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Timestamp: 2018-04-26 05:46:28
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Matched Legal Cases: ['artículo 293', 'artículo 293', 'artículo 294', 'artículo 2', 'artículo 7', 'artículo 2']

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politoff s. matus j y ramirez c
hola, como se puede descargar el manual?
coco19831983
Hola, cómo puedo hacer para descargarlo? Saludos!
Me interesa aprender el derecho de otros países para compararlo con el de México y exponer las mejores ideas para perfeccionarlo
Mariela del Carmen Ponce Reyes , Profesora at Colegio Ercilla Melipilla
Carolina Inostroza Carrillo , Licenciada en ciencias jurídicas y sociales at Poder Judicial
María Fernanda Santiagos Viera , Estudiante en Universidad Nacional Andrés Bello
Nathalia Apellidos , Estudiante en Universidad Católica de la Santísima Concepción
Lucero Cabrera Pacheco
1. NOTA A LA SEGUNDA EDICIÓNAl igual que sucediera con nuestras Lecciones de Derecho Penal Chile-no, Parte General, la buena acogida del público a estas relativas a losdelitos en particular ha motivado la preparación de esta segundaedición, en cuya preparación se ha tenido especialmente en cuentala evolución legislativa del pasado año y, particularmente, la entra-da en vigencia de la nueva Ley N s 20.000, de 16.02.2005, que nosha obligado a introducir importantes modificaciones al contenidodel Capítulo 22. Además, se han incorporado nuevas referencias ju-risprudenciales y hemos procurado hacernos cargo de los trabajosdoctrinales a que hemos tenido acceso, ampliando así la base dereferencias que el lector interesado puede consultar para profun-dizar los temas estudiados. Como siempre sucede en esta clase depublicaciones, las premuras del tiempo no permitieron incorporartodas las referencias que hubiésemos querido ni corregir todos loserrores que la obra contiene. Sin embargo, hemos hecho el esfuerzode corregir todos los que nuestros lectores y, especialmente, nues-tros alumnos del curso de Derecho Penal del año 2004 de la Uni-versidad de Talca nos han manifestado. Los autores, marzo de 2005. 7
2. INTRODUCCIÓN Estas Lecciones de Derecho Penal Chileno, Parte Especial, corresponden a la continuación de nuestro texto homónimo dedicado a la parte generaly, por tanto, comparte con él las mismas motivaciones y ob-jetivos: responder a la necesidad de contar con un texto actualiza- do que sirva a estudiantes, profesores, abogados y magistrados como base para el estudio del derecho penal nacional, y sobre todo para buscar las primeras respuestas a los problemas que la práctica judi- cial ofrece día a día en la interpretación y aplicación de los tipos penales en particular. Y también, al igual que nuestras Lecciones relativas a la parte ge- neral, este texto se basa en la experiencia práctica y los comenta- rios recibidos de parte de nuestros estudiantes y de los colegas, magistrados, fiscales del Ministerio Público y defensores que han asistido a nuestras clases de pre y postgrado, realizadas utilizando como textos de guía, primero, el monográfico Derecho Penal Chile- no, Parte Especial, de los profesores POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA (I a ed. 1971; 2 a ed. 1993); y después, para los delitos allí no com- prendidos, las Lecciones de Derecho Penal Chileno, Parte Especial, de los profesores MATUS / RAMÍREZ (I a ed. 2001; 2a ed. 2002). Así, se busca facilitar al alumno el estudio de los grupos de de-litos más importantes en la vida práctica y que, además, suelen ocu-par la mayor parte de los programas de los cursos dedicados a laparte especial del derecho penal; junto con el de procurar familia-rizarlo en la aplicación de las categorías dogmáticas aprendidas enel curso de la parte general y que, naturalmente, aquí correspon-den a las expuestas en nuestras Lecciones sobre la materia. Y del mis-mo modo que allí se advierte en su introducción, estimamos que estasistematización no es obstáculo para que quienes optan por una 9
3. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOdiferente preferencia sistemática recompongan el orden y la deno-minación de los problemas estudiados conforme a su propio esque-ma de análisis. Esta preocupación por los delitos de mayor ocurrencia justifi-ca el dispar tratamiento que puede observarse en las materias es-tudiadas, donde claramente ocupan la mayor parte del texto losdelitos contra la propiedad y contra las personas, que representan másdel 75% del ingreso criminal en las zonas donde se aplica actual-mente la reforma procesal penal.* También por razones prácticas, * Cfr. Andrés RITTER / Detlev ACHAMMER: Evaluación de la reforma procesal pe- nal chilena, desde la perspectiva del sistema alemán, Santiago, 2003, p. 40, cuadro ¡SP 6. Se debe tener presente que, por las reformas introducidas por la Ley N s 19.806 a la N 2 17.105, la mayor parte de las faltas de alcoholes han dejado de pertenecer a lajurisdicción criminal. Los datos actualizados del Boletín Estadístico del Ministe- rio Público reafirman lo dicho, como puede apreciarse en el siguiente cuadro,que los resume: Ingresos de delitos en el Ministerio Público 2000-2004 Categorías Total % Robos 17.465 7,0% Robos no violentos 50.347 20,3% Hurtos 44.071 17,7% Otros delitos contra la propiedad 19.077 7,7% Lesiones 33.984 13,7% Homicidios 408 0,2% Delitos sexuales 3.683 1,5% Delitos contra la libertad e intimidad de las personas 18.171 7,3% Faltas ley de alcoholes 812 0,3% Delitos ley alcoholes 5.697 2,3% Delitos ley de drogas 4.000 1,6% Delitos económicos 8.952 3,6% Delitos funcionarios 265 0,1% Delitos leyes especiales 1.944 0,8% Delitos contra la fe pública 1.047 0,4% Cuasidelitos 4.426 1,8% Otros delitos 33.989 13,7% Total 248.338 100,00% 10
4. INTRODUCCIÓNse ha procurado dar un tratamiento más extenso que el sucinto uti-lizado para la generalidad de los tipos penales que se estudian, aalgunas figuras delictivas nuevas o reformadas recientemente, res-pecto de las cuales las fuentes de información de que puede dis-poner el interesado son escasas. Finalmente, quisiéramos agradecer una vez más la colaboraciónde nuestro asistente, don Roberto Navarro D., y el apoyo que a esteproyecto han brindado la Universidad de Talca y la Editorial Jurí-dica de Chile. LOS AUTORES Ginebra / Talca / Santiago, abril de 2004 11
5. ABREVIATURASActas Código Penal de la República de Chile y Actas de la Comisión Re- dactora del Código Penal chileno, con un estudio preliminar por Manuel de Rivacoba y Rivacoba, Valparaíso, 1974.ADPCP Anuario de derecho penal y ciencias penales, Madrid.Art. / Arts. Artículo / Artículos.BAJO / PÉREZ Miguel Bajo Fernández / Pérez Manzano, Manual de Dere- cho Penal, parte especial, Madrid, 1993.BASCUÑÁN V., Abusos deshonestos Antonio Bascuñán Valdés, El delito de abu- sos deshonestos, Santiago, 1961.BUNSTER, Malversación Alvaro Bunster, La malversación de caudales públicos, Santiago, 1948.BUSTOS PE Juan Bustos Ramírez, Manual de Derecho Penal, parte especial, Barcelona, 1991.CA Corte de Apelaciones.CARRARA, Programa Carrara Francesco, Programa de Derecho Criminal, tra- ducción por José J. Ortega Torres y Jorge Guerrero, Bogo- tá, 1956-1967 (9 tomos y un apéndice).CC Código Civil.CCo Código de Comercio.Cfr. o cfr. Confrontar, en el mismo sentido.CJM Código de Justicia Militar.COT Código Orgánico de Tribunales.CP Código Penal.CPC Código de Procedimiento Civil.CPP 1906 Código de Procedimiento Penal.CPP 2000 Código Procesal Penal. 13
6. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOCPR Constitución Política de la República de 1980.CS Corte Suprema.CURY Enrique Cury Urzúa, Derecho Penal. Parte General, 2a edición, Santiago, 1982 (2 tomos).DFL Decreto con Fuerza de Ley.DL Decreto Ley.DO Diario Oficial.DS Decreto Supremo.ETCHEBERRY Alfredo Etcheberry, Derecho Penal, 3 a edición, Santiago, 1998 (4 tomos).ETCHEBERRY DPJ Alfredo Etcheberry, El Derecho Penal en la Jurisprudencia, Santiago, 1987 (4 tomos).FERNANDEZ Pedro Javier Fernández, Código Penal de la República de Chile, explicado y concordado, Santiago, 1899 (2 tomos).FUENSALIDA Alejandro Fuensaiida, Concordancias y comentarios del Código Penal chileno, Lima, 1883 (3 tomos).GARRIDO MONIT Mario Garrido Montt, Derecho Penal, 4 tomos, Santiago, 1997-1998. GJ Gaceta Jurídica.GUZMÁN DÁLBORA, Apreciación José Luis Guzmán Dálbora, Apreciación y re- probación de la reforma de los delitos contra la honestidad en Chi- le, en Anuario de la Fac. de Cs. Jurídicas de la Universidad de Antofagasta (2000), pp. 138 ss.GT Gaceta de los Tribunales.HERNÁNDEZ Héctor Hernández Basualto, Las drogas ilegales en el derecho penal chileno. Análisis crítico de dogmática y política criminal, Tesis PUC, Santiago, 1992.INC. IncisoINCS. IncisosLABATUT / ZENTENO Gustavo Labatut Glena / Julio Zenteno Vargas, De- . recho Penal, 7a edición, 2 tomos, Santiago, 1990-1996.Lecciones PC Sergio Politoff L. / Jean Pierre Matus A. / Ma Cecilia Ramí- rez G., Lecciones de derecho penal chileno, parte general, Santia- go, 2003.loe. cit. lugar citado.MATUS, Concurso Jean Pierre Matus A., Concurso (aparente) de leyes y concur- so entre especies de un mismo género en el nuevo Código Penal es- pañol de 1995. Aproximación histórica y analítica, Tesis doctoral, Barcelona, 1996. 14
7. ABREVIATURASMATUS, Tráfico J e a n Pierre Matus A., El tráfico ilícito de estupefacientes, en sen- tido amplio, como figura básica en la Ley 19.366, e n POLITOFF / MATUS, Tráfico, p p . 137 ss.MATUS / RAMÍREZ J e a n Pierre Matus A. / M- Cecilia Ramírez G., Leccio- nes de derecho penal chileno, parte especial, 2 a ed., Talca, 2002.MAYAUD Yves Mayaud, Code Penal, Paris, 2000.MERA, Fraude J o r g e Mera, Fraude civil y fraude penal. El delito de entrega frau- dulenta, Santiago, 1986.MERA, Hurto J o r g e Mera, Hurto y Robo. Estudio dogmático y político-criminal, Santiago, 1994.MEZGER, Estudio E d m u n d Mezger, Libro de Estudio, t. II, 4 a ed. (1954), Trad. d e C. A. Finzi, Bs. Aires, s. / f.MORALES, Acusación Marcos Morales A n d r a d e , El delito de acusación o de- nuncia calumniosa, Santiago, 1993.MUÑOZ CONDE Francisco M u ñ o z C o n d e , Derecho penal. Parte especial, Va- lencia, 1996, 10 a ed.NAVARRO Roberto Navarro Dolmestch, Los delitos contra el honor. Aná- lisis crítico de la sustentabilidad normativa de una concepción ju- rídica del honor y de la necesidad de su protección penal, Universidad d e Talca, 2000.NJW N e u e Juristische Wochenschrift.NOVOA E d u a r d o Novoa Monreal, Curso de Derecho Penal chileno. Par- te General, 2a edición, Santiago, 1960 (2 tomos).Oo. Otra opinión, en sentido contrario.op. cit. obra citada.P. ej. por ejemplop. / pp. página / páginas.PACHECO Joaquín Francisco Pacheco, El Código Penal concordado y co- mentado. 5 a edición, Madrid, 1881.POLITOFF, Apropiación Sergio Politoff L., El delito de apropiación indebida, Santiago, 1957.POLITOFF, Elementos Sergio Politoff L., Los elementos subjetivos del tipo legal, Santiago, 1965.POLITOFF, Actos preparatorios Sergio Politoff L., Los actos preparatorios del de- lito. Tentativa y frustración. Estudio de dogmática penal y derecho penal comparado, Santiago d e Chile, 1999.POLITOFF DP Sergio Politoff L., Derecho penal, t o m o I, 2 a ed. actualizada, Santiago d e Chile, 2001.POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA: Sergio Politoff / J u a n Bustos / Francis- co Grisolía, Derecho Penal chileno. Parte Especial. Delitos contra 15
8. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENO el individuo en sus condiciones físicas, 2 a edición, Santiago, 1993.POLITOFF / MATUS, Tráfico Sergio Politoff L. / Jean Pierre Matus A. (eds.), Tratamiento penal del tráfico ilícito de estupefacientes, Santiago, 1998.POLITOFF / MATUS, Criminalidad Sergio Politoff L. / J e a n Pierre Matus A. (eds.), Gran criminalidad organizada y tráfico ilícito de estupefa- cientes, Santiago, 2000.POLITOFF / ORTIZ / MATUS, Comentario Sergio Politoff/ Luis Ortiz (dirs.) / J e a n Pierre Matus (ed.), Texto y comentario del Código Penal chileno, Santiago, 2002.QUINTANO RIPOLLÉS, Tratado Antonio Q u i n t a n o Ripollés, Tratado de la parte especial del Derecho Penal, Madrid, 1965-1967.QUINTERO / MORALES, Comentarios Gonzalo Q u i n t e r o Olivares (Dir.) / F e r m í n Morales Prats, Comentarios a la Parte Especial del Dere- cho Penal, 2- ed., Navarra 1999.RAMÍREZ G, Escuchas M ä Cecilia Ramírez G u z m á n , El delito de escuchas tele- fónicas ilegales en el ordenamiento chileno, e n POLITOFF / MA- TUS, Criminalidad, 267 ss.RCP Revista d e Ciencias Penales, Santiago, Chile.RDf Revista d e D e r e c h o y J u r i s p r u d e n c i a y Gaceta d e los Tribu- nales.RrVACOBA, Contrato M a n u e l d e Rivacoba y Rivacoba, El delito de contrato si- mulado, Santiago, 1992.RODRÍGUEZ C O L L A O , Delitos sexuales Luis Rodríguez Collao, Delitos sexua- les. De conformidad con las modificaciones introducidas por la Ley N°-19.617 de 1999, Santiago, 2000.S. Sentencia.SCHÖNKE / SCHRÖDER Adolf Schönke / Horst Schröder, Strafgesetbuch. Kommentar, 24. Auf, München, 1991 (a cargo de Lenckner, Cramer, Eser y Stree; se cita al autor del comentario del res- pectivo párrafo).Se. Sesión d e la Comisión Redactora del Código Penal chileno.SCA Sentencia de Corte de Apelaciones deSCS Sentencia de la Corte Suprema deSERRANO Alfonso Serrano Gómez, Derecho Penal, Parte Especial, 4- edi- ción, Madrid, 1999.SS. Sentenciasss. siguientes. 16
9. ABREVIATURASsigts. siguientes.StGB Strafgesetzbuch (Código Penal alemán).TS Tribunal Supremo español.UTM Unidad Tributaria MensualVÁSQUEZ, Cheque Guillermo Vásquez M., Tratado sobre el Cheque, Santiago, 2000.VIVANCO, Robo Jaime Vivanco, El delito de robo con homicidio, 2 a ed., Santia- go, 2000. 17
10. PRIMERA PARTEDELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAS
11. CAPÍTULO 1 DELITOS CONTRA LA VIDA HUMANA INDEPENDIENTE § 1. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO EN LOS DELITOS CONTRA LA VIDA. CLASIFICACIÓN GENERALEl Código Penal contempla en el § 1 y en el § 2 del Título VIII delL. II, dos grupos importantes de delitos contra la vida: los homici-dios y el infanticidio. La prácticamente unánime doctrina nacionalseñala, con razón, que dichos delitos protegen el bien jurídico vidahumana independiente, para diferenciarlos de los otros delitos con-tra la vida humana, pero dependiente, que por razones históricas seubican en nuestro Código en el § 1 del Tít. VII del L. II: los delitosde aborto;1 pero en ambos casos, se trata de vida humana en un sen-tido biológico-fisiológico.2 La discusión acerca de si realmente lasfiguras del delito de aborto han de incluirse entre los delitos con-tra la vida o entre los contra el orden de las familias y la moralidadpública, como reza el encabezado del Título del Código en que secontienen, no sólo ha sido superada doctrinalmente, sino que pa-rece tener poco asidero en el actual texto del art. 19 NQ 1 CPR, queexpresamente le reconoce al nasciturus el carácter ser humano vivo,con la expresión "la ley protege la vida del que está por nacer". Es quizás esta ordenación constitucional de valores, que distin-gue entre el ser humano nacido libre e igual en derechos -esto es, La ubicación que la Comisión Redactora dio a estas figuras seguía el criteriosistemático del CP Belga. En cuanto a la calificación del aborto como delito contrala vida, cfr., por todos, ETCHEBERRY III, 17 s. 2 No se contempla, eso sí, la protección de la vida de partes autónomas deseres humanos (como los órganos durante el período en que son separados an-tes de trasplantarse a otra persona), sino de la del individuo de la especie, en tan-to función vital integral, cfr. Cap. 3, § 2, B, a. 2. 1. 21
12. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOuna persona puesta ya "en el mundo"-, del que está por nacer -unapersona sólo en potencia-, un reflejo de la diferente apreciación so-cial de uno y otro, que ha desprendido del ámbito del homicidio lamuerte de los seres en gestación, atribuyéndole un carácter autó-nomo, bajo la figura de los delitos de aborto, tendencia manifesta-da con fuerza en los nuevos textos del CP español de 1995 y delStGB alemán, donde figuran homicidio y aborto en capítulos sepa-rados, uno tras el otro, sin entrar a configurar un capítulo únicoque los reúna sistemáticamente. Por otra parte, los procedimientos de fertilización artificial y deprevención de embarazos no deseados, así como las diferentes va-loraciones sociales existentes al respecto han llevado a una necesa-ria delimitación de la protección penal de los seres humanos engestación y a plantearse seriamente las posibilidades de excepcio-nes a la misma. Pero también respecto de los seres humanos con vida indepen-diente, el desarrollo de la medicina moderna, y particularmentede la técnica de los trasplantes, ha llevado a considerar necesariodelimitar un momento a partir del cual puede autorizarse a reali-zar una intervención que acarreará, necesariamente, el término dela vida biológica del donante. En este Capítulo y en el siguiente trataremos únicamente losdelitos que el Código concibe como de daño contra la vida, estoes, que para su consumación se exija la muerte de un ser humano:con vida independiente (persona) en los delitos de homicidio; convida dependiente (feto) en los de aborto. No obstante, no se con-templan aquí todos los delitos respecto de los cuales dicho resulta-do es relevante, y que la ley ha preferido configurar como formasespecialmente calificadas de otros delitos, i. e., secuestro y substrac-ción de menores con homicidio (arts. 141 y 142), violación con homicidio(art. 372 bis), robo con homicidio (art. 433 NQ 1) y aun los atentadoscontra autoridades de las leyes 12.927 y 18.314, sobre Seguridad delEstado y Conductas Terroristas, respectivamente. La razón es sen-cilla: en todos ellos el legislador ha considerado que la muerte deotro, con la gravedad que ello implica, no ha de valorarse aislada-mente, sino en relación con la lesión a otro u otros bienes jurídicosque aparecen también como objetos principales de protección endichas figuras. Tampoco se tratan en este lugar de ciertos delitosde peligro común en que la redacción de la ley supone la produc-ción de un resultado de muerte como calificante especial, así, en 22
13. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASla calificante general del art. 317 para los delitos contra la salud pú-blica, en el delito de incendio y estragos con resultado de muerte(art. 474), y también en el de envío de cartas explosivas (art. 403 bis).3 Hechas las precisiones anteriores, podemos clasificar los deli-tos contra la vida humana de la siguiente manera: 1) Delitos contra la vida humana independiente. 1.1) Homicidio simple (art. 391 N s 2). 1.2) Homicidio calificado (art. 391 NB 1). 1.3) Parricidio (art. 390). 1.4) Infanticidio (art. 394). 2) Delitos contra la vida humana dependiente. 2.1) Aborto causado por la propia mujer embarazada (art. 344). 2.2) Aborto causado por terceros (arts. 342 y 345 CP). 2.3) El mal llamado cuasidelito de aborto (art. 343). § 2. HOMICIDIO SIMPLESuele definirse el homicidio simple como una figura residual queresultaría del cotejo de los arts. 390, 391 N e l s y 394 con el art. 391NQ 2Q CP, en los siguientes términos: el homicidio simple consiste enmatar a otro sin que concurran las condiciones especiales constitutivas delparricidio, infanticidio u homicidio calificado.4 Sin embargo, esta definición, dando cuenta de un aspecto delproblema (que no se impondrá la pena del homicidio simple deconcurrir los requisitos de alguna de las figuras especiales de ho-micidio calificado, parricidio, etc.), no concuerda con las solucio-nes que la mayoría de la doctrina y la jurisprudencia nacionalofrecen a otros problemas que surgen en la práctica, como son laposibilidad expresamente prevista en el art. I a CP de castigar por 3 En cuanto a la muerte en duelo, del art. 406 CP, ella no será tratada en estetexto, debido a la evidente anacronía de que, en general, padecen todas las fi-guras relativas al duelo, que, como se señala en POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA,259, "amenaza desde hace ya bastante tiempo a los contendientes con una delas más temibles sanciones, la del ridículo". 4 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 43. Hay también otras definiciones pro-puestas por la doctrina que, por incluir menciones puramente pleonásticas, ta-les como agregar que la conducta sea injusta o que la destrucción de la vidahumana debe ser voluntaria, no serán objeto aquí de mayor análisis (cfr. POLI-TOFF, Elementos, 85 ss.). 23
14. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOhomicidio a quien objetivamente comete un parricidio, pero desco-noce la relación que lo liga con el ofendido; 5 o a quien, sin tenerobjetivamente dicho vínculo, es cómplice del parricida. 6 En amboscasos, la doctrina dominante afirma que al que yerra y al partícipese les impone la pena del homicidio simple.7 A nuestro juicio, la explicación sistemática a estas acertadas so-luciones no es otra que admitir la calidad de figura básica del ho-micidio simple, e n t e n d i é n d o l o únicamente como el delitoconsistente en "matar a otro", frente al resto de los delitos que, porlas particulares circunstancias que los constituyen (parentesco, etc.),han de concebirse como especies del mismo. 8 5 Se. 116 Comisión Redactora CP, Actas, pp. 458 ss. Ver también el texto deBUSTOS / CABALLERO: "Comentario al art. I a CP", en POLITOFF / ORTIZ / MATUS,Comentario, 58 s., y GARRIDO MONTT III, 79. 6 Así, por la jurisprudencia dominante, cfr. ETCHEBERRY DPJ III, pp. 330 s.; y,por la doctrina, CURY / MATUS: "Comentario preliminar a los arts. 14-17 CP", enPOLITOFF / ORTIZ / MATUS, Comentario, 234 s. No obstante, un importante sectorde la doctrina se manifiesta contra esta solución, como puede apreciarse en lacitada por POLITOFF / BUSTOS / GRJSOLÍA, pp. 92 ss., y actualmente, en el textode GARRIDO MONTT, III, p. 82, para quien el problema se resuelve únicamentedesde el punto de vista de la culpabilidad. Sin embargo, aun con este distinto fun-damento, admite GARRIDO MONTT, op. y loe. cit., que, de no conocer el partícipela calidad de parientes del autor y la víctima, aquél debiera castigarse únicamen-te por homicidio simple, solución que -con otros requisitos- se traduce tambiénen admitir en ciertos casos la imputación a título de homicidio simple para el par-tícipe y a título de parricidio para el autor. 7 Por todos, aparte de los ya citados, POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 99, dondese denomina al parricidio "tipo calificado por una circunstancia (el parentesco) in-jertada en el tipo". Una solución similar, esto es, el resurgimiento de la figura básica de homicidio simple, ofrecen estos autores para el problema del parricidio culposo (p. 91), y para el de la participación en el homicidio calificado, cuando no concu- rren en el partícipe los elementos subjetivos de las circunstancias calificantes (p. 126). 8 MATUS, Concurso, p. 232. Y es, en definitiva, el parecer de nuestra doctrina mayoritaria, que afirma, particularmente respecto del parricidio, que éste sería un delito especial impropio (cfr., por todos, POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 99; GARRIDOMONTT III, 82). La expresión "en cualquier otro caso" del art. 391 NQ 2Q se trata,por tanto, de una cláusula concursal que contempla la ley (en referencia al caráctergenérico o residual del homicidio simple), sin contenido típico. Nótese, además,que de otorgársele contenido típico a dicha expresión, a éste habría también dereferirse el dolo, con los consiguientes problemas que ello traería a nivel de culpa-bilidad: el que cree que está matando a un pariente del art. 390 CP que no es tal,no cometería parricidio (objetivamente), pero tampoco homicidio simple (subjeti-vamente), lo que nos llevaría a la absurda conclusión de la impunidad del hechor.A esta misma conclusión había llegado, para supuestos similares en su texto legal,la doctrina alemana. (Así, ya Günter WARDA: Grundfragen der strafrechtlichen Konku- 24
15. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDrVTDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAS De este modo, cada vez que se comete un infanticidio, un parri-cidio, etc., se cometerá también un homicidio simple, que por ser lafigura genérica no se aplicará en el caso que lo sea la especial (lexspecialis derogat generalis). Pero cuando por alguna razón -como enlos casos de error y participación recién expuestos- deban descartar-se esas circunstancias particulares y la figura especial no sea aplica-ble, resurgirá la posibilidad de aplicar al imputado la pena de lafigura básica, cuyos presupuestos típicos también se han dado en elcaso que se trata.9 A. TlPICIDAD a. SujetosAunque el sujeto activo del homicidio simple es indiferente, y pue-de el delito, por tanto, ser cometido por cualquiera, ello es válidoúnicamente para los delitos de acción, pues en los de omisión sóloes posible su comisión por quienes ostenten un especial deber decuidado, esto es, quienes se encuentren en posición de garante.10 En cuanto al sujeto pasivo, que en esta clase de delitos se con-funde con su objeto material, es más o menos claro que el "otro" aque hace mención la ley excluye el castigo a este título del suicidio,el que, al no estar tampoco sancionado en otra disposición, es im-pune entre nosotros; aunque no lo es el auxilio al suicidio, castiga-do como delito autónomo en el art. 393 CP.11 Como ya hemos señalado al referirnos al bien jurídico protegi-do, este otro a que se refiere la ley es un ser humano con vida inde-pendiente. Luego, ni los muertos ni los que están por nacer puedenrrenzlehre, enJuS 1964, p. 90, afirmaba que "lo decisivo para saber si en un supuestode hecho legal se comprende otro, es sólo la comparación entre aquellos elemen-tos que encarnan el contenido material de los respectivos tipos de delito", exclu-yendo las llamadas "condiciones objetivas de punibilidad" y "las meras limitacionesformales" que no inciden en la caracterización del supuesto de hecho correspon-diente, como la expresión "sin ser asesino" del antiguo § 212 StGB). 9 MATUS, Concurso, pp. 219 ss. 10 Cfr. Lecciones PG, Capítulo 10, § 3, B, a. 11 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 53. 25
16. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOser sujetos pasivos de este delito. Los primeros, por tratarse en talcaso de un cadáver y no de otro ser humano,12 y los segundos, prote-gidos a través de las figuras del aborto, cuya delimitación con el ho-micidio radica en el carácter dependiente o independiente de la vidahumana. a.l. Delimitación entre aborto y homicidio: el paso de la vida humana dependiente a la vida de la persona en cuanto talEl art. l s CPR declara que todos los seres humanos nacen libres eiguales en dignidad y derechos, atribuyéndoles el carácter de perso-nas, sujetos de derechos, en su art. 19. Mientras ese hecho no seproduce, es "la vida del que está por nacer" lo que la propia CPR se-ñala protege la ley. El que está por nacer es sujeto pasivo del aborto;el nacido, del homicidio. Aunque haciendo un j u e g o con las disposiciones de losarts. 74 CC y 494 CP, Raimundo DEL RÍO13 llegó a sostener a me-diados del siglo pasado que podría existir alguna diferencia entreel sujeto parido y el nacido, de modo que una criatura pudiera estarparida, pero no nacida; esta doctrina -que llevaba a la creación dezonas lacuniarias de protección penal- 14 es rechazada por la doc-trina absolutamente dominante en la actualidad, según la cual "na-cimiento" y "parto" (expulsión de la criatura del vientre materno)son términos sinónimos, y sólo debe atenderse a la existencia devida independiente de la madre para fijar el momento en que senace, esto es, a la existencia autónoma en la criatura de las funcio-nes vitales de respiración y circulación sanguínea. 15 Carece así de 12 En estos casos, se tratará de una tentativa absolutamente inidónea, pues nun-ca será el caso que pueda darse muerte a un muerto, impune conforme a nues-tro ordenamiento (cfr. POLITOFF / MATUS: "Comentario al art. T CP", en POLITOFF/ ORTIZ / MATUS, Comentario, 78). 13 Raimundo DEL RÍO, Derecho Penal (1935), III, pp. 369 ss. 14 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 46. 15 Es la tesis que apareciera en la primera edición del Derecho Penal de Alfre-do ETCHEBERRY (Santiago, 1964-5), t. III, pp. 30 ss. Su amplia recepción posteriorpuede confrontarse, por todos, en GARRIDO MONTT III, 26. ETCHEBERRY impug-na la interpretación del art. 74 del CC en cuanto por "separación completa" dela madre hubiera que entender una "distancia espacial" entre los cuerpos de lamadre y del hijo. La recta interpretación del citado art. 74 debería hacerse a la 26
17. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAStrascendencia el hecho de que al momento de darle muerte, estéo no cortado el cordón umbilical que une a la criatura con la ma-dre o de que ésta no haya sido completamente expulsada del vien-tre materno, 16 como una antigua y aislada jurisprudencia daba aentender. 17 Mucho menos se ha de considerar a estos efectos la via-bilidad de la criatura nacida que, en tanto persona, es sujeto pasivodel delito de homicidio, 18 como lo es el moribundo hasta su expi-ración natural. 19 En definitiva: la muerte de la criatura humana dependiente es siem-pre aborto y en el sentido del sistema penal vigente el parto termina cuandohay vida humana independiente. A partir de dicho momento el sujeto pasi-vo lo será de homicidio.20a. 1.1. Excurso: vida humana y manipulación genéticaAunque actualmente no parecen estar del todo desarrolladas lastécnicas que permitan una clonación de seres humanos o la gesta-luz del art. 55 del mismo Código, el cual define a la persona por la reunión dedos requisitos: "la pertenencia a la especie humana y el tener la calidad de indivi-duo", idea esta última que habría que referir a la autonomía de vida y, por ende,a la existencia de las funciones circulatoria y respiratoria independientes de lamadre. A ello agregaba que, de aplicar en el plano penal el art. 74 CC, se llegaríaal absurdo de no poder castigar el aborto, pues el inc. 2Q de dicha disposiciónreputa no existida jamás a la criatura que muere en el vientre materno, o queperece antes de estar completamente separada de la madre, o que no haya sobre-vivido a la separación un momento siquiera. 16 En la doctrina chilena, FUENSALIDA III, 113 ss., pensó que la muerte de lacriatura durante el parto no constituía aborto, pero tampoco homicidio. 17 SCA Valparaíso, en GT 1935-11, 123-414, la que ya había sido rebatida enun supuesto de hecho parecido por otra de 1973 de la SCA Santiago [RCP XXXII,1973, p. 79] (en el primer caso se trataba de la muerte de una criatura durante elparto; en el segundo, de la muerte de la criatura todavía unida al cordón umbili-cal, pero ya expulsada del vientre materno). 18 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 49. 19 GARRIDO MONTT III, 22. En palabras de POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA,49: "constituye igualmente homicidio dar muerte al moribundo, al enfermo deun mal incurable o al condenado a muerte". No obstante, otra cuestión es juzgarel tratamiento que ha de dársele al problema de la eutanasia, como veremos (Ca-pítulo 1, § 2, B). 20 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 48. 27
18. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOción de éstos en ambientes completamente artificiales,21 son eviden-tes las posibilidades teóricas de dichas técnicas22 -cualesquiera quesean el desconcierto y la explicable ansiedad y la reprobación quesemejantes perspectivas puedan suscitar en el plano de la ética so-cial-, las que pondrían en entredicho el concepto, prácticamentesin discusión, de la persona como individuo de la especie humana (art. 55 CC). En efecto, por una parte, el ser clonado no es genética-mente un individuo, sino una copia de otro; y por otra, del gestadoy nacido en ambientes artificiales no se puede decir que sea nacidode mujer, concepto que ha identificado tradicionalmente a los miem-bros de la especie humana, desde que se abandonara la distinciónentre monstrum - u n ser de tal manera deforme que no tenía nadade la especie humana (y, por tanto, no estaba sujeto a la protec-ción penal del homicidio)- y monstruosum (ostentum), que se defi-nía como aquel que siendo defectuoso y saliéndose desde ese puntode vista del molde de la especie, tenía sin embargo cara de ser hu-mano, y era sujeto pasivo de un homicidio. 23 Habiéndose ya identificado buena parte del mapa genético dela especie humana, 24 este segundo problema carecería de impor- 21 Para un resumen histórico y conceptual, J.R. LACADENA (1998): "La clona-ción humana", en Actas del 2° Congreso de bioética de América Latina y del Caribe, San-ta Fe de Bogotá, pp. 138-165, y el Cap. 1 del informe del Comité de expertos sobrebioética y clonación (1999): Informe sobre la clonación: en las fronteras de la vida, Ins-tituto de Bioética de la Fundación Ciencias de la Salud, Ediciones Doce Calles,Madrid. Véase igualmente National Bioethics Advisory Commission (2000): Cien-cia y aplicación de la clonación (parte del informe original de 1997 de la NBAC), enClones y clones. Hechos y fantasías sobre la clonación humana (M.C. Nussbaun y C.R.Sunstein, eds.), Cátedra, Madrid, pp. 39-48. 22 Un artículo de divulgación sobre algunas modalidades de clonación y susposibilidades terapéuticas: I. WiLMUT (1999): "Clonación con fines médicos", enInvestigación y Ciencia 269: 24-29. Por lo mismo, la cuestión ha sido abordada le-gislativamente en muchos países y, recientemente, se ha autorizado la clonaciónde seres humanos en el Reino Unido. Ver, al respecto, la Memoria de Prueba delalumno Cristian BARRIENTOS G. (Dir. Jean Pierre MATUS) : Delitos relativos a la ma-nipulación genética en el derecho comparado y la situación de la legislación chilena actualen torno al tema, Universidad de Talca, 2002. 23 Ver, con referencias bibliográficas, POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 49. 24 Sobre el estado de estas investigaciones, se puede consultar la informaciónproporcionada por el National Center for Biotechnology Information, y el Natio-nal Institute of Health, Bethesda MD 20894, USA, en http: / / www.ncbi.nlm.nih.gov/ SCIENCE96 / . 28
19. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDrVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAStanda, pues podemos admitir, conforme el estado actual de las cien-cias biológicas, que son seres humanos los conformados a partir delADN correspondiente a los seres humanos, con independencia dellugar donde se gestan, su nacionalidad, raza, etc.25 Más problemática sería, sin duda, la situación de los seres clo-nados (a partir de una célula única de un donante), pues a pesarde tener el mismo ADN del ser humano donante, no son indivi-duos diferenciables genéticamente 26 (y es ése el propósito de la clo-nación no reproductiva, cuando se pretende, por ejemplo, crearórganos para trasplantes que no produzcan rechazo). La respues-ta a esta cuestión, que se deja aquí solamente planteada, habrá debuscarse, sin duda, en la valoración social del desarrollo de las téc-nicas de reproducción sin fecundación y del comportamiento deesos seres en el seno de la comunidad, pues no es descartable laposibilidad de que en dicha interrelación se cree una individuali-dad social, que se estime preeminente sobre la genética.27 25 Sobre el particular, cfr. Francis FUKUYAMA: El fin del hombre, consecuencias dela revolución biotecnológica, Trad. Paco Reina, Barcelona, 2002, p. 276. El texto com-pleto permite una acabada visión del estado actual de la biotecnología y las im-plicancias que para el concepto de ser humano y de la humanidad en generalpodría tener la manipulación genética. 26 En palabras de nuestro Colegio Médico: "Por tratarse [la clonación unice-lular] de una técnica que forma un número indefinido de individuos de genoti-po idéntico, se suprime el carácter individual y único del ser humano. La basebiológica de la dignidad de la persona es su constitución genotípica única y ex-clusiva, irrepetible e irreversible, que le permite tener su propia conciencia, sien-do un ser en sí mismo, un fin y no un medio, un sujeto y no un objeto. Cada serhumano es único en la historia de la especie y ciertamente es mucho más queuna ordenación de moléculas de ácido desoxirribonucleico. La diversidad gené-tica de la humanidad es la clave del predominio y de la supervivencia de la espe-cie humana en nuestro planeta". (Pronunciamiento del Colegio Médico de Chile,adoptado en las Sesiones Ns 1 Extraordinaria del 19.03.97, y Ns 3 Ordinaria del 26.03.97del Departamento de Etica delH. Consejo General). 27 La discusión pública al respecto ha sido intensa. Aparte del pronunciamien-to de nuestro Colegio Médico, citado en la nota anterior, puede verse el del Comi-té de Expertos sobre Bioética y Clonación (1999): Informe sobre clonación: en las fronterasde la vida, Instituto de Bioética de la Fundación Ciencias de la Salud, Ediciones Ca-lles, Madrid, pp. 154-156. No obstante, al menos ya en la práctica privada norteame-ricana la investigación sobre la base de clonación no reproductiva parece ser unhecho, y es legalmente admitida en el Reino Unido, donde la Human ReproductiveCloningAct 2001, de 4 de diciembre de ese año, prohibe en su sección 1(1) única-mente la implantación en una mujer de un embrión obtenido de manera diferente a la ferti-lización, pero no el desarrollo embrional clónico en otro ambiente. 29
20. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENO a.2. Fin de la vida humana: la muerteLa persona sujeto pasivo del homicidio es un otro vivo, luego, laprotección penal termina con su muerte. En términos naturales, todavía puede afirmarse que la vida durahasta el último aliento o latido del corazón, esto es, hasta la cesacióntotal e irreversible de las funciones respiratorias y circulatorias.28 Em-pero, queda todavía en pie la afirmación de COUSIÑO, quien advierteque si se ignora en qué consiste la vida, mal puede explicarse su cesa-ción, y agrega: "Únicamente queda el hecho irrebatible en pie: la rea-lidad misma de la muerte como negación de la vida. De aquí el quetodos deben llegar a una misma definición, aunque ella carezca detodo valor científico: la muerte es la cesación de la vida; tal como si defi-niéramos el color negro como la ausencia de todo color".29 Conforme a la definición anterior, quien de un disparo hace es-tallar el corazón de su víctima, le causa la muerte. Sin embargo, tam-bién se la causaría el doctor que extrae el corazón sano de unapersona para implantarlo en otra. Esa es la cuestión ética y jurídicaque plantean los trasplantes de órganos, que, por definición, han deser saludables: extraer un corazón que late a un ser vivo es condu-cirlo a la muerte biológica real, aunque con ello se salve la vida de 28 Otra opinión, en ETCHEBERRYIII, 28, para quien esta cesación total e irre-versible no es la muerte, sino "un signo" de ella, que se produciría, a su enten-der, y conforme al "estado actual del conocimiento científico", con "la destruccióno lesión del tronco cerebral de tal modo que ya no pueda cumplir [sus] funciones,[lo que] determina el término de toda actividad espontánea (aunque sea débil) dela respiración y la circulación, que a partir de ese momento sólo pueden mante-nerse de forma exclusivamente artificial merced a aparatos mecánicos". Sin em-bargo, con lo mucho de verdad que hay en la opinión de ETCHEBERRY, ampliar elámbito de la muerte cerebral más allá del necesario para autorizar los trasplantesde órganos, parece cerrar la puerta a la porfiada sobrevida de algunos pacientes,como aparece de vez en cuando en las noticias de la prensa diaria (este es el casodel llamado "segundo milagro" del Padre Hurtado, vid. "El Mercurio", 2 de abrilde 2004, p. A 1). Hay que distinguir, no obstante, el instante de la muerte del pro-ceso que le sigue, que se manifiesta en los llamados signos cadavéricos, cuya apari-ción carece de importancia en cuanto a la determinación del fin de la vidahumana, sirviendo más bien como señales posteriores de su comprobación (des-hidratación; la acidificación de los humores y visceras; la rigidez cadavérica; la li-videz cadavérica y la putrefacción cadavérica, signo último y evidente de la muerte.Cfr. Alfredo VARGAS BAEZA, "Síntesis de diagnóstico de la muerte en Medicina Le-gal", en RCPXXVII, 223 ss.). 29 COUSIÑO, Luis: Manual de Medicina Legal, t. II, 213. 30
21. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASotro. Para responder a esa difícil decisión,30 ya había sido admitidaentre nosotros la idea de la llamada muerte cerebral, como etapa en lacual, siendo irreversible la cesación de las funciones cerebrales, re-sultaba irrelevante para admitir el^m de la vida el hecho de que otrosórganos continuasen fisiológicamente vivos y saludables.31 Sin embar-go, no fue hasta la dictación de la Ley N s 19.451, de 10.04.1996, quela materia ha sido regulada, introduciéndose una importante varia-ción respecto al estado de la discusión anterior, al limitarse estricta-mente un concepto de muerte (cerebral) únicamente para los efectosde practicar un trasplante en los casos que ello haya sido autorizadopreviamente (arts. 7Q ss.).31a De este modo, la ley parece inclinarsepor conceder que, para todo el resto de los casos y efectos, ha deadmitirse todavía el concepto biológico de muerte antes reseñado.32 En definitiva, podemos afirmar que, salvo la declaración demuerte para los efectos de trasplantes de órganos, si se da muertea un ser mientras aliente la vida (humana), seguirá siendo sujeto 30 Que el Prof. Armando ROA, "LOS trasplantes de órganos y la ética", en RCPXXVII, 220, resumía hace tres décadas de la siguiente forma "la muerte contra lacual lucha la medicina desde el origen de los tiempos, se la desea ahora secreta-mente a un sano, a fin de salvar a un enfermo". 31 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 52. 31a A esta conclusión no se opone el fallo de mayoría del Tribunal Constitu-cional de 13.08.1995, rol N 2 220, que estimó conforme a la Constitución la defi-nición de muerte cerebral para los efectos de la Ley de Trasplantes, y que obiterdictum, en su considerando 15 s da por sentado "que la abolición total e irreversi-ble de todas las funciones encefálicas constituye la muerte real, definitiva, unívo-ca e inequívoca del ser humano", contra el texto expreso de la disposición encuestión, limitada "para los efectos" de dicha ley. En efecto, una cosa es estimarque es posible, atendidas las buenas razones que para ello existen, admitir la prác-tica de los trasplantes en las condiciones fijadas por la ley (que incluso puede ver-se como un supuesto de estado de necesidad especialmente regulado), y otra quede ello se derive un nuevo concepto de muerte de aplicación general. Por lo mis-mo, tampoco parece correcto el voto de minoría de ese fallo que estimó inconsti-tucional la norma en cuestión, por atentar contra la igualdad ante las leyes, puesla cuestión no está radicada en la existencia de ciertos derechos, sino en el casoexcepcional de su limitación por este particular estado de necesidad. 32 En contra de esta opinión, GARRIDO MONTT III, 30, afirma que esta situa-ción legislativa "no autorizaría la conclusión de que el legislador... se ha inclinadopor la opción de vida orgánica (físico-biológica), en contraposición a la de vida iden-tificada con la conciencia de la propia existencia y del mundo que nos rodea (vidasíquica)". Sin embargo, con esta afirmación no se responde a la clara delimitaciónque la ley hace del concepto de "muerte cerebral", dejando, en cambio, un peli-groso espacio para considerar como vidas no humanas las de quienes aún no hanformado esa conciencia, o que la han perdido por alguna enfermedad mental, etc. 31
22. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOpasivo de homicidio, por más que esa muerte sea la simple acele-ración de un proceso desencadenado e inevitable.33a.2.1. Excurso: la muerte para los efectos de la Ley sobre Trasplantes de ÓrganosConforme el art. 11 de la Ley NQ 19.451, se entenderá, para los efectosde la práctica de trasplantes, que se ha producido la muerte de un pa-ciente: a) "cuando se ha producido la cesación total e irreversible detodas las funciones encefálicas", y b) "exista certeza diagnóstica de lacausa del mal". Ambos supuestos deben acreditarse por medio de prue-bas clínicas y serán certificados (de manera unánime e inequívoca) porun equipo médico en que no participen los especialistas a cargo deltrasplante, y que al menos cuente con un neurólogo o neurocirujano. Además, la ley especifica que los exámenes clínicos mínimosque deben realizarse para certificar la cesación total e irreversiblede todas las funciones encefálicas de un paciente deben tender ala comprobación de los siguientes signos:34 a) Ningún movimiento voluntario observado durante una hora; b) Apnea luego de tres minutos de desconexión del ventilador; c) Ausencia de reflejos troncoencefálicos. b. La conducta homicidaEl art. 391 N s 2 contempla como tal únicamente el matar a otro, estoes, quitarle la vida, en la definición también parca de la Real Aca-demia Española. Nada se indica en el texto legal que limite los me-dios -salvo que por el medio utilizado sea aplicable alguna figuraespecial (como el homicidio calificado en caso del empleo de ve-neno, etc.)- o las formas de la conducta. Así, por una parte, es indiferente para la configuración del tipo pe-nal la utilización de medios físicos y morales, incluyendo a la propia vícti-ma, como sería en los supuestos de autoría mediata en que se induzca a 33 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 53. 34 El Reglamento de la Ley NQ 19.451, DS 656 (Salud) de 17.12.1996, especi-fica la naturaleza de los exámenes a practicar y las condiciones en que han dehacerse, para excluir toda circunstancia que pueda restarles validez (como hipo-termia e intoxicación con depresores), estableciendo requisitos adicionales en casode ser niños los pacientes cuya muerte se declara. 32
23. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASésta a un suicidio35 o a realizar un acto imprudente que conlleve un "ac-cidente" mortal con que el autor cuenta y controla.36 Más dudas hansuscitado el empleo de supercherías y otros artilugios destinados a cau-sar impresiones en personas especialmente sensibles a ellas, aunque ladoctrina dominante tiende a admitir dichos medios, siempre que el au-tor cuente con ellos y controle su producción y efectos, pues de otromodo la conducta se encontraría fuera de lo objetivamente imputable.37 Así también es plenamente admisible el homicidio por omisión,siempre que se cumplan los requisitos impuestos para esta clase dedelitos, a saber, producción y evitabilidad objetiva del resultado,posición de garante y su asunción, y equivalencia de la omisión conla acción típica, requisitos que por su carácter general a todo deli-to de omisión impropia han sido explicados detalladamente en laParte General de estas Lecciones, a donde remitimos al lector.38 c. El resultado: la muerte del ofendidoLa conducta homicida, cualesquiera que sean los medios empleados,no es tal, sino tentativa o frustración, en su caso, en tanto ella no pro- 35 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 241, quienes señalan los casos de "subor- dinación psicológica por razones sentimentales o por las perturbaciones psíqui- cas de la víctima", aclarando que "si bien la ley castiga el auxilio al suicidio y no la instigación al suicidio, es notorio que responderá como autor de homicidio el inductor-autor mediato". 36 Cfr. Lecciones PG, Capítulo 15, § 2, B, a. 1. La cuestión acerca del homicidio por vía indirecta, esto es, llevando a que otro sea el ejecutor de la muerte de lavíctima, debe también ser reconducida a la averiguación acerca de si estamos o no ante un supuesto de autoría mediata. 37 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 62. Luego, la importancia del conocimiento especial no puede, en esta clase de supuestos, ser dejada de lado para la imputa- ción (ver el estado actual de la discusión al respecto en la dogmática alemana en el Informe sobre las discusiones habidas entre los profesores Claus ROXIN, GünterJAKOBS, Bernd SHÜNEMANN, Wolfgang FRISCH y Nichael KÖHLER en el Seminario Sobre el estado de la teoría del delito, preparado por Jesús María SILVA SÁNCHEZ, pu- blicado en el texto homónimo, Madrid, 2000, pp. 183-189). 38 Lecciones PG, Capítulo 10, § 3, B. Ver allí también nuestros comentarios críti- cos a la reciente SCS 4.8.1998, en Revista de Derecho de la Universidad Finis Te-rrae. Año III. NQ 3 (1999), con comentario de Miguel SOTO Piñeiro. Además, encuanto a la posición de garante, la jurisprudencia ha declarado que ésta se asume,aunque tenga origen ilícito, en el caso de los doctores que practican un aborto ile-gal y dejan morir a la paciente sin prestarle socorro oportuno ni llevarla a un servi-cio de urgencia (SCA Santiago, 19.12.1988, en G/102, p. 68); y sobre el requisitode la equivalencia, puede verse el caso de la SCA Valdivia 24.7.1986 (ÄD/LXXXIII,243), donde se estimó como medio equivalente para la violación de la norma queprohibe matar, el omitir ligar el cordón umbilical de un recién nacido. 33
24. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOduzca la muerte del ofendido, esto es, la cesación total e irreversiblede sus funciones vitales (respiratorias y circulatorias), en la forma queantes hemos explicado. El problema de establecer esta relación de cau-salidad entre la conducta homicida y la cesación de la vida de otro esque, generalmente, ello no suele producirse instantáneamente.39 Conforme a la doctrina actualmente dominante, dicha vincu-lación debe realizarse siguiendo los parámetros de la llamada im-putación objetiva.40 Los casos problemáticos que frecuentemente secitan son los siguientes: e l . Imputación objetiva en el delito de homicidioc.1.1. Resultados extraordinarios (causas concomitantes o preexistentes)El que simplemente empuja o golpea levemente a otro, quien caeal suelo producto de su estado de embriaguez y muere días des-pués por el TEC que le causa la caída, causa esa muerte, pero sóloen el sentido de la conditio.41 Sin embargo, si aplicamos los criterios de la imputación objetiva,podemos señalar que, si bien la conducta del autor no estaba per-mitida, el riesgo que ella creó (de lesionar) no se materializó en elresultado, sino que lo hizo otro completamente extraordinario. Di-cho resultado, por su propio carácter de extraordinario e imprevi- m QUINTANO RlPOLLÉS, Tratado, 8 1 . 40 Cfr. Lecciones PG, Capítulo 9, § 3, A, b. No obstante, sí se quiere, todavía esposible recurrir a los tradicionales correctivos de la conditio, como la prohibición delregreso y la supresión mental acumulativa, como puede verse en GARRIDO MONTT III,40. No se utiliza aquí la denominación tradicional de homicidio concausal (LABATUT/ ZENTENO II, 161), por ser ya doctrina asentada su impropiedad (POLITOFF /BUSTOS / GRISOLIA, 63; GARRIDO MONTT III, 41) y llevar únicamente a la confu-sión del estudiante. 41 Este es el presupuesto de hecho de la SCS 27.1.1998 (FM 470, 2587).En un supuesto similar (en un arrebato de ira golpea a otro con una cucharade madera, golpe que deriva en un coágulo cerebral que causa la muerte delofendido, atendida su "debilidad capilar"), la SCA Santiago de 1964 (RDJLX1,244) resolvió la cuestión erróneamente de acuerdo a la preterintención (POLI-TOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 72; vid., además, Infra Capítulo 1, § 2, C, b. 3. Encambio, no es extraordinario el resultado mortal de una herida corto punzanteen el corazón del ofendido (SCS 11.6.1997, ÄD/XCIV), ni el de una heridaen la región abdominal, aunque el suceso derive en una peritonitis (SCS15.12.1952, fíD/XLIX, 314). 34
25. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA El. INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASsible, y por tanto fuera del control del autor (quien, por lo mismo,no puede quererlo ni evitarlo), no le es imputable objetivamente.42 Por lo mismo, tampoco es autora de un homicidio la amanteque da a su pareja una "pócima de amor" a base de productos ma-rinos -inútil para el propósito, pero al mismo tiempo inocua paracualquiera-, a la que el amado reacciona con un shock anafilácticoa causa de su alergia al yodo, lo que le provoca la muerte. En estecaso, la conducta de la mujer ni siquiera es prohibida por la ley, yaque el hecho corriente de hacer ingerir a otro un alimento es unriesgo permitido. No obstante, es más o menos evidente que habríamos de juz-gar de modo diferente la situación si, por ejemplo, la amante delcaso anterior conociese la alergia que padece su pareja -porqueha recibido una notificación al respecto que éste desconoce-, o elque rasguña tuviese noticia de la hemofilia de su víctima. En estoscasos, el saber especial del autor elimina el carácter extraordinariodel resultado y permite su imputación a título de homicidio, aun-que la acción no aparezca a simple vista como "matadora" ni re-presente, en términos generales, un "riesgo mortal".43e l . 2 . Intervención de terceros (y de la propia víctima)En el conocido caso de la ambulancia que, por correr precipitada-mente al hospital, termina incrustada en un poste, muriendo el pa-ciente herido a bala que transportaba; la intervención de suconductor excluye la imputación objetiva del resultado mortal aquien disparó: aunque la conducta realizada se encontrase prohi-bida y el riesgo puesto fuese ciertamente mortal, ese riesgo no se rea-lizó en el resultado, sino otro muy diferente. De antiguo, éste es el 42 Así, haciendo hincapié en la imprevisibilidad del resultado, falla el ejemplopropuesto la SCS 27.1.1998, en FM 470, p. 2587, aunque sin mencionar la teoríade la imputación objetiva, pero llegando a similar resultado. El acusado fue úni-camente condenado por lesiones simplemente graves del art. 397 Nu 2°. 43 Cfr. nota al pie Nu 37. La diferencia entre el conocimiento general y el sa-ber especial es lo que permite rechazar la observación de JIMÉNEZ DE AsÚA, Tratadode derecho penal, 3 á ed., t. III, Buenos Aires, 1962, pp. 449 ss., en orden a que unmedio destinado a causar una impresión a otro no es un medio homicida, puesla ley castigaría el "matar", no el simple "aterrorizar". Lo cierto es que a quien"aterroriza" por hacerle una broma no puede imputársele objetivamente la muertedel asustadizo, a menos que conozca precisamente esa calidad de la víctima y lautilice como medio para conseguir su objetivo criminal. 35
26. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOparecer de nuestra jurisprudencia respecto a los resultados morta-les derivados de errores en las intervenciones quirúrgicas, no vin-culados con las heridas que las provocan.44 Lo mismo vale para el supuesto, abordado por nuestra jurispru-dencia, de quien, encontrándose herido, rehusa voluntariamentela ayuda de sus agresores compañeros de juerga, y se deja desan-grar a la vera del camino. El riesgo producido por la herida, nonecesariamente mortal, fue llevado a ese grado por una actuaciónvoluntaria de la víctima (impedir la asistencia oportuna), no im-putable objetivamente a sus autores. 45e l . 3 . Resultado retardadoEs un hecho de la experiencia diaria que a la conducta homicida nole sigue necesariamente la muerte del ofendido y que ésta se puederetardar, a pesar de los esfuerzos infructuosos practicados por terceros. Pero si el riesgo no permitido puesto por la conducta del au-tor era el que se realizó en el resultado, el transcurso del tiempoentre esa puesta real en peligro y el resultado producido es irrele-vante: se ha cometido un único delito de homicidio. 46 B. CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN: EJERCICIO LEGÍTIMO DE UN DERECHO Y EUTANASIAAntes hemos dicho que la protección de la vida humana a travésdel delito de homicidio se extiende hasta el último aliento del pa-ciente, así se trate de un enfermo terminal o agonizante. Sin embargo, la reciente descriminalización de jure en los Paí-ses Bajos, seguida luego en Bélgica, de la eutanasia activa -cuando 44 POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, 64 s. 45 El supuesto corresponde a la SCS 1982 (RDJUiXlX, 18). En cambio, si laatención médica no se presta por decisión exclusiva del autor de las heridas, siendoéste el único que podía procurarla, la no intervención del tercero no le quita el ca-rácter homicida a la conducta del autor (SCS 26.3.1997, íM459, 153). 46 Así, SCS 1970 (ÄÖ/LXVTI, 129). En este caso, la muerte de la infortunadavíctima se produjo cinco días después de recibidas las heridas, por una peritoni-tis generalizada causada por dichas heridas. Se estimó homicidio, correctamentea nuestro juicio (Oo. ETCHEBERRY DPJ IV, 34), aunque mejores cuidados médicospudieron salvar a la víctima, ya que se estableció que "la herida de bala maliciosafue la causa o condición de la peritonitis". 36
27. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASse haya practicado en el marco de un tratamiento médico, respec-to de determinados casos y con determinadas exigencias- ha dadonuevo impulso a un complejo debate ético y jurídico que, con di-versos alcances, se mantiene desde hace ya casi tres siglos. Fue Francis Bacon, hombre de estado y filósofo inglés, en suestudio The Advancement ofLearning (1605) (al que dio forma defi-nitiva en su Augmentis Scientiarum, en 1623), quien, al referirse alestado del conocimiento en su época y sus principales defectos,empleó, por primera vez, el concepto de eutanasia (del griego: eu,bien, y tanatos, muerte): "El oficio de médico no consiste únicamen-te en restablecer la salud -escribía- sino también en aliviar los do-lores y sufrimientos que acompañan a las enfermedades, y ello notan sólo en cuanto este alivio del dolor... contribuye y conduce ala convalecencia, sino asimismo a fin de procurar al enfermo, cuan-do no haya más esperanza, una muerte dulce y apacible, porque estaeutanasia no es una parte menor de la felicidad. Aunque, con su noción de "buena muerte", Bacon seguramentesólo pensaba en hacer más llevadero el sufrimiento y "ayudar a los ago-nizantes a abandonar este mundo con más dulzura y facilidad", en elsiglo XIX se generalizó la atribución de un nuevo sentido y alcancepara el concepto de eutanasia, que es el que atañe a las cuestiones delámbito del derecho penal: el acto de apresurar el proceso de la muerte delque padece de una enfermedad incurable, mediante la aplicación o la omisiónde un tratamiento médico, con el propósito de ahorrar una muerte dolorosa alpaciente que reclama una muerte digna y sin sufrimiento.41 La pregunta acerca de si es admisible reconocer circunstanciasen que se pueda poner término a la vida de una persona a su ruegoy a quién podría atribuirse tal facultad ha sido materia de encendi-das controversias en la doctrina, de que no está ausente la especialcosmovisión de cada escritor, su credo religioso y su definición filosó-fica, por comprender asuntos tales como el derecho a la autodeter-minación, el destino del ser humano, el respeto de la vida como valor 47 Cabe señalar, de paso, que la palabra eutanasia, utilizada universalmentecon el sentido indicado, sigue siendo tabú en Alemania, a causa de las atrocida-des cometidas en el período nacionalsocialista (la orden de Hitler de dar muertea incapacitados mentales y físicos, considerados "vidas sin valor", que significó lamuerte de decenas de miles de inocentes, adultos y niños, exterminados en cá-maras de gas, en el marco de la así llamada "Operación Eutanasia"), por lo que seprefiere emplear, en su reemplazo, la expresión "ayuda a morir" (Sterbehilfe). 37
28. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOfundamental y el derecho a una muerte en condiciones de dignidad.A ello se agrega todavía la cuestión de política criminal: en qué me-dida corresponde al Estado, a través del legislador, imponer y hacercumplir una regulación penal sobre la materia.48 Por otra parte, el desarrollo de la medicina moderna y de losmedios técnicos para prolongar la vida ha llevado a plantear unasolución al delicado problema del tratamiento penal que ha de dar-se a las decisiones médicas relativas a la conexión y desconexiónde pacientes a dichos medios. Dos son, pues, los grupos de casos que debemos abordar sepa-radamente: aquellos en que la decisión médica se basa en la cons-tatación de la inexistencia de un tratamiento terapéutico adecuadopara salvar la vida del paciente, y aquellos donde lo principal es lavoluntad de éste de poner término a su vida, aunque existan posibili-dades de sobrevida. Y en ambas situaciones lo que está en cuestión esuna determinada forma de ejercer la medicina, esto es, se trata dedecidir en qué condiciones resulta legítimo el ejercicio de la profesiónmédica {lex artis) y no sobre la tipicidad del hecho. 49 a. El problema de las decisiones médicas respecto de los medios de sobrevida artificialEs generalmente admitido que, respecto de pacientes en estado ter-minal, "salvo expresa voluntad del afectado, o de quienes puedenmanifestarla por él", "no importa una obligación inherente al tra-tamiento médico" su conexión a medios artificiales de sobrevida,50 48 Que se trata, en efecto, de un asunto concerniente a la táctica política delEstado y no solamente relativo al problema moral del respeto a la vida, lo revela elhecho de que la pena de muerte (un asesinato disfrazado según se ha subrayadopor no pocos autores) ha sido cohonestada por escritores que, como WELZEL, pien-san que el condenado por el juez conforme a la ley, "por su propia responsabilidad seha hecho merecedor de la muerte" (GesetzmäßigeJudentötungen?, en NfW, XVII, 12, 523). 49 ETCHEBERRY III, 32. 50 GARRIDO MONTT, III, p. 30. El art. 23, inc, 4S del Código de Ética del Cole-gio Médico permite incluso "ante la comprobación de muerte cerebral", "suspen-der todo tratamiento terapéutico". Nótese que esta excepción no se vincula con lamuerte cerebral definida para la práctica de trasplantes (cfr. supra Capítulo 1, § 2,A, a. 2. 1.), sino únicamente con una limitación, conforme a la lex artis, de las obli-gaciones que asume, como garante, el médico tratante y que, por tanto, permitela justificación del término de un tratamiento ante un eventual proceso por homi-cidio en comisión por omisión. 38
29. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASpráctica que responde al mandato ético del art. 23 i n c 3 2 del Có-digo de Etica del Colegio Médico de Chile, según el cual "ante lainminencia de una muerte inevitable, es lícito que al médico, enconciencia, tome la decisión de no aplicar tratamientos que pro-curen únicamente una prolongación precaria y penosa de la exis-tencia". Con razón, se admite entre nosotros que aunque estadecisión -que responde a la idea de eutanasia pasiva- importe ladesconexión de los medios de mantenimiento artificial de la vida,no podrá castigarse al médico que la practica como homicida, en-tendemos aquí, por realizarse tales actos conforme a la lex artis.51 Del mismo modo, el inc. 2S del mencionado art. 23 del Códigode Etica del Colegio Médico de Chile estima conforme a la lex artis lallamada eutanasia indirecta, esto es, la aceleración de la muerte del pa-ciente a consecuencia de la administración de fármacos cuando nosiendo posible con un tratamiento terapéutico la curación del pade-cimiento, sí lo es al menos el de sus penosos y dolorosos efectos, dis-poniendo al efecto que "el médico procurará siempre aliviar elsufrimiento o el dolor del paciente, aunque con ello haya riesgo deabreviar la vida", posibilitando así al paciente el acceso, conforme alnuevo inc. I a del art. 23 del Código de Ética del Colegio Médico deChile, el "derecho" a una "muerte digna".52 51 ETCHEBERRY III, 40 s., GARRIDO MONTT III, 30, llegan a la misma conclu-sión, pero afirmando que faltaría la tipicidad del hecho, argumento que nosotrosrechazamos. Este consenso también existe en el derecho comparado, donde seafirma incluso no ya la licitud de la eutanasia pasiva, sino su obligatoriedad, cuandoel paciente se haya pronunciado claramente en el sentido de que no se prolon-gue su vida, si los sufrimientos son ineluctables y el deceso es previsible a cortotérmino. Así lo establece, por ejemplo, expresamente la antes citada ley danesa ylo ha declarado así el Tribunal Supremo alemán. Se proscribe, así, la obstinaciónencarnizada del médico por postergar lo más posible el momento de la muerte (p. ej., tratando eventuales complicaciones que sobrevengan o recurriendo a lacirugía) al precio de sufrimientos del paciente cuya agonía ha comenzado. La ad-misión de la renuncia al tratamiento en tales casos tiene su fundamento en el de-recho de autodeterminación de las personas, que se garantiza en la mayor parte delas Constituciones modernas y que se extiende (como lo ha reconocido el Tribu-nal Supremo alemán, en las sentencias referidas) también al paciente incapaz deexpresar su disenso, cuando puede inferirse su voluntad presunta. 52 Situación que ETCHEBERRY III, 40, considera plenamente justificada. En Dina-marca, la Ley sobre ejercicio de la profesión de médko dispone expresamente que "...el médi-co puede dar analgésicos, calmantes o productos análogos que sean necesarios paraaliviar al paciente, aunque tal acción pueda conducir a que se acelere el momento de la muerte.A falta de disposición legal, en otros países, la mayoría de los escritores y de los juecesllamados a pronunciarse en tales casos parecen dar preferencia a una muerte digna, 39
30. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENO Más delicada es la situación en que debe decidirse entre variaspersonas con posibilidades de sobrevida, quién de ellos ha de be-neficiarse con la momentánea ayuda de aparatos de sobrevivenciaartificial, siempre escasos ante situaciones de emergencia (piénse-se en catástrofes naturales o accidentes de tránsito masivos). Lacuestión debiera resolverse, a nuestro juicio, atendiendo a los cri-terios de proporcionalidad y subsidiariedad subyacentes en todaslas causales de justificación, de donde resulta que siempre ha depreferirse salvar una vida que ninguna, por lo que la decisión en-tre uno y otro paciente sólo es justificable cuando existe una prog-nosis rayana en la certeza acerca de las posibilidades de sobrevidadel beneficiado, y siempre que la utilización de ese escaso recursovital sea el único medio disponible para dicha sobrevida.53 b. El problema de la eutanasia activaDiferente es la situación en que no se trata de omitir un tratamientoen principio inútil o de aliviar los sufrimientos de un paciente enestado terminal, sino de abreviar la vida de quien, teniendo aúnamplias perspectivas de sobrevivencia, no puede, sin embargo, lle-var dicha sobrevivencia dignamente (se piense en el parapléjico ata-sin sufrimientos y conforme a la voluntad del paciente, por sobre la perspectiva de unaprolongación de la vida durante un corto período, al precio de atroces sufrimientos(aunque exista una opinión minoritaria que quiere atribuir un efecto de elevación mo-ral a la decisión de soportar el dolor en la fase postrera de la vida). Ésta es la granreforma que se ha operado en el Código de Etica del Colegio Médico de Chile de2004, donde, como se señala arriba en el texto, no sólo se reconoce el "derecho amorir dignamente" (art. 23 inc. I a ), sino también se ha eliminado del texto corres-pondiente a su anteriormente vigente art. 28 (cfr. la edición anterior de estas Lec-ciones PE, p. 35 s.), la necesidad, en casos de pronóstico de muerte inevitable, de no"interrumpir los medios mínimos habituales para mantener la vida", entendiendoque tales medios no son tratamientos "proporcionales a los resultados que se pue-da esperar de ellos", si sólo sirven como una "prolongación precaria y penosa de laexistencia" y no ofrecen verdaderas posibilidades de recuperación del paciente. 53 Tales criterios se reflejan, de cierta medida, en la disposición contenida enel inc. 1Q del art. 23 del Código de Etica del Colegio Médico de Chile, según elcual "los procedimientos diagnósticos y terapéuticos deben ser proporcionales alos resultados que se pueden esperar de ellos". Sobre los criterios de justificaciónen general, cfr., Lecciones PG, Capítulo 11. Cfr. también ETCHEBERRYIII, 29, quienllega a una solución similar. 40
31. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAS do a su camilla de por vida, o en el enfermo de un cáncer que le produce insufribles dolores y padecimientos en su tratamiento, aun- que su diagnóstico no sea el de una muerte segura, etc.). El tratamiento penal de quien, en tales circunstancias, ayuda acti-vamente a morir a otro a instancia de éste se previo en algunos códigosa fines del siglo XIX y en el curso del siglo XX, como una hipótesis atenuada o privilegiada de homicidio: así, el § 216 del Código alemán yel artículo 293 del Código holandés, en idénticos términos, castigancon una pena menor que la prevista para el homicidio al que da muer-te a otro "en razón de la petición expresa y seria de éste". El Códigoitaliano (art. 579) considera una forma atenuada de homicidio el he-cho del que "causa la muerte de una persona con su consentimien-to". Más restringido en su fundamento de "homicidio por piedad", elCódigo noruego fija una pena moderada, con un mínimo bajo, parala causación de la muerte de una persona que padece de una enfer-medad incurable "con el solo propósito de poner término a sus sufri-mientos". El Código español de 1995 requiere, para la aplicación deuna figura atenuada de homicidio, el propósito del hechor de ponerfin a los padecimientos de quien se halla en trance de muerte y la sú-plica en tal sentido de la víctima. El art. 143.4 castiga, en efecto, conuna pena "inferior en uno o dos grados" a las previstas en los otrosnúmeros de ese artículo (relativo a la inducción o el auxilio al suici-dio) al que "causare o cooperare activamente con actos necesarios ydirectos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívo-ca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad gra-ve que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera gravespadecimientos permanentes y difíciles de soportar". Sin embargo, al redactarse nuestro Código, y enfrentada la Co-misión Redactora ante el texto del Código Penal español que le ser-vía de modelo, fue el parecer de ésta suprimir la norma que regulabala muerte consentida (inc. 2S del art. 409 CP español de 1848-1850),con el argumento de que si alguien ayuda a morir a otro "hasta elpunto de ejecutar él mismo la muerte", tal hecho "indudablementeconstituye un verdadero homicidio y debe ser castigado como tal".54 54 Actas, Sesión 79, pp. 399 ss. Y así también la SCA Santiago 22.6.1979 (GJ26, 24), donde quien disparó a ruego del que murió fue condenado por homici-dio, con el argumento de que el ofendido "carecía legítimamente del derecho dedisponer de su propia vida", rechazando la solicitud de la defensa en orden a ca-lificar el hecho como auxilio al suicidio. 41
32. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENO Con todo, si bien las normas modernas sobre deontología médi-ca ponen el derecho de autodeterminación del paciente en primer plano y,como ya hemos visto, parecen coincidir en que pertenece al deberdel facultativo de ayudar a morir dignamente la posibilidad de reali-zar conductas u omisiones correspondientes a la eutanasia indirecta ya la eutanasia pasiva, existe un criterio predominante, expresado enlos sistemas legales de la mayoría de los países, en el sentido de man-tener la ilicitud penal de la eutanasia activa, es decir, la administracióndeliberada de substanciales letales con la intención de provocar la muer-te, a petición del enfermo que desea morir, por decisión del cuerpomédico. Mientras respecto de las dos primeras hipótesis puede ob-servarse una creciente aceptación social, existen marcadas diferenciasde opinión acerca de la existencia o no de un orden normativo (deorigen ético o religioso), fundado en una "imagen del hombre", queimpediría la legitimación de la acción de poner fin a la vida del pa-ciente en trance de muerte, accediendo a su petición. La ética médi-ca tradicional, cuyo origen está en el juramento de Hipócrates queprestan los médicos, negaría formalmente -se afirma- la posibilidadde dar a sabiendas "una droga mortal". A ello se suelen agregar con-sideraciones acerca de los posibles errores de diagnóstico que pudie-ran conducir a un abuso de la legislación permisiva. Del debatesubstancial en torno a esos conceptos no corresponde ocuparse aquí.Cabe señalar, sin embargo, que entre los abundantes partidarios delegitimar, en casos extremos, la eutanasia activa practicada por el mé-dico, a ruego del paciente, se conviene en que no todas las socieda-des estarían suficientemente maduras para aceptar tal liberalización. b.l. Excurso: La legalización de la eutanasia en los Países BajosCon la dictación de la "Ley sobre comprobación de la procedencia de darmuerte a ruego y de auxilio al suicidio y reforma del Código Penal yde la Ley sobre Inhumaciones", de 12 de abril del año 2001 (enadelante: WTL),55 se exime de responsabilidad penal al médico que, " Wet toetsing van levensbeéindiging op verzoek en hulp bij zelfdoding en wijziging vanhet Wetboek van Strafrecht en van de Wet op de lijkbezorging, Stb. 2001, 194. Por la rela-ción estrecha que existe entre la eutanasia activa y el suicidio asistido, el legisladorholandés optó por hacer aplicable la eximente de responsabilidad criminal tantorespecto del tipo delictivo del artículo 293 CP, relativo al homicidio a ruego de lavíctima, como del previsto en el artículo 294 CP sobre auxilio al suicidio. Por lo mis-mo, volveremos sobre esta cuestión al tratar más adelante el auxilio al suicidio, que 42
33. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDP/IDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASen el marco de su relación de tratamiento de un paciente, pone fin a lavida de éste o le presta ayuda para hacerlo por sí mismo, siempreque se cumplan determinadas exigencias de esmero en la comproba-ción de los criterios estrictos para su procedencia, previstos en la mis-ma ley, tanto en el sentido de que se trata de un enfermo sinesperanza de curación y que sufre de modo insoportable, cuantoen la existencia de un expreso y bien meditado deseo de morir.56 Según se lee en los materiales de la discusión parlamentaria delproyecto de ley, el punto de partida de la WTL no puede enten-derse como una simple aceptación del derecho de autodeterminaciónde las personas para decidir el término de su vida. Ello por dos ra-zones: "en primer término, rige la impunidad únicamente para elmédico que se someta a las normas y a la ética de su profesión yque se sujete, además, a los criterios estrictos establecidos para quesea imposible que se ponga fin a la vida del paciente sin una solici-tud voluntaria y bien meditada de éste. En segundo lugar, la regu-lación legal no establece en caso alguno el deber de colaborar a lamuerte deseada. De manera que, no puede hablarse de un dere-cho a imponer la voluntad de morir".57 Es notorio que la nueva legislación en los Países Bajos (imita-da luego en Bélgica) vino a superar una importante fricción en-en nuestro Código se sanciona de manera especial en su art. 393 (v. Capítulo 4, § 2).Por el momento, baste señalar que ha sido por esta vía donde algunos Estados, aunrechazando la eutanasia activa, han admitido excepciones al castigo penal de quiencolabora en la muerte digna de quien no desea más vivir. 5,1 Con arreglo a la WTL, la eximente aplicable exige que concurran los re-quisitos previstos en el artículo 2 de esa Ley y que, en conformidad al artículo 7de la Ley sobre Inhumaciones, se haga la comunicación respectiva al médico fo-rense de la comuna. Cada una de las exigencias de esmero, del artículo 2 de laWTL, son "la expresión legal de los criterios que había desarrollado la jurispru-dencia para concluir en la impunidad" (J. R. Blad y P. C. Borgert, Beschikbaarste-lling van zelfdodingsmiddekn, DD 32 (2002), 5, p. 449). Tales requisitos consisten,en síntesis, en que el médico haya logrado el convencimiento de que se tratabade una petición libre y bien meditada, que existía un sufrimiento insoportable ysin esperanzas del paciente, que el médico haya informado al paciente acerca dela situación en que se hallaba y sus perspectivas, que médico y paciente hayan lle-gado a la conclusión, en conjunto, que en la situación en que el paciente se en-contraba no había razonablemente otra solución que ofrecer, que el médicohubiera consultado a lo menos a otro médico independiente que haya visto alpaciente y dado su opinión por escrito y, por último, que la acción de dar muer-te o de auxilio al suicidio se haya ejecutado con el debido cuidado médico. 57 Kammerstukken II, 1999-2000, 26.691, N s 6, p. 17. 43
34. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOtre la opinión dominante en la sociedad holandesa acerca de laeutanasia (expresada en las numerosas encuestas de opinión, co-misiones de estudio, criterios asumidos mayoritariamente por lospartidos políticos) y las disposiciones vigentes en el Código Pe-nal. Tal punto de vista dominante se podía inferir asimismo deuna jurisprudencia constante que, en los casos extremos a queahora se refiere la WTL, reconocía la eximente de estado de necesi-dad o daba lugar al sobreseimiento en virtud del principio de opor-tunidad, previsto en el Código de Procedimiento Penal, si aparecíaque el médico había procedido con el requerido esmero y en con-formidad a su lex artis.5H El derecho holandés sobre la eutanasia, al igual que cualquierasunto de un sistema legal extranjero, es inseparable de las ideas ycriterios predominantes en la respectiva sociedad acerca de los lí-mites de la responsabilidad del Estado en la tutela de los derechosde sus ciudadanos. Sin embargo, sus criterios no pueden conside-rarse sólo en el marco de otra cultura social y jurídica, sino comouno de los diversos paradigmas que el derecho de nuestro tiempoofrece para las opciones que las graves preguntas éticas en torno ala muerte a ruego plantea para el sistema penal. Pero la respuestano puede ser ya, como lo demuestra la intensa discusión en el de-recho comparado, la sola negación del problema. 59 58 Desde 1996 estaba ya vigente una reglamentación aprobada por el Parla-mento relativa a las inhumaciones, que permitía al Ministerio Público sobreseerlas causas por homicidio o auxilio al suicidio, si se trataba de interrupción de lavida realizada a petición del enfermo, a condición que la correspondiente comi-sión regional, integrada por un médico, un jurista y un especialista en cuestioneséticas, concluía que el médico que tomó la decisión había actuado con el necesa-rio rigor. Para ello la comisión debía comprobar que: a) el paciente había formu-lado su petición libremente, de manera madura y reflexiva; b) los sufrimientosdel paciente eran insoportables y sin perspectivas de mejoramiento, según el con-cepto médico predominante en ese momento; c) el médico había consultado alo menos a otro médico independiente; y d) la interrupción de la vida se habíapracticado con todo el rigor médico requerido. 59 Incluso en Alemania, con sus limitaciones históricas (vid. nota 47), el temaes ahora materia de discusión académica, como puede verse en el texto de ClausROXIN, "Zur Strafrechtlichen Beurteilung des Sterbenilfe", en Rev. Electrónica deCiencia Penal, Criminología, N s 1 (1999), 01-10. 44
35. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDPVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICAS C. CULPABILIDAD EN EL HOMICIDIO Como señala acertadamente GARRIDO MONTT, hoy en día, salvo la determinación del contenido del dolo homicida, las restantes cues- tiones relativas al mismo (si se admite o no el dolo eventual), la cul- pa, la preterintención y el error de tipo no ofrecen "particulares alternativas en materia de homicidio", atendido su desarrollo y ex- plicación en los estudios de parte general, a los que nos remitimos.60 Sin embargo, al igual que con los problemas de imputación ob-jetiva, abordaremos aquí resumidamente, junto al problema del contenido del dolo homicida, las principales cuestiones que sue- len presentarse en los textos de estudio sobre esta materia. a. El contenido del dolo homicidaLa discusión acerca del contenido del dolo homicida fue introdu-cida entre nosotros por un famoso artículo del profesor EduardoNOVOA M., quien sostuviera en aquella oportunidad que la ley chi-lena no exigía un dolo de matar o animus necandi, sino sólo bastabacon la intención genérica e indeterminada de herir, golpear o mal-tratar, atribuyéndose a esa intención todos los resultados de talesactos, previstos e imprevistos.61 Las fundadas críticas a esta postura,que elimina de raíz la diferencia entre homicidio y lesiones a nivelsubjetivo, transformando a todas estas figuras prácticamente en de-litos calificados por el resultado, llevaron al propio NOVOA a rectificar-la,62 a pesar de su éxito en la jurisprudencia de nuestros tribunales.63 No obstante, la discusión a este respecto puede considerarse decarácter histórico, atendida la unánime postura actual de los auto-res y el reconocimiento por parte de nuestra jurisprudencia de las 60 GARRIDO MONTT, III, 43. Otra era la opinión que se sostenía todavía enPOLITOFF / BUSTOS / GRISOLIA, 70. Sobre las respuestas generales a las preguntasplanteadas, cfr. Lecciones PG, Capítulo 12. 61 Eduardo NOVOA, "El delito de homicidio y la intención de matar", en RCPVIII, 183 ss. 62 NOVOA I, 555. 63 Tanto las críticas a estas consecuencias del planteamiento de NOVOA, asícomo la abundante jurisprudencia que lo adoptó, a pesar de las críticas, puedenverse en POLITOFF / BUSTOS / GRISOLÍA, pp. 70-71. 45
36. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOcategorías dogmáticas de dolo directo y dolo eventual.™ De este modo,por una parte, al admitirse que también actúa dolosamente (con doloeventual) quien se representa el resultado mortal, pero realiza su con-ducta con indeferencia hacia su producción, 65 aparece como inne-cesaria la apreciación de un supuesto dolo específico de matar (animusnecandi) f6 y por otra, se excluye la noción de dolo genérico, pues antela prueba de que el resultado mortal no era siquiera representable,no cabe atribuir al autor dolo eventual y mucho menos directo. Del mismo modo, la existencia del dolo homicida sin la exigen-cia de un animus específico, permite entender que en él se puedancomprender tanto el resultado lesivo para la vida como las lesio-nes, heridas y daños en general a la salud que, como consecuencianecesaria de la conducta homicida, podrían sobrevenir.67 b. El error en el homicidio b.l. Error en el curso causal. El problema del dolo de WeberAunque es claro y admitido que un error inesencial en el curso cau-sal no excluye la punibilidad a título de homicidio, la discusión en-tre nosotros persiste en torno a qué ha de entenderse por inesencial 64 Por los autores, cfr. GARRIDO MONTT III, 43, ETCHEBERRY III, 45, POLITOFF/ BUSTOS / GRISOLÍA, 72. Por la jurisprudencia, admitiendo la categoría de dolodirecto, la SCA San Miguel 3.6.1992 (fíD/LXXXIX, 156); y en cuanto al dolo even-tual, ya se admitía en la SCA Santiago 20.4.1970 (RDJ XXIX, 75), donde se consi-deró doloso el actuar de quien empuja a otro (ebrio y al borde de un río caudalosocomo el Maipo), por haber aceptado un resultado que se representó como posi-ble, y ahora también en la SCA Santiago 1998 (G/222, 157), en la que la pruebade que se hiere reiteradamente el cuerpo de la víctima sin discriminar "donde seasesta el golpe, ni la profundidad de la lesión que se ocasiona", pareció suficien-te al tribunal para apreciar el dolo eventual. 65 SCS 21.4.1998 (G/214, 126). 66 Exigido por alguna jurisprudencia antigua para excluir de este delito re-sultados extraordinarios, como en el supuesto de quien lanza una pequeña silla deniño a su pareja en una disputa conyugal, a causa de lo cual ésta fallece por trau-matismo encéfalo craneano (SCA Santiago 9.9.1963, RDJUÍ, 412). Asimilándoloal dolo directo, en LABATUT / ZENTENO II, 160 parece admitirse el animus necandi,aunque sólo sea para diferenciar el homicidio doloso del preterintencional. 67 Comprensión que se refleja en el tratamiento del problema del concursoentre homicidio frustrado y lesiones, corno veremos más adelante, Capítulo 1,§ 2 , D, a. 1. 46
37. PRIMERA PARTE: DELITOS CONTRA EL INDIVIDUO EN SUS CONDICIONES FÍSICASo irrelevante para estos efectos, particularmente en el supuesto delllamado dolo de Weber, esto es, de la realización d e u n acto poste-rior a la conducta homicida, g e n e r a l m e n t e de ocultamiento de lamisma, en la creencia de h a b e r d a d o m u e r t e a la víctima, la que sólofallece p r o d u c t o de ese acto de encubrimiento. 6 8 GARRIDO M O N T T afirma q u e en tales casos d e b e distinguirseentre el supuesto en el cual "el sujeto desde el principio de la co-misión del delito p r e t e n d e realizar la segunda actividad" (que de-nomina dolus generalis), de aquel en que esta segunda conducta sóloes decidida u n a vez realizada la primera objetivamente fallida, p e r oq u e e r r ó n e a m e n t e se cree consumada, admitiendo sólo en este úl-timo caso la solución consistente en juzgar cada h e c h o conformea su propia subjetividad (homicidio doloso frustrado en concurso real conhomicidio culposo consumado); en tanto que, para el caso de dolus ge-neralis, habría q u e admitir u n error n o esencial en el curso causal,pues "el dolo i n h e r e n t e a la actividad delictiva c o m p r e n d e o abar-ca el acto posterior que provoca la muerte". 6 9 Sin embargo, esta solución parece estar basada en la idea deu n dolo antecedens atribuible a todo evento al autor, lo que n o nosresulta convincente, pues la segunda conducta, si realmente es u nh e c h o i n d e p e n d i e n t e de la primera, h a de juzgarse p o r sí misma yn o p o r lo que sería u n deseo anterior. De nuevo la cuestión debiera resolverse n o p o r la vía de admi-tir u n dudoso dolus generalis, sino p o r la del dolo eventual, c u a n d ocorresponda: quien, como p o d r í a ser en la mayor parte de los ca-sos prácticos, se representa la posibilidad de la sobrevivencia de suvíctima y decide enterrarla de todos modos, r e s p o n d e r á por el ho-micidio doloso c o n s u m a d o y n o p o r u n h e c h o culposo. 7 0 Pero si 68 Lecciones PG, Capítulo 12, § 2, A, b. 2. 69 GARRIDO MONTT III, 45. 70 Nuestra jurisprudencia ha tenido oportunidad de ocuparse de un caso si-milar: un sujeto hiere con un arma punzante a otro y lanza su cuerpo agonizantea un canal, con la ayuda de unos compinches. Puesto que el informe tanatológi-co reveló que las heridas producidas por el arma punzante eran mortales de ne-cesidad, la Corte de Apelaciones de Santiago no admitió que el segundo acto fueradiferenciable del primero, y condenó a su autor por homicidio. Sin embargo, alos compinches que le ayudaron a lanzar al canal el cuerpo todavía con vida de lainfortunada víctima, los castigó únicamente por encubrimiento, ya que la creíanmuerta (SCA Santiago 8.9.1997, GJ 207, 139). La solución parece correcta, si seadmite que, en verdad, el primer acto no había fracasado, sino simplemente se 47
38. LECCIONES DE DERECHO PENAL CHILENOnada indica en la causa la presencia de un dolo eventual, la solu-ción debiera ser el juzgamiento del hecho secundario separadamen-te del primero. b.2. El error en la persona: el objecto y la aberratio ictusConforme se señaló en la Parte General de estas Lecciones, noso-tros entendemos que el texto del inc. 3 a del art. I a del CP -que im-pone la pena del delito que se comete "aunque el mal recaiga enuna persona distinta de la que se propuso ofender"-, hace referen-cia únicamente a la identidad de la víctima del delito, y no a los ca-sos de aberratio ictus o error en el golpe.11 No obstante, parte importante de nuestra doctrina y la jurispru-dencia mayoritaria estiman que, "atendido el tenor del texto y lafinalidad que subyace en él", ha de comprenderse en él tanto elerror en la identidad de la persona como el error en el golpe, conside-rando éste como un simple error accidental.12 A nuestro juicio, de nuevo la cuestión ha de resolverse recu-rriendo a la distinción entre la culpa consciente y el dolo eventual,esto es, al hecho de si el autor, representándose el resultado mor-tal en una persona diferente de la que se propone ofender, ha ac-tualizado en su conducta su intención de no herirla o, por elcontrario, ha actuado respecto de este resultado de manera indife-rente. Así, si se dispara con precisión un arma de fuego y el disparose desvía materialmente por una causa completamente fuera decontrol del agente (la interposición de la propia víctima, por ejem-plo), la muerte de quien no era el destinatario del disparo a lo máspuede atribuirse a culpa del agente. Pero si con un arma de repe-había retardado su efecto (la muerte de la víctima), de donde el lanzarla al agua(y en realidad cualquier acto sobre su cuerpo), sería irrelevante para alterar elcurso causal desencadenado por la conducta homicida inicial. 71 Lecciones PG, Capítulo 12, § 2, A, b. 1. 72 La cita textual es de GARRIDO MONTT III, 46. Una abundante jurispruden-cia en este mismo sentido puede verse en ETCHEBERRY DPJ IV, 311 ss., y en la másreciente SCA Pedro Aguirre Cerda, 19.11.1986 (G/77, 48). En este caso, el dispa-ro con un arma de fuego fue desviado materialmente de su curso, por lo que im-pactó en una persona distinta de la que iba dirigido. 48
Alfredo Etcheberry - Derecho Penal - Tomo IV - 3a Ed Parte Especial (1997)