Source: http://desaparecidospstmdp.info/Documentos/J%20V%20MdP_%20Declaraci%C3%B3n%20de%20Julia%20Giacaglia.htm
Timestamp: 2019-06-16 08:43:32
Document Index: 328384692

Matched Legal Cases: ['artículo11', 'Artículo14', 'Artículo16', 'Artículo17', 'artículo 2', 'Artículo18']

AUDIENCIA DEL 03-9-01
-En la ciudad de Mar del Plata, Partido de General Pueyrredon, en instalaciones del Tribunal Oral Federal, a los tres días del mes de setiembre de dos mil uno, y siendo las 10:50 horas, dice el
Sr. Juez: Buenos días, tome asiento. Necesito saber su nombre, domicilio y profesión.
Sra. Giacaglia: Mi nombre es Julia Elena Giacaglia, vivo en Corona 1676, barrio Santa Celina, soy licenciada en sicología, esposa de desaparecido.
Sr. Juez: En consecuencia usted fue víctima de actos de la represión a consecuencia de su marido.
Sra. Giacaglia: Si
Sr. Juez: La declaración que va a prestar es bajo promesa o juramento de decir verdad. El Código Penal establece pena de prisión a aquellos que falseen la verdad en una declaración testimonial. De todos modos a pesar de comprenderle las generales de la ley, tiene la obligación de decir verdad. La invito a ponerse de pie a fin de tomarle juramente. ¿Jura por sus creencias decir la verdad de todo lo que supiere y se le pregunte?
Sra. Giacaglia: Sí, juro.
Sr. Juez: Tome asiento. Por qué no nos hace un relato de los hechos que usted tuvo conocimiento. Nosotros posteriormente la vamos a interrogar, inclusive el fiscal y los representantes de las asociaciones.
Sra. Giacaglia: Mi relato voy a tratar de leerlo porque son muchas cosas y sino no puedo seguir un orden, lo que no voy a hacer es dar nombres de los represores en este momento, posiblemente después de la audiencia...
Sr. Juez: Lo que yo la invitaría en forma reservada y ante los integrantes de este Tribunal a que nos de los nombres una vez terminado este relato.
Sra. Giacaglia: Bueno. Me voy a ubicar en el contexto que se vivía. Cuando empece a cursar la carrera de psicología en el año 1973, yo me había recibido de Perito Mercantil y Bachiller, en el Colegio San Vicente de Paul. En ese año, 1973, estudiábamos y vivíamos en una época alegre, de carteles, asambleas, festejos, logros que para mi eran nuevos, pero que eran logros de otras personas mayores que yo. Estudiábamos los apuntes de Marx, Engels, Heguel, Jhon W.Cook, donde podíamos empezar a comprender la teoría marxista, existían movimientos como la antisiquiatría, del grupo Plataforma de Marie Langer, (que luego conocí en México), de Laing "Razón y Violencia", "Alienación de la vida cotidiana", etc. Como además durante mi adolescencia había militado en un grupo con curas tercermundistas, no me costaba demasiado entender términos como "socializar la educación y la salud", “desinstitucionalizar la locura", “la salida a la comunidad" y me empezó a interesar "la comunidad terapéutica". En el año 1974, me fui a Buenos Aires, allí estudié, cursé y rendí materias de Veterinaria y volví en 1975, primero porque no me gustaba la ciudad y además empece a percibir cierta persecución y violencia hacia compañeros y docentes que eran militantes de izquierda, perseguidos por grupos de derecha. Recuerdo que en Mar del Plata en una marcha por la calle Luro, unos cantaban "Perón, Evita, la Patria Peronista" y otros "Perón, Evita, la Patria Socialista" yo me junté con los de la patria socialista. Eran tiempos en que algunas facultades eran consideradas de derecha, estaba el CNU, la Alianza Libertadora Nacionalista, que tenía su sede en Córdoba casi esquina Belgrano y las sociales y humanísticas de izquierda, JUP, JP, PST, Montos, PRT, carteles como "FAR, FAC, Montoneros venceremos" adornaban la fachada de Psicología en Maipú y Marconi. De esa época recuerdo algunos nombres como el del secretario académico, el de una administrativa, lo conocí a Roberto Sanmartino hasta que mataron a Roberto Sanmartino, y empezó o había empezado ya una batalla entre la izquierda y la derecha. Recuerdo la muerte de Pacho Elizagaray, la de Piantoni, cuando mi marido le propinó un trompada al gordo Piatti, por haberle dicho zurdo de m... porque hasta ese momento solo era una cuestión de hombres y de estar frente a frente, cosa que luego no sucedió porque muchos de la derecha se aliaron a los milicos y servían o de informantes o de represores directos. Durante el año 1976, luego del golpe, cierran la facultad de psicología ,junto con Ciencias de la Educación, Ciencias Políticas y Sociología. Nos dejan continuar a los estudiantes, yo estaba de novia con mi marido, nos casamos el 21 de septiembre del 76. El militaba en el PST, Partido Socialista de los Trabajadores y durante esa época era el responsable de la rama sindical. Pido disculpas si no sigo un orden cronológico, muchos de los compañeros de PST fueron secuestrados, yo prácticamente no los conocía, creo que era una medida de seguridad, para ellos y para mi. Luego reconstruí algunas historias a partir de estar con las Madres. Puedo decir que desapareció Blanca García, Angel Prado, Donaldo, Elenita Ferreira, Melita, Gustavo Stati, el Doctor Trejo Vallejos, Adrián López, mi marido Carlos José Guillermo Berdini. Eran 10 en un primer momento y luego hubo otra arremetida donde desaparecieron 9 compañeros más. Fue prácticamente el exterminio de todos los militantes del Partido Socialista en Mar del Plata, el argumento utilizado por los represores era algo así como que éramos el brazo ideológico del ERP, pero el PST, era un partido que estaba en contra de la violencia e incluso tenía personería jurídica, para las elecciones del 73 fue como candidato Coral. Mientras en la facultad, nos dejan continuar, teníamos profesores de ideología fascista, como aquellos que consideraban que la lobotomía era la mejor terapia y otros que trataban de salvar el conocimiento a fin de resistir al salto cualitativo hacia atrás, hacia la psicología de principios de siglo XX y a veces del siglo XIX, como creo sucedió con casi toda la cultura Argentina, negando de esta manera los desarrollos científicos y humanos que se habían producido hasta el momento. Desaparecían compañeros, recuerdo a Danielin, yo trataba de buscar a mi marido, tratábamos de estudiar con los programas anteriores al golpe en forma paralela, pues considerábamos que los avances científicos ocurridos hasta ese momento no se podían perder y porque muchos resistimos de esta manera la represión, a través de la intelectualidad crítica. No iban a lograr vencer el espíritu. Los milicos vestidos de civil o no, nos pedían la libreta en la entrada y los que tenían tachados con rojo se los llevaban, eran las famosas listas negras. En algunas oportunidades se llevaban a compañeros, los ponían contra la pared, en el frente de la facultad y estos luego desaparecían, cuando al otro día llegábamos a clase siempre faltaba algún compañero. Mientras nos hacían llenar todos los años un formulario por triplicado, era imprescindible para poder cursar, donde figuraban datos personales, familiares, sociales y hasta el deporte que practicábamos, que dicho por ellos mismos, uno era para el rectorado, otro para la facultad y otro para la Side. Mientras desaparecían, de los que recuerdo, Roberto Evangelista y Hugo Galerick, del MNR, que habían sido ayudantes míos de cátedra, estudiantes de psicología y sociología, mientras el profesor Bohoslavsky una de la eminencias de la psicología estaba en Buenos Aires y luego en Brasil en el exilio...
Sr. Juez: Señora, podría hablar un poco más despacio, dijo Roberto Evangelista y ...
Sra. Giacaglia: Roberto Evangelista y Hugo Galerick, del Movimiento Nacional Reformista. Del profesor Bohoslavsky nos llega que murió de un ataque al corazón en el 78, nunca lo vamos a saber. Todos asustados, desparramados, perseguidos, a veces tratando de no saludarnos siquiera, porque la reunión de mas de 2 personas en los grupos de estudio era considerado asociación ilícita o había toques de queda donde no podíamos salir de nuestras casas y escuchando historias de terrores y torturas, en medio del pánico que sentíamos, terminamos la facultad en el año 1978. Preguntándonos ¿por qué? las respuestas eran porque militaba en la JP, porque había hablado en una asamblea, o había llevado un cartel o era del centro de estudiantes, o porque éramos jóvenes y los chicos usaban el pelo largo o porque pensábamos en cuestiones sociales, o porque queríamos ayudar a los más necesitados o porque pensábamos en el socialismo universal, esas utopías. Nunca una respuesta razonable o satisfactoria nos pudimos dar en ese momento. La facultad estuvo cerrada durante 10 años, se reabrió en 1986, no se pudo en esos momentos poner de decano al candidato/a que habíamos decidido desde la Asociación de Psicólogos de Mar del Plata. Recién en 1983 se legisló la Ley 10306, que nos reconoció como profesionales y gracias a la tarea de muchos colegas. Paso a relatar desaparición de mi marido. Mi marido Carlos José Guillermo Berdini fue detenido el 29 de octubre de 1976, cuando estaba llegando a su domicilio en Tucumán 2844, lo detiene personal de Infantería un tal (........) y estaba como jefe (.............), lo retienen dentro de las oficinas, le retienen los documentos, llaman a la Marina para que lo venga a buscar. A la media hora, llegó una camioneta verde de doble cabina con gente vestida de fajina, bombachas y borseguies, armados, y uno vestido con el uniforme de la Marina. Como mi suegro, mi suegra y yo estábamos afuera, nos dicen que es por averiguación de antecedentes. Recuerdo sus ojos y haberle dicho "te espero" e intenté darle fuerzas. Miré cuando se iba, vi un movimiento como que le colocaron una capucha y lo tiraron al piso de la camioneta, dobló en la esquina. Llorando y con miedo le avise a mi suegra, que se lo habían llevado. Enfrente de Infantería, en la calle Tucumán, existía un garaje, donde se veía movimiento constante de militares y falcon verdes. Hace poco tiempo me enteré que allí existían contiguos a la fosa de arreglar autos, celdas, en el subsuelo donde mantenían detenida a la gente. Mi suegro y mi suegra preguntaban todos los días al Jefe de Infantería, el respondía "que si no tenía nada, pronto lo iban a soltar". Lo soltaron creo el 3 de noviembre de 1976, lo trajeron a su casa, nos abrazamos, mientras uno de los militares, hoy creo que cínicamente nos dijo "vió señora que se lo íbamos a devolver”. Luego, unos días confusos, Guillermo estaba muy asustado, me decía que le dolían los pies, posiblemente por la inmovilidad en que lo tuvieron, no me relató todo, pero me dijo que había música todo el tiempo, que era un lugar cerca del mar, que escuchaba gritos de hombres y mujeres, que escuchó cuando violaban a una de ellas, y que había gente muy lastimada. No sé si lo torturaron a él, supongo que si, pero en un momento entró en una crisis, me decía que no podía respirar, ni podía hablar, yo lo subí al 4L que teníamos y lo llevaba para el Regional, pero paré en la Clínica Central. Lo vio un Doctor, me dijo luego que no lo podía sostener en la camilla de lo alterado que estaba. Nos fuimos y mi marido me relató que le parecía que en ese momento de crisis, había hablado con el médico. Luego supe que dicho médico era amigo de fulano, conocido por su ideología y que fue nombrado varias veces por su trayectoria. Deseo aclarar que siempre sospechábamos de médicos porque eran los encargados de estar presentes en la tortura para ver hasta donde aguantaba el detenido, o aquellos que hacían que las mujeres dieran a luz para luego dar en "adopción" o “apropiación” a los niños y matar a la mamá. En ese interín, de esos tres días desde que lo soltaron, se quedaron a dormir en nuestro departamento tres compañeras Elenita Ferreyra, Melita que hoy están desaparecidas y Mimí. Elenita y Melita desaparecieron aproximadamente 1 año y medio después, durante 1978 en la ciudad de Buenos Aires. Luego de dormir en casa, las llevó a Buenos Aires un amigo de mi marido Adrián López, mi marido los acompañó a la Caminera y se volvió, pues temía por mi vida y quería como me decía él "salvar a los compañeros para que no cayeran". Mi marido era muy solidario y además de salvar a los compañeros, también creo que me salvó la vida. Mientras Adrián volvía a Mar del Plata, su papá lo fue a buscar y decirle que no entrara, pero él tenía a su señora y sus hijitos. Adrián desapareció el mismo día que mi marido con diferencia de 1 hora aproximadamente. También desaparecieron de los compañeros que yo recuerdo, por haberlos conocido, Gustavo Stati, que tenia 17 años, esto lo resalto pues los represores que se consideraban tan valientes, eran capaces de torturar a niños que ellos mismos denominaban "corderitos". Era creo el 8 de noviembre del 76, cuando decidimos que nos íbamos de viaje a una parte de Neuquén, yo había hecho las valijas, nos quedamos a dormir en casa de mis padres esa noche, pues Guillermo además de no sentirse bien, no quería volver al departamento que alquilábamos en la calle Necochea 4256. Se levantó temprano para tramitar el seguro del auto para viajar y en la calle Santa Fe y Brown, él estaba acompañado de su padre, lo interceptó un falcon verde, con 4 individuos armados, lo hicieron bajar de su auto, no mostraron orden judicial a pesar del requerimiento del padre, le dijeron al padre "quedáte tranquilo viejo, no hagas nada, es solamente un interrogatorio", dijeron ser de la policía y se lo llevaron. A partir de allí se encuentra desaparecido. El padre de Guillermo, me dijo luego que estaban de civil, pero tenían borseguies, que le pusieron una 45, que en esa época era el arma reglamentaria, en la cabeza y lo hicieron bajar del auto, el papá corrió atrás del Falcon y cayó desmayado, mi suegro sufría de fatiga, lo atendieron los empleados del Automóvil Club. Mientras tanto yo volví a nuestro departamento, no quería preocupar mas a mis padres de lo que estaban, siempre tenía detrás mío un citroen color naranja, creo que pertenecía o que estaba al servicio de la Brigada de Investigaciones. En esa época aproximadamente un mes después, cuando volvía de la facultad, encuentro que hay gente que esta saliendo de mi departamento, los vi armados. No recuerdo si me preguntaron si vivía allí y les dije que venía a buscar una prima, subí las escaleras, mi departamento estaba en planta baja y en silencio permanecí hasta que se fueron. Luego de un rato bajé, me paró una vecina y me dijo que hacia rato que estaban haciendo ruido, que gritaban, tenían armas, eran militares o policías pues decían ser de las fuerzas de seguridad. Estaba la puerta rota, todo revuelto, era un allanamiento. No se fijaron si tenía libros, que estaban en la biblioteca, los mismos apuntes y libros que dije estudiaba en la facultad, creo que lo que buscaban era dinero, pues se llevaron mi libreta de matrimonio, con el dinero que teníamos dentro. El primer hábeas corpus lo presenté a la semana de la desaparición de mi marido, el 16 de noviembre de 1976, dando lugar a la causa 585 “Recurso de hábeas corpus a favor de Carlos José Guillermo Berdini”. Yo quisiera pedirle a este Tribunal si pueden desarchivarlas de Tribunales.
Sr. Juez: Sí, le vamos a solicitar que nos las acerque y oportunamente se proveerá al desarchivo. ¿Ante quién lo presentó?
Sra. Giacaglia: Las firmas corresponden a Alberto José Cangiani, Secretario, José María Figueroa. Secretario y Alejandro Osvaldo Tazza Secretario Federal, el Juez Federal José Andrés Mezza. Estos son los datos que yo puedo extraer de mi fotocopia, presentada el 16 de noviembre del ‘76.
Sr. Juez: Usted dice que lo presentó el 16 de noviembre del ’76, ante el Juez Federal Mezza, pero presentó más de uno, ¿verdad?
Sra. Giacaglia: Yo presenté uno y mi suegra otro.
Sr. Juez: Pero nombró funcionarios que no estaban en esa época, ¿tiene una copia ahí?
Sra. Giacaglia: Acá en este momento no, la tengo en el auto...
Sr. Juez: Después lo vemos en todo caso, pero para desarchivar es el 16 de noviembre del ’76.
Sra. Giacaglia: Sí, causa 585/76, caratulada Giacaglia Julia Elena, s/ interpone recurso de hábeas corpus a favor de Carlos José Guillermo Berdini, que tramitara –dice acá- por ante este Juzgado Federal Nº 1 de Mar del Plata, actualmente a cargo del doctor Eduardo Julio Petiggiani. Es un pedido que yo hice. Después...
Sr. Juez: Las otras firmas pertenecen a este segundo pedido, los funcionarios que usted nombró son posteriores al ‘76
Sra. Giacaglia: Se realizan pedidos de informes desde ese juzgado, todos con resultados negativos y se lo da por desistido el 7 de febrero de 1977, dos meses y medio después, previo pago de la taza de justicia. El 23 de diciembre contesta la Armada Argentina, dirigiendo su respuesta ante un requerimiento mío y de mi suegra del 20 de diciembre, que "sí estuvo detenido desde el 30 de octubre hasta el 5 de noviembre, siendo posteriormente liberado”. Tengo el original de la nota.
Sr. Juez: Bien, porqué no nos acompaña, le sacamos fotocopia y le devolvemos el original.
Sra. Giacaglia: Le voy a presentar otros originales, pero si quieren leo textualmente. Dice: “A la señora Julia Elena Giacaglia, de mi consideración: referente a su carta del día 20 de diciembre próximo pasado informo a usted que personal de la Armada detuvo a su marido desde el día 30 de octubre hasta el 5 de noviembre, siendo posteriormente liberado, razón por la cual en la actualidad ignoro las causas y motivos que puedan dar lugar a su detención o desaparición. Sin otro particular saludo a usted atentamente, Juan Carlos Malugani, Comandante”. Pero el 26 de noviembre de 1976 dirigiendo su respuesta a mi padre hay otra nota que dice: “Señor Cesar Tomás Giacaglia. Tengo el agrado de dirigirme a usted en respuesta a su nota cursada a esta autoridad militar referente a la situación de su yerno Carlos José Guillermo Berdini. Sobre el particular llevo a su conocimiento que no existen antecedentes en esta Jefatura con respecto a la detención del mismo. Saludo a usted muy atentamente. Alberto Pedro Barda". Yo suponía que la jefatura, era la jefatura de todo y el 26 de noviembre Barda dice que no tiene antecedentes, cuando ya había sido detenido en la Marina.
Sr. Juez: ¿Usted dice que a él lo detuvieron por segunda vez el 8 de noviembre, la nota de la Armada dice que estuvo detenido entre el 30 de octubre y el 5 de noviembre...?
Sra. Giacaglia: Pero el 26 de noviembre, después que lo detuvieron por segunda vez, el jefe de la subzona dice que no tienen antecedentes de su detención. Mi suegra también realiza un hábeas corpus, con fecha aproximada de febrero del 78, causa 4427 caratulada "Soledad Pereda de Berdini, Herminia s/denuncia, Privación ilegitima de la libertad, desaparición de persona, en favor de Carlos José Guillermo Berdini, que se tramita ante el Juzgado Federal de Mar del Plata, a cargo del Doctor Eduardo Julio Pettigiani. Y hay otras firmas, Secretaria Penal 2 doctor Alberto Jorge Cangiani, doctor Francisco Vicente Varela, del doctor Leonidas Fiore, obteniendo en todos los requerimientos resultados negativos. Vuelvo a pedir a este tribunal que verifique lo que digo, pues puedo haberme equivocado, y si existen archivadas dichas causas. No existió para los desaparecidos una orden de detención, un juicio de amparo, un derecho a la defensa. Recuerdo haber ido a hablar con los jueces y cuando les explicaba el caso se limitaban a reírse y a decir que los desaparecidos estaban muertos, como una denigración de los familiares y un ataque a nuestra dignidad. El único que me ayudo en esa época fue un abogado llamado Aicison. En el año 1995, el 4 de abril, yo declaré la ausencia por desaparición forzada, por tramitación del estudio del Dr. Bataglia y el Dr. Mazza. En ese mismo año realicé la presentación ante el Registro Civil de las Personas de La Plata, a fin de obtener el certificado de defunción para poder tramitar la pensión que aun está en trámite, pues mi marido había trabajado en diferentes lugares. En el año 95 se declaró la presunción de fallecimiento. El certificado de defunción lo obtuve en marzo del año 2001. Era la primera vez en 24 años que sabía qué estado civil debía poner en las tramitaciones que realizaba, era "viuda". Esto lo digo porque la condición civil de una persona también hace a su identidad y su ubicación social, el hecho de no haber obtenido una respuesta desde los secuestradores me llevó a vivir también la incertidumbre desde ese lugar, alternando entre ser casada o viuda. En abril del 77, como yo había estudiado veterinaria fui a Buenos Aires a retirar mi libreta de estudiantes, me encontré alrededor de la Pirámide personas que con pañuelos blancos, daban vueltas y decían algo, me acerqué y en ese encuentro recuerdo haberle gritado a la Casa Rosada, donde suponíamos estaba el gobierno de facto que soltaran a los desaparecidos, ahí ya empezábamos a decir "aparición con vida". Hacia calor, yo me puse un pañuelo blanco en la cabeza, conocí a Azucena Villaflor, de Madres, una mujer muy íntegra, que me convenció de no tener miedo, de seguir buscando, que luego fue detenida-desaparecida, en varios operativos junto con varias personas más que fueron secuestradas. Había cámaras filmadoras en el techo de la Rosada, las grandes de antes, se veían a los servicios filmándonos de cerca mientras dábamos la vuelta, hacia la izquierda, como forma de demostrar que nosotros éramos como los desaparecidos y que si nos iban a llevar, nos llevaran a todos los familiares, que aceptábamos la misma ideología. Luego pude ver que otras filmaciones de esa época aparecían en la película "20 años, 20 poemas, 20 artistas". Yo tenia el pelo corto en esa época. Relatar mi camino al lado de Madres de Plaza de Mayo, filial Mar del Plata, resultaría muy largo. Me gustaría agregar los videos, del "Juicio Etico Popular", 1995-1996 y algunas publicaciones, para corroborar lo que digo. En Mar del Plata desapareció una madre, Marta Sánchez por buscar a su hijo de 18 años. Recuerdo que comenzamos a buscar a mi marido, a veces mi suegra y yo, fuimos a la base naval, tocamos timbre, preguntando por los desaparecidos, nos dice el oficial que lo acompañemos, nos hacen entrar por ese camino hasta una oficina, nos atiende un capitán de navío de nombre (...), que lo recuerdo porque le pregunté si su apellido era francés, no recuerdo que me contestó. Nos hacen esperar, traen a un escribiente, y comienza a anotar nuestras palabras, en una máquina de escribir. En un momento dado atiende el teléfono, luego que le habíamos dado la explicación que estábamos buscando a mi marido, que se lo había llevado gente que decía ser de la policía, y que usaba borseguies como los del ejército. Este sujeto da la orden por teléfono, dice algo así como "van 50 para el sur y van en avioneta", pensábamos que hablaban de un traslado a alguna cárcel y nos ilusionamos con poder encontrarlo, luego supimos que era el código que utilizaban para los vuelos de la muerte y la avioneta, eran los aviones y helicópteros Hercúles que desfilaban por el cielo hacia el horizonte del mar. Esto también lo pude corroborar pues durante esos años, 76, 77 y no recuerdo si el 78, como mi padre tenia un balneario llamado "California" en Punta Canteras 1 y 2, se los veía constantemente surcar la zona de Punta Mogotes, a veces más al sur, en pleno verano y bajo la ignorancia de muchos de los turistas, supongo que habría otros veraneantes que sí sabían de que se trataba, yo era una de ellas pero desde mi lugar de víctima. Recuerdo que aparecieron cuerpos mutilados en la zona de La Perla, cosa que no pudieron ocultar y salió en los diarios de esa época. También recuerdo que durante el año ‘77, ‘78 en ese verano, en el hotel del SUPE, actual Punta Canteras y no sé si en la actualidad se llama La Casa del Deportista, en los veranos muchas veces se llenaba de militares. En una oportunidad me acerqué y pude escuchar que desde el sótano, donde existen en la actualidad las cocheras, se escuchaban gritos de gente que era sumergida en agua, que se ahogaba, golpes y gritos de voces que pedían información. Traté de acercarme en una oportunidad y un uniformado me echó de allí. También en la actualidad existen todavía en dicho lugar, en la parte trasera, en ese hotel, habitaciones pequeñas que se encuentran casi sin mantenimiento desde aquella época, salvo que han sido pintadas, pero que en otras incursiones que realicé allí, había manchas de sangre, pedidos de auxilio grabados en las paredes y nombres, incluso carteles de montoneros y de la JP. Luego conversando con otras personas, me dijeron que arriba había un restaurante abierto al público y que a veces cuando asistían, escuchaban gritos de mujeres y hombres. Otras veces salíamos a buscar a mi marido con la señora de López, madre de Adrián López, otras con mi suegro, otras con el papá de Adrián, fuimos a Sierra Chica, nos revisó una mujer por todas partes, en condiciones de total falta de higiene y cuidado. Asistimos a la Base Aérea, allí nos atendió un militar morocho de bigotes que tenía la particularidad de morderse el bigote hacia arriba y ojos con una expresión que daba miedo. Le narramos lo que había pasado y que tenían borseguies puestos los secuestradores, esto lo resalto porque luego también nos enteramos que una de las formas de tortura era caminar por encima de los desaparecidos con los borseguies, cosa que nos llenó de culpa por haberlo dicho, también se mofaba de nosotros. En un momento apareció un cabo y escuchó el nombre de mi marido, mi marido había hecho la colimba, y había salido como dragoneante y se encargaba de hacer de chofer del jefe, tenía muy buen concepto, el cabo dice "Guillermo Berdini, si lo conozco, está acá, en el radar”, y el de bigotes dio la orden que se fuera. Pero en ese momento nos quedamos con la certeza que el cabo había dicho la verdad, fue a principios del 77. Luego también confirmamos que en la zona del radar actualmente en desuso y dinamitado en el 80, si mal no recuerdo, evidentemente para ocultar pruebas, había gente secuestrada. Bueno nos fuimos sin respuesta como siempre. Y las veces que luego quisimos consultar no nos atendieron. Este lugar creo que es el llamado La Cueva. ¿Podría fumar?
Sr. Juez: Si.
Sra. Giacaglia: Quiero relatar un incidente que ocurrió aproximadamente a mediados del 77. Yo caminaba por la calle Gascón y se acercó un hombre, que me comenzó a nombrar como Marta, luego que le dije que no era mi nombre, le dije mi nombre y me dijo que lo tenía que acompañar, me puso una mano en el hombro y quería llevarme como si tuviera algún vinculo afectivo conmigo, me negué y me amenazó con un arma que tenía debajo de una campera marrón. Era un hombre de unos cuarenta y pico de años, castaño, de ojos marrones claros, y tenía olor a alcohol. Que tenía que venir, pues sino le harían algo a la gente que yo quería. Me hizo entrar en la comisaria creo que la 3º si mal no recuerdo, una casa que luego fue remodelada o destruida. Allí el oficial de guardia me dijo que me sentara en unos bancos de madera que había allí. Mientras me hacían esperar se acercó un hombre joven, flaco, con rasgos homosexuales, de lentes, diciéndome que allí había un amigo de él, que estaban torturando, posiblemente para pasarse como amigo. Mientras, se escuchaban gritos en la habitación de arriba. Estábamos en un lugar con tres habitaciones en la planta baja, con un hall en el centro, la ventana estaba abierta y se veía una escalera pintada de verde, con una puerta vieja al final y de allí provenían los gritos. Me decía que a su amigo lo estaban torturando, que le aplicaban electricidad, que a veces lo dejaban en lo que ellos denominaban "automático" y ellos se iban a realizar otras cosas y que le ponían un tubo en el ano con una rata dentro. Yo temblaba y seguía diciendo algo así como que le parecía que a mi me iban a llevar y hacer lo mismo. Yo preguntaba ¿por qué? Y me decía que tenía que confesar lo que sabía, creo haberle dicho que no sabía nada, que lo único que había hecho era buscar a mi marido, conocían el nombre de él y el nombre de mis familiares también. Cuando se cansó y vio que no podía sacarme demasiada información, me hicieron pasar al hall, allí había una máquina de escribir, un escritorio y me tomaron las huellas digitales, con otra persona que se presentó como el comisario (...), me preguntaron todo sobre mi vida y me hicieron esperar al lado de una puerta cerrada de pie, otro tiempo que no recuerdo. En ese lugar escuché murmullos y respiración y ciertos movimientos muy en silencio como si hubiese más de 10 personas tiradas en el piso. Luego de ese tiempo me hacen subir a la habitación de arriba y ver a un muchacho que no tendría más de 19 años, desnudo sobre un catre, muy mal y me retiraron agarrándome de las manos para atrás. Cuando bajamos al hall nuevamente, veo que bajan entre dos personas al muchacho, que arrastraba las piernas y venía como desmayado, levanta la cabeza, me ve de frente, tenía ojos verdes y era rubio...
Sr. Juez: Pasamos a un cuarto intermedio de diez minutos.
Sra. Giacaglia: Cuando intenté ir hacia este muchacho que dije que había visto, me tiraron contra la pared -ese oficial-, abrieron una puerta, ya no me dejan mirar y yo sentí que lo tiraron al piso por el ruido que hizo su cuerpo. Cuando luego de un tiempo interminable, creo que entré a la mañana y ya era de noche, me dicen que me puedo ir, pero que si sigo buscando a mi marido me va a pasar lo mismo y que si yo contaba lo que había visto, desaparecía. Traté de decirle a mi suegra, que no entendió lo que le decía, por su propio estado de ánimo y demás está decir que mi miedo hizo que dejara un tiempo la búsqueda. Eramos pocos al principio los que nos encontrábamos, algunas veces lo hacíamos en el Obispado, ante el secretario cura Pérez. En una oportunidad, cuando ya le habíamos preguntado por nuestros desaparecidos, fui a ver si tenía noticias, nos daba un lapso de una semana para averiguar y creo que me dijo que había estado en la Marina, que siguiera buscando y luego dijo que si era militante de izquierda no lo esperara mas, que rehiciera mi vida. Ese era el tipo de respuesta que en general encontrábamos. Por otra parte mi papá contrató una persona para que me cuidara, para ello le pagó mucho dinero con unas acciones que vendió. Esa persona decía ser investigador privado, se llama Oscar Atilio Pisani y era alguien que yo había conocido en el Club Hípico, donde practicaba equitación. Yo volví al Club Hípico para tratar de distraerme y recuperarme un poco de mi tristeza. Esa persona me empezó a decir que él conocía a muchos militares y que me iba a ayudar a encontrar a mi marido. Luego supe que hasta los militares mismos era "el Trucho". Pisani siguió persiguiéndome durante bastante tiempo, que estaba para "cuidarme" me decía. Tuve oportunidad de ver en el Hípico a personajes como (...), que se ufanaban contando aventuras de los grupos de tareas, muchos oficiales del ejército, porque practican equitación y Rojas, que me confesó que era represor, que era un alcohólico y al poco tiempo me dijeron que se había suicidado, si ellos mismos lo mataron para que no hablara bajo los efectos del alcohol, no lo sé. También en el Parque Camet se encontraba la caballería, yo en ese momento había traído del campo un caballito y jugaba al polo, Pisani me acompañó, para poder guardarlo allí, hablé con el jefe y empezó también a narrar sus aventuras y explicar su ideología justificadora de la represión. Cuando llevé el caballo uno de los policías me cuenta la historia. Dice que ponían en los boxes detrás de las patas de algún caballo atadas a las personas, picaneaban al caballo, que confundido creía que era esa persona y termina su relato diciendo, "y salen de acá con todos los huesos rotos". En esa época también se hablaba de otros centros clandestinos de detención, como Villa Jollosa, y una casa antigua quinta, que existe en la costa camino a Camet y otros lugares que otros testigos podrían declarar. Yo trataba de vivir mi vida lo mas desapercibida posible y si se quiere lo mas desaparecida posible. Por un lado por la identificación con los desaparecidos y también por una cuestión de cuidado. En ese momento, yo había vuelto a vivir en casa de mis padres, a la vuelta de la Brigada de Investigaciones de Mitre y Rawson. En una oportunidad pasé por un viejo estacionamiento, que hay en la calle Mitre y Alberti y ví que alguien salía de un cuarto, con las manos esposadas y alguien de atrás lo volvió a meter en dicho cuarto, pero me pareció reconocer a mi marido, muy desaliñado y sucio. Había allí un gran portón de rejas que aún hoy es el mismo. Al cabo de un tiempo, una semana creo, me avisa Pisani que debíamos ir a la Brigada de Investigaciones, que posiblemente liberaran a mi marido. Estábamos llegando y nos hacen esperar en la vereda de enfrente, siento pasos detrás mío y creo ver un muchacho esposado, con las manos esposadas y alguien que lo traía. Sale de la Brigada Cesar Negri, al cual conocía por ser vecino, pues vivía en Mitre y Alberti. El muchacho trata de acercarse, me agarra, nos separan y lo tiran al suelo, yo también trataba de acercarme. En ese momento Cesar Negri le pone una pistola en la cabeza. Pisani se acercó, tomó la pistola y a mí me empujan hacia atrás y me dicen que espere en la vereda. Veo que frente a la puerta de la Brigada también había otra persona que me pareció ser (...), también armado. Siento un disparo y Negri que dice: "guarda, que me vas a pegar a mí". Pisani, se acercó, me tapa la cara y me lleva hacia la esquina, que estaba mi papá, que como a mi me habían dicho que lo liberarían a mi marido, me estaba esperando. Y luego siento dos disparos más. Mi padre, me lleva hacia mi casa, trata de consolarme, yo estaba con un ataque de nervios. Luego durante mucho tiempo hubo manchas de sangre en la calle, frescas durante una semana y luego duró mucho tiempo allí. Luego de un mes, como yo no podía creer lo que había visto, me hacen hablar con el que se encargaba de fotografiar a los muertos (...) y Cesar Negri, me dice que él había fotografiado al muchacho, que lo tuvo que limpiar pues tenía la cara destrozada, que estaba muerto y lo habían enterrado en algún lugar del Cementerio Parque. Ante mi insistencia me dijo que en la tumba 355. No sé si fue verdad o un intento de dar por muerto a mi desaparecido, creyendo que con ello dejaría de buscar. En asistencia a este juicio desearía que se verifique si la persona que vio muerta Eduardo Suárez, fue la misma que yo vi en ese momento. También se escuchaban tiros constantemente de la Brigada por todo el barrio. En otra oportunidad lo vi a Negri y otros policías persiguiendo un muchacho de pelo largo rubio, esposado y lo agarraron porque eran como 10 que rodeaban la manzana. Lo llevaba Negri hacia la Brigada. Luego supe que en esa época trabajaban allí personas como (...) , uno de ellos encargado de darle trompadas a los detenidos. Ese verano del ’78, mis padres que alquilaban la casa todos los veranos, decidieron venir a vivir a mi departamento, creo que fue la forma que ellos sentían que me protegían, a pesar que no entendían lo que pasaba. Bueno, un día fueron al mercado y yo quedé sola, tocan a la puerta y cuando voy a abrir pensando que eran ellos, me muestran por la mirilla una chapa que parecía de policía, que por supuesto no podía leer desde adentro, me dicen que son de las Fuerzas Conjuntas y que abra porque sino tiraban la puerta abajo. Entra un hombre gordo, morocho, con cara de gitano y un hombre rubio de ojos verdes o celestes, con lentes. Mientras el morocho hurgaba por mi casa, veo al rubio, al cual reconozco, que yo no veía desde hacía mucho. El no sé si me reconoció de primera impresión y me empezó a preguntar donde militaba mi marido, donde había estudiado yo, cuando le dije en colegio de monjas, me preguntaba como si era creyente podía ser comunista o marxista. Le dije que había practicado la religión con los curas tercermundistas y que militar en un partido de izquierda era parecido al cristianismo bien practicado. Esto lo digo pues a veces el hecho de no creer en Dios significaba para ellos que éramos subversivos. Yo no salía de mi asombro. Me decía Marta, esto lo aclaro pues mi marido seguramente declaro que ese era mi nombre y posiblemente declaró la dirección del departamento pensando que yo ya no vivía allí. Me preguntaba por el matrimonio Esprovieri...
Cassette 2ª
Continúa la señora Giacaglia: ...que vivían en el piso de arriba, pero yo sabía que estaban presos, a disposición del PEN, no los conocía personalmente. Me preguntó si estaba embarazada, esto también lo resalto pues estoy segura que si lo hubiese estado me llevaban para robarme a mi hijo y ese miedo me duró muchos años, por ello creo que no tuve familia. Tenía una cadenita con una especie de péndulo que movía constantemente, después supe que tenia habilidades de hipnotizador. En un momento, como yo no podía salir de mi asombro decido pedir un cigarrillo, no tenía fuego y le ordena al gordo que me de fuego, a mí me temblaba todo. En ese momento me animo y le digo, pero vós sos (...) y me pregunta "¿y vós quien sos?”, y allí me reconoció, me dijo "Vós sos........? y dijo mi nombre. Bueno, no se mosqueó demasiado, me dijo que no me metiera en nada. Cuando le pregunté por mi marido, me dice "está muerto, no lo esperes mas" y se fueron. En esa época me enteré que habían dinamitado una casa en el Barrio Santa Celina, con desaparecidos adentro, creo que eran 1 chica y 3 muchachos. Lo digo porque luego me fui a vivir a dicho barrio y esa casita estuvo semidestruida mucho tiempo, por casi 10 años, en la actualidad la reconstruyeron. También se veían agujeros de bala en otra de las casas, cerca de la antena de la telefónica y también se decía que allí realizaban fusilamientos y existen cuerpos enterrados. Durante la dictadura se veían soldados apostados por todo el barrio. Hace aproximadamente 5 o 6 años un tractor del Cementerio Parque estuvo, retirando parte de los huesos que allí se veían a flor de tierra, en un sector del barrio. Otro de los incidentes es que en el año 78 se comienza a hablar de la urbanización de Punta Mogotes. Mi padre tenía la concesión del balneario California y por 10 años, había pagado el canon, empezó a conversar para saber si era respetado dicho plazo. En una oportunidad fuimos con Pisani a una oficina a tratar el tema y ver si se podía concertar una reunión con los responsables de la urbanización. Pero salen de nuevo a licitación todos los balnearios, él queria pagar, el canon esta vez era altísimo, tanto que solo pudieron acceder la marina, el ejército y la aeronáutica y otros concesionarios que se unieron entre sí. Se arregló la reunión, mi padre y yo asistimos, para ver si se podía salvar el predio Punta Canteras 1 y 2, que era el lugar licitado por él. Cuando asistimos a la oficina donde nos habían citado, yo tardé en entrar pues fui a estacionar el auto y cuando llego, mi padre estaba en el suelo, lo habían golpeado en la zona nasal, digo esto pues luego tuvo que someterse a una operación para sellar la silla turca del esfenoides, donde le salía líquido cefalorraquídeo y le produjo graves inconvenientes y una larga convalecencia, lo operó el doctor Matera en Buenos Aires. Además en esa reunión fue amenazado con una pistola 45, para que firmara un papel, mi padre se negaba y entonces yo me interpuse entre el arma y él y me ponen a mí el arma en la cabeza agarrándome del pelo, ya allí mi padre firmó y creo que me hicieron firmar a mí también, porque lo seguían amenazando con mi desaparición. Antes de salir les dije algo así como "que no me olvidaría nunca de lo que había pasado allí y tampoco olvidaría sus nombres". Y lo que mi padre consideró que podía ser un arreglo de caballeros y poder seguir con el balneario hasta remodelarlo, pues la urbanización no llegaba hasta dicho predio, se convirtió en el año 79, en que primero le pasaron la topadora a la construcción de madera y el restaurante que era de material quedó y lo empezó a explotar un militar con el cartel de El Portal del Sol. En la actualidad creo fue concesionado nuevamente y están realizando una construcción nueva. Además un año antes de dicho incidente había muerto en una fiesta de fin de año el socio de mi papá, primero fue rodeado por 4 hombres que lo obligaron a beber algo y cayó muerto a los minutos. No quiero entrar más en detalle de lo que representó mi padre para mí, pero si decir, que él también sufrió la represión a través de algunos agentes municipales de ese momento, el fue director de la Escuela de Artesanías y Oficios Nº1 o de gente que aparecía y lo amenazaba, despojándolo de las cosas por las cuales él había trabajado toda su vida y amenazándolo con sus seres queridos, siendo el hombre más bueno y honesto que conocí y que conocieron muchos. Falleció en el 2000 en circunstancias todavía poco claras para mí. En el año 1981 viajé a México con la idea de vivir allí, pues no soportaba más este país, estuve un año aproximadamente, pude conocer exiliados y el sufrimiento que significaba adaptarse a un país sin poder volver, es decir, el destierro. Así como su trabajo y constancia en la lucha por los derechos humanos, muchos volvieron y muchos se quedaron, el resto de mi generación que no había desaparecido aquí, se dispersó por el mundo. En mi vuelta a la Argentina, no había cambiado mucho la situación, seguíamos en manos de los servicios, mal llamados de inteligencia para mi gusto, que "investigaban", que se habían hecho muchas veces pasar por militantes de partidos políticos para "delatar" a compañeros, investigaban decía en informes de característica "proyectiva", un mecanismo psicológico que significa poner en los demás cosas propias y atribuirlas al otro. Entonces nos vimos envueltos en mil prejuicios y pensamientos mágicos, no me olvido que se creían semi-dioses desde su omnipotencia. Por ejemplo nos atribuían peligrosidad, guerrillero, subversivo, comunista o terrorista, una de las respuestas desde Madres fue decirles que los únicos terroristas que hubo en la Argentina, fueron los que hicieron terrorismo desde el Estado. Prejuicios desde lo ideológico, discriminación desde lo profesional, desde la cuestión de género, si tiene el marido desaparecido se le puede pagar menos sueldo por ser mujer o por estar sola o suponer que podían realizar con nosotros determinados tipos de experimentaciones. La desvalorización de las víctimas es también característico del nazismo. Cuando defendíamos nuestros derechos estábamos locos o desacreditaban lo que decíamos diciendo que éramos unos "perseguidos". Y siguieron luego con mecanismos persecutorios mas sofisticados, como meterse en los trabajos y generar preconceptos, manejar papeles y rumores, a veces utilizando su poder de seducción sobre determinados funcionarios, acusándonos de cosas que posiblemente fueron transgresiones que ellos mismos cometían y que muchas veces significaron tener que abandonar las fuentes de supervivencia que teníamos. Cuando se cansaban de perseguir desde lo personal, se infiltraban en los grupos de derechos humanos o llegando tarde "se subían a nuestro caballo", es decir, sin haber aparecido en los peores momentos donde la lucha significó peligros cotidianos y tangibles. No digo con esto que no hay gente bien intencionada, como los jóvenes militantes de partidos políticos o de ONGs que ayudaron y trabajaron con nosotros en nuestra lucha cotidiana o acompañándonos siempre en las marchas. En la actualidad estos mecanismos son aún mas sofisticados, pues significan por ejemplo entrar en las PCs con programas especiales de hacker moderno o inocular virus, para destruir el disco rígido de la computadora o aplicar el programa Eskalibur a los teléfonos, por supuesto violando la propiedad intelectual y comprometiendo a la gente de la cual están extrayendo información. Si se considera que además desde el lugar de lucha en que yo me encontraba a partir de mi pertenencia a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo filial Mar del Plata, primero buscando a mi marido y luego socializando a todos los desaparecidos, pues no buscábamos a uno, sino a todos, cuando digo a todos hablo de los 30.000 detenidos-desaparecidos. Se puede considerar que es el lugar de resistencia activa, ante el mandato perverso de "olvidar y enterrar nosotros mismos al desaparecido", es decir, aquel discurso donde se decía desde los discursos del gobierno de la dictadura, ver en la grabación de los discursos del "Juicio Etico Popular", que el desaparecido no estaba ni vivo, ni muerto, estaba desaparecido", condenándonos a declarar nosotros mismos la presunción de fallecimiento, a la no existencia, a la negación de la historia de cada uno de nosotros. Cosa que los cómplices y autores de violaciones de derechos humanos repetían como "da vuelta la página, olvidate..." "Los desaparecidos están todos muertos" o cínicamente respondían "eso es trabajo de hormiga" haciendo alusión que estaban enterrados bajo tierra. Ellos decían desaparecidos, nosotros dijimos detenido-desaparecido, detenido por alguien, por los que hacían terrorismo desde el Estado, los del Plan Condor. Además ese discurso esquizofrenizante de negación de la existencia, tiene su explicación en el libro "teoría de la comunicación humana, cuando una madre dice a su hijo "te quiero" y lo rechaza corporalmente, esta entablando un doble discurso, si el hijo le cree y se queda con la palabra, se disocia de lo que está sintiendo desde el afecto, si se queda con lo que "siente", pierde a su mamá como continente. El mismo mecanismo de hacer por un lado algo, secuestrar, torturar, matar y luego negarlo mediante los discursos, desde los lugares de poder, a través de los medios masivos de comunicación. Pero como ya éramos bastante grandes y por suerte teníamos una buena contención afectiva desde nuestras historias particulares, no pudieron volvernos esquizofrénicos. Tampoco pacientes, simplemente nos volvimos luchadores y defendimos nuestra verdad en contra del perverso mecanismo de la negación de la existencia y de la realidad, que detrás de cada desaparecido había un ser humano de carne y hueso, pero he aquí lo perverso, jamás puede negarse su existencia, negar la existencia del "ser" y el "existir" en tiempo y espacio. Y cuanto antes empezamos a socializar nuestra lucha mejor estamos. Esto también lo digo por el mecanismo a que fuimos sometidos psicológicamente, pensar en un momento que estaba vivo nuestro desaparecido y al momento siguiente pensar que lo habían matado, incertidumbre, no saber, no poder racionalizar la realidad desde la no respuesta. Y así como no declaramos muerto a nuestro desaparecido y eso se convirtió en una bandera de lucha, pues eran ellos, los represores, los que debían responder, tampoco claudicamos en nuestra consigna "aparición con vida y castigo a los culpables". Nosotros los familiares de desaparecidos, las madres, generamos el camino de la verdad y dar las respuestas a la gente, respuestas de los hechos que hasta ahora no se han hecho cargo los represores. Uno de los descubrimientos freudianos de funcionamiento del psiquismo, es aquel que dice "lo que no que no se recuerda, no se elabora, lo que no se elabora, se repite" y aparece constantemente en un intento de cerrar el duelo a través de racionalizar los recuerdos en la conciencia, aparece y actúa constantemente en el inconsciente colectivo (Jung) y la única manera de sanear el inconsciente social es a través de la justicia, de la verdad y de la no impunidad. Porque los desaparecidos no son solamente de los familiares, pertenecen a esta sociedad, a esta historia del país. Ellos, los represores, que creyeron que la inteligencia pasaba por tender emboscadas o hacer a la gente lo que ellos querían, que secuestraron y desaparecieron, que torturaron, tratos crueles, inhumanos o degradantes, (Declaración Universal de los Derechos Humanos -1948-) mataron. Ellos que eran capaces de cometer los delitos mas horrendos con el sadismo mas espantoso, calculadamente sádico. El mundial 78, fue un intento de tapar la violación de los derechos humanos que en ese momento se seguía cometiendo, pues aprovecharon el clima de festejo que se vivía para terminar de matar a los que todavía quedaban vivos. Aunque muchas veces en los actos de repudio al golpe, el 24 de marzo, como teníamos una galería de represores, la última página de nuestro periódico que circula una vez al mes desde el año 1984, venían a ver si estaban ellos, o estaban atentos a nuestros discursos por televisión, o nos filmaban en las marchas como (...). El manto de silencio, fue una forma más de tortura, de no comunicación, de querer acallar a los que denunciaban y desacreditarnos, recuerdo que uno de los mecanismos era tratar de locas a las madres, "las locas de la plaza" o criminalizar a nuestros detenidos-desaparecidos, o a la justificación de la represión a través de la teoría de los dos demonios, como si hubiésemos estado armados o defendiéndonos, mientras nos secuestraban en nuestros trabajos, casas o lugares de estudio. La impunidad es una falacia, una no verdad, mientras exista el sentido de justicia en el ser humano, porque está fundamentada en argumentos falaces, un razonamiento es válido si se desprende de premisas verdaderas, sino es una falacia. Escuché decir en un programa televisivo el sábado pasado que si un hecho es irrazonable, (razonamiento inválido) no merece estar amparado por el derecho. Y así como es una falacia la teoría de los dos demonios, aquí no hubo dos bandos armados en condiciones de equidad, sino que hubo represores y reprimidos, víctimas y victimarios, es una falacia considerar que la obediencia puede ser más poderosa que un imperativo moral. Kant decía: "obra de tal manera que tu pensamiento, tu máxima, tu premisa, pueda convertirse el ley universal". Es decir, obra de tal manera que tu premisa pueda convertirse en ley universal, validada por la mayoría (ley) y válida para todos los seres humanos (universal). Esto también nos lleva a pensar que la ética, también es una decisión individual, en tanto y en cuanto la responsabilidad humana es "total e indivisible" en los actos que se realiza, (cita libro: "Obediencia a órdenes criminales" Pag.91). Se adhiere o no se adhiere a los mores o costumbres sociales que dan lugar a los imperativos éticos, por ejemplo Los 10 Mandamientos, las declaraciones universales de derechos humanos. Los Maquiavelos y Santo Tomás de Aquino dicen también: "Resistir a los tiranos es un deber". También me he preguntado si en otros lugares del mundo donde la perversión y el sadismo hacia los demás y que tienen que ver con lo social en cuanto a volcar la agresión en la sociedad y en el semejante, en cuanto a no ponerse en el lugar del otro y no considerar el dolor, en cuanto a ser totalmente anestesiados al sufrimiento ajeno y poseer una anomia de valores, es imputable, por ejemplo en Estados Unidos o en Cuba porqué en la Argentina no lo es. Remito a la psicopatologia psiquiátrica y Psicologica, que explica claramente porqué una persona con dicho desarrollo de personalidad "debería" estar en la cárcel. Me gustaría agregar una publicación de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, cuyo título es "Algunos Fundamentos de la Nulidad de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida" así como el "Fallo Sobre la Competencia del Juez Baltazar Garzón de la Sala en lo Penal de la Audiencia Nacional. Madrid -29y 30 de Octubre de 1998- y si se me permite, el original de mi denuncia ante el Consulado General de España, que en relación con los hechos ocurridos en la República Argentina y que están siendo objeto de enjuiciamiento por el Juzgado de Instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional de Madrid, España de fecha 11 de diciembre de 1998. En estos momentos en varios Tribunales de Jurisdicción Internacional, se está juzgando a los represores, donde autor y actor son la misma persona (ver etimología de la palabra "Protagonista"), por la violación de derechos humanos, genocidio, desaparición forzada de personas, terrorismo de Estado, implementado a través del Plan Condor en Latinoamérica y por las dictaduras de Facto en cada país. Estos son delitos de Lesa Humanidad, imprescriptibles y factibles de incluirse en la legislación nacional. Adjunto el proyecto de Ley de Genocidio (que incluiría en el Código Penal Nacional dicho delito y listado de represores del Grupo Fahrenheit, que actuaron desde el ´76 al ‘83. A riesgo de meterme en un terreno ajeno a mi profesión, aunque no a mi rol social, me voy a permitir decir algunos artículos del Anteproyecto de Convención Internacional para la protección de todas las personas contra la desaparición forzada de la ONU del 17 de Agosto de 1988. Me interesa resaltar entre otros: el artículo11º Inc.5, "Los Estados partes tomaran disposiciones para que todos los que participen en la investigación, incluidos el denunciante, los familiares de la persona desaparecida, el abogado, los testigos y los que realizan la investigación, estén protegidos de todo maltrato y todo acto de intimidación o represalia, como consecuencia de tal denuncia o investigación. Los responsables de estos actos serán sancionados penalmente. Artículo14: La desaparición forzada no será considerada delito político o conexo con este, para los efectos de asilo y refugio. Artículo16: La acción penal y la pena derivadas de la desaparición forzada son imprescriptibles. Artículo17: Los autores o demás partícipes o presuntos autores y demás partícipes del delito de desaparición forzada o de las conductas previstas en el artículo 2º de esta Convención no se beneficiaran de ninguna medida de amnistía u otras análogas que tengan por efecto exonerarlos de cualquier procedimiento o sanción penal antes de ser juzgados y si corresponde, condenados. Artículo18: Los estados partes prevendrán y reprimirán la apropiación de hijos de personas víctimas de desaparición forzada o de niños nacidos durante el cautiverio de madres víctimas de desaparición forzada y buscaran identificar a esos niños. Y algunos archivos importantes de mi tarea a través de manejar una lista de e-mail desde el año 95 o 96 aproximadamente, de Derechos Humanos. Y parafraseando algunas de las consignas históricas de Madres de Plaza de Mayo, "aparición con vida", “juicio y castigo a los culpables", "cárcel a los genocidas", "la única lucha que se pierde es la que se abandona", "no olvidaremos, no perdonaremos", "rebeldía para luchar, coraje para seguir".
Sr. Juez: Usted dijo que los nombres de las personas que usted omitió mencionar los va a decir en una audiencia privada con el Tribunal. De manera que usted va a contestar las preguntas respecto de los nombres que ha mencionado.
Sra. Giacaglia: En realidad no lo sé todavía, estoy pensándolo, pero me gustaría tener la tranquilidad de que no me van a hacer nada si yo nombro a esa gente, posterior a esta audiencia.
Sr. Juez: Usted va a declarar, usted va a decir lo que crea que tiene que decir, lo que nosotros podemos hacer es lo mismo que hemos hecho en otras audiencias, como hemos hecho la semana pasada, que hemos puesto en conocimiento a algunas fuerzas de seguridad actuales en el sentido de que le den una suerte de protección o cobertura, para que usted no sufra ningún tipo de miedo o de represalia.
Sra. Giacaglia: Ni yo, ni mi familia.
Sr. Juez: Exacto, nosotros eso lo hemos hecho. Eso después lo hablaríamos, pero lo que yo quiero saber es ¿sobre qué usted va a contestar? Lo digo por lo siguiente, porque hay algunas personas que usted mencionó y yo le quisiera hacer algunas preguntas, pero yo no sé si usted sobre las personas que ha mencionado y sobre las personas que no ha mencionado nos va a contestar privadamente, en cuyo caso tendríamos que pasar...
Sra. Giacaglia: Si usted me quiere hacer alguna pregunta sobre alguna persona que yo haya mencionado se lo puedo contestar.
Sr. Juez: Eso nos va a contestar y de las que no mencionó nos va a contestar privadamente. Esa es la modalidad. Le preguntaba porque no alcancé a comprender cuál es el rol que jugó este personaje Pisani y además quiero saber quién es Pisani.
Sra. Giacaglia: Oscar Atilio Pisani es una persona que apareció en ese momento, creo que lo conocí en el Club Hípico y se dijo investigador privado. Así se presentó ante mi papá.
Sr. Juez:¿Cómo era físicamente?
Sra. Giacaglia: Alto, medio canoso...
Sr. Juez:¿Cuántos años tendría en aquella época?
Sra. Giacaglia: No recuerdo.
Sr. Juez: ¿Sabe si tenía vinculación con el ejército?
Sra. Giacaglia: El decía que sí, es más, se hacía pasar por un integrante del ejército, como que trabajaba en inteligencia...
Sr. Juez:¿Era una persona alta, muy alta?
Sra. Giacaglia: Sí. Después supe que los mismos que él nombraba como que pertenecía a esos grupos decían de él que era un trucho, que en realidad no pertenecía. No sé como será esa cuestión.
Sr. Juez:¿Tenía vinculación con la policía también?
Sra. Giacaglia: Sí. Con la Brigada de Investigaciones. El es quien me acerca para verificar o para decirme de esa persona que se había muerto, que en ese momento a mi me estaban contando algo tan espantoso que no sabía si me estaban diciendo algo de mi marido o de otra persona, terminaron diciendo así, si no tenés un lugar donde llorarlo, andá a la tumba 355 del Cementerio Parque.
Sr. Juez:¿Usted lo veía todos los días a él?
Sra. Giacaglia: Yo lo veía en el Club Hípico, el decía muchas cosas de mí...
Sr. Juez: Lo que yo quiero saber es si él en ese momento podría tener alguna otra actividad, ¿era mucho el tiempo que él le dedicaba a usted o era posible que trabajara en otro lado? Porque usted dice que su papá lo contrató para que la cuidara. ¿Estaba mucho tiempo con usted o esporádicamente?
Sra. Giacaglia: Esporádicamente.
Sr. Juez: O sea que podría hacer alguna otras cosas.
Sra. Giacaglia: Si, en realidad se me ocurre a mí que fue todo un verso el que él se haya hecho pasar por investigador privado, que me iba a ayudar...
Sr. Juez: ¿No sabe si después desempeñó algún puesto?
Sra. Giacaglia: No, creo que lo vi después en la Municipalidad, pero no sé, le perdí el rastro.
Sr. Juez: ¿Tampoco pudo corroborar si pertenecía efectivamente al ejército?
Sra. Giacaglia: No.
Sr. Juez: A través de terceras personas, ¿tuvo alguna última noticia de los lugares clandestinos de detención donde estuvo su marido, aparte del lugar que ya dijo que posiblemente estuvo, en el radar?
Sra. Giacaglia: Siempre buscábamos con mi suegra por todos lados, lo que pasa que mi suegra no sé si puede asistir a estas...
Sr. Juez: No, a lo que yo apunto es si por terceras personas que estuvieron detenidas fue visto en algún lugar de detención clandestino.
Sra. Giacaglia: Yo estoy tratando de ver, por eso vengo a casi todas las audiencias para ver si alguien lo ha visto en la Base Naval o en algún otro lugar.
Sr. Juez: Pero actualmente no tiene constancia.
Sr. Juez: Señor Fiscal.
Sr. Fiscal: Quería que usted me aclarara un poco las características de esta persona que usted ha mencionado de apellido Pisani, porque no me quedó claro si en definitiva era una persona contratada para de alguna manera darle custodia a usted, si se trataba de una especie de doble agente, que pasaría información que usted le podía dar.
Sra. Giacaglia: Yo trataba de no darle ningún tipo de información porque no confiaba en esa persona, es más creo que él me dio más información a mí de la que yo a él.
Sr. Fiscal: ¿Qué tipo de información recogía usted de boca de él?
Sra. Giacaglia: Por ejemplo cuando me decía vamos a ir a ver a fulano, a mengano, así hablamos de tal cosa, para que te cuenten, como cuando me llevó a hablar con los policías.
Sr. Fiscal: Todos estos encuentros que tenía usted con otras personas, pero por intermedio de Pisani, esos encuentros hacían referencia exclusivamente a personas que pudieran aportar datos al paradero de su marido o en general cuáles eran las prácticas que se llevaban a cabo, que usted algunas ha narrado.
Sra. Giacaglia: En general fue para averiguar datos sobre mi marido
Sr. Fiscal: ¿Alguna de estas personas aportó algún dato que tuviera cierta verosimilitud?
Sra. Giacaglia: Más allá de eso que dije, de ese muchacho que yo ví cuando le pegaron un tiro, en ese momento me separaron de ellos...
Sr. Juez: ¿Perdón, no puede precisar la edad de Pisani?
Sra. Giacaglia: Yo tenía veintitrés o veinticuatro y él tendría más o menos treinta años.
Sr. Fiscal: No me quedó muy claro quién era este señor Cesar Negri.
Sra. Giacaglia: Cesar Negri era un policía muy conocido en Mar del Plata, que en ese momento trabajaba en la Brigada de Investigaciones. No sé si falleció o estará jubilado.
Sr. Fiscal: Esta persona fue quien los recibió junto al comisario que usted no ha querido dar el nombre en la Brigada de Investigaciones.
Sra. Giacaglia: En una oportunidad que fui a preguntar por mi marido.
Sr. Fiscal: Fue la misma vez que se produjo este incidente que usted vio, en la que al muchacho le pegaron el tiro.
Sra. Giacaglia: Primero vi eso cuando me dijeron que a mi marido lo iban a liberar y a la semana o no sé cuanto tiempo pasó, como un intento de consuelo, no sé, Pisani creyó que si a mi me decían todo eso, o ellos creyeron que si me decían todo eso yo iba a dar por muerto a mi desaparecido.
Sr. Fiscal: Este episodio cuando usted narra que a este muchacho, que le pegaron un tiro, ¿es la misma persona que usted vio torturada y sometida a otras vejámenes?
Sr. Fiscal: Se trata de otra persona distinta.
Sra. Giacaglia: Si, que al escuchar el relato de Eduardo Suárez, cuando él dice que estaba en la IV y le llevaron un muchacho muerto, que el reconoció y recuerda el nombre a lo mejor es la misma persona que yo vi cuando le pegaron un tiro en la cabeza.
Sr. Fiscal: ¿Usted sabe quien se lo pegó y prefirió guardar el apellido?
Sra. Giacaglia: No, lo digo, fue en ese momento que estaba Cesar Negri y Pisani agarró la pistola.
Sr. Fiscal: ¿Estas dos personas fueron las que asesinaron a esta persona?
Sra. Giacaglia: Sí
Sr. Fiscal: También habló de algunos lugares de detención que a partir de la recepción de algunos testimonios ya han sido nombrados frecuentemente, pero otros que también han sido nombrados, pero no con tanta frecuencia. ¿Nos puede dar datos sobre esos centros de detención clandestinos a los que usted se ha referido?
Sra. Giacaglia: Coincidía que yo iba todos los veranos desde el año ’59, mis padres alquilaban la casa y vivía toda mi familia en el balneario. No recuerdo si fueron dos veces que me acerqué, pero uno sí lo recuerdo muy claramente, porque además a ese lugar lo conocía mucho, porque jugaba cundo era chica y debajo de ese lugar hay cocheras y una vez me acerqué, estaba una de las mirillas rectangulares abiertas y escuchaba gritos de gente como que alguien se ahogaba, lo estaban torturando. Había un uniformado, que yo creo que le dije si me dejaba pasar, esas cosas que uno tenía que no sé porque reaccionaba de esa manera, pero yo quería entrar a ese lugar...
Sr. Fiscal: ¿Cuál es la ubicación de este hotel?
Sra. Giacaglia: Siempre fue el Hotel Punta Cantera, antes de la urbanización también había otro hotel ahí que era el Hotel Gamba, que tenía una chimenea porque había sido un viejo horno de ladrillos.
Sr. Fiscal: ¿Siempre en la zona de Punta Mogotes?.
Sra. Giacaglia: Sí.
Sr. Fiscal: Tambien mencionó otro lugar con el nombre de Villa Jollosa y otro lugar en las cercanías de Camet.
Sra. Giacaglia: En Villa Jollosa creo que ahora funciona un colegio, ¿puede ser que pertenezca al colegio Gutemberg? En ese momento era una casa antigua que después fue un boliche bailable, en ese interín estuvo un tiempo desocupada y se decía que ahí era un centro clandestino de detención. Está camino al GADA. Después hay otra casa quinta muy antigua, es una de las primeras casas quintas que hubo en la costa, que es una casa antigua con rejas, con muchas habitaciones...
Sr. Fiscal: ¿Este fue el lugar al que se refirió usted, cuando dijo en la zona de Camet o es otro?
Sra. Giacaglia: Sí, es camino a Camet.
Sr. Fiscal: En uno de ellos usted mencionó que hace algunos años, personal con gruas, excavadoras...
Sra. Giacaglia: Eso fue en el barrio Santa Celina.
Sr. Fiscal ¿Puede indicarnos de qué lugar se trata y qué fue lo que pudo conocer?
Sra. Giacaglia: Cuando yo llegué al barrio, compré el terreno en el ’78, construí una prefabricada y después me construí mi casa, cuando yo llegué al barrio, la gente del lugar me contaba que alrededor de la telefónica siempre había soldados armados, que se apostaban, se escuchaban tiros y en esa época fue la época en que dinamitaron una de las casitas que hay ahí que creo que también en otra de las causas, en la causa Frigerio se nombra esto.
Sr. Fiscal: ¿Usted recuerda la calle, como para ubicarnos?
Sra. Giacaglia: Es dentro del barrio, lo que pasa que tendría que tener el planito para ubicarlos exactamente.
Sr. Fiscal: ¿Pero no recuerda el nombre de la calle?
Sra. Giacaglia: Es que son todos nombres de estancias las calles, no sé si es San Julián de Vivoratá o Estancia La Corona, no sé. Esa casa estuvo destruida mucho tiempo, no fue una destrucción realizada por un albañil, sino que la destrucción parecía hecha por una explosión. Después hay otra casa cerca de la antena de la telefónica que tenía agujeros de bala, no sé si de itaka o de pistola.
Sr. Fiscal: ¿Usted dice que en ese lugar se removió la tierra porque había huesos prácticamente en la superficie?
Sra. Giacaglia: Eso es sobre otro rincón del barrio, eso está cerca de la calle Estancia La Corona y Cabo Corrientes.
Sr. Fiscal: ¿Nos puede ubicar la zona donde se encuentra este lugar?, es barrio Santa Celina.
Sra. Giacaglia: Sí. El barrio Santa Celina está delimitado por la calle 10 de febrero, Mario Bravo, Estancia Cabo Corrientes y como si fuese Talcahuano y Mario Bravo. Si quiere yo le marco el lugar exacto en un plano.
Sr. Fiscal: También usted dijo que en algún momento para decirle que a su marido lo habían matado le nombraron una tumba, la 355 del Cementerio Parque. ¿Hizo algún tipo de averiguación en ese lugar?
Sra. Giacaglia: Sí, fui a preguntar y me dijeron que había muchas tumbas con NN, pero no...
Sr. Fiscal: ¿Sabe quién fue la persona que le informó?, ¿eran empleados?
Sra. Giacaglia: Eran empleados del cementerio.
Sr. Fiscal: Y usted pudo verificar si justamente en esa tumba había una persona NN
Sra. Giacaglia: No, no. Nunca hice ninguna exhumación.
Sr. Fiscal: No, pero a lo mejor en el cementerio tenían registrado que en la tumba 355, estaba el cuerpo de una persona sin identificar.
Sra. Giacaglia: Ellos me dijeron algo así como que la modalidad del cementerio era que los enterraban y que luego de un tiempo los echaban al osario general.
Sr. Fiscal: Usted recuerda si además del número de tumba ese número iba seguido por alguna letra. Porque en general y por lo que tengo visto están identificadas por un número y una letra final
Sr. Fiscal: No tengo más preguntas.
Sr. Abogado: Señora Giacaglia, usted se refirió a un lugar que la calle Tucumán al 2800, donde se refirió que veía movimiento de personas y demás, ¿Podría indicarle al Tribunal desde dónde veía eso y ampliar qué es lo que vio en esa época?
Sra. Giacaglia:: Mi suegra vivía en Tucumán 2844, justo enfrente de ese garaje, tenía una pensión. En esa época iba mucho a lo de mi suegra, nos quedábamos conversando y lo que yo vi siempre era eso, como que había movimientos raros, en un momento pensé si era un garaje o algo así, pero después me pareció como que había movimiento de gente, que bajaba gente de los autos, etc.
Sr. Abogado: Sintió comentario acerca si había habitaciones o algo por el estilo en ese lugar.
Sra. Giacaglia:: Sentí comentarios, no le puedo precisar.
Sr. Abogado: ¿Cómo eran?
Sra. Giacaglia:: No.
Sr. Abogado: ¿Sabe si está igual que en esa época ese lugar?
Sra. Giacaglia: No, es decir, como eran sí, eran celdas contiguas a la fosa de arreglar autos...
Sr. Abogado: ¿Subterráneos o arriba?
Sra. Giacaglia: Subterráneos.
Sr. Abogado: Cuando se refirió a que la abrían llevado a usted a una comisaría y calculó que podía ser la Tercera, ¿usted recuerda dónde estaba?
Sra. Giacaglia: Son una de las cosas que uno se bloquea, yo iba caminando por la calle Gascón e iba hacia la zona de la terminal, después sé que no estuvo más allí...
Sr. Abogado: Yo le preguntaba porque seguramente se refería a la Segunda y no a la Tercera que es la que está en el Puerto. Entonces la señora Giacaglia va a aportar los certificados desde donde se deduce la contradicción entre lo informado por el jefe de la Zona y el señor Malugani.
Sra. Abogada: Usted refirió dos arremetidas en el año ’77, una en noviembre y otra seguramente cercana a esa fecha. ¿Lo puede precisar?
Sra. Giacaglia: Sé por ejemplo que Gladys García desapareció en junio del ’76 y apartir de ahí fue esa seguidilla de desapariciones de la gente que yo nombré. Pero después, creo que fue en el año ’78, una nueva arremetida contra chicos que estaban militando en el pescado, querían ponerse como delegados en las fábricas de pescado, creo que fueron nueve más ahí. Hay otra persona del P.S.T., que es la actual esposa de Luis Zamora, Noemí Oliveto, que era militante con nosotros de esa época y ella también tiene datos del P.S. T.
Sra. Abogada: Gracias.
Sra. Abogada: No me quedó claro, ¿los nueve que desaparecen del P.S.T. últimos, es en qué año?
Sra. Giacaglia: Creo que en el ’78.
Sra. Abogada: Respecto al hotel de Supe, ¿estuvo con posterioridad allí?
Sra. Giacaglia: Con posterioridad al hecho que yo narré, cuando esa persona uniformada me echó, sí. Además se veía en esas habitaciones que todavía existen, que yo supuse después que ahí habían encerrado gente porque había manchas de sangre, había carteles de Montoneros, de J.P., como una especie de pedidos de auxilio. Esas habitaciones fueron pintadas, pero creo que una sola vez, o sea que posiblemente si se saca la pintura, abajo aparezcan los carteles.
Sra. Abogada: ¿Cuándo fue aproximadamente la última vez que estuvo allí?
Sra. Giacaglia: Que estuve a mirar, bueno, paso todos los días porque yo trabajo a cien metros de ahí, ...
Sra. Abogada: Pero adentro...
Sra. Giacaglia: En ese sector cuando a mi papá le sacaron el balneario, en el año ’78.
Sra. Abogada: Respecto a la facultad usted comentó que había procedimientos en la puerta de la facultad donde se les requería la libreta, había listas, si se estaba en las listas los ponían contra la pared y luego la gente desaparecía. No sé si las dos personas que nombró, que eran ayudantes de cátedra, desaparecieron en esas circunstancias.
Sra. Giacaglia: Eran ayudantes, un día vinieron a decirnos que había una asamblea o que estaba tomada la facultad, nos fuimos y ya al otro día habían desaparecido. Era ya después del golpe obviamente.
Sra. Abogada: ¿Alguna otra persona que usted sepa que haya querido entrar a la facultad que estuviera en alguna de las listas y después hubiera desaparecido, que lo haya visto o le hayan comentado?
Sra. Giacaglia: Yo conocía a Danielín que estudiaba sociología que desapareció en esa época, después no me acuerdo... Había como un desparramo en la facultad y había gente que no iba a cursar o por miedo o porque había desaparecido, pero la lista de compañeros desaparecidos está en una placa en la Facultad de Sicología.
Sra. Abogada: ¿Qué actitud tenían las autoridades de la Facultad frente a estas cuestiones?
Continúa Sra. Giacaglia: Que uno iba para el rectorado, otro para ellos y otro para la SIDE, como cazar en un zoológico.
Sra. Abogada: Respecto a Pisani, usted comentó que la había llevado a ver a distintas personas, policías, tal vez militares, usted no lo precisó, ¿era gente de alto rango o era gente de bajo rango? ¿Llegó a ver gente de alto rango acompañada por él?
Sra. Giacaglia: Vi de todo, lo que pasa es que los oficiales que iban al hípico por ejemplo, eran de muy alto rango y después había mandos medios.
Sra. Abogada: ¿Y que trato tenían con él?
Sra. Giacaglia: Un trato como de amistad.
Sra. Abogada: Respecto a las fechas de detención y posterior desaparición de su esposo, para concretar, la primera es el 29 de octubre del ’76 y aparece nuevamente el 3 de noviembre.
Sra. Giacaglia: Yo no estoy muy segura, porque en ese momento se vivían cosas muy jorobadas. La Marina nos contesta que hasta el 5 de noviembre estuvo detenido.
Sra. Abogada: Por eso, son los primeros días de noviembre y luego de tres, cuatro o cinco días es el segundo procedimiento, que sería aproximadamente el día 8 de noviembre.
Sr. Juez: Damos por finalizada la audiencia pública y la invito a subir a nuestro despacho a fin de completar la declaración.
-Es la hora 12:50