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Timestamp: 2019-02-16 04:25:42
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CODIGO DEONTOLÓGICO DE LOS PSICÓLOGOS
La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano y sus procesos cognitivos. Su fin último es mejorar nuestra calidad de vida, incentivando y cuidando de la salud mental. Pero, ¿quién o qué se encarga de que los psicólogos sigan estos principios? Aquí es donde entra el código deontológico del psicólogo.
El código deontológico del psicólogo es una guía que orienta la ética profesional de cualquiera que se dedique a la psicología. En España, el código se desarrolló a partir de las ponencias del I congreso del Colegio Oficial de Psicólogos celebrado en Madrid en mayo de 1984. En él se identificó la necesidad de regular la práctica y se propuso realizar un trabajo conjunto entre todos los psicólogos de España para crear una guía que evitase la mala práctica desde una perspectiva ética.
A lo largo del código deontológico podemos encontrar 59 artículos que rigen la compentencia profesional, la intervención, la investigación y docencia, obtención y uso de la información, la publicidad, la remuneración y las garantías procesuales. El incumplimiento de cualquiera de estos artículos supondrá una evaluación del profesional negligente a través de un comité sancionador; y una vez juzgada la gravedad de la falta, se aplicará la sanción correspondiente a la falta. Esta sanción puede ser leve pero también importante, como la retirada del título y la licencia para ejercer.
En este artículo vamos a hacer un pequeño repaso de los principios generales del código deontológico, los cuales aportan una visión general de los objetivos del mismo. Estos principios están plasmados en el código, desde el artículo 5 al 15.
Principios generales del código deontológico
El primero de los principios generales (art. 5) nos habla acerca de la finalidad de la psicología. La cual se orienta hacia objetivos humanos y sociales como el bienestar, salud, calidad de vida, etc. Cualquier práctica dentro de la psicología que vaya en contra de estas metas iría en contra de la ética profesional.
El artículo 6 versa sobre la sinceridad del profesional. Un psicólogo, conociendo los datos verdaderos, no puede alterarlos ni transmitir una versión fraudulenta de los mismos. La actividad profesional debe basarse en la responsabilidad, honestidad y sinceridad para con los clientes y el público. Y valerse únicamente de instrumentos y técnicas con fundamentación científica y objetiva.
El siguiente principio, el artículo 7, habla del uso de la psicología con intencionalidad negativa. Queda totalmente prohibido utilizar las nociones aprendidas en esta disciplina para coartar la libertad individual o aplicar malos tratos. Nunca y en ningún caso se justificará la mala aplicación de la psicología; ya sea por conflicto armado, obligación, guerra civil, revolución, terrorismo o cualquier otra situación que pretenda justificar el delito.
El artículo 8 dice que todo psicólogo debe informar, al menos a los organismos colegiales, en caso de tener conocimiento de una violación de los derechos humanos, malos tratos o condiciones de reclusión crueles. El secreto profesional o la confidencialidad con el cliente no se ejerce cuando ocurren este tipo de situaciones. Desgraciadamente, este es uno de los artículos del código más infringido.
El siguiente principio general (art. 9), habla acerca del respeto de los criterios morales o religiosos de los clientes. Eso sí, el hecho de respetarlos no impide el cuestionamiento de los mismos cuando sea necesario en el marco de la intervención.
El artículo 10 prohíbe al psicólogo, durante la prestación de sus servicios, hacer uso de la discriminación por raza, género, sexo, credo, ideología o cualquier otro factor diferenciador. La aplicación de la psicología es universal y por lo tanto en su práctica se debe respetar el principio de no discriminación.
En el principio general del artículo 11 se habla acerca de que el psicólogo no puede beneficiarse por su estatus de poder o superioridad frente a los pacientes; ya sea para beneficio propio o de terceros. Aprovecharse de ese estatus sería alejarse de las metas de la disciplina psicológica.
El artículo 12 habla acerca de la cautela a la hora de escribir sus informes o diagnósticos. Los trastornos mentales o calificativos psicológicos en multitud de ocasiones van junto a estigmas o etiquetas sociales. Por esta razón hay que usar con cautela el lenguaje, intentando no degradar socialmente a ninguno de los clientes.
El artículo 13 busca evitar las malas derivaciones de pacientes o apropiación indebida de clientes. En ningún caso se pueden monopolizar los clientes, y se deben seguir las vías legales propuestas para la derivación de los pacientes. Esto nos asegura que las personas sean tratadas por el mejor profesional para su problema.
El artículo 14 prohíbe prestar el nombre o la firma del psicólogo profesional a terceros. La única persona que puede firmar, dentro de la práctica profesional, es el propio psicólogo. Con esto se evita el intrusismo y el encubrimiento de prácticas vanas o pseudocientíficas.
E último de los principios del código deontológico, recogido en el art. 15, versa acerca de los intereses contrapuestos. Cuando estos ocurran, el psicólogo procurará realizar su actividad con la máxima imparcialidad posible. Y deberá, en aquellas situaciones en que legítimamente proceda, hacer valer sus argumentos ante las autoridades institucionales.
La importancia del código deontológico
Ahora que ya conocemos los principios generales del código deontológico, ¿por qué es tan importante tener una guía de la ética profesional? No olvidemos que la psicología clínica es una profesión sanitaria, y por lo tanto sus clientes demandan que los servicios sean competentes y de confianza. En el fondo, en la práctica de cada psicólogo está registrada de alguna manera la de toda la profesión.
Pero también es importante tener en cuenta, que un código ético nos ayuda a orientar las aspiraciones y las regulaciones dentro de los valores de la disciplina psicológica. Si lo que queremos es una ciencia a favor del progreso y del bienestar, se ve necesario crear limitaciones de la conducta profesional que impidan que nos apartemos de estos objetivos.
Por último, añadir que es deber de todo psicólogo realizar una reflexión crítica acerca de su conducta profesional y del propio código deontológico. Un debate continuo entre un colectivo de psicólogos comprometidos nos ayudará a mejorar una guía de actuación a favor de la ciencia y el bienestar de las personas a las que asistimos.
XAVIER CONESA PSICOLOGO MOLLET