Source: https://www.scribd.com/document/268901147/Ruiz-Moreno-Isidoro-1961-Historia-de-Las-Relaciones-Exteriores-Argentinas-1810-1955
Timestamp: 2019-08-19 05:35:10
Document Index: 359816958

Matched Legal Cases: ['artículo 39', 'artículo 39', 'artículo 23', 'artículo 39', 'artículo 59', 'artículo 3', 'artículo 69']

Ruiz Moreno, Isidoro (1961) - Historia de Las Relaciones Exteriores Argentinas (1810 - 1955) | Argentina | Portugal
Editorial Perrot Buenos Aires.
saveSave Ruiz Moreno, Isidoro (1961) - Historia de Las Rela... For Later
Fernando Klein-El destino de los indígenas en el Uruguay
Mendoza Aprende La Constitucion Argentina
mortalidad por arma de fuego.pdf
Presencia del cooperativismo en Argentina.pdf
Mariano Cortes Arteaga-El Puerto de Maldonado
Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Miembro de la Academia Nacional de Derecho
- 1955)
EDITORIAL PERROT
EDITORIAL PEBEOT
IMPRES O
ARGENTIN A
Inscript o
PEBEOT,
AIKES,
11.723)
T BN CI A
Este libro es la historia de la diplomacia argentina; de
la acción de nuestros gobernantes; errores.
sus aciertos; de
Son los hechos más notorios en que actuaron quienes
dieron lo mejor
Es síntesis de actos memorables, de gestiones laboriosas frente a empeños exteriores; y de trabajos extraordinarios en defensa del acervo de la Patria. Lo dedico a la memoria de mi padre, Isidoro JRuiz Mo-
reno, que buena parte
tuvo en ella.
CAPÍTULO I LA POLÍTICA EXTERIOR ARGENTINA
"Llit possidetis Juris de 1810 —
El Virreynato del
Rio de ela Plata — El pacifismo como norma de conducta de la política
exterior de la República Argentina — La solidaridad — Resultados.
Un maestro inolvidable dijo que la República Argentina, altiva ante los fuertes y considerada con los débiles, ha tra-
bajado invariablemente por la paz de la humanidad, eviden- ciando, al propio tiempo que la nobleza y altura de su polí- tica exterior, la liberalidad de sus instituciones y su acción americanista franca y sin dobleces. Esa política, esa acción, ese pensamiento, estampados perdurablemente en documen- tos, constituyen uno de los acervos morales de que con ma- yor razón puede y debe enorgullecerse nuestro pueblo; ellos han contribuido, desde los primeros días de la emancipación
política del país,
cumpla el alto ideal
de^ hacer
su territorio una segunda patria para todos los hombres del
mundo que quieran habitarlo 2. En las relaciones internacionales de la República Argen-
tina han intervenido tres clases de factores o elementos:
territorial, el jurídico y el
político; han estado ausentes el
económico y el estratégico. Sus fronteras internacionales no son el resultado de ideas geopolíticas, ni ha intervenido en ellos el principio de la nacionalidad. Sin embargo, tiene im-
portancia su estudio, porque según la acertada opinión de
1 Ruiz MORENO ISIDORO, La política exterior de la República Argen- tina, p. 10.
La Pradelle, "la frontera es una manifestación de la activi- dad humana como una creación de la vida colectiva.
La frontera ha dejado de ser un hecho geográfico puro y viene a ser, en la ciencia geográfica, un hecho político adap-
tado. No hay otras
fronteras que las fronteras políticas" 1.
El territorio de la República Argentina es continuo en su mayor parte, pero tiene una porción discontinua. La pri- mera está formada por las provincias y la plataforma subma- rina que se extiende bajo el océano Atlántico 2. La parte dis- continua está formada por el territorio de Tierra del Fuego
y su dominio insular que
comprende, entre otras, las islas
Malvinas, las Oreadas, la de los Estados, Georgia del. Sud, Shetland del Sur, Sandwich y algunas islas del canal de Beagle, También comprende el territorio de la Antártida Ar- gentina que se extiende en la zona comprendida entre los meridianos 25° y 74°, al sur del aparalelo 60. El territorio de la República Argentina se extiende has- ta el "thalweg" en los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Uruguay en la parte que separa del ¡Brasil. Ese límite per- manece indeterminado en el Río de la Plata y en el río Uru- guay con respecto a la República Oriental del Uruguay. Asimismo está indeterminado en el canal de Beagle.
. El territorio argentino debe ser considerado también en la extensión que autoriza el Derecho Internacional Público
en' la zona adyacente a sus costas y que se denomina mar
territorial3, y que por
el art. 2340, inc. 1» del Código Civil,
se extiende hasta la distancia de una legua marina que equi- vale a tres millas.
En los comienzos de nuestras relaciones' internacionales han intervenido dos principios fundamentales: el de autode-
terminación de los pueblos y el del "utis possidetis juris"
El principio dé autodeterminación.
Este principio, fundado en el derecho de los pueblos a resolver sobre sus destinos, fue la regla de conducta del go- bierno argentino hacia sus vecinos en los primeros tiempos
de la emancipación. Así
lo reconoció el bando
del Paraguay de 14 de septiembre de 1811, que dijo, refi-
riéndose a la de Buenos Aires:
"Después de aplaudir nuestra generosa resolución en el reco- bro y restauración de nuestra libertad, se contrae a sincerar su «procedimiento en sus expediciones militares dirigidas únicamente
a hacer conocer a los pueblos sus más preciosos derechos, a su- ministrarles fuerzas proporcionadas para reunirse y para hacer respetar la voluntad de ellos contra los impotentes conatos de la tiranía y de las pérfidas intenciones de los antiguos mandatarios, que pretendían esclavizarlos para perpetuarse en el goce de una autoridad indebida, que naturalmente había caducado por precisas consecuencias de la -extinción del poder supremo. Nos protesta igualmente que nada ha distado de las intenciones de aquella ciu- dad y de su provisional, como la ambición de dominar a los de- más pueblos; y que sus vocales, asociados con los diputados de los pueblos unidos solamente, han extendido a ella su jurisdicción así como los mismos diputados mandan y gobiernan también el pueblo de Buenos Aires en consorcio de aquéllos". "Ya habéis visto que el pueblo de Buenos Aires no quiere subyugar o domi- nar al del Paraguay ni ingerirse en su gobierno, régimen o admi- nistración política, sino solamente vivir con nosotros en una ver- dadera fraternidad de sentimientos para nuestra defensa común y
felicidad general, que provincia".
es lo mismo que había decretado nuestra
El mismo principio se repite en las instrucciones reser-
Andes, Don José de San Martín, en las operaciones de la
campaña destinada a la reconquista de Chile. Como punto primero se le señala el siguiente:
1 PRADELLE, La frontiere, p. 65.
3 2 de la Convención de Ginebra sobre mar territorial, 1958.
de la independenia
El art. 2(de la Convención sobre plataforma continental otorga al Estado
de España, sus sucesores
ribereño "derechos de soberanía" a los efectos de su exploración y explo-
tación de sus recursos naturales.
que debe atribuirse
3 Convención de Ginebra, Art. 1.
Las instrucciones continúan:
"Nombrará el General igualmente con la misma calidad de provisorio, un presidente que reúna en sí la dirección •ejecutiva
causas e invitará al Ayuntamiento para que sin
perder momentos proceda a dictar las disposiciones que gradúe
necesarias para el restablecimiento del gobierno supremo del pais
en los términos más adecuados al sentir común de los habitantes,
parte tenga el Genera] ni el ejército intervención
pública que la de conservar
modo pru-
dente el que
elección sea
intriga de un partido
tra la voluntad general y seguridad del ejército.
La administración de justicia en asuntos particulares y el go- bierno económico y político de los habitantes que fuese entrando bajo la protección del ejército se ejercerán exclusivamente por los
jueces o magistrados territoriales con las
apelaciones que a las
permitidas a los tribunales superiores del Estado
para cuando tenga expedita sus funciones".
que dirigiera San Martín a los habitan-
desde su cuartel general de Santiago de
de las cosas ha preparado
este gran día
tra emancipación política, y yo no puedo ser sino un instrumento
accidental de la justicia y
un agente del destino. Sensible
horrores con
la humanidad, siempre
procurado llenar mis fines del modo más conciliable con los inte-
reses y mayor bien de los peruanos. Después
de una batalla com-
pleta en el campo de Maipo, sin escuchar el sentimiento de la más justa venganza por una bárbara agresión, ni el derecho de la indemnización por los graves males causados a Chile, di una completa prueba de mis sentimientos pacíficos. Escribí a vuestro
Virrey con fecha
"que sintiese la
ción difícil
en que estaba colocado, se penetrase
a que podrían dilatarse los recursos de dos Estados íntimamente
unidos, y la preponderancia
ejércitos; y
la desigualdad de la lucha que le amenazaba. Yo lo hice respon-
sable, ante todos
los habitantes de ese territorio,
guerra; y
evitarlos,
que se convocase
ilustre vecindario de Lima representándole los sinceros deseos del
Gobierno de Chile y de las Provincias Unidas: que se oyese la
permitiese a
pueblos adoptar libremente la forma de gobierno que creyeren
conveniente, cuya deliberación espontánea sería la ley suprema de sus operaciones".
El Congreso General Constituyente, por ley de 1825, resolvió dejar librado a la libre voluntad de los habitantes de las provincias de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz y Potosí determinar su incorporación a Bolivia o a las Provincias del
Plata1.
Pero si ésta fue la política que siguió en las épocas de la emancipación, la conducta del Gobierno argentino cambió
una vez que estuvieron constituidos los estados americanos. Fue así como el I9 de abril de 1876, en las instrucciones del ministro Irigoyen sobre la cuestión de límites con el Para- guay, se estableció como punto de vista argentino el de "que los Estados que forman parte de un cuerpo político no tienen derecho de segregarse sin el asentimiento de éste". Hoy el derecho internacional moderno confirma esta po- sición. El derecho de autodeterminación sólo puede aceptarse en la etapa de formación de la nacionalidad, o sea cuando el el Estado aparece en la comunidad internacional. Después se transforma en una secesión que atenta contra la integridad de la Nación. De ahí que cualquier movimiento o declaración que en-
tregue la
decisión de sus destinos a una comunidad de hom-
bres sólo puede tener validez si existe el consentimiento del Estado cuyo territorio integra. No sería posible reconocer un cambio en el status polí- tico de un territorio cuando debido a una larga ocupación contraria a títulos legítimos, o por la fuerza, no existe real- mente libre determinación dado que los movimientos pasio- nales de un minoría no pueden llegar a distraer el patrimo- nio sagrado de la Nación. Esto importaría, ha dicho Scelle, admitir que el derecho se destruye a sí mismo 3.
1 Sin embargo,
los delegados Alvear
enviados ante Bolívar para
reclamar la devolución de Tarija,
de 25 de octubre del mismo año le decían "que es anárquico el princi-
pio de que un territorio, pueblo o provincia tengan
el derecho de sepa-
exclusiva voluntad, de la asociación política a
que pertenece, para
el consentimiento de la
mera".
gestión diplomática del general Alvear en el Alto Perú",
p. XVI).
2 SCELLE
Dtoit
Public, p.
Como dijera Quesada: si la integridad de las naciones dependiese únicamente de la voluntad de los habitantes, la geografía política sufriría los cambios de las revoluciones triunfantes; la fuerza sería el único medio para sostener la
las sociedades políticas no
tendrían el derecho de consolidarse 1.
El "Utí possidetis Juris" de 1810
Este es un principio que ha tenido fundamental aplica- ción en todas las cuestiones de límites de la América espa- ñola. Según el mismo, la delimitación administrativa colonia] dispuesta por España, vigente en 1810, debía ser la frontera política entre los estados en el momento de la emancipación. La República Argentina invocó el principio del "utis possidetis" como principio de su derecho público externo. Así, en el tratado de límites celebrado entre nuestro país y Chile en 1855, en el artículo 39 se estableció: "Ambas partes con- tratantes reconocerán como límites de sus respectivos territo- rios, los que poseían como tales al tiempo de separarse de la dominación española el año de 1810". La República Argentina ha invocado la misma regla en sus cuestiones de límites con Bolivia y Paraguay. No obstan- te ello, debido a las deficientes informaciones y a los defec- tuosos mapas coloniales, el principio del "utis possidetis" no impidió que los países americanos tuvieran necesidad de recu- rrir al arbitraje para solucionar sus cuestiones de límites.
Formación del territorio de la República Argentina. El Virreinato del Rio de la Plata
La constitución del territorio argentino tiene su origen, en parte, en las luchas entre España y Portugal y en los actos internacionales que trataron de solucionarlos. Esos actos fue- ron la bula de Alejandro VI de H93 y los tratados de Tordeci-
Plata", p.
1494, de Utrech
de 1715,
de 1750 y de
San Ildefonso de 1774. Como expresa el doctor Vicente G. Quesada, dos gran- des objetivos se tuvieron en vista por Carlos III para dividir el extenso virreinato del Perú y crear el del Río de la Plata:
la defensa y vigilancia de las costas marítimas de la Patago- nia hasta el cabo de Hornos; y formar un estado suficiente- mente poderoso para contener la pretensión portuguesa que ambicionaba poseer el territorio de la Banda Oriental.
Este virreinato fue organizado por necesidades políticas y en previsión de peligros reales. Los franceses se habían apoderado de las islas Malvinas y su retirada costó al go- bierno español largas negociaciones. Los ingleses, a su vez, se habían establecido en puerto Egmont. Había que defender esas costas y conservar el dominio amenazado por la penetra- ción portuguesa cuyo avance no podía ser detenido por el virrey de Lima, alejado del teatro de los sucesos, y sin la posi- bilidad de llegar con tiempo debido a los accidentes geográfi- cos. La cordillera de Los Andes era una barrera entre las po- blaciones de una y otra banda e indicaba al monarca español cómo debía demarcar sus posesiones para defenderlas de la agresión extranjera. Así fue como la naturaleza trazó los límites coincidiendo con las necesidades políticas, militares y comerciales de las colonias i.
dula del I9 de agosto de 1776 con los territorios de las gober-
naciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, San- ta Cruz de la Sierra, Charcas y todos los corregimientos en pueblos y territorios, comprendiéndose los territorios de Men- doza y San Juan del Pico que se separaron de la Capitanía de Chile. No se fijaron límites determinados porque ya esta- ban señalados a las gobernaciones que se incluían en el dis- trito del nuevo virreinato a.
se crearon ocho
que comprendían las provincias de Buenos Aires,
1 QUESADA VICENTE G.,
2 QUESADA, op
Sierra, La Paz,
Cuyo, Charcas, Potosí y
se extendió desde los confines del Bajo Perú hasta el extre-
Salta de Tucumán, Los límites del virreinato fueron los siguientes: al norte el río Desaguadero, fronteras con el virreinato del Perú; al oeste, la cordillera de los Andes que lo separaba de la Capi- tanía General de Chile; -al este, el Océano Atlántico. La de- marcación con las posesiones portuguesas estaba fijada por los tratados celebrados entre las dos monarquías. El virreinato así descripto llegó a tener una superficie aproximada de seis millones de kilómetros cuadrados. Producida la emancipación americana a raíz de los suce- sos de 1810, el virreinato comenzó a segregarse. La primera segregación fue la del Paraguay, como resultado de los suce- sos ocurridos en Asunción, que 'determinaron a los paragua- yos a erigirse en estado independiente. Las provincias del Alto Perú, por la ley argentina de 1825, se perdieron defini- tivamente y pasaron a constituir la República de Bolivia. Vino luego la separación de la Banda Oriental al crearse en 1828 el estado independiente del Uruguay como transacción en la lucha entre la Argentina y el Brasil.
mo sur del continente". "Levantado el estandarte de la emancipación, el pueblo argentino no reconoció fronteras que detuviesen su entusias- mo guerrero, porque ellas no existen realmente cuando se trata de llevar a los pueblos, no la usurpación que indigna, sino el sacrificio que emancipa de la servidumbre", "Con Belgrano saca de su letargo tradicional al Para- guay y consagra el derecho americano en las victorias de Salta y Tucumán; emancipa con Rondeau la Banda Oriental del Uruguay; con San Martín reconquista a Chile y el Perú". "Quince años de lucha continuada, de esfuerzos inaudi- tos, realizaron al fin la aspiración del estadista: la América para los americanos. Otras tantas repúblicas levantadas so- bre los restos de una dominación de tres siglos vieron brillar por primera vez el sol de la libertad que la bandera argen- tina llevara estampada en sus girones como emblema de la revolución de Mayo". "La bandera patria flameaba entonces victoriosa desde las riberas del Plata hasta las márgenes del Rimac; desde las regiones heladas de la Patagonia hasta la zona ardiente
Como segregaciones del Virreinato del Río de la Plata, también pueden señalarse los laudos arbitrales que determi- naron pérdidas de territorios que correspondían al virreinato.
del Ecuador. Pero, desgraciadamente, si venció siempre por las armas, fue siempre vencida por la diplomacia". "Triunfa en Ayacucho y dicta la ley de 1825 que segre-
Esos laudos son el del presidente Cleveland, que falló en
del Brasil la cuestión de las Misiones, y el del presi-
dente Hayes, que resolvió que la Villa Oriental y territorios anexos pertenecían al Paraguay.
dicho Bermejo, la
gran nación sucesora
de su seno las cuatro provincias del Alto Perú. Triunfa
en Ituzaingó y consiente en la separación de la Banda Orien- tal; se cubre de gloria -en Tebicuarí y tolera el aislamiento
de la Provincia del Paraguay, cuya independencia reconoce 1852; triunfa finalmente de esta nación y recoge por tro-
feos la pérdida de la Villa Occidental".
Virreinato del Río de la Plata "está ya mutilada;
misma que midió por el norte el paso marcial de Belgrano;
"Unas tras otras hemos visto desgajarse así las ramas
no es ya la misma cuyas armas asentó el oriente Alvear y
del corpulento virreinato. Locura fuera tratar de recogerlas" x.
cuyas naves
el intrépido Brown; no
Fue asi como de aquella extensión territorial fijada por
misma cuyos lindes trazara al occidente la espada fulgurante de San Martín".
el rey de España, hoy sólo queda a la República Argentina,
"¿Qué ha sido del teatro de tanta gloria?"
sucesora del Virreinato del Río de la Plata, una superficie de 2.900.000 Km2. Sus fronteras están jalonadas por las manos
estallar la revolución
guerra de la independencia, el Virreinato del Río de la Plata
1 BERMEJO,
chilena, p. VI.
de los arbitros y no ha adquirido un solo centímetro cuadrado de tierra por la conquista militar. Su única ampliación se ha debido a las nuevas institu- ciones del derecho internacional que han reconocido a los estados su plataforma submarina y el dominio de las zonas antarticas vecinas y contiguas a su territorio. El pensamiento de los proceres argentinos repudia lo que pudo ser uno de los objetivos de la política de Rosas, esto es, la reconstrucción del Virreinato del Río de la Plata. El general Bartolomé Mitre, en un Artículo publicado en "La Nación" el 28 de abril de 1880, sostuvo que es un sueño la idea de reconstruir el Virreinato como una nación indi- visible. Si alguna vez las partes o el todo de lo que formó este
volviese a reunirse en un
cuerpo único sería por su
gravitación, como se ha
lia por sus afinidades, pero nunca por
combinaciones arti-
ficiales ni por la acción violenta que comprometería la propia vida de estas fracciones. Quizá alguna vez los intereses tien- dan a consolidarse por la unión, pero no hay que anticiparse
a lo que sólo puede ser obra del ción 1.
tiempo y de la mutua atrac-
Este pensamiento fue reiterado por quienes en un artículo de "El Nacional"
del Valle y Cañé, expresaron que no
había necesidad de más territorio que los que poseía la Na- ción; que es vivir en las nubes pensar hoy en la reconstruc- ción territorial del virreinato, como si fuese un hecho del por-
venir fatal e invitable. Nada más exacto que el pensamiento del Dr. Quesada, que expresó:
"La prudencia aconsejará ante todo y sobre todo poblar nuestros desiertos, consolidar el orden con la libertad política y civil, antes que pretender anexiones que puedan compro- meter el propio crecimiento de la nacionalidad argentina". "Las grandes unificaciones tienen por base la población
por QUESADA en Nueva
Aires, t.
condensada; no se unen los desiertos ni se asimilan estados sin verdaderos intereses materiales y políticos de utilidad que puedan dominar el localismo general antagónico de cada cen- tro o ciudad capital. "Las relaciones internacionales de esta parte de América reposan sobre la inalterabilidad de la geografía política; pro- mover cambios sería quizá suscitar guerras. "La prudencia aconseja ligas aduaneras, tratados de co- mercio laborales, como si las antiguas fracciones de la vieja unidad colonial se conservasen todavía y dejar luego al des-
arrollo natural
lenguaje, la solución de problemas
afinidades de raza
futuros"2.
El pacifismo como norma de conducta de la política exterior de la República Argentina
La República Argentina ha decidido todas sus cuestio- nes por medios pacíficos.
En el artículo 39 del Tratado de Paz, Amistad, Comer-
cio y Navegación, firmado el 30
de agosto de 1855 con la
República de Chile, se especificó: "Ambas Partes Contratan- tes reconocen como límite de sus respectivos territorios los que poseían como tales al tiempo de separarse de la domina- ción española el año 1810 y convienen en aplazar: las cues- tiones que han podido o puedan suscitarse sobre esta materia para discutirlas después pacífica y amigablemente, sin recu- rrir jamás a medidas violentas, y en caso de no arribar a un completo arreglo, someter la decisión al arbitraje de una na- ción amiga".
El art. 52 del Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación firmado entre la Confederación Argentina y Bo- livia el 7 de diciembre de 1858, expresa: "Se comprometen las dos Repúblicas contratantes a no recurrir jamás al funesto medio de la guerra; ni a emplear medidas hostiles, en el caso de que se suscite desgraciadamente entre ellas cualquier mo-
1 QUESADA, La política del Brasil con las repúblicas
Plata, p.
tivo de queja o desaveniencia que altere sus buenas y frater- nales relaciones. Cuando ocurriera un conflicto de esta natu- raleza y se hubiere agotado todas las vías pacíficas y conci- liatorias, se obligan las dos Partes Contratantes a someter sus diferencias a la decisión arbitral de una tercera potencia. Se obligan igualmente los Gobiernos de las dos Repúblicas a emplear la influencia y ascendiente que les pueda ofrecer su respectiva posición para negociar la adherencia de los de- más gobiernos sudamericanos al principio consagrado en este artículo". En el discurso pronunciado en la Segunda Conferencia Panamericana de México de 1901, el delegado argentino dijo lo siguiente: "Por lo que a la República Argentina respecta, es- mos autorizados para repetir en su nombre a la Segunda Con-
ferencia Panamericana lo Colombia en 1880, lo que
que ella dice a Chile en 1872 y a ha realizado invariablemente en los
hechos y sintetizó su política internacional: "Que con trata- dos o sin ellos, el Gobierno argentino está resuelto a termi- nar todas las cuestiones internacionales por el arbitraje".
"La República Argentina no había esperado la adopción del arbitraje obligatorio estipulado en la Primera Conferen- cia Panamericana para recurrir a ese medio pacífico de solu- ción, convencida de que, como observaba Washington, el porvenir corresponde a las naciones que, grandes o peque- ñas, no se apartan jamás del camino del honor y la justicia".
"Todas las múltiples cuestiones de deslinde territorial que, al asumir su propia soberanía, heredara de la comuni-
resueltas, sin recu-
equitativas las
más, por el recurso
imparcial las otras".
En una contestación que diera Bernardo de Irigoyen al representante uruguayo le dijo: "el gobierno argentino jamás
miró con frialdad las perturbaciones de los estados america-
nos. No fue indiferente a los peligros que éstos
corrieron en
su independencia y en su integridad, ni a los deberes que
impone la buena vecindad; y no ha prescindido en sus
ciones con el gobierno de V.E. de esas reglas permanentes de su política internacional" 1. Una de las reglas invariables de la política internacional argentina ha sido la de no aprovechar las dificultades de los estados vecinos para resolver a su favor las controversias pendientes. En 1846, cuando sucesos internos agitaron la Re- pública de Bolivia, el gobierno argentino resolvió postergar la discusión de sus límites hasta que fuera posible tratarlos y solucionarla en circunstancias regulares. Citando ocurrió la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia, la Argentina decidió no tratar las discusiones sobre cuestiones territoriales hasta tanto la paz reinara en esas regiones, no obstante que el agente enviado por Chile ofreciese solucionarlas de acuer- do a los puntos de vista argentinos -.
" nuestra política internacional con relación al Paraguay. El
" primer hecho que salta a los ojos, dice, es que estamos
" solos
en el mundo sin aliados posibles
en nuestras cuestio-
" nes exteriores, así para la acción conjunta como para pre-
" venir conflictos por la común influencia. No supimos pro-
" piciarnos la voluntad del Paraguay,
que se inclinaba
" nuestro lado, y lo echamos por exigencias que nosotros " mismos habíamos alentado por antagonismo artificial con " el Brasil, del lado de éste. Nos desligamos del Estado
" Orienta],
" común del Río de la Plata, dando a nuestra discusión di-
" plomática un carácter agresivo, estrecho, sin alcance y sin " sentido internacional. Echamos al Brasil del lado de Chile,
" que, en odio al Brasil, había condenado nuestra
alianza y
que él buscaba, cuando nosotros, como el perro
" bula, obedeciendo a sus sugestiones, habíamos arrojado el
Memoria R. E.,
1876, p. 198.
1884, p. XI.
' pan por su sombra reflejada
Pacífico. De
' aquí las alarmas continuas, de alianza del Brasil, República
' Oriental y Paraguay, con
' aquí esas evocaciones a una guerra posible con el vecino
' De aquí esos planes
. sin pies ni cabeza de lanzarnos en
' aventuras guerreras o en alianzas contingentes, o en inter-
' venciones continentales, para conjurar peligros imaginarios
' o reales, que una mala política internacional ha creado y
' que una política imprevisora podría
agravar. . .
' justificación más completa de la alianza natural (con el ' Brasil) que hemos venido señalando en la historia y carac- ' terizando en sus hechos, que a pesar hoy subsistentes, -po- 1 dría permitirnos asumir un papel respetable en el escenario sudamericano" 1.
"La Nación" N» 3054.
A* Y 4
CAPÍTULO II RELACIONES CON PORTUGAL Y CON BRASIL
Plata. —
Las misiones de Moreno y Sarratea. — Reconocimiento de la inde-
pendencia. — Misión de Valentín 'Gómez. — Guerra con Brasil. —
diación
de Paz entre la República Argentina
Brasil. — Maniobras del Imperio en el Paraguay. — Una mediación
— Los tratados
la Confederación con el Brasil. —
tado complementario de la Convención
1828. —
La guerra del Paraguay. — Liquidación de la Triple Alianza. —
— Tratado Sosa-Tejedor. — Gestiones
Misión de Quintana. Rocha. — Cuestión
con Brasil. —
— Propuesta de mediación conjunta en la
Pací-
fico. — Reclamo sobre el tratado de comercio. — Solidaridad de ambos
países en 1890. — Incidente diplomático
rilla. — Contrabando
fluvial. — La Argentina
y la revolución brasilera
de 1893. — El telegrama cifrado N» 9. — Incidentes de 1910. — El
tratado del ABC . — Caso de asilo político. — Apoyo a Brasil en la
Naciones. —
de Estado. — Síntesis.
En las relaciones internacionales entre la República Ar~ gentina y Brasil pueden distinguirse cuatro etapas. La pri- mera comienza en 1810 y llega hasta 1828 y se caracteriza por la continuación de la lucha secular que mantuvieron las coronas da España y Portugal por el predominio y ocupación 'de la Banda Oriental del Plata.
La segunda etapa comienza después de la firma del
tado Preliminar de Paz que puso fin a la guerra. En este
período la política brasilera
está dominada por la preocupa-
ción que le causan las actitudes y pensamientos de Rosas al
negarse a reconocer la independencia del Paraguay, su inter- vención en la Banda Oriental y su posible deseo de re-
construir el Virreinato del Río de la Plata. En esta épo-
ca la política brasilera
resuelta, como lo revela el tratado
de alianza que firma con el Paraguay, y, posteriormente, la
alianza con Urquiza para derrocar al tirano de Buenos Aires.
La tercera etapa comienza en 1853 con la caída de Ro-
sas. Terminada la
guerra del Paraguay, Brasil lucha por el
predominio en ese país y en el Uruguay, a fin de evitar la
posibilidad de un acercamiento con la República Argentina. Finalizada la cuestión argentino-paraguaya, procura la preeminencia política en la América del Sur.
Política de Portugal hacia las regiones
La República Argentina y Brasil heredaron las discre- pancias que separaron a España y Portugal por cuestiones de límites y que movieron a ambas a solicitar al Papa Ale- jandro VI que resolviese la cuestión de sus posesiones. La bula "inter-caetere" de 1493 adjudicó a España las tierras de América descubiertas o que se descubrieran situa-
das al occidente de una línea trazada leguas al oeste de las islas Azores y
a Cabo Verde. Ante el
reclamo de Portugal, los dos países firmaron en 1494 el Tra-
tado de oTrdecillas,
estipulando una nueva líneas pero a 370
En 1680 los portugueses se establecieron en el Río de La
Plata en la Colonia
del Sacramento, pero fueron expulsados
por tropas salidas de Buenos Aires. Esto dio lugar al tratado de Lisboa de 1681 por el que Portugal volvió a ocupar la Colonia. El tratado de Ultrech de 1715 declaró que la Colo- nia pertenecía a Portugal, Sin embargo, la cuestión no debía
resolverse hasta 1750, en que los dos monarcas firmaron el tratado de Madrid, que fijó la frontera entre las colonias portuguesas y españolas, quedando a favor de España la Co- lonia y territorio adyacente de la ribera norte del Río de la
Plata. Dicho tratado
de 1750 tiene una importancia capital
porque es la base de los primeros trabajos, exploraciones y discusiones que después se suscitaron para la demarcación de límites entre la República Argentina y el Brasil.
ft ti.
La base de la política de Portugal primero y luego del imperio del Brasil después, tal vez tengan una explicación
o geoplítica 1.
Los acontecimientos ocurridos en la península, con el
cautiverio de
Fernando VII, hizo pensar a los políticos de
1 Portugal que su reinado había terminado. Basados en este convencimiento, creyeron conveniente asegurar los derechos eventuales de doña Carlota de Borbón, mujer del regente Don Juan y
heredera posible de los derechos de Carlos IV.
El conde de Linares, sagaz jefe del gabinete portugués, puso
sus ojos en la Banda
Oriental y en Paraguay para extender
las fronteras hasta el Plata y
el Uruguay, apoderarse de los
troncos superiores del Paraná y preparar la futura absorción de Corrientes y Entre Ríos que colocaría al imperio brasileño dentro de los grandes ríos de Sud América 2.
Con este sentido Portugal desarrolló una política ambi- gua hacia ambos bandos, unas veces fomentando las opera- ciones del gobierno de Buenos Aires y otras auxiliando a los realistas de Montevideo.
La Revolución de Mayo fue bien recibida por Portugal porque vio en ella el motivo para intervenir en el Plata a fin de asegurar sus ambiciones de expansión territorial. Y al tener noticias de los éxitos de los patriotas en el Alto Perú, comenzó a concentrar tropas en las fronteras de las Misiones y de la Banda Oriental.
Las misiones de Moreno y Sarratea
La Junta envió una misión a Londres formada por
riano Moreno, su hermano Manuel y Tomás Guido, la cual
debía también negociar con el gobierno portugués su
cindencia en las cuestiones de la Banda Oriental.
1 ALBERDI, Política Exterior.
3, p. 53.
2 LÓPEZ, VICENTE F., Historia de la República Argentina, t. 3, p. 419.
de la misión era obtener el reconocimiento de la legitimidad del congreso próximo a reunirse y conseguir armas y recur-
La misión no tuvo efecto porque viaje.
Moreno falleció en el
oficio de enero 30 de
1811 el conde de Linhares
pondió
Junta que el príncipe regente no tenía
el propó-
sito de mezclarse en los asuntos
taría otras medidas que las necesarias para evitar la propa-
gación de la guerra
Las complicaciones que producía la intransigencia de Elío y la aparición de tropas portuguesas en el Yaguarón determinaron a la Junta a enviar una nueva misión al Brasil, para la que se eligió a Manuel de Sarratea. Este se vinculó al representante inglés Lord Strangford, quien le ofreció la me- diación conjunta con Portugal en el conflicto de Montevideo.
La Junta rechazó la iniciativa de tratar con España con otra base que no fuera la independencia, diciendo al conde de Linhares que la cuestión de la reconciliación era de incum- bencia del Congreso General. En cuanto al conflicto con Elío, aceptó la mediación portuguesa que indicó como condi- ciones la pacificación de la Banda Oriental bajo la autoridad de Elío, el levantamiento del bloqueo, la cesación de las hosti- lidades contra el Paraguay y el nombramiento de comisiona- dos para tratar con España. Como la respuesta de la Junta demorara, Linhares le dirigió un ultimátum haciéndole saber que si no aceptaba las condiciones daría auxilios al goberna- dor de Montevideo. La Junta hizo ver a Linhares que su me- diación significaba su intervención, pero éste llevó adelante sus planes y un ejército bajo el mando del general de Souza penetró en la Banda Oriental no obstante los esfuerzos de lord Strangford que criticó las condiciones del ultimátum1. La Junta previno al jefe portugués que no debía proseguir su invasión en la Banda Oriental porque estaba dispuesta a re- sistirla. Le agregó que el ejército portugués, aunque había
1 ANTOKOLETZ, DANIEL, La diplomacia
y las primeras misiones diplomáticas hasta 1813 en "Historia
ción Argentina", t. 5, p. 221, ed.
entrado con el título de pacificador, tomaba el carácter de conquistador bajo las insinuaciones de los jefes de Montevi- deo y con el pretexto de asegurar los derechos eventuales de doña Carlota infanta de España. Souza permaneció en el territorio oriental decidido a quedarse de acuerdo con la política trazada por su gobierno y exigió al Triunvirato el retiro definitivo de Artigas y que lo declarara rebelde en el plazo perentorio de tres días, con el compromiso de no realizar actos de agresión en los domi- nios del príncipe regente. Esta intimación no fue aceptada por el Triunvirato, por lo que las fuerzas portuguesas deci- dieron permanecer donde estaban. Ante tal actitud, el mar- qués de Casa Irujo, representante español, conjuntamente con el de Gran Bretaña, lord Strangford, hicieron los recla-
mos consiguientes al gobierno de Portugal. En estas circunstancias, el Triunvirato hizo saber a lord Strangford que estaba decidido a intimar al general portu- gués el retiro de sus tropas bajo la prevención de iniciar las hostilidades, y materializando sus intenciones le envió un ulti- mátum. El representante inglés actuó con celeridad y comu- nicó pronto a Buenos Aires que el regente había decidido el envío del teniente coronel Juan Rademaker para negociar un armisticio en base a la retirada de ambos ejércitos a sus fron-
teras. Y para asegurar el cumplimiento de lo
que se acordase
ofreció la garantía de Gran Bretaña. Aceptada la mediación llegó Rademaker a Buenos Aires donde fue recibido como huésped de estado y alojado en el fuerte. La negociación tuvo éxito y el enviado portugués fir- mó el 26 de mayo de 1812 con Nicolás de Herrera, ministro interino de Relaciones Exteriores, una convención de armis-
Como se ha dicho con razón, este acto de Portugal im- portó el reconocimiento implícito de la personería internacio- nal del gobierno argentino porque se pactó un verdadero tra- tado 1. El armisticio estableció un "modus vivendi" que se prolongó hasta 1816.
Sfrangford
231; ANTOKOLETZ, op.
El general Souza apeló a un pretexto para permanecer en la Banda Oriental, desconociendo validez al tratado hasta tanto fuese ratificado por la regencia. Hecha la ratificación, el regente ordenó la retirada de sus tropas. Con posterioridad interpuso algunas reclamaciones por la actitud de Artigas que continuaba la lucha y luego reclamó por el decreto de la Asamblea General Constituyente que por decreto de febrero 4 de 1813 había dispuesto la libertad de todo esclavo que pisase el suelo argentino. Por mediación de lord Strangford y como precio de una neutralidad que era vital, se modificó ese decreto excluyendo los esclavos que huyeran del Brasil.
Juan Martín de Pueyrredón, designado Director Supre- mo por el Congreso de Tucumán, comunicó a la Asamblea el hecho de la invasión portuguesa mandada por el general Lecor. El cuerpo resolvió pedir explicaciones a Lecor sobre su conducta, que parecía hostil, y a tal efecto se designó a Florencia Terrada y a Miguel Yrigoyen. En esos momentos
se pensó, como solución, la de que un príncipe
Braganza gobernase el país, pero manteniendo 1.a indepen-
dencia garantizada por Gran
envió al coronel
de Vedia en misión confi-
dencial ante el general brasilero. Debía solicitarle que acla-
rase sus intenciones y respetara
el armisticio de 1812, pero
Lecor le dijo sin ambajes que "venía en nombre de su rey a
tiempos poseyó" 1, si bien tenía
neutralidad con
Aires y respetar
el armisticio de 1812. Ante la ambi-
güedad de la respuesta, Pueyrredón
convocó la Junta de Cor-
poraciones, la que coincidió con el Congreso en la conve- niencia de enviar una misión al Brasil para que obtuviera el
reconocimiento de nuestra independencia y la evacuación de la Banda Oriental. Pueyrredón no estuvo conforme con esta actitud dilatoria y creyó más conveniente ir en auxilio del territorio invadido si el Cabildo de Montevideo aceptaba unirse a las Provincias Unidas y reconocer la autoridad del
PUEYRREDÓN, CARLOS A.,
"Historia de la Nación
502 y
Director Supremo y enviar diputados al Congreso, Los re- presentantes orientales que habían venido a pedir auxilio, previamente autorizados para negociar las bases propuestas
por Pueyrredón, firmaron el acta de incorporación el 8 de diciembre de 1816, pero Artigas, desgraciadamente, le negó su ratificación. Todo fue inútil, él quería las armas y los auxilios pero no la unión. Pretendía que las Provincias Uni-
das expusieran todo en favor de la Banda Oriental,
que ésta permaneciese como estado independiente1. No en balde el 24 de julio de 1816 desde su campamento de Puri- ficación había comunicado a Pueyrredón que la Banda Orien- tal había enarbolado su estandante tricolor y jurado su inde- pendencia absoluta y respectiva.
Las tropas portuguesas barrieron a las fuerzas de Arti- gas y entraron en Montevideo. El Director Supremo les inti- mó la suspensión de las hostilidades, pero Lecor le contestó que no había violado el armisticio de Rademaker, ni la inte- gridad del territorio argentino por cuanto la Banda Oriental se había declarado independiente de las Provincias Unidas, sin que éstas la hubieran podido reducir a su obediencia. Pueyrredón protestó ante Lecor; adoptó medidas para prepararse para la guerra y hasta envió auxilios a Artigas. Sin embargo esta ayuda tuvo que suspenderse ante sus derro- tas reiteradas, que convencieron al gobierno argentino que era más conveniente terminar con el poder español en el Perú y combatir luego por la libertad del Uruguay. En 1815 el director Alvarez Thomas designó represen-
quien anunció que se produciría la invasión
la Banda Oriental únicamente como consecuencia de las acti- vidades de Artigas y no con el deseo de apoderamiento o conquista.
Temeroso el gabinete de Juan VI que Artigas levantase las poblaciones de la Provincia de San Pedro, lindera con la frontera portuguesa, resolvió enviar un ejército al mando del general Lecor para que ocupase la provincia de Montevi-
PUEYRREDÓN, op. cit., p. 506.
deo. Artigas fue batido
de Montevideo el 20
el ejército portugués entró en la
Quesada sostiene que bajo el pretexto de pacificación del Uruguay el rey portugués había resuelto conquistar la
Banda Oriental, pues Lecor en sus instrucciones traía la mi- sión de organizar una capitanía portuguesa en la Provincia
de Montevideo 1, Esta tesis está
confirmada por los hechos,
pues Lecor promovió un congreso que se constituyó en Mon- tevideo y declaró la anexión del territorio al reino de Portu- gal y Brasil como provincia Cisplatina.
El 16 de abril de 1821 Juan VI envió una nota a Martín Rodríguez reconociendo la independencia de la República y designó a Juan Manuel de Figueiredo como su agente ante
gobierno de Buenos Aires y demás provincias del Río de
El representante debía comunicar que los habitantes del país serían tratados en Portugal y Brasil "con toda la consi- deración que en ellos gozan todas las otras naciones, y de que, de ahora en adelante, los agentes tanto comerciales como diplomáticos de ese gobierno, serán recibidos y tratados por esta Corte con todos los honores, consideraciones y créditos, como por el general derecho de gentes lo acostumbran ser los correspondientes ministros y agentes de los supremos gobier- nos de los pueblos".
Figueiredo presentó sus credenciales el 28 de julio y sus únicos actos fueron pedir la captura de los desertores del bergantín "Real Pedro" y que no se despacharan pasaportes sin su consentimiento a ningún ciudadano portugués y que se observara con los buques de su nacionalidad iguales prác- ticas que con los de aquéllos que tenían agentes reconocidos
1 QUESADA, VICENTE
Piafa,
G., La política
con las repúblicas
por los gobiernos. Cinco
gestiones falleció repentinamente.
de realizadas estas
Cabildo de Montevideo no quedó conforme con lo
resuelto a instancias de Lecor y tiempo después se dirigió al gobierno de Buenos Aires condenando el voto como nulo y arbitrario en razón de que los cabildos no podían adoptar resoluciones sobre cuestiones de política exterior. En esta situación, Rivadavia, a la sazón ministro de Go- bierno y Relaciones Exteriores, intentó una nueva gestión, y designó para la misma al presbítero Dr, Valentín Gómez. En las instrucciones dadas el 24 de junio de 1823 se señala que eran dos los objetos que se buscaban. El primero y prin- cipal era lograr la evacuación de las fuerzas del Brasil de todo el territorio de la Banda Orienta], desistiendo de toda pretensión a incorporarlo y reconociéndolo como parte inte- grante del territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El otro era reglar de un modo permanente las rela- ciones entre los dos pueblos y gobiernos. Las "instrucciones" expresan, además:
" el señor Comisionado hará entender al primer Ministro del gabl-
" nete del Janeiro que el Gobierno del Estado de Buenos Aires
" reconoce como sagrado
legitimidad única
" de todo gobierno es el ser establecido por la voluntad libre de
" los pueblos que manda, sea cual fuese
su forma; y
como tal reco-
" noce
lo tanto, cree
que es igualmente sagrado
" el principio de que la forma de todo Gobierno no incumbe a
" ningún otro,
han establecido. Más que
" por los mismos principios, es contrario
al derecho público de las
" Naciones el que ningún Gobierno ni pueblo puedan adscribirse
" como parte
de su Nación,
" pertenecen a otro".
" bierno ha considerado y considerará siempre como uno de los " acontecimientos más felices la emancipación del Brasil de Portu-
" gal,
la independencia del continente
"Americano del de Europa; y consiguientemente que sus relacio- " nes con el Brasil tendrán para con él la preferencia sobre las
" con todo otro Estado",
La misión debía perador
claramente influir en el ánimo del em-
fin de que prefiriera un convenio racional entre vecinos a una
" guerra que no tendrá término por la parte de las Provincias Uni-
" das hasta
que recuperen y aseguren la integridad de su territo-
"La demostración la elevará a hacer ver que dicha opi-
... " nión general se pronuncia de un modo tan vehemente que es " imposible que Gobierno alguno pueda existir en adelante sin que " satisfaga el voto de los pueblos, haciendo la guerra más decidi- " da para recuperar lo que se les usurpa" 1.
La misión de Valentín Gómez no tuvo éxito porque el
Imperio había decidido conservar la provincia cisplatina.
1824 se dieran por
ciaciones. Rivadavia hizo todo lo posible por evitar con altura la
guerra con el Brasil. Cuenta el general Tomás Iriarte en sus "Memorias", que habiendo designado a Alvear representante ante el gobierno de Estados Unidos, le ordenó que hiciese
un rodeo por Londres antes de llegar
objeto de este desvío era instruir a Canning, a cargo del mi-
nisterio de Relaciones Exteriores, del estado vidrioso
relaciones entre ambos países. "Se podía ya entonces prever,
dice Iriarte, que la guerra
entre estos dos pueblos era inevi-
table. Mr. Canning tenía interés en evitarla, y Rivadavia, que con gusto también la eludiría mediante la restitución del territorio violado, deseaba que Mr. Canning conociese bien nuestros derechos en todas sus fases y la resolución en que estábamos a disputarla en caso necesario con las armas en la mano, calculando que su mediación podrá evitarnos la guerra' 3.
El 18 de abril de 1825 partió de la playa de San Isidro,
para desembarcar en la de la Agraciada
en Colonia, la
mosa expedición comandada por Juan Antonio Lavalleja, co- nocida en la historia con el nombre de los 33 Orientales.
1 Documentos para
—Facultad
y Letras—. Correspondencia
Aires relativa
.a Relaciones Exteriores, t. 14 p. 226. 2 Rivadavia y Monroe y la guerra argenfino'brasilera, p. 91.
La campaña de Lavalleja logró rápidamente la adhesión del pueblo uruguayo y tuvo pleno éxito, al punto que llegó a poner sitio a Montevideo, que tuvo que levantar por la llegada de refuerzos. El 25 de agosto en Piedra Alta, depar- tamento de la Florida, Lavalleja convocó una asamblea de todos los pueblos orientales, asamblea que declaró "que su voto general, constante y decidido, era por la unidad con las demás Provincias Argentinas a que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce". Al mismo tiempo, la Asamblea resolvió constituir un go- bierno provincial presidido por Lavalleja, designando a Javier Gomenzoro diputado al Congreso Constituyente reunido en Buenos Aires.
Congreso General Constituyente, el 25 de octubre,
como consecuencia de los votos de esta Asamblea, reconoció a la Provincia Oriental "incorporada de hecho a la República de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, a que por de- recho ha pertenecido y quiere pertenecer, obligándose a su
defensa y seguridad". Comprendiendo el Gobierno de Buenos Aires que la gue- rra se avecinaba buscó la alianza del Perú proponiéndole:
I9, una acción conjunta para reclamar por la ocupación temporaria de Mojos y Chiquitos y la libertad de la provincia de Montevideo para que ésta pudiera disponer de su suerte. 29, por un tratado eventual, convenir la cooperación para la guerra contra el emperador del Brasil a fin de obtener la reparación por los agravios recibidos, "llevando, si fuere pre- ciso, la guerra y la insurrección al centro mismo del imperio, para aniquilar en su cuna la política ominosa que amenaza las libertades de toda América" 1. Más tarde desistió de esta gestión, una vez que se declaró la reincorporación de la Ban- da Oriental y se expulsó a las tropas extranjeras de su te- rritorio.
la cancillería brasileña
incesan-
tes reclamaciones por la protección
1 RESTEILI, E., La gestión diplomática del General Alvear en el Alto
saba a las fuerzas orientales. Y como fueran contestadas por el Gobierno argentino declinando toda responsabilidad por el
hecho de haber
prevenido cuál sería la conducta a seguir,
el emperador Pedro I declaró la guerra el 10 de diciembre
de dicho año.
Guerra con Brasil. - Mediación inglesa
La guerra hizo que se encararan los acontecimientos in- ternos con un criterio equivocado. Fue así que el Congreso decidió establecer un gobierno nacional, de neto corte unita- rio, y eligió a Rivadavia Presidente de las Provincias Unidas. La suerte de la guerra fue favorable a las armas argen- tinas que triunfaron en Ombú, Bacacay y Camacuá. Sin em- bargo, Rivadavia deseaba obtener una solución pacífica. Se- gún Gregorio Rodríguez, el gobierno argpntino solicitó la mediación de Gran Bretaña para lograr esa solución pacífica que en ese momento estaba confiada a las armas. El gabinete inglés aceptó la mediación y propuso como bases la devolución de la provincia uruguaya a la Argentina, la que debía abonar al Brasil una compensación pecuniaria. La propuesta fue aceptada por el presidente Rivadavia, que ya había previsto la cuestión de la compensación en las instrucciones dadas a Valentín Gómez, dejando librada al criterio del mediador la regulación correspondiente. Sin em- bargo, al llegar a Buenos Aires el enviado inglés lord Pon- sonby, manifestó que el emperador se había negado rotun- damente a aceptar las bases que se habían propuesto. En vista de la posición del Brasil, Rivadavia dirigió un llamado a las Provincias para que apoyaran al Gobierno na- cional. Sin embargo, la filiación unitaria del Congreso y la sanción de la constitución unitaria de 1826 hizo que las Pro- vincias no respondieran al llamado presidencial. Entonces Ri- vadavia confió a la suerte de las armas la obtención de una victoria militar que convenciera al emperador del Brasil la conveniencia de llegar a un arreglo pacífico. En medio de esta situación, Rivadavia recibió propues- tas del ministro británico para que se lograra la paz mediante
la creación de un estado independiente en la provincia uru- guaya. Como el Presidente no aceptara la proposición, el enviado inglés manifestó abiertamente su resentimiento. No obstante insistió y entonces Rivadavia consultó al Congreso, cuyo dictamen hizo notar la dificultad de resistir fundada- mente a tal propuesta. Se consideró necesario ganar tiempo hasta tanto se lograse una victoria que permitiera obtener ventajas diplomáticas para celebrar la paz sin alterar el pen- samiento nacional de recobrar la provincia cautiva. Con este propósito Rivadavia urgió una decisión militar al genera] Alvear, adoptando a la vez una política concilia-
dora respecto
de las proposiciones de lord Ponsonby. Di jóle
que aceptaría la proposición siempre que el Gobierno de la Gran Bretaña garantizara la observancia del pacto y la exis- tencia, o más propiamente, la independencia del nuevo esta- do. Lord Ponsonby negóse de plano a convenir en tal garan- tía, por lo que la decisión quedó librada a las armas, pues se esperó en vano la respuesta del emperador.
Misión del Dr. García
Como la situación interna se agravaba pues los caudi-
llos del interior se negaban
a enviar ayuda militar, y Buenos
Aires con las tropas uruguayas no podía continuar la guerra
con éxito, Rivadavia envió al Dr. Manuel José García, su
gociada. El enviado argentino inició sus esfuerzos
tomando por
base la idea del gobierno inglés de hacer de la Banda Orien- tal del Uruguay un estado independiente. Sin embargo, el cli- ma del gobierno del Brasil ya era distinto, por cuanto el em-
estaba en un estado de exasperación extraordinaria
debido a los contrastes sufridos por sus ejércitos, y conside- raba una ignominia el triste resultado de las operaciones
militares. A tal extremo había llegado,
de apertura de la asamblea anunció su resolución de no dejar las armas hasta que la provincia uruguaya fuese
reconocida como parte integrante del Brasil. Además, mane-
jaba las negociaciones personalmente y los ministros no se atrevían a sugerirle ninguna solución que significara la acep- tación de la propuesta argentina. Por otra parte, el empera- dor argüía que el estado anárquico de nuestro país, por la oposición de los caudillos al gobierno de Rivadavia, no le garantizaba la posibilidad de sofocar los movimientos que habían ocurrido en la Banda Oriental y que dañaban los inte- reses fronterizos del Brasil.
El ministro brasileño entregó al Dr. García unas bases de negociación redactadas por el propio emperador, cuyas condiciones eran las siguientes: el gobierno de la República
debía reconocer la integridad e independencia del Brasil com- pletada con la incorporación, ya hecha y reconocida, de la provincia cisplatina. Como consecuencia, retiraría sus tropas de su territorio. Además, la República debía pagar los gastos de la guerra que había provocado injustamente al imperio. Fuera de ello, y esto importa destacar, Brasil tenía interés
especial por la isla de Martín
y el tratado debía sig-
nificarle su entrega, fundado en que era necesaria su pose-
sión para la mejor seguridad de sus fronteras y la tranquili-
de su imperio. Se haría una revisión de los límites y la
demarcación definitiva del modo más conveniente para am- bos países. La navegación sería libre en los ríos que desaguan en el Plata y se. devolverían los prisioneros,
García comprendió que la posición adoptada por el em- perador era irreductible. Impresionado por los apuros en que se encontraba Rivadavia y extralimitándose en sus instruc- ciones, tomó una decisión que significó la humillación para la República Argentina. Fue así como en contraposición a la propuesta del gobierno brasileño presentó un proyecto de tratado por el cual el gobierno de Buenos Aires renunciaba de un modo claro y positivo a sus derechos y pretensiones sobre la provincia de Montevideo. Todos los sacrificios y es- fuerzos de la República en defensa de su integridad territorial quedaron olvidados por el Dr, García, y, lo que es más sen- sible, después de la memorable jornada de Ituzaingó.
Era tal la importancia que atribuía
que decidió traer personalmente
el tratado para informarlo.
Al conocerse el resultado de la concertación de la paz
grande el alboroto del pueblo, pero tan pronto se conocieron
las cláusulas del tratado la indignación fue enorme, Rivada-
via se vio obligado a rechazarlo y desautorizó a su enviado,
pero su situación se hizo insostenible dencia el 31 de julio de 18271.
renunció a la
Convención preliminar de paz entre la República Argentina y el Brasil.
Después de la desgraciada misión de Manuel José Gar- cía, la guerra continuó en medio de tremendas dificultades,
Dorrego, gobernador de. Buenos Aires y en-
cargado de las relaciones exteriores y de la guerra, hiciera los mayores esfuerzos para reaprovisionar el ejército que ope- raba en la Banda Oriental. Por esa época se produjo una mediación del gobierno británico, interesado en lograr la paz paró evitar que los intereses del comercio continuaran afectados por la guerra que mantenían los dos países. Aceptada la mediación, Dorre- go nombró en junio de 1828 como plenipotenciarios argenti- nos a los generales Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido. Los plenipotenciarios debían obtener el retiro de las fuerzas brasileñas de toda la provincia Oriental, lo mismo que sus autoridades políticas y civiles, así como también el abandono de las aguas del Río de la Plata por todas las fuerzas navales
del imperio. Una vez retiradas las tropas argentinas y brasi- leñas, la provincia Oriental tendría plena libertad para unir- se, ya sea a la República o al imperio. En ningún caso se concederían indemnizaciones, ni se exigirían los perjuicios
1 La comunicación del ministro Agüero al Dr. García
"El infrascripto se halla autorizado por
República para exponer al Sr. Comisionado el desagrado y reprobación que ha merecido por parte del Gobierno la conducta de V.E. No sólo por haber faltado a la alta confianza que hizo de su persona al confe-
rirle aquella misión, sino especialmente por haber procedido a la cele-
degrada a la República Argentina y des-
truye enteramente su ser moral".
que hubiera sufrido el territorio oriental durante la ocupación de los portugueses y brasileños. Si se sancionase la conven-
armisticio, se dejaría para la paz definitiva el arreglo
de límites entre
el imperio y la República, como también la
de un tratado de amistad y comercio o nave-
El ministro inglés lord Ponsonby intervino en la nego- ciación dando consejos, allanando dificultades y contestando
las consultas que le formularon los negociadores. Buscó, en
honorable, según los deseos de la
En cierto momento de la negociación los delegados ar- gentinos trataron de lograr que la independencia del nuevo estado a crearse tuviera la garantía de Gran Bretaña. El mi- nistro inglés declinó el pedido, manifestándoles que no se ha-
llaba autorizado por su gobierno para
contraer ningún com-
promiso sobre tal garantía. Las negociaciones lograron conciliar los puntos de vista,
y el 27 de agosto de 1828 se firmó una convención preliminar
cuyo art.
I 9 establece:
"Su Majestad el Emperador del Brasil declara: la pro- vincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, se separará del territorio del imperio del Brasil, para que pueda consti- tuirse en estado libre e independiente de toda y cualquier nación, bajo la forma de gobierno que se juzgase conveniente a sus intereses, necesidades y recursos".
mérito de esta
declaración, el art. 2° contiene la afir-
mación de nuestro país en los siguientes términos: "El
bierno de las Provincias Unidas conviene en la declaración de la independencia de la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, y en que se constituya en estado libre e inde-
pendiente por la forma declarada en el artículo antecedente". Por el art, 39 ambos gobiernos se obligan a defender la independencia e integridad de la provincia de Montevideo
El Dr. Vicente
G. Quesada, uno de los publicistas que
más ha estudiado las relaciones entre nuestro país y Brasil,
enjuicia la convención en los términos siguientes: "La neu- tralización de la República Oriental del Uruguay, como esta- do intermedio entre el imperio del Brasil y la República Ar- gentina, fue una solución prudente y necesaria entonces, y una sólida garantía de paz ahora. Las naciones, como los indi- viduos, tienen que aceptar las evoluciones fatales e inevita-
bles de los acontecimientos: la anexión de la provincia cis- platina al imperio era una amenaza y una perturbación para la nación Argentina y tan lo era, que produjo la guerra entre la República y el Imperio; y la reincorporación a los territo- rios del antiguo virreinato, que formaron las provincias uni-
Plata alarmaba al Brasil, que ocupó al fin Banda Oriental. La prudencia y la previ-
sión aconsejó, pues, separar la piedra del escándalo y crear una nacionalidad por el concurso y el convencimiento de los estados limítrofes, y en condiciones que la neutralización de su territorio intermedio alejara los conflictos producidos por los celos y rivalidades tradicionales, lo que hacía difícil la
armonía de las dos naciones independientes".
Segunda etapa. - Rosas y el Brasil
1837 se produjeron fricciones entre Brasil y
el gobierno de la República Oriental del Uruguay. Oribe no podía dominar la sublevación de Rivera, que actuaba en la campaña. Por otra parte, éste tenía vinculaciones muy amis- tosas con personajes de Río Grande del Sur, que más tarde se levantaron contra el imperio dando origen a la revolución
de los "zarrapos".
1842 existió plena amistad entre
de que ante los rumores
que Brown y
la escua-
dra que sitiaba
a Montevideo se habían pasado al enemigo,
Brasil le ofreció sus propios buques. La preocupación del gobierno brasileño por la revolución de Río Grande fue tan grande, que en marzo de 1843 firmó con Guido, representante argentino, un tratado que estable- cía la alianza ofensiva y defensiva entre el emperador y Ro- sas contra Rivera y los republicanos de Río Grande, con la
clara finalidad de pacificar la República Oriental y dominar
la rebelión de esa provincia. Sin embargo, a pesar
del signi-
ficado de este
tratado que atraía
al imperio a una política
naval conforme con «1 gobierno a'rgentino, Rosas rehusó
aprobarlo con el pretexto que era necesaria la conformidad de Oribe como presidente del Uruguay.
El rechazo de Rosas fue un error diplomático muy grave, pues las relaciones con el Brasil se enfriaron y el imperio
cambió radicalmente de política respecto al problema
Banda Oriental y de la intervención extranjera. Poco pués se apartaría de su posición de estricta neutralidad.
El ministro brasileño Sinimbú desconoció el bloqueo ar- gentino sobre Maldonado y cuando Arana reclamó por esta actitud ante Ponte Ribeiro, ministro del Brasil en Buenos
Aires, éste le contestó defendiendo esa conducta. Los tér- minos de la nota fueron considerados injuriosos por Arana, que invitó al representante extranjero a retirarla y, como no lo hiciera, le mandó sus pasaportes. Guido más tarde obtuvo
que el emperador desaprobase la conducta de sus
Guido solicitó
que en cumpli-
miento del art.
se pidiese
inmediata desocupación de los puntos del territorio del Uru-
guay dominados por las fuerzas anglo-francesas. El gobierno del Brasil contestó que varias notas del gobierno argentino le habían negado constantemente el derecho de intervenir en las discusiones internas de la República Oriental y que el gobierno imperial, habiendo aceptado la explicación del gabi-
nete argentino de que su intervención en dicho país no
caría su independencia, aceptaba iguales explicaciones que habían dado Francia y Gran Bretaña con motivo de la inter-
vención en esa República. Por
todo esto el imperio no
vendría antes
de hecho el tratado definitivo
bía especificar
ción conjunta.
modos y tiempo para
la interven-
Un memorándum redactado por el vizconde de Abrantes dio origen a reclamos diplomáticos. Las relaciones entre Bra-
de Buenos Aires se fueron haciendo cada
vez más difíciles porque se volvía a las discusiones anterio- res. Así, en una nota del 12 de abril de 1847, la cancillería brasileña decía que el gobierno imperial podía citar planes de
ambición de España
para engrandecerse con el territorio del
Brasil y sospechar que el de la Confederación era el conti-
nuador de esta política porque insistía en la vigencia
tratados de 1777 y 1778, rotos por la guerra de 1801.
Esta nota tenía un párrafo en el que se expresaba que
el gobierno del Brasil estaba
esenciales intereses exigían que no continuara una
dad inactiva, como mero espectador
guerra en el Plata
y que le correspondía, sin recurrir a hostilidades, porfiar por
la pacificación. Guido pidió explicaciones sobre esas palabras y solicitó una declaración franca, pero la contestación fue
a del envío de un representante del Brasil ante el gobierno del Paraguay, cuya independencia y soberanía reconoció. Al en- terarse Guido del reconocimiento brasileño, en 1845 presentó una protesta en nombre de su gobierno, pero el ministro Limpo de Abreu la rechazó. En 1850 el acercamiento con el Paraguay se hizo más efec- tivo mediante el tratado del 25 de diciembre que concertó
1844 la situación comenzó a
ser tirante
una alianza defensiva contra
liarse para obtener la libre navegación del Paraná. Esta posi- ción fue adoptada a raíz de la autorización dada a Rosas por la legislatura de Buenos Aires el 18 de marzo de 1850, para disponer, sin limitaciones, de los recursos necesarios para incorporar el Paraguay a la Confederación Argentina.
Según Cárcano, "el imperio aplicaba un criterio opor-
tunista y utilitario a su conducta. Prudente cauteloso, escu- rridizo, variaba de actitudes y procedimientos según las cir-
cunstancia,
pero conservaba inalterable su orientación polí-
debilitó el
apoyo de la intervención europea y parecía probable la caída de Montevideo, sin comprometerse en tratados ni protocolos, ordenó directamente a su ministro en el Uruguay: "Si Rosas continúa sus preparativos bélicos manifieste al gobierno de
que el Brasil
se declara su
aliado y
comunique el hecho por
expreso" 1.
Quesada es de opinión semejante: "Rosas promovió la tempestad en el momento mismo en que cesaba la interven- ción anglo-francesa. El Brasil temió que, victorioso de Mon- tevideo, sometiese al Paraguay y con recursos poderosísimos atacase al imperio: determinó entonces a su caída por la guerra",,. "La preocupación del gobierno brasileño era im- pedir la formación de un estado poderoso por su extensión territorial, que pudiese equilibrar el poder del imperio. Para impedirlo necesitaba mantener la independencia del Paraguay y la de la República Oriental, y, en cuanto a la intervención de la política interna de sus vecinos no lo hacía sino para preservar al imperio de eventualidades futuras" 2.
El gobierno del Uruguay había destinado ante la Corte
de Río a Lamas, uno de sus diplomáticos más hábiles. Lamas luchó incansablemente contra Guido haciendo ver al Brasil el peligro que le significaba la política exterior de Rosas, al afectar la independencia del Uruguay y Paraguay con su
de reconstruir el virreinato y la clausura de los ríos.
La invasión efectuada por el barón de Jacuby en el Uru- guay a fines de 1849 provocó la ruptura definitiva con Bue-
esa fecha, la situación
había cambiado. El ministerio conservador y partidario de la
fue reemplazado por un gabinete
que sostuvo la intervención efectiva. A los pocos días de
constituirse, Guido exigió satisfacciones
contrarios a su gobierno que se habían pronunciado en la
Cámara de Diputados. Pero a pesar >de insinuar que si no
era satisfecho se retiraría
Corte, no obstante
satisfacciones no le fueran
insistió, y
aconsejó a
Rosas dar por terminado el incidente.
ocupó la cartera de Relaciones Paulino
José Soarez de Souza y con él terminaron las vacilaciones del
CÁRCAMO, RAMÓN ]., De Caseros al
2 QUESADA, La política
Plata, t.
del Brasil con las Repúblicas
imperio para combatir a Rosas. Guido había protestado por la invasión de Jacuby; urgió la respuesta pero Soarez de Souza se negó a darla alegando que Oribe no estaba recono- cido por el imperio como Presidente de la República Orien- tal, ni el gobierno de Buenos Aires tenía jurisdicción sobre el territorio uruguayo; por lo tanto, "Guido carecía de pode- res para promover la reclamación que había entablado. Para obviar este razonamiento de carácter procesal Oribe envió
una nota a Guido por
la cual se adhería plenamente a la re-
clamación argentina y aprobaba la representación que había asumido en nombre de la República Oriental de Uruguay. No obstante esto, no obtuvo contestación, hecho que exaltó la soberbia de Rosas, quien ordenó a su ministro que exigiera enérgicamente y sin demora las satisfacciones y explicaciones que se le debían, al mismo tiempo que se castigara a Jacuby y a sus cómplices. Como la cancillería del Brasil se negara a estas solicitaciones, Guido por orden recibida de su go- bierno pidió sus pasaportes y regresó a Buenos Aires. Corría
1850. Oribe por su parte rompió relaciones con el en-
de negocios del Brasil y declaró que no tomaría en
consideración ninguna reclamación ulterior. Por esa época comenzaba a gestarse el pronunciamiento
y la campaña libertadora del general Urquiza. El gobierno
medio de agentes
de su más absoluta
había entablado negociaciones con el ministro brasi-
leño en Montevideo, Sousa da Silva Pontes y el ministro Herrera, del Estado Oriental. Se llegó así al tratado de alian-
za que se firmó en Montevideo el 29 de mayo de 1851 entre Brasil, Entre Ríos y el gobierno de esa ciudad. Esta alianza fue restringida, por sugestión de Brasil, a garantizar la inde- pendencia del Uruguay, que era su objetivo dominante y
con Francia e Inglaterra. Debe advertirse que Urquiza estaba ya resuelto a la cruzada libertadora sin esperar la concerta- ción de la alianza, como lo prueba el hecho de que se pro- nunció contra Rosas antes de la concertación del tratado 1.
1 Ruiz MORENO, MARTÍN, La revolución contra la tiranta y la Orga-
nización Nacional,
El tratado disponía que el Estado de Entre Ríos, Brasil y la República Orienta] se unían en alianza ofensiva y de- fensiva, con el objeto de obtener la independencia y pacificar el territorio de la República del Uruguay, haciendo salir del
mandaba, y cooperando para que, restituidas las cosas a su estado normal, se procediese a la elección libre de presidente de la República según la constitución del Estado Oriental. Esta primera cláusula se completaba con el artículo 23, que preveía una invitación al gobierno del Paraguay para entrar en la alianza. En esta forma se condenaba la política del dictador que se había negado a reconocer la independencia del Paraguay.
mente su respectiva
independencia y soberanía e integridad
de sus territorios sin perjuicio de los derechos
15 disponía
Aires llevase la guerra a cualquiera de las potencias aliadas,
individual o colectivamente, la alianza se tornaría cho gobierno.
contra di-
principales objetivos, ayudada por la fuerza
la custodia y seguridad
mantener la libertad del tráfico fluvial.
Lograda la pacificación de la República y restablecida la autoridad del gobierno de Montevideo, en todo el país, las fuerzas aliadas de tierra repasarían sus respectivas fronte- ras y permanecerían estacionadas en ellas hasta que tuviera lugar la elección del Presidente de la República. Los aliados se comprometían también a sostenerlo durante todo el tiem-
po que reclamara
la paz interior durante el transcurso
primer período presidencial.
Cárcano dice que la serie de disposiciones, hábilmente relacionadas y concordantes, obra cautelosa del Brasil, des- tinada a garantizar especialmente la independencia del Pa- raguay, pudieron firmarla sin hesitar los estadistas argentinos, que no tenían el propósito ni la ambición de reconstruccio-
nes territoriales imposibles, que sólo habrían podido conser-
varse con los riesgos
de la volencia.
"El general Urquiza al firmar el tratado de alianza asen- tó la lápida a la cavilación del viejo virreinato y tranquilizó al menos momentáneamente al imperio, siempre devorado por la fiebre hereditaria de innecesarias expansiones y siempre temeroso y en guardia sobre el porvenir de la república rival. El tratado no fue un triunfo de la diplomacia brasileña, por- que no se triunfa donde no se opone resistencia. Fue la vic- toria de los santos principios e intereses bien entendidos, que fundó el equilibrio político de las naciones del Plata".
"La coalición se había combinado sobre el interés común de todos los pueblos que la componían: la guerra a Rosas, la destrucción de su monstruoso poder, tan funesto para las libertades y bienestar del pueblo argentino, como incompa- tible con la tranquilidad y seguridad de las naciones vecinas". "Brasil, después de observar largo tiempo una actitud incierta, decidió emprender la cruzada contra Rosas, movido por múltiples intereses de considerable importancia, estimu- lado con fervor por el gobierno de la defensa. A la visión manchega del virreinato reconstruido por la prepotencia ar- gentina agregaba el temor de que el dictador llevara sus armas sobre Río Grande, fomentara el sentimiento republi- cano tan vivo y tumultuoso y conmoviera las bases institu- cionales del imperio". "La pretensión histórica y continua de extender sus fronteras hasta el Plata obedece a necesidades tradicionales y errores persistentes sobre población, subsistencia y seguri-
dad. Necesitados de
la libre navegación y
ríos del Plata, en lo alto de sus corrientes estaban situados
los estados más ricos y prósperos de su jurisdicción y ellos
eran entonces el único
medio de comunicación con el Ja-
neiro".1
mayo se completó
convención que se firmó el 21 de noviembre del mis-
oponerse a los preparativos bélicos que hacía
CÁRCANO, op. cit.
Rosas. Por dicho acuerdo se estableció que la guerra se haría contra Rosas y no contra la Confederación y que las fuer- zas brasileñas y uruguayas serían auxiliares de las argenti- ñas. El emperador del Brasil se comprometió a prestar a En- tre Ríos y Corrientes cien mil patacones mensuales durante cuatro meses, que el gobierno que sucediera al tirano debe- ría reconocer como deuda de la Confederación Argentina. Además de estos auxilios, el gobierno imperial facilitaría dos
de caballería y los suplementos de armas y mu-
niciones de guerra que le fueran requeridas y tuviere dispo- nibles, todo lo cual debería serle pagado como el empréstito.
Los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, por su parte, se comprometieron a emplear toda su influencia ante el go- bierno que se organizare en la Confederación Argentina para que acordara y consintiera la libre navegación del Paraná y
demás afluentes del Río de
buques de los estados
el triunfo de Caseros, Brasil
se aseguró el recono-
cimiento de la independencia del Paraguay, la consolidación de la independencia del estado uruguayo, la apertura de los ríos interiores, la conservación de las misiones y la seguri-
obtenido con
famosos tratados de 1851 firmados por Andrés Lamas, en- viado del Uruguay.
Brasil, por medio de esos tratados, se preocupó espe-
cialmente en asegurar
sus límites con el Uruguay afectando
los derechos que tenía la Argentina
a territorios que nunca
habían pertenecido a la colonia de Portugal. En los tratados
de 1851 se prescindió totalmente de la República Argentina,
grave, se firmó
la independencia de los dos estados contra cualquier domi-
nación extranjera, que no podía ser otra
que la de nuestro
país. Es decir que esa alianza estaba dirigida contra la na- ción que combatió en defensa del Estado Oriental, que contri-
buyó a su independencia y
que la salvó
de la dictadura y
la influencia de Rosas. Mientras combatía de frente por idea-
les comunes, sus aliados la excluían de convenciones preme-
ditadas
concluidas a su
conocimiento de los tratados produjo sorpresa e in-
dignación en Montevideo y tampoco tuvieron aceptación en Brasil, porque el imperio, por medio de esos acuerdos, había
de su posición, imponiendo condiciones a un
no hubiera logrado
aliado, la
República Argentina, no hubiese estado combatiendo por su
La política exterior de la Coníederación con el Brasil
Establecido el gobierno provisional después de Caseros, Urquiza trató de no demorar el restablecimiento de las rela- ciones exteriores y la solución de las cuestiones de límites.
autoridades era
tiranía, y
el hecho de los tratados
de 1851, había impuesto su pre-
Para esa misión se designó
al general Guido ministro plenipotenciario ante el empe-
rador. Con este motivo se produjo una incidencia internacio- nal. En efecto, de la Peña, ministro de relaciones exteriores designado por el gobernador de Buenos Aires, recibió del enviado imperial Carneiro Leao, que permanecía en Monte- video, una nota en la que le pedía explicación sobre el nom-
bramiento del general Guido para
su misión ante
el empe-
insólita por
cuanto excedía
las facultades del plenipotenciario. De la Peña le contestó preguntándole con qué título el enviado brasileño solicitaba declaraciones sobre actos soberanos y privativos del gobier- no provisional. Sin embargo, desde el punto de vista legal,
CÁRCAMO, Del sitio de Buenos Aires al Campo
de Cepeda,
Véase sobre esta cuestión QUESADA, VICENTE, La política brasilera-uru-
en "Nueva
Revista de Buenos Aires", t.
el gobierno de Buenos Aires no tenía atribuciones, por cuan- to en esa época todavía no existía el gobierno encargado de las Relaciones Exteriores en nombre de toda la República,
Planteadas así las cosas, la misión de Guido quedó sus- pendida, pero este incidente dio como resultado que se re-
solviese delegar en Urquiza la facultad
Trece días después de Caseros, Carneiro Leao, preocu-
pado por la situación interna
del Uruguay, inició una
diplomático brasilero
su gobierno aceptaba la plena validez de los tratados de
Lamas sin mencionar que los ajustes y convenciones previs-
debían celebrarse con
Como el enviado brasileño reclamara la colaboración ar- gentina en virtud de la convención de 1828, Urquiza precisó que la alianza tenía como único objeto preservar la integri- dad del Estado Oriental. De ahí que los aliados no tenían derecho para intervenir en las luchas internas, debiendo aca- tar las resoluciones que adoptara el pueblo oriental, de acuer- do a las leyes que se diera. Como Carneiro insistiera, Urqui-
discusión. le contestó en
categórica y
Al día siguiente de asumir Urquiza su calidad de Encar- gado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, de- signó a su propio ministro, Luis José de la Peña, con reten- ción de su empleo, enviado extraordinario ante los gobiernos del Uruguay y del Brasil,
Era necesaria una acción inmediata porque se compli- caba en Montevideo la discusión con Brasil, cuyo gobierno sostenía la validez de los tratados firmados con Lamas, mien- tras el presidente uruguayo se negaba a cumplirlos, hasta
tanto no fueran aprobados por la legislatura. La situación po- día agravarse porque en la frontera estaba estacionado un
cuerpo de ejército listo para la invasión,
y barcos de guerra
brasileros estaban anclados en el puerto de Montevideo. La situación era casi crítica, porque el enviado del Brasil se
mostraba intransigente y se sabía que el partido colorado preparaba una revolución apoyado por el imperio. El Dr. de la Peña comprendió que la situación podía derivar hacia un conflicto, en el que la República Argentina no podría permanecer apartada. Las activas gestiones de de la Peña y la intervención directa del general Urquiza hicie- ron posible una transacción mediante la cual el gobierno uru- guayo admitió la vigencia de los tratados de Lamas al mismo tiempo que el representante del Brasil aceptó que dichos tra- tados fueran modificados. El general Urquiza garantizó la ejecución de los tratados por acta de mayo de 1852, pero esta garantía no fue ratificada por el Congreso y quedó, por esta razón, sin validez.
Maniobras del imperio en el Paraguay
Finalizada la cuestión de] Estado Oriental con la mi- sión de de la Peña, Urquiza se preocupó por afianzar la vin- culación con el Paraguay y resolver las cuestiones pendien- tes. Para esta misión fue designado el Dr. Santiago Derqui, cuya actividad será estudiada en el capítulo referente a las relaciones con el Paraguay. En sus negociaciones con López, Derqui obtuvo que éste consintiera en entregar al gobierno argentino el territorio de Misiones que poseía el Paraguay, éxito que estuvo en peli- gro de perderse debido a la diplomacia del Brasil que intentó cruzarse a la actividad del representante argentino. Al saber el ministro brasileño que el gobierno del Para- guay había resuelto entregar las Misiones, manifestó que su gobierno tendría que intervenir en el asunto. El presidente
López, con decisión, comunicó al enviado del
Brasil que el
tratado estaba ratificado y que ese territorio había dejado de pertenecer al Paraguay. Terminaba, así, la influencia de la diplomacia brasileña en el Paraguay y este país se inclinaba hacia la Confederación Argentina. Brasil, entonces, tuvo idea de comprar el territorio
de Misiones para llegar con su frontera hasta el Paraná. Derqui, comprendiendo los propósitos imperiales, realizó una
maniobra audaz, como fue la de convenir con el gobierno pa- raguayo que retirara sus fuerzas militares a fin de que tropas argentinas suministradas por Pujol, gobernador de Corrien- tes, pasaran a reemplazarlas. Pero en momentos en que se
iba a llevar a cabo este procedimiento, Derqui recibió orden de su gobierno de solicitar al Paraguay que suspendiera la evacuación de las Misiones por el temor que se tenía de que
la anarquía de Buenos Aires penetrara
en el territorio. De
esta,suerte la diplomacia brasileña, que había sido vencida
del negociador
mediación del Brasil
argentino, triunfó por la .
'••'•$*? ¿Pi^-'::
'Í' N!
. ,IW-'.''.'V" i
Con motivo de la lucha entre la Confederación y Bue-
nos Aires, en 1853 se produjo una mediación del Brasil.
quiza, que había sido su aliado, invitó al imperio a ofrecer su mediación para poner término a la guerra civil. Obtenida la aceptación de Buenos Aires se reunieron comisionados de los dos bandos para poder tratar la situación. Lamentable-
mente la firmeza de las posiciones de ambos hizo que la me- diación no tuviera éxito.
Más tarde, ante la traición del coronel Coe, que entregó la escuadra de la Confederación a Buenos Aires mediante el pago de una fuerte suma de onzas de oro, Urquiza se dirigió a la legación del Brasil solicitando se emplearan las fuerzas de la escuadra a fin de evitar hostilidades de parte de una autoridad que Brasil no reconocía. El gobierno brasileño, muy prudentemente, no comprometió su actitud limitándose a decir que estaba obligado a guardar la más estricta neutralidad.
Los tratados de la Confederación con el Brasil
Instalado definitivamente Urquiza como presidente de la Confederación, se preocupó en terminar las cuestiones de lí- mites y afianzar la política exterior. Con Brasil, que había mantenido una neutralidad absoluta en la querella entre la Confederación y Buenos Aires, entabló negociaciones para
concertar tratados que substituyeran los que habían sido he- -
chos para derrocar a Rosas. Brasil aceptó complacido la idea y designó como repre-
£entante
suyo al ¡vizconde de Abaeté Paulino Limpo de
Abreu, quien con Juan María Gutiérrez, ministro de Relacio-
nes Exteriores,
procedieron en Paraná a redactar el tratado
de Paz, Amistad, Comercio y Navegación. La discusión tuvo como base el proyecto presentado por
el representante del Brasil y el 7 de marzo de 1856 se llegó a
del tratado que entró en vigencia el 25 de junio del
mismo año. Por el artículo I9 se declara que habrá perfecta paz y firme y sincera amistad entre los dos países. Cada una de las partes se compromete a no apoyar directa ni indirectamente la segregación de porción alguna de los territorios de la otra, ni la creación en ellos de gobiernos independientes en desco-
nocimiento de la autoridad central
(art. 29),
Por el artículo 39 confirman y ratifican la declaración contenida en la Convención Preliminar de Paz de 1828, así como también confirman y ratifican la obligación de defender la independencia e integridad de la República Oriental del Uruguay. Se establece en el tratado que "se considerará atacada la independencia e integridad de ese Estado en los casos que ulteriormente se acordasen en con- currencia con su gobierno y también en el caso de conquista 'declarada y cuando alguna nación extranjera pretendiese mu- dar la forma de su gobierno, o designar o imponer la persona o personas que hayan de gobernarla". Por el artículo 59 los dos países confirman y ratifican la declaración y reconocimiento de la independencia del Pa- raguay.
Brasil no podía dejar de buscar en el tratado el afianza- ' miento de la libertad fluvial, tan generosamente declarada por el general Urquiza y la Constitución argentina. Por eso, en diversos artículos se establece que las embarcaciones de ambas países, tanto mercantes como de guerra, podrán nave- gar los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay en la parte que les perteneciera (art. 14) y comerciar en toda forma com-
prometiéndose a colocar y mantener balizas y señales para
(arts,
16). Si llegare
la guerra entre cualquiera de los Estados del Río de la Plata
o de sus confluentes, ambas partes quedan obligadas a man-
tener la libre navegación
citados, no ptidiendo
preocupó a Brasil, como que en esa época era
la navegación de los ríos, hizo que se insertara
un guay. Dicho artículo dispone:
texto similar al
celebrado en 1851
"Reconociendo las Altas Partes Contratantes que la isla de Martin García puede por su posición embarazar e impe- dir la libre navegación de los afluentes del Río de la Plata en que están interesados sus ribereños, reconocen igualmente la conveniencia de la neutralidad de la referida isla en tiem-
po de guerra ya entre los Estados del Plata, ya
de éstos y cualquier otra potencia, en utilidad común y como
los referidos ríos;
"I9
Oponerse por todos
los medios a
que la posición
García deje de pertenecer a uno
Estados del Plata interesados en su libre navegación.
de aquél a quien pertenezca la
obligue a no
impedir la libre navegación de los otros ribereños y signata- rios de los tratados de 10 de julio de 1853 y que consienta en su neutralización en tiempo de guerra, así como en que se forme en ella los establecimientos necesarios para seguridad
de la navegación interior
de todos los Estados ribereños
de las naciones comprendidas en los tratados de de 1853".
y 10 de julio
el comercio las
aplicarse mutuamente el tratamiento de la cláusula de la na- ción más favorecida condicional (art. 6°). Se consideran bu- ques de ambas nacionalidades a los que fueran poseídos, tri- pulados y navegados según las leyes de los respectivos países
(art. 7").
Se establece que los nacionales que residan en el
territorio de una de las dos partes contratantes estarán exen-
tos de todo servicio militar obligatorio (art. 89 ). Se obligan
igualmente a entregarse a los desertores
99). En
Contratantes estuviese
en guerra con una tercera se observarán distintas disposicio- nes referentes a contrabando de guerra, y a no permitir la instalación de tribunales de presas en su territorio (art. 109). Se establecerá la mercadería que deba ser considerada con-
trabando de guerra
II 9 ).
guerra con una
tercera potencia se acuerda en que no
se permitirá que nin-
gún ciudadano de ambos países pueda cooperar en favor de sus enemigos (art. 129). Finalmente se resuelve establecer en los ríos un sistema uniforme de recaudación de los res- pectivos derechos de aduana, puerto, faro, pilotaje y policía (art. I?9).1 En 1857 pareció inminente la guerra entre el Paraguay y Brasil debido a la negativa de López de reconocer y res- petar la libre navegación de sus aguas jurisdiccionales. Con el propósito de liquidar pacíficamente el incidente, el emperador envió a Asunción a José María Páranos, quien se detuvo en Paraná para proponer la concertación de una convención flu- vial con el gobierno de la Confederación. A fin de tratar con
el enviado brasileño se designó a los ministros Santiago Derqui, del Interor, y Bernabé López, de Relaciones Exteriores. La convención fue firmada el 20 de noviembre de 1857
está en vigencia desde el 20 de julio de
1858. Por
se establece que la navegación de los ríos Uruguay, Paraná
es libre para
el comercio de todas las naciones
los puertos habilitados o que
se habilitaren en cada uno
de los dichos ríos.
navegación concedida a todas las banderas no se entiende respecto de los afluentes, ni de la que se haga de puerto a puerto de la misma nación. Tanto esta navegación como aqué-
1 Instrumentos Internacionales de Carácter Bilateral
suscriptos por
lia podrá ser reservada por cada Estado para su bandera
(art. 29). Los buques de guerra de los Estados ribereños
también de la libertad de
de los ríos habilitados para
los buques mer-
cantes. Los buques de guerra de las naciones ribereñas sola- mente podrán llegar hasta donde les fuese permitido en cada Estado ribereño (art, 39).
El tratado dispone que "el practicaje de los ríos, donde se juzgare necesario ,será ejercido por las personas que cada
Estado ribereño habilitare para ese fin
(art. 279). Sin em-
bargo, cada gobierno puede declarar facultativo para to-
los buques entre
territorio, el servicio
del practicaje, con excepción de los buques de guerra, los
buques de cabotaje y los buques que no demandasen más
(arí.
correspondiente al máximo de las bajadas
29?)".
El resto de las disposiciones
del tratado se
refiere a las
obras y trabajos que deban hacer ambos países
las re-
glas relativas
de los buques por
los ríos.1
El 27 de noviembre Páranos firmó un protocolo de em- préstito solicitado por el gobierno de la Confederación, por el que se facilitaron 300.000 patacones en seis mensualidades
con interés del 6 % a partir del
Poco después llegó a Paraná el financista brasileño ba-
con el que se convino la instalación
banco en Rosario. El ministro Páranos aprovechó su estadía para
tar otros dos tratados: uno sobre extradición y entrega de
esclavos y otro sobre límites. Ninguno de estos tratados se canjeó y quedaron sin efecto.
Tratado complementario de la convención preliminar de paz de 1828
El artículo 3° de este convenio,
con el Brasil, preveía el establecimiento de un régimen
1 Instrumentos Internacionales de Carácter
definitivo de independencia del Estado
Oriental. Para con-
venir este régimen hubo acuerdo en celebrar un nuevo tra-
El gobierno del Paraná
designó al Dr.
Peña, quien se reunió en Montevideo con Lamas, represen- tante del Uruguay, y Páranos, del Brasil. El delegado ar- gentino debía, además, obtener un tratado de alianza para
reincorporar Buenos Aires a la Confederación.
La propuesta de de la Peña no tuvo eco en los otros
negociadores, quienes afirmando su adhesión y
simpatía al
gobierno del Paraná rehusaron toda negociación sobre una alianza ofensiva. Con esta actitud Brasil permanecía fiel a su política de neutralidad en la lucha civil argentina.
Los delegados extranjeros estimaron que el gobierno ar- gentino podía sentirse desairado si su representante volvía
sin haber tenido éxito. Para evitar
esta situación difícil se
propuso discutir un tratado sobre el Uruguay. En este
acuerdo, firmado el 2 de enero de 1859, se repitieron las esti- pulaciones sobre reconocimoiento de una nación libre e independiente como Estado intermedio entre el Brasil y la Argentina. En esta forma quedaban suprimidas las causas de guerra y se garantizaba al Uruguay su integridad y neutra-
lidad bajo la
custodia del Imperio y
Confederación1.
fue considerada un
el tratado quedó frustrado.
de este tratado se declaró que la República Oriental
Uruguay no se podrá
ni refundirse, en todo
la Argentina, ni
colocarse bajo
el protectorado de nin-
disminuir su territorio. Por
la obligación perpetua
defender la independencia del Uruguay. En el art. 9" se definen los debe-
res d-e neutralidad del Uruguay. En
11' se establece la prohibición
países se preparen
que atacar a cualquier de ellos.
el juicio de Quesada
tratado en
Alianza contra Rosas y Oribe.
Francisco Solano López, presidente del Paraguay, fue instado por el partido blanco del Uruguay para que intervi-
Plata. En
intervención, hecho por
uruguayo el 25 de agosto de 1864, el gobierno paraguayo
ante Viana
de Lima, ministro brasileño en Asun-
ción, por la intervención de su país en el estado Oriental.
Brasil no atendió el reclamo paraguayo, y conjuntamen- te con el general Flores produjeron la caída del gobierno
López entonces consideró que había llegado el mo-
mento de intervenir para impedir que se alterase la situación
el equilibrio en la región del Plata. El 16 de octu-
bre de 1864 llegó a Asunción la noticia de que el ejército brasileño había cruzado la frontera uruguaya y ocupado la
Villa de Meló. López ordenó apresar el buque "Márquez de Olinda" de bandera brasileña, que hacía la carerra entre Río de Janeiro y la provincia de Matto Grosso. El representante brasileño protestó por la captura y pidió sus pasaportes. Fuerzas paraguayas invadieron Mato Grosso apoderándose de Coimbra, Albuquerque y Corumbá. Se comenzó a hablar de la expedición a Río Grande. Producido el estado de guerra, los gobernantes de Bra- sil, Uruguay y Paraguay comunicaron al gabinete argentino la situación en que se encontraban, Nuestro gobierno, como
amigo y vecino, lamentó la calamidad que amenazaba a todos y afirmó que se mantendría en un estado de absoluta neu-
tralidad, a la que estaba obligada por los tratados
1856 con ambos países.
Rufino de Elizalde, ministro de relaciones exteriores de la República Argentina, al contestar en enero de 1865 la comunicación del consejero José María Da Silva Páranos, enviado extraordinario y ministro del emperador del Brasil
en Buenos Aires, le dijo: "Lamentando
el gobierno la
" rra
que ha surgido entre los gobiernos
" rador
no cesará
" más sinceros votos por su pronta conclusión, y porque des-
" aparezcan los males que va
a producir a pueblos amigos;
" cumpliendo como neutral con los deberes que le imponen " los principios del derecho de gentes y los tratados vigentes
" de la República Argentina".1
de 1865 Berges, ministro de relaciones
exteriores paraguayo, envió una nota a nuestra Cancillería para solicitar el consentimiento del gobierno argentino, a fin de que los ejércitos de la República del Paraguay pudieran atravesar el territorio de la provincia de Corrientes para
atacar al Brasil. Elizalde contestó expresando que Brasil y Paraguay te- nían una frontera común por donde podían ejercer las hosti- lidades y que permitir el paso por territorio argentino equi- valdría a convertir a éste en un teatro de guerra, porque ha- bría que acordar al Brasil el mismo privilegio. En consecuen-
se negó el permiso solicitado.
Esta negativa llevó al congreso del Paraguay a declarar el 18 de marzo de 1865 que aprobaba la conducta del Poder
Ejecutivo para con el Imperio del Brasil, "en la emergencia
traída por su política amenazadora del equilibrio de los Es-
por la ofensa directa inferida
al honor de
la dignidad de la Nación". Como consecuencia declaró la
guerra al gobierno argentino. Se produjo la invasión
rrientes y la toma de dos vapores argentinos,
lo que movió
al presidente Mitre a dirigirse al Congreso para que lo auto-
rizara a declarar la guerra. Con este motivo los tres países que habían sido llevados
a la guerra por López firmaron
mayo el tratado que
se conoce con el nombre de "Tratado de la Triple Alianza",
los anales de
diplomacia ar-
gentina no se encuentra un tratado del significado e impor-
tancia de éste" 2.
muchas de las disposiciones del tratado, entre ellas, la que
1 Documentos relativos
a la declaración de guerra
del gobierno ar-
gentino al del Paraguay,
2 ZEBALLOS, ESTANISLAO, El
tratado de alianza, exposición
fyff?""¿¡'<l"f:;:
(••:>««"*•'••••;•/• <". • T', ••Yfíj
disponía que permanecería . en secreto. El gobierno argenti- no ,según Zeballos, no tenía motivo para desprestigiarse con estos misterios si una intención sagaz no le hubiese impul- sado a ello. Otra cláusula que revela la influencia brasileña es el artículo 69 que establecía el compromiso solemne de no deponer las armas sino de común acuerdo "y hasta que no hayan derrocado la autoridad del actual gobierno del Para- guay". Zeballos dice que "la diplomacia argentina se dejó
arrastrar por las pretensiones
del Brasil y consciente o in-
consciente firmó esas cláusulas sorprendentes" 1.
Se produjo la larga lucha que finalizó con el exterminio del ejército paraguayo y la muerte de López- pero en el pro- ceso de liquidación de la guerra chocaron los intereses de la Argentina y Brasil.
puesto que en definitiva ella no habría resuelto nada. Que sostener tal doctrina era asumir ante el país una tremenda responsabilidad, declarándole que su sangre derramada, su tesoro gastado, todos sus sacrificios hechos, no habían teni- do más objeto que volver a poner todo en cuesti�