Source: http://ciudadanodelmundo-capa.blogspot.com/2015/12/
Timestamp: 2017-12-11 07:29:23
Document Index: 334123957

Matched Legal Cases: ['artículo 337', 'artículo 337', 'artículo 337', 'artículo 337', 'artículo 15', 'artículo 20', 'artículo 337']

CIUDADANOS DEL MUNDO: diciembre 2015
A veces las cosas son tan evidentes que pasan desapercibidas ¿A quién no le ha pasado no ver las llaves que se encontraban delante de sus narices? Algo semejante está pasando en el mundo jurídico con el delito de maltrato animal y los espectáculos taurinos. Prácticamente todos los abogados, jueces y fiscales piensan que los maltratos de toros en fiestas legalmente autorizadas no constituyen un delito de maltrato animal tipificado en el artículo 337 del Código Penal. Y se mantiene esta creencia porque en este artículo se castiga la producción de lesiones graves o la muerte de una animal cuando es injustificada (también se castiga la explotación sexual pero no viene al caso en este artículo). Y, claro, la mayoría piensan que la fiesta de los toros es una tradición tan española, de tan arraigada costumbre, que cuando el legislador introdujo el adverbio de modo “injustificada”, estaba pensando, entre otros supuestos, en los espectáculos taurinos.
Si el legislador hubiera querido proteger la fiesta de los toros como costumbre, tradición cultural o fenómeno etnológico, lo habría incluido expresamente en el texto del artículo 337 o en alguna disposición adicional, tal y como sucede en el delito de aborto, en el que hay una serie de casos expresamente excluidos. Pero no se ha hecho así. Es verdad que el apartado 4 del artículo 337 se dice “Los que, fuera de los supuestos a que se refieren los apartados anteriores de este artículo, maltrataren cruelmente a los animales domésticos o a cualesquiera otros en espectáculos no autorizados legalmente, serán castigados con una pena de multa de uno a seis meses.” ¿Qué quiere decir? Que en espectáculos autorizados legalmente –como es el caso de los espectáculos taurinos- se puede maltratar cruelmente. Claro está, siempre y cuando no se produzcan los resultados de los apartados anteriores: lesiones que agraven la salud o muerte del animal. Producir a un toro lesiones que agraven su salud o su muerte es un delito, por muy autorizado que esté el espectáculo.
Otra contradicción. Cuando en el texto del artículo 337 se dice que las lesiones o muertes injustificadas constituyen el delito de maltrato animal, nos obliga a buscar qué lesiones o muertes de animales domésticos están justificadas. Está claro que las que tienen como finalidad la alimentación humana, es decir que los matarifes que sacrifican animales destinados al consumo humano no cometen delito (ahora no entramos en la consideración de si se debe comer o no carne animal). Está claro que las lesiones o muertes que tienen como finalidad la experimentación científica no entran dentro del tipo penal, no son delito (tampoco entro en la consideración ética de estas prácticas). Un investigador que mata y disecciona a una rata de laboratorio –animal doméstico puesto que convive habitualmente con el hombre- para encontrar una vacuna no comete delito. Y, para algunos, también se incluyen dentro de las conductas justificadas las corridas de toros.
Esta inclusión encuentra un potente obstáculo en la Constitución Española. En ella se reconoce como derecho fundamental (artículo 15) la vida y a la integridad física –se sobreentiende que alimentarse es presupuesto básico de vida-; y también se reconoce como derecho fundamental (artículo 20.1.b) la producción y creación científica y técnica. Sin embargo, no se reconocen como un derecho fundamental los espectáculos taurinos, ni el goce que puedan producir, ni la recaudación. De modo que la alimentación y el desarrollo científico son más importantes que los espectáculos taurinos. Incluir a estos últimos entre las actividades que pueden producir maltratos justificados, es crear una norma legal que contiene una discriminación no amparada por la Constitución, puesto que se estaría protegiendo igualmente un espectáculo –que no es un derecho fundamental- que la alimentación y el desarrollo científico. Y se pretende interpretar el artículo 337 de modo que las tres actividades sean igualmente importantes. Se pretende que para el legislador sea igual de importante el espectáculo que la alimentación o la investigación científica.
Para salvar estas graves contradicciones, debe interpretarse el Código Penal de modo que la palabra “injustificadamente”, haga referencia a las actividades destinadas al consumo humano, a la producción científica y, obviamente, la defensa propia o ajena ante el ataque de un animal doméstico, es decir, a los derechos fundamentales. Esta es la interpretación más coherente con la propia Carta Magna y las Declaraciones Universales de Derechos del Hombre.
Socio de MAAT Abogados & Asociados
Como homenaje a Ramón Llull y para celebrar el Día Mundial de la Filosofía, hablaremos de ésta como una forma de vivir. Las escuelas de filosofía helenísticas divulgaron el arte de vivir como un vía de perfeccionamiento personal y moral que conquista la alegría del alma (Martha Nussbaum). El filósofo francés Pierre Hadot nos dice que desde la Antigüedad hasta los llamados Padres de la Iglesia, la filosofía no se entendió como en la Edad Contemporánea: “filosofar era un estilo de vida y no una actividad teórica intelectual, un discurso, una pensar y nada más”. “La filosofía enseña a hacer, no a decir”, escribió Séneca. “Vano es el discurso del filósofo que no cura las enfermedades del alma”, enseñaban los epicúreos. Un filósofo, en la antigua Roma, era una persona que se esforzaba por vivir coherentemente sus ideas y principios morales. “Es necesario que la teoría se convierta en nosotros en naturaleza y vida”, escribió el neoplatónico Porfirio en el siglo III d.C.
Otra característica es la humildad. ¿Quién puede jactarse de saberlo todo y más que ningún otro? Nadie. ¿Cuánto ignoramos acerca de la naturaleza y del cosmos? Muchísimo. ¿Cuánto conocemos de nosotros mismos? Una ínfima parte. Al reconocer lo que sabe y lo que no sabe, el filósofo desarrolla esa maravillosa cualidad humana que es la humildad, “la más preciosa piedra en la corona de las virtudes”. La humildad abre el camino del conocimiento, mientras que la vanidad intelectual, la soberbia y el orgullo lo obstaculizan.
El domingo 29 de noviembre, víspera del inicio de la Cumbre Mundial del Clima de París, los ciudadanos de todo el globo estamos convocados a manifestarnos para exigir a los representantes políticos presentes en la cumbre que tomen medidas contundentes y urgentes para combatir el cambio climático antes de que sea demasiado tarde.
En Palma, la cita será en Plaza de España, a las 12 h, en una convocatoria conjunta de diversos agentes sociales, coordinados por Es Racó de ses Idees, organización que ha tomado la iniciativa en Mallorca de la mano de Avaaz.org.
Según el IPCC (Panel Internacional de la ONU sobre Cambio Climático), la temperatura de la superficie terrestre ha aumentado aproximadamente 1°C en el último siglo, y al ritmo actual de emisiones, la temperatura global subirá entre 3 y 6°C en los próximos 100 años. Este cambio climático producido por la actividad humana será el más drástico en los últimos 100.000 años. Los efectos del cambio climático en las próximas décadas serán, entre otros, la degradación de los suelos, la desertificación, las inundaciones, la escasez de agua, el impacto de las sequías y los efectos de los fenómenos climáticos extremos. En las sociedades cuyas condiciones de supervivencia son ya de por si limitadas, producirá situaciones catastróficas ante las que no disponen de capacidad de respuesta. El colapso de las estructuras sociales y la escasez o degradación de los recursos de subsistencia causarán situaciones de crisis, conflictos y violencia. La Organización Mundial de la Salud lo plantea así: "El cambio climático con certeza conllevará una significativa pérdida de vidas humanas junto con la extinción de incontables especies de plantas y animales".
En las Cumbres Mundiales del Clima de Copenhague 2009 y Cancún 2010 se recalcó la necesidad de no sobrepasar el umbral de los +2° C, cifra a partir de la cual el problema del calentamiento global se nos iría definitivamente de las manos. Lamentablemente los acuerdos solamente están siendo declaraciones de intenciones, no de compromisos efectivos y ni vinculantes. España está entre los países más incumplidores del Protocolo de Kioto, lo que nos ha llevado a gastar más de 800 millones de euros en la compra de derechos de emisión.
Las soluciones son claras: por un lado dejar de emitir CO2, abandonando el carbón, los combustibles fósiles y apostar de una manera decidida por las renovables, por otro lado capturando el CO2 que ya se encuentra en la atmósfera fomentando la reforestación, y finalmente invertir en tecnologías que permitan ser más eficientes con el uso de la energía. La ciencia ha hablado, y ahora la pelota está en el tejado de la política y por tanto de la sociedad. Tenemos la responsabilidad de exigir a los gobiernos que asuman políticas climáticas y energéticas que nos mantengan lejos del aumento de la temperatura de 2°C. Debemos exigir a las grandes empresas emisoras de gases de efecto invernadero responsabilidad. Y debemos exigir a los gobiernos que las empresas causantes del cambio climático no sean las que decidan las políticas climáticas y energéticas.
Los ciudadanos sensibilizados por la defensa del clima y de la Tierra debemos reclamar que esos combustibles permanezcan bajo tierra y exigir una revolución energética. No se trata de confrontar posiciones, se trata de actuar en consonancia con nuestra conciencia. Todos sabemos que sobran productos industriales y de consumo en el mundo; se produce muchísimo más de lo que se necesita. Un pequeño ejemplo es la industria automovilística. En España se fabrican cada año más de 2 millones de coches y se matriculan una media de 700.000, es decir que se fabrica casi más del triple de lo necesario. La agresión al planeta y a todos sus habitantes no está justificada. Regresemos, todos juntos, hacia una manera de vivir más acorde con la naturaleza. Es muy posible que, además de estar más sanos, seamos más felices. La felicidad será el precio que, seguramente, tendremos que pagar por reducir, no la calidad de vida, sino la cantidad de cosas que acumulamos para vivir. Merecería la pena pagar este precio, ¿verdad?