Source: http://psicologiajuridica.org/psj153.html
Timestamp: 2016-12-03 02:24:31
Document Index: 176245996

Matched Legal Cases: ['artículo 24', 'artículo 31', 'artículo 29', 'artículo 23', 'artículo 29', 'artículo 23', 'artículo 38', 'e contrario', 'artículo 23', 'artículo 21', 'artículo 33']

TRASTORNO MENTAL TRANSITORIO COMO CAUSAL DE INIMPUTABILIDAD PENAL MARIA MARGARITA TIRADO ALVAREZ PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE
MARÍA MARGARITA TIRADO ALVAREZ
La ley 599 de 2000, actual Código Penal Colombiano, contempla la institución del trastorno mental como causal de inimputabilidad, trátese de una anomalía de carácter temporal o permanente. Consecuencia de esto es que todo aquel que incurra en un delito mientras se encuentre en tales circunstancias, no será sancionado con algunas de las penas establecidas por la ley, tal como la privación de la libertad en alguno de los establecimientos carcelarios que posee el Estado, y sí es necesario y según el grado de peligrosidad, se le impondrán ciertas medidas especiales. Sin embargo, y a diferencia de la opinión general, con el presente trabajo se demostrará que dicha situación no siempre es así en el caso del trastorno mental transitorio, dado que aunque quien esté en tal condición no posee consciencia ni voluntad para incurrir en el ilícito y por lo tanto carece por completo del elemento dolo, no es así cuando las irregularidades de comportamiento se han presentado antes o hay serios indicios que permiten predecirlas, y más aun, cuando ya se ha incurrido en hechos delictivos bajo tal influencia. No obstante, y a pesar de no haber culpabilidad en tal evento, sí consideramos que existe responsabilidad a titulo de culpa, ya que sí bien no hay juicio mientras se lleva a cabo la conducta típica y antijurídica, si hay una conciencia previa como por ejemplo cuando se comete un homicidio bajo los efectos del alcohol en cabeza de aquella persona que sabe su propia peligrosidad cada vez que se embriaga, o cada vez que tiene un episodio de trastorno y no toma las medidas adecuadas para evitar consecuencias lamentables, o porque conocedor de su propia peligrosidad, confía en que estas no se materialicen; todo lo anterior con independencia de las medidas que se tomen, las cuales se analizarán en un capítulo a lo largo de la tesis. Pero no hay de perder de vista que la hipótesis es distinta a la figura de la actio liberae in causa, figura que también será objeto de examen en su momento.
Adicionalmente resaltaremos la importancia que tiene el peritaje científico dentro del proceso penal, no solo porque es punto de evidencia para determinar si un sujeto activo sabe o no las consecuencias de su actuación, sino porque es una realidad que en nuestro país, e incluso en otras partes del mundo, los jueces no tienen una preparación adecuada en torno al tema, ni sus matices o prevenciones, teniendo que recurrir a expertos que en ultima instancia son los que en realidad toman la decisión final, tanto así que hay casos en donde inclusive se ha comprobado la existencia de un conocimiento previo del autor respecto a las consecuencias de su condición pero donde el director del proceso falla erróneamente dado que aplica de la forma que considera adecuada lo único que conoce: la norma, es decir corrobora que las circunstancias del asunto se apegan a las exigencias de la ley y por lo tanto lo absuelve de toda responsabilidad.
Es importante conocer la medida en la cuál una persona, específicamente el sujeto activo dentro de la comisión de una conducta punible, no es susceptible de serle imputada responsabilidad penal de cara a la ocurrencia de un delito a manos suyas, cuando dicha persona se encuentra en unas circunstancias específicas de inestabilidad mental y psicológica que se manifiestan temporalmente generando la consecuencia de eliminar toda consciencia en torno a la materialización del hecho objeto de la sanción. Sin embargo es fundamental establecer, que difiriendo con el pensamiento actual de occidente en torno al tema, un sujeto activo si es inimputable en forma total si su trastorno se dio por una única vez, no previsible y por lo tanto no controlable con una determinada medida y durante la influencia de tales circunstancias incurrió en la conducta típica, pero no lo es cuando ya tiene un conocimiento previo de su problema y se comete un delito por no tomar las medidas conducentes a evitarlo.
Además del planteamiento anterior, es importante conocer el tipo de anomalía de la que se trata para así determinar el tratamiento a seguir así como esquematizar una política a través del seguimiento que se le hace al sujeto activo de la conducta con el fin de prevenir futuras repeticiones del hecho, reincidencias y eventuales delitos, tal y como sucede de cara a la hipótesis planteada, para lo que es necesario un examen técnico realizado por un profesional, de ahí la importancia del experticio forense. Sin embargo, este conocimiento técnico no debería aportarlo solo el profesional de la medicina o de la psicología, sino que debería provenir directamente del fallador, cosa que lastimosamente no se da ni en Colombia ni en el mundo por falta de recursos económicos o inclusive por ignorancia.
El área de conocimiento al cual se circunscribe esta tesis es la de Derecho Público, específicamente en materia de Derecho Penal General con un poco de influencia técnico jurídica y psicoanalítica (psicología y psiquiatría).
Los resultados que se buscan obtener son básicamente teóricos, aunque esto no obsta para que no se incluya un cierto tinte práctico al trabajo a partir de casos reales nacionales y extranjeros.
Con base en estos resultados se tratará de cristalizar la importancia del tema de cara a los beneficios que trae consigo. Con el conocimiento del origen, tratamiento penal, psicológico y manifestaciones de esta causal de ausencia de responsabilidad, en primer lugar se quiere evitar la impunidad y prevenir la reincidencia, e inclusive la comisión de hechos delictivos (básicamente homicidios) por primera vez al saber las vías a seguir con un análisis de la situación en que se encuentra, en general, el sujeto activo, evitando así una mayor criminalidad a diversos niveles como la violencia intrafamiliar, en contra de figuras de autoridad, etc; iluminar un poco las sendas de la política criminal al visualizar un eventual tratamiento a seguir, no solo en el campo del Derecho Penal, sino de todas las ciencias que lo auxilian.
En Colombia, nuestro Estado Social de Derecho nos exige que siempre se tomen decisiones con base en una protección a las garantías de los ciudadanos. Una de las manifestaciones de esa protección es la tutela a aquellas personas que se encuentran en igualdad y desigualdad de condiciones, al igual que sus bienes jurídicos.
La situación de desigualdad en que están las personas con trastorno mental permanente o temporal, se encuentra consagrada y reconocida en el articulo 13 de nuestra Carta Política, puesto que son personas que debido a su salud mental están en desventaja respecto a aquellos con una normalidad mental completamente sana. "Estas diferencias entre imputables e inimputables, y entre penas y medidas de seguridad explican que el ordenamiento prevea, en muchos aspectos, regulaciones distintas para unos y otros, sin que pueda aducirse un desconocimiento del principio de igualdad. Por ejemplo, el artículo 24 del Código Penitenciario y Carcelario (L. 65/93) prevé la existencia de establecimientos de rehabilitación y pabellones psiquiátricos especiales "destinados a alojar y rehabilitar personas que tengan la calidad de inimputables por trastorno mental o inmadurez psicológica, según dictamen pericial".
El código penal actual se ocupa de los imputables y de los inimputables. El Código Penal de 1980 lo hacía en su artículo 31 y el de 1936 también en su artículo 29, sin embargo éste último no contemplaba el trastorno mental transitorio sino el trastorno permanente conocido como enajenación mental. En aquel, el Trastorno mental transitorio siempre es causal de inimputabilidad, da lugar a la imposición de medidas de seguridad si hay secuelas, o no da lugar a medida alguna si tales secuelas no se presentan, mientras que en este, es causal de inimputabilidad o de inculpabilidad.
Además se refería al término "grave anomalía psíquica" para conceptualizar los juicios irregulares que se hacía del mundo y de las cosas al igual que los actos que se derivaban de tales juicios extraños los cuales e contrariaban la razón humana, dogmas, axiomas o leyes naturales, " a la justicia no le interesa saber si el inculpado es maníaco depresivo, paralítico general, epiléptico o esquizofrénico, sino estar cierta de que el agresor en el momento de agredir obró bajo la influencia de una anomalía psíquica, es decir, sin lucidez en la conciencia ni rectitud en el discernimiento o por ímpetu involuntario o superioridad a su voluntad"
La expresión grave anomalía psíquica comprende una serie de perturbaciones mentales de carácter transitorio, bien distinta de la enajenación mental y de las intoxicaciones crónicas, perturbaciones sin verdadera entidad clínica, que carecen de etiología exógena o que no equivalen a lesiones anatomopatológics del cerebro, pero que sí socavan o anulan los sentimientos y las fuerzas volitivas, determinando actos imposibles de controlar y refrenar, o suprimiendo la adaptación lógica y altiva a las normas del medio ambiente, en forma de influir decisivamente en la comisión de hechos que imponen la aplicación a su autor de una medida de seguridad, a manera de defensa social.
En el Código Penal de 1936, artículo 23, se consagraban las causales de exclusión de la responsabilidad, teniéndose la sugestión hipnótica o patológica como una de ellas, de modo que cuando se daban perturbaciones transitorias se acudía a este articulado, no siendo necesario internarlo en granja agrícola porque la medida no serviría de nada. Conforme con el Código Penal de 1936 se hacia un doble encuadramiento del fenómeno del trastorno mental transitorio: o bien en el artículo 29, como grave anomalía psíquica, causal de inimputabilidad; o bien en el artículo 23, como sugestión patológica, causal de inculpabilidad; la ubicación en uno u otro articulo dependía de que se considerara o no necesario someter al sujeto a una medida de seguridad en función del probable daño que pudiese ocasionar a los demás."
Se habla de sugestión patológica cuando se presenta perdida transitoria de la conciencia, la voluntad o ambas, sea o no causada por enfermedad alguna, pero era necesario que una vez pasara la causa, quedara atrás también el momento de inconsciencia, eliminando la necesidad de acudir al internamiento en centro psiquiátrico. Si no desaparecía, se daba el caso del articulo 29 y se sometía a tratamiento.
"No es el fenómeno sugestivo ni son los fenómenos patológicos (estados delirantes, celotipias, etc.) por sí solos los que explican la exclusión de la culpabilidad, sino porque los fenómenos sugestivos aparecen implantados sobre estados patológicos que implican perturbaciones intelectivas y volitivas que afectan integralmente la capacidad de entender y de querer porque son, en síntesis, trastornos mentales transitorios" Este fue uno de los grandes antecedentes de la figura del Trastorno mental transitorio como consagración legislativa, pero no fue el único. En 1974, el Anteproyecto presentado para la creación de un nuevo código penal en su artículo 38 también tuvo en cuenta tal situación, igualmente lo hicieron los proyectos de 1976 y 1978 y el proyecto 1979 que finalmente terminó en el Código Penal de 1980 y en la ley 599 de 2000, código penal actual.
Pero aunque en nuestro país se trató el asunto a nivel legal y jurisprudencial como puntos de partida, otras naciones también aportaron en cierta medida a la trascendencia actual que tiene el tema. Alemania en 1871 y 1933; Rusia Soviética en 1927, México en 1929 y 1931, España en 1932, Cuba en 1936, Argentina en 1941 con el proyecto Peco y en 1961 con el proyecto Soler y Venezuela en 1967 con el proyecto Jiménez de Asua - Méndez.
Por otro lado, la institución de la inimputabilidad trae como consecuencia que todo aquel que incurra en un delito mientras se encuentre en tales circunstancias, no será sancionado con algunas de las penas establecidas por la ley, y sí es necesario y según el grado de peligrosidad, se le impondrán ciertas medidas especiales.
No obstante, y a pesar de la regla general anteriormente planteada, se demostrará que todo aquel que sea inimputable por TMT pero que conozca con anterioridad su propia peligrosidad y no tome las medidas conducentes a evitarlo, es plenamente responsable a titulo de culpa por su negligencia. Es decir, que aunque quien esté en tal condición no posee consciencia ni voluntad para incurrir en el ilícito y por lo tanto carece por completo del elemento dolo, no es así cuando las irregularidades de comportamiento se han presentado antes o hay serios indicios que permiten predecirlas, y más aun, cuando ya se ha incurrido en hechos delictivos bajo tal influencia, ya que si bien no hay juicio mientras se lleva a cabo la conducta típica y antijurídica, sí hay una conciencia previa en cabeza de aquella persona que sabe su propia peligrosidad cada vez que se embriaga, se droga o tiene un episodio de trastorno, - los cuales se trataran a profundidad -, y no toma las medidas adecuadas para evitar consecuencias lamentables, o porque conocedor de su propia peligrosidad, confía en que estas no se materialicen. Pero no hay de perder de vista que la hipótesis es distinta a la figura de la actio liberae in causa, figura que también será objeto de examen en su momento.
Para finalizar, el trastorno mental transitorio ha sido y es una figura jurídica criticada tanto por médicos y psiquiatras como por abogados y juristas ya que algunos consideran que no es tan relevante como para incidir en la imputabilidad y por lo tanto en la responsabilidad penal. Afortunadamente nuestra ley penal considera lo contrario y es por eso que trata de proteger por todos los frentes a los sujetos que están en tal circunstancia así como a los titulares de los bienes jurídicos que se afectan, este trabajo desarrollará el tema del trastorno mental transitorio como causal de inimputabilidad penal.
Se entiende por imputabilidad aquella calidad personal o estado en que el sujeto activo de una conducta punible que actúa con conciencia y voluntad siendo capaz de comprender la ilicitud de su obrar y actúa conforme a ese conocimiento y que por ende, debe ser sancionado con una pena establecida en la legislación penal. En otras palabras, el concepto de imputabilidad significa capacidad para delinquir. La regla general es la imputabilidad y la excepción es la inimputabilidad.
Un imputable tiene la capacidad de valorar el comportamiento propio y de dirigir dicho actuar hacia el cumplimiento de los postulados de la ley, pero sí se configura un hecho efectiva o eventualmente dañoso cometido por una persona en estado de trastorno mental transitorio, es necesario examinar sí esta circunstancia puede ser tenida como la causa efectiva de la conducta ilícita como efecto de ese trastorno mental temporal; sí lo es, hay inimputabilidad, de lo contrario, seria imputable y acreedor a una pena. Sin embargo, abogados y psiquiatras han llegado a la conclusión de que la capacidad de querer o la intención de cada cual es muy difícil de demostrar, quedando solo la faceta cognitiva, esto sumado a las muchas limitaciones que existen ante la imposibilidad material de saber retrospectivamente cuál era la capacidad del sujeto en el momento de la comisión del delito y el conocimiento de la ilicitud del hecho y sus consecuencias. La conciencia de la ilicitud se presenta cuando el sujeto entiende que su conducta no es permitida jurídicamente, al haber violación efectiva o puesta en peligro de un bien jurídicamente tutelado sin que concurra una causal de justificación, o cuando se ejecuta sin permisión legal.
Según Mezger "la imputabilidad es una característica esencial de la culpabilidad teniendo en cuenta las calidades personales del sujeto con el juicio de desaprobación de la conducta."
La valoración de la imputabilidad o de la inimputabilidad debe hacerse al momento de la comisión del hecho puesto que durante ese instante se desarrollan los actos ejecutivos de la conducta punible y el agente hace el examen de ilicitud o licitud del acto. El análisis de estado de perturbación o alteración psíquica del actor que se haya presentado antes de dicho momento, en principio, no tiene relevancia alguna, cosa que no sucede sí el estado anterior era de conciencia y conocimiento de la posibilidad de un episodio de trastorno y no se toman medidas preventivas para evitar un daño, caso en el cual si hay responsabilidad culposa (Actio Liberae in Causa) A contrario sensu, el concepto de inimputabilidad se enmarca en la situación del mismo agente del delito que por obrar con vicios de consciencia y de conocimiento, no comprende la ilicitud del acto por diversas razones, como por ejemplo hallarse en una situación de trastorno mental transitorio. Sin embargo, no hay que perder de vista que en este caso, aunque el paciente esta en un estado de no sancionabilidad al momento de la conducta punible, dicha sancionabilidad si existe en la medida en que, sí se han presentado episodios previos de violencia o peligrosidad que degeneren en atentados a los diversos bienes jurídicos, habrá una necesidad de prevención ante la posible repetición del hecho, prevención que podría tomarse a partir de un tratamiento médico que si no se toma pensando en que no se dará otro episodio de peligrosidad o que se pueden evitar sus consecuencias, se estará actuando bajo una modalidad de culpa o negligencia. En conclusión, la inimputabilidad de una persona que esté bajo la influencia de un trastorno mental transitorio se configura si no hay un conocimiento previo de su propia peligrosidad y por ende, de posibles resultados perjudiciales, ya que sin parámetros previos no se pueden prever estos y por lo tanto no hay conciencia de la necesidad de medidas preventivas, pero si hay imputabilidad cuando ese mismo caso de trastorno mental transitorio ya se ha presentado antes con consecuencias nocivas para terceros y no se toman las vías conducentes a evitarlos.
Hay que subrayar que no toda anomalía psíquica lleva a la inimputabilidad, puesto que es necesario que el sujeto haya padecido, al ejecutar el hecho, un trastorno tal de sus capacidades intelectivas y volitivas, perturbándolo tan profundamente que hayan anulado su comprensión y voluntad.
En nuestro ordenamiento jurídico, la inimputabilidad no significa necesariamente que haya una total exclusión de la sanción a imponer y tampoco de responsabilidad penal general. Dicha responsabilidad si se presenta, tanto así que las medidas, aunque no son penas, sí revisten sanciones de carácter penal (se limita la libertad por ejemplo). En realidad la exigibilidad que se le hace al sujeto activo con base en su comprensión, actuación y resultados no es la misma que se le hace a una persona con plena capacidad mental, es decir, la inimputabilidad se basa no en la inexigibilidad sino en una menor exigibilidad de respuesta del sujeto en razón de su situación de desigualdad. La diferencia entre imputabilidad e inimputabilidad es meramente de nivel o grado de responsabilidad.
Por otra parte, algunos doctrinantes como Agudelo Betancur plantean que la inimputabilidad no es constitutiva en sí misma, es decir que hace parte de su causa al estar íntimamente relacionadas. Para este, la inimputabilidad es derivada puesto que no se confunde con su causa (trastorno mental transitorio, en este caso) sino que se deriva como consecuencia de tal pero no es la causa misma. Esto posición, siendo la más acertada, encaja en el criterio mixto de regulación de la inimputabilidad donde la causa es meramente biológica o psicológica lo que produce el resultado de incomprensión e involuntad dando lugar a la comisión de un hecho delictivo derivándose en un estado general de inimputabilidad que englobaría la ausencia de responsabilidad. 1.2 La imputabilidad en las diversas Teorías del Derecho penal.
La evolución de las teorías de la imputabilidad ha estado vinculada al desenvolvimiento de la teoría del delito, haciendo que diversas y divididas hayan sido las opiniones de los diferentes tratadistas en torno a la naturaleza de la imputabilidad y de la inimputabilidad, siempre de acuerdo con los postulados que sustentan las Escuelas jurídico penales de cada época y país. Algunas como las teorías tradicionales, se fundamentan en la razón como esencia del individuo, al igual que en sus capacidades físicas y mentales, otros como las teorías objetivas, se sustentan en la exigibilidad de las propias conductas y en la viabilidad de las sanciones a imponer de cara a cada caso en concreto pero siempre partiendo del sujeto mismo con el fin de justificar la posibilidad de sancionarlo o no.
Dentro de las teorías tradicionales se destacaron la teoría clásica cuyo principal exponente fue Francesco Carrara para quien la imputabilidad no parte de la capacidad física de cada cual ni del estado mental del sujeto. La imputabilidad implica inteligencia y libertad moral de la persona, siempre basada en el libre albedrío y la posibilidad de escogencia de esta para influir en las propias conductas. Se le criticó su exagerada concentración en el delito dejando de lado al hombre delincuente. Para el autor, el derecho se fundamentaba en una concepción de libertad, por lo tanto el derecho penal es el código supremo de la libertad, busca ayudar al hombre a salir de la tiranía de si mismo y de sus propias acciones. La teoría de la imputación considera el delito en sus puras relaciones con el agente y a este lo contempla en sus relaciones con la ley moral según los principios del libre albedrío. Otra de las vertientes tradicionales fue la teoría positivista, traída por Franz Von Liszt al mundo jurídico en el sistema moderno de la teoría del delito planteando que en los delitos se distingue los objetivo de lo subjetivo, siendo un acto culpable contrario a derecho y sancionado con una pena. Las conductas punibles son actos humanos, de actuación voluntaria que contraviene un mandato de las normas penales y que implica una lesión o peligro de lesión a un bien jurídico, pero también es un acto culpable, doloso o culposo de un individuo responsable. El delito se presenta como un acto apreciado jurídicamente en dos direcciones: en el elemento esencial de contrariar el derecho por parte del autor que despliega una actividad peligrosa. La imputabilidad descansa sobre la actividad psíquica y física de la persona, basta que alguien realice un delito y que su conducta sea producto de su actividad biosíquica, para considerarlo como imputable. Tal sujeto debe responder porque su delito ha demostrado una personalidad peligrosa en mayor o menor medida que debe ser controlada y readaptada.
Las Teorías Objetivas centraron su doctrina en aspectos completamente independientes a las condiciones humanas como la capacidad física, resaltando aspectos externos relacionados con el cumplimiento de las normas y el merecimiento de la pena. A su vez se destacaron por analizar planteamientos nuevos aunque diversos fundamentados en la capacidad de acción con Binding, Von Hippel y Gerland quienes sostenían que la imputabilidad es la capacidad de la persona para actuar y comportarse; en la capacidad de deber con Von Ferneck y Kohlrausk, quienes creían que la imputabilidad es capacidad jurídica de deber y los inimputables al no ser capaces de cumplir con tal deber, tampoco pueden contrariar el derecho y por tanto todos sus comportamientos son conforme a la ley; la capacidad de delito con Francesco Carnelutti quien consideró que la imputabilidad implica capacidad para cometer conductas punibles, la cual es secuela de la capacidad de obrar de los imputables; la capacidad de ser destinatario de la norma penal con Petrocelli, quien sostenía que la imputabilidad es un modo de ser o condición del sujeto, distinta del delito y preliminar a él, necesaria para que la persona pueda ser receptor de la norma jurídica y para que pueda cumplirla. Si el sujeto no es imputable, la norma penal no seria eficiente y no tendría sentido. Los inimputables al no tener conciencia ni voluntad, no son capaces de obedecer la ley al no sentirse amenazados por la norma (prevención general) y comportarse en consecuencia. Por esto no son destinatarios sino objeto de la norma penal que busca proteger a la sociedad mediante su control; y la capacidad de pena de Feuerbach afirmando que la pena busca prevenir el delito y por eso debe intimidar, pero dado que sólo los imputables pueden sentir esa amenaza, se concluye que la imputabilidad es capacidad de pena.
Por otro lado las teorías Subjetivas destacaron su pensamiento a partir de supuestos relacionados íntimamente con la conciencia de antijuridicidad y la responsabilidad del autor frente a la conducta punible. Luis Jiménez de Asua presenta la imputabilidad como presupuesto de la culpabilidad traducida en capacidad de conocer y valorar la obligación de respetar la norma y cumplirla con libertad pero dentro de su marco de restricción, creando capacidad de inhibir los impulsos delictivos. Es de resaltar el predominio de la función normativa como limitante para el desarrollo normal de la vida pero siempre imponiéndose ante los eventos en que el ser humano quebrante el orden jurídico con previo conocimiento de este. Edmund Mezger defendía la imputabilidad como elemento de la culpabilidad al afirmar que entre los requisitos de la culpabilidad esta la libertad de querer entendida como posibilidad del agente de actuar de forma distinta a la prevista en la norma y como tal libertad del querer debe excluirse de los inimputables, la imputabilidad es un elemento de la culpabilidad.
La Teoría finalista, cuyo principal representante fue Hans Welzel partiendo de la teoría final de acción, ubica el dolo y la culpa en el tipo (respecto de esta ultima, igual sucede en nuestro Código Penal), eliminando de la culpabilidad los elementos psicológicos de la escuela tradicional de Goldschmidt, apartándola a un mero juicio de reproche personal que se le formula al agente por haber realizado una acción antijurídica pese a haber podido actuar de modo distinto, siendo elementos de la reprochabilidad la posibilidad de conocimiento de la antijuridicidad, la exigibilidad de una conducta conforme a la norma y la imputabilidad como capacidad de culpabilidad, es decir para comprender la ilicitud del hecho y para autodeterminarse en consecuencia a esa comprensión. Welzel explica que la capacidad de culpabilidad tiene un momento intelectivo y otro volitivo, comprensión del injusto y determinación en la conducta. Si uno de los dos momentos o se da por alguna circunstancia, no hay capacidad de culpabilidad. A esta vertiente pertenece nuestra legislación penal en materia de inimputabilidad ante la incapacidad de comprensión del injusto y determinarse de acuerdo a esta.
Por ultimo la teoría psico – social de Franz Von Lizst centraba su pensamiento en la relación subjetiva entre la conducta y su autor, vinculo meramente psicológico que determina el acto culpable, doloso o culposo por un imputable, mientras que el inimputable tiene un sentimiento imperfecto del deber social que es necesario para la vida armoniosa en comunidad.
En conclusión, la teoría considerada como la más acertada es la finalista puesto que contempla todas las condiciones requeridas para configurarse un estado de inimputabilidad: voluntad y comprensión, temas desarrollados a lo largo de esta tesis. Las demás tendencias son incompletas y no son suficientes para analizar a fondo la situación penal de un trastornado mental temporal.
La pena exige no solo un comportamiento típico y antijurídico sino también un acto interior realizado por el autor, comportamiento en donde interviene al animo del sujeto y que debe ser reprochable, y que debe existir en el momento en que se desarrollan los actos ejecutivos conducentes a materializar la conducta delictiva, además debe subsistir posteriormente aunque el delito no se consume (tentativa acabada o inacabada)Para el maestro italiano Franciso Carrara la culpabilidad es la fuerza moral subjetiva del delito.
Esta fuerza resulta del concurso de cuatro requisitos: 1. Conocimiento de la ley; 2. Previsión de los efectos; 3. Libertad de elegir; 4. Voluntad de obrar. La intención nace del concurso de la inteligencia y de la voluntad y la intención es un esfuerzo de la voluntad hacia el delito.
2.1. Teorías en torno a la Culpabilidad de cara a la imputabilidad
Aunque la imputabilidad y la culpabilidad están relacionadas, es importante subrayar que no son equivalentes. Se han planteado dos teorías fundamentales que han tratado de explicar tal diferencia.
2.1.1. Teoría Psicológica.
Es la tradicional, imperante desde el siglo XX (inicios) y cuyos representantes son Ernst Beling y Franz Von Liszt. Se encuentra ampliamente superada.
Hay un contraste entre lo interno o subjetivo y lo externo u objetivo. Lo primero era parte de la antijuridicidad y lo segundo pertenecía a la culpabilidad, siendo esta una característica psicológica del delito siendo un simple nexo psíquico del autor con lo que hace o deja de hacer.
Según esta posición, la imputabilidad es un presupuesto de la culpabilidad, encontrándose fuera de esta, no esta implícita. Aquella es prerrequisito externo y necesariamente lógico ya que para ser culpable hay que ser previamente imputable.
2.1.2. Teoría Normativa.
Fue originada por Reinhardt Frank, posteriormente Mezger, y Goldschmidt la profundizaron para llegar a su existencia actual. Niega que la culpabilidad se agota con el nexo psicológico entre el autor y el hecho punible. La culpabilidad no es solo haber obrado con dolo, culpa o preterintención sin haberlo hecho en circunstancias objetivos y subjetivas que la sociedad reproche. Culpabilidad es reprochabilidad, susceptible de reprobación, es habérsele podido exigir al autor una conducta distinta según el caso en concreto y conforme a derecho. Si esa exigibilidad no existe, no hay reprochabilidad ni culpabilidad.
Según Luis Jiménez de Asua, es dolo la producción de un resultado típicamente antijurídico (o la conducta esperada en el delito de omisión propia o impropia) con conocimiento de las circunstancias de hecho que se ajustan al tipo y del curso esencial de la relación de causalidad existente entre la manifestación de voluntad y el cambio en el mundo exterior, con conciencia de quebrantar el deber, con voluntad de realizar el acto (u omitir la acción debida) y con representación del resultado (o de la consecuencia del no hacer) que se quiere o consiente.
Se han creado fundamentalmente dos teorías para conceptualizar el dolo: de una parte, la Teoría de la Representación que reputa como dolosa toda conducta que ha sido representada por el autor en el momento de cometer el hecho punible; y de otro lado, la Teoría de la Voluntad restringe el dolo ya que solo es dolosa la conducta que se ajusta al deseo, a la intención del sujeto según su voluntad personal. La Teoría ecléctica afirma que el dolo se integra por los elementos intelectivos o cognoscitivos y por los elementos volitivos. Esto es modificado por la escuela finalista que extrae el dolo de la culpabilidad y lo coloca en el tipo de injusto.
El conocimiento es importante para poder hablar de una actuación dolosa. No se puede exigir que el sujeto realice reflexiones conscientes sobre cada uno de los elementos del dolo. Pero no basta para el dolo una conciencia potencial es decir que el individuo pueda llegar a conocer o a realizar la reflexión que evitar que incurriera en la conducta.
Son elementos del dolo:
1. La voluntad. Se traduce con el verbo querer. Consiste en orientar la actividad a realizar hacia la consecución de determinado resultado. Querer un resultado es aceptarlo anticipadamente como cierto, probable o posible. Sin embargo ese querer el resultado solo es predicable de los tipos penales en los que se exige exteriorizar esa actuación, a diferencia de los de mera conducta donde es suficiente la voluntad del comportamiento. Sin ella no es posible la punibilidad el hecho.
2. El intelecto. Constituido por la representación o conocimiento del mismo, la conciencia de obrar o de omitir. Este conocimiento del hecho implica el conocimiento de los elementos objetivos integrantes del delito y el conocimiento o representación del resultado. "Se obra, sabiendo que se ora, porque en los delitos culposos también la acción y omisión, esto es, la causa, es siempre voluntaria. Una omisión involuntaria es algo extraño a la culpabilidad."
El artículo 23 de la ley 599 de 2000 establece en qué circunstancias se configura una conducta punible en modalidad culposa. "La conducta es culposa cuando el resultado típico es producto de la infracción al deber objetivo de cuidado y el agente debió haberlo previsto por ser previsible, o habiéndolo previsto, confió en poder evitarlo". Nuestro Código (artículo 21) limita la culpa en ciertos casos – al igual que la preterintención – es decir, sólo cabe en determinados delitos previstos por la ley (la culpa pasa de la culpabilidad a la tipicidad al igual que la preterintención) donde la existencia del elemento subjetivo no implica necesariamente una intención o voluntad encaminada a un resultado específico, solo debe haber una conducta de voluntariedad. La diferencia entre voluntariedad y voluntad estriba en que la primera se manifiesta con ausencia de deseo de causar perjuicio, "conocer, querer y hacer" como en el caso del dolo, pero no se elimina la conciencia y el eventual conocimiento causando una consecuencia en el mundo jurídico, mientras que en la voluntad si hay deseo de ocasionar perjuicio. La responsabilidad por culpa se genera cuando por una conducta negligente, imprudente o por falta de pericia, se configura un resultado lesivo a un bien jurídico. Para le caso en cuestión, nos interesa el tema de la negligencia o imprudencia puesto que cuando un trastornado de manera transitoria no toma medidas al respecto durante sus estado de lucidez con el fin de evitar consecuencias indeseadas, incurre en tales conductas.
La responsabilidad en una hipótesis como esta radica en la nula o poca previsión de las consecuencias dañinas, inclusive la previsión puede ser suficiente pero se confía en poder evitar el perjuicio lo que rayaría en culpa con representación o inclusive en dolo eventual, asunto que trataremos más adelante.
El concepto de prever se refiere a proyectar un juicio en el futuro mediato o inmediato, vaticinando que de una conducta cualquiera se seguirá un resultado determinado (relación causa – efecto). La previsibilidad es el factor constitutivo de los delitos culposos y es necesario distinguirlo de la previsión que en países como España, funciona como agravante. "La previsibilidad consiste en la posibilidad genérica que un hombre de mediana inteligencia y cultura, en un lugar dado y en determinado momento histórico, tiene para prever el resultado como consecuencia de su propia conducta; y en cambio, la previsión consiste en representarse efectivamente, de parte del agente, en un caso específico, el resultado como probable."
Se ha tenido que la culpa con previsión se asemeja al dolo "La idea del resultado dañoso se presenta en la mente del que obra, pero a pesar de esto, y aunque no quiera ocasionar el daño, obra igualmente, por falta de sensibilidad moral y por lo tanto de disciplina social." La culpa con previsión del resultado se tiene como un estado de indiferencia respecto de este, traduciéndose en conocimiento del peligro y siendo muy próxima al dolo. A diferencia de la culpa con previsión, la culpa sin representación se da cuando el agente no materializa en su pensamiento el resultado lesivo producto de su conducta, no percibe la idea de un peligro o de un daño efectivo al bien jurídico a consecuencia de su actuar. En este tipo de culpa, la responsabilidad es más leve puesto que la dificultad para representar el resultado evita tomar medidas preventivas, sin embargo esto no significa que haya ausencia de responsabilidad y es el caso de los trastornados mentales que actúan negligentemente, cosa que no sucede en la culpa con representación que esta muy cercana al dolo eventual.
La negligencia consiste en una conducta positiva descuidada u omisiva respecto de un deber objetivo de cuidado. En el caso del trastornado transitoriamente, ese deber se viola cuando hay un conocimiento previo de la propia peligrosidad generando una obligación para con la propia seguridad y la ajena, de tomar las medidas conducentes a evitar calamidades, exigiéndose un nivel de diligencia por lo menos mínimo. "Se porta con negligencia el que viola un deber de atención que le atañe, estando en grado de prever el resultado"
En realidad la omisión en sí no ocasiona el resultado, como si lo haría un acción directa, sino que es una especie de "ficción" que se tiene como causa ya que si se hubiera actuado de manera diferente y acorde, no se habría producido el resultado lesivo. Esta negligencia puede tener su origen en fallas de la memoria o de la concepción de las cosas, mala atención, pereza u olvido.
4.1. Culpa y omisión.
Para Edmund Mezger, "el fundamento de todo hecho de omisión es una acción esperada, que posibilita la aplicación de todos los criterios validos para el hecho de comisión al hecho de omisión."
En los delitos de omisión también es admisible la modalidad culposa en los casos en que la ley lo permite como el homicidio, siendo u n importante elemento el deber objetivo de cuidado contemplado en el articulo 23 del Código penal. Tal deber se refiere a las medidas de precaución necesarias para no dejar de realizar una actividad de salvación de un bien jurídico. Basta que el sujeto vulnere un deber de diligencia que se le impone a todos los ciudadanos y que puede llevar a cabo un hombre diligente. "Con esa infracción del cuidado objetivamente debido existe una conducta objetivamente imprudente, y por tanto antijurídica con carácter objetivo general, aunque el sujeto en concreto por una incapacidad o facultades anímicas deficientes o perturbadas o por una peculiar situación individual no este en condiciones de comprender o de cumplir el deber objetivo de cuidado"
4.2. Culpa, negligencia e imprudencia.
Al hablar de negligencia o imprudencia, es importante aclarar que son conceptos distintos pero ampliamente relacionados. Mientras que en la imprudencia hay una conducta positiva de la cual habia de abstenerse ya que podría ocasionar un daño o poner en peligro un bien jurídico; en la negligencia hay una conducta negativa, ausencia de actuación – aunque la omisión es una actuación en si: la de no actuar – en donde debía llevarse a cabo una conducta positiva, siendo que de faltar esta podrían causarse resultados nocivos. Por ejemplo, un paciente que sufre de trastorno mental transitorio y que sabe que debe tomar una píldora para evitar llegar a los episodios de ausencia de lucidez y ser así una persona permanentemente consciente y dominante de sus actos y sus juicios de valor y por lo tanto actuar en consecuencia, no la toma pero si toma otra que se los causa con mayor intensidad y frecuencia aumentando su peligrosidad, actúa con imprudencia al incurrir en una conducta que debió evitar para no causar un resultado potencialmente lesivo – acelerar el proceso de trastorno y su peligrosidad –; pero también actúa con negligencia al omitir tomar el medicamento que evita que entre en episodios de anomalía psíquica y pueda dañar a alguien. Ante este comportamiento negligente, el paciente debe responder de omisión culposa.
"La imprudencia es una forma de ligereza, un obrar sin precauciones" según la sentencia del Tribunal Español de Justicia, casación del 19 de junio de 1936. 5. Concepto de Trastorno Mental
Es trastorno mental, cualquier perturbación o anomalía en el funcionamiento psíquico que altera gravemente, de manera permanente o transitoria el área del intelecto, la afectividad o la voluntad como parte de la personalidad del sujeto, impidiéndole gozar del pleno uso de sus facultades durante su acto delictivo, tener pleno conocimiento de la situación, basándose en la capacidad para distinguir lo licito de lo ilícito así como entender las consecuencias de sus actos. Debe demostrarse mediante dictamen pericial para que sea causante de inimputabilidad penal.
Al respecto la Corte Suprema de Justicia dice: "Es aquella alteración sicosomática que el sujeto sufre en el momento del hecho, de tan profunda intensidad, por tal modo convulsionador de sus esferas intelectiva, volitiva o afectiva que le impide darse cuenta de la ilicitud de su conducta o determinarse conforme a dicha comprensión. Puede tratarse de una anomalía biosíquica ubicable dentro de la sintomatología clásica propia de una verdadera sicosis, de una grave forma de sicopatía o de una compleja modalidad siconeurótica; pero también es posible que una excepcional y honda, aunque pasajera conmoción emotiva que obnubila la conciencia a una también transitoria pero igualmente profunda alteración del intelecto y de la volición, generada por ingestión de bebidas embriagantes o de sustancias narcóticas o estupefacientes. Cuando el consumo de tales bebidas se trata, el trastorno mental puede ser permanente si su asidua y prolongada ingestión ocasiona intoxicación crónica, o pasajera cuando en breve término se han ingerido dosis excesivas, o cuando un consumo aun normal de licor ha convulsionado el sistema nervioso central de una personalidad ya predispuesta, como ocurre en la llamada ebriedad patológica."
Para el Dr. Federico Estrada Velez el trastorno mental "es una locución carente de sentido psiquiátrico, que no encaja en la nomenclatura de esa ciencia, ni corresponde a ningún cuadro o síndrome sicopatológico. El trastorno es la perturbación, el desorden o desarreglo de las facultades mentales del sujeto, bien sea causado por factores patológicos permanentes o transitorios, o por circunstancias ajenas a esos factores"
Psicoanalíticamente, la capacidad para comprender la ilicitud de un acto y la autodeterminación se da con el consciente. El consciente sigue las leyes del pensamiento aristotélico: espacialidad, temporalidad, causalidad, identidad y contradicción. El consciente es el estrato topográfico más superficial de la personalidad. Mediante él, el YO mantiene contacto con el mundo de la realidad externa. Es con el consciente que el YO mantiene contacto con el mundo de la realidad externa. Es con el consciente que el YO tiene capacidad para comprender la ilicitud. El YO hace parte de la personalidad según la teoría estructural; esta incluye el SUPERYO y el ELLO. El YO tiene un componente inconsciente y también un consciente; el segundo le permite la relación con la realidad externa. Esto lo realiza mediante las funciones autónomas: la conciencia, el afecto, el pensamiento, la inteligencia, el juicio, la memoria, la atención, la sensopercepción y la conducción motora. En el trastorno mental el individuo tiene menoscabo del yo en sus funciones.
6. Clases de trastorno mental
El trastorno mental puede ser de carácter temporal o de carácter permanente, este último es conocido como enajenación mental.
La enajenación mental se basa en un fundamento de tipo general en donde se abarcan todas las anomalías psíquicas sin especificarlas. Se entiende por enajenación aquella condición en que se encuentra una persona que sufre una enfermedad mental grave, con perturbaciones de conciencia, inteligencia y voluntad. Son todas aquellas psicosis (paranoia, esquizofrenia, histeria por ejemplo) de las cuales también pueden presentarse episodios transitorios que desaparecen sin dejar rastro alguno.
La diferencia básica entre la enajenación mental y el trastorno mental transitorio estriba en la duración del trastorno, dado que en el primer caso es crónica o de amplia existencia en el tiempo mientras que en el segundo caso, esta es mas bien breve. Nuestro código penal en su artículo 33, da cabida a ambas situaciones dentro del concepto de inimputabilidad, si aun cuando no las diferencia exactamente, sí habla de trastorno mental en su sentido general dando a entender que se refiere a ambas circunstancias.
Sin embargo, en los artículos 70, 71 y 75, sí los distingue con base en las medidas de seguridad que debe tomarse en cada caso.
Al estudiar las enfermedades mentales que inciden en la imputabilidad, debe analizarse si se trata de neurosis o sicopatías, las cuales a pesar de ser anomalías psíquicas y que se presenten continua o aisladamente, por sí mismas no son capaces de generar la situación de inimputabilidad, salvo algunas excepciones. Es necesario que se acompañen de circunstancias exteriores que den lugar a reacciones inusuales o que existan tóxicos que acentúen la anormalidad de la conducta. 6.1 Aspectos.
La imputabilidad esta constituida por dos factores que son la capacidad de comprensión para entender la trascendencia así el significado de las actuaciones propias; y por la capacidad de autodeterminarse para comportarse de una u otra manera, según lo que se desee. Según Servio Tulio Ruiz, la imputabilidad se centra en la existencia de ciertas condiciones en el sujeto como la madurez psicológica y la sanidad mental, para la valoración del hecho en relación con una norma penal y de este juicio con su autor, la cual le permite determinarse (dirigir su conducta) en uno u otro sentido. Mezger afirma que lo intelectual y la voluntad se unen para dar origen a la capacidad de culpa o la idoneidad para ser culpable.
Según la forma como se presenten estos dos aspectos puede darse una serie de hipótesis y según el marco de cada una, se podría configurar un resultado general. Si el sujeto comprende la ilicitud de sus actos y puede actuar conforme a derecho, será plenamente imputable; sí comprende la ilicitud de su actuar pero no puede encaminar su conducta de acuerdo con las leyes puede darse la situación de inimputabilidad, como el caso del pirómano que sabe que iniciar incendios es un delito pero no puede abstenerse de hacerlo; el sujeto puede no comprender la ilicitud de su actuación pero puede regular su conducta conforme a la ley, cosa que en la práctica no se presentaría dado que se contraponen entre si, no se puede comprender y no comprender la ilicitud de un comportamiento de manera simultánea; y por último no entiende que con su actuar contraria las normas y por lo tanto no puede encaminarse a cumplirlas, como el caso de un epiléptico, hipótesis que da lugar a inimputabilidad. Si el trastorno borra el poder discriminatorio que tiene la mente humana entre el bien y el mal y entre los opuestos en general, alterando la percepción de las realidades, también elimina la capacidad de determinación consecuencial.
6.1.1. Aspecto Intelectivo.
Alude al verbo "comprender". Todo imputable debe ser una persona idónea para entender gracias a unas facultades mentales sanas y maduras y así representarse la conducta que realiza y el resultado que busca con esta, siendo necesaria una valoración previa de lo anterior para saber sí se quebranta o no un derecho. A contrario sensu, en la inimputabilidad se circunscribe a la incapacidad para entender la ilicitud del comportamiento propio, impidiendo realizar una valoración razonable de tal comportamiento y por ende, desembocando en la ausencia de una conducta consecuente y apropiada a los parámetros de ley. Sin embargo, es necesario aclarar que es distinta la incapacidad de comprender que la inconsciencia del acto que se ejecuta, hay casos en que se da una u otra circunstancia, por ejemplo, el sonámbulo se encuentra en estado de inconsciencia mientras que el enajenado no entiende que su comportamiento contraría las normas legales o las buenas costumbres.
6.1.2. Aspecto Volitivo.
Alude al verbo "determinarse". Para un imputable, el aspecto Volitivo se refiere a la idoneidad de una persona sana de mente para dirigir sus actitudes en determinado sentido deseado para alcanzar un resultado querido, licito o no, mientras que en un inimputable es la incapacidad de regular su conducta desde el punto de vista del deseo de cometerlo, es decir, la voluntad se encuentra subyugada a los instintos, como el caso del cleptómano.
6.2. Arrebato u obcecación en la legislación española.
En el Código Penal español se considera que un sujeto actúa con arrebato u obcecación (AyO) cuando sufre alteraciones pasionales o emocionales e incluso psíquicas que afectan a su capacidad cognoscitiva y volitiva, pero sin abolirla, por lo que su alcance es sólo parcial.
El AyO es un estado de ánimo que ofusca la mente proyectando su efectividad en situaciones en las que la mayoría de las personas se comporta de manera imprevisible.
Se entiende por arrebato una pérdida momentánea del autodominio como consecuencia de la ira o de sentimientos afectivos. Es una reacción ante una determinada situación vivencial, que desemboca en una situación de descontrol.
Así los insultos, las agresiones físicas, las situaciones ambientales estresantes, las amenazas y provocaciones pueden dar lugar a respuestas arrebatadas. En el arrebato no se medita la acción, sino que se actúa acaloradamente, sin prever las repercusiones que ello puede tener. Los hechos realizados bajo arrebato entrarían en sintonía con las reacciones en cortocircuito.
Los actos en cortocircuito o reacciones primitivas, son reacciones momentáneas impulsivas producidas por las capas inferiores de la personalidad, es decir, sin que intervengan la "esfera del yo" en su función conductora, ya que ésta "llega tarde" para frenar o dar la contraorden a la acción ya ejecutada. Se producen por lo general por situaciones emotivas, pasionales, o circunstanciales, sin necesario trastorno del campo de la conciencia, aunque el sujeto no alcanza a tener clara conciencia del acto ya que representa la etapa final de un conflicto muy traumático (rechazado o reprimido por el inconsciente) que hace eclosión como una reacción motora elemental (reacción impulsiva); a diferencia de los actos reflejos que tienen un origen psíquico condicionado por el entendimiento.
La obcecación implica una situación de perturbación psíquica por hechos externos o acontecimientos vivenciales, pero con la particularidad de que no puede anular la responsabilidad criminal siendo su alcance sólo atenuante.
Toda actuación realizada bajo obcecación responde a un estado que se ha ido gestando durante un período superior al del arrebato, que es mínimo o inmediato. El obcecado llega a esta situación después de haber sufrido una determinada agresión continua, o haber pasado por un trance desagradable.
De manera que la obcecación es un estado de ofuscación transitoria que desaparece después de haberse producido el fenómeno que la detona. Reconoce un estado de ánimo preexistente (un estado interior de malestar, ira, celos o resentimiento) que se extiende en el tiempo y que actúa persistentemente en el sujeto impidiéndole valorar adecuadamente las consecuencias de una acción reactiva ante los estímulos que recibe.
Por lo tanto se puede dar en obsesivos, paranoides, depresivos, etc, que tras un período de obcecación tienen una reacción de ofuscación que los obnubila.
Estos cuadros admiten excepcionalmente la alevosía por excitación psíquica pero nunca la premeditación que exige, entre otros requisitos, la frialdad del ánimo.
Como contrapartida, los estados pasionales y el miedo excesivo (que puede llegar al pánico o al terror) y la acción de drogas pueden constituir auténticos Trastorno Mental.
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