PAZ- Participación de la sociedad civil en los asuntos que los afectan VIOLENCIA INTRAFAMILIAR- Definición VIOLENCIA INTRAFAMILIAR- Instrumentos internacionales que la proscriben CONVENCION INTERAMERICANA SOBRE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER -Obligaciones de los Estados FAMILIA -Protección integral en la Constitución/ VIOLENCIA INTRAFAMILIAR -Sanción como amparo especial a la familia/ FAMILIA- Concepto/ DERECHOS DEL NIÑO- Características/ DERECHOS DEL NIÑO- Enunciación Nuestra Constitución en el artículo 42 dispone que el Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia, y de manera perentoria establece que cualquier forma de violencia en la familia se considera destructiva de su armonía y unidad y será sancionada conforme a la ley. Quiso de esta forma el Constituyente, consagrar un amparo especial a la familia, protegiendo su unidad, dignidad y honra, por ser ella la célula fundamental de la organización socio-política y presupuesto de su existencia. También, quiso el constituyente otorgar una protección especial y prevalente a los niños y niñas, para lo cual consagró expresamente que sus derechos son fundamentales, entre ellos los derechos a tener una familia y a no ser separados de ella, y al cuidado y al amos; además se consagró que serán protegidos, entre otros, contra toda forma de violencia física o moral, y abuso sexual. MECANISMOS ALTERNATIVOS DE RESOLUCION DE CONFLICTOS -En problemas intrafamiliares LEY CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR-Aspectos que regula LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA- Alcance en la institución de jueces de paz LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA- Alcance respecto a la implementación y asignación de competencias de los conciliadores en equidad/ JUECES DE PAZ Y CONCILIADORES EN EQUIDAD -Habilitación constitucional para administrar justicia/ JUECES DE PAZ Y CONCILIADORES EN EQUIDAD -Competencia para conocer casos de violencia intrafamiliar Esta misma doctrina también puede hacerse extensiva respecto de los conciliadores en equidad pues, al igual que los jueces de paz, está previsto en la Carta Política que particulares pueden ser investidos transitoriamente de la función de administrar justicia, en los términos que determine la ley, correspondiéndole al legislador lo relativo a su implementación y asignación de competencias, sin otro límite que el impuesto por el propio Ordenamiento Superior. De manera que si los jueces de paz y los conciliadores en equidad están habilitados constitucionalmente para administrar justicia, nada se opone a que el legislador les asigne competencia para conocer de casos de violencia intrafamiliar en los términos previstos en la norma acusada, es decir, como mediadores. MECANISMOS ALTERNATIVOS DE SOLUCION DE CONFLICTOS- Carácter complementario de la jurisdicción especial de paz y conciliación en equidad en la resolución de los problemas de violencia intrafamiliar Los mecanismos alternativos de solución de conflictos de violencia intrafamiliar, fueron implementados por el legislador como complementarios, por cuanto puede acudirse a ellos de manera voluntaria por las víctimas de violencia intrafamiliar, para solicitar que con la mediación de un tercero particular, cese la violencia, maltrato o agresión, o se evite si fuere inminente, pero sin desplazar la competencia asignada a la justicia estatal formal, pues claramente se indica en el Parágrafo acusado que puede acudirse al Juez de Paz y al Conciliador en Equidad, no obstante las denuncias penales a que hubiere lugar, y de la solicitud que pudiere hacerse al Comisario de familia del lugar donde ocurrieren los hechos y a falta de éste al juez Civil Municipal o promiscuo municipal en relación con la toma de una medida de protección inmediata. CONCILIACION- Acceso a la administración de justicia y resolución pacífica de conflictos JUECES DE PAZ Y CONCILIADORES EN EQUIDAD -Efectivización de los mandatos constitucionales en la asignación de competencia para conocer casos de violencia intrafamiliar No es cierto que al asignarle competencia a los jueces de paz y a los conciliadores en equidad para que conozcan casos de violencia intrafamiliar la norma acusada viole la Carta Política; por el contrario, lo que se hace es efectivizar los mandatos superiores relacionados con la garantía de protección integral a la familia, y aquellos atinentes a la pronta y efectiva administración de justicia, dándole para ello desarrollo a los mecanismos alternativos de solución de conflictos y propendiendo por el cumplimiento de los fines del Estado social de derecho. CONVENCION INTERAMERICANA SOBRE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER -Medidas para prevenir, sancionar y erradicar violencia contra la mujer JUECES DE PAZ Y CONCILIADORES EN EQUIDAD-Preparación académica MEDIDAS DE PROTECCION CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR -Alcance MEDIDAS DE PROTECCION CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR -Procedimiento para su adopción MEDIDAS DE PROTECCION CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR -Oportunidad para solicitarlas/ MEDIDAS DE PROTECCION CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR -Razonabilidad del término para solicitarlas Las medidas deben atender a un criterio mínimo de oportunidad, es decir, deben responder a circunstancias fácticas y temporales que las justifiquen. Así entonces, los funcionarios a quienes se soliciten medidas protectoras deberán encontrarse ante la presencia de un acto de maltrato o agresión, física o psíquica, o ante su inminente ocurrencia si no se adopta algún correctivo. Medidas protectoras que para su efectividad deben ser solicitadas dentro de un plazo razonable por el agredido, por cualquier persona que obre en su nombre o por el defensor de familia cuando la víctima se hallare en imposibilidad de hacerlo por sí misma, de manera que no exista un plazo que sea tan corto que impida a la víctima acceder de manera efectiva a la administración de justicia, pero tampoco tan amplio que la medida se aplique cuando la urgencia se ha desvanecido MEDIDAS DE PROTECCION CONTRA LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR- Momento a partir del cual se debe contar el término para solicitarlas Referencia: expediente D-5244
Javier Alejandro Acevedo GuerreroCONSTITUCIONALIDADClara Inés Vargas HernándezDemanda de inconstitucionalidad contra el parágrafo 1° del artículo 1° y el artículo 5° (parcial) de la Ley 575 de 2000, por medio de la cual se reforma parcialmente la Ley 294 de 1996.D5244Identificadores20020002928true13054Versión original20002928Identificadores
Norma demandada: Demanda de inconstitucionalidad contra el parágrafo 1° del artículo 1° y el artículo 5° (parcial) de la Ley 575 de 2000, por medio de la cual se reforma parcialmente la Ley 294 de 1996.
CONVENCION INTERAMERICANA SOBRE VIOLENCIA CONTRALA MUJER-Medidas para prevenir, sancionar y erradicar violencia contra la mujer
Demanda de inconstitucionalidad contra el parágrafo 1° del artículo 1° y el artículo 5° (parcial) de la Ley 575 de 2000 "Por medio de la cual se reforma parcialmente la Ley 294 de 1996".
Finalmente, de conformidad con los artículos 244 de la Constitución Política y 11 del Decreto 2067 de 1991, se comunicó la iniciación del proceso al Presidente de la República, al Presidente del Congreso de la República, al Ministerio del Interior y de Justicia, al Ministerio de la Protección Social, al Ministerio de Hacienda y Crédito Público; y al tenor del artículo 13 del Decreto 2067 de 1991, se envió comunicación a la Defensoría del Pueblo, al Consejo Superior de la Judicatura, a la Fiscalía General de la Nación, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-, al Departamento Nacional de Planeación, al Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bogotá, a la Dirección de Derechos Humanos y Apoyo a la Justicia de la Secretaría de Gobierno de Bogotá D.C., al Departamento Administrativo de Bienestar Social de Bogotá D.C., a la Universidad Nacional, a la Corporación Excelencia en la Justicia, a Plural-Corporación Centro de Estudios Constitucionales O.N.G., a la Fundación Gamma Idear O.N.G., con el fin de que aportaran su opinión sobre la demanda de la referencia.
"LEY 575 DE 2000
La petición de una medida de protección podrá formularse por escrito, en forma oral o por cualquier medio idóneo para poner en conocimiento del funcionario competente los hechos de violencia intrafamiliar,y deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días siguientes a su acaecimiento.
A manera de introducción, el actor describe en su demanda el fenómeno de la violencia intrafamiliar desde el punto de vista social y legal, partiendo de las estrategias jurídicas empleadas por el estado colombiano para sancionar este tipo de violencia (sicológica, sexual y física), que en su parecer se reducen a "la creación y puesta en marcha de mecanismos legales internos" y a "la adopción de múltiples instrumentos de derechos humanos".
Así mismo, identifica los tipos de interrelaciones que se presentan en torno a la violencia intrafamiliar: "la primer (sic) de ellas es la afectación del uso y disfrute de los derechos de la familia en su conjunto; la segunda es la afectación de los derechos de los cónyuges; la tercera es la afectación de los derechos de la niñez; y la cuarta es la afectación de los derechos de la mujer".
Al respecto, considera que "dentro de una legislación democrática y respetuosa de los derechos humanos, las medidas que se establezcan para dar cuenta de su violación, deben tener como constante dicha gravedad, por lo cual es inaceptable que este tipo de violencia se equipare a la proscrita (sic) el derecho policial o problemas de pequeñas causas".
Señala el accionante, que en el caso de violaciones a los derechos humanos como es el caso de la violencia intrafamiliar, las consideraciones sentadas por la Corte deben aplicarse con mayor rigor, pues no sólo se deberá administrar justicia con conocimientos jurídicos, sino aplicando los instrumentos internacionales sobre derechos humanos. Sobre el particular, expone como premisa que "mal haría, entonces, un sistema legislativo (sic) declarar constitucional una función de administrar justicia sin conocimiento jurídico cuando se trata de violaciones a los derechos humanos, pero declararla inconstitucional cuando se trata de problemas querellables".
Por esta razón, considera que la solución al problema de la violencia intrafamiliar, "sin perjuicio de las medidas psicológicas y de prevención, deberá estar fundamentada en derecho, tanto el concerniente al orden interno como al externo".
Respecto a la violación del artículo 247 de la Constitución Política, por parte del parágrafo del artículo 1° de la Ley 575 de 2000, explica que teniendo en cuenta lo allí prescrito sobre la competencia de los jueces de paz para "conocer y solucionar problemas de carácter individual o comunitario", debe observarse que una violación a los derechos humanos no puede asimilarse o equipararse a un problema de tal carácter, "en la medida que, según la normatividad internacional y la jurisprudencia nacional, dichos actos superan la esfera de lo particular, influyendo en el mismo referente de sentido y finalidad del Estado", y su legitimidad en cuanto a la justiciabilidad de los derechos humanos.
Al respecto, explica que en respeto de los artículos constitucionales citados que protegen la familia, la mujer y la niñez, las medidas adoptadas para salvaguardarlos deben ser eficaces, pues el simple desarrollo formal de tal protección mediante un "aparte normativo que, fácticamente sea incapaz de cumplir con el compromiso adquirido", es insuficiente. De ésta manera afirma que "uno de los indicadores que deben usarse para analizar la eficacia o ineficacia de una norma, es la posibilidad real de su uso, dentro del cual el tiempo, por ejemplo, es uno de sus factores determinantes".
Para el actor, la violación contenida por la norma acusada, "consiste en la restricción que impuso el legislador para que la persona afectada pudiera acceder a un mecanismo eficaz que impida que el autor de la violación siga atacando y afectando a la víctima. Mecanismo que, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, es condicionado en la Convención [para Erradicar, Prevenir y Sancionar la Violencia contra la Mujer] a un modo, tiempo o lugar, en tanto se entiende que el fenómeno de la violencia intrafamiliar tiene particularidades que lo hacen diferentes a otros, dentro de las cuales se destacan su carácter oculto y silencioso pero, a la vez, extremadamente sistemático".
En concordancia con lo anotado, expresa que en este tipo de violación de los derechos humanos al interior de la familia, es difícilmente determinable el momento o fecha del suceso, así como el hecho mismo. El actor considera que ello se debe a dos razones: i) el carácter sistemático de la violación, por lo que "la víctima no posee la capacidad de determinar el lugar o fecha de la misma, en tanto la convivencia de la víctima y victimario convierte la violencia en un acontecer rutinario, apartándose de la regla general en cuanto a violaciones a los derechos humanos se trata: el carácter especial, particular y sobresaliente que tiene sobre la realidad cotidiana un hecho violatorio" y ii) la conceptualización de la violación, pues para la víctima es difícilmente determinable este tipo de agresiones, en tanto los imaginarios y representaciones sociales, tienen como característica en la mayoría de los casos, la aceptación de este tipo de conductas, por ejemplo, como obligaciones de pareja.
Con base en lo expuesto, estima que "no se puede permitir dentro de nuestra legislación interna, normas que, tan sólo dotadas de eficacia simbólica, pretendan responder a los fenómenos negativos que se dan en nuestra sociedad y obviar el contenido de los derechos consagrados en nuestra carta".
Finalmente, manifiesta que "la jurisprudencia nacional e internacional ha sido enfática en afirmar que los términos de prescripción y/o caducidad en cuanto a violaciones a los Derechos Humanos debe ser, por lo menos, sumamente amplia".
Respecto del parágrafo 1 del artículo 1 de la Ley 575 de 2000, el interviniente señala que no contraviene el texto superior sino que "se encarga de ofrecer mayores garantías y posibilidades adicionales al ciudadano, tendientes a que cese la violencia, maltrato o agresión o a evitarla si ésta fuere inminente".
En el mismo sentido, aclara que no es cierto que la norma acusada deje la problemática de la violencia intrafamiliar fuera de la órbita de injerencia de los jueces, pues tal norma contempla la posibilidad de que tales asuntos sean ventilados ante los jueces penales -en cuanto hecho configurador de un punible-, y los jueces civiles o promiscuos municipales o los comisarios de familia -para adoptar medidas de protección inmediata-.
Así, explica que el legislador "quiso ir más allá, plasmando una alternativa que aumenta el espíritu garantista de la ley", otorgando la posibilidad al ciudadano para que acuda ante los jueces de paz o conciliadores en equidad o al aparato formal de justicia, según lo estime oportuno, sin que se le imponga a éste que debe acudir necesariamente a los mecanismos alternativos de resolución de conflictos anotados. En éste punto, concluye que "es el ciudadano y no la norma, el que dispone ventilar un caso de violencia intrafamiliar ante el conciliador en equidad o el juez de paz".
De otra parte, precisa que "resolver en equidad no significa como lo señala el demandante, dejar el conflicto sin justicia; por el contrario, significa que las decisiones deben reflejar los criterios de justicia de la comunidad, permitiendo en consecuencia permear el derecho a lo popular".
De ésta manera, no identifica a la justicia únicamente con la legalidad, sino con la concreción de las costumbres, actitudes, expresiones y símbolos y resalta que estos mecanismos "permiten a una persona reconocida y aceptada por la comunidad sea la encargada de resolver el conflicto utilizando los conocimientos que tiene sobre la cultura del entorno, sus usos y costumbres, permitiendo que las partes sientan que la decisión es razonable y justa".
Finalmente, se refiere a la libertad de configuración legislativa del Congreso para reglar el ejercicio de las funciones públicas y la prestación de los servicios públicos, entre las cuales se encuentra regular las competencias jurisdiccionales, con la "única limitación del juzgamiento de punibles que en todo caso ha de corresponder a la jurisdicción penal, limitación que se respeta en la norma demandada en cuanto la intervención del juez de paz o del conciliador en equidad no es concebida para investigar e imponer castigos sino como una mediación para contrarrestar o evitar la violencia".
En cuanto a la supuesta inconstitucionalidad del artículo 5 (parcial), el interviniente considera que la protección que debe brindar el Estado en los casos de violencia intrafamiliar, "debe estar revestida de características de oportunidad de tal suerte que la injerencia pública pueda resultar reparadora y evitar posibles vulneraciones". Por ello, estima que lo que pretende la norma acusada es "establecer un término prudencial suficientemente amplio dentro del cual es factible solicitar el accionar del estado para brindar protección".
Por último, concluye que "no tendría mayor sentido poner en funcionamiento el aparato estatal solicitando medidas que resultan inocuas en tanto los hechos que dan lugar a la protección sucedieron de tiempo atrás sin que exista indicio siquiera de nuevas circunstancias que ameriten la referida protección. Ello no es inconstitucional, simplemente responde a la necesidad pública de satisfacer los fines estatales en el momento requerido y no cuando su despliegue resulta tardío por ausencia de objeto".
Después de referirse a las normas constitucionales que reconocen la función judicial de los particulares que actúen como árbitros, conciliadores o jueces de paz (artículos 116 y 247 de la Constitución Política), presenta una definición de la conciliación en equidad, para establecer que estas figuras se encuentran contenidas en la Carta Superior y en la legislación vigente "como forma de administración de justicia prestada por particulares, cumpliendo así los postulados del Estado Social de Derecho, más aún desde una óptica pluralista que implica la participación de líderes sociales y comunitarios para solución de los conflictos que se presenten en sus comunidades".
Explica que las facultades conferidas por el parágrafo del artículo 4° de la Ley 294 de 1996 a los conciliadores en equidad y los jueces de paz, "son confluyentes o más bien residuales, es decir no son los únicos mecanismos que establece la norma demandada para proteger a las víctimas de violencia intrafamiliar", pues la misma, dispone que "cualquier miembro del grupo familiar sin perjuicio de las denuncias penales que hubiere lugar, podrá en principio acudir al Comisario de Familia del lugar que ocurrieren los hechos y a falta de éste al Juez Municipal o Promiscuo Municipal del lugar".
Bajo el supuesto de que los jueces de paz y los conciliadores en equidad administran justicia y en concordancia con el artículo 13 de la Convención para Erradicar, Prevenir y Sancionar la Violencia contra la Mujer, considera que el que se ofrezca o amplíe "el catálogo de posibilidades de protección para las víctimas de violencia intrafamiliar no puede considerarse como una talanquera para el acceso a la justicia".
Gerardo Jaimes Silva, obrando como apoderado del Departamento Administrativo de Bienestar Social del distrito capital, apoya la solicitud de inconstitucionalidad formulada por el accionante y para ello manifiesta con base en la sentencia C-536/95 de la Corte Constitucional, que declaró inconstitucional la posibilidad de que los jueces de paz conozcan de las contravenciones, y los artículos 229 y 230 del Código Penal -que tipifican la violencia intrafamiliar como una conducta punible-, que "la violencia intrafamiliar no es considerada en nuestro ordenamiento como un simple conflicto individual o un conflicto menor, sino que se ha elevado al carácter de delito, dada su relevancia social y su impacto negativo en los derechos fundamentales no sólo de los directamente involucrados en el hecho violento sino en todas las personas que hacen parte del núcleo familiar".
En concordancia con lo anterior expresa que "no se compagina con las funciones y responsabilidades de los jueces de paz, el conocimiento de situaciones constitutivas de conductas punibles, pues el tratamiento que estas requieren debe ser netamente jurídico y sobre la base de los principios constitucionales del debido proceso y de la protección a las víctimas, que se encomiendan a la jurisdicción".
En su parecer, resulta diciente que nuestra legislación penal sólo permita la conciliación de estos asuntos en sede judicial, donde se puede garantizar que las decisiones y acuerdos respectivos no menoscaben las garantías fundamentales, más si se considera que de acuerdo con la sentencia C-371/94 "no puede verse la violencia intrafamiliar como un conflicto de pareja".
Germán Humberto Rincón Perfetti, quien actúa en su propio nombre y representación, solicita que la Corte Constitucional que haga claridad en relación con el alcance de la expresión "toda persona" contenida en el artículo 1° de la Ley 575 de 2000, que no fue objeto de demanda, pero que considera es necesaria en relación con la protección ante la violencia intrafamiliar en familias homosexuales. Lo anterior, en razón a que estima que cuando "la ley se refiere a que toda persona que dentro de su contexto familiar sea víctima de daño físico o psíquico, amenaza, agravio, ofensa o cualquier otra forma de agresión por parte de otro miembro del grupo familiar, es perfectamente aplicable a las relaciones de parejas del mismo sexo". Esto por cuanto, el derecho a la vida digna y la igualdad no sólo se extiende a parejas heterosexuales, pues no se pueden privilegiar estilos de vida, "olvidando las minorías y fortaleciendo los ghetos".
Señalan con base en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que el Estado debe brindar un tratamiento que refleje el compromiso de erradicar y prevenir todas las conductas que transgredan a las mujeres, por lo que el término de 30 días fijado por la norma para adelantar la acción por violencia intrafamiliar es "una limitante para que las mujeres agredidas puedan denunciar los atropellos de los que han sido víctimas dentro del contexto de la familia y sea borrada total responsabilidad por parte del Estado de su deber de investigar, sancionar y reparar dichos comportamientos aún cuando se hayan vencidos (sic) los días que la norma reclama".
Por ello, estiman que "la fijación del término de caducidad, para la mujer, determina un tratamiento desigual e injustificado en relación a otros comportamientos similares, además de la desproporcionalidad entre la medida y los derechos de género obligados a proteger".
Finalmente, afirman que la Convención para Erradicar, Prevenir y Sancionar la Violencia contra la Mujer, incorporada a la legislación interna mediante la Ley 248 de 1995, debe ser aplicada en esta oportunidad, por cuanto más allá de los solos enunciados normativos, un pronunciamiento sobre los derechos de la mujer, permitiría comenzar a romper los lazos históricos del maltrato, la subvaloración y exclusión a que vienen siendo sometidas las mujeres, por la omisión del Estado "en sus obligaciones de respeto, valoración y protección de los derechos de las mujeres".
Finalmente, en cuanto a los cargos contra el aparte demandado del artículo 5° de la Ley 575 de 2000, afirma que "la Corte Constitucional debe pronunciarse en el mismo sentido en que lo hizo al declarar exequible la expresión "y deberá presentarse a más tardar dentro de los ocho (8) días hábiles siguientes a su acaecimiento" contenida en el inciso segundo del artículo 9° de la ley 294 de 1996"
Respecto al primer grupo de derechos relacionados, considera que estos resultan vulnerados si se permite que un juez de paz o conciliador en equidad, que no es abogado y no cuenta con los poderes coercitivos de un juez, conozca de un caso de violencia intrafamiliar, pues la protección es limitada, quedando ésta en manos de un vecino con base en el "mero sentido común, como si el tema fuera menor".
Considera asimismo, que esta norma viola el debido proceso, "porque el juez de la causa en un tema tan delicado como la violencia intrafamiliar debe ser un juez competente, no sólo en el sentido formal del término -que tenga competencia porque una norma se la asignó- sino también en el sentido material del término -juez con conocimientos técnicos-. Un juez de la República debe ser abogado. Ese es el juez natural. En cambio un Juez de Paz o un Conciliador en Equidad, que no falla en derecho sino en equidad, es un juez competente para la denominadas "pequeñas causas", que desde luego son muy importante pero que tienen su propia dimensión y alcance". En éste punto agrega, que los casos de violencia intrafamiliar -que incluso es delito autónomo- deben ser fallados por un abogado, pues si la Constitución exige la presencia de un abogado para la defensa personal, debe ocurrir lo mismo respecto de quien deba dirimirlos.
En cuanto a la violación del derecho de acceso a la administración de justicia por la norma acusada, explica que "este derecho no se agota con la sola posibilidad de acudir ante un juez, sino que exige además poder tramitar y terminar el proceso con un conjunto de garantías judiciales". Por lo tanto, estima que "un fallo en equidad en un punto que no es de equidad sino de conocimiento técnico y jurídico, no satisface las exigencias de una adecuada administración de justicia". Así mismo, considera que el derecho garantizado en el artículo 229 Superior, "tiene un alcance formal como material, lo que implica por éste último aspecto, acceder con un mínimo de garantías, entre ellas el conocimiento del juez".
Frente a la supuesta violación de los derechos de los niños y la mujer, expone que esta "reside en el hecho de que el legislador los asimila a pequeñas causas, de naturaleza policial, casi barrial", cuando no es un tema doméstico sino que concierne a toda la sociedad y al Estado. De ésta manera destaca que la violencia intrafamiliar "es un hecho punible y para ser tal, se entiende que es una conducta socialmente reprochable, que amerita el ejercicio del ius puniendi por parte del Estado". Por ello estima que esta norma "desconoce este proceso de reconocimiento de los derechos de la mujer y retrocede a la vieja concepción de la violencia como algo "doméstico"".
La interviniente afirma, que esta disposición vulnera el derecho al debido proceso, por cuanto "las posibilidades de defensa de una persona se disminuyen si se le recorta a escasos treinta (30) días el término legal para solicitar una medida de protección por violencia intrafamiliar". Igualmente, manifiesta que desconoce el artículo 8 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que integra el bloque de constitucionalidad, en cuanto a las garantías judiciales dentro de un proceso, entre las cuales se encuentra la "concesión al inculpado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su defensa", pues "hay que entender que si el inculpado tiene derecho al "tiempo" adecuado para preparar su defensa, con mayor razón todavía -a fortiori- la víctima debe contar con igual derecho, por el principio de igualdad de trato y oportunidades".
"Primero, una cosa es la inmediatez de la protección y otra cosa diferente es la inmediatez de la petición. Sobre lo primero, no cabe la menor duda de su bondad (...). Pero sobre lo segundo, habría que preguntarse si unos pocos días es un tiempo adecuado para preparar la defensa de la víctima. Piénsese por ejemplo el caso de una golpiza que deja una incapacidad de 31 días, al cabo de los cuales la persona sale de la clínica y ya no podría entonces solicitar la medida de protección.
"Segundo, el artículo 5° de la Ley 575 de 2000 debe ser leído en concordancia con el artículo 1° de la misma Ley, que le confiere a la medida de protección un carácter no sólo reparador sino también preventivo, pues allí se hace alusión al hecho de que esta medida procede también para que se "evite" la agresión entre la familia. Y la amenaza es la promesa de una futura agresión, que puede presentarse en horas, días o semanas. De allí que circunscribir a un corto tiempo la protección de una amenaza futura e incierta resulte injustificado.
"Tercero, para el caso de la acción de tutela, que procede para la protección de derechos constitucionales fundamentales -entre ellos los de los niños y niñas (...)- la Corte Constitucional no sólo declaró inexequible el término de caducidad para su ejercicio sino que además ha señalado que se puede interponer en cualquier tiempo, salvo para casos anteriores a la Constitución de 1991. Esta jurisprudencia debe extenderse a este caso, al menos para los niños y niñas".
Lucía Arbeláez de Tobón, en su calidad de Presidenta del Consejo Superior de la Judicatura, conceptúa sobre la exequibilidad del parágrafo demandado, refiriéndose con exclusividad a la jurisdicción de paz, para lo cual indicó que la facultad asignada a ésta por el artículo 1° de la Ley 575 de 2000, "no vulnera su naturaleza y finalidad dentro de los establecido por el artículo 247 de la Constitución Política y la Ley 497 de 1999, sino que por el contrario refuerza el carácter complementario y alternativo a la justicia ordinaria del que goza, al colaborar con la descongestión de los Despachos Judiciales mediando en asuntos de violencia intrafamiliar para lograr la convivencia pacífica con apoyo en valores comunitarios y los conceptos de tolerancia, ética y honestidad".
Conforme con lo anterior, afirma que "el orden constitucional y legal ha concebido a los jueces de paz como una expresión de participación ciudadana comunitaria en la administración de justicia y como instrumento en la ampliación de la oferta de justicia, desde las propias comunidades".
Concretamente, respecto al parágrafo acusado, precisa que "la función asignada a los jueces de paz en el marco de la Ley 575, corresponde a la mediación de un conflicto particular, es decir, que en el evento de que algún particular decida acudir a esta jurisdicción en virtud de lo previsto en el artículo 1° de la norma en cuestión, el funcionario solamente actuará como un tercero que contribuye a conciliar las diferencias entre las partes en busca del cese de la violencia, maltrato o agresión o de que esta se evite si fuere inminente".
La Presidenta del Consejo Superior de la Judicatura pone de presente las consideraciones realizadas por la Corte Constitucional en la sentencia C-536/95, por medio de la cual se declaró inexequible el artículo 77 del C.P.P. Al respecto, precisa que en aquel caso se realizó tal declaración porque se buscaba preservar el fin para el que fueron instituidos los jueces de paz, determinándose que el conocimiento de contravenciones penales exigía un juicio de carácter jurídico y un funcionario con formación legal, mientras que en este caso, aunque la violencia intrafamiliar implica violación de derechos fundamentales de la familia, la mujer y los niños, los jueces de paz solo actúan como mediadores, "es decir, que no van a entrar en consideraciones jurídicas, sino que simplemente van a promover el consenso entre las partes y, en el evento en que su labor conciliadora fracase, no estarán facultados para fallar sino que deben orientar a la víctima de la violencia intrafamiliar, sobre la autoridad competente para imponer las medidas de protección correspondientes".
La interviniente realiza una relación normativa de las disposiciones que regulan la figura de los jueces de paz, (artículo 247 Superior, el artículo 11 de la Ley 270 de 1996 -que incorpora a los jueces de paz dentro de la rama judicial del poder público- y la Ley 497 de 1999) y establece que el parágrafo impugnado no es inconstitucional entre otras razones, por cuanto "el Congreso ha sido revestido de facultades ordinarias por el constituyente primario y por la Constitución y demás normas concordantes, para desarrollar las leyes y demás normas (...), para contribuir a modernizar el Estado en todos los aspectos en que ello se haga necesario, como lo es también la Administración de Justicia".
Agrega, que como lo ha señalado la jurisprudencia constitucional, en particular en la sentencia C-037 de 1996, que "si la Carta Política facultó al legislador para crear los jueces de paz, con mayor razón puede éste reglamentar el procedimiento para tomar decisiones en equidad".
Considera, que esta es "una forma diferente de abordar los conflictos de manera rápida, económica y ágil, porque es una jurisdicción gratuita, sujeta al mínimo de formalidades y con términos reducidos que no dilatan innecesariamente la resolución del diferendo".
En el mismo sentido, expresa que esta figura "corresponde por naturaleza a quienes directamente viven y sufren el conflicto, especialmente a quien se adentra en sus primigenias causas, a quien le interesa no sólo resolver el conflicto per-sé, sino extinguirlo en sus más hondas raíces. Por ello, su ejercicio es la más pura expresión de la justicia del grupo, de la comunidad alejada de la rigidez jurídica. Implica, entonces la flexibilización del centralismo judicial, reconociendo la existencia de normas de convivencia autónomas propias de cada grupo social, fruto de su evolución y experiencia históricas".
Finalmente expone que "la mejor forma de enfrentar los dilemas muy serios que plantean quienes son críticos, y con razones importantes, de las justicias informales, es afirmando que la participación social y el debate para resolver los conflictos permiten construir democracia y afianzar la paz".
Expresa estar en contra de la conciliación del hecho violento en la familia, aunque avala la de problemas relativos a la familia como alimentos, custodias, visitas, régimen patrimonial, de tal forma que en las comisarías se bien se pueden resolver "las medidas de protección, mediante la aplicación de una medida mixta que combina la decisión sobre el hecho violento, preventiva de las situaciones de riesgo y promueve entre las partes la conciliación de lo conciliable".
En relación con el parágrafo primero demandado, coincide con el actor en que en las situaciones de familia, es evidente la desigualdad entre las personas involucradas, generalmente por la situación de indefensión o subordinación, en que culturalmente se encuentran. Por ello estima que "la conciliación en la violencia intrafamiliar es violatoria tanto de las disposiciones de derechos humanos que establecen para el Estado la obligación esencialísima de protegerlos y restablecerlos cuando sean conculcados. Por tanto, las personas habilitadas para administrar justicia en condiciones de conciliadores, y en ejercicio de la habilitación que les hacen las partes, solo pueden conciliar aspectos que no impliquen una violación de derechos humanos. Sobre el particular, la Ley 294 de 1996, complementaria de la demandada Ley 575 de 2000, establece en su artículo 3°, la primacía de los derechos fundamentales para la aplicación de la ley ".
De otra parte, manifiesta que debido a la experiencia obtenida en las comisarías de familia, es claro que en los conflictos de violencia intrafamiliar se requiere que el tercero que administre justicia "tenga la formación jurídica requerida y los apoyos de otras disciplinas para que se verifique el restablecimiento de los derechos de las víctimas y el ofrecimiento de alternativas interdisciplinarias que orienten a prevenir la continuidad de estos hechos".
En cuanto al artículo 5° parcial demandando, ratifica los argumentos del actor y expresa que en razón a "determinantes culturales que han validado la violencia como patrón de relación para el ejercicio de la autoridad y el poder, y que por lo mismo aún permanecen en una alta proporción en la intimidad, no es posible establecer un momento exacto para su ocurrencia y por lo general corresponden a la sucesión de hechos que dejan huellas visibles o invisibles".
Por lo anterior, juzga que el término de 30 días contenido en la norma que se demanda, "supone limitar el acceso a la justicia en los términos del artículo 86 de la Carta Política, amén de los argumentos impetrados por la parte actora de la demanda en cuanto al bloque de constitucionalidad del art. 93 de la misma Carta". Así mismo, afirma que el factor tiempo como limitación en el ejercicio de las acciones de protección, desconoce los compromisos del Estado ante instancias internacionales en esta materia y le resta eficacia y efectividad a la aplicación de la normativa contra la violencia intrafamiliar.
El señor Procurador General de la Nación en concepto del dos de septiembre de 2004, solicita declarar la exequibilidad del parágrafo 1° del artículo 1 de la Ley 575 de 2000 y de la expresión "y deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días siguientes a su acaecimiento" contenida en el artículo 5° de la misma Ley.
En relación con la constitucionalidad de la primera de las normas atacadas, pone de presente que en virtud de la cláusula general de competencia el legislador "ha creado un sistema normativo para prevenir, corregir y sancionar la violencia intrafamiliar, a través de medidas pedagógicas, protectoras y sancionadoras", procurando "no incurrir en un excesivo legalismo ni consagrar sanciones desproporcionadas pues la principal función de la intervención del Estado es la conservación o la recuperación de la paz, la convivencia y la calma doméstica y no la disolución definitiva de la vida en familia por medio de medidas de tipo sancionatorio".
De otra parte, advierte que la función de administrar justicia no se reduce a la aplicación de la ley por parte de un juez, pues los temas de derechos fundamentales son temas de hombres y no exclusivamente de juristas. Por ello, "la Constitución sujetó el fallo de los jueces de paz a criterios de equidad, teniendo en cuenta que dicho postulado emerge de un saber común en el cual se conjugan valores propios de un conglomerado social específico".
Con base en una descripción de los jueces de paz y los conciliadores en equidad, afirma que "no se requiere de formación jurídica y de la exhaustiva aplicación de la ley, para propiciar la búsqueda de la paz y la armonía en la familia a través de mecanismos que tiendan a la toma de conciencia por parte de sus miembros de los derechos que les asisten y de las vías para obtener su defensa, brindar protección a las víctimas de la violencia y rehabilitación a los responsables de los maltratos, a dictar medidas correctivas que sean necesarias para prevenir la ocurrencia de los mismos y adoptar todas las medidas pertinentes que incidan en el cambio de las estructuras culturales autoritarias que perpetúan la violencia, la dominación y discriminación a nivel familiar".
Por lo expuesto considera que el parágrafo acusado, "no cercena las funciones del órgano encargado de dirimir en derecho los conflictos, sino se encarga de dar alternativas complementarias al ciudadano, dejando intactas las competencias respectivas". Ello lo explica, a partir del aparte normativo del artículo 1° de la Ley 575 que señala que la competencia de los jueces de paz y los conciliadores en equidad es "... sin perjuicio de las denuncias penales a que hubiere lugar".
Para el Procurador el término de un mes conferido por el artículo 5 de la Ley 575 de 2000 para solicitar una medida de protección es razonable y constitucional, pues mediante sentencia C-652/97 la Corte Constitucional declaró exequible una expresión similar contenida en el inciso segundo del artículo 9° de la Ley 294 de 1996 -modificada precisamente por el artículo 5 parcial impugnado-, que se refería a un término máximo de 8 días hábiles para que el agredido o cualquier persona que actúe a su nombre o el defensor del pueblo, soliciten al juez competente una medida de protección inmediata.
Recuerda, que la Corte declaró exequible esta norma al considerar que una "medida inmediata de protección implica la exigencia a los particulares de acudir a la autoridad de manera pronta y oportuna, pues el conocimiento tardío de la conducta violenta, conduce necesariamente a la inoperancia de la medida de protección y, en consecuencia, a la imposibilidad jurídica de que el Estado pueda ofrecer mayores recursos y oportunidades para la protección de los derechos fundamentales".
Concluye señalando que "los mismos fundamentos esgrimidos en la sentencia C-652/97, han de aplicarse al presente caso. Así, teniendo en cuenta que la eficacia de las medidas a adoptar está directamente relacionada con la posibilidad de que la autoridad judicial intervenga en forma pronta y oportuna el término de un (1) mes para que se solicite al juez competente la aplicación de la medida de protección inmediata, es más que razonable y garantista".
La conciliación en equidad encuentra fundamento en el artículo 116 de la Carta Política, que permite a las partes investir o habilitar transitoriamente a particulares de la función de administrar justicia, para que, en tal condición, profieran fallos en equidad. Este mecanismo se ha desarrollado mediante las Leyes 23 de 1991, 446 de 1998 y 575 de 2000. Normatividad que dispone, entre otros asuntos, que los conciliadores serán elegidos por los Tribunales de Distrito Judicial o por los jueces de mayor nivel jerárquico, de listas que presentan a su consideración organizaciones cívicas de barrios, corregimientos o veredas, con la colaboración de la Escuela Judicial "Rodrigo Lara Bonilla", para que desempeñen sus funciones en forma gratuita, puesto que su nombramiento constituye especial reconocimiento como ciudadano de connotadas calidades. Además, se consagra que dichos conciliadores pueden actuar en todas las materias que sean susceptibles de transacción, desistimiento o conciliación, y que cualquiera de las partes podrá pedir que el conciliador en equidad haga comparecer a la otra persona para que intente un arreglo amigable del litigio.
Mediante la Ley 497 de 1999 se implementaron los jueces de paz y se reglamentó su organización y funcionamiento. En la exposición de motivos correspondiente se los visualizó como constructores de paz y operadores de un mecanismo encaminado a mejorar la administración de justicia en nuestro país[1]. Allí se entendió que el acceso a la administración de justicia, además de ser un derecho de todos, también constituye un imperativo político en cuanto hace relación a la capacidad para regular los conflictos sociales, ya que "resolver en equidad conflictos individuales y comunitarios, nos abre un horizonte de acciones hacia la realización de la justicia como clave central de la convivencia ciudadana del nuevo país."[2]
Al aprobar la ley en mención el Congreso dejó en claro que su objetivo primordial era hacer realidad el deseo del Constituyente en lo atinente a la diferencia entre los jueces de paz y la justicia estatal-formal. Al respecto señaló que "A fin de conseguir la comprensión de la verdadera naturaleza y objeto de los jueces de paz , se exige apartar cualquier consideración teórica o práctica de Derecho Tradicional, esto es, desnudarla exigencia científica prevalerte en éste para visualizar la esencia popular y no científica de aquellos".
En verdad, la acción de los jueces de paz refleja las convicciones de su comunidad acerca de lo que es justo, al tiempo que promueve la participación de todos y todas en la búsqueda de soluciones pacíficas, propendiendo por la elaboración de paradigmas comunitarios, "es decir, que se vive, a instancias del Juez de Paz como un territorio y un momento en el que los disímiles saberes de cada integrante de la comunidad se ponen en función de buscar soluciones pacíficas y satisfactorias a los conflictos. Así, la comunidad toda aprende nuevas concepciones de justicia y se crea una suerte de jurisprudencia comunitaria, replicable o no".[4]
"La institución de los jueces de paz se inscribe dentro del concepto de democracia participativa, al permitir la intervención del ciudadano en el cumplimiento de funciones del Estado, como lo es, en este caso, la judicial. Por otra parte, esta institución guarda también relación con algunos de los deberes que la Constitución consagra a cargo de la persona y del ciudadano, concretamente los de "propender al logro y mantenimiento de la paz" y el de "colaborar para el buen funcionamiento de la administración de justicia" (Art.95-7 C.P.).
"Ahora bien, la norma constitucional encargada de regular las atribuciones de los jueces de paz, les asigna -de acuerdo con las prescripciones legales- la posibilidad de resolver en equidad los conflictos individuales y comunitarios. Al respecto, debe señalarse que el propósito fundamental de la actividad a ellos encomendada es la de que a través de sus decisiones se logre o se contribuya a lograr la paz, es decir, a alcanzar una mayor armonía entre los asociados y la tranquilidad de la persona humana, de acuerdo con el orden social, político y económico justo.
"Como puede apreciarse, el juez de paz cumple una relevante labor conciliadora, pues busca una solución que, además de justa, pueda ser concertada. Sin embargo, teniendo en consideración que no es posible llegar siempre a un amigable acuerdo, al juez se le da la capacidad de fallar, de resolver por vía de autoridad el conflicto que se le pone de presente, de forma que sus decisiones cuentan con fuerza obligatoria y definitiva, según el procedimiento y los parámetros que fije la ley.
"……Sus decisiones escapan el ámbito de lo jurídico, no deben fundamentarse en esa labor única del juez ordinario de fallar conforme a lo que establece la ley. A través de la equidad, entonces, se pretende también administrar justicia pero, por mandato constitucional, en aquellos eventos de menor importancia en que el rigor de la ley no resulta aplicable o no prevé una situación específica. No se busca, por ende, reemplazar las funciones del aparato estatal encargado de dirimir en derecho los conflictos existentes sino, por el contrario, complementarlo".
"En general, la introducción de esta figura al ordenamiento -junto con la de otras formas alternativas de resolución de conflictos- obedeció no sólo al imperativo de descongestionar la Rama Judicial para atender con más eficacia las necesidades ciudadanas de Administración de Justicia, sino también a un replanteamiento fundamental de la relación existente entre el Estado -en particular, aunque no exclusivamente, la Administración de Justicia- y la sociedad: tanto desde la perspectiva genérica de la consagración del Estado Social de Derecho en tanto fórmula política fundamental, como desde el punto de vista específico de la introducción de una serie de mecanismos alternativos a la justicia formal para la resolución de los conflictos sociales, fue deseo del constituyente consolidar un modelo nuevo de interacción entre la ciudadanía y el poder público, que -entre otras- fomentara un acercamiento progresivo de los mecanismos formales de promoción de la convivencia a las realidades sociales en las que habrían de operar".
En suma, mediante las figuras de los jueces de paz y de los conciliadores en equidad el ciudadano común participa en la función pública de administrar justicia, involucrándose en la solución pacífica de conflictos, especialmente de aquellas cuestiones que si bien pueden aparentar ser de menor entidad, realmente afectan la convivencia cotidiana y pacífica de toda la comunidad. Así lo ha reconocido la Corte al expresar que "se trata, en últimas, que personas que en principio no cuentan con una formación jurídica, pero que son reconocidas dentro de la comunidad a la que pertenecen por su capacidad, su ecuanimidad y su sentido de la justicia, puedan ocuparse de asuntos que por su sencillez no ameriten el estudio por parte de la rama judicial, ni supongan un conocimiento exhaustivo del derecho. Con todo, valga anotar que se trata de inconvenientes en apariencia pequeños o intranscendentes, pero que afectan de manera profunda la convivencia diaria y pacífica de una comunidad, por lo que la labor a ellos asignada resulta a todas luces esencial"[6].
Finalmente, respecto de los jueces de paz como de los conciliadores en equidad, puede reiterarse lo considerado por la Corte Constitucional en relación con los mecanismos alternativos de resolución de conflictos, en el sentido de que "no deben ser interpretados solamente como una manera de descongestionar el aparato de justicia sino también, y principalmente, como una forma de participación de la sociedad civil en los asuntos que los afectan. En este sentido, es incuestionable su estirpe democrática, en la medida en que generan espacios de intervención de la comunidad en el desarrollo de la función jurisdiccional evitando la conflictivización de la sociedad y logrando, por ende, el fortalecimiento de la legitimidad del aparato de justicia estatal en la medida en que éste puede dedicarse a resolver aquellos asuntos que son de verdadera trascendencia social."[7]
En relación con las mujeres, la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, suscrita en la ciudad de Belén Do Para, Brasil, el 9 de junio de 1994, aprobada por la Ley 248 del 29 de 1995, dispuso, entre otros, como deber de los Estados "incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que sean del caso" (art. 7 lit. c). Tal compromiso fue confirmado en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer adoptada por la Resolución de la Comisión de Derechos Humanos 2000/45[10].
"Una vez realizado el estudio del susodicho proyecto, podemos aseverar que los propósitos perseguidos se orientan a mejorar la efectividad de la Ley 294 de 1996, reconociendo el gran espacio que logró abrir para la protección de los miembros de la familia, que se ven afectados por hechos violentos de sus propios integrantes; avance jurídico para la historia del país, en tanto que constituye un aporte fundamental para propender por la igualdad de trato ante la ley, brindándoles a los ciudadanos mayores elementos frente a una problemática cotidiana que afecta y lesiona a nuestra sociedad : la violencia intrafamiliar.
"Sin lugar a dudas, después de tres años de haber entrado en vigencia la Ley 294 de 1996, debemos preocuparnos porque se aproveche al máximo dicha ley, y propender a que su aplicación sea oportuna, dado que no se han producido los resultados esperados, resulta la necesidad urgente de mejorarla, para el bien de quienes hacen uso de estos mecanismos para solucionar sus conflictos familiares.
"Se hace indispensable una pronta y oportuna atención a los problemas que atentan contra el núcleo familiar, y por ende hacemos referencia a la naturaleza que tienen las Comisarías de Familia al ser entidades de carácter administrativo y con personal interdisciplinario, que han sido creadas especialmente para servir de manera inmediata a la familia creemos que estas entidades son las llamadas a desarrollar este importante servicio.
"También se tiene en cuenta la figura del Conciliador en Equidad, quien ha demostrado su liderazgo dentro de la comunidad para lo que ha sido nombrado. La experiencia que se ha obtenido con ellos en las zonas rojas y veredas retiradas ha generado grandes resultados como pedagogía para la paz. A su vez, por medio de los Conciliadores en Equidad buscamos la aplicación de los mecanismos alternativos de resolución de conflictos. Los Jueces de Paz, contemplados en la Constitución Nacional y reglamentados mediante Ley de la república, son, en países como Perú, Venezuela y Brasil, de gran arraigo popular debido a su capacidad de respuesta, flexibilidad y acierto, en la solución presentada a los requerimientos ciudadanos.
"De acuerdo con lo anterior, podemos afirmar que el proyecto, materia de estudio, recoge la gran mayoría de los planteamientos expresados por los señores magistrados y los jueces.
"La Constitución Política de 1991 rompe una tradición judicial, para introducir la posibilidad de que los particulares decidan sus conflictos, oportunidad que se ve materializada especialmente en la conciliación, que a su vez, es desarrollada por las Leyes 23 de 1991 y 446 de 1998, dejando en cabeza de Ministerio de Justicia y del Derecho el compromiso de hacer más viable este cambio cultural.
"La intervención de Juez de Paz y el Conciliador en Equidad es importante desde el punto de vista socio-político. Por su origen y funciones la institución debe trascender en el orden comunitario y por razones de respeto y ascendencia social, constituir un instrumento de paz y sosiego de las personas en conflicto.
"El proyecto trae la figura del Conciliador en Equidad, como una alternativa mediante la cual los líderes comunitarios con vocación de y reconocimiento local, podrán ser capacitados y designados a través de la Rama Jurisdiccional de listas presentadas por organizaciones cívicas de los correspondientes barrios, corregimientos o veredas.
"Los Conciliadores en Equidad deben recibir capacitación para desempeñarse como tales, a través de la Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla. Pueden actuar en todas las materia civiles, comerciales, agrarias y de familia que sean susceptibles de transacción.
"Los beneficios que ofrece resolver los conflictos por medio de la conciliación en equidad son: eficacia, rapidez, gratuidad y mayor participación de la población civil en el manejo pacífico de sus propios conflictos".[13]
En el mismo sentido se pronunció la Corte, al considerar que "un razonable diseño normativo que promueva la intervención de los particulares en la resolución pacífica y negociada de los conflictos jurídicos, no puede desplazar de manera definitiva a la justicia estatal formal ni puede constituirse en un obstáculo que impida el acceso a ella. La armonización de los principios constitucionales contenidos en los artículos 116 y 229 de la Carta, exige que tales mecanismos complementen al aparato judicial"[15].
Respecto de la conciliación, la Corte ha considerado que, más que un medio para la descongestión judicial, es un instrumento para garantizar el acceso efectivo a la justicia y promover la resolución pacífica de los conflictos. Así, ha explicado que "la garantía constitucionalde acceso a la justicia no significa que todas las disputas entre los particulares deban ser resueltas por los jueces, pues precisamente el artículo 116 de la Carta garantiza la existencia deq mecanismos alternativos de solución de conflictos, como la conciliación o el arbitraje, los cuales pueden ser ampliados por el Legislador. Al respecto, esta Corte ha dicho que "es competencia del legislador, de acuerdo con los parámetros que determine la Carta Política, el fijar las formas de composición de los conflictos judiciales, los cuales -no sobra aclararlo- no siempre implican el ejercicio de la administración de justicia."[16]
Cabe recordar que, respecto de la violencia contra la mujer, contrariamente a lo afirmado por el actor, los instrumentos internacionales no demandan del Estado colombiano únicamente respuestas represivas, pues tal como se anotó anteriormente, en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, suscrita en la ciudad de Belén Do Para, Brasil, el 9 de junio de 1994,a probada por la Ley 248 del 29 de 1995, se dispuso, entre otros, como deber de los Estados "incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas,así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que sean del caso" (art. 7 lit. c). (Se subraya).
Tampoco asiste razón al actor cuando afirma que los jueces de paz y los conciliadores en equidad son incompetentes para conocer de la violencia intrafamiliar. En efecto, como se ha visto, se trata de un fenómeno complejo que exige ser abordado mediante diferentes estrategias como las preventivas o correctivas, las cuales justifican la intervención de terceros para lograr el cese inmediato de agresiones. Ahora bien, la intervención de dichos particulares, como mediadores para poner fin a una violencia, maltrato o agresión, o para evitarla si fuere inminente, no demanda necesariamente los conocimientos especializados de un abogado titulado, sino que tal gestión bien puede ser encomendada a ciudadanos reconocidos por la comunidad como personas idóneas y de connotadas calidades para el ejercicio del cargo, como lo deben ser los Jueces de Paz o los Conciliadores en Equidad, quienes además, por disposición de la ley, recibirán capacitación permanente, a través de los programas que organice el Consejo Superior de la Judicatura, con participación de los Ministerios del Interior y de Justicia, y de Educación, de las Universidades, de las organizaciones especializadas y de las comunidades en general, así como de la asistencia técnica y operativa que debe prestarles la Escuela Judicial "Rodrigo Lara Bonilla".
El artículo 5° de la Ley 575 de 2000, dispone que la petición de una medida de protección formulada por escrito, en forma oral o por cualquier medio idóneo para poner en conocimiento del funcionario competente los hechos de violencia intrafamiliar, "deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días siguientes a su acaecimiento", expresiones éstas que son impugnadas por el actor argumentando que el establecimiento de un término para solicitar una medida de protección es inconstitucional, por cuanto no se está dando cumplimiento a los mandatos de los artículos 42, 43 y 44 de la Carta que le imponen al Estado proteger efectivamente a la familia, a la mujer y a los menores de edad, así como a lo dispuesto en el artículo 229 Fundamental que consagra el derecho de acceder a la administración de justicia.
Para la protección de los derechos e intereses del grupo familiar, la Ley 575 de 2000 "Por la cual se reforma parcialmente la Ley 294 de 1996", estableció en su artículo 1°, la posibilidad que tiene toda persona que dentro de su contexto familiar sea víctima de daño físico o psíquico, amenaza, agravio, ofensa o cualquier otra forma de agresión por parte de otro miembro del grupo familiar, de solicitar al Comisario de familia del lugar donde ocurrieren los hechos y a falta de éste al Juez Civil Municipal o promiscuo municipal, una medida de protección inmediata "que ponga fin a la violencia, maltrato o agresión o evite que esta se realice cuando fuere inminente", la cual se adoptará, sin perjuicio de las denuncias penales a que hubiere lugar.
Inicialmente, la Ley 294 de 1996, en su artículo 9° dispuso que la petición de una medida de protección debía presentarse "a más tardar dentro de los ocho (8) días hábiles siguientes a su acaecimiento", término que fue declarado exequible por la Corte en Sentencia C-652 de 1997, MP Vladimiro Naranjo Mesa, al encontrarlo razonable, ya que el conocimiento tardío de los hechos de violencia intrafamiliar impediría brindar una pronta y eficaz solución. Dijo la Corte en dicho fallo:
"… la Corte encuentra razonable el término máximo de ocho (8) días hábiles que el legislador ha dispuesto en el artículo 9° de la ley 294 de 1996, para que el agredido, cualquier persona que actúe a su nombre o el defensor del pueblo, soliciten al juez competente la aplicación de la medida de protección inmediata. En efecto, si, como se anotó, lo que persigue la citada ley es solucionar una situación de violencia inminente, es razonable y justificado que la víctima o cualquiera de las personas habilitadas, recurran a la autoridad competente, en los días inmediatamente subsiguientes a la ocurrencia de tales hechos, para que la misma, de conformidad con el procedimiento establecido en la ley, proceda oportunamente a conjurar el daño o precaver su ocurrencia.
"Obsérvese entonces que es de la esencia de la "medida de protección inmediata" la exigencia a los particulares de acudir a la autoridad de manera pronta y oportuna -dentro de los ocho días hábiles siguientes a la ocurrencia del hecho-, pues el conocimiento tardío de la conducta violenta conduce necesariamente a la inoperancia de la medida de protección y, en consecuencia, a la imposibilidad jurídica de que el Estado pueda ofrecer mayores recursos y oportunidades para la protección de los derechos fundamentales. Ello en manera alguna implica que el agresor quede impune pues, tal como lo prescribe el artículo 19 de la ley objeto del presente debate, los procedimientos allí consagrados "no sustituyen ni modifican las acciones previstas en la Constitución y en la Ley para la garantía de los derechos fundamentales, ni para la solución de los conflictos jurídicos intrafamiliares."
"Así las cosas, contrario a lo sostenido por el actor, no considera la Corte que el término dispuesto en la norma acusada frustre el derecho de acceso a la administración de justicia e impida al Estado cumplir con su obligación de proteger a la familia como institución básica de la sociedad. Como se ha venido sosteniendo, el legislador, con fundamento en la cláusula general de competencia y por mandato expreso del artículo 42 constitucional, a través de la ley 294 de 1996, ha consagrado un mecanismo especial, ágil y eficaz, que persigue proteger a los miembros de la familia y a sus bienes, cuando éstos resulten afectados o amenazados por la conducta violenta de alguno de sus integrantes; mecanismo que, por su naturaleza preventiva y protectora, exige términos relativamente cortos.
"Permitir que la solicitud de protección inmediata pueda presentarse sin límite de tiempo, como lo pretende el impugnante, fuera de oponerse a los fines de prevención y erradicación de la violencia intrafamiliar perseguidos por el legislador con la expedición de la ley 294 de 1996, podría dar lugar a actuaciones dilatorias y dolosas de las partes en conflicto, lo que resulta contrario al principio constitucional según el cual "Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados de la buena fe..." (art. 83 de la C.P .). Adicionalmente, tal interpretación iría en contravía del principio de seguridad jurídica en las actuaciones judiciales y del deber constitucional que tiene todo ciudadano de colaborar con la justicia, y con su prestación recta y eficaz (art. 95-7 de la C.P.)".
Por otro lado, es necesario precisar el momento a partir del cual se considera "acaecida" la amenaza o agresión. Para ello conviene diferenciar las conductas de ejecución instantánea o que se agotan en un momento preciso, claramente definido, de aquellas donde la violencia, maltrato o agresión es permanente, como los casos de violencia psíquica que en la vida familiar se concretan especialmente mediante amenazas o intimidaciones, ejercidas sobre las víctimas justamente con el fin de que no denuncien las agresiones de las que son objeto.
Declarar EXEQUIBLES el parágrafo 1° del artículo 1°, y las expresiones "deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días siguientes a su acaecimiento"del artículo 5° de la Ley 575 de 2000.
Exequible (parágrafo 1 ) Artículo 1 LEY_575_2000_09/02/2000
Exequible la expresión ... (deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días s... ) Artículo 5 LEY_575_2000_09/02/2000
Con el acostumbrado respeto, el suscrito Magistrado disiente de la decisión mayoritaria que consideró que la Corte debía declarar exequible la expresión "deberá presentarse a más tardar dentro de los treinta (30) días siguientes a su acaecimiento", contenida en el artículo 5º de la Ley 575 de 2000.
Examen que se echa de menos en la decisión de la cual me aparto. En efecto los principales argumentos que se emplean para justificar la constitucionalidad del plazo impuesto en la disposición demandada giran en torno a la facultad de configuración del legislador, y a que la inexistencia de un límite temporal para solicitar las medidas de protección resulta contraria a los "fines de erradicación y de prevención de la violencia intrafamiliar" y "a los principios de buena fe y seguridad jurídica, y al deber que tiene todo ciudadano de colaborar con la justicia, y con su prestación recta y eficaz".
En efecto, la disposición acusada exige que la solicitud de una medida de protección se formule a más tardar dentro de los treinta días siguientes al acaecimiento de un hecho de violencia intrafamiliar, surge aquí una primera dificultad cual es definir con precisión en que consiste un "hecho de violencia intrafamiliar", pues a la luz de la Ley 264 de 1996 una amplia gama de conductas puede encuadrar dentro de esta definición, lo que por otra parte causa grandes dificultades a las autoridades encargadas de interpretar esta disposición.
Por otra parte el segundo argumento que emplea la Corte, esto es, que no solicitar las medidas de protección en el término de treinta días es contrario "a los principios de buena fe y seguridad jurídica y al deber que tiene todo ciudadano de colaborar con la justicia" es francamente insensible. Parece olvidar la mayoría la naturaleza de la violencia intrafamiliar y los profundos efectos que esta tiene en sus víctimas, muchas veces menores de edad o sujetos en condiciones de debilidad manifiesta a los cuales no puede exigírseles la defensa oportuna de sus intereses precisamente por la situación de amedrantamiento en la que viven, y tampoco se puede descalificar su imposibilidad de no acudir dentro del término legal ante las autoridades competentes como contraria a los principios constitucionales.
[4]Gordillo Guerreo, Carmen Lucía y otra. "Sistematización Evaluativa sobre la Jurisdicción de Paz en Colombia". Ministerio de Justicia y del Derecho.
[5]Sentencia C-103 de 2004 .M.P. Manuel José Cepeda Espinosa
[7]Sentencia C-893 de 2001. M.P. Clara Inés Vagas Hernández.
[8]Ley 294 de 1996, artículo 2º.
[9]La Convención Internacional de los Derechos del Niño fue aprobada por nuestro país mediante la Ley 12 de 1992
[11]Este criterio ya fue expuesto anteriormente por la Corte en Sentencia C-273 de 1998, donde la declarar inexequible el desistimiento tácito de la víctima en los procesos de violencia intrafamiliar. Dijo la Corte: "…en principio es legítimo que se logren acuerdos conciliados en este campo, puesto que la Carta en manera alguna excluye que se establezcan mecanismos consensuales, en vez de dispositivos exclusivamente sancionatorios, para resolver los conflictos intrafamiliares. La figura que se retira del ordenamiento es el desistimiento tácito, pues la Constitución exige una protección integral y efectiva de los derechos de la víctima de la violencia interfamiliar, mientras que esa figura, en nombre de la celeridad de la justicia, contribuía, paradójicamente, a fomentar una acrecentada desprotección, por ende una desigualdad material, en perjuicio de la parte más débil del conflicto familiar".
[12]Ley 575 de 2000, Parágrafo 1º del artículo 1º.
[13]Ponencia para primer debate al proyecto de ley 57 de 1998 Senado, 167 de 1998 Cámara. Gaceta del Congreso No. 152 de 199. Página 3.
[14]Sentencia C-103 de 2004 M.P: Manuel José Cepeda Espinosa
[15]Sentencia C-1195 de 2001.
[16]Corte Constitucional, Sentencia C-163/99, MP: Alejandro Martínez Caballero. Citada en la Sentencia C-103 de 2004