Source: http://www.slideshare.net/pjaviermontoya/desplazamiento-25472075
Timestamp: 2016-09-26 06:12:03
Document Index: 190188244

Matched Legal Cases: ['artículo 1', 'artículo 2', 'Artículo 26', 'artículo 24', 'Artículo 3', 'artículo 2', 'artículo 27', 'artículo 15', 'artículo 18', 'artículo 22', 'Artículo 22', 'artículo\n3', 'artículo 4', 'artículo 5', 'artículo 7', 'artículo 8', 'artículo 17', 'artículo 20', 'artículo 21', 'artículo 24', 'artículo 24', 'artículo 4', 'artículo 12', 'Artículo 7', 'artículo 7', 'artículo 22', 'artículo 3', 'artículo 12', 'artículo\n12', 'artículo 12', 'artículo 22', 'Artículo 22', 'Artículo 17', 'artículo 24', 'artículo 95', 'artículo 3', 'artículo\n16', 'Artículo 3']

Desplazaminento by Pablo Osorio
La Corte Constitucional ha califcado la situación generada por el desplazamiento forzado de personas en Colombia como “un problema de humanidad que debe ser afrontado solidariamente por todas las personas”
laurafonti
Derechos, acceso a la justicia y reparaciones
DAVID ALFONSO DURÁN GARCÍA
JULIANA INÉS PARRA ALDANA
ALBA ROCIO CENTENO SOTO
CEDHULCentro de Derechos Humanos y Liticio Internacional
Memorias de la Escuela de Formación en Desplazamiento Forzado 2007
Ninguna parte de esta publicación, puede ser
reproducida, almacenada o transmitida en manera
alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico,
electrónico,químico,mecánico,óptico,degrabación
o de fotocopia, sin permiso previo de los autores.
Henry Serrano Calderón
Claudia Santamaría Vecino
Futura Impresores
www.cedhul.org
El contenido del libro es responsabilidad exclusiva de sus autores y no
compromete al ACNUR ni a la Generalitat.
Este trabajo es producto de los esfuerzos adelantados por CEDHUL,
con el apoyo de ACNUR y la Generalitat Valenciana, en el marco de
la Primera Escuela de Formación en Materia de Desplazamiento
Forzado desarrollada del 23 de febrero al 25 de mayo de 2007 en la
ciudad de Bucaramanga, la cual aspira a convertirse en un espacio de
permanente profundización académica y jurídica. Además, servir como
herramienta de aprendizaje para el mejoramiento y fortalecimiento de la
atención integral a la población víctima del desplazamiento forzado en
CEDHUL agradece muy especialmente a todas aquellas personas que
contribuyeron activamente en la preparación y desarrollo de la Escuela
de Formación y sin quienes este esfuerzo no habría tenido los resultados
que hoy presentamos a todas y todos ustedes mediante la publicación
de este libro. En tal sentido agradecemos a los funcionarios de ACNUR
Bucaramanga y a quienes participaron como ponentes durante las
diferentes sesiones de la Escuela:
FILLIPPO ROSSI
ANDREA BECERRA BECERRA
DIANA GUARNIZO PERALTA
DIEGO GARCÍA DURÁN
GABRIEL RIAÑO PRIETO
JAIRO EDUARDO FERNÁNDEZ
“Con 2 o 3 millones de afectados, Colombia tiene la mayor cifra de
desplazados internos del hemisferio occidental, y la segunda población
desplazada del mundo después de Sudán”1
La Corte Constitucional ha calificado la situación generada por el despla-
zamiento forzado de personas en Colombia como “un problema de huma-
nidad que debe ser afrontado solidariamente por todas las personas”2
La presente publicación, elaborada por un grupo de jóvenes profesiona-
les, en el marco de la Escuela de Formación en Desplazamiento Forzado
organizada por CEDHUL, con el apoyo del ACNUR y la Generalitat Va-
lenciana, es una iniciativa que constituye un ejemplo incuestionable de
esa solidaridad, desde la sociedad civil, en el esfuerzo de afrontar, de una
manera constructiva, tal situación.
Así, los autores del libro han buscado ofrecer a las personas interesadas,
en especial a los servidores públicos y a los miembros de organizaciones
de derechos humanos de la región, una herramienta práctica de trabajo
que les brinde la información esencial, sistematizada y actualizada, en re-
lación con aspectos sustanciales y operativos relevantes para el ejercicio
de los derechos de las víctimas del desplazamiento forzado.
De esta manera, parten de un ordenado y juicioso análisis de los de-
rechos, en el que conjugan los aspectos básicos definidos por la Corte
Constitucional con los pronunciamientos doctrinales y jurisprudenciales de
órganos y expertos internacionales, ofreciendo un compendio que resume
el alcance de cada uno de tales derechos, bajo la óptica de la afectación
generada por el desplazamiento.
1 La Situación de los Refugiados en el Mundo, Desplazamientos humanos en el nuevo milenio, ACNUR,
2007. Capítulo 7, Desplazados Internos
2 Corte Constitucional, Sentencia T-227 de 1997, citada en la Sentencia T-025/04
Ese primer capítulo es esencial en la medida en que habrá de servir de
fundamento para lo que, acertadamente denominan los autores en el se-
gundo aparte como la visibilización del desplazamiento, traducida en tér-
minos de posibles rutas de acción para el ejercicio de los derechos, tanto
en el orden internacional –en el marco del Derecho Internacional de los
Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho
Penal Internacional-, como, particularmente, en el orden interno –teniendo
en cuenta las normas y jurisprudencia recientes, vigentes en la materia-.
Para complementar el panorama de derechos y de mecanismos de acción
para propender por su efectiva vigencia o restitución, se incluyen cinco
anexos que sirven para el propósito de contar con una guía práctica, por
ejemplo, para determinar las autoridades competentes en los niveles na-
cional y local, y el ámbito específico de sus competencias en el complejo
mapa institucional que involucra diferentes agencias en la atención de la
Señalaba recientemente el Representante del Secretario General de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos de los Desplazados Internos
como esencial, la “labor constante de elaboración y precisión del marco
conceptual para apoyar a las personas que prestan directamente asisten-
cia a los desplazados internos a nivel nacional3
”. Pues bien, este propósito
esencial se ve también reflejado en el trabajo desarrollado por CEDHUL,
comoquiera que su utilización por las organizaciones y autoridades en
el ámbito departamental y municipal, ciertamente debería contribuir en la
superación de esa aparente “desconexión entre la formulación de políticas
a nivel nacional y la aplicación operacional a nivel local4
” a la que hace
referencia el Representante en su último informe sobre Colombia.
El drama humanitario derivado del desplazamiento forzado de personas
está muy lejos de ser resuelto, a pesar de la enorme arquitectura jurídica
–por vía legal, institucional y jurisprudencial- y del esfuerzo conjunto o ais-
lado de personas pertenecientes a los diferentes sectores de la sociedad
colombiana y de agencias internacionales de supervisión y cooperación.
Mientras tanto, miles de niños continúan creciendo en medio del temor
permanente, del desconocimiento de su propia condición de sujetos de
derechos, del abandono, el desarraigo, la desesperanza y, en muchos
casos –en demasiados casos-, de nuestra propia indiferencia.
Es indispensable buscar caminos para recuperar, con un enfoque integral
de respeto pleno por la dignidad humana, a generaciones de colombianos
3 A/HRC/4/38, 27 de diciembre de 2006, Informe presentado por el Representante del Secretario General
sobre los derechos humanos de los desplazados internos, Sr. Walter Kälin.
4 A/HRC/4/38/Add.3, 24 de enero de 2007, Informe presentado por el Representante del Secretario
General sobre los derechos humanos de los desplazados internos, Sr. Walter Kälin, Misión a Colombia
y colombianas que han perdido, incluso, la memoria de sus propios oríge-
nes, tras la huída y la lucha constante por la supervivencia.
Es indispensable recuperar para ellos la libertad y el lugar en el mundo
que evoca Eduardo Galeano:
“Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos
vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en bus-
ca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos.
Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del
En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposi-
Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el
Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus
trabajos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos
más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasa-
dos”5
Marcela Briceño-Donn, 2007
5 Eduardo Galeano, Bocas del tiempo, “Los emigrantes, ahora”, 2004
DERECHOS DE LAS VÍCTIMAS DEL DESPLAZAMIENTO FORZADO
1.	Estado de cosas inconstitucional en la situación del desplazamiento
1.1.	Niveles mínimos de protección y satisfacción de los derechos
1.2.	Definición de la política pública de atención a la población desplazada
1.3.	Desarrollo del desplazamiento como estado de cosas inconstitucional
1.4.	Órdenes de ejecución simple y de ejecución compleja
1.5.	Niveles de cumplimiento frente a las órdenes de tutela
2.	Derechos de la población en situación de desplazamiento
2.1.	Derecho a la vida digna
2.2.	Derecho a la integridad física, psíquica y moral
2.3.	Derecho a la libertad y seguridad personal
2.4.	Libertad de circulación, residencia y permanencia
2.5.	Personalidad jurídica y asociación
2.6.	Acceso a la justicia
2.7.	Derecho a la salud (atención médica necesaria, adecuada, digna y
oportuna)
2.8.	Derecho a la educación
2.9.	Vivienda digna y adecuada
2.10.	Derecho a la propiedad y a la tierra
EL DESPLAZAMIENTO FORZADO: UN DELITO POR VISIBILIZAR
1. El desplazamiento en el derecho internacional de los derechos
1.1. La ONU: mecanismos creados por el organismo universal para velar
por los derechos de los desplazados internos
1.2. Sistema Interamericano
1.2.1. Principales funciones de la Comisión Interamericana de Derechos
a. Conocer de peticiones que contengan denuncias o quejas de
violaciones de la Convención Americana de Derechos Humanos por un
b. Preparar informes en relación con la situación general de los
derechos humanos en un país específico o por materia
c. Otorgar medidas cautelares
1.2.2. Principales funciones de la Corte Interamericana de Derechos
a. Trámite de casos individuales
2. El desplazamiento forzado y el Derecho Internacional Humanitario
3. El desplazamiento forzado en el ámbito del Derecho Penal
4. Complementariedad entre el Derecho Internacional de los Derechos
Humanos y el Derecho Penal Internacional
5. El desplazamiento forzado en el derecho penal colombiano
5.1. El desplazamiento como delito
5.2. Variaciones de la pena en el delito de desplazamiento
5.3. El desplazamiento forzado como agravante de otros delitos
5.4. Responsabilidad derivada del delito de desplazamiento y acceso
ordinario a las reparaciones
6. El Proceso de justicia transicional y la responsabilidad del Estado
6.1. El derecho a la reparación de la población víctima del desplazamiento
forzado en el marco de la Ley 975 de 2005
6.1.1. Principales referentes existentes acerca de las reparaciones en el
marco del proceso de transición en Colombia
a. Pronunciamiento de la Corte Constitucional a favor de las víctimas.
Sentencia C- 370 de 2006
b. Recomendación de Criterios de Reparación y Proporcionalidad
i. Criterios referidos al acceso a la justicia
ii. Criterios referidos a la identificación de los distintos daños sufridos
iii. Criterios referidos a la prueba de dichos daños
iv. Criterios referidos al vínculo entre daños sufridos y medidas de
6.1.2. Mecanismos de acceso a la reparación al alcance de las víctimas
6.1.3. Retos y dificultades que se pueden deducir de los criterios emitidos por
CNRR, en el marco de las reparaciones para los desplazados
7. Recomendaciones finales para garantizar los derechos de las víctimas
a la verdad, la justicia y la reparación
ANEXO 1. Cuadro de entidades del SNAIPD, instrumentos y funciones destinados
a la atención de la población desplazada.
ANEXO 2. Órdenes impartidas por la Corte Constitucional colombiana en la
Sentencia T-025 de 2004.
ANEXO 3. Autos de cumplimiento de la Sentencia T-025 de 2004 proferidos por la
Corte Constitucional colombiana a partir del año 2005 hasta mayo de
ANEXO 4. Funciones de las entidades y autoridades públicas relativas a la
atención de las víctimas en la aplicación de la Ley 975 de 2005 y el
Decreto 4760 de 2005.
ANEXO 5. Incidente de Reparación Integral.
Aportes desde la jurisprudencia y la doctrina
Derechos de las víctimas del
El análisis preliminar de la normatividad, doctrina y jurisprudencia, tanto
nacional como internacional que se propone en el presente capítulo, as-
pira convertirse en un instrumento básico para quienes a diario tienen la
responsabilidad de prevenir y atender situaciones de desplazamiento for-
zado en Colombia, así como para quienes desde su condición de víctimas
de la violencia, lideran la lucha por el respeto, protección y garantía de sus
Así las cosas, este capítulo hace referencia a diferentes pronunciamientos
de los distintos órganos de Naciones Unidas acerca de la interpretación
de los diversos instrumentos internacionales de protección de los dere-
chos humanos, así como algunas referencias al Sistema Interamericano
de Protección de Derechos Humanos y a los distintos fallos de la Corte
Inicialmente se propone una presentación del contenido esencial de la
Sentencia T-025 del 22 de enero de 2004, mediante la cual se declara for-
malmente un estado de cosas inconstitucional en la situación de desplaza-
DAVID ALFONSO DURÁN GARCÍA*
JULIANA INÉS PARRA ALDANA**
* Abogado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Especialista en Derecho Constitucional de la
** Estudiante de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.
CapítuloIDerechosdelasvíctimasdeldesplazamientoforzado
miento forzado en Colombia. Posteriormente se abordarán los elementos
normativos, doctrinarios y jurisprudenciales de protección y garantía de
los derechos humanos de las personas en dicha situación.
Resulta importante señalar que en el marco del Derecho Internacional de
los Derechos Humanos (en adelante DIDH), los Estados se han visto com-
prometidos con una serie de obligaciones jurídicas generales y especiales
que necesariamente deben verse reflejadas en las legislaciones internas
que cada uno de ellos adopte; siendo compelidos además, de conformi-
dad con el Derecho de los Tratados, a cumplirlas de buena fe1
En este sentido, el artículo 1 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (en adelante Convención Americana) y el artículo 2.1 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos (en adelante PIDCP), seña-
lan el compromiso irrenunciable que tienen los Estados Partes de respetar
y garantizar los derechos reconocidos en estos instrumentos internacio-
nales, mediante la adopción de todas las medidas que fueren necesarias
para darles efectividad.
Ahora bien, el desplazamiento forzado comporta una múltiple y continua
violación de derechos humanos que exige de los Estados el estricto cum-
plimiento de sus deberes de respeto, protección y garantía a favor de los
derechos de la población internamente desplazada. Sea o no un agente
del Estado el causante del desplazamiento, este último no puede sustraer-
se de dichas obligaciones, toda vez que la referida situación es conse-
cuencia de una clara falla en su deber de protección.
Bajo estos supuestos, este capítulo inicial presenta entonces el marco
normativo, doctrinario y jurisprudencial, tanto nacional como internacional,
que ha definido el contenido específico de esas obligaciones y deberes
generales que tienen los Estados frente a la población que se encuentra
en situación de desplazamiento; así como los correspondientes derechos
de los cuales ella es titular.
De igual forma, es importante identificar en los siguientes apartes el alcan-
ce que a nivel interno se le ha dado a las referidas obligaciones de respe-
to, protección y garantía; bien mediante la intención legislativa de adoptar
políticas públicas de atención y prevención del desplazamiento forzado,
o a través de los múltiples pronunciamientos de la Corte Constitucional
colombiana amparando los derechos de esta población.
1 Artículo 26 de la Convención de Viena de 1969 sobre el Derecho de los Tratados (principio pacta sunt
servanda).
DesplazamientoforzadoenColombiaDerechos,accesoalajusticiayreparaciones
1. Estado de cosas inconstitucional en la situación del desplazamiento
Frente a la grave afectación al derecho a una vida en dignidad que implica el
desplazamiento forzado, el Estado colombiano ha reconocido su responsabilidad
de respetar y garantizar los derechos de la población afectada por esta situación,
bajo el compromiso irrenunciable de “formular las políticas y adoptar las medidas
[necesarias] para la prevención del desplazamiento forzado; la atención, protec-
ción y consolidación y estabilización socioeconómica de los desplazados internos
por la violencia”2
La categoría jurídica de desplazamiento que el Estado reconoce, comporta una
innegable tragedia humanitaria que trae como consecuencia experiencias trau-
máticas para quienes padecen diariamente las diversas violencias de un conflicto
armado interno. Los desplazamientos forzados generan casi siempre condiciones
de sufrimiento y penalidad para las poblaciones afectadas; igualmente provocan la
ruptura familiar, cortan los lazos sociales y culturales, ponen término a relaciones
de empleo sólidas, perturban las oportunidades educativas, niegan el acceso a
necesidades vitales como la alimentación, la vivienda y la medicina, y exponen a
personas inocentes a actos de violencia en forma de ataques, desapariciones y
Frente a este difícil panorama, el alto índice de desplazamiento reportado en Co-
lombia4
y las dificultades que desde la institucionalidad vigente han impedido una
eficaz atención del problema y la realización de los derechos de la población afec-
tada, llevaron al máximo tribunal constitucional colombiano a declarar un estado
de cosas inconstitucional frente a la situación del desplazamiento forzado5
, emi-
tiendo una serie de órdenes específicas a todas las autoridades nacionales a fin
de superar las condiciones que generan este fenómeno.
El artículo 24 de la Constitución Política colombiana constituye uno de los pila-
res en el análisis que hace la Corte Constitucional en su sentencia y en la gran
2 Artículo 3. Ley 387 del 24 de julio de 1997. Por la cual se adoptan medidas para la prevención del
desplazamiento forzado; la atención, protección, consolidación y estabilización socioeconómica de los
desplazados internos por la violencia en la República de Colombia.
3 Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de las Naciones Unidas, E/CN.4/1998/53/Add.2
de 11 de febrero de 1998. Nota de presentación de los Principios Rectores.
4 Las cifras estimativas del desplazamiento forzado en Colombia, calculadas por la Consultoría para los
Derechos Humanos y el Desplazamiento CODHES mediante la metodología de fuentes contrastadas,
señalan que durante el primer semestre de 2006 por los menos 112.099 personas, alrededor de 22.419
hogares, fueron víctimas de eventos de desplazamiento forzado que afectaron 463 municipios de 32
5 Corte Constitucional, Sentencia T-025 del 22 de enero de 2004. MP. Manuel José Cepeda Espinosa.
mayoría de sus pronunciamientos sobre la materia, al referirse a la libertad de
circulación, permanencia y residencia que radica en cabeza de todo colombiano.
La Corte ha señalado que la afectación de este derecho implica necesariamente
una violación de otro gran número de derechos en cabeza de la población interna-
mente desplazada6
Así las cosas, a continuación se describirán brevemente algunos de los aspectos
más relevantes de la decisión adoptada por la Corte en la emblemática Sentencia
T-025 del 22 de enero de 2004.
1.1. Niveles mínimos de protección y satisfacción de los derechos
La Corte Constitucional, luego de especificar en su sentencia de enero de 2004
gran parte de los derechos de los que son titulares las personas en situación de
desplazamiento, y de hacer referencia a pronunciamientos anteriores en los que
reiteradamente los había protegido de conformidad con las obligaciones interna-
cionales que vinculan al Estado colombiano, advierte que la magnitud del proble-
ma del desplazamiento en Colombia y los limitados recursos con los que cuenta
el Estado para satisfacer dichas obligaciones, llevan a aceptar la adopción de
medidas que no satisfacen “en forma concomitante y hasta el máximo nivel posi-
ble, la dimensión prestacional de todos los derechos constitucionales de toda la
población desplazada (…)”7
Bajo este juicio, la Corte resalta, sin embargo, que existen “ciertos derechos míni-
mos de la población desplazada que deben ser satisfechos en cualquier circuns-
tancia por las autoridades, (…) puesto que en ello se juega la subsistencia digna
de las personas en esta situación”8
. Así, para definir este mínimo de protección
y satisfacción de derechos, dicha Corporación señaló que necesariamente debía
tenerse en consideración la distinción que existe entre:
(i) el respeto por el núcleo esencial de los derechos constitucionales funda-
mentales de los desplazados, y
(ii) la satisfacción, por parte de las autoridades, de ciertos deberes pres-
tacionales derivados de los derechos reconocidos a nivel internacional y
constitucional en cabeza de los desplazados.9
En cuanto al primero de estos puntos, la Corte señala que en ningún caso las
autoridades pueden obrar de forma tal que terminen por desconocer, lesionar o
amenazar el núcleo esencial de los derechos fundamentales constitucionales de
6 La Corte advierte que los derechos que resultan amenazados o vulnerados con ocasión de un
desplazamiento forzado son: (i) el derecho a la vida en condiciones de dignidad; (ii) los derechos de los
niños, de las mujeres cabeza de familia, los discapacitados y las personas de tercera edad, y de otros
grupos especialmente protegidos; (iii) el derecho a escoger su lugar de domicilio; (iv) los derechos al libre
desarrollo de la personalidad, a la libertad de expresión y de asociación; (v) el derecho a la unidad familiar;
(vi) el derecho a la integridad personal; (vii) el derecho a la seguridad personal; (viii) el derecho a la paz;
(ix) los derechos a la igualdad y a la personalidad jurídica; y en general (x) los derechos económicos,
sociales y culturales, educación, salud, trabajo, entre otros.
7 Ídem., pág. 96.
las personas desplazadas; y frente al segundo, observa que gran parte de los de-
rechos reconocidos por los diferentes instrumentos internacionales y por la propia
Carta Política colombiana a las personas desplazadas, imponen al Estado claras
obligaciones de carácter prestacional.
Si bien estas obligaciones prestacionales implican siempre un gasto del presu-
puesto nacional, esto no obsta para clasificar algunos de estos derechos como
fundamentales, y por ende, parte del mínimo que siempre ha de ser garantizado
a todos los desplazados dado su estrecho nexo con la preservación de una vida
digna10
. Es aquí precisamente en donde radica la obligación estatal de amparar un
mínimo imperativo y urgente de derechos de la población desplazada, obviamente
sin que esto excluya la obligación general del Estado de agotar, al máximo posible,
su capacidad institucional para asegurar el goce pleno de todos los derechos en
cabeza de las personas desplazadas.
De esta manera, a la luz de las obligaciones generales de los Estados en mate-
ria de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario enunciados al
principio de este capítulo, y bajo el marco jurídico de los Principios Rectores de
los Desplazamientos Internos11
, la Corte identificó un listado de derechos míni-
mos que se ajustan a los parámetros explicados, y por ende, integran el mínimo
prestacional que siempre debe satisfacer el Estado colombiano a favor de esta
1.	El derecho a la vida.
2.	Los derechos a la dignidad y a la integridad física, psicológica y mo-
3.	El derecho a la familia y a la unidad familiar.
4.	El derecho a una subsistencia mínima.
5.	El derecho a la salud.
6.	El derecho a la protección frente a prácticas discriminatorias basadas
en la condición de desplazamiento (derecho a la igualdad).
7.	El derecho a la educación básica para los niños hasta los quince años
8.	La provisión de apoyo para el autosostenimiento por vía de la estabili-
zación socioeconómica de las personas en condiciones de desplaza-
9.	El derecho al retorno y al restablecimiento.
1.2. Definición de la Política Pública de Atención a la Población
En previos pronunciamientos al fallo del 22 de enero de 2004, como en el caso
de la Sentencia SU-1150 del 30 de agosto de 200012
, la Corte ya había señalado
10 Ídem., pág. 97.
11 Comisión de Derechos Humanos, Principios Rectores de los desplazamientos internos. Informe
del Representante del Secretario General, Sr. Francis M. Deng, presentado con arreglo a la resolución
1997/39 de la Comisión de Derechos Humanos. Distr. GENERAL E/CN.4/1998/53/Add.2 del 11 de febrero
12 M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
que las políticas públicas de atención a la población desplazada no habían lo-
grado contrarrestar el grave deterioro de las condiciones de vulnerabilidad de los
desplazados por la violencia y, en consecuencia, había ordenado el desarrollo de
políticas y programas adecuados para la atención del problema.
De esta manera, retomando el ejercicio de describir la respuesta estatal al fenó-
meno del desplazamiento forzado y los resultados de la política pública de aten-
ción a la población desplazada, la Corte definió los problemas más protuberantes
que ella evidenciaba, y bajo el principio constitucional de colaboración armónica
de los poderes13
, evaluó algunos elementos que necesariamente debía contener
la política en su diseño, implementación, seguimiento y evaluación, con el fin de
garantizar el goce efectivo de los derechos de la población afectada por esta
El Estado colombiano, en virtud del mandato que le impone el artículo 2º de la
Carta, tiene el deber de proteger a la población en situación de desplazamiento,
y de esta manera está obligado a adoptar una respuesta a dicho fenómeno. Bajo
este parámetro, la Corte valoró entonces si la política del Estado había contribuido
o no, de una manera constitucionalmente significativa, al desconocimiento de los
derechos fundamentales de las personas en condición de desplazamiento.
La Corte Constitucional pudo constatar que una multiplicidad de leyes, decretos,
documentos CONPES14
, resoluciones, circulares, acuerdos y directivas presiden-
ciales, daban cuenta de la existencia de una respuesta institucional encaminada a
enfrentar la problemática de la población desplazada y regulaban de manera con-
creta tanto la atención de la población afectada en sus diferentes componentes,
como la actuación exigida a los distintos organismos y autoridades encargadas de
la atención del problema.
Como antecedentes que permiten definir el problema hasta ese momento se en-
cuentran varios documentos, entre ellos:
•	El Documento CONPES 2804 de 1995, mediante el cual el Gobierno
Nacional reconoce la existencia del fenómeno del desplazamiento for-
zado en Colombia, concentrando su trabajo en incluir el tema dentro
•	El Documento CONPES 3057 de 1999, que de manera general definió
la magnitud y las características del desplazamiento forzado.
•	La Ley 387 de 1997 y su Decreto Reglamentario 2569 de 2000, que
definen la condición de desplazado, y establecen el sistema único de
registro, que al manejarse en una base de datos, encaminada a incluir
la totalidad de personas a las cuales se presta algún tipo de atención,
reflejaba la magnitud del problema en términos cuantitativos.
•	El Decreto 173 de 1998, que señalaba los objetivos del Plan Nacional
para la Atención Integral de la Población Desplazada, y disponía las
estrategias para la ejecución de cada uno de los componentes, dentro
13 La colaboración armónica que debe existir entre las distintas ramas que integran el poder público
encuentra su consagración normativa en la Carta Política de 1991, como uno de los principios
constitucionales que rigen la actuación del Estado con relación a sus asociados. Cfr. Artículos 1º, 2º y 209
de la Constitución Política de Colombia.
14 Consejo Nacional de Política Económica y Social. Departamento Nacional de Planeación.
de los cuales se encuentran las acciones, programas y proyectos que
deben desarrollar las entidades encargadas de la atención del despla-
zamiento15
Luego de haber identificado la política del Estado en la atención del desplazamiento
en cada una de sus diferentes etapas, la Corte evalúa los resultados de la misma y
encuentra que éstos no han sido suficientes para “contrarrestar la situación de vulne-
ración de los derechos constitucionales de la mayoría de la población desplazada”16
La Corte advierte además que los bajos resultados de la respuesta estatal pueden
explicarse de acuerdo a dos problemas: (i) la precariedad de la capacidad institucio-
nal para implementar la política y (ii) la asignación insuficiente de recursos.
La Corte observa que “la respuesta estatal no ha tenido como resultado el goce
efectivo de los derechos constitucionales por parte de todos los desplazados”, y
en consecuencia ordena al Consejo Nacional para la Atención Integral a la Pobla-
ción Desplazada por la Violencia (en adelante CNAIPD) que adopte un programa
de acción, con un cronograma preciso, encaminado a corregir las falencias en la
capacidad institucional, o por lo menos, las que fueron expuestas en su análisis de
la política estatal de atención del desplazamiento17
Como resultado de esta orden, el Gobierno Nacional expide el 7 de febrero de
2005 el Plan Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por
la Violencia, el cual fue elaborado y presentado por Acción Social, en calidad de
coordinadora del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada
(en adelante SNAIPD) y representante del Gobierno Nacional, de conformidad con
los artículos 9 y 10 de la Ley 387 de 1997. Esta norma constituye actualmente la
política pública en atención y prevención del desplazamiento en Colombia, frente a
la cual la Corte Constitucional aún está a la espera de una realización efectiva de
los derechos de la población desplazada, el cumplimiento pleno de las obligacio-
nes de las autoridades encargadas de atender esta situación y, en consecuencia,
la superación del actual estado de cosas inconstitucional.
1.3. Desarrollo del desplazamiento como estado de cosas
El estado de cosas inconstitucional respecto de la situación de la población inter-
namente desplazada está caracterizado por una continua, masiva y sistemática
vulneración de sus derechos fundamentales, que ha sido reconocida por el mismo
legislador al definir la condición de desplazado y confirmada por el volumen de
acciones de tutela presentadas por las personas desplazadas para acceder a las
diferentes ayudas estatales.
Dicha vulneración, imputable en su mayoría a la conducta omisiva en la que incu-
rren las autoridades vinculadas al SNAIPD, constituyó una de las razones princi-
15 Las diferentes estrategias incluidas en el Plan, a su vez estaban diferenciadas en cada una de las
tres etapas legalmente definidas de la política, a saber: (i) la ayuda humanitaria de emergencia; (ii) la
estabilización socioeconómica y (iii) el retorno o restablecimiento.
16 Corte Constitucional, Sentencia T-025 de 2004, pág. 66.
17 Corte Constitucional, Sentencia T-025 de 2004, orden cuarta.
pales que llevaron a la declaración del referido estado de cosas inconstitucional. El
desconocimiento de los derechos de los desplazados que configura esta declara-
toria se funda en factores estructurales, tales como la falta de coherencia entre las
normas jurídicas que regulan la materia y los medios dispuestos para cumplirlas,
máxime cuando se trata de la insuficiencia de recursos y de la precaria capacidad
institucional ante la evolución del desplazamiento18
Es así como la Sala Tercera de Revisión de la Corte Constitucional, luego de un
proceso de acopio de 108 expedientes, concluido el 10 de noviembre de 2003,
profiere el fallo de tutela T-025 del 22 de enero de 2004. El número de tutelas allí
acumulado correspondía a 1150 núcleos familiares, en promedio de 4 personas
por núcleo, compuestas principalmente por mujeres cabeza de familia, personas
de la tercera edad, menores y algunos indígenas, que daban cuenta de la magni-
tud del problema que evaluaría la Corte.
La gran mayoría de los demandantes interpusieron acción de tutela contra la Red
de Solidaridad Social, el Departamento Administrativo de la Presidencia de la Re-
pública, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, los Ministerios de Salud y del
Trabajo y Seguridad Social (hoy Ministerio de Protección Social), el Ministerio de
Agricultura, el Ministerio de Educación, el INURBE, el INCORA (hoy INCODER), y
el SENA; asimismo, contra varias administraciones municipales y departamenta-
les, por considerar que dichas autoridades no estaban cumpliendo con su misión
de protección a la población desplazada, en especial, debido a la ausencia de
respuestas efectivas a sus solicitudes en materia de vivienda y acceso a proyectos
productivos, atención en salud, educación y ayuda humanitaria.
Por su parte, las entidades accionadas señalaban que el incumplimiento en el ejer-
cicio de sus obligaciones se daba, entre otras razones, por (i) falta de competencia
de la autoridad ante la cual se habían presentado las solicitudes; (ii) deficiencias en
la disponibilidad presupuestal para la atención de las mismas; (iii) la imposibilidad
de prorrogar la ayuda humanitaria de emergencia por 3 meses más; (iv) la ausencia
de registro en el SURPD19
; (v) la liquidación de las entidades encargadas; (vi) error
en la solicitud o ausencia de postulación del peticionario para acceder al auxilio de
vivienda; (vii) la transformación por parte del Gobierno Nacional de la política de
auxilio de vivienda por una política de créditos de vivienda, en especial para arren-
damiento; y finalmente, por (viii) el condicionamiento del acceso a los programas de
estabilización socioeconómica a la presentación de proyectos productivos.
Las principales pretensiones de los accionantes iban encaminadas a que (i) una
de las personas inscritas bajo un núcleo familiar fuera desvinculada de él y se le
permitiera continuar recibiendo la ayuda humanitaria como un núcleo familiar dife-
rente; (ii) se hicieran las apropiaciones presupuestales necesarias para solucionar
la situación de la población desplazada; (iii) el Ministerio de Hacienda y Crédito
Público desembolsara los dineros necesarios para adelantar los programas de
vivienda y proyectos productivos; (iv) se permitiera recibir capacitación para de-
sarrollar proyectos productivos; (v) se restableciera la prestación de servicios de
salud que habían sido negados; y (vi) las entidades territoriales contribuyeran con
los planes de vivienda.
18 Corte Constitucional, Sentencia T-025 de 2004, pág. 92.
19 Sistema Único de Registro de Población Desplazada.
No obstante, la presentación de acciones de tutela por parte de la población despla-
zada encaminadas a obtener el restablecimiento de sus derechos se vio entorpeci-
da por la denegación de dichas reclamaciones, al advertirse por parte de los jueces
de instancia, entre otras, (i) la falta de legitimación para interponer la acción; (ii) la
improcedencia de la tutela; (iii) las fallas en la carga probatoria cumplida por el de-
mandante; (iv) la ausencia de vulneración a los derechos alegados; (v) la temeridad
en la presentación de la solicitud; y (vi) la limitación en las órdenes de tutela.
De esta manera, tenemos un estado de cosas inconstitucional determinado por la
conjunción de todos estos factores en el ámbito del desplazamiento forzado.
La Corte ha definido, en previos pronunciamientos, las principales circunstancias o
razones para llegar a declarar ese estado de cosas inconstitucional; entre ellas:
(i) La vulneración masiva y generalizada de varios derechos constituciona-
les que afecta a un número significativo de personas.
(ii) La prolongada omisión de las autoridades en el cumplimiento de sus
obligaciones para garantizar los derechos.
(iii) La adopción de prácticas inconstitucionales en los procedimientos de
las autoridades nacionales y locales (v.gr. la incorporación de la acción de
tutela como parte del procedimiento para garantizar el derecho).
(iv) La no expedición de medidas legislativas, administrativas o presupues-
tales necesarias para evitar la vulneración de derechos.
(v) La existencia de un problema social cuya solución compromete la in-
tervención de varias entidades, que requiere la adopción de un conjunto
complejo y coordinado de acciones, y que exige un nivel de recursos que
demanda un esfuerzo presupuestal importante por parte del Estado.
(vi) La excesiva congestión judicial producida como consecuencia de la
promoción de innumerables acciones de tutela por parte de personas afec-
tadas por similares situaciones de hecho.
Con lo anterior, y frente a la situación de desplazamiento interno en Colombia,
la Corte condicionó la declaración de un estado de cosas inconstitucional a las
siguientes circunstancias particulares:
(i) La gravedad de la situación de vulneración de derechos que enfrenta la
(ii) El elevado volumen de acciones de tutela presentadas por los despla-
zados para obtener distintas ayudas y el incremento de las mismas.
(iii) Los procesos acumulados en la Sentencia T-025 de 2004, que confir-
man que la vulneración de derechos afecta a buena parte de la población
(iv) La continuación de la vulneración de tales derechos no imputable a una
(v) La vulneración de los derechos de los desplazados, que reposa en
factores estructurales, dentro de los cuales se destaca la falta de corres-
pondencia entre lo que dicen las normas y los medios existentes para cum-
Al verificar el acaecimiento de estas circunstancias, la Corte declaró formalmente
la existencia de un estado de cosas inconstitucional relativo a las condiciones de
vida de la población desplazada dentro del territorio nacional.
De otra parte, no obstante haberse proferido el referido Decreto 250 del 7 de fe-
brero de 2005 como consecuencia de este trascendental fallo al que hemos hecho
referencia, y la declaratoria de un estado de cosas inconstitucional frente a la
situación de desplazamiento en Colombia, continúa evidenciándose el persistente
incumplimiento de las órdenes que en su momento fueron impartidas para superar
el problema20
Esta situación dio lugar a un sinnúmero de autos que han venido definiendo las
dificultades en la superación de ese estado de cosas inconstitucional; así como
el grado de observancia de los deberes positivos a cargo del Estado y de las
autoridades competentes. En esta medida, se han proferido una serie de órdenes
específicas y ha sido necesario realizar esfuerzos adicionales para la superación
de dicha situación, haciendo especial énfasis en las funciones y obligaciones de
todas las entidades que integran el SNAIPD. A continuación se describe el alcance
de dichas órdenes y los niveles de cumplimiento definidos por la Corte frente a
cada una de ellas.21
1.4. Órdenes de ejecución simple y de ejecución compleja
Ante la declaración de un estado de cosas inconstitucional en materia de despla-
zamiento y con el fin de restablecer los derechos de la población desplazada que
han sido vulnerados continua y sistemáticamente debido a los diversos factores
estructurales identificados en la Sentencia T-025 de 2004, la Corte profirió una
serie de órdenes para que las autoridades competentes adoptaran, en un tiempo
razonable, las medidas pertinentes tendientes a su superación en cuanto a la insu-
ficiencia de recursos y las falencias en la capacidad institucional.
Dado que el Consejo Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada es
el órgano encargado de formular la política de atención y garantizar la asignación
presupuestal para dichos programas, fue compelido por la Corte a determinar la
forma como podría y debería superarse la insuficiencia de recursos y las falencias
en la capacidad institucional. Y, además, para definir las actuaciones a seguir en
la consecución del goce efectivo de los derechos mínimos que le asisten a la po-
blación en situación de desplazamiento.
Apelando al principio constitucional de colaboración armónica entre las distintas
ramas del poder, la Corte busca asegurar que el deber de protección efectiva de
los derechos de todos los residentes del territorio nacional sea cumplido, y los
compromisos definidos para tal protección sean realizados con seriedad, transpa-
rencia y eficacia22
El principio de cooperación armónica entre las diferentes ramas que integran la
estructura del Estado fue desarrollado por la Corte, dentro de la jurisprudencia
20 En dicho pronunciamiento, la Corte Constitucional emitió órdenes específicas para la protección de los
derechos fundamentales de la población víctima del desplazamiento forzado y estableció los factores que
determinaban la configuración de un estado de cosas inconstitucional en dicho contexto.
21 Para más detalle de las órdenes y los diferentes autos de cumplimiento de la Sentencia T-025 de 2004.
Ver Anexo 2 y 3 de este libro.
22 Corte Constitucional, Sentencia T-025 de 2004, pág. 102.
producida con ocasión del desplazamiento interno, con el fin de tomar las medidas
pertinentes e impulsar la intervención de las instituciones que hacen parte del
SNAIPD, en miras a garantizar el ejercicio pleno de los derechos fundamentales
inherentes a la población obligada a migrar de sus hogares por causas violentas.
Bajo el entendido de la Corte, la declaración de estas órdenes no implicaba que
por vía de tutela, el juez constitucional estuviera ordenando un gasto no presu-
puestado o modificando la programación presupuestal definida por el Legislador.
Tampoco estaba delineando una política, definiendo nuevas prioridades, o modifi-
cando la política diseñada por el Legislador y desarrollada por el Ejecutivo.
Con esto, y teniendo en cuenta los instrumentos legales que desarrollan la política
de atención a la población desplazada, el diseño de esa política y los compromisos
asumidos por las distintas entidades, la Corte estaba apelando al principio consti-
tucional de colaboración armónica entre las distintas ramas del poder, a fin de ase-
gurar que el deber de protección efectiva de los derechos de todos los residentes
del territorio nacional fuera cumplido satisfactoriamente.
Dentro de las órdenes proferidas por la Corte en esta sentencia, encontramos una
distinción entre aquellas dirigidas a satisfacer las reclamaciones individuales de
amparo, y otro grupo de órdenes dirigidas a superar ese estado de cosas incons-
titucional declarado en la sentencia.
A. Órdenes Complejas. Son órdenes de acción o abstención proferidas para la
superación del estado de cosas inconstitucional que exigen procesos de ejecu-
ción compleja, toda vez que involucran a varias autoridades e implican acciones
coordinadas entre las distintas ramas del poder. Buscan garantizar los derechos
de toda la población víctima del desplazamiento forzado, independientemente de
que ésta haya acudido o no a la acción de tutela, y persiguen además que las
entidades encargadas de atender a la población desplazada establezcan, en un
plazo prudencial, y dentro de la órbita de sus competencias, los correctivos nece-
sarios para superar los problemas de insuficiencia de recursos y la precariedad
en la capacidad institucional para implementar la política estatal de atención a la
En virtud del artículo 27 del Decreto 2591 de 1991, la Corte conservó la competen-
cia para vigilar su cumplimiento y demandó, en el mismo sentido, la colaboración
de los organismos de control estatal con ACNUR y otras organizaciones vincu-
ladas al tema del desplazamiento forzado interno. En este sentido, las órdenes
proferidas por la Corte sobre el particular fueron:
a. Presupuesto, generación de políticas públicas y superación de falencias insti-
tucionales: comunicar al Consejo Nacional de Atención a Población Desplazada
(CNAPD) el estado de cosas inconstitucional (en calidad de órgano competente
para la formulación de la política y para garantizar la asignación presupuestal para
su desarrollo) para que sea esta instancia la que determine la forma como pueda
superarse la insuficiencia de recursos y las falencias institucionales:
1. Al 31 de marzo de 2004: (i) precisar la situación actual de la población
desplazada; (ii) fijar la dimensión del esfuerzo presupuestal; (iii) definir
el porcentaje de participación de la Nación, los entes territoriales y la
cooperación internacional; (iv) indicar el mecanismo de consecución
de los recursos; y (v) prever un plan de contingencia en el caso de que
los recursos de los entes territoriales y de la cooperación internacional
no lleguen.
2.	Dentro del año siguiente a la sentencia, Acción Social, el Ministerio de
Hacienda y Crédito Público, el Ministerio del Interior y de Justicia y la
Dirección de Planeación Nacional, para asuntos de su competencia,
deberán realizar los esfuerzos necesarios para que la obtención de
los recursos necesarios se logre. Si determinan que ello no es posi-
ble, deberán: (i) redefinir las prioridades y (ii) redefinir la política. Ello
debe hacerse de manera pública, con la participación de la población
desplazada y en todo caso respetando los mínimos de protección in-
dicados en la sentencia. La redefinición de la política no puede ser
discriminatoria, ineludiblemente necesaria, con las medidas tempora-
les y condicionadas a que en un futuro cuando las circunstancias lo
permitan se retorne a su avance progresivo.
3.	Participación de la población desplazada en el diseño de la política.
Cualquier tipo de decisión orientada a la superación del estado de co-
sas inconstitucional debe contar con la participación de la población
desplazada. Esto se concreta en: (i) conocer con anterioridad la deci-
sión proyectada; (ii) tener la oportunidad de hacerle observaciones; y
(iii) valorar las observaciones hechas.
b. Responsabilidades de los entes territoriales: el Ministerio del Interior y
de Justicia promoverá entre los gobernadores y alcaldes la adopción de las
medidas necesarias para la protección por parte de éstos de la población
c. Falencias en la capacidad institucional: el CNAPD deberá dentro de los
tres meses siguientes a la comunicación de la sentencia, adoptar un pro-
grama de acción con un cronograma preciso, encaminado a corregir las
falencias de la capacidad institucional.
d. Protección de los mínimos: el CNAPD deberá, dentro de los seis meses
siguientes a la comunicación de la sentencia, concluir acciones encamina-
das a la protección de los derechos mínimos de la población desplazada.
e. Las autoridades responsables están obligadas a no incurrir en prácti-
cas inconstitucionales para acceder a la atención (v.gr. acciones de tutela
como requisito). La manera en que deben responderse las solicitudes es
la siguiente: (i) incorporación en la lista de desplazados peticionarios; (ii)
informar dentro de los 15 días siguientes cuándo se le dará respuesta a su
solicitud; (iii) indicar si la solicitud cumple o no con los requisitos para lo
que solicita y orientar acerca de cómo debe ser presentada; (iv) si no hay
recursos, adelantar los trámites para su gestión; (v) si hay recursos, seña-
lar cuándo y cómo podrá hacerse efectiva la solicitud.
f. Todas las autoridades deben asegurarse de que la población despla-
zada reciba un trato digno y respetuoso de sus derechos cuando tramita
una solicitud. Acción Social se encargará de capacitar a los funcionarios.
Cada funcionario le informará a la persona desplazado sobre su Carta de
g. Condiciones para las prórrogas indefinidas de las ayudas humanitarias
de emergencia23
B. Órdenes Simples. Son órdenes de acción o abstención que se refieren especí-
ficamente a los expedientes acumulados dentro del trámite de la Sentencia T-025
de 2004. Estas pueden ser desarrolladas por una autoridad sin el concurso de
otras, toda vez que sólo involucran a la autoridad demandada y son necesarias
para dar respuesta a las solicitudes de los accionantes, constituyéndose en el re-
sultado de la aplicación del precedente jurisprudencial correspondiente.
Así como las órdenes complejas, la vigilancia del cumplimiento de las órdenes
simples se encuentra a cargo de la Corte Constitucional conforme a los artículos
27 y 36 del Decreto 2591 de 1991. En este sentido, las órdenes proferidas por la
Corte sobre el particular fueron:
a. Solicitudes de acceso a programas de estabilización socioeconómica:
en particular las entidades accionadas en las sentencias T-721, T-602, T-
669 y T-419, todas de 2003, deben dar respuesta dentro del mes siguiente
a la comunicación de la Sentencia T-025 de 2004.
b. Solicitudes de ingreso al SUR: Acción Social deberá evaluar la situación
de los peticionarios en un término de ocho días. Verificadas las condicio-
nes se dará acceso inmediato al registro, frente a la causa analizada en la
Sentencia T-215 de 2002.
c. Solicitudes de entrega de ayuda humanitaria de emergencia: Acción So-
cial hará efectiva la atención en un plazo de ocho días (previa la evalua-
ción de las necesidades del peticionario). El mismo término aplica para la
d. Solicitudes de acceso al sistema de seguridad social en salud y entrega
de medicamentos: Acción Social y las secretarías de salud de las entida-
des territoriales harán efectivo el acceso y la entrega de los medicamentos
dentro de los 15 días siguientes, en los casos analizados en las sentencias
T-419, T-790 y T-645 de 2003.
e. Solicitudes de acceso al sistema educativo: Acción Social y secretarías
de educación de las entidades territoriales adelantarán las gestiones para
23 En este sentido, en la Sentencia C-278 de 2007, la Corte Constitucional resolvió sobre la
constitucionalidad de los artículos 15 y 18 de la Ley 387 del 18 de julio de 1997, Por la cual se adoptan
medidas para la prevención del desplazamiento forzado; la atención, protección, consolidación y
estabilización socioeconómica de los desplazados internos por la violencia en la República de Colombia,
en relación particular con la temporalidad de 3 meses de la ayuda humanitaria de emergencia. La Corte
declaró inexequibles las expresiones “máximo” y “excepcionalmente por otros tres (3) más”, contenidas
en el parágrafo del artículo 15 de la Ley y exequible el resto del parágrafo, en el entendido que será
prorrogable hasta que el afectado esté en condiciones de asumir su auto sostenimiento; y también declaró
inexequible el parágrafo del artículo 18 demandado.
garantizar el acceso al sistema educativo dentro del mes siguiente, para
los casos analizados en las sentencias T-268 de 2003 y T-215 de 2002.
f.	Solicitud de protección de tierras, propiedades y posesiones: Acción So-
cial incluirá como parte de la información solicitada a los desplazados, la
información sobre los inmuebles abandonados, el título y las característi-
cas básicas del inmueble para que se proceda a la aplicación del Decreto
2007 de 200124
g. Solicitudes de conformación de los comités territoriales: no hay una or-
den específica por cuanto no existe ningún derecho fundamental vulnerado
con la conformación de dicho órgano. Sin embargo, las órdenes complejas
comprenden dicha solicitud por cuanto cada entidad territorial debe deter-
minar cómo cumplirá su deber de protección a la población desplazada.
h. Solicitudes de desvinculación del núcleo familiar y continuación de la
atención: en los casos donde haya sido solicitada, la Corte concede la
1.5. Niveles de cumplimiento frente a las órdenes de tutela
En búsqueda del goce efectivo del mínimo de derechos radicados en cabeza de
la población víctima de desplazamiento forzado, la Corte Constitucional, con base
en las ordenes impartidas al CNAIPD en el ordinal quinto de la parte resolutiva
de la Sentencia T-025 de 200425
, y mediante Auto 185 del mismo año, enunció
los distintos niveles de cumplimiento para examinar la información remitida por la
Red de Solidaridad Social (hoy Agencia Presidencial para la Acción Social y la Co-
operación Internacional: Acción Social). Estos parámetros de diagnóstico también
fueron aplicados a los informes que en el mismo sentido allegaron los organismos
de control estatal, las organizaciones no gubernamentales y las demás entidades
que integran el SNAIPD.
Si bien la desaparición de cada uno de los factores que conforman el estado co-
sas inconstitucional requiere de un lapso prudencial aunado al esfuerzo conjunto
de las diferentes ramas que integran el poder público, resulta necesario que se
verifique si se han adoptado, ejecutado y concluido las acciones encaminadas a
la superación del mismo, garantizando además los mínimos de protección y pre-
viendo mecanismos para que tales medidas concretas y específicas involucren a
gran parte de la población desplazada. Acciones que deben producir resultados
tangibles y sostenidos a favor de las víctimas, asegurando el goce efectivo de los
derechos al permitirles acceder a los beneficios conferidos por los instrumentos
internacionales y la normatividad interna que regulan la materia.
24 Decreto número 2007 de 24 de septiembre de 2001. Por el cual se reglamentan parcialmente los
Artículos 7º,17 y 19 de la Ley 387 de 1997, en lo relativo a la oportuna atención a la población rural
desplazada por la violencia, en el marco del retorno voluntario a su lugar de origen o de su reasentamiento
en otro lugar y se adoptan medidas tendientes a prevenir esta situación.
25 En la Sentencia T-025 de 2004 se resuelve: “ORDENAR al Consejo Nacional de Atención Integral a la
Población Desplazada, que en un plazo máximo de 6 meses, contados a partir de la comunicación de la
presente sentencia, concluya las acciones encaminadas a que todos los desplazados gocen efectivamente
del mínimo de protección de sus derechos a que se hizo referencia en el apartado 9 de esta sentencia”.
En este sentido, la evaluación del cumplimiento de las órdenes emitidas por el
máximo Tribunal Constitucional colombiano se traduce en diferentes niveles de
acatamiento que involucran las particularidades del desplazamiento forzado al in-
terior del territorio nacional y que han sido definidos de la siguiente manera:
1. Incumplimiento – (a) Cuando no exista información sobre la conclusión
de las acciones encaminadas a la superación del estado de cosas in-
constitucional; (b) cuando haya manifestación expresa de la entidad
sobre la decisión de no iniciar, continuar o concluir una determinada
acción respecto de alguno de los mínimos definidos en la Sentencia
T-025 de 2004; (c) cuando no se realicen acciones encaminadas a que
todas las personas desplazadas gocen efectivamente del mínimo de
protección de sus derechos, o cuando su realización se retarda por un
período irrazonablemente prolongado —teniendo en cuenta los plazos
que establezca la ley, el cronograma fijado por la entidad responsable
y la necesidad de atención; o (d) cuando la conclusión de acciones
encaminadas a que todas las personas desplazadas gocen efectiva-
mente del mínimo de protección de sus derechos sólo se concrete en
la expresión de ideas o propósitos, en la realización de reuniones o de
trámites, en el diseño o adopción de medidas de carácter general, en
los cuales las personas desplazadas no son prioridad, o en la adopción
de planes y programas específicos, sin que se ejecute alguna acción
encaminada a que toda la población desplazada goce efectivamente
del mínimo de protección de sus derechos;
2. Cumplimiento bajo – Cuando la conclusión de acciones encaminadas
a que todas las personas desplazadas gocen efectivamente del míni-
mo de protección de sus derechos, se refiera a la ejecución de planes y
programas específicos, cuyo impacto cobije hasta la tercera parte de la
población desplazada desprotegida, o cuando la ejecución de planes y
programas específicos, cualquiera que sea su cobertura, no se realice
de manera oportuna —teniendo en cuenta los plazos que establezca
la ley, el cronograma fijado por la entidad responsable y la necesidad
de atención;
3. Cumplimiento medio – Cuando la conclusión de acciones encaminadas
a que todas las personas desplazadas gocen efectivamente del mínimo
de protección de sus derechos, se exprese a través de la ejecución de
planes y programas específicos cuyo impacto cobije entre una tercera y
dos terceras partes de la población desplazada desprotegida;
4. Cumplimiento alto – Cuando la conclusión de acciones encaminadas a
que todas las personas desplazadas gocen efectivamente del mínimo
planes específicos cuyo impacto beneficie a más de las dos terceras
partes de la población y, si bien no incide sobre la totalidad de la pobla-
ción desplazada desprotegida, tenga el potencial de cubrir efectiva y
oportunamente a todas las personas desplazadas, en todo el territorio
nacional.26
26 Corte Constitucional, Auto 185 del 10 de diciembre de 2004 pág. 9.
Con fundamento en estos parámetros de evaluación, la Corte ha determinado el
nivel de acatamiento de las órdenes impartidas y la ejecución de las funciones
a cargo de las entidades encargadas de la atención a la población desplazada,
cuyos resultados han sido plasmados en los diferentes autos de cumplimiento
proferidos desde el año 2004 hasta el presente año.
Mediante Auto 178 de 2005 se entró a estudiar el cumplimiento de las órdenes
dictadas en la Sentencia T-025 de 2004, siguiendo como estructura de análisis: (i)
el examen de la información allegada por la Red de Solidaridad Social (hoy Acción
Social) y por el Ministerio o la entidad encargada -de conformidad con la definición
legal de sus competencias y de su misión institucional, resaltando la suficiencia o
insuficiencia de la información, los principales avances, y las dificultades o retro-
cesos más relevantes; (ii) observar la evaluación que de dichas acciones realiza-
ron la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, la Comisión
Colombiana de Juristas, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Despla-
zamiento (CODHES), y las organizaciones de población desplazada, y sus con-
clusiones sobre los resultados alcanzados; (iii) considerar la evaluación realizada
por la Oficina del Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas, como
observador externo y conocedor de la problemática del desplazamiento forzado
interno; (iv) estimar los avances reportados por las distintas entidades encargadas
de la atención a la población desplazada durante la audiencia de información, así
como las conclusiones presentadas por el Procurador General de la Nación, el
Defensor del Pueblo, y los representantes de las organizaciones de desplazados
y de derechos humanos que participaron en dicha audiencia, y el Alto Comisio-
nado de Naciones Unidas para los Refugiados; (vi) apreciar los resultados de las
anteriores evaluaciones para determinar en cada caso si hubo cumplimiento de lo
ordenado por la Corte, y (vii) determinar si dicho cumplimiento fue bajo, medio o
alto, siguiendo para ello los niveles de cumplimiento definidos en el Auto 185 de
10 de diciembre de 2004.
Con el fin de evaluar el cumplimiento de las órdenes proferidas, la Corte Consti-
tucional conservó entonces la competencia sobre su conocimiento y con base en
los informes allegados por las diferentes entidades y organizaciones que fueron
compelidas para tal fin, emitió una serie de autos en los que entró a revisar varios
de los componentes de la atención integral a la población desplazada, el ejercicio
de las funciones a cargo de cada una de las autoridades que integran el SNAIPD
y la adopción de indicadores de resultado que permitieran realizar el seguimiento
y evaluación de la ejecución de la política pública.
En desarrollo de estos autos, la Corte advierte acerca del ostensible incumpli-
miento de los deberes impuestos por el Legislador y el Juez Constitucional a las
autoridades competentes, situación que ha imposibilitado la superación del estado
de cosas inconstitucional que conlleva el fenómeno del desplazamiento interno.
Varios de ellos se concentran en la evaluación de la gestión de entidades espe-
cíficas tales como Acción Social, los Ministerios del Interior y de Justicia, el de
Agricultura y el INCODER, sin obtener resultados alentadores al respecto, por lo
que la orden a impartir en estos casos ha sido la remisión de los asuntos corres-
pondientes al Juez de instancia para que sea éste quien determine la apertura de
incidentes de desacato en contra de los funcionarios identificados como presuntos
responsables del desconocimiento de los derechos fundamentales que asisten a
las víctimas en el caso específico. (Ver Anexo 2)
Asimismo, la valoración desarrollada por el máximo Tribunal Constitucional mues-
tra la fragmentación en la política pública de atención y la necesidad de establecer
prioridades y objetivos específicos a alcanzar, los cuales se tornan ambiguos ante
la ausencia de indicadores de resultado establecidos bajo criterios homogéneos
en su diseño, aplicación y validación.
No obstante haber compelido a las diferentes entidades que integran el SNAIPD y
haber solicitado la colaboración de otras organizaciones relacionadas con el tema del
desplazamiento, no se ha logrado determinar una batería de indicadores de resultado
que permita medir el avance, estancamiento o retroceso en la superación del estado de
cosas inconstitucional y el impacto de los esfuerzos del gobierno en el mismo sentido,
además de la garantía del goce efectivo de los derechos de la población desplazada.
Dichos indicadores deben ser definidos con el mayor rigor técnico y clasificados a la luz
de cada uno de los derechos en cada una de las fases que integran la política pública
derivada de las normas que rigen la atención integral, con el fin de establecer criterios
concertados de evaluación que permitan valorar el cumplimiento efectivo con respecto
al total de la población desplazada en cada una de las líneas de acción.
De esta manera, vemos que los diferentes esfuerzos normativos y jurisprudenciales
sobre la materia, respecto de cada una de las fases de atención a la luz del goce
efectivo de los derechos que asisten a la población desplazada, no se han concreta-
do en acciones efectivas que involucren asignaciones presupuestales congruentes
y medidas institucionales concertadas que permitan superar el desplazamiento inter-
no como un preocupante fenómeno estructural de la realidad social colombiana.
2. Derechos de la población en situación de desplazamiento
Definir un listado esencial y mínimo de los derechos que deben ser garantizados a
todas las personas que se encuentran en situación de desplazamiento a causa de
la violencia no resulta una tarea fácil en la medida en que en circunstancias de des-
arraigo son múltiples los derechos que resultan seriamente afectados, y el restable-
cimiento de los mismos no sucede sin la protección de todos y cada uno de ellos.
En principio, los derechos que deben ser respetados en situaciones de desplaza-
miento interno son por analogía los mismos a los que están obligados los Estados
en los casos de refugiados, apátridas y solicitantes de asilo, como poblaciones mi-
grantes y trashumantes en el marco del derecho internacional de los refugiados.
En el ámbito regional, la Declaración Americana consagró el deber del Estado de
respetar los derechos fundamentales del individuo, como son el derecho a la vida,
la libertad, y la integridad personal27
. Por su parte, el artículo 22 de la Convención
27 Otros artículos relevantes de la Declaración reconocen el derecho a: (i) la vida, la libertad y seguridad
de la persona; (ii) la igualdad ante la ley, y a tener los derechos y deberes consagrados en esta
Declaración, sin distinción de raza, sexo, idioma, credo o de otra índole; (iii) la protección de la ley contra
los ataques a (..) su vida privada y familiar; (iv) de protección especial en el caso de niños y mujeres en
estado de gravidez y lactancia; (v) a constituir una familia y a recibir protección especial para ella; (vi) a
ser reconocido en cualquier parte como sujeto de derechos y obligaciones y gozar de los derechos civiles
fundamentales; (vii) a recurrir a los tribunales para hacer valer sus derechos legales; y (viii) a mantener su
libertad, excepto en los casos y según los procedimientos establecidos por la ley (...).
Americana establece que el derecho de circulación y residencia resulta crucial en
la protección de las personas desplazadas, los refugiados y solicitantes de asilo al
establecer tanto el derecho al asilo como el principio de no-devolución:
Artículo 22(7). Toda persona tiene el derecho de buscar y recibir asilo en
territorio extranjero en caso de persecución por delitos políticos o comunes
conexos con los políticos y de acuerdo con la legislación de cada Estado y
los convenios internacionales. (8) En ningún caso el extranjero puede ser
expulsado o devuelto a otro país, sea o no de origen, donde su derecho a
la vida o a la libertad personal está en riesgo de violación a causa de raza,
nacionalidad, religión, condición social o de sus opiniones políticas.
Otros derechos consagrados por la Convención que resultan vitales para la protec-
ción de los derechos de los desplazados, refugiados, apátridas y solicitantes de
asilo, en razón de las situaciones que se ven enfrentados a sufrir por su particular
vulnerabilidad, son principalmente el derecho a la personalidad jurídica (artículo
3), el derecho a la vida (artículo 4), el derecho a la integridad personal (artículo 5),
el derecho a la libertad personal (artículo 7), el derecho a las garantías judiciales
(artículo 8), el derecho a la protección a la familia (artículo 17), el derecho a la na-
cionalidad (artículo 20), el derecho a la propiedad privada (artículo 21), el derecho
a la igualdad ante la ley (artículo 24) y el derecho a la tutela judicial efectiva (artí-
culo 25). Esto en la medida en que los citados derechos se enmarcan dentro de la
obligación general de los Estados de proteger y garantizar los derechos humanos
y de adoptar disposiciones legislativas o de otro carácter para hacer efectivos tales
derechos y libertades, como lo establecen los Artículos 1.1 y 2 de la Convención
Ahora bien, las personas en situación de desplazamiento forzado son sujetos de
especial protección para el derecho; esta específica condición hace que las prerro-
gativas que deben ser garantizadas a todo ciudadano adquieran un especial rango
de seguridad y protección ante la inminente y constante trasgresión que se infringe
sobre los derechos humanos inherentes a las víctimas de este fenómeno; situa-
ción que, como está visto, se caracteriza esencialmente por el desconocimiento de
los derechos y libertades de locomoción y residencia (artículo 24 C.P.).
A continuación precisaremos el marco de derechos reconocidos tanto en el ámbito
internacional como en la normatividad nacional y en la jurisprudencia constitucio-
nal colombiana, con el fin de exponer las obligaciones que tiene el Estado para
garantizar el goce efectivo de dichas prerrogativas.
2.1. Derecho a la vida digna
El derecho a la vida, y en especial el derecho a una vida en dignidad, constituye
el pilar fundamental de los derechos de toda persona, independientemente de su
raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición social. Así lo
han reconocido los diversos instrumentos de protección de los derechos humanos
La Convención Americana, en su artículo 4, reconoce el derecho que toda persona
tiene a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley, en gene-
ral, a partir del momento de la concepción. Asimismo, nadie puede ser privado de
la vida arbitrariamente28
Teniendo en cuenta que los motivos o causas que usualmente generan los des-
plazamientos masivos forzados de personas corresponden a eventos de conflictos
armados internos o situaciones de violencia generalizadas, los Principios Rectores
de los Desplazamientos Internos de Naciones Unidas, se ocuparon especialmente
del derecho a la vida en estas circunstancias, señalando que:
Principio 10(1). El derecho a la vida es inherente a la persona humana y
estará protegido por la ley. Nadie podrá ser privado de la vida arbitraria-
mente. Los desplazados internos estarán protegidos en particular contra:
a) el genocidio; b) el homicidio; c) las ejecuciones sumarias o arbitrarias;
y d) las desapariciones forzadas, incluido el secuestro o la detención no
reconocida con amenaza o resultado de muerte.
Se prohibirán las amenazas y la inducción a cometer cualquiera de los
actos precedentes.
Ahora bien, frente a las condiciones de dignidad en que esa vida debe ser garan-
tizada por los Estados, los Principio Rectores también han reconocido que, con
independencia de que se haya o no limitado su libertad, los desplazados internos
serán protegidos de conductas tales como: (i) violación, mutilación, tortura, tratos
crueles, inhumanos o degradantes, u otros ultrajes a su dignidad personal; (ii)
esclavitud, explotación sexual o trabajo forzoso de niños y niñas; y finalmente, (iii)
actos de violencia destinados a provocar terror entre los desplazados internos.
La vida en condiciones dignas, durante y después de la situación de desplazamien-
to interno, está determinada por la asistencia humanitaria y la protección que las
autoridades nacionales y locales están obligadas a suministrar a cada una de las
víctimas de desplazamiento que se encuentren en el ámbito de su jurisdicción29
El derecho a la vida es el principal requisito para la adquisición, goce y ejercicio de
los demás derechos, y por tanto el presupuesto sustancial para la configuración
de la titularidad de las prerrogativas y obligaciones de toda persona. Su reconoci-
miento se encuentra consagrado en nuestra Constitución Política en los siguientes
Este derecho no se reduce al ámbito biológico como tal, toda vez que la vida tiene
un extenso y profundo alcance que involucra la dignidad humana, cuyo presupues-
to es la garantía de un mínimo vital definido por el hecho de existir y proyectarse
íntegramente en el entorno social. En este sentido, observamos cómo el despla-
zamiento sitúa a la población en un estado de debilidad manifiesta que constituye
una amenaza contra su vida; lo que genera el desconocimiento de los demás dere-
28 Convención Americana sobre Derechos Humanos. Suscrita en la Conferencia Especializada
Interamericana sobre Derechos Humanos, San José de Costa Rica el 22 de noviembre de 1969. Ratificada
por Colombia el 31 de julio de 1973.
29 Principio 3(1). Principios Rectores de los Desplazamientos Internos.
chos fundamentales. Dicha situación afecta adicionalmente y de forma ostensible
el mínimo vital y la dignidad humana de las víctimas del desplazamiento forzado.
En este sentido la Corte Constitucional ha manifestado que:
(…) es más claro el asunto de la exigencia de protección del derecho a la
vida a través de la acción de tutela, cuando se ha puesto esta circunstancia
en conocimiento de las autoridades. En la Sentencia T-719 de 2003 dijo la
Corte lo siguiente: “quienes se encuentran seriamente amenazados en su
vida y han puesto tal situación en conocimiento de las autoridades, son ti-
tulares del derecho a recibir protección, hasta el punto de que la obligación
del Estado de preservar su vida, que normalmente es una obligación de
medios frente a la generalidad de la población, se convierte en una obliga-
ción de resultados, al menos para efectos de la responsabilidad adminis-
trativa.” (Sentencia T-719 de 2003, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa)
En la Sentencia T-815 de 2002, la Corte examinó el asunto de la obligación del
Estado de brindar protección cuando se trata de amenazas al derecho a la vida,
obligación que ni siquiera desaparece porque el riesgo sea calificado de menor:
(…) Este derecho fundamental adquiere dentro del Estado social de dere-
cho una dimensión objetiva, como bien lo ha expresado esta Corte30
fuerza vinculante de este derecho, como la de los demás derechos funda-
mentales, se hace extensiva a las relaciones privadas, aunque es el Estado
el principal responsable de su protección, garantías, respeto y desarrollo31
2.2. Derecho a la integridad física, psíquica y moral
Al configurarse una situación de desplazamiento forzado, el derecho a la integri-
dad física, psíquica y moral de toda persona deberá ser respetado. En tal sentido,
también se entiende que nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tra-
tos crueles, inhumanos o degradantes, y mucho menos bajo dicha circunstancia;
máxime cuando el evento generador del desplazamiento suele aparejar una clara
vulneración de este derecho.
Si bien a la luz del Derecho Internacional de los Derechos Humanos puede consi-
derarse tal prerrogativa exclusivamente en el marco de la libertad personal, bajo la
prohibición de la tortura y de las penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes en
contextos de privación de la misma, también ha sido entendida e interpretada como
deber de respeto de las dimensiones esenciales del ser humano, y en esta medida,
en eventos de desplazamientos forzados constituye uno de los derechos que debe
ser primariamente garantizado a todas sus víctimas.
Así lo entendió el Representante del Secretario General de las Naciones Unidas
sobre los derechos humanos de las personas internamente desplazadas, Señor
Francis M. Deng, al señalar en los Principios Rectores que, habiéndose o no li-
mitado la libertad de las personas desplazadas, éstas serán protegidos en toda
circunstancia, en particular, contra:
30 Corte Constitucional, Sentencia C-587 de 1992 M.P. Ciro Angarita Barón.
31 Corte Constitucional, Sentencia T-327 de 2004, M. P. Dr. Alfredo Beltrán Sierra.
(i) la violación, la mutilación, la tortura, las penas o tratos crueles, inhuma-
nos o degradantes y otros ultrajes a su dignidad personal, como los actos
de violencia contra la mujer, la prostitución forzada o cualquier otra forma
de ataque a la libertad sexual;
(ii) la esclavitud o cualquier forma contemporánea de esclavitud, como la
entrega en matrimonio a título oneroso, la explotación sexual o el trabajo
forzado de los niños; y
(iii) los actos de violencia destinados a sembrar el terror entre los despla-
zados internos.
Ahora bien, conforme a lo dispuesto en los instrumentos internacionales vinculan-
tes para Colombia y lo establecido en la normatividad interna, la integridad perso-
nal se traduce en el respeto al que toda persona tiene derecho en su ámbito físico,
psíquico y moral, aún estando privada de su libertad, así como a no ser sometida
a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, tal como lo
consagra la Constitución de 1991 en su artículo 12.
En cuanto al desplazamiento forzado, la vulneración a la integridad personal se
evidencia tanto en los riesgos inherentes a la salud de las víctimas, como en el alto
riesgo de ataques al que se encuentran expuestos al ser obligados a huir de sus
lugares de origen y abandonar todo aquello que poseen.
(…) No existe discusión acerca de que el desplazamiento forzado apareja
una violación múltiple, masiva y continua de los derechos de las personas
obligadas a migrar. Por una parte, es claro que estas personas tienen que
abandonar su domicilio en razón del riesgo que observan para su vida e
integridad personal, peligro que se deriva de las amenazas directas que les
son formuladas o de la percepción que desarrollan por los múltiples actos
de violencia que tienen lugar en sus sitios de residencia32
2.3. Derecho a la libertad y seguridad personal
El tema de la seguridad personal, en particular tratándose de situaciones de re-
torno o regreso voluntario de poblaciones desplazadas, constituye uno de los
elementos fundamentales en la configuración de medidas de restablecimiento de
derechos, y frente al cual la doctrina internacional ha identificado tres elementos
fundamentales que permiten que el retorno cumpla con esas características de
seguridad y dignidad, a saber: (i) la seguridad legal; (ii) la seguridad física; y (iii)
la seguridad material. La primera puede incluir amnistía, afirmación pública de la
seguridad personal, integridad y eliminación del miedo a la persecución arbitraria o
al castigo, una vez que el retorno se haya logrado. La seguridad física debe tomar
en cuenta tanto la protección frente a ataques armados, como a terrenos minados.
La seguridad material significa acceso a la tierra, a la propiedad, a modos de vida
dignos y a la educación para los hijos33
32 Corte Constitucional, Sentencia T-327 de 2001, MP: Marco Gerardo Monroy Cabra.
33 SÁNCHEZ GARZOLI, Gimena. “Buscando soluciones duraderas para los desplazados: Principios
Rectores de los Desplazamientos Internos y experiencias internacionales de retorno, reasentamiento
y reintegración voluntaria. Memorias del Seminario Internacional Análisis de Experiencias en
Restablecimiento de la Población en Situación de Desplazamiento. Bogotá, 2003, pág. 48.]
La Convención Americana reconoce este derecho que toda persona tiene a la
libertad y seguridad personales, señalando expresamente que nadie podrá ser
privado de su libertad física, salvo por las causas y las condiciones fijadas de
antemano por las constituciones políticas de los Estados Partes o por las leyes
dictadas conforme a ellas (Artículo 7(2)).
La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en varias oportunidades ha se-
ñalado que el contenido esencial del artículo 7 de la Convención es la protección
de la libertad del individuo contra la interferencia arbitraria o ilegal del Estado y, a
su vez, la garantía del derecho de defensa del individuo detenido.34
Este Tribunal
ha sostenido además que con:
(…) la protección de la libertad se [puede] salvaguardar tanto la libertad física
de los individuos como la seguridad personal, en un contexto en el que la au-
sencia de garantías puede resultar en la subversión de la regla de derecho y
en la privación a los detenidos de las formas mínimas de protección legal35
Esta consideración se proyecta a situaciones de desplazamiento forzado, en la
medida en que se configura un estrecho nexo entre la obligación del Estado de
respetar la vida e integridad física de las personas desplazadas, y la protección de
la libertad física de los individuos y su seguridad personal, en especial en contex-
tos de violencia generalizada y de conflicto armado.
La identificación y definición del contenido del derecho a la seguridad personal en
situaciones de desplazamiento forzoso, en especial para el caso colombiano, exi-
ge que sean tenidos en cuenta factores adicionales que den cuenta de la magnitud
del fenómeno vivido. Esta consideración permite identificar tres nuevas categorías
en la fundamentación de dicho derecho, a saber, la seguridad en el conflicto arma-
do, la seguridad jurídica y la seguridad humanitaria.
Como elementos comunes a esta definición de seguridad personal, y en particular
frente a situaciones de desplazamiento, encontramos los siguientes:
•	La población tiene derecho al restablecimiento y a no ser reubicada en
lugares donde su vida e integridad se encuentren amenazadas o sean
puestas en peligro.
•	Las condiciones de seguridad para todo el proceso deben establecer-
se desde su inicio y mantenerse durante todas las etapas del mismo,
con el fin de alcanzar soluciones duraderas.
•	Dada la persistencia y la dinámica del conflicto no es recomendable
impulsar procesos de retorno; es preciso evitar su promoción a zonas
de conflicto armado y estudiar otras alternativas si hay duda en térmi-
nos de las condiciones sostenibles de seguridad.
•	De haber contradicción entre el objetivo militar y el objetivo humanita-
rio, siempre debe primar el humanitario36
34 Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante Corte IDH), caso “Instituto de Reeducación
del Menor”, (...), párr. 223; en igual sentido, Caso Maritza Urrutia, (...), párr. 66; Caso Bulacio, (...), párr.
129; y Caso Juan Humberto Sánchez, (...), párrs. 82-83.
35 Caso Acosta Calderón, (…), párr. 56; Caso “Instituto de Reeducación del Menor”, (...), párr. 223; Caso
Tibi, (...), párr. 97; Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri, (...), párr. 82; Caso Maritza Urrutia, (...), párr.
64; y Caso Juan Humberto Sánchez, (...), párr. 77.
36 GUZMÁN, Liliana. “Reconocimiento, protección y resarcimiento de los derechos en procesos de
restablecimiento”, en: Desplazamiento y políticas públicas de restablecimiento en Colombia: Análisis y
recomendaciones. Memorias del Seminario Internacional Análisis de Experiencias en Restablecimiento
de la Población en Situación de Desplazamiento. Bogotá, 2003, pág. 74.
Dentro de la normatividad nacional vigente, la Ley 387 de 1997, pilar en el tema del
desplazamiento interno, considera que:
económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad
o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente
amenazadas (…)
En este sentido, y en virtud de los principios de justicia, equidad e igualdad de las
cargas públicas, la seguridad personal ha sido reconocida como derecho funda-
mental de toda persona; condición que la faculta para solicitar y recibir la protec-
ción necesaria de las autoridades competentes, al configurarse una situación de
riesgo excepcional que no está jurídicamente obligada a soportar. Esta circuns-
tancia advierte el deber a cargo del Estado en la atención, garantía y protección
de los derechos fundamentales de la población vulnerable, tal como ocurre en el
desplazamiento forzado por la violencia en el contexto colombiano.
Las circunstancias que dan lugar al desplazamiento interno, invaden también la
esfera de las libertades inherentes al ser humano, tal como lo indica la citada Ley
y la jurisprudencia concebida por el máximo órgano constitucional nacional, la cual
ratifica el deber de protección a cargo del Estado en la consecución de las con-
diciones materiales para el disfrute de los derechos fundamentales radicados en
cabeza de todos los colombianos:
Los rasgos definitorios del Estado colombiano, tienen implicaciones evi-
dentes sobre las políticas de seguridad y defensa. Si el Estado se funda-
menta en la dignidad y derechos de la persona, entonces la preservación
del orden público no es una finalidad en sí misma sino que constituye,
como esta Corte lo ha dicho, “un valor subordinado al respeto a la dignidad
humana”, por lo que, “la preservación del orden público lograda mediante la
supresión de las libertades públicas no es entonces compatible con el ideal
democrático”. Y de otro lado, si el Estado está al servicio de la comunidad
y de las personas, entonces corresponde obviamente a las autoridades del
Estado proteger y ser garantes de la seguridad de las personas, y no a las
personas proteger y ser garantes de la seguridad del Estado37
Asimismo, en la aludida Sentencia T-025 de 2004, la Corte Constitucional advirtió
que también se tenían como vulnerados:
Los derechos al libre desarrollo de la personalidad, a la libertad de expresión y de
asociación, “dado el ambiente intimidatorio que precede a los desplazamientos”38
y las consecuencias que dichas migraciones surten sobre la materialización de
los proyectos de vida de los afectados, que necesariamente deberán acoplarse
a sus nuevas circunstancias de desposeimiento. En la interpretación de estos
derechos en el contexto del desplazamiento forzado interno son pertinentes los
Principios 1 y 8 [de los Principios Rectores de los desplazamientos internos].
37 Corte Constitucional, Sentencia C-251 de 2002, MP Eduardo Montealegre Lynett y Clara Inés Vargas
38 Corte Constitucional, Sentencia SU-1150 de 2000, citada anteriormente.
2.4. Libertad de circulación, residencia y permanencia
La libertad de circulación es una condición indispensable para el libre desarrollo de
la persona. Así lo han reconocido diversos instrumentos internacionales, en parti-
cular el artículo 22 de la Convención Americana que señala el derecho que tiene
toda persona que se halle legalmente en el territorio de un Estado, a circular por el
mismo y a residir en él con sujeción a las disposiciones legales de dicho Estado39
Sin embargo, el ejercicio de estos derechos puede ser restringido en virtud de una
ley, en la medida en que resulte indispensable en una sociedad democrática para
prevenir infracciones penales o para proteger la seguridad nacional, el orden públi-
co, la moral, la salud pública o los derechos y libertades de los demás40
Estas restricciones se enmarcan por lo general en situaciones de conflicto arma-
do, bajo las prerrogativas del Derecho Internacional Humanitario; entendiendo por
infracciones al mismo, en particular en el contexto colombiano, las acciones u
omisiones contrarias al artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949, a su
Protocolo adicional II41
, y al derecho consuetudinario. Varias de estas violaciones
e infracciones constituyen crímenes de lesa humanidad42
o crímenes de guerra43
susceptibles de ser juzgados por la Corte Penal Internacional.
El Principio 6 de los Principios Rectores establece esta prohibición de los despla-
zamientos arbitrarios, en el marco de las obligaciones que les impone el Derecho
Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario44
entre los que se incluyen los desplazamientos: “[…] b) en situaciones de conflicto
armado, a menos que así lo requiera la seguridad de la población civil afectada o
razones militares imperativas; […] e) cuando se utilicen como castigo colectivo”.
Asimismo, el artículo 12 del PIDCP reconoce el derecho que tiene toda persona
que se halle legalmente en el territorio de un Estado a circular libremente en él y
escoger allí su lugar de residencia. En este sentido, el Comité de Derechos Hu-
manos de Naciones Unidas, en su Observación General No. 27 sobre el artículo
12 del Pacto (la libertad de circulación), sostiene que el Estado Parte debe velar
porque se protejan los derechos garantizados por dicho artículo, no sólo de la
injerencia pública, sino también de la privada.
Ahora bien, en el caso de la mujer, esta obligación es particularmente importante.
Por ejemplo, es incompatible con el párrafo 1 del artículo 12 que el derecho de
39 Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículo 22(1).
40 Ídem. Artículo 22(3).
41 Artículo 17. Prohibición de los desplazamientos forzados
1. No se podrá ordenar el desplazamiento de la población civil por razones relacionadas con el conflicto,
a no ser que así lo exijan la seguridad de las personas civiles o razones militares imperiosas. Si tal
desplazamiento tuviera que efectuarse, se tomarán todas las medidas posibles para que la población civil
sea acogida en condiciones satisfactorias de alojamiento, salubridad, higiene, seguridad y alimentación.
2. No se podrá forzar a las personas civiles a abandonar su propio territorio por razones relacionadas con
42 Según el Estatuto de Roma son crímenes que se cometen como parte de un ataque generalizado o
sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque.
43 Según el Estatuto de Roma son infracciones graves del Derecho Internacional Humanitario, en
particular cuando se cometen como parte de un plan o política o como parte de la comisión en gran escala
44 Principio 5 de los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos.
la mujer a circular libremente y elegir su residencia esté sujeto, por la ley o por la
práctica, a la decisión de otra persona, incluido un familiar, usualmente alguien del
Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido enfática en sos-
tener que la libertad de circulación es una condición indispensable para el libre desa-
rrollo de la persona45
. Dicho Tribunal ha coincidido con lo indicado por el Comité de
Derechos Humanos en la referida Observación General No. 27, en cuanto se refiere a
que el derecho de circulación y de residencia consiste, inter alia, en lo siguiente:
a) el derecho de quienes se encuentren legalmente dentro de un Estado a
circular libremente en ese Estado y escoger su lugar de residencia; y
b) el derecho de una persona a ingresar a su país y permanecer en él. El
disfrute de este derecho no depende de ningún objetivo o motivo en parti-
cular de la persona que desea circular o permanecer en un lugar.
En nuestro ordenamiento jurídico, el artículo 24 de la Carta Política también reco-
noce los derechos a la libre circulación, residencia y permanencia a toda persona
que se encuentre de forma legal en el territorio nacional, quien además podrá
circular de manera libre al interior del mismo, así como escoger en éste su lugar
Tales prerrogativas cuentan con una restricción eminentemente legal, cuando la
seguridad nacional, el orden público y el bienestar general así lo requieran. No
obstante advertirse la existencia de la citada limitación, así como la configuración
del fenómeno del desplazamiento forzado por la violencia dentro del territorio na-
cional, el titular de derechos conserva la potestad de regresar voluntariamente,
con seguridad y dignidad a su lugar de origen, o de reubicarse en las mismas
condiciones. Al respecto, la Corte Constitucional ha manifestado que:
(…) sólo el legislador puede restringir ese derecho de las personas a per-
manecer o a circular y la restricción sólo puede tener los objetivos allí se-
ñalados, es decir, que la ley restrictiva no puede alejarse de los parámetros
fijados en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la
Convención Americana sobre Derechos Humanos. Esta doble faz, perma-
necer y circular, y la única posibilidad restrictiva: limitación establecida por
la Ley, está también recogida en nuestra Constitución Política. Es finalidad
del Estado garantizar la efectividad de esos derechos, luego, tratándose
de desplazados, a quienes se les afecta su derecho primario a residir en
el lugar que deseen dentro de la República, es inhumano a todas luces
afectarles también la posibilidad de circular para salvar sus vidas propias
y las de sus familiares.
(…) Inclusive, el artículo 95 de nuestra Constitución establece como DE-
BERES de todas las personas: ‘Obrar conforme al principio de solidaridad
social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pon-
gan en peligro la vida o la salud de las personas’46
45 Corte IDH., Caso de la Comunidad Moiwana Vs. Suriname, Sentencia de 15 de junio de 2005, y Caso
Ricardo Canese Vs. Paraguay, Sentencia de 31 de agosto de 2004.
46 Corte Constitucional, Sentencia T- 227 de 1997, M. P. Alejandro Martínez Caballero.
2.5. Personalidad jurídica y asociación
En los términos del artículo 3 de la Convención Americana, toda persona tiene
derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica, lo que implica que en con-
textos de desplazamiento forzado las víctimas deben contar con una identidad
vigente, luego de haber sido violentadas en sus más elementales derechos. En
particular, la protección de la personalidad jurídica comporta necesariamente la
afirmación de la dignidad de la persona desplazada.
Así lo reconoció Naciones Unidas en los Principios Rectores, al señalar el artículo
16 del PIDCP el derecho de todo ser humano, en todas partes, al reconocimiento
de su personalidad jurídica; considerando adicionalmente que para hacerlo efec-
tivo es necesario que:
(…) las autoridades competentes expedirán a los desplazados internos to-
dos los documentos necesarios para el disfrute y ejercicio de sus derechos
legítimos, tales como pasaportes, documentos de identidad personal, parti-
das de nacimiento y certificados de matrimonio. En particular, las autorida-
des facilitarán la expedición de nuevos documentos o la sustitución de los
documentos perdidos durante el desplazamiento, sin imponer condiciones
irracionales, como el regreso al lugar de residencia habitual para obtener
los documentos necesarios47
Bajo el principio de no discriminación, fundamental en el contexto del desplaza-
miento interno, los Principios Rectores también consagran la igualdad que debe
existir entre la mujer y el hombre, en particular para obtener los documentos nece-
sarios y para que éstos se expidan a su propio nombre (Principio 20(3)).
Por su parte, el Comité de Derechos Humanos también reconoció ese principio
de no discriminación entre hombre y mujer en su Observación General No. 28,
acerca del Artículo 3 del PIDCP (igualdad de derechos entre hombres y mujeres)48
y que resulta particularmente importante en el marco del desplazamiento interno,
al indicar que el reconocimiento de la personalidad jurídica resulta pertinente para
el caso de la mujer, pues suele verlo vulnerado en razón de su sexo o su estado
Este derecho supone que no se puede restringir en razón del estado civil o
por otra causa discriminatoria la capacidad de la mujer para ejercer el de-
recho de propiedad, concertar un contrato o ejercer otros derechos civiles.
Supone también que la mujer no puede ser tratada como un objeto que se
entrega a su familia junto con la propiedad del marido difunto. Los Esta-
dos deben proporcionar información acerca de las leyes o prácticas que
impidan que la mujer sea tratada como persona jurídica de pleno derecho
o actúe como tal, así como de las medidas adoptadas para erradicar las
leyes o prácticas que permitan esa situación49
47 Principio 20(2) de los Principios Rectores de los desplazamientos internos.
48 Aprobada por el Comité en su 1834ª sesión (68º período de sesiones), celebrada el 29 de marzo de
Desplazamiento forzado en colombia exposicion
Desplazaminento Pablo Osorio