Source: https://www.scribd.com/document/30558551/Los-ninos-en-la-guerra?in_collection=3101229
Timestamp: 2016-10-28 17:31:16
Document Index: 316576465

Matched Legal Cases: ['artículo 77', 'artículo 38', 'artículo 8', 'artículo 37', 'artículo 8', 'artículo 24', 'artículo 39']

BrowseBrowseInterestsBiography & MemoirBusiness & LeadershipFiction & LiteraturePolitics & EconomyHealth & WellnessSociety & CultureHappiness & Self-HelpMystery, Thriller & CrimeHistoryYoung AdultBrowse byBooksAudiobooksComicsSheet MusicBrowse allUploadSign inJoinBooksAudiobooksComicsSheet MusicLos niños en la guerraUploaded by International Committee of the Red Cross7.9K viewsDownloadEmbedDescription: Este folleto analiza los riesgos que afrontan los niños atrapados en los conflictos armados, las medidas que toma el CICR para subvenir a las necesidades propias de la infancia y las normas jurídic...See MoreEste folleto analiza los riesgos que afrontan los niños atrapados en los conflictos armados, las medidas que toma el CICR para subvenir a las necesidades propias de la infancia y las normas jurídicas establecidas en el ámbito de la protección de menores. CICR, Ginebra, 2009, 32 pp., 21 x 30 cm, inglés, francés, español / precio CHF 6.- /ref. 4015 http://www.icrc.org/Web/spa/sitespa0.nsf/html/p4015Copyright: © All Rights ReservedDownload as PDF, TXT or read online from ScribdFlag for inappropriate contentLOS NIÑOS EN LA GUERRATEMAS
Los nombres de todos los niños mencionados en este folleto han sido cambiados para proteger su identidad.
Comité Internacional de la Cruz Roja 19, avenue de la Paix 1202 Ginebra, Suiza T + 41 22 734 60 01 F + 41 22 733 20 57 Correro electr: icrc.gva@icrc.org www.cicr.org © CICR, Noviembre de 2009
Cubierta: Christoph Von Toggenburg/CICR Contracubierta: Claire Kaplun/CICR
Philippe Fichard/CICR
Los conﬂictos aumentan la vulnerabilidad de quienes ya de por sí son vulnerables, principalmente los niños. Un niño necesita los cuidados y la protección de su familia y de su comunidad. Las secuelas de la guerra en los más jóvenes pueden ser devastadoras. En 2008, el número de niños que tuvieron que huir de sus hogares, como refugiados que atravesaron una frontera internacional o como desplazados internos, ascendió a los 18 millones. Los conﬂictos, que hoy en día suelen ser internos, no respetan a nadie. Los niños son encarcelados, violados, mutilados para el resto de sus vidas, e incluso asesinados. Los conﬂictos armados destrozan a las familias, obligando a miles de niños a valerse por sí mismos y a atender a sus hermanos pequeños. La explotación infantil, que suele aumentar durante los conﬂictos armados, puede adoptar diversas formas, como el trabajo forzoso o, en el peor de los casos, la esclavitud. Esta es la suerte que pueden corren los niños reclutados por fuerzas o grupos armados, o los niños que se encuentran detenidos. También puede aumentar el tráﬁco de niños para, por ejemplo, darlos en adopción de manera ilegal. Los niños privados de la protección de sus padres y de otros familiares son quienes corren un mayor riesgo. La pobreza y la pérdida de parientes cercanos llevan a muchas niñas a contraer matrimonios precoces o a prostituirse, y a muchos niños a convertirse en cabezas de familia. El desmoronamiento de los servicios públicos puede limitar el acceso de los niños a la sanidad y la educación. Al menos la mitad del número de niños en edad escolar que no van a la escuela primaria vive en países asolados por un conﬂicto. Además del sufrimiento inmediato, estos niños presentan importantes secuelas psicológicas, como consecuencia de las atrocidades cometidas contra sus seres queridos de las que fueron testigo. Sin embargo, no debemos subestimar la fortaleza de los niños. Unos cuidados bien dirigidos les pueden ayudar a recuperarse, a que dejen de ser víctimas de la guerra y a que tomen las riendas de su vida.
“… se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”. Convención sobre los Derechos del Niño, art. 1
NUESTROS HIJOS SE ESTÁN MURIENDO
“Nuestros hijos mueren en la infancia porque nadie viene a vacunarlos o a curarlos. No tenemos profesores, nuestros hijos no saben leer ni escribir. No juegan en la selva por miedo a los grupos armados que deambulan por Los bienes de carácter civil como las escuelas o los hospitales están protegidos por el DIH; sin embargo, son cada vez más objeto de ataques. En ocasiones, las escuelas se utilizan para dar cobijo a quienes han tenido que abandonar sus hogares. En la región de Mindanao, en el sur de Filipinas, decenas de miles de personas desplazadas por el conﬂicto se alojan en escuelas. En la escuela primaria de Datu Gumbay Piang, Samira Endosan, madre de siete hijos embarazada, estaba preparando café en un aula transformada en dormitorio, cuando, explica, “un trozo de metralla me alcanzó en la espalda”. Ocho personas resultaron heridas, entre ellos tres niños que jugaban delante del aula. Cuando las fuerzas armadas profesionales de un Gobierno o los grupos armados utilizan las escuelas u hospitales, o parte de ellos, para sus propios ﬁnes, no sólo privan a la población civil de atención sanitaria y educación, sino que también los exponen a los ataques del enemigo. El Padre Alberto, un sacerdote católico de Colombia, relata su experiencia: “el pasado mes de febrero, vinieron los soldados y se instalaron en nuestro pequeño internado. Se pusieron a cocinar, a arrojar basura y a ensuciar las clases. Los niños huyeron y sus padres no les dejaron regresar mientras los soldados siguieran allí. Afortunadamente, pude contactarme con el CICR, que habló inmediatamente con el comandante. Las cosas se arreglaron ese mismo día, los soldados limpiaron todo y se marcharon. El comandante se disculpó y prometió que no volvería a ocurrir. Los niños han regresado y se han reanudado las clases. Los padres están contentos al saber que el CICR nos protege”. En los siguientes capítulos se analizan los riesgos más importantes a los que se enfrentan los niños durante un conﬂicto, y se explican algunas de las actuaciones al respecto del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), a partir de ejemplos del terreno, fundamentalmente en situaciones de conﬂicto armado. Sin embargo, las actividades llevadas a cabo por el CICR en otras situaciones de violencia, como la violencia intercomunitaria, son muy similares.
nuestras aldeas. Cuando cumplen 12 años, los tenemos que esconder para que la guerrilla no los reclute como combatientes y el ejército no se los lleve para hacer de guías o de conﬁdentes. Nuestros hijos se asustan con el ruido de los combates y se traumatizan con los desplazamientos. Aun así, seguimos teniendo hijos. Es lo único que le queda a uno cuando ha perdido todo lo demás”. Un indígena en Colombia
Noam, Adi y Amir Maoz pasaron su infancia en un kibutz cerca de la franja de Gaza, desde donde los grupos armados lanzaban misiles. Cuando sonaban las sirenas, tenían 15 segundos para correr hasta el refugio más cercano. “Hubo una época en la que había hasta ocho alertas al día. Era muy difícil estudiar con normalidad. No es algo a lo que uno se acostumbra, siempre te da miedo. En la escuela, algunos niños no pueden dejar de llorar. Muchos tienen pesadillas. A veces, la sirena no nos avisa a tiempo; una vez un misil cayó a sólo cinco metros de nuestra puerta. Había esquirlas por toda la casa, tuvimos suerte de que no nos pasara nada”.
Jeroen Oerlemans/CICR
Carl De Keyzer/CICR
La protección de los niños en tiempo de guerra está refrendada en el derecho internacional humanitario (DIH), vinculante tanto para los Estados como para los grupos armados no gubernamentales. Esta rama del derecho, en la que destacan los Convenios de Ginebra de
QUÉ HACE EL CICR
La misión del CICR es salvaguardar la vida y la dignidad de las víctimas de la guerra y de la violencia interna, acudir en su ayuda cuando sufren y prevenir ese sufrimiento mediante la promoción y el fortalecimiento del derecho y de los principios humanitarios universales. El CICR actúa con imparcialidad para asistir a las víctimas de la guerra y la violencia interna, pero el objeto inmediato de su atención, en cualquier situación, son siempre los más vulnerables. Así, los niños son algunos de los beneﬁciarios de las actividades que el CICR realiza sobre el terreno. El CICR promueve el respeto del DIH durante la instrucción y las sesiones de formación que imparte a las fuerzas y los grupos armados. Recuerda a las partes en un conﬂicto su obligación de permitir en todo momento el acceso humanitario a las personas más necesitadas, especialmente los niños. También vela por que se respete a todos los civiles, en particular a los niños. Para ello organiza campañas públicas, representaciones, elabora carteles y folletos, y difunde anuncios en radio y televisión. Como se indica en este folleto, el CICR también lleva a cabo programas dirigidos especíﬁcamente a los niños, por ejemplo, localiza a los niños y los reúne con sus familiares, realiza actividades para poner ﬁn a la participación de los niños en los conﬂictos armados y, en ocasiones, presta apoyo a los niños que se encuentran detenidos.
1949, sus dos Protocolos adicionales, de 1977 y el Protocolo adicional III, de 2005, conﬁere protección a todas las personas afectadas por los conﬂictos armados y contiene disposiciones referidas especíﬁcamente a los niños. En tanto que civiles, los niños están protegidos por el DIH en dos tipos de situaciones. En primer lugar, si caen en de las fuerzas enemigas se les debe proteger de la muerte y de toda forma de abuso: la tortura y otras formas de maltrato, la violencia sexual, la detención arbitraria, la toma de rehenes o los desplazamientos forzosos. En segundo lugar, en ningún caso podrán ser objeto de ataques. Todo lo contrario, los niños deben ser respetados y protegidos. Muchas de las normas de DIH constituyen derecho consuetudinario y son, pues, vinculantes para las partes en un conﬂicto armado, independientemente de si han ratiﬁcado o no los tratados correspondientes. En los instrumentos de derechos humanos, como la Convención sobre los Derechos del Niño y su Protocolo facultativo relativo a la participación de niños en los conﬂictos armados, del año 2000, se contempla expresamente la necesidad de proteger a los niños de los efectos de los conﬂictos armados.
Jan Powell/CICR
“Era ﬁnales de octubre y estábamos en la escuela mientras mis padres trabajaban las tierras. Los hombres armados nos atacaron y todos huyeron, incluso los profesores. Me fui a casa y encontré a mi hermana pequeña con el bebé a sus espaldas. No sabía dónde estaban mis padres. Los seis niños marchamos a pie hacia Goma, ya que allí se dirigían todos nuestros vecinos. Encontramos refugio en una casa en construcción, y pasamos dos semanas pidiendo algo de comer. Teníamos mucha hambre. Finalmente, algunas mujeres que trabajaban en el mercado local nos trajeron a este refugio para niños perdidos”.
Bahati, un niño de 13 años del este de la República Democrática del Congo (RDC) es uno de los incontables niños separados de sus padres o de las personas que se ocupaban de ellos entre el pánico y el caos provocados por el conﬂicto armado. En la RDC, los casos de los que se tiene conocimiento revelan que un alto porcentaje de familias ha perdido a uno o varios de sus hijos al huir apresuradamente de una amenaza. Los padres no saben si sus hijos están vivos o muertos, y los hijos buscan ayuda desesperadamente. La vida de niños y adultos se ve ensombrecida por la angustia de la separación.
Sea cual fuere la causa inicial de la separación, estos niños pueden ser víctimas de abandono, explotación, abusos, reclutamiento por parte de grupos armados, adopciones ilegales o trata de personas. Las niñas son especialmente vulnerables, especialmente a abusos sexuales y a matrimonios precoces por obligación. En el caso de los bebés y de los niños muy pequeños, lo que está en peligro es su propia supervivencia. Sin el cuidado y la protección de los adultos, pueden morir de hambre o de enfermedades curables como la diarrea. En este tipo de situaciones, muchos niños pequeños,
Evidentemente, el desplazamiento posterior a un conﬂicto, ya sea en el mismo país o al otro lado de la frontera, es uno de los principales motivos de separación de las familias. Las separaciones a causa de los desplazamientos masivos alcanzan cifras desorbitadas, no hay más que ver el ejemplo de las decenas de miles de niños ruandeses separados de sus familias en el decenio de 1990, o la situación vivida en la RDC en los últimos años. Pero las separaciones de familiares también pueden ser voluntarias. Por ejemplo, es habitual que los padres que se encuentran en una situación de extrema pobreza, o que creen que sus hijos no están seguros, los confíen temporalmente a un orfanato, a otros familiares o a vecinos que se encuentran en una situación más holgada, convencidos de que ello mejorará sus posibilidades de supervivencia. Estas soluciones temporales suelen prolongarse en el tiempo, sobre todo si, después de la separación, el niño o la familia han tenido que huir a raíz de un conﬂicto. En algunas situaciones desesperadas, hay padres que dan a sus hijos en adopción con la esperanza de darles un futuro mejor.
a veces de hasta ocho o nueve años, se ven obligados a asumir la función de un adulto, convirtiéndose en cabezas de familia, ocupándose de sus hermanos pequeños o protegiéndoles. Estas familias son sumamente vulnerables a múltiples riesgos: por ejemplo, los niños que proveen el sustento de la familia pueden ser reclutados por un grupo armado u obligados a prostituirse para sobrevivir. Por lo demás, también son un ejemplo de la fortaleza y el ingenio de que pueden ser capaces.
Acogida espontánea
En algunas sociedades, la acogida espontánea puede resultar una solución ad hoc durante una crisis. Es el caso de Suzanne Nyombe, de 51 años, una de las muchas madres de acogida de la RDC: “huía de mi aldea con mis hijos cuando oí el llanto de un bebé en la carretera. Fui a ver y allí estaba, en la cuneta, tendría unos diez meses y estaba rodeado de cadáveres. No podía dejarlo allí, se habría muerto. Así que lo recogí y ahora vive con nosotros en nuestro refugio. La llamamos Jemima”.
Era principios de 2003 cuando la guerra estalló en Bohebly, en Côte d’Ivoire. Tia, una niña de dos años de edad, estaba con un familiar, Delphine, mientras su madre trabajaba en los campos. Delphine y Tia fueron secuestradas y llevadas a la vecina Liberia. Entonces Tia se perdió y, poco después, Delphine regresó sola a su aldea. “Todos pensaban que Tia había muerto”, explica el jefe de la aldea. “¿Cómo iba a sobrevivir una niña pequeña sola en el monte?” “Yo sabía que estaba viva”, responde su madre. “La veía en mis sueños. Nadie me creía, pero yo estaba segura de que algún día la encontraría. Durante todo ese tiempo, una mujer en Liberia crió a Tia como si fuera su propia hija. Como la niña no sabía cómo se llamaba, encontrarla resultó más difícil de lo habitual. Había muchos casos de separaciones y el personal de la Cruz Roja estaba desbordado. Finalmente, se comprobó que el expediente de búsqueda abierto por la familia de Tia en Côte d’Ivoire correspondía con el abierto por la mujer que la cuidó en Liberia. La madre de Tia reconoció a la niña de la fotografía, pese al paso de los años. Una cicatriz en la espalda de Tia fue decisiva en la identiﬁcación. Justo antes de la Navidad de 2007, Tia regresó a su casa, donde la esperaban con los brazos abiertos.
La experiencia demuestra que la mayoría de los niños no acompañados tienen unos padres o unos parientes que están dispuestos y en condiciones de cuidarlos, y además se les puede encontrar. Así pues, la adopción no es una buena solución si existe una probabilidad razonable de localizar y reunir a los familiares. Sólo se debería plantear si resulta la opción más beneﬁciosa para el niño, y siempre con arreglo a la legislación nacional, internacional y al derecho consuetudinario aplicables. Asimismo, siempre tendrán preferencia los familiares cuando dan a un niño en adopción, vivan donde vivan. Si esto fuera inviable, la mejor alternativa es darlo en adopción en la comunidad o, al menos, en la cultura a la que pertenece.
UN PLAN DE ACCIÓN INTEGRAL
La lacra de los niños afectados por los conﬂictos armados es, desde hace tiempo, un tema que preocupa enormemente al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja*. Al adoptar un plan de acción integral, los componentes del Movimiento demostraron su compromiso con esta cuestión. El plan de acción consta de dos compromisos. Promover el principio de no reclutamiento y la no participación en conflictos armados de los menores de 18 años, en particular, promoviendo las normas jurídicas internacionales entre los grupos armados (gubernamentales y no gubernamentales) y concienciando a la sociedad civil de la necesidad de impedir que los niños se alisten en las fuerzas o grupos armados. Adoptar medidas concretas para proteger y ayudar a los niños que han sido víctimas de un conﬂicto armado, en particular, atendiendo las necesidades físicas y psicosociales de los niños que viven con sus familias, así como de los niños no acompañados, y actuando en favor de los niños que hubieran participado en un conﬂicto armado para facilitar su reinserción social.
* El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Movimiento) está formado por el CICR, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional), y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Sociedades Nacionales). Ron Haviv/CICR/VII
La familia y la comunidad suelen proporcionar a los niños la protección más eﬁcaz. La prioridad es, pues, reunir a los niños separados con sus familias y comunidades de origen. Para dar con ellos, el CICR sigue un proceso conocido como “búsqueda”.
La Institución se encuentra en una posición inmejorable a este respecto, ya que colabora con otros componentes del Movimiento. En muchas zonas de conﬂicto, el CICR no sería capaz de reunir a las familias de no ser por esta colaboración de larga data. En todo el mundo, miles de colaboradores y voluntarios especializados de las Sociedades Nacionales están preparados desde el momento en el que estalla un conﬂicto, y permanecen allí cuando el CICR se retira, prosiguiendo la búsqueda de personas desaparecidas.
institución, mientras se trata de localizar a los padres. El objetivo es proporcionar al niño cuidados similares a los de una familia, preferentemente en la misma comunidad a la que pertenece.
Mantener al niño en la comunidad es especialmente importante, ya que el proceso de búsqueda puede llevar años. Es el caso de Amie Foray, diez años de edad. Su abuela recuerda el día en que empezaron los disparos. “Huíamos por el bosque, pero un segundo ataque nos hizo ir en direcciones diferentes”. Era 1997 y Amie tenía cuatro años. Con el paso del tiempo, su familia acabó resignándose y aceptando su muerte. El problema es que la estaban buscando al mismo tiempo otras personas que también habían tenido que huir, lo que complicó el proceso de búsqueda. Finalmente, en octubre de 2007, el CICR logró traer a Amie de vuelta a casa. Toda la aldea asistió al reencuentro entre Amie, ya adolescente, con su madre y su abuela. Ayudar a los niños separados de sus familiares suele ser un compromiso a largo plazo. La búsqueda de familiares supervivientes es un proceso complejo, que suele verse obstaculizado por el conﬂicto en curso, y que puede precisar de la colaboración de las Sociedades Nacionales de diversos países. Un medio especialmente eﬁcaz de restablecer el contacto entre las familias es la radio. Fue gracias a este medio que Bahati, un congoleño de 13 años de edad, y sus hermanos se reunieron con sus padres tras cinco meses de separación.
Buscando a las familias
Las labores de búsqueda comienzan con la rápida identiﬁcación de los niños separados de la persona que se encontraba a su cargo. Cuando esto implica un número masivo de casos, se dará prioridad a quienes corran un mayor riesgo: niños muy pequeños, enfermos y discapacitados, o niños no acompañados de un adulto. Es importante distinguir entre los niños separados que han perdido a la persona que se ocupaba de ellos, pero que están bajo la protección de otro familiar, y los niños no acompañados que se encuentran solos o al cuidado de una persona que no está emparentada con ellos, a menudo, como resultado de una acogida espontánea. En el caso de las familias encabezadas por un niño, la prioridad inmediata es proporcionarles alimentos, vivienda, educación y atención sanitaria. El CICR siempre dará preferencia a soluciones temporales, como la acogida en familias o, en circunstancias excepcionales, el internamiento a corto plazo en una
La reunión no es necesariamente el ﬁn de la historia, sino que puede ser necesario un seguimiento, especialmente tras una separación prolongada, cuando se ha reunido al niño con familiares lejanos, o cuando la familia pasa por una situación muy complicada. También puede ser necesario cuando los niños regresan con hijos propios. Si, tras un período de tiempo razonable, resultara que el niño no tiene ningún familiar con vida que se pueda hacer cargo de él, el CICR, en colaboración con las autoridades o con la Sociedad Nacional y/u otros organismos humanitarios, trataría de encontrar una solución adecuada y duradera.
En virtud del DIH, el CICR tiene el cometido de restablecer el contacto entre familiares separados, lo cual lleva a cabo en estrecha colaboración con la red mundial de Sociedades Nacionales. • El CICR identiﬁca a los niños que se han tenido que separar de sus responsables adultos y registra sus datos. Esta información se difunde entonces a través de la red nacional y, si es necesario, internacional, del Movimiento, se retransmite en los medios de comunicación locales y se publica en lugares públicos. También se suelen sacar y mostrar fotografías en las oﬁcinas de las secciones de la Cruz Roja y en lugares muy concurridos, como los mercados. El CICR también proporciona a las familias la oportunidad de comunicarse entre sí a través del teléfono o, a menudo, intercambiando mensajes de Cruz Roja. • Recibe numerosas solicitudes de padres de hijos desaparecidos como consecuencia de un conﬂicto, otras situaciones de violencia, o de un desplazamiento, tras lo cual emprende inmediatamente el proceso de búsqueda. • Apoya el establecimiento de unidades de búsqueda especializadas en las Sociedades Nacionales de todo el mundo. • Dado el elevado número de civiles víctimas de los conﬂictos, el Movimiento colabora estrechamente con otros organismos humanitarios. • El sitio Web www.FamilyLinks.icrc.org se estableció con el objetivo de restablecer el contacto entre las personas separadas a raíz de los conﬂictos o desastres naturales. Desde 2003, más de 770.000 personas han publicado sus nombres en dicho sitio Web.
Bernt Apeland/CICR
“Hola, están escuchando Gedeon Masumbuko Birindua, en Radio Bobandano. Vamos a dar comienzo a este programa con una lista de búsquedas del CICR. Si ha perdido a su hijo durante un conﬂicto armado, la Cruz Roja le puede ayudar a encontrarlo. Para ello, marque el siguiente número de teléfono: 081 76 83 615. Y ahora vamos a leer esta lista. Nema Bahati, nacida en 1997, de Kibumba, Nema Justine, nacida en 1993…” Desde ﬁnales de 2008, los locutores de cinco emisoras de radio del este de la RDC han leído tres veces al día los nombres de los niños que se perdieron en su huida. Muchos de ellos, separados durante el conﬂicto más reciente, ya se han podido reunir con sus familias. “En un país en el que la gente se mantiene informada a través de pequeños transistores, este es el modo más eﬁcaz de reunir a las familias rotas”, comenta Prosper Sebuhire (CICR, Goma).
El DIH pretende, en primer lugar, analizar las causas de la separación familiar. Prohíbe toda forma de comportamiento que pueda hacer peligrar la unidad familiar, como los desplazamientos forzados o los ataques directos a la población civil. Cuando las familias se tienen que separar a raíz del conﬂicto, el DIH trata de facilitar el contacto entre familiares y su eventual reunión, así como de proporcionar la atención necesaria a los niños afectados. En determinadas circunstancias, se puede alejar temporalmente a los niños de una zona de conﬂicto por su propia seguridad, pero sólo si es en compañía de personas responsables de su seguridad y bienestar Asimismo, la Convención sobre los Derechos del Niño vela por que los niños no acompañados o separados de sus familiares reciban una protección y asistencia especiales, así como alternativas adecuadas, como la acogida, el internamiento en instituciones apropiadas, la kafala1 o la adopción.
1. Un concepto del derecho islámico que podría deﬁnirse como el compromiso voluntario de hacerse cargo de las necesidades, la educación y la protección de un menor, como haría un padre con un hijo. No obstante, la Kafala no crea una relación legal padre-hijo.
Ron Haviv/CICR/VII
NIÑOS QUE PARTICIPAN EN UN CONFLICTO ARMADO
Aunque los niños suelen ser víctimas de la guerra, en ocasiones también participan en los conﬂictos armados. Las fuerzas y los grupos armados han reclutado o utilizado a decenas de miles de niños en al menos 18 países de todo el mundo. Esta práctica ha hecho que la expresión “niños soldado” sea ya de uso corriente.
A menudo desarmados, suelen desempeñar una gran variedad de funciones: cocineros, cargadores, mensajeros, espías, detectores humanos de minas, esclavos sexuales, trabajadores forzosos, incluso terroristas suicidas. Por eso, las organizaciones de socorro preﬁeren referirse a ellos como “niños asociados con las fuerzas o los grupos armados”. Independientemente del caliﬁcativo que se elija, estos niños ponen en riesgo su vida o su salud. Suelen sufrir lesiones graves, discapacidades y secuelas físicas y psicológicas a largo plazo. Su futuro una vez ﬁnalizado el conﬂicto es incierto. Los niños se unen a los grupos armados por diversas razones. Está, por supuesto, el reclutamiento forzoso o, directamente, el secuestro. Jacinata Ayaa tenía ocho años cuando la secuestraron de su aldea en Uganda. “Primero me usaron como niñera pero, cuando cumplí 12 años, tuve que empezar la instrucción como combatiente. Creo que tenía 13 años cuando tuve a mi primer hijo. Poco después, me dispararon dos veces en la misma pierna. Eso me debilitó mucho, pero, así y todo, tuve que seguir caminando, cargando al niño, el arma, y luchando”. Sin embargo, muchos niños se alistan voluntariamente. Las profundas desigualdades sociales, el desgarro social causado por la guerra, la separación de los adultos que los cuidaban, la falta de acceso a la educación y los desplazamientos son algunas de las razones que pueden obligar a los menores a alistarse. La ideología también puede influir en su decisión, cuando la comunidad cree fervientemente en una causa,
o cuando los familiares también son combatientes. Los niños también pueden verse tentados por el poder y la condición de que gozan los portadores de armas. Otro motivo puede ser la venganza por la muerte de un familiar. Estos factores suelen estar relacionados entre sí y se pueden acumular. Akaash recuerda cómo entró a formar parte de un grupo armado en Nepal, con diez años de edad. “Me ofrecieron dinero, un arma y una oportunidad de demostrar que era alguien”. Las niñas no son inmunes a los reclamos que describe Akaash, como ilustra la historia de Furaha, que decidió unirse a un grupo armado en la RDC porque dos de sus amigas ya eran miembros. Tenía 15 años y su función era escoltar a un comandante. “Cuando él iba a luchar, los escoltas también teníamos que combatir. Era muy duro”. Los niños pueden ser muy útiles para los grupos armados. Son más obedientes y más fáciles de manipular que los adultos y, dependiendo de su edad, menos conscientes del peligro que corren. En algunos casos, se obliga a los niños a cometer atrocidades contra sus propias familias o comunidades, para asegurarse de su ciega obediencia y arrancarlos de sus raíces. Que se hayan convertido en verdugos no debe hacernos olvidar que son, ante todo, víctimas. Incluso en circunstancias menos extremas, su reinserción social puede resultar difícil, ya que las familias y las comunidades temen el retorno de alguien a quien ven más como verdugo que como víctima. Las consecuencias pueden ser la estigmatización,
la discriminación o, directamente, el rechazo. Además, la mayoría de estos niños no han ido a la escuela, y la comunidad no siempre valora las capacidades que adquirieron durante su etapa con los actores armados.
El CICR trabaja activamente por prevenir el reclutamiento de niños y ayudarles a través de sus actividades. • Promueve activamente el principio de no reclutamiento y la no participación
El estigma que pesa sobre las niñas suele ser más profundo y prolongarse más en el tiempo. En algunas culturas, el abuso sexual del que pueden haber sido víctimas compromete sus perspectivas de matrimonio. Cuando, como Jacinata Ayaa, de Uganda, regresan siendo madres, tanto ellas como sus hijos van a sufrir el rechazo de la comunidad. Por eso, las niñas suelen evitar registrarse como ex combatientes, volviéndose invisibles, tanto para los programas nacionales de desarme, desmovilización y reintegración (DDR), como para los organismos de socorro. Pero los programas de DDR no suelen tener en cuenta a las niñas por otros motivos: en general, no tienen armas que entregar. Esto signiﬁca que su retorno a la vida civil puede ser sinónimo de marginación, al verse privadas de la asistencia necesaria para reconstruir sus vidas. La desmovilización y la reintegración de los niños son fundamentales para reconstruir las sociedades desgarradas por la violencia. La prioridad es reunirlos con sus familiares y sus comunidades de origen. Hay que reinsertarlos en el sistema educativo y ayudarles a encontrar un trabajo a través de la formación profesional o de proyectos que generen ingresos. Esto es crucial para evitar su marginación, ya que entonces correrían el riesgo de ser reclutados de nuevo.
en conﬂictos armados de los menores de 18 años. Recuerda a los Estados y a los grupos armados sus obligaciones contraídas en virtud del derecho internacional, y propugna la introducción de estos principios en los ordenamientos jurídicos internos. • Cuando han sido heridos o detenidos, los niños se beneﬁcian de las actividades llevadas a cabo por el CICR en favor de los combatientes que se encuentran fuera de combate. • El CICR puede solicitar a las fuerzas o grupos armados que liberen a determinados niños. • Aunque la organización no participa en las negociaciones de DDR, está dispuesta a colaborar para su aplicación. En concreto, reúne a los niños desmovilizados con sus familias y sigue de cerca su evolución, especialmente en regiones que no son accesibles para otros organismos y a las que el CICR sí tiene acceso. • El CICR coopera con las Sociedades Nacionales y consulta o colabora con la Federación Internacional para ayudar a atender las necesidades físicas y psicológicas de los niños y niñas que han participado en los conﬂictos armados y facilitar su reinserción, como en Sierra Leona y en Liberia, por citar dos ejemplos.
“Fue en 2003, yo tenía 11 años. Íbamos andando por la carretera y nos encontramos con unos desconocidos que iban armados. Nos dijeron que no corriéramos. Mi madre corrió y la mataron de un tiro delante de mí. Me dieron un arma y me enseñaron a disparar. En el frente, una bala me alcanzó en el brazo. Cuando capturaban a un enemigo, me apuntaban con un arma y me ordenaban que lo matara y yo así lo hacía. Si no obedecía, me habrían matado en el acto, como vi que hacían con otros niños. Durante la guerra, mi padre resultó herido y todos mis hermanos y hermanas murieron. Ahora vivo solo con mi padre, que está muy enfermo. Terminada la guerra, solicité el programa de defensa y rehabilitación de los niños, y fui seleccionado. A pesar de todo lo que he tenido que pasar, veo el futuro con optimismo. Creo que seré una buena persona. Liberia tendrá un futuro prometedor siempre y cuando no vuelva a estallar una guerra. La guerra lo destruye todo. He perdido a mi familia, mi infancia, y ya no las podré recuperar”. Oliver, el protagonista de esta historia, tiene ahora 17 años. Está aprendiendo albañilería en el centro de defensa y rehabilitación de los niños de Monrovia, junto con otros 150 niños y jóvenes víctimas de la guerra en Liberia. El proyecto está dirigido por la Cruz Roja Nacional de Liberia con el apoyo del CICR. Oliver es uno de los mejores aprendices de albañil del centro.
Cyprien tenía nueve años cuando se ofreció voluntario para unirse a un grupo armado en la parte oriental de la RDC. “Mi madre siempre me estaba regañando, estaba harto”. Seis años después, el CICR le trajo de vuelta a casa. Está feliz, aunque un poco preocupado por su futuro. “Como combatientes, tenemos todo lo que queremos, pero ahora, después de todos estos años, vuelvo con las manos vacías. No sé de qué voy a vivir”. Jean, que regresó al mismo tiempo, no alberga esas dudas: “Estoy muy contento de regresar a casa. Fui un niño soldado durante menos de un año, pero no me gustaba, porque no podía estar con mi familia. No creo que vuelva nunca”.
En los Protocolos I y II adicionales a los Convenios de Ginebra de 1949 se prohíbe el reclutamiento y la participación en las hostilidades de los niños menores de 15 años. En los conflictos armados internacionales, cuando los Estados recluten a niños de entre 15 y 18 años, deben dar prioridad a los de mayor edad (Protocolo adicional I, artículo 77). El artículo 38 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), aplicable tanto en los conﬂictos armados internacionales como en los no internacionales, también contempla formas de protección similares. El Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados (2000) eleva a 18 años la edad mínima para el posible reclutamiento y participación de los niños en las hostilidades, aunque contempla algunas excepciones. Está prohibido el reclutamiento forzoso de los menores de 18 años en las fuerzas armadas de un Estado. La edad de reclutamiento voluntario se elevará de los 15 años. Asimismo, los Estados tienen la obligación de adoptar todas las medidas posibles para que ningún miembro de sus fuerzas armadas menor de 18 años participe directamente en hostilidades. El Protocolo facultativo también prohíbe en toda circunstancia que los grupos armados no gubernamentales “recluten o utilicen en hostilidades a menores de 18 años”. Los niños que hayan sido desmovilizados recibirán toda la asistencia conveniente para su recuperación física y psicológica y su reinserción social. Reclutar o alistar a niños menores de 15 años en las fuerzas armadas nacionales o utilizarlos para participar activamente en las hostilidades constituye también un crimen de guerra con arreglo al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (artículo 8).
LOS NIÑOS Y LA DETENCIÓN
Cuando los niños se encuentran en prisión, peligran su bienestar y seguridad. Hay muchas razones por las que se detiene a niños en época de conﬂicto. En muchos casos, es consecuencia directa de su asociación con las fuerzas armadas estatales o los grupos no gubernamentales. El aumento del número de niños detenidos suele ser consecuencia directa de su participación activa en las hostilidades. La proliferación de la violencia de las bandas también ha llevado a la detención de numerosos jóvenes. Muchos niños acaban en la cárcel como consecuencia de la ruptura social provocada por el conﬂicto.
Sean cuales sean las razones de su detención, los niños tienen derecho a una atención y protección especíﬁcas. La separación de sus familiares es una privación que genera un profundo daño emocional. Pueden ser víctima de abusos físicos o psicológicos, o utilizados como mano de obra barata para trabajar en los campos y limpiar. La mayoría no ha ido a la escuela. Si a esto añadimos el riesgo de caer en manos de delincuentes habituales, sus oportunidades de reinsertarse en la sociedad se ven seriamente mermadas. Niños y niñas deben estar separados entre sí en los centros de detención y, lo que es más importante, separados de los adultos, a menos que se trate de familiares, o cuando sea necesario para su bienestar que estén acompañados de adultos, especialmente de mujeres. Los niños deberían recibir un alojamiento, alimentación, agua potable y sanidad (reconocimientos médicos y vacunas) de la mejor calidad posibles, y realizar actividades de ocio. Tienen derecho a una educación y formación profesional. Es totalmente inaceptable encarcelar a un niño durante años a la espera de juicio; sin embargo, con demasiada
frecuencia, los niños no son conscientes de sus derechos y pueden sufrir detenciones prolongadas. En ocasiones, los niños se encuentran detenidos simplemente porque sus madres u otros familiares lo están. En el caso de los niños muy pequeños, esto puede ser aceptable ya que, generalmente, redunda en interés del niño estar cerca de su madre. Las alternativas, por ejemplo, la vida en un orfanato o no tener contacto con la madre, pueden ser contraproducentes. En el caso de los niños mayores, estar detenidos con sus madres u otros familiares les proporciona una protección tanto física como emocional, especialmente cuando no tienen otros familiares que se puedan hacer cargo de ellos, o cuando sufren el estigma y el maltrato de su comunidad o familia extensa por la detención de su progenitor. Sin embargo, la cárcel no es un lugar para crecer, y es evidente que vivir allí tiene muchos inconvenientes. Aunque las soluciones pueden variar de un caso a otro, se debería tener siempre en cuenta el interés superior del niño antes de tomar una decisión.
Sandra, una guerrillera colombiana, es una de estas madres que se encuentran en prisión. “Una amiga mía que está fuera de la cárcel se ocupa de mi hija que tiene ocho años. Estaba embarazada de tres meses cuando me apresaron, y mi hijo de dos años vive conmigo. Por las mañanas, va a la guardería de la prisión y, por la tarde, juega con otros seis niños en el patio. Para mi familia es complicado venir a visitarme aquí a Bogotá y, cuando nos visitan nuestros hijos, sólo podemos pasar unas cinco horas al mes con ellos. Estar separado de un hijo es muy duro”. Es fundamental para el bienestar psicológico de los niños poder ver a sus padres, ya sea el niño o el padre el que está detenido o, a veces, incluso ambos. Khaled, un niño afgano de 13 años de edad, lleva detenido en Irak desde los 11. Sus padres se encuentran en otro centro de detención iraquí. Gracias a la intervención del CICR, las autoridades están organizando una visita intra muros entre él y su madre. Khaled ha aprendido árabe y ahora se expresa a la perfección en ese idioma.
UNA EDUCACIÓN ENTRE REJAS
El centro de detención de menores de Kandahar es una pequeña casa situada cerca de la famosa Mezquita Roja. A cualquier hora del día se puede ver a los 20 jóvenes que se encuentran allí alojados leyendo, ensartando abalorios o entreteniéndose con juegos de mesa. Durante el día, asisten a clase con un profesor y un sastre que les enseña a confeccionar ropa típica de la zona. Sólo cuatro de ellos se encuentran allí como resultado de los combates. Pero el director del centro de detención, el Dr. Saleh Muhammad, está convencido de que ninguno de ellos estaría allí de no ser por la guerra: “Casi todos estos pobres niños están aquí por hurto. Sus padres no pueden mantenerlos, ¿qué otra cosa pueden hacer?”. Jamil tiene 15 años y ha podido retomar sus estudios en el centro. “Este centro es casi como estar en casa, aunque sin nuestra familia”. El Dr. Muhammad espera que con educación y una buena inﬂuencia mejoren las perspectivas de futuro de estos niños. Este centro cuenta con el apoyo del CICR
Los padres de Gazala, una niña de ocho años de Belén, en Cisjordania, están detenidos en distintas cárceles israelíes. “La vida es dura y difícil”, explica. “Mi abuela, con quien vivo ahora, trata de darme el cariño que mis padres no me pueden dar, pero no logro olvidar sus caras, los necesito a cada momento. No hay día en que no los eche de menos y llore por estar separada de ellos”. Un programa de visitas familiares del CICR permite a Gazala y a sus abuelos visitar a sus familiares detenidos. Hasta la fecha, este programa ha posibilitado que entre 12.000 y 16.000 palestinos de Cisjordania visiten a sus seres queridos.
Como parte de su cometido humanitario, el CICR visita cada año a más de medio millón de detenidos en más de 70 países; 33.000 de ellos se beneﬁcian del programa de visitas familiares del CICR. En 2008, el CICR visitó individualmente a 1.500 menores. La organización trabaja para supervisar y mejorar las condiciones de detención dialogando de manera periódica y conﬁdencial con las autoridades
Giacomo Pirozzi/Panos
competentes. Los niños y niñas detenidos, así como las madres de niños pequeños constituyen el grupo prioritario. El CICR vela por la seguridad física y psicológica del niño, así como por su futuro, de diversas formas: • Identiﬁca y registra los datos de los niños detenidos. • Permite a los niños y niñas detenidos y a los hijos de otras personas que se encuentran en prisión mantener un contacto asiduo con sus familiares. Facilita las visitas de familiares y las conversaciones telefónicas, y pone su servicio de mensajes familiares a disposición de los detenidos. Mantener el contacto favorece el bienestar psicológico de todas las personas afectadas y facilita su reinserción social una vez en libertad. • Sus delegados supervisan las condiciones materiales de detención y realizan un seguimiento individual de los detenidos. Comprueban si la infraestructura es adecuada y si los detenidos disponen de suﬁciente espacio, luz y aire fresco, prestando una atención especial a los menores. • Vela por que se atiendan las necesidades básicas de los detenidos: una alimentación adecuada, agua, ropa, atención médica (especialmente en materia de vacunación), educación, oferta de actividades de ocio y artículos para bebés. • Entre las actividades llevadas a cabo por el CICR para mejorar las condiciones sanitarias de los detenidos destacan las labores de mantenimiento, renovación o construcción en los centros de detención. La organización tiene siempre en consideración las necesidades de las mujeres y los niños; por ejemplo, apoya la construcción de estancias separadas o de instalaciones adecuadas para las mujeres con bebés o niños pequeños. • Determina si es conveniente para el niño permanecer con sus familiares. En caso contrario, recomienda que se le separe de los detenidos adultos, ya sea enviándolos a centros especíﬁcos para niños y/o adolescentes o a un lugar distinto dentro de la institución en la que se encuentran recluidos los adultos. También trata de persuadir a las autoridades para que las niñas detenidas sean custodiadas por guardias de su mismo sexo. • Trata de persuadir a las autoridades para que ofrezcan asistencia jurídica a los niños detenidos y acelere sus procesos judiciales. Trabaja con las autoridades nacionales para mejorar la legislación aplicable a los niños detenidos.
El DIH establece que toda persona privada de libertad debe ser tratada con humanidad en toda circunstancia. Actos como el asesinato, la tortura, los tratos crueles o inhumanos, los castigos corporales y la mutilación están prohibidos, tanto contra los adultos como contra los niños. Asimismo, el DIH prevé que los niños privados de libertad reciban una protección y un trato especiales acorde con su edad. En particular, deben estar separados de los adultos, excepto en los casos en que una misma familia está detenida como unidad. También se prohíbe imponer o ejecutar una pena de muerte a una persona menor de 18 años en el momento de cometer el delito. Los Estados Partes en la Convención sobre los Derechos del Niño acordaron que los niños sólo podrán ser detenidos como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda (artículo 37).
Manou, que tenía diez años cuando ocurrió todo, y su hermana Chance, de seis años, estaban trabajando en la huerta de su familia, en la RDC, cuando llegaron los hombres armados. Algunos intentaron agredir sexualmente a Manou, que llevaba un vestido. Cuando se dieron cuenta de que era un niño, empezaron a golpearlo, mientras los demás hombres violaban a Chance. Cuando su madre los encontró, Chance tenía las piernas paralizadas y Manou sufría los efectos de la paliza: estaba gravemente herido y acabó desarrollando una grave infección en el abdomen.
Esta dura historia no es la única. La incidencia de la violación y otras formas de violencia sexual aumenta drásticamente en época de conﬂicto, y las mujeres adultas no son las únicas víctimas. Se calcula que, en la RDC, una de cada dos víctimas es menor de edad. La violación puede ser un método de guerra utilizado por los grupos armados para torturar, herir, extraer información, degradar, desplazar, intimidar, castigar o simplemente destruir el tejido social de la comunidad. La mera amenaza de la violencia sexual puede llevar a comunidades enteras a huir de sus hogares. El Dr Tharcisse Synga, de la RDC, que trata a muchas víctimas de violaciones, no tiene dudas: “La violencia sexual es un barómetro de la guerra. Si se intensiﬁcan los combates, aumenta también la violencia sexual. Los grupos armados utilizan este método contra el adversario, del que no se libran ni siquiera los niños”. El desplazamiento, la miseria o la separación de las personas que los cuidan vuelve a los niños sumamente vulnerables: la explotación sexual es uno de los principales riesgos. En ocasiones, los niños tienen que recurrir a la prostitución para sobrevivir. La práctica que se sigue en algunas sociedades de entregar en matrimonio a niñas pequeñas o muy pequeñas se puede ver exacerbada por la situación de pobreza extrema que suele imperar tras una guerra. Todas estas niñas pueden sufrir embarazos precoces que pueden ocasionar complicaciones médicas y originarles incluso la muerte. La suerte de los niños nacidos de una violación también puede ser nefasta: en estos casos, los familiares pueden rechazar o incluso matar al bebé. Las víctimas del abuso sexual también corren el riesgo de contraer el VIH/sida y otras enfermedades de transmisión sexual.
En Irak, décadas de conﬂicto han dejado a millones de niños sin padre. Las consecuencias para los niños pueden ser distintas que para las niñas, aunque igualmente funestas. Amal, una iraquí que enviudó dos veces a causa de la guerra, tuvo que dar a su hija de 11 años en matrimonio a un hombre más de 20 años mayor. Era su hija más pequeña. “Sé que hice mal”, explica Amal, “pero no tenía alternativa. Tenía cuatro hijas, una de ellas enferma mental ¡Tantas noches me iba a dormir con el estómago vacío! En 2008, un hombre me propuso matrimonio, pero no quiso aceptar a mi hija enferma mental. Poco después, un hombre rico le propuso matrimonio a mi hija de 11 años, ofreciéndose a alojar también a su hermana enferma. Yo acepté porque era una solución para todas nosotras. Pero meses después de la boda, mi hija de 11 años me contó que su marido estaba violando a su hermana. Por vergüenza y miedo al escándalo y a que mi actual marido me echara a la calle si mi hija se divorciaba, le pedí que tuviera la boca cerrada. Lo único que pude hacer fue llevar a mi hija enferma a un refugio. A mi otra hija la dejé con un violador”. Mientras las niñas pueden verse forzadas a contraer matrimonios precoces, los niños se ven obligados a mantener a su familia a una edad en la que deberían estar en la escuela primaria. Ibraheem tenía sólo nueve años cuando empezó a vender mercancía en las calles de una ciudad del sur de Irak. “En 2008, perdí a mi padre en un tiroteo”. Desde entonces, me he tenido que hacer cargo de mi madre y mis tres hermanas. Ellas no trabajan, se tienen que quedar en casa. En nuestra sociedad, los hombres tienen que mantener
El DIH prevé que toda persona que se encuentre en poder de una parte en un conﬂicto armado sea tratada con humanidad en toda circunstancia. Más concretamente, protege a estas personas de todo atentado contra su dignidad personal, en particular, los tratos humillantes y degradantes, la violación, la prostitución forzada y cualquier forma de atentado al pudor.
Wojtek Lembryk/CICR
El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional reconoce como crímenes de guerra cometer actos de violación o cualquier otra forma de violencia sexual que constituya también una infracción grave de los Convenios de Ginebra, tanto en los conﬂictos armados internacionales como en los no internacionales (artículo 8).
a las mujeres, así que dejé el colegio y mi sueño de ser médico. Cada día, tengo que traer algo de comer y, a ﬁn de mes, tiene que haber suﬁciente dinero para pagar el alquiler, de lo contrario la comunidad me juzgará y dejaré de ser el hombre de la casa a ojos de mi madre”.
El CICR ha adoptado una estrategia exhaustiva que contempla tanto la acción preventiva como la asistencia a las víctimas. • En sus programas de formación en DIH para las fuerzas y grupos armados, el CICR recalca la prohibición de la violencia sexual y propugna su inclusión en la legislación o en los reglamentos internos. • A través de sus campañas, representaciones, carteles, folletos y otras actividades de sensibilización, el CICR trabaja para prevenir la violencia sexual, recalcando las víctimas. Las campañas sirven para concienciar a la gente sobre este problema, ayudar a romper tabúes e informar a las víctimas de los servicios que tienen a su disposición. • Se están llevando a cabo campañas similares para recordar a las autoridades, los actores armados y el gran público otras cuestiones relacionadas con el DIH, como la necesidad de preservar a la población civil en un conﬂicto. El CICR efectúa llamamientos constantemente recordando los derechos de la población civil, incluidos los niños, y proporciona ayuda ﬁnanciera y material a las víctimas de la guerra por diversos canales. • Las víctimas de la violencia sexual requieren una atención médica inmediata, que pueden recibir en los centros de salud con los que colabora el CICR: les suministra medicamentos y equipamiento médico, forma al personal, realiza labores de reparación, etc. • El CICR imparte formación psicosocial a voluntarios de la comunidad para que puedan asesorar a las víctimas y mediar entre estas y sus familiares. En la RDC oriental, por ejemplo, se han establecido “casas de escucha” para las víctimas de la violencia sexual. • El personal del CICR documenta supuestos casos de violencia sexual, los denuncia a las autoridades y las exhorta a que tomen medidas. Birendra Yadav perdió a sus padres cuando tenía 12 años. Cuando su hermano mayor perdió la vida en el conﬂicto, Birendra se quedó solo. Por eso, el CICR seleccionó a este niño como uno de los beneﬁciarios de un proyecto de generación de ingresos que dirige junto a la Cruz Roja Nepalesa. El objetivo del proyecto es generar ingresos mejorando los medios de producción de las familias cuyos modos de subsistencia se vieron gravemente mermados por el conﬂicto. Birendra espera ahora entrar en un centro de formación informática y sueña con el día en el que podrá abrir su propio centro.
siempre que se trata de un crimen muy grave con terribles repercusiones para
Las guerras actuales no respetan siquiera a los niños, que resultan heridos, mutilados o muertos. Pero también los perjudica en muchos otros sentidos. Una de las consecuencias indirectas de los conﬂictos armados es el deterioro de las infraestructuras básicas, que se quedan obsoletas. Disminuye el acceso a los servicios sanitarios y a las medicinas y, en ocasiones, se viene abajo todo el sistema sanitario.
Las necesidades superan con creces a los recursos existentes. Los Estados y los municipios disponen de mucho menos dinero para invertir en servicios sanitarios básicos, como los programas de vacunación y los centros materno-infantiles. La diﬁcultad de acceder a regiones oprimidas por la violencia es otra de las causas del fracaso de las campañas de vacunación. Las consecuencias pueden ser nefastas, por ejemplo, un brote de sarampión o meningitis, sobre todo en un lugar atestado de gente, como los campamentos de refugiados o de personas desplazadas, puede ser mortal. En la guerra, una enfermedad común puede resultar letal.
su trabajo en el campo la agotaba y tenía otros tres niños pequeños que alimentar: ya no tenía medios para sacar adelante a este bebé. Durante los últimos 30 años, Afganistán ha venido soportando un conﬂicto tras otro. Uno de los pediatras que trabajan para el CICR dice: “La situación se ha visto exacerbada por la gravedad de las enfermedades infantiles. El factor más importante, con diferencia, es la desnutrición, que aumenta la morbilidad y mortalidad infantil. De este modo, las enfermedades comunes se agravan a causa de la desnutrición”. Los recién nacidos, así como las mujeres embarazadas,
Muchos médicos y enfermeras huyen de la violencia y el caos. En ocasiones, los dispensarios y los hospitales son objeto de ataques por los combatientes. La diﬁcultad de acceder al agua potable suele ser un grave problema y provocar enfermedades como la diarrea, que puede ser letal en los niños pequeños. A menudo, las familias empobrecidas no pueden permitirse recibir atención sanitaria. La pobreza genera desnutrición, que atroﬁa el crecimiento y debilita el sistema inmunológico, volviendo a los niños más vulnerables a las enfermedades. Cuando Barakissa Ouattara, de cinco meses, llegó al centro de nutrición local de la Cruz Roja, en el norte de Côte d’Ivoire, pesaba sólo un kilo. El director del centro lo recuerda: “Su madre también estaba muy delgada y no la podía alimentar como es debido”. Las escasas cosechas apenas dejaban excedentes para vender,
corren un mayor riesgo cuando la infraestructura sanitaria se vuelve inaccesible o carece de materiales básicos como algodón o una cuchilla limpia con la que cortar el cordón umbilical. Ya en circunstancias normales, el embarazo y el parto son las principales causas de mortalidad en los países en vías de desarrollo, por lo que, en época de conflicto, la situación se agrava exponencialmente.
Amina tiene diez años. Recuerda el día en que estaba jugando con sus amigos en la pequeña ciudad del noroeste de Pakistán en la que vivía. “De repente, estalló una bomba. Todavía no sé de dónde vino la explosión”. Sus piernas quedaron cubiertas de metralla. En el dispensario local, se le infectaron las heridas. Su padre la llevó al hospital quirúrgico del CICR para los heridos por armas, en Peshawar. Tras dos operaciones en las que se le extrajo la metralla, Amina se está recuperando y aprendiendo a caminar de nuevo. Cuando se le pregunta qué quiere ser cuando sea mayor, una tímida sonrisa se le dibuja en el rostro: “Profesora”. Casi la mitad de los civiles heridos de guerra a los que atiende el CICR en Peshawar son mujeres o niños.
UN MÉDICO RECUERDA
Said Abu Hasna, un médico de la Media Luna Roja de Qatar que se encontraba en misión con el CICR, atendía a los heridos en el hospital de Shifa, en la ciudad de Gaza, durante la incursión militar israelí de 2009: “Nunca había visto nada similar. Había momentos en que no podía reprimir las lágrimas. Recuerdo especialmente a Bissan, una niña de ocho años. La ingresaron en la unidad de cuidados intensivos. Había perdido a su hermano y a otros familiares, sufría graves heridas y su situación era crítica. Sólo tres días después recobró la conciencia. Cuando abrió los ojos una amplia sonrisa le iluminó la cara. Su coraje me dejó sin palabras.
De conformidad con el DIH, cuando se priva a la población civil de lo esencial para su supervivencia, como los alimentos, el agua, o la atención médica, se deberá iniciar una operación de socorro. Cada parte en un conﬂicto armado deberá permitir y facilitar dichas operaciones siempre y cuando sean humanitarias, imparciales y llevadas a cabo sin distinción alguna de carácter desfavorable. El DIH dispone que los heridos y enfermos deberán ser respetados, protegidos y tratados con humanidad. Se les deberá brindar la atención y asistencia médicas necesarias, y se protegerá y respetará al personal sanitario y al personal de socorro humanitario. En virtud de la Convención sobre los Derechos del Niño, los Estados Partes han reconocido también el derecho de los menores “al disfrute del más alto nivel posible de salud”. La Convención también insta a los Estados Partes a adoptar las medidas apropiadas para “asegurar la prestación de la asistencia médica y la atención sanitaria que sean necesarias”, así como a combatir las enfermedades y la malnutrición (artículo 24).
• La atención materno infantil es una prioridad para el CICR. El apoyo a las infraestructuras locales de salud se dirige, en primer lugar, a mejorar la atención primaria materno infantil y los servicios quirúrgicos, ginecoobstétricos y pediátricos de urgencia. El CICR imparte formación a nivel local a las enfermeras, médicos y otros miembros del personal sanitario. Proporciona equipamiento, suministros médicos y medicamentos. • Organiza distribuciones periódicas de paquetes para bebés que contienen artículos de higiene y otros productos para el cuidado infantil. • El CICR ayuda a formar al personal sanitario femenino, especialmente en las sociedades en las que constituye un tabú que mujeres y niñas estén en compañía de hombres que no sean parientes suyos, ni siquiera si se trata del personal sanitario. Si es necesario, puede sufragar los gastos de transporte de las mujeres y las personas que estén a su cargo para que puedan acudir a centros en los que les atiendan mujeres. • Por norma, el CICR apoya las infraestructuras locales de sus socios privilegiados, es decir, las Sociedades Nacionales, aunque también puede colaborar con otros centros sanitarios. En situaciones de emergencia, el CICR puede atender directamente a los heridos (por ejemplo, practicando operaciones) o prestar atención primaria a la población. • El CICR apoya los programas de inmunización. • El acceso al agua potable y al saneamiento es fundamental para la salud. Los ingenieros del CICR instalan estructuras de distribución de agua como depósitos plegables, reparan los sistemas de abastecimiento existentes y construyen letrinas en los centros colectivos. • Colabora con los centros de alimentación terapeútica para ayudar a los niños desnutridos, y también puede ayudar a las madres de estos niños. Dados los riesgos relacionados con el uso de la leche en polvo en las operaciones de socorro, y en consonancia con la política de promoción de la lactancia materna de la OMS, el CICR restringió en 1984 el uso de la leche en polvo al tratamiento de la desnutrición.
Diya tenía tres años y medio cuando él y su padre fueron secuestrados en Irak. Para quebrantar a su padre, los secuestradores torturaron a Diya, mientras su padre escuchaba sus gritos en un cuarto adyacente. Diya todavía conserva las cicatrices en la cabeza. Come poco, tiene pesadillas, es hiperactivo y se orina en la cama. Vive con el temor constante a los “ladrones” y, por la noche, sólo se duerme si le dejan abrazarse a la pierna de su padre. 1
Los niños sufren o son testigos de atrocidades durante los conﬂictos: la niña que tuvo que ver cómo violaban a su madre, los niños que vieron cómo golpeaban y se llevaban a su padre para no regresar nunca; los que tuvieron que huir de sus hogares cuando empezaron a caer las bombas; o el niño de 14 años que tuvo que pasar por encima de los cadáveres de su padre y sus hermanos para salir de las ruinas de su casa. Estos niños quedan marcados por el miedo para toda la vida, y pierden conﬁanza en la capacidad de los adultos de protegerlos. Desde Filipinas hasta el Líbano, las madres cuentan relatos similares: “Cuando hay tormenta, los niños se ponen a gritar porque creen que han vuelto a empezar los bombardeos”. En Chechenia, Zukhra tenía ocho meses cuando su madre, que la llevaba en brazos, perdió la vida en un tiroteo. Zukhra yació en la calle durante horas, con las balas silbando a su alrededor, hasta que alguien acudió en su ayuda. Ahora tiene siete años pero todavía no articula palabra, aunque los exámenes clínicos no han revelado anomalía física o psicológica alguna. Los niños que se han visto obligados a cometer atrocidades cuando portaban armas tienen muchas probabilidades de sufrir secuelas psicológicas, al igual que los niños de 10 años que se tienen que hacer cargo de sus familiares. Los daños psicológicos se maniﬁestan de diversas formas: físicamente (dolores de estómago y de cabeza), trastornos del comportamiento (aislamiento, agresividad contra personas u objetos), diﬁcultades de aprendizaje, incontinencia durante el sueño, diﬁcultades con el idioma, etc.
La infancia y la adolescencia son etapas críticas en el desarrollo psicológico de una persona, y una experiencia traumática durante esos períodos puede tener consecuencias duraderas. Sin embargo, los niños tienen una gran fortaleza y una capacidad sorprendente para recuperarse de un trauma. “Efectivamente, los niños poseen una capacidad natural, aunque variable, de adaptarse a los cambios en su entorno. Esto dependerá de diversos factores, como su edad, sus aptitudes personales y las características de su entorno social y emocional. La capacidad de recuperarse de una situación o experiencia traumática puede variar de un niño a otro, por lo que habrá que brindarles una asistencia personalizada”, explica Laurence De Barros-Duchene, coordinadora de salud mental del CICR. En raras ocasiones, los casos de trauma requieren atención psicológica. En los países asolados por un conflicto, los organismos humanitarios prefieren utilizar una estrategia que tenga en cuenta a toda la comunidad y no a cada individuo por separado. Se trata de crear las condiciones más favorables para que las víctimas se recuperen por sí mismas. Generalmente, basta con restaurar una cierta normalidad: prestando atención y cuidados, satisfaciendo las necesidades básicas, restableciendo la rutina y las estructuras habituales, ofreciendo actividades de ocio (representaciones de teatro, simulaciones, juegos, deportes, dibujos…). En algunas sociedades, los rituales tradicionales pueden ser de gran ayuda, especialmente para reintegrar a los niños vinculados con las fuerzas y grupos armados.
1. Este niño iraquí y su familia son ahora refugiados en Líbano. Él está recibiendo tratamiento a través de un proyecto del ACNUR.
En algunos casos, el sufrimiento psicológico puede ser tan intenso que requiere una atención más personalizada. Es el caso de los familiares de desaparecidos, que viven en un continuo estado de incertidumbre, sin poder llorar la muerte de sus de situaciones, los niños son muy susceptibles a las emociones que se viven en su círculo familiar, incluso cuando se les oculta la verdad para que no sufran, lo cual constituye un error que puede incluso llevarles a desarrollar un sentimiento de culpa. El CICR atiende las necesidades de algunos familiares de personas desaparecidas brindándoles apoyo psicológico, entre otras cosas.
seres queridos, cuya suerte desconocen. En este tipo
El artículo 39 de la Convención sobre los Derechos del Niño establece que “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica, así como la reintegración social de todo niño víctima de: cualquier forma de abandono, explotación o abuso; tortura u otras formas de
• Contribuye a los programas dirigidos por las Sociedades Nacionales de apoyo psicológico a los niños que son víctimas de un conﬂicto armado. Por ejemplo, cooperó con la Media Luna Roja Argelina cuando esta lanzó un programa de apoyo psicológico dirigido a miles de jóvenes víctimas de la violencia. Actualmente, el CICR colabora con un proyecto puesto en marcha por la sección chechena de la Sociedad de la Cruz Roja de Rusia para construir salas de recreo infantiles. • El CICR ayuda a las familias de los desaparecidos a afrontar las consecuencias de su desaparición, proporcionando, entre otras cosas, apoyo material, y atención y asistencia psicológica.
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; o conflictos armados. Esa recuperación y reintegración se llevarán a cabo en un ambiente que fomente la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad del niño” (cursiva añadida). El Protocolo facultativo relativo a la participación de niños en los conﬂictos armados contiene una disposición similar que protege a los niños en caso de que sean reclutados en las fuerzas o grupos armados, u obligados a participar en las hostilidades.
Un pequeño bache en el terreno, una cinta que cuelga de un olivo o tirada en un arrozal: a menudo invisibles y de aspecto inocuo, las minas terrestres, las bombas en racimo y otros restos explosivos de guerra (REG) son letales; y la gran mayoría de sus víctimas son civiles.
En el sur de Líbano, unos días antes de cumplir 12 años, Muhammad iba en el asiento trasero de la moto de su padre cuando tropezaron con algo en la carretera: “Recuerdo que me caí de la moto en un hoyo y, de repente, algo explotó”. Su padre sólo sufrió heridas leves, pero la explosión prendió fuego al cuerpo de Muhammad. Cuando se despertó en el hospital, había perdido las dos piernas. Estas armas pueden matar o mutilar décadas después de que termine un conﬂicto. El padre de Bounma aún no había nacido cuando los bombarderos arrojaron bombas en racimo sobre Laos en el decenio de 1960. Cuarenta años después, Bounma, un niño de corta edad, perdió la vida al instante cuando una bomba explotó en el patio de la casa de sus padres. La metralla acribilló las piernas de su hermana de seis años y la explosión alcanzó de lleno en la cara a su hermano mayor.
como la agricultura y el pastoreo. Asimismo, los niños están más expuestos a los peligros de estas armas por ignorancia, curiosidad, o por presiones de los amigos. Los niños constituyen casi un tercio de las víctimas de las minas y los REG en todo el mundo, aunque, en Afganistán, la cifra se eleva al 50%. Si sólo tenemos en cuenta las víctimas civiles, el porcentaje se sitúa entonces en el 46%. Los REG constituyen una amenaza en más de 70 países. Los niños pueden ser también víctimas indirectas. La pérdida repentina de un padre o de la persona que se encontraba a su cargo, ya sea por muerte o discapacidad, puede signiﬁcar el ﬁn de su educación o del acceso a los servicios de salud y ser causa de desnutrición, especialmente perniciosa para los niños pequeños. Los supervivientes suelen presentar discapacidades
La mayoría de los muertos o heridos son hombres que trabajan en el campo o en otras actividades, simplemente porque, para subsistir, tienen que seguir trabajando las tierras, yendo a buscar agua y leña, apacentando el ganado o recogiendo chatarra en zonas contaminadas. Sin embargo, los niños también suelen ser víctimas habituales de estas armas, especialmente ellos, dado que, en las comunidades rurales, suelen ser quienes se encargan de tareas
graves, que pueden truncar su futuro para siempre. Para las niñas, esto puede significar la miseria y el fin de sus esperanzas de matrimonio en algunas sociedades. Muchas se ven abocadas a la mendicidad o a otras actividades degradantes como la prostitución, o son víctimas de malos tratos. Las consecuencias pueden ser igualmente graves para los niños, ya que son quienes deben que mantener y cuidar de sus familias.
Sin embargo, una víctima que recibe la atención médica y ortopédica necesaria puede llevar una vida normal y digna, y dedicarse a casi cualquier oﬁcio. Esto requiere recursos ﬁnancieros, ya que un niño necesita prótesis nuevas cada año mientras esté en fase de crecimiento, así como un seguimiento periódico en un centro ortopédico (al menos dos veces al año). Las perspectivas de futuro de los niños discapacitados también dependen de si han tenido las mismas oportunidades educativas que los demás niños. Por desgracia, muchos de ellos carecen de dichas oportunidades, bien porque las escuelas no están adaptadas a sus necesidades (no son accesibles en silla de ruedas, por ejemplo), o simplemente porque se les deja en casa. Tesfahun Hailu, un etíope de 20 años, perdió una pierna y parte de su brazo cuando tenía 13 años. “Estaba jugando con un objeto extraño que
había encontrado, intenté abrirlo, y explotó”. El objeto extraño era una mina. Su madre murió cuando tenía cinco años; Tesfahun relata “hacía trabajos inusuales, como limpiar zapatos. Tras el accidente, no sabía cómo podría seguir trabajando”. En el Fondo especial del CICR en favor de los discapacitados le pusieron una pierna artiﬁcial, lo que le permitió regresar a la escuela e incluso dar a sus compañeros clases de baile. “Muchas personas discapacitadas se quedan en casa de brazos cruzados y se sienten inútiles porque la sociedad no les da una oportunidad. Pero si se les brinda esa oportunidad, pueden llevar una vida normal y activa”, explica. “Yo quiero ir a la universidad y ser médico. En mi aldea, sólo hay un médico para 6.000 personas, y se necesitan más”.
PROHIBICIÓN DE LAS MINAS Y MUNICIONES EN RACIMO
La comunidad internacional ha adoptado medidas importantes para prohibir las minas y las municiones en racimo. En 1997 se adoptó la Convención sobre la prohición de las minas antipersonal (Convención sobre la prohibición de minas). Al ﬁrmar la Convención, los Estados Partes se comprometieron a poner ﬁn al empleo de las minas antipersonal, ayudar a las víctimas, erradicar la amenaza de las minas ya colocadas, y reducir el riesgo que entrañan para la población civil a través de medidas preventivas. La Convención sobre municiones en racimo fue ﬁrmada por 94 Estados en diciembre de 2008. Prohíbe el empleo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de las municiones en racimo.
Sebastiao Salgado/CICR
Rita Pariyaar estaba agrupando el ganado cerca de un cuartel del ejército cuando tocó una mina con el pie derecho. Rita, nepalesa de diez años, lo recuerda así: ”[Parecía] como si hubiera metido el pie en un caldero de agua hirviendo y, momentos después, estaba todo cubierto de sangre. Tardé un poco en asimilar que había perdido un pie”. La llevaron al centro ortopédico de Pokhara, al oeste de Nepal, que recibe el apoyo del CICR. Allí le colocaron un miembro artiﬁcial y recibió atención ﬁsioterapéutica. Después de un año de cuidados, Rita está feliz de poder volver a la escuela.
Las actividades del CICR son tanto de orden preventivo como correctivo: • Ayuda a las Sociedades Nacionales a ofrecer medios de subsistencia alternativos y seguros en los países contaminados. Estas actividades suelen consistir en establecer zonas seguras, como patios de recreo infantiles seguros en zonas afectadas por las minas, suministrar nuevas fuentes de agua en zonas no contaminadas y proporcionar fuentes alternativas de alimentos o combustibles, así como proyectos de microcréditos. • El CICR lleva a cabo actividades de educación sobre los peligros de las minas, como la sensibilización en situaciones de emergencia, con la intención de generar cambios a largo plazo en los comportamientos y de dar a las comunidades un papel esencial a la hora de decidir las prioridades en la remoción de las minas. También realiza actividades más informales, como concursos y representaciones de teatro para educar a los niños. • El CICR participa activamente en la elaboración, promoción y aplicación de normas de DIH relativas a la prevención y al alivio del sufrimiento humano causado por las minas, las municiones en racimo y otros REG, como la Convención sobre la prohición de las minas antipersonal, la Convención sobre municiones en racimo, y el Protocolo sobre los restos explosivos de guerra. • El CICR actúa, en colaboración con las autoridades nacionales, para paliar los efectos de la contaminación por armas, y ayuda a las Sociedades Nacionales a mejorar sus capacidades. • El CICR presta ayuda de urgencia a los heridos de guerra y apoya a los hospitales y otras instalaciones sanitarias en muchos países afectados por las minas o los REG. • El CICR dirige y colabora con los centros de rehabilitación física para las víctimas de las armas y otros discapacitados físicos en países afectados por el conﬂicto, ayudándoles a recuperar la movilidad e independencia económica. También ayuda a la reinserción social de los discapacitados dándoles la posibilidad de convertirse en miembros productivos de la sociedad.
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GUÍA DE SEGURIDAD DE UN MUÑECO
En Chechenia, el protagonista de la campaña del CICR de educación sobre los peligros de las minas es Cheerdig, un personaje muy querido en las historias chechenas, que ha pasado de generación en generación. En los últimos años, la compañía de teatro de marionetas de Chechenia ha utilizado a Cheerdig para representar una obra de teatro en la que se enseña a los niños los riesgos que conllevan los artefactos sin estallar. La obra, titulada Peligro: Minas: Las nuevas aventuras de Cheerdig, ha recorrido los campamentos y centros colectivos de desplazados en la vecina república de Ingushetia; y también se ha publicado un cómic con Cheerdig como protagonista, que se utiliza en las escuelas. El CICR ha diseñado carteles con la ﬁgura de Cheerdig y producido una película de dibujos animados que fue retransmitida por la cadena de televisión pública. Los consejos de Cheerdig se han hecho tan populares que ahora los niños evitan tomar atajos para llegar a la escuela y van por caminos más largos pero más seguros.
¿Qué ocurrió realmente en My Lai, una aldea vietnamita, en 1968? ¿Por qué es necesario proteger a los civiles en tiempo de guerra? ¿Por qué no prohibir las guerras directamente? ¿Se debería castigar a aquellos que violan el DIH? ¿Qué podemos hacer los demás cuando se amenaza la dignidad humana de una persona? Estas son algunas de las preguntas que han abordado miles de adolescentes de todo el mundo, de entre 13 y 18 años, en el marco del programa Exploremos el Derecho Humanitario (EDH). Este programa surgió del reconocimiento de que el conﬂicto armado y la violencia urbana eran omnipresentes, que la exaltación de la violencia por parte de los medios de comunicación y otros medios de entretenimiento hacía muy difícil que los adolescentes se pudieran sustraer a ella, y que algunos jóvenes ya conocían la guerra de primera mano. El programa EDH trata de concienciar y promover el conocimiento, no sólo de las normas que hay que respetar durante un conﬂicto sino, en última instancia, de todas aquellas normas necesarias para la convivencia. Aunque se centra en el tema de la protección de la vida y la dignidad humana en tiempo de guerra, sus enseñanzas se pueden extrapolar a todas las facetas de nuestra vida. El plan de estudios contribuye a que los jóvenes se conviertan en ciudadanos adultos bien informados en los ámbitos local, nacional y global. Inculcar principios humanitarios a los jóvenes forma parte de la larga tradición del CICR de ayudar a los Gobiernos a promover el DIH y de la labor que el Movimiento lleva a cabo a este respecto en todo el mundo.
Para más información, visite www.ehl.icrc.org
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), organización imparcial, neutral e independiente, tiene la misión exclusivamente humanitaria de proteger la vida y la dignidad de las víctimas los conﬂictos armados y de otras situaciones de violencia, así como de prestarles asistencia. El CICR se esfuerza asimismo en prevenir el sufrimiento mediante la promoción y el fortalecimiento del derecho y de los principios humanitarios universales. Fundado en 1863, el CICR dio origen a los Convenios de Ginebra y al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuyas actividades internacionales en los conﬂictos armados y en otras situaciones de violencia dirige y coordina.
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