Source: http://gonzalezysilva.com/el-termino-del-contrato-la-teoria-de-la-expansion-de-los-deberes/
Timestamp: 2018-10-22 12:13:37
Document Index: 312996331

Matched Legal Cases: ['artículo 1258', 'artículo 3', 'artículo 1258', 'artículo 7', 'artículo 1283', 'artículo 1258']

Gonzalez&Silva El Término del Contrato: La teoría de la expansión de los deberes
Dispone el artículo 1258 Código Civil –en adelante, Cc- que “Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces obligan, no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley”.
Siguiendo el tenor literal de la disposición invocada –ex artículo 3.1 Cc- el consentimiento, entendido como la declaración de voluntad libremente manifestada que obliga para quien lo emite o suscribe un conjunto de obligaciones inherentes al propio negocio jurídico, constituye el dies a quo de la relación jurídica.
De esta forma, una vez consentidos los términos expresados libremente por las partes, éstos despliegan sus efectos obligando, además, a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley, tal y como reza el citado artículo.
La buena fe es un criterio objetivo, constituido como ha señalado el Tribunal Supremo “por una serie de pautas coherentes con el comportamiento en las relaciones humanas y negociales” que, en lo que nos ocupa (materia contractual) funciona como un canon hermenéutico de la voluntad, precisamente, reflejada en el consentimiento y, además, actúa como una suerte de integración del contenido normativo del contracto que –a falta de pacto y abstracción hecha de la intención de las partes- actúa por vía dispositiva.
En este sentido, como principio general del derecho, la buena fe informa respecto del contenido de todo contrato y obliga a un comportamiento humano objetivamente justo, legal, honrado y lógico en el sentido de estar a las consecuencias de todo pacto libremente asumido, sin frustrar la vocación o llamada que el mismo contiene a su cumplimiento y también a sus derivaciones naturales.
Así, quien contrata o emite un consentimiento cual el promitente referente queda obligado, por un principio de normalidad -instaurado en el artículo 1258 Cc- a todas las consecuencias que, según la manifestación de voluntad y su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la Ley, esto es, que la buena fe de este artículo no se refiere a la buena fe subjetiva (creencia, situación psicológica), sino a la objetiva (comportamiento honrado, justo …), al que se alude en el artículo 7 Cc, que consagra como norma el principio general de derecho de ese nombre, con lo que implica un mandato jurídico con eficacia social organizadora; y ese carácter objetivo se encamina a comportamientos adecuados para dar al contrato cumplida efectividad en orden a la obtención de los fines propuestos.
Es doctrina consolidada de la Sala Civil del Alto Tribunal que la buena fe –en el sentido objetivo anteriormente reseñado- consiste en dar al contrato cumplida efectividad, a fin de garantizar la realización del objeto (y fin) del contrato al que las partes han quedado compelidas.
Precisamente, al haberse acotado materialmente las obligaciones inter partes, también el Tribunal Supremo ha sentado la previsión –con gran cautela y notoria justificación- de admitir la ampliación o modificación (a su amparo) de lo estrictamente convenido bajo la denominada “Teoría de la Expansión de los deberes”, con el límite imperativo del artículo 1283 Cc, esto es, “Cualquiera que sea la generalidad de los términos de un contrato, no deberán entenderse comprendidos en él cosas distintas y casos diferentes de aquellos sobre que los interesados se propusieron contratar”.
En este sentido, como ha tenido ocasión de destacar el Tribunal Supremo[4] “según destacada doctrina científica, que es aceptada por esta Sala, este precepto no sólo veda la interpretación extensiva de las palabras de las partes, sino también la restrictiva y, en definitiva, exhorta a la búsqueda de la real voluntad común”.
Por tanto, atendemos a un escenario en el que, limitado objeto, término y cuantía (en cada caso) por las partes concurrentes en el negocio jurídico, pueden existir determinadas concomitancias del propio acto que hagan desplegar efectos jurídicos más allá del término convenido por las partes, esto es, el término del contrato: la teoría de la expansión de los deberes.
Atendemos a un supuesto teórico de marcado carácter casuístico en el que, superado el término del contrato pactado por las partes como dies ad quem en la relación jurídica, puede admitirse la posibilidad de que se desplieguen efectos ex post de dicha fecha.
Sin embargo, debe reseñarse que el citado artículo 1258 Cc es concebido como un precepto genérico, de interpretación restringida, de necesaria aplicación complementaria al supuesto de hecho que ocupe, a fin de entenderlo integrado en el negocio jurídico suscrito que, como jurisprudencia consolidada del Tribunal Supremo ha venido a recordar “constituye Ley para las partes” que atenderán a lo pactado –recordando que “los contratos son lo que son y no lo que las partes quieren que sean-” actuando el término como cláusula de cierre temporal y la teoría de la expansión de los deberes como excepción a la regla general.
Gabriel Navarro Molines
Colaborador de SMF Monclús Abogados
Administrador Superior CA de Aragón
Jefe de Servicio de Acción Exterior – Gobierno de Aragón