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Timestamp: 2018-09-21 02:57:10
Document Index: 44881815

Matched Legal Cases: ['artículo 1134', 'artículo 1135', 'artículo 1136', 'artículo 1080', 'artículo 83', 'artículo 1080', 'artículo 88', 'artículo 1134', 'artículo 88']

﻿ EL REASEGURO EN COLOMBIA
CONTENIDO:EL REASEGURO BUSCA OTORGAR UNA PROTECCIÓN A LOS ESTADOS FINANCIEROS DE LOS ASEGURADORES Y PERMITIR UNIFORMIZAR CUANTITATIVAMENTE LA CARTERA DE ESTOS, ENTRE OTRAS FUNCIONES DE VITAL IMPORTANCIA PARA EL SECTOR ASEGURADOR. ESTE ARTÍCULO DESCRIBE LA HISTORIA DEL REASEGURO EN COLOMBIA Y EN EL MUNDO, SU UTILIDAD E IMPLICACIONES, ASÍ COMO SUS CARACTERÍSTICAS Y PRINCIPIOS.
TEMAS ESPECÍFICOS:CONTRATO DE SEGURO, CONTRATO DE REASEGURO, SINIESTRO
TÍTULO:EL REASEGURO EN COLOMBIA
AUTOR:GALVIS SEGURA, SONIA
TEMAS GENÉRICOS:DERECHO COMERCIALSEGUROS
REVISTA FORO DERECHO MERCANTIL N°:35, ABR.-JUN./2012, PAGS. 57-89
por Sonia Galvis Segura(*)
1. Breve historia del reaseguro
Es difícil determinar el origen preciso del reaseguro. Lo que afirman todos los analistas e historiadores es que este fue un desarrollo lógico y posterior a los seguros. Para analizar el tema, cabe hacer referencia al propio significado del término(1). El Diccionario de Oxford define reaseguro como: “una renovación o segundo seguro, específicamente uno donde un asegurador o tomador de riesgo —underwriter— se asegura a sí mismo —total o parcialmente— sobre el riesgo que el mismo ha suscrito”.
Una de las primeras referencias sobre el concepto del reaseguro apareció hacia 1370 y estuvo vinculada con los seguros de transporte. En la póliza de un viaje desde Génova a Sluys, se tomó un reaseguro sobre los elementos transportados de mayor riesgo. Entre otras referencias sobre formas tempranas de reaseguros cabe destacar un caso en 1595, cuando un asegurador holandés extendió un seguro sobre el seguro emitido por un asegurador que murió luego de emitir la póliza. Otra referencia data de 1658 en Copenhague, donde uno de los tomadores de un riesgo anota que no pudo reasegurar en el mercado el riesgo de otro de los aseguradores quien había entrado en quiebra(2).
En 1755, en un trabajo de Magens titulado Seguros, se afirma: “Todo asegurador está autorizado de tomar un reaseguro sobre cada seguro que ha emitido”. Esto permite aseverar que para entonces el concepto del reaseguro estaba tan firmemente establecido que aparecía en una obra técnica sobre los seguros. Se conoce, sin embargo, que en Inglaterra, por un acto legal de 1746, se prohibió el reaseguro en el ramo del transporte(3). Park, en su Tratado sobre la Ley de Marine Insurance de 1800, observa que las leyes de Inglaterra, salvo para el ramo de transporte, permiten que un tomador de riesgo asegure los riesgos que él mismo se ha comprometido a cubrir o indemnizar en caso de siniestro. En 1802, el trabajo de Marshall sobre seguros establece: “Los aseguradores serán responsables por las pérdidas con límite sobre el monto del reaseguro”. Arnault, en 1857, argumentaba que la práctica del reaseguro había redundado en aumento de las tarifas. No obstante, en 1864 se suspendió la prohibición de extender reaseguros sobre transporte marítimo(4).
En Francia hay evidencia de que el reaseguro era práctica común desde inicios del siglo XVII. Por lo demás, se conoce de una ordenanza de Luis XIV en 1861 que afirmaba: “Será legal que los aseguradores aseguren con otras personas aquellos riesgos que hubieran asegurado previamente por sí mismos”. Aparentemente esta ley o principio no solamente regía en Francia, sino que se aplicó por expresa regulación en Konisberg, Hamburgo y Bilbao. Un rápido repaso sobre las investigaciones que han permitido precisar el desarrollo del reaseguro en algunos otros países, permite afirmar lo siguiente: en Noruega la práctica del reaseguro se estableció hacia 1850. El concepto de reaseguro facultativo se ha encontrado en pólizas belgas de 1824. También aparecen explícitamente mencionados en 1832 por parte de un reasegurador a la Assicurazione Generali y en 1843 por la Adriática de Sicurtá. En cuanto al uso de reaseguro en pólizas de incendio, su primera aparición surgió en los Estados Unidos en 1813 por parte del Eagle Fire Insurance Company de Nueva York. La Aetna Insurance Company de Hartford tiene también pólizas con reaseguro que datan de 1819. En Suecia, la Skandia Insurance Company establecida en 1855 exigía que por encima de cierto tope de riesgo se tenía que conseguir un reaseguro con otra compañía(5).
El incendio catastrófico en Hamburgo en 1842 dio el impulso inmediato para la creación de la Kölnische Rück, la primera compañía profesional de reaseguros. Los medios de que disponía la Hamburger Feuerkasse, que ascendían a 500.000 marcos, fueron absolutamente insuficientes para cubrir los daños causados por el gran siniestro, de aproximadamente 18 millones de marcos. Este siniestro contribuyó, como respuesta a esta necesidad de protección, a la creación definitiva de un sistema de distribución de los riesgos de carteras enteras de pólizas entre varios aseguradores —Swiss Re 1999—.
Respecto al reaseguro en los seguros de vida, se tiene evidencia que este se inició en Inglaterra en 1844. Ya para 1854 se establecieron regulaciones para el reaseguro de esta línea de negocio. En el continente europeo se tiene información que el Cologne Reinsurance Company había extendido reaseguros en el ramo de vida entre 1864 y 1870. Por su parte, la Schweizerischen Rentenanstalt efectuó un tratado con la Frankfurter Reinsurance Company, y en 1865 con la Swiss Reinsurance Company(6).
De acuerdo a la Swiss Re —1999—, el nacimiento del reaseguro moderno surgió del desarrollo de las primeras compañías de seguros y de los primeros ensayos formales en el siglo XIX dirigidos a apoyar a estas compañías por medio de diversas modalidades de reaseguros. Las concentraciones de valores que conllevaba la industrialización produjeron una demanda de cobertura de seguro en prácticamente brusco ascenso. Junto con los, hasta entonces típicos reaseguros individuales facultativos, hizo su aparición el reaseguro contractual, que otorgaba cobertura para carteras enteras de seguros. Hoy es todavía usual bajo la denominación de “reaseguro obligatorio”.
Si al inicio eran principalmente los aseguradores directos con una sólida base financiera quienes también practicaban el reaseguro, tras la fundación de la Kölnische Rück no tardaron en surgir otros reaseguradores profesionales, como por ejemplo la Aaachener Rück, en 1853; la Franckfurter Rück, en 1857; la Schweizerische Rückversicherungs-Gesellschaft, en 1863, y La Münchener Rückversicherungs-Gesellschaft, en 1880.
La creación de tales “profesionales” especializados en el reaseguro fue un acontecimiento de gran importancia para las operaciones de seguro y el ulterior desarrollo de este sector. En un principio, bajo el coaseguro, varios aseguradores participaban en una relación contractual directa con el asegurado en la misma póliza, por lo que tenían información de la actividad comercial del otro. Esta situación podía ser aprovechada indebidamente para fines de competencia. Los reaseguradores eliminaron este aspecto indeseado. Además, esta especialización permitía el desarrollo de nuevas formas de reaseguro, y la actividad internacional posibilitó un mejor equilibrio de los riesgos, así como la obtención de experiencia a nivel mundial. Este hecho mejoró la protección de reaseguro y, por ende, indirectamente, también las condiciones que podían ofrecer los aseguradores directos a sus clientes.
2. Función y beneficios del reaseguro
Bien se trate de riesgos catastróficos o de exposiciones provenientes de riesgos individuales, la primera función del reaseguro es la de otorgar una protección a los estados financieros de los aseguradores, pues en virtud de la transferencia de riesgos, las cedentes conservan sobre su patrimonio solo los que guarden relación con su solidez patrimonial.
El reaseguro es también un sistema idóneo para que los aseguradores puedan lograr la uniformidad cuantitativa de sus carteras, cediendo los picos de estas y reteniendo los riesgos de magnitud similar. En esta forma se controla la volatilidad en los resultados permitiendo que los principios técnicos y cálculos estadísticos operen adecuadamente sin exponer los portafolios a desviaciones indeseables.
En este sentido, el reaseguro opera como un sistema vertical de transferencia de riesgos nivelando los valores asegurados expuestos, haciendo posible la uniformidad cuantitativa de la cartera y, al mismo tiempo, facilitando al asegurador emitir pólizas con valores asegurados cuantiosos que bien podrían superar su propio patrimonio.
El reaseguro es también el instrumento más idóneo que posee el asegurador para lograr la uniformidad cualitativa. Si por ejemplo un asegurador tuviera una cartera concertada en uno o algunos ramos y de repente estuviera abocado a expedir una póliza de una línea distinta a las propias de su experiencia, podría hacerlo sin arriesgar su patrimonio, cediendo este riesgo al reasegurador. Tal cesión podría efectuarse por un monto parcial en relación con el valor asegurado o incluso por un monto equivalente al 100% de la exposición, recurriendo a la figura conocida como fronting.
La utilidad que se deriva de esta posibilidad de cesión es incalculable, pues en ausencia de esta el asegurador se vería abocado notificar a sus clientes la imposibilidad de emitir las pólizas requeridas con grave lesión de las relaciones comerciales respectivas.
Una de las funciones más importantes del reaseguro es la generación de capacidad de suscripción para la cedente, efecto que es típico de los contratos proporcionales, en virtud de los cuales hay una cesión de riesgo, prima y siniestro, con base en una unidad numérica previamente convenida.
Esta capacidad genera para el asegurador agilidad en su negocio, pues en virtud del reaseguro proporcional, toda póliza suscrita por el asegurador deber cederse al reasegurador, quien a su turno estará obligado a aceptarla. Esta cesión es inmediata y no requiere de complejos análisis por lo cual es bastante frecuente como un mecanismo para lograr la dispersión de los riesgos para el asegurador.
Existen también modalidades de reaseguro denominadas de siniestros, en las cuales no se presenta, en sentido estricto, cesión de riesgo ni de prima, sino tan solo una compra de protección patrimonial que opera por encima de un monto definido como retención de la cedente. Especies de este reaseguro son los contratos no proporcionales que pueden ser por riesgo o por evento. Si el contrato es por riesgo la cobertura opera caso a caso, si es por evento, el amparo depende de la ocurrencia de un siniestro que afecte simultáneamente varios riesgos del asegurador, siempre que la pérdida agregada supere la suma determinada como retención de la cedente.
El reaseguro no proporcional es un sistema de protección global que distribuye pérdidas y que permite que el asegurador optimice su capacidad de retención, conservando dentro de su patrimonio las primas de las pólizas emitidas, fortaleciendo así su patrimonio al constituir por cuenta propia la totalidad de las reservas que estas ameriten.
En lo referente a transferencia tecnológica, el reaseguro es también una fuente muy valiosa ya que, por definición, el reasegurador, al estar expuesto a múltiples negocios en diversas latitudes, acumula una experiencia importante en materia de nuevos productos, clausulados, evoluciones legislativas, siniestros interesantes, formas nuevas de reaseguro y conocimientos variados sobre la actividad aseguradora.
El reasegurador siempre está pronto a compartir con sus cedentes las experiencias así recabadas, pues es de su propio interés que el mercado directo madure y maneje sus riesgos con arreglo a los más elevados estándares técnicos. Dicha transferencia tecnológica se materializa, entre otras cosas, en publicaciones, cursos, diseño de pólizas y liquidación de siniestros, pudiendo reforzarse con ocasión de los momentos de contacto que a lo largo de una relación contractual de reaseguro se suscitan entre cedente y cesionario.
Desde otro ángulo podemos decir que el reaseguro es una fuente de financiación para el asegurador, pues en el evento de ocurrir un siniestro severo, el asegurador podrá solicitar al reasegurador un anticipo o pago de contado, incluso antes de que termine de ajustarse la pérdida.
De esta forma, el asegurador podrá brindar a su cliente un buen servicio y contribuir a que este realice las erogaciones necesarias para prestar un adecuado servicio a sus clientes. Esta función del reaseguro es particularmente útil cuando acontecen siniestros catastróficos que demandan del asegurador liquidez para contratar ajustadores, realizar gastos preventivos tendientes a evitar la extensión y propagación de las pérdidas y para atender en forma inmediata los pagos de siniestros demostrados, sin tener que esperar a liquidar sus inversiones.
Otra forma de financiación se evidencia en los contratos proporcionales con retención de reservas a los reaseguradores, los cuales se liberan de la misma forma que son liberadas las reservas de riesgos en curso sobre las primas retenidas.
El reaseguro puede contribuir a la generación de utilidades para el asegurador, toda vez que en los contratos proporcionales se pactan comisiones básicas que la cedente percibe por la cesión de los negocios y comisiones de utilidades. Con arreglo a estas últimas, si al final de la vigencia contractual el reasegurador percibe una utilidad por la buena siniestralidad del contrato, compartirá este rédito con el asegurador con arreglo a los porcentajes convenidos. Es por ello que las cedentes prudentes “cuidan” los resultados de sus contratos, pues están tan interesadas como el reasegurador en que estos generen utilidad.
El reaseguro permite al asegurador satisfacer los requisitos de solvencia patrimonial sin tener que aumentar su capital pagado, a pesar de que su producción bruta se incremente. Es bien sabido que la legislación de seguros está en plena evolución y que los legisladores pretenden que las compañías aseguradoras dispongan de patrimonios suficientes para responder por los riesgos asumidos. De ello se deriva que cuando la producción de una compañía aumenta, el legislador tiende a incrementar la exigencia de capitalización, dado que a mayor primaje mayor exposición. Si el asegurador cede parte de sus primas, el reasegurador será el responsable por las obligaciones relativas a la cesión y la retención neta de la cedente se disminuirá, reduciéndose también la exposición y el requerimiento de capitalización.
Es importante destacar que el reaseguro también tiene una utilidad para el reasegurador, pues al aceptar exposiciones provenientes de diversos ramos y de diversos países logra también la dispersión de sus riesgos.
Adicionalmente, en virtud del reaseguro, el reasegurador accede a muchos negocios, sin tener que incurrir en los elevados costos administrativos y complejas estructuras locales, típicas en el seguro directo.
Gracias a las primas percibidas se genera para el reasegurador la posibilidad de producir un razonable retorno sobre el patrimonio aportado por los accionistas.
Finalmente, el reaseguro también es de utilidad para el asegurado, pues a pesar de no existir nexo directo entre este y el reasegurador, en virtud de él se mitiga el riesgo de insolvencia del asegurador, que contará con una fuente específica de fondos para cubrir los siniestros que afecten las pólizas directas, dejando por otra parte incólume el principio de unidad de responsabilidad del asegurador frente a sus asegurados. Es por ello que la insolvencia del reasegurador no eximirá ni reducirá la responsabilidad del asegurador.
3. El reaseguro en el mundo(7)
El mercado de reaseguro en el mundo se ha desarrollado a la par del mercado del asegurador. A 2009, este alcanzó una producción anual de cerca de USD$ 57 billones, y durante los últimos 10 años, este ha tenido un crecimiento anual promedio del 4%. Como se puede observar en la siguiente gráfica, el impacto de la crisis financiera internacional del 2009 golpeó a la industria reaseguradora, la cual experimentó una caída del 16% de su producción. Para el 2009 se evidenció una leve recuperación alcanzando los USD$ 157 billones, niveles inferiores incluso a los que se estaban dando antes de la crisis financiera internacional.
Al observar la base de capital de las compañías reaseguradoras se observa que esta se ubicaba alrededor de los USD$ 400 billones para el 2009, lo que representaba un 39% de las primas de reaseguro emitidas. Para el 2010 esta cifra alcanzó los USD$ 470 billones, lo que representó una capitalización del 17% con respecto al 2009. Vale la pena resaltar que la crisis financiera tuvo impacto en el capital de las compañías, disminuyendo esta cifra en un 17% como resultado de la caída en los precios de mercado de los activos. Desde luego, el músculo financiero con el que cuentan las compañías reaseguradoras determina la capacidad de asumir riesgos, por lo que esta condición es determinante para el desarrollo del sector asegurador.
Al examinar la composición de las primas de reaseguro por línea de negocio se encuentra que los ramos de responsabilidad civil constituían cerca del 36% de estas durante el 2003, pero que su importancia relativa ha disminuido durante los últimos años, llegando al 24% en el 2009. Por el contrario, el reaseguro de los seguros de vida ha evidenciado un importante crecimiento y en el 2009 representa el 34% de las primas de reaseguro mundiales.
Como se puede apreciar en la siguiente gráfica, los mercados aseguradores de Estados Unidos y Europa generaban, en el 2009, cerca del 75% de la producción mundial del reaseguro. Esto es comparable con el 70% de la producción mundial de primas de seguros que estas regiones representaban a esta fecha, evidenciando así el tamaño de este mercado. En contraste, la región latinoamericana únicamente cedió el 4% de las primas mundiales de reaseguro para el 2009. Este comportamiento puede deberse al pequeño tamaño del mercado asegurador de la región, lo cual está directamente relacionado con la baja penetración de los seguros en estas economías. Sin embargo, se debe tener en cuenta que debido al tamaño y capacidad de la industria aseguradora de las economías emergentes, el reaseguro es especialmente importante en estas regiones.
En cuanto a la estructura empresarial del mercado de reaseguro, en la actualidad, existen cerca de 200 compañías de reaseguro en el mundo. Como se puede observar en la siguiente gráfica, las primeras diez compañías de reaseguro en emisión de primas concentran cerca del 55% de la producción global, lo que evidencia el gran tamaño de estas.
En cuanto a los resultados de las compañías reaseguradoras, se encuentra que el índice combinado(8) durante 2004, 2005 y 2008 evidenció un deterioro que generó pérdidas operacionales para estos periodos. Como se verá más adelante, la pérdida está relacionada con grandes desastres naturales que elevaron la siniestralidad. Durante el 2009 se dio un índice de combinado de 91, lo que implica que de cada 100 pesos de primas de reaseguro emitidas, la compañía reaseguradora obtiene una utilidad de 9 pesos, luego de pagar siniestros, gastos administrativos y comisiones de intermediación.
Como se mencionó en la sección anterior, el reaseguro es un mecanismo de transferencia de riesgo especialmente importante para aquellos riesgos de carácter catastrófico, cuyos costos no pueden ser asumidos por una única compañía de seguros. La experiencia de desastres naturales ha evidenciado la relevancia del reaseguro como método de distribución del riesgo tanto a nivel vertical, en términos de diferentes entidades con exposición al mismo riesgo, como de forma horizontal o geográfica. A continuación se hace un breve recuento de cifras que muestran cómo el sector reasegurador mundial ha absorbido algunas de las más grandes pérdidas ante siniestros de tipo natural.
Dentro de las más costosas catástrofes naturales se encuentran los huracanes Katrina, Rita y Wilma, los cuales representaron para las compañías reaseguradoras pérdidas por cerca de USD$ 111 billones. Como se puede ver en la siguiente gráfica, las pérdidas asociadas a un solo evento pueden poner en riesgo la estabilidad y solidez financiera de una compañía. Sin embargo, la fortaleza patrimonial de estas ha permitido que la transferencia del riesgo sea efectiva y que los asegurados hayan podido recibir las indemnizaciones correspondientes a los siniestros ocurridos.
En cuanto a la historia más reciente de catástrofes naturales se encuentra el terremoto de Chile del 27 de febrero del 2010. Las pérdidas totales que la economía chilena sufrió con ocasión de este movimiento sísmico, se estiman en USD$ 30 billones, de los cuales las pérdidas aseguradas ascendieron a USD$ 8 billones. De esta suma el sector asegurador asumió un 10%, y los reaseguradores cerca del 90% de la pérdida.
Dicho patrimonio ha resultado suficiente también para las catástrofes acontecidas con posterioridad al citado terremoto; estas podrían resumirse así:
4. Historia normativa del reaseguro en Colombia
Al realizar un recuento normativo del contrato de reaseguro dentro de la legislación nacional se encuentra que este no fue regulado integralmente durante todo el siglo XIX ni durante la primera mitad del siglo XX, a pesar de que existieron algunas resoluciones y circulares de la Superintendencia Bancaria que regularon ciertos aspectos tangenciales de este.
El primero de tales actos administrativos fue la Resolución 151 de 1952 que prohibió a las compañías de seguros asumir en un solo riesgo una responsabilidad que excediera del veinte por ciento —20%— de su capital y reservas y, que adicionalmente las obligó a celebrar contratos de reaseguro con entidades de reconocida solvencia para aquellos riesgos que superaran el monto mencionado.
Posteriormente se profirió la Resolución 277 de 1967, en la cual se dispuso que los contratos de reaseguro debían contar necesariamente con autorización previa de la Superintendencia Bancaria, con el fin de que se pudieran llevar a cabo las licencias de cambio y los giros al exterior.
A continuación en el devenir histórico, se encuentra la Circular SD-022 de 1971 que fue expedida días antes del Código de Comercio y que le otorgó la posibilidad a la Superintendencia Bancaria de solicitar información a los reaseguradores del exterior, así como certificaciones en las que constara su debido acatamiento a las leyes de sus respectivos países de origen.
Hechas las aclaraciones que anteceden, es posible afirmar entonces que la primera consagración normativa integral del contrato de reaseguro en Colombia tiene su fuente en el Código de Comercio de 1971 —D. 410/71—, estatuto que a este respecto contiene únicamente cuatro disposiciones. En el artículo 1134 original del ordenamiento mercantil se estableció el tipo de obligaciones que el reasegurador asume a favor del asegurador en virtud de la celebración de un contrato de reaseguros. Así mismo, se esbozaron, los principios de la buena fe y de la comunidad de suerte(9) pilares fundamentales de todo acuerdo reasegurativo.
En el artículo 1135 del referido código se proscribió la posibilidad de que el reaseguro fuera considerado un contrato a favor de terceros, es decir, se dejó claro que el reasegurador no asume ninguna obligación frente al asegurado directo, razón por la cual este último carece de acción directa frente al primero.
En el mismo orden de ideas, el estatuto mercantil determinó en su artículo 1136 que solo le serán aplicables al contrato de reaseguro, de forma preferente a cualquier estipulación contractual, aquellas disposiciones normativas que hacen referencia a la esencia del contrato de seguros y las que se caracterizan por ser de orden público.
Finalmente, en el artículo 1080 mercantil se instituyó la autonomía del contrato de seguro, es decir, la imposibilidad de que el contrato de reaseguros varíe los acuerdos a los que han llegado el tomador y el asegurador directo, consecuencia de lo cual es el hecho de que la entidad aseguradora no pueda justificar la mora en el pago de la indemnización en el retardo o ausencia de pago de su respectivo reasegurador.
En el año 1972 se expidió la Circular 72 de la Superintendencia Bancaria que básicamente reiteró los postulados y directrices contenidas en la ya referida Circular SD-022 de 1971. Así entonces, tuvieron que pasar casi veinte años para que se expidiera una ley que regulara nuevamente aspectos esenciales relativos al contrato de reaseguros y, fue así como en el año 1990 se promulgó la Ley 45 que en su artículo 83 introdujo cambios al artículo 1080 del Código de Comercio, en el sentido de reiterar la independencia o autonomía que media entre el contrato de seguros y el contrato de reaseguros y que se refleja en los tiempos para el pago de la indemnización y en los motivos que se consideran válidos para objetar el pago de esta. Adicionalmente, en el artículo 88 de la citada ley también se introdujeron cambios al artículo 1134 del Código de Comercio que consistieron en precisar que en virtud del contrato de reaseguro el reasegurador contrae a favor del asegurador directo las mismas obligaciones que este ha asumido frente al tomador y, comparte análoga suerte en el desarrollo del contrato de seguros, salvo que se compruebe la mala fe del asegurador. Igualmente, el citado artículo 88 de la Ley 45 de 1990, introdujo modificaciones atinentes al término de prescripción del contrato de reaseguro y a la naturaleza de este.
No obstante lo anterior, la Ley 45 de 1990 no reguló ningún otro aspecto del contrato de reaseguros, razón por la que en el ordenamiento jurídico colombiano las normas relativas a esta convención siguen siendo las contenidas en el Código de Comercio con las modificaciones realizadas por la aludida ley.
En el año 1993 se expidió el Estatuto Orgánico del Sistema Financiero —D. 663/93— que si bien no reguló aspectos puntuales del contrato de reaseguro como tal, contiene disposiciones normativas referentes a la organización de las compañías de reaseguros, a su régimen corporativo general y diversas normas de carácter prudencial. Sin embargo, se reitera, esta normatividad dejó incólume la regulación existente sobre el contrato de reaseguro.
Ulteriormente se expidieron los decretos 2271 y 2272 de 1993, que reglaron lo relativo a la retención neta para las compañías aseguradoras y reaseguradoras.
En el año 1996 se expidió la circular básica jurídica —C. E. 7/96— que en su título VI establece varias disposiciones aplicables a las entidades reaseguradoras, primordialmente en materia de requerimientos de información y solicitud de autorizaciones para el desarrollo de ciertas operaciones. Igualmente, esa circular estableció el Registro de Reaseguradores y Corredores de Reaseguro del Exterior —Reacoex—, cuyo fin esencial es el cumplimiento por parte de dichos agentes de criterios y estándares de seguridad mínimos que redunden en protección de los derechos del consumidor financiero.
Finalmente, en año 2010 la Superintendencia Financiera profirió la Circular Externa 45 que regló lo relativo a la retención neta para el ramo de cumplimiento.
Así las cosas, el acuerdo reasegurativo dentro del ordenamiento jurídico nacional se caracteriza por ser escasamente regulado, pues el legislador mismo le otorgó un máximo nivel de relevancia a las condiciones diseñadas de común acuerdo por las partes intervinientes y, por tanto el desarrollo real del contrato de reaseguro se halla en la práctica negocial de los agentes.
5. Régimen jurídico del contrato de reaseguro en Colombia
5.1. Características del contrato de reaseguro
El reaseguro es un contrato por medio del cual la cedente o asegurador directo, transfiere al reasegurador o cesionario, todos o algunos de los riesgos producto de su operación directa como asegurador. La protección así contratada tiene un costo que se denomina prima o tasa, la cual se calcula conforme a los principios técnicos de la actividad aseguradora. Dicha tasa, cuando es correctamente calculada y adecuadamente aplicada, permite que en el evento de ocurrir un siniestro, el reasegurador disponga de los recursos requeridos para indemnizar al asegurador las pérdidas que a su turno este se encuentre obligado a resarcir a uno o varios de sus clientes directos.
5.1.1. Bilateral
Es un contrato bilateral suscrito entre dos partes: asegurador y reasegurador, que son entidades constituidas como personas jurídicas, autorizadas por la ley de sus países de origen para desarrollar el negocio de la asunción de riesgos.
Cada una de las partes contrae para con la otra, obligaciones que se estiman recíprocas así: el asegurador se obliga a declarar con transparencia y exactitud el estado del riesgo y a pagar la prima convenida, el reasegurador a su turno se compromete a proteger el patrimonio del asegurador y a pagar la indemnización a que hubiere lugar. Las dos partes interactúan en la relación contractual en pie de igualdad. Ello significa que ninguna de ellas puede considerarse como el extremo débil en la relación jurídica.
En la práctica, el asegurador formula una oferta al reasegurador y este la evalúa utilizando sus herramientas de tarifación, analizando el alcance de las coberturas y evaluando las condiciones económicas propuestas. Concluido el análisis, el reasegurador libera sus términos y el asegurador los considera. Si la cedente los encuentra aceptables, otorga su conformidad y se consolida el contrato de reaseguro. Es claro entonces, que ninguna de las partes está forzada a adherirse a lo que la otra proponga, pues el proceso de contratación entraña una amplia gama de negociaciones.
Solo cuando las partes expresen su acuerdo a los diversos términos contractuales nacerá el contrato de reaseguros y si hubiere varios reaseguradores participando en el mismo riesgo, no existirá entre ellos solidaridad o lo que es igual, cada reasegurador responderá solo por la porción que hubiere aceptado del riesgo.
El reaseguro se diferencia del seguro, pues según los doctrinantes este es un contrato “por adhesión” ya que el asegurado debe aceptar las condiciones propuestas por el asegurador sin que haya espacio para negociación sobre estas.
5.1.2. Oneroso
El reaseguro es también un contrato oneroso pues cada parte se obliga en beneficio de la otra. El reasegurador busca percibir la prima, y el asegurador obtener la protección patrimonial derivada del contrato.
Las obligaciones de las partes tienen entonces contenido económico. La del asegurador es simple y consiste en desembolsar el precio convenido; la del reasegurador es condicional, pues solo pagará la indemnización en el evento en que la relación directa del asegurador con su asegurado, se vea afectada por un siniestro cubierto por la póliza directa, supuesto en que el contrato de reaseguro ampare el mismo evento origen de la pérdida.
5.1.3. Aleatorio
Es claro entonces que el contrato de reaseguro es aleatorio, pues la equivalencia de las prestaciones de las partes depende de una contingencia que consiste en la ocurrencia de una pérdida reasegurada, es decir, el advenimiento de un siniestro entendido como un hecho futuro es incierto.
No obstante lo anterior, la condición aleatoria de este contrato es bien diferente de la que se predica de las obligaciones que dependen del azar. A este respecto cabe anotar que los principios técnicos del reaseguro y los procedimientos que modernamente se utilizan para evaluar el riesgo, apreciar su frecuencia y severidad y determinar el precio que debe cobrarse por su cubrimiento, garantizan que al ser correctamente calculados y adecuadamente aplicados, permitirán que el reasegurador disponga de los recursos requeridos para pagar todas las pérdidas y sus gastos y aún generar una utilidad.
5.1.4. Consensual
Desde otro punto de vista el reaseguro es consensual, dado que el contrato nace una vez se cruzan el consentimiento del asegurador y del reasegurador sobre los elementos esenciales de este. No obstante, el contrato se perfecciona y prueba por medio de un documento que debe estar suscrito por el reasegurador.
En este sentido, las autoridades de vigilancia de la actividad aseguradora, exigen que los textos contractuales se suscriban por el reasegurador en plazos perentorios a partir del momento en que el acuerdo de voluntades que da nacimiento al contrato se formalice. Esta exigencia tiene una justificación en el hecho de que en última instancia, la solvencia del asegurador dependerá de la efectividad de las coberturas de reaseguro que hubiesen contratado.
Vale la pena poner de presente que el patrimonio del asegurador se encuentra económicamente expuesto como consecuencia de los contratos de seguro suscritos por la compañía para con su clientela. En este punto es procedente traer a colación que el reaseguro es un mecanismo que contribuye a la solvencia de la cedente, pues los dineros pagados por el reasegurador permitirán al asegurador sufragar las pérdidas acontecidas en la relación directa sin tener que liquidar con premura, y eventualmente con pérdidas, las inversiones parte de su portafolio.
El asegurador prudente define con claridad el monto económico que estará dispuesto a perder cuando ocurra un siniestro. El monto que exceda de la cantidad definida como máximo tolerable de pérdida será justamente el monto que se buscará transferir al reasegurador.
Es apenas lógico que las autoridades de vigilancia del sector asegurador estén interesadas en que las condiciones de la cesión estén claramente estipuladas y formalizadas, a fin de que cuando acontezca un siniestro, la indemnización sea pagada por el reasegurador oportunamente.
5.1.5. De ejecución sucesiva
El reaseguro es un contrato de ejecución sucesiva ya que las prestaciones recíprocas que de él emanan, se ejecutan a lo largo del tiempo. En el contrato de reaseguros debe estipularse la fecha y hora de iniciación y expiración de la cobertura. En la legislación colombiana, al contrato de reaseguros se le aplican de manera supletiva las normas del contrato de seguro.
Por tal motivo, si nada se dice sobre la fecha de iniciación, se aplicará lo que el Código de Comercio establece para el contrato de seguros cuando dispone que el riesgo se entenderá transferido, en la hora veinticuatro del día en que se perfeccione el contrato.
El reasegurador entonces estará obligado a indemnizar las pérdidas que ocurran dentro del intervalo temporal demarcado por la fecha de iniciación y de expiración del contrato, fechas que serán definidas por estipulación expresa de las partes o supletivamente por lo establecido en el Código de Comercio.
Existe otra concepción de cobertura que se conoce como risk attaching, en virtud de la cual, el contrato de reaseguro tendrá una vigencia definida como se expresó anteriormente, pero podrá ser afectado por cualquier siniestro que se refiera a las pólizas directas emitidas dentro del periodo de vigencia del reaseguro, aun si los siniestros acontecen con posterioridad a la expiración de la vigencia temporal de dicho contrato. Esta modalidad es típica en el reaseguro de cumplimiento pues este ramo es por naturaleza de “cola larga” ya que los siniestros pueden materializarse tiempo después de que la póliza directa hubiera sido emitida.
Ahora bien, por regla general, el contrato de reaseguro tiene una vigencia anual. No obstante, las partes pueden acordar, en ejercicio de la autonomía de la voluntad privada, periodos contractuales diferentes, mayores o menores de un año. A este respecto es usual que el reasegurador trate de evitar póliza multianual con condiciones fijas, toda vez que después de trascurrido el primer año de vigencia contractual pueden ocurrir circunstancias originalmente no previstas que bien podrían justificar la aplicación de modificaciones contractuales en el precio o las coberturas.
Tales circunstancias pueden provenir de la propia relación reasegurada, por ejemplo, por la ocurrencia de siniestros fuertemente desviados de los cálculos realizados por el reasegurador en el momento de la suscripción del negocio respectivo, o por hechos ajenos a esa relación contractual concreta, que estén afectando las tendencias internacionales. Un buen ejemplo que ilustra lo anterior es el siniestro del 11 de septiembre del año 2001. Luego de este desafortunado evento, los reaseguradores “endurecieron” sus precios en todos los ramos, y modificaron el alcance de la cobertura de terrorismo.
Estas modificaciones se aplicaron a los contratos suscritos con posterioridad a la fecha en cuestión. Naturalmente, si para entonces hubieran existido contratos multianuales con condiciones fijas, el reasegurador hubiera estado obligado a respetar las condiciones pre acordadas estando impedido para modificarlas.
5.1.6. De estirpe comercial
El reaseguro es un contrato de estirpe comercial dado que asegurador y reasegurador son comerciantes y persiguen móviles de contenido económico. El reasegurador pretende percibir una prima y generar un lucro para sus accionistas. No podría ser de otra forma considerando que las reaseguradoras constituidas como empresas son entidades jurídicas que poseen un capital aportado por accionistas que esperan una justa retribución a su inversión.
A su turno, el asegurador también persigue un fin económico que consiste en derivar una protección a su patrimonio y percibir, en caso de siniestro, una indemnización que le permita cumplir con las obligaciones contraídas para con sus clientes directos.
5.1.7. Técnico
El reaseguro es un contrato de carácter técnico pues la equivalencia de la cobertura frente a la prima se fundamenta en principios matemáticos y actuariales que son la base de la operación y que permiten que, en gran escala, el reasegurador conserve su solvencia a pesar del acaecimiento de eventos de naturaleza catastrófica.
5.1.8. De carácter internacional
El reaseguro es un contrato de carácter internacional toda vez que las partes que interactúan en este pueden tener diferentes domicilios y, por lo tanto, estar sujetas a diferentes regímenes normativos. Frente a esta realidad, los presupuestos del llamado derecho internacional privado, se orientan a tratar de encontrar soluciones que permitan que el contrato quede sujeto a un único régimen jurídico y no a varios, a fin de garantizar la seguridad jurídica de la relación.
El punto de partida indica que, en ejercicio de la autonomía de la voluntad privada, las partes pueden designar la ley aplicable. Es lógico que cada una de las partes tienda a tratar de lograr que la legislación seleccionada sea la de su domicilio, pues sus términos le resultarán más familiares. No obstante, es de recibo que en los tratados de reaseguro, las partes acuerden que la ley aplicable sea la del domicilio del asegurador. Ello tiene sentido en la medida en la que si un reasegurador opta por operar en un territorio, es natural que deba familiarizarse con las leyes que rijan en este. Pero si el contrato no contuviera una estipulación en este sentido, la ley aplicable debería ser la del lugar de ejecución del contrato.
Si como hemos dicho hasta ahora, el objeto del reaseguro es cubrir el riesgo a que se encuentra expuesto el patrimonio del asegurador, el lugar de la ejecución del contrato, será también el del domicilio de la cedente.
Con todo, en ejercicio de la libertad contractual las partes bien pueden decidir que la ley aplicable sea la del domicilio del reasegurador o incluso que para la solución de controversias suscitadas a raíz del contrato de reaseguro se apliquen convenciones internacionales.
Complementariamente, las partes también pueden seleccionar el juez competente para dirimir los conflictos derivados de su relación contractual. Es decir, podrán seleccionar la jurisdicción competente, asunto que reviste especial importancia si se ha establecido la cláusula de arbitramento. Lo ordinario es que se pacte que el juez competente sea el del domicilio del asegurador, aunque también es viable pactar que la jurisdicción sea la del domicilio del reasegurador.
5.1.9. De interés social
El reaseguro es un contrato de interés social, pues el patrimonio del reasegurador es en el fondo una fuente de solvencia para el asegurador. Esta circunstancia justifica que las entidades de vigilancia se preocupen cada vez más por establecer procedimientos tendientes a consagrar requisitos mínimos que las aseguradoras tendrán que respetar en el proceso de selección de sus reaseguradores.
Es frecuente que tales requisitos se consagren en el régimen de registro de los reaseguradores del exterior, estableciendo que las compañías locales no podrán concretar válidamente relaciones contractuales de reaseguro con entidades no registradas.
Los requisitos exigidos para el registro varían de país en país, pero en general tienden a exigir al reasegurador la demostración de cuando menos las siguientes condiciones:
• Que se encuentra debidamente autorizado para operar como reasegurador de conformidad con las reglas del país de origen.
• Que dispone de un patrimonio al menos equivalente al que las normas legales del país del asegurado exijan como mínimo para esta operación.
• Que cuenta con una calificación proferida por alguna de las calificadoras reconocidas para el desarrollo de esta actividad, calificación que en general se establece en un mínimo de “BBB”.
El proceso de calificación se orienta a medir la capacidad del reasegurador para atender oportunamente sus compromisos financieros para con las cedentes.
Es completamente lógico que las entidades de vigilancia defieran el proceso de evaluación de la capacidad de pago de los reaseguradores a dichas agencias, pues si no lo hicieran, estarían en condiciones de enorme dificultad para cumplir con esta tarea. La dificultad radica, como es obvio, en las diversas nacionalidades de los reaseguradores, sus diferentes regímenes contables y jurídicos y la naturaleza internacional de la actividad de reaseguros.
El proceso de calificación es complejo. La calificadora debe analizar asuntos tales como el patrimonio de la cedente, su liquidez, la composición del portafolio de inversiones, la rentabilidad y la seguridad de este, la dispersión de sus riesgos, el plan de negocios, la forma en que dicho plan se ha ejecutado, las proyecciones en materia de facturación y siniestralidad, los siniestros efectivos incurridos, la política de reservas, la manera en la que las reservas se han liberado a lo largo del tiempo, la exactitud de las reservas de siniestros respecto de las sumas finales indemnizadas, las herramientas de tarifación, la consistencia de la modelación, el establecimiento y razonabilidad de las pérdidas máximas probables —PML— y, en una palabra, la evaluación de todos los elementos que puedan incidir en la estabilidad del reasegurador, su liquidez y solvencia.
Es claro que la existencia de requisitos mínimos para el registro para los reaseguradores no sustituye el deber de la cedente de realizar su propio due diligence, pues está bien claro que el espíritu de las normas de registro de reaseguradores del exterior se orienta a que la cedente solo pueda trabajar con cesionarios registrados, debiendo ejercitar su propio juicio para seleccionar su reasegurador entre los que sí lo estén.
5.1.10. Asegurativo
El reaseguro es un contrato de carácter asegurativo, pues es el seguro del asegurador. Es por esta razón que el Código de Comercio dispone en forma imperativa que a este se le apliquen todas las normas esenciales del contrato de seguros y las que sean de orden público. En las demás materias regirá la autonomía de las partes, pero en defecto de estipulación, aplicarán a la relación de reaseguros las normas supletivas del contrato de seguros.
5.1.11. Indemnizatorio
El contrato de reaseguro es de carácter indemnizatorio pues el asegurador solo puede reclamar del reasegurador las pérdidas patrimoniales que sufra como consecuencia del advenimiento de siniestros por los cuales resulte responsable en sus relaciones directas. Ello implica que por ningún motivo el asegurador podrá reclamar una suma diferente de la que a su turno se encuentre obligado a pagar. El reaseguro no puede ser fuente de enriquecimiento para el asegurador.
Por lo tanto, si después de pagado un reclamo se presenta una recuperación, los valores recobrados deberán beneficiar al reasegurador en proporción a su participación en la pérdida.
5.1.12. En beneficio del asegurador
El reaseguro es un contrato en beneficio del asegurador y no del asegurado directo. Es por ello que no existe nexo directo entre este y aquel. En consecuencia, el asegurado no puede reclamar directamente suma alguna al reasegurador, ya que la ley no le otorga este derecho. Lo anterior supone que ni judicial ni extrajudicialmente podrá el asegurado demandar el pago de la indemnización al reasegurador.
Ahora bien, internacionalmente existe la denominada clausula de cut through que faculta al asegurado para reclamar directamente del reasegurador el monto reasegurado, cuando se presente la insolvencia de la cedente.
5.2. Principios del contrato de reaseguro
5.2.1. La comunidad de suerte
Este axioma nos enseña que en virtud del contrato de reaseguro, el reasegurador contrae para con el asegurador las mismas obligaciones que este ha asumido para con el asegurado directo, de tal forma que lo que le ocurra al asegurador en su relación con el asegurado permeará de idéntica manera al reasegurador.
No obstante lo anterior, este principio puede limitarse introduciendo condiciones específicas en el contrato de reaseguros en materia de exclusiones, garantías y sublímites, ente otras. Si tales condiciones no estuvieren estipuladas en el contrato de seguros, el asegurador se verá expuesto a la tan temida situación conocida como “diferencia de condiciones”, circunstancia en la cual el reasegurador no estará obligado al pago, en tanto que el asegurador sí estará sujeto a indemnizar al asegurado.
De allí que resulte extremadamente importante revisar las condiciones de las pólizas directas para cerciorarse de que ellas correspondan a las estipulaciones incorporadas en el contrato de reaseguro.
5.2.2. La máxima buena fe
Este axioma, pilar de la actividad aseguradora, nos enseña que no basta con que el asegurador se abstenga de formular declaraciones erróneas o inexactas al reasegurador. La obligación de buena fe trasciende este ámbito, obligando al asegurador a revelar con absoluta transparencia todos los hechos que tengan incidencia en la apreciación del riesgo. Dependiendo del tipo de contrato de reaseguro de que se trate, el deber de información se proyecta de manera diferente.
En un contrato de reaseguro facultativo, que no es otra cosa que una oferta de cesión sobre un negocio específico y determinado, la cedente deberá compartir con el reasegurador todo lo que conozca sobre el riesgo en materias tales como ubicación, descripción, medidas de protección, inspecciones, historia de pérdidas, causas de las mismas, pagos efectivos, reservas de siniestros pendientes, análisis sobre la persona titular del interés asegurable, riesgo moral etc.
El reasegurador, con esta información, conducirá un proceso de suscripción absolutamente similar al que adelanta un asegurador cuando evalúa un negocio directo. El deber de información no se limita al momento en el que la oferta de reaseguro se realiza, pues si con posterioridad ocurren circunstancias que modifiquen el riesgo, la cedente estará también obligada a reportarlas. El reasegurador podrá entonces decidir si continúa otorgando la protección en la misma forma que lo hacía antes o si opta por modificar la prima o las condiciones de cobertura pudiendo incluso decidir cancelar el amparo.
En materia de tratados o contratos, el reasegurador protege una cartera de riesgos del asegurador. La evaluación de esta se basa en las informaciones suministradas por la cedente, y deben cubrir al menos los siguientes puntos: estadísticas o resultados anuales de primas y siniestros que deben cubrir el periodo más largo posible, perfiles de cartera que pretenden arrojar claridad sobre el número de riesgos existentes dentro de una banda numérica y su valor promedio, perfiles de siniestros que arrojan la misma información en materia de pérdidas, siniestros de mayor cuantía declarando sus causas y extensión, distribución de los valores asegurables en las zonas sísmicas —si se tratara de riesgos con exposición catastrófica—, estimación de primas proyectadas o EPI, capacidades solicitadas, y en general, toda la información que, en concepto de la cedente, tenga relevancia para que el reasegurador se forme una idea clara, precisa y adecuada del negocio que se le ofrece.
En lo que se refiere a tratados o contratos la confianza del reasegurador en el asegurador se evidencia en su máxima extensión pues con base en esas informaciones recibidas, el cesionario accede a proteger la gestión del asegurador en el ramo materia de cobertura, aceptando todos los riesgos que encuadren dentro de las condiciones acordadas.
Es por eso que la reticencia o inexactitud del asegurador sobre hechos o circunstancias que, conocidas por el reasegurador, lo hubiesen retraído de celebrar el contrato o lo hubieren inducido a pactar condiciones más onerosas, producirá la nulidad del contrato de reaseguros.
El reasegurador tiene el derecho de realizar visitas de auditoría o inspección a su cedente para verificar la manera en la que el asegurador está procediendo en materias tales como procesos de suscripción, aplicación de manuales, evaluación de riesgos, inspecciones, aplicación de tarifas, creación oportuna y suficiente de reservas de siniestros, pago de saldos al reasegurador y, en fin, evaluación de todos los aspectos de la gestión de la cedente que se relacionen con la cobertura del contrato de seguros.
Es de advertir que la circunstancia de que el reasegurador se abstenga de realizar esas visitas, no exime a la cedente de su obligación de declaración exacta, periódica y de ubérrima buena fe. Finalmente la mala fe en la contratación del reaseguro por parte de la cedente genera la ineficacia del contrato y la pérdida del derecho a la indemnización para el asegurador.
5.2.3. La gestión directa del riesgo por parte del asegurador
Teniendo en cuenta la naturaleza misma del contrato de reaseguros y su directa conexión con el contrato de seguros, se entiende que es al asegurador directo a quien compete la dirección y gestión del riesgo directo, pues él es quien tiene proximidad con este y quien por ende está en capacidad de evaluarlo.
El asegurador directo está facultado para determinar si un riesgo es asegurable y bajo qué condiciones, pudiendo introducir sublímites, garantías, deducibles e incluso predeterminar los ajustadores que se encargarán de liquidar las pérdidas. Con todo, este principio puede limitarse al establecer en el contrato de reaseguros cláusulas como la de cooperación de siniestros o la de control de estos.
En el primer caso la cedente estará obligada a informar al reasegurador sobre la ocurrencia de todo siniestro, creando la oportunidad para que este emita sus opiniones sobre el suceso. En el segundo, la cláusula otorga el total manejo del siniestro al reasegurador, lo cual implica que, entre otras cosas, será este quien podrá seleccionar al ajustador y determinar si en su concepto el siniestro es indemnizable. Si el asegurador paga la indemnización sin consentimiento expreso del reasegurador, este no estará obligado a reembolsar el monto respectivo a la cedente.
Las anteriores son tan solo algunas de las cláusulas que pueden establecer limitaciones al principio de que es el asegurador directo quien debe gerenciar el riesgo, pues como se ha mencionado ya en varias oportunidades, en el contrato de reaseguros las partes tienen una amplia autonomía para acordar cuáles serán las reglas que regirán entre las partes.
6. Tendencias del reaseguro en Colombia
Debido a la relevancia del reaseguro como insumo fundamental de la actividad aseguradora, a continuación se llevará a cabo un breve análisis del comportamiento y tendencias del reaseguro en Colombia(10).
El índice de retención relaciona las primas retenidas como proporción de las primas emitidas totales. Es decir, estima qué porcentaje de las primas emitidas permanecen como riesgos asumidos dentro de la compañía, descontando aquellas que son transferidas al reasegurador. La siguiente gráfica muestra cómo el índice de retención de las compañías de seguros de vida ha permanecido históricamente en niveles por encima del de las compañías de seguros generales. Esto se debe a que durante los últimos años los seguros con mayores índices de retención han ganado una importante participación en la emisión de primas de seguros de vida, como es el caso de los ramos que hacen parte de la seguridad social. A diciembre del 2010, la retención de primas de estas compañías se ubicaba cerca del 95%.
De otra parte se encuentran las compañías de seguros generales, las cuales tienen un nivel de retención cercano al 82%, el cual ha venido aumentando desde principios de los años noventa. Como se verá más adelante, este alto nivel del cesión en reaseguro está determinado por el tipo de riesgos que se cubren con seguros generales, donde se encuentran los ramos de incendio, terremoto y cumplimiento, entre otros, en los que los grandes valores asegurados hacen necesaria la transferencia de riesgo vía reaseguro. Ahora bien, debe resaltarse que, aun cuando el nivel de retención es más bajo que el observado en compañías de seguros de vida, este ha venido aumentando de manera sostenida.
De esta forma puede afirmarse que la industria aseguradora nacional, tanto a nivel de compañías de seguros de vida como de generales, ha evidenciado una tendencia a una mayor retención de riesgos. Desde luego, esta mayor asunción de riesgos va de la mano con un fortalecimiento patrimonial por parte de las compañías de seguros. Para este análisis se debe tener en cuenta que la creciente importancia de los ramos de la seguridad social en la producción de la industria también ha generado que el índice de retención haya aumentado.
Como se explicó anteriormente, existen varios tipos de contratos de reaseguro. En el caso del reaseguro proporcional, la prima emitida, así como los siniestros, se distribuyen proporcionalmente según el riesgo asumido por cada una de las partes. En el caso del seguro no proporcional, la compañía de seguros compra una cobertura con la compañía reaseguradora, la cual se activa en caso de siniestro. El costo del seguro no proporcional, conocido como costo del XL, puede entenderse como la prima que la compañía reaseguradora cobra a la aseguradora para tal fin, y las primas cubiertas con este reaseguro son aquellas cuyo riesgo permanece en la compañía de seguros, es decir, las primas retenidas.
En el gráfico 9 se observa el comportamiento del costo de este tipo de reaseguro a través del tiempo. Como se puede observar, a 2010, el costo anual del reaseguro no proporcional se acerca a los $ 450.000 millones, lo que representa un 5% de las primas retenidas, es decir, de las primas que son respaldadas con este reaseguro. Durante la última década esta razón ha disminuido, lo que se explica por el aumento de la producción de los ramos con menores niveles de cesión.
Otro de los indicadores útiles para el análisis del mercado de reaseguros es el índice de comisiones, en el que se relacionan las comisiones que las compañías de seguros reciben de los reaseguradores por concepto de los negocios cedidos, como proporción de estas. Para 2010, las compañías aseguradoras recibieron cerca de $ 550.000 millones por concepto de comisiones por negocios de reaseguro cedidos, lo que representa un 4% de las primas cedidas. Esta cifra evidencia la importancia de estas comisiones en los ingresos de las compañías aseguradoras. Como se puede observar en el gráfico 10, los ingresos por este concepto han venido en aumento; ahora bien, se observa también que hay una tendencia decreciente en el indicador de comisiones sobre primas cedidas, el cual en 1983 era cercano al 8% y ha venido disminuyendo hasta los niveles del 4%.
En cuanto al reembolso de siniestros ocurridos —grafico 11—, durante el 2010 las compañías reaseguradoras reembolsaron a las aseguradoras $ 830.000 millones. Se evidencia entonces la importancia de contar con un mecanismo de transferencia de riesgos para las compañías de seguros, ya que por restricciones de capital estas pueden aceptar más riesgos, que a su vez son transferidos al reasegurador, pudiendo brindar así una mayor oferta de aseguramiento.
Como se comentó anteriormente, algunos ramos de seguros presentan unos mayores niveles de cesión de riesgos debido a los altos valores asegurados que respaldan. De esta forma, el reaseguro es especialmente importante para su desarrollo y operación. Dentro de los ramos de daños con menores niveles de retención de primas(11) —gráfico 12— se encuentran precisamente los ramos de cumplimiento —49%—, terremoto —45%— e incendio —41%—.
Aon Benfield Analytics. (2011) June and July renewals Update.
Compañía Suiza de Reaseguros. (1999) Introducción al reaseguro. Zurich, Suiza.
GOLDING, C.E. (1965). The Law and Practice of Reinsurance. Buckley Press Limited, The Butts, Brentford, The Butts, Brentford, Middlesex, U.K.
— (comp.). (1927) A History of Reinsurance. Watterlow and Sons, Sterling offices Limited, Birchin Lana, London.
IAIS Global Reinsurance Market Reports 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009.
NARVAEZ Bonnet, Jorge Eduardo (2001). El Contrato de Seguro en el Sector Financiero, Librería Ediciones del Profesional Ltda., Bogotá, Colombia.
SUÁREZ Casas, L.F. (1981) “Aspectos del reaseguro”. Tesis de grado, Universidad Externado de Colombia.
Swis Re (2010). The Essential Guide to Reinsurance.
(*) Con la colaboración del Dr. Roberto Junguito, Andrea Londoño y María José Vargas.
(1) Golding, C.E. (comp.). A History of Reinsurance. Watterlow and Sons, Sterling offices Limited, Birchin Lana, London: 1927.
(2) Golding, C.E., ob. cit., 1927, 1965. Suárez Casas, L.F. “Aspectos del reaseguro”. Tesis de grado, Universidad Externado de Colombia, 1981.
(3) Golding, C.E., ob. cit., 1965.
(4) Ibíd., 1927 y 1965.
(5) Ibíd., 1927.
(7) Basado en las cifras de la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros, IAIS, publicadas anualmente en los reportes “Global Reinsurance Market Report”.
(8) Resultado operacional donde se calcula el pago de siniestros, gastos administrativos y comisiones de intermediación como proporción de las primas. Si este es mayor que 100, se estaría dando una pérdida operacional, y si es menos, hay utilidad operacional. Este indicador no tiene en cuenta el punto de las inversiones.
(9) NARVAEZ Bonnet, Jorge Eduardo. El Contrato de Seguro en el Sector Financiero, Librería Ediciones del Profesional Ltda., Bogotá, Colombia, 2001, pág. 215.
(10) El propósito de esta sección es mostrar la relevancia del reaseguro para la actividad aseguradora en el país, más que la estructura organizacional del mercado reasegurador en Colombia.
(11) Índice de retención = Primas retenidas / Primas emitidas.