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Timestamp: 2018-01-17 14:58:21
Document Index: 32050546

Matched Legal Cases: ['Artículo 40', 'artículo 3', 'artículo 24', 'artículo 130', 'artículo 130', 'Artículo 24', 'artículo 40']

Comentario a la Exposición de Motivos Del Dictamen para agregar el Adjetivo “Laica” en el Artículo 40 de la Constitución.
Jueves 18 de Febrero de 2010 01:21	Enrique Basaguren	0 COMMENTS
La exposición de motivos a mi modo de ver tiene tres errores fundamentales. El primero que no expresa un Porqué, es decir no aduce ningún motivo claro por el cual hay que reformar la constitución. Segundo confunde constante los términos, laicidad y libertad religiosa dándoles valores ambivalentes y poco claros y Tercero no explica donde queda la libertad religiosa de las iglesias, dentro de la estructura social del país.
Más bien parece un intento de limitar esa libertad basándose justamente en la libertad.
a) No hay una razón por lo cual incluir laica.
Es increíble que en toda la exposición la exposición de motivos, no encuentre un motivo que explique el porqué se “debe” o por lo menos se “quiere” incluir el término “laica” en el texto de la constitución.
Más aún según la misma exposición de motivos el “principio” de laicidad ya está expresado en la constitución:
“Este es el espíritu que se contiene en nuestra Constitución Política Mexicana en varios de sus artículos. En una interpretación sistemática e integral de la Constitución, podemos observar el ánimo que ha tenido el legislador mexicano de establecer cada vez con más claridad el principio rector de laicidad del Estado y que esta Comisión dictaminadora considera importante consolidar. En su artículo 3o., el Constituyente convino en establecer que la educación que imparta el Estado sea laica y, por lo tanto, completamente ajena a cualquier doctrina religiosa. Por su parte, el artículo 24 constitucional –que cuenta en su haber con una sólo reforma desde el Constituyente de 1917– tutela la libertad de creencias, estableciendo expresamente que "todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley...". En esa misma tesitura, es el artículo 130 constitucional en el que se consagra el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias y la regulación rectora de Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. “
Por lo tanto ¿si ya está expresado, si ya es el espíritu del constituyente, que necesidad hay de agregarlo? Buscando una respuesta a esta pregunta no la encontramos en todo el documento.
Claro que leemos frases como esta: “la iniciativa platea el fortalecimiento de un Estado a través de principios que garanticen el establecimiento de una cultura democrática y de respeto a los derechos humanos.
Pero, estos principios ¿Están o no expresados ya? Si no están expresados entonces el sustento es falso, si ya están expresados ¿qué necesidad hay de agregar laica?
Pero además, ¿Estos principios a los que aluden, son los democráticos o son los de una secta religiosa que quiere imponer a toda costa su posición? Partir de “principios” no consensuados con anterioridad en la sociedad parece más una imposición a través de la ley que un “avance democrático. Lo cual sería contrario al “espíritu” del documento que a la letra dice: “Se debe recordar y reafirmar este principio histórico de laicidad que ha formado nuestra vida constitucional desde su origen, para asegurar que en México no se pueda privilegiar o imponer un credo a otros, para reafirmar que en la República no cabe la eliminación de quien discrepa en sus creencias o religión como forma de actuar en la política".
Dice el documento: “En tal virtud, este término (Laico) posibilita la existencia de un Estado que no conculca o impone creencias religiosas o ideológicas a los ciudadanos sino más bien se mantiene en absoluta neutralidad frente a ellas, con la consecuencia que todas las creencias tienen el mismo valor y quienes las profesan poseen idénticos derechos y obligaciones”. Pero esto, ya hoy está expresado en el artículo 130 de nuestra Constitución.
Debemos pues recordar que el Estado está comprometido con la pluralidad confesional, precisamente sin adoptar alguna, ni siquiera la “laica”, de hacerlo estaría dejando fuera del Estado, a todo creyente, es decir a todo ciudadano u obligándolo a pensar como el Estado quiera.
b) Confusión entre laicidad y libertad religiosa,
Toda la argumentación del documento que empieza en la página 8 es a favor de la libertad de credo.
Así comienzan aludiendo a la pretensión de validez universal de las creencias de la Iglesia Católico antes del siglo de las luces, y cita los Derechos humanos "nadie puede ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre y cuando sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la ley" Concluyendo que dicha declaración “encumbró la libertad de credos”.
Luego hace mención de la Declaración de Virginia que dice “todos los hombres tienen igual derecho al libre ejercicio de la religión, de acuerdo a los dictados de su conciencia; y que es deber recíproco de todos el practicar la paciencia, el amor y la caridad cristianos para con el prójimo".
Del mismo modo cuando cita a Benito Juarez en Apuntes para mis hijos, sobre el tema de la separación Iglesia y Estado: "Los gobiernos civiles no deben tener religión porque siendo su deber proteger imparcialmente la libertad que los gobernados tienen de seguir y practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna."
Parecería que la libertad de credo es sinónimo del adjetivo “Laica”, pues la argumentación defiende el porqué debe haber Libertad de credo, pero nunca dice porque debe decir “República laica” la Constitución.
Y estaría bien esta explicación de motivos para incluir en nuestra Carta Magna el derecho de libertad de credo y conciencia pero el Artículo 24 ya dice: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.
Es decir la exposición de motivos fundamenta el incluir el adjetivo “laica” en la libertad de credo, pero esa libertad ya está consagrada en nuestra constitución sin necesidad de incluirle “laica”.
c) Dónde queda la libertad religiosa de las iglesias, dentro de la estructura social del país.
Cuando el documento hace referencia a la Declaración Universal de la Laicidad en el Siglo XXI increíblemente hace una disociación entre religión y sociedad civil, concluyendo ilógicamente que puesto que no toda Sociedad Civil es religiosa, por lo tanto Ninguna debería ser. Sin embargo toda asociación religiosa es, y debe ser considerada como parte de la sociedad civil, más aún deb ser considerada como parte de la sociedad civil organizada. Así pues pedir “autonomía de lo político y de la sociedad civil” frente a las normas religiosas y filosóficas particulares”, discrima directamente a todo creyente de cualquier religión, negándole no sólo vivir él según sus principios, sino que negándole la posibilidad que su país se rija según esos mismos principios.
Debemos tener claro que la libertad de credo, es permitirle a toda persona ver la vida según el prisma de sus creencias, más aún es permitirle buscar el bien común desde ese mismo prisma. Por lo tanto no podemos negarle a nadie el derecho de buscar el bien común, es decir el bien de toda la sociedad, según esos mismos principios. La sociedad podrá o no estar de acuerdo, pero no puede negarle el derecho de plantear desde ese credo sus posturas y debatir las leyes que dirigen hacia el bien común a la sociedad.
Por supuesto esta libertad de credo es contraria a la presentada por el Emilio Chuayffet Chemor: "Llevar al artículo 40 Constitucional la clara, indiscutible y muy puntual declaración de que el Estado mexicano es Laico quiere decir…: La supremacía del Estado mexicano y sus leyes como espacio de validez para la conducta de cada uno de los mexicanos dentro de nuestro país.
Esta visión de laicidad va contra la naturaleza misma de la libertad religiosa, pone al “Estado” como el que impone las normas a los ciudadanos y no como el que acata y hace acatar las normas que los ciudadanos quieren para su país. Es la visión de Luis XIV «L'État, c'est moi» y no de una república en donde la mayoría escoge el marco legal que lo lleve al bien común.
Más bien parece un intento de limitar esa libertad basándose falazmente en la libertad.