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Timestamp: 2017-11-22 09:09:49
Document Index: 224514337

Matched Legal Cases: ['Artículo 1', 'Artículo 29', 'artículo 1', 'artículo 2', 'artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 1', 'Artículo 1', 'Artículo 24']

Un acercamiento analítico y crítico a la Declaración del Cairo de los Derechos Humanos en el Islam - Tercer Camino - Noticias Online - Noticias Iran - Noticias Medio Oriente | Tercer Camino - Noticias Online - Noticias Iran - Noticias Medio Oriente
Islam, Occidente y Los Derechos Humanos desde punto de vista del Imam Jomeini (ra). Un acercamiento analítico y crítico a la Declaración del Cairo de los Derechos Humanos en el Islam.
Sin embargo, puede decirse que la Declaración de los Derechos Humanos está filosóficamente basada en la libertad personal, como es el caso de los Derechos Humanos de Francia (1789), afirmando que el hombre es libre con la condición de que no viole los derechos de los demás. En la práctica, garantizar una vida social adecuada requiere que los artículos de la declaración sean cumplidos.
A manera de ejemplo, durante las devastadoras Primera y Segunda Guerra Mundial, se comprobó que la falta de cumplimiento de estos derechos llevó a la rebelión, a motines y levantamientos en contra de la coerción, la opresión y la discriminación, toda vez que la paz y la tranquilidad de la vida social internacional estuvieron en peligro. Una declaración tiene objetivos prácticos y de aplicación, y en líneas generales no tiene nada que ver con el desarrollo espiritual del hombre ni con proveer a su felicidad eterna. La declaración, con su enumeración de derechos y libertades junto con la invitación a reconocerlos y respetarlos, busca permitir a la comunidad internacional vivir en paz y alcanzar una reconciliación para que los miembros de la sociedad internacional disfruten, en cuanto sea posible, de sus inherentes derechos humanos, eliminando así las causas de insurgencia y el uso de la fuerza. Puede decirse que la declaración consta de tres partes. La Parte 1, del Artículo 1 al 21, se manifiesta sobre los derechos así como sobre las libertades civiles y políticas de los individuos. En esta parte, se trata de los derechos y libertades del hombre de una manera más extensa en comparación con la Declaración de Francia.
Los ejemplos más importantes son el derecho a la vida, la abolición de la esclavitud, la libertad, la igualdad en cuanto a disfrutar del apoyo de la ley, la igualdad ante los estrados judiciales, la prohibición del arresto arbitrario, la prohibición de la tortura, el trato despiadado y los castigos inhumanos, la doctrina de la inocencia presunta, el derecho a escoger pareja y la necesidad de completo acuerdo para el matrimonio, la libertad de pensamiento, de consciencia y de elegir o cambiar de religión, la libertad de expresión y de participación en asuntos públicos del país. Sin embargo, el punto más importante de la primera parte es que, no habiendo ningún tipo de discriminación, estos derechos y libertades deben ser aplicados a cada miembro de la humanidad sin considerar su raza, idioma, sexo ni religión. Las diferencias en la raza, el idioma, el sexo y la religión no deben causar ninguna discriminación para el disfrute de estos derechos.
Esto significa que así como el hombre puede tener el derecho a la vida y a la seguridad, a la identidad legal, el derecho a escoger su residencia, su nacionalidad, su pareja, así como el derecho a la propiedad, la mujer también debe gozar de dichas condiciones y el ser mujer no debe limitarla para el disfrute de los mismos derechos. Asimismo, un teísta y un ateo, un musulmán y un no-musulmán, un buen creyente y un idólatra, disfrutan igualmente de los derechos mencionados, particularmente del derecho a la libertad de expresión y a ser parte de los asuntos públicos del país y a ocupar un puesto de trabajo, sin ser juzgados por su creencia o credo religioso. Si la aplicación de limitaciones es inevitable, debe ser aplicada de igual manera a todos, no solo a los seguidores de una creencia o culto en particular.
La Parte 3de la declaración se dedica a poner en orden y limitar los derechos con los que la declaración ha tratado con precisión y juicio. El Artículo 29 juzga permisibles la limitación de estos derechos solamente cuando son afectados los derechos de los demás, el orden público y las exigencias morales. Para poner las limitaciones en práctica, sin embargo, se requiere de leyes promulgadas en una sociedad democrática sobre la base de estos tres puntos mencionados anteriormente.
Aunque la declaración se ha referido a un buen número de los derechos y libertades constitucionales, no ha tratado en absoluto con derechos tales como el de la autodeterminación de las naciones o los de desarrollo. Más allá de lo que se mencionó anteriormente, la declaración no tiene carácter jurídico vinculante y está considerada únicamente como un comunicado oficial de términos comunes aceptables por todas las naciones.
Esperamos que sea aceptada en todo el mundo y un día sea conocida como una norma legal internacional.
No es erróneo decir que los verdaderos defensores y precursores de tales conceptos fundamentales de los derechos humanos, como son la identidad inherente del hombre, la idea de que nace libre y su igualdad ante la ley, así como la abolición de la discriminación, han sido y son las religiones divinas y los Profetas (P). La manifiesta discrepancia entre el punto de vista religioso y el punto de vista filosófico se debe a que la religión se preocupa del individuo como hombre, de su destino personal, su prosperidad y grado de corrupción, sin poner el énfasis en su relación con los demás, aunque jamás lo deja solo. Para la religión, la prosperidad y el desarrollo espiritual de cada individuo es el verdadero objetivo. La religión no es indiferente a las acciones anti-personales ni que corrompen la conducta y las creencias del hombre, se preocupa de la prosperidad eterna del hombre, que se alcanza a través del monoteísmo, obedeciendo las leyes divinas, practicando la adoración y observando las prácticas religiosas, y por supuesto, con una conducta social sólida y respetando los derechos de los demás.
Desde la perspectiva de la concepción occidental de los derechos humanos, una persona no es culpable por no creer en Dios, o por adorar y considerar sagrada a una piedra, madera o cualquier otra cosa, o por la práctica de cualquier actividad inmoral que no ofenda directamente a los demás, y nadie debería ser impedido de realizar tales actos. Por el contrario, desde el punto de vista religioso, no se abandona a nadie a su suerte, sino que la persona debe ser guiada y advertida de las consecuencias del ateísmo. Aunque desde la perspectiva religiosa, los seres humanos son esencialmente idénticos en su naturaleza, los monoteístas y aquellos que obedecen las órdenes divinas no son considerados exactamente iguales a los ateos, los adoradores de ídolos y a aquellos que desobedecen las órdenes de Dios. Una persona que rechaza los valores de Dios siguiendo a Satanás y a sus deseos carnales, es considerada por el Sagrado Corán como un extraviado y es comparado a un perro. Aquellos que no abren sus ojos y oídos, y no ven las verdades divinas son considerados según la opinión coránica, como los animales y aún peores.[3]
Otra responsabilidad de los Profetas divinos (P) y de las religiones monoteístas está relacionada con la vida de este mundo y con la administración de la vida social. En este campo el mejor defensor de los principios de la libertad, la igualdad y los derechos, la no discriminación y la justicia, son las enseñanzas de las religiones divinas. El Corán describe a los Profetas (P) como defensores de la libertad de pensamiento y de la razón, como proclamadores de la justicia que defienden los derechos de los oprimidos y están en contra de la tiranía y la discriminación. Los enemigos de los Profetas (P) están personificados como gobernantes arrogantes y sin razón, como dictadores que algunas veces están incluso entre las autoridades religiosas. La idolatría, contra la cual se han llevado a cabo campañas ya que es el símbolo de la ignorancia, la parcialidad ciega, el privilegio de clase y la tiranía, es desaprobada enérgicamente en las enseñanzas divinas y particularmente en el Corán. O sea que la filosofía de la misión de los Profetas (P) puede ser interpretada como la de mantener la justicia y la igualdad, sobre lo que el Sagrado Corán dice: “Ciertamente, enviamos a Nuestros Mensajeros con las pruebas claras e hicimos descender con ellos la Escritura y la Balanza para que los humanos establezcan la justicia...”. [Sura 57:25].
“...Allah puso Su Palabra por encima de la palabra de los infieles. Allah es poderoso, sabio”. [Sura 9:40].
Aunque en el gobierno religioso, el liderazgo y la administración de la sociedad recae principalmente sobre el Profeta (P) y los piadosos y los intelectuales religiosos que merecen ser respetados y obedecidos, los gobiernos más libres y democráticos son de hecho los gobiernos religiosos justos, los cuales son elegidos por las personas, que hacen críticas con libertad y dan sus opiniones e intervienen y monitorean sus asuntos. El Corán presenta como el ejemplo más evidente a la comunidad islámica (ummah), haciendo de ella mejor que otras naciones, como una invitación a la buena conducta y la prevención de los hechos reprobables cuya intención general es que la gente pueda y deba prohibir al gobierno los hechos reprobables. “Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Allah...”. [Sura 3:110].
Puede decirse que durante el gobierno poderoso del Noble Profeta (BP), y el califato de los Primeros Cuatro Califas, especialmente el del gobierno del Imam ‘Ali (P), que ha sido hasta esta época, el tipo de gobierno más democrático, la gente vivía en todo sentido en una sociedad razonable y libre jugando papeles más activos al lidiar con los asuntos del país, y pudiendo expresar más fácilmente sus ideas y sugerencias. Ni el poder cada vez mayor ni el gran estatus espiritual del Profeta (BP), los Imames (P) y los Califas, fueron un obstáculo para que la gente expresara sus opiniones con franqueza. Por el contrario, como se observó en las palabras del Imam ‘Ali (P), si las personas se hubieran comportado de manera diferente, habrían sido reprochadas. Desafortunadamente, el gobierno islámico cayó pronto en las manos de gobernantes absolutistas y despóticos que, para consolidar su influencia y poder, aunaron al uso de la fuerza la santificación de su califato y su tutela, convirtiéndolo en un tabú.
Se comportaron de manera tal que el pueblo de la comunidad islámica no sentía tener el derecho a nada más que a una obediencia absoluta, y no se atrevieron a decir palabra ni a dar opiniones. Se concluye así que los gobiernos autócratas religiosos son los peores de todos, ya que hacen que el amor a la autocracia esté firmemente enraizado como una creencia en el espíritu de las personas, mientras que de hecho este gobierno no es religioso sino despótico, ya que con el uso indebido de la religión y el entendimiento incorrecto de la misma intentan consolidar su poder absoluto. La reflexión sobre el método de gobierno del Imam ‘Ali (P), especialmente al considerar sus instrucciones de gobierno dadas en una carta a Malik al-Ashtar, el gobernador elegido por él para la región de Egipto, es suficiente para ayudarnos a ver cómo en un gobierno religioso, la libertad y los derechos de los hombres son tomados en cuenta y deben ser respetados. Los derechos de quienes no son musulmanes y la necesidad de mantenerse alejados de la tiranía también son tomados en consideración. Mientras aconsejaba a este gobernador observar los derechos del pueblo, el Imam le dijo:
El mundo islámico ha pasado tres etapas al tratar el problema de los derechos humanos que han tomado forma en la Declaración de Francia (1789) y más tarde en la declaración mundial generada por la filosofía política de occidente sobre la libertad de pensamiento y de credo y la formación de la población.[6] La primera etapa fue el rechazo, debido a que la libertad contenida en la Declaración de Derechos Humanos, particularmente la libertad de religión y la libertad a cambiarse de credo propagando cualquier tipo de cultos y sectas, están en contra de la Shari’ah, que sostiene que el Islam es una religión justa, sin aceptar alguna otra religión y considerando a la apostasía como una falta gravísima. Respecto a esto el Corán dice: “Ciertamente, la religión ante Dios es el Islam...” [Sura 3:19].Y también dice:“Si alguien desea una religión diferente del Islam, no se le aceptará y en la otra vida será de los que pierdan”. [Sura 3:85].También dice:“...Las obras de Aquellos de vosotros que apostaten de su fe y mueran como infieles serán vanas en la vida de acá y en la otra. Ésos morarán en el Fuego eternamente.” [Sura 2:217].
También incluye la frase: “los estados miembros de la Organización de la Conferencia Islámica, por creer en Dios, Creador del mundo y Señor del universo...”. Aunque no está claro por qué existe este agregado en el texto persa mientras las otras versiones carecen de ella. Sin embargo, la versión en inglés recibida de la oficina de la organización de Génova, adjuntó el número de Resolución 19/49p, que será considerada como fuente principal.
La diferencia principal y general entre los derechos humanos islámicos y la Declaración Universal es que esta última no tiene nada que ver con la religión. Para la Declaración Universal, los aspectos prácticos son lo importante y así el preámbulo y el artículo 1 se refieren a la dignidad intrínseca inherente del hombre, así como a su condición de nacido libre porque basándose en esto puede afirmar que los derechos deben ser implementados para todos sin ninguna discriminación, sin dar lugar a pretexto alguno para crear disturbios o rebeliones y que de esta manera, la paz y la seguridad de la vida no puedan ser puestas en peligro.
Consecuentemente, no está relacionada en lo absoluto con la estipulación de temas como el desarrollo de la fe en la religión, la protección de la fe y el pensamiento correcto, y no impone obligaciones al respecto, ya que un hombre que vive en sociedad y bajo la política de un gobierno es responsable por las leyes vinculantes de dicho gobierno. Sin embargo, lo que preocupaba a los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos era la falta de claridad en algunos conceptos con el subsecuente incumplimiento de dichos derechos. Los redactores de la Declaración se sintieron obligados a explicar y a clarificar los principios. Una comparación entre el artículo 2 de la Declaración Universal y el artículo 1 de la Declaración Islámica muestra bien esta diferencia. El Artículo 2 dice: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”; mientras que el Artículo 1 de la Declaración Islámica se refiere a la igualdad de la dignidad humana para todos y la igualdad de las obligaciones y responsabilidades, enfatizando la prohibición de la discriminación en cuanto a las responsabilidades y no a los derechos.
La primea parte de este artículo dice: “La humanidad entera forma una sola familia unida por su adoración a Allah y su descendencia común de Adán. Todos los seres humanos son iguales en el principio de la dignidad humana, así como en el de las obligaciones [para con Allah] y las responsabilidades sin distinción de raza, color, lengua, sexo, creencia religiosa, filiación política, nivel social o cualquier otra consideración”; posteriormente añade: “Sólo la verdadera religión garantiza el desarrollo de esa dignidad por medio de la integridad humana”. Esto significa que a pesar del hecho que todos los seres humanos son iguales en cuanto a ser las mejores criaturas, aquellos con un pensamiento correcto han adquirido mayor dignidad y respeto por parte de los otros. La Declaración Universal por el contrario, no menciona este problema, sin rechazar ni aprobar este punto, sin embargo, insiste que ninguna distinción debe existir entre dos individuos con opiniones diferentes, aunque una sea correcta y la otra corrupta, y que deben ser tratados de igual manera ya que tienen el derecho a la vida, a la propiedad y a la participación en el gobierno del país así como el derecho al trabajo. Esto no puede inferirse del Artículo 1 de la Declaración Islámica, que tampoco se manifiesta claramente respecto a esto, aunque el Artículo 24 dice:
“Todos los derechos y libertades estipuladas en esta declaración están sujetas a la Shari’a islámica (ley islámica)”, según lo cual uno puede deducir la posición de la declaración al respecto.
9. El derecho a elegir y cambiar de religión ...
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Escrito por: Dr. Husein Mihrpur