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Timestamp: 2017-11-19 09:49:00
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Suplemento Cultural 25-08-2012 by La Hora - issuu
García Laguardia y la Constitución del 45
Guatemala, 25 de agosto de 2012
Nueva Guatemala de la Asunción, 25 de agosto de 2012
Laguardia y la Constitución del 45 Cuando Jorge Mario García Laguardia estaba en segundo básico, al terminar las clases en el Instituto Central para Varones, cruzaba la calle, la 9ª. avenida de la zona 1, para adentrarse en el Palacio Legislativo. En ese año, se debatía la formulación de una nueva Constitución Política, la que entró en vigencia en 1945. Varias décadas después, el doctor en Derecho y experto constitucionalista refiere que presenció uno de los momentos más lúcidos de la historia nacional.
na de las últimas gestiones de Sergio Morales como procurador de Derechos Humanos, fue publicar en la institución “Constitución y constituyentes del 45 en Guatemala”, de Jorge Mario García Laguardia. El libro fue concluido, en su redacción, en enero de este año. Pero la inquietud de hacerlo venía desde 1960. Desde entonces, García Laguardia lo ha venido elaborando, pero advierte que es “un libro de larga duración”, por los más de 50 años que tardó. A pesar de ello, García Laguardia está muy claro en esto: “Es el libro de mi vida”. Él ha sido una de las figuras intelectuales más destacadas del país en las últimas décadas. Valorado no solo en Guatemala, sino que también en México y el resto de Latinoamérica. Desde su tesis doctoral, sobre la Constitución de Cádiz de 1812, la que en este año está cumpliendo dos siglos de haberse promulgado, se fue involucrando en el tema del constitucionalismo. Además de ser el intelectual más reconocido en temas constitucionales, García Laguardia ha desempeñado importantes cargos públicos, como Procurador de Derechos Humanos y Magistrado de la Corte
de Constitucionalidades. Pero, a pesar de su desempeño, dice con satisfacción que él nunca ha requerido de guardaespaldas. A veces temió por su vida, pero ello no le hizo cambiar de opinión en cuanto a este tema. Por eso, demuestra más satisfacción por haber culminado esta obra. RECUERDOS Cuando García Laguardia regresó de su primer exilio, en 1960, le ofrecen en la Universidad de San Carlos de Guatemala hacerse cargo del curso de Derecho Constitucional. Allí ya tenía la inquietud de hacer investigaciones en historia constitucional, en especial con la Constitución del 45. Ante la falta de tiempo, y por ser una tarea titánica, requirió de la ayuda de sus estudiantes, quienes gustosos lo ayudaron. Su idea original fue entrevistar a todos los constituyentes, dado de que la mayoría aún estaban vivos. Cabe recordar que para 1960, la Constitución del 45 ya había sido derogada por Castillo Armas, y se encontraba vigente, entonces, la de 1956. Cinco años más tarde se promulgaría una nueva Constitución, bajo el gobierno de Peralta Azurdia. Por las condiciones políticas
en que se encontraba el país, García Laguardia tuvo algunos problemas para que los exconstituyentes quisieran hablar, algunos porque se mantenían en puestos de poder, y temían perder los cargos. O bien, algunos temían por represalias, especialmente por el clima anticomunista que imperaba en el país. Y, así, a lo largo de los años, la situación se mantuvo más o menos igual. Un constituyente del 45 que sí respondió de inmediato fue Clemente Marroquín Rojas. “Él, por ser periodista, y por estar constantemente opinando, además de su carácter fuerte, no temió en responderme. Una semana después devolvió el cuestionario”, recordó García Laguardia. La idea era que todos los constituyentes respondieran las mismas preguntas. Dos personas que siempre tuvieron limitaciones para responder fueron Carlos Manuel Pellecer Durán y Carlos García Bauer. El primero, militante comunista, y para poder responder debía haber realizado un largo trámite burocrático con el partido, por lo que lo consideró casi imposible. El segundo, diplomático de carrera, supuso que su posición de funcionario de los diferentes gobiernos militares no le permitían
opinar sobre el tema. Pero pasó el tiempo, y ambos, aunque con tendencias ideológicas diferentes, terminaron por responder. Ello cuando ya no tenían compromisos laborales ni ideológicos. Tanto Pellecer como García Bauer eran antigüeños, como García Laguardia; la suerte hizo que coincidieran en distintos días en la ciudad colonial, y acordaran por responder. Ambos, en su oportunidad, accedieron gustosos. Lamentablemente, ya estaban en el ocaso de sus vidas y bastante enfermos. De la misma forma ocurrió con José Manuel Fortuny, a quien logró entrevistar en México, ya en el final de su vida. El libro está conformado por las entrevistas a los exconstituyentes. Fueron 17 en total, incluyendo los cuatro casos mencionados, así como el de Alberto Paz y Paz, David Vela y Francisco Villagrán de León, entre otros. El gran ausente fue Jorge García Granados, quien fungió como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, pero su voz fue capturada a través de otras fuentes documentales. Asimismo, José Rolz-Bennet y Manuel Galich, quienes se excusaron de responder a través de sendas cartas, las cuales se leen como anexo de este libro.
Nueva Guatemala de la Asunción, 25 de agosto de 2012 García Laguardia no solo se basó en estas entrevistas, sino que también buscó en los periódicos de la época, el diario de sesiones del Congreso, así como los libros de Juan José Arévalo, especialmente “Despacho Presidencial” y “El candidato blanco y el huracán”. UNA TRAMA DE INTRIGAS Antes de exponer las entrevistas, que abarcan más de la mitad del libro, García Laguardia hace un análisis de los temas y de la historia que estuvo detrás de la Constitución del 45. Según se lee, ésta se redactó bajo un “ambiente de intriga palaciega, tratando de impedir o retrasar la toma de posesión de Arévalo”. Según el autor, tras la caída de Federico Ponce Vaides, y el triunfo popular en las urnas de Juan José Arévalo, el triunvirato que estaba en el poder temporal se estaba dando cuenta de que hubiera podido retrasar la elección, así permanecían más tiempo al mando. Y la única condición que impusieron para traspasar el cargo a Arévalo Bermejo fue el que se legitimara al nuevo Gobierno con una nueva Constitución. Entonces, se convocó a una Asamblea Nacional Constituyente, que fue integrada en su mayoría por arevalistas. Pero ellos tuvieron que trabajar contrarreloj, porque debían tener la nueva Carta Magna para antes del 15 de marzo. Para lograrlo, muy al contrario de lo que sucede ahora en el Congreso de la República, trabajaron arduamente por dos meses, desde las ocho de la mañana hasta altas horas de la noche, para finalizar el texto. Todo ello bajo fuertes presiones de los grupos de poder, en especial del Ejército, y en menor medida de la clase alta y la Iglesia Católica. También, muy al contrario de lo que ocurre actualmente, las sesiones de la asamblea llamaban la atención, y los palcos se abarrotaban para estar al tanto de las discusiones. “Eso me consta, porque yo estuve allí”, confiesa García Laguardia. Era tal la presencia de la ciudadanía en las barras del Hemiciclo, que los constituyentes se dirigían a las barras, en vez de al Pleno. “Se dirigen exclusivamente a la barra y que se descubre una gran desorientación ideológica o bien manifiesta perversión”, refiere en una parte del libro.
FUERTES PRESIONES Los constituyentes debieron trabajar, como ya se mencionó, bajo mucha presión de los diferentes sectores de poder, además de tener un plazo fatal. Algunos grupos hacían la presión solo para retrasar la discusión e intentar que la Carta Magna no estuviera lista para mediados de marzo. Uno de los sectores que más presionó fue la Iglesia Católica. “Desde la Reforma Liberal, la Iglesia Católica había perdido poder, sobre todo expropiándoseles grandes terrenos. Con la caída de los último de los presidentes liberales, quisieron recuperar parte del poder perdido”, explica García Laguardia. Además, ya entonces empezaba la tendencia anticomunista, que se haría más fuerte años después por influencia de Estados Unidos, y la Iglesia Católica quería evitar que ingresara al país, tal y como les parecía como tendencia del Arevalismo. La Iglesia Católica, liderada entonces por el Arzobispo Mariano Rossel y Arellano, un religioso extremadamente conservador, presionó por todos lados. Primero, a través de tres periódicos católicos, y también a través de Manuel Cobos Batres, líder conservador y extremadamente religioso, que ya había liderado el Movimiento Unionista en 1920. Sin embargo, la Iglesia no logró todos los objetivos que exigían; especialmente, querían recuperar algunos privilegios como religión oficial, pero los constituyentes se negaron al integrar al Catolicismo dentro de la Carta Magna. Al contrario, ratificaron la libertad de culto, lo que dejó las cosas más o menos igual. El sector que presionó más fuertemente fue el Ejército. Aunque dos de sus líderes (Arana y Arbenz) se encontraban dentro del triunvirato de Gobierno, los oficiales más jóvenes tenían fue sentimiento muy fuerte en contra de Arévalo. A pesar de que los más altos jerarcas aseguraran que iba a haber obediencia de parte de la institución castrense, se temía que esto no fuera a ser realidad. En especial, Juan José Arévalo temía que, al tomar posesión, los mandos medios se negaran a entregar los cuarteles. Así que tras negociaciones, el Ejército impuso su propio estatuto. De hecho, los artículos referentes a la institución
no los redactaron los constituyentes, sino que vino escrito directamente por los oficiales militares. Arévalo pidió a los constituyentes que lo aprobaran sin cambios, puesto que, sino se hacía, se temía el desgobierno. Además, al haberse aprobado, se ponía a prueba al Ejército, puesto que ya no tenían excusa para entregar los cuarteles. García Laguardia refiere que el Estatuto del Ejército no aparece como discusión en los diarios de sesiones. Se aprobó sin reformas. En la entrevista que García Laguardia hiciera a Clemente Marroquín Rojas, él comentó que el propio presidente de la constituyente, Jorge García Granados, le pidió que no asistiera a la sesión de esos días, porque sabía que no se quedaría callado. Y no asistió. De la misma forma, Luis Cardoza y Aragón renunció a ser constituyente, por no avalar esta imposición del Ejército. El otro sector que presionó fue el empresariado, en especial por las gestiones de Jorge Toriello, el único civil dentro del triunvirato de Gobierno. García Laguardia comentó la siguiente historia. Cuando los constituyentes discutían sobre la reforma agraria, y determinaban que la Constitución sentara las bases para ésta, querían definir que todos los grandes terrenos incautados a los alemanes, pocos años atrás, quedaran a disposición para la nueva repartición de tierras. En eso, recibieron una llamada desde el Palacio Nacional. Los constituyentes se fueron caminando desde el Palacio Legislativo (puesto que pocos tenían carros entonces), y fueron recibidos en el Salón de los Espejos. Toriello habló, o más bien regañó, a los constituyentes, y les dijo que dejen de estar discutiendo ese tema. Obviamente, había un claro interés del empresariado para utilizar esos terrenos incautados, por lo que no querían que se destinaran para repartición de tierras para el agro. Toriello dio por finalizada su intervención, y el triunvirato se levantó de sus asientos. Ya parados, José Manuel Fortuny, constituyente, intervino, y les dijo que la Asamblea era independiente y que no estaban dispuestos a recibir órdenes
de parte del Gobierno. La situación fue tensa, pero finalmente se fueron yendo todos. Los constituyentes, de vuelta al Hemiciclo, caminaron en silencio, callados, sin saber qué iba a pasar. Al reiniciarse la sesión, un constituyentes propuso cambiar la forma de sucesión del Presidente. Ya no sería el Vicepresidente el que lo sustituya, sino que sería el Presidente del Congreso. Ello en represalia a Toriello, quien asumiría en marzo como Vicepresidente, un puesto que había sido creado ad hoc para él. UN MOMENTO LÚCIDO García Laguardia insiste en que este fue un momento muy lúcido dentro de la historia de Guatemala. Muchos constituyentes venían con ideas nuevas, porque venían del exilio, desde México, Costa Rica, Sudamérica o Europa. Y algunos, como fue el caso de Galich, que habían permanecido en Guatemala, también tenían ideas innovadoras. Y los logros que tuvo esta Constitución, pese a las presiones y al revés que significó el Estatuto del Ejército, fueron grandes avances democráticos. El derecho al trabajo, el voto analfabeto y femenino, el principio de no reelección y, en general, los derechos sociales y económicos para la población, incluyendo estatutos indígenas. El voto para los analfabetos significó una fuerte discusión, ya que se tenía la idea de que no había que darle el voto a los iletrados, para evitar que estas masas otorgaran el triunfo en las urnas a los dictadores. Entonces, Marroquín Rojas hizo una férrea defensa del voto universal: “Los responsables de toda dictadura son precisamente las masas letradas”, no los analfabetas, justificó. El libro tardó más de 50 años en redactarse. Pero surge en un momento justo, sobre todo porque actualmente se está discutiendo una reforma constitucional, la cual, a criterio de García Laguardia, no moderniza al país, sino que lo está haciendo retroceder. “Ojalá que este libro sea leído por todos”, confía García Laguardia casi para concluir.
Nueva Guatemala de la Asunción, 25 de agosto de 2012 Colaboraciones
Marzo y abril en el recuerdo
I EL PRINCIPIO. Escribo de memoria sin tener a mano documentos de aquella época y, por lo tanto, puedo incurrir en omisiones o imprecisiones y sobre todo que estos hechos ocurrieron hace cincuenta años. Bien dice García Márquez que de las memorias la mitad son imaginaciones. POR JULIO PENADOS DEL BARRIO
os sucesos ocurridos en marzo y abril de 1962 fueron uno de tantos hechos, pero no menos importantes, que marcaron la historia política de la mitad del siglo pasado: el derrocamiento del gobierno del general Ubico, los gobierno revolucionarios de 1944-54, el gobiernos del llamado Movimiento de Liberación Nacional, el inicio de la guerrilla y de los gobiernos militares, la Firma de la Paz y los gobiernos civiles electos en las urnas que, desafortunadamente, no llenaron las expectativas de la población. Lo ocurrido en marzo y abril es por lo demás significativo, pues aglutinó fuerzas de las más diversas ideologías, representadas por la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), diversos gremios, la prensa, los sindicatos, los maestros, los estudiantes de secundaria, etc. El desgobierno y la corrupción del gobierno del General Ydígoras Fuentes provocaron un estallido social, un violento movimiento de masas, que reunieron, como mencionaba anteriormente, las fuerzas políticas más diversas, que pusieron al Gobierno a un paso del colapso total. La AEU publicó un extenso mensaje al Ejército, exponiendo las razones de la lucha. Dice así: “2. Que al protestar la ciudadanía, justificadamente indignada, del fraude electoral cometido y las violaciones a la Carta Fundamental del país, el Ejecutivo reaccionó haciendo uso de la violencia en grado no conocido nunca antes en Guatemala, y que dejara como saldo más de 45 personas muertas, más de 500 heridos y más de 1000 detenidos, trasgrediendo así, una vez más, la Constitución (de 1956), que claramente consigna en su artículo primero que Guatemala es una nación soberana, libre e independiente, organizada para garantizar a sus habitantes el respeto a la dignidad humana, el goce de los derechos y libertades fundamentales del ser humano, la seguridad y la justicia, el desenvolvimiento integral de la cultura y para crear condiciones económicas que conduzcan al bienestar social.” “6. Que la AEU lanzó a la opinión pública una plataforma de puntos que de cumplirse traerían de nuevo la paz, la tranquilidad y la concordia que tanto necesita la Nación. Dicha plataforma de puntos ha sido públicamente respaldada por las organizaciones conscientes y más representativas del país, lo que nos permite garantizar que su cumplimiento resolvería en definitivamente la crisis política por la que actualmente atraviesa
Estudiantes participan en las jornadas de abril y marzo de 1962, en contra del Gobierno de Miguel Ydígoras Fuentes.
la Nación.” “Nadie debe llamarse a engaño; en este momento solo hay dos bandos: de un lado el estudiantado con el pueblo que pide justicia y honradez, y del otro está Ydígoras y su camarilla de Gobierno. Éste es el panorama real: o se está con el pueblo, o se está con la tiranía ydigorista. Que cada quien, pues, cumpla con su deber en el lugar que le corresponda para luchar. El Ejército de Guatemala tiene ahora la palabra. Ningún funcionario, empleado civil o militar, está obligado a acatar órdenes manifiestamente ilegales o que impliquen la comisión de un delito.” “Ciudad Universitaria, territorio libre, 30 de abril de 1962.” Mi percepción es que este movimiento no obedeció a un planteamiento ideológico concreto y ésa fue una de las ra-
zones por las que fue perdiendo fuerza y cohesión. Y conforme fue pasando el tiempo y que no se veía claro el futuro inmediato, los grupos de apoyo se fueron retirando y, al final, los estudiantes nos quedamos solos y frustrados; regresamos a las aulas universitarias cansados de una huelga tan prolongada. En una de las últimas reuniones de los dirigentes de la AEU, que se celebró en un oculto lugar del Hospital General San Juan de Dios, llamado La Tumba, se acordó -y yo estaba presente- que la AEU no formaría parte del nuevo gobierno, el cual debería estar constituido por ciudadanos reconocidos por su honorabilidad. Quedaba claro así que a los estudiantes no los movían intereses espurios o la búsqueda de poder político alguno. Cualquiera que lea este comentario
hoy podrá considerarnos ingenuos y carentes de una visión política elemental, pero así sucedió. II PARECIDO AL SABOTAJE Las manifestaciones y protestas fueron en aumento, a tal punto que el desorden en que vivía la ciudad de Guatemala no podía ser controlado por las fuerzas de seguridad. A los estudiantes el presidente les llamaba la Hidra de Siete Cabezas, y las cabezas de este monstruo aparecían por todos lados y en el momento más inesperado. Las asociaciones estudiantiles organizaron concentraciones masivas y actividades que hoy alguien podría calificarlas como sabotajes. La primera acción la inició la AEM (Asociación de Estudiantes de Medicina). Era la Operación Regalo. Con-
Nueva Guatemala de la Asunción, 25 de agosto de 2012 sistía en una pequeña tabla llena de clavos envuelta en papel de regalo. Mientras un estudiante pagaba el pasaje, el otro compañero colocaba el regalito debajo de la llanta de la camioneta. Dos cuadras después la llanta pinchaba y todo el pasaje a la calle. Esto sucedió en muchos puntos de la ciudad y hacía el transporte público imposible. La segunda acción fue realizada por los estudiantes de Ingeniería, que trabajaban en la Municipalidad de la ciudad. La Facultad de Ingeniería estaba en un edificio del centro y en su fachada colgaba una gran pancarta con una muchacha desnuda y un compás. Decía: “Medimos todo lo medible.” Estos albañiles convencieron a los choferes encargados de la recolección de basura y, pistola en mano, asaltaron al chofer y lo bajaban del camión mientras otros compinches echaban gasolina y prendía fuego a la basura. Los camiones se colocaron en puntos estratégicos de mayor concentración de tránsito y era verdaderamente impresionante la humazón que la gente veía asustada. La congestión del tránsito fue mayúscula. Demás está decir que mientras se quemaba la basura, el estudiante asaltante y el chofer asaltado compartían unos buenos tragos en una cantina. Los aprendices de dentista vaciaron las ferreterías de tachuelas y los pinchazos hicieron su agosto. Los de Farmacia llevaron a cabo lo suyo. Estos boticarios mezclaron químicos que producían un olor pestilente, digamos
como los suspiros del colon. Regaron el compuesto en los baños del Palacio Nacional y la peste llegaba hasta el propio despacho del señor presidente, algo verdaderamente desagradable. Pero no se quedaron allí: mezclaron un colorante vegetal y lo fueron a echar en los tanques de distribución del agua. Al día siguiente, al abrir los grifos, el agua salió roja como en las plagas de Egipto. ¡Los estudiantes envenenaron el agua! Y ese día no bebieron agua los asustados vecinos del Reyno de Guatemala. El Gobierno del General no encontraba formas de controlar el desorden organizado. Mandó a ametrallar los depósitos de gasolina que estaban en la Petapa y por supuesto le echaron el muerto a los estudiantes. Esta acción sí asustó a la población y, al final, fue una de las causas del retiro de mucha gente del movimiento. III EL GOLPE El desorden en las calles, lejos de disminuir, iba en aumento, a pesar de que la población estaba todavía asustada por el ametrallamiento de los tanques de gasolina. Yo era el presidente del Consejo Superior Estudiantil, ente que agrupaba a todos los presidentes de las asociaciones de cada facultad, y por lo tanto con Neto Ramírez Pereira, presidente de la AEU (que sería después Ministro de Comunicación y Obras Públicas), y Guillermos Putseys, secretario de la misma (también Embajador de Guatemala en Francia), estábamos en prime-
ra fila del movimiento estudiantil, pero no teníamos todo el control de lo que sucedía. Era imposible porque quienes se habían adherido a este movimiento lo componían ciudadanos y organizaciones de lo más diversas y cada quien actuaba por su cuenta. Pero yo sí tenía mis secuaces: Guayo Meyer y Carlos Gehlert Matta, quienes después serían ministros de Estado; Neto Mena, famoso radiólogo; Quique Soto Urbina, catedrático universitario; Alfonso Pérez Bran, ministro de Hospitales; Rafa Espada, cirujano príncipe, y Juan Rodolfo Aguilar, que como embajador de la Unicef recorría el planeta. Pero en ese tiempo éramos solo matasanos del emplasto fabricantes. Juan Rodolfo estuvo en un incidente que él no recuerda, o no quiere recordar. Juancho era en ese tiempo un muchachito flaquito, medio desnutrido, que andaba conmigo por todos lados en la Escuela de Medicina. El General Ydígoras, haciendo alarde de que él no les tenía miedo a los estudiantes, salió a la calle con todo su gabinete. Una camioneta, de aquellas rojas del servicio urbano que caminaba a cinco kilómetros por hora, venía por la sexta avenida y a la altura de la décima calle, frente a la foto del Canche Serra, la camioneta iba casi rozando la acera. El presidente y sus ministros estaban a un poco más de un metro, Juancho se asomó a la ventanilla y le gritó: “¡Viejo farsante!” De inmediato se subieron judiciales y se lo llevaron preso, pero después me lo entregaron. Hay un hecho que no sé si menciona en los testimonios que se publicaron. Se iniciaron conversaciones para preparar el golpe de Estado. Los conjurados nos reuníamos en la residencia de un coronel que vivía allá por las Majadas, pero, al final, el golpe no se dio, porque la Fuerza Aérea no quiso participar. Si se hubieran bloqueado los aeropuertos, los avioncitos de la FAG hubieran parecido pajaritos de papel. Hay un dato que es de colección: asistía a las reuniones Pancho Fajardo, quien era muy cercano al círculo del Coronel Peralta Azurdia; desayunaba con él todos los días, de manera que el Ministro de la Defensa estaba enterado de que se preparaba un golpe contra el Gobierno. Alguien pensaría que Pancho era un espía del coronel, pero no fue así. Peralta Azurdia sí estaba interesado y dio el golpe un año después, pero por razones ajenas a este movimiento.
IV UN AÑO DESPUÉS Al Coronel Peralta Azurdia no se le quitaron las ganas, y un año después encabezó un movimiento armado que sacó del poder al general Ydígoras Fuentes. Llegaba el doctor Juan José Arévalo de México para iniciar su campaña para la Presidencia. Su llegada conmovió a todo el estamento político, porque había grupos que no deseaban un segundo mandato para el Presidente maestro. Él, sin lugar a dudas, habría ganado las elecciones y qué distinta hubiera sido la historia de Guatemala. El rumor fue que so había sido la razón del golpe. Con el Coronel tuve un pequeño zipizape. Era yo presidente de la Asociación de Residentes del Hospital Roosevelt. Comenzó a faltar ropa en la sala de operaciones; yo le envié varios telegramas, pero él no me los contestó. Entonces publiqué uno FOTO LA HORA: ARCHIVO El presidente Ydígoras reprimió con fuerza y con artimañas las protestas en su con- en la prensa, responsabilizándolo de lo tra, por la corrupción latente y por haber favorecido intereses extranjeros. que pudiera ocurrirle a los enfermos. Al
día siguiente, a las siete de la mañana, en compañía del doctor Alfonso Ponce Archila, su ministro de Salud Pública, se presentó al hospital. Con marcha marcial y taconeando, nos dirigimos a la búsqueda del cuerpo del delito. Las calderas estaban arrumbadas sin mantenimiento y a cargo de un señor, sastre de profesión. Allí se resolvió el problema y el sastre se fue a su casa. Corría el año y noviembre nos esperaba para nuestra graduación. Una sensación de desasosiego y pesadumbre nos embargaba, pues dejábamos atrás ocho largos años en las aulas de la Facultad de Medicina y muchísimas horas al lado de la cama de los enfermos. ¿Cuál sería nuestro futuro? Yo no sospechaba que a la vuelta de la esquina me esperaba un pueblecito, Mataquescuintla, al pie de las montañas de Jalapa, en donde viví tres años con gentes verdaderamente maravillosas. El comedor era el único lugar en donde podíamos platicar un poco, pero el del Hospital Roosevelt era muy distinto al del santo Hospital San Juan de Dios. En éste, cuando estábamos de turno, a medianoche íbamos a la cocina a prepararnos un café. El techo ya se nos caía encima y los ratones corrían por todos lados. La comida era a la carta; nomás aparecía el estudiante en la puerta del comedor, la señora cocinera, cucharón en mano, le gritaba: “¡Bachiller!, ¿cómo desea que se le hagan los huevos?”, y los cultos comensales, a una voz, contestaban: “De un lado para el otro.” En el Hospital Roosevelt: zapatos blancos, pantalones blancos, camisa blanca, chaqueta blanca, bien rasurados y peinaditos, hacíamos, como niños buenos, cola en fila india y con una charola de aluminio que tenían unas divisiones, de manera que ya sabíamos de antemano la cantidad de comida que nos iba a servir el cocinero. Recuerdo que los huevos no tenían la forma como los que ponían las gallinas allá por la parroquia de La Candelaria. Eran unos cuadritos amarillos y temblorosos y gelatinosos, huevinas les llamaban y eran donaciones de organizaciones benéficas extranjeras. Había una de ellas que donaba alimentos, anticonceptivos y también ametralladoras. Allí conocía a una señora que trabajaba en la caja de la consulta externa y que me contó que había vivido en París. Su esposo era escultor y se había suicidado lanzándose de una montaña. Ella regresó a Guatemala y ahora estudiaba escultura en la Universidad Popular. Yo le pregunté si se trabajaba en piedra y ella sonriendo me dijo que lo hacían con barro. La verdad es que yo en ese tiempo no era de tan mal ver. Me pidió que fuera su modelo y me explicó que había que posar dos veces a la semana y dos horas y media por sesión. Yo, ignorante, le pregunté cómo era eso de posar, y me contestó que era desnudo. Y allí se me dispararon todas las alarmas: venía yo de un seminario en donde había estudiado diez años con los padres jesuitas y me pareció inapropiado que yo me pusiera en cueros, aunque fuera delante de una futura artista. Yo se lo he comentado a mis hijos y ellos, matándose de la risa, me dijeron: Pero, papá, ¿cómo no aceptó la oferta? Ahora estaría orinando en la fuente de la Municipalidad frente a Finanzas. Moraleja: No hay que dejar pasar las oportunidades.
El Apocalipsis según Santos Laroj
El viernes 31 de agosto durante el breve lapso que dura un concierto de la Sinfónica Nacional permanecerá abierta en el Conservatorio Nacional de Música la exposición de pintura con la que Santos Laroj le rinde homenaje al compositor y artista visual Enrique Anleu Díaz. Por un lado, la generosidad del artista de Sumpango Sacatepéquez y los méritos del músico y pintor de la generación del 60 y, por otro, la estrechez física y mental de los espacios que se le conceden a los artistas populares de Guatemala. Aquí, en esta galería de artistas, sin embargo, no escamoteamos el comentario serio que se merece el trabajo de cada artista.
esulta imposible acercarse a la obra de Santos Laroj (Sumpango, Sacatepéquez, 1958) con criterios puramente estéticos. Es obvio que lo que el pintor nos muestra en sus cuadros rebasa el ámbito de lo artístico y se adentra, más que en lo religioso, en lo hermético y lo esotérico. Son visiones no de pintor sino de vidente y de iniciado: apocalípticas, catastrofistas, moralistas, con una buena dosis de culpa y condenación. Él —que es graduado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas— define su pintura como surrealista y a sí mismo como libre pensador. Yo, como observador de la cultura y del arte guatemaltecos con pretensiones críticas, no puedo evitar frente a sus cuadros hacer consideraciones extra pictóricas y explicar el contenido de sus cuadros como producto de un rompimiento con los valores de la cultura tradicional y las convenciones acerca de lo que se considera el arte y la cultura indígena en el contexto de la actual cultura social de mercado. Procediendo de esa manera, sin embargo, su obra y su personalidad se me convierten en un caso de psicología social, lo cual es otra manera de traspasar los límites de lo estético, que es lo corresponde a la hora de valorar su pintura. Santos Laroj es un buen pintor académico. Domina la figura humana con cierto genio. Sus desnudos no tienen nada que envidiarle a los de Gallardo o Boesche (que, por cierto, fueron sus maestros); sus rostros son convincentes, con expresiones bien captadas, coherentes con las escenas representadas y su situación en ellas; sus paisajes y sus vistas urbanas denotan un conocimiento presencial de los lugares y en su representación es evidente el oficio depurado del artista. Los personajes, bien configurados formalmente, están, así mismo, adecuadamente caracterizados por sus atuendos y actitudes en su aspecto social, étnico y psicológico. También en el color se pone en evidencia la mesura académica: bien cocinado en una gama armónica, uniforme y coherente que no permite arrebatos técnicos ni expresivos. Cada elemento de sus cuadros está bien hecho, es equilibrado formal y emotivamente y sin embargo, la escena que forman en su conjunto resulta desmesurada, cargada de intenciones filosóficas y morales quizás demasiado c nscientes, y de emociones, sin duda genuinas, que se expresan en un lenguaje de símbolos tremendistas que pertenece a una dogmática no artística. En este punto correspondería discutir sobre el poder que tiene el lenguaje sobre el pensamiento,
las sensaciones y las emociones. Esas visiones que aparecen en los cuadros de Santos Laroj ¿las articula ese lenguaje simbólico dogmático o la angustia que atormenta los sueños del artista surrealista? Visiones complejas e intensas, los cuadros de Santos Laroj articulan imágenes que individualmente son reveladoras. Cada una de ellas tiene su propio valor artístico y expresivo. Viéndolas por separado habría que decir que este artista domina y se expresa con evidente competencia en todos los géneros. En sus cuadros, en efecto, encontramos desnudos, retratos, escenas de crítica social, paisaje natural y urbano, personajes míticos y reales, históricos y literarios, iglesias, trajes y tradiciones indígenas, etc., todo ello representado, repito, con un realismo muy convincente. La imaginación, el
sueño, la pesadilla o el lenguaje simbólico que articula las equilibradas imágenes realistas en la visión apocalíptica total es de otra índole, decididamente no visual, y diríamos que hasta contraria a la naturaleza sensual y terrena de las imágenes que puede construir el arte. Así, sus bien logrados desnudos femeninos tienen cancelada la dimensión erótica; la belleza de los paisajes disfraza escenarios infernales, los objetos del culto religioso son peligrosamente engañosos. La pintura de Santos Laroj revela la malignidad de nuestra época. Y aquí está el equívoco. Es tan fuerte y desequilibrante la temática de los cuadros de Laroj que le despiertan en el espectador el deseo de discutir sobre ella. Pero en ese caso ya no estarían hablando sobre su pintura, pues sus valores artísticos se habrán deslizado bajo su mensaje tremendista.
Hacia el Oxlajuj B’aktun
“Popol Wuj”, más
que un libro ancestral
Una copia del Popol wuj, declarado recientemente como Patrimonio Cultural intangible de la Nación, se presentó el pasado jueves en el museo del mismo nombre, ubicado en la Universidad Francisco Marroquín, y estará en exhibición hasta el miércoles 29 de agosto con el objetivo de exponer y compartir con la sociedad, la importancia de esta obra histórica.
l evento inaugural contó con la participación del Ministro de Cultura y Deportes, Carlos Batzín, quien explicó que esta réplica manifiesta la tradición y el conocimiento ancestral de todo un pueblo, promueve el desarrollo que hubo en el pasado, lo que hace admirable esa presencia contemporánea. “Hay una especial conciencia en el pueblo maya referente a esa riqueza ancestral y de conocimientos culturales que pueden ser un aporte significativo para el desarrollo de toda la humanidad, particularmente cuando estamos en un momento de cambio generado desde este acontecimiento de orden natural por lo que ha de suceder en el universo relacionado al 21 de diciembre esta previsto como el cambio de era el final del Oxlajuj B´aktun”, dijo el Ministro, señalando que el inicio de una sexta era ofrece la oportunidad de un nuevo amanecer en el pensamiento maya. Batzín invitó a la reflexión, a revisar las formas de vida y corregir algunos antivalores que actualmente afectan la madre naturaleza. La réplica del manuscrito original del Popol wuj se encuentra en Santo Tomás Chichicastenanago, su preservación es un esfuerzo de la población y la Alcaldía Municipal del lugar, es por esto que el Ministerio de Cultura y Deportes emitió el Acuerdo Ministerial No. 826-2012 con fecha de 22 de agosto de 2012, que indica lo siguiente: “El Ministerio de Cultura y Deportes acuerda, articulo uno declara Patrimonio Cultural Intangible de la Nación el Li-
bro Sagrado Maya Popol Wuj, por ser de interés del Estado, por su valor histórico, cultural, filosófico, espiritual y por contribuir al fortalecimiento de la identidad nacional”. Se desconoce la existencia de una versión original del Popol wuj. Según Delia Goetz: “Deberíamos suponer que sería un libro de pinturas con jeroglíficos que los sacerdotes interpretaban al pueblo para mantener vivo el conocimiento del origen de su raza y los misterios de su religión’’. Según Fray Francisco Ximénez la primera versión escrita fue elaborada en lengua k’iche’, utilizando caracteres del alfabeto latino, a mediados del siglo XVI. Según él dicha versión permaneció oculta hasta 1701, cuando los mayas k’iche’ de la comunidad de Santo Tomás Chuwila (hoy Chichicastenango, Guatemala) le mostraron la recopilación de sus historias y mitología. Se desconoce el nombre del autor de esta primera versión pero Fray Francisco Ximénez, al notar la importancia del documento, decidió traducir el texto al idioma español, asegurando la fidelidad del escrito. Su versión está estructurada en 2 columnas: en una la versión k’iche’ y en la otra la traducción de Ximénez. La primera versión fue una traducción demasiado literal que resulta muy confusa y oscura. Luego escribió una segunda versión menos literal que incluyó en su “Historia de la Provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala” que terminó en 1722. Los trabajos de Ximénez permanecieron archivados en el Convento de Santo Domingo hasta 1830 cuando fueron trasladados a la Universidad
de San Carlos de Guatemala. En 1854 fueron encontrados por el austriaco Dr. Charles Scherzer, quien en 1857 los publicó en Viena bajo el título primitivo “Las Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala”. El sacerdote y misionero Charles Étienne Brasseur de Bourbourg sustrajo el escrito original de la universidad, lo llevó a Europa y lo tradujo al francés. En 1861 publicó un volumen bajo el título de “Popol Vuh, Le livre Sacré et les mythes de l’antiquité Américaine”. Él fue quien le dio el nombre. El libro original fue vendido al coleccionista Alfonso Pinart, más tarde su viuda lo vendió a su vez al etnólogo Otto Stoll, posteriormente fue comprado por Edward E. Ayer, quien lo devolvió a América. Actualmente la primera traducción de Ximénez al castellano y su “Manuscrito de Chichicastenango” se encuentran en la Biblioteca Newberry, en Chicago, Estados Unidos. El facsimilar del manuscrito está disponible en la edición en línea hecha en colaboración por la Biblioteca Newberry y la Biblioteca de la Universidad Estatal de Ohio, en un proyecto dirigido por el Dr. Carlos M. López. El facsimilar también está accesible desde el sitio Archivos del Popol Wuj y las culturas mayas, en el que además se incluyen documentos y materiales relacionados al manuscrito. La localidad de Santa Cruz del Quiché, fue fundada por los españoles que sustituyeron a Q’umar Ka’aj, la capital del reino k’iche’. Juan de Rojas y Juan Cortés, aparecen citados en el libro como los últimos integrantes de la generación de los reyes k’iche’.
El Popol Wuj y Belice
POR JOSÉ ANTONIO GARCÍA URREA
l mes pasado, leí el artículo de Carolina Escobar Sarti, en el cual hace alusión a dos temas: el Popol Wuj y el caso Belice, en donde pregunta: “¿Qué sería más barato, pensar en recuperar algo más nuestro que un país que ya es independiente de Inglaterra y que no tendríamos a quién pelearle?” Bueno, no obstante la independencia de Belice, Inglaterra no lo pierde de vista y cuando hay un atisbo de recuperarlo de nuestra parte, envía sus barcos de guerra y sus aviones. Antes de la independencia los beliceños que venían a Guatemala decían que no querían a la British porque solo los utilizaban para sacar “la miorda”, los bacines, pero ahora que son independientes piensan de otro modo. El expresidente Miguel Ydígoras Fuentes en una de sus conferencias a la Prensa dijo que Belice era (no recuerdo la palabra que usó), pero es algo así como sinónimo de pretexto para que el Ejército tuviera algo en que pensar, a más de ser un
distractor. El otro tema a que hace referencia Carolina, es al original del Popol Wuj, que expresa se encuentra en la Biblioteca de Newberry en Chicago, y que ella sueña con motivo del Oxlajuj Baktun fuera devuelto al pueblo maya. En otra parte de su artículo, Escobar Sarti dice: “déjenme ir a la utopía: ¿Por qué no pensar en un acto colectivo por medio del cual varias naciones y colecciones privadas acordaran devolverle a Guatemala sus bienes patrimoniales?” Continuamente en los medios informativos se da cuenta del saqueo de que son objeto estos bienes patrimoniales para llevarlos al extranjero en donde son vendidos a buen precio, pero esta acción deviene en un delito, entonces como se dice: “hechor y consentidor pecan por Igual”, con lo que quienes los adquieren se hacen igualmente acreedores a ese delito y por lo tanto, lo mejor sería devolverlos a sus legítimos dueños. No se si el Gobierno de Guatemala se animaría por medio de los canales diplomá-
ticos correspondientes a reclamar esa devolución, y buscar los medios para convencer a los coleccionistas privados de los Estados Unidos y por nuestra parte a otros países, para que igualmente devuelvan los que tienen en su poder. En otro tema, pero siempre en pro del afianzamiento de nuestra identidad tan venida a menos, se me ocurre que en las escuelas públicas y en todo el sistema educativo se estableciera que los alumnos de los seis grados de primaria tuvieran que leer esos artículos, así como ver y analizar las páginas en donde se dan a conocer todas las bellezas que se encuentran en todo el territorio nacional y que hacen referencia a nuestro glorioso pasado maya, pero que aún está presente, pues en todo el territorio nacional tienen presencia los mayas, y luego comentarlos en clase. También deberá indicarse a los alumnos que pongan atención a los reportajes que se presentan en los canales de televisión relacionados con este tema, en donde a todo color se ve la magnificencia de nuestra Tierra.
8 Suplemento Cultural Nueva Guatemala de la Asunción, 25 de agosto de 2012
Cintas revelan penurias de corresponsal en Guerra Fría Los personajes fueron seleccionados cuidadosamente, el testimonio ensayado de antemano, del veredicto nunca hubo dudas.
n la ciudad de Franz Kafka, el juicio del corresponsal de la Associated Press en Praga William N. Oatis tuvo todos los elementos de un relato absurdo del gran escritor. Mientras el proceso de 1951, en plena Guerra Fría, puede haber sido una farsa, la sentencia del periodista estadounidense fue real: diez años de cárcel por acusaciones fraguadas. El descubrimiento de dos grabaciones de audio en la capital checa ofrece una oportunidad única de ver lo que sucedió en el juicio de tres días. Las cintas contienen 29 minutos de los dos primeros días del proceso e incluyen una confesión de Otis, pero nada de otros tres colegas checos de AP que fueron sentenciados con él. Algunos expertos dicen que no saben por qué se hicieron las grabaciones ni por qué fueron preservadas. “¿Se siente culpable?”, preguntó un juez en determinado momento. “Sí”, respondió Oatis. “¿Esto quiere decir que cometió actos de espionaje en territorio de la República Checa?”. “Sí, lo hice”. Oatis no dudó en declararse culpable, por más que los historiadores comprobaron que lo único que hizo desde que llegó a Praga en junio de 1950 fue cumplir sus tareas periodísticas. El corresponsal, no obstante, sabía que no tenía esperanza alguna de recibir un fallo justo en un país con una policía secreta, conocida como StB, omnipresente. Otis no estaba solo. Había otros 240.000 presos políticos, pero él era el único corresponsal occidental. Alena Simankova, funcionaria del Archivo Nacional de Praga especializada en la Guerra Fría, dijo que las au-
FOTO LA HORA: AP Heinrich Sanden/Albert Riethausen
Foto de archivo de mayo de 1953, del corresponsal William Oatis, en su labor en Checoslovaquia y Alemania.
toridades planificaron cuidadosamente cada detalle del juicio, incluida la sentencia. “Los jueces y los fiscales fueron seleccionados especialmente” para que desempeñasen papeles preparados, expresó. Simankova halló las cintas “por accidente” al revisar archivos que habían llegado del Ministerio de Justicia hace tres años. Entre los que contenían documentos del viceministro del interior Karel Klos, uno de los principales impulsores de los juicios políticos de los años 50, encontró las cintas. “Fue algo totalmente inesperado”, comentó Simankova. Cuando la persecución de los supuestos enemigos del régimen llegó a su punto máximo, los fiscales, no los jueces, eran quienes manejaban los juicios, dijo Simankova. En un hecho que revela la importancia que se le dio al proceso de Otis, el caso fue encomendado al fiscal Josef Urvalek, quien llegó a simbolizar los procesos ilegales contra los disidentes que
se sucedieron luego de la llegada del comunismo al poder en Checoslovaquia en 1948. La coreografía del fiscal fue generando expectativa, que alcanzó su pico cuando Oatis habló ante unas 120 personas que habían recibido acceso al juicio por su militancia en el Partido Comunista. “Lamento haber espiado en este país”, expresó, según las cintas. “Lo hice porque acaté órdenes erróneas del exterior y me dejé influenciar por la gente equivocada en Checoslovaquia. Me perjudiqué a mí mismo e hice daño a mis amigos y a la república, al tiempo que ayudé a sus enemigos. Perjudiqué la causa de la paz y ayudé a la causa de la guerra. Reitero que lamento todo esto”. El archivador Richard Mahel dijo que las grabaciones son valiosas porque “complementan lo que ya sabemos del juicio, del que no sabíamos todo”. Pero por sobre todo, “demuestran que el sistema político que teníamos era una monstruosidad”.
El historiador eslovaco Slavomir Michalek, autor de “El caso Oatis”, explicó que el corresponsal llegó a Praga en momentos en que quedaban pocos corresponsales extranjeros y que los comunistas “quisieron usar la ocasión para demostrar que no permitirían que nadie informase al resto del mundo de lo que estaba pasando aquí”. “La AP les interesaba porque era una agencia global muy importante, cuyos despachos tenían un impacto casi inmediato en todo el mundo”, afirmó Michalek, quien dirige el Instituto de Historia de la Academia Eslovaca de Ciencias en Bratislava. Michalek dijo que el hecho de que no habían podido reclutar a Oatis para que fuese un espía comunista incidió en la decisión de castigarlo. Tras su arresto el 23 de abril de 1951, la policía secreta puso a Oatis en una celda solitaria y lo privó de sueño y de comida. Los historiadores coinciden en que esa tortura psicológica fue lo que motivó su confesión. “Tarde o temprano, todo el mundo se quebraba”, dijo Michalek. “Terminaban respondiendo a los interrogatorios de manera mecánica, como robots”. El propio Oatis habló de sus experiencias en varios artículos cuando recuperó la libertad. “El primer día admití que había actuado fuera de los canales permitidos, cosa que había hecho. Al tercer día confesé que ello constituía espionaje, algo que, según los patrones occidentales, no era cierto. Luego de siete días confesé que había espiado para el gobierno estadounidense, lo que era mentira”, escribió Oatis. Una ofensiva diplomática y embargos comerciales acompañados por una prohibición de visitar Checoslovaquia hicieron que el nuevo presidente checo Antonin Zapotocky concediese un perdón a Oatis en 1953. Los otros colegas checos de Oatis enjuiciados --Tomas Svoboda, Pavel Woydinek y Petr Munz-fueron sentenciados a entre 16 y 20 años de cárcel y recuperaron la libertad a fines de los 50.
Suplemento Cultural 25-08-2012