Source: http://www.mamacoca.org/docs_de_base/Legislacion_tematica/LaraCardona_Otto_Legalizar_la_marihuana_en_Colombia_mayo2015.html
Timestamp: 2017-11-20 03:58:24
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﻿ Otto Lara ¿Legalizar la marihuana en Colombia? 2015
¿LEGALIZAR LA MARIHUANA EN COLOMBIA?
Desde hace varios meses se ha venido debatiendo en Colombia sobre “legalizar” las drogas (inicialmente la Marihuana) con fines medicinales o terapéuticos; también sobre la necesidad de dejar de lado la política exclusivamente prohibicionista y represiva de “guerra a las drogas” por otra con un enfoque de salud pública. Ambos temas requieren un tratamiento más serio y profundo que el que se da desde algunas esferas y la población en general.
Lo primero que hay que determinar es qué se entiende por drogas, psicofármacos, narcóticos, sustancias psicoactivas (SPAs), sustancias estupefacientes o psicotrópicas y medicamentos, puesto que son términos que comunmente se utilizan de manera indiscriminada. Veamos:
La palabra sustancia es la regularmente empleada en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Psiquiátrica Americana, que ahora está en su quinta y más controvertida edición en Inglés; también en la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE ó IDC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene su décima versión en Español.
Para su aplicación en Colombia, la Ley 30 de 1986 (Estatuto de Estupefacientes, en gran parte aún vigente), contiene las siguientes definiciones:
“a) Droga: Es toda sustancia que introducida en el organismo vivo modifica sus funciones fisiológicas.
b) Estupefaciente: Es la droga no prescrita médicamente, que actúa sobre el sistema nervioso central produciendo dependencia.
c) Medicamento: Es toda droga producida o elaborada en forma farmacéutica reconocida que se utiliza para la prevención, diagnóstico, tratamiento, curación o rehabilitación de las enfermedades de los seres vivos.
d) Psicotrópico: Es la droga que actúa sobre el sistema nervioso central produciendo efectos neuro_psico_fisiológicos”1.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) originalmente los términos fármaco y droga (o tóxico) tienen la misma significación, y de allí se derivaban también los medicamentos; mientras que la palabra narcótico se refería a cualquier compuesto con propiedades que inducen el sueño.
Posteriormente la denominación “droga” pasó a ser restringida, principalmente para el lenguaje popular (y por fuera de éste, especialmente en el campo de la salud, se les reconoció como “sustancias psicoactivas” –SPAs-) a los fármacos que pueden alterar el funcionamiento del sistema nervioso central y no son medicamentos.
De ahí que en la Política Nacional para la Reducción del Consumo de Sustancias Psicoactivas y su Impacto (2007), de Colombia, aparece: “Por SPA o droga se entiende toda sustancia de origen natural o sintético, lícita o ilícita, que se introduce al organismo (sin prescripción médica) con la intención de alterar la percepción, la conciencia o cualquier otro estado psicológico (Franey, 1998)”2.
En cambio, los términos “narcóticos”, “sustancias alucinógenas”, “sustancias que producen dependencia”, “estupefacientes” o “psicotrópicas” (para hacer alusión a las “drogas” o “sustancias piscoactivas”) se han utilizado y utilizan más en el área de justicia y seguridad, retomando las significaciones contenidas en los convenios internacionales sobre el tema.
Es claro entonces que todavía existen discrepancias respecto al empleo de estos conceptos y denominaciones, pero también que el alcohol y el tabaco son “drogas” (o “sustancias psicoactivas”; no medicamentos); y en numerosos estudios se les identifica como puerta de entrada a otras más fuertes; y específicamente al alcohol como altamente asociado a intoxicaciones y enfermedades de diverso tipo, accidentes, violencia intrafamiliar y social, reducción de la productividad laboral y gran cantidad de muertes3.
De acuerdo a literatura existente, son muchas más las muertes por alcohol que las producidas por todas las demás drogas juntas; más precisamente, “Según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en la última edición de la revista científica Addiction, el alcohol es la causa de al menos 80.000 muertes anuales en el continente americano. Entretanto, el tabaco provoca 72 muertes diarias en Colombia”4.
El paso siguiente es precisar qué se entiende por legalizar, despenalizar (o descriminalizar) y regularizar (o regular) las drogas, y recordar que es común hablar de drogas legales e ilegales, estando dentro de las primeras los mencionados alcohol y tabaco.
Igualmente se podrá denotar que, como se dijo antes, hay un tipo de sustancias que se conocen como medicamentos, por su uso medicinal, generalmente bajo prescripción médica, pero de ellas también se puede hacer uso indebido, abusivo o consumo problemático (OMS). Ver más adelante.
Para evitar caer en malentendidos a los que puede conducir el empleo del término legalización (como que se puede producir, distribuir y consumir libre y abiertamente por cualquier persona y en cualquier momento y lugar), se propone el concepto de regularización (o regulación), en el que aquellas actividades pueden realizarse pero con determinadas limitaciones.
Otro aspecto que es necesario aclarar es que existen diversos niveles o tipos de consumo, como el experimental, el social, el abuso (uso nocivo o perjudicial, OMS) y la dependencia, toxicomanía o adicción (síndrome de dependencia, OMS). Estos dos últimos niveles son también conocidos como consumo problemático o uso indebido (el DSM-V ya los integra en uno solo, el Trastorno por Consumo de Sustancias), y se consideran en la categoría de trastornos mentales (clasificación DSM de la Asociación Psiquiátrica Americana APA) o enfermedades, (CIE-10, OMS) y por tanto dables de algún tipo de atención o tratamiento.
Por tanto, no todo consumidor de sustancias psicoactivas es adicto, (farmacodependiente, drogodependiente o toxicómano), con lo que tampoco necesariamente requiere tratamiento, y mucho menos internación ni suministro de medicamentos.
Adicionalmente es menester precisar los alcances del concepto dosis personal (“Es la cantidad de estupefacientes que una persona porta o conserva para su propio consumo”, Ley 30 de 1986), puesto que con frecuencia se le utiliza de manera errónea (como que es la que la persona puede tener sin ningún tipo de problema). A propósito de esto, ampliemos:
¿CUÁL ES LA NORMATIVIDAD EXISTENTE EN COLOMBIA SOBRE EL TEMA?
A riesgo de dejar por fuera alguna de ella, para sintetizar digamos que, acogiendo lo dispuesto en tratados y convenios internacionales suscritos y ratificados por el país, el artículo 49 de nuestra Constitución Política sufrió cambios en ese aspecto a través del artículo 1º del Acto Legislativo 2 de 2009 (promulgado el 29 de diciembre del citado año), que reza:
"La atención de la salud y el saneamiento ambiental son servicios públicos a cargo del Estado. Se garantiza a todas las personas el acceso a los servicios de promoción, protección y recuperación de la salud.
El porte y el consumo de sustancias estupefacientes o sicotrópicas están prohibidos, salvo prescripción médica. Con fines preventivos y rehabilitadores la ley establecerá medidas y tratamientos administrativos de orden pedagógico, profiláctico o terapéutico para las personas que consuman dichas sustancias. El sometimiento a esas medidas y tratamientos requiere el consentimiento informado del adicto.
Así mismo el Estado dedicará especial atención al enfermo dependiente o adicto y a su familia para fortalecerla en valores y principios que contribuyan a prevenir comportamientos que afecten el cuidado integral de la salud de las personas por consiguiente de la comunidad desarrollará en forma permanente campañas de prevención contra el consumo de drogas o sustancias estupefacientes y en favor de la recuperación de los adictos”5 (negrillas nuestras).
Como puede observarse, el Acto Legislativo 2 de 2009 autoriza las drogas o sustancias piscoactivas en los casos de prescripción médica, de donde se infiere que algunas personas podrían portarla y consumirla legalmente puesto que tendrían una condición de salud que las hace necesarias para mejorarla o recuperarla (nótese también que al tomar el tema de consentimiento informado para la aplicación de las “medidas y tratamientos”, así como en la “recuperación” hace referencia explicita a los “adictos”; esto último sería un error puesto que no solo éstos pudieran requerirlo).
No obstante lo anterior, legalmente en el país se considera dosis personal de sustancias lo ya señalado del Estatuto de Estupefacientes (Ley 30 de 1986 y su decreto reglamentario 3788 del mismo año) para el propio consumo (que hasta hace un tiempo el solo hecho de tenerla se consideraba una contravención penal); y el porte de cantidades superiores de la sustancia, su producción, distribución o el solo hecho de regalarla puede tipificar una conducta punible (delito).
Desarrollos jurisprudenciales posteriores de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional le retiraron el carácter penal o criminal (despenalizaron o descriminalizaron) a la dosis personal para el propio uso, declarando (la Corte Constitucional, especialmente en sus sentencias C-221 de 1994 y C-491 de 2012) inexequibles o condicionadamente exequibles normas legales que le seguían valorando como delito (como el art. 11 de la Ley 1453 de 2011, que modificó el Código Penal sancionando con prisión y multa a “el que sin permiso de autoridad competente, introduzca al país, asi sea en tránsito o saque de él, transporte, lleve consigo, almacene, conserve, elabore, venda, ofrezca, adquiera, financie o suministre a cualquier título sustancia estupefaciente, sicotrópica o drogas sintéticas que se encuentren contempladas en los cuadros uno, dos, tres y cuatro del Convenio de las Naciones Unidas sobre Sustancias Sicotrópicas…”); y ordenaron (especialmente la Corte Suprema) a las autoridades judiciales inaplicar sanciones de tipo penal en algunos casos en los que incluso se sobrepasaban ligeramente las cantidades permitidas, estuviera demostrada o no la condición de “adicto” o “farmacodependiente” del portador.
Esto significa que no hay que partir más de la supuesta premisa que la tenencia de la sustancia sea necesariamente para el uso terapéutico o medicinal por parte del portador (para una especie de automedicación del “adicto” o farmacodependiente, quien entonces padecería un trastorno o enfermedad), pudiendo ser aquella también para el uso recreativo del propio sujeto.
De manera complementaria y conservando su línea de los últimos años (con base en la cual considera que no hay delito si se porta el estupefaciente “en cantidades ligeramente superiores a los estipulados cuando su propósito es el propio consumo, atendiendo la condición de consumidor o de adicto de quien la lleva consigo, y no con la finalidad de venta o suministro a terceros…”), en Sentencia del 7 de octubre de 2014, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia dio “… un ‘espaldarazo’ a la iniciativa gubernamental que busca legalizar el uso de la marihuana con fines medicinales, al estimar que no es un intento por despenalizar su producción, distribución y comercialización de manera generalizada”6.
La Ley 1566 de 2012 (“Por la cual se dictan normas para garantizar la atención integral a personas que consumen sustancias psicoactivas y se crea el premio nacional entidad comprometida con la prevención del consumo, abuso y adicción a sustancias psicoactivas”), establece en su artículo 1º: “Reconózcase que el consumo, abuso y adicción a sustancias psicoactivas, lícitas o ilícitas es un asunto de salud pública y bienestar de la familia, la comunidad y los individuos. Por lo tanto, el abuso y la adicción deberán ser tratados como una enfermedad que requiere atención integral por parte del Estado, conforme a la normatividad vigente y las Políticas Públicas Nacionales en Salud Mental y para la Reducción del Consumo de Sustancias Psicoactivas y su Impacto, adoptadas por el Ministerio de Salud y Protección Social”7.
Su artículo 2º reza: “Toda persona que sufra trastornos mentales o cualquier otra patología derivada del consumo, abuso y adicción a sustancias psicoactivas lícitas o ilícitas, tendrá derecho a ser atendida en forma integral por las Entidades que conforman el Sistema General de Seguridad Social en Salud y las instituciones públicas o privadas especializadas para el tratamiento de dichos trastornos”.
Y su artículo 3º señala: “La atención de las personas con consumo, abuso y adicción a las sustancias psicoactivas referidas en el artículo 1º de la presente ley, se realizará a través de los servicios de salud habilitados en instituciones prestadoras de salud (IPS) de baja, mediana y alta complejidad, así como en los servicios para la atención integral al consumidor de sustancias psicoactivas, debidamente habilitados”.
La Ley 1616 de 2013, conocida como Ley de Salud Mental “dispuso el ajuste de la Política Nacional de Salud Mental de acuerdo con los cambios epidemiológicos y normativos que han ocurrido en el país en los últimos quince años”.
Dicha Ley concibe la salud mental “… como derecho, prioridad y asunto de interés nacional; los costos económicos, políticos y humanitarios de los problemas de salud mental son alarmantes.
La propuesta de ajuste de la Política Nacional de Salud Mental define una visión, un valor y unos principios y objetivos que representan aspiraciones y realidades de la sociedad colombiana, enmarcados desde enfoques de derechos, género, pertinencia étnica, psicosocial, de determinantes sociales, diferencial y territorial” (Documento propuesta de ajuste de la Política Nacional de Salud Mental para Colombia 2014).
En la actual Política Colombiana de Salud Mental se retoma el concepto de Salud Mental utilizado por la OMS y posteriormente redefinido por la Ley 1616 de 2012 (art. 3), como “un estado dinámico que se expresa en la vida cotidiana a través del comportamiento y la interacción de manera tal que permite a los sujetos individuales y colectivos desplegar sus recursos emocionales, cognitivos y mentales para transitar por la vida cotidiana, para trabajar, para establecer relaciones significativas y para contribuir a la comunidad”8.
La Política Nacional de Salud Mental (concepto éste en el que se encuentra incluido todo lo referente al uso de sustancias psicoactivas) tiene por objetivos específicos la promoción y protección de derechos; promoción de la salud mental; prevención en salud mental, atención integral y disponibilidad de recursos; ratificando la garantías legales y constitucionales existentes en salud para todas las personas.
EL FENÓMENO DE LAS DROGAS ES MULTIDIMENSIONAL Y COMPLEJO
De manera complementaria es necesario aclarar que el fenómeno (para algunos es un “problema”) del consumo de drogas ha existido por siglos y posiblemente siempre existirá; es multifactorial (físico, psíquico, familiar, educativo, económico, laboral, sanitario, político, judicial, ecológico, social, etc.) y muy complejo, por lo que la sola iniciativa de pretender eliminarlas mediante la represión (“guerra contra las drogas”) o de tratarlas como un simple asunto sanitario (“de salud pública”) se quedan cortos, desconociendo una buena parte de la realidad.
De la innumerable literatura que puede consultarse sobre el tema se extrae que la Cannabis (Marihuana) “…Actualmente se investigan los usos médicos de la marihuana para diversas enfermedades, lo que ha generado, de nuevo, cierta polémica. Muchos estudios afirman que es eficaz frente a las náuseas producidas por tratamientos de quimioterapia o de tratamiento contra el sida, su efecto estimulante del apetito ayuda a combatir la inapetencia, así como la anorexia. También puede ayudar a reducir la presión ocular asociada a glaucoma…
Una investigación llevada a cabo por la Universidad Complutense de Madrid ha mostrado que el cannabis puede tener efectos muy beneficiosos contra el cáncer. El principio activo del hachís se ha mostrado capaz de acabar con las células cancerígenas, de matarlas y, al mismo tiempo, mantener vivas las que están sanas. Cabe aclarar que dicha investigación fue llevada a cabo en ratas y no en humanos.
A partir de la relación entre el sistema endocannabinoico y procesos neurobiológicos relacionados con la adicción a estimulantes tales como la cocaína y la metanfetamina; un terapia basada en cannabinoides puede ser usada para tratar la adicción hacia la estimulantes”9.
Quizás es con base en esto que en Bogotá se está tratando de implementar un tratamiento con base en Cannabis para personas en situación de calle que además presentan adicción a uno de los derivados de la Cocaína (Bazuco, Bazuca o Basuco).
Igualmente se encuentran otras referencias que la Marihuana es empleada, en su forma natural, para el tratamiento del glaucoma, asma, cáncer, migraña, insomnio, náuseas y vómitos asociados a la quimioterapia anticancerosa, esclerosis múltiple, molestias ocasionadas por neuropatías periféricas y demás padecimientos neuromusculares. El Δ9-THC se fabrica también de forma sintética como fármaco llamado dronabinol. Otros canabinoles principales son el CBD o cannabidiol (narcótico) y el CBN. Los porcentajes entre estos tres canabinoles influyen en la manera en que cada planta influye en el cerebro humano.[
También se requiere señalar que las drogas no son por sí mismas “buenas” ni “malas”; simplemente son drogas (Paracelso decía: “Todo es veneno, nada es sin veneno. Solo la dosis hace el veneno”).
Lo anterior no quiere decir que no puedan producir daños a las personas (depende del tipo y cantidad de droga, el uso que se le dé y las condiciones particulares del sujeto, por lo que se presentan contraindicaciones y efectos secundarios, además del riesgo de caer en el abuso o la dependencia) y la sociedad, por el simple hecho de ser algunas “naturales” (como se aduce frecuentemente acerca de la marihuana).
Tampoco puede negarse que en ciertos casos, así no siempre se admita la existencia de suficiente evidencia científica para ello sino tratarse de apreciaciones anecdóticas y subjetivas, algunas personas y estados (entre ellos más de 20 de EEUU y el Distrito de Columbia, del que forma parte Washington D.C., su capital), pese a disposiciones federales en contrario, les reconocen efectos terapéuticos a la Marihuana (Cannabis), y de estos últimos al menos los estados de Washington y Colorado hasta permiten legalmente su uso recreativo, con resultados hasta ahora aparentemente muy positivos para su economía y seguridad.
Ampliando lo anterior, algo que pocas personas conocen es que, según el NIH (Instituto Nacional de Abuso de Drogas), “… de acuerdo con la ley federal, solamente es legal recetar los medicamentos aprobados por la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos) y la marihuana no está entre ellos…”, pero “… en realidad, el THC es un medicamento aprobado por la FDA. Se ha demostrado en ensayos clínicos cuidadosamente controlados que este medicamento ofrece un beneficio terapéutico para aliviar las náuseas asociadas con la quimioterapia para el cáncer y para estimular el apetito en pacientes con el síndrome de desgaste (pérdida severa de peso) que a menudo acompaña al SIDA. Sin embargo, hasta la fecha, la evidencia científica no es suficiente para que la planta de la marihuana obtenga la aprobación de la FDA, y hay una serie de razones de ello…”10.
En pocas palabras, la Marihuana no está aprobada con fines medicinales por el Gobierno Federal de EEUU, pero sí su principal componente (el Tetrahidrocanadinol) y por casi la mitad de sus estados.
En la literatura existente también se halla que “…Hasta hoy, el Código Penal español prohíbe la venta de cannabis pero no prohíbe su consumo. No hace distinción entre cannabis terapéutico y cannabis recreativo, sin embargo varias decisiones penales recientes muestran que esta distinción está cada vez más en consideración de los jueces. Después de 2006, la venta de semillas es legalizada, la posesión y el consumo siempre prohibido en los lugares públicos pero autorizados en los lugares privados. Además, el cultivo de plantas de cannabis está autorizado por consiguiente en los lugares privados…
Igualmente se reseña que “…Hasta este día, solo el nabilone, un derivado sintético del THC importado por el Reino Unido, puede ser prescrito por los médicos españoles…“11.
No se pueden pasar por alto las experiencias de otros países europeos, donde se autoriza hasta el consumo recreativo de la Marihuana, resaltándose entre ellos Holanda y Portugal.
Estas son solo algunas muestras de las posiciones sobre el uso de la sustancia que se tienen en el mundo; y para mencionar unas pocas de las personalidades que apoyan el uso legal medicinal de la marihuana se cuenta con el popular Médico y presentador de la cadena de televisión estadounidense Fox, el Dr. Mehmet Oz12 y varios médicos familiares de España, donde también la asociación de farmacéuticos y los inspectores de hacienda estarían pidiendo su legalización.
Entre las personalidades que en Colombia están de acuerdo con permitir los usos terapéuticos o medicinales (al menos en unos casos) de la Marihuana se encuentra el Presidente de la República: “… como una medida compasiva para reducir el dolor y la ansiedad de los pacientes con enfermedades terminales, pero también como una forma de comenzar a sacar de las manos de los criminales el ser los intermediarios entre el paciente y una sustancia que les va a permitir aliviar su sufrimiento”13.
También el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, (quien hizo público un documento a ese respecto) en un foro adelantado en la Comisión Primera del Senado sobre el Proyecto de Ley (hoy en suspenso) que promueve el Congresista Juan Manuel Galán para la reglamentación del uso medicinal de la Marihuana, sostuvo que “el consumo de la hierba se ha disparado en el país y se ha podido establecer que hay unos 700 mil consumidores de los cuales 300 mil utilizan la planta de forma terapéutica”, además que “…Tenemos unos 400.000 consumidores problemáticos pero cuando uno examina la evidencia sobre los efectos y consecuencias adversas sobre la salud de las personas, de los consumidores esporádicos, hay una frase de Marck Kleiman, que vale la pena resaltar: 'Fumar marihuana es más seguro que consumir alcohol"14.
“Esto no es una opinión mía (…) es básicamente el resultado de un acervo grande de análisis científicos. Por ejemplo el último estudio se presentó hace aproximadamente dos años en la revista médica más prestigiosa, que es la revista The Lancet, la cual hace un examen exhaustivo de muchas sustancias lícitas e ilícitas y allí se muestra claramente que la marihuana puede ser más segura que el alcohol”, afirmó el Ministro15.
Dicho estudio, dirigido por el Dr. Davi J. Nutt en el Reino Unido, fue publicado en noviembre de 2010, y muestra que, la heroína, el crack y las metantefaminas causan más daños a nivel indidual pero, comparado con esas y otras drogas, a nivel médico, social y global la más dañina, peligrosa y letal es el alcohol 16.
Entre los beneficios de la marihuana, el Ministro destacó su ayuda para controlar síntomas como dolor, náuseas y convulsiones, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas o terminales; y complementó que, “… a diferencia de la morfina o el alcohol, no mata por una sobredosis”.
¿QUÉ ES LO HOY “NOVEDOSO”?
La propuesta de regular drogas como la Marihuana (producción, distribución y consumo) también implica tener unas actividades controladas, para reducir las ganancias y los delitos asociados al narcotráfico, obtener mayores recursos económicos para sectores como el de la salud (y por consiguiente para la prevención y el tratamiento), reducir la marginalización de los consumidores y contar con sustancias con mayores niveles de calidad.
La regulación de las drogas (empezando con las “blandas” como la marihuana), no es la panacea ni es la solución definitiva para que no exista consumo; es más, en un principio podría incrementarlo. Sin embargo, en el mediano o largo plazo (como se desmostró por ejemplo en Portugal) probablemente se estabilizaría y serían mayores los resultados positivos que los negativos (dependiendo de cómo esto se maneje desde todos). La experiencia uruguaya es otro modelo interesante a estudiar, y seguramente a seguir.
Si bien el ideal puritano sería que nadie llegue a usar drogas, la realidad es que siempre han existido y existirán; el consumo se da y probablemente seguirá dándose pese a las victorias parciales de la política exclusiva o prioritariamente represora (como en la reducción de cultivos de coca, ahora afectada por la prohibición de aspersión con Glifosato debido a los riesgos que tiene para la salud, los cultivos lícitos y el medio ambiente en general), pues esa actividad del consumo de SPAs es inherente a la especie humana (aunque también algunos animales se drogan “voluntaria y conscientemente” ), con lo que hay que seguir trabajando fuertemente en la educación y prevención para que, por ejemplo, niños, niñas, adolescentes y mujeres embarazadas, no las utilicen, o retrasar la edad de inicio; promover estilos de vida saludables; mitigar los efectos negativos en quienes ya consumen; o propender por la superación o recuperación de quienes han llegado a los niveles más altos de consumo, entre otros. Para quienes ya están en el grado de consumo problemático se tiene la estrategia de reducción de daños, avalada por la respectiva Política Püblica, que a la vez puede conducir a la reducción del consumo, de la oferta y de riesgos.
Insisto en que no se trata de la liberalización absoluta o generalizada de las drogas (en este caso para iniciar con la Marihuana); que con la regulación tampoco hay garantía de eliminación total del narcotráfico o problemas asociados al mismo (aunque sí se busca la reducción de éstos y de los recursos económicos de aquel), y que esto puede tener también efectos negativos.
Además, que la regulación de sustancias psicoactivas para su uso medicinal puede llevar a una posterior regulación del uso recreativo (como ya se está dando en varias partes del mundo); y que regular adecuadamente implica una producción, distribución y consumos responsables que igualmente conllevan restricciones (para ciertas personas, momentos, lugares, formas y circunstancias) y hasta sanciones administrativas o penales para las prácticas que se salen de la regulación (entre otras normas pueden citarse La Ley 30 de 1986 y su Decreto Reglamentario 3788 del mismo año; el Decreto 1355 de 1970 –Código Nacional de Policía, y en Antioquia además la Ordenanza 18 de 2002, Código de Convivencia Ciudadana-; Decreto 1108 de 1994 –que recoge apartes del Código Nacional de Tránsito, Código Penitenciario, Código Laboral, etc.-, Ley 1098 de 2006 –Código de Infancia y Adolescencia-¸ Leyes 1445 y 1453 de 2011 –con su Decreto Reglamentario 079 de 2012-; Ley 294 de 1996 –de Violencia Intrafamiliar- y sus modificatorias y reglamentarios; Ley 745 de 2002; Ley 599 de 2000 -Código Penal-, etc.)
Esto implica un papel preponderante de la ciudadanía y las autoridades del Estado en todos los campos (no solo el de salud) puesto que, en sentido estricto, el alcohol (al igual que el tabaco) no está legalizado sino regulado, pero las grandes deficiencias en la aplicación de las normas para su control, conducen a que los problemas asociados con él sean mucho mayores a lo que deberían. Ese mismo riesgo es el que se corre con otras drogas o sustancias psicoactivas como la Marihuana, puesto que, aunque muchos no lo vean así, ambas (alcohol y tabaco) también son drogas o SPAs.
En síntesis, no se trata de escoger la solución ideal o perfecta (que solo existe en la cabeza de cada uno), sino la más práctica y realista, dejando de lado fundamentalismos ideológicos y el doble moralismo.
¿ES NECESARIA UNA NUEVA LEY EN COLOMBIA PARA PERMITIR EL USO MEDICINAL DE LA MARIHUANA?
No en rigor, requiriéndose sí la correspondiente reglamentación por parte del Ministerio de Salud.
El uso terapéutico o medicinal de SPAs (drogas, estupefacientes, etc.), incluyendo la Cannabis, bajo algunas condiciones, está permitido excepcionalmente en la Constitución Nacional al ser ésta modificada por el Acto Legislativo 02 de 2009 (“El porte y el consumo de sustancias estupefacientes o sicotrópicas están prohibidos, salvo prescripción médica”).
No obstante mucho antes, en la Ley 30 de 1986 (Estatuto Nacional de Estupefacuentes), se señalan las situaciones en que está permitido su cultivo y uso. Veamos algunos apartes de ella:
Artículo 2º, literal i), definición de dosis terapéutica: “…cantidad de droga o de medicamento que un médico prescribe según las necesidades clínicas de su paciente;
Artículo 3º : La producción, fabricación, exportación, importación, distribución, comercio, uso y posesión de estupefacientes, lo mismo que el cultivo de plantas de las cuales éstos se produzcan, se limitará a los fines médicos y científicos, conforme la reglamentación que para el efecto expida el Ministerio de Salud;
Artículo 4º: […] de acuerdo con las normas que para el efecto expida el Ministerio de Salud, señalará las drogas y medicamentos de que trata la presente Ley que pueden importarse, producirse y formularse en el país, y los laboratorios farmacéuticos que las elaboren o produzcan de las plantas, de conformidad con las disposiciones del presente estatuto.
Artículo 5º. El Consejo Nacional de Estupefacientes, en coordinación con los Ministerios de Agricultura y Salud, reglamentará el control de las áreas donde se cultiven plantas para la obtención o producción de drogas.
Estas plantas sólo podrán ser cultivadas previa licencia expedida por el Consejo Nacional de Estupefacientes, de acuerdo con la reglamentación que para el efecto se establezca.
Artículo 6o. La posesión de semillas para el cultivo de plantas de las cuales se produzcan sustancias estupefacientes, requerirá igualmente autorización previa del Consejo Nacional de Estupefacientes, en las cantidades que el mismo determine.
Artículo 7o. El Consejo Nacional de Estupefacientes reglamentará los cultivos de plantas de las cuales se produzcan sustancias estupefacientes y el consumo de éstas por parte de las poblaciones indígenas, de acuerdo con los usos y prácticas derivadas de su tradición y cultura”
Artículo 20. Asígnase al Ministerio de Salud, las siguientes funciones:
a) Importar y vender, conforme a las necesidades sanitarias y a las normas contenidas en la presente Ley, drogas que produzcan dependencia, lo mismo que los precursores utilizados en su fabricación. La importación y venta de las sustancias de que trata este artículo se hará exclusivamente a través del Fondo
Rotatorio de Estupefacientes del Ministerio de Salud.
b) Adquirir a través del Fondo Rotatorio de Estupefacientes las drogas y medicamentos que produzcan dependencia elaborados en el país.
c) Reglamentar y controlar la elaboración, producción, transformación, adquisición, distribución, venta, consumo y uso de drogas y medicamentos que causen dependencia y sus precursores.
d) Llevar un inventario de entradas, salidas y existencia de drogas que producen dependencia, y de precursores, así como las estadísticas sobre necesidades oficiales y particulares de tales drogas.
e) Establecer el listado de drogas y medicamentos que producen dependencia y de sus precursores que deberán estar sometidos a control especial.
f) Elaborar para aprobación del Consejo Nacional de Estupefacientes, el proyecto de reglamento sobre el control de la importación, fabricación, venta, distribución transporte y uso de acetona, cloroformo, éter etílico, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, amoníaco, permanganato de potasio, carbonato liviano, diluyentes, disolventes y demás sustancias que puedan ser utilizadas para el procesamiento de drogas que producen dependencia.
g) Conceptuar sobre las sustancias y métodos a utilizar para la destrucción de plantaciones o cultivos ilícitos.
Artículo 22. Los laboratorios y establecimientos farmacéuticos que elaboran o distribuyen drogas o medicamentos que produzcan dependencia, no podrán tener existencias de las mismas de sus precursores, superiores a las autorizadas por el Ministerio de Salud. Los productos terminados serán vendidos al Fondo Rotatorio de Estupefacientes del Ministerio de Salud de conformidad con la reglamentación que expida el mismo Ministerio.
Artículo 24. Los laboratorios que utilicen en la producción de droga, medicamentos o sustancias que producen dependencia, rendirán informes periódicos al Fondo Rotatorio de Estupefacientes del Ministerio de Salud, con los datos sobre materias primas y precursores recibidos, medicamentos fabricados y ventas realizadas, conforme a la reglamentación que expida dicho Ministerio.
Artículo 26. La prescripción de drogas y medicamentos clasificados por el Ministerio de Salud como de control especial se hará de conformidad con la reglamentación que para tal efecto expida dicho ministerio.
Artículo 27. Los profesionales en medicina que formulan las drogas y medicamentos a que se refiere el artículo 26, a pacientes considerados como farmacodependientes, tienen la obligación de informar de ello a los Servicio Seccionales de Salud, los cuales deberán transmitir la información al Fondo Rotatorio de Estupefacientes del Ministerio de Salud, que deberá llevar un Registro Nacional de Farmacodependientes.
Artículo 28. Los establecimientos farmacéuticos y organismos sanitarios que fabriquen, almacenen, distribuyan, vendan o usen drogas y medicamentos que producen dependencia y sus precursores, estarán sometidos a la inspección y vigilancia del Ministerio de Salud.
Artículo 30. El Fondo Rotatorio adscrito al Consejo Nacional de Estupefacientes financiará los programas de prevención, control y asistencia en materia de farmacodependencia y vigilancia farmacológica, conforme a las políticas que señale dicho Consejo…” (negrillas nuestras)17.
También el Decreto 3788 de 1986 (reglamentario de la Ley 30), no solo incorpora el concepto de Medicamento de Control Especial (“Es la droga o mezcla de drogas con adición de sustancias similares, preparada para presentarse en forma farmacéutica y que puede producir dependencia física o psíquica”; sino que reafirma lo señalado en aquella. Veamos algunos de sus componentes:
“Artículo 22. Los laboratorios farmacéuticos que fabriquen medicamentos de control especial o los precursores utilizados en su fabricación, deben ceñirse a la reglamentación que expida el Ministerio de Salud […].
Artículo 31. Los médicos y odontólogos graduados y en ejercicio legal de la profesión deben inscribirse en el Servicio Seccional de Salud y cumplir estrictamente la reglamentación del Ministerio de Salud para la prescripción de medicamentos de control especial”18.
A modo de síntesis, en Colombia se despenalizó el porte y consumo de “… cualquier droga que produzca dependencia”, cuando dichas conductas sean dentro de los límites de la dosis personal y para el propio uso.
Esto no impide que se puedan establecer otro tipo de sanciones no penales (como las administrativas del Código de Policía, etc.) para comportamientos de porte y consumo incluso de la dosis personal en circunstancias que legalmente se establezcan como atentatorias de la salud pública o de los derechos de terceros (como hacerlo al interior o cerca de establecimientos educativos, en espacios públicos o en presencia de menores de edad, por ejemplo); e igualmente se pueda penalizar lo que se salga de esas situaciones de porte y consumo de dosis personal (incluyendo la donación, producción y distribución de SPAs -estupefacientes, psicotrópicos o drogas-), excepto cuando estén debidamente autorizadas, como sucede con la prescripción médica o el cultivo y las acciones descritas en los artículos 3, 4, 5, 6 y 7 de la Ley 30 de 1986, de donde se desprende que lo que se requiere es una reglamentación acorde con las condiciones específicas del país.
Cosa diferente es que el Ministro de Salud sienta la necesidad de contar con mayor seguridad jurídica para poder tomar las correspondientes decisiones en ese sentido y enfrentar las consiguientes presiones políticas y de todo tipo, y por ello haya insistido en una nueva ley como la promovida por el Senador Galán, que actualmente tiene suspendido su trámite legislativo.
Lo que sí es conveniente es que, para unificar criterios y evitar confusiones como en el uso de los términos y conceptos, se actualice a las condiciones actuales el Estatuto de Estupefacientes pero, insisto, esto tampoco es óbice para la reglamentación de lo correspondiente al uso medicial o terapéutico de la Marihuana y otras sustancias psicoactivas.
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