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Timestamp: 2018-05-23 05:34:07
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Matched Legal Cases: ['Artículo 29', 'artículo 17', 'Artículo 29', 'artículo 11', 'artículo 12', 'artículo 12']

Internet – Página 5 – El Observatorio
Publicado en 20/08/2014 20/08/2014
Publicado en 18/08/2014 19/08/2014
Por José Luis Colom Planas y Héctor E. Guzmán Rodríguez
El GT29, a través de su Dictamen 2/2010 sobre publicidad comportamental en línea, la identifica como aquella actividad que “implica la identificación de los usuarios que navegan por internet y la creación gradual de perfiles que después sirven para enviarles publicidad que corresponde a sus intereses.”[1]
Conforme a lo anterior, para este Grupo de Trabajo los siguientes elementos son definitorios de este tipo de publicidad:
Claramente, nos encontramos frente a una actividad especializada que hace uso de Biga Data; sin embargo, cabría analizar si, dentro de esta definición, el interés de los usuarios por recibir este tipo de publicidad constituye en sí mismo un elemento que la defina o si, por el contrario y como puede también deducirse, “el interés” radica en aquellos que generan publicidad comportamental.
Esta observación no pasa inadvertida para el GT29, que “no cuestiona los beneficios económicos que la publicidad comportamental pueda aportar a los que la practican” a la vez que establece claramente que esta práctica “no debe realizarse a expensas de los derechos a la intimidad y a la protección de datos de las personas”.[2] Consideramos que la misma posición debe ser adoptada por la autoridad mexicana y difundida entre responsables y titulares.
Por otro lado, es necesario tomar en cuenta que el uso de medios electrónicos para la definición de perfiles (tecnologías de rastreo) como elemento esencial de este tipo de publicidad, se ha convertido en un elemento diferenciador entre las diversas legislaciones que regulan su uso. Existen aquellas que requieren que el uso de dichas tecnologías sea informado a los usuarios y que éstos puedan aceptarlas de forma previa a su instalación en sus propios equipos, con opción a su rechazo; otras requieren de información previa y obligatoria para los usuarios, que les permita rechazar (a posteriori) la instalación de este tipo de tecnologías. Otras simplemente exigen que se proporcione información a los usuarios, sin que necesariamente deba ser previa o accesible antes de su instalación.
En todo caso, es necesario establecer que México cuenta en su legislación con las disposiciones necesarias para salvaguardar los derechos de los titulares de datos personales que pueden ser objeto de publicidad comportamental, así como su expectativa razonable de privacidad.
Por ello, cabe esperar de todos los actores de esta actividad, que en cumplimiento del principio de responsabilidad previsto por la LFPDPPP (arts. 6 y 14), se respeten y se hagan respetar los principios de protección de datos personales y los derechos de todos los usuarios que son objeto de publicidad comportamental.
Identificamos como esencial el cumplimiento del principio de información, que en relación con las finalidades de mercadotecnia, publicidad y prospección comercial está expresamente regulado por los Lineamientos del Aviso de Privacidad, de forma que aquellos responsables que tratan datos personales para dichas finalidades deben comunicarlo expresamente a los titulares, dando opción a su negativa cuando esta finalidad no resulta necesaria para la relación jurídica existente entre ambas partes.
El uso de tecnologías de rastreo también está expresamente regulado por la normativa mexicana, aunque al día de hoy no se aprecia que la obligación de informar sobre su uso se haya extendido entre los responsables. En este sentido, es necesario recordar que bajo el rubro “Uso de cookies, web beacons u otras tecnologías similares”, los mismos Lineamientos aludidos disponen que “cuando el responsable utilice mecanismos en medios remotos o locales de comunicación electrónica, óptica u otra tecnología, que le permitan recabar datos personales de manera automática y simultánea al tiempo que el titular hace contacto con los mismos, en ese momento deberá informar al titular, a través de una comunicación o advertencia colocada en un lugar visible, sobre el uso de esas tecnologías y sobre el hecho de que a través de las mismas se obtienen datos personales, así como la forma en que se podrán deshabilitar, esto último salvo que dichas tecnologías sean necesarias por motivos técnicos.”
[1] Grupo de Trabajo de Protección de Datos del Artículo 29, Dictamen 2/2010 sobre publicidad comportamental en línea, 22 de junio de 2010, p. 3; disponible en:
http://ec.europa.eu/justice/policies/privacy/docs/wpdocs/2010/wp171_es.pdf.
Publicado en 07/08/2014 07/08/2014
Internet ha causado una revolución impensada en todos los ámbitos de la vida. Sabemos que la forma en que nos relacionamos, comunicamos y trabajamos ya nunca volverá a ser como antes. Y aquí entramos en escena nosotros, la primera generación de ciudadanos de la historia que, casi en soledad, debe enfrentar estos cambios sin haber sido capacitados por nadie.
Somos esa última generación que en su infancia y adolescencia utilizaba las “viejas” cámaras de fotos y cuidaba al máximo cada imagen que tomaba debido a los costos del rollo y del revelado. Pero también teníamos la precaución natural de no tomarnos fotos que nos ridiculizaran o expusieran demasiado por pánico a que en la casa de revelado se quedasen con una copia.
Somos esa última generación casi prehistórica que arrastra los viejos conceptos y valores sobre el cuidado de la privacidad, pero que se siente sumamente descolocada ante estos cambios tecnológicos. Por un lado, desconfiamos -y con razón- de la correcta utilización que el Gobierno pueda hacer de nuestros datos personales, por el otro estamos regalando todos los detalles de nuestra vida a empresas privadas que lucran con esa información a cambio de una falsa sensación de gratuidad en la Web.
Información sobre nuestras relaciones, familia, amistades, sensaciones, sentimientos, gustos, preferencias, datos insignificantes o datos sensibles es volcada a diario en un océano público de información sin filtro del cual no tenemos real conciencia. Si un desconocido se acercase a nosotros y comenzara a relatarnos detalles de nuestras vidas, seguramente nos sorprendería y asustaría. Sin embargo, es muy probable que esa persona sólo haya leído información en Internet que el propio usuario subió. Exponemos nuestra vida, pero nos sorprendemos de que otros la sepan, es contradictorio pero real.
Por lo tanto, de ahora en más deberemos ser más conscientes de lo que publicamos para no darle al sistema más de lo que el sistema nos saca, ser críticos hacia cualquier iniciativa pública o privada que implique utilizar nuestra información, hacer valer los derechos sobre nuestros datos personales y educar a las nuevas generaciones sobre el uso responsable de Internet.
La Agencia Española de Protección de Datos constataba ya, en 2010, un incremento de las consultas ciudadanas sobre el procedimiento para desaparecer nternet, así como sobre el ejercicio de los derechos de cancelación y oposición frente a la perpetuidad de los datos existente en la web.
La reacción de la AEPD fue inmediata, y elevó la protección del derecho al olvido,enmarcándola dentro del derecho fundamental a la protección de datos (art. 18.4 CE).
Debido a este creciente miedo, es necesario plantearse seriamente la utilidad que puede tener para la sociedad el rastreo de nuestro presente digital, sin obviar los muchos, infinitos, beneficios que obtienen las empresas.
Para éstas, trazar un perfil social y psicológico, con base en las preferencias de búsqueda, les resulta un procedimiento más fiable, y les reporta una información mucho más exacta, que buscar en los cajones o bolsas de basura.
¿Y para una sociedad sin restricciones sobre el uso libre de Internet?, es decir, ¿el ciudadano de a pie obtiene algún provecho de este seguimiento?
Imaginemos, con estas dos recientes noticias, (que nos servirán como termómetro para determinar hasta qué punto es beneficioso pasar desapercibido por Internet) que hubiera pasado si existiera un control total por parte del usuario de todo su historial de navegación por la web:
– El presunto asesino de Toulouse, Mohamed Merah, pudo ser identificado gracias al rastreo de una dirección IP, que su ordenador “dejó” en una web de compraventa de productos de segunda mano.
Las autoridades tienen la posibilidad de pedir (bajo mandato judicial) a una página web los datos de navegación de sus usuarios, pues cualquier compañía francesa está obligada a guardarlos durante un año por motivos legales y de seguridad.
Esto, en todo caso, no quiere decir que dicha información apuntase directamente a la casa donde se había refugiado el sujeto, ya que éste podría haber utilizado diversos métodos para camuflar su conexión (utilizar un proxy o haberse conectado desde un cibercafé, por ejemplo).
Pero, visto el resultado, fue un buen indicio para localizarle.
– Un joven en Mallorca es detenido cuando se disponía a colocar 140 kilos de explosivos en la Universidad de Illes Balears. La detención se produjo debido a que un periodista venezolano alertó desde Japón, tras leer en el blog del joven de 21 años, y gracias al seguimiento que la policía hizo de las compras realizadas por el joven en una web especializada en la venta de productos químicos.
No pretendo con estas noticias extrapolar la actividad de estas dos personas al resto, pero si hacer una defensa sobre la accesibilidad a datos personales por parte de las fuerzas de seguridad, en cuanto se atisbe la más mínima muestra de que se puede estar cometiendo un delito, entrando a valorar la gravedad del mismo, evidentemente.
Potenciando el ámbito preventivo, se podrán evitar muchos más delitos derivados del uso de Internet, como pueden ser:
Phishing, pharming, virus, fraudes en subastas, sustracción de datos, cracking, comercio electrónico fraudulento, piratería virtual, suplantación de identidad, falsas ofertas de trabajo… todos ellos investigados y perseguidos por La Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, unidad especializada en este tipo de delitos.
Para concluir, deberíamos reflexionar sobre si utilizar la privacidad como medio de pago que posibilite la financiación total de estas actividades nos compensa, o si por el contrario seguiremos teniendo ese omnipresente miedo, a menudo infundado, sobre qué o quién utiliza nuestros datos personales.
Publicado en 04/08/2014 04/08/2014
Vivimos en la era de la información y del conocimiento por lo que la esfera íntima de las personas, en el mundo actual, comprende cada vez un mayor número de datos personales. No es de extrañar, en este contexto, que se diluyan los límites entre elderecho a la intimidad y el derecho a la protección de los datos de carácter personal, al estar nuestra intimidad cada vez más digitalizada. En consecuencia utilizaré en este artículo de forma generalizada el término “privacidad” para referirme a la conjunción de ambos derechos fundamentales.
Una medida protectora, al menos en lo que depende del propio sujeto, es evitar eloversharing [1] que consiste en la divulgación de una cantidad excesiva de información personal, información que convencionalmente sólo sería manifestada a, o conocida por, los más cercanos al individuo.
Según la sentencia de 13 de mayo del TJUE sobre el caso Google, el derecho al olvidose legitima cuando se produce una indexación de contenido digital en los resultados de búsqueda, referido a datos personales, que sea incompatible con la legislación aplicable sobre protección de datos. Esa “incompatibilidad” debe ser considerada en la más amplia interpretación de la palabra.
Ejercer el derecho de cancelación de los datos que se conservan accesibles en la red cuando estos no estén contenidos en una fuente accesible al público ni exista una finalidad legítima que proteja la publicación. (Libertades informativas, finalidad cultural e histórica…).
Como ejemplo de formulario para permitir ejercer el derecho al olvido que determinado motor de búsqueda (Google) pone a disposición de los afectados, está la“Solicitud de retirada de resultados de búsqueda en virtud de la normativa de protección de datos europea” .
Dos son los derechos fundamentales reclamados cuando se invoca la tutela sobre elderecho al olvido: El de protección de la intimidad, el honor y la propia imagen, por un lado, y el de protección de datos, por otro. Incidiremos más en uno u otro, según las circunstancias de cada caso concreto [3].
En la SENTENCIA del TC 172/1990, de 12 de noviembre de 1990, se argumenta:“según reiterada doctrina constitucional, las libertades del art. 20 de la Constitución no sólo son derechos fundamentales de cada ciudadano, sino también condición de existencia de la opinión pública libre, indisolublemente unida al pluralismo político, que es un valor fundamental y requisito de funcionamiento del Estado democrático.Esta excepcional trascendencia otorga a las expresadas libertades un valor de derecho prevalente sobre los derechos de la personalidad garantizados por el art. 18.1 de la Constitución, en los que no concurre esa dimensión de garantía de la opinión pública libre y del principio de legitimidad democrática”.
5.4. Internet como derecho humano
Allí donde se detecta que existe una íntima relación entre la persona y sus distintas esferas de actividad se suele estar en presencia de un derecho fundamental. Luego se entiende que los derechos fundamentales se han ido contemplando y evolucionando igual que progresa la humanidad. Recordemos el tránsito del status subiectionis alstatus libertatis, al status civitatis, al status activae civitatis y al status positivus sociales. Pero una vez aceptados, como ya he dicho, todos gozan de igual jerarquía.
Un aspecto inédito de la sentencia es la no necesidad de que el interesado sufra un “perjuicio” para que pueda ejercer el derecho al olvido. Según Pablo García Mexía [7]el razonamiento parece contradictorio: “si la base de la argumentación es que los datos habrían perdido su calidad, entonces el perjuicio sería inevitable, pues el propio Tribunal afirma que un dato devenido innecesario respecto de los fines iniciales de su tratamiento resulta incompatible con la Directiva 95/46. (…) . Por eso acertaba en este aspecto el Abogado general de la UE, al hacer constar que una “razón legítima” [propia de la situación particular del interesado] para ejercer el derecho de oposición, tal y como la Directiva exige respecto de tal derecho, no podía hacerse coincidir con una “preferencia subjetiva. Al ignorar esta idea, el Tribunal ha abierto la puerta a un océano potencial de peticiones abusivas que, a la vez, puede resultar muy difícil de tramitar, con el consiguiente riesgo de que, las que de veras resulten fundadas, no reciban la atención que merecerían.
El análisis DAFO, también conocido como análisis FODA, es una metodología de estudio de la situación de un proyecto, analizando sus características internas (Debilidades y Fortalezas) y su situación externa (Amenazas y Oportunidades) en una matriz cuadrada. En este caso la utilizaremos para estudiar y ordenar de una forma más objetiva los efectos de la sentencia del TJUE.
– SIN LEGISLACIÓN: No existe de forma explícita, en el momento de conocerse la sentencia del asunto C‑131/12 contra Google, legislación europea sobre el derecho al olvido. No consta en la vigente Directiva 95/46/CE aunque si aparece en el artículo 17 del borrador del futuro RGPDUE aún pendiente de aprobar y, en consecuencia, se trata de un instrumento jurídico todavía no aplicable. A partir de ahora la doctrina del TJUE tiene fuerza vinculante general sobre el alcance de la interpretación que deba darse a la Directiva 95/46/CE sobre el derecho al olvido.- TRANSFERENCIA DE RESPONSABILIDAD: La sentencia cede la responsabilidad de decisión, en primera instancia, sobre la legitimidad de las peticiones de ejercicio del derecho al olvido a la empresa privada, como lo es la que gestiona un buscador, ponderando ésta unilateralmente los posibles derechos fundamentales en juego.
– VOLUNTAD JURÍDICA Y QUIMERA TECNOLÓGICA: La decisión de obligar al buscador a olvidar, y no necesariamente a la fuente de la información, puede provocar en el transcurso del tiempo la indexación por otros buscadores que vayan apareciendo en el futuro. También un tercero podría haberla copiado y hacerla aflorar en cualquier otro medio transcurridos unos años. Recordemos que la propagación en Internet puede ser viral. – LEGISLAR REGULACIÓN: Las actuales circunstancias deberían aprovecharse para regular o establecer protocolos de actuación en la aplicación del derecho al olvido por parte de buscadores y otras entidades. Podría disponerse inicialmente como una opinión o dictamen del Grupo de Trabajo del Artículo 29.- DEBERIA AGILIZARSE EL NUEVO RGPDUE: Se aprecia cada vez más la necesidad de disponer lo antes posible de un Reglamento General Europeo sobre protección de datos.En el debería regularse, una vez vistas las consecuencias de la sentencia del TJUE, el derecho al olvido (o al borrado como se le llama después de alguna enmienda) con mayor detalle que en el borrador actual sin apoyarse tanto en los “actos delegados” vid 17.9 RGPDUE.
– COLISIÓN DE DERECHOS: La evolución tecnológica, que lleva aparejada la evolución social, ha convertido en “imprescindible” el acceso libre a Internet para equiparar el desarrollo del conocimiento de cualquier persona con independencia de dónde se encuentre. Incluso hay quienes reclaman se considere éste acceso libre a Internet y sus contenidos como un nuevo derecho humano emergente. Si permitimos a los buscadores auto-limitarse en ausencia de criterios objetivos y claramente regulados y aceptados por todos, podríamos estar minando este nuevo derecho junto al derecho a la información. – MAYOR RECEPTIVIDAD SOCIAL: Después del escándalo social que ha propiciado el casoSnowden, la sociedad está mucho más concienciada de los peligros que amenazan a la privacidad y predispuesta a que se impulsen medidas protectoras de estos derechos fundamentales.
El derecho de los usuarios de Internet a buscar o recibir información disponible en Internet está protegido por el artículo 11 de la Carta. Afecta tanto a la información contenida en las páginas web fuente cuanto a la información proporcionada por los motores de búsqueda. Como ya he mencionado, Internet ha revolucionado el acceso a todo tipo de información y su difusión, y ha puesto en marcha nuevos medios de comunicación y de interacción social entre particulares. A mi juicio, el derecho fundamental a la información merece protección particular en Derecho de la Unión Europea, particularmente a la luz de la tendencia cada vez mayor de los regímenes autoritarios en todo el mundo a limitar el acceso a Internet o a censurar el contenido disponible en él.
Los derechos de rectificación, supresión y bloqueo de datos establecidos en el artículo 12, letra b), de la Directiva se refieren a datos cuyo tratamiento no cumple lo dispuesto en la Directiva, en particular debido al carácter incompleto o inexacto de los datos.
El auto de remisión reconoce que la información que aparece en las páginas web de que se trata no puede considerarse incompleta o inexacta. Menos aún se afirma que el índice de Google o los contenidos de su memoria oculta que incluyen estos datos puedan describirse de este modo. Por tanto, el derecho a rectificación, supresión o bloqueo, al que se refiere el artículo 12, letra b), de la Directiva, sólo surgirá si el tratamiento por parte de Google de datos personales procedentes de terceros es incompatible con la Directiva por otros motivos.
Por consiguiente, llegó a la conclusión de que los artículos 12, letra b), y 14, letra a), de la Directiva no establecen un derecho al olvido”.
Parece que se esté empleando la técnica jurídica de la subsunción, forzando la realidad de los hechos para obtener conclusiones preestablecidas, a partir de una aplicación determinada de la norma. Considerar razonable el dirigirse a Google para que des-indexe contenido sin necesidad de dirigirse, o haberse dirigido, a la página web como fuente de origen, con el único argumento de que Google consigue un efecto multiplicador de la visibilidad, parece al menos cuestionable. Podríamos añadir una nota de humor responsabilizando de ocasionar una enfermedad al microscopio que lo magnifica en vez de al virus que es el auténtico causante biológico. También podría ser cuestionable considerar a Google responsable del tratamiento.
– Declaración de Ciudad de Panamá. “Hacia la unificación de criterios y garantías para la protección de la identidad digital y el derecho al olvido”. Presentada el 23 de julio de 2014. Observatorio Iberoamericano de Protección de Datos.
– [1] José Luis Colom. “El oversharing es una actitud con secuelas para el futuro”. 21 de enero de 2014. BlogAspectos profesionales.
– [2] Lorenzo Cotino Hueso. “Datos personales y libertades informativas. Medios de comunicación social como fuentes accesibles al público (art. 3 de la LOPD)”. En: Troncoso Reigada, Antonio (dir.). Comentario a la Ley orgánica de protección de datos personales. 2010. Navarra: Civitas, p. 289–315 (esp. 298).
– [3] Luis Javier Mieres Mieres. “El derecho al olvido digital”. Documento de trabajo 186/2014. 2014. Fundación Alternativas.
– [4] José Luis Colom. “Conflicto jurídico entre el derecho a la intimidad y el derecho a la información”. 6 de Mayo de 2014. Observatorio Iberoamericano de Protección de Datos.
– [5] Romina Florencia Cabrera. “LA INTERNET COMO DERECHO HUMANO”. 24 de febrero de 2013. Observatorio Iberoamericano de Protección de Datos.
– [6] Enrique Dans. “El absurdo derecho a que internet te saque por tu lado bueno”. 13 de mayo de 2014. El blog de Enrique Dans.
– [13] Lorenzo Cotino Hueso. “Libertades informativas y responsabilidad de los prestadores de servicios en Internet”. 21 de febrero de 2013. XI CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN CONSTITUCIONALISTAS DE ESPAÑA (ACE).
– [7] Pablo García Mexía. “Gana el derecho al olvido, pierden Internet y la libre expresión”. 15 de mayo de 2014. La Ley en la Red. Blogs ABC.
– [8] Francisco Javier Sempere. “Derecho al olvido: ni censura ni límite al derecho de información”. 27 de mayo de 2014. Blog Privacidad lógica.
– [9] Samuel Parra. “Esto es lo que obligan a borrar a Google en virtud del Derecho al Olvido”. 2 de junio de 2014. Blog Protección de datos personales.
– [10] Niilo Jääskinen. “conclusiones del Abogado General de la UE en el asunto C‑131/12 del Sr. Mario Costeja”. 25 de junio de 2013. Comisión Europea. Justicia.
– [11] Ricard Martínez. “Olvidar es un fenómeno muy complejo”. 14 de mayo de 2014. Blog LOPD y Seguridad.
– Francisco Ramón González-Calero Manzanares. “Sentencia sobre derecho al olvido ¿Algo ha cambiado?”. 27 de mayo de 2014. El Derecho (Grupo Francis Lefebvre).
– [12] Lorenzo Cotino Hueso. “(Audio) sobre el olvido de la libertad de recibir información en la sentencia TJUE que reconoce el derecho al olvido…”. 14 de mayo de 2014. Universitat de València.
Publicado en 31/07/2014 01/08/2014
Identidad Digital: concepto, componentes y riesgos
Para entender el concepto de Identidad Digital, me remito en primer término al concepto que establece la Real Academia de la Legua Española respecto de Identidad, la cual es definida como el “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”,[1] es así que si llevamos este concepto al ámbito digital o a la exposición y desarrollo de tal identidad en este contexto, tendremos conceptos como el que establece el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO), que a continuación se describe:
La identidad digital “…puede ser definida como el conjunto de la información sobre un individuo o una organización expuesta en Internet (datos personales, imágenes, registros, noticias, comentarios, etc.) que conforma una descripción de dicha persona en el plano digital.”[2]
Además, es importante considerar otros aspectos como el que “No hay identidad digital sin interacción, sin visualización en el espacio virtual”[3], ello conforme al dicho de Fernández Vicente.
También, hay que diferenciar entre identidad digital e identidades parciales, cada identidad parcial corresponde a cada servicio o aplicación en internet, como las redes sociales, usuarios de correo electrónico, entre otros, pero al final la suma de estas identidades parciales es lo que constituye la identidad digital.
Sin embargo, es preocupante cuando nuestra identidad digital sale de nuestro control, ya que la misma se va construyendo además con la información y datos que otras personas vayan generando respecto de nosotros, incluso, nuestra identidad digital llega a ser alimentada con la percepción o comportamiento que se tienen las personas con las cuales nos relacionamos, de manera que incluso existen aplicaciones tales como “Lenddo”, que no solo se realiza la información que las personas le proporcionan para realizar un análisis de si son susceptibles de recibir un préstamo o crédito, sino que además se toma en cuenta la información de nuestros familiares y amigos en Facebook aportan sobre nosotros, o incluso, la información que arroja el mero hecho de tener a ciertas personas como nuestros contactos o la forma en la que interactuamos con ellos.
Problemas o riesgos a considerar respecto de la identidad digital
Uno de los problemas de la identidad digital es la posibilidad que tiene un solo individuo de generar una pluralidad de identidades, ya si bien es cierto que hay a quienes les conviene trabajar en la correcta construcción de su identidad digital para adquirir más impulso o reconocimiento social o político, también lo es que pueden existir motivos por los cuales una persona desee permanecer en el anonimato que brinda internet, ello por distintos motivos, tales como temas de seguridad, libertad de expresión, para ocultar o disfrazar los actos o consultas de información, o cuando simplemente se tenga el interés de que tales actos no afecten la identidad principal.
Es así que lo anterior puede representar un problema para las empresas, las autoridades o para quienes prestan servicios vía web, o cuando la contratación de los productos o servicios se realiza mediante estos medios, ya que es muy complicado saber quién es la persona que en realidad está realizando la transacción, quedando expuestos por ejemplo a fraudes cometidos por el uso de identidades digitales falsas, los cuales en combinación con el uso de tarjetas de crédito clonadas o robadas, puede ser una herramienta muy peligrosa.
Es así que a diferencia de la identidad en el medio físico en la cual es más fácil identificar la persona que está realizando la operación, en el medio digital tenemos el problema de la falta de conexión entre una persona determinada y una identidad digital, tan incierto puede ser que al momento de offline la identidad digital puede dejar de existir.
Otros de los problemas más comunes asociados a la identidad digital son las violaciones a los derechos la privacidad, los derechos autorales, daño reputacional, sexting, bullying, entre otras actividades que van deteriorando o violentando la identidad digital de una persona, llegando a grados en los que incluso se lleguen a afectar las relaciones personales y la vida íntima de la persona.
Comunicación, I. N. (junio de 2012). Guía para Usuarios: identidad digital y reputación online. Recuperado el 05 de julio de 2014, de INTECO:
file:///C:/Users/dmartinezr/Downloads/guia_identidad_reputacion_usuarios.pdf
Española, R. A. (s.f.). RAE. Recuperado el 15 de junio de 2014, de RAE:
OECD. (2011). Digital identity management. Recuperado el 15 de julio de 2014, de OECD:
http://www.oecd.org/sti/ieconomy/49338380.pdf
Subias, Miguel Pérez; Caro Castaño, Lucia; Fernández Vicente, Antonio; Winocur, Rosalía; García Cantero, Jaime; Roca, Genís; Sánchez , Sergio; Vilches , Lorenzo; Subires, María Purificación;. (abril-julio de 2012). TELOS. Recuperado el 15 de julio de 2014, de Dossier, Identidad Digital:
http://telos.fundaciontelefonica.com/docs/2012/07/26/10390001_4_4_0.pdf#page=56
[3] Subias, Miguel Pérez; Caro Castaño, Lucia; Fernández Vicente, Antonio; Winocur, Rosalía; García Cantero, Jaime; Roca, Genís; Sánchez , Sergio; Vilches , Lorenzo; Subires, María Purificación;. (abril-julio de 2012). TELOS. Recuperado el 15 de julio de 2014, de Dossier, Identidad Digital:
http://telos.fundaciontelefonica.com/docs/2012/07/26/10390001_4_4_0.pdf#page=56, p.p. 71
Publicado en 30/07/2014 31/07/2014
El Internet de las Cosas, la Inseguridad de las Cosas
Por Lorenzo Martínez Rodríguez
Hay dos tipos de seres humanos. Por un lado, están los conservadores que creen que estar llenos de cables, ondas y señales golpeándonos diariamente, invisibles ante nuestros ojos, es una fuente de problemas, y que prefieren las relaciones humanas y los procedimientos tradicionales, antes que los digitales. Por otro, aquellos que están dándole a F5 constantemente al navegador para estar al día de las últimas tendencias en cuanto a modas y tendencias tecnológicas se refiere.
El punto de inflexión de tener una vida “sana” y pasar a estar conectados a Matrix, está claro que fue el nacimiento del iPhone. Cuando creíamos que Nokia era el “no-va-más” y que claramente dominaría el mundo de la tecnología, llega Apple y hace que tengamos TODO al alcance de nuestra mano: correo, mensajería instantánea, juegos, cámara de fotos de alta definición, GPS,… un sinfín de opciones que nos harán ser adictos de un dispositivo durante el tiempo que su finita batería se mantiene viva, así como de pasar por caja ante la empresa de Cupertino.
Y con Android, estalló la supernova
Dentro del mundo libre, y motivados por lo novedoso del comercial Apple, se gestó una revolución, un sistema operativo basado en Linux independiente del dispositivo, que podrá ser instalado y personalizado, en lo que significó la explosión de Internet móvil. Marcas como Samsung, LG, Sony, HTC,… permiten la conexión de miles de nuevos dispositivos, que ampliarían aún más el universo de posibilidades para la socialización del ciudadano.
Ordenadores de bajo consumo, teléfonos más planos, tablets con pantallas más grandes, electrodomésticos “inteligentes” como cámaras web con sensor de movimiento, alarmas, SmartTVs, aspiradoras robotizadas… elementos que forman parte de nuestra vida cotidiana, cuyo denominador común es contar con una pila TCP/IP, que les dota de conexión a un ecosistema en el que se sienten vivos mientras interactúan con el Mundo.
Y sin embargo, la tecnología no puede verse frenada. El afán de optimizar potencia reduciendo el espacio, y cuando creíamos que no se podía conectar más cosas, surgen los famosos “wearables”, entre otras, en forma de pulsera, que se encarga de medir parámetros de nuestro cuerpo: sudoración, ritmo cardiaco, calorías consumidas, horas de sueño efectivo,…
¿Quién no ha soñado con ser Michael Knight y hablarle al reloj, y que éste nos responda? La respuesta a este deseo, estará próximamente disponible, implementado por Apple y por diversas marcas de Android.
Dentro de esta caja de gadgets que se pegan a nuestro cuerpo, no podemos dejar de lado aquel por el que todo adicto a la tecnología vendería su alma al diablo: las Google Glass. Unas gafas con un miniordenador basado en Android (pues claro! ¿Qué hay más ‘wearable’ que eso?) que ejecutan aplicaciones e interactúan con Internet (y Google) una vez más…
¡Menudo presente y futuro nos espera! Lleno y cargado de tecnología.
Oye, pero una pregunta. ¿Alguien se ha planteado que en esta orgía de satisfacciones tecnológicas puede tener algún tipo de contrapartida? ¿Por qué cuando se trata de innovación y novedad, la seguridad es lo último que se tiene en cuenta? ¿Y la privacidad de los bípedos conejillos de indias protagonistas de estos experimentos digitales?
Si dividimos la problemática en las dos ramas, veremos que podemos extraer diferentes conclusiones para ambas.
Por un lado, la privacidad del usuario, y sus datos, son envueltos por la niebla provocada por “la nube”. Es decir, cada vez que indicamos nuestros hábitos diarios, de preferencias deportivas, de alimentación, gustos musicales, localización por GPS, horarios diurnos y nocturnos, e incluso interioridades relacionadas con nuestra propia salud e intimidad, estamos regalando, a una o varias empresas, la posibilidad de establecer un perfil, a veces con nombre y apellidos, correspondido con una identidad digital. Tras firmar contratos, de forma obligada si queremos acceder al servicio, muchas veces de decenas de interminables páginas, escritas por especialistas en redactar ambigüedades, en los que de alguna manera le estás cediendo tu actividad, tus fotos o tu vida, a alguien que no conoces personalmente, ¿quién nos dice cuál es la finalidad real de la recopilación y procesamiento de éstos? ¿Es reamente justificable por motivos de seguridad nacional, según el Patriot Act de Estados Unidos, espiar mis latidos cardiacos para saber si mi salud mejora o empeora?
¿Y respecto a las medidas de seguridad implementadas?
Ahora imaginemos en un mundo aún más conectado, en el que los propios protocolos utilizados para compartir información fuesen inseguros, por el propio diseño de los mismos, o debilitados de forma intencionada, también por la presión de los gobiernos. Me estoy refiriendo a los grandes “fallos” descubiertos a lo largo del presente año en implementaciones criptográficas como OpenSSL o GNUTLS, o las confesiones de espionaje desmedido a aquellas empresas suscritas a PRISM. ­
Desde el punto de vista de la tecnología de comunicaciones empleada: podemos hablar de la fragilidad del protocolo Bluetooth (al menos hasta la versión 4.0), en cuanto a las capacidades de intercepción de las comunicaciones de datos se refiere; o de la capacidad para leer y escribir mediante RFID o la inmadurez de la tecnología NFC, empleada para llevar a cabo pagos “touchless”, entre otros.
Con el boom de que todo esté conectado a Internet de forma permanente, con servicios accesibles desde cualquier parte, y dada la escasez de direcciones IP públicas en versión 4, se hace necesario que nuestras lavadoras, frigoríficos o aspiradoras, se modernicen y cuenten con una dirección IPv6… Gracias a ello, todos estos dispositivos estarán además a merced de ser víctimas de un montón de amenazas inherentes al diseño del propio protocolo: Ataques como SLAAC, Neighbour spoofing, así como aquellos basados en DHCP,… pueden llegar a hacer que nos despertemos de nuestro idílico sueño de “Everything Connected” trasnformada en indomable pesadilla.
Si además contamos con que el exploiting de vulnerabilidades en Android es trending topic en la industria del desarrollo de malware, tendremos el escenario ideal para una tormenta perfecta; un cóctel de vientos huracanados que robarán nuestros datos, granizos que agujerearán nuestra privacidad, inundaciones de software troyanizado y relámpagos que mostrarán, a fogonazos, información privada al exterior.
¿Estamos preparados para todo esto? ¿O, una vez más, queda patente que “evolución” y “moda”, viajan en avión mientras que “seguridad” lo hace en tanque?
Cuánta razón tenían los publicistas de la marca Pirelli, cuando idearon el que fue, sin duda, su eslogan más recordado: “La potencia sin control, no sirve de nada”
Publicado en 29/07/2014
“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón” Jorge Luis Borges.
La Internet que disfrutamos hoy en día ha sufrido gran cambio respecto a la que conocimos en los años noventa, que era mucho más estática y unidireccional, y en la que el usuario ejercía un papel casi del todo pasivo, sin que su conducta conllevara normalmente una reacción en la red. Actualmente, en cambio, el usuario interactúa constantemente en Internet, se ha convertido en parte activa en la construcción del tejido de esta red de redes y su comportamiento puede llegar a provocar grandes reacciones. Este escenario, regido bajo el principio de neutralidad de la red y teniendo en cuenta que el acceso a Internet llega cada vez a una mayor población (como es deseable) y además por medio de más dispositivos (no digamos ya cuando vivamos el gran apogeo del Internet de las cosas), arroja unas características propias de la denominada web 3.0 que resultan de gran impacto para todos estos derechos. Tales características son: la amplificación (repercusión, alcance, rapidez y facilidad en la transmisión de la información), la accesibilidad a la información, más fácil, cómoda y barata, y la permanencia de la misma.
Ninguno de los derechos mencionados es absoluto y todos ellos, en su aplicación, encuentran su límite en otros derechos e intereses legítimos. Y en la ponderación que sea haga en el conflicto entre unos y otros, adquieren especial importancia estas características de la Internet de hoy en día.
En este panorama, y desde hace unos años, se habla mucho sobre elderecho al olvido. Sin embargo, dudo que sepamos muy bien lo que es, empezando por si realmente existe o no, en el sentido de que efectivamente estemos hablando de un derecho nuevo y no, como muchos parecen definirlo, de un modo u otro, de lo que hace ya años es el derecho de cancelación de la protección de datos personales.
En mi opinión esta definición resulta verdaderamente pobre y triste, pues no creo que deba referirse a los datos personales. Además puede inducir a error, pues ¿acaso en Europa no gozamos ya de esa protección desde la Directiva 95/46/EC? ¿Y no hace años que vienen introduciéndose en las distintas legislaciones nacionales los concretos derechos de oposición y cancelación de nuestros datos personales?
Pero entonces, ¿existe un “derecho al olvido” nuevo e independiente de cualquier otro? Del mismo modo que se viene haciendo con el derecho de cancelación de los datos personales, podríamos hablar de un derecho al olvido desde el prisma del derecho al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen, o en relación con la propiedad intelectual (concretamente el derecho del autor a retirar su obra del comercio por cambio de sus convicciones morales o intelectuales). En tal caso, eso que se ha dado en llamar derecho al olvido podría llegar a predicarse también de las personas jurídicas.
Un primer tipo de supuestos serían aquellos en los que, siendo, en el origen, cierta la información que se revela respecto a un individuo, éste debe soportar esa intromisión en su intimidad por estar legitimada en virtud del derecho de información (ya sea éste ejercido a través de los medios de comunicación, ya de boletines oficiales o tablones edictales), pero en los que, debido al transcurso del tiempo, puede decirse que tal legitimación debe caducar a fin de que el individuo no tenga que soportar dicha carga durante el resto de su vida impidiéndole su propio pasado, en mayor o menor medida, vivir en paz un presente enmendado.
Fuente de la imagen: Kiran Foster.