Source: http://www.veterinarias.org/regimen-legal-de-productos-farmaceuticos-de-uso-humano-en-medicina-veterinaria/
Timestamp: 2019-03-22 16:39:00
Document Index: 40010254

Matched Legal Cases: ['artículo 97', 'artículo 122', 'artículo 126', 'artículo 120', 'artículo 33', 'artículo 74', 'artículo 78', 'artículo 91', 'artículo 6', 'artículo 22', 'artículo 32', 'artículo 30', 'artículo 174', 'artículo 7', 'artículo 8', 'artículo 22', 'artículo 25', 'artículo 32', 'artículo 23', 'artículo 22']

En esta monografía se contiene la identificación y descripción de la regulación jurídica vigente aplicable a los productos farmacéuticos de uso humano empleados en medicina veterinaria, con el fin de precisar el campo de acción de los profesionales de esta área que regularmente aplican y prescriben este tipo de medicamentos para la atención clínica de animales, especialmente aquellos calificados como “pequeños animales” o de compañía; tanto para la prevención, tratamiento y recuperación de enfermedades, intervenciones quirúrgicas u otra que fuere necesaria para salvaguardar la salud animal.
Desde luego, debo advertir que esta monografía no se extiende al régimen legal aplicable a los productos farmacéuticos de uso exclusivamente veterinario, a los que se les aplica una normativa diferente.
1. Definición legal de producto farmacéutico.
Los productos farmacéuticos se encuentran legalmente definidos en el artículo 97 del Código Sanitario, como “cualquiera sustancia, natural o sintética, o mezcla de ellas, que se destine a la administración al hombre o a los animales con fines de curación, atenuación, tratamiento, prevención o diagnóstico de las enfermedades o de sus síntomas”.
2. Farmacias y droguerías.
La instalación, funcionamiento y traslado de una farmacia, requiere autorización del servicio de salud respectivo; debiendo éste, además, fiscalizar su funcionamiento (ver artículo 122 del Código Sanitario).
La dirección técnica de una farmacia, debe necesariamente ser desempeñada por un profesional químico‑ farmacéutico o farmacéutico, quien asume una serie de responsabilidades de mayor o menor gravedad, según la naturaleza de las funciones que efectúe. Se descarta, en consecuencia, que esa dirección técnica pueda ser asumida por un médico veterinario u otro análogo, pues la legislación es categórica a este respecto. De cualquier forma, el propietario de la farmacia es igualmente responsable de las actuaciones del director técnico, sin que pueda eximirse de ello (ver artículos 23, 24, 26 y 27 del Reglamento de Farmacias, Droguerías, Almacenes Farmacéuticos, Botiquines y Depósitos, en adelante “Reglamento de Farmacias”).1
No obstante, tratándose de droguerías y laboratorios de productos farmacéuticos, se establece que un médico veterinario sí puede asumir la dirección técnica de este tipo de establecimientos cuando la elaboración de materias primas o drogas de origen biológico se obtengan por procesos de esa índole (ver artículo 126 del Código Sanitario).
Debe advertirse que algunos servicios de salud del país han pretendido aplicar a los médicos veterinarios la norma prohibitiva contenida en el artículo 120 del Código Sanitario, conforme a la cual los profesionales (relacionados con la conservación y restablecimiento de la salud) “no podrán ejercer su profesión y tener intereses comerciales que digan relación directa con su actividad, en establecimientos destinados a la importación, producción, distribución y venta de productos farmacéuticos (…), a menos que el Colegio respectivo emita en cada caso un informe estableciendo que no se vulnera la ética profesional”.
Al este último respecto, cabe señalar que si bien pudiera pensarse que esta prohibición sería atentatoria contra el libre ejercicio de la profesión, en lo cierto es que pretende precisamente velar por el prestigio de la misma y prevenir posibles abusos que pidieren cometerse, haciendo subsistir una atribución entregada con anterioridad a los Colegios Profesionales para actuar con legitimidad. En cuanto a este criterio de estimar vigente esta atribución gremial, es compartido también por otros autores.2
En el mismo sentido se ha pronunciado la Contraloría General de la República, al declarar que “en esta materia, el Colegio profesional de que se trate mantiene su tuición ética”. 3
Sobre este particular, el argumento para excluir a los médicos veterinarios de esta aplicación normativa, podría sólo consistir en estimar que los médicos veterinarios no estarían comprendidos dentro de los profesionales a que se refiere y alude dicha norma (“profesiones relacionadas con la conservación y restablecimiento de la salud”); de manera que cuando los veterinarios han sostenido en otros ámbitos, que su profesión tiene directa relación e importancia con la protección de la salud de las personas, debe tenerse presente estas consecuencias concordantes.
Sobre la materia expuesta, hace un tiempo emití un informe legal, con ocasión de la instrucción de un sumario a un veterinario dueño de farmacia.4
3. Venta de productos farmacéuticos.
Por disposición de la ley, la venta al público de productos farmacéuticos para uso humano sólo puede hacerse en farmacias dirigidas por un farmacéutico; y, específicamente, que este tipo de productos sólo podrán expenderse al público con receta médica, salvo los casos que determine el respectivo reglamento (ver artículos 123 y 127 del Código Sanitario).
El Reglamento de Farmacias, estableció una distinción para el expendio de productos farmacéuticos, según las siguientes condiciones de venta: venta directa, sin receta médica; venta bajo receta médica simple; venta bajo receta médica retenida; y venta bajo receta cheque.
La receta médica se encuentra legalmente definida como “la orden suscrita por (…) médico veterinario (…), con el fin de que una cantidad de cualquier medicamento o mezcla de ellos sea dispensada conforme a lo señalado por el profesional que la extiende”. La receta médica retenida, supone que ésta debe ser retenida y archivada en la farmacia que expende el producto en forma correlativa y cronológica, debiendo mantenerse allí durante un año (ver artículos 21, 32 y 34 del Reglamento de Farmacias).
Debo hacer notar al lector que en la definición legal de “receta médica” antes transcrita ninguna palabra está de más. En efecto, verifíquese que se compone de los siguientes contenidos:
a) Una orden suscrita por médico veterinario: significa que la receta debe ser por escrito; y que debe ser suscrita
por médico veterinario (ni por el ayudante ni la secretaria, sino que el propio médico veterinario).
b) La precisión que una cantidad de cualquier medicamento o mezcla de ellos sea dispensada: es decir, debe señalar el medicamento de que se trata y, en su caso, la mezcla o cantidad que debe dispensarse a quien la tiene.
c) Que este expendio del medicamento debe hacerse “conforme a lo señalado por el profesional que la extiende”: es decir, que el médico veterinario debe extender él mismo la receta (ni el ayudante ni la secretaria, de nuevo) y que debe señalar la manera en que debe expenderse, la identidad del medicamento, dosis y administración.
Si se omite alguna de estas concurrencias, lo que se extienda no será receta médica, para efectos legales, incurriendo el profesional en infracción a la ley sanitaria y su reglamento.
Ahora bien, la legislación especifica también acerca de las recetas médicas veterinarias, disponiendo que “los médicos veterinarios sólo podrán extender recetas en que se prescriban productos farmacéuticos para ser administrados a animales”, debiendo especificarse en ellas los siguientes contenidos:
‑ Indicar el USO VETERINARIO.
‑ Consignar el nombre del dueño o responsable del animal al que se efectúa la prescripción.
Además, todo ello, con los requisitos generales aplicables a toda receta, tales como: individualización (nombre, profesión y domicilio) del profesional que la extiende; la prescripción en forma clara y completa; firma del profesional y fecha en que se extiende la receta (Cfr.: artículos 36 y 38 Reglamento de Farmacias).
4. Recetas Magistrales.
La legislación define también lo que se debe entender por receta magistral, como “aquella en que un profesional legalmente habilitado para ello, prescribe una fórmula especial para un enfermo determinado, la que debe elaborarse en el momento de su presentación”. Respecto a este tipo de receta, se exige, además, como requisito específico, que cuando la prescripción se trate de fórmulas, los componentes deberán indicarse “con denominación química o genérica y sus dosis perfectamente legible, no permitiéndose claves o abreviaduras” (ver artículos 34 y 38 del Reglamento de Farmacias).
En esta materia, la legislación es categórica en disponer que ‘las fórmulas magistrales deberán prepararse en forma inmediata contra la presentación de la receta médica y no podrán mantenerse en stock, quedando prohibida su fabricación masiva” (ver artículos 33 y 78 del Reglamento de Farmacias).
Por estas consideraciones, es que no podría, por ejemplo, ofrecerse masivamente un listado de recetas magistrales, pues no resulta consistente con la definición misma de receta magistral (fórmula especial para un determinado enfermo; preparación en forma inmediata contra presentación de la receta) a lo que se agrega la prohibición de fabricación masiva. Sobre este preciso aspecto, aplicado a medicina veterinaria, he informado legalmente sobre un caso en particular.
De otra parte, complementando estas regulaciones, en cuanto a la forma en que se deben expender las preparaciones magistrales, se ha dispuesto que en los rótulos de éstas deberá indicar el nombre comercial y ubicación de la farmacia que las haya preparado, la fórmula completa, la dosis, la forma de uso o aplicación y el
número que le correspondió en el respectivo registro de recetas. En particular a esta monografía, interesa también recalcar que si el preparado se destina a “Uso Veterinario”, debe llevar el rótulo esa precisa indicación (“USO VETERINARIO”) en caracteres destacados (Cfr.: artículo 33 Reglamento de Farmacias). 5. Botiquines y Clínicas Veterinarias.
Los “Botiquines” se encuentran reglamentariamente definidos como “el recinto en que se mantienen productos farmacéuticos para el uso interno de (…) clínicas veterinarias y otros establecimientos” (artículo 74 Reglamento de Farmacias).
Si una clínica veterinaria pretende mantener un botiquín para el desarrollo de su actividad, se debe solicitar una autorización de funcionamiento del botiquín ante el servicio de salud correspondiente. La solicitud respectiva deberá adjuntarse de los siguientes antecedentes:
a) Individualización del propietario o representante legal (de la clínica).
c) Declaración escrita del médico veterinario o personal auxiliar autorizado que se responsabilizará de la adquisición y expendio de los productos farmacéuticos que se utilicen en la respectiva clínica. Sólo este profesional podrá proceder a suscribir las adquisiciones de productos farmacéuticos para el botiquín de esa clínica; de manera que si ese profesional pone término a sus funciones, deberá dar aviso anticipado (dentro de los treinta días anteriores al retiro) al servicio de salud de esta circunstancia; recayendo, en todo caso, la responsabilidad del propietario de la clínica veterinaria de comunicar el nombre de la persona que lo reemplazará en el cargo (ver artículos 74 a 79 Reglamento de Farmacias).
En todo caso, se encuentra prohibido a los botiquines preparar y despachar fórmulas magistrales (artículo 78 Reglamento de Farmacias).
Debe advertir que la infracción a estas disposiciones por parte de una clínica veterinaria, que mantenga un botiquín sin regirse por ellas, implica una infracción a las normas de sanidad, y, en consecuencia, puede ser sancionada por el servicio de salud competente con multas de un décimo hasta mil Unidades Tributarias Mensuales (UTM.); en caso de reincidencia, la multa puede elevarse al doble, sin perjuicio de la clausura del establecimiento, comiso y destrucción de productos (ver artículos 174, Código Sanitario; en relación con artículo 91 del Reglamento de Farmacias). Lo anterior, desde luego, sin perjuicio que al médico veterinario pueda seguírsele un proceso criminal, si hubiere lugar a un delito con esa conducta.
6. Régimen de Productos Psicotrópicos y Estupefacientes.
El fundamento legal que permite establecer restricciones para la fabricación, distribución, posesión o tenencia de productos psicotrópicos, estupefaciente y otras sustancias que producen efectos análogos; y que incluso permite asemejar esas restricciones y extenderlas a otros medicamentos, tales como estimulantes, sedativos,‑hipnóticos, tranquilizantes o ataráxicos, se encuentran establecidas en los artículos 106 y 107 del Código Sanitario. Al efecto, se dispone que su regulación especial se establecerá mediante reglamento.
En cumplimiento de esta disposición legal, se han dictado en Chile el Reglamento de
Psicotrópicos (contenido en el Decreto Supremo N° 405, de 1983, del Ministerio de Salud) y el Reglamento de Estupefacientes (contenido en el Decreto Supremo N° 404, de 1983, del Ministerio de Salud). Por otra parte, la legislación nacional contempla también la actual Ley N° 19.366, de 1995, sobre Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas, y su reglamento.
A) Productos Psicotrópicos.
A los efectos de sus disposiciones, el Reglamento de Psicotrópicos clasifica las sustancias en cuatro listas, que denomina precisamente: Lista I, Lista II, Lista III y Lista IV Se define el producto psicotrópico como “toda solución o mezcla, en cualquier estado físico, que contenga una o más drogas psicotrópicas incluidas en las (respectivas) Listas”. Las agregaciones de otras sustancias a las referidas Listas se efectúa mediante decreto supremo del Ministerio de Salud, cuya vigencia será desde el día 01 del mes siguiente al de su publicación en el Diario Oficial (Cfr.: artículos 2 y 3 del Reglamento de Psicotrópicos).
La legislación, a fin de mantener la continuidad de la terminología empleada con anterioridad y, de alguna forma, orientar la interpretación de las normas, precisó que las referencias legales, reglamentarias y administrativas anteriormente efectuadas como “sustancias o productos farmacéuticos que causen dependencia” se debe entender formuladas a los “productos psicotrópicos” a que se refiere el Reglamento de Psicotrópicos.
En lo que concierne a la utilización y prescripción de los productos psicotrópicos, se pueden sistematizar las siguientes directrices normativas, atinentes al uso de ellas en medicina veterinaria.
a) Las drogas, preparados y especialidades farmacéuticas incluidas en la “Lista I” del respectivo anexo del Reglamento de Psicotrópicos, se encuentran prohibidas en el territorio nacional (artículo 6 Reglamento de Psicotrópicos).
b) Al margen del régimen que regula el registro y control general de estos productos farmacéuticos, en lo pertinente a las ciencias veterinarias, específicamente, se establece que “las drogas y los productos psicotrópicos podrán ser adquiridos por: (…) Botiquines de clínicas veterinarias respecto de los productos psicotrópicos de la Lista IV” (Cfr.: artículo 22, letra g, Reglamento de Psicotrópicos).
c) En consonancia con este predicado, la misma reglamentación precisa que
“los médicos veterinarios podrán prescribir y adquirir productos psicotrópicos para utilizarlos personalmente en el tratamiento de animales, mediante órdenes autorizadas por el servicio de salud correspondiente; y deberán anotar en un libro especial las dosis administradas, la fecha de su utilización, la especie animal y el nombre del propietario de éste”. Se agrega expresamente también que “Los productos psicotrópicos de la Lista IV podrán prescribirlos mediante las correspondientes recetas retenidas, las que (…) deberán además (de los requisitos de toda receta) consignar su uso veterinario y el nombre y cédula de identidad del dueño o responsable del animal al que se efectúa la prescripción” (Cfr.: artículo 32, inciso segundo, Reglamento de Psicotrópicos).
En términos prácticos, los médicos veterinarios deben comprender que respecto de esta regulación rigen los siguientes aspectos puntuales:
i) Deben llevar un libro especial
en la clínica, donde deberán anotar las dosis administradas, la fecha de su utilización, la especie animal y el nombre del propietario de éste.
ii) Las recetas en que prescriban los productos de la Lista IV corresponde a receta retenida, que además de los requisitos de toda receta, debe indicarse específicamente: La declaración de ser de USO VETERINARIO. El nombre y cédula de identidad del dueño y responsable del animal al que se efectúa la prescripción. No deben contener espacios en blanco ni enmendaduras. Tienen una validez de treinta días desde la fecha que sea extendida.
Existe una obligación perentoria que debe cumplirse por las clínicas veterinarias, que hayan sido autorizadas para mantener existencias de productos psicotrópicos (botiquines, según la definición reglamentaria), consistente en que éstos deben ser conservados permanentemente bajo llave y adoptarse todas las medidas necesarias para prevenir su hurto, robo, sustracción o extravío. Siendo lógicamente responsable de estas circunstancias el médico veterinario que se designó ante el servicios de salud a cargo del respectivo botiquín.
Tratándose de prescripciones magistrales que contengan drogas psicotrópicas, deben extenderse en el mismo tipo de receta indicada (retenida), sin que pueda excederse determinadas cantidades por unidad posológica y tiempo de administración, según el tipo de sustancia y principios activos (ver artículo 30 Reglamento de Psicotrópicos).
B) Productos estupefacientes.
Se rigen por un sistema reglamentario similar al de los productos psicotrópicos; pero sin una referencia específica a una posible competencia de los médicos veterinarios a su respecto. El Reglamento de Estupefacientes no fue objeto de modificación en el año 1995, cuando se perfeccionó la normativa sobre psicotrópicos, quedando, en consecuencia, fuera del campo de acción de los profesionales de la medicina veterinaria.
Como es sabido, esta circunstancia, limita seriamente la aplicación de tratamientos veterinarios en ciertas enfermedades neurológicas y las prácticas tendientes al control del dolor en los animales .6
Como se dirá más adelante, el Colegio Médico Veterinario de Chile mantiene vigente una petición oficial y determinada ante el Ministerio de Salud, tendiente a poder perfeccionar la normativa e incluir la posibilidad que los médicos veterinarios puedan en Chile emplear aquellas sustancias psicotrópicas y estupefacientes que resultan indispensables para el tratamiento de enfermedades neurológicas y el tratamiento del dolor en clínica de animales.
7. Infracciones, sanciones y delitos.
A este respecto deben tenerse presente al menos dos grupos de sanciones: aquellas derivadas de simples infracciones a la legislación de sanidad; y aquellas otras consistentes en delitos de la ley de tráfico de drogas.
A) Infracciones a la legislación de sanidad.
Los médicos veterinarios que ejercen la profesión, deben tener siempre presente que cualquier infracción a las normas contenidas en el Código Sanitario o en sus reglamentos (en esta exposición, relativas a productos farmacéuticos), puede ser sancionada por los servicios de salud respectivos con multas de media hasta mil Unidades Tributarias Mensuales (U.T.M.); y en caso de reincidencia, con el duplo de la multa; y todo ello, sin perjuicio de la clausura del local, decomiso y destrucción de los productos, en su caso (artículo 174 del Código Sanitario, en relación con los reglamentos respectivos).
Para estas sanciones se aplica el denominado “sumario sanitario”, cuya descripción y explicación, excede el objeto de esta exposición.’
B) Delitos y sanciones penales.
La posibilidad que los médicos veterinarios puedan emplear y prescribir sustancia psicotrópicas (en la actualidad aquellas comprendidas en la denominada “Lista IV” del reglamento respectivo), origina para ellos la posibilidad también de incurrir en graves delitos, severamente sancionados por la legislación criminal. Para una mejor comprensión, divido la exposición en dos figuras distintas que señalo a continuación:
a) Delito Genérico: incurre en este delito el que estando autorizado para suministrar las sustancias psicotrópicas (a que se refiere la ley) “lo hiciere en contravención a las disposiciones legales o reglamentarias pertinentes”. Como se puede apreciar, el médico veterinario es de aquellos autorizados para suministrar este tipo de sustancias, por lo que a su respecto puede ser sujeto activo del delito; y la tipificación del tipo penal resulta ser bastante sensible y amplia, pues para incurrir en él bastaría cualquier contravención o inobservancia de la normativa que rige la forma o manera de suministrar el producto psicotrópico (por ejemplo: se omite cumplir con todos los requisitos reglamentarios exigidos para aplicar un producto, registros y datos, etc.). La sanción es grave: presidio menor en su grado máximo a presidio mayor en su grado mínimo (de tres años y un día a diez años de presidio) y multa de 40 a 400 U.T.M, sin perjuicio de la clausura de establecimientos y prohibición permanente de participar en otro establecimiento similar (Cfr.: artículo 7, Ley N° 19.366, de 1995).
b) Delito Específico: incurre en este delito “el veterinario que recetare algunas de las sustancias o drogas psicotrópicas o estupefacientes (señaladas), sin necesidad médica o terapéutica”. Nótese en este delito la calificación esencial, consistente en que si lo que se recetó lo fue “sin necesidad médica o terapéutica”, circunstancia sumamente relativa y a veces compleja de determinar, aplicando las artes de la práctica médica veterinaria y los tan diferentes cuadros cínicos a que puede verse enfrentado el veterinario en el ejercicio de la profesión. La sanción penal es sumamente grave: presidio mayor en sus grados mínimo a medio (de cinco años y un día a quince años de presidio) y multa de 40 a 400 U.T.M. (Cfr.: artículo 8, Ley N° 19.366, de 1995).
c) Cabe señalar que las penas antes indicadas se pueden ver gravemente aumentadas según las circunstancias, restricciones de los derechos del inculpado y prohibición de consideración de determinadas atenuantes y restricción de algunos beneficios para el procesado condenado por tales delitos.
8. Propuesta del Colegio Médico Veterinario de Chile al Ministerio de Salud.
Pese a la gravedad de las sanciones penales a que podrían verse expuestos los médicos veterinarios, por el solo hecho de poder emplear y prescribir productos farmacéuticos psicotrópicos o estupefacientes, el Colegio Médico Veterinario de Chile, acogiendo un antiguo reclamo de los profesionales veterinarios del país, en su última presentación de fecha 25 de octubre de 2001, se planteó al Ministerio de Salud la siguiente propuesta, que, para conocimiento de los interesados, se consigna a continuación:
“PRESENTACION DEL COLEGIO MEDICO VETERINARIO DE CHILE, EN MATERIA DE FÁRMACOS PSICOTROPICOS Y ESTUPEFACIENTES.
Reunión con el Señor Subsecretario de Salud.
Santiago de Chile, 25 de octubre de 2001.
Con asistencia de los Señores Presidente y Vicepresidente del Colegio Médico Veterinario de Chile; del señor Asesor Legal de esta institución; y de un Director de Mevepa.
“En relación con la restricción reglamentaria que actualmente se aplica a los profesionales de la medicina veterinaria, concerniente a la posibilidad de empleo de parte importante de los productos farmacéuticos psicotrópicos y estupefacientes, que limitan seriamente y afectan el uso de prácticas clínicas en el ejercicio diario de la profesión médico veterinaria, se le plantea al señor Subsecretario de Salud las siguientes consideraciones.
“Como es de conocimiento, la actual legislación sobre productos farmacéuticos limita la aplicación de la mayoría de los psicotrópicos y la totalidad de los estupefacientes en medicina veterinaria.
“En efecto, el Reglamento de Productos Psicotrópicos (contenido en el Decreto Supremo N°405, de 1983, del Ministerio de Salud) sólo permite a los médicos veterinarios utilizar y prescribir aquellos psicotrópicos considerados en su respectiva Lista IV. Por su parte, el Reglamento de Estupefacientes (contenido en el Decreto N°404, de 1983, del Ministerio de Salud) no considera en absoluto de utilización de este tipo de fármacos por parte de médicos veterinarios.
“Esta circunstancia, se traduce en la imposibilidad para los profesionales de este Gremio de aplicar técnicas eficaces, científica y universalmente reconocidas para tratar síntomas y cuadros clínicos asociados a dolor; trastornos conductuales; y alteraciones neurológicas, entre otros.
“En lo concerniente a estos aspectos, cabe señalar lo siguiente:
A) ‑ Respecto de los estupefacientes, los médicos veterinarios no pueden acceder a drogas, tales como morfina y oximorfona, que son fundamentales para el manejo efectivo y ético del dolor tanto humano como animal. En la actualidad, sólo podemos tratar el dolor en los animales con drogas antinflamatorias, como lo son el Ketoprofeno, Flunixin meglumina, cuyos efectos contra el dolor no son comparables al de los narcóticos. De lo anterior se desprende que los médicos veterinarios chilenos no pueden aliviar el dolor deforma segura y profesional.
B) ‑ Con respecto a los psicotrópicos, existen drogas tales como el Fenobarbital, Pentobarbital y Midazolam, entre otras, que son de utilidad única en el tratamiento de procesos convulsivos, epilépticos y tóxicos, cuadros que se observan rutinariamente en la actividad profesional de clínica veterinaria. En la actualidad, en presencia de un paciente en convulsión se debe incurrir en el empleo de Tiopental
Sódico, droga que posee numerosos efectos indeseados y peligrosos, tales como depresión cardiorespiratoria y toxicidad hepática. Ante esta situación, se constata la existencia de un gran vacío terapéutico en esta materia.
“Cabe señalar que Chile es el único país en que se impide la utilización y prescripción por parte de los médicos veterinarios de este grupo de fármacos, lo que queda de manifiesto en los diversos congresos y conferencias de la especialidad tanto a nivel nacional como internacional.
“Los médicos veterinarios chilenos estamos absolutamente capacitados para el manejo y uso de estos fármacos. Los currículos de pregrado de las facultades que imparten la carrera de medicina veterinaria a nivel nacional contemplan un estricta formación en el área de la farmacología.
“Desde luego, para la revisión técnica y fundamento de las modificaciones reglamentarias que sea necesario realizar en el logro tales objetivos, el Colegio de la Orden ofrece toda la colaboración y apoyo que fueren pertinentes.
“Sin perjuicio de lo anterior, y como una manera de promover un paso concreto a estos respectos, se ofrece a continuación una propuesta específica de modificación reglamentaria, para su conocimiento, revisión y consideración.
“Propuesta tentativa de modificación reglamentaria sugerida.
“En atención a las consideraciones precedentes, se sugiere introducir modificaciones específicas a la actual normativa reglamentaria que rige la materia, cuyo contenido pudiera ser del siguiente tenor.
“MODIFICA LOS DECRETOS N° 404, de 1983, y N° 405, de 1983, del MINISTERIO DE SALUD.
Lo dispuesto en los artículos 125, 127 y en el Título II del Libro Cuarto del Código Sanitario; en los artículos 31 y 52 de la Ley N° 18.962, Orgánica Constitucional de Enseñanza; en los Decretos N° 404, de 1983, y N° 405, de 1983, ambos del Ministerio de Salud; y en los artículos 4 y 6 del Decreto Ley N° 2.763, de 1979.
‑ La circunstancia que el ejercicio de la profesión de médico veterinario implica la utilización, administración y prescripción de medicamentos a los animales, incluso de aquellos formulados y registrados para el uso de seres humanos; cuyo regulación compete al Ministerio de Salud.
‑ Que, dentro de los requerimientos de la medicina veterinaria, se encuentran también la administración y dispensación de productos farmacéuticos psicotrópicos y estupefacientes, para un adecuado desempeño profesional.
‑ Que la actual normativa reglamentaria sobre dicha materia contiene omisiones manifiestas que resulta indispensable susbsanar, regulando adecuadamente el empleo de tales productos por parte de los médicos veterinarios.
“ARTICULO 1. Modifícase el Decreto Supremo N° 405, de 1983, del Ministerio de Salud, que aprobó el Reglamento de Productos Psicotrópicos, de la siguiente manera:
a) Suprímase en la letra g) del artículo 22 la frase final “respecto de los productos psicotrópicos de la lista IV”.
b) Agrégase al artículo 25 el siguiente inciso final, nuevo: “Lo que se dice en este artículo y en el anterior será aplicable a los médicos veterinarios y demás profesionales
autorizados para la administración y prescripción de estos productos psicotrópicos”.
c) Sustitúyase en el inciso segundo del artículo 32 la frase “Los productos de la lista IV podrán prescribirlos mediante las correspondientes recetas retenidas”, por la siguiente: “Los referidos productos podrán prescribirlos mediante la respectiva receta médica, según lo dispuesto en el artículo 23”.
“ARTICULO 2. Modifícase el Decreto Supremo N° 404, de 1983, del Ministerio de Salud, que aprobó el Reglamento de Estupefacientes, en la siguiente forma: Agréguese al artículo 22 el siguiente inciso final, nuevo: ‘‑Los médicos veterinarios podrán adquirir las drogas y productos estupefacientes para utilizarlos personalmente en el tratamiento de animales, mediante órdenes autorizadas por el Servicio de Salud correspondiente, y deberán anotar en un libro especial las dosis administradas, la fecha de su utilización, la especie animal y el nombre del propietario éste. Les será aplicable las normas de este reglamento en lo que les fuere pertinente”.
“Finalmente, cabe señalar que, en cuanto al régimen regulatorio, a los médicos veterinarios se les aplica las normas del Reglamento de Farmacias, Droguerías, Almacenes Farmacéuticos, Botiquines y Depósitos Autorizados (contenido en el Decreto N° 466, de 1984, del Ministerio de Salud), en todo lo que respecta a requisitos de recetas médicas, Botiquines y otras regulaciones.
“De la misma manera, en cuanto al control y represión de las infracciones, les es igualmente aplicable lo dispuesto en la Ley N° 19.366, sobre tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas (en especial lo pertinente de sus artículos 7 y 8)”.
De esta solicitud, esa institución gremial aún no parece haber recibido una respuesta oficial de dicho ministerio; tal vez en estudio, o sobrepasada por los sucesivos cambios que ha tenido esa cartera ministerial en el período.
Se cumple así con dar una sucinta visión integral, panorámica e instructiva a los médico veterinarios del país, con el objeto que puedan ejercer la profesión con apego a la legislación que la regula, en lo relativo al control de productos farmacéuticos de uso humano aplicados a medicina veterinaria.
1 Este reglamento se contiene en el Decreto Supremo N° 466, de 1984, del Ministerio de Salud.
2 Ver Maturana Schulze, Adriana. Código Sanitario Comentado. Editorial ConoSur,1998, p. 165.
3 Ver Contraloría General de la República, Dictámenes N° 32.046, de 1986 y N° 33.145, de 1987; citados en obra de nota 4.
4 Ver Cortés Nieme, Alberto. Informe legal sobre sumario sanitario a médico veterinario dueño de farmacia. Colegio Médico Veterinario de Chile, Agosto de 1999.
5 Ver Cortés Nieme, Alberto. Informe Legal sobre controversia por Recetario Magistral Veterinario: “Farmacias Ahumada con Servicio Agrícola y Ganadero”. En Colegio Médico Veterinario de Chile, Santiago, octubre de 2000. 6 Sobre este aspecto, ver: Freire, Eduardo. En busca del arsenal farmacéutico perdido. En Revista MEVEPA, Vol. 12, N° 4, diciembre 1998, p. 10.
Sobre esta legislación, ver: Cortés Nieme, Alberto. Competencia Normativa restringida de las Municipalidades en materia de Sanidad Pública. En Revista de Derecho Administrativo Económico. Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. III, N° 1, enero ‑ junio 2001, p. 235.
Alberto Cortés Nieme Abogado Asesor Legal Colegio Médico Veterinario de Chile. Profesor de Legislación Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, Universidad de Chile. Profesor de Derecho de la Sanidad Pública, Pontificia Universidad Católica de Chile.