Source: https://www.scribd.com/document/97570421/Emocion-Violenta-Codigo-Penal-Espanol
Timestamp: 2018-03-23 11:22:25
Document Index: 339115272

Matched Legal Cases: ['artículo 21', 'artículo 127', 'Artículo 113', 'Artículo 127', 'artículo 113', 'artículo 42', 'artículo 127', 'artículo 113', 'Artículo 19', 'Artículo 20']

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Emoción Violenta – España
ESTADO DE EMOCIÓN VIOLENTA No existe en el Código Penal nuestro, una deﬁnición de lo que constituye emoción violenta. Por tanto, para su conceptualización, se debe acudir a lo que señala la doctrina: La emoción violenta es un estado psíquico fugaz, durante el cual el individuo actúa con obnubilación del juicio crítico y disminución del control de impulsos. Se le ubica dentro de las formas del trastorno mental transitorio incompleto. La diferencia con la demencia está en que mientras el demente actúa sin querer actuar, en la emoción violenta actúa queriendo, pero impulsado por la ruptura de los frenos inhibitorios. Por esta razón, a la emoción violenta se le ha considerado una causal de imputabilidad disminuida, desde luego siempre que el individuo se encuentre bajo este estado en el momento del hecho, y no antes ni después del mismo. Se indica que se trata de un trastorno mental transitorio con obnubilación del juicio crítico. Tal aﬁrmación se debe entender en el sentido de que la persona pierde la conciencia de su actuar. Por esta razón, en nuestra legislación, constituye una causal de atenuación del reproche. A diferencia de otras latitudes en donde es considerada como una causa de inimputabilidad, por lo que, se excluye el reproche, sea la responsabilidad penal. Debido a que la emoción violenta esta regulada como una causa de atenuación de la pena, al contrario de lo que acontece con el trastorno mental transitorio, que es una causa de inimputabilidad disminuida, se ha indicado: A partir de lo anterior, resulta indispensable en nuestro sistema jurídico, diferenciar el trastorno mental transitorio que excluye la imputabilidad de la emoción violenta que sólo la disminuye. Distinción que en nuestro medio ha ensayado Arias Madrigal, señalando que desde el punto de vista legal se diferencian precisamente en que en el trastorno mental transitorio excluye la responsabilidad penal y la emoción violenta no; mientras que desde el punto de vista psicológico, la diferencia entre uno y otro es cuantitativa, referida al grado de perturbación, ya que el trastorno mental transitorio supone un tipo de emoción violenta de gran intensidad que anula o perturba gravemente el entendimiento, dicho de otra forma, el trastorno mental transitorio es un arrebato que posee una gran carga emotiva capaz de anular la responsabilidad criminal. Además, en la jurisprudencia argentina, entre las características que presenta la emoción violenta, señalan: La ﬁgura atenuada de mención se integra con elementos que, por agruparlos en algún modo bajo epígrafes, podríamos separar en biológicos, psicológicos y jurídicos. Entre los primeros deben consignarse las alteraciones corporales que conlleva la emoción violenta, sin que sobre mencionar ahora este tipo de emoción no es aquella propia y ordinaria de todo ser humano que atraviesa una circunstancia fuertemente conmovedora. La emoción violenta legalmente consagrada se caracteriza por una intensísima conmoción del ánimo, quemas allá de
inferir en la acción humana, suele desordenar los comportamientos diluyendo la capacidad inhibitoria natural de los frenos naturalmente genuinos o culturalmente adquiridos, todo lo cual se trasunta morfológicamente en cambios físicos del momento, que hacen a la parte médico corporal (alteraciones del pulso, vista, olor, color de piel, coordinación y otros). Entre los segundos, aparecen los síntomas psíquicos a partir de los cuales se producen los desajustes valorativos de la emergencia en relación con el cuadro circundante vivido y los frenos inhibitorios desacomodados en relación a valores cuya escala suele volverse ocasionalmente crítica. Entre los terceros, se encuentran todas las pautas relativas a la excusabilidad y el enfoque jurídico correspondiente. Aquí debe dejar se en claro que lo excusable se reﬁere al estado emocional en si como consecuencia de las circunstancias del suceso en su totalidad. Para que el estallido emotivo resulte excusable será necesario que el cuadro emocional encuentre explicación no por la misma conmoción anímica sino por alguna circunstancia de la que, en el caso, pueda predicarse capacidad generadora de esa excepcional emoción violenta. Es decir que pueda constatarse la existencia de un hecho de aquellos que en el acontecer ordinario de las cosas son generadoras de una emoción violenta, esto es, de una emoción superior a la quede por si es propia de suponer en todo aquel que mata. Resulta interesante revisar los aspectos a través de los cuales, se identiﬁca el estado de emoción violenta en la jurisprudencia argentina, los cuales se agrupan en tres clases: de naturaleza biológica, psicológica y jurídica. En otras legislaciones como la española, no se habla expresamente de estado de emoción violenta, sino más bien de estados emocionales, así se indica en el artículo 21.3 del Código Penal español: “La de obrar por causas o estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación u otro estado pasional de entidad semejante”. Para lo cual arrebato u obcecación se entiende de la siguiente forma: La jurisprudencia venía entendiendo el arrebato como una emoción súbita y de corta duración; mientras que en la obcecación veía un estado emocional de mayor duración y de menor vehemencia externa. Actualmente, se incluyen en ella todos los estados emocionales, especialmente con la ampliación que se dio desde la reforma de 1983 al añadir: u otro estado pasional de semejante entidad. El estado de emoción violenta se regula en los artículos 113 inciso 1),y el artículo 127 del Código Penal de nuestro país, como causal de atenuación de la pena en los delitos de homicidio y de lesiones, para lo cual se regula en dichos tipos penales: Artículo 113.1): A quien haya dado muerte a una persona hallándose el agente en estado de emoción violenta que las circunstancias hicieren excusable. El máximo de la pena podrá ser aumentado por el juez sin que pueda exceder de diez años si la víctima fuere de las comprendidas en el inciso primero del artículo anterior. En tanto que en el delito de lesiones, se regula de esta forma: Artículo 127: Si la lesión fuere causada, encontrándose quien la produce en un estado de
emoción violenta que las circunstancias hicieren excusable, se impondrá prisión de seis meses a cuatro años, si la lesión fuera gravísima; de tres meses a dos años, si fuere grave; y de uno a seis meses, si fuere leve. A la interrogante de ¿cuándo existe estado de emoción violenta? La Sala de Casación ha señalado: Esta Sala ha aﬁrmado reiteradamente, con cita de doctrina, que existe emoción violenta cuando se presenta una conmoción impulsiva en el ánimo del autor, causada por una ofensa a sus sentimientos que proviene muchas veces de la propia víctima, que relajando el pleno gobierno de sus frenos inhibitorios, lo conduce a la acción homicida. La emoción violenta implica una situación de menor responsabilidad criminal y para que sea aplicable la norma de comentario se necesita que la persona encartada al momento del suceso se encuentre emocionada, alterada psíquicamente, y que esa alteración sea violenta que se trate de un verdadero impulso desordenada-mente afectivo, capaz de hacerla perder el control de sí misma y hacerla realizar un acto que en circunstancias normal es no habría hecho. (Votos No. 172 -F de 16:50 hrs. del 20 de diciembre de 1983; No. 194-F de 10:00 hrs. del 24 de julio de1987; y No. 500 de 8:50 hrs. del 30 de octubre de 1992, Sala Tercera). En otros términos, la emoción violenta requiere de un estado de alteración psíquica, pero también de una causa idónea generalmente provocada por la propia víctima o por circunstancias atribuibles a ella, de tal magnitud que hacen perder el control normal al agresor, quien llega a comportarse de una manera distinta y agresiva. También la doctrina ha señalado la necesidad de que exista ese factor externo (causa eﬁciente) para que pueda conﬁgurarse esa causa de atenuación de la responsabilidad penal (Entre otros véase LEVENE, RICARDO (h). El delito de homicidio, 3ª edición, Depalma, Buenos Aires, 1977, pp. 328 y 330; LOZANO DELGADO, JORGE AUGUSTO. Aspectos sustanciales y procesales del delito de homicidio emocional. En Derecho Penal y Criminología, Revista del Instituto de Ciencias Penales y Crimino-lógicas, Universidad Externado de Colombia, Vol. VIII, Nº 25, Ediciones Librería Profesional, 1985, pp. 70 y ss.; entre otros). De acuerdo con los hechos probados de la sentencia existe fundamento para estimar que concurren los dos requisitos indispensables para aplicar la atenuación prevista en el inciso 1º del artículo 113 del Código Penal. Es conveniente agregar que el examen para veriﬁcar la concurrencia de ambos requisitos debe hacerse en forma integral y no separándolos componentes del hecho. Aplicando lo dicho, del análisis de las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que sucedieron los hechos se hace excusable el estado de emoción violenta como atenuante. Toda vez que se constata, por un lado, la existencia del aspecto subjetivo de la alteración psíquica de la imputada -un estado de obnubilación de la con-ciencia, según lo revelado por el dictamen médico de folios92 a 95- y, por otro, el
objetivo, la causa eﬁciente que generó en ella la referida emoción de carácter violento,- a saber, la violencia con que el ofendido trató de imponerse e insultó ala imputada-; a este último se debe sumar todo el antecedente psiquiátrico de la imputada L. C. Entones, la causa eﬁciente no sólo está constituida por el aspecto externo objetivo, la conducta del ofendido que provocó la alteración, sino también por la personalidad, la psiqué, de la agresora que, antelas circunstancias que se dieron el día del suceso aunado a sus antecedentes psiquiátricos, reaccionó violentamente bajo un estado en el que su conciencia se encontraba alterada. Es fundamental tener clara la diferencia entre inimputabilidad y estado de emoción violenta, lo cual a su vez tiene incidencia. La primera en cuanto a la exclusión de la responsabilidad penal, y la segunda, en cuanto a ser una causa de atenuación de la pena. Sobre esta diferenciación, se ha indicado en sede de Casación: En lo que respecta a la imputabilidad o capacidad de culpabilidad, con ella se designa y se analiza la posibilidad psíquica- biológica del sujeto de determinarse por el cumplimiento de lo ordenado por el derecho. En el análisis de imputabilidad se sigue un método y criterios biológicopsicológicos y psiquiátricos. A este nivel, se analiza la existencia de estados psicopatológicos o anomalías psíquicas graves (enfermedad mental) de carácter orgánico, o de base biológica; pero también se determina la existencia de trastornos cuya causa no es orgánica, corporal o biológica. Estos trastornos cuya causa no es orgánica, cuya base no es biológica, se denominan como trastornos de la conciencia. Este análisis se realiza en el entendido de que para que exista culpabilidad, para que pueda reprocharse una conducta ilícita a una persona, es necesario que el autor de la misma haya tenido una capacidad psíquica que le permita disponer de un cierto grado o ámbito de autodeterminación, o sea, es necesario que sea imputable. La determinación de si existe o no una enfermedad mental o un grave trastorno de la conciencia, es relevante en el tanto que esos fenómenos inciden en la capacidad de comprensión y en la capacidad de voluntad del sujeto en relación con un ilícito penal. Sin capacidad mental no existe autodeterminación, y por tanto no puede haber juicio de desaprobación por realizar un ilícito penal. Por eso puede decirse que la imputabilidad en el derecho penal posee dos niveles de análisis: 1. El primero de ellos en el cual se requiere el diagnóstico o determinación psicológica o psiquiátrica sobre la existencia de enfermedades mentales o de graves trastornos de conciencia; 2. El segundo se reﬁere a la incidencia o no de estos fenómenos en la capacidad de comprensión y voluntad respecto de lo prohibido y penado por el derecho. Es decir que el sujeto pueda desde sus facultades psíquicas comprender el
carácter ilícito del hecho, y pueda dirigir su comportamiento de acuerdo con esa comprensión (Así BACIGALUPO (Enrique), Manual de Derecho Penal, Bogotá, Editorial Temis, 1ª edición, 1994, pp.156-157; ROXIN, Derecho Penal...,Op. Cit. pp.823 y 848). El código penal vigente se adhiere a este concepto mediante su artículo 42, con el cual se sigue un método y criterios biológico-psicológicos y psiquiátricos para la ﬁjación de la imputabilidad, o de su ausencia, en cuyo caso se presenta un estado de inimputabilidad. De esta manera, una cosa es padecer de una enfermedad mental o de n grave trastorno de la conciencia, diagnosticado mediante pericia psicológica o psiquiátrica, y que con base en ello, y e conformidad con los artículos 42 y 43 del Código Penal se concluya por un tribunal que existe una anulación (inimputabilidad) o una disminución (imputabilidad disminuida) de la capacidad de comprensión de que la conducta está prohibida y penada o una anulación o disminución de la capacidad de voluntad para dirigir dicha conducta, aspectos que deben ser analizados a nivel de la culpabilidad y que de ser veriﬁcados la excluyen; y otra cosa muy distinta es que se concluya la existencia de un factor o circunstancia objetiva, excusable, que provoca un estado de emoción violenta con el que disminuyen los frenos inhibitorios del autor, situación para la cual nuestra legislación prevé únicamente una atenuación de la pena, como se aprecia claramente en el artículo 127 del Código Penal aplicado por el Tribunal. En el caso actual se tuvo por probada esta segunda situación, el estado de emoción violenta, generándose como consecuencia una atenuación de la pena… Ambos conceptos, el de emoción violenta y el de inimputabilidad, y sus consecuencias, no deben ser confundidos como parece hacerlo el recurrente. Debe entenderse que cuando se reﬁere la existencia de una enfermedad mental, la misma se presenta como una anomalía psíquica grave que puede tener su origen en una causa de naturaleza orgánica o biológica. En tanto que la emoción violenta, se maniﬁesta como un trastorno de la conciencia, pero que no tiene su origen en una circunstancia orgánica o biológica, si nomás bien opera ante la existencia de un factor o circunstancia objetiva, excusable, que provoca el estado de emoción violenta con el que disminuyen los frenos inhibitorios del autor, situación para la cual nuestra legislación prevé únicamente una atenuación de la pena. Véase, cómo la diferencia entre uno y otro, es bastante clara. La emoción violenta surge ante una situación externa que provoca que el agente, pierda los frenos inhibitorios, es decir, pierda el dominio de sus actos. En tanto que la enfermedad mental surge a raíz de un problema orgánico o biológico que determina un estado de inimputabilidad, ante el cual la persona no puede ser responsable por los actos que comete, en razón de que no tiene la capacidad para comprender el carácter ilícito de los mismos. No obstante, retomaré este punto al ﬁnal de este
tema, por cuanto no comparto la forma cómo la ley costarricense regula esta problemática, como una mera causa de atenuación de la pena. A continuación, se analizan otros aspectos importantes de la emoción violenta. Además, los tribunales de instancia cometen una serie de desaciertos, al momento de valorar la ocurrencia o no de un estado de emoción violenta, con la gravedad de que dichos desaciertos, por lo general se hacen con la ﬁnalidad de rechazar el alegato de la defensa, en cuanto a la aplicación de esta causa de atenuación de la pena. Seguidamente, se transcribe un fallo de la Sala Tercera, donde dicho tribunal pone de maniﬁesto los errores cometidos por el Tribunal de Instancia. Con el objetivo de ser claro en cuanto al señalamiento de estos errores, se presenta la parte que interesa de dicho fallo, para luego enlistar los mismos que, a su vez, nos ponen de maniﬁesto algunos de los obstáculos contra los cuales se debe luchar, cuando instamos la aplicación de un estado de emoción violenta, en la práctica diaria. En el mencionado fallo, la Sala Tercera señala: En relación a este punto, y como primera aproximación, con-viene señalar que, como bien lo hicieron notar los referidos peritos, la emoción violenta que regula el artículo 113 inciso1) del Código Penal es un concepto o instituto de naturaleza jurídica, no psiquiátrica, y quienes tienen la potestad (poder-deber) de determinar su existencia en un caso concreto no son los especialistas en esta rama de la ciencia médica, sino los jueces, de donde el criterio orientador de aquellos no vincula ni condiciona obligatoriamente la decisión que estos vayan a adoptar. Por otro lado, no comparte esta Sala la aludida tesis de que la situación inmediata al hecho que determina ese estado de perturbación, necesariamente y en todos los casos deba ser grave y sorpresiva, pues tales requisitos objetivos no son exigidos por la doctrina penal que informa esta materia, la que ha señalado que: [...]la causa debe ser eﬁciente respecto de la emoción que alcanza características de violencia: por tal se entiende la que normalmente según nuestros parámetros culturales, incidiendo sobre las particularidades del concreto autor y en las circunstancias particulares del caso, puede suscitar una emoción de esa índole. O sea, tiene que ser un estímulo externo que muestre la emoción violenta como algo comprensible (Soler). Debe pues, revestir cierta grave-dad (aunque la emoción en sí puede desencadenarse por un hecho nimio insertado en una situación precedente que no lo sea)... En este último sentido se han propuesto distintos criterios para medir la eﬁciencia causal, como el relativo al tiempo transcurrido entre la producción del estímulo y el hecho delictuoso; el del medio empleado; el conocimiento previo o no de la situación que constituye el
estímulo, etc., negándosela eﬁciencia cuando el hecho ocurre después de un intervalo respecto del suscitamiento del estímulo, o cuando el agente ya tenía conocimiento previo de la situación que no hace más que renovarse en el momento en que se produce la emoción o ha empleado medios que ha tenido que buscar para llevar acabo la acción, pero ninguno de esos criterios permite resol-ver los casos sin insertarlos en las circunstancias particulares[...] el transcurso del tiempo puede eliminar la emoción o atenuar su violencia, pero a veces puede exacerbarla; El conocimiento previo de la situación puede ser el terreno en el que se inserta un acontecimiento actual que provoca la emoción. Es decir, son todas ellas soluciones relativas que dependen de las concretas circunstancias de los hechos y del autor [...] (Creus (Carlos), DERECHO PENAL, PARTE ESPECIAL, editorial Astrea, Buenos Aires. 2ª edición actualizada, 1988, páginas47 y 48). Como se colige de la anterior cita doctrinaria, la excusabilidad objetiva de la emoción no necesariamente lleva como requisitos el que la situación estimulante inmediata al hecho sea sorpresiva para el agente, ni tampoco que deba transcurrir un corto tiempo entre el estímulo y la reacción, conforme en este caso lo aﬁrman los peritos forenses (en lo cual coincidió el órgano jurisdiccional). Dependiendo de las concretas circunstancias previas que rodean al hecho y a su autor, las que obviamente podrían jugar un papel fundamental en la perturbación emocional de éste (por lo que deben ser analizadas por el juzgador), su conocimiento previo más bien podría implicar que un hecho nimio sea el detonante que venga a desatar una reacción violenta, siendo como aquella gota que derramó el vaso. Además, la inmediatez entre estimulo y reacción violenta tampoco es un criterio que en todos los casos permita solucionar la situación, ya que –conforme lo explica CREUS- el transcurso del tiempo podría implicar que esa perturbación hasta pudiera llegar a exacerbarse. Lo anterior por sí solo vendría a descaliﬁcar el fundamento mismo de la pericia forense en la cual se apoyó de modo esencial el órgano jurisdiccional, el que de nuevo insiste en valorar como hecho desencadenante sólo las ofensas que supuestamente recibió el encartado del occiso unos 15 minutos antes del hecho, sin considerar de forma íntegra (conforme lo exige la doctrina citada) las particularidades del concreto autor y las circunstancias propias del caso. Otro aspecto de la pericia psiquiátrica al que debe hacerse mención, mismo que el Tribunal retoma y hace suyo, consiste en la interpretación que expone la doctora Cinthia López Castillo al aﬁrmar lo siguiente: [...] debe existir toda ausencia de premeditación perceptible, lo cual no sucede en el presente caso, sino que existió más bien
cierto planeamiento, según el propio relato del evaluado él consiguió el arma dos días antes de que sucedieran los hechos que se investigan y andaba con el arma en un lugar que E. sabe que en cualquier momento iba a encontrarse con G. e iba a tener conﬂictos con él (como había sucedido en múltiples oportunidades, según relato del evaluado y de varios testigos) [...] (cfr. folio 154,línea 32 en adelante). Conforme se colige de lo transcrito, la psiquiatra forense sustenta su dictamen (en el cual se descarta cualquier alteración mental del imputado que pudiera haberlo conducido a un estado de emoción violenta o de inimputabilidad) en que hubo cierta planeación de éste, pues dos días antes del hecho adquirió un arma. Tal conclusión de la citada especialista resulta arbitraria e infundada, pues pare-ce apoyarse en su íntima convicción, sin que cite elementos probatorios objetivos que la respalden, siendo que en cuanto a dicho extremo se perdió de vista (y ni siquiera se analizó) la explicación aportada por el propio encausado, quien dijo haberla adquirido no con el propósito de acabar con la vida del ofendido, sino como un medio de defensa. Por otro lado, el Tribunal de mérito debió analizar la acción homicida con-creta que se dio ese 25 de febrero de 2004 dentro del contexto que reﬁere tanto el imputado como los testigos aportados por la defensa, acerca de las ofensas, agresiones y amenazas constantes y reiteradas que, en principio, aquel venía sufriendo por parte del occiso, lo cual ha de entender esta Sala como alta de fundamentación del fallo respecto de aspectos esenciales para la decisión del asunto sometido a su conocimiento. La jurisprudencia de esta Sala no ha establecido como un elemento objetivo indispensable para que se conﬁgure la modalidad de homicidio especialmente atenuado, el que la situación provocadora deba conllevar las características que por su parte menciona la especialista en psiquiatría (cuyo criterio sustentó de manera esencial la decisión jurisdicción al que al ﬁnal de cuentas se adoptó): ... la emoción violenta es un concepto jurídico que requiere de un estado de alteración psíquica, pero también de una causa idónea general-mente provocada por la propia víctima o por circunstancias atribuibles a ella, de tal magnitud que hacen perder el control normal al agresor, quien llega a comportarse de una manera distinta y agresiva. También la doctrina ha señalado la necesidad de que exista ese factor externo (causa eﬁciente) para que pueda conﬁgurarse esa causa de atenuación de la responsabilidad penal… (Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia. voto N° 500-F-92, de las 8:50 horas del 08 de octubre de 1992.) De igual modo, se ha indicado lo siguiente: ...Cabe destacar que el a-quo toma como elemento básico para descartar el estado de emoción violenta,
que el encartado antes y después de los hechos, se mostrara sereno. Sin embargo, tal apreciación es inexacta, pues no se requiere como requisito indispensable para estar en presencia de la atenuante citada, que esa situación perdure por determinado tiempo, sino que basta que al momento de los hechos esa alteración aparezca en la conducta del agente y en ese sentido, más bien la apreciación del Tribunal implicaría necesariamente, que el estado de alteración de la conducta sea propio de la personalidad del encartado y no que haya surgido en razón de las circunstancias…, Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia. Voto N° 427-F-93, de las 16: 05 horas del 29 de julio de 1993.Además, [...] Es cierto que el tiempo no constituye un factor para descartar automáticamente un estado de emoción vio-lenta, sino que debe analizarse caso por caso la situación paraestablecer si el transcurso del tiempo fue suﬁciente para que un determinado estado anímico disminuyera e incluso des-apareciera, luego de producirse una causa de alteración. Sin embargo, tampoco constituye un factor que deba descartarse automáticamente […] Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia. Voto N° 18-F-94 de las 08:55 horas del 13 de enero de 1994. De acuerdo a todas las razones antes expuestas, es criterio de esta Sala que, conforme lo alega el defensor público, la decisión condenatoria de mérito incurre en varios yerros de fundamentación que la tornan ilegítima, no deriva en forma lógica del elenco probatorio que sustenta el fallo y se omite valoración de prueba esencial para la decisión de la causa sometida a conocimiento del Tribunal. Siendo ello así, se declara con lugar el primer motivo del recurso de casación que formula el defensor público del acusado, en virtud de lo cual se anula el fallo condenatorio de instancia, ordenándose el reenvío para una nueva sustanciación conforme a Derecho. De la anterior resolución de la Sala Tercera, se pueden destacar los siguientes aspectos, sobre los cuales la defensa técnica siempre debe centrar su atención, a efectos de que prospere el alegato, en cuanto a la aplicación del estado de emoción violenta:1. La emoción violenta como tal es un concepto jurídico y no psiquiátrico, razón por la cual es un error que con frecuencia cometen los tribunales de instancia, ya que hacen depender la existencia o ausencia de tal estado, según el criterio que emita a favor o en contra el profesional en el campo de la psiquiatría. El establecimiento del estado de emoción violenta, no depende de lo que diga este especialista en el campo de la psiquiatría, pues incluso ante la manifestación en contra del mismo, el juez puede llegar a concluir que efectivamente sí operó dicha alteración en el agente, o cual en la práctica difícilmente sucede.2. Es falso que la situación inmediata al hecho que determina el estado de perturbación, propio de la emoción violenta, tenga que ser grave y sorpresiva, como lo aﬁrmó en el caso de marras, la especialista en
psiquiatría y fue aceptado por el Tribunal de Instancia. Para estos efectos, debe tenerse en consideración que existe una clase de estado de emoción violenta, en donde dicho estado se va gestando en una serie de circunstancias que, poco a poco, generan dicha perturbación, hasta que por decirlo así, explota ante una situación que puede no ser tan grave. Es decir, se da un último hecho que desencadena lo que popularmente se denomina la gota que derramó el vaso.3. Es falso que para que opere el estado de emoción violenta, se tenga quedar inmediatez entre el estímulo y la reacción violenta, pues lo que se debe realizar, es un análisis de todas las circunstancias que rodearon el hecho, así como las circunstancias personales del autor. En algunos ca
Una forma sencilla de deﬁnirla es así: n relación con la grave alteración de la conciencia, el profano, si bien no puede dar una deﬁnición de la conciencia, parte e la idea que el ser humano está dotado de cierto poder de reﬂexión; este poder signiﬁca que el hombre obra sabiéndolo que hace. Si circunstancias particulares perturban esta reﬂexión, que no le permite darse cuenta de lo que hace en el omento que actúa, existirá una perturbación de su conciencia; es decir, de su propia conciencia, de la conciencia de os hechos exteriores o de la relación existente entre ambas, lo que implica una perturbación de la autodeterminación. Esta perturbación de la conciencia no tiene un origen patológico; por ejemplo: los estados intermedios de ebriedad, la profunda fatiga, la hipnosis. El legislador emplea con justeza la expresión grave alteración de la conciencia y no la e ausencia total de conciencia. Si ésta falta no hay acción, pues, la voluntad no existe. De esta manera, la grave perturbación de la conciencia está relacionada con aquellas circunstancias bajo las cuales, la persona pierde la noción e lo que acontece y, por ende, no tiene el dominio de sus propias acciones. Tal situación se genera, por ejemplo, cuando la persona actúa bajo un estado de emoción violenta, en donde pierde los frenos inhibitorios y, por ello, actúa sin tener control de sus actos. Se señalan como graves perturbaciones de la conciencia, el miedo insuperable, el estado pasional y el estado de emoción violenta. Todos estos estados se caracterizan, porque quien los sufre, logra la curación total y deﬁnitiva, su carácter transitorio, pero presentan como problema que su valoración se realiza en forma posterior a su acaecimiento, por lo que tan solo se realizan valoraciones que pretenden aproximarse a lo que realmente sucedió y a la forma cómo se presentó el evento.
CAPÍTULO II. DE LAS QUE EXIMEN DE LA RESPONSABILIDAD CRIMINAL Artículo 19
Los menores de dieciocho años no serán responsables criminalmente con arreglo a este Código. Cuando un menor de dicha edad cometa un hecho delictivo podrá ser responsable con arreglo a lo dispuesto en la ley que regule la responsabilidad penal del menor.
Artículo 20 Están exentos de responsabilidad criminal: 1º) El que al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. El trastorno mental transitorio no eximirá de pena cuando hubiese sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer el delito o hubiera previsto o debido prever su comisión. 2º) El que al tiempo de cometer la infracción penal se halle en estado de intoxicación plena por el consumo de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos análogos, siempre que no haya sido buscado con el propósito de cometerla o no se hubiese previsto o debido prever su comisión, o se halle bajo la influencia de un síndrome de abstinencia, a causa de su dependencia de tales sustancias, que le impida comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión. 3º) El que, por sufrir alteraciones en la percepción desde el nacimiento o desde la infancia, tenga alterada gravemente la conciencia de la realidad. 4º) El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes: Primero.- Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito o falta y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas. Segundo.- Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.
Tercero.- Falta de provocación suficiente por parte del defensor. 5º) El que, en estado de necesidad, para evitar un mal propio o ajeno lesione un bien jurídico de otra persona o infrinja un deber, siempre que concurran los siguientes requisitos: Primero.- Que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar. Segundo.- Que la situación de intencionadamente por el sujeto. necesidad no haya sido provocada
Tercero.- Que el necesitado no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse. 6º) El que obre impulsado por miedo insuperable. 7º) El que obre en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo. En los supuestos de los tres primeros números se aplicarán, en su caso, las medidas de seguridad previstas en este Código.
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