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Timestamp: 2019-12-15 15:31:38
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Matched Legal Cases: ['artículo 9', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'artículo 9']

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título Informes presentados por los estados partes
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CERD/C/CUB/14-18
14, 15, 16, 17 y 18 informe periódico que los Estados Partes debían presentar en 2007*
República de Cuba **
INFORME DE CUBA AL COMITÉ PARA LA ELIMINACIÓN DE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL (CERD)
informes presentados por los estados partes 1
de conformidad con el artículo 9 de la CONVENción 1
14, 15, 16, 17 y 18 informe periódico que los Estados Partes debían presentar en 2007 1
República de Cuba * 1
Territorio y población. 3
Estructura política general. 13
Marco normativo general de protección de los derechos humanos. 20
Factores que afectan a la aplicación. 20
INFORMACIÓN RELATIVA A LOS ARTÍCULOS DEL 2 AL 7 DE LA CONVENCIÓN. 22
Artículo 2 22
Artículo 3 27
Artículo 5 33
Artículo 6 74
Artículo 7 80
Enseñanza y educación 81
SUGERENCIAS Y RECOMENDACIONES DEL COMITÉ 104
El Gobierno de la República de Cuba se regocija con la posibilidad de informar al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, sobre las medidas en cumplimiento a sus compromisos dimanantes de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, de conformidad con el artículo 9 de dicha Convención. El presente documento consolida los informes periódicos 14, 15, 16, 17 y 18 de Cuba, que debieron presentarse en 1999, 2001, 2003, 2005 y 2007, respectivamente. Está estructurado siguiendo las Directrices Generales relativas a la forma y el contenido de los informes periódicos que han de presentar los Estados Partes, adoptadas por el Comité en agosto de 2000 (CERD/C/70/Rec.5) y las Directrices para las partes iniciales de los informes de los Estados Partes (“Documentos básicos”) (HRI/GEN/2/Rev.3), de 8 de mayo de 2006.
La nación cubana posee una nítida identidad cultural, resultado de intensos procesos de transculturación, de la cual participa más del 98% de la población residente. Cuba no posee minorías étnicas, sino representantes de otros grupos étnicos en forma de pequeñas comunidades o familias, que por separado ninguno alcanza el 1% de la población. Entre ellos pueden mencionarse canarios, catalanes, gallegos, vascos, chinos, haitianos, jamaicanos, japoneses y otros de muy variada procedencia, que poseen los mismos derechos que el resto del pueblo cubano. Cabe destacar el envejecimiento de estas poblaciones como resultado de la no existencia de corrientes migratorias que las actualicen y la fuerte presencia de una descendencia derivada de uniones matrimoniales inter étnicas entre representantes de estos grupos y cubanos.
La población cubana exhibe un variado polimorfismo derivado de la confluencia, interacción e intensos procesos de hibridación entre individuos de diversa apariencia racial: caucasoides, negroides, mongoloides y amerindios. Desde un inicio, junto a blancos, cobrizos y negros, empezó a aparecer una población mestiza de múltiples combinaciones. Con la extinción de los pueblos aborígenes -producto al genocidio de los colonizadores españoles y la asimilación biológica de sus remanentes dentro de las corrientes fundamentales del mestizaje-, el núcleo fundamental de dichos mestizos se fue identificando como mulatos. La posterior entrada al país de braceros asiáticos para las dotaciones de esclavos de las plantaciones azucareras aportó nuevos matices a las interacciones raciales.
La particular forma de inserción de los diferentes componentes raciales en la estructura socioclasista y en las relaciones de dominación concomitantes, llenó de contenidos y significados la apariencia física y el color de la piel de las personas, con lo que se crearon las premisas para identificar y para que se autoidentificaran como grupos raciales fundamentales del panorama social cubano a los blancos, los negros y los mestizos. Los procesos de transculturación y de mestizaje cultural reprodujeron en paralelo a dicha segmentación una tendencia integracionista, de la que fue surgiendo el sentido de pertenencia a un etnos y de identificación con una cultura, la cubana. De este modo, el carácter uniétnico de la población cubana no excluye que uno de sus rasgos distintivos sea su multirracialidad, entendida esta como categoría sociocultural.
El aspecto biológico naturalista de la raza, al reducir la persona a determinados rasgos particulares, resulta inoperante ideológica y funcionalmente para una clara ubicación de los individuos dentro de categorías a efecto de establecer un registro social del fenómeno. Por un lado, todas las clasificaciones raciales son en cierto sentido arbitrarias, variando notablemente en función del principio taxonómico desde el que se construyen (la determinación de un tipo determinado a partir de rasgos morfológicos, la selección de características bioquímicas, inmunológicas, fisiológicas o genéticas), dando lugar a agrupamientos que van desde 3 hasta 400. Por otro, los procesos de mestizaje contribuyen a desmarcar las diferencias entre unos grupos raciales y otros. Del mismo modo, los descubrimientos del genoma humano han dejado ver que existen más variaciones genéticas al interior de los grupos que entre ellos y que todos compartimos el 99,9 % del código genético. Por último, no siempre las clasificaciones con las que actúan y funcionan las personas en contextos concretos, coinciden plenamente con las que puedan resultar de la aplicación de algún criterio “científico”. En tal sentido, se asume la noción de raza como una construcción social, que en Cuba, según han venido develando las investigaciones del Instituto Cubano de Antropología, se configura en torno al núcleo de representación “color de la piel”.
La política de Cuba contra cualquier tipo de discriminación y en favor de la igualdad tiene rango constitucional y su punto de partida fundamental se encuentra en los capítulos I "Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado", VI "Igualdad" y VII "Derechos, deberes y garantías fundamentales" de la Carta Magna, aprobada en referendo popular en 1976 y modificada por la Ley de reforma constitucional, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio de 1992.
Otros artículos de diferentes capítulos de la Constitución de la República de Cuba refrendan garantías, derechos y libertades como la propiedad personal, herencia, reclamar y obtener la reparación o indemnización correspondiente, no ser privado de su ciudadanía, igualdad de derechos y deberes de los cónyuges, igualdad de derechos de los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, libertad de creación artística, derecho al voto, entre otros.
Los derechos constitucionales, así como los mecanismos y medios para hacerlos efectivos y restablecer la legalidad ante cualquier violación de estos, han sido garantizados, además, mediante una profusa legislación complementaria, dentro de la que cabe mencionar el Código Penal (Ley Nº 62 de 1987), la Ley de Asociaciones (Ley Nº 54 de 1985), la Ley de Procedimiento Penal, la Ley Electoral (Ley Nº 72 de 1992), el Código de Familia (Ley Nº 1289 de 1975) y el Código del Trabajo.
La Constitución de la República y la normativa cubanas, estipulan el ejercicio tanto de los derechos civiles y políticos, como los económicos, sociales y culturales, conforme a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la propia Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.
La política de desarrollo social del Estado Cubano a partir de 1959 y hasta la actualidad, tiene como uno de sus principios fundamentales el tratamiento preferencial, sin distinción alguna, a los grupos sociales más carentes y marginados en la etapa prerrevolucionaria: la niñez, la mujer, los ancianos, la población rural, los jóvenes y discapacitados, y las personas de menores ingresos, entre otras categorías, sin distinción alguna.
Las políticas generales y específicas aplicadas propiciaron acrecentar la integración de la sociedad cubana, proceso motivado, entre otros factores decisivos, por su carácter democrático basado en el acceso y participación real de la población en su formulación y aplicación; por situar al ser humano como objeto y sujeto del desarrollo; por la igualdad de oportunidades y de acceso al empleo, los ingresos y los servicios básicos, así como por los cuantiosos recursos destinados a su ejecución.
La nacionalización de los sistemas de salud y educación y el establecimiento de su carácter gratuito con acceso universal, beneficiaron particularmente a sectores secularmente discriminados como las personas negras y mestizas, personas de bajos ingresos, incluyendo a blancos, que anteriormente tenían un acceso muy limitado a tales servicios.
El proceso de nacionalización y socialización de los medios fundamentales de producción propicio una intensa movilidad social ascendente. Representantes de las masas populares, anteriormente preteridas, pasaron a ocupar puestos de responsabilidad en la organización, la gestión y el control de la producción, a la vez que propiciaba la gestación de políticas sociales de protección a los trabajadores de alcance universal y efectivo. Del mismo modo, las formas de propiedad que fueron prevaleciendo permitieron poner fin a la discriminación en el acceso a la vivienda, centros culturales y recreativos. El desalojo desapareció del panorama social cubano. Tales procesos tuvieron diversas repercusiones en la reconfiguración de las relaciones entre grupos raciales. Ante todo se limitó sensiblemente la posibilidad de ejercer la discriminación en nombre del principio de la propiedad privada. Contribuyó a elevar notablemente la autoestima del sujeto popular al tomar en sus manos el control y la defensa de las conquistas alcanzadas; mientras que con las tareas que se imponían se abría un inmenso campo de cooperación entre grupos raciales en función de objetivos comunes, que contribuyó a acercar significativamente las distancias entre estos.
Las políticas generales aplicadas potenciaron la equidad y una mayor justicia social, fueron encaminadas a la redistribución de los ingresos, la distribución equitativa de productos de la canasta básica, la mejora y extensión a todos los lugares del país de los servicios sociales básicos, incluidos el servicio de agua potable, alcantarillado, etc.
Se ha aplicado, y continúa aplicando, una política de promover como cuadros de dirección del país, a todos los niveles, a personas negras y mestizas, mujeres y jóvenes, con el objetivo de asegurar una verdadera democracia y participación de todo el pueblo en el ejercicio del poder y el disfrute de la riqueza nacional.
En la sociedad cubana actual los prejuicios raciales no tienen una significativa entidad y se expresan particularmente en las esferas más íntimas de la vida, con mayor frecuencia en la relación de parejas. El significativo incremento del número de familias racialmente mixtas, corrobora positivamente el impacto de las acciones promovidas contra la discriminación racial en la vida privada de las personas. Estos no se manifiestan en la vida pública porque son combatidos y rechazados tanto por Ley como por los cánones y valores compartidos por la sociedad. Los prejuicios raciales son particularmente atemperados por un discurso político que enfatiza la igualdad, la estigmatización del racismo y una tradición revolucionaria que tiene sus raíces en la historia de Cuba.
La supervivencia de ciertos prejuicios personales parten de factores históricos y socioculturales. Cincuenta años de Revolución antidiscriminatoria, no pueden borrar totalmente estereotipos que caracterizaron una sociedad que fue racista por más de 500 años. La estructura y funcionamiento de la familia no cambian al ritmo que lo pueden hacer las disposiciones de carácter jurídico y las políticas de Estado.
Se ha comprobado que existe un criterio extendido en la población del país de que el prejuicio racial es negativo e inaceptable; hay comprensión de que existen condicionantes históricas, económicas y socioculturales que colocan a unos grupos en desventaja frente a otros; se reconoce el mestizaje biológico y cultural como algo intrínseco del pueblo cubano y también se constata un incremento progresivo de las relaciones interraciales en las más diversas esferas de la vida.
A nivel social general se observa una interrelación mayor, con casos de notoria intensidad, en cuanto a las relaciones vecinales, laborales y educacionales, así como en la participación en actividades culturales, recreativas y deportivas.
La gran mayoría de la población cubana reconoce poseer algún grado de mestizaje, que para algunos especialistas podría sobrepasar el 80 %. En las últimas décadas estos procesos se han intensificado, haciéndose cada vez más visibles las parejas interraciales, hacia las cuales la sociedad y las personas no manifiestan radicales prevenciones. En general se considera un asunto privado que no menoscaba a la persona.
El Estado Cubano mantiene una constante preocupación por la cuestión racial y los prejuicios raciales, por insignificantes que sean. Numerosos investigadores, instituciones académicas y científicas estatales investigan aspectos relacionados con la temática racial.
Según el Censo de Población y Vivienda, realizado en el año 2002, la población cubana asciende a 11 177 743 habitantes residentes en 3 534 327 unidades de alojamiento. Con relación a las personas, se tomó información de diversos atributos, entre los que se encontraban el sexo, la edad, el nivel educacional y el color de la piel. De acuerdo a esta última característica, el 65% de la población fue catalogada como blanca, el 10,1% como negra y el 24,9% como mestiza1. Una comparación con el censo de 1981 permite apreciar que los porcentajes actuales de población negra y blanca son más bajos, mientras que los de población mestiza son mayores. En 1981, las proporciones de población según el color de la piel eran 66,0% de blancos, 12,0% de negros y 22,0% de mestizos.
Aunque la presencia de todos los matices epiteliales se verifica a lo largo y ancho del país, existen determinadas concentraciones de la población según su color de la piel reiteradas en sucesivas investigaciones y mediciones realizadas. Así, según el censo de 2002, la población negra tiene una alta concentración urbana (85,1 %) y en determinadas regiones del país: occidente (50,5 %) y la región oriental (31,3 %). Las provincias de mayor población negra son Ciudad de la Habana, donde reside el 30,5 % de la población negra de Cuba, Santiago de Cuba con el 15,7 %, Pinar del Rió con el 7,2 %, Matanzas con el 6,6 % y Guantánamo con un 6,5 %.
Esta distribución de la población negra según provincias, resulta diferente a la reportada en el censo de 1981, y pone en evidencia la tendencia al incremento relativo de la población negra en la capital. En el año 1981 en la capital se encontraba residiendo el 27%, en Santiago de Cuba el 17% y en Pinar del Río el 7,8%; mientras que Guantánamo y Camaguey concentraban en 1981 porcentajes de población negra más altos que en el 2002, y del orden de 7,4 y 6,3% respectivamente.
Aunque el último censo se realizó en el año 2002, el país calcula anualmente su población nacional y territorial sobre la base de las estadísticas demográficas y registros vitales, que en Cuba tienen muy buena calidad. Desde el punto de vista demográfico, el país presentó una situación inédita en el año 2006, que se ha vuelto a repetir en el 2007. La última década se ha caracterizado por crecimientos poblacionales que en relación a nuestro contexto pueden considerarse de moderados a bajos, con tasas oscilantes entre valores de 3,3 a 0,2 por mil. Sin embargo, durante el año 2007, por segunda ocasión la tasa resultó negativa, situación que se ha reflejado en un decrecimiento poblacional. Al cierre del año 2007, la población residente en Cuba fue de 11 236 790 habitantes, lo que significó en cifras absolutas que la población decreció en 2 253 personas con respecto al 2006.
Población residente y Tasa Anual de Crecimiento (TAC). Cuba. Período 1990-2007.
TAC*: Tasa anual de crecimiento (por mil)
Fuente: ONE-CEPDE (2008) Anuario Demográfico de Cuba, 2007
Se está produciendo una combinación de variables demográficas que favorecen la situación descrita. La mortalidad luego de años en que oscilaba entre 77 y 79 mil, rebasó en el 2004 las 81 mil defunciones; en el 2005 casi alcanzó 85 mil; mientras en los años 2006 y 2007 se mantuvo por encima de 80 mil (80 840 y 81 914 defunciones respectivamente). Como tendencia, se evidencia un aumento de estas como resultado de la intensificación del proceso de envejecimiento poblacional. Los saldos migratorios externos de signo negativo se han venido mostrando estables en los últimos años por encima de las 32 mil personas. Independientemente de que por su cantidad y signo, ello representa una pérdida de población para el país, la estabilidad señalada para estos años indica que no es esta variable por si sola la que puede explicar el decrecimiento poblacional registrado.
Mención aparte merece la variable fecundidad. Los nacimientos descendieron significativamente durante el 2004, 2005 y 2006 (9 603, 6 476 y 9 323 nacimientos menos respectivamente con relación al año anterior). Esta es la variable que más variación ha presentado y es precisamente el descenso en el número de nacimientos lo que produce un mayor impacto en el decrecimiento poblacional señalado, a pesar de que en el 2007 ocurrieron 1 149 nacimientos más que el año anterior. El descenso en el número de habitantes registrado en los años 2006 y 2007 se debe fundamentalmente a la disminución de los nacimientos, menor en este último año por las razones señaladas.
Cuba es un país de elevada urbanización. Al cierre del año 2007 la población que residía en asentamientos humanos considerados como urbanos era de 8 472 393 habitantes, para el 75.4 % de urbanización. La parte rural llegó a 2 764 397 habitantes, un 24.6 % del total.
Las provincias de mayor grado de urbanización son Ciudad de La Habana, Matanzas y Cienfuegos, así como el Municipio Especial Isla de la Juventud, todos por encima del 80 %, mientras que en la región oriental y Pinar del Río es donde están las provincias más ruralizadas, no llegando ninguna al 70 % de urbanización. De este grupo destaca Granma como la provincia menos urbanizada del país, con solo el 58.7 %.
Ciudad de La Habana continua siendo la provincia con mayor densidad poblacional del país, con 2 991,2 habitantes por km2, encontrándose bien distante del resto. Le siguen en orden decreciente Santiago de Cuba, La Habana y Holguín, con valores superiores a la media nacional (102,3 habitantes por km2). Entre los territorios con menor densidad se encuentran Isla de la Juventud, Camagüey y Matanzas, por orden ascendente, todos con menos de 60 habitantes por km2.
En Cuba, al cierre del año 2007, había un total de 5 627 349 varones y 5 609 441 hembras, lo que representaba el 50.1 y el 49.9 % del total respectivamente, para una Relación o Índice de Masculinidad de 1003 varones por cada 1000 hembras. Este índice presenta variaciones por territorios, oscilando en el rango de 928 hasta 1041. Esto evidencia un relativo equilibrio en la composición por sexo y garantiza demográficamente la reproducción natural de la población.
Por edades el valor de este indicador es diferencial, siguiendo en general una tendencia a ser mayor (por encima de 1000) en los primeros años de la vida e ir descendiendo hacia las edades más avanzadas, hasta ubicarse por debajo de 1000 entre los 40 y 44 años. Esto se explica porque nacen más varones que hembras, aunque también mueren más varones que hembras, lo que se conoce como sobremortalidad masculina. En Cuba, a partir del grupo de edad 40-44, la presencia femenina es mayoritaria.
Debido a lo avanzado del Proceso de Transición Demográfica en Cuba, similar a lo de los países desarrollados, cuyos principales indicadores han sido descritos con anterioridad, el país viene transitando desde hace varios años por un proceso de envejecimiento poblacional.
El proceso de envejecimiento es consecuencia principalmente de la ampliación de las expectativas de vida y los bajos niveles de fecundidad que se vienen observando, especialmente desde finales de los años 70 del pasado siglo, cuando la Tasa Bruta de Reproducción (TBR) tomó valores por debajo de 1. Esta situación se mantuvo; al concluir el año 2007, la población de 0-14 años sólo representaba el 17.9 por ciento del total; mientras la de 60 años y más se elevaba hasta 16.6 por ciento, lo que en términos absolutos representa 1 863 047 habitantes en esas edades. Estos resultados, han llevado a que la edad media de la población del país haya ascendido hasta 37.4 años y la mediana alcance los 37.0 años.
El proceso de envejecimiento, visto como un aumento en la proporción de personas de 60 años y más con relación a la población total, se ha venido desarrollando y profundizando en los últimos años. El país ha transitado desde un 11,3 por ciento de personas de 60 años y más en 1985 hasta un 16,6 por ciento en el 2007. Así, en el término de 22 años, el envejecimiento se ha incrementado en 5,3 puntos porcentuales.
La tasa de mortalidad infantil en el año 2008 fue de 4,7 por cada mil nacidos vivos, (la más baja en la historia de Cuba) destacando que 26 municipios del país registraron cero mortalidad infantil. No existen diferencias significativas en la mortalidad infantil entre grupos raciales, lo que sin lugar a dudas es expresión del modo equitativo en que se aplican las políticas sociales. En el 2007 la tasa de mortalidad materna fue de 30,2 por 100 mil nacidos vivos. La tasa global de fecundidad (Hijos por mujer) fue de 1,43 y la tasa bruta de reproducción (Hijas por mujer) fue de 0,69. La esperanza de vida al nacer alcanza en Cuba los 77,97 años. Se constata en cuanto a la esperanza de vida al nacer que mientras antes de 1959 el diferencial entre los grupos blancos y no blancos era de 6 años de vida más para los blancos, en la actualidad este se redujo a 1.
En materia económica, a pesar de las adversas circunstancias, Cuba alcanzó un crecimiento del 4,3% en el año 2008. El Producto Interno Bruto per cápita ascendió hasta los 4213 pesos en el año 2007.
Estos resultados se apoyan en el trabajo mancomunado de todo el país, que se materializa en el crecimiento de un 2,6% en la productividad del trabajo; un 6,6% de las inversiones, mayormente en ramas decisivas para la producción y los servicios; el crecimiento de sectores claves como el agropecuario, que —a pesar de las afectaciones— lo hace un 1,6%; la industria que aumenta un 1,2% y donde crecen 13 ramas de las 21 que la componen; la construcción que lo hace en un 3,3%; el transporte en un 7,4%; las comunicaciones en un 9,0%; y los servicios en un 8,0%. Igualmente crecen un 7,2% las exportaciones de bienes y servicios y el turismo se recupera, creciendo un 9,3%.
Los resultados que tienen un impacto más directo en la población a pesar de las carencias y dificultades presentes, se expresan en el reforzamiento alimentario a los territorios más afectados por los huracanes que afectaron el país durante el 2008, con 27 mil toneladas de alimentos, a un costo superior a 26 millones de dólares, que benefician a dos millones y medio de habitantes, a lo que se añade la venta a toda la población de alimentos para compensar la caída de la producción agropecuaria por valor de 66 millones de dólares; se concluyó el 72% del programa de reparación de redes eléctricas, incluyendo el 90% de las zonas de bajo voltaje y se reducen los “apagones” un 13% en relación con el año anterior; se adquirieron 913 ómnibus nuevos y 248 de segunda mano para todo el país, incluyendo la capital, donde se transporta como promedio un millón de pasajeros diarios; se terminaron 31 policlínicos, alcanzándose 272 instalaciones reparadas y ampliadas de manera capital, e igualmente se instalaron 41 equipos médicos de alta tecnología; se logra una tasa del 72,7% de la población entre 18 y 24 años estudiando en la educación superior; se aumentaron las cuantías mínimas de las pensiones de la seguridad social y las prestaciones de asistencia social; se inició aunque es aún insuficiente, un programa de atención a necesidades de la población con ventas en moneda nacional.
El 78% del Producto Interno Bruto (PIB) se dedica al consumo personal y social. El consumo personal alcanza el 49% del PIB del 2008. El otro 29% se dedica a cubrir necesidades económicas y sociales de todo tipo.