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Timestamp: 2017-09-26 11:07:05
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PARAGUAY, DEL CONFLICTO ARMADO A LA PACIFICACIÓN
Embajador João Hermes Pereira de Araújo
Director del Museu Histórico y Diplomático del Itamaraty
Vicepresidente del Instituto Histórico y Geográfico Brasileño
RELACIONES CON EL PARAGUAY ( 1864 - 1879 )
En esta etapa política platina, un nuevo actor, el Paraguay, jugaría un papel protagónico.
En 1860, ese país era prácticamente desconocido en las regiones platinas, especialmente en el Uruguay. Tanto así, que en 1862, las primeras instrucciones dadas al emisario oriental enviado a Asunción consistían en indagar cuales eran los objetivos, los intereses y las divergencias de opinión reinantes en el Paraguay cuanto al teatro internacional.
La Argentina no se conformaba, hasta Caseros, con la actitud tomada por Asunción en el momento de la Independencia, cuando se negó a aceptar la invitación para integrar las Províncias Unidas. Nutría, de hecho, la esperanza de reincorporarla trazando nuevamente, con Bolivia, el antiguo virreinato creado por Carlos III. Es por esta razón que se negó a reconocer la independencia paraguaya y la irritación, transformada en protesto, con que asistió al primer reconocimiento oficial por parte del Imperio en 1842, y la renovación de ese reconocimiento en 1844. Del mismo modo, surge de allí la preocupación paraguaya de prepararse contra cualesquier posibles ataques del Sur. Toda la estrategia de Francia y de D. Carlos Antonio existía por ese motivo. Después de 1852 hubo, realmente, otro contracto entre los Gobiernos de Buenos Aires y Asunción.
Como recuerda Calógeras, sin embargo, "pela era dos sessenta, era o Brasil o único poder sul-americano normalmente em contato com Assunção".
Hélio Vianna, en su História Diplomática do Brasil, (pags. 121 a 123), reuerda sumariamente que fue el "Paraguai na história e na geografia sul-americana" y "As relações do Império do Brasil com a República do Paraguai (1824/1864)".
""Na história da formação das antigas colônias espanholas da América do Sul, foi excepcional a formação da atual República do Paragua”. Asunción fue fundada poco después de la primera tentativa de poblar Buenos Aires y, a pesar de su mayor distancia del mar, tuvo más importancia que el poblado platino, durante mucho tiempo, a pesar que ambas dependíam del Virreinato del Perú. Invertidas, sin embargo, las respectivas situaciones económicos, Paraguay comenzó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata, a fines de la época colonial.
Libertándose Buenos Aires de la dependencia de España, los porteños no consiguieron obtener el apoyo del Paraguay, que prefirió separarse de la madre patria, para constituir una nación autónoma, a pesar de las varias tratativas para implementar la reincorporación. Para mantener su indepndencia respecto a las Províncias Unidas del Río de la Plata, contó con la asistencia del gobierno portugués cuya sede, en ese entonces, estaba en Rio de Janeiro. No obstante, su territorio primitivo quedó considerablemente reducido, limitándose a la condición de país central, pudiendo comunicarse con el exterior únicamente por la vía fluvial. Fue de esas circunstancias que nació el preventivo aislamiento a que se vio sometida por tanto tiempo, durante la dictadura de José Gaspar Rodriguez de Francia.
Le cupo a Brasil modificar esa situación, consiguiendo establecer relaciones con el Paraguay aún durante el Primer Reinado, por intermedio del cónsul Antonio Manuel Correia da Câmara, nombrado en 1824, elevado a Encargado de Negocios en 1826 y mantenido en el cargo hasta 1830.
Interrumpiédose entonces ese contacto, el asunto sólo se pudo retomar después que D. Pedro II cumplió la mayoría de edad, mediante tres designaciones suscesivas e inútiles de agentes brasileños, así como una declaración solmente emitida por el Imperio en 1842, reconociendo la independencia del Paraguay.
Fue responsabilidad de José Antônio Pimenta Bueno, posteriormente Marquez de San Vicente, renovar este acto en 1844 en Asunción, lo que poco después motivó un protesto de la Confederación Argentina, cabalmente respondido por el entonces ministro de Negocios Extranjeros, Consejero Antônio Paulino Limpo de Abreu, más tarde Vizconde de Abaeté.
Fue con el Presidente Carlos Antônio Lopez que Pimenta Bueno celebró nuestro primer Tratado de Alianza, Comercio y Límites con el Paraguay. Visto que, sin embargo, los términos de la alianza política convencionada en el mismo no quedaron bien claros, muy por el contrario, hasta se consideraron inconvenientes frente a las nuevas contingencias internacionales, el Gobierno Imperial decidió no ratificarlo. Las mismas dificultades sudamericanas determinaron en 1845 la elaboración, por los signatarios ya mencionados, de un protocolo sobre la navegación de los rios Paraná y Uruguay y sobre la intervención de Brasil, Inglaterra y França, con miras a pacificar el conflagrado Rio da Prata, donde la Confederación Argentina guerreaba contra el gobiernoo legal del Uruguay.
Habiendo a su vez Paraguay pasado a nombrar representantes junto a la Corte de San Cristóvão, también le compitió al primero de ellos, Juan Andrés Gelly, presentar aún en 1847, otra propuesta de un Tratado de Alianza, Comercio, Navegación y Límites, que también fue rechazado por Brasil. Reinando, sin embargo, la misma situación de inseguridad en América del Sur, provocada por el dictador argentino Rosas, el nuevo encargado de negocios brasileño en Asunción, Coronel Pedro de Alcantara Bellegarde firmó en 1850 un Tratado de Alianza Defensiva decisivo entre ambos países, en el cual también se aseguró la libertad de navegación fluvial. Sin embargo, en Río de Janeiro fallaron las negociaciones de un convenio más amplio, encaminadas por el nuevo plenipotenciario paraguayo, Manuel Moreira de Castro, en 1852.
Una interrupción susceptible de ruptura, con graves consecuencias, ocurrió poco después. El representante brasileño en Asunción, Filipe José Pereira Leal, después de haber dado curso a otro proyecto a ese respecto, se vio bruscamente acusado de intriga contra el Presidente Carlos Antonio Lopez, entregándole los respectivos pasaportes.
Respondiendo al insulto, el Imperio exigió y obtuvo satisfacciones, por intermedio de la misión especial confiada al jefe de escuadra Pedro Ferreira de Oliveira, en 1854/1855. Sin limitarse al incidente, a pesar de acompañada de toda una división naval, falló cuanto a la presentación de reclamaciones inherentes a los obstáculos levantados contra el comercio y la navegación del Brasil en el Rio Paraguay. Más aún, se equivocó al firmar un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, cuya validez en último análisis, dependería de una negociación de límites postergada, lo que naturalmente, no pudo ser aprobado por el Gobierno Imperial.
Renovadas las negociaciones en Rio de Janeiro, por intermedio de los ministros José Berges y José Maria Paranhos, más tarde Vizconde de Rio Branco, llegaron a buen término en 1856 a través de dos tratados, uno de Amistad, Navegación y Comercio, y otro de Límites, ambos ratificados el mismo año, en Asunción”.
En 1858, el primero, Paranhos, viajó a la capital paraguaya, donde se firmó una Convención Adicional al Tratado de Amistad, Navegación y Comercio el 12 de febrero, que solucionó satisfactoriamente las cuestiones polémicas con el Paraguay, especialmente las vinculadas a la efectiva libertad de la navegación fluvial.
Al fallecer D. Carlos Antonio en 1862, fue sustituido por su hijo Francisco Solano que ya a los 18 años había sido nombrado general, comandante en jefe del Ejército y Ministro de Guerra ejerciendo, desde aquella época, considerable influencia en las decisiones del gobierno.
Durante un viaje Europa, Solano Lopes tuvo la oportunidad de establecer contacto con el Imperio de Napoleão III, impresionándose fuertemente con el fenómeno bonapartista, influencia que podría, posteriormente, explicar algunos de sus actos.
El hecho es que, al retornar a su país, llevó al extremo las preocupaciones con el fortalecimiento militar de Paraguay, ya sea aumentando considerablemente los proyectos de defensa que su antecesor había iniciado, con el apoyo incluso, de Brasil, ya sea aumentando los efectivos de su ejército, consiguiendo reunir en dos añoa entre 80 a 100.000 hombres en pie de guerra, munidos de fusiles y artillería, mientras Brasil no contaba en aquella época con más de 17.000 hombres en armas.
Su idea fija era, en realidad, tener voz activa en la problemática del Plata y participar activamente en la toma de grandes desiciones que, a ese respecto, tomaban los otros países. En un primer momento, parece que Brasil no fue el objeto de esa política: ella pretendía fortalecer militarmente el país que llegaría a ser el Paraguay-Mayor, con la absorción, según se decia, de Corrientes, Entre Rios y el Uruguay, convirtiéndose de este modo en una potencia atlántica.
Los acontecimientos que sucedían en la República Oriental fueron una oportunidad para que Lopez iniciase su actuación en el escenario del Plata.
En el episodio uruguayo, sin embargo, la iniciativa no partió de Lopez sino del gobierno blanco de Montevideo. Ya en 1862, J.J. Herrera, en Asunción, pidió y obtuvo el apoyo del gobierno paraguayo.
Tanto es así que, cuando se estaban iniciando las negociaciones entre Saraiva y el Gobierno paraguayo, es representante nuestro y el gobierno de Rio de Janeiro recibieron notas de José Berges, Ministro de Relaciones Exteriores, fechadas el 17 de junio de 1864, que ofrecían la mediación de Francisco Solano Lopez para el ajuste amistoso de la solución de las cuestiones existentes entre el Imperio y la República Oriental. El 24 de junio, Saraiva agradeció el ofrecimiento por medio de una nota, declinando sin embargo, porque esperaba que iba a obtener una solución bilateral de los problemas pendientes. En ese mismo sentido , en 24 de junho, agradeceu, por nota, o oferecimento, declinando-o porém, por esperar obter bilateralmente a solución dos problemas pendentes. El Ministro de Negocios Extranjeros respondió en ese mismo sentido a su colega paraguayo.
Más tarde, Vasquez Sagartume, ministro uruguayo en Asunción, llegó a un acuerdo con el gobierno local, con el propósito de obtener del mismo la condena de cualquier acción intervencionista del Brasil. El mismo día, 30 de enero de 1864, cuando el ministro de Brasil en Montevideo, João Neves Loureiro, recibía sus pasaportes y se ausentaba del puesto. El Ministro Berges se presentó para oficializar el protesto contra cualquier ocupación temporal o permanente del territorio oriental, que su Gobierno consideraba atentaba contra el equilibrio de los Estados del Plata, y que interesaba a la República del Paraguay como garantía de su seguridad, paz y prosperidad, protestando solemnemente contra dicho acto, desvinculándose desde ya de toda responsabilidad por las consecuencias de esta declaración.
Los acontecimiento se precipitaron. Paralelamente a lo que estaba ocurriendo en la República Oriental, el 13 de noviembre el gobierno paraguayo capturó el buque brasileño "Marquês de Olinda" que se dirigía, por el Río Paraguay, rumbo a Mato Grosso, y encarceló a sus pasajeros y tripulación, incluso el nuevo gobernador de aquella Província, Carneiro de Campos. Los pasaportes fueron entregados al día siguiente a nuestro ministro Viana de Lima.
El 13 de diciembre, el Gobierno paraguayo declaró guerra al Brasil y el 26 inició el ataque al Fuerte de Nueva Coimbra, invadiendo la Provincia de Mato Grosso.
En enero Solano Lopez pidió permiso al gobierno argentino para que las fuerzas paraguayas atravesasen las provincias de Corrientes y Entre Rios para atacar Rio Grande do Sul. Frente a la negativa de Mitre, declaró guerra a la Confederación e invadió Corrientes, contando ciertamente con el apoyo que esperaba tener de Urquiza que permaneció, sin embargo, inactivo.
Las circunstancias no favorecieron al presidente paraguayo, en esos momentos tan delicados. La actitud de completa retracción de Urquiza fue, ciertamente, una sorpresa y un revés serio para los planes de Lopez. En el Uruguay, en vez de contar con el gobierno amigo, se encontró con Venâncio Flores, aliado de Brasil. El gobierno argentino verificó bien temprano que sería difícil mantenerse neutro, frente a la invasión de su territorio. La alianza de los tres gobiernos para combatir al enemigo común, era la tendencia política natural que sólo necesitaba un tratado que la oficializase. Fue lo que ocurrió.
Paranhos fue sustituido como ministro en misión especial en Montevideo, y el consejero Francisco Otaviano de Almeida Rosa ocupó su puesto en marzo de 1865. Poco después firmaba el tratado de Alianza Ofensiva y Defensiva, el 10 de mayo en Buenos Aires, con Rufino de Elizalde, Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina y con el plenipotenciario uruguayo Carlos de Castro.
Este Tratado, conocido como "de la Triple Alianza", definió en el artículo lº su propia finalidad: unir a los signatarios "en alianza ofensiva y defensiva en la guerra promovida por el gobierno del Paraguay" esclareciendo, en el artículo 7, que la Guerra no es "contra el pueblo del Paraguay y sí contra su gobierno". El artículo 3º trata del "comando-en-chefe y dirección de los ejércitos aliados", que recayeron en Mitre, "debiendo comenzar las operaciones de guerra en el territorio de la República Argentina o en la parte del territorio paraguayo que es limítrofe con el mismo". Firman, entre tanto, las Partes Contratantes, "el principio de la reciprocidad para el comandante en jefe caso dichas operaciones se tuviesen que trasladar para el territorio brasileño u oriental ".
De acuerdo con el artículo 6º, "los aliados se comprometieron solemnemente a no bajar las armas expecto de común acuerdo, y sólo después de derrumbar la autoridad del actual gobierno del Paraguay, así como a no celebrar tratados de paz, tregua o armisticio, ni convención alguna para suspender o terminar la guerra, sino de perfecto acuerdo entre todos”. El artículo 7º se refería a la legion paraguaya, un tema que suscitaría serios problemas. "A independência, soberania e integridade da República do Paraguay" estaban garantizadas por el artículo 8º, que señalaba con perfecto rigor: "en conseqüência, o povo Paraguayo poderá escolher o governo e instituições que lhe aprouverem, não podendo incorporar-se a nenhum dos aliados e nem pedir o seu protetorado como conseqüência da guerra".
La cuestión de la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay era abordada en el artículo 11. Mientras el 14 trataba del pago, por el gobierno paraguayo, de los gastos inherentes a la guerra, así como las reparaciones e indemnizaciones, el artículo 15 estipulaba que, a través de una convención, se regularían los temas relacionados con el pago de la deuda "resultante de las causas mencionadas". El conocido artículo 16 estipulaba las bases "que los aliados exigirán del gobierno de Paraguay” en el momento de celebrar, "con los respectivos gobiernos, tratados definitivos de límites". Consecuentemente, las bases previstas para el Tratado argentino-paraguayo llegaríían a ser, una vez terminada la guerra, motivo de serias dificultades. El artículo 18 consideraba secreto el Tratado "hasta que se consiga el principal fin de la alianza", precaución que no impidió, en breve, la divulgación de su texto. Finalmente, por el artículo 19, los signatarios establecían la forma con que comenzarían a vigorar las estipulaciones del Tratado: las que no dependían de la aprobación legislativa, "siempre y cuando sean aprobadas por los respectivos gobiernos y las otras después del intercambio de ratificaciones”.
Durante cinco años, los pueblos hermanos pelearon en una contienda dramática y penosa que, sin embargo, no dejó de marcar el punto de partida de una etapa completamente renovada de la relación entre los cuatro países, lo que se observa nítidamente del heco que estamos por conmemorar 131 años de paz, sin interrupciones, en el área.
LA TOMA DE ASUNCIÓN
Con la entrada de las fuerzas aliadas en Asunción, en enero de 1869, los Aliados trataron establecer contacto con los ciudadanos paraguayos que se podrían dedicar a reorganizar el país. El 2 de julio, los protocolos de Buenos Aires creaban un Gobierno Provisional en el Paraguay.
El Tratado de la Triple Alianza estabelecía (art. 16) que las condiciones de limites dependerían de tratados definitivos que serían celebrados entre los aliados y el futuro gobierno paraguayo. Sin embargo, el General Mitre ocupó Villa Occidental inmediatamente después de creado el Gobierno Provisional.
Es verdad que el 27 de diciembre de 1869 el Secretario de Relaciones Exteriores de Argentina, Mariano Varela, dentro del espíritu y letra del Tratado de 1865, declaraba en una nota que "o governo argentino sustentou há muito tempo, en discussões con o representante de S.M. o Imperador, que a vitória não dá às nações aliadas direito para declararem por si, limites seus aqueles que o Tratado assinala. Crê o mesmo governo, hoje como então, que os limites devem ser discutidos con o governo que se estabelecer no Paraguay e que a sua fixación será feita nos tratados que se celebrarem depois de recebidas pelas partes contratantes os títulos en que cada un apoiar os seus direitos".
Después de los acontecimientos de Cerro Corá, Paranhos sugirió que los plenipotenciarios aliados fuesen para Asunción a negociar el ajuste preliminar de paz. Como la Argentina no aceptaba discutir con el Gobierno Provisional, surgió la cuestión de saber si, de acuerdo con el Tratado de la Triple Alianza, uno de los aliados podría tratar bilateralmente con el Paraguay, caso no se llegase a un acuerdo conjuntamente. Argentina, desde luego, se opuso a esta interpretación. En el Brasil, el asunto se sometió al Consejo de Estado que opinó favorablemente, con votos contrarios sin embargo, de Nabuco y Abaeté. La cuestión no era, por ende, pacífica. No obstante, el 20 de junio de 1879 se firmó el Protocolo Preliminar de Paz en Asunción.
La negociación del tratado definitivo enfrentaba, sin embargo, serias dificultades. Cuestiones como la referente a la destrucción de las fortalezas de Humaitá y la propia interpretación del Tratado de 1865, crearon serios problemas entre Brasil y Argentina. Se llegó a proponer, inclusive, una rescisión amistosa de aquel acto internacional.
Paranhos, llamado a organizar un nuevo despacho, fue el sucesor de João Maurício Wanderley, Barón de Cotegipe que, al llegar a Asunción, entró en contacto con el representante argentino, Manuel Quintana. Según este, sin dejar de lado las ventajas del Artículo VI, Argentina podría tratar las cuestiones limítrofes con el Paraguay, cabiéndole a los otros aliados apoyarla. Los representantes de Brasil y Uruguay no concuerdan con esa interpretación, retirándose Quintana a Buenos Aires para consultar a su gobierno.
NEGOCIACIONES DE PAZ CIERRAN EL CONFLICTO
Cotegipe no tuvo, entonces, ninguna duda en firmar el 9 de enero de 1872 con el plenipotenciario paraguayo, los tratados definitivos de Paz, Límites, Amistad, Comercio y Navegación y para la Entrega de Criminales y Desertores.
La repercusión de este acontecimiento en Buenos Aires fue muy grande. En los meses subsiguientes, los gobiernos de Argentina y Brasil intercambiaron notas que manifestaban la gravedad de aquel momento en las relaciones entre ambos países. Sarmiento tomó entonces la iniciativa de enviar a Rio al general Mitre que, con Pimenta Bueno, firmó el acuerdo Mitre-San Vicente por el cual se declaró, entre otros puntos, que se mantenía el Tratado de la Triple Alianza, se aprobaron los Tratados Cotegipe, se garantizó el apoyo moral del Imperio a sus aliados y se estableció la retirada de las tropas brasileñas y argentinas de Asunción.
A la Argentina le restaba, entonces, negociar sus límites con el Paraguay. Las conversaciones fueron difíciles pero finalmente se llegó a un entendimiento que prevía una solución arbitral. Habiendo sido escogido árbitro el Presidente Hayes, de los Estados Unidos de Norteamérica, su laudo del 12 de noviembre de 1878 atribuyó al Paraguay la pose del Chaco y la de Villa Occidental, que comenzó a llamarse Villa Hayes y de la cual las autoridades paraguayas tomaron pose el 13 de mayo de 1879.
Como comenta Delgado de Carvalho, "pocas negociações de tratados de paz tiveram tão longa duração": se prolongaron de 1869 a 1879.
J.B.Debret, Embarque de las tropas para Montevideo
Vitor Meireles, Soldado paraguayo caído
El Barón de Cotegipe
Francisco Solano Lopes, fotografía de autor no identificado