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Timestamp: 2018-03-23 22:56:16
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Matched Legal Cases: ['artículo 78', 'artículo 15', 'artículo 2', 'artículo 6', 'artículo 10', 'artículo 15', 'artículo 417', 'artículo 417', 'artículo 14', 'artículo 145', 'artículo 15', 'artículo 10', 'artículo 15', 'artículo 15', 'artículo 14', 'artículo 15', 'artículo 49', 'artículo 15']

1. ANTECEDENTES JURÍDICOS Y LEGISLACIÓN VIGENTE CONSIDERACIONES DESDE LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA JUSTIFICACIÓN DE LA REFORMA - PDF
1. ANTECEDENTES JURÍDICOS Y LEGISLACIÓN VIGENTE CONSIDERACIONES DESDE LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA JUSTIFICACIÓN DE LA REFORMA
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Carla Ramos Zúñiga
1 Informe del Comité de Bioética de España sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. Miembros del Comité María Teresa López López (Presidenta) Federico de Montalvo Jääskeläinen (Vicepresidente) Carlos Alonso Bedate Vicente Bellver Capella Fidel Cadena Serrano Manuel de los Reyes López Pablo Ignacio Fernández Muñiz Nicolás Jouve de la Barreda Natalia López Moratalla César Nombela Cano Carlos Mª Romeo Casabona José Miguel Serrano Ruiz-Calderón Secretario del Comité Javier Arias-Díaz Comité de Bioética de España Avda. Monforte de Lemos, Madrid - España Telf.: / Fax:
2 1. ANTECEDENTES JURÍDICOS Y LEGISLACIÓN VIGENTE CONSIDERACIONES DESDE LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA JUSTIFICACIÓN DE LA REFORMA EXIGENCIAS DE LA PROTECCIÓN DE LA VIDA HUMANA EN GESTACIÓN LA OPCIÓN PRINCIPAL DEL LEGISLADOR POR EL SISTEMA DE INDICACIONES INSUFICIENTES ACTUACIONES EN MATERIA DE PROTECCIÓN POSITIVA DE LA MATERNIDAD EN EL ANTEPROYECTO VALORACIÓN DEL ARTICULADO DEL ANTEPROYECTO Se suprime la sanción penal para la mujer que aborta Se pasa de una regulación mixta del aborto, basada en plazos e indicaciones, a otra basada únicamente en indicaciones Se suprime la indicación eugenésica o embriopática Se regulan dos supuestos en los que se permite el aborto La indicación terapéutica La indicación ética Se da una nueva regulación a las condiciones para el aborto de las menores Acciones en materia de educación para la salud sexual y reproductiva, y de planificación familiar Acciones en materia de información y asesoramiento para resolver posibles conflictos originados o agravados por el embarazo Asesoramiento e información clínica a la mujer que se va a someter a un aborto legal Asesoramiento asistencial Información clínica La prestación sanitaria del aborto legal forma parte de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud Regulación de la objeción de conciencia al aborto Prohibición de la publicidad sobre la prestación de la interrupción voluntaria del embarazo RECOMENDACIONES ANEXOS: VOTOS PARTICULARES Anexo 1: Voto particular D. Federico de Montalvo Jääskeläinen, D. Carlos Alonso Bedate y D. Manuel de los Reyes López Anexo 2: Voto particular D. Pablo Ignacio Fernández Muñiz Anexo 3: Voto particular D. Carlos María Romeo Casabona
3 Informe del Comité de Bioética de España sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. Con fecha 4 de abril de 2014 se envía por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para informe del Comité de Bioética de España (en adelante, el Comité) el Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada (en adelante, el Anteproyecto). El Comité como órgano colegiado, independiente y de carácter consultivo sobre materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la Biomedicina y Ciencias de la Salud tiene un marco de actuación delimitado legalmente. En virtud de este marco debe informar preferentemente sobre las implicaciones bioéticas de los textos que le sean enviados a informe o de las consultas que se le realicen. Como en este caso el pre-legislador ha sometido el Anteproyecto a informe del Comité de Bioética de España nos corresponde informar acerca de lo relacionado directamente con dichas implicaciones. Por ello, el Comité toma como base de su informe, el texto del Anteproyecto que le es sometido, deteniéndose fundamentalmente en su adecuación y oportunidad, desde consideraciones bioéticas, legales y científicas. La opinión manifestada así sobre el Anteproyecto no implica que los miembros renuncien a su posiciones personales en casi todos los casos, manifestadas en otros ámbitos acerca de cuál sería una legislación ideal sobre la protección de la vida del concebido, sobre la obligación de reconocer derechos al concebido desde el inicio de su vida biológica o sobre la preferencia de medios penales o administrativos más adecuados para garantizar la protección. El Comité en el pleno del día 13 de mayo de 2014 aprueba el siguiente informe conforme a lo dispuesto en el artículo 78 de la Ley 14/2007, de 3 de julio, de Investigación Biomédica, que fija entre las funciones del Comité emitir informes, propuestas y recomendaciones para los poderes públicos de ámbito estatal y autonómico en asuntos con implicaciones éticas relevantes. 2
4 1. ANTECEDENTES JURÍDICOS Y LEGISLACIÓN VIGENTE La Constitución Española establece en su artículo 15 que Todos tienen derecho a la vida. En sentido similar se pronuncian los tratados internacionales en materia de derechos humanos ratificados por España. Así, el artículo 2 del Convenio Europeo de Derechos Fundamentales (1950) declara que El derecho de toda persona a la vida está protegido por la Ley, el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) expresa literalmente: El derecho a la vida es inherente a la persona humana. Este derecho estará protegido por ley. Nadie podrá ser privado de la vida arbitrariamente, el Preámbulo de la Convención de Derechos del Niño (1989) y la Convención de derechos de personas con discapacidad de 2006 que afirma en su artículo 10 que Los Estados Partes reafirman el derecho inherente a la vida de todos los seres humanos y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho por las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás. El efecto jurídico del término todos en el artículo 15 Constitución Española ha sido interpretado por reiterada Jurisprudencia constitucional. En su pronunciamiento el Tribunal Constitucional incluye una ponderación del bien de la vida del nasciturus particularmente cuando entra en conflicto con los derechos de la mujer embarazada, con la protección de su vida o salud, de su dignidad o de su intimidad personal. En relación con la punición penal del aborto se ha desarrollado un amplio debate científico y social en el que se han mantenido posturas diversas. Algunos defienden que el aborto provocado debe ser siempre delito sin restricciones ni excepciones, salvo generalmente la de la excepción del riesgo vital para la vida de la madre. Es decir, confieren predominio a la vida del feto. La postura antagónica estima que el aborto no puede ser punible porque la mujer embarazada tiene derecho a disponer libremente de su cuerpo, incluyendo en su libre decisión el destino de la vida humana en formación que se gesta en su interior. Entre ambas posturas han surgido en la jurisprudencia comparada otras, unas que extienden las indicaciones más allá del riesgo vital para la vida de la madre, otras que permiten el aborto provocado en un plazo temporal que se considera relevante para el desarrollo de unas cualidades en el nasciturus que le harían acreedor de la protección jurídica. En el conocido como sistema de plazos se establece que durante un determinado período del embarazo, generalmente las primeras doce semanas, la voluntad de la mujer embarazada prevalece sin necesidad de aducir motivo alguno a efectos jurídicos sobre el bien vida del nasciturus. El sistema de indicaciones, por el contrario, parte de la premisa de que debe prevalecer la vida del nasciturus, salvo que concurra alguna razón relevante jurídicamente que altere esa valoración. Esas 3
5 razones que evitarían la punibilidad del aborto provocado serían la protección de la vida o salud de la mujer (indicación médica o terapéutica), su dignidad (indicación criminológica, también llamada en su momento ética) o evitar el nacimiento del feto con graves taras físicas o psíquicas (indicación eugenésica o embriopática). El conocido como sistema de indicaciones fue introducido en el Código Penal español de 1973 en la reforma operada por Ley de 5 de julio de 1985, que recogía en su artículo 417 bis tres indicaciones terapéutica, ética y eugenésica. La Sentencia del Tribunal Constitucional (en adelante, STC), 53/1985, de 11 de abril, proclamó la constitucionalidad del proyecto de Ley que despenalizaba el aborto en esas tres indicaciones, aunque añadió exigencias no recogidas en la primera despenalización y modificó una deficiente redacción del supuesto de violación que hacía imposible recurrir legalmente a él. El sistema de indicaciones siguió vigente en el Código Penal de 1995, que en su Disposición Derogatoria única mantuvo la vigencia del mencionado artículo 417 bis. Finalmente fue derogado por la vigente Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (en adelante, Ley Orgánica 2/2010), que incluyó por vez primera en nuestro derecho el sistema de plazos. En virtud de la referida Ley es posible llevar a cabo la interrupción del embarazo, tanto a petición de la mujer dentro de un determinado periodo de tiempo (sistema de plazos), como por la concurrencia de causas fijadas legalmente (sistema de indicaciones). En ambos casos se exigen como requisitos necesarios para la interrupción voluntaria del embarazo, los siguientes: a) Que se practique por un médico especialista o bajo su dirección. b) Que se lleve a cabo en un centro sanitario público o privado acreditado. c) Que se realice con el consentimiento expreso y por escrito de la mujer embarazada o, en su caso, del representante legal, aunque podrá prescindirse del consentimiento de la mujer cuando la misma esté incapacitada legalmente. En caso de mujeres menores de edad de 16 ó 17 años el consentimiento para la interrupción voluntaria del embarazo les corresponde exclusivamente a ellas de acuerdo con el régimen general aplicable a las mujeres mayores de edad. Al menos uno de los representantes legales, padre o madre, persona con patria potestad o tutores de las mujeres deberá ser informado de la decisión de ésta. Pero se podrá 4
6 prescindir de esta información cuando la menor alegue fundadamente que esto le provocará un grave conflicto manifestado en el peligro cierto de violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos, o se produzca una situación de desarraigo o desamparo. La citada Ley prevé en el artículo 14 que podrá interrumpirse el embarazo dentro de las primeras catorce semanas de gestación a petición de la embarazada, siempre que concurran los siguientes requisitos: a) Que se haya informado a la mujer embarazada sobre los derechos, prestaciones y ayudas públicas de apoyo a la maternidad; y b) Que haya transcurrido un plazo de tres días, desde dicha información y la realización de la intervención. Esta previsión constituye en la práctica un sistema de plazos aun cuando la norma considera que en este período la prevalencia de la voluntad de la embarazada en la decisión de abortar se entiende contrarrestada por el deber de informar sobre las ayudas a la maternidad y por la necesidad de respetar el plazo de reflexión, cuyos incumplimientos pueden dar lugar a la comisión del delito recogido en el artículo 145 bis del Código Penal. En lo que se refiere a la interrupción del embarazo por causas médicas se admiten dos indicaciones: terapéutica y eugenésica. La primera permite el aborto en el caso de grave riesgo para la vida o salud de la embarazada, siempre que no se hubieran superado las 22 semanas de gestación. El grave riesgo para la vida o salud deberá ser acreditado por un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico especialista distinto del que vaya a practicar la interrupción del embarazo, aunque, en caso de urgencia por riesgo vital, podrá prescindirse de ese dictamen. La indicación eugenésica se da cuando existe un grave riesgo de anomalía en el feto siempre que no se hayan superado las primeras 22 semanas de gestación o cuando efectivamente se detecten ya en el feto anomalías incompatibles con la vida, en cuyo caso se acepta la indicación incluso con posterioridad a ese plazo de 22 semanas de gestación. En el caso de riesgo grave de anomalías en el feto deberá constar un dictamen emitido con anterioridad a la práctica de la interrupción, por dos médicos especialistas. Cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida deberá constar el dictamen emitido con anterioridad por dos médicos especialistas, o cuando se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico y así lo confirme un comité clínico. 2. CONSIDERACIONES DESDE LA BIOLOGÍA Y LA MEDICINA Aunque de los datos científicos no se deriven automáticamente consecuencias morales, es evidente que desde una perspectiva bioética estos datos han de tenerse en cuenta para valorar las normas que se establezcan y que afecten a la vida humana en las fases iniciales de su desarrollo. Por ello conviene recordar lo que ya expresó en 5
7 su día el Comité en su informe a propósito del Proyecto de Ley 2/2010 publicado el 7 de Octubre de 2009, que posteriormente se convirtió en la vigente Ley Orgánica: El desarrollo embrionario y fetal puede considerarse un proceso en continuidad (un continuum, en palabras del Tribunal Constitucional) desde la fusión de los pronúcleos del espermatozoide y del óvulo hasta el parto. Desde esta perspectiva, su vida biológica puede identificarse en todo momento como una vida humana. Igualmente, se indica en este texto que: El primer momento relevante es la fecundación, entendida como la fusión de los pronúcleos del espermatozoide y del óvulo. Surge aquí una entidad biológica nueva, que posee la dotación genética característica de la especie humana. El desarrollo subsiguiente, a través de las etapas embrionaria y fetal, implica un proceso espacio-temporal, en el que tiene lugar una activación secuencial de los genes regulada por señales biológicas. Por tanto, la entidad biológica resultante de la fecundación debe catalogarse y adjetivarse como vida humana, cuyo desarrollo debe ser respetado y protegido, precisamente en consideración a la dignidad de toda vida humana. El aludido informe del Comité de 2009 también menciona la existencia de varias fases del desarrollo de la vida humana, tras la fecundación. A efectos de la valoración bioética del Anteproyecto de Ley, objeto de este informe, se considera que existen en el proceso de desarrollo embrionario dos momentos especialmente relevantes. El primero lo constituye la etapa de implantación del embrión en la pared del útero materno, que acontece a lo largo de la segunda semana del desarrollo embrionario, por la que consolida la comunicación e interrelación biológica con la madre. El segundo momento de especial relevancia tiene lugar cuando el feto ya puede tener la capacidad para sobrevivir fuera del útero materno. Gracias al desarrollo de la medicina, y en especial de los cuidados intensivos neonatológicos, la posibilidad de vida extrauterina se alcanza ya en la semana 22 de la gestación. En el Anteproyecto objeto de este informe se establece un cambio de modelo que tiene en cuenta estos datos objetivos de carácter científico y médico al proponer la protección de la vida humana durante toda la gestación, fijando los supuestos en los que ésta se puede interrumpir, en función de la existencia de determinados conflictos entre la vida y salud de la madre y el hijo. Este Comité valora positivamente el cambio de modelo que se establece en el Anteproyecto frente al modelo vigente, al considerar que permitir el aborto durante las primeras catorce semanas de gestación, sin alegar causa que lo justifique, supone una desprotección absoluta del ser humano. Dicha desprotección, además, se produciría durante una etapa extensa de su desarrollo, que incluye todo el período embrionario y una parte sustancial del período fetal. 6
8 También quedó reflejado en el mencionado informe del Comité de 2009 y es igualmente compartido por el actual, que el aborto es una realidad lamentable que debería reducirse en lo posible. La interrupción voluntaria del embarazo tiene consecuencias irreversibles, cuya dimensión social afecta a los cimientos de la convivencia. Pero el aborto tiene también una dimensión biológica por lo que debe ser considerado desde la biología, la medicina y la salud. De ahí que hayamos de referirnos a aquellos aspectos del anteproyecto relacionados con el conflicto entre los bienes en juego en el aborto: vida y dignidad de la mujer embarazada y del nasciturus. Debe tenerse en cuenta que la comunicación madre-hijo durante la gestación es intensa y que es la madre quien más experimenta las consecuencias de la misma, tanto en el plano fisiológico como psicológico, que no terminan con el nacimiento sino que van más allá de éste. Igualmente ocurre en el caso del aborto. Por ello, la mujer debería continuar recibiendo una atención especial, incluso después de someterse a un aborto. Igualmente, hay que recordar que todo ser vivo para su supervivencia depende del medio en el que habita. Durante la gestación esta dependencia es máxima hasta al menos la semana 22, por lo que cualquier actuación que se realice en su contra durante ese período supondrá la finalización del proceso de gestación, es decir el aborto. En relación al nasciturus, la Ley Orgánica 2/2010 incluía dentro de las enfermedades extremadamente graves e incurables cualquier malformación del feto, aceptando esta situación para justificar el aborto. El presente Anteproyecto suprime este supuesto como causa de aceptación del aborto. Desde el punto de vista ético, este Comité valora positivamente que se suprima la discriminación, al entender que la protección de toda vida humana es una obligación jurídica no solo después, sino también antes de nacer. Según el Anteproyecto no es punible la conducta de la embarazada en el caso de que el aborto se deba a una afectación psíquica de la madre como consecuencia de la detección en el feto de una anomalía incompatible con la vida. Se entienden como anomalías incompatibles con la vida, todas aquellas que puedan estar incluidas en la definición establecida por la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (en adelante, SEGO), que se formula como aquélla que previsible y habitualmente aparezca asociada con la muerte del feto o del recién nacido durante el período neonatal aunque en condiciones excepcionales la supervivencia pueda ser mayor. Conviene a este respecto aclarar que dentro de las anomalías incompatibles con la vida hay una casuística variada. Existen anomalías 7
9 que afectan al desarrollo por ejemplo, una anencefalia en la que por carencia del tronco cerebral no se llegan a integrar las funciones vitales, de forma tal que no se completa el desarrollo y no llega a término la gestación, o el hijo muere al poco de nacer. Otras anomalías de esta naturaleza pueden deberse a una carencia metabólica por ejemplo, por ausencia o alteración de una enzima por causa de una mutación genética, cuya deficiencia no se pone de manifiesto durante la gestación al ser suplida por el metabolismo de la madre. En algún caso ese déficit enzimático puede ser extremadamente grave e impredecible, porque se desarrolla durante la etapa de desarrollo intrauterino tardía o en las primeras semanas tras el parto, por lo que la incompatibilidad con la vida sólo se pondrá de manifiesto después del nacimiento. En cualquiera de estos casos el hijo podrá morir antes de nacer o no podrá sobrevivir mucho tiempo tras el parto. Ante el supuesto de que el feto vaya a morir perinatalmente caben tres posibilidades: inducir un aborto antes de la semana 22, lo que sería un aborto por razón de malformación; inducir un parto después de la semana 22 y esperar a la muerte natural, o dejar que se complete la gestación permitiendo que se produzca el parto natural. Para cualquiera de estas opciones, el feto debe en todo caso gozar de la consideración que le corresponde por pertenecer a la especie humana, aunque sea previsible que pueda morir pronto. Ni las anomalías incompatibles con la vida que alteran el desarrollo, ni la enfermedad metabólica de causa genética, suplida o no por la madre, generan dolor ni sufrimiento psíquico en el feto para justificar un aborto. Los datos científicos señalan como indiscutible la incorporación subconsciente del dolor durante el proceso del desarrollo fetal, por lo que en el caso de la inducción del aborto, con el fin de evitar el dolor, debe utilizarse anestesia. Hacia la semana 20, cuando ya está completa la formación del sistema nervioso central, no se han desarrollado aún los mecanismos fisiológicos y neurológicos inhibidores del dolor. Por ello, frente a un aborto doloroso, la opción de esperar e inducir el parto a partir de la semana 22 es la que menos daño físico provoca sobre el feto. Más allá de la semana 22 el Anteproyecto propone que se induzca el parto en lugar de provocar un aborto, basándose en que, según señala la Organización Mundial de la Salud, a partir de ese momento, la vida del concebido ya es susceptible de desarrollarse de forma independiente a la de la madre. Debe tenerse en cuenta que el adelanto del parto en el caso del feto en condiciones de salud normal o enfermedad no incompatible con la vida, acarrea ciertos riesgos y podría tener efectos negativos para el desarrollo posterior al nacimiento del neonato, debido a su inmadurez. En relación con la madre y ante los conflictos originados por un embarazo no deseado 8
10 resulta necesario un asesoramiento asistencial así como la aportación a la embarazada de una información clínica personal, individualizada y verbal. Se trata de un asesoramiento, que ha de ser llevado a cabo por médicos y profesionales sanitarios y de servicios sociales, distintos e independientes de aquellos que en su caso realizaran el aborto o bajo cuya dirección éste tenga lugar y que no desarrollen su actividad profesional en el centro o establecimiento en el que se lleve a cabo. Un embarazo no deseado en que además el hijo presenta una enfermedad incompatible con la vida puede generar alteraciones psíquicas y psicológicas en la madre gestante. Cuando esto se produce, y desde la perspectiva de la defensa de la vida del no nacido, surge la exigencia de acreditación de tales alteraciones de forma suficiente, y sin que quede espacio para la duda, de acuerdo con los criterios que proporciona la ciencia y la práctica médica. Debe requerirse por tanto un informe motivado y emitido con anterioridad, por dos médicos de la especialidad correspondiente a la patología en cuestión y que sean distintos de aquél que practique el aborto o bajo cuya dirección éste tenga lugar. Así mismo, deben desarrollar su actividad profesional en un centro o establecimiento distinto de aquel en el que se lleve a cabo el aborto. La literatura científica sobre las relaciones del aborto con las alteraciones psiquiátricas causadas por un embarazo no deseado es amplia y dista de ser concluyente en muchos de sus aspectos. Así, se puede constatar que tanto el que el embarazo no fuera deseado, como el que el hijo sea diagnosticado de alguna anomalía, no necesariamente conlleva un incremento de estos trastornos ni una evolución negativa de la salud mental de la madre. Se trata de una correlación que no está demostrada con carácter general. Más bien se puede concluir que los resultados sobre esta correlación aparecen como neutros, mezclados, o negativos, pero no se ha puesto de manifiesto que sea mejor o que sea positivo para la salud mental de la madre el someterse a un aborto. Las publicaciones en las que se examina cualitativamente la relación entre el aborto y la salud psíquica de la madre son numerosas y de resultados contradictorios. Sin embargo, tanto los estudios científicos que muestran que no hay relación significativa, como las que afirman que esa relación sí se produce, señalan que la salud mental de la mujer que ha sufrido un aborto inducido, debe ser atendida médicamente a fin de prevenir los riesgos que éste provoca. 3. JUSTIFICACIÓN DE LA REFORMA El Anteproyecto consta de una Exposición de Motivos con seis puntos, siete artículos una disposición derogatoria y cuatro disposiciones finales. La disposición derogatoria deja sin efecto la Ley Orgánica 2/2010, primera cuestión que debemos abordar en virtud de su trascendencia. 9
11 Ningún órgano consultivo del Estado puede sustituir el criterio de oportunidad política que corresponde al pre-legislador. El informante no puede en este sentido sustituir la discrecionalidad, ni la responsabilidad gubernamental. En cambio, sí es función del Comité manifestar su parecer sobre la justificación que se aduce de ese criterio de oportunidad, sobre todo cuando está vigente una norma regulatoria de la materia que aún no ha cumplido cuatro años. (Ley Orgánica 2/2010.) En ejercicio de esa función entendemos que el enfoque abordado, ya desde el título de la norma, que centra la Ley en la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada es el adecuado. Se valora especialmente la afirmación contenida en la Exposición de Motivos del Anteproyecto que afirma que La Constitución Española, en su artículo 15, establece que todos tiene derecho a la vida. Dicho derecho, en el mismo sentido que lo recoge la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales ratificados por España, es la proyección de un valor superior del ordenamiento jurídico constitucional la vida humana y constituye el derecho fundamental, esencial y troncal, sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible. Indisolublemente relacionado con el derecho a la vida se encuentra el valor jurídico fundamental de la dignidad de la persona, reconocido en el artículo 10 de la Constitución como núcleo de otra serie de derechos inviolables que le son inherentes. Y como añade acertadamente la propia Exposición de Motivos, en referencia específica al nasciturus y las implicaciones de la protección jurídica de su vida, tomando como fundamento estas disposiciones, el Tribunal Constitucional ha afirmado con rotundidad que la vida del concebido y no nacido nasciturus, en cuanto que encarna un valor fundamental garantizado en el artículo 15 de la Constitución Española la vida humana, constituye un bien jurídico protegido por la Constitución, que conlleva para el Estado dos obligaciones: la de abstenerse de interrumpir u obstaculizar el proceso natural de gestación, y la de establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva de la misma y que, dado su carácter de valor fundamental, incluya también, como última garantía, normas penales. Conviene recordar, en este punto, que la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional es reiterada y considera que mantiene los principios generales expresados en la Sentencia (en adelante, STC) de 11 de abril de 1985, 53/1985. Así en la STC 121/1996 de 19 de diciembre y respecto a la anteriormente citada afirma Que este Tribunal parta aquí, de modo expreso, del recordatorio de algunas de las fundamentales afirmaciones entonces proclamadas. Y en la STC 116/1999, de 17 de junio se insiste en que la condición constitucional del nasciturus se declaró en la STC 53/1985 y que en consecuencia lo afirmado en esa Sentencia es el marco 10
12 constitucional desde el que procede enjuiciar los preceptos anteriormente enumerados. Consideramos, por lo tanto, que para garantizar el bien vida humana tal como es descrito en una reiterada jurisprudencia del Tribunal Constitucional es oportuno un cambio legislativo. En efecto, las disposiciones tomadas en la Ley vigente parecen insuficientes para la protección adecuada de los bienes jurídicos en juego en la interrupción voluntaria del embarazo. 4. EXIGENCIAS DE LA PROTECCIÓN DE LA VIDA HUMANA EN GESTACIÓN La reiterada doctrina constitucional ha sentado las bases de unas exigencias de protección de la vida humana en gestación. a) Así el supremo intérprete de la Constitución tiene declarado que la vida humana en formación es un bien que constitucionalmente merece protección (SSTC 75/1994, de 27 de junio, 53/1985, de 11 de abril, 212/1996, de 19 de diciembre y 116/1999, de 17 de julio). Esta protección que la Constitución dispensa al nasciturus implica para el Estado la obligación de establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva de la misma (STC 53/1985, FJ 5). b) También ha declarado que la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación, en el curso de la cual una realidad biológica va tomando corpórea y sensitivamente configuración humana, y que termina en la muerte; es un continuo sometido por efectos del tiempo a cambios cualitativos de naturaleza somática y psíquica que tienen un reflejo en el status jurídico público y privado del sujeto vital. Como consecuencia de esa afirmación si la Constitución protege la vida con la relevancia a la que antes se ha hecho mención no puede desprotegerla en aquella etapa de su formación que no solo es condición para la vida independiente del claustro materno, sino que es también un momento del desarrollo de la vida misma. c) El Fundamento Jurídico séptimo de la STC 53/1985 establece que la protección que la Constitución dispensa al nasciturus implica para el Estado dos obligaciones: la de abstenerse de interrumpir o de obstaculizar el proceso natural de gestación y la de establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva de la misma. Como ya informara el Consejo Fiscal en su estudio del Anteproyecto de la Ley Orgánica 2/2010 el sistema de interrupción del embarazo a petición de 11
13 la mujer durante las primeras catorce semanas, que se corresponde con el sistema de plazos, no puede considerarse una verdadera protección efectiva de la vida del nasciturus, en la medida en que en dicho supuesto la vida del nasciturus será eliminada, no por entrar en colisión con otros valores, sino por la exclusiva voluntad de la embarazada. En consecuencia, el sistema de plazos que se adoptó en la legislación vigente no exige que para la supresión de la vida del nasciturus sea preciso que exista una situación de conflicto con otros bienes jurídicos. De esta forma, uno de los bienes jurídicos digno de protección no sería suficientemente valorado. d) Como recalca el supremo intérprete constitucional la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque alojado en el seno de ésta (FJ 5 de la STC 35/1985). En su virtud, el aborto se considera un caso límite en el ámbito del Derecho y el legislador puede tomar en consideración situaciones características de conflicto. Esa situación de conflicto no puede contemplarse tan solo desde la perspectiva de los derechos de la mujer o desde la protección de la vida del nasciturus. Ni ésta puede prevalecer incondicionalmente frente a aquéllos, ni los derechos de la mujer pueden tener primacía absoluta sobre los derechos del nasciturus, dado que tal prevalencia supone la desaparición, en todo caso, de un bien no solo constitucionalmente protegido sino que encarna un valor central del ordenamiento constitucional. En consecuencia el Estado tiene además la obligación de establecer un sistema de defensa de la vida que suponga una efectiva defensa de la misma. Quiere decirse, por tanto, que independientemente de las previsiones generales de la STC 1985 y de la legislación que posteriormente se ha desarrollado sobre el aborto provocado, incluso sobre la reconocida en principio como constitucional en la Sentencia citada, el Estado tiene la obligación de revisar constantemente si la protección de la vida humana prenatal amparada por el artículo 15 está siendo efectiva. A este respecto puede considerarse que la legislación vigente, y también la anterior a la reforma de 2010, no cumplían adecuadamente con la obligación del Estado de velar por la vida del nasciturus, en cuanto no se había desarrollado una política adecuada para alcanzar el objetivo declarado de todas las reformas legales que era la disminución del número de abortos. La realidad social subyacente al aborto y los problemas derivados de la legislación anterior a 2010 aparecen descritos tanto en las justificaciones de la misma reforma de la Ley 2/2010 como en los informes previos del Consejo de Estado y del Consejo 12
14 Fiscal. Igualmente, las informaciones recogidas desde instancias nacionales e internacionales, probaban, al menos, lo siguiente: El número de abortos provocados bajo legislación de desarrollo de la STC 1985 había crecido hasta superar los anuales. La inmensa mayoría de los abortos se realizaban en clínicas privadas bajo el amparo del supuesto del riesgo para la salud psíquica de la madre. Y se había producido un efecto llamada para la realización de abortos tardíos desde países donde teóricamente el bien vida humana se encontraba menos protegido constitucionalmente que en España, tal como reconoce el Consejo de Estado. El mismo Consejo de Estado, también en el informe al Anteproyecto de la Ley 2/2010, indicaba que había razones que abogaban por un cambio legislativo, siendo las más importante lo que calificaba como el creciente fracaso de la nueva normativa, refiriéndose como nueva a la legislación posterior a En efecto, dado el objetivo señalado, entre otros, por el Parlamento Europeo y la Asamblea Consultiva del Consejo de Europa de erradicar el aborto, la experiencia que podía derivarse de la aplicación de la legislación es que nos estábamos alejando de ese objetivo. Y ello porque, bien fuera por los propios defectos de la Ley del 85, por la aplicación laxa que era observable o por la evolución social, en España regía una indeseable situación de aborto libre cuando no arbitrario. De hecho, y son de nuevo palabras del Consejo de Estado, una regulación que, aunque despenalizadora del aborto era intencionalmente restrictiva, había hecho de España el lugar donde más crecía el número de abortos en la Unión Europea. Cabe considerar por lo tanto que una reforma de la Legislación vigente en torno a la interrupción voluntaria del embarazo y la protección de la vida prenatal no puede volver sin más a la situación jurídica previa a la Ley Orgánica 2/2010. Entendemos, que si bien existía un consenso sobre las exigencias derivadas de la STC 1985, también puede deducirse que razones relacionadas especialmente con el incremento del número de abortos y con las noticias sobre abortos tardíos aconsejaban reformar la legislación a fin de adecuarla a los propios fines exigidos por la Constitución, tal como han sido precisados por el Tribunal Constitucional. Como expresa la Exposición de Motivos del texto que se somete a informe, el prelegislador se inclina, a fin de adecuar la regulación a las exigencias manifestadas en la reiterada jurisprudencia del Tribunal Constitucional, a regular la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en unos supuestos excepcionales. Será pues, en estos supuestos excepcionales en los que existe un grave peligro para la vida o salud física y psíquica de la mujer y el embarazo es consecuencia de un hecho 13
15 constitutivo de delito contra la libertad o indemnidad sexual, en los que procede la despenalización del aborto. 5. LA OPCIÓN PRINCIPAL DEL LEGISLADOR POR EL SISTEMA DE INDICACIONES El nuevo modelo que viene a establecer el Anteproyecto sustituye al actual de naturaleza mixta, plazos e indicaciones en el que se reconoce implícitamente el derecho de la mujer a llevar a cabo la interrupción del embarazo sin alegar razón por un modelo de indicaciones. Tal derecho no aparece proclamado en la Ley Orgánica 2/2010, pero se deduce sin dificultad tanto de la Exposición de Motivos, cuando manifiesta, que La presente Ley reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida, que implica, entre otras cosas, que las mujeres puedan tomar la decisión inicial sobre su embarazo y que esa decisión, consciente y responsable, sea respetada, como del propio tenor del artículo 14 de la misma en la que se permite la práctica del aborto al margen de la concurrencia de un conflicto o indicación. En la regulación propuesta en el Anteproyecto el aborto sería un acto ilícito que únicamente encontraría justificación legal en aquellos supuestos en los que concurriera un conflicto entre la vida del nasciturus y un derecho o interés de la madre, exigiéndose, por tanto, la concurrencia de un conflicto como elemento justificador, en su caso, de la práctica legal de la interrupción del embarazo. Este cambio en la propia naturaleza del modelo se valora positivamente y entendemos que se ajustaría mejor a la configuración del derecho a la vida conforme se deduce tanto del artículo 15 de la Constitución como de la interpretación que del mismo ha efectuado el Tribunal Constitucional en su doctrina unánime (véase, especialmente, la STC 53/1985 y también las SSTC 212/1996 y 116/1999). Además de ser este modelo basado en las indicaciones más adecuado con la interpretación constitucional del derecho a la vida, no olvida que en el contexto del embarazo se aprecia siempre la presencia de un tercero distinto de la madre que, como tal, debe ser protegido jurídicamente, no pudiendo quedar al libre arbitrio de las decisiones de la madre en ninguna de las fases del embarazo. En palabras del Tribunal Constitucional la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque alojado en el seno de ésta. La presunta libertad de la madre no puede ser proclamada sin ambages, dado que afecta a un tercero o, al menos, a un valor como es la vida, distinto de los derechos, valores e intereses de la propia embarazada. Más aún, en palabras del propio Tribunal Constitucional, el vínculo natural del nasciturus con la madre fundamenta una relación de especial naturaleza de la que no hay paralelo en ningún otro comportamiento social. 14
16 Por lo tanto, según nuestra doctrina constitucional la vida humana del nasciturus posee una dimensión objetiva que ha de ser protegida por el Estado, constituyendo un valor superior o fundamental del propio ordenamiento jurídico. De esta forma, si bien el derecho a la vida en su dimensión subjetiva es predicable según la interpretación del Tribunal Constitucional sólo del ser nacido, en su dimensión objetiva exige la protección de toda vida humana, incluyendo, por tanto, la vida del nasciturus. El Estado, pues, tiene el mandato constitucional de establecer un mecanismo efectivo de protección de la vida del nasciturus que sólo pueda apreciarse en un modelo basado en las indicaciones. Como hemos indicado en un sistema de plazos o mixto como el que establece la actual Ley Orgánica 2/2010, la ponderación entre la vida del nasciturus y los derechos o intereses de la madre pasa de hacerla el legislador a efectuarla la propia madre, lo que supone desatender el deber de protección de la vida del no nacido que recae sobre el Estado, conforme hemos visto que proclama el Tribunal Constitucional. En el nuevo modelo que ahora se propone, la ponderación la hace el Estado, en defensa exigida de la dimensión objetiva del derecho a la vida, a través de la descripción normativa de una serie de indicaciones en las que habrán de primar los derechos o intereses de la mujer embarazada sobre la vida del nasciturus, sobre todo, cuando el conflicto no puede resolverse reduciendo proporcionalmente ambos, sino sacrificando necesariamente uno de ellos. En definitiva, los términos en los que se pronuncia el Tribunal Constitucional y que se corresponden con los que se derivan de nuestra tradición jurídica en cuanto a la interpretación del derecho a la vida exigen, en todo caso, un mecanismo de protección de la vida del nasciturus que únicamente cederá cuando concurra un derecho o interés de la madre que haya de prevalecer sobre la vida del no nacido, y por tanto, no puede considerarse la interrupción voluntaria del embarazo como una expresión de la libertad de la mujer. En este punto conviene insistir en que los mecanismos de información o puramente administrativos que mantiene la legislación vigente no cumplirían las exigencias de protección a las que nos venimos refiriendo. No hay otro ejemplo en nuestra legislación de una protección a un bien mediante un procedimiento consistente en entregar, un sobre cerrado, con información neutral que resuelve el conflicto mediante una decisión unilateral tres días después. Recordamos que la posibilidad de que el nasciturus esté privado de la protección penal exige una serie de requisitos descritos en la STC 83/1985, El legislador puede tomar en consideración situaciones características de conflicto que afectan de una manera específica a un ámbito determinado de prohibiciones penales. Tal es el caso 15
17 de los supuestos en los cuales la vida del nasciturus, como bien constitucionalmente protegido, entra en colisión con valores relativos a valores constitucionales de muy relevante significación, como la vida y la dignidad de la mujer, en una situación que no tiene parangón con otra alguna, dada la especial relación del feto respecto de la madre, así como la confluencia de bienes constitucionales en juego. 6. INSUFICIENTES ACTUACIONES EN MATERIA DE PROTECCIÓN POSITIVA DE LA MATERNIDAD EN EL ANTEPROYECTO Habiendo manifestado su apoyo a la denominación del proyecto sometido a informe Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada y considerando adecuada la oportunidad de modificación de la legislación vigente sobre interrupción voluntaria del embarazo, el Comité de Bioética de España, sin embargo, observa una clara insuficiencia en la propuesta. En efecto, ya desde la STC 53/1985 se venía considerando que el apoyo a la mujer embarazada era la vía más eficaz para facilitar su acceso a la maternidad y la protección del bien vida humana prenatal. Es preciso recordar que cuando la Sentencia reconoce la constitucionalidad del aborto por graves taras físicas y psíquicas en el feto considera al mismo tiempo que la afirmación anterior tiene en cuenta la situación excepcional en que se encuentran los padres, y especialmente la madre, agravada en muchos casos por la insuficiencia de prestaciones estatales y sociales que contribuyan de modo significativo a paliar en el aspecto asistencial la situación. Es más, prevé una superación del estado de cosas en aquel momento precisamente a través de la política social y así afirma que En relación con él y desde la perspectiva constitucional, hemos de poner de manifiesto la conexión que existe entre el desarrollo del artículo 49 de la Constitución incluido en el capítulo III De los principios rectores de la política social y económica del título I, De los derechos y deberes fundamentales y la protección de la vida del nasciturus comprendida en el artículo 15 de la Constitución. En efecto, en la medida en que se avance en la ejecución de la política preventiva y en la generalización e intensidad de las prestaciones asistenciales que son inherentes al Estado Social (en la línea iniciada por la Ley de 7 de abril de 1982, relativa a los minusválidos, que incluye a los disminuidos profundos, y disposiciones complementarias) se contribuirá de modo decisivo a evitar situaciones que está en la base de la despenalización. En consecuencia, entendemos que la norma debería incluir medidas de apoyo a la maternidad, especialmente en circunstancias gravosas para la madre. Reiteramos en 16
18 este punto lo que ya manifestó el Comité en relación con el Anteproyecto de Ley Orgánica 2/2010. Sería necesario llevar a cabo una serie de políticas sociales de protección a la maternidad, así como en concreto, ayudas específicas a aquellas mujeres que tienen dificultades para llevar adelante la gestación y se ven abocadas, en contra de sus deseos, a tomar la decisión de abortar por abandono, falta de recursos o presiones que suponen una auténtica situación de violencia, como ha sido denunciado por mujeres que han pasado por tal trance. Hacen falta políticas que les ayuden a no tener que tomar la decisión de interrumpir su embarazo y, general, aumentar y extender las políticas de ayuda económica y social a la maternidad, como ya se viene haciendo en numerosos países europeos Ciertamente desde 1985 se ha avanzado mucho en las políticas sociales. Así hay que mencionar la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia (Ley 39/2006 de 14 de diciembre), que prevé ayudas para las personas con discapacidad. Y también la Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de Igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las personas con discapacidad. En la legislación vigente y en los tratados suscritos por España se abre paso una concepción de las personas discapacitadas en que prima la igualdad de derechos y la dignidad. Pero estos avances deberían consolidarse con políticas efectivas de ayuda a la gestante que aliviaran las situaciones de conflicto a las que nos venimos refiriendo. Si bien consideramos importante la información aún es más determinante la ayuda efectiva y este es un momento oportuno para ponerla en marcha. 7. VALORACIÓN DEL ARTICULADO DEL ANTEPROYECTO El Anteproyecto de Ley Orgánica, que plantea una propuesta despenalizadora del aborto sustancialmente distinta de la vigente en estos momentos, está siendo objeto de una intensa controversia ciudadana. El cambio principal consiste en sustituir el sistema de plazos e indicaciones de la ley actual por uno basado en indicaciones. Pero el Anteproyecto no se limita a introducir este cambio sino que incluye otros que tienen también una notable relevancia. A continuación presentamos una valoración desde la perspectiva ético-jurídica de las novedades normativas más relevantes que propone el Anteproyecto. Para hacerlo, se establecen comparaciones tanto con la ley vigente (que recurre a un sistema mixto de plazos e indicaciones) como con la que reguló el aborto en España entre 1985 y 2010 (que lo hacía en base a un sistema de indicaciones). 17
19 7.1. Se suprime la sanción penal para la mujer que aborta El art. 145,2 y 3 del Código penal vigente establece: 2. La mujer que produjere su aborto o consintiere que otra persona se lo cause, fuera de los casos permitidos por la ley, será castigada con la pena de multa de seis a veinticuatro meses. 3. En todo caso, el juez o tribunal impondrá las penas respectivamente previstas en este artículo en su mitad superior cuando la conducta se llevare a cabo a partir de la vigésimo segunda semana de gestación. El Anteproyecto, aunque mantiene el castigo a quien indujere a una mujer a producirse su aborto o a consentir que otra persona se lo cause, fuera de los casos permitidos por la ley, expresamente establece que la mujer no será castigada en ningún caso por esa conducta. La Exposición de Motivos del Anteproyecto justifica la exclusión de castigo para la mujer por entender que la mujer que se enfrenta a la decisión de interrumpir su embarazo es siempre víctima de una situación de grave conflicto personal, y que la imposición de una sanción penal constituye un reproche excesivo que deviene, por ello, injustificable. Compartimos la idea de que la mujer que se plantea abortar se encuentra en la mayor parte de los casos sumida en un grave conflicto personal. Por ello, entendemos que aunque el aborto se lleve a cabo fuera de los casos despenalizados por el Anteproyecto, no se castigue a la mujer que lo lleva a cabo. No obstante, esta propuesta suscita ciertos recelos jurídicos: a) Podría parecer poco coherente con el espíritu de una norma que pretende la protección de la vida del concebido y los derechos de la mujer embarazada declarar siempre como no punible a la mujer que aborta. Deja la vida del feto sin tutela penal frente a la madre. Si, como dice el Anteproyecto siguiendo la doctrina reiterada por el Tribunal Constitucional, la vida humana dependiente ha de ser protegida incluso con normas penales, puede resultar chocante que la mujer que se cause el aborto fuera de los supuestos en los que esté despenalizado quede exenta de cualquier reproche penal. Esta completa despenalización del aborto con respecto a la mujer no se contempla en ninguna de las legislaciones de nuestro entorno más próximo en términos tan amplios. b) No resulta sencillo sostener la constitucionalidad de una ley que excluye por completo cualquier penalización de la mujer ante el aborto. Según la STC 53/1985 la protección que la Constitución dispensa al nasciturus implica para el Estado la obligación de establecer un sistema legal para la defensa de la 18
20 vida que suponga una protección efectiva de la misma y que, dado el carácter fundamental de la vida, incluya también, como última garantía, las normas penales (FJ 7). No se puede aducir para justificar la exculpación de la mujer que, en la misma STC, se dice que las exigencias constitucionales no quedarían incumplidas si el legislador decidiera excluir a la embarazada de entre los sujetos penalmente responsables porque no lo dice con carácter general sino únicamente para aquellos supuestos en los que la mujer aborte dentro de uno de los supuestos despenalizados pero lo haga en un centro no autorizado para su práctica. Se puede entender que el Tribunal Constitucional acepte que no se castigue a la mujer cuando el aborto voluntario se practica sin que se cumplan algunas de las garantías que no tienen otra finalidad que salvaguardar la vida y la salud de la propia mujer. c) Desde el punto de vista del Derecho Penal no es fácilmente admisible la responsabilidad penal del partícipe sin que exista responsabilidad penal en el autor principal (en este caso, la mujer que desencadena o pone en marcha la actuación delictiva). Se justifica la supresión de cualquier pena a la mujer que aborta en la presunción de que actúa movida por una angustia insuperable. Pero, aunque lo más común es que así sea, no siempre lo es. Es cierto que las razones aducidas no necesariamente comportan una obligación constitucional de que el Derecho Penal castigue a las mujeres que abortan fuera de los supuestos legalmente despenalizados. Es más, se pueden esgrimir argumentos que justifiquen la no punibilidad de la mujer que se somete a un aborto ilícito y que rivalicen con los acabados de exponer: a) La protección de cualquier bien jurídico se realiza disponiendo un conjunto de garantías que se estimen suficientes para lograr esa protección. El prelegislador, en el legítimo margen de discrecionalidad que tiene a la hora de establecer esas garantías, puede concluir que el castigo a la mujer no es una garantía adecuada para proteger la vida del nasciturus porque considere que no existe proporción entre el incremento de protección que se consigue sancionando a la mujer con el castigo y el daño moral que supone para la mujer el castigo penal, que no hace sino incrementar y prolongar el drama vivido con el aborto. b) Si bien el Tribunal Constitucional ha dicho que la protección de la vida humana, por su carácter fundamental en la Constitución, puede exigir como última garantía el establecimiento de normas penales, en ningún momento dice que la protección constitucional de la vida establecida exija el castigo a la mujer que aborta fuera de la ley. 19
Secretario del Comité: Javier Arias Díaz. Apoyo Técnico Jesús González Ayuso. Avda. Monforte de Lemos, 5 28029 Madrid - España
OPINIÓN DEL COMITÉ DE BIOÉTICA DE ESPAÑA A PROPÓSITO DEL PROYECTO DE LEY ORGÁNICA DE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA Y DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO Miembros del Comité: Victoria Camps Cervera