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Timestamp: 2018-04-25 07:43:16
Document Index: 389344095

Matched Legal Cases: ['artículo 262', 'artículo 57', 'artículo 2', 'artículo 3', 'artículo 1', 'artículo 1', 'artículo 4', 'artículo 35', 'artículo 2', 'Artículo 2', 'Artículo 2', 'Artículo 2', 'Artículo 1', 'Artículo 2', 'artículo 78', 'artículo 78']

ATRAPADO POR LAS PARTICIPACIONES PREFERENTES: CLAVES PARA LA PROTECCIÓN DEL CONSUMIDOR EN EL ÁMBITO CIVIL - PDF
ATRAPADO POR LAS PARTICIPACIONES PREFERENTES: CLAVES PARA LA PROTECCIÓN DEL CONSUMIDOR EN EL ÁMBITO CIVIL
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Daniel Duarte Benítez
1 ATRAPADO POR LAS PARTICIPACIONES PREFERENTES: CLAVES PARA LA PROTECCIÓN DEL CONSUMIDOR EN EL ÁMBITO CIVIL Cada arruga que surca ese semblante, es del trabajo la profunda huella, o fue un dolor de vuestro pecho amante. La historia fiel de una época distante puedo leer yo en ella. (Vicente W. Querol. Licenciado en Leyes ) 1
2 La venta masiva de participaciones preferentes, deuda subordinada y otros productos complejos a clientes minoristas (consumidores), es sin duda alguna el mayor fraude económico de nuestra historia democrática. Cerca de usuarios han visto como los ahorros de toda su vida han sido literalmente expoliados por la banca ante la pasividad de toda suerte de organismos reguladores y de control. Pero si ello ya de por si resulta indecente, la solución política ideada del arbitraje a la medida de la banca, encierra un hedor insoportable. Con el arbitraje de preferentes hemos pasado de la indiferencia de la CNMV, Banco de España y autoridades de consumo a la complicidad política para consumar un segundo fraude a los usuarios, aún más lacerante si cabe. Y esta vez con el aval del Gobierno. Según las estadísticas que se vienen ofreciendo, cerca del 90% de los afectados ofrecen un perfil de ahorrador tradicional (cliente minorista, consumidor) y el 80% de ellos, son nuestros mayores de 70 años -nacidos y forzados por las circunstancias a trabajar en la dureza tras la postguerra-, que tras una larga vida de esfuerzo y sacrificio depositaron sus ahorros, junto a su confianza, en entidades financieras, sin ser conscientes en la inmensa mayoría de las ocasiones de estar suscribiendo un producto de alto riesgo financiero. Muchos de ellos, de salud ajada y final certero por un diagnóstico clínico que saben no superarán, me han llorado para que el sacrificio de sus vidas lo reciban sus hijos, conscientes de que el proceso puede llegar a durar más que sus latidos. Sin descender a casos puntuales de contratación con discapacitados, menores de edad, personas con analfabetismo que lamentablemente parecen no ser tan residuales-, nos enfrentamos a un conflicto sin precedentes en nuestro pasado reciente desde el punto de vista de la afectación de los intereses económicos de los consumidores. Un conflicto que sin duda formará parte de nuestra historia y forjará futuros desarrollos normativos, como aconteció también con la tragedia de la colza. Desde un punto de vista económico, y bajo la perspectiva del que suscribe, el arbitraje es un mayúsculo fraude para los afectados a quienes pretende hurtarse hasta una elevadísima parte de sus ahorros y una solución fantástica para la banca que consuma el latrocinio con el beneplácito del ejecutivo. Desde la óptica jurídica es una aberración jurídica, simplemente ilegal. Para comenzar, el arbitraje no es universal, sino aceptado individualmente al gusto de la entidad financiera, previo filtro de la consultora KPMG (si, esa misma que avaló la salida a Bolsa). Pero lo sorprendente realmente es la lectura de los criterios establecidos: menores de edad e incapacitados que hayan firmado sin la intervención de sus representantes legales; inexistencia de documentación contractual; clasificación del producto como sin riesgo; reconocimiento por la entidad de haber informado incorrectamente al cliente Estos criterios convierten el arbitraje de las preferentes en un arbitraje ilegal, que obligan al árbitro que aprecie su concurrencia a rechazar la solicitud y remitir el caso al Juzgado o Fiscalía por aplicación de lo dispuesto en el artículo 262 de la Ley de Enjuiciamiento 2
3 Criminal, artículo 57 del Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y artículo 2.2 del Real Decreto 231/2008, por el que se aprueba el Sistema Arbitral de Consumo. En suma, estas normas prohíben el arbitraje de consumo ante la posible concurrencia de indicios racionales de delito. Y no hace falta ser un avezado jurista para entender que si se ha hecho firmar clandestinamente a un discapacitado psíquico la transformación de sus ahorros convencionales en un altísimo producto de riesgo a hurtadillas de su representante legal, cuando menos debe haber una honda sospecha de estafa. Pero el arbitraje de las preferentes aún encierra más atractivos para la banca, pues de este modo evitará las costas procesales que de modo probable padecería en un proceso judicial (art. 394 LEC) y los intereses legales (art. 576 LEC y art CC), ausentes en el arbitraje. Frente a este segundo latrocinio, aún para quienes hemos defendido vivamente las virtudes del arbitraje de consumo y aún defendemos un arbitraje honesto-, es ineludible acudir a la vía judicial, que ahora parece despertar esta primavera de su prolongado letargo en defensa de los maltrechos derechos de los consumidores. En momentos como este, tras quince años ejerciendo como árbitro de la Junta Arbitral Nacional de Consumo, recuerdo con cariño los mandamientos del abogado del maestro Couture: Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres es conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia. Hoy, es uno de esos días, maestro. Este pequeño opúsculo que tienes en tus manos es -aunque algo apresurado-, resultado del trabajo de horas de estudio robadas a la familia. Frente a la tentación inevitable de reservar para uno el fruto de su esfuerzo, con la legítima expectativa de ver recompensado el mismo con un aluvión de clientes, es más poderoso, por fortuna, el deseo de ser útil a los afectados y ayudarles a recuperar los ahorros que con tanto esfuerzo y privaciones fueron guardando. Ya habrá tiempo si el destino lo quiere -o como dice mi amigo y Vicedecano Valero: si los dioses inmortales lo permiten-, para buscar denarios. Ahora, es momento de que cada abogado que realice este curso o tenga en sus manos esta guía, ponga su saber y su corazón junto a la desesperación del expoliado. Actúes de oficio o como letrado particular, se riguroso en el estudio y generoso en asistir a quien acude a ti como víctima de este engaño. Mi única pretensión es que te sea de utilidad y tu trabajo permita la reparación de esta injusticia. 3
4 1. EL CONSUMIDOR O USUARIO COMO ELEMENTO DE SINGULAR PROTECCIÓN Brevísima reseña a la evolución histórica de la noción de consumidor o usuario Noción jurídica española. La importancia de llamarse consumidor Acotación comunitaria del concepto jurídico de consumidor e integración en la noción nacional El denominado consumidor medio El consumidor o usuario como ahorrador o cliente minorista Existen consumidores cualificados en la adquisición de participaciones preferentes? 2. APROXIMACIÓN AL MARCO NORMATIVO PROTECTOR DEL USUARIO DE SERVICIOS FINANCIEROS, EN PARTICULAR DE LOS SUSCRIPTORES DE PARTICIPACIONES PREFERENTES intervención normativa en el sector financiero: una necesidad histórica, presente y futura De la protección de los intereses económicos de los usuarios. Y en particular de los servicios financieros y bancarios De la regulación jurídica de las denominadas participaciones preferentes. 3. DEL CONFLICTO SUSCITADO ENTORNO A LAS PARTICIPACIONES PREFERENTES. 4. PUNTOS CLAVE PARA LA DEFENSA DEL USUARIO AFECTADO POR LA COMERCIALIZACIÓN INDEBIDA DE PARTICIPACIONES PREFERENTES EN EL ÁMBITO CIVIL Jurisdicción y competencia Capacidad y legitimación. Posible litisconsorcio pasivo necesario e intervención provocada Procedimiento. Acumulación de acciones. Cuantía Nulidad, anulabilidad y prescripción Nulidad por falta de consentimiento Anulabilidad por error en el consentimiento (vicio en el consentimiento) De la acción de responsabilidad y resolución del contrato suscrito por incumplimiento De la nulidad del contrato por infracción de normas imperativas De la práctica abusiva bancaria de la comercialización de las participaciones preferentes a los actores como consumidores finales De la naturaleza del producto contratado y su particular condicionado, en particular del carácter perpetuo y su consideración como cláusula abusiva apreciable de oficio Valoración de la prueba. 4
5 5. CONEXIÓN ENTRE PROCEDIMIENTO CIVIL Y PENAL. LA CUESTIÓN PREJUDICIAL PENAL EN EL PROCESO CIVIL. 5
6 1. EL CONSUMIDOR O USUARIO COMO ELEMENTO DE SINGULAR PROTECCIÓN. APROXIMACIÓN A LA DELIMITACIÓN CONCEPTUAL DE CONSUMIDOR Evolución histórica de la noción de consumidor o usuario. Como suele suceder en tantas áreas de nuestro Derecho, los primeros antecedentes que apuntan un interés público en la protección del ciudadano en su actividad de consumo es situada en el Derecho Romano, tal y como describe el insigne Profesor JUAN IGLESIAS 1. Interesante también resulta la preocupación que denota la Novísima Recopilación 2 en la tutela de la salud pública, tanto en su aspecto preventivo como sanatorio de los daños generados, ordenando la reparación de los perjuicios que causan a la salud las vasijas de cobre, el plomo de los estañados, las de estaño con mezcla de plomo, etc. Sin embargo, prescindiendo de estos antecedentes más remotos, lo cierto es que la protección del consumidor como sujeto específico de derechos merecedor de una singular protección es más bien próxima sin que alcance el siglo de historia. Su origen se halla en la sociedad norteamericana. Y su evolución en la Europa comunitaria El origen: Estados Unidos. La idea de consumidor como sujeto específico de derechos comienza a forjarse a finales del siglo XIX en Estados Unidos, con el nacimiento en la ciudad de Nueva York de la primera Liga de Consumidores en el año Pocos años más tarde, en 1927, la publicación del libro Your Money s Worth 3, esboza lo que en 1936 sería la aparición de la Consumer s Union of United States 4. La importancia de esta obra fue transcendental en el nacimiento de la Consumer s Union, marcando sus pautas de actuación, en lo que se ha venido conociendo con posterioridad como consumers testing association. Este sistema exportado a Europa, ha sido seguido por la poderosa Association Belge des Consomateurs Test Achats-, inspiradora del grupo CONSEUR, en cuyas aguas bebe la española Organización de Consumidores y Usuarios 5. Se trata de un sistema de asociaciones de consumidores que basan su intervención en el análisis y comparación de productos, ofreciendo sus resultados a los usuarios a través de la suscripción a diversas publicaciones 1 IGLESIAS, J. Derecho Romano. Instituciones de Derecho Privado, Barcelona 1987, p Vid. Libro III, Título XI, Ley VI. 3 CHASE, STUART. Your Money s Worth: A Study in the Waste of the Consumer s Dollar, New York, Más información en 5 Asociación de consumidores fundada en 1975 por el fallecido abogado madrileño Antonio García de Pablos. Actualmente forma parte del Consejo de Consumidores y Usuarios. La OCU está integrada en la estructura de Euroconsumers-CONSEUR compuesta por las asociaciones hermanas de Bélgica (Asociación Belga de Consumidores-Test Achats), de Italia (Altro Consumo), Portugal, (DECO), Francia (ESTCF-GSCB) y Luxemburgo. 6
7 (Consumer Bulletin en el caso de la Consumers s Union, Qué acheter, en el supuesto de Test achats o Compra Maestra de la española OCU Edocusa-). Para muchos sin embargo, el es famoso discurso del Presidente J. F. Kennedy, el 15 de marzo de 1962 (convertido posteriormente en día mundial del consumidor), el que marcó el hito del verdadero reconocimiento de los derechos de los consumidores y usuarios La evolución europea. Aunque Alemania ya había adelantado a comienzos de siglo importantes normas 6, sus Tribunales comenzaban a fallar de modo vanguardista a favor de los usuarios, e incluso había existido algún conato de representación colectiva de los consumidores 7, en Europa en general la eclosión del movimiento consumerista es más tardía que en el continente americano, y aún pudiéramos decir que se encuentra incluso en fase de consolidación en no pocos aspectos. Al margen de los movimientos cooperativistas ingleses de Los Justos Pioneros de Rochdale destacados por SÁNCHEZ REYES 8, en nuestra época más cercana, es Dinamarca, quien en 1947, crea el primer Consejo de Consumidores, extendiéndose desde este país a los vecinos noruegos la idea proteccionista del consumidor, donde en 1953 nacía el Consejo Noruego de Consumidores. Reino Unido erige en 1959 la primera comisión de trabajo para la salvaguarda de los intereses de los consumidores, cuyo fruto legislativo, como respuesta a una incipiente demanda social, sería un par de años más tarde la Consumer Protection Act. En Francia, ve la luz en el año 1966 el Institut Nacional de la Consommation. Suecia aprueba en 1970 sus leyes sobre actuación en el mercado y sobre el tribunal del mercado y Bélgica un año más tarde en 1971 promulga una ley sobre prácticas comerciales de claro corte consumerista El consumidor ciudadano. En este clima de concienciación social sobre la idea de consumidor, pero como un concepto aún jurídicamente indeterminado, surge una primera interpretación amplia y flexible, que equipara consumidor con el término ciudadano. Para los defensores de esta interpretación extensa todos somos consumidores (discurso Kennedy). Esta concepción encuentra sus orígenes en una de las primeras resoluciones del Consejo de la antigua Comunidad Económica Europea que preconizaba de ahora en adelante, ya no se considerará al consumidor únicamente como un comprador y usuario de bienes 6 Ley contra la competencia desleal de 7 de julio de 1909 (Gesetz gegen den unlauteren Wettbewerb) 7 En la República de Weimar impulsado por las asociaciones de amas de casa llegó a constituirse un Consejo de Consumidores (Konsumentenrat), integrado en el Consejo Nacional de Economía, extinguiéndose con el triunfo del régimen nazi. 8 SÁNCHEZ REYES, C. (Coord. SORIA, J.) Asociaciones de consumidores: así son, así opinan. Madrid, 2001, p
8 y servicios para uso personal, familiar o colectivo, sino como una persona interesada en los diferentes aspectos de la vida social que, como consumidor, puedan afectarle directa o indirectamente 9. Esta corriente, si bien es cierto que ha calado con éxito en algunos países de nuestro entorno, dando lugar a importantes movimientos ciudadanos con mentalidad consumerista, como es el caso notable del italiano Cittadinanza Attiva 10, ha ido alejándose progresivamente del prisma utilizado por el legislador comunitario para desarrollar la política protectora de los consumidores y usuarios El consumidor cliente. En un sentido más restrictivo, se ha pretendido asimilar la condición de consumidor a la de cliente. Bajo esta óptica, serían consumidores todos aquellos que contrataran con un empresario la adquisición de bienes o servicios. Sin embargo, tampoco puede satisfacernos una interpretación tan abierta, pues incluye en su concepción al empresario que adquiere unos productos para revenderlos a terceros, actuando como una agente activo del tráfico mercantil. De no entenderlo así habríamos de aceptar como una relación de consumo, la establecida entre dos profesionales que contratan entre sí en el ejercicio de su actividad, cuando en realidad, nos inclinamos por entender que es más correcto en este supuesto hablar simplemente de una relación mercantil. No podemos olvidar que el concepto de consumidor nace indisolublemente unido a la idea de una relación bilateral en que una de las partes, de modo ajeno a su actividad habitual, y en una situación de mayor debilidad contrata un bien, producto o servicio con quien si es un profesional del comercio. Siguiendo esta corriente, al equiparar cliente con consumidor, se obvia esa situación de especial fragilidad generadora de la conciencia social y legislativa que demandaba una mayor protección del agente débil en el proceso de contratación, las verdaderas víctimas del conjunto de abusos y daños que señalaban FERRIER 11 o GUILLEN CARAMES El consumidor destinatario final. Más restringida es la interpretación de consumidor o usuario como destinatario final, entendiéndose como tal aquél que adquiere los bienes o servicios para su uso privado, sin introducirlos nuevamente en el tráfico 9 Resolución del Consejo de la CEE, de 14 de abril de 1975, relativa al Programa Preliminar de la Comunidad Económica Europea para una política de protección e información de los consumidores. (D.O. nº C 92). 10 Cittadinanza Attiva nace en el año 1978, tras la Recomendación del Consejo de Europa, y al amparo del Art. 118 della Constituzione Italiana Stato, regioni, province, città metropolitane, comuni favoriscono l'autonoma iniziativa dei cittadini, singoli e associati, per lo svolgimento di attività di interesse generale, sulla base del principio della sussidiarietà", teniendo como objetivo la participación pública de los ciudadanos-consumidores. En la actualidad, dirigida por Giovanni Moro, hijo de Aldo Moro. Más información en 11 FERRIER, D y CAS, G. Traité de droit de la consommation, Paris, 1986, p GUILLEN CARAMES, JAVIER. El Estatuto Jurídico del Consumido, Madrid, 2002, p.45. 8
9 mercantil. Resulta coherente con esta noción, admitir no sólo el consumidor jurídico o aquel que directamente ha adquirido el bien o servicio para su uso privado, sino también el consumidor material, esto es quien sin contratar lo usa o lo consume (por ejemplo por recibirlo como regalo). Este es el concepto que por lo que respecta a nuestro estudio, ha de centrar nuestra atención. En la mayoría de los estados de nuestro entorno, esta tercera postura que asimila consumidor con destinatario final, ha sido la que finalmente se ha impuesto en las normas de consumo generalistas, aunque para determinados aspectos (Ej. responsabilidad civil por productos defectuosos), es frecuente encontrar la asimilación de consumidor con cliente, en un intento legislativo de ampliar la órbita protectora de la norma para situaciones especialmente calamitosas Noción jurídica española. La importancia de llamarse consumidor. En España, desde el punto de vista jurídico, la noción de consumidor o usuario parece en principio clara según la definición recogida en el artículo 3 TRLGDCU: A efectos de esta Norma y sin perjuicio de lo dispuesto expresamente en sus libros tercero y cuarto, son consumidores o usuarios las personas físicas o jurídicas que actúan en un ámbito ajeno a una actividad empresarial o profesional. La nueva definición simplifica sin duda el tradicional concepto que ofrecía el anterior artículo 1.2 de la Ley 26/1984, de 19 de julio, criticado como recuerda BERCOVITZ RODRIGUEZ CANO 13 por su complejidad y falta de técnica jurídica, cuyo tenor litoral disponía: A los efectos de esta Ley, son consumidores o usuarios las personas físicas o jurídicas que adquieren, utilizan o disfrutan como destinatarios finales, bienes muebles o inmuebles, productos, servicios, actividades o funciones, cualesquiera que sea la naturaleza pública o privada, individual o colectiva de quienes los producen, facilitan, suministran o expiden. A sensu contrario, disponía el conforme reza el artículo 1.3 de la Ley del 84 que No tendrán la consideración de consumidores o usuarios quienes sin constituirse en destinatarios finales, adquieran, almacenen, utilicen o consuman bienes o servicios, con el fin de integrarlos en procesos de producción, transformación, comercialización o prestación a terceros. Hoy, tras la reforma operada por el RD Legislativo 1/2007, se ha optado por la formulación en positivo de la definición de empresario, entendiéndose por tal a los efectos de esta norma en su artículo 4 a toda persona física o jurídica que actúa en el marco de su actividad empresarial o profesional, ya sea pública o privada. 13 BERCOVITZ RODRIGUREZ-CANO, A. El concepto de consumidor en Hacia un Código del Consumidor, Manuales de formación continuada del CGPJ nº 34, Madrid, 2005, p
10 Frente a la aparente transparencia de la norma referida, la realidad es más compleja como muestra la vacilante jurisprudencia existente. En primer lugar, parece oportuno recordar que la condición de consumidor se adquiere no solo por la adquisición del bien o producto, o la contratación del servicio, actividad o función -consumidor jurídico-, sino también, como hemos anticipado, por su disfrute o utilización -consumidor material- (piénsese en quien recibe el producto o servicio como un regalo). Por lo que respecta a las personas físicas no suele plantear mayores problemas que la distinción de aquellos casos en los que el reclamante ejerce una actividad comercial, industrial, artesanal o profesional, en cuyo caso está clara la exclusión, pese a la aplicación minoritaria de alguna resolución 14. Por el contrario deniegan correctamente la invocación de consumidor, desestimando la acción por un erróneo planteamiento basado en tal concepción supuestos como los referidos a la adquisición de camiones (SAP de Guadalajara de 12 de septiembre de 2003, SAP de Córdoba de 14 de diciembre de 2005, la SAP de Navarra de 11 de abril de 2005 o la SAP de Gerona de 16 de octubre de 2006); de propietarios de bares y restaurantes (cfr. SAP de Córdoba de 27 de febrero de 2003, SAP de Zaragoza de 6 de julio de 2004 o SAP de Valencia de 14 de febrero de 2005); o de agricultores (vid. SAP de Córdoba de 20 de marzo de 2000 en la que se rechazaba la aplicación de la privilegiada normativa de consumo al agricultor adquirente de semillas de remolacha para integrarlas en su actividad agraria o la SAP de Almería de 12 de mayo de 2004 con idéntico supuesto de hecho salvo que la simiente era de pepino). También la SAP de Navarra de 7 de noviembre de 2003, razona la inaplicación de la LGDCU a una empresa de almacenamiento de pescado por su integración del producto en el mercado ante los daños generados por la interrupción del suministro eléctrico. O curiosa sin duda resulta la SAP de Murcia de 27 de julio de 2005 al rechazar la aplicación de la normativa tuitiva de consumidores al adquirente de una máquina de impresión digital por integrarla en el negocio que regenta el actor, aunque llamativamente razona que si hubiera sido una fotocopiadora para su empresa entonces si hubiera gozado de la condición de consumidor. Supuesto aparte sería el del profesional que adquiere un bien o contrata un servicio pero lo realiza en su condición de destinatario final o para un uso compartido profesional y privado. En este caso habrá de analizarse el elemento subjetivo desde la óptica de su actuación ulterior en el mercado o su consideración de destinatario final. En este sentido resulta interesante el razonamiento aportado por la Sentencia del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas de 20 de enero de 2005 al analizar la compra por un agricultor de material de construcción para el tejado de su granja, en la que además de mantener su actividad comercial, albergaba su vivienda. En esta resolución el tribunal comunitario solo reconoce la aplicación de la privilegiada 14 Vid. La SAP de Valencia de 15 de febrero de 2003 referida al adquirente de un camión o la SAP de Barcelona de 29 de julio de 2004 en la que se admite la condición de consumidor a una empresa que contrata diversos teléfonos móviles para mantener el contacto con sus empleados. 10
11 condición de consumidor si el uso profesional tiene un carácter residual respecto de la satisfacción del interés privado. Así se expresa: Una persona que ha concluido un contrato referente a un bien destinado a un uso en parte profesional y en parte ajeno a su actividad profesional no puede prevalerse del beneficio de las reglas de competencia específicas previstas en el los artículos 13 a 15 del mencionado Convenio Convenio de Bruselas-, salvo si el uso profesional es marginal hasta el punto de tener un papel despreciable en el contexto global de la operación de que se trate, de tal forma que el aspecto extra profesional que predomine no tendrá incidencia a estos efectos. Las mayores dificultades surgen en el análisis de determinadas personas jurídicas. ZAFRA VICTOR 15, se refiere a las personas jurídicas como un ser de existencia legal, susceptible de derechos y obligaciones, o de ser término subjetivo en relaciones jurídicas. Por su parte, el artículo 35 del Código Civil, reconoce que son personas jurídicas: 1º Las corporaciones, asociaciones y fundaciones de interés público reconocidas por la ley. Su personalidad empieza desde el instante mismo en que, con arreglo a derecho, hubiesen quedado válidamente constituidas. 2º Las asociaciones de interés particular, sean civiles, mercantiles o industriales, a las que la ley conceda personalidad propia, independiente de la de cada uno de los asociados. La solución en todo caso no es sencilla pues admite múltiples posibilidades susceptibles de interpretaciones diversas que requerirán un estudio pormenorizado de cada caso (colegio público, asociación, fundación, congregaciones e institutos religiosos, sindicato ), incluso aún cuando el sujeto protegido carezca de personalidad jurídica (v. gr. comunidad de propietarios 16 ) o se haya forzado su interpretación extensiva. Un ejemplo de las reticencias existentes en amplios sectores empresariales para la asunción de la consideración de consumidor o usuario a determinadas personas jurídicas nos lo ofrece la Sentencia de la Audiencia Provincial de Guipúzcoa de 12 de junio de 2000, en la que una operadora de telefonía pretendía la anulación del laudo dictado por la Junta Arbitral de Consumo del Ayuntamiento de Irún, acogiendo la reclamación de Cruz Roja por no estar conforme con la facturación de determinadas llamadas a servicios de tarificación adicional. La Audiencia Guipuzcoana, sin embargo otorga a Cruz Roja la protección invocada considerándola consumidora. En el mismo sentido la SAP de Teruel de 31 de octubre de 2002, reconoce a un sindicato el carácter de consumidor y la SAP de Burgos de 15 de febrero de 2001 a un Centro Policlínico. 15 ZAFRA VICTOR, M. Diccionario Básico Jurídico, Granada, 1991, p Vid. STS 3 de octubre de 1996; STSJ de Navarra de 29 de marzo de 2003; SAP de Murcia de 23 de enero de 2001; SAP de Castellón de 10 de julio de 2002; SAP de Barcelona de 13 de septiembre de 2006; SAP de Cantabria de 2 de julio de 2007; SAP de Ciudad Real de 30 de abril de 2008; SAP de Asturias de 11 de diciembre de
12 VATTIER 17, como los más prestigiosos autores de la doctrina francesa cual representan CALAIS-AULOY y STEINMETZ 18, ha planteado incluso la posibilidad de ampliar la consideración de consumidor a aquellas personas jurídicas que realizan una contratación fuera de su ámbito de competencia o actuación ordinaria. En la misma línea, el propio Parlamento Europeo ha sugerido recientemente a la Comisión que examine la necesidad de proteger a las PYME de las prácticas comerciales agresivas 19. A pesar de que en nuestro vecino galo ha tenido mayor acogida esta idea, desde un principio en España se ha rechazado la ampliación de la privilegiada consideración de consumidor por nuestro Tribunal Supremo, como evidencian sus Sentencias de 12 diciembre de 1991; 16 de diciembre de 1998; 16 de octubre de 2000 o 31 de octubre de Para RODRIGO BERCOVITZ 20 sin embargo, el consumidor es protegido porque, estando abocado a consumir, no puede evitar contratar bienes y servicios, mereciendo por ello una especial tutela frente a quien ingresa voluntariamente en el mercado con ánimo de lucro, aunque en ocasiones tenga que actuar fuera de su especialidad profesional o empresarial, o en condiciones de inferioridad. Del análisis del precepto, y con las cautelas que requiere el estudio pormenorizado de cada caso, podríamos concluir que encontrarán también cobertura en el elenco legislativo consumerista, aquellas personas jurídicas que sin finalidad de lucro 21 ni destinarlos al tráfico mercantil adquieren bienes o contratan cualquier suerte de servicios, encontrándose en una situación de desequilibrio respecto del empresario. Ahora bien, frente a esta tónica dominante expuesta, nótese que la nueva redacción dada al precepto se refiere al consumidor como la persona que actúa en el ámbito ajeno a una actividad profesional, no a su actividad profesional. Y, en la misma línea el empresario queda definido como la persona física o jurídica que actúa en el marco de su actividad empresarial o profesional. Sin duda este punto será capaz también de generar ríos de tinta de discusión y es posible que la interpretación de los tribunales haya de modular en un futuro próximo la noción de consumidor que se deduce de la norma, o mejor aún, que se produzca una reforma legislativa en el sentido de acotar el ámbito subjetivo de la ley, verdaderamente a aquellos que o bien no la integran de un proceso productivo, o al menos la adquieren de 17 Vid. VATTIER FUENZALIDA, C, Introducción y noción jurídica del consumidor, en las Jornadas sobre la problemática jurídica de consumo, Valladolid, 1992, pp CALAIS-AULOY, J y STEINMETZ, F. Droit de la consommation, Paris, 2003, pp. 10 y ss. 19 Vid. Transposición, aplicación y ejecución de las Directivas 2005/29/CE sobre las prácticas comerciales desleales y 2006/114/CE sobre publicidad engañosa comparativa (DOUE C46 de 24 de febrero de 2010). 20 BERCOVITZ RODRIGUEZ-CANO, R. Comentario del Texto Refundido de la Ley General para la Defensa los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, Cizur Menor, 2009, p Nótese que autores como PAZ-ARES y ALFARO AGUILA REAL (Cfr. PAZ-ARES, C. y ALFARO AGUILA REAL, J. en CASAS BAHAMONDE, Mª. E; RODRIGUEZ PIÑERO, M. y BRAVO FERRER Dirs.- Comentarios a la Constitución Española, Madrid, 2009, p. 982), sostienen que el ánimo de lucro no es un requisito del concepto de empresa. 12
13 modo ajeno a su actividad empresarial o profesional si es que cabe discusión sobre el punto anterior. Habrán de ser por el momento sin embargo los tribunales, insistimos, los que acometan esta evolución, si procede, toda vez, que pretender inferir ésta de la norma la ampliación de la noción de consumidor, supondría aceptar el exceso del mandato encomendado en la Disposición Final Quinta de la Ley 44/2006 de 29 de diciembre de Mejora de la Protección de los Consumidores y Usuarios 22, por la que se habilita al Gobierno para que en el plazo de 12 meses proceda a refundir en un único texto la Ley 26/1984, de 19 de julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y las normas de transposición de las directivas comunitarias dictadas en materia de protección de los consumidores y usuarios, que inciden en los aspectos regulados en ella, regularizando, aclarando y armonizando los textos legales que tengan que ser refundidos. El exceso en el ejercicio de la delegación recepticia constituiría según advierten GARCIA DE ENTERRIA y FERNÁNDEZ 23 una infracción, tal y como también se ha pronunciado nuestro máximo garante constitucional de modo reiterado, entre otras ocasiones, a través de su Sentencia 29/1982, de 31 de mayo 24 o 51/1982, de 19 de julio 25. En otro orden, aunque sea con mayor ánimo clarificador dialéctico que jurídico, precisar que la referencia conjunta a consumidores o usuarios carece de trascendencia práctica, toda vez que ambas han desembocado en un concepto unívoco con independencia que este se refiera a productos, actividades o servicios, resultando ambos equivalentes a efectos de su tutela, y ello aún coincidiendo con el profesor ALBERTO BERCOVITZ 26 en el reconocimiento de la protección que merecen también aquéllos sujetos que hagan uso de servicios proporcionados por la Administración Pública. Corolario de lo expuesto es que uno de los problemas que se plantean con mayor frecuencia en la práctica, al analizar las reclamaciones presentadas, es la invocación del carácter de usuario por quien no goza de tal condición. Existe una notable confusión en cuanto al alcance de la noción de consumidor o usuario, que como advierte ISABEL SEGURA 27, conviene aclarar antes de adentrarnos en cualquier análisis posterior. La cuestión no es baladí, pues tan solo quien cumpla las cualidades establecidas como consumidor o usuario podrá invocar con éxito la normativa privilegiada consumerista, acceder al arbitraje institucional de consumo como forma alternativa de resolución de conflictos o acogerse a los beneficios procesales dispensados a favor de los consumidores, sostener la aplicación de determinados plazos más generosos para el ejercicio de acciones en su favor (garantías) o rigurosos en su contra (compraventa civil mercantil arts CC; art CCom-) Es, la importancia de llamarse consumidor. 22 BOE nº 312, de 30 de diciembre de GARCIA DE ENTERRIA, E. y FERNÁNDEZ, T.R. Curso de Derecho Administrativo I, Madrid, 1995, p BOE nº 153, de 28 de junio de BOE nº 197, de 18 de agosto de BERCOVITZ RODRIGUEZ-CANO, A. Comentarios a la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, Madrid, 1992, p SEGURA RODA, ISABEL. Nosotros, los consumidores, Barcelona 2001, p
14 1.3. Acotación comunitaria del concepto jurídico de consumidor e integración en la noción nacional. Admitiendo la norma española, al igual que hace la griega 28, el reconocimiento de la condición de consumidor o usuario tanto a personas físicas o naturales como jurídicas, en contra de la tónica comunitaria 29, se ha censurado por algún destacado sector doctrinal la asimetría que esta situación provoca 30. Esta divergencia, se ha acentuado con motivo de la interpretación del Tribunal de Justicia del concepto de consumidor, definido en el artículo 2 b), de la Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de 1993, sobre cláusulas abusivas (STJCE, de 22 de noviembre de 2001). En esta resolución, respondiendo a la cuestión prejudicial planteada por el Giudice dipace di Viadana (Italia), el tribunal comunitario entiende que la Directiva debe aplicarse únicamente a personas físicas. No obstante la desarmonía existente entre la normativa española y la comunitaria, ello no es óbice como bien es sabido para que cada Estado pueda ampliar la esfera de protección al usuario en el proceso de transposición de la norma comunitaria, mediante la aplicación del conocido principio de minimis en virtud del artículo del Tratado, debiendo admitirse por tanto la concepción española de consumidor sin mayores reparos El denominado consumidor medio. Finalmente, hemos de referirnos por la importancia creciente que ha ido adquiriendo, al nuevo concepto de «consumidor medio», acuñado por la jurisprudencia comunitaria 31 como aquel normalmente informado y 28 Vid. KARAKOSTAS, Y. La protection du consommateur, Atenas, 1997, p La normativa comunitaria restringe de modo sistemático, desde hace diez años, la condición de consumidor a la persona física. Así se observa en las Directivas Comunitarias que expresamente se refieren a ello: Artículo 2.b) de la Directiva 93/12/CEE, del Consejo, de 5 de abril de 1993, sobre cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores (DOL núm. 95, de 21 de abril de 1993, pp ); Artículo 2 de la Directiva 94/47/CE,, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de octubre de 1994, relativa a la protección de os adquirentes en lo relativo a determinados aspectos de los contratos de adquisición de un derecho de utilización de inmuebles en régimen de tiempo compartido (DOL núm. 280, de 29 de octubre de 1994, pp ); Artículo 2.e) de la Directiva 98/6/CE, del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de febrero de 1998, relativa a la protección de los consumidores en materia de indicación de los precios de los productos ofrecidos a los consumidores (DOL núm. 80, de 18 de marzo de 1998, pp ); Artículo 1.2.a) de la Directiva 99/44/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de mayo, sobre determinados aspectos de la venta y las garantías de los bienes de consumo: (DOL núm.171, de 7 de julio de 1999, pp ); Artículo 2.e) de la Directiva 2000/31/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 8 de junio de 2000, relativa a determinados aspectos jurídicos de la sociedad de la información, en particular el comercio electrónico, en el mercado interior (DOL núm. 178, de 17 de julio de 2000, p.p. 1-16). 30 VV.AA. (Dir. CARRASCO PERERA, A), El Derecho de Consumo en España: presente y futuro, Madrid, 2002, p Vid. Asunto C-315/92, Verband Sozialer Wettbewerb ev contra Clinique Laboratoires SNC y Estée Lauder Cosmetics GmbH (1994) Rec. I-317; Asunto C-210/96, Gut Springheide GmbH contra Oberkreisdirektor des Kreises Steinfurt (1998) Rec. I
15 razonablemente atento y perspicaz. Con esta noción, que aspira a consagrarse como concepto jurídico 32, se pretende reforzar la ponderación por parte de los tribunales nacionales de las actuaciones que les sean sometidas, adecuando su respuesta al conocimiento que pueda tener un consumidor activo, con conocimiento de sus derechos pero también de sus obligaciones. Huelga profundizar en que una gran parte del movimiento consumerista contempla con profundo recelo esta nueva línea por entender que en la práctica puede suponer un mayor margen de tolerancia hacia conductas contrarias a los intereses de los consumidores. En todo caso lo que parece evidente desde una perspectiva consumerista que ha de informar el resto del ordenamiento es que salvo que la actividad comercial vaya dirigida a un segmento muy concreto de usuarios a los que pueda presumirse un nivel determinado de formación, la actividad comercial deberá ser escrupulosamente respetuosa con cualquier posible destinatario de la misma. De cualquier modo, resulta preocupante la idea de segmentar en varios grupos a los consumidores y que los menos atentos, perspicaces e informados, que justamente serían los que precisarían mayor tutela, queden excluidos de la protección hasta ahora otorgada por no alcanzar el nivel medio exigido de discernimiento y responsabilidad consumidores de segunda? 1.5. El consumidor o usuario como ahorrador o cliente minorista. Apuntada la condición de consumidor y usuario y la de empresario, conforme a lo dispuesto en los artículos 3 y 4 TRLGDCU, la cuestión en liza ha de ser examinado en clave consumerista. Consagran el principio pro consumatore lo establecido en los artículos 153 del Tratado Constitutivo de la Unión Europea, 51.1 y 53.3 CE. Nos hallamos ante reglas impuestas a los poderes públicos, que en consecuencia habrán de informar la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos, vinculando en suma al legislador (STC 71/1982, de 30 de noviembre) y al juez y poderes públicos (SSTC 19/1982, de 5 de mayo y 14/1992, de 10 de febrero). A su vez, merced a las Directivas 2004/39/CE y 2006/73/CE, y en su virtud conforme al artículo 78 bis LMV, con evidente espíritu clasificatorio entre inversores profesiones y usuarios o ahorradores finales, establece la obligación a las empresas de servicios de inversión de clasificar a sus clientes en profesionales y minoristas. De este modo, tendrán la consideración de clientes profesionales aquéllos a quienes se presuma la experiencia, conocimientos y cualificación 32 Vid. Directiva 2005/29/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 11 de mayo de 2005 relativa a las prácticas comerciales desleales de las empresas en sus relaciones con los consumidores en el mercado interior, que modifica la Directiva 84/450/CEE del Consejo, las Directivas 97/7/CE, 98/27/CE y 2002/65/CE del Parlamento Europeo y del Consejo y el Reglamento (CE) nº 2006/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo («Directiva sobre las prácticas desleales») (DOL núm. 149, de 11 de junio de 2005, pp ). 15
16 necesarios para tomar sus propias decisiones de inversión y valorar correctamente sus riesgos. En particular tendrá la consideración de cliente profesional: a) Las entidades financieras y demás personas jurídicas que para poder operar en los mercados financieros hayan de ser autorizadas o reguladas por Estados, sean o no miembros de la Unión Europea. Se incluirán entre ellas las entidades de crédito, las empresas de servicios de inversión, las compañías de seguros, las instituciones de inversión colectiva y sus sociedades gestoras, los fondos de pensiones y sus sociedades gestoras, los fondos de titulización y sus sociedades gestoras, los que operen habitualmente con materias primas y con derivados de materias primas, así como operadores que contraten en nombre propio y otros inversores institucionales. b) Los Estados y Administraciones regionales, los organismos públicos que gestionen la deuda pública, los bancos centrales y organismos internacionales y supranacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, el Banco Europeo de Inversiones y otros de naturaleza similar. c) Los empresarios que individualmente reúnan, al menos, dos de las siguientes condiciones: 1.º que el total de las partidas del activo sea igual o superior a 20 millones de euros; 2.º que el importe de su cifra anual de negocios sea igual o superior a 40 millones de euros; 3.º que sus recursos propios sean iguales o superiores a 2 millones de euros. d) Los inversores institucionales que, no incluidos en la letra a) tengan como actividad habitual invertir en valores u otros instrumentos financieros. Quedarán incluidas en este apartado, en particular, las entidades de capital riesgo y sus sociedades gestoras. Las entidades señaladas en los apartados anteriores se considerarán clientes profesionales sin perjuicio de que puedan solicitar un trato no profesional y de que las empresas de servicios de inversión puedan acordar concederles un nivel de protección más amplio. e) Los demás clientes que lo soliciten con carácter previo, y renuncien de forma expresa a su tratamiento como clientes minoristas. La admisión de la solicitud y renuncia quedará condicionada a que la empresa que preste el servicio de inversión efectúe la adecuada evaluación de la experiencia y conocimientos del cliente en relación con las operaciones y servicios que solicite, y se asegure de que puede tomar sus propias 16
17 decisiones de inversión y comprende sus riesgos. Al llevar a cabo la citada evaluación, la empresa deberá comprobar que se cumplen al menos dos de los siguientes requisitos: 1.º que el cliente ha realizado operaciones de volumen significativo en el mercado de valores, con una frecuencia media de más de diez por trimestre durante los cuatro trimestres anteriores; 2.º que el valor del efectivo y valores depositados sea superior a euros; 3.º que el cliente ocupe, o haya ocupado durante al menos un año, un cargo profesional en el sector financiero que requiera conocimientos sobre las operaciones o servicios previstos. Por el contrario, conforme a lo establecido en el artículo 78.4 BIS LMV se considerarán clientes minoristas todos aquellos que no sean profesionales, entre los que obviamente se encuentran los usuarios cuyos ahorros son fruto de su trabajo durante prolongados años de esfuerzo, pertenecientes a universos distintos de una sociedad gestora, fondo de titulización, entidades de capital riesgo, Banco Mundial Así, pues tal y como concluyera la SAP de Baleares, Sección 5ª, de 2 de septiembre de 2011, es indiscutible la aplicación reforzada de los principios tuitivos de los intereses de los consumidores. Transcribimos su razonamiento: Resulta, además, que en el caso no se ha probado que los actores sean personas expertas en temas bursátiles y a quienes además cabe considerarlos como consumidores y usuarios de los servicios bancarios por lo que resulta de aplicación toda la normativa protectora que al efecto se contempla en la LGDCU" Existen consumidores cualificados en la adquisición de participaciones preferentes? La inmensa mayoría de los afectados que hemos conocido es cierto que suelen ser personas de avanzada edad y con mínimos conocimientos (no sólo financieros). Esta realidad no esconde ningún misterio, pues en un país en que la juventud alcanza unas cotas de desempleo insoportables, en un contexto en que la vivienda considerada como bien básico y no producto de inversión- ha disparado su precio hasta hacerla inaccesible para una gran parte de la población, y en una situación en que los privilegiados que han tenido la fortuna de encontrar trabajo han sucumbido bajo la condena de préstamos hipotecarios a 30 y 40 años Quién quedaba para poder captar sus ahorros? Nuestros mayores. Y, si extraordinariamente complejo es el momento que vivimos, nuestros mayores, niños de la guerra y la postguerra no lo tuvieron más fácil. La 17
18 inmensa mayoría de ellos apenas pudieron cursar los estudios elementales. Hemos visto cientos de casos en los que los juegos infantiles se acababan apenas a los 7, 8 o 9 años para buscar cualquier trabajo con que se pudiera ayudar a la familia. Sin duda eran una sencilla presa para los depredadores financieros: sin apenas formación, confiados en sus Cajas, con los ahorros de toda una vida de esfuerzo e incluso con una esperanza limitada de vida para sostener prolongados litigios si llegara el caso, fueron el objetivo prioritario. Una vez definidos estos parámetros, y con los sistemas informáticos que mantenían las entidades financieras capaces de filtrar su clientela por criterios tales como los saldos que mantenían o sus fechas de nacimiento, el trabajo era sencillo. No fueron precisas campañas publicitarias en televisión, ni grandes dádivas, bastaba una llamada, un consejo de la persona en quien habían depositado su confianza para mutar sus depósitos a plazo en participaciones preferentes, emponzoñando así el fruto de sus esforzadas vidas. Sin embargo, y aún siendo esta la tónica habitual que hemos percibido, también es cierto que aún de modo minoritario existen otro tipo de perjudicados, que tuvieron la suerte de alcanzar una determinada formación (profesores, médicos, arquitectos, ingenieros, abogados ) y que ahora se les esgrime en su contra como argumento falsario por parte de las entidades financieras para tratar de trasladarles su responsabilidad en la contratación de participaciones preferentes, obligaciones subordinadas u otros productos complejos. No hace falta mucho sentido común para entender que el ingeniero de caminos que proyectaba un puente, el cardiólogo que operaba una válvula mitral, el profesor de historia que enseñaba a sus alumnos o incluso el abogado de familia, penal, urbanismo, arrendamientos o incluso fiscalista, debía saber de aquélla materia con la que cotidianamente trabajaba, pero que casi con absoluta certeza nada conocía de productos híbridos complejos como las participaciones preferentes. Recuerdo hace no muchos meses cuando coincidiendo en unas conferencias con un reputado magistrado de lo mercantil me comentaba que había conocido de la existencia de los denominados swaps a través de la primera demanda que le fue sometida a su valoración, sumergiéndose en su estudio a partir de entonces. Pocos o ninguno de nuestros juzgadores probablemente conocerían de las características de estos productos antes de verse abocados a su estudio para la resolución de los casos que les eran planteados. Y es que, el hecho de que un determinado usuario pudiera gozar de una concreta cualificación (incluso aunque fuera del ámbito jurídico), en nada debe mermar su protección ni se modifica su condición de cliente minorista, ni pierde la consideración de consumidor o usuario. Evidentemente no habrá sido tan simple para la entidad su contratación como en los casos en que aquéllos mayores que apenas sabían escribir han estampado con dificultad su firma en el espacio indicado por el comercial bancario, pero la confianza que en la entidad financiera habían depositado estos otros usuarios es pareja a la de los clientes menos formados. No existía razón alguna para imaginar el inmenso riesgo que conllevaban aquéllos productos híbridos complejos, se delegaba en la entidad financiera la gestión de los ahorros en la convicción de una actuación leal y honesta por parte de ésta. Los contratos eran igualmente adhesivos y la forma de comercialización no variaba en gran medida. En estas circunstancias, no cabe 18
19 reprochar a los clientes más formados en materias no bancarias un déficit de atención. Y como esta cuestión, nos ha sido en diversas ocasiones planteada por no pocos compañeros, merece la pena que nos detengamos en ella, apuntando algunas pinceladas de diversas resoluciones judiciales que analizan este particular. 19
20 2. APROXIMACIÓN AL MARCO NORMATIVO PROTECTOR DEL USUARIO DE SERVICIOS FINANCIEROS, EN PARTICULAR DE LOS SUSCRIPTORES DE PARTICIPACIONES PREFERENTES Intervención normativa en el sector financiero: una necesidad histórica, presente y futura. La regulación jurídica de la intermediación financiera se remonta al origen de las primeras normas jurídicas que conocemos, resultando una constante histórica universal en todas las civilizaciones. El Código de Hammurabi establecía un límite del 20% para de interés para los créditos comerciales, si bien el Estado concedía préstamos al 12,5%. En la India, el Código de Manú y sus Dharma Sastra (o Manusmriti) fijaba distintos tipos diferenciales para las operaciones de préstamo según la casta a la que perteneciera el prestatario, de modo que a los brahamanes no podía exigírseles un tipo superior al 2% mensual, mientras que para otras castas resultaban permisibles tipos superiores hasta alcanzar el 5%. Aparte de ello, el Manusmriti castigaba la imposición de intereses en situaciones de indigencia del prestatario, así como limitaba la acumulación de cargas financieras al doble del principal. Un 5% también fue lo que exigió Temístocles a Filostéfano, particular de Corinto, como interés por el préstamo que le concedió a su regreso de las guerras persas, según relata MONTANELLI 33. PLATON 34 reprobaba la usura por considerarla enemiga del bienestar social, para ARISTOTELES 35 era simplemente antinatural y ARISTOFANES 36 o PLUTARCO 37 la asimilaban simple y llanamente a un robo. Las leyes hebraicas contenidas en la Biblia prohibían totalmente el préstamo a interés 38. En la Iglesia Católica se ha mantenido tradicionalmente una postura opuesta a la usura. Desde la prohibición que Clemente V realizara en 1311 a las reflexiones expresadas en 1891 a través de la encíclica Rerum Novarum de León XIII, considerada la primera de carácter social: usura devoradora... un demonio condenado por la Iglesia pero de todos modos practicado de modo engañoso por hombres avarientos". Y la posición del Corán es tajante si cabe con mayor claridad: Allah ha permitido el comercio, pero ha prohibido la usura 39. En Roma, según nos relata TITO LIBIO 40, la denominada usura unciaria, se expresaba a través de la prohibición contenida en las Doce Tablas 33 Vid. MONTANELLI I. Historia de los griegos. Barcelona, PLATÓN, Leyes ARISTÓTELES, Política, 1258 b 1, ARISTÓFANES, Las Nubes, 1283 sqq. 37 PLUTARCO, Moralia, sobre el préstamo Vid. Éxodo XXII-25 ; Levítico XXV-35; Deuteronomio XXIII-19 y Corán, 2, Vid. TITO LIBIO, Libro VI. 20
CLÁUSULA SUELO: ACCIONES PARA SU ELIMINACIÓN Y DEVOLUCIÓN DE CANTIDADES INDEBIDAMENTE PERCIBIDAS
CLÁUSULA SUELO: ACCIONES PARA SU ELIMINACIÓN Y DEVOLUCIÓN DE CANTIDADES INDEBIDAMENTE PERCIBIDAS 1 Estimad@ compañer@: En España, según los datos facilitados al Senado en 2010, se estima que hay cerca