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Timestamp: 2020-05-28 19:56:12
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Matched Legal Cases: ['artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 7', 'artículo 83', 'artículo 112', 'artículo 2', 'artículo 1', 'artículo 133']

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Mc 0064762
civil codigo proyecto Bello andres.
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anLiago,
eLiemul'c 5 ele 1872.
POi' cuanto el Congreso Nacional ha discutido i aprobado el si- guiente
PROYEOTO DE LEI
ART.1.° En recompensa a los servicios prestados al país por el señor don Andres Bello, conto escritor, profesor i codificador, el Congreso decreta la suma de quince mil pesos, que se inscribir'á por terceras partes en los presupuestos correspondientes, para que se haga la edi- cion completa de sus obras inéditas i publicadas. ART. 2.° La niversidad nombrurá a uno o dos comisionados quo se entiendan con los de la familia del ilustre autor, para proceder a la edicion de dichas obras, haciendo las contratas con los impresores, obteniendo en virtud de recibos los fondos que se decretaren, invir- tiéndolos i respondiendo de su inversion. ART. 3.° La edicion no será de ménos de dos mil ejemplares, i de ellos se entregarán quinientos al Estado, quien no podrá venderlos a ménos de dos pesos cada volúmen. El resto de la edicion correspon- derá a los herederos respectivos. ART. 4 El texto de esta lei irá.impreso en el reverso de la primera pájina de cada volúmen.
1 por cuanto, oído el Cohsejo de Estado, lo he aprobado i san- cionado; por tanto, profl1úlguese i llévese a efecto como lei de la República.
DDON CIFUENTES.
EDICION IIECHA BAJO LA DIRECCIO DEL CONSEJO DE INSrnUCCION PUBLICA
;, ,. O
La nccesidad de compnncr un Código Civil habia. sido sentida i p'l'oc1amada en Chile ántes de que don Andl'cs Dello patl'ocinase esta idea en El Ara.ucano e insistiese en ella Ni podía ser de otra manera. Urjia reuni.r en UI1 solo cacrpo leyes csparcic1a.s en di- versas compilaciones, poniéndolas en relacion unas 'con otras i armonizándolas con las nuevas instituciones i costumbres del país. Camilo IIenríquez nos da testimonio ele que ca f R,22 habia empezado ya él. jel'minar erltre nosotros el deseo de refol'mar la lejislacion que nos rejia. En el núrncl'O 1." del Mercurio ele Chile, cnrl'espon- diente al 6 de seLicmbl'e de 18,~,~, se exprc::;aba como sigue:
GHILE.-NOTICIAS
1 'TERIORES.
«Napoleon decia: miél1.lras se marcha, solo se piensa en llegar; en llegando, se acomodan todas las cosas. Recien- temen.te llegó nuestl'a patria. al térm,ino glorioso de sus esfuel'zos: conquistó su independencia.; vengó sus agl'a- vios; resucitó las glorias de Arauco; sacó del seno de la nada escuadras i ejércitos; envió naves ca~-gadas de 1'e-
dencion al otro lado del mar; puso a esta parte del mundo a cubierto de agresiones; i le abrió un campo inmenso a las esperanzas. Ocupada en pro)'ectos de guerra superiores a sus recursos; reducida a ellos solos; extendiendo su vista cuidadosa a todo el Continente Co- lombiano, apénas ha tenido tiempo de pensar en RUS mejoras interiores. Sin embargo, no han sido entera- mente olvidadas. Sus in tituciones de misericordia están
en b!-1en esLado. Los hospitales están confiados a manos excelentes. La cal".a de expósitos i la cárcel pública han recibido mejoras considerables. Las escuelas lancaste- rianas se van regulando i propagando. El hospicio está para establecerse. Hai obras de ulilidad comun iniciadas unas, otras decretadas. La policía no puede dejar de recibir mejoras de las virtudes cívicas a que se ha con- fiado. Se han introducido nuevos ramos de induslria, i
se tiene en consideracion el beneficio del cáñamo i del
lino. Entre tanto, la enseñanza de lenguas prospera; se han dado pasos para el establecimiento de un laboratorio químico; ha de revisarse el sistema de eclucacion; i aun
se eleva el pens:múento a la Te{onnacion de los Códigos.»
El proyecto de constitucion federal presontado al con- greso en 18?6, disponia en Sll artículo final que se creara una comision que redactase un pro)'eeto de lejislacion civil i ceiminaL Don José Joaquin de Mon., hablando sobre la misma mateda, decia, on el número 1- de El Ale¡'cw'io Chileno, correspondiente al 15 de junio de 182D, lo cIue se copia
a conlinuncion:
!\ECRSIDAD DE
«E,'lamos mui léjos de crilicar como preocupacion el
INTnooucclO~
deseo jeneral que reina entre nosotros (i que es honorí- fico a la jeneracion presente) de ver reducida la inmensa mole de nuestros cuerpos de derecho, a un cuerpo único, claro, análogo a nuestras costumbres, i capaz de salis· facer las exijencias que han creado los sucesos. Sabcmos que el dia en que se adopte tan grande innovacion, ha· bremos dado un paso jigantesco en la carrera del órden
«Las leycs civiles que nos rijen, forman una masa indio
jcsta, incoherente, formada a relazas en diferentes siglos, deteriorada por los intérpretes i glosadores, corrompida por prácticas viciosas, adulterada por el espíritu de ru· tina, llena de disposiciones que repugnan a los princi- pios de nue 'tra presente organizacion. TO es fácil adqui- rir i reunir los diversos volúmenes que las contienen,
que está en' actual vigor o lo
que puede estarlo en medio de la tl'asformacion que nuestra existencia soc'ial ha sufrido. Claro es que, aun sin considerar otra ventaja que la economía, sel'Ía alta- mente .provechoso rcunü' en un solo cucrpo las reglas que deben seguir los tribunales en todas las decisiones
que han de pronuf.lciar sobre nuestros mas preciosos derechos.J) Ahora bien, -considerándose tan Ul'jente i tan útil la reforma de nuestra lejislacion, ¿por qué entónces nadie ponía manos en una obra cuya impl~rtanciase reconocia i cuya falta sc deploraba? En mi concepto, la razon es obvia i sencilla. Aun cuanclo sea tl'i::;te confesado, a la fecha no habia en Chile muchas persona::; que poseyeran las dotes nece- sarias para llevar a feliz remate tan ardua empresa.
ni discernir en ellos lo
Durante la época colonial, el estudio ele las leyes habia sido sumamente incompleto. Baste .decir que los alumnos aprendian el derecho español en las notas del Vinnius Castigatus) escrito por don Juan Sala. Despues de la emancipacion de la colonia) aunque
la enseñanza de la jurisprudencia mejoró mucho)
pre fué) i no podia ménos de ser,
primeros años. Don Juan Egaña esponía, en un informe pasado al go- bierno el 30 de julio de 1827 sobre el Instituto Nacional) lo que en seguida se espresa:
«El derecho natural i de jentes se estudia por Heine- cio, i concluido, esta .cátedra enseña la economía política por Sayo «La otra cátedra de derecho enseña el canónico, actual- mente por Devoti, que desde la nueva apertura de este establecimiento se adoptó por ser el único cuyos ejem- plares se encontraban en número suficiente para los estudiantes. La junta ha tenido especial cuidado en el .año presente de que los jóvenes sean instruidos espe- cialmente en los puntos i opiniones qL:.e son adaptables, supliéndose de este modo los defectos conocidos en este autor, miéntras que se presentan otros, a cuyo fin se ajitan €Ion empeño las dilijencias convenientes. Concluido el estudio del derecho canónico, esta misma cátedra en- seña el derecho .civil por la Instituta de Castilla) con cuyo estudio se da por concluido el del derecho.)) Véase todavía cómo don Andres Bello pintaba el esta- do de los estudios en el número 278 de El Araucano, correspondiente al 31 de diciembr de 1R35. «Los progresos que siguen obse,rvándose en los .esta-
mui deficiente en los
INTIlOIJUCCION
hlecimiclllos dc eclucaüion de la capilal (decia) IIOS dan cada dia ll1otiYO p¿u'a fclicilaeno~ por el ardor que I'eina
en la juventud estudiosa i por la buena c1ireccion que se da a::;u disposicione::; nalurale.·, de que puede ::;acar::;e lanlo p<.l1'tido, si ::;e les e:,;limula a explayarse en un cam- po lo lada mas vasto, mas digno de ellas, i mas propor- cionado a la::; exi,jencias de las sociedades modernas. ceA pl'imel'a visla paeece qlle la júri::;peudencia pl'edo- mina demasiado ::;o1.)I'e los olt'OS t'amos, siendo cOll1pa- "aliv,-unente clll'lbimo el númet'o de los individuos que 0ullivan las ciellcias eclesifl,::;licas, físicas, matemáticas i médicas, i no snf1cientemente grande el de los que se dedican a las bollas lell'as i las lenguas. Es cierto que bajo las insl il-uciones republicanas apénas hai estudio que pueda equiparar::;e en ilnportancia con el de la'3 ciencias legales. Cuanlo menor es el imperio de los hombres i mayor el de las leyes, tanto mas necesario es que los ciudadanos eslén familial'izados con éstas. La
cimiento::; extensos, no solo en la. lejislacion positiva, sino
en la f1Iosofía de la lejislacion, en el deeecho natural i de jentes i en la economía política (ramo qne entre no- sotros se ha incorporado con mucha razon en la en e- fíanza legal); i si en una asamblea delibeeativa no hai ciel'to número de miembros que posean profundamente estas ciencias, i sus sólidos peincipios no se difunden hasta cierto punto entre los ciudadanos c1e toclas clases, 'e caet'á amenudo en errores funest-os, se compeomnte- rá la paz intema i externa, i la opinion pública no lendrá la influencia moc!er'aclot'a que le corresponde, o talvez se abandonará ella misma a peligrosos extravíos. Tan léjos estamos ele negar la importancia ele fa jurisprudencia,
de los negocios públicos exije amen ud o cono-
PilO,".
(lE eúo.
r.IV_
que ántes bien la miramos como una parte necesa1'ia de la educacion jeneral en todo país, i principalmente bajo un gobierno popular. Pero no quisiéramos que lo abso1'- biese todo. Desearíamos que no declinase el interes con que ha empezado a yerse el estudio de la lengua i lite- ratura patria i Cfl;le se jenel'alizase mas cada dia i se con- siderase como indispensable en la educacion de ambos sexos, sobre todo ent"e aquellas clases que, por el lugal' que ocupan en la sociedad, están destinadas a sel'vil'le de ornamento i de ejemplo. Desel'Íamos que las mara- villas de la naturaleza, la economía física del hombre, las leyes del entendimiento i del C01'azon, contasen ya enLl'e los jóvenes chilenos algun nLUnel'O de afiCionados; i si exp1'esamos el mismo deseo en favol' de aquellas ciencias venerables que interesan a la pUl'eza del dogma i al lustre de la relijion, e::ltamos seguros de que los hombres sensatos no nos acusarán de fanatismo. Desea- ríamos, en fin, que se ensanchase i ennobleciese el estu- dio de la jU1'ispl'udencia misma; que el jóven abogado extendiese sus miras mas allá del reducido i OSCLlI'O ám- bito de la práctica fOl'ense; que p,'ofundizase los pl'inci- pios filosóficos de esta ciencia sublime, i la contemplase en sus relaciones con la~ bases etemas de la justicia i de la comun utilidad; i que no se olvidase de templa!' su severidad, amenizándola con el cl1llivo asiduo de la filo-
sofía i de las humanidades, sin las cuales no ha habido jamas ningun jl1l'isconsulto eminente. Por fortuna, la 01" ganizacion de este l'alllO en el Instituto Nacional posee ya . todos los elementos necesal'ios para llenar este objclo.)) Don Antonio Gal'cía neyes escl'ibia a este respecto en
el númp.ro 17 de la Gacela de lof.:
ele octul)1'c ele IS'l?:
TrifJUrlales,
fecha ~9
INTIlODUCClON
«Instalado el Instituto Nacional en 1813, dispersados sus profesores i alumnos en 1814 por la ocupacion del ejército real, i restablecido en 1819 con otras modifica- ciones que han sufrido sucesivamente sus reglamentos, preselJta mudanzas semejante::; en la enseñanza de las ciencias legales. El estudio del derecho natural, del de jentes i de la economía política ha tenido quc contrastar con dos graves inconvenientes de naturaleza mui di- versa: tales han sido la supcrficialidad de los que se han que1'Ído dar demasiada pritia en la carrera pOI' llegar tempI'ano al ejercicio del rOI'O, i la preocupacion de los abogados de otra éra, que, acusando a todos los estu- diantes modernos con las faltas de algunos, quisieron despreciar la profesion de estos ramos de ciencia, te, niendo solo pOI' bueno lo que se c nservaba de antiguo. Ya empiezan a descolbr jóvcnes distinguidos que des- mientan con sus luces i trabajos la pretension ele ambos estremos. I evidentemente se conocerá que en la unian del estudio del del'ccilo antiguo i del nuevo se fundó la esperanza de los que se propusieron entrar en el camino que abrió el plan del Instituto a ional.)) Hesulta de lo expuesto CIue la mayoría de la juventud se dedicaba a la canera del foro; pm'o que, dado el plan de estudios i la rutina establecida, se esforzaba en aprender exclusivamente solo aquello que era indispen- sable para defender causas civiles i c.l'iminales, ,'in ele- varse a la filosofía elel elerecho. Hablando con fl'anqueza, habia entl'e no 'otros varios abocrados notables CIne tenian un vasto conocimiento de las leyes vijentes, ya españolas, ya patrias, i que po- dian tran itar sin pcrder~e por en1re las callejuelas i yericuetos de arruel intrincndo laberinto; peí'o quc igno-
Xli PIIOYE';TO
IJI<.
¡;ÓIJIIlO
¡;IVIL
raban la teoría del derecho i cal'ecian joneralmente de la literatura i aun de la gramática que e1ebe posee/' el re- dactor de una obra que regla el estado civil i las rela-
nacion 1 i
que por lo mismo debo estar al alcance de todos ellos. Entre los que patrocinaban con mas al'Clor i eficacia la iclea de codificar nuestt'as leyes, debemos contar on primera línea a don AmIres Bello, que e::;Laba pOI'fecta- mente prepanldo para ejecutada.
ciones jurídicas ele todos los habitantes de una
El autol' de la FiLosofía deL Entendim.iento
}-1 LUna no
i ele la Gramática CasteLLnna, reullia todas las pl'enclas apeleciblos paea salir airoso en una empre'.5::t de e::;te .ié- nero: ciencia, el'udicion, un lenguaje ca:-:;tizo i claro, un talento eslTaordinario i la r:;agacidad convelliente pal'<l no violentar las costumbl'es elel país. Conocedor de las lejis];¡ciones alltiguas i model'nas, i dotado de una inlelijencia fina i perr:;picaz, don Anclrcs Bello tenia aptitudes slIlicionlos, no solo para interlwclnr
i comentar las leyes, sino que talllbien sabía conejil'las
con aciel'to, como lo ate:-:;tiglla ellrabajo que se r'eproduce
en seguida i que puede sOl'vir de cOlllenlal'Ío al pánafo
t3 del lítulo XXIII del
libl'o IV de este PI'oyecto:
SOI3Rl~ l!:L Mono m; C.'I.LCUL.\R L.\
LESIO\' E:\ORME
CO:\'THATOS CO:\:\WTA'l'IVOS
«Es incl'eíble el embrollo que en una cuestion tan ?on- cilla ha producido la fl'ase justo precio. ¿Qué es el jnsto precio en el conll'ato de vonta?-EI valor monetario de la cosa vendida, el valor de la cosa vendida expresa- do en clinero.-¿Qué es el precio p<lgaclo por el cnmpra- dor?-Otro valor monelario. La Iosion resulta necesa-
IXTROOUCCION
riamente de la razon en que se hallan entre sí estos dos valores monetarios. «Segun el Proyocto de Código Civil (acorde con la lei 16, título 11, Partida 4), hai lesion enorme, losion que autoriza la rescision del contrato, cuando uno de los dos valores monetarios no llega a la mitad del otro. Lla- mando D- el valor dado, R el valor recibido, la lesion enorme es representada por lh D> R, para la permuta- cion i la venta, para el comprador i el vendedor. Sustitú- yase otra fraccion, si se quiere, pero una fraccion inva- riable, no una fraccion para el comprador i otra para el vendedor; una fraccion para el valor monetario que consiste en cosas, i otra para el valor monel-ario que consisto en dinero; como sucede en nuestra lejblacion actual, segun la lei 56, título 5, Parlida 5, i la loi 2, título 1, libró 10, de la Novísima HecopiJacion. ((Yo (ILliero desprenderme de un valor monetario 12. ¿Qué valor monetario he ele recibir para que no sufra lesion enorme? ((A esta pregunta me respondo, la lejislacion actual lo que sigue: o compras o vendes. Si compras, debes re- cibir, por lo ménos, los dos tercios del valor monetario que das. Pero, si vendes, es otra cosa: para que no su- fras lesion enorme, basta que recibas la mitad del valor monetario que das. <qPero señal'! ¿No es uno mismo el perjuicio que JO experimento cuando doi un valor monetario 12 bajo la forma do dinero, i recibo un valor monetario 7 bajo la forma ele una casa o de una hacienda, que cuando doi un valor monotaeío 12 bajo la forma de una casa o de una hacienda, i recibo en cambio un valor monetal'Ío 7 bajo la forma de dinoru? ¿Qué justicia hai o qué raZOl1
XIV PROYECTO
para que en el primer caso se me conceda la accion res- cisoria i se me niegue en el segundo? ¿Por qué han de ser de peor condicion las cosas que el dinero que las represen ta? ('(Nuestra lejislacion actual ha sido perfectamente re- presentada por las dos fórmulas c;-P:>- 1/'1. i P;-c:>- 112 , en que P significa el valor monetal'io que consiste en dinero actualmente pagado, alias el precio, i C el valor monetario que consiste en algo que no es dinero, alias
el justo precio de la cosa vendida. La primera de estas
elos fórmulas es para el vendedor; la segunda, para el comprador. Hai una medida de lesion para el uno, i otra medida de lesion para el 011'0. Con esto está dicho todo.
«e:>- c-p
12 se convierte en. C-P:>- \12 C, o 112 C :>- P:
es decir, que no hai lesion enorme para el vendedor sino
cuando es perjudicado en mas de la mitad de lo que da.
(/~c:>- 1/1 se convierte
en P-C:>-
Ih c, o p,
3/2 c,
o 21'S P> C: es e1ecir, que para el comprador hai le.sion enorme desde que es perjudicado en mas de un tercio de lo que da. jI esto se I1am.a igualdad perfecta! «La estructura misma ele las dos [ó,"mulas está seña-
lanclo la clcsiguald:l{l, la injusticia intrínseca. El término
deberia convertirse en C;p. Pero entónces las dos fór- mulas no serían mas que transformaciones ele la fórmula
jeneral '/'1. D> R.
ana 'lIt" ogo a
er1111110 e:
«Se distingue la lesion en dae i la lesion en recicibie; c1iJ:;tincion imposible. Si se da de mas es porque se recibe de ménos. «Se elice que en el Proyecto de Código Civil se calcula la lcsion sobee lo que se da, i nunca sobre lo que se re· cibe. Lo que se hace en el PI'.lyecto, es calculal' la lesion,
INTnODUCCIO.
a la. vez, sobre lo que cada contratante ela i recibe. ¿Có- mo puede ni aun concebirse lesion ele otro modo? «En nueslra lejislacion actual, hai dos lesiones: cierto, pero no una en dar i otra en recibir, como se dice, sino una para el vendeelot' i otra para el comprador, calcula- das ambas sobre lo que cada uno da i recibe, pero en diversas proporciones. «Se aduce este ejemplo:-Yo quiero desprenderme de una cosa (valor lO) por otra que lú me has de dar. O tú me das una cosa cuyo valor no es menos de 5 ni mas de 15, o una cosa cuyo valor es menos de 5, o una cosa cuyo valor es mas de t5. En el primer caso, se dice, no hai lesion enorme j en el segu nelo i tercero, sí.- Jo es exacto. Si la cosa de que )'0 quiero desprenderme es un valor monetario que no consiste en dinero, no hai lesion enorme para ninguno de los dos contratantes en el pri- mero de los casos referidos. Pero, cuando yo quiero des- prenderme de un valor monetario 10 bajo la. forma de dinero, falla la demarcacion de los tres casos; porque, si tú me das una cosa cuyo valor monetario es 6, que es un valor entre 5 i 15, sufro, segun la leji lacion actual, lesion enorme, porque soi perjudjcado en mas de la mi- tad del justo precio de la cos(\, vendida; i si la cusa que tú me das vale 16, 17, 18, 19 (valores monelarios supe- riores a 15), no hai lesion enorme ni para mí, como es
pal'a ti, que recibes mas de la mitad del
justo prvcio. La de.narcacion de los Ires ca ·os debe en- tónces ser esta: o tú' me das una cosa que no vale ménos de los '!./J de 10, ni ma::; de '20, o llna cosa lue vale mé- nos de los 2./ J ele 10, o una cosa que vale mas de 20: en el pl'imer caso, no hai le::;ioll CIlOl'il1ej en 01 segulldo i tercero, sí. Dando, PllC', un mismo Hl.lor, 'c calcula ele
evidente, ni
PROYECTO DE CÓDJOO CIVIL
mui diverso modo la lesion enorme, cuando este valor es dinero, que cuando es otra cosa. jIncomprensible fi- losofía! «Si el comprador paga mas de 15 por una cosa cuyo valor monetario es 10, sufre (dicen) la misma lesion, el mismo menoscabo en su fortuna, que el vendedor cuan· do da una cosa que vate 10 por ménos de 5, porque ambos son pe"rjudicados en mas de 5. Pero la lesion no se mide por números, sino por razones jeométricas. El
que vende por 91 una cosa que vale 100, sufre en su fúrtuna el mismo menoscabo que el que vende por 4 una cosa fJue vale LO: ambos son perjudicados en 6; sin em· bargo, nadie dil'á que esta es una razan para que se cié al pl'Ímero la accion resci 'oria que se concede al segun- do.-\Tó, replican, no hai paridad, porque en el segundo
caso 6 es mas de la mitad del justo precio de
vendida, i en el primero nó. Paralojismo que ni aun puede llamarse especioso. En la venta, como en todo contrato conmutativo, hai dos justos precios, el de la cosa vendida i el del dinel'o que se paga por ella; este dinero tiene tambien su justo precio, que es el dinero mismo, porque el dinero es la medida de los valores. Si, pues, el justo precio de lo que da el vendedor, i no el de lo que recibe, es el término de comparacion para el ven- dedal', es inconsecuente la lei cuando fija por término de comparacion para el comprador, no el justo precio de lo que da el comprador, sino el justo precio de lo que recibe. Luego el compmdor que da 10 no debe tener accion rescisoria sino cuando recibe ménos de 5;' i por consiguiente, cuando recibe 10, es necesario que ha)'a
elado por e::itos 10 mas de 20 para que sufra lel:iioll enorme.
lNTROOUGCION
X \'11
((Veamos cómo se aplica nuestra lejislacion a las fór- mulas. En toda permutacion 1 se dice, hai dos ventas r de donde )'0 deduzco que en toda permutacion hai dos com- pras, porque venta no puede concebirse sin compra. Ahora bien, Pedro permuta una casa que vale 12 por la c.hacra de Juan que vale 7. Pedro alega que en toda per- mutacion hai dos compras; que habiendo comprado con un valor monetario 12 una chacra que solo vale 7, ha
sido perj udicado en mas
de- 3. 1/z, que es la mitad del
justo precio de la chacra; i que, por consiguiente, sufre- lesion enorme, i tiene derecho para que se rescinda el contrato. Nó, contesta Juan; en toda permuta, hai dos ventas; Pedro' ha vendido su casa que vale 12 por los 7- que yo le he dado en mi' chacra: ha sido perjudicado, por consiguiente, en ménos de la mitad del justo precio de la cosa vendida; no ha sufrido, pues, lesion enorme; no tiene derecho para pedir- la rescision del contrato. ¿Qué hará el juez? Tan' fundado debe parecerle un con- cepto como el otro; i la dificultad es insoluble, si la ]ei:
no prefija una regla al'bitml"ia, ordenando, por ejemplo,- que todo permutante que alegue lesion enorme sea con- siderado como vendedor. El juez dirá entónces a Pedro:-
-Has vendido tu casa; no tienes accion rescisoria.- ¡Pero, señorl ¿no hai el mismo motivo para decir que- he comprado la chacra?-Que haya o nó el mismo mo-- tivo, no es del caso: sic scripta est lex. ((La regla del Proyecto es igual para ambas partes; compara siempre el valor dado con el valor recibido, i establece una misma medida de lesion para todos los casos. Nada mas sencillo, ni mas justo.»
Don Andres Bello no se limitó a sostener en un pe-
PROY. DE CÓD. ClV.
PflOYI'L:TO
De CÓDIGO CIVIL
riódico la utilidad indiscutible de formar un Código Civil, sino que ejecutó ese pensamiento. Mediante su intelijencia i su constancia, el deseo de todos llegó a ser una realidad. Ese es su mérito principal j esa será una gloria que nadie podrá negarle i que nada podrá oscurecer. La dificultad no consistía en concebir la idea i preco- nizarla, sino en llevarla a cabo. Importan mas los hechos que las palabras. Los propósitos i las indicaciones pueden ser mui lau- dables, pero seguramente merece mayor aplauso la rea- lizacion de una obra que contribuye, i no puede ménos de contribuir, al bienestar i a la prosperidad de una nacion.
A ru. ÁTEGUI
CODIGO 'CIVIL
A pesar del cuidado ·con que se ha hecho la última revision de este Proyecto, no habrán podido evitarse algunas inconsecuencias, repeticiones i superfluidadesj defectos inseparables de un largo trabajo solitario. Yo mismo, despues de impreso el primer libro, he echado de ménos en algunos puntos la completa armonía que tanto es de desear en una obra como la presente. Los señores de la Comision encontrarán probablemente otras inadvertencias de la misma especie. En la numeracion, se notarán repeticiones i vacíos. Como es presumible que hayan de suprimirse algunos artículos i de intercalarse otros, i como alterada la serie, aunque lo fuese en un solo númer(}, seria ~ecesario re- correr toda la obra, no solo para establecer la debida regularidad i continuidad en la numeracion, sino para la correccion de las frecuentes referencias de unos ar- tículos a otros, me ha parecido que este debia ser el último de los trabajos necesarios para dar su forma definitiva al Proyecto. He añadido a este primer libro algunas notas que apuntan a la lijara las fuentes de que se han tomado o los motivos en que se fundan los artículos que pueden
DE eón.
llamar principalmente la atencion. En algunos, las notas parecerán superfluas; en otros, se echarán ménos. Siento decir que por falta de tiempo no me ha sido posible ob- servar bajo este respecto un método uniforme en todos los títulos; pero me· dedicaré gustoso a este trabajo) si pareciere útil.
TÍTULO PRELIMI
DE LA. LEI
AH¡ÍCULO 1. 0
una dcclaracíon
manda, prohibe o permite.
voluntad soberana, que
La costumbre tiene fuerza de leí cuando se prueba de cual- quiera de los dos modos siguientes:
A. siO'nifica Código Austriaco.
P., CódiO'o Ch'il Franc~s.
L., Código de la Luisiana.
D. S., Código de las Dos Sieilias.
P., Código Prusiano.
S., Oódigo 8ardo.
Se cita frecuentemente a Delvincourt, Cours de Droil Civil (Paris, 1 21); el Código Ciyil Fraúces con el Comentario de Rogron (Pari., 1834); los varios tI'atados de Pothier; Savigny, Droit Romnin, cte.
Debo advertir que no siempre hai una completa identidad entre la disposicion del Proyecto i la lei o doctrina que se cita; adoptándose a
yeces éstas con alguna
gándose por via de semejanza o de analojía.
ampliacion, restrieeion o explicacion, o :lle-
ArLo '2, ine. 1. LL. 32, § 1, 35, 36 De lcgibus.-L. 43, C. Qw:e sil longa cons.-L. 5, tít. "l, Parto I.
PROYECTO DE CÓDICO CIVIL
pasadas en au-
- toriclad de cosa juzgada, dentro de los últimos diez años; 2. o Por declaraciones conformes de cinco personas inteli- jentes en la materia de que se trata, nombradas por el juez de oficio o a peticion de parte. Solo a falta dcl primero de estos dos medios podrá recurrir- se al segundo; i ni el uno, ni el otro, ni los dos juntos, valdrán, si durante dicho tiempo se hubiere pronunciado decision judi- cial contraria, pasada en autoridad de cosa juzgada.
1. o Por tres decisiones judiciales conformes,
La costumbre puede ser jeneral o parcial. La costumbre parcial, limitada a cierta parte del territorio, a cierta profe- sion, a cierta clase de personas, no tendrá valor alguno fuera de estos límites.
AHT.4.
En materias civiles, a falta de lei escrita o de costumbre que tenga fuerza de lei, fallará el juez conforme a lo que dis- pongan las leyes para objetos análogos, i a falta ele éstas, con- forme a los principios jenerales de derecho i de equidad natural.
PHOMULGACJO
La lei escrita no obliga sino en virtud de su promuJgacion
por el Supremo Gobierno, i
despues de trascurrido el tiempo
necesario para que se tenga noticia de ella. La promulgacion deberá hacerse en el periódico oficial; i la
Art. 2, ¡nc. 2. L. 34 De legibus. Art. 2, ¡nc. 3. Gregorio L6pez, nota 7 a la lei 5, Lít. 2, Parto I. Art.2, ¡nc. 4. En este artículo, se ha procurado reducir a reglas pre- '
vias la citada lei 5. Art. 3. L. 4, tít. 2, Parto J, con la glosa de Gregorio López. Art. 4. C. L. 21.-Delvincourt, D1'Oit Civil, tomo J, p. 8.
Art. 5. Apl¡cacion de la lei 1'2, tít. '~, lib. 3,
oyísimaRccopilacion.
TÍTULO pnELlmNAR
fecha de la promulgacion será, para los efectos legales de ella, la fecha de dicho periódico.
En la capital de la República se entenderá conocida la lei, i mirará como obligatoria, des pues de seis dias contados desde
la fecha de la promulgacionj i en cualquier otro paraje de la República, despues de estos seis dias, i uno mas por cada cua- tro leguas de distancia entre la capital i dicho paraje. Podrá, sin embargo, restrinjirse o ampliarse este plazo en la lei misma, designándose otro especial. Podrá tambien orde- narse en ella, en casos especiales, otra forma de promulgacion.
Arn. 7.
o poch'á alegarse ignorancia de la lei por ninguna perso· na, despues del plazo comun o especial, sino en cuanto por algun accidentc (que, no siendo notorio, deberá probarse) hayan estado interrumpidas durante dicho plazo las comunicaciones ordinarias entre los dos referidos lugares.
Solo toca al
lejislador explicar o interpretar la lei de
modo jeneralmente obligatorio. Las clecisiones de los tribunales no tienen fuel'za obligatoria
sino rcspedo de las controversias particulares en que se pro- nunciaren.
AnT.9.
Aunque las leyes sean puramente explicativas o se limiten
Art. 7. L. 2, tít. 2, lib. 3, Novísima Recopilacion.-Se han aplicado las disposiciones de varios códigos relativas a la promulgacion de las
Véase en particular Delvincourt, Titre prelim., chapo 3, i C. L, 6.
C. F. 2.-C. L. 8.
Art. \l. Portalis, Memoria sobre el Código de Cerdeña, presentada a la Academia de Ciencias Morales i Políticas, i reimpresa al frente de dicho Código; Paris, 18H, pájs. LXII i siguientes.-En órden a las cau- sas pendientes, no se ha seguido la opinion de Portalis, que, segun él mismo dice, ha sido vivamente ataóada. En Chile, pudiera producir el efecto de trasportar al seno del Cuerpo Lej islativo [as afecciones i pre· tensiones de las partes.
PUOYECTO DE CÓDIGO Cl\'IL
a declarar el derecho vijente, no afectarán de modo alguno las decisiones judiciales pasadas en autorielad ele cosa juzgada, ni se aplicarán a causas pendientes.
EFECTOS DE LA LEI
La leí puede solo disponer para lo fufuro, i no tendrá jamas efecto retroactivo.
AnT. 9 b.
todos los habitantes ele la Repú-
blica, int:lusos los extranjeros.
La lci es obligatoria para
Las leyes relativas a bienes raíces situados en Chile, obligan aun a los extranjeros no residentes en el país.
. Los chilenos permanecen sujetos a las leyes patriai'l que re- glan las obligaciones i derechos civiles, no obstante su resi- dencia, domicilio o naturalizacion en país extranjero:
1. o En lo relativo al estado de las personas i a su capacidad para ejecutar ciertos actos que hayan do tener efecto en Chile¡
obligaciones i clerechos que nacen de las relacio-
nes de familia¡ poro solo respecto ele sus cónyujos i parientes
AHT. 12.
La forma de los dooumentos públicos se determina por la
lei del país en que hayan
Su autenticidad se
si~lo otorgados.
i todos los Otl'OS códigos.
9 b. O.
F. 3, § 2; Rogl'on allí.
Al't. ti, n.
1.0 O.
F. J, § 2;
Dddl1court allí; O. A. 4.
A1't.
F. 3, § 3.
ID, § 1.
'riTULO PRELIiIIINAIl
probará segun las reglas establecidas en el Código ele Procedi- mientos civiles. La forma se refiere a las solemnidades externas, i la auten- ticidad al hecho de haber sido realmente otorgados i autoriza- dos por las personas i de la manera que en los tales documentos se expresa.
En los casos en que las leyes chilenas exijieren documentos
públicos, para pruebas que han de rendirse i producir efecto
en Chile, no valdrán las escrituras privadas,
sea la fuerza de éstas en el pais en que hubieren sido otor-
Los efectos legales de los contratos otorgados en territorio ,extranjero para ejecutarse en Chile~ se arreglará11' a las leyes chilenas.
Los individuos no pueden estipular cosas contrarias a las buenas costumbres, ni a las leyes que reglan la organizacion política i judicial de Chile, ni a las prollibiciones de las leyes. Pero podrán renunciar cualquier derecho que les confieran las leyes, siempre que mire solamente a su interes o oonve· niencia individual i que no esté prohibida su renuncia. No puede renunciarse ningun derecho establecido en favor de las buenas costumbres o del órden público.
Las Cortes de Alzada, i la Corte Suprema de justicia, en el mes de marzo de cada año, darán cuenta al Supremo Gobier- no de las dudas i dificultades que les hayan ocurrido on la intelijencia i aplicacion de las leyes i de los vacíos que noten en ellas.
1:'>. C.
Las disposiciones de este Código se aplicarán sin perjuicio
Hnería, del
Ejército i Armada, i demas cspeciales que en ade~ante se pro- mulguen.
de las contenidas en los Códigos de Comercio, de
Cuanelo el sentido de la lei es claro, no se desatenderá su tenor literal, a pretexto de consultar su espíritu. Pero bien se pueele, para interpretar una cxpresion oscura de la lei, recurrir a su intencion o espíritu, claramente mani- festados en ella misma, o en la historia fidedigna de su esta- blecimiento.
Las palabras de la lei se entenelerán en su senticlo natural i obvio, segun el uso jeneral ele las mismas palabras; pero, cuando ellejislador las haya definido expresamente para cier- tas materias, se les dará en éstas su significado legal.
Las palabras técnicas de toda ciencia o arte se tomarán en el sentido que les den los que profesan la misma ciencia o ar- te; a ménos que aparezca claramente que se han tomado cn sentido diverso.
Art. 17. O. L. 1.3. La historia fidedigna del establecimiento de una lei sería, por ejemplo, la relacion de los debates ocurridos en el Cuer- po Lejislativo al tiempo de discutirse el Proyecto. Art. 1.8 i 1.8 a. C. L. H, 15. He introducido limiLaciones que me parecen necesarias. Una palabra, sea técnica o no, puede emplearse impropiamente en una lei, sobre todo por falta de conocimientos espe- ciales en sus autores. ¿Sería nunca racional tomar esa palabra en di- f rente sentido que el lejislador?
TÍTULO pnELIMINAR
El contexto de la lei servirá para ilustrar el sentido de cada
todas ellas la
debida correspondencia i armonia. Los pasajes oscuros de una lei pueden ser ilustrados por medio de otras leyes, o de costumbres que tengan fuerza de
una de sus partes, de manel'a que haya entre
lei; particularmente si versan sobre el mismo asunto.
Af\T. 20.
Cuando la lei declara nulo algun acto, con el fin expreso o tácito de precaver un fraude, o de proveer a algun objeto de conveniencia pública o privada, no se dejará de aplicar la lei, aunque se pruebe que el acto que ella anula no ha sido frau- dulento o contrario al fin de la lei.
La distincion que se hace de las leyes en favorables i odio- sas no se tomará en cuenta para ampliar o restl'inj ir su inter- pretacion. La extension que deba darse a toda lei, se determi· nará por su jenuino sentido i segun las reglas de interpreta- cion precedentes.
Las leyes especiales relativas a una cosa o negocio pal'ticu- lar prevalecen sobre las leyes jenerales que parecen extenderse a la misma cosa o negocio.
En los casos a que no pudieren aplicarse las reglas de inter· pretacion precedentes, se interpretarán los pasajes oscuros o contradictorios del modo que mas conforme parezca al espíri. tu jeneral de la lejislacion, i a la equidad natural.
PflOYECl'O DE CÓDIGO CIVIL
D1>1<'1
lCro,' DE VAfilAS PALAllIUS DE USO FRECUENTE
Las palabras hom.!JI'e, pe1'sO/'l,a, niño, adulto i otras seme·
jante8 que en SLI sentielo jeneral se aplican a ineli vieluos de la especie humana, sin distincion de sexo, se entenelerán com- prender ambos sexos en las disposiciones de las leyes, a ménos que por la naturaleza de la disposicion o eJ contexto se limiten manifiestamente a uno solo. Por el contrario, las palahras muJen', niña, viuda i otrrts semejantes, que clesignan el sexo femenino, no se aplicarán al ot¡'O sexo, a menos que expresamente las extienda la lei
AI\T. 25.
Llámase infante o ni ño todo el que no ha cumplirlo siete años; impúber, el vrtron que no ha cumplido catorce años i la mujer que no ha cumplido doce; mayo¡' de edad, o sim- plemente 1nayol', el qlle ha cumlllido veinte i cinco años; i menor de edad, o simplemente rrwno1', el que no ha llegado a cumplirlos. Las expresiones 1I'té1VO¡' ele edad o mayOJ', empleaela'l en las leyes, comprenden a los menores que han obtenido habi- litacion ele edad, en toclas las cosas i casos en que las leyes no hayan exceptuado expresamente a éstos.
Los gearlo':l ele cOlls!:tnguinidad ent!'e dos personal'! se cuen- tan por el número ele jeneraciones intermedias. ~uando una
de las elos personas
la otra, la consangui-
nidad es en lin.ea recta; i cuando las dos personas proceden
es ascendiente de
de un ascendiente comun, i una de ellas no
la otra, la consanguinidad es en línea colate¡'a.l o trasue1'sa.1.
Leí 6,
3:3, Parto 7.
TÍTULO PRELlmNAR
Parentesco lejítimo do consanguinidad es aquel en quo toclas las jeneraciones de que resulta han sido autorizadas por la lei; como el que existe entre dos primos hermanos, hijos le· jítimos de dos hermanos, que han sido tambien hijos lejítimos del abuelo comun.
Consanguinidad ilejítima es aquella en que una o mas de
las feneraciones de que resulta no han sido autorizadas por la lei; como entre dos primos hermanos, hijos lejítimos de dos hermanos, uno de los cuales ha sido hijo i1ejítimo del ahuelo comun.
hijos por matrimonio poste-
rior de los padres produce los mismos efectos civiles que la le·
jitimidad nativa.
dos hermanos que fueron lejitimados por el matrimonio de sus padres, se hallan entre sí en el cuarto grado de consanguini. dad trasversal lejítima.
Así dos primos hermanos, hijos lejítimol'l de
La lejitimidad conferida a los
Afinidad lejítima es la que existe entre una persona que está o ha estado casada i los consanguíneos lejítimos de su ma- rido o mujer. La línea i grado de aunida(l lejítima de una persona con un consanguíneo de su marido o mujer, se califi- can por la línea i grado de consanguinidad lejítima, del dicho marido o mujer con el dicho consanguíneo. Así un varan está en primer grado de afinidadlejítima en la línea recta, con los hijos habidos por su mujer en anterior matrimonio; i en segundo grado de afinidad lejítima, en la lí- nea trasversal, con los hermanos lejítimos de su mujer.
AnT. 31.
Es afinidad ilejítima la que existe entre una de dos persa· nas que no han contraído matrimonio i se han conocido cal'·
PII.)Y¡,;t:TO DE CÓDIGO
Cn'¡L
nalmente, i los consanguíneos lejítimos o ilejítimos de la otra, o entre una ele dos personas (Iue estan o han estado casadas i los consanguíneos ilojítimos de la otra.
A-n-r.
En la aGnidad ilejítima se caliGcan las líneas i gl'ados de la misma manera que en la aGnidad lejítima.
durante el matri·
monio de sus padres, o lejitimados por el posterior matrimonio de los mismos.
Se llaman hijos lejítim.o
los concebidos
Los hijos que no son lejítimos, se llaman nalurales recono· cidos o simplemente naturales, si han obtenido el reconoci- miento ele su padre o ma(lre o de ambos con los requisitos legales. Los otros se llaman própiamente ilej ítimos.
Entre los hijos ilejítimos que no han sido reconocidos, se llaman ele dañaclo ayuntamiento los aclulterinos, los inces- tuosos i los sacrílegos.
Es adLLite¡'ina el concebido en adulterio) esto es, entre dos
Art. 31. Esta acepcion de hijo natlm.l.l es fundamental en el presen- te Proyecto. o se menciona en el presente Proyecto la lejitimacion por rescrip- to; el reconocimiento de los llijos naturales la suple. Por lo demas, aunque esta lejitimaeion no produzca Jerechos civiles propiamente dichos, puede remover el impedimento de la ilcjitimidad para optar a 'Ciertos empleos o para gozar de ciertos derechos políticos; es decir, que pertenece al derecho público. Esto en la suposicion, para mí du- Josa, de que entre nosotros exista ese impedimento. Tambien pudiera concederse'esa lejitimaeion en premio de servioios hechos al Estado, i como un mero título honorífico. Bajo este respec- to es evidente que tampoco pertenece al derecho civil. El Estado de- be premiar a sus servidores sin perjuicio de los derechos o espectaLi- 'as ajenas consagradas por las leyes.
TíTULO PIlELlMI 'All
personas de las- cuales una a 10 mén08, al
cepcion, estaba casarla con otra; a ménos que diuhas dos per-
sopas hayan contraído matrimonio pUlativo, estando ambas o una de ellas de buena fe, al tiempo de la conc0pcion.
tiempo de la con-
Es incestuoso: 1.0 el concebido entre padl'es que estaban entre sí en la línea recta de consanguinidad o afinidad; 2.° d concebiclo enlre padres de los cuales el uno era hermano ele un asuenuiente del otro, o el uno se hallaba con el olI'O en el se- gundo grado trasversal de consanguinidad o afinidad. La consanguinidad i afinidad deque se trata en este artículo, como prenden la lejítima i la ilejitima.
Es sacrílego el concehido entre padees lle los cuales alguno Cl'a clérigo de órdenes mayores, o per 'ona ligada por volo so- lemne de castidad en árden relijiosa, reconocida por la Iglesia Católica.
Las denominaciones de lejítimos, ilejítimos, naturale.'> i
las demas que segun las definiciones precedentes se clan a los hijos, so aplican correlativamente a sus padres.
ART. 4.0.
Los h0rmanos pueden serlo por parte de padre i de madl'e,
i se llaman entónces he1'manos cm'nales; o solo por parte de
padre, i se llaman
he1'1nanos paterno.'>; o solo por
Art. 37. Para los objetos de la lei civil no ha parocido necesario extender mas allá la calificacion do hijo incestuoso. Subsiste, sin em- bargo, esto adjetivo en toda la latitud de su si~nificadocanónico, pa- ra los impedimentos matI-imoniales. Se ha limitado la calificacion de incestuoso, porque las privaciones eiviles que acarrea son una pena gravo, que, si está en proporcion con el delito en la línea recta i en los grados trasyersales cercanos, no así en los remotos. ¿Qué comparacion cabe entre el incesto en la línea recta o entro hermanos, i el que se comete entre dos persona~ que estúl\ entre s: en el cuarto grado trasver ':11 canónico?
PIIOYECTO
parte (le madl'e, i se llaman enlónces hermanos maternos o
ulerino
Son entre sí he1'Jnanos nalun1.les los hijos naturales de un mismo padre o maclt'e.
Arrr. 41.
En los casos en que la lei dispone que se oiga a los parien- tes de una persona, se entenderán comprendidos en esa deno- minacion el cónyuje de ésta, sus consanguíneos lejítimos de uno i otro sexo, mayores de edael; i si fuere hijo natural, su padre o madre que le hayan reconocido i sus hermanos natu- rales mayores de edad. A falta ele consanguíneos en suficienle número serán oídos los afines lejítimos, Serán preferidos los descondientes i ascendientes a los cola- terales, i entre éstos, los de mas cercano parentesco. El CÓ ligo de Procedimientos determinará la forma en que dcban ser citados i oídos los parientes,
Ar\T. 42.
La lei distingue tres especies de culpa o descuido.
consiste en no manejar los negocios ajenos con aquel cuidado
que aun las
emplear en sus negocios propios. Esta culpa se opone a la buena fe, i en materias civiles equivale al dólo.
Culpa leve, descuiclo leve, descuido lijero, es la falta de
personas neglijentes i de poca prudencia suelen
Culpa g1'ave, neglijencia grave, culpa lata,
aquella dilijencia i cuidado que los hombres emplean ordina- riamente en sus negocios propios, Culpa o descuido, sin
Al't. -:11. Seria de desear que, en vez de citacion i audiencia de los parientes, adoptásemos la institucion de los consejos de familia de la
lej ¡slacíon francesa; pero no creo que en el estado actual de nuestra sociedad fuese posible ni convcniente. La audiencia de los parientes,
una medida preparatoria, que
podrá perfeccionarse mas tal·de. Entre tanto es solamente un medio
los conocimientos.de que
de jUl'isdiccioll
de proporcionar al juzgado, a poca costa,
segun se propone en este artículo,
necesite para ciertos actos, que jeneralmonto no son con tenciosa.
42 i 43.
Pothior, Observacioncs
jeneralcs, al fin de su tratado
TiTULO PHELIMlNAfi
Esta eRpe-
cie de culpa se opone a la dilijencia i cuidarlo ordinario o me- (liaM.
El que debe administrar un negocio C011'W buen padre ele familia, es responsable de esta especie de culpa. Culpa o descuido levisimo es la falta de aquella esmcl'u¡¡a dilijeneia que un hombre juicioso emplea en la administracion
de sus negocios importantes.
Esta especie de culpa se opone
otl'a calificacion, significan culpa o descuillo
a la suma dilijencia o cuidado.
El dolo consiste en la intencion positiva de inferir injuria a la persona o propiedad de otro.
iempre que no se fije otra regla, se entenderá que en los negocios que miran al solo interes del acre~dor, se exije al deudor la buena fe, i no se le hace responsable sino de la cul- pa o descuido grave; que en los negocios que miran al interes de ambas partes, se les exije la dilijencia o cuidado ordinario, i la responsabilidad se extiende hasta la culpa o descuido lije- ro; i en fin, que en los negocios que solo miran al interes del
deudor, se exije a éste la mas cuidadosa dilijencia, i se le hace
responsable hasta de la culpa levísima
Caucion significa jeneralmente cualquiera obligacion acce- soria que se contrae para la seguriclad de otra obligacion pro-
pia o ajena. prenda.
Son espopies de caucion la fianza, la hipoteca i I~
Se dice presluni)'se el hecho que se deduce de ciertos ante- cedentes o circunstancias conocidas.
motivo a la
presuncion, son determinados por la lei, la presuncion se lla-
ma legal.
Art. 4.L Escl'Íche,
33, P.
(·Rueíon. L. iD, ~ otrosí decimos que cal1Lio,
Pl'reswl1plio jttl'is.
PBOYECTO DE CÓDIGO CIVIL
Se permitirá pI'Obar la no existencia del hecho que legal- mente se pl'esume, aunque sean ciertos los antecedentes o cir- cunstancias de que lo infiere la lei; a ménos que la lei misma rechace expresamente esta pruebn, supuestos los antecedentes o circunstancias. Si una cosa, segun la exprcsion de la lei, se presume ele ele- Techo, se entiende que es inaclmisíble la prueba contraria, supuestos los antecedentes O circunstancias.
AnT. 46.
Tudas los plazos de años, meses o días ele que se haga
mencian en las leyes o en los decretos del Supremo Gobierno,
o de los tribunales o juzgados, se entenderán completos, i
principiarán i terminarán a la meclia noche a ménos de expre- sarse otra cosa.
Todo plazo ele dias correrá de media noche a media noche;
es decir, elesde la media noche en que termina el lia que se
fijare como principio hasta la media noche en que termine el último dia elel plazo. Una semana constará de siete dias completos, computados
Un plazo de meses correrá desue la media noche en que ter- mine el dia que se fijare como principio, hasta la media noche en que termine el dia que tenga el mismo número en el últi- mo mes a que se extienda el plazo. Cada mes podrá ser, por consiguiente, de 28, 29, 30 o 31 días, segun los casos. De la misma manera los años correrán desde la media no- che en que termine el dia que se fijare como principio, hasta
Art. 45, inc. 4.° P,'resumplio jUl'is el de jw'e.
Art. '16, inc. 5.° Tres dias contados, por ejemplo, desde el 4 do abril, principian en la media noche del 4 al 5 de abril, i terminan en la media noche del 7 al 8 de abril; i dos meses contados desde el 8 de enoro principian en la media noche del 8 al 9 de enero i torminan en la media nacho del 8 al 9 de marzo siguiente; i seis años contados desde el10 de mayo de 1850 principian en la media nacho del 10 al
11 de mayo del mismo año, i terminan en la media noche del 10 al 11
de mayo de 1 56; sin tomarse on cuenta si un mes tiene 28, 29, 30, o
un año os de 365 o 366 clias.
la media noche en que termine el dia que se fijare como prin- cipio, hasta la media noche en que termine el dia que tenga el mismo número en el mismo mes del último año a que so extienda el plazo. Por consiguiente, cada año podrá ser de 365 o 366 dias, segun los casos. El plazo de meses o años que tiene por principio la media noche en que termina el último dia de un mes, se entenderá cumplida en la media noehe en que termine el último dia del último mes comprendido en el plazo. Se aplicarán estas reglas a las prescripciones, a las califica- ciones de elIad, i en jeneraI, a cualesquiera plazos o términos prescritos en las leyes o en los actos de las autoridades chile- naSj salvo que en las mismas leyes o aetas se ordene expresa- mente otra cosa.
Cuando se dice que un acto debe ejecutarse en o dentro de cierto plazo, se entenderá que vale si se 'ejecuta ántes de la media noche en que termina el plazo (salvas las limitaciones que en el artículo siguiente se expresan); i cuando se exije que haya trascurrido un espacio de tiempo para que nazcan o
Art. 46, ino. 6. Así el plazo de un mes, que prinoipie en la media noche del 31 de onero al 1.0 de febrero, se entenderá oumplido en la media noohe del 28 o 29 do febroro al 1.0 de marzo. 1 el plazo de tres años quo prinoipie en la media noohe del 29 de febrero al 1.0 de marzo de 1852, termina en la media noohe del 28 de febrero al 1.0 de marzo de '1855. Art. 46, ino. 7. Talvez so mirarán oomo demasiado minuoiosas estas reglas; pero el tiempo haoe naoer i espirar una multitud de dereohos, i es un elemento jurídioo de grande importanoia. En este Proyeoto se adopta una medida nniforme para todos los oasos; i adoptada, no ha~ brá ouostion sobre si los dias o años o mese!'! deben oontarse de mo- mento a momento, o sobre si el mes es de treinta dias siempre o de mas o ménos dias segun el oaso, o sobre si basta que haya prinoipiado el dia final para contarlo, o sobre si entre los dias fatales en que pres- oribe una acoion debe inoluirse el de la demanda, etc. Savigny ha de- dicado a esta materia gran número de pájinas en su Tratado de Dere· oho Romano, que pueden oonsultar los ouriosos desde el § 177 hasta el 195. Allí se verán justifioados los prinoipios en que se fundan las reglas preoedentes. (Véanse en partioular los §§ 181,182.)
espiren ciertos derechos, se entenderá que estos derechos no nacen o espiran sino despuesde la media noche del dia en que termine dicho espacio de tiempo.
En los plazos que se señalaren en las leyes, o en los decre- tos del Gobierno o de los tribunales o juzgados, se compren- derán aun los dias feriados; a ménos que el plazo señalado sea de dias útiles, expresándose así; pues en tal caso no se con- tarán los feriados. Con todo, si, prefijado un plazo, sucediere que en el último dia de los comprendidos en él, no pudiere ejecutarse el acto para el cual se prefijó el plazo, por estar cerrada ese dia la oficina, tribunal o juzgado, en que debe ejecutarse el acto, se· rá válida su ejecucion en 01 próximo dia a que no se extendiere el impedimento. Todo acto que deba ejecutarse dentro de cierto plazo en una oficina, tribunal o juzgado, se entenderá que debe ejecutarse
a las horas regulares de despacho de la misma oficina, tribunal
o juzgado; i pasadas estas horas se entenderá pasado todo el dia en ouanto a la ejecucion del acto.
Las medidas de extension, peso, duracion i cualesquiera otras de que se haga mencion en las leyes, o en los decretos del Gobierno o de los tribunales o juzgados, se entenderán siempre segun las definiciones legales; i a falta de éstas, en el sentido jeneral i popular, a ménos de expresarse otra cosa.
DEROGAClOCi DE LAS LEYES
La derogacion de las leyes podrá ser expresa o tácita. Es exp1'esa, cuando la nueva lei dice expresamente que deroga la antigua.
rt. 48. Escriche, Dias útiles.
Es tácita, cuando la nueva lei contiene disposiciones que no pueden conciliarse con las de una lei anterior. La derogacion de una lei puede ser total o parcial.
La derogacion tácita es parcial por su naturaleza, i deja vi- jente en las leyes anteriores, aunque verFlen sobre la misma materia, todo aquello que no pugna con las disposiciones de
la nueva leL
La mora costumbre, aun autorizada del modo dicho en el artículo 2, no podrá, en ningun caso, derogar la lei escrita; a ménos que haya durado treinta años, sin interrupcion, i se pruebe su existencia (lurante ese tiempo por seis decisiones judiciales conformes, pasadas en autoridad de cosa juzgada; o
a falta de este medio, por declaraciones conformes de diez per- sonas idóneas designadas como en el artículo 2, Pero será de ningun "alar la una o la otra prueba o las dos unidas, si se probare haberse pronunciado durante el mismo tiempo decision judicial en oontrario sentido, la cual haya pa- sado en autoridad de cosa juzgada,
Las mismas reglas se aplicarán a la derogacion tacita de las leyes por el desuso, si durante treinta años el cumplimiento de las obligaciones impuestas por una lei no ha sido jamas reclamado por los interesados o por el ministerio público, o si habiendo habido esa reclamacion, no ha obtenido sentencia judicial pasada en autoridad de cosa juzgada. La prueba com- pete a la parte que niega el desuso.
Art. 53. En nuestro actual derecho,. nQ se puede nunca alegar el des~
uso contra la lei escrita. (L. H, tito 3, lib. 2; L
Novísima Reoopilacion; L. 2, C. Qure s·it langa consuetudo.) Pero esta regla absoluta no careceria de graves inconvenientes. Una lei que ha dejado de observarse treinta años, o contra la cual han fallado repeti- das veces los tribunales mismos, o proceden habitualmente los hom- bres en sus negooios extrajudiciales, ¿deberia mirarse como u.nl,l. norma actual i vijente de las acoiones humanas?
2, tit. 16, lib. 10, eto.
De las personas en jeneral i del domicilio.
Son personas todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condiciono Diví- dense en chilenos i extranjeros.
Estado declara
tales. Los demas son extranje7'os.
La lei no reconoce diferencia entre el chileno i el extranjero en cuanto a la aClquisicion i goce de los derechos civiles que regla este Código.
chilenos los que la Constitucion del
Las personas se dividen, ademas, en domiciliadas i tran- seuntes.
El domicilio consiste en la residencia, acompañada, real o 'presuntivamente, del ánimo de permanecer en ella. Divídese en político i civil.
El domicilio político es relativo al territol'io dol Estado en
El que lo tiene o adquiere, es o se hace miembro de
la s?ciedad chilena, aunque conserve la calidad de extranjero.
De incolis.
DE LAS PERSONAS EN JENERAL 1 DEL DOMICILIO
La constitucion i efectos del domicilio político pertenecen al derecho internacional.
El domicilio civil es relativo a una parte determinada del territorio del Estado.
El lugar donc\e un individuo está de asiento, o donde ejerce habitualmente su profesion u oficio, determina su domicilio
civil o vecindad.
No se presume el ánimo de permanecer, ni se adquiere, consiguientemente, domicilio civil en un lugar por el solo he- cho de habitar un individuo por algun tiempo casa propia o ajena, en aquel lugar, si tiene en otra parte su hogar domés- tico, o por otras circunstancias aparece que la residencia es accidental, como la del viajero, o la del que ejerce una comi- sion temporal, o la del que se ocupa en algun tráfico ambu- lante.
Al contrario, se presume desde luego el ánimo de permane- cer i avecindarse en un lugar, por el hecho de abrir en él tien- da, botica, fábrica, taller, posada, escuela u otro estableci- miento durable, para administrarlo en persona; por el hecho de aceptar en dicho lugar un cargo concejil, o un empleo fijo
de los que regularmente s~ conceden por largo tiempo, i por
Los obispos, curas i otros eclesiásticos obligados a una resi- dencia particular, tienen su domicilio en ella.
Art. 59, ¡no. 2. Véase Kent's Comment. P. l. Lect. IV.
de incolis.-L. 27, § 1. Ad munic. et de incolis.
Art. 62. Domus possessio facti est; domicilii constitutio, jW'is;
Vinnius, Partit. Jur., lib. III, c. 8.
Art. 6L Merlin, Report. V. bomicile, § m, 6.
El domicilio civil no se muda por el hecho de residir el in- dividuo largo tiempo en otra parte, voluntaria o forzadamente, conservando su familia o el asiento principal de sus negocios en el domicilio anterior.
El confinado por decreto judicial a un paraje determinado, o desterraao de la misma manera fuera de la República, si la confinacion o destierro no fuere por toda la vida, retiene el domicilio anterior, miéntras conserva en él su familia i el principal asiento de sus negocios.
Cuando concurran en varias secciones territoriales, con res-
circunstancias constitutivas de
domicilio civil, se entenderá que en todas ellas lo tiene; pero, si se trata de cosas que dicen relacion especial a una de dichas secciones exclusivamente, clla sola será para tales casos el do· micilio civil del individuo.
La mujer casada ;:>igue el domicilio del marido. Con todo, el domicilio de la mujer divorciada o separada de bienes se de- terminará segun las reglas jenerales, en lo relativo a los bienes que separadamente administre.
La mujer casada que administre alguna parte de sus bie- ues o los del marido en el territorio de la República, i cuyo
marido resida en
.el territorio ele la República, relativamente a los bienes que
país extranjero, se reputará domiciliaela en
pecto a un mismo individuo,
:Art. 65. L. 27, § 3 A'li munic.-L. 7, C. de incalis. Art. 66. Merlin, ib., IV, 3.
67. LL. 5, 6, § 2 Ad 1TIunicip. el de incalis.-Gregorio López,
'nota 2 ad 1.
Art. 69. Son manifiestos Jos inc(}llvenientes que de la regla contra~
ria resuHarian.
DE LAS PERSONAS EN JENERAL [ rJEL DOMICILIO
en dicho territorio administre, i se determinará su domicilio civil segun los precedentes artículos.
El que vive bajo patria potestad, sigue el domicilio paterno, miéntras con el consentimiento de su padre no constituya do- micilio distinto.
El domicilio del que 'vive bajo tutela o curaduría, es el de su tutor o curador.
El domicilio de los criados i dependientes de una persona, que sean mayores de edad, i estén obligados a residir en la misma casa que ella, es el domicilio de esa misma persona.
municipal, provincial o relativo a
cualquiera otra seccion del territorio, se determina principal- mente por las leyes i ordenanzas que constituyen derechos i obligaciones especiales para objetos particulares de gobierno, policía i administracion en las respectivas parroquias, comu- nidades, provincias, etc.; i se adquiere o pierde conforme a di· chas leyes u ordenanzas. A falta de disposiciones especiales
en dichas leyes u ordenanzas, se adquiere o pierde segun las reglas de este título. ART. 74.
El domicilio parroquial,
La mera residencia hace las veces de domicilio civil respec·
to de las personas que no parte.
Se podrá en un contrato establecer de comun acuerdo un domicilio civil especial para las citaciones, demandas i juzga- mientos a que diere lugar el mismo contrato.
pr@baren domicilio civil en
LL. 3, 4. Ad municip.~C. F. 108.
116, i otros varios.
Del principio i fin de la existencia de las personas.
DEL PRINCIPIO DE LA EXISTEXCIA DE LAS PERSa
La existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse completamente de la madre. La criatura que muere en el vientre materno, o que perece ántes de estar completamente separada de la madre, o que no pueda probarse haber sobrevivido a la separacion un momento siquiera, se reputará no haher existido jamas.
de cualquiera persona o de
oficio,- todas las providencias que le parezcan convenientes
consecuencia, tomará, a peticion
La lei proteje
la vida del que está por nacer.
L. 123, de ve1'b. signif.-L. 3, C. de poslhumis
her. Se reforma, pues, la lei 2, tít. 5, lib. '10, oyísima Recopilacion. La condicion de vivir veinte i cuatro horas cl.espues del nacimiento, no parece de utilidad alguna. ¿So dirá que puede muchas veces ser
dudoso si el recien nacido ha yiyido o no un momento despues de la separacion? La misma duda se presenlará para decidir si estaba vivo o no on el momento de cumplir las veinte i cuatro horas; añádase la dificultad de medir con absoluta precision este espacio de tiempo. El nacer todo vivo i tener figura humana, son condiciones que da- rian lugar a dudas i cavilaciones. La de ser bautizado fomentaria la práctica. anticanónica del bautismo administrado sin necesidad por personas incompetentes. (Donoso, Instituciones Canónicas, lib. 3, cap. 2, n. 39.) Agrégase que, segun la Constitucion, no parece necesa· rio 01 bautismo para el goce de los derechos civiles. Un turco puede l'esidi¡' entre nosotros, comprar i vender, testar, heredar i ser here- dado, i naturalizarse tambien. La Constitucion no le prohibe ninguna de estas cosas.
tíe. 23,
IV. -L. 11,
tít. 31,
DEL PRINCIPIO I FIN DE LA EXISTENCIA DE LAS PERSONAS
para protejer la existencia del no nacido, siempre que crea que de algun modo peligra. Todo castigo de la madre por el cual pudiera peligrar la vida o la salud de la criatura que tiene en su seno, deberá diferirse hasta despucs del nacimiento.
AIlT. 78.
De la época del nacimiento se colije la de la concepcion se- gun la regla siguiente:
Se presume de derecho que la concepcion ha precedido al nacimiento no ménos que ciento ochenta dias cabales, i no mas que trescientos contados desde la media noche anterior al na- cimiento hacia atraso
Los derechos que se deferirian a la criatura que está en el vientre materno, si hubiese nacido i viviese, estarán suspensos hasta que el nacimiento se efectúe. 1 si el nacimiento consti- tuye un principio de existencia, entrará el recien nacido en el goce de dichos derechos, como si hubiese existido al tiempo en que se defirieron. En el caso del artículo 7G, inciso 2, pasarán estos derechos a otras personas, como si la criatura no hubiese jamas existido.
DEL FIN DE LA EXl, TE. 'CIA DE LAS PEnSOl'\AS
La persona termina en l~ muerte natural.
4, tít. 23, P. VIL-L. 3, §§ '11, '12 de suis, L. '12 de sta.lu
hom.-L. 2. C. de seco nupt.- OVo 38, C. 'l.-C. F. 312.-Lo mismo en el Código de las Df)s Sicilias. en el de la Luisiana, Sardo, Holandes,
Austriaco, Bávaro (con una diferencia insignificante). El Código Pru· siano exije el séptimo mes cumplido; en el Peruano se dispone con lllui corta diferenoia lo mismo que en este Proyecto.
Art. íD.
L. 26 de statu hom.-L. 3
i pars hered.-L. 7 de rebu
dub.-L. 36 de solution.
Pl\OYEC'l'O DI> CÓDIGO CIVIL
ªcontecimiento, como en un llaufrajio, incendio, ruina o bata- lla, o por otra causa cualquiera, no pudiere saberse el árden en que han ocurrido sus fallecimientos, se procederá en todos casos como si dichas personas hubiesen perecido en un mismo momento, i ninguna de ellas hubiese sobrevivido a las otras.
Si por haber perecido dos
o mas personas en un
DE LA PRESUNCIO~ DE MUERTE POR DESAPARECUUENTO
'Se presume muerto el individuo que ha desaparecido, igno-
rándose su paradero i si vive; i verificándose las condiciones
que van a expresarse.
L La presuncion de muerte debe declararse por el juez;
justificándose previamente que se ignora el paradero del desa-
parecido, que se han hecho las posibles dilijencias para ave- riguarlo, i que desde la fecha de las últimas noticias de su existencia, han trascurrido a lo menos cuatro años. 2. Entre estas pruebas será de rigor la citacicm del desapa-
0, pr.,
16, 1i, 18 de Tebus dub. -L.
tl'ebell.-L. 32,
H de donat.
intel' vivo -L.
26 de mortis causa
don.-El derecho romano i el frances admiten algunas excepciones a la regla jeneral de este artículo, pero con fundamentos tan lijeros e inciertos, que ha parecido preferible omitirlas. Art. 82. Aunque en los códigos modernos se da un mismo nombre al estado de mera ausencia i al de desaparecimiento, parece mas conveniente distinguirlos con denominaciones diversas, puesto que constituyen dos estados jurídicos diferentes: en el primero, subsisten la sociedad conyugal, los mandatarios del ausente continúan ejercien- do las funciones ue tales, miéntras no espira por alguna otra causa el mandato, i, si es necesado, se provee a los derechos del ausente por medio de Ull curador que le represente; en el segundo, hai a lo ménos un principio de pl'esuncion de muerte, i se da a los herederos presun- tivos la p0scsion provisoria, i al cabo de cierto tiempo la posesion
DEL PRINCIPIO! FI;-' DE LA EXISTENCIA DE LAS PERSONAS
cido por la prensa de Chile i del país o países en que se sepa que ha re idido durante la última ausencia. .3. La declaracion podrá ser provocada por cualquiera per- sona que tenga interes en ella.
4. Scrá oído,
para proceder a ella i en todos los trámites ju
diciales posteriores, el defensor de ausentes, o el defensor de m~nores si fuere mcnor el desaparecido; i el juez, a peticion del respectivo defensor, o de cualquiera persona que tenga inte- res en ello, o dc oficio, podrá exijir, ademas de las pruebas que
se le presentaren del desaparecimiento, si no las estimare sa-
tisfactorias, las otras que segun las circunstancias convengan.
5. Todas las sentencias, tanto definitivas como interlocuto-
rias) se insertarán cn el periódico oficial.
6. El juez fijará como dia presuntivo de la muerte el últi-
mo del primer bienio contado desde la fecha de las últimas noticias; i trascurridos diez años clesde la misma fecha, conce- derá la posesion provisoria de los bienes del desaparecido, cumplidos que sean diez años desde la fecha de las últimas noticias.
7. Con todo, si despues que una persona recibió una herida
grave en la guerra, o naufragó la embarcacion en que navega· ba, o le sobrevino otro peligro semcjante) no se ha sabido mas de ella, i han trascurrido desde entónces cuatro años, fijará el juez como dia presuntivo de la muerte el ele la accion de gue-
Art. 83, ihe. 3. Por ejemplo, los heredC'ros presuntivos, el propieta- rio de bienes que el desaparecido usufructúa, el fideicomisario a quien por la muerte del desaparecido se defiere el fideicomiso, etc. • Art. 83. inc. 7. C. A. 24, modif.-Si se dejase al juez la facultad da fijar la fecha dfl I'a muerte presunta, no podria casi nunca hacerlo si- no por medio de conjeturas sumamente falibles i que abririan gran campo a la arbitrariedad. Es verdad que, segun la disposicion del in- ciso 6, pudieran ser alguna vez llamadas a la sucesion del desapare- cido personas que por no haberle sobrevivido no tuviesen derecho a sucederle; i, por el contrario, serán alguna vez excluidas de la suce- sion personas que por haberle realmente sobrevivido tenian derecho a olla. Pero, ¿qué regla podrá adoptarse que no esté sujeta a ninguno de estos inconvenientes? Por otra parte, el que ha sido excluido no tiene de qué quejarse, puesto que para hacer yalel' su derecho le es necesario probarlo, esto es, probar que ha sobreYivido efoctiyamente
PIIOYECTO DE CÓDIGO CIVIL
rra, naufrajio O peligro, 0, no siendo enteramente determinado el dia del desaparecimiento, adoptará un término medio entre el principio i el fin de la época en que pudo ocurrir; i conce- derá inmediatamente la posesion definitiva dc los bienes del desaparecido.
·AUT. 84.
El juez concederá la posesion definitiva, en lugar de la pro· visoria, si, cumplidos los dichos diez años, se probare que han trascurrido ochenta años desde el nacimiento del desaparcc.ido.
Podrá asimismo concedel'1a, trascurridos que sean treinta ·años desde la f cha de las últimas noticias; cualquiera que fuese, a la espiracion de dichos treinta años, la edad del desa- parecido si viviese.
Ahora bien, con esta prueba es admitido a la suce-
'Sion; i aun en el caso ménos favorable puede hacer yaler hasta cierto punto sus derechos, si no han prescrito, Finalmente, el derecho de sucesion es una creacion de la lei, i debe i3lljetarse a las condiciones i restricciones que ella tenga a bien impo- ,nerle.
La necesidad de fijar de cualquier modo la fecha de la muerte, es ·evidente, puesto que pOI' ella se califican los derechos en la sucesion del desapal'eeido. upóngase que el desaparecido ha dejado solamente dos hermanos; uno de ellos fallece elLo de noviembre de 1 4.7. Si la fecha de la muerte presunt.'1. es posterior, verbigracia el 20 de diciem- bre de aquel año, el hermano que sobrevive al 20 de diciembre here- dará todos los bienes, a ménos que el hermano premuerto haya dejado hijos; pues en este caso serán admitidos éstos a la porcion paterna por derecho de representacion. 1 si su padre hubiese fallecido despues del 20 de diciembre, no serian ya admitidos por derecho de representa- cion, sino de trasmision, para el oual se necesita que los hijos acepten la herencia paterna, circunstancia que no es neoosaria para ejercer el derecho de repre entacion. Art. 8i>. Las reglas de los al,tículos 84. i 85 son del Código Austriaco, 24., i se {andan en dos premisas jenerales. La primera es que «una per- persona de q'llien no se ha tenido noticia por mas de diez años, i que tendl'ia mas de ochenta si viyiese, debe presumirse muerta.J La se- gunda es que tuna persona de quien no se ha tenido noticia por mas
de treinta años, debe tambicn pl'csumirse fallecida
Apénas habrá
DEL PRINCIPIO I FIN DE LA EXISTENCIA DE LAS PEHSONAS
-2':1
AUT. 86.
Los decretos en que se declara la pl'csl1ncion de muerte o se concede la posesion definitiva, no habilitarán al cónyujo del desaparccido para pasar a otras nupcias.
AUT.87.
Durante el primer decenio, contado desde la fccha de las ültimas noticias, no habiendo lugar a la regla del artículo 83, inciso 7, seguirá mirándose el desaparecimiento como mera ausencia, i cuidarán de los intereses del desaparecido sus apo- derados o sus otros representantes legales.
AUT. 88,
Decretada la posesion provisoria, pondr:~ fin a la sociedad conyugal, si la hubiere con el desaparccitlo.
Se dará la posesion provisoria a los herederos presuntivos, i al cónyuje presente en razon ele la cuarta conyugal que le co- rresponda.
casos en quo no haya intereses contradictorios, fundados, ya en la existencia, ya en la muerte del desaparecido, i por consigujente, per- sonas que se empeñarán en averiguar la una o la otra por los medios posibles. Admitimos, con todo, la posibilidad de que falle a veces la una o la otra de las dos premisas indicadas; pero estos casos excep- eionales serán rarísimos, i se ha provisto a ollos. Las posesiones pro- visorias embarazan la mejora de los bienes i su circulacion comercial, i no deben durar mas tiempo que el necesario para protejer racional- mente los derechos privados que puedan hallarse en oposicion con los intereses jenerales de la sociedad. Por otra parte, la facilidad i rapi- dez de las comunicaciones entre países distantes, se han aumentado inmensamente en nuestros dias, i ha crecido en la misma proporcion la probabilidad do que una persona de quien por mucho tiempo no so ha tenido noticia en el centro de sus relaciones de familia i de sus in- tereses, ha dejado de existir, o por lo ménos ha querido abandonar los derechos que la ligaban a su patria o domicilio anterior. En fuerza de estas consideraciones, so ha disminuido notablemente en este Proyecto la dUl'acioll que e da en algunos códigos a las posesiones provi oria .
D0Y.ECTO DE CÓDIGO CIVIL
N~ presentándose
presuntivos,
cónyuje,
nombrará <curador a la herencia yacente.
Se entienden por herederos presuntivos del desaparecido los que lo eran ah intestato a la fecha de la muerte presunta. El patrimonio en qtie 'Se presume que suceden, comprenderá los bienes, derechos i acciones del desaparecido, cuales eran a la fecha de la muerte presunta.
Los poseedores provisorios formarán ante todo un inventa- l'Ío solemne de los bienes, o revisarán i rectificarán con la mis- masolemnidad el üiVen.tario que exista.
los derechos e impone las
obligaciones de la curaduría de bienes, sin perjuicio d0 las modificaciones que en este título se expresan.
La posesion provisoria confiere
Si por razan del número de los poseedores provisorios, o de la situacion de los bienes, fuere embarazosa la administraei~n, podrá el juez ordenar que se divida entre ellos; i en este caso no será cada uno responsable solidariamente, sino de la con- servacion i restitucion de lo que administre por sí o conjunta- mente con otro.
muebles o todos ellos, si el juez lo creyere conveniente, oíoo el defensor de ausentes o el defensor de menores en su caso.
Los poseedores provisorios podrán vender una
Los bienes raíces del desaparecido no podrán enajenarse nj hipotecarse, sino por causa necesaria o de utilidad evidente, declarada por el juez con conocimiento de causa, i con. audien- cia del respectivo defensor.
DEL PRINCIPIO 1 FIN DE LA EXISTENCIA DE LAS PERSONAS
La venta de cualquiera pal'te de los hienes del clesaparecido se hará en subasta pública.
AnT. 98.
Los poseedores provisorios presentes representarán a la su- cesion en las acciones i defensas contra terceros.
AUT.99.
Los frutos se dividirán anualmente entre lus herederos pre- suntivos i el cónyuje a prorrata de sus intereses.
AnT. 100.
Si durante la posesion provisoria no reapareciere el desap~­ recido, o no se tuvieren noticias que motivaren la distrihucion de sus bienes segun las reglas jenerales, se decretará la posc- sion definitiva i se partirán los bienes.
Decretada la posesion definitiva, si el desaparecido hubiero dejado testamento, se abrirá; i los poseedores provisorios restí· tuirán a los asignatarios testamentarios sus respectivas cuotas
o legados, en cuanto por derecho corresponda.
Los propietarios i fideicomisarios de bienes usufructuados
o poseídos fiduciariamente por el desaparecido, i en jeneral to- dos aquéllos que tengan derechos s~ordinados a la eondicion de muerte del desaparecido, podrán hacerlos valer como en el caso de verdadera muerte.
El decreto de posesion definitiva podrá rescindirsc a favor del desaparecido si reapareciere, o de quien por derecho corres- ponda.
Art. f03. Por ejemplo, de un hijo lejítimo, habido durante el desa- parecimiento, i cuya existencia se ignoraba; de un legatario pOI' testa· mento otorgado durante la misma época; etc.
PROYECTO DE CÓOIGO CIVIL
ALu. 104.
En la resciHion del decreto de posesion definitiva, se obser- varán las reglas que siguen:
1." El desaparecido podrá pedir la rcscision en cualquier tiempo que se presente vivo, O que haga constar su existencia
i su iden titIad. 2." Las demas personas, cualesquiera que sean, no podrán ppdirIa sino dentro tIe los respectivos plazos de prescripcion. 3." Este beneficio aprovechará solamente a las personas que lo reclamaren i obtuvieren; i ninguna podrá impetrarIo, si no aparecieren o se probaren circunstancias que la hayan imposi- bilitado de recurril' en tiempo hábil. 4." Serán obligados a la restitucion los poseedores de bienes raíces del desaparecido, á cualquier título que lo sean. 5." No serán obligadas a la restitucion de los bienes mue- bles, sino las personas que inmediatamente hubieren sucedido en ellos al desaparecido; ni se extenderá la restitucion sino a las especies existentes en el estado en que se hallaren. 6." No se extenderá la restitucion a los frutos. 7." Para toda restitucion serán considerados los poseedores como de buena fe, a ménos de prueba contraria.
El haber sabido i ocultado la verdadera muerte del desápa- recido, o su existencia, constituye mala fe, i obliga a la resti- tucion de los frutos.
El que reclame un derecho para cuya existencia se suponga
Art. 104, regla 2." Así el que reclama la rescision a titulo de herede- ro, probando haber sob¡'evivido al desaparecido, no sel'á oído despues de trascurridos los treinta años subsiguientes a la verdadera muerte, cuya fecha ha probado o se ofrece a probar. Art. 106, inc. 1. Por ejemplo, el desaparecido Pablo ha muel'to pre- suntivamente el '!.o de mayo de 1830, i ha sido instituido heredero de Antonio en primer lugar, i en su defecto Diego. La sucesion de Anto- nio se abre en el mes de diciembre del mismo año, El sustituto Diego no tiene necesiclad de probar que Pablo era entónces muerto. Le basta
DE. PRINCIPIO I FIN DE LA EXISTENCIA DE LAS PERSONAS
que el desaparecido ha muerto en la fecha de la muerte presun· ta, no estará obligado a probar que el desaparecido ha muerto verdaderamente en esa fecha; i miéntras no se presente prueba en contrario, podrá usar de su derecho en los términos de los artículos precedentes. 1 por el contrario, todo el que reclama un derecho para cu- ya existencia se requiera que el desaparecido haya muerto án· tes o despues de esa fecha, estará obligado a probarlo; i sin esa prueba no podrá impedir que el derecho reclamado pase a otros, ni exijirles responsabilidad alguna.
DE LA ],1UERTE CIVIL
Termina tambien la personalidad, relativamente a los dere- chos de propiedad, por la muerte civil, que es la profesion so,. lemne, ejecutada conforme a las leyes, en instituto monástico reconocido por la Iglesia Católica.
El relijioso que ha obtenido la relajacion de sus votos, vuelo
el deoreto judicial que ha fijado el 1. 0 de mayo de 1830 como fecha pre· suntiva de la muerte. Pero no podrá usar de su derecho dentro de los diez años subsiguientes a la fecha de las últimas noticias, porque du- rante ese tiempo se considera provisoriamente el desaparecimiento como mera ausencia. Art. 106, inc. 2. Si en la hipótesis preccdente la fecha de la muerte presunta se fijase en enero de 1831, el sustituto Diego no podria pedir por falta de Pablo la herencia de Antonio, a ménos de probar que Pablo habia muerto ántes que Antonio. Por otra parte, los herederos de Pablo no pueden reclamar la he· rencia de Antonio fallecido despues de la fecha presuntiva de muerte, sino probando que Pablo existia verdaderamente al tiempo de deferir· sele la sucesion de Antonio.' Si Antonio fuese el padre de Pablo, los hijos de Pablo podrian recIa· mar de todos modos la porcion paterna en la herencia de Antonio. Abriéndose la sucesion de Antonio despues de la fecha de la muerte presunta, reclamarán dicha porcion por derecho de representacion; en caso contrario, por derecho de trasmision; bien entendido, que, para suceder por derecho de trasmision, tienen que aceptar la herencia de Pablo, de la cual es parte integrante el derecho de pedir la porcion de Pablo en los bienes de Antonio.
DE eÓD.
ve a la vida civil; pero no por eso recobra derecho alguno so- bre los bienes que elntes de la profesion poseia, ni sobre las sucesiones de quo por su muerte civil fué incapaz. ART. 109. La nulidad de la profesion facultará al exclaustrado para ser restituido al estado anterior i a los derechos do que por la
profesion aparente haya sido privado; pero, para que se le con·
ceda la restitucion, será pr~ciso que se pruebe la nulidad la judicatura civil.
Esta restitucion se extenderá a los bienes que el exclaustrado poseia al tiempo de profesar, i que en virtud de la profesion
hubieren pasado a otras manos por su testamenlo tato.
o ab intes-
ART. 111. Los esponsales o desposorio, o sea la promesa de matrimo- nio mutuamente aceptada, es un hecho privado que las leyes someten enteramente al honor i conciencia del individuo, i que no produce obligacion alguna ante la lci civil. No se podrá alegar esta promesa ni para pedir que se lleve a efecto el matrimonio, ni para demandar indemnizacion de perjuicios por la infidelidad o retl'actacion de una de las partes.
t 11, inc.
«Es preciso confesar (dice el conde Portalis en su
Juicio sobre el Código Sardo) que lo que concierne a ellos (a los es- ponsales) pertenece mas bien a las costumbres que a las leyes; que esta
es una materia puramente doméstica, i que se experimen ta cieda repug- . nancia al verla entrar en la competencia' de los tribunales. Así es que
obligados a escudriñar las
relaciones íntimas de los esposos, misterios de la vida privada, que, en el interes de la libertad i dignidad humana, deben siempre sus- tra61'se a las investigaciones de la"lei. Entre nosotros, los esponsalell han dejado de estar en nuestras costumbres, i aun en las de nuestra Iglesia. Nuestras leyes no los mencionan; i en la mayor parte de nues-
los lejisladores que tratan de ella se von
tros rituales, el de Pal'is, por ejemplo, solo figuran como una cere-
Tampoco podrá pedirse la multa que por parte de uno de los esposos se hubiere estipulado a favor del otro para el caso de infidelidad o retractacion. Pero, si se hubiere pagado la multa, no podrá pedirse su de- volucion.
demande la entrega de las
cosas prometidas bajo la condicion de un matrimonio que se ha llevado a efecto, o la restitucion de las cosas donadas i en- tregadas bajo la condicion de un matrimonio que no se ha efectuado.
Tampoco se opone lo dicho a que se admita la prueba del contrato de esponsales como circunstancia agravante del cri- men de seduccion.
Lo dicho no se opone a
El matrimonio es un contrato por el cual un hombre i una
mujer se unen actual e indisolublemente i por toda la
monia piadosa que precede inmediatamente a la celebracion del matrimonio, i que solo es un recuerdo, un vestijio de un órden de cosas que ya no existe.» La primera cláusula del inciso 2.° es conforme al Código Austriaco, q5. No así la segunda, acerca de la cual se ha tenido en consideracion lo que se dice en la no ta al artículo 112, inciso 1. ° Art. 112, inc. 1.0 Esta demanda haria necesaria en muchos casos una investigaoion testimonial de la conducta privada de los esposos; i nadie dejará de percibir los inconvenientes de la prueba testimonial sobre esta materia.
Inhoneslum visum est vinculo pcenm matrimoniwn obstl'ingi
Art. 112, inc.
2.° L.
38, §§ '1,
L. 64 de condict. indeb.
con el fin de vivir juntos, de procrear, i de auxiliarse mutua- mente.
Para la validez del matrimonio se requiere:
1.0 Edad púber. 2.° El consentimiento de los contrayentes. Son incapaces de prestar este consentimiento los que se hallan en estado de demencia o locura. 3.° Que no haya impedimento dirimente para la union de los contrayentes; o que de la autoridad competente se haya obtenido dispensa del impedimento. 4.° Que el matrimonio se contraiga ante competente sacer- dote i a presencia de dos testigos a lo ménos.
Toca a la autoridad eclesiástica decidir sobre la validez del matrimonio que se trata de contraer o se ha contraído.
La lei civil reconoce como impedimentos para el matrimo- nio los qu~ han sido declarados tales por la Iglesia Católica; i toca a la autoridad eclesiástica decidir sobre su existencia i conceder dispensa de ellos.
Art. 117. C. D:S., 150. Art. 118. Muchos encontrarán aquí un vacío; i querrian que so ex- pusiesen a la larga los impedimentos para contraer matrimonio. Pero ¿a qué poner como leyes las que no dirijirian a la autoridad ecle- siástica, única competente en materia de matrimonios? Esta autoridad se rejiria siempre por las disposiciones del Derecho Canónico; i el texto del Código Civil sería para ella una letra muerta. No nos hallamos en el caso de rechazar la disposicion del Concilio Tridentino: Si quia dixerit causas matrimoniales non spectare ad judices eclesiasticos, anathema sito En este órden de cosas, la lei civil no puede ménos de estar al juicio de la autoridad eclesiástica, sobre la validez del matri- monio. Todo lo que puede hacer el poder temporal es reprobar i su- jetar a una pona el matrimonio permitido por la autoridad eclesiástica, o negar a ese matrimonio los efectos civiles, cuando lo crea de perni- ciosas consecuencias para la moral doméstica. A esto se reduce 01 ar- tículo que sigue.
DEL MATRmoNro
El matrimonio entre personas, una de las cuales estuviere en segundo grado de consanguinidad con un ascendiente de • la otra, o entre personas que fueren afines en cualquier grado de la línea recta, no producirá efectos civiles; aunque el im· pedimento haya sido dispensado por autoridad eclesiástica competente.
No podrá procederse a la celebracion del matrimonio sin el asenso o licencia de la persona cuyo consentimiento sea nece- sario segun las reglas que van a expresarse, o sin que conste que el respectivo contrayente no ha menester para casarse el consentimiento de otra persona, o que ha obtenido el de la justicia en subsidio. Los que contravengan a esta disposicion o se hicieren cóm- plices de la contravencion, serán castigados con las penas que en el Código Criminal se les imponen; pero no será inválido por esta causa el matrimonio.
Los mayores de veinticinco años no estarán obligados a ob- tener el consentimiento de persona alguna.
Los menores de veinticinco años, aunque hayan obtenido
Art. 12:1
¿Por qué no los varones mayores de veinticuatro i las mu-
jeres mayores de veintidos, segun la lei nacional de 9 de setiembre de 1820? Porque no veo motivo para hacer una diferencia en favor de las mujeres, cuando no se trata del desarrollo físico, sino de la pru-
dencia i juicio, que en la mujer son de ordinario mas flacos, mas fá- ciles de engañar i sorprender. No tienen, pues, de qué quejarse las mujeres si se las iguala bajo este respecto a los varones. Por otra parte, no veo razon para rebajar un año a los veinte i cinco que je- neralmente constituyen la edad mayor. ¿Por qué se omite la peticion respetuosa de que habla la citada lei? Porque esta es una cosa que debe dejarse a los sentimientos natura- les, i porque donde no los hubiese, la tal peticion no sería mas que una fórmula vana, il'risoria.
habilitacion de edad para la administracion de sus bienes, no podrán casarse sin el consentimiento expreso de su padre lejí- timo, o a falta de padre lejítimo, sin el de la madre lejítima, o a falta de ambos, sin el de un ascendiente lejítimo, prefirién- dose el de grado mas próximo, i entre los ascendientes de un mismo grado el "aron a la hembra, i entre los de un mismo grado i sexo el de la linea masculina.
El hijo natural menor de veinticinco años estará obligado a obtener el consentimiento del padre o madre que le haya re· conocido con las formalidades legales; i si ambos le han reco· nocido i viven, el del padre.
el padre ° madre u otro ascendiente, no
solo por haber fallecido, sino por estar demente o fatuo, o por hallarse ausente del territorio de la República) o por ignorarse el lugar de su residencia.
Se entenderá faltar
Art. 122. No me parece que hui l'azoI1 para anticipar a los jóvenes la libertad de contraer matrimonio con quien quieran, no en razon de la prudencia i juicio presumibles en ellos, sino de circunstancias que absolutamente no influyen en el acierto de la eleccion. Art. 122, al fin. Yo entiendo en esté sentido el artículo 2.0 de la lei citada. Art. 123. Aquí me he atrevido a separarme del artículo 1.° de la lei de 9 de setiembre. Quiere esta lei que el hijo natural pida el consenti- miento de la persona a quien reconozca por padre o madre; pero ¿cómo sé califica este reconocimiento? ¿Bastat'á el mero dicho del hijo natural? 1 si el pad¡'e o madre no le reconoce a él, ¿qué se hará? 1 si él dice que no reconoce por tal padre o madre al que verdadera- mente lo sea, o que no sabe quiénes son sus padres, ¿qué hará el ecle- siástico para evitar la terrible responsabilidad a que le sujeta el ar- tículo 20 de esa leí? Las mismas o mayores dificultades relativamente a los abuelos. Para salvar estos inconvenientes, sería necesario recu- rrir a informaciones judiciales, que pararian muchas veces en litijios escandalosos. En este Proyecto. el padre o madre natural es siempre conocido; i el hijo natUl'ul, en el concepto de la lei, no tiene abue- lo!'l.
Se entenderán faltar asimismo el padre que ha sido privado de la patria potestad por decreto, i la madre que por su mala conducta ha sielo inhabilitada para intervenir en la educacion de sus hijos.
A falta de los dichos paclre, madre o ascendiente, será ne- cesario al menor el consentimiento de su curador jeneral o de un curaelor ad hoc.
Si la persona que debe prestar este consentimiento lo nega-
re, aunque sea sin expresar causa alguna, no podrá proceder- se al matrimonio de los meñor~s de veinte años; pero los mayores de esta edad tendrán derecho a que se exprese la 'causa del disenso) i se califique ante un juzgado especial.
El curador que niega su obligado a expresar la causa.
Las razones que justifican el disenso no podrán ser otras que estas:
1 La existencia de cualquier impedimento, inclusos los se- ñalados en los artículos 1:L9 i 134; 2.· El no haberse practicado alguna de las dilijencias pres-
critas en el título De las segundas nupcias;
Art. 126. La diferencia de edades que se ha establecido para fa in- dependencia de los hijos en esta materia, por falta de padre, madre u otro ascendiente, no me ha parecido mas fundada que la diferencra por razon del sexo. Art. 12i. lIé aquí otro punto en que no me parecen fundadas las disposiciones de la lei citada. Un niño o niña de diez i ocho años ¿ha do poder apelar de la decision de su padre a la de una autoridad extraña, en una materia en que su propio juicio es tan propenso a extraviArse por seducciones poderosas? Donde la autoridad paternal es reforzada por la libertad absoluta do disponer de los bienes, podrá darse talvez a un niño de diez i ocho años hasta una plena independencia bajo este
otros respectos. Entre nosotros, no hai ese freno, i la potestad de los padreil necesita da apoyos.
3." Grave peligro para la salud Qel menor a quien se niega la licencia, o de la prole; 4." Vida licenciosa, pasion inmoderada al juego, embria- guez habitual, de la persona con quien el menor desea ca- sarse;
pena infamante;
6.° No tener ninguno de los esposos medios actuales para el competente desempeño de las obligaciones del matrimonio.
5." Haber sido condenada esa persona a
El Código de procedimientos civiles designará el juzgado especial a que competa fallar sobre las razones que se alegaren para justificar el disenso.
El menor de veinte i cinco años que se casare sin el consen- timiento de un ascendiente, estando obligado a obtenerlo, o sin que el competente juzgado haya declarado irracional el disenso, perderá los derechos de lejitimario, i de heredero ab intestato, no solo de aquel ascendiente cuyo consentimiento le fué ne- casario, sino de todos los otros ascendientesj aunque no sea expresamente desheredado.
Tampoco tendrá derecho para suceder a ninguno de sus as- cendientes por testamento que hay"a sido otorgado ántes de contraer el matrimonioj pero, si el testamento ha sido posterior al matrimonio, se presumirá que el testador ha querido por su
parte condonar la ofensa; a
de probarse que falleció
sin haber tenido conocimiento del matrimonio.
AI't. 128, razon 6. a Código Austriaco, arto 53. Art. 1.29, al fin. Los consejos de familia me parecen una institucioIl inaplicable por ahora a nuestras costumbre'l. Art. 130. Pragmática de Cárlos lII. L. 9, tít. 1, lib. 10, Novísima Re- copilacion, n. 3; derogada por la pragm. de 1803, que)mpone la pena de expatrincion, ménos análoga al delito i mucho mas dura i odiosa.
DEL ~[ATR1MONIO
ART. 1·32.
El ascendiente sin cuyo necesario consentimiento o tIe la. justicia en subsidio se hubiere casado el menor, podrá revo- car por esta causa las donaciones que ántes del matrimonio le haya hecho; i el padre en el mismo caso podrá ademas re- tener el usufructo que sobre los bienes adventicios del me- nor le conceden las leyes; i no cesará cste usufructo sino por la condonacion del padre, o por su muerte o la del hijo. Pero las herencias i legados que ántcs del matrimonio se hayan deferido al menor, no se invalidarán por el matrimonio; ni se le negarán los precisos alimcntos.
Todos los que hayan contraído, autorizado o promovido un matrimonio, sin los requisitos que en los artículos anteriores se prescriben, estarán sujetos a las penas que en el Código Criminal se expresan.
Miéntras que una mujer no 'hubiere cumplido veinte i cin- co años, no será lícito al tutor o curador que haya adminis- trado o administre sus biencs, casarse con ella, sin que la
Art. 132. Acaso parezcan todavía severas las ¡:lenas indicadas en este artículo; pero están enteramente sujetas a la voluntad de los ascen- dientes; i ¿quién ignora su natural propension a la induljencia i la facilidad de moverlos a favor de un hijo o nieto desgraciado, particu- larmente dcspues de algunos años de expiacion? ¿Cuál de ellos no se
dirá a sí mismo: Pro peccato magno paulum suplicii satis est patri?
haga uso de esta facultad que le conceden las leyes, sobre todo, a la hora de la muerte. La esperanza de obtener el perdon será tambien
un poderoso estímulo en el culpable conducta.
TaHrez se objetará que no se impone ninguna inhabilidad al que se casa sin el consentimiento del curador estando obligado a obtenerlo. Pero en el mismo caso se halla realmente el que se casa sin el consen- timiento de un ascendiente, cuando nada tiene que esperar de ningu-
En uno i otro
no de ellos, porque carecen absolutamente de bienes. caso, queda la garantía establecida por el artículo 133.
Árbitro de revocar la pena en todo o
parte. será mui raro
PROYJiCTO DE CÓDIGO CIVIL
cuenta de la aclmini. tracion haya sido aprobada por el juez, <Jan audiencia del defensor de menores.
los descendientes del tutor
'O curador para el matrimonio con el pupilo o pupila; aunque 'el pupilo haya obtenido habilitaeion de edad. El matrimonio celebrado en contravencion a esta disposi. 'CÍan, no se invalidará por eso; pero sujetará al tutor o cura· dar que lo haya contraído o permitido, a las penas que en el Código Criminal se expresan.
El matrimonio entre personas católicas se celebrará con las 'Solemnidades prevenidas por el Santo Concilio de Trento; i competo a la autoridad eclesiástica velar sobre la observancia de ellas.
Igual inhabiliuad se extiende a
Los que, profesando una relijion diferente de la católica, quisieren contraer matrimonio en territorio chileno, podrán hacerlo, con tal que se sujeten a lo prevenido en las leyos ci· viles i canónicas sobre impedimentos dirimentes, permiso de ascendientes o curadores i demas requisitos; i que declaren, ante el competente sacerdote católico i dos testigos, que su ánimo es cont¡'aer matrimonio, o que se reconocen el uno al otro como marido i mujer; i haciéndolo así, no estarán obli· gados a ninguna otra solemnidad o rito.
El matrimonio celebrado en país extranjero en conformidad a las leyes del mismo país, o a las leyes chilenas, producirá en Chile los mismos efectos civiles, que si se hubiese celebrado en territorio chileno. Sin embargo, si un chileno o chilena contrajere matrimonio en país extranjero, contraviniendo de algun modo a las leyes <Jhilenas, la contravencion producirá en Chile los ~ismos efec· tos que si se hubiese cometido en Chile.
Art. 136. Boletin, lib. 12, lei de 6 de setiembre de 1844., arts. 1, 2. Art. 137, ine. 2.• Delvincourt, Code Civil, tomo 1, páj. U.
El matrimonio disuelto en territorio extranjero en confor- midad a las leyes del mismo país, pero que no hubiera podi- do disolverse segun las leyes chilenas, no habilita a ninguno de los dos cónyujes para caRarse en Chile, miéntras viviere el '
El matrimonio que segun las leyes del país en que se con- trajo pudiera disolverse en aquel país, no podrá, sin embargo, disolverse en Chile, sino en conformidad a laR leyes chile- nas.
otro cónyuje.
El matrimonio nulo produce los mismos efectos civ~les que el válido, respecto del cónyuje que lo ha contraído de huena fe, miéntras permaneciere en ella. Los hijos concebidos durante la buena fe de ambos cónyu- jes o de uno de ellos, se reputarán lejítimos i gozarán de todos los uerechos de tales. Pero esta lejitimidad no aprovechará Rino al cónyuje que al tiempo de la concepe,ion elel hijo creia de huena fe, i con suficiente fundamento, que era válido el matrimonio.
El matrimonio se disuelve por la muerte de uno de los eón- yujes.
toca a la aütoridael eclesiástica juzgar; i la disolucion pronun-
ciada por el'la producirá los mIsmos efectos que la disolucion por causa de muerte.
Acerca de las clemas causas de elisolucion del
Compete asimismo
la autoriclac1
eclesiástica juzgar en
materia de divorcio, o separacion de lecho i habitacion, solici ta'c1a por alguno de los ce5nyujes.
ART. 143. En materia ele donaciones nupciales; sociedad i administra
PROYECTO DE C~rGO CIVIL
cion de bienes, i otras cualesquiel'a incidencias del matrimo- nio o divorcio, que atañan a la libertad personal de los cón- yujes o a sus derechos de propiedad, conoce privativamente la autoridad ci vil.
De las segundas nupcias,
AUT. 144.
El varon viudo que, teniendo hijos de precedente matrimo-
nio bajo su patria potestad o bajo su tutela o curaduría, qui-
de los bienes que esté administrando i les pertenezcan como herederos de su mujer difunta o con cualquiera otro título. Para la confeccion de este inventario, se dará a dichos hijos un curador especial.
siere volver a casarse, deberá proceder al
Habrá lugar a esta disposicion
aunque los hijos no tengan
bienes propios de ninguna clase en poder del padre.
así fuere, deberá el curador especial testificarlo bajo su firma.
La autoridad eclesiástica no permitirá el matrimonio dcl viudo que trata de vol ver a casarse, sin que se le presente cero tificado auténtico del nombramiento de curador especial para la confeccion del inventario, o sin que preceda informacion sumaria de que el viudo no tiene hijos do precedente matri- monio, que estén bajo su patria potestad o bajo su tutela o curaduría.
La viuda que, teniendo hijos de precedente matrimonio que se hallen bajo su tutela o curaduría, tratare de vol ver a ca- sarse deberá pedir previamente que se le reemplace en la tu- tela o curaduría; i la autoridad eclesiástica no le permitirá
OBLIGACIONES 1 DERECHOS ENTRE LOS CÓNYUJES
casarse sin que se le presente certificado del nombramiento de este tutor o curador, o sin que preceda informacion su· maria de que la viuda no tiene hijos de anterior matrimonio que se hallen bajo su tutela o curaduría.
Los funcionarios eclesiásticos que contravinieren a las dis·
posiciones de los artículos precedentes en la parte que les toca,
quedarán sujetos a las penas que les impongan.
por el Código Criminal se
Obligaciones i derechos entre los cónyojes.
JEKERALES
a socorrerS6
i ayudarse mutuamente en todas las circunstancias de la vida.
El marido debe proteccion a la mujer, i la mujer obediencia al·marido.
Los cónyujes están obligados a guardarse fe,
AUT. 150.
El marido tiene derecho para obligar a su mujer a vivir con él i seguirle a donde quiera que traslade su residencia.
acarrea peligro in-
minente a la vida de la mujer. La mujer, por su parte, tiene derecho a que el marido la re- ciba en su casa.
Cesa este derecho cuando su ejecucion
lo nccesario segun
sus facultades; i la mujer tendrá igual obligacion respecto del marido si éste careciere de bienes .•
El marido debe suministrar a la mujer
Art. t50. ine. 3.· Lei
F., 2f t ¡; Dclvineourt, Codo
l~l. Leí 7,
PHOYECTO DE CÓDIGO CIVJL
Por el hecho del matrimonio se contrae sociedad de bienes entre los cónyujes, i toma el marido la administracion de los de la mujer, segun las reglas que se expondrán en el título
son las mismas aunque
la mujer renuncie 10$ gananciales.
Las reglas de esta administracion
La potestad marital consiste en el derecho que tiene el ma- rido de autorizar los actos de la mujer.
Sin autorizacion escrita del marido no puede la mujer casa· da parecer en juicio, por sí ni por procurador, sea demandan- do o defendiéndose. Pcro no es necesaria la autorizacion del marido en causa
criminal o de policía en que so proceda contra la mujer, ni en
los litijios de la mujer contra el marido
AnT. 155.
La mujer no pueJo, sin 'autorizacion del marido, celebrar
o del marido contra
contrato alguno, ni desistir de un contrato anterior, ni remi· tir una deuda, ni aceptar o repudiar una donaciQn, herencia
o legado; ni adquirir a título alguno oneroso enajenar ni hipotecar.
AnT. 156.
Deberá constar la autorizacion del marido por su participa. cíon expresa i directa en el acto, o su declaracion escrita.
lucrativo, ni
Art. 152, ine. 2.° Lei 1, tít. 4, lib.)O, Novísima Reeopilaeion. Acebe-
64 ad 1. 2,
22 ad 1.
Vi ad 1. 9,
U. lib.
Art. 154, ine.
L° L.
10 Novísima Reeopilaeion. C. F.,
Art. 15i, ine. 2.° C. F., 216. Delvincourt,
Gómez, ad 1. 56 Tauri, n.
155. Lei
ovísima Recopilacion.
Art. 156. C. F.,217; Delvincourt, n. 10, páj. 79.
OBLIGACIONES 1 DEHECHOS ENTRE LOS CÓNYUJES
mujer no necesita de
la autOrizacion del
disponer de lo suyo por acto testamentario.
Arn. 158.
La autorizacion del marido puede ser jeneral para todos los aetos en que la mujer la necesite, o especial para una clase de negocios o para un negocio determinado.
El marido podrá revocar a su arbitrio, sin efecto retroacti- vo, la autorizaeion jeneral o especial que haya concedido a la mujer.
ART. 160. El marido puede ratificar los actos para los cuales no haya autorizado a su mujer; i la ratificacion podrá ser tambien je- neral o especial.
marido podrá ser suplida por la del
juez, con conocimiento de
causa, cuando el marido se la ne-
gare sin justo motivo, i de ello se siga perjuicio a la muje¡'.
asimismo ser suplida por el juez en caso de alglm
impedimento del marido, como 01 de ausencia real o aparente;
i por impedimento de larga o indefinida duracion, como el de interdiccion, el de prolongada ausencia o desaparecimiento, se suspende la potestad marital, se siguen los efectos indicados en el § IV del título De la sociedad conyugal. ART. 164.
los mismos efectos, con la diferencia que va a expresarse.
La autorizacion judicial represen la la del mariJo
Art. t58. Lei t2, t. t, lib. tO, Novísima Recopilacion. rt. t60. Loi 14, t. 1, lib. tO, Novísima Recopilacion.
Art. l6~. C. F., -2'!'2;' De1Yincourt, n. 15, p. iO.
161. C. F., 218, 219.
La mujer que procede con autorizacion del marido, obliga el haber social, de la misma manera que si el acto fuera del marido; i obliga ademas sus bienes propios, hasta concurren- cia del beneficio particular que ella reportare del acto: i 10 mismo será si la mujer ha sido autorizada judicialmente por impedimento accidental del marido en casos urjentes, con tal que haya podido presumirse la voluntad del maridu, i que el juez lo haya declarado así. Pero, si la mujer ha sido autorizada por el juez contra la voluntad del marido, obligará solamente sus bienes propios; mas no obligará el haber social sino hasta concurrencia del
beneficio que la sociedad o el marido hubieren reportado-
acto. Adornas, si el juez autorizare a la mujor para aceptar una herencia, deberá la mujer aceptarla con beneficio de inventa- rio; i sin este requisito será de ningun valor la aceptacion.
la compra de co-
Se presume la autorizacion del marido en sas muebles que la mujer hace al contaclo.
Art, 164, inc. 2.° Esto pugna con la lei 3, tít. 11, lib. 10, Novísima Reco- pilacion, que dispone que la mujer no pueda constituirse fiadora de su marido, aunque se alegue que la deuda ,es en ¡provecho particular de ella; pero que, si la mujer en vez de constituirse fiadora se constituye correa debendi (que es algo mas duro par:t ella), tengan los acreedo- res contra ella la accion de in rem verso. ¿CUI· tam varie? Yo he pre· .ferido para todos los casos una regla uniforme. Que la mujer autori- zada por el marido contrate simplemente con un tercero, o se consti- tuya fiadora del marido, o que ambos contraten mancomunada o solidariamente con un tercero es una misma la regla. En el título de la sociedad conyugal se explica qué es lo que debe entenderse por beneficio particular de la mujer. .Art. 161, inc. 3.° Obligando al haber social, quedan obligados por el mismo hecho los bienes del marido. Art. 164, inc.1.0 L. 10, t. 20, lib. 10, NovísimaRecopilacion. Esta lei no habla de autorizacion judicial; se ha creído conveniente agregar este requisito a la aceptacion de una herencia contra la voluntad del marido, por razones obvias que se deducen de la naturaleza de la potestad marital, i que ha explicado mui bien Delvincourt, nota 9 a la. páj. 79 del tomo \.
OnLIGACIONES 1 DERECHOS ENTRE LOS CÓNYUJES
Se presume tambien la autorizacion del marido en las como pras al fiado de objetos naturalmente destinados al consumo ordinario de la familia. Pero no se presume en la compra al fiado de galas, joyas, muebles preciosos, aun de los naturalmente destinados al vestido i menaje, a ménos de probarse que se han comprado,
o se han empleado en el uso de la mujer o de la familia, con conocimiento i sin reelamaeion del marido.
Son válidos los contratos del marido con la mujer mayor de edad; sin perjuicio de la disposicion siguiente, i de las reglas establecidas en el título De la sociedad conyugal.
las donaciones irrovocables de un cónyuje
al otro, descubiertas o paliadas. Valdrán, con todo, como clo-
naciones revocables.
AUT. 168.
Las reglas de los artículos precedentes sufren excepciones
o modificaciones por las causas siguientes:
Son prohibidas
1.· La menor edad de uno de los cónyujes o de ambos; 2.· El ejecutar la mujer una profesion, industria u ofieio; 3." La separacion de bienes; 4.· El divorcio.
EXCEPCIONES RELATIVAS A LA MENOR EDAD
El marido menor de veinte i un años necc8ita de ourador para la ac1ministracion de la sociedad conyugal.
Art. 169. Vide Gutiérrez, De lulelis, p. 1, cap. 20, n. 34 i 35. Allí se supone durar la ·inhabilidad de los casados hasta los veinte i cinco años; la lei 7, tít. 9, lib. 10, Novísima Recopilacion, la limita a los diez i siete años cumplidos; yo he preferido un término medio: segun este Proyecto puede obtenerse la habilitacion de edad a los veinte i un años.
DE CÓD.
PROYECTO DI,¡ c601
O CJ,VIL
Si la mujer es menor de veinte i cinco años, no se podrán enajenar ni hipotecar sus bienes raices, sin autorizacion judi- cial, con conocimiento ele causa.
AltT. 171.
El marid'Ü no puede contratar con la mujer menor; ni puede
tampoco autorizar sus
en ellos. Para que valgan esos actos, o el contrato que con
ella celebre~ deberá pedir que se dé a la mujer m1 ad /loc.
~wtos, cuando tiene interes personal
EXCEPCroNES RELATIVA
A LA l?ROFESION U OFICIO
IlIUJER
La mujer casada, mayor de veinte i un años, que fuere mero cadera con autorizacion de su marido otorgada por escritura pública, podrá obligarse i obligar a su marido en actos i contratos concernientes a su comercio; i podrá asimismo hipotecar i enajenar sus bienes .propios, para la seguridad o cumplimiento de sus obligaciones como tal mercadera; pero de cualquioer edad que sea, no podrá enajenar ni hipotecar los bienes de su marido o el haber de la sociedad conyugal, sin autorizacion del marido otorgada por escritura pública; ni ménos parecer en juicio, por sí o por procurador, aun en cau- sas relativas a su comercio, sifl autorizacion escrita dal mari-
do, o de la justicia en subsidio; sal va en los casos excepcionales
del articulo t 54.
Si la mujer casada ejerce públicamente una prufesion o in- dustria cualquiera (como la de dirc(lhora ele eulejio, maestra de escuela, actriz, obstetriz, posadera, no(lriza), se presume la autorizacion jeneral del marido para todos los actos i contra-
ArL 171. Dervincourt, n. 16, pá:j. 79. Art. 172. C. Com.m. Fr., 4, 5, 7; Código Español de Comercio, 5, 6; modif.
OBLIGACIONES 1 DERECHOS ENTHE
LOS CÓNYUJES
tos concernientes a su profesion o industria, miéntras no in- tervenga reclamacion o protesta de su marido, notificada al público, o especialmente al que contratare con la mujer.
EXCEPCIONES .RELATIVAS A LA SIMPLE
An-:r.
Simple sepm'acion de bienes
es la que se efectúa sin di-
Yorcio,~envirtud de decreto judicial, i por disposicion de la lei.
Para que la mujer menor pueda pedir separacion de bienes,
deberá ser autorizada por un curador acl por el juez.
hoc, que se le dará
El juez podrá decretar la separacion de estado de los negocios del marido.
No se necesita, para decretar esta separacion de bienes, que se pruebe fraude o quiebra actual en el marido; basta el mal estado de sus negocios por especulaciones aventuradas o por una administracion errónea o descuidada. En estas circunstancias podrá decretarse la separacion de
bienes, aunque haya seguridades
cion, i aunque la mujer no tenga otros bienes que su inc1u.• tria.
suficientes para la restitu·
La mujer no podrá renunciar en las capitulaciones matri· moniales la facultad c1e pedir la separacion de bienes a que lo dan derecho las leyes.
Demandada la separacion de bienes, poclra el juez, a peti-
Art. 175. Pothier, Tl'a.ité de la Communauté, 515.
AI·t. 177, inc. 1.0 Pothier, ib.
PHOYEGTO DE C.Ól>!GO CIVIL
cion ue la mujer, tomar las pro-videnci::.s que estime conducen- tes.a la seguridad de los intereses de ésta, miéntras dure el juicio. 1 decretada la separacion ele bienes, se entregarán a la mu- jer los suyos, como en el caso de la disolueion del matrimo- nio.
En el juicio de separacion de bienes por el mal estado de los negocios del marido, la confesion de éste no haco prueba.
La mujor por el he0ho de obtener la separncion de bienes, renuncia los gananciales de la sociedad conyugal. No tenc1rá, p.\:les, parte alguna en los gananciales que hayan provenido o provengan de la administracion del.marido; i el marido, a su yez, no tendrá parte alguna en los gananciales que provengan de la administraeion de la m\ljer.
La mujer separada de bienes no necesita ue la autorizacion del marido para los actos i contratos rc1ativos a la admini5- tracion i goce de lo que separadamente administra.
Tampoco necesita de la autorizacion'del marido para enaje- nar a cualquier título los bienes muebles que separadamente administra.
Art. 1130. Pothier, ib. 516. Art. 181, inc. Lo Por consiguiente, solo tiene derecho n que se le restituyan sus bienes. Art. 181, inc. 'l." Véase Pothier, ib., 51\); no se admiLe laopinion de Lebrnn, ni el fallo de la Cour du Chatelet, a que Mcede Pothier; pa- .rece mas fundada la opinion contraria. Art. 181, inc. 2. 0 , al fin. Lo contrario sería sumamente duro para la mujer, una vez que ésta renuncia los gananciales por el hecho de la scparacion de bienes.
OBLIGACIONES I DERECHOS ENTRE LOS CÓNYUJES
AnT. 18L
Pero necesita de esta autorizacion, o la del juez en subsi-
administre separadamente, i para estar en juicio, aun en cau-
sas concernientes a su administracion separada; salvo en laR casos excepcionales del articulo 154.
dio, para enajenar o hipotecar sus bienes raíces,
Los acreedores de la mujer separada de bienes, por actos o contratos que lejítimamente han podido celebrarse por ella sin la autorizacion del marido o del juez en subsidio, tendrán accion sobre los bienes de la mujer. El marido no será responsable con sus bienes, sino cuando hubiere accedido como fiador, o de otro modo, a las obligacio. nes contraídas por la mujer. La simple autorizacion no le constituye responsable. Será asimismo responsable, a prorrata del beneficio que hubiere reportado de dichas obligacionesj comprendiendo en este beneficio el de la familia comun, en la parte en que ele derecho haya debido proveer a las necesidades de ésta.
Si la mujer separada de bienes confiare al marido la admi- nistraeion de alguna parte de los suyos, será obligado el ma- rido a la mujer como simple mandatario.
A la mujer separada de bienes se dará curador para la ad- ministracion de los suyos en todos los casos en que siendo RoItera necesitaria de curador para administrarlos.
La separacion de bienes pronunciada judicialmente por el
mal estado de los negocios del marido, podrá terminar por
decreto de juez a peticion de ambos
quisito continuará legalmente la separacion.
cónyujesj
Art. 181. Dclvincourt, 1, p. 80 i 81. Art. 188. Pothicr, ib., 52:;,
sin este re-
El restablecimiento legal de la administracion del marido restituye las cosas al estado anterior, como si la separacion de bienes no hubiese existido. Pero valdrán todos los actos eje· cutados lejítimamente por la mujer, durante la separacion de bienes, como si los hubiese autorizado la justicia.
Si a la mujer casada se hiciere una donacion, o se dej are una herencia o legado con la condicion precisa de que en las cosas donadas, heredadas o legadas no tenga la adminjstra- cion el marido, i si dicha donacion, herencia o legado fuere aceptado por la mujer con autorizacion del marido o del juez en subsidio, se observarán con respecto a dichas cosas las dis- posiciones de los artículos 182 i siguientes. La herencia so aceptará con beneficio de inventario, so pena de nulidad. Por esta separacion parcial de Lienes no se pone fin a la sociedad conyugal. La mujer conserva su derecho a los ga- nanciales que provengan de la administracion del marido.
Si en las capitulaciones matrimoniales se hubiere estipula- do que la mujer administre separadamente alguna parte de
parcial las reglas
sus bienes, se aplicarán a del artículo precedente.
La hipoteca de la mujer sobre los bienes del marido pal'a la seguridad de los suyos, cesará respecto de aquéllos en que la mujer está legalmente separada.
nrvoncro
El juicio de divorcio pertenece
auloridad eclesiástica;
Art. 189. Pothier, ib., 52/1.
192 :1,
tít. 1, lib. ?, Novísima Reeopilacion.
OBLIGACION¡¡:S; !