Source: https://www.scribd.com/doc/19115570/Trabajo-de-Contratos-Asociativos2
Timestamp: 2017-02-28 09:31:33
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BrowseInterestsBiography & MemoirBusiness & LeadershipFiction & LiteraturePolitics & EconomyHealth & WellnessSociety & CultureHappiness & Self-HelpMystery, Thriller & CrimeHistoryYoung AdultBrowse byBooksAudiobooksNews & MagazinesSheet MusicBrowse allUploadSign inJoinINTRODUCCIÓN CAPITULO I: NOCIONES GENERALES DE DERECHO COMERCIAL 1.1Noción de Comercio 1.2Concepto de Derecho Comercial 1.3Evolución Histórica del Derecho Comercial 1.3.1 Edad Antigua. 1.3.2 Derecho Romano. 1.3.3 Edad Media. 1.3.4 Época Moderna. 1.3.5 Nuevas Tendencias del Derecho Mercantil. 1.4Los actos de comercio y la empresa 1.4.1 Actos de Comercio. 1.4.2 La Empresa. 1.4.3 Los comerciantes. CAPITULO II: LA TEORÍA GENERAL DEL CONTRATO 2.1 Recuento histórico de la noción del contrato. 2.1.1 Perspectiva del contrato en el derecho griego de la antigüedad. 2.1.2 Perspectiva del contrato en el derecho romano. 2.1.3 El contrato en la época post clásica, la edad media y el derecho francés. 2.1.4 El contrato en los tiempos modernos. 2.2 Los contratos en el Código Civil. 2.3 Los contratos en el Código de Comercio CAPITULO III: CONTRATOS ASOCIATIVOS 3.1 El surgimiento de los contratos asociativos 3.2 Definición de contrato asociativo 3.3 Naturaleza y caracteres del contrato asociativo 3.4 Clases de contratos asociativos 3.5 Los contratos asociativos en la nueva Ley general de sociedades 3.6 Contrato de Asociación en participación 3.7 Contrato de consorcio 3.8 Join Venture CAPITULO IV: MODELOS DE CONTRATOS ASOCIATIVOS 4.1 4.2 4.3 Contrato de Asociación en participación. Contrato de consorcio Contrato de Join Venture.
Lo mismo que las personas naturales, las sociedades tienen necesidad de vincularse, de interrelacionarse con otras personas; dicha interrelación se realiza mediante contratos, contratos de diverso género y especie; un grupo de estos contratos son los llamados contratos asociativos. La nueva Ley General de Sociedades se aparta de modo importante de nuestra anterior norma societaria e introduce novedades dignas de atención. La primera de ellas es que, por primera vez, se regulan de modo general los contratos asociativos, creando normativamente un género de contratos que no se agotan con los disciplinados en la Ley General de Sociedades: asociación en participación y consorcio. Por primera vez también, se regula de modo amplio el contrato de consorcio que, todo parece indicar, alude al joint venture. Por cierto, conviene señalar que este contrato era ya bastante conocido en nuestro medio y en absoluto podía decirse que resultaba ajeno para nuestra legislación. En efecto, en la legislación pesquera y especialmente en la minera se alude a él. Lo propio sucede con la legislación tributaria, tanto en el IGV como en el Impuesto a la Renta. No obstante, hasta antes de la nueva ley societaria seguía siendo un contrato atípico, pues carecía de una legislación sistemática e integral. El presente trabajo pretende dar una noción amplia de los llamados contratos asociativos, interviniendo en las instituciones del derecho comercial, partiendo por los orígenes del derecho comercial, la teoría general del contrato y en especial del contrato comercial para finalmente abordar los contratos asociativos en nuestra legislación.
CAPITULO I: NOCIONES GENERALES DE DERECHO COMERCIAL
1.1Noción de Comercio
El comercio es el conjunto de actividades que efectúan la circulación de los bienes entre productores y consumidores. Es decir, es una negociación que se lleva a cabo al vender, compra o permutar servicios o mercancías.1 Tradicionalmente se ha situado al comercio en el capítulo de la Economía Política referente a la circulación de la riqueza, pues mediante la actividad comercial se produce la movilización de los bienes, que pasan de unas manos a otras. Se ha advertido en el comercio un doble aspecto: uno de índole objetiva, consistente en la realización de los actos de mediación, y otro de índole subjetiva, consistente en el propósito o ánimo de lucro que persigue quien realiza la función de mediador2.
1.2Concepto de Derecho Comercial
Esta disciplina tiene una doble denominación: Derecho comercial y Derecho Mercantil. Los autores señalan diversas definiciones o conceptos para esta disciplina: Para algunos, es la rama del Derecho Privado que determina la naturaleza y efectos de las convenciones realizadas, sea por los comerciantes, sea con ocasión de los actos de comercio”. Otros definen el Derecho Comercial como el conjunto de normas jurídicas que tienen por objeto reglamentar una rama de la actividad económica: El Comercio. Sin embargo, en la actualidad y considerando la evolución que esta disciplina a tenido, en cuanto a su contenido, en que ya no solo se destina a regular la actividad comercial, sino que en general la actividad de una entidad u organización mucho más amplia y permanente, cual es la empresa, se señala que el Derecho Comercial es “ el conjunto de normas jurídicas que regulan y ordenan la actividad económica constitutiva de la “Empresa”. En todo caso, cualquiera sea el concepto, el Derecho comercial tiene por objeto reglamentar: a) los sujetos activos del Derecho Comercial (los comerciantes o empresarios), b) La actividad que realizan, c) La organización jurídica que estos adoptan, d) Los instrumentos de que se valen para el desarrollo de su actividad, etc. Cabe referir que el concepto de Derecho Comercial ha variado en el transcurso del tiempo. En una primera etapa se le consideró como un derecho de excepción aplicable sólo a los comerciantes. Después, como el derecho de los actos de comercio, independientemente de la condición de las personas que los realizaran, con lo que se amplió su radio de acción. Más tarde se le reputó como el derecho de los actos de comercio, pero no aisladamente considerados sino realizados en masa. Posteriormente, como el derecho de las empresas, y, por último, como la disciplina reguladora de la economía organizada3. A continuación, con el fin de desarrollar una noción más certera acerca del Derecho Mercantil, analizaremos los conceptos y definiciones que algunos autores nos proporcionan sobre la materia. “El Derecho Mercantil es una rama del Derecho Privado que tiene por objeto regular las relaciones entre los comerciantes y entre aquellas personas que sin ser
PALOMAR DE MIGUEL, Diccionario Para Juristas. Ediciones Mayo, México, 1981., p.273 MONTOYA MANFREDI, Derecho Comercial. Editorial Desarrollo S.A. Lima, 1983, p. 17. MONTOYA MANFREDI. Ob cit. p. 21
comerciantes ejecutan actos de comercio” 4 “El Derecho Mercantil es aquel que regula los actos de comercio pertenecientes a la explotación de las industrias mercantiles organizadas (actos de comercio propios) y los realizados ocasionalmente por comerciantes y no comerciantes (actos de comercio impropios), que el legislador considera mercantiles, así como el estatuto del comerciante o empresario mercantil individual y social y los estados de anormalidad en el cumplimiento de sus obligaciones” “El Derecho Mercantil, puede definirse como el conjunto de normas jurídicas que se aplican a los actos de comercio legalmente calificados como tales y a los comerciantes en el ejercicio de su profesión” 5 “Se llama Derecho Público Mercantil el conjunto de leyes que reglamentan la libertad de comercio y sus instituciones, no en relación con los derechos privados de los individuos , resultantes de las operaciones mercantiles que practiquen, pues esto pertenece al dominio del Derecho Mercantil, civil o privado, sino en sus relaciones con el Estado y con los intereses o derechos de la sociedad en su generalidad o conjunto” 6
1.3Evolución Histórica del Derecho Comercial
Resulta imposible delimitar la materia mercantil en los sistemas jurídicos de la Antigüedad, toda vez que estos carecieron de normas que regularan en forma especial al comercio y los comerciantes. Los sistemas vigentes en ese estadio histórico, regularon cuando menos en embrión muchas de las instituciones o actos que hoy consideramos como de comercio; pero también lo es que las condiciones políticas, económicas y culturales de la época no hicieron sentir la necesidad de la existencia de una rama especial para regularlos, de tal manera que tales actos constituían una especie indiferenciada en la totalidad de los actos jurídicos. Las normas reguladoras de los actos considerados ahora como de comercio carecían de autonomía y se encontraban dentro del ámbito de las normas jurídicas generales o, cuando más dentro del Derecho Privado. 1.3.1 Edad Antigua. El comercio, como fenómeno económico y social, se presenta en todas las épocas y lugares. Por ello aún en los pueblos más antiguos pueden encontrarse normas aplicables al comercio, o más bien, a algunas de las relaciones e instituciones a que aquella actividad da origen. Así sucede en los sistemas jurídicos de Babilonia, Egipto, Grecia, Fenicia, Cartago, etc. Sin embargo, en esos sistemas jurídicos no existió un Derecho especial o autónomo, propio de la materia mercantil. Es decir, no existió un Derecho Mercantil como hoy lo entendemos, sino tan sólo normas aisladas relativas a determinados actos o relaciones comerciales. Entre esas normas los autores hacen especial mención de las llamadas “Leyes rodias” (de la isla de Rodas), que en realidad constituyeron una recopilación de un conjunto de usos sobre el comercio marítimo. Esas “leyes” han alcanzado fama a través de su incorporación al derecho romano. 1.3.2 Derecho Romano.
RAMIREZ VALENZUELA, Introducción al Derecho Mercantil y Fiscal, p.25 DE PINA VARA, Rafael. Elementos Del Derecho Mercantil Mexicano Editorial Porrúa, México, 1996 p.5 PALLARES, Jacinto. Derecho Mercantil Mexicano Dirección General de Publicaciones UNAM, México, 1987, p.261
Tampoco puede hablarse de la existencia de un derecho mercantil especial o autónomo en el sistema jurídico de Roma. Roma no conoció un Derecho Mercantil como una rama distinta y separada en el tronco único del Derecho Privado (ius civile), entre otras razones, porque a través de la actividad del pretor fue posible adaptar ese Derecho a las necesidades del tráfico comercial. 1.3.3 Edad Media. El Derecho Mercantil como Derecho especial y distinto del común, nace en la Edad Media, y es de origen consuetudinario. El auge del comercio en esa época, el gran desarrollo del cambio y del crédito, fueron entre otras las causas que originaron la multiplicación de las relaciones mercantiles, que el Derecho común era incapaz de regular en las condiciones exigidas por las nuevas situaciones y necesidades del comercio. El nacimiento del Derecho Mercantil como tal, está ligado íntimamente a la actividad de los gremios o corporaciones de mercaderes que se organizan en las ciudades comerciales medievales para la mejor defensa de los intereses comunes de la clase. Las corporaciones perfectamente organizadas, no solo estaban regidas por sus estatutos escritos, que en su mayor parte recogían practicas mercantiles, sino que además instituyeron tribunales de mercaderes (jurisdicción consular), que resolvían las cuestiones surgidas entre los asociados, administrando justicia según usos o costumbres del comercio. Es así que, en el seno de los gremios y corporaciones, principalmente en las florecientes ciudades medievales italianas, va creándose un conjunto de normas sobre el comercio y los comerciantes, tendientes a dirimir las controversias mercantiles, normas de origen consuetudinario, que son aplicadas por los cónsules, órganos de decisión de aquellos gremios o corporaciones. Estas normas consuetudinarias, y las decisiones mismas de los tribunales consulares, fueron recopiladas en forma más o menos sistemática, llegando a constituir verdaderos ordenamientos mercantiles de la época. 1.3.4 Época Moderna. Fue en Francia donde propiamente se comenzó no solo a comprender y sentir la necesidad reclamada por la actividad del comercio, sino también se satisfizo cumplidamente, asentando la piedra angular sobre que se ha levantado el edificio del moderno Derecho Mercantil, el que desde entonces, emancipándose completamente del Derecho Romano, del Derecho común y de los Derechos forales (ordenamiento jurídico proveniente de los fueros), no solamente ha adquirido una verdadera autonomía jurídica, sino que tiende a obtener un carácter de universalidad internacional, llegando su influencia, como es natural, hasta modificar los preceptos del Derecho Civil de cada pueblo, pues el cotejo de los diversos códigos mercantiles, su estudio comparativo por los jurisconsultos y su perfeccionamiento constante, conducen inflexiblemente a correcciones del Derecho Civil, que de todas maneras tiene que estar en armonía con el Derecho Mercantil de cada Estado.7 Fue así que partiendo de obras como el Code Merchant francés de 1673 un gran número de Estados redactaron legislaciones similares para regular la materia que nos compete. Este gran movimiento legislativo de todas las naciones trajo consigo un gran movimiento científico en la esfera de la literatura jurídica del derecho
PALLARES, ob. Cit. p.250
mercantil, cuyas obras de estudio forman hoy una riquísima biblioteca. Sobre todo la materia de la legislación comparada adquirió, como era de esperarse, un gran desarrollo, pues siendo el comercio cosmopolita por su naturaleza y por el grande impulso que en los tiempos modernos le comunican las pacíficas relaciones internacionales, los tratados, las vías de comunicación marítimas y terrestres, es natural que el Derecho Mercantil, reflejo de las necesidades del comercio, tienda a buscar esa unidad de preceptos y doctrinas, esa universalidad de principios que exige el cosmopolitismo del tráfico en sus diversas manifestaciones. Entre los varios ramos de la legislación mercantil hay algunos en que más se ha acentuado la necesidad de uniformar el Derecho de las distintas naciones, como sucede en lo relativo a las letras de cambio entre muchos otros aspectos. Con motivo de la necesidad de uniformar por lo menos ciertos aspectos del Derecho Mercantil entre las diversas naciones se comenzaron a celebrar congresos y conferencias entre estas para llegar a acuerdos y tratados. Siendo la primera de ellas la reunión en Berna en 1878, a la cual le han seguido innumerables intentos a través del tiempo con el fin de lograr la tan deseada obtención de acuerdos que produzcan la uniformidad tan necesaria en materias mercantiles.8 1.3.5 Nuevas Tendencias del Derecho Mercantil. Las actuales características de la economía parecen imponer una revisión de la estructura del Derecho Mercantil. En efecto, las exigencias de abundante producción y tráfico racionalizado, para la rápida satisfacción de necesidades siempre crecientes y abastecimiento de grandes mercados, que caracterizan a nuestra economía actual, han vuelto punto menos que intrascendente para la practica mercantil la regulación de los actos de comercio aislados, para centrar su interés en los celebrados en forma reiterada o masiva, que exigen una articulación legal especial y diversa de la de los actos aislados, en la cual las peculiaridades de éstos quedan relegadas a segundo término, para dar énfasis a la forma repetida o encadenamiento con que los actos se realizan. Ahora bien, esta regulación masiva de actos requiere indefectiblemente, de una organización especializada y profesional, de una adecuada combinación de los factores de la producción o empresa que permitas su realización. Con esta nueva concepción, el núcleo central del sistema de Derecho Mercantiles desplaza del acto aislado hacia la organización, hacia la empresa, en cuyo seno se realizan los actos reiterados o masivos, y en los que destaca más la ordenación que el acto, más la forma o apariencia que la esencia. A finales del siglo XX se desarrollaron profusamente las teorías sobre la empresa, con miras a convertirla en el eje central del Derecho Mercantil, lo cual implica que esta nueva concepción del Derecho mercantil comienza a llevarse a la legislación.
1.4Los actos de comercio y la empresa
1.4.1 Actos de Comercio. La materia mercantil, de acuerdo con el sistema de nuestro Código de Comercio, está delimitada en razón de los actos de comercio, aunque estos no constituyan su único contenido. Y por esto es fundamental el estudio de la noción del acto de comercio.
PALLARES, ob. cit., p.255
Esto no quiere significar que el acto de comercio absorba por completo al Derecho Mercantil. Significa sencillamente que el acotamiento del Derecho Mercantil se realiza por medio de los actos de comercio, porque son ellos los que reclaman un tratamiento distinto al de los actos sometidos al Derecho Civil. PALOMAR DE MIGUEL define a los actos de comercio como “Los que se rigen por el Código de Comercio y sus leyes complementarias, aunque no sean comerciantes quienes los realicen”.9 Sin embargo al ser el tema de los actos de comercio un tema central en nuestro estudio, nos es imposible limitarnos a una definición tan (francamente) escueta. La doctrina ha sido fecunda en definiciones del acto de comercio; también lo ha sido en su crítica a las formuladas. Ninguna definición del acto de comercio es aceptada unánimemente. Se podría definir al acto de comercio como el regido por las leyes mercantiles y juzgado por los tribunales con arreglo a ellas, o los que ejecutan los comerciantes. Otros consideran que los actos de comercio son actos jurídicos que producen efectos en el campo del Derecho Mercantil. Sin embargo, nosotros los analizaremos según criterios objetivos y subjetivos. a) Criterio Objetivo. A partir del Código de Comercio Francés de 1807 se inicio un cambio para tratar de fundar el Derecho Mercantil en los actos de comercio, bajo un criterio objetivo. El prototipo del sistema objetivo constituido por este Código, toma como punto de partida el acto especulativo de carácter objetivo, poniendo en relieve, en particular, la compraventa con fines de especulación y la letra de cambio. Este modelo lo siguieron numerosos Códigos europeos y algunos Códigos latinoamericanos. Desde el punto de vista objetivo los actos de comercio se califican como tales atendiendo a las características inherentes de los mismos, sin importar la calidad de los sujetos que los realizan. Otra definición indica que los actos de comercio son los actos calificados de mercantiles en virtud de sus caracteres intrínsecos, cualquiera que sea el sujeto que los realice. Tienen fin de lucro” b) Criterio Subjetivo. Como legislación que caracteriza al sistema subjetivo, tenemos el Handelgestzbuch Alemán del 10 de mayo de 1897 (Código de Comercio alemán de 1897) que aplica un sistema subjetivo, es decir, parte de la figura del comerciante para delimitar el Derecho Comercial y contiene un Derecho especial de los mismos. El acto subjetivo de comercio, en palabras del distinguido profesor argentino Sergio le Pera, supone dos condiciones: a) La calidad de comerciantes de los sujetos que intervienen. b) Que el acto pertenezca a una cierta clase. También se dio por llamar subjetivos a aquellos actos que serían de comercio por simple hecho de ser practicados por un comerciante, es decir, por la sola calidad del sujeto que los ejecuta, cualesquiera que fuera el acto.10
PALOMAR DE MIGUEL, ob. cit., p.39 CERVANTES AHUMADA, Raúl. Derecho Mercantil Primer curso. Editorial Porrúa, México, 2000p.9., p.23
1.4.2 La Empresa. La empresa, como figura jurídica, es un concepto problemático. No existe, de hecho, una definición legal que la englobe en su complejidad. Nuestra legislación mercantil no reglamenta a la empresa en forma orgánica, sistemática, considerada como una unidad económica. Se limita a regular en forma particular algunos de sus elementos (por ejemplo: las obligaciones fiscales, las obligaciones laborales, las marcas, las patentes, etc.) Se ha planteado incluso la imposibilidad de definir a la empresa, como unidad económica, jurídicamente. La empresa o negociación mercantil es una figura de índole económica, cuya naturaleza intrínseca escapa al Derecho. Su carácter complejo y proteico, la presencia en ella de elementos dispares, distintos entre si, personales unos, objetivos o patrimoniales otros hace de la empresa una institución imposible de definir desde el punto de vista jurídico. La cantidad de elementos y circunstancias que pueden concurrir o no en la empresa si pueden, en su particularidad expresarse a través de figuras y conceptos jurídicos. En ese sentido podemos definir como elementos de la empresa a: El empresario, (comerciante individual o social), el patrimonio y el trabajo. Estos elementos deben de ser considerados en su conjunto, en íntima comunión que deriva de la finalidad misma de la empresa y de su organización. La empresa puede ser manejada por una persona física (comerciante individual) o por una sociedad mercantil (comerciante social); se habla, según el caso, de empresario individual o empresario social. El empresario es el dueño de la empresa, el que la organiza y maneja con fines de lucro Se denomina patrimonio al conjunto de elementos que pertenecen a la empresa; esto es, el conjunto de bienes materiales e inmateriales organizados por esta constituida por los bienes y medios con los cuales se desenvuelve una actividad económica y se consigue el fin de la empresa. Otro elemento de la empresa esta constituido por el personal al servicio de la misma. Se ha dicho con frecuencia que es fundamental en la empresa la organización del trabajo ajeno. La condición y relaciones de este personal se rigen en el Perú por la diversa normativa laboral. 1.4.3 Los comerciantes. Son comerciantes las personas que teniendo capacidad legal para ejercer el comercio hacen de el su ocupación ordinaria; esta definición genérica cubre a las personas físicas y morales o sociedades y a mexicanos y extranjeros. Es así que la figura del comerciante, tan básica y elemental para nuestro estudio se divide en dos: Persona física y Persona Colectiva. Ésta última, según doctrina se puede encontrar en estas formas: . a) Sociedades de Personas. El elemento personal que las compone (la persona del socio) es pieza esencial, porque significa una participación en la firma social, con la consiguiente aportación
del crédito social, por la responsabilidad del patrimonio personal y por la colaboración en la gestión.11 b) Sociedades de Capitales. En las sociedades de capitales, el elemento personal se disuelve en cuanto a su necesidad concreta de aportación. El socio –elemento personal-importa a la sociedad por su aportación, sin que cuenten sus cualidades personales. La persona del socio queda relegada a un segundo término, escondida, por así decirlo, detrás de su aportación. c) Sociedades Irregulares. La irregularidad de las sociedades mercantiles puede derivar en el incumplimiento de mandato legal que exige que la constitución legal de las mismas se haga constar en escritura pública o del hecho de que, aun constando en esa forma, la escritura no haya sido debidamente inscrita en el Registro. Las sociedades mercantiles con esos defectos se conocen con el nombre de Sociedades Irregulares.
PALOMAR DE MIGUEL ob. cit., p.1263
CAPITULO II: LA TEORÍA GENERAL DEL CONTRATO
2.1 Recuento histórico de la noción del contrato.
El concepto actual de contrato, basado en la voluntad, desde un punto de vista histórico es relativamente reciente, por muchos siglos fue otras cosas, distintas a la voluntad, que es lo que los historiadores del derecho tratan de explicar. Así, por ejemplo, se ha dicho que en el contrato primitivo participaba la magia. 2.1.1 Perspectiva del contrato en el derecho griego de la antigüedad. La convención y el contrato griego, tenían como idea esencial el intercambio o trueque. Del desplazamiento de un bien de un patrimonio a otro y viceversa. El desplazamiento genera un deber de restitución o contrapartida. Si bien el acuerdo de voluntades puede tener efectos en el desplazamiento, es secundario, lo esencial del contrato para los griegos era el sinalagma, la reciprocidad de las prestaciones, independiente de si se generaba por voluntad de los sujetos u otra fuente. 2.1.2 Perspectiva del contrato en el derecho romano. Una idea fundamental de los contratos en el derecho romano clásico era Nudum pactum oblitaionem non parit, esto quiere decir que el contrato sin solemnidad no nacía, el contrato romano clásico era esencialmente formalista. La romanística contemporánea (A. D´ors) ha esclarecido el concepto romano clásico de contrato, basándose en u texto de Labeón, recogido por Ulpiano y recopilado en el digesto, en base al cual puede afirmarse que la esencia del contrato romano reside en la bilateralidad de los efectos (Ultro citroque obligari). Lo que da el ser al contrato es la existencia de obligaciones reciprocas. Por lo demás etimológicamente contractus significa lo contraído, una relación jurídica bilateral ya formada, con independencia del acto de formación o nacimiento de la misma, es decir, en Roma las obligaciones correlativas no tenían su fundamento en el consentimiento, sino que en la estructura objetiva de la relación, para que nacieran bastaba que se cumplieran las solemnidades, el consentimiento no era lo relevante. 2.1.3 El contrato en la época post clásica, la edad media y el derecho francés. La noción clásica de contrato, se cambia por consensus, voluntas, ya que aparecen con más claridad en los contratos importantes, se cambia la bilateralidad funcional por la bilateralidad genética. El consentimiento pasa a ser el elemento fundamental del contrato. Es equivocado sostener que la espiritualización del contrato se debe al cristianismo, no mentir y cumplir la palabra es un moral común, no exclusiva del cristianismo. Por otro lado, en los derechos consuetudinarios germánicos los contratos eran rigurosamente formales. Además, el renacimiento del derecho romano en la edad media aumenta la importancia del principio nudum pactum obligationem non parit. Los únicos contratos no solemnes con fuerza obligatoria eran los contratos que representan cambio (causa data), pero en ellos la prestación bastaba para obligarse, la voluntad es irrelevante. El primero en admitir en el mundo que el sólo consentimiento o el simple acuerdo de voluntades de las partes contratantes tenga fuerza obligatoria, al menos como
regla general. Fue consagrado oficialmente en el ordenamiento del Alcalá del año 1348. Por otro lado, para la escuela del derecho natural el principio de la autonomía de la voluntad es una regla de derecho natural. Domat formula el principio en el siglo XVII, principio que es recogido por el Código Civil francés. La Revolución y el Código Civil suprimen barreras políticas y económicas que se oponen al principio de la autonomía de la voluntad: el contrato es considerado como fuente de las obligaciones y los individuos son libres de celebrar contratos. El Estado y la ley aseguran la libertad contractual. De esta manera crece el papel del contrato y se convierte en el modo normal de creación de obligaciones12. 2.1.4 El contrato en los tiempos modernos. La nueva concepción del contrato como pacto desnudo o simple acuerdo de voluntades desprovisto de formas, salvo la excepción de España, tiene sus primeros antecedentes en los siglos XVI y XVII. Filosóficamente es obra de la escolástica tardía, según Villey Dun Scott y Guillermo d´ Occam proclaman la preeminencia de la voluntad, si el individuo es libre sólo lo obliga su consentimiento. Luego, los juristas de las escuela de la escuela del derecho natural por ejemplo Grocio y Pufendorf, son responsables directos del principio del consensualismo contractual solus consensus obligat. Pothier y Domat, son los principales inspiradores del Código de Napoleón, a ellos se les atribuye haber servido de puente entre los juristas representativos de la escuela del derecho natural y los Códigos del siglo XIX. El Código de Napoleón usa la palabra voluntad una vez en la formación del contrato, por ello López Santa Maria sostiene que son los comentaristas quienes introducen el consensualismo en el leguaje jurídico corriente.
La teoría de los contratos se divide en dos partes en el Código Civil: la parte general, que es la teoría general de los contratos, aplicable a todos los contratos, y la parte especial aplicable a ciertos contratos. Es de opinión de varios autores que “ésta se basa en el consensualismo y en el comportamiento de las partes”13. En cuanto a abordar el tema de las clasificaciones de los contratos encontramos que son bastante variadas y responden a las características particulares de los contratos. El Código Civil español no hace la distinción entre contratos onerosos y los contratos a título gratuito. Esta clasificación viene del derecho romano. El Código Civil reconoce también los contratos consensuales, los contratos solemnes y los contratos reales. La clasificación más importante es aquella de los contratos nominados y de los innominados. El primero, es un contrato que es el objeto de una regulación legal específica. Es el caso de los contratos de compraventa, intercambio, alquiler, depósito y mandato. Se le llaman contratos especiales. A pesar de la distinción hecha por la ley entre el contrato nominado y el contrato innominado “podemos admitir que hay contrato nominado no solamente cuando el legislador intervino explícitamente sino también, cuando en el caso de silencio, la
WEILL, Alex; TERRE, Francois. Citado por FERREYROS, GONZÁLES Y CARRASCOSA. Los contratos en la sociedad de la información. Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos. Lima, 2004. Pag FERREYROS, GONZÁLES Y CARRASCOSA. Ob. cit. Pag. 50
jurisprudencia firme regla los problemas principales que éste plantea y se encuentra sistematizado por un estudio doctrinal significativo”14. Sin embargo, hay autores que no comparten este punto de vista, puesto que esta extensión no aporta soluciones concretas al problema de la calificación del contrato y no provee criterios jurídicos sólidos a las partes y al Juez para la calificación del contrato15. Los contratos innominados no tienen un nombre en la legislación y no disponen de una regulación determinada. Tal es el caso de los contratos de hotelería, médicos, de outsourcing, de espectáculo, de contratos informáticos o bien el join venture, contrato que nos ocupa el presente trabajo. En ese sentido, los contratos innominados se sujetan a las estipulaciones previstas por las partes y además, al conjunto de normas de la teoría general de los contratos. En el caso de los contratos nominados el régimen aplicable es aquel previsto por las normas jurídicas que apuntan a este tipo específico de contrato. Sin embargo, es necesario especificar varias hipótesis: a) Pueden existir reglas imperativas no susceptibles de ser ignoradas o dejadas de lado por las partes. b) En ausencia de normas imperativas, podemos preguntarnos si ciertas reglas supletivas son convenientes o no. Las normas supletorias serán válidas en caso de ausencia de cláusulas previstas en el contrato por la voluntad de las partes.
2.3 Los contratos en el Código de Comercio
Los contratos mercantiles podemos definirlo como aquellos que nacen de las relaciones que desarrolla una empresa. Para que un contrato sea calificado como mercantil es necesaria la participación de al menos un empresario o comerciante, siendo éste el elemento subjetivo necesario. Asimismo, a los contratos mercantiles se les aplica la legislación mercantil y supletoriamente el derecho común. El Código de Comercio de 1902 contiene disposiciones generales sobre los contratos de comercio (Arts. 50º al 63º). De ese modo dicta la norma: “Los contratos mercantiles, en todo lo relativo a sus requisitos, modificaciones, excepciones, interpretación y extinción, y capacidad de los contratantes, se regirán en todo lo que no se halle expresamente establecido en este Código o en leyes especiales, por las reglas generales del derecho común16”. Al igual que la legislación general de derecho común, tenemos que en cuanto a la celebración de los contratos mercantiles, éstos se celebran con el solo consentimiento de las partes contratantes siendo aquel la declaración conjunta de la voluntad común de ambos contratantes. El contrato mercantil se celebra, de igual modo que el contrato de derecho común, cuando la aceptación es conocida por el oferente. Un caso especial es aquel contrato mercantil celebrado por correspondencia, el cual quedará perfeccionado desde que se conteste aceptando la propuesta17. El consentimiento debe ser pleno y no debe contener ningún vicio de la voluntad (error, dolo, violencia, intimidación). Por otro lado, los requisitos de validez son los siguientes: a) Contratantes capaces jurídicamente. b) Consentimiento.
MERLÍN M. Citado por FERREYROS, GONZÁLES Y CARRASCOSA. Ob cit. FERREYROS, GONZÁLES Y CARRASCOSA. Ob cit. Pag. 51 Artículo 50º del Código de Comercio de 1902. Artículo 54º del Código de Comercio
c) Objeto física y jurídicamente posible, y determinable. d) Finalidad lícita. e) Observancia de la formalidad prescrita por ley, bajo sanción de nulidad. En los contratos mercantiles existe el principio de libertad de formalidad. Las partes contratantes tienen libertad para elegir la formalidad que mejor convenga a sus intereses. La contratación mercantil se caracteriza por la celeridad del tráfico patrimonial.
CAPITULO III: CONTRATOS ASOCIATIVOS
3.1 El surgimiento de los contratos asociativos
Si bien es verdad que desde el punto de vista jurídico, tanto la libertad de contratar como la libertad de empresa, hacen posible el surgimiento de los contratos asociativos, está claro que no son su causa; en realidad estos contratos son producto de dos hechos que están íntimamente relacionados. El primero de ellos, algo que todos vivimos a diario: la revolución tecnológica, que ha hecho de la nuestra una sociedad de conocimiento, una sociedad en la que el valor diferencial es el saber. Esta revolución ha permitido la globalización, la cual late al ritmo de la revolución tecnológica: computadoras, fibra óptica y sistemas multimedias que disuelven el tiempo y el espacio, y modifican las redes de producción, servicios y consumo. Por primera vez en la historia de la humanidad disponemos de una economía global en la que se puede producir y vender todo, en todas partes, en todo momento. El segundo de ellos es la expansión del liberalismo, el capitalismo sin límites. El neoliberalismo es el pensamiento único que se expande sobre toda la superficie de la Tierra: economía libre, desregulación, privatización, son las características dentro de las cuales se mueve la economía de nuestra hora. Ha surgido así un capitalismo que tiene como principal objetivo la eficiencia. El crecimiento de la empresa fue la respuesta a estos hechos y ha sido de tal dimensión que ha superado las fronteras de sus países nacionales; hoy, las empresas exitosas no necesitan grandes recursos naturales, toman capital de bancos y bolsas en todo el mundo y pueden trasladar sus operaciones a cualquier parte del planeta. Es el capitalismo sin límites al que nos referíamos líneas arriba. En efecto, las multinacionales son los grandes actores de este proceso.
3.2 Definición de contrato asociativo
El estudio de la figura del contrato asociativo exige detenerse en diversas cuestiones concretas, con la intención de esquematizar la cuestión. Debemos meditar acerca de las características observables en este tipo de contratos, con objeto de encuadrarlos perfectamente dentro del seno de los contratos (algo que no ha sido unánimemente admitido doctrinalmente). Los contratos asociativos crean y regulan la participación e integración en negocios o empresas determinadas, en interés común de los participantes. Este tipo de contrato no genera una persona jurídica, deberá constar por escrito y no está sujeto a inscripción en el Registro. El contrato asociativo, una de cuyas modalidades es el contrato de consorcio, es aquel que crea y regula relaciones de participación e integración en negocios o empresas determinadas, en interés común de los intervinientes, según el artículo 48º de la Ley Nº 26887, Ley General de Sociedades. De la definición establecida por la citada norma, se aprecia que los contratos asociativos son aquellos en los que el interés de los asociados en participar en determinados negocios está orientado al logro de una finalidad común que es primordial para todos los contratantes. Al respecto, el tratadista peruano MANUEL DE LA PUENTE Y LAVALLE considera que, “En los contratos asociativos el interés de los contratantes de alcanzar la finalidad común es principal para todos ellos” 18 Complementando lo anterior, se tiene que en doctrina, además del fin común, se consideran otros caracteres esenciales de los contratos asociativos como, por ejemplo, el hecho de que no dan lugar a la formación de una persona jurídica distinta a los asociados, que su objeto
DE LA PUENTE Y LAVALLE, Manuel. El Contrato en General. Tomo I. Palestra Editores. Lima, 2001. Pag. 189.
es la participación o integración en negocios o empresas determinadas, entre otros
3.3 Naturaleza y caracteres del contrato asociativo
Como en todo contrato, nos encontraremos con la necesidad, para que se perfeccione, de la existencia de consentimientos válidamente emitidos por las partes contratantes, la determinación de objeto válido, y la existencia de causa verdadera y lícita. Además, en todo contrato, a la hora de la ejecución, las partes deben colaborar para que dicho contrato pueda satisfacer sus pretensiones e intereses, aunque sea un contrato en el que las partes tengan intereses divergentes, por lo que no debe identificarse dicha colaboración con la comunidad de fin propia de los contratos asociativos. Por ejemplo, en un contrato de compraventa, el acordar reunirse en un momento determinado y en un sitio concreto para entregar la cosa a cambio del precio, y el esfuerzo que realiza cada parte por cumplir dicha labor es colaborar entre dichas partes para lograr el adecuado desarrollo del contrato, pero también es realmente, ejecutar el contrato conforme a los dictados no sólo de la autonomía de la voluntad, sino de los elementos necesarios del contrato, mientras que la actividad desarrollada por una sociedad mercantil, caso claro de persona jurídica surgida de un contrato plurilateral asociativo, conlleva que todas las partes desarrollen la labor que hayan pactado adecuadamente, con el objeto de, llegado el momento, repartir las ganancias obtenidas conforme se haya pactado. De entrada, por lo tanto, se deberá definir adecuadamente la diferencia existente entre la llamada "comunidad de fin" y la habitual colaboración entre las partes necesaria en todo contrato, con el objetivo de que se desarrolle adecuadamente para las partes. En este sentido, el concepto de "comunidad de fin", es la necesidad de que las partes no deban únicamente colaborar entre ellas para el adecuado desarrollo del contrato, algo que realmente ocurre en todo contrato, sino que, realmente, existe una finalidad distinta del lucro individual de las partes en dicho contrato, finalidad posible, lícita y determinada que implica llevar a cabo una auténtica actividad común de modo instrumental, con el objetivo de que, de modo inmediato, se obtenga el mayor rendimiento común posible o se realice la actividad que se debía realizar, y así, mediatamente, los intereses particulares de las partes se vean satisfechos. Realmente, comunidad de fin no significa coincidencia de intereses: implica que los intereses personales de cada parte, usualmente divergentes, se satisfarán mediante el cumplimiento de un fin común a todos ellos, previo, que conlleva que las partes pretendan todas obtener ese objetivo, con lo que, por decirlo de alguna manera, "aplazarán" sus posibles divergencias y llevarán a cabo la actividad a desarrollar con total y absoluta colaboración, dado que éste es el primer y necesario paso para satisfacer en su momento sus intereses privados, y la divergencia entre ellos se plasmará a la hora de satisfacerlos. Por ello, estimamos incorrecto el razonamiento de alguna que otra Sentencia de nuestros tribunales, que alude a que la oposición de intereses propia de los contratos conmutativos es sustituida por convergencia de intereses aquíx: no se sustituye, sino que se complementa. Esta estructura citada aquí no debe conducirnos a negar la naturaleza contractual del contrato asociativo (como se realizó por aquellos que no entendían el contrato con la falta del conflicto de intereses omnipresente), sino a percibir su peculiaridad con respecto a los contratos de cambio: en éstos el interés personal de cada parte se satisface de modo directo mediante la contraprestación de la otra parte o conforme al modo descrito en el contrato, sin que sea necesaria actividad común previa de ningún tipo, mientras que en los contratos asociativos los intereses de
ELIAS LAROZA, Enrique. Derecho Societario Peruano. Tomo III. Editora Normas Legales S.A. Trujillo, 1999.
cada parte se cumplen, precisamente, mediante la realización plena de esa actividad común previa citada. Lo más frecuente que al perfeccionarse un contrato existan, de entrada, dos partes únicamente, y entre dichas partes, intereses si no necesariamente contrapuestos, sí al menos divergentes. Por ejemplo, en un contrato de compraventa, el vendedor entrega una cosa y su interés está en entregar la cosa a cambio del precio más elevado posible, mientras que el interés del comprador está en obtener la cosa al precio más reducido posible. En este ejemplo, así como en otros, caracterizados por una estructura bilateral (se observan únicamente dos partes), parece fácil comprobar esa existencia de intereses totalmente divergentes (caso de arrendamientos, transacciones, fianzas, etc.), sin perjuicio de que en todo caso el buen fin del contrato exija una actividad colaboradora de las partes. Cuestión a determinar también será la del número de partes intervinientes, debido a que puede ser bastante variable. El número de intervinientes puede ser únicamente dos, o bien ser más de dos, dependiendo de la situación. Pero no será el dato fundamental a tener en cuenta a la hora de calificar un contrato como asociativo, sin perjuicio de que sea un tema relevante a la hora de realizar clasificaciones. El contrato asociativo, caracterizado porque el objetivo de las partes se consigue por medio de la realización de una finalidad común previa, puede estar compuesto por dos o por más de dos partes, sin que ello influya en su naturaleza como contrato asociativo. Por consiguiente, la estructura del contrato asociativo es la siguiente: nos encontramos ante un contrato en el que interviene un número concreto de partes (dos o más de dos, según cada caso), y en el que, como en todo contrato, cada una de dichas partes pretende satisfacer un interés particular muy concreto y determinado (que es el que le induce a celebrar el contrato), a cambio generalmente de algún tipo de contraprestación por su parte, como ocurre en todo contrato. Sin embargo, la peculiaridad del contrato asociativo reside en el modo de satisfacer dicho interés personal: la satisfacción del mismo se va a obtener mediante la realización de una actividad común a las partes, y que conlleva que, externa e internamente, todas las partes colaboren en la realización de dicha actividad, de modo no sólo más pronunciado a la habitual colaboración que debe existir en todo contrato para que se satisfagan plenamente los intereses de cada parte, sino de modo realmente diferente, como hemos visto. En vista de dicha estructura, se puede incluso aludir a una pretendida función instrumental de estos contratos, pues su función no suele terminar cuando se ejecutan las obligaciones por las partes (como ocurre en los contratos con dos partes), sino que la ejecución de las obligaciones que corresponden a las partes constituye la premisa para el adecuado desarrollo de la actividad posterior, cuya realización constituye, según la opinión de ASCARELLI, la finalidad del contrato (pues señala que al constituir una sociedad, las partes pretenden organizarse para la realización de una actividad posterior que constituye el fin de la sociedad). Por otro lado, debemos dejar bastante claras las diferencias entre contrato plurilateral y contrato asociativo, sobre todo teniendo en cuenta que, de modo claro, conciso y sin ningún género de dudas, nadie ha ofrecido diche diferenciación. En ese sentido, es básico saber que un contrato será plurilateral o no dependiendo únicamente del número de partes que sea susceptible de admitir en su seno (dos o más, en el caso del contrato plurilateral, o exclusivamente dos, en el caso del contrato con dos partes), mientras que el contrato será asociativo o de cambio según que exista finalidad común a las partes como paso previo para satisfacer los intereses privados de las partes o no.
3.4 Clases de contratos asociativos
Dato de especial relevancia es el de las clases de contratos asociativos. En este punto, nos parece interesante aludir a los contratos asociativos con dos partes y a los contratos asociativos que pueden admitir más de dos partes, esto es, contratos asociativos plurilaterales. Por ejemplo, en Italia es muy estudiado el llamado "contrato agrario", contrato asociativo en el que únicamente participan dos partes. Sin embargo, el acto constitutivo de una sociedad será un contrato asociativo plurilateral, y ello con independencia del número de concurrentes. Por otra parte, debemos mencionar la situación de aquellos contratos asociativos que, además, sean contratos abiertos, algo que no ocurrirá en todo caso, habrá que estar al caso concreto para determinar si el contrato es abierto o no lo es. Como ya repasamos en el caso de los contratos plurilaterales, un contrato será abierto en el caso de que en él exista una oferta de adhesión a nuevas partes conforme a lo que se determine expresamente, el acto constitutivo determinará generalmente el procedimiento a seguir, y habrá que atender al caso por caso, sin generalizar, para valorar el grado de "apertura" de cada contrato. Pero esa apertura conllevará la posibilidad de que las partes contratantes cambien en algún momento, dejando unas de ser partes y pasando otras a serlo. Por ejemplo, el acto constitutivo de una sociedad, como tal, es un contrato cerrado, mientras que el estatuto de la sociedad es un contrato abierto, pues las nuevas partes deben adherirse al mismo. También nos parece relevante distinguir, como ocurría en el caso del contrato plurilateral, entre contratos asociativos de los que surge una persona jurídica, y contratos asociativos de los que no nace persona jurídica alguna. Como en el otro caso, si nace una persona jurídica pueden existir situaciones poco acordes con un régimen contractual, "principio de la puerta abierta", aplicación de estatutos a personas que no pactaron su aprobación, o modificaciones de estatutos aprobadas por personas que no fueron parte inicialmente, pero es consecuencia de la peculiar situación existente. El derecho peruano regula sólo dos contratos asociativos como son: a) La Asociación en participación. b) La Asociación de consorcio. Sin embargo, también existe el joint venture y es necesario precisar que para algunos autores en el estado peruano se regula este con el nombre de consorcio, es decir, precisan que no se ha tenido el debido cuidado al momento de legislar.
3.5 Los contratos asociativos en la nueva Ley general de sociedades
Consideramos que el solo hecho de haber incluido en nuestra ley societaria este tipo de contratos es ya un avance, pues, reconoce jurídicamente contratos de enorme importancia en el Derecho Mercantil, que otras legislaciones modernas ya han disciplinado. Sin embargo, creemos que nuestros legisladores han sido austeros, pues sólo le han dedicado dos artículos a la parte general de estos contratos. En efecto, el Libro Quinto que se ocupa de los contratos asociativos se divide en tres partes: la primera compuesta por los artículos 438º y 439º; trata de los aspectos generales de los contratos asociativos; la segunda del artículo 440º al 444º norma el contrato de asociación en participación y por último se legisla sobre el contrato de consorcio del artículo 445º al 448º.
Quedan de esta manera tipificados en nuestra legislación los contratos de asociación en participación y de consorcio; no obstante, al amparo de los dos primeros artículos de esta parte de la ley, estos no son los únicos contratos asociativos, quedando abierta la posibilidad de que se celebren otros, con las características allí anotadas. Vamos a ocuparnos, aunque de modo sumario, tanto del artículo 438º como del 439º de la Ley. El primero de ellos es en realidad una definición legal, pues indica que se considera contrato asociativo a aquel que crea y regula relaciones de participación e integración en negocios o empresas, en intereses comunes de los intervinientes. Se trata de una definición bastante genérica, comprensiva de diversas figuras contractuales que podrían involucrar a numerosos contratos como: la concesión, la franquicia, la agencia e incluso el outsourcing, entre otros. Pero el texto de este artículo no se agota aquí, sino que se ocupa de mencionar algunas características y requisitos que han de tener estos contratos; así los contratos asociativos no generan una persona jurídica, es decir, no se crea un ente jurídico distinto de los asociados; además el contrato deberá constar por escrito, estableciéndose de este modo una formalidad. Cabe preguntarse con relación a este punto si se aplica el art. 144º del Código Civil, que establece que cuando la ley impone una forma y no sanciona con nulidad su inobservancia, constituye sólo un medio de prueba de la existencia del acto. Como se advierte, el legislador no ha sancionado con nulidad el incumplimiento de esta formalidad por lo que habrá de interpretarse que sólo se trata de un mecanismo de prueba, no siendo por lo tanto un requisito fundamental para su existencia. Por último, indica el mencionado artículo que estos contratos no están sujetos a inscripción en el registro; igual precepto sancionaba la ley anterior refiriéndose al contrato de asociación en participación que ahora es un tipo de este género contractual. Cabe señalar; que los recursos destinados a los contratos mencionados anteriormente serán considerados como inversión extranjera directa cuando se otorgue al inversionista extranjero una forma de participación en la capacidad de producción, sin que ello suponga aporte de capital y que corresponda a operaciones comerciales de carácter contractual a través de las cuales el inversionista extranjero provee bienes o servicios a la empresa receptora a cambio de una participación en volumen de producción física, en el monto global de las ventas o en las utilidades netas de la referida empresa receptora.
3.6 Contrato de Asociación en participación
Vamos abordar ahora uno de los contratos asociativos regulado por la Ley General de Sociedades, el de asociación en participación, conocido también como asociación de cuentas en participación, sociedad tácita, sociedad accidental, sociedad secreta o contrato de participación; es ésta una antigua figura que se encuentra mayoritariamente normada en las distintas legislaciones mercantiles del mundo y que ya tiene una larga tradición mercantil. El art. 440º ha sancionado una definición legal de este contrato. Así se dice “Es el contrato por el cual una persona, denominada asociante concede a otra u otras personas denominadas asociados, una participación en el resultado o en las utilidades de uno o de varios negocios o empresas del asociante, a cambio de determinadas contribuciones”. Cabe detenerse en esta definición, sobre todo en dos aspectos de ella; el primero, la expresión participación en los resultados o en las utilidades. Cuando el legislador se refiere a los resultados o utilidades, se está refiriendo en realidad
indirectamente también a las pérdidas, es decir a los resultados adversos de la empresa o negocio del cual participa. De ahí que se diga que este es un contrato aleatorio. En efecto, ordinariamente el asociado participa en el riesgo. Sin embargo, el legislador nacional habría introducido una excepción a esta regla como veremos más adelante. El otro aspecto tiene que ver con otra excepción; la referida a que el asociante podría otorgar una participación al asociado sin mediar aporte alguno, alternativa que a nuestro juicio resulta muy discutible de sostener sin distorsionar la esencia de este tipo contractual. En efecto, el fundamento económico de este contrato se halla en que de un lado constituye una fuente de financiamiento para el asociante, sin la obligación jurídica de reintegrarse en caso de pérdida; y del otro, en el caso del asociado, una modalidad de inversión con frecuencia más rentable que otras modalidades, pero con un riesgo, pues la rentabilidad está a resultas de las utilidades. El art. 441º se ocupa de dichas características de este contrato. a) La asociación en participación no tiene razón social ni denominación. b) El asociante actúa en nombre propio, la gestión del negocio de la empresa corresponde única y exclusivamente al asociante, no existiendo relación jurídica entre los terceros y los asociados. c) Pueden establecerse formas de fiscalización o control para ser ejercidos por los asociados sólo en los negocios o empresas del asociante que son objeto del contrato. d) Los asociados tienen derecho a la rendición de cuentas al término del negocio y al término del ejercicio. e) Sin embargo, hay otras características sancionadas por la doctrina y la jurisprudencia que la ley no ha recogido pero habrá de entenderse que forman parte de la entidad de este contrato: f) La asociación en participación no genera un patrimonio autónomo; g) La aportación del asociado necesariamente habrá de ser destinada al negocio o negocios de cuyos resultados participará aquél; h) Ordinariamente las aportaciones entregadas por el asociado pasan a integrar el patrimonio del asociante; no obstante puede estipularse lo contrario en el contrato de asociación. Es el caso cuando el asociado aporta un bien en uso y no en propiedad. Asimismo, de ordinario, el asociante asume una obligación negativa consistente en no atribuir participación en el mismo negocio o empresa a otras personas. Sin embargo, las partes pueden pactar lo contrario. De otro lado, hay que puntualizar que a menudo este contrato es intuito personae, de ahí que el asociante deba de encargarse directamente del negocio o empresa que dio origen a él. Esta es la razón por la que en la mayor parte de las veces el contrato se extingue por la muerte, incapacidad o quiebra del asociante. Por otra parte, en relación con el objeto del contrato, como todo contrato, el de asociación en participación crea una relación jurídica obligacional. El asociado contrae dos obligaciones fundamentales: una positiva (verificar su aportación) y otra negativa (no inmiscuirse directamente en la gestión del negocio). En cuanto a su aportación, debe realizarla fielmente a lo pactado, bien consista en la entrega
de capital o en cualquier otro elemento patrimonial. Debemos añadir que puede ser también obligación del asociado el no celebrar este mismo tipo de contrato con la competencia del asociante por obvias razones. Más compleja es la situación jurídica del asociante, pieza clave del contrato, precisamente por ser el encargado de realizar el acto o la actividad en atención a la cual nació este contrato. La primera obligación del asociante es destinar, la participación recibida al objeto pactado, sin que le sea lícito desviarla de él ni apropiársela para otros fines. Por cierto no es la única, también debe gestionar el negocio personalmente, con diligencia y buena fe, rendir cuentas y entregar su participación a los partícipes o asociados. El Art. 442º de la Ley General de Sociedades establece una limitación al asociante consistente en que éste “no puede atribuir participación en el mismo negocio o empresa a otras personas sin el conocimiento expreso de los asociados”. Sin embargo, creemos que no es la única, debió también considerarse que el gestor no puede transformar por su sola voluntad el objeto de la empresa. La razón es clara, el asociado ha invertido en un tipo de negocio y no en otro, cambiarlo supondría involucrarlo en una empresa o negocio que no quiso. Del mismo modo debe establecerse como causal de resolución que el gestor enajene su empresa sin consentimiento del partícipe, porque esta enajenación hace imposible la subsistencia del contrato al faltarle su base económica. También le está prohibido al asociante, detraer elementos de la explotación de su empresa para llevarlos a otra, aunque estos elementos no sean los aportados por el partícipe (en caso de que la aportación de éste no sea dineraria), haciendo peligrar el negocio. De igual modo, el asociante no puede establecer otra empresa de objeto similar, siempre que el establecimiento de la nueva empresa tenga como consecuencia la desaparición o disminución de la productividad de la empresa objeto del contrato de asociación en participación. Adicionalmente el gestor o asociante no puede, de ser el caso, fusionar su empresa con otra, siempre que al tiempo de celebrar el contrato de asociación en participación el asociado haya desconocido esta eventualidad, pues de hacerse no podría subsistir el contrato por las mismas razones de los casos anteriores. En lo relativo a que el asociado participe en las utilidades sin participar en las pérdidas, consideramos que el asunto aunque menos controversial no deja de ser discutible; pues en este caso el asociante no sería un inversionista, sino una especie de mutuatario, pues la figura diseñada así se acercaría más al contrato de mutuo, ya que al no participar el asociado en las pérdidas el asociante tendría la obligación de devolver el aporte hecho por aquél. Las causas por las cuales podría concluir este contrato son: a) Acuerdo de las partes que desean ponerle fin b) Por solicitud de conclusión por cualquiera de las partes cuando fuere por tiempo indeterminado. c) Por imposibilidad o conclusión del negocio o empresa por cuyo objeto se celebró el contrato. d) Por muerte, quiebra, interdicción, ausencia o inhabilitación del asociante. e) Por incumplimiento de las prestaciones por cualquiera de las partes.
En relación con este punto cuando el contrato se resuelve antes de cumplir el tiempo previsto, ha de practicarse una cuenta final para determinar la participación en los resultados y el reembolso de aportes que corresponda; sin perjuicio de la indemnización que, cuando sea el caso, puede reclamar la parte no culpable.
3.7 Contrato de consorcio
En nuestra normativa, los contratos asociativos se encuentran clasificados como contratos de consorcio y de asociación en participación, los mismos que son regulados de manera amplia en la Ley General de Sociedades. 20 Interesa para efecto de nuestro análisis, indicar que el artículo 445º de la Ley General de Sociedades define al consorcio como el contrato asociativo en virtud del cual dos o más personas se asocian para participar en forma activa y directa en un determinado negocio o empresa, con el propósito de obtener un beneficio económico, pero manteniendo cada una su propia autonomía, correspondiéndole a cada miembro realizar las actividades propias del consorcio que se le encargue y aquellas a las que se ha comprometido21; vinculándose individualmente con terceros en el desempeño de la actividad asignada dentro del consorcio, adquiriendo derechos y asumiendo obligaciones y responsabilidades de manera solidaria cuando el consorcio contrate con terceros siempre que así se pacte en el contrato o la ley lo establezca.22 Adicionalmente, cabe indicar, que en este tipo de contrato, los bienes que los miembros del consorcio afecten al cumplimiento de la actividad a la que se han comprometido siguen siendo de propiedad exclusiva de éstos, es decir que, a diferencia de lo establecido en el contrato de asociación en participación, no se presume que la propiedad de los bienes aportados corresponda al asociante. Considerando las definiciones contenidas en la norma societaria, se determina que los caracteres esenciales del contrato de consorcio son los siguientes: a) Es un contrato asociativo, nominado y típico b) Regula relacione de participación o integración en uno o más negocios o empresas que emprenden, en conjunto, los consorciados, en interés común de todos ellos. c) No está sujeto a otra formalidad que la de constar por escrito. d) No origina la creación de otra persona jurídica. e) Todos los consorciados participan de manera activa y directa en las actividades materia del consorcio, manteniendo su autonomía. Por otro lado, el Texto Único Ordenado de la Ley de Contrataciones y Adquisiciones del Estado, aprobado mediante Decreto Supremo Nº 012-2001PCM, define al consorcio como, “el contrato asociativo por el cual dos (2) o más personas se asocian, con el criterio de complementariedad de recursos, capacidades y aptitudes, para participar en un proceso de selección y contratar con el Estado.”23, Las mismas que deben responder de manera solidaria por todas las consecuencias derivadas de su participación individual o en conjunto dentro del
Libro Quinto de la Ley Nº 26887 – Ley General de Sociedades, Contratos Asociativos, artículos 440º al 448º Segundo párrafo del artículo 445º de la Ley General de Sociedades. Artículo 447º de la Ley General de Sociedades. Artículo 2, del Reglamento de la Ley de Contrataciones y Adquisiciones del Estado, aprobado por el Decreto
Supremo Nº 013-2001-PCM .
consorcio en los procesos de selección y en la participación del contrato derivado de éste.
3.8Join Venture
Pese a que nuestra Legislación no lo regula haremos un alance sobre este contrato. Es pertinente señalar que este tipo de contratos son los llamados contratos atípicos, como señala MIRANDA CANALES24 que son los que carecen de ubicación en el ordenamiento jurídico sustantivo, debido a que las relaciones económicas del hombre, intensas y variadas, crean situaciones jurídicas no previstas por el legislador. En primer término podemos decir, en palabras de BARBIERI, que el Join Venture “es una combinación de esfuerzos entre dos o mas agentes económicos con el objeto de desarrollar un proyecto respectivo de naturaleza comercial; se configura un acuerdo de voluntades en el que se estipulan las funciones que cumplirá cada uno de los sujetos componentes, los riesgos que se asumen y la forma en que se soportan, el modo en que se distribuyen los beneficios y las cuestiones sobre la responsabilidad por los daños que causen a terceros.”25 También es definido como la sociedad en participación, sociedad temporal, asociación de empresas, asociación temporal de empresas, unión temporal de empresas26. Se le conoce además a este contrato como de “Riesgo compartido”, y tiene como característica que dos o más personas naturales o jurídicas, celebran este contrato con el objeto de realizar una actividad económica específica, es decir realizar un negocio en conjunto, asumir el riesgo respectivo en común y disfrutar de sus beneficios, por un tiempo determinado, sin la necesidad de constituir una sociedad o persona jurídica. La esencia de este contrato es el objetivo común de las partes, donde la acción es determinada por dos o más emprendedores sin el ánimo de formar una sociedad. El contrato de riesgo compartido es un instrumento contractual que responde a la necesidad de movilizar capitales en busca de alta rentabilidad y correlativa reducción de riesgo, en el que las partes se juntan con un criterio de coparticipación que asume las más diferentes formas y matices. Las partes aportan para lograr el objeto del contrato activos tangibles o intangibles que deberán ser explotados únicamente en miras al fin específico propuesto. Estos contratos se perfeccionan con el consentimiento de las partes en basa a la buena fe contractual, y podrán elevarse a escritura pública e inscribirse en los Registros Públicos, cuando las partes hayan acordado constituir una sociedad especial para este fin. La ventaja que se reconoce a estos contratos es de ser utilizado para una cantidad ilimitada de proyectos e inversiones, en las distintas áreas de la minería, hidrocarburos, pesquería, navegación, industrias y empresas comerciales en general.
MIRANDA CANALES Manual de Contratos Lima Ediciones Legales. 1999. P. 53 BARBIERI Pablo C. Contratos de Empresa. Editorial Universidad. Buenos Aires, 1998. ARRUBLA Paucar, Juan A. Contratos Mercantiles, Bogota. Biblioteca Jurídica Dike.1992. P. .82
CAPITULO IV: MODELOS DE CONTRATOS ASOCIATIVOS27
4.1 Contrato de Asociación en participación.
CONTRATO DE ASOCIACIÓN EN PARTICIPACIÓN Conste por el presente documento(1) el contrato de asociación en participación(2), que celebran de una parte AAA, identificada con R.U.C. N° ......................, inscrita en la partida electrónica N° ........ del Registro de Personas Jurídicas de .............., con domicilio en ........................., debidamente representada por su gerente general don ......................, identificado con D.N.I. N° ...................., con poderes inscritos en el asiento .............. de la referida partida electrónica, a quien en lo sucesivo se denominará EL ASOCIANTE; y, de otra parte BBB, identificada con D.N.I. N° ................, con domicilio en .............................., a quien en lo sucesivo se denominará EL ASOCIADO; en los términos contenidos en las cláusulas siguientes: ANTECEDENTES PRIMERA.- EL ASOCIANTE es una persona jurídica de derecho privado constituida bajo el régimen de la sociedad anónima, cuyo objeto social principal es dedicarse a la fabricación del PISCO MAJES. SEGUNDA.- EL ASOCIADO es una persona natural que, en calidad de inversionista, manifiesta por el presente acto su voluntad expresa de participar en el negocio de EL ASOCIANTE en los términos a que se contrae este documento. OBJETO DEL CONTRATO CUARTA.- Por el presente contrato, las partes acuerdan participar en el negocio descrito en la cláusula siguiente bajo la modalidad de asociación en participación. En consecuencia, EL ASOCIADO se obliga a transferir como capital del negocio la suma de US$ 10 000,00 en dinero en efectivo en favor de EL ASOCIANTE. QUINTA.- Por su parte, en contraprestación, EL ASOCIANTE se obliga a retribuir a EL ASOCIADO con el 50% de las utilidades netas en la forma y oportunidad convenidas. SEXTA.- El negocio a desarrollarse por la asociación en participación consiste en la fabricación y comercialización de 500 CAJAS de Pisco MAJES, de 500cc., para la campaña de Navidad y Año Nuevo 2007. CARACTERES Y DURACIÓN DEL CONTRATO SETIMA.- El presente contrato de asociación en participación es de duración determinada. En ese sentido, el período de duración del presente contrato es de 6 meses contados a partir del primero de agosto de 2006 hasta el 31 de enero del 2007. OCTAVA.- En armonía con lo establecido por los artículos 438 y 441 de la Ley General de Sociedades, las partes dejan constancia de que el presente contrato de asociación en participación no genera la creación de una persona jurídica y tampoco tiene razón social ni denominación alguna. En consecuencia, EL ASOCIANTE actuará en nombre propio en las relaciones comerciales que se originen a propósito del presente contrato. NOVENA.- Queda expresamente convenido que EL ASOCIANTE devolverá los US$ 10 000,00 AL ASOCIADO a la terminación del plazo de vigencia del contrato.
Modelos obtenidos en el Portal Web de la Notaría Rodríguez Velarde http://www.rodriguezvelarde.com.pe/mod_contratos.htm
RÉGIMEN DE UTILIDADES Y PÉRDIDAS DECIMA.- Las partes acuerdan que la participación de ambas, tanto en las utilidades como en las pérdidas que arroje el negocio, será en forma proporcional, correspondiéndole a cada uno el 50% por ambos conceptos. El pago de la retribución anteriormente referida, deberá hacerse íntegramente en dinero y en un plazo no mayor de 8 días hábiles de aprobado el balance general de cierre de ejercicio del negocio. OBLIGACIONES Y FACULTADES DE LAS PARTES DÉCIMO PRIMERA.- Las partes declaran expresamente que corresponde a EL ASOCIANTE la gestión, administración y realización del negocio materia del presente contrato. En tal sentido, EL ASOCIANTE deberá proceder con la diligencia, prudencia, buena fe y lealtad de un ordenado comerciante. DÉCIMO SEGUNDA.- Asimismo, las partes declaran expresamente que corresponderá a EL ASOCIANTE cualquier vinculación económica que en el desarrollo del negocio se acuerde con terceros, para lo cual EL ASOCIANTE actuará en nombre propio al celebrar contratos, al asumir obligaciones o al adquirir créditos. En consecuencia, queda convenido que no existirá relación jurídica alguna entre los terceros y EL ASOCIADO; y, asimismo, los terceros no adquirirán derechos ni asumirán obligaciones frente a EL ASOCIADO ni éste ante aquéllos. DÉCIMO TERCERA.- EL ASOCIANTE está obligado a informar periódicamente a EL ASOCIADO acerca de la marcha del negocio materia del presente contrato y a rendir cuentas sobre el mismo. DÉCIMO CUARTA.- EL ASOCIADO tendrá la facultad de fiscalización y control de los actos de EL ASOCIANTE. En consecuencia, EL ASOCIADO tendrá derecho a exigir se le muestren los estados financieros, cuentas, libros contables y demás documentos que permitan conocer el estado real del desenvolvimiento económico del negocio. DÉCIMO QUINTA.- Las partes convienen que EL ASOCIANTE, sin contar con el previo consentimiento por escrito de EL ASOCIADO, no podrá atribuir a otras empresas o personas alguna participación en el presente contrato. DÉCIMO SEXTA.- Asimismo, EL ASOCIANTE se obliga, dentro del período de duración del presente contrato, a no realizar en forma individual o a través de terceros actividad empresarial idéntica o similar de la que es materia del presente contrato. DÉCIMO SÉTIMA.- Igualmente, dentro del plazo de duración del contrato, EL ASOCIANTE se obliga a no fusionarse, transformarse, escindirse o llevar a cabo otra forma de reorganización societaria. CONTABILIDAD Y TRIBUTACIÓN DÉCIMO OCTAVA.- Ambas partes convienen que, para efectos tributarios, el presente contrato deberá tener contabilidad independiente. En consecuencia, EL ASOCIANTE deberá contratar en un plazo no mayor a 30 días de suscrito el presente documento, los servicios de un contador público colegiado a fin de que lleve la contabilidad del negocio. DÉCIMO NOVENA.- Las partes convienen expresamente que los gastos que demanden lo previsto en la cláusula anterior y otros que se efectúen en el decurso del negocio, serán asumidos únicamente por EL ASOCIANTE. CLÁUSULA RESOLUTORIA EXPRESA
VIGÉSIMA.- El incumplimiento de lo previsto en el presente contrato, constituirá causal de resolución del presente contrato, al amparo del artículo 1430 del Código Civil. En consecuencia, la resolución se producirá de pleno derecho cuando EL ASOCIADO comunique, por carta notarial, a EL ASOCIANTE que quiere valerse de esta cláusula. APLICACIÓN SUPLETORIA DE LA LEY VIGÉSIMO PRIMERA.- En todo lo no previsto por las partes en el presente contrato, ambas se someten a lo establecido por las normas de la Ley General de Sociedades, el Código Civil y demás del sistema jurídico que resulten aplicables. COMPETENCIA ARBITRAL VIGÉSIMO SEGUNDA.- Las controversias que pudieran suscitarse en torno al presente contrato, serán sometidas a arbitraje, mediante un Tribunal Arbitral integrado por tres expertos en la materia, uno de ellos designado por las partes, y entre los dos elegirán a un tercero quien lo presidirá. Si en el plazo de 90 días de producida la controversia, no se acuerda el nombramiento del presidente del Tribunal Arbitral, éste deberá ser designado por el Centro de Arbitraje Nacional y Extranjero de la Cámara de Comercio de Arequipa, cuyas reglas serán aplicables al arbitraje. El laudo del Tribunal Arbitral será definitivo e inapelable, así como de obligatorio cumplimiento y ejecución para las partes y, en su caso, para la sociedad. En señal de conformidad las partes suscriben este documento en la ciudad de Arequipa, a los 20 días del mes de setiembre del 2006.
Conste por el presente documento(1) el contrato de consorcio(2), que celebran de una parte AAA, identificada con R.U.C. N° ....................., inscrita en la partida electrónica N° ........ del Registro de Personas Jurídicas de .............., con domicilio en ............................, debidamente representada por su gerente general don ..........................., identificado con D.N.I. N° ........................, con poderes inscritos en el asiento ..... de la referida partida electrónica; de otra parte BBB, identificada con R.U.C. N° .................., inscrita en la partida electrónica N° ... del Registro de Personas Jurídicas de .............., con domicilio en ................................., debidamente representada por su gerente general don .................................., identificado con D.N.I. N° ........................, con poderes inscritos en el asiento ...... de la referida partida electrónica; y, de otra parte CCC, identificada con R.U.C. N° ..................., inscrita en la partida electrónica N° ... del Registro de Personas Jurídicas de .............., con domicilio en ................................, debidamente representada por su gerente general don ..............................., identificado con D.N.I. N° ........................, con poderes inscritos en el asiento ..... de la referida partida electrónica; a quienes en lo sucesivo se les denominará LOS CONSORCIADOS; en los términos contenidos en las cláusulas siguientes: ANTECEDENTES PRIMERA.- LOS CONSORCIADOS son personas jurídicas de derecho privado constituidas bajo el régimen de la sociedad anónima, las mismas que tienen por objeto social dedicarse a actividades comerciales vinculadas al turismo. OBJETO DEL CONTRATO SEGUNDA.- Por el presente contrato, las partes acuerdan participar en consorcio en el negocio descrito en la cláusula siguiente. En consecuencia, LOS CONSORCIADOS se obligan mutuamente a participar en forma activa y directa en dicho negocio, conforme a lo estipulado en el presente documento, con el propósito de obtener el beneficio económico común descrito en el presente contrato. TERCERA.- El negocio ha desarrollarse por el consorcio consiste en atender un paquete turístico, compuesto de 43 turistas norteamericanos, que visitarán la ciudad de Arequipa en el mes de agosto del presente año, por un lapso de 10 días. CARACTERES Y DURACIÓN DEL CONTRATO CUARTA.- El presente contrato de consorcio es de duración determinada. En ese sentido, el período de duración del presente contrato es 45 días contados a partir del 15 de julio al 31 de agosto del presente año. QUINTA.- En armonía con lo establecido por el artículo 445 de la Ley General de Sociedades, LOS CONSORCIADOS dejan constancia de que el presente contrato no genera la creación de una persona jurídica y tampoco tiene razón social ni denominación alguna. En consecuencia, las partes mantendrán su propia autonomía, realizando cada una de ellas las actividades del negocio que se comprometan a realizar en este documento y las que le sean encargadas por posterior acuerdo de los contratantes. CONTRIBUCIONES DE LAS PARTES SEXTA.- Cada CONSORCIADO, a efectos de realizar el tramo del negocio que se le encomienda se obliga a hacer uso de su infraestructura empresarial, su personal y demás elementos de producción. SÉTIMA.- Queda establecido que LOS CONSORCIADOS asumirán directamente sus costos de producción conforme a los requerimientos del negocio y dispondrán del personal necesario, y
de los equipos, vehículos y enseres que fueran necesarios, para cumplir eficientemente el servicio. ORGANIZACIÓN INTERNA DEL CONTRATO OCTAVA.- No obstante lo señalado en la cláusula quinta, a efectos del desarrollo normal de las actividades propias del contrato, y solamente para efectos internos entre LOS CONSORCIADOS, éstas acuerdan que la empresa AAA asumirá el cargo de gerente del negocio, asumiendo las funciones de convocatoria y dirección de las juntas descritas en la cláusula siguiente. NOVENA.- A efectos de la toma de decisiones en el seno del negocio, el gerente, de oficio o a solicitud de una de las partes, deberá convocar a junta, debiendo notificar a cada uno de LOS CONSORCIADOS por escrito en sus respectivos domicilios, con una anticipación no menor a 3 días, la realización de ésta. En dicha comunicación deberá indicarse el lugar, fecha y hora de celebración de la junta. DÉCIMA.- Las juntas del negocio, convocadas conforme a la cláusula anterior, constituirán el máximo órgano de decisión del contrato. En las juntas, cada CONSORCIADO tendrá derecho a voz y a voto, correspondiéndole a cada CONSORCIADO un voto. Las decisiones se adoptarán por mayoría simple de votos. RÉGIMEN DE UTILIDADES Y PÉRDIDAS DÉCIMO PRIMERA.- LOS CONSORCIADOS acuerdan que cada turista pagará por el paquete la suma de US$ 1 000,00, que comprenderá los siguientes servicios: 1.- Recepción en el Aeropuerto Rodríguez Ballón y traslado al Hotel. 2.- Hotel: habitaciones dobles por 10 días (9 noches). 3.- 10 días de alimentación (desayuno, almuerzo y comida). 4.- Viaje al Colca con hospedaje y alimentación por dos días. 5.- City Tour. 6.- Traslado al aeropuerto Rodríguez Ballón. DÉCIMO SEGUNDA.- Se acuerda que cada una de las empresas le corresponderá el 33.3% de los paquetes turísticos vendidos. OBLIGACIONES Y FACULTADES DE LAS PARTES DÉCIMO TERCERA.- Las partes declaran expresamente que corresponde a cada CONSORCIADO la gestión, administración y realización del negocio materia del presente contrato, por lo que deberán proceder con la diligencia, prudencia, buena fe y lealtad de un ordenado comerciante. En ese sentido, corresponderá a EL CONSORCIADO AAA la movilidad para todos los traslados, incluyendo el viaje al Colca y los gastos de hotel y alimentación en dicha ciudad. EL CONSORCIADO BBB le corresponderá la obligación del hospedaje, en habitaciones dobles. EL CONSORCIADO CCC le corresponderá la atención de los alimentos, que comprende 10 días con desayunos Continental, almuerzos y cenas. DÉCIMO CUARTA.- Asimismo, LOS CONSORCIADOS declaran expresamente que, en el desarrollo del negocio, corresponderá a cada una de ellas vincularse económicamente con terceros, para lo cual deberán actuar en nombre propio al celebrar contratos, al asumir obligaciones o al adquirir créditos. En ese sentido, queda expresamente convenido que las obligaciones, créditos o contratos que, ante terceros, asuman o celebren cada uno de LOS CONSORCIADOS en forma individual deberán ceñirse a las actividades que se les encomienda conforme al segundo párrafo de la cláusula décimo tercera o que hayan asumido en virtud de acuerdo previo de las partes realizado en junta.
CONTABILIDAD Y TRIBUTACIÓN DECIMO QUINTA.- LOS CONSORCIADOS convienen que, para efectos tributarios, el presente contrato deberá tener contabilidad independiente. DECIMO SEXTA.- Las partes convienen expresamente que los gastos que demanden lo previsto en la cláusula anterior y otros que se efectúen como consorcio, serán asumidos en partes iguales por ellas, a excepción de los que se generen en el ejercicio individual del negocio. CLÁUSULA RESOLUTORIA EXPRESA DECIMO SETIMA.- El incumplimiento de lo previsto en el presente contrato, constituirá, con respecto a la parte incumpliente, causal de resolución del presente contrato, al amparo del artículo 1430 del Código Civil. En consecuencia, la resolución se producirá de pleno derecho cuando las partes perjudicadas comuniquen, por carta notarial, a la otra que quiere valerse de esta cláusula. En todo caso, las partes perjudicadas podrán proseguir con el negocio materia del presente contrato. APLICACIÓN SUPLETORIA DE LA LEY DECIMO OCTAVA.- En todo lo no previsto por las partes en el presente contrato, ambas se someten a lo establecido por las normas de la Ley General de Sociedades, el Código Civil y demás del sistema jurídico que resulten aplicables. COMPETENCIA ARBITRAL DECIMO NOVENA.- Las controversias que pudieran suscitarse en torno al presente contrato, serán sometidas a arbitraje, mediante un Tribunal Arbitral integrado por tres expertos en la materia, designados por cada uno de ellos. El presidente del Tribunal deberá ser designado por los dos árbitros nombrados por las partes. Si en el plazo de 90 días de producida la controversia, no se acuerda el nombramiento del presidente del Tribunal Arbitral, éste deberá ser designado por el Centro de Arbitraje Nacional y Extranjero de la Cámara de Comercio de Arequipa, cuyas reglas serán aplicables al arbitraje. El laudo del Tribunal Arbitral será definitivo e inapelable, así como de obligatorio cumplimiento y ejecución para las partes y, en su caso, para la sociedad. En señal de conformidad las partes suscriben este documento en la ciudad de Arequipa, a los 12 días del mes de Junio del 2006.
Contrato de Join Venture.
SEÑOR NOTARIO: Sírvase extender en su Registro de Escrituras Públicas, una en la cual conste el CONTRATO DE JOINT VENTURE que celebran de una parte EL BANCO 1 con R.U.C. 1022220000 , debidamente representado por su Gerente .................... identificado con Documento Nacional de Identidad Nº .................... y con domicilio en .................... y a quien en adelante se llamará EL BANCO 1; y, de otra parte, EL BANCO 2 con R.U.C. 1011100000 , debidamente representado por su Gerente .................... identificado con Documento Nacional de Identidad Nº .................... y con domicilio en .................... y a quien en adelante se llamará EL BANCO 2; bajo las condiciones y términos siguientes: PRIMERO.- EL BANCO 1 es una Institución financiera que tiene su sede social en la ciudad de Lima, inscrita en la ficha Nº .................... del Registro de Personas Jurídicas, Libro de Sociedades de Lima. EL BANCO 2 es una Institución financiera que tiene su sede social en la ciudad de Lima, inscrita en la ficha Nº .................... del Registro de Personas Jurídicas, Libro de Sociedades de Lima. SEGUNDO.- Por el presente contrato las partes acuerdan asociarse en riesgo compartido con la finalidad de participar en forma conjunta y sindicación en el estudio, evaluación, aprobación, seguimiento y recuperación de la solicitud de crédito presentada por la empresa UNION DE CERVECERIAS PERUANAS BACKUS Y JOHNSTON S.A.A. al amparo de lo dispuesto por el Art. 221º, inciso 8 de la Ley General del Sistema Financiero. TERCERO.- Ambos Bancos han acordado aprobarle un crédito en sindicación a favor de UNION DE CERVECERIAS PERUANAS BACKUS Y JOHNSTON S.A.A. por la suma de US $ 1 000 000,00 (Un millón y 00/100 dólares americanos), mediante la emisión de un pagaré con vencimiento a 90 días fecha, renovable a su vencimiento con un mínimo del 20%, sujeto a las siguientes tasas: 16% anual de interés compensatorio computado desde la fecha de desembolso del crédito hasta su total cancelación. En caso de moratoria se acuerda un interés del 5% anual. El pagaré estará sujeto a las siguientes cláusulas: a. Renovación automática. b. Sin protesto c. Sometimiento del deudor a las Leyes y Fuero judicial de la ciudad de Lima. d. Pago de la obligación únicamente en moneda pactada. CUARTO.- EL BANCO 1 se encargará de la gestión administrativa, técnica y gerencial de las operaciones pactadas en este contrato, participando en el crédito aprobado con el 60% equivalentes a US$ 600 000,00 (seiscientos mil y 00/100 dólares americanos). EL BANCO 2 contribuirá con el aporte de US$ 400 000,00 (cuatrocientos mil y 00/100 dólares americanos), equivalentes al 40% de la deuda. QUINTO.- Se faculta al BANCO 1 para que en su condición de Banco gestor y gerencial, reciba el pagaré único emitido por la empresa UNION DE CERVECERIAS PERUANAS BACKUS Y JOHNSTON S.A.A. en las condiciones antes referidas, y se encargue de su cobro ordinario, extrajudicial y judicial si fuera el caso. SEXTO.- El presente crédito será otorgado previa constitución de las siguientes garantías: a. Hipoteca hasta por US$ 600 000,00 sobre el inmueble de propiedad de EL CLIENTE ubicado en..... b. Prenda Global y flotante de cajas plásticas, envases plásticos y de vidrio, chapitas y etiquetas, hasta por la suma de US$ 2 000,000,00. c. Aval solidario, ilimitado e irrenunciable del señor.......
Dichas garantías serán otorgadas en forma específica para responder por el crédito otorgado a favor de ambos Bancos . SEPTIMO.- Se faculta al BANCO 1 para que en caso de incumplimiento ejecute el pagaré judicialmente, y realice las garantías otorgadas. OCTAVO.- Todo pago que efectúe EL CLIENTE por cualquier concepto será distribuido entre ambos Bancos en la proporción que participan en el presente contrato, asumiendo con este porcentaje los riesgos propios que genere su incumplimiento. NOVENO.- El plazo por el que se conviene la presente asociación de riesgo compartido es por todo el tiempo que fuera necesario la total recuperación del crédito concedido. DECIMO.- Las partes contratantes señalan como domicilio legal el que aparece en la introducción del presente documento, renunciando al fuero de su domicilio. UNDECIMO.- Todos los gastos e impuestos que genere el otorgamiento de escritura pública, así como los gastos notariales y registrales, serán por cuenta de EL CLIENTE. Usted señor Notario agregará las demás cláusulas de ley y pasará los partes respectivos para su inscripción en los Registros Públicos. En señal de conformidad las partes suscriben este documento en la ciudad de Arequipa, a los 20 días del mes de setiembre del 2006.
A) En nuestro tiempo, los fenómenos como la revolución tecnológica, la globalización, y sistemas de computadoras, fibra óptica y multimedia, modifican las redes de producción, servicios y consumo. Disponemos, en la actualidad, de una economía global en la que se puede producir y vender todo, en todas partes, en todo momento. Por otro lado, la expansión del liberalismo, el capitalismo sin límites: economía libre, desregulación, privatización. Se tiene como principal objetivo la eficiencia. El crecimiento de la empresa fue la respuesta a estos hechos y ha sido de tal dimensión que ha superado las fronteras de sus países nacionales; hoy, las empresas exitosas no necesitan grandes recursos naturales, toman capital de bancos y bolsas en todo el mundo y pueden trasladar sus operaciones a cualquier parte del planeta siendo las multinacionales los grandes actores de este proceso. Es por ello, ante esta tipo de necesidad y cambios económico sociales, que surge la respuesta jurídica para las distintas relaciones que se crearán entre estas empresas: los contratos asociativos. B) En el medio peruano, queda establecido que la Ley General de Sociedades apartándose de nuestra anterior norma societaria, introduce novedades dignas de atención. La primera de ellas es que, por primera vez, se regulan de modo general los contratos asociativos, creando normativamente un género de contratos que no se agotan con los disciplinados en la Ley General de Sociedades: asociación en participación y consorcio. C) El primero de ellos queda definido como el contrato por el cual una persona, denominada asociante concede a otra u otras personas denominadas asociados, una participación en el resultado o en las utilidades de uno o de varios negocios o empresas del asociante, a cambio de determinadas contribuciones. D) Mientras que, también se regula de modo amplio el contrato de consorcio que, todo parece indicar, alude al joint venture. Se define como un contrato asociativo en virtud del cual dos o más personas se asocian para participar en forma activa y directa en un determinado negocio o empresa, con el propósito de obtener un beneficio económico, pero manteniendo cada una su propia autonomía, correspondiéndole a cada miembro realizar las actividades propias del consorcio que se le encargue y aquellas a las que se ha comprometido. Sin embargo, para algunos autores sostienen que no se ha tenido el debido cuidado al momento de legislar, con el argumento de que se trata de dos instituciones distintas.
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