Source: http://todosobrelacorte.com/2012/06/13/vacunas-para-todos/
Timestamp: 2013-05-26 06:35:37
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Matched Legal Cases: ['artículo 19', 'artículo 19', 'in fine', 'artículo 19', 'Artículo 19', 'artículo 1']

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El día 2 de septiembre de 2009 nacía V.U. en parto domiciliario. Días después, su madre lo lleva al hospital Materno-Infantil de Mar del Plata para verificar el peso del niño y accede a la internación por prescripción médica pero se niega a cumplir con el protocolo oficial de vacunación por cuestionar la medicina científica y la institucionalidad del sistema de salud. Idas y vueltas mediante, la cuestión llega a la Corte Suprema encuadrada en el reclamo de los progenitores de que se respete su derecho de autonomía personal (art. 19 CN), en tanto la vacunación obligatoria obstaculizaría el plan de vida que han trazado para su familia. El Alto Tribunal, en fallo unánime, sostiene que ese principio encuentra limites en el derecho a la salud de la comunidad y en el interés superior del niño y que, por lo tanto, hay que vacunarlo. A nosotros, la argumentación y decisión de la Corte nos genera algunas dudas que nos gustaría compartir y debatir. El argumento de la salud pública
La Corte comienza recordándonos la importancia del principio de autonomía consagrado en el artículo 19 de la CN, como ámbito de protección de las decisiones fundamentales de la persona. Expresa en ese sentido que ese derecho a la privacidad “se extiende a situaciones en que alcanza a dos 0 más personas que integran un núcleo familiar erigiéndose en el derecho a la privacidad de ese grupo” (art. 11.2 de la Convención Americana de DDHH). O sea, hay un principio de autodeterminación que excede a la persona individual y se extiende a la familia que ella, en conjunto con otras personas, ha formado. Sin embargo, esa autonomía tiene los límites que prescribe el artículo 19 y, en el caso de la decisión de no vacunación de su hijo, se afectaría el derecho a la salud de terceros:
“Que la decisión adoptada por los recurrentes al diseñar su proyecto familiar afecta los derechos de terceros, en tanto pone en riesgo la salud de toda la comunidad y compromete la eficacia del régimen de vacunaciones oficial, por lo que no puede considerarse como una de las acciones privadas del articulo 19 antes referido. Ello es así, pues la vacunación no alcanza solo al individuo que la recibe, sino que excede dicho ámbito personal para incidir directamente en la salud pública, siendo uno de sus objetivos primordiales el de reducir y/o erradicar los contagios en la población. Solo de esta forma puede entenderse el carácter obligatorio y coercitivo del régimen para todos los habitantes del país” (articul0 11 de la ley 22.909) que se funda en razones de interés colectivo que hacen al bienestar general (consid. 11)”
Al separar este argumento del que luego va a hacer respecto de los intereses del niño, la Corte extiende el alcance de lo que va a decir. En efecto, esto vale para el menor UV pero también valdría -eventualmente- para un adulto que se encontrara en una situación semejante. El principio médico que está en juego aquí es el denominado de “Herd Immunity” (algo así como “inmunidad de la manada”), que establece que en enfermedades contagiosas la cadena de contagio se corta si una parte importante de la comunidad se halla inmunizada. A mayor proporción de individuos que sean resistentes al contagio, menor la probabilidad de que un individuo susceptible entre en contacto con otro que la pueda infectar. Ello significa que hay aquí un derecho colectivo en juego (la salud de la “manada”) que excedería el mero interés individual, tal como lo resalta la Corte Suprema en el considerando transcripto. No vamos a poner aquí en duda este principio, que los estudios de salud pública y la OMS misma (como cita luego la CS) se ocupan de refrendar.
¿Un principio absoluto?
Podríamos coincidir entonces en la siguiente afirmación: es bueno que una parte sustancial de la población esté vacunada respecto a determinadas enfermedades. Ahora bien, ¿quiere ello decir que “toda” la población debe estar vacunada? Pareciera que no, porque la existencia de una proporción sustancial que lo esté supone la configuración de la barrera inmunológica requerida (acá, por ejemplo, se habla para algunas enfermedades de una barrera muy alta, del 95% pero las cifras varían). En cualquier caso, que no sea el 100% de la población el necesario para cumplir la política deja espacios abiertos para las excepciones, amén de que sería imposible fácticamente pensar en una política pública que abarque a la totalidad absoluta de la población. Es decir que no se podría sostener, como lo hace la Corte Suprema, que la decisión “afecta los derechos de terceros, en tanto afecta la salud de toda la comunidad”. A nuestro entender, así formulada, esta afirmación carece de sustento científico.
En el mismo considerando, el Tribunal afirma que sólo de esta forma puede entenderse la obligatoriedad y coercitividad del régimen. Habría así un nexo de causalidad entre el peligro que la infección individual generaría y la obligatoriedad de vacunación para impedirla: con uno sólo que no se vacune, interpreta la Corte, la salud colectiva se ve dañada. Esto no es así, como acabamos de sostener y no parece ser el fundamento de la norma. La obligatoriedad de vacunación es uno de los medios de política pública disponibles para lograr crear la barrera inmunológica, pero no el único. Las campañas de vacunación son, por ejemplo, otros de los medios disponibles. De hecho, si bien muchos países -como EE.UU.- obligan a los chicos a vacunarse (es requisito para el ingreso escolar), en otros se confía en la información pública sobre su conveniencia (v.gr: Gran Bretaña). Ello nos lleva a una pregunta constitucional que la Corte elude responder (véase la deferencia hacia el Legislativo-Ejecutivo que se propone en el considerando 12 in fine): ¿es la vacunación obligatoria/compulsiva el único medio para lograr el fin perseguido? Porque si no fuera el único medio y hubiera eventuales afrentas al principio de autonomía individual/familiar, debería buscarse una forma de compatibilizar ambos derechos en conflicto.
Los sistemas comparados -con mucha discusión, por supuesto- han tendido a mantener la obligatoriedad de vacunación, pero fijando excepciones por motivos religiosos y filosóficos. Este es el caso en los Estados de EE.UU., tal como lo demuestra este estudio de Ciolli. Este sistema funciona bajo los mismos principios de la objeción de conciencia que consagrara, respecto del servicio militar, la CS en el caso Portillo. Este fallo que comentamos va en el camino contrario. Al final del considerando 22, la Corte afirma que “la sumatoria de vacunas en todas ellas es la que previene las graves enfermedades que podrian contraerse si todos imitaran la actitud de los actores”. Es necesario, parece entender, un principio de tolerancia cero ya que si no, cabría el riesgo de que nadie se vacunara y la salud pública ser vería afectada. La experiencia comparada no permite realizar esa suposición, máxime cuando la llave de las excepciones estarían en cabeza del mismo Estado, quien debería certificar la existencia de verdaderas y valederas razones que justificaran la no-vacunación.
Montalvo vs Bazterrica redivivos
Hagamos ahora un poco de arqueología argumentativa. La Corte Suprema, en el considerando citado -y en general en la argumentación respecto al derecho a la salud- sostiene que la no vacunación afecta los derechos de terceros (de la sociedad en su conjunto). Si bien no lo hace explícitamente, para realizar este razonamiento hay una interpretación implícita del texto del artículo 19 de la CN que involucra la frase “de ningún modo” y cuyas implicancias fueran discutidas respecto de la tenencia de estupefacientes para uso personal en los precedentes Bazterrica y Montalvo. Veamos primero uno de los agravios que presentan los padres de V.U.. Dicen que “al apegarse la sentencia al texto de la ley 22.909 no valora debidamente los principios protegidos en la Constitución Nacional, al presumir iure et de iure que se generan ciertos peligros para V. y para terceros, en caso de no vacunárselo conforme a la normativa nacional pero no conectan directamente con la situación sanitaria de V. ni con ninguna situación de emergencia sanitaria o epidemiológica nacional”. Ello significa, en buen romance, que habría una afectación potencial del derecho a la salud, pero no una real y concreta. Recordemos la discusión que se daba en los precedentes citados. Decía la Corte en Bazterrica (considerando 9):
“Que no está probado aunque sí reiteradamente afirmado dogmáticamente que la incriminación de la simple tenencia evite consecuencias negativas concretas para el bienestar y la seguridad general. La construcción legal del art. 6 de la ley 20.771, al prever una pena aplicable a un estado de cosas, y al castigar la mera creación de un riesgo, permite al intérprete hacer alusión simplemente a perjuicios potenciales y peligros abstractos y no a daños concretos a terceros ya la comunidad. El hecho de no establecer un nexo razonable entre una conducta y el daño que causa, implica no distinguir las acciones que ofenden a la moral pública o perjudican a un tercero, de aquéllas que pertenecen al campo estrictamente individual, haciéndose entonces caso omiso del art. 19 de la Constitución Nacional que como queda dicho, obliga a efectuar tal distinción. Penar la tenencia de drogas para el consumo personal sobre la sola base de potenciales daños que puedan ocasionarse “de acuerdo a los datos de la común experiencia” no se justifica frente a la norma del art. 19, tanto más cuando la ley incrimina actos que presuponen la tenencia pero que trascienden la esfera de privacidad, como la inducción al consumo, o la utilización para preparar, facilitar, ejecutar u ocultar un delito, la difusión pública del uso, o el uso en lugares expuestos al público o aun en lugares privados mas con probable trascendencia a terceros.”
Esta interpretación era rebatida en Montalvo (considerando 11), en estos términos:
Que, conforme al art. 19 de la Constitución Nacional, las “acciones privadas” están exentas de la autoridad de los magistrados cuando “de ningún modo” ofendan al orden y a la moral pública ni perjudiquen a terceros. La expresión encomillada tiene alcance inequívoco y no es lícito soslayarla. Para que queden fuera del ámbito de aquel precepto no es necesario que las acciones privadas sean ofensivas o perjudiciales –en el sentido indicado– en toda hipótesis o en la generalidad de los casos. Basta que “de algún modo”, cierto y ponderable, tengan ese carácter. Lo que “de algún modo”, trae consigo los efectos aludidos en el art. 19 está sujeto a la autoridad de los magistrados y, por tanto, se subordina a las formas de control social que el Estado, como agente insustituible del bien común, pueda emplear lícita y discrecionalmente. No es compartible, pues, el criterio expuesto en el primer voto de Fallos: 308:1392 (consid. 8°), donde se sostuvo que la norma constitucional “sub examine” sólo es inaplicable si “debe presumirse” que las acciones privadas afectarán a la ética colectiva “en todos los casos”. Lo que el texto dice es lo opuesto. El art. 19 queda excluido si las acciones privadas originan esas “consecuencias” “en algunos casos”, que es lo que, con toda evidencia, sucede en las situaciones a que se refiere esta causa. Los drogadictos ofrecen su ejemplo, su instigación o su convite a quienes no lo son, al menos en muchísimos supuestos reales. El efecto “contagioso” de la drogadicción y la tendencia a “contagiar” de los drogadictos son un hecho público y notorio, o sea un elemento de la verdad jurídica objetiva (Fallos: 238:550 y los que en esta sentencia se inspiran) que los jueces no pueden ignorar.
La pregunta a hacerse sería la siguiente: no vacunarse o vacunar a las personas bajo la patria potestad, ¿implica siempre un daño a la salud pública y a los derechos de un tercero? De acuerdo a lo que argumentan los recurrentes y a la experiencia científica respecto de los procesos de vacunación, habría que concluir que no. ¿Hay un riesgo potencial? Pareciera que sí, aunque no hay una medición exacta de su alcance. Para englobar el riesgo potencial como limitante de la autonomía personal, entendemos que habría que realizar una lectura de la norma semejante a la que hizo la Corte de los 90 en el caso Montalvo. No podemos expandirnos más aquí, pero queda claro que se trata de una visión más restrictiva respecto del alcance del principio de autonomía y contraria a la que la Corte ha seguido en su actual composición en casos como Arriola.
Según sostuvimos en la introducción, dos son las líneas argumentales de la Corte Suprema para no acoger el recurso extraordinario presentado por los padres del niño V.U. El primero, al que le hemos dedicado mayor atención, se centra en el derecho a la salud de los terceros. El segundo, en el interés superior del niño. Mientras la argumentación del primero tiene como fundamento la privacidad del art. 19, expandida a un ámbito familiar, aquí esa privacidad se pone a prueba. En efecto, lo que dice la Corte Suprema es que el Estado tiene la obligación, en defensa del interés superior del niño (consagrado en los tratados internacionales incorporados a nuestra constitución), de intervenir en ese ámbito. Ya no está en juego, como en el primero, la línea divisoria autonomía individual-bien colectivo, sino la de autonomía de los padres vs el bien del menor. El argumento central a este respecto lo expresa la Corte Suprema en el considerando 22:
“Que, en conclusión, de lo que se trata en еl caso es de alcanzar lа máxima certidumbre respecto del modo соmo mejor se satisface еl interés superior del niño, lo que sin duda se traduce en optar por lа mejor alternativa posible con el fin de asegurar аl menor un presente cierto у contenedor que disminuya daños futuros irreversibles en lo que respecta а su salud. En este sentido, la no vacunación del menor lo expone аl riesgo de contraer enfermedades, muchas de las cuales podrían prevenirse mediante еl cumplimiento del plan nacional de vacunación. Asimismo, lа circunstancia de que еl resto de las personas sea vacunado reduce las posibilidades del niño de contraer enfermedades”.
Para llegar a esta conclusión, la Corte hace un recorrido en el que enuncia este principio y enuncia la tensión entre la definición de este interés por parte de la familia y la intervención estatal. Por ejemplo, en el considerando 19 cita textualmente el inciso a) del art. 14 de la ley 26061(reglamentaria de la Convención de los Derechos del Niño). Allí se afirma que “Los Organismos del Estado deben garantizar: a) El acceso a servicios de salud, respetando las pautas familiares y culturales reconocidas por la familia y la comunidad a la que pertenecen siempre que no constituyan peligro para su vida e integridad”, para luego concluir con la cita de la parte final de ese artículo: “Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la atención integral de su salud, a recibir la asistencia médica necesaria y a acceder en igualdad de oportunidades a los servicios y acciones de prevención, promoción, información, protección, diagnóstico precoz, tratamiento oportuno y recuperación de la salud”. ¿Qué quiere decir la frase “respetando las pautas familiares y culturales reconocidas por la familia a la que pertenecen”? Dilucidar su significado, de extrema relevancia no parece asunto sencillo, pero la Corte Suprema considera que su claridad la exime de toda exégesis. La sentencia se lava las manos y elude esta cuestión. Así, sostiene que entre vacunar y no vacunar, está última decisión conlleva mayores riesgos. Por lo tanto, ¡a vacunarse!
Comentar en caliente tiene sus riesgos y los asumo con beneplácito, pero que los hay, los hay. Es esta sentencia un contrapunto interesante a la mucho más mediatizada de Albarricini y su negativa anticipada a que le transfieran sangre. En aquel caso, la Corte se movía por los terrenos seguros de Bahamondez, con algunas variaciones producto de las circunstancias de hecho. Aquí se mete de lleno con el significado del art. 19, en el marco de las decisiones ya no puramente individuales, sino familiares. En este sentido, a pesar del razonamiento claro y preciso que la Corte intenta, quedan muchas cuestiones para pensar y debatir. Esbozamos algunas, con la sensación de que la sentencia simplifica el análisis de cuestiones muy complejas. Esa maniobra nos deja con la sensación de que la Corte Suprema ha terminado optando entre dos extremos, cuando lo que se necesitaba era una compatibilización de derechos. No estábamos, nos parece, ante una situación de todo o nada (derechos de salud de terceros vs autonomía personal) sino ante la posibilidad de crear una posición win-win. Las sociedades complejas requieren, más y más, este tipo de soluciones, que se basan en el estudio profundo de las implicancias de la decisión y en la matización de los principios en juego. A veces será posible armonizarlos, otras veces, no. Pero siempre se debe hacer el intento.
Share this:TwitterFacebookLinkedInMe gusta:Me gusta Cargando...	Publicado el 13/06/2012 en 12:51 en Comentarios a Fallos	| Feed RSS
Puedes ir al final y dejar un respuesta.	Etiquetas: Artículo 19 CN, Derecho a la intimidad, derecho a la salud
16 comentarios	a “Vacunas para todos”
Luis Raña	15/06/2012 en 1:21	Estimado VTC: Muy buena tarea nos has encomendado. Mas con tus medulosos argumentos. Pero diste en el clavo comparando este caso con de Albarracini. Sigo insistiendo en que hay temas que la CSJN se niega a tratar y, por ende siempre quedan truncos, inclusive desde una perspectiva puramente positivista -aunque no sea mi estilo-. Se me ocurre que todavia en cualquiera de estos dos casos mediatizados no se ha tratado el derecho a la vida de los protagonistas; de Albarracini que se negara a transfundirse sangre o de V.U que se negara mediante sus apdres a la vacunacion. Creo muy fervientemente, desde un prisma muy trialista que en ambos casos debe primar el superior derecho a la vida de ambos, derecho aun superior al protegido por el art. 19 de la CN. Y es sencillo: sin vida, no hay ni intimidad, ni dignidad, ni planificacion ni salud, ni nada. Y esto ha sido demostrado por siglos de experiencias muy probadas de la historia de la humanidad en que prefirio todo tipo de sufrimiento e indignidad antes que la muerte.-
Las decisiones de Corte son discimiles: o protegen la vida de las personas o protegen la intimidad por encima de aquella. Respecto de la compatibilizacion de los derechos, es una tesis que la Corte a acuñado desde antiguo, pero que sin embargo constitucionalistas como Miguel Angel Ekmedjian han frustrado por ineficaz, ya que considero que ante el conflicto entre dos derechos que debe resolver un tribunal, este debe inclinarse por el de mas jararquia, siendo el tema de la “armonizacion” una falacia, creando aquella famosa teoria de la jararquira intraconstitucional de los derechos (“Los Valores en la Constitucion Nacional”, Ediar, obra Colectiva). Pero algo debe quedar en claro; algun dia dia debera tomar una verdadera decision.-
Responder	VTC	15/06/2012 en 9:02	Estimado Luis: muchas gracias por tu meditado comentario. Coincido en que el tratamiento del derecho a la vida que suele hacer la Corte Suprema es bastante poco profundo. Aquí, sin embargo, bajo el rótulo de “derecho a la salud” se hace un desarrollo bastante extenso del “interés superior del niño” respecto de la protección de ese derecho -relacionado directamente con el de la vida-. Aquí, me parece, la Corte va en el sentido protectorio que vos proponés. En ese sentido, te diría, una comparación muy interesante sería contraponer el desarrollo que en este caso se hace de ese “interés superior del niño” y el silencio que respecto de la persona por nacer se hace en el caso FAL. Pareciera que ninguna de las normas de los tratados internacionales se aplican a las personas por nacer, que configuraría así una categoría distinta a “niño”. Esta nueva categoría, creada a contrapelo de las declaración del Estado Argentino al ratificar la Convención de los Derechos del Niño y de las normas del Código Civil respecto a la existencia de la persona humana, queda para la Corte en el limbo. Ahí si, me parece, el silencio de la Corte Suprema equivale a desprotección. Las comparaciones, en este caso, me parecen odiosas.
Responder	Luis Raña	15/06/2012 en 15:29	Estimado VALENTIN: te agradezco el comentario. Sin embargo lo meditado del mismo se debe a las claras “injusticias” que la Corte hace en la interpretacion del derecho superior del niño entre un caso y otro. Por su´puesto que de otro modo es lo que quise decir y que estoy totalmente de acuerdo contigo. Solo espero que esta predica y estos analisis no caigan en saco roto. me contentanria conque solo se debata el derecho a la vida.-
Responder	Martin Paolantonio (@marespao)	16/06/2012 en 11:35	Muy bueno el post Valentín. Creo que lo resuelto es adecuado sin embargo, y se parece más a Albarracín que a FAL (en este último, hay un claro conflcto de derechos individuales entre la persona por nacer -que los tiene- y la madre).
Intenté escribir mis argumentos sobre V.U. acá, pero al querer publicarlo me dio error, así dejo el link para la entrada de mi blog sobre el tema a modo de comentario http://abogadoscorporate.blogspot.com.ar/2012/06/otro-fallo-de-la-csjn-sobre-el-art-19.html
Responder	VTC	19/06/2012 en 11:48	Muchas gracias, Martín. Ahí puse un comentario en tu entrada en el blog. Respecto a la cita de FAL, coincido contigo en que este caso tiene más relación con Albarracini, al ser ambos casos de interpretación del art. 19 CN. Lo que yo quería resaltar al traer a colación el caso del aborto, es la argumentación estratégica que la Corte hace de acuerdo a la posición que quiera sostener. Aquí, en el caso de la vacunación, pone por las nubes el “interés superior del niño”. En FAL, en cambio, es un derecho silenciado y coartado, con una interpretación muy pobre respecto del valor que tiene la declaración de la República Argentina al ratificar la Convención. Simplemente quería remarcar lo que veo como una interpretación de los derechos diferenciada de acuerdo con la posición final que se quiera sostener. Creo que eso no contribuye a la formación de una postura sólida en la defensa de los mismos.
Responder	Luis Raña	16/06/2012 en 16:43	Martin: he leido tus argumentos. realmente muy buenos y contundentes. no hace falta decir mas al fespecto.-
Responder	Martin Paolantonio (@marespao)	19/06/2012 en 11:51	Gracias Luis, sólo un pequeño aporte para el excelente análisis de TSC.
Responder	Domingo Rondina	17/06/2012 en 18:49	En lo que a mí respecta, estoy furiosamente contra el fallo VD
Aquí, mi nota al respecto: http://domingorondina.blogspot.com.ar/2012/06/marta-soy-el-numero-uno.html
Responder	VTC	19/06/2012 en 11:49	Muchas gracias, Domingo!
Responder	Esteban	22/06/2012 en 10:40	Estimados,
Por supuesto que los padres pueden profesar la ideología o religión que les parezca, pero el análisis del caso debe realizarse desde los derechos e intereses del menor, pues de otro modo seguiríamos cosificándolo como objeto de propiedad de sus progenitores. Visión que ha sido dejada de lado ya hace mucho tiempo.
Desde ese mirador, a la pretensión de los padres les faltó la prueba de que la medicina ayurvedística resulta TAN protecotra de la salud del menor como la tradicional, de sobrada acreditación a tarvés de la OMS (o que los niveles de protección y/o prevención de enfermedades que se logra con su implementación son equivalentes a los de la medicina tradicional). Fallado ese punto, cae todo lo demás, el art. 19 ya no puede invocarse por los padres para actuar sobre la salud del niño porque en el caso prima SU derecho a la salud, a través de una protección preventiva eficiente que lo coloque en igualdad de condiciones con sus pares y hasta tanto -en todo caso- ÉL pueda adoptar las decisiones que impacten directamente contra su salud.
Creo que el ejercicio de la patria potestad de los padres llega hasta el límite en que pueda colocar al niño en una situación de desprotección que pueda ser objetivamente considerada como injustificable.Trayendo los conceptos usualmente empleados en casos de abandono moral de niños por sus progenitores, estimo que cuando éstos coloquen a su hijo en un estado de mayor exposición o peligro fundado sólo a partir de sus propias preferencias, entonces el Estado, a través de los representantes promiscuos de los niños, puede interceder a los fines de tutelar sus derechos e intereses (vida, salud, igualdad de oportunidades, etc.).
Responder	Domingo Rondina	22/06/2012 en 11:35	Muy de acuerdo contigo Esteban, salvo en que yo creo que sí pueden los padres decidir. Cómo sostenemos sino por ejemplo las circuncisiones o los bautismos?
Responder	Esteban	25/06/2012 en 15:39	Estimado doctor,
Las circuncisiones y bautismos no colocan al niño en un estado de mayor peligro o desprotección. En el peor de los casos son inocuas. Pero dejar al niño sin vacunas o incluso negarse a trafundirlo si ello es imperioso, son cuestiones que -siempre en el caso concreto- podrían afectar su salud y por tanto resultar contrarias a su superior interés y consecuentemente ser susceptibles de revisión judicial.
VTC	25/06/2012 en 16:01	Esteban: me quedan dudas respecto a que en nuestro ordenamiento constitucional la prueba de la igual protección la tengan que aportar los padres y no que el Estado tenga que probar, en su caso, que hay un daño cierto a la salud (pública y del niño, en particular). Por otra parte, hay aquí una cuestión epistemológica compleja y que obedece a quien ejerce el monopolio del saber científico. Las medicinas alternativas se basan en otros paradigmas de conocimiento y eso hace que si uno las evalua desde la medicina científica “oficial” siempre vayan a perder. Pero eso no quiere decir que, necesariamente (subrayo esta palabra), sus métodos sean dañosos. Ojo, no estoy diciendo que ellos tengan razón, pero creo que el art. 19 establece que las presunciones deben estar a su favor y no en su contra. El que tiene que fundamentar de un modo más preciso y contundente es el Estado, no los padres (sobre todo cuando su conducta tiene, prima facie, una cierta razonabilidad -o sea, no es una arbitrariedad absoluta).
Responder	Prudencio	27/06/2012 en 23:49	Es elemental requierir informacion de el contenido y efectos secundarios que por diversos metabolismos ocasionan mayores daños que la potencial enfermedad y solicitar a organizaciones de medicamentos puros de otros paises para tener conocimiento de estadisticas de zonas de aplicacion y sus efectos inmediatos o retardados, no alcanza que una sola pueda autorizar y declarar la necesidad de aplicarla; si nos van a inyectar algo por lo menos tenemos derecho a saber de que se trata con un prospecto detallado del producto, para que cada uno pueda decidir por si mismo o por la salud de nuestros hijos. prudencio
Responder	Domingo Rondina	13/08/2012 en 9:34	A dos meses de la emisión de ‘VD’ nos encontramos con que las escuelas católicas se oponen a que sus alumnas sean vacunadas contra el VPH porque hacerlo supone que tendrían posibilidades de trasmisión sexual. Y la prensa, y el gobierno, y la justicia, son mucho más contemplativas.
Ellos tienen derecho a decidir y los yoguis no?
Aquí las notas sobre el caso:
http://www.perfil.com/ediciones/2012/8/edicion_702/contenidos/noticia_0045.html
http://www.diariouno.com.ar/mendoza/En-algunos-colegios-catolicos-impiden-la-vacunacion-contra-el-papiloma-porque-dicen-las-induce-a-las-chicas-a-tener-sexo-20120810-0008.html
http://www.es.catholic.net/mujer/472/1022/articulo.php?id=32005
Responder	VTC	13/08/2012 en 10:32	A mí la reflexión constitucional que esta noticia me provoca es acerca de cuáles son las fuentes normativas a partir de las cuáles se imponen este tipo de obligaciones que, según vimos, entrán en conflicto con el art. 19 de la CN. Cualquier alumno aventajado de Derecho Constitucional contestaría que, según el principìo del art. 14 CN, estas limitaciones requieren de ley en sentido formal y que además está sea razonable (art. 28 CN). Pues, bien, no es eso lo que pasa: la obligación de vacunación se da a través de una mera resolución del Ministerio de Salud (en el caso, ésta: http://infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/180000-184999/182109/norma.htm). La única fuente competencial que esta norma cita es la Ley de MInisterios. O sea, que no solo tengo que vacunarme aunque no quiera (cuestión discutible, pero aceptable según la Corte Suprema) sino que esa decisión la toma un mero Ministro de la Nación. ¿En base a qué competencia? La Ley 22909 en su artículo 1ª (pre-reforma 1994) da una delegación amplísima a la Administración. Cabría preguntarse: ¿sigue siendo esa delegación constitucional de acuerdo con el art. 75? Yo creo que no, claramente. Aún cuando el Congreso haya ido prorrogando la legislación delegada pre-reforma, a través de sucesivas leyes, yo entiendo que esa prórroga, en casos como éste, es inconstitucional por falta de bases, de plazo y de control posterior por parte del Congreso. En otras palabras, la potestad del Ejecutivo de fijar estas limitaciones al ámbito de intimidad son prácticamente omnínodas y sin ningún tipo de control posterior.