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Timestamp: 2018-01-18 15:54:45
Document Index: 325967708

Matched Legal Cases: ['artículo 35', 'artículo 71', 'artículo 64', 'artículo 35', 'artículo 64', 'Artículo 78', 'Artículo 94']

TEXTO ORIGINAL DE LA CONSTITUCIÓN de 1853. SU HISTORIA
Pedro Centeno, diputado por Catamarca; Pedro Ferré, diputado por Catamarca; Juan del Campillo, diputado por Córdoba; Santiago Derqui, diputado por Córdoba; Pedro Díaz Colodrero, diputado por Corrientes, Luciano Torrent, diputado por Corrientes; Juan María Gutiérrez, diputado por Entre Ríos; José Quintana ,diputado por Jujui; Agn. Delgado, diputado por Mendoza; Manuel Padilla; diputado por Jujuy; Martín Zapata, diputado por Mendoza, Regis Martínez, diputado por la Rioja; Salvador María del Carril, diputado por San Juan; Ruperto Godoi, diputado por San Juan; Delfín Huergo, diputado por San Luis; Juan Llerena, diputado por San Luis; Juan F. Seguí, diputado por Santa Fe; Manuel Leiva, diputado por Santa Fe; Benjamín J. Lavaysse, diputado por Santiago del Estero; José Benjamín Gorostiaga, diputado por la provincia de Santiago del Estero; Fray J. Man. Pérez, diputado por Tucumán y Salustiano Zavalía, diputado por Tucumán. En el costado del acta se indicaba que estuvieron “Ausentes” don Ruperto Pérez y “En comisión” Santiago Derqui, que sin embargo firmó al pie de la Constitución. Del Campillo estuvo “ausente con aviso” en la sesión del treinta de abril –como señala el acta de la misma- probablemente porque ese día ya había comenzado a escribir el Texto definitivo.
No se discute que el calígrafo, o sea quién escribió el texto definitivo de la Constitución, fue Juan del Campillo, a quién José María Rosa y Jorge Reinaldo Vanossi llama el pendolista de la Constitución.[1] José María Rosas dice que “(...)el códice de cantos dorados donde Campillo, con meritoria caligrafía, había transcripto en una labor de diez horas el texto votado en diez noches” [2]. De la simple comparación de la letra del Texto con la firma del diputado cordobés y su aclaración, al pie del mismo, denotan esta circunstancia.
“Cuando se reconstruye el clima de la Convención del ´53 debemos acudir a Víctor Galvez (Memorias de un viejo, pág. 220) y a Lucio V. Mansilla (Retratos y recuerdos, pág. 97), que describe a Juan del Campillo “...de cabeza rubia, frente amplia, poeta[...]que era uno de los abogados más reputado de Córdoba” ( Mayer, Alberdi y su tiempo, pág. 450), y...vinculado a la “Asociación de Mayo” [...][de] noble vida virtuosa consagrada al estudio con dignidad cívica, llegaba precedido de fama que justificó en la Constituyente, en el Ministerio de Justicia de la Confederación y en la diplomacia. Autor de la Ley de Justicia Federal de la Confederación tan justamente alabada” (Historia de la Nación Argentina, Academia Argentina de la Historia, t. VIII, pág. 173), y que luego sería antecedente de la actual ley 48 (Mansilla, ob. cit.)” [4]
El Texto original y auténtico de la Constitución está escrito en el “Gran Libro”, como se lo llamó en el acta de la sesión del primero de mayo de 1853, o “la encierra y la contiene el código auténtico con la firma autógrafa de todos los Diputados presentes en el Congreso, igual á la Constitución matriz, que se halla firmada y refrendada desde la foja diez hasta fojas veinte del Gran Libro de Acuerdos, Leyes y Decretos del Congreso General Constituyente(...)”, según lo que dice el acta de la sesión del 5 de mayo de 1853. Este libro estuvo guardado adentro y en posición vertical, de una antigua caja fuerte, de casi dos metros de altura, en una pequeña dependencia accesoria, dedicada a archivo, en las oficinas del Vicepresidente Primero del Senado de la Nación, junto a otros dos libros, uno que contiene las actas manuscritas de la Convención y otro que tiene transcripto, en letra cursiva, el Texto ordenado de la Constitución reformada en 1994, hasta que el libro fue colocado en el Templete ubicado en el Salón Azul del Congreso. Una copia del Texto original de la Constitución de 1853 se exhibe en el Museo Parlamentario, ubicado en calle Hipólito Yrigoyen 1708.
1. Esta escrita íntegramente en letra cursiva pequeña, y los títulos, que no fueron subrayados, en letras más grande, en diez hojas y veinte páginas, “(...)que las encierra y contiene el Códice auténtico con la firma autógrafa de todos los Diputados presentes en el Congreso, que se halla firmada y refrendada desde fojas diez hasta fojas veinte del Gran Libro de Acuerdos, Leyes y Decretos del Congreso General Constituyente(...)”.
Cualquier comentario sobre la ortografía del texto de la Constitución nos obliga a situar el hecho en su época. Debe tenerse en cuenta, por caso, que si bien la reforma ortográfica moderna se consolida en 1815, con la octava edición de la Ortografía de la Real Academia Española de la Lengua (RAE)[16], la difusión sistemática recién se alcanza a mediados del siglo XIX, con la publicación, en 1844, del Prontuario de ortografía de la lengua castellana, dispuesto por Real Orden para el uso de las escuelas públicas por la Real Academia Española con arreglo al sistema adoptado en la novena edición de su Diccionario[17]. Hasta entonces la función de la RAE había sido la de proponer normas y aconsejar usos, algunos de los cuales no tenían una clara definición. No puede dejar de mencionarse también, que para la época de la redacción de la Carta Magna estaba en vigencia en el vecino país de Chile la reforma ortográfica impulsada por Domingo Faustino Sarmiento en 1843, aprobada por Andrés Bello. Esta reforma, abandonada años más tarde, proponía una escritura más fonética y menos dependiente de criterios etimológicos, que comprendía entre otras modificaciones la supresión de la letra "h", el reemplazo de la "b" por la "v", de la "y" por la "i" y de la "g" por la "j", etc. Si bien esta reforma no comprende el uso ortográfico argentino, sí muestra que los criterios ortográficos de la época estaban en definición, por lo que no es menos el mérito del escribiente al ofrecer un texto que ofrece muy pocos casos para objetar
Adicionalmente correspondería incluir un breve comentario para dos signos interesantes: Et (&): En su diccionario de 1732[20], la Real Academia Española la define como “Conjunción que corresponde a lo mismo que y ó e. Es anticuada y puramente latina.” Para las ediciones de 1780 y posteriores, la Academia la da como equivalente a “y”. Esta conjunción es la que se representa habitualmente se representa con el signo tironiano “&”, cuya creación es atribuida a Tirón, liberto que transcribía taquigráficamente los discursos de Cicerón. El signo busca condensar en un solo rasgo las dos letras de la conjunción copulativa latina “et” a la que representa. Este grafema es de uso común en documentos desde el siglo XI, y se sigue usando en las lenguas modernas cuya conjunción tenga más de una letra (en el caso del español, la conjunción y no requiere de abreviación, por lo que el signo se dejó de usar cuando se abandonó el uso del et).
19. La “Constitución de la Confederación Argentina”, como se dio en llamar a la naciente Sociedad política que se fundaba, y utilizar la misma expresión empleada en el proyecto de Juan Bautista Alberdi y en el Acuerdo de San Nicolás que denominaban al país con este nombre, “Confederación Argentina”, mereció que en la reforma de 1860, en la sesión del 20 de setiembre, se incorporara una nueva disposición como artículo 35º que decía “Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 República Argentina, / Confederación Arjentina, serán en adelante nombres oficiales indistintamente para la designación del Gobierno y territorio de las Provincias, empleándose las palabras “Nacion Argentina” en la formación y sanción delas leyes. ”Con motivo de ello en las publicaciones del texto reformado que se hicieron en lo sucesivo se sustituyó en el preámbulo y en todos los artículos del mismo la expresión “Confederación” por “Nación”, sin que hubiera habido acto constituyente expreso al respecto. En la sesión del 20 de mayo de 1949 este tema fue planteado en el Senado el senador Madariaga, con el propósito de definir el título presidencial, si era “Presidente de la Confederación Argentina”, como se lo escribió y sancionó en 1853, o “Presidente de la Nación Argentina”, como se lo publicó a partir de 1860, lo que motivó que el Alto Cuerpo encomendara a su Comisión de Asuntos Constitucionales un estudio de la cuestión.
Sin embargo en el histórico documento de 1853 algunos artículos ya usaban la expresión “Nación Argentina” como el 1º, o se referían, como el 4º, “alos gastos de la Nación conlos fondos del Tesoro Nacional(...)de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias dela Nación(...)”, o en el 17º al referirse a los “diputados de la Nación”.
20. Si bien en el artículo 71º se dice que “El Poder Ejecutivo dela Nación será desempeñado por un ciudadano con el titulo de “Presidente dela Confederación Argentina.” En el artículo 64º inciso 18 se habla de “Admitir o desechar los motivos de dimisión delPresidente o VicePresidente dela República(...)”, con lo que el titular del Poder Ejecutivo puede ser llamado de las dos maneras, lo que se repetirá en la reforma de 1860 respecto del nombre de nuestra Sociedad política, con el artículo 35º.
23. Hay palabras que faltaban para la necesaria fluidez que debía tener el Texto, como vemos en el artículo 64º, inciso 11, donde no se escribió la palabra “la” después de “(...) sobre falsificación de (...)”y antes de “(...)moneda corriente(...); en el Artículo 78º, se omitió –en el tercer párrafo- la expresión “en”, después de “Reunidos los electores en la Capital dela Confederación y(...)” y antes de “(...) la desus Provincias respectivas(...)” ; y la expresión “ser”, antes de Senador, que es la última palabra del Artículo 94º. Estas omisiones han sido salvadas en las ediciones que se hicieron posteriormente y en el texto ordenado actual, en los artículos que no fueron reformados.
El libro con el texto original se encuentra actualmente en un Templete en el Salón Azul del Congreso de la Nación, la foto de los folios se encuentra en la Página Web: www.profesorgentile.com/