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Timestamp: 2019-06-25 14:47:17
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Matched Legal Cases: ['artículo 5', 'artículo 5', 'artículo 15', 'artículo 13', 'artículo 278', 'artículo 278', 'artículo 278', 'artículo 279']

Ley de Secretos Empresariales 2019 - Normativa
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No cabe duda de que actualmente vivimos un momento en el que la información ha pasado a ser objeto de comercio, y que, dado el gran avance que van adquiriendo las tecnologías, éste se ve incrementado a la par que lo hace su vulnerabilidad.
Con el fin de proteger la información, y sobre todo, aquella se denomina “know how”, surgen normas específicas que regulan estos aspectos, como en este caso la Ley de Secretos Empresariales.
¿Cómo proteger estos secretos?
¿Qué impacto tiene la protección de los secretos empresariales en el ámbito laboral?
Violación de secretos empresariales, delito, artículos 278 y 279 del Código Penal
Hasta la llegada de la nueva Ley de Secretos Empresariales, no había en nuestro país una regulación específica de esta materia. Si bien es cierto, que se protegía desde distintas ramas del Derecho, a través del Código Penal o en la Ley de Competencia Desleal.
La mejor forma de comprender lo que abarca este concepto, el de secreto empresarial, es acudiendo a la Ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales, que es la que se encarga de definirlo en su artículo primero.
Así, se trata de “cualquier información o conocimiento, incluido el tecnológico, científico, industrial, comercial, organizativo o financiero, que reúna las siguientes condiciones:
Ser secreto, […];
tener un valor empresarial, […] precisamente por ser secreto […]
Algunos ejemplos de secretos empresariales podrían ser: algoritmos, fórmulas matemáticas, intervenciones que no estén sujetas a patentes, listados de proveedores/clientes, estrategias de marketing, etc.
Este deber de confidencialidad o también denominado secreto, se encuentra regulado en nuestro ordenamiento en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), más concrétamente en su artículo 5.1 apartado f), el cual lo configura como un principio básico, señalando la garantía de seguridad de esos datos e incluyendo de este modo, la protección frente a todos aquellos tratamientos que no fuesen autorizados o ilícitos.
Además, la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), en su artículo 5 se contempla el deber de confidencialidad que atañe a los responsables y encargados del tratamiento de datos, incluyéndose también a todas aquellas personas que puedan llegar a intervenir en cualquier momento de dicho tratamiento.
Además, cabe precisar que contempla que se complementa con los deberes de secreto profesional, y que perdurará en el tiempo, aún habiéndose finalizado la relación del obligado con el encargado del tratamiento.
La forma más efectiva y a su vez práctica, es mediante la utilización de cláusulas contractuales que recogen de manera expresa esa obligación de confidencialidad respecto a este tipo de información empresarial, reforzando asimismo, el carácter reservado de la información para el empleado, que es el sujeto obligado.
Además, en estas cláusulas se determinarán cuáles son las condiciones de acceso a este tipo de información privilegiada, así como las personas que pueden acceder a la misma, en base a sus atribuciones y funciones.
A través de la firma de compromisos o acuerdos de confidencialidad con los trabajadores, las entidades intentan garantizar la protección de sus secretos empresariales, los cuales suelen otorgarles una ventaja competitiva o constituyen información confidencial y privilegiada.
Es importante destacar que en ningún caso podrá afectar a la autonomía de la que disponen los interlocutores sociales, al derecho a la negociación colectiva, ni tasar la movilidad de los empleados.
Hay que tener en cuenta que la citada Ley, remite en este aspecto a la legislación en materia de patentes.
Además, conviene tomar medidas con el objetivo de reforzar la seguridad de la información catalogada como sensible en este ámbito, ya que estadísticamente, cuando se producen violaciones de los secretos empresariales, las vulneraciones son por parte de antiguos trabajadores, trabajadores actuales o incluso, los propios colaboradores de las empresas al tener acceso a esta información. Para ello, hay que elaborar medidas de prevención que se dirijan a impedir supuestos de revelación de información sensible y, para el caso de que inevitablemente se haya producido esa fuga de información, se cuente con los medios posibles para perseguir dicho violación ante los tribunales.
Por ello, también resulta de vital importancia que las empresas planteen y regulen políticas específicas en materia de confidencialidad, dirigidas a proteger este tipo de activos, frente a infracciones cometidas por empleados, proveedores o colaboradores.
Fundamentalmente, radican en los siguientes aspectos:
Se recoge la definición legal de qué es un secreto empresarial.
Se incorporan en el artículo 15, una serie de reglas, con el fin de preservar el tratamiento confidencial de la información que pueda constituir objeto profesional.
Se fijan una serie de pautas y reglas, para desarrollar las diligencias de comprobación de hechos, el acceso a pruebas que obran en poder de terceros, y las medidas cautelares que se pueden adoptar ante una violación de secretos empresariales.
Finalmente, y no por ello menos importante, cabe resaltar la modificación que se introduce de la Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal, concretamente en su artículo 13, que especifica que: “se considera desleal la violación de secretos empresariales, que se regirá por lo dispuesto en la legislación de secretos empresariales”. De este modo, se remite a la legislación específica en esta materia, combinando ambas normativas, para otorgar una mayor protección.
El artículo 278 del Código Penal regula el supuesto en el que cabe considerar que se ha producido un delito de revelación o violación de secretos empresariales. Para que se aprecie la comisión de un delito, es necesario que se den una serie de requisitos:
La acción que se castiga es el hecho de apoderarse de datos, documentos escritos o electrónicos, y soportes informático, además de papeles, cartas, mensajes de correo electrónico, u otros documentos o efectos personales.
Dicha acción tiene que estar encaminada a descubrir un secreto.
Necesariamente ha de ser un secreto de empresa, que recordemos, es más amplio que el secreto industrial, al abarcar medios de producción y los procedimientos relativos a la organización del comercio de que se trate.
Es importante traer a colación la Sentencia del Tribunal Supremo 285/2008 de 12 de mayo, que fija una serie de notas características para su definición:
Ha de ser cuantificable económicamente y lícita.
Se trata de un conocimiento exclusivo y propio de la empresa.
Debe situar en una posición privilegiada frente a la competencia.
Podríamos concluir, que el bien jurídico protegido por el legislador es el mercado, entendiéndolo como el buen funcionamiento del mismo, siguiendo la visión de Adam Smith, y a tenor de la capacidad competitiva de empresa contemplada por nuestra Constitución, como un derecho fundamental de la libertad de empresa.
En caso de obtener dicho secreto, el hecho de difundirlo, revelarlo o cederlo a terceros, nos encontraríamos ante la conducta del artículo 278.2 del Código Penal, constituyendo una forma agravada del delito.
La Sentencia del Tribunal Supremo 864/2008, de 16 de diciembre, fue la encargada de diferenciar entre los tipos penales de los artículos 278 y 279 del Código Penal, indicando que el primer tipo (artículo 278) se trata de un delito común y no especial, ya que cualquier persona sin ningún tipo de condición especial puede cometerlo.
Por el contrario, el segundo (artículo 279), únicamente puede cometerlo quien tuviere legal o contractualmente obligación de guardar el secreto que esa persona conoce por su relación concreta con la empresa.
A modo de ejemplo, un caso muy mediático fue el que se presentó en el canal de televisión por suscripción de origen estadounidense, llamado HBO, propiedad de la empresa WarnerMedia.
Varios capítulos de la séptima temporada de Juego de Tronos (Game of Thrones) fueron sustraídos. Las personas que sustrajeron los mismos, llegaron a exigir a la cadena el pago de una importante cantidad de dinero como “rescate”, para no difundir los capítulos de los que se habían apoderado.
Éste es solamente un ejemplo de la virtualidad práctica que este tipo de supuestos y problemáticas pueden generar.
Con la nueva normativa, las empresas y entidades deben concienciar a su personal, dependiente y colaborador, acerca la importancia de este tipo de activos empresariales, de su valor y la necesidad de proteger su confidencialidad de cara a garantizar una posición privilegiada en el mercado.
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