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Timestamp: 2018-02-19 02:08:30
Document Index: 267046773

Matched Legal Cases: ['Artículo 6', 'Artículo 1', 'Artículo 2', 'Artículo 3', 'Artículo 4', 'Artículo 5', 'Artículo 6', 'Artículo 7', 'Artículo 8', 'Artículo 9', 'Artículo 10', 'Artículo 11', 'Artículo 12', 'Artículo 13', 'Artículo 14', 'Artículo 15', 'Artículo 16', 'Artículo 17', 'Artículo 18', 'Artículo 19', 'Artículo 20', 'Artículo 21', 'Artículo 22', 'Artículo 23', 'Artículo 24', 'Artículo 25', 'Artículo 26', 'Artículo 27', 'Artículo 28', 'Artículo 29', 'Artículo 30', 'Artículo 31', 'Artículo 32', 'Artículo 33', 'Artículo 34', 'Artículo 35', 'Artículo 36']

Patria española: 2013
de 17 de julio de 1945, modificado por la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de
1967(aprobado por Decreto 779/1967, de 20 de abril. BOE nº 95 de 21 de abril).
FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, CAUDILLO DE ESPAÑA, JEFE DEL ESTADO Y
GENERALÍSIMO DE LOS EJÉRCITOS DE LA NACIÓN:
Por cuanto las Cortes Españolas, como órgano superior de participación del pueblo en las tareas del Estado, según la Ley de su creación, han elaborado el Fuero de los Españoles, texto fundamental definidor de los derechos y deberes de los mismos y amparador de sus garantías; y teniendo en cuenta, al igual que ocurre en el Fuero del Trabajo, que sus líneas maestras acreditan el valor permanente del ideario que las inspira y gran número de sus declaraciones y preceptos constituyen un fiel anticipo de la doctrina social­católica, recientemente puesta al día por el Concilio Vaticano II y finalmente, dada la modificación introducida en su Artículo 6 por la Ley Orgánica del Estado, aprobada previo referéndum de la Nación, a los efectos de adecuar su texto a la Declaración Conciliar sobre la libertad religiosa, promulgada el 1 de diciembre del año 1965, que exige el reconocimiento explícito de este derecho, en consonancia, además, con el segundo de los Principios Fundamentales del Movimiento, según el cual la Doctrina de la Iglesia habrá de inspirar nuestra legislación. Vengo en disponer lo siguiente:
Artículo único.­ Queda aprobado, con el carácter de Ley fundamental reguladora de sus derechos y deberes, el Fuero de los Españoles, que a continuación se inserta:
Artículo 1.­ El Estado español proclama como principio recto de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos y miembros de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común.
Artículo 2.­ Los españoles deben servicio fiel a la Patria, lealtad al Jefe del Estado y obediencia a las leyes.
Artículo 3.­ La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles, sin preferencia de clases ni acepción de personas.
Artículo 4.­ Los españoles tienen derecho al respeto de su honor personal y familiar.
Quien lo ultraje, cualquiera que fuese su condición, incurrirá en responsabilidad.
Artículo 5.­ Todos los españoles tienen derecho a recibir educación e instrucción y el deber de adquirirlas, bien en el seno de su familia o en centros privados o públicos, a su libre elección. El Estado velará para que ningún talento se malogre por falta de medios económicos.
Artículo 6.­ La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial.
Artículo 7.­ Constituye título de honor para los españoles el servir a la Patria con las armas.
Artículo 8.­ Por medio de leyes, y siempre con carácter general, podrán imponerse las prestaciones personales que exijan el interés de la Nación y las necesidades públicas.
Artículo 9.­ Los españoles contribuirán al sostenimiento de las cargas públicas según su capacidad económica. Nadie estará obligado a pagar tributos que no hayan sido establecidos con arreglo a ley votada en Cortes.
Artículo 10.­ Todos los españoles tienen derecho a participar en las funciones públicas de carácter representativo, a través de la familia, el municipio y el sindicato, sin perjuicio de otras representaciones que las leyes establezcan.
Artículo 11.­ Todos los españoles podrán desempeñar cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad.
Artículo 12.­ Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado.
Artículo 13.­ Dentro del territorio nacional, el Estado garantiza la libertad y el secreto de la correspondencia.
Artículo 14.­ Los españoles tienen derecho a fijar libremente su residencia dentro del territorio nacional.
Artículo 15.­ Nadie podrá entrar en el domicilio de un español ni efectuar registros en él sin su consentimiento, a no ser con mandato de la Autoridad competente y en los casos y en la forma que establezcan las Leyes.
Artículo 16.­ Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las leyes. El Estado podrá crear y mantener las organizaciones que estime necesarias para el
cumplimiento de sus fines. Las normas fundacionales, que revestirán forma de ley, coordinarán el ejercicio de este derecho con el reconocido en el párrafo anterior.
Artículo 17.­ Los españoles tienen derecho a la seguridad jurídica. Todos los órganos del Estado actuarán conforme a un orden jerárquico de normas preestablecidas, que no podrán arbitrariamente ser interpretadas ni alteradas.
Artículo 18.­ Ningún español podrá ser detenido sino en los casos y en la forma que prescriben las Leyes.
Artículo 19.­ Nadie podrá ser condenado sino en virtud de Ley anterior al delito, mediante sentencia de Tribunal competente y previa audiencia y defensa del interesado.
Artículo 20.­ Ningún español podrá ser privado de su nacionalidad sino por delito de traición, definido en las Leyes penales, o por entrar al servicio de las armas o ejercer cargo público en país extranjero contra la prohibición expresa del Jefe del Estado.
Artículo 21.­ Los españoles podrán dirigir individualmente peticiones al Jefe del Estado, a las Cortes y a las Autoridades. Las Corporaciones, funcionarios públicos y miembros de las Fuerzas e Institutos armados sólo podrán ejercitar este derecho de acuerdo con las disposiciones por que se rijan.
Artículo 22.­ El Estado reconoce y ampara a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con derechos y deberes anteriores y superiores a toda ley humana positiva.El matrimonio será uno e indisoluble. El Estado protegerá especialmente a las familias numerosas.
Artículo 23.­ Los padres están obligados a alimentar, educar e instruir a sus hijos. El Estado suspenderá el ejercicio de la patria potestad o privará de ella a los que no la ejerzan dignamente, y transferirá la guarda y educación de los menores a quienes por Ley corresponda.
Artículo 24.­ Todos los españoles tienen derecho al trabajo y el deber de ocuparse en alguna actividad socialmente útil.
Artículo 25.­ El trabajo, por su condición esencialmente humana, no puede ser relegado al concepto material de mercancía, ni ser objeto de transacción alguna incompatible con la dignidad personal del que lo presta. Constituye por sí atributo de honor y título suficiente para exigir tutela y asistencia del Estado.
Artículo 26.­ El Estado reconoce en la Empresa una comunidad de aportaciones de la técnica, la mano de obra y el capital en sus diversas formas, y proclama, por consecuencia, el derecho de estos elementos a participar en los beneficios. El Estado cuidará de que las relaciones entre ellos se mantengan dentro de la más estricta equidad y en una jerarquía que subordine los valores económicos a los de categoría humana, al interés de la Nación y a las exigencias del bien común.
Artículo 27.­ Todos los trabajadores serán amparados por el Estado en su derecho a una retribución justa y suficiente, cuando menos, para proporcionar a ellos y a sus familias el bienestar que les permita una vida moral y digna.
Artículo 28.­ El Estado español garantiza a los trabajadores la seguridad de amparo en el infortunio y les reconoce el derecho a la asistencia en los casos de vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos que pueden ser objeto de seguro social.
Artículo 29.­ El Estado mantendrá instituciones de asistencia y amparará y propulsará las creadas por la Iglesia, las Corporaciones y los particulares.
Artículo 30.­ La propiedad privada como medio natural para el cumplimiento de los fines individuales, familiares y sociales, es reconocida y amparada por el Estado.
Artículo 31.­ El Estado facilitará a todos los españoles el acceso a las formas de propiedad más íntimamente ligadas a la persona humana: hogar familiar, heredad, útiles de trabajo y bienes de uso cotidiano.
Artículo 32.­ En ningún caso se impondrá la pena de confiscación de bienes.
Artículo 33.­ El ejercicio de los derechos que se reconocen en este Fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de España.
Artículo 34.­ Las Cortes votarán las Leyes necesarias para el ejercicio de los derechos reconocidos en este Fuero.
Artículo 35.­ La vigencia de los Artículos doce, trece, catorce, quince, dieciséis y dieciocho podrá ser temporalmente suspendida por el Gobierno total o parcialmente mediante Decreto­Ley, que taxativamente determine el alcance y duración de la medida.
Artículo 36.­ Toda violación que se cometiere contra cualquiera de los derechos proclamados en este Fuero será sancionada por las Leyes, las cuales determinarán las acciones que para su defensa y garantía podrán ser utilizadas ante las jurisdicciones en cada caso competentes.
Dada en El Pardo a diecisiete de julio de mil novecientos cuarenta y cinco.
Publicado por Cantabricus Impetus en 18:42
Bandera mía...
Publicado por Cantabricus Impetus en 23:25
Etiquetas: España, Nación, Poesía
Por Maruja Moreno Méndez.
El pueblo español, cautivo en una red psicológica, ha sido desarmado de sus más altos ideales y valores morales, desgajado de su raíz histórica y tradicional, traicionado en sus más intimas esencias, despojado hasta del bienestar material que había alcanzado a costa del esfuerzo y del estímulo en un régimen que, nacido de una victoria militar, tenía sus hondas raíces en las entrañas del alma española. Ese pueblo que vivía la ilusión de trabajar en una empresa común, ha perdido la paz.
La primavera tímidamente se ha asomado a España, otra primavera más. Otro 1.º de abril nos ha contemplado. Yo medito sobre lo que me rodea, y no me gusta. No me gusta lo que estamos preparando para nuestros hijos. Me duele que se haya echado a Dios de las escuelas. Me duele que se quiera manipular nuestras conciencias y nuestra libertad, la de verdad –esto es muy grave-, desde medios tan poderosos como la radio y la televisión. Me duele que el sábado, uno de los pocos días en que muchos padres dejamos a los niños ver la televisión por la noche, nos regalen con tristes muestras de basura nacional, y haya que apagar ese aparato que tanto bien podría hacer y que tanto daño está haciendo. Hay un claro empeño en minar los valores más profundos y serios de la familia y de la moral. Me duele que se tergiverse la historia. las noticias. las verdades. y me duele mucho más que todo esto se haga engañando. disfrazándolo de cultura y de democracia. La cultura es algo muy distinto de este sucedáneo adulterado que nos quieren hacer tragar, y respecto a la democracia, yo no siento una especial inclinación hacia este término. porque creo que en su versión liberal es algo utópico y trasnochado y tengo serias dudas sobre su operancia efectiva. Pero eso no quita que la respete como cualquier teoría política. y por eso no me gusta que se prostituya empleándola alegremente para tapar sucios manejos de reconversión... ideológica.
Me sonrío al contemplar esas campañas tan conmovedoras del cambio de pistolas por balones, yesos movimientos tan dudosamente pacifistas, cuando por otro lado se está fomentando la corrupción de costumbres en todas las esferas, se despenalizan crímenes tan abominables como el aborto, se liberaliza el consumo de drogas, causa y origen de innumerables delitos, aparte la destrucción psíquica y física de nuestros jóvenes, se ofrece trato preferencial a asesinos sin escrúpulos, y se coarta con leyes injustas el deber-derecho de los padres a la educación de sus hijos. ¿Es qué no son todas estas situaciones formas expresas de propiciar la violencia con unas consecuencias imprevisibles que pueden llegar a desbordarnos y a la destrucción sistemática de nuestra sociedad? Como así está sucediendo.
Puede haber dictaduras, y de hecho las hay, respaldadas por diez millones de votos. No hay que ir muy lejos para encontrarlas. Para terminar esta mi particular conmemoración del 1.º de Abril, día en que Francisco Franco, Generalísimo de los Ejércitos, firmó el parte de la Victoria, una última consideración. Aquello de un hombre, un voto, es muy bonito si fuera verdad. Mi voto, y no es petulancia, sino puro raciocinio, jamás puede ser igual que el de la anciana señora del parque de atracciones del señor Tola. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Cuántos millones de votos nulos, Señor! Porque el papelito que yo eché en ese cajón de cristal iba respaldado por mi libertad para pensar, una libertad con mayúscula que no me puede arrebatar nadie, en nombre de esa otra libertad chata y pequeñita, ni los votos irresponsables, ni ningún partido internacionalista. Por eso es tan grave manipular el pensamiento de la persona, y por eso concretamente hoy, traigo a la consideración de los que me lean, el nuevo parte que puede producirse el día menos pensado, y sin mucho tardar, y que puede llevarnos, por mor de una obsoleta y falsa democracia, a la más tiránica de las dictaduras, de las que nunca más se retorna.
® Fuerza Nueva. Del 28 de abril al 12 de Mayo de 1984. Num. 865
Hay una España Azul...
Hay una España Azul—color de cielo—,
como una bella flor de amanecer;
calor de madre para el duro suelo
y un anhelo infinito de poder.
Hay una España Azul que perecía .
entre hogueras de odio y de rencor;
la España que, muriendo, renacía;
la Patria del Amor y del Dolor.
Hay una España Azul, llena de auroras,
que trabaja y que sueña a todas horas
por verse libre de la planta extraña.
¡España fuerte! ¡España redimida!
Jesús que vuelve a iluminar la vida
de ese rojo pingajo que era España.
Publicado por Cantabricus Impetus en 22:37
En los discursos y alocuciones que pronunciaron los jefes del Alzamiento, en los primeros días de la sublevación, no se hacía mención de la cuestión religiosa. No empezaron a referirse a la misma hasta que llegaron noticias de la persecución religiosa que se había desencadenado en la zona gubernamental como consecuencia del pronunciamiento. Esta persecución había de facilitar a los sublevados, al convertirse el pronunciamiento en guerra civil, la posibilidad de presentar la cuestión religiosa como uno de los fundamentos de su movimiento frente a los gubernamentales, hasta el extremo de presentar la guerra civil como una “Cruzada”. Por su parte, afirma Gonzalo Redondo en el tomo II, La Guerra Civil: 1936-1939 desu “Historia de la Iglesia en España: 1931-1939 (Madrid, 1993), que “puede afirmarse que la primera vez en que un obispo español utilizó públicamente la expresión “cruzada” para referirse a la guerra fue el 23 de agosto de 1936 en la nota redactada por Monseñor Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, y publicada en el Diario de Navarra de esa misma fecha”. La voz del Prelado “No es un guerra: es una cruzada” Al Excmo. Sr. Deán y Cabildo de la S.I. Catedral, al Muy Ilustre Sr. Prior y Cabildo de la Colegiata de Roncesvalles, a los Muy Rvdos. Sres. Arciprestes, Párrocos, Ecónomos, Regentes, Coadjutores, Capellanes, a todas las Reverendas Comunidades de ambos sexos; a los Sres. Presidentes y Juntas de Fábrica de Nuestras Iglesias, a las Archicofradías, Cofradías, Hermandades y Pías Asociaciones. Continuas y rendidísimas gracias hemos de dar a Dios al considerar cómo en nuestra amada Diócesis, por el favor y valentía que Él ha puesto en el corazón navarro, ningún sacerdote ha sido ultrajado, ningún templo ha sufrido deterioro. Gracias a Dios en nuestras oraciones; y caridad generosa para los que luchan por la causa de Dios y por España, que es gran don de Dios. Os invito a todos, venerables hermanos y queridísimos hijos, a poner en mis manos –para que de ellas vayan a la Junta de Defensa Nacional- una limosna grande, la más grande que podáis, de vuestro peculio y de los fondos mismos de las entidades que presidís o de las que formáis parte. No es una guerra la que se está librando, es una cruzada, y la Iglesia mientras pide a Dios la paz y el ahorro de sangre de todos sus hijos –de los que la aman y luchan por defenderla, y de los que la ultrajan y quieren su ruina- no puede menos de poner cuanto tienen a favor de los cruzados. Lo hizo siempre, y como siempre lo hace en estos días. En su nombre, os lo agradece y bendice. +Marcelino, Obispo de Pamplona. Tres días más tarde, el arzobispo de Zaragoza, Monseñor Rigoberto Doménech, habló también dela cruzada en carta circular del 26 de agosto. Con fecha del 31 de agosto, apareció en el mismo sentido, una circular del arzobispo compostelano, Monseñor Tomás Muniz Pablos. El día anterior, habían fusilados a los Obispos de Guadix y Almería, que sumaban diez de los trece Obispos que serían martirizados durante los días de la persecución religiosa. Por otra parte, de la misma manera se expresa la Carta colectiva que redactó el cardenal primado Isidro Gomá y Tomás, a quien el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 sorprendió en Tarazona, donde había acudido para la consagración episcopal de Gregorio Modrego y Casaus, que iba a ser su obispo auxiliar. La consagración fue aplazada hasta octubre y Gomá se trasladó a Pamplona, donde fue acogido por el obispo Marcelino Olaechea. Centenares de sacerdotes fueron igualmente acogidos y atendidos por la generosa hospitalidad del obispo Olaechea en la Casa de Ejercicios de las Esclavas de Cristo Rey de la capital navarra. 1 de julio de 1937, la Carta colectiva Después de la encíclica Divini Redemptoris, fue cuajando la idea de una Pastoral colectiva sobre la guerra civil y la persecución religiosa. La carta lleva fecha del 1 de julio de 1937, prácticamente un año después del comienzo de la guerra, cuando ya eran miles los sacerdotes, religiosos y seglares asesinados. Fue aprobada por la Santa Sede antes de su publicación y firmada por todos los obispos, excepto Vidal y Barraquer y Múgica, ambos a la sazón fuera de España. No se publicó hasta el mes de agosto. Iba dirigida al Episcopado universal y tuvo gran resonancia. Los obispos españoles recibieron 580 mensajes de adhesión de parte de los Episcopados y particulares de obispos. El mismo Secretario de Estado, Cardenal Pacelli, dirigió el 5 de marzo de 1938 al Cardenal Gomá un mensaje de congratulación por la Carta colectiva y por el eco encontrado en el Episcopado mundial. He aquí el resumen de su contenido. La Carta colectiva quería salir al paso de las tergiversaciones que de los hechos y de la actitud de la jerarquía eclesiástica se hacían en el extranjero, incluso en parte de la prensa católica. No pretendía ser la demostración de una tesis sino la exposición de hechos. La guerra pudo preverse desde que la República empezó a atacar a la Iglesia ya en 1931. No obstante esos ataques, la jerarquía se mostró sumisa al régimen y pidió al pueblo esa misma sumisión. La Iglesia no había querido esa guerra y si ahora se pronunciaba sobre la misma, era por su repercusión en el orden religioso y porque “ha aparecido tan claro desde sus comienzos que una de las partes beligerantes iba a la eliminación de la religión católica en España, que nosotros, obispos católicos, no podíamos inhibirnos”. La Carta habla de los planes y actos contra la religión en el quinquenio que precedió a la guerra, y del plan de exterminar al clero y de implantar el comunismo, cosa que había evitado en parte el alzamiento militar. En la guerra luchaban dos Españas, dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, y la materialista. “La Iglesia, a pesar de su espíritu de paz y de no haber querido la guerra ni haber colaborado con ella, no podía ser indiferente en la lucha: se lo impedían su doctrina y su espíritu”. Sólo el triunfo del alzamiento militar podía esperarse la justicia y la paz. Caracterizaba a la revolución comunista de “cruelísima”, “inhumana”, “bárbara”, “antiespañola” y, sobre todo, “anticristiana”, exponiendo brevemente los hechos y características de la persecución religiosa, que en pocas semanas había superado a todas las persecuciones en número de víctimas y en manifestaciones“del odio contra Jesucristo y su religión sagrada”. Se hablaba de las características de la España nacional y se recordaban las palabras de Pío XI de que en España se habían producido verdaderos martirios. Se respondía a las acusaciones de que la Iglesia era rica, que atacó al pueblo desde sus templos y de que se ha mezclado en la contienda. Declaraba la independencia de la Iglesia, su no atarse a ningún poder, aunque acogía a aquel que la defendía de la aniquilación que intentaba el comunismo. Y añadía unas palabras luminosas: “Cuanto a lo futuro, no podemos predecir lo que ocurrirá al final de la lucha. Sí que afirmamos que la guerra no se ha emprendido para levantar un Estado autócrata sobre una nación humillada, sino para que resurja el espíritu nacional con la pujanza y la libertad cristiana de los tiempos viejos... Seríamos los primeros en lamentar que la autocracia irresponsable de un parlamento fuese sustituida por la más terrible de una dictadura desarraigada de la nación. Abrigamos la esperanza legítima de que no sea así”. La carta tuvo influjo beneficioso en la zona republicana. La República había quedado en evidencia ante el mundo. La persecución cruenta, que ya había remitido bastante desde principios de 1937, disminuyó aún más. A pesar de todo, todavía fueron sacrificadas otras 332 víctimas hasta el final de la guerra, la mayoría de ellas en 1937. Esta última fotografía nos muestra una placa colocada en la casa de Pont de Molins (Girona) en la que estuvieron presos los Beatos Anselmo Polanco y Felipe Ripoll los últimos días de su vida terrena en febrero de 1939. Monseñor Polanco, obispo de Teruel fue el último prelado en ser martirizado.
Publicado por Cantabricus Impetus en 19:31
Etiquetas: Caídos por Dios y por España