Source: http://hsydeee.blogspot.com/2012/10/consentimiento-informado.html
Timestamp: 2018-09-22 12:06:43
Document Index: 206818059

Matched Legal Cases: ['Artículo 4', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'Artículo 8', 'Artículo 15', 'Artículo 25', 'Artículo 27', 'Artículo 67', 'Artículo 68', 'Artículo 75']

tecnicas y observacion de la entrevista: CONSENTIMIENTO INFORMADO
Si bien en la actualidad se entiende la enorme importancia que reviste el derecho que tiene todo paciente de ser adecuadamente informado a efectos de que preste o no su consentimiento para ser sometido a un procedimiento diagnóstico o un tratamiento médico o quirúrgico, ello no siempre fue así. En efecto, en la antigüedad tal como lo expresa el distinguido jurista peruano, Dr. Fernández Sessarego: “en tiempos que no pueden considerarse remotos, el médico imponía su decisión personal, en cuanto al tratamiento a que debía ser sometido el paciente”; en tal sentido, ante la actitud paternalista del médico, al paciente sólo le quedaba aceptar la decisión o el tratamiento que éste le impartía, quedando muchas veces ignorante de los detalles y posibles consecuencias que se podrían derivar.
Actualmente al paciente le asiste el derecho de estar informado sobre la prescripción de medicamentos y las decisiones terapéuticas tomadas por el médico; llamándosele a esta concepción como “Consentimiento Informado”. Esto ha hecho que la relación médico-paciente haya sufrido cambios que han dejado obsoleto los modelos clásicos paternalistas, donde era el médico quién tomaba la decisión por el paciente. Ahora a las personas se les han reconocido derechos y valores en todos los modos de la relación humana, lo que hace que los pacientes exijan que sean respetados estos derechos a la hora de tomar decisiones que les implican, como un corolario de la dignidad y autonomía de las personas, y por lo tanto, como una obligación de esta relación médico-paciente.
El “CONSENTIMIENTO INFORMADO” es un término nuevo que traduce un derecho del paciente dentro de la neoética médica, siendo su principal objetivo proteger la autonomía del paciente. Puede definirse como el “proceso cuya materialización consiste en la declaración de voluntad realizada por una persona, a través de la cual, luego de haberse considerado las circunstancias de autonomía, evaluado su competencia y la comprensión de la información suministrada previamente referida al plan diagnóstico, terapéutico, quirúrgico o ensayo de investigación, otorga su consentimiento para la ejecución del procedimiento ofrecido”.
Y el Manual de Ética de la Asociación Médica Americana sostiene que “consistente en la explicación, a un paciente atento y mentalmente competente, de la naturaleza de la enfermedad, así como del balance entre los efectos de la misma y los riesgos y beneficios de los procedimientos terapéuticos recomendados, para a continuación solicitarle su consentimiento para ser sometido a esos procedimientos”. Entonces, el consentimiento informado se origina y aplica en todo acto médico asistencial, ello es, como todas sus definiciones, normas jurídicas y deontológicas establecen, de ineludible observación en la relación médico-paciente.
Según el Ministerio de Salud del Perú, el “Consentimiento Informado”, definido en su norma Técnica Nº 022-MINSA/DGSP-V.02, “es la conformidad expresa del paciente o de su representante legal cuando el paciente está imposibilitado, con respecto a una atención médica, quirúrgica o algún otro procedimiento, en forma libre, voluntaria y consciente, después que el médico u otro profesional de salud competente. Le ha informado de la naturaleza de la atención, incluyendo los riesgos reales y potenciales, efectos colaterales y efectos adversos, así como los beneficios, lo cual debe ser registrado y firmado en un documento, por el paciente o su representante legal y el profesional responsable. Se exceptúa de consentimiento informado en caso de situación de emergencia, según Ley General de salud, Artículos Nº 4 y 40”.
En la investigación médica se puede definir como el compromiso conjunto que establece el espacio comunicativo destinado a informar en forma oral o escrita la naturaleza, los propósitos, la forma de aplicación de los instrumentos de recopilación de información o aplicación de pruebas experimentales, presentando los beneficios, los riesgos, alternativas y medios del proceso en el cual, quien recibe la información, irá a convertirse en participante, objeto de experimentación o contribuyente al análisis estadístico, constituyéndose el documento resultante en el testimonio escrito de quien va a ser investigado (o su tercero responsable, autorizado por ley) para lograr una autorización clara, competente, voluntaria y autónoma.
Legalmente el consentimiento legítimamente declarado, como lo denomina el Dr. Rafael Aguiar Guevara es “Aquel acto expreso de voluntad, libremente manifestado, específico y determinado, oportuna y cabalmente informado, documentado y válido, mediante el cual un paciente (física y jurídicamente) capaz, acepta los procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos a ser realizados por un médico con quien, anticipadamente, ha convenido en establecer una relación médico paciente, en los términos establecidos en la ley, y que en ninguna forma o circunstancia significa la renuncia del paciente a sus derechos ni tampoco exonera –per se– la responsabilidad legal individual médica subjetiva o la institucional objetiva en una forma general”. Es decir, el consentimiento informado se apoya en dos principios básicos, la autonomía de la voluntad y la libertad de todo paciente. Por su parte, el Dr. Julio César Galán Cortés, dice: “El consentimiento informado es, por consiguiente, no sólo un derecho fundamental del paciente, sino también una exigencia ética y legal para el médico, en tal forma que podemos sostener que la voluntad sana de cada persona, es el sólo árbitro de toda intervención médica, aun cuando negarse a esta conduzca a una muerte segura”.
El consentimiento informado actúa sobre tres aspectos de la práctica médica: la autonomía del paciente, la calidad de la información que se cruza entre médico y paciente, y la defensa del buen proceder médico. Bien llevado adelante, el proceso de consentimiento informado es un instrumento virtuoso que profundiza la relación médico-paciente, la transparenta y la enriquece. Es útil para la delimitación de las responsabilidades, para el esclarecimiento de los términos de esta relación y para la demostración futura y eventual de un comportamiento serio y maduro por parte del médico tratante. Donde los factores condicionantes para el cabal cumplimiento del consentimiento informado son:
1. COMPETENCIA: Que es la capacidad del paciente de comprender la información relevante. Sólo una persona competente puede dar un Consentimiento Informado valido legalmente, ya sea el paciente y/o familiar. En el caso de menores de edad o de enfermos mentales corresponde asumir esta competencia al familiar o tutor responsable.
2. INFORMACIÓN: La información debe ser previa a los procedimientos y/o tratamientos que se deben efectuar al paciente. Las opciones deben ser comprensibles y deben incluir el objetivo del tratamiento o del estudio, su procedimiento, los beneficios y riesgos potenciales y que siempre existe la opción del paciente de rechazar el tratamiento o estudio una vez iniciado en cualquier momento, sin que ello le pueda perjudicar en otros tratamientos.
3. VOLUNTARIEDAD: Los sujetos deben decidir libremente someterse a un tratamiento o participar en un estudio sin que haya persuasión, manipulación ni coerción. El carácter voluntario del consentimiento es vulnerado cuando es solicitado por personas en posición de autoridad o no se ofrece un tiempo suficiente al paciente para reflexionar, consultar o decidir. Ejemplo un médico no puede solicitar el consentimiento de su paciente planteándole la disyuntiva de firmar o no ser atendido.
El consentimiento informado presenta generalmente las siguientes características:
- Es un proceso verbal: Los profesionales de la salud todos los días y a cada momento al dialogar y desarrollar su labor diaria están desarrollando procesos de consentimiento informado con los pacientes y no es necesario dejar constancia de ellos por escrito. Esta necesidad surge en forma excepcional, por una cuestión de seguridad o de certeza y en ese caso se debe recurrir al formulario del consentimiento informado, por lo tanto, una cosa es el consentimiento y otra cosa es el formulario.
- Es un proceso voluntario: La decisión se debe tomar libremente, por tanto, no resulta válida aquella voluntad que se manifiesta bajo coacción o manipulación. Se permite el uso de la persuasión, es decir, el uso del razonamiento lógico para tratar de convencer al paciente de que ésa es la mejor opción. Hay casos especiales como los pacientes con problemas mentales, en niños y adultos mayores o ancianos que es difícil lograr que el proceso sea voluntario, porque este grupo suele tener un grado importante de dependencia económica, física, psicológica y emocional con respecto a su grupo familiar, de modo que muchas veces toman decisiones, no para satisfacer sus propios deseos, sino para no molestar a los otros.
- Es un proceso de información: La información debe ser adecuada, suficiente comprensible y veraz. Excepcionalmente, se puede “dosificar” la información, cuando por las características del paciente se presume que la entrega de toda la información puede ser perjudicial para él (privilegio terapéutico). La información, en materia de consentimiento informado, previamente debe siempre considerar: ¿A quién informar?, ¿Quién debe informar?, ¿Cómo se debe informar?, ¿Cuándo informar?, ¿Dónde informar?, ¿Qué informar?, ¿Cuánto informar?
- Es un proceso que requiere capacidad de comprensión: Donde la aptitud personal del paciente le permite comprender la información que se le está entregando, valorarla, deliberar y emitir una decisión, asumiendo las consecuencias de la misma.
Se trata de un criterio no ligado a la edad de los individuos, sino a su madurez moral.
Es uno de los aspectos más difíciles, ya que determinar qué pacientes puede decidir por sí mismo y quienes requieren de otros para decidir, no es una tarea fácil.
- Es un proceso que termina con una decisión: Si bien se habla de consentimiento informado, se trata de un proceso que no necesariamente puede terminar con un consentimiento, es decir, el paciente tiene la posibilidad de aceptar lo que se le ofrece, o bien, rechazarlo.
El consentimiento informado cumple importantes funciones dentro del proceso terapéutico, tanto en relación al especialista como al paciente. Estas funciones pueden sintetizarse como sigue:
INFORMATIVA: La información entregada de manera clara y oportuna permite a los consultantes conocer el trastorno en particular, sus causas, implicancias y pronóstico.
También clarifica los fundamentos, propósitos y criterios éticos de los procedimientos a ser utilizados en cualquier etapa del proceso.
DECLARATIVA: Se señalan y especifican las acciones seguidas en el proceso mismo
(Entrevista, lectura conjunta, preguntas y respuestas durante el diálogo), las actividades a realizar, los principios y valores que guían el proceso.
METODOLÓGICA: Se señalan los procedimientos a ser utilizados, promoviendo la protocolarización de la acción terapéutica. Se señalarán sólo los procedimientos validados dentro de la comunidad profesional en particular. Otros procesos deberán quedar registrados para especificar su pertinencia y uso específico para el caso.
COMPROMISIVA O CONMITATIVA: En el caso de señalarse las acciones a seguir por cada actor del proceso terapéutico, se expresa un compromiso para el cumplimiento de tales propósitos.
Preactiva: Favorece la participación del paciente (o su grupo de apoyo) y de modo activo en su proceso de recuperación de la calidad de vida. También obliga al clínico a cumplir con las acciones estipuladas.
Como el Consentimiento Informado deriva del derecho que tiene todo ciudadano a la libre autodeterminación; desde este punto de vista ejerce 07 funciones primarias:
1.- PROMOVER LA AUTONOMÍA DE LOS INDIVIDUOS.- Al ser un acto voluntario, y de índole personal, el mismo que se encuentra estrechamente ligada con la propia dignidad, tiene como finalidad ejercer efectivamente la toma de decisiones personales del paciente.
2.- FOMENTAR LA RACIONALIDAD EN LA TOMA DE DECISIONES MÉDICAS.- La mejor decisión a tomar es la que se toma teniendo una gana de posibilidades, pues justamente esto es lo que persigue el consentimiento informado aplicar un la decisión no solo razonable sino proporcional.
3.- PROTEGER A LOS ENFERMOS Y A LOS SUJETOS DE EXPERIMENTACIÓN.- Función ligada a evitar excesos respecto al actuar profesional, ya que necesariamente el antes mencionada debe ceñirse a aplicar sus conocimientos en pro del paciente
4.- EVITAR EL FRAUDE Y LA COACCIÓN.- Toda persona informada no puede ser sujeta de engaño, ni mucho menos obligada a someterse a determinado tratamiento, o intervención médica.
5.- ALENTAR AL AUTO EVALUACIÓN Y AUTO EXAMEN DE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD.- El mismo clínico se beneficia al conocer las expectativas, dudas y temores del paciente; permite desarrollar investigaciones en comunidades humanas, respetando los aspectos éticos fundamentales.
6.- DISMINUIR RECELOS Y ALIVIAR TEMORES.- La información entregada debe ser clara y suficiente para orientar la toma de decisiones. No debe recurrirse a interpretaciones propias o subjetivas ni a creencias particulares del especialista y puede ser comprobado por el consultante (en la literatura específica, u otros especialistas).
7.- Introducir en la medicina una mentalidad mas probabilística y más capaz de hacer frente a la incertidumbre.
El Consentimiento Informado puede ser "implícito" o "expreso".
1.- CONSENTIMIENTO IMPLÍCITO: Es cuando un paciente no da su consentimiento
por escrito o en forma oral, pero comprendió las circunstancias que rodeaban el procedimiento o tratamiento en cuestión. Por ejemplo, el consentimiento puede ser implícito cuando un paciente se ofrece para un procedimiento relativamente simple y no invasivo. Asimismo, un consentimiento a menudo es implícito para los procedimientos necesarios que puede realizar un cirujano en el transcurso de un procedimiento quirúrgico para el cual el paciente dio su consentimiento.
2.- EL CONSENTIMIENTO EXPRESO: Se da por escrito o en forma oral. Si el consentimiento de un paciente es escrito, éste debe incluir el nombre del profesional de atención de salud que analizó y propuso el tratamiento con el paciente, el nombre del proveedor de atención de salud que va a llevar a cabo el procedimiento y la fecha, hora y lugar donde se firmó el formulario de consentimiento.
Dependiendo de a quién se debería informar: El consentimiento informado puede ser también de dos tipos:
- CONSENTIMIENTO DIRECTO: Es aquel evento donde se puede obtener directamente del paciente afectado, su consentimiento para la realización de un determinado acto médico. Para obtener la voluntad del paciente, él debe contar con autonomía, es decir, estar consciente de lo que sucede en pleno uso de sus facultades, y deberá gozar de capacidad, es decir, plena aptitud para autogobernarse.
- CONSENTIMIENTO DIFERIDO: Aunque hay quienes dicen que el consentimiento es un acto indelegable, existen situaciones en las cuales resulta imposible que el paciente ejerza autodeterminación para emitir un consentimiento directo, por lo cual se hace necesario extender esta facultad a otras personas. Estos casos son:
A).- MENORES DE EDAD: Aunque los menores de edad son considerados incapaces por la ley, como quiera que aún no cuentan con el suficiente criterio para diseñar su propio plan de vida y decidir lo mejor para ellos, resulta conveniente informarles el procedimiento que sobre ellos se llevará a cabo, aunque la decisión final compete a sus padres o representantes legales, quienes deberán velar por la protección de sus intereses y sus derechos fundamentales.
B).- ADULTO CARENTE DE PLENITUD DE SUS FACULTADES MENTALES: En este caso se encuentran los incapaces dementes, y sordomudos que no pueden darse a entender por escrito. Hacemos la salvedad que el sordomudo que sea capaz de entender por algún tipo de lenguaje y que de la misma forma pueda expresar su voluntad, podrá expresar su consentimiento directo el cual tendrá pleno valor.
C).- PACIENTE QUE A PESAR DE HABER GOZADO DE SUS FACULTADES MENTALES SE ENCUENTRA EN ESTADO DE INCONSCIENCIA: Este es el caso de una persona adulta, capaz, que por efecto de un accidente o cualquier patología llega al Hospital en estado de inconsciencia y requiere ser intervenida inmediatamente, pero ella no puede recibir información ni expresar su decisión frente al procedimiento.
En estos tres casos, los derechos al libre desarrollo de la personalidad, a la libertad de cultos y de conciencia, están siempre en un segundo plano frente al derecho a la vida que debe primar cuando las personas no puedan por sí mismas expresar su consentimiento frente al acto médico.
Es posible señalar que existen beneficios reales y determinables del
Consentimiento Informado. Tales beneficios son:
- LEGALES: Proteger al clínico en el sentido de que se especifican las acciones seguidas y la conformidad del consultante con tales acciones. También protege al paciente al serle comunicados sus derechos y obligaciones dentro del proceso.
- CALIDAD DE LA INFORMACIÓN COMPARTIDA: Permite el acceso del consultante a una información validada, coherente y específica para su condición, constituyendo la base para la comprensión de su estado actual.
- EXTENSIÓN DEL CONOCIMIENTO DISCIPLINARIO: Derivado de lo anterior, la calidad de información que el paciente recibe permitirá la difusión de conceptos más correctos dentro de su comunidad de relaciones.
- PROPICIA UNA MEJOR CALIDAD DE LA INTERVENCIÓN: La relación informada y la toma de decisiones conjuntas permite un mayor compromiso del mismo paciente en la medida que comprende el sentido de las acciones a realizar.
- PROMUEVE LA INVESTIGACIÓN CLÍNICA: El consentimiento informado es un instrumento que permite desarrollar investigaciones en comunidades humanas, respetando los aspectos éticos fundamentales.
- OBJETIVAR ACUERDO Y COMPROMISO: Al señalar de manera clara y objetiva las acciones de los participantes, permite clarificar los puntos acordados, disminuyendo las ambigüedades e incertidumbres que pudieran interferir con el proceso terapéutico.
1).-El paciente no puede comprender adecuadamente la información;
2).- Los enfermos no desean ser informados de malas noticias.
3).- La información suele asustar desproporcionadamente al paciente y puede inducirle a rechazar intervenciones que solo con llevan un riesgo mínimo.
4).- El mismo médico rara vez conoce los datos con la precisión y la certeza que requieren los pacientes.
5).- Conocer la verdad desnuda y las limitaciones que tiene el médico priva al paciente del efecto placebo que suministran la esperanza y la confianza.
Todos estos argumentos encierran algunos elementos dignos de consideración pero en su conjunto pueden verse como la expresión de un punto de vista tradicional.
Y desde un punto de vista lógico, parecen racionalizaciones y justificaciones de una práctica preestablecida, más que razones objetivas para mantenerla. En el momento presente puede decirse que el médico tiene el deber de informar suficientemente al paciente y educarle para que sea capaz de tomar una decisión coherente con sus propios valores.
EXCEPCIONES O IMPROCEDENCIA
Existen incluso ciertas situaciones en las que se puede prescindir de la obtención del consentimiento informado. Los casos en los cuales la obtención del consentimiento no es posible, o no es recomendable son los siguientes:
1).- Grave peligro para la salud pública; Ejemplo vacunaciones nacionales como parte de una política sectorial o en caso de epidemias o desastres naturales.
2).- Situación de Emergencia: En los casos de emergencia, a veces no hay tiempo para obtener el consentimiento informado de un paciente, o bien, el paciente puede estar inconsciente e incapacitado para comunicarse. Si no permite demoras por riesgo de fallecimiento o lesiones irreversibles.
3).- Pacientes incompetentes o sin capacidad para decidir: Los cuales, por definición, no pueden otorgar un consentimiento válido. Todo adulto se considera competente para tomar decisiones salvo declaración judicial de incompetencia.
4).- Privilegio terapéutico médico: Por Riesgo de Daño Emocional y Físico
Importante. El caso particular del privilegio terapéutico introducido en la jurisprudencia americana y no reconocida por la legislación española, se refiere al privilegio que capacita al médico para ocultar información al paciente respecto de los riesgos del procedimiento al que va a ser sometido, en el caso que fuera evidente que tal revelación supondría una grave amenaza para la integridad psicológica del paciente, esta decisión debe estar sólidamente fundada y no adoptarse por indicios especulativos.
5).- Imperativo legal: Si el procedimiento es dictado por orden judicial; por Pruebas
Obligatorias. El consentimiento no se requiere cuando un paciente debe presentarse a un examen o tratamiento obligatorio, por ejemplo, en los casos de problemas de salud mental o enfermedad contagiosa.
6).- Rechazo explicito de toda información por el paciente: Debe respetarse el derecho del paciente a no saber. Situaciones en las que el paciente entrega su autoridad de toma de decisión al médico o a terceros. En este caso debe existir algún familiar o sustituto legal dispuesto a asumir la responsabilidad de las decisiones.
7).- Posibilidad de corregir una alteración inesperada en el seno de otra intervención programada: Por ejemplo, una malformación o un tumor que se encuentra en el curso de una laparotomía que había sido indicada por otras razones.
¿PORQUÉ OBTENER EL CONSENTIMIENTO INFORMADO?
La obtención de consentimiento informado es una oportunidad más para el acercamiento entre los actores, posibilidad que puede ser muy reducida en los hospitales. No hay nada que reemplace una conversación sincera y amable, con mayor razón si se da alrededor de un tema de preocupación. La obtención del consentimiento informado ayuda a reducir la ansiedad del grupo familiar por la situación de salud existente, y que puede ser agravada por falta de información y poco entendimiento del problema médico. Es una oportunidad para que el paciente y familiares formulen preguntas sobre la situación, que podría no darse si resulta omitido el proceso de información, con el consiguiente riesgo de que surja después algún problema en la relación del paciente con el profesional de la salud. Por lo tanto, el proceso permite una mejor preparación del paciente, tanto emocional como clínica. El conocer y comprender su situación de salud, a partir de una clara, sencilla, oportuna, amable y verdadera explicación, lo convierte en un colaborador del personal de salud.
El derecho de cada uno a la información y a dar, o a no dar, su consentimiento antes de cada actuación sanitaria deriva del derecho básico a que se respete la autonomía personal en la situación de enfermedad. Cuando nos referimos a la obligación legal del médico de suministrar información al usuario sobre su enfermedad, generalmente suele emplearse el término consentimiento informado. Sin embargo, el deber médico de información al usuario, es un deber autónomo y previo al consentimiento, ya que el incumplimiento de la obligación se produce antes de la emisión del consentimiento: “Para consentir, primero hay que conocer”. Lo anterior a su vez supone la obligación que recae sobre el galeno de brindarle toda la información necesaria, veraz y suficiente al paciente sobre su estado de salud actual; el -o los procedimientos que conforme a la ciencia deban aplicarse para tratar la situación del paciente; las consecuencias que el tratamiento traerá para el paciente; las consecuencias que se producirían en caso de no someterse el paciente al tratamiento, etc. Entonces; debemos anotar, es que en el acto médico, a diferencia de lo que sucede dentro de otras relaciones de índole contractual, el deber de información por parte del galeno se extiende más allá del momento de la perfección del negocio jurídico, proyectándose aún en la ejecución del mismo y en los momentos posteriores.
Por ello a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se ha ido configurando como obligación legal en la mayoría de países.
En principio, el Consentimiento Informado es necesario siempre. Pero la obligación ética y legal de obtenerlo explícitamente puede ser mayor o menor dependiendo de las circunstancias del caso. De modo que un Consentimiento explícito será tanto más aconsejable cuanto mayores sean los riesgos de la intervención y cuanto menor, o más dudosa, sea la proporción entre el beneficio y el riesgo. Y en general, el consentimiento será tanto más necesario cuanto menos urgente y más experimental sea el tratamiento. Es unánime la doctrina y jurisprudencia actual en considerar que la información del paciente integra una de las obligaciones asumidas por el equipo médico, y es requisito previo a todo consentimiento, al objeto de que el paciente pueda emitir su conformidad al plan terapéutico de forma efectiva, y no viciada por una información deformada o inexacta. El médico deberá entonces explicar al paciente todo lo referente a su estado de salud, posibles tratamientos, como también sus ventajas y desventajas. El consentimiento informado debe reposar sobre una información comprensible. Ello implica que el lenguaje y la comunicación en general deben acomodarse al entorno cultural del paciente, debe adaptarse a las posibilidades propias de las personas asistidas. Es decir, si tenemos a un colega enfrente el lenguaje podrá adoptar la terminología científica adecuada. De lo contrario, deberá formularse de una manera simple y concreta, para que el enfermo pueda comprender acabadamente el malestar que padece y sus posibilidades de curación.
De esta manera, la información como derecho autónomo del paciente se configura como aquel derecho a conocer la información disponible, en términos comprensibles y suficientes para su diagnóstico y tratamiento, sin estar orientado a otra finalidad que el conocimiento por el paciente de su estado de salud. Dentro de este último se encuentra lo que se denomina deber de información terapéutica, que no es más que aquella explicación que brinda el médico al paciente como consecuencia de un tratamiento a seguir. No obstante que la información, como presupuesto del consentimiento informado, constituye el núcleo esencial de la información clínica, por cuanto la información en el proceso clínico está orientado fundamentalmente a la toma de decisiones en relación con el tratamiento, no debe menospreciarse el valor de la información terapéutica para alcanzar la colaboración necesaria del paciente en miras al éxito del tratamiento. La información terapéutica es un proceso continuado en el tiempo, que no se agota con la obtención del consentimiento informado. Asimismo, en cuanto al diagnóstico, se recuerda desde el punto de vista médico el fundamental papel que juega la información para establecimiento de una relación médico-paciente de calidad, en cuyo primer momento parece esencial que el paciente adopte y conozca su enfermedad., lo que servirá a éste para organizar o adecuar su conducta durante el período que dure la enfermedad, y al médico para fundar sobre ella el resto de sus explicaciones y para justificar sus pedido de análisis complementarios y sus decisiones terapéuticas.
En resumen; la relación del profesional con el paciente es un contrato tácito de confianza y buena fe, existiendo entre ambos asimetría informativa de la que se desprenden consecuencias jurídicas tales como la obligación del médico de informar y de obtener autorización del paciente para llevar a cabo un determinado procedimiento diagnóstico y/o terapéutico. Debe informarse de manera clara y precisa sobre el tipo de intervención a efectuar y sus posibles variantes, beneficios y riesgos probables, efectos secundarios, reacciones adversas, complicaciones y las consecuencias de no realizarla. En ocasiones, es obligatorio hacerlo por escrito, dejando constancia de haber informado debidamente, certificando el paciente haber comprendido la información suministrada. Ante la dura respecto a la manera de informar y obtener la autorización del paciente, se recomienda hacerlo de manera expresa. El consentimiento informado firmado por el paciente no significa la convalidación del tratamiento propuesto, quedando abierta la posibilidad de su revisión. Además, no exime al profesional de incurrir en mala praxis si los procedimientos utilizados no son los correctos. La omisión de este deber puede generar culpa por no haber informado o por haberlo hecho defectuosamente, aún ante una correcta prestación. Bien llevado adelante, el proceso de consentimiento informado es un instrumento virtuoso que profundiza la relación médico-paciente, la transparenta y la enriquece. Es útil para la delimitación de las responsabilidades, para el esclarecimiento de los términos de la relación médico-paciente y para la demostración futura y eventual de un comportamiento serio y maduro por parte del médico tratante.
EL CONSENTIMIENTO DE PERSONAS INCOMPETENTES O MENORES
En general, se consideran incompetentes a aquellas personas que no tienen la capacidad de entender la información que se le suministra porque se encuentran en un estado físico o psíquico (estado de inconsciencia) que no le permite hacerse cargo de la situación (estado definido por el médico tratante); a los incapacitados judiciales, y a los menores inmaduros. Es conveniente advertir que en estos casos el profesional no está eximido de la elaboración del consentimiento informado, sólo se cambia los destinatarios de este. En estos casos se dirigirá hacia los familiares o representantes legales. Uno de los primeros criterios a tener en cuenta en la toma de decisiones en casos de pacientes incompetentes es la consideración del mejor interés del paciente, ya que en muchos casos se privilegian las necesidades de la familia, los argumentos médicos e inclusive, a veces, razones de índole económica.
En la mayoría de los casos, los padres pueden dar el consentimiento informado para el tratamiento de sus hijos menores. Sin embargo, algunos estados autorizan a los jóvenes adultos, menores de dieciocho años, a que cumplan un rol más activo en su cuidado y tratamiento médico, incluido el proceso de consentimiento informado.
No obstante, de conformidad con estas leyes, no todos los adolescentes están capacitados para tomar decisiones de consentimiento informado. En su lugar, la mayoría de los estados se concentran en los "menores maduros" con capacidad para comprender la naturaleza y las consecuencias del tratamiento. En esos estados, dichos jóvenes adultos pueden estar en condiciones de dar su consentimiento sin consultar a sus padres. Por ejemplo, algunos estados han aprobado leyes específicas para que los menores den consentimiento, sin el conocimiento o la aprobación de los padres, para tratamientos de atención de salud relacionados con el abuso de sustancias tóxicas, salud mental y actividad sexual.
Cuando un adulto competente busca un tratamiento médico, el proceso de obtener el consentimiento informado parece ser relativamente fácil. Sin embargo, en los casos de personas con discapacidad mental o niños que requieren de un tratamiento, la capacidad de lograr el consentimiento informado se hace más difícil.
En los casos de personas con discapacidad mental o niños que requieren de un tratamiento, la capacidad de lograr el consentimiento informado se hace más difícil.
En estas situaciones, surgen serias preguntas en relación con quién puede dar el consentimiento informado para estas personas. Cuando el enfermo no esté en condiciones físicas y/o psíquicas de prestar su consentimiento informado, los profesionales de la salud deben obtenerlo de familiares o allegados, no empleando nunca (ni consintiendo que otros lo empleen), medidas de fuerza física o moral para obtener el consentimiento del paciente. Así las cosas, el médico responsable de este tipo de pacientes deberá contar con el consentimiento diferido, el cual consiste en informar y contar con la autorización previa de los representantes del paciente (padres, tutor o curador), si esto no fuere posible, tendrá que buscar la autorización de sus parientes atendiendo al siguiente orden:
1).- Cónyuge no divorciado o separado de cuerpos.
2).- Hijos legítimos o naturales mayores de edad.
3).- Padres legítimos o naturales.
4).- Hermanos legítimos o naturales mayores de edad.
5).- Abuelos y nietos.
6).- Parientes consanguíneos en línea colateral hasta el tercer grado.
7).- Parientes afines hasta el segundo grado.
Entonces queda claro que en el caso de las personas menores de edad o incapacitadas de dar el consentimiento, éste será otorgado por su representante legal.
Siempre de manera escrita y tras haber recibido y comprendido la información mencionada. Casi siempre, a una persona con discapacidad mental se le asigna un cuidador con autorización para tomar decisiones médicas y dar el consentimiento informado en su nombre. Sin embargo; cuando las condiciones del sujeto lo permitan, éstos, también pueden dar su consentimiento o negarse a participar en el estudio, después de haber recibido la información pertinente y adaptada a su entendimiento.
Los profesionales de la salud, en el ejercicio de sus funciones están obligados a respetar la libertad del paciente, a elegir y controlar la atención que se le presta, obteniendo el consentimiento del paciente, con carácter previo, ante cualquier (incluso si éste ha renunciado al derecho a ser informado). El participante o su representante podrán revocar el Consentimiento Informado en cualquier momento sin excepción de causa y sin que por ello se derive responsabilidad ni perjuicio alguno.
LA INSTRUMENTACIÓN DEL CONSENTIMIENTO INFORMADO
La única forma válida de obtener el consentimiento es mediante una conversación; pero el documento de Consentimiento Informado constituye un medio para transmitir información y, sobre todo, dejar evidencia documental de que ha existido este proceso, a efectos legales. Sin embargo no debe ser nunca el centro ni la finalidad del proceso de consentimiento informado y siempre debe ir precedido del diálogo. No se debe confundir el proceso informativo y el concomitante ejercicio de voluntad del paciente, con el documento de consentimiento informado, que es una expresión con soporte escrito que resume dicho proceso, permite probar fehacientemente que ha existido y permite advertir, también, cuáles han sido los términos en que se lo ha expresado y en los que el paciente ha manifestado su conformidad. “En principio, y salvo casos excepcionales, no existe obligación de instrumentar por escrito el consentimiento informado. No obstante ello, la eventual necesidad de acreditar el cumplimiento del mismo en un futuro juicio ,hace aconsejable que se lo documente por escrito, aún cuando no exista obligación legal al respecto”.
Debe tenerse en cuenta que “la carga de la prueba corresponde al médico, y ello de acuerdo con el criterio establecido en materia de información, en el sentido de que pesa sobre quien lo afirma la carga de la prueba de la prestación, por cuanto de invertir tal carga y desplazarla sobre el paciente, se le impondría a éste una prueba diabólica (probar un hecho negativo, esto es, que no se le dio la necesaria información, ni otorgó el preceptivo consentimiento informado), mientras que para el médico se trata de probar un hecho positivo, del que podría dejar buena constancia en la historia clínica”. En sentido semejante se ha dicho que “en íntima relación con el deber de informar, la historia clínica constituye un documento de gran trascendencia a efectos probatorios, puesto que en él se refleja todo lo relativo a la enfermedad del paciente”.
Ahora bien, la instrumentación del consentimiento informado no puede pasar por esos formularios absurdos que generalmente se hacen firmar a todo paciente en el mismo momento en que ingresa a un establecimiento asistencial. Para empezar el consentimiento informado es un proceso prolongado que se va dando entre profesional y paciente y que luego deberá instrumentarse en algún documento.
“El documento por excelencia para instrumentar el consentimiento informado es la historia clínica o la ficha médica del paciente”. Siempre insistimos que valen mucho más unas líneas manuscritas en la historia clínica confeccionadas por el médico tratante en las que se deja constancia de haberse informado al paciente de los riesgos y ventajas de un tratamiento y sus alternativas, que un formulario pre impreso de varias hojas que el paciente tuvo que firmar al ingresar al establecimiento. El pensamiento de la eximia jurista Elena Highton (titular de Derecho Civil de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, además de tratadista) es: “Se consideran de mucha mayor utilidad las anotaciones efectuadas por el médico en la historia clínica del paciente. Las Cortes suelen atribuir gran importancia a estas anotaciones, especialmente cuando las mismas son progresivas y resulta claro que fueron efectuadas contemporáneamente respecto de los hechos que registran.
Asimismo, se les da mucho crédito cuando identifican cuestiones o aspectos especiales expresados por el paciente. Estas anotaciones no necesitan ser voluminosas ni ocuparle mucho tiempo al profesional: si en la historia clínica del hospital o consultorio se recogen elementos relevantes de la conversación con el paciente, ello puede ser mucho más creíble que cualquier otra prueba aportada por las partes involucradas en el juicio”. Pero en algunos países, para ciertos casos existe obligación legal de obtener por escrito el consentimiento informado, como es por ejemplo para realizarse algunos procedimientos quirúrgicos, la ablación e implantes de órganos y tejidos, la participación de ensayos clínicos, etc.
Un verdadero especialista en estos temas como es el médico español Simón Lorda, nos da algunas recomendaciones respecto a la elaboración de formularios escritos de consentimiento informado: “En primer lugar, todo formulario debe asegurar una cantidad inicial de información que sea adecuada y comprensible para el paciente.
También debe hacer saber al paciente que tiene del derecho de formular cuantas preguntas libertad absoluta del paciente para reconsiderar cualquier decisión que vaya a tomar.
El formulario debe dividirse en dos grandes partes. En la primera se vuelca toda la información y en la segunda -de naturaleza más burocrática- los datos del paciente”.
Entonces; en la elaboración de estos formularios se recomienda usar frases cortas con abundantes puntos y aparte. Utilizar palabras sencillas (deben redactarse en el lenguaje y términos locales) evitando tecnicismos. En lo posible incluir dibujos por que una imagen vale más que mil palabras. Propiciar una estructura iconográfica atractiva, utilizando varios tipos de letra, cajas de texto, símbolos sombreados negritas y subrayados, todo ello para hacer que sea agradable la lectura del texto. En todos los casos, los protocolos de consentimiento informado, que son de base genérica, deben completarse en función de las circunstancias propias de cada caso. De lo contrario no dejarían nunca de ser un simple contrato de adhesión, por lo cual recomendamos:
1).- Que se utilice un tiempo adecuado durante la consulta, para discutirlo con el paciente.
2).- Que la presentación la formule el médico tratante, de modo personal, pues él es el único realmente en posición de hacerlo.
3).- Que la información debe ser impartida de modo tal que sea comprendida por el paciente; es decir, con lenguaje llano y un nivel de complejidad coherente con los alcances intelectuales del interlocutor. Porque: “La instrumentalización del Consentimiento Informado en el Acto
Médico reivindica el derecho humano primordial y fundamental del individuo como paciente, en la toma de decisiones de los procesos inherentes a estas, sobre la base de su aceptación voluntaria, libre determinación y participación.”
Entonces; a modo de enunciación, podemos citar en consecuencia los siguientes datos que debe contener todo formato de consentimiento informado:
• Nombre del paciente o representante legal si lo hubiere y médico que informa.
• Explicación de la naturaleza de la enfermedad y su evolución natural.
• Nombre del procedimiento a realizar: en qué consiste y como se llevará a cabo.
• Explicar los objetivos o beneficios que razonablemente se puede esperar de la atención o cirugía y consecuencia de la denegación.
• Información sobre riesgos de la atención o cirugía, probables complicaciones, mortalidad y secuelas. Planteo de alternativas de tratamiento comparadas con la cirugía propuesta. Explicación sobre el tipo de tratamiento y sus riesgos.
• Autorización para obtener fotografías, videos o registros gráficos en el pre, intra y postoperatorio y para difundirlas en Revistas Médicas o ámbitos científicos.
• Posibilidad de revocar el consentimiento en cualquier momento antes de la cirugía.
• Satisfacción del paciente por la información recibida y evacuación de sus dudas.
• Fecha, firma y nombre del médico, paciente y testigos, si la hubiere.
El paciente debe tener la potestad de establecer una segunda consulta con otro profesional antes de firmar su autorización, esta autorización no debe ser inmediata, sino luego de 72 horas de reflexión. Sobre el documento, es aconsejable entregar una copia al paciente y preferible que la firme con un testigo.
EL CONSENTIMIENTO INFORMADO EN LA PRÁCTICA MÉDICA.
La relación entre el médico y el paciente es uno de los aspectos de la Medicina que ha sufrido más cambios en los últimos años. Desde la época en que nuestros antepasados acudían al médico con gran confianza, hasta nuestros días, las cosas han variado mucho. Uno de los aspectos más innovadores lo constituye el Consentimiento Informado. Ahora el médico ya no puede decidir libremente lo que es bueno para su paciente sin contar con la opinión de éste. La comunicación entre el médico y el paciente es una corriente constante de información, entre ambos y, su continuidad expresa la aceptación y consentimiento por ambas partes. El
Consentimiento Informado es el pilar fundamental de la relación médico-paciente moderna, aquella donde prima la autonomía del paciente, su libertad y el respeto por sus derechos; es por eso que la práctica del consentimiento informado se ha convertido en la clave de la relación clínica actual, donde el consentimiento informado es mucho más que un permiso concedido por el paciente para realizarle un determinado procedimiento; es más que un acto formal de carácter documental. Es un proceso progresivo, gradual, de información y confianza, donde el médico da la potestad al paciente de decidir, tras recibir toda la información necesaria el rumbo que tomarán las decisiones diagnósticas y/o terapéuticas. En esta relación continuada en el tiempo, en el paciente hospitalizado, y periódica en las consultas externas, el médico plantea al paciente su estado de salud, y hace propuestas, y éste va manifestando sus deseos respecto a las actuaciones que el médico tiene que poner en práctica. La Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial de
España se ha manifestado sobre “El consentimiento informado en la práctica médica” señalando, que este acto no puede tener la consideración de burocrático puesto que exige una relación personal previa en la que se ha alcanzado un conocimiento del paciente, de sus necesidades y circunstancias:"Es contrario a la Deontología Médica entregar al paciente un documento estándar del consentimiento informado para que lo lea y entregue firmado, antes de la intervención". Sobre cómo actuar en ciertos casos como cuando el paciente es menor o presenta un trastorno mental, dice:
"El médico debe ser consciente de que cada paciente puede plantear un conflicto distinto, por lo que, a menudo, tendrá que hacer frente al deber de conocer la exigencia legal y aplicarla. Deberá además, desde su reflexión ética, poner en práctica las medidas personalizadas y adaptadas a cada situación, poniendo siempre en primer plano el ejercicio de la auténtica autonomía del paciente, cuando la pueda ejercer, o el deber de beneficencia, garantizando lo que más y mejor". Sobre
“La actuación de los médicos en relación a los acompañantes de las personas ingresadas en centros hospitalarios”, se subraya la importancia que supone para el paciente la figura del acompañante: "No es una visita de cortesía, es necesario en muchas ocasiones y un elemento fundamental en la recuperación del paciente. No hay que olvidar que la familia es un elemento fundamental de apoyo en situaciones graves del enfermo". Y sobre “la información a la familia de los pacientes” debe cumplir los principios de la ética médica: "Se deberá proporcionar a los enfermos y al acompañante la mejor y máxima información que proceda durante su asistencia, así como se valorará la información que éstos puedan aportar para mejorar el curso clínico del paciente. Es obligado hacer un esfuerzo de comunicación por todas las personas implicadas en orden a conseguir dicho objetivo".
El fundamento del consentimiento se basa en aceptar o rechazar los actos propuestos por el médico, son derechos personalísimos del paciente. Como se desprende de esto el paciente deberá estar convenientemente informado antes de tomar una decisión y esto involucra el "derecho a la verdad" sobre su enfermedad, que forma parte de esa relación contractual que se establece desde el momento que el paciente busca asistencia para su enfermedad. En los casos de enfermedades terminales corresponde el mismo derecho y es patrimonio del médico no establecer plazos de vida como así tampoco promesas de curación absoluta en función del tratamiento propuesto. Corresponde al médico hacer conocer la verdad a su paciente y tener en cuenta el impacto emocional que puede generar en el enfermo y en su entorno familiar. Muchos pacientes suelen manifestar resistencia al conocimiento de la verdad sobre su enfermedad pero el engaño a mediano plazo quebrantaría la relación con el médico. En ocasiones podemos encontrarnos en la práctica diaria con familiares que se oponen a poner de manifiesto la verdad ante el enfermo, el médico debe mediar en esta circunstancia para poner en conocimiento que la verdad forma parte de los derechos del paciente y es uno de los pilares de la relación establecida basado en el principio de veracidad. Como ya se dijo, el principio de autonomía es el fundamento del consentimiento informado que tiene gran importancia en la praxis médica actual. El médico tiene la obligación de informar al paciente de una forma adecuada e inteligible de los potenciales riesgos y beneficios de los tratamientos que se va a efectuar y de los exámenes auxiliares de diagnóstico que va a utilizar. Ahora, lo que es beneficio lo decide el paciente a quién va dirigido ese beneficio, teniendo en cuenta los hechos científicos que le transmite el médico, a los que él incorpora sus propios valores, sus ideales de vida, para decidir qué es lo beneficioso para él, que puede incluso no ser lo que la ciencia recomiende. Ya no se entiende el principio de Beneficencia si no va acompañado del principio de Autonomía, y este es el fundamento ético de la doctrina del Consentimiento Informado, que significa un rechazo a la concepción autoritaria y paternalista tradicional de la relación médico-paciente. Beneficencia y autonomía no pueden ir separadas de la medicina y comienza a tener alguna influencia en el modo de actuación de los médicos. El uso adecuado de estos principios previene o disminuye la posibilidad de errores, negligencia y coerción y promueve en el médico su autocrítica. Pero el principal propósito es establecer la autonomía del paciente, promover su derecho a la autodeterminación y proteger su condición como un ser humano que se respeta a sí mismo. Lo importante es hacer del consentimiento informado un instrumento para que el paciente sea dueño efectivo de su destino, respetando su dignidad personal, brindándole información auténtica y clara acertada de la enfermedad que padece, los posibles tratamientos a seguir y las consecuencias positivas y negativas de los mismos. La presentación de la información al paciente debe ser comprensible y no sesgada; la colaboración del paciente debe ser conseguida sin coerción alguna, no pudiendo sacar el médico provecho de su potencial dominio psicológico sobre el paciente. Obviamente que la exigencia del consentimiento informado supone que alguien pueda negarse a ser sometido a un tratamiento médico. Por ello se ha dicho que la exigencia del consentimiento informado y la validez de la negativa del paciente a someterse a una práctica médica son cara y contracara de un mismo fenómeno. El consentimiento es, por tanto, la justificación misma de la legitimidad del acto médico, basado el derecho del paciente a su autonomía y autodeterminación.
La información recibida por el paciente debe entenderse como un proceso gradual y continuado a lo largo de todo el proceso asistencial, que se realiza en el seno de la relación médico-enfermo durante todo el proceso, y que debe permitir que el paciente participe activamente en la toma de decisiones respecto al diagnóstico y tratamiento de su enfermedad. El consentimiento informado será verbal por regla general, y se prestará por escrito en intervenciones quirúrgicas, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, en los procedimientos que supongan riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente. El médico responsable deberá ponderar en cada caso que cuanto más dudoso sea el resultado de una intervención más necesario resulta el previo consentimiento por escrito del paciente. La interrupción voluntaria del embarazo, la práctica de ensayos clínicos y la práctica de técnicas de reproducción humana asistida se rigen por lo establecido con carácter general sobre la mayoría de edad y por las disposiciones especiales de aplicación en cada país. El "Consentimiento
Informado" es, o debiera ser, la materialización efectiva de un equipo de trabajo conformado por el paciente y/o su familia, y el/los médico/s, en donde todos son activos protagonistas en relación con las decisiones relativas al padecimiento de uno de ellos. El Consentimiento informado entonces, es más una implicancia en el proceso de salud, que un acto administrativo-jurídico en sí mismo. Pero por sobre todo esto, el
Consentimiento Informado es un arma poderosa en el proceso salud-enfermedad; tanto para el paciente, como para la optimización de la tarea del profesional, que así
"comparte activamente" con aquel la responsabilidad sobre su salud.
CONSIDERACIONES ÉTICAS Y JURÍDICAS DEL CONSENTIMIENTO
La medicina plantea problemas éticos y jurídicos complejos por cuanto en muchas ocasiones las decisiones en este campo ponen en tensión principios constitucionales y morales de gran importancia. Así, desde el juramento de Hipócrates, los médicos orientan su práctica por el llamado Principio de Beneficencia, en su doble dimensión: es deber de estos profesionales contribuir positivamente al bienestar del paciente (Principio de Benevolencia), o al menos abstenerse de causarle cualquier daño físico o síquico (Principio de No Maleficencia o Primun Non Nocere). De otro lado, el perfeccionamiento de las técnicas médicas supone el desarrollo de la experimentación y la investigación científica en este campo, en favor de la población y de los futuros pacientes, pues es deber de la profesión médica producir la mayor cantidad de bienestar posible para el mayor número de individuos (Principio de
Utilidad). En tercer término, los servicios de la medicina deben ser distribuidos de manera equitativa a todas las personas, en desarrollo del mandato según el cual todos deben tener igual acceso a los beneficios de la ciencia y de la cultura (Principio de Justicia). Y, finalmente, en sociedades fundadas en la inviolabilidad, dignidad y autonomía de las personas, toda intervención en el cuerpo de un individuo debe en principio contar con la autorización del propio afectado (Principio de Autonomía).
Conforme a lo anterior, la reflexión ética ha concluido que la práctica médica se encuentra sometida a varios principios esenciales, que tienen no sólo una evidente base constitucional sino también un claro fundamento en las normas internacionales de derechos humanos: los Principios de Benevolencia y de No Maleficencia, englobados en muchas ocasiones bajo la denominación genérica de Principio de
Beneficencia, que encuentran sustento constitucional en el deber del Estado y de los profesionales de la salud de cuidar la vida y la integridad de las personas, imperativo que adquiere especial trascendencia en el caso de los menores. De otro lado, el
Principio Utilitario, que se enmarca en el deber del Estado de proteger el interés general, contribuir al bienestar de la población y estimular el mejoramiento de la técnica y la libre investigación científica. En tercer término, el Principio de Justicia, que es una expresión específica del derecho de igualdad en el campo de la salud. Y, finalmente, el Principio de Permiso o de Autonomía, que deriva del reconocimiento de la dignidad, la inviolabilidad y la libertad de todas las personas.
En la actualidad, el proceso de información y toma de decisiones en el ámbito asistencial tiene su fundamento en los derechos humanos y concretamente en el derecho a la libertad de una persona para decidir sobre su propia salud. Constituye el correlato jurídico del principio de autonomía: "Todo ser humano de edad adulta y juicio sano tiene derecho a determinar lo que debe hacerse con su propio cuerpo; y un médico que realiza una intervención sin el consentimiento de su paciente comete una agresión por la que se le puede reclamar legalmente". El consentimiento es uno de los derechos del paciente, y como tal aparece consagrado en las normas éticas y jurídicas vigentes. Con el advenimiento de nuevos criterios sustentados en una consideración amparada en el Derecho, la práctica de la asistencia médica se fundamenta en la observación del consentimiento informado. Esto significa que el criterio de sustento médico ha sido reemplazado por otro de sustento legal. En el terreno ético, la doctrina del consentimiento informado se vincula a un proceso de cambio en el paradigma del modelo hegemónico de la relación médico-paciente (del paternalismo a la autonomía) de las últimas décadas. Como categoría jurídica, su origen es muy anterior y se ubica en el derecho civil vinculado a la teoría de las obligaciones y de los contratos. Durante largo tiempo no estuvo incorporado a la relación médico-paciente y se lo considera una de las últimas aportaciones a la teoría de los derechos humanos. Es unánime la doctrina y jurisprudencia actual en considerar que la información del paciente integra una de las obligaciones asumidas por el equipo médico, y es requisito previo a todo consentimiento, al objeto de que el paciente pueda emitir su conformidad al plan terapéutico de forma efectiva, y no viciada por una información deformada o inexacta.
Desde el punto de vista jurídico, el consentimiento se estudia en la teoría general del contrato, que es como lo regula el Código Civil al definirlo, establecer sus requisitos y señalar los vicios que lo invalidan, entre ellos el error. Si se considera que el tratamiento médico es el resultado de un contrato entre el médico y el paciente, la legitimación para que el médico actúe en el cuerpo del paciente se encontraría en la previa existencia de un contrato, que por tanto requiere como elemento indispensable el consentimiento del paciente. Ahora bien, para que ese consentimiento sea válido desde el punto de vista jurídico, se requiere que sea libre y consciente y ausente de error, de donde, de forma análoga a la que sucede con el consentimiento prestado con intimidación o miedo, también sería nulo el consentimiento prestado sin información o por error. Para el Derecho penal, en cambio, el consentimiento no existe legislativamente como institución general, aunque el Código lo menciona al tratar de diversos delitos como causa que excluye o limita la responsabilidad profesional.
En concreto, en los delitos de lesiones, si ha mediado el consentimiento válido, libre, espontáneo y expresamente emitido del ofendido, se impondrá la pena inferior en uno o dos grados, de suerte que el consentimiento no excluye la responsabilidad penal, pero la atenúa. El consentimiento informado cuenta con aval ético moral que se sustenta en la obligatoriedad del médico de informar con veracidad la condición de enfermedad así como el diagnóstico y terapias que crea más adecuada. Aplica los Principios de Beneficencia y actuar dentro de los límites de la justicia. La base del fundamento jurídico en que se sustenta esta herramienta medica, es el respeto de los que asiste a los pacientes en este contexto específico, es por ello necesario el poder conocer todo aquello que deseen o necesiten con el fin de tomar libremente la decisión de continuar adelante o no, con la propuesta diagnostica o terapéutica brindada por el médico. El Consentimiento Informado es el instrumento jurídico que permite en situaciones concretas de investigación, dar eficacia a estos derechos y hacer posibles su protección. Es importante que el profesional de la salud no asuma el mismo como un mero procedimiento administrativo, sino que sea consciente de sus fundamentos filosóficos, jurídicos y pedagógicos. A nivel internacional, uno de los instrumentos legales que regula este derecho del Consentimiento Informado es el “CONVENIO SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS Y LA BIOMEDICINA”, el cual establece en su “Artículo Nº 5” que: “No podrá llevarse a cabo intervención alguna en una persona - en materia de salud- sin su consentimiento informado y libre. Dicha persona deberá ser informada antes, y de manera adecuada, sobre el objetivo y naturaleza de la intervención, así como de sus consecuencias y riesgos. Podrá revocar el consentimiento en todo momento y con plena libertad”. Sin embargo, más que un formalismo o un requisito ético-legal, el Consentimiento Informado es un derecho del paciente y una responsabilidad del profesional médico. En nuestro país está reconocido con la LEY GENERAL DE SALUD DEL PERÚ Nº 262842, en el “Artículo 4°”: “Ninguna persona puede ser sometida a tratamiento médico o quirúrgico, sin su consentimiento previo o de la persona llamada legalmente a darlo, si correspondiere o estuviese impedida de hacerlo. (...)”; así mismo, se determina en los: “Artículo 6°”: “(...).
Para la aplicación de cualquier método anticonceptivo se requiere del consentimiento previo del paciente. En caso de métodos definitivos, la declaración del consentimiento debe constar en documento escrito”; “Artículo 7°”: “(...). Para la aplicación de técnicas de reproducción asistida, se requiere del consentimiento previo y por escrito de los padres biológicos. (...)”; “Artículo 8°”: “(...). La disposición de órganos y tejidos de seres humanos vivos está sujeta a consentimiento expreso y escrito del donante. (...); “Artículo 15°”: “Toda persona tiene derecho a lo siguiente: (...). 15.2 Acceso a la Información. (..). 15.3 Atención y Recuperación de la Salud. (..). 15.4 Consentimiento Informado. (...).”; “Artículo 25°”: “Toda información relativa al acto médico que se realiza tiene carácter reservado. El profesional de la salud, el técnico o el auxiliar que proporciona o divulga por cualquier medio, información relacionada al acto médico en el que participa o del que tiene conocimiento incurre en responsabilidad civil o penal, según el caso, sin perjuicio de las sanciones que corresponden en aplicación de los respectivos Códigos de Ética Profesional. (...)."; y el “Artículo 27°”: “El médico tratante, así como el cirujano-dentista y la obstetriz están obligados a informar al paciente sobre el diagnóstico, pronóstico, tratamiento y manejo de su problema de salud, así como sobre los riesgos y consecuencias de los mismos. Par aplicar tratamientos especiales, realizar pruebas riesgosas o practicar intervenciones que puedan afectar psíquica o físicamente al paciente, el médico está obligado a obtener por escrito su consentimiento informado”. Y en el CÓDIGO DE ÉTICA Y DEONTOLOGÍA DEL
COLEGIO MÉDICO DEL PERÚ, plasma toda esta concepción, y en su “Sección
Primera, numeral 3, letra “b” dice: “(...) La autonomía de la persona obliga moralmente al médico a solicitar su consentimiento informado y respetar su decisión, en consonancia con sus valores personales y culturales. (...)”; así mismo, en sus
“Artículos 55°”: “En pacientes que requieren procedimientos diagnósticos o terapéuticos que impliquen riesgos mayores que el mínimo, el médico debe solicitar consentimiento informado por escrito, por medio del cual se les comunique en qué consisten, así como las alternativas posibles, la probable duración, los límites de confidencialidad, la relación beneficio/riesgo y beneficio/costo”; “Articulo 63°”: “(..) El paciente tiene derecho a: (...) d) Obtener toda la información que sea veraz, oportuna, comprensible, acerca de su diagnóstico, tratamiento y pronóstico. e) Aceptar o rechazar un procedimiento o tratamiento después de haber sido adecuadamente informado o a revocar su decisión en cualquier momento, sin obligación de expresión de causa. (..). j) Recibir una explicación completa en caso que haya de ser referido a otro médico o establecimiento de salud, así como a no ser trasladado sin su consentimiento, excepto en caso de emergencia. l) No ser sujeto de investigación o ensayo clínico sin su previo consentimiento informado, o del asentimiento del niño o adolescente. p)Ser oportuna y debidamente informado sobre las medidas y prácticas concernientes a la protección de su salud reproductiva.”; “Artículo 67°”: “ (..). En caso de que el paciente sufriera daño por la intervención deberá ser informado de inmediato”; “Artículo 68°”: “El médico debe explicar al paciente sobre la naturaleza de sus síntomas o su enfermedad, posible o probable, hasta que éste comprenda su situación clínica, ponderando el principio del privilegio terapéutico, por el cual el médico decide las restricciones pertinentes. En caso de incompetencia del paciente, la información debe ser proporcionada a las personas legalmente responsables del
mismo.”; y en el “Artículo 75°”: “Es deber del médico tratante informar al paciente que tiene derecho a solicitar una segunda opinión si lo considera conveniente”.
http://www.virtual.unal.edu.co/cursos/economicas/91337/ayudas/manuales/acto_medico.pdf
Publicado por haydee muñoz sanchez en 15:27