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Timestamp: 2018-01-17 23:38:39
Document Index: 302036990

Matched Legal Cases: ['artículo 366', 'artículo 363', 'artículo 13', 'artículo 11', 'artículo 370', 'artículo 372', 'artículo 363', 'artículo 363', 'artículo 363', 'artículo 363', 'artículo 366', 'artículo 366', 'artículo 363', 'artículo 15', 'artículo 15', 'artículo 11', 'artículo 363', 'artículo 67', 'artículo 15', 'artículo 15', 'artículo 468']

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ABUSO SEXUAL – DIFERENCIA ENTRE LA CIRCUNSTANCIA AGRAVANTE DE PARENTESCO
Y ABUSO DE RELACIÓN DE DEPENDENCIA
El parentesco es una circunstancia objetiva que incrementa la ilicitud al quebrantar los deberes derivados de los lazos de familia y no habilita por sí sola la situación de dependencia. La relación de dependencia corresponde a un vínculo de carácter funcional en virtud del cual se crea una situación de desigualdad entre las partes, de las cuales derivan obligaciones de respeto y obediencia suficientes para afectar el normal proceso de expresión de la voluntad
En este caso, el sometimiento de la víctima respecto de su padre, no deriva del solo hecho de ser su hija sino de un cúmulo de antecedentes, el profundo temor que le inspira su figura, las amenazas reales de ser víctima de violencia física ya experimentada, la dinámica de violencia intrafamiliar crónica, el profundo vínculo emocional con el acusado, que le permite no obstante la tortuosa vida familiar, creer y confiar en el imputado, quien exacerba las diferencias con su madre, crea inseguridad en ella diciéndole que no es querida por aquélla y logra obtener la confianza de la menor, a quien le propone incluso irse a vivir con él. Es esta especial relación existente con la víctima la que permite la realización del acto denunciado, agregando el parentesco sólo mayor mal al mal inherente al mismo; daño que se expresa en el largo período de terapia a que deberá someterse la víctima para culminar el proceso de reparación por estos hechos
Santiago, 27 de junio de 2006.
Primero: Que, con fecha veintidós de junio de dos mil seis, ante esta Sala del Primer Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Santiago, constituida por el Juez Presidente Tomás Gray Gariazzo y las magistrados María Isabel Pantoja Merino y Ana María Osorio Astorga, se llevó a efecto la audiencia del juicio oral de la causa Rol Único 0500292505 4, Rol Interno del Tribunal 24 2006, seguida en contra de Hugo Matías F.T., nacido en Coronel el 29 de abril de 1961, 45 años de edad, casado, R.U.N. 08.976.454 8, transportista particular, domiciliado en Avenida Libertad Nº 780, comuna de Curanilahue.
Sostuvieron la acusación las abogados del Ministerio Público Andrea Rocha Acevedo y María Isabel Reyes Saavedra, ambas domiciliadas en calle Teniente Cruz Nº 770, comuna de Pudahuel, ambas con formas de notificación al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla A ella se adhirió la abogado de la parte querellante Mariela Aguirre Ludueña, domiciliada en calle Santiago Bueras Nº 182, comuna de Santiago, con forma de notificación correo electrónico mariela.aguirre@yahooez, quien actúa en representación de Esmeralda Cuevas Plaza, madre de la víctima. En representación del acusado intervinieron los defensores penales públicos Osvaldo Soto Tobar y Valentina Horvath, ambos con domicilio en calle Mac Iver Nº 370, piso 10 y forma de notificación al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ;
Segundo: Que, la Fiscalía Local de Pudahuel formuló acusación en contra del imputado H.M.F.T., en calidad de autor, por el delito consumado de abuso sexual, previsto y sancionado en el artículo 366 inciso 2º en relación con el artículo 363 Nº 2, ambos del Código Penal, fundándose para ello en que “el día 4 de julio de 2005, aproximadamente a las 07.30 horas, en el domicilio de la víctima ubicado en calle Las Tranqueras Nº 1293 de Pudahuel, el imputado se acostó en la cama de su hija M. de 15 años de edad y, abusando de la relación de dependencia respecto de ésta, como consecuencia de ser su padre, realizó actos de significación sexual contra la menor, específicamente, tocó los pechos y vagina de la víctima y le introdujo, asimismo, los dedos en su vagina”.
Sostiene el Ministerio Público que perjudica al acusado la circunstancia agravante mixta de responsabilidad criminal de parentesco establecida en el artículo 13 del Código Penal, beneficiándolo la del Nº 6 del artículo 11 del citado Código, esto es, su irreprochable conducta anterior.
Por lo anterior, solicita se imponga al acusado F.T. la pena de cuatro años de presidio menor en su grado máximo, más las accesorias legales de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y la de inhabilitación absoluta para cargos y oficios públicos mientras dure la condena, más la pena señalada en el artículo 370 bis del Código Penal, especialmente en cuanto a la privación de la patria potestad si la tuviere y si no la tuviere la inhabilitación para obtenerla, y además de todos los derechos que la ley le confiera sobre la persona y bienes de la ofendida de sus ascendientes y descendientes, dejándose expresa constancia que el condenado conservará sus obligaciones legales, respecto de la menor y que sean para su beneficio, y las del artículo 372 del Código Penal, esto es, la de interdicción del derecho de ejercer la guarda y ser oídos como parientes en los casos que la ley designa, más la sujeción a la vigilancia de la autoridad durante los diez años siguientes al cumplimiento de la condena y de acuerdo a los artículos 45, 46 y 47 del Código Procesal Penal, así como al pago de las costas de la causa .
En sus alegatos de apertura, señala que en este caso se da la paradoja que el que debe protección, el padre, agrede de la forma más grave a una hija. La víctima relata por primera vez los hechos el 14 de julio de 2005 cuando le cuenta lo sucedido a un funcionario de Carabineros a propósito de un robo de que fue objeto. Manifiesta la Fiscalía que en esta oportunidad nos encontraremos frente a una víctima que sufrió un daño pero reversible, ha recibido tratamiento terapéutico sostenido y apoyo familiar, por lo que no está en las mismas condiciones que al inicio de la investigación, entonces era una joven con depresión, trastornos del sueño que la hacían reeditar los hechos, y cuyos dibujos la retrataban empequeñecida, solitaria, no es la misma víctima la que declarará en estrados.
Agrega que invoca el Nº 2 del artículo 363 del Código Penal por la situación en que se encontraba la víctima respecto del acusado, quien sólo obedecía los designios de éste como en una relación de dependencia. Promete acreditar los hechos en que funda su acusación mediante la prueba pericial, de testigos y documental ofrecida.
Durante los alegatos de clausura, sostiene que tal como lo expresó la Defensa, en este caso se trata de un juicio de credibilidad a las distintas versiones de los hechos que se han vertido en la audiencia, destacando que más precisamente el acusado no ha dado una versión de cómo habrían acaecido éstos sino que más bien los ha negado. Que las afirmaciones efectuadas por el imputado como que el día de los hechos se encontraría en Curanilahue; que la denuncia se debe a que sorprendió a su hija con su hermano y el pololo de ésta en una habitación; que nunca ha golpeado a sus hijos y que la víctima es mentirosa porque en una oportunidad tomó dinero de su madre, no se encuentran respaldados con ningún medio de prueba aportado al juicio, y por el contrario, desmentidas con las declaraciones de la víctima y testigos, que sostienen que había viajado a Santiago, un funcionario de Carabineros lo vio en la unidad policial al día siguiente de la denuncia por un procedimiento de violación de morada y por haberse acreditado también que el hermano de la ofendida no vive con ellas, sino en otra ciudad donde realizó el servicio militar. Agrega la Fiscalia, que no obstante lo anterior, sí es efectivo lo dicho por el acusado en cuanto manifestó que tenía una relación súper linda con su hija, con quien andaba para todos lados y a quien cuidaba y protegía, ya que lo mismo han declarado la ofendida, su madre y hermana en la audiencia, lo que justificaría además la develación tardía de los hechos, según lo ha explicado el perito.
Entiende el ente acusador, que con la prueba rendida logró acreditar los hechos materia de la acusación desde que la víctima ha efectuado un relato de los hechos que se encuentra conteste con lo declarado al carabinero, a su madre y hermana y al perito que declararon en la audiencia, quienes lo hicieron en términos coincidentes con lo dicho por la ofendida.
Del mismo modo, cree haber acreditado la circunstancia del Nº 2 del artículo 363 del Código Penal, esto es, haber abusado el padre de la situación de dependencia que tenía para con él la víctima, para quien representaba una autoridad, ya que así lo han reconocido la ofendida, su madre y hermana, destacando el sicólogo que la víctima se encontraba en una situación de dependencia emocional muy intensa respecto del hechor. Por lo tanto, éste estaba en una posición dominante, ya que la citada norma no sólo se refiere a una dependencia económica ya que las situaciones que menciona en el Nº 2 son meramente ilustrativas, no taxativas.
Controvierte la motivación de la denuncia argüida por la Defensa en el sentido que con ella se pretendía sacar al acusado de la casa, ya que es la víctima quien denuncia los hechos, no su madre, y esta víctima no quiere que el padre se vaya a la cárcel por la situación de gran apego que la unía a su progenitor.
Concluye señalando que la circunstancia agravante se acreditó con la prueba documental y que se trata de una circunstancia diversa de la contenida en el Nº 2 del artículo 363 del Código Penal por lo que resulta plenamente aplicable;
Tercero: Que la parte querellante se adhirió a la acusación del Ministerio Público, en idénticos términos a los formulados por éste, expresando que con los distintos medios de prueba se acreditará la existencia de los hechos y cómo éstos guardan congruencia con los señalados en la acusación. De la misma forma, promete demostrar la concurrencia del parentesco y la participación del acusado. Agrega que los padres de la ofendida se encontraban separados hace ocho años, pero el padre visitaba el domicilio de su cónyuge y se quedaba varios días en él; la ofendida era su hija regalona, se acostaba con su padre, quien ejecutó los hechos en este contexto de confianza y si bien los hechos se denunciaron a propósito de un robo y tardíamente, el sicólogo explicará por qué acaeció de esta manera.
En los alegatos de clausura, expresa que efectivamente se acreditaron los hechos y los elementos normativos del tipo penal por el cual se acusó, dado que se demostró que el acusado realizo actos de significación sexual y de relevancia, sin penetración, con una menor de dieciocho pero mayor de catorce años, con la cual lo unía una relación de dependencia y con quien se encontraba unido por vínculo de parentesco, lo que le otorga mayor disvalor al acto, habiéndose acreditado también por los medios de prueba legal, su participación como autor.
En cuanto a los bienes jurídicos protegidos, afirma que no sólo se trata de la indemnidad y autodeterminación sexual, sino también el normal desarrollo sexual de los menores, en este caso el daño es aún mayor ya que se trata de una adolescente y de un agresor que es su padre biológico, quien la amenaza si cuenta los hechos, provocando en ella una ambivalencia afectiva que explica la develación tardía de los mismos, no obstante lo cual su relato califica como altamente creíble, lo que es posible por la cronicidad de los abusos. Replica afirmando que la dependencia que se ha invocado es distinta de la agravante del parentesco por lo que procede la aplicación de ambas circunstancias y que si sólo hay testigos de oídas es porque por regla general, en este tipo de delitos no hay testigos presenciales de los hechos;
Cuarto: Que, la Defensa del acusado manifiesta que los hechos atribuidos a su representado habrían ocurrido el 4 de julio de 2005, a las 07:30 horas, se pregunta ¿qué pasó ese día? contestando que existen dos versiones de los mismos, la de la víctima menor de edad y la del acusado quien declarará en la audiencia. Agrega que la situación parte en Carabineros donde según el relato de la menor el día de la denuncia habría sido abusada ese día, para después hablar de violaciones y de otros hechos que también habrían ocurrido. Manifiesta que el acusado es una persona de trabajo, que vive en Curanilahue, que ha comparecido a todos los actos del procedimiento e incluso concurrió a la audiencia del juicio oral a pesar de haber sido notificado apenas con un día de anticipación. Sostiene que la prueba será insuficiente para acreditar los hechos y la participación, siendo la víctima la única testigo presencial de los hechos.
En sus conclusiones en la etapa de clausura, reitera que en cuanto a los hechos ocurridos el 4 de julio de 2005, sólo hay dos testigos que son quienes saben que es lo qué ocurrió aquella mañana. Que el acusado niega participación, por lo que está la declaración de la víctima y la de su representado, ¿cuál es más creíble? La pericia sicológica arroja ambivalencia en el relato, respecto de algunos hechos concluye que es altamente creíble y respecto de otros sólo creíble. Agrega que la víctima ha efectuado distintos relatos de atentados sexuales, uno en contra de su padre, otro en contra de su hermano y un tercero respecto de extraños en la Quinta Normal donde dice haber sido afectada también por un robo, por lo tanto la víctima no es clara. En cuanto a las declaraciones testigos y peritos, ellos sólo hace una interpretación de los hechos narrados por la víctima, nada saben de lo que pasó y respecto de la pericia expresa que la violación es distinta del abuso, por lo que sus conclusiones no son coherentes en cuanto a la afectación y entidad de la acusación por violación, indicando que además estas pericias no son infalibles y que existen casos notables públicamente conocidos en que las mismas han sido desvirtuadas. En consecuencia, no se acreditaron los hechos materia de la acusación.
Niega que exista dependencia por cuanto el acusado no vivía con su hija y respecto de la agravante de parentesco dice que tal circunstancia se encuentra incluida en el Nº 2 del artículo 363, por lo que se afectaría el principio del “non bis in ídem”;
Quinto: Que, el acusado debidamente informado, renunció a su derecho a guardar silencio y prestó declaración en la audiencia del juicio oral, antes de que se presentara en su contra la prueba de cargo, relatando que el día de los hechos no se encontraba en Santiago, sino en Curanilahue trabajando. Que recuerda que en el mes de mayo de 2005 encontró a su hija con su hermano mayor acostados y al pololo en su pieza. Le preguntó por qué estaba ahí con el pololo, él le negó el derecho a que el pololo entrara en la casa.
Afirma que nunca se ha metido en la cama con la menor, que su hijo mayor también está acusado de abusar de ella y le contó esto último a su madre en el sur, por eso su madre, trataba mal a su hijo.
Sostiene que la demanda es para echarlo, lo tiraron al patio a dormir y su familia se reía de él diciendo que vivía en una casa “Copeva”.
Expresa que el día 29 de mayo de 2005 su señora y su hija lo fueron a dejar al bus y M. le dio un beso en la cara al momento de despedirse. Dice también que M. llegaba tarde a la casa a las 22:00 o 23:00 horas, razón por la cual él la retaba.
Señala que toda su vida ha vivido en Curanilahue, lugar desde donde se vino su señora a Santiago, dejándolo botado con su hijo mayor. Él viajaba cada quince días y se quedaba 3 ó 4 en Santiago, en casa de su señora aunque ésta no quería que viviera allí. Reconoce que la relación con ella era buena y mala, reconoce también que la golpeaba, pero niega haberlo hecho con sus hijos.
Refiere que la relación con su hija M. era muy linda, era su regalona, él la cuidaba y protegía. Por eso, no se tomó en serio la denuncia.
Contestando a la querellante dice que Mariana lo denunció porque la encontró con el pololo en su casa y porque su señora quería echarlo del hogar; señala también que en otra ocasión también la halló con el pololo pero no le dijo nada.
Manifiesta que extraña mucho a su familia, hijos y señora, que se encuentra solo y abandonado.
Reitera que no violó a M., no la ha tocado ni trajinado, era ella, M. quien le quería dar besos en la boca, él lo impedía, sólo la besaba en la cara.
Dice que M. era su regalona, sin saber explicar por qué, señala también que la menor era un poco mentirosa, ya que una vez se le perdió dinero a su señora y M. sabía la clave del Banco;
Sexto: Que no se acordaron convenciones probatorias;
Séptimo: Que, la convicción de la efectividad de la acusación por el ilícito del artículo 366 inciso 2º del Código Penal, manifestada en la decisión de condena que se diera a conocer al término del juicio, se obtiene de la valoración de las probanzas rendidas en la audiencia del juicio oral y de los elementos de atribución que las mismas aportan en contra del acusado y que pasan a singularizarse:
a. Declaración de la víctima M.B.F.C., estudiante, de 16 años de edad, quien declaró a través de sistema de videoconferencia y señaló que vive con su madre y hermana en la comuna de Pudahuel hace diez años, antes vivió en Curanilahue hasta los seis años cuando sus padres se separan y se viene a Santiago con su madre y hermanos.
Expresa haber tenido una buena relación con su madre y hermanos, pero mala con su padre, quien prefería a su hermana. Escuchó discusiones en las cuales aquél reclamaba que ella no era su hija. La relación entre sus padres, era pésima en Santiago, cuando era “chica”, no se daba cuenta. Agrega que la relación con su padre con el tiempo cambió, pasando a ser ella su regalona, su papá entonces se llevaba mal con sus hermanos.
Relata que el 4 de julio de 2005, su padre se aprovechó de su cariño y abusó de ella. La empezó a molestar, a tocar, ella se encogió en la cama, le dijo que la cortara que era su hija y no su mujer. Él le tocó los pechos y le metió los dedos en la vagina. Había pasado antes, cada vez que podía, él lo hacía. Agrega que se encontraba acostada en la cama de su madre, con quien dormía en esa época, cuando su padre que lo hacía en las piezas de atrás, llegó y se acostó a su lado, ella estaba semidormida, vestía una polera, sin ropa interior debajo y usaba calzón; sintió que su padre la abrazaba y le tocaba los pechos, para lo cual le subió la polera, y le introducía los dedos en la vagina sin sacarle los calzones, metiendo su mano entre su cuerpo y la prenda de vestir; refiere que en ese momento escuchó que pasaba el camión de la basura y se levantó con la excusa de sacar la basura, evitando que la penetrara nuevamente. Le tenía temor ya que en una ocasión golpeó brutalmente a su madre y también a ella, sin motivos. Añade que siempre que él la penetraba ella quedaba “helada”, “como en otro mundo”. Le contó lo que sucedía por primera vez a una compañera de curso, pero fue cuando concurrió a hacer una constancia por pérdida del carné que el carabinero la notó muy nerviosa e hizo salir a su mamá, procediendo entonces a contarle que había sido abusada por su padre. El policía se lo contó a su madre.
Manifiesta que está en tratamiento en Ceanif desde agosto de 2005 a la fecha, que la terapia le ha servido mucho, ya no tiene tanto dolor, la relación con la familia cambió, antes se llevaba mal con su madre, le faltaba el respeto porque su padre la indisponía con ella diciéndole que su mamá no la quería, que se fuera con él a Curanilahue, su padre era en ese tiempo, autoridad para ella. Para la madre y su hermana la situación fue muy dolorosa, su hermana se culpaba por no haberla protegido ya que era la hermana mayor. Reconoce que también denunció a su hermano por violación.
Continúa la víctima señalando que cuando le contó a su madre lo que le había pasado, ésta inicialmente no le creyó, pero luego cuando le relató las cosas que su padre le hacía, las que coincidían con las que efectuaba con ella cuando mantenían intimidad, supo que era verdad.
Recuerda la fecha de la denuncia como el día 14 de julio de 2005, porque ese día ella fue a dejar una constancia a Carabineros por la pérdida de su carné de identidad, también contó que había sido violada por su padre y por su hermano, aunque no recuerda muchos detalles de este último episodio.
En cuanto al hecho del 4 de julio de 2005, señala haberse encontrado sola con su padre ya que su madre estaba en el trabajo y su hermana se había ido al colegio, no recuerda cómo estaba vestido su padre aquel día, pero no se encontraba ebrio, sí estaba muy cariñoso con ella. Añade que los abusos siempre sucedieron en su casa; la primera vez fue en las piezas que su padre ocupaba para dormir y hasta donde llegó ella a acostarse con él para ver televisión, dice haberse quedado dormida y cerca de las 03:00 horas, sintió que él se subía encima de ella y la penetraba, estaba bebido y a ella le dio mucho asco, vomitó. Estos abusos se repitieron después.
Manifiesta haber sido “la regalona” de su padre, haberlo acompañado a cobrar el dinero de su trabajo, luego de lo cual pasaba a bares o restaurantes donde él la llevaba. Era su apoderado en el colegio. Ella se encontraba confundida, tenía catorce años, no se le pasó por la mente que estaba mal lo que sucedía, pero se empezó a distanciar de él.
Reconoce en las fotografías que se le exhiben y que corresponden a las enumeradas con los Nºs. 1, 2, 3 y 5, la reja de su casa, el living de su casa, la pieza de su mamá, donde dormía ella, el patio trasero de su casa y la pieza donde dormía su padre, quien accedía por el pasillo que da a la cocina a la pieza donde ella dormía.
Concluye señalando que al momento de cometer los abusos, su padre le decía que no le contara a nadie porque lo podían “hundir en la cárcel”. Ella lo quería mucho y cuando sus padres peleaban se sumía en depresión. Señala haber comenzado a pololear en abril de 2005, sin mantener relaciones sexuales con su pololo, de quien su padre se ponía celoso. Niega que éste los haya sorprendido solos en una pieza. Reconoce que le contó lo sucedido al asistente social Francisco Rojas, negando el contenido del documento aportado por la defensa en la que éste expresa que ella le habría contado que fue abusada sexualmente por desconocidos en la Quinta Normal y que por eso hizo la denuncia;
b. Dichos de Esmeralda del Carmen Cuevas Plaza y de Joselyn Flores Cuevas, testigos de oídas, madre y hermana de la ofendida respectivamente, quienes expresaron en el caso de la primera, que hace un año atrás, a propósito de acompañar a su hija M. a dejar una constancia ante Carabineros por la pérdida de la cédula de identidad de ésta, se enteró a través del funcionario que las atendió que M. era abusada sexualmente por su esposo y padre de su hija, situación que le costó creer porque pese a la mala vida que aquél le daba no lo creyó capaz de cometer un acto así en contra de sus propios hijos; agrega que no obstante esta primera impresión, cree en lo señalado por M., por el relato de los hechos que ésta le hizo señalándole detalles de las cosas que su padre le hacía y que sólo podía saber si las había vivenciado, como que su padre le besaba los pechos y le introducía los dedos en la vagina, actos que su cónyuge realizaba también con ella cuando mantenían intimidad.
Agrega que su marido era golpeador desde antes del matrimonio, tuvo cuatro hijos con él y vivió en Curanilahue durante seis años, hasta que se vino a Santiago por los malos tratos que le propinaba a ella y a sus hijos. La relación era muy mala, le quebró la nariz, hacía problemas por nada, por lo que decidió abandonarlo, él le quitó a su hijo mayor G., primero la amenazó, después comenzaron a hablar de nuevo, hasta que decidieron juntarse porque ella lo amaba, reanudando su relación hace diez años. Sin embargo, fue peor, llegó cambiado del sur. Su hija J. dejó de ser su hija regalona. A M. la echaba de la casa cuando era chica y lloraba, pero la niña se comenzó a acercar a su padre; al cumplir nueve o diez años, salía con él a comprar, cuando tenía trece o catorce años, salía con su padre a tomar a bares y restaurantes donde él la llevaba. M. era regalona de su padre, la relación de ella con su hija era mala, no había confianza. M. no se aseaba, andaba desganada, callada, comía mucho, estaba gordita. Agrega que M. le tenía terror a su papá, generalmente llegaba tarde del liceo, no se apuraba, pero cuando estaba el papá llegaba corriendo. Si bien M. le obedecía a su padre, estuvo dos o tres meses contestataria con él.
Refiere la testigo que su hija J. le contó que en una oportunidad, su padre le había tocado la vagina, pero su marido le dijo que era la niña quien lo había tocado a él. Señala también que su marido estuvo detenido acusado de violación a una prima, pero no obstante saber de esta denuncia, lo dejaba solo al cuidado de sus hijas porque pensaba que era incapaz de hacer algo así con sus propios hijos.
Reconoce que lo echó de la casa por maltrato, lo denunció por violencia intrafamiliar, pero después de la denuncia de M., no volvió a la casa.
A pesar de las dificultades en la relación, señala que mantenían vida de pareja e intimidad.
Por su parte la hermana de la víctima señala que su madre le contó que M. era abusada sexualmente por su padre, indicándole posteriormente la misma M., muy afectada, las situaciones de abuso de que había sido objeto, que esto había ocurrido varias veces y que en otras oportunidades su padre sólo la tocaba; la última vez que habría abusado de ella fue cuando viajó por última vez desde el sur a Santiago, aprovechando que su madre se había ido a trabajar. Ella sintió mucho dolor porque M. es su hermana menor y siente que le debía protección.
Agrega que la relación entre su hermana y su padre era buena aparentemente, cuando M. era chica había sido mala, la discriminaba. Dice que su padre le pegaba a su madre desde siempre, no aportaba dinero, hacía diferencias entre los hermanos, sin embargo su hermana lo quería tanto, se hizo dependiente de él. Agrega que M. le contó los hechos muy nerviosa, se quebró, ella le creyó porque era muy apegada a su padre, siempre lo favorecía.
El día de la detención, su padre mandó a buscar a M. a través de un amigo para que lo fuera a ver, su hermana también quería verlo. Cuando salió en libertad quiso entrar a la casa a sacar sus cosas, pero se lo impidieron. Agrega que su hermana está más tranquila, ya no es tan agresiva como antes; analizando la situación, ellos, su padre y su hermana, se trataban como pareja. M. empezó a exigirle cosas a su papá. Éste en varias oportunidades golpeó a su hermana. Su padre es alcohólico, llegaba a altas horas de la noche, dormía atrás, pero igual se metía a la cama y alguna vez vio que ponía sus manos sobre los muslos de M. y que le tocaba los pechos, pero como estaba ebrio, ella pensó que lo hacía inconscientemente. Señala que cuando su madre que es operaria y trabaja por turno, se iba al trabajo, ellas quedaban solas, al cuidado de su padre.
Refiere la testigo que en una oportunidad, cuando era niña, viajó al sur con él, se acostaron juntos y cuando se quedó dormida sintió que le tocaban la vagina, pensó que era algo casual, después en Santiago, su padre le contó a su mamá que ella lo había tocado, desde entonces la relación con su padre fue mala, pero lo respetaba como padre por enseñanzas de su mamá;
c. Dichos relatos son coherentes con lo manifestado por José Alejandro Avendaño Valenzuela, cabo 2º de Carabineros, quien señala que mientras se encontraba en el cuerpo de guardia de la 26ª Comisaría de Pudahuel, llegaron dos mujeres a efectuar una constancia por la pérdida de una cédula de identidad, el documento había sido extraviado por la menor durante la madrugada, razón por la cual él le consultó a ésta por qué se quedaba afuera de su domicilio, notándola muy nerviosa, entonces le preguntó si estaba embarazada o si era golpeada. Agrega que por su experiencia de catorce años, se dio cuenta de qué podía tratarse, le pidió a la madre de la niña que los dejara solos, en ese momento la menor llorando desconsoladamente le señaló que cada vez que su padre viajaba a Santiago desde el sur, se acostaba en la cama de su madre y le tocaba los senos y vagina, manifestándole que como su madre trabajaba, su padre aprovechaba de realizarle el acto sexual. Puso en conocimiento de la menor lo que sucedía, ésta inicialmente no podía creer lo qué pasaba, pero luego de conversar un rato con su hija, efectuó la denuncia, iniciándose el procedimiento respectivo. La denuncia se efectuó el 14 de julio de 2005 y los hechos denunciados habrían ocurrido el 4 del mismo mes y año, oportunidad en la cual el padre tocó por entre las ropas, los senos y la vagina de la menor, quien sostuvo que los abusos eran reiterados y casi siempre bajo los efectos del alcohol. Añade que al día siguiente, al llegar a la unidad se encontró con el acusado quien estaba detenido por violación de domicilio;
d. Dichos del sicólogo David Bautista Menares, quien sometió a la ofendida a una evaluación sicológica y su relato a análisis de veracidad, realizando cinco entrevistas clínicas; en ellas investigó aspectos cognitivos, afectivos y sociales; también hizo aplicación de pruebas gráficas y test de apoyos. Señala que los antecedentes revelaron un cuadro de violencia intrafamiliar crónica, grave, de carácter físico, del padre a la madre (la sacó al cerro, le dio golpes de puños, en una oportunidad hubo un intento de estrangulamiento); estos malos tratos también afectaron a M., pero no en forma crónica, en una oportunidad le dio combos y patadas, le tiró el pelo, en dichos de la ofendida la golpeó como se hace con un animal, sin atender a sus gritos de dolor. Ambos situaciones constituyen a juicio del perito, factores de vulnerabilidad y provocaron un temor muy intenso hacia su padre, por la existencia de una amenaza expresa, real. Agrega que la menor relata dificultades relacionales bastantes pretéritas con su madre, exacerbada a propósito de cómo se iba desarrollando la dinámica de los abusos. Ello explica la develación tardía, indirecta y circunstancial de los hechos.
En cuanto a las agresiones sexuales éstas datarían desde octubre de 2004, después de la agresión de parte de su hermano Gabriel, la menor se mostraría frente al relato asustada. En cuanto a los aspectos cognitivos, describe que la víctima se encuentra dentro del rango normal promedio para su grupo etario, diferencia fantasía de la realidad. En el aspecto afectivo, da cuenta de una agresividad constreñida, con una autoimagen muy deteriorada, incluso la representación mental del propio cuerpo se encuentra dañada, tiene una autoimagen sucia, es insegura, solitaria, se culpa y existen elementos persecutorios por dinámica familiar sumamente violenta y cuyo artífice es el padre; la madre se encuentra distante, no funciona como soporte emocional lo que la hace más susceptible de agresión sexual. Al efectuar los test, el contenido traumático se le imponen en la conciencia recurrentemente, como “flash back”. En el área social, no existen referentes significativos. La menor se muestra irritable, con baja tolerancia a la frustración, no respeta horarios, da cuenta de llanto lábil, abulia, desgano, sentimientos de soledad, dificultades del sueño, ansiedad y depresión, lo que evidencia un daño que tiene implicancia en su comportamiento general, pero reversible, daño que está dado por el tipo de agresión, frecuencia, vínculo con el agresor, cronicidad, planteándosele la paradoja, que quien la debe proteger la agrede, lo debería repeler, pero le tiene cariño. Afirma que la menor tiene una dependencia emocional con el agresor muy intensa, eso más el miedo impiden que devele los hechos.
Concluye que el relato de la víctima calificó como altamente creíble, por su estructura lógica y coherente, por el engranaje contextual en el cual aparecen detalles, no apreciándose en él influencia de un adulto o ganancia secundaria. En cuanto a la motivación, se tiende a culpabilizar por los sucesos abusivos, lo que se explica por violencia intrafamiliar crónica. Sostiene que no hay elementos inductivos de un relato creado. La figura del padre le plantea a la víctima una ambivalencia afectiva, no quería meterlo a la cárcel, no lo quería “hundir”, incluso intentó rescatar algunos aspectos positivos de él, esta ambivalencia está dada por el vínculo existente, la existencia de una relación de dependencia y la existencia de amenazas explícitas. Explica que en cuanto al relato respecto de la violación del hermano, calificó como creíble, lo que es posible de explicar por el tipo de relación que tenía con él, más lejana, por ser un único episodio, por no vivir con él y porque su hermano le pidió perdón por lo sucedido.
Señala que el daño es reversible lo que significa que se puede incorporar a tratamiento terapéutico, requiriendo un año a un año y medio de terapia. Ha podido elaborar el suceso traumático y hay proceso de reparación;
e. Se incorporó mediante lectura resumida cuatro fotografías de la casa de la víctima, ilustrativas acerca del sitio del suceso; y
f. Del mismo modo, se incorporó un certificado de nacimiento de M.F.C. emanado del Servicio de Registro Civil e Identificación, hecho ocurrido el 16 de marzo de 1990, en la ciudad de Curanilahue.
Octavo: Que con el mérito de las probanzas rendidas en la audiencia por el Ministerio Público y parte querellante y ya descritas en el motivo precedente, concordantes y congruentes entre sí, tanto respecto de los hechos y sus circunstancias esenciales como de la participación que en los mismos le cupo al acusado, tratándose de prueba instrumental no cuestionada y de testimonios exentos de reproche, tanto desde un punto de vista objetivo, por cuanto todos los testigos estuvieron en condiciones de percibir los hechos en la forma que los relataron, como desde una perspectiva subjetiva, desde que no existen antecedentes para dar por establecido o inferir el móvil invocado por la Defensa como causa de la denuncia en contra de su representado, ya que ninguna prueba se rindió en la audiencia para acreditar que lo que buscaba la víctima fuera sacar de la casa a su padre, intención que no resulta coherente con la develación tardía de los hechos ni con la ambivalencia afectiva que la embargaba respecto de su progenitor. A ello cabe agregar las conclusiones expresadas por el sicólogo David Bautista quien señaló que el relato de los hechos efectuado por la ofendida calificó como altamente creíble, lo que sólo sucede en el 15% ó 20% de los casos, lo anterior de acuerdo a la estructura lógica del mismo, su engranaje contextual revelador de detalles y por no apreciarse en él ganancia secundaria, influencia de terceros ni indicios de que ser un relato creado. Por ende, se le dará a la declaración de la víctima el valor de plena prueba en desmedro de lo expresado en la audiencia por el acusado, quien se limitó a negar los hechos señalando que a la época de los mismos, la que no pudo precisar, se encontraba fuera de Santiago, trabajando en Curanilahue, sin respaldar tales afirmaciones en antecedente alguno y encontrarse contradichas con los testimonios de la víctima, su madre y hermana, por lo que se le restará todo valor probatorio. No resta credibilidad a lo sostenido por la ofendida, el documento incorporado por la Defensa como prueba nueva, consistente en un correo electrónico enviado por el asistente social Francisco Rojas a la Fiscal Andrea Rocha, el que se desestimará atendido su carácter apócrifo y por no haber sido ratificado su contenido en juicio por el emisor. En cuanto a la madre y hermana de la ofendida, la primera era víctima de violencia intrafamiliar crónica desde antes de contraer matrimonio y no obstante los malos tratos que recibía de parte de su cónyuge, después de haberlo abandonado, rea nudó la vida en común con él dispuesta a continuar a su lado manteniendo la vida de pareja porque lo amaba, de manera que no se avizora el motivo esgrimido por la Defensa para denunciarlo; por su parte la testigo J.F., si bien reconoce no querer a su padre por su carácter permanentemente violento, le tenía respeto de acuerdo a las enseñanzas de su madre, señalando esta testigo que no obstante haber intentado que su padre no estuviera en la casa, éste siempre se las “arreglaba” para regresar, ya fuera rompiendo candados, saltando murallas o quebrando vidrios, luego de lo cual seguía la misma dinámica familiar, lo que ella toleraba por imposición materna, de modo que tampoco es posible vislumbrar aquel propósito. En cuanto al funcionario policial José Avendaño y al perito David Bautista, no se divisa la motivación para declarar en el juicio incriminando al acusado al ser terceros ajenos al mismo. Por estas razones, los relatos de los testigos de oídas, del policía y del perito, los cuales narraron en la audiencia lo que escucharon decir a la ofendida, en tanto el último lo hizo con motivo de la ciencia o arte que profesa, resultan a estos sentenciadores creíbles y verosímiles, en desmedro de lo expresado en la audiencia por el acusado, quien como ya se dijo, se limitó a negar los hechos; y, conforme con lo comunicado en la decisión de condena, se tiene por fehacientemente establecido, más allá de toda duda razonable y sin contradecir los principios de la lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos científicamente afianzados, que “el día 4 de julio de 2005, aproximadamente a las 07.30 horas, en el domicilio de la víctima ubicado en calle Las Tranqueras Nº 1293, comuna de Pudahuel, el imputado H.M.F.T., aprovechando la ausencia de su cónyuge que había ido a trabajar, se acostó en la cama de su hija M. de 15 años de edad y procedió a tocarle sus pechos y la vulva y a introducirle los dedos en su vagina”.
Noveno: Que, los hechos establecidos en el fundamento precedente, son constitutivos del delito consumado de abuso sexual, en la persona de la menor de quince años, M.B.F.C., descrito y sancionado en el artículo 366 inciso 2º en relación con el artículo 363 Nº 2, ambos del Código Penal, correspondiéndole al imputado H.M.F.T., participación de autor en dicho ilícito conforme al Nº 1 del artículo 15, del citado Código, por haber concurrido a su ejecución de una manera inmediata y directa .
Se llega a la presente conclusión toda vez que un tercero, en el interior de su domicilio, realizó actos de significación sexual en contra de su hija M.F.C., de 15 años de edad, consistentes en tocaciones en sus pechos y vulva, y en la introducción de sus dedos en la vagina de ésta, situación que verificó abusando de la situación de dependencia en que se encontraba la víctima a su respecto, por encontrarse el hechor a cargo de la custodia de la ofendida.
Que del modo que se viene razonando, con los medios de prueba ya reseñados se ha podido establecer la concurrencia de los elementos normativos del delito materia de la acusación.
En efecto, la connotación sexual de tales actos se encuentra acreditada con los dichos de la víctima quien señaló que su padre le tocó los pechos y le metió los dedos en la vagina, toda vez que de acuerdo a parámetros objetivos, tocar los pechos y la vulva de una mujer, así como introducirle los dedos en la vagina, son de aquellos actos que los seres humanos generalmente realizan motivados por el instinto sexual. La relevancia de tal comportamiento también se encuentra demostrada atendida la índole del comportamiento sexual ejecutado, dado que el mismo reviste cierta gravedad dentro del conjunto de tales conductas y constituye un atentado contra la indemnidad sexual de la víctima. Por último, la aproximación corporal aparece manifiesta toda vez que el hechor tocó con sus manos zonas erógenas del cuerpo de la ofendida;
Con el certificado de nacimiento singularizado con la letra f) en el fundamento octavo, se acredita que M.B.F.C., era mayor de catorce y menor de dieciocho años al 4 de julio de 2005, y tenía más precisamente, quince años tres meses a dicha época;
El abuso de la relación de dependencia que unía a la víctima con su agresor, se desprende de los dichos de la primera en cuanto expresa que el 4 de julio de 2005, su padre se aprovechó de su cariño y abusó de ella. Cabe considerar que de acuerdo al relato que hace la ofendida, la relación con su padre era mala, pero con el tiempo cambió, pasando a ser ella “su regalona”, salía a comprar con él, lo acompañaba a cobrar el sueldo y pasaban a bares y restaurantes. Era su apoderado en el colegio. Le tenía mucho temor ya que en una ocasión golpeó brutalmente a su madre y también a ella, sin motivos. Se encontraba confundida, tenía catorce años, no se le pasó por la mente que estaba mal lo que sucedía. Dichas aseveraciones conforme fueron explicadas por el perito responden a una dinámica de violencia intrafamiliar, explícita y real respecto de M., quien fue golpeada brutalmente en una oportunidad por su progenitor, lo que provocó en ella un temor profundo hacia su padre, artífice de esta violencia. Ello unido a la falta de contención emocional y distanciamiento existente entre la menor y su madre, constituyeron factores de vulnerabilidad para la agresión sexual de que fue víctima. Cabe también considerar la intensa dependencia emocional de M. hacia el acusado, quien a pesar de la dinámica ya expuesta, era cariñoso con ella y representaba la autoridad. Este testimonio se ve corroborado con los dichos del propio acusado, quien declaró que la relación con su hija M. era “muy linda”, ella era “su regalona”, él la cuidaba y protegía. En similares términos declararon la madre de la menor E.C. y su hermana J., dando cuenta de la preferencia de su marido y padre respectivamente, hacia M., expresando la primera que a pesar de saber que su marido estuvo detenido por violación a una prima, lo dejaba solo al cuidado de sus hijas cuando ella salía a trabajar porque pensaba que era incapaz de hacer algo así con sus propios hijos, confirmando estos asertos la segunda, quien reconoce que cuando su madre que es operaria y trabaja por turnos, se iba al trabajo, ellas quedaban solas, al cuidado de su padre. Es en este contexto se sumisión y confianza que se desarrolla el hecho atribuido al acusado.
De los antecedentes expuestos aparece nítido que existía una situación de sometimiento de la voluntad de la ofendida a los designios de la voluntad de su agresor, quien atentó contra ella aprovechando que se encontraba a cargo de su custodia mientras su madre se encontraba trabajando. Fue esta verdadera situación de dominio de la voluntad del acusado sobre la de su víctima, lo que restó a la última la necesaria libertad para expresarse y autodeterminarse en el ámbito de las conductas sexuales. De este modo se desestima la alegación de la Defensa que niega la relación de dependencia por no vivir el acusado con su hija, dado que se encuentra acreditado que si bien el acusado trabajaba en la ciudad de Curanilahue, viajaba constantemente a Santiago alojándose en la casa de su familia por varios días, manteniendo con su cónyuge una relación de pareja y quedando al cuidado temporal de sus hijas en ausencia de aquélla. Por lo demás, la ley no exige un requisito de permanencia en la relación importando sólo que exista una situación de dependencia, cualesquiera sean sus fuentes o circunstancias;
Décimo: Que estos mismos antecedentes, permiten atribuir a H.M.F.T., participación de autor conforme al Nº 1 del artículo 15 del Código Penal, por haber concurrido de una manera directa e inmediata en la ejecución del ilícito por el cual se le acusó, según se desprende de la incriminación sostenida e inalterable que ha mantenido la ofendida en su contra, la que no logró desvirtuar por medio legal alguno;
Undécimo: Que beneficia a F.T. la circunstancia atenuante del Nº 6 del artículo 11 del Código Penal, esto es, su irreprochable conducta anterior, la que se encuentra acreditada con su extracto de filiación carente de anotaciones pretéritas.
Duodécimo: Que, se acogerá la circunstancia agravante de parentesco impetrada por el Ministerio Público, por encontrarse demostrada la filiación con el certificado de nacimiento signado con la letra f) en el considerando octavo de la sentencia, que da cuenta que el padre de M.B.F.C. es el acusado H.M.F.T.
El Tribunal desestima de este modo lo alegado por su Defensa en cuanto señala que dicha circunstancia ya se encuentra incluida en el Nº 2 del artículo 363 del Código Penal, y que en consecuencia de acogerse, se vulneraría el principio del “non bis in ídem”, por considerar que el parentesco y el abuso de la relación de dependencia son cosas distintas y tienen diversa fundamentación. En efecto, el parentesco es una circunstancia objetiva que incrementa la ilicitud al quebrantar los deberes derivados de los lazos de familia y no habilita por si sola la situación de dependencia. La relación de dependencia corresponde a un vínculo de carácter funcional en virtud del cual se crea una situación de desigualdad entre las partes, de las cuales derivan obligaciones de respeto y obediencia suficientes para afectar el normal proceso de expresión de la voluntad. En este caso, el sometimiento de M. a su padre no deriva del solo hecho de ser su hija sino del cúmulo de antecedentes referidos en el fundamento décimo precedente, el profundo temor que le inspira su figura, las amenazas reales de ser víctima de violencia física ya experimentada, la dinámica de violencia intrafamiliar crónica, el profundo vínculo emocional con el acusado, que le permite no obstante la tortuosa vida familiar creer y confiar en el imputado, quien exacerba las diferencias con su madre, crea inseguridad en ella diciéndole que no es querida por aquélla y logra obtener la confianza de la menor, a quien le propone incluso irse a vivir con él a Curanilahue, es esta especial relación existente con la víctima la que permite la realización del acto denunciado, agregando el parentesco sólo mayor mal al mal inherente al mismo; daño que se expresa en el largo período de terapia a que deberá someterse la víctima para culminar el proceso de reparación por estos hechos;
Decimotercero: Que concurriendo a favor del acusado una circunstancia atenuante de responsabilidad criminal y perjudicándole una agravante, se procederá a su compensación racional, según lo previsto en el artículo 67 del Código Penal;
Decimocuarto: Que no se concederá al acusado el beneficio de libertad vigilada, por no concurrir a su respecto los elementos que la ley exige para su reconocimiento y aplicación, en particular los mencionados en la letra c) del artículo 15 de la ley Nº 18.216, toda vez que conforme lo expresado en el informe evacuado por el Centro de Reinserción Social de Gendarmería de Chile, los antecedentes sicosociales del imputado dan cuenta en éste de características incompatibles con una intervención en el Medio Libre, entre las cuales se aprecia una red familiar inconsistente con rechazo de su familia nuclear, superficialidad en sus relaciones, ausencia de figuras de apoyo que le sean significativas; consumo del alcohol problemático con escasa conciencia de enfermedad y reflexión. Su desarrollo moral es inestable, con presencia de juicio moral laxo, es decir, con aptitud de diferenciar entre lo permitido y lo no permitido de su ambiente social y de la normativa vigente, pero con elicitación de conductas egocéntricas primando su propio interés y la satisfacción de necesidades propias sobre las del resto o sobre el bien común, exhibiendo ausencia de autocrítica y enjuiciamiento efectivo hacia su proceder, lo que denota escasa permeabilidad a referentes externos normativos y a figuras de autoridad. En el plano sicológico se da cuenta de una personalidad con rasgos narcisistas, descontrol de impulsos, baja tolerancia a la frustración, con conflictos en el ámbito sexual primando autosatisfacción con escasa conciencia del otro. En tanto, en el área social, se advierte baja capacidad empática y reducida identificación emocional con los otros manifestando dinámicas adolescentes que le impiden asunción efectiva de su rol de adulto y padre de familia.
Si bien el citado informe no es vinculante para estos sentenciadores, su contenido aparece congruente con los restantes antecedentes del juicio, entre éstos la dinámica de violencia intrafamiliar crónica que acusan sus relaciones de familia, el inadecuado ejercicio del rol conyugal y paterno, la ingesta inmoderada de alcohol y el descontrol de sus impulsos que lo llevó a abusar sexualmente de una de sus hijas, así como la ausencia de autocrítica y enjuiciamiento efectivo hacia su proceder, denotando escasa permeabilidad a referentes externos normativos y a figuras de autoridad, lo que se ve corroborado con el oficio del Servicio Médico Legal de Concepción, acompañado por el Ministerio Público en el cual se le comunica que el acusado no aceptó realizarse pericia siquiátrica, razones por las cuales, considerando el mismo, la naturaleza, móviles y modalidades determinantes del delito, estos sentenciadores concluyen que un tratamiento en libertad aparece ineficaz para la efectiva readaptación y resocialización del acusado;
Por estas consideraciones y vistos, además, lo dispuesto en el artículo 15 de la ley Nº 18.216; artículos 1º, 11 Nº 6, 15, 24, 29, 67, 363 Nº 2, 366 inciso 2º, 370 bis y 372 del Código Penal; 1º, 27, 45, 46, 47, 284, 285, 286, 289, 291, 295, 296, 297, 329, 332, 333, 336, 338, 340, 342, 346 y 348 del Código Procesal Penal, se declara:
I. Que se condena a H.M.F.T., ya individualizado, a la pena de tres años y un día de presidio menor en su grado máximo, a la de inhabilitación absoluta perpetua para derechos políticos y a la de inhabilitación absoluta para cargos y oficios públicos durante el tiempo de la condena, en su calidad de autor del delito consumado de abuso sexual de la menor M.B.F.C., perpetrado aproximadamente a las 07:30 horas del día 4 de julio de 2005, en la comuna de Pudahuel.
II. Que por no reunirse los requisitos para ello, no se concede al sentenciado el beneficio de libertad vigilada, debiendo cumplir efectivamente la pena corporal impuesta, sin abonos por no constar en el auto de apertura que haya estado privado del libertad en este procedimiento.
III. Que se priva al acusado de la patria potestad de la menor M.B.F.C. si la tuviere, y si no la tuviere, se le inhabilita para obtenerla, privándosele además de todos los derechos que la ley le confiere sobre la persona y bienes de la ofendida, de sus ascendientes y descendientes, dejándose expresa constancia que el condenado conservará sus obligaciones legales, respecto de la menor y que sean para su beneficio.
IV. Que se condena al sentenciado a la pena de interdicción del derecho de ejercer la guarda y ser oído como pariente en los casos que la ley designa; a la sujeción a la vigilancia de la autoridad durante los diez años siguientes al cumplimiento de la condena; y al pago de las costas de la causa como autor del delito ya señalado.
Procédase a la devolución de la prueba documental, una vez que la sentencia se encuentre ejecutoriada.
Una vez firme la presente sentencia, dése cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 468 del Código Procesal Penal, oficiándose a la Contraloría General de la República, al Servicio de Registro Civil e Identificación, al Servicio de Registro Electoral y al Centro de Detención Preventivo Santiago Sur, de Gendarmería de Chile, adjuntándose copias de la presente sentencia con su respectiva certificación de encontrarse firme o ejecutoriada.
Regístrese y comuníquese, en su oportunidad al Tribunal de Garantía de Santiago que corresponda, para los efectos de su cumplimiento; hecho, archívese.
Sentencia redactada por la magistrado Ana María Osorio Astorga.
Pronunciada por el Primer Tribunal Oral en lo Penal de Santiago, integrado por los magistrados Tomás Gray Gariazzo, Presidente de la Sala, María Isabel Pantoja Merino y Ana María Osorio Astorga.
R.U.C. Nº 0500292505 4.
R.I.T. Nº 24 2006.
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