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Timestamp: 2016-08-28 20:48:09
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Características generales de los agentes biológicos .............................. 4 1.1 1.2 Requisitos ambientales para el desarrollo de los microorganismos .5 Interacciones de los agentes biológicos con otros seres vivos .......7
Efectos en la salud y mecanismos de defensa ....................................... 9 2.1 2.2 2.3 Infección ................................................................................9 Reacciones alérgicas .............................................................. 10 Mecanismos de defensa ......................................................... 11
Agentes biológicos y prevención de riesgos laborales ......................... 15 3.1 3.2 3.3 3.4 3.5 3.6 Priones ................................................................................ 16 Virus ................................................................................... 18 Bacterias .............................................................................. 19 Hongos ................................................................................ 24 Protozoos ............................................................................. 28 Helmintos............................................................................. 28
Exposición a agentes biológicos .......................................................... 30 4.1 Vías de entrada ..................................................................... 31
Evaluación de la exposición a agentes biológicos ................................ 33 5.1 5.2 5.3 5.4 5.5 5.6 5.7 5.8 5.9 5.10 5.11 Metodología de evaluación higiénica ........................................ 35 Metodología de evaluación cualitativa ...................................... 38 Metodología de evaluación cuantitativa .................................... 43 Objetivo de la medición: ¿Por qué? .......................................... 44 Naturaleza de los agentes biológicos: ¿Qué? ............................. 45 ¿Dónde y cuándo medir? ........................................................ 45 Selección del equipo de toma de muestras: ¿Cómo? .................. 47 Número de muestras: ¿Cuántas? ............................................. 47 Métodos de muestreo ............................................................ 49 Análisis microbiológico ........................................................... 51 Valoración de la exposición ..................................................... 54
Medidas y niveles de contención.............................................. 60 Información y formación de los trabajadores ............................ 64 Vigilancia sanitaria ................................................................ 65 Inmunización activa. Vacunación ............................................. 66
Anexo: Clasificación de los agentes biológicos (Reproducción del
anexo II del RD 664/1997 modificado por Orden Ministerial de 25.3.1998)................................................................................................ 70
La diferencia fundamental que existe entre los agentes biológicos y los agentes químicos y físicos es que, mientras que estos son materia inerte o distintas formas de energía, los agentes biológicos son seres vivos y, como tales, capaces de reproducirse.
Existen unas características concretas que definen a un organismo vivo: • En primer lugar,
todos los organismos tienen una composición química común. En todos ellos están presentes tres tipos de macromoléculas orgánicas complejas: las proteínas, el ácido desoxirribonucleico (ADN) y el ácido ribonucleico (ARN). El ADN es la sustancia que contiene, de forma codificada, toda la información necesaria para determinar las propiedades específicas del organismo; dicha información es traducida por el ARN a modelos específicos de síntesis de proteínas, siendo éstas las que, en última instancia, determinan las propiedades distintivas del organismo.
Los agentes biológicos son microorganismos vivos, es decir, con capacidad de generar otro ser similar a sí mismo mediante la transmisión de información genética
En segundo lugar, en todos los organismos tienen lugar ciertas actividades químicas, cuyo fin es sintetizar los constituyentes de la
materia propia del organismo a partir de sustancias químicas del exterior (metabolismo). Evidentemente, existen diferencias entre los metabolismos de distintos organismos.
Finalmente, todos los organismos, con excepción de los virus, tienen una estructura física común cuya unidad básica es la célula.
Aunque estas características son comunes a todos los seres vivos, en este capítulo se hace referencia casi exclusiva a los agentes biológicos según se definen en el RD 664/1997 sobre la protección de los trabajadores contra riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo. De los diferentes tipos, son los microorganismos los que presentan mayores requisitos para su desarrollo, aunque también son los que presentan mayor adaptabilidad a las condiciones del medio.
Para el desarrollo de su ciclo vital los agentes biológicos precisan de un aporte externo de energía. Sólo unos pocos pueden utilizar directamente la energía de la radiación solar, son los organismos fotosintéticos, el resto dependen de la disponibilidad de una fuente de energía química, es decir, de la disponibilidad de sustancias químicas ya sean inorgánicas u orgánicas que constituyen su substrato alimenticio.
Además de una fuente de energía y nutrientes se precisan unos requisitos ambientales que pueden condicionar el desarrollo de los seres vivos. Entre estos los más significativos son:
La temperatura: la zona de temperatura en la que crecen los organismos es relativamente pequeña (aproximadamente entre -5 ºC y 80 ºC). El límite superior está marcado por la termolabilidad de las proteínas celulares, y el inferior, por el punto de congelación del agua, que es de varios grados por debajo de cero cuando contiene considerables cantidades de solutos. Entre los microorganismos existen diferencias en cuanto a la zona térmica en la que ocurre su
termófilos, con rangos de temperatura entre 55 ºC y 75 ºC, los mesófilos, entre 20 ºC y 45 ºC; y los sicrófilos, entre 15 ºC y 18 ºC. Estos rangos de temperatura son variables dependiendo del agente y para cada uno de ellos existe una temperatura óptima para su desarrollo. • El oxígeno: algunos microorganismos sólo se desarrollan cuando no hay oxígeno, son los llamados anaerobios, otros sólo lo hacen cuando hay oxígeno, son los aerobios y otros son capaces de adaptarse y cambiar su metabolismo en función de la presencia o ausencia de oxígeno, se llaman anaerobios facultativos. • La humedad: en general, casi todos ellos precisan niveles de humedad elevados, aunque algunas de las formas resistentes (esporas) pueden soportar períodos de sequía y retornar al estado vital activo cuando se recupera el grado de humedad necesario. • El pH del medio: En general los microorganismos no pueden desarrollarse a pH muy ácidos ni muy alcalinos, aunque la gama de valores de pH en torno a la neutralidad en la que pueden desarrollarse depende del tipo de microorganismo. • La luz: hay agentes que no resisten la radiación mientras que para otros es imprescindible. Los microorganismos presentan una gran adaptabilidad a los cambios que ocurren en su medio. Esta adaptabilidad está determinada y regida por sus genes y es de dos tipos: • Fenotípica: en este caso no hay modificación de los genes pero sí de las órdenes que les permiten funcionar, por ejemplo, se bloquea un determinado sistema enzimático y se pone en marcha otro capaz de aprovechar un nuevo nutriente o unas nuevas condiciones ambientales. • Genotípica: en este caso sí que ocurre un cambio genético que puede ser debido a mutaciones o al intercambio o recombinación genética. En los años 70 se consiguió reproducir este último fenómeno de forma artificial e intencionada, de modo que se insertaban determinados genes que producían sustancias concretas o conferían propiedades específicas a las especies manipuladas. Estas técnicas se conocen con el nombre de Ingeniería genética.
Esta adaptabilidad hace que en cualquier medio puedan estar presentes agentes biológicos desarrollando estilos de vida particulares y estableciendo todo tipo de relaciones con otros seres vivos.
Sin microorganismos la vida tal y como la conocemos no sería posible. Los microorganismos forman parte fundamental del ciclo de los elementos: son los responsables de la fijación del nitrógeno atmosférico en las plantas; se encuentran sobre nuestra piel proporcionándonos cierta protección; y también son los encargados de cerrar el ciclo natural de materia, devolviendo los elementos químicos al suelo o al aire en forma de materia inorgánica al degradar la materia orgánica.
Desde hace siglos, el hombre ha utilizado microorganismos para la producción de bienes y servicios: el pan, el vino, la cerveza, los antibióticos, las hormonas, las vacunas, las proteínas, el gas o la depuración de aguas residuales son ejemplos típicos del uso de microorganismos.
Los microorganismos pueden ser perjudiciales o beneficiosos para la salud del hombre, pero son imprescindibles para el mantenimiento de los ciclos naturales
En todo caso, la presencia de un organismo en un entorno determinado está condicionada por tres factores: la existencia de un reservorio o lugar en que se den las condiciones ambientales para su crecimiento, la posibilidad de amplificación o multiplicación, lo que implica la continuidad en el aporte de nutrientes y las opciones de dispersión, es decir, de abandonar su reservorio y colonizar uno nuevo.
Interacciones de los agentes biológicos con otros seres vivos
Según sus estilos de vida los agentes biológicos se pueden clasificar en formas de vida libre (saprofitos) o en asociación a otras formas de vida. Estas asociaciones simbióticas se clasifican a su vez en: mutualismo,
comensalismo y parasitismo en función del daño y beneficio mutuo que se causen.
Los saprofitos utilizan como alimento materia orgánica muerta (restos animales o vegetales) y sus reservorios en la naturaleza son las plantas y las capas superiores y más aireadas del suelo.
Entre las relaciones simbióticas se pueden distinguir: el mutualismo, en el que ambos organismos se benefician; el comensalismo, en el que un organismo extrae más beneficio que el otro de su relación; y el parasitismo, en el que sólo un organismo se beneficia. Dentro del parasitismo se pueden distinguir: los parásitos obligados, que son agentes biológicos que no se pueden reproducir fuera del huésped; y los parásitos facultativos, que, como su nombre indica, tienen la facultad de vivir sobre materia orgánica muerta o colonizar otros seres vivos.
Un parásito es un organismo que vive sobre o dentro de otro organismo vivo (“huésped”). Esto no implica necesariamente que el parásito tenga que causar una enfermedad a su huésped, puede darse el caso de que la infección permanezca latente o subclínica, si bien el microorganismo conserva su capacidad infectiva y el huésped la posibilidad de transmitir la enfermedad a otro individuo.
En el caso de los parásitos obligados es el propio huésped el que proporciona todas las circunstancias necesarias para la viabilidad del microorganismo, es su reservorio, le proporciona las condiciones de amplificación y los mecanismos de dispersión (por ejemplo: los aerosoles formados al hablar, toser o estornudar).
La relación entre huésped y parásito está determinada tanto por las
características de los parásitos que favorecen su establecimiento y que causan daño como por los mecanismos de defensa del huésped. Los principales efectos para la salud son las infecciones, las reacciones alérgicas y los efectos tóxicos. Estos últimos son consecuencia de la acción sobre los tejidos o sus funciones, de determinadas sustancias producidas por los microorganismos (endotoxinas y micotoxinas). Entre los mecanismos de defensa se encuentran: la integridad de la piel, las sustancias
antimicrobianas (lisozima), las células fagocitarias, la respuesta inflamatoria y la inmunidad humoral y celular.
Los procesos infecciosos consisten en la colonización de un huésped por un microorganismo patógeno. La patogenicidad es un proceso multifactorial que depende de la susceptibilidad del huésped, de la naturaleza de la especie o cepa (factores de virulencia) y del número de microorganismos en la
exposición inicial. El término “virulencia” se usa para definir dos aspectos del microorganismo patógeno: su infectividad o habilidad para colonizar a un huésped, y la severidad del daño producido. La virulencia varía no solo entre especies sino también entre cepas de una misma especie. Los dos principales factores de la virulencia son la invasividad o capacidad para entrar en los tejidos del huésped, multiplicarse y diseminarse, y la producción de toxinas bacterianas (exotoxinas).
Cuando la enfermedad se transmite de los animales al hombre o viceversa recibe el nombre de zoonosis. Es el hombre o el animal el que, en estos casos, proporciona las condiciones adecuadas de temperatura, humedad y alimentación patógenos. que favorecen el desarrollo de los agentes biológicos
Otros efectos ligados a la exposición a agentes biológicos son las reacciones alérgicas o hipersensibilidad. Desde el punto de vista de la patogénesis, las reacciones de hipersensibilidad se clasifican en cuatro tipos principales:
1. Hipersensibilidad tipo anafiláctico: que se caracteriza por reacciones alérgicas inmediatas al contacto con el antígeno. Una primera exposición al antígeno estimula la producción de anticuerpos
específicos. Tras una segunda exposición estos anticuerpos se ligan y activan los basófilos que liberan las sustancias responsables de los efectos clínicos (asma, fiebre del heno, eczema atópico, etc.).
2. Hipersensibilidad tipo citotóxico: en este caso los anticuerpos se combinan con los antígenos de la superficie celular favoreciendo su destrucción (fenómenos de rechazo en transfusiones o trasplantes).
3. Hipersensibilidad mediada por complejos: la unión de los antígenos y los anticuerpos da lugar a la formación de complejos inmunes que desencadenan procesos inflamatorios. Un ejemplo típico de este tipo de hipersensibilidad es el pulmón del granjero en el que los complejos
formados por los anticuerpos y los antígenos de las esporas fúngicas desencadenan fenómenos inflamatorios en los alvéolos.
sensibilizados por la presencia de antígenos provocando la liberación de mediadores y la activación de macrófagos y linfocitos provocando la inflamación, que en casos graves va seguida por la necrosis de los tejidos.
El ser humano no está inerme frente a los microorganismos y dispone de mecanismos de defensa frente a ellos tanto naturales como artificiales. Las características más significativas de estos mecanismos se describen a continuación.
La piel y las mucosas segregan sustancias antimicrobianas, incluidos los ácidos grasos de cadena larga y el enzima lisozima que destruye la pared celular de muchas bacterias.
En las vías respiratorias superiores existen otros mecanismos de defensa proporcionados por la acción barredora de las células ciliadas epiteliales.
La piel en buen estado es una barrera muy eficaz contra los microorganismos
El epitelio de la piel, si no está roto, resulta completamente impenetrable para los microorganismos, quedando limitadas las infecciones a los folículos pilosos y a las glándulas sudoríparas. Sin embargo, muchos patógenos pueden penetrar fácilmente las membranas mucosas.
El suero de varias especies de mamíferos, incluido el hombre, contiene sustancias bactericidas. Además de la lisozima, que también se encuentra en las lágrimas, la saliva, en las secreciones nasales y en el extracto de varios órganos, existe un grupo de sustancias denominadas betalisinas
especialmente efectivas frente a las bacterias Gram positivo.
Las fagocitinas son
globulinas que se encuentran
en los leucocitos
fagocitarios y que son activas frente a las bacterias Gram negativo.
Otras sustancias antimicrobianas de los tejidos son proteínas básicas, polipéptidos básicos y poliaminas, activas frente a las bacterias Gram positivo.
La sangre es una mezcla compleja que consta de un fluido, el plasma, en el que están los eritrocitos portadores de oxígeno, los leucocitos y fragmentos celulares denominados plaquetas. El plasma contiene en solución sales, proteínas y metabolitos solubles que debe transportar a los tejidos y desde los tejidos. Las proteínas del plasma incluyen el fibrinógeno (coagulación), globulinas (anticuerpos), albúminas y el complemento que es un conjunto de 11 proteínas con capacidad de destruir las células recubiertas de anticuerpo. Los leucocitos juegan un papel importante en la defensa del huésped frente a la invasión de microorganismos extraños. Se pueden distinguir distintos tipos con funciones diferentes; algunos (los basófilos y los eosinófilos) intervienen, fundamentalmente, en los procesos de inflamación; los
linfocitos son los responsables de la formación de anticuerpos y de la inmunidad celular, y los monocitos y los neutrófilos actúan como células fagocíticas.
El proceso de la fagocitosis implica el englobamiento del cuerpo extraño y la posterior digestión del mismo; la capacidad y eficacia de los fagocitos para ingerir y destruir microorganismos depende de las características de estos.
Además de los leucocitos, existen otras células fagocíticas, los macrófagos, que se encuentran fijos en los tejidos, fundamentalmente hígado, bazo,
médula ósea y nódulos linfáticos, y errantes distribuidos por diferentes órganos.
Cuando un tejido de un animal superior está sometido a un agente irritante, ese tejido se inflama. Las características de una inflamación son:
enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor. En la zona de inflamación los capilares sanguíneos están dilatados, lo que aumenta el flujo sanguíneo en esta zona (enrojecimiento); además, las paredes de los capilares se hacen más porosas, de manera que las proteínas solubles escapan fuera de los vasos causando un movimiento osmótico de fluido hacia los tejidos (hinchazón).
Los mecanismos inflamatorios, aunque en sí mismos son una afección, constituyen una buena defensa contra los microorganismos
No deja de ser curioso que una condición patológica, como es la inflamación, pueda actuar como mecanismo de defensa. En primer lugar, los tejidos de la zona reciben un fuerte aporte de leucocitos cuyas actividades incluyen la fagocitosis y la formación de anticuerpos. En segundo lugar, al aumentar el aporte de plasma también aumenta la concentración de sustancias
antimicrobianas y de anticuerpos. En tercer lugar, la inflamación conduce a la acumulación de células del huésped muertas, de las que se liberan sustancias tisulares antimicrobianas. En el centro de la zona necrótica, la tensión de oxígeno disminuye y se acumula ácido láctico, que constituyen condiciones adversas para el crecimiento de muchos tipos de bacterias.
El término “inmunidad” comprende todas las propiedades del huésped que le confieren resistencia a un agente específico. Esta resistencia puede abarcar todos los grados, desde la susceptibilidad casi total hasta la no-
susceptibilidad completa.
La inmunidad puede ser natural o adquirida; y ésta puede ser pasiva o activa. Algunos de los mecanismos que integran la inmunidad adquirida y activa son los siguientes:
Inmunidad humoral que implica la producción activa de anticuerpos contra antígenos de organismos o de sus productos. Estos
anticuerpos pueden inducir resistencia dado que: neutralizan toxinas; tienen efecto bactericida o lítico en presencia del complemento; bloquean la capacidad infectante del organismo; aglutinan los microorganismos haciéndolos más susceptibles a la fagocitosis, y se combinan con los antígenos de superficie de los microorganismos facilitando su ingestión. • Inmunidad celular llevada a cabo por los linfocitos B y T. Estas células reconocen los materiales extraños e inician una cadena de respuestas que incluyen reacciones inflamatorias, destrucción citotóxica de las células invasoras, activación de los macrófagos y las reacciones de hipersensibilidad retardada en los tejidos.
Algunos agentes biológicos son patógenos, es decir, pueden causar enfermedades en las personas, y éste es el aspecto que tiene interés desde el punto de vista de la prevención de riesgos laborales y al que se limita el concepto de “agente biológico” en el resto de este capítulo. Como con cualquier otro factor de riesgo laboral los aspectos a tratar se refieren a la identificación de los agentes que presentan algún riesgo, a la determinación del mecanismo de la exposición, a concretar los posibles efectos
perjudiciales y a los procedimientos o técnicas de evaluación y de control de las exposiciones.
El real decreto 664/1997 es la reglamentación específica aplicable a la prevención de los riesgos laborales causados por agentes biológicos
El RD 664/1997, sobre la protección de los trabajadores contra riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo, contiene las siguientes definiciones:
Agentes biológicos: Microorganismos, con inclusión de los genéticamente manipulados, los cultivos celulares y los endoparásitos humanos,
susceptibles de producir cualquier tipo de infección, alergia o toxicidad.
Microorganismo: Toda entidad microbiológica, celular o no, capaz de reproducirse o de transferir material genético.
Cultivo celular: El resultado del crecimiento in vitro de células obtenidas de organismos multicelulares.
Estas definiciones, excepción hecha de los cultivos celulares, comprenden a los siguientes tipos de agentes biológicos: virus, bacterias y hongos (microorganismos); y protozoos y helmintos (endoparásitos) y los productos
o estructuras elaborados por ellos que pueden causar alergias o toxicidad.
Según estas definiciones, algunos agentes biológicos quedarían fuera del ámbito de este Real Decreto, por ejemplo, los ácaros, los insectos y otras estructuras y substancias de origen vegetal, como el polen, el polvo de madera o los aceites vegetales.
Los priones, que no son seres vivos ya que no se ha demostrado que contengan material genético, sí se consideran agentes biológicos en este Real Decreto. Reglamentariamente están incluidos en la categoría de “agentes no clasificados asociados a encefalopatías espongiformes
transmisibles (TSE)”.
No son seres vivos sino sustancias químicas, aunque su incidencia en el metabolismo de un animal superior o del hombre se parece más a la de un microorganismo que a la de un agente químico. En esencia consiste en una molécula de proteína cuya configuración es anómala y que, por ello, no puede ser eliminada del organismo por los mecanismos de hidrólisis enzimática habituales. Además, tiene la propiedad de inducir la modificación de las moléculas de proteína normales convirtiéndolas en moléculas anómalas; de forma incorrecta, pero simple, se puede decir que “la molécula se reproduce”. La conjunción de ambos factores, formación y no-eliminación, produce una acumulación de la proteína anómala en ciertos tejidos provocando su destrucción.
Las enfermedades causadas por priones son muy específicas de cada especie animal y no es fácil el contagio entre individuos de especies diferentes. La vía principal de contagio es la digestiva por ingestión de alimentos contaminados. También se ha demostrado en laboratorio la transmisión mediante la inoculación en los tejidos de material contaminado; por otra parte, no existen evidencias de su transmisión por vía aérea, no obstante debe evitarse la formación de aerosoles debido al riesgo de transmisión indirecta por vía digestiva.
Por tratarse de moléculas, los mecanismos habituales de prevención, protección y tratamiento de enfermedades infecciosas (desinfección,
vacunación, tratamiento con antibióticos, etc.) son ineficaces. En particular, los productos normalmente utilizados en la desinfección, por ejemplo: formaldehído, alcohol, glutaraldehído, peróxido de hidrógeno, radiaciones ultravioletas o radiaciones ionizantes, entre otros, son ineficaces. Entre los métodos de inactivación de los priones se pueden destacar lossiguientes:
Autoclave >134ºC, 18 minutos Hipoclorito sódico (20ºC, 1hora) Hidróxido sódico 2N Fenol 90% Éter Acetona Permanganato potásico 0,002 M Urea 6 M 2 - Cloroetanol Cloroformo
Los sistemas habituales de prevención y protección contra las enfermedades infecciosas no son útiles frente a los priones
Son las formas de vida más pequeñas que se conocen (de 20 a 300 nm) y también las que tienen una constitución más simple. Las características que los distinguen son las siguientes: contienen un único tipo de ácido nucleico ADN o ARN, son parásitos obligados y dependen completamente de sus huéspedes para su reproducción, los virus proporcionan las instrucciones para crear nuevos virus, pero son las células del huésped quien los fabrica. La molécula de ácido nucleico del virus está encerrada por una cubierta o cápside que consiste en una capa simple de proteínas.
Los virus se dividen en tres clases principales: virus de los animales, de las plantas y de las bacterias (bacteriófagos) presentando una elevada
especialización incluidas las estirpes celulares que infecta, por ejemplo, las células hepáticas por el virus de la hepatitis B o los linfocitos T por el virus de inmunodeficiencia adquirida. No obstante, en ocasiones se produce el salto interespecies como sería el caso del virus de la gripe aviar.
Los virus, parásitos obligados, establecen dos tipos de interacciones con sus huéspedes; en algunos casos, tras la penetración y la formación de nuevos virus, ocurre la rotura o lisis celular; en otros, los nuevos virus formados se van liberando sin destruir la célula o bien insertan su ácido nucleico en el material genético de la célula, pudiendo así causar infecciones recurrentes o inducir la formación de tumores.
Los virus son parásitos intracelulares obligados. son insensibles a los antibióticos. la mejor prevención sigue siendo la vacunación eficaz
Los daños causados por virus pueden ser: indetectables, leves, severos, fatales, teratogénicos o resultar en la formación de un tumor. Existen medicamentos que pueden bloquear el ciclo de replicación del virus pero tienen efectos tóxicos secundarios. Los antibióticos no afectan a los virus. Las medidas más eficaces son las gammaglobulinas y la vacunación.
Algunos ejemplos de infecciones causadas por virus son: las Hepatitis B, A, C, las fiebres hemorrágicas o el Herpes, entre otras.
Son organismos procariotas, es decir, carecen de núcleo, están constituidos por una célula que contiene los dos tipos de ácido nucleico; su ADN se encuentra organizado en un cromo-soma circular disperso en el citoplasma que contiene muy pocas estructuras u orgánulos útiles para su desarrollo, entre ellos los ribosomas encargados de la síntesis de las proteínas. Las bacterias pueden disponer de hasta tres envueltas: la membrana
citoplasmática, la pared bacteriana y la cápsula. En la pared celular de las
bacterias Gram negativo se encuentran las endotoxinas.
Según su forma se pueden distinguir diferentes tipos de bacterias: pequeñas esferas (cocos), bastoncillos rectos (bacilos), bastoncillos en forma de espiral (espirilos) o filamentos ramificados (actinomicetos). Su tamaño también varía, se encuentran en un rango de 1 a 5 m. Muchas son formas
unicelulares, algunas se presentan en pares, otras en tétradas y algunas formando cadenas.
Algunas bacterias tienen la capacidad de formar esporas, formas capaces de resistir, durante períodos de tiempo largos, condiciones ambientales
adversas (los actinomicetos y algunas especies de Bacillus). Las esporas son las formas de vida más resistentes que se conocen, esta característica hace que se utilicen como indicadores para el control de calidad del proceso de esterilización en autoclave.
Desde el punto de vista preventivo, es importante recordar que no todos los productos que se utilizan en la desinfección de materiales son eficaces a la hora de eliminar las esporas, muchos de los desinfectantes solo son capaces de matar las formas vegetativas creando así una falsa sensación de seguridad. Las esporas no eliminadas conservan toda su capacidad infectiva de manera que, cuando las condiciones vuelven a ser favorables,
restablecen su actividad vegetativa, es decir, su capacidad de multiplicación.
Las bacterias son microorganismos procariotas con capacidad infectiva variable. las infecciones que causan se pueden tratar con antibióticos
microorganismo se divide en dos, cada uno de estos en dos más y así sucesivamente; el resultado final es una colonia formada por millones de individuos que se hace visible a simple vista.
Es precisamente esta forma de multiplicación y lo que significa (de cada individuo se obtiene una colonia), lo que sirve de base para el
establecimiento de las unidades de concentración utilizadas en la toma de muestras y análisis de microorganismos vivos y cultivables, de manera que se habla de unidades formadoras de colonias por metro cúbico de aire (ufc/m ).
Existen diferentes herramientas para clasificar e identificar las bacterias, una de ellas, la macroscópica, implica la observación de las colonias, su forma, color, olor o tamaño. Otras consisten en la utilización de diferentes técnicas de análisis microbiológico, la más importante y utilizada es la tinción de Gram. Otras pruebas consisten en determinar su capacidad para utilizar diferentes elementos nutritivos, para producir metabolitos específicos, sus requerimientos de oxígeno o su capacidad de producir ciertas enfermedades en animales de experimentación.
La tinción de Gram pone de manifiesto la forma y el tamaño de la célula y permite clasificar las bacterias en dos grupos basados en la estructura y composición química de las envueltas bacterianas. La técnica utiliza dos colorantes: el violeta cristal y la safranina. Las bacterias Gram positivas (+) se ven de color violeta al observarlas al microscopio y las Gram negativas (-) se ven de color rosado - rojo (safranina).
Buena parte de las bacterias son formas de vida libre y contienen suficiente información genética y sistemas biosintéticos que les permiten su
crecimiento y reproducción. Es lo que habitualmente se denominan “formas saprofitas”. Unas pocas bacterias son parásitos obligados, precisando, por tanto, colonizar a otro ser vivo. Algunas bacterias saprofitas son patógenos oportunistas, es decir, invaden otros seres vivos pudiendo causar
enfermedad en determinadas circunstancias, por ejemplo, cuando el sistema inmunitario del huésped no funciona bien.
Los efectos para la salud más importantes son los que se citan en la definición de agente biológico, es decir, infecciones, alergias o efectos tóxicos.
En la tabla se indican algunos ejemplos de las enfermedades causadas por bacterias.
Las endotoxinas forman parte de la pared celular de las bacterias Gram negativo. Se trata de sustancias químicas de tipo lipopolisacáridos, cuya inhalación se ha relacionado con la aparición de problemas respiratorios y generales.
Las endotoxinas son sustancias químicas tóxicas producidas por bacterias gram negativo
En el año 1713 Ramazzini ya describió los síntomas pulmonares agudos que aparecen tras la respiración de polvo que contiene residuos vegetales. En 1942 se estableció de forma fehaciente la relación entre la presencia de bacterias Gram negativo y los síntomas pulmonares que presentaban los trabajadores de una hilatura de algodón.
Las bacterias Gram negativo se encuentran de forma natural en el medio ambiente, en particular en los vegetales y especialmente en la planta de algodón. Otro hábitat frecuente son las aguas estancadas en las que se multiplican rápidamente. Estas bacterias tienen pocos requisitos
nutricionales y les basta con trazas de sales minerales. Algunos ejemplos son: Pseudomonas sp., Enterobacter sp., Salmonella sp. o Escherichia coli.
Se ha comprobado que los efectos de las endotoxinas varían de unas especies bacterianas a otras, aunque todas ellas son muy solubles en agua y que con la temperatura se potencia su efecto tóxico.
Dependiendo de la dosis, se han demostrado efectos que van desde síndromes pseudogripales (fiebre, escalofríos, dolor, tos seca, presión torácica, etc.) hasta hipertensión, coagulación intravascular y shock letal.
Los hongos son organismos eucariotas cuyas células tienen un núcleo que encierra los cromosomas. La célula de los hongos es similar a las de las plantas y las de los animales, con todos los orgánulos necesarios para su desarrollo. La célula está rodeada de una pared celular rígida, que está compuesta mayoritariamente por polisacáridos. Muchos hongos contienen sustancias denominadas glucanos que resultan tóxicas para las células animales. Los efectos asociados son inflamación no específica de las vías aéreas, fatiga y dolor de cabeza.
Los hongos pueden ser organismos unicelulares (levaduras) o estar formados por largas cadenas de células denominadas hifas. La masa de hifas
se denomina micelio.
Los hongos tienen reproducción sexual
ciclos de vida como la
complejos que incluyen Los elementos
re-productores
(esporas) se producen en ambas situaciones. Las esporas son fácilmente transportables por el aire.
Los hongos son microorganismos complejos. pueden ser parásitos y ocasionar infecciones (micosis), aunque el principal efecto asociado son las alergias provocadas por la inhalación de sus esporas
Los hongos forman parte de los microorganismos responsables de degradar la materia orgánica. Para ello, el micelio, que es esencialmente el órgano digestivo del hongo, segrega desde las diferentes ramas o hifas unos enzimas que digerirán los substratos donde crecen. En este punto son críticos: la disponibilidad de niveles adecuados de humedad, los compuestos de nitrógeno y algunos elementos tales como el azufre, el fósforo y el manganeso.
secundarios que son los responsables de determinados efectos sobre el hombre; se trata de los antibióticos y de las mico-toxinas. Los antibióticos, como la penicilina o la ciclosporina (utilizada como inmunosupresor en los transplantes), tienen en general efectos beneficiosos salvo para algunas personas que pueden desarrollar alergias a estos productos. Las micotoxinas son sustancias perjudiciales para los hombres y los animales provocando efectos tóxicos, algunos de gravedad.
Los hongos también producen compuestos orgánicos volátiles responsables del clásico olor a húmedo de sótanos o locales mal ventilados. Entre los compuestos más representativos de este tipo están: los aldehídos, alcoholes como el etanol o el isopropanol, la acetona o el acetato de etilo.
Las reacciones alérgicas pueden oscilar de una simple picazón a síntomas, moderados o severos, tales como: estornudos, lagrimeo, congestión nasal, dolor de cabeza, fiebre, dificultad de respiración, dolor en el pecho, diarrea y, en algunos casos, la muerte.
Los causantes inmediatos de las reacciones alérgicas son las esporas de casi todos los hongos y casi todas las personas son sensibles a ellas. La manifestación de los síntomas depende de la susceptibilidad individual.
Las infecciones causadas por hongos se denominan micosis. Éstas pueden ser sistémicas, afectando diferentes órganos internos (básicamente
pulmones) o superficiales o cutáneas. En la tabla se indican algunos ejemplos de micosis.
numerosos hongos. Se conocen al menos 50 compuestos fúngicos de los que se cree que pueden causar micotoxicosis en los humanos y en los animales. Diez de esos compuestos se han revelado como cancerígenos en animales de experimentación o en estudios epidemiológicos. Desde hace años se han descrito enfermedades que han sido atribuidas al consumo de cereales o
arroz contaminado por hongos y por ello con un contenido elevado de micotoxinas.
Dos de los grupos de micotoxinas de especial relevancia son: las aflatoxinas y tricotecenos.
En 1961 con el descubrimiento de la aflatoxina y su poder carcinogénico se ponen en marcha numerosos estudios sobre este tipo de sustancias. Se comprueba que además de las intoxicaciones alimentarias, las enfermedades se pueden producir por la inhalación de micotoxinas.
Estudios toxicológicos revelan que las DL50 de algunos tricotecenos, por vía oral, son inferiores a 1 mg/kg de peso; y que las dosis por vía inhalatoria pueden ser entre 2 y 20 veces menores (mayor toxicidad). La ingestión crónica de pequeñas cantidades de toxina produce la inactivación de la función de la médula ósea, agranulocitosis, trombocitopenia y la muerte debida a infecciones oportunistas. La ingestión de dosis elevadas causa efectos en el sistema nervioso central y suelen ser fatales.
La producción de micotoxinas, en general, ocurre cuando las condiciones para el crecimiento del hongo empiezan a ser limitantes, por lo tanto, el hecho de encontrar en un ambiente especies de hongos productoras de micotoxinas no implica necesariamente la existencia de micotoxinas.
Las micotoxinas son sustancias extremadamente tóxicas generadas por hongos.
temperatura, el contenido en agua del material y la humedad relativa, la presencia de luz, el substrato, el contenido en O2 y en CO2, o
combinaciones de algunos de estos factores.
Por ejemplo: Fusarium produce cantidades significativas de un tricoteceno a 15 °C y muy poca a temperaturas superiores; Aspergillus flavus aumenta la producción de aflatoxina cuando el nivel de CO2 disminuye; algunas
micotoxinas se producen cuando empieza a escasear el elemento clave del cultivo; Aspergillus parasiticus produce mayores cantidades de aflatoxina con luz que en la oscuridad a 20 °C, pero produce menos con luz que en la oscuridad a 30 °C.
Son organismos unicelulares con una organización compleja y variada y también son complejos su morfología y su ciclo de vida.
Los protozoos de interés clínico se dividen en grupos de acuerdo con el lugar en el que causan la infección. En la tabla se exponen algunos ejemplos.
Los helmintos o gusanos que tienen interés en prevención de riesgos son los que se conocen como macroparásitos. Son organismos pluricelulares con reproducción sexual por huevos y ciclos vitales complejos que a menudo implican varios huéspedes.
Algunos representantes de este grupo son Ancylostoma duodenalis, Necator americanus (Nematodos o gusanos cilíndricos). La enfermedad que causan es la anquilostomiasis que se caracteriza por ser una enfermedad debilitante que produce desnutrición y anemia.
Las hembras presentes en el intestino depositan los huevos que salen con las heces. Para el desarrollo larvario precisa de suelos húmedos, cálidos y ricos en nutrientes. Las larvas pueden atravesar la piel y por los vasos sanguíneos y linfáticos alcanzan los pulmones y las vías respiratorias superiores desde donde son deglutidos llegando finalmente al intestino donde se inicia de nuevo el ciclo vital.
Las profesiones con mayor riesgo son aquéllas en las que se dan las condiciones necesarias para el desarrollo de estos gusanos como son: los trabajadores de minería y excavaciones; agricultores (arroz, café, plátanos, algodón, azúcar, tabaco); fabricantes de ladrillos; alfareros; horticultores, jardineros, etc.
La interacción entre un agente biológico y un ser humano no tiene necesariamente que ocasionar un efecto adverso para la salud. Para que se produzca una enfermedad o daño en la salud del huésped es preciso que se den las siguientes condiciones: 1. El agente biológico debe ser patógeno. 2. Debe existir un reservorio, es decir, un lugar con un substrato alimenticio en el que se den, además, las condiciones ambientales permitan que que un
número suficiente de microorganismos viva y se reproduzca. 3. El agente biológico
debe dispersarse, es decir, debe ser capaz de desplazarse por el entorno en algún
soporte o portador (por ejemplo: bioaerosoles, vectores tales como mosquitos o ratas, etc.). 4. Debe existir una vía de entrada al organismo del nuevo hospedador (inhalación, ingestión, grietas en la piel, membranas mucosas, vía parenteral, etc.) 5. El nuevo hospedador debe ser susceptible al agente en cuestión.
Si cualquiera de estas condiciones no se cumple, no es posible la aparición de una enfermedad. Estas cinco condiciones definen la cadena de infección y las diferentes estrategias preventivas tienen como objetivo romper esta cadena en alguno o varios de sus eslabones.
Los contaminantes biológicos pueden acceder al interior del organismo humano a través de las mismas vías de penetración que los contaminantes químicos, aunque en este caso la importancia relativa de cada una de las diferentes vías está definida por el sector de actividad y las operaciones que se realicen.
normalmente asociados a partículas sólidas o líquidas, formando lo que se denomina un “bioaerosol”. Los mecanismos de formación de bioaerosoles son muy variados, por ejemplo: agitación de cultivos microbiológicos, centrifugación de muestras biológicas, autopsias, nacimiento de animales, inoculaciones intranasales, procesos de acondicionamiento del aire (torres de refrigeración, humidificadores), fabricación de compost.
El agente biológico o el material que lo contiene entran en contacto, ya sea directo o indirecto, con la piel y las mucosas de la persona. En ocasiones, son gotas de gran tamaño del bioaerosol las que se depositan sobre las manos, los ojos o las vías respiratorias superiores (boca, nariz y garganta); en otras ocasiones, es el contacto directo con personas infectadas o sus heridas y también el contacto con objetos contaminados, ropa, objetos o instrumentos, sangre u otros fluidos biológicos.
En la exposición a agentes biológicos la importancia de la vía de entrada está condicionada por la actividad laboral desarrollada
contaminados y por la transmisión manos - boca. También, pero con una importancia menor, por la ingestión de sangre, fluidos o cultivos
Supone la entrada del agente en las capas profundas de la piel debida a pinchazos, cortes, heridas, mordiscos, arañazos o picaduras de insectos.
En el artículo 4 del Real Decreto 664/1997, “Identificación y evaluación de riesgos”, se indica: “…identificados uno o más riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo, se procederá, para aquellos que no hayan podido evitarse, a evaluar los mismos determinando la naturaleza, el grado y duración de la exposición de los trabajadores…”. El artículo sigue diciendo que para dicha evaluación se tendrá en cuenta toda la información disponible y, en particular la naturaleza de los agentes biológicos a los que los trabajadores estén o puedan estar expuestos y el grupo a que pertenecen (anexo II).
En el artículo 3 del RD 664/1997 se dan las definiciones y criterios para la clasificación de los agentes biológicos. Es conveniente recordar que la clasificación tiene en cuenta los posibles efectos sobre trabajadores sanos sin tomar en consideración los efectos que pudieran tener en trabajadores cuya sensibilidad estuviera afectada por causas tales como una patología previa, medicación, trastornos inmunitarios, embarazo o lactancia. La definición de los cuatro grupos es la siguiente:
Grupo 1.-Pertenecen a este grupo los agentes biológicos que es poco probable que causen una enfermedad en el hombre.
Grupo 2.-Son los agentes biológicos que pueden causar una enfermedad en el hombre y, por tanto, constituyen un peligro para los trabajadores, pero es poco probable que se transmita a la colectividad y generalmente existe una profilaxis o un tratamiento eficaz.
Grupo 3.-Son agentes biológicos que pueden causar una enfermedad grave en el hombre y presentan un peligro serio para los trabajadores, con posibilidad elevada de que se propague a la colectividad aunque
generalmente existe una profilaxis o tratamiento eficaz.
Grupo 4.-Son agentes biológicos que causan una enfermedad grave en el hombre y son un peligro serio para los trabajadores, con posibilidad elevada
de que se propague a la colectividad y sin que exista una profilaxis o tratamiento adecuado.
Los criterios seguidos para la inclusión de un agente biológico en un grupo de riesgo son, fundamentalmente, la capacidad del agente para causar infección en personas sanas y, cuando se disponga de la información, los efectos alérgicos y tóxicos del mismo. En consecuencia, dicha clasificación supone la valoración del riesgo intrínseco de los agentes biológicos incluidos.
El Anexo II del RD 664/1997 y la Orden de 25 de marzo de 1998 contienen una lista de los agentes biológicos clasificados en los grupos 2, 3 y 4 junto con indicaciones útiles para la planificación de las medidas preventivas. Al final del capítulo se reproduce este Anexo.
La propia complejidad de los agentes biológicos, la diferente respuesta de los individuos así como la variedad de situaciones de trabajo en las que puede haber exposición, hacen complejo establecer una metodología de evaluación común para todos ellos. El hecho diferencial viene dado por el tipo de actividad. En la norma se habla de actividades en las que hay intención deliberada de manipular agentes biológicos, es decir, trabajar con ellos cultivándolos o concentrándolos, y de actividades en las que no existe dicha intención, pero en las que puede haber exposición dada la naturaleza de la actividad. El primero de los casos supone que el agente biológico forma parte esencial del proceso de trabajo y, por tanto, está identificado y se conocen sus características, lo que facilita el establecimiento de una metodología para la evaluación de riesgos. En el segundo de los casos, el agente biológico no forma parte del proceso de trabajo, es más, mejor si no está presente, pero atendiendo a la naturaleza de la actividad puede llegar a estarlo. A menudo se conocen los agentes biológicos típicos del sector de
actividad, pero no se sabe cuáles de ellos pueden estar presentes en la situación de trabajo que se debe evaluar ni siquiera si en ese momento están todavía presentes. Estos hechos dificultan el establecimiento de metodologías más o menos estandarizadas que permitan evaluar la situación.
La información previa sobre actividades en las que es frecuente la presencia de agentes biológicos es un dato fundamental para evaluar las exposiciones
Metodología de evaluación higiénica
Los riesgos asociados a la exposición a agentes biológicos se pueden considerar como consecuencia de dos situaciones diferentes. En un caso, el daño ocurre tras la existencia de un accidente laboral habitualmente declarado, investigado y con causas casi siempre conocidas; en el otro caso, el efecto adverso es fruto de una exposición laboral similar a la exposición a agentes químicos, en la que un contaminante puede estar presente en el ambiente, en una concentración indeterminada que puede o no causar un daño en la salud de las personas.
La evaluación higiénica implica, en la mayor parte de los casos, la aplicación de una metodología que consiste en los siguientes pasos:
1. La identificación del agente, de sus focos de contaminación, del proceso productivo que lo ha originado, de sus características toxicológicas, en definitiva: de la recogida de toda aquella
información que ayude a conocer la situación de riesgo. 2. La medición del contaminante que permitirá conocer cuáles son las concentraciones o niveles del agente en el ambiente de trabajo. 3. La valoración de la situación. En este punto es preciso contar con unos criterios de valoración que permitan la comparación de los mismos con los resultados de la medición y emitir un juicio sobre la situación, es decir, si ésta es segura o si es peligrosa.
Tras la valoración y en función de su resultado se concretan, si es necesario, las medidas correctoras y preventivas para conseguir una situación de trabajo segura.
Al aplicar esta metodología a la evaluación de las exposiciones a agentes biológicos se observan ligeros desajustes. Es cierto que se puede disponer o reunir bastante información sobre los posibles agentes, sus características vitales, ecología, peligrosidad, mecanismos de transmisión y sobre los focos de contaminación, pero no hay que olvidar que en muchas actividades se desconoce el/los tipos de agentes biológicos que pueden llegar a estar presentes, y, si se dispone de dicha información, el rasgo que caracteriza la exposición es la incertidumbre sobre la presencia de un agente patógeno.
También es cierto que se dispone de equipos para la medición de la contaminación biológica y, por lo tanto, se pueden conocer los niveles de concentración en la situación estudiada, pero hay que tener en cuenta que los métodos de medición de agentes biológicos presentan una serie de limitaciones que tienen como consecuencia la escasa fiabilidad de los resultados. Estas limitaciones se podrían resumir en la falta de homologación y validación de los métodos disponibles tanto para la toma de muestras como para la detección y análisis de los diferentes tipos de agentes biológicos.
En cuanto a la valoración, rara vez se podrá efectuar una valoración ambiental cuantitativa semejante a las que se realizan en la evaluación de la exposición a agentes químicos. La razón radica en que, por el momento, no están establecidos criterios de valoración cuantitativos para todos los tipos de contaminantes de origen biológico que permitan emitir un juicio rápido sobre la peligrosidad de la situación.
Estas limitaciones hacen que la metodología de evaluación de la exposición a agentes biológicos necesite de un trabajo previo de análisis en el que, partiendo de la máxima información disponible sobre la actividad laboral en estudio, se puedan definir los puntos clave que debe contener la
metodología de evaluación y que permitan de la forma más fiable posible alcanzar el objetivo planteado, que no es otro que evitar o limitar la exposición.
Como se ha indicado anteriormente, el aspecto clave es la recogida de información sobre la situación de trabajo. De esta tarea deberían surgir los indicios que permitieran elaborar las hipótesis de trabajo y, en consecuencia, la necesidad o no de cuantificar el riesgo a través de mediciones y del establecimiento de algún tipo de criterio de valoración, y las medidas preventivas adecuadas para el control del riesgo analizado.
En la evaluación de exposiciones a agentes biológicos la concentración ambiental del agente es un dato con un significado relativo
A continuación se detallan los aspectos básicos que definirían tanto una metodología de evaluación cualitativa, es decir, en la que se ha optado por prescindir de la medición para evaluar el riesgo, como una metodología de evaluación cuantitativa en la que sí se contempla la medición. En este último caso y dadas las limitaciones que presenta, es necesario planificar cuidadosamente la misma diseñando simultáneamente la estrategia de muestreo que proporcione resultados representativos y fiables y los criterios que se utilizarán para la valoración de los resultados.
Metodología de evaluación cualitativa
La metodología de evaluación cualitativa pretende categorizar los riesgos asociados a una actividad en la que hay o puede haber exposición a un agente contaminante. Esta categorización se basa en el estudio de la situación de trabajo y en la experiencia profesional del higienista que permiten, a la luz de la información obtenida, establecer si el riesgo identificado podría ser, por ejemplo, “aceptable”, “mejorable” o
“inaceptable”. La elección de una de estas categorías conlleva el desarrollo de un programa de actuaciones tendentes a mantener, mejorar o corregir el resultado de la evaluación.
Normalmente, estas metodologías se fundamentan en el estudio de la probabilidad de la exposición y en las consecuencias que puede sufrir el trabajador.
Una posible metodología de evaluación cualitativa de la exposición o posible exposición a agentes biológicos podría consistir en los siguientes pasos:
Obtención de toda la información necesaria sobre:
La actividad y procesos, lo que permite determinar los agentes biológicos típicamente asociados a la misma, la localización de los focos de contaminación y las posibilidades de generación de los agentes.
Los agentes biológicos, fundamentalmente la peligrosidad de los mismos en cuanto al riesgo de infección, efectos alérgicos o tóxicos, requisitos vitales, enfermedades que ocasiona y su tratamiento, etc.
Los trabajadores, principalmente el conocimiento de su estado inmunitario, las especiales sensibilidades, la vacunación,
enfermedades ocurridas, etc. • El lugar de trabajo, para la valoración de posibles zonas, instalaciones o materiales que puedan actuar como reservorios. • Las medidas preventivas destinadas a impedir la colonización de los
reservorios, por ejemplo la limitación de la disponibilidad de agua para evitar la proliferación, la modificación de los parámetros ambientales fuera de los valores que les son imprescindibles para su supervivencia, la implantación de las medidas de contención para evitar su liberación y dispersión, etc.
Valoración del nivel de riesgo:
En este punto se trata de, en función del análisis de la información obtenida, asignar un nivel de riesgo a la situación de trabajo estudiada. Los niveles de riesgo se obtienen al cruzar la posibilidad de exposición con el grupo de riesgo en el que esté clasificado el agente biológico que indica la peligrosidad intrínseca del agente.
En cualquier evaluación de riesgos se da por supuesta la presencia del agente contaminante. En el caso de los agentes biológicos es obvio que para que se produzca un efecto adverso, el agente peligroso debe estar presente. Sin embargo, la certeza de su presencia no es evidente en todas las actividades laborales para las que se considera este riesgo.
En las actividades en las que sí existe intención deliberada de manipular agentes biológicos, la presencia del agente es clara; en cambio, en las actividades, que de modo indicativo se recogen en el anexo I del RD 664/1997, esa presencia, consecuencia de la naturaleza de la actividad, viene definida por la “incertidumbre”.
En algunas actividades, por ejemplo, la eliminación de residuos o la
depuración de aguas residuales, la incertidumbre sobre la presencia de agentes biológicos es prácticamente inexistente. En otras actividades, como el trabajo con animales o la asistencia sanitaria, el grado de incertidumbre puede variar del mínimo al máximo. Por ejemplo, la incertidumbre es mínima cuando se trabaja en salas de aislamiento con enfermos infecciosos, pero puede ser máxima en un servicio de urgencias en el que no hay tiempo para conocer si la persona ingresada padece una enfermedad infecciosa o si es portador asintomático. Todavía hay otras actividades, como las agrícolas y alimentarias, en las que la presencia de agentes biológicos puede depender, además de las circunstancias anteriores, de si las condiciones en que se trabaja permiten la colonización y proliferación de agentes biológicos en los materiales en el manejados, por ejemplo: de grano, deficientes alimentos, condiciones productos
vegetales, etc.; inundaciones, acumulación de suciedad por falta de limpieza, existencia de plagas, etc.
Para poder realizar la evaluación de riesgos y ante la práctica imposibilidad de concretar el grado de incertidumbre en muchas situaciones, es necesario proceder como si los agentes biológicos estuvieran presentes. Partiendo de esa asunción y de la peligrosidad asociada a los agentes biológicos establecer el nivel de riesgo que determinará la política preventiva a seguir.
Los niveles de posibilidad de exposición se determinan en función de diferentes factores la que comprenden de la posibilidad con de emisión animales de y/o
bioaerosoles,
materiales, y las cantidades manejadas. De tal manera que la posibilidad de exposición se considera “ALTA” cuando la generación de bioaerosoles es elevada o moderada pero continuada, cuando la frecuencia de contacto es elevada, por ejemplo, más del 75% de la jornada laboral o cuando se manejan grandes cantidades de materiales susceptibles de estar
contaminados. La posibilidad de exposición se considera “MEDIA” cuando la generación de bioaerosoles es moderada y no continuada o elevada pero esporádica; cuando la frecuencia de contacto no supera el 50% de la jornada o cuando las cantidades de material manejado son medias. Finalmente, la posibilidad de exposición se considera “BAJA” cuando la generación de bioaerosoles es escasa o moderada pero esporádica; cuando la frecuencia de contacto es baja, menos del 20% de la jornada o cuando se
contaminados. En la tabla se indican algunos ejemplos de lo indicado.
Aplicación de las medidas preventivas
En el artículo 4 del RD 664/1997 y en la Guía técnica se proporcionan las indicaciones sobre la aplicación del articulado de la norma basadas en el resultado de la evaluación.
De las tres vías, la que presenta menos dificultades de interpretación es aquélla en la que la evaluación revela exposición a agentes biológicos de los grupos de riesgo 2, 3 ó 4 y la actividad implica una intención deliberada de manipular agentes biológicos. Este tipo de actividades suponen la necesaria presencia de un agente biológico para el desarrollo del proceso productivo, en consecuencia, es posible disponer de toda la información necesaria sobre el agente y las consecuencias de la exposición al mismo. Se aplicarán, por tanto, los artículos del 5 al 15, en especial este último que contiene las indicaciones para el establecimiento de los niveles de contención de los lugares donde se desarrolla el trabajo con los agentes biológicos.
Otra de las vías es aquella que el resultado de la evaluación revela exposición o posible exposición a agentes biológicos del grupo 1 en cuyo caso no serán de aplicación los artículos 5 al 15, aunque se observarán los principios de correcta seguridad e higiene profesional. Finalmente, la vía más compleja corresponde a situaciones en las que el resultado de la evaluación indica exposición a agentes biológicos de los grupos 2, 3 ó 4, pero la actividad no supone intención deliberada de manipular agentes biológicos. En esos casos, se aplicarán los artículos del 5 al 13, salvo que el resultado de la evaluación lo hiciese innecesario. A título de ejemplo, es obvio que el artículo 5 “Substitución” no es de aplicación cuando la actividad no implica el trabajo con agentes biológicos. No es posible sustituir algo con lo que no se trabaja y que ni siquiera se sabe si está presente o no. Sin embargo, en la aplicación de otros artículos o apartados habrá que hacer uso del conocimiento de la actividad, de la experiencia y del sentido común para delimitar el grado de exigencia en el cumplimiento de determinadas medidas.
Los valores obtenidos en la valoración del nivel de riesgo indicarán las líneas maestras para el desarrollo de la política preventiva a desarrollar en cada
situación de trabajo estudiada, así como el nivel de exigencia de su cumplimiento, como se indica en la siguiente tabla.
Metodología de evaluación cuantitativa
Es conveniente resaltar que cuando se decide que la cuantificación del riesgo es necesaria, ésta requiere de un proceso cuidadoso de planificación mediante el cual poder establecer la estrategia de muestreo que permita asegurar tanto la representatividad de las mediciones como la fiabilidad de los resultados. Simultáneamente, se deberán definir los criterios que van a ser utilizados para la valoración. Es importante definirlos previamente, ya
que en muchos casos, su establecimiento formará parte de la medición.
Con la medición se persigue determinar la concentración de los agentes contaminantes en un ambiente. Hasta donde fuera posible, la proporción relativa de un agente biológico en una muestra debería reflejar su proporción en el material original. Para lograr este objetivo, la muestra debe ser manipulada de tal forma que no se deteriore o pueda ser contaminada durante su captación, transporte y análisis, y que los agentes biológicos sufran los mínimos cambios posibles. Sin embargo, es un hecho que los resultados obtenidos en una medición ambiental no son siempre fiables, fáciles de interpretar y que unos datos incompletos sobre la exposición a agentes biológicos pueden confundir, complicar un estudio y conducir a conclusiones erróneas.
Por lo tanto, al iniciar la evaluación de una posible exposición a agentes biológicos hay que tener claro de que manera la medición puede ayudar o complicar la resolución de la misma. La experiencia profesional y el conocimiento sobre los agentes biológicos son la clave a la hora de decidir efectuar o no la medición, que no siempre va a ser posible o necesaria. Si finalmente se decide llevar a cabo la medición, ésta debe dar respuesta a una de las diversas cuestiones que deben guiar la planificación de la misma. Esta cuestión, “por qué hay que medir”, permite definir el objetivo de la medición. Una estrategia de muestreo debe dar respuesta, además, a otra serie de cuestiones como son: “qué” agentes biológicos de los que componen un bioaerosol se deben medir, “dónde” y “cuándo” se deben tomar las muestras, “cómo”, es decir, con qué recursos se cuenta para realizar la medición y “cuántas” muestras se deben tomar para obtener la máxima fiabilidad de los resultados.
Objetivo de la medición: ¿Por qué?
La medición de bioaerosoles se lleva a cabo por tres razones fundamentales: en primer lugar, para dar cumplimiento a los requisitos legales o técnicos que, a menudo, establecen la exigencia de la medición, pero no especifican ni la metodología ni los criterios de valoración que deben ser usados; en
segundo lugar, para obtener datos epidemiológicos; y, en tercer lugar, por motivos de interés científico e investigación.
En las investigaciones de la exposición laboral a bioaerosoles y en el análisis de calidad de aire interior, la medición puede ser utilizada para caracterizar (nivel y tipo) la contaminación típica o de fondo y para identificar posibles desviaciones sobre ese fondo.
Otras razones específicas para la medición son: conocer la exposición, localizar focos de contaminación, comprobar la eficacia de las medidas de control y medir la liberación de bioaerosoles, ya se haya producido de forma accidental o deliberada.
Naturaleza de los agentes biológicos: ¿Qué?
Los bioaerosoles son mezclas complejas de partículas suspendidas en aire compuestas por o derivadas de los agentes biológicos, incluyendo: los microorganismos vivos, cultivables y no cultivables, los microorganismos muertos, sus fragmentos, toxinas y partículas producto de los desechos de todo tipo de la materia viva, que pueden causar determinados efectos adversos para la salud.
Los bioaerosoles están omnipresentes en la naturaleza, por lo que las personas están expuestas repetidamente, día tras día, a una amplia variedad de estos contaminantes. No obstante, dependiendo de la actividad desarrollada, se puede perfilar la composición de los bioaerosoles, es decir, determinar los agentes biológicos más probables asociados al sector de actividad y determinar, a tenor de los posibles efectos para la salud, las distintas formas en que pueden estar presentes.
¿Dónde y cuándo medir?
En líneas generales, la decisión sobre dónde y cuándo medir dependerá de la necesidad que haya de establecer las exposiciones promedio de los
trabajadores o bien de caracterizar la exposición más adversa. En estos casos, además y con fines de comparación, sería necesario conocer los niveles de fondo, es decir establecer la “línea de base” de la contaminación; o conocer los niveles de la situación más favorable, que podrían ser establecidos midiendo en el exterior, en zonas tomadas como control o durante períodos de inactividad.
Para establecer exposiciones promedio que representen a una población, las muestras deberían cubrir el rango completo de exposiciones y condiciones. Una forma de lograrlo sería seleccionando los tiempos y puntos de medición aleatoriamente, de manera que todas las personas y períodos de tiempo de trabajo tuvieran la misma probabilidad de ser muestreados.
La utilización de este método puede no ser siempre aplicable debido a la imposibilidad de identificar los focos o de determinar con exactitud la duración del tiempo de trabajo, en esos casos, es recomendable optar por un muestreo sistemático, por ejemplo: muestrear los primeros 10 minutos de cada hora de trabajo, habida cuenta que ese período sea representativo del trabajo que se realiza.
Los límites de exposición laboral se establecen como concentraciones permisibles para un tiempo promedio, típicamente estos tiempos son de ocho horas al día y cuarenta horas semanales o de quince minutos para exposiciones de corta duración, determinados en función de si los posibles efectos son de tipo crónico o agudo.
Para el estudio de los riesgos para la salud a largo plazo o crónicos, los métodos de medición recomendables serían aquellos que permitieran tiempos de muestreo largos, por ejemplo, los equipos de toma de muestra en filtros, aunque éste no sea el método más recomendable si lo que se está buscando son agentes biológicos vivos y cultivables. Otro sistema sería la toma de muestras secuenciales que cubrieran todo el período de exposición, por ejemplo, los sistemas basados en la impactación de las partículas del bioaerosol en medio de cultivo. De nuevo este método sería parcial, ya que sólo daría información sobre los agentes biológicos vivos y cultivables.
Para estudiar los efectos agudos, lo deseable sería poder caracterizar los
picos de emisión de la contaminación. Es probable, aunque no seguro, que esta emisión ocurra cuando la actividad sea máxima, por lo tanto el muestreo durante la peor situación puede ayudar a identificarlos.
Selección del equipo de toma de muestras: ¿Cómo?
La selección de uno o varios equipos de medición está directamente ligada a: la naturaleza de los agentes biológicos que se haya decidido medir, el ensayo analítico para su identificación y/o cuantificación y los lugares y períodos en los que se deba tomar la muestra. En el diagrama de la siguiente página se muestra el esquema de elección de muestreador en función del tipo de contaminante buscado.
Número de muestras: ¿Cuántas?
El número de muestras que se han de tomar, habitualmente está asociado a diversas consideraciones entre las que se pueden destacar:
El objetivo de la medición. La variabilidad espacial y temporal del parámetro medido. Las limitaciones del equipo. Los técnicos disponibles para efectuar el estudio.
Las mediciones y las diferencias entre conjuntos de muestras son más precisas cuanto mayor sea el tamaño de la muestra.
La Estadística puede ayudar a los investigadores a calcular el número de muestras que son necesarias para discernir diferencias de magnitud al ser fijados una probabilidad de detección y un nivel de confianza. Pequeñas diferencias, altas probabilidades de detección y niveles de confianza altos requieren de un número elevado de muestras. En la tabla siguiente se resume, a modo de sugerencia, el número de muestras necesario.
Para caracterizar completamente la exposición puede ser necesario repetir el muestreo durante diferentes estaciones climáticas (este hecho puede afectar
a la presencia y desarrollo de agentes biológicos), o cuando se modifiquen los patrones de la actividad.
Es conveniente recordar que el “número de muestras” significa cuántas muestras se han de tomar para cada tipo de parámetro de interés que se haya decidido muestrear y no el número de los diferentes tipos de muestra.
Muchos de los instrumentos utilizados en la captación de agentes biológicos son modificaciones de los utilizados en higiene industrial para la medición de compuestos químicos. La característica que los diferencia es el propio agente contaminante y el soporte de captación.
Cuando se trata de agentes biológicos vivos y cultivables, por ejemplo, bacterias y hongos, el soporte de retención debe ser tal que asegure su viabilidad, es decir, debe ser un soporte que no destruya el organismo y que lo mantenga con vida hasta el análisis. El soporte de retención más adecuado para la captación de agentes biológicos vivos son los medios de cultivo gelatinosos con sustancias nutrientes. La captación de sustancias, fragmentos o esporas se puede realizar utilizando otro tipo de soportes, por ejemplo, los filtros.
Los métodos de toma de muestra de agentes biológicos se pueden clasificar en tres grupos principales dependiendo del medio que se ha de muestrear.
Sedimentación: el sistema más simple consiste en utilizar placas de Petri abiertas con agar nutritivo en las que las partículas con los agentes biológicos asociados se depositarán por efecto de la gravedad. Este método es útil cuando el tamaño de partícula es grande y el aire está en calma; de este modo las partículas pueden sedimentar, aunque como inconveniente, las partículas más pequeñas no son captadas, ya que permanecen sus-
pendidas en el aire. La información que proporcionan es únicamente cualitativa, ya que no es posible estimar el volumen de aire que ha pasado sobre la placa.
Recolectores inerciales: estos equipos se basan en su capacidad de retirar del aire las partículas y de atraparlas sobre el soporte de retención. Los principios de captación son: por impactación en medio sólido (muestreador Andersen, SAS), impactación en medio líquido (frascos borboteadores Impingers) o por centrifugación (RCS). Algunos de estos equipos permiten la separación por tamaño de partículas.
Todos ellos están calibrados a un caudal determinado de aspiración de aire y disponen de un programador de tiempo, lo que permite decidir el volumen de aire que se ha de muestrear. Este es un factor clave de la medición ya que, seleccionar el volumen de muestreo adecuado en cada situación, va a permitir la obtención de muestras útiles. Volúmenes de aire bajos en ambientes muy limpios pueden conducir a resultados tipo “No detectado” aunque en el ambiente sí haya presencia de agentes biológicos. De igual forma volúmenes de aire excesivos en ambientes sucios suelen dar como resultado “Incontables”. Ambos tipos de resultados deberían ser desechados y el muestreo repetido para poder obtener información precisa.
El resultado se expresa en unidades formadoras de colonias por metro cúbico de aire muestreado (ufc/m )
Esta técnica tiene un interés especial puesto que permite determinar la posible contaminación por agentes biológicos de las materias primas, de los productos o de las propias personas. Dicha contaminación puede tener su origen en los instrumentos de trabajo, las ropas, las manos, el mobiliario o los elementos de construcción que por sus características o por una deficiente desinfección pueden convertirse en reservorios de agentes biológicos.
Frotis: este método consiste en la recogida del material depositado en las superficies con torundas estériles de algodón. Tras el muestreo se puede
proceder a la siembra del material recogido aplicando directamente la torunda sobre el medio de cultivo o se puede lavar la torunda con un diluyente estéril y sembrar después el líquido obtenido. En general, este método no permite realizar estimaciones cuantitativas precisas de la contaminación y, básicamente, se utiliza para comprobar la presencia de un microorganismo concreto.
Muestreo con placas de cultivo por contacto: es el método más utilizado y consiste en la aplicación de placas RODAC, con medio de cultivo ligeramente en exceso, sobre la superficie que se desea muestrear. El resultado del recuento de las colonias que han crecido se expresa en ufc/cm (unidades formadoras de colonias por unidad de superficie).
En este caso, el objetivo es poner de manifiesto la presencia de agentes biológicos en diversos tipos de fluidos, por ejemplo, el agua de un humidificador, de las torres de refrigeración de un sistema de climatización del aire, entre otros. En la mayor parte de los casos, el método más sencillo de recogida de fluidos consiste en tomar una muestra del líquido en un recipiente estéril. Cuando el volumen de líquido que se ha de muestrear es grande y la contaminación escasa, es de utilidad realizar un filtrado del líquido. En otros casos, como por ejemplo las conducciones de agua u otros líquidos, se pueden instalar dispositivos que permitan la recogida periódica de muestras.
Los resultados del recuento de colonias se expresan en ufc/ ml (unidades formadoras de colonias por unidad de volumen de líquido).
5.10 Análisis microbiológico
El tipo análisis microbiológico dependerá del tipo de información que se desee obtener, básicamente esta información se puede concretar en los siguientes puntos:
microorganismos o de sus productos, por ejemplo, bacterias, hongos, granos de polen, fragmentos de insectos, etc. (Microscopia, Cultivo).
Información cualitativa: supone la identificación de las especies presentes en las muestras tomadas, o la búsqueda de un microorganismo concreto, por ejemplo, la presencia de Legionela en agua. (Pruebas de tinción,
Bioquímicas, Inmunoensayo, Pruebas genéticas)
Detección de la presencia de productos de origen biológico, por ejemplo, endotoxinas, micotoxinas, etc. (Inmunoensayo. Test del LAL, Cromatografía de gases, Cromatografía líquida de alta resolución).
Limitaciones de la medición
Como se ha comentado anteriormente, la medición de los agentes biológicos no siempre va a proporcionar los datos que permitan realizar una valoración precisa de la situación evaluada. Buena parte de los motivos son: la falta de homologación y de validación de los métodos de muestreo y análisis; la necesidad de tener que utilizar diferentes equipos de muestreo para captar todos los agentes biológicos; la escasa fiabilidad de algunos datos y la falta de criterios de valoración ambiental.
Existen diversas razones que explican la escasa fiabilidad de los resultados, sobre todo de los obtenidos al muestrear microorganismos viables y cultivables. Estas razones hacen referencia al hecho de que un
microorganismo vivo, por alguna razón, deje de ser cultivable, es decir, no forme una colonia y, por lo tanto, al no crecer sobre el medio de cultivo no sea reconocido y contado, o que por errores en la planificación del muestreo y/o el análisis los resultados no reflejen la realidad. A continuación se exponen algunas de estas razones:
Los microorganismos han dejado de ser viables o han sufrido daños durante la formación del aerosol por efecto de las condiciones ambientales (sequedad, radiación, presencia de otros contaminantes, etc.).
Las muestras tomadas han resultado dañadas o contaminadas durante su transporte, por ejemplo, por su manejo en condiciones no asépticas o por las condiciones del transporte (tiempo, calor o frío excesivo, etc.).
Incorrecta planificación de la medición:
Duración del muestreo inadecuada a la concentración esperable en función del tipo de actividad.
Utilización de medios de cultivos no adecuados para el desarrollo de agentes biológicos que se trata de poner de manifiesto.
El ensayo analítico no es el adecuado: o o o El ensayo es experimental o no está validado. Son poco precisos o inespecíficos. El resultado del ensayo no es fiable por sobrecarga de las placas o por fenómenos de competencia entre las especies captadas.
5.11 Valoración de la exposición
Paralelamente a la planificación de la medición es conveniente elaborar los criterios de valoración que, a menudo, serán específicos para la situación concreta estudiada, no siendo extrapolables a otras situaciones en las que pueda existir exposición a agentes biológicos por similares que éstas pudieran parecer.
En la publicación “TLVs. Valores límite para sustancias químicas y agentes físicos en el ambiente de trabajo. BEIs.‘Índices biológicos de exposición”, de la ACGIH (American Conference of Governmental Industrial Hygienists), se indica que no hay TLV para interpretar las concentraciones ambientales de: bioaerosoles totales cultivables o contables, por ejemplo, bacterias u hongos totales; bioaerosoles específicos cultivables o contables, por ejemplo, Aspergillus fumigatus; agentes biológicos infecciosos, por ejemplo,
Mycobacterium tuberculosis; contaminantes de origen biológicos analizables, por ejemplo, endotoxinas o mico-toxinas. La publicación explica su ausencia por las siguientes razones científicas:
1. Bioaerosoles totales cultivables o contables Por bioaerosol cultivable se entienden los agentes biológicos vivos y capaces de crecer en condiciones de laboratorio formando colonias.
Por bioaerosol contable se entienden todos los elementos de origen biológico que pueden identificarse y contarse en el microscopio.
Los microorganismos cultivables y partículas biológicas contables no constituyen una sola entidad, es decir, los bioaerosoles en los lugares de trabajo son, en general, mezclas complejas de microorganismos y partículas.
La respuesta de los humanos a los bioaerosoles es muy variable y puede oscilar entre los efectos inocuos, a los graves e incluso los mortales, también puede provocar enfermedades que dependerán del agente en cuestión y de la susceptibilidad del huésped. En consecuencia, un límite de exposición adecuado para un
bioaerosol puede resultar completamente inadecuado para otro. o No es posible tomar y evaluar todos los componentes de un bioaerosol utilizando sólo un método de muestreo. Las diferentes características existentes entre los equipos de muestreo pueden dar lugar a estimaciones diferentes en las concentraciones de bioaerosoles cultivables y contables. o En la actualidad, la información disponible sobre los bioaerosoles cultivables o contables y los efectos que provocan es insuficiente para explicar la relación “exposición – respuesta”.
2. Bioaerosoles específicos cultivables o contables no infecciosos La información relacionada con la concentración de un agente biológico y el efecto que provoca consiste, fundamentalmente, en informes de casos y en valoraciones cualitativas de la exposición, por lo que no es posible establecer la relación exposición – respuesta. Las razones de la ausencia de datos epidemiológicos son las siguientes:
bioaerosoles específicos proceden de muestras indicativas más que de la determinación de los agentes causantes reales, por ejemplo: se utiliza el dato de la concentración de hongos cultivables como indicador de la exposición ambiental a antígenos fúngicos. o Buena parte de las determinaciones son ambientales o del foco de contaminación por lo que no reflejan tan exactamente la
exposición humana como lo haría el muestreo personal de los agentes causantes. o Los componentes y concentraciones de los bioaerosoles varían ampliamente dentro y entre los diferentes lugares de trabajo y actividades laborales. o La variabilidad de los niveles de exposición es elevada. Ello puede ser debido a que la mayor parte de los equipos sólo permiten muestreos puntuales con tiempos muy cortos. Las mediciones con muestras únicas y/o puntuales pueden presentar una variabilidad mucho mayor que las mediciones realizadas durante tiempos más prolongados.
En la norma UNE-EN 13098 “Atmósferas en el lugar de trabajo. Directrices para medición de microorganismos y endotoxinas en suspensión en el aire” hace referencia a esta cuestión y, en una nota, indica que no es raro encontrar una desviación típica geométrica de 4 a 6 para medidas hechas en períodos de 8 horas. A título de ejemplo, indica que si la media geométrica de una medida es de 4 105 microorganismos por metro cúbico de aire y la desviación típica geométrica de 5, el intervalo de confianza al 95% de la medida está comprendido entre 1,6 104/m3 y 107/m3.
Las medidas únicas y/o puntuales muy probablemente no serán representativas de la exposición en el puesto de trabajo. Algunos microorganismos y focos de emisión liberan aerosoles como concentraciones de irrupción y en momentos de su ciclo vital no completamente pueden determinados. con un Estas número emisiones limitado difícilmente de muestras
3. Agentes infecciosos
Los datos de dosis-respuesta en humanos sólo están disponibles para un número limitado de agentes biológicos. En lugares de trabajo en los que existe la posibilidad de exposición a agentes biológicos infecciosos se debe prestar especial atención a la aplicación de las medidas de salud pública (inmunización, la
detección del agente y el tratamiento médico) como unas de las principales defensas frente a este tipo de agentes. Es evidente, que de forma complementaria, en cada actividad se deben implantar y desarrollar todas las medidas preventivas (técnicas y administrativas) que permitan evitar o minimizar la exposición.
4. Contaminantes biológicos analizables
Por contaminantes biológicos analizables se entiende todas aquellas sustancias que forman parte de la estructura de los agentes biológicos (antígenos, endotoxinas, (1-3) β D glucano, ergosterol) o que son generadas por ellos (micotoxinas, compuestos orgánicos volátiles, etc.), y que pueden detectarse utilizando ensayos químicos, inmunológicos, biológicos o genéticos.
Es quizá en este terreno en el que más avances se estén realizando que permiten prever a corto plazo el establecimiento de valores límite para alguna de estas sustancias. De hecho, en la actualidad, la ACGIH está trabajando en el establecimiento de valores límite para las endotoxinas y el (1-3) β D glucano.
En ausencia de esos criterios de valoración, los resultados obtenidos con la medición pueden ser utilizados de diferentes formas. La más útil consiste en evaluar los tipos y las concentraciones de agentes biológicos captados y, de acuerdo con la experiencia o la información bibliográfica, decidir qué aspectos hacen la situación inusual, por ejemplo, la presencia de un determinado microorganismo o las concentraciones relativas de uno o varios de los microorganismos captados. Para facilitar esta tarea es de utilidad comparar tipos y concentraciones en diferentes ambientes, por ejemplo: zona en la se presentan problemas, con zonas de similares características en las que no aparecen los problemas; el ambiente interior con el ambiente exterior, momento con actividad y momento sin actividad.
Esta comparación sólo puede hacerse cuando se han identificado el género y la especie de los microorganismos presentes tanto en el interior como en el exterior. La comparación de las concentraciones de microorganismos totales entre ambientes puede ser usada como un indicador preliminar de posibles diferencias, pero no como evidencia de similitudes.
Es conveniente recordar que no se puede extraer ninguna conclusión de un único par de muestras. Para poder hacer comparaciones cuantitativas y, dada la elevada variabilidad que presentan los resultados de las mediciones de agentes biológicos, es preciso disponer, como mínimo, de muestras duplicadas que se puedan considerar representativas de la exposición para cada uno de los puntos. Dichas muestras deben estar caracterizadas estadísticamente de forma que las diferencias que se observen entre ellas sean significativas. Pero además, es necesario contar con la experiencia y
conocimiento del higienista a la hora de interpretar correctamente los resultados con la información que aporta el análisis detallado de la situación estudiada.
También es posible establecer valores de referencia internos, para una actividad o proceso de particular. Esos valores obtenidas se en basarán las en las
habituales de trabajo o en las que se anticipe la mínima exposición. Estos valores pueden servir como una línea de base sobre la que comparar los resultados obtenidos en otras circunstancias y decidir si los resultados obtenidos se pueden considerar indicativos de un riesgo potencial.
Otro criterio que puede ser utilizado, dependiendo del tipo de actividad, es que en las muestras no aparezca el microorganismo utilizado en el proceso de trabajo o ningún patógeno.
Es conveniente recordar que el hecho de no encontrar un determinado agente biológico en un ambiente no es garantía absoluta ni de ausencia, ni de exposición, ni de riesgo. Sin embargo, es cierto que el dato hace más probable la ausencia del agente biológico y, en consecuencia, una menor probabilidad de exposición.
Como resultado de toda evaluación de riesgos laborales el punto final será la selección y aplicación de todas aquellas medidas útiles para evitar o minimizar la exposición a agentes biológicos.
En el RD 664/1997 se proponen un conjunto de medidas para prevenir y reducir los riesgos por exposición a agentes biológicos. En términos generales estas medidas consisten en las siguientes:
Reducción al mínimo posible del número de trabajadores expuestos o que se sospeche que pueden estar expuestos.
Establecimiento de procedimientos de trabajo adecuados y utilización de medidas técnicas para evitar o minimizar la liberación de agentes biológicos en el lugar de trabajo.
Aplicación de medidas de control higiénico compatibles con el objetivo de prevenir o reducir el transporte o la liberación de un agente fuera del lugar de trabajo.
Aplicación de medidas de protección colectivas. Aplicación de medidas de protección individual cuando la exposición no pueda ser evitada por otros medios.
Utilización de los elementos de señalización. Establecimiento de planes para hacer frente a los accidentes que incluyan agentes biológicos.
Establecimiento de medidas seguras para la manipulación y el transporte de los agentes biológicos.
Establecimiento de medios seguros que permitan la recogida, el almacenamiento y el tratamiento o evacuación de los residuos contaminados.
Medidas y niveles de contención
En bioseguridad el término clave es contención, concepto con el que se pretende describir el conjunto de medidas preventivas que proporcionarán protección tanto al personal como a la tarea y al medioambiente. Estas medidas de contención también se denominan “barreras” y se suelen clasificar en primarias y secundarias.
El objetivo de las barreras primarias es el confinamiento del agente biológico en sus recipientes y en el área de trabajo, de modo que se evite su liberación al ambiente de trabajo y al ambiente exterior. Ello implica la utilización de técnicas microbiológicas seguras y equipos de bioseguridad. Quizá el elemento más representativo de este tipo de barreras sean las cabinas de seguridad biológica.
En general, las barreras secundarias son los elementos, asociados a la instalación, que rodean las barreras primarias. Su finalidad es prevenir el escape de microorganismos al ambiente y al exterior debido normalmente a un fallo de las barreras primarias.
Estos elementos proporcionan diferentes grados de aislamiento entre el local de trabajo y el exterior u otros locales en el mismo edificio. Algunos ejemplos son:
El tipo de materiales y la forma de construcción de suelos, paredes y techos. Locales o edificios aislados del resto de instalaciones.
Restricción de acceso a zonas controladas. Puertas de cierre automático.
Ventilación de los locales que aseguren el flujo direccional del aire (presiones negativas o positivas dependiendo del local).
Los métodos de limpieza o depuración del aire expulsado, así como de cualquier otro efluente (líquido o sólido).
En el RD 664/1997 se hace referencia a medidas de contención aplicables al trabajo en los laboratorios, en los locales destinados a los animales de
experimentación (anexo IV) y en los procesos industriales (anexo V). El grado de exigencia en su aplicación se establece en tres niveles de contención denominados 2, 3 y 4. Estos niveles se corresponden con los grupos de riesgo establecidos, de modo que a aquellas actividades en las que se manipule un agente biológico clasificado, por ejemplo, en el grupo de riesgo 3, les corresponderá un nivel de contención 3. En general, cuando exista la incertidumbre acerca de la presencia de agentes biológicos que puedan causar una enfermedad en el hombre, se debería adoptar, como mínimo, un nivel de contención 2. En las tablas se indican los requerimientos de cada nivel de contención.
Dado el amplio ámbito de aplicación del RD 664/1997 es casi obligado que las recomendaciones en ella incluidas sean de tipo general, por ejemplo: “se establecerán los procedimientos de trabajo adecuados...”, o “se aplicarán medidas seguras para...”, de modo que las recomendaciones específicas para los diferentes tipos de tareas deberán ser establecidas a partir del estudio de las operaciones que se realicen, del tipo de exposición y, por descontado, de la peligrosidad del agente biológico que se conozca que está o pueda estar presente.
En el ámbito sanitario, el trabajo de laboratorio es, junto con la atención a los pacientes, una de las actividades en las que existe mayor riesgo de contraer enfermedades originadas por la exposición a agentes biológicos; es también uno de los sectores más estudiados y sobre el que existe más información respecto a los factores de riesgo que allí concurren y por lo tanto, sobre las medidas de prevención aplicables.
La Organización Mundial de la Salud en su “Manual de bioseguridad en el laboratorio”, establece de forma más concreta las recomendaciones que se deben tener en cuenta para una práctica de trabajo segura. De la misma forma que en el RD 664/ 1997, la OMS establece una clasificación de los agentes biológicos en grupos de riesgo y de los laboratorios en niveles de contención, que en este caso se denominan: laboratorio básico, laboratorio de contención y laboratorio de contención máxima. Para cada uno de ellos establece el código de prácticas de trabajo, las normas de concepción e instalación del laboratorio, el material de bioseguridad, la vigilancia médica y sanitaria, la formación profesional, las normas de manipulación, transporte y
envío de muestras, los procedimientos de emergencia y las instalaciones para los animales de experimentación.
Es uno de los puntos fundamentales en la prevención de los riesgos asociados a la exposición a agentes biológicos. Esta formación debe ser suficiente y adecuada a los diferentes colectivos profesionales expuestos o presumiblemente expuestos y debe estar basada en los datos disponibles relativos a los siguientes aspectos:
Las disposiciones en materia de higiene. La utilización y empleo de los equipos de protección individual y de la ropa de trabajo.
Las medidas que deberán adoptar los trabajadores en el caso de incidente y para la prevención de incidentes.
Esta información debería proporcionarse cuando el trabajador se incorpore a un trabajo que suponga contacto con agentes biológicos, debe adaptarse a la aparición de nuevos riesgos así como a su evolución y debería repetirse periódicamente.
En el artículo 8 del RD 664/1997, “Vigilancia de la salud de los trabajadores” se indican las pautas de aplicación de la vigilancia de la salud. En él se indica que el empresario garantizará que ésta sea adecuada y específica para los riesgos por exposición a agentes biológicos y de acuerdo con lo prescrito por las autoridades sanitarias. Asimismo se remite a los protocolos específicos elaborados por el Ministerio de Sanidad y Consumo para diferentes agentes contaminantes.
Para que sea adecuada la vigilancia sanitaria debe ser previa a la exposición y a intervalos regulares en lo sucesivo y deber ser realizada por personal sanitario con competencia técnica, y formación y capacidad acreditadas. Esta vigilancia sanitaria debe comprender, como mínimo, un registro del historial médico y profesional del trabajador, la evaluación individualizada del estado de salud de los trabajadores y, cuando sea de aplicación, el control biológico y la detección de los efectos precoces y reversibles.
inmunizados vacunas eficaces, informando a los mismos sobre las ventajas e inconvenientes tanto de la vacunación como de la no-vacunación.
La vigilancia de la salud debe prestar especial atención a los riesgos que la exposición a agentes biológicos puede suponer para:
Los trabajadores especialmente sensibles como consecuencia de sus características personales, estado biológico o que presenten algún tipo de discapacidad.
Inmunización activa. Vacunación
En la prevención de las enfermedades transmisibles se puede actuar en tres puntos diferentes de la cadena epidemiológica: la fuente de infección, los mecanismos de transmisión y el individuo sano susceptible. Las actuaciones para proteger al individuo sano son la quimioprofilaxis, la inmunización pasiva y la inmunización activa (vacunación).
La palabra‘“vacunación” designa los fenómenos de inmunización en los que se emplea una suspensión de agentes infecciosos o ciertas partes de ellos, llamada “vacuna”, para provocar una resistencia frente a una enfermedad infecciosa.
Las vacunas se pueden clasificar en función del agente infeccioso a partir del cual se han obtenido y frente a los cuales ofrecen protección, por ejemplo, vacunas víricas, bacterianas o protozoarias, o también según sea el sistema de eliminación de la patogenicidad: vacunas vivas y vacunas muertas o inactivadas.
Existen ciertas circunstancias o situaciones que pueden suponer un aumento del riesgo de reacciones adversas o una disminución de la eficacia de las vacunas. De manera general, la aplicación de vacunas está contraindicada
en el transcurso de enfermedades infecciosas febriles agudas y durante el correspondiente período de convalecencia, así como cuando existe algún tipo de enfermedad infecciosa crónica no tratada, por ejemplo, la tuberculosis. Otras enfermedades sistémicas crónicas (cardíacas, renales, diabetes, etc.) también presentan una contraindicación general para las vacunaciones, excepto en situaciones de descompensación aguda.
Debe tenerse también en cuenta que las vacunas que se producen en sistemas o substratos que contienen substancias potencialmente
alergizantes, como por ejemplo un huevo embrionado, pueden causar reacciones de hipersensibilidad en los individuos alérgicos, siempre y cuando la vacuna final contenga también una cantidad significativa que del alérgeno. contener
conservantes o pequeñas cantidades de antibióticos tampoco se podrán administrar a individuos alérgicos a estos productos.
Las inmunodeficiencias primarias (congénitas) y las secundarias (adquiridas) pueden facilitar la multiplicación incontrolada del agente vacunal después de la administración de un vacuna viva atenuada.
Por último, ha de tenerse en cuenta que la administración reciente de inmunoglobulina, plasma o transfusiones de sangre puede interferir en la respuesta inmunitaria, especialmente en las vacunas vivas atenuadas, por lo que debe esperarse un tiempo prudencial para su administración.
Aspectos legales de las vacunaciones
Las vacunaciones debe efectuarlas el personal sanitario del servicio de prevención, debiendo ser éste quien las supervise. Al mismo tiempo, ha de ser dicho servicio quien prescriba toda la vacunación preventiva frente a un riesgo profesional y aconseje al personal expuesto sobre las ventajas de esta protección y sobre las consecuencias de la ausencia de la inmunización.
En España no existe ningún imperativo legal que obligue a la vacunación generalizada de los trabajadores expuestos a riesgos biológicos, aunque en alguno de los colectivos expuestos se lleva a cabo, de acuerdo con ordenanzas particulares y convenios colectivos, como por ejemplo, los trabajadores encargados de la limpieza municipal y el personal sanitario.
En el Real Decreto 664/1997 se recogen las recomendaciones sobre la vacunación en ambientes laborales. Esta norma incluye una lista de agentes biológicos patógenos para el hombre con indicación de cuándo los agentes pueden causar reacciones alérgicas o tóxicas, en qué casos es conveniente conservar durante más de diez años las listas de los trabajadores que han estado expuestos y cuándo una vacuna eficaz está disponible.
En la publicación del Ministerio de Sanidad y Consumo “Vacunación en adultos. Recomendaciones 2004” se recogen la información sobre las vacunas y las indicaciones para su aplicación. De particular interés puede resultar el contenido del capítulo 3 “Vacunas recomendadas en el medio laboral”. En la tabla se resumen los colectivos profesionales para los que están indicadas determinadas vacunas.
Anexo: Clasificación de los agentes biológicos (Reproducción del anexo II del RD 664/1997 modificado por Orden Ministerial de 25.3.1998)
1. En la tabla adjunta se presenta una lista de agentes biológicos, clasificados en los grupos 2, 3 ó 4 siguiendo el criterio expuesto en el artículo 3.1 de este Real Decreto. Para determinados agentes se proporcionan indicaciones adicionales, utilizándose a tal efecto la siguiente simbología: A: Posibles efectos alérgicos D: La lista de los trabajadores expuestos al agente debe conservarse durante más de 10 años después de la última exposición. T: Producción de toxinas. V: Vacuna eficaz disponible. (*): Normalmente no infeccioso a través del aire. «spp»: Otras especies del género, además de las explícitamente indicadas, pueden constituir un riesgo para la salud.
1. La no inclusión en la lista de un determinado agente no significa su implícita y automática clasificación en el grupo 1. 2. En la lista no se han incluido los microorganismos genéticamente modificados, objeto de una reglamentación específica. 3. En el caso de los agentes para los que se indica tan solo el género, deberán considerarse excluidas de la clasificación las especies y cepas no patógenas para el ser humano.
4. Todos los virus no incluidos en la lista que hayan sido aislados en seres humanos se considerarán clasificados como mínimo en el grupo 2, salvo cuando la autoridad sanitaria haya estimado que es innecesario.
6. Los imperativos en materia de contención que se derivan de la clasificación de los parásitos se aplicarán únicamente a las distintas etapas del ciclo del parásito que puedan ser infecciosas para las personas en el lugar de trabajo
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