Source: https://issuu.com/tirantloblanch/docs/210b0401c50646b12d868ffad3c530e9
Timestamp: 2016-12-07 08:46:28
Document Index: 364466425

Matched Legal Cases: ['artículo 912', 'artículo 912', 'artículo 751', 'artículo 942', 'artículo 944', 'artículo 945', 'artículo 1', 'artículo 658', 'artículo 609', 'artículo 912']

1_9788490042809 by Editorial Tirant Lo Blanch - issuu
Catredrático Emérito de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba
Director de la Cátedra “Bienvenido Oliver” de Derecho Registral
Doctor en Derecho Mercantil por la Universidad de Bolonia
© JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ PORRAS
i.s.b.n.: 978-84-9004-281-6
A la memoria del Prof. Don Juan OSSORIO MORALES
Presentación........................................................................................................................
Parte General de la sucesión intestada
Lección 1º
1.	Diferentes formas de llamamiento a la sucesión hereditaria y preferencia de la
testamentaria sobre la intestada..................................................................................
2.	Denominaciones que usa el Código civil para esta sucesión y criterio acertado........
3.	Concepto y fundamento de esta última........................................................................
4.	Compatibilidad entre una y otra forma de llamamiento.............................................
Lugar de la sucesión intestada en el código civil y
casos en los que tiene lugar
1.	Sistemática de la institución en el Libro III, Título III y Capítulo III del Código
civil.................................................................................................................................
2.	Los tres artículos de las disposiciones generales que encabezan la regulación de la
materia...........................................................................................................................
3.	Los casos de apertura de la sucesión intestada conforme al artículo 912 del Código
4.	Casos en los que igualmente puede tener lugar la apertura de la sucesión intestada
y que no recoge el artículo 912 del Código...................................................................
Sistemas de ordenación de la sucesión intestada,
capacidad y Título para suceder
1.	2.	3.	4.	El criterio o sistema de llamamiento a esta sucesión..................................................
El orden de los llamamientos y sus modificaciones.....................................................
La capacidad para suceder abintestato........................................................................
El título de legitimación para alcanzar la cualidad de heredero abintestato............
El parentesco elemento esencial para ser llamado a
1.	El parentesco en el Código civil: concepto y clases......................................................
2.	Su determinación y cómputo........................................................................................
A)	Línea recta descendente..........................................................................................
B)	Línea colateral.........................................................................................................
3.	Efectos del parentesco...................................................................................................
4.	Parentesco de doble vínculo y de vínculo sencillo........................................................
5.	Crítica a la regla del duplo expuesta anteriormente...................................................
Algunas cuestiones de interés en la sucesión
1.	La desheredación en la sucesión intestada..................................................................
2.	El derecho de acrecer en la sucesión intestada............................................................
3.	Una excepción en materia de reserva troncal en la sucesión intestada del cónyuge
sobreviviente..................................................................................................................
4.	El divorcio, la nulidad y la separación de los esposos en la sucesión intestada.........
5.	La exclusión de los ascendientes en el caso contemplado en el art. 111 del Código
Los modos de suceder y de distribución de la herencia
1.	Consideraciones generales............................................................................................
2.	El orden de los llamamientos y otras cuestiones.........................................................
3.	Modos de distribuir el caudal hereditario....................................................................
El llamado derecho de representación sucesoria
1.	2.	3.	4.	El llamado derecho de representación sucesoria en la sucesión intestada................
Capacidad para suceder por representación y casos en los que tiene lugar..............
Efectos de la representación sucesoria.........................................................................
Sobre si hay representación sucesoria en el caso que recoge el artículo 751 del Código
5.	Desheredación e indignidad en la sucesión intestada.................................................
Parte Especial de la Sucesión Intestada
Del orden de suceder en la línea recta descendente
1.	Introducción...................................................................................................................
2.	La sucesión de los parientes en la línea recta descendente........................................
A)	El llamamiento de los hijos y descendientes..........................................................
B)	Las reglas de distribución del caudal hereditario..................................................
Del orden de suceder en la línea recta ascendente
2.	La delación a favor de los padres del causante............................................................
3.	El llamamiento, a falta de padre y madre, de los demás ascendientes......................
4.	El artículo 942 del Código civil.....................................................................................
La sucesión intestada del cónyuge sobreviviente
1.	Consideraciones generales acerca de los derechos sucesorios del cónyuge sobreviviente..............................................................................................................................
2.	La legalidad vigente......................................................................................................
3.	El artículo 944 del Código civil.....................................................................................
4.	El artículo 945 del Código civil: la separación de hecho..............................................
5.	Los derechos sucesorios en las uniones estables de pareja.........................................
1.	La sucesión intestada de los parientes colaterales del causante: nuevo orden sucesorio tras la reforma de 1981........................................................................................
2.	El llamamiento de los hermanos del causante y de los hijos de hermanos................
3.	La sucesión de los otros colaterales hasta el cuarto grado de parentesco..................
De la sucesión del estado o sucesión legítima de la
1.	Introducción: legalidad vigente y denominación.........................................................
2.	Criterios de distribución de la herencia causada según el Código civil......................
3.	Actuaciones administrativas para obtener la declaración de la Administración General del Estado como heredero abintestato................................................................
4.	Cuenta del abintestato y distribución del caudal hereditario según el vigente Reglamento, Real Decreto 1373/2009, de 28 de agosto....................................................
Algunos datos sociológicos sobre la sucesión testada y la
intestada.................................................................................................................
Hace ya algunos años, el Prof. Dr. Bernardo Moreno Quesada (q.e.p.d), durante muchos años Catedrático de Derecho Civil en la Facultad de la Universidad
de Granada me habló de su deseo de conmemorar el centenario del nacimiento
del Prof. Ossorio ya que los dos sentíamos por Don Juan un profundo cariño. Por
razones que no hacen al caso y que no llegué a conocer con certeza, el homenaje
que se había casi ultimado no tuvo lugar. Para aquél acto su hijo, el también
Catedrático de Derecho Civil de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Granada, Prof. Dr. Juan Miguel Ossorio Serrano, sugirió que fuera yo el encargado de decir unas palabras que glosaran la figura de su padre, al menos el que
yo tuve la fortuna de conocer en aquellos años que iban de 1953 a 1957
El acto de homenaje no se celebró, como he dicho. Tras muchos años de darle
vueltas a la cabeza y sabiendo a lo que me expongo, he resuelto escribir este MANUAL DE SUCESIÓN INTESTADA, como recuerdo y agradecimiento a la persona y al indiscutible Magisterio del Prof. Ossorio que en el año 1957 publicó su
MANUAL DE SUCESIÓN TESTADA del que el Prof. Beltrán de Heredia (José)
dijo que indudablemente era su obra más completa y acabada. Deseo recordar
que ahora no estamos ante un libro de magisterio y con palabras que tomo prestadas cada cual tiene libertad para contradecirme y que solo pido a los lectores
el anticipo de la simpatía sin la cual no existe comprensión posible.
Yo conocí al Profesor Ossorio en los primeros días de la segunda quincena del
mes de octubre del año 1953, es decir, va para casi sesenta años... Comenzaba el
segundo curso de la Licenciatura en Derecho y primero de Derecho civil de aquél
formidable Plan de estudios que tuve la fortuna de seguir. Lo vi entrar en el
Aula —que hoy lleva su nombre— en la que hasta finalizar la carrera impartió
las clases de Civil, inolvidables Lecciones de la materia. Ligero el paso, erguido,
serio, elegante y de aspecto joven, ya que unas semanas después —el 9 de noviembre de aquel año— cumplía cincuenta y dos años. Era más bien menudo de
cuerpo y cabeza grande, proporcionada a su inteligencia, como lo han descrito
amigos suyos y compañeros del alma. Pero ser no muy alto de estatura física no
significa que no diera la talla ¡y vaya si la daba! Fue como dijo Santa Teresa de
San Juan de la Cruz “pequeño de cuerpo y largo de consulta”.
En la fotocopia de su pasaporte número 368, expedido en Murcia el día 29
de junio de 1936, al año de haber ganado brillantemente la Cátedra de Civil, se
dice que estaba domiciliado en aquella Ciudad en la calle Fermín Galán, 51 y se
le describe de “rostro oval, ojos azules oscuros y pelo de color castaño”. Faltaban
pocos días para que estallara la guerra civil española y andaba con los preparativos necesarios para ir a pasar parte de sus vacaciones en Zarauz —donde le
sorprendió el llamado “Alzamiento nacional”— y de allí pensaba ir en viaje de
ampliación de estudios a Francia, Alemania y Suiza.
Aquél Curso de 1952-1953 en el que comenzamos a estudiar Civil, Parte General, estaba formado por unos 140 Alumnos o algo así. La lectura de la “lista”
de Alumnos matriculados hoy resultaría pintoresca por no decir inconstitucional y contra ella bramarían “bibianas” y “pajinescas”, pues su lectura comenzaba con los Alumnos que en el Curso anterior habían obtenido matricula de honor
en alguna asignatura y la habían aplicado a Civil, de modo que se iniciaba por la
Z, si era ese el caso, aun siendo la última letra de nuestra abecedario castellano.
Una vez terminada la lectura de este grupo, se reiniciaba la lectura de la “lista”
siguiendo el criterio ordinario. Los Alumnos estábamos divididos en los de clase
“ordinaria” (oficiales) y “oyentes” (enseñanza libre), calificativo este último poco
exacto ya que oyentes éramos todos, se supone; otra cosa es que se oyera y no se
escuchara atentamente.
Para la época éramos una clase bastante nutrida. Claro que no tantos como
en años pasados y aun ahora en que vivimos una Universidad de masas ausentes, con matriculas que aunque van descendiendo ante la decrepitud de la vida
universitaria y la falta de esperanza laboral de nuestros jóvenes licenciados, sin
embargo siguen siendo numerosas y que han dado lugar —desde hace años— a
la división en grupos. En mi Curso de unos 140 Alumnos solamente había siete
mujeres —siete como los días de la creación, los siete brazos del candelabro judío o los siete niños de Écija— todas ellas encantadoras y espero que vivan todas
y sean muy felices. Era las siguientes:
Guerrero Fernández, María del Pilar
Honrubia Brañas, Imelda
López Torres, María Antonia
Del Moral Medina, María Dolores
Ortiz López, Amalia
Pelayo Pelsmaeker, María Luisa
Rosales Fernández, Carmen
Y entre las Alumnas de la llamada “enseñanza libre” creo recordar que estaba matriculada mi querida amiga María Isabel Trujillo Calzado, que habría
de ser la esposa de mi no menos querido Prof. Bernardo Moreno Quesada, a la
sazón Adjunto de Derecho Civil y luego Catedrático de la asignatura en la Facultad de Derecho de Granada.
Aún suena en mis oídos —con la nostalgia del paso del tiempo— la lectura
monótona de la “lista” a la que en algunas Asignaturas había que estar atentos,
pues varias faltas podían dar al traste con el aprobado. No era el caso del Prof.
Ossorio al que en los cuatro años de Civil solamente le oí pasar lista una vez y
fue en 5º Curso, al finalizar la parte de Derecho de la familia, ya que el Derecho
de sucesiones corrió a cargo del Prof. Moreno Quesada, Adjunto de la disciplina.
Y Don Juan nos dijo que pasaba “lista” no para saber quienes estáis aquí, sino
para comprobar que sois los que casi siempre vienen a clase.
Eran sus clases a primera hora de la mañana y nunca numerosas; iba el que
quería aprender de aquél Maestro. Otros Profesores sí pasaban lista de manera regular, como Sánchez Agesta, el querido Rector; Mesa-Moles, el inolvidable
“Nono”; Álvarez de Cienfuegos —cuando iba—; Marín López y algún otro. La
“letanía” duraba unos cuantos minutos...
Adán Moreno, D. Baldomero.......................................................
Aguilera Ruiz, D. José.................................................................
Alcázar López, D. Emilio.............................................................
Arrebola Jiménez, D. Joaquín.....................................................
...Y así lentamente
Beltrán Villalba, D. Miguel.........................................................
Camacho Evangelista, D. Fermín...............................................
Castilla Bermúdez-Cañete, D. Álvaro
Cobos Santos, D. Fidel.................................................................
Y seguían unos nombres tras otros como el agua cantaba su copla plebeya en
los cangilones de la noria lenta, que cantó Machado.
Gómez Montalvo, D. Francisco...................................................
González Iborra, D. Antonio........................................................
González Porras, D. José Manuel...............................................
González de Vega San Román, D. Javier....................................
Villegas Zafra, D. Antonio...........................................................
Zárate Diaz de Rivera, D. Carlos................................................
Muchos han muerto, demasiados creo yo. Algunos han destacado en la vida
política; hay Notarios, Jueces, Registradores de la Propiedad, Inspectores de Hacienda, del Cuerpo de Letrados de la Administración del Estado, Secretarios de
Ayuntamiento y de la Administración de Justicia, Catedráticos de Universidad,
del Cuerpo diplomático, Abogados de “campanillas” y en otros muchos y variados campos de la vida profesional; todos ellos personas de probada honradez y
prestigio, cabe que con alguna excepción...pero esto es algo que se da en todas
las tierras de garbanzos; con algunos mantengo relación y de la mayoría no sé
Llegaba Don Juan al Aula con paso ligero tras haberse bajado en la puerta
misma de la Facultad —en la Plaza de la Universidad— de su coche color beige,
marca Simca-Versalles que quiero recordar llevaba la matricula G-5110, con su
chofer de rasgos filipinos aunque español. Como he dicho elegante, trajes siempre con chaqueta cruzada y unas corbatas que eran mi envidia. Su elegancia
era natural y con una personalidad que entusiasmaba al Alumno. Siempre en
el sitio que le correspondía. En la puerta del Aula ya le esperaba —o venía unos
pasos detrás— uno de los Bedeles, Olivencia o Espinosa, que le entregaban el
Código civil de Medina y Marañón, con sus tapas negras de cuero y a continuación se colocaba de pie detrás de la mesa. Jamás dio una clase sentado. Siempre
de pie y al lado izquierdo de la mesa según nosotros lo veíamos. Echaba mano al
bolsillo de su chaqueta y sacaba unas cuartillas, de las que poco o nada se servía y empezaba a hablar acudiendo de vez en cuando al Código para leer algún
Parece que aun lo estoy viendo y oyendo. Su exposición era clara, sin retórica,
iba siempre al grano, hilvanando los razonamientos con verdad en el concepto,
propiedad en el lenguaje y severidad en la forma. Era una delicia escucharle. ¿Quién de nosotros no recuerda el Curso de Obligaciones y Contratos del
año 1955/1956, cuyas explicaciones fueron tomadas, simultáneamente, en cinta
magnetofónica y taquigráficamente por uno de nuestros compañeros, Antonio
González Iborra, de donde nacerían, debidamente supervisado por Don Juan,
las Lecciones de Derecho Civil, Parte General?
En ocasiones, sin leer el Código, nos recitaba con tranquilidad aquél viejo y
derogado artículo 1º del Código civil, que en su primera edición decía:
Las Leyes obligarán en la Península, Islas adyacentes, Canarias y territorios de África
sujetos a la legislación peninsular, a los veinte días de su promulgación, si en ellas no se
dispusiera lo contrario. Se entiende hecha la promulgación el día en que termine la inserción
de la Ley en la Gaceta.
Y tomando un ligero respiro añadía: hoy Boletín Oficial del Estado. En muchas ocasiones nos comentaba ¡y de qué manera! artículos tan fundamentales
en nuestro Ordenamiento civil como el 609, 1255 o el 1445 que da comienzo al
contrato de compraventa. Se ha dicho y con razón que no había un artículo del
Código civil en el que no hubiera intervenido profesionalmente como Abogado
y no una vez, sino muchas veces. No solamente fue un Catedrático de enorme
prestigio sino un Abogado de valía excepcional. De Don Juan no era posible decir
aquella frase malintencionada que sin verdad se imputa a Jueces y Magistrados
cuando se refieren a Profesores que se dedican al ejercicio de la Abogacía: Se
les puede perdonar lo mal que lo hacen por lo bien que lo dicen. Gran persona,
excelente Catedrático y prestigioso Abogado. Y es que como dijo el Prof. Motos
Guirao en una conferencia que pronunció en la Facultad de Derecho muchos
años después, tanto sus libros como sus informes forenses o sus lecciones de
Cátedra tenían un destinatario seguro y calaban muy hondamente en juristas,
magistrados y alumnos. No se puede decir más ni mejor.
No recuerdo que en clase acudiera al chiste y si acaso y pocas veces a la ironía.
Reír, lo que de dice reír, no lo recuerdo y sí esbozar una leve sonrisa. Pero sé que
fuera del Aula o del Foro o del Despacho profesional en la Gran Vía de Granada
había otro Ossorio Morales y así lo he oído contar a sus amigos. Uno de ellos,
mi Maestro el Prof. Albaladejo, habla de su Maestro como un gran tipo lleno de
inteligencia, ingenio y de una singular gracia entre anglosajona y andaluza, ya
que nació en Manila (Filipinas) un 9 de noviembre del año 1901; fue hijo de un
acomodado hacendado y comerciante español aunque de ascendencia filipina
—pues su madre, esto es, la abuela paterna de Ossorio Morales, era tagala—
que mantenía sus intereses y residencia en aquellas islas aún después de haber
cedido España su soberanía y de una joven malagueña —de Antequera, para
más señas, como nos cuenta su hijo— con la que habiendo enviudado de una primera unión, contrajo segundo matrimonio tras haberla conocido en Madrid. En
Filipinas transcurrieron los primeros años de la vida del Prof. Ossorio Morales y
como quiera que falleció su madre cuando solamente contaba ocho años de edad
—lo que sin duda influiría de manera indudable en su vida— su padre decidió
enviarle a estudiar a Cambridge y en esa ciudad permaneció hasta finalizado
el año 1919, tras cursar los estudios de bachillerato; eso hizo que fuera bilingüe
en el más estricto sentido del termino y que hizo decir al Prof. Motos Guirao que
abrigaba sus dudas de si pensaba en español o en inglés.
De esas características pueden dar fe la siguiente anécdota que cuenta Don
Miguel Motos relacionada con su actividad de Abogado en los recursos de apelación, en los que —dice— tenerlo enfrente era como tener debajo de la silla una
bomba de relojería. Es la siguiente:
Aún recuerdo sus alegatos en Sala, de cara a un Magistrado de honradez acrisolada pero
de no mucha competencia, muy conocido por su devoción hacia su Maestro Valverde. Lo
primero que me decía don Juan cuando era Ponente el magistrado en cuestión: ¡Miguel, a
ver lo que dice Valverde¡. Si la cita era favorable, Don Juan en la Sala no tenía el menor
reparo en decir:
Sí, Ihering opinará eso que dice mi ilustre compañero, pero Valverde en la pagina... dice
lo contrario. Y en la duda hay que inclinarse por éste ya que siendo ambos dos primeras
autoridades, Valverde se manifiesta según el Derecho español, al paso que el otro lo hace,
una vez más sobre el Ordenamiento Alemán. Y se quedaba tan tranquilo.
Se necesita tener gracia y “tablas” para comparar al Prof. Valverde con la
figura del gran Rudolf Von Ihering, porque —dicho con todo respeto y caridad
cristiana— es como comparar un montículo con el Himalaya o un arroyo con el
Amazonas. Eso lo sabía Don Juan sobradamente. El que parece que no se daba
cuenta era el bueno del Magistrado.
El ultimo Curso de mi Licenciatura frecuenté muchas tardes su Despacho
de Abogado y allí me ocupaba de leer algunos pleitos en curso. Me trataba con
una deferencia especial, seguramente porque, sin decirle nada, intuía mi afecto y respeto hacia su persona. A primeros del mes de marzo de 1957 —o pocas
semanas antes— salió a la venta su Manual de sucesión testada y los Alumnos
que tuvimos conocimiento de ello ya bien avanzado el mes de abril, temíamos
que pudiera entrar en el examen de junio que estaba en puertas. Hubo algunas
reuniones y el delegado de Curso que era Baldomero Palomares junto con otros
compañeros me convencieron para ir a verle y rogarle que no ocurriera tal de-
sastre. Fui a verle a la Audiencia y allí, con un par de compañeros, esperamos en
uno de los pasillos a que saliera de la Sala de audiencia. Nos vio y creo que sabia
de antemano a lo que íbamos. No pasaron de dos palabras y con una bondad sin
límites nos eximió de estudiar esa parte del Programa. La alegría del pueblo no
tuvo límites.
Unos días después llevé el Manual a su Despacho y le pedí que me lo dedicara. La dedicatoria, por generosa por su parte e inmerecida por la mía, la reproduzco sin empacho.
Para José Manuel González Porras, con la cordialidad que nace del trabajo en común,
deseándole un porvenir tan brillante como su actual presente de Alumno permite esperar.
Granada, marzo 1957. Juan Ossorio.
Don Manuel Albaladejo escribió en el Anuario de Derecho Civil, con motivo
de su fallecimiento, lo siguiente:
Con todo, sería incompleto medir a Ossorio Morales exclusivamente por su extraordinaria competencia universitaria y profesional. El era mucho más que sólo eso. Era un hombre
cultivado en todos los aspectos de su personalidad, era un conversador inigualable, un inteligente observador, un amigo insustituible, un hombre bueno, ponderado, afable y sencillo.
En los primeros días de julio de 1957 presidió el Tribunal para la obtención
de Premio Extraordinario de Licenciatura y esa fue la última vez que lo vi con
vida. Unos años después supe de su fallecimiento el día 11 de julio de 1964, tras
una penosa enfermedad, cuando contaba sesenta y tres años de edad.
Parte general de la
sucesi贸n intestada
Sumario: 1. Diferentes formas de llamamiento a la sucesión hereditaria y
preferencia de la testamentaria sobre la intestada.– 2. Denominaciones
que usa el Código civil para esta sucesión y criterio acertado.– 3. Concepto
y fundamento de ésta última.– 4. Compatibilidad entre una y otra forma
de llamamiento.–
1. Diferentes formas de llamamiento a la sucesión
hereditaria y preferencia de la testamentaria
sobre la intestada
La sucesión “mortis causa” o por causa de la muerte, real o presunta (arts.
661 y 196 del Cc) de una persona, determina que los derechos y obligaciones del
difunto, al quedar sin titular y a menos que esos derechos se extingan, pasan a
otras personas que los reciben. En esto, sin entrar en más detalles, consiste el
fenómeno sucesorio que comienza con la muerte o declaración de fallecimiento
de quien deja sus derechos y obligaciones (el causante) y su recepción por el
que los recibe (el sucesor). Pues bien, esos derechos y obligaciones que no se
extinguen con la muerte de una persona y a lo que podemos llamar su herencia,
pueden ir bien a las personas o instituciones que el causante haya dispuesto
si otorgó testamento válido y eficaz o, en su defecto, a las personas que la Ley
De lo dicho se deduce que al menos hay dos posibilidades o causas, podríamos incluso decir títulos, para llamar a la sucesión y a estas dos modalidades de
vocación hereditaria se refiere el artículo 658 del Código civil, al decir que la sucesión se defiere por la voluntad del hombre manifestada en testamento y, a falta
de éste, por disposición de la ley. La primera se llama testamentaria y la segunda
legítima. A estas dos formas de llamamiento a la sucesión se refiere igualmente
el artículo 609, apartado segundo, del propio Código civil, cuando afirma que la
propiedad y los demás derechos sobre los bienes se adquieren y transmiten por
De las normas transcritas puede concluirse que el llamamiento por testamento —es decir la sucesión testada o voluntaria— tiene preferencia sobre la
sucesión legal o intestada. Pero históricamente no parece que fuera siempre así
sino cabalmente al contrario. Al menos en la cultura jurídica germánica donde
la propiedad (tan ligada desde siempre a la sucesión) tenía un carácter familiar,
al morir una persona sus bienes iban o mejor quedaban en el seno del clan familiar sin ninguna otra posibilidad de desviación. En cambio en el Derecho romano
—no en las primeras etapas de desarrollo del derecho sucesorio, en el que parece ser que el criterio era similar al germánico— pero sí en épocas posteriores,
cuando ya vemos al testamento como medio de atribuir los bienes post mortem,
como puede leerse en la ley 39, Título 2, libro 29 del Digesto que dice: potest ex
testamento adiri hereditas, ab intestato non defertur. Es decir, la ley no dispone
la distribución de los bienes del difunto sino es cuando falta la disposición del
hombre y aun entonces la ley lo hace pensando en la voluntad probable o presunta del mismo. En la forma que el legislador piensa que la habría dispuesto
A través del articulado del Código civil creo que se llega a aquella conclusión de la preferencia de la sucesión voluntaria por medio de testamento antes
de entrar en la intestada y ello porque descartando el caso de inexistencia de
testamento, en cuyo supuesto es evidente que entrará en juego la sucesión intestada, en los demás casos en que el testamento pueda ser inválido o ineficaz
por diferentes causas, el principio es salvar la voluntad del testador, lo que es
una muestra de su preferencia. Es decir que la herencia, como ha señalado Albaladejo, tiene unos destinos previos antes de pasar a la que ordena la ley y así
pasaría a los herederos del instituido en testamento que no llega a recibir la
herencia por haber muerto antes de aceptarla o repudiarla (art. 1006 Cc); en su
defecto, si el instituido en testamento premuere al testador o es incapaz de sucederle, a quien corresponda por derecho de representación sucesoria testamentaria; en su defecto al sustituto vulgar del instituido que no sucede (art. 986 y
912,3º) y finalmente, antes de que opere la sucesión abintestato, la herencia iría
al coheredero con derecho de acrecer en la parte del instituido que no sucede.
Posiblemente del art. 764 Cc, se llegue a la misma concusión de preferencia de
la sucesión testada sobre la intestada.
Pero las leyes siempre dan ocasión de plantearse cuestiones prácticas y así en relación
con la preferencia de la sucesión testada sobre la intestada algún sector de la doctrina ha
puesto sobre la mesa el siguiente asunto: supongamos que en un testamento valido y eficaz
resultan instituidos herederos las mismas personas que habría sido llamadas por la ley y en
las mismas cuotas.
El testador tiene dos hijos y los instituye en partes iguales, que es la misma distribución
que habría hecho la ley a falta de testamento y nos preguntamos. ¿por qué título se debe
abrir la sucesión? Sin duda que por testamento, ya que la sucesión legítima no se abre cuando existe un testamento valido y eficaz. Y porque así lo dicen los artículos 658 y 609 ya citados y por lo que afirma el art. 912 del Código civil que regula, como veremos más adelante,
la apertura de la sucesión legal o intestada y enuncia los casos en los que tiene lugar.
Resumiendo diríamos que no estamos ante dos clases de sucesiones diferentes o contrapuestas, sino que participando las dos de la misma naturaleza se
trata de dos maneras diferentes de ordenar la distribución de la herencia del
difunto; en un caso de acuerdo con su voluntad (no ilimitada, es decir que el
testador no puede hacer todo lo que quiera) y en otro conforme dispone la ley.
Pero su finalidad es la misma, con la particularidad de que por la sucesión tes-
tada el testador tiene la posibilidad, dentro de ciertos límites, de distribuir los
bienes y en el caso de la sucesión legítima o intestada es la ley la que lo hace.
Por lo tanto la sucesión intestada es supletoria de la testada o voluntaria ya que
entra en juego en una serie de casos que recoge el art. 912 del Cc y en algunos
otros no recogidos en ese precepto y residual en aquellos supuestos en los que
aun existiendo testamento, sin embargo el testador no agotó, o no dispuso, de
todos sus bienes y entonces la ley se encarga de distribuirlos (art. 658,3º Cc). Se
puede decir que la sucesión intestada es una sucesión legal, hereditaria a título
universal y supletoria de la testamentaria con la que es compatible.
2. Denominaciones que usa el Código civil para esta
sucesión y criterio acertado
No se muestra nuestro Código muy preciso con la forma de denominar a esta
clase de sucesión, pues el encabezamiento del Capítulo III, del Título III, del
Libro Tercero del Código, lleva el nombre de De la sucesión intestada y así la
denomina en el art. 744 y en el art. 914; sin embargo el artículo 912, el primero
de los que se dedican a su regulación, empieza hablando de los casos por los
que tiene lugar la sucesión legítima. Y de sucesión legítima habla el art. 658.Y
la rubrica que encabeza el capítulo V de este Libro III y en su Título III (arts.
959 y siguientes) vuelve a no ser preciso y habla de disposiciones comunes a las
herencias por testamento o sin él, es decir intestada.
Como en otras ocasiones el Código ofrece una clara disparidad terminológica
que conviene aclarar ¿legítima o intestada? ¿intestada o abintestato? La doctrina en muchas ocasiones e igualmente la jurisprudencia del Tribunal Supremo
han puesto de manifiesto que la denominación más apropiada es la de sucesión
intestada o ab intestato; es decir, la sucesión que se defiere y ordena precisamente por la falta de testamento o por las otras causas que enumera el art. 912
del propio Código o de otros casos no incluidos en el citado precepto.
Pero no se puede dejar de advertir que la denominación de intestada no comprende la llamada sucesión contractual en la que no hay testamento e incluso es
inexacta al admitir el Código la compatibilidad entre sucesión testada e intestada. En cuanto a la denominación de sucesión legítima se está de acuerdo en su
no conveniencia y de hecho no es habitual denominarla así, pues tan legítima es
la testada como la intestada y, por otra parte, daría ocasión para confundirla con
la sucesión forzosa o necesaria que es la que determina los derechos legitimarios
de los llamados herederos forzosos. Y es que la ley llama, unas veces, a los herederos supliendo la voluntad del causante cuando no ha otorgado testamento (sucesión intestada pero legítima) y otras contra la voluntad del testador cuando al
disponer de sus bienes no ha respetado los derechos de los legitimarios (sucesión
forzosa pero legítima), ya que el poder del testador no alcanza a derogar las reglas establecidas para la llamada sucesión forzosa o legitimaria, pues la cuota
1_9788490042809
manuales José Manuel González Porras J osé M anuel G onzález P orras Valencia, 2011 Catredrático Emérito de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba Director de la Cátedra “Bienvenido Oliver” de Derecho Registral Doctor en Derecho Mercantil por la Universidad de Bolonia Published on issuu