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Timestamp: 2017-11-24 18:46:03
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Para considerarse como vida debe ser un organismo autónomo
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Por: Damaris Aguilar, estudiante de quinto año de la Licenciatura en Periodismo de la UES.
Desde el punto de vista obstétrico, aborto es toda interrupción del embarazo espontáneo o provocado durante las primeras 20 semanas de gestación (quinto mes de embarazo) o con un peso fetal menor de 500 gramos; es decir, antes de que el producto sea viable o que tenga la capacidad de vivir de forma independiente fuera de la cavidad uterina.
En nuestro país al igual que en Chile el aborto está penalizado por completo a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ha señalado que desde la percepción médica no es ético prohibir la interrupción del embarazo para salvar la vida de la mujer.
El aborto es un tema que genera acaloradas discusiones, sobre todo en sectores conservadores que se autodenominan “pro-vida”; la iglesia católica y su feligresía fanatista son la principal oposición a la temática, según su postura la vida comienza desde el momento de la concepción y abortar equivale a matar.
Sin embargo, hay que aclarar que un embrión de acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua Española es un organismo en vías de desarrollo hasta que pueda llevar una vida autónoma y activa.
Es decir, que un embrión no es autónomo sino que depende del organismo de la mujer que es el que le proporciona vida, y por tanto no tiene vida propia; así que el embrión es vida de la mujer y por ende mientras éste no consiga su autonomía no puede ser catalogado como otra vida y menos como un ser humano alterno a la vida de la mujer, sino más bien, es vida de la mujer y por lo tanto el único ser viviente es la mujer.
Creer que un embrión es un ser humano, una vida separada de la mujer, es como decir que un huevo es un pollito, que un ladrillo es un edificio o que una flor es un fruto.
La ciencia, el conjunto de conocimientos comprobables y verificables por los cuales las leyes y las sociedades civilizadas se rigen ha comprobado que un embrión no es todavía una vida humana. Sólo cuando un embrión logra el nivel de desarrollo como para sobrevivir independientemente del ser que lo engendró, puede llamarse un ser viviente.
No obstante, los grupos “pro-vida”, la iglesia católica, y demás religiones aseguran que toda vida es sagrada y no se puede sacrificar una vida para salvar otra, las dos vidas son sagradas. Así lo ha expresado monseñor Rosa Chávez, representante de la iglesia católica salvadoreña.
Lo que monseñor Rosa Chávez y la iglesia católica ignoran es que cuando existe riesgo de que la madre pierda la vida, el aborto terapéutico puede salvarle la vida a la madre, de no hacerlo tanto la madre como el producto mueren la mayor parte de veces y dado el caso de que los doctores no son “dioses” capaces de realizar los famosos “milagros” para salvar ambas vidas, buscan hacer lo más lógico y razonable de acuerdo a su juramento hipocrático que es, salvar la vida del ser primario; es decir, la vida de la mujer.
Salvar una vida es hacer uso de la razón, es hacer uso de la capacidad que Dios nos dio para diferenciarnos de las demás especies, de los animales. La razón es la cualidad que nos hace distinguir entre el bien y el mal, y a través de ésta el ser humano sopesa situaciones para decidir lo más viable, en el caso de los profesionales de la salud, salvar la vida de su paciente, que es lo primordial para ellos, es salvar la vida de la mujer, de un ser humano.
Porque no se puede ni se debe negar que una mujer es un ser humano y debido a su naturaleza posee Derechos Humanos INHERENTES; es decir, que sólo por el hecho de haber NACIDO ser humano, los posee y uno de éstos derechos es el derecho a la vida, tal como lo establece el artículo 1 de la Convención Universal de los Derechos Humanos de 1948:
“Todos los seres humanos NACEN libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
Precisamente El Salvador es firmante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es decir, que como Estado reconoce y debe por tanto garantizar el respeto y el cumplimiento de los mismos como ley de la República porque así lo establece, señala y aclara la Constitución de la República de El Salvador en su artículo 144:
“Los Tratados Internacionales celebrados por El Salvador con otros Estados o con Organismos Internacionales, constituyen leyes de la República al entrar en vigencia para El Salvador. En caso de conflicto entre el tratado y la ley, prevalecerá el tratado”.
Por tanto, aunque el artículo 133 del Código Penal de El Salvador penalice absolutamente el aborto, éste queda sin efecto, porque la Constitución misma en su artículo 144 lo establece y de acuerdo a principios jurídicos universales - como la Pirámide de Kelsen- una norma que está debajo de la pirámide no puede contradecirse con la que está más arriba y si así fuera, no tendría efectos jurídicos.
La vida de la mujer es como una Constitución Nacional, es el tope, la cúspide de la pirámide de Kelsen, está por encima de toda legislación, arriba del código penal y su artículo 133.
La vida de la mujer está reconocida jurídicamente por organismos internacionales y por los Estados firmantes, un embrión ni siquiera es mencionado en la Declaración de los Derechos Humanos, el artículo 1 de la misma es claro, los seres humanos NACEN libres e iguales, y jurídicamente para ser reconocido como ser humano necesita primero NACER, el principio de la vida.
El que un embrión sea considerado como vida es una creencia religiosa que es permitida por la libertad de religión que los mismos Derechos Humanos establece; sin embargo, hay que aclarar que una religión no es una ley constitucional, es una creencia y una creencia es lo contrario a un conocimiento- según Platón-, es una opinión, algo que no es verdadero, que ignora la realidad de las cosas por lo que forma parte del ámbito de lo probable y lo aparente.
Y para que algo sea reconocido como verdadero debe ser comprobado y no quedarse simplemente como probable y entre un embrión y una mujer la única vida comprobable y autónoma es la vida de la mujer.
Un embrión no es vida porque la vida es el espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte y ante las leyes que atentan contra la vida de los seres humanos lo más correcto es violarlas.
Damaris Aguilar obtuvo el primer lugar por este ensayo presentado en el Curso "Incidencia periodística en Derechos Sexuales y reproductivos", desarrollado en marzo de 2012 por el Centro de Estudios de Género de la UES y la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del aborto.