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Timestamp: 2020-07-12 15:58:07
Document Index: 181081025

Matched Legal Cases: ['artículo 86', 'artículo 86', 'artículo 86', 'artículo 86', 'artículo 86', 'artículo 78']

Sentencia de Tutela nº 544/13 de Corte Constitucional, 21 de Agosto de 2013 - Jurisprudencia - VLEX 465985478
Los accionantes solicitan que se amparen sus derechos fundamentales al mínimo vital, a la vida digna, a la seguridad social y a la igualdad, los cuales consideran vulnerados por la secretaría de educación del departamento del atlántico, al no reconocerles la existencia de un contrato realidad y cancelarles los valores por concepto de cesantías, prima de servicios, vacaciones, indemnización por despido sin justa causa, indemnización por mora en el pago e indemnización por no consignar las cesantías en un fondo administrador. Luego de verificar el cumplimiento de los requisitos generales de procedencia de la acción de tutela, específicamente los de inmediatez y subsidiariedad, teniendo en cuenta para éste último la procedencia excepcional de la acción de tutela para la obtener el pago de acreencias laborales, la sala decide confirmar la decisión de instancia que declaró improcedente el amparo deprecado.
T-544-13 REPÚBLICA DE COLOMBIA Sentencia T-544/13
Referencia: expediente T-3.874.844
Acción de Tutela instaurada por A.P.L. y otros contra el Departamento del Atlántico - Secretaría de Educación Departamental.
Derechos Invocados: Mínimo vital, vida digna, seguridad social e igualdad.
Bogotá D.C., veintiuno (21) de agosto de dos mil trece (2013).
La S. Séptima de Revisión de Tutelas de la Corte Constitucional, conformada por los Magistrados J.I.P.C. -quien la preside-, A.R.R. y L.E.V.S., en ejercicio de sus competencias constitucionales y legales, y específicamente de las previstas en los artículos 86 y 241, numeral 9°, de la Constitución Política, ha pronunciado la siguiente:
En el proceso de revisión del fallo de tutela adoptado por la S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, el cinco (05) de febrero de dos mil trece (2013), que revocó lo decidido por el Juzgado Primero Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Barranquilla, el veinticuatro (24) de septiembre de dos mil doce (2012) al negar por improcedente la acción de tutela incoada por A.P.L. y otros contra el Departamento del Atlántico - Secretaría de Educación Departamental.
De acuerdo con lo dispuesto en los artículos 86 de la Constitución Política y 33 del Decreto 2591 de 1991, la S. de Selección Número Cinco (05) de dos mil trece (2013) de la Corte Constitucional escogió, para efectos de su revisión, la acción de tutela de la referencia.
A.P.L. y otros, por medio de apoderado, solicitan al juez de tutela que ampare sus derechos fundamentales al mínimo vital, a la vida digna, a la seguridad social y a la igualdad, los cuales consideran que han sido vulnerados por el Departamento del Atlántico-Secretaría de Educación Departamental al negarles el reconocimiento y pago de las obligaciones laborales a que tienen derecho por haber prestado sus servicios a dicha entidad.
En consecuencia, piden que se ordene a la entidad accionada que reconozca y pague a cada uno de los accionantes, los valores por concepto de cesantías, prima de servicios, vacaciones, indemnización por despido sin justa causa, indemnización por mora en el pago e indemnización por no consignar las cesantías en un fondo administrador. Lo anterior, conforme a los hechos que a continuación son resumidos:
1.2.1. Señalan los accionantes que estuvieron vinculados laboralmente con el Departamento del Atlántico, Secretaría de Educación Departamental, prestando sus servicios en la labor de aseadores, conserjes o celadores en instituciones educativas. 1.2.2. Indican que la prestación del servicio se dio conforme con la programación realizada por la respectiva Institución Educativa adscrita al Departamento del Atlántico y por instrucciones de éste. 1.2.3. Expresan los accionantes que realizaron su trabajo en jornada completa de 8 horas diarias, conforme a las órdenes e instrucciones impartidas por la accionada en armonía con cada una de las instituciones educativas, es decir bajo la continuada subordinación de éstas. 1.2.4. Manifiestan que la entidad accionada únicamente les canceló los salarios durante el tiempo laborado y no consignó en un Fondo Administrador las cesantías del año 2008, ni ha reconocido ni pagado las cesantías definitivas. 1.2.5. Relatan que la entidad accionada tampoco les ha cancelado: (i) los intereses sobre las cesantías, (ii) la prima de servicios, (iii) las vacaciones y, (iv) los aportes a seguridad social de todo el tiempo laborado. 1.2.6. Aducen que el contrato de trabajo terminó por decisión unilateral de la accionada. 1.2.7. Sostienen que la accionada ante reclamaciones realizadas por otros 289 aseadores y celadores que se encontraban en situaciones idénticas, reconoció expresamente la existencia de una relación entre éstos y aquella (contrato realidad), lo cual quedó plasmado en el Acta No. 002 del Comité de Conciliación del Departamento del Atlántico, y por medio del cual se autorizó al Departamento a celebrar el Acta de Conciliación No. 2553 del 27 de abril de 2011 ante el inspector de trabajo de la Dirección Territorial del Atlántico-Ministerio de Trabajo. 1.2.8. Con base en lo anterior, reclaman el reconocimiento de la garantía constitucional del Contrato Realidad, la protección de sus derechos fundamentales y en consecuencia solicitan el reconocimiento y pago a cada uno de los accionantes de los valores por concepto de cesantías, prima de servicios, vacaciones, indemnización por despido sin justa causa, indemnización por mora en el pago e indemnización por no consignar las cesantías en un fondo administrador. 1.3. TRASLADO Y CONTESTACIÓN DE LA DEMANDA
Mediante oficio del doce (12) de septiembre de dos mil doce (2012), el Juzgado Primero Penal del Circuito con funciones de Conocimiento de Barranquilla, admitió la acción de tutela de la referencia y, en consecuencia, ordenó dar traslado de la demanda al señor Gobernador del Atlántico y al Secretario Departamental de Educación, para que en el término de dos (02) días a partir de la notificación, se pronunciaran sobre los hechos que originaron la acción (Folio 673, cuaderno No.2).
1.3.1. Mediante oficio del diecisiete (17) de septiembre de dos mil doce (2012), el D.C.J.P.M., Secretario de Educación Departamental del Atlántico, se pronunció sobre el asunto. Al respecto indicó:
solicito declare improcedente la presente acción de tutela, toda vez que los accionantes cuentan con otros mecanismos o medios de defensa judicial.
De la lectura de las pretensiones esbozadas por los actores en el escrito de tutela se desprende que lo solicitado se basa en obtener de la Secretaría de Educación Departamental del Atlántico, el pago de acreencias laborales.
Es preciso aclarar que la acción de tutela no es la vía apropiada para obtener el pago de sumas de dinero por concepto de deudas laborales
es preciso tener en cuenta que los accionantes al momento de hacer uso de esta acción, no demuestran que están ejerciéndola a efecto de evitar un perjuicio irremediable que podría en caso de existir y no ser protegido por el juez de tutela, producir a los actores un mal irreversible, injustificado y grave. Bajo las anteriores consideraciones y revisado el escrito de tutela y sus anexos, el representante legal de los accionantes, no señala ni aporta documentación alguna que demuestra vulneración de algún derecho fundamental por parte de esta Secretaría, por lo que reitero...mi petición inicial, en el sentido de desestimar la petición de los actores. (Folios 676-679, cuaderno No. 2).
1.3.2. Mediante oficio adiado el diecisiete (17) de septiembre de dos mil doce (2012), D.J.J.A.M., abogado de la Gobernación del Atlántico, señaló:
de las pretensiones de los accionantes se desprende que la presente acción de tutela está dirigida a obtener el pago de acreencias laborales. Es preciso mencionar que la acción de tutela no es la vía apropiada para obtener el pago de sumas de dinero por concepto de acreencias laborales. En este sentido se reitera lo establecido en las sentencias T- 01 de 1997, T-047 de 1998 y T- 145 de 1999 entre otras.
con la acción de tutela no se puede pretender una declaración sobre existencia o inexistencia de una determinada relación laboral o jurídica, ni que se constituya.
Con relación al derecho a la igualdad, bien se observa en el escrito de tutela, que un grupo de aseadoras y celadores iniciaron las respectivas actuaciones laborales, que como lo determina la ley para cada caso en particular, se puede concluir de una u otra manera, en algunos eventos poniendo fin a lo pretendido. Pero en este caso no se ha iniciado actuación administrativa, mal podría alegarse derecho de igualdad o trato discriminatorio (Folios 680-683, cuaderno No. 2).
1.4.1. Sentencia de primera instancia - Juzgado Primero Penal del Circuito con Función de Control de Conocimiento de Barranquilla
En sentencia proferida el veinticuatro (24) de septiembre de dos mil doce (2012), el Juzgado Primero Penal del Circuito con Función de Control de Conocimiento de Barranquilla, declaró improcedente el amparo solicitado. Lo anterior, bajo el argumento de que con la acción de tutela se exige una clara y definida discusión legal que es propia de la jurisdicción ordinaria, por tratarse de prestaciones laborales que reconocen derechos económicos, razón por la cual los accionantes cuentan con otros mecanismos de defensa legal para acceder a las pretensiones aludidas.
Añade que la Corte Constitucional ha señalado de manera recurrente que la acción de tutela es un mecanismo protector de derechos fundamentales de naturaleza residual y subsidiaria, por lo cual solo puede operar para la protección inmediata de los mismos cuando no se cuentan con otros mecanismos judiciales de protección, por ello el carácter subsidiario.
Por último, indica que no es suficiente el argumento de que la violación del derecho alegado por el actor permanezca en el tiempo para que la acción de tutela proceda como mecanismo transitorio, ya que en tales casos existe una obligación del accionante de interponerla lo antes posible y en caso de que no lo haya hecho deben existir razones justificadas para dicha pasividad, las cuales no aparecen argumentadas dentro de la presente actuación.
Inconforme con la decisión de instancia, los accionantes mediante escrito allegado el cuatro (04) de octubre de dos mil doce (2012) impugnaron la decisión de primera instancia, al respecto señalaron:
..con todo respeto disiento de la decisión tomada por la J. de Tutela en primera instancia, por las siguientes razones:
F. su decisión en que (i) no existió inmediatez y (ii) cuenta con otros mecanismos de defensa
Los demandantes son personas que se encuentran en condición de debilidad manifiesta e indefensión por ser damnificados de la ola invernal que azota cada año a la mayor parte del departamento del Atlántico.
También se encuentran dentro del status de desplazados, pues las inundaciones por el invierno son de tal magnitud que los ha obligado a trasladarse con sus familias a lugares inhóspitos. La J. de primera instancia no valoró adecuadamente las pruebas documentales aportadas que acreditan plenamente la condición merecedora de especial protección del Estado tal y como lo prevé la Constitución Política de Colombia. Solamente se limitó a manifestar que no se cumplió con el requisito de inmediatez y que los accionantes cuentan con otro mecanismo para hacer valer sus derechos, dejando de lado el análisis de fondo sobre si le asiste o no derecho al amparo constitucional solicitado.
La negativa por parte de la accionada a reconocer y pagar las prestaciones sociales reclamadas por mis representados puede ocasionar un perjuicio irremediable pues tal situación reúne los presupuestos establecidos por la Corte Constitucional, al ser inminente, pues ya no aguantan mas su precaria situación económica y esa sería una solución inmediata
Plantea la honorable J. en su decisión que la situación planteada genera una controversia probatoria que requiere acudir a un proceso ordinario laboral, sin embargo la jurisprudencia constitucional Sentencia T- 126/12 ha admitido la procedencia excepcional de la acción de tutela cuando se desconoce el principio de primacía de la realidad sobre las formalidades en las relaciones de trabajo. Lo anterior, quiere decir que el juez constitucional debe determinar, si la relación que se dio entre las partes constituye un vínculo laboral
A mis representados les asiste el derecho a la igualdad tal y como lo ha concebido la jurisprudencia constitucionalla accionada ante reclamaciones realizadas por 289 aseadoras y celadores que estaban en situación idéntica, reconoció expresamente la existencia de una relación laboral entre éstos y aquella, hecho declarado, sustentado por la misma Secretaría de Educación Departamental y autorizado para conciliar por el mismo Comité de Conciliación Departamental en su Acta No. 2553
Por lo expuesto solicito revocar la sentencia de fecha 24 de septiembre de 2012, mediante la cual el Juzgado Primero Penal del Circuito con Función de Control de Conocimiento de Barranquilla, negó la protección de los derechos fundamentales invocados.
1.4.3. Sentencia de segunda instancia- S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla.
En sentencia del cinco (05) de febrero de dos mil trece (2013), la S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla revocó la decisión de primera instancia, argumentando que si los accionantes están en situación semejante a la del acta No. 2558, no hay razón alguna para mantener un acto discriminatorio en contra de quienes son también residentes en nuestro país y deben ser cobijados con la protección del derecho a la igualdad.
Añade que si a los 289 trabajadores esporádicos del departamento, mencionados en el acta, se les reconoció que habían laborado, con base en las certificaciones de los rectores y coordinadores, así debe hacerse con los accionantes, y si aquellos se les revisaron sus reclamaciones en la conciliación, se determinaron las prestaciones a las que tenían derecho y se les pagó, no hay razón valedera, para actuar en distinta forma, lo cual constituye una discriminación sin sustento normativo.
Por último, tutela el derecho a la igualdad, puesto que para protegerlo no existe otro medio idóneo de defensa judicial, y por cuanto con ello se amparan simultáneamente todos los derechos mencionados en la demanda de protección constitucional, de tal manera que los accionados deberán estarse a lo resuelto en las conclusiones y recomendaciones del acta de reunión No. 002 del Comité de Conciliación del Departamento el 16 de febrero de 2011.
Obran en el expediente, entre otros, los siguientes documentos: 1.5.1. Poderes otorgados a la Dra. J.E.P.C., CC. 32.662.527 de Barranquilla, Tarjeta profesional No. 43.417, para obrar en nombre y representación de los accionantes.[1]
1.5.2. Certificación de las peticiones de pago de prestaciones sociales y mesadas laborales presentadas ante la secretaria de educación del Departamento de Atlántico.[2]
1.5.3. Certificado de afectado por la inundación presentada el día 30 de Noviembre del 2010, expedido por la Junta de Defensa Civil del Municipio de Suan, Atlántico de los señores: A.M.Q.C. (Cuaderno 2, folio 400); A.A.C.P. (cuaderno 2, folio 403); A.S.E.G. (Cuaderno 2, folio 415); B.R.G. de la Ossa (Cuaderno 2, folio 421); C.A.V.Q. (Cuaderno 2, folio 423); Casilda Mercedes Mercado de M. (cuaderno 2, folio 425); E.C.B. (Cuaderno 2, folio 433); E. de J.G.R. (Cuaderno 2, folio 434); E.R.P.R. (Cuaderno 2, folio 440); I.S.B.R. (Cuaderno 2, folio 456); J.G.R. (Cuaderno 2, folio 469); L.Q.T. (Cuaderno 2, folio 472); Y.M.R.V. (Cuaderno 2, folio 522).
1.5.4. Copia de la tirrilla de damnificados por la emergencia invernal- REUNIDOS- de: A.M.Q.C. (Cuaderno 2, folio 401); A.P. Reales (Cuaderno 2, folio 411); A.R.M. (Cuaderno 2, folio 413); A.S.E.G. (Cuaderno 2, folio 416); C.A.V.Q. (Cuaderno 2, folio 424); Casilda Mercedes Mercado de M. (Cuaderno 2, folio 426); D.J.B.R. (Cuaderno 2, folio 430); Y.R.E. (Cuaderno 2, folio 447); I.S.B.R. (Cuaderno 2, folio 457); J.A.O. (Cuaderno 2, folio 462); L.Q.T. (Cuaderno 2, folio 473); M.E.G.A. (cuaderno 2, folio 484); M.G. de la Hoz (Cuaderno 2, folio 487); N.Y. de la Cruz (Cuaderno 2, folio 494); N.E.U.G. (Cuaderno 2, folio 496); O.C.M.O. (Cuaderno 2, folio 499); P.A.C.R. (Cuaderno 2, folio 502); S.S.R. (cuaderno 2, folio 509); S.R.R.O. (Cuaderno 2, folio 511); W.O. Mercado (Cuaderno 2, folio 515).
1.5.5. Copia de la imagen electrónica del Sistema de Información para el Registro Único de Damnificados de: A.M.Q.C. (Cuaderno 2, folio 402); A.A.C.P. (Cuaderno 2, folio 404); A.U.A. (Cuaderno 2, folio 405); A.J.R.S. (Cuaderno 2, folio 414); A.S.E.G. (Cuaderno 2, folio 417); A.P. Reales (Cuaderno 2, folio 419); B.E.D.C. (Cuaderno 2, folio 420); C.A.V.Q. (Cuaderno 2, folio 422); Omeris Coronell Cabarcas (Cuaderno 2, folio 428); D.J.B.R. (Cuaderno 2, folio 431); D.D.B. (Cuaderno 2, folio 432); E. de J.G.R. (Cuaderno 2, folio 437); E.M.B.A. (Cuaderno 2, folio 438); E.E.M. (Cuaderno 2, folio 439); E.R.P.R. (Cuaderno 2, folio 441); Eufredo Cabarcas Almanza (Cuaderno 2, folio 443); Erlenis Garcia Puertas (Cuaderno 2, folio 444); F.J.M. (Cuaderno 2, folio 445); Y.R.E. (Cuaderno 2, folio 446); I.C.G.C. (Cuaderno 2, folio 455); I.S.B.R. (Cuaderno 2, folio 458); I.Z.C. (Cuaderno 2, folio 459); J.A.O. (Cuaderno 2, folio 462); J. de las M.D.R. (Cuaderno 2, folio 467); J.C.T.R. (Cuaderno 2, folio 468); J.G.R. (Cuaderno 2, folio 470); J.J.Á. (Cuaderno 2, folio 471); L.Q.T. (Cuaderno 2, folio 474); L.C.U.G. (Cuaderno 2, folio 475); L.G.G. (Cuaderno 2, folio 476); M.J.M.B. (Cuaderno 2, folio 481); M.E.G.A. (Cuaderno 2, folio 483); Marelvis Utria Alvear (Cuaderno 2, folio 486); M.G. de la Hoz (Cuaderno 2, folio 487); M.A.A. (Cuaderno 2, folio 491); M.L.V.S. (Cuaderno 2, folio 492); N.R.H. de Barrios (Cuaderno 2, folio 493); N.E.U.G. (Cuaderno 2, folio 497); O.C.M.O. (Cuaderno 2, folio 500); P.A.C.R. (Cuaderno 2, folio 503); S.R.O. (Cuaderno 2, folio 504); R.D.M.C. (Cuaderno 2, folio 506); R.M.M.G. (Cuaderno 2, folio 507); S.S.R. (Cuaderno 2, folio 508); S.R.R.O. (Cuaderno 2, folio 512); W.O. Mercado (Cuaderno 2, folio 516); W.J.P.S.J. (Cuaderno 2, folio 517); Y. delC.B.R. (Cuaderno 2, folio 519); Y.B. Conrrado (Cuaderno 2, folio 520); Y.E.O. (Cuaderno 2, folio 521); Y.M.R.V. (Cuaderno 2, folio 523); Y.I.M.C. (Cuaderno 2, folio 524); L.C.C. (Cuaderno 2, folio 525); M.C.O.B. (Cuaderno 2, folio 526); N.M.R. (cuaderno 2, folio 527).
1.5.6. Copia del certificado de la Secretaria de Planeación Municipal de Repelón, Atlántico, en la que constata la residencia en dicho municipio, de los Señores: A.U.A. (Cuaderno 2, folio 408); A.S.Á.V. (Cuaderno 2, folio 409); A.R.M. (Cuaderno 2, folio 412); Cesar Andrés Peña Almanza (Cuaderno 2, folio 427); D.J.B.R. (Cuaderno 2, folio 429); Eufredo Cabarcas Almanza (cuaderno 2, folio 442); G.V.Á. (Cuaderno 2, folio 449); H.Á.M. (Cuaderno 2, folio 450); H.V.S. Mercado (Cuaderno 2, folio 454); J.A.O. (Cuaderno 2, folio 461); Y.C.P. (Cuaderno 2, folio 477); I.Z.C. (Cuaderno 2, folio 478); Marelvis Utria Alvear (Cuaderno 2, folio 485); M.A.A. (Cuaderno 2, folio 490); N.E.U.G. (Cuaderno 2, folio 495).
1.5.7. Contestación de la Unidad para la Atención y Reparación de Víctimas al derecho de petición con radicado No. 20127114994492, en el que constata que el Sr. A.E.H.L. se encuentra incluido en el Registro Único de Víctimas (Cuaderno 2, folio 407).
1.5.8. Copia del certificado expedido por el coordinador de la comisión social del CLOPAD del Municipio de Campo de la Cruz, en el que constata que se encuentran inscritos en el censo municipal: A.J.P. Reales (Cuaderno 2, folio 410); H.E.S.R. (Cuaderno 2, folio 452); J.L.M.C. (Cuaderno 2, folio 464); M.E.G.A. (Cuaderno 2, folio 482); M.G. de la Hoz (Cuaderno 2, folio 487); P.A.C.R. (Cuaderno 2, folio 501); R.D.M.C. (cuaderno 2, folio 506); S.R.R.O. (Cuaderno 2, folio 510); R.M.M.G. (Cuaderno 2, folio 513).
1.5.9. Copia del certificado expedido por el coordinador de la comisión social del CLOPAD del Municipio de Campo de la Cruz, en el que constata que no se encuentran inscritos en el censo municipal: O.C.M.O. (Cuaderno 2, folio 498).
1.5.10. Copia del certificado expedido por el coordinador del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo del municipio de Luruaco, en el que constata que el Sr. G.A.F.C. fue afectado por el fenómeno de la niña 2010-2011. (cuaderno 2, folio 448).
1.5.11. Copia del certificado expedido por el coordinador del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo del municipio de Candelaria, en el que constata que han sido afectados por wel fenómeno de la niña 2010-2011: J. de las M.D.R. (Cuaderno 2, folio 466); W.O. Mercado (Cuaderno 2, folio 514); Y. delC.B.R. (Cuaderno 2, folio 518).
1.5.12. Copia del certificado expedido por la Inspección de Policía del corregimiento de los Pendales, Municipio de Luruaco, en el que constata que la Sra. I. delC.O.C. reside en el municipio (Cuaderno 2, folio 453).
1.5.13. Copia del certificado expedido por la junta de acción comunal del corregimiento de los Pendales, Municipio de Luruaco, en el que constata que el SR. E.U.P. no pudo ser censado por falta de papelería (Cuaderno 2, folio 435).
1.5.14. Copia de la cedula de ciudadanía del Sr. Eufredo Junior Cabarcas Almanza (Cuaderno2, folio 436); Y.R.E. (cuaderno 2, folio 447); I.Z.C. (Cuaderno 2, folio 459).
1.5.15. Certificaciones expedidas por las correspondientes instituciones educativas en las que constatan la existencia de los vínculos laborales de los accionantes.
1.5.16. Resolución 027 de 2009 de la Secretaria de Educación Departamental Por la cual se reconoce y pagan los servicios temporales de un particular en una institución educativa del Departamento del Atlántico. (Cuaderno 3, Folio 19).
1.5.17. Acta de conciliación numero 2553 de 28 de junio de 2011. (Cuaderno 3, Folio 28).
1.5.18. Resolución 01363 de 2011 proferida por la Secretaria de Educación Departamental del Atlántico Por medio de la cual se hace un reconocimiento y acuerdo de pago. (Cuaderno 3, Folio 43).
1.5.19. Acta 02 de 2011 del Comité de Conciliación del Departamento del Atlántico (Cuaderno 3, Folio 52).
CONSIDERACIONES DE LA CORTE 2.1. COMPETENCIA Y OPORTUNIDAD
La S. Séptima de Revisión de Tutelas de la Corte Constitucional, en desarrollo de las facultades conferidas en los artículos 86 y 241, numeral 9° de la Constitución, es competente para revisar el fallo de tutela adoptado en el proceso de esta referencia.
En el asunto de la referencia corresponde a esta S. de Revisión determinar si el Departamento del Atlántico y la Secretaría de Educación Departamental han vulnerado los derechos fundamentales del señor A.P.L. y otros trabajadores, al no reconocerles la existencia de un contrato realidad y cancelarles los valores por concepto de cesantías, prima de servicios, vacaciones, indemnización por despido sin justa causa, indemnización por mora en el pago e indemnización por no consignar las cesantías en un fondo administrador.
Con el fin de solucionar el problema jurídico planteado, también le corresponde a esta S. establecer si ¿la acción de tutela es procedente para obtener el pago de acreencias laborales y prestacionales? Para resolver el problema referido, la S. estudiará: (i) los requisitos generales de procedencia de la acción de tutela: inmediatez y subsidiariedad, teniendo en cuenta para éste último, la procedencia excepcional de la acción de tutela para obtener el pago de acreencias laborales, y (ii) posteriormente, resolverá el caso concreto.
2.3. REQUISITOS GENERALES DE PROCEDENCIA DE LA ACCIÓN DE TUTELA: Inmediatez y Subsidiariedad
2.3.1. Requisito de inmediatez. Reiteración de Jurisprudencia.
Tal y como ha sido reiterado en múltiples ocasiones por esta Corporación[3], el principio de inmediatez se refiere al tiempo dentro del cual es racional presentar la acción de tutela, para que sea oportuna la eventual concesión de la protección de los derechos fundamentales conculcados o en riesgo. De no cumplirse, suele resultar superfluo acometer el estudio de las demás circunstancias de las que dependería la prosperidad del amparo.
Con base en este postulado, esta Corte, ha afirmado que la inmediatez constituye un requisito de procedibilidad de la tutela, razón por la cual la acción debe ser interpuesta dentro de un plazo razonable y oportuno. Lo anterior, con la finalidad de evitar que este mecanismo de defensa judicial se emplee como medio que premie la inoportunidad o indiferencia de los actores, o se convierta en un factor de inseguridad jurídica. Pese a no existir un plazo especifico para ejercer la acción de tutela, por vía jurisprudencial se ha determinado la necesidad de que sea ejercida en un término razonable, para así permitir que el juez pueda tomar las medidas urgentes que demanda la protección del derecho fundamental vulnerado, término que debe ser apreciado por el juez en cada situación concreta, atendiendo la finalidad de dicha institución.[4]
En efecto, se justifica la exigencia de dicho término toda vez que con éste se impide el uso de este mecanismo excepcional como medio para simular la propia negligencia o como elemento que atente contra los derechos e intereses de terceros interesados[5], así como mecanismo que permite garantizar los principios de cosa juzgada y seguridad jurídica que se deprecan de toda providencia judicial.[6]
Es importante precisar que esta Corte, desde sus inicios ha reconocido a la inmediatez como característica inherente de la acción de tutela. Sobre el particular, en la sentencia C-542 de 1992 expresó:
"(..) la Corte ha señalado que dos de las características esenciales de esta figura en el ordenamiento jurídico colombiano son la subsidiariedad y la inmediatez: ...la segunda, puesto que la acción de tutela ha sido instituida como remedio de aplicación urgente que se hace preciso administrar en guarda de la efectividad concreta y actual del derecho objeto de violación o amenaza. Luego no es propio de la acción de tutela el sentido de medio o procedimiento llamado a remplazar los procesos ordinarios o especiales, ni el ordenamiento sustitutivo en cuanto a la fijación de los diversos ámbitos de competencia de los jueces, ni el de instancia adicional a las existentes, ya que el propósito específico de su consagración, expresamente definido en el artículo 86 de la Carta, no es otro que el de brindar a la persona protección efectiva, actual y supletoria en orden a la garantía de sus derechos constitucionales fundamentales ".
Siguiendo con el mismo lineamiento, la Corte Constitucional en sentencias como la SU-961 de 1999[7], indicó que la inexistencia de un término de caducidad para interponer la acción de tutela no significa que ésta no deba interponerse dentro de un plazo razonable. La razonabilidad de este plazo está determinada por la finalidad misma de la tutela, que debe ser ponderada en cada caso concreto. Al respecto expresó:
Ahora bien, con la Sentencia T-530 de 2009[8], esta Corte reiteró el criterio establecido en Sentencia T-730 de 2003[9] . En dicha ocasión, se consideró que una estrategia útil para medir la inmediatez es la urgencia manifiesta para proteger el derecho. Al respecto expresó lo siguiente:
En resumen, el plazo razonable no se ha establecido a priori, sino que conforme a los acontecimientos de cada caso objeto de estudio se determinara. Sin embargo, como se indicó anteriormente deben tenerse en cuenta algunos factores para analizar la razonabilidad del término[10], a saber: i) si existe un motivo válido para la inactividad de los accionantes; ii) si esta inactividad injustificada vulnera el núcleo esencial de los derechos de terceros afectados con la decisión y, iii) si existe un nexo causal entre el ejercicio inoportuno de la acción y la vulneración de los derechos de los interesados.
2.3.2. Requisito de subsidiariedad. Reiteración de Jurisprudencia
La acción de tutela es un mecanismo de origen constitucional de carácter residual, subsidiario y cautelar, orientado a proteger de manera inmediata los derechos fundamentales que están siendo amenazados o conculcados.
Lo anterior, conforme a lo estipulado en el artículo 86 de la Constitución Política que consagra a la acción de tutela como un mecanismo de naturaleza subsidiaria, para la protección de los derechos fundamentales que sólo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial.[11] De lo anterior se deduce, que no es la finalidad de esta acción ser un mecanismo alternativo a los otros medios jurisdiccionales existentes, de modo que pueda utilizarse uno u otro sin ninguna distinción, ni fue diseñada para desplazar a los jueces ordinarios del ejercicio de sus atribuciones propias.
Sin embargo, la existencia de otro medio judicial no significa que la intervención del juez de tutela es improcedente o innecesaria, pues deben tenerse en cuenta dos circunstancias especiales a saber: (i), que los medios alternos con que cuenta el interesado deben ser idóneos, esto es, aptos para obtener la protección requerida, con la urgencia que sea del caso[12] y; (ii), que a pesar de la existencia de otros medios de defensa judicial, será procedente la acción de tutela cuando se utilice como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable.
El primer evento se presenta cuando el medio judicial previsto para resolver la respectiva controversia no resulta idóneo ni eficaz, debido a que, por ejemplo, no permite resolver el conflicto en su dimensión constitucional o no ofrece una solución pronta, por lo que la normativa admite que la acción de tutela proceda excepcionalmente. El requisito de la idoneidad ha sido interpretado por la Corte a la luz del principio según el cual el juez de tutela debe dar prioridad a la realización de los derechos sobre las consideraciones de índole formal.[13]
La aptitud del medio de defensa ordinario debe ser analizada en cada caso concreto, teniendo en cuenta, las características procesales del mecanismo, las circunstancias del peticionario y el derecho fundamental involucrado. Esto significa que un medio judicial excluye la procedencia de la acción de tutela, cuando salvaguarda de manera eficaz el derecho fundamental invocado.[14]
En relación con el segundo supuesto, esta Corporación ha establecido que cuando la acción de tutela se interpone como mecanismo transitorio, debido a que existe un medio judicial ordinario, es preciso demostrar que la intervención del juez constitucional es necesaria para evitar la ocurrencia de un perjuicio irremediable. Tal perjuicio irremediable se caracteriza:
(i) por ser inminente, es decir, que se trate de una amenaza que está por suceder prontamente; (ii) por ser grave, esto es, que el daño o menoscabo material o moral en el haber jurídico de la persona sea de gran intensidad; (iii) porque las medidas que se requieren para conjurar el perjuicio irremediable sean urgentes; y (iv) porque la acción de tutela sea impostergable a fin de garantizar que sea adecuada para restablecer el orden social justo en toda su integridad.[15]
En efecto, el carácter subsidiario y residual de la acción de tutela ha servido a la Corte Constitucional para explicar el ámbito restringido de procedencia de las peticiones elevadas con fundamento en el artículo 86 de la Carta Política, más aún cuando el sistema judicial permite a las partes valerse de diversas acciones ordinarias que pueden ser ejercidas ante las autoridades que integran la organización jurisdiccional, encaminadas todas a la defensa de sus derechos.[16]
2.3.3. La procedencia excepcional de la acción de tutela para obtener el pago de acreencias laborales
Como exigencia general de procedencia de la acción de tutela, conforme a lo estipulado en el artículo 86 Superior, se tiene que ésta se encuentra revestida de un carácter subsidiario, esto es, tal como lo ha expresado la Corte Constitucional en reiterada jurisprudencia, que puede ser utilizada ante la vulneración o amenaza de derechos fundamentales cuando: i) no exista otro medio judicial a través del cual se pueda resolver un conflicto relacionado con la vulneración de un derecho fundamental, ii) cuando existiendo otras acciones, éstas no resultan eficaces o idóneas para la protección del derecho de que se trate, o, iii) cuando existiendo acciones ordinarias, resulte necesaria la intervención del juez de tutela para evitar que ocurra un perjuicio irremediable[17].
Es así como, la subsidiariedad y excepcionalidad de la acción de tutela, permiten reconocer la validez y viabilidad de los medios y recursos ordinarios de protección judicial como mecanismos legítimos y prevalentes para la salvaguarda de los derechos. Al existir tales mecanismos, a ellos se debe acudir preferentemente, siempre que sean conducentes para conferir una eficaz protección constitucional a los derechos fundamentales de los individuos. De allí que, quien alega la vulneración de sus derechos fundamentales por esta vía, debió agotar los medios de defensa disponibles por la legislación para el efecto, exigencia que pretende asegurar que una acción tan expedita no sea considerada una instancia adicional en el trámite procesal, ni un mecanismo de defensa que reemplace aquellos diseñados por el legislador[18].
Al respecto, la Corte Constitucional en la Sentencia T-262 de 1998[19], dijo que:
En efecto, la acción de tutela no ha sido concebida como un instrumento para sustituir los demás medios de defensa judicial, sino como un mecanismo que complementa los otros recursos y acciones, en la medida en que cubre aquellos espacios que éstos no abarcan o lo hacen deficientemente. Aceptar lo contrario sería admitir que el juez constitucional tomará el lugar de las otras jurisdicciones (...)[20].(Subrayado fuera del texto).
Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte ha sido clara en precisar que en principio, el reconocimiento de acreencias laborales mediante acción de tutela resulta improcedente, pues el ordenamiento jurídico ha dispuesto medios judiciales específicos para la solución de este tipo de conflictos, ya sea, en la jurisdicción laboral ordinaria o en la contencioso administrativa, según el caso.
En este orden de ideas, se pronunció la Corte en la Sentencia T- 011 de 1997[21], al estudiar los casos de un grupo de personas que solicitaron a través de la acción de tutela el reconocimiento y pago de acreencias laborales y de prestaciones sociales adeudadas por la Empresa Puertos de Colombia. En esta ocasión el Alto Tribunal precisó que:
La jurisprudencia de la Corte ha sido enfática en sostener que la liquidación y pago de obligaciones laborales escapa al ámbito propio de la acción de tutela, y si bien es cierto ha admitido su procedencia en algunos casos, ellos han sido excepcionales y primordialmente sustentados en la falta de idoneidad del medio ordinario, relativos siempre de manera específica y directa a las circunstancias en las que se encuentra el actor, lo cual excluye de plano que pueda concederse el amparo judicial para los indicados fines, masiva e indiscriminadamente.
En el mismo sentido se pronunció esta Corporación en la Sentencia T- 239 de 1999, al estudiar el asunto de una ex trabajadora que hizo uso de la acción de tutela para que se obligara a su antiguo empleador a cancelar los salarios correspondientes a los meses de enero a abril de 1998. En dicho fallo la Corte sostuvo que por regla general la acción de tutela no procedía para el cobro y/o pago de acreencias laborales, sin embargo en contadas excepciones podía ser viable. En palabras del Alto Tribunal:
La acción de tutela en sentido general, no es viable para obtener el pago de acreencias laborales, salvo contadas excepciones atendiendo las circunstancias especiales de cada caso, como cuando el medio de defensa judicial no es lo suficientemente eficaz para la protección inmediata del derecho; cuando se está en presencia de un perjuicio irremediable; cuando se trata de personas de la tercera edad cuyo estado de indefensión no permita esperar los trámites propios de un proceso ordinario y finalmente cuando se halla de por medio el mínimo vital del accionante o de su familia.
En reiteración de esta posición, encontramos la Sentencia T-944 de 2002[22], en la que la Corte estudió el caso de una persona que presentó demanda de tutela contra el municipio de Zona Bananera, para lograr la protección de su derecho fundamental al mínimo vital, como quiera que el ente municipal le adeudaba los salarios correspondientes a los meses de julio, agosto y septiembre de 2001, así como febrero y marzo de 2002, a los que tenía derecho en su condición de docente de una escuela del municipio. En este fallo el Alto Tribunal hizo alusión a que la acción de tutela sí puede ser el mecanismo más idóneo para el cobro de acreencias laborales, siempre que:
quienes reclamen la protección constitucional vean afectadas sus condiciones de vida digna, las vías judiciales ordinarias se tornen ineficaces, y, además, la suspensión prolongada e indefinida en el pago de los salarios a que tienen derecho los trabajadores de una entidad pública o privada, hagan presumir la afectación del mínimo vital, lo cual atenta de manera directa contra sus condiciones elementales de vida.
Ahora bien, la Corte, mediante Sentencia T- 761 de 2010[23], en la que estudió el asunto de una persona que solicitó al ISS el reconocimiento y pago de su pensión de vejez, la cual le había sido negada porque supuestamente no cumplía con el tiempo de servicios, estableció los lineamientos a tener en cuenta para que la acción de tutela proceda para el pago de acreencias laborales y prestacionales. En esa ocasión esta Corporación estipuló que:
Para determinar si la acción de tutela es procedente, la Corte ha señalado dos aspectos distintos. En primer lugar, si la tutela se presenta como mecanismo principal, es preciso examinar que no exista otro medio judicial. Si no existe otro medio, o aun si existe pero éste es ineficaz para el caso concreto, la tutela procede como mecanismo principal de amparo de los derechos fundamentales.
En segundo lugar, cuando la tutela se interpone como mecanismo transitorio, habida cuenta de la existencia de un medio judicial ordinario idóneo, es preciso demostrar que ésta es necesaria para evitar un perjuicio irremediable. Dicho perjuicio se caracteriza, según la jurisprudencia, por lo siguiente: (i) por ser inminente, es decir, que se trate de una amenaza que está por suceder prontamente; (ii) por ser grave, esto es, que el daño o menoscabo material o moral en el haber jurídico de la persona sea de gran intensidad; (iii) porque las medidas que se requieren para conjurar el perjuicio irremediable sean urgentes; y (iv) porque la acción de tutela sea impostergable a fin de garantizar que sea adecuada para restablecer el orden social justo en toda su integridad.
Adicionalmente, en relación con la existencia del otro medio de defensa judicial, la jurisprudencia de la Corte ha señalado que no existe la obligación de iniciar el proceso ordinario antes de acudir a la acción de tutela. Basta que dicha posibilidad esté abierta al interponer la demanda de tutela, pues si el accionante ha dejado vencer la oportunidad para iniciar el trámite del proceso ordinario, la tutela no procede como mecanismo transitorio.
Cuando lo que se alega como perjuicio irremediable es la afectación del mínimo vital, la Corte ha establecido, en esencia, dos presunciones de afectación al mínimo vital. De un lado, cuando se dé un incumplimiento prolongado o indefinido de las prestaciones, estimándose el término de más de dos meses como suficiente para tal efecto; y, de otro, un incumplimiento aún inferior a dos meses, si la prestación es menor a dos salarios mínimos. Si no se dan las condiciones reunidas en estas hipótesis, aunque no se presuma su afectación, todavía puede considerarse vulnerado el derecho al mínimo vital cuando el actor pruebe así sea sumariamente, que su subsistencia digna se ve conculcada por el incumplimiento. No obstante, en general quien alega una vulneración de este derecho como consecuencia de la falta de pago de alguna acreencia laboral o pensional, debe acompañar su afirmación de alguna prueba, al menos sumaria, pues la informalidad de la acción de tutela no exonera al actor de probar, los hechos en los que basa sus pretensiones. (Subrayado fuera del texto).
Posteriormente, en un fallo del 2011 (Sentencia T-424)[24], la Corte al estudiar el caso de una persona que solicitó a su antiguo empleador el pago de las acreencias laborales adeudadas, reiteró, con respecto al perjuicio irremediable, que éste debe estar demostrado por el interesado. En palabras del Alto Tribunal:
cuando se alega la presencia de un perjuicio irremediable, es requisito que el mismo se encuentre acreditado en el expediente, pues no le es dado al juez constitucional imaginarse el escenario en el que se configura el perjuicio irremediable. En Sentencia T-1155 de 2000, esta Corporación expuso:
 en segundo lugar, para demostrar el perjuicio irremediable, al menos se deben señalar los hechos concretos que permitan deducir que ocurre dicho perjuicio. El juez no se los puede imaginar, por supuesto que no se necesitan términos sacramentales pero al menos alguna indicación que le permita al juzgador tener la confianza de que en verdad se halla el peticionario en una situación que lo afecta a él y a su familia.
Finalmente, en la Sentencia T-952 de 2012[25], esta Corporación estudió el caso de varios accionantes que trabajaron en diferentes cargos para el municipio de Ciénaga de Oro, Córdoba, y la Alcaldía dejó de pagarles los salarios correspondientes a varios meses de trabajo sin tener en cuenta que de ello derivaban su sustento. Ante la solicitud de pago, la Alcaldía de Ciénaga de Oro manifestó que los recursos propios del municipio no eran suficientes para cubrir las obligaciones por concepto de nóminas, prestaciones sociales y transferencias, por lo que los accionantes acudieron a la acción de tutela para que se obligara al empleador a pagar los salarios correspondientes, las primas de servicio y las vacaciones que según ellos tenían derecho. En esa oportunidad, esta Corte reiteró que:
 la acción de tutela en sentido general no procede para el reconocimiento y pago de acreencias laborales, salvo en los casos en los que no exista otro medio judicial a través del cual se pueda resolver un conflicto relacionado con la vulneración de un derecho fundamental, cuando existiendo otras acciones, éstas no resultan eficaces o idóneas para la protección del derecho de que se trate, o, cuando existiendo acciones ordinarias, resulte necesaria la intervención del juez de tutela para evitar que ocurra un perjuicio irremediable
avizora la S. que si bien les asiste derecho a los accionantes para solicitar los salarios dejados de pagar no es la acción de tutela el medio idóneo para ordenar el reconocimiento o el pago de dichas acreencias laborales y/o prestacionales, pues al evaluar la eficacia e idoneidad de la acción ejecutiva, en relación con las circunstancias concretas de los casos en comento, encuentra la S. que la remisión a otros medios de defensa judicial es garantía de protección suficiente para los derechos fundamentales vulnerados
En conclusión, la acción de tutela no es el mecanismo idóneo para obtener el pago de acreencias laborales, en el entendido que el artículo 86 de la Carta establece que dicho instrumento tiene entre sus características la subsidiariedad, es decir, que sólo es procedente cuando el afectado no disponga de otro mecanismo idóneo de defensa judicial o cuando en concurrencia de éste se acredite la inminencia de un perjuicio irremediable que permita conceder el amparo de manera transitoria.
Manifiestan los accionantes que se desempeñaron respectivamente en los cargos de aseadores, conserjes o celadores en instituciones educativas adscritas al Departamento del Atlántico, Secretaría de Educación Departamental y, la entidad accionada únicamente les canceló los salarios durante el tiempo laborado, no consignó en un Fondo Administrador las cesantías del año 2008 y tampoco ha reconocido ni pagado las cesantías definitivas. Así mismo indican que no se les ha cancelado (i) los intereses sobre las cesantías, (ii) la prima de servicios, (iii) las vacaciones y, (iv) los aportes a seguridad social de todo el tiempo laborado. Alegan que ante reclamaciones realizadas por otros 289 aseadores y celadores que se encontraban en situaciones idénticas, la accionada reconoció expresamente la existencia de una relación entre éstos y aquella (contrato realidad), lo cual quedó plasmado en el Acta No. 002 del Comité de Conciliación del Departamento del Atlántico, y por medio del cual se autorizó al Departamento a celebrar el Acta de Conciliación No. 2553 del 27 de abril de 2011 ante el Inspector de Trabajo de la Dirección Territorial Atlántico-Ministerio de Trabajo. Con base en lo anterior, reclaman mediante acción de tutela el reconocimiento de esa garantía constitucional Contrato Realidad, la protección de sus derechos fundamentales en especial el de igualdad, y en consecuencia el reconocimiento y pago a cada uno de los accionantes de los valores adeudados. En primera instancia consideró el J. que la acción de tutela no era procedente, puesto que lo pretendido era una clara y definida discusión legal propia de la jurisdicción ordinaria, por tratarse de prestaciones laborales. Sin embargo, en segunda instancia, el J. Constitucional revoca la sentencia de instancia y concede el amparo solicitado, toda vez que a su parecer al estar los accionantes en situación similar a la del acta No. 2558, no hay razón para mantener un acto discriminatorio. Razón por la cual decide que los tutelantes deben estarse a lo resuelto en las conclusiones y recomendaciones del acta de reunión 002 del Comité de Conciliación. 3.2. Improcedencia de la acción de tutela para el caso en concreto
Con base en los hechos expuestos y las consideraciones realizadas, esta S. de Revisión considera que la acción de tutela no está llamada a proceder en el caso sub examine por no cumplir cabalmente con los requisitos de inmediatez y subsidiariedad de la acción de amparo constitucional.
3.2.1. En lo concerniente al requisito de inmediatez, este es una condición de procedencia de la acción de tutela creada por la jurisprudencia de la Corte Constitucional, como herramienta para cumplir con el propósito de la Carta Política de hacer de la acción de tutela un medio de amparo de derechos fundamentales que opere de manera rápida, inmediata y eficaz.
A propósito de este requisito de procedibilidad de la acción de tutela, la Corte Constitucional en la Sentencia T- 792 de 2009[26] estableció que:
la jurisprudencia constitucional ha enfatizado en el hecho de que el mismo exige que la acción sea promovida de manera oportuna, esto es, dentro de un término razonable luego de la ocurrencia de los hechos que motivan la afectación o amenaza de los derechos. Esa relación de inmediatez entre la solicitud de amparo y el supuesto vulnerador de los derechos fundamentales, debe evaluarse, según ha dicho la Corte, en cada caso concreto, con plena observancia de los principios de razonabilidad y proporcionalidad.
En el caso concreto, encuentra la S. que el hecho que generó la presunta vulneración de los derechos ocurrió entre el año 2008 y el 2009, pues en el año 2008 la Secretaría de Educación no les canceló las cesantías y tampoco reconoció ni pagó las cesantías definitivas. De igual forma, tampoco canceló los intereses sobre las cesantías, la prima de servicios, las vacaciones y, los aportes a seguridad social de todo el tiempo laborado. De la liquidación anexada por los demandantes en el escrito de tutela (Folios 6-17, cuaderno No. 3) se evidencia que todos fueron retirados de su cargo en el año 2009 y la interposición de la acción de tutela fue en el año 2012, es decir que tres (3) años después de la ocurrencia de los hechos, se acudió a este instrumento procesal, alegando la vulneración de sus derechos fundamentales. Por tanto, el término transcurrido entre los hechos y la presentación de la acción no es razonable, y evidencia que la transgresión no era actual en el momento en que se hizo uso de la tutela para el amparo de los derechos. Aunado a lo anterior, en el escrito de tutela y en las pruebas allegadas al proceso, en ningún momento se justificaron las razones por las cuales se demoraron en interponer el amparo constitucional o las circunstancias por las cuales no se acudió a otros recursos judiciales.
En este orden de ideas, y reiterando lo expuesto en la parte considerativa de este fallo, el silencio de los peticionarios durante estos años demuestra que no se sintieron vulnerados en sus garantías fundamentales y no pueden pretender ahora, que mediante esta acción se les extiendan los efectos de una Conciliación de la cual no hicieron parte y, se les reconozca el pago de acreencias laborales que ni siquiera han solicitado directamente a la entidad accionada.
3.2.2. Por otro lado, en virtud del principio de subsidiariedad, la procedencia de la acción de tutela está supeditada a la inexistencia o la ineficacia de otro medio de defensa judicial, a través del cual pueda ser restablecido o preservado el derecho atacado, situación que determinará el juez de tutela en el caso concreto, frente a los hechos y el material probatorio correspondiente[27]. La Corte Constitucional, refiriéndose a la idoneidad de los mecanismos judiciales, ha establecido que;
los medios alternos de defensa con que cuenta el interesado tienen que ser idóneos, es decir aptos para obtener la protección con la urgencia que el asunto amerita, caso en el cual la tutela devendrá improcedente pues ésta no tiene el poder para reemplazar ninguno de tales medios. Por otro lado, se ha precisado que a pesar de existir otros medios jurídicos para la protección de los derechos fundamentales, la acción de tutela puede proceder cuando los mismos resultan insuficientes o ineficaces para otorgar un amparo integral o evitar la ocurrencia de un perjuicio irremediable. En todo caso, la naturaleza subsidiaria de la acción de tutela se justifica por la necesidad de evitar la intromisión del juez de tutela en la órbita decisoria del juez natural[28].
En cuanto a la improcedencia de la acción de tutela para el reconocimiento de acreencias laborales, esta Corporación en sentencias como la T- 528 de 1998[29], SU-995 de 1999[30] y la T-774 de 2010[31] entre otras, ha enfatizado en que los conflictos jurídicos que surjan alrededor del reconocimiento, liquidación y orden de pago de una prestación social son ajenos a la competencia de los jueces de tutela, pues para ello existen las respectivas instancias, procedimientos y medios judiciales establecidos por la ley, ya que de no ser así, se desnaturalizaría la esencia y finalidad de la acción de tutela como mecanismo de protección especial de los derechos fundamentales de las personas y se ignoraría la índole preventiva de la labor de los jueces de tutela frente a la amenaza o vulneración de dichos derechos.
Sin embargo, en determinadas ocasiones ha reconocido la existencia de situaciones en las cuales un litigio derivado de una relación laboral, puede acarrear atentado o vulneración contra derechos fundamentales del trabajador, caso en el cual resultaría procedente la acción de tutela, de acuerdo con parámetros que la Corte Constitucional ha establecido así:
[] la Corte ha señalado que una controversia laboral puede someterse a juicio de tutela, desplazando el medio ordinario de defensa cuando se reúnan las siguientes condiciones: (1) que el problema que se debate sea de naturaleza constitucional, es decir, que pueda implicar la violación de derechos fundamentales de alguna de las partes de la relación laboral, puesto que si lo que se discute es la violación de derechos de rango legal o convencional, su conocimiento corresponderá exclusivamente al juez laboral; (2) que la vulneración del derecho fundamental se encuentre probada o no sea indispensable un amplio y detallado análisis probatorio, ya que si para la solución del asunto es necesaria una amplia controversia judicial, el interesado debe acudir a la jurisdicción ordinaria pues dicho debate escapa de las atribuciones del juez constitucional y (3) que el mecanismo alternativo de defensa sea insuficiente para proteger íntegramente los derechos fundamentales amenazados o vulnerados y no resulte adecuado para evitar la ocurrencia de un perjuicio irremediable de carácter iusfundamental.
En efecto, la acción de tutela no resulta procedente para dar solución aquellas controversias que surgen de las relaciones de trabajo, como tampoco para alcanzar el pago de acreencias de ese origen. Improcedencia que encuentra justificación en las leyes laborales, pues se han establecido en dicha normativa, procedimientos eficaces para la protección de los derechos de los trabajadores, con observancia de las garantías constitucionales de las partes y de terceros, entre otras condiciones, que permiten al juzgador, mediante pruebas practicadas con pleno respeto del derecho de contradicción, adquirir certeza sobre la ocurrencia de los hechos y tomar decisiones debidamente fundamentadas.
En el caso concreto y teniendo en cuenta las pruebas aportadas, se puede evidenciar que los tutelantes no han acudido a los medios ordinarios (Proceso Laboral) que tienen a su alcance para lograr el pago de sus acreencias laborales, pues como se evidencia de los hechos narrados, al existir una conciliación previa de otros trabajadores en las mismas condiciones, acudieron directamente a la acción de tutela para hacer valer su derecho a la igualdad. Sin embargo es necesario precisar que no es posible extender los efectos de una Conciliación, aquellas personas que no han sido parte del acuerdo conciliatorio.
Aunado a lo anterior, este mecanismo alternativo de solución de controversias, tiene unos parámetros definidos, razón por la cual los efectos de dicho acuerdo conciliatorio no se hacen extensivos a todo el mundo sino están dirigidos solamente a resolver la controversia suscitada entre las partes que acuden a ella. Al respecto, esta Corte ha indicado:
() La conciliación, como insistentemente lo ha expresado la jurisprudencia de la Corte, es un medio de arreglo amigable, cuyo uso es frecuente en los conflictos jurídicos laborales. Ella debe suscribirse de acuerdo con los parámetros establecidos por los artículos 20 y 78 del código procesal del Trabajo. Sobre esta figura jurídica dijo esta S. en sentencia del 31 de mayo de 1971: Según los artículos 20 y 78 del C.P.T., la conciliación es un acuerdo amigable celebrado entre las partes, con intervención del funcionario competente, quien la dirige, impulsa, controla y aprueba, que pone fin de manera total o parcial a una diferencia, y tiene fuerza de cosa juzgada.
Cuando la conciliación es llevada a cabo ante funcionario competente, J. laboral o Inspector del Trabajo, produce por virtud de los artículos 20 y 78 del C.P. de T., el efecto de cosa juzgada. Lo anterior conlleva a que la conciliación no pueda, en principio, ser modificada por decisión alguna. Por tanto, la conciliación como las sentencias, no solo son obligatorias, sino que por virtud de ese efecto, son definitivas e inmutables.
El artículo 78 del C.P.T. dice que si se llegare a un acuerdo entre las partes se dejará en el acta correspondiente constancia de sus términos, y ella, el acta, tendrá fuerza de cosa juzgada, es decir, la misma fuerza y obligatoriedad de una sentencia judicial. De suerte que si el arreglo se logra por acción directa del funcionario, por ser aceptadas sus recomendaciones o las fórmulas que haya propuesto, o porque el mismo acoja las que le hayan sido presentadas por las partes, el acta en donde constan los términos del arreglo tendrá fuerza de cosa juzgada, porque en ninguna parte la ley ha dispuesto, como se desprende de la sentencia acusada, que solamente tal carácter tienen las actas que consignan el arreglo producto de la intervención activa del funcionario actuante. De suerte que la regla general es la de que todo arreglo conciliatorio consignado en acta levantada conforme a las exigencias del C. de P.L. con la intervención de un funcionario competente, hace tránsito a cosa juzgada con todas las consecuencias que la ley le asigna a este fenómeno.[32] (N. y subrayado fuera del texto)
Con base en lo anterior, se puede concluir que la conciliación hace transito a cosa juzgada y sus decisiones solo producen efectos para las partes, razón por la cual al otorgarle al acuerdo conciliatorio efectos Inter comunis como es lo pretendido por los tutelantes, mediante esta acción de tutela, se estaría desvirtuando dicha figura.
Así pues, corresponde es al juez laboral, y no al juez de tutela, determinar si, conforme a la normativa, la entidad tiene la obligación de pagar las acreencias laborales reclamadas por los accionantes, y además, verificar si sobre el reconocimiento y pago de estos beneficios, no se produjo ya el fenómeno de la prescripción.
Por otro lado, no existe en el expediente, prueba alguna que acredite la existencia de un perjuicio irremediable que sustente transitoriamente el amparo constitucional. Los accionantes en el escrito de tutela alegan un presunto perjuicio irremediable, y teniendo en cuenta el tiempo que se demoraron para interponer el amparo, no existe prueba sumaria que acredite el perjuicio irremediable o la amenaza real que amerite acudir a una vía judicial sumaria como la acción de tutela.
Finalmente, y con base en las apreciaciones mencionadas, la S. considera relevante llamar la atención a la S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, quien actuó como juez de segunda instancia, para que en futuras ocasiones tenga especial cuidado con los requisitos de procedencia de la acción de tutela, pues no se puede omitir la naturaleza esencial de la acción, y acceder al pago de acreencias laborales sin sustento probatorio suficiente y extender los efectos de un acuerdo ajeno a las partes, solo porque los hechos son similares, pues con dicha actuación se desnaturaliza la esencia de la Conciliación, más aún cuando el objeto de la discusión son dineros que provienen del erario público. Así mismo, es importante resaltar que en el expediente se encontraron muchas inconsistencias, a saber:
La Cedula de Ciudadanía del Sr. A.J.C.A. aparece en el poder con el número 8.573.632, mientras que en la sentencia se encuentra como 8.573.652.
La Cedula de Ciudadanía del Sr. A.R.M.J. aparece en el poder con el número 3.760.479, mientras que en la sentencia esta como 8.760.479.
La Cedula de Ciudadanía de la Sra. E.N.R. aparece en el poder con el número 3.717.949, mientras que en la sentencia esta como 3.719.949.
La Cedula de Ciudadanía del Sr. E.M.C. aparece en el poder con el número 8.643.176, mientras que en la sentencia esta como 8.634.176.
La Cedula de Ciudadanía del Sr. F. delC.V. de C. aparece en el poder con el número 22.634.124, mientras que en la sentencia esta como 22.643.124.
La Cedula de Ciudadanía del Sr. L.A.M.O. aparece en el poder con el número 8.643.569, mientras que en la sentencia esta como 8.633.840.
El Sr. J.F.B.R., CC. 8.605.162, no aparece relacionado en la sentencia pero si aporta poder (folio 66, cuaderno 2)
La Sra. E.V.P., C.C. No. 22.599.836, no aparece relacionada en la sentencia pero si aporta poder (folio 137, cuaderno 2)
El Sr. J.M.P.C., C.C. No. 8.642.915, aparece en la sentencia como J.M.P.C..
La Sra. M.L.C. de la Cruz, C.C. No. 32.852.349, aparece en la sentencia como M.L.C. de la Cruz.
La Sra. A.J.R.S., C.C. No. 22.475.806, aparece en la sentencia como A.J.S.R..
La Sra. B.E.D.C., C.C. No. 22.486.192, aparece en la sentencia como B.E.C..
La Sra. M.P.C., CC. No. 22.636.410, aparece en el certificado de petición de pago de prestaciones sociales y mesadas laborales como M.C.P. (Cuaderno 2, folio 287).
El Sr. L.C.U.G., CC 1045229607, aparece en la sentencia como L.C.U.G., cc 1045229507.
El Sr. N.J.P.B., C.C. No. 3.758.334, aparece en la sentencia como N.J.P.B., C.C. No. 3.958.334.
El Sr. J.J.Á., C.C. No. 72.070.089, aparece en la sentencia como J.Á.J.
El poder de la Sra. N.E.U. de G. no aparece autenticado (Folio 192, Cuaderno 2).
El poder de la señora N.M.Y. de la Cruz aparece en Folio 193, cuaderno 2, aunque en la sentencia dice que no aparece.
Situación que genera aún más dudas acerca del estudio detallado del asunto por parte de la instancia aludida, pues a pesar de la ausencia de material probatorio y las incongruencias relacionadas concedió el amparo.
Teniendo en cuenta lo mencionado con anterioridad, esta S. concluye que en el caso objeto de estudio la acción de tutela es improcedente, pues los accionantes contaban con otros mecanismos en la jurisdicción ordinaria para lograr la protección de los derechos que consideraban vulnerados. Así mismo, no demostraron que la falta de pago de las obligaciones reclamadas representara la inminencia de un perjuicio irremediable; y en todo caso, no existe certeza sobre la clase de contrato suscrito con la accionada, razón por la cual, dicha controversia debía ser resuelta ante la jurisdicción laboral, pues con las pruebas necesarias es allí donde se debe esclarecer la existencia de dicha relación laboral. Por esta razón, la tutela es improcedente y el actor debe acudir ante el juez natural para que estudie sus pretensiones conforme a las leyes laborales aplicables.
En consecuencia, la S., revocará la Sentencia proferida el cinco (05) de febrero de dos mil trece (2013) por la S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, y en su lugar, se confirmará la decisión proferida el veinticuatro (24) de septiembre de dos mil doce, por el Juzgado Primero Penal del Circuito con Función de Conocimiento de Barranquilla, que declaró la improcedencia del amparo deprecado.
Con fundamento en las consideraciones expuestas en precedencia, la S. Séptima de Revisión de la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,
PRIMERO.- REVOCAR la Sentencia proferida el cinco (05) de febrero de dos mil trece (2013) por la S. Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, y en su lugar, CONFIRMAR la decisión proferida el veinticuatro (24) de septiembre de dos mil doce (2012), por el Juzgado Primero Penal del Circuito con Función de Conocimiento de Barranquilla, dentro del trámite de la acción de tutela promovida por el señor A.P.L. y otros contra el Departamento del Atlántico -Secretaría de Educación Departamental, que DECLARARÓ IMPROCEDENTE el amparo.
[1] No aparece el poder de los señores: U.R.G. sarmiento cc 8604290; W.J.P.S.J. cc 8816449; Á.I.V.R. cc 22624320; L.C.C. cc 22640173; Emanuel Cuencas Cuencas cc 8632413; R.C.O. cc 8632761; A.E.D.T. CC 22697419.
[2] No aparecen las certificaciones de: D.D.B.; J.G.R.; J.J.Á.; J.C.M.V.; L.G.G.; S.R.O.; J.M.S.M.; E.A.U.P.; A.J.T.R.; F.J.M.; L.C.U.G.; A.J.C.A.; B.E.C.; O.C.C.; E.G.P.; M.B.S.E.; I. delC.O.C.; C.L.L.I.; M.C.O.C.; A.M.S.H.; Á.S.M.; A.E.S.J.; E. de los R.V.; F.E.C.O.; F.V. de C.; G. delS.L.R.C.; H.R.S.; H.J.G.S.; I.G.P.; J.O. de los R.; V.C.O.; A.E.C. de Villareal; A.A.A.; A.E.M.; B.S.R.; E.P.G.; J.R.R.; L.B.Z.A.; O.H.P.R.; P.M.B.P.; R.B.P.; N.M.Y. de la Cruz; A.E.D.T..
Aportan certificado pero no aparecen relacionados en la sentencia: A.C.T. (cuaderno 2, folio 278); M.C. de la Cruz (cuaderno 2, folio 288); B.D.C. (cuaderno 2, folio 315); R.M.G. (cuaderno 2, folio 380); S.E.P.O. (cuaderno 2, folio 383); S.R.O. (cuaderno 2, folio 384); Y.B.R. (cuaderno 2, folio 395); Y.E.O. (cuaderno 2, folio 396); Y.R.V. (Cuaderno 2, folio 397).
[3] Ver Sentencias T-183 de 2013, MP, Dr. N.P.P..
[4] Ver entre otras las Sentencias T-802 y T -633 de 2004 M.P, Dr. M.G.M.C.T.-728 de 2003, M.P, Dr. A.B.S., T-890 y T-1047 de 2006 M.P, Dr. N.P.P., T-089 de 2008, MP, Dr. M.G.C..
[5] Ver entre otras las sentencias SU-691 de 1999, T-905 de 2006, T-808 de 2007, T-594 de 2008, T-743 de 2008
[6] sentencia C-590 de 2005, T-844 de 2008
[7] MP, Dr. V.N.M.
[8] MP, Dr. J.I.P.P.
[9] MP, Dr. J.C.T.
[10] En sentencia T-1229 de 2000 se recoge esta línea de jurisprudencia.
[11] En este sentido se pueden consultar, entre muchas otras, las sentencias T-600 del 1 de agosto de 2002. M.P.M.J.C.E., T-1198 del 15 de noviembre de 2001. M.P.M.G.M.C., T-1157 del 1 de noviembre de 2001. M.P.M.G.M.C., T-321 del 21 de marzo de 2000. M.P.J.G.H.G..
[12] Sentencia T-384 del 30 de julio de 1998. M.P.A.B.S..
[13] Ver sentencias T-106 de 1993, MP. A.B.C. y T-100 de 1994, M.P.C.G.D..
[14] Ver sentencias T-441 de 1993, M.P.J.G.H.G. y T-594 de 2006, M.P.C.I.V.H.
[15] Cfr. sentencia T-896 de 2007, M.P.M.J.C.E.
[16] Sentencia T-301 de 2009, T-061 de 2013.
[17] Sentencia T-742 de 2011. M.P.J.I.P.C.
[18] Sentencia T- 417 del 25 de mayo de 2010. M.P.M.V.C.C.
[19] M.P.E.C.M.
[20] Sentencia T-262 de 1998. M.P.E.C.M.
[21]M.P.J.G.H.G.
[22]M.P.C.I.V.H.
[23]M.P.M.V.C.C.
[24]MP, Dr. J.C.H.P.
[25] MP, Dr. J.I.P.C.
[26]M.P.G.E.M.M.
[27] Sentencia T-774 de 2010. M.P.N.P.P.
[28] Cfr. Sentencia T-191 de 2010 M.P.J.I.P.P..
[29] MP, Dr. A.B.C.
[30] MP, Dr. C.G.D.
[31] MP, Dr. N.P.P.
[32] Ver Sentencia T-942 de 2005