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Timestamp: 2019-01-21 10:18:55
Document Index: 218057744

Matched Legal Cases: ['artículo 172', 'artículo 172', 'artículo 1', 'artículo 153', 'in fine', 'artículo 48', 'artículo 2', 'artículo 170', 'artículo 170', 'artículo 241', 'artículo 2', 'artículo 170', 'artículo 64', 'artículo 172', 'artículo 153', 'artículo 82', 'artículo 237', 'artículo 153', 'artículo 250', 'artículo 172', 'artículo 172', 'artículo 153', 'artículo 172', 'artículo 1', 'artículo 153']

﻿ SENTENCIA C-816 DE AGOSTO 2 DE 2001
SENTENCIA C-816 DE 02 DE AGOSTO DE 2001
CONTENIDO:PREJUDICIALIDAD. A FIN DE LOGRAR UNA MAYOR EFICIENCIA DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES Y DE EVITAR QUE RESOLUCIONES CONTRADICTORIAS PRODUZCAN INSEGURIDAD ENTRE LOS ASOCIADOS, PERMITEN SUSPENDER EL PROCESO CIVIL Y TAMBIÉN LA CAUSA CRIMINAL, ANTE LA PRESENCIA, ENTRE OTRAS, DE CUESTIONES PREJUDICIALES ADMINISTRATIVAS. SE DECLARAN EXEQUIBLES POR LOS CARGOS FORMULADOS, LOS ARTÍCULOS 172 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL Y 153 DE LA LEY 600 DE 2000.
TEMAS ESPECÍFICOS:PREJUDICIALIDAD, RESOLUCIÓN JUDICIAL, REQUISITOS DE LA CONCILIACIÓN PREJUDICIAL, APROBACIÓN DE LA CONCILIACIÓN PREJUDICIAL
Sentencia C-816 de agosto 2 de 2001
SENTENCIA NÚMERO C-816 DE 2001
Ref.: Expediente D-3377
Bogotá D.C., dos de agosto del año dos mil uno.
El siguiente es el texto de las disposiciones acusadas, según su publicación en los Diarios Oficiales 39.013 del 7 de octubre de 1989 y 44.097 del 24 de julio de 2000 respectivamente. Para mayor claridad se resalta el aparte y el artículo demandados.
“DECRETO EXTRAORDINARIO NÚMERO 2282 DE 1989
en ejercicio de las facultades que le confiere la Ley 30 de 1987, y oída la comisión asesora para ello establecida,
Reanudación del proceso.
88.—El artículo 172 del Código de Procedimiento Civil quedará así: Reanudación del proceso. La suspensión del proceso por prejudicialidad durará hasta que el juez decrete su reanudación, para lo cual deberá presentarse copia de la providencia ejecutoriada que puso fin al proceso que le dio origen, con todo, si dicha prueba no se aduce dentro de los tres años siguientes a la fecha en que comenzó la suspensión, el juez de oficio o a petición de parte decretará la reanudación del proceso, por auto que se notificará por estado y mediante telegrama dirigido a la dirección denunciada para recibir notificaciones personales.
“ART. 153.—Prejudicialidad de otra especialidad. Cuando sobre los elementos constitutivos de la conducta punible que se investigue estuviere pendiente decisión judicial al tiempo de cometerse, no se calificará el mérito de la instrucción mientras dicha decisión no se haya producido.
No obstante, si transcurrido un año desde la oportunidad para proferir calificación no se hubiere decidido definitivamente las cuestiones que determinaron la suspensión, se reanudará la actuación”.
Corresponde a la Corte decidir si el aparte “con todo, si dicha prueba no se aduce dentro de los tres años siguientes a la fecha en que comenzó la suspensión, el juez de oficio o a petición de parte decretará la reanudación del proceso, por auto que se notificará por estado y mediante telegrama dirigido a la dirección denunciada para recibir notificaciones personales”, contenido en el inciso primero del artículo 172 del Código de Procedimiento Civil, tal como fue modificado por el numeral 88 del artículo 1º del Decreto-Ley 2282 de 1989, como también si el artículo 153 de la Ley 600 de 2000 quebrantan la Constitución Política.
El actor señala que las mencionadas disposiciones contrarían los artículos 1º, 2º, 3º, 4º, 6º, 28, 89, 113, 114, 115, 116, 121, 122, 123, 150 numerales 1º, 2º, 23 “e in fine”, 152 literal b), 209, 228, 230, 236, 237, 238, 243 y 250 del ordenamiento superior y el artículo 48 de la Ley estatutaria de la administración de justicia —270 de 1996— debido a que i) se permite a los jueces civiles y penales entrar a decidir sobre un asunto de competencia de la jurisdicción en lo contencioso administrativo, ii) el proceso civil no se suspende, cuando pende una acción de nulidad de un acto administrativo de contenido general, y iii) corresponde a la Fiscalía General de la Nación asumir el conocimiento de las actuaciones administrativas cuando a tiempo de cometerse la conducta punible, objeto de investigación, no estuviere pendiente una decisión de la jurisdicción en lo contencioso administrativo, relativa a los elementos constitutivos de dicha conducta.
Con el fin de estudiar los cargos antes relacionados, es pertinente detenerse previamente en la prejudicialidad, desde una perspectiva constitucional, con el fin de establecer si la solución prevista en las disposiciones acusadas desarrolla debidamente los dictados de la Constitución Política, pero de antemano deberá considerarse la solicitud de inhibición planteada tanto por el apoderado del Ministerio de Gobierno, como por la vista fiscal, aunque con diferentes razones.
3.1. La petición de inhibición no procede porque la demanda cumple los requisitos exigidos por el artículo 2º del Decreto 2067 de 1991.
3.1.1. El ciudadano apoderado del Ministerio del Interior insta a la Corte que se inhiba para decidir de fondo, fundamentando su solicitud en que el actor no habría formulado cargos concretos contra las disposiciones acusadas, toda vez que considera que los expuestos hacen relación a dificultades de aplicación e interpretación de las mismas. Y, además, hace notar que de la demanda se desprendería una incoherencia, que impediría llegar al fondo de la pretensión, en cuanto se plantea un cargo aplicable al artículo 170 del Código de Procedimiento Civil sin que esta disposición se haya incluido en el objeto de la acusación.
Al respecto, si bien es cierto que en la demanda se analizan algunas actuaciones administrativas, concretamente todo el proceso a que se somete la celebración de contratos por la administración, con miras a estructurar la presunción de legalidad de dichas actuaciones, también lo es que la jurisprudencia tiene previsto que la simple ilustración de los cargos no implica, necesariamente, que la demanda se sustente en la aplicación e interpretación de la norma acusada, dejando de lado su real contenido (1) .
(1) Sentencia C-1336/00, M.P Álvaro Tafur Galvis.
Además corresponde a esta corporación, en ejercicio del deber de ejercer la guarda de la integridad y supremacía del orden constitucional en el ordenamiento, entrar a fondo en la cuestión planteada, salvo que de la demanda no fuere posible extraer lo que se pide —petitum— y las razones en que lo pedido se fundamenta —causa petendi—, al punto que la incoherencia de un solo cargo sólo puede dar lugar a la desestimación del mismo.
3.1.2. Tampoco le asiste razón al señor procurador al solicitar un pronunciamiento inhibitorio respecto de la constitucionalidad del artículo 170 del Código de Procedimiento Civil porque la demanda adolecería del vicio formal de presentar un cargo contra él sin haberlo incluido entre las disposiciones objeto de acusación.
Lo anterior porque los numerales 4º y 5º del artículo 241 superior tienen previsto que el proceso de constitucional contra las leyes y los decretos con fuerza de ley requiere de la presentación de demanda instaurada por los ciudadanos, lo que, en aplicación del artículo 2º del Decreto 2591 de 1991 supone que corresponde al actor concretar las disposiciones acusadas con su mención y transcripción literal, y precisar las razones que fundamentan la pretensión, al punto que una disposición no demandada —caso del artículo 170 del Código de Procedimiento Civil— no puede ser incluida en el fallo, ni siquiera para inhibirse de decidir respecto de su constitucionalidad.
Así mismo, esta Corte no estaba obligada a pronunciarse, en trámite de admisión, respecto de la incoherencia advertida por el interviniente y por la vista fiscal, porque sólo es imperativo inadmitir las demandas cuyos defectos impiden decidir de fondo y no permiten a esta Corte adelantar la labor de integración e interpretación que le corresponde desarrollar, en los juicios de constitucionalidad, como garante de la supremacía e integridad constitucional.
Lo anterior debido a que, con miras a que el excesivo formalismo no haga nugatoria la acción pública de inconstitucionalidad, esta Corte tiene previsto que, una vez presentada la demanda, el proceso de constitucionalidad bien puede estructurarse, desde su iniciación, con la mención y transcripción literal de alguna norma en calidad de demandada (2) , la referencia de alguna o algunas de las disposiciones constitucionales quebrantadas (3) y con siquiera un fundamento de pedir (concepto de violación), siempre que éste admita interpretación (4) .
(2) Es dable integrar de oficio a la decisión aquellas normas que, aunque no acusadas directamente, pueden entenderse incluidas en el petitum debido a que le dan un verdadero sentido a las disposiciones incluidas, reproducen la disposición cuestionada o se encuentran “intrínsecamente relacionadas con otra disposición que, a primera vista, presenta serias dudas de constitucionalidad” —D. 2067/91, art. 6º— Sentencia C-320/97 M.P. Alejandro Martínez Caballero.
(3) “La Corte Constitucional podrá fundar una declaración de constitucionalidad en la violación de cualquiera norma constitucional, así ésta no hubiere sido invocada en el curso del proceso” —D. 2067/91, art. 22, inc. 2º—.
(4) Consultar entre otras, Sentencia C-461 de 1995, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
Así las cosas, como el actor pretende que se declaren inconstitucionales los artículos 172 (parcial) y 153 de los Códigos de Procedimiento Civil y Penal respectivamente —cuyos textos transcribe—, porque se estarían desconociendo disposiciones constitucionales —las que fueron relacionadas— que asignan diferentes funciones a la jurisdicción ordinaria, a la jurisdicción en lo contencioso administrativo y a la Fiscalía General de la Nación, las solicitudes de inhibición formuladas tanto por el ciudadano representante del Ministerio del Interior, como por la vista fiscal, deben ser negadas.
3.2. La prejudicialidad desde una perspectiva constitucional.
La Constitución Política rige los trámites judiciales no sólo porque impone al juez y a las partes la necesidad de hacer realidad, en cada uno de los procesos, el postulado constitucional de la justicia —Preámbulo artículos 1º y 2º—, sino porque también desarrolla aspectos concretos que hacen realidad tal imposición en los procedimientos, desde dos dimensiones: como garantías constitucionales y como derechos fundamentales de los actores del conflicto —arts. 6º, 13, 29, 121, 113, 228, 229 y 230—.
De ahí que el quebrantamiento de las disposiciones enunciadas, en los trámites de prejudicialidad (5) , puede producirse porque las determinaciones legislativas relativas a la forma como se deben afrontar estas cuestiones no respeten la garantía constitucional del debido proceso, ya sea porque quebranten el derecho de defensa (6) o el derecho, que asiste a los administrados, a obtener pronunciamientos definitivos, dentro de plazos razonables, en los asuntos judiciales que, directa e indirectamente, los involucran —C.P., preámbulo arts. 1º, 2º, 13, 29, 228, 229, 230— (7) .
(5) Para efectos de la presente decisión, siguiendo el texto de las disposiciones acusadas, por prejudicialidad ha de entenderse la presencia, en un asunto judicial en trámite, de cuestiones pendientes de resolver por vía principal por otra autoridad judicial. Aunque el vocablo prejudicial (praeiudicare y praeiudicium), en un sentido amplio, se emplea para referirse a toda cuestión que el juez de la causa u otra autoridad judicial deba resolver en el curso del proceso, antes de la sentencia, incluso las excepciones.
(6) Precisamente, con el objeto de respetar las garantías constitucionales del debido proceso la doctrina plantea que ninguna autoridad judicial puede hacer extensiva la competencia que le ha sido asignada para resolver un asunto a cuestiones surgidas durante el trámite del mismo, cuando tal conocimiento implique modificar la jurisdicción y la competencia (perpetuatioiurisdictiones, perpetuatio competiate), el objeto del juicio (perpetuatio obiectus) las partes involucradas (perpetuatio legitimationis) y las normas jurídicas aplicables al caso (perpetuatio iuris). Al punto que sin desconocer que en muchos casos cuestiones nuevas deben ser debatidas, cuando los anteriores supuestos no pueden ser respetados, se ha optado porque la atribución del juez de la causa, respecto del asunto no comprendido desde un comienzo en la pretensión y, además de competencia de otra autoridad, se limite a lo estrictamente necesario para tomar la decisión que corresponda, limitando, a su vez, incidenter tantum, los efectos de la decisión.
(7) La jurisprudencia constitucional ha sostenido que “(…) la decisión judicial tardía comporta en sí misma una injusticia, en cuanto mientras no se la adopte, los conflictos planteados quedan cubiertos por la incertidumbre, con la natural tendencia a agravarse, y no son resarcidos los perjuicios ya causados por una determinada conducta o por la persistencia de unas ciertas circunstancias, ni impartidas las órdenes que debieron ejecutarse para realizar los cometidos del derecho en el asunto materia del debate, por lo cual la adopción de las providencias judiciales que permitan el avance y la definición de los procesos corresponde a un derecho de las partes, o de las personas afectadas, y a una legítima aspiración colectiva —la de asegurar el funcionamiento de la administración de justicia— cuya frustración causa daño a la sociedad” —Sent. T-190 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
También se desconocería el ordenamiento constitucional de no incluirse disposiciones que permitan al Estado optimizar los recursos con que cuenta la administración de justicia y evitar al máximo, hasta donde ello fuere posible, las decisiones judiciales contradictorias; que además de ser fuente de inseguridad jurídica, le restan credibilidad a las decisiones —C.P., arts. 6º, 13, 113, 121 y 122—.
De antemano se pueden prever las distintas soluciones por las que el legislador podría optar para enfrentar el problema ya enunciado. Así, siguiendo para el efecto la máxima romana “el juez de la acción es el juez de la excepción” podría prever que la autoridad judicial competente para asumir el conocimiento de un asunto resuelva todo lo relativo al mismo, aunque los efectos definitivos se restrinjan a los aspectos de competencia del fallador por vía de acción —respetando, de esta manera, la especialidad de las distintas autoridades judiciales, entendida como un presupuesto de acierto en la decisión, y haciendo efectiva la garantía constitucional del debido proceso, en virtud de la cual debe haber claridad en la competencia, como en los alcances de la decisión, desde el inicio de la actuación—.
También cabría la posibilidad de suspender la actuación en curso siempre que un asunto de trascendencia para la decisión, y de competencia de otra autoridad judicial, se encuentre pendiente de resolver con efectos de cosa juzgada material —eliminando las decisiones contradictorias y aunando los esfuerzos de las distintas autoridades judiciales en el esclarecimiento de la verdad— (8) .
(8) La suspensión (facultativa u obligatoria, de la acción o de la decisión) surgió como una posible solución a la problemática de la prejudicialidad entre las diferentes jurisdicciones, una vez que la competencia civil y la penal dejaron de estar concentradas en un solo juez, debido a la distribución de los asuntos, entre varios jueces, por razón de la materia.
No obstante ante la posibilidad de limitar los efectos de la cosa juzgada, algunos sistemas, como el alemán y el austríaco, optaron por aplicar el principio de la unidad jurisdiccional en virtud del cual la presencia de un asunto pendiente, de competencia de otra autoridad, no permite suspender el proceso en razón de que cada juez resuelve todos los aspectos relacionados con el asunto, limitando inter tantum, los pronunciamientos relativos a aspectos no comprendidos dentro de la competencia.
En otros sistemas se ha optado por una unidad jurisdiccional relativa, esto es permitir a los jueces que se pronuncien sobre asuntos de competencia de otra autoridad, excepto en los casos que la ley prevea la suspensión (es la solución de la legislación argentina según la cual el juez penal puede conocer de todas las cuestiones antecedentes que se planteen en el curso del proceso, excepto las relativas a la validez o nulidad de los matrimonios y las que versen sobre la calificación de las quiebras de los comerciantes —C.C., art. 104).
También hay unidad jurisdiccional relativa, o prejudicialidad externa absoluta, cuando se prevé que los asuntos de una determinada jurisdicción nunca se suspendan, o sólo excepcionalmente, en tanto los de las demás jurisdicciones siempre lo hagan en función de la primera (es la solución de la legislación española conforme con la cual, por regla general la competencia de los jueces penales se extiende para resolver las cuestiones civiles y administrativas propuestas, excepto las cuestiones prejudiciales civiles relativas a la validez del matrimonio y del estado civil en las que opera la prejudicialidad civil absoluta —art. 3º LECRIM, 10-1-2 LOPJ, arts. 362, 514, 1090, 1084 LEC—).
En nuestra legislación la suspensión por causa de cuestiones prejudiciales, aunque es la regla general admite excepciones, es el caso, a manera de ejemplo de los artículos 289 a 293 del Código de Procedimiento Civil, que permiten al juez civil resolver sobre la tacha de falsedad de un documento y del artículo 64 de la Ley 600 que permite al juez penal decidir, entre varias opciones, a quien le asiste el derecho a la restitución de un bien —en uno y en otro caso, sin perjuicio de que el juez competente pueda volver sobre lo mismo y decidir con efecto de cosa juzgada material el asunto—.
No obstante, también se puede optar por una solución intermedia, esto es, reconocer a jueces y a tribunales competencia para fallar el litigio y todos los asuntos concernientes al mismo, incluyendo aquellos que surjan como presupuestos de la decisión —incidenter tantum—; salvo en aquellas circunstancias especialmente previstas por el legislador, y siempre y cuando la suspensión no implique para las partes una carga procesal extraordinaria.
La Corte disiente de los planteamientos del actor según los cuales el aparte demandado del inciso primero del artículo 172 del Código de Procedimiento Civil y el artículo 153 del Código de Procedimiento Penal, en cuanto disponen la reanudación del proceso civil y del asunto criminal sin que se haya resuelto la cuestión administrativa prejudicial que motivó la malograda suspensión, quebrantan las precisas competencias asignadas a los funcionarios judiciales, la separación entre los órganos del poder público, las disposiciones constitucionales que prevén la existencia de las diferentes jurisdicciones, y la atribución conferida al Consejo de Estado para actuar como tribunal supremo en lo contencioso administrativo (9) .
(9) Conforme lo dispone el artículo 82 del Código Contencioso Administrativo, “La jurisdicción de lo contencioso administrativo está instituida para juzgar las controversias y litigios administrativos originados en la actividad de las entidades públicas y de las personas privadas que desempeñen funciones propias de los distintos órganos del Estado. Se ejerce por el Consejo de Estado, los tribunales administrativos y los juzgados administrativos de conformidad con la constitución y la ley”.
Contrario a lo afirmado por el actor, la competencia que adquieren el juez civil y el funcionario calificador, para pronunciarse respecto de los asuntos de competencia de la jurisdicción en lo contencioso administrativo, está sujeta a claros límites temporales, a determinados presupuestos y, lo qué es más importante, no restringe, como va a verse, ni suplanta la competencia conferida en el artículo 237 superior a dicha jurisdicción.
Además, como la cuestión prejudicial no puede integrar la pretensión, ni constituir el objeto mismo del proceso penal, sino que, en uno y en otro caso, comprende aspectos de clara subordinación respecto del objeto del juicio, las decisiones que al respecto tomen tanto el juez civil, como el funcionario que califica el mérito de la instrucción dejan incólume la competencia de la jurisdicción en lo contencioso administrativo para pronunciarse, esta vez por vía de acción, es decir con efectos definitivos, sobre la actuación administrativa, que dio lugar a la suspensión —C.P., arts. 6º, 121, 122 y 113—.
De otra parte, debe descartarse la pretensión del actor dirigida a que los asuntos civiles y las causas criminales, en razón de la prejudicialidad administrativa, se suspendan sin límite de tiempo, toda vez que, sin perjuicio de que se trate de una o de otra jurisdicción y sin que, para el efecto, cuente el objeto del proceso, todo aquél que se somete a una decisión judicial tiene derecho a obtener la tutela efectiva de sus derechos, y ningún derecho puede satisfacer una decisión tardía —nota 7—.
De tal suerte que como no resulta posible que coincidan, cronológicamente, la decisión con la iniciación de la actuación, la preclusión de las distintas etapas procesales representa el único paliativo capaz de restringir al máximo la carga que para los sujetos vinculados, directa o indirectamente, a los trámites judiciales, representa el tiempo que se toman las distintas autoridades para resolver de fondo los asuntos que les son propuestos —C.P., preámbulo, arts. 1º, 2º, 6º, 228 a 230—.
En consecuencia, como el legislador se encuentra constitucionalmente obligado a establecer el lapso que puede transcurrir entre una y otra etapa procesal (10) no resulta constitucionalmente posible suspender indefinidamente los asuntos civiles y las causas criminales, por razón de la prejudicialidad administrativa, porque tal hipótesis, además de quebrantar las disposiciones arriba mencionadas, propiciaría actuaciones dilatorias y dolosas de las partes, contradiciendo claros dictados constitucionales que las obligan a proceder conforme a los postulados de buena fe, amén de que haría nugatorio el deber de colaborar para el buen funcionamiento de la administración de justicia, de ser solidario ante la necesidad ajena y de respetar los derechos de los demás —C.P., arts. 83 y 95— (11) .
(10) La Corte ha sostenido que “la consagración de los términos judiciales por el legislador y la perentoria exigencia de su cumplimiento, tienen íntima relación con el núcleo esencial del derecho de acceso a la justicia y al debido proceso, pues la indeterminación de los términos para adelantar las actuaciones procesales o el incumplimiento de éstos por las autoridades judiciales, puede configurar una denegación de justicia o una dilación indebida e injustificada del proceso, ambas proscritas por el constituyente (...)”. Sentencia C-416 de 1994, M.P. Antonio Barrera Carbonell. En el mismo sentido sentencias T-768 de 1995, M.P. Alejandro Martínez Caballero, C-1335 de 2000, M.P. Carlos Gaviria Díaz y T-007 de 1999, M.P. Alfredo Beltrán Sierra.
(11) Sentencias C-416 de 1994, M.P. Antonio Barrera Carbonell y C-652 de 1997, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
3.2. El artículo 153 del Código de Procedimiento Penal no quebranta el artículo 250 superior.
Ahora bien, la providencia calificatoria se retrotrae al momento en que el hecho se cometió; con el fin de establecer si éste existió, si el procesado lo realizó y si la conducta, a tiempo de la ejecución, era considerada delictiva. Por ello el funcionario encargado de proferirla debe pronunciarse sobre todas las cuestiones preexistentes a la realización del hecho, inclusive aquellas que por estar siendo conocidas por otra autoridad judicial, por vía principal, pueden calificarse de prejudiciales.
Así las cosas, si todos los elementos constitutivos de la conducta punible, o alguno de ellos, han sido resueltos con autoridad de cosa juzgada, esta decisión constituye un medio probatorio válido para el pronunciamiento a cargo del funcionario calificador, pero si la decisión prejudicial aún no se ha producido, pero se encuentra en trámite, con el objeto de evitar que sobre el mismo asunto se profieran resoluciones judiciales contradictorias, y con el propósito de aunar los esfuerzos de las distintas autoridades judiciales involucradas en el esclarecimiento de la verdad —C.P., arts. 13, 113, 228, 229 y 230—, no se podrá calificar el mérito de la instrucción mientras dicha decisión no se profiera, sino que debe suspenderse la actuación.
4. Para finalizar cabe precisar i) que el cargo relativo a la inconstitucionalidad del aparte demandado del inciso primero del artículo 172 del Código de Procedimiento Civil, porque no prevé cuestión prejudicial cuando el asunto administrativo pendiente de resolver es de contenido general, no puede estudiarse, porque, tal como lo destaca el procurador y el representante del Ministerio del Interior, tal omisión no se puede predicar de la disposición acusada, y ii) que —tal como quedó dicho al plantear el problema— de la demanda no fue posible extraer un concepto de violación que estructure la acusación genérica según la cual las disposiciones acusadas estarían desconociendo además los artículos 3º, 4º, 28, 89, 123, 150, 152, 209, 231, 232, 233, 235, 236, 243 de la Constitución Política y 48 de la Ley 270 —estatutaria de la administración de justicia—.
El aparte “con todo, si dicha prueba no se aduce dentro de los tres años siguientes a la fecha en que comenzó la suspensión, el juez de oficio o a petición de parte decretará la reanudación del proceso, por auto que se notificará por estado y mediante telegrama dirigido a la dirección denunciada para recibir notificaciones personales” contenido en el inciso primero del artículo 172 del Código de Procedimiento Civil, y el artículo 153 del Código de Procedimiento Penal no desconocen los artículos 1º, 2º, 6º, 29, 113, 121, 122, 228, 229, 230, 236, 237, 238, y 250 de la Constitución Política, toda vez que, en aras de lograr una mayor eficiencia de las resoluciones judiciales y de evitar que resoluciones contradictorias produzcan inseguridad entre los asociados, permiten suspender el proceso civil y también la causa criminal, ante la presencia, entre otras, de cuestiones prejudiciales administrativas.
No obstante, si durante el término perentorio señalado por las mismas disposiciones, la jurisdicción en lo contencioso administrativo no se pronuncia, la actuación suspendida deberá renovarse y la autoridad competente, si es del caso, tomar la decisión que corresponda, porque este pronunciamiento no impide que el juez competente decida sobre el mismo asunto, esta vez en forma definitiva. Habida cuenta que de no haberse previsto la reanudación de los asuntos en curso se quebrantaría el derecho de los administrados y la obligación del Estado de velar por la vigencia de un orden justo —C.P., preámbulo arts. 1º y 2º—.
1. Declarar EXEQUIBLE, por los cargos formulados, el aparte “con todo, si dicha prueba no se aduce dentro de los tres años siguientes a la fecha en que comenzó la suspensión, el juez de oficio o a petición de parte decretará la reanudación del proceso, por auto que se notificará por estado y mediante telegrama dirigido a la dirección denunciada para recibir notificaciones personales”, contenido en el inciso primero del artículo 172 del Código de Procedimiento Civil, tal como fue modificado por el numeral 88 del artículo 1º del Decreto-Ley 2282 de 1989.
2. Declarar EXEQUIBLE, por los cargos formulados, el artículo 153 de la Ley 600 de 2000.