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Timestamp: 2015-07-02 09:45:15
Document Index: 179224148

Matched Legal Cases: ['artículo 2118', 'artículo 2116', 'artículo 1709', 'artículo 1739', 'artículo 1986', 'artículo 567', 'artículo 1440', 'artículo 1441', 'artículo 2117', 'Artículo 1442', 'artículo 2117', 'artículo 684', 'artículo 2117']

---------------------------------------	Características del contrato de Iguala| Maino Schiavetti | Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Vol. 5, No. 17-20 (1939) >	Maino Schiavetti
Características del contrato de Iguala
Renato Maino Schiavetti1
SUMARIO: 128.- Generalidades.129.- Objeto.130.- Características: Contrato bilateral. 131.- Puede ser bilateral el mandato. 132.- Oneroso. 133.- Principal.134.- Titulo Traslaticio de Dominio.135.- Distinción con la compraventa. 136.- Con la permuta.137. Con la sociedad.138. Con la donación y en especial, con las donaciones remuneratorias. 139.- Situación al respecto de otros contratos. 140.- Ejemplos y conclusiones. 141.- Es consensual. 142.- Excepciones. 143.- Situación relativa a los bienes muebles. 144.- A los inmuebles. 145.- Posición equivoca de la jurisprudencia. 146.-Del usufructo sobre bienes raíces. 147.- Primer caso. 148.- Segundo caso. 149.- Relativo a su transferencia. 150.- Del derecho real de uso y habitación. 151.- De la enajenación de minas. 152.- De la sesión de créditos. 153.- De la sesión de derechos litigiosos.
128. Generalidades.- Los servicios que suministran los abogados, a virtud del artículo 2118, del Código Civil, se reglan por las normas prescritas al mandato, de manera que el contrato de iguala, se regirá en cuanto a su celebración, efectos y terminación, por las disposiciones ordenadas para esa relación contractual.
129. Objeto.- De consiguiente, si se habla de características del contrato de iguala, habrá de entrarse necesariamente al estudio del mandato o mejor dicho, del mandato con remuneración convenida, estudio que permitirá resolver en la práctica, infinidad de casos que dicen relación con los contratos de iguala.
La obligación de remunerar que corresponde al mandante, creemos poder presentarla bajo un aspecto enteramente nuevo. Esta obligación, cuando se examina el mandato, no suele concedérsele la importancia que tiene debido a que la atención se concentra casi exclusivamente, en las obligaciones que tiene el mandatario con respecto a su comitente. Nuestro estudio sobre el contrato de iguala, contrato éste que llama la atención por la diversidad de formas que adquiere la estipulación de honorarios, es el que nos ha conducido a observar con más detalle, la obligación de honorarios que compete al cliente, obligación que presenta el mayor interés entre todas las que origina el contrato.
130: Características: Contrato bilateral.- En el contrato de iguala, las partes se obligan desde un principio recíprocamente, una a suministrar los servicios profesionales y la otra, a pagar por estos servicios, la remuneración convenida (273). Si se rige por las normas del mandato, cabe preguntarse:
131. ¿Puede ser bilateral el mandato?.- A excepción de casi todas las legislaciones del mundo, el mandato en el Código Civil chileno, da nacimiento a una obligación esencial, la de gestionar los negocios encomendados y a una obligación de su naturaleza, la de remunerar los servicios prestados, de consiguiente, el mandato es generalmente bilateral, salvo que las partes hayan convenido o se desprenda del tenor del contrato, la gratuidad.
De la definición dada en el artículo 2116, del Código Civil: «El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera», pareciera desprenderse que sólo uno de los contratantes se obliga; sin embargo, la disposición 2116, debe necesariamente complementarse con la que de inmediato le sigue, la 2117, que dispone que el mandato puede ser gratuito o remunerado. La remuneración (llamada honorario) es determinada por convención de las partes, antes o después del contrato, por la ley, la costumbre o el juez.
Este último precepto legal, consigna el pensamiento del legislador de suponer que todos los servicios que se prestan son retribuidos. Si las partes ni la ley, han fijado la remuneración, deberá ésta determinarse en atención a la costumbre y a falta de ella, al criterio del juez, en forma que cualquier mandato que se celebre, envuelve en sí dos obligaciones, una de realizar los asuntos encargados que compete al mandatario y otra, la del mandante de recompensar a éste, salvo los casos indicados más arriba. La jurisprudencia es abundante y uniforme sobre el punto (274).
Lo dicho no obsta para que el mandato pueda ser un con­trato unilateral, que sería el caso en que los servicios se suministrarán gratuitamente, porque sólo el mandatario tendría entonces la obligación de dar cumplimiento a lo encargado por el comitente y éste, en nada se comprometería.
Para clasificar un contrato en unilateral o bilateral, debe atenderse sólo al momento de la gestación del mismo y no a las obligaciones que posteriormente se produzcan, así, por ejemplo, la obligación que tiene el mandante de indemnizar al mandatario de las pérdidas en que haya incurrido sin culpa, y, por causa del mandato, no altera en nada esta distinción; es una obligación que puede o no nacer, dependerá su existencia de una circunstancia posterior, cual es de sufrir pérdidas el mandatario sin culpa y por causa del mandato.
El artículo 1709, del Código Civil español declara que «a falta de pacto en contrario, se supone gratuito» el mandato; el Código italiano establece que «el mandato es gratuito si no existe pacto contrario» (artículo 1739); el francés dispone que el mandato es gratuito, si no hay convención en contrario» (artículo 1986), y en el proyecto franco‑italiano de las obligaciones, «el mandatario no tiene derecho a retribución, salvo convención o disposición contraria de la ley» (artículo 567).
Todos estos códigos extranjeros, consideran el mandato gratuito naturalmente (275), a la inversa del nuestro que lo supone remunerado, teniéndose que acordar por las partes la gratuidad. El Código alemán, va más lejos todavía, estimando la gratuidad de los servicios como el elemento esencial del mandato, en forma que siempre éste contrato será unilateral (276).
132. Oneroso.‑ El contrato de iguala es oneroso, porque tiene «por objeto la utilidad de ambos contratantes gravándose cada uno a beneficio del otro» (artículo 1440, del Código Civil), el abogado prometiendo su actividad y el cliente una determinada remuneración:
El contrato de iguala puede ser CONMUTATIVO, que es el caso más general, cuando la remuneración convenida se mira como equivalente de los servicios por suministrar y ALEATORIO, cuando la obligación de los honorarios que compete al cliente, «consiste en una contingencia incierta de ganancia o pérdida» (artículo 1441 del Código Civil), como la iguala, cuota litis y victoria litis.
Estas características son propias del mandato, debido a que el artículo 2117, del Código Civil, permite a las partes acordar la retribución que estimen conveniente, sin restricción o limitación alguna.
133. Principal.‑ Esto es, no accesorio, porque «subsiste por sí mismo, sin necesidad de otra convención» (Artículo 1442 del Código Civil).
134. Título traslaticio de dominio.- El contrato de iguala es un título traslaticio de dominio, debido a que el mandato retribuido tiene ese carácter. Se acostumbra a estudiar extensamente las obligaciones que contrae el mandatario y poco se habla de las del mandante y nada de la obligación de remunerar que tiene éste respecto de su mandatario. Es explicable que así ocurra, ya que las obligaciones que le competen al mandatario son las más importantes en el contrato, porque existen tanto en el mandato retribuido como en el gratuito y también por otra causa, la obligación de remunerar del comitente, tiene por objeto comúnmente una cantidad de dinero, situación que no motiva casi dificultades. Mas, al hablar del contrato de iguala, la cuestión es distinta.
En muchos de estos contratos el cliente (mandante) no debe una cantidad de dinero, sino que determinados derechos personales, otras veces inmuebles o derechos reales constituidos sobre ellos, lo que hace cobrar gran interés al asunto.
El artículo 2117, del Código Civil, autoriza ampliamente a las partes, para determinar la remuneración, cualquiera que ella sea; en nada afecta al contrato de mandato celebrado; podrá, por tanto, consistir en dinero o especies, en derechos reales o personales, etc., que siempre el contrato será un mandato; no se desnaturaliza.
Sabemos, por otra parte, que conforme a la legislación chilena, para obtener el dominio sobre las cosas se requiere un título y un modo de adquirir (277). El título es la causa inmediata, la circunstancia que coloca al adquirente en situación de realizar el hecho que ha de darle el dominio sobre la cosa y, el modo, en cambio, es la causa inmediata, es ese hecho que verifica la adquisición del dominio.
Los títulos pueden ser: constitutivos de dominio, o sea, aquellos que por si mismos lo originan, como la ocupación, prescripción y accesión; traslaticios de dominio, aquellos que por su naturaleza sirven para transferirlos, como la venta, donación entre vivos, etc.; de mera tenencia, o sea, mediante los cuales una cosa se coloca a disposición de otra persona para que goce o use de ella, pero reconociendo siempre dominio ajeno, y por último declarativos, que se limitan, como su nombre lo indica, simplemente a declarar o reconocer un derecho que ya existía, como las sentencias judiciales, adjudicaciones de partición, etc.
En cuanto a los modos de adquirir, la única clasificación que de ellos se hace que nos interesa, es la que distingue entre modos originarios y derivativos. Los primeros, son los que no suponen un dominio anterior, porque éste tiene inicio en el adquirente. La prescripción, la ocupación y accesión pertenecen a estos modos de adquirir y que son a su vez títulos constitutivos de dominio, debido a que se confunden en todos ellos, el título con el modo. Los segundos, son aquellos que suponen un dominio anterior, el adquirente obtiene la propiedad de manos de su antecesor, no tiene un nuevo dominio sino que es el mismo que tenia la persona, que se lo transfirió, es el traspaso del dominio de un individuo a otro como es la tradición y la sucesión por causa de muerte.
Ahora, el contrato que da origen a una obligación de «dar», constituye un título traslaticio de dominio. Se habla de «obligación de dar», tomada en un sentido jurídico, para diferenciarla de «obligación de entregar» que sólo implica el simple traspaso de una cosa a manos de otra persona. «Entregar» es un término genérico, es el acto material, no así «dar», que es una expresión que envuelve el compromiso de transferir el dominio de una cosa corporal o incorporal o constituir un derecho real en favor del acreedor.
Consiguientemente, todo acto jurídico y en nuestro caso, todo contrato que dé nacimiento a una obligación de dar, o en otra forma, que coloque al deudor en la necesidad de transferir el dominio sobre una cosa o de constituir un derecho real en favor del acreedor, es un título traslaticio de dominio.
Previas estas explicaciones volvemos a nuestro punto. El contrato de mandato encierra en sí, una obligación de hacer que es de su esencia y que corresponde al mandatario y una obligación de dar que es de su naturaleza, la de recompensar el comitente a la persona que gestiona sus asuntos. Por regla general como se ha dicho, la retribución comprende una cantidad de dinero, bien mueble que el mandante debe transferir a su mandatario, en términos que éste se haga dueño de dicha suma. Ahora se pregunta, conforme a los principios del Derecho chileno: ¿En virtud de que título y modo, el mandatario adquiere el dominio sobre ese bien mueble?. Si el honorario consiste, usando del ejemplo de Pothier, en el Thessaurus de Meerman, ¿cómo se hace dueño el abogado de esta obra? Indudablemente, debe existir un título y un modo de adquirir para que se produzca el cambió de sujeto del dominio.
En cuanto al modo, puede afirmarse, sin duda alguna, que es la tradición. El mandatario (Abogado) no tiene un dominio nuevo sobre la cosa, sino que es el mismo que tenía su antecesor sobre ella. No puede hablarse, entonces, de modos originarios, sino que tiene que buscarse la solución en algún modo derivativo y como la sucesión por causa de muerte no tiene aplicación en este caso, queda únicamente la tradición, que es sólo modo de adquirir derivativo entre vivos. Tenemos, en consecuencia, que el modo por el cuál el mandatario (Abogado) adquiere la propiedad sobre la suma de dinero o el Thessaurus de Meerman, es la tradición. Concurren todos sus requisitos, excepción hecha por ahora del titulo traslaticio que ya veremos; concurrencia de dos personas (mandante, cliente) y adquirente (mandatario, abogado); consentimiento de los mismos; entrega de la cosa. y el requisito especial que contempla el artículo 684 del Código Civil, relativo a la tradición de cosas corporales muebles, que una de las partes signifique a la otra que le transfiere el dominio, debiendo figurar esta transferencia, por uno de los medios que en ese artículo se enumeran.
Para los ejemplos citado, es de aplicación el número uno: «Permitiéndose la aprehensión material de una cosa presente».
Respecto al título, creemos por nuestra parte, que se trata del mandato retribuido. La obligación de remunerar que tiene el mandante, emana directa e inmediatamente del contrato de mandato, en términos tales que la obligación existe no obstante la falta de estipulación de los contratantes. Es una obligación de su naturaleza, que se entiende «pertenecerle, sin necesidad dé una cláusula especial». (278 ).
El acuerdo de las partes encaminado a determinar la cantidad y el objeto de la remuneración, no degenera ni desnaturaliza el mandato en otra relación contractual. El propio legislador, en el artículo 2117 del Código Civil, les permite estipular el honorario que deseen y estimen por conveniente.
De manera que el mandante que promete transferirle al mandatario, en recompensa de los servicios que va a prestar, dinero o una obra literaria, una cuota de un inmueble o constituirlo usufructuario de un fundo, etc., significa tal promesa una obligación de dar; el mandante se ha puesto en la necesidad jurídica de transferirle el dominio, de hacerlo propietario o constituirlo titular de un derecho real de usufructo o uso. Esta obligación no nace «por disposición de la ley» ni por el «hecho voluntario de la persona que se obliga», sino «del concurso real de las voluntades de dos» personas (279); en una pala