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Timestamp: 2017-01-24 17:54:39
Document Index: 4363596

Matched Legal Cases: ['artículo 14', 'artículo 14', 'artículo 5', 'artículo 6', 'artículo 15', 'artículo 50']

Artículo: La Generalitat y el Estatuto de 1932 - Ya - 24/07/1977 - Archivo Linz de la Transición española • Fundación Juan March
Autor: Martínez Bande, José Manuel. La Generalitat y el Estatuto de 1932
El 9 de mayo de 1931, la Generalitat, órgano rector de Cataluña, quedaba consagrada por un decreto que regulaba sus relaciones con el poder central. Ya. 24/07/1977. Página: 4-5, 7. Páginas: 3. Párrafos: 77. LA GENERALITAT Y EL ESTATUTO DE 1932
CERCA de medio siglo transforma la sociedad humana. Mueren y nacen los hombres y se insertan grandes acontecimientos en la vida de los pueblos. Guerras, cambios políticos, fortunas y desgracias se interponen entre el ayer y el hoy, borrando los contornos de las cosas.
Así recientemente con la que se llamó un día cuestión catalana, larga carrera de la que sólo queremos narrar su más accidentada etapa.
Se abre este capítulo, en rigor, antes de la proclamación de la. Segunda, República. El 17 de agosto de 1930, en el hotel de Londres donostiarra, se reunían unos hombres y acordaban lo que luego se llamó Pacto de San Sebastián. Tomaban parte en él, en nombre de Cataluña, un representante de Aeció Catalana (Carrasco Formiguera), otro de Acció Republicana de Catalunya (Mallol y Bosch) y un tercero del llamado Estat Català (Jaime Ayguader). No se redactó ningún comunicado, pero si se dieron dos notas: una, de los señores antes citados, señalaba el acuerdo de resolver el problema catalán mediante un estatuto.
Cataluña y la República
Las elecciones del 14 de abril de 1931 dieron el triunfo en Cataluña a la Esquerrá, partido de reciente formación, del que eran líderes destacados Francisco Macià y Luis Companys. Su d i s t into temperamento se plasmó aquel mismo dia en dos actos decisivos: Companys, en el Ayuntamiento de Barcelona, proclamó la República Española; poco después, Macia, en la Diputación, hacía lo mismo, pero con la República catalana o Estado catalán, notificando este singular hecho a los ministros de Asuntos Exteriores de varios países.
El problema se resolvió de momento enviando cuatro días después a la ciudad condal tres ministros de la República; De los Ríos, Domingo y Nicolau d´Olwer. El 9 de mayo, un decreto regulaba las relaciones del poder central con la Generalidad de Cataluña, que quedaba asi, de hecho, consagrada.
II Estatuto y su aprobación
El Estatuto fue rápidamente elaborado, y el 2 de agosto se celebraba el correspondiente referéndum, que arrojaba cerca de ochocientos mil votos a favor contra más de tres mil en contra, en unas elecciones no garantizadas, pero que señalaban una evidente abrumadora mayoría a favor del proyecto. El 14 de agosto se entregaba éste solemnemente al Gobierno de Madrid.
El 9 de abril de 1932 era leído en las Cortes republicanas, abriéndose la discusión del mismo el 6 de mayo. Destacó desde el primer momento la oposición reiterada, tenaz, de un diputado agrario, don Antonio Royo Villanova, y el discurso de 27 de mayo de Azaña.
La lentitud agotadora en la discusión y aprobación del cuerpo legal se vio favorecida por un hecho inesperado: la sublevación del 10 de agosto, tan poco popular. Al mes siguiente, el día 9, el Estatuto catalán era aprobado, y el 15 de septiembre, en San Sebastián, firmado por el presidente de la República, Alcalá Zamora.
Contra la deformación de la realidad está la realidad misma. Un examen frío de la ley de 15 de septiembre de 1932 no dirá muchas cosas.
Asi, su artículo primero: "Cataluña—dice—se constituye en región autónoma dentro del Estado español, con arreglo a la Constitución de la República y el presente Estatuto." Entiéndase claro: región. Por otra parte, el idioma catalán es en ella lengua oficial, "como el castellano" (artículo segundo).
Catalanes y no catalanes quedan en pie de igualdad dentro de Cataluña. "Los derechos individuales son los fijados en la Constitución de la República española", no pudiéndose regular ninguna materia "con diferencia de trato entre los naturales del país y los demás españoles". Y para remachar el clavo se agregaba aún: "Estos no tendrán nunca en Cataluña menos derechos de ios que tengan los catalanes en el resto del territorio de la República", que, naturalmente, eran máximos (artículo tercero). Pero es que, además, y a efectos del Estatuto, tenían la condición de catalanes los españoles que adquirieran la vecindad en Cataluña (artículo cuarto).
Lo Generalidad
El órgano rector de Cataluña era la Generalidad, compuesta de un presidente, un parlamento y un consejo ejecutivo.
El parlamento se elegiría "por un plazo no mayor a cinco años", por lo que transcurrido el mismo cesaría en sus funciones. En cuanto al presidente, sería nombrado por el parlamento, y es claro que su mandato quedaba supeditado a los cinco años de vigencia del mismo (artículo 14).
El presidente no sólo representaba a Cataluña, sino también al propio Estado español. No creemos se haya fijado la atención en este inciso: "Asimismo [el presidente] representa a la región en sus relaciones con la República, y al Estado testo es, a la propia República] , en las funciones cuya ejecución directa le está íeservada al poder central" (artículo 14). Es decir, que el presidente de la Generalidad era en estos casos, y más que nunca, una pieza de la República, por cuyos intereses debia velar.
Atribuciones de la Generalidad
Las funciones de la Generalidad tenían diversa índole. Unas veces eran simplemente "ejecutivas", cuando se trataba de materias de interés general, nacional (artículo 5). Otras, "de organización" de los servicios relativos a la legislación social, mas en este caso estarían supeditadas a una inspección del Gobierno central, que podría nombrar unos delegados (artículo 6).
El artículo 15 de la Constitución de la República se reservaba la facultad de legislar en materia penal, social, mercantil y procesal y en algunas cuestiones civiles: matrimonio, base de las obligaciones contractuales y regulación de los estatutos personal, real y formal. El resto correspondía a la Generalidad, que, además, or^ ganizaría la Administración de Justicia, pero designando lo« jueces y magistrados que figurasen en el escalafón general del Estado; éste, además, nombraría los fiscales.
Esta cuestión reclama una atención especial.
La Generalidad (artículo séptimo) podía "crear y sostener" centros de enseñanza de todos los grados, pero siempre que estuvieran sometidos al artículo 50 de la Constitución. ¿Qué decía éste, en sustancia? Que esos centros deberían organizarse según la lengua de la región autónoma, más añadiendo a continuación: "Es obligatorio el estudio de la lengua castellana." Y además: "Esta se usará también como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas."
¿Y la Universidad? El párrafo tercero del mencionado artículo séptimo señalaba: "Si la Generalidad lo propone, el Gobierno de la República podrá otorgar a la Universidad de Barcelona un régimen de autonomía; en tal caso, aquélla se organizará como Universidad única, regida por un patronato que ofrezca a las lenguas y a las culturas castellana y catalana las garantías recíprocas de convivencia, en igualdad de derechos, para profesores y alumnos."
Al hablar del orden público (artículo octavo) hay que descontar a las fuerzas armadas y concretamente al Ejército de Tierra, Marina y Aviación. Hecha esta salvedad, diremos que el Estatuto distinguía entre los servicios de orden público de ámbito general, nacional, de los servicios catalanes propiamente dichos. Las primeras eran aquellas que tenían un rango extrarregional o suprarregional: policía de fronteras, emigración, extradición, e x p u Isión, etc. Los servicios de Policía y orden interior de Cataluña si eran de competencia exclusiva de la Generalidad. Ahora bien, con todo, y para la coordinación de ambos servicios, de acuerdo con la Constitución de la República, se creaba una Junta de Seguridad mixta, contra cuyos dictámenes no podría proceder la Generalidad en todo lo referente a dicha coordinación.
Pero el orden público podía alterarse. Entonces el Gobierno de la República lo asumiría. ¿Con qué título? "En uso de sus facultades y el ejercicio de sus funciones constitucionales", y en dos supuestos: a requerimiento de la propia Generalidad—cuando ésta era incapaz de mantener el orden— j por propia iniciativa, cuando estimara comprometido "el interés general del Estado o de su seguridad" (artículo noveno). En todo caso, y para la declaración del estado de guerra, con todas sus consecuencias, se aplicaria la ley general de Orden Público de la República.
El Estado cedería a la Generalidad algunos impuestos y parte de otros, y la Generalidad dispondría de los impuestos, derechos ,y tasas de las antiguas diputaciones, pudiendó, ademas, establecer otros nuevos.
Entre los impuestos cedidos figuraban las contribuciones territoriales rústica y urbana, los derechos reales, sobre personas jurídicas y transmisión de bienes, y parte de, la contribución industrial y de utilidades.
El detalle de estos puntos es muy farragoso y hacemos gracia al lector de no entrar en ellos.
Hemos expuesto la esencia del Estatuto, sin entrar en mayores consideraciones.
¿Eran excesivas las facultades concedidas a la Generalidad en algunas materias, como las relativas a la legislación civil y las contribuciones cedidas? ¿No lo eran ?
Nuestra misión es ajena al juicio de estas cuestiones, en si accesorias, negociables, que no afectaban a la esencia del problema que se debatía, y que era éste: ¿Cataluña? ¿España? La solución nos la daba el propio Estatuto, según ya quedó apuntado. Cataluña era una región dentro de la Re-pública, régimen para toda España.
Después del Estatuto
Asi pues, no nos arrepentimos de nuestro titulillo anterior: "Cataluña, dentro de España." Pero quien tenía aqu! la última palabra eran los propios individuos encargados de aplicar el Estatuto, según su conducta posterior.
El 20 de noviembre de 1932 se celebraban las elecciones para el Parlamento de la Generalidad. La marea no era la misma que en 1931. La Esquerra bajaba de los 385.000 votos (cifra por exceso) a los 223.000 (también por exceso); la Liga, en cambio, ascendía de los 81.609 a los 138.409. La Esquerra tendría en el Parlamento propio 34 diputados; la Lliga, nueve. Macíá era confirmado en su puesto de presidente de la Generalidad, y Companys, "su delfín", quedaba designado brazo ejecutor.
La gran derrota de la Esquerra vino el 19 de noviembre de 1933, con las elecciones generales para el Parlamento español. Los diputados de la Lliga fueron 26, y los de aquel partido, 21. Como si rubricara la derrota., Macià fallecería el 25 de diciembre de aquel año, imponiéndose para sustituirle al frente de la Generalidad la candidatura de Luis Companys. Un nuevo golpe de la suerte resucitaría, en las elecciones municipales siguientes/ la supremacia de la Esquerra sobre la Lliga.
Desde la derrota de las izquierdas en noviembre de 1933, inician en España la gran escalada hacia la revolución. Y, naturalmente, en Cataluña también. Pretextos sobrarán siempre.
La rebelión del 6 de octubre de 1934 sería la descalificación del Estatuto. El presidente Companys y su partido propio, la Esquerra, habían usado de sus poderes en provecho propio, levantando por toda Cataluña una campaña de nacionalismo exaltado con un final de sublevación armada. Cuatro cañonazos, con puntería directa, fueron, no obstante, suficientes para acabar con el acto de fuerza. Pero Companys había proclamado, desde el balcón del edificio de la Generalidad, "el Estado catalán", como Macla en 1931; "el Estado catalán de la República Federal Española".
L» revolución de octubre ensenaba en cada punto su cara propia: en Asturias era una revolución social; en Cataluña, una revolución separatista.
La suspensión del Estatuto
La rebeldía había sido algo más que una simple cuestión de orden público. Un arma otorgada por la República era lanzada contra la propia República. Se podía, desde luego, invocar el artículo quinto del Estatuto, pero el problema resultaba mucho más hondo.
De momento se hicieron cargo las autoridades militares de los puestos clave, y al final se decidió en Madrid suspender las funciones del Parlamento catalán, nombrar un gobernador, general y revisar el régimen autonómico. No se llegó a ello, y el 11 de abril de 1935 se devolvía a Cataluña todas las´ facultades estatutarias, salvo el orden público.
Las elecciones de 16 de febrero de 1936 tuvieron las consecuencias que el lector harto conoce. En Cataluña el Frente Popular logró 38 actas, la Lliga, 13.
La vuelta de los políticos "del 6 de octubre", presos muchos de ellos, con Companys al frente, fue triunfal. Exigió aquél que fuese establecido inmediatamente el Estatuto en su integridad, y el 26 de febrero se devolvía lo único retenido: el mantenimiento del orden.
Nada había pasado y cabia un "decíamos ayer...".
Al fracasar en Cataluña el Alzamiento, el 19 de julio, quedó -como supremo grupo político dominador el libertario confederal, enemigo del Estatuto, del catalanismo, de la Esquerra y hasta de Companys. Sin embargo, en una reacción ingenua e inexplicable, respetó la constituida oficialmente.
Pero el alud de los revolucionarios ácratas obligó a cerrar filas al Gobierno de la Generalidad y a las organizaciones marxistes, al frente de las cuales se encontraba Juan Comorera. Hubo cambios diversos, que aquí no nos interesan, y la guerra—el gran barullo de la guerra—fue la cortina de humo hacia nuevos intentos de separatismo real.
Un voto de alta calidad es aquí, sin duda, el de Manuel Azaña, que tanto había hecho por que el Estatuto se aprobara. Escribió un día: "La Generalidad funciona insurreccionada! contra el Gobierno. Mientras dicen privadamente que las funciones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a´ una separación de hecho. Legisla lo que no´le compete, administra lo que no le pertenece." .
Por lo demás, los gobiernos de la Generalidad se sucedían vertiginosos. Los hay de 1 de agosto, de 5 de ese mes, de 26 dé septiembre, de 14 de diciembre. En este último, su primer consejero y titular de Hacienda se llama don José Tarradellas.
Mayo 1937 y sus consecuencias
La lucha entablada en el seno de Cataluña, como en el resto de España, entre fracciones políticas distintas y aun. radica luiente opuestas, estalla en ese mes y año.
El 26 de marzo se había producido otra crisis en la Generalidad, con un nuevo gobierno presidido por Tarradellas, que el 2 de abril declinaba sus poderes, creando un vacio que se cerraría el 16. -Pronto vendría la nueva "semana sangrienta", aunque no tuviese siete días ,´(3-7 de mayo).
Las consecuencias fueron varias, pero para nuestro estudio sólo haremos mención del decreto de la República de 5 de mayo, que hacía depender otra vez el orden [público en Cataluña del poder central.
Negrín, nuevo jefe del Gobierno republicano, impondría una política centralista y férrea.
El Estatuto, la Generalidad, languidecerían mas y más cada día que pasara.
El 23 de diciembre dé 1938 se iniciaba la ofensiva nacional sobre Cataluña y 4 de febrero de 1939, cuatro presidentes cruzarían la frontera francesa: eran el dte la República (´Azaña), el de ´las Cortes (Martínez Barrio), el de Euzkadi (Agui-rre) y el de la Generalidad catalana (Luis Companys).
El final de la guerra había provocado una situación imposible para la II República Española, al quedarse sin terreno que pisar; pero a la Generalidad le ootnría lo propio.
Tenía, «so si, un presidente, o quien fue presidente, pero apenas aígo más. ¿Qué era ya el Parlamento ´catalán sino puro rteeuerdo?
Azaña habla planeado la cuestión de, su existència ya en el verano de 1937, Tuvo al efecto varias conversaciones con Casanovas, con Pedro Corominas. El 12 de julio era éste quien decía al presidente de la República que él Parlamento catalán debia ser disuelto en noviembre o prorrogando. Azaña era partidario de celebrar nuevas elecciones, asunto difícil, dadas ´las circunstancias, pero no imposible.,
´De Corominas son estas palabras, que Azaña notifica: «El Parlamento actual ha desaparecido casi por completo. No se Juntarán más >de vétete disputados, de sesenta y cualtro .que son". Luego señalaria que "un nuevo Parlamento catalán sería muy ventajoso y reconstituiría la vida política normal de Cataluña",
No se celebraron las elecciones, y el Parlamento ¡dejó, jurídicamente, de tener existencia.!
Cuando los alemanes invaden Francia detienen a Companys y le hacen pasar ios Pirineos, El 15 de octubre es ejecútado en Montjuich
¿Qué queda de la Generalidad? Alguien, elegido como sustituto" del muerto, dimitirá profito, alegando que las instituciones republicanas, ,por carecer de base real, son pura entelèquia.
Pero luego, en 1954, y en la embajada de la titulada República Española de Méjico, se reunirían un número ¡de diputados que no llegaría a diez, para elegir a José Tarradellas, jefe ae una Generalidad hipotetica a la sombra de un estatuto-nostalgia tan sólo.
Porque el Estatuto nació en el seno de una república y de una constitución. Su vigencia, su anulación o su revisión tenía, por eso, que hacerse en el seno de las Cortes Españolas, pero de las Cortes Españolas repu-
blicanas, ¿Intentaremos transmutar eS. alma de un ser—viviente o ´cadáver, yo creo que cadáver—en otro ser ique fue y ya mo es? Este es el problema ´bien sencillo de plantear « imposible—según mí modesto saber y entender—de solucionar histórica, política y sensatamente.
Si hay que recorrer Otra vez et camino habrá que ¡partir .de cero y no olvidar las experiencias pasadas.
24-VIl-1977