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Timestamp: 2019-09-18 18:26:29
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Matched Legal Cases: ['artículo 12', 'artículo 45', 'artículo 27', 'artículo 41', 'artículo 27', 'artículo 3']

BOE.es - Documento BOE-A-2016-356
Documento BOE-A-2016-356
«BOE» núm. 12, de 14 de enero de 2016, páginas 2290 a 2294 (5 págs.)
BOE-A-2016-356
El artículo 12 del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana señala que corresponde a la Generalitat velar por la protección y la defensa de la identidad y de los valores e intereses del pueblo valenciano y por el respecto a la diversidad cultural de la Comunitat Valenciana y su patrimonio histórico.
Por su parte, la Ley 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, establece en el artículo 45 que serán declarados bienes inmateriales de interés cultural aquellas actividades, creaciones, conocimientos, prácticas, usos y técnicas que constituyen las manifestaciones más representativas y valiosas de la cultura y las formas de vida tradicionales de los valencianos, así como las tradiciones en sus manifestaciones musicales, artísticas, gastronómicas o de ocio, y en especial aquellas que han sido objeto de transmisión oral, y las que mantienen y potencian el uso del valenciano.
Vistos los informes favorables a la incoación del expediente de declaración de bien de interés cultural inmaterial a favor de las Normas de Castellón, por parte de la Acadèmia Valenciana de la Llengua y de la Subdirección General de Política Lingüística.
Considerando lo que dispone el artículo 27 de la Ley de la Generalitat Valenciana 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte ha resuelto:
Incoar el expediente de declaración como bien de interés cultural inmaterial a favor de las Normas de Castellón.
De conformidad con los artículos 28 y 45 de la Ley de la Generalitat Valenciana 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, determinar los valores del bien que justifican la declaración, describir los detalles que permiten su identificación precisa y definir el ámbito espacial y temporal en el anexo que se adjunta a la resolución, y fijar las normas de protección del bien, estableciendo como medida de protección que la Generalitat velará por el normal desarrollo y la pervivencia de esta manifestación cultural y tutelará la conservación de sus valores. Cualquier cambio que exceda del normal despliegue de los elementos que forman esta manifestación cultural deberá comunicarse a la dirección general competente en materia de patrimonio cultural, para, en su caso, proceder a su autorización administrativa y la consiguiente modificación de la presente declaración.
La vigencia del patrimonio normativo de la lengua está atada indisolublemente a la pervivencia de la lengua, para la que es necesario tanto el compromiso de fidelidad de los hablantes y del conjunto de la sociedad valenciana, como también el reconocimiento institucional.
Esta empresa compartida llega a las autoridades públicas y a la institución académica que, de acuerdo con la legislación, asumen estas responsabilidades. Tiene un papel relevante en este proceso la Acadèmia Valenciana de la Llengua, que, según el artículo 41 del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana es la institución de la Generalitat Valenciana que tiene por función «determinar y elaborar, en su caso, la normativa lingüística del idioma valenciano». En esta tarea, la Acadèmia Valenciana de la Llengua parte de la tradición lexicográfica, literaria, y la realidad lingüística genuina valenciana, así como la normativización consolidada, a partir de las denominadas Normas de Castellón. De hecho, el acuerdo de 1932 ya preveía la necesidad «de ir rectificando y mejorando» las normas aprobadas en aquel momento, una responsabilidad que los firmantes del acuerdo atribuían a las autoridades filológicas y a la novel generación de estudiosos, «a base, naturalmente, de amplios acuerdos». Recogiendo ese espíritu, la Acadèmia Valenciana de la Llengua se ha dirigido en reiteradas ocasiones a todos los valencianos y a todas las valencianas, de cualquier opinión y situación social, para que el patrimonio lingüístico y cultural colectivo sea respetado y promovido, renovando y actualizando el compromiso de fidelidad compartida que dio lugar a las Normas de Castellón.
Las Normas de Castellón comprometen a las instituciones y a la sociedad valenciana entera en las acciones, decisiones y actividades necesarias para conseguir la plenitud de derechos y usos sociales de la lengua y hacer de esta un patrimonio colectivo, al mismo tiempo propio y universal, que se transmite como herencia histórica a las nuevas generaciones de valencianos. La consecución de este objetivo requiere la adopción de planes de actuación y medidas de planificación adecuadas para que la recuperación progresiva del valenciano alcance todos los ámbitos públicos, en un mundo internacionalizado y marcado por las transformaciones en los campos de la comunicación y de los avances tecnológicos.
En cumplimiento de lo que preceptúa el artículo 27.3 de la Ley 4/1998, de 11 de junio, del Patrimonio Cultural Valenciano, se ha de notificar la presente resolución a los interesados, así como comunicarla al Registro General de Bienes de Interés Cultural para la anotación preventiva.
Valencia, 3 de diciembre de 2015.‒ El Conseller de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, Vicent Marzà Ibáñez.
La lengua propia es la más alta manifestación de la personalidad de un pueblo. A lo largo de los siglos, los valencianos se han convertido en depositarios de la herencia de una lengua con una grandeza literaria que, como vehículo de pensamiento, educación y comunicación, está en constante evolución y se enriquece gracias al uso y la fidelidad de sus hablantes. Como resultado de este compromiso, el valenciano constituye el patrimonio lingüístico colectivo que nos caracteriza y hermana.
Este es el espíritu que movió a las entidades y personalidades más representativas del mundo cultural valenciano de comienzo del siglo XX a construir un acuerdo con el objetivo de establecer unas bases para la unificación ortográfica del valenciano. En los meses anteriores y posteriores a la fecha del 21 de diciembre del 1932, escritores, enseñantes, gramáticos, eruditos, empresarios y representantes políticos, junto a varias instituciones y asociaciones cívicas, pusieron en marcha un proceso al que se sumaron diferentes voluntades y sensibilidades culturales e ideológicas en la consecución de un acuerdo lingüístico histórico.
Este acuerdo ortográfico constituía una respuesta a la necesidad de unidad y coherencia de la normativa lingüística para los nuevos retos que se planteaban al valenciano derivados de la necesidad de adaptarse a nuevos usos y registros en el seno de una sociedad moderna que, en el primero tercio del siglo XX, experimentaba unas transformaciones decisivas vinculadas a la extensión de la educación y la alfabetización, y a la edición y a la comunicación oral y escrita en todos los ámbitos.
Más allá de la dimensión estrictamente lingüística y filológica, las Normas de Castellón han desarrollado con el tiempo un valor histórico y sociolingüístico. Así, las Normas de Castellón se presentan como fruto del consenso social, elemento importante en todos los procesos culturales que impulsan el progreso humano. En consecuencia, son percibidas como expresión de estima y fidelidad al valenciano, de un uso consciente y tolerante de la lengua que se renueva y transmite de generación en generación como signo de identidad y de vertebración de la sociedad valenciana.
La instauración de la democracia y la recuperación del autogobierno de los valencianos a través del Estatuto de Autonomía, la legislación que se deriva, la práctica institucional y la creación de una entidad de referencia normativa para el valenciano, han permitido que el acuerdo cívico y el consenso social plasmado en las Normas de Castellón tuviera también un reconocimiento jurídico. Así, el Dictamen del Consejo Valenciano de Cultura sobre la situación social del valenciano y su uso (aprobado el 13-7-1998), que forma parte de la Ley 7/1998, de 16 de septiembre, de la Generalitat Valenciana, de creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, dice: «Las denominadas Normas de Castellón son un hecho histórico que constituyeron y constituyen un consenso necesario. El Consell Valencià de Cultura reivindica el espíritu del acuerdo que las hizo posibles el año 32 y entiende que esas normas han sido el punto de partida, compartido por los valencianos, para la normativización consolidada de nuestra lengua propia. Aquella es un patrimonio lingüístico a preservar y a enriquecer por el ente de referencia normativa que se propone en el apartado que sigue. El ente se basará en la tradición lexicográfica y literaria y la realidad lingüística genuina valenciana.» Una referencia que se concreta en el artículo 3 de la mencionada ley, que establece que «la Acadèmia Valenciana de la Llengua es la institución que tiene por función determinar y elaborar, en su caso, la normativa lingüística del idioma valenciano. Así como, velar por el valenciano partiendo de la tradición lexicográfica, literaria, y la realidad lingüística genuina valenciana, así como la normativización consolidada, a partir de las denominadas Normas de Castellón.»
Además, tal como establece la Acadèmia Valenciana de la Llengua en su Dictamen sobre los principios y criterios para la defensa de la denominación y la entidad del valenciano (acuerdo de 9-2-2005), las Normas de Castellón están reconocidas como una base histórica oficial de los criterios de normativización de la lengua de los valencianos, de su unidad con el habla de los territorios hermanos, y de la riqueza y la dignidad de sus características lingüísticas propias. Este hecho, junto a su consideración como expresión del consenso entre los valencianos y como representación del compromiso de lealtad con la lengua, las convierten en elemento esencial del patrimonio cultural de toda la sociedad valenciana contemporánea.
2.1 Denominación: Las Normas de Castellón.
La denominación «Normas de Castellón» está documentada y extendida desde hace décadas en la sociedad valenciana, y en los ámbitos especializados y profesionales de los estudios filológicos, literarios y de historia cultural. Este nombre subraya la importancia de la capital de la Plana y las comarcas valencianas septentrionales en el proceso de consenso que fructificó en la modernización de la normativa de la lengua, y también refleja el compromiso de personalidades y entidades castellonenses en la memoria, la vigencia y la pervivencia del valenciano.
Otra denominación que tiene una cierta difusión es la de Normas del 32, por el año en que fueran redactadas y aprobadas por los gramáticos, escritores y entidades culturales y valencianistas más relevantes de la época.
Por otro lado, las normas aparecieron reproducidas en las más prestigiosas publicaciones valencianas del momento con otras denominaciones que no han llegado a tener tanta popularidad y difusión: «Bases para la unificación de la ortografía valenciana», título del mecanoscrito conservado en la Biblioteca Valenciana (publicado facsímil por la Acadèmia Valenciana de la Llengua el año 2002); «Normas ortográficas unificadoras», título con que se reprodujeron en la revista «Anales del Centro de Cultura Valenciana» (núm. 15, enero-marzo de 1933, pp. 44-49); «Bases de unificación», nombre con que se publicaron en el «Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura» (cuaderno III, volumen XIV, 1933, pp. 273-280); «Declaración y normas ortográficas», que se publican precediendo al «Vocabulario ortográfico valenciano» de Carles Salvador (publicado por la editorial L’Estel el año 1933), «Normas de ortografía valenciana», título del opúsculo editado por el Ayuntamiento de Valencia para la Fiesta del Libro del 1933 que las contenía (reeditado en facsímil por el mismo Ayuntamiento de Valencia el año 1981); y «Normas de ortografía valenciana, por las entidades valencianistas del antiguo reino», denominación que recibieron en el «Almanaque de Las Provincias para 1934» (pp. 405-409).
2.2 Definición del ámbito temporal y espacial: Las Normas de Castellón se inscriben como una pieza más de un proceso dinámico que se debe inserir en un conjunto patrimonial más amplio, en el contexto de la historia cultural valenciana del siglo XX: Recogiendo las contribuciones y los estudios sobre la ortografía, la gramática y el léxico a cargo de eruditos y gramáticos anteriores o coetáneos (Lluís Fullana, Carles Salvador o Lluís Revest), pero también como punto de partida para los trabajos científicos y los consensos posteriores en la filología y la cultura lingüística valenciana (entre los cuales, las obras de Manuel Sanchis Guarner, Josep Giner, Enric Valor, Francesc Ferrer Pastor o Germà Colón).
El acuerdo social plasmado en las Normas de Castellón permitió generar consensos asociados a la promoción del valenciano y a su transmisión durante la Segunda República en los periódicos y en las revistas especializadas y generalistas, en la producción literaria en todos los géneros, en la mejora de los usos lingüísticos del teatro popular o en las actividades escolares. Las Normas de Castellón continuarán siendo un punto de referencia para la cultura valenciana durante el franquismo, un contexto adverso de discriminación social y legal, a pesar que varios sectores de la sociedad civil renovaran su fidelidad a la lengua con el objetivo de mantenerla y incorporarla a las diversas esferas de la vida social colectiva. Así, hay que destacar las acciones de recuperación literaria y de enseñanza de la lengua puestas en marcha a partir de los años cincuenta, que trascienden al ámbito público y masivo (como los cursos de lengua de Lo Rat Penat, los concursos literarios y los Juegos Florales organizados en varias localidades valencianas, o las expresiones de la cultura popular y representaciones teatrales asociadas a fiestas como las Fallas, los Moros y Cristianos, las Hogueras o la Magdalena); la actividad modernizadora, crítica con el régimen político hostil a la promoción de la lengua, que llevaron a cabo editoriales, empresas periodísticas, asociaciones progresistas y trascendentes movimientos artísticos (singularmente, la Nova Cançó); la tarea de los docentes y pedagogos por incorporar la lengua al sistema educativo (a través de las escuelas de verano y los movimientos de renovación pedagógica); las iniciativas de los centros científicos de referencia de las universidades valencianas, y la fidelidad a la lengua manifestada por los exiliados y emigrantes valencianos por todo el mundo y por el pueblo valenciano en general. Esta amplia actividad cívica continúa desarrollándose en la etapa democrática, en que se suman las prácticas institucionales y pedagógicas desplegadas por la Generalitat Valenciana y otras instituciones locales y provinciales a raíz de la aprobación de la Ley 4/1983, de 23 de noviembre, de Uso y Enseñanza del Valenciano, como también el reconocimiento jurídico.
2.3 Elementos que forman parte del bien:
2.3.1 Elementos muebles: como hemos indicado, se conserva un mecanoscrito de ocho páginas titulado «Bases para la unificación de la ortografía valenciana». Se trata de un borrador mecanografiado de las normas hecha por Lluís Revest Corzo, que envió a Joaquim Reig Rodríguez. Aunque no se trata de la redacción definitiva de las normas, que es la que aparecía con posterioridad en las diversas publicaciones mencionadas («Anales del Centro de Cultura Valenciana», «Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura», edición del Ayuntamiento de Valencia, «Vocabulari ortogràfic valencià» y «Almanaque de Las Provincias»), este mecanoscrito tiene un alto valor simbólico por el hecho de que es el único documento que se conserva que contiene parte de las firmas de adhesión de las personalidades y entidades que suscribieron el acuerdo ortográfico. El mecanoscrito original se conserva en la Biblioteca Valenciana, que lo ha digitalizado y permite la consulta con acceso libre a través de la página web de la Biblioteca Valenciana Digital. Por su parte, la Acadèmia Valenciana de la Llengua hizo una reproducción facsímil el año 2002, con motivo del setenta aniversario de las Normas de Castellón.
2.3.2 Elementos inmuebles: La Casa Martí Matutano ha pasado a ser un lugar asociado a la historia y la memoria de las Normas de Castellón porque fue sede de las reuniones que los promotores de este acuerdo cívico mantuvieron en la capital de la Plana los días 2 y 21 de diciembre de 1932. El edificio es una casa señorial del siglo XVIII, antiguo casalicio de Evarist Escalona, adquirido después por la familia Martí Matutano y, finalmente, por la Diputación de Castellón. La Casa Martí Matutano se estructura en planta baja y entresuelo, más dos plantas superiores. Ocupa el número 25 de la calle Caballeros, esquina con la de Gracia, con una fachada rectangular y sin decoración, balcones a las dos plantas y un mirador incorporado el siglo XX. El año 1931, la casa Martí Matutano pasó a ser la sede de la Sociedad Castellonense de Cultura, razón por la que la primera planta del edificio alojó las reuniones del diciembre de 1932 en que se llegó al acuerdo definitivo de aceptar la normativización mediante el documento que conocemos como Normas de Castellón. Con posterioridad, la casa pasó a ser una vivienda plurifamiliar, hasta que el 1978 la Diputación de Castellón adquiere el edificio para instalar el Museo de Bellas Artes de Castellón, que se inaugura el 1980. El año 2002, el Ayuntamiento de Castellón solicitó a la institución provincial la cesión del inmueble para acoger el Museo Etnológico Municipal de Castellón, que se abre el 2009 después de una importante remodelación del recinto. Por su vinculación a las Normas de Castellón, la Casa Martí Matutano ha pasado a ser uno de los lugares emblemáticos de la ciudad de Castellón. Escenario de varios actos de recuerdo de las normas, actualmente en la fachada hay una placa conmemorativa, colocada por la Asociación Cultural Quatre Vents el 21 de diciembre de 2001.