Source: https://carlosgarciayperez.wordpress.com/derecho-del-trabajo-generalidades/
Timestamp: 2018-02-18 23:57:18
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Matched Legal Cases: ['artículo 123', 'Artículo 5', 'artículo 123', 'Artículo 18', 'artículo 3', 'Artículo 3', 'artículo 123', 'Artículo 3', 'Artículo 27', 'Artículo 123', 'artículo 123', 'artículo 123', 'artículo 123', 'artículo 123']

INTRODUCCIÓN AL DERECHO DEL TRABAJO | RELACIONES INDIVIDUALES Y COLECTIVAS DE TRABAJO
EL TRABAJO, PARTE FUNDAMENTAL EN NUESTRO DERECHO
Nuestro curso denominado Relaciones Individuales de Trabajo, en unión con los cursos Relaciones Colectivas de Trabajo y Derecho Procesal del Trabajo, son partes del programa de estudios implantado en la Escuela de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla conforme al plan de estudios del Nuevo Modelo Universitario Minerva, en su conjunto constituyen la materia denominada DERECHO DEL TRABAJO. Por tal razón, antes de adentrarnos en las Relaciones Individuales de Trabajo, examinaremos la terminología del concepto DERECHO DEL TRABAJO.
Para poder comprender desde un principio la esencia del DERECHO DEL TRABAJO, examinaremos el contenido de sus expresiones que la contienen DERECHO y TRABAJO, mismas que al encontrarse ligadas con la preposición DEL, nos dan el verdadero significado de la expresión, en cuanto a que toda su normatividad jurídica, tiene su origen en el trabajo.
Por tanto, para percibir con claridad el contenido de nuestro derecho, debemos adentrarnos en la comprensión de sus términos, es decir, a los conceptos de DERECHO y TRABAJO.
En esta parte inicial, solo nos referiremos al término Trabajo, ya que, el conocimiento y profundización del concepto derecho, son partes integrales en las distintas materias de la licenciatura y que algunas de ellas ya han sido cursadas por el alumno, por tanto, referirnos a él en toda su amplitud sería abarcar campos que no corresponden a nuestra disciplina a estudio.
Por ahora, simplificando el concepto DERECHO y para tener una idea general del término, solo diremos que DERECHO, en su sentido más amplio, no es otra cosa que el resultado de la organización social de los pueblos, para la convivencia armónica de las personas individuales y de los grupos sociales que los integran, estableciéndose reglas o normas jurídicas para el logro de sus fines.
Dicho lo anterior, nos enfocaremos exclusivamente al término Trabajo, relacionándolo a fin de cuentas con el Derecho, por ser el punto central en torno al cual gira la actividad que nosotros conocemos como Trabajo, pues de no ser así, no tendría razón de ser aquel Derecho.
Como una reflexión inicial, debemos decir que desde el nacimiento y durante nuestra existencia, aprendemos y reconocemos una serie de palabras o términos que forman parte de nuestro vocabulario fundamental, mismas que vemos incrementadas con el transcurso del tiempo y que por su cotidianidad las usamos con regularidad, una de aquellas tantas en la rutina diaria es la palabra TRABAJO, vocablo tan común para todos nosotros que no solo es habitual en nuestro entorno social actual, sino que también con el mismo contenido y significado fue usado por nuestros ancestros y sin temor a equivocaciones, será empleado por las futuras generaciones, ya que como una facultad esencial del ser humano, el Trabajo forma parte de su propia naturaleza.
El término TRABAJO, de uso normal y cotidiano para todos nosotros, lo podemos emplear dándole diferentes connotaciones, de ahí que, con un sentido práctico, con la finalidad de conocer el uso de algunas de ellas, nos remitimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero de todas, nosotros solo nos avocaremos a la más apropiada relacionada con nuestro Derecho. La expresión de interés es aquella que considera al Trabajo como:
La locución expuesta tiene a su vez dos elementos, el primero lo tenemos en el ESFUERZO HUMANO, entendiéndose como tal la fuerza ejercida por el hombre para ejecutar el trabajo, excluyéndose cualquiera otra analogía del concepto, como la que encontramos en la expresión: “pon a trabajar la máquina”, ya que técnicamente las máquinas no trabajan, pues una vez puestas en marcha, realizan una función de auxilio que facilita el trabajo del hombre; de igual manera el hombre se auxilia en la rutina diaria del trabajo no solo de maquinaria, sino de cualquier otro objeto considerado como herramienta e inclusive de bestias de carga o animales domésticos, verbigracia, el caballo, el burro, el toro, etc., por consiguiente, los animales domésticos de carga o de tiro, tampoco trabajan, ya que siguen la misma suerte de las herramientas o maquinarias.
Como segundo elemento tenemos, que de esa actividad (esfuerzo humano) para ejecutar el trabajo, directa y necesariamente debe producirse RIQUEZA (valor económico), bien sea en beneficio propio o de terceros. Abundando, para poder entender claramente la expresión, diremos que el hombre por naturaleza es un ser extremadamente complejo y cambiante, que realiza durante su existencia una serie de actividades, de las cuales no todas ellas van encaminadas a la producción de riqueza; tales son aquellas que se emplean, por señalar algunas, para la recreación, la contemplación o alimentación –practicar un deporte, admirar o analizar una obra de arte o la ingesta de algún alimento-. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado al identificar, cuando una misma actividad se considera como trabajo o en su caso no lo es, ya que si se ejecuta un deporte como espectáculo en una liga profesional, se analiza una obra de arte dándole un valor para una subasta pública o se degustan diversos alimentos como chef de algún restaurant, en esos casos la misma actividad será considerada como trabajo, ya que de ello se obtiene un beneficio económico, es decir, se produce riqueza.
El Trabajo desde el punto de vista de la ciencia y especialmente como un elemento fundamental de nuestro derecho, tiende a clasificarse, de ahí que de la diversidad de trabajos y de sus distintas manifestaciones, nos hace enmarcarlas en las que atañen a nuestro derecho, con ello, siguiendo la clasificación del Maestro Néstor de Buen Lozano, el que toma en cuenta para determinar esa clasificación la voluntad del que interviene en la ejecución del trabajo, lo divide en cuatro formas fundamentales: TRABAJO LIBRE, TRABAJO SUBORDINADO, TRABAJO ALTRUISTA Y TRABAJO IMPUESTO COMO PENA.
Se caracteriza porque para su ejecución solo interviene una voluntad, la del ejecutante. Este tipo de trabajo, en nuestro régimen actual no es susceptible de ser regulado por nuestro derecho, ya que en su caso entraría dentro de diversa reglamentación, bien sea, civil, mercantil o de otra naturaleza. Ejemplificando y refiriéndonos al aspecto mercantil, consideraríamos al trabajo como un acto de comercio, ya que con la comercialización de algún producto como consecuencia de su elaboración, se obtendría no solo un beneficio económico sino una ganancia. También podría considerarse el trabajo como un acto de naturaleza civil, ya que, como resultado de la donación o el legado del producto de algún bien que tendría un valor económico real, no se obtendría ningún beneficio personal de tipo económico. Por último, si algún bien de igual naturaleza como consecuencia del trabajo se utiliza para beneficio propio, en este caso no surtirá efecto jurídico alguno, ya que su finalidad será la de satisfacer necesidades personales del que lo produce.
Entendemos como tal, aquel que lleva a cabo una persona llamada trabajador en beneficio de otra llamada patrón, bajo su dirección (instruir), dependencia económica (pago de salario) y subordinación (mando). Este tipo de trabajo, es el que regula fundamentalmente nuestro derecho, tanto en el artículo 123 apartado A de nuestra Constitución como en su ley reglamentaria, disposiciones que analizaremos a través de nuestro curso.
Este tipo de trabajo se identifica porque no surte efecto jurídico alguno y por tanto tampoco es de interés de nuestro derecho. Se caracteriza por la temporalidad del trabajo a ejecutar y se origina por eventos puramente circunstanciales, se presta por cuestiones de asistencia humanitaria, de ayuda y beneficio a terceros, sin que surja el compromiso u obligación de cubrir una retribución económica. Puede darse el caso de trabajo altruista, cuando espontáneamente se ejecuta un trabajo en situaciones catastróficas de la naturaleza, bien por un movimiento telúrico de gran magnitud, una inundación provocada por una marejada, huracán, o desborde de un rio, o bien por un desplazamiento repentino de tierra, agua o nieve. Así mismo se puede dar el trabajo altruista, cuando se ejecuta en beneficio de una institución de beneficencia pública o privada, como consecuencia del acopio, transporte y distribución de alimentos, ropa y medicinas o recursos económicos para alguna población en desgracia, entre otros.
TRABAJO IMPUESTO COMO PENA
Este tipo de trabajo tampoco está reglamentado por nuestro derecho, dado que, por su naturaleza cae en el ámbito del Derecho Penal y es regulado por este, pues en su ejecución no interviene la voluntad del que lo realiza, pues se efectúa por mandato de autoridad, debiéndose desarrollar en su caso dentro los máximos legales de ocho horas diarias para la jornada diurna y de siete horas diarias para la nocturna, siempre en concordancia con la legislación laboral. A nivel Constitucional su autorización se desprende de la lectura de los artículos 5 y 18 de nuestra Carta Magna.
“Artículo 5.-… (Primer párrafo, última parte)…nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial… (Párrafo tercero)… nadie podrá ser obligado a prestar trabajos personales sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento, salvo el trabajo impuesto como pena por la autoridad judicial, el cual se ajustará a lo dispuesto en las fracciones I y II del artículo 123.”
“Artículo 18.-Sólo por delito que merezca pena corporal habrá lugar a prisión preventiva… los Gobiernos de la Federación y de los Estados organizarán el sistema penal, en sus respectivas jurisdicciones, sobre la base del trabajo, la capacitación para el mismo y la educación como medios para la readaptación social del delincuente.”
LA HISTORIA DEL TRABAJO, DEL MOVIMIENTO OBRERO Y DEL DERECHO DEL TRABAJO
En esta parte de nuestro curso, no haremos un análisis cronológico y detallado de los distintos aspectos del trabajo durante la historia de la humanidad, ya que sería tanto como hablar de la historia de todos los pueblos. Por tanto, solo nos adentraremos en la historia del trabajo desde algunos puntos de interés para nuestra materia, generalizando o resaltando algunas de sus diversas manifestaciones, todas ellas relacionadas, para determinar como en algún momento de nuestra historia se contempló al trabajo. En otro aspecto, analizaremos el fenómeno de la esclavitud, institución íntimamente ligada al trabajo, la que ha sido base del proceso de producción, principal factor en la división de las clases sociales y de grandes explotaciones e inequidades. Después hablaremos del movimiento obrero y de su organización más representativa, principalmente en el continente europeo donde se gestó y evolucionó, pasando por sus principales corrientes hasta el reconocimiento formal de sus ideales. Por último concluiremos nuestro tema con los antecedentes de la organización obrera en México, que la originó, su impacto, reconocimiento y consolidación de sus derechos en nuestra legislación. Por tanto, reflexionando por un momento, lo que ha sido el trabajo en el devenir histórico, diremos que no solo ha sido un instinto de supervivencia del hombre, sino parte integral del proceso evolutivo de todos los pueblos, base fundamental del progreso de las naciones, de ahí que en ese acontecer ha revestido diversas formas y tratamientos, no necesariamente de trascendencia netamente histórica, pues unas veces tendrá un aspecto religioso, otras sociológico político o de ambos géneros y en su caso estrictamente jurídico con gran impacto histórico, aquí destacaremos aquellos aspectos.
Durante la Historia Antigua, al aparecer las primeras civilizaciones, las que se establecieron en la Mesopotamia, el valle del Nilo, el subcontinente Indio, en China, la cuenca del Mediterráneo, la América precolombina y el resto de Europa, Asia y África. En todas ellas, después de que la humanidad se volvió sedentaria y surgió la propiedad privada, se crearon ciudades estado de gran importancia para la época, las que aparte de su organización social y política, se fortalecieron territorialmente por medio de la guerra y la dominación de los pueblos vecinos, los cuales, aquellos pobladores que no moría en batalla, eran sojuzgados para que pagaran tributo o trabajaran para el vencedor, creándose a partir de entonces lo que conocemos institucionalmente como la esclavitud. Este fenómeno lo podemos conceptualizar como la pérdida de la capacidad de disponer libremente de sí mismo, sometiéndose bajo el dominio absoluto de otra. También, esta nueva institución naciente, se caracterizó por que el trabajo forzado representaba la escala más baja de las clases sociales existentes. Todo esclavo carecía de una total protección y derechos, dada su condición de sometimiento, equiparando su situación a la de un botín de guerra.
Los primeros sucesos escritos de la presencia de la esclavitud, los encontramos en las culturas mesopotámicas durante la época sumeria, la sociedad sumeria era jerárquica y estratificada, en la cúspide social se encontraba el rey, a quien seguía una elite de sacerdotes, jefes militares y funcionarios de alto nivel, después se ubican los comerciantes, funcionarios menores, artesanos especializados, artesanos generales y los campesinos. En el nivel más bajo de la sociedad correspondía a los esclavos.
Así también en el Antiguo y Nuevo Imperio Egipcios, donde se propagó este fenómeno social principalmente en el segundo, que inició con la reunificación de los pueblos en 1550 a. C., y que termina hacia el 1070 a. C.
En la cultura Greco-Romana, la esclavitud también se generalizó a tal grado que su sistema económico y social estaba sustentado por ese régimen. El estatus social bajo la condición de esclavo era considerado inferior o inexistente en relación a la persona libre.
En la Antigua Grecia, la esclavitud según Aristóteles, era una institución natural y socialmente útil, ya que, mediante ella se garantizaba a los hombres libres pudieran dedicarse a la política y buen gobierno de la ciudad. El pensamiento de Aristóteles respecto a la esclavitud según la trascripción de sus palabras en su obra La Política fue:
“El ser que, gracias a su inteligencia es capaz de prever, es gobernante por naturaleza; el ser que, gracias a su vigor corporal es capaz de ejecutar, es gobernado y por naturaleza esclavo.” (Política, I, 2, 2.)
En la Antigua Roma la práctica de la esclavitud se reguló, en algunas ocasiones con mínimos beneficios, estableciéndose la manumisión como fórmula de liberación de los esclavos, la que se extendió y tuvo su auge durante los siglos del V a.C. al I a.C. Posteriormente se inició paulatinamente su decadencia como consecuencia de la importación de nuevos esclavos principalmente de Africa como resultado de la finalización de la expansión territorial Romana.
Hablar de la edad media es hablar del Feudalismo. Este fue un sistema político social basado en las relaciones personales de poder del soberano hacia el vasallaje y la servidumbre, su sustento económico giró en torno a la explotación de la tierra del feudo.
El vasallaje y la servidumbre se justificaron a la sombra de la máxima latina QUID PRO QUO “algo por algo” o “algo a cambio de algo”, pero esto no era otra cosa que una sumisión forzada a cambio de protección y trabajo. En esta época con las instituciones del vasallaje y la servidumbre, la esclavitud tuvo una nueva faceta, pues su principal fuente, ya no provenía de la conquista de pueblos circundantes, sino del propio vasallaje y servidumbre, primordialmente de esta última, mediante la cual el señor feudal recibía del soberano parte de sus tierras en las que incluía a sus pobladores para que las trabajaran a cambio de protección, ya que el soberano contaba con los recursos necesaria para la defensa del feudo.
La fuerza laboral de la servidumbre estaba dividida en campesinos, que trabajaban la tierra y por artesanos que tenían un oficio o especialidad, estos últimos realizaban tareas generales como la herrería, talabartería, alfarería, sastrería, cantería, albañilería, carpintería etc., o en oficios de mayor especialización y menor apremio, como la joyería, la orfebrería, cerería, tintorería o tejido de telas entre otras. Su estructura interna era cerrada, es decir, la actividad laboral u oficio se transmitía de padres a hijos, no existía la posibilidad de iniciar una nueva actividad, de ahí que a este sistema de trabajo se le conoció con el nombre de corporativismo medieval. Este sistema de organización laboral estaba sustentado en el gremio, cuya incipiente estructura tenía como finalidad agrupar a los artesanos de un mismo oficio, regulando todos los aspectos, materiales y espirituales de la vida del artesano. En el ámbito laboral, debían determinar la escala de diversas categorías, aprendiz, oficial, maestro, entre otras. En el aspecto material, tenían a cargo la supervisión de la producción, la obtención y selección de los materiales. Por cuanto al aspecto espiritual y religioso, buscaban el beneficio de sus miembros, practicando la caridad y beneficencia, creando fondos comunitarios cuando alguno de sus miembros cayera en desgracias por pérdida del trabajo, un accidente o fallecimiento, cuidando en lo posible en este último caso de las viudas y huérfanos. Este sistema gremial es considerado como un antecedente del sindicalismo moderno.
A partir del reconocimiento del cristianismo y de la libertad de cultos, en el Imperio Romano en tiempos del Emperador Constantino, por medio del EDICTUM MEDIOLANENSE, la iglesia católica se consolidó en Europa Occidental. Así también en América después del descubrimiento de nuestro continente, se establecieron colonias dependientes de monarquías europeas e implantando por consiguiente su ideología religiosa. La propagación de la doctrina católica en los pueblos europeos y mesoamericanos, tuvo gran trascendencia en la idea que se tenía del trabajo, pues no solo se mantenía la esclavitud, sino que se fortalecían los vastos Imperios Monárquicos, ya que cada súbdito, vasallo o siervo se subordinaban a cada Emperador o Rey con el apoyo de la iglesia católica, inculcando a sus fieles, para que mediante votos de obediencia, amor al prójimo, misericordia y humildad, lograran la salvación después de la muerte, en donde se elevarían sus almas a los cielos para obtener la vida eterna. Este dogma cristiano provenía de su principal fuente de fe, La Biblia, en la cual se establecía según el antiguo testamento, que debían de cumplirse aquellos votos como consecuencia del pecado original que Adán y Eva habían cometido, por su desobediencia al haber comido el fruto prohibido, provocando con ello que fueran expulsados del paraíso. Este relato textualmente se obtiene del siguiente pasaje bíblico:
“…Jehová dijo a la mujer: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti…y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida, espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo, con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás…” (Génesis 3:16-19).
Este fragmento Bíblico que considera al trabajo como un castigo divino, tuvo gran difusión en todos los pueblos del mundo que adoptaron el cristianismo, pensamiento que se extendió hasta el Medioevo y que hasta nuestros días ha prevalecido como una remembranza.
La Doctrina Social de la Iglesia Católica es el conjunto de principios relativos a la nueva realidad social, política y económica de la humanidad, está basada en el Evangelio de la Biblia como consecuencia de la desigualdad económica entre capital y trabajo. Es una doctrina que parte de la noción del hombre como creyente y su vocación por el amor al prójimo, que refleja con sus acciones, la virtud de esos valores tendientes a concientizar las desigualdades. Esta nueva doctrina de la Iglesia Católica que se interesa en los problemas sociales se introduce a través de las encíclicas, que son cartas Papales dirigida a los obispos, sacerdotes y fieles del mundo.
La primera encíclica social conocida como RERUM NOVARUM, la escribió el Papa León XIII el 15 de mayo de 1891, como consecuencia de los eventos económicos sociales que se produjeron en el siglo XIX, durante la Revolución Industrial y la nueva clase social naciente, a la que llamó “cuestión obrera”. Destaca los eventos importantes del siglo XIX, tanto la revolución industrial como el crecimiento de las ciudades, que habían producido graves desigualdades sociales y económicas, defiende una justa relación entre capital y trabajo, como consecuencia de la problemática de la “cuestión obrera”, referida por la iglesia y que fue conocida con este nombre durante la época. El Papa León XIII afrontó este tema y el de la propiedad privada, que constituyeron el inicio para todas las acciones cristianas en el ámbito social.
El 15 de mayo de 1931 al cumplirse 40 años de la encíclica RERUM NOVARUM, el Papa Pío XI publica la QUADRAGESIMO ANNO en la que refiere a la doctrina social de León XIII, y propone la restauración del orden social en armonía con la ley evangélica, enfrenta los nuevos problemas relacionados con el crecimiento de empresas y agrupaciones cuyo poder extralimitaba toda frontera existente. Refiere además la condena del socialismo y el vacío moral del liberalismo e introduce algunas propuestas para conciliar las dos corrientes, además introduce el término “doctrina social cristiana” en su encíclica, término novedoso y de posicionamiento de la iglesia católico en el ambito social.
La época del Papa Pío XII, fueron los acontecimientos de la guerra y la posguerra de la segunda guerra mundial, tranformando al mundo, dandole un nuevo orden internacional. No publicó encíclicas sobre temas sociales, pero su intervención fue activa, ferviente anticomunista se opuso al nacionalismo Nazi durante la guerra y la posguerra, durante la Guerra Fría por su ideología se congració con una de las nuevas potencias emergentres.
Juan XXIII contribuye con las encíclicas MATER ET MAGISTRA y PACEM IN TERRIS. En la primera habla de la misión de la iglesia para promover la dignidad del hombre, refiriéndose también al hombre que trabaja. En la segunda afronta el tema latente de la guerra y la proliferación de armamento nuclear, así como el tema de los derechos humanos desde un punto de vista cristiano.
Pablo VI en la encíclica POPULORUM PROGRESSIO toca el tema del desarrollo, recalcando la necesidad de que en ese desarrollo, sean tomadas en cuenta todas las personas y todos los hombres.
Juan Pablo II, impactado por los problemas sociales en su natal Polonia, publicó diversas encíclicas sobre temas sociales. La LABOREM EXERCENS que presenta un esfuerzo de espiritualidad y moral propias del trabajo que realiza el cristiano. La SOLLICITUDO REI SOCIALIS que retoma el tema del progreso y el desarrollo íntegros de las personas, la que fue publicada con motivo de los veinte años de la encíclica POPULORUM PROGRESSIO. Finalmente la CENTESIMUS ANNUS, con motivo del centenario de la RERUM NOVARUM, en donde se adentra en la noción de solidaridad, que permite encontrar un eslabón de enlace en toda la enseñanza social de la iglesia buscando su unificación.
En América, con la encomienda, se pretendió limitar los abusos de los españoles sobre la población indígena que estaba sometida a la esclavitud. Se trató de que el encomendero tuviera obligaciones de trato justo, trabajo y retribución equitativas, evangelizando a los encomendados. Sin embargo, a partir de la secularización del imperio español, es decir, la profanación constante de las ordenanzas de la iglesia regular, (votos de pobreza, obediencia y castidad) aquéllas obligaciones fueron olvidadas, transformándose la encomienda en un sistema de trabajo forzado para los indígenas en beneficio de los encomenderos. Este sistema implantado en los pueblos conquistados del nuevo mundo creó una nueva forma de esclavitud. La justificación de la encomienda como institución, fue a virtud de un derecho otorgado por el Rey a favor de un súbdito español “encomendero” con el objeto de que éste percibiera los tributos que los indígenas deberían pagar a la corona en calidad de súbitos de la misma, a cambio, el encomendero cuidaría del bienestar de los indígenas en lo espiritual y en lo terrenal, asegurando su mantenimiento y protección, así como su adoctrinamiento cristiano.
Las constantes denuncias frente al maltrato de los indígenas por parte de los encomenderos y el advenimiento de la llamada catástrofe demográfica de la población indígena, provocaron que la encomienda entrara en crisis desde finales del siglo XVII, siendo reemplazada por un sistema de trata de esclavos de diversas regiones de África y llevadas a las Américas para realizar también trabajos forzados.
Las fuertes críticas de Fray Bartolomé de Las Casas a este sistema, hicieron que el Rey limitara las acciones de los encomenderos. La institución estuvo regulada por las Leyes de Burgos de 1512 y 1513, fue modificada por las Leyes Nuevas de 1542 y abolida en 1791.
El llamado movimiento obrero se gestó como consecuencia de las ideas liberales de la Revolución Francesa, implantándose como ideal, entre otros, la libertad como un derecho universal del hombre y la consecuente libertad de trabajo, declinando con ello los sistemas corporativos feudales. Otra causa determinante para el movimiento obrero, fue aquella a la que conocemos como Revolución Industrial, se inició paulatinamente como consecuencia de la invención de la máquina de vapor, aplicándola en la industria para la producción en serie desplazando con ello la mano de obra artesanal. Con la Revolución Industrial se creó un nuevo orden social, surgiendo la burguesía como una nueva clase social económicamente dominante, quien detentó la propiedad privada de los medios de producción, beneficiándose del proletariado. Logró un enriquecimiento inmediato, apoyada por una legislación deficiente, un gobierno indiferente y una iglesia tolerante. Por su parte el proletariado carente de toda protección, contaba únicamente con su fuerza de trabajo como único medio de subsistencia, resistencia y defensa en contra de la burguesía, el que posteriormente fue su principal instrumento de lucha.
Los primeros brotes de protesta del proletariado, se iniciaron en Inglaterra como consecuencia de la falta de derechos hacia los obreros en las fábricas, el desplazamiento del trabajo artesanal, la contratación de personal calificado para maniobrar las nuevas máquinas, el desplazamiento de obreros por menores de edad y mujeres, quienes no oponían resistencia a las nuevas exigencias y condiciones de trabajo, entre otros abusos. Además, se contrataban con salarios degradantes e indignantes, jornadas industriales de más de doce horas, con un total desinterés para establecer medidas de seguridad y prevenir enfermedades o accidentes de trabajo. Estos excesos hicieron que surgieran infinidad de protestas, no solo en Inglaterra donde se iniciaron aquellas inconformidades, sino en todo país industrializado en donde la nueva burguesía supo aprovechar la revolución industrial en beneficio propio. Las primeras reacciones se manifestaron por medio del LUDISMO cuyo propósito fue la destrucción de la maquinaria, a las que se les atribuía la pérdida de capacidad adquisitiva del artesano, el término proviene de un obrero inglés llamado NED LUDD, que en 1779 destruyó un telar mecánico. Sin embargo, los obreros se dieron cuenta que no eran las máquinas su enemigo a combatir, sino el mal uso que de esta se hacía por parte de los empresarios Burgueses. Fue entonces que redirigiendo sus estrategias, se crearon desde entonces uno de los instrumentos de lucha más efectivos del movimiento obrero para la unión de sus intereses de clase, constituyéndose grupos clasistas llamados sindicatos, los que después de una cruenta trayectoria histórica, fueron reconocidos al igual que las huelgas y la contratación colectiva, como medios legítimos de la clase trabajadora para lograr sus reivindicaciones, los que también fueron reconocidos como derechos fundamentales por diversas legislaciones en las que se encuentra la nuestra.
EL CONCEPTO MODERNO DEL TRABAJO EN LA LEGISLACIÓN LABORAL MEXICANA
Después de que las clases económicamente dominantes profirieron grandes y prolongadas penurias a los hombres que trabajan, esto como consecuencia del fenómeno de la esclavitud y de sus diversas transformaciones; con el surgimiento de la lucha de clases y del movimiento obrero, se crearon diversas organizaciones sindicales con diversas tendencias e ideologías, pero logrando desde el punto de vista laboral sus reivindicaciones, obteniendo con ello el reconocimiento de sus instrumentos legítimos de lucha, los que fueron plasmados en diversas legislaciones, dándoles a los trabajadores y a las acciones que los motivaron, el lugar que legítimamente les correspondía. Por ello en nuestra legislación mexicana, desde 1931 en el artículo 3º de la Ley Federal del Trabajo, se establecen las bases del concepto moderno de trabajo y como debe tratarse y considerarse. Obteniéndose de su lectura el siguiente paradigma:
“Artículo 3º.-El trabajo es un derecho y un deber sociales. No es artículo de comercio, exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta y debe efectuarse en condiciones que aseguren la vida, la salud y un nivel económico decoroso para el trabajador y su familia.”
EL MOVIMIENTO OBRERO EN MÉXICO Y DESARROLLO HISTÓRICO DEL DERECHO DEL TRABAJO
Para poder comprender al movimiento obrero en México, es necesario conocer los antecedentes de la economía nacional, la que se iniciará a partir del periodo conocido como el Porfiriato, pues fue a partir de este periodo que la industrialización del país, originó en los albores del siglo XX los primeros brotes que impactaron en la transformación del sindicalismo mexicano.
A partir y durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz, la economía nacional sufrió grandes transformaciones. La construcción de vías férreas fue uno de los sucesos más notables. Durante su primer periodo presidencial, el principal ferrocarril recorría de la ciudad de México a Veracruz. Cuando se consolidó en el poder, inició la construcción de ferrocarriles en todo el país. Las principales rutas ferroviarias iban del centro del país a la frontera con Estados Unidos, las que fueron concesionadas principalmente a inversionistas norteamericanos y a empresarios del Reino Unido, estos últimos se apoderaron de las concesiones ferroviarias, desplazando a los estadounidenses, lo que creó grandes conflictos entre ambas naciones que se disputaban el control de los ferrocarriles mexicanos. Como consecuencia de este conflicto, durante los años de 1880 y 1881 el Congreso del país legisló en materia ferroviaria, sometiendo bajo la jurisdicción del gobierno federal todas las concesiones, contratos, modificaciones, tendidos de vía y los servicios conexos, con el fin de evitar que el conflicto se revirtiera hacia el gobierno mexicano, el que estimuló a las compañías concesionadas con el otorgamiento de subsidios por cada kilómetro construido y el derecho para adquirir terrenos colindantes. Esta estrategia resolvió el problema entre las compañías extranjeras concesionadas y por otro lado, se le dio al gobierno una intervención directa en la economía. Durante la primera década del siglo XX el país contaba ya con más de 20,000 kilómetros de vías ferroviarias, cuando en 1876 al inicio del porfiriato existían tan solo 800 kilómetros.
Otro factor económico que permitió el desarrollo del México Porfiriano fue la inversión extranjera para toda la industria. Desde principios del siglo XIX, los principales recursos naturales fueron explotados por empresarios de otros países, debido a que no pudieron ser aprovechados por los nacionales como consecuencia de las guerras civiles e intervenciones extranjeras. Como resultado de la inversión extranjera se desarrolló la industria extractiva, la agricultura y la ganadería, todo de productos de exportación, con esto, también prosperaron en general las demás ramas de la economía nacional que le eran conexas. El presidente Díaz y sus colaboradores, con la finalidad de mantener la estabilidad económica nacional, otorgaron grandes facilidades a los inversionistas extranjeros, a fin de que pudieran realizar su actividad empresarial sin el menor riesgo, dominado así los Estados más productivos del país. Con esta nueva situación, hubo muchas opiniones y protestas en contrario que afirmaban que el desarrollo económico de nuestro país debería corresponder a la mano de obra y financiamiento de los mexicanos.
Con el predominio de los capitales extranjeros en México, el Ministro de Hacienda de la época José Yves Limantour, tuvo que establecer una infraestructura de transportes que facilitara el flujo de productos. Al efecto se crearon comunicaciones más rápidas entre las diversas regiones del país, principalmente entre las más alejadas de la capital, como Sinaloa, Chihuahua y Coahuila, además de las ya existentes vías de ferrocarril, se construyeron redes de telégrafos y teléfonos, mejorando las comunicaciones para dar mejor servicio a los diversos puertos. Hasta 1911 se construyeron 23,654 kilómetros de vías telegráficas, la clave Morse empleada fue factor importante en el manejo de este tipo de comunicaciones. De igual forma, el sistema de correos, que durante el siglo XIX había sido atacado por salteadores y forajidos, durante el gobierno del presidente Díaz fue aplacado, logrando un significativo crecimiento, creándose más de 1,200 oficinas de correos. Con la llegada del teléfono en México en 1878, se instalaron líneas telefónicas para la policía en beneficio para la vida moderna capitalina, complementando el servicio se creó la primera guía telefónica, la que llegó a contar con más de 1000 suscriptores. Unos años después se constituyó la primera compañía de teléfonos mexicanos, extendiéndose las comunicaciones por esta vía a la mayoría de las ciudades del país, como Monterrey, Puebla y Guadalajara, dándose ya el servicio a los particulares.
Un proyecto de origen Alemán, fue desarrollado en México para generar electricidad por medio de turbinas, mismas que impulsadas por la fuerza de gravedad de las aguas subterráneas producían la energía eléctrica. Después con la ingeniería y la creación de plantas hidroeléctricas, que permitieron aprovechar la orografía de México, se incrementó la creciente fuerza industrial de nuestro país.
Con el descubrimiento en 1879 de mantos petroleros en Veracruz y la aplicación del producto a la industria, un empresario estadounidense nacionalizado mexicano, construyó la primera refinería de nuestro país, rama industrial que recibió la mayor atención y presupuesto durante el Porfiriato.
En la minería, México ocupó en el apogeo del Porfiriato el primer lugar en producción de plata, los metales y combustibles se incrementaron exportándolos al exterior. También se iniciaron e incrementaron otras industrias de transformación, como la fabricación de textiles, papelería, calzado, alimentos, vinos, cerveza, cigarros, productos químicos, loza, vidrio y cemento. A principios del siglo XX fue constituida la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A., (1900 1986) centro fabril que fue considerado el primer alto horno de América Latina.
El comercio nacional e internacional se incrementó y agilizó por la facilidad de comunicación del ferrocarril, complementadose con la supresión de las alcabalas, impuesto local que hacía más lento el trámite y el tráfico comercial. Así mismo, el Presidente Díaz planteó la necesidad de fabricar productos de exportación, dependiendo en mayor medida de capitales extranjeros. El comercio exterior estuvo orientado a satisfacer necesidades agropecuarias e industriales, productos de oro, plata, henequén, caucho, ixtle, animales de tiro, pieles, maderas finas y para la construcción, garbanzo, chile, café, frijol, vainilla y azúcar entre otros. En el terreno de las importaciones, se compraba hierro, cemento y cal, así como materiales para la construcción y establecimiento de empresas, tecnología para ferrocarriles, telégrafos y teléfonos, materiales para construir máquinas de tracción animal, textiles y otros artículos de lujo, como espejos, porcelanas, relojes y muebles. Hacia finales del Porfiriato, las exportaciones disminuyeron con respecto a las importaciones, por lo que la balanza comercial se mostró desfavorable a la economía mexicana.
En el ámbito laboral, si bien por un lado, durante el Porfiriato floreció la economía nacional, por otro, la clase trabajadora carecía de incentivos y beneficios, por lo que se considera en este aspecto uno de los lados más oscuros de la dictadura Porfiriana. Por lo tanto, en el campo social los trabajadores precariamente organizados no tuvieron grandes logros, ya que la mano dura de Don Porfirio reprimió cualquier organización de los trabajadores, destacando en su aspecto negativo, la prohibición que hizo para la creación y reconocimiento de cualquier organización social, penalizándola como un acto criminal y delictivo, remitiendo a sus principales líderes a las cárceles de Lecumberri y San Juan de Ulúa o integrándolos a la leva para combatir el levantamiento del pueblo Yaqui en Sonora. Misma suerte sufrieron las huelgas, que eran considerada ilícitas y los movimientos que se sustentaron en ellas fueron sangrientamente reprimidos, como sucedió con las huelgas de Cananea, en una fábrica de cobre en Sonora (1906) y la de Río Blanco en Veracruz (1907) iniciada en la fábrica textil del mismo nombre. En el ámbito salarial tanto para obreros y campesinos, era cubierto en especie por medio de vales que eran canjeados en las tiendas de raya, que pertenecían y eran administradas por los mismos empresarios, hacendados o terratenientes, en donde los obreros y peones canjeaban los vales por productos y alimentos de primera necesidad, los cuales tenían un valor superior al costo real de los productos, situación por lo que quedaban endeudados de por vida. También se laboraban jornadas excesivas y extenuantes en relación a los extranjeros, quienes eran contratados en mayor número que a los mexicanos; los salarios de los extranjeros eran significativamente más elevados que el de los mexicanos no obstante que en algunos casos realizaban el mismo trabajo; predominaba la contratación de mujeres y niños y en general el trabajo en talleres y fábricas se ejecutaba en condiciones insalubres, sujetos a sufrir accidentes o enfermedades de trabajo. Todas estas injusticias y muchas más eran soportadas por los trabajadores mexicanos, quienes eran vistos de modo indiferente por las autoridades, como consecuencia al predominio del capital extranjero en nuestro país. No tuvo que pasar mucho tiempo para que los trabajadores mexicanos tuvieran la llegada de tiempos mejores.
Todos como Mexicanos sabemos que la dictadura Porfiriana tuvo su fin por el levantamiento armado programado para el 20 de noviembre de 1910, propuesto por Francisco I. (Ignacio) Madero en el plan de San Luis, (San Luis Potosí) bajo el lema: “sufragio efectivo, no reelección”, habida cuenta del último fraude electoral del Presidente Díaz para ser reelecto, movimiento que fue secundado y extendido tanto en el norte como en el sur del país. Bajo las presiones de los levantamientos generalizados, la renuncia del presidente Díaz no se hizo esperar, terminando sus últimos días exiliado en Francia.
Después de la renuncia del presidente Porfirio Díaz, se realizaron nuevas elecciones en 1911, resultando electo Francisco I. Madero quien nombró Vicepresidente a José María Pino Suarez. En el inicio de su mandato tuvo diferencias con otros líderes revolucionarios, provocando el levantamiento de Emiliano Zapata y Pascual Orozco. En 1913 se fraguo un golpe de estado en el que intervino Victoriano Huerta, iniciándose un levantamiento militar conocido como “La Decena Trágica”, que culminó con el asesinato del Presidente Madero, su hermano Gustavo y del vicepresidente Pino Suárez. Huerta en una jugada política astuta, asumió la presidencia de la república, ocasionando reacciones de varios jefes revolucionarios entre los que se encontraba el Gobernador de Coahuila Don Venustiano Carranza. Después de varios meses de luchas, Huerta renunció a la presidencia y huyó del país después de la ocupación estadounidense de Veracruz. A partir de estos acontecimientos se profundizaron las diferencias de facciones entre los que habían luchado contra Huerta, desencadenando nuevos conflictos. Venustiano Carranza, jefe de la Revolución de acuerdo con el “Plan de Guadalupe”, (firmado en la hacienda de Guadalupe, en Ramos Arizpe, Coahuila, el 26 de marzo de 1913, en el que repudiaba al gobierno golpista de Huerta) convocó a todas las fuerzas en conflicto a una Convención en Aguascalientes en la que se debía de elaborar un programa revolucionario. Los acuerdos de la convención en donde se nombraba nuevo presidente y se desconocía a Venustiano Carranza, fueron desconocidas por el propio Carranza, para lo cual se reanudaron las hostilidades. Carranza con auxilio de los “Batallones Rojos”, se sostuvo en la guerra de facciones. Después de derrotar a la Convención, los constitucionalistas pudieron iniciar trabajos para la redacción de una nueva constitución y llevar a Carranza a la presidencia en 1917.
APORTACIÓN DE LA CASA DEL OBRERO MUNDIAL Y DE LOS BATALLONES ROJOS A LA REVOLUCIÓN MEXICANA
La Casa del Obrero Mundial fue fundada durante el mandato del presidente Madero en 1912 por un grupo de trabajadores mexicanos y activistas extranjeros, se fundó originariamente con la finalidad de estrechar e intercambiar ideas entre agrupaciones sindicales y mutualistas de la ciudad de México. Sin en cambio al ser asesinado Francisco I Madero, se impuso entre sus adeptos una línea radical de rechazo al usurpador Huerta, realizando acciones más directas en concentraciones y marchas, este hecho vino a cambiar su idea original por una de mayor contenido y acciones políticas directas. Esta fue la causa principal por la que la Casa del Obrero Mundial fue clausurada por el gobierno Huertista. Tras el triunfo de la revolución constitucionalista en agosto de 1914 fue reabierta, sin embargo, la lucha entre las facciones Carrancistas y Convencionistas causó debates sobre el camino que debería seguir la organización, esta tomó la decisión de aliarse con la revolución constitucionalista de Venustiano Carranza, firmándose en 1915 una alianza entre la Casa del Obrero Mundial y la facción Carrancistas, en la que se aportaban voluntarios a las filas constitucionalistas, a cambio de convertir en leyes las demandas de los obreros organizados, dando origen a los llamados “Batallones Rojos”, grupos militares de trabajadores del Distrito Federal que tendrían la tarea de combatir a favor de los ideales constitucionalistas.
No obstante que Venustiano Carranza se había levantado en armas contra el gobierno Huertista con la idea de derrocarlo y restaurar la Constitución de 1857. Poco tiempo después de que las fuerzas leales a Huerta fueron derrotadas, Carranza estimó conveniente consolidar en reformas constitucionales el movimiento político, optando por la redacción de una nueva constitución que cumpliera con las expectativas hechas a campesinos y obreros durante el conflicto armado, evitando que los principales actores revolucionarios trabajadores y campesinos quedaran insatisfechos, por lo que el 14 diciembre de 1916, convocó a un congreso constituyente en la ciudad de Querétaro. Se iniciaron sesiones el 31 de enero de 1917, a partir de entonces y en torno a la redacción de la nueva constitución, se establecieron debates con grupos de ideas progresistas entre los que destacaron Pastor Rouaix y Francisco J. Múgica, entre otros, de las diferentes corrientes, finalmente se llegó al acuerdo de promulgar la Constitución de 1917 el 5 de febrero. Los artículos 3, 27 y 123 promulgados en nuestra Carta Magna estuvieron a la vanguardia por su relevancia y momento históricos, pero sobre todo por tener un alto contenido social para la época, destacando para beneplácito de nuestros trabajadores revolucionarios el artículo 123.
Artículo 3°.-Establece que la educación que imparta el Estado deba ser laica, gratuita y obligatoria.
Artículo 27°.-Declara que el suelo y subsuelo pertenecen a la Nación, prohibiendo pertenecer a alguna corporación religiosa, regulando el ejido y su organización.
Artículo 123°.-Consagra los derechos fundamentales en favor de los trabajadores, elevando a la categoría de garantía social los derechos de asociación profesional, la contratación colectiva y el derecho de huelga.
Con la promulgación de la nueva constitución de 1917 y del artículo 123, quedaron reivindicados los derechos de los trabajadores, mismos que durante los años subsiguientes pudieron obtener con la fuerza laboral de organización y sus alianzas con los diferentes órganos gubernamentales, múltiples beneficios, dentro de los cuales destacan las leyes reglamentarias de 1931 y 1970 del artículo 123 Constitucional apartado A, con su reforma procesal de 1980. Pero sin que hasta la fecha se haya mantenido su trayectoria ascendente, dado que, con la implantación de los paradigmas del nuevo liberalismo económico, se han frenado sus avances con la consecuente complacencia de las organizaciones obreras de nuestro país.
EL TRABAJO Y SUS REPERCUSIONES EN EL ÁMBITO SOCIAL
Ya hemos dicho anteriormente, cuáles han sido las repercusiones que ha tenido el trabajo en las relaciones sociales, principalmente de carácter histórica, por tanto, ahora nos detendremos a señalar algunos otros aspectos de la actividad considerada como trabajo con otras formas sociales.
Siendo la sociología la ciencia social que se dedica al estudio de la sociedad y los fenómenos que en ella acontece y que el trabajo es base de aquella interacción social. Por ende, gran parte de los fenómenos sociales que se desencadenan, son resultado de la actividad laboral e invariablemente repercuten en el ámbito de la sociología, en tal virtud esta ciencia se adentra en el estudio y comprensión de aquellos fenómenos que como consecuencia del trabajo se originan.
También siendo el trabajo parte fundamental del proceso productivo y este de la ciencia económica, entendiéndose por esta la que estudia las interacciones sociales que tienen que ver con los procesos productivos, como medios de satisfacción de necesidades humanas; es por esta razón, que resulta entendible la importancia del trabajo dentro de esa ciencia del conocimiento, de ahí su estrecha relación vinculante con la economía.
Resulta muy entendible, la relación estrecha que tiene el trabajo con el derecho, pues a través de este y por encontrarnos ya en un estado de derecho, necesariamente aquella actividad tiene que estar regulada por el derecho. Sin embargo, no olvidemos que en un momento dado de nuestra historia, el trabajo y las personas que lo realizaban, no estaban contempladas dentro de una norma y mucho menos dentro de un sistema jurídico, por lo que, fue necesario pasar por un largo proceso de ajustes y acontecimientos trascendentes de grandes conflictos, para lograr toda una gran legislación, con la única finalidad de darle al trabajo el lugar que legítimamente le corresponde dentro del orden jurídico social.
Como se ha dicho a lo largo de los temas expuestos, el trabajo desata una serie de interacciones sociales, que son de interés para la mayoría de las ciencias sociales y de algunas otras ciencias del conocimiento, no escapando al interés de la política como ciencia del poder del Estado en beneficio de los grupos sociales existentes. Ahora bien, si con la interacción laboral se crean grupos sociales para la defensa e sus intereses de clase, fortaleciendo su condición de trabajadores y constituyéndose en una fuerza económica con supremacía de poder, hacia los demás factores de la producción e inclusive con el estado. Esto no impide el ir más allá de sus aspiraciones laborales, pues su potencial para controlar el factor económico le permite formar no solo una fuerza social sino lograr y constituir una fuerza política y un verdadero control del Estado. Estos fenómenos sociales provocados por el trabajo y sus formas de organización clasista tendientes a lograr el poder político, son los de interés para el estudio de la ciencia política.
Si entendemos por características, el conjunto de cualidades o circunstancias propias de alguna persona o cosa que las distingue de las demás. Las características de una rama del derecho y particularmente del derecho del trabajo, son precisamente ese conjunto de cualidades que todos podemos apreciar y distinguir en una disciplina jurídica. Por tanto, toda persona común y corriente sin ser conocedora del derecho, puede apreciar y comprender algunas de sus características, pues teniendo un aspecto externo, algunas manifestaciones podemos apreciarlas y comprenderlas, dado que nuestras vidas se encuentran inmersas en el cumplimiento de diversas disposiciones jurídicas de toda índole, verbigracia el consagrado “no matarás”, que nos impone respetar la vida de los demás y que si quebrantamos esa disposición seremos sancionados por una norma jurídica de carácter penal, esta normatividad es la que podemos comprender y aprecias por medio de sus características por forman parte de nuestra problemática cotidiana. Ahora bien, por cuanto a nuestra disciplina analizaremos algunas de sus características que por su particular relevancia han perdurado hasta nuestros días.
COMO UN DERECHO CLASISTA
Repasando la historia del movimiento obrero, el que tuvo su origen en la desigualdad económica entre aquel que ejecutaba un trabajo y aquél que lo recibía o se beneficiaba de él, encontrándose siempre en desventaja el primero por haber caído en alguna de las formas de esclavitud. Esta práctica permaneció dominante por varios siglos, teniendo en algunos casos algunos beneficios para el esclavo, siempre a iniciativa del amo o señor, bien por su propia consideración o a instancia de los gobernantes, dados los abusos generalizados a la institución. No fue sino del resultado de algunos descubrimientos científicos y acontecimientos sociales, que se agudizó la problemática de los trabajadores, tornándose más miserable su condición, pues con la invención de la máquina de vapor y la aplicación a la industria incipiente, se pudieron lograr mejores ganancias en la producción, enriqueciéndose con mayor facilidad y rapidez aquellos quienes con la inversión de sus capitales detentaban los medios de producción, auxiliándose de una legislación deficiente y de autoridades gubernamentales y eclesiásticas tolerantes y relajadas. No pasó mucho tiempo para que hiciera crisis el hacinamiento, pobreza y desamparo de los trabajadores, pues dadas las nuevas condiciones de trabajo y de producción en torno a los nuevos centros de trabajo, se construían gran número de viviendas improvisadas, creándose verdaderos pueblos fantasmas, carentes del más elemental de los servicios del que también carecías las fabricas o centros de trabajo. De ahí que de este nuevo fenómeno social, hizo que los obreros en desgracia se unieran y se comunicaran, intercambiando ideas y por supuesto acciones concreta de autodefensa contra los abusos del empresario o burgués de la época, surgiendo así lo que nosotros conocemos como “lucha de clases”, la cual después de extender sus ideales a todos los confines del mundo industrializado, se logró que no solo la burguesía reconociera las exigencias legítimas de los trabajadores, de un salario justo y mejores condiciones de trabajo, sino que esas exigencias fueron reconocidas por sus respectivos gobiernos y establecidas en sus diversas legislaciones. Por esto, por el origen histórico que tiene nuestro derecho basado en la lucha de clases, se ha considerado como un derecho clasista, por que los obreros lucharon a brazo partido para lograr el reconocimiento de sus derechos de clase, de la clase trabajadora.
COMO UN DERECHO PROTECTOR
Una vez que se logró el reconocimiento de los derechos elementales para el hombre que trabaja como consecuencia de la lucha de clases, en cada país el legislador tuvo la necesidad de adecuarlos a su sistema jurídico. En nuestra legislación por naturaleza y por tener las bases del Derecho Romano, tuvo que distinguirse entre derechos individuales y colectivos, pues en las diferentes fracciones del artículo 123 Constitucional encontramos conceptos dispersos de ambos géneros, sin que tuvieran una diferenciación entre ambos, por ello, al redactarse su ley reglamentaria en 1931, el legislador con un método técnico jurídico, estableció claramente esa distinción entre las relaciones individuales y colectivas, en donde, en los capítulos relativos de los títulos del primero al sexto que refieren a los derechos individuales, en los mismos se establecieron el mayor número de disposiciones proteccionistas hacia el trabajador, dado que, en el ámbito individual, el propio trabajador inevitablemente requiere la protección de la ley, por encontrarse en un plano de desigualdad económica frente al patrón, por contar aquél como único medio de subsistencia su fuerza de trabajo. Esta característica prácticamente desaparece en las relaciones colectivas, ya que por su propia naturaleza, dado el reconocimiento de las alianzas de los trabajadores para constituir sindicatos, federaciones y confederaciones en unión con los derechos a la contratación colectiva y de huelga, en conjunto todos ellos, son instrumentos eficaces de la auto-defensa proletaria para lograr sus reivindicaciones. En el ámbito procesal, dada su naturaleza y de corresponder al Estado la facultad para impartir justicia, el tratamiento a las partes por el órgano jurisdiccional es igualitario, sin embargo, también en este orden encontramos disposiciones de esta naturaleza, tal es el caso de la suplencia de la demanda, la libre apreciación de las pruebas y las resoluciones en conciencia entre otras.
COMO UN DERECHO MÍNIMO DE GARANTÍAS
Misma problemática que en la característica anterior tuvo el legislador en nuestro país, para adecuar las garantías sociales no solo en nuestro artículo 123 Constitucional sino en su ley reglamentaria, pues como un hecho histórico, se propugnaba por el reconocimiento de los derechos fundamentales de los trabajadores, tales como la jornada de ocho horas, el descanso del séptimo día, entre otros, de ahí que al redactarse la ley reglamentaria, muy acertadamente se establecieron derechos mínimos en las condiciones de trabajo que deberían de recibir los trabajadores, así encontramos, los días de descanso, los días de vacaciones, los salarios etc., que se encuentran establecidos como mínimos en la ley. Sin en cambio, esto no implicaría que esas mínimas garantías establecidas en la ley, fueran inmutables y las únicas que cumplir o que fueran solo modificadas por el legislador, pues esos derechos mínimos dan pie para que se incrementen durante la vigencia de las relaciones de trabajo, bien sea por que se establezca en una ley, por que las partes individualmente lo pacten o en su caso en la vía colectiva, mediante los medios legales de presión que se concede a los trabajadores. Es por esto que hasta nuestros días esta característica ha permanecido hasta la actualidad en nuestra legislación, pues fue uno de los pilares de la lucha de clases, donde no solo se propugnaba el reconocimiento de los derechos fundamentales de los trabajadores, sino también su incremento.
COMO UN DERECHO EN EXPANSIÓN
Reflexionando sobre la característica anterior, en nuestro derecho del Trabajo, no solo se logró un mínimo de garantías para el trabajador y con ello se tuvieran mejoras en las condiciones durante la vigencia de la relación de trabajo, sino que también se han venido integrando nuevas formas de trabajo, tal es el caso, como dijéramos en retrospectiva, en sus inicio se pretendió proteger al obrero, aquel que trabajaba en la industria de manufactura, pero actualmente con el transcurso del tiempo y el devenir histórico, no solo se han obtenido aquellos logros de protección exclusiva del obrero, sino que se han integrado a nuestra legislación otros tipos de trabajo, como pudieran ser, por mencionar algunos cuantos, a los trabajadores del campo, a los trabajos a domicilio, a los agentes de comercio, a los domésticos o a los académicos y administrativos en universidades consideradas como autónomas etc. Es por todo esto, que nuestro derecho reviste esta característica, con el fin de reglamentar y mantener dentro de su legislación al mayor número de personas que trabajan, para así lograr en plenitud su concepto y regular todo tipo de trabajo.
COMO UN DERECHO REIVINDICATORIO
Este concepto adquirió fuerza con las ideas de Carlos Marx, además de otros pensadores contemporáneos de la época. Residía fundamentalmente en que la burguesía obtuvo un enriquecimiento indebido apoderándose de los medios de producción y explotando a la clase trabajadora, por tal razón, Marx fue el motivador y principal promotor de la lucha de clases, buscando que los trabajadores con los medios de lucha a su alcance, que en aquellos tiempos no eran reconocidos por ninguna legislación, pudieran recuperar lo que la burguesía había tomado para sí arbitrariamente. En nuestros tiempos actuales dado que predomina el estado de derecho, la idea originaria de Carlos Marx, ha perdido eficacia en cuanto no son admisibles los medios ilícitos para lograr una intervención directa en el proceso productivo, sin embargo, reconocidas algunas acciones por nuestro derecho, plasmándose como garantías sociales en nuestra legislación, ya es factible obtener esos beneficios pretendidos, no por medios ilícitos, sino a través del trabajo, que es el instrumento más eficaz y legítimo que tienen los trabajadores para lograr sus reivindicaciones, logrando no solo mejoras en las condiciones de trabajo, sino con su fuerza colectiva obtener una intervención más directa en el proceso productivo del cual son parte fundamental y así contribuir con los demás factores de la producción a los fines de la empresa.
COMO UN DERECHO NUEVO
Sobra decir, que en la actualidad, nuestro derecho del trabajo reviste la característica de ser un nuevo derecho, por no haber formado parte del llamado derecho común desde sus orígenes. Lo novedoso de nuestro derecho lo tenemos no solo por lo reciente de su existencia y reconocimiento, al haber sido incluido en cada legislación, después de una gran trayectoria histórica de la humanidad y del hombre mismo como ser social y jurídico, sino por la aportación trascendental que ha hecho al derecho tradicional, en cuanto ha venido a revolucionar con sus principios propios de la disciplina aquel derecho, quebrantando muchos de los estigmas en que se apoyaban sus principios generales y que se consideraban inmutables o irreemplazables. Baste señalar uno de ellos, aquél que está basado en la supremacía de la voluntad de las partes en los contratos, al establecer que “la voluntad de las partes es la suprema ley de los contratos”, pues a raíz del surgimiento de nuestro derecho y de los principios contenidos en él, aquél principio carece de toda relevancia jurídica en nuestra legislación laboral, además de que para beneplácito de los principios contenidos en nuestro derecho, las demás disciplinas de nuestro sistema jurídico han incluido los principios que surgieron del nuestro, por ser más acordes con la realidad social en que vivimos y por la naturaleza misma del derecho con tendencia evolutiva, tal es el caso, por mencionar uno de ellos, el de la conciliación, que ha sido un medio eficaz para prevenir y resolver en la vía conciliatoria cualquier conflicto de naturaleza jurídica, antes de iniciar formalmente el procedimientos jurisdiccional o bien durante el mismo.
COMO UN DERECHO AUTÓNOMO
La autonomía del derecho del trabajo, la podemos entender un tanto más desde el punto de vista técnico jurídico, en cuanto tiene un lugar dentro de la clasificación general del derecho y además contar con leyes, principios y tribunales propios. Es en este sentido que se manifiesta la autonomía de nuestra disciplina y como tal así debemos entenderla, sin pasar desapercibido que desde el punto de vista Constitucional y la jerarquización de las normas, nuestro derecho deviene como ley reglamentaria de una norma fundamental establecida en nuestra Constitución Política.
COMO UN DERECHO DE COORDINACIÓN Y CONJUNCIÓN EN LA SOLUCIÓN DE INTERESES ECONÓMICO-SOCIALES, CON BASE EN LA NUEVA CULTURA LABORAL
Esta característica del derecho del trabajo, fue propuesta en México por el jurista con tendencia patronal Baltasar Cavazos Flores, fue secundada como consecuencia de la apertura comercial en nuestro país, por el Gobierno a través de la llamada Nueva Cultura Laboral, la que fue propuesta por el entonces presidente de la república Miguel de la Madrid Hurtado en 1989, materializada por José Carlos María Abascal Carranza, primero como Presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana y posteriormente como Secretario del Trabajo en la administración del presidente Vicente Fox Quesada, la que fue apoyada por el propio Presidente de la República. Lo que se pretende con la nueva cultura laboral propuesta por el gobierno mexicano, no es otra cosa que modificar el origen histórico de la lucha de clases y la solución de los problemas entre capital y trabajo que se ha logrado a través de los medio de presión tradicionales que legítimamente tienen reconocidos los grupos sociales, mediante la adaptación al estado actual, bajo el nuevo paradigma de modernizar al país y adaptarlo a las nuevas formas de globalización y neo liberalismo requeridas, pretendiendo con ello minimizar las acciones directas de los trabajadores organizados, para así después modificar la legislación Laboral, mediante una profunda actualización y reformas en las que se beneficiaría mayormente al sector empresarial. Con esto, por lo menos, según el sector patronal y gubernamental, no se pretende minimizar los derechos adquiridos de los trabajadores ni sus conquistas sindicales, sino crear nuevos métodos para la solución de los conflictos que se susciten, pues la pretensión con las nuevas tendencias capitalistas de nuestro estado moderno, es garantizar y proteger la economía nacional frente a otras naciones económicamente más fuertes. Pero la realidad para el sector laboral no es otra cosa que a través de la Nueva Cultura Laboral se crea un mecanismo estatal, que menoscaba no solo los derechos fundamentales de la clase trabajadora, sino los ideales primarios de la legislación social, bajo el argumento de resolver por otras vías intereses económico-sociales, en el que el Estado asume una intervención directa en esos conflictos y fuerza al sector laboral, entre otras acciones, impidiendo el ejercicio de sus derecho colectivos fundamentales bajo el privilegio de trabajar y colaborar en un estado moderno con empresas del siglo XXI. En síntesis, lo que hasta la fecha ha logrado el gobierno con su nuevo modelo económico implementado con la nueva cultura laboral, es incrementar el desempleo que ha generado un círculo vicioso. Mientras las empresas mexicanas sigan dependiendo de capitales y tecnología extranjera e influenciadas por su ideología, habrá más desocupaciones y más despidos, que a su vez desincentivará la inversión interna y descenderá la posibilidad de encontrar empleo formal, pues con las nuevas formas de contratación como el outsourcing como nuevo instrumento para evadir responsabilidades laborales, decrecerá el ingreso de toda la clase asalariada.
DISTINTAS DENOMINACIONES, CONCEPTO Y DEFINICIONES DE NUESTRO DERECHO
Como consecuencia del reconocimiento de nuestro derecho y formar parte de las diversas legislaciones, una de las tareas de los teóricos del derecho, fue la de otorgarle la denominación más apropiada, para poderlo identificar y diferenciarlo de las demás ramas del derecho, he aquí algunas de ellas.
Esta denominación fue asignada en Francia por algunos juristas, sin tomar en cuenta que el concepto legislación se reducía solo al proceso legislativo. Por ello, el término no trascendió por sus propias limitaciones, ya que, el derecho tiene un concepto más amplio pues no solo comprende al proceso legislativo, sino que además en unión con la jurisprudencia y la costumbre entre otros, forman parte integral del amplio campo del derecho. Así mismo, con el concepto industrial, con el que se pretendió enmarcar también a nuestra disciplina, existió más confusión, pues el término tendría otras dimensiones que los que existen dentro de nuestra disciplina, ya que comprenderían en ella, no solo la interacción obrero patronal, sino que regularía conceptos ajenos a nuestro derecho, como lo sería el mercantil y todos los actos de comercio, o lo relativo a los derechos de patentes, marcas, nombre comercial etc., que son materia de otras disciplinas distintas a la nuestra.
Entre los que propagaron y sostuvieron esta denominación, en nuestro país tenemos al maestro Jesús Castorena, el cual señala en su obra, la cual designa con la misma denominación, que tal concepto tiene como base al obrero, el que dio origen al reconocimiento de nuestro derecho, reforzando esta idea en cuanto el término obrero se refiere a la persona que trabaja de forma subordinada y no aquel que lo realiza a través de una decisión libre o espontánea o a virtud de un contrato de otra naturaleza. Por tanto, concluye que tal denominación, por los motivos anotados, satisface las exigencias de su contenido.
El término propuesto por el maestro Jesús Castorena, actualmente no está ya acorde con la realidad jurídica de nuestro derecho. Por un lado, porque conforme a la teoría de Carlos Marx, obrero es el término del proletario que originó la lucha de clases, el que trabajó en la industria naciente en los albores de la revolución industrial, por lo cual de aplicarse el término en nuestro tiempo actual, se dejarían fuera de la disciplina a los trabajadores que han surgido recientemente, como los domésticos, deportistas, actores y músicos, académicos y administrativos en universidades autónomas etc. Además, por otro lado, el significado literal del término obrero, se relacionaría exclusivamente con el trabajador manual o de manufactura, con exclusión de aquellas otras actividades más recientes.
Como veremos más adelante a detalle, también el término Derecho Social para denominar a nuestra disciplina, no es un término correcto para designar a nuestro derecho, por reflejar un contenido más amplio, pues el Derecho Social en nuestra legislación vigente comprende no solo al Derecho del Trabajo, sino también a la Seguridad Social y al Derecho Agrario.
DERECHO DEL TRABAJO Y DERECHO LABORAL
Los términos Derecho del Trabajo y Derecho Laboral, son los que más tradición de uso tienen en nuestro país y en nuestra legislación, sin en cambio, no escapan a ciertas críticas.
Por cuanto al término Derecho del Trabajo, en nuestro estado jurídico actual, se hace la observación que nuestra disciplina no comprende a todas las formas de trabajo. Sin embargo, en su defensa se afirma que dada la característica del Derecho Trabajo de ser un derecho en expansión, entre sus metas tiene la de incluir a todo tipo de trabajo, que deberán integrarse en una misma legislación. Por otro lado, refiriéndonos ya al término Derecho Laboral, que además de incluir la observación anterior, se dice, que el vocablo “laboral” es un neologismo que no debe estar incluido en nuestra lengua española y por tanto debe excluirse del término derecho, debiendo ser la más acorde a nuestro lenguaje la de Derecho del Trabajo. Esta otra crítica ya no tiene razón de ser, dado que nuestra Academia de la Lengua Española ha incluido en nuestro idioma el término “laboral”, que tiene la misma connotación que la palabra “trabajo”.
Existen algunas otras denominaciones para designar a nuestra disciplina, muchas de ellas no muy conocidas o mediante términos que por su complejidad o simpleza no son usadas en nuestro lenguaje cotidiano. Por tanto solo haremos referencia a aquellas otras sin menores explicaciones, solo las mencionaremos con el fin de tenerlas presentes como referencia. Estas otras denominaciones son: Nuevo Derecho, Derecho Social del Trabajo, Derecho Económico Social, Derecho de los Trabajadores, Derecho del Contrato del Trabajo, etc.
El concepto de nuestro derecho lo podemos construir con todas las características del derecho del trabajo que hemos analizado, por tener un tratamiento menos formal, no así su definición, pues comprendería la exposición clara y exacta de sus elementos genéricos y diferenciales desde sus orígenes hasta nuestros días, por tal motivo, sus definiciones difieren según la época, nacionalidad del autor y sistema jurídico. En estos momentos es recomendable, después de la comprensión de nuestra materia Derecho del Trabajo, en sus aspectos individual, colectivo y procesal, para mayor comprensión del concepto, analizar en profundidad algunas definiciones, según aportación que hagan al respecto los tratadistas de la materia.
Por el momento transcribiremos sin mayores explicaciones la que propone el maestro Nestor de Buen Lozano en su obra Derecho del Trabajo Tomo I.
“Es el conjunto de normas relativas a las relaciones que directa o indirectamente derivan de la prestación libre, subordinada y remunerada de servicios profesionales y cuya función es producir el equilibrio entre los factores en juego mediante la realización de la justicia social.”