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Timestamp: 2020-01-27 07:52:18
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Matched Legal Cases: ['artículo 40', 'artículo 40', 'artículo 39', 'artículo 40', 'artículo 40', 'artículo 40']

democracia | El Cafecito
El secuestro de un amor-democrático, por Enrique Puente Gallangos
La forma del Estado y del gobierno de un país se encuentra deónticamente normativizada en su Constitución Política. En México, en el artículo 40.
El Estado es el representante jurídico de la nación, la nación está compuesta por su territorio, espacio aéreo, subsuelo, áreas marítimas, ríos,flora, fauna, pueblo, lenguaje, usos, costumbres, cultura, etc. Pero en el citado numeral constitucional se encuentra la ideología de la nación, ideología que crea y orienta la imagen y el camino del Estado. Imagen y camino a la cual tendrá que someterse el gobierno de este país.
El artículo 40 dice: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse….” Derivado de la lectura tenemos claro que: fue, es y será voluntad del pueblo constituirnos. El artículo 39 de la Constitución Política firma y confirma lo dispuesto en el artículo 40.El articulo 40 sigue diciendo: “…en una República representativa, democrática, laica, federal….”. Claro esta el pueblo tendrá que ejecutar su voluntad soberana y darse su propia forma de gobernar la cual hay que imaginar y aplicar. Si bien es cierto que la imposibilidad de ejercitar la voluntad de manera directa, provocó un primer desplazamiento a un proceso electoral. Pensaríamos que aun así ejerceríamos nuestra voluntad de manera directa; pero parece que no fue así y fue necesario un segundo desplazamiento de esa voluntad a los partidos políticos. Los partidos políticos como intermediarios de esa voluntad.
Ahora preguntémonos ¿tenemos aún el derecho de ejercer nuestra voluntad directamente? Bueno, ahora esa voluntad estará controlada e imaginada por el Estado y por los partidos políticos. Una control jurídico y político, un control deóntico e ideológico imaginado y creado por estos y no por lo dicho por el artículo 40 de nuestra Constitución Política. Lo primero que diremos es que la Constitución ha dejado de decir; que el artículo 40 ha dejado de decir, que nosotros hemos dejado de decir. Ahora preguntémonos ¿quién dice lo que quiere y cómo lo quiere? Quien lo dice ahora es y será el Estado, el gobierno y los partidos políticos. Aun así pensaríamos que el Estado y sus instituciones, el gobierno sirviéndose de ellas y los partidos políticos limitados por el Estado buscarían la manera de enamorar al pueblo democráticamente y provocar un amor. Un amor democrático. Un amor democrático en el que el pueblo confíe en su gobierno y este gobierno en el pueblo.
Pero cada sexenio, cada trienio, nos llega una nota mediática en el mejor de los casos, nota mediática que anuncia, nota mediática que dice, que dice y anuncia lo que desean el Estado, el gobierno y los partidos políticos. Una nota que pide; que pide mucho, que pide que expreses tus derechos políticos electorales, que votes.
Parece ser que no tenemos lo suficiente para cubrir el costo, para costear el deseo de los partidos políticos y del gobierno, por ello nos lo vuelven a pedir y nos lo vuelven a pedir. Más de 189 años de pedirle al pueblo de México. Esta repetición nos hace pensar que nuestra voluntad está secuestrada. El amor democrático está secuestrado. Secuestro perpetrado por la Partitocracia y el gobierno. Nuestra voluntad está secuestrada, nuestro amor democrático está secuestrado y el precio lo hemos pagado y lo seguiremos pagando sexenio tras sexenio.
Pero se ha dado un tercer desplazamiento. El de los poderes fácticos. Los poderes fácticos le han mandado la orden, orden que se escribió en una nota. El actual gobierno “light” comandado por más de 6 cientos de legisladores y por un Ejecutor como autor no intelectual acatará la nueva voluntad, escrita en una nota. Nota que tenemos que pagar. Esta nota dice. Reformen la Constitución Política y que se ejerza mi voluntad.
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Los Gadgets Constitucionales. “Deseos de una lógica capitalista”, por Enrique Puente Gallangos
Las Reformas Constitucionales iniciadas por el “Presidente light” a finales del 2012, las realizadas en el 2013 y las que vengan, se nos presentan como un síntoma. Un síntoma que nos indica algo: Primero; que las reformas son a la Constitución; una Constitución que al parecer del Presidente, el Congreso de la Unión y de las Legislaturas de los Estados, no es considerada una estructura político, social, cultural, económica y lingüística, sino como dice Ferdinand Lasalle “una simple hoja de papel”, “una simple hoja de papel” que puede ser garabateada, mancillada, violada impunemente. Llama la atención que la Asamblea del Distrito Federal no interviene en dichas reformas ¿la razón? Porque el numeral citado no lo dice y porque dicha Asamblea no es considerada un Congreso. Tecnicismos Constitucionales que lo impiden, ya que la Asamblea del Distrito Federal es el Órgano Legislativo de la Ciudad de México y que sus leyes no solo tienen esa cualidad de ser leyes, sino que en los pasados tres sexenios han tenido la claridad para identificar el contexto sociológico local, universal y global en el que se sitúa la Ciudad de México y hacen leyes que sirven como modelo para la vida política no solo del DF sino servirán como modelo a seguir en todo el país.
Segundo; estas reformas al no ser consensadas, consultadas a la sociedad, no son legítimas sino impuestas. Imposición hecha por los poderes reales de poder como partidos políticos, empresas, sindicatos, etc. Imposición de factores fácticos de poder como intereses capitalistas, como empresas dedicadas al goce desenfrenado del sujeto, empresas manipuladoras que provocan el deseo, deseo de consumir, empresas que crean, producen y ofertan objetos, objetos que generan el goce, goce de compra y consumo.
Estos síntomas de ilegitimidad y de provocación social son invisibles a la lente de ese sujeto-consumidor. Invisibilidad provocada por la perversa psique mediática, provocada por el poder psíquico de la “lógica capitalista”. Lógica que muestra que si eres consumidor eres mexicano, y si eres mexicano tienes derechos, y si tienes derechos éstos son humanos, y si son humanos no pueden ser dañinos para el hombre.
Identificando esta sintomatología reformista constitucional, podemos decir que más que reformas, son “Gadgets” como dice Jaques Lacan “objetos de consumo, producidos y ofertados por la lógica capitalista”. Lógica capitalista que necesita ingenuos que compren y consuman, y de quienes se aprovechen de ellos. Ingenuos que compramos, consumimos y gozamos.
La gran mayoría de estos sujetos-consumidores somos los que eligieron al “Presidente light” y los que no. Capitalistas que contratan a científicos, técnicos y profesionistas de todos los ramos, que se dediquen a producir objetos de goce, “Gadgets” producidos y ofertados para ser comprados y digeridos por nosotros. Gadgets Constitucionales que solo sirven de simulación social, Gadgets Constitucionales que solo sirven a la “lógica capitalista”, Gadgets Constitucionales de consumo breve, que no generaran ningún lazo social, ningún lazo nacional. Gadgets Constitucionales desechables sin una lógica social.
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Los “sobre-vivi-entes” de la “demo-cracia” mexicana, por Enrique Puente Gallangos
¿Vivientes? o ¿sobrevivientes? de la democracia mexicana. Tal vez responder la pregunta de Alain Badiou: “¿QUIÉN ESTÁ HOY VERDADERAMENTE VIVO?” podría servirnos de referencia.
Néstor Braunstein dice que: “La vida, definida como el conjunto de las tendencias que resisten a la muerte, es según se ha visto la sobrevivencia”. ¿Quién está hoy verdaderamente vivo? El sobreviviente.
Los mexicanos en las pasadas 6 elecciones presidenciales hemos muerto democráticamente y somos sobrevivientes. Somos sobrevivientes de la democracia mexicana. Estas muertes simbólicas podríamos llamarlas “traumas” en las que podíamos decir que debíamos haber muerto pero no lo hicimos; luego entonces de esta muerte simbólica somos sobrevivientes. Trauma que divide un antes y un después de cada una de esas elecciones.
Sobreviviente que sigue hablando, pero no es el mismo que antes, sobrevivientes con el mismo nombre y apellido que no podrá volver a ser. Sobrevivientes con las mismas carencias y con las mismas faltas. Es un “sobre” un sobre sin mensaje, un sobre vacio. Es un muerto viviente, es un fantasma, es un “ente” un ser imaginario. En muerto que “vive”, que es un “sobre” vacío, que es un “ente” imaginario. Es un “sobre-vivi-ente” de los procesos democráticos fallidos en México. “Demo” pueblo, “cracia” fuerza; las democracias significan un pueblo fuerte, un pueblo unido. Pero en México la democracia está “traumatizada” está dividida.
No hay un pueblo unido, el pueblo no tiene fuerza. México tiene una “demo-cracia”. Somos los “sobre-vivi-entes” de la “demo-cracia” mexicana. El contrato social ha perdido su validez, los testigos de ese contrato son hoy un testigos lastimados por la democracia: Un testigo que al paso del sexenio intenta olvidar el trauma de la pasada elección, un testigo lastimado que reprime los real que lastima. Un testigo que no es el mismo que antes pero sigue teniendo el mismo nombre y apellido. Un testigo que se resiste a admitir que murió, que ya es otro y que sigue siendo el mismo. Un testigo que no se reconoce en el espejo y por ello deja de mirarse.
Sobres vacíos que intentan ser llenados por el Otro, el Otro con O mayúscula que vació el sobre, que dividió al pueblo, que debilitó al pueblo, que traumatizó al pueblo. El Otro ahora intenta llenar las esperanzas del testigo, intenta saciar el deseo del testigo con nuevas promesas; el Otro que provoca al testigo, que provoca al sobre-vivi-ente para que vuelva a verse en el espejo. El espejo de la Ley y del derecho. El Otro que promete y repite el discurso. Discurso sostenido en las leyes, leyes que ellos mismos hacen. Si el Otro repite sus promesas, siembra nuevas esperanzas.
Por qué no volver a preguntarnos: ¿QUIÉN ESTÁ HOY VERDADERAMENTE VIVO? El Otro con mayúsculas. El pueblo, el testigo, el sobre-vivi-ente, el que ya se mira en el espejo; está dividido, esta partido, está en proceso de duelo. Pero aun está ahí en la escena.
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La ciudadanía tiene el gobierno que se merece, por Magali de la Soledad Villalpando
Según un dicho que se comenta entre comunicólogos, politólogos, historiadores, es decir, quienes se encargan del estudio de las diversas ramas de las ciencias sociales, nos tienen acostumbrados a mencionar la frase: “La ciudadanía tiene el gobierno que se merece”. En verdad, usted como ciudadano, individuo que lucha día a día para llevar el alimento y cubrir las necesidades básicas de su familia, ¿cree en esta frase?, ya que el desempleo y la pobreza, poco a poco, cubre más extensión de la población mexicana, no entiende de dichos o de letras, simplemente se tiene posibilidades de subsistir, o no.
De acuerdo a las encuestas, el grado de credibilidad que se tiene de la política en México se encuentra por debajo de varias instituciones, entre ellas la Iglesia[1]; por ende, el régimen político en nuestro país siempre lleva implícito la consigna de discursivo y falaz; y expresamente corrupto.
Se dice que cada quién habla como le fue en la feria; sin embargo, con respecto al tema, tenemos dos puntos de vista, el de la clase política y por el otro, la voz de la ciudadanía.
En primera instancia tenemos a la clase política que según varios autores[2], se va renovando en diferentes ciclos; está a su vez, tiene varias élites, las cuales modifican la clase o conjunto de personas, sin, esta perder sus propias características y su modo de operación. En nuestro sistema mexicano, la clase política sería igual a todos los recursos humanos que usted ve en la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, entre otros. Y el cartel de élites; sería los diversos partidos, grupos u organizaciones que no formalmente tienen el poder, pese a que ya tuvieron la oportunidad de estar en algún momento en algún puesto o algún día lo estarán.
Del otro lado, la sociedad civil, son todos los que en conjunto forman parte de la población de la nación, los que en la cotidianidad no tienen en sus manos la toma de decisiones de las masas o gubernamentales. No obstante, sin ese conjunto que forman los individuos no se podrían generar redes que determinen la responsabilidad y obligación de tener una representatividad como pueblo.
Al ya entender la separación que paradójicamente es un complemento, es decir, sin ciudadanos, no existiría la clase política y viceversa. Siempre se le indaga al ciudadano que tiene el gobierno y los gobernantes que se merecen.
Cabe señalar que quien crea los instrumentos educativos y la cultura cívica de los individuos son los representantes y el aparato gubernamental y no los ciudadanos. Dicen que tiene más culpa el que permite la acción que quién la origina, aquí es donde el ciudadano comete el error de mostrarse apático a las acciones políticas y, por ende, siempre se le relega de la toma de decisiones.
En nuestro México, pareciera que no existe una conciencia política del cambio y la transformación en la estructura gubernamental, en la cual, los cacicazgos ya son normales y los procesos de renovación siempre son los mismos, ya no hay sorpresas. Cuando los personajes que detenten el poder dejen a un lado sus soberbias y egos personales, se dediquen a realizar su trabajo y se forme un conjunto de un pensamiento proactivo, el país irá girando en su entorno y marcará la pauta de otro porvenir, con nuevas expectativas de una calidad de vida distinta; mientras tanto seguiremos avanzando dos pasos y retrocediendo tres.
Magali de la Soledad Villalpando, basada en el aprendizaje cotidiano de las mínimas a las máximas circunstancias, de todo cuando existe ya sean personas, cosas o la naturaleza… impulsada por cada instante, amante de la vida y vagabunda por condición.
[1] Institución opuesta al régimen político a lo largo de nuestra historia.
[2] Gaetano Mosca y Robert Michel.
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