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Timestamp: 2017-08-17 17:29:31
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Ius suum cuique tribuere: 2008
Sobre el concepto de Constitución. R. Guastini.
I. VARIEDAD DE USOS DEL TÉRMINO “CONSTITUCIÓN”
El término “ Constitución” es usado en el lenguaje jurídico (y político)
con una multiplicidad de significados (cada uno de los cuales presenta
muy diversos matices).3 No es aquí el lugar para hacer un inventario
completo. Será suficiente distinguir los cuatro significados principales,
a) en una primera acepción, “ Constitución” denota todo ordenamiento
político de tipo “ liberal” ;
b) en una segunda acepción, “ Constitución” denota un cierto conjunto
c) en una tercera acepción, “ Constitución” denota —simplemente— un
d) en una cuarta acepción, en fin, “ Constitución” denota un particular
texto normativo dotado de ciertas características “ formales” , o sea de un
3 Sobre el concepto (o mejor, sobre los conceptos) de Constitución la literatura es obviamente
inmensa. Cfr. por ejemplo Crisafulli, V., “ Costituzione” , Enciclopedia del novecento, I, Roma, 1975;
De Vergottini, G., “ Costituzione” , en Bobbio, N. y Matteucci, N. (eds.), Dizionario di politica,
Turín, 1976, pp. 274 y ss. (hay traducción al castellano en la editorial Siglo XXI, de México);
Burdeau, G., Traité de science politique, IV. Le statut du pouvoir dans l’état, París, 1983, cap. I;
Bastid, P., L’idée de constitution, París, 1985; Modugno, F., “ Il concetto di costituzione” , Aspetti e
tendenze del diritto costituzionale. Scritti in onore di Costantino Mortati, I, Milán, 1977, pp. 199 y
ss.; id., “ Costituzione (teoria generale)” , Enciclopedia giuridica, X, Roma, 1988; id., Appunti per
una teoria generale del diritto, Turín, 1988, pp. 57 y ss.; Zagrebelsky, G., Societá, stato, costituzione.
Lezioni di dottrina dello stato, Turín, 1988, pp. 75 y ss.; Barberis, M., “ Progetto per la voce
‘costituzione’ di una enciclopedia” , Filosofia politica, 1991, pp. 351 y ss.; S. Bartole, “ Costituzione
(dottrine generali e diritto costituzionale” ), Digesto, IV ed. (Discipline pubblicistiche), VI, Turín,
1991; Comanducci, P., Assaggi di metaetica, Turín, 1992, pp. 155 y ss.; id., “ Ordine o norma? Su
alcuni concetti di costituzione nel Settecento” , Studi in memoria di Giovanni Tarello, I. Saggi storici,
Milán, 1990, pp. 173 y ss.; Guastini, R., Quindici lezioni di diritto costituzionale, II ed., Turín, 1992,
pp. 9 y ss.; Floridia, G. G., “ Qu’est-ce que... la constitution?” , I viaggi di Erodoto, 18, 1992, pp.
48 y ss.; id., “ ’Costituzione’: il nome e le cose” , Analisi e diritto. Ricerche di giurisprudenza
analitica, 1994, pp. 131 y ss.; Dogliani, M., Introduzione al diritto costituzionale, Bolonia, 1994,
pp. 11 y ss.; Furet, F., Halévi, R., La monarchie républicaine, París, 1996, cap. I.
Para la filosofía política, el término “ Constitución” es comúnmente
utilizado en su sentido originario, para denotar cualquier ordenamiento
estatal de tipo liberal (o, si se quiere, liberal-garantista);4 un ordenamiento
en el que la libertad de los ciudadanos en sus relaciones con el Estado
esté protegida mediante oportunas técnicas de división del poder po-
lítico.5
El originario concepto liberal de Constitución fue puesto en claro por
el artículo 16 de la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen
(1789), que estableció lo siguiente: “ Una sociedad en la que no esté
asegurada la garantía de los derechos ni reconocida la división de pode-
res, no tiene Constitución” .6
En este contexto, claro está, el término “ Constitución” denota no ya
una organización política cualquiera, sino una organización política libe-
ral y garantista. La Constitución es concebida aquí como límite al poder
De esta forma no todo Estado está provisto de Constitución: los Esta-
dos liberales son Estados constitucionales, o sea tienen Constitución;
mientras que los Estados despóticos no son Estados “ constitucionales” ,
es decir, carecen de Constitución. En este sentido del adjetivo “ constitu-
cional” , un Estado puede llamarse constitucional, o provisto de Consti-
tución, si y sólo si satisface dos condiciones (disyuntivamente necesarias
4 Matteucci, N., “ Positivismo giuridico e costituzionalismo” , Rivista trimestrale di diritto e
procedura civile, 1963; id., Organizzazione del potere e libertá, Turín, 1976; id., “ Costituzionalis-
mo” , Bobbio, N., Matteucci, N., Dizionario di politica, Turín, 1976, pp. 262 y ss.; Sartori, G.,
Elementi di teoria politica, Bolonia, 1987, pp. 11 y ss. (hay traducción al castellano en Alianza
5 Sobre el constitucionalismo liberal (y la correspondiente noción de Constitución): McIlwain,
della cultura giuridica moderna, I, Bolonia, 1976, pp. 22 y ss., pp. 559 y ss.; id., “ Le idee giuridiche
della Rivoluzione francese” , S. Castignone (ed.), L’opera di Giovanni Tarello nella cultura giuridica
contemporanea, Bolonia, 1989, pp. 331 y ss.; Barberis, M., Benjamin Constant. Rivoluzione, costi-
1989, pp. 213 y ss.; Comanducci, P., “ Ordine o norma? Su alcuni concetti di costituzione nel
Settecento” , pp. 173 y ss.; Floridia, G. G., La costituzione dei moderni, Turín, 1991.
6 A propósito: Troper, M., “ Tre esercizi di interpretazione costituzionale” , Analisi e diritto.
Ricerche di giurisprudenza analitica, 1990, pp. 197 y ss.; id., Pour une théorie juridique de l’Etat,
y conjuntivamente suficientes): a) por un lado, que estén garantizados los
derechos de los ciudadanos en sus relaciones con el Estado; b) por otro,
que los poderes del Estado (el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo o
de gobierno, el Poder Judicial) estén divididos y separados (o sea que se
ejerzan por órganos diversos).
Este modo de utilizar el término “ Constitución” está hoy en día en
desuso. No obstante, algunas expresiones todavía de uso corriente (espe-
cialmente en sede historiográfica) presuponen el concepto liberal de
Constitución, y serían incomprensibles sin él. Es el caso, por ejemplo,
de los términos “ constitucionalismo” y “ constitucionalización” ,7 de las
expresiones “ monarquía constitucional” , “ Estado constitucional” y “ go-
bierno constitucional” (en oposición a: “ monarquía absoluta” , “ Estado
absoluto” , “ gobierno absoluto” ).
“ FUNDAMENTALES”
En el campo de la teoría general del derecho, el término “ Constitu-
ción” es generalmente usado para designar el conjunto de las normas
“ fundamentales” que identifican o caracterizan cualquier ordenamiento
La cuestión de cuáles normas deben ser consideradas fundamentales
es una cosa obviamente debatible, desde el momento que “ fundamental”
no denota una propiedad empírica (calificar alguna cosa como “ funda-
mental” es, en última instancia, un juicio de valor). Normas fundamen-
tales de un determinado ordenamiento jurídico pueden ser consideradas,
según los diversos puntos de vista, por lo menos las siguientes:
1. Las normas que disciplinan la organización del Estado y el ejercicio
del poder estatal (al menos en sus aspectos fundamentales: la función
legislativa, la función ejecutiva y la función judicial), así como la
conformación de los órganos que ejercen esos poderes (por ejemplo,
las normas que disciplinan la formación del órgano legislativo); o
7 Sobre el concepto de constitucionalización, cfr. Tarello, G., Storia della cultura giuridica
8 Cfr. por ejemplo Biscaretti di Ruffia, P., Diritto costituzionale, XIV ed., Napoles, 1986, p. 86.
2. Las normas que disciplinan las relaciones entre el Estado y los
3. Las normas que disciplinan la “ legislación” (entendida en sentido
“ material” , como la función de crear el derecho), o sea las normas que
confieren poderes normativos, que determinan las modalidades de for-
4. Las normas —comúnmente, si son escritas, formuladas como decla-
raciones solemnes— que expresan los valores y principios que infor-
En general, se puede convenir en que son normas fundamentales de
cualquier ordenamiento: a) las que determinan la llamada “ forma de Esta-
do” ; b) las que determinan la “ forma de gobierno” ; y c) las que disci-
plinan la producción normativa.10
Es evidente que, desde este punto de vista, todo Estado tiene necesa-
riamente su propia Constitución. Puede tratarse de una Constitución li-
beral o no liberal. Puede tratarse de un conjunto de normas escritas o
bien consuetudinarias. Estas normas, si son escritas, pueden estar o no
recogidas en un único documento. Pero, en todo caso, todos los Estados
están provistos de una Constitución de cualquier tipo.
Este concepto de Constitución es característico del positivismo jurídi-
co moderno,11 y es el que habitualmente se adopta hoy en día por los
estudiosos del derecho público.
Este concepto de Constitución, a diferencia del originario (“ Constitu-
ción” en sentido liberal), es un concepto políticamente “ neutro” : una Constitución es tal con independencia de su contenido político (liberal,
no liberal, democrático, autocrático, etcétera).
9 Este punto de vista es característico en Kelsen, H., General Theory of Law and State, Cam-
UNAM, 1989); id., Théorie pure du droit (1960), París, 1962, esp. pp. 299 y ss. (trad. al castellano
10 Así L. Paladin, Diritto costituzionale, Padua, 1991, p. 25. La noción (en verdad un poco
confusa) de “ forma de Estado” se refiere en general a los diversos modos en que son organizadas
11 Críticas en Matteucci, N., “ Positivismo giuridico e costituzionalismo” .
IV. LA “ MATERIA CONSTITUCIONAL”
La Constitución entendida como conjunto de normas fundamentales
(en uno u otro sentido) es llamada a su vez Constitución en sentido
“ sustancial” o “ material” .12 Al concepto “ material” de Constitución, en-
tendido en este sentido específico, se conectan las nociones de “ materia
constitucional” y de “ norma materialmente constitucional” .13
—Se llaman materialmente constitucionales las normas “ fundamenta-
les” —en uno u otro sentido— de todo ordenamiento jurídico.
—Se llama materia constitucional el conjunto de objetos que son disci-
Las normas “ materialmente constitucionales” pueden ser escritas o
consuetudinarias. Donde existe una Constitución escrita se esperaría que
esas normas estuvieran expresamente formuladas. Sin embargo, no es
infrecuente que también ahí donde existe una Constitución escrita, mu-
chas normas pacíficamente consideradas “ materialmente constituciona-
les” no estén escritas en la Constitución (sino que estén escritas en leyes
ordinarias, o también que no estén de hecho escritas, quedando implícitas,
en estado latente). De la misma forma, no es infrecuente que las Cons-
tituciones incluyan también normas no “ materialmente constituciona-
les” .14
12 Cfr. por ejemplo Romano, S., Principii di diritto costituzionale generale, reimpr. de la II edic.,
Milán, 1947, pp. 1 y ss. En este contexto, la expresión “ Constitución material” (o “ sustancial” ) tiene
13 Cfr. por ejemplo De Vergottini, G., Diritto costituzionale comparato, Padua, 1991, pp. 154
14 “ También lo que no esté contenido en la Constitución formal puede ser materialmente cons-
constitucional” (Cicconetti, S. M., La revisione della costituzione, p. 4).
V. LA CONSTITUCIÓN COMO “ CÓDIGO” DE LA MATERIA
En el lenguaje común, como también para la de teoría de las fuentes,
el término “ Constitución” es comúnmente utilizado para designar un
específico documento normativo —o sea un texto, formulado en una
lengua natural, y expresivo de normas (jurídicas)— que formula y recoge,
si no todas, al menos la mayor parte de las normas materialmente cons-
titucionales de un ordenamiento determinado.15 En esta acepción, en
suma, la Constitución es una suerte de “ código” (si bien el término
“ código” no se suele utilizar en este contexto) de la materia constitucio-
nal. Al igual que es verdad que es raro que todas las normas constitucio-
nales contenidas en una Constitución sean “ materialmente constituciona-
les” , también es raro que la Constitución agote toda la “ materia
constitucional” .
El “ código” constitucional, allí donde existe, es un texto que se dis-
tingue de otros documentos normativos (en particular de las “ leyes”
comunes) al menos por las siguientes características.
En primer lugar, la Constitución se distingue de otros textos normati-
vos en virtud de su nombre propio: el nombre de “ Constitución” (o en
otros ordenamientos: “ carta” , “ carta constitucional” , “ estatuto” , “ ley
fundamental” y similares), que corresponde a veces a una peculiar for-
mulación: normalmente las Constituciones o una de sus partes (especial-
mente los eventuales preámbulos) están redactadas en un lenguaje solem-
ne, destinado a subrayar la importancia política del documento.
El nombre “ Constitución” —se puede observar— individualiza, en
todo ordenamiento, no ya un tipo (una clase) de textos, sino un singular
documento normativo. En otras palabras, desde el punto de vista sincró-
nico, cualquier ordenamiento jurídico incluye —junto a una multiplicidad
de leyes, de reglamentos, etcétera— no ya también una pluralidad de
Constituciones, sino una, y una sola, Constitución.
15 Por otro lado, el nombre “ Constitución” , fatalmente, evoca los otros significados del término,
a los que ya nos hemos referido. De modo que, por un lado, la “ Constitución” se presenta como
fuente que recoge, si no todas, al menos algunas de las normas fundamentales del ordenamiento (en
el sentido que se ha indicado); por otro lado, la existencia misma de una “ Constitución” sugiere a
veces engañosamente que el ordenamiento de que se trata es un ordenamiento de tipo liberal.
En segundo lugar, la Constitución se distingue de las otras fuentes del
derecho en virtud de su contenido característico. Como se ha dicho, es
raro que todas las normas contenidas en una Constitución sean “ mate-
rialmente constitucionales” , y es igualmente raro que la Constitución
agote la “ materia constitucional” . No obstante, las Constituciones tienen
en gran medida un contenido “ materialmente constitucional” , en el sen-
tido que se ha apuntado.
a) normas que confieren derechos de libertad a los ciudadanos, disci-
b) normas sobre la legislación y más en general normas que confieren
Muchas Constituciones contemporáneas, además, incluyen también
una multiplicidad de normas “ de principio” o de normas “ programáti-
cas” . Unas contienen los valores y principios que informan —o al menos
eso se supone— a todo el ordenamiento jurídico. Las otras recomiendan
al legislador (y eventualmente a la administración pública) perseguir pro-
gramas de reforma económica y/o social.
En tercer lugar, la Constitución se distingue de las otras fuentes del
derecho en virtud de sus destinatarios típicos: si no todas, casi todas las
normas constitucionales se refieren no ya a los ciudadanos particulares,
y ni siquiera a los órganos jurisdiccionales comunes, sino a los órganos
constitucionales supremos (como: el jefe de Estado, las cámaras, el go-
bierno, la Corte Constitucional, etcétera).
Se observa que cuando se emplea el vocablo “ Constitución” en el
sentido de código constitucional, no se puede decir que todo Estado esté
necesariamente provisto de una Constitución. Es sin embargo verdad que
la gran mayoría de los Estados contemporáneos poseen un código cons-
titucional. Pero ningún Estado del “ antiguo régimen” lo poseía de hecho.
En nuestra época son raros o rarísimos los Estados que no lo poseen: se
suele citar el ejemplo de Gran Bretaña, cuyo derecho constitucional es
en gran parte consuetudinario (y por tanto no codificado). De todas formas, no existen razones lógicas que excluyan la existencia de un Estado
desprovisto de código constitucional.
16 Tarello, G., Storia della cultura giuridica moderna, I, pp. 607 y ss. Cfr. también Kelsen, H.,
General Theory of Law and State, 260 y ss.; De Vergottini, G., Diritto costituzionale comparato,
pp. 153 y ss.
En fin, el término “ Constitución” es comúnmente utilizado para refe-
rirse a una fuente del derecho a un documento normativo que se diferen-
cia de cualquier otra fuente por algunas características “ formales” .
vos en virtud de su procedimiento de formación, que es diverso de todas
las demás fuentes del derecho. Muchas Constituciones, por ejemplo, son
fruto de la elaboración y aprobación por parte de una asamblea “ consti-
tuyente” elegida para ese propósito; otras traen legitimidad de un refé-
rendum popular; otras sin embargo, son fruto de una decisión unilateral
del soberano (Constituciones llamadas “ otorgadas” , es decir, dadas ge-
nerosamente por el soberano a “ su” pueblo); etcétera.17
En segundo lugar, la Constitución se distingue algunas veces (no siem-
pre) de otras fuentes del derecho —en particular— de las leyes en virtud
de un régimen jurídico especial, de una “ fuerza” peculiar, que la pone
“ por encima” de las leyes (y de cualquier otra fuente). Gozan de un
régimen jurídico especial; en este sentido, las Constituciones que no pue-
den ser abrogadas, derogadas o modificadas por las leyes, en las que el
procedimiento de revisión constitucional es diverso del —más complejo
que el— procedimiento legislativo ordinario. Tales Constituciones se lla-
man rígidas.
Las Constituciones (escritas) son “ leyes” en sentido genérico, o sea
textos normativos: documentos que expresan normas (jurídicas). Pero
¿qué distingue a una Constitución de las demás leyes? Esta pregunta
admite diversas respuestas, cada una de las cuales supone un diverso
i) Se puede opinar ante todo que la Constitución se distingue de las
otras leyes en virtud de su función característica: la función de las
Constituciones es limitar el poder político. Este punto de vista está conectado
al concepto liberal de Constitución.
ii) Se puede opinar además que la Constitución se distingue de las
otras leyes en virtud de su contenido: contenido típico de las Constitu-
ciones es la distribución de los poderes en el seno del aparato estatal y
la disciplina de las relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Este punto
de vista está conectado al concepto de Constitución como conjunto de
normas “ fundamentales” .
iii) Se puede afirmar, en fin, que la Constitución se distingue de las
otras leyes en virtud no de su contenido, sino prescindiendo de él, es
decir, en virtud de su “ forma” . ¿En qué sentido?
a) En un primer sentido (débil), “ forma” denota el aspecto exterior de
las Constituciones: son Constituciones todos y solamente aquellos docu-
mentos normativos que tienen ese nombre (cualquiera que sea su conte-
son “ verdaderas” Constituciones.
b) En un segundo sentido (fuerte), “ forma” denota el régimen jurídico
o la “ fuerza” de algunas Constituciones: son Constituciones todos y so-
derogados o modificados por (otras) leyes. De este modo, las Constitu-
ciones flexibles no son, propiamente hablando, “ Constituciones” .
En general, las Constituciones escritas —o Constituciones en sentido
formal— son fuentes del derecho.18 ¿En qué sentido? Esta tesis puede ser
entendida en no menos de tres modos diversos.
En un primer sentido, se puede decir que la Constitución es fuente del
derecho por entender, simplemente, que los enunciados constitucionales
expresan normas (ya sea normas en sentido genérico, ya sea normas en
sentido estricto, o sea mandatos), las cuales disciplinan —cuando me-
nos— la organización del Estado y las relaciones entre el Estado y los
18 Que la Constitución sea fuente del derecho no puede decirse de las Constituciones consuetudi-
narias: una Constitución consuetudinaria, de hecho, es un conjunto de normas, y no una fuente de normas
(fuente de normas es la costumbre de la que la Constitución nace, no la Constitución misma).
Este primer modo de entender la tesis en examen es, prima facie,
absolutamente obvio y no problemático.
En un segundo sentido, se puede decir que la Constitución es fuente
del derecho por entender que las normas constitucionales —al menos
bajo un régimen de Constitución rígida— son idóneas:
a) para abrogar y/o invalidar (se trata, en este caso, de invalidez so-
b) para invalidar normas sucesivas de rango subconstitucional formal-
Este segundo modo de entender la tesis en cuestión es menos obvio
desde el momento que, en Italia la doctrina y la jurisprudencia, al menos
en relación con algunas normas constitucionales, han sostenido una opi-
nión contraria.19
En un tercer sentido, se puede decir que la Constitución es fuente del
derecho por entender que las normas constitucionales son idóneas para
disciplinar directamente no sólo la organización estatal y las relaciones
entre el Estado y los ciudadanos, sino también las relaciones entre par-
ticulares, y son por tanto susceptibles de aplicación jurisdiccional por
parte de cualquier juez (y no solamente por parte del juez constitucio-
nal).20
También este tercer modo de entender la tesis en examen no es obvio,
ya sea porque está en contraste con la concepción clásica de la Consti-
tución (como límite al poder político), ya sea porque, más en general,
está conectado a un cierto modo de interpretar los textos constitucionales.
19 Se alude a la distinción entre normas “ preceptivas” y normas “ programáticas” y/o “ de
principio” .
20 Cfr. Zagrebelsky, G., Manuale di diritto costituzionale, I, reimpresión actualizada, Turín,
1991, p. 105: “ Donde la estructura de la norma constitucional es suficientemente completa para
del ordenamiento jurídico, ya sean los jueces, la administración pública o los particulares. La Cons-
en las relaciones en las empresas, en las asociaciones y así por el estilo” . Cfr. también Barile, P.,
La noción de poder constituyente21 —si es oportunamente depurada de
incrustaciones ideológicas— se define, simplemente, por oposición a la
de poder constituido.22
Se llama “ constituido” a todo poder “ legal” , es decir, conferido y
disciplinado por normas positivas vigentes (y ejercido de conformidad
con ellas). Las normas que provienen de un poder constituido encuentran
su fundamento de validez en las normas sobre la producción jurídica
Se llama por el contrario “ constituyente” al poder de instaurar una
“ primera” Constitución.23
Llamo “ primera Constitución” a toda Constitución que no encuentre
su fundamento de legitimidad en una Constitución precedente.24 Una pri-
mera Constitución es en suma una Constitución emanada extra ordinem
—fruto de una revolución— y por tanto privada de fundamento de vali-
dez en normas (las eventuales normas sobre la producción constitucional)
propias del ordenamiento constitucional precedente.25
Dicho esto, sin embargo, hay que agregar que detrás de esta aparente
simplicidad, la noción de poder constituyente es un poco problemática.
Para aclarar al menos algunos de los problemas que involucra, puede ser
conveniente destacar la siguiente cuestión.
21 A propósito cfr. Carré de Malberg, R., Contribution á la théorie générale de l’Etat, París,
1998); Burdeau, G., Traité de science politique, IV, París, 1983, cap. III; Mortati, C., Istituzioni di
diritto pubblico, VIII ed., Padua, 1969, I, p. 64 y ss.; Barile, P., “ Potere costituente” , Novissimo
Costituente e costituito nell’Italia repubblicana, Padua, 1995, pp. 74 y ss.; Carrió, G. R., Sobre los
22 La distinción viene desde Sieyés, Qu’est-ce que le Tiers Etat (1789).
23 Quisiera subrayar que, así entendido, el poder constituyente no es, en modo alguno, el fun-
24 Kelsen, H., General Theory of Law and State, pp. 115 y ss.; id., Théorie pure du droit, pp.
25 Con el corolario de que la primera Constitución ni es válida ni es inválida en el ámbito del
ordenamiento que ella constituye. Sobre esto, Guastini, R., “ Sur la validité de la constitution du
point de vue du positivisme juridique” , en M. Troper, L. Jaume (eds.), 1789 et l’invention de la
Se puede convenir que el poder de reforma constitucional es un poder
constituido (constituido por la Constitución existente), y que el poder de
instauración constitucional sea por el contrario el poder constituyente.
Ahora bien, ¿qué distingue la reforma constitucional, es decir la modifi-
cación de la Constitución existente, de la instauración constitucional,26 es
decir de la emanación de una nueva Constitución?
X. INSTAURACIÓN CONSTITUCIONAL VS. REFORMA
Esta pregunta admite (al menos) dos respuestas interesantes: cualquiera
de ellas supone una diversa concepción de la Constitución (y de su criterio de
identidad) e implica una diversa concepción del poder constituyente.
1. La concepción sustancial (o sustancialista). La primera respuesta suena
grosso modo así: una Constitución es una totalidad coherente y conexa de
valores ético-políticos. La identidad material (axiológica) de toda Constitu-
ción descansa precisamente en el conjunto de valores —o principios supre-
mos— que la caracterizan y la distinguen de cualquier otra Constitución.27
Ahora bien, una cosa es reformar la Constitución existente (en sus
normas de detalle) sin alterar la identidad material o axiológica; otra
cuestión es modificar el “ espíritu” de la Constitución existente, o sea
alterar, perturbar o subvertir los valores ético-políticos que la caracteri-
zan.28
Una cosa es la simple reforma constitucional, otra —aunque sea en-
mascarada— es la instauración de una nueva Constitución. Una cosa es
el ejercicio de un poder constituido (el poder de revisión), y otra es el
ejercicio del poder constituyente.
26 Cfr. Romano, S., “ L’instaurazione di fatto di un ordinamento costituzionale e la sua legitti-
mazione” , en id., Lo Stato moderno e la sua crisi. Saggi di diritto costituzionale, Milán, 1969.
27 Schmitt, C., Dottrina della costituzione (1928), Milán, 1984, pp. 109 y ss. (trad. al castellano,
28 “ La función constituyente se caracteriza por la libertad absoluta de producción, en compa-
material” (Cicconetti, S. M., La revisione della costituzione, pp. 229 y 231).
Reforma e instauración constitucional se distinguen, entonces, no bajo
un perfil formal —por el hecho de que una adviene en forma legal y otra
de forma ilegal, extra ordinem— sino bajo el perfil sustancial: es una
reforma toda modificación marginal, es instauración toda alteración —
aunque legal— de la identidad axiológica de la Constitución.
De lo anterior se sigue, entre otras cosas, que en ningún caso puede
la reforma constitucional ser llevada hasta modificar los principios su-
premos de la Constitución existente. Tales principios son límites (lógicos)
infranqueables para la reforma constitucional.29
2. La concepción formal (o formalista). La segunda respuesta suena
grosso modo así: una Constitución no es más que un conjunto de normas.
Ahora bien, un conjunto (cualquier tipo de conjunto) se identifica —ex-
tensionalmente— por la simple enumeración de los elementos que lo
componen.30
Se sigue, ante todo, que existen tres tipos posibles de reforma consti-
tucional: a) la introducción de una norma nueva; b) la supresión de una
norma preexistente; c) la sustitución de una norma preexistente (es decir
la supresión de una norma vieja combinada con la introducción de una
norma nueva).31 Pero se sigue también que, comúnmente, toda reforma
constitucional comporta la modificación del conjunto preexistente, y la
modificación de un conjunto da lugar a un conjunto diverso: diverso
porque son diversos los elementos que lo componen.
Así, toda reforma constitucional —por más “ marginal” que sea desde
un punto de vista axiológico— produce una nueva Constitución. De modo
que reforma constitucional e instauración constitucional son —desde un
punto de vista wertfrei, avalorativo— cosas simplemente indistinguibles
bajo un perfil sustancial. No resta entonces más que distinguir reforma e
instauración sobre la base de elementos puramente formales.
Toda modificación constitucional realizada en forma legal —por más
que pueda incidir profundamente sobre la Constitución existente— es
mera reforma. Toda modificación realizada en forma ilegal —por más marginal que pueda ser ese cambio— es instauración de una nueva Cons-
titución. En suma: la modificación legal de la Constitución es ejercicio
del poder constituido, mientras que su cambio ilegal es ejercicio del
Desde este punto de vista, entre otras cosas, no tiene sentido hablar
de límites lógicos a la reforma constitucional.
29 Límites “ lógicos” , ya que una sedicente revisión constitucional que pretendiera alterar la
es decir, por definición, no podría más llamarse “ revisión constitucional” .
30 Bulygin, E., Norme, validità, sistemi normativi, Turín, 1995, pp. 76 y ss.; Guastini, R.,
31 Alchourrón, C. E., “ Conflictos de normas y revisión de sistemas normativos” , en Alchourrón,
XI. LA LOCUCIÓN “ CONSTITUCIÓN (EN SENTIDO) MATERIAL”
Para concluir este trabajo, no se puede dejar de expresar algunas pa-
labras para ilustrar los diversos significados de la locución “ Constitución
(en sentido) material” ,32 que recorre con frecuencia el lenguaje teórico y
doctrinal (y también, para ser francos, el lenguaje político vulgar).33 Pues
bien, de modo sucinto se puede decir esto:
En un primer sentido, se habla de Constitución material para referirse
a las normas que, en cualquier ordenamiento, determinan la “ forma de
Estado” y la “ forma de gobierno” .34
En un segundo sentido, se habla de Constitución material para referirse
al conjunto de normas sobre la legislación, o más en general al conjunto
de normas sobre las fuentes.35
En un tercer sentido, la misma expresión es utilizada para designar la
“ decisión política fundamental del titular del poder constituyente” .36
La “ decisión política fundamental” , a su vez, puede ser concebida: o
como la decisión relativa a la forma de Estado,37 o como la decisión
relativa al conjunto de los principios supremos que caracterizan a cual-
quier ordenamiento.38
33 A propósito: Mortati, C., La costituzione in senso materiale, Milán, 1940; id., “ Costituzione
(dottrine generali e costituzione della repubblica italiana)” , Enciclopedia del diritto, XI, Milán, 1962;
34 Cfr. Paladin, L., Diritto costituzionale, 25. Cfr. también Smend, R., Costituzione e diritto
35 Así, Kelsen, H. General Theory of Law and State, pp. 124 y ss., pp. 258 y ss.; id., Théorie
pure du droit, pp. 299 y ss.
37 Así parece concebirla Schmitt, C., Dottrina della costituzione, pp. 41 y ss.
En un cuarto sentido, se habla de Constitución material para referirse
al régimen político vigente en un Estado.39
El régimen político, a su vez, es concebido:40 o como el conjunto de
los “ fines políticos en vista de los cuales las fuerzas dominantes inspiran
la acción estatal” ;41 o bien como “ el real arreglo y funcionamiento de las
instituciones políticas en las varias fases históricas, al margen de cuanto
prescriban las correspondientes cartas constitucionales” .42
En un quinto sentido, en fin, la locución “ Constitución material” es
utilizada como sinónimo de “ Constitución viva” .
A su vez, la expresión “ Constitución viva” denota —con un lenguaje
sugestivo— el modo en que una determinada Constitución escrita es con-
cretamente interpretada y actuada en la realidad política. Por lo que se
refiere a la interpretación, es bastante obvio que cualquier texto consti-
tucional es susceptible de interpretaciones no sólo sincrónicamente diver-
sas, sino (sobre todo) diacrónicamente cambiantes. Por lo que respecta a
la actuación, habría quizá que aclarar que un texto constitucional (no
diversamente, por lo demás, de lo que sucede con cualquier otro texto
normativo) puede permanecer inactuado. Se puede crear un problema
de “ actuación” constitucional, y correlativamente se abre la posibilidad de
que la Constitución quede “ inactuada” en al menos dos clases de normas.
Por un lado, las eventuales normas programáticas, dirigidas al legisla-
dor. Muchas Constituciones contemporáneas contienen normas de este
Por otro lado, las eventuales normas —como se suele decir— “ de
eficacia diferida” , es decir todas aquellas normas que no pueden adquirir
eficacia sin la previa creación de otras normas, las cuales son, por ello,
condición necesaria de eficacia.43
39 Cfr. por ejemplo Barile, P., La costituzione come norma giuridica, Florencia, 1951; A. M.
Sandulli, “ Fonti del diritto” , Novissimo digesto italiano, VII, Turín, 1961, p, 527.
41 Así, Sorrentino, F., Le fonti del diritto, IV ed., Génova, 1997, p. 29 (con importantes obser-
43 La falta de una norma que sea condición necesaria de eficacia de otra norma constituye lo
que se acostumbra llamar una “ laguna técnica” .
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Peter Häberle: La dignidad humana como "premisa antropológico-cultural" del Estado constitucional, la democracia como "consecuencia organizativa"
1. La dignidad humana como “premisa antropológico-cultural”
A pesar de la gran tradición jurisprudencial del Tribunal Constitucional
Federal alemán,298 no se advierte ninguna fórmula que pueda considerarse
suficiente, “ manuable” , de lo que es la dignidad humana. De las diversas
cláusulas sobre la dignidad humana de las Constituciones se llega a per-
cibir, “ entre líneas” , que aquéllas están referidas a una concepción cul-
turalmente específica de la dignidad humana. Esto plantea la cuestión de
la dependencia cultural (y sobre todo, de la dependencia religiosa) de las
concepciones de la dignidad humana.299 Así, por ejemplo, la posición de
la mujer en el Islam, ¿es contraria a un contenido de la dignidad humana
válido en todo el mundo (“ universal” ) e irrenunciable? ¿O más bien se
aplica la famosa frase: “The mores can make anything right” (William
G. Sumner)? ¿Existe un “ núcleo” de la dignidad humana que sea inde-
pendiente del ámbito cultural?
Esta pregunta solamente puede responderse en forma específica res-
pecto de los derechos fundamentales.300 Hay que partir de la tesis de
298 Referencias en Häberle, P., “ Die Menschenwürde als Grundlage der staatlichen Gemein-
schaft” , HdBStR vol. I (1987), 2a. ed., 1995, pp. 815 (820 y ss.); por último Dreier, H., en id.
(ed.), Grundgesetz-Kommentar, vol. I, 1996, artículo 1o., inciso 1, núms. marginales 81 a 86. Por
último, BVerfGE 89, 28 (35); 93, 266, en relación con la protección del honor personal. Véase
también E 94, 12 (24); 95, 96 (130); 97, 391 (399 y s.).
299 Cfr. BVerfGE 12, 1 (4): “ actuales pueblos civilizados” , “ piso de ciertas concepciones mo-
rales básicas coincidentes en el curso de la evolución histórica” ; cfr. también BVerfGE 23, 236
300 Véase ya BVerfGE 12, 45 (50 y s.); más tarde, E 54, 341 (357).
que el conjunto de los derechos de tipo personal, por un lado, y los
deberes, por el otro, deben permitir al ser humano llegar a ser persona,301
serlo y seguir siéndolo. En esta garantía jurídica, específica de los ám-
bitos vitales, del ser persona, de la identidad, encuentra la dignidad hu-
mana su lugar central: el cómo es que el ser humano llega a ser persona
nos ofrece indicios de lo que sea la “ dignidad humana” . Aquí deben
distinguirse dos cuestiones: cómo se forma la identidad humana en una
sociedad, y en qué medida puede partirse de un concepto de identidad
válido entre culturas (y por tanto, universal).
B. Algunas consecuencias
Si se observan los conceptos de identidad sicológicos y científico-so-
ciales, se advierte una similitud material (no terminológica): la identidad
parece realizarse en una libertad contenida por un “ marco” determinado;
dicho marco es, en parte, también la “ superestructura” jurídica de la
sociedad, y en él, el principio de la dignidad humana transmite al indi-
viduo determinadas “ concepciones normativas de la persona” , las cuales
se hallan marcadas por la cultura en la que han surgido.302
Sin embargo, la dignidad humana no sólo es analizable en términos
culturalmente específicos. Ya una mirada a los conceptos de identidad
válidos entre culturas muestra que ciertos componentes fundamentales
de la personalidad humana deben ser tomados en cuenta en todas las
culturas, con lo cual se convierten en contenido de un concepto de dig-
nidad humana que no sea reductible a una cultura específica.
Más allá de lo anterior, no es estático en lo absoluto el marco de
orientación frente al cual llega a ser persona el ser humano, desenvol-
viéndose de manera libre pero orientada. Las posibilidades garantizadas,
es decir, socialmente aceptadas, de desenvolvimiento y comunicación
por ejemplo, en forma de roles estabilizados, como los “ modelos” de
una profesión, se convierten en parte del marco de orientación (que no
es sólo jurídico); la especificidad cultural de las concepciones sobre la
dignidad humana se convierte así en especificidad cultural en el tiempo,
301 Así ya Wintrich, J. M., Zur Problematik der Grundrechte, 1957, especialmente la p. 6: le
corresponde al ser humano su dignidad, porque “ en esencia es” persona.
302 Véase también Zippelius, R., Bonner Kommentar (Zweitbearbeitung), artículo 4 de la LF
(1996), número marginal 4: “ El segundo concepto capital de las concepciones vivientes en nuestra comunidad cultural (!) sobre la dignidad humana es la autonomía moral” .
y el marco de orientación se hace más flexible y diferenciado gracias
al creciente número de sus posibilidades de orientación,303 por lo que se
vuelve difícil, si no es que imposible, el regreso a las tradicionales con-
cepciones estáticas.
Dicho en otras palabras: la fórmula del objeto de Dürig se convierte
en fórmula del sujeto; el Estado constitucional realiza la dignidad humana
haciendo a los ciudadanos sujetos de su actuación.304 En este sentido, la
dignidad humana es la biografía desarrollada y en desarrollo de la re-
lación entre el ciudadano y el Estado305 (y con la desaparición de la
separación entre Estado y sociedad, de la relación Estado/sociedad-ciu-
dadanos). Aquí reside la justificación (parcial) de destacar a la dignidad
humana como autopresentación exitosa de una persona constituida en
individuo y, por tanto, como logro propio de cada ser humano en lo
individual,306 la que, por ejemplo, resulta evidente, en términos prácticos,
como “ derecho a la autodeterminación informacional” .307 El concepto
(de la percepción y el logro) de la identidad se entiende aquí, en virtud
de la apertura de aquel marco orientador para la dignidad humana, en
un sentido amplio que incluye las condiciones de posibilidad sociales y
jurídicas.308
C. La dignidad humana en relación con el tú
y en la solidaridad de las generaciones
Los conceptos científico-sociales de la identidad comprueban además
otra idea jurídica: en la dignidad humana se concibe de entrada también
la relación con el tú. El reconocimiento de la “ igual dignidad humana
303 Por lo tanto, también es funcionalmente “ correcto” normar un derecho fundamental “ re-
sidual” o general (“ Auffang-Grundrecht” ), como el artículo 2o., inciso 2, de la LF, que en unión
con el artículo 1o., inciso 1, puede actuar hacia el futuro.
304 De manera clara BVerfGE 38, 105 (114 y s.); 9, 89 (95); E 87, 209 (228); véase también
E 89, 28 (en especial la p. 35). Fundamental el trabajo de Dürig, G., Der Grundrechtssatz von der
Menschenwürde (1956), recogido más tarde en id., Gesammelte Schriften, 1984, pp. 127 y ss.
305 El artículo 79, inciso 3, de la LF no se refiere tanto a conceptos abstractos ético-filosóficos
de dignidad, sino más bien a la biografía desarrollada de la relación Estado/(sociedad)-ciudadanos.
306 Luhmann, N., Grundrechte als Institution, 1965, 2a. ed., 1974, pp. 68 y ss.; Podlech, A.,
GG-AK, 2a. ed., vol. I, 1989, artículo 1o., inciso 1, número marginal 11.
307 Cfr. BVerfGE 65, 1 (41 y ss.). Badura, P., Staatsrecht, 2a. ed., 1996, pp. 112 y ss.
308 Un concepto más estricto en Podlech, A., Alternativ-K. GG, artículo 1o., inciso 1 (1989),
números marginales 34 y ss.
del otro”309 constituye el puente dogmático hacia la adecuación relativa
al tú de la dignidad humana “ del uno” , tal como lo han concretizado
de manera especial la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Federal
sobre la imagen del hombre310 o el catálogo de los derechos fundamen-
tales, en particular los artículos 6o. y 140, 9o. y 21, o el artículo 28,
inciso 2, de la LF.311 La referencia al “ otro” , al “ prójimo” , al “ tú” y
al “ hermano” (en el sentido de la fraternidad de 1789), hoy también a
la “ hermana” , es una parte integral del principio jurídico-fundamental
D. La dignidad humana en el cambio cultural
El enunciado constitucional sobre la dignidad humana trae consigo
un grado mínimo de capacidad de desarrollo y, con ello, también de
transformación de la dignidad humana que es “ absoluta” en apariencia.
De este modo, los peligros en el campo ambiental entran apenas recien-
temente en la conciencia general, o bien, sólo en época próxima se tiene
percepción de algún grupo social marginal (como el de los trans-sexua-
les): las cláusulas sobre la dignidad humana se encuentran en el contexto
de la cultura constitucional, la cual apunta más allá de lo jurídico en la
Constitución, hacia lo cultural, es decir, hacia los textos clásicos lo mis-
mo que hacia utopías concretas (por ejemplo, la de los ecologistas), hacia
las experiencias de un pueblo (por ejemplo, con las tiranías), así como
hacia las esperanzas (hasta 1990, unidad de Alemania, hoy, la de Europa).
2. La vinculación entre dignidad humana y democracia
A. El pensamiento “clásico” de la separación y su crítica
El fundamento del Estado constitucional es doble: la soberanía del
pueblo y la dignidad humana. En la historia de las ideas, la soberanía
309 Cfr. sobre los derechos de igualdad: HdBStR, vol. V (1992), pp. 837 y ss. (en especial
Kirchhof, P.); Hesse, K., “ Der Gleichheitssatz in der neuen Rechtsprechung des Bundesverfas-
sungsgerichts” , FS Lerche, 1993, pp. 121 y ss.
310 Al respecto véase Häberle, P., Das Menschenbild im Verfassungsstaat, 1988, pp. 44 y ss.
De la bibliografía: Bergmann, J. M., Das Menschenbild der Europäischen Menschenrechtskonven-
tion, 1995.
311 Sobre el “status corporativus” , Häberle, P., Die Wesensgehaltsgarantie des Art. 19 Abs.
2 GG, 3a. ed., 1983, pp. 376 y ss.
popular y la dignidad humana fueron concebidas y “ organizadas” , la
mayoría de las veces, en forma separada. La soberanía popular era
la contrapartida político-polémica de la soberanía del príncipe o monar-
ca.312 Su concepción clásica en la tradición de Rousseau (“ toda la so-
beranía dimana del pueblo” ) impregna los textos constitucionales escritos
y la tradición científica hasta la fecha. Su fuerza de convicción es tanta
que las correcciones se toman en cuenta de manera periférica, los cues-
tionamientos fundamentales casi no lo son y muy rara vez se perciben
las variantes sustanciales de los textos constitucionales. En la frase de
Dolf Sternberger “ no todo el poder del Estado dimana del pueblo” reside
todavía una inclinación involuntaria frente a la posición de J.-J. Rousseau
que se está combatiendo. En el postulado de la democracia con división
de poderes o del Estado de derecho313 radica asimismo tanto una correc-
ción de las doctrinas “ absolutas” de la soberanía popular como una in-
dicación de la fragmentación pluralista de la voluntad del pueblo.314 Sin
embargo, sigue siendo una tarea pendiente la de desprender a la soberanía
popular de su origen histórico-polémico para verla en vinculación con
B. Cambios en los textos constitucionales
Una comparación de los textos constitucionales muestra, en el caso de
las Constituciones más antiguas, al pueblo como elemento primario de la
doctrina de los tres elementos de las teorías generales del Estado. Ocasio-
nalmente se degrada al ciudadano a la calidad de “ objeto” del poder estatal
de manera textual, por un lado, en la tradición de la doctrina de la soberanía
popular, es decir, según la fórmula “ todo el poder del Estado dimana del
pueblo” , por el otro lado, llama la atención la figura codificadora del Estado
nacional: el pueblo es postulado como unidad “ nacional” (frente a las mi-
norías étnicas), en el sentido de “ pueblo alemán” y similares.
Algunos textos constitucionales más recientes recorren, casi sin que
se advierta, una vía distinta,315 ya sea modificando la cláusula de la so-
312 Sobre la soberanía cfr. la exposición básica de Dagtoglou, P., voz “ Souveranität” , EvStL,
1966, cols. 2321 y ss. (ahora en 3a. ed., 1987, cols. 3155 y ss.).
313 Bäumlin, R., Die rechtsstaatliche Demokratie, 1954.
314 Hesse, K., op. cit., pp. 61 y s.
315 De manera puntual se indica la relación entre pueblo y derechos humanos, por ejemplo,
en el § 130 de la Constitución de la Iglesia de San Pablo (1849); véase también el artículo 1o.
beranía popular,316 o bien, construyendo la parte de los derechos funda-
mentales de manera tan evidente a partir de la garantía de la dignidad
humana, que esto no puede quedar sin efectos sobre la concepción de
la tradicional cláusula de la soberanía popular, así por ejemplo, en el
artículo 1o. de la LF, que “ corrige” al artículo 20, inciso 2. Si de acuerdo
con el proyecto constitucional de Herrenchiemsee de 1948 (artículo 1o.,
inciso 1), “ el Estado se encuentra al servicio del ser humano” (y no a
la inversa), entonces bien puede ser que todo el poder del Estado “ di-
mane” del pueblo, pero este enunciado ¡encuentra ya su “ premisa pri-
maria” en la dignidad humana! Es el “ punto de referencia arquimédico”
de todas las derivaciones y contextos del gobierno y de las “ cadenas de
legitimidad” , que también son necesarias en el Estado constitucional. El
“ gobierno del pueblo” (por el pueblo y para el pueblo) es concebido
apenas en una segunda etapa del razonamiento. Como principio jurídico,
la protección de la dignidad humana (¡y también su irradiación hacia
los derechos fundamentales en lo particular!) es anterior al “ Estado” y
al “ pueblo” y también a todas las derivaciones del gobierno y las vincu-
laciones de legitimación del pueblo hacia los órganos del Estado (cfr.
al respecto BverfGE 93, 37 (67 y s.)).
Un paralelismo entre dignidad humana y soberanía popular se advierte
ya claramente en los artículos 1o. y 2o. de la Constitución de Grecia
(1975). El artículo 1o., inciso 2, reza: “ La soberanía del pueblo es el
fundamento sobre el que descansa la forma de gobierno” ; el inciso 3:
“ Todos los poderes emanan del pueblo, existen para su beneficio...” ,
etcétera. Cuando el artículo 2o., inciso 1, norma la “ obligación funda-
mental ” del Estado de respetar y proteger la dignidad humana, de en-
trada se encuentran vinculados la soberanía popular y el concepto de la
dignidad humana, pero el artículo 1o. de la Constitución de Portugal
(1976-1992) formula todavía mejor esta vinculación.317
2, de la Constitución federal austriaca (1920): “ Su derecho proviene del pueblo” . El encabezado
del apartado de derechos fundamentales de la Constitución de Japón (1946) reza: “ Los derechos
y deberes del pueblo” (citado en Neumann, R., Änderung und Wandlung der japanischen Verfassung,
1982, p. 187).
316 Cfr. el artículo 1o., inciso 2, de la Constitución del Burgenland: “ El Burgenland se funda
en la libertad y la dignidad del ser humano” .
317 “ Portugal es una República soberana, basada en la dignidad de la persona humana y en
la voluntad popular, y empeñada en la construcción de una sociedad libre, justa y solidaria” .
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Globalización y Derechos humanos según Spaemann
En la revista HUMANITAS Nro.13 Disponible en http://humanitas.cl/html/biblioteca/articulos/d0005.html
¿Existe una civilización mundial? Los fenómenos parecen se contradictorios. Por una parte, observamos los hechos incuestionables de la globalización. En la base de esta globalización reside como hecho fundamental el trastorno experimentado por la civilización europea a raíz de la ciencia moderna, de Galileo, Descartes y Newton. Esta ciencia sustituye el antropomorfismo de la visión tradicional del mundo por un antropocentrismo radical. El hombre ya no se considera la cima de una pirámide de seres ni los seres no humanos se visualizan como semejantes en mayor o menor grado al hombre, con identidad precisa, una tendencia o un deseo, vivos o al menos existentes como él.
Anteriormente la existencia se comprendía por anatomía con la vida. Vivere viventibus est esse, decía Aristóteles. La nueva ciencia, en cambio, reduce las cosas a la exterioridad, a su condición de objetos para el hombre. Es por eso que hablo de un antropocentrismo en reemplazo del antropomorfismo. Se renuncia a comprender el mundo renunciando a la interpretación teleológica de las cosas. Como señala Francis Bacon, dicha interpretación esterilis et tamquam virgo Deo consecrata quae nihil parit. Ahora ya no se necesitan vírgenes consagradas. Conocer una cosa ya no significa, como era para el hebreo y aún para Aristóteles, unirse con ella –intelligibile in actu et intellectus in actu sunt idem- sino fijarla como objeto desde el punto de vista de su eventual manipulación. Conocer algo -dice Thomas Hobbes- quiere decir to know what we can do with it when we have it (saber qué podemos hacer con ello cuando lo tenemos). La técnica moderna nos revela la esencia oculta de la ciencia moderna. Ambas son esencialmente universales, indiferentes ante las condiciones individuales o colectivas de las personas, los grupos, las culturas y las épocas, ya que hacen abstracción de todo cuanto está dotado para la simbiosis del hombre y sus convivientes y coexistentes. Ahora bien, al mismo tiempo, con el dualismo radical de la res cogitans y la res extensa, el hombre descubre que él también es parte tanto del mundo de los objetos como del dominio de la subjetividad. El cuerpo del hombre se percibe como mero objeto, es decir, como máquina; pero muy pronto también su alma, sus sentimientos e incluso su conciencia son sometidos a una objetivación naturalista. Al comienzo de la era moderna, el hombre no se permitía considerar las cosas como seres parecidos a él; al final, se considera parecido a las cosas, es decir, el hombre llega a ser para sí mismo un antropomorfismo. Siendo el antropomorfismo denunciado como ilegítimo, es también ilegítima la consideración humana del hombre y debe ceder su lugar a la visión científica. ¿Y quién es entonces el sujeto de esta ciencia? Si éste desaparece, la ciencia misma se convierte en un hecho natural, en una etapa en el largo camino de una evolución ciega y debe renunciar a su pretensión de verdad.
Publicado por Jose Manuel el 9:11:00 a. m. No hay comentarios: Enlaces a esta entrada
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