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Timestamp: 2018-04-22 19:09:13
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Matched Legal Cases: ['artículo 52', 'artículo 72', 'artículo 72', 'artículo 72', 'artículo 8', 'artículo 2', 'artículo 9', 'artículo 9', 'artículo 72', 'artículo 9', 'artículo 9', 'artículo 10', 'artículo 58', 'artículo 63', 'artículo 64', 'artículo 73', 'artículo 64', 'Artículo 675', 'artículo 72', 'artículo 102', 'artículo 102', 'artículo 102', 'artículo 66', 'artículo 72', 'artículo 1']

INFORME DE PONENCIA PARA PRIMER DEBATE AL PROYECTO DE LEY 133 DE 2014 CÁMARA. - PDF
INFORME DE PONENCIA PARA PRIMER DEBATE AL PROYECTO DE LEY 133 DE 2014 CÁMARA.
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María Pilar Jiménez Castilla
1 INFORME DE PONENCIA PARA PRIMER DEBATE AL PROYECTO DE LEY 133 DE 2014 CÁMARA. Por la cual se crean y se desarrollan las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico, y se adiciona el artículo 52 y se interpreta el artículo 72 de la Ley 160 de Introducción El Gobierno nacional presentó el Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara, con el cual se busca crear las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico (ZIDRE) e introducir una modificación a la Ley 160 de 1994, así como aclarar la interpretación del artículo 72 inciso 9, como aparece en el título del proyecto de ley. Sobre el trámite de este proyecto de ley es importante hacer referencia a tres (3) hechos puntuales. En primer lugar, sobre la presentación del proyecto. Esta fue realizada por el Ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quién firmó como Ministro de Agricultura ad hoc, ante el impedimento del actual Ministro, Aurelio Iragorri, por las denuncias del ex Representante a la Cámara, Wilson Arias Castillo. De acuerdo con la información expuesta por el doctor Arias que coincide con los hallazgos fiscales de la Contraloría General de la República, los familiares del actual Ministro de Agricultura, incurrieron en la adjudicación irregular de tres predios baldíos en el departamento del Vichada y su posterior acumulación por cuatro empresas, controladas por la familia del Ministro, desconociendo los postulados de la Ley 1579 de 2012, la Resolución número 041 de 1996 y el artículo 72 de la Ley 160 de Este hecho es de especial relevancia ya que como se presentará en detalle en el análisis del proyecto, se pretende legalizar el acaparamiento ilegal de tierras, especialmente en la región de la Altillanura, en donde está involucrado tanto la familia del actual Ministro, Iragorri, como el anterior, Lizarralde, importantes multinacionales como Cargill, Mónica Semillas, entre otras, y empresarios nacionales como la familia Santodomingo. El segundo hecho para resaltar sobre el trámite de este proyecto es el momento político en que se desarrolla. La presentación del proyecto se realizó el pasado 3 de octubre, el mismo día en que el Presidente Juan Manuel Santos Calderón instaló la mesa de diálogo y negociación entre el Gobierno y el proceso unitario de la Cumbre Agraria, Étnica y Popular, lo cual envía un mensaje confuso a las organizaciones campesinas y populares que están entablando un camino de concertación con el gobierno para el desarrollo de las políticas rurales, pero que al mismo tiempo, se tramita una agenda paralela que tiene el potencial de estar ante un incumplimiento anticipado de lo que se pueda acordar, toda vez que el proyecto de ley no fue objeto de la concertación, sino que hace parte de las políticas que el Gobierno de Santos en sus dos periodos ha intentado llevar a cabo, mediante la imposición de un modelo agroindustrial en detrimento de las economías campesinas. El último hecho, está íntimamente ligado a que no es la primera vez que se intenta tramitar en el Congreso una iniciativa que modifique el régimen de reforma agraria de la Ley 160 de 1994 a favor de los intereses de la extranjerización, el acaparamiento y el agro-negocio. Los cinco (5) intentos anteriores, que tanto el actual gobierno como el anterior han promovido, se han llevado a cabo para modificar las prohibiciones que introduce la Ley 160 de 1994, las cuales tienen como fin impedir el acaparamiento, la acumulación y la extranjerización de las tierras que
2 deben ser objeto de reforma agraria, y que por diversas estrategias jurídicas se ha intentado superar, sin éxito hasta el momento. La presente ponencia para primer debate tiene la siguiente estructura. En primer lugar se analizan las tendencias mundiales sobre los procesos de extranjerización y acaparamiento de tierras. Luego se hace una breve reseña histórica sobre los bienes baldíos, centrales en el proceso de colonización de la frontera agraria, pero también objeto de disputa y de protesta social. Desde este contexto histórico se exponen brevemente las características contemporáneas del sector agropecuario colombiano, haciendo referencia a los conflictos sobre los baldíos y las denuncias de acaparamiento y concentración. En segundo lugar se exponen en detalle los elementos del proyecto sobre: 1. Las ZIDRE. 2. El modelo asociativo. 3. Los bienes baldíos; que también desconoce la Constitución y los derechos de los campesinos, como sujeto de especial protección constitucional, y que este tipo de medidas deben ajustarse al principio de progresividad de los derechos económicos, sociales y culturales. Desde estos comentarios sobre la iniciativa se exponen los argumentos que sustentan la inconveniencia del proyecto de ley, razones tanto de carácter político como jurídico. En primer lugar, exponemos las razones políticas sobre la inoportunidad en atención a la falta de información y al momento político de un proceso de paz con la insurgencia. Finalmente, nos concentramos en los elementos jurídicos que hacen inviable dicho proyecto, por no ajustarse a los parámetros de nuestro ordenamiento constitucional, desconoce el precedente jurisprudencial fijado por el Consejo de Estado yla Corte Constitucional, en relación con la consulta previa, la suplantación del legislador y la violación de la cosa juzgada constitucional. 1. Contexto global de extranjerización y acaparamiento de tierras en el mundo Desde el año 2000, numerosos Estados y empresas privadas se han apropiado de una gran cantidad de tierras agrícolas en diferentes partes del mundo. Este fenómeno se conoce como acaparamiento o extranjerización de tierras y es una de las principales amenazas para los países pobres. Un estudio del Banco Mundial señala que desde el año 2008, varios países y compañías privadas han anunciado la adquisición de 46,6 millones de hectáreas de tierras agrícolas en África, América Latina, Asia y Europa Oriental. Un estudio de Fernando Barberi Gómez, Yesid Castro Forero y Jose Manuel Álvarez, señala: De acuerdo con las cifras recopiladas por Land Coalition Partnership, desde 2001 hasta mediados de 2011, en los países en desarrollo han sido vendidas, arrendadas, cedidas bajo permisos o están siendo negociadas 227 millones de hectáreas, la mayor parte con inversionistas internacionales. Los inversionistas son principalmente países que dependen de la importación de alimentos, entidades financieras que adquieren tierras para las especulaciones inmobiliarias y multinacionales del agronegocio que buscan lucrarse en el mercado mundial de los commodities. El estudio Rising Global Interest in Farmland (SEPT.2010) del Banco Mundial, señala lo siguiente: En el lado de la demanda se pueden distinguir tres grupos de actores: un primer grupo incluye gobierno s de países que estaban iniciando inversiones cuando, especialmente en la crisis alimentaria de 2007 y 2008, se preocuparon por su incapacidad para proveer comida a partir de
3 recursos domésticos. Un segundo grupo de jugadores relevantes son las entidades financieras que, en el contexto actual, encuentran atractivas las inversiones en tierras. Esto incluye posibles valorizaciones de la tierra por encima de la inflación y la proyección de retornos seguros a largo plazo, algo de gran importancia para los fondos de pensiones con extenso horizonte. Aunque los mercados de tierras son algo ilíquidos, algunos de los inversionistas más activos pueden beneficiarse de medidas que mejoren el funcionamiento del mercado de tierras y, en algunos casos, usar técnicas cuantitativas sofisticadas para identificar tierras subvaloradas. El tercer grupo, con mayor concentración en los procesos del agro y en los avances técnicos que favorecen operaciones a escala, son operadores tradicionales agrícolas, agroindustriales y comercializadores que pueden tener un incentivo para expandir la escala de operaciones o para integrarse hacia adelante o hacia atrás y adquirir tierras, aunque no siempre a través de compras. Desde la crisis alimentaria de 2008, los países no autosuficientes en alimentos decidieron adquirir tierras en el extranjero para producir los alimentos que no pueden cultivar en sus territorios. El alza en los precios de los alimentos y las restricciones a las exportaciones de comida evidenciaron la vulnerabilidad de varias naciones para asegurarse el suministro de alimentos. La respuesta de estos países ha sido la de apropiarse de extensas áreas de tierras agrícolas en otras naciones donde pueden producir los alimentos para abastecer su mercado interno. Se trata entonces de una política diseñada para producir en el exterior la comida que no producen en sus territorios. De acuerdo con el informe Tenencia de la tierra e inversiones internacionales en agricultura del Grupo de Alto Nivel de Expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas, China ha estado aplicando una estrategia nacional de seguridad alimentaria, que incluye una inversión pública importante en la producción, así como en la investigación y el desarrollo, en el sector de la agricultura en el país (Foresight 2010). Sin embargo, el gobierno reconoce que cada vez es más difícil cumplir con su compromiso de satisfacer el 95% de las necesidades de alimentos de fuentes nacionales. Esto se debe en parte al incremento de los ingresos y la creciente demanda de carne, pescado y fruta. Al mismo tiempo, se ejerce una mayor presión sobre la tierra y el agua, debido al cambio climático, la conversión de tierras agrícolas para usos urbanos y la detracción de terrenos para la ordenación de cuencas hidrográficas y el control de la erosión. Como consecuencia de ello, el gobierno de China ha estado apoyando la inversión de sociedades chinas en grandes extensiones de tierra más allá de sus fronteras para garantizar el suministro de soja y aceite de palma, así como caucho y madera, como en el Brasil, la Argentina, Angola, la República Democrática del Congo, Camboya, Lao, Rusia, Kazajstán, Mozambique, Tanzania, Zambia, Filipinas, Camerún y Sierra Leona (Visser y Spoor, 2011; Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA], 2011). Las empresas vinculadas al sistema financiero internacional también están acaparando tierras en varias naciones. En medio de una crisis económica mundial de enormes proporciones, el capital financiero ha buscado nuevas fuentes de ganancias que sustituyan las que se han desplomado como consecuencia de la especulación financiera. La adquisición de tierras para la especulación inmobiliaria se ha convertido en una inversión bastante atractiva para bancos y fondos de inversión. El Grupo de Alto Nivel de Expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas destaca en su informe Tenencia de la tierra e inversiones internacionales en agricultura que
4 desde la crisis financiera de , causada en gran parte por la especulación en una amplia gama de instrumentos financieros, ha habido preocupación por el hecho de que la inversión internacional en la tierra se haya convertido en otro capítulo en las carteras de las instituciones financieras. La especulación en cualquier activo implica la adquisición del mismo en la expectativa de que su valor aumente, en lugar de planificar inversiones productivas a largo plazo. La información disponible sugiere que numerosas transacciones de tierras no han ido seguidas de una inversión productiva; únicamente el 20% de las inversiones que se han anunciado se destinan en realidad a la producción agrícola sobre el terreno (Deininger et al., 2011). La especulación podría ser una de las razones subyacentes a este respecto (resaltado fuera del texto). Las multinacionales del sector agropecuario también están adquiriendo tierras en los países pobres. Las principales inversiones son en proyectos de agrocombustibles. De acuerdo con el estudio Negocios Transnacionales sobre Tierras Agrícolas del Sur (ABR ), realizado por el Centro de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Bern, el Centro de Cooperación Internacional para la Investigación Agrícola y el Desarrollo (Francia), el Instituto Alemán de Estudios Globales yla Coalición Internacional, el 34% de las adquisiciones de tierras por extranjeros ha sido para proyectos que no producen alimentos (Forestales, agrocombustibles) y el 26% de los proyectos han invertido en cultivos que pueden o no producir alimentos, como azúcar, maíz y palma de aceite. El informe Tenencia de la tierra e inversiones internacionales en agricultura del Grupo de Alto Nivel de Expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas señala, que: Los biocombustibles están alimentando el aumento de la demanda de tierra y agua. En 2006 se estimó que 14 millones de hectáreas estaban produciendo cultivos para biocombustibles, es decir, el 1% de las tierras cultivables del mundo. Se espera que esta superficie aumente entre 35 y 54 millones de hectáreas en 2030 (del 2,5% al 3,8% de la tierra cultivable disponible) (Cotulaet al., 2008). El auge se debe a una percepción generalizada de que se ha llegado al pico petrolero y del supuesto, según el cual los biocombustibles reducen la emisión de gases de efecto invernadero. Los biocombustibles se sumarán a los desafíos de la seguridad alimentaria en los próximos 20 años. La UE estima que se necesitan entre 20 y 30 millones de hectáreas para cumplir su objetivo de que el consumo de biocombustibles alcance el 10% para el año Se espera que el 60% de sus suministros provenga de cultivos ubicados fuera de sus fronteras (Franco et al.,2010). La Agencia Internacional de Energía (AIE), estima que para que los biocombustibles satisfagan entre un 20% y un 30% de la demanda prevista de combustible para el transporte en el año 2050 se necesitarían entre 100 y 650 millones de hectáreas de tierra (Murphy et al., 2011). Actualmente, la superficie total destinada a la producción agrícola asciende a millones de hectáreas, aproximadamente. El mercado de la bioenergía tiende a promover las grandes plantaciones industriales con un manejo y elaboración eficientes de los cultivos. Esas grandes plantaciones industriales suelen ser empresas que ahorran mano de obra (Li, 2011; McCarthy, 2011). Las plantaciones industriales han provocado la deforestación en muchas zonas y pérdidas enormes de carbono procedente del cultivo de turberas. En muchos lugares, cuando se establecen plantaciones de cultivos para la producción de biocombustibles, los pequeños agricultores locales pierden tierras y el acceso a recursos forestales. En la medida en que los alimentos son tratados como commodities, es decir, mercancías con los que se especula en las bolsas de valores, sus precios han aumentado y, con ello, ha crecido el interés de la banca internacional en las tierras agrícolas.
5 2. Contexto histórico de los baldíos en Colombia El conflicto rural de América Latina, como explica LeGrand, tiene sus raíces en el proceso de colonización española, en donde las colonias americanas eran exportadoras de materias primas. Este modelo se mantuvo tras las gestas independentistas. Sin embargo, se dio un cambio en el tipo de productos a exportar: mientras en la colonia predominó la plata y el oro, en el siglo XIX se da el auge de las exportaciones agrícolas y la ganadería, para abastecer a los centros industriales de Europa y Estados Unidos. LeGrand plantea una breve síntesis sobre el caso colombiano en los siguientes términos, sobre el sector agropecuario y sus características particulares: Colombia, una de las más grandes y pobladas de las naciones latinoamericanas, posee una estructura agraria especialmente compleja y una larga tradición de protesta campesina. El desarrollo económico del país entre 1850 y 1930 se basó en la exportación de una serie de productos agrícolas, de los cuales el café era el más importante. La intensificación de la producción comercial, consiguiente ampliación de los mercados externos, se presentó primordialmente en las regiones occidentales y en la costa Atlántica, zonas que permanecían baldías en Así, Colombia es un ejemplo excelente de la expansión de la agricultura exportadora a tierras de dominio público y de los consiguientes conflictos entre colonos y campesinos y empresarios territoriales en torno al control de las regiones fronterizas. Renán Vega Cantor explica la estructura de la tierra a través de la tipología que propuso José Mar. La distribución se da entre grandes propiedades representadas por los latifundios ganaderos de la costa Atlántica y los Llanos Orientales, así como las haciendas cafeteras. La pequeña propiedad campesina, asentada en Boyacá, Cundinamarca y Nariño donde vivía el minifundista, que ante las presiones ecológicas, económicas y demográficas se enfrentaba a la parcelación de la tierra y a rendimientos económicos decrecientes, limitado a economías de subsistencia y mercados locales y veredales. Por otra parte, estaban los enclaves agrícolas, siendo el de la United Fruit Company el más representativo, que según Renán Vega, dicha compañía se apropió de miles de hectáreas de tierras baldías y durante el tiempo que permaneció en la zona tuvo innumerables conflictos con los colonos de la región bananera. Los resguardos indígenas, principalmente en la región del Cauca y La Guajira que conservó formas autónomas de organización socioeconómica de los pueblos indígenas asentados en dichos territorios. Finalmente, se encuentran las zonas de colonización en donde predominaban los bienes baldíos de la Nación. Al respecto Renán Vega explica que las zonas de colonización estaban caracterizadas por: La existencia de áreas baldías, selváticas e inhabitadas, desde comienzos del siglo XIX el poblamiento y la ampliación de la frontera agrícola se han dado por la vía de la colonización campesina. En esos procesos sobresalen el antioqueño y el boyacense. Sobre este proceso de ampliación de la frontera agrícola y la colonización campesina se ha caracterizado por ser un proes antidemocrático, como explica Vega: La apropiación violenta de los territorios colonizados por los campesinos muestra el carácter antidemocrático del proceso de colonización interna en el país, lo cual, entre otras cosas, desmiente abiertamente las teorías rosas sobre el tan mentado carácter democrático, e igualitario de la colonización antioqueña. En verdad, la ampliación de la frontera agraria nunca tuvo un carácter democrático, puesto que su característica principal fue la apropiación por parte de
6 empresarios y terratenientes de las tierras, cultivadas y mejoradas por el trabajo campesino, así como la sujeción de la fuerza de trabajo por todos los medios, incluyendo el uso de la violencia. Además teniendo en cuenta la vasta extensión de los terrenos baldíos existentes en el país, la ampliación de la frontera agrícola asumió visos de un proceso prolongado e ininterrumpido que ha cobijado las más diversas áreas del territorio colombiano. 3. Contexto contemporáneo sobre el acceso a la tierra y el desarrollo agropecuario Los diversos análisis sobre el sector agropecuario en Colombia coinciden en afirmar que el Estado colombiano mantiene una deuda histórica con el campo. Esta situación ha llevado a plantear, según Jaramillo (1998) la tesis de una crisis semipermanente de la agricultura, como un rasgo dominante en la década de los años noventa, tanto en Colombia como en la región. Adicionalmente, Colombia presenta la particularidad del prolongado y profundo conflicto armado, el desarrollo del narcotráfico, y el sesgo financiero, que mantienen las políticas económicas del Estado. Durante la Administración de César Gaviria en la década de los años noventa se llevó a cabo una reforma estructural hacia una reconfiguración del Estado orientado hacia la construcción de una economía competitiva de cara a los mercados internacionales, que si bien es un proceso de largo alcance, bajo la Administración Gaviria se llevó a cabo de forma acelerada, considerado como punto de inflexión en el proceso del neoliberalismo en Colombia (Estrada, 2004). En este amplio proceso de transformación, el sector de la agricultura fue expuesto a la competencia en los mercados internacionales, quedando en evidencia su baja competitividad, en razón a los cambios dirigidos a la eliminación de instrumentos de protección, altos costos de producción, aunados con la tasa de interés, la renta del suelo y el manejo de la tasa de cambio, como lo señala Fajardo (2002). La baja competitividad del sector agrícola también está asociado con la desaparición de los recursos públicos asignados al sector. Según la Contraloría General de la República los recursos públicos destinados al agro pasaron del 4.8% en 1990 al 0.8% en el Por otra parte, según el estudio de José Leibovich en el Diagnóstico y recomendaciones de política para mejorar la competitividad del sector agropecuario, se señala que a pesar de la vocación agrícola de Colombia, la participación de este sector en el PIB total ha venido descendiendo de una participación cercana al 17% en 1990, al 12% en Los resultados para el sector, luego de veinte años, no son positivos en términos macroeconómicos, como de búsqueda de redistribución del ingreso. El sector agropecuario ha perdido participación en la producción nacional de forma significativa en los últimos treinta años, en 1980 era el segundo en participación (19,3%) después de la industria manufacturera (23,2%); en 1990 ese lugar se mantenía (17,0%) y ya presentaba síntomas de la baja y la arremetida de la apertura neoliberal; en la siguiente década, el sector fue desplazado a un tercer lugar (8,3%) por el incremento en se ctores como el alquiler de vivienda (10,4%) que se quedó en el segundo y la industria se mantuvo en el primero (13,9%); en 2011 la producción nacional muestra en primer lugar a la minería (11.3%), después el alquiler de vivienda (7,7%) y en tercer puesto la agricultura (6,3%). La pérdida de peso del sector agropecuario en la estructura de la producción nacional es producto de varios factores, uno de carácter global, que guarda estrecha relación con los desarrollos
7 económicos y otros que atañen al modo de producción agropecuaria que se ha venido desarrollando a escala global. La evidencia arroja que el 100% de la producción nacional se distribuyó, en un 50%, entre siete (7) sectores de la producción nacional (agropecuario, industria, minería, servicios financieros, alquiler de vivienda, comercio y administración pública), entre 1980 y En los últimos ocho (8) años, con excepción de la minería y los servicios financieros, los otros cinco sectores perdieron participación en el PIB. En las últimas tres décadas, la agricultura perdió participación en 9,3 puntos, siendo el segundo sector después de la industria (15,7 puntos) y, por encima del comercio (8,2%) y el alquiler de vivienda (4,2%). La menor participación en los cuatro sectores descritos fue compensada por las mayores participaciones de la minería, los servicios financieros, la administración pública, así como el crecimiento del resto de ramas de actividad económica. La tendencia anterior se expresa a su vez en el comportamiento del sector exportador, donde se observa una pérdida constante desde 1994; el sector agropecuario participaba en las exportaciones con el 37,8%, el industrial con el 32,7% y la minería ocupaba el 29,3%. En el curso de diecinueve (19) años, tanto el sector agropecuario como el industrial perdieron peso en la estructura de las exportaciones, el primero con el 30% y el segundo con el 14,1%, pérdida que fue ganada por el sector minero que a 2012 alcanza una participación del 73%. Las cifras anteriores del comportamiento interno como del sector exportador de la economía, revelan el cambio que ha tenido la producción hacia una economía que favorece la extracción de los recursos naturales y les da menor peso a la posibilidad de transformación de los recursos, tanto en la agricultura como en la industria. En la época del modelo de sustitución de importaciones (años cincuenta y sesenta), la agricultura fue considerada la fuente de materias primas para la industria naciente, además de cumplir la función de alimentar a las poblaciones, tanto rurales como urbanas, lo que suponía entender el sector agropecuario integrado a la estructura del desarrollo económico de todo el país. Es decir, que una de las fuentes del crecimiento agrario estaba en la demanda de insumos a la industria, para la cual, el Estado aplicó una amplia gama de políticas de protección, que de paso, podían acoger al sector agropecuario. Hoy ese mundo ha cambiado a favor de una política de tipo neoliberal, orientado hacia los mercados competitivos y expuesta al modelo imperial desigual y de un nuevo concepto para la agricultura, al pasar de la agroindustria a lo que algunos han llamado el sector agro-terciario de la agricultura, donde las grandes empresas multinacionales ocupan cada vez más un lugar mayor de preponderancia. Estas empresas están más cerca del consumidor final; pero ya no sólo se venden alimentos, el desarrollo de la ingeniería financiera ha generado que hoy en día la materia prima agrícola se cotice en el mercado internacional, a través del modelo de commodities, y el proceso de financiación de la agricultura. La materia prima agrícola representa menos del 20% del valor del producto final en el mercado internacional, el resto son actividades asociadas al embalaje, transporte, mercadeo, seguros, etc. Las políticas desarrolladas por el Gobierno colombiano en los últimos años no van destinadas a insertarse apropiadamente, por medio de un desarrollo integrador, al mercado mundial. El proyecto
8 propuesto profundiza esta tendencia, con el agravante de aumentar el detrimento de la población campesina colombiana. La concentración de la tierra Otro aspecto que debe considerarse para evaluar la efectividad de la política pública de acceso y distribución de la tierra desarrollada en los últimos años es revisar la estructura de la propiedad rural y su concentración. Para 2010, según Ibáñez y Muñoz, el área destinada a la producción agropecuaria ascendió a 39,2 millones de hectáreas, que corresponden al 31,2% de la superficie nacional, en predios donde el 41,7% son mayores a 200 ha, 40,1% entre 20 y 200 ha y 18,1% menores de 20 ha. Por rangos de predios respecto a su superficie, se nota un decrecimiento del 38% de la gran propiedad entre 1960 y 2010, distribuido en aumentos de la mediana (7%) y pequeña propiedad (26%), aunque de manera disgregada se resalta el fortalecimiento de los rangos entre 20 y 50 ha (aumento 34%) y los menores de 5 ha asociados a microfundio (ascendió 26%), evidenciando un fraccionamiento de la propiedad campesina. A pesar de una aparente redistribución de la tierra en la mediana propiedad, sigue siendo evidente el grado de concentración de la tierra, ya que mientras en 1960 el 75,8% de la superficie estaba en manos del 6,9% de los propietarios, para 2000 el 75,7% del área era del 13,6% de los dueños de los predios, lo cual no cambia para 2010 donde el 13,7% de los propietarios poseían el 77,6% de las hectáreas agropecuarias. Lo anterior es ratificado cuando se observa el comportamiento del índice de Gini para predios rurales privados, el cual ha aumentado de 1985 a 2010, siendo según Machado uno de los más altos para América Latina. Ibáñez y Muñoz calcularon igualmente el Gini de propietarios, observando una concentración aún mayor, y que al tener en cuenta propietarios con más de un predio, el indicador pasa de en 2000 a en Revisando el comportamiento a nivel municipal se tiene una gran heterogeneidad, donde para 2010, los Gini municipales están entre el rango de 0,4 y 0,92; pero también se realza una gran concentración, ya que en el 50% de los municipios el indicador de Gini supera el Lo anterior se ve agravado cuando el 54,3% de los municipios incrementaron la concentración de la tierra entre 2000 y Estos cálculos son ratificados por Machado quien concluyó que para 2009, el 15,6% de los municipios superan el Gini de 0,8. Observando la evolución histórica de la estructura de la propiedad de la tierra en Colombia, se evidencia la marginalidad del impacto de los programas de redistribución ofrecidos por el Estado. Según Balcázar (2009) más que la política pública de acceso a la tierra para la población campesina, los cambios son explicados por dinámicas normales del mercado y de herencias. Lo anterior va en contravía de la exuberante expedición de leyes y normatividad orientada a una mejor distribución de la tierra en el país, que configurar desde la letra de la ley un amplio y completo marco jurídico para la protección del derecho de los campesinos al acceso a la tierra, pero que cuando se van a implementar los mandatos legales, se evidencia una falta de voluntad política para hacer realidad dichas disposiciones.
9 Esto se evidencia cuando se compara la gestión del Incora con el Incoder, que responden a la misma figura institucional para el acceso a la tierra, pero que tienen desempeños distintos, que contrastan con lo estipulado en los documentos jurídicos. La evidencia arroja que se ha afectado un total de 60,7 millones de hectáreas en beneficio de 946 mil familias, notándose una importante disminución de su accionar para la última década, ya que mientras para los periodos y se intervenían ha/año y ha/año, respectivamente, para tan solo se alcanzó el 30% de estas cifras. Por otra parte se muestra que para este periodo ( ), la principal acción desarrollada por estas entidades, ha sido orientada hacia las comunidades étnicas, en donde la conformación y ampliación de resguardos indígenas constituye en términos de superficie el 52,1% de la gestión; mientras que para las comunidades afrodescendientes corresponde al 9%. Si se adiciona a lo anterior la titulación de los baldíos a colonos (33%), se infiere que la orientación de estas entidades ha obedecido a esquemas de titulación por adquisición del derecho por razones ancestrales, culturales y de posesión de baldíos, es decir, que tan solo el 6% corresponde al impacto de la política estatal de redistribución de la tierra. Esta intervención fue sobre 889 mil familias, con mayor concentración en las que obtuvieron sus títulos en propiedad en predios baldíos (62,5%). La atención promedio de familias por año para también se ha visto disminuida, pasando a la mitad de lo alcanzado en el periodo y al 75% de lo obtenido entre 1985 y El subsidio integral de tierras introducido por la Ley 160 de 1994 como mecanismo para dinamizar el mercado de las tierras, fue el cambio más significativo de los últimos tiempos en la intervención estatal sobre las tierras rurales. Sin embargo, Machado afirma que el hecho de que este mercado para el caso colombiano está lleno de imperfecciones, ha resultado en que la estructura de la tenencia de la tierra permanezca igual y que los factores propiciadores de la concentración se mantuvieran, lo cual se magnificó con la presencia del narcotráfico y el despojo por parte de actores ilegales. Lo anterior se evidencia con los limitados resultados de esta estrategia, al no alcanzar ni el 1% de las entregas de tierras en el accionar de las entidades responsables. Aunado a lo anterior, el conflicto social y armado, y el desarrollo de expansión de la frontera agrícola, así como el crecimiento de las áreas dedicadas a la ganadería extensiva y de gran propiedad, aportan elementos adicionales sobre el acceso a la tierra para los campesinos. En efecto, en el periodo comprendido entre 1984 a 1996 se expandió la frontera agraria de 35.4 millones de hectáreas a 50.7 millones. Según Absalón Machado: La característica básica de la última década ( ) es el avance de la gran propiedad, el deterioro de la mediana y la continua fragmentación de la pequeña, tres fenómenos acompañados de violencia, desplazamiento de pobladores rurales y masacres continuas en las que fuerzas paraestatales han ido conformando, a sangre y fuego, dominios territoriales en un proceso de acumulación de rentas institucionales al estilo de una acumulación originaria (Machado, 1998). Estos procesos han generado en Colombia un patrón concentrador de la tierra, que no han permitido el afianzamiento de la mediana propiedad como base confiable para el desarrollo; esta concentración está dirigida al uso extensivo, especialmente ganadero, en detrimento, al menos aparente, de la agricultura. Por lo tanto, la distribución y uso del suelo se proyecta sobre la producción y el empleo y definen el modelo de desarrollo rural. El uso inadecuado del suelo, en
10 tanto que de los 9 millones de hectáreas aptas se utilizan en agricultura únicamente se utilizan 5 millones; en cambio para la ganadería existen aptas 16.8 millones de hectáreas pero se utilizan 35 millones para dicho fin. Esto en parte explica la brecha social que se genera en el campo, que se mantiene constante en el tiempo y que espacialmente se va expandiendo, que han generado el ambiente para el arraigo de la violencia y la narco-economía, como alternativa para generar subsistencias y recursos desde el campo. Sobre las consecuencias generadas por esta dinámica de concentración de las tierras, la FAO destaca para el caso colombiano que: Se destacan los procesos de concentracio n y de extranjerizacio n de tierras destinadas a la produccio n de materias primas para la elaboracio n de biocombustibles. Especialmente, se trata de la palma africana (concentrada en 4 empresas con ha c/u), remolacha, can a de azu car (predios entre y ha) y yuca. ( ) se realizan por parte de grandes grupos econo micos del pai s y recientemente por empresas extranjeras favorecidas por poli ticas que incentivan la inversio n extranjera, esti mulos e incentivos a las plantaciones a gran escala y reformas a la legislacio n agraria para levantar las restricciones a la compra de grandes extensiones de tierras ( ) se puede sen alar presencia de transnacionales en el agro, cuyo origen es EE.UU., Japo n, Israel, Chile y Espan a. La presencia de capitales colombianos se constata a trave s de inversiones que realizan en Bolivia y Peru. El incremento en la concentracio n de la propiedad de la tierra y de su uso tambie n se relaciona, al igual que en Peru, con el esti mulo a la explotacio n de recursos mineros y de hidrocarburos por parte de empresas transnacionales. La presencia de situaciones de violencia poli tica altera el funcionamiento del mercado de la tierra, ya que importantes a reas no se encuentran incorporadas a e l o se encuentran pendientes de cumplir con el compromiso gubernamental de restituir las tierras a la poblacio n desplazada por la violencia. Se estima que la violencia es causa del desplazamiento de ma s de 5,1 millones de personas, de las cuales el 98% provienen del campo, que abandonaron o fueron despojadas de entre 6,6 millones de hecta reas a ma s de 8 millones de hecta reas (37% del a rea con vocacio n agropecuaria). Análisis de la iniciativa legislativa del gobierno: Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara a) El modelo de producción agrícola en el que está sustentado el proyecto El proyecto de ley plantea un modelo de desarrollo agrícola fundado en el principio, según el cual, la asociación entre gestoras y campesinos, con o sin tierra, puede generar actividades de producción a gran escala que permitirían maximizar la productividad de la mano de obra y la reducción de los costos unitarios de la producción. Según el proyecto de ley está previsto que esas asociaciones se hagan mediante contratos, en los que el Estado a través del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural actuará como garante de los derechos de los campesinos. Todo ello se realizará dentro de unas zonas geográficas especiales denominadas ZIDRE, las cuales contarán con el apoyo del Estado, que desarrollará los mecanismos jurídicos, de financiamiento e infraestructura para que dichas zonas se desarrollen plenamente. Con el fin de hacer posible ese modelo, el proyecto de ley plantea la modificación de la Ley 160 de 1994, adicionando el artículo referido a la expropiación y al aporte de baldíos en asociaciones, sociedades o comunidades de cualquier índole, para que no le sean aplicables las prohibiciones que se disponen en términos de extensión de la Unidad Agrícola Familiar (UAF).
11 El modelo del proyecto de ley se plantea como una alianza virtuosa del siguiente tipo: por un lado el sector empresarial, que según el proyecto son las gestoras dentro del modelo asociativo; los campesinos, aquellos con tierra, la aportarían para el proyecto asociativo, así como su mano de obra, y aquellos campesinos que no tengan tierra aportarían únicamente su fuerza de trabajo al proyecto de asociación. El Estado dentro de la alianza Empresario-Campesino actuaría bajo el modelo de ente regulador de vigilancia y control, en especial de la parte débil de la relación, el campesino. Es por ello que el Ministerio de Agricultura asume las funciones de garante de los contratos; la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) como autoridad competente para identificar las ZIDRE; el Incoder encargado de adjudicar los terrenos baldíos en concesión y firmar los contratos; el Fondo de Desarrollo Rural y Económico de Inversión, el cual se propone crear como un mecanismo de fondo cuenta en el Incoder que se constituiría con los ingresos obtenidos de los contratos de los proyectos asociativos, con la finalidad de invertir los recursos [ ] en los proyectos de desarrollo rural vinculados con los proyectos asociativos, según lo dispone el artículo 8 del proyecto de ley. Esto es, el pago por la concesión de la tierra a los proyectos asociativos serán reinvertidos en la propia ZIDRE. Todo lo anterior debe propender a los siguientes objetivos en el desarrollo de los proyectos: 1. Disminuir la pobreza; 2. Promover el desarrollo económico y social de la zona. 3. Mejorar las condiciones agrológicas del suelo. 4. Incentivar la conservación del medio ambiente. 5. Promover el acceso a la propiedad de la tierra de los campesinos, y 6. Promover el empleo campesino, según lo define el artículo 2 como los objetivos que se pretenden alcanzar con este modelo productivo en el que está sustentando el proyecto de ley. b) La ZIDRE como una zona franca especial El Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara propone la creación de las Zonas de Interés y Desarrollo Rural y Económico (ZIDRE), como áreas geográficas que tienen unas condiciones especiales que las hacen altamente costosas para adaptarlas a la producción y resultan por ello inapropiadas para desarrollar unidades de producción familiar. Según el proyecto estas áreas geográficas están caracterizadas por: 1. Su aislamiento a los centros urbanos, con una baja densidad poblacional y altos índices de pobreza. 2. No existe en estas zonas infraestructura mínima para el transporte y comercialización de los productos. 3. Las características agroecológicas (suelos de baja productividad) y climáticas, no aptas para producción a escala pequeña. El proyecto parte de la hipótesis que la creación de las ZIDRE beneficia a los campesinos, con o sin tierra, y promueven la inversión de capital en el sector agropecuario, a través de alianzas productivas entre pequeños productores organizados por los gestores empresariales, de forma que puedan generar economías de escala y hacer más eficiente la productividad, pues mitigarían las distorsiones entre los productores, el encadenamiento productivo y el mercado, tanto de insumos como de productos. c) El modelo asociativo: Empresarios Campesinos - Estado
12 La asociatividad se prevé por intermedio de contratos de asociación; sin embargo, ni en la exposición de motivos, ni en el articulado del proyecto son claros los alcances de los contratos, ni sus contraprestaciones entre las partes, ni cuáles son las responsabilidades del Estado, en términos de royalty, regalía o ingreso por el uso del suelo o los terrenos, en este caso baldíos. Eso se determinaría a través de la dirección de un documento Conpes. Al tratarse de un proyecto empresarial, no se observa cuál es el lugar que ocupa la inversión de capitales de las grandes empresas, tampoco la responsabilidad del empresario. El proyecto de ley deja entrever dos mecanismos en los cuales se da la asociatividad a través de un proyecto agroindustrial entre empresas gestoras forestales, ganaderas o agrícolas con campesinos: 1. Concesión o entrega a título no traslaticio de domino de predios baldíos para la ejecución de proyectos asociativos; artículo Adquisición o aporte de predios adjudicados inicialmente como baldíos para la realización de proyectos asociativos; artículo 9. En el primer mecanismo se aplicaría algo similar a lo ya dispuesto para las Zonas de Desarrollo Económico, de la Ley 160 de 1994, en donde no hay transferencia de propiedad sobre el baldío, el Incoder aporta el terreno que se incorpora al modelo asociativo. Sin embargo, en el artículo 9 del proyecto de ley se desarrolla una modalidad qu e implica la transferencia no solo del dominio sino de la propiedad del terreno baldío, volviéndolo enajenable, y en consecuencia, generando un mecanismo de mercantilización de la tierra hacia la configuración de un mercado de terrenos otrora baldíos que ahora pueden ser adquiridos en el mercado que surge de esta disposición normativa. Exclusivamente en las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico (ZIDRE), los gestores de proyectos asociativos aprobados por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural podrán adquirir o recibir en aporte predios inicialmente adjudicados como baldíos, sin que les sea aplicable la restricción prevista en el inciso 9 del artículo 72 de la Ley 160 de 1994, como lo señala el artículo 9 del Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara. En este marco entra el aporte de las tierras de los pequeños campesinos, que por lo general es un baldío. No hay claridad en el proyecto si el aporte se hace con transferencia de dominio, pero adiciona el verbo adquirir lo cual implicaría una transacción comercial de compra y/o venta, contraviniendo el hecho de que estos bienes, según la Sentencia C-595 de 1999, son inalienables e imprescriptibles, es decir, que no es posible adquirir la propiedad de tales bienes, así se hayan ocupado durante largo tiempo, C-595 de Además el proyecto contempla que Los gestores solo podrán adquirir o recibir en aporte predios inicialmente adjudicados como baldíos si, habiéndole ofrecido al propietario la posibilidad de asociarse al proyecto productivo sin desprenderse del derecho de dominio, este decide de todos modos vender el terreno o darlo en aporte, artículo 9, inciso 2. Aquí queda clara la posiblidad de venta de la tierra si así lo decidiere el campesino adjudicatario del baldío y participante del proyecto productivo.
13 Llama la atención que la penalidad de ley que comporta este artículo recae sobre el campesino que vende, pero no sobre el empresario que compra; así como el rol que entra a jugar el Ministerio de Agricultura como garante de la seriedad de la oferta, sin mayores elementos dentro del proyecto que permitan establecer elementos de garantía y seriedad de la oferta, por el contrario, el proyecto delega todo al Ministerio. Aquí también se configura una posible falta de inconstitucionalidad del proyecto, toda vez que delega elementos nodales a la vía regulativa, que puede terminar suplantando al legislador en sus funciones, o establecer medidas que desconozcan los derechos fundamentales de los campesinos. Es bastante singular que el artículo 10 contempla que una vez adquirido o aportado el bien baldío al proyecto asociativo, es necesario establecer un mecanismo que permita que antes de los dos primeros años de iniciado el proyecto, los campesinos asociados se hagan propietarios de por lo menos el 15% del área del proyecto que exceda una UAF. El manejo de la propiedad de los terrenos entre los asociados no es completa y precisa en el marco legal, sino que más bien queda a la discrecionalidad del regulador detallar cada uno de estos elementos, que como se explicará en detalle constituye una suplantación de las funciones exclusivas del legislador. Por ejemplo, esta falta de precisión queda en evidencia cuando no se tiene contemplado una distribución de beneficios para los campesinos. En cambio, de su redacción, al parecer se desprende una doble transferencia: Baldío con trasferencia de propiedad por venta à proyecto asociativo como aporte àuna UAF para el campesino como propiedad del proyecto. Hasta aquí solo se contempla la parte en que el campesino con o sin baldío es el aportante a la asociación, no sabemos qué pasa cuando el campesino no tienen tierra, en ese caso, el proyecto de ley solo dice en uno de sus objetivos que busca promover el acceso a la propiedad de la tierra de los campesinos y su empleo, sin embargo, no hay el mismo detalle operativo que se descr ibe para el tenedor de baldíos, así el acceso a la propiedad de la tierra es solo un postulado retórico, el proyecto de ley está diseñado básicamente para las empresas. En las ZIDRE los empresarios estarían completamente cubiertos frente al riesgo de los capitales invertidos y no estarían obligados a redistribuir las ganancias. d) Un proyecto de ley para la Altillanura De acuerdo con la exposición de motivos del proyecto de ley, se especifica el proyecto a la región de la altillanura colombiana, compuesta por los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada, así como las sabanas de la Orinoquía. También hay otras como la Altillanura o las sabanas de la Orinoquia con muy baja presencia de población y muy baja fertilidad de los suelos, en donde la eficiencia se logra a través del desarrollo de proyectos productivos a mayor escala que maximizan la productividad de la mano de obra y permiten reducir los costos unitarios de producción a niveles que garantizan la rentabilidad del negocio. Este es el caso de productos como el maíz, el trigo, la soya, el sorgo, la palma y varios maderables, cuya estructura de costos le impide al productor ser rentable a una escala pequeña.
14 Es decir, se trata de la creación de condiciones óptimas, en una zona especial para la producción de unos bienes básicos en la generación de alimentos y biocombustibles, como el trigo, el maíz, la soya, el sorgo, la palma, entre otros. Esas condiciones óptimas, según el Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara, se logran en unidades de escalas muy grandes y no podrían ser generadas en escala pequeña. El proyecto no reconoce que el campesinado en pequeña e scala también puede ser producto y asume únicamente la eficiencia en el sentido económico (la tasa de retorno del capital por los recursos utilizados) y no hace referencia a la eficiencia social que se gana cuando se miden los costos correctamente, como costos de oportunidad social. e) La liberación de las tierras baldías La Constitución Política garantiza el derecho a la propiedad privada (artículo 58), define que los bienes de uso público son inalienables, imprescriptibles e inmebargables (artículo 63), promueve el acceso a la tierra a los trabajadores agrarios (artículo 64) y garantiza el ambiente sano (artículo 73). La institución de la propiedad privada, en este ámbito constitucional, está ligada a la existencia de derechos y deberes con el principio de solidaridad, así en ella son inherentes la función ecológica y la consulta de los intereses de la comunidad, por lo tanto, ya no se constituye como un derecho fundamental de orden individual sino social. En este sentido, la propiedad implica la conciliación del derecho privado con las necesidades de la colectividad, comprometiendo al propietario con el deber de solidaridad expresado por la Constitución. Esta interpretación ha sido reafirmada por la Corte Constitucional, C-066 de 1993 Cifuentes. En relación con los trabajadores agrarios, el artículo 64 de la C. P., es desarrollado en la Ley 160 de 1994, que crea el sistema nacional de reforma agraria y desarrollo rural campesino, y establece los procesos relacionados con la administración de los baldíos de la Nación. Dentro de sus objetivos se destacan: 1. Dotar de tierras a campesinos, indígenas y beneficiarios de programas especiales, buscando una mejor equidad sin concentración de este factor productivo y su fraccionamiento antieconómico. 2. Fomentar el uso adecuado y buscando su ordenamiento y utilización racional. 3. Propender por el desarrollo económico, social y cultural de la población campesina y la participación de sus organizaciones en el proceso integral de reforma agraria y desarrollo rural. 4. Regular la ocupación y uso de los terrenos baldíos, dando prioridad a campesinos de escasos recursos y al establecimiento de zonas de reserva campesina, bajo criterios de conservación de los recursos naturales y ordenamiento territorial. En relación con este último objetivo, el Consejo de Estado en 2012 señaló: La Ley 160 de 1994 consagra diversos mecanismo básicos de acceso a la propiedad rural, siendo importante en todos ellos el énfasis que hace el legislador en la promoción e inclusión a la propiedad de las personas que carecen de un medio para ello, es el deber de Estado de evitar y corregir los procesos de concentración de la tierra y en la necesidad de evitar el acaparamiento de bienes baldíos. Para ello la ley prevé mecanismos de apoyo, como subsidios directos para la compra de tierras, adquisición directa de tierras por el Estado para entregarlas a grupos que son objeto de protección
15 constitucional reforzada y adjudicación de tierras baldías. Consejo de Estado. Sala de Consulta y del Servicio Civil, 29 de noviembre de Radicación interna Los bienes baldíos se definen como ( ) todas las tierras que estando situadas dentro de los límites territoriales carecen de dueño particular, por lo tanto pertenecen a la Nación. Artículo 675 de Código Civil. Son bienes susceptibles de ser adjudicados con criterio de utilidad y beneficio social, económico y ecológico. En concordancia con el marco constitucional y la Ley 160 de 1994, reglamentada por el Decreto número 2664 de Es decir, que siendo bienes públicos, su administración llevaría la posibilidad de generar daño patrimonial al Estado por su indebida gestión fiscal, por lo tanto, las políticas de disposición de los mismos deben enmarcarse en los fines constituciones y legales previstos. Los bienes baldíos son una fuente de distribución de tierras entre los campesinos que las ocupen y se encuentren explotándola conforme a las normas sobre protección y el racional de los recursos naturales, siempre y cuando las mismas cuenten con aptitud agropecuaria. Los bienes baldíos solo pueden adquirirse mediante título traslaticio de dominio otorgado por la entidad encargada de su administración, en la actualidad el Incoder. Para ser beneficiario de la adjudicación de un predio baldío se debe reunir requisitos como: ocupación y explotación previa no menos a cinco años, explotación económica de por lo menos de las dos terceras partes del predio, aptitud agropecuaria del suelo, no haber enajenado un predio baldío adjudicado antes de cumplir 15 años a partir de la titulación y no poseer o ser propietario de otros inmuebles rurales. Así mismo la Ley 160 de 1994 establece mecanismos para la pérdida del baldío, mediante la reversión de su adjudicación, la cual es decretada si se llega a comprobar la condición resolutoria en cuanto a la violación de la normatividad ambiental, la explotación de cultivos ilícitos o si se incumplen las obligaciones y condiciones establecidas en la adjudicación. Así mismo, procede la revocatoria directa a solicitud de un tercero o de oficio, cuando se compruebe que la adjudicación fue violatoria de las normas constitucionales, legales y reglamentarias vigentes, a título excepcional en este caso no se exige el consentimiento expreso del beneficiario como lo exige el Código Contencioso Administrativo. Se destaca la pérdida del baldío por acumulación indebida de los mismos. Reitera el Consejo de Estado: El artículo 72 de la Ley 160 de 1994 prohíbe, so pena de nulidad, que una misma persona adquiera varios bienes inicialmente adjudicados como baldíos, si por esa vía se acumulan derechos de propiedad que exceden los límites máximos de extensión de la Unidad Agrícola Familiar. Prohibición esta que la ley extiende a los casos en que esa acumulación de bienes se da a través de la conformación de sociedad o de comunidades de cualquier tipo. Por su parte, la Corte Constitucional ha indicado que la adjudicación de baldíos, como decisión jurídica de carácter estatal que involucra la constitución o disposición de derechos reales sobre bienes de carácter fiscal, se encuentran supeditados a objetivos primordiales de carácter público y de alcance constitucional. Ha dicho la Corte, que en relación con personas naturales, y en el entendido de que los beneficiarios de la adjudicación de baldíos deben ser, por exigencia constitucional, sujetos de reforma agraria, el objetivo primordial de la adjudicación de baldíos es
16 permitir el acceso a la propiedad a quienes carecen de ella y contribuir a mejorar las condiciones económicas y sociales de los adjudicatarios Sentencia C-595 de En el caso de personas jurídicas, la finalidad de la adjudicación es, satisfacer necesidades colectivas y de servicio público a favor de la comunidad. Así, por ejemplo, la adjudicación de terrenos baldíos a entidades de derecho público se encuentra supeditada, conforme a la Ley 160 de 1994, a la construcción de obras de infraestructura destinadas a la instalación o dotación de servicios públicos, o cuando entidades hayan sido declaradas por la ley como de utilidad pública o de interés social, con la condición de que si no se cumple esta finalidad, los predios revertirán al dominio de la Nación. Estas finalidades se desprende de dos expresiones normativas de carácter superior: la función social del derecho de propiedad y el paradigma redistributivo que en materia agraria, consagró el Constituyente de Desde la perspectiva de la función social de la propiedad, la Corte Constitucional ha encontrado que el régimen especialísimo de adjudicación de los bienes baldíos está sustentando, en parte, en la exigencia constitucional según la cual, el derecho de propiedad, y especialmente el carácter inmobiliario, debe ser ejercido en forma tal que no perjudique sino que beneficie a la sociedad, dándole la destinación acorde con las necesidades colectivas. C-595 de Desde este enfoque, la Corte Constitucional ha situado conceptualmente los deberes y competencias del Estado en su rol de propietario, es decir, plantea la función social en relación con la propiedad fiscal. La Ley 160 de 1994 también prevé la delimitación de baldíos para usos en Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE), que tendrían que ser reguladas y ordenada por el Incorder, con el objeto de incorporar sistemas sostenibles de producción en áreas ya intervenidas, de tal manera que se conserve el equilibrio entre la oferta ambiental y el crecimiento agropecuario. Al titular del derecho de dominio se le imponen obligaciones en beneficio de la sociedad, es decir que no es por el individuo en sí mismo que se adjudica la tierra baldía en Colombia, sino que constitucionalmente, es para garantizar unos fines estatales en beneficio del colectivo social. Estado forma especial de propiedad puede analizarse desde dos particularidades: a) El dominio eminente, y b) La adjudicación de bienes fiscales como atributo de la personalidad jurídica del Estado. Desde la primera, la administración y disposición de los bienes baldíos, se explica como una expresión de la soberanía pública del Estado. Así lo entiende la Corte Constitucional cuando señala que el artículo 102 de la Carta Política de 1991, al establecer que: El artículo 102 de la Carta Política de 1991 dispone que el territorio, con los bienes públicos que de él forman parte, pertenecen a la Nación. Esta norma se proyecta en dos dimensiones: De un lado, es un reconocimiento genérico del concepto tradicional de dominio eminente, como expresión de la soberanía del Estado y de su capacidad para regular el derecho de propiedad público y privado e imponer las cargas y restricciones que considere necesarias para el cumplimiento de sus fines, naturalmente dentro de los límites que la propia Constitución ha impuesto. De otro lado, consagra el derecho de propiedad sobre los bienes públicos que forman parte del territorio, lo cual es expresión de una característica patrimonial específica que se radica en cabeza de la persona jurídica de derecho público por excelencia en nuestro ordenamiento constitucional como es la Nación.
17 De otro lado, consagra el derecho de propiedad sobre los bienes públicos que forman parte del territorio, lo cual es expresión de una característica patrimonial específica que se radica en cabeza de la persona jurídica de derecho público por excelencia en nuestro ordenamiento constitucional como es la Nación. Desde esta perspectiva, la jurisprudencia ha explicado, según los lineamientos de la legislación civil, que la denominación genérica adoptada en el artículo 102 de la Carta Política comprende (i) los bienes de uso público y (ii) los bienes fiscales. Los bienes de uso público, además de su obvio destino se caracterizan porque están afectados directa o indirectamente a la prestación de un servicio público y se rigen por normas especiales. El dominio ejercido sobre ello se hace efectivo con medidas de protección y preservación para asegurar el propósito natural o social al cual han sido afectos según las necesidades de la comunidad. (ii) Los bienes fiscales, que también son públicos aun cuando su uso no pertenece generalmente a los ciudadanos, se dividen a su vez en: (a) bienes fiscales propiamente dichos, que son aquellos de propiedad de las entidades de derecho público y frente a los cuales tienen dominio pleno igual al que ejercen los particulares respecto de sus propios bienes; y (b) bienes fiscales adjudicables, es decir, los que la Nación conserva con el fin de traspasarlos a los particulares que cumplan determinados requisitos exigidos por la ley, dentro de los cuales están comprendidos los baldíos, como lo ha dispuesto la Corte Constitucional en su Sentencia C-255 de Lo anterior determina que las autoridades públicas deben ser diligentes en relación con la administración y adjudicación de los bienes baldíos, por cuanto la propiedad estatal o el dominio eminente de carácter territorial se encuentran a su vez encuadrados en la función social, la cual no solamente implica que la propiedad privada debe ser ejercida en forma tal que no perjudique sino que beneficie a la sociedad, dándole la destinación o uso acorde con las necesidades colectivas, mediante una mayor afirmación de ciertas clases de propiedad como es precisamente la de carácter estatal, Sentencia C-595 de El anterior precepto relativo a la función social de la propiedad se relaciona íntimamente con el carácter redistributivo que la Constitución ha establecido en relación con la propiedad y técnicas agrarias. Así, la adjudicación de baldíos tiene como finalidad evitar la inequitativa concentración de la propiedad en manos de unos pocos. C-595 de La Corte Constitucional es clara en afirmar que la adjudicación de baldíos, viene enmarcada en los referidos artículos 64 y 65 de la Constitución, de manera que: La adjudicación de terrenos de propiedad de la Nación, concretamente de baldíos, tiene como objetivo primordial, permitir el acceso a la propiedad de la tierra a quienes carecen de ella, pues es requisito indispensable, según la ley acusada, que el presunto adjudicatario no posea otros bienes rurales, ni tenga ingresos superiores a mil salarios mínimos mensuales (artículos 71 y 72 Ley 160 de 1994), como también contribuir al mejoramiento de sus recursos económicos y, obviamente, elevar su calidad de vida. C-595 de De esta manera, el Constituyente de 1991 se basa en que la histórica falla de distribución que recae sobre la población rural pobre, se resolvería en parte con la desconcentración de la propiedad, tenencia o usufructo de la tierra, garantizando el acceso real y efectivo de la propiedad agraria a favor de estos sujetos históricamente discriminados. En este sentido la Ley 160 de 1994 recoge
18 conceptos como las Unidades Agrícolas Familiares (UAF), en el entendido de establecer un límite a la adjudicación y cuando se exceda el área permitida, remitir a la indebida ocupación de las tierras de la Nación (artículo 66); o mediante el artículo 72 impide la acumulación de predios originalmente baldíos, de tal manera que se evite la concentración y así democratizar el acceso a la tierra. La adjudicación de tierras baldías entonces es una medida para satisfacer las necesidades sociales encomendadas a particulares que cumplen los requisitos que establezca la ley. Así lo reafirma la Corte Constitucional, al relacionarlo con la realización del principio de igualdad, no sólo jurídica sino económica, social y culturalmente de los campesinos como sujetos de especial protección constitucional, por sus características de marginalidad y discriminación inherente a su situación de pobreza y desprotección, lo cual obliga al Estado a desplegar en su favor acciones afirmativas. Ello se desprende de lo señalado por la Corte en el sentido que no solo se debe tener como objeto asegurar el acceso progresivo a la tierra de los trabajadores agrarios, sino también la adjudicación de terrenos baldíos: La Corte observa que la facultad de revocatoria unilateral de los actos de adjudicación de baldíos, sin el consentimiento expreso y escrito del titular, responde a fines constitucionalmente valiosos: (i) está encaminada al cumplimiento de la función social de la propiedad; (ii) pretende asegurar el acceso progresivo a la tierra de los trabajadores agrarios; y (iii) se proyecta como una manifestación del deber del Estado de promover las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva, en su obligación de adoptar medidas de protección a favor de quienes, por su difícil condición económica, se encuentran en circunstancias de debilidad manifiesta en el sector agropecuario. Por ello, cuando la adjudicación de bienes baldíos ha ocurrido con violación de lo previsto en las normas legales y reglamentarias, subyacen motivos que justifican una actuación directa de la Administración para adoptar los correctivos necesarios y restituir las cosas a su estado originario. Sentencia C-644 de Por lo tanto, el acto de adjudicación adquiere una especial naturaleza supeditada a fines inderogables y que cualquier forma de desviar las finalidades de la intervención institucional, llevarían a un acto ilegítimo que el Legislador ha denominado ocupación indebida. Más recientemente la Corte no solo destaca los elementos antes mencionados, sino que afirma en su Sentencia T-488 de 2014 que la dignificación de trabajador agrario pobre no va en contravía del interés general, sino que por el contrario el que tenga acceso a la tierra, constituye un elemento para el mejoramiento de las sociedad en su conjunto. Es por ello que el proyecto, tal como está propuesto, es inconveniente. Razones políticas de inconveniencia del Proyecto de ley número 133 de 2014 cámara 1. Razones metológicas sobre la imposibilidad política del proyecto: no se puede legislar sin información y evidencia científica El desarrollo de la actividad legislativa y la formulación de los proyectos de ley requieren de información técnica y científica confiable, que permitan una adecuada formulación de los proyectos de ley, que haga posible su implementación. Para el caso del Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara el Gobierno nacional no cuenta con la información necesaria para su adecuada formulación. Así como lo reconoció el Incoder en el proceso de acción de tutela de la Sentencia T-488 de 2014 el Estado no cuenta con información sobre el estado actual de los bienes baldíos de la nación; su
19 estado actual de ocupación y uso; su registro catastral; su relación con los resguardos indígenas, y las Zonas de Reserva Campesina en trámite, razón por la cual, no es posible formular una política adecuada sobre los baldíos sin información básica que permita formular una política adecuada. Por otra parte, se plantea que este proyecto va a seguir de cerca la experiencia exitosa del cerrado brasileño que, mediante la puesta en producción de la soja, azúcar, café, jugo de naranja, carne de aves, carne bovina, tabaco y etanol a gran escala ha logrado transformase en uno de los primeros países agrícolas a nivel mundial. En 2007, ese sector representó el 37% de los empleos y el 36,4% de las exportaciones de ese país. Por lo tanto, pareciera ser una opción atractiva para Colombia, y la propuesta la vuelve operativa como a continuación se describe. Pero hay una diferencia significativa en relación al caso de Brasil relacionada con el componente tecnológico. En el caso de nuestro vecino fronterizo, el activo fundamental que se puso en evidencia en los últimos años fue la gran inversión pública realizada desde 1973 en investigación y desarrollo agropecuario a través de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria, más conocida como Embrapa vinculada al ministerio de agricultura de ese país, la cual desarrolló un sistema de investigación que cubrió los siguientes aspectos: la reducción de los niveles de acidez del suelo y el desarrollo de una bacteria (rhizobium) que ayuda a fijar el nivel de nitrógeno en el suelo haciéndolo apto para la producción; transformó una variedad de pastos africanos llamados brachiaria en braquarinha; en tercer lugar transformó una semilla nativa de soja del noreste de Asia; en cuarto lugar cambió las técnicas de cultivo y barbecho e incorporó tierras que ya no estaban disponibles para la agricultura en tierras aptas para la ganadería. Todas esas transformaciones tecnológicas en conjunto han hecho que la producción agropecuaria de ese país sea hoy una de las primeras del mundo. La diferencia frente al proyecto presentado por el gobierno para desarrollar la altillanura, se funda en que deja en manos de los proyectos formulados por los gestores en asocio con los campesinos la posibilidad de desarrollar innovaciones o cambios tecnológicos, pero dado que muchas de las empresas grandes interesadas en la altillanura ya traen incorporado el paquete tecnológico, solo se trataría, desde el punto de vista empresarial de asociar campesinos, que aportan su tierra, si ella es un baldío, para trabajar no como asalariados sino como asociados al proyecto productivo en esa forma no ganaría pago de salarios y el riesgo se distribuye entre las 2 partes, en un modelo muy cercano a la aparcería. Los colombianos estaríamos asistiendo no a la modernización del campo colombiano, basado en el riesgo empresarial, sino en un nuevo retroceso social del campesinado con algunas ganancias para unos pocos. En este aspecto es muy importante conocer cuáles son los mecanismos previstos en este proyecto para el apoyo gubernamental en materia de innovación y transferencia tecnológica. Es bien conocido por la literatura del cambio técnico y la innovación en la agricultura que los descubrimientos recientes en materia de biotecnología, nanotecnología, las tecnologías de la información, han sido lideradas por las compañías transnacionales privadas que tienen grandes capacidades para el desarrollo de innovaciones y el desarrollo por su cuenta de procesos de investigación y desarrollo agrícola y sus resultados son apropiados de forma privada. A nivel mundial esa transformación tecnológica ha afectado de manera radical los productos que componen la canasta familiar, es decir, los bienes agrícolas que representan la capacidad agroalimentaria de los países en el mundo. Por ello es necesario saber a qué refiere el gobierno con la generación de
20 proyectos asociativos de campesinos, que históricamente no han tenido experiencia en innovación y desarrollo tecnológico, qué tipo de proyectos tecnológicos aprobará el MADR teniendo en cuenta que en el mercado nacional y mundial, existe una demanda especializada en materia agroalimentaria del tipo de agro cadenas y de biocombustibles. Adicionalmente la propuesta de incentivos y de modelo de asociación gestores-campesinos, no establece claramente cuál es la integración vertical del campesino para acceder al valor agregado, lo que prevé que su participación es simplemente a la de proveedor de materias primas, con el agraven que de esta manera asume los mayores riesgos al enfrentar la incertidumbre de la producción primaria (climas, plagas, enfermedades) así como una dependencia no solo para la venta de su cosecha sino para el acceso a los incentivos propuestos, la transferencia tecnológica, y la compra de insumos. 2. El complejo conflicto social agrario: para sembrar la paz hay que aflojar la tierra (Darío Fajardo, 2002). Análisis sobre los acuerdos preliminares de La Habana y la contradicción que plantea el proyecto ZIDRE. Razón de inconveniencia política El complejo y profundo conflicto armado colombiano tiene dentro de sus causas el problema de lo agrario, y que el trabajo de Darío Fajardo: para sembrar la paz hay que aflojar la tierra, intenta sintetizar unas de las problemáticas en el país que como se explicó en la breve síntesis histórica, ha sido un elemento persistente de la historia colombiana, ante la falta de una reforma agraria estructural que sigue siendo postergada, y que marcó los orígenes de las organizaciones guerrilleras en defensa de su territorio. El proceso de negociación entre el gobierno del Presidente Santos y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (Farc-EP) tiene dentro de su agenda la política de desarrollo agrario. Para ello se acordó con el Gobierno llevar a cabo una Reforma Rural Integral (RRI) que debe tender hacia la transformación estructural de la realidad rural y agraria del país, con equidad y democracia, contribuyendo así a la no repetición del conflicto y a la construcción de una paz estable y duradera. La reforma está dirigida a las gentes del campo, que comprende la amplia diversidad de comunidades campesinas, afrodescendientes, palenqueras, raizales, indígenas y la gente que habita estos espacios con el fin de erradicar la pobreza, promover la igualdad, y la garantía de derechos de los ciudadanos que habitan el campo. Para ello, se reconoce el papel de la economía campesina, familiar y comunitaria para el desarrollo rural, así como la promoción de diversas formas de asociación, la dignificación del empleo rural, la producción alimentaria y la conservación del medio ambiente. Para democratizar el acceso a la tierra, tanto de los campesinos sin tierra, o cuya tenencia es insuficiente, se acordó crear un Fondo de Tierras de distribución gratuita. Este fondo estaría compuesto por tierras que han sido indebida e ilegalmente adquiridas, reforzando la extinción de dominio judicial, y la recuperación de los baldíos que fueron adquiridos contraviniendo la legislación vigente, además de otras fuentes de tierras que contravengan el principio de función social y ecológica de la propiedad, expropiación con interés social, ente otras. Sin embargo, el Proyecto de ley número 133 de 2014 Cámara legaliza la concentración ilegal de tierras, según lo establece el artículo 1 y 9, al incluir la posibilidad de que empresarios gestores