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Timestamp: 2017-08-17 15:53:04
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Claude Lévi-Strauss. Federico Mayor Zaragoza, Exdirector General de la UNESCO - PDF
Claude Lévi-Strauss. Federico Mayor Zaragoza, Exdirector General de la UNESCO
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Eugenia Caballero Jiménez
1 «Cada cultura se desarrolla gracias a sus intercambios con otras culturas. Pero es preciso que cada una ponga en ello una cierta resistencia, pues de lo contrario muy pronto dejaría de tener nada propio que intercambiar. Tanto la ausencia como el exceso de comunicación tienen sus peligros». Claude Lévi-Strauss Nosotros tenemos mucho que aprender de lo gitanos: una capacidad de adaptación que jamás ha destruido su identidad cultural, una movilidad que simboliza la apertura al mundo, una creatividad que reconcilia sin interrupción ruptura y tradición. Lejos de ser una secuela de la Edad Media, los gitanos bien podrían ser, al alba del siglo XXI, uno de los modelos de hombre nuevo Federico Mayor Zaragoza, Exdirector General de la UNESCO
2 [ ] se reconoce que el pueblo rom de Colombia habita el país ininterrumpidamente desde antes del establecimiento de la República y que por consiguiente es un grupo étnico que ha realizado aportes importantes al proceso de conformación de la nacionalidad colombiana. (Artículo 1, numeral 1). [ ] es un deber constitucional del Estado proteger la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana, de la cual el pueblo rom de Colombia hace parte integral (Artículo 1, numeral 2). [ ] las referencias constitucionales y legales actualmente existentes sobre grupos étnicos se proyectan también al pueblo rom de Colombia y que en ese sentido se hace indispensable trabajar sobre desarrollos legislativos que contemplen las especificidades y demandas propias de este pueblo (Artículo 1, numeral 3). [ ] se hace necesario encontrar los mecanismos jurídicos y normativos que vayan en la dirección de garantizar una simetría efectiva entre los derechos constitucionales y legales que tienen actualmente los pueblos indígenas, comunidades afro colombianas y comunidad raizal, y los que deben hacerse extensivos hacia el pueblo rom de Colombia (Artículo 1, numeral 4). [ ] para atender las demandas y reivindicaciones propias del pueblo rom de Colombia, las distintas entidades públicas deben hacer las adecuaciones institucionales que se requieran a fin de incorporar la existencia de este grupo étnico (Artículo 1, numeral 5). [ ] las disposiciones contenidas en el Convenio 169 de 1989 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT., Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes son extensivas y se aplican al pueblo rom de Colombia (Artículo 1, numeral 6). Resolución No. 022 del 2 de septiembre de 1999 Dirección General de Comunidades Negras y Minorías Étnicas y Culturales Ministerio del Interior República de Colombia
3 Página legal
4 El pueblo rom en Colombia
5 Contenido Presentación 7 Prólogo 11 I. El largo viaje del pueblo rom 19 II. La lengua, expresión de la milenaria cultura rom 43 III. Condiciones de existencia y su efecto en la tradición 53 IV. Hacia una educación intercultural 65 V. Plan de vida: hacia la formulación de una alternativa de desarrollo desde el pueblo rom 89 VI. Status jurídico del pueblo rom ante la ONU y el Estado colombiano 109 Epílogo 124 Glosario 128 Fuentes 130 Bibliografía sugerida 133 ANEXOS: 1. Comunicación al Relator Especial de Naciones Unidas Principales conclusiones de la Mesa de Trabajo Nacional llevada a cabo entre el Ministerio de Educación Nacional y el pueblo rom de Colombia 138
6 Presentación Esta publicación resume y adapta el contenido esencial de algunos de los capítulos del texto inédito titulado Itinerario de viaje para un autodiagnóstico educativo del pueblo rom de Colombia (2004) compilación de trabajos de varios autores, realizada por el Proceso organizativo del pueblo rom (gitano) de Colombia (Prorom)*. A partir del documento señalado, y teniéndolo como referencia básica, se hizo una adaptación general. El material original se seleccionó, resumió, complementó y en algunos temas se profundizó, hasta lograr la edición general del texto correspondiente a esta versión final, presentada bajo el título de: El pueblo rom en Colombia El libro consta de seis capítulos y dos anexos, como se explicará en el prólogo. A esta edición tributan los textos consignados como fuentes de este trabajo; de cada uno de ellos se toman conceptos, datos y fragmentos literales, adaptados o resumidos. Esta obra de divulgación, es pues el resultado de una adaptación del trabajo original de Prorom más los significativos aportes de las fuentes referenciadas. Este documento se propone, principalmente, dos objetivos: el primero, visibilizar al pueblo rom, que con sus características culturales propias de alguna manera ha contribuido a la formación de la nación; y el segundo, sensibilizar a los colombianos sobre la importancia de este pueblo, sus valores, cultura y, especialmente, su deseo de aportar desde su cosmovisión particular a la solución del conflicto colombiano. Este es un libro de divulgación general dirigido particularmente a funcionarios de gobierno del área educativa, en el orden nacional, departamental y local, a profesores y a los colombianos en general. * Del documento mencionado se han retomado los textos de: Katharina Deman, Mariano Fernández Enguita, Juan Carlos Gamboa Martínez, Ana Dalila Gómez Baos, Venecer Gómez Fuentes, Hugo Alejandro Paternina Espinosa, Claudia A. Rojas Venegas, Pedro Rincón, Martha Cedijo, y María Teresa Andrés.
7 Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados.
8 En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. «La ciencia ha eliminado las distancias», pregonaba Melquíades. «Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.» Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos.
9 Para nosotros el conocimiento nace en las sombras. La sabiduría también se refugia en la oscuridad. Es por ello que el pueblo rom se cubre con el misterio, despertando siempre la imaginación de quienes intentan averiguar qué hay en nuestras kumpeniyi. Ana Dalila Gómez Baos
10 Prólogo A tono con el tema que aborda este libro, el pasado, el presente y el futuro del pueblo rom, se invita al lector de estas páginas para que emprenda un recorrido por la historia y la cultura de un pueblo que por su misma naturaleza transnacional es planetario, pero que también se ha arraigado, a su peculiar manera, en muchos países y regiones del mundo. El capítulo primero, El largo viaje del pueblo rom, presenta de manera sucinta la historia de su larga migración que lo ha conducido desde las entrañas del continente asiático, pasando por Europa en dirección al oeste hasta dar con tierras americanas, en un viaje de nunca acabar y que lleva ya más de mil años. Su presencia en nuestro territorio se encuentra recreada estupendamente en las páginas de la novela más renombrada del siglo XX colombiano, Cien años de soledad, en la que se apoyará este trabajo para indicar la constante aunque invisible presencia del pueblo rom en nuestro país. En La lengua, expresión de la milenaria cultura rom, capítulo segundo, el idioma romanés y sus variantes merecen aquí una atención especial por ser una lengua que se está depurando de sus influencias sucesivas con el propósito de servir de medio de expresión y de comunicación de todo el pueblo rom disperso por el mundo. El capítulo tercero, Condiciones de existencia y su efecto en la tradición ofrece un panorama de la idiosincrasia de este pueblo desde su cosmovisión particular, para señalar aspectos significativos de su identidad cultural que se encuentran en peligro ante la presión de modelos culturales que atentan contra sus tradiciones ancestrales y su cohesión social.
11 12 El pueblo rom en Colombia El capítulo cuarto, Hacia una educación intercultural, introduce de lleno en el corazón de la problemática que enfrenta el pueblo rom en la actualidad el profundo marginamiento social resultante de su estrategia de invisibilidad, que los ha llevado a prescindir de la educación formal por considerarla nociva para sus principios y disolvente para su comunidad. En la dirección de solucionar este inconveniente grave, se formulan en este apartado algunos de los lineamientos de lo que podría ser una educación intercultural que posibilite la inclusión social de los grupos étnicos minoritarios, en condiciones de equidad y respeto por sus tradiciones e identidad cultural. Sólo de este modo se puede garantizar una participación activa de las minorías en el conjunto de la sociedad colombiana, proceso del que sólo pueden resultar beneficios para una nación que cuenta con tanta riqueza cultural, expresada en su gran diversidad étnica, verdadero patrimonio de la humanidad. El capítulo quinto, Plan de vida: hacia la formulación de una alternativa al desarrollo para el pueblo rom, parte del diagnóstico de la situación social de los rom colombianos para encaminarse hacia la formulación de una propuesta viable que les permita una integración social sin asimilación ni renuncia a su patrimonio más querido, la libertad e independencia que los ha caracterizado desde siempre como pueblo. Allí se indican las acciones que ya se han dado en esta dirección desde la fundación del Proceso organizativo del pueblo rom (gitano) de Colombia, Prorom, y los reconocimientos y compromisos que el Estado colombiano ha adquirido con ellos y que se sintetizan en las líneas de acción que se presentan a los lectores como las tareas que deben ser llevadas a cabo en las actuales condiciones de la sociedad colombiana. El capitulo sexto, Status jurídico del pueblo rom ante las Naciones Unidas y el Estado colombiano, analiza los reconocimientos que en pronunciamientos oficiales han hecho del pueblo rom tanto la Organización de las Naciones Unidas, ONU, como el Estado colombiano a través del Ministerio del Interior y de Justicia. En este aparte se hace el estudio del convenio 169 de la OIT y del reconoci-
12 Prólogo 13 miento por parte del estado colombiano de su aplicabilidad al pueblo rom. Una sección complementaria de anexos presenta la comunicación de Prorom al Relator Especial de Naciones Unidas para que en su informe recomiende al Estado colombiano tomar medidas que le permitan al pueblo rom superar las condiciones de marginalidad. Finalmente, se incluyen las principales conclusiones de la Mesa de Trabajo Nacional llevada a cabo en enero del año 2004 entre el Ministerio de Educación Nacional y el pueblo rom de Colombia. Con los temas abordados en esta publicación se espera cumplir con un cometido preciso: hacer visible para todos los colombianos a una comunidad que como pocas ha demostrado ser capaz de sobreponerse a todas las situaciones, por adversas que se presenten, y que también como pocas ha permanecido fiel a sí misma y a sus valores más sentidos, sin importar el momento y el lugar. El pueblo rom ha sabido conservar, a lo largo de sus peregrinaciones, su autenticidad y su personalidad únicas gracias a su resistencia y su tenacidad forjadas en muchos terrenos y en muchas situaciones distintas. Como lo señala Amadou-Mahtar M Bow, Su nomadismo lo ha llevado a convivir con naciones supremamente diversas sin haberse perdido jamás, menos aún disuelto en ellas, dondequiera que se encontrara. Débese esto, sin duda, a que su arraigo no es material, en un suelo dado, sino mucho más profundo: en una conciencia de los valores sociales y humanos. De ahí que su desplazamiento por el mundo entero mantenga, incluso a través de sus rupturas, un carácter de continuidad y de fidelidad ; enseñanza que todos los países y pueblos del planeta deberían tener bien presente para no sucumbir a los colonialismos culturales que buscan arrasar con la riqueza propia de tantos pueblos, en aras de fomentar unos valores que alimentan el desarraigo y la enajenación del hombre, de la sociedad y de la naturaleza.
13 Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento: -La tierra es redonda como una naranja. Úrsula perdió la paciencia. «Si has de volverte loco, vuélvete tú solo», gritó. «Pero no trates de inculcar a los niños tus ideas de gitano.» José Arcadio Buendía, impasible, no se dejó amedrentar por la desesperación de su mujer, que en un rapto de cólera le destrozó el astrolabio contra el suelo. Construyó otro, reunió en el cuartito a los hombres del pueblo y les demostró, con teorías que para todos resultaban incomprensibles, la posibilidad de regresar al punto de partida navegando siempre hacia el oriente. Toda la aldea estaba convencida de que José Arcadio Buendía había perdido el juicio, cuando llegó Melquíades a poner las cosas en su punto. Exaltó en público la inteligencia de aquel hombre que por pura especulación astronómica había construido una teoría ya comprobada en la práctica, aunque desconocida hasta entonces en Macondo, y como una prueba de su admiración le hizo un regalo que había de ejercer una influencia terminante en el futuro de la aldea: un laboratorio de alquimia. Para esa época, Melquíades había envejecido con una rapidez asombrosa. En sus primeros viajes parecía tener la misma edad de José Arcadio Buendía. Pero mientras éste conservaba su fuerza desco-
14 munal, que le permitía derribar un caballo agarrándolo por las orejas, el gitano parecía estragado por una dolencia tenaz. Era, en realidad, el resultado de múltiples y raras enfermedades contraídas en sus incontables viajes alrededor del mundo. Según él mismo le contó a José Arcadio Buendía mientras lo ayudaba a montar el laboratorio, la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final. Era un fugitivo de cuantas plagas y catástrofes habían flagelado al género humano. Sobrevivió a la pelagra en Persia, al escorbuto en el archipiélago de Malasia, a la lepra en Alejandría, al beriberi en el Japón, a la peste bubónica en Madagascar, al terremoto de Sicilia y a un naufragio multitudinario en el estrecho de Magallanes. Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas. Usaba un sombrero grande y negro, como las alas extendidas de un cuervo, y un chaleco de terciopelo patinado por el verdín de los siglos. Pero a pesar de su inmensa sabiduría y de su ámbito misterioso tenía un peso humano, una condición terrestre que lo mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana. Se quejaba de dolencias de viejo, sufría por los más insignificantes percances económicos y había dejado de reír desde hacía mucho tiempo, porque el escorbuto le había arrancado los dientes. El sofocante mediodía en que reveló sus secretos, José Arcadio Buendía tuvo la certidumbre de que aquél era el principio de una grande amistad. Los niños se asombraron con sus relatos fantásticos. Aureliano, que no tenía entonces más de cinco años, había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica y
15 reverberante de la ventana, alumbrando con su profunda voz de órgano los territorios más oscuros de la imaginación, mientras chorreaba por sus sienes la grasa derretida por el calor. José Arcadio, su hermano mayor, había de transmitir aquella imagen maravillosa, como un recuerdo hereditario, a toda su descendencia. Úrsula, en cambio, conservó un mal recuerdo de aquella visita, porque entró al cuarto en el momento en que Melquíades rompió por distracción un frasco de bicloruro de mercurio. -Es el olor del demonio -dijo ella. -En absoluto corrigió Melquíades-. Está comprobado que el demonio tiene propiedades sulfúricas, y esto no es más que un poco de solimán. Siempre didáctico, hizo una sabia exposición sobre las virtudes diabólicas del cinabrio, pero Úrsula no le hizo caso, sino que se llevó los niños a rezar. Aquel olor mordiente quedaría para siempre en su memoria, vinculado al recuerdo de Melquíades. El rudimentario laboratorio -sin contar una profusión de cazuelas, embudos, retortas, filtros y coladores- estaba compuesto por un atanor primitivo; una probeta de cristal de cuello largo y angosto, imitación del huevo filosófico, y un destilador construido por los propios gitanos según las descripciones modernas del alambique de tres brazos de María la judía. Además de estas cosas, Melquíades dejó muestras de los siete metales correspondientes a los siete planetas, las fórmulas de Moisés y Zósimo para el doblado del oro, y una serie de apuntes y dibujos sobre los procesos del Gran Magisterio, que permitían a quien supiera interpretarlos intentar la fabricación de la piedra filosofal.
16 Cuando volvieron los gitanos, Úrsula había predispuesto contra ellos a toda la población. Pero la curiosidad pudo más que el temor, porque aquella vez los gitanos recorrieron la aldea haciendo un ruido ensordecedor con toda clase de instrumentos músicos, mientras el pregonero anunciaba la exhibición del más fabuloso hallazgo de los nasciancenos. De modo que todo el mundo se fue a la carpa, y mediante el pago de un centavo vieron un Melquíades juvenil, repuesto, desarrugado, con una dentadura nueva y radiante. Quienes recordaban sus encías destruidas por el escorbuto, sus mejillas fláccidas y sus labios marchitos se estremecieron de pavor ante aquella prueba terminante de los poderes sobrenaturales del gitano. El pavor se convirtió en pánico cuando Melquíades se sacó los dientes, intactos, engastados en las encías, y se los mostró al público por un instante -un instante fugaz en que volvió a ser el mismo hombre decrépito de los años anteriores- y se los puso otra vez y sonrió de nuevo con un dominio pleno de su juventud restaurada. Hasta el propio José Arcadio Buendía consideró que los conocimientos de Melquíades habían llegado a extremos intolerables, pero experimentó un saludable alborozo cuando el gitano le explicó a solas el mecanismo de su dentadura postiza. Aquello le pareció a la vez tan sencillo y prodigioso, que de la noche a la mañana perdió todo interés en las investigaciones de alquimia; sufrió una nueva crisis de mal humor, no volvió a comer en forma regular y se pasaba el día dando vueltas por la casa. «En el mundo están ocurriendo cosas increíbles», le decía a Úrsula. «Ahí mismo, al otro lado del río, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como los burros.» Quienes lo conocían desde los tiempos de la fundación de Macondo se asombraban de cuánto había cambiado bajo la influencia de Melquíades.
17 I. El largo viaje del pueblo rom Sobre el origen del pueblo rom [...] En el momento de la creación, o Del quiso hacer a los hombres y mujeres a su imagen y semejanza, así que cogió un montón de harina y agua, hizo una pasta y moldeó pequeñas personas. Las colocó en el horno celestial para que se endurecieran pero por desgracia se distrajo con otra cosa y se olvidó de ellas. Cuando regresó a sacarlas se habían quemado: estos fueron los primeros seres humanos negros. Acto seguido o Del cogió más harina y más agua, dio forma a la mezcla y volvió a meter las figuras en el horno. Le preocupaba que estas pudieran quemarse, así que las sacó antes que estuvieran cocidas: de ellas proceden las primeras personas blancas. Al tercer intento, decidió crear el tiempo y un reloj para asegurarse que la cocción durara lo justo, y cuando sacó las figuras del horno, estaban en su punto, perfectamente doradas. Este es el origen de los rom. La fascinación, la extrañeza y el temor que han suscitado desde siempre los gitanos entre los demás pueblos del mundo están recreados de manera magistral en Cien años de soledad. Desde la primera página de la novela la magia irrumpe en la apacible cotidianidad de Macondo de la mano de Melquíades y su tribu de gitanos, quienes son presentados como los venturosos heraldos de la modernidad por los numerosos inventos de que son portadores, pero que los gitanos exhiben más como atracciones de feria que como las elocuentes avanzadas del progreso, y ante cuya contemplación los habitantes de la aldea caen presos de la perplejidad y la incertidumbre.
18 20 El pueblo rom en Colombia Todos los años por el mes de marzo los gitanos retornaban a Macondo llevando los grandes inventos, que exhibían a cambio de algunas monedas en las toldas instaladas a las afueras del pueblo. Tal es el caso del hielo; en palabras de José Arcadio Buendía: el gran invento de nuestro tiempo ; o el del imán, del cual Melquíades hace una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia: Las cosas tienen vida propia pregonaba el gitano con áspero acento todo es cuestión de despertarles el ánima, decía mientras los objetos metálicos de la aldea se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. Pero de dónde retornaban los gitanos a Macondo? Esto no se menciona a ciencia cierta en el relato, aun cuando se indica algún itinerario azaroso al inventariar los padecimientos de salud de Melquíades, de quien se dice que había sobrevivido a la pelagra en Persia, al escorbuto en el archipiélago de Malasia, a la lepra de Alejandría, al beriberi del Japón, a la peste bubónica en Madagascar, al terremoto de Sicilia y a un naufragio multitudinario en el estrecho de Magallanes ; pero que terminaría por sucumbir a las fiebres de los médanos de Singapur, y cuyo cuerpo había sido arrojado en el lugar más profundo del mar de Java. Sin embargo, el fantasma de Melquíades regresa a Macondo para redactar unos manuscritos en una lengua desconocida, que terminará por descifrar Aureliano Babilonia al descubrir que estaban escritos en sánscrito, tan pronto como se cumpla un siglo de la fundación del pueblo y de la estirpe condenada de los Buendía, como lo vaticinaban los mismos manuscritos. En esta sucinta descripción ya se encuentra trazado el itinerario secular de los gitanos hasta dar con tierras americanas partiendo del continente asiático, aunque la mención del sánscrito indica de manera precisa la tierra de origen de los rom: la legendaria India. De ahí también el aura de leyenda que rodea a todo lo gitano desde sus orígenes 1. 1 A los gitanos se les da diversos nombres en las distintas lenguas del mundo. Según la Enciclopedia Espasa-Calpe, en España se los conoce con el nombre de gitanos; antiguamente se llamaron
19 El largo viaje del pueblo rom 21 Pueblo mítico por excelencia, el rom conserva como pocos un saber natural del medio, un amor por la aventura y una confianza desmedida en su buena estrella. Pueblo nómada, pueblo indómito, pueblo del devenir que se resiste al progreso a pero que se renueva con el cambio de entorno y que sólo vive el instante presente, pues el mañana no existe para el rom y el ayer no es más que el polvo que se adhiere a las cosas en el trajín del viaje. Peregrinos dijeron ser en Europa los rom cuando se topaban con las caravanas de peregrinos cristianos que iban en pos de las reliquias del apóstol Santiago en Compostela. Papistas devotos también dijeron ser y hasta exhibieron credenciales pontificias sin necesidad de pisar tierras vaticanas, para ganarse el favor de varias casas reales de Europa. Como pueblo forastero que es, el rom es por naturaleza desconfiado frente a la justicia y la legislación de los Estados que los acogen, que los aceptan, pero que también los reglamentan y condicionan su estadía, y eso subleva a esta etnia libertaria, que si de algo se enorgullece es de su naturaleza independiente, de su identidad étnica y de su ingenio para salir airosos de cualquier trance que les depare el camino. De ahí también la animadversión que generan entre los pueblos sedentarios por naturaleza, que desconfían de quien tiene costumbres diferentes. Según François de Vaux de Foletier (1984), sólo hasta finales del siglo XVIII los lingüistas europeos determinaron el origen indio del pueblo rom, basándose en estudios filológicos que aproximaban la gramática y el vocabulario de su lengua al sánscrito y a algunas egipcianos y bohemianos; en Francia se los conoce indistintamente con el nombre de égyptiens o bohémiens, porque aparecieron allí como oriundos de Egipto primero y luego como procedentes de Bohemia; en Italia y Grecia, zingaro o zingano; en Alemania, Zigeuner; en Inglaterra, gypsies; en Hungría, egiptener y pharao nepek (pueblo de Faraón), y heydenen en Holanda; en Portugal se los conoce como ciganos; en Rusia y poblaciones del Danubio, zinganes. En Turquía, tchinghianes, quibli y farawni; fante y tatars en Noruega y Dinamarca; Escocia los denomina cairds; en la India, carachis; en Valaquia, zigani; entre los árabes se los distingue con el nombre de caramis; en Persia los llaman indios negros y luris, que probablemente es una derivación de loharí, que significa herrero en indostán, oficio al que se dedicaban muchos individuos de esta etnia. La mayor parte de estos nombres aluden a Egipto y otros son alusivos a la antigua patria de los gitanos, la India. Todos estos grupos a partir de la celebración de la Conferencia Internacional de Barcelona de 1994, decidieron no tener otra denominación que la de rom que, en romanés, su lengua, significa simplemente hombre. En adelante nos atendremos a esta denominación.
20 22 El pueblo rom en Colombia lenguas vivas como el cachemir, el hindi, el gujarati, el marathi y el nepalés. Los escritores de la India antigua, según este historiador, se interesaban más por la vida de los dioses y de los reyes que por la de gentes como los zotts, jats, luris, nuris, dom, o rom, por lo que no se encuentran alusiones a su vida nómada en los libros indios antiguos, la que presumiblemente empezó en su tierra de origen itinerando de un lado a otro antes de abandonarla en grandes y sucesivas olas migratorias. Algunos historiadores y comentaristas han aventurado hipótesis sobre las posibles causas de la salida del pueblo rom de la India, aludiendo a invasiones de territorio y cataclismos naturales que dieron paso a épocas de penuria y que impusieron el éxodo a muchos de sus moradores. El hecho cierto es que, según Vaux de Foletier, la primera mención sobre la presencia rom en Persia en la ruta obligada hacia el oeste la da el historiador Hamza, de Ispahán, que cuenta que hacia mediados del siglo X de nuestra era, cerca de doce mil músicos zotts habían arribado a su país procedentes de la India. Otra fuente persa, esta vez el poeta Firdusi, alude al mismo fenómeno hacia el año 1000, dando cuenta en su Libro de los reyes de la presencia de numerosos luris, que gozaban ya de una reputación de músicos y que eran reacios a la agricultura y propensos al nomadismo (ibid.). Razones de un exilio forzoso Existe una teoría según la cual los rom salieron de la India para evitar un ataque musulmán. Tras cruzar Persia y permanecer por varios siglos en el Imperio Bizantino, en el siglo XIV avanzaron al norte rumbo a Europa. Pero fue gracias a su idioma, que el pueblo rom designa como romanés, que pudo rastrearse su origen más plausiblemente. Determinar el origen de las palabras romanesas ayudó a crear un sendero léxico que sitúa a los rom en la India hace mil años. Se pudo comprobar que tiene raíces sánscritas, así como numerosas palabras que existen todavía en varios de los dialectos que se hablan hoy día en el subcontinente asiático, hasta loca-