Source: https://conmitogaymistacones.com/2019/08/06/codigo-civil-la-madre-de-todos-los-codigos/
Timestamp: 2020-07-12 01:17:16
Document Index: 269954213

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Código Civil: la madre de todos los Códigos | Con mi toga y mis tacones
Código Civil: la madre de todos los Códigos
Publicado en 06/08/2019 por gisbertsusana
En todos los ámbitos hay un referente, un principio, un origen de todo. Siempre se necesita un punto de partida y un puerto al que acudir cuando una se desnorta. En la literatura, Cervantes o Shakespeare ahí están –con sus múltiples trasuntos cinematográficos como Shakespeare inlove, El hombre de la Mancha y tantos otros- como agarradera. En el cine, todos esos directores que han hecho historia desde que Los hermanos Lumiere dieran el pistoletazo de salida, o esos hitos como el paso del cine mudo al cine sonoro a partir de El cantor de Jazz.
En nuestro teatro, también tenemos nuestros referentes y nuestros asideros. El Derecho Civil es, además del que regula las relaciones jurídicas entre particulares, el derecho supletorio para todas las demás materias. Algo así como la madre de todo el Derecho. Y, por supuesto, el Código Civil, su cuerpo legislativo fundamental –amén del Derecho Civil propio de algunas Comunidades autónomas- sería la madre de todos los Códigos.
Recuerdo que, cuando estudiaba en la Facultad de Derecho, el texto del Código Civil “recomendado” nuestro profesor llevaba como subtítulo “el centenario de una gran obra legislativa”. Y, aunque entonces no era consciente de ello, he comprobado que así es, que ha soportado el paso del tiempo mucho mejor que otras leyes de la misma época, como la pobre Ley de Enjuiciamiento Criminal, llena de achaques y cicatrices.
Pues bien, con motivo de sus flamantes 130 años –hay que ver cómo pasa el tiempo- un compinche nos retaba en Twitter a citar nuestro artículo favorito, reto que yo hice extensivo a otras redes sociales, como a mi querido foro de fiscales. Me juego mi toga y mis tacones a que el resultado no os defraudará
Mi amigo proponía como su top codigocivilero el artículo 612, en lo que coincidió con otro querido compañero fiscal. Y es que es un precepto que no tiene desperdicio, porque reconoce nada menos que el derecho del propietario de un enjambre de abejas a perseguirlas sobre el fundo ajeno. Algo que vemos todos los días, sin duda, sobre todo si están la abeja Maya y su amigo Willy entre las abejitas traviesas. Aunque no son los únicos animales rebeldes que contempla el Código, qué va. El artículo siguiente, el 613, se refiere a palomas, conejos y peces que pasen de un criadero a otro, aunque recnozco que tengo debilidad por los peces. Es más, creo que acabo de descubrir en que se basó Pixar para su Buscando a Nemo.
Y es que, aunque el Código ha envejecido mejor que otros textos gracias a algunas cirugías tan necesarias como bien hechas -como el profundo cambio en el derecho de familia o en los derechos de la mujer a partir de la Constitución- aun le queda un tufillo viejuno en gran parte de su lenguaje y en algunas de su instituciones. Sin ir más lejos, hay varios artículos –1094, 1104, 1903- que todavía ponen como modelo de familia la tradicional y como su cabeza visible el buen padre de familia, cuyo comportamiento ha de ser modélico para ser medida de todas las cosas. Entre ellas, sin ir más lejos, redimir a sus hijos de la suerte de soldado, como dice el artículo 1043, algo que era muy común en la Guerra de Cuba, pero que hace más de un siglo que desapareció. Y ese mismo artículo había de comprarle a ese hijo -un nini de los de entonces, por lo visto- un título de honor, que no había modo de hacer carrera del muchacho. Claro, que siempre podría ser menestral o criado, terminología que todavía usa el artículo 1967 cuando habla de la prescripción.
La moral es otra de las cosas que les encantaba a los redactores del Código. A ella se refieren en la regulación de los contratos en los artículos 1275 –objeto- o 1255 – la famosa autonomía de la voluntad- y a las buenas costumbres, que tampoco son moco de pavo, hace alusión el 1271.
Son precisamente esas “buenas costumbres” o esa moral de la época las que hacían que el Código presuma en su artículo 69 –que nadie busque dobles sentidos- que los cónyuges viven juntos salvo prueba en contrario. Va a ser por eso que la viuda que crea que está encinta -ojo, aunque no esté segura- debe decírselo, según el artículo 959 a quienes tengan derechos en la herencia y dar aviso también del parto (961) aunque queda dispensada si el marido hubiera reconocido en documento “la preñez de su esposa” (artículo 963). Pero también tiene su contraprestación, no creamos. Esa viuda que queda encinta tiene derecho a ser alimentada “aunque sea rica” (art. 964) con los bienes de la herencia. Me deja bastante tranquila eso de no dejar morir de inanición a la viuda encinta, la verdad, aunque sea millonaria.
Y es que a los redactores del Código Civil les encantaba presumir cosas. Por presumir, presumen –artículo 33– hasta cuando se produjo la muerte de cada uno si se trata de dos personas con derecho a sucederse, algo muy útil para todos los guionistas de series de sagas tipo Dinastía o Falcon Crest. Y también presumen cuando se murió el ausente en el artículo 34, que bien pudo ser la inspiración del famoso Mambrú se fue a la guerra. Pero no solo presumen muertes, el artículo 1901 presume, nada menos, que el error en el pago, que hay que ver que bien pensados eran por aquella época.
El aspecto ya era, también, preocupación de la época. No olvidemos que el artículo 30 empleaba la expresión “figura humana”. Pero lo mejor, el artículo 1800 que exceptúa de la prohibición del juego, los que contribuyen al ejercicio del cuerpo, un claro precursor del gimnasio, sin duda. Hay que aclarar que los juegos al que se hace referencia como prohibido son los de suerte, envite o azar (art. 1798) un precepto que sigue ahí, lo creamos o no, aunque haga lustros que no es de aplicación, que se lo digan si no al calvo de la lotería y similares.
Por mi parte, mi artículo favorito era, sin duda, el que se refería al tesoro oculto, el 351, que podía acabar quedándose en que lo había encontrado, aunque fuera por casualidad (artículo 614). De nuevo inspiración de muchos escritores, como el Stevenson de La isla del tesoro. Obviamente, el tesoro son alhajas, dinero u otros objetos preciosos, como dice el artículo siguiente, talmente como el de Ali Baba y los 40 ladrones
Otro de los filones del Código vienen dado en la regulación de las relaciones entre fincas, que él llama fundos o predios, que es mucho más fino. Yo reconozco que desde mis tiempos de opositora tengo fijación con la servidumbre de luces y vistas y su reja remetida del artículo 581, y que comparto con otro compañero su predilección por las del artículo 570, a saber: cañada, cordel, vereda, abrevadero, descansero y majada. Ahí es nada, oiga. Como dice mi compañero, ¡es mundial!
Y cómo no hacer referencia a la accesión, pesadilla de opositores. Yo todavía alucino con esas reglas que dan los artículos 367 y siguientes para cosas tan habituales como que llegue un árbol a tu heredad, que se forme una isla o se mute un cauce.
Hay también un artículo que me recuerda poderosamente a Groucho Marx y su famosa parte contratante de la primera parte, el 811, que regula la reserva troncal. Ese ascendiente que heredare de su descendiente podría hacer que su redactor ganara en un pleito por propiedad intelectual al mismísimo Groucho. ¿O no?
Y no me voy a dejar un clásico, el testamento ológrafo (artículo 678), esto es, el manuscrito, y sobre todo la famosa sentencia de 8 de junio de 2018 que entendió que existía esta en una carta de amor (Pacicos de mi vida, todo para ti, todo, para que me quieras siempre y no te olvides nunca del cariño de tu Matilde) Aun recito de corrido esta carta, como secuela de la oposición. Claro que hoy, envíandole un whatsapp, no sería lo mismo.
Por último he dejado la aportación de una buena amiga, cuya parte favorita del Código era su promulgación, hecha, a diferencia de la mayoria de textos legales, por una mujer, la regente Maria Cristina. Un guiño a la igualdad de hombres y mujeres.
Solo queda el aplauso. Hoy lo daré, sin duda, a nuestro Código y a quienes lo aplican a diario. Por supuesto, más allá de anécdotas y chanzas, aunque una sonrisa nunca venga mal. Espero haberla conseguido. Y eso sí, ovaciòn extra para mi buena amigo, culpable de este estreno con el reto del artículo favorito. Mil gracias
3 pensamientos en “Código Civil: la madre de todos los Códigos”
loterias y apuestas del estado primitiva en 01/10/2019 en 08:33 dijo:
gisbertsusana en 01/10/2019 en 09:41 dijo:
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