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Timestamp: 2018-02-25 23:29:14
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Matched Legal Cases: ['artículo 80', 'artículo 80', 'artículo 80', 'artículo 80', 'artículo 80', 'artículo 24']

Padre Ricardo B. Mazza. Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXV del tiempo ordinario, ciclo “B”. 23 de septiembre de 2012.
LOS CUATRO PROCESOS CEREBRALES QUE DETERMINAN LA MORAL
En tiempos donde lo importante parecen ser los resultados, los logros, es importante no caer en el engaño de ofrecer flores falsas de apariencia, de mentira y corrupción.
Se creía que un adulto alcanzaba su edad media antes de cumplir los 40 años y que a los 58 ya era "viejo". Pero un nuevo sondeo revela que hoy en día la "edad madura" comienza a los 55.
“Se le daría prisión perpetua al hombre que mate a una mujer o a una persona que se autoperciba con identidad de género femenino y mediare violencia de género”. Por primera vez emitió dictamen la Banca de la Mujer.
⚯ Modifica el inciso 1° del artículo 80 del Código Penal. La figura agravada que actualmente le cabe al que matare “a su ascendiente, descendiente o cónyuge”, se extendería al que matare a “su excónyuge, conviviente o ex conviviente”. Lo que equipara el vínculo matrimonial a la convivencia.
⚯ Amplía los crímenes por odio contemplados en el inciso 4° del artículo 80 del Código Penal, al “odio racial o religioso”, se sumarían “el odio a la orientación sexual, a la identidad de género o su expresión”.
⚯ Incorpora en el artículo 80 del Código Penal un nuevo inciso, el 11°; que inhibe al juez de aplicar atenuantes cuando el que matare “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o se ha mantenido una relación en los términos del inciso 1° (ascendiente, descendiente, cónyuge, excónyuge, conviviente o exconviviente), “anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima, otra mujer u otra persona que se autoperciba con identidad de género femenino.”
⚯ Crea el artículo 80 bis del Código Penal para imponer “prisión perpetua al hombre que matare a una mujer o a una persona que se autoperciba con identidad de género femenino y mediare violencia de género.”
Es así que el artículo 80 bis proyectado resulta abiertamente discriminatorio tanto para con los varones, como para con las mujeres que se “autoperciben con identidad de género masculino”, quienes aparecen menos protegidos que las mujeres que se precian de tales y los varones que se "autoperciben con identidad de género femenino", todo lo cual, ya lo hemos dicho, vulnera directamente el dispositivo del artículo 24 del Pacto de San José de Costa Rica: "Todas las personas son iguales ante la ley. En consecuencia, tienen derecho, sin discriminación, a igual protección de la ley".
Además de los integrantes de la Comisión de Justicia y Asuntos Penales, estudiaron el proyecto y por primera vez dictaminaron, las integrantes de La Banca de la Mujer (todas las senadoras del Cuerpo). Por una modificación reciente del reglamento interno del Senado, La Banca de la Mujer, que preside la sanjuanina Marina Riofrío, se constituyó en comisión permanente y quedó habilitada para dictaminar en cuestiones relacionadas con:
a) igualdad de derechos, oportunidades y trato entre mujeres
b) empleo público o trabajo en relación de dependencia de mujeres,
c) salud de las mujeres
d) cuestiones penales que afecten a mujeres
e) violencia, acoso sexual y laboral contra las mujeres
f) “todo otro tema que ataña al género”.
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Richard Gardner, miembro y vocero del Council on Foreign Relations [1], anticipó la aplicación de esta estrategia en 1974, cuando reconoció que en general ya no se iba a intentar la invasión armada para controlar y dominar a un país, sino el socavamiento de sus bases culturales y políticas, para eliminar su soberanía nacional: « (el Nuevo Orden Mundial) tendrá que ser construido desde abajo hacia arriba, más bien que de arriba hacia abajo. Parecerá un gran ruido, un zumbido, una confusión... Pero será una emboscada contra la soberanía nacional, erosionándola pedazo a pedazo. Pero se logrará mucho más que el clásico ataque frontal» [2].
1 . ¿Cómo se ha debilitado y deformado la familia como institución?
Externamente, creando condiciones sociales y económicas que hagan difícil o tornen imposible la subsistencia cotidiana y el ejercicio de los roles paterno y materno, destruyendo las fuentes de trabajo, deformando el sistema productivo, haciendo costoso o difícil el acceso a los servicios básicos indispensables como la salud y la educación, degradando el ámbito de trabajo y las relaciones laborales, promoviendo el asistencialismo improductivo, promoviendo el consumo de alcohol y droga, etc.
Internamente, se ha debilitado a la familia deshumanizando la figura paterna y materna, sobre todo ésta última. ¿Cómo? Eliminando del lenguaje cotidiano informal e institucional el término de “mujer”, para reemplazarlo por el de “identidad de género”, pues cuando se menta la palabra mujer aparecen inevitablemente asociadas la dimensión de hija, esposa y madre, figuras que hablan de amor y afecto, mientras que hablar de género remite a una dimensión meramente individual, un algo que no referencia ni amor ni afecto, un algo que sólo designa un puesto en un universo social que debe ser definido de la manera que le guste a cada una. Hablar de la mujer significa fundamentalmente hacer mención a un ser-en-relación permanente de amor y entrega, hablar de género significa hablar de algo individual que es un simple estereotipo vacío a ser llenado de cualquier forma.
No es para nada inofensivo reemplazar un término tan cargado de sentido afectivo y sentimental por un concepto desprovisto de rasgos humanos. Por ejemplo, al quitar del léxico la palabra mujer para reemplazarla por el término "género" permite también dejar de lado el concepto de maternidad para reemplazarlo, por ejemplo, por el término "trabajo reproductivo" que no trasunta el menor sentimiento afectivo. En este sentido, manipular el lenguaje de este modo permite desdibujar o diluir los rasgos humanos que caracterizan a la mujer, para mencionarla sólo como un “algo” carente de fisonomía o para rebajar su humanidad maternal a mero proceso de reproducción, con lo cual se facilitan los pasos necesarios para, en última instancia, convertir a la mujer en asesina de su propio hijo.
Lo que sí es llamativo es que estos centros de poder recluten entre sus voceros a dirigentes provenientes de movimientos políticos de raíz nacional, como el radicalismo y el peronismo. Pero por más llamativo que sea, no hay que dejar de reconocer en esta maniobra la astucia de los “amos del universo”, que hacen difundir su ideología y su coacepción de “género”, despersonalizadora de la mujer y de la familia, a quienes supuestamente representan tradicionales nacionales, históricamente enfrentadas con aquéllos.
C) La dimensión matrimonial de la mujer. Además de la maternidad, el otro rasgo constitutivo de la naturaleza esencial de la mujer es la conyugalidad, es decir, el saber ser esposa y amiga del varón con que forjan en unidad un destino al servicio no sólo de la familia sino fundamentalmente de la Nación.
Así lo puso de manifiesto Eva Perón, al afirmar que «la mujer […] reclama un lugar para compartir con el hombre sus jornadas y para trabajar con el por el triunfo definitivo de la fe, por la voluntad y por la vida que se nutren en su espíritu generoso y porque las ciudades, los campos y la civilización también fueron afianzados con energías femeninas» [4].
Los progresistas vernáculos que hoy se cautivan con el “empoderamiento de las mujeres” propuestos por los “amos del universo” a través de las Naciones Unidas se olvidan que, gracias a Perón y Evita, las mujeres argentinas pudieron ejercer efectivamente poder al servicio de los objetivos de labrar la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación. Históricamente hablando, las mujeres argentinas nunca reclamaron el poder contra sus compañeros de vida y destino, sino que reclamaron el poder de trabajar juntos a los varones para mejor servir a la Patria, para forjar un mundo de paz, amor y justicia social, no para realizarse individualmente según el modelo yanqui o británico.
Lamentablemente, quienes hoy usufructúan la imagen de Evita se olvidan que lejos de significar un lugar de frustración para la mujer, el hogar representa el ámbito pleno de su realización personal: «El hogar –santuario y célula mater de la sociedad- es el campo propicio y específico en el que el trabajo de la mujer, en bien de la patria y de sus hijos, se ejerce cotidianamente y ofrece mayores perspectivas de contribuir a moldear hombres dignos del momento histórico que vivimos los argentinos»[5].
En este punto, olvidan “nuestros” progresistas con mentalidad extranjera que «el hogar es el centro sensible por excelencia del corazón de la patria y el lugar específico para servirla y engrandecerla», y que a su vez la mujer es «la piedra básica sobre la que se apoya el hogar. Como madre, como esposa y como hija» [6]. En este sentido, la presencia activa de la mujer en el hogar potencia el desarrollo social y político de la Nación, sin que ello signifique su exclusión o postergación social, ya que la mujer está llamada a armonizar su presencia en el hogar y en la vida social y política, pero arraigándose y afianzándose en el ámbito de la familia, como templo de la vida y del amor: «Porque si a la mujer no se le ha dado el señorío de la fuerza física, se le ha dado el imperio del amor. Y sabemos las mujeres, sin necesidad de sutiles raciocinios, que sólo en el hogar y en el matrimonio indisoluble puede el amor alcanzar toda su expansión. Sabemos las mujeres que la decadencia del amor, sin duda alguna es una de las decadencias más grandes que ahora padece, es el resultado inmediato de la paganización de la familia y de la desarticulación del hogar». Es por eso que «menos tememos las argentinas a la mujer que pilotea automóviles, yates y aviones, que a la emancipada de la familia o a la que toma el amor y el matrimonio como un "egoísmo de dos" sin entender que de la solidez y de la fecundidad del matrimonio depende el engrandecimiento de la patria».
Esta jerarquía de ámbitos armonizados tiene su fundamento en el ideario cristiano: «La Iglesia, como nos ha enseñado siempre, ni ha prohibido ni ha disuadido a la mujer de que ejerza de médico o de diputado, o de embajadora, con tal que no abandone sus deberes esenciales de madre, de hija o de esposa. Y si la evolución de los tiempos la lleva a participar de la vida cívica y a intervenir en las contiendas electorales, es ella quien está encargada de conspirar al triunfo de un orden social y familiar en el que pueda compartir, al lado del hombre, los frutos de la paz y de la justicia» [7].
Pero “nuestros” progresistas han descubierto la pólvora: desprovistos del más elemental conocimiento de nuestra historia patria, llenos de la ideología internacionalista del poder financiero internacional, impulsan un proyecto social y político que despersonaliza y deforma a la mujer, convirtiéndola en “género” y “necesitada de poder”, cuando en la Argentina las mujeres fueron partícipes fundamentales en un proceso de auténtica liberación nacional y social, aportando los atributos propios de su femineidad. Olvidan o desconocen que en la vida nacional las mujeres «mostraron desde entonces [a partir del derecho al voto adquirido en 1947] que pueden trabajar, elegir y luchar como los varones y preservar, al mismo tiempo, los atributos de femineidad y de esposas y madres ejemplares con que impregnan de afecto nuestra vida» [8].
Una vez más, los sabios sueltos e intelectuales ignorantes “fabricados” por los “amos del universo” pretenden impulsar un “progreso” que en la Argentina se conoció hace más de 60 años. Si quieren “empoderar” a las mujeres, que divulguen y actualicen el magisterio político y de vida que ha pregonado Eva Perón en su hermosa existencia consagrada a servir a la causa de la Nación.