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Timestamp: 2017-12-16 09:02:45
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Matched Legal Cases: ['artículo 148', 'artículo 21', 'artículo 148', 'artículo 148', 'artículo 148', 'artículo 57', 'artículo 123']

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Sentencia A.P. Las Palmas 49/2009, de 29 de abril
Hay que distinguir entre delito de homicidio en grado de tentativa o delito de lesiones. Analizar la diferencia entre animus necandi o animus laedendi. Los indicios apuntan a un homicidio pero falta uno de los elementos esenciales como es el ánimo o la intención de matar, por lo que se opta por calificar los hechos como constitutivos de un delitos de lesiones con arma blanca.
En Las Palmas de Gran Canaria a veintinueve de abril de dos mil nueve
Vista en Juicio Oral y Público el Rollo 26/08 ante esta Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas la causa procedente del Juzgado de Instrucción N.º2 de Telde (Sumario 3/08) seguida por delito de homicidio en grado de tentativa frente a Bartolomé, con D.N.I. NUM000, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 12 de marzo de 1983, hijo de Juan y de María Dolores, sin antecedentes penales computables, privado de libertad por esta causa desde el 29 de febrero de 2008, representado por el procurador Sr Ramírez Sánchez y asistido por el letrado Sr González Santana, habiendo intervenido el Ministerio Fiscal,. Siendo ponente el Illmo Sr D Carlos Vielba Escobar, quién expresa el parecer del Tribunal
Primero.-- Por el Juzgado de Instrucción núm. 2 de Telde se acordó la incoación del Sumario 26/2008 en virtud del atestado instruido por la Comisaría de Policía Nacional; y una vez practicadas las actuaciones acordadas para determinar la naturaleza y circunstancias de los hechos, personas responsables de los mismos y procedimiento aplicable, se acordó continuar por los trámites del Procedimiento Ordinario, dictándose auto de procesamiento y practicándose la declaración indagatoria, dándose traslado a las partes del auto de conclusión del sumario.
Segundo.-Remitidas las actuaciones a esta Sala se confirmó el auto de conclusión, abriendo el Juicio Oral, dándose traslado para calificación, calificando el Ministerio Fiscal los hechos como constitutivos de un delito de homicidio en grado de tentativa, de los artículos 138 en relación con los artículos 16 y 62 del Código Penal, interesando la pena de 8 años de prisión, inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por el tiempo de la condena y prohibición de aproximarse o comunicar en cualquier modo con la víctima durante 9 años. El letrado de la defensa interesó la libre absolución
Tercero.-El día 29 de febrero de 2009, se celebró el juicio. En dicho acto practicadas las pruebas, el Ministerio Fiscal elevó a definitivas sus conclusiones provisionales, modificando las mismas la defensa, calificando los hechos, de forma alternativa, como constitutivos de un delito de lesiones del artículo 148.1 del Código Penal con la eximente de legítima defensa, y la atenuante analógica del artículo 21.6, y tras los trámites de informe y última palabra al acusado quedaron los autos vistos para sentencia
HECHOS PROBADOSPrimero.-Probado y así se declara que sobre la 1.00 del día 27 de febrero de 2008 el procesado Bartolomé fue recogido en las inmediaciones de su domicilio sito en el barrio de La Feria de esta capital por Jenaro quien conducía su propio vehículo a fin de trasladarse al domicilio de este en la localidad de La Garita, acudiendo antes a un establecimiento de dicha localidad donde consumieron diversas bebidas alcohólicas.
Una vez en el domicilio de Jenaro y por causas no concretadas se inicio una discusión entre aquel y el procesado, quién intentó llevarse del domicilio de Jenaro un televisor de 32 pulgadas que ante la negativa de su propietario dejó en el sofá del salón, preguntando el procesado por un ordenador portátil con intención de llevárselo del domicilio, en ese momento y ante la negativa de Jenaro a darle el televisor y el ordenador, el procesado cogió un cuchillo con una hoja de 11,5 centímetros y se lo clavó a Jenaro en dos ocasiones en el abdomen, una en la parte centro alta y otra en la zona lateral derecha, sin que el agredido fuera consciente de que el cuchillo había penetrado en su cuerpo. Seguidamente el procesado pidió dinero a Jenaro poniéndole en el cuello el mismo cuchillo con el que había verificado la agresión, momento en el que el cuchillo se partió.
Como quiera que Jenaro no estaba dispuesto a entregar dinero alguno le entregó al procesado una tarjeta de crédito con la finalidad de que ambos acudieran a un cajero automático para sacar dinero, yendo en el coche del primero hasta la zona de 7 Palmas y una vez bajó el procesado del vehículo, Jenaro puso el coche en marcha con la intención de huir del lugar, llegando el procesado, para evitar esta huída, a colgarse de ventanilla correspondiente al copiloto, siendo arrastrado unos metros por el vehículo, soltándose finalmente. Conseguida la huída Jenaro acudió hasta el Centro de Salud de El Calero donde fue atendido sobre las 3.35 horas.
Segundo.-A consecuencia de la agresión, Jenaro recibió dos heridas penetrantes a nivel epigástrico e hipocondrio derecho con tendencia a la hipotensión, hemiperitoneo, perforación de colon transverso e infección abdominal peritoneal, que requirieron tratamiento médico quirúrgico para sutura de colon. Tardando 55 días en curar, 8 de los cuales fueron impeditivos, permaneciendo ingresado en el hospital durante 8 días
Primero.-Interesa el Ministerio Fiscal la condena por delito intentado de homicidio, mientras que la defensa del procesado Bartolomé sostiene, de modo alternativo, que no hay en su acción ánimo de matar, sino que se está ante un delito de lesiones del artículo 148.1 del Código Penal, pues la única intención del procesado fue la de lesionar. Al respecto, y con el fin de distinguir entre el "animus necandi" y el "animus laedendi", debemos referirnos a la sentencia del Tribunal Supremo de 28 de febrero de 20005 que señala "... cuando se trata de distinguir entre un delito de homicidio intentado y otro de lesiones (en este caso, en el subtipo agravado de utilización de armas), reside en investigar, generalmente mediante prueba inferencial, a falta de una confesión de intencionalidad patente del acusado, acerca de la existencia de ""animus necandi"" o "animus laedendi", que presida su actuar. Para ello, la doctrina de esta Sala Casacional ha elaborado una abundante doctrina jurisprudencial, a base de elementos externos de donde deducir tal "animus".
En palabras de la Sentencia, de 13 de octubre de 2004, como esa indagación aparece dificultada, por pertenecer a lo mas interno del hombre, al arcano de la conducta, hemos de deducirlo a través de los hechos que sí pueden ser apreciados por los sentidos, es decir, habrá de deducirse racionalmente de los hechos externos, anteriores, posteriores o coetáneos, realizados por el agresor que permitan descubrir la intencionalidad del autor.
Deducción que habrá de ser lógica y racional y debidamente exteriorizada por el juzgador en la motivación de la sentencia para posibilitar el conocimiento del camino deductivo empleado y facilitar, en su caso, la impugnación casacional.
Cuando se realiza un ataque con arma blanca de una persona contra otra (Sentencia de 10 de noviembre de 20004), son tres los elementos de los que cabe inferir esta voluntad de matar:
1.º La clase de arma (blanca) utilizada en el ataque.
El mismo concepto de arma blanca (navaja, cuchillo, puñal, espada u otros objetos con alguna clase de filo o punta que tienen aptitud para introducirse dentro del cuerpo humano, como un destornillador), ya nos conduce a este primer elemento.
La capacidad de penetración en la anatomía del agredido es elemento del que partimos en la hipótesis que estamos examinando.
2.º La zona del cuerpo a la que se dirige el golpe contra la víctima.
Ha de ser una zona vital para que pueda afirmarse ese ánimo de matar. Ordinariamente, cuando se trata de agresiones con arma blanca y se quiere matar, éstas se dirigen hacia el tórax, el abdomen o el cuello, que es donde se puede producir esa penetración y donde existen órganos cuya afectación puede derivar en la pérdida de la vida humana.
3.º La intensidad del golpe, de modo que éste sea apto para introducirse en el cuerpo de la persona atacada y alcanzar esa zona vital.
Una vez producida la penetración en esta parte del cuerpo, siempre que ésta alcance (o pueda alcanzar) cierta profundidad, podemos afirmar que hay ánimo de matar, es decir, un dolo directo de primer grado, o intención; pero para la tentativa es válido también el dolo eventual.
A estos efectos, la jurisprudencia de la Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de enero de 2008 ha entendido que, para afirmar la existencia del ánimo propio del delito de homicidio deben tenerse en cuenta los datos disponibles acerca de las relaciones previas entre agresor y agredido; del comportamiento del autor antes, durante y después de la agresión, lo que comprende las frases amenazantes, las expresiones proferidas, la prestación de ayuda a la víctima y cualquier otro dato relevante; del arma o de los instrumentos empleados; de la zona del cuerpo a la que se dirige el ataque; de la intensidad del golpe o golpes en que consiste la agresión, así como de las demás características de ésta; de la repetición o reiteración de los golpes; de la forma en que finaliza la secuencia agresiva; y, en general de cualquier otro dato que pueda resultar de interés en función de las peculiaridades del caso concreto. De hecho, la Sala Segunda del Tribunal Supremo, como decía Sentencia 10 de julio de 2008 ha elaborado un sólido cuerpo doctrinal, reiterado una y otra vez como pauta metódica para discernir, sobre la base de datos objetivos estrictamente individualizados, el propósito homicida o meramente lesivo que, en cada caso, puede guiar al autor de una agresión generadora de lesiones que, por una u otra circunstancia, no desembocan en el fallecimiento de la víctima. Así, la Sentencia, 15 de julio de 2003, con cita de la de 21 de diciembre de 1996 y todas las que allí se contienen, atiende a los siguientes datos: a) Dirección, número y violencia de los golpes. b) Arma utilizada y su capacidad mortífera. c) Condiciones de espacio y tiempo. d) Circunstancias concurrentes. e) Manifestaciones del culpable y actuación del mismo antes y después de los hechos. f) Relaciones autor-víctima. g) Causa del delito
Pues bien, en el caso que nos ocupa, es evidente que existen serios indicios que apuntan al homicidio imprudente, así el arma utilizada, un cuchillo (aunque endeble por cuanto se partió) con una hoja de 11,5 centímetros hallado en el domicilio del agredido con signos de sangre (que una vez analizada se correspondía con la de aquel), por cierto la defensa no niega la conclusión ahora realizada; en segundo lugar la zona del cuerpo en que se produjeron las cuchilladas; tercero la fuerza empleada, suficiente para penetrar en el cuerpo, por más que el agredido no fuera consciente de esta penetración y por más que no conste, como bien dice la defensa, la profundidad de la herida, y por último las lesiones ocasionadas habiendo declarado los cuatro facultativos examinados (dos forenses y dos cirujanas) que la falta de atención médica hubiera determinado la muerte.
No obstante lo anterior también existen indicios que apuntan a la falta de intención de matar, así hemos declarado probado que el procesado intentó llevarse diversos aparatos electrónicos, ya ante la negativa pidió dinero, y para reforzar este pedimento agredió a Jenaro, y entendemos que es así, por cuanto la agresión se verificó ante la negativa a entregar el ordenador, y después le puso el cuchillo en el cuello, y pese a ello no verificó una tercera agresión en dicha zona, si se quiera hasta más vital que el abdomen, y luego acompañó a Jenaro en el coche y pese a ello, y la evidente facilidad de consumación, no verificó una nueva agresión, es más, la única expresión de la que pudiera inferirse al ánimo de matar se produjo una vez Jenaro consiguió huir. No podemos olvidar además la relación de amistad que unía a ambas partes (sin que podamos descartar incluso una posible relación sexual). En estas circunstancias, y en beneficio del reo, existiendo claros indicios de la inexistencia de animus necandi (por más que, como dijimos existan indicios que lo determinan), hemos de optar por calificar los hechos como constitutivos de un delito de lesiones con arma blanca del artículo 148.1 en relación con el 147.1, siendo evidente, e indiscutido el uso del arma blanca e igualmente el tratamiento médico recibido.
Segundo.-Es evidente que hasta el momento no se ha efectuado mención expresa de las pruebas que han llevado a la calificación efectuada, sin embargo las mismas se antojan como evidentes, y tan evidentes son que de la defensa no ha podido argumentar la inexistencia de los hechos.
En el caso que nos ocupa nos enfrentamos a dos versiones, una extraña y la otra inverosímil, así la versión del perjudicado es extraña, pues por un lado cambia su versión, habiendo manifestado ante la Policía que la agresión se verificó después de intentar sacar dinero del cajero, y es extraña porque el perjudicado una vez verificada la agresión acompañase a su agresor hasta 7 Palmas (esto es a unos 15-20 minutos en coche de su domicilio). Pero es que la versión del procesado es inverosímil, pues dice que discutieron en La garita, que fueron hasta 7 Palmas, momento en el que se apoyó en la ventanilla para terminar la relación, arrancando en ese momento Jenaro, quedando el procesado colgado de la ventanilla por las axilas, mientras era golpeado por aquel y arrastrado a los vehículos aparcados, pudiendo zafarse sacar de las trabillas un llavero con una pequeña navaja y clavándosela en defensa a Jenaro (colgado de las axilas) y es que resulta físicamente imposible que en la posición que relata clavase la navaja en el centro del abdomen (navaja que, claro es, no aparece. Pero es que esta versión entra en abierta contradicción con los hallazgos efectuados en el domicilio de Jenaro (omitamos si se quiere los calcetines y la colilla con ADN de Bartolomé, por más que sea reveladores de su presencia, sobre todo la colilla), más si nos vamos al acta de inspección ocular obrante a los folios 46 y siguientes, vemos el domicilio desordenado, con manchas de sangre, con el televisor encima del sofá y varios cuchillos, acta que avala la versión del agredido. Señala el letrado de la defensa que estos hallazgos se pudieron propiciar después de los hechos, en realidad señala al charco de sangre (correspondiente al agredido como señalan los análisis, folios 81 y siguientes) que muestra a huella de un pie, alegando que el perjudicado manifestó que no se habían quitado la ropa, más este dijo que no se quitó la ropa no que no estuviera descalzo. Pero asumir esta teoría implica no solo pisar el charco, sino también mancar las paredes, mover el televisor (con dos heridas en el abdomen) hasta el sofá y coger un cuchillo e introducirlo en las heridas para mancharlo de sangre y debemos entender que con la sola finalidad de proceder contra Bartolomé, a quién en un principio se niega a identificar (dice en su primera declaración que fue otra persona), y frente a quién, además no se ejercitan acciones civiles. Es cierto que varió su versión entre la declaración policial y la
prestada ante el Instructor, más estimamos que esta variación vino motivada por un intento de ocultar la relación que les unía, estimando como verdadera, en atención a los datos ahora manifestados (y por supuesto a las lesiones padecidas) la versión del perjudicado
Tercero.-- Del expresado delito Y falta ha de ser considerado autor, de acuerdo con lo dispuesto en los artículos 27 y 28 del Código Penal, Bartolomé, por su participación personal, directa en los hechos enjuiciados.
Cuarto.-Por lo que hace a la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, solicita el letrado de la defensa la eximente de legítima defensa que debemos rechazar de plano pues ya hemos visto que no concurre el primero de sus elementos, la agresión ilegítima
Y por lo que hace a la influencia de las bebidas alcohólicas, para poder apreciarse sea como una circunstancia atenuante, sea como eximente, aún incompleta, es imprescindible que conste acreditada la concreta e individualizada situación del sujeto en el momento comisivo, tanto en lo concerniente al consumo como con respecto a la singularizada alteración en el momento de los hechos y la influencia que de ello pueda declararse, sobre las facultades intelectivas y volitivas, sin que la simple y genérica expresión narradora de que el procesado había bebido y consumido algo, sin mayores especificaciones y detalles pueda autorizar o configurar circunstancia atenuante de la responsabilidad criminal en ninguna de sus variadas manifestaciones Sentencias de 16 de octubre de 2000, 6 de febrero, 6 de marzo y 25 de abril de 2001, 19 de junio y 12 de julio de 2002).
En el caso que nos ocupa no concurren las anteriores circunstancias, pues solo contamos con el testimonio de ambos que relatan un consumo de alcohol, pero no contamos con el elemento determinante la influencia de este consumo en la conducta del procesado
Quinto.-Un aspecto importante de la sentencia penal condenatoria es el de la determinación de la pena, quizá al que se preste por los ajenos al mundo judicial mayor atención. Nuestros más Altos Tribunales, en innumerables resoluciones así nos lo recuerda (la importancia). Así, el Tribunal Supremo tiene afirmado con reiteración, Sentencias de 10 y 26 de mayo de 1999, o de 21 de febrero y 17 de marzo de 2000, entre otras, que un aspecto esencial de la fundamentación de las sentencias es justificar la individualización judicial de la pena, extremo de la mayor importancia pues equivale a explicitar el porqué en la sentencia se fija una determinada cantidad de pena y no otra diferente, los Altos Tribunales remarcan una especial exigibilidad de motivación en aquellos supuestos en los que la pena se ha fijado en cuantía o extensión superior a los mínimos legales. Por otro lado, la pena ha de ser adecuada al autor y al hecho. Así, han de tenerse en cuenta, tanto la gravedad del hecho como su naturaleza (que está ya insita en la previsión punitiva del legislador) pero las condiciones personales del autor se valorarán para tratar de evitar tanto cualquier represión excesiva o innecesaria, como una aplicación benevolente que puede frustrar la finalidad de la pena, invalidando igualmente el instrumento punitivo. El norte, en todo supuesto, es la proporcionalidad (no únicamente en orden a la previsión general, sino al caso concreto).
En el presente caso la pena conforme al artículo 148.1.º del Código Penal ha de oscilar entre los dos y los cinco años de prisión, teniendo en cuenta que el procesad no es delincuente primario, que la agresión se verificó en el domicilio del agredido, lo que aumenta el desvalor de la conducta, y que las lesiones producidas hubieran podido ocasionar, objetivamente, el fallecimiento, consideramos como proporcional la pena de cuatro años de prisión, con inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por el tiempo de la condena.
Del mismo modo, como así autoriza el artículo 57.1 del Código Penal, se ha de imponer a prohibición de acercamiento a una distancia inferior a 500 metros a la víctima, a su domicilio o lugar de trabajo, o de comunicarse con la misma por cualquier medio, directo o indirecto, en todos los casos salvo consentimiento expreso del agredido por un plazo de cinco años, plazo que se fundamenta en las misma razones antes expuestas, añadiendo, para justificar aún más su extensión, que procesado y agredida son vecinos.
Sexto.-- Conforme señalan los artículos 109 y siguientes del Código Penal, toda persona criminalmente responsable de un delito o falta lo es también civilmente si del hecho se derivasen daños o perjuicios, sin que haya lugar a su fijación al no haberse ejercitado las acciones civiles
Séptimo.-- Según el artículo 123 del Código Penal las costas procesales se entienden impuestas por Ley al criminalmente responsable de todo delito o falta.
Que debemos CONDENAR y CONDENAMOS a Bartolomé como autor criminalmente responsable de un delito de lesiones con arma blanca, a la pena de CUATRO AÑOS DE PRISION con las accesorias, de inhabilitación especial pare el ejercicio de derecho de sufragio pasivo por el tiempo de la condena y La prohibición de acercamiento a una distancia inferior a 500 metros a Jenaro, a su domicilio o lugar de trabajo, o de comunicarse con la misma por cualquier medio, directo o indirecto, en todos los casos salvo consentimiento expreso de la agredida por un plazo de CINCO años. Con la expresa imposición de las costas devengadas
Notifíquese esta Sentencia a las partes, y a los ofendidos por el delito haciendo saber que frente a la misma cabe preparar recurso de casación ante este Sala en el plazo de cinco días
Publicación.-Dada, leída y publicada ha sido la anterior sentencia en el día de su fecha, celebrando Audiencia Pública. Doy fe.