Source: https://www.hrw.org/legacy/spanish/informes/1998/venpris5.html
Timestamp: 2019-10-19 04:29:10
Document Index: 86411630

Matched Legal Cases: ['Artículo 38', 'Artículo 19', 'Artículo 14', 'Artículo 17', 'Artículo 41', 'Artículo 20', 'Artículo 12', 'Artículo 13', 'Artículo 14', 'Artículo 15']

La mayoría de los presos venezolanos se ven obligados a diario a soportar condiciones de vida terribles. Están hacinados en un sistema cuya capacidad se ha sobrepasado con creces, duermen con uno o dos internos más en la misma cama, o incluso en pasillos, en cualquier sitio que encuentren. La mayoría de los complejos penitenciarios están deteriorados físicamente, aunque el gobierno ha financiado la remodelación de varios centros en los últimos años. En casi todos los casos, los presos se ven obligados a conseguir sus propios colchones, ropa de cama y de vestir y, en menor medida, alimentos, lo que les hace depender del apoyo de sus familias o de otras personas fuera de la prisión.
El impacto del hacinamiento
Muchos presos viven en celdas comunales que albergan dos o cuatro veces la cantidad de internos para la que fueron diseñadas. Algunos presos ni siquiera pueden ejercer su derecho de tener una celda: en Sabaneta, uno de los centros del país más terriblemente afectado por el hacinamiento y el deterioro, los internos duermen en hamacas colgadas en pasillos estrechos, y en muchos otros centros duermen en los corredores. La distribución del espacio vital es bastante desordenada -- en algunas prisiones, completamente desordenada -- y el problema de hacinamiento afecta desproporcionadamente a ciertos presos. En cada una de las prisiones, algunas celdas estas atestadas de internos mientras que en otras el número de presos es mucho más reducido. En general, los presos más pobres, débiles y con menos poder suelen vivir de la misma manera en condiciones más apretadas e incómodas.
En algunos centros, los efectos del constante hacinamiento del sistema penitenciario se atenúan con el grado de movilidad del que disfrutan los internos. Por ejemplo, en prisiones como la de Sabaneta o Ciudad Bolívar las autoridades han cedido prácticamente a los internos el control interno del centro, y por lo tanto los presos no son objeto de ninguna restricción de sus movimientos en el interior de la prisión. En otras prisiones, como la de Tocuyito, los internos pueden salir de sus celdas cuando quieran y pasar el día al aire libre haciendo ejercicio o tomando el sol.(102)
En las prisiones con más restricciones los internos están confinados en corredores interiores (conocidos en general como "letras" por su denominación alfabética) donde se alinean las celdas. Los internos de dichas prisiones, como El Rodeo, Tocorón, el Penitenciaria General de Venezuela, y la Máxima de Carabobo, pueden moverse libremente entre las celdas que están en el corredor común, pero el espacio disponible en estas áreas es terriblemente limitado. Es más, se suele encerrar a los internos en sus celdas desde el final de la tarde hasta primeras horas de la mañana.
En todas las prisiones, las áreas más atestadas e incómodas son las celdas de castigo, donde se alberga tanto a presos que buscan protegerse de otros internos como a los que han sido castigados.
Condiciones de las celdas
A excepción de unas cuantas celdas individuales en el INOF y los anexos para mujeres, las celdas comunales son la norma en las prisiones venezolanas. Las prisiones más nuevas, como La Planta, El Rodeo, y Tocorón, tienen celdas comunales de tamaño pequeño y medio diseñadas para albergar a cuatro o diez internos, aunque en el caso de La Planta y Tocorón las celdas están ocupadas muy por encima de las cifras originales. Otros centros, sobre todo Sabaneta, Ciudad Bolívar, y la Casa Amarilla de El Dorado, tienen dormitorios más amplios.
En las prisiones donde se lo permiten, los internos separan las celdas comunales en espacios más reducidos, en general estirando sabanas en marcos de madera o colgándolas de cuerdas. Estas separaciones, que los internos denominan "bugalús," les permiten disfrutar de cierta intimidad. El Rodeo era una de las prisiones donde no encontramos "bugalús" por que, según nos dijeron, la Guardia Nacional arrancaba las separaciones. En algunas prisiones, sobre todo Sabaneta y Ciudad Bolívar, los presos han construido separaciones más sólidas con bloques de hormigón y tableros de contrachapado.
El hacinamiento de las celdas provoca inmundicia, malos olores, e insectos, que a su exacerban las tensiones propias del hacinamiento. Los internos son los responsables de mantener limpias sus celdas, es obvio que unos lo hacen mejor que otros: cuanto más atestada esta la celda más difícil es mantenerla limpia. Las paredes y suelos de las celdas son de cemento oscuro y deslucido cuya pintura se cayó hace tiempo, a excepción de las secciones remodeladas de El Rodeo y Tocuyito donde se aprecia la pintura fresca de color azul y blanco.
Las celdas suelen estar terriblemente atestadas de cosas, decoradas con muchos objetos, fotografías, y estampillas religiosas; algunas tienen incluso murales elaborados. Excepto en los centros renovados, por las celdas se cruzan al azar marañas de cables eléctricos.
Las prisiones no están selladas debido al clima cálido del que disfruta Venezuela. En las celdas y corredores hay ventanas con barrotes que permiten la entrada del aire y la luz. En algunas áreas hay buena ventilación, pero algunas celdas carecen de ventanas y cuando se hacinan los presos en ellas se convierten en un ambiente nocivo por la falta de aire y la abundancia de olores inmundos. Los corredores interiores de algunos centros son especialmente tenebrosos. Algunos centros padecen un problema de falta de iluminación, especialmente la Máxima de Carabobo y Catia, cuyas áreas interiores sólo tienen algo de iluminación artificial y escasa entrada de luz natural.
En 1995, el Ministerio de Justicia inició la remodelación de seis centros, entre ellos El Rodeo y Tocuyito, visitados por Human Rights Watch. La mejora física de estos centros era impresionante.(103) Lamentablemente, los problemas crónicos de hacinamiento extremo y falta de personal del sistema penitenciario no auguran nada bueno para el mantenimiento de estas mejoras.
Camas y ropa de cama y de vestir
Las leyes venezolanas se inspiran directamente de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas al exigir que se asigne a cada interno "cama individual con ropa suficiente para mudarla periódicamente y mantenerla en el debido estado de limpieza."(104) Aunque las reglas mínimas contemplan variaciones en el tipo de cama y ropa de cama proporcionadas por cada prisión "en conformidad con los usos locales y nacionales," decretan claramente que las autoridades penitenciarias deben poner a disposición de cada preso "una cama individual" y "ropa de cama individual suficiente, mantenida convenientemente y mudada con regularidad a fin de asegurar su limpieza."(105) Prácticamente todas las prisiones para hombres de Venezuela no cumplen estos requisitos.
Varias prisiones proporcionan a los internos somieres de metal, pero en la mayoría de estos centros el número de presos supera el número de camas disponibles. De las prisiones visitadas por Human Rights Watch, sólo El Rodeo y Tocorón habían suministrado colchones a la población carcelaria. En la gran mayoría de los centros para hombres, los internos duermen en el suelo sobre colchones de gomaespuma proporcionados por sus familiares o comprados a otros internos. Lo frecuente es que dos internos compartan un colchón. Los que no tienen familiares o dinero -- denominados "fritos" -- duermen sobre el suelo de los pasillos, baños, o donde encuentran espacio.
Los presos venezolanos conservan su propia ropa. El gobierno ha hecho pocos o ningún esfuerzo por suministrar uniformes, ni siquiera cuando los presos los necesitan, aunque el Ministerio de Justicia anunció recientemente que se repartirían uniformes.(106) La mayoría de los presos llevaban ropa adecuada y zapatos viejos pero que se podían usar perfectamente, en cambio, en la Máxima de Carabobo vimos a unos cuantos presos que no tenían más que su ropa interior.(107) El hecho de que no se proporcionen productos tales como la ropa de cama y de vestir fomenta la existencia de un tipo de servilismo en las cárceles. Los presos que carecen de dinero y de apoyo familiar trabajan para otros presos a cambio de estos artículos.
En marzo de 1996, el Ministerio de Justicia asignó a cada preso 303 bolívares al día para comidas. Desde entonces la cantidad aumentó a 451 bolívares, pero el aumento no era proporcional a la subida vertiginosa del índice de inflación en Venezuela. Con tan poco dinero disponible, no cabe sorprenderse de que los presos se quejaran tanto de la cantidad y calidad de la alimentación. Hasta Fiscal General de la República, en una carta de diciembre de 1997 dirigida al Ministerio de Justicia, subrayaba que la asignación diaria "per cápita para alimentación es insuficiente para cubrir las necesidades nutricionales básicas, lo cual considero, es violatorio de los más elementales derechos del hombre."(108)
La comida principal de la mayoría de las prisiones, que se sirve a última hora de la mañana o a primera hora de la tarde, consistía sobre todo en fécula con algunas legumbres.(109) "No es bastante, y no es buena comida," declaró un interno de La Planta.(110) Partiendo de nuestras observaciones, las numerosas quejas de los internos, y la admisión sincera de al menos un funcionario de prisiones, Human Rights Watch considera que los alimentos que se sirven en algunas prisiones no cumplen los requisitos de las leyes venezolanas, que estipulan que "se suministrará a los penados una dieta alimenticia suficiente para el mantenimiento de su salud," ni los requisitos similares contenidos en las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas.(111) La alimentación de los presos internados en estos centros, entre los que se encuentran las prisiones de Ciudad Bolívar y Tocuyito, depende de sus familiares o de otros presos. No obstante, en la mayoría de las prisiones los internos reciben raciones mínimamente adecuadas o poco generosas.
La mayoría de las prisiones carecen de bandejas u otros útiles de servicio. Los presos se sirven la comida en sus propios contenedores de plástico o hasta en las manos. El Rodeo era la única prisión en la que vimos bandejas para la comida, pero incluso en este caso el jefe de cocina se quejó de que sólo tenía ochenta bandejas y que necesitaba 500 más.
Las cocinas, al igual que el resto de las instalaciones, solían ser antiguas y en mal estado; y aparentemente las autoridades penitenciarias no estaban aplicando las normas de salubridad. Antes de entrar en la cocina de La Planta, el director nos detuvo para avisarnos, "Sabemos que esto está en un estado terrible." Dentro de la instalación sofocante y sin ventanas observamos a internos manipulando alimentos sobre mesas cubiertas de mugre.
Las áreas de almacenamiento de cocina solían estar sucios y, según nos informaron los presos, plagadas de insectos. Muchas prisiones no tenían instalaciones de refrigeración adecuadas. Por ejemplo, en La Planta vimos grandes cortes de carne tirados sobre el cemento sucio de un almacén sin refrigeración. En contraste con estas condiciones claramente insalubres, las instalaciones que nos mostraron en las prisiones de Catia y El Rodeo eran modernas y limpias, y la comida estaba guardada en contenedores cerrados o envuelta en plástico.
Según un informe reciente del Ministerio de Justicia, cerca del 40 por ciento de los presos no consume las comida que les ofrece la prisión.(112) En su lugar, muchos internos dependen de sus familiares para el suministros de casi toda su comida o de dinero para comprarla. Por ejemplo, cuando Human Rights Watch visitó el "módulo de los trabajadores" de Catia, sólo unos treinta de los 240 presos se alimentaban habitualmente con comida de la prisión; todos los demás conseguían su propia comida. Los presos suelen utilizar cocinas improvisadas para calentar la comida en sus celdas, a veces un fuego sobre el suelo. En algunas prisiones, como El Dorado y Catia, vimos a internos cocinando en fuegos de madera, papel o plástico en baños sucios o en áreas con muy poca ventilación.
Los presos que pueden costeárselo complementan sus dietas con alimentos comprados en las cantinas dirigidas por internos. En Catia había una cantina en cada planta. En estas cantinas dirigidas por internos se puede adquirir toda una variedad de productos, como sodas y agua embotellada, harina de maíz, aceite para cocinar, fósforos y chocolate. En algunas prisiones los negocios dirigidos por internos eran más sofisticados. En el área común de uno de los pabellones de La Planta había varios presos sentados en butacas consumiendo sodas y boquitas que servía otro interno desde el otro lado de un mostrador. En El Rodeo dos presos manejaban un horno, en el que hacían pan y pastelería para vender a otros internos. En Sabaneta, donde los internos disfrutan de una considerable libertad de movimiento dentro del complejo penitenciario, había puestos de comida instalados en los patios de cada pabellón. Normalmente, los internos que dirigen estas cantinas y otros negocios deben pagar a la prisión para tener derecho a operarlos. Por ejemplo, el director del anexo para mujeres de Sabaneta nos dijo que la interna que dirigía la cantina del centro pagaba de alquiler a la prisión 5.000 bolívares al mes.
La distribución de alimentos en algunas prisiones era un motivo importante de preocupación. En Ciudad Bolívar vimos a internos enfrentarse cuando intentaban alcanzar los cubos de comida que se distribuyen a las diferentes áreas del complejo. Los vigilantes de la prisión se quedaron al otro lado de la puerta de entrada cerrada, viendo como algunos internos blandían cuchillos y exigían a otros que les entregaran la comida que acababan de recibir. Un interno dijo a un representante de Human Rights Watch, "No se controla a quién le llega la comida; es un relajo total. Algunos comen y otros no."(113)
Se informó de que en Sabaneta los líderes de cuatro iglesias evangélicas de la prisión dirigían el sistema de distribución de alimentos. Según un interno, los presos establecieron este arreglo para evitar el tipo de conflictos que pudimos ver en Ciudad Bolívar.
Human Rights Watch escuchó muchas denuncias de corrupción relacionadas con el suministro de alimentos. "La cocina es un negocio," explicaba un interno que llevaba trabajando varios años en la cocina de Ciudad Bolívar. Nos dijo que los funcionarios se llevaban los mejores alimentos y que vendían gran parte del resto a los que podían comprarla. Este testimonio de primera mano da crédito a la sospecha generalizada entre los internos de que existe corrupción. Esta declaración de un preso del Penal General de Venezuela ilustra esa creencia: "En la puerta vemos que llegan camiones de reparto con toda clase de comida -- pollo, queso, leche, legumbres. ¿Dónde va esa comida?"(114)
Por motivos de seguridad, el servicio de comidas se hace de manera escalonada. En cada etapa se sirve a los presos de cada bloque. El director en funciones de Catia dijo que los vigilantes deben preocuparse de que presos de diferentes bloques nunca entren en contacto cuando reciben la comida, y explicó que: "Se odian entre ellos y se formarían peleas."(115) Los internos de cada módulo tienen entre quince y veinte minutos para recoger su comida y volver a sus celdas. En otras prisiones, como El Rodeo y Tocorón, observamos métodos de distribución de alimentos similares. "Tenemos que comer rápido," nos dijo un interno de El Rodeo. "Y después tenemos que correr de vuelta a nuestras celdas. No tenemos ni media hora para comer; a lo mejor nos dan diez minutos." Otro preso del mismo centro nos dijo, "Tenemos que ir corriendo a por la comida, comer rápido, y volver corriendo."
Observamos a vigilantes hostigando a presos cuando se dirigían de sus bloques de celdas a recoger la comida. En Catia, cuando los internos corrían escaleras abajo para llegar al comedor de la prisión los vigilantes les gritaban que fueran rápido mientras golpeaban sus palos contra las barras de metal de la puerta del pabellón. Aunque en nuestras visitas no observamos a ningún vigilante golpear a internos, escuchamos denuncias reiteradas relativas a dichos malos tratos. Un interno de Tocorón declaró, "La guardia nos pega con los palos si no vamos bastante rápido."(116)
Las instalaciones sanitarias en la mayoría de las prisiones violan las normas internacionales.(117) Ciertas áreas en algunos centros carecen de retretes en funcionamiento y de agua corriente. Los internos de estas áreas se ven obligados a defecar en cubos o en papeles de periódico y a tirar sus desechos por la ventana, aunque ciertos internos nos informaron de que los vigilantes los castigaban por deshacerse de su basura de este modo. Ninguna de las prisiones visitadas por Human Rights Watch proporcionaba jabón u otros artículos para la higiene a los internos.(118)
La mayoría de las prisiones para hombres sólo tienen uno o dos baños por planta. La mayoría de los retretes y duchas de estos baños no funcionan. En el caso de Catia esto significaba que los cerca de 250 presos del módulo de los trabajadores tenían que compartir dos duchas y dos retretes. Muchos baños sólo tienen agua corriente de vez en cuando o no tienen en absoluto. En la mayoría de los centros visitados por Human Rights Watch los internos se bañaban con cubos de agua que acarreaban hasta los baños. Los desagües y los retretes solían estar atascados y los baños despedían un hedor terrible. Los internos tenían que pasar descalzos o con sandalias por una mezcla de agua y desechos humanos para llegar a los retretes. El problema sanitario provocado por duchas condiciones se agravaba aún más cuando los internos preparaban a veces su comida en estos baños.
Cabría destacar las instalaciones sanitarias de El Dorado por estar en un estado de deterioro extremo. Cuando Human Rights Watch realizó su visita, las paredes de cemento del interior de la Casa Amarilla, el edificio principal de la prisión, se estaban desmoronando. Los internos sólo disponían de un agua de color marrón amarillento, que no era obviamente potable.(119)
CAPÍTULO V — VIOLENCIA ENTRE PRESOS
102. Sin embargo, en la práctica la movilidad de los presos dentro de los centros penitenciarios puede estar limitada por el peligro de ser atacados por internos rivales.
103. Cuando realizamos nuestra visita habían sido renovados dos bloques de celdas de Tocuyito. La diferencia entre las secciones remodeladas, iluminadas y limpias, y el resto de las secciones, sucias y en descomposición, casi inhabitables, era sensacional.
104. Artículo 38 de la Ley de Régimen Penitenciario.
105. Artículo 19 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
106. Ver Artículo 14, "Programa Sectorial de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia," en Promoción de los Derechos Humanos en Venezuela: Memorial del Primer Encuentro de las ONGs con el Ejecutivo Nacional, 1997 (en el que se señala que el Ministerio de Justicia está planeando "un programa de dotación de uniformes para los reclusos en los establecimientos penales, asignándoles una sencilla vestimenta que los mantenga aseados y contribuya a elevar su autoestima"); "Justicia anunció plan de emergencia carcelaria," El Universal, 3 de enero de 1998.
107. El Artículo 17(2) de las Reglas Mínimas exige que todas las prendas estén "limpias y mantenidas en buen estado."
108. "Insuficiente asignación para alimentar reclusos," El Globo, 30 de diciembre de 1997.
109. Las descripciones siguientes son representativas de lo que vimos y escuchamos en relación a la comida que se ofrece en las prisiones de Venezuela:
En el anexo de máxima seguridad de Sabaneta, la comida principal del día era arroz blanco con arepas (pequeñas tortillas pastosas hechas con harina de maíz); el arroz tenía un aspecto sucio y olía rancio. Los internos nos informaron de que sólo se les da una comida los jueves y domingos, el día que se permite entrar a las visitas al resto del complejo penitenciario. Los funcionarios de prisiones que servían la comida a los internos del área de máxima seguridad confirmaron este hecho. Los presos de El Dorado se alimentaban de arroz con queso, pasteles de maíz, frijoles, y una bebida que según los funcionarios era Kool-Aid; el director declaró que podía ofrecer comidas más equilibradas que en la mayoría de las prisiones gracias a las cosechas y el ganado de las fincas de la prisión. Los presos del Penal General de Venezuela de San Juan de los Morros nos informaron de que la mayoría de los días las comidas consistían en arroz blanco o pasta sin salsa.
Los internos de La Planta nos informaron de que la comida principal, servida a las 11:00 a.m. y de nuevo a las 2:00 p.m., solía consistir en platanos con arroz, y que todos los días les daban frijoles. Declararon que les servían carne muy pocas veces. La comida de la noche de La Planta, servida a las 5:00 p.m., era jugo, café y pan. Según un interno, la comida principal era suficiente para llenar dos manos juntas; declaró que los presos podían comer en los dos servicios si querían.
La comida que vimos en El Rodeo era pasta con una salsa clara de carne y legumbres. Unos cuantos presos nos dijeron que la comida principal del día solía ser buena, aunque el desayuno y la cena eran insuficientes y mal equilibrados. Uno de ellos también nos dijo que estaban comiendo especialmente bien durante la semana que duró nuestra visita. "Creo que nos dan de comer mejor por que están ustedes aquí," dijo.
110. Entrevista de Human Rights Watch, La Planta, 5 de marzo de 1996.
111. Artículo 41 de la Ley de Régimen Penitenciario. También el Artículo 20(1) de las Reglas Mínimas estipula: "Todo recluso recibirá de la administración, a las horas acostumbradas, una alimentación de buena calidad, bien preparada y servida, cuyo valor nutritivo sea suficiente para el mantenimiento de su salud y de sus fuerzas."
112. "Información del Ministerio de Justicia," 11 de diciembre de 1997.
113. Entrevista de Human Rights Watch, Ciudad Bolívar, 14 de marzo de 1996.
114. Entrevistas de Human Rights Watch, Ciudad Bolívar, 15 de marzo de 1996; San Juan de los Morros, 7 de marzo de 1996.
115. Entrevista de Human Rights Watch con Orosman A. Azuaje, director en funciones, Caracas, 18 de marzo de 1996.
116. Entrevista de Human Rights Watch, Tocorón, 21 de marzo de 1996.
117. El Artículo 12 de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas exige que las instalaciones sanitarias sean "adecuadas para que el recluso pueda satisfacer sus necesidades naturales en el momento oportuno, en forma aseada y decente." El Artículo 13 estipula que "[l]as instalaciones de baño y ducha deberán ser adecuadas para que cada recluso pueda y sea requerido a tomar un baño o ducha a una temperatura adaptada al clima y con la frecuencia que requiera la higiene general... pero al menos una vez por semana..." El Artículo 14 exige que "[t]odos los locales frecuentados regularmente por los reclusos deberán ser mantenidos en debido estado y limpios."
118. El Artículo 15 de las Reglas Mínimas estipula que "[s]e exigirá de los reclusos el aseo personal y a tal efecto dispondrán de agua y de los artículos de aseo indispensables para su salud y limpieza."
119. Amnistía Internacional señaló el mismo problema durante su visita de 1993 a El Dorado. Es desalentador que se hayan producido mejoras en un periodo de varios años. Amnistía Internacional, Venezuela: The Eclipse of Human Rights (Venezuela: El eclipse de los derechos humanos) (London: Amnesty International, 1993), pág. 37.