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Timestamp: 2018-03-18 06:45:31
Document Index: 11417729

Matched Legal Cases: ['artículo 39', 'artículo 14', 'in fine', 'artículo 6', 'artículo 58', 'artículo 11', 'artículo 1440', 'artículo 19', 'artículo 119', 'artículo 12', 'artículo 12', 'artículo 96', 'artículo 6', 'artículo 7', 'artículo 10', 'artículo 12', 'artículo 13']

Manuela Moreno Maestre
1 BuscaLegis.ccj.ufsc.br La emisión de un pagaré en blanco en garantía del cumplimiento de un contrato de préstamo mercantil Agustin Canete Quesada En el presente trabajo se pretende analizar la validez y eficacia jurídica de una práctica bancaria consistente en la exigencia del libramiento de un pagaré a la formalización de un contrato de préstamo, título-valor éste que se libra incompleto en cuanto a la cuantía del mismo por el prestatario y/o fiadores, entregándose a la entidad prestamista para que, en el supuesto que ésta decida dar por vencido anticipadamente el préstamo, rellene la casilla correspondiente al importe del pagaré en base al "pacto de complemento" que habilita tal proceder y viene establecida en cláusula inserta o anexa a la póliza de préstamo. II.- LA CLAUSULA DE HABILITACIÓN DEL LIBRAMIENTO Y COMPLEMENTO DEL PAGARÉ. La cláusula inserta o anexa al contrato de préstamo puede tener distintas redacciones pero, tomando un ejemplo real, valga para el lector la siguiente: "En este acto los prestatarios libra/n, a favor del Banco, un pagaré, en el que, a la fecha de su emisión, figura en blanco la cantidad del libramiento. El pagaré es a la vista con un plazo máximo de presentación al pago de hasta seis meses después del plazo de duración del préstamo, domiciliado para su pago en la cuenta bancaria del prestatario/s, con intereses moratorios en caso de impago y, en su caso, avalado por los mismos fiadores que el préstamo. Este pagaré se emite exclusivamente a efectos de servir de instrumento de ejecución al Banco para el supuesto de incumplimiento, por parte del prestatario/s, de las condiciones pactadas en la póliza referida. En consecuencia, producido dicho incumplimiento, el Banco procederá a completar el pagaré, para su presentación al pago a su emisor, especificando la cantidad de la que resulte acreedor frente al prestatario/s como consecuencia del préstamo. Esta cantidad es la resultante de sumar los conceptos siguientes: a) cuotas de amortización impagadas comprensivas de capital y/o intereses, b) intereses moratorios de dichas cuotas, según el tipo de interés y forma de liquidación pactados en la póliza, c) capital pendiente de amortización, d) intereses correspondientes, devengados por dicho capital, desde la fecha de vencimiento de la última cuota impagada hasta la fecha de cierre y e) impuestos, comisiones y gastos aplicables al préstamo.
2 Para dicha complementación, el Banco efectuará la correspondiente liquidación de la deuda pendiente, derivado del préstamo incumplido. Esta liquidación se efectuará de conformidad con los pactos previamente convenidos al respecto entre las partes en el contrato de préstamo y, concretamente, de conformidad con las cuotas de amortización de principal y/o intereses pactados, intereses moratorios, comisiones y gastos establecidos así como formas y fechas de devengo y liquidación contractualmente pactadas. A los efectos del procedimiento de ejecución del pagaré, se estará a lo previsto en el artículo º de la Ley de Enjuiciamiento Civil y legislación concordante, sustituyendo esta mención a cualquier otra, incluso de preceptos legislativos, sobre procedimiento ejecutivo que aparezca en la póliza. En todo caso, el Banco podrá ejercitar la acción cambiaria derivada del pagaré o cualesquiera otras que corresponden a la póliza de préstamo, el cual no sufre novación alguna por la emisión del pagaré. El pagaré queda en poder del Banco y una vez cancelado el préstamo quedará sin efecto y a disposición del librador. Se entrega al prestatario/s librador copia de dicho pagaré, junto con la póliza de préstamo incluida la presente cláusula adicional. El citado pagaré y esta cláusula adicional se han formalizado de conformidad con los acuerdos entre las partes y teniendo en cuenta lo establecido en los artículos 12 y 96 de la Ley 19/1985, Cambiaria y del Cheque." III.- LA OPINION DE SASTRE PAPIOL. Muchos autores son los que atribuyen la introducción en España de este tipo de prácticas al Profesor D. Sebastián Sastre Papiol, afirmación que viene avalada por la publicación del trabajo doctrinal titulado: "Pagaré como instrumento de garantía de las operaciones de préstamo". 1 SASTRE PAPIOL, Profesor de Derecho Mercantil por la Universidad de Barcelona, resulta ser también letrado en ejercicio y dentro de esta segunda faceta personal conocida es su vinculación como director de la asesoría jurídica de la entidad "La Caixa". No trato de encasillar, ni que los demás prejuzguen por este último dato personal dado que tal circunstancia no deja de ser accidental, constituye mera anécdota del autor de la que en ningún modo se puede colegir la contaminación de su obra, por otro lado, digna de tener en consideración como lo acredita el hecho que a pesar de los años transcurridos sigue siendo citada por el resto de autores al tiempo que la práctica bancaria que abordaba ha llegado a ostentar unas cotas de asentamiento en cierto modo más que importantes. Dicho autor, después de preconizar el renacimiento del pagaré tras la entrada en vigor de la Ley Cambiaria y del Cheque (Ley 19/1985, de 16 de julio), apela por una utilización de tal documento cambiario en orden a garantizar operaciones activas bancarias, es decir, aquellas mediante las cuales las entidades de crédito conceden a sus clientes sumas dinerarias o disponibilidad para obtenerlas con cargo a los capitales que han recibido de otros clientes o a sus propios recursos financieros. La abstracción del título cambiario desvinculado de la relación causal subyacente, su indudable fuerza ejecutiva y la suavización del rigor formal originario 2 ayudaban a profundizar sobre tan apasionante idea a tenor de su innegable utilidad, dotándose a dicha figura cambiaria de nuevas expectativas y ensombreciendo la imagen anquilosada del
3 pagaré como promesa de pago realizada a modo de reconocimiento de deuda al servicio de la ejecución de un contrato de cambio trayecticio. Nace así, se dice, el pagaré cambiario como medio de financiación bancaria en la medida que este título cumple inmejorablemente una función de garantía del negocio jurídico subyacente que únicamente implica a dos partes y ello sin necesidad de tener que llamar a un tercero a una relación jurídica que le es ajena, como sin duda es el caso de la letra de cambio. Profundizar en tales utilidades acortaba el terreno que años atrás el pagaré había perdido en favor de la letra y que, como con cierto gracejo expone D. Eduardo GALVEZ DOMINGUEZ 3, siempre fue considerada la hermana guapa que le restaba protagonismo al primogénito. SASTRE PAPIOL tomando buena nota de las conclusiones alcanzadas en unas determinadas Jornadas Jurídicas 4 y en una digna labor de ingeniería cambiaria lanzó al aire una hipótesis que conectaba la ejecución y garantía de las operaciones de activo bancarias con el derecho cambiario y que en, cierta forma, todo hay que decirlo, ponía en jaque la hegemonía de los Corredores de Comercio en la intervención de las pólizas mercantiles. Sin embargo su trabajo que sin duda podría ser mucho más ambicioso se centró, entiendo que conscientemente, en las relaciones que pudieran derivarse de un contrato de préstamo y la firma en garantía del mismo de un pagaré en blanco por parte del prestatario y/o fiadores; no sin ello adelantarse a los posibles problemas que tal operatoria podría suscitar, aconsejándose no en balde que los pagarés fueran emitidos "a la vista dentro de un plazo máximo" y librados bajo las cláusulas "no a la orden" y "con gastos" o, mejor aún, "bajo protesto notarial". Para poder comprender la exposición de SASTRE PAPIOL hay que partir de la legislación anterior a la Ley Cambiaria que establecía respecto al pagaré el que éste, para poder considerarse cambiario y dotado de fuerza ejecutiva, debía responder en su constitución "a una operación de comercio" y además así había de reflejarse en el propio documento -causa indiscreta- (extintos arts. 532 y 531.7º CCom de 1885). Existía una vinculación de la naturaleza cambiaria del pagaré con la mercantilidad del contrato subyacente (e incluso el destino del crédito documentado) y, por lo tanto, si el pagaré era inseparable de su causa no podía hablarse de documento abstracto. Lo anterior suponía una barrera infranqueable para el tenedor del pagaré sobre el que pesaba la carga de tener que demostrar la mercantilidad del contrato subyacente so pena de ver fracasada su acción cambiaria. Con la Ley Cambiaria esta cortapisa desaparece entendiéndose el pagaré como una promesa pura y simple de pago desvinculada totalmente de la relación causal subyacente, es decir, el pagaré pasa a ser un documento apto para la circulación y tráfico mercantil, de naturaleza abstracta y eminentemente formal lo que suscita la idea de conferirle otro tipo de funciones distintas de las que originariamente ostentó y cuya evolución claudicó a favor de la letra de cambio. A mayor abundamiento el rigor formal se suaviza considerablemente, sin que ello implique desprenderse del mismo, cuando se admite por medio de una remisión expresa a la regulación de la letra de cambio (arts. 96 y 12 LCCh.) la validez de su firma y puesta en circulación "en blanco" lo que implicaba la posibilidad de configurarse tal título-valor no solo "en unidad de acto" sino también "de forma sucesiva en el tiempo". Sobre las anteriores premisas, SASTRE PAPIOL plantea la posibilidad del uso del pagaré como medio idóneo para regular las relaciones crediticias derivadas de un contrato de préstamo, negocio jurídico éste que constituiría la causa de emisión del título cambiario,
4 entendiendo que la póliza donde se documente el préstamo ya no precisaba de la intervención del fedatario público mercantil y sin que ello hiciera perder fuerza ejecutiva al negocio jurídico subyacente. En definitiva, expresaba el autor, se trataba de reducir los trámites y costes que conllevaba la intervención del fedatario mercantil y procurar la agilización en la prestación del servicio bancario en todas las zonas geográficas y, todo ello, sin pérdida de la fuerza ejecutiva. Para la consecución de tal fin, se acude a la difusa fórmula de la letra "en formación", cuya validez se admite de una manera expresa en nuestro derecho cambiario (art. 12 LCCh), haciendo propios los nimios postulados de la Convención de Ginebra sobre este particular extremo; siendo de destacar que la regulación de esta figura es harto defectuosa, a la par que escueta, habiendo dado lugar a multitud de teorías y doctrinas enfrentadas. En definitiva se trataba de aprovechar la figura que ofrecía la letra "en blanco", utilizándose la remisión normativa del pagaré (art. 96 LCCh.), para suscribir una póliza de préstamo sin la intervención de fedatario público en la que no solo se autorice la facultad de dar por vencido anticipadamente el préstamo por parte del prestamista y el llamado "pacto de liquidez", sino que éste último se ejecute con todos los elementos que le son propios, mediante la simple complementación posterior de un pagaré que se emite incompleto en cuanto a su cuantía de forma simultánea al contrato de préstamo y a favor de la entidad bancaria, quedando ésta última como legítima tenedora del título cambiario en garantía de cumplimiento de la relación causal subyacente. De la anterior forma, la entidad bancaria, cuando entendiese que debía dar por vencido anticipadamente el préstamo, tan solo tendría que rellenar la casilla correspondiente al importe del pagaré para, a partir de tan trascendental momento, cumplir el pagaré con los requisitos formales exigidos por la ley cambiaria para poder ser objeto del proceso ejecutivo cambiario, hoy especial cambiario, en orden a hacer ejecutiva su reclamación dineraria. (arts. 94, 96, 49, 58, 59, 66 LCCh y arts. 819 y ss de la L.e.civ.). Respecto al vencimiento del pagaré, después de barajarse distintas hipótesis, SASTRE PAPIOL se decanta por el complemento inicial del pagaré aconsejando utilizar para ello la fórmula "a la vista dentro del plazo máximo de.. " que viene autorizada en el propio artículo 39 de la LCCh.. De esta forma la entidad bancaria desde primera hora podría concretar un lapso temporal lo suficientemente amplio que puesto en relación con la duración del préstamo dotara de absoluta utilidad al pagaré emitido en garantía de tal operación de activo al poder ser ejecutado en cualquier momento dentro de dicho espacio temporal. SASTRE PAPIOL era consciente que la idea pudiera ser controvertida y excusándose en los posibles recelos que el prestatario-firmante pudiera tener con respecto a este tipo de operatorias, cuando en realidad y a mi juicio lo anterior revela una duda razonable y oculta sobre la legitimidad de su propia tesis, aconsejaba que los pagarés fueran emitidos bajo las cláusulas "no a la orden" y "con gastos" o, mejor aún, "bajo protesto notarial" Respecto a la cláusula "no a la orden" su significación era evidente dado que de emitirse el pagaré en blanco sin dicha cláusula el crédito cambiario podría circular sin ningún tipo de impedimento, provocando tal circunstancia la indefensión del prestatario-firmante que ninguna excepción personal derivada del préstamo podría oponer frente al tercero
5 cambiario salvo que demostrase, cuestión complicada y compleja, que en la adquisición del título por parte de dicho tercero hubiese existido mala fe o culpa grave (art. 12 LCCh.). Así pues, aunque dicha cláusula no garantizaba la no circulación del título cambiario (bien en blanco o ya una vez completado) y por lo tanto tampoco que éste no saliese del ámbito personal del tomador-prestamista, la transmisión que se pudiera realizar solo tendría el valor de una cesión ordinaria de conformidad con lo dispuesto en el artículo 14 de la Ley Cambiaria y del Cheque. Por otro lado, SASTRE PAPIOL tras constatar que el segundo escollo existente en la legislación anterior a la Ley Cambiaria relativo al reconocimiento judicial de firmas del pagaré había desaparecido, utiliza tal extremo y apela por la prescindibilidad de la intervención en los contratos de préstamo mercantil del fedatario público utilizando para ello el artificio que supone la emisión simultánea a la póliza de préstamo no intervenida de un pagaré en blanco por parte del prestatario sin que, por otra parte, se expone, tal circunstancia supusiese un riesgo excesivo para las entidades de crédito. Habrá que tener en cuenta que el pagaré emitido en blanco en garantía de una operación de préstamo, una vez completado por el Banco y dotado de todo su rigor formal, es directamente ejecutivo y si bien es cierto que como hoy ocurre con el artículo de la L.e.civ. (Ley 1/2000) el deudor-prestatario podía negar categóricamente la autenticidad de su firma o la falta absoluta de representación dentro de los tres días siguientes a la diligencia de embargo (- hoy se amplia el plazo a cinco días-) consiguiendo con ello el alzamiento de éste; tal circunstancia, realmente excepcional, expone el autor, podría ser salvada mediante la incorporación al proceso judicial del contrato de préstamo que constituye la causa de la emisión del pagaré y, además, tal alegación no estaba ni está exenta de la prestación de caución o garantía adecuada por parte del deudor cambiario si el juez lo considerara conveniente. No obstante SASTRE PAPIOL, adelantándose a la anterior problemática, aconsejaba el libramiento del pagaré bajo la cláusula "con protesto notarial" dado que según el autor la práctica enseña (-desde su propia perspectiva personal, claro está-) que este tipo de oposiciones con respecto a la firma o la representación se realizan en el proceso judicial anhelado por un asesoramiento técnico que le es inherente pero que responde más a motivos formales que de fondo y es por ello que difícil parece que el deudor oponga estas concretas circunstancias al momento del protesto notarial. Sabido es que no alegada tal tacha al tiempo del protesto notarial no era factible ya oponerla en el proceso judicial, circunstancia ésta que se mantiene inalterada en el artículo º de la Ley de Enjuiciamiento Civil vigente. Ahora bien, la cláusula "con gastos" o "bajo protesto notarial", más que enfocada a impedir una defensa posterior del deudor cambiario con respecto a la legitimidad de la firma o representación (-cuestión que entiendo de menor calado-) es absolutamente relevante respecto a otro extremo del cual se hace eco SASTRE PAPIOL en su trabajo, aunque ello sea de manera no directa sino meramente referencial, y es el relativo a la oportunidad que al prestatario-firmante del pagaré se le ha de otorgar con respecto a la información sobre el complemento del pagaré con carácter previo al proceso judicial y a fin de evitar éste o, en su caso, preparar adecuadamente su defensa jurídica. En definitiva, y aunque no se diga expresamente, se trataba de subsanar la obligación de notificación del saldo deudor
6 establecida en el extinto artículo in fine de la L.e.civ. de mediante una cláusula cambiaria como es la que exija el protesto notarial del pagaré. Por último, ahondaba igualmente el autor en la posibilidad de establecer en el pagaré emitido en blanco una "cláusula de intereses" apelando a la dicción del artículo 6 de la Ley Cambiaria (libertad para el establecimiento del tipo de interés). De esta forma podría establecerse en el pagaré una cláusula de interés moratorio, que vendría autorizada por "el pacto de complemento" inserto o anexo a la póliza de préstamo, y que sería aplicable no desde la emisión del pagaré sino desde la presentación al pago del mismo y hasta su completa satisfacción, interés éste que actuaría sobre el resultado cuántico del también llamado "pacto de liquidez" derivado del uso de la facultad bancaria de dar por vencido anticipadamente el contrato de préstamo. No obstante SASTRE PAPIOL advierte y entiende que dicha posibilidad podría chocar con lo dispuesto en el artículo 58 de la Ley Cambiaria que establece el tipo de interés del pagaré en caso de ejecución fijándolo en el legal del dinero incrementado en dos puntos. No obstante, expresa el autor, esta cuestión sería de menor importancia puesto que tal circunstancia no sería capaz de invalidar el título cambiario, ni obstaría para su ejecución en cuanto a la cantidad consignada como principal. En conclusión, la tesis de SASTRE PAPIOL fue indudablemente arriesgada en su tiempo, expuesta con una sencillez digna de elogio y su éxito a tenor de la norma de cobertura en la que se asienta (arts. 12 y 96 LCCh.) debo considerarlo casi absoluto si tenemos en cuenta que catorce años después, y una vez asentada tal práctica por distintas Cajas de Ahorro y algún que otro Banco (sobre todo en Cataluña), todavía se sigue discutiendo a nivel doctrinal y, sobre todo jurisprudencial, en torno a su validez y eficacia jurídica. IV.- LA OPINION DE POLO SANCHEZ. La inquietud que suscitó la creciente puesta en práctica por parte de diferentes Cajas de Ahorro de las ideas preconizadas por SASTRE PAPIOL conllevó que el propio Consejo General de los Colegios Oficiales de Corredores de Comercio encargara la elaboración de un informe sobre la viabilidad jurídica de tales prácticas bancarias. Tal función recayó en una persona de la talla y prestigio profesional como la que representaba ya en aquella época el Catedrático de Derecho Mercantil y Abogado D. Eduardo Polo Sánchez. POLO SANCHEZ aceptó tal encargo y lo llevó a efecto como se podía esperar de él, es decir, con maestría y brillantez. Su Informe Jurídico de 29 de junio de fue publicado en una sectorial revista jurídica, todo ello, bajo el título "Eficacia jurídica de un contrato de préstamo a consumidores con la firma de un pagaré en blanco." 5. POLO SANCHEZ hace una excelente exposición jurídica al tiempo que cumple con el concreto encargo profesional que se le realizaba por los propios Corredores de Comercio y así, fundamentalmente, abordaba la cuestión controvertida desde la perspectiva de los derechos y garantías de los consumidores llegando al convencimiento que la cláusula inserta a los contratos de préstamo al consumo que implica el libramiento y entrega simultánea por parte del prestatario de un pagaré en blanco a la entidad prestamista para su
7 posterior y unilateral complemento en garantía del negocio jurídico principal ha de reputarse nula de pleno derecho. Siendo esquemático, dado que la extensión propia de este trabajo a ello obliga, POLO SANCHEZ concluye lo siguiente: Desde la perspectiva meramente cambiaria nada hay que objetar al libramiento de un pagaré en blanco (arts. 12 y 96 LCCh.) como tampoco a la utilización de dicho título cambiario como instrumento de garantía y ello al amparo del principio de libertad contractual (art CC). No obstante, dada la existencia de límites a la autonomía de la voluntad, no cabe prejuzgar la licitud o ilicitud de la utilización del pagaré en el tráfico económico. Los contratos de préstamo pueden ser negocios jurídicos suscritos con consumidores en la medida que éstos sean los destinatarios finales del crédito concedido, cuyo disfrute, lejos de integrarse en procesos de producción, transformación, comercialización o prestación a terceros se destina a sus propias necesidades personales, familiares o domésticas. Este tipo de contratos entrañan un negocio concluido a través de condiciones generales predispuestas previa y unilateralmente por las entidades de crédito y exigidas al prestatario si quiere obtener el resultado pretendido, es decir, el crédito. Por lo tanto, en la medida que lo anterior es una realidad, resultan aplicables a dicha relación contractual los principios rectores e informadores de nuestro ordenamiento jurídico y que de forma genérica vienen establecidos en nuestra Carta Magna (art. 51 CE) y ello con independencia de la legislación específica establecida en defensa de los propios consumidores y usuarios (Ley 26/1984, de 19 de julio) lo que ya en sí supone poner coto a la propia autonomía de la voluntad de las partes. Sobre la anterior base se considera que la cláusula contractual inserta a modo de condición general en los contratos de préstamo y que obliga al consumidor a entregar y librar a favor de la entidad de crédito un pagaré en blanco para que por medio de su complemento posterior pueda ésta servirse de una garantía adicional distinta a la que el propio contrato privado le proporciona, vulnera abiertamente los principios rectores y legislación especial establecida en protección de los consumidores debiendo reputarse la misma nula de pleno derecho por dicha causa y, por lo tanto, sin ninguna eficacia jurídica entre las partes contratantes lo que, en consecuencia, contaminara a las obligaciones cambiarias asumidas que refleja de una manera abstracta el pagaré con dicha finalidad emitido y al hipotético juicio ejecutivo que iniciado sobre tales premisas pudiera entablarse por la entidad prestamista tenedora del título generalmente emitido bajo la cláusula cambiaria "no a la orden" Las razones por las cuales se considera nula de pleno derecho tal convención inserta en los contratos de préstamo son diversas y pasan por el análisis efectuado en un determinado momento temporal (año 1992) desde la perspectiva ofrecida por la Ley General para la Defensa de los Consumidores (Ley 26/1984, de 19 de julio) en su redacción anterior a la entrada en vigor de la Ley sobre Condiciones Generales de Contratación (Ley 7/1998, de 13 de abril). Y así:
8 Dicha cláusula carece de los requisitos intrínsecos de licitud y eficacia exigidos a las condiciones generales de contratación y que pasan por "la existencia de buena fe y justo equilibrio de las contraprestaciones." La ausencia de buena fe se infiere tanto del tenor objetivo de la cláusula que permite a la entidad de crédito fijar unilateralmente el importe del pagaré cuanto de la posición subjetiva del prestatario por lo general un hombre modesto que se relaciona en términos de debilidad frente a una gran empresa. La carencia del justo equilibrio de las contraprestaciones se manifiesta en la imposición al prestatarioconsumidor de una nueva contraprestación, la suscripción en garantía de un pagaré en blanco, que viene a añadirse a las contraprestaciones propias del contrato de préstamo - devolución del capital y abono de intereses-, sin que se vea compensada tan gratuita concesión por contraprestación alguna que la equilibre por parte de la entidad de crédito. La imposición de una firma en blanco constituye un supuesto de "cláusula abusiva" en la medida que perjudica de manera desproporcionada o no equitativa al prestatarioconsumidor. Dicho perjuicio es tanto jurídico, económico y moral. Jurídico por cuanto su admisión supone la ausencia de comprobación de la deuda líquida exigible y por las menores garantías procesales que comporta el juicio ejecutivo cambiario frente al ordinario; económico puesto que el ejercicio de tal cláusula puede suponer el embargo directo de sus bienes y, por último, moral dado que la afectación directa de bienes origina descrédito en el orden familiar y social. Dicho perjuicio es desproporcionado dado que el mismo parte de un desconocimiento del ejercicio de la facultad de resolución del contrato y de la deuda por parte del prestatario, porque no existe comprobación alguna de que la cantidad reclamada coincide realmente con la cantidad debida y por el riesgo que supone el completamiento abusivo del pagaré en cuya virtud se exija una cantidad superior. Dicho perjuicio, además, tampoco es equitativo porque destruye la equivalencia de las prestaciones del negocio jurídico sin ventaja alguna para el consumidor. El prestatario multiplica por dos sus obligaciones (la causal y la cambiaria), mientras que la entidad de crédito multiplica por tres sus derechos (el causal, el cambiario y el de dar por vencido el préstamo y determinar unilateralmente la deuda). Tales cláusulas deben ser consideradas "condiciones abusivas del crédito" que no es más que una manifestación sectorial de las cláusulas abusivas anteriormente aludidas. Por último, la interposición por la entidad de crédito de la acción cambiaria derivada del pagaré conlleva de hecho "una inversión de la carga de la prueba" en perjuicio del consumidor; ya que no será el prestamista quién deba acreditar el importe y la legitimidad de la deuda sino que, muy al contrario, será el prestatario quién tenga que probar a ciegas el error, la arbitrariedad o el abuso. En definitiva, POLO SANCHEZ, como sintetiza MOXICA ROMAN 6, considera que tal práctica bancaria supone privar al prestatario-consumidor de la figura del Corredor de Comercio a la hora de la firma de la póliza con exclusión de las garantías de asesoramiento, fehaciencia e incluso intervención posterior en la determinación cuántica de la suma adeudada; del mismo modo también se hurta al prestatario-consumidor de la notificación del saldo deudor previa a la ejecución de la póliza de préstamo lo que supone coartarle su posibilidad de conocimiento y sana reacción y, por último, la ejecución del pagaré por
9 medio del juicio ejecutivo cambiario supondrá la inversión de la carga de la prueba en perjuicio del consumidor. V.- LA POSICION DOCTRINAL EN ESPAÑA. En la medida que la práctica bancaria se fue asentando y provocando respuestas judiciales no uniformes, el debate doctrinal inicialmente suscitado adquirió fuerza e interés y con él lo que personalmente vengo a denominar una cuestión de límites o fronteras. De un lado habría que ponderar el interés del Estado por mantener el principio de la libertad de pacto a toda costa y ello puesto en este caso en relación con una práctica bancaria que, aunque peculiar e incluso podríamos decir que forzada, no resulta expresamente prohibida por nuestro ordenamiento jurídico y que, a nivel meramente formal, es capaz de sustituir normas procesales vigentes que configuran un sistema u orden público establecido que atañe a la fuerza ejecutiva y ejecutividad de las pólizas bancarias. En cierta forma, admitir sin reparos este tipo de prácticas suponía predicar de las entidades de crédito una posición superior a la que de hecho ostentaban, lo que implicaba una confianza máxima por parte del Estado en su transparencia y claridad, dotándoles de unos privilegios que se han de considerar inocuos o de escaso riesgo para la ciudadanía, sirviendo los mismos de eficaz instrumento para luchar contra la morosidad. Del otro lado de la balanza habría que calibrar hasta donde abarca el llamado orden público que la Constitución Española garantiza bajo la idea de protección a los consumidores (art. 51 CE) y en qué medida la esfera privada de la autonomía de la voluntad de las partes se ve afectada por dicho principio rector que inspira la política social y económica de un país, su ordenamiento jurídico y vincula a todos los poderes públicos. Habrá que considerar también que dicha idea genérica se veía cada vez más reforzada por una legislación especial que la acoge por encima de la Ley Cambiaria y del Cheque o del principio de libertad contractual, y ello es importante entenderlo de esta forma. Me estoy refiriendo en este segundo aspecto a la Ley General para la Defensa y Protección de los Consumidores y Usuarios, la Ley de Condiciones Generales de Contratación y, por último, a la Ley de Crédito al Consumo. Afrontada la cuestión desde tales parámetros y aplicada la misma a la concreta polémica suscitada a consecuencia de los pagarés emitidos en blanco en garantía de un contrato de préstamo al consumo, la doctrina se ha decantado casi en su inmensa mayoría por la segunda de las opciones, avalando el interés predominante de la protección del consumidor frente al particular de las entidades de crédito y ello con independencia de la literalidad de la ley cambiaria y de los concretos pactos a los cuales hubieran llegado las partes de los cuales se dice que bien encubren un supuesto de fraude ley o implican una situación de abuso intolerable. La Profesora y Abogada Dª. Carmen GAY CANO afrontó el problema 7 llegando a las mismas conclusiones que POLO SANCHEZ había establecido con anterioridad, es decir, afirmando que en las operaciones de préstamo al consumo en las que se sustituya la
10 intervención del fedatario público por la emisión de un pagaré en blanco, tanto el pagaré como la cláusula del contrato de préstamo en la que consta son nulos de pleno derecho por vulnerar la legislación especial protectora de los consumidores. En consecuencia se deberá tener por no puesta la cláusula en cuestión y por no emitido el pagaré. No obstante, GAY CANO pone el acento en el riesgo que puede suponer la circulación del pagaré emitido en este tipo de contextos dado que la exigencia de la cláusula "no a la orden" no siempre viene clarificada en el pacto de complemento inserto en la póliza y los problemas que terceros adquirentes del título cambiario pudieran plantear al consumidor son mucho más graves y perniciosos que los ya descritos por la propia práctica bancaria en sí, al coartarle cualquier posibilidad de reacción dentro del juicio ejecutivo cambiario colocando al consumidor en una situación de patente indefensión. Destacar la referencia que dicha autora hace a la normativa comunitaria sobre crédito al consumo (Directiva del Consejo 87/102/CEE, modificada por la 90/88/CEE, 22 de febrero 1990) en aquella época no incorporada a nuestro ordenamiento jurídico y respecto de la cual concluye que prácticas bancarias como las analizadas no tendrían justificación en tales previsiones normativas. Por su parte la Profesora Dª. María del Mar ANDREU MARTÍ 8 hace una brillante exposición sobre la práctica bancaria comentada haciéndose eco de la proliferación de la misma en el tiempo y analizando pormenorizadamente la respuesta judicial obtenida a dicha época. Advierte la autora la existencia de dos tendencias: la primera, favorable a la práctica bancaria, se asentaría en el reconocimiento legal de la figura del pagaré en blanco y el principio de libertad contractual; la segunda, contraria a la práctica bancaria, tendría sus razonamientos en la ilicitud de la práctica por entrañar fraude de ley y en la vulneración de los derechos y garantías de los consumidores. ANDREU MARTI se posiciona contraria a la práctica bancaria advirtiendo una respuesta judicial dispar que genera gran inseguridad jurídica y abogando por ello a una reforma legal en la que para disipar posibles dudas se incluya expresamente entre las cláusulas abusivas citadas en las leyes de consumo la referente al libramiento del pagaré en blanco en garantía de créditos al consumo. Por último, en orden a la capacidad defensiva del cliente bancario frente a tal práctica, la autora hace una importante matización dependiendo de si la cualidad personal del prestatario que contrata en estas condiciones sea la propia de un consumidor o no lo sea. Siendo consumidor la autora no atisba demasiadas dificultades para declarar abusiva tal práctica bancaria en aplicación de la legislación de consumo y, no siéndolo, la cuestión se entiende más compleja dado que el afectado tendría que recurrir, no a una legislación especial concreta como la que constituye la relativa a los derechos y garantías de los consumidores, sino a instituciones tan genéricas e interpretables como la concerniente al llamado fraude de ley. Respecto al fraude de ley la autora hace un análisis acerca de la garantía que para el prestatario supone la intervención del Corredor de Comercio en las fases de formalización y liquidación de las pólizas de préstamo, así como también entiende que es necesaria la notificación previa del saldo deudor al ejecutado, aspectos éstos en los que resulta indudable que las interpretaciones jurisprudenciales existentes no eran ni siguen siendo pacíficas y, además, pueden resultar poco esclarecedoras y nada satisfactorias si en términos de seguridad jurídica nos posicionamos. El problema ha sido estudiado también por miembros de la judicatura y así es de destacar las importantes y siempre bien recibidas conclusiones del magistrado-juez D. Rafael
11 SARAZÁ JIMENA realizadas en distintos trabajos doctrinales. 9. Dicho autor analiza el problema desde una óptica diferente al partir de la base que existen unas garantías básicas en el juicio ejecutivo basado en pólizas bancarias que determinan un sistema u orden público indisponible de protección para el deudor y que esta práctica bancaria articulada mediante el artificio de la emisión del pagaré en blanco trata de soslayar, lo que en sí, supondría un claro supuesto de fraude de ley. Se dice que esta práctica bancaria pretende eludir, sustrayéndose a su aplicación y contrariando su finalidad práctica las normas establecidas en la Ley de Enjuiciamiento Civil de y las concordantes de otros cuerpos legales que regulaban el juicio ejecutivo en base a pólizas mercantiles, en cuanto a las garantías que en las mismas se contienen para el deudor. Ello necesariamente conllevaba remitirse a los artículos y de la L.E.Civ. en su redacción anterior y posterior a la Ley de Medidas Urgentes de Reforma Procesal de 30 de abril de (Ley 10/1992) así como a la importante Sentencia del Tribunal Constitucional de fecha 10 de febrero de (STC 14/1992). Dicho autor echa en falta la intervención del Corredor de Comercio en las pólizas mercantiles, su implicación en la determinación de la deuda y el posterior control judicial efectuado al momento de apertura del proceso. Por otro lado, la innecesariedad de notificación del saldo deudor al ejecutado coloca a éste en una situación a la que debe enfrentarse a ciegas, invirtiéndose además las normas procesales que regulan la carga probatoria y pudiendo incluso perecer el hipotético y diabólico esfuerzo probatorio que pudiera llevarse a cabo por el ejecutado cambiario en el caso que el pagaré circule y éste sea adquirido, sin mala fe o culpa grave, por terceros ajenos a la relación causalsubyacente. Considera igualmente dicho autor, que la norma de cobertura en la que se asienta tal práctica bancaria y que es la propia ley cambiaria tampoco tiene por finalidad el establecimiento de un régimen legal sustitutorio al que ya existe establecido para dotar de fuerza ejecutiva y ejecutividad a las pólizas bancarias. Respecto a este último extremo, que creo de suma importancia, SARAZÁ JIMENA expone que " en el caso de pagarés en blanco emitidos en garantía de pólizas bancarias no estamos ante lo que podría considerarse el caso típico de pagaré en blanco, emitido de modo excepcional en una operación aislada, y en el que, como mal menor, y en garantía de terceros cambiarios de buena fe, haya de darse validez al título cambiario emitido en blanco. Por el contrario, nos encontramos ante un supuesto de emisión en masa de títulos valores en blanco, impuesta mediante condiciones generales predispuestas por las entidades bancarias a los clientes que quieran obtener crédito y obteniendo un acceso a la vía ejecutiva distinto del previsto como típico de estas operaciones, eludiendo las garantías que para el deudor se establecen en el juicio ejecutivo de los contratos bancarios ". Con independencia del fraude de ley, SARAZÁ JIMENA entiende que en el supuesto de préstamos al consumo se produce además una vulneración de la ley especial protectora de los consumidores que debe llevar a declarar la nulidad de la condición general que estipula tal práctica dado que la misma vulnera las exigencias del principio de buena fe, tanto en su aspecto objetivo como subjetivo, rompe con el justo equilibrio de las prestaciones y supone un supuesto de inversión de carga probatoria en perjuicio del consumidor en ningún modo aceptable y en todo caso abusivo. Apelaba el autor por una prohibición clara y específica del uso del pagaré en las condiciones expuestas, reputando insuficiente el mero control judicial, acusándose también una cierta desidia administrativa en el control de las condiciones generales de contratación y dejando reseñados a tales efectos prohibitivos dos
12 datos que creo de extremado interés como son la previsión que en la Exposición de Motivos de la Ley Cambiaria (Ley 19/1985,16 de julio) se hace a la necesidad de abordar la elaboración de un texto legal complementario y específico que establezca las normas que hayan de regir para las letras emitidas en operaciones realizadas por los consumidores y usuarios; así como las recomendaciones que el art. 10 de la Directiva del Consejo 87/102/CEE, modificada por la 90/88/CEE, establecía a los Estados miembros respecto a la necesidad de regular una adecuada protección del consumidor en aquellos contratos de crédito en los que se permitiera a éstos pagar o establecer garantías mediante letras, pagarés o cheques. Por su parte, el Magistrado D. Jorge RUBIERA ÁLVAREZ 10 comparte la opinión jurisprudencial consistente en encuadrar a esta práctica bancaria dentro de un supuesto de fraude de ley y tras hacer referencia de la misma y transcribir distintas resoluciones judiciales que la avalan, analiza en su obra las posibilidades que el juez ostenta para poder reaccionar de oficio frente a tal práctica de conformidad con lo dispuesto en el artículo 11.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Así pues, si en el juicio ejecutivo la entidad bancaria acompañara a su demanda, aparte del pagaré, copia del contrato de préstamo o crédito que originó el libramiento, no existiría mayor inconveniente en no acceder fundadamente al despacho de ejecución. No obstante, entiende el autor, que la cuestión se complicaría si la entidad bancaria no refiere en su escrito de demanda la previa existencia de un contrato de préstamo o crédito, limitándose a presentar el pagaré como título abstracto y exigiendo su pago en base a las normas de la Ley Cambiaria. En este caso, se afirma, el juez no podría denegar el despacho de ejecución, ni tan siquiera podría suspenderlo requiriendo a la parte para que aporte el contrato de préstamo subyacente en un determinado plazo, dado que la mala fe ni la eventual realización de un fraude de ley deben presumirse por los tribunales de justicia. Opinaba RUBIERA ALVAREZ que debería por tanto despacharse la ejecución, esto es, requerir de pago al deudor procediendo a embargarle sus bienes para el caso de no satisfacer la deuda en el acto, pero sin que ello obste o impida que, llegado el momento de dictar sentencia, el juzgador pudiese acordar como diligencia para mejor proveer, y con el objeto de complementar una actividad probatoria poco convincente, que por parte de la entidad de crédito se presentase el contrato causal que originó el nacimiento del pagaré para de este modo poder valorar la existencia de un supuesto de fraude de ley lo que llevaría a declarar no haber lugar al dictado de la sentencia de remate. En cierta forma el autor, desde la perspectiva del juez imparcial, veía la problemática que le suscitaba la creencia interna de poder estar cometiéndose un fraude y las posibilidades de reacción jurídica que éste pudiera adoptar ante una pasividad, por otro lado habitual, de la parte ejecutada. También el juez D. José Manuel RAPOSO FERNANDEZ 11 consideró que este tipo de prácticas bancarias eliminaban el molesto control del Corredor de Comercio a la hora de liquidar la deuda, al tiempo que ahorraba a la entidad bancaria el tener que dar explicaciones al deudor y/o fiadores ante la falta de exigencia de notificación previa del saldo deudor, todo ello, bajo vulneración del art de la Le.civ. de Se entendía, igualmente, que tal práctica suponía la ruptura del equilibrio del contrato y la inversión de la carga de la prueba en perjuicio del prestatario, límites éstos que la ley de defensa de los consumidores impone al principio de la autonomía de la voluntad y, por último, se opinaba
13 que a través de dicha práctica se daba al pagaré cambiario un uso que no estaba previsto en la ley cambiaria cuando reguló dicha figura jurídica. Tales argumentos llevaron al autor a pronunciarse en términos taxativos y enérgicos concluyendo que "se trata de una práctica repugnante que hiere el más elemental sentido de justicia y cuya única meta es el fraude de ley, argumentos sobrados para que todo juez de primera instancia al que se le presente uno de estos pagarés, tras indagar el contenido del contrato subyacente, deniegue el despacho de ejecución con fundamento en el artículo 1440 de la L.e.civ., convenientemente interpretado por la Sentencia del Tribunal Constitucional de 10/10/1992, en relación con el artículo º de la L.e.civ." Estimaba dicho autor que no se puede dudar que cualquier pagaré de esta naturaleza es nulo por ser nula también la estipulación del contrato de la que nace, convirtiéndose en un título ejecutivo viciado con idéntica nulidad. Por su parte el Abogado D. Ricardo BALANSO ZAPATER dedicó también la atención al tema que nos ocupa 12 y, sin desconocer la existencia de una doctrina jurisprudencial partidaria de la admisión y validez de esta práctica, que dice incluso haber padecido cuando ostentaba labores jurisdiccionales en el juzgado de primera instancia e instrucción nº 3 de Gava, concluye y afirma el carácter abusivo de las cláusulas en virtud de las cuales se faculta a las entidades crediticias a completar el pagaré emitido en blanco por el prestatario al tiempo que establece que estamos ante un supuesto de fraude de ley; conllevando todo lo anterior la inexistencia de obligaciones cambiarias derivadas del pagaré emitido de esta forma y que habrá de reputarse nulo, sin que ello perjudique el crédito de la entidad financiera que podrá ejercer en la vía ordinaria frente al prestatario no pudiendo ser considerada tal circunstancia como inequitativa para la entidad de crédito que precisamente con su conducta, carente de buena fe, la motivó. Se apela igualmente a la legislación de consumo y, en definitiva, se vuelven a repetir los argumentos contrarios a dicha práctica que al parecer en Cataluña, a nivel de Audiencias Provinciales, aunque con excepciones, nunca han sido bien recibidos. Con base en el comentario del Auto que fuera dictado por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de León con fecha 7 de diciembre de realmente fueron cuatro los autos que se dictaron en esa misma fecha sobre la misma materia- (LA LEY JURIS: /1994; LA LEY JURIS: /1994; LA LEY JURIS: 17895/1995; LA LEY JURIS: /1994) que supuso un cambio de parecer jurídico en dicho territorio y vinieron a confirmar la denegación del despacho de ejecución sustentado en pagaré de estas características; el Corredor de Comercio D. José Justo NAVARRO CHINCHILLA publicó su trabajo "Nulidad del pagaré utilizado para documentar deudas derivadas de un préstamo mercantil" 13. En dicho trabajo, al que expresamente aludía aceptando su postura el malogrado y también Corredor de Comercio D. José Ramón CANO RICO 14, se dictaminaba sobre la nulidad del pagaré emitido en estas circunstancias por: a) Hurtar al prestatario de las garantías que supone la intervención del Corredor de Comercio tanto en la conclusión de la póliza como en la determinación del saldo deudor, así como privarle de la preceptiva notificación previa al despacho de ejecución prevista en el art de la L.e.civ. b) Vulnerar la Ley de Protección de los Consumidores y Usuarios en cuanto tal cláusula atenta al principio de buena fe y justo equilibrio de las prestaciones, al tiempo que supone para el prestatario una improcedente y abusiva inversión de las normas que rigen la carga de la prueba y c) Suponer tal práctica bancaria un supuesto de fraude de ley al eludirse normas procesales que regulan el juicio ejecutivo basado en pólizas mercantiles y
14 no ostentar el pagaré el fin abstracto de documentar deudas derivadas de los contratos celebrados entre el Banco y sus clientes. En sentido contrario a los autores anteriormente citados el Abogado D. José MOXICA ROMAN, tanto en artículos doctrinales 15 como en monografías 16 considera que este tipo de prácticas bancarias no serían válidas y las reputa fraudulentas cuando estuviesen vinculadas a la ejecutividad de pólizas de crédito o de descuento mercantil no así, cuando su relación causal venga referida a una póliza de préstamo. En este caso entiende dicho autor que no existe obstáculo legal alguno para no dar validez o carta de naturaleza a dicha práctica bancaria dando para ello una serie de argumentos que pasan por entender que la intervención del fedatario en las pólizas mercantiles no supone una garantía para el deudor, que es innecesaria para la ejecutividad de las pólizas de préstamo la certificación del saldo deudor por parte del mismo (dado que dicho saldo ha de reputarse líquido per se), considerándose igualmente que la notificación de dicho saldo deudor con carácter previo a la apertura de la ejecución tampoco resulta preceptiva para la entidad de crédito, argumentos éstos, que le llevan a decantarse personalmente por la inexistencia de fraude de ley. A pesar de lo anterior, MOXICA ROMAN admite que la inversión de la carga de la prueba que se produce en el juicio cambiario sí puede ser un argumento atendible para decretar la nulidad de los pagarés emitidos en blanco en garantía de operaciones de préstamo pero, no obstante ello, no considera que haya que llegarse a tales extremos estableciendo que, en estos casos y una vez iniciado el juicio cambiario, el juzgador deberá ser flexible y de conformidad con lo dispuesto en el art. 3 del CC interpretar el condicionado general del contrato de préstamo en el sentido más beneficioso para el prestatario-consumidor, es decir, compeliendo a la entidad crediticia para que justifique la deuda que por medio del complemento del pagaré previamente ha verificado y que reclama en el proceso cambiario ya iniciado. A pesar de la estima que me merece el último autor reseñado, no puedo sino disentir en este caso de sus siempre bien fundamentados argumentos, sin dejar de reconocer que muchas de sus aseveraciones forman parte de una profusa corriente jurisprudencial que la avala y se inclina por la licitud de tal práctica bancaria. VI.- BREVES APUNTES DEL TRATAMIENTO DEL PROBLEMA POR LA JURISPRUDENCIA MENOR. Si bien la doctrina se muestra más o menos pacífica en cuanto a la no admisión de la práctica bancaria analizada, no ocurre lo mismo en el ámbito de la llamada "jurisprudencia menor" donde las resoluciones emanadas de las distintas Audiencias Provinciales revelan la existencia de dos corrientes jurisprudenciales contradictorias e inconciliables. Dicha realidad judicial hunde al justiciable en términos de penumbra e inseguridad jurídica dado que dependiendo de la zona geográfica donde esté domiciliado y se demande al deudor cambiario la respuesta judicial puede variar considerablemente. Es más, incluso en un mismo territorio, se advierten que las posiciones defendidas por las distintas secciones de dicha Audiencia Provincial no son tampoco uniformes. Ejemplo de esto último, salvo que el letrado que suscribe este trabajo no haya observado una unificación de doctrina que pudiera desconocer y haberse llevado a efecto por las distintas secciones, lo observamos en
15 la Iltma. Audiencia Provincial de Córdoba [SSAP Córdoba -secc. 3ª- de fechas 15 de febrero del 2001 y 22 de septiembre del 2000 (LA LEY JURIS: /2001 y LA LEY SUMMA /2000) contrarias a tal práctica frente a las dictadas -secc. 1ª- con fechas 9 de junio del (LA LEY JURIS: /2004) y -secc. 2ª- 24 de junio del 2003 (LA LEY SUMMA /2003) favorables a la misma]. Respecto a las entidades que siguen utilizando esta práctica habrá que reseñar a las Cajas de Ahorros Catalanas y el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) hecho éste que se deduce por el recalcitrante protagonismo que tales entidades ostentan en las resoluciones que conforman la jurisprudencia que emana de las distintas Audiencias Provinciales. Aunque en mucha menor medida, el Banco de Santander Central Hispano (BSCH) ha utilizado una práctica muy similar a la comentada si bien, en este caso, el pagaré emitido en garantía resulta totalmente completo al tiempo de su libramiento mediante la consignación del importe del nominal del préstamo suscrito en unidad de acto, quedando por tanto dicha entidad bancaria libre de ejecutar y con dicho tope cuantitativo el débito que a su juicio concurra al tiempo de interposición de la demanda de juicio cambiario. Aunque lo anterior no deja de ser una modalidad atenuada de la práctica bancaria analizada, lo cierto y verdad es que las razones en contra le son perfectamente aplicables. Respecto a las citas jurisprudenciales, y por ser de interés para el profesional, un elevado número de resoluciones se inclinan por entender que esta práctica bancaria es ilícita reiterando, con una mayor o menor fuerza motivadora, los argumentos doctrinales reseñados en el capítulo anterior y en pro de dicha postura caben señalar las que a continuación se citan: Sentencias de 7 de noviembre del (LA LEY SUMMA /2003), 26 de febrero del (LA LEY SUMMA /2001), 5 de febrero del 2001 (LA LEY SUMMA /2001), 1 de marzo del (LA LEY SUMMA /2001 y /2001) y 7 de marzo del (LA LEY SUMMA /2001) dictadas por la secc. 3ª de la Audiencia Provincial de Tarragona; Sentencias de 29 de Abril del secc. 18ª- (LA LEY SUMMA /2003) y de 19 de febrero del secc. 14ª- (LA LEY SUMMA /2002) dictadas por la Audiencia Provincial de Madrid; Sentencias de 21 de Abril del secc. 3ª- (LA LEY SUMMA /2003), 24 de Marzo de secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /1997) y 19 de Noviembre de secc. 2ª- (LA LEY SUMMA 2295/1997) dictadas por la Audiencia Provincial de Badajoz; Sentencia de 13 de Noviembre del (LA LEY SUMMA /2001) dictada por la secc. 7ª de la Audiencia Provincial de Alicante; Sentencias de 28 de Junio del secc. 5ª- (LA LEY SUMMA /2001), 7 de abril del secc. 3ª- (LA LEY SUMMA /2000), 7 de diciembre del secc. 3ª- (LA LEY SUMMA /2000) y Auto de 19 de junio del secc. 5ª- (LA LEY SUMMA /20001) dictados por la Audiencia Provincial de Las Palmas; Sentencias de 4 de Mayo del secc. 9ª- (LA LEY SUMMA /2001), 5 de marzo del secc. 6ª- (LA LEY SUMMA /2001), 16 de diciembre de secc. 6ª- (LA LEY SUMMA 37908/1999) y 14 de julio de secc. 5ª- (LA LEY SUMMA /1999) dictadas por la Audiencia Provincial de Valencia; Sentencia de 27 de Marzo del (LA LEY SUMMA /2001) dictada por la secc. 2ª de la Audiencia Provincial de Jaén; Sentencias de 15 de febrero del (LA LEY SUMMA /2001) y 22 de Septiembre del 2000 (LA LEY SUMMA /2000) dictadas por la secc. 3ª de la Audiencia Provincial de Córdoba; Sentencias de 22 de Marzo del secc. 2ª- (LA LEY SUMA /2001) y
16 6 de Noviembre del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2000), 29 de abril del secc. 1 ª- (LA LEY SUMMA /2000) y 28 de julio de secc. 3ª- (LA LEY SUMMA 52933/1999) dictadas por la Audiencia Provincial de Castellón; Sentencia de 30 Octubre del 2000 (LA LEY SUMMA /2000) dictada por la secc. 6ª de la Audiencia Provincial de Asturias; Sentencias de 1 de febrero del (LA LEY SUMMA 86749/2000), 27 de marzo del 2000 (LA LEY SUMMA /2000) y 5 de noviembre de (LA LEY SUMMA /1996) dictadas por la secc. 2ª de la Audiencia Provincial de Murcia; Sentencias de 25 de Marzo del secc 3ª- (LA LEY SUMMA /2000) y 17 de julio de secc. 1ª- (LA LEY SUMMA 12111/1999) dictadas por la Audiencia Provincial de Sta. Cruz de Tenerife; Auto de fecha 20 de febrero de secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /1996) dictado por la Audiencia Provincial de Cantabria; Sentencia de 9 de diciembre de secc. 3ª- (LA LEY SUMMA 17851/1995) dictada por la Audiencia Provincial de Burgos; Sentencias de 7 de diciembre de (LA LEY SUMMA /1994), 9 de diciembre de 1994 (LA LEY SUMMA /1994) y Autos de 7 de diciembre de 1994 (LA LEY JURIS: /1994; LA LEY JURIS: /1994; LA LEY JURIS: 17895/1995; LA LEY JURIS: /1994) dictados por la secc. 2ª de la Audiencia Provincial de León; entre otras muchas más. Este grupo importante de resoluciones aboga por la ilicitud de tal práctica bancaria considerando que la misma revela un supuesto de fraude de ley en perjuicio de las garantías que el cliente bancario ostenta en orden a la ejecutividad de las pólizas bancarias y/o, en caso de concurrir la cualidad personal de consumidor en el prestatario y dado que los pagarés son emitidos al socaire de condiciones generales estampadas en los contratos de préstamo unilateralmente confeccionados por el acreedor, hará que pueda reputarse también el carácter abusivo de dichas cláusulas de conformidad con la legislación especial de consumo vigente. Por otro lado, y en contraposición a la anterior corriente jurisprudencial, habrá que manifestar que un número no menos importante de resoluciones judiciales admiten sin embargo la validez de esta práctica bancaria y botón de muestra son las siguientes: Autos de fechas 7 de mayo del secc. 16ª- (LA LEY SUMMA /2004), 31 de marzo del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2004) 18 de Diciembre del secc. 16ª- (LA LEY SUMMA /2003), 15 de mayo del secc. 1ª- (LA LEY SUMMA /2001), así como las Sentencias de fechas 29 de julio del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2002), 3 de octubre del secc. 11ª- (LA LEY SUMMA /2002 ), 27 de Septiembre del secc. 11ª- (LA LEY SUMMA /2002), 20 de marzo del secc. 13ª- (LA LEY SUMMA /2002), 28 de julio de secc. 14ª- (LA LEY SUMMA /2004), 4 de Diciembre del secc. 14ª- (LA LEY SUMMA /2000), 21 de marzo del secc. 16ª- (LA LEY SUMMA /2002), 17 de julio del secc. 16ª- (LA LEY SUMMA /2001), 24 de Enero del secc. 16ª- (LA LEY SUMMA /2001), 24 de Diciembre del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001 ), 15 junio del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001), 11 de junio del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001), 23 de febrero del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001), 26 enero del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001) y 17 de Enero del secc. 17ª- (LA LEY SUMMA /2001) dictadas por la Audiencia Provincial de Barcelona; Sentencias de fechas 18 de octubre del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2004),
17 22 de Septiembre del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2003), 30 de junio del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2003) y 20 de enero del secc. 1ª- (LA LEY SUMMA /2003) dictadas por la Audiencia Provincial de Girona; Sentencias de fechas 20 de Diciembre del secc. 20ª- (LA LEY SUMMA /2004) y 25 de noviembre del secc. 11ª- (LA LEY SUMMA /2000 ) dictadas por la Audiencia Provincial de Madrid; Sentencias de fechas 7 de junio del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2004), 19 de Enero del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2004), 17 de Marzo del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2003), 12 de junio del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2003) y 21 noviembre del secc. 3ª- (LA LEY SUMMA /2001) dictadas por la Audiencia Provincial de Granada; Sentencias de fechas 24 de junio del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2003) y -secc. 1ª- 9 de junio del (LA LEY JURIS: /2004) dictadas por la Audiencia Provincial de Córdoba; Sentencia de fecha 17 de junio del secc. 5ª- (LA LEY SUMMA /2003 ) y Auto de fecha 7 de marzo del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2002) dictadas por la Audiencia Provincial de Las Islas Baleares; Sentencia de 5 de diciembre del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2002) dictada por la Audiencia Provincial de Alicante; Sentencias de fechas 14 de noviembre del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2002), 24 de Septiembre del secc. 4ª- (LA LEY SUMMA /2002) y 16 de mayo del secc. 6ª- (LA LEY SUMMA /2001) dictadas por la Audiencia Provincial de Málaga; Sentencia de fecha 16 de octubre del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2002) dictada por la Audiencia Provincial de Navarra; Sentencia de fecha 9 de octubre del secc. 1ª- (LA LEY SUMMA /2002) dictada por la Audiencia Provincial de Almería; Sentencias de fechas 24 de enero del secc. 7ª- (LA LEY SUMMA /2002), 27 de noviembre del secc. 8ª- (LA LEY SUMMA /2001) y 20 de diciembre del secc. 8ª- (LA LEY SUMMA /2000) dictadas por la Audiencia Provincial de Valencia; Sentencias de fechas 25 de abril del secc. 2ª- (LA LEY SUMMA /2001) y 19 de febrero del secc. 5ª- (LA LEY SUMMA /2001) dictadas por la Audiencia Provincial de Sevilla, entre otras muchas. Las anteriores resoluciones judiciales admiten la validez de la emisión del pagaré en blanco en garantía de cumplimiento de los contratos de préstamo bancarios en la medida que tal práctica encuentra asidero legal en los artículos 96 y 12 de la Ley Cambiaria y del Cheque, así como, fundamentalmente, en el artículo del Código Civil y el principio de libertad contractual. Se considera a este "modus operando" como una alternativa legal lícita a las normas que regulan la ejecutividad de las pólizas mercantiles. Sobre esa órbita se entiende que no existe ni puede ser predicable fraude de ley habida cuenta que no se infringe ninguna norma legal de carácter imperativo. Afirman tales resoluciones que la intervención del fedatario público en orden a dotar a la póliza de préstamo de la ejecutividad que le es propia es condición prescindible y sustituible por el libramiento del documento cambiario, dado que el contrato de préstamo sometido a interés fijo debe reputarse liquido "per se" y la hipotética deuda derivada del mismo siempre será líquida o determinable bajo sencillas operaciones aritméticas. Es por ello por lo que estas resoluciones consideran que el llamado "pacto de liquidez" inherente a
18 la facultad de dar por vencido anticipadamente el préstamo ninguna trascendencia puede tener en las operaciones activas bancarias de préstamo a interés fijo dado que, a la hora de la determinación del saldo deudor, nula implicación va a tener el fedatario público y, a mayor abundamiento, se dispone que tampoco resulta preceptiva la notificación previa del saldo deudor al prestatario y/o fiador. Se dice que dada la facilidad liquidatoria de este tipo de operaciones bancarias no se puede afirmar que se coloque al deudor en una situación desigual o de inferior posición jurídica dado que siempre estará a su disposición contrastar personalmente el saldo que se reclama por medio del complemento del pagaré. Por lo que respecta a la posible colisión de intereses que pudiera existir entre tal práctica y los derechos de los consumidores la mayoría de las sentencias examinadas ni tan siquiera llegan a cuestionar tal confrontación bajo una motivación concienzuda y suficiente, y no quiero decir con ello que la eviten intencionadamente, es que simplemente se limitan a decir que tal pacto es lícito sin perjuicio de las excepciones que el consumidor pueda alegar dentro del ámbito del juicio cambiario si se infringiera el pacto de complemento inserto en la póliza de préstamo. Es decir, se eleva el principio de libertad contractual o de autonomía de la voluntad de las partes a términos absolutos e incondicionales. No se entra pues a valorar si dicho pacto vulnera el principio de buena fe o produce en detrimento del consumidor un desequilibrio en las prestaciones asumidas por las partes sin contraprestación alguna para el prestatario-consumidor; como tampoco se cuestiona, en sus estrictos términos, si la inversión de la carga de la prueba que esta práctica produce con la apertura del juicio cambiario por parte de la entidad prestamista, a diferencia de lo que ocurriría en una demanda de ejecución de título extrajudicial o en la propia de un proceso declarativo ordinario, puede ser factor suficiente o no para entender infringidas las normas que protegen a los consumidores. En las escasas resoluciones que se afronta el tema desde la perspectiva de las condiciones generales de contratación es para negar tal carácter utilizándose argumentos que, dicho sea con los máximos respetos, poco o nada ayudan a la comprensión del concepto lo que obsta siquiera aplicar la normativa especial que le es inherente. (ej: son pactos habituales y usuales que benefician al consumidor dado que puede acceder de una manera más ágil al crédito bajo abaratamiento de costes; no es condición general de contratación puesto que la cláusula se pactó de forma anexa e independiente a la póliza o, en su caso, el prestatario podía haber acudido a otro banco o exigir otro medio de garantía diferente al que le fue ofrecido). El deber de transparencia de la entidad de crédito y los derechos de información y adecuada protección jurídica del consumidor ni tan siquiera se mencionan. Tampoco nadie cae en la cuenta que con esta práctica bancaria, en la medida que se entiende prescindible la intervención del fedatario público y la presentación de la póliza de préstamo tampoco resulta preceptiva en el juicio especial cambiario, se están evitando maliciosamente los controles administrativos y judiciales que las leyes establecen para la represión de los clausulados abusivos y su especial inscripción en el Registro de Condiciones Generales de Contratación. Resulta curioso, sin embargo, que la Ley de Crédito al Consumo y en concreto el artículo 19 de la misma si hayan estado presentes en tales resoluciones judiciales aunque solo sea a los efectos de declarar el carácter abusivo de la cláusula de intereses moratorios inserta por norma en el pagaré, procediéndose a la moderación de los mismos, sin advertir que en la mayoría de las ocasiones el interés
19 moratorio pactado en el título cambiario es el mismo que el acordado en la póliza de préstamo al consumo lo que reporta un grave defecto en el complemento del pagaré en referencia a la cantidad que unilateralmente se reputó debida por la entidad bancaria y cuya certificación, explicación y notificación se entiende exenta de control alguno. VII.- EL PAGARÉ EMITIDO EN BLANCO. La admisión de la figura del pagaré en blanco en nuestro ordenamiento jurídico viene siendo admitida sin mayor oposición por el juego remisivo contenido en los artículos 12 y 96 de la Ley Cambiaria y del Cheque. El concepto de título cambiario en blanco también es aplicable al cheque en virtud de lo dispuesto en el artículo 119 del LCCh que se pronuncia en iguales términos que el artículo 12 de la LCCh. Así y en referencia a la letra de cambio el artículo 12 de la LCCh. dispone: "Cuando una letra de cambio, incompleta en el momento de su emisión, se hubiese completado contrariamente a los acuerdos celebrados, el incumplimiento de estos acuerdos no podrá alegarse contra el tenedor, a menos que éste haya adquirido la letra de mala fe o con culpa grave." Por su parte, el artículo 96 de la Ley Cambiaria dispone: "Serán aplicables al pagaré, mientras ello no sea incompatible con la naturaleza de este título, las disposiciones relativas a la letra de cambio y referentes:......serán igualmente aplicables al pagaré las disposiciones relativas a la letra de cambio pagadera en el domicilio de un tercero o en localidad distinta a la del domicilio del librado (artículos 5 y 32); a la estipulación de intereses (artículo 6); a las diferencias de enunciación relativas a la cantidad pagadera (artículo 7); a las consecuencias de la firma puesta en las condiciones mencionadas en los artículos 8 y 9; a las de la firma de una persona que actúe sin poderes o rebasando sus poderes (artículo 10); a la letra de cambio en blanco (artículo 12) y a sus posibles suplementos (artículo 13)...". Es difícil establecer un concepto jurídico unívoco de "letra de cambio en blanco" dada la parquedad e insuficiencia normativa con la que esta figura viene regulada en nuestra ley cambiaria y que, por desgracia, tampoco puede verse suplida por la labor integradora que pudiera realizarse a nivel jurisprudencial o por una clarificadora y uniforme regulación internacional en este sentido. Tanto la Ley Cambiaria como la Ley Uniforme Ginebrina admiten la validez de esta figura pero en ningún caso llegan a regularla exhaustivamente, limitándose tan solo a normar sobre el acontecimiento que supone el completamiento abusivo y sus efectos en la relación cambiaria que pudiera suscitarse frente a terceros. Excedería de este trabajo profundizar sobre tan controvertida figura jurídica, máxime cuando otros autores más avezados han dedicado tiempo, esfuerzo y estudio a dicha tarea y, aunque su labor no pueda considerarse
20 estéril, tampoco puede predicarse de la misma una contundencia ejemplar, sino más bien un compendio de teorías que desembocan en una conclusión personal que puede ser más o menos convincente para el entorno al que se dirige. Lo anterior, ni mucho menos, es fruto de la irreflexión o la desidia sino más bien del hecho que la propia figura jurídica huya de una autorregulación que, incluso en un intento de unificar criterios a nivel internacional, tan solo consiguió admitir su validez o licitud en pro del interés del tráfico jurídico internacional salvando el peligro que supone la circulación cambiaria acogida desde esos parámetros frente a terceros adquirentes. Nuestro país, por otro lado, se enfrentó a dicha realidad bajo un absoluto desconocimiento de la misma y es por ello por lo que con respecto a este extremo ni tan siquiera se pronunciara en la Convención de Ginebra sobre la decisión de validar o no unas nimias conclusiones unificadoras, decantándose en definitiva por votar en abstención. El texto de la Ley Ginebrina (art. 10) pasó a formar parte de nuestro ordenamiento jurídico (art. 12 LCCh.), manteniéndose hasta el día de hoy inalterado, y con él, como era de esperar, todo su déficit conceptual. Siguiendo a la profesora Dª. Gemma Angélica SANCHEZ LERMA 17 me voy a permitir la licencia de concluir que la idea básica del título en blanco es la que tiende a admitir la creación de un título cambiario de forma sucesiva en el tiempo. Dicha posibilidad se configura mediante la firma por parte de un obligado cambiario sobre un soporte documental apto de ser considerado letra de cambio, es decir, que contenga en formato adecuado la cláusula cambiaria propia de tal figura cambiaria, perfeccionándose tal negocio jurídico mediante la entrega o puesta en circulación del título en tales condiciones. Se ha asimilado la letra de cambio en blanco a la propia del "nasciturus" (concebido pero no nacido) y desde el punto de vista cambiario resulta en parte acertado el símil dado que la letra de cambio emitida en dicha forma, es decir, en el que se omiten alguno de sus elementos o requisitos esenciales no es título cambiario sin que ello implique negar la posibilidad de serlo. Lo anterior quiere decir que la posibilidad de los "blancos" en los títulos valores, únicamente parece ser trascendente para el Derecho Cambiario al tiempo de hacer valer o ejecutar tales títulos por parte del tenedor, momento éste en el que todo el rigor formal establecido legalmente debe imponerse con virulencia, al tiempo que la obligación cambiaria incorporada al título, en base a la apariencia de un buen derecho, se torna abstracta con respecto a la causa que lo originó lo que no impide la alegación de excepciones o motivos de oposición cambiaria. La ley cambiaria, habiendo sopesado los intereses en juego tanto por parte de los adscritos al llamado pacto de complemento como los propios de la regularidad y abstracción del título en el tráfico mercantil, permite que, en estos casos tan excepcionales, se pueda oponer la validez del documento frente a su tenedor si éste lo completó de forma abusiva, es decir, transgrediendo las instrucciones dadas para ello por el obligado cambiario; oposición que es trasladable también a los terceros cambiarios que hubieren adquirido el título con mala fe o bajo culpa grave. Parece, pues, que nuestra legislación aboga por las tesis voluntaristas en la medida que cita la existencia de un pacto llamado de complemento, ya sea éste tácito o expreso, lo que implica la voluntad de obligarse en blanco, acuerdo éste que es de naturaleza especial en la