Source: http://www.vicariadelasolidaridad.cl/taxonomy/term/956
Timestamp: 2020-08-08 06:22:26
Document Index: 397195808

Matched Legal Cases: ['Artículo 30', 'Artículo 29', 'Artículo 28', 'Artículo 27', 'Artículo 26', 'Artículo 25', 'Artículo 24', 'Artículo 23', 'Artículo 22', 'Artículo 21']

Cuentos | Vicaría de la Solidaridad
Los hombres y las mujeres, los niños y las niñas, todos en el pueblo cuidan del árbol que crece justo en medio de la plaza. Cada vez que un nuevo integrante llega al pueblo se lo enseñan: –Este árbol es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dicen. Y luego, le explican qué es un árbol fuerte y con raíces profundas capaces de sostener a todos los hombres, las mujeres, los niños y las niñas del pueblo y de toda la tierra. Un árbol que los días de calor da sombra. Un árbol que los protege del frío y la lluvia. Un árbol que todos juntos deben cuidar.
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Los hombres y las mujeres se reunieron en el parque. Querían tener una huerta donde plantar papas, tomates, zanahorias, cilantro. Tal vez incluso un manzano y un durazno. “Es un sueño hermoso, un sueño bueno”, se decían unos a otros. Vino entonces el rayo de sol y dijo: “creo que ustedes pueden hacerlo”. Vino el pasto verde y dijo: “claro que sí” Vino el viento de la tarde y dijo: “estoy seguro”. Y entonces los hombres y las mujeres se preguntaron: “ cómo lo haremos?” “ Juntos! Lo haremos juntos!” se respondieron a sí mismos. Así que se pusieron manos a la obra.
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La mujer vivía dentro de una casa que quedaba dentro de una calle que quedaba dentro de un pueblo que quedaba dentro de un país.
Y podía estar tranquila porque todas esas cosas estaban ahí para protegerla: de la lluvia, del frío, de los días negros. A la mujer y a las demás mujeres que habitaban la casa, que caminaban por la calle, que habitaban el pueblo y formaban el país.
Lo mejor de todas esas cosas era que protegían también a todos los hombres, los niños y las niñas que habitaban ese país y toda la inmensa Tierra.
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Un hombre toca un piano. Deja la ventana y la puerta abierta para que las notas salgan, vuelen y se acomoden en el corazón de los demás.
Una mujer baila al ritmo del canto del jardín. Grillos, caracoles y saltamontes la miran encantados y cuando lo hacen, también ellos sienten ganas de bailar. Un baile pequeño, un baile de hierba, de ramas, de rayo de sol.
Un niño escribe un poema. Recoge palabras de los cuentos que le contó su abuela, palabras de la tarde en que por primera vez vio el mar, palabras que, antes de nacer, le enseñó su madre.
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Una niña llega. La esperan: un abrigo con flores, una bufanda abrigada, un vaso de leche.
– Son para mí?, pregunta
–Son para ti, responde una voz – Por qué?
– Porque es como debe ser.
Y la niña, el día, los pájaros, toda la tierra se alegraron al escuchar esa respuesta, que es tan importante como la canción que hace dormir a la noche y despierta al día.
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Un hombre se mece en una silla y esa silla le recuerda el columpio en el que jugaba cuando era niño: la cara al viento, los pies cada vez más cerca de la montaña que se veía allá a lo lejos.
Una mujer se tiende en el pasto, mira el cielo y ese cielo lleno de figuras le recuerda los dibujos que cuando era niña hacía en su cuaderno: un gato, un conejo, una tortuga blanca.
Los recuerdos son tibios como mantas.
Y el hombre, la mujer, casi pensaban que los habían olvidado.
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Había una vez un pueblo en el que todos tenían una casa para abrigarse del frío, una cama donde dormir y un plato de comida. Con eso les bastaba y lo mejor era que había para todos.
Hasta que un día a ese pueblo llegó una mujer que solo tenía un vestido, unos zapatos y un sombrero. Nada. Ella no tenía nada más.
Entonces en ese pueblo dijeron que no podía ser, que esa mujer necesitaba una casa, una cama, un plato de comida, como todos los demás. Así que juntos, se pusieron manos a la obra.
Había una vez una mujer, había un pueblo feliz.
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Cuando llegaba un año bisiesto, además de tener un día más, los habitantes del pueblo tenían una importante tarea: elegir al alcalde del pueblo. Esta vez los candidatos eran el abuelo y la abuela. Los niños se encargaron de pegar los carteles que anunciaban el día y el lugar de la votación. Elección de alcalde Dónde? En la plaza Cuándo? El primer domingo de la primavera. Nadie puede olvidar venir! Llegó el día. Las niñas se encargaron de repartir los papeles y los lápices: los que votaban por el abuelo debían dibujar un corazón y los que votaban por la abuela, debían dibujar una estrella.
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