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En Torno A La Soberanía. ¿Soberanía, Antinomia De La Diversidad Cultural?
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26_Francisco Reyes_2A
El Pensamiento Griego Hacia El Siglo V
Interiores Ley Acceso Comentada 18abril2012
PILAR ALLEGUE*
«Se llama Derecho de Gentes lo que la razón natural estableció entre todas las gentes. Más en todas las naciones se tiene como inhumano el tratar
y recibir mal a los huéspedes y peregrinos sin motivo alguno especieJ, y, por el contrario, es humanidad y cortesía el portarse bien con ellos a no ser que los
pues nunca fue la intención de las
están prohibidas o que no van en perjuicio e injuria de los otros son lícitas. Pero, como suponemos, la tal peregrinación de los españoles no injuria ni
daña a los Bárbaros; luego es lícita
extranjeros reporten dciño a la nación
gentes evitar la mutua comunicación de los hombres
(F. Vitoria: Relectio Prior de Indis Recenter Inventis.
«El Derecho de gentes, tal como fué diseñado en estas primeras gran-
des teorizaciones, fué efectivamente
y, al mismo tiempo, constituyó una elaboración de las nuevas estructuras
institucionales del mundo civil
derecho de conquista y guerra justa
(L. Ferrajoli: La conquista de América y la Doctrina de la Soberanía exterior de los Estados. 1996)
¿Es posible conjugar la unidad de una sociedad con la diversidad de culturas? ^. Una pregunta como la que se hace A. Touraine es el
* Profesora Titular de Filosofía del Derecho. Universidad de Vigo. ^ TOURAINE, A.: «¿Qué es una sociedad multicultural? Falsos y verdaderos problemas» en Claves. N.° 56 (1996), p. 14.
punto de partida de nuestro análisis. Un interrogante como éste pre- supone una serie de conceptos -textos- y contextos ^; nos traslada a cuestiones muy críticas.
Hoy, en el contexto europeo, finalizada la división del mundo en dos bloques, los procesos de transformación social y política de sociedades complejas como la occidental, parecen situarse en dos extremos ¿exigidos dialécticamente? Por un lado, existe la tendencia a la homogeneización, a la globalización; la cual, para el estado- nación, según J. Habermas, es transgresión, porque traslada las fronteras; y este estado guarda sus límites neuróticamente^. Por el otro, despiertan y se agudizan los problemas de particularismo, las reivindicaciones de respeto a las diversas entidades, provocadas muchas veces por esa universalización homogeneizante y globaliza- dora. El dilema es hallar puntos de encuentro jurídico-políticos entre la pertenencia y defensa de una sociedad particular, celosa de su identidad, y la construcción y pertenencia a sociedades suprana- cionales en las que sus relaciones están presididas por la solidaridad. Existe la necesidad de respeto a las identidades culturales, particula- res y, al mismo tiempo, la obligación de integrarse política, social y jurídicamente en otras más universales, para evitar la ghettariza- ción, los nacionalismos excluyentes y violentos, la fragmentación social ^. Este estado de cosas se perfila como u n reto imperioso en nuestro tiempo.
como una realidad completa, cerrada, en la que no tenía cabida la
Nuestro contexto ha cambiado. En otro tiempo, se
^ ZAGREBELSKY, G.: «Prefazione» en BOBBIO, N. : EguagUanza e Liberta. Tori- no: Einaudi, 1995; p. V. Alega ZAGREBELSKY la obligación de los intelectuales, en estos tiempos, de formar un «Lessico civile». La exigencia como deber público de revisar nues- tros términos lingüísticos, muchas veces caducos, porque es preciso entender los «testi in un contesto» y los contextos han variado. ^ HABERMAS, J.: «The European Nation State. Its achievements and its limits. On the past and future of souvereignty and citizenship» en Papers. V. VII: 17 th. Bologna, IVR World Congress, 16-21 june 1995; p. 35. '' TAYLOR, Ch.: La Ética de la autenticidad. Barcelona: Paidos, 1994; p. 138. En esta obra denuncia el autor la fragmentación, es decir, la incapacidad de un pueblo para proponer objetivos comunes y luchar por ellos. La fragmenta- ción es producto del fracaso de la democracia y alimenta el despotismo.
E N TORNO A LA SOBERANÍA. ¿SOBERANÍA, ANTINOMIA DE LA DIVERSIDAD
incertidumbre de nuevas posiciones políticas o sociales, aunque interna y externamente estuviese fragmentada. Hoy, esta situación se ha trastocado radicalmente, hasta tal punto que se convierte en exi- gencia la búsqueda de nuevas fórmulas político-jurídicas ante la cri- sis profunda que algunas instituciones propias del republicanismo occidental sufren. Esta crisis nos obliga a pensar nuevas alternati- vas, propuestas que deben tener carácter abierto desde la democráti- ca convicción de que las soluciones pueden ser siempre varias.
Nuestro interés, hoy, es la revisión de algunos conceptos -«testi», dice G. Zagrebelsky- que se revelan caducos y cuya inadecuación genera graves problemas sociales, políticos y jurídicos.
Desde la perspectiva de la Teoría del Derecho nos proponemos examinar la posible relación antinómica entre dos «textos en un con- texto»: soberanía y diversidad cultural. Soberanía es un término nuclear en nuestra cultura. En su entorno relacional se encuentran las cuestiones, a mi juicio, más candentes de este fin de siglo. Ella está, intrínsecamente, implicada en nuestro concepto de «ciudada- nía-política», problemático y excluyente por su identificación con la identidad nacional tal, como señala J. Habermas ^, para quien exis- ten tres movimientos históricos que van a cambiar las relaciones entre ciudadanía política e identidad nacional: el primero, es la uni- ficación alemana, la liberación de los Estados del este europeo y los explosivos conflictos nacionalistas en toda la Europa oriental, que cuestionan el futuro del estado nacional. El segundo, según este autor, es el desarrollo de la comunidad europea, que puede ilustrar las relaciones entre estado nacional y democracia; los procesos democráticos desarrollados en el ámbito de los estados-nación pare- cen menos importantes que la integración económica realizada en el plano supranacional. Y el tercero, los grandes flujos migratorios que obligan a la Europa occidental a revisar el problema del asilo políti- co desde nuevas y más amplias dimensiones. Se acusa la contradic- ción, dice Habermas, entre los principios universalistas del estado democrático por un lado, y el particularismo de proteger nuestra forma de vida «consolidada», por el otro ^.
^ HABERMAS, J.: Morale, Diritto, Política. Traducción de L. Ceppa. Torino:
Einaudi, 1992; p. 105 y ss. Citaremos por esta edición italiana.
Como pilar sustentador de esta política conflictiva está el concep- to de soberanía que puede conducimos a un nuevo eurocentrismo, como advierte Javier de Lucas quien, con motivo de la conmemora- ción del V Centenario, denuncia el peligro del nuevo eurocentrismo que acentuaría las connotaciones negativas de este modelo, tales como: pérdidida del universalismo solidario con el tercer mundo, aumento del proteccionismo económico y financiero para los euro- ^
peos, auge del racismo y la xenofobia
Al señalar la problematicidad de la soberanía queremos contri- buir a redefinir conceptualmente una gramática política que se muestra inadecuada ^, y lo queremos hacer teniendo como guía los estudios del profesor Luigi Ferrajoli que han delineado, de manera concluyente, las aporías del concepto ^.
Ferrajoli nos propone algunas soluciones. Afirma que se podrían adoptar medidas normativas tales como transformar en derechos de las personas, los derechos que hoy se reservan a los ciudadanos: «el derecho de residencia y el derecho de circulación» ^^.
Estas mismas soluciones nos enfrentan en nuestro trabajo a un concepto caduco, el de soberanía, y sus relaciones con diversas cul- turas en un mismo contexto.
Pretendemos plantearnos, como hemos señalado, la relación antinómica entre diversidad cultural (multiculturalismo) y la
"^ LUCAS, J. DE: «España en el 92. ¿De refugio a fortaleza?» Filosofía del Derecho. VIII (1991), p. 161-162.
^ ZOLO, D. et al.: La Cittadinanza. Appartenza, identitá, diritto. A cura di D. Zolo. Barí: Laterza, 1994; p. X.
^ FERRAJOLI, L.: La sovranitá nel mondo moderno. Nascita e crise dello stato nascionalle. Milano: Anabasi, 1995. Vide del mismo autor «Quattro proposte per la pace» en Democrazia e Diritto. N.° 1 (1992); p. 243-257.
También de este autor «La sovranitá nel mondo moderno. Crisi e metamor- fosi» en Atti XIX Congresso Nazionale della Societá Italiana de Filosofía Giurídica e Política. Trento. (Settembre 1994); p. 19-73. Asimismo, «Oltre la sovranitá e la cittadinanza. Un costituzionalismo mon- diale». Bologna. 17th IVR Congress, 18 Giugno, 1995. ^^ FERRAJOLI, L.: «Dai diritti del cittadino ai diritti della persona» en La cita-
op. cit.; p. 298.
EN TORNO A LA SOBERANÍA. ¿SOBERANÍA, ANTINOMIA DE LA DIVERSIDAD.
Soberanía nacional. Su posible o imposible coexistencia; porque a los científicos y filósofos sociales se les presenta la tarea de reconstruir una «teoría democrática», en el sentido de una «democracia deliberativa», tal como sostiene Giacomo Marra- mao ^^ en la misma línea de pensamiento que Habermas cuando define la necesidad de realizar una política «fundada en delibera- ciones» ^^.
2. NACIÓN-ESTADO Y SOBERANÍA
En este final de siglo el modelo político de Estado-Nación, surgi- do de la Revolución Francesa, entró en crisis.
Los logros positivos en el ámbito de las categorías del Derecho Público se muestran insuficientes, hoy, para resolver algunos con- flictos.
La fusión del Estado y de la Nación eliminó el principio dinástico que presidía ciertas relaciones político-familiares internas y extemas de l'ancien régime. La unificación de estas dos entidades los convier- te, inicialmente, en grupos cerrados, centralizados y belicosos, según L. Levi, que controlan los valores lingüísticos, morales y culturales, animadores del sentimiento nacional ^^.
La soberanía, como atributo del poder supremo, es un elemento esencial del poder político ^'*. El estado-nación simboliza su indepen- dencia interna y extema declarándose «soberano». La soberanía sig- nifica supremací a ^^. Por u n lado, el pode r de mand o es lo que dife- rencia al estado, como sociedad política, de otras sociedades
1' MARRAMAO, G.: «Stato, soggetti e diritti fondamentali» en Atti XIX Con-
op. cit.; p. 235 y ss.
12 HABERMAS, J.: Moróle
op. cit.; p. 124.
1^ LEVI, L.: Diccionario de política. Bajo la dirección de N. Bobbio y N. Mat- teucci. Madrid: S. XXI, 1983; p. 681.
1^ TARANTINO, A.: La sovranitá. Valori e limiti. Milano: Giuffré, 1990; p. 12. 1^ RAPHAEL, D.D.: Problemas de Filosofía Política. 1" reimpr. Madrid: Alian- 1989; p. 65 y ss.
humanas : es u n pode r supremo , exclusivo y n o derivado ^^. Por el otro, la unidad institucional -tanto interna como extema- es una característica determinante de la soberanía y, consecuentemente, del estado-nación. El principio de exclusión y beligerancia frente a lo ajeno, tanto interna como externamente, se encuentra implícito en la idea de soberanía, afirma Zagrebelsky ^^. Jurídicamente , el estado
moderno, representado por la soberanía, permitía a los juristas, falsa- mente, referirse a un sujeto unitario. De tal manera que el concepto básico de derecho del estado como derecho público interno, o derecho público extemo o internacional, era la soberanía de la «persona» esta-
tal ^^. La
ria de su progresiva disolución, al formarse los estados constituciona- les y democrático s de derech o (Ferrajoli) ^^. De esta forma, las características constituyentes del estado de derecho: imperio de la ley, división de poderes, sometimiento a la ley de la administración y defensa de los derechos humanos, son el resultado de la evolución que va desde el iusnaturalismo racionalista al imperio de la ley positiva, propio del Estado de Derecho, según afirma Elias Díaz ^^, de forma que podemos decir que el constitucionalismo es hijo de la modernidad y resultado de la lucha de los siglos XVIII y XIX. Para el Estado moderno, la democracia como formación de la voluntad estatal, pasa por la Constitución como soberanía popular y, gracias a su poder garantista, se puede hablar de «Soberanía de la Constitución» ^^
histori a d e la soberanía como supremacía intern a es la histo-
'^ MATTEUCCI, N. : Diccionario
de política. Bajo la dirección de N. Bobbio y
N. Matteucci. Madrid: S. XXI, 1983; p. 1.534.
1992; p. 4-5. Hay traducción española a cargo de Marina Gascón: El derecho
^^ ZAGREBELSK,
G.: // diritto
Legge, diritti, giustizia.
dúctil. Ley. derechos, justicia.
Madrid: Trotta, 1995; p. 10.
^^ ZAGREBELSKY, G.: I diritto mite
'^ FERRAJOLI, L.: «Oltre la Sovranitá
op. cit.; p. 1.
^^ DÍAZ, E.: Estado de Derecho y sociedad democrática, i^ ed., 7" reimpr. Madrid: Taurus, 1991; p. 28-30. ^^ ZAGREBELSKY, G. : «II Método di Mortati» en C. Mortati constitucionalista
calabrese, a cura di F. Lanchester. Napoli: Edizione Scientifíche Italiane, 1989;
p. 83. Citado en FROSINL V.: «Kelsen e le interpretazioni della sovranitá» en Kel-
sen e il problema della sovranitá, a cura de A. Canino. Napoli: Edizione Scienti- fíche Italiane, 1989; p. 36.
garantista atribuida a la Corte Constitucional por Constantino Morati, padre
constituyente de la Constitución italiana.
Concepto utilizado por Zagrebelsky referido
La noción de soberanía se va transformando con Kelsen en teoría normativa de la soberanía, a través de la teoría de la Norma Funda- mental, atendiendo a la función de la soberanía más que a la sobera- nía propiamente ^^. Pero, como señala Zagrebelsky, existen fuerzas corrosivas tanto internas como extemas que se oponen a la sobera- nía; ellas son: el pluralismo político y social interno, la formación de centros de poder alternativos y concurrentes con el estado que ope- ran en el campo político, económico, cultural y religioso; la progresi- va institucionalización, promovida a veces por los propios estados, de contextos que integran sus poderes en dimensiones supraestatales; incluso, la atribución de derechos a los individuos que pueden hacer- los valer ante jurisdicciones internacionales frente a los estados a que pertenecen, de tal manera que, hoy, en los estados pluralistas, sería más adecuado hablar de «Constitución sin soberano» ^^.
En resumen, históricamente, la fórmula clásica presenta a la Soberanía como una racionalización jurídica del poder, en el sentido de transformar la fuerza en poder legítimo. El poder de hecho en poder de derecho ^^, identificando efectividad y legitimidad con el Estado de Derecho. Hoy, sin embargo, existen problemas resultado de la evolución del concepto y el contexto.
Ferrajoli ^^ señala, de forma lúcida y concluyente, tres aporías en la idea de soberanía. La primera tiene carácter filosófico porque, como categoría filosófica-jurídica, su raíz es iusnaturalista pero ha servido de base a la concepción iuspositivista del Estado y del Dere- cho Internacional moderno. La segunda aporía, considera la histo- ria, teórica y práctica, de la soberanía como «potestas» absoluta. Desde el punto de vista interno, es la historia de su progresiva limi- tación y disolución; desde el extemo, es la de su progresiva absoluti- zación. Como tercera y última aporía, señala Ferrajoli la coherencia y legitimidad conceptual del término desde el punto de vista de la
^^ CATANIA, A.: «Sovranitá e Obbedienza» en Rivista
di Filo-
sofía del Diritto. Milano: Giuffré. N° 2 (1990); p. 225.
23 ZAGREBELSKY, G. : IIdiritto
op . cit.; p . 13.
Defiende el autor que ante el pluralismo un a Constitución democrática no es algo rígido n i cerrado, sino u n «Compromiso d e posibilidades».
24 MATTEUCCI, N. : Diccionario
25 FERRAJOLI, L.: La sovranitá
op . cit.; p . 1.534-1.535.
op . cit.; p . 78-79.
Teoría del Derecho, y sostiene este ius-filósofo que existe una antino- mia irreductible entre Derecho y Soberanía ^^. Por mi parte, asumo las tesis del profesor L. Ferrajoli y en este trabajo pretendo señalar la incoherencia entre soberanía y diversidad cultural.
Retomemos uno de los puntos de vista clásicos: el del creador de la Teoría Pura del Derecho. Para este autor, el estado democrático es el resultado de la síntesis de poder y derecho al erigirse en poder consti- tuyente el pueblo «soberano» ^^. Para Kelsen el problema de la sobe- ranía se resuelve en la teoría del estado como ordenamiento jurídico. El pueblo como tal carece de sentido porque únicamente existe desde el punto de vista jurídico. Existe un sistema de normas atributivas de deberes y derechos a sujetos jurídicos constituidos como personas jurídicas ^^. Por ello, este autor intenta fundar una doctrina del Dere- cho Internacional ton primacía sobre los ordenamientos jurídicos parciales de cada estado. Kelsen 2^, en la obra El problema de la Sobe- ranía, intenta demostrar que el derecho es uno y unitario y por ello es poco científico sostener que existe un derecho estatal y otro interna- cional. Cuando este autor habla de unidad, no se refiere a la unidad sustancial de las relaciones de la vida sino a la imagen jurídica del mundo ^^. Sin embargo, como advierte Renato Treves, no debemos quedamos por ello con la imagen de un Kelsen formalista y apartado de las cuestiones de este mundo, sino que podemos enmarcar su pen- samiento jurídico en su pensamiento filosófico político que revela una ideología democrática, y un Kelsen sensible y abierto a los problemas de la filosofía de la cultura. Demócrata e ideólogo de la paz, que defiende con el espírítu y la mente de un kantiano ^^
26 Ibidem. ^^ KELSEN, H. : Escritos sobre la democracia y
Ruiz Mañero. Debate: Madrid, 1988; p. 210. 2^ CARRINO, A.: «Kelsen e 11 tramonto della
sovranitá»
Diritto. NM-S (1989); P. 351. Este autor es el traductor al italiano de El problema de la Soberanía y la teo- ría del Derecho Internacional. A cura di A. Carrino. Milano: Giuffré, 1989.
2^ KELSEN, H. : II problema della sovranitá. Contributo per una dottrina pura del diritto. A cura de A. Carrino. Milano: Giuffré, 1989; p. 14. Citamos por la edición italiana.
3" CARRINO, A.:: «Kelsen
^^ TREVES, R.: «Discorso Inaugúrale» en Kelsen e il problema della sovranitá.
op. cit.; p. 358.
A cura de A. Carrino. Napoli: Edizione Scientifíche Italiane, 1989; p. 20.
Para Kelsen, «el concepto de Soberanía debe ser radicalmente superado. Esta es la revolución de la conciencia cultural que necesi- tamos como primer paso» ^^. Estas palabras de Kelsen son la con- clusión de su ensayo sobre el problema de la Soberanía, porque desde su tesis, únicamente superada la Soberanía puede constituirse la civitas máxima, centro del Derecho Internacional y presupuesto de la paz.
Sin embargo, esta conclusión parece contradictoria con sus afir- maciones sobre la Nación, pues, el mismo autor afirma que para «tolerarse» recíprocamente, mayoría y minoría se deben dar unos presupuestos que contribuyan a la comprensión mutua de los parti- cipantes en la formación de una voluntad social desde una comuni- dad cultural y lingüística, tal como es la nación ^^. El estado-nación aparece de esta manera calificado como unidad de costumbres y de lengua, es decir, de cultura. La nación es la identificación de cultura y tradición. La ideología nacional pretende ser el único criterio de formación de un estado legítimo independiente e, históricamente, se afirma que un mundo pacífico sólo puede darse con la organización internacional de naciones soberanas.
Planteamos, nuevamente, la pregunta que nos hacíamos con A. Touraine: ¿es posible conjugar la unidad de una sociedad con la diversidad de culturas? ^^.
3. CULTURA-DIVERSIDAD CULTURAL
Por un lado, el comunitarismo extremo pone en cuestión que una cultura -en nuestro caso la Europa Occidental- pueda ser tomada
H. : IIproblema
H. : Escritos sobre la democracia
op. cit.; p. 102.
Textualmente dice: «Una sociedad relativamente homogénea culturalmente, y, en particular, una misma lengua. Si la nación es ante todo comunidad de cul-
tura y lengua, entonces el principio de mayoría sólo tiene sentido pleno dentro
de un cuerpo nacional unitario ^'* TOURAINE , A.: «¿Qu é es
» , op . cit. ; p . 14.
como modelo. Defiende que todas las culturas son igualmente importantes, verdaderas. Por ejemplo, Charles Taylor ^^. Para Alfon- so Ruiz Miguel dos son los rasgos básicos del comunitarismo: el pri- mero, atiende al principio aristotélico de la prioridad del todo sobre la parte; el segundo, relativo a las creencias, presupone que las socie- dades humanas son diversas y que sus pautas culturales específicas obligan sólo dentro de su seno •^°.
Por su parte, los liberales igualitarios tienen como «sujeto de impu-
^^. La
tradición liberal se caracteriza por separar contenidos y reglas y, unida
a la globalización de carácter tecnológico y de economía de mercado, parecen favorecer formas de vida homogeneizantes que resultan inade- cuadas para llegar a la convivencia respetuosa de pueblos y culturas diversas.
tación última
al individuo y su esfera de Derechos Básicos
El debate entre identidad nacional y pluralismo cultural es uno de los grandes interrogatorios que la cultura democrática tiene plan- teados. En él está presente, por un lado, la afirmación del sujeto individual, de su libertad; y, por otro, su identidad cultural que es básica para su resistencia al estado totalitario y, en condiciones menos dramáticas, a la sociedad del consumismo de las masas, según señala A. Touraine ^^.
Buscar el fundamento de la democracia desde el concepto de ser humano nos obliga a cuestionarnos el papel de la cultura y su concepto y a preguntarnos qué entendemos por este término. La necesidad, hoy, de priorizar la sociedad civil sobre la política nos enfrenta al reconocimiento del mayor protagonismo del indivi- duo, pues, cuando hablamos de globalización, no lo hacemos en todos los ámbitos sino principalmente en el económico, de tal
^^ TAYLOR, Ch.: Multiculturalism and «the politics ofrecognition». Princeton, New Jersey, 1992. En italiano: Multiculturalismo. La política del riconoscimento. Con contributi di A. Gutman, S. Wolf, S. Rockefeller, M. Walzer. Milano: Ana- basi, 1994. ^^ RUIZ MIGUEL, A.: «Derechos Humanos y Comunitarismo. Aproximación a
un debate» cnDoxa.
N.° 12 (1992); p. 97.
^' RUIZ MIGUEL, A.: «Derechos Humanos
op. cit.; p. 112.
^^ TOURAINE, A.: «La apertura dello spazio publico» en Parolechiave. N.° 5 (1994); p. 121.
EN TORNO A LA SOBERANÍA. ¿SOBERANÍA, ANTINOMIA DE LA DIVERSIDAD
manera que asistimos «a un conflicto entre universo objetivado,
económico-financiero y universo subjetívado, (Touraine) ^^.
político-cultural»
Desde la necesidad de reconstrucción de la identidad del sujeto, nos interesa exponer el concepto de cultura que enmarca nuestra reflexión.
Para delimitar el término de «identidad cultural» he optado por el concepto proclamado por la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales ^^, y que se refiere a cultura en los siguientes términos: «En un sentido amplio, cultura puede entenderse como un conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, inte- lectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ello engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los Derechos Fundamentales del ser humano, los sistemas de valores» '*^.
La cultura se entiende como una unidad de relaciones entre su entorno natural, social y psicológico ^^. Estas delimitaciones señalan el reconocimiento de la prioridad de nuestro ser social, frente a la posición que ha mantenido la tradición liberal ilustrada de Occiden- te, para quién el protagonista es la función racional del individuo. Un autor como E. Garzón Valdés ^^ señala el peligro de la prevalen- cia de los llamados «derechos alternativos» o «sociales» sobre los derechos individuales ya que tendrían valor, únicamente, mientras los individuos viven en la comunidad y pueden convertirse en exclu- yentes en cualquier otro caso.
•'^ TOURAINE , A.: «Ricominciam o daH'individuo » e n Micromega. N.° 2 (1996); p. 127.
'^^ Conferenci a Mundia l sobr e Política s Culturales , celebrad a e n Méxic o París en 1982. Reflexión promovida por la UNESCO y recogida en el texto de JESÚS PRIETO: Cultura, Culturas y Constitución. 2.^ impr. Madrid: Congreso de los Diputados, 1995; p. 95. '*' Ibidem.
'*2 TOURAINE , A.: «¿Qu é es
?» , op . cit ; p .
14-15 .
^^ GARZÓN VALDÉS, E. : «Algunas confusiones conceptuales con respecto al problema de la diversidad cultural». Conferencia pronunciada en Orense y Pon- tevedra en abril de 1996 en el Curso Derecho, Moral y Política: ¿nuevas relacio- nes ante el siglo XXI?
Los antropólogos mantienen diferentes posiciones. Para mí el punto de partida es la posición consensuada de los Pactos Interna- cionales en los que se entiende que la vida social es resultante de las normas sociales, valores culturales, los cuales dan lugar a formas de organización identifícables con culturas-nacionales.
Las diferentes declaraciones internacionales van en el sentido de identificar unidad cultural y unidad institucional, y será en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos del 16 de diciembre de 1966, donde se recoja el derecho a ser pueblo, a tener un «estatuto jurí- dico del grupo», artículo 27, que dice así: «En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas no se negará a las personas que pertenezcan a dichas minorías el derecho que les corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, profesar y practicar su propia reli- gión y a emplear su propio idioma». En el marco europeo, el nuevo espíritu sensible al reconocimiento del «otro diverso» está plasmado en el Tratado de la Unión Europea, aprobado en Maas- tricht el 11 de diciembre de 1991 que, en el artículo 128/1, dice:
«La Comunidad contribuirá al florecimiento de las culturas de los Estados miembros, dentro del respeto de su diversidad nacional y regional, poniendo de relieve al mismo tiempo el patrimonio cul- tural común».
En este contexto, los movimientos de liberación ¿nacional? en su lucha identitaria, no defienden una sociedad multicultural, sino una sociedad nacional-cultural, es decir, unitaria, y esta posición puede generar graves problemas si se convierte en excluyente y niega la alteridad, la existencia del otro, salvo que se enmarque en una norma jurídica superior que recoja, en pie de igualdad, la diversidad cultural.
Podríamos preguntamos con A. Touraine: ¿cultura y sociedad están estrechamente vinculados, o bien, es posible una sociedad y diversas culturas? ^^.
Ante este interrogante, mi respuesta es que se convierte en una exigencia la coexistencia en una sociedad de diversas culturas inter-
^ TOURAINE, A.: «¿Qué es
?», op. cit.; p. 15-16.
comunicadas, aunque sus categorías de expresión sean diferentes. Es necesario buscar garantías jurídicas '*^.
¿Cómo combinar un punto de vista descriptivo como el cultural, con un punto de vista prescriptivo o normativo, que obliga? Según Jesús Prieto, el reconocimiento del pluralismo cultural se sustenta en dos presupuestos '^^i
1. Que la diversidad cultural es un hecho natural, es un valor en
el sentido antropológico, pues «la especie no se desarrolla bajo el
régimen de una monotonía uniforme, sino a través de modos extra- ordinariamente diversificados» ^'.
2. La personalidad individual se desenvuelve en su ambiente y
Al lado de esta constatación de la diversidad cultural, está la con- sideración de igual dignidad de las culturas que el artículo primero de la Declaración de Principios de Cooperación Cultural Internacio- nal, adoptada por la UNESCO el 4 de noviembre de 1966, reconoce en estos términos: «Toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos» '*^.
En la Constitución Española se reconocen las diferentes culturas. Igualmente, para Jesús Prieto, se aceptan como contenidos de la noción étnica de cultura, en relación con los pueblos de España, los cuatro siguientes: patrimonio cultural, lenguas, tradiciones e institu- ciones; recogiendo la doble realidad, sancionada por el Artículo 2.° de la Constitución Española, de regiones y nacionalidades, diferen- ciándose entre ellas porque sólo las últimas tendrían voluntad reno- vada de instituciones propias ^^.
Trotta, 1995; p. 851 y ss. En estas páginas el profesor Ferrajoli explica con precisión y extraordinario rigor qué significa una «teoría del garantismo» en los tres ámbitos: el normati- vo del Derecho, el de la Teoría del Derecho y el de la Filosofía Jurídica y Políti- ca. En su sentido tridimensional usamos el término.
^^ FERRAJOLI, L.: Derecho y Razón.
Teoría del garantismo
'^^ PRIETO, J. : Cultura ^^
op cit.; p. 250-251. op cit.; p. 81.
op cit.; p. 251.
PRIETO, J. : Cultura
op cit.; p. 128-129.
¿Cómo vertebrar esta pluralidad expresada como necesidad?
Examinemos desde la perspectiva de la Teoría del Derecho su posible incompatibilidad surgida de las antiguas estructuras.
Lo racional como razonable es el sugerente título de la excelente obra de Aulis Aamio ^^, en la que se considera esencial que las opi- niones sean justificadas. Y, por otra parte, desde el punto de vista jurídico, sólo son motivos racionales los que pueden justificarse en una discusión jurídica racional, según Robert Alexy ^^. La racionali- dad del derecho no es exclusivamente formal, sino que puede com- prender un concepto más amplio en el que el lenguaje adquiere una singular importancia y que el segundo Wittgenstein se ha preocupa- do de estudiar al entenderlo como práctica, como lo que este autor
llama «juegos del lenguaje»
para subrayar su funcionalidad
^^. Le
interesa más cómo funciona el lenguaje que aquéllo que significa propiamente ^•^. En nuestro caso, tomando como ejemplo la Consti- tución Española, vemos que esta concepción de «constitución cultu- ral» ^^ está construida sobre una interrelación de conceptos que se estructuran dando sentido a los términos. Si aceptamos que se reco- noce el «pluralismo cultural» en la CE, se asume que reposa sobre
^^ AARNIO, A . : Lo racional como
Versión castellana E. Garzón Valdés y R. Zimmerling. Madrid: C.E.C.,
1991; p. 254.
^^ ALEXY, R. : Una teoría de la argumentación jurídica. La teoría del discurso racional como teoría de la fundamentación jurídica. Traducción de M. Atienza e I. Espejo. Madrid: C.E.C., 1989; p. 234 y ss.
52 WITTGENSTEIN, L. : Investigaciones
AARNIO, A.: Lo racional
op. cit.; p. 243.
Barcelona, 1988. Citado po r
J. : Cultura
op. cit.; p. 101. La misma referencia a Wittgenstein.
op. cit.; p . 10. La expresión «Constitución cultural»
investigación realizada por J. Prieto. Es un trabajo sugerente y riguroso y, a mi modo de ver, exhaustivo, sobre la «Constitución cultural» y sus «juegos de len- guaje».
Fernández para referirse a la
en el Prólogo por Tomás-Ramón
principios y reglas ^^. El reconocimiento de la diversidad cultural está sancionado en los artículos siguientes de la CE: párrafo cuarto del Preámbulo; el artículo 143.1 caracteriza, al amparo de los artícu- los 2 y 137 de la Constitución Española, a las colectividades provin- ciales limítrofes; el artículo 46 sobre patrimonio cultural; sobre len- guas en el párrafo cuatro del Preámbulo y en los artículos 3, 118.1.17 y en la Disposición Final, así como en el artículo 20.3; por último, en el artículo 149.2. A esta normativa hay que añadir la juris- prudencia del Tribunal Constitucional que ha sido muy explícita, por ejemplo, en la Sentencia del 31 de Marzo de 1982 sobre la regula- ción del Estatuto de Radiotelevisión; de igual modo esclarecedora es la del 5 de Abril de 1984 sobre la pluralidad cultural ^^.
Sin embargo, a pesar del gran esfuerzo de razonamiento jurídico que Jesús Prieto ha desarrollado para conjugar términos autonómi- cos en su significado como «Soberanía nacional» y «diversidad cul- tural» acudiendo a su funcionalidad práctica, a mi juicio no clausu- ra las demandas de coherencia del ordenamiento constitucional.
Existen «buenas razones», las razones puente a que se refieren el profesor Garzón Valdés ^^ y R. Alexy ^^, par a asumi r esta posible contradicción. Pero continuemos reflexionando sobre esta inconsis- tencia, porque desde el punto de vista de la Teoría del Derecho, es preciso la ausencia de contradicciones internas en el sistema norma- tivo, de otra manera su justificación resulta muy difícil y puede pro- vocar problemas en el campo de la práctica.
Hemos dicho que aceptamos principios y reglas sobre las que sustentamos el reconocimiento de la diversidad cultural. Existe una conexión entre normas y poder, incluso ellas mismas pueden esta- blecer una estructura de poder ^^. Nos interesan las relaciones de poder existentes en la sociedad.
^^ PRIETO, J.: Cultura 5^ PRIETO, J.: Cultura
op. cit.; p. 102. op. cit.; p. 102-104.
57 GARZÓN VALDÉS, E. : Derecho, Ética y Política. Madrid: C.E.C., 1993; p.
401-413. Artículo publicado bajo el título «No pongas tus sucias manos sobre Mozart» en Claves. N.° 19.
5^ ALEXY, R.: Una teoría
5^ ATIENZA, M . y Ruiz MAÑERO, J.: Las piezas del Derecho. Teoría de los enun- ciados jurídicos. Barcelona: Ariel, 1996; p. 16.
El derecho comprende normas y principios. Las normas son apli- cables como disyunciones, según R. Dworkin, pues su aplicabilidad es o no es. Los principios tienen una operatividad diferente, porque no establecen consecuencias jurídicas que se sigan automáticamen- te. «Los principios -dice Dworkin- poseen una dimensión de la que carecen las normas: la dimensión de peso o importancia» ^^.
A nuestro juicio, la antinomia existente entre el concepto de Sobe-
ranía nacional y pluralismo cultural es de valores contrapuestos, de principios. Es una antinomia impropia, insoluble, que produce incer- tidumbre porque da lugar a normas incompatibles ^^. Es una antino- mia de principios implícitos ^^. Los criterios de resolución de las anti- nomias en este caso, en el que la competencia de ambas nonnas es contemporánea, en el mismo nivel y de tipo general, son insuficientes porque dan prevalencia, por la forma, a una u otra norma a partir del principio de <dex permissiva es favorable, y lex imperativa es odiosa», que quiere decir que el canon a aplicar choca frontalmente con la bila- teralidad de la norma jurídica; de tal manera que el derecho que otor- ga a un sujeto es deber para otro y, desde este principio, esa relación jurídica interpretada de forma favorable para un individuo puede ser odiosa para otro, y desde este razonamiento ¿a quién debe favorecer?
La solución de una antinomia que tiene carácter de principio sólo puede darse desde el interpreten^. En el caso, por ejemplo, de la CE, el intérprete será, como titular de la «soberanía nacional», el puebl o español : segú n promulg a el artícul o 1.2 «reside e n el puebl o español, del que emanan los poderes del Estado». Jesús Prieto, en su concluyente trabajo ^^, argumenta que el poder soberano -el pue- blo- tiene una doble función y le corresponde el ejercicio supremo del poder constituyente, tal como lo expresa el párrafo final del Pre- ámbulo que dice así: «En consecuencia, las Cortes aprueban y el
pueblo español ratifica la siguiente
^^. En este mismo Preámbulo,
^0 DWORKIN, R.: LOS Derechos en serio. Barcelona: Ariel, 1984; p. 75-77.
^^ BOBBio, N.: Teoría general del Derecho. Traducción de E. Rozo. Madrid:
Debate, 1991; p. 200-204.
M . y Ruiz
MAÑERO, J.: Las piezas
op. cit; p. 16-25.
Ruiz MAÑERO, J.: Las piezas
op. cit; p. 207-209.
PRIETO, J.: Cultura
op. cit.; p. 130-131.
^5 La Constitución Española de 1978. Prólogo de G. PECES-BARBA. Madrid:
Centro de Estudios Adams, 1991; p. 24.
TORNO A LA SOBERANÍA. ¿SOBERANÍA, ANTINOMIA DE LA DIVERSIDAD
es donde se manifiesta una posible contradicción al proclamar «la
en uso de su soberanía
¿Cómo eliminar las antinomias de principio? Los conceptos tie- nen contextos que han variado a través délos tiempos y sus cir- cunstancias políticas y sociales, de tal manera que existen usos heterodoxos °^ y tienen gran funcionalidad, aunque desde la teoría del derecho puedan ser señalados como antinomias. Hemos visto, pues, que el sujeto solucionador podría ser «el pueblo español» a través de sus instituciones y representaciones legales y legítimas (hoy carece de sentido una soberanía popular directa del tipo ruso- niano). Desde los tipos de inconsistencias (antinomias) diseñadas
por A. Ross ^^ ésta sería total-total, o de incompatibilidad absoluta. Su solución podría tener tres posibilidades: eliminar una norma, eliminar las dos, o conservar las dos ^^. Desde el punto de vista teó- rico genera muchas incompatibilidades porque es una antinomia total-total; desde el práctico, su funcionalidad es real porque juega como antinomia total-parcial, de tal manera que, acuñado el térmi- no «nacionalitarias» para las naciones que no tienen ansias de tener un Estado propio aunque sí una personalidad cultural dife- renciada^^, la incompatibilidad es en parte porque existe un prota- gonismo autonómico de las partes que confluyen en un todo común que es el «pueblo español». Fórmula autonómica que, en opinión de Rubio Llórente, «es una solución paradójicamente feliz
y defectuosa» ^^. G. Peces-Barba habla
aunque la teoría se corresponda con la de un Estado de las Autono- mías porque existe una división de atribuciones legislativas y eje- cutivas ^^. El Título VIII de la Constitución Española es resultado
^^ Ibidem. ^"^ PRIETO, J.: Cultura
^^ Ross, A.: Sobre derecho y la justicia. Traducción de Genaro Garrió. 4^ ed.
op. cit.; p. 134-135.
Buenos Aires: Eudeba, 1977. *^ BOBBio, N.: Teoría general
op. cit.; p. 209-211.
™ PRIETO, J. : Cultura
op. cit.; p. 114 y ss.
^^ RUBIO LLÓRENTE, F.; «La Gonstitución Española trece años después» en PECES-BARBA, G. (ed.): Estudios sobre la Constitución Española. Madrid: Univer- sidad Garlos III, BOE, 1994; p. 126. '2 PECES-BARBA, G.: «La vocazione all'autonomía della Spagna contemporá- nea» en II federalismo e la democrazia europea. A cura de G. Zagrebelsky. Roma:
La Nuova Italia Scientifica, 1994; p. 191-193.
de un abierto espíritu de consenso y en el que es una exigencia la interpretación. Se establece en la CE un nuevo criterio de resolu- ción de conflictos, como nos recuerda Javier de Lucas: el de Com- petencias, artículo 149.3 ^^.
A modo de conclusión, con respecto a nuestra ejemplificación a través del texto constitucional español, decimos, con Jesús Prieto, que artículos como el 2° de la CE que sancionan la «indisolubilidad de la unidad», (coherente con la soberanía nacional e incoherente con la consideración igualitaria de «pueblos» y su soberanía popu- lar), no pueden ser un «prius absoluto» sino que tienen que ser un «prius relativo» porque si no fuese así carecería de sentido la refe- rencia al Título X y al artículo 168 de la CE sobre la posibilidad de reforma del texto constitucional ^^.
Por otro lado, Norberto Bobbio señala cómo una ley contradicto- ria es válida aunque pierda eficacia e incluso pueda llegar a producir injusticia ^^.
En caso de antinomias del mismo nivel, contemporáneas y ambas válidas, la solución puede venir por una abrogación legislati- va, de otra manera se crea incertidumbre e injusticia por la desigual- dad de trato de los individuos. Una solución alternativa puede ser argumentar con nuevos criterios de interpretación que permitan jus- tificar y eliminar la imcompatibilidad (no la/s norma/s incompati- bles). De tal manera que, mediante alguna modificación legislativa se realice una interpretación correctiva ^^.
' ' LUCAS, JAVIER de et al.: Recogido en Introducción a la Teoría del Derecho. Valencia: Tirant Lo Blanch, 1992; p. 166-170. Reproducimos el texto del art. 149.3: «Las materias no atribuidas expresa- mente al Estado por esta Constitución podrán corresponder a las Comunidades Autónomas, en virtud de sus respectivos estatutos. Las competencias, que no se hayan asumido por los Estatutos de Autonomía, corresponderán al Estado, cuyas normas prevalecerán en caso de conflicto sobre las de las Comunidades Autónomas en todo lo que no esté atribuido a la exclusiva competencia de éstas. El Derecho estatal será, en todo caso, supletorio del Derecho de las Comunidades Autónomas».
'^'^ PRIETO, J.: Cultura
'^ BoBBio, N.: Teoría general ^^ BoBBio, N.: Teoría general
Op. cit.; p. 171-176.
op. cit.; p. 217-218. op. cit.; p. 210-211.
La soberanía se revela como un término caduco e inadecuado para los contextos plurinacionales y, por tanto, pluriculturales. Implica una concepción de la ciudadanía excluyente y una unidad cultural, problemática aunque existan fórmulas atípicas y heterodo- xas que permitan una funcionalidad política y cultural.
Las antinomias ideológicas -impropias-, tal como señala N. Bob- bio, pueden dar lugar a normas incompatibles, porque si una fuente de Normas o Norma Constitucional es incompatible en sus princi- pios (aunque estén implícitos), mina de antinomias de principio el Ordenamiento ^^.
Retómenos el mandato de G. Zagrebelsky, enfrentémonos a la reconstrucción de un léxico civil desde la sociedad civil, activa y democrática, que dote de u n nuevo sentido a nuestro lenguaje ^^.
Para autores como A. Aamio, el contexto de las normas jurídicas es siempre sistémico y político, es decir, extralegal, porque toda ley surge de la actividad política y se dirige a una sociedad. De tal mane- ra que interpretar la ley significa tener en cuenta el sistema de valo- res sociales y culturales ^^. Entiendo, por otra parte, que la cultura es un concepto descriptivo pero que si es objeto de positivación puede, en el ámbito en que se reglamenta, positivizarse y convertirse en norma prescriptiva.
El derecho como relación jurídica normativiza las relaciones intersubjetivas en una sociedad. El otro tiene su derecho, de tal manera que al derecho de uno le corresponde un deber en el otro, y este carácter bilateral implica una exigencia de igualdad formal
'^'' BOBBIO, N.: Teoría general
op. cit.; p. 202-203.
^^ ZAGREBELSKY, G.:Ildiritto mite
Vide, también de este autor, estas mismas palabras en su obra // «crucifige»
Op. cit.; p. III-IV.
Torino: Einaudi, 1995; p. III-IV.
^^ AARNIO, A. : Lo racional
op. cit.; p. 158.
(cuando menos) de uno y otro sujeto social, legitimando, de esta forma, un tratamiento análogo, recíproco, entre los individuos miembros de una sociedad.
El sujeto de derechos es siempre el individuo. Pero la alteridad jurídica puede asumir diferentes posiciones. Por un lado, puede desde la igualdad defender la asimilación. La justificación de esta homologación vendría dada por la obligación de tratar igual a todos/as los/as ciudadanos/as. Por otro, la relación podría ser asimé- trica, adoptaría diferentes formas jerárquicas desiguales, en dónde las diferencias podrían manifestarse conflictivamente.
Los individuos se realizan en una sociedad interconexionada. En el contexto actual las relaciones económico-financieras parecen ser las protagonistas del desarrollo. Para A. Touraine la gobalización mundial no es un tipo de sociedad, sino «un sistema impersonal de desarrollo y de poder apartado de las sociedades nacionales y por lo tanto afecto (aficionado) a disgregarlas y a oponerse a las realidades nacionales,
Un conflicto entre universo objetivado,
económico-financiero y u n universo subjetivado, político-cultural» ^^.
culturales, étnicas, religiosas
Asistimos, cotidianamente, a una fragmentación de la sociedad civil al no existir una política de bien común, «de interés común», dice V. Camps ^^ situación que degenera en el conformismo de las masas y disyunción de la sociedad política.
En este contexto el individuo y su libertad debe ser repensado, no como individuo sino como sujeto de identidad —no como consumi- dor proletario o ciudadano—, porque al reafirmarse como individuo, está reconociendo al otro, también, como individuo ^^. Ello implica reconocerlo con sus características culturales y sus ansias de entron- que participativo universal. Porque, tal como hemos dicho anterior- mente, el sujeto se interrelaciona con otro, se comunica y la comuni- cación es esencialmente, según Touraine, intercultural ^•^. De
^^ TOURAINE, A.: «Ricominciamo
op. cit.; p. 127.
*^ CAMPS, V. y GINER, S.: El interés común. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1994. (Cuadernos y debates).
^2 TOURAINE, A.: «Ricominciamo
op. cit.; p. 131.
op. cit.; p. 132.
manera que reconocer al sujeto y su comunicación significa recono- cer que esta comunicación es intercultural. La democracia surge en este contexto como un conjunto de garantías y procedimientos pro- vocados en su tutela por el nuevo protagonismo del sujeto humano (no ya del ciudadano).
El reto es huir de la política del individualismo aislacionista, por un lado, y en el extremo contrario no caer en una política del plura- lismo ghettarizado, balcanizada.
Nuestro contexto político-jurídico está en crisis. Los conceptos de estado-nación, de estado republicano y, en consecuencia, el de soberanía son caducos. La identificación del hombre con el ciudada- no es peligrosa y excluyente, porque nos conduce a rechazar al que no pertenece al grupo -no ciudadano-, a la homogeneización, a la cultura de masas. Es necesario, afirma A. Touraine, abrir el espacio público. La cultura democrática consiste, en primer lugar, en el reco- nocimiento del otro ^^.
Es oligatorio buscar puntos de encuentro y equilibrio entre la defensa del individuo y la «fiíerza centrífiaga de la cultura», no se puede ser defensores absolutos ni del individualismo ni del multi- culturalismo, sino que es necesario defender, como dice Walzer, una estructura que soporte políticamente tanto la fuerza de los grupos como la de los individuos. Realmente, continúa el mismo autor, necesitamos una democracia social. Ferrara habla del mul- ticulturalismo bien entendido ^^. Esta democracia como ideolo- gía Touraine la entiende como «una función del quantum de la diversidad» *^. La idea democrática impone reconocer el pluralis- mo cultural más que el pluralismo social, al lado del manteni- miento de lo que Bobbio llama «contenido mínimo» de la demo- cracia: la tutela de las libertades fundamentales y el sistema de garantías institucionales y procedimentales del Estado de Dere- cho. Este contenido mínimo comprende el problema de la ciuda- danía.
^'^ TOURAINE, A.: «L'apertura
» op. cit.; p. 123.
^^ WALZER, M. : «Multiculturalismo e individualismo» en Micromega. Roma. N.°3 (1994); p. 40-41.
Madrid: Temas de hoy, 1994; p. 274,
^^ TOURAINE, A: ¿Qué es la democracia?
Ferrajoli analiza y señala la crisis de legitimación que ataca al estado-
soberano, una crisis que, desde lo alto, lo agrede con los procesos de pri- vatización, de intemacionalización, des-regulación de las economías,
disgregación. Por estas razones, ha perdido gran parte de su función his- tórica: unificación nacional y pacificación interna ^^. Estoy absoluta- mente de acuerdo con el profesor Ferrajoli en que, desde el punto de vista normativo, la soberanía del estado, por lo menos en sus principios, pierde su carácter de supremacía absoluta para subordinarse extema- mente a los imperativos de la paz y a los derechos fundcimentales. Desde estos objetivos comunes se incicia «un cierto orden jurídico mundial» que tiene como pioneros a la Carta de la ONU de 1944 y a la Declaración Universal de Derechos de 1948 ^^. El problema es de garantías jurídicas.
y, desde abajo, lo asaltan los procesos centrífugos y de
¿Qué ha ocurrido con términos como nación, soberanía, identi-
Ilustración, que han construido e impregnado nuestra cultura, han llegado al límite de su funcionalidad. Pueden provocar antinomias entre principios y si una Norma Fundamental posee incoherencias,
Hoy, parece que ciertos conceptos heredados de la
puede llenar de contradicciones —antinomias— el resto del sistema
normativo. Considero que esto ocurre con los términos soberanía -nacional-estatal- y diversidad cultural.
La soberanía está ligada íntimamente a la unidad nacional, a la unidad cultural. La convivencia en un único estado de diversas y legí- timas formas de vida debe superarse en la construcción de «una cul- tura común política» ^^. Es la función que tiene que realizar la «cul- tura española», según Jesús Prieto, como una cultura colectiva de segundo nivel común, y que debe dar lugar al llamado «Estado de Cultura» como síntesis ^°. En el caso español, la CE consolida el rol hegemónico de la/s cultura/s como un derecho fundamental autóno- mo, en estricta técnica jurídica, como un derecho de prestación ^^
^^ FERRAJOLI, L.: «La conquista de América y la doctrina de la soberanía exterior de los Estados» en Soberanía: un principio que se derrumba. Barcelona:
Paidos, 1996; p. 171.
^^ FERRAJOLI, L.: «La conquista
op. cit.; p. 168-169.
^^ HABERMAS, J.: Morale
op. cit.; p. 136.
PRIETO, J.:
170 y 213 y ss.
op. cit.; p. 280.
Si nos situamos en el contexto europeo, observamos cómo hemos pasado de la Comunidad Económica Europea a la Comunidad Euro- pea y, como última muestra de voluntad política, a la Unión Euro- pea, unión que urge consolidar política, cultural y jurídicamente. Para Habermas las diversas culturas nacionales podrían desarrollar, en el futuro, una cultura política común, democrática, de corte libe- ral, abierta ^^, que reclama como vínculo «el patriotismo constitu- cional ^•'» en el que se recoja la integración de diversas formas de vida. Por tanto, una futura federación europea con idénticos princi- pios jurídicos, debe ser entendida desde el protagonismo de las diversas culturas y n o de las diversas historias nacionales ^^. El futu- ro de Europa, nos advierte J. de Lucas, es el de una comunidad que acepta la sociedad multiétnica, pluricultural, sobre la base de una igualdad sustantiva de los derechos donde se participe de la vida pública y se experimente la solidaridad, con una abierta voluntad política de hacer partícipe de nuestra riqueza al Sur ^^.
Unido a estos problemas, y como consecuencia del concepto his- tórico excluyente de soberanía estatal-nación constitucional, es nece- sario revisar el canon de la ciudadanía. Veamos qué alternativas pro- pone el profesor Ferrajoli. Una de sus propuestas parte de que el derecho no es «natural», sino que lo hacen los hombres y mujeres en un tiempo y circunstancias. La confusión histórica de la identifica- ción «universEil» de los derechos de hombre con los derechos del ciu- dadano, genera una grave antinomia cuando la pretendida universali- dad se identifica con los límites cerrados del individuo-ciudadano/a a través de una nación concreta. La ciudadanía así entendida actúa como principio igualitario en el interior y como excluyente para el exterior ^^. La doctrina kelseniana, defensora de u n único ordena- miento interno (estatzd) y extemo (internacional), en estos momentos
J. : Morale
^3 HABERMAS, J.: Morale
op. cit.; p. 126. op. cit.; p. 116.
^^ Ibidem. ^^ LUCAS, JAVIER DE: Europa: ¿convivir con la diferencia? Racismo, naciona- lismo y derechos de las minorías. Madrid; tecnos, 1992; p . 96-97.
Al igual que Ferrajoli, de Lucas defiende una racionalidad sustantiva -plas- mada en los derechos fundamentales- en el derecho internacional positivizado,
frente a una racionalidad formal. Vide FERRAJOLI, L.; «La conquista p. 171.
FERRAJOLI, L.: La sovranitá
op. cit.; p. 165.
se evidencia como un a alternativa correcta ^^. E s necesario revisar el concepto de soberanía. Para Ferrajoli, el principio de soberanía con- diciona, tanto en el plano fáctico como en el jurídico normativo, la actuación de las Naciones Unidas hasta tal punto que el artículo 2 de la Carta dice: «la organización se funda sobre el principio de la sobe- rana igualdad de todos sus miembros», y sobre este concepto abunda el artículo 7. Además de la imposibilidad de injerencia en los estados, la comunidad internacional se entiende como Comunidad de estados
y no d e pueblos ^^.
Es una apremiante tarea el cuestionar y trascender los estados nacionales, su soberEinía, partiendo de la autonomía de los pueblos y no de los conceptos históricos que hoy causcín problemas socicdes gravísi- mos. Nuestro paradigma es el estado de derecho en un marco democrá- tico constitucional. Pensemos en la oportunidad de los debates jurídico- políticos en un momento en el que Europa, la Unión Europea, es a-constitucional y la ONU exigiría profundas reformas. El universalis- mo de los valores humanos, -entre ellos, a nuestro juicio, están los cul- turales-, no puede ser antinómico y para ello sólo la consideración del individuo como soporte y sujeto de estos derechos -independientemen- te de su condición de ciudadano-, puede romper la asimetría de dere- chos tan fundamentales como el de igualdad. Para Ferrajoli la racionali- dad de los derechos fundamentales debe superar la dicotomía entre «racionzilidad formal» y «racionalidad sustancial» y sólo el paradigma constitucional lo resuelve, a nuestro juicio positivamente, al asumir los derechos fundamentales como racionalidad sustancial.
Partiendo de la reivindicación del individuo como persona huma- na y sus derechos, es necesario considerar la alternativa de A. Tourai- ne respecto del reconocimiento de la diversidad cultural como un elemento central de la democracia abierta y crítica, un «multi- culturalismo bien moderado» ^^ que se constituya como un camino intermedio entre el liberalismo minimalista y el integrismo del estado comunitarista ^^^. El reconocimiento de los derechos civiles, políticos
^'' KELSEN, H. : IIproblema
op. cit.; p . 169.
^^ FERRARA, A.: «Multiculturalismo
op. cit.; p . 201.
'^^ FERRARA, A.: «Multiculturalismo ben temperato e democrazia» en Multi-
Roma: Donzelli, 1996; p. 200.
cuturalismo
y culturales no debe ser por ser «ciudadano» sino por ser hombres/mujeres, son derechos de los individuos. Y si la sociedad occidental -cuando menos-, en el próximo siglo, es una Unión de Comunidades levantadas sobre un pacto constitucional democrático, tiene que recoger la diversidad cultural para poder construir una iden- tidad más amplia y común, cultural y políticamente, en la que las exclusiones carezcan de sentido; en la que los individuos posean dere- chos y deberes por ser hombres y mujeres no ciudadanos de un deter- minado estado; y en el que se respete la igualdad en la diversidad, y no una identidad sustentada en lo que Habermas ha llamado el «chovi- nismo del bienestar» ^^^.
¿Quién es democrático
democracia crítica, tiene que movilizarse contra quien
rechaza el diálogo, niega la tolerancia, busca solamente el poder y cree tener siempre razón. La mansedumbre —la mitizza— como
actitud del espíritu abierto al diálogo, que no aspira a vencer sino a convencer y está dispuesto a dejarse convencer, es ciertamente la
virtud capital de la democracia crítica
(ZAGREBELSKY, G.: // «cruciftge» e la democrazid) ^^^
A. TouRAiNE lo denomin a «moderado»: primero , porqu e la protecció n cons -
titucional y la consideración de cultura debe ser considerada por actores no implicados; y, segundo, porque considera la cultura como sedimento de las relaciones intersubjetivas de recíproco reconocimiento.
Citado, asimismo, por FERRAJOLI en FERRAJOLI, L.: «Oltre la Sovranitá
HABERMAS, J.: Morale
cit.; p. 7. '*^^ ZAGREBELSKY, G.: II «crucifige» e la democrazia. Torino: Einaudi, 1995. Hay traducción española de A. Pentimalli en ZAGREBELSKY, G.: La crucifixión y la democracia. Barcelona: Ariel, 1996.
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