Source: http://docplayer.es/174328-Consorcio-justicia-viva.html
Timestamp: 2018-01-23 00:13:02
Document Index: 50249768

Matched Legal Cases: ['artículo 101', 'artículo 105', 'artículo 305', 'artículo 101', 'Artículo 105', 'Artículo 305', 'artículo 140', 'artículo 4', 'artículo 173', 'artículo 200', 'artículo 205', 'artículo 1', 'artículo 138', 'artículo 14', 'Artículo 14', 'artículo 200', 'artículo 68', 'artículo 78', 'Artículo 44', 'artículo 118', 'artículo 205', 'artículo 200', 'artículo 1', 'artículo 5', 'artículo 25', 'artículo 25', 'artículo 16', 'artículo 16', 'artículo 7', 'artículo 16', 'artículo 25', 'artículo 9']

Consorcio Justicia Viva - PDF
Download "Consorcio Justicia Viva"
Victoria Mora Ortíz
1 Consorcio Justicia Viva Dos ensayos sobre nueva jurisprudencia constitucional: los tratados de derechos humanos y el hábeas corpus contra resoluciones judiciales Francisco José Eguiguren Praeli Eloy Espinoza-Saldaña Barrera
2 Indice Presentación Aplicación de los tratados internacionales sobre derechos humanos en la jurisprudencia constitucional peruana. (Francisco Eguiguren Praeli) 1. Los tratados sobre derechos humanos en la Constitución de Los primeros casos de aplicación de las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos en la jurisdicción interna. 3. El importante papel del sistema interamericano de protección jurisdiccional de los derechos humanos. 4. Aplicación de normas de tratados internacionales de derechos humanos en sentencias recientes del Tribunal Constitucional. 5. Reflexión final Hábeas Corpus contra resoluciones judiciales: entre la evolución del concepto proceso regular y la determinación del ámbito de acción del juez constitucional. (Eloy Espinosa Saldaña-Barrera) 1. Anotaciones preliminares sobre los alcances del presente trabajo. 2. El Hábeas corpus en el Perú: Su evolución y alguna discusión sobre su alcance tuitivo a propósito de su procedencia contra resoluciones judiciales. 3. El caso Bedoya de Vivanco : una decisión con innegables implicaciones en el análisis de la actuación del Tribunal Constitucional frente a los hábeas corpus contra resoluciones judiciales. 4. Anotaciones a modo de conclusión. 2
3 Presentación La jurisdicción constitucional cumple un papel de primera importancia para la configuración del Estado de Derecho en el país. La efectividad de los derechos fundamentales, la interdicción de la arbitrariedad y el control del ejercicio del poder están en definitiva en manos del Tribunal Constitucional, que, en el modelo de poderes y órganos públicos consagrado en la Carta de 1993, se erige en supremo intérprete de la Constitución. El rol de la jurisdicción constitucional comprende también el esclarecimiento y desarrollo de los principios y normas contenidos en la Carta Política relativos al cumplimiento de las funciones encomendadas a la justicia ordinaria. Así, la determinación de los límites y alcances de las garantías judiciales y de los derechos constitucionales que atañen al proceso forma parte de las tareas cotidianas del Tribunal Constitucional. Un parámetro básico para el establecimiento de una cada vez más sólida e interesante jurisprudencia constitucional viene dado por las decisiones de los órganos supranacionales de control de los derechos humanos, previstos en los tratados internacionales sobre la materia. Particular mención merece, a este respecto, la labor de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuyas sentencias proporcionan importantes pautas de interpretación y aplicación de la normativa internacional, en articulación con las previsiones del Derecho interno peruano. De otro lado, la reciente realidad del país, propia de la transición democrática y del restablecimiento del Estado constitucional de Derecho, ha planteado nuevos retos jurídicos, de notable envergadura y complejidad, tales como los derivados de la lucha contra la corrupción, la vulneración de los derechos humanos y la impunidad en que se halla inmerso el Perú a través de los correspondientes órganos del sistema de justicia. Es este contexto el que favorece la realización y publicación de los ensayos que ahora damos a conocer. Precisamente, la cuestión de la aplicación de los pactos internacionales sobre derechos humanos y de la jurisprudencia fijada por la Corte de San José, a partir de las sentencias emitidas en los últimos años por el Tribunal Constitucional peruano, es el objeto del estudio llevado a cabo por el doctor Francisco José Eguiguren Praeli. Por su parte, el doctor Eloy Espinoza-Saldaña Barrera se ocupa del fenómeno, en gran medida reciente, de la interposición de acciones de hábeas corpus contra resoluciones judiciales, a fin de cuestionarlas por supuestamente apartarse de un proceso regular y transgredir el derecho a un debido proceso no solo en su dimensión formal, sino también sustantiva, en relación con el derecho fundamental a la libertad personal, único derecho tutelable en vía de hábeas corpus. 3
4 El doctor Eguiguren Praeli es el jefe del Departamento Académico de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y el doctor Espinoza-Saldaña Barrera, uno de sus miembros. Ambos destacados profesores e investigadores han integrado un Grupo de Alto Nivel sobre Reforma Constitucional en Materia de Sistema de Justicia, en el marco del cual han llevado a cabo los estudios que aquí se publica, como parte de las actividades desarrolladas por el Consorcio Justicia Viva. Lima, junio del
5 Aplicación de los tratados internacionales sobre derechos humanos en la jurisprudencia constitucional peruana Francisco José Eguiguren Praeli * La experiencia peruana en cuanto al reconocimiento constitucional y aplicación de los tratados internacionales sobre derechos humanos en el derecho interno y la jurisprudencia ha estado marcada por movimientos pendulares y contradicciones bastante acentuadas durante los últimos veinte años. El entusiasta avance que significó la Constitución de 1979, con una norma pionera que reconocía rango constitucional a las normas referidas a derechos humanos contenidas en pactos internacionales sobre la materia ratificados por el Perú, fue severamente afectado durante el régimen de facto ulterior al autogolpe del presidente Fujimori, al punto que la Constitución de 1993 eliminó este tipo de estipulación y atribuyó a los tratados mero rango de ley. Este profundo retroceso normativo se vio acompañado de una práctica sistemática de vulneración o desconocimiento de lo dispuesto en los pactos de derechos humanos, especialmente en la legislación penal y antiterrorista y en el accionar concreto de las fuerzas de seguridad. A mediados de 1999 incluso se llegó al extremo de que el gobierno adoptara la decisión de retiro del reconocimiento peruano a la competencia contenciosa de la Corte Interamericana, a fin de incumplir las sentencias dictadas por ese tribunal y de eludir los múltiples procesos en trámite. Posteriormente, restablecido el orden democrático a la caída del régimen fujimorista, se normalizó la situación del Perú frente al Pacto y la Corte, se recompuso el Tribunal Constitucional y han empezado a surgir resoluciones que hacen directa referencia y aplicación a normas internacionales sobre derechos humanos. En el presente trabajo daremos cuenta del tratamiento dado por la vigente Constitución peruana a la jerarquía y posición de los tratados internacionales sobre derechos humanos, analizando luego la principal jurisprudencia surgida tanto de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en casos promovidos contra el Estado peruano cuanto de las recientes resoluciones del Tribunal Constitucional que hacen mención a esta normativa internacional. 1. Los tratados sobre derechos humanos en la Constitución de 1993 La Constitución de 1979 se inscribió en una clara opción de promoción y defensa de los derechos fundamentales. Así, aunque se estableció que los tratados en general tenían rango legal, se señalaba que en caso de conflicto entre la ley y un * El autor agradece la colaboración de Liliana Muguerza en la revisión y selección de las resoluciones del Tribunal Constitucional. 5
6 tratado prevalecía este (artículo 101). Pero el paso trascendental fue el reconocimiento expreso del rango constitucional de las normas referidas a derechos fundamentales contenidas en tratados y pactos internacionales sobre derechos humanos ratificados por el Perú (artículo 105). Esta Constitución disponía también que agotada la jurisdicción interna, quien se considerara lesionado en sus derechos podía acudir a la jurisdicción internacional (artículo 305). Para reafirmar esta opción, en la decimosexta de las Disposiciones Generales y Transitorias de dicha Carta Política se confería una ratificación constitucional a diversos tratados internacionales sobre derechos humanos entonces ya formalmente ratificados y vigentes en el país 1. Si bien el carácter progresista de estas normas constitucionales no había alcanzado un suficiente reflejo en su aplicación concreta por parte de los órganos judiciales, el proceso se encontraba en marcha. No obstante, el incremento de las acciones subversivas y terroristas, la orientación antidemocrática impuesta por el discurso político gubernamental y la acción represiva de las fuerzas de seguridad estatal, crearon un clima francamente adverso a la noción de los derechos humanos y a sus defensores. Fue así que tras el autogolpe de Estado dado por Fujimori en abril de 1992, se dictaron numerosos decretos-leyes antiterroristas que violaban flagrantemente los pactos internacionales y la propia Constitución de La normativa sobre derechos humanos era percibida por el régimen como 1 Constitución de 1979, artículo 101: Los tratados internacionales celebrados por el Perú con otros Estados, forman parte del derecho nacional. En caso de conflicto entre el tratado y la ley, prevalece el primero. Artículo 105: Los preceptos contenidos en los tratados relativos a derechos humanos, tienen jerarquía constitucional. No pueden ser modificados si no por el procedimiento que rige para la reforma de la Constitución. Artículo 305: Agotada la jurisdicción interna, quien se considera lesionado en los derechos que la Constitución reconoce, puede recurrir a los tribunales u organismos internacionales constituidos según tratados de los que es parte el Perú. Disposiciones generales y transitorias, decimosexta: Se ratifica constitucionalmente, en todas sus cláusulas, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos así como el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas. Se ratifica, igualmente, la Convención Americana sobre Derechos Humanos de San José de Costa Rica, incluyendo sus artículos 45 y 62, referidos a la competencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 2 Así, se sometía a los civiles al juzgamiento de tribunales militares en ciertos casos de terrorismo y del delito de traición a la patria, se establecieron tribunales anónimos o jueces sin rostro, se elevó drásticamente las penas, incluyéndose la cadena perpetua; se vulneró los principios de legalidad y tipicidad penal, con regulaciones amplias e imprecisas de los tipos penales de modalidades de terrorismo, eliminando la evaluación y diferenciación del grado de responsabilidad del autor; se limitó grandemente la actuación del abogado y el ejercicio del derecho de defensa, pues se dispuso que un abogado solo podía defender simultáneamente a un procesado por terrorismo a nivel nacional y se trasladaba a los procesos las normas del Código de Justicia Militar referidas a los procedimientos de juicio en el teatro de operaciones, donde los plazos y la posibilidad de ofrecer o actuar pruebas, o de interrogar testigos, quedaban muy limitados. A los detenidos y condenados se les imponía un severo régimen de aislamiento y reclusión, privándoseles de cualquier beneficio penitenciario respecto de la pena. 6
7 un obstáculo a sus planteamientos y acciones, incluso en aspectos como la ampliación de la pena de muerte para los casos de terrorismo que propugnaba el gobierno y que colisionaba con el Pacto de San José. Fue con la elaboración de la Carta de 1993 que se intentó resolver algunos de estos problemas y constitucionalizar muchas de las normas y medidas adoptadas durante el periodo de facto. Así, en el artículo 140 de la nueva Carta Política se establece la pena de muerte para los delitos de traición a la patria, en caso de guerra, y de terrorismo, ampliando lo previsto en la Constitución de 1979, que solo la contemplaba por traición a la patria en caso de guerra exterior, vulnerando así el artículo 4 del Pacto de San José. La Corte Interamericana, al absolver una consulta promovida por organizaciones de derechos humanos sobre este tema, señaló que la norma prevista en el entonces proyecto constitucional no podría aplicarse en armonía con el Pacto, quedando plasmada formalmente en la Constitución pero sin desarrollo o aplicación penal. A su vez, en el artículo 173 de la Constitución se establece que los civiles podrán ser juzgados ante el fuero militar y las normas de dicho Código en los delitos de traición a la patria y en los de terrorismo que determine la ley. Bajo esta inspiración restrictiva de los derechos humanos, no fue nada casual que la Carta de 1993, al regular el capítulo sobre los Tratados, eliminara las dos normas claves de la Constitución de 1979, es decir, la que disponía la prevalencia del tratado sobre la ley en caso de conflicto con esta y, por supuesto, de la norma que confería rango constitucional a los derechos consignados en los pactos internacionales sobre derechos humanos. Es más: dado que la Carta guarda deliberado silencio sobre estas materias, puede interpretarse que atribuye jerarquía meramente legal a cualquier tratado, pues solo hace referencia al asunto de manera incidental al ocuparse de las Garantías Constitucionales, cuando habilita la Acción de Inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional contra las normas que tienen rango legal, incluyendo en su enumeración expresamente a los tratados (artículo 200, inciso 4). Cabe, sí, mencionar que la Carta de 1993, en su artículo 205, reitera la norma contenida en la Constitución de 1979 en el sentido de que agotada la jurisdicción interna, quien se considere lesionado en los derechos que la Constitución reconoce puede recurrir a los tribunales u organismos internacionales constituidos según tratados o convenios de los que el Perú es parte. Pero a pesar de la opción explícita del constituyente respecto de los tratados y normas internacionales sobre derechos humanos, el tratamiento dado al tema de los tratados no solo adolece de las deficiencias y silencios anotados sino que puede prestarse a una interpretación diferente. En efecto, en la cuarta de las Disposiciones Finales y Transitorias de la Constitución de 1993, de manera casi desapercibida en su momento de adopción, se contempla una norma que señala: Las normas relativas a los derechos y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de 7
8 Derechos Humanos y con los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por el Perú. Consideramos que la existencia de esta norma y su contenido permiten sostener una interpretación que conduce a que los tratados sobre derechos humanos tendrían rango constitucional. Y es que si los derechos plasmados en la Constitución deben interpretarse de conformidad con los tratados sobre derechos humanos, se atribuye a estos el papel de parámetro o límite para el contenido de dichos derechos y su interpretación, lo que no podría ser posible si fueran normas de rango inferior a la Constitución. Es más: incluso podría argumentarse que este papel rector o delimitador de los tratados sobre derechos humanos, para efectos de la interpretación del contenido y alcances de los derechos constitucionales, los colocaría en una suerte de rango o posición supraconstitucional. En todo caso, es necesario y recomendable que la futura reforma constitucional estipule expresamente el rango, cuando menos, constitucional de los tratados sobre derechos humanos. 2. Los primeros casos de aplicación de las normas de tratados internacionales sobre derechos humanos en la jurisdicción interna 2.1. El fallido intento de inaplicación judicial de la Ley de Amnistía Como consecuencia del incremento y agudización de los actos terroristas en Lima, a mediados del año 1991 se produjo la detención y desaparición de un profesor y nueve estudiantes de la Universidad de La Cantuta, a manos de un grupo que como se acreditaría luego en las investigaciones judiciales estaba integrado por militares del Servicio de Inteligencia del Ejército que actuaban en un comando irregular (denominado Colina) para realizar ejecuciones sumarias y actos de aniquilamiento de presuntos subversivos. En el mes de agosto, estudiantes universitarios de Huancayo empezaron a ser detenidos-desaparecidos o simplemente se encontraron sus cadáveres a las afueras de la ciudad, acción atribuida a actos irregulares de personal militar. Luego, el mismo Grupo Colina ejecutó un operativo que supuso que quince moradores de la zona de Barrios Altos (ubicada en pleno Centro de Lima) fueran acribillados a balazos y otros cuatro quedaron heridos mientras compartían una reunión social al interior de un inmueble. Gracias a las investigaciones y denuncias periodísticas y de algunos congresistas, se consiguió que estos crímenes fueran objeto de investigación (apenas en abril de 1995) tanto en la justicia ordinaria cuanto en el fuero militar. Tras el hallazgo de los cadáveres mutilados y quemados de las víctimas de La Cantuta y la identificación de los militares autores directos del crimen, la Corte Suprema dirimió en favor de la justicia militar (aplicando una ley exprofesamente dictada para este efecto por el Congreso controlado por el fujimorismo) la contienda de competencia 8
9 planteada por esta, encargándole el juzgamiento de tales delitos. Obviamente, por la presión pública, el fuero militar no tuvo otro remedio que condenar a algunos de los implicados, pero les impuso una pena leve en atención a los delitos cometidos; también exculpó de toda responsabilidad a otros mandos militares de mayor graduación sindicados como implicados. En esas circunstancias, el 15 de junio de 1995 el Congreso dictó la ley 26479, mediante la cual se otorgó amnistía general a los militares, policías o civiles que se encontrasen denunciados, procesados o condenados, en el fuero común y en el fuero privativo militar, por cualquier hecho que se vinculase con la lucha contra el terrorismo, ya sea que se hubiese cometido individualmente o en grupo, desde mayo de 1980 hasta el 14 de junio de Los responsables de los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, como estaba previsto, se acogieron a este beneficio y obtuvieron su libertad. Como quiera que los familiares de las víctimas de la masacre de Barrios Altos solicitaron a la jueza Antonia Saquicuray, que se encontraba a cargo del proceso penal contra los militares del Grupo Colina involucrados en este crimen, que no aplique la Ley de Amnistía y prosiga con el juzgamiento. El 16 de junio, en una resolución ejemplar tanto por su contenido jurídico cuanto por el valor que supuso no acatar el avasallamiento del poder político al órgano judicial, dicha jueza declaró inaplicable el artículo 1 de la ley a los procesados, argumentando que los jueces prefieren la Constitución sobre la ley en caso de incompatibilidad entre ambas, según dispone el artículo 138 de la Constitución de 1993, debiendo prevalecer los tratados internacionales sobre derechos humanos (en virtud de los artículos 55, 57 y la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución) que ordenan la investigación y sanción de las violaciones de los derechos humanos 3. Esta resolución judicial fue apelada por la defensa de los procesados. Pero antes de que se expidiera la decisión judicial definitiva sobre el punto, sectores políticos gubernamentales, parlamentarios y judiciales ligados al oficialismo fujimorista promovieron la aprobación de una nueva ley en el Congreso, para excluir de la posibilidad de control o revisión judicial lo dispuesto por la Ley de Amnistía. Así, inmediatamente se dictó, el 28 de junio, la ley 26492, disponiendo que se entienda que la Ley de Amnistía no vulnera la independencia del Poder Judicial, ni viola los derechos humanos o contraviene la Convención Americana de Derechos Humanos; ordenando que dicha amnistía no pueda ser revisada judicialmente y, en consecuencia, resultaba de cumplimiento obligatorio por el Poder Judicial. Apoyándose en esta nueva ley, la Sala Penal acordó por mayoría declarar nula la resolución de la jueza Saquicuray, bajo el bochornoso argumento de que los jueces no pueden dejar de aplicar las leyes del Congreso porque hacerlo sería quebrar el principio de la separación de poderes. 3 Cfr. Landa, César: El control constitucional difuso y la jerarquía de los tratados internacionales de derechos humanos en la sentencia de la jueza Saquicuray, en revista Ius et Veritas, año VI, n 11. Lima, noviembre de
10 Aunque con esta maniobra política y la complicidad de un sector del Poder Judicial se logró impedir la posibilidad de inaplicación de la Ley de Amnistía, afianzando la impunidad ante la violación de los derechos humanos, años después las cosas tendrían un distinto desenlace. En efecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mediante sentencia del 14 de marzo del 2001, luego que con fecha 19 de febrero del 2001 el Estado peruano (luego de recuperada la democracia en el país) se allanara y reconociera su responsabilidad por los sucesos de Barrios Altos, declaró la responsabilidad del Estado por la violación de los derechos a la vida, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial, perpetrados por la aprobación y aplicación de las leyes de amnistía y Asimismo, que dichas leyes eran incompatibles con la Convención Americana de Derechos Humanos y sus obligaciones, por lo que carecían de efecto jurídico, debiendo el Estado realizar las investigaciones sobre los hechos ocurridos, divulgar los resultados de ellas y sancionar a los culpables. Ello ha permitido que en el plano interno se deje sin efecto tal amnistía y se procese a los responsables de esta matanza. Asimismo, es importante resaltar que en el numeral 41 de la sentencia, la Corte fija un criterio general que puede ser aplicable a casos similares, señalando: Esta Corte considera que son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias, y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el derecho internacional de los derechos humanos El triunfo, a medias, en el reclamo de indemnización por errores judiciales A consecuencia del fenómeno de acción armada subversiva y de terrorismo que afectó al Perú desde inicios de la década del ochenta, se fue dictando una legislación penal y procesal penal antiterrorista fuertemente represiva y violatoria de los derechos fundamentales. Algunas de las figuras introducidas desde el autogolpe de Estado del presidente Fujimori (5 de abril de 1992) vulneraban la Constitución de 1979 y los pactos internacionales sobre derechos humanos estableciendo, por ejemplo, el juzgamiento de civiles ante tribunales militares, la utilización de jueces anónimos o sin rostro, la imposición de la pena de cadena perpetua, la eliminación de la evaluación del grado de responsabilidad del autor y la mera apreciación del resultado del acto delictivo, la restricción del derecho de defensa y la severa afectación del debido proceso. Como consecuencia de la aplicación de estas normas y de los procesos judiciales por terrorismo y traición a la patria, una gran cantidad de personas fueron condenadas, muchas de ellas a pesar de ser inocentes. El cuestionamiento de la comunidad jurídica nacional e internacional, así como de los órganos del sistema 10
11 interamericano de protección de los derechos humanos sobre las irregularidades de tales procesos judiciales, así como la magnitud del problema social y político generado por los inocentes en prisión, llevaron al gobierno de Fujimori a conformar una comisión ad hoc encargada de revisar los expedientes de condenados y proponer al Presidente de la República los casos de inocentes que debían ser indultados. Por este mecanismo, varios centenares de personas injustamente condenadas recuperaron la libertad. Es cierto que puede ser objeto de cuestionamiento jurídico el otorgamiento de un indulto a un inocente, pero fue una solución política y práctica al problema, con la intención de otorgar la libertad a los injustamente condenados, sin necesidad de revisión judicial del proceso ni de un nuevo juicio. Posteriormente se dictó la ley 26994, que otorgaba ciertos beneficios administrativos a los indultados por lo general personas de escasos recursos económicos pero no se les brindó solución a problemas sufridos durante la injusta detención carcelaria, como la pérdida del empleo, interrupción de estudios, afectación de salud, pérdida de bienes materiales, etcétera. Fue por ello que un grupo de indultados promovieron, con la participación de la congresista Ana Elena Townsend, una acción de cumplimiento por derecho propio y en representación de todos los indultados al amparo de la ley invocando lo dispuesto en el inciso 6 del artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y demandando el pago de indemnizaciones por errores judiciales en aplicación del mandato contenido en dicho tratado. El Poder Judicial desestimó dicha acción de garantía constitucional, motivo por el cual en vía de recurso extraordinario se llegó al Tribunal Constitucional (Exp. N AC/TC), el que en sentencia dictada el 13 de julio del 2000 revocó el fallo judicial y declaró fundada la demanda, disponiendo: en consecuencia ordena a los funcionarios emplazados se cumpla con el mandato indemnizatorio reconocido por el inciso 6) del Artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, una vez que se haya determinado en sede judicial el monto de la reparación correspondiente a cada uno de los demandantes beneficiados con la Ley N De modo que el Tribunal Constitucional confirmó la pertinencia de la aplicación del mandato del tratado y la procedencia del derecho a reparación reclamado, pero estableció que ese era el límite de la potestad de la jurisdicción constitucional y que correspondía a la jurisdicción ordinaria evaluar y fijar el monto de cada indemnización particular, en el marco de la acción judicial a promover por cada indultado para reclamar del Estado la reparación que pudiera corresponderle en función del perjuicio y daños sufridos y acreditados a consecuencia del error judicial que llevó a su condena y privación de libertad. Asimismo, cabe advertir que si bien la sentencia del TC reafirmó la aplicación y exigibilidad judicial (por medio de la acción de cumplimiento) de las normas de un tratado ratificado por el Perú, en el Fundamento 8 del fallo se pronunció sobre la posición de los tratados en nuestro Derecho interno, atribuyéndoles rango similar a las leyes. Esta opción por la tesis del rango legal de los tratados, incluso de los referidos a derechos humanos, con base en el artículo 200 inciso 4) de la 11
12 Constitución, refleja una interpretación rígida y desatiende otras tesis que la doctrina e incluso la jurisprudencia (aunque singular) reconocían a los tratados de ocupar una posición prevalente sobre la ley y a los tratados sobre derechos humanos un rango constitucional, con base en la cuarta de las Disposiciones Finales y Transitorias de la Carta de Ello supuso una postura conservadora o regresiva que, afortunadamente, el propio Tribunal una vez recompuesto ha modificado tácitamente por el contenido de sus recientes sentencias. 3. El importante papel del sistema interamericano de protección jurisdiccional de los derechos humanos El Estado peruano es parte de la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José, que aprobó y ratificó, incluso en dos oportunidades; la primera en julio de 1978 y la segunda en la decimosexta Disposición General y Transitoria de la Constitución Política de Lo mismo sucedió respecto del reconocimiento expreso, indefinido y sin reservas del sometimiento a la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; el instrumento de ratificación del Estado peruano para estos efectos, fue depositado el 9 de setiembre de 1980 y entró en vigencia para el Perú el 21 de enero de El régimen de Fujimori se caracterizó por desarrollar una política represiva del accionar subversivo y del terrorismo al margen de las obligaciones impuestas por los tratados internacionales sobre derechos humanos y la propia Constitución de Incluso desatendió sistemáticamente las recomendaciones y observaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organismos y misiones internacionales de defensa de los derechos humanos, que reclamaban las modificaciones de las leyes y de las prácticas vigentes en el país en esta materia. Debido al control político que el régimen ejercía en el Poder Judicial y el Ministerio Público, así como a través del dictado de leyes que favorecían la impunidad, distintas violaciones de los derechos humanos quedaron truncadas en el aparato judicial o no impusieron mayor sanción a los responsables. Ello determinó el progresivo incremento de denuncias contra el Estado peruano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por tales violaciones, buscando encontrar en la jurisdicción internacional y en la Corte Interamericana la justicia imposible de alcanzar en el ámbito de la jurisdicción interna. Así, con motivo de las sentencias dictadas por la Corte Interamericana en los casos Loayza Tamayo y Castillo Petruzzi y otros, que condenaron al Estado peruano, el gobierno de Fujimori optó por desacatar lo ordenado por la Corte e incumplir su mandato, violando flagrantemente lo dispuesto en el artículo 68.1 de la Convención, que señala: Los Estados partes en la Convención se comprometen a cumplir la decisión de la Corte en todo caso en que sean partes. Poco después, a iniciativa del gobierno, el Congreso aprobó la resolución legislativa (del 8 de julio de 1999) donde se resuelve el retiro, con efectos inmediatos, del reconocimiento del Estado peruano a la competencia contenciosa de la Corte. La norma y medida adoptadas por el gobierno y el Congreso violaban 12
13 el Pacto de San José pero también implicaban trasgresión manifiesta de diversos artículos de la Constitución de Dicha decisión política, instrumentada a través de un artilugio carente de sustento jurídico y ético, resultaba contraria al Derecho pues pretendía irregularmente sustraerse del cumplimiento de las sentencias condenatorias dictadas o por dictarse en los procesos en trámite ante la Corte 5. En efecto, el artículo 78 de la Convención contempla la denuncia como el mecanismo a través del cual un Estado puede retirarse del Pacto y desligarse del cumplimiento de las obligaciones internacionales asumidas. Pero señala que tal denuncia deberá formularse con un preaviso de un año y que no surtirá efecto durante dicho lapso para eludir el cumplimiento de las obligaciones contraídas hasta el momento que tal desvinculación produzca efecto. Así lo dejó establecido la Corte, en las sentencias del 24 de setiembre de 1999 sobre su competencia para los casos magistrados del Tribunal Constitucional y Baruch Ivcher, donde declaró carente de eficacia el pretendido retiro con efectos inmediatos formulado por el gobierno del Perú, señalando que un acto unilateral del Estado no podía excluir del conocimiento de un tribunal internacional los casos sobre los que ya ejercía competencia; menos aún si con ello se buscaba eludir el cumplimiento de obligaciones en materia de derechos humanos, recurriendo a un mecanismo irregular y malicioso no previsto en la Convención. De esta manera, la Corte Interamericana de Derechos Humanos siguió conociendo y resolviendo los casos en trámite contra el Estado peruano, dictando diversas sentencias condenatorias que, a pesar de la negativa del régimen fujimorista, luego permitieron el restablecimiento o, cuando menos, la reparación de los derechos vulnerados. Y es que esta situación anómala, afortunadamente, duró mucho menos de lo que Fujimori y sus asesores deseaban, pues a poco más de un año del pretendido retiro con efectos inmediatos de la competencia de la Corte, y luego de la inconstitucional y fraudulenta reelección de Fujimori para un tercer periodo presidencial consecutivo, se desató una aguda crisis política que culminó con la fuga de Fujimori del país, su destitución por el Congreso y el surgimiento de un Gobierno de Transición presidido por Valentín Paniagua, designado para este efecto por el Congreso. Poco antes de este desenlace ya se había instalado, por iniciativa y convocatoria de la Organización de Estados Americanos (OEA) una Mesa de Diálogo en la que 4 Artículo 44: Son deberes primordiales del Estado [...] garantizar la plena vigencia de los derechos humanos... ; artículo 118: Corresponde al Presidente de la República: 1. Cumplir y hacer cumplir la Constitución y los tratados ; artículo 205: Agotada la jurisdicción interna, quien se considere lesionado en los derechos que la Constitución reconoce puede recurrir a los tribunales u organismos internacionales constituidos según tratados o convenios de los que el Perú es parte. 5 Cfr. Eguiguren Praeli, Francisco: El sistema interamericano de protección de los derechos humanos y sus problemas: El retiro del Estado peruano de la competencia contenciosa de la Corte, en Revista Peruana de Derecho Público n. 1, diciembre del 2000, pp. 53 a 69. Asimismo, Landa Arroyo, César: Invalidez del retiro del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, op. cit., pp. 27 a
14 participaban representantes del gobierno fujimorista, de los partidos de oposición y de instituciones de la sociedad civil. En ella se fueron gestando diversos acuerdos políticos que facilitaron la transición hacia la democracia, algunos de los cuales se plasmaron en normas que luego aprobaba el Congreso. Uno de estos casos fue el de la resolución legislativa 27401, del 18 de enero del 2001, que dispuso la derogación de la resolución legislativa y encargó al Poder Ejecutivo realizar todas las acciones necesarias para dejar sin efecto los resultados que haya generado dicha Resolución Legislativa, restableciéndose a plenitud para el Estado Peruano la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Desde entonces, los gobiernos democráticos de Paniagua y de Toledo han normalizado la situación del Perú dentro del sistema interamericano y acatado las sentencias dictadas por la Corte. Cabe destacar que esta experiencia, a pesar de la oscura etapa del fujimorismo, ha servido para revitalizar la importancia y gravitación del sistema interamericano de protección de los derechos humanos, la aplicación de sentencias de la Corte Interamericana y de los tratados de la materia en nuestro Derecho interno y en los procesos judiciales. De manera meramente ilustrativa, pueden mencionarse las siguientes sentencias dictadas por la Corte durante los últimos años: - Caso María Elena Loayza Tamayo: La sentencia del 17 de setiembre de 1997 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la integridad personal (torturas), libertad personal, garantías judiciales y protección judicial. Ordenó la puesta en libertad de Loayza y dispuso el pago de una reparación. El caso supuso además el dictado posterior de resoluciones de interpretación y de ejecución de sentencia. - Caso Ernesto Castillo Páez: La sentencia del 3 de noviembre de 1997 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la libertad personal, integridad personal, vida, acceso a recurso judicial efectivo; imponiendo el pago de una reparación. - Caso Castillo Petruzzi y otros: La sentencia del 30 de mayo de 1999 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la libertad e integridad personal, garantías judiciales de debido proceso y protección judicial; declarando la invalidez de los procesos y condenas impuestas a los cuatro afectados y su derecho a un nuevo juicio con las garantías del debido proceso. Igualmente se ordena al Estado adoptar las medidas para modificar las leyes y normas, referidas a la tipificación y juzgamiento de los delitos de traición a la patria y terrorismo, consideradas incompatibles con la Convención. - Caso Gustavo Cesti Hurtado: La sentencia del 29 de setiembre de 1999 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la libertad personal, protección judicial y garantías judiciales; declarando la nulidad e invalidez del proceso penal que se le siguió ante la justicia militar y ordenando el pago de una reparación. 14
15 - Casos Nolberto Durand y Gabriel Ugarte: La sentencia del 16 de agosto del 2000 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la vida, libertad personal, garantías judiciales y protección judicial; ordenando también al Estado realizar las investigaciones para la identificación de los restos de las víctimas y su entrega a sus familiares. - Caso Luis Alberto Cantoral Benavides: La sentencia del 18 de agosto del 2000 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, garantías judiciales y por torturas; imponiendo el pago de una reparación. - Caso del Tribunal Constitucional: La sentencia del 31 de enero del 2001 condenó al Estado peruano por violación de los derechos a las garantías judiciales del debido proceso y a la protección judicial; ordenando que el Estado pague a los tres magistrados que fueron destituidos los salarios y demás prestaciones dejadas de percibir mientras estuvieron separados de sus cargos, así como el reembolso de gastos judiciales y legales. - Caso Baruch Ivcher: La sentencia del 6 de febrero del 2001 condenó al Estado peruano por la violación de los derechos a la nacionalidad, garantías judiciales, protección judicial, propiedad privada y libertad de expresión; ordenando que el Estado le facilite realizar todas las gestiones que permitan recuperar y ejercer sus derechos como accionista mayoritario de la empresa de televisión de que es titular. - Caso Barrios Altos: Tras el reconocimiento de responsabilidad por el Estado, la sentencia del 14 de marzo del 2001 condenó al Estado peruano por violación del derecho a la vida, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial; declarando que esta violación se ha producido por la aprobación y aplicación de leyes de amnistía, las que carecen de efecto jurídico por ser incompatibles con la Convención. Ordena al Estado se realicen las investigaciones que permitan esclarecer los hechos objeto de la sentencia, identificar a los autores, divulgar los resultados de las investigaciones y sancionar a los culpables, así como indemnizar a las víctimas. 4. Aplicación de normas de tratados internacionales de derechos humanos en sentencias recientes del Tribunal Constitucional Tras la reincorporación al Tribunal Constitucional de los tres magistrados arbitrariamente destituidos por el Congreso durante el régimen de Fujimori, así como con la ulterior renovación de los otros cuatro magistrados, el TC cuenta con integrantes de probada trayectoria democrática, competencia jurídica y solvencia moral. Ello ha permitido que muchas de las sentencias de este órgano, principal garante de la Constitución y de los derechos fundamentales, recojan lo dispuesto en tratados internacionales sobre derechos humanos. Así, de la revisión efectuada de las sentencias del Tribunal Constitucional publicadas durante el año 2002, se 15
16 ha verificado que veintiocho de ellas hacen referencia a algún tratado o norma internacional sobre derechos humanos de la cual el Perú es parte. Tales sentencias han establecido criterios y definido el contenido y alcances de distintos derechos, pudiendo señalar entre las más importantes las siguientes Procedencia del hábeas corpus correctivo frente a las condiciones de reclusión penitenciaria Con motivo de la detención y procesamiento penal a que está sometido el ex magistrado de la Corte Suprema Alejandro Rodríguez Medrano, destituido por estar sindicado como principal coordinador del aparato de intervención política y corrupción montado en el Poder Judicial por el asesor presidencial de Fujimori, Vladimiro Montesinos, dicho procesado interpuso un hábeas corpus cuestionando el haber sido trasladado a un centro penitenciario de alta seguridad. Cuestionaba también sus condiciones de reclusión, tales como cercanía con delincuentes peligrosos, riesgo para su vida e integridad personal por la presencia de delincuentes a los que había condenado en su labor jurisdiccional, carencia de servicios higiénicos y situación infrahumana. Por ello reclamaba se disponga su retorno al centro penitenciario para procesados o delincuentes primarios, de donde había sido trasladado. El Tribunal Constitucional, mediante sentencia publicada el 29 de agosto del 2002 (Expediente N HC/TC), si bien declaró infundada la acción, estableció importantes criterios para admitir la utilización del hábeas corpus de tipo correctivo para discutir y modificar las condiciones de detención y reclusión, invocando normas de la Convención Americana de Derechos Humanos. Así, señala que: El inciso 1) del artículo 200 de la Constitución Política del Estado ha creado el procedimiento de hábeas corpus como remedio procesal destinado a la protección de la libertad individual y de los derechos conexos con él. [ ]. Sin embargo, allí no culmina su objetivo, pues también mediante este remedio procesal puede efectuarse el control constitucional de las condiciones en las que se desarrolla la restricción del ejercicio de la libertad individual, en todos aquellos casos en que esta se haya decretado judicialmente. Este tipo de hábeas corpus, denominado en la doctrina como correctivo, se deriva de la interpretación conjunta de los artículos 5.4 y 25.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos. [ ] El primero de ellos garantiza el derecho a que los procesados estén separados de los condenados, salvo en circunstancias excepcionales, y que sean sometidos a un tratamiento adecuado a su condición de personas no condenadas; mientras que el segundo, porque garantiza el derecho de contar con un recurso sencillo, rápido y eficaz para la protección de los derechos reconocidos en la Constitución o en la Convención: recurso que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que esencialmente está constituido por el hábeas corpus y el amparo. 16
17 Más adelante la sentencia del TC busca distinguir entre el derecho a no ser objeto de tratos inhumanos y el de no sufrir torturas o tratos crueles; asimismo, se pronuncia sobre sus alcances en el ámbito de la reclusión penitenciaria, señalando: 7. El derecho a no ser objeto de tratos inhumanos no debe confundirse con el derecho a no ser sometido a torturas, tratos crueles o degradantes. Por este último, cuya violación no se ha alegado en el caso, se entiende de conformidad con el artículo 1 de la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, todo acto por el cual se inflija intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o confesión, de castigarla por un acto que haya cometido o se sospecha que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. 8. En cambio, el derecho a no ser objeto de tratos inhumanos se encuentra estrechamente relacionado con el derecho de dignidad de las personas y, particularmente, con los alcances del derecho a la vida digna [...] garantizan, conjuntamente, el derecho de vivir en condiciones de detención compatibles con las necesidades y requerimientos psicosomáticos de todo ser humano portador de dignidad [...] 9. En el ámbito penitenciario, los derechos a la vida digna y a no ser objeto de tratos inhumanos garantizan al procesado o sentenciado que la restricción de su libertad individual, así como la de otros derechos constitucionales, no se practique en condiciones de hacinamiento o postración en ambientes pequeños, donde se carezca de las mínimas e indispensables estructuras de higiene, instalaciones sanitarias, entre otros aspectos [...] 10. Sin embargo, si determinadas condiciones de detención son compatibles o no con el contenido constitucionalmente protegido del derecho, no es una cuestión que siempre pueda evaluarse en abstracto, o considerando la situación de un interno en forma aislada, sino en función de las condiciones en las que los demás internos (procesados o sentenciados) de un mismo establecimiento penal se encuentran. En este sentido [...] se exige de las autoridades estatales competentes fijar y realizar las medidas necesarias destinadas a remover los obstáculos que de hecho impiden el ejercicio irrestricto de los derechos de los reclusos. Finalmente, afirma el TC que: cuando el artículo 5.4 de la Convención Americana de Derechos Humanos reconoce como derecho de los procesados el estar separados de los condenados, no exige necesariamente que se habilite un 17
18 establecimiento penal exclusivamente para procesados y otro, también con carácter exclusivo, para los que vienen sufriendo condena penal. Ni siquiera que dentro de un establecimiento penal para condenados y procesados, tengan que estar necesariamente ubicados en edificios distintos. Sólo garantiza mínimamente que, dentro de un mismo local, tanto condenados como procesados, deban estar separados. Atendiendo a estas consideraciones, el Tribunal Constitucional desestimó el hábeas corpus sosteniendo que el procesado estaba detenido en un ambiente especial, separado de los condenados e incluso de otros procesados, garantizando su seguridad personal, aspecto que había incidido en la decisión de su traslado al centro penitenciario en que se encontraba Procedencia del hábeas corpus contra resoluciones judiciales donde se viola el derecho al debido proceso En nuestro ordenamiento constitucional y legal, resulta procedente la interposición de las acciones de hábeas corpus y amparo contra resoluciones judiciales violatorias de un derecho constitucional. No obstante, la legislación de la materia precisa que tales acciones no serán viables contra las resoluciones judiciales emanadas de un proceso regular, concepto que la jurisprudencia ha buscado establecer señalando que no cualquier vicio al interior de un proceso regular le hace perder dicho carácter, sino aquellas vulneraciones graves que afectan un derecho constitucional, especialmente en lo referido a la observancia del debido proceso y el respeto a la tutela judicial. Si bien son innumerables las acciones de amparo (y, en menor medida, las de hábeas corpus) interpuestas contra resoluciones judiciales, donde se alega la vulneración del derecho al debido proceso, en este trabajo nos interesa resaltar solo las que hacen referencia y aplicación a normas contenidas en tratados sobre derechos humanos. En tal sentido, en el hábeas corpus interpuesto por César Tineo Cabrera (Exp. N HC/TC) se precisa el alcance de esta acción contra una resolución judicial donde se ha dispuesto la detención o privación de la libertad y se alega la violación del debido proceso, señalando: 7 [...] No puede acudirse al hábeas corpus ni en él discutirse o ventilarse asuntos resueltos y que, como es la determinación de la responsabilidad criminal, son de incumbencia exclusiva de la justicia penal. El hábeas corpus es un proceso constitucional destinado a la protección de los derechos reconocidos en la Constitución y no para revisar si el modo como se han resuelto las controversias de orden penal son las más adecuadas conforme a la legislación ordinaria. En cambio, no puede decirse que el hábeas corpus sea improcedente para ventilar infracciones a los derechos constitucionales procesales derivadas de una sentencia expedida en un proceso penal cuando ella se haya expedido con deprecio o inobservancia de las garantías judiciales mínimas que deben observarse en toda 18
19 actuación judicial, en una interpretación semejante terminaría por un lado por vaciar de contenido al derecho a la protección jurisdiccional de los derechos y libertades fundamentales, y por otro, por promover que la cláusula del derecho a la tutela jurisdiccional (efectiva) y el debido proceso no tengan valor normativo. Más adelante, bajo el expreso epígrafe de interpretación de la ley de conformidad con los tratados sobre derechos humanos, la sentencia agrega: 8. Similar criterio interpretativo se deduce, si ahora el parámetro para evaluar la procedencia del hábeas corpus contra resoluciones judiciales se analiza de acuerdo y conforme con los tratados sobre derechos humanos especialmente, respecto al artículo 25.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos. Así, en materia de derechos fundamentales, las normas que los reconoce, regulan o limitan deben interpretarse de conformidad con los tratados sobre derechos humanos. Aquel criterio de interpretación de los derechos no solo es una exigencia que se deriva directamente de la IV Disposición Final y Transitoria de la Constitución, sino también del hecho de que los tratados una vez ratificados por el Estado peruano, forman parte del derecho nacional. Pues bien, según el artículo 25.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando esta violación sea cometida por personas que actúen en el ejercicio de funciones oficiales [ ] De esta forma, de consuno, tanto el ordenamiento constitucional como el ordenamiento supranacional regional reconocen el derecho constitucional a la protección judicial de los derechos fundamentales. Protección judicial a la que se debe promover su acceso, aun si los actos que ocasionan agravio de los derechos constitucionales son expedidos por personas que actúen en el ejercicio de sus funciones oficiales, dentro de las cuales, naturalmente, se encuentran comprendidos los jueces; pero también cualquier autoridad o funcionario que ejerza funciones estatales. 9. Por todo ello, a juicio del Tribunal Constitucional, una acción de garantía constituye la vía idónea para evaluar la legitimidad constitucional de los actos o hechos practicados por quienes ejercen funciones jurisdiccionales, en la medida en que de ellas se advierta una violación del derecho al debido proceso y a la tutela jurisdiccional Procedencia del hábeas corpus aun cuando el detenido tenga instrucción judicial abierta 19
20 Dentro de la legislación sobre hábeas corpus, el inciso 1 del artículo 16 de la ley determina la improcedencia de esta acción cuando el recurrente o detenido tiene por los mismos hechos que cuestiona instrucción judicial abierta. Ello llevaría a que los jueces desestimen la acción, sin entrar a analizarla, si el recurrente se encuentra en dicha condición. En el hábeas corpus promovido por Vicente Silva Checa (Exp. N HC/TC) el Tribunal Constitución tuvo ocasión de pronunciarse sobre los alcances de esta norma a raíz de que las instancias judiciales se habían basado en ella para rechazar liminarmente la acción donde se cuestionaba no tanto la causa de la detención judicial sino la prolongación y continuidad de esta. Aunque el TC, finalmente, declaró infundada la acción, invocó normas de tratados internacionales sobre derechos humanos para justificar no solo conocer del asunto sino resolver sobre el fondo de él (a pesar de los rechazos in limine previos) sin devolver la causa a los órganos judiciales para que la tramitaran y resolvieran nuevamente. Sostuvo el TC que: Si el inciso a) del artículo 16 de la Ley establece que no procede el hábeas corpus cuando el recurrente tenga instrucción abierta o se halle sometido a juicio por los hechos que originan la acción de garantía, pero por otro lado, el artículo 7.6 de la Convención Americana de Derechos Humanos reconoce el derecho de toda persona privada de su libertad a recurrir ante un juez o tribunal competente a fin de que este decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o su detención fueran ilegales ; entonces, dicho inciso a) del artículo 16 de la Ley debe entenderse en el sentido de que no procede el hábeas corpus si la detención ordenada por un juez no es arbitraria. O, lo que es lo mismo, que no procede este proceso constitucional cuando se trate de una detención ordenada en forma debida. Por ello, si bien en el presente caso se ha rechazado in limine la demanda, lo cual coloca al Tribunal Constitucional en el dilema de, o bien declarar la nulidad de todo lo actuado y, en consecuencia, ordenar se admita a trámite la acción de hábeas corpus; o bien, pronunciarse sobre el fondo del asunto, este Supremo Tribunal, opta por hacer esto último pues del derecho constitucional a la protección judicial de los derechos fundamentales reconocido por el artículo 25.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, exige al operador constitucional una especial sensibilidad y dejar de lado cualquier comportamiento que pueda significar un exceso formal de ritualismo procedimental en particular si en autos se encuentran suficientes elementos probatorios para expedir una sentencia de mérito. Tal proceder en materia de hábeas corpus se deriva del artículo 9.4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, según el cual Toda persona que sea privada de libertad en virtud de detención o prisión tendrá derecho a recurrir ante un tribunal, a fin de que este decida a la brevedad posible sobre la legalidad de su prisión y ordene su libertad si la prisión fuere ilegal. Por ello, en el presente caso, el Tribunal Constitucional procederá a analizar las razones de fondo. 20
Comisión Andina de Juristas. HÁBEAS CORPUS Y CONDICIONES DE RECLUSIÓN Una síntesis de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional peruano
Comisión Andina de Juristas HÁBEAS CORPUS Y CONDICIONES DE RECLUSIÓN Una síntesis de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional peruano LUIS ALBERTO HUERTA GUERRERO * Investigador de la Comisión Andina