Source: http://noticias.juridicas.com/articulos/75-Derecho%20de%20Trafico/201201-22252422191325.html
Timestamp: 2013-12-05 16:53:25
Document Index: 353249340

Matched Legal Cases: ['artículo 3', 'artículo 100', 'artículo 3', 'artículo 2', 'Artículo 244', 'artículo 516', 'artículo 1']

Algunas cuestiones sobre responsabilidad civil automovil�stica: el concepto de 'accidente o hecho de la circulaci�n' y de 'veh�culo a motor'� como principales presupuestos del sistema
De: Miguel �ngel De Dios De DiosFecha: Enero 2012Origen: Noticias Jurídicas
I. El alcance del concepto de accidente de circulación
A pesar de la dificultad que conlleva delimitar la noción de accidente, dado el vasto conjunto de actividades sobre las cuales pueden acaecer sus efectos, existen varios elementos que se dan en todo accidente. Estos son: la acción u omisión y el resultado no deseado. Partiendo de esta base, cabría añadir otros componentes que contribuyen a concretar aun más lo que debemos entender por accidente1. Entre ellos: suceso no deseado, esencialmente desgraciado, hecho que se presenta de forma brusca, alteración del entorno donde se manifiesta, hecho fortuito o eventual, suceso involuntario, etc. En consecuencia, de forma apriorística el accidente se puede entender como «suceso fortuito o eventual que altera el orden de las cosas y que involuntariamente ocasiona daños en las personas u objetos». Hay que decir, que el fenómeno de la accidentalidad no esta necesariamente ligado el destino o la fatalidad, sino que es posible actuar para evitarlos, o al menos, para reducir su número o para mitigar sus consecuencias.
Sin embargo, con la finalidad de concretar el alcance del término «accidente» es preciso especificar el tipo de suceso al cual nos estamos refiriendo (accidentes laborales, deportivos, de transporte, medioambientales, etc.). En este caso, el apellido que acompaña a la acepción de accidente es el vocablo “circulación” o “tráfico”. Luego, el accidente es de tráfico cuando ocurre en las vías públicas como resultado del tránsito vehicular. Así las cosas identificamos, al menos dos definiciones que hacen mención al accidente de circulación, el concepto genérico y el normativo o legal.
I.1 Concepto genérico
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto y siguiendo a J.S. Baker y López Muñiz Goñi. M.2, entre otros, el accidente de tráfico es «un suceso eventual, producido con ocasión del tráfico, en el que interviene alguna unidad de circulación y como resultado del cual se produce muerte o lesiones en las personas o daños en las cosas». También con carácter general, el accidente de circulación se define como «el producido en las vías públicas de las poblaciones y en las carreteras por los semovientes o los vehículos (carros, bicicletas motocicletas y automóviles) que por ellas transitan»3. Como se puede apreciar, los intentos de aquilatar la definición del accidente de tráfico en sentido genérico son numerosos, pero sin embargo, es verdaderamente complicado encontrar una única definición capaz de cerrar herméticamente los factores que convergen en un accidente de tráfico.
I.2 Concepto normativo o legal
En orden a unificar criterios sobre la producción de accidentes de tráfico, se han creado, con cierto grado de paralelismo, otros conceptos de accidente mediante disposiciones legales, al objeto de poder deslindar correctamente este hecho dañoso del resto de supuestos que quedan fuera del régimen especial de los accidentes de circulación.
En primer lugar, cabe citar el concepto normativo impuesto a través de la Orden Ministerial 18 de febrero de 1993,4 el cual establece como accidente de circulación «el producido o que tenga su origen en una de las vías o terrenos objeto de la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, siempre que resulte del mismo, una o varias personas muertas o heridas o sólo daños materiales y esté implicado, al menos, un vehículo en movimiento». En sentido negativo, diremos “in prima facie”, que no tendrán la consideración de accidente de tráfico, entre otros, los siguientes supuestos:
La manipulación de un vehículo para simular un accidente de tráfico.
El incendio de un vehículo estacionado.5
La caída de un objeto sobre un vehículo estacionado.
La apertura fortuita de una portezuela que golpea a un peatón.
Un peatón que se golpea con una señal de tráfico, tropieza contra una baldosa o cae a una zanja.
La lesión de un ocupante del vehículo por un golpe de otro usuario o por un objeto lanzado desde el exterior.
Las maniobras irregulares de vehículos sin generar daño alguno, derrapes, trompos, etc.
En segundo y último lugar, ya inmiscuido en el ámbito de la responsabilidad civil, surge la noción de accidente o hecho de la circulación que marcará la pauta decisiva para una correcta aplicación legal del régimen. En consecuencia, para los efectos que aquí nos interesan, la delimitación conceptual en este caso pivota sobre el Reglamento de Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor. Por tanto, según el artículo 3 del citado texto aprobado por Real Decreto 7/2001 de enero, se debe de entender por accidente o hecho de la circulación «el derivado del riesgo6creado por la conducción de los vehículos a motor, tanto por garajes y aparcamientos como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, tanto urbanos como interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común».
Abundando aún más en la noción de accidente, conviene tener presente la definición dada por el artículo 100 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro. En esta ocasión, se entiende por accidente; la lesión corporal que deriva de una causa violenta súbita, externa y ajena a la intencionalidad del asegurado, que produzca invalidez temporal o permanente o muerte.
Tanto el “accidente” o “hecho de la circulación”, como el “vehículo a motor” son elementos esenciales para la aplicación de la normativa sobre responsabilidad civil derivada de la circulación de vehículos a motor. Que sea o no considerado como accidente de circulación un hecho determinado trae consigo distintas consecuencias jurídicas que marcaran el camino a seguir dentro o fuera del sistema especial estatuido por LRCSCVM (en adelante Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor) y por ende la aplicación del sistema de valoración del daño, la intervención del Seguro Obligatorio del Automóvil y la mediación del Consorcio de Compensación de Seguros como fondo de garantía, entre otras cuestiones.
Por consiguiente, las mimbres usadas para dar forma al sistema se conforman alrededor de estos dos preceptos básicos que se encuentran entrelazados: “hecho de circulación” y “vehículo a motor”.
En lo atinente al accidente o hecho de la circulación, hay que significar que en la definición prevista en el artículo 3 RRCSCVM (en lo sucesivo Reglamento sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor) se aprecian dos elementos, uno material; vehículo a motor y otro espacial; lugar donde se produce.
El primero, hace referencia al medio de transporte sobre el cual se cierne el riesgo de sufrir las consecuencias de una accidente de circulación. Una de las primeras definiciones legales del concepto o noción de vehículo a motor aparece en el año 1900 con motivo de la publicación en el mes de septiembre del Reglamento para el servicio de coches automóviles por las carreteras del Estado, norma que deroga la Real Orden de 31 de julio de 1897. En esta disposición legal se define al automóvil como todo carruaje movido por fuerza mecánica, cuya conformación debe garantizar unas condiciones mínimas de seguridad.
En la actualidad7 por vehículo a motor, según el artículo 2 del RRCSCVM, habrá que considerar a todo vehículo, especial o no, idóneo para circular por la superficie terrestre e impulsado por motor, incluidos los ciclomotores, así como los remolques y semirremolques, estén o no enganchados, con exclusión de los ferrocarriles, tranvías y otros que circulen por vías que les sean propias. De igual forma, se aplicarán los conceptos recogidos en el anexo del Real Decreto Legislativo 339/19908, de 2 de marzo, por el que se aprueba el Texto Articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, en su redacción dada por el Real Decreto 2822/1998, de 23 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento General de Vehículos. Del mismo modo, nuestro Código penal también lanza una definición de lo que se debe de entender por vehículo a motor. Lo hace en el Libro II. Delitos y sus penas, dentro del título XIII «delitos contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico». Capítulo IV. Artículo 244 “del robo y hurto de uso de vehículos a motor”. Este precepto incluye expresamente a los vehículos de motor y a los ciclomotores, superando el texto del artículo 516 bis del Código penal anterior, que trataba de englobar ambas categorías a través de la expresión “vehículo de motor ajeno, cualquiera que fuese su clase, potencia o cilindrada”.
Quedan al margen de la definición, los vehículos a motor eléctricos que por concepción, destino o finalidad tengan la consideración de juguetes, en los términos definidos y con los requisitos establecidos en el artículo 1.1 del Real Decreto 880/19909, de 29 de junio, sobre normas de seguridad de