Source: https://es.scribd.com/doc/27128575/Derechos-Humanos-de-Segunda-Generacion-LAS-GENERACIONES-DE-LOS-DDHH
Timestamp: 2015-11-26 19:52:14
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Derechos Humanos de Segunda Generacion - LAS GENERACIONES DE LOS DDHH
P. 1Derechos Humanos de Segunda Generacion - LAS GENERACIONES DE LOS DDHHDerechos Humanos de Segunda Generacion - LAS GENERACIONES DE LOS DDHH5.0|Views: 28.129|Likes: 134Publicado porlilianagomezMore info:Published by: lilianagomez on Feb 19, 2010Copyright:Attribution Non-commercialAvailability:Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.download as PDF, TXT or read online from ScribdFlag for inappropriate content|Agregar a la colecciónSee moreSee lesshttps://es.scribd.com/doc/27128575/Derechos-Humanos-de-Segunda-Generacion-LAS-GENERACIONES-DE-LOS-DDHH08/11/2013pdftextoriginalDERECHOS HUMANOS DE SEGUNDA GENERACIÓNCAPÍTULO SEGUNDO DERECHOS HUMANOS DE SEGUNDA GENERACIÓN
Igualdad. “Ustedes están en Cristo Jesús, y todos son hijos de Dios gracias a la fe. Todos se han revestido de Cristo, pues todos fueron entregados a Cristo en el bautismo. Ya no hay diferencias entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”. (Carta de San Pablo a los Gálatas 3: 26-28).
Distintas tendencias ideológicas explican el nacimiento, la consagración y reconocimiento de los derechos humanos de segunda generación, en el siglo XX (1917-1920), remontándose sus antecedentes inmediatos a la primera mitad del siglo XIX y mediatos en la finalización del siglo XVIII, es decir, a la época post-revolución francesa. Del contexto político-económico sobre el que se erige el Estado liberal de Derecho, es lógico inferir que los derechos civiles y políticos no serían los únicos y definitivos para proteger a las generaciones futuras. Al respecto, es importante resaltar el artículo 28 de la Constitución francesa de 1793, que expresa: “A ninguna generación le está permitido imponer sus propias leyes a las generaciones futuras”. Es por ello que las nuevas condiciones económicas, sociales y políticas engendrarían otros derechos humanos, en una edad histórica posterior y determinada. Por consiguiente, recurrimos nuevamente al genio de la revolución liberal burguesa francesa: JUAN JACOBO ROUSSEAU. Como buen visionario político, ROUSSEAU señaló que la aparición de la propiedad privada es la fuente de la desigualdad entre los hombres, y sería la causa de todas las desgracias sociales. Además, en su obra Discurso
sobre la Economía Política, el brillante ginebrino vaticinó lo siguiente: “(...) lo que hay de más necesario y quizás, de más difícil en el gobierno, es una integridad severa para hacer justicia a todos, y sobre todo para proteger al pobre contra la tiranía del rico”1 . Con el objeto de hallar el surgimiento de los derechos humanos de segunda generación, nos ubicaremos concretamente en la época de la revolución industrial.
“La sustitución de la energía humana y animal por la máquina de vapor, primero, y después por la electricidad, marcó el comienzo de la revolución industrial”2 . La segunda generación de los derechos humanos se gestó en la revolución industrial de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Se entiende “por revolución industrial el proceso del paso del trabajo manual, en el oficio y la manufactura, a la producción maquinizada (fabril)”3 . “Se designa con el nombre de Revolución Industrial a los cambios económicos y sociales que trasformaron a la sociedad europea entre los siglos XVIII y XIX”4 . La consolidación del capitalismo con la Revolución Industrial trajo consigo el establecimiento de dos clases sociales antagónicas (burgueses y proletarios) y, consecuencialmente, la lucha entre estas clases y, por ende, el empobrecimiento de la nueva clase social: el proletariado. Examinemos cómo fue este proceso en Europa, específicamente en Inglaterra y Francia.
JUAN JACOBO ROUSSEAU, “Discurso sobre la Economía Política”, en Oeuvres Complétes, Gallimar, París, 1964, pág. 191. BORJA, op. cit., pág. 890. M. I. MIJAILOV. La Revolución Industrial, Editorial Cupido, Bogotá, 1998, pág. 9. VETENCOURT y GUARDIA. Op. cit., pág. 203.
A. EN INGLATERRA
Con anterioridad a la Revolución Industrial los artesanos especializados en tallar la piedra bruta para la construcción de castillos y catedrales se organizaron fraternalmente para defender sus intereses laborales, en especial el horario de trabajo y el salario. En 1348 Europa Occidental fue azotada por unas fuertes epidemias conocidas como la “muerte negra”, disminuyendo la población considerablemente y escaseando la mano de obra, siendo la más afectada Inglaterra5 . El Parlamento inglés expidió la Ley de salarios máximos, es decir, que no reconocía un salario mínimo sino que imponía un salario máximo (seis peniques diarios) como tope económico; su finalidad consistía en que empleadores y trabajadores de común acuerdo pactaban un salario que no podría sobrepasar el límite, so pena de sanción de veinte chelines (el equivalente a los salarios de seis meses). La jornada diaria de trabajo se extendía a las 14 horas (5 a.m. a 7 p.m.). En reacción contra este régimen laboral los artesanos organizan reuniones secretas con el objeto de exigir un aumento de salario y reducción de la jornada laboral, reuniones que fueron penalizadas por el Parlamento, en el reinado de Enrique VI (1422-1461). De esta forma se dieron los primeros pasos de las asociaciones de los trabajadores. En primer lugar, explicamos brevemente el desarrollo del proceso de la revolución industrial en Inglaterra y la formación de la burguesía industrial y el proletariado industrial inglés (1760-1860); en segundo lugar, el mismo fenómeno político en Francia (1794-1850), con sus rasgos específicos. En la época feudal caracterizada por el desarrollo de la producción agrícola se utilizaban el arado, la azada, la pala y otros instrumentos de trabajo manuales, predominando el minifundio, porque la tierra pertenecía a los señores o barones feudales. La producción de lana para la fabricación de los paños ingleses era el renglón económico más rentable, lo que llevó a los terratenientes feudales a sustituir la explotación agrícola de la tierra por la siembra de pastos para las ovejas, desplazando a los campesinos de sus parcelas y lanzándolos a las ciudades en búsqueda de trabajo.
Época del Rey Eduardo III (1327-1377).
Otro factor de la producción era la manufactura –del latín manus– que significa mano y de factura que quiere decir hechura, es decir, obra hecha a mano, sin utilización de la máquina, en la cual participaba la familia para producir los bienes; las mujeres hilaban y los hombres tejían6 . El taller artesanal era otro medio de producción, del cual nos ocupamos anteriormente, aclarando que los talleres aparecieron primero en Inglaterra y mucho después en Francia. Estos factores de la producción arruinaron a los trabajadores con la invención de la “Lanzadera” de KAY en 1733, y de los “rodillos” de WHITE y LEWIS PAUL, en 1738 y de JAIME HARGREAVES, en 1764, con “la hiladora mecánica”, que se llamó la “hiladora de Jenny”, primera máquina que sustituyó en buena parte la fuerza humana laboral, porque incrementó el crecimiento de la producción7 . En 1785 CARTWRIGHT DE KENT inventó el telar mecánico. Estos inventos aumentaron la producción y, como afirma MIJAILOV, “el trabajo mecánico triunfó sobre el manual”. Posteriormente vino el invento de la máquina de vapor, por ‘el ingenioso’ JAMES WATT (1769). Esta invención revolucionó las “fábricas textiles”, por cuanto las mismas se movían por energía hidráulica impulsadas por ruedas y se hallaban ubicadas en las orillas de los ríos caudalosos y distantes de las ciudades. La máquina de vapor se activaba con carbón mineral, lo que permitió que las fábricas se instalaran cerca de las poblaciones hacia las que concurrían los campesinos desplazados, como se expresó anteriormente, concentrándose así la producción y creándose las grandes ciudades, en las que se establecieron las grandes fábricas industriales, lo que significó el inicio de la fase del capitalismo industrial, porque las fábricas industriales (máquinas) sustituyeron la artesanía y la manufactura (el trabajo manual), aprovechándose de la explotación del obrero y gracias al empleo de la máquina para fabricar mercancías.
Por esta época gobernaba a Inglaterra JORGE II (1727-1760), perteneciente a la casa de los Estuardo. Gobernaba en esta época JORGE III (1760-1820), de la casa de los HANNOVER.
La explosión demográfica contribuyó al aumento de la población y la correlativa concentración de la propiedad industrial gestó al capitalista industrial; el crecimiento poblacional proporcionó la mano de obra (el trabajo) y los capitalistas industriales se forjaron de la confluencia gradual de los intereses de los propietarios rurales, banqueros, cambistas, mercaderes, comerciantes; esos intereses se concentraron en los grandes recursos económicos (el capital). Así se gestaron dos clases sociales antagónicas: burgueses y proletarios. La invención mecánica revolucionó la industria aumentándose la producción, pero se requirió su aplicación a los medios de comunicación, a fin de ampliar el mercado de venta de las mercancías, por medio de carreteras, canales (en ríos y en el mar) y ferrocarriles. La gran revolución en el transporte consistió en la utilización del vapor para mover la locomotora y el barco de vapor. GEORGE STEPHENSON, en 1812 inventó la locomotora; en l825 se inauguró el primer ferrocarril entre las ciudades de Stocktom y Darlington (Inglaterra); y en 1807, navegó el primer barco de vapor en el río Hudson, en Estados Unidos. Todos estos inventos, además del aumento de la producción, generaron consecuencias económicas y sociales, en las relaciones obrero-patronales en Inglaterra, fenómeno político-social dentro del cual van germinando progresivamente los derechos sociales, debido al apetito insaciable de la burguesía por acumular dinero a consta de la explotación de los obreros proletarios, a quienes colocó en una penosa y vergonzosa situación económica y social, tras la cruel y despiadada “disciplina laboral”. Inicialmente no existía límite en la jornada laboral; posteriormente se restringió a las 18 horas, como fruto de las reclamaciones obreras; se trabajaba en condiciones infrahumanas en pequeñas edificaciones industriales y hacinados los hombres, mujeres y niños, bajo el control de un capataz, en pésimas condiciones de salubridad e higiene, mal alimentados y exponiendo la salud y la vida de los obreros con una enfermedad denominada la “fiebre fabril”. La explotación laboral indujo a los obreros a formular peticiones ante el Parlamento exigiendo que se prohibiera la “disciplina laboral” como método inhumano, en el desarrollo del trabajo, pero no obtuvieron respuesta, por
cuanto las curules de las Cámaras estaban ocupadas por la aristocracia terrateniente y los burgueses industriales. En consecuencia, los obreros atribuyeron la causa de todos los males a un enemigo, “el hombre de hierro” (la máquina), porque los privaba del trabajo y, por ende, de los medios de subsistencia. En 1760, aproximadamente, los obreros de Blackburn destruyeron la “hiladora de Jenny” y en el año de 1769 tal conducta se tipificó como delito y fue sancionada con la pena de muerte. En 1779, en el Condado de Lancaster, cerca de 8.000 obreros destruyeron las máquinas, lo que condujo a la formación del movimiento denominado “Luddismo”, por su líder NED LUDD (1811-1816). Esta experiencia les permitió a los obreros adquirir una “conciencia de clase” y, por ende, los llevó a unirse solidariamente y les abrió el camino hacia la conquista y consolidación del derecho de asociación. En la ciudad de Halifax, en 1796 se fundó el sindicato de los trabajadores productores de tejidos de lana; en 1799 se creó la asociación de los tejedores de algodón, formándose el movimiento denominado unionismo, cuyo objetivo era organizar huelgas contra los industriales y los obreros disidentes. No debemos olvidar que la Revolución Francesa de 1789 influyó democráticamente en el proceso del movimiento obrero inglés, porque se formaron asociaciones obreras democráticas con fines políticos. Los capitalistas industriales acudieron y presionaron al Parlamento y obtuvieron en 1799 que se expidiera una ley que tipificó como conducta punible el hecho de que cualquier obrero se asociara con otro u otros obreros, con el objeto de pedir aumento de salario o reducción de la jornada de trabajo; podría ser procesado ante los tribunales y condenado a una pena hasta de tres meses de prisión. En 1800 el Parlamento inglés, presionado por los burgueses industriales, expidió la llamada históricamente “Ley de Asociaciones”, en términos similares a la ley expedida el año anterior, pero con penas muy leves. Sin embargo, la clase obrera con una conciencia de clase más sólida entró en la clandestinidad. “Los obreros fundaban organizaciones secretas y, al ingresar en ellas, prestaban juramento solemne de cumplir las órdenes de
la hermandad”8 . El modus operandi se asemejaba a la organización de los gremios, o corporaciones de artesanos. Por la época de 1800 la Gran Bretaña se convirtió en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. La clase proletaria adquirió conciencia de que el Parlamento sólo representaba los intereses de la burguesía industrial; por ello, emprendió un movimiento político con el objeto de obtener una reforma electoral que permitiese su representación. No obstante lo anterior, la burguesía industrial tampoco tenía representación en la Cámara de los Comunes, por cuanto los grandes terratenientes (conformaban el partido de los Torys-conservadores), la dominaban políticamente, es decir, que el derecho al sufragio era limitado. En 1775 existían en Inglaterra 150.000 electores y tenían derecho a ser elegidos los ciudadanos que demostraran tener un ingreso anual no inferior a 300 libras esterlinas. En 1780 se constituyó el Comité Electoral de Westminster, exigiendo el establecimiento del derecho al sufragio universal y el reconocimiento de la representación política, ya que la Cámara de los Comunes estaba integrada por 658 diputados, 254 de ellos representaban las “localidades podridas”, o sea aquellas localidades con reducido número de ciudadanos y sin importancia político-económica. En 1792, un zapatero llamado THOMAS HARDY fundó la “Sociedad Correspondiente de Londres” que rápidamente tuvo 80.000 afiliados, lo que significaba una gran cuota política y contribuyó a una gran agitación política en toda Inglaterra; obviamente, dicho movimiento determinó que el Gobierno ordenara la detención de su fundador y fuese juzgado. En consecuencia, se votó en el Parlamento una ley que erigió en delito la actividad política. Sin embargo, se realizaron grandes marchas, protestas y mitines políticos obreros contra el gobierno. El 16 de agosto de 1818 los obreros promovieron una concentración política con el objeto de exigir el reconocimiento del sufragio universal, en el campo de San Pedro, en la ciudad de Manchester y la policía masacró mujeres y niños, hecho que indignó a todo el país generando actos de protesta con la participación de políticos burgueses que se sumaron al movimiento obrero. Todo terminó con la expedición de las “leyes de la mordaza”: supresión de la libertad de prensa, limitación del derecho de reunión y se facultó a la policía
MIJAILOV, op. cit., pág. 69.
para realizar registros domiciliarios. No obstante, la protesta proletaria continuó con mayor énfasis y claridad políticas9 . FRANCIS PLACE, el sastre de CHARING CROSS, apoyado por JOSEPH HUME, en 1824, líderes del unionismo, emprendieron una campaña política y lograron del Parlamento la derogación de las leyes que prohibían la libertad de asociación de los obreros; en consecuencia las asociaciones obreras dejaron de ser secretas y, por ende, se proliferaron en el país solicitando aumentos de salarios. En 1825 se expidió una nueva ley que legalizó las asociaciones obreras, pero sancionaba a aquellos obreros que impidieran a otros realizar sus trabajos, lo cual condujo a la creación de organizaciones sindicales llamadas “Tradeuniones”10 . ROBERT OWEN y JOHN DOHER, en 1830 son los autores de la idea de formar con las asociaciones de obreros una fuerte Unión Nacional de Trabajadores. Este avance social abonó el terreno para la reforma electoral de 1832, cuyo resultado significó que se destinaran 65 curules en la Cámara de los Comunes para los representantes de la nuevas ciudades industriales (Manchester y Liverpool) que surgieron durante la Revolución Industrial, es decir, que los nuevos diputados representaban a la burguesía industrial (integraban el partido de los Whigs-liberales), pero no a los movimientos obreros que se sacrificaron por dicha conquista política, aspirando a que se le otorgara el derecho al sufragio. De todas formas, la burguesía liberal ganó por primera vez las elecciones en Inglaterra y el sufragio se extendió a 813.000 votantes; recuérdese que el poder político lo detentaba la aristocracia terrateniente, desde la Revolución Gloriosa de 1689. En 1833 la aristocracia terrateniente y la burguesía industrial impulsaron unas reformas contradictorias, a saber: representadas en el Parlamento aprobaron unas leyes de abolición de la esclavitud, de reducción de la jornada laboral en las fábricas de hilados y tejidos y que suprimía el “subsidio de pobreza” y, en su lugar, se crearon las “casas obreras” que se llamaron “Bastillas para los obreros”, porque se asimilaban a las cárceles, debido al régimen laboral cruel que tenían que
JORGE IV (1820-1830), quien era por la época el Rey de Inglaterra, también pertenecía a la dinastía de los Hannover. El Rey que gobernaba a Inglaterra era GUILLERMO lV (1830-1837) de la casa de los Hannover.
soportar los obreros, hasta el extremo de separar a los hombres de las mujeres, con el objeto de evitar la procreación, por cuanto “los pobres no tenían derecho a tener una familia”. No obstante el triunfo político de la burguesía y el desencanto proletario, la lucha obrera continuó para obtener reivindicaciones sociales, económicas y políticas, lo que generó en 1835 el gran movimiento independiente de masas obreras denominado El Cartismo que redactó la Carta del Pueblo (“la Constitución del pueblo”), el cual contaba, en 1836, con dos grandes asociaciones: la Asociación de Obreros de Londres y la Gran Liga del Norte; la finalidad del Cartismo fue la de transformar el régimen político electoral inglés por la vía revolucionaria, para lo cual expuso ante el parlamento el siguiente programa político contenido en la Carta: el sufragio universal para los varones mayores de 21 años y con residencia no inferior a seis meses en un lugar determinado; el voto secreto; circunscripciones electorales iguales; reelección anual del Parlamento; abolición del “censo de propiedad” para los candidatos a ser elegidos para el Parlamento y el pago de la dietas para los parlamentarios11 . El Cartismo tuvo gran resonancia en toda Inglaterra por las numerosas y grandes manifestaciones nocturnas acompañadas con antorchas, en las que participó la burguesía pequeña y media. En la ciudad de Londres se inauguró el Primer Congreso de Diputados Cartistas, el 4 de febrero de 1839, y se llamó Convención de las Clases Industriales de la Gran Bretaña, la que aprobó una petición con un proyecto de reglamento electoral, suscrita por 1.250.000 obreros. En 1842 presentaron otra petición de contenido social y económico, a saber: limitación de la jornada de trabajo, la supresión de las “casas obreras”, abolición de la ley de los menesterosos y del monopolio de las industrias y la tierra; en fin, denunciaron la grave y lamentable situación de los obreros que por la miseria económica morían, petición que obtuvo 3.000.000 de firmas y que fue rechazada por el Parlamento, ante lo cual surgió la huelga general en todas las fábricas denominada “Mes Santo”. Entre 1843 y 1848 se adelantaron muchas huelgas y se logró del Parlamento la expedición de leyes de reivindicación laboral, a saber: la prohibición de
Una mujer descendiente de la dinastía de los H ANNOVER gobernó por esta época a Inglaterra, llamada VICTORIA (1837-1901).
los trabajos del subsuelo para las mujeres y los niños (1842); la reducción de la jornada laboral a cinco horas y media para los niños trabajadores de la industria textil (1844), el establecimiento de la jornada laboral en diez horas (1847). Este es el aporte revolucionario del Cartismo a los derechos sociales. En el campo político, obtuvieron el sufragio secreto para los obreros calificados y la pequeña burguesía (1867). En 1860, en Inglaterra, terminó la Revolución Industrial. Por esta época se agudizó y agravó el conflicto entre el capital y el trabajo conocido históricamente como la “cuestión obrera” o “cuestión proletaria”. “Tal cuestión –con los problemas anexos a ella– ha dado origen a una justa reacción social, ha hecho surgir y casi irrumpir un gran impulso de solidaridad entre los hombres del trabajo y, ante todo, entre los trabajadores de la industria. “La llamada a la solidaridad y a la acción común, lanzada a los hombres del trabajo –sobre todo a los del trabajo sectorial, monótono, despersonalizador en los complejos industriales, cuando la máquina tiende a dominar sobre el hombre– tenía un importante valor y su elocuencia desde el punto de vista de la ética social. Era la reacción contra la degradación del hombre como sujeto del trabajo, y contra la inaudita y concomitante explotación en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de prevalencia hacia la persona del trabajador. Semejante reacción ha reunido al mundo obrero en una comunidad caracterizada por una gran solidaridad12 . Esta solidaridad se denominó por los franceses fraternidad.
La Revolución Industrial también tuvo notoria relevancia, en cuanto a la gestación de los derechos sociales y económicos, en Francia. Examinaremos a continuación dicho proceso revolucionario con sus características especiales, ubicándonos en la quinta etapa de la Revolución
JUAN PABLO II. Laborem Exercens, op. cit., págs. 34 y 35.
Francesa correspondiente al imperio de Napoleón y luego, en la sexta, con la restauración de la monarquía, en cabeza del Rey Luis XVIII. Estudiaremos muy brevemente los rasgos sobresalientes de la Revolución Francesa y las fases posteriores, a fin de ubicar la expedición de la Constitución Política de 1848, de la segunda República Francesa, en la cual se reconocieron derechos económicos, sociales y culturales, y se consagró el valor de la fraternidad como su fundamento. Como se expresó anteriormente, la revolución de 1789 determinó en Francia la abolición de la monarquía absolutista y el hundimiento del feudalismo, quedando obviamente regazos feudales, porque la economía era predominantemente agraria; por ello, la Revolución Industrial tardó en desarrollarse en Francia y su proceso fue menos ágil que en Inglaterra, porque la producción industrial inicialmente fue reducida, lo cual obstaculizó el desarrollo del comercio por la imposición de impuestos para vender mercancías de una región a otra; los artesanos no podían vender libremente sus mercancías a los comerciantes, sino a agrupaciones de especuladores y acaparadores; la mayoría de la población se conformaba por campesinos siervos que aún se sometían a los señores feudales; por ello, era evidente que la producción en la agricultura era del 70% y del 30% en la artesanía y la industria, en la etapa previa a la revolución de 1789. Como se expresó anteriormente, gobernaba por la época anterior a la revolución el Rey Luis XV (1715-1774), y durante la revolución el Rey Luis XVI –1774-1792–, pertenecientes a la dinastía de los Borbones. En la fase inicial de la primera República Francesa (1800 a 1850), gobernó NAPOLEÓN BONAPARTE durante dieciséis años (1799-1815), período que se denominó el I Imperio (y corresponde a la quinta etapa de la Revolución Francesa), durante el cual se expidió el Código Civil, en 1804, protegiendo el derecho sagrado e inviolable de la propiedad privada –con fundamento en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789– y consagrando la libertad e igualdad civiles, así como también se erigió el principio de la autonomía de la voluntad, sobre el cual giraba la libre contratación entre los particulares (los hombres), con clara vocación individualista y discriminatoria respecto de la mujer considerada como una incapaz. Se realizó una reforma tributaria que en materia de impuestos aseguró la situación económica de la burguesía. En lo demás, el emperador
se dedicó a hacer la guerra a países de Europa y del oriente hasta que fue vencido en Waterloo. El exilio de NAPOLEÓN permitió la restauración monárquica; asumió el poder Luis XVIII (1815-1824), de la casa de los Borbones (corresponde a la sexta etapa de la revolución); se expidió la Constitución de 1814 que estableció la división de poderes y el sufragio censatario. Le sucedió en el trono Carlos X (1824-1830), quien impuso un gobierno absolutista atentando contra las libertades públicas reconocidas por la revolución, ante lo cual reacciona la Cámara recordándole al Rey las limitaciones del poder contenidas en la Carta de 1814. CARLOS X decretó la disolución de la Cámaras, la abolición del voto a las tres cuartas partes de los electores y de la libertad de prensa, todo lo cual atentó contra los intereses de la burguesía y desató la revolución de 1830 promovida por la burguesía con el apoyo de las masas populares, especialmente por los obreros, en defensa de los derechos reconocidos en la Constitución. Los diputados de la burguesía liberal llevaron al poder a Luis Felipe, Duque de Orleáns (1830-1848) quien, como era de suponerse, defendió los intereses de esta clase a costa del sacrificio de la clase obrera que vivía en la miseria, pero el acceso al poder lo obtuvo la aristocracia financiera por el apoyo económico que le brindaba al Rey, lo cual desplazó a la burguesía industrial, la pequeña burguesía y la clase campesina de la participación política, azotando económicamente a la clase obrera; por lo tanto, se hizo evidente la exigencia de conquistas políticas; se luchó por el reconocimiento del sufragio universal; se produjo una grave crisis económica que se extendió de 1837 a 1846; se realizaron manifestaciones y barricadas con los trabajadores que condujeron al triunfo de la revolución; invadieron las Cámaras y se constituyó un “gobierno provisional burgués”, integrado por cinco miembros: GARNIER-PAGÉS, ARAGO, LEDRU ROLLIN, LAMARTINE y LOUIS BLANC, el cual derribó a la monarquía estableció la segunda República Francesa (1848-1852), llevando al poder por elección a LUIS NAPOLEÓNBONAPARTE (1840-1870), –sobrino del gran NAPOLEÓN– instaurándose así el II Imperio. Este gobierno reconoció el derecho al sufragio universal para los hombres y redujo la jornada de trabajo de 12 a 10 horas; así mismo, convocó una Asamblea Constituyente y se expidió la Constitución de 1848. Es importante traer a colación algunos hechos de gran trascendencia político-social, porque la clase obrera fue la actora de los mismos. El día 24 de febrero, unas horas antes de la proclamación oficial de la Segunda República,
los obreros fijaron unos carteles en las calles de París que contenían la “Declaración de El Pueblo Soberano”, de la cual se destaca lo siguiente: “Todos los ciudadanos deben estar armados y defender las barricadas hasta que hayan alcanzado el disfrute de sus derechos como ciudadanos y trabajadores: ”(...). ”Todo ciudadano es elector; ”Libertad absoluta de pensamiento y prensa; ”Derecho de asociación política e industrial para todos... ”Hermanos, permanezcamos serenos y dignificados como el derecho, como fuerza, en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad humanas”13 . Los trabajadores formularon Un programa de reformas (La Reforme, 1848), que expresa, entre otros aspectos, lo siguiente: “Todos los hombres son hermanos. ”Donde no existe la igualdad, la libertad es una mentira. ”La sociedad sólo puede vivir por la desigualdad de las aptitudes y la diversidad de las funciones. Pero aptitudes superiores no deben conferir derechos mayores. Imponen deberes más altos (...). ” (...). ”Los trabajadores han sido esclavos, han sido siervos, hoy son asalariados; es preciso tratar de hacerlos pasar al estado de asociados. ” (...).
Véase SONSOLES CABEZA SÁNCHEZ ALBORNOZ. Los movimientos revolucionarios de 1820, 1830 y 1848 en sus documentos, Barcelona, Editorial Ariel, 1998, pág. 115.
”Un poder democrático es el que tiene la soberanía del pueblo por principio, el sufragio universal por origen, y, por objetivo, la realización de esta fórmula: Libertad, Igualdad, Fraternidad”14 . LAMARTINE divulgó El manifiesto a Europa de 1848, anunciando a todos los demás Estados que Francia era una República, por cuanto había derrocado a la monarquía y “El sentido de estas tres palabras (Libertad, Igualdad y Fraternidad) aplicadas a nuestras relaciones exteriores es: emancipación de Francia de las cadenas que pesan sobre su principio y su dignidad (...)15 . De los anteriores documentos resaltamos los siguientes aportes: 1) Que todos los hombres son hermanos; 2) Que todo ciudadano es elector; 3) La soberanía reside en el pueblo; 4) La conquista del derecho de asociación, en lo político y en lo laboral era importantísima porque los obreros se organizaban en “sociedades secretas”, con el fin de defender sus derechos y planear las barricadas: “la fuerza real de las sociedades secretas yacía en las clases trabajadoras, que poseían una fuerza disciplinada, siempre preparada para la acción en el momento que se les avisara”16 ; 5) En el Manifiesto a los delegados de las corporaciones, se expresó lo siguiente: “El pueblo, esa multitud de productores cuya herencia es la miseria, el pueblo sólo ha existido hasta hoy para procurar a sus explotadores los disfrutes que ellos, los parias de la sociedad, nunca han conocido. Sí, es con su trabajo como el pueblo hace a los burgueses, los propietarios, los capitalistas; sí, es el pueblo el que hace a todos los felices de la tierra”17 , y 6) El fundamento ideológico del movimiento obrero estaba cimentado sobre la fraternidad, aunada a los principios de libertad e igualdad. Las reivindicaciones de la clase obrera se cristalizaron en la Constitución de 1848.
SÁNCHEZ ALBORNOZ, op. cit., págs. 126 y 127. SÁNCHEZ ALBORNOZ, op. cit., págs. 119 y 120. JONES, J. The 1848 Revolutions, Londres, 1981, pág. 81. SEWELL, W.H. Jr. Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el antiguo régimen hasta 1848, Madrid, 1992, pág. 340.
1) La Constitución Francesa de 1848
Esta Constitución contiene un Preámbulo y una parte dogmática; se extractan los principios del preámbulo y a continuación se transcriben las normas que reconocen los derechos, respectivamente: “En presencia de Dios, y en nombre del pueblo francés, la Asamblea Nacional proclama: ”I. Francia se constituye en República. Al adoptar esta forma definitiva de gobierno se propone como finalidad (...) asegurar un reparto cada vez más equitativo de las cargas y de las ventajas de la sociedad, aumentar el bienestar de cada uno (…). ”II. La República francesa es democrática, una e indivisible. ”III. Reconoce derechos y deberes ante Dios y superiores a las leyes positivas. ” (...). ”IV. Tiene como principio la libertad, la igualdad y la fraternidad. ”Tiene como fundamento: la familia, el trabajo, la propiedad y el orden público. ” (...). ”VII. Los ciudadanos deben amar la patria, servir a la República, defenderla incluso al precio de su vida, participar en las cargas del Estado en proporción a su fortuna; deben asegurarse, por el trabajo, medios de existencia, y por la previsión, posibilidades para el futuro; deben contribuir al bien común ayudándose entre ellos fraternalmente y al orden general observando las leyes morales y las leyes escritas que rigen la sociedad, la familia y el individuo. ”VIII. La República debe proteger al ciudadano en su persona, su familia, su religión, su propiedad y trabajo, y poner al alcance de cada uno la instrucción indispensable para todos los hombres; debe, por una asistencia
fraterna, asegurar la existencia de los ciudadanos necesitados, sea procurando trabajo en los límites de sus posibilidades, sea otorgando, en defecto de la familia, asistencia a los que no están en situación de trabajo. ”Con el fin de realizar estos deberes, y para garantizar estos derechos, la Asamblea Nacional, fiel a las tradiciones de las grandes asambleas que han iniciado la Revolución Francesa, decretan la Constitución de la República que sigue. ”Capítulo II ”Derechos de los ciudadanos garantizados por la Constitución. ” (...). ”Art. 5°. La pena de muerte es abolida en materia política. ”Art. 6°. La esclavitud no puede existir en ningún territorio francés. ”Art. 7º. Cada uno profesa libremente su religión y recibe del Estado, para el ejercicio de su culto, una protección igual. Los ministros de las religiones reconocidas actualmente por la ley, o de las que sean reconocidas en el futuro, tienen el derecho de percibir una remuneración del Estado. ”Art. 8°. Los ciudadanos tienen el derecho de asociarse, de reunirse pacíficamente y sin armas, de hacer peticiones, de manifestar sus pensamientos por medio de la prensa (…). ”Art. 9º. La enseñanza es libre (…). ” (...). ”Art. 11. Todas las propiedades son inviolables. Sin embargo, el Estado puede exigir el sacrificio de una propiedad por causa de utilidad pública, legalmente constatada, y mediante una justa y previa indemnización. ”Art. 12. La confiscación de bienes no podrá nunca ser restablecida.
”Art. 13. La Constitución garantiza a los ciudadanos la libertad de trabajo y de industria. La sociedad favorece y fomenta el desarrollo del trabajo por la enseñanza primaria gratuita, la educación profesional, la igualdad de relaciones entre el patrono y el obrero, las instituciones de previsión y de crédito, (...) proporciona la asistencia a los niños abandonados, a los enfermos y a los ancianos sin medios económicos y que sus familias no pueden socorrer”.
2) Libertad, igualdad y fraternidad
Para resaltar el aporte constitucional, obsérvese que a los valores libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789, se le adicionó en la Constitución de 1848 el valor de la fraternidad, como aporte de la lucha de los obreros franceses que no tuvieron otra alternativa que solidarizarse entre sí, para defenderse del poder económico de la burguesía; se organizaron en asociaciones secretas, por razones obvias de seguridad para sus miembros que se consideraban como hermanos que luchaban por el derecho y la libertad al trabajo, por una jornada de trabajo y por el aumento de salarios. Así mismo, en la Constitución se reconoció el derecho a la propiedad privada, pero podría ser expropiada con previa indemización y prohibió su confiscación, en un ambiente de auge de la corriente política denominada el socialismo utópico, cuyo objetivo era el de ofrecer salidas democráticas al grave conflicto obrero-patronal, sin desconocer el poder político de la burguesía y sus privilegios. Entre otros destacados autores, está LUIS BLANC (1813-1832), quien sostuvo que “cada hombre tiene derecho al trabajo y a la satisfacción de sus necesidades”; propuso el establecimiento de fábricas nacionales, auspiciadas por el Estado y dirigidas por la clase obrera, mediante un proyecto que denominó “Los talleres sociales”, en el que se vislumbraba la intervención del Estado en la economía, cuando BLANC propuso lo siguiente: “Se considerará al gobierno como el regulador supremo de la producción y se le investirá, para realizar su tarea, de un gran poder”. Fue el autor de la fórmula del “Estado de derecho democrático y social”. Estas ideas políticas sirvieron de plataforma de un gran movimiento obrero denominado el “blanquismo”. PEDRO J. PROUDHON (1809-1865), publicó un opúsculo titulado “¿Qué es la propiedad? y para responder formuló la célebre frase: “La propiedad es un robo”; defendió la clase proletaria y el
derecho al trabajo, como única forma productiva; la tierra y la empresa son estériles e inútiles sin el trabajo. El constitucionalista español MANUEL G ARCÍA -P ELAYO resalta la importancia de la Constitución de 1848, en los siguientes términos: “Decisiones políticas fundamentales de la nueva constitución son la República democrática y el reconocimiento de derechos y deberes anteriores y superiores a las leyes positivas; toma como principios la libertad, la igualdad y la fraternidad, y como bases la familia, el trabajo, la propiedad y el orden público. Así, pues, junto a la tradición revolucionaria individualista entran en consideración instituciones y valores de carácter social, signo del influjo de las ideas socialistas y católicas que habían intervenido en su redacción. La tabla de derechos es más amplia que las de las constituciones monárquicas, pero el interés fundamental de la constitución en este aspecto radica ante todo en que por primera vez, si bien de una manera tímida, se establecen derechos de individuos y de corporaciones a prestaciones del Estado”18 . Del aporte constitucional de la revolución de 1848 podemos resaltar lo siguiente: En primer lugar, la fraternidad es el principal aporte como fundamento de los derechos sociales, económicos y culturales; fue fruto de la ideología socialista; socialista porque desde 1830 se utilizaba en Francia este vocablo y el movimiento obrero se afianzaba en esta ideología y, además, porque los obreros adquirieron conciencia de clase y entendieron que deberían relacionarse como hermanos solidarios, para defenderse de la burguesía y del Estado; en segundo lugar, se consolidó la llamada democracia liberal como régimen político, siendo su base el sufragio universal; en tercer lugar, se expidieron Constituciones Políticas escritas con el establecimiento de la división tripartita de los poderes; y en cuarto lugar, “la fórmula del «Estado democrático y social» (...) apareció por primera vez en la Revolución de París de 1848, en aquel compromiso concertado entre los pequeños partidos demoliberales y las primeras asociaciones del movimiento obrero francés de ese período (...). Iba referida al derecho al trabajo que entonces fue
GARCÍA-PELAYO. Derecho constitucional comparado, op. cit., pág. 481.
configurado como un derecho fundamental. Esto se explica porque la Revolución de 1848 fue consecuencia de una grave crisis económica con un paro masivo”19 . Acerca de la fraternidad, es vital transcribir lo que los españoles explican acerca de este valor, en los siguientes términos: “La fraternidad es heredera de ideas de la (...) secularización de la idea cristiana de caridad (...). La solidaridad y la fraternidad laicas están estrechamente ligados con la idea de filantropía. Es un término de origen griego y significa amante de la humanidad (...). Además de afrontar esas lacras y esas necesidades radicales de la pobreza o de la enfermedad, la filantropía extendió la fraternidad a la lucha contra la intolerancia, contra la tortura y derivaba del sentido de humanidad, de raíz estoica (...). En Francia fue la idea de fraternidad laica, difundida de la filantropía, la que impulsó la lucha contra la esclavitud. Así un grupo de abogados y clérigos, con CONDORCER, LAFAYETTE y MIRABEAU formaron la Societé de Amis des Noirs y se consiguió que en 1794, en plena Revolución, la Convención la aboliese”20 . Valga la pena traer a colación la siguiente anécdota: en 1989, E. FAURÉ, en su condición de presidente de la Comisión Preparatoria de las Celebraciones relacionadas con la conmemoración de la Revolución Francesa de 1789, expresó las siguientes palabras: “No se conmemoran los excesos, las masacres y todo eso. La fraternidad es lo que celebramos. En torno a «fiesta de la reconciliación nacional»”21 . Históricamente se resalta la Primera Convención de los Derechos de la Mujer, en Séneca Falls, Nueva York, el 19 de julio de 1848, promovida por las hermanas Sarah y Angélica Grinke, Lucrecia Mott y Elizabeth Cady Stanton.
WOLFGANG ABENDROTH y otros. “El Estado de derecho democrático y social”, en la obra colectiva El Estado Social, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1986, págs. 15 y 16. Historia de los derechos fundamentales, op. cit., págs. 205, 209 y 210. Véase PETER HABERLE. Libertad, igualdad, fraternidad. 1789 como historia, actualidad y futuro del Estado constitucional. Madrid, Editorial Mínima Trotta, 1998, pág. 33.
La Declaración reconocía los derechos políticos de la mujer, concretamente el derecho al sufragio, “pues el hombre no puede dirigir solo la especie humana sin la ayuda y el concurso de la mujer”22 .
C. LOS APORTES DEL SOCIALISMO Y DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Por la década de los años 40 del siglo XIX, floreció en Europa una nueva ideología política, el marxismo, basado en tres fuentes ideológicas del siglo XIX: la filosofía clásica alemana; la economía política clásica inglesa y el socialismo francés. La presentación en la sociedad europea se realizó con “El manifiesto del partido comunista”. Finalizando el siglo XIX, la iglesia católica, por medio del Papa León XIII, expidió la Encíclica Rerum Novarum y con ella se edificó la Doctrina Social de la Iglesia.
1) El Manifiesto del Partido Comunista
En la segunda mitad del siglo XIX, CARLOS MARX y FEDERICO ENGELS en la obra “El Manifiesto del Partido Comunista” (1848), formularon la teoría de la lucha de clases, señalaron los derechos civiles y políticos como clasistas, excluyentes y discriminatorios de la clase trabajadora, denunciaron la explotación burguesa del proletariado y definieron el derecho, expresando que “vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase elevada a la ley”. El marxismo aportó la ideología política que generó movimientos obreros socialistas, con el objeto de independizarse de las alianzas con la burguesía liberal. Las luchas obreras crearon la necesidad reivindicativa de que se reconocieran unos derechos económicos y sociales; la ideología marxista basada en la realidad político-social europea abrió el camino hacia los derechos sociales, a fin de lograr una igualdad material. De la obra maestra del marxismo se extractan los siguientes apartes:
BENSADON, ob. cit., pág. 61.
El prólogo de la obra, comienza expresando: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. ”La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días no es otra que la historia de las luchas de clases. ” (...). “Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda sociedad se va dividiendo paulatinamente en dos campos antagónicos, en dos grandes clases, diametralmente opuestas la una a la otra: burguesía y proletariado. ”(...). ”Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante, una vez que aquel haya recibido su salario al contado, se convierte en la presa de los otros miembros de la burguesía: del arrendador, del almacenero, del prestamista prendario, etc.”23 . Finaliza la obra, expresando: “¡Que las clases dirigentes tiemblen ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. ”¡Proletarios de todos los países uníos”!24 . Estas denuncias políticas contribuyeron a que los proletarios adquirieran conciencia de clase, con fundamento en el socialismo científico, se asociaran laboralmente y se unieran en torno a un partido político obrero. En efecto, en 1864, en Londres, con la colaboración de CARLOS MARX, se fundó la Asociación Internacional del Trabajo (AIT) y con ella se creó la Primera Internacional del Trabajo, la cual concluye que los trabajadores
CARLOS MARX y FEDERICO ENGELS. “El Manifiesto del Partido Comunista” (1848), Bogotá, Ediciones Ciencia y Derecho, 2000, págs. 38, 40 y ss. MARX y ENGELS. El Manifiesto del Partido Comunista, op. cit., págs. 113 y 114.
debían continuar impulsando la lucha de clases para profundizar las contradicciones económicas, a fin de agudizar la crisis del capitalismo, con el objeto de derrotarlo y construir una sociedad socialista, basada en la igualdad material. Por esta época se reconocieron en Francia los derechos de asociación y de huelga; un año después se creó la Asociación General Alemana de Mujeres. En 1876 se creó la Liga Francesa de los Derechos de la Mujer. En Austria se reconoció el derecho a la seguridad social, en 1888. En París, en 1889, se creó la Segunda Internacional del Trabajo, con la participación de partidos políticos socialistas de la mayor parte del mundo; los trabajadores estaban seguros de la caída del sistema capitalista, a través de la revolución socialista mundial, a fin de instaurar un Estado socialista, con dictadura del proletariado. Se expidieron leyes, en Francia, en 1893, reconociendo el derecho a la seguridad e higiene en las fábricas; y en 1895 se estableció la Confederación General del Trabajo Francés y el derecho laboral consideró los accidentes de trabajo, en 1898. En este año, el Parlamento italiano aprobó leyes relacionadas con el seguro obligatorio contra enfermedades, accidentes y pensiones por ancianidad. “A la mayoría de los trabajadores franceses estas concesiones limitadas no les parecieron suficientes. La agitación socialista ascendió constantemente. Disputas ideológicas dividieron a los diversos grupos socialitas, primero consiguieron llevar un total de 50 miembros a la Cámara de diputados en 1890, 54 en 1906, 76 en 1910 y 101 en 1914. Un Partido Socialista Unificado se organizó en 1905. ”Los trabajadores franceses sentían más interés por la política que los ingleses y eran de temperamento más revolucionario que los alemanes. Sus sindicatos utilizaron la huelga como un arma política, además de económica, y sus líderes trataron del día en que la solidaridad de las clases obreras llegaría a tal grado, que una huelga general nacional obligaría al gobierno burgués a dimitir”25 .
GEOFFREY BRUÑÍ. La Europa del siglo XIX (1815-1914), México, Fondo de Cultura Económica 2001, págs. 200 y 201.
Elogiando el aporte del marxismo, el constitucionalista alemán PETER HABERLE, expresó lo siguiente: “(...) pero también las provocaciones que han de agradecerse a Marx/Engels y que quizá contribuyeran a producir el Estado social alemán”26 .
2) Rerum Novarum
La Iglesia Católica fijó su posición ante la grave situación de miseria de la clase obrera al finalizar el siglo XIX, como consecuencia de la revolución industrial y la consolidación del capitalismo monopolista o imperialista, con la llamada Doctrina Social de la Iglesia, mediante la Encíclica Rerum Novarum que podría considerarse, además, como una respuesta al Manifiesto del partido Comunista. El Papa León XIII (1878-1903), el 5 de marzo de 1891, expidió la Carta Encíclica denominada Rerum Novarum, integrada por las siguientes partes: como introducción existencia y gravedad de la cuestión obrera; primera parte, el remedio propuesto por el socialismo; y la segunda parte, solución propuesta por la Iglesia. Refiriéndose a la existencia y gravedad de la cuestión obrera, la Iglesia Católica reconoce que: “(...) 2. Efectivamente, los aumentos recientes de la industria y los nuevos caminos por los que van las artes, el cambio obrado en las relaciones mutuas de amos y jornaleros, el haberse acumulado las riquezas en unos pocos y empobrecido la multitud (...). ”6. Pero es ella difícil de resolver y no carece de peligro. Porque difícil es dar la medida justa de los derechos y deberes, en que ricos y proletarios, capitalistas y operarios, deben encerrarse. ”(...). ”8. Como quiera que sea, vemos claramente, y en esto conviene todos, que es preciso dar pronto y oportuno auxilio a los hombres de la ínfima
HABERLE, op. cit., pág. 68.
clase, puesto que sin merecerlo se halla la mayor parte de ellos en una condición desgraciada o inmerecida. ”Causas del malestar obrero. ”(...), poco a poco ha sucedido hallarse los obreros entregados, solos e indefensos, por la condición de los tiempos, a la inhumanidad de sus amos y a la desenfrenada codicia de sus competidores (...). Juntase a esto que la producción y el comercio de todas las cosas está casi todo en manos de pocos, de tal suerte, que unos cuantos hombres opulentos y riquísimos han puesto sobre la multitud innumerable de proletarios, un yugo que difiere poco del de los esclavos”27 . De esta forma, la Iglesia Católica reconoció con claridad el antagonismo clasista entre burgueses y proletarios, la acumulación desmedida de riquezas en manos de los primeros, generando con ello la miseria y el hambre de los segundos. Al referirse al remedio propuesto por el socialismo, el Papa León XIII defiende el derecho a la propiedad privada, en los siguientes términos: “Más el haber dado Dios la tierra a todo el linaje humano, para que use de ella y la disfrute, no se opone de manera alguna a la existencia de propiedades privadas”. Más adelante agrega: “Dedúcese de aquí también, que la propiedad privada es claramente conforme a la naturaleza”28 . Como solución propuesta por la Iglesia, el Papa justifica la desigualdad humana, diciendo que “en la sociedad civil no pueden todos ser iguales (...). Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades (...) y a la necesaria desigualdad de estas cosas síguese espontáneamente la desigualdad en la fortuna”29 . “Definiendo las relaciones entre el capital y el trabajo”, la Iglesia enumera los deberes que corresponden al proletario y al obrero, así: “Poner
LEÓN XIII. Rerum Novarum. Ediciones Paulinas, págs. 2, 5 y 6. LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., págs. 9 y 10. LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., pág. 17.
de su parte íntegra y fielmente el trabajo que libre y equitativamente se ha contratado; no perjudicar en manera alguna el capital, ni hacer violencia personal a sus amos; al defender sus propios derechos abstenerse de la fuerza, y nunca armar sediciones ni hacer juntas con hombres malvados que mañosamente les ponen delante desmedidas esperanzas y grandísimas promesas, a los que sigue casi siempre un arrepentimiento inútil y la ruina de sus fortunas. Y estos los deberes de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos, respetar en ellos la dignidad de la persona y la nobleza que a esa persona añade lo que se llama carácter de cristiano. Que si se tiene en cuenta la razón natural y la filosofía cristiana, no es vergonzoso para el hombre ni lo rebaja el ejercer un oficio por salario, pues le habilita el tal oficio para poder sustentar honradamente su vida. Que lo que verdaderamente es vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres, como si no fueran más que cosas, para sacar provecho de ellos, y no estimularlos en más de lo que dan de sí sus músculos y sus fuerzas”30 . Entre otras soluciones propuestas por la iglesia, se encuentran las siguientes: ”Engendrando la verdadera fraternidad. “Estas dos clases, si a los preceptos de Cristo obedecieren, no sólo en amistad, sino en verdadero amor de hermanos, se unirían”31 . La iglesia católica llama a las clases sociales a reconciliarse entre sí; a que burgueses y proletarios se unan como hermanos para lograr la verdadera fraternidad. “El Estado debe promover y defender el bienestar del obrero en general”32 . Este propósito se logra con las siguientes actuaciones de la autoridad pública:
LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., págs. 19 y 20. LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., págs. 25 y 26. LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., pág. 32.
“(...) debe la autoridad pública tener cuidado conveniente del bienestar y provecho de la clase proletaria; (...). ”Exige, pues, la equidad que la autoridad pública tenga cuidado del proletariado haciendo que le toque algo de lo que él aporta a la utilidad común, que con casa en qué morar, vestido con qué cubrirse y protección con qué defenderse de quien atenta a su bien, pueda con menos dificultades soportar la vida”33 . También el Papa León XIII resalta la importancia del derecho de asociación, con base en la Biblia, en los siguientes términos: “Mejor es que estén dos juntos que no uno solo, porque tienen la ventaja de su compañía. Si uno cayere no tiene quién lo levante”34 . Y también: “El hermano ayudado del hermano es como una ciudad fuerte”35 . No obstante el reconocimiento anterior, la Carta Encíclica propone limitaciones al derecho de asociación, así: “Hay algunas circunstancias en que es justo que se opongan las leyes a esta clase de sociedad, como es, por ejemplo cuando de propósito pretenden algo que a la probidad, a la justicia, al bien del Estado, claramente contradiga”36 . No olvidemos que a mediados del siglo XIX, los obreros se desenvolvían a través de sociedades secretas, jurando guardar sigilo de lo que en ellas ocurriera, obviamente por razones de seguridad. De ahí se estrecharon los lazos de hermandad alrededor de la solidaridad o fraternidad. En conclusión, en el siglo XIX los movimientos revolucionarios obreros, inicialmente bajo el influjo de la ideología liberal de 1789 y, en 1848 con la ideología socialista, gestaron los derechos humanos de segunda generación: derechos sociales, económicos y culturales.
LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., págs. 33 y 34. Eclesiastés 4: 9-10. Cita de LEÓN XIII, op. cit., pág. 47. Proverbios 18: 19. Cita de LEÓN XIII, op. cit., pág. 47. LEÓN XIII. Rerum Novarum, op. cit., págs. 48 y 49.
D. EL CONSTITUCIONALISMO SOCIAL
El reconocimiento de los derechos sociales inicialmente se logró por medio de la ley, en Inglaterra; posteriormente, dicho reconocimiento ascendió a la Constitución, en Francia (1948), en forma provisional como se expresó. En los albores del siglo XX los precitados derechos humanos –sociales, económicos y culturales– se consagraron en las Constituciones Políticas, en América y después en Europa, “para elevar su jerarquía y asegurar su cumplimiento”37 , lo que se denominó constitucionalismo social. En otras palabras, estos derechos se constitucionalizaron, a fin de abrigarlos con el principio de la supremacía constitucional, en el cual HANS KELSEN fundamentó el control de constitucionalidad de las leyes, como garantía de los derechos humanos. El constitucionalismo social es consustancial con el Estado social de derecho, que explicaremos adelante. Comencemos por América, concretamente, México.
1) Constitución de Querétaro
En los primeros años del siglo XX (finalizando la Primera Guerra Mundial) se reconocieron los derechos económicos, sociales y culturales con la Constitución de Querétaro (México) de febrero 5 de 1917, expedida por un Congreso Constituyente integrado por 200 diputados aproximadamente, fruto de la revolución mexicana (1910 y 1911) promovida por campesinos y obreros, liderados por EMILIANO ZAPATA y PANCHO VILLA, quienes exigían reformas radicales en materia laboral, agraria y educacional, con el objeto de proteger a los desposeídos: campesinos y obreros. Es la primera Constitución Política que reconoce los Derechos Sociales, Económicos y Culturales.
BORJA, op. cit., pág. 169.
Es digno de destacar en esta fase histórica la consagración de los derechos sociales y de ahí la denominación de “constitucionalismo social”38 . Esta Constitución consagró los siguientes derechos: el derecho de la persona a la protección de la salud (art. 4); “La enseñanza es libre pero laica (...). En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la enseñanza primaria ”(art. 3); “toda familia tiene derecho a disfrutar de una vivienda digna y decorosa” (art. 4); el deber de los patronos de proporcionar a los trabajadores habitaciones cómodas e higiénicas (art. 123); la libertad de expresión (arts. 6 y 7); la propiedad social (art. 27); “toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil” (art. 123); la rectoría económica del Estado y el dominio de la nación sobre los recursos naturales (arts. 27 y 28); la reforma agraria basada en la abolición de los latifundios y la dotación de tierras, bosques y aguas en favor de los campesinos y de las comunidades (art. 27). El título sexto de la Constitución se denomina “Del trabajo y de la previsión social”; el artículo 123 establece que el Congreso deberá expedir leyes sobre el trabajo, teniendo en cuenta, entre otras, las siguientes bases, las cuales regirán el trabajo de los obreros, jornaleros, empleados, domésticos y artesanos y, de una manera general, todo contrato de trabajo: jornada de ocho horas, un día de descanso a la semana, protección laboral a las mujeres durante los tres meses anteriores al parto y un mes después; el salario mínimo, exceptuado de embargo, compensación o descuento; para trabajo igual debe corresponder salario igual; horas extras, responsabilidad patronal por los accidentes de trabajo, el derecho a formar sindicatos y a hacer huelgas y paros; el despido sin justa causa daría derecho al trabajador a exigir del patrono el cumplimiento del contrato o a indemnización. En el artículo XXVII, se enumeran unas condiciones que, de ser incluidas como cláusulas en los contratos de trabajo serían nulas, como las jornadas inhumanas, el salario inferior a un mínimo, el pago del salario en cantinas, fondas, etc. En otras palabras, la Constitución de Querétaro consagró lo que se denomina “justicia social”, entendiendo por ella “el sistema ideológico por
La Primera Guerra Mundial marca el paso del constitucionalismo liberal (derechos civiles y políticos) al constitucionalismo social, según el cual se incorpora a las Constituciones vigentes una nueva categoría de derechos, los derechos sociales y económicos. Este proceso suele denominarse de constitucionalización, por oposición al proceso de desconstitucionalización al surgir el fascismo y el nacismo, sometiendo el derecho al Estado.
virtud del cual la organización del Estado se funda en el constante mejoramiento económico, social y cultural de la población” (...) “a través de los imperativos que tienden a proteger a la sociedad y sus grupos, clases y círculos sociales vulnerables o marginados como los menores de edad, la familia, los indígenas, los campesinos, los trabajadores, y la comunidad nacional en lo que se refiere a la salud y a la vivienda”39 . Este es el primer antecedente de los derechos humanos de segunda generación, esto es, los derechos económicos, sociales y culturales. Continuemos con Europa, en especial con Rusia.
2) Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado
Posteriormente se expidió la Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado, aprobada el 12 de enero de 1918, por el III Congreso de los Soviet de toda Rusia, tras el triunfo de la revolución bolchevique de octubre de 1917, protagonizada por los líderes marxistas VLADIMIR ILICH LENIN, LEÓN TROSKY y JOSÉ STALIN, entre otros; esta Declaración socialista tiene la huella del “Manifiesto del partido comunista”. La revolución bolchevique triunfó, mientras las guerras entre los Estados europeos avanzaban vertiginosamente. En Rusia el gobierno del Zar Nicolás II llegaba a su final por la grave crisis económica y política que soportaba el pueblo ruso, situación caótica a la que contribuyeron los liberales, los nobles y comerciantes, con el mismo propósito de derrotar al Zar, quien el 15 de marzo de 1917 abdicó al poder en la ciudad de Pskov, erigiéndose un gobierno provisional revolucionario integrado por miembros de la Duma. En abril siguiente, LENÍN regresó a Petrogrado y concentró el poder en los Soviet (consejo de obreros y soldados); con la participación de JOSÉ STALÍN y LEÓN TROSKY, entre otros, en el mes de octubre, los bolcheviques se tomaron el poder, abriendo el camino al primer régimen socialista en el mundo, basado en la filosofía marxista-leninista (ideología que determinaría el expansionismo
ENRIQUE SÁNCHEZ BRINGAS. Derecho Constitucional, México, Editorial Porrúa, 3ª ed., 1998, págs. 813 y 583.
del partido comunista en Europa, en la primera mitad del siglo XX) y erigiendo el Estado socialista. El 10 de julio de 1918 se incorporó a la Constitución de la República Socialista Soviética de Rusia, en la sección primera, la “Declaración sobre derechos del pueblo trabajador y explotado”, lo que simbolizó el triunfo universal de la clase proletaria, con la solidaridad de los campesinos explotados por el régimen zarista. El numeral 1 de la Declaración, preceptúa: “Queda abolida la propiedad privada de la tierra. Se declara patrimonio de todo el pueblo trabajador toda la tierra, con todos los edificios, el ganado de labor, los aperos de labranza y demás accesorios agrícolas. ”2. Se confirma la ley de los soviet sobre el control obrero y el Consejo Superior de Economía del Pueblo, con objeto de asegurar el poder del pueblo trabajador sobre los explotadores y, como primera medida, para que las fábricas, talleres, minas, ferrocarriles y demás medios de producción y de transporte pasen por entero a ser propiedad del Estado obrero y campesino. ”3. Se confirma el paso de todos los bancos a propiedad del Estado obrero y campesino, como una de las condiciones de la emancipación de las masas trabajadoras del yugo del capital. ”4. Queda establecido el trabajo obligatorio para todos, con el fin de suprimir las capas parasitarias de la sociedad. ” (...). ”El poder debe pertenecer completa y exclusivamente a las masas trabajadoras y a sus representantes plenipotenciarios, los soviet de diputados, obreros, soldados y campesinos”. La Declaración socialista de 1918, fundada en el marxismo-leninismo, es la respuesta a la Declaración burguesa basada en el liberalismo individualista de 1789; la segunda inspirada en la libertad económica con la sacralización de la propiedad privada y, la primera, en la obligatoriedad del trabajo con la abolición de la propiedad y el establecimiento de la propiedad estatal de los medios de producción.
Con esta fórmula desaparecerían las desigualdades socio-económicas entre los hombres que ROUSSEAU había denunciado durante la Revolución Francesa, por cuanto la dictadura del proletariado garantizaría una real “justicia social”. La Declaración rusa significó además el triunfo obrero por la dignificación del derecho al trabajo al garantizárselo a todos los seres humanos, lo que contribuyó a la igualdad material de los trabajadores ante la Constitución, la ley y el Estado, a fin de dar plena realización a la máxima de CARLOS MARX: “A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades”. En otras palabras, mientras las personas ejerzan dignamente su derecho al trabajo, podrán satisfacer las necesidades esenciales de su familia y el Estado socialista será el garante real de los derechos a una alimentación balanceada, a la salud, a la seguridad social, a la educación, a la cultura, a la recreación, etc. Había transcurrido un año de la expedición de la Constitución de Rusia, y en Alemania se dictó una Constitución de elocuente contenido social.
3) Constitución de Weimar
Finalizando la Primera Guerra Mundial en Alemania, un movimiento revolucionario sustituyó el régimen monárquico imperial por una república. Guillermo II renunció a los tronos de Alemania y Prusia, siendo reemplazado por Friederich Ebert, el 9 de noviembre de 1918; ese movimiento lo integraban el partido social demócrata con la alianza del partido popular, con representación en la Asamblea Nacional de Weimar, la cual expidió el 11 de agosto de 1919 la Constitución que lleva su nombre, con el siguiente preámbulo: “El pueblo alemán, unido en sus estirpes, y animado del deseo de renovar y consolidar su Reich en la libertad y la justicia, servir a la paz interior y exterior y fomentar el progreso social, se ha dado la presente Constitución”. En el artículo 4º estableció una importante norma relacionada con la primacía del derecho internacional, cuyo texto expresa: “Las reglas del derecho internacional que sean generalmente reconocidas obligan como si formaran parte integrante del derecho Alemán del Reich”.
“(...) esta Constitución posee todo un complejo normativo de reglas de carácter social. Junto a todo esto incluye de un modo muy consciente –si bien como una parcial concesión a las masas trabajadoras que rápidamente se inclinaban hacia la izquierda– la idea central de 1918 en el sentido de que había que socializar la gran industria; y la fijó en la forma de un artículo que hiciera posible la socialización de todos los medios de producción. Como una ulterior concesión del gobierno y de los partidos políticos principales a las masas de electores, la Constitución de Weimar se vio en la necesidad de recoger en el artículo 165 la idea del Soviet en forma de autogestión y de participación de los trabajadores en la dirección de la fábrica”40 . La segunda parte de la Constitución alemana se denomina Derechos y deberes fundamentales de los alemanes. Se reconocen, entre otros, los siguientes derechos: “Art. 109. Todos los alemanes son iguales ante la ley. ”Hombres y mujeres tienen, en principio, los mismos derechos y deberes políticos. (...)”. “Art. 119. (...) La maternidad tiene derecho a la protección y asistencia del Estado”. “Art. 120. La educación de la prole para el desarrollo corporal, espiritual y social constituyen el deber supremo y un derecho natural de los padres, velando por su cumplimiento la comunidad política. “(...)”. “Art. 122. La juventud será protegida contra la explotación, así como contra el abandono moral, espiritual o corporal”. “(...)”.
WOLFGANG ABENDROTH. El Estado de derecho democrático y social como proyecto político. Op. cit., págs. 17 y 18.
“Art. 124. Todos los alemanes tienen derecho a constituir uniones o asociaciones para fines que no infrinjan la ley penal. ”(...). ”Art. 125. Se garantizan la libertad y el secreto del voto. Las leyes electorales dictarán las disposiciones complementarias”. “(...)”. “Art. 128. Todos los ciudadanos son admisibles, sin distinción, a los cargos públicos con arreglo a las leyes y según su capacidad y aptitudes”. El título IV de la segunda parte de la Constitución, trata de la educación y enseñanza, así: “Art. 143. Se atenderá a la educación de la juventud mediante establecimientos públicos (...)”. “Art. 145. Existe una obligación general escolar (...). En las escuelas primarias y complementarias, tienen carácter gratuito la enseñanza y los medios de estudio”. Estas son las normas más importantes sobre el reconocimiento de los derechos sociales, económicos y culturales. “De este modo esta Constitución positivó aquellas concepciones jurídicas sustanciales que habían sido expresadas con la vieja fórmula del «Estado de Derecho democrático y social», nacida de la Revolución Francesa de 1848”41 . El título V de la segunda parte se relaciona con la vida económica, así: “Art. 151. El régimen de la vida económica debe responder a principios de justicia, con la aspiración de asegurar a todos una existencia digna del hombre (...).
ABENDROTH, op. cit., pág. 18.
”Art. 153. La Constitución garantiza la propiedad, cuyo contenido y límites fijarán las leyes (...); La propiedad obliga. Su uso ha de constituir al mismo tiempo un servicio para el bien general”. “Art. 155 (...) ”El cultivo y explotación de la tierra es un deber de su propietario para con la comunidad (...)”. Con el fundamento social que emerge de las disposiciones anteriores, se estableció la expropiación y la cogestión, en las siguientes normas: Los artículos 156 y 165 de la citada Constitución rezaban, respectivamente, lo siguiente: “Art. 156. El Reich puede en virtud de ley, previa indemnización, y aplicando analógicamente las normas en vigor para la expropiación, transformar en propiedad colectiva la propiedad de empresas privadas susceptibles de socialización. Puede participar por sí o atribuir a los Lander o a los municipios la participación en la administración en empresas o sociedades económicas, o bien garantizarse de otro modo una influencia prevalente en ellas. ”El Reich puede además, en caso de urgente necesidad, establecida mediante ley, colocar en régimen de explotación común empresas y sociedades sobre la base de la autogestión y con el propósito de asegurar la colaboración de todos los factores de la producción, dando participación en la administración a patronos y obreros (...)”. “Art. 165. Los empleados y obreros están llamados a colaborar en pie de igualdad y en comunidad con los empresarios para establecer los salarios y condiciones de trabajo, así como a participar en el desarrollo económico global de las fuerzas de producción (...)”. En la parte final de la vida económica (Título V), se reconocieron los siguientes derechos sociales: “Art. 157. La mano de obra gozará de la protección especial del Reich. ”Se establecerá en todo el Reich un derecho obrero uniforme”.
“Art. 159. Se garantiza a todos y en todas las profesiones la libertad de asociación para la defensa y mejora de las condiciones del trabajo y económicos. Todos los acuerdos y medidas que pretenden restringir o impedir esta libertad son contrarios a derecho”. “Art. 161. El reich creará un amplio sistema de seguros para poder, con el concurso de los interesados, atender a la conservación de la salud y de la capacidad para el trabajo, a la protección de una maternidad y a la previsión de las consecuencias económicas de la vejez, la enfermedad y las vicisitudes de la vida”. “Art. 162. El Reich procurará una regulación internacional de las relaciones jurídicas referentes a los trabajadores, a fin de proporcionar a toda la clase obrera de la Humanidad un mínimum general de derechos sociales”. “Art. 163. ”(...). ”A todo alemán debe proporcionársele la posibilidad de ganarse el sustento mediante un trabajo productivo. Cuando no se le puedan ofrecer ocasiones adecuadas de trabajo, se atenderá a su necesario sustento. Leyes especiales dictarán las disposiciones complementarias”. Esta es una Constitución de gran contenido social porque, en primer lugar, se reconocieron derechos sociales, como el derecho al trabajo, a la educación, a la salud y a la seguridad social; en segundo lugar, se estableció que la propiedad cumpliría una función social, con el objeto de regular su expropiación con indemnización previa; en tercer lugar, se insertó el principio de la dignidad humana, como rector de la vida económica; en cuarto lugar, se logró uno de los sueños de la clase obrera, a saber: la consagración constitucional de la autogestión, que consiste en la participación de los obreros en la administración de las empresas, junto con los patronos. En síntesis, se sientan las bases de la prevalencia del interés común sobre el interés particular, como un principio constitucional, con lo que se demostró la crisis del liberalismo clásico, abriendo las compuertas para el intervencionismo de Estado.
Este es otro antecedente de los derechos humanos de segunda generación. El 1º de octubre de 1920 se expidió la Constitución de Austria, bajo la inspiración de HANS KELSEN, estableciendo un Tribunal Constitucional, titular de la jurisdicción constitucional y, por ende, encargado del control de constitucionalidad de las leyes, primer órgano judicial de protección de los derechos humanos en el mundo. En conclusión, las Constituciones Políticas de Querétaro y de Weimar sirvieron de modelos inspiradores para las Constituciones Políticas que se expidieron en occidente con posterioridad a la segunda guerra mundial; y la Constitución Rusa, con la Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado, fue el modelo socialista para la Constitución de la República Popular de China de 1949, la Constitución Cubana de 1976 y otras de Europa oriental.
E. LA GÉNESIS DE LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS DERECHOS
Además del reconocimiento constitucional de los derechos sociales, económicos y culturales, en el tratado público internacional, mediante el cual se selló la paz una vez concluida la Primera Guerra Mundial –el Tratado de Versalles–, se le destinó una parte al derecho al trabajo, porque la guerra no solo legó a la humanidad orfandad, viudez, mutilados y refugiados, sino también un grueso cordón de desempleados, en completo abandono y miseria, es decir, el género humano fue el gran perdedor, lo que confirmó la violación de los derechos por los Estados y, consecuencialmente, condujo a la génesis de la internacionalización de los derechos, proceso que JUAN ANTONIO TRAVIESO define así: “La internacionalización consiste en el proceso que llevan a cabo los Estados con miras a procurar la protección de los derechos humanos fuera de los mismos Estados”42 . Se aclara y reitera que esta es la génesis, el punto de partida de la incorporación de unos derechos en la
JUAN ANTONIO TRAVIESO, Historia de los derechos humanos y garantías. Buenos Aires, Editorial Heliasta, S.R.L., 1993, pág. 235.
normativa internacional; “el término derechos humanos se introduce en la escena internacional con la creación de las Naciones Unidas”43 .
1) El Tratado de Versalles
Concluida la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las Potencias Aliadas, los Estados Unidos de América, el Imperio Británico, Francia, Italia y el Japón, por una parte y Alemania, por la otra, celebraron el Tratado de Paz de Versalles, dando nacimiento a la Sociedad de las Naciones (junio 28 de 1919) y en la PARTE XIII titulada Trabajo, sección primera “Organización del Trabajo”, se creó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), precedida de las siguientes consideraciones: “Considera que la Sociedad de las Naciones tiene por objeto establecer la paz universal, y que esta paz no puede fundarse sino sobre la base de la Justicia Social”. “Considerando que existen condiciones de trabajo que implican para gran número de personas injusticia, miseria y privaciones, lo cual engendra tal descontento que la paz y la armonía universales peligran; y teniendo en cuenta que es urgente mejorar dichas condiciones, por ejemplo, en lo que respecta a la fijación de las horas de trabajo, al reclutamiento de la mano de obra, a la lucha contra el paro, a la garantía de un salario que asegure condiciones de existencia convenientes, a la protección de los trabajadores contra las enfermedades generales o profesionales o los accidentes resultantes del trabajo, a la protección de los niños, de los adolescentes y de las mujeres, a las pensiones de vejez y de invalidez, a la defensa de los intereses de los obreros ocupados en el extranjero, a la afirmación del principio de la libertad sindical, a la organización de la enseñanza profesional y técnica, y a otras medidas análogas; ”Considerando que la no adopción, por una nación cualquiera, de un régimen de trabajo realmente humano, constituye un obstáculo a los
CARLOS CHIPOCO, “La protección universal de los derechos humanos”, en Estudios básicos de derechos humanos, t. I, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, IIDH, San José de Costa Rica, pág. 184.
esfuerzos de las demás naciones, deseosas de mejorar las condiciones de los obreros en su propio país; ”Las Altas Partes contratantes, movidas por sentimientos de justicia y de humanidad, así como por el deseo de asegurar una paz mundial, han convenido lo siguiente: ”Capítulo primero ”Organización ”Artículo 387. Se crea una organización permanente encargada de laborar por la realización del programa expuesto en el preámbulo”. De esta forma, nació la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que más tarde sería un órgano especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a partir de 1945. A continuación del artículo 426 del Tratado de Versalles se encuentra un anexo, relacionado con la primera reunión de la Conferencia del Trabajo a realizarse en Washington, con el siguiente orden del día: “1. Aplicación del principio de la jornada de ocho horas y de la semana de cuarenta y ocho horas. ”2. Cuestiones relativas a los medios de prevenir el paro y de remediar sus consecuencias. ”3. Empleo de las mujeres: ”a) Antes o después de dar a luz (incluso la cuestión de indemnización de maternidad). ”b) Durante la noche. ”c) En los trabajos insalubres. ”4. Empleo de los niños: ”a) Edad de admisión al trabajo.
”b) Trabajos de noche. ”c) Trabajos insalubres. ”5. Extensión y aplicación de los convenios internacionales adoptados en Berna en 1906 sobre prohibición del trabajo nocturno de las mujeres empleadas en la industria, y la del uso del fósforo blanco (amarillo) en la industria de las cerillas”. En la sección II, el artículo 427 trata de los Principios Generales, en los siguientes términos: “Reconociendo las Altas Partes contratantes que el bienestar físico, moral e intelectual de los asalariados industriales es de importancia esencial desde el punto de vista internacional, (...) persuadidas como lo están, de que el trabajo no debe considerarse simplemente como un artículo de comercio, estiman que existen métodos y principios para la reglamentación de las condiciones de aquél, que todas las comunidades industriales deberán tratar de aplicar hasta donde lo permitan las circunstancias especiales en que puedan encontrarse. ”Entre estos métodos y principios, juzgan las Altas Partes contratantes ser de importancia y urgencia los siguientes: ”1° El principio fundamental arriba indicado de que el trabajo no debe considerarse como una mercancía o artículo de comercio. ”2° El derecho de asociación para todos los fines que no sean contrarios a las leyes, tanto para los asalariados como para los patronos. ”3° El pago a los obreros de un salario que les asegure un nivel de vida conveniente, según el criterio de la época y el del país de que se trate. ”4° La adopción de la jornada de ocho horas, o de la semana de cuarenta y ocho horas, como finalidad que deba perseguirse dondequiera que no se haya logrado todavía. ”5° La adopción de un descanso semanal de veinticuatro horas, por lo menos, que deba comprender los domingos, siempre que sea posible.
”6° La supresión del trabajo de los niños, y la obligación de introducir en el trabajo de los jóvenes de ambos sexos las limitaciones necesarias para permitirles continuar su educación y procurar su desarrollo físico. ”7° El principio del salario igual, sin distinción de sexo, cuando se trate del trabajo de valor igual. ”8° Las reglas que se dicen en cada país respecto de las condiciones de trabajo, deberán asegurar una retribución económica equitativa a todos los trabajadores que residan legalmente en el país. ”9° Cada Estado deberá prestar un servicio de inspección, en el que se incluirá a las mujeres, a fin de conseguir la aplicación de las leyes y reglamentos para la protección de los trabajadores”. Estas fueron las bases jurídicas para la expedición de los Convenios de la OIT, es decir, instrumentos internacionales de protección del derecho al trabajo, por una verdadera justicia social. Podría decirse que este fue el primer paso de internacionalización de los derechos humanos de segunda generación, sin olvidar las luchas obreras en el siglo XIX, por lograr las reivindicaciones laborales, a sangre y fuego, gracias a la solidaridad o fraternidad de los obreros.
2) El aporte de la Sociedad de las Naciones
JESÚS ANTONIO CARRILLO SALCEDO señala que la sociedad de las naciones aportó a la protección de los derechos fundamentales a través de distintos causes, a saber: ”- el régimen jurídico de protección de las minorías nacionales, inspirado en el principio de no discriminación y que, a pesar de sus innegables límites y deficiencias, constituyó un mecanismo de salvaguardia y protección de derechos humanos; ”- el régimen de mandatos, que, aunque aplicable únicamente a las colonias de los Estados vencidos, supuso la admisión de obligaciones jurídicas internacionales de la potencia mandataria respecto de la población sujeta a mandato;
”- la prohibición de la esclavitud en la Convención de Saint-Germain-enLaye, que tenía por finalidad revisar las disposiciones del Acta General de Bruselas de 1890, y en la Convención de Ginebra de 25 de septiembre de 1926, relativa a la supresión de la esclavitud en todas sus formas, así como la trata de esclavos; ”- las Convenciones de 28 de octubre de 1933 y 10 de febrero de 1938, relativas al estatuto internacional de los refugiados; “- finalmente, el régimen de protección de los trabajadores a través de la acción confiada a la Organización Internacional del Trabajo”44 . ¿El Estado de derecho cómo se transformó después de las conquistas de la clase obrera ? En un Estado social de derecho.
F. ESTADO SOCIAL DE DERECHO
Según ANTONIO E. PÉREZ LUÑO “el individualismo no podía satisfacer la exigencia de libertad e igualdad reales de los sectores social y económicamente más deprimidos”45 , por la sencilla razón de que el reconocimiento del derecho a la propiedad privada aseguraría la protección económica de la burguesía y dialécticamente determinaría la desigualdad social, económica y política de los trabajadores, generando injusticia social. Recuérdese que los derechos políticos sólo se reconocieron a los ciudadanos franceses que podían demostrar ser propietarios o tener rentas, excluyendo a los trabajadores de la participación democrática en los asuntos del Estado. La situación no era de esperar mucho tiempo; forzosamente se abandona el dogma del laissez faire a favor de la intervención del Estado en la economía que permitiera “garantizar el pleno empleo y el aumento de las rentas del trabajo con la tarea de proporcionar a la generalidad de los
JUAN ANTONIO CARRILLO SALCEDO. “Soberanía de los Estados y Derechos Humanos” en Derecho Internacional Contemporáneo, Madrid, Ed. Tecnos, 2000, págs. 31 y 32. ANTONIO E. P ÉREZ LUÑO , Derechos humanos, Estado de derecho y Constitución, Madrid, Editorial Tecnos, 1991, pág. 223.
ciudadanos las prestaciones sociales necesarias y los servicios públicos adecuados para el pleno desarrollo de su personalidad”46 . El anterior proceso de transformación aportó el reconocimiento de unos nuevos derechos, los derechos sociales y son “aquellos derechos que tienen por objetivo limitar las desigualdades que existen en una sociedad determinada, tendiendo a establecer un mínimo de igualdad real”47 . La configuración normativa de los derechos sociales aparejó la transformación del Estado de derecho liberal en Estado social de derecho. De esta forma el ser humano fue conquistando el reconocimiento a la igualdad material, con un complemento indispensable, su reconocimiento a la dignidad humana. El “principio de la dignidad humana es, entonces, que todo hombre, en cualquier posición social en que se encuentre inicialmente, debe ser puesto en condiciones de tener igualdad de oportunidades de autorrealización” 48 . De esta forma, se introduce en el plexo de los derechos humanos el principio de la justicia social; “para el liberalismo sincero o progresivo, la justicia social se condensa en el intervensionismo de Estado, tendencia propensa al reconocimiento de ciertas reivindicaciones de los trabajadores, pero sin destrucción de las bases capitalistas de la sociedad burguesa”49 . La justicia social surgió de la injusta explotación de la clase obrera por la burguesía titular del poder económico capitalista. Los derechos sociales engendraron una nueva forma de Estado: Estado Social de Derecho sobre el que se erigió el constitucionalismo social. Con el reconocimiento del sufragio universal –todos los ciudadanos son titulares de los derechos políticos (incluidos los obreros)–, la democracia se constituyó en uno de los principales principios fundamentales de las
Cfr. PÉREZ LUÑO, Derechos humanos, Estado de derecho y Constitución, ob. cit., pág. 224. GRAÑA y ÁLVAREZ, ob. cit., pág. 271. BALDASARRE. Ob. cit., págs. 78 y 79. GUILLERMO CABANELLAS, Diccionario de Derecho Usual, Tomo II, 6ª ed., Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1968, pág. 482.
Constituciones Políticas. De ahí la denominación Estado Social Democrático de Derecho. “Este proceso de expansión de los derechos sociales en las democracias constitucionales puede verse reflejado en lo que se conoce como el Estado de bienestar”50 .
G. ESTADO DE BIENESTAR
“Locución que se emplea para describir, dentro de los regímenes democráticos con economía de mercado, una serie de políticas de orden social que persiguen proporcionar a la población más pobre de un país, en forma gratuita y con cargo a fondos y asistencia estatales, los servicios básicos y otras prestaciones que mejoren su calidad de vida”51 . “De esta manera, el Estado de bienestar se caracteriza, en términos generales por: a) Constituirse a partir de un amplio pacto social cuyos principales involucrados son los trabajadores y las clases medias urbanas, incluidos los empresarios; b) busca atender las necesidades de los grandes sectores populares, principalmente a través de servicios de salud y educación; c) Cumple un papel estabilizador de la demanda interna muy importante mediante el impulso del consumo gubernamental; d) Al renunciar las clases trabajadoras a los grandes conflictos no regulados, se garantiza la paz social; e) Existe un importante ámbito de libertades políticas aunado a un extenso sistema democrático; f) Postula un marco de crecimiento continuo, sostenido y equilibrado; g) Existe un sistema fiscal y hacendario redistributivo; y h) Se constituye un sector público regulador, inspector y agente productor subsidiario (aunque en algunos casos se vuelve un productor primario) muy extenso”52 . “En este sentido, las características del Estado de Bienestar han sido la consagración constitucional de una igualdad concebida como una igualdad de oportunidades, y no ya como una mera igualdad jurídica formal; y una
GRAÑA y ÁLVAREZ, ob. cit., pág. 280. BORJA, ob. cit., pág. 397. MIGUEL CARBONELL, (coordinador). Diccionario de derecho constitucional, México, Editorial Porrúa, UNAM, 2002, pág. 229.
política destinada a permitir la participación real y creciente en el producto o renta de todos los sectores sociales”53 . En nuestro concepto, se trata de la realización de la fraternidad. El Estado de Bienestar logró su consolidación y su expansión a partir de la terminación de la segunda guerra mundial (1945) y entró en crisis con el neoliberalismo y la globalización, como lo explicaremos en el tercer capítulo. Finalmente, realizaremos un salto histórico para ubicarnos en 1981 y elogiar el pensamiento que revolucionó a la iglesia Católica noventa años después del Rerum Novarum, con la visión del reconocimiento del derecho del trabajo como uno de los derechos humanos de segunda generación más importante.
1. Laborem exercens
Para celebrar el 90º aniversario de la Rerum Novarum, el Papa Juan Pablo II, expidió la Carta Encíclica Laborem exercens (sobre el trabajo), el 14 de septiembre de 1981, de la cual merece por su profunda importancia destacar lo siguiente: “con su trabajo el hombre ha de procurarse el pan cotidiano, contribuir al continuo progreso de las ciencias y la técnica, y sobre todo a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos. Y «trabajo» significa todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias (...). ”La llamada a la solidaridad y a la acción común, lanzada a los hombres del trabajo –sobre todo a los del trabajo sectorial, monótono, despersonalizador en los complejos industriales, cuando la máquina tiende a dominar sobre el hombre– tenía un importante valor y su elocuencia desde el punto de vista de la ética social. Era la reacción contra la degradación del hombre como sujeto del trabajo, y contra la inaudita y concomitante explotación en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de previdencia hacia la persona del trabajador. Semejante reacción ha reunido al mundo obrero en una comunidad caracterizada por una gran solidaridad.
GRAÑA y ÁLVAREZ, ob. cit., pág. 281.
”Tras las huellas de la Encíclica Rerum Novarum y de muchos documentos sucesivos del Magisterio de la Iglesia se debe reconocer francamente que fue justificada, desde la óptica de la moral social, la reacción contra el sistema de injusticia y de daño, que pedía venganza al cielo, y que pesaba sobre el hombre del trabajo en aquel período de rápida industrialización. Esta situación estaba favorecida por el sistema socio-político liberal que, según sus premisas de economismo, reforzaba y aseguraba la iniciativa económica de los solos poseedores del capital, y no se preocupaba suficientemente de los derechos del hombre, del trabajo, afirmando que el trabajo humano es solamente instrumento de producción, y que el capital es el fundamento, el factor eficiente, y el fin de la producción (...). ”Si el trabajo –en el múltiple sentido de esta palabra– es una obligación, es decir, un deber, es también a la vez una fuente de derechos por parte del trabajador. Estos derechos deben ser examinados en el amplio contexto del conjunto de los derechos del hombre que le son connaturales, muchos de los cuales son proclamados por distintos organismos internacionales y garantizados cada vez más por los Estados para sus propios ciudadanos (...). Los derechos humanos que brotan del trabajo, entran precisamente dentro del más amplio contexto de los derechos fundamentales de la persona”54 . De esta forma, hemos explicado históricamente la segunda generación de los derechos humanos.
2. Caracterización de los derechos económicos, sociales y culturales
Se trata de un nuevo catálogo de derechos humanos que tiene como destinatarios a un grupo de seres humanos empobrecidos que se encuentran en condiciones semejantes de desprotección ante el avance y consolidación del capitalismo: los proletarios. Por otra parte, los derechos sociales se caracterizan principalmente por la creación de obligaciones positivas a cargo del Estado, lo que implicaría la
JUAN PABLO II, Laborem Exercens, Bogotá, Ediciones Paulinas, 2000, págs. 3, 35, 36, 76 y 77.
erogación de fondos públicos, por ejemplo, satisfacer las prestaciones de educación, salud, vivienda, etc. y limitando la propiedad privada, asignándole una función social, reforma conocida como la ‘desfundamentalización del derecho de propiedad’, según GREGORIO PECES-BARBA. Para que la satisfacción de éstos derechos sea una realidad, se creó el llamado “gasto social” que comprometía al Estado social a sufragar el costo económico de dicha realización. “Los derechos sociales consisten en prestaciones y servicios a cargo del Estado, en favor de los sectores postergados de la población. Tienen un carácter esencialmente asistencial”55 . Un sector de la doctrina ha enfatizado que estos derechos tienen una formulación meramente programática, dirigidos esencialmente al legislador futuro56 , lo que acarrea la no exigibilidad de los derechos sociales y la ausencia de posibilidad de ser justiciables. Otros tratadistas de avanzada los denominan derechos sociales fundamentales con adscripción a los derechos subjetivos. En efecto, “los derechos sociales fundamentales son derechos fundamentales, es decir, derechos subjetivos con un alto grado de importancia”57 . Son aquellos derechos humanos que sitúan a la persona humana en condiciones de igualdad material frente al Estado, con el objeto de reclamar de la autoridad pública el deber de protección de los derechos económicos, sociales y culturales. Con el reconocimiento de estos derechos se establecen unas barreras verticales entre las clases menos favorecidas económicamente (clase trabajadora) y los grupos que detentan el poder económico (empresarios e industriales burgueses). En otras palabras, el Estado debe propender por la igualdad material ante la ley, a fin de garantizar la igualdad real de oportunidades de las personas de escasos recursos económicos al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud, a la seguridad social, con el objeto de vivir dignamente; “(...) se hace necesaria la igualdad material como consecución de una meta que se
BORJA, op. cit., pág. 256. BALDASARRE, op. cit., págs. 34 y 37.
ARANGO, El concepto de derechos sociales fundamentales, Bogotá, Editorial Legis, 2005, pág. 37.
concreta en la realización de la igualdad de oportunidades”58 . La igualdad de oportunidades la precisa BOBBIO, en los siguientes términos: “El principio de la igualdad de oportunidades elevado a principio general apunta a situar a todos los miembros de una determinada sociedad en las condiciones de participación en la competición de la vida, o en la conquista de lo que es vitalmente más significativo, partiendo de posiciones iguales”59 . En tratándose de estos derechos “corresponde al Estado una obligación de hacer, dado que tales derechos tienen que realizarse a través o por medio del Estado. En este ámbito, el Estado debe actuar como promotor y protector del bienestar económico y social, en otras palabras, tiene que convertirse en garante del bienestar de todas las personas dependientes de su jurisdicción, para que éstas desarrollen sus facultades al máximo, individual y colectivamente”60 . ANTONIO E. PÉREZ LUÑO sostiene que “Los derechos sociales tienen como principal objeto asegurar la participación en la vida política, económica y cultural y social de las personas individuales, así como de los grupos en los que se integran. GURVITCH los definió en fórmula que puede considerarse clásica, como «los derechos de participación de los grupos y de los individuos, derivados de su integración en colectividades y que garantizan el carácter democrático de éstas»”. “Esta definición permite advertir los caracteres más salientes de los derechos sociales. Así, pueden entenderse tales derechos, en sentido objetivo, como el conjunto de las normas a través de las cuales el Estado lleva a cabo su función equilibradora de las desigualdades sociales. En tanto que, en sentido subjetivo, pueden entenderse como las facultades de los individuos y de los grupos a participar de los beneficios de la vida social, lo que se traduce en determinados derechos y prestaciones, directas o indirectas por parte de los poderes públicos”61 .
BORJA, op. cit., pág. 256. BOBBIO, Igualdad y libertad, op. cit., pág. 78. FIX-ZAMUDIO y VALENCIA CARMONA, op. cit., pág. 415. ANTONIO E. PÉREZ L UÑO . Los Derechos Fundamentales, Madrid, Editorial Tecnos, 1995, págs. 183 y 184.
Para GROS ESPIELL estos derechos “suponen la consideración de las necesidades económicas, sociales y culturales de los individuos e implican una actitud positiva del Estado para realizar las acciones dirigidas a satisfacer esas necesidades”62 . En otros términos, “(...) el Estado tiene, esencial aunque no exclusivamente, una obligación de hacer: la obligación de brindar los medios materiales para que los servicios de asistencia económica, social, sanitaria, cultural, etc., provean los elementos y medios necesarios de satisfacerlos. Son derechos, en cuanto a las personas humanas –de acuerdo con lo que establezca el Derecho aplicable–, que implican la aptitud de demandar que el Estado respete esos derechos brindando los medios necesarios para ello. Pero no pueden suponer –con carácter general– la facultad directa e inmediata de exigir al Estado, concreta y específicamente, la prestación que está en la esencia del reconocimiento del Derecho. La obligación del Estado radica en el imperativo deber de dedicar, dentro de sus posibilidades económicas y financieras, los recursos necesarios para la satisfacción de esos derechos económicos, sociales y culturales”63 . El papel del Estado se traduce en “un hacer”, es decir, en un deber de actuar; por ejemplo el Estado garantizará el acceso a la seguridad social, a la salud, a la educación, promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores agrarios, proteger y facilitar el trabajo, promover planes de vivienda de interés social, etc. Coincidimos con RODOLFO ARANGO en calificar a los derechos sociales como fundamentales y subjetivos; por lo tanto, estos derechos humanos son exigibles del Estado y, por ende, deberían ser justiciables, pero ello dependerá de la formación humanística y democrática de los jueces. Se debe resaltar que las luchas obreras en Inglaterra y Francia principalmente, lograron entre otras conquistas la aceptación de la calidad de ciudadano de los trabajadores y consiguientemente, el reconocimiento de los derechos políticos, porque sin democracia no subsistiría el Estado social de derecho.
GROS ESPIELL, op. cit., pág. 10. GROS ESPIELL. “Los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en los Instrumentos Internacionales: posibilidades y limitaciones para lograr su vigencia”, en la obra colectiva, Estudios Sobre Derechos Humanos, op. cit., pág. 331.
3. Los sujetos activo y pasivo de la relación jurídica
En nuestro concepto, los titulares de los derechos sociales son las personas –los trabajadores–, y en algunos casos los grupos de personas, como por ejemplo, un sindicato; todo depende del derecho humano de que se trate. En principio, las personas podrán ser titulares de los derechos económicos y culturales. En otras palabras, se trata del sujeto activo en la relación jurídica. En tratándose de los derechos sociales el sujeto pasivo podrá ser: el Estado y los particulares, por cuanto en materia laboral son los grandes empleadores, siendo el Estado el gran garante para todos los efectos de los derechos sociales, económicos y culturales. Sin embargo, la determinación del sujeto pasivo no deja de ofrecer algunos problemas, sostiene IGNACIO ARA PINILLA. “En este punto no han faltado opiniones que han insistido en la ausencia de determinación del sujeto pasivo de los derechos sociales. Frente a esta opinión entiendo que debe ser ratificada la consideración de que los derechos sociales, al igual que sucede en el caso de los derechos humanos de primera generación, tienen un sujeto pasivo concreto que viene representado (...) por el resto de los individuos que componen la comunidad política, que, en este caso, se presentan ocasionalmente integrados en, y actúan a través de, un ente artificial que es el Estado”64 . No obstante lo anterior, consideramos que el Estado es “el obligado primario para posibilitar la realización de los derechos sociales fundamentales. Esto significa que los derechos sociales humanos en la práctica deben ser transformados en derechos sociales fundamentales para poder realizarse”65, si nos estamos refiriendo al Estado de derecho, democrático y social.
ARA PINILLA, op. cit., págs. 105 y 106. ARANGO, op. cit., pág. 91.
4. ¿Cuáles son los derechos económicos, sociales y culturales?
Estos derechos son los siguientes: derecho al trabajo, derecho a condiciones justas, equitativas y satisfactorias del trabajo, derechos sindicales (a organizar sindicatos, a la huelga, derecho a la negociación colectiva), derecho a la seguridad social, derecho a la salud, derecho a la alimentación, derecho a la educación, derecho a la calidad de vida, derecho a los beneficios de la cultura, el arte y la ciencia, derecho a la orientación y a la formación profesionales, derecho a la constitución y protección de la familia, derecho a la protección especial de las madres trabajadoras y los menores trabajadores, el derecho a la protección especial de los ancianos, de los minusválidos y de los trabajadores extranjeros. Para finalizar este capítulo, decimos que la impronta de la Revolución Industrial del siglo XIX fue la fraternidad. El constitucionalista alemán PETER HABERLE, resaltando el aporte del valor de la fraternidad, sostiene lo siguiente: “El desarrollo futuro del tipo Estado constitucional habrá de ser siempre comparado de nuevo con la Declaración de Derechos del Hombre de 1789, considerándola actualizada en cuanto a la fraternidad”66 (Negrillas fuera del texto). ¡Proletarios de todos los países uníos!
HABERLE, op. cit., pág. 94.
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