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Timestamp: 2018-08-15 11:13:44
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Otra vuelta de tuerca a la conspiración de Román de la Luz y a los avatares de Joaquín Infante - Conferencias/Otra vuelta de tuerca a la conspiración de Román de la Luz y a los avatares de Joaquín Infante -Diseno Web Cuba Elfos Grafica
Otra vuelta de tuerca a la conspiración de Román de la Luz y a los avatares de Joaquín Infante
Dra. Carmen Barcia
En los años comprendidos entre 1808 y 1812, pletóricos de conflictos sociales y políticos se enmarca una supuesta conspiración que estuvo encabezada, según las autoridades coloniales, por D. Román de la Luz y D. Luis F. Bassave. En esta había participado, entre otros implicados, D. Joaquín Infante. Por la importancia que a este movimiento le ha otorgado la historiografía cubana, centraremos en él parte de nuestro análisis, a pesar de las limitaciones de la información que existe para analizar a profundidad, este tema.2
El expediente del proceso no se encuentra ni en los archivos cubanos ni en los españoles, el único legajo que contiene información original obra en el fondo Ultramar del AGI y sólo contiene las apreciaciones y comentarios del marqués de Someruelos,3 Capitán General de la Isla en esos momentos, pues las confesiones de los inculpados, que se dice iban adjuntas, no aparecen.4
Este trabajo forma parte de un libro aún inédito, que con el título Cuba, acciones populares en tiempos de la independencia americana, está siendo procesado por la Editorial Matanzas y que probablemente se presente en la Feria del Libro del 2012.
En cierta medida resulta lógico, porque los reos nunca fueron juzgados, no hubo fiscal acusador ni abogado defensor, no se conservaron los interrogatorios, porque no se siguió ningún procedimiento establecido, la investigación y los resultados del proceso correspondieron a la Junta expresamente conformada y esta sólo tenía que responder ante el Capitán General. Por esta causa resulta difícil discernir el real grado de culpabilidad de los encartados en el supuesto proceso conspirativo, más aún cuando es indudable que tanto Luz, como Bassave, denunciaron, independientemente, lo que estaba ocurriendo.5 El primero acudió al Gobernador, y según el propio marqués de Someruelos fue “el delator de la conspiración, de 7 de octubre día en que se celebra en esta ciudad la fiesta del santísimo Rosario”. El segundo expone que se está acusando “a un hombre que en la conmoción de los negros fue el primero que le avisó [al marqués de Someruelos], según entendió de su boca”.6
¿Por qué distorsiona entonces la conducta de ambos hombres? ¿Por qué se les desacredita con comentarios sobre actitudes personales como que Luz “carece de ocupación o destino”, cuando se conoce que era un hombre rico que vivía de sus rentas, y se usa el tan manido argumento de que tenía en el abandono a su virtuosa esposa? ¿Por qué se acusa a Bassave de borracho y disoluto? ¿Cuáles fueron los papeles sediciosos que Luz se ocupó en propagar? ¿Hasta que punto puede considerarse como una conducta de la época el colocar pasquines en los espacios públicos y enviar anónimos para denunciar asuntos, transgrediendo de esta forma la censura de prensa? ¿Cual era el “partido” que trataba de formar D. Luis Bassave con objeto de impedir la recepción de un nuevo Capitán General que a la Isla? ¿Es posible que tratara de utilizar a los morenos y pardos de los batallones para conseguir un apoyo que después se volvió en su contra?
Los indicios nos conducen a una hipótesis ciertamente compleja: existía una conspiración real, promovida desde los batallones de morenos y pardos en la cual participaban algunos de sus jefes, alentados por las circunstancias del momento y por el ejemplo de lo ocurrido en Saint Domingue. Paralelamente se desenvolvía una acción promovida en círculos masónicos para el establecimiento de una Junta similar a la de Sevilla, acción que había fracasado a nivel de las élites políticas coloniales.
Las conexiones entre ambos movimientos no eran sistémicas, ni respondían a las mismas redes, aunque tal vez fuesen “usadas” individualmente, como pudo ocurrir en el caso de Bassave. Cuando el levantamiento popular se tornó inminente, algunos integrantes de las elites blancas, como Luz y el propio Infante, lo denunciaron, asustados por las consecuencias de un movimiento que podía tener implicaciones sociales de incalculable gravedad para sus intereses personales y sectoriales, imbricados con los de las elites blancas, a las que pertenecían.
En ese contexto particular la Real Audiencia de Puerto Príncipe encarnó, real y simbólicamente, la represión hacia la francmasonería,7 e hizo renacer la Real Orden promulgada por Fernando VI en 1751, que años después, en 1812, sería “resucitada” oficialmente.
Analicemos con más detenimiento lo ocurrido: Según el propio marqués de Someruelos, Capitán General de la Isla, la conspiración le fue denunciada el 4 de octubre y debía producirse en los días siguientes,8 por lo cual se tuvo que proceder con rapidez. Para las investigaciones constituyó una Junta,9 y de acuerdo a los resultados de las pesquisas realizadas por ésta resultaron culpables D. Román de la Luz, que fue condenado a diez años de presidio, del cual no podría salir sin licencia de S.M., a lo que se sumaba la absoluta y perpetua prohibición de residir en ambas Américas; D. Luis Bassave quien fue penado con 8 años de presidio, bajo la misma condición, y con extrañamiento absoluto de la Isla; D. Manuel Ramírez, quien fue sentenciado a vivir en un pueblo de la Península por el término de 4 años, con prohibición de volver a Cuba sin licencia de S.M.; D. José María Montano, quien fue internado por tres meses en la Cárcel Pública; D. Francisco Álvarez, encerrado en igual sitio durante dos meses, y ambos debieron pagar, además, de mancomun et insolidum, junto a D. Gabriel Pantaleón de Ercazti, la tercera parte de las costas del proceso.
Los negros libres Ramón Espinosa, sargento primero, Francisco José González, Sargento Segundo, Buenaventura Cervantes, cabo primero y Carlos de Flores, soldado, pertenecientes todos al Batallón de Morenos, tuvieron peor suerte pues fueron condenados a diez años de prisión con grillete al pie, a ración y sin sueldo los tres primeros.
Los esclavos Juan Francisco González y Laureano, éste último calesero de Joaquín Infante, fueron sancionados a ocho años de presidio y a recibir ciento cincuenta azotes por las calles públicas y cincuenta atados a la Picota. Todos los negros, libres o esclavos, fueron remitidos por dos años al presidio de Ceuta y seis al Correccional de Cádiz, con prohibición de regresar a “paraje alguno de América”. En el caso de los dos esclavos quedarían, al concluir sus condenas, como esclavos perpetuos del Monarca.
Paralelamente, se mantuvieron los interrogatorios y las presiones para obtener información a los pardos José Doroteo del Bosque y Juan Caballero, y a los morenos Antonio José Chacón y José de Jesús Cabadeiro, todos encarcelados, en tanto eran emplazados por edictos y pregones, para que se presentaran a la justicia el Dr. D. Joaquín Infante, Pedro Sánchez, (á) el curro y Manuel Chacón.10 Ninguno lo hizo.
Todo parece indicar que el único vinculado en cierta forma a las acciones de los negros del Batallón fue D. Luis Bassave.11 Los restantes eran masones, vinculados a las ideas liberales, que aspiraban al establecimiento de Juntas similares a la surgida en Sevilla, pero con independencia de la Metrópoli, tal y como estaba ocurriendo en ese preciso momento en otros territorios de la América continental. Según información del propio Someruelos, sus inquietudes comenzaron por la aparición de “diversos pasquines que aparecían fijados en los parages públicos y más particularmente con vista al anónimo y cartas que se hallan (…) en el expediente (…)”.12 La vinculación de ambos movimientos permitieron destruir dos intenciones, la liberal reformista de los masones y la insurgente de los batallones de pardos y morenos.
Someruelos trató de mantener el proceso en un ámbito de discreta preocupación, según decía: “le consta por experiencias, que no conviene se diafanicen en el público las especies sembradas en la actuación, ni tampoco en el de Masonería, porque estando comprendidas en él muchas familias principales, y enlazadas todas las demás realidad, seria causar disgustos y descontentos en la clase más distinguida (…).” Pero la población se enteró, y por supuesto también algunos encartados, como Joaquín Infante, que logró escapar.
Pero lo cierto es que la culpabilidad real de los acusados se disipa, los documentos probatorios no aparecen en los expedientes, ni en los archivos cubanos ni en los españoles como ya se expuso. Los sumarios se limitan a contener consideraciones del Capitán General o de otros funcionarios seleccionados al efecto. En su comunicación del 28 de febrero de 1811 Bassave expresaba, refiriéndose al marqués de Someruelos: “(…) parece que se ha complacido en atropellar a un fiel patriota, a un hombre que en la conmoción de los Negros fue el primero que le avisó según entendió de su boca (…)”, y a continuación denostaba sobre D. Román de la Luz, al que acusaba de francmasón.13
También éste último aparece como delator de la Conspiración según palabras del propio Capitán General, quien expone “Este mismo D. Román fue el delator de la Conspiración combinada para hacer su estrago el 7 de octubre último, día que celebra esta ciudad la fiesta del Santísimo Rosario” y añade un juicio personal:
(…) la delación entraba en el plan subversivo, pues protestando que sabía donde se hallaban reunidos los sediciosos, pidió al gobierno gente armada para salir autorizado a su frente: reunir después otras de su facción, condecoradas con el nombre de patriotas y dispersar la rebelión. Con el valor de buen ciudadano, y procurando la salvación de su patria que se miraba en inminente peligro, solicitaba auxilios poderosos, y una autoridad precaria y momentánea, para emplear las fuerzas y el poder contra sus mismos conciudadanos atacando al Gobierno y a los ricos propietarios” (…).14
Como puede apreciarse, el propio Capitán General, marqués de Someruelos, admite que Román de la Luz había delatado la conspiración, en tanto Bassave se auto reconocía como el primero que había advertido sobre la “conmoción de los negros”.15
El 10 de febrero de 1811, desde el Castillo de Santa Catalina en Cádiz, lugar dónde se encontraba preso, Román de la Luz expone que “se le ha complicado injustamente en la causa”16 de la conmoción y pide que su proceso pase a un tribunal de justicia que V.A. designe. Este testimonio, junto a otro de Bassave, se envió al Consejo de Indias.
¿Qué pasó realmente en 1810? ¿Hubo sólo un movimiento conspirativo o coincidieron dos acciones? Los franceses y las logias masónicas, por su carácter transgresor eran una preocupación para el poder político y los negros libres y esclavos constituían un peligro permanente, estimulado en múltiples aspectos por lo que había pasado en Haití, donde algunos miembros de los Batallones de Morenos y Pardos habían vivido experiencias singulares.
Es difícil que hombres como Luz, Ramírez o Infante, formaran parte de una acción concertada con los negros, pero sí es probable que pensaran en la posibilidad de establecer una Junta, proyecto que las élites políticas habían ya rechazado. Es posible que en las acciones conspirativas para lograr sus propósitos, conocieran las maniobras y conductas de los negros y también que se atemorizaran ante una perspectiva por la que no sentían simpatía alguna, al punto de llegar a denunciarla.
Tanto Luz, como Bassave, y más tarde Infante, confesaron haber delatado la conjura negra, pero nunca negaron ser francmasones, también es posible que hubieran tenido alguna relación dentro o fuera de las logias que vinculara ambos movimientos. Tanto el Capitán de Morenos Isidro Moreno como el Sargento de Pardos, Pedro Alcantara Pacheco, confesaron tener noticias de que el capitán D. Luis Bassave trataba de formar un partido para evitar que fuese recibido en la Habana el nuevo Capitán General que se había designado. Tampoco se debe ignorar que José Antonio Aponte había pintado su retrato con atributos como el compás y la regla, que constituyen símbolos masónicos.
El marques de Someruelos conocía, al igual que muchos otros funcionarios de la administración colonial, que en la Habana funcionaba una Logia establecida, según él, bajo el título de “Templo de la Beneficencia o de las Virtudes Teologales”. Estaba enterado de que a ésta pertenecían D. Román de la Luz, D. Manuel Coronado, el Teniente de Navío José Peñaranda y el escribano D. Manuel Ramírez, segundo celador de la logia, que había estado implicado en un proceso similar el año anterior. Otros seis individuos resultaban, según la información de que disponía, convencidos francmasones: D. Francisco Barrutia,17 Tesorero de la logia; D. Manuel de Aguilar Justiz, su Celador Primero, D. Antonio Alvarez, su Diácono Primero, D. Juan José de Presno,18 quien era el Secretario, aparecían además los nombres de D. Pedro Agustín García y D. José Claret, éste último de nacionalidad francesa.19
Someruelos consideraba que la supuesta conspiración estaba vinculada a la acción anterior de Ramírez y que D Román de la Luz promovía “planes de independencia y rivalidad entre españoles europeos y americanos que solo podían concebirse en una Logia o Logias de francmasones”,20 también estaba convencido de que las inquietudes habían aumentado por la aparición de diversos pasquines que habían sido fijados en diversos espacios públicos.
En las investigaciones en torno a la conspiración se supo que personas distinguidas, que eran además funcionarios de la administración colonial, tenían información sobre lo que estaba ocurriendo, entre estos se mencionaban a D. Pedro Gamon, Ministro Honorario del Consejo de Hacienda y Administrador de la Real Factoría de Tabacos, a D. Antonio Daza Maldonado, Contador General de dicha Factoría, y a D. Andrés Armesto, Comisario de Guerra Honorario, quienes confesaron haber leído un papel sedicioso que exhortaba a la independencia, similar al que, según las autoridades, había salido de la botica de D. José María Montano.21
La preocupación de Someruelos iba más allá del proceso, necesitaba que este fuese rápido y estimaba procedente suspender su continuación “no sin poner pena a los reos y elevarlo a V M con los documentos y utensilios aprehendidos.”22
El temor contra los masones era evidente, se conocía el papel que estaban desempeñando en las redes que promovían los procesos juntistas y esto preocupaba sobremanera a las autoridades.
A mediados del siglo XVII, el monarca Fernando VI había promulgado una resolución en contra de los masones que prácticamente había sido olvidada, pero en 1812 ésta fue reactivada por las Cortes y rescatada en Cuba por el interés de la Real Audiencia de Puerto Príncipe que trataba, por todos los medios posibles, de someter y controlar a los francmasones. Solicitaba a los Arzobispos y a los Obispos que procurasen, por medio de los párrocos y confesores, impedir la propagación y curso “de una secta prohibida por los Sumos Pontífices y tan ruinosa al Estado”.23 Insistía en que el Real Decreto de de 1751 no se había comunicado a los territorios americanos y debía circularse inmediatamente para que los jueces de esos dominios pudiesen proceder contra los francmasones “arrestando sus personas y aprehendiendo sus papeles (…) y si fuere extranjero se le destierre aunque tenga carta de naturaleza y no teniendo hijos se le confisquen todos sus bienes” Añadía que al expedirse la disposición bien fuese en la Habana o en otras partes de América debían ser consumidos por el fuego, inmediatamente los “libros, papeles, vestidos, insignias, instrumentos o cualesquiera otra especie de utensilios de los que sirven al uso de la secta Masónica (…).24
La ·”restablecida” R.O.25 había sido promulgada en Aranjuez el 2 de julio de 1751, contra los francmasones y expresaba los deseos del Rey:
(…) prohíbo en todos mis Reynos las congregaciones de los Franc Masones, debajo de la pena de mi Real indignación y de las demás que tuviere por conveniente imponer a los que incurrieren en esta culpa: y mando al Consejo que haga publicar esta prohibición (…) imponiendo a cualquiera Oficial o individuo de su jurisdicción, mezclado o que se mezclara en esta Congregación, la pena de privarle y arrojarle de su empleo con ignominia (…).26
Las penas no se precisaban, por lo cual el camino quedaba expedito para establecer los castigos, uno de estos fue el destierro. Tras su liberación Román de la Luz, Bassave, Ramírez y todos los implicados tuvieron que permanecer en España. En Cuba quedaron, sus familias que jamás volvieron a ver y las riquezas que no pudieron volver a disfrutar.
Los avatares de Joaquín Infante
Joaquín Infante nació en Bayamo en enero de 1775, fue bautizado en la Parroquial Mayor de esa ciudad, era hijo de D. José del Rosario Infante y de D. Rosalía Infante.27 Estudió Derecho y ejerció la profesión de abogado en Bayamo, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe y posiblemente en Puerto Rico, donde se casó y vivió algunos años. Regresó a Cuba “después de haber quebrado con su esposa (…) por causas que hicieron inconciliable la paz del matrimonio a pesar de cuanto hizo por allanarlas”.
De 1807 a 1810 estuvo empleado como Agente Fiscal de Hacienda en la Habana. En ese último año comenzó a tener dificultades para ejercer su profesión.28
Según sus propias declaraciones, en el proceso que se le siguió en Caracas,29 había salido voluntariamente de la Habana a finales de 1810 para los Estados Unidos de América,30 donde permaneció aproximadamente un mes y después se trasladó a Caracas con el objeto de ejercer la Abogacía.31 Desde el primer momento trató de justificar su salida con argumentos superficiales pero inteligentes:
(…) Todo hombre señor a quien una razón particular no obliga a permanecer en un punto puede cambiar de domicilio siempre que quiera. Esta es máxima del derecho de las naciones, ¿Por qué pues se inculcan ahora los motivos de mi salida de la Habana y venida de estos países si en tales actos no se descubre objeto o designio criminales? La Habana no ha estado en Revolución: es notorio. Yo resido en Venezuela hace más de dos años, sin haber tomado parte en sus movimientos políticos: es también notorio. 32 Como que no habiendo cuerpo de delito no puede haber delincuente. Un papel privado, dado a la luz en Caracas, cuando su gobierno excitaba a todos a manifestar su opinión y que seguramente no fue hecho para circular en la Habana estuvo muy distante de producir allí efecto alguno.33 (…)¿con cuánta razón una idea particular, un proyecto, un conato sin consumación alguna (…) es respetable aún cuando contenga extravíos, toda opinión dada de buena fe por un ciudadano en bien de su patria, mucho más cuando esta fluctúa en una crisis terrible, sobretodo siendo yo magistrado en esta plaza a la entrada del General Monteverde y habiéndoseme hecho prisionero de guerra en el mar, antes de la capitulación de San Mateo, no solo fui incluido en ellas, sino que esta inclusión parece resistir extrañas investigaciones.34
Cuando se le preguntó si llevaba pasaporte en su salida dijo que en la Habana no se acostumbraba sacarlo cuando se viajaba a países extranjeros, sino nacionales, lo cual desde luego no era cierto, sólo que Infante no podía evidenciar y menos aún denunciar las redes clandestinas que había usado para escapar, cuestión que debió ser común en esos años, sobre todo entre los masones que eran perseguidos por causas políticas.35 Añadió además que en su poder no obraba pasaporte ni papel alguno por haber perdido todo su equipaje cuando habían entrado las tropas de S.M en Puerto Cabello.
Lo que si resulta interesante es que decidiera viajar a ese país y no a otro, lo cual concuerda con sus intereses en la proclamación de la Junta y también la existencia de contactos y relaciones informales entre ese territorio, Cuba y los Estados Unidos, que les permitían mantenerse actualizados en las situaciones.36
Se debe recordar que el 19 de abril de 1810 en Caracas se había constituido la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII,37 que gobernó en ese territorio desde el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811,38 y que una de sus primeras medidas fue el envío de misiones diplomáticas al extranjero para solicitar apoyo a la revolución y su reconocimiento como la legítima regidora de Venezuela en ausencia del Rey. A los Estados Unidos de América fueron, con esa misión, Juan Vicente Bolívar, Hermano de Simón Bolívar, José Rafael Revenga y Telésforo Orea quienes lograron interesar al gobierno de dicho país en prestar apoyo a la Junta. Las redes existían e Infante las aprovechó.39
Los interrogados durante el proceso seguido en Caracas contra Joaquín Infante suministran una visión tendenciosa de sus acciones. Según Bernabé Minaño, sargento de artillería y uno de los requeridos durante esa causa,40 Infante había obtenido el cargo de Auditor de Guerra y de Marina, gracias a la recomendación de Francisco de Miranda,41 hecho que prueba, una vez más, la existencia de redes revolucionarias entre Venezuela y Cuba. Añadía que “demostraba sus ideas con varias proposiciones sediciosas a las que llamaba Derechos del Hombre”, lo cual evidencia sus ideas liberales, y añade que no le constaba que hubiese insultado a ningún español.
Pero otro de los interrogados, D. Pedro Miguel Goigoechea, Oficial de la Tesorería, contradijo esa percepción al declarar que “desde la venida de dicho Infante a esta Plaza se aseguraron con grillos los europeos que estaban en el castillo solamente arrestados, y aunque no puede decir si sería por su dictamen, le consta que fueron ahorcados y pasados por las armas tres individuos”.42
Otro de los inquiridos, D. Francisco Fenton, que había sido apresado por Infante, lo consideraba como uno de los revolucionarios más exaltados, añadiendo que había escrito una Constitución para la Habana y que su conducta era de las más sanguinarias pues por su dictamen se castigaban a cuero, atrozmente, a infinidad de inocentes.43
José Antonio Penes, Administrador de Correos de Puerto Cabello declara conocerlo de vista pero no de trato, y añade que concurría a la tertulia en casa de D. Pedro Herrera donde se reunían los revolucionarios más exaltados, agrega que había desempeñado el cargo de Auditor de Guerra y Marina con tal ferocidad, que se había ganado el título de “Segundo Robespierre”.44
En Caracas, también residía José María Merlín, un vecino de la Habana, muy bien enterado, por cierto, de todo el asunto, ya que estaba al tanto de cuestiones y datos que, según Someruelos, no habían trascendido a la población. El Fiscal le recabó información sobre la conspiración habanera y él la resumió en una carta, en la cual informó sobre algunos aspectos de las acciones públicas de Infante durante los últimos días de su residencia en la capital. Expone que formaba parte de una revolución “descubierta en su cuna”, de la que formaban parte Román de la Luz, D. Nicolás Bassave, D. Manuel. Ramírez y otros secuaces, en tanto “logró huir en la noche”. Añade que conoce esos hechos por “la publicidad del hecho en el vecindario” pero que la parte correspondiente a Infante fue poco trascendida y se ocultó al público. Refiere que tiempo después había llegado a la capital un folleto impreso con el título de Proyecto de Constitución de la autoría del propio Infante como autor, fue delatado a la Junta de Censura, la que en forma legal declaró sedicioso el escrito.45
En 19 mayo de 1813 Infante se dirige a las autoridades alegando que su salud es precaria por la humedad de las bóvedas del Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello en el que se encuentra detenido.46 Finalmente se decide que no existen delitos en Caracas, en virtud de estar comprendido en el artículo cuarto de la Capitulación de Puerto Cabello,47 pero sí en la Habana, por lo cual se le remite a esta ciudad para ser juzgado por sus contravenciones anteriores. Según sus propias declaraciones, en su viaje hacia la capital de Cuba hizo escala en La Guaira primero y en Ponce, Puerto Rico, después. Llegó a esta ciudad el 20 de agosto de 1813, 48 aproximadamente un mes más tarde, el 15 de septiembre, comenzaron los interrogatorios.49
A partir de ese momento, y en todas los indagaciones, Infante va a eludir sus responsabilidades en la conspiración. Por supuesto que no puede negar sus relaciones con D. Román de la Luz, ni con el boticario D. José María Montano, ni con D. Manuel Ramírez y mucho menos con José Doroteo Bosque, quien era su amanuense y hasta vivía en su casa, pues éstas eran muy evidentes, pero las ubica en el marco de tertulias y reuniones intelectuales en las que conversaban sobre asuntos relacionados con sus respectivas profesiones.
También elude las preguntas sobre la lectura de proclamas sediciosas en presencia del pardo José Doroteo Bosque, diciendo que como hombre de letras “era distraído y solo atendía las cosas de su profesión”.50
Reconoce que había tenido un esclavo nombrado Laureano, que había sido condenado y más tarde enviado a Cádiz por sospechas de estar implicado en la insurrección de la gente “de color” en la Habana y añade que, habiéndose cerciorado a través del pardo Bosque de las vinculaciones de su esclavo las había “avisado” a D. Antonio de Zayas, Sindico Procurador y a D. José Echegoyen, añadiendo que la recompensa había sido la persecución contra su persona.51
Como puede apreciarse, la actitud de Joaquín Infante, difirió poco de las de Luz y Bassave, quienes también declararon que habían delatado los planes subversivos de los negros, por supuesto, pero ¿Cuánto había de cierto en esta declaración? ¿Cuáles fueron las causas y cuál el momento de su delación? ¿Se sintió atemorizado por la rebelión de los negros o sólo se preocupaba por su situación personal? Lo único cierto es que movió sus conexiones, evidentemente vinculadas a las redes masónicas, y de esta forma logró escapar a los Estados Unidos.
El 16 de septiembre de 1813, fue interrogado en la cárcel pública por Leonardo del Monte, oidor honorario de la Audiencia Territorial y Juez Letrado de la Habana. Infante era abogado, conocía la legislación española, sus derechos y el contexto en el que se estaba moviendo, por eso insiste en que al margen de la declaración del esclavo no hay dato alguno que pueda implicarlo en la conspiración, y subraya que el testimonio de un siervo no era confiable, ni tampoco legal, menos aún si la acusación se dirigía al dueño, único que podía autorizarlo a declarar; de esta forma trataba de justificar su conducta transgresora. Por eso insiste en que por “tres o cuatro declaraciones de un siervo que se atrevió a calumniarme” se había llegado a la conclusión de que era autor o cooperador de una revolución política.52 Añade que es totalmente falso que facilitara la huida del esclavo, ya que éste fue detenido, y afirma, nuevamente, que había alertado a la justicia sobre la conspiración de los negros con el propósito de “evitar en lo sucesivo un desastre siempre amenazador a un país en que aquella gente compone las dos terceras partes de la población y en que siendo tratada con humillación, tarde o temprano a de aspirar a la insubordinación y a la lasitud” (sic).53 No obstante, insiste, en que la recompensa por su conducta fue perseguirlo y que por esa causa decidió salir del país. No menciona la forma en que lo hizo, ni tampoco su pertenencia a la masonería.
Con respecto a su vida y conductas en Caracas, expone “que cuando los franceses tomaron las Andalucías y destruyeron la junta central en 1810 creyéndose por consiguiente ya perdida la España, todos los hombres de juicio de América debieron pensar en tomar algún partido capaz de preservarlas, de igual suerte que en esta ciudad el pensó entonces en la Junta Gubernativa y esta impuesto que el mismo Capitán General [de la Isla de Cuba] la propuso al cabildo de esta ciudad por quien no tuvo efecto. Y que en aquel momento formo algunas ideas de reforma que pudiesen convenir en tal caso, las mismas que dio a luz en Caracas donde había libertad de pensar y escribir (…)”.54 Esta declaración permite avizorar las intenciones del grupo presidido por Luz, es decir promover un proceso juntista, sin embargo, para alejarse de cualquier asunto que lo involucrara en asuntos masónicos, expone que sus acciones de Caracas nada tienen en común con la conspiración descubierta “ni con los planes de otro alguno, cuando es un deber de todo ciudadano honesto mirar por el bien de su patria, mucho más hallándose en un apuro”.55
Varios abogados rechazaron, con justificaciones personales cuya certeza podía ser cuestionada pero no desestimada, actuar como fiscales en la causa que debía seguirse a Joaquín Infante. Esta cuestión, que llama la atención tanto por lo reiterada, como por las justificaciones vanales de esos profesionales, debió tener una causa, habida cuenta que, conocedores, del caso, sabían que Infante saldría exculpado ¿Temían asumir una fachada liberal en una sociedad que no lo era? Posiblemente conocían demasiado bien la forma en que se proyectaba la Real Audiencia de Puerto Príncipe y no querían comprometerse.
Finalmente el juicio tuvo lugar en un lapsus que se prolongó, aproximadamente, durante tres meses. Como Promotor Fiscal aceptó actuar, el Lic. Francisco Agramonte y Recio, quien alegaba en defensa del acusado que también “el Sr. Conde de Casa Barreto, los Estrada, el Padre Font y otros varios han sido nominados por Laureano [el esclavo calesero de Infante] como cómplices de la conspiración, hay otros testigos que también han invocado al primero y no obstante se han despreciado sus acentos por infundados y vagos y no encuentro una razón para que no se haga lo mismo con el Sr. Infante”. El 17 de diciembre de 1813, solicitó al Tribunal que el proceso fuese sobreseído y que Infante fuese exonerado de los cargos y puesto en libertad.
Durante esa prisión Infante estuvo detenido en la cárcel pública, pero no en la sala común sino en la de distinción; evidentemente tuvo apoyos y su fianza fue asentada por D. Juan Agustín Ferreti, quien aparece señalado como vecino de reconocido prestigio y caudal. Finalmente, el 29 de diciembre de 1813, Joaquín Infante fue absuelto del delito de conspiración.
Pero ahí no terminarían sus vicisitudes pues las repercusiones de su caso llegaron a otros ámbitos e incidieron en otros intereses, colectivos e individuales, para los cuales el proceso había desestimado las acusaciones promovidas en el juicio de Caracas, sobre su pertenencia a la masonería.
Por esa causa y con gran severidad, intervino el Fiscal de la Real Audiencia de Puerto Príncipe, solicitando se declarase nulo el sobreseimiento de esa causa o de ser esto inadecuado, iniciar otra por francmasonería.56
Pero independientemente de la veracidad de la condición de masón de Joaquín Infante, las pruebas para demostrarlo resultaron ser escasas y débiles. En el proceso seguido en Caracas, uno de los testimoniantes, D. José Benito de Austria, había informado que en varias ocasiones había visto, en poder de D. José Bernardo Mintegui, la patente de masón de Infante, un cuadernito a manera de formulario y unos borradores que parecían relacionados con el Iluminismo, añadió que estos documentos le habían sido ocupados al ser detenido.57 Pero tales testimonios nunca fueron encontrados pues se debe recordar que, según declaraciones del propio Infante, sus pertenencias se habían extraviado cuando huía de Puerto Cabello.
En ese interrogatorio también se mencionaban tres cartas que Infante había recibido rotuladas, estas fueron abiertas, pero no arrojaron ninguna información que pudiera comprometerlo, dos habían sido escritas desde Cuba y estaban firmadas por Pedro Laclan,58 en tanto la tercera, firmada por Prudencio, procedía de Bayamo.59 Las primeras se referían a la existencia de comentarios sobre el desembargo de bienes a los franceses que habían salido de Cuba y el remitente comentaba, en una de éstas, que si se eliminaba esa confiscación, podría “conseguirle [a Infante] una gratificación buena de los habitantes que están aquí”. En ninguna de las cartas aparecían alusiones expresas a vínculos con la masonería.
No obstante, el Fiscal de la Real Audiencia, tratando de demostrar lo imposible con esa prueba, expuso que los franceses tenían en Cuba su logia y un conventículo masónico y por lo tanto daba por segura una “manifiesta comunicación y protección” de los individuos referidos por Laclan con los francmasones. 60 A estos elementos añadía la antigua vinculación de Infante con Román de la Luz quien “no solo fue sindicado en la misma causa que D. Luis Bassave por Francmasón”,61 sino que había sido acusado por el gobierno colonial de ese delito y deportado a España.
Otro de los argumentos del Real Fiscal se relacionaba con el Proyecto de Constitución elaborado por Infante en Caracas, porque aunque éste, en su Titulo VII, establecía la religión católica como dominante, también introducía el criterio de tolerancia, argumento que utilizaban los masones y que la iglesia católica consideraba, según él, improcedente.
Como puede apreciarse los argumentos suministrados eran sumamente frágiles y por lo tanto podían ser deconstruidos con facilidad si hubiera existido una voluntad expresa y fuerte, pero ésta no se manifestó, ya fuese por temor o por conveniencia.
No obstante, la Real Audiencia de Puerto Príncipe continuó insistiendo en que se abriese otra causa, argumentando que “como este trámite en el estado actual es de perjuicio del Ministerio Fiscal (habla reverentemente) suplica que se sirva mandar se pase a la otra sala el expediente con el objeto de que se le entregue para exponsar”.62
Como puede apreciarse había reservas sobre el proceso seguido a Infante y con su absolución, 63 y el Fiscal de la Real Audiencia fue, como en otras ocasiones,64 implacable, apeló hasta el Consejo de Indias y logró, reviviendo la vieja Real Orden de Fernando VI, de la que pocos se acordaban,65 condenar nuevamente a Infante, y enviarlo a la prisión Africana de Ceuta. Pero ¿qué pudo ocurrir en ese trayecto?
En los relatos sobre la vida de Joaquín Infante, a partir de 1814, existen contradicciones evidentes, que requieren un cotejo de fuentes y fechas. ¿Cómo se desenvolvió su existencia desde ese año?, ¿en qué sitios realmente estuvo?, ¿se ha mitificado su estancia en diversos lugares?, ¿quiénes han manipulado sus acciones y por qué lo han hecho? Sí hubiera estado presente en todos los sitios y espacios que se le atribuyen hubiese tenido el inaudito don de la ubicuidad.
Según algunos historiadores habría estado en Cartagena de Indias en 181466 y un año más tarde, en 1815, en Jamaica,67 donde se habría encontrado con Simón Bolívar, quién lo habría enviado a Filadelfia a incorporarse a un grupo de patriotas.68
Según carta de D. José Cienfuegos y Jovellanos, Gobernador y Capitán General de Cuba, fechada el dieciséis de diciembre de 1816, el día ocho de ese mes, Bolívar estaba en Jacomel, Haití, “con el propósito de reunirse con tres corsarios que salían de Puerto Príncipe y otros cuatro de los cayos, al mando de Brion, para dirigirse a la Guayra, en la creencia de que este sitio estaba en manos de los facciosos que acaudilla Arismendi”.69 Esta pudo ser la reunión en la que se encontraron Bolívar y Mina, pero el Capitán General no menciona, en esta misiva, a Infante. Lo cierto es que en esos dos años, como mostraremos más adelante, D. Joaquín no salió de Cuba.
Documentos del Archivo General de Indias,70 lo ubican, entre agosto de 1813 y junio de 1816 en la Isla. El barco en que arribó estaba fondeado en el puerto de La Habana el 20 de agosto de 1813,71 un artículo suyo sobre el proceso que se le siguió en Venezuela, fue publicado en el periódico “La Cena”, de La Habana, el 28 de agosto de 1813,72 y el 15 de septiembre estaba siendo interrogado en el nuevo proceso que se le seguía por su participación en la conspiración de Luz y Bassabe.73
En noviembre de 1814 se promovió la solicitud del Fiscal de la Real Audiencia de Puerto Príncipe, D. Anacleto de las Casas, para procesarlo por francmasón. Este expone que aunque D. Joaquín Infante acababa de ser absuelto del cargo que se le seguía por su participación en la revolución ocurrida en la Habana en 1810, no había sido juzgado por su pertenencia masónica. Por éste motivo, en representación de la Real institución, este Fiscal se apoyó en la denominada Ley de Tribunales, formulada años antes por las Cortes, y argumentó: “que siendo sumamente arriesgada la clase de unos hombres como Infante en los dominios de V.M.”, debía ser procesado por francmasón. El Consejo de Indias estuvo de acuerdo con esa proposición y poco después, el Monarca decidió, por Real Orden, que se procediera de acuerdo a las disposiciones que regían sobre la materia. El nuevo juicio se desarrolló muy rápidamente, entre el 15 y el 30 de junio de 1816, sin que Joaquín Infante hubiese salido de la Isla de Cuba.74
De ser esto es así, según se refleja en los documentos,75 no es posible que Infante se hubiese encontrado con Bolívar en Jamaica, ni que en marzo de ese año, se encontrase en Filadelfia.76
Lucas Alamán77 lo ubica en 1817 en la expedición del general Francisco José Mina, tras cuyo fracaso habría sido detenido junto a otros, entre estos Fray Servando Teresa de Mier.78 Esta información, fue citada por Carlos M. Trelles en sus “Apuntes biográficos del Dr. Joaquín Infante”79 y después por numerosos historiadores que han repetido esos datos, sin realizar revisión ni cotejo alguno de fuentes imprescindibles.80
Nuestro personaje, según D. F. Luis de Onís,81 había llegado a Nueva Orleans a finales de 1816, y en esa ciudad se habría vinculado a la expedición del general español Francisco José Mina, con el cargo de “Auditor de la División Auxiliar de la República Mexicana”. Esa tropa salió de Baltimore en septiembre de ese año. La presencia de Infante en la ciudad norteña y su vinculación al movimiento de Mina, implican su fuga, bien desde Cuba, de manera similar a ocurrido cuando la conspiración de Luz y Bassave, o desde Ceuta, cuestión más difícil; también podría considerarse la posibilidad de que se hubiera escapado en algún punto intermedio del viaje hacia ese presidio, utilizando las redes de las denominadas “logias flotantes”. 82
El desembarco de la expedición de Mina se produjo el 21 de abril de 1817, y habría contado con la ayuda de los masones. Según Lucas Alamán, a Joaquín Infante se le había entregado una imprenta que usó para editar el “Boletín de la División Auxiliar de la República” y escribir una “Canción Patriótica”, especie de marcha triunfal con el propósito de estimular a los mexicanos para que se sumasen voluntariamente a la insurgencia.83 Relata que los expedicionarios que permanecieron en el Fuerte de Soto la Marina, fueron apresados tras su capitulación: “Los prisioneros (…) fueron asegurados con prisiones y llevados al Castillo de San Juan de Ulúa sin sacarlos más que a tomar el sol algún rato, sufriendo todos las miserias del hambre y la desnudez. Fueron por fin conducidos a España en donde se les distribuyó en diversos presidios, recomendando los Comandantes que fueran tratados con el mayor rigor.”84 Infante fue trasladado, finalmente, a Ceuta.
Resulta muy curioso que Fray Servando Teresa de Mier, jamás mencione a Joaquín Infante en sus Escritos Inéditos,85 sobre todo porque sus relatos siguen, como sumo detalle, las peripecias ocurridas en esas acciones, en las cuales menciona a numerosos participantes, como el indio Ascencio, el cura Izquierdo y el señor Guerrero, entre otros. Es importante tener en cuenta que las fechas y lugares, de los sucesivos encarcelamientos de Mier, no coinciden con los de Infante. Tras ser apresado, Teresa de Mier fue procesado por las Jurisdicciones Unidas (Inquisitorial y Civil), fue enviado a la Cárcel de la Inquisición y de ésta a España. En San Juan de Ulúa estuvo preso años más tarde, desde el 23 de febrero de 1821 hasta el 21 de mayo de 1823, cuando Infante se encontraba en Cádiz.86 Por esta causa Fray Servando, no pudo referirse a las prisiones del patriota cubano.
Existe un vacío informativo sobre las acciones de Joaquín Infante entre 1818 y 1820. Nada se conoce sobre sus presuntas prisiones en San Juan de Ulúa, ni en el Castillo del Morro, y cuando vuelve a aparecer, en el último año, está nuevamente en Ceuta.
Según la documentación del Archivo General de Indias, el 8 de marzo de 1820 el Gobernador de ese presidio había liberado a Joaquín Infante, pues en el Ministerio de Gracia y Justicia no constaba “ningún antecedente sobre la causa por la que había sido remitido a la Península y destinado a Ceuta”, 87 cuestión harto difícil y muy contradictoria, no sólo por sus implicaciones en la expedición de Mina, sino porque expresamente se había recomendado que esos prisioneros “fuesen tratados con sumo rigor”.88 En Ceuta se le concedió pasaporte para ir a donde quisiese, pero cuando llegó a Cádiz, con el propósito de embarcarse hacia La Habana, el Juez de Arribadas se negó a entregarle ese salvoconducto. El 28 de agosto de ese año D. Armando Porcel, del Ministerio de Gracia y Justicia, se dirigió al Ministerio de Ultramar para conocer cómo debía proceder en el caso Infante.89
De todas formas los tiempos eran otros, pues ese año se inauguraba una nueva etapa constitucional, posiblemente por esta causa pudo publicar en Cádiz su “Solución a la cuestión de derecho sobre la emancipación de América” que firmaba como “el ciudadano Joaquín Infante”, este documento se editó un año después, en 1821, en Caracas, en la imprenta de Juan Pey.90
Pero evidentemente en Cádiz no se le habilitó pasaporte alguno, porque en 1821, en cartas al Rey del 15 y del 21 de enero, se expone que no se ha permitido la entrada de Joaquín infante a la ciudad habanera, porque se presentó en ésta sin pasaporte. Las autoridades de la Isla lo regresaron a Cádiz en el mismo buque en que había arribado. Tal proceder fue aprobado por el monarca, , en la Real Orden del 15 de octubre de ese año, “por ser arreglado a justicia”.91
Pero Infante reincidió en sus intenciones, es más, Cristobal Cardona,92 en su oficio al Capitán General, aduce que “había entrado sigilosamente” por el Puerto de la Habana.93 Añadía que lo conocía perfectamente porque había comido con él “muchas veces la sopa en la Isla de Jamayca”.94 Lo cierto es que el 8 de noviembre de 1825, la corbeta de Guerra inglesa “Egeria”, procedente de la Isla de Sacrificio, al mando de Samuel Robert, trajo al puerto habanero a Joaquín Infante y a “dos o tres revolucionarios que le acompañaban, cuyos nombres verdaderos se ignoran, que hasta el día se ocultan de una manera impenetrable al Gov. po. qe. no es dudoso hayan venido a investigar, y con el encargo de agitar los elementos que conocen existir desgraciadamente en este ingrato suelo donde se abriga indiferentemente á todo malvado y que en todo sentido le devo considerar embuelto en amenazas y escollado de peligros (…)”(sic).95 El capitán general se preocupaba y unía esta acción y otras similares, a la sublevación de los esclavos negros en la región de Guamacaro en Matanzas.
Finalmente se comenta, sin que tengamos otros datos, que Joaquín Infante habría fallecido dos años después.
Un paréntesis necesario sobre la Constitución de Infante
El Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba, elaborado por Joaquín Infante, fue editado en Venezuela, con fecha 8 de junio de 1813, en la imprenta de Juan Baillyo.96 Posiblemente llegó a la Isla con los papeles del proceso de su autor, cuando éste, tras su captura y enjuiciamiento en Puerto Cabello, fue retornado preso, para que fuese procesado por la conspiración de 1810. Sólo fue examinada, en ese momento, por las autoridades judiciales de la administración colonial y por sus similares de la iglesia católica. Infante concibió y escribió su proyecto en menos de un año, entre 1811 y 1812, porque cita como ejemplo a la “Constitución de los Estados Unidos de Venezuela”, que fue proclamada el 21 de diciembre de 1811, y porque en septiembre de 1812, se produjo la capitulación de San Mateo, en Puerto Cabello, en la cual fue hecho prisionero. 97
Aunque se desconocen las fechas precisas entre las cuales ejerció como Auditor de Guerra, resulta evidente que cuando redactó su proyecto había acumulado cierta experiencia en ese cargo, cuestión que se manifiesta en las sugerencias precisas que hace en el Título V, destinado a prescribir el poder militar.
Su texto está influido por las ideas de la Ilustración, esencialmente por Juan Jacobo Rosseau, cuyo Contrato Social no consultó directamente, sino a través de la obra de José Ferrer de Orga.98 También utiliza textos y criterios de otros autores de importancia como Gabriel Bonnot de Mably, conocido como el abate Mably, del padre Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, y de José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca.
En varios momentos hace referencia a la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, promulgada en 1787, y a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789. Al final se refiere a la Constitución de los Estados Unidos de Venezuela promulgada en 1811.
Infante reconoció indirectamente la autoría de su Constitución en el juicio que se hizo en Caracas, porque aunque expuso, al mostrársele el texto, que: “sin necesidad de entrar en comparación del original e impresos de ese papel, a fin de hacer un exacto reconocimiento de él, creo que no debo reconocerlo en juicio”; 99 añadió algunos datos que sólo el conocía, como que el texto había sido “hecho en Venezuela después del diez y nueve de abril de 1810, al abrigo de un gobierno que permitía pensar y hablar libremente”, por lo cual no podía adjudicársele ninguna inculpación jurídica“,100 más aún, cuando el gobierno supremo había indicado que se debía echar al olvido todo lo que hubiese ocurrido en sus colonias con motivo de los acontecimientos acaecidos en España, y era un mero proyecto y no una ejecución , “y su contenido no desdice de las ideas liberales de reforma a que han conspirado las Cortes”.101 Finalmente, se negó a contestar sobre las valoraciones que hacía en la Introducción al texto sobre las instituciones españolas.
El Proyecto de Constitución consta de Introducción y diez Títulos, tiene una Advertencia al final, y su contenido se desarrolla en cien artículos y algunas notas a pie de página, que tienen el propósito de hacer aclaraciones que el autor considera necesarias, -algo inusual en un texto constitucional-, pero que nos permiten conocer las fuentes que utilizó, así como vislumbrar que sus conocimientos filosóficos, políticos y jurídicos no eran muy profundos ni especializados, aunque estaban vinculados a las ideas de la denominada Ilustración.
Infante propone establecer, además de los tres poderes clásicos: legislativo, ejecutivo y judicial, otro militar, independiente de los anteriores, pues valora como una cuestión de vital importancia la defensa del país, tanto exterior como interior.
En este breve análisis no pretendemos abordar la parte dogmática del Proyecto, pero sí llamar la atención sobre algunos aspectos relacionados con su percepción elitista y profundamente racista de la sociedad cubana, y también sobre la forma en que expresaba sus criterios y posiciones sobre la Iglesia Católica, cuestión que indiscutiblemente provocó una mayor animadversión por parte de los funcionarios de la Real Audiencia de Puerto Príncipe.
Infante limita el nombramiento de los diputados a Cortes a los hombres blancos, los pardos y criollos de Cuba no cuentan en la esfera de representatividad, sin embargo amplia ese espectro a todos los americanos, siempre que tuviesen su “naturaleza o vecindad en cualquier parte de la Isla” ,102 y contasen con treinta años o más de edad. A los españoles o europeos que vivían en Cuba y a los negros y mulatos nacidos en su territorio, solo les dejaba la opción de elegir. A los dos primeros se les daba el derecho de acceder a empleos tanto civiles como militares, pero los morenos y pardos sólo podían desempeñarse en la esfera castrense.103 En nota aclaratoria manifiesta sus criterios segregacionistas y racistas, que indiscutiblemente lo alejan de una posible vinculación a conspiraciones o movimientos subversivos relacionados con los negros y los mulatos, bien por miedo a las consecuencias, bien por sus concepciones despectivas sobre ese sector de la población. Señala, para ser más preciso aún, que “la misma política dicta la exclusión de la gente de color a la Supremacía, empleos civiles y militares de la clase blanca” y añade, para demostrarlo, ejemplos de acciones subversivas ocurridas en Surinam, en Georgia, en la Guayana Holandesa, en las colonias francesas, en Nueva Orleans, en Jamaica, en Santo Tomás y en Curazao. Expone, recogiendo las experiencias de la convulsión ocurrida en 1810 en la Habana, que los movimientos “con que ha sido amenazada la Isla de Cuba, convencen que no es de esperarse una combinación permanente entre los blancos y la gente de color (…)”.104 ¿Consolidó este criterio a partir de la Conspiración de Román de la Luz? ¿Fue una experiencia de la misma o pensaba de esa forma desde antes? Todo parece indicar que Infante tenía un criterio peyorativo de los negros y mulatos y esto confirma la delación de la conspiración desarrollada por ese sector, que él mismo manifiesta haber verificado en el interrogatorio que le hizo Francisco de Paula Vázquez.105 Los no americanos, y los negros y mulatos eran, en su Constitución, ciudadanos, pero sólo para algunas cosas.
Con respecto a las Milicias, tanto los Coroneles de blancos, como los Comandantes de pardos y morenos, y todos los oficiales de unos y otros cuerpos, serían nombrados “entre las personas pudientes, á propósito y de concepto”, 106 es decir, al criterio de raza añade el de clase.
En las Disposiciones Generales de su Constitución, hace aclaraciones con respecto a los comprendidos en la “clase blanca”,107 exponiendo que están ubicados en ésta los indios -que en Cuba eran ya excepción en el siglo XIX-, y aquellos que “descendiendo siempre de blancos por línea paterna, no interrumpiéndose por la materna el orden progresivo de color, ni interviniendo esclavitud, se hallen ya en la cuarta generación”. En su concepto podían ser considerados también como blancos los hijos de blancos con quinteronas libres.108
Su constitución admite la esclavitud, que se conservaría “mientras fuese precisa para la agricultura”.109 Señala además que “las producciones agrícolas son las que hacen la riqueza de América, especialmente en las islas. Sin brazos no puede haberlas, y es constante que los blancos no bastan, no son tan a propósito como los negros, ni se dedican al trabajo sino dispendiosamente, de manera que aboliéndose la esclavitud no sólo serían perjudicados los propietarios, sino el Estado mismo con la falta de este material de prosperidad pública”,110 con lo cual evidencia un punto de vista que lo distancia de las interpretaciones que lo consideran como un antiesclavista y como un defensor de la pequeña propiedad.
Establecía impuestos menores para los esclavos de campo, que eran los más explotados, y muy superiores para los urbanos, “a fin de evitarse los perjuicios que atraen, la multitud de esclavos separados de la agricultura, que es el objeto por que se introducen en América, y la abundancia de carruajes que embarazan en los puntos de concurrencia (…)”.111 Paralelamente establecía impuestos más elevados para lo que denominaba, con un extremismo evidente, “artes de superfluidad”, que eran las practicadas en su gran mayoría por negros y mulatos libres, puesto que relacionaba a los sastres, peluqueros, barberos y modistas, entre otros.112 Eliminaba el fuero militar, cuestión que sería muy lesiva para los milicianos, sobre todo a los que pertenecían a los batallones de pardos y morenos, que se beneficiaban ampliamente de un privilegio que los amparaba en sus trabajos y negocios.
Joaquín Infante fue cuestionado varias veces como francmasón aunque nunca se encontraron las pruebas materiales que permitieran demostrarlo. Los funcionarios de la Real Audiencia de Puerto Príncipe aludían, en sus acusaciones, a la Constitución elaborada por Infante, argumentando que éste proponía la tolerancia y que esta conducta era característica de los masones. Pero más que esa condescendencia teórica tuvo que preocuparles, por su indiscutible conocimiento del Proyecto, las disposiciones y regulaciones en torno a los sacerdotes, las monjas y todo lo que estuviese vinculado a la Iglesia.
El Título V, con sus doce artículos, titulado “De la Religión”, normaba todo lo referido a esa esfera. Aunque comenzaba aceptando a la religión católica como la principal, se refería, a continuación, a la aquiescencia hacia el resto de los cultos, y planteaba, de inmediato, la “necesidad imperiosa de corregir los abusos e innovaciones”,113 aunque precisase que esto se lograría “sin tocar a la moral ni al dogma”.114
Introduciéndose en cuestiones relativas a la organización eclesiástica establecía un Obispado único para toda la Isla y suprimía el Arzobispado, las Catedrales, las Ordenes Terceras, las Hermandades, las Cofradías, las Questas y con un etcétera, dejaba abierto el párrafo a otras eliminaciones.115
También regulaba el número de templos, separándolos por sexos y color de la piel y como la reducción disminuía inexorablemente el número de eclesiásticos,116 para que estos pudieran ocupar un destino “honesto”, se les daría una parte de las capellanías, de las ventas de bienes de sus conventos y, en el caso de las monjas, se les devolverían sus dotes para que pudiesen volver, con cierto desahogo, a casa de sus padres.117
No conforme con esas modificaciones, introducía una especie de desamortización, tras la cual convocaba a los vecinos de Nueva Providencia en Bermudas, a los de Jamaica, Veracruz y Norteamérica, sin perjuicio de los habitantes de Cuba, para que concurriesen a comprar los bienes de las Iglesias, monasterios y conventos, “con preferencia siempre del contado a los plazos”.118
Por otra parte, tomaba medidas austeras, y reducía los días festivos a los domingos, ya que el país debía ser esencialmente “laborioso”.119
Fueron estas intromisiones en los asuntos eclesiásticos, y otras menores que no hemos reseñado, las que desataron la ira de la Iglesia contra Joaquín Infante y su interés, llevado a situaciones extremas al plantear, ante el propio Rey, la imperiosa necesidad de que fuese juzgado y condenado como francmasón .
Finalmente nos referiremos, en este sucinto análisis, a los símbolos que propone para la nación, sin ninguna relación con la simbología masónica. La bandera, a similitud de la venezolana, tendría tres franjas paralelas y horizontales, una verde, otra morada y otra blanca, no daba significado especial a ninguno de estos colores, y solo aducía que tal combinación no había sido adoptada por ningún otro país.
Propone, como sello de estado, para ser colocado en el centro de la bandera, un ovalo con la imagen de América, representada por una India, que estaría colocada debajo de una planta de tabaco porque, aunque ésta se daba “en otras partes, en ninguna es de tan excelente calidad”.120 De sus propias apreciaciones se puede derivar que este símbolo no tenía que ver con los pequeños productores, y menos con un cultivo realizado en pequeña escala, como se suele interpretar, sino con la diferencia que debía establecerse con otros países a partir de un cultivo que identificaba a Cuba.
Otros criterios pueden derivarse de un estudio jurídico de la Constitución, pero no es ese nuestro propósito, que solo ha intentado valorar ángulos de la conspiración de Román de la Luz y también de Joaquín Infante, vinculados a su época y a sus relaciones.
En el AGI existe un legajo del fondo Ultramar, el no. 113 que guarda la mayor parte de la información que existe sobre esta conspiración. Algunos de sus documentos fueron transcritos por José Luciano Franco en su libro Las conspiraciones de 1810 y 1812, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1977, pp.37-75, pero el legajo, aunque refiere el número de cada uno de los documentos del proceso, sólo contiene la versión y las apreciaciones del marqués de Someruelos, algunas cartas de Luz, Bassave y Ramírez, solicitando traslados o pasaportes. Las declaraciones, los interrogatorios y los documentos llamados a probar el delito no aparecen en este legajo, lo cual deja margen a suposiciones y acusaciones que no pueden ser comprobadas. Este legajo fue revisado cuidadosamente por la autora. Llama la atención que un libro de época, como el de VALDÉS, Antonio J. Historia de la Isla de Cuba y en especial de La Habana, La Habana, Comisión Nacional Cubana de la UNESCO,1964, aborde la información sobre los sucesos en España, la comunicación de la infanta Carlota Joaquina de Borbón, Infanta de España y Princesa de Portugal, al gobierno de la Isla, la Conspiración de Aponte, y ni siquiera mencione la supuesta conspiración de Luz, Bassave e Infante.
Se trata del legajo Ultramar 113, que citaremos profusamente en este texto.
Según el marqués de Someruelos. Las confesiones estaban de la desde las hojas 259 vuelta en adelante,
pero no aparecen en el expediente
José Luciano Franco expone que “la tarea realmente revolucionaria y popular de la conspiración” fue la de Bassave, porque goza a de alguna popularidad en los barrios más humildes de la capital, añade que Aponte fue reclutado por éste. No obstante, en la información que existe, no hay elemento alguno que soporte este criterio, el propio Bassave escribe peyorativamente sobre los negros y dice que delató, ante el capitán general, la conspiración. Es posible que en el imaginario popular se tejiesen leyendas en torno a lo ocurrido, pero ningún dato del expediente permite llegar a esa conclusión, las declaraciones de Isidro Moreno y Pedro Alcántara, sólo aparecen como un comentario de Someruelos, quien dice que eran “del partido que trataba de formar el capitán don Luis Bassave”, con el objeto de que no se recibiera al nuevo Capitán General, cuestión que no permite avalar la conclusión a que llega, lo más que puede suponerse es que Bassave trató de usar a los morenos de los batallones, pero nunca que los reclutó ni dirigió. Se debe tener en cuenta además, que salvo los garzones blancos que atendían a los batallones de pardos y morenos, y Bassave no lo era, no existían contactos formalmente establecidos entre una milicia y otra. Ver. FRANCO, José Luciano. Las conspiraciones de 1810 y 1817, la Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1977, p. 10
Esta aseveración supone que el propio gobernador le dijo o comentó que había sido el primero en hacer la denuncia.
Un antecedente es la represión al Lic. Acosta en 1809, con acciones similares, aunque menos punitivas, que las asumidas más tarde con Luz, Ramírez, Infante y otros masones
Según sus declaraciones la situación le fue comunicada cuando estaba en el velorio de su única hija. Ver: “Habana. Causa formada en 1810 sobre intentada sublevación y francmasonería”. AGI Ultramar 113.
Por Decreto del 29 de octubre de 1810. Estaba integrada por D. Manuel Artazo, Brigadier de los Reales Ejércitos y Teniente de Rey de la Plaza; D. José Antonio Ramos, Oidor decano de la Real Audiencia del distrito, que se caracterizaba por sus conductas persecutorias a los francmasones; Domingo Santibañez , Auditor de Guerra de la Plaza; D. Francisco Filomeno, Juez General de Bienes de Difuntos, Lic. D. Luis Hidalgo Gato y D. José María Sanz.
“Habana. Causa formada en 1810 sobre intentada sublevación y francmasonería”. AGI. Ultramar 113.
En la información suministrada por Someruelos se dice que Capitán de Morenos Isidro Moreno y el Sargento de Pardos Pedro Alcantara Pacheco, supieron del partido que trataba de formar el Capitán D. Luis Bassave con el objeto “de que no se recibiera aquí el nuevo Capitán General que está electo para la Isla”. Más adelante dirá que el movimiento se iniciaría el 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario y que Bassave, “bajo el pretexto de sostenerme en el gobierno y resistir la entrada de mi sucesor (…) convocaba y excitaba a los negros y mulatos y a la hez del pueblo para sublevarse y capitaneando esta turbamulta hubiera sin duda cooperado al plan de D. Román de la Luz”. Ver: “Habana. Causa formada en 1810 sobre intentada sublevación y francmasonería”. AGI. Ultramar 113
Ni el texto de los pasquines, ni las cartas de referencia se encuentran en este expediente. Se mencionaba como autor a D. Francisco Ponce, hermano del Auditor de Marina, “del que hay mal concepto público por su relajada conducta, por la libertad con que se producen sus conversaciones y por la osadía o descaro natural, siendo reputado por principal funcionario en la logia de francmasones, cuya existencia no se duda en la Habana”. A D. Manuel Coronado se le encontró una proclama dirigida al pueblo de la Habana llena de datos y suposiciones que fueron calificadas de falsas por Someruelos, en otra parte del expediente se dice que “el papel sedicioso en que se exhortaba a la independencia de estos dominios y que fue el mismo que salió de la botica de D. José María Montano”
“Habana. Causa formada en 1810 sobre intentada sublevación y francmasonería”. Carta de Luis Bassave escrita en el Castillo de Santa Catalina, el 28 de febrero de 1811. AGI. Ultramar 117.
“El Gobernador de la Habana remite dos testimonios de igual número de piezas del auto formado en aquella plaza con motivo de la conmoción intentada en ella por los individuos que se expresan”. AGI, Ultramar 113.
Carta de D. Luis Bassave, dirigida al monarca y escrita el 28 de febrero de 1811, Castillo de Santa Catalina. Cadiz. Ibídem.
Carta de D Román de la Luz, dirigida al monarca y escrita el 10 de febrero de 1811. Ibídem
Subteniente del Regimiento de Cuba
Real Audiencia de Puerto Príncipe al Consejo de Indias. 25 de junio de 1811. Ibídem
Informe del marqués de Someruelos del 6 de diciembre de 1810. Ibídem
Informe reservado, firmado por José de Salinas. Ibídem
Informe del marqués de Someruelos, 27 de mayo de 1810. Ibídem
Real Audiencia de Puerto Príncipe al Consejo de Indias. 25 de junio de 1811. Ibídem.
Solicitud del fiscal de la Audiencia de Puerto Príncipe D. Anacleto de las Casas, para que se juzgue a Joaquín Infante. 15 Junio de 1816. Ibídem
Era Real Orden y no Real Decreto, como decía el documento de la Audiencia.
Ibídem. Texto del Real Decreto en el Anexo 3.
El 30 de enero de 1809, Infante solicita una certificación legal, con extracto substancial de los documentos que presenta. Está la Partida de Bautismo en que consta que nació en Bayamo, en enero de 1775, que fue bautizado en la parroquia mayor de esa ciudad, que es hijo de D. José del Rosario Infante y de D. Rosalía Infante, que sus ascendientes por ambas líneas han sido españoles honrados, limpio de toda mala raza y de la primera distinción y nobleza, habiendo ejercido los mejores empleos, no teniendo nota alguna en contra de la religión. Ver AGI, Fondo Ultramar, legajo 22, no. 2 .
Según testimonios e informes localizados, se conoce que siendo clérigo de menores entre 1791 y 1794 había estudiado Filosofía y Teología. También que entre junio de 1795 y marzo de 1796 había estudiado tres cursos, en esas Facultades, en el Colegio Seminario de Santiago de Cuba. Existe constancia del Rector de la Real y Pontificia Universidad de Santo Domingo que “después de haber sufrido un examen a claustro pleno, en el que obtuvo el mejor aplauso, y el informe del Rector D. José Arredondo a la Audiencia” fue graduado de Bachiller en Derecho en octubre de 1796. En este expediente existen certificaciones otorgadas por personalidades de que practicó el Derecho, desde noviembre de 1796 hasta septiembre de 1804 en Santo Domingo, Santiago de Cuba, Bayamo y Puerto Príncipe.
En 1797, ofició como abogado de la Real Hacienda de Cuba. El 10 de noviembre de 1700 recibió el título de la Real y Pontificia Universidad de Santo Domingo en el documento consta “que después de recibidos los grados de bachiller y licenciado fue condecorado con la borla de Doctor en Derecho”. También aparece el permiso de la Real Audiencia de Puerto Príncipe, otorgado el 27 de marzo de 1807, para defender sus causas. No obstante en 1809 las cosas cambiaron en cuanto al ejercicio de su profesión, en carta redactada de su puño y letra expone que durante 14 años ha trabajado “en la teoría y práctica de la jurisprudencia” y añade “Nunca aspiré a otro premio que al de la abogacía en esta Isla. Pero las restricciones indistintas del anterior Gobierno me han privado de él y a contemporáneos míos proporcionaron el favor u otros resortes, de que carezco, lo que quizá me pertenecía de justicia.” Solicita entonces que se le facilite su recepción como abogado. Se cursa la solicitud de que se le dispense de la gracia de ser Admitido de Abogado en la Isla de Cuba, 11 de marzo de 1810, el 12 de marzo la solicitud fue analizada en el Consejo Pleno, en Cádiz y el 10 de abril de 1810 se expone “ que previa consulta resolverá el consejo como siempre lo más conforme y firma D. Nicolás María de Sierra. Posiblemente no había recibido la autorización en octubre de 1810. cuando se le involucra en la Conspiración. Ver: “Solicitud de D. Joaquín Infante que se le dispense de la gracia de ser Admitido de Abogado en la Isla de Cuba, 11 de marzo de1810”. AGI Ultramar 22, exp. No. 2.
Su interrogatorio fue llevado a cabo por Francisco de Paula Vázquez, Capitán de las Compañías Americanas, y se encuentra en: Archivo General de Indias, fondo Ultramar, legajo 95 Otra copia del proceso se encuentra en el Archivo Nacional de Venezuela, Causas de Infidencia, Tomo 11, no. 201.
Joaquín Infante era ya abogado, pero cuando llega a Caracas, debe revalidar su profesión, por ese motivo el ciudadano Francisco Isnandy, secretario del Congreso General de los Estados Unidos de Venezuela, certifica “que el ciudadano Joaquín Infante fue recibido de abogado para los Estados por la Alta Corte de Justicia el 29 de abril de este año, después de haber hecho constar sus estudios teóricos y prácticos, grados y buenas cualidades y después de haber sido examinado y aprobado por el Colegio y la misma Alta Corte, habiendo presentado juramento para el ejercicio de la profesión según resultado del expediente de la materia que se halla en esta secretaría de mi cargo. En fe de lo cual por acuerdo del congreso general de Media doy la presente firma de mi mano y sellada con el sello de la Confederación en el Palacio de Caracas a 23 de diciembre de 1811= Año Primero de la Independencia”. AGI. Ultramar 95
Evidentemente se refiere a los de La Habana, porque en Puerto Cabello había sido Auditor de Guerra y Marina.
Se refiere a la Constitución que elaboró en Venezuela
Carta personal de Joaquín Infante, dirigida a Francisco de Paula Vázquez, Capitán de las Compañías Americanas, que llevaba su proceso. AGI. Ultramar 95.
En la excelente reconstrucción histórica que hace Alejo Carpentier, en El Siglo de las Luces, aparece la figura de Caleb Dexter, el “capitán filántropo”, quien permitía “viajar sin salvoconductos” y que en su camarote “conservaba su mandil, adornado con la Acacia, el Templo-de-Siete-Peldaños, las dos Columnas, el Sol y la Luna, en una vitrina junto a sus instrumentos de navegación” Carpentier, Alejo. El Siglo de las Luces, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, pp.74-76. También se debe recordar las vinculaciones entre la masonería de Pensilvania y la logía masónica Templo de las Virtudes Teologales de la Habana.
En páginas anteriores abordamos el caso del presbítero Domingo Espinosa, de Puerto Príncipe, que siguió un itinerario similar.
En ese contexto el Capitán General Vicente Emparán, designado por el Consejo de Regencia de España e Indias fue obligado a renunciar por la presión pública caraqueña.
En junio de 1811 se convocó a elecciones en todas las provincias para formar un Congreso Constituyente, cesando en sus funciones el 5 de ese mes cesa la Junta Suprema en sus funciones.
Este interrogatorio se realiza el 17 de octubre de 1812, supuestamente Minaño estaba muy enterado de los asuntos de Infante, porque había actuado como su escribano en Puerto Cabello. AGI. Fondo Ultramar, legajo 95
Tras conversaciones en Londres, con Andrés Bello, Simón Bolívar y Luis López Méndez, Miranda había decidido regresar a Venezuela. Fue nombrado Teniente General de los ejércitos de Venezuela el 31 de diciembre de 1810, tras su arribo a la Guaira el día 10 de ese mes. Esta fecha coincide con la llegada de Infante a ese país.
AGI. Fondo Ultramar, legajo 95
La carta de José María Merlín está fechada el 17 de abril de 1813, su texto ha sido resumido por la autora, pero puede ser consultado íntegramente en: AGI, Ultramar 95.
En esa misma fortaleza estuvo detenido Francisco de Miranda.
El Capitán de fragata Domingo Monteverde, comandante de las tropas realistas, inició la reconquista española de Venezuela con el desembarco de 150 hombres en la ciudad de Coro, allí engroso sus filas con los habitantes de la ciudad, que se mantenían leales al Rey. Se enfrentó a Miranda en el paso de La Cabrera siendo rechazado varias veces pero finalmente logro pasar y entro en los valles de Aragua. Miranda se replegó a ciudad de La Victoria que fortifico. Pero Puerto Cabello calló en poder de Monteverde. Y Miranda se vio obligado a firmar la Capitulación de San Mateo el 25 de julio de 1812.
Fue remitido con los autos originales que se le formaron. Salió de Ponce, Puerto Rico, en el bergantín español “Fernando el Restaurador” capitaneado por Mariano Campins, natural de Mataró en Cataluña, quien dos días antes de su salida para la Habana fue llamado por el Sr. Gavon, de aquella plaza, para que se hiciera cargo de la correspondencia y al mismo tiempo del reo Joaquín Infante, quisieron ponerle grillos, pero como hasta esa plaza había ido sin prisiones no lo admitió, El gobernador le dijo que en la correspondencia pública iba la causa de Infante, sin embargo el Capitán General de Cuba declara que nada se ha recibido por esa vía, ni de parte del Gobernador de Puerto Rico, ni de otra justicia, ni menos proceso alguno. AGI. Fondo Ultramar, legajo 95.
Declaró que era natural de Bayamo y vecino de Caracas, que tenía de 35 años, era casado, y abogado, que de 1807 a 1810 había estado empleado como Agente Fiscal de Hacienda en la Habana, que había llegado a esta ciudad, después de haber quebrado con su esposa en Puerto Rico por causas que hicieron inconciliable la paz del matrimonio. A pesar de cuanto hizo por allanarlas. Declara que de la Habana había pasado a Norteamérica, no se acuerda si con licencia o sin ella, aunque si la solicitó. Ibídem.
Firma esta declaración ante Esteban Esquivel, en la Habana, a15 de septiembre de 1813. 13
Se refiere a la Constitución que redactó en Caracas.
La solicitud es del 12 de febrero de 1814 y la firman Mendiola y el Fiscal de la Real Audiencia Santiago Márquez.“Testimonio del cuaderno de Audiencia de los autos seguidos contra el Dr. D. Joaquín Infante por exceso secta francmasónica. Contiene todo lo obrado en esta Real Audiencia de Puerto Príncipe”. AGI. Ultramar 95.
11 de junio de 1813
En otras ocasiones aparece como Laulan.
En esta carta el padre le pedía cincuenta pesos para pagar una deuda de sus casas.
Se cita a Infante, para informarlo, según estaba dispuesto y se entrega el cuaderno de la Audiencia al Sr. Fiscal don Anacleto de las Casas el 2 de julio de 1814. Ibídem
Se puede recordar el proceso al Lic. Mariano Acosta y la actitud asumida con el hijo, al que inclusive querían condenar a muerte por el pasquín en que acusaba a la Real Audiencia.
El R.D. decía, tras las fórmulas legales de costumbre: “(…) prohíbo en todos mis Reynos las congregaciones de los Francs Masones, debajo de la pena de mi Real indignación y de las demás que tuviere por conveniente imponer a los que incurrieren en esta culpa: y mando al Consejo que haga publicar esta prohibición por Edicto en estos mis Reynos encargando su observancia al zelo de los Intendentes, Corregidores y Justicias, aseguren a los contraventores, dándose cuenta de los que fueron por medio del mismo Consejo para que sufran las penas que merezca el escarmiento (…) imponiendo a cualquiera Oficial o individuo de su jurisdicción, mezclado o que se mezclara en esta Congregación, la pena de privarle y arrojarle de su empleo con ignominia (…)”. Como puede apreciarse no se regulaban las penas, con lo cual, salvo la privación de empleo, con lo cual las medidas tomadas eran, en el fondo, ilegales y por eso no se les podía mantener en prisión. AGI, Fondo Ultramar, legajo 113.
En ese momento Infante estaba siendo juzgado en La Habana
Según Carlos M. Trelles, que, posiblemente siguiendo a Lucas Alamán es el primero en afirmarlo en la historiografía cubana, cuestión que repite Emeterio Santovenia, y muchos otros historiadores, Bolívar e Infante se habían reunido en Jamaica en 1815, isla visitada por El Libertador entre mayo y septiembre de ese año.
También afirman su participación en la expedición de Mina, y su presencia como Auditor de Guerra de la República Mexicana. Infante había sido Auditor de Guerra, en Puerto Cabello, años antes.
Santovenia Emeterio y Santiago Key y Ayala. Joaquín Infante. Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba. (Con un estudio preliminar de Emeterio Santovenia y estudio bibliográfico de Santiago Key Ayala). Sequiscentenario de la Independencia, Caracas, Venezuela, 1929.
AGI. Estado, legajo12 no. 19
AGI, Fondo Ultramar, legajo 113
Citado por Trelles, Carlos M. “Apuntes biográficos sobre Joaquín Infante”. P.13
El barco en que llegó a Cuba estaba fondeado en el puerto de La Habana el 20 de agosto de 1813, el 15 de septiembre, estaba siendo interrogado en el nuevo proceso que se le seguía por su participación en la conspiración de Luz y Bassabe. Ibidem.
Se cita un oficio del Ministro Español D. Luis de Onís enviado al virrey de Nueva España, D. José Alvarez de Toledo Infante según el cual Infante se encontraba en Filadelfia en marzo de 1816.
Político e intelectual mexicano, contemporáneo a los hechos. Nació en 1762 y falleció en 1853.
Se debe señalar que, aunque testigo de la época, Lucas Alamán estuvo en Europa desde 1814 hasta 1820, por lo cual es imposible que fuese testigo presencial de esos acontecimientos, por eso declara que utilizó los Apuntes históricos de la revolución del reino de Nueva España, del Dr. Juan Bautista Arechederreta, quien era canónigo de la santa Iglesia Catedral. Éste, según Alamán , había formado un diario muy exacto de todo lo ocurrido desde 1° de Octubre de 1811 hasta 19 de Junio de 1820. Ver Alamán, Lucas. Historia de Méjico. Tomo IV. México, 1851
Trelles, Carlos. “Apuntes biográficos sobre Joaquín Infante”.
Inclusive existen algunas confusiones por ese motivo, Beatriz Bernal, por ejemplo, ubica la Real Orden referida al proceso de Puerto Cabello, como un proceso diferente ocurrido en 1822. Este trabajo es superficial y tiene varios errores de fechas. Ver. BERNAL GÓMEZ, Beatriz. “El primer proyecto de constitución independentista para Cuba”. www.bibliojuridica.org/libros/4/1855/10.pdf
Ministro plenipotenciario de España en los Estados Unidos. En un oficio dice que Infante había llegado a Nueva Orleans, enviado por Bolívar y que se había incorporado a la expedición de Mina con el cargo de Auditor de la División Auxiliar de la República Mexicana. Ver Academia de la Historia. Joaquín Infante. Homenaje. P. 11
A principios del siglo XIX muchos navíos ingleses eran verdaderas logias flotantes, de igual forma hubo una notable influencia masónica en los buques norteamericanos y españoles, Hubo logias flotantes integradas por oficiales de la Real Marina Española, como el oficial Ángel Rizo. Muchos marineros, sin cargo alguno, también lo eran, es posible que este tipo de actividades contribuyera a las exitosas fugas de Joaquín Infante.
La Canción Patriótica fue publicada por Carlos M. Bustamante en su libro Cuadro Histórico de la Revolución de México, tomo IV, pp.- 328-330. Esta copla es reproducida en Academia de la Historia de Cuba. Joaquín Infante. Homenaje (…) p. 75-76. Ver Anexo no. 5
Alamán, Lucas. Historia de Méjico. Tomo IV,.P. 590-594
“Exposición de la persecución que ha padecido desde el catorce de junio de 1817 hasta el presente de 1822, el Dr. Servando Teresa de Mier, Noriega Guerra (…).”pp. 453-476. “Nos prometieron Constituciones”, p. 359.368. “Acaba de llegar a Filadelfia” p. 371-375, “Nuevo discurso del mismo autor sobre el mismo objeto de la libertad de la patria, formado con las noticias más recientes hasta el mes de Julio de 1821 en Filadelfia”. P. 383-414”, todos estos acápites pertenecen al libro: Escritos inéditos de Ray Servando Teresa de Mier, 1763-1822. México, El Colegio de México. Publicación del Centro de Estudios Históricos. Introducción, notas y ordenamiento de textos por J. M. Miquel, I. Vergés y Hugo Díaz Thomé, 1944.
“Exposición de la persecución que ha padecido desde el catorce de junio de 1817 hasta el presente de 1822, el Dr. Servando Teresa de Mier, Noriega Guerra (…).”pp. 453-476. “Nos prometieron Constituciones”.
AGI, Ultramar, legajo 113.
Alamán, Lucas. Historia de Méjico. Tomo IV. P. 594
En el folleto Academia de la Historia, Joaquín Infante. Homenaje a esta ilustre bayamés, autor del primer proyecto de constitución para la Isla de Cuba, se reproduce el texto completo de ese documento.
Carta firmada por D. Pelegrín, del Nergociado Político, de la Sección de Gobierno, del Ministerio de Ultramar, del 15 de octubre de 1821, al Sr. Jefe Político Superior de la Havana. ANC; Fondo Reáles Cédulas y Órdenes, legajo 65, expediente 46
Posiblemente uno de los varios espias que esistían en Jamaica.
Academia de la Historia. Joaquín Infante. Homenaje a esta ilustre bayamés, autor del primer proyecto de constitución para la Isla de Cuba, p. 13.
Oficio de Cristobal de Cardona a Vives, en Ibidem, pp. 89-90
“El Capitán D. Francisco Dionisio Vives participa al Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra el estado de opinión y noticias recibidas de diferentes puntos del continente Americano. No. 53, 23 de junio de 1825, en: Boletín del Archivo Nacional, Habana, 1909, tomo VIII, p. 198.202.
Este Proyecto no se encontraba en los archivos cubanos y sólo se conocía la reseña realizada por M. Torres en su Bibliografía del Derecho Español, Madrid, 1883; por gestión personal de Carlos M. Trelles fue localizado, por el investigador venezolano Santiago Key Ayala, en el año de 1928 en el Archivo de la Nación cuestión que le valió ser seleccionado Académico Correspondiente de la Academia de Historia de Cuba. Key Ayala localizó dos ejemplares que pudo cotejar para completar un texto. Ver Academia de la Historia. Joaquín Infante. Homenaje a esta ilustre bayamés, autor del primer proyecto de constitución para la Isla de Cuba, y Santovenia, Emeterio y Santiago Key y Ayala. Joaquín Infante. Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba. (Con un estudio preliminar de Emeterio Santovenia y estudio bibliográfico de Santiago Key Ayala). Sequiscentenario de la Indepedendencia, Caracas, Venezuela, 1929.
Posiblemente también tuvo conocimiento de la primera constitución iberoamericana, que fue la de Cundinamarca, promulgada el 4 de abril de 1811, pues esta también dedica uno de sus Títulos, el IX a la Fuerza Armada.
Ferrer de Orga en el título de su obra cita a Rosseau como Juan Santiago en lugar de Juan Jacobo, al traducir de esa manera el nombre de Jacques.
AGI. Fondo Ultramar, legajo 95.
CUESTA de la, Leonel Antonio. Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días. New York, Ediciones Exilio, 1974, p. 96, Título II, artículo 3.
Ibídem, Título II, artículo 4
Ibídem, Título II, artículo 4, nota b.
El Capitán de las Tropas Americanas que lo interrogó tras ser detenido en San Mateo.
Título V, artículo 23. Se debe destacar que eliminaba a los subinspectores, ayudantes y garzones blancos de los cuerpos de color, vinculando sus estructuras, directamente, al Estado Mayor, sin embargo sólo les permitía llegar hasta el grado de comandantes.
Título X, artículo 85
Dice que para mayor claridad lo explica de este modo: “el hijo de blanco con negra libre era mulato, el hijo de blanco con mulata libre era cuarterón, el hijo de blanco y cuarterona libre era quinterón, y el hijo de blanco con quinterona libre era blanco. Expone con detalle el denominado “proceso de blanqueamiento” al que muchos se adscribirían años más tarde, entre éstos José A. Saco. Ibídem.
Título X, artículo 89.
Ibídem. Nota t. Justifica la esclavitud con argumentos similares a los de las élites dueñas de siervos: en África vivían peor. Distorsiona la conducta de los amos con los esclavos criollos, que “eran tratados con tanta blandura que a veces degenera e laxitud (…)”, cuando, por la experiencia tenía que conocer que no se establecían diferencias entre africanos y criollos en ningún trabajo y que eran castigados por igual, y para dar todos estos criterios ignora la realidad de Cuba y se basa en los criterios aportados por Antonio Sánchez VALVERDE, en su obra Idea del valor de la Isla Española, y utilidades que de ella puede sacar su monarquía, publicada en Madrid, por la Imprenta de D. Pedro Marín, en 1765, que poco o nada tenían que ver con la situación de nuestra Isla.
Título VI, artículo 30. Por los de campo se pagarían 4 reales anuales y por los urbanos 20 pesos anuales por cada esclavo que excediera el número de 4 de servicio o jornal [por dueño] y en los mismos 20 pesos por cada volante [suponemos que se refiere a los caleseros] que excediera el número de dos.
Estos impuestos eran de 24 pesos en La Habana y doce en el resto del territorio. Ibídem.
Título V, artículo 35
Título V, artículo 36
Título V, artículo 37
Título V, artículo 38
Título V, artículo 39
Título V, artículo 42
Título X, artículo 100.