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Timestamp: 2018-10-21 02:28:14
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Matched Legal Cases: ['artículo 25', 'artículo 4', 'artículo 24', 'artículo 7', 'artículo 2', 'artículo 11', 'artículo 10', 'artículo 6', 'artículo 9', 'artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 3', 'artículo 25', 'artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 25']

La jornada de trabajo - PDF
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José Francisco Torres Rico
1 La jornada de trabajo Renato Mejía Madrid Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Máster en Trabajo y Política Social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Profesor de derecho del trabajo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Entre las reivindicaciones y regulaciones laborales más antiguas se encuentran las vinculadas con la jornada de trabajo. En los orígenes del derecho del trabajo ya se reconocía la necesidad de una regulación de la jornada de trabajo y el establecimiento de una jornada máxima de trabajo, con la finalidad de garantizar la salud y la seguridad de los trabajadores y el disfrute de su tiempo libre. En el Perú, en 1913, se emitió una resolución suprema por la que se reconoció la jornada de 8 horas para los trabajadores portuarios del muelle y dársena de la bahía del Callao con ocasión de una huelga realizada por éstos. En el plano internacional, en 1919 se adoptó el primer convenio de la Organización Internacional del Trabajo que estableció 8 horas diarias y 48 horas semanales como límite a la jornada de trabajo. Con el paso de los años y los cambios en la vida social y en las organizaciones productivas, nuevos argumentos se han sumado a la justificación de la necesidad de dicha regulación, como la conciliación de la vida familiar y personal del trabajador, la repartición del trabajo y la productividad empresarial. En el presente artículo, analizaremos los aspectos más importantes de la regulación del derecho a la jornada máxima en nuestro ordenamiento. La jornada de trabajo y la jornada máxima Se entiende como jornada de trabajo el tiempo que un trabajador se encuentra a disposición de su empleador para cumplir con las actividades para las cuales ha sido contratado. El artículo 25 de la Constitución dispone, la jornada ordinaria de trabajo es de ocho horas diarias o cuarenta y ocho horas semanales, como máximo. Precisa dicho artículo que, en el caso de jornadas acumulativas o atípicas ( ) el promedio de horas trabajadas en el período correspondiente no puede superar el máximo antes señalado. Así, la jornada ordinaria de trabajo puede ser establecida en módulos diarios, semanales o, en el caso de jornadas acumulativas o atípicas, en módulos por periodos mayores; pero siempre deberá respetar los límites que establecen la Constitución. Ello supone que no pueden establecerse jornadas que excedan dichos límites, pero sí que los mejore, pudiendo establecerse jornadas máximas o jornadas ordinarias menores a la jornada máxima establecida por la Constitución ya sea por ley, convenio colectivo, contrato o decisión unilateral del empleador. Ahora bien, la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución establece que las normas relativas a los derechos y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias que hayan sido ratificados por el Perú.
2 En ese sentido, para comprender los alcances y límites del derecho constitucional a la jornada máxima de trabajo, se deberá tener en cuenta dichas normas internacionales. El Convenio 1 de la OIT, es el tratado ratificado por el Perú que regula de manera específica la jornada de trabajo. De acuerdo al Convenio, el mismo es aplicable a industrias extractivas, manufactureras o transformadoras, construcción y transporte, y establece que En todas las empresas industriales públicas o privadas, o en sus dependencias, cualquiera que sea su naturaleza, con excepción de aquellas en que sólo estén empleados los miembros de una misma familia, la duración del trabajo del personal no podrá exceder de ocho horas por día y de cuarenta y ocho por semana, salvo las excepciones previstas a continuación: a) las disposiciones del presente Convenio no son aplicables a las personas que ocupen un puesto de inspección o de dirección o un puesto de confianza; b) cuando, en virtud de una ley, de la costumbre o de convenios entre las organizaciones patronales y obreras (a falta de dichas organizaciones, entre los representantes de los patronos y de los obreros) la duración del trabajo de uno o varios días de la semana sea inferior a ocho horas, una disposición de la autoridad competente, o un convenio entre las organizaciones o representantes supradichos, podrá autorizar que se sobrepase el límite de ocho horas en los restantes días de la semana. El exceso del tiempo previsto en el presente apartado nunca podrá ser mayor de una hora diaria; c) cuando los trabajos se efectúen por equipos, la duración del trabajo podrá sobrepasar de ocho horas al día, y de cuarenta y ocho por semana, siempre que el promedio de horas de trabajo, calculado para un período de tres semanas, o un período más corto, no exceda de ocho horas diarias ni de cuarenta y ocho por semana. Sobre la regulación de la jornada máxima, el texto de la Constitución establece como jornada máxima o límite a la jornada de trabajo ordinaria 8 horas diarias o 48 semanales, utilizando el disyuntivo o ; de esta manera, la Constitución abre la posibilidad de jornadas acumulativas u otra jornada atípica que en períodos mayores no superen dicho máximo. Si bien la referencia a jornadas por períodos mayores como atípicas nos puede dar a entender que dichas jornadas son supuestos excepcionales, lo cierto es que ni a nivel constitucional ni a nivel legal se ha regulado límite alguno a la posibilidad de determinar dichas jornadas, de manera que la referencia a la jornada atípica resultaría nominativa. Sin embargo, el Convenio 1 de la OIT regula el límite con el conjuntivo y, de manera que jornadas como las compensatorias y las acumulativas se regulan en el mismo como supuestos excepcionales y de manera restrictiva pues, de otro modo, estarían prohibidas. Aunque parece difícil una interpretación de la Constitución de conformidad con el Convenio, pues en cuanto al límite a la jornada ordinaria de trabajo los contenidos de sus textos son incompatibles, y en ese caso nos encontraríamos ante un problema de qué norma aplicar ante un conflicto normativo; el Tribunal Constitucional, en la sentencia del expediente AA entiende que dicha interpretación sí es posible, y establece el siguiente parámetro constitucional que debe emplearse para la configuración del derecho a la jornada laboral de ocho horas diarias : a) Las jornadas de trabajo de ocho horas diarias y de cuarenta y ocho semanales son prescritas como máximas en cuanto a su duración. b) Es posible que bajo determinados supuestos se pueda trabajar más de ocho horas diarias y de cuarenta y ocho por semana, siempre que el promedio de horas de trabajo, calculado para un período de tres semanas, o un período más corto, no exceda de ocho horas diarias ni de cuarenta y ocho por semana. Este supuesto dependerá del tipo de
3 trabajo que se realice. c) El establecimiento de la jornada laboral debe tener una limitación razonable. d) Las jornadas serán de menor duración cuando se trate de trabajos peligrosos, insalubres o nocturnos. e) En el caso de nuestro país, la Constitución impone la jornada máxima de trabajo de cuarenta y ocho horas semanales, de modo que, siendo ésta la norma más protectora, prevalecerá sobre cualquier disposición convencional que imponga una jornada semanal mayor; (por ejemplo, el artículo 4 del Convenio 1 (1919) de la Organización Internacional del Trabajo) [que en los trabajos cuyo funcionamiento continuo, por razón de la naturaleza misma del trabajo, deba ser asegurado por equipos sucesivos, permite exceder los límites siempre que el promedio de horas de trabajo no exceda de cincuenta y seis por semana] (fundamento 15). Vale precisar que las consideraciones recogidas en los puntos c y d del fundamento, son tomadas del artículo 24 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que dispone que toda persona tenga el derecho a una limitación razonable de la duración del trabajo ; y del artículo 7.g del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre derechos humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales, que establece que ( ) la limitación razonable de las horas de trabajo, tanto diarias como semanales. Las jornadas serán de menor duración cuando se trate de trabajos peligrosos, insalubres o nocturnos. Respecto de la jornada máxima, el Tribunal Constitucional adopta como contenido de dicho derecho constitucional el límite del Convenio 1 de la OIT, basado en un módulo horario fijo. Sólo de manera excepcional serán posibles jornadas acumulativas (de las compensatorias, que el Convenio regula también como excepción, el Tribunal no señala nada en particular). Además, a pesar de que el Convenio 1 de la OIT regula la jornada máxima en determinadas industrias, el Tribunal señaló en su sentencia que los límites establecidos en éste se aplican a toda actividad económica (fundamentos 29 de la sentencia y 14 de la posterior aclaración) Si bien la necesidad de una garantía de jornada máxima de trabajo se encuentra absolutamente vigente, la regulación del Convenio 1, adoptado recordemos en 1919, resulta rígida ante las nuevas formas de organización de la producción y del trabajo. Precisamente, en su Estudio General sobre los Convenios 1 y 30 (convenio sobre las horas de trabajo en el comercio y oficinas) presentado a la 93ra.Conferencia Internacional del Trabajo de 2005, la Comisión de Expertos en la aplicación de Convenios y Recomendaciones concluyó que En la actualidad sigue siendo válido el principio de incorporar a la regulación de las horas de trabajo la perspectiva de los derechos humanos y que cada trabajador de la economía mundial debe tener derecho a la protección de una norma mínima que establezca la duración máxima de su trabajo y la duración mínima de su descanso (párrafo 317). Pero la Comisión reconoció también que los Convenios 1 y 30 no reflejan la realidad contemporánea en la reglamentación del tiempo de trabajo, que hay elementos de los convenios que son claramente obsoletos (párrafo 322), y que los cambios ocurridos desde la adopción de esos dos instrumentos justifican su revisión (párrafo 328). Actualmente, la regulación sobre el tiempo de trabajo en el ámbito de la OIT está sujeta al análisis de una reunión tripartita de expertos organizada por el Consejo de Administración con miras a diseñar la orientación futura de las normas internacionales del trabajo
4 encaminadas a promover el trabajo decente en lo relativo al tiempo de trabajo, cuyos resultados se espera sirvan de base para una discusión sobre el tiempo de trabajo en una futura reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo. Exclusiones a la jornada máxima de trabajo La Constitución no regula excepción alguna a la jornada máxima, y sin embargo las exclusiones reguladas en nuestro ordenamiento lo están a nivel legal, lo que puede poner en tela de juicio la constitucionalidad de las mismas. Precisamente, el desarrollo del derecho a la jornada máxima a nivel legal se encuentra recogido en el Texto Único Ordenado del Decreto Legislativo 854, Ley de Jornada de Trabajo, Horario y Trabajo en Sobretiempo, aprobado por Decreto Supremo TR (LJT). De acuerdo con la LJT, no están comprendidos dentro de la jornada máxima de trabajo los siguientes trabajadores: (i) el personal de dirección; (ii) trabajadores no sujetos a fiscalización inmediata; y, (iii) trabajadores que prestan servicios intermitentes de espera, vigilancia o custodia. Analizaremos a detalle cada una de estas exclusiones. Personal de dirección El artículo 2 del Convenio 1 de la OIT regula como excepción a la aplicación de la jornada máxima a las personas que ocupen un puesto de inspección o de dirección o un puesto de confianza. Considerando que a través de la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución, los tratados sobre derechos humanos ratificados por el Perú dan contenido a los mismos derechos reconocidos por la Constitución, podemos afirmar que la exclusión de dichos trabajadores desarrollada por la LJT no calificaría como inconstitucional. De este grupo de trabajadores señalados en el Convenio, la LJT excluye de la aplicación de la jornada máxima únicamente al personal de dirección. No consideramos que la exclusión del personal de confianza hecha por el artículo 11 del Reglamento de la LJT, aprobado por Decreto Supremo TR, opere como una exclusión por la sola calificación de dicho personal como tal. En primer lugar, porque entenderla de dicha manera supondría una manifiesta ilegalidad, ya que la LJT no comprende a dichos trabajadores entre las exclusiones que regula. En segundo lugar, porque el Reglamento precisa que la exclusión alcanza a los trabajadores de confianza sujetos a un control efectivo del tiempo de trabajo ; a través de dicha precisión consideramos que los trabajadores de confianza excluidos a los que se refiere el Reglamento son aquéllos no sujetos a fiscalización inmediata, otro de los supuestos de exclusión regulados por la LJT. Sobre el personal de dirección, el Texto Único Ordenado del Decreto Legislativo 728, Ley de Productividad y Competitividad Laboral, aprobado por Decreto Supremo TR (LPCL), precisa que es aquél que ejerce la representación del empleador frente a otros trabajadores o a terceros, o que lo sustituye, o que comparte con el primero funciones de administración y control, o de cuya actividad y grado de responsabilidad depende el resultado de la actividad empresarial. Recordemos que la calificación de personal de dirección en nuestro ordenamiento supone la restricción en el acceso a determinados derechos individuales y colectivos, por lo que en sí misma es una situación excepcional. Precisamente por ello, la calificación de personal de dirección debe ser formalizada. Para ello, de acuerdo con la LPCL y su
5 Reglamento, el empleador debe comunicar a los trabajadores que sus cargos han sido calificados como tales, y debe consignar en el libro de planillas y boletas de pago dicha calificación. Los trabajadores tienen hasta 30 días para impugnar judicialmente dicha calificación. La ley precisa que en dicha calificación no ampara el abuso de derecho. Consideramos que la justificación de la exclusión del personal de dirección es que al representar al empleador frente a otros trabajadores, sus intereses se encuentran directamente relacionados con los intereses del empleador; a lo que en el caso de la jornada máxima se sumaría su capacidad de gestión y organización que tiene sobre el trabajo de terceros y sobre el suyo propio. Al ser una situación excepcional, la clasificación del personal de dirección no puede ser una clasificación general de cualquier trabajador que tenga a otros trabajadores a su cargo, pues en toda organización jerárquica, como suele ocurrir con las organizaciones laborales, siempre habrá una línea de dirección hasta llegar al último nivel de la organización. Por tanto, para que el personal califique como personal de dirección, y se justifique su exclusión de la jornada máxima, consideramos que debe ser posible acreditar al menos: que en la prestación de sus servicios realiza labores de gestión, administración y control antes que operativas, y cuenta con personal bajo su dirección y control; que en la gestión, administración y control de la organización a su cargo, cuenta con un grado importante de autonomía, manteniendo relaciones de coordinación con el empleador o sus superiores, en caso esté sujeto a uno, antes de que de estricta subordinación; que cuenta con un grado de experiencia y/ o conocimiento en sus labores especificas mayor que su superior inmediato, en caso esté sujeto a uno; que el personal a su cargo es dirigido y controlado directamente por éste, debiendo participar de manera gravitante en la emisión de órdenes, supervisión de su cumplimiento e imposición de sanciones en caso de incumplimiento. Trabajadores no sujetos a fiscalización inmediata La LJT excluye de la jornada máxima a los trabajadores no sujetos a fiscalización inmediata. El artículo 10.c del Reglamento de la LJT precisa que son trabajadores no sujetos a fiscalización inmediata aquellos trabajadores que realizan sus labores o parte de ellas sin supervisión inmediata del empleador, o que lo hacen parcial o totalmente fuera del centro de trabajo, acudiendo a él para dar cuenta de su trabajo y realizar las coordinaciones pertinentes. Ni la Constitución ni el Convenio 1 regulan esta excepción, por lo que creemos necesario realizar no sólo una interpretación de manera restrictiva de la misma, sino que además no afecte el contenido del derecho constitucional a la jornada máxima. Consideramos que dicha exclusión se sustenta en que dichos trabajadores, si bien prestan servicios subordinados, no están sujetos a fiscalización sobre el cumplimiento de una jornada de trabajo, organizando por su propia cuenta su tiempo de trabajo. Ello ocurre usualmente en aquellos casos en que la empresa no fiscaliza la prestación de servicios del trabajador en función al tiempo en que pone ésta a disposición del empleador, sino en función a otros parámetros como el cumplimiento de objetivos o resultados.
6 El trabajador no sujeto a fiscalización inmediata puede prestar servicios permanente o parcialmente fuera de las instalaciones de la empresa, conforme al Reglamento de la LJT; pero además consideramos que para justificar su exclusión debe tener autonomía en la organización de su tiempo de trabajo; no debe estar sujeto a un control respecto al cumplimiento de una jornada u horario de trabajo (en la medida que no está sujeto a fiscalización sobre su tiempo de trabajo no registra su ingreso o salida, no puede recibir descuentos o sanciones por impuntualidad ni premios por puntualidad, no debe pedir permiso para ausentarse durante la jornada, etc.), lo que no impide que se fije la oportunidad en que se dará cuenta de su trabajo y se realizarán las coordinaciones que fueran necesarias; y su retribución o parte de ésta debe determinarse en función al cumplimiento de objetivos o resultados. Cualquier control de la labor de dichos trabajadores, antes que por tiempo de trabajo, deberá realizarse por resultado o metas. De esta manera, son los propios trabajadores los que organizan su tiempo de trabajo para poder cumplir con el resultado comprometido. Sin duda, dicho resultado debe ser uno determinado de manera objetiva, razonable, fácilmente medible y alcanzable en circunstancias normales; caso contrario, para poder cumplir con el mismo, el trabajador se sujetaría a jornadas de trabajo excesivas. Trabajadores que prestan servicios intermitentes El artículo 6.1 del Convenio 1 dispone que la autoridad pública determinará, por medio de reglamentos de industrias o profesiones: a) las excepciones permanentes que puedan admitirse ( ) para ciertas clases de personas cuyo trabajo sea especialmente intermitente. Nuevamente, considerando que a través de la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución, los tratados sobre derechos humanos ratificados por el Perú dan contenido a los mismos derechos reconocidos por la Constitución, podemos afirmar que la exclusión de dichos trabajadores desarrollada por la LJT no calificaría como inconstitucional. El Reglamento de la LJT precisa que son trabajadores que prestan servicios intermitentes de espera, vigilancia o custodia, aquellos que regularmente prestan servicios efectivos de manera alternada con lapsos de inactividad. La justificación de la exclusión de dichos trabajadores se encuentra en el hecho que no realizan trabajo efectivo durante todo el tiempo en que se encuentran a disposición del empleador. En estos casos, consideramos que la exclusión de la jornada máxima supone que el tiempo a disposición en exceso a dicha jornada no se considere trabajo en sobretiempo; pero ello no significa que ese tiempo no será remunerado, sino que no será remunerado con la sobretasa aplicable al trabajo en sobretiempo. La prestación efectiva de servicios de los trabajadores con jornada intermitente debe estar sujeta a una llamada, lo que implica cierto grado de incertidumbre sobre la oportunidad en que prestará efectivamente sus servicios durante la jornada (pues se encuentra a la espera de una orden del empleador) y un período de inactividad importante dentro de su jornada de trabajo; el período de inactividad debe ser resultado de las características propias de su prestación de servicios y no de la voluntad del empleador de no asignar trabajo efectivo; durante el periodo de inactividad, los trabajadores no deben realizar otras actividades o labores salvo que sean ocasionales, mínimas, accesorias y complementarias a su servicio, como el orden y limpieza de su estación de trabajo; si bien no existen parámetros legales sobre la duración de los períodos de actividad e inactividad
7 ni límites legales al tiempo total en el que el trabajador debe encontrarse a disposición del empleador, consideramos que debe aplicarse el límite general de razonabilidad establecido por el artículo 9 de la LPCL al poder de dirección, y que en función a dicho límite un parámetro razonable puede ser que el período de actividad diario no puede ser mayor a ocho horas y el de disposición no mayor a doce. Otros supuestos regulados por el Convenio 1 El Convenio 1 también regula como excepción al trabajo en empresas en que sólo estén empleados los miembros de una misma familia ; y la posibilidad de que la autoridad pública regule como excepción a los trabajos preparatorios o complementarios que deben ejecutarse necesariamente fuera del límite asignado al trabajo general del establecimiento. Sobre el primer caso debemos recordar que la Segunda Disposición Complementaria de la LPCL excluye del ámbito de aplicación del derecho del trabajo la prestación de servicios de los parientes consanguíneos hasta el segundo grado, para el titular o propietario persona natural, conduzca o no el negocio personalmente, como la del cónyuge, cuya justificación se encontraría en que el trabajo dentro de una comunidad familiar es un trabajo que califica como trabajo por cuenta propia; dichos trabajadores no estarían por tanto sujetos a la jornada máxima. Sobre el segundo caso no hay regulación expresa en nuestro ordenamiento por lo que será necesario realizar un análisis caso por caso respecto a si dichos trabajos preparatorios o complementarios se realizan por indicación expresa del empleador o son necesarios para la ejecución de la prestación de servicios comprometida, a fin de determinar si es trabajo efectivo cuya ejecución deba ser considerada para determinar la jornada de trabajo. Determinación de la jornada de trabajo El artículo 2 de la LJT establece determinadas facultades del empleador entre las cuales se encuentran: el establecer la jornada ordinaria de trabajo, diaria o semanal y establecer jornadas compensatorias, acumulativas o atípicas de trabajo. Sin embargo, es preciso mencionar que en todos estos casos deberá respetarse la jornada máxima. Cabe precisar que la facultad del empleador, reconocida legalmente como de ejercicio unilateral, se encuentra relativizada por el hecho de que la jornada de trabajo forma parte del contenido del contrato de trabajo, y porque la LJT reconoce las facultades referidas en el marco de un procedimiento de modificación de la jornada. Así, por un lado, al ser parte del contenido del contrato de trabajo, desde el inicio de la relación laboral el trabajador debe consentir, al menos formalmente, la jornada de trabajo; y la misma debe ser establecida con suficiente certidumbre no sólo para tomar conocimiento de la misma y poder prestar consentimiento, sino para que ésta cumpla con su finalidad de garantizar al trabajador predictibilidad para el disfrute de su tiempo libre. Por otro lado, si bien el artículo 2 de la LJT reconoce la facultad del empleador de modificar unilateralmente un contenido sustancial del contrato de trabajo como la jornada, sujeta dicha facultad a un procedimiento obligatorio de consulta y negociación con los trabajadores previo a la adopción de la medida relacionada con la jornada, dando
8 preferencia a la representación colectiva de los trabajadores y estableciendo un procedimiento de impugnación administrativa de la medida finalmente adoptada en caso los trabajadores no estén de acuerdo con ella. El único supuesto de modificación de jornada que no se sujeta a dicho procedimiento es el de incremento unilateral por el empleador de la jornada al límite máximo cuando ésta sea menor, facultado por el artículo 3 que obliga al empleador a incrementar la remuneración proporcionalmente al incremento de la jornada. A pesar de lo señalado, no queda duda que la LJT da un peso gravitante a la voluntad del empleador en la decisión de modificación de la jornada de trabajo, facultándolo a modificar de manera unilateral uno de los contenidos sustantivos del contrato de trabajo. Jornadas atípicas Como ya hemos señalado, la Constitución abre la posibilidad de establecer jornadas acumulativas u otra jornada atípica que en períodos mayores al diario o semanal no excedan la jornada máxima. Si bien ni a nivel constitucional ni a nivel legal se ha regulado límite alguno a la posibilidad de determinar dichas jornadas, el Tribunal Constitucional, en virtud de la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución, ha señalado en la sentencia del expediente AA/TC que los límites establecidos en el Convenio 1 de la OIT son parte del contenido del derecho constitucional a la jornada máxima regulada en el artículo 25 de la Constitución. Así, aunque el Tribunal no haya hecho mayor referencia en su sentencia sobre las jornadas compensatorias (aquéllas por las que, en términos del artículo 2.b de la LJT en algunos días la jornada ordinaria sea mayor y en otras menor de ocho (8) horas, sin que en ningún caso la jornada ordinaria exceda en promedio de cuarenta y ocho (48) horas por semana ), habrá que tener en consideración los limites establecidos en el Convenio 1 de la OIT para establecerlas. Al respecto, el artículo 2.b del Convenio dispone cuando, en virtud de una ley, de la costumbre o de convenios entre las organizaciones patronales y obreras (a falta de dichas organizaciones, entre los representantes de los patronos y de los obreros) la duración del trabajo de uno o varios días de la semana sea inferior a ocho horas, una disposición de la autoridad competente, o un convenio entre las organizaciones o representantes supradichos, podrá autorizar que se sobrepase el límite de ocho horas en los restantes días de la semana. El exceso del tiempo previsto en el presente apartado nunca podrá ser mayor de una hora diaria. Por tanto, la posibilidad de una jornada compensatoria en nuestro ordenamiento está sujeta a la existencia de jornadas diarias menores al máximo de 8 horas establecidas por norma (ley, convenio colectivo o costumbre) y a la decisión de compensación con jornadas diarias mayores a 8 horas en los restantes días de la semana establecida por norma heterónoma (lo que en nuestro ordenamiento sólo podría ocurrir si la jornada reducida tuviera origen en una costumbre, o en una ley y la norma compensatoria fuera otra ley) o por convenio colectivo; siempre que la jornada diaria compensatoria no sea mayor a 9 horas. Esta regulación supone sin duda un límite a la posibilidad del empleador de establecer unilateralmente jornadas compensatorias conforme al artículo 2.b de la LJT. Por otro lado, sobre las jornadas acumulativas, en las cuales es posible acumular tiempo de trabajo en períodos semanales o mayores, y prorratearlo entre los días del período sin
9 exceder en promedio la jornada máxima, y respetando el tiempo de descanso mínimo regulado en el ordenamiento (que, conforme al Decreto Legislativo 713, Ley de Descansos Remunerados, es de 24 horas consecutivas a la semana), el artículo 2.c del Convenio dispone cuando los trabajos se efectúen por equipos, la duración del trabajo podrá sobrepasar de ocho horas al día, y de cuarenta y ocho por semana, siempre que el promedio de horas de trabajo, calculado para un período de tres semanas, o un período más corto, no exceda de ocho horas diarias ni de cuarenta y ocho por semana. En la resolución aclaratoria de la sentencia del expediente AA/TC, el Tribunal Constitucional ha señalado que no son compatibles con la Constitución las jornadas atípicas o acumulativas que en promedio superen las ocho horas diarias y cuarenta y ocho semanales para un período de tres semanas, o un período más corto, de conformidad con el artículo 25 de la Constitución y el Convenio 1 de la OIT (fundamento 14). Por tanto, conforme a dicho criterio, el ciclo o período de acumulación para una jornada acumulativa no puede ser mayor a tres semanas, y en este ciclo o período el número de horas trabajadas no puede ser mayor a 48 horas por cada semana del ciclo. Como se señaló, para el Tribunal Constitucional dicho límite se aplica al trabajo en cualquier actividad económica. Así, por ejemplo, en ciclos de acumulación que no fueran mayores a tres semanas, prorrateando el tiempo de trabajo en jornadas diarias de 12 horas, dicho límite se aplicaría de la siguiente manera: Semanas/ días Horas de trabajo en el período 3/ (48 x 3) 2/ (48 x 2) 1/ 7 48 (48 x 1) Horas de trabajo Días de trabajo/ diarias días de descanso 12 12/ / / 3 Posteriormente, en su aclaración, el Tribunal precisó que dicho límite no quiere decir que las jornadas acumulativas, atípicas o concentradas sean de tres semanas, sino que su promedio se computa en períodos de tres semanas, aunque lo precisado no es lo que señale el Convenio 1 ni parece haber otra forma de obtener el promedio exigido si no se consideran ciclos o períodos máximos de tres semanas. Además de dicho limite, establecido en el Convenio 1 de la OIT, el Tribunal Constitucional ha establecido un límite adicional para el sector minero que denomina test de razonabilidad, que no sería otra cosa que la manera en que dicho Tribunal ha dado contenido a la limitación razonable del tiempo de trabajo a la que se refieren la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre derechos humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales; limitación razonable que de acuerdo al Tribunal es parte del contenido del derecho constitucional a la jornada máxima. El test de razonabilidad supone que la jornada de trabajo, además de cumplir con el límite máximo de horas y semanas del ciclo, cumpla con: a) evaluación caso por caso, teniendo
10 en cuenta las características del centro minero; b) cumplimiento de condiciones de seguridad laboral para el tipo de actividad minero; c) establecimiento de adecuadas garantías para la protección del derecho a la salud y adecuada alimentación para resistir jornadas mayores a la ordinaria; d) descansos adecuados durante la jornada diaria compatibles con el esfuerzo físico desplegado; e) jornadas nocturnas menores a las diurnas; f) alternativamente, que jornada máxima se haya acordado en convenio colectivo (fundamento 15 de la aclaración). Por tanto, si a pesar de superar el límite de la jornada máxima establecido en función de horas y semanas del ciclo, la jornada de trabajo acumulativa establecida a los trabajadores de una empresa del sector minero no supera el test de razonabilidad, será inconstitucional por vulnerar el derecho constitucional a la jornada máxima. Reflexión final Diversas encuestas y estudios realizados en nuestro país evidencian que la tendencia del tiempo dedicado al trabajo es creciente, y sin embargo ello no se refleja necesariamente en una mejora en las remuneraciones o condiciones de trabajo de los trabajadores; incluso, el trabajo en exceso no llega a ser remunerado. Ello evidencia que el derecho a la jornada máxima, a pesar de ser una de las primeras reivindicaciones y regulaciones laborales, no es un derecho de plena vigencia. Si bien las nuevas formas de organización productiva y del trabajo requieren regulaciones más actuales y flexibles sobre la organización del tiempo de trabajo, la garantía de la jornada máxima se encuentra absolutamente vigente, por lo que cualquier organización del tiempo de trabajo no puede exceder la jornada máxima establecida por la Constitución, y en contrapartida a la flexibilidad en la organización del tiempo de trabajo los trabajadores deberían contar con procedimientos efectivos para el eficaz cumplimiento de la jornada máxima en un mundo en el que se exige mayores niveles de cumplimiento en organizaciones productivas que no duermen, y en el que las nuevas tecnologías permiten un control permanente y exhaustivo, sin limitaciones de tiempo y el espacio, no sólo de su prestación de servicios sino incluso de su persona.