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Timestamp: 2019-09-17 00:12:23
Document Index: 362834514

Matched Legal Cases: ['artículo 4', 'Artículo 68', 'artículo 70', 'artículo 72', 'artículo 75', 'artículo 4']

DOCTRINA EN DOS PAGINAS Diario Laboral Nro 49 – 15-10-2015 – Derecho Para Innovar
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Salario psicológico: una mirada subyacente a la relación laboral
Por Franco Gatti
El derecho del trabajo se abrió camino en el escenario jurídico, como respuesta a las feroces desigualdades de poder materializadas en las relaciones individuales (trabajador-empleador). Así, se evidenció la imperiosa necesidad de edificar un sistema normativo que resulte tuitivo y recoja las diferencias yacentes en la materialidad para revertirlas (tal como dice Chacas Hernández “la única forma de palear desigualdades es mediante la creación de otras)
Desde la óptica sociológica, Boaventura de Sousa santos distingue entre los cambios jurídicos paradigmáticos y los subparadigmáticos, incluyendo dentro de estos últimos a las modificaciones que han batallado contra las estructuras hegemónicas, no proponiéndose eliminarlas, sino atenuar sus efectos nocivos. El derecho del trabajo, que con la aparición de la industria, procuró limitar el sobredimensionado poder de los empleadores, es una expresión de las aquellas transformaciones que pujan porque el paradigma instalado no arroje saldos escandalosamente desiguales y perjudiciales. Estrictamente, estamos ante el primer y más férreo espacio del mundo jurídico que, a diferencia del resto, no busca la conservación hasta la infinitud de los intereses instalados, sino que se eleva como una alternativa para interpelarlos.
La mirada subyacente del fenómeno jurídico[1], y del derecho laboral en particular, es una contribución teórica que moviliza las prácticas enraizadas para problematizar entorno a ellas, ratificarlas desde la convicción reflexiva o revelarse a partir de la crítica edificante. Se trata, en definitiva, de una mirada superadora de las instancias formales, inconformista de la letra inmóvil de la ley e inquieta por hurgar en sus entretelones, augurando senderos esperanzadores.
Esta pretensión interpretativa puede concretarse y apreciarse en su dimensión práctica, en el marco de la relación laboral, a través del estudio del denominado “salario psicológico”. La mirada subyacente propicia sobrepasar la observación de las aristas formales y enfocar el vínculo de trabajo efectivizando un reparo humanista y constitutivo de subjetividades democratizadas.
MÁS ALLÁ DE LA REMUNERACIÓN DINERARIA
Circunscribiéndonos al plano formal o patente, diríamos que la relación laboral consiste en la puesta a disposición de la fuerza de trabajo a cambio del pago de una remuneración en dinero, y allí quedaría agotado el análisis. Sin embargo, la hermenéutica subyacente que proponemos se detiene en otro tipo de “remuneración”, aquella que reconoce como recipiendario al hombre o mujer que se desarrolla en un puesto de trabajo, enfatizando en la satisfacción personal, otorgando un protagonismo supremo al respeto por la dignidad y los derechos humanos –por sobre la prestación pecuniaria-.
La doctrina del derecho laboral poco se ha referido a la cuestión, y quienes lo hicieron brindaron aisladas menciones, fundamentalmente acotadas a las implicancias psicológicas del trabajo. Así, sostiene De Diego que “la psicología debe contemplarse no sólo al momento de la selección del personal sino también en los efectos que se producen a partir del trabajo, durante su desarrollo y extinción. Se la debe utilizar con el fin de mejorar la vida del trabajador, a través de cambios en el medio ambiente, y en las condiciones de trabajo”[2] Vázquez Vialard, por su parte, incluye dentro de los principales aspectos del trabajo a los factores psicosociales, afirmando que “el trabajo construye el mundo y libera al hombre de sus necesidades biológicas, de seguridad, psíquicas, de autosatisfacción y lo plenifica. Por lo tanto, lo promueve”[3]. En estos fragmentos está exhibida la incidencia de que la praxis laboral adquiere sobre la conducta, los sentimientos, la integridad psíquica del trabajador.
LA LEY DE CONTRATO DE TRABAJO Y EL SALARIO PSICOLÓGICO
Si bien la óptica aquí ofrecida puede resultar extraña al contenido de la normativa vigente, la Ley de Contrato de trabajo enciende ciertas exhortaciones que coadyuvan y fortalecen nuestra invitación analítica. En primer término, el párrafo segundo de su artículo 4 dispone “El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí. Sólo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico en cuanto se disciplina por esta ley”. Los desarrollos interpretativos alrededor de este artículo generalmente han puesto el foco en determinar qué actividades quedan comprendidas en el concepto diseñado por la ley. Tal es así que se arriba a una definición de trabajo entendido como “toda actividad lícita prestada por alguien que la efectúa en relación de dependencia o subordinación hacia otra persona física o jurídica que precisamente dirige esa prestación. Es decir, la norma excluye aquí el concepto de trabajo autónomo, extraño a nuestra disciplina. Y también el que se presta gratuitamente”[4]. En el mismo sentido, otros autores profundizan la cuestión, asegurando que del mandato legal surge que “el trabajador no es un recurso económico más, sino que es digno porque es persona y debe ser respetado como tal”[5]. Por lo tanto, son breves y aisladas las menciones a la preponderancia que asigna la disposición a la labor creativa del hombre o la mujer. Sin embargo, el núcleo de la norma nos habilita a apropiarnos del salario psicológico como objeto que compromete al universo jurídico, más allá del tratamiento que pudo habérsele dado desde la psicología.
Por otra parte, el respeto por la dignidad del trabajador, pilar fundamental para este estudio, halla también menciones contundentes en la ley. Dentro de los límites delineados para el ejercicio de las potestades del empleador, asevera el texto normativo que no pueden resultar abusivas ni afectar la dignidad del trabajador (Artículo 68). En paralelo, los controles personales designados por el artículo 70 deberán salvaguardar siempre la dignidad del trabajador, y la autoridad de aplicación está facultada para verificar tales extremos (artículo 72). El deber de seguridad (artículo 75), que persigue la protección a través de un contexto laboral higiénico y provisto de los elementos necesarios para prevenir daños y accidentes, constituye igualmente una expresión del irrenunciable derecho a desarrollar las tareas en un ambiente digno.
Una de las posibles manifestaciones de morosidad del salario psicológico se verifica cuando el empleador omite tornar empírico su deber de dar ocupación efectiva, quizás estemos ante la expresión más notable de la importancia de este tópico. Akerman, es quizás quien mayormente desarrolla el tema, sosteniendo que “la obligación no se agota con brindar ocupación formal, manteniendo al trabajador en su categoría profesional y en su nivel remuneratorio. Y ello es así desde que el objeto principal del contrato es la actividad productiva y creadora del hombre en sí.” Agrega que “más allá del cumplimiento del pago de la remuneración, por el mero hecho de ponerse a disposición la fuerza de trabajo, se debe proveer de una ocupación concreta. Lo contrario lesiona la dignidad del trabajador y torna ilegitima la medida”.
En consecuencia, la ley de contrato de trabajo diseña un sistema con dispersas referencias a la cardinal importancia de la dignidad de los trabajadores, en el marco de otras obligaciones específicas del empleador. Es complejo encontrar una respuesta concreta a situaciones en las cuales pese a estar cumplimentados los deberes formales fijados por la ley, el trabajador sufre en forma permanente un deterioro psíquico. Ello puede estar dado ya sea por la falta de asignación de una actividad específica y adecuada a sus aptitudes, por la modificación permanente e injustificada del rol en el escenario laboral, por la creación de un entorno hostil, por la obstaculización del despliegue de la actividad creativa para la que fue contratado, por la desvalorización permanente de su contribución a la empresa o los impedimentos de autosatisfacción. Se trata de supuestos que no siempre implican una violación flagrante al articulado de la ley de contrato de trabajo, pero que sí contrarían aquel concepto del artículo 4 y dan la espalda a derechos humanos fundamentales del trabajador.
[1] GATTI, Franco, “La mirada subyacente. Los obstáculos ideológicos en el devenir jurídico”, Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 2014.
[2] DE DIEGO, Julián Arturo, “Manual del Derecho del Trabajo y la Seguridad Social”, La Ley, Buenos Aires, 2011, pág. 21.
[3] VÁZQUEZ VIALARD, Antonio, “Derecho del trabajo y seguridad social”, T.1, Astrea, Buenos Aires, 1981, pág.7
[4] SARDEGNA, Miguel Ángel, “Ley de contrato de trabajo comentada, anotada y concordada”,Editorial Universidad, Buenos Aires, 1999, pág. 65.
[5] GRISOLÍA, Julio y AHUAD, Ernesto, “Ley de contrato de trabajo comentada”, Editorial Estudio, Buenos Aires, 2009, pág. 33.