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Timestamp: 2019-01-17 14:47:12
Document Index: 190431753

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Oscar Leonardo Ríos García | El Juego de la Suprema Corte
Considerar a los animales como sujetos de derecho es uno de los tantos temas que día con día va evolucionando dentro del mundo jurídico. En este espacio ya he escrito algo similar con anterioridad respecto la constitucionalidad de las corridas de toros.1 Las corridas de toros son un ejemplo del debate al respecto, aunque cabe recalcar que en dicho proyecto de sentencia relacionado con la tauromaquia, el cual fue elaborado por el ministro González Salas, no se reconocía como tal un derecho al toro como animal por considerarse un ser vivo, sino que la prohibición de las corridas de toros se ancla en la premisa argumentativa fundamental de que el Estado debe garantizar el derecho humano colectivo a un medio ambiente sano, establecido en el artículo 4° constitucional.2
De esta manera, el pasado 31 de octubre, la Primera Sala abordó nuevamente un tema de constitucionalidad que proviene de un singular amparo: las peleas de gallos. El amparo en revisión 163/2018, elaborado por el ministro Arturo Zaldívar, contiene argumentos bastante interesantes respecto de los derechos de los animales y del derecho humano a la cultura. Este debate inicia debido a la promoción de un amparo indirecto en el cual se señaló como autoridades responsables al Congreso de la Unión y al Gobernador del estado de Veracruz. El primero fue señalado por las reformas realizadas a la Ley de Protección de Animales para el estado de Veracruz; mientras que el segundo por su promulgación. El objeto de la reforma fue la de prohibir expresamente las peleas de animales.3 Esto ocasionó que una persona moral solicitara la protección de la Suprema Corte al sentirse vulnerada en sus derechos.
Los conceptos de violación expresados por la quejosa fueron varios,4 pero para efectos del presente artículo me enfocaré en los que llamaron más mi atención, y los que considero pertinentes para ampliar el debate relativo a los derechos de los animales. Uno de los conceptos de violación que hizo valer la quejosa fue “que no afectaba la preservación animal”.5 En este punto ella argumentó que: “las peleas de gallos de ningún modo ponen en peligro la preservación de estos animales. Por el contrario, la realización de esta clase de espectáculos propicia la existencia de criadores especializados que cuidan de estas aves desde su nacimiento crecimiento, madurez y reproducción.”6 Respecto del “derecho a la cultura”, la quejosa argumentó que:
Las peleas de gallos son un espectáculo público que, por tradición, se realiza en las fiestas patronales del Estado. En este sentido, al reformar la Ley de Protección a los Animales, el legislador omitió considerar los usos, costumbres y tradiciones de Veracruz, entre las que se encuentran precisamente las peleas de gallos.7
Resulta interesante el argumento que el Juez de Distrito utilizó para declarar infundado este último concepto de violación. La premisa del Juez se basaba simple y llanamente en que,
…si bien es cierto que el artículo 4° constitucional establece el derecho al acceso, promoción, difusión, respeto y protección a la cultura, este derecho no es absoluto y tiene ciertos límites, y que si el legislador consideró necesario prohibir las peleas de animales para proteger el derecho al medio ambiente (consagrado en el mismo artículo constitucional), es claro que la prohibición reclamada no transgrede el derecho a la cultura.
Para resolver el fondo, el ministro Zaldívar realizó un test de proporcionalidad analizando los agravios en torno al derecho a la cultura, la libertad de trabajo y el derecho de propiedad. Decidió estructurarlo así, ya que de esa manera se permitiría dar respuesta a otros argumentos secundarios alegados por la quejosa. Independientemente de lo anterior, me enfocaré solamente en los argumentos vertidos sobre el derecho de los animales y el derecho humano a la cultura. En esta línea, el ministro Arturo Zaldívar sostuvo desde el principio que el argumento de la quejosa era infundado, pero no por las razones vertidas por el Juez. En un primer momento, debemos entender que, para este caso en concreto, debemos conocer y entender como “cultura” al derecho a participar en la vida cultural.8Lo anterior proviene de la Observación General N° 21 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la cual se menciona que una de las facetas del derecho a la cultura, debe verse como una libertad de participar e incursionar libremente y de manera individual y colectiva en diversas actividades culturales.9
En un segundo momento, fue consultada la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, en la cual se puede ver en su preámbulo que:
la cultura debe ser considerar como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, la manera de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.
Tomando esto en cuenta, el problema que identificó el ministro Zaldívar consistía en determinar si cualquier manifestación cultural debe ser tutelada por la Constitución mexicana, la cual contempla un conjunto y una diversidad de principios y valores democráticos del pluralismo de la sociedad. Y, con base en lo anterior, me atrevo a decir que volvemos a la premisa de que ningún derecho humano es absoluto y, por lo tanto, tienen límites. El mismo Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha reconocido que en ciertas circunstancias se pueden imponer limitaciones al derecho a participar en la vida cultural cuando se trate, por ejemplo, de prácticas negativas aun cuando se involucren las costumbres y tradiciones o cuando se atente contra derechos humanos.10
Ahora bien, aquí empiezan a relacionarse el derecho a la cultura y los derechos de los animales. Lo interesante, y sobre todo relevante aquí, es que, a diferencia del amparo de las corridas de toros, en el amparo relativo a las peleas de gallos sí se tomó en consideración los derechos de los animales como guía para una decisión judicial. Lo anterior es así, ya que después de examinar el asunto, se determinó que no existe una afectación directa hacia las personas, pero sí a los animales. La sentencia del ministro Zaldívar demuestra que la Primera Sala entiende perfectamente que las peleas de gallos representan en sí una expresión cultural, pero que no son una expresión cultural digna de protección constitucional11 ya que, prácticamente, se trata de un duelo a muerte entre animales.
Por lo tanto, si bien se reconoce el derecho a la cultura como un derecho para ser libre de participar en las actividades culturales, ya sean individuales o colectivas, prevalece el deber del club de la Constitución de respetar y garantizar el derecho de los animales. Esto es debido a que las peleas de gallos, aunque se consideren como una actividad cultural, justo como alegaba la empresa quejosa, no cuentan con protección constitucional, tal y como lo establece la Primera Sala de la Suprema Corte. Como bien dice esta decisión: “En este sentido, cualquier práctica que suponga el maltrato y el sufrimiento innecesario de los animales no puede considerarse una expresión cultural amparado ni prima facie ni de manera definitiva por la Constitución”.12
Oscar Leonardo Ríos García. Licenciado en Derecho por la Universidad Marista de Mérida.
1 Oscar Leonardo Ríos García, “La constitucionalidad de las corridas de toros”, El Juego de la Suprema Corte.
2 Amparo en revisión 630/2017, p. 16.
3 Tal y como indica el artículo 3° de la Ley.
4 En realidad, son muy parecidos a los conceptos de violación hechos valer por la quejosa en el amparo de las corridas de toros. Entre ellos son: i) derecho a la libertad de trabajo; ii) incompetencia del Congreso Local para legislar en materia ambiental; iii) igualdad y no discriminación (entre otros).
6 Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) Amparo en revisión 163/2018.
7 SCJN Amparo en revisión 163/2018, p. 7.
8 Lo anterior de conformidad con el artículo 15.1, inciso a) del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
9 SCJN, Amparo en revisión 163/2018, p. 27.
10 SCJN, Amparo en revisión 163/2018, p. 31.
11 SCJN, Amparo en revisión 163/2018, p. 32.
12 SCJN, Amparo en revisión 163/2018, p. 33.
Trump, Twitter y la libertad de expresión
“the block button on Twitter is unconstitutional”
La era digital contiene una larga lista de temas en los que se encuentra relacionado el derecho, desde la privacidad en el entorno digital,1 la regulación del ciberespacio, la propiedad intelectual, los delitos cibernéticos y, desde luego, la libertad de expresión (entro muchos otros).
Hace unos días un tribunal federal de Estados Unidos resolvió una demanda en la que se sujetaba una litis de completa novedad y relevancia: el bloqueo de ciertos usuarios en Twitter por parte del presidente Donald J. Trump. En México ha sucedido algo similar. En septiembre de 2017, un Juez de Distrito dictó una sentencia en la cual el litigio se basaba en el bloqueo que realizó el presidente municipal de Nogales, Sonora, a un usuario de Twitter.2
A casi nueve meses de dicha sentencia, el tema volvió a tomar relevancia y a sonar dentro del campo de los juristas derivado de lo que resolvió recientemente la Juez de Distrito en Nueva York, Naomi Reice Buchwald.
En su momento, derivado de la decisión que dictó el Juez Quinto de Distrito en Sonora condenando al edil municipal de Nogales a desbloquear al ciudadano que decidió ampararse, escribí un análisis de dicha sentencia.3 Sin embargo, la sentencia del tribunal federal estadounidense contiene ciertos aspectos que enriquecen aún más estos criterios judiciales.
Es importante mencionar que la controversia que se presentó en contra del presidente de Estados Unidos fue promovida por la Knight First Amendment Institute de la Universidad de Columbia, conjuntamente con los ciudadanos que fueron bloqueados por Donald Trump en Twitter. Dicho instituto fue fundado en 2016, y desde entonces se dedica a proteger la libertad de expresión a través del litigio estratégico con un especial énfasis en los retos que implica para la libertad de expresión la era digital.4
Como dato curioso, la sentencia contiene un apartado que analiza la legitimación de la Knight First Amendment Institute para la procedencia del juicio. Así, el sistema jurídico americano establece que cuando una persona jurídica demanda en su propio nombre, esta debe satisfacer ciertos requisitos individuales para su legitimación.5 En ese sentido, uno de los requisitos exigidos es que ésta acredite contar con un interés jurídico6 y, para acreditarlo, argumentó únicamente como agravio personal y directo la imposibilidad de poder leer las respuestas directas de los twits del presidente Trump que podrían hacer los demandantes bloqueados; imposibilidad derivada del bloqueo realizado por el mandatario americano. Por tanto, si estos fuesen desbloqueados, el instituto podría leer las respuestas directas a los twits del presidente. Por lo anterior, la juez Reice determinó que sí tenía legitimación dicho instituto.7
Uno de los puntos fundamentales que contiene la sentencia, consiste en que se determinó a la plataforma de Twitter como un espacio interactivo en la que los usuarios pueden participar directamente con el contenido publicado por el presidente; lo anterior fue analizado bajo la doctrina de “espacio público”. Al ser considerado Twitter como espacio público resultó inconstitucional bloquear a los demandantes solamente por no compartir las mismas ideas políticas del mandatario Trump, lo cual constituye un acto de discriminación vulnerando directamente la primera enmienda de la Constitución estadounidense. De igual forma, es importante mencionar que la juez Reice no compartió el argumento de los abogados de Trump, consistente en que la primera enmienda no era aplicable a dicho caso, ya que los intereses del mandatario contenidos en la multicitada enmienda, sobrepasaban los intereses de los demandantes. Argumento que fue rechazado.
Lo anterior también fue resuelto por el Juzgado Quinto de Sonora, ya que el edil municipal argumentaba que su cuenta de twitter era de carácter privado; argumento que el juzgador federal desestimó ya que compartía a través de su cuenta información de interés público. Lo cual tenía completa relación con su actuar como edil municipal, ya que el ejercicio de cargos públicos por su relación con la cosa pública es de interés social.8
Es decir, que los funcionarios públicos se encuentran a un escrutinio mayor en cuanto a su actuar, a diferencia del ciudadano. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido lo mismo:
En una sociedad democrática los funcionarios públicos están más expuestos al escrutinio y a la crítica del público. Este diferente umbral de protección se explica porque se han expuesto voluntariamente a un escrutinio más exigente. Sus actividades salen del dominio de la esfera privada para insertarse en la esfera del debate público. Este umbral no sólo se asienta en la calidad del sujeto, sino en el interés público de las actividades que realiza.9
Al final de la sentencia, la juez Reice compartió lo que en su momento se estableció en el caso Marbury Vs. Madison: “La competencia y el deber del Poder Judicial es decir enfáticamente lo que es la ley” y, por lo tanto, el bloqueo en Twitter por parte del presidente Donald Trump es inconstitucional conforme a la primera enmienda.
No obstante, los efectos de dicha sentencia fueron muy diferentes a los que ordenó el juez de amparo en el caso de Nogales, ya que en el caso mexicano el Juez de Distrito decidió restituir al quejoso en sus derechos ordenando al presidente municipal a desbloquearlo de su cuenta twitter. Por su parte, si bien la Juez Reice realizó una manifestación importantísima avalando el sistema de pesos y contrapesos en los Estados Unidos estableciendo que: “Ningún servidor público está por encima de la ley, y se presume que estos deben seguir la ley una vez que el Poder Judicial ha establecido lo que es la ley; por lo tanto, asumimos que el Presidente y Scavino10 remediarán el bloqueo que hemos sostenido inconstitucional”.11
Óscar Leonardo Ríos García. Abogado por la universidad Marista de Mérida y escribo para el Diario de Yucatán, La Jornada Maya, Derecho en Acción del CIDE, The Mexican Times y la revista El Mundo del Abogado.
1 Pablo García Mexía, “Derechos y libertades, internet y TIC”, Tirant lo Blanch, 2014, pág. 21.
2 Ya se ha escrito sobre dicho tema en estas mismas páginas. Comparto aquí el artículo de Juan Jesús Garza Onofre y el de Ixchel Daniel Martínez.
3 Oscar Leonardo Ríos García, “Los Derechos y las Redes Sociales”, El Mundo del Abogado, 05 de mayo de 2018.
4 https://knightcolumbia.org/content/faq
5 Knife Rights, Inc. Vs. Vance.
6 La sentencia lo define como: “To establish injury in fact, a plantiff must show that he or she suffered an invasión of a legally protectec interest that is concrete and particularized and actual or inminente, not conjectural or hypothetical”.
7 Case 1:17-cv-05205-NRB Document 72 Filed 05/23/18 Page 36.
8 Amparo indirecto 216/20187-VI, pág. 34.
9 Corte IDH, Fontevecchia y D’amico vs. Argentina. Fondo, Reparaciones y Costas, sentencia del 29 de noviembre de 2011, párr. 47.
10 Daniel Scavino es el Director de Medios Sociales en la Casa Blanca. Fue demandando también ya que éste es quien controla la cuenta de Twitter de Donald Trump.
11 Case 1:17-cv-05205-NRB Document 72 Filed 05/23/18 Page 74.
En el mundo existe una gran diversidad de temas que se prestan al debate público. La tauromaquia es uno de ellos. Desde hace años se han encontrado posturas a favor y en contra sobre esta actividad; muchos la consideran como una tradición o como una cultura (en España, por ejemplo); otros la definen más como un deporte o un arte. Mientras que varios grupos de activistas e incluso personajes políticos han considerado esta actividad como una cruel tradición, una actividad violenta, denigrante y que pone en peligro el medio ambiente.
Así, el debate de las corridas de toros llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde su Segunda Sala resolverá este tema. El ministro José Fernando Franco González Salas elaboró el proyecto de sentencia del amparo en revisión 630/2017. Este artículo utiliza dicho proyecto para hacer un análisis de los principales argumentos sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las corridas de toros.
La controversia legal empezó cuando una persona moral (empresa) promovió un amparo indirecto en Coahuila contra un decreto que reformó los artículos 20, 86 y 89 la Ley de Protección y Trato Digno de los Animales para el estado de Coahuila. El juez de distrito correspondiente sobreseyó el juicio de amparo por falta de interés jurídico ya que son normas de naturaleza heteroaplicativa y no se acreditó su aplicación.1 En respuesta, la quejosa promovió la revisión argumentando lo siguiente:
La negativa del amparo contraviene lo dispuesto en el artículo 5° en relación con el 14 de la Constitución, puesto que el diverso 20, fracción XIV, de la Ley de Protección y Trato Digno de los Animales para el Estado de Coahuila sí es violatorio del derecho a la libertad de trabajo de la quejosa que, además, pretende aplicarse retroactivamente.2
Contrario a lo que determinó la resolutora federal, la actividad que realiza la inconforme estaba permitida por la ley en términos de su artículo 20, por lo que no afecta derechos de terceros ni de la sociedad en general, tan es así que la venía desarrollando de manera regular con los permisos administrativos correspondientes, por lo que es un error que se pretenda tazar la licitud de la actividad a partir de la ley que se reforma y las prohíbe, cuando debía analizarse a la luz de la ley vigente en la fecha en que la quejosa adquirió el derecho a dedicarse a esa actividad; y, al no hacerse así, constituye una aplicación retroactiva de la ley, en contravención al artículo 14 constitucional.3
Es incorrecta la afirmación de la a quo, puesto que no se ha demostrado que las corridas de toros generen violencia en la sociedad o que puedan transmitir valores negativos, porque nadie asiste forzado a ese tipo de espectáculos.4
Es incorrecta la consideración de la a quo formulada en el sentido de que con el acto reclamado se atiende al interés social a efecto de garantizar un medio ambiente sano en términos del artículo 4º constitucional porque, contrario a ello, esa finalidad no se alcanza dado que si bien se pretende la preservación y conservación de todas las especies animales que cohabitan con el hombre, no se logra al permitir las peleas de gallos y la caza deportiva.5
Puede apreciarse, entonces, que la empresa considera que el decreto que intenta combatir le causa perjuicio en aspectos económicos y laborales al vulnerar su derecho a la libertad laboral que contempla el artículo 5° constitucional. Dicha reforma impediría que continúen realizando la actividad que les proviene de sustento económico. De manera similar, argumentan que lo anterior vulneraría también lo establecido en el artículo 14° constitucional por la aplicación retroactiva de la ley. No obstante, el Tribunal Colegiado de Circuito se pronunció por la firmeza de los sobreseimientos dictados por el Juez de Distrito, ya que la publicación de dicho decreto no causa una afectación a la esfera jurídica de la empresa, además de actualizarse las causales de improcedencia establecidas en las fracciones XII y XXIII del artículo 61 de la Ley de Amparo.6
De esta manera, el ministro Franco divide el estudio del presente amparo en tres puntos:
1) Facultad del Congreso para legislar en materia de trato digno y respetuoso a animales
2) Si la reforma vulnera el principio de no retroactividad de la ley; y
3) Si dicha prohibición transgrede el principio de igualdad, en relación con el derecho al comercio, en perjuicio de la quejosa.
En ese orden de ideas, el primer punto toca un aspecto de completa trascendencia y ocurrencia argumentativa, tomando en consideración el argumento de la empresa consistente en la violación al derecho de la libertad laboral consagrado en el artículo 5° constitucional. Esto se debe a que el acto reclamado no es una facultad legislativa del Congreso de Coahuila y la libertad de trabajo solo puede ser prohibida mediante determinación judicial o resolución administrativa.7 Con ello, el derecho humano a la libertad de trabajo consiste en el derecho que tiene todo individuo de elegir la ocupación que más le convenga y guste, siempre y cuando ésta sea lícita.
Lo anterior, se traduce únicamente en que el acto reclamado por la empresa no constituye una determinación judicial o administrativa que restrinja o limite el derecho humano a la libertad de trabajo de ésta misma empresa, sino que es simple y sencillamente el ejercicio de la facultad legislativa del Congreso de estado de Coahuila para emitir leyes en materia ambiental.8 Aquí es donde viene el argumento importante:
Es así, puesto que la prohibición decretada deriva de que el Poder Legislativo del Estado de Coahuila de Zaragoza, en su función de emitir leyes en esa materia, determinó de una manera general, impersonal y abstracta, prohibir las corridas de toros, novillos, becerros o vaquillas y los rejoneos, el entrenamiento de animales para su utilización en este tipo de espectáculos, así como las tientas; al considerar que con su práctica se afectan derechos de la sociedad en general, quien está interesada en el cuidado y respeto a los animales, lo que atiende al derecho fundamental a un medio ambiente sano, reconocido en el artículo 4 constitucional.9
El argumento del ministro González Salas se basa en la premisa fundamental de tutelar derechos económicos, sociales y culturales como es el derecho al medio ambiente sano. Con esto, lo que pretende el ministro no es otorgar el amparo por proteger un derecho colectivo que está completamente relacionado con la sociedad en general, que sería el de cuidado y respeto a los animales, sin dar una oportunidad a contemplar y analizar si los animales son titulares y/o puedan gozar o no de ciertos derechos en sí.
De manera contraria, resultó infundado e inoperante el argumento de la empresa consistente en que el Congreso de Coahuila carece de facultades legislativas para emitir leyes en materia ambiental. Ya que existe una competencia concurrente entre el Congreso de la Unión y los Congresos estatales para legislar sobre el medio ambiente. Esta competencia concurrente se fundamenta en el artículo 73, fracción XXIX-G, de la Constitución. De igual forma, el artículo 4° de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente establece la distribución de competencia entre federación, estados y municipios;10 al igual que el artículo 7° del mismo ordenamiento jurídico que faculta a las entidades federativas para formular y conducir la política ambiental para la preservación y restauración del equilibrio ecológico –aunado a los artículos 10 y 87 Bis 2 de la Ley General de Vida Silvestre para adoptar medidas de trato digno y respetuoso a los animales. Por lo anterior, los argumentos esgrimidos por la empresa resultaron infundados respecto de la violación a la libertad de trabajo y de la facultad legislativa del Congreso de Coahuila; respecto esto último, el estado de Coahuila sí se encuentra facultado para legislar sobre la prohibición de las corridas de toros. Respecto al segundo punto del estudio, la empresa argumentó que:
[…] en el que la quejosa recurrente señala que la actividad que realizaba estaba permitida por la ley en términos de su artículo 20, por lo que no afecta derechos de terceros ni de la sociedad en general, tan es así que la venía desarrollando de manera regular con los permisos administrativos correspondientes.
En ese sentido, afirma que es erróneo que se pretenda tazar la licitud de la actividad a partir de la ley que se reforma y las prohíbe, cuando debía analizarse a la luz de la vigente en la fecha en que la quejosa adquirió el derecho a dedicarse a esa actividad y, al no hacerse así, se contraviene el artículo 14 constitucional.11 [Énfasis propio]
Ante este punto, el ministro González Salas hace un interesante análisis sobre el derecho de no retroactividad consagrado en el artículo 14° de la Constitución. El análisis que realiza el ministro es una diferenciación sobre lo que implica el derecho entre la “retroactividad de la ley” y “la aplicación retroactiva de la ley”. Por la primera debe entenderse en “estudiar si una determinada norma tiene vigencia o aplicación respecto de derechos adquiridos” y por la segunda “la verificación de que los actos materialmente administrativos o jurisdiccionales estén fundados en normas vigentes”.12
De lo anterior, podemos concluir que la “…ley es retroactiva cuando trata de modificar o destruir en perjuicio de una persona los derechos que adquirió bajo la vigencia de la ley anterior”.13 A partir de esto, debemos analizar la fracción y el artículo reformado para sacar una conclusión sobre si se configura o no una vulneración al artículo 14 constitucional:
Artículo 20.- Queda prohibido en el Estado de Coahuila de Zaragoza por cualquier motivo:
XIV.- Las corridas de toros, novillos, becerros o vaquillas y los rejoneos; el entrenamiento de animales para su utilización en este tipo de espectáculos, así como las tientas;
Resulta, entonces, que la entrada en vigor del decreto impugnado no causa ningún perjuicio ni vulneración al artículo 14° constitucional, ya que
…los particulares no tienen derechos adquiridos a que las actividades que realizan, ya sea para la prestación de un servicio o la explotación de una concesión, con motivo de un permiso administrativo, o cualquiera de naturaleza similar, se mantengan intactas frente al interés público, por lo que la explotación de las actividades de la quejosa no conforman un ámbito material sobre el cual pueda proyectarse el principio de no retroactividad.14
De igual forma, el ministro González Salas declaró infundado el argumento de la quejosa al considerar que
debe concluirse que respecto de aquellos actos administrativos, como a los que hace referencia la recurrente, que otorgan derechos en el sentido de operar en actividades que pudieran afectar el medio ambiente, no pueden dar nacimiento a derechos adquiridos, ya que las leyes, variables de tiempo en tiempo, pueden regular las actividades de los particulares para proveer al bien común.15
Por último, respecto al tercer punto del estudio de fondo, la quejosa argumentaba que el decreto vulneraba el principio de igualdad, puesto que prohibir las corridas de toros establecía un trato diferenciado que les perjudicaba. El espíritu de esta ley que prohíbe la tauromaquia está basado en que deben suprimirse los espectáculos en los que se trasmitan valores negativos a la sociedad como la violencia. Con esa línea de pensamiento, la empresa quejosa argumentó en la demanda de amparo que debían prohibirse, de igual forma, todos aquellos eventos deportivos y otros espectáculos que involucran el uso de animales; además de otros eventos deportivos como el box, la lucha libre, el futbol americano, el hockey sobre hielo, el rugby, las peleas de gallos, las carreras de caballos y la charrería.16 Bajo esta premisa, la empresa hizo valer que lo procedente era, entonces, prohibir todos los deportes y actividades violentas, e incluso –dato curioso– los programas de radio y de televisión, así como videojuegos que contengan hechos de violencia, puesto que al prohibir únicamente las corridas de toros resultaría una medida desproporcional e irracional.
Lo relevante aquí es la relación que hace la sociedad al argumentar que la violación a este trato diferenciado tiene una completa y total interdependencia entre el principio de igualdad en relación con la actividad comercial realizada, ya que el mismo artículo 5° de la Constitución contiene implícito el derecho de igualdad de trato ante la ley.17 Por ello, la quejosa argumenta que el acto reclamado resulta violatorio de los artículos 1° y 13, en relación con el 5° de la Constitución, al no justificar el trato diferenciado entre la prohibición de las corridas de toros y la permisión de otras actividades similares.18 Sin embargo, el proyecto indica que dicha prohibición tiene un estándar de “necesidad”, entendiendo esto como la validez de establecer que la restricción a la libertad de comercio para celebrar corridas de toros es necesaria; esto es basado en el artículo 4° constitucional que tiende a tutelar el orden público y el interés social tendiente a proteger y brindar un trato digno a los animales.19
Un aspecto interesante del proyecto es la investigación de derecho comparado sobre el tema de la prohibición de las corridas de toros. En Colombia, por ejemplo, la Sala Plena de la Corte Constitucional de la República de Colombia emitió sentencia en la acción pública de inconstitucionalidad C-1192/05, en la que se demandó la inexequibilidad de diversos artículos de la Ley 916 de 2014, por la que se establece el Reglamento Nacional Taurino, cuya finalidad fue preservar el carácter artístico de la fiesta brava. En dicha resolución, la Corte Colombiana determinó que
…las corridas de toros y en general los espectáculos taurinos, corresponden a una manifestación viva de la tradición espiritual e histórica de los pueblos iberoamericanos, como lo es Colombia, y por lo mismo, forma parte del patrimonio intangible de nuestra cultura, especialmente protegida por la Constitución, que como tal puede ser definida y regulada por el legislador.
No obstante, dicha Corte consideró ajustada a la Constitución la imposibilidad de que los menores de diez años de edad asistieran por sí mismos a los espectáculos taurinos; sobre la base de que dicha limitante no afecta el núcleo esencial de los derechos fundamentales a la cultura, la recreación y la educación.20 Otro ejemplo es que “…en España, a través de una iniciativa legislativa popular, en Cataluña se presentó una propuesta de ley a efecto de prohibir las corridas de toros en esa región autónoma, que fue aprobada por el Parlamento Catalán, dando lugar a la Ley 28/2010”.21
Entonces podemos concluir que el proyecto elaborado por el ministro González Salas propone reconocer la constitucionalidad del decreto que reforma la Ley de Protección y Trato Digno de los Animales para el estado de Coahuila que prohíbe las corridas de toros, bajo el argumento de que el Estado garantiza el derecho humano colectivo al medio ambiente sano, establecido en el artículo 4° Constitucional, y no principalmente por los derechos que le correspondan al toro como animal y ser vivo. Con ello, permitir las corridas violaría disposiciones de orden público e interés social.
La última consideración es que el pasado miércoles 29 de noviembre de 2017 la Segunda Sala iba a discutir el proyecto, pero la empresa se desistió del amparo. Olé.
Oscar Leonardo Ríos García. Abogado por la universidad Marista de Mérida y escribo para el Diario de Yucatán, La Jornada Maya, Derecho en Acción del CIDE, The Mexican Times y la revista El Mundo del Abogado
1 Amparo en revisión 630/2017 pág. 3.
2 Amparo en revisión 630/2017 pág. 10
4 Amparo en revisión 630/2017 pág. 12
6 Artículo 61. El juicio de amparo es improcedente:
XII. Contra actos que no afecten los intereses jurídicos o legítimos del quejoso, en los términos establecidos en la fracción I del artículo 5o de la presente Ley, y contra normas generales que requieran de un acto de aplicación posterior al inicio de su vigencia;
XXIII. En los demás casos en que la improcedencia resulte de alguna disposición de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, o de esta Ley.
7 Artículo 5o. A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de tercero, o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial.
8 Amparo en revisión 630/2017 pág. 16.
10 Artículo 4.- La Federación, los Estados, el Distrito Federal y los Municipios ejercerán sus atribuciones en materia de preservación y restauración del equilibrio ecológico y la protección al ambiente, de conformidad con la distribución de competencias prevista en esta Ley y en otros ordenamientos legales. La distribución de competencias en materia de regulación del aprovechamiento sustentable, la protección y la preservación de los recursos forestales y el suelo, estará determinada por la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable.
11 Amparo en revisión 630/2017 pág. 29.
12 Amparo en revisión 630/2017 pág. 31.
13 Amparo en revisión 630/2017 pág. 33.
14 Amparo en revisión 630/2017 pág. 33.
15 Amparo en revisión 630/2017 pág. 35.
16 Amparo en revisión 630/2017 pág. 37.
17 Amparo en revisión 630/2017 pág. 38.
18 Amparo en revisión 630/2017 pág. 40.
19 Amparo en revisión 630/2017 pág. 77.
20 Amparo en revisión 630/2017, pág. 87.
El fundamentalismo del principio de relatividad en el juicio de amparo