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Timestamp: 2016-10-25 05:10:33
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Matched Legal Cases: ['artículo 1545', 'artículo 3', 'artículo 10', 'artículo 775', 'artículo 374', 'artículo 13', 'artículo 1', 'artículo 18']

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Raquel Soriano Peralta
1 UNIVERSIDAD DE CHILE FACULTAD DE DERECHO DEPARTAMENTO DE DERECHO COMERCIAL SEGURO OBLIGATORIO DE ACCIDENTES PERSONALES. LEY N , QUIÉN ES EL BENEFICIADO? Memoria para optar al grado de licenciado en ciencias jurídicas y sociales Autoras : M. Carolina Belmar Gamboa M. Gabriela González Cofré Profesor Guía : Sr. Rafael Gómez Balmaceda SANTIAGO, ABRIL 20012 A nuestros padres.3 Este arduo trabajo no podriamos haberlo terminado sin la ayuda de Don Rafael Gómez B. quien nos acogió tan amablemente; de Claudia Belmar y Ricardo (nuestro segundo hogar y centro de operaciones); de Negro Cortés (soporte técnico de valor incalculable); de Mateye (por permitirnos abusar de su buena voluntad); de Paty Mendizábal (por su cooperación desinteresada); de Nata y Pau (sus críticas nos sirvieron de guía); de Carmenchi (auxilio en momentos de crisis); de Tomasito y Michaelito (no sabemos por qué, pero igual...); y si se nos queda alguien en el tintero Gracias! pues sin su cooperación esta odisea no habría llegado a buen término.4 INTRODUCCIÓN Con el progreso de la ciencia y la tecnología existen esferas del quehacer humano de suyo peligrosas, que producen tanto en las personas como en la sociedad considerables repercusiones negativas de índole patrimonial. En dichas actividades el legislador ha debido establecer normas de excepción al derecho común relativas a la responsabilidad que de ellas pueda derivarse e imponer mecanismos de indemnización obligatorios a favor de las víctimas. En este sentido, la conducción y puesta en circulación de vehículos motorizados constituye una actividad de alto riesgo que, por ella se encuentra ampliamente reglamentada por el legislador. Son tantas y tan variadas las exigencias que impone la ley para desarrollar esta actividad en óptimas condiciones que, en la práctica, ésta se realiza sin que se cumplan los requisitos que la propia sociedad se ha dado para el resguardo de las personas y de las cosas teniendo como resultado final una altísima cifra de accidentes de tránsito, constituyéndose en la principal causa de muerte en nuestro país con consecuencias millonarias por la destrucción de bienes. La circulación de vehículos motorizados ha debido regularizarse por el legislador desde la perspectiva de la reparación del daño causado, a través de un sistema que garantice una indemnización mínima a las víctimas del tránsito tomando en consideración el peligro objetivo que esta actividad encierra. De este modo, nuestro legislador, dentro de variadas posibilidades, ha optado por imponer la obligación al propietario de un vehículo motorizado de contratar seguros privados que garanticen a las víctimas de un accidente de tránsito determinadas sumas de dinero por concepto de indemnización. i5 Este seguro, denominado seguro obligatorio de accidentes personales causados por la circulación de vehículos motorizados, contenido en la Ley , en adelante SOAP, desde sus orígenes ha tenido una finalidad social, que siempre debe tenerse a la vista al momento de analizar y evaluar sus resultados. En este sentido, la existencia de un seguro que limite los principios básicos de autonomía de la voluntad y de libertad contractual, imponiéndose como requisito indispensable para la obtención del permiso de circulación, encuentra su validez en la protección a la vida de todas aquellas potenciales víctimas de un accidente de tránsito; así, como también en el principio de responsabilidad, o de que las personas deben hacerse cargo tanto de sus actos como de los hechos de las cosas. El SOAP, que lleva operando en nuestro país más de catorce años, ha sido insuficiente para cumplir su fin de protección y, en la práctica, se ha convertido en una carga para los propietarios de automóviles y en un excelente negocio para las compañías de seguros. En definitiva, quienes debieran ser beneficiados con este tipo de seguros no han sido suficientemente protegidos ni han percibido oportunamente las prestaciones establecidas en la Ley Las modificaciones introducidas a la ley han repercutido en un funcionamiento irregular del sistema que le impide cumplir eficazmente su objetivo, retardando o impidiendo el pago oportuno y rápido de las prestaciones correspondientes, las que se entraban por los requisitos exigidos a los beneficiarios para cobrarlos, así como también por la acción de las aseguradoras que, apoyándose en las causales de exclusión contempladas en la ley y en sus facultades para impugnar las calificaciones de las lesiones entorpecen el pago de las indemnizaciones. Esta afirmación se puede deducir de la sola constatación de que, aún cuando año tras año en nuestro país ha aumentado sostenidamente tanto la población como ii6 el parque automotriz, sin un mejoramiento sustancial de las vías de circulación incrementando, consecuencialmente, la tasa de riesgo, el precio de la prima ha experimentado una caída sostenida en los últimos siete años, a excepción del año Si bien, más de un factor ha incidido en la baja del precio, a nuestro entender, el factor determinante ha sido la falta de aplicación de este seguro o, mejor dicho, la falta de cobro de las indemnizaciones por parte de los asegurados y beneficiarios. Cuya causa principal ha sido, en gran medida, el desconocimiento del contenido de este seguro y de los trámites que la Ley establece para el cobro de las prestaciones. Todo lo anterior ha provocado graves problemas y distorsiones en el sistema, tales como la contratación de seguros privados voluntarios sobre los mismos riesgos cubiertos por el SOAP, prescripción de las acciones indemnizatorias del SOAP, abuso de los aseguradores de las causales de exclusión y de su facultad para discrepar de la calificación del resultado dictaminada por el médico tratante, retardando o impidiendo el pago de las prestaciones a las que este seguro automotriz las obliga. Este trabajo está enfocado a determinar si el seguro en cuestión satisface el objetivo social para el cual fue establecido y si sus mecanismos son aptos para ello, con este propósito analizaremos el SOAP desde su génesis hasta su puesta en práctica. En primer término, estableceremos un marco conceptual, su naturaleza, principios inspiradores y características de los seguros en general para ilustrar la mecánica de esta cobertura obligatoria. Nos apoyaremos, también, en la historia fidedigna de su establecimiento y sus consecutivas modificaciones, para comprender la forma como se ha configurado el sistema actualmente vigente. En segundo término, desarrollaremos cada una de sus partes con especial énfasis en iii7 sus características especiales, elementos y contenido, para detenernos en el estudio de su operatividad abarcando desde su contratación hasta el procedimiento de reclamo contemplado en la ley para la solución de conflictos que se susciten con ocasión de esta cobertura. Dado que el mecanismo ideado en la Ley se basa en la responsabilidad objetiva consideramos oportuno y necesario dedicar un capítulo especial a la teoría de la responsabilidad y a la manera como ésta ha sido insertada para la puesta en práctica de este seguro; haciendo hincapié en la responsabilidad extracontractual y en la responsabilidad civil derivada de los accidentes de tránsito, para terminar definiendo el sistema de responsabilidad adoptado por la citada ley. Finalmente, abordaremos el estudio de la jurisprudencia existente, relacionándola con los problemas que su puesta en práctica ha generado a cada uno de los involucrados, a fin de ilustrar los criterios utilizados tanto por los tribunales de justicia como por la Superintendencia en su afán por proporcionar una interpretación uniforme, coherente y armónica con los principios y objetivos inspiradores del SOAP que justifican su existencia. iv8 CAPITULO I DESARROLLO DEL SEGURO OBLIGATORIO 1 MARCO CONCEPTUAL DEL SEGURO OBLIGATORIO Siendo el seguro, dentro de nuestra legislación, un contrato y como tal, por esencia, fruto de la voluntad de las partes, revisaremos, primeramente, el concepto de contrato para luego aproximarnos al concepto de contrato de seguro y su naturaleza voluntaria, de forma breve. Luego, nos referiremos a su evolución a un contrato forzoso y obligatorio, pues el contrato de seguro que contempla la ley Nº reviste precisamente este carácter obligatorio. 1.1 CONTRATO, CONCEPTO Y NATURALEZA El concepto habitualmente aceptado del contrato reposa en el acuerdo de voluntades de las partes. El acto jurídico o convención que crea obligaciones. Se atribuye a la voluntad de los contratantes un poder soberano para engendrar obligaciones. La intención de las partes domina, así, la formación, génesis o nacimiento del contrato y, también, sus efectos o consecuencias. Tal concepción de la contratación es uno de los frutos de la doctrina de la autonomía de la voluntad. "En la perspectiva voluntarista, la formación del contrato aparece dominada por dos ideas que constituyen subprincipios de la autonomía de la voluntad: el 19 consensualismo y la libertad contractual" 1. Los cuales, según veremos a lo largo de este trabajo, se encuentran atenuados en diversos aspectos en el contrato de seguro obligatorio de accidentes personales contemplado en la ley Dado lo anterior, es importante hacer mención a la función social de los contratos debido a la injerencia que tiene en el tema de que trata el presente trabajo. Así, el contrato no sólo sirve para la satisfacción de necesidades individuales, sino también es un medio de cooperación entre los hombres. Sólo en el presente siglo ha llegado a ser ostensible la función social del contrato. "El contrato voluntarista decimonónico permitió tantas veces la explotación del más débil por el fuerte, que el legislador tuvo que intervenir, dictando normas imperativas reguladoras de las principales cláusulas de los contratos socialmente más significativos" 2. Apareció así, el contrato dirigido, bajo el signo del orden público social o de protección de las personas carentes de poder negociador. Desde este punto de vista, la función social del contrato se relaciona directamente con el principio de la buena fe, el cual impone a cada parte el deber de lealtad y de corrección frente a la otra durante toda la relación contractual, e incluso desde la fase pre contractual. 1.2 TIPOS DE CONTRATO Tanto nuestro Código Civil como la doctrina contemplan clasificaciones y categorías contractuales: unilaterales y bilaterales, etc. Sobre este punto, latamente desarrollado en cátedras de derecho y en libros de materia, nos detendremos solamente en aquélla que distingue los contratos 1 LÓPEZ Santa María, Jorge. "Los Contratos, parte General.2ª edición. Santiago, Editorial Jurídica. p Ibid p10 libremente discutidos de los contratos por adhesión, así como también, en los contratos dirigidos, contratos forzosos y contratos obligatorios en cuanto categorías contractuales, pues debido a que el contrato de SOAP reviste características de cada uno de ellos su explicación nos permitirá una mayor comprensión del contrato en cuestión y del problema planteado Contrato de adhesión: El contrato libremente discutido corresponde a aquel en que las partes han deliberado en cuanto a su contendido, examinando y ventilando atentamente sus cláusulas. Las partes discuten en un relativo plano de igualdad y libertad, encontrándose su autonomía limitada solamente por el necesario respeto al orden público y a las buenas costumbres. Por su parte, el contrato por adhesión es aquel cuyas cláusulas son dictadas o redactadas por una sola de las partes. La otra se limita a aceptarlas en bloque, adhiriendo a ellas. Normalmente, la doctrina reconoce la existencia de un contrato de adhesión allí donde la oferta presenta las siguientes características: generalidad (oferta destinada a toda una colectividad de contratantes eventuales), permanencia (oferta permanece en vigor mientras no es modificada por su autor), minuciosidad (ofertada detallada, todos los aspectos de la convención son reglamentados). Dichas características se presentan en contratos de adhesión como el de transporte o el de seguro, casos por lo demás en los que existe estandarización contractual. No obstante lo anterior, el fenómeno de la adhesión puede presentarse con ocasión de una contratación única entre dos personas. En tal caso se perderían las características antes mencionadas. Conforme a la opinión de don Jorge López Santa María el rasgo decisivo de la adhesión "se encuentra dado por el desequilibrio del poder negociador de los 311 contratantes." 3 Quien realiza la oferta está en una situación de superioridad (normalmente, económica) respecto del destinatario; por lo que puede imponer sus condiciones contractuales sobre este. Además, por lo general el destinatario carece de alternativa: Por ejemplo, el asegurado no puede prescindir del seguro, "máxime si este contrato fuese obligatorio o una persona común no puede abstenerse del transporte público, si carece de otro medio de locomoción". 4 Cabe señalar, además, que la adhesión es conceptualmente independiente de la contratación masiva, lo que no impide que a menudo vayan emparejadas. No debe, por lo tanto, predicarse del contrato por adhesión que siempre se caracterice por la generalidad, minuciosidad y relativa permanencia de una oferta dirigida al público en general. En cuanto a la naturaleza jurídica de la adhesión, nos limitaremos a señalar que se han formulado, básicamente, dos doctrinas que intentan explicarla. Por una parte, la Tesis Anticontractualista, para la cual el contrato de adhesión no constituye un contrato propiamente tal sino, más bien, un acto jurídico unilateral de naturaleza reglamentaria; debido a que carece de una discusión previa y de igualdad entre las partes. Para esta tesis este tipo de acto sólo produce efectos a favor o en contra de los que adhieran a él. La adhesión no cambia su naturaleza transformándolo en un acto bilateral. La ventaja de esta tesis radica en la posibilidad que otorga al juez de rehusar la aplicación de cláusulas abusivas dictadas por el oferente, lo que no cabe en los contratos libremente discutidos amparados por el principio de fuerza obligatoria de los contratos contemplado en el artículo 1545 del Código Civil y que no puede ser desconocido por el juez. 3 Ibid p Ibid p12 Por otra parte, se encuentra la Tesis Contractualista, siendo para ésta indispensable la voluntad del aceptante para la conclusión del acto jurídico, señalando que la adhesión es una forma especial de aceptación que, de todas maneras, reposa sobre la voluntad del aceptante; agregando que, para la formación de un contrato, la ley exige la concurrencia de dos voluntades que formen el consentimiento y que aún cuando sea innegable que, efectivamente, las partes no participan en las mismas condiciones al concluir el contrato de adhesión, esta desigualdad se encuentra en mayor o menor medida en todos los contratos. En suma, para este doctrina la particularidad del contrato de adhesión, cual es la preponderancia de uno de los contratantes sobre el otro, no justifica una diferenciación de los contratos en general. Frente a estas dos posiciones, consideramos que esta última tesis construye una visión más práctica, permitiendo, al no diferenciar la adhesión de los contratos en general, dar un sustento a una realidad del ordenamiento jurídico. La jurisprudencia chilena ha admitido sólo en forma excepcional la autonomía del contrato de adhesión, declarando consecuencias jurídicas particulares para él. 5 Así, en nuestro país, la tesis contractualista ha tenido más acogida Soluciones a los inconvenientes de la adhesión: El problema del contrato por adhesión consiste en que el contratante más poderoso a veces impone cláusulas abusivas al adherente, el más débil en la relación. Diversos mecanismos o soluciones han surgido durante el presente siglo, 5 Fallo de Corte de Apelaciones de Valparaíso, 7 de Diciembre de 1972, causa "Seguros Lloyd de Chile con Naviera P.S.N.C", redactado por abogado integrante don Mario Contreras, señala "6 la imposición que hace un contratante a otro, cuando este no tiene alternativa alguna para rechazar esa imposición,, constituye un acto de negación de la libertad contractual y, por lo tanto, ha dejado de generase la norma convencional por voluntad de las partes y ha pasado a ser unilateral ". Este mismo fallo, sin embargo admite que,, en Chile, prima la idea de que los contratos de adhesión son plenamente válidos y constituyen, al igual que los contratos de libre discusión, una ley para las partes. 513 los que, en determinados ámbitos, han eliminado o atenuado los excesos de los contratos por adhesión. a) Contrato Dirigido: En los casos marcados de abusos de los oferentes, v.gr., en los contratos individuales de trabajo, el legislador ha intervenido reglamentando en forma imperativa las cláusulas más relevantes de estos contratos, cautelando, de este modo, los intereses de la parte más débil. Así, la intervención en la etapa de elaboración del contrato por parte del legislador sería más fructífera que reprimir a posteriori los abusos de quien dicta la convención, anticipando y evitando la adhesión al reglamentar en todo o en parte el contratos. Precisamente, esta intervención del legislador ha dado nacimiento al llamado contrato dirigido. Pese a lo anterior, no siempre el contrato dirigido ha sido fruto de consideraciones de orden público social, del deseo de dar protección a los más débiles. En ocasiones este contrato obedece al propósito del legislador de manipular los intercambios de bienes y de servicios, o sea, consideraciones de orden público económico. En todo caso, en una u otra hipótesis, el contrato dirigido implica una ruptura del principio de la libertad contractual. En las situaciones subsanadas por el legislador por medio de la transformación de los contratos de adhesión en contratos dirigidos, la contratación deja de ser la imposición de la voluntad de una de las partes; aquí tanto el oferente como el aceptante consienten en vincularse por un marco legal preestablecido. De esta manera, los contratos de adhesión han sido sometidos a un estatuto de orden público que, previendo la protección del contratante más débil, atribuye carácter obligatorio a ciertas cláusulas, o prohibe otras. La seguridad que otorga el estatuto legal al que el aceptante adhiere, compensa la pérdida de libertad en la elección de las cláusulas del contrato. La 614 libertad contractual, corolario de la autonomía de la voluntad, tiende así a desaparecer. b) La homologación por el poder público de los modelos de contratos estandarizados que se van a ofrecer después a los consumidores: Este mecanismo dispone que todo contrato redactado e impreso de antemano, para ser propuesto a los adherentes, previamente debe someterse al control y autorización de una determinada entidad, la que se preocupa, justamente, de tutelar los intereses de los futuros aceptantes. En nuestro país existen algunos ejemplos, pero no constituye una norma general. El artículo 3º, letra e), del DFL Nº251, de 1931, sustituido por la Ley Nº18.660, establece entre las atribuciones y obligaciones de la SVS mantener un registro de los modelos de póliza y de sus modificaciones, no pudiendo las entidades aseguradoras contratar con modelos que no hubieran sido previamente aprobados por la Superintendencia. Esta es la regla general en materia de seguros; sin embargo, para el caso del SOAP el legislador no considera suficiente esta medida y establece que el modelo de póliza debe ser elaborado por la referida institución fiscalizadora, pudiendo modificarla cuando lo estime conveniente, es decir, para esta cobertura obligatoria las aseguradoras sólo pueden suscribir el modelo confeccionado por la autoridad administrativa. c) Generalización de los Contratos Tipo bilaterales: Existen contratos tipo bilaterales, celebrados por grupos con intereses antagónicos, éstos, que pueden denominarse como contratos colectivos sirven para subsanar las dificultades que surgen entre ambas partes o grupos opuestos. El texto definitivo es aprobado de común acuerdo y será después empleado en la celebración de muchos contratos individuales. Por ejemplo, a fin de fijar las condiciones de la contratación de los seguros voluntarios contra riesgos inherentes a la conducción de vehículos motorizados, los 715 automovilistas chilenos podrían agruparse y negociar con las compañías aseguradoras una póliza tipo, que después se emplearía en miles de seguros individuales. Cada uno de éstos no sería un contrato de adhesión, ya que al asegurado le cupo participación en la confección del contrato tipo. d) Nueva concepción de la lesión enorme: En el derecho comparado, a partir del Código Civil alemán de 1900, viene abriéndose camino una nueva concepción de la lesión, que permite desterrar los casos ostensibles de abusos del oferente sobre el adherente. La chilena es una concepción restringida, que admite la lesión enorme en casos muy específicos que el legislador ha señalado con anterioridad. El Código Civil alemán, en cambio, declara nulo cualquier acto jurídico por el cual alguien, explotando la necesidad, la ligereza o la inexperiencia de otro, obtiene para sí o para un tercero, a cambio de una prestación, ventajas patrimoniales que se hallen en desproporción chocante con el valor de dicha prestación. Esta concepción más amplia tipifica el vicio de modo genérico, aplicándose a todos los actos jurídicos en que haya explotación del co-contratante. e) Inhibitoria: Este es un instrumento que combina el control administrativo, con el control judicial y desemboca en la prohibición de determinadas cláusulas de futuros contratos que se celebren masivamente. Este mecanismo rige en países como Suecia. f) Actividad de organismos antimonopolio: Buscan defender la transparencia, lealtad del mercado Contrato Dirigido: Este contrato es también conocido como contrato normado o dictado por el legislador. Los artículos de los códigos y demás cuerpos legales, en materia de contratos, casi siempre son supletorios de la voluntad de las partes; se aplican solo en el silencio de los contratantes. Tratándose de los contratos dirigidos, por el 816 contrario, la reglamentación legal asume carácter imperativo, sin que las partes puedan alterarla en el contrato particular que celebran. El fenómeno de la dirección de los contratos se inicia en Europa a partir de 1900, refiriéndose a la materia de contratos individuales de trabajo, para proteger los intereses de los asalariados; siendo aceptado, en la actualidad, por todas las posturas ideológicas. En Chile se advierte la proliferación de la intervención del legislador, fijando heterónomamente el contenido de diversos contratos, tanto bajo el régimen socialista de los años 1970 al 1973, cuanto bajo el régimen militar y los ulteriores gobiernos democráticos. Ejemplos de este tipo de contratos en nuestra legislación son los DL N 600 y 1.748, sobre estatuto de la inversión extranjera en Chile, que dirigien los contratos de inversión extranjera que deben suscribir los capitalistas foráneos que deseen acogerse a las franquicias que el Estatuto les dispensa. "No siempre el direccionismo contractual por los poderes públicos se manifiesta en la predeterminación imperativa del contenido o cláusulas que fijan los efectos de las convenciones". 6 Hay otros casos en que lo que se impone es la persona del contratante; así, el artículo 10 del Código de Minería, establece que el Estado tiene derecho preferente de compra respecto de los minerales en que haya presencia de torio y uranio, estableciendo perentoriamente la persona del primer comprador El Contrato Forzoso: Se denomina contrato forzoso aquel que el legislador obliga a celebrar o da por celebrado bajo determinadas circunstancias. Éste es distinto y no debe confundirse con el contrato definitivo que se debe concluir como efecto de un 917 contrato preparatorio libremente acordado (v.gr. contrato de promesa), ni con el contrato necesario, provocado por circunstancias excepcionales de hecho como sería el depósito necesario; ni se le debe confundir con los llamados contratos fácticos. De interés para este trabajo es la distinción de los contratos forzosos entre ortodoxos y heterodoxos: a) Contrato Forzoso Ortodoxo: En su formación se aprecian dos etapas. En primer lugar, interviene un mandato de autoridad que exige contratar. Luego, quien lo recibió procede a celebrar el contrato respectivo, pudiendo, generalmente, elegir a la contraparte y discutir con ella las cláusulas del negocio jurídico, es decir en esta etapa conserva la fisonomía de los contratos ordinarios, subsistiendo la autonomía de la voluntad en cierta medida. Casos en la Legislación Chilena: Respecto de este tipo de contratos existen abundantes casos. Está la caución de conservación y restitución que debe rendir el usufructuario respecto de la cosa fructuaria (artículo 775 Código Civil); o la caución que deben rendir los tutores y curadores para el discernimiento de la guarda (artículo 374 Código Civil). En el ámbito de los seguros es frecuente la exigencia legal de contratar; precisamente, el artículo 13 de la Ley N , al igual que antes el DFL N 151 de Hacienda, exigía a todo dueño o conductor de vehículos motorizados tomar un seguro de responsabilidad civil contra riesgos de muerte o de lesiones en accidentes del tránsito. En la actualidad, el artículo 1 de la Ley N contempla esta exigencia disponiendo que "todo vehículo motorizado que para transitar por las vías públicas del territorio nacional requiera de un permiso de circulación deberá estar asegurado contra el riesgo de accidentes personales a que se refiere esta ley ". 6 Ibid p18 b) Contrato Forzoso Heterodoxo: Este contrato, en cambio, se caracteriza por la pérdida completa de libertad contractual; la fisonomía del contrato tradicional desaparece completamente. Aquí no se distinguen etapas, ya que el contrato no precisa intercambio de voluntades, tanto el vínculo jurídico como las partes y el contenido negocial, viene determinados por un acto único del poder público. Casos en la legislación chilena: Aquí se pueden señalar pocas hipótesis. En los contratos leyes, normalmente el legislador da por celebrado un contrato. Por ejemplo, el permiso de edificación de una vivienda económica, reducido a escritura pública, tendrá carácter de contrato (artículo 18 del DFL 2, del 1959). En cuanto al carácter propiamente contractual de los Contratos Forzosos podemos señalar que este problema surge especialmente a propósito del contrato forzoso heterodoxo, por la circunstancia que la voluntad pierde toda autonomía, siendo la relación jurídica íntegramente heterónoma. En el contrato forzoso ortodoxo, en cambio, a pesar de que ser resultado de una obligación legal subsiste en parte la autonomía negocial, existiendo el acuerdo de voluntades que ha caracterizado tradicionalmente al contrato como fuente de derechos y obligaciones. Las dificultades que genera el contrato forzoso, en particular el heterodoxo, en cuanto a su carácter contractual, pueden superarse recurriendo a la distinción entre el contrato como acto de constitución de la relación jurídica y el contrato como relación jurídica constituida. En efecto, la voz "contractus" etimológicamente designa lo contraído, o sea, la relación jurídica. Esta fue la esencia del contrato del Derecho Romano clásico. En éste, las diversas figuras contractuales específicas ponen de manifiesto que lo típicamente contractual no es el acto generador de la relación jurídica, sino que la relación ya constituida. Sólo a partir del siglo XVII, bajo la influencia de la escuela 1119 racionalista del derecho natural, el contrato pasa a ser concebido como un acuerdo de voluntades. Esta segunda manera de ver al contrato opacando la primitiva concepción, olvida toda la técnica de la obligación contractual constituida, que en poco depende del acuerdo de voluntades, por cuanto es independiente del mismo. El contrato es, pues, tanto el acto de constitución cuanto a la relación constituida debiendo separar el acto de contratar del contrato mismo; si bien, existe normalmente una relación causal entre ambas siendo la relación jurídica consecuencia del acto de constitución. De lo expuesto se colige que es un error pretender que este último sólo pueda consistir en un acuerdo de voluntades, pudiendo afirmar que el contrato forzoso es verdaderamente un contrato Supremacía de la obligación contractual sobre la obligación legal Especial mención, creemos, merece la discusión en cuanto a "la supremacía de la Obligación Contractual sobre la Obligación Legal". Muchas veces el legislador prefiere situar una relación jurídica en el marco contractual, en lugar del marco de las obligaciones puramente legales, esta hipótesis no es exclusiva de la contratación forzosa; se da también, en casos de contratos voluntarios o libremente discutidos. Conforme a lo expuesto en los artículos 1437, 2284 y 578 del Código Civil, es indudable que existen obligaciones que nacen de la sola disposición de la ley; sin embargo, como ha señalado Georges Ripert, la obligación estrictamente legal se reduce, en el terreno del Derecho privado patrimonial, a una declaración de principios. Fuera de las relaciones familiares, cuesta bastante encontrar ejemplos de obligaciones civiles legales y si los autores citan la obligación de pagar impuestos al Fisco, el vínculo jurídico cae de lleno en el Derecho público. 1220 La relación constituida, de carácter legal, ofrece serias dificultades. A diferencia del contrato, que involucra un gran poder de precisión tanto respecto a las partes cuanto al objeto, la ley, disponiendo un mandato, prohibición o permisión genérica y abstracta, encuentra tropiezos para conseguir determinar al acreedor o el objeto. En cuanto al objeto de las mismas obligaciones, la ley sólo puede colocar reglas generales o, de recurrirse a la vía reglamentaria, es menester revisar periódicamente la obra de detalles; en cambio, el contrato se presta de modo natural para las especificaciones que cada caso particular requiere. En virtud de estas dificultades el legislador ha preferido, en lugar de imponer una relación jurídica puramente legal, recurrir al mecanismo indirecto de los contratos forzosos ortodoxos, hermanando así la ley con el contrato. Las reglas técnicas del contrato, en cuanto relación jurídica ya constituida, son de las más afinadas que existen en todo el Derecho. Desde luego, el Derecho Romano nos ha legado un ingente conjunto de reglas que permanecen a pesar del transcurso de los siglos, a lo que se añaden aportes de códigos y jurisprudencia recientes, ya se trate de los mecanismos de responsabilidad por el incumplimiento; de los principios de la fuerza obligatoria o del efecto relativo; de las reglas de interpretación contractual; de los efectos particulares a los contratos sinalagmáticos: resolución por inejecución, teoría de los riesgos y excepción de contrato no cumplido; etc., hay todo un acervo que constituye una herramienta valiosísima para la realización efectiva del Derecho. Así las cosas, y en la ausencia de una elaboración refinada en materia de obligaciones legales, aparece inteligente y útil que el legislador someta determinadas relaciones jurídicas - las generadas por los contratos forzosos - a la técnica contractual. Esta manera de proceder no puede explicarse recurriendo sólo a un supuesto sentimiento legislativo de simetría o continuidad y a un propósito de economía de 13 Mostrar más
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