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Timestamp: 2020-07-02 16:44:08
Document Index: 169080799

Matched Legal Cases: ['in dubio', 'in dubio', 'in dubio', 'in dubio', 'in dubio', 'in dubio', 'in dubio', 'in dubio']

STS 6/2010, 27 de Enero de 2010 - Jurisprudencia - VLEX 215181883
STS 6/2010, 27 de Enero de 2010
Número de Recurso: 10431/2009
Número de Resolución: 6/2010
Sentencia citada en: 797 sentencias, 6 artículos doctrinales, una resolución administrativa
En los recursos de casación por quebrantamiento de forma, e infracción de Ley que ante Nos penden, interpuestos por Abelardo y Cornelio, contra sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Sección Quinta, que condenó a los acusados, por un delito contra la salud pública ; los componentes de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que al margen se expresan se han constituido para la deliberación y Fallo, bajo la Presidencia del Primero de los indicados y Ponencia del Excmo. Sr. D. Juan Ramon Berdugo Gomez de la Torre, siendo también parte el Ministerio Fiscal y estando dichos recurrentes representados por los Procuradores Sres. Fernández Rosa y Cobo Picazo respectivamente.
El Juzgado de Instrucción número 2 de Santa Cruz de Tenerife, instruyó Sumario con el
número 7 de 2007, contra Abelardo y Cornelio, y una vez concluso lo remitió a la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, cuya Sección Quinta, con fecha 19 de diciembre de 2.008, dictó sentencia, que contiene los siguientes:
El día 25 de julio de 2007, el procesado Cornelio, nacido en el año 1951 y sin antecedentes penales, arribó al puerto de Santa Cruz de Tenerife a bordo de un buque procedente de Agaete, en Gran Canaria. En la terminal de pasajeros, una patrulla policial procedió a identificarle y a registrar su equipaje, encontrando en el interior de un doble fondo de su maleta un paquete que contenía 2516,8 gramos de cocaína, sustancia que analizada en el departamento de sanidad dio un resultado del 32,7% con 822,9936 gramos de cocaína pura, con un porcentaje de variación sobre este coeficiente de riqueza media de un 5% de más o de menos.
En el momento de su detención Cornelio, llevaba encima 360 euros en efectivo, así como un teléfono móvil de marca Sagem, desde el cual recibía instrucciones sobre la entrega de la droga y se comunicaba a estos fines con el también procesado Abelardo, nacido en Camerún en 1976, persona que en la ciudad de Albacete había entregado al primero de los acusados la maleta con la droga y le había encargado que la transportara a Tenerife.
La droga fue valorada en bruto, en el momento inicial de las actuaciones policiales, en un precio de 178.901 euros.
Como autores de un delito contra la salud pública, ya definido, sin apreciar circunstancias modificativas de la responsabilidad, condenamos a Cornelio y a Abelardo a la pena de siete años de prisión, accesoria de inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena y al pago de las costas del juicio.
Para el cumplimiento de la pena principal, procede abonarles el tiempo en que por esta causa hayan estados privados de libertad.
Se decreta el comiso de la maleta y del teléfono móvil intervenido, a disposición del Fondo Especial previsto en la Ley 17/2003 .
Recábese del Instructor la Pieza de Responsabilidad Civil y conclúyase conforme a derecho.
Notificada la sentencia a las partes, se prepararon recursos de casación por quebrantamiento de forma e infracción de Ley, por Abelardo y Cornelio, que se tuvieron por anunciados, remitiéndose a esta Sala Segunda del Tribunal Supremo las certificaciones necesarias para su substanciación y resolución, formándose el correspondiente rollo y formalizándose los recursos.
Recurso interpuesto por Cornelio
Al amparo del art. 852 LECrim . se invoca vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva con indefension.
Al amparo del art. 849.1 LECrim . se invoca infracción de Ley por indebida inaplicación del art. 21.6 CP . en relación con el art. 24.4 y 5 y 66 CP .
Al amparo del art. 849.2 LECrim . se invoca error de hecho en la apreciación de la prueba designándose como referencia documental el informe forense.
Al amparo del art. 849.1 LECrim . se invoca la indebida inaplicación de los arts. 20.1, 21.1 y 2 así como el art. 66.2 CP .
Al amparo del art. 54. LOPJ . se invoca vulneración del art. 24.2 CE .
Al amparo del art. 849.1 LECrim . se invoca la indebida aplicación del art. 388 CP .
Al amparo del art. 849.2 LECrim . se invoca la existencia de error de hecho sobre la base de determinadas diligencias de investigación.
Hecho el señalamiento se celebró la deliberación prevenida el día trece de enero de dos mil diez.
FUNDAMENTOS DE DERECHO RECURSO INTERPUESTO POR Cornelio
El motivo primero se articula por infracción de Ley, al amparo del art. 849.2 LECrim., al entender que existe error de hecho en la apreciación de la prueba, que se evidencia por el oficio del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de 29.7.2008 y que determina una rotura en la cadena de custodia de la sustancia intervenida, debe ser analizado conjuntamente con el motivo segundo por el cauce del art. 852 LECrim, por vulneración de precepto constitucional, al amparo de lo dispuesto en el art. 5.4 LOPJ . al haberse infringido los derechos constitucionales previstos en el art. 29.1 y 2 CE . a la tutela judicial efectiva sin indefensión, derecho de defensa, proceso con todas las garantías y presunción de inocencia, por cuanto la Sala de instancia basa su condena en prueba de cargo inválida como consecuencia de la ruptura de la cadena de custodia de la sustancia habida.
Con arreglo al motivo por error en la apreciación de la prueba, como se afirma en las SSTS.
30.9.2005, 8.6.2006, 19.6.2007, 13.2.2008, 24.6.2009, solo se pueden combatir los errores fácticos y no los errores jurídicos que se entiendan cometidos por la sentencia en la interpretación de los hechos.
Por ello, el ámbito de aplicación del motivo de casación previsto en el art. 849.2 LECrim . se circunscribe al error cometido por el Tribunal sentenciador al establecer los datos fácticos que se recogen en la declaración de hechos probados, incluyendo en la narración histórica elementos fácticos no acaecidos, omitiendo otros de la misma naturaleza pro sí hubieran tenido lugar o describiendo sucesos de manera diferente a como realmente se produjeron.
En todo caso, el error a que atiende este motivo de casación se predica sobre aspectos o extremos de naturaleza fáctica, nunca respecto a los pronunciamientos de orden jurídico que son la materia propia del motivo que por "error iuris" se contempla en el primer apartado del precepto procesal, art. 849.2 LECrim . y siempre que tal error sobre un extremo fáctico sea grave y con relevancia causal respecto del fallo y quede evidenciado en algún documento o documentos genuinos, obrantes en autos y no contradichos por otras pruebas de la causa (SSTS. 1662/2003 de 5.12, 728/2001 de 3.5 ).
Respecto a la presunción de inocencia, como venimos afirmando -por todas como la más reciente STS. 1328/2009 de 30.12, se configura, en tanto regla de juicio y desde la perspectiva constitucional, como el derecho a no ser condenado sin pruebas de cargo válidas, lo que implica que exista una mínima actividad probatoria, realizada con las garantías necesarias, referida a todos los elementos esenciales del delito y la participación del acusado en ellos. De modo que, como declara la STC. 189/98 de 28.9 «sólo cabrá constatar la vulneración del derecho a la presunción de inocencia cuando no haya pruebas de cargo válidas, es decir, cuando los órganos judiciales hayan valorado una actividad probatoria lesiva de otros derechos fundamentales o carente de garantías, o cuando no se motive el resultado de dicha valoración, o, finalmente, cuando por ilógico o insuficiente no sea razonable el iter discursivo que conduce de la prueba al hecho probado>>.
Asimismo, se debe diferenciar, a efectos del art. 11.1 LOPJ . un concepto de prueba ilícita referido exclusivamente a la que es obtenida violentando derechos y libertades fundamentales, y otra suerte de ilicitud probatoria simplemente ordinaria, que se ha dado en llamar prueba irregular, cuyos efectos no podrían ser parejos a la anterior por mor del derecho fundamental a la prueba (art. 24.2 CE ).
La diferencia entre la prueba ilícita y la prueba irregular, por tanto, habrá de advertirse en un segundo grado, en relación con las pruebas relacionadas con ellas, ya que para las derivadas de las pruebas ilícitas se impone asimismo la ineficacia, en los supuestos que se dé la conexión de antijuricidad, mientras que para las derivadas de las simplemente irregulares no se produce tal radical consecuencia, en base a los dispuesto en el art. 242 LOPJ . (SSTS. 22.4.99, 23.6.99 ) y nada obsta a que la convicción se obtenga por otros acreditamientos en la materia.
En el caso presente la parte recurrente deriva el error en la apreciación de la prueba y la ruptura de la cadena de custodia, con la consiguiente invalidez del primer análisis de la sustancia intervenida obrante a los folios 171 y ss. en fecha 3.10.2007, del oficio de la Delegación de Canarias del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de 29.7.2008.
Ahora bien dicho oficio lo que dice es que con fecha 17.8.2007, del expediente de Laboratorio número NUM001 de las Dependencias de Sanidad de la Subdelegación de Gobierno de Santa Cruz de Tenerife, le fueron remitidas muestras para la determinación cualitativa y grado de pureza de las sustancias analizadas, razón por la cual se procedió a la apertura del expediente 2145/2007 (J2145) de dicho Centro, pero que en las muestras se apreció un problema en su preparación y, por ello, fueron devueltas a la citada Dependencia de Sanidad, quedando el Centro a la espera de recibir nuevas muestras de dicho caso.
Del anterior oficio no cabe inferir la ruptura de la cadena custodia denunciada.
Hemos dicho en sentencias Tribunal Supremo 187/2009 de 3.3 y 326/2009 de 24.3 que la premisa de la que parte el recurrente - implícita pero evidente- que no puede admitirse, es que, en principio, hay que presumir que las actuaciones judiciales y policiales son ilegítimas e irregulares, vulneradoras de derechos fundamentales, mientras no conste lo contrario. Ello supondría la paradoja de que mientras que tratándose de los acusados ha de presumirse siempre su inocencia, en tanto no se prueba su culpabilidad (art. 24.2 CE ), a los Jueces y Tribunales, en el mismo marco procesal, ha de presumírseles una actuación contraria a la Constitución y a las Leyes, en tanto no se prueba que han actuado conforme a Derecho. Frente a tal premisa, hemos de afirmar que ni el derecho a la presunción de inocencia, ni el principio "in dubio pro reo", que siempre deben proteger a los acusados, pueden llegar a significar que salvo que se acredita lo contrario, las actuaciones de las autoridades son, en principio, ilícitas e ilegitimas. El principio de presunción de inocencia no puede extender su eficacia hasta esos absurdos extremos.
En efecto en relación a la cadena de custodia el problema que plantea -hemos dicho en STS. 1190/2009 - es garantizar que desde que se recogen los vestigios relacionados con el delito hasta que llegan a concretarse como pruebas en el momento del juicio, aquello sobre lo que recaerá la inmediación, publicidad y contradicción de las partes y el juicio de los juzgadores es lo mismo. Es a través de la cadena de custodia como se satisface la garantía de la "mismidad" de la prueba. Se ha dicho por la doctrina que la cadena de custodia es una figura tomada de la realidad a la que tiñe de valor jurídico con el fin de en su caso, identificar el objeto intervenido, pues al tener que pasar por distintos lugares para que se verifiquen los correspondientes exámenes, es necesario tener la seguridad de lo que se traslada y analiza es lo mismo en todo momento, desde el momento en que se interviene hasta el momento final que se estudia y analiza, y, en su caso, se destruye.
Pues bien en el repetido oficio de 29.7.2008, también se hace constar que el Director de la Delegación del Instituto Nacional de Toxicología se puso en contacto con la Jefe de la Dependencia de Sanidad quien le informó que no se envió nuevamente muestras del expediente NUM001 y que el informe fue emitido por la citada Dependencia al Juzgado de Instrucción nº 7 de Santa Cruz de Tenerife, por lo que la Delegación no había tenido, por ello, participación en ninguna de las fases previas de la sustancia intervenida.
Siendo así en relación al primer análisis realizado por la Dependencia de Sanidad de la Subdelegación del Gobierno el 3.10.2007, consta que la sustancia que fue intervenida por la policía el
25.7.2007, fue remitida para su custodia, análisis y pesado definitivo a dicha Dependencia, siendo recibida con fecha 30.7.2007, ver diligencias folios 11 y 59 y documento folios 60 y 173 "Datos relativos a la toma de muestras en el que cónstale recibí de la Unidad aprehensora firmado por el policía con carnet número NUM000, y el recibí Administración Sanitaria firmado por Eduardo, en relación a la entrega de un paquete forrado con cinta gris de presunta cocaína, con peso bruto de 2657,2 gramos y peso neto 2516,8 gramos, número expediente laboratorio NUM001 .
La cadena de custodia, por tanto, no se quebró. El objeto custodiado estuvo al cuidado de un organismo que responde por él. En este caso desde la ocupación de la sustancia por la Policía, siendo trasladada y entregada a la Dependencia de Sanidad por el funcionario policial antes referido.
La sustancia estuvo siempre custodiada y bajo la vigilancia y responsabilidad de un organismo administrativo, por lo que no cabe cuestionar (sin más pruebas que la simple afirmación) que no ha hecho lo correcto. El pesaje -2516,8 gramos peso neto- y análisis (cocaína base con riqueza 32,7% con coeficiente de variación sobre % a riqueza media _+ 5%) se realizaron sobre las sustancias efectivamente aprehendidas al recurrente.
Asimismo que la sustancia permaneció en dichas Dependencias de Sanidad de la Subdelegación del Gobierno se deduce del oficio enviado por la Audiencia Provincial al Jefe de dicho Organismo 17.7.2008 para la practica del contra análisis solicitado por la defensa, en el que se acuerda, con referencia al expediente NUM001, que se proceda a la correspondiente custodia y traslado de dos muestras al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses y verificada la analítica se retornen a la referida Dependencia.
Segundo análisis en el que la cadena de custodia fue respetada de forma escrupulosa, tal como se infiere del Informe del Instituto de 6.10.2008, dictamen 2145/07, en el que se hace constar que con fecha
26.9.2008 se hace entrega por parte de la Jefa Sección de Inspección Farmacéutica y Control de Drogas de la Dependencia de Sanidad a la Subdelegación de Gobierno, de una muestra pulverulenta de 2,60 gramos del expediente laboratorio NUM001, realizándose el análisis sobre una muestra alícuota de 1 gramo, dando una pureza de cocaína de 38,55% con un coeficiente variación inferior al 5%.
El motivo tercero se articula en base al art. 849.1 LECrim . por infracción de Ley por indebida inaplicación del art. 21.6 CP . en relación con los arts. 21.4 y 5 del mismo Texto Legal, es decir, por la falta de observación de que concurre la atenuante simple de colaboración, y del art. 66 CP .
Se argumenta que el Tribunal "a quo" niega la efectividad atenuatoria a la colaboración del recurrente, pero fundamenta la condena del otro participe Abelardo, precisamente y de forma única en la declaración de coimputado del recurrente, respecto de la cual se afirma que cumple con todos los requisitos y exigencias jurisprudenciales.
En relación a la atenuante de confesión del art. 21.4 CP . la jurisprudencia de esta Sala, manifestada, entre otras, en sentencias 1238/2009 de 11.12, 25/2008 de 29.1, 544/2007 de 21.6, 1071/2006 de 9.11, con cita de las de 2.4.2003, 7.6.2002, 19.10.2000, 15.3.2000, 3.10.98 ha puesto de relieve que la razón, la atenuante no estriba en el factor subjetivo de pesar y contrición, sino en el dato objetivo de la realización de actos de colaboración a la investigación del delito. Se destaca como elemento integrante de la atenuante, el cronológico, consistente en que el reconocimiento de los hechos se verifique antes de que el inculpado conozca que es investigado procesal o judicialmente por los mismos. En el concepto de procedimiento judicial se incluye la actuación policial (SSTS. 21.3.97 y 22.6.2001 ), que no basta con que se haya abierto, como se decía en la regulación anterior, para impedir el efecto atenuatorio a la confesión, sino que la misma tendrá la virtualidad si aún no se había dirigido el procedimiento contra el culpable, lo que ha de entenderse en el sentido de que su identidad aún no se conociera. La razón de ser del requisito es que la confesión prestada, cuando ya la Autoridad conoce el delito y la intervención en el mismo del inculpado, carece de valor auxiliar a la investigación. Otro requisito de la atenuante es el de la veracidad sustancial de las manifestaciones del confesante, sólo puede verse favorecido con la atenuante la declaración sincera, ajustada a la realidad, sin desfiguraciones o falacias que perturben la investigación, rechazándose la atenuante cuando se ofrece una versión distinta de la luego comprobada y reflejada en el "factum", introduciendo elementos distorsionantes de lo realmente acaecido (SSTS. 22.1.97, 31.1.2001 ). Tal exigencia de veracidad en nada contradice los derechos constitucionales "a no declarar contra si mismo" y "a no confesarse culpable" puesto que ligar un efecto beneficioso o la confesión voluntariamente prestada, no es privar del derecho fundamental a no confesar si no se quiere (STC. 75/87 de 25.5 ).
Situación que seria la contemplada en la presente causa por cuanto el acusado si bien señaló al otro acusado como la persona que le entregó la maleta, eludió ratificar esta declaración en el acto del juicio oral y nunca admitió su propia responsabilidad negando conocer el contenido del doble fondo de la maleta.
Por lo que se refiere a la atenuante analógica del art. 21.6 en relación con la prevista en el art.
21.5m, dispone el CP . en este ultimo precepto que es circunstancia atenuante la de haber procedido el culpable a repasar el daño ocasionado a la víctima, o a disminuir sus efectos, en cualquier momento del procedimiento y antes de la celebración del juicio oral. Se contempla, pues, una conducta que ha de orientarse en cualquiera de esas dos direcciones, ambas relacionadas con la circunstancia de que el delito haya producido daños a la víctima, cuyos efectos sean susceptibles de reparación o disminución, lo que ya de por sí constituye un serio obstáculo a la apreciación de la atenuante en delitos de mera actividad (SSTS. 1215/99 de 29.9, 952/2000 de 2.6 ), a los que no se anuda un daño concreto con el que relacionar la actitud reparadora o tendente a disminuir sus efectos, del acusado. A mayor abundamiento, la razón de ser de la atenuante es, precisamente, y por consideraciones de política criminal, la protección de las víctimas, a través de la estimulación de la reparación del daño que se les ha causado o de la disminución de sus efectos, lo cual incide en la consideración anterior reforzando el sentido de la misma.
En el caso presente, además de la conducta ya relatada, no se constata en el recurrente actuación alguna tendente a disminuir los efectos perjudiciales del delito.
El motivo cuarto se articula, por infracción de Ley al amparo del art. 849.2 LECrim. al entender que existe error de hecho en la apreciación de la prueba, que se evidencia por el Informe médico forense de 26.9.2008, en cuyas conclusiones se establece que "se puede considerar (existe) un trastorno relacionado con el consumo de alcohol y cocaína, con un patrón de consumo que indica abuso de las mismas.
La doctrina de esta Sala Segunda, sentencias 11.12.2009, 13.2.2008, 5.12.2007, mantiene que los informes periciales no son en realidad documentos, sino pruebas personales documentadas consistentes en la emisión de pareceres técnicos sobre determinadas materias o sobre determinados hechos por parte de quienes tienen sobre los mismos una preparación especial, con la finalidad de facilitar la labor del Tribunal en el momento de valorar la prueba.
No otra cosa acaece en el caso enjuiciado en el que la Sala tiene en cuenta y valora ese informe medico forense para descartar esa influencia e incidencia de la eventual dependencia alcohólica o a las drogas en el momento de los hechos en relación al delito que se le atribuye, (ver apartado III valoración prueba, primero, y fundamento de derecho tercero).
El motivo quinto, conexionado y complementario del anterior, en base al art. 849.1 LECrim . por infracción de Ley, al entenderse infringidos por indebida inaplicación del art. 21.6 CP . en relación con los arts. 20.1, 21.1 y 2 del mismo Cuerpo legal, es decir por la no aplicación de la atenuante analógica de drogadicción.
Como hemos dicho en las recientes sentencias 1238/2009 de 11.12 y 1126/2009 de 19.11, según la Organización Mundial de la Salud por droga ha de entenderse "cualquier sustancia, terapéutica o no, que introducida en el organismo por cualquier mecanismo (ingestión, inhalación, administración, intramuscular o intravenosa, etc.) es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central del consumidor provocando un cambio en su comportamiento, ya sea una alteración física o intelectual, una experimentación de nuevas sensaciones o una modificación de su estado psíquico, caracterizado por:
Respecto a la atenuante del art. 21.2 CP, se configura la misma por la incidencia de la adicción en la motivación de la conducta criminal en cuanto es realizada a causa de aquella. El beneficio de la atenuación sólo tiene aplicación cuando exista una relación entre el delito cometido y la carencia de drogas que padece el sujeto. Esta adicción grave debe condicionar su conocimiento de la ilicitud (conciencia) o su capacidad de actuar conforme a ese conocimiento (voluntad).
Con referencia a la adicción al alcohol, en la STS. 261/2005 de 28.2, distinguiremos entre alcoholismo y embriaguez, en cuanto que el primero implica una intoxicación crónica y la segunda una intoxicación aguda, con encaje jurídico ya en la enajenación mental, ya en el trastorno mental transitorio, exigiéndose en todo caso una afectación de las bases de imputabilidad -intelecto y voluntad- de modo que será la intensidad de la alteración la que nos dará la pauta para graduar la imputabilidad, desde la inoperancia de la responsabilidad hasta la exoneración completa e incompleta de la misma.
Por otra parte, el alcoholismo crónico es una toxifrenia que puede determinar una demenciación acreedora a ser recogida como circunstancia eximente de enajenación mental o, al menos, como atenuante eximente incompleta cuando se ha producido un notable deterioro de las capacidades intelectivas y volitivas del sujeto a consecuencia de su patología de origen alcohólico, generalmente determinada por la ingestión reiterada frecuentemente y a lo largo de un tiempo de cierta duración de bebidas alcohólicas.
La jurisprudencia al tratar estas cuestiones, ha declarado que el alcoholismo crónico y la psicosis tóxicas pueden ser acogidas como circunstancias eximentes o como alternativas de exención incompleta "cuando se ha producido un notable deterioro a las capacidades intelectivas y volitivas del sujeto a consecuencia de su patología, poniendo de relieve también "para apreciar la psicosis de origen alcohólico con efecto de eximente incompleta es preciso no solo la presencia de la enfermedad, sino también la afectación real de las facultades intelectuales y volitivas de quién la sufre, de tal modo que la intensidad de la alteración habrá de ser el criterio determinante para graduar la imputabilidad (STS. 31.10.94, 18.9.2003 ). Ello es así porque el alcoholismo crónico puede presentar diversos cuadros de alteraciones extramuros lógicas y neurológicas y desde el punto de vista psíquico puede provocar alteraciones varias ya en el orden evolutivo, ya en el de su permanencia caracterizados por su duración o por su tono episódico, bien entendido que el simple alcoholismo, crónico y controlado, no causa alteración alguna en la capacidad de obrar y discernir (SSTS. 27.4.2000 y 28.9.95 ).
Para considerar el alcoholismo crónico como sustrato de una circunstancia que exima o aminore la imputabilidad del sujeto, es preciso, no solo la presencia de la enfermedad, sino también la constatación de la afectación real de las facultades intelectivas y volitivas de quien la sufre, de tal modo que la intensidad de la alteración habrá de ser el criterio determinante para graduar la imputabilidad, ya que, fuera de las acreditadas situaciones graves que puedan llegar a la locura alcohólica que origina la irresponsabilidad del sujeto, o las situaciones menos graves en las que no se anula la personalidad, pero sí se disminuyen las facultades de inteligencia y voluntad, fuera de esas situaciones -se reitera- el simple alcoholismo crónico y controlado, no causa "el simple alcoholismo crónico, y controlado, no causa alteración alguna en la capacidad de obrar y discernir (STS. 2.5.2001 ).
Lo verdaderamente importante, a los efectos de valorar su capacidad de imputabilidad o culpabilidad, es el estado mental y sus padecimientos patológicos que es lo que nos permite establecer los grados de conocimiento y su nivel, para considerar que el acusado estaba o no con su capacidad de culpabilidad disminuida.
Pues bien en el caso presente el informe forense a que se refería el motivo anterior de fecha
26.9.2008 sólo acredita que el estudio de la muestra de pelo extraída el 15.1.2008 indica consumo habitual de cocaína en los 5 meses previos a la extracción y que "por lo relatada por el explorado el día de la fecha" se puede considerar trastorno relacionado con el consumo de alcohol y cocaína, con un patrón de consumo que indica abuso a las mismas...", pero en el resto de las conclusiones médico legales se destaca como el recurrente "no presenta características psíquicas compatibles con intoxicación por sustancias o síndrome de abstinencia recientes de las mismas...", "que no se objetiva estado psicopatológico alguno derivado del consumo de alcohol y cocaína, no precisando en ninguna ocasión, durante los 6 meses de internamiento ene. Centro Penitenciario Tenerife II, tratamiento con tales fines-" y que "el estado que presentaba en el momento de la detención... no indica un estado de intoxicación o síndrome de abstinencia que pudiera mermar sus capacidades cognitiva y/o volitiva".
Consecuentemente, desde la perspectiva expuesta y doctrina jurisprudencia señalada, no cabe apreciar error alguno en la subsunción, al no estar acreditada la concurrencia de los presupuestos de la atenuación, debiendo insistirse en que sólo podría entenderse probado que el recurrente consumía cocaína y alcohol -ni siquiera la antigüedad o los años de consumo- pero no la incidencia en la imputabilidad y capacidad de culpabilidad.
Siendo así no puede tacharse de irracional, absurda o arbitraria la decisión judicial que no estimó concurrente circunstancia alguna modificativa de la responsabilidad criminal.
El motivo sexto con base al art. 849.1 LECrim . por inaplicación indebida del art. 66.1.1 por cuanto la apreciación de las dos atenuantes simples interesadas determina la rebaja en un grado de la pena y la imposición de 1 año y 6 meses prisión.
Supeditado el motivo a la estimación de los precedentes la inadmisión de éstos deberá conllevar la improsperabilidad del presente.
RECURSO INTERPUESTO POR Abelardo
El motivo primero por infracción de precepto constitucional, al amparo del art. 5.4 LOPJ . en relación con el art. 24 CE . al no respetarse el principio constitucional de presunción de inocencia contemplado como un derecho fundamental.
Se argumenta en el motivo que no se ha producido prueba de cargo suficiente capaz de enervar dicho principio y por lo tanto, en dichos casos, en virtud del principio in dubio pro reo se tuvo que considerar por la Audiencia como no probados hechos que perjudicando al recurrente no han sido suficientemente acreditados, en concreto, que el hoy condenado interviniera de manera alguna en un delito contra la salud pública, en primer lugar que vendiera a Cornelio la maleta donde se encontraba la sustancia estupefaciente, ni que tuviera conocimiento de la existencia de la citada maleta y muchos menos de su contenido, tampoco que preparara la citada maleta con un doble fondo, introduciendo la cocaína para dársela al otro acusado, ni que vigilase una supuesta conducción de la droga hasta su introducción en las Islas.
En este sentido las únicas pruebas en que se sustenta la condena son, por un lado, las manifestaciones del otro encausado y en las llamadas que efectuó supuestamente el recurrente a este otro condenado, por lo que la propia sentencia acepta que debe tratarse con cautela las pruebas aportadas en contra de este acusado, manifestando literalmente " que con mayor dificultad probatoria debe examinarse la eventual responsabilidad del otro procesado Abelardo ...".
Ciertamente como se destaca en el motivo al ser la Constitución norma Suprema de aplicación directa e inmediata (máxime en materia de derechos y garantías fundamentales), obliga a los distintos órganos de jurisdicción ordinaria a reinterpretar, conforme al principio de constitucionalidad de las normas jurídicas, los preceptos que afecten o pueden afectar a la tutela judicial efectiva del derecho constitucional a la presunción de inocencia, de modo que aquellos preceptos resulten compatibles con aquella Super Ley, por tanto, atendiendo el derecho constitucional a la presunción de inocencia presente en el art. 24.2 CE, se impone reinterpretar el "dogma" de la libre valoración con las pautas ofrecidas por el Tribunal Constitucional, singularmente en la ya histórica sentencia de 27.8.81, complementada en la de 26.7.82, lo que en definitiva, impone un modelo constitucional de valoración de la prueba e implica que para que se de un Fallo condenatorio es preciso deslindar como fases perfectamente diferenciadas dentro del proceso de análisis de las diligencias, las dos siguientes:
) Una segunda fase de carácter predominante subjetivo, para la que habría que reservar «strictu sensu» la denominación usual de «valoración del resultado o contenido integral de la prueba», ponderado en conciencia los diversos elementos probatorios, en base a los cuales se forma libremente la conciencia del Tribunal.
En la primera fase operaria la presunción de inocencia, en la segunda el principio «in dubio pro reo». Así, la presunción de inocencia se desenvuelve en el marco de la carga probatoria y supone (ver STC 31 mayo 1985 ) que no es el acusado a quien corresponde demostrar que es inocente frente a la acusación que contra él se formula, sino que es a quien la mantiene a quien compete acreditar la imputación mediante las correspondientes pruebas, practicadas con validez jurídica y que puedan objetivamente reputarse como pruebas de cargo, y por su parte, el principio «in dubio pro reo», presuponiendo la previa existencia de la presunción de inocencia, se desenvuelve en el campo de la estricta valoración de las pruebas, es decir de la apreciación de la eficacia demostrativa por el Tribunal a quien compete su valoración en conciencia para formar su convicción sobre la verdad de los hechos (art. 741 LECrim ). La importancia de esta distinción es fundamental en la práctica dado que al juzgador de instancia compete realizar en toda su extensión el íntegro proceso del análisis de las diligencias probatorias practicadas comprensivo, por tanto, de las dos fases indicadas. De igual manera estimamos obvio afirmar que compete al Tribunal de la apelación, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, concretar si en las resoluciones judiciales impugnadas se ha realizado escrupulosamente el análisis o examen que aquella primera fase «objetiva» impone, y en caso negativo es de su propia incumbencia el corregir los posibles errores judiciales que se hayan cometido, con las diversas consecuencias jurídicas inherentes en una y otra forma de control. Ello es aplicación ineludible del derecho constitucional a la presunción de inocencia, como asimismo el escrupuloso respeto por el Juzgador de instancia de tal principio, debe llevar a éste, cuando de tal examen resultare la inexistencia de «pruebas de cargo» obtenidas con las garantías procesales, a la libre absolución del acusado. No hacerlo así sería un «error judicial» revisable por las vías indicadas. Sin embargo, respecto de la segunda fase, dentro de lo que hemos calificado como predominantemente subjetiva, en la que el Juez de instancia valora el resultado de la prueba, ponderando en conciencia los distintos elementos probatorios presentes en las actuaciones y formando ya en base a tales datos objetivos libremente su convicción, con la importante precisión de que también en esta segunda fase sigue operando, respecto del juzgador de instancia, el derecho constitucional analizado, pero ahora ya con la clásica formulación de «in dubio pro reo».
En este sentido habrá que señalar que dicho principio es una condición o exigencia subjetiva del convencimiento del órgano judicial en la valoración de la prueba inculpatoria existente aportada al proceso (STC. 44/89 ) de forma que si no es plena la convicción judicial se impone el fallo absolutorio.
Por tanto debe distinguirse el principio "in dubio pro reo" de la presunción de inocencia. Esta supone el derecho constitucional imperativo de carácter público, que ampara al acusado cuando no existe actividad probatoria en su contra y aquel es un criterio interpretativo, tanto en la norma como de la resultancia procesal a aplicar en la función valorativa, o lo que es lo mismo, si a pesar de toda la actividad probatoria, no le es dable al Tribunal subsumir los hechos acaecidos en el precepto, no queda convencido de la concurrencia de los presupuestos negativos y positivos del juicio de imputación el proceso penal debe concluirse, por razones de seguridad jurídica, con una declaración negativa de culpabilidad, al ser menos gravoso a las estructuras sociales de una país la libertad de cargo de un culpable que la condena de un inocente (STS. 20.3.91 ).
Es decir, que la significación del principio "in dubio pro reo" en conexión con la presunción de inocencia equivale a una norma de interpretación dirigida al sentenciador que debe tener en cuenta al ponderar todo el material probatorio y tiene naturaleza procesal (STS. 15.5.93 y 30.10.95 ) por lo que resultará vulnerado cuando el Tribunal determine la culpabilidad del acusado reconociendo las dudas sobre la autoría del mismo o sobre la concurrencia de los elementos objetivos del delito, pero no resulta aplicable cuando el órgano jurisdiccional en uso de las facultades otorgadas por el art. 741 LECrim ., llega a unas conclusiones, merced a la apreciación en conciencia de una bagaje probatorio de cargo conducente a afirmaciones incriminatorias llevadas a la resolución. Como precisa la STS. 27.4.98 el principio "in dubio pro reo", no tiene un valor orientativo en la valoración de la prueba, sino que envuelve un mandato: el no afirmar hecho alguno que pueda dar lugar a un pronunciamiento de culpabilidad si se abrigan dudas sobre su certeza, mediante la apreciación racional de una prueba en sentido incriminatorio, constitucionalmente cierta y celebrada en condiciones de oralidad, publicidad, contradicción e inmediación, esto es, en las condiciones de un proceso justo.
Dicho en otros términos, la aplicación de dicho principio se excluye cuando el órgano judicial no ha tenido dudas sobre el carácter incriminatorio de las pruebas practicadas (SSTS. 1.3.93, 5.12.2000,
20.3.2002, 18.1.2002, 25.4.2003 ). Por ello no puede equipararse la duda externamente derivada de existir dos versiones contrapuestas -como ocurre en casi todos los procesos de cualquier índole- a la que nazca en el ánimo del Juez, cuando oídas por el directamente las personas que, respectivamente, las sostienen, llega la hora de acoger una u otra, ya que solo y exclusivamente en ese momento decisivo debe atenderse al principio pro reo, inoperante cuando el Juez ha quedado convencido de la mayor veracidad de una de las versiones, es decir, que a través del examen en que se constata esa situación de versiones contradictorias tan frecuente en el proceso penal, el Juez puede perfectamente valorar la prueba, esto es, graduar la credibilidad de los testimonios que ante él se viertan y correlacionar toda la prueba, sentando la culpabilidad de lo denunciado cual acontece en el caso que nos ocupa.
Situación que seria la contemplada en las presentes diligencias tal como se razona en la sentencia recurrida en el apartado segundo de la valoración de la prueba; en el que llega a la convicción de que fue el recurrente la persona que hizo entrega de la droga a la persona encargada del transporte y controlaba, aunque fuera telefónicamente sus movimientos para su entrega en su destino, a partir de las declaraciones prestadas por el coimputado en fase sumarial y en la indagatoria, en las que directamente imputó al llamado Abelardo como la persona que le vendió la maleta, identificándole expresamente imputaciones que cuentan con corroboraciones externas que detalla:
-Las llamadas telefónicas recibidas y realizadas por el referido coimputado en días y horas inmediatas a su detención desde el numero de teléfono NUM002, numero que ponía el recurrente Abelardo, cuando fue detenido, tres meses antes por agentes de la Guardia Civil, en el curso de una actuación de extranjería, sin que por su parte haya dada explicación razonable sobre el destino de esa tarjeta de móvil.
-La tenencia de otros móviles implicados en actuaciones seguidas por delitos contra la salud pública, constando diversas diligencias de informe y análisis de llamadas, sobre las que no se ha obtenido una explicación solvente. -La presencia del nombre de este acusado, en dos registros, en la agenda de teléfono del coimputado Cornelio .
-La falta de explicación de Abelardo sobre sus anteriores viajes a Tenerife.
Consecuentemente la sentencia ha hecho explícito el razonamiento a partir del cual, partiendo de estos datos que complementan la prueba personal de la declaración del coimputado -datos que no precisan la consideración de autenticas pruebas, pues en ese caso, sobraría la referencia a la declaración del coimputado- llega a la convicción de la participación del acusado en el hecho punible.
El motivo segundo al amparo del art. 849.1 LECrim . por aplicación indebida del art. 368 CP . por cuanto en función de la instrucción de la causa, la calificación definitiva ofrecida por la defensa del acusado y por las pruebas practicas en el acto del juicio oral, entre otras, las declaraciones del otro imputado y de los testigos emitidas y recogidas por el Sr. Secretario, se desprende que no ha quedado constatada la existencia de una conducta que puede considerarse como la descrita en el tipo penal del art. 368 CP .
El motivo, condicionado a la estimación del motivo precedente, debe seguir igualmente desestimatoria.
El cauce casacional del art. 849.1 LECrim . obliga al respeto absoluto de los hechos probados, pues en estos casos sólo se discuten problemas de aplicación de la norma jurídica y tales problemas han de plantearse y resolverse sobre unos hechos predeterminados, que han de ser los fijados al efecto por el tribunal de instancia, salvo que hayan sido corregidos previamente por estimación de algún motivo fundado en el art. 849.2 LECrim . (error en la apreciación de la prueba) o en la vulneración del derecho a la presunción de inocencia, art. 852 LECrim .
En efecto, como se dice en la STS. 121/2008 de 26.2, el recurso de casación cuando se articula por la vía del art. 849.1 LECrim . ha de partir de las precisiones fácticas que haya establecido el Tribunal de instancia, por no constituir una apelación ni una revisión de la prueba. Se trata de un recurso de carácter sustantivo penal cuyo objeto exclusivo es el enfoque jurídico que a unos hechos dados, ya inalterables, se pretende aplicar, en discordancia con el Tribunal sentenciador. La técnica de la casación penal exige que en los recursos de esta naturaleza se guarde el mas absoluto respeto a los hechos que se declaren probados en la sentencia recurrida, ya que el ámbito propio de este recurso queda limitado al control de la juridicidad, o sea, que lo único que en él se puede discutir es si la subsunción que de los hechos hubiese hecho el Tribunal de instancia en el precepto penal de derecho sustantivo aplicado es o no correcta jurídicamente, de modo que la tesis del recurrente no puede salirse del contenido del hecho probado.
Pues bien en los hechos probados de la sentencia se recoge expresamente que el también procesado Abelardo era la " la persona que en la ciudad de Albacete había entregado al primero de los acusados la maleta con la droga y le había encargado que la transportara a Tenerife", conducta ésta subsumible en el art. 368 CP . y que implica la improsperabilidad del motivo.
El motivo tercero al amparo del art. 849.2 LECrim . por error en la apreciación de las pruebas, basado en documento que demuestran la equivocación del Juzgador, sin resultar contradichos por otros elementos probatorios, relacionando como tales: 1) Documento folios 227 a 246 en los que aparecen reflejadas las llamadas, sin que exista ninguna conversación que acredite una imputación sobre el recurrente.
2) Documentos folios 333 y 334 donde aparece la primera declaración del recurrente que no varía en la instrucción y en la que se declara inocente y da una explicación del motivo de sus llamadas a Cornelio .
La jurisprudencia exige para que el motivo basado en error de hecho del art. 849.2 LECrim . pueda prosperar la concurrencia de los siguientes requisitos:
1) ha de fundarse en una verdadera prueba documental y no de otra clase como las pruebas personales por más que estén documentadas.
2) que evidencie el error de algún dato o elemento fáctico o material de la sentencia de instancia, por su propio y literosuficiente poder demostrativo directo, es decir, sin precisar de la adición de ninguna otra prueba ni tener que recurrir a conjeturas o complejas argumentaciones.
3) que el dato que el documento acredite no se encuentre en contradicción con otros elementos de prueba, pues en estos casos no se trata de un problema de error sino de valoración, la cual corresponde al Tribunal.
4) que el dato contradictorio así acreditado documentalmente sea importante en cuanto tenga virtualidad para modificar alguno de los pronunciamientos del fallo, pues si afecta a elementos fácticos carentes de tal virtualidad el motivo no puede prosperar ya que, como reiteradamente tiene dicho esta Sala, el recurso se da contra el fallo y no contra los argumentos de hecho o de derecho que no tienen aptitud para modificarlo (SSTS. 170/2000 de 14.2, 1801/2001 de 13.10, 820/2003 de 28.5, 417/2004 de 29.3, 328/2005 de 14.3, 447/2006 de 8.6, 94/2007 de 14.2 ).
Y además han de citarse con toda precisión los documentos con expresa designación de aquellos particulares de los que se deduzca inequívocamente el error padecido y proponerse por el recurrente una nueva redacción del factum derivada del error de hecho denunciado en el motivo. Rectificación del "factum" que no es un fin en sí mismo sino un medio para crear una premisa distinta a la establecida y, consiguientemente, para posibilitar una subsunción jurídica diferente de la que se impugna.
Pues bien no son documentos los señalados en el motivo: el contenido de unas conversaciones telefónicas y las declaraciones del acusado, pruebas de carácter personal, aunque se hallen documentadas en la causa, que no garantizan en la certeza ni la veracidad de lo dicho por el manifestante, y sometidas como el resto de las pruebas a la libre valoración del Juzgador de instancia (SSTS. 26.3.2001, 3.12.2001,
15.2.2003, 23.12.2009 ).
Desestimándose los recursos las costas se imponen a los recurrentes, (art. 901 LECrim .).
Que debemos declarar y declaramos no haber lugar a los recursos de casación, interpuesto por Abelardo y Cornelio, contra sentencia de 19 de diciembre de 2008, dictada por la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Sección Quinta, que les condenó como autores de un delito contra la salud pública; y condenamos a los recurrentes al pago de las costas causadas en la tramitación de sus respectivos recursos.
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Colección Legislativa lo pronunciamos, mandamos y firmamosD. Adolfo Prego de Oliver y Tolivar D. Perfecto Andres Ibañez D. Francisco Monterde Ferrer D. Juan Ramon Berdugo Gomez de la Torre D. Jose Antonio Martin Pallin
STS, 7 de Junio de 2010