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La violación a los derechos religiosos de los pueblos indígenas mexica
La violación a los derechos religiosos de los pueblos indígenas mexicanos. :: Drogas México
Lunes 5 de febrero de 2007 (05/02/07)
El antropólogo Julio Glockner en su artículo “Drogas y Enteógenos. Reflexiones en Torno a un Problema Cultural” [2006] señala que en el Encuentro sobre Derechos Religiosos de los Pueblos Indígenas que se llevó a cabo en 1977 en Chetumal, Quintana Roo, los representantes de diversas comunidades indígenas (coras, huicholas, mayas y mazatecas) expusieron algunos problemas relacionados con la dificultad que tienen para utilizar animales, plantas y hongos que sus respectivas tradiciones han considerado como sagradas. El señor Francisco González de la Cruz, consejero municipal de San Antonio de Padua, Durango, dijo lo siguiente:
Dentro de las fiestas tradicionales que lleva a cabo el pueblo huichol existe la necesidad de utilizar algunas plantas y animales que para nosotros son sagrados porque así lo piden nuestros dioses. Para realizar la fiesta del peyote es necesario hacer una peregrinación a Wiricuta, San Luis Potosí, con el fin de poder recolectar el peyote... Nosotros lo utilizamos únicamente con fines rituales ya que durante la ceremonia se consume y así los maracames se comunican con nuestros dioses. Durante el traslado se han tenido algunos problemas con las autoridades pues se ha dado el caso de que lo han decomisado y detienen a los peregrinos asegurándoles que para ellos es una droga, pero para nosotros es una planta sagrada y no la utilizamos para otros fines sino para celebrar la fiesta [Glockner 2006].
El representante del pueblo cora, el señor Florentino López, fiestero de Santa Cruz Huayabel, explicó:
En Nayarit, el problema que tenemos es el uso de las plantas y animales, como es la recolecta, el transporte o el cultivo del peyote, la caza del venado y aves que nosotros consideramos como animales sagrados. En la sierra nayarita vivimos la etnia cora y profesamos nuestra propia religión tradicional, por lo cual en las ceremonias usamos plantas como el peyote... Las autoridades nos detienen por cultivar o poseer peyote. Sin antes consultar a la autoridad tradicional de la comunidad, nos ponen a disposición de la autoridad competente para procesarnos. .. En estos problemas tratamos de defendernos mencionando el derecho que nos da el artículo 4 constitucional, pero la autoridad procesadora nos señala un artículo del Código Penal Federal en donde menciona que tal objeto que se nos encontró es penado por esa ley... lo que hace falta es que en todas las leyes y códigos procesadores se plasme lo que el artículo 4 constitucional nos proporciona [Glockner 2006].
El Estado Mexicano ha cometido un sin fin de violaciones arbitrarias en contra de los pueblos indígenas y de mestizos que son propiciadas por la ambigüedad de la legislación actual, que por una parte condena, mediante el Código Penal Federal y la Ley General de Salud, el consumo de plantas psicoactivas, mientras que por otro lado reconoce su empleo tradicional a través del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo firmado en Ginebra, Suiza en donde supuestamente el gobierno mexicano se compromete a proteger las prácticas curativas-mágico-religiosas de los pueblos indígenas. Sólo llevando la coherencia al terreno legislativo y reconociendo plenamente los derechos religiosos de los pueblos indígenas y mestizos se pondrá fin a la represión y extorsión que actualmente se ejerce contra ellos en todo el país [Glockner 2006].
A continuación presentamos la violación que se lleva a cabo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en referencia al Título Primero. Capítulo I. De las Garantías Individuales. Específicamente a los artículos 1 y 24 que afectan directamente los derechos religiosos de los pueblos indígenas y de grupos mestizos.
Artículo 1.- En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garantías que otorga esta constitución, las cuales no podrán restringirse ni suspenderse, sino en los casos y con las condiciones que ella misma establece.
Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los Esclavos del Extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por éste solo hecho, su libertad y la protección de las leyes. (Adicionado mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 14 de Agosto del 2001).
Queda prohibida toda discriminación motivada por el origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, atente contra la dignidad humana y tenga por objeto menoscabar los derechos y libertades de las personas. (Reformado mediante decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 04 de Diciembre del 2006)
El artículo 1 es violado cuando no se reconoce la libertad religiosa de los pueblos indígenas y de grupos mestizos. Al prohibir y discriminar el uso de sus plantas sagradas ancestrales (Lophophora williamsii, Psilocybe mexicana, Stropharia cubensis, Conocybe spp., entre otras) por la Ley General de Salud y el Código Penal Federal.
Grupos de indígenas y mestizos son discriminados y privados de sus libertades religiosas por la cultura occidental dominante. Estos grupos marginados pertenecen a regiones de escasos recursos o sectores minoritarios que forman parte de esferas vulnerables de nuestra sociedad por causa de su historia, estrato socio-económico, ideología y religión.
Estos grupos otorgan un lugar privilegiado a los vegetales (plantas y hongos) en su sistema de pensamiento. Siendo el caso de algunas etnias indígenas (huicholes, coras, tepehuanes, yaquis, tarahumaras, mazatecas, nahuas, mayas, mixes, otomís, etc.) y de algunos grupos mestizos mexicanos que practican la fitolatría (adoración a las plantas) y la micolatría (adoración a los hongos) los cuales podrían calificarse de “vegetalistas” [Chaumeil 1993].
Las plantas y hongos sagrados son considerados como “divinidades” que conforman a la naturaleza. Los cuales para estos grupos tradicionales representan la fuente de su saber y de sus poderes cosmológicos, mitológicos, religiosos, terapéuticos, etc. [Chaumeil 1993]. Estos vegetales han sido utilizados en rituales curativos-mágico-religiosos desde tiempos prehistóricos y protohistóricos en todo el continente americano. (Por ejemplo, las evidencias arqueológicas más vetustas del uso de hongos psilocíbicos datan de alrededor de 1000 años A.C. y en el caso del peyote de 6500 años A.C.) Los cultos ancestrales de los pobladores originales del continente deberían ser considerados como un patrimonio cultural de la humanidad y no ser erradicados por la mentalidad etnocéntrica del hombre occidental. Su prohibición ha sido una arbitrariedad que se inició en tiempos coloniales y que al continuar en la actualidad menoscaba los derechos y libertades de culto y religión de los mexicanos.
El pensamiento judeo-cristiano que impera en México a través de la Iglesia Católica le ha proporcionado a nuestra sociedad occidental un código ético-religioso (o paradigma) lleno de arrogancia con el cuál se valora moralmente de modo etnocéntrico y puritano a todas las sociedades no occidentales (indígenas). No hace falta más que observar los comentarios negativos que hace Fray Bernardino de Sahagún en su libro “Historia General de las Cosas de la Nueva España” en relación a las plantas sagradas y la espiritualidad indígena. Su discurso satanizante aún genera un gran eco en la concepción actual de las drogas por parte de algunos núcleos políticos y eclesiásticos que siguen mostrando una mentalidad retrógrada que forma parte de la edad media y de la Santa Inquisición en su fantasiosa cacería de brujas...
Los indígenas mexicanos continúan siendo perseguidos por la práctica de sus milenarias tradiciones religiosas sustentadas en el consumo de sus plantas sagradas. El criterio moderno, respaldado en un conocimiento científico occidental desbordante de soberbia, ya no “sataniza” a las creencias indígenas, simplemente en el mejor de los casos las descalifica peyorativamente “a priori” considerándolas como una representación falsa de la realidad. Calificando erróneamente al pensamiento indígena de “primitivo”, “infantil”, “prelógico” y “salvaje”.
La ciencia oficial denota en su totalidad una postura sesgada llena de prejuicios ante el estudio de las sociedades no occidentales. Las visiones espirituales que tienen los indígenas al consumir sus plantas sagradas ya no se consideran como obra del demonio, sino como alucinaciones y delirios que resultan de los efectos neurofisiológicos provocados por el consumo de una droga. En el mejor de los casos, el Estado Mexicano ha tenido una actitud de pseudo-tolerancia, pero no de comprensión, de las prácticas religiosas indígenas. Permitiendo a medias el consumo de estas plantas no porque entienda su significado religioso y espiritual, sino porque oponerse a su uso en forma obstinada le crearía problemas innecesarios. En consecuencia, una pseudo-permisividad resulta más conveniente que la prohibición total, que conduciría a un enfrentamiento frontal con las comunidades autóctonas y mestizas. De ahí que la ambigüedad de las legislaciones mexicanas en foros internacionales mantenga una política blandengue de pseudo-apertura y pseudo-comprensión en cuestión de diferencias culturales y derechos humanos, manteniendo al interior de nuestro país leyes prohibitivas que permiten vigilar, perseguir y castigar oportunamente a personas inocentes de comunidades indígenas y mestizas. Contribuyendo a una mayor desintegración social y a la perpetuación de la corrupción por parte de la delincuencia organizada que ha alcanzado a las esferas más altas del gobierno, la milicia y la policía de nuestro subdesarrollado país.
Artículo 24.- Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. (Reformado mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 28 de Enero de 1992).
El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna. (Reformado mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 28 de Enero de 1992).
Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de estos se sujetarán a la ley reglamentaria. (Reformado mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 28 de Enero de 1992).
El artículo 24 es violado cuando la libertad religiosa y de culto de indígenas y/o mestizos mexicanos es inhabilitada por la prohibición de sus plantas sagradas y medicinales por la Ley General de Salud y el Código Penal Federal. Al no respetar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo se transgreden los derechos inalienables de los ciudadanos mexicanos sean estos indígenas o mestizos.
Estas legislaciones impiden el libre profesar de la religión indígena y/o sincrética (mestiza) al no permitir las ceremonias rituales de devoción a determinadas especies de hongos y plantas consideradas sacramentales. Además de interferir con el desarrollo de la medicina tradicional indígena y sus prácticas curanderiles en contextos terapéuticos.
Estos vegetales han sido erróneamente colocados en la Categoría I del artículo 245 de la Ley General de Salud al poseer efectos psicoactivos. Ha quedado ampliamente demostrado por la literatura científica actual que estas plantas no generan ningún problema notable de salud pública. (Existen estadísticamente más muertes relacionadas a drogas “legales” como el azúcar, el alcohol, el tabaco y los tranquilizantes farmacéuticos que en todo el conjunto de plantas sagradas prehispánicas como lo serían los hongos psilocíbicos, el peyote, la marihuana y la hoja de coca). Inclusive estos vegetales poseen un inexplorado potencial médico y terapéutico para coadyuvar en la curación de diversas enfermedades físicas y psicosomáticas. Teniendo aplicaciones que van desde el tratamiento de las adicciones a opioides, cocaína y alcohol, a algunos tipos de cáncer o hasta para casos terminales de HIV/SIDA. Sin embargo, aún con todos estos beneficios el gobierno mexicano y la medicina oficial han hecho caso omiso de los conocimientos de la medicina tradicional haciéndose de la vista gorda. Dejándose influenciar por criterios falsos emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) controlada a todas vistas por el imperialismo capitalista de los Estados Unidos y su ejército de drogadictos sin atender. Contribuyendo a la creación de un terreno fértil para el crimen, la extorsión, la corrupción, el narcotráfico y la falta de dignidad humana en Latinoamérica.
El uso de drogas representa una de las paradojas de la sociedad contemporánea: por un lado consumimos cotidianamente y de manera compulsiva una buena cantidad de drogas “legales” con un alto potencial adictivo: café, té, tabaco, alcohol, pastillas para dormir, etc. Por otra parte, sustancias que son capaces de producir efectos en algunos casos potenciadores de nuestra capacidad intelectual o al menos ofrecer un viaje interior, están prohibidas. Existen antecedentes que sugieren que tales prohibiciones además de arbitrarias, generan un mercado negro cuyas consecuencias son más negativas para la sociedad que aquellas que teóricamente pudiera generar el libre consumo de drogas. Baste recordar la prohibición del alcohol en Estados Unidos que produjo más daño social e individual del que hubiera generado el libre consumo en dicho periodo [Soto 2006].
No tiene sentido incluir el consumo de plantas sagradas indígenas (Psilocybe spp., Lophophora williamsii, Erithroxylon coca o Cannabis spp.) entre los delitos contra la salud. De todas las drogas que se consumen actualmente (alcohol, tabaco, cocaína, opiáceos, etc.) estas son de las más inocuas. Se les prohíbe y se les persigue por ignorancia, aunque también porque “la guerra contra las drogas” tiene importantes funciones políticas, además de que es un negocio de ganancias demenciales. Con la histeria contra las drogas los gobiernos tienen un vehículo para conservar a sus pueblos en la “minoría de edad mental”, pues “las drogas” se vuelven entonces un villano muy útil y fariseico para distraer de realidades sociales injustas y peligrosas. Pero la guerra contra las drogas, por más ruido que se haga y por más dinero que se gaste, jamás se gana, porque no quieren que se gane. Sus ganancias son demenciales y seducen a millones de personas en el mundo, y por supuesto llegan a los niveles más altos de los gobiernos, los centros financieros, los ejércitos y las policías, que periódicamente decapitan narcotraficantes a sabiendas de que ellos mismos son parte de una hidra a la cual le brotan más cabezas cada vez que se le corta una. También es cierto que las drogas no se combaten a fondo porque son evidentes válvulas de escape en sociedades cada vez más deshumanizadas. Le sirven al sistema para desactivar rebeldías, salvo en el caso de auge de las drogas psicoactivas de los años 1960 s, que vino acompañado de una expansión de conciencia y la consiguiente necesidad de cambiar el mundo [Agustín 2006].
Al Estado Mexicano le resulta muy fácil encontrar un chivo expiatorio que en este caso son las drogas para echarle la culpa total de su ineptitud a la hora de gobernar a los mexicanos y de luchar contra el crimen, la pobreza y la corrupción. Es muy fácil aprovechar la ignorancia de la mayoría de los mexicanos acerca de las drogas y culpar a éstas de nuestras propias adicciones y males nacionales. Vivimos en una sociedad drogadicta donde todo mundo se droga de una manera u otra con distintos fines; políticos, policías, militares, profesionistas, empresarios, ejecutivos, amas de casa, estudiantes, deportistas y niños. La gente se ataca con café, chocolate, azúcar, alcohol, tabaco, marihuana, ansiolíticos, tranquilizantes, inhalantes, anestésicos, analgésicos, anabólicos, alucinógenos, etc. Por otra parte, hay numerosas y a veces sofisticadas formas de adicciones (a la televisión, a los videojuegos, al sexo, al poder, al juego o a cualquier fanatismo) [Agustín 2006].
El médico estadounidense Thomas Szasz señala en su libro “Ceremonial Chemistry” [1974] que en respuesta a la controversia que rodea el uso de drogas y su criminalización. Sugiere que el paternalista “Estado Terapéutico” actual se ha propasado y excedido en sus facultades éticas y legales al clasificar determinadas drogas como sustancias “peligrosas” y encarcelar a los “adictos” con la “supuesta” finalidad de curarlos. Szasz acierta al demostrar que dichas políticas victimizan propiciamente a las drogas en vez de a sus usuarios, y desalientan el rompimiento del hábito hacia las drogas al “patologizar” su uso y etiquetarlo como “adicción.” También, las ideas de Szasz restauran a la humanidad de propósito y elección de lo que es el significado de “correcto” e “incorrecto”. Demostrando como los “enfermos mentales” son simplemente otra instancia de la antigua práctica llevada a cabo por las sociedades para fortalecer su cohesión a costo de los derechos humanos y la dignidad humana de víctimas propiciatorias (chivos expiatorios) de grupos estigmatizados y marginalizados injustamente. Creándose así, una persecución ritual hacia las drogas, los adictos y sus inductores. Quedando de forma manifiesta que las ciencias de la medicina, la farmacología y la toxicología deben ocuparse del estudio de los efectos químicos de las drogas mientras que la antropología, la psicología y la sociología se encargarían de la parte ceremonial y ritual de éstas [cfr. Szasz 1974].
En una sociedad en la que el hombre tiene acceso lícito a un sinfín de armas capaces de poner en peligro el bienestar de la comunidad, el individuo acepta sin más dejar en manos de los legisladores su acceso a unas plantas y sustancias de uso inmemorial. En lugar de centrarse en la bien conocida injusticia o ineficacia de las leyes que regulan el consumo de drogas y fármacos, Szasz demuestra que, bajo la apariencia de estar velando por los vulnerables miembros de la sociedad y salvaguardando el interés común, la guerra que el Estado ha declarado a las drogas coloca al individuo bajo una tutela médico/psicológica permanente y le obliga a renunciar a unos derechos inalienables, esto es, el derecho a disponer de sí mismo y el derecho a la propiedad. Poniéndose de manifiesto que bajo esta cruzada gubernamental maquillada de iniciativa terapéutica se esconde la eterna dicotomía entre autocontrol y coacción estatal que, en definitiva, pone en peligro la supervivencia de una sociedad que tiende a delegar sus responsabilidades [cfr. Szasz 1992].
En la base de lo que se denomina nuestra moderna “farmacracia”, un Estado en donde “todo tipo de problemas humanos son transformados en enfermedades y la legislación de la ley se extiende a la legislación médica” erigiéndose una incomprensión virulenta de la enfermedad, en el sentido “literal” o científico. Esto es lo que Szasz argumenta que está en acuerdo con las teorías del siglo XIX del patólogo Rudolf Virchow, muy simplemente como una lesión u anormalidad de las células, tejidos y órganos corporales. Sin embargo, sostiene que, la profesión médica y política han el día de hoy denominado como enfermedades a un gran rango de conductas humanas, que van del alcoholismo y la obesidad a la enfermedad mental e infertilidad. Es más, algunas de estas enfermedades metafóricas han sido elevadas a problemas de salud pública sujetos a intervención gubernamental; además en la perspectiva de Szasz, los Estados Unidos han creado un Estado contemporáneo fascista (intrusivo, imperialista e internacional) en el cual sus campañas se orientan a la erradicación del hábito de fumar y de la obesidad enfocándose no en la responsabilidad del individuo para dejar de fumar o perder peso pero con la promesa de una agenda de investigación bien financiada que les resolverá “mágicamente” el problema [Szasz 2001].
Exhortamos al Estado Mexicano a respetar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo para proteger los derechos religiosos de los mexicanos indígenas y mestizos en territorio nacional. Y exigimos la aplicación de criterios científicos en historia, antropología, medicina, biología, psicología, sociología, etnología, botánica, farmacología y toxicología para despenalizar el uso de las plantas sagradas por los pueblos nativos del continente americano. Solicitando la modificación del Código Penal Federal y de la Ley General de Salud en relación a estas plantas psicoactivas que proporcionan un gran beneficio terapéutico a la humanidad. Enfatizamos este punto porque los derechos indígenas nunca son tomados en cuenta y existen pocos trabajos que expongan sus problemáticas espirituales y religiosas [Camino 1987; Glockner 2006].
Por otro lado señalamos que la Ley general de salud debería ser revisada totalmente en su capítulo referente a los estupefacientes y los psicotrópicos. Ya que adolece de graves errores científico-metodológicos como la categorización arbitraria de sustancias sin haber revisado sus propiedades farmacológicas y toxicológicas. Tal y como sucede, cuando la Ley General de Salud confunde los efectos de la cocaína con los de planta Erithroxylon coca. Los efectos de la cocaína no tienen nada que ver con los efectos de la planta de coca, puesto que la cocaína es un alcaloide que se aísla y sintetiza de dicha planta y para la cuál se necesitan 8 kilogramos de hojas de coca para producir un solo gramo de cocaína del narcotráfico. El uso de la hoja de coca masticada (coquear) no tiene ningún peligro para la salud y no tiene nada que ver con la cocaína y los cocainómanos. Además de que la hoja de coca es sumamente nutritiva podría ser una solución viable para los países pobres de Latinoamérica que no poseen muchas alternativas en cuestiones de índole alimentario para su población.
Por otro lado, esta ley también tiene errores notables en la nomenclatura botánica y está plagada de errores ortográficos y técnicos que son una vergüenza para una ley que es emitida por el gobierno de un país. México debería de hacer valer sus derechos y su soberanía nacional y dejar de ser rehén de los Estados Unidos en sus políticas antidrogas de “cero tolerancia”. Que solamente dañan a consumidores inocentes y nunca tocan a los verdaderos criminales. La política prohibicionista de los Estados Unidos lleva más de treinta años fracasando y sin embargo México continúa pensando que su política “de chaqueta mental” funciona contra las drogas cuando simplemente es evidente que llenar las cárceles de adictos inocentes nunca servirá para rehabilitarlos... ¿A caso alguien se rehabilita en una cárcel? Los Estados Unidos se encuentran construyendo las carreteras de Latinoamérica, que serán nuestro camino hacia la pobreza y la muerte...
Agustín, J. 2006. “La Legalización de la Marihuana”. En: Glockner, J.; Soto, E. (Comp.) 2006. “La Realidad Alterada. Drogas, Enteógenos y Cultura”. pp. 195-200. Debate, México.
Camino, A. 1987. “El Peyote: Derecho Histórico de los Pueblos Indios”. Publicado originalmente en “México Indígena”, No. 15, Año III, Marzo-Abril, pp. 24-28. En: “TAKIWASI”. No.1, pp. 99-110, 1992.
Chaumeil, J.P. 1993. Las Plantas-Maestro y sus Discípulos. Curanderismo del Amazonas. En: TAKIWASI. N2, pp.29-45.
Glockner, J. 2006. “Drogas y Enteógenos. Reflexiones en Torno a un Problema Cultural”. pp. 11-38. En: Glockner, J.; Soto, E. (Comp.) 2006. “La Realidad Alterada. Drogas, Enteógenos y Cultura”. Debate, México.
Glockner, J.; Soto, E. (Ed.) 2006. “La Realidad Alterada. Drogas, Enteógenos y Cultura”. Debate, México.
Soto, E. 2006. “Las Drogas y el Cerebro”. En: Glockner, J.; Soto, E. (Comp.) 2006. “La Realidad Alterada. Drogas, Enteógenos y Cultura”. pp. 107-142. Debate, México.