Source: https://innn.es/es/el-articulo-13-internet-con-creatividad-limitada/
Timestamp: 2019-05-26 04:53:07
Document Index: 250654203

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INNN | El artículo 13: internet con creatividad limitada
Posología y efectos secundarios de la protección de los derechos de los creadores en Europa
El pasado 4 de julio de 2018 Wikipedia se apagó durante algunas horas. No era por falta de fondos ni se debió a un fallo en sus servidores. Todo tenía que ver con el temido Artículo 13 y su regulación sobre derechos de autor en Internet (un asunto muy tratado en el marketing legal). La protesta de Wikipedia, que privó de acceso a miles de páginas en toda Europa, era una llamada de atención ante la votación que tendría lugar al día siguiente en el Parlamento Europeo. No era la única organización que había alzado la voz contra el proyecto: otras como la Mozilla Foundation llevaban ya tiempo advirtiendo sobre los efectos que, de aprobarse, tendría sobre los cimientos de la Internet que conocemos. Finalmente esta oposición no surtió efecto y el 5 de julio salía adelante la propuesta. A pesar de la autoridad que estas organizaciones gozan en el ámbito de la red y de lo alarmante de sus vaticinios, la noticia no generó una reacción significativa entre los usuarios de a pie. En las últimas semanas, Youtube se ha sumado a esta corriente de protesta lanzando la campaña #saveyourinternet que trata de despertar conciencias entre quienes pueden verse más afectados por esta nueva regulación, los youtubers.
¿Cuáles serán esas consecuencias si el paquete normativo culmina su proceso y llega a ponerse en marcha? ¿Cómo nos afectará a los creadores y a los usuarios de Internet? Vamos a repasar los objetivos de estos cambios legales y a reflexionar sobre las consecuencias que puede tener en la manera en que consumimos y creamos información.
El artículo 13 ha llegado: agárrense los memes
El conocido como artículo 13 es una directiva legal a nivel europeo surge con el objetivo de reformar lo tocante a derechos de autor en Internet en nuestro entorno. Como siempre que se plantea un cambio en las normas, se persigue un noble objetivo: asegurar que se respeten los derechos de autor de los creadores en Internet. La facilidad con la que una película, una pieza musical o un texto se explotan sin derechos parece tener los días contados. Hurra por ello. Pero si la cosa fuera así de simple, no habría voces discrepantes. Veamos por qué.
La novedad más sustancial y que más reacciones está provocando del Artículo 13 se refiere a la asignación de responsabilidad sobre los contenidos que se difunden en Internet. En la actualidad los creadores son responsables de demostrar su autoría o sus derechos adquiridos o cedidos sobre todos los contenidos que difunden. La nueva normativa implica por primera vez a las plataformas en las que estos se comparten. En palabras simples, Youtube, Facebook o Wikipedia se verán obligadas a bloquear todos los contenidos existentes que utilicen de cualquier manera contenidos de terceros sin permiso.
El análisis de Jaime Altozano sobre El Mal Querer de Rosalía, con más de 2 millones de reproducciones y aplaudido por la propia artista sería contenido bloqueado.
Supongamos, por ejemplo, que un crítico de cine quiere realizar un análisis sobre la influencia de Akira Kurosawa en las películas de Quentin Tarantino. Podrá hacerlo, pero no podrá ilustrar sus ejemplos con imágenes de sus películas, a menos que consiga un consentimiento expreso para hacerlo por parte de quienes ostentan los derechos de autor de todas ellas. O mejor dicho, podrá, pero sus contenidos serán bloqueados en Europa.
En la práctica todo esto plantea algunas paradojas que cuestionan la esencia misma de Internet:
Internet es... ¿ágil? A nivel técnico, cabe preguntarse qué sistemas se pondrán en marcha para detectar si el contenido es 100% original o si incorpora algún contenido prestado. Solicitar el permiso, conseguirlo y proporcionarlo son pasos que como mínimo ralentizarán –si no destruyen totalmente– la fluidez en la creación a la que para bien y para mal nos tiene habituados Internet.
Internet es... ¿creatividad? Como decía al principio de este post, el objetivo del llamado Artículo 13 es proteger los derechos de los creadores originales, pero ¿qué es contenido original? Volviendo al ejemplo del análisis cinematográfico, si antes de publicar una pieza es necesario primero conseguir permiso de Tarantino, es muy posible que ese análisis no llegue a realizarse, y si lo hace será mucho más pobre. La noble gesta de proteger el contenido original condenará al baúl de los imposibles millones de teras de contenidos originales que necesiten de unos segundos de otras obras para tomar forma. Mientras tanto, si una marca con recursos plagia la obra de un autor desconocido podrá ser legal si sabe transformar hábilmente los elementos adecuados. En la práctica David seguirá indefenso ante Goliath en la mayoría de los casos.
Internet es... ¿global? Uno de mis efectos favoritos, la fuga de creadores. La nueva regulación afecta solo a Europa, lo que quiere decir que los creadores europeos cuyas obras se copien, plagien o difundan sin permiso seguirán viendo sus derechos pisoteados, o al menos en entornos con legislaciones a menudo más laxas. Mientras tanto, los contenidos creativos, educativos, innovadores y sorprendentes de creadores europeos que incorporen partes de otras creaciones se seguirán viendo fuera de Europa, pero no podrán disfrutarse aquí.
Internet es... ¿meme? Internet ha pasado en pocas décadas de transmitir información analógica por vía digital a convertirse en un medio con entidad y lenguaje propios. El 2.0, la rápida difusión de contenidos, el acceso a todo tipo de archivos ha disparado la creatividad y facilitado la creación de una manera propia de expresarse que solo se entiende en Internet y que tiene en el refrito un pilar esencial. ¿Qué será de memes, parodias y reviews sin poder citar o tomar prestado?
Si nos quitan los memes, nuestro Twitter será un páramo
Internet es... ¿democrático? El acceso a la información y la posibilidad de hacer oír nuestras voces en cualquier rincón del planeta son la esencia de la Internet que hoy conocemos, con sus luces y sus sombras. Limitar esa característica tiene un efecto de doble filo, ya que da predominancia a aquellos creadores que tengan mejor acceso a la compra de derechos o a la recreación de ideas con medios propios.
No es infrecuente que una nueva regulación termine –al menos en parte– provocando el efecto contrario al que persigue. Y este podría ser el caso.
Picasso, ¿cómo te atreves?
Protección a cambio de libertad
La intertextualidad como recurso creativo es tan antigua como la propia creatividad. La polémica acerca del artículo 13 aviva el debate en el que se entremezcla un frito variado de temas alrededor de esta realidad: la polémica sobre el apropiacionismo – hola, Rosalía–, los límites del plagio, la protección de la propia imagen, el registro de obras de terceros… Se trata de un problema muy complejo porque tiene en su base una transformación en los cimientos de la creación y transmisión de conocimiento, que es menos novedosa de lo que parece.
Infografía de los efectos mentales de reflexionar sobre el tema de la creatividad en Internet. | INNN
La lucha por el respeto a los derechos individuales es tan necesaria como difícil en estos tiempos. Como en otros asuntos relacionados con la tecnología, las herramientas de la ley parecen escasas y oxidadas cuando tratan de hacer encajar un modelo del pasado en un mundo de posibilidades que ni se imaginaban hace cien años. En definitiva, implica lo mismo que en muchas otras áreas: la necesidad de renunciar a parte de la libertad a cambio de que algunos de nuestros derechos estén más protegidos. Como agencia de publicidad y marketing nuestro punto de vista en este asunto es el de los creadores: necesitamos tanto que se protejan nuestros derechos como que no se coarte nuestra creatividad. Internet es inspiración, conocimiento y creación.
Internet se ha hecho un tatuaje
Los que tenemos más de 30 años (ejem) hemos visto cómo el mundo digital muta y encuentra sus propias respuestas ante cada desafío: El intercambio ilegal de música de los años 2000 con plataformas como Napster evolucionó hasta lo que hoy es una manera diferente de consumir contenidos audiovisuales –Spotify, Netflix, HBO… Hace diez años, Facebook parecía haber encontrado el santo grial de la comunicación interpersonal del siglo XXI, hoy el auge del clickbait y la polémica en torno al contenido basura está provocando un replanteamiento de la utilidad de los medios sociales, dando lugar a iniciativas como “Time well spent”. La evolución de Youtube propició una nueva generación de creadores que ahora comienzan a cuestionarse su propio origen y a huir hacia otras plataformas como Patreon.
"Someter el mundo digital a las reglas del mundo analógico suele conducir a un choque de trenes."
Nuestra Internet es una adolescente que avanza hacia la madurez: ha dejado de imitar a sus mayores, se rebela contra las normas y da quebraderos de cabeza a sus predecesores, que a su vez tratan de contener esa personalidad desbordante tratando de obligarla a quedarse en casa. Sin embargo el avance es difícil de contener, y antes de siente la cabeza será inevitable plantearse un debate mucho más profundo y serio.
Resumiendo, el artículo 13 es un remake de una vieja controversia: el choque de trenes que supone tratar de someter a reglas originarias del mundo analógico realidades que no caben en esas estructuras, porque forman parte de una dimensión totalmente diferente. ¿Quiere todo esto no quiere decir que no deban ponerse límites? Al contrario. Quiere decir que nuevas situaciones requieren nuevos métodos. Atentos a las pantallas.