Source: http://www.factum.uy/ediciones-anteriores/estpol/anapol/1999/anp99055.html
Timestamp: 2017-12-18 12:30:09
Document Index: 55846980

Matched Legal Cases: ['artículo 151', 'artículo 152', 'Artículo 94', 'artículo 77', 'artículo 151', 'artículo 152']

El próximo gobierno a partir del resultado del 28
Volvemos al análisis político a partir del balotaje con el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum. El espacio de ayer estuvo centrado en el resultado, y nos quedaba para ver comenzar a atisbar en lo que se viene: el gobierno, las elecciones municipales el escenario político después del 28 de noviembre con la vista en el 2000.
Pero antes de ingresar al tema, Oscar, nos decías que habías recibido reiteradamente una consulta sobre un aspecto de la nueva institucionalidad implantada por la reforma constitucional de 1996.
Sí: hemos tenido un alud de consultas sobre qué pasa si en algún momento hay que sustituir al Presidente de la República. Supongamos que el Presidente y el Vicepresidente se encuentran uno enfermo y otro en viaje, o los dos deben viajar.
En el régimen anterior, desde la Constitución de 1967, al Presidente lo sustituía el senador primer titular de la lista más votada del lema más votado, siempre que reuniese las condiciones del artículo 151 y no estuviese impedido por las disposiciones del artículo 152, es decir que tuviese la ciudadanía natural y no menos de 35 años de edad, y que en ningún caso podía ser el anterior presidente de la República. Y además, ser senador, el primer titular de la lista más votada etcétera: quiere decir que si el que figura en el primer lugar de la lista renunció al Senado, pierde la sucesión presidencial.
(Ver Normas Citadas al pie de esta introducción)
Lo mismo ocurre para el presidente de la Asamblea General. Cuando Hugo Batalla dejaba el cargo y luego quedó vacante definitivamente por su muerte, los sustituía el primer senador de la lista más votada del lema más votado, y podía haber sido el anterior presidente o haber sido un ciudadano legal que tuviera menos de 35 años. En este caso coincidieron las dos cosas: Hugo Fernández Faingold sustitiyó a Hugo Batalla como presidente de la Asamblea General y sustituye a Sanguinetti cada vez que éste deja el cargo (por ejemplo durante el reciente viaje a la Cumbre Iberoamericana).
Bien: yo venía hablando de la existencia de dos líneas separadas, que normalmente coincidían pero eventualmente podían ser dos: si el primer titular era el ex presidente de la República, o menor de 35 años, o ciudadano legal.
A partir de la Constitución del 97 las dos líneas son inequívocamente separadas, porque (recordarán que fue uno de los primeros comentarios que hicimos enseguida del 31 de octubre) el presidente del Senado es el senador primer titular de la lista más votada del lema más votado. Por lo tanto, toda vez que Luis Hierro López deje la Presidencia de la Asamblea General porque está con licencia, de viaje o enfermo, o porque pasa a ocupar la Presidencia de la República, el presidente de la Asamblea General será Reinaldo Gargano, primer titular de la lista 90, la más votada del lema más votado, Encuentro Progresista. Además, Gargano va a ser el presidente titular de la Asamblea General entre el 15 de febrero y el 1º de marzo: Reinaldo Gargano le va a tomar el juramento presidencial a Jorge Batlle, y le va a dar la investidura presidencial.
Es un dato curioso, porque es la primera vez desde que rige este sistema en que el presidente de la Asamblea General es de un lema distinto al del Presidente de la República. Esto era así antes, cuando el Senado se elegía por departamento y normalmente su presidente era blanco, mientras el Presidente de la República era colorado. Pero desde que la elección es simultánea, es la primera vez que ocurre.
Por tanto, el orden de sucesión del presidente de la Asamblea General es: Reinaldo Gargano, José Korzeniak, Mónica Xavier, Manuel Núñez.
En cambio, al Presidente de la República lo sucede, después del vicepresidente, el senador primer titular de la lista más votada del partido por el cual fue electo el Presidente de la República (y entendiéndolse "el partido por el cual fue electo" al partido por el que participó en las elecciones del 31 de octubre). En otras palabras es lo que, en términos populares, se conoce como "la 15": la lista de senadores encabezada por José Luis Batlle.
Entonces, el orden de sucesión del Presidente de la República, después de Luis Hierro López, es el siguiente: José Luis Batlle, Alejandro Atchugarry, Walter Riesgo.
Artículo 94. La Cámara de Senadores se compondrá de treinta miembros, elegidos directamente por el pueblo, en una sola circunscripción electoral, conforme con las garantías y las normas que para el sufragio se establecen en la Sección lII y a lo que expresan los artículos siguientes.
La Asamblea General se reunirá en las fechas indicadas sin necesidad de convocatoria especial del Poder Ejecutivo y presidirá sus sesiones y las de la Cámara de Senadores hasta la toma de posesión del Vicepresidente de la República, el primer titular de la lista de Senadores más votada del lema más votado
El Presidente y el Vicepresidente de la República serán elegidos conjunta y directamente por el Cuerpo Electoral, por mayoría absoluta de votantes. Cada partido sólo podrá presentar una candidatura a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República. Si en la fecha indicada por el inciso primero del numeral 9° del artículo 77, ninguna de las candidaturas obtuviese la mayoría exigida, se celebrará el último domingo del mes de noviembre del mismo año, una segunda elección entre las dos candidaturas más votadas.
Sólo podrán ser elegidos los cuidadanos naturales en ejercicio, que tengan treinta y cinco años cumplidos de edad.
En el caso de vacancia definitiva o temporal de la Presidencia de la República, en razón de licencia, renuncia cese o muerte del Presidente y del Vicepresidente en su caso, deberá desempeñarla el Senador primer titular de la lista más votada del partido político por el cual fueron electos aquellos, que reúna las calidades exigidas por el artículo 151 y no esté impedido por lo dispuesto en el artículo 152. En su defecto, la desempeñará el primer titular de la misma lista en ejercicio del cargo, que reuniese esas calidades si no tuviese dichos impedimentos, y así sucesivamente.)
EC - Respondida esa pregunta que se ha recibido intensamente en Factum y también en El Espectador, a partir del 231 de octubre, pasemos al análisis que nos habíamos propuesto para el día de hoy: lo que vendrá.
OAB - Empiezo por el final de ayer. En primer lugar tenemos la definición de la base política para las políticas de gobierno. Y por otro lado, la base política para las políticas de Estado.
Las primeras son las medidas y normas que hacen a la ejecución normal de un gobierno, que rara vez logran un amplio consenso. Es en ellas donde más se expresa la disparidad de puntos de vista de los partidos políticos, y en general la disparidad de puntos de vista de la gente, expresada a través del voto a los partidos políticos. Es la gente que tiene puntos de vista distintos sobre la visión del país y lo que hay que hacer.
Las políticas de Estado son aquellas en que se busca consensos en torno a cosas que pueden ser valores comunes de todo un país. Son políticas que tienen la pretensión de ir, como mínimo, más allá de un gobierno; y, como deseable, de traspasar una generación.
EC - ¿Hay consenso en cuáles son los temas de Estado, las políticas de Estado?
OAB - Que nadie tome a broma la definición, pero es esta: política de Estado es lo que el sistema político define como política de Estado. No hay una tabla que diga cuáles son los temas que enumere las políticas de Estado.
EC - ¿Cuáles han sido consideradas políticas de Estado en el país en los últimos años?
OAB - Diría que lo más parecido a políticas de Estado que hubo en Uruguay, con algún debilitamiento en el período de Lacalle, es la política exterior. Ha ido adquiriendo ciertos ribetes de política de Estado, en particular en relación al Mercosur. Pero en general se buscó darle ese carácter; y quizá Sanguinetti fue quien puso más énfasis en las políticas de Estado.
EC - Con la designación como primer canciller a la salida de la dictadura -recordemos- del contador Enrique Iglesias, que por sí mismo concitaba un amplio consenso.
OAB - En ese primer período, salvo la política económica, casi todo era política de Estado, en la medida en que mucho salía de los paquetes de la Concertación. Y en todos los partidos había un común denominador que era la búsqueda de una transición sólida, de estabilizar la restauración democrática, y por lo tanto "no zarandear el bote".
Era más fácil entonces que cuando el sistema institucional está consolidado y en Uruguay se considera absolutamente terminada la transición, entre el tercer y el cuarto año (todos los analistas coincidimos en fijar el fin de la transición en el 16 de abril de 1989, con el referéndum de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado). Era más fácil entonces que cuando se dice "Esto se terminó" y afloran las diferencias políticas, que no son una patología, aclaremos: lo normal en la sociedad es el disenso. Uno diría que una sociedad pasa por una patología del sistema político cuando no hay disenso: quiere decir que está atravesando un momento de crisis, interna o externa, como una guerra. Lo normal es que haya disensos, diferencias sobre cómo llevar adelante la economía, cuál es el énfasis sobre determinado tipo de políticas.
Entonces, ¿cómo surgen las políticas de Estado? Porque empiezan a haber puntos en común en algunas áreas. Sin duda, en el Uruguay, lo que parecería explorable como políticas de Estado es, un por lado, la política exterior. Sobre todo a partir de asumir que un país pequeño que pretende jugar un papel importante, al menos en la región; y dentro de la región pretende no seguir lo que dictaminen los dos grandes sino compartir el timón, lo puede hacer si su gobierno actúa con respaldo total, que no es sacudido por vaivenes políticos internos. Creo que hay una convicción muy fuerte en ese tema.
Otras áreas en que seguramente se va a explorar políticas de Estado para ver si se logra consensos, seguramente serán educación, salud, y un tema muy urticante en el que Uruguay necesita políticas de Estado (quizá se puede decir hoy que el país puede empezar a caminar buscando aproximaciones para confluir en futuras políticas de Estado) es lo relativo a seguridad y defensa nacional, política militar.
Otro tema en el que no diría que se haya construido políticas de Estado, pero en el que se avanzó bastante en este período (y seguramente se va a necesitar para el próximo) es el de la seguridad ciudadana.
EC - Esta es entonces una distinción entre políticas de Estado y políticas de gobierno. A partir de ese listado, ¿qué hay que puntualizar en este momento?
OAB - Que sin duda esas serán las áreas en que el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Encuentro Progresista explorarán los puntos de vista comunes. Varios dirigentes del Encuentro destacaron antes del balotaje que mucho de lo que está en las bases de acuerdo entre el Partido Colorado y el Partido Nacional puede ser compartido por el propio Encuentro, dependiendo por supuesto de los énfasis y la instrumentación.
Me parece que la entrevista Jorge Batlle - Tabaré Vázquez anunciada para dentro de un par de semanas va a ser clave para empezar a desenmarañar hacia dónde se puede caminar en materia de políticas de Estado y qué aproximaciones puede haber. Esto puede darle al Encuentro Progresista un papel que casi no tuvo en este período (necesita tener un papel más lineal que el que tuvo, una conducción firme, eficaz y continua en los cinco años, como no la tuvo en este período, con conducciones muy cambiantes) y si define un papel de oposición a la política de gobierno y de partícipe en las políticas de Estado logrará el perfil ideal para un partido que, desde la oposición, aspira al gobierno.
EC - ¿Qué puede querer decir que participe en las políticas de Estado? ¿En qué puede traducirse?
OAB - Por ejemplo en que participe en un ajuste, un rediseño o cambios de la política educativa, y termine votando leyes y apoyando medidas administrativas de las autoridades de la educación. En materia de salud (sin duda, el Uruguay va a encarar algo en ese terreno), que se apruebe una gran ley o leyes y decretos complementarios con el apoyo del Encuentro Progresista.
En eso puede darse que haya una política de Estado que da el marco legal apoyada por todos, pero luego una instrumentación (políticas de gobierno) que el Encuentro Progresista no comparta y no apoye.
EC - Pero no necesariamente implica, difícilmente implique, la asunción de responsabilidades, de cargos por gente del Encuentro en áreas como estas.
OAB - No, no. Políticas de Estado implica acuerdos concretos para áreas concretas, que se expresan en la votación conjunta en el plano legislativo, y en el apoyo a lo que haga el gobierno, a no enfrentarlo. Completamente distinto a un cogobierno.
Y distinto también a dos cosas que podrían confundirse. La primera es si hay o no participación del Encuentro en los entes autónomos. En Uruguay están las dos teorías: de alguna manera la tónica de la nueva constitución es la de que los entes autónomos son parte de la coalición de gobierno y todos sus miembros corresponden a la coalición, o la vieja teoría de que entre los cinco miembros que tienen la mayoría de los entes, tres son del gobierno y dos de la oposición (en algún momento fueron cuatro del gobierno y uno de la oposición). La idea es que se puede integrar entes no porque se participe del gobierno sino porque, en la medida en que hay entendimientos en políticas de Estado, se le da uno o dos cargos en los entes a efectos de controlar, en una función opositora (que no quiere decir que es para ir a decir que no, sino para ver e incluso participar activa y afirmativamente en muchos actos de la administración, aunque no comparta las líneas generales de macroeconomía que ese ente va a aplicar).
Lo otro que no hay que confundir son los acuerdos, que no tienen nada que ver con políticas de Estado, para nombrar los miembros de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal de lo Contencioso Administrativo y de la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas (en estos dos casos es condición sine qua non la participación del Encuentro Progresista, porque se necesita dos tercios de votos de la Asamblea General).
EC - Después de ver las políticas de Estado, ingresemos en las políticas de gobierno.
OAB - Hay que hacer una diferenciación de dos cosas. Por un lado, los aspectos programáticos, temáticos de la política de gobierno. En ese terreno diría que hay avances muy grandes: ya hay cinco años de políticas de gobierno de una coalición, y otros cinco años anteriores que han servido de arranque o de espejo, como se lo quiera llamar.
En segundo término, porque hay un acuerdo programático y ahora vienen mil temas instrumentales a afinar, pero no porque sea un acuerdo entre dos partidos sino porque todo cambio de gobierno, aún del mismo partido, y diría que aún del mismo sector, requiere ajustes. En la Intendencia de Montevideo siguió linealmente una administración a otra, y sin embargo hubo un montón de ajustes porque normalmente se considera que cada etapa es una etapa: se cierra un conjunto de logros y de metas, y se pone el énfasis en otros. En general, el Partido Colorado y el Partido Nacional han sostenido claramente que con la administración Sanguinetti se cierra la etapa de la estabilidad macroeconómica y una primera sub etapa de reforma del Estado, que ahora viene otra etapa y hay que definir los énfasis. En general se dice que hay que hacer un segundo empuje en reformas del Estado y un énfasis en políticas sociales: que la estabilidad macroeconómica no soluciona por sí sola los problemas sociales, pero la estabilidad permite impulsar políticas sociales, y que en esta etapa los énfasis deberían ser esos.
Eso en lo temático. Pero interesa el diseño político, y yo decía ayer que hay que tener cuidado con esa visión de "Ah, van a discutir cómo se reparten los cargos". La distribución de cargos, en el mundo y en la historia, es lo más importante que hay para las señales políticas. No era lo mismo el gobierno de Jospin si había o no ministros del Partido Comunista; no era lo mismo en la coalición rojiverde que gobierna Alemania (la Alianza 90 de los socialdemócratas y los ecologistas) si a los ecologistas les daban o no un cargo en el gabinete, o si les daban un ministerio simbólico o si tenían, como tienen, ni más ni menos que Relaciones Exteriores. Entonces: los cargos son muy importantes; lo más importante. Y es cantidad y calidad de los cargos.
EC - Ayer, vislumbrabas como posible la consolidación de un nuevo tipo de acuerdo entre el Partido Colorado y el Partido Nacional. Recordabas el primer período posterior a la dictadura, cuando privó la "gobernabilidad" de Wilson Ferreira; la "coincidencia nacional" durante el gobierno de Lacalle, y luego esta coalición del segundo gobierno Sanguinetti. Pero ibas ahora a un cogobierno.
OAB - Exacto. Me interesa marcar sobre todo los dos gobiernos de Sanguinetti, porque fue en definitiva donde el Partido Nacional dio el paso. En la gobernabilidad, Wilson Ferreira decía "Somos la oposición" (además, era tan nítida en ese momento la diferencia con el Frente, que la principal fuerza de oposición era el Partido Nacional) "que le damos gobernabilidad al gobierno que es del Partido Colorado". Y, como símbolo, integran el gabinete figuras de origen blanco pero actuando a título personal. Una fue Enrique Iglesias, pero sería forzado decir que simbolizaba la presencia del Partido Nacional: más bien Enrique Iglesias era una figura blanca con un alto consenso nacional; no se podría decir que era una figura partidaria. Pero sí Raúl Ugarte en Salud Pública, y lo mismo Presno en Industria.
En cambio, en el segundo gobierno de Sanguinetti, un partido se coaliga para gobernar y la oposición pasa a ser el Encuentro Progresista y el Nuevo Espacio.
EC - Y como sus representantes en el gabinete nombra a políticos.
OAB - ¡Y qué políticos! Los dos candidatos a la Vicepresidencia de la República de las dos fórmulas que representaron al 90% del Partido Nacional: Alvaro Ramos en Relaciones Exteriores y Juan Chiruchi en Vivienda. El segundo senador del grupo más fuerte, Raúl Iturria, en Defensa Nacional. Y el tercer grupo, el Movimiento Nacional de Rocha, llevó a una figura en ese momento ascendente como era Ana Lía Piñeyrúa al Ministerio de Trabajo, y al candidato a la Vicepresidencia de la República, Wilson Elso Goñi, a la presidencia de OSE. Es decir que, de los tres candidatos a la Vicepresidencia por el Partido Nacional, dos estuvieron en el gabinete y no en la presidencia de un ente autónomo (en el que continúa hasta el presente).
Este es un enfoque diferente, de mayor involucramiento. Pero todas las carteras económicas estuvieron en manos del Partido Colorado, salvo Ganadería cuando se sustituyó a Gasparri por Chiessa, aunque el período de éste fue muy breve, lo sucedió un técnico de escasa incidencia en la política económica, y cuando -a raíz de una crisis política del gobierno con el agro- fue necesario darle un primer nivel al Ministerio de Ganadería, el Partido Colorado en lugar de un técnico pone a un político bastante ajeno a todo el tema agropecuario pero del mayor peso político, como Luis Brezzo, una de las figuras de mayor ascenso en los últimos tiempos en el Partido Colorado y el Foro Batllista, hombre de la mayor sintonía con el ministro de Economía y con el presidente de la República.
¿Qué señales puede haber ahora, qué diseños?
EC - Dices que se daría un paso más, se avanzaría más en el compromiso entre los dos partidos en la gestión de gobierno, y por eso hablas de cogobierno.
OAB - Primero, analicemos por qué tendría que darse un paso más. La experiencia de la coalición es muy controversial. Hablemos de lo que se ha denominado "el síndrome de Volonté". En el caso de Volonté y la caída de Manos a la Obra hay muchos elementos de carácter político, de errores que puede haber en su conducción, o de problemas propios del manejo político.
Es confuso llegar a conclusiones, pero hay toda una línea interpretativa, o por lo menos el temor de que participar en la coalición le haya significado costos al Partido Nacional. Es muy difícil saber si la afectación de imagen que tuvo Lacalle como consecuencia de la campaña contra su gobierno fue determinante, o si lo fue la coalición; si fue el enfrentamiento con Ramírez o la coalición; si lo de Volonté fueron problemas desencadenados con el discurso cuando la muerte de Villanueva Saravia, o en la conducción de Manos a la Obra, o problemas entre el grupo de Volonté y Propuesta Nacional, o si fue la coalición. Pero lo cierto es que siempre ronda que por ahí anda la coalición.
Queda entonces la idea de que, con Wilson, el Partido Nacional apoyó lo suficiente pero quedó lo suficientemente lejos del gobierno como para no asumir sus costos, y como que en este último gobierno quedó demasiado cerca y asumió los costos, pero demasiado lejos para ser responsable de la toma de decisiones. Como que estuvo en las responsabilidades y los costos pero no en los derechos y beneficios: "Asumo los costos de la disconformidad que tenga la gente con el gobierno, pero esa decisión la tomó otro". Lo malo es que la otra lectura era que la gente que estaba satisfecha con el gobierno, como está satisfecha, vota al Partido Colorado. Y la que está disconforme, como está disconforme, vota al Encuentro Progresista. El Partido Nacional no cosecha ni la conformidad ni la disconformidad: cosecha sólo al blanco a ultranza.
Esto implica que o se está en la oposición o se está en el gobierno. Si se está en el gobierno, el involucramiento debe ser mucho mayor, es decir tener mucho mayor participación en todas las decisiones, y que se sepa que las decisiones son compartidas (porque también hay un problema comunicacional: quedó mucho la idea de que el Partido Colorado tomaba las decisiones y le comunicaba al Partido Nacional "Voten esto", y el Partido Nacional quedó relegado a polea de transmisión de lo resuelto por Sanguinetti). Primera idea, entonces: que quede claro que si es un cogobierno, co-deciden.
EC - De ahí entonces dos de las novedades que han circulado en estos últimos días. Una, la posibilidad de que representantes del Partido Nacional integren el equipo económico; y otra, que haya ministerios mixtos.
OAB - Hay dos grandes diseños básicos. Uno es la distribución de áreas, que generalmente lleva a desniveles de representación: "Este partido se encarga del área económica; este otro del área social y" -cuando es entre varios- "este otro del área política". El problema es que no todas las áreas tienen el mismo peso: las políticas sociales son muy importantes pero siempre son subsidiarias de las políticas económicas, y el que tiene el área económica le marca el ritmo y las limitaciones al que tiene el área social.
EC - Lo que pasa también con algunos ministerios que no forman parte del área social, como Ganadería, Industria
OAB - Claro, porque formarían parte del área económica pero ¿los ministros están en igualdad o en el fondo los de Ganadería y de Industria terminan siendo subordinados al de Economía y al director de Planeamiento? Muchas veces termina así. Cuando se habla de "los jefes del equipo económico" ¿qué quiere decir: que los otros son subordinados, en términos políticos, no institucionales?
El otro diseño es buscar las mayores mixturas posibles. Una puede ser decir "Este es el equipo económico, pero decide entre todos; uno no le impone a los otros". De alguna manera, en el gabinete italiano, el ministro del Tesoro con los otros del área económica, uno no manda al otro: tienen que discutir entre todos. A veces hay mayores pesos intelectuales, pero no es algo definido ya como papel.
Otro diseño posible es el de las mezclas, donde ningún partido tiene un área especial: en el área social, Trabajo para el Partido Nacional, Salud para el Partido Colorado, Educación para el Partido Nacional, etcétera. Y lo mismo en el área económica: el ministro de Economía es colorado, el de Ganadería es blanco, el de Industria tal, pero todos participan en la decisión.
Otra forma es que no haya monopolios en áreas ni en ministerios, o por lo menos no de todos. En un conjunto de ministerios, si el ministro es colorado el subsecretario es blanco y viceversa. Eso lleva a que la política agropecuaria, por ejemplo, si está a cargo de un ministro blanco, ya no sea un "problema de los blancos": es problema de los dos, porque uno va a tener el ministro y el otro el subsecretario. Y caminan juntos y están involucrados los dos partidos, o la cosa se complica; si el ministro manda y el subsecretario es nominal, el esquema no va a funcionar. Si funciona, la conducción es bipartidaria.
Cualquiera de estos ensambles da la imagen de un cogobierno. Y creo que lo numérico es clave: si es seis y seis, si es siete y cinco, o si llegara a ser ocho y cuatro (en cuyo caso el Partido Nacional quedaría extraordinariamente subrepresentado, y se aproximaría mucho a la imagen de un gobierno colorado donde el Partido Nacional es una pieza).
EC - Y ¿qué puede contar para la determinación de esas proporciones: el resultado del 31 de octubre, la votación obtenida por cada uno de los partidos, o la votación del 28 de noviembre y lo determinante que fue el voto de los blancos para que Batlle llegara -con el respaldo que obtuvo- a la Presidencia, como lo remarcó Lacalle?
OAB - Uno diría que los dos. El Partido Liberal alemán lograba una elevadísima cotización para su escaso cinco por ciento de votos porque sin él no había gobierno: "Nosotros tenemos sólo el cinco por ciento, pero hace el 100% de lo que usted necesita para tener el gobierno; y si no, lo tendrá el otro partido". O los partidos religiosos israelíes, que pasaban una factura feroz, por un lado de cargos, y por otro de exigencias programáticas. Siempre fueron feroces, fueron grandes negociadores, y el argumento era el mismo: "Nosotros tenemos muy poca fuerza, si quiere no nos acepte. Pero si no nos acepta, no tiene gobierno".
No es el caso de Uruguay, donde hay un Presidente electo y no esté en juego que el Parlamento vote la investidura del gobierno. Pero queremos decir que hay dos visiones: la cuantitativa y la cualitativa. La cuantitativa es el resultado del 31 de octubre, tres a dos. La cualitativa es el resultado del 28 de noviembre: sin el Partido Nacional Batlle no sería presidente. No "sin el Partido Nacional": sin un Partido Nacional jugado a full, comprometiéndose hasta el cuello, jugándose todos los dirigentes blancos el liderazgo, empezando por el doctor Lacalle, recorriendo el país, poniendo avisos, moviendo a caudillos departamentales, locales, barriales Si el Partido Nacional no ponía "toda la carne en el asador, más todas las achuras", no teníamos este resultado
noviembre 30 - 1999