Source: http://elespiadigital.com/index.php/noticias/politica/18070-iquien-es-el-soberano-en-el-regimen-del-78
Timestamp: 2018-02-18 20:06:29
Document Index: 207006306

Matched Legal Cases: ['artículo 155', 'artículo 48', 'artículo 37', 'artículo 155', 'artículo 48', 'artículo 155']

"Soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Carl Schmitt
Ocurra lo que suceda finalmente el 1-O, el anuncio solemne realizado por Puigdemont y sus socios supone en sí mismo un hecho político de la mayor entidad con evidentes consecuencias jurídicas y constitucionales. Muchos analistas lo califican como un auténtico "golpe de Estado". Otros, más moderados, se refieren a él como una simple "quiebra" o "crisis institucional". Algunos, gráficamente, lo dibujan como un "choque de trenes" o "colisión de dos legitimidades".
Frente al "órdago a la grande" lanzado desde el Ejecutivo catalán, la respuesta de nuestras instituciones (Gobierno central, Parlamento y Tribunales) está siendo de perfil bajo, intentando, en todo momento, no alimentar la crisis. Se confía en que, finalmente, la quiebra de la legalidad se resuelva con la mínima intervención de los aparatos del Estado: la fiscalización semanal de las cuentas de la Generalitat junto a la actuación penal de jueces y fiscales cuando se detecte una conducta delictiva por parte de funcionarios o responsables políticos autonómicos. ¡Ojalá así suceda!
Pero aún así, de suceder la tesis más optimista del gobierno de Rajoy: "Al Estado le bastan 24 horas para desmontar la ley de referéndum catalán", nos encontraríamos ante el anticipo de un capítulo posterior más virulento, cuyas consecuencias respecto a la paz social serían, si cabe aún, más peligrosas. También en el plano político el movimiento del tablero es telúrico, con desplazamiento de las piezas en juego -ahí está la propuesta de reforma constitucional abanderada por el PSOE a favor de un Estado plurinacional- no descartándose que la posición del PP quede en minoría primero y derrotada después en próximas convocatorias electorales.
Negar, por tanto, la situación de excepcionalidad creada en Cataluña es no querer ver la realidad. Como nuestros políticos no son ciegos ni tampoco memos, algo diferente debe estar ocurriendo en nuestra situación política para que no se puedan aplicar los instrumentos que nuestro ordenamiento constitucional tiene establecidos para situaciones de excepcionalidad. En cualquier país de nuestro entorno lo anterior sucedería sin mayores cuestionamientos. Confundir a la opinión pública con afirmaciones del tono de que "por ahora" nos encontramos únicamente ante una "realidad no jurídica", o que el anuncio separatista es una "mera manifestación de intenciones" "sin trascendencia jurídica alguna" sobre el cual "el Estado de Derecho no puede ni debe actuar", tal y como han declarado reiteradamente tanto el presidente, Mariano Rajoy, como su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, nos hace preguntarnos no solamente sobre los instrumentos que tiene el Estado para garantizar la seguridad y defensa de su propia existencia, sino por algo previo a la utilización de esos posibles mecanismos.
Ante la parálisis e inacción de nuestros órganos institucionales (ni aplicación del artículo 155 de la Constitución, ni invocación a la Ley de Seguridad Nacional, ni mucho menos mentar la declaración del estado de excepción) la verdadera cuestión pasa por saber quién, en nuestro sistema político del 78, tiene el poder de la excepcionalidad. Esto es, ante una situación de crisis, calificable sin ninguna exageración de "existencial", de nuestro ordenamiento constitucional es importante conocer quién es el auténtico soberano en nuestro régimen de poder, el único que podría aplicar como ultima ratio los mecanismos de corrección necesarios ante una situación de emergencia.
La originalidad del filósofo germano radica en que, distanciándose de las tesis esgrimidas por los clásicos de la filosofía política moderna (Bodin, Hobbes, Rousseau…), para quienes la soberanía es la cualidad que posee un sujeto político que tiene atribuida una serie determinada de facultades, para Schmitt el soberano es simplemente aquel sujeto que "con éxito" (de facto) decide sobre la situación de excepcionalidad.
En el binomio entre normalidad y excepción, Schmitt señala que el soberano emerge, esto es, únicamente se hace visible, en aquel momento de tránsito (situación de crisis) entre la normalidad y la excepcionalidad. Y, consecuentemente, el soberano también aparece en el camino inverso: en el paso de la excepcionalidad a la normalidad, siendo su principal cometido precisamente ése: tomar la decisión. De ahí que se le haya bautizado a Schmitt como el padre del "decisionismo": el poder se sustenta en quien adopta esa "decisión soberana".
En contra de lo que se suele afirmar reiteradamente, la tesis del decisionismo en Carl Schmitt no sirvió de argumento para justificar la llegada al poder de los nazis en la Alemania de los años 30. Más bien todo lo contrario. En la controversia doctrinal previa a la redacción de la Constitución de Weimar en 1919, entraron en debate, por un lado, las tesis defendidas por los teóricos del positivismo resumidas en el principio: "Nada puede estar por encima de la Ley".
Fue precisamente con el planteamiento de la llamada "situación de emergencia" o "estado de excepción" cuando la arquitectura perfecta del positivismo como "ciencia pura" comenzó a resquebrajarse. Los críticos del normativismo, con el filósofo alemán Carl Schmitt a la cabeza, plantearon que "un ordenamiento legal prescriptivo, no puede abarcar una excepción total, por consiguiente, la decisión de que existe realmente una excepción no puede ser derivada anteriormente de esta norma".
La respuesta de los positivistas fue aplicar el piñón fijo de su pensamiento. Esto es, afirmar que no existía ninguna laguna en el Estado Formal de Derecho ya que, la solución a esa posible grieta vendría por regular y legislar constitucionalmente los llamados "estados de excepción".
Es en medio de este debate intelectual cuando se aprueba la Constitución de la República de Weimar (1919-1933), con su famoso artículo 48, donde se legislaba tanto la llamada ejecución federal ("guerra civil constitucional", en palabras de Carl Schmitt), antecedente tanto del actual artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn como de nuestro peculiar artículo 155 de la Constitución.
El artículo 48 establecía lo siguiente: "En el caso de un Estado que no cumpla con los deberes que le haya impuesto el Reich, la Constitución o las leyes del Reich, el presidente del Reich podrá hacer uso de las fuerzas armadas para compelerlo a hacerlo", como también regulaba la adopción de "medidas de emergencia" por el presidente de la República alemana, "interviniendo con la asistencia de las fuerzas armadas si fuera necesario" y "si la seguridad y el orden público al interior del Reich son severamente dañados o están en peligro".
Es en medio de esta crisis cuando Carl Schmitt publica con urgencia, en 1932, una de sus principales obras -Legalidad y legitimidad- donde plantea la necesidad de establecer los límites de la comunidad política y dejar fuera de ella a los partidos, nazi y comunista, que cuestionaban la legitimidad de la Constitución de Weimar. Nadie le hizo caso. Las elecciones parlamentarias de 1932 primero, y de 1933 después, posibilitaron el acceso al poder de Adolf Hitler y de su partido nacional socialista. El resto de la historia es conocida por todos.
Un intento de secesión encaja perfectamente en el supuesto establecido en el artículo 155