Source: http://legal.legis.com.co/document.legis/sentencia-1999-09090-de-mayo-23-de-2012?documento=jurcol&contexto=jurcol_c26e8cc48b0c0070e0430a0101510070&vista=STD-PC
Timestamp: 2019-12-06 05:14:57
Document Index: 68238302

Matched Legal Cases: ['artículo 2354', 'artículo 2354', 'artículo 26', 'artículo 2354', 'artículo 4', 'artículo 2354', 'artículo 2354', 'artículo 2354', 'artículo 2354', 'artículo 90', 'artículo 2354']

SENTENCIA 1999-09090 DE 23 DE MAYO DE 2012
CONTENIDO:RESPONSABILIDAD DERIVADA DE LA ACCIÓN DE LOS ANIMALES. LA RESPONSABILIDAD QUE SE LE PUEDE IMPUTAR A LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA POR EL COMPORTAMIENTO DE LOS ANIMALES TIENE UNA CONNOTACIÓN DUAL O BIFRONTE EN LA QUE EL ESTADO PUEDE SER VINCULADO A UN PROCESO JUDICIAL EN VIRTUD DE UN DAÑO IRROGADO POR ACCIÓN O POR OMISIÓN. LA RESPONSABILIDAD EN ESTE TIPO DE ESCENARIOS SE ESTRUCTURA A PARTIR DE LA CONCRECIÓN DEL RIESGO CREADO, QUE ES PRECISAMENTE LA ACTIVIDAD PELIGROSA , LA DE SER EL GUARDIÁN DE UN ANIMAL FIERO O SALVAJE, LO QUE GENERA QUE EL DAÑO SEA IMPUTABLE AL DEMANDADO, SALVO QUE SE ACREDITE UNA CAUSA EXTRAÑA O EXIMENTE DE RESPONSABILIDAD.
TEMAS ESPECÍFICOS:RESPONSABILIDAD DEL ESTADO, RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DEL ESTADO, ANIMAL, RIESGO CREADO
Expediente: 17001233100019990909 01
Radicación interna 22.592
Actor: Melva Rosa Ríos Castro y otros
La Sala es competente para conocer del asunto en segunda instancia, pues la pretensión mayor, individualmente considerada ($ 92´500.000)(1), supera la cuantía necesaria para que un proceso iniciado en 1999 tuviera esa vocación, esto es, $ 18´850.000, de conformidad con las reglas de competencia establecidas en el Decreto 597 de 1988, aplicables al presente asunto en virtud de la fecha de interposición de la impugnación.
“(…) RESUMEN DE HISTORIA CLÍNICA:
“Según historia clínica 196934 del Hospital de Caldas, ingresó el 3 de marzo de 1999, a las 12:40, remitido de Anserma, al ser embestido por un novillo, recibiendo trauma en hemitórax izquierdo, región frontal con pérdida del conocimiento, lo intuban, realizan toracocentesis, que es negativa, presenta paro cardiorespiratorio, se reanima y remiten, ingresó al Hospital de Caldas, sin signos vitales y diagnostican muerte.
“(…) EXAMEN INTERNO
“(…) G) CONCLUSIÓN:
“(…)” (fls. 1 a 3, cdno. de pbas. - mayúsculas del original).
“Se firma en Anserma Caldas, a los 27 días del mes de febrero de 2001” (fl. 11, cdno. pbas. - mayúsculas del original).
2.2.1. Informe técnico judicial del 3 de marzo de 1999, practicado por el dragoneante José Amaya Amaya, perteneciente a la Sijín, en el que se deja a disposición de la unidad delegada ante los jueces penales del Circuito de Manizales, el acta de inspección al cadáver 123.
“(…) El antes mencionado fue remitido en el día de hoy hasta el Hospital de Caldas, en estado de inconsciencia, después de haber recibido asistencia médica en el Hospital de Anserma, debido a lesiones y contusiones que sufrió cuando fue embestido por un novillo, hechos sucedidos en el municipio de Anserma, Centro de Sacrificio de Ganado, a las 9:00 horas aproximadamente momentos en que se disponía a separar el ganado para el sacrificio…” (fl. 15, cdno. pbas.).
“(…) Descripción de heridas: presenta tubo orotraqueal, herida región parietal, laceraciones región frontal lado derecho e izquierdo, laceración dorso de la nariz, laceración región bucal superior, laceración región malar lado derecho, se observa fluido sanguinolento por la boca, livideces a nivel dorsal que desaparecen a la digitopresión” (fl. 16, cdno. pbas.).
“(…) La Policía Judicial de la ciudad de Manizales en informe de marzo 3 de 1999 da cuenta del levantamiento del cadáver del señor JESÚS ANTONIO HINCAPIÉ GARCÍA quien fuera remitido en dicha fecha al Hospital Universitario de Caldas en estado de inconsciencia debido a lesiones y contusiones que sufrió cuando fue embestido por un novillo, hechos sucedidos en el municipio de Anserma, Caldas, Centro de Sacrificio de Ganado, a las 09:00 horas aproximadamente, en momentos en que se disponía a separar el ganado para sacrificio. Lo anterior según datos suministrados por uno de los hermanos de crianza de la víctima de nombre HERNÁN RÍOS y según anotación de la minuta de población e historia clínica.
“Como se aprecia en este caso están descartados factores criminales como productores de la muerte del señor JESÚS ANTONIO HINCAPIÉ OSPINA ya que murió a causa de la embestida de un novillo que lo lanzó hacia arriba y al caer sufrió lesiones en la cabeza y a consecuencia de ello vino su deceso. Aquí no hubo una acción u omisión humana, conducta de hombre, que causara esa muerte a través de actividad voluntaria e intencional. Esto es, que estamos frente a una conducta atípica porque no se tienen los elementos descriptivos del tipo referentes a la intervención de una persona que haya determinado criminalmente el fallecimiento y que todo se debió a un suceso extraño…” (fls. 22 y 23, cdno. pbas. - mayúsculas del original).
“(…) PREGUNTADO: díganos si usted se entró de qué se ocupaba el señor Jesús Antonio Hincapié en los últimos años de su vida? CONTESTÓ: él era matarife, son los que sacrifican el ganado para procesarlo en las carnicerías, lo sé porque yo nací en la vereda, yo veía que él salía con su uniforme, él sacrificaba el ganado, le ayudaba a un señor Joaquín Trejos, allá hay varios que matan ganado, allá mata cualquiera, eso era con un tábano y cualquiera que se lo pusiera, es un instrumento largo de energía, lo conectan a la energía; sé que Antonio le ayudaba a Joaquín Trejos, lo sé porque he tenido contacto con él, mis hermanos también le ayudaban a él y uno sabía; es allá don Joaquín Trejos, por ejemplo de un supermercado le encargan que sacrifique ocho reses, entonces él las sacrifica con sus ayudantes, le ayuda a descuartizar y a separar las vísceras; por ejemplo don Joaquín Trejos toda la vida ha trabajado allá, ese matadero es del municipio, yo no sé quién era empleado del municipio. PREGUNTADO: si le es posible descríbanos cómo es el matadero de Anserma - Caldas. CONTESTÓ: es una sola casa, con un salón muy amplio y las oficinas donde está el administrador, hay una pieza donde guardan los útiles de aseo y otra mayor parte es la ocupan los corrales donde entra el ganado, ese matadero queda en la propia vereda de Tabla Roja; el ganado permanece en los corrales al sol y agua, lo descargan los camiones, los dejan en el corral hasta la hora de sacrificarlos, por la puerta principal van pasando las reses a sacrificarlas, como son varios matarifes y cada uno tiene varios ayudantes, las reses las pasa bien sea el matarife o el ayudante, depende de lo ocupado que esté cada quien; los corrales son de cemento y cercados con unos tubos, no son alambres sino unos tubos de hierro, en buen estado no, porque eso no garantiza que el que va a trabajar con el ganado no le pase nada, son corrales de muy poca confianza, son corrales tan pequeños, estrechos, no le dan capacidad de que un trabajador pueda correr por lo estrechos, no son muy altos, allá puede entrar cualquier persona, hasta un niño, las cercas no son muy altas, los corrales son muy juntos, al lado y lado hay ganado, sólo queda un pasadizo a un lado para pasar la gente, eso es para una persona, por la separación de los tubos van chuzando al ganado para que vaya pasando. PREGUNTADO: a usted le ha correspondido presenciar que algunas personas hubieran sufrido accidentes dentro de los corrales, siendo trabajadores del matadero. CONTESTÓ: presenciado no, pero mi hermano cuando trabajaba allá, él contaba que en tal corral lo había acechado determinada res, que no le había quedado espacio para correr, para tirarse a otro corral porque estaba con reses, él cuenta que una vez una res lo acechó y no supo cómo fue que se salió de ahí… PREGUNTADO: díganos si alguna parte de los corrales estaba hecha de algún material diferente a los tubos de hierro que usted ha mencionado. CONTESTÓ: no, los corrales siempre han sido de los mismos materiales y separados con esos tubos de hierro, el estado de los tubos en que murió los veía buenos…” (fls. 26 a 29 cdno. pruebas - mayúsculas del original).
“(…) PREGUNTADO: díganos en qué circunstancias conoció al señor Jesús Antonio Hincapié y hasta cuándo lo conoció? CONTESTÓ: lo conocí como trabajador del matadero, lo que lo distinguí fue como trabajador del matadero, yo lo veía trabajando en el matadero (…) yo iba a la casa de la mamá de mi esposo, yo a veces iba con la hermana a llevarle comida cuando les tocaba tarde en la noche, él era ayudante del matarife, no sé quién era, no sé decir porque le ayudaba a varios, él matarife directamente no era, porque le ayudaba a varios, Jesús Antonio era quien separaba el ganado los miércoles, la mayoría de la semana era a él a quien llamaban a separar, por ejemplo el lunes no matan cualquiera sino que va el carnicero y dice que éste para hoy, el miércoles no matan, sino que separan para el jueves… PREGUNTADO: si le es posible descríbanos cómo es el matadero de Anserma - Caldas? CONTESTÓ: en muy mal estado, los corrales son muy inseguros, no tienen ninguna seguridad para la persona que entra a separar el ganado, yo no vi (sic), los corrales están en mal estado por la inseguridad, no tienen burladero, simplemente son los corrales, allá se meten, yo sí lo llegué a ver a él allá adentro, arriando y separando, ese día le estaba separando a un señor Norberto, un carnicero, no sé el apellido, lo sé porque Jesús Antonio le separaba la mayoría de las veces a don Norberto, era el primero que despachaba, no sé qué motivo tendría para eso, como que era primordial él para separarle el ganado. PREGUNTADO: a usted le ha correspondido presenciar que algunas personas hubieran sufrido accidentes dentro de los corrales, siendo trabajadores del matadero. CONTESTÓ: hasta ahora no… PREGUNTADO: díganos de qué material estaban hechos los corrales del matadero. CONTESTO: está el matadero, la parte de encima es de tubos de hierro y los de abajo son en madera, hay dos partes, el toro que lo aporreó fue en los de madera, él estaba arriando ahí ese día, yo no lo vi en el momento en que lo alzó el toro, el que vio fue Hernán de Jesús Ríos, que es mi cuñado…” (fls. 30 a 32 cdno. pbas. - mayúsculas del original).
“(…) Lo conocí desde que tenía cinco años, hasta que murió, o sea que hacía treinta y tres años lo distinguía. Yo me di cuenta de que murió, porque yo estuve cuando Jesús Antonio estaba separando el ganado, había mucha gente en los corrales, fuera de ellos, Jesús Antonio estaba dentro de los corrales separando un lote de ganado por orden de Norberto, estaba separando el ganado, cuando menos pensó se vino un novillo y lo levantó, ahí fue cuando él cayó grave, lo enviaron para Anserma y luego para Manizales, a mí me tocó traerlo hasta Manizales, después de tenerlo en Anserma, la señora de él me pidió el favor de que lo trajera por conocer yo a Manizales, en el camino él se retorcía mucho, no podía abrir los ojos, hasta el hospital vino vivo, entonces paró la ambulancia para echarlo para urgencias, la enfermera que venía le quitó el oxígeno para bajarlo de la ambulancia y ahí mismo le dio un paro respiratorio, yo vi que los médicos se reunieron, discutieron en una pieza, regañaron a la enfermera, que qué bruta, de ahí me llamaron a decirme que no había nada que hacer… PREGUNTADO: qué otras personas se dieron cuenta presencialmente y de manera presencial (sic) del momento en el cual sucedieron los hechos? CONTESTÓ: tengo los nombres pero no los apellidos, matarifes también, compañeros de trabajo de Jesús Antonio Hincapié, se llaman Carlos y otro Jorge, no recuerdo quien más, ahí habían varias personas, un carnicero de apellido Cárdenas. PREGUNTADO: díganos si se le hizo algún reclamo por la muerte a quien le daba órdenes a Jesús Antonio en el momento de los hechos. CONTESTÓ: no me di cuenta… PREGUNTADO: si le es posible descríbanos cómo es el matadero de Anserma - Caldas? CONTESTÓ: el matadero de Anserma el día de los hechos eran unos corrales sin ninguna defensa para los que separan el ganado para el sacrificio, hasta hace doce años los matarifes tenían que entrar los novillos braviados, o sea toreándolos para poderlos entrar, chuzándolos por delante o por detrás, eso hace dos años, no sé cómo estará eso ahora porque no he vuelto por allá. Yo opino que esos corrales deberían tener seguridad, no sé qué tipo de seguridad necesita, al menos una defensa para el que está separando el ganado… Del trabajo de él en el matadero, no sé cuánto ganaba, no tenía idea, a él le pagaban por cada matada de novillo, no tenía sueldo, a él le pagaban los carniceros, nunca tuvo en más de 33 años que estuvo en el matadero un sueldo fijo, ni seguro, ni nada…” (mayúsculas del original).
“(…) PREGUNTADO: sírvase decirnos si conoció usted al señor José Antonio Hincapié García? En caso positivo, cuánto hace y en razón de qué? CONTESTÓ: Sí lo conocí, desde que empecé a trabajar como administrador del matadero, que fue en el año 1992. Lo conocí como ayudante de matarifes. Él hacía lo que le correspondía, entre días y trabajaba mientras duraba el sacrificio de ganado que es lunes, martes, jueves, viernes y sábado. Y el miércoles iba a ayudar a separar ganado, pero este ganado ya era de los abastecedores… Yo recuerdo que me encontraba trabajando, como administrador del matadero municipal, a principios de marzo de 1999. En las horas de la mañana, creo que eran las diez, el señor Antonio Hincapié se encontraba separando ganado, para despachar a otros municipios, por cuenta del abastecedor, de nombre Norberto Rivera, creo que era un miércoles, que es el día que se separa el ganado para despachar y don Antonio se encontraba a una distancia de mi de 10 o 15 metros y él se encontraba dentro del corral y en un momento de esos, él como que estaba descuidado y le arrancó un novillo y lo embistió y lo levantó y cuando cayó como muy mal herido en la cabeza, me parece que la res lo cogió por los lados de la cintura, no recuerdo bien. Puede que la muerte haya sido a consecuencia de la caída, ya que cayó en el pavimento. Ahí habían varias personas más, matarifes no recuerdo los nombres. Lo levantamos, lo llevamos para el hospital de Anserma y de ahí los trasladaron a Manizales y allí murió. Él no trabajaba para el municipio, trabajaba independiente; es que ni siquiera los matarifes tienen que ver con el municipio, los carniceros los contratan y les pagan. PREGUNTADO: díganos en qué condiciones se encontraba la corraleja del matadero para el día en que ocurrió el accidente que menciona? CONTESTÓ: en muy buenas condiciones, porque es un corral encerrado en muros de concreto y tubería metálica. Es que don Antonio se encontraba dentro del corral, junto con el ganado, separándolo, como era costumbre de él y creo que fue descuido de él, que se confió y no le dio tiempo de defenderse. PREGUNTADO: sabe usted, qué experiencia lleva el señor Hincapié García, en las actividades de ayudante de matarifes? CONTESTÓ: muy buena, era de los ayudantes más prácticos, por comentarios me enteré que él llevaba muchos años trabajando en el matadero…” (fls. 35 y 36, cdno. pbas. 2).
2.7. Registros civiles de nacimiento y de defunción de Jesús Antonio Hincapié García (fls. 3 y 7, cdno. ppal.). Registros civiles de nacimiento de Melva Rosa Ríos Castro y Diego Armando Hincapié Ríos, documento este último en el que se hace constar que sus padres son los señores Jesús Antonio Hincapié y Melva Rosa Ríos (fls. 4 y 5, cdno. ppal.).
Así las cosas, en materia del llamado nexo causal, debe precisarse una vez más que este constituye un concepto estrictamente naturalístico que sirve de soporte o elemento necesario a la configuración del daño, otra cosa diferente es que cualquier tipo de análisis de imputación, supone, prima facie, un estudio en términos de atribuibilidad material (imputatio facti), a partir del cual se determina el origen de un específico resultado que se adjudica a un obrar —acción u omisión— por consiguiente, es en la imputación fáctica o material, en donde se debe analizar y definir si el daño está vinculado en el plano fáctico con una acción u omisión de la administración pública, o si a contrario sensu, el mismo no resulta atribuible por ser ajeno a la misma o porque operó una de las llamadas causales eximentes de responsabilidad, puesto que lo que éstas desencadenan que se enerve la posibilidad de endilgar las consecuencias de un determinado daño.
La responsabilidad derivada de la acción de los animales no es un asunto novedoso que encuentre su origen en la época de los glosadores, posglosadores o el código napoleónico, por el contrario, se trata de un tópico que ha estado contenido desde los más pretéritos sistemas normativos; por ejemplo el Código de Hammurabi establecía que: “si un buey furioso corneó en su carrera a un hombre, y éste murió, esta causa no trae reclamación”. “Si el buey de un hombre atacaba con el cuerno, y el hombre conocía por ello su vicio, y no le hizo cortar los cuernos ni lo ha trabado, si el buey ataca con los cuernos a un hombre hijo de hombre libre y lo mata, dará media mina de plata”. “Si es un esclavo de hombre libre, pagará un tercio de mina de plata”(5).
Por su parte en el derecho romano existían dos clases de acciones noxales: la actio de pauperie y la actio de pastu pecorum, la primera dirigida contra el dueño de un animal doméstico que había causado un daño pese a su conducta normalmente mansa. Al ser una acción real los efectos del instrumento alcanzaban al propietario aun si al momento de generar la afectación no era todavía el titular del mismo; para exonerarse la persona podía optar por la reparación del daño o el abandono del animal a favor del lesionado. Por su parte, la segunda acción facultaba a quien hubiera sufrido daños en su terreno derivados del pastoreo de animales de otro. El propietario que los había conducido de mala fe no podía pedir reparación si un animal se veía afectado, lesionado o muerto, pero si quien encontraba animales ajenos en su terreno —sin que mediara mala fe del propietario— sólo podía pedir que se le indemnizaran los daños sufridos en el inmueble, sin que estuviere habilitado para lesionar o matar a las bestias(6).
“Estos últimos, mientras conservan la costumbre de volver al amparo o dependencia del hombre siguen la regla de los animales domésticos, y perdiendo esta costumbre vuelven a la clase de los animales bravíos”.
En esa línea de pensamiento, el Código Civil y el diccionario comparten en su esencia la misma clasificación y distinción entre animales fieros, domesticados y domésticos. La única salvedad que cabría efectuar es que existen animales salvajes que no necesariamente pueden ser catalogados como fieros, en los términos del artículo 2354 del Código Civil, ya que su naturaleza no los convierte en tales (v.gr. los peces).
“(…) el artículo 2354 del Código Civil pertenece al grupo de disposiciones que en el título 34 del mismo estatuto regulan la responsabilidad por “el hecho de las cosas” cuando éstas escapan al dominio del hombre, modalidad que tiene ciertas peculiaridades que la distinguen de los demás grupos…
“Esta responsabilidad, como en general la de los demás casos que contempla el citado título del Código Civil se cimienta en la culpa del tenedor; y a pesar de que se aproxima o penetra de cierto modo en la esfera de la responsabilidad objetiva, no logra sin embargo adquirir la naturaleza de ésta en vista de que la culpa presunta que consagra el canon aludido, es su fundamento.
“(…) equivale a una culpa automática y constituye un medio más eficaz de protección a la víctima del daño, por extremar la ley así la diligencia exigible al tenedor del animal a quien no le permite alegar que observó suficientes precauciones en su custodia para evitar el perjuicio, ya que la sola producción de éste revela que aquellas fueron inadecuadas.
“(…) Al demandado le es permitido por tanto, alegar la ausencia del daño o la causa extraña de éste, lo cual supone como es obvio que la norma acusada respeta y acata las garantías del debido proceso consagradas por el artículo 26 del estatuto fundamental…”.
“(…) no alcanzamos a captar cómo pueda ser posible que el precepto en cuestión se adentre en el ámbito de la responsabilidad objetiva pero que, al tiempo, halle su fundamento en la culpa.
“(…) Y si innegable resulta decir que este último enfoque ha incurrido, por lo menos en sus albores, en la vana pretensión de desplazar a la culpa, de un modo radical, como apoyo de la responsabilidad civil, también es cierto que los defensores de la primera posición han incidido en otra exageración no menos reprochable, consistente en llevar la culpa hasta la hipótesis de responsabilidad que, miradas sin prevención, no son explicables a la luz de la misma.
“(…) Tal es lo que sucede con la presunción de culpa juris et de jure: ¿Cómo es posible que de derecho, es decir, sin que se le admita prueba en contrario, se presuma la conducta negligente o imprudente de alguien? ¿Cómo decir, según lo hace el fallo anterior, que en la culpa se puede incurrir de manera automática? Una apreciación semejante, en buen romance, no puede significar cosa distinta a que se es culpable por el simple o mero hecho de actuar. Y, siendo así, ¿dónde queda el aspecto subjetivo —la negligencia o imprudencia— del comportamiento?
“(…) En cambio, en la hipótesis del artículo 2354, la tenencia del animal carece de toda flexión respecto de otras posibles manifestaciones o condicionamientos de la conducta del sujeto, salvo, claro está, la atañedera a que el animal se utilice en la guarda o servicio de un predio, pero ésta, en modo alguno, la sustrae de la calificación que aquí le venimos asignando, o sea, el verla desde una perspectiva rigurosamente objetiva.
1) ¿La responsabilidad derivada del comportamiento de los animales debe ser analizada como una especie de aquella relativa al hecho de las cosas?
2) ¿La expresión que fue declarada exequible, en su momento, por la Corte Suprema de Justicia según la cual el demandado “… si alegare que no le fue posible evitar el daño, no será oído.”, a la luz de la nueva Constitución Política se ajusta a los postulados superiores?
De allí que, según la menciona postura teórica, la dignidad ínsita al animal no permite asimilarlo a una cosa u objeto; por tal motivo, la responsabilidad derivada de los animales domésticos, domesticados o fieros no podría ser entendida como una especie de aquella que se refiere al hecho de las cosas. A contrario sensu, el principio de dignidad implícito en estos seres vivos haría que toda institución jurídica —incluida la responsabilidad extracontractual civil o del Estado— tuviera en cuenta esta condición, que serían fines en sí mismos, y que, por lo tanto, son susceptibles de ser titulares de derechos (v.gr. el derecho a no ser maltratado, el derecho a una muerte digna sin sufrimiento, entre otros).
“Nuestras decisiones afectan diariamente a la vida de las especies no humanas, y a menudo les causan grandes sufrimientos, los animales no son sólo parte del decorado del mundo; son seres activos que tratan de vivir sus vidas; y a menudo nos interponemos en su camino… Pero una justicia verdaderamente global no requiere que miremos al otro lado del mundo en busca de otros congéneres con derecho a una vida digna. También nos exige mirar —tanto en nuestra propia nación como en todo el mundo— a esos otros seres sensibles con cuyas vidas tan inextricable y complejamente entrelazadas están las nuestras…”(9).
“La inaplicación de una norma de jerarquía inferior con apoyo en el artículo 4º de la Carta supone necesariamente la incompatibilidad entre su contenido y el de los preceptos constitucionales. Si tal incompatibilidad no existe, no cabe la inaplicación y la circunstancia no es otra que la de incumplimiento o violación de los mandatos dejados de aplicar.
“Fluye de lo anterior con toda claridad que una cosa es la norma —para cuyo anonadamiento es imprescindible el ejercicio de la acción pública y el proceso correspondiente— y otra bien distinta su aplicación a un caso concreto, la cual puede dejar de producirse —apenas en ese asunto— si existe la aludida incompatibilidad entre el precepto de que se trata y los mandatos constitucionales (C.N., art. 4º)”(14) (subrayado del original - resaltado adicional).
De modo que la Sala inaplicará la expresión del artículo 2354 del Código Civil, correspondiente al segmento normativo que reza: “y si alegare que no fue posible evitar el daño, no será oído”, toda vez que resulta contraria a los artículos 28, 29 y 229 de la Carta Política que establecen los derechos fundamentales de defensa, al debido proceso y de acceso efectivo a la administración de justicia, como quiera que el demandado tiene el derecho, al ser un régimen objetivo de responsabilidad, a contestar la demanda, controvertir y contradecir los medios probatorios, así como demostrar la configuración de una circunstancia exonerativa de responsabilidad.
“Si como dicen los testigos René Octavio Barroso A., Rodrigo Flórez V. y Álvaro Antelinez Parada (a fls. 61 y ss.), el animal era peligroso y conocido por su bravura, Pabón cometió una culpa imperdonable al darle la espalda, de cerca, para atarlo al poste.
“Pero, además, y este es el argumento capital, para los vaqueros y manejadores de toda clase de ganados esos son los riesgos normales de su profesión. Ellos no pueden ignorar los estados de excitabilidad y de cambio que viven los reproductores; y entre éstos, aunque existan algunos mansos, no todos son iguales en ciertas épocas. Pabón llevaba muchos años en el instituto, conocía los animales que trataba y no podía ignorar los antecedentes del que lo hirió; quizás su trato por largo tiempo lo volvió descuidado y no lo manejó con la diligencia debida.
“(…) En estas condiciones se dio la causal exonerativa de culpa exclusiva de la víctima y la sentencia deberá revocarse, tal como lo pide, con acierto, el apoderado de la Nación (a fls. 75 y ss.)”(16).
De otro lado, la administración pública puede ser declarada responsable en virtud de una falla del servicio por omisión en el control y vigilancia de los animales fieros, tal y como se precisó en sentencia del 2 de octubre de 1997, expediente 10357, cuando una niña fue agredida por un tigre que hacía parte de los animales exhibidos por un circo que había obtenido autorización de funcionamiento del Distrito Capital. En la mencionada oportunidad, la Sala razonó de la siguiente forma:
“No se diga con esto que la administración deberá responder siempre por los daños causados por particulares en ejercicio de actividades lícitas y bajo autorización oficial por vía general, pues el caso presenta rasgos excepcionales si se tiene en cuenta que para la actividad que resultó nociva se emplearon animales fieros y si al particular le es aplicable el artículo 2354 del Código Civil, concebido en favor de la víctima y sin excusa posible para el guardián, no habría razón para que cuando la administración autorice y conozca la actividad dejara de responder bajo el mismo criterio de responsabilidad objetiva, pero como ya se dijo, en este caso se destaca su falla probada.
“Por sobre todo, en la especie, se está frente a una actividad que normalmente no debe ofrecer riesgo alguno y siempre debe presentar las seguridades que demanda su naturaleza, pero dada la especial modalidad de presentar los animales fieros en libertad, no hay duda que en esta circunstancia debió el Distrito exigir todas las precauciones, y aún así según el criterio del artículo 2354 del Código Civil precitado debe responder, como debe serlo el empresario ante la justicia ordinaria frente a la víctima, o por demanda que pueda presentarle el Estado en virtud de las resultas de este proceso”(17) (resaltado y subrayado adicionales).
En esa línea de pensamiento, es posible que al margen de que el daño no sea imputable al Estado en virtud del régimen de riesgo excepcional —con fundamento en el artículo 2354 del Código Civil— sí lo sea por cuenta directamente del artículo 90 c, en la modalidad de una falla del servicio por la omisión frente a las funciones de vigilancia, custodia o control.
“Primero. Declárase de oficio probada la excepción de inconstitucionalidad de la siguiente expresión, contenida en el artículo 2354 del Código Civil: “y si alegare que no le fue posible evitar el daño, no será oído”.
“Segundo. Deniéganse las súplicas de la demanda.
“Tercero. Sin condena en costas.
(1) Que corresponde a los perjuicios materiales, en la modalidad de lucro cesante, solicitados por la señora Melva Rosa Ríos Castro (fl. 21, cdno. ppal.).
(2) Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección C, sentencia del 27 de abril de 2011, expediente 20374.
(5) Cf. Sargana, Fernando Alfredo “Responsabilidad por daños causados por animales”. Ed. Depalma, Buenos Aires, 1998, págs. 1 y ss.
(7) “El sistema de la responsabilidad civil basada en la culpa es hijo dilecto de la concepción racionalista e individualista del derecho y responde plenamente a la directiva, hoy superada, “laissez faire”. Es un sistema coherente con las ideas de libertad contractual absoluta y con el ejercicio del derecho de propiedad de manera irrestricta. Constituye una expresión acabada de la filosofía de los siglos XVIII y XIX, signada por el predominio absoluto del individualismo. Por eso no debe sorprender que la doctrina subjetivista haya entrado en crisis justamente con aquella concepción jusfilosófica a la cual respondía”. Pizarro, Ramón Daniel “Responsabilidad por el riesgo o vicio de la cosa”. Ed. Universidad, Buenos Aires, 1983, págs. 19 y 20.
(8) Pizarro, Ramón Daniel, ob. cit., págs. 37 y 38.
(9) Naussbam, Martha “Las fronteras de la justicia”. Ed. Paidós, Barcelona, 2007, págs. 4 y 399.
(10) Cf. Cortina, Adela “Las fronteras de la persona. El valor de los animales, la dignidad de los humanos”. Ed. Taurus, Madrid, 2009, págs. 223 a 226.
(12) “Estudiada una norma bajo la vigencia de un ordenamiento constitucional y declarada exequible, nada impide que con la entrada en vigencia de una nueva Carta dicha norma resulte inconstitucional, lo cual hace procedente un nuevo juicio, sin que pueda hablarse de cosa juzgada. Ahora bien, los pronunciamientos relativos a vicios formales de la norma acusada, quedan cobijados por los efectos de la cosa juzgada, pues estos debieron ajustarse a la normatividad constitucional existente al momento de su promulgación, sin que sea viable un juicio de constitucionalidad respecto de formalidades o trámites que no existían al momento de la promulgación de la norma”. Corte Constitucional, Sentencia C-004 de 1993, M.P. Ciro Angarita Barón.
(14) Corte Constitucional, Sentencia T-614 del 15 de diciembre de 1992, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
(16) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 17 de junio de 1993, expediente 8323, M.P. Carlos Betancur Jaramillo.
(17) Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 2 de octubre de 1997, expediente 10357, M.P. Jesús María Carrillo.