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Timestamp: 2019-01-22 20:32:52
Document Index: 24308025

Matched Legal Cases: ['artículo 501', 'artículo 282', 'artículo 8', 'artículo 200', 'artículo 35', 'artículo 2', 'artículo 2', 'artículo 14', 'artículo 35', 'artículo 446', 'artículo 2', 'artículo 1', 'artículo 2', 'artículo 3', 'artículo 6', 'artículo 7', 'artículo 8', 'artículo 2', 'artículo 3', 'artículo 35', 'artículo 8', 'artículo 13', 'artículo 2', 'artículo 19', 'artículo 22', 'artículo 23', 'artículo 78', 'artículo 8', 'Artículo 28', 'Artículo 8', 'Artículo 3', 'artículo 35', 'artículo 1', 'artículo 35', 'artículo 35', 'artículo 35', 'artículo 35', 'artículo 35', 'artículo 8', 'artículo 3', 'artículo 13', 'artículo 13', 'artículo 15', 'artículo 8', 'artículo 16', 'artículo 1', 'artículo 2', 'artículo 251', 'artículo 493']

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CP050-2014
Radicado N° 42120.
Aprobado Acta No. 93.
Dentro del presente trámite de extradición que se adelanta respecto del ciudadano colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, requerido por el gobierno de los Estados Unidos de América, le corresponde a la Corte emitir concepto, de conformidad con lo establecido en el artículo 501 de la Ley 906 de 2004, toda vez que venció el término de traslado a los intervinientes para alegar, en desarrollo del cual se pronunciaron el Delegado del Ministerio Público y el apoderado del solicitado.
1. Mediante nota verbal No. 1212 del 25 de junio de 2013, el Gobierno de los Estados Unidos de América, por conducto de su Embajada en Colombia, solicitó al Ministerio de Relaciones Exteriores la detención preventiva con fines de extradición del natural colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, requerido para comparecer en juicio, por ser el sujeto de la acusación sustitutiva No. 1:13-mj361, dictada el 24 de junio de 2013, en la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia, mediante la cual se le acusa de “un cargo de asesinato a una persona protegida internacionalmente, en violación del Título 18, Sección 1116 (a) del Código de los Estados Unidos, y ayuda y facilitación de dicho delito, en violación del Título 18, Sección 2 del Código de los Estados Unidos.”
2. Mediante resolución del 26 de junio de 2013, la Fiscalía General de la Nación ordenó la captura de VALDÉS GUALTERO para los fines mencionados, la cual se había hecho efectiva el 25 de junio, en virtud de la circular roja emitida en su contra por autoridades norteamericanas.
3. Con la nota verbal No. 1732 del 22 de agosto de 2013, la Embajada americana, formalizó la solicitud de extradición del natural colombiano, allegando los documentos pertinentes para el trámite.
4. El Ministerio de Relaciones Exteriores, después de conceptuar que “…se encuentra vigente entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América, la “Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive sus agentes diplomáticos", suscrita en Nueva York el 14 de diciembre de 1973…”, a la cual se adhirió Colombia el 16 de enero de 1996, y que a luz de lo preceptuado en los artículos 491 y 496 de la Ley 906 de 2004, en los aspectos no regulados por la Convención aludida, el trámite debe regirse por lo previsto en el ordenamiento jurídico colombiano, remitió la mencionada nota verbal y los documentos anexos al del Interior y de Justicia, entidad que a su vez los envió a esta Corte, donde luego de proveerse porque el requerido contara con defensa adecuada, se ordenó correr el traslado para solicitar pruebas, derecho del cual hizo uso el defensor del requerido, sobre cuya petición se resolvió negativamente en auto del 9 de octubre de 2013.
5. En la misma decisión se dispuso correr el traslado respectivo para alegar, dentro de cuyo término lo hizo la Delegada del Ministerio Público y el defensor del solicitado en extradición.
Días antes se recibió un escrito signado por el Fiscal General de la Nación, quien después de justificar su intervención en este trámite, solicita a la Corte que emita concepto favorable al pedido de extradición aquí analizado, petición que fundamenta en una serie de razones de orden internacional, constitucional y legal.
ALEGATOS DEL DEFENSOR
El defensor de ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO solicita a la Corte que emita concepto desfavorable a la petición de extradición, con base en los siguientes argumentos:
(i) La prueba recaudada por el Gobierno de los Estados Unidos de América para soportar la solicitud de extradición, no reúne los requisitos de validez y legalidad que debe exigir el Estado colombiano.
Según el defensor, el interrogatorio recibido a un indiciado debe cumplir las condiciones establecidas en el artículo 282 de la Ley 906 de 2004, disposición de acuerdo con la cual cuando el interrogado renuncia a los derechos consagrados en los literales a), b) y c) del artículo 8º de la misma disposición, y decide declarar, debe contar con un conocimiento claro de la incidencia de su testimonio, y si el mismo se pretende utilizar en contra del mismo, debe contar con la asesoría de un defensor.
En el presente caso, agrega, el interrogatorio recibido a Héctor Leonardo López contiene un error de procedimiento, toda vez que no cuenta con la determinación de la autoridad que concurrió a su lugar de detención a recepcionarlo, además de que la única autoridad competente para ello era la Policía Judicial, quien debe actuar dentro del marco de un programa metodológico, en coordinación con el Delegado del Fiscal General de la Nación, como se desprende del artículo 200 del mismo estatuto procesal.
Además, el defensor de Héctor Leonardo López no fue citado, razón por la cual su versión carece de serios vicios de validez.
Alega que no es posible en este aspecto sostener que se trata de una intromisión en la autonomía del país requirente, pero que éste si pueda generar actos de intromisión en el sistema interno, desatendiendo derechos de orden constitucional como el debido proceso, defensa y dignidad humana. En su criterio, es la Sala Penal de la Corte la llamada a velar por la aplicación estricta del contenido de la ley procesal interna, habida cuenta que es radical la diferencia entre los sistemas de procesamiento del país requirente y el nuestro.
(ii) La extradición es improcedente porque las reservas establecidas por Colombia a la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive los Agentes Diplomáticos, se encuentran vigentes.
Según el defensor, la mencionada Convención, suscrita el 14 de diciembre de 1973 y aprobada mediante la Ley 169 del 6 de diciembre de 1994, contiene unas reservas que, contrario a lo advertido por el Coordinador del Grupo Interno de Trabajo Consultivo y Extradición de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Cancillería de Colombia, no han sido levantadas ni modificadas por el órgano legislativo, y de acuerdo con ellas la extradición de colombianos que cometan delitos contra personas protegidas sólo procede conforme los tratados internacionales, que no han sido suscritos con los Estados Unidos de América.
Tal reserva, agrega, busca proteger el contenido del artículo 35 de la Carta Política, razón por la cual toda interpretación contraria se encuentra en oposición a esa norma superior.
Agrega que la nota diplomática adjunta al pedido de extradición, no tiene la virtualidad de modificar la ley, pues se trata apenas de una correspondencia oficial que se cursa entre la misión diplomática acreditada en un país, y el Ministerio de Relaciones Exteriores o su equivalente del país receptor, de donde, por razón de las reservas, no es posible emitir un concepto favorable al pedido de extradición.
Señala que la Ley 169 de 1994 fue declarada exequible por la Corte Constitucional en fallo del 7 de septiembre de 1995, que aprobó la Convención sobre la Prevención y el Castigo de los delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, con las reservas que formularon tanto el Gobierno Nacional como el Congreso de la República de Colombia.
Conforme esas reservas, insiste, Colombia no se encuentra obligada a extraditar a sus naturales por nacimiento, como el caso del ciudadano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTEROS, de donde la petición es completamente improcedente, pues iría en contravía de normas de carácter constitucional y legal, sin que pueda aducirse que ello conlleva una apología a la impunidad, pues la jurisdicción penal interna tiene efectos análogos a los que se persiguen por el Estado requirente.
(iii) Indebida conformación de la actuación desarrollada con el juicio de tipicidad. Inobservancia de lo dispuesto en el artículo 2 de la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive los Agentes Diplomáticos.
Sostiene que el artículo 2 de la citada Convención, establece, entre otras condiciones, que:
“1. Serán calificados por cada Estado Parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente:
a) La comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida…”
Según este precepto, la Convención es aplicable a los eventos en que los delitos especificados afectan a una persona internacionalmente protegida, incluso los agentes diplomáticos, siempre y cuando en su ejecución haya mediado la intención de su realización, como se deduce de la sentencia de constitucionalidad C-369 de 1995, en la cual se afirma que la Convención limita su alcance “…al hecho de que los delitos contemplados en su texto hayan sido realizados en forma intencional…”, es decir, a título de dolo, entendido como tal la “voluntad dirigida conscientemente a la realización de una conducta típica y antijurídica”.
Ese dolo, agrega, debe estar dirigido a cometer el delito contra una persona que a la luz de la Convención tenga u ostente la calidad de persona internacionalmente protegida, situación que no aparece probada en el caso, porque esa condición especial no fue conocida por los sujetos activos de la conducta, quienes solo vieron en la víctima un usuario del trasporte público tipo taxi. Es decir, nada podían saber de su condición de Agregado Auxiliar para la Misión de los Estados Unidos en Colombia.
Por lo tanto, la comisión de delitos contra el señor James T. Watson no tuvieron relación con el cargo o la dignidad que ostentaba, al punto que la conducta pudo dirigirse contra cualquier ciudadano sin importar su nacionalidad y mucho menos el cargo, pues se trató de delitos que pueden catalogarse como de “común ocurrencia”, siendo intrascendente la calidad del sujeto pasivo.
Agrega que si no existía el conocimiento de que se trataba de un Agregado Auxiliar para la Misión de los Estados Unidos en Colombia, no cabe la cobertura que contiene la Convención en cuestión, pues su aplicación se da sólo en los eventos en que medie la intencionalidad en su ejecución, de donde se impone el concepto desfavorable.
Destaca que en el informe remitido por la Embajada de los Estados Unidos de América, fechado el 25 de junio de 2013, se deja clara la forma en que se desarrollaron los hechos, de donde no es posible deducir que mediara su calidad de Agente Diplomático.
(iv) La actuación penal debe ser adelantada en Bogotá, Colombia, debido a la validez de la ley penal en el espacio.
Dada la inaplicabilidad de la Convención a este asunto, la investigación y juzgamiento de los hechos referidos en la solicitud de extradición debe asumirse por el Estado colombiano, conforme al principio de territorialidad consagrado en el artículo 14 del Código Penal, pues los mismos tuvieron ocurrencia en la ciudad de Bogotá y como no existe ninguna excepción legal, la ley aplicable es la colombiana.
Con base en tales reflexiones, insiste en que se emita concepto desfavorable al pedido de extradición.
El Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal, encargado, después de sintetizar la actuación y relacionar los documentos incorporados, entra a verificar la forma como estos fueron expedidos y autenticados, para concluir que está acreditada la validez formal de tal documentación.
En lo que tiene que ver con la identificación plena del reclamado, manifiesta que en la documentación allegada por el Gobierno solicitante, específicamente las notas verbales, se informa que el requerido ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, es ciudadano colombiano, nacido el 11 de julio de 1986 en Guamo, Tolima, y portador de la C.C.No.1.108.929.177, documento con el cual se identificó al momento de la notificación de la orden de captura, la constancia de buen trato y el acta de derechos del capturado. Además, realizada la reseña decadactilar y cotejo dactiloscópico, se concluyó que las huellas corresponden a los que obran en la Registraduría Nacional del Estado Civil bajo ese nombre y número de cédula.
En relación con el principio de doble incriminación, señala que los comportamientos atribuidos en la acusación extranjera, se encuentran tipificados en los artículos 103, 104, 168 y 171 del Código Penal colombiano, en cuanto define y sancionan los delitos homicidio agravado, secuestro y porte ilegal de armas de fuego.
Además, las conductas tienen previstas penas mínimas superiores a seis (6) años, no son de naturaleza política o de opinión y fueron cometidas con posterioridad al 17 de diciembre de 1997.
En cuanto a la equivalencia de la providencia proferida en el extranjero con la resolución acusatoria nacional, advierte que se cumple satisfactoriamente esta exigencia, toda vez que la acusación proferida por la Corte de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia, equivale a la acusación establecida en el sistema jurídico colombiano, toda vez que en ambas se indican los hechos, los presuntos delitos cometidos, fecha y lugar de su comisión, normas violadas y se señalan las pruebas en las que se basó el llamamiento.
Adicionalmente, el Ministerio Público se refiere al principio de extraterritorialidad de la ley como sustento de la solicitud de extradición, pues en la solicitud se manifiesta que la víctima de los hechos era una persona internacionalmente protegida, de acuerdo con la certificación expedida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, anexa a la carpeta.
Destaca que en nuestro país rige la Convención de Viena; la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los Agentes Diplomáticos, suscrita en Nueva York el 14 de diciembre de 1973 y aprobada mediante Ley 169 de 1994; y el Convenio para prevenir y sancionar los actos de terrorismo configurados en delitos contra las personas y la extorsión conexa, cuando estos tengan trascendencia internacional, suscrito en Nueva York el 2 de febrero de 1971, aprobado mediante la Ley 195 de 1995, normatividad de acuerdo con la cual es procedente la extradición del solicitado, toda vez que la víctima tenía la condición de persona internacionalmente protegida, situación debidamente demostrada.
Por esas razones, la delegada del Ministerio Público sugiere a la Corte que emita concepto favorable a la extradición del ciudadano colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, exhortando al Gobierno Nacional para que advierta expresamente que el requerido no sea procesado por hechos distintos a los que generan su extradición, ni sometido a pena de muerte, desaparición forzada, torturas, tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ni condenado a las penas de destierro, prisión perpetua o confiscación. También para que se le respeten todas las garantías debidas a su condición de justiciable.
En escrito dirigido al Presidente de la Sala, el Fiscal General de la Nación ofrece su opinión favorable a la solicitud de extradición de los ciudadanos colombianos involucrados en los hechos en los cuales perdió la vida el Agente de la D.E.A., James Terry Watson, intervención que justifica en los siguientes aspectos:
(i) Sus funciones directamente vinculadas con la política criminal del Estado y su constante participación en el proceso penal, le imponen armonizar las obligaciones constitucionales inherentes a la persecución penal con acciones concretas de política criminal, contribuyendo así con la labor encomendada a la Corte Suprema, cuando la misma lo juzgue conveniente.
(ii) La Fiscalía General de la Nación es parte del procedimiento de extradición, desde la captura de los individuos requeridos hasta la entrega de los mismos, por lo cual tiene un interés jurídico en la decisión que pueda adoptar la Corte.
Sobre la intervención del Fiscal General de la Nación.
En el trámite de extradición intervienen dos ramas del poder público, la Ejecutiva y la Judicial, la primera por participación de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Justicia y del Derecho, y del Presidente de la República, mientras que por la Judicial actúan el Fiscal General de la Nación, cuya función se limita a decretar la captura del requerido (artículos 506 y 509 de la Ley 906 de 2004), y la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, encargada de emitir el concepto sobre la viabilidad de la extradición, el cual, de ser negativo obliga al Gobierno, mientras que si es favorable, deja al Ejecutivo en libertad de obrar según la conveniencia nacional.
Ahora bien, sobre la limitada actuación de la Fiscalía General de la Nación en el trámite de extradición, ya la misma Corte Constitucional ha rechazado la posibilidad de que el ente investigador pueda emitir conceptos vinculantes sobre las materias que son exclusivas de la Corte Suprema.
Así, en la sentencia T-612 de 2003, se dijo que:
“La función de la Fiscalía es investigar los delitos, y como tal debe, cuando así se le requiera, expedir las certificaciones sobre la existencia de investigaciones penales en Colombia sobre los hechos que son objeto de una solicitud de extradición. Pero no puede avanzar conceptos sobre si el delito por el cual se solicita en extradición de un colombiano por nacimiento, de acuerdo con la ley penal colombiana, se considera cometido en el exterior o no, materia para la cual carece de competencia.
No corresponde a la Fiscalía determinar si el delito se cometió en el exterior. Es un presupuesto cuya comprobación se cumple por la Corte Suprema de Justicia, sobre la base de la solicitud del Estado extranjero y la aplicación a la misma de los criterios de territorialidad establecidos en la ley colombiana.”
De acuerdo con este antecedente, para la Sala es claro que la intervención de la Fiscalía General de la Nación, por cabeza de su máximo representante, se circunscribe a la labor material de obtener la captura del solicitado y mantenerlo privado de la libertad a la espera de la decisión del señor Presidente de la República.
Desde luego, si claramente la Corte Constitucional advierte que no compete a ese Alto funcionario determinar un aspecto si se quiere objetivo, referido al lugar de ocurrencia del hecho, mucho menos, por vía extensiva, puede facultársele esa amplia intervención que ahora pretende entronizar en el escrito presentado ante el Presidente de la Sala de Casación Penal.
No puede dejarse de lado que por tratarse de funcionarios públicos, su competencia necesariamente es reglada bajo el apotegma de que estos sólo pueden realizar lo que expresamente la ley les faculta.
Y, como claro se tiene que ni la Constitución ni la ley le permiten al Fiscal General de la Nación conceptuar o “aconsejar” en el trámite de extradición, necesariamente se debe concluir que tal función le está vedada.
Sobre los presupuestos del Concepto.
La competencia de la Corte dentro del trámite de extradición está enfocada a expresar un concepto sobre la procedencia de entregar o no a la persona solicitada por un país extranjero, después de examinar el tratado o, en su defecto, la ley procesal que rige el trámite, siempre sin dejar de considerar que el artículo 35 de la Constitución Política en su inciso 2º, reformado por el Acto Legislativo No. 1 de 1997, autoriza la extradición de colombianos por nacimiento cuando son reclamados por delitos cometidos en el exterior, con posterioridad a la fecha de promulgación del mencionado Acto Legislativo y por conductas que no califiquen como delitos políticos, parámetros que entra la Sala a verificar en orden a conceptuar sobre el pedido de extradición del ciudadano colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, requerido por el Gobierno de los Estados Unidos de América.
2.1. Sobre los convenios y las normas que rigen el presente trámite de extradición.
De acuerdo con el artículo 446 de la Ley 906 de 2004, corresponde al Ministerio de Relaciones Exteriores conceptuar “si es del caso proceder con sujeción a convenciones o usos internacionales o se debe obrar de acuerdo con las normas de este Código”.
En virtud de esa competencia, como se reseñó en los antecedentes del trámite, el mencionado Ministerio conceptúo que para este caso rige entre la República de Colombia y los Estados Unidos la “Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive sus Agentes Diplomáticos”, suscrita en Nueva York el 14 de diciembre de 1973.
La Convención fue aprobada mediante la Ley 169 del 6 de diciembre de 1994 y su revisión de constitucionalidad está contenida en la sentencia C-396 de 1995.
La mencionada Convención contiene, en términos generales, una serie de compromisos internacionales encaminados a encauzar la cooperación legislativa, judicial y policial entre los Estados Partes con el fin de prevenir la comisión de los delitos previstos en el artículo 2º de la misma, cuando se dirigen contra personas que se catalogan como “internacionalmente protegidas”, incluidos los agentes diplomáticos.
Para los fines de este concepto, se destacan los siguientes preceptos de la convención:
En el artículo 1º, numeral 1º, se define lo que se entiende por “persona internacionalmente protegida”, en los siguientes términos:
En el artículo 2º se impone a cada Estado Parte la obligación de incluir como delitos en su legislación interna una serie de conductas que afectan a las personas de que trata el numeral anterior, siempre que se hayan cometido intencionalmente, así como fijar las penas de acuerdo con la gravedad de las mismas, en los siguientes términos:
El artículo 3º de la Convención establece las circunstancias en las cuales los Estados Partes deben instituir su jurisdicción sobre los delitos a que hace referencia el precepto anterior cuando se hayan cometido contra una persona internacionalmente protegida, que disfrute de esa condición en virtud de las funciones que ejerza en nombre del Estado que representa, en los siguientes términos:
Igualmente, se destacan los artículos 6º, 7º y 8º de la Convención, en cuanto contienen normas en materia de extradición.
Así, el artículo 6º establece que “si las circunstancias lo justifican, el Estado Parte en cuyo territorio se encuentre el presunto delincuente, deberá adoptar las medidas adecuadas conforme a su legislación interna para asegurar su presencia a los fines de su proceso o extradición”.
Por su parte, el artículo 7º impone al Estado Parte en cuyo territorio se encuentre el presunto culpable, que en el evento de no proceder a su extradición, deberá someter el asunto, sin ninguna excepción ni demora injustificada, a sus autoridades competentes para el ejercicio de la acción penal, según el procedimiento previsto en la legislación de ese Estado.
Finalmente, el artículo 8º estipula una serie de obligaciones adicionales al tema de la extradición, que por su pertinencia a este trámite aparece citado textualmente en el concepto emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores. El precepto es del siguiente tenor:
1. En la medida en que los delitos previstos en el artículo 2o no estén enumerados entre los casos de extradición en tratados de extradición vigentes entre los Estados partes, se considerarán incluidos como tales en esos tratados. Los Estados partes se comprometen a incluir esos delitos como casos de extradición en todo tratado de extradición que celebren entre sí en lo sucesivo.
4. A los fines de la extradición entre Estados Partes, se considerará que los delitos se han cometido, no solamente en el lugar donde ocurrieron, sino también en el territorio de los Estados obligados a establecer su jurisdicción de acuerdo con el párrafo 1 del artículo 3o.(Destacado de la Sala).
Cabe señalar que en relación con este artículo tanto el Gobierno Nacional como el Congreso de la República formularon en su oportunidad algunas reservas, en la medida en que se oponía al entonces vigente artículo 35 de la Carta Política, que prohibía, en cualquier situación, extraditar colombianos por nacimiento.
No obstante, en su concepto sobre las normas aplicables a este evento, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que mediante Nota D.M./OAJ.CAT. 6084 fechada el 15 de febrero de 2002, y depositada el 1º de marzo de 2002 ante el Secretario General de la Naciones Unidas, la República de Colombia retiró la reserva efectuada a los numerales 1, 2, 3 y 4 del artículo 8º y al numeral 1 del artículo 13 de la Convención en mención, razón por la cual, a la fecha no se encuentra vigente reserva alguna en relación con el instrumento internacional.
Ahora bien, en sus alegatos finales el defensor del solicitado en extradición esgrime que, contrario a lo advertido por la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores, no pueden entenderse levantadas ni modificadas las reservas efectuadas en su oportunidad por el Gobierno Nacional a la Convención, pues la nota diplomática que se menciona en el concepto no tiene la virtualidad de modificar la ley, en la medida en que se trata apenas de una correspondencia oficial que se cursa entre la misión diplomática acreditada en un país y el Ministerio de Relaciones Exteriores o su equivalente del país receptor.
Para resolver la inquietud del apoderado del requerido es necesario acudir a la “Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969”, aprobada internamente mediante la Ley 32 de 1985, cuyo artículo 2, literal d, define que “reserva” es:
“(…) Una declaración unilateral, cualquiera que sea su enunciado o denominación, hecha por un Estado al firmar, ratificar, aceptar o aprobar un tratado o al adherirse a él, con objeto de excluir o modificar los efectos jurídicos de ciertas disposiciones del tratado en su aplicación a ese Estado”.
Como principio general, el derecho internacional reconoce la capacidad de los Estados de formular reservas al momento de firmar, ratificar o adherir a un tratado, pero el artículo 19 de la Convención estipula que no podrán formularse reservas cuando:
“a. La reserva esté prohibida por el tratado.
b. El tratado disponga que únicamente pueden hacerse determinadas reservas, entre las cuales no figure la reserva de que se trate; o
c. Que, en los casos no previstos en los apartados a) y b), la reserva sea incompatible con el objeto y el fin del tratado.”
Tales conceptos han sido ampliamente ratificados por la jurisprudencia constitucional1, que define la reserva a un tratado como una declaración unilateral del Estado en relación con la forma como ha de aplicarse frente al mismo el tratado o parte de él, advirtiendo que las reservas solo serán posibles frente a aquellos tratados que lo permitan o que por su objeto y naturaleza las admitan:
…una reserva es una declaración unilateral que hace un sujeto de derecho internacional, al prestar el consentimiento en un tratado, a fin de excluir o modificar los efectos jurídicos de ciertas disposiciones del tratado. Viena II adopta el mismo principio previsto por Viena I en la materia, esto es, que la formulación de una reserva es posible, salvo si el tratado la prohíbe de manera general, o en relación con ciertas cláusulas, o la reserva es incompatible con el objeto y el fin del tratado.
En relación con el retiro de las reservas y de las objeciones a las mismas, el artículo 22 de la Convención de Viena establece que:
1. Salvo que el tratado disponga otra cosa una reserva podrá ser retirada en cualquier momento y no se exigirá para su retiro el consentimiento del Estado que la haya aceptado.
A su vez, el numeral 4º del artículo 23 de la misma Convención, señala que el retiro de una reserva o de una objeción a la misma habrá de formularse por escrito, y conforme al artículo 78 ibídem2, depositada ante el correspondiente depositario para efectos de su notificación, procedimiento cumplido en el presente evento, pues el retiro de la reserva a los numerales 1, 2, 3, y 4 del artículo 8º de la Convención sobre Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, inclusive sus Agentes Diplomáticos, fue efectuado mediante nota escrita, depositada ante el Secretario General de las Naciones Unidas, razón por la cual se entiende debidamente notificada y con plenos efectos a nivel internacional.
Por lo demás, no puede admitirse, como lo pretende el defensor del solicitado, que el Estado colombiano desconozca la formalización del retiro de la reserva al artículo en cuestión, pues dentro de los principios fundamentales del derecho internacional se encuentra el de Pacta Sunt Servanda, que obliga al respeto y cumplimiento de lo acordado en los tratados internacionales, de donde, levantada la reserva ante la comunidad internacional, las autoridades colombianas están obligadas a velar por la observancia del contenido del tratado ratificado por Colombia en todos aquellos aspectos respecto de los cuales no se guarda ya objeción alguna.
2.2. Verificación de los requisitos constitucionales para la extradición del requerido ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO.
De acuerdo con el resumen contenido en la nota verbal 1732, en la acusación No. 1:13-MJ-361, dictada el 24 de junio de 2013 por la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia, contra ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO se formulan cuatro cargos en los siguientes términos:
“Cargo Uno: Asesinar a una persona protegida internacionalmente, en violación del Título 18, Sección 1116 (a) y (c) del Código de los Estados Unidos, y ayuda y facilitación de dicho delito, en violación del Título 18, Sección 2 del Código de los Estados Unidos;
“Cargo Dos: Asesinato de un Oficial y Empleado de los Estados Unidos, en violación del Título 18, Sección 1114 del Código de los Estados Unidos, y ayuda y facilitación de dicho delito, en violación del Título 18, Sección 2 del Código de los Estados Unidos.
Cargo Tres: Concierto para secuestrar a una persona internacionalmente protegida en violación del Título 18, Sección 1201(c) del Código de Estados Unidos; y
Cargo Cuatro: Secuestro de una persona internacionalmente protegida en violación del Título 18, Sección 1201 (a) (d) del Código de los Estados Unidos; y ayuda y facilitación de dicho delito, en violación del Título 18, Sección 2 del Código de los Estados Unidos.”
En los antecedentes de la acusación estadounidense, se enfatiza en los siguientes hechos relevantes:
(i) La situación especial de la víctima, Agente de la DEA James Terry Watson.
“1.James Terry Watson fue un Agente Especial (Agente Especial Watson) de la administración para el control de Drogas (DEA), una agencia del Gobierno de los Estados Unidos.
2. La DEA tiene 86 oficinas en 67 países extranjeros. Dos de esas oficinas se encuentran en la República de Colombia (Colombia).
3. El Agente Especial Watson fue contratado por la DEA como empleado a tiempo completo para prestar servicio como Agente Especial en junio de 2000. Después de trabajar en la oficina del Distrito de Honululu de la DEA, la División Caribeña y el Equipo de Apoyo Asesor en el Extranjero, el Agente Especial fue asignado a la Oficina Regional de Cartagena, Colombia, en julio de 2010.
4. Antes de trabajar en la DEA, el Agente Especial Watson trabajó como Agente del Alguacil en la Oficina del Alguacil del Distrito de Richland, y como Alguacil Auxiliar de los Estados Unidos en el Distrito Sur de Misisipi.
5. El Agente Especial Watson era ciudadano estadounidense, nacido el 9 de diciembre de 1970 en Monroe, Lousiana.
6. El Agente Especial Watson era una Persona con Protección Internacional.
7. La conducta alegada en el presente está dentro de la jurisdicción del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia como se dispone en la Sección 3238 del Título 18 del Código de los Estados Unidos, conforme a lo cual los acusados serán llevados al Distrito Este de Virginia.”
(ii) El modus operandi de la banda delincuencial a la que se dice pertenecía el solicitado en extradición ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO.
“8. Los acusados operaban taxis en Bogotá, Colombia, para atraer a las víctimas que lucían adineradas.
9. Los acusados se armaban con cuchillos, armas de aturdimiento, rociadores de productos químicos y otras armas.
10. Una vez que la víctima seleccionada se subía a uno de los taxis operados por los acusados, el taxista hacia señas a otros para comenzar la operación de robo y secuestro.
11. Después de que uno de los acusados daba la señal, otros acusados en un segundo taxi se detenían detrás del taxi en el que iba la víctima seleccionada, y los acusados del segundo taxi se subían al asiento trasero del taxi con la víctima.
12. Los acusados retenían a la víctima en la parte trasera del taxi con uso de fuerza, y robaban a la víctima sus pertenencias de valor, incluidas las tarjetas de crédito y bancarias y otras cosas de valor.
13. Mientras retenían y detenían a la víctima, los acusados obtenían los números de identificación personal de la víctima (PIN) para las tarjetas bancarias y de crédito, a la fuerza y con amenazas.
14. Un acusado que operaba un tercer taxi se detenía detrás de los otros taxis para ayudar a los acusados de los otros dos taxis, incluso para servir como vigilante, para bloquear tráfico y, en algunos casos, para tÓMAR posesión de las tarjetas de crédito y bancarias de la víctima.
15. El acusado del tercer taxi conducía de banco en banco para intentar retirar tanto dinero como fuera posible de las cuentas bancarias y de crédito de la víctima. Si la víctima no proporcionaba el número de PIN correcto, los acusados que se quedaban con la víctima usaban fuerza adicional para obtener el número correcto de la víctima.
16. Este tipo de robo se conoce coloquialmente en Colombia como un “paseo del millonario”.
(iii) Las circunstancias que rodearon las conductas contra el Agente Especial James Terry Watson.
“17. El 20 de junio de 2013, o alrededor de esa fecha, en Bogotá, Colombia, los acusados seleccionaron al Agente Especial Watson para un “paseo del millonario”. Después de que recogieron al Agente en un Taxi, los acusados lo trasportaron y retuvieron. Uno de los acusados usó un arma de aturdimiento contra el Agente. Uno de los acusados apuñaló al Agente. El Agente Especial Watson pudo escaparse de la custodia de los acusados. Pronto se desplomó y fue llevado a un hospital, en donde fue declarado muerto. Murió por hemorragia causada por múltiples heridas de puñal.”
Igualmente, destaca la Sala por ser completamente relevante para el concepto que ha de emitirse, que en la nota verbal 1732 del 22 de agosto de 2013, se informa y certifica que:
“(…) el 20 de junio de 2013, James T. Watson era funcionario de la DEA y asignado a la oficina de la DEA en Cartagena, Colombia. Mediante la Nota Diplomática No. 1564, de fecha 15 de julio de 2010, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, Colombia, notificó al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia que James T. Watson estaba nombrado como Agregado Auxiliar para la Misión de los Estados Unidos en Colombia. El 21 de julio de 2010, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia respondió con una nota diplomática confiriéndole estatus diplomático a Watson. Como Agente Diplomático, Watson tenía derecho a obtener protección como se estipula en el Artículo 28 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (VCDR), la cual establece que “El Estado receptor le tratará con el debido respeto y adoptará todas las medidas necesarias para impedir cualquier atentado contra su persona, su libertad o su dignidad”. Debido a que tenía derecho a una protección especial bajo el VCDR, él era una persona internacionalmente protegida (IPP) bajo el Título 18, Sección 1116 (b)(4)(B) del Código de los Estados Unidos…”
Igualmente, en la mencionada nota verbal, el Gobierno americano hace énfasis en el Artículo 8, párrafo 4 de la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos Contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive sus Agentes Diplomáticos, en cuanto estipula que “a los fines de la extradición entre Estados Partes, se considerará que los delitos se han cometido, no solamente en el lugar donde ocurrieron, sino también en el territorio de los Estados obligados a establecer su jurisdicción de acuerdo con el párrafo 1 del Artículo 3”.
Pues bien, el artículo 35 del Estatuto Superior, modificado por el artículo 1º del Acto Legislativo No. 01 de 1997, establece:
“La Extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los tratados públicos y, en su defecto con la ley.
Las prohibiciones por la naturaleza del delito y la fecha de comisión de los hechos delictivos no se presentan en el caso estudiado, porque los delitos de homicidio agravado, secuestro agravado y concierto para delinquir, que la Corte para el Distrito Este de Virginia le imputa a VALDÉS GUALTERO, son de naturaleza común, no política. Y los hechos que sustentan la acusación ocurrieron después del 17 de diciembre de 1997 (el 20 de junio de 2013).
Ahora, frente al condicionamiento de que el delito haya sido cometido en el exterior, caben las siguientes precisiones:
En la sentencia C-621 de 2001, la Corte Constitucional fijó el alcance de la expresión “delitos cometidos en el exterior” contenida en el citado artículo 35 de la Carta, señalando que la literalidad de la norma advertía que no fueron incluidos adverbios de modo o de lugar que limitaran claramente el alcance del mismo, agregando que:
“El legislador no estableció una distinción entre conductas total o parcialmente realizadas en el territorio nacional -para permitir la extradición sólo en el primer caso- ni distinguió entre conductas cometidas parcial o totalmente en el exterior -para permitir la extradición sólo en el segundo caso-. Además, el texto del artículo 35 de la Carta no introdujo ningún tipo de cualificación de tal forma que la expresión “delitos cometidos en el exterior” deba ser leída como “delitos exclusivamente cometidos en el exterior”. La locución es lo suficientemente amplia y general como para que prima facie otros sentidos sean admisibles.”
Adicionalmente, al examinar el trámite del Acto Legislativo No. 1 de 1997 y el origen de la expresión “delitos cometidos en el exterior”, el Tribunal Constitucional encontró que tal locución fue introducida en el segundo período legislativo en reemplazo de la expresión “delitos cometidos total o parcialmente en el extranjero”, texto que fue cambiado en la conciliación que hicieran los ponentes al inicio del segundo período legislativo3, por uno que resultaba más simple, delegando en el legislador la definición del lugar de comisión del delito, como se lee en siguiente texto aprobado en el segundo período legislativo:
“La extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los Tratados Públicos y, en su defecto con la ley".
"Además, la extradición de colombianos por nacimiento se concederá por delitos cometidos en el exterior, considerados como tales en la legislación penal colombiana. La ley reglamentará la materia. (se ha destacado)
Ese cambio, dijo la Corte Constitucional, no constituyó ninguna novedad:
“La expresión suprimida – “total (o) parcialmente” –, solo era aclaratoria de un sentido ya comprendido en la locución más general –cometidos en el exterior". Además, es importante subrayar que simultáneamente con la supresión de esta expresión, fue adicionado el texto con la frase “considerados como tales en la legislación penal colombiana”. De tal manera que la expresión "total o parcialmente" - suprimida - fue sustituida por "considerados como tales en la legislación penal colombiana" - agregada. Con ello, como se verá más adelante, se delegó en el legislador la posibilidad de definir, según el derecho penal, los factores que permitan establecer el lugar de comisión de un hecho punible.
Por esta razón, es decir, porque no se introdujo ninguna novedad en el segundo período legislativo del trámite de esta reforma constitucional, al estudiar la demanda de inconstitucionalidad contra el Acto Legislativo No. 1 de 1997, cuestionado por vicios de trámite, la Corte revisó la evolución de distintos apartes del texto y determinó que todo él, salvo la expresión "La ley reglamentará la materia", contenida en el inciso segundo del artículo 35 de la Constitución, había cumplido con el trámite señalado en la Constitución. La Corte encontró en esa ocasión que tal expresión no había surtido los 8 debates reglamentarios y al declarar su inconstitucionalidad, señaló que tal declaratoria resultaba inane en relación con lo ya reiterado en las demás reglas contenidas en la norma, como quiera del texto del artículo 35 aparecía “claramente consignada la voluntad del legislador de dejar a la ley la regulación de ciertos aspectos fundamentales de la extradición”4. (Se ha destacado)
Por lo tanto, si el constituyente delegó en el legislador la definición de lo que debe entenderse como delito “cometido en el exterior”, surge evidente que ninguna contradicción con el artículo 35 de la Carta Política puede tener el contenido del numeral 4 del artículo 8º de la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive sus Agentes Diplomáticos”, suscrita en Nueva York el 14 de diciembre de 1973 y aprobada internamente mediante la Ley 169 de 1994, en cuanto establece que a los fines de la extradición entre los Estados partes,
“(…) se considerará que los delitos se han cometido, no solamente en el lugar donde ocurrieron, sino también en el territorio de los Estados obligados a establecer su jurisdicción de acuerdo con el párrafo 1 del artículo 3o.”
En este punto es necesario recordar que de manera general el principio de territorialidad admite como excepciones aquellas señaladas por el derecho internacional, como lo reconoció la misma Corte Constitucional en su sentencia C-1189 de 2000, en la que revisó la constitucionalidad de la expresión “salvo las excepciones consagradas en el derecho internacional” del artículo 13 del Código Penal, sobre el cual destacó:
“[el artículo 13] consagra el principio de territorialidad como norma general, pero admite que, a la luz de las normas internacionales, existan ciertas excepciones, en virtud de las cuales se justificará tanto la extensión de la ley colombiana a actos, situaciones o personas que se encuentran en el extranjero, como la aplicación de la ley extranjera, en ciertos casos, en el territorio colombiano. En forma consecuente, el artículo 15 enumera las hipótesis aceptables de "extraterritorialidad", incluyendo tanto los principios internacionales reseñados, como algunas ampliaciones domésticas de los mismos: allí se enumeran el principio "real" o "de protección" (numeral 1), las inmunidades diplomáticas y estatales (numeral 2), el principio de nacionalidad activa (numeral 4) y el de nacionalidad pasiva (numeral 5), entre otros.
Finalmente, en lo relativo a la petición subsidiaria de declarar la constitucionalidad condicionada de las normas, la Corte considera suficiente reiterar: a) que el derecho internacional no se resume en los tratados; b) que las excepciones a la territorialidad de la ley, ni se identifican con las inmunidades diplomáticas, ni se agotan en ellas, y además encuentran su fuente tanto en normas consuetudinarias como en principios generales; y c) que en consecuencia, no es válido ni razonable, a la luz de la Constitución, de la ley o del Derecho Internacional, afirmar que todo delito que se cometa en Colombia tiene que ser juzgado por los jueces nacionales.5 (subrayado fuera de texto)
Por lo demás, el precepto contenido en el artículo 8º, numeral 4, de la Convención que rige el trámite, se justifica bajo los parámetros del llamado principio protector, universalmente reconocido como un fundamento excepcional al principio de territorialidad, inclusive en el derecho colombiano, que lo regula en el artículo 16 del Código Penal6, principio de acuerdo con el cual un Estado puede mantener la jurisdicción penal sobre una conducta cometida fuera de su territorio cuando afecte intereses esenciales suyos, es decir, cuando causa una afectación tal que sobrepasa los bienes jurídicos de la víctima, trascendiendo a los intereses legítimos del propio Estado.
En el presente evento, una mirada tangencial a los hechos que sustentan la petición de extradición lleva a deducir, a primera mano que, el señor James Terry Watson, víctima de los hechos que sustentan el pedido de extradición, tenía una condición especial pues se encontraba en Colombia actuando en calidad oficial como agente de la D.E.A. –Agencia para el Control de las Drogas-, y que como tal debía adelantar labores dirigidas a desmantelar cadenas de producción y distribución de estupefacientes enviados hacia los Estados Unidos desde Colombia. Por lo tanto, se encontraba en desarrollo de actividades oficiales en el marco del pacto de colaboración y mutuo apoyo celebrado entre ambos Estados para acabar con el flagelo del narcotráfico, que ha sido puesto en el centro de la agenda política y jurídica de los Estados Unidos.
Por lo tanto, puede decirse que la muerte de un agente de la D.E.A., no sólo pone en riesgo la continuidad del programa de colaboración mutua entre Estados Unidos y Colombia por la lucha contra el narcotráfico, sino que también, a todas luces, afecta la agenda política de ese país, por los traumatismos que genera el reemplazo del agente especial y los costos que ello demanda.
De allí que es posible sostener que aunque el homicidio del agente no se ejecutó por razón de su función diplomática, con su muerte si se afectaron otros bienes jurídicos significativos para el Gobierno americano, en razón a la importancia de las actividades adelantadas por el sujeto pasivo de cara a las funciones que cumple la Agencia para la cual trabajaba dentro del esquema de seguridad nacional de los Estados Unidos, de donde se activa en este caso el principio de protección arriba reseñado, que hace viable la extradición solicitada, para respetar los compromisos internacionales, especialmente el contenido en la Convención sobre la Prevención y el Castigo de Delitos contra Personas Internacionalmente Protegidas, Inclusive sus Agentes Diplomáticos”, máxime cuando no se tiene razón de que el aquí solicitado ÓMAR FABIÁN VALDÉS GULATERO esté siendo procesado en Colombia por los hechos imputados en la acusación americana.
Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que por tratarse de un atentado contra una persona internacionalmente protegida en los términos del artículo 1º de la Convención, pues en la carpeta aparece certificado que mediante la Nota Diplomática No. 1564, de fecha 15 de julio de 2010, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, Colombia, notificó al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia que James Terry Watson estaba nombrado como Agregado Auxiliar para la Misión de los Estados Unidos en Colombia, a lo cual respondió el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, el 21 de julio de 2010, con una nota diplomática confiriéndole estatus diplomático, el delito debe considerarse cometido no solamente en el lugar donde se desarrollaron materialmente los hechos, sino también en el territorio de los Estados Unidos de América7, cuyo Estado, por razón del principio de protección, tiene derecho a reclamar jurisdicción para investigar y juzgar la conducta que afectó interés esenciales suyos.
Debe precisarse sin embargo, que la referida protección deviene del hecho de que se trataba de un agente diplomático y no porque James T. Watson fuere un agente o empleado de los Estados Unidos, toda vez que no son a éstos a quienes se refiere la Convención que rige el caso, precisión que ciertamente apareja algunos efectos en la aplicación de aquella y en el sentido del concepto, sobre todo si se tiene en cuenta que el segundo cargo imputado al requerido, a diferencia del primero, lo es no por el asesinato de una persona internacionalmente protegida, sino simplemente por el homicidio de un agente o empleado de los Estados Unidos.
En otros términos, en tanto se trate de delitos de homicidio y secuestro o concierto para secuestrar al agente diplomático James T. Watson, será aplicable la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive sus agentes diplomáticos, no así cuando se haga referencia a un agente o empleado de los Estados Unidos por no estar prevista esa calidad como objeto de protección en el aludido convenio.
Por tanto, como la víctima de los delitos por los cuales se pide en este casi la extradición, con excepción del contenido en el segundo cargo, se trataba de una persona internacionalmente protegida, debe entenderse que los hechos fueron cometidos no sólo en Colombia sino también en los Estados Unidos por hallarse facultado este país, en términos del tratado para establecer su jurisdicción.
No ocurre obviamente lo mismo cuando en el segundo cargo del indictment que sustenta el pedido se hace relación a un agente o empleado de los Estados Unidos, porque en ese evento sí opera la condicionante constitucional y no las citadas normas de la Convención, lo cual desde ya impone que el concepto de la Sala sea desfavorable con respecto a ese específico cargo, esto es, el “asesinato de un Oficial y Empleado de los Estados Unidos”.
Finalmente, cabe señalar, para contestar otra inquietud del apoderado de VALDÉS GUALTERO, que cuando el artículo 2º de la Convención se refiere a la realización “intencional” de los delitos allí enlistados, no se refiere al conocimiento que debe tener el actor de la condición especial de la víctima, sino que ese conocimiento como elemento del dolo, se predica de la conducta misma, es decir, matar, concertarse para secuestrar y secuestrar, excluyendo, en contraposición, eventuales acciones culposas, que no están cobijadas por la Convención.
En estas condiciones, no existe impedimento constitucional para acceder a la extradición del ciudadano colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, en cuanto se relaciona con los cargos primero, tercero y cuarto estipulados en la acusación emitida por el país requirente, dejando claro la Corte que cuando un Estado decide, por supuesto de manera autónoma, si entrega o no a un ciudadano solicitado en extradición para dar cumplimiento a compromisos asumidos internacionalmente, no está cediendo o perdiendo soberanía sino ejerciéndola, como quiera que la facultad de adquirir obligaciones internacionales es un atributo de la soberanía del Estado, como se consignó en la sentencia C-621 de 2001.
Con estas argumentaciones quedan contestadas las inquietudes de la defensa, restando agregar que los cuestionamientos a la validez y legalidad de la prueba recaudada por el Gobierno de los Estados Unidos de América para soportar la solicitud de extradición, es un aspecto, que como ya se dijo en el auto del 9 de octubre de 2013, no puede discutirse en este trámite, sino que debe ser alegado, si se ejecuta la extradición, ante el tribunal extranjero en donde se prosigue el juicio contra VALDÉS GUALTERO, toda vez que a la Corte no le compete examinar la suficiencia y validez de las pruebas que las autoridades judiciales puedan aducir en el caso8.
2.3. Verificación de los requisitos legales para la extradición del requerido ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO.
2.3.1. Validez formal de la documentación presentada.
La Cónsul (E) de Colombia en Washington autenticó los documentos aportados en apoyo de la solicitud de extradición del ciudadano colombiano ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, de conformidad con el artículo 251, inciso segundo, de la Ley 1564 de 2012, Código General del Proceso (folio 109, carpeta).
En tal forma, la mencionada funcionaria certifica la firma de la Auxiliar de Autenticaciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, quien a su vez avala la del Secretario de Estado, John F. Kerry, y este la rúbrica de Eric H. Holder, Jr., Procurador de los Estados Unidos, quien certifica la de Magdalena A. Boynton, Directora Asociada de la Oficina de Asuntos Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, encargada de dar cuenta de la autenticidad de las declaraciones del Fiscal Auxiliar Michael P. Ben’Ary y del Agente Especial de la oficina de Investigaciones, Beau Bourgeois (folios 109 a 113 carpeta).
Adicionalmente, el Jefe de Legalizaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores abonó la firma del agente consular, el 22 de agosto de 2013, como consta al folio 103 de la carpeta.
Como documento anexo y debidamente traducido, aparece la segunda acusación sustitutiva No. 1:13-MJ-361, dictada el 24 de junio de 2013 por la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia contra ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO y otros, así como la orden de captura librada por esa Corte (folios 236 y ss. carpeta).
Del mismo modo, figuran las copias, traducidas en debida forma, de las disposiciones penales del Código de los Estados Unidos aplicables al caso (folios 226 y ss., carpeta).
De acuerdo con lo anterior, la documentación presentada en respaldo del pedido de extradición de ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO es formalmente válida.
2.3.2. Identidad plena del solicitado en extradición ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO.
De acuerdo con las notas diplomáticas Nos. 1212 y 1732, ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO, también conocido como “Gordo”, es ciudadano colombiano, nacido el 11 de julio de 1986, y se identifica con la cédula de ciudadanía N° 1.108.929.177.
Al momento de notificarle la orden de captura con fines de extradición, VALDÉS GUALTERO se identificó con ese documento, cuyo número aparece en el trámite aquí surtido, en el cual no se puso en cuestión la identidad del requerido.
Por lo anterior, el requisito de su plena identidad se encuentra satisfecho.
2.5. Equivalencia de la providencia proferida en el extranjero.
Cabe recordar en torno a esta temática, como se ha hecho en otras oportunidades, que a pesar de la diferencia de los sistemas procesales de los países involucrados en el presente trámite de extradición, las acusaciones proferidas por las autoridades judiciales de los Estados Unidos resultan equivalentes a la resolución de acusación prevista en nuestras normas procesales, pues contiene una narración sucinta de la(s) conducta(s) investigada(s), con especificación de las circunstancias de tiempo, modo y lugar; tiene como fundamento las pruebas practicadas en la investigación; califica jurídicamente la(s) misma(s), con la invocación de las disposiciones penales aplicables, y, tal cual sucede con el proferimiento de la resolución de acusación en nuestro ordenamiento interno, marca el comienzo del juicio, en el cual el acusado tiene la oportunidad de controvertir las pruebas y los cargos dictados en su contra.
De ahí que esta exigencia, del mismo modo, se encuentre debidamente colmada.
2.3.3. El principio de la doble incriminación.
De acuerdo con el numeral 1º del artículo 493 del Código de Procedimiento Penal, la doble incriminación se presenta cuando el hecho que es motivo de la extradición está “previsto como delito en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años”.
La Corte tiene dicho que para establecer si la conducta que se le imputa al requerido en el país solicitante es considerada como delito en Colombia, debe hacerse una comparación entre las normas que allí sustentan la sindicación, con las de orden interno para establecer si éstas también recogen los comportamientos contenidos en cada uno de los cargos.
Tal confrontación se hace con la normatividad que está en vigor al momento de rendir el concepto, puesto que lo emite dentro del trámite de un mecanismo de cooperación internacional, razón por la cual la aplicación del principio de favorabilidad que podría argüirse como producto natural de la sucesión de leyes no entraría en juego, por cuanto las domésticas no son las que operarán en el extranjero. Lo que a este propósito determina el concepto es que, sin importar la denominación jurídica, el acto desarrollado por el ciudadano cuya extradición se demanda sea igualmente considerado como delictuoso en el territorio patrio.
Pues bien, como ya se anotó, de acuerdo con el resumen contenido en la nota verbal 1732, en la acusación No. 1:13-MJ-361, dictada el 24 de junio de 2013 por la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Este de Virginia, contra ÓMAR FABIÁN VALDÉS GUALTERO se formulan cuatro cargos en los siguientes términos:
Ahora bien, de acuerdo a la normatividad allegada, la sección 1116 del Título 18 del Código de los Estados Unidos, preceptúa:
“(a) Quien asesinare o intente asesinar… a una persona con protección internacional será castigado según se disponga en las secciones 1111… y 1113 de este título…
b) Para efectos de esta sección:..
(4) “Persona con protección internacional” significa…
(B) cualquier otro representante, funcionario, empleado o agente del Gobierno de los Estados Unidos… quien al momento y en el lugar en cuestión renga derecho conforme a la ley internacional a recibir protección especial contra ataques a su persona, libertad o dignidad…
(c) Si la víctima de un delito según la subsección (a) es un persona con protección internacional fuera de los Estados Unidos, los Estados Unidos podrá ejercer jurisdicción sobre el delito si
(1) La víctima es un representante, funcionario, empleado o agente de los Estados Unidos…”
A su vez, la Sección 1114 del mismo Título señala:
“Quienquiera que asesine, o intente asesinar a un funcionario o empleado de los Estados Unidos o de cualquiera otra agencia del Gobierno de los Estados Unidos (incluso a algún miembro de los servicios uniformados) mientras dicho funcionario o empleado esté desempeñando sus deberes oficiales, o a cualquier otra persona que ayude a dicho funcionario o empleado en el desempeño de dichos deberes o por razón de tal ayuda, será castigado…
En el caso de asesinato, según se dispone bajo la sección 1111…
(3) En el caso de intento de asesinato u homicidio, según se dispone en la sección 1113”
Por su parte, la Sección 1201del Título 18 establece que: