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Timestamp: 2020-08-14 23:13:05
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Matched Legal Cases: ['artículo 200', 'artículo 2', 'artículo 200', 'artículo 350', 'artículo 145', 'artículo 145', 'artículo 200', 'artículo 2', 'artículo 200', 'artículo 200', 'artículo 360']

En agosto de 1964 se publicó en español el libro del antropólogo Oscar Lewis, una estupenda investigación sobre una típica familia del afamado barrio llamado Tepito. El resultado apareció en México como un libro, editado por el Fondo de Cultura Económica, llamado Los hijos de Sánchez. La edición alarmó a las buenas conciencias mexicanas y de inmediato apareció una violenta polémica que dividió a los medios de comunicación y a los intelectuales. De un lado, encabezados por la Sociedad de Geografía y Estadística, diversos intelectuales atrasados y de un escandaloso nacionalismo, denostaron a la investigación de Lewis. Del otro, los más avanzados, lo defendieron con tenacidad. Pero el gobierno de Díaz Ordaz vio como un peligro la obra del investigador norteamericano y como años antes también el Fondo de Cultura Económica había editado un libro titulado Escucha Yanqui, del sociólogo estadunidense Wright Mills, cuyas simpatías por la naciente Revolución Cubana eran evidentes, el presidente pensó que la citada editorial tenía orientación comunista y antimexicana y cesó al director, al argentino Arnaldo Orfila Reynal.
Lo que decían los críticos de la obra de Lewis es que había un exceso de palabras fuertes y así no podían hablar los marginados de México. Todos tendrían que hacerlo en tono académico. Curiosamente a Vicente Leñero le endilgaron acusación semejante por su novela Los albañiles y él se limitó a señalar, como ingeniero que es, que los trabajadores de la construcción hablaban con un lenguaje altisonante, es decir, con palabrotas. El gobierno señaló repetidamente que el de Lewis era un libro obsceno. Finalmente se convirtió en un éxito memorable y hasta al cine fue a parar.
Queda el hecho como una prueba de la intolerancia y la estrechez de Díaz Ordaz.
RESOLUCIÓN DEL PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA
Averiguación previa número 331/965 iniciada por denuncia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística contra Oscar Lewis y Fondo de Cultura Económica, por los delitos previstos en los artículos 145, 200 y 360 del Código Penal Federal y 2.º fracción 1 de la Ley de Imprenta.
I. El 11 de febrero del corriente año la Junta Directiva de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística presentó una denuncia afirmando que Oscar Lewis escribió un libro obsceno y denigrante para nuestra patria, que intitula Los hijos de Sánchez; que el Fondo de Cultura Económica editó dicho libro en el mes de agosto de 1964 y que agotada la primera edición se puso a la venta la segunda; que el lenguaje soez y obsceno usado por el autor, la descripción de escenas impúdicas, las opiniones calumniosas, difamatorias y denigrantes contra el pueblo y el gobierno de México colocan a ese libro dentro de los actos delictuosos definidos y sancionados en la Ley de Imprenta y en el Código Penal; que por ello denunciaba los actos delictuosos apuntados, pidiendo se ordenara abrir una averiguación penal. La denuncia fue ratificada el día 23 de febrero por el presidente y vicepresidente de la Sociedad mencionada, señores Ing. José Domingo Lavín y Lic. Manuel Ramírez Arriaga, quienes entregaron un escrito en el que la amplían, así como un ejemplar del libro de Oscar Lewis. En el escrito se dice que en el ejemplar de la obra aparecen subrayados los pasajes que «conforman el delito de faltas a la moral pública a que se refiere no sólo el artículo 200, fracción I del Código Penal..., sino el artículo 2º, fracción I de la Ley de Imprenta; pues esos pasajes... describen acciones obscenas y por otra parte propagan públicamente vicios que inclusive constituyen delitos conforme a nuestra Ley Penal...» Agregan que además de esos fragmentos del libro hay otros en los que se afirma: «La pandilla gubernamental no deja subir a gentes que piensan en otra forma. Aquí, como en todas partes, hay pandillas. Cuando Alemán, supe yo —muchas cosas se saben siempre, ¿verdad?— que entró mucho dinero para la propaganda entre los que venden narcóticos...»
«Me gustaría que hubiera leyes como las de los Estados Unidos. No habría tanto golfo como lo hay y no habría tanta canallada de plano...». «El pueblo mexicano se está hundiendo por falta de guía, por falta de hombría y por tanta porquería como usted puede ver.». «Me gustaría que hubiera aquí un presidente americano en México.». Finalmente, mencionan un párrafo de la Introducción que desde luego debe atribuirse al autor... y no a protagonista alguno de la obra y que dice: «En verdad la estabilidad política de México es un triste testimonio de la gran capacidad para soportar la miseria y el sufrimiento que tiene el mexicano común. Pero aun la capacidad mexicana tiene sus límites, y a menos que se encuentren medios para lograr una distribución más equitativa de la cada vez mayor riqueza nacional y se establezca una mayor igualdad de sacrificio durante el difícil periodo de industrialización, debemos esperar que, tarde o temprano, ocurrirán trastornos sociales.»
El ingeniero Lavín y el licenciado Ramírez Arriaga agregan que «los pasajes obscenos subrayados en el libro configuran en concepto de los denunciantes, el delito de ultraje a la moral pública que prevé el artículo 200, fracción I, del Código Penal y el 2.º, fracción I, de la Ley de Imprenta'. «La imputación puesta en labios de uno de los protagonistas, Jesús Sánchez, en el Epílogo, respecto a que la propaganda política del que fue presidente de la República, Lic. Miguel Alemán, se llevó a cabo con fondos recabados en parte del tráfico de enervantes, constituye, sin duda, el delito de difamación establecido en el segundo párrafo del artículo 350 del Código Penal... Los pasajes: Me gustaría que hubiera leyes como las de los Estados Unidos. No habría tanto golfo como lo hay y no habría tanta canallada...’. ‘Me gustaría que hubiera aquí un presidente americano en México...’. ‘El pueblo mexicano se está hundiendo por falta de un guía y por falta de hombría y por tanta porquería como usted puede ver’, constituyen el delito previsto por el artículo 145 del Código Penal para toda la República.»
El día 2 de marzo ratificaron el escrito de denuncia los señores Silvano García Guiot, C.P.T. y Prof. Antonio Sánchez Molina e Ing. y Vicealmirante Oliverio F. Orozco Vela, quienes insistieron en los puntos expresados, habiendo manifestado alguno de ellos no haber leído todo el libro y conocer su contenido por la conferencia que sobre el mismo había sustentado en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística el señor Lic. Luis Cataño Morlet.
El 10 de marzo ratificó la denuncia el señor Lic. Luis Cataño Morlet y pidió se agregaran dos escritos que contienen los comentarios que acerca de Los hijos de Sánchez había formulado y en los que fundamentalmente se insiste en los hechos y conceptos aludidos.
II. El 22 de marzo fue examinado el señor Arnaldo Orfila Reynal, quien manifestó que a partir del 1º de julio de 1948 es Director General de la Institución denominada «Fondo de Cultura Económica»; que dicha institución no tiene fines de lucro y que se fundó para difundir las bases fundamentales en ciencias sociales en el mundo de habla hispana; que la Dirección de la entidad está a cargo de una Junta de Gobierno integrada por los que la fundaron en 1934 y por otros miembros incorporados posteriormente; que actualmente ellos son: Antonio Ortiz Mena, Eduardo Suárez, Eduardo Villaseñor, Gonzalo Robles, Emigdio Martínez Adame, Antonio Carrillo Flores, Agustín Yáñez, Ramón Beteta, Jesús Rodríguez y Rodríguez y Plácido García Reynoso, este último en su carácter de Delegado Fiduciario del Banco de México, S. A., que es la institución a la que el Fondo de Cultura está vinculado... Que en los treinta años de labor editorial el Fondo ha publicado más de 2,100 ediciones difundidas en más de 10.000,000 de ejemplares que se venden en un 40% en México y en un 60 % en los demás países de habla hispana... Agregó que nadie percibe beneficios por la mayor o menor actividad comercial del Fondo, por cuanto los miembros de la Junta de Gobierno cumplen sus funciones con carácter absolutamente honorífico, recibiendo como única compensación un ejemplar de obsequio de cada libro publicado; que en cuanto al Director, percibe un sueldo por su dedicación exclusiva, pero que no tiene participación alguna en las utilidades y en las ventas... Que en relación con la publicación del libro, a través de varios años tuvo el declarante la oportunidad de escuchar los textos de las entrevistas realizadas a los cinco miembros de la familia llamada Sánchez, mediante las cintas grabadas que el autor obtuvo durante esos años de trabajo con los protagonistas; que también algunos miembros de la Junta tuvieron oportunidad de escuchar parte de esas grabaciones, lo que significa haber podido apreciar la técnica de trabajo del autor, que evidentemente ha significado una innovación en los métodos de estudio antropológicos que han sido tomados en cuenta en congresos de la especialidad y por sociedades antropológicas de distintos países; que al editarse en inglés pudo ser leída en su totalidad por algún miembro de la Junta, por la Dirección y por consejeros de la especialidad a cuya opinión se recurre siempre antes de contratar un libro y que son distintas personas según la disciplina de que se trata; que se advirtió el problema que podrían plantear los relatos, que en algunos momentos usan palabras que podrían considerarse incorrectas, pero que, juzgando el libro en su conjunto como un testimonio vivo de las formas de vida, de las ideologías, de los ideales, de las costumbres, de los problemas que sufren hombres y mujeres que integran ese medio llamado de «la cultura de la pobreza», la Junta consideró por unanimidad que la obra debería publicarse íntegramente, lo que además es una actividad general que observa de no ejercer censura sobre ninguna obra cuya edición autoriza; que, por otra parte, al aprobar la contratación del libro, la Junta tuvo en cuenta la circunstancia de que la obra había sido juzgada por la crítica internacional en forma altamente elogiosa tanto como documento humano como por su método científico; que en diciembre de 1963 un jurado constituido en Francia por altas personalidades intelectuales, como los escritores Raymond Quenau, Maurice Nadeau y otros que no recuerda, otorgaron el premio al mejor libro extranjero del año a Los hijos de Sánchez, lo cual tiene un alto significado si se consideran los muchos cientos de obras que se traducen anualmente en ese país.
A preguntas especiales que se le formularon contestó: Que niega absolutamente que la obra de Oscar Lewis intitulada Los hijos de Sánchez sea subversiva. Esta afirmación la formula a plena conciencia por distintas razones: ...b) Porque nunca una obra científica como de la que se trata puede significar un instrumento de subversión. c) Porque en el debate producido en México a raíz de la denuncia presentada en este asunto, la enorme mayoría de los intelectuales, profesores, hombres de ciencia, periodistas, se han manifestado en más de un noventa porciento en defensa del libro repudiando la denuncia producida... f) Que, con la alta autoridad que representan los mensajes presidenciales, periódicamente el país se informa de las necesidades que debe resolver y se reitera por los altos mandatarios la gravedad de esos problemas sociales, de los que el libro aludido no ha hecho más que ofrecer un testimonio que podrá ser o no tomado en cuenta por otras investigaciones... Que niega que la descripción que algunos de los protagonistas hacen de ciertos vicios y costumbres puedan significar una apología de los mismos, por cuanto ellos no hacen más que relatar hechos y costumbres que en las páginas de las columnas policiales de los periódicos pueden leerse con frecuencia; que insiste que los protagonistas incluso no se declaran actores de esos vicios, sino que los describen como una circunstancia que se produce en los bajos fondos; que tampoco cree que se glorifica a los autores de los vicios porque, como se ha hecho notar por varios escritores, el libro tiene un alto fondo moral y en definitiva las víctimas que hablan muestran su deseo de que todas esas lacras sociales, que no son propias del país sino del mundo entero, sean abolidas: que hay frases que tomadas aisladamente podrían adquirir ese sentido (ofensivas a la nación mexicana), pero que analizadas en el contexto de la obra, o más precisamente en las declaraciones de los protagonistas, niega que pueda haber intención ofensiva cuando todos ellos muestran un amor a la patria y a las instituciones, a las que critican por lo que pretenden que son sus fallas, pero que no por ellas mismas... Que el tema de obscenidad de la obra literaria viene siendo discutido desde siglos y que la historia anota procesos contra obras desde las de Flaubert o las de Zola, por ejemplo, hasta el juicio sobre los amores de Lady Chatterley, cuyo proceso fue fallado definitivamente por la Suprema Corte de los Estados Unidos, declarando la licitud total de esa obra; por todo ello reitera:
Tratándose de un estudio antropológico, los pequeños pasajes y los pocos párrafos que a través de las quinientas cincuenta páginas del libro pueden aparecer como de uso que se ha dado en llamar «indecente», no autorizan a juzgar la obra como obscena, siendo esta afirmación, aparte de falsa, «ridícula».
III. A los autos de la averiguación se mandó agregar dos tomos de recortes de periódicos de la prensa diaria y de algunas revistas en que se publican noticias, comentarios y editoriales sobre la obra Los hijos de Sánchez, y que en sí constituyen una expresión de la opinión pública sobre el libro y los delitos denunciados.
IV. Del escrito inicial presentado por los miembros de la directiva de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y de su ampliación, se deriva que los delitos que se dicen cometidos por Oscar Lewis al escribir el libro Los hijos de Sánchez y por los miembros del Consejo Directivo y Administrativo del Fondo de Cultura Económica al editarlo, son los comprendidos en los artículos 145, 200 fracción I, 350 y 360 fracción II del Código Penal y 2º fracción I de la Ley de Imprenta, es decir, los de disolución social, ultrajes a la moral pública y a las buenas costumbres y difamación.
V. Por lo que se refiere al delito de disolución social, éste se integra, en los términos del artículo 145 del Código Penal, por realizar propaganda o difundir ideas, programas o normas de acción de cualquier gobierno extranjero que perturben el orden público y afecten la soberanía del Estado mexicano, estimándose que se perturba el orden público cuando los actos mencionados tienden a producir rebelión, sedición, asonada o motín; y se afecta la soberanía nacional cuando puedan poner en peligro la integridad territorial de la República, obstaculizar el funcionamiento de sus instituciones legítimas o propagar el desacato de los mexicanos a sus deberes cívicos. Además se considera que se comete el mismo delito cuando por cualquier medio se induzca o incite a uno o más individuos a que se realicen actos de sabotaje, a subvertir la vida institucional del país o a provocar perturbaciones del orden o de la paz pública. En un delito internacional el agente activo de la infracción realiza una serie de actos encaminados a lograr un resultado que desea y que mentalmente se ha representado. En muchos casos los medios que pone en juego para obtener el fin propuesto no son los adecuados y en virtud de esa circunstancia no logra dañar el interés jurídico que proteje la Ley Penal. Hay otros casos donde los actos tampoco lo lesionan, aunque con ellos nunca se propuso su autor obtener resultado lesivo al derecho. La ejecución de actos no idóneos para la comisión de un delito constituye una figura que las leyes represivas sancionan, si además de ellos concurre la voluntad de cometer el delito que se frustró por lo inadecuado del medio empleado; pero los actos ajenos a toda intención punible, y por ello no ligados a ningún error entre medio y fin propuesto y no logrado, están fuera del ámbito del Derecho Penal.
Es obvio que a juicio de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, los elementos de la disolución social denunciada están comprendidos dentro de los párrafos de la obra de Lewis, que ellos han citado en su escrito y declaraciones. Esas frases, vistas a la luz de la realidad nacional y de su proceso histórico social, no tienen ninguna eficacia para perturbar la paz o el orden públicos y afectar la soberanía nacional, ni son capaces de inducir a persona alguna a ejecutar actos de esa naturaleza. Sin duda el escritor acusado nunca tuvo la intención de cometer el delito que se le imputa, tanto porque su libro fue escrito en el extranjero para ser publicado fuera de México, como porque, conocedor de nuestras instituciones y de la libertad de que goza el pueblo, no es posible que haya pensado que esas ideas tuvieran un efecto semejante al que pudiera lograr bajo un régimen de tiranía o terror.
En México el proceso democrático de elección, la renovación periódica de sus funcionarios y los propósitos de justicia social, permiten todas esas expresiones, sin que las mismas contengan ninguna posibilidad delictuosa. A mayor abundamiento, el libro sólo fue traducido y publicado en español años después de haber sido escrito y mediando el juicio que emitieran, para autorizar dicha publicación, los miembros directivos y administrativos del Fondo de Cultura Económica, que por su prestigio personal y por la trascendental labor cultural y editorial que el Fondo de Cultura Económica viene realizando, constituyen un tamiz que valoró el contenido de la obra, sin encontrar en ella ninguna intención subversiva ni menos ofensiva a la nación mexicana. Nadie, fuera de los denunciantes, ha admitido que el propósito fundamental de Lewis sea de alterar la tranquilidad y la seguridad, y esta Procuraduría General de la República estima que es tan remota y falsa una relación entre los conceptos de Lewis y de los protagonistas del libro y la existencia de un riesgo real para la paz, que no encuentra elementos que justifiquen el ejercicio de la acción penal, pues juzga que proceder de otra manera sería mucho más inquietante y lesivo a la libertad y al derecho, que los actos y las palabras sobre los que pretendiera descansar y justificarse.
VI. El delito de ultrajes a la moral o a las buenas costumbres, comprendido en la fracción I del artículo 200 del Código Penal, en relación con el artículo 2.º fracción I de la Ley de Imprenta, consiste en fabricar, reproducir, publicar libros, escritos, imágenes u objetos obscenos y exponerlos, distribuirlos o hacerlos circular. La doctrina jurídica está de acuerdo en que la moral a que se refiere la Ley al definir ese delito es la moral sexual y lo obsceno debe ser lesivo al pudor. Eusebio Gómez, en el tomo III de su Derecho penal, ahondando en este concepto, dice: «Si lo obsceno se caracteriza por su efecto lesivo del pudor, forzoso es admitir que la previsión de nuestro texto legal tiende a la tutela del pudor público y que éste debe entenderse como el pudor medio, constituido a la vez por el conjunto de normas consuetudinarias de convivencia civil en relación a la sexualidad... La existencia dentro de un libro, de episodios licenciosos, aun cuando parezcan excesivos, no puede servir por sí sola para calificar la obra de obscena, si de la finalidad ideológica del mismo, del género de la obra con relación a esos episodios, de la forma sincera de la expresión artística y de la propia posición, a veces, del autor en las letras o en el arte, surge sin dificultad que se trata de una obra de ciencia, de estudio o de poesía... La obra científica o artística no pierde su carácter de tal por crudas y realistas que sus expresiones sean, puesto que su finalidad no es la de lesionar el sentido social del pudor ni tiene, para ello, la eficacia necesaria, ausente como está la intención obscena del autor...»
Eugenio Cuello Calón, en el tomo II de su Tratado de derecho penal dice: «Por ofensa al pudor debe entenderse la ofensa a la moralidad sexual de una persona; ofensa a las buenas costumbres equivale a la lesión de la moral sexual colectiva, pública... La determinación de si el hecho ofende al pudor y a las buenas costumbres, si es obsceno quedará al arbitrio del tribunal, el cual, para hacer esta apreciación, deberá tomar en cuenta las especiales circunstancias que acompañan la producción del hecho, pues el concepto de obscenidad es muy relativo...»
Sebastián Soler, en el tomo III de su obra de Derecho penal afirma: «Ultrajes al pudor... en todas las figuras hasta aquí estudiadas hemos visto a la Ley Penal protegiendo la honestidad directamente afectada en una persona determinada; así, la violación, el estupro, la corrupción y el abuso deshonesto; aquí, en cambio, se tutela al pudor de manera diríamos impersonal, como bien social consistente en el concepto medio de decencia y de buenas costumbres, en cuanto a las cuestiones sexuales...»
El penalista Antonio P. Moreno dice: «La moral pública no es otra cosa que la moral social colectiva.» En otros términos, los actos que ultrajan la moral y el pudor, que son capaces de quedar comprendidos en la definición del artículo 200 fracción I del Código Penal, deben ser de tal naturaleza que ameriten la repulsa de la opinión pública. La primera edición de Los hijos de Sánchez, en español, se publicó en 1964 y se agotó sin que hubiera originado ningún escándalo; la segunda, editada este año, atrajo la atención pública y originó una polémica a raíz de la denuncia presentada por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Con este motivo, en la prensa y en las revistas se publicaron múltiples artículos y opiniones sobre el tema; para unos la obra es valioso exponente científico de una nueva técnica en la antropología; para otros carece de valor literario o científico; hay quien afirma: «Nadie puede sostener que se trata de una obra de importancia literaria y sólo el esnobismo puede llevar a conclusiones tan excéntricas.» Otro dice: «No recuerdo si fue San Vicente de Paul el que dijo: ‘Los pobres son odiosos, pero hay que amarlos.’ Esto es cabalmente lo que ocurre con los miembros de la familia Sánchez, los cinco son odiosos, odiosos por su miseria, sus riñas salvajes, su lujuria, sus trampas, su holgazanería y su crueldad; pero al concluir el libro de Lewis terminamos amándolos.»
En una palabra, el libro llamó la atención pública, dividió a las opiniones y las apasionó: hay quien lo condena como inmoral y como obsceno; quien lo señala como obra de arte; y quienes se sorprenden de que haya sido objeto de una acusación que estiman denigrante; es decir, la opinión pública no ha generalizado un juicio condenatorio sobre el libro de Lewis y sería muy difícil, en tales condiciones, hablar de que se ha ultrajado a la moral, si hombres llenos de cualidades intelectuales y de valía social se han pronunciado en defensa del libro y contra la pretensión de que al autor y a los editores se les sancione penalmente. En ausencia de esa opinión generalizada de condena, no se reúnen los elementos que la doctrina y la jurisprudencia requieren para integrar el delito del artículo 200 fracción I de nuestro Código Penal, en relación con el 2º fracción I de la Ley de Imprenta, e imposibilitan al Ministerio Público para poder, con fundamento legal, ejercitar la acción penal.
VII. En Los hijos de Sánchez es cierto que existen palabras crudas y descripciones en que se abordan actos de naturaleza sexual, o vinculados con otras manifestaciones de la vida repulsivas o viciosas, mas también es cierto que el libro no está dedicado de manera preferente a ese tipo de narraciones, ni las mismas son objeto de apología o aprobación, pues los protagonistas de la obra resultan, en los más de los casos, perjudicados por su conducta contraria a las normas de convivencia social y son objeto de críticas severas en boca de su padre (Jesús Sánchez), quien en el Epílogo de la obra dice: «Yo soy muy rencoroso y tengo mucho en contra de mis tres hijos, Manuel, Roberto y Consuelo. Estoy medio muerto de los corajes que me han dado. Salieron tan malas cabezas, que me da pena, es muy duro para un padre tener hijos así. Los amigos no les dejan nada bueno a estos muchachos. Aunque les dé consejos, ellos se van por otro lado en vez de tomar el camino recto. No hay nada mejor que trabajar derecho. Yo soy pobre y humilde, pero trato de hacer las cosas lo mejor que puedo. No pueden decir que su padre venía a casa tomado o que los abandoné. Un tío de ellos acaba de morir porque tomaba mucho, y parece que sacaron más de los tíos que de mí. No lo entiendo. Mis hijos no han subido nada porque no les gusta que los mande nadie. Primero quieren ser millonarios y después agarrar un trabajo. ¿Quién empieza de arriba para abajo? Todos empezamos de abajo para arriba, ¿no? Pero mis hijos son al inverso. Así que todo lo que hacen es un fracaso constante. No tienen fibra para trabajar. No tienen sentido común; no tienen voluntad para agarrar un trabajo como hombres, un trabajo derecho, para que anden limpios en la calle, con la frente muy alta. Yo estaría feliz con esto.»
El contenido de las 565 páginas de la obra pretende ser un testimonio de «anhelos y necesidades insatisfechos, deseos y pasiones no refrenadas, luchas violentas, aventuras dignas de la picaresca mejor autorizada, expresiones múltiples, en fin, de las palpitaciones humanas que se debaten en un mundo despiadado y con frecuencia lleno de frustraciones», que ameritan el estudio de lo que el autor llama «características universales de la cultura de la pobreza». Al propio autor «le gustaría rechazar la tendencia de algunos estudios sociológicos a identificar la clase humilde casi exclusivamente con el vicio, el crimen y la delincuencia juvenil, como si la mayoría de los pobres fueran ladrones, mendigos, rufianes, asesinos o prostitutas... En mis propias experiencias en México, la mayoría de los pobres me parecen seres humanos decentes, justos, valerosos y susceptibles de despertar afecto».
Estos párrafos claramente alejan del libro intitulado Los hijos de Sánchez toda intención preferentemente obscena o pornográfica y las descripciones audaces relacionadas con actividades sexuales deben entenderse como elemento secundario de la obra, que ni la caracteriza ni la define. Por lo que toca a las palabras crudas, refiriéndose o no a conceptos de carácter sexual, diremos que las mismas, según lo afirmó en ocasión semejante el juez penal mexicano licenciado Jesús Zavala, «no ofenden a la moral, sino únicamente al buen gusto», que en sí carecen de significado y, en boca de los protagonistas del libro, de intención, pues no se dirigen contra nadie y sólo revelan un lenguaje vulgar, cuyo uso no se puede negar.
En verdad el problema es, como dice J. A. Ceniceros, «de estilo, de buen gusto, de oportunidad, de decencia y de docencia», no, de manera necesaria, de Derecho Penal. Si los indicados se hubiesen propuesto ultrajar la moral, injuriar o difamar a México, no hubieran buscado como medio el libro, sino otros más accesibles como el cine, la radio o la televisión, pues las obras escritas tienen reducido número de lectores y la calidad y madurez intelectual de éstos, por regla general, los colocan en condiciones de seleccionar lo que leen y percibirlo con buen juicio.
VIII. Por lo que toca al delito de difamación, en su doble aspecto o sea en perjuicio de persona determinada (licenciado Miguel Alemán) o de la Nación Mexicana, tampoco es el caso de ejercitar la acción penal, ya porque no se ha presentado querella de parte del ofendido, en los términos del artículo 360 del Código Penal, o porque, en virtud de las razones expuestas en esta resolución, se concluye que no ha habido ánimo de injuriar ni lesionar el decoro de México, pues en el libro existen frases explicativas de su contenido, en el que en todo caso sólo es la narración de la vida de cinco personas que tropiezan con todos los incidentes que reflejan la pobreza, pero que están muy lejos de ser peculiares de un país determinado.
No se pretende, con lo que se ha expuesto, sostener la tesis de que Los hijos de Sánchez sea un libro que refleja la realidad nacional ni mucho menos que sus narraciones se apliquen a todos los hombres pobres de México, ya que el propio autor ha reconocido las cualidades morales de la mayoría de ellos, confirmando de esta manera la ausencia de dolo específico que se requiere para configurar el delito de difamación.
En virtud de lo que antecede y con fundamento en los artículos 145, 200 fracción I, 350, 360 fracción II del Código Penal, 2º fracción I de la Ley de Imprenta, 137 fracción I del Código Federal de Procedimientos Penales y 15 fracción VIII inciso a) de la Ley Orgánica del Ministerio Público Federal y oído el parecer de los Agentes Auxiliares del Departamento de Control de Procesos y Consulta en el ejercicio de la acción penal y del Subprocurador Primer Substituto, se resuelve:
ÚNICO: Se confirma la resolución dictada el veintinueve de marzo del corriente año por el C. Director General de Averiguaciones Previas, por la que se declara que, por no haber delito que perseguir, el Ministerio Público se abstiene, en definitiva, de ejercitar acción penal en la averiguación número 331/965 iniciada por denuncia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística contra Oscar Lewis, autor del libro Los hijos de Sánchez, y contra los funcionarios directivos y administrativos del Fondo de Cultura Económica por haberlo editado.
México, D. F., a 6 de abril de 1965
Lic. Antonio Rocha