Source: https://www.diputados.gov.ar/proyectos/proyectoTP.jsp?exp=3926-D-2019
Timestamp: 2019-12-13 00:41:17
Document Index: 410923675

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 89', 'Artículo 3', 'Artículo 95', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 89']

Expediente 3926-D-2019
Sumario: EDUCACION NACIONAL - LEY 26206 -. MODIFICACIONES, SOBRE CONTENIDOS DEL APRENDIZAJE EMOCIONAL.
Modificación de la Ley 26.206 – Ley Nacional de Educación
Artículo 1. Incorpórese al art. 11 de la Ley 26.206 “Ley de Educación Nacional”, el siguiente inciso:
w) promover el aprendizaje emocional en la formación de todos/as los/as educandos/as.
Artículo 2. Incorpórese como art. 89 bis de la Ley 26.206 “Ley de Educación Nacional”, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“Artículo 89 bis. El Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, en acuerdo con el Consejo Federal de Educación, dispondrá las medidas necesarias para proveer el aprendizaje emocional en todos los niveles y modalidades del Sistema Educativo Nacional, con la finalidad de lograr un proceso de enseñanza continuo y permanente, complementario del desarrollo cognitivo, de las habilidades y competencias emocionales de los educandos.”
Artículo 3. Modifíquese el art. 95 de la Ley 26.206 “Ley de Educación Nacional”, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“Artículo 95. Son objeto de información y evaluación las principales variables de funcionamiento del sistema, tales como cobertura, repetición, deserción, egreso, promoción, sobreedad, origen socioeconómico, inversiones y costos, los procesos y logros de aprendizaje, los proyectos y programas educativos, la formación y las prácticas de docentes, directivos y supervisores, las unidades escolares, los contextos socioculturales del aprendizaje, valoración de competencias emocionales y los propios métodos de evaluación.”
Artículo 4. Incorpórese al art. 123 de la Ley 26.206 “Ley de Educación Nacional”, el siguiente inciso:
o) promover el aprendizaje emocional de todos los actores que constituyen la comunidad educativa.
Artículo 5. Modifíquese el inciso e) del art. 126 de la Ley 26.206 “Ley de Educación Nacional”, el que quedará redactado de la siguiente manera:
e) Ser evaluados/as en su desempeño y logros, considerando sus derechos y capacidades emocionales y conforme a criterios científicamente fundados, en todos los niveles, modalidades y orientaciones del sistema, e informados/as al respecto.
El objetivo del presente proyecto está basado en la incorporación de un Artículo 89 bis y la modificación de los Art. 11, 95, 123 y 126 de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206, sumando los contenidos del aprendizaje emocional, necesaria para mejorar las prácticas educativas.
La ausencia de la educación emocional en forma explícita o implícita en el marco escolar, pone en evidencia la obsolescencia de la forma en cómo se entiende la enseñanza en el siglo XXI, que sigue atada a dos de las inteligencias que Gardner enunció hace ya más de 25 años atrás.
Efectivamente en su obra pionera Inteligencias Múltiples Garner inventarió 7 inteligencias:
4 Inteligencia musical.
5 Inteligencia corporal y cinética.
Demuestra cómo una escuela bicentenaria se había quedado atada a dos de las inteligencias: la lingüística y la lógico matemática, de las 7 (terminarían siendo nueve) que valoraba en su momento.
En su primera versión incluyó la inteligencia intrapersonal y la interpersonal y una combinación de ambas estaría vinculada a lo que llevamos de lijen CIA emocional.
En efecto definió que la inteligencia interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado.
Y a la capacidad para conocer los aspectos internos de una persona (intrapersonal): el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones entre estas emociones y finalmente ponerles un nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta.
Casi 10 años más tarde, en 1995, Daniel Goleman sistematizó esta idea de lo emocional como competencia de habilidad que se convirtió en un mantra que tuvo más repercusión a nivel organizacional que en el educativo.
Mientras tanto Gardner hizo su obra mentes del futuro (2003) (Mente disciplinada, Mente sintética, Mente creativa, Mente respetuosa, Mente ética), una nueva propuesta donde las dos últimas que también se solapaba con algunas dimensiones de lo que llamamos inteligencia emocional.
Otras investigaciones provenientes de áreas muy diferentes pero más que nada de cambios profundos en la forma de entender la personalidad, las interacciones sociales, el rol de la mujer, el colapso de los modelos tradicionales de familia, cierta sensación de fin de época muy vinculada al desconocimiento del rol estratégico de las emociones, no solo como base del compromiso social sino incluso como componente esencial de toda percepción, llevó a cierta relativización de lo cognitivo en favor del emocional.
Hoy con más de 20 años de avances de las neurociencias y de su derrame en la neuro-educación, el neuro-aprendizaje, y las emociones como puente entre la biología humana y el comportamiento social, ponen a la educación emocional en un lugar muy destacado.
Sin embargo, paralelamente hemos visto una mutación en la ecuación escolar que pasó del énfasis en la enseñanza al énfasis en el aprendizaje (Illich, Ranciere, Serres, Lewkowicz, Narodowski).
Numerosas investigaciones y algunas inscripciones institucionales de esta nueva forma de entender la primacía del aprendizaje por encima de la pedagogía llevan a imaginar un enfoque para la educación emocional muy distinto a lo que creíamos en forma inercia.
Porque no se trata de sumar una materia de educación emocional –como teníamos educación cívica sin mayores consecuencias, lo que está demostrado por la pérdida del valor de la representación política y la aparición de una ciudadanía cada vez más apática y desinteresada- sino que tendríamos que enfatizar el aprendizaje emocional más que la educación emocional. Entonces la denominación no es lo de menos, y por todo lo anterior es que se propone llamar Aprendizaje Emocional.
En el país viene siendo debatido sectorialmente, la incorporación del “Aprendizaje emocional” en el sistema educativo público, de gestión estatal y privada, con el dictado de leyes en algunas provincias. Estas iniciativas son producto de un proceso que necesariamente debe atravesar la educación en nuestro país.
Diariamente, se ve una realidad donde niños, adolescentes y jóvenes, adoptando conductas que atentan contra la integridad y salud de los mismos, como son la depresión, ansiedad, estrés, desórdenes alimenticios, altos índices de suicidios, violencia, delincuencia, entre otros. Todas situaciones problemáticas que demandan la alfabetización emocional, ya que ésta es la que pretende que los sujetos puedan tener conocimiento de sus fenómenos emocionales, conciencia emocional, capacidad de control de las mismas, el aumento de actitudes positivas y proactivas que mejoren la calidad de vida de todos quienes convivimos en una sociedad, en constante movimiento, avance y cambio.
Por tal motivo, debemos garantizar la formación de sujetos que aprendan a reconocer las emociones propias y de los demás, que puedan canalizar las energías de forma adaptativa, resolver conflictos, automotivarse y aprender a superar la adversidad. Sujetos que sepan comunicarse efectivamente y en forma saludable para contribuir al bienestar propio y de los demás.
La realidad compleja que se vive en la escuela en su cotidianeidad, nos refleja cada vez más que el abordaje holístico multidisciplinario desde la óptica del aprendizaje emocional, puede brindar herramientas útiles para trabajar la conflictividad social en las escuelas, como así también contribuir al desarrollo integral del niño – niña – adolescente – joven, considerando el concepto amplio de salud: “… según la Organización Mundial de la Salud es: …. el estado de bienestar completo psíquico, físico, social, y espiritual…”.
El aprendizaje de la inteligencia emocional y social, refleja el creciente reconocimiento de que el desarrollo de la inteligencia emocional mejora los logros de los niños, tanto escolares como vitales. La enseñanza de la Inteligencia Emocional se debe plantear e idear a partir de lo que se sabe del desarrollo infantil, la gestión dentro del aula, la prevención del comportamiento problemático y los nuevos conocimientos neurocientíficos relacionados con el crecimiento social y cognitivo.
El concepto de Inteligencia Emocional y su respectivo aprendizaje emocional, se está afirmando cada año, en una crecida total en la firme búsqueda de la conciencia mundial y gracias a ellos emerge esta nueva manera de entender la educación y de lo que significa ser no solo una persona educada sino también preparada, es decir, dispuesta a convertirse en alguien que se implica en el mundo, en un trabajador productivo y en un amigo o familiar solidario y compasivo.
Los estudiantes deben sentirse bien consigo mismos para poder aprender. Si queremos que se arriesguen intelectualmente tenemos que ayudarles a sentirse seguros en la escuela y en el hogar. Cuanto más nos dirijamos a sus necesidades emocionales, menos problemas disciplinarios tendremos.
El aprendizaje emocional hace que los niños aprenden gran variedad de habilidades para poder gestionar emociones y resolver los conflictos de manera creativa y sin agresividad. Tanto niños como adultos colaboran en la creación de un entorno escolar positivo. Los niños desarrollan tanto sus habilidades de liderazgo como las capacidades emocionales que utilizarán durante el resto de sus vidas, ya sea en el hogar, en la escuela, en la calle, en el trabajo o en su rol como padres y ciudadanos.
El principal objetivo es prevenir aquellos problemas que conforman la realidad escolar hoy, como ser: maltrato escolar, violencia escolar, embarazo adolescente, bullying, deserción escolar, bajo rendimiento escolar, es decir, estos conflictos sociales en su génesis se los puede relacionar con la falta de conciencia y/o mal manejo de las propias emociones e impulsos.
La inteligencia emocional en su definición, según Goleman Daniel es: “... Una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social…”
Los alumnos pasan en las aulas gran parte de su infancia y adolescencia, periodos en los que se produce principalmente el desarrollo emocional de los niños, de forma que el entorno escolar se configura como un espacio privilegiado de socialización emocional.
El objetivo final es que con la práctica lleguen a incorporar estas formas de tratar y manejar las emociones a su vida cotidiana, aprendiendo a reconocer y comprender los sentimientos de los otros alumnos o profesores, empatizando con las emociones de los demás compañeros de clase, regulando su propio estrés y/o malestar, optando por resolver y hacer frente a los problemas sin recurrir a la violencia. En definitiva, que los alumnos aprendan a prevenir comportamientos violentos, desajustados emocionalmente, tanto fuera como dentro del aula.
En esta línea es donde creemos que la inteligencia emocional aporta los cimientos para el desarrollo de otras competencias más elaboradas. Entendemos que se ha ido afianzando la idea de que una mayor atención al aprendizaje emocional pueden aliviar en gran medida los problemas que están presentes en nuestros centros educativos.
Las dificultades que debe encarar el sistema educativo son complejas y exigentes. Su superación requiere el uso de estrategias de actuación variadas. El aprendizaje emocional es un recurso que ayudará a facilitar la maduración personal del alumnado y fortalecer las relaciones interpersonales amigables entre y dentro de los sectores de la comunidad educativa, fortaleciendo todos los espacios de formación dentro de las aulas.
El cambio cultural que estamos viviendo en el modo de entender las emociones y las relaciones entre lo cognitivo y lo afectivo, se entiende desde el enfoque del paradigma de la complejidad de Edgar Morin. Familia, escuela y sociedad necesitan buscar herramientas de comunicación, establecer redes sociales y buscar marcos teóricos en las variadas publicaciones que han tenido un impacto notable en las sociedades, fortaleciendo la mirada integral y holística de nuestras prácticas.
Si bien en general podríamos discutir la capacidad que tiene una ley de hacer cambios en el comportamiento de la población, o ser tan solo un marco orientativo hacia cambios de creencias, prácticas y forma de pensar, en el caso del aprendizaje emocional, la cuestión se vuelve mucho más complicada. Creemos firmemente que las modificaciones propuestas a la Ley 26.206, llenará ese vacío que genera la ausencia de la educación emocional en el marco escolar, y que pone en evidencia la obsolescencia de la forma en cómo se entiende la enseñanza en el siglo XXI.
A través de quien suscribe este proyecto, confío en que el acompañamiento de esta Cámara permita valorar la sanción de esta Ley, ya que con el aprendizaje emocional, los niños aprenden gran variedad de habilidades que le permitirán gestionar emociones y resolver conflictos de manera creativa y sin agresividad, y de esta forma desarrollan tanto sus habilidades de liderazgo como las capacidades emocionales que utilizarán durante el resto de sus vidas, ya sea en el hogar, en la escuela, en la calle, en el trabajo o en su rol como padres y ciudadanos. Por tales motivos y en virtud de lo expuesto, solicito a mis pares, me acompañen con la aprobación del presente proyecto.