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Timestamp: 2020-07-05 23:43:47
Document Index: 83330001

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La Semana Santa de Trujillo en época de Cervantes, a través de las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Angustias, y Dulce Nombre de Jesús – CHDE Trujillo
«Don Quijote se puso en pie, volviendo asimesmo el rostro adonde el son se oía, y vio a deshora que por un recuesto bajaban muchos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes. Era el caso que aquel año habían las nubes negado su rocío a la tierra, y por todos los lugares de aquella comarca se hacían procesiones, rogativas y disciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia y les lloviese; y para este efecto, la gente de una aldea que allí junto estaba, venía en procesión a una devota ermita que en un recuesto de aquel valle había.
Carmen Fernández Deza-Alvear nos aporta importantes testimonios, que acreditan el arraigo de las celebraciones religiosas pasionistas en Trujillo, a finales del siglo XV y comienzos del XVI, y que reflejan su vitalidad[6]. Así, el Jueves Santo se exponía el Santísimo Sacramento en Santa María la Mayor, y por tanto asistían los trujillanos a las indicadas celebraciones religiosas[7]. En el inventario de la Iglesia de San Martín, que esta fechado en 1497, se incluye en los ornamentos «otro de lana con la Quinta Angustia«, y entre los libros «un re-gitidor del Domingo de Ramos«[8]. Por último existía en la ciudad una cofradía cuya advocación era de la Pasión, documentada en 1503 por lo que su nacimiento es anterior, celebrando todos los viernes una misa[9], pues ese día se conmemoraba el Viernes Santo.
El Concilio de Trento fue el gran impulsor de las cofradías penitenciales y de las celebraciones pasionistas, fomentando la creación de las primeras como baluartes en defensa de la Contrarreforma y muro de contención frente a las ideas luteranas. Sin embargo podemos aportar un testimonio que nos hace saber que en Trujillo su existencia es anterior a la fecha de su finalización en 1565. Se refiere a la cofradía de la Vera Cruz, como resulta del testamento de doña Isabel Pizarro, hija de don Juan Pizarro, donde fundó una capellanía dotada con 1.000 ducados de principal en el convento de la Encarnación, y que fue otorgado en 1549[10]. En una de sus mandas pías, dispuso que acompañasen su cuerpo sin vida el cabildo mayor y menor, los moradores de los conventos de San Francisco y Santo Domingo, amén de “las cofradías desta cibdad que son la del Santísimo Sacramento y la Cruz, y Santa Caridad y Piedad, y el Rosario y San Lázaro, y le pague la limosna acostumbrada«.
Disponemos de varios testimonios que acreditan que su existencia es anterior al año 1609, de los que vamos a exponer algunos ejemplos puntuales pero que son suficientemente ilustrativos. El primero aparece recogido en el testamento de doña Aldonza de Orellana, «beata en el monasterio de Santa María y de la Madalena, priora del dicho conuento«, otorgado el 1 de agosto de 1583. Fundó una capellanía, y pidió que cuando falleciera además de los cabildos mayor y menor, acompañasen su cuerpo sin vida la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, por lo que su existencia es anterior a la citada fecha[13]:
«Primeramente encomiendo mi ánima a Dios Nro Señor que la crió y rredimio por su preciosisima sangre y pasión y si desta enfermedad muriere mando que me entierren en la capilla deste dicho conuento y se halle presente a mi enterramiento el cabildo mayor y menor desta ciudad. Yten mando se halle a mi entierro la cofradía y hermandad de Nra Señora de la Soledad«.
La importancia del movimiento cofrade en general y las celebraciones pasionistas en particular, también resulta de la actividad del propio Ayuntamiento de Trujillo, que en el cabildo celebrado el 2 de marzo de 1598, acordó dar un donativo de cera a algunas cofradías trujillanas para los actos de Semana Santa, entre las que también se incluye la Soledad[17]: «Limosna de cera a las cofradías. Se libren en limosna a las cofradías del santísimo Sacramento y de la Cruz y de la Soledad a cada una media arroba de cera para ayuda a lo que gastan en la Semana Santa y sean a qta de la facultad de las limosnas«.
Podemos acreditar el arraigo de la veneración a las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo en Trujillo, que era contemporáneo al nacimiento de esta cofradía y auge de las procesiones de Semana Santa. Así resulta del testamento de la viuda Juana González, otorgado el 28 de agosto de 1589, al disponer la celebración de cinco misas dedicadas a esta advocación[25]: «Yten mando que se digan […] zinco misas a honor y rreuerencia de las zinco llagas de mi redendtor Jesuchristo”.
En este apartado analizaremos lo relativo al funcionamiento de la cofradía a través de cuales eran sus órganos de gobierno, las competencias que tenían, y forma de elección de sus responsables. El artículo 2º se refiere a estos últimos comenzando por el alcalde, que la presidía y era su máxima autoridad pues «a la obediencia del qual estemos todos subjetos en los minesterios tocantes a la dicha cofradía«. En concordancia, el artículo 5º reiteraba lo dicho con respecto a las fiestas, procesiones y entierros de los hermanos, mandando que en todas las misas que se celebraran, hiciera el alcalde el primer ofrecimiento del ofertorio, estando facultado también para designar que hermanos debían portar las insignias o andas, imponiendo las correspondientes penas en caso de incumplimiento de todo lo que ordenara:
«Otrossi dixeron que por quanto esta sançta coffradia y ermandad se a elegido y fundado para seruir a Dios nro Señor y a su madre gloriosa, asistiendo al culto diuino del altar en las fiestas diputadas y procesiones, assi de diciplina que se haze el Uiernes Sançto como a las demás entre año, con insignias y cera, como assimismo para enterrar nuestros muertos y hazerles sus honrras, ordenaron que assi en estos ministerios y en qualquiera dellos como en uno y otros el tal nuestro alcalde que al presente es o fuere de aquí adelante sea preferido a los demás hermanos y se le obedezca y respecte y que en las misas que la coffradia dixere, assi en fiestas propias suyas como en particulares entre año que aya ofertorio, el dicho nuestro alcalde ofrezca primero y ninguno otro hermano se le anteponga, sopena de dos libras de cera, y si el dicho nuestro alcalde en qualquiera de los ministerios dixere o ordenare a qualquier nuestro hermano tomo salga o insignia o andas lo haga y al que fuere rebelde le pueda penar con acuerdo de los diputados hasta en media aroua de zera«.
El escribano redactaba las actas de los cabildos y daba fe de todo lo realizado, pues «ante quien pase todo lo que se ouiere de ordenar en esta coffradia«. Además era el encargado de custodiar los principales libros de la cofradía: el libro de cuentas, «en que se pongan las resultas uviere de las tales quentas la forma en que se toman en cada año como dicho es, y que lo firmen los officiales y scriuano«; y conforme al artículo 9º el de entradas, donde se anotaban los nuevos hermanos, lo que pagaba cada uno anualmente, y los oficios ofrecidos por los hermanos que fallecían; asimismo los libros de las ordenanzas y el de rentas.
Conforme al artículo 3º, la elección de quienes debían ejercer estas responsabilidades tenía lugar en las vísperas del 1 de enero, que era la principal fiesta de la cofradía, siendo anual la duración de su mandato. Pero el procedimiento que se seguía comenzaba en la tarde de las vísperas de año nuevo, en la que los oficiales salientes deliberaban «que personas pueden seruir en estos officios a la cofradía el año que entra, y con más comodidad y digan su parecer sin passión de Dios y en su conciencia«, y en el caso que de los seis votos, cuatro eligieran unos oficiales determinados, esta decisión se adoptaría. Cuando hubiera empate, todos los oficiales designarían tres cofrades que participarían este proceso, proponiendo cada uno el que le pareciera más conveniente, y serían nombrados por mayoría simple de votos[30].
«nuestro scriuano les dé a los nueuamente elegidos y nombrados la paz al tiempo de la misa mayor, nombrando a cada uno el oficio que se le da, y estos tales nombrados lo cumplan y siruan sopena de media aroua de cera para los gastos de la cofradía«.
Además de lo visto, la más importante facultad que gozaban los oficiales venía contemplada en el artículo 36º, por cuanto eran los únicos facultados para añadir, modificar o suprimir las ordenanzas, lo que tendría lugar al tiempo de darse las cuentas, reuniéndose los oficiales que cesaban y los recién elegidos «porque más comodamente lo puedan confferir y hazer«, y ambos decidirían lo que estimasen oportuno, recogiendo el libro de ordenanzas un ejemplo harto elocuente fechado el 3 de febrero de 1630 [31].
El ingreso estaba regulado a partir del artículo 13º, que establecía que para admitir al nuevo cofrade, se debían reunir reunir todos o la mayor parte de los oficiales, «los quales confieran si es útil a la coffradía el recebir el tal hermano o no«, y decidirían por mayoría lo que consideran más oportuno. En caso afirmativo debía prometer ante el alcalde y escribano, el asumir las siguientes obligaciones: cumplir y guardar las ordenanzas, ser obediente al alcalde y oficiales, procurar el bien y provecho de la cofradía, ofrecer su casa en prenda para el caso de que le fuera impuesta una pena. A continuación era inscrito por el escribano en el libro de entradas que contempla el artículo 9º, anotando el día, mes y año, así como quienes eran los oficiales por entonces, y la limosna que había dado.
Las formas de ingreso eran la nueva entrada o por herencia, estableciéndose una importante discriminación contra las mujeres en este segundo supuesto, pues el artículo 19º disponía que cualquiera de los hijos del cofrade fallecido podía entrar de esta forma, y también quien sin serlo heredase sus bienes, aunque en este caso solo podrían ser los varones pues «el trasuersal heredero sea uaron y no hembra, porque assi conuiene para el aumento y perpetuida desta sanca coffradia«.
Las ordenanzas distinguían entre hermanos disciplina y de luz, abonando todos una cuota de entrada en dinero y cera, que siempre era menor en el caso de los disciplinantes, a los que se refiere el artículo 14 º, a quienes exigía que fueran capaces de hacerla y servir a la cofradía, pagando 10 ducados y 2 libras de cera, no excluyéndose a las mujeres que pagarían igual que los varones, salvo que su ingreso fuese por herencia, en cuyo caso siempre debía ser varón y entregando 3 ducados y 2 libras de cera. Asimismo que las cantidades indicadas, podrían ser modificada por los oficiales «conforme a la dispusición de los tiempos lo que se pueda hazer en quanto al prescio, pero no en lo demás«.
El artículo 16º regulaba de forma expresa la entrada de mujeres en la cofradía, que cuando fueran de luz darían 12 ducados y dos libras de cera, y sus herederos debían ser siempre de disciplina, pudiéndose modificar el artículo solamente en lo relativo a las cuantías a pagar, pues «que los nuestros oficiales puedan en esto uer conforme a la disposición de los tiempos lo que se pueda hazer en quanto al prescio y no en lo demás«.
El artículo 17º autorizaba a las «monjas encerradas» o de clausura a formar parte de esta cofradía, pagando 9 ducados y 2 libras de cera, pero a su muerte sus herederos no podrían adquirir como tales la condición de cofrades. El artículo 18º se refería a la entrada de sacerdotes, que también pagarían 10 ducados y 2 libras de cera, y podría adquirir esta condición por herencia siempre que fuera varón, que lo sería de disciplina, pero nunca una mujer.
«Otrossi que los diputados sean obligados a echar las demandas cada uno medio año, y el diputado que echere las demandas tenga el estandarte en su cassa y el otro diputado tenga la cruz de los entierros y en acabando de cumplir su medio año truequen las insignias y si algª demanda se perdiere por su culpa sea obligado a pagar el diputado a quien le tocare otro tanto como ualio la demanda, antes o después de las que se ouiere perdido a escogencia del diputado y el alcalde el día de las quentas le apremie a ello sopena de pagar de su cassa«.
«Otrossi, ordenamos que si algún otro difunto se encomendare a la cofradía para que lo entierre con quatro hachas sin insignias más de las andas y la cera menuda, y sí enterrare con nueue leciones pague de limosna quatro ducados y si con tres leciones y misa de querpo presente a que aya de arder la cera pague de limosna tres ducados y el mayordomo no preuenga el entierro ni lleue la cera sin rezebir primero prenda que ualga la tal limosna sopena de lo pagar de su casa«.
«Una escriptura de censso de 70 mill mrs de principal que otorgaron Salbador Díaz y su mugr, Juana Sánchez vº de esta ciud, moradores al canpillo en 18 días del mes de setiembre de 1609 años ante Juan de Santiago Madrigual, sº, cargados sobre guerta en el camino que ua a la sierra que le llaman del cano y otros bienes = de la qual se pagan 44 reales y 8 mrs porque lo demás parece estar rredimindo. Es la paga el día de San Miguel de septiembre de cada un año.
Otra escriptura que Miguel Caleto y Catalina Martín, su muger, vsº de esta ciud, y Baltasar García su suegro, vsº de la Madroñera, otorgaron en fauor desta Santa Cofradía de pagarle 165 reales de rrenta en cada un año por 16 abril, que passo y se otorgó ante Andrés de Rrosales Calderón, en 16 de abril de 1628, la qual dicha escriptura paga al preste Salbador Díaz, morador al Campillo«.
En segundo lugar lo que se abonaba a las personas que realizaban algún trabajo para la cofradía, como desde el muñidor que contemplaba el artículo 4º y cuya presencia era habitual en las cofradías durante la Edad Moderna. Le correspondía practicar las citaciones para las juntas, misas y oficios por los difuntos y demás actos de la cofradía, o notificar acuerdos adoptados, y lo hacía de puerta en puerta o tañendo una campanilla por las calles de Trujillo, y entonces los hermanos «sean obligados a yr al llamamiento que el tal muñidor les hiziere por mandado del nuestro alcalde sopena de una libra de cera en que incurra de pena el hermano que no teniendo legítima y forcosa ocupación no fuere, y a este tal muñidor se le dé un salario moderado de la renta de la coffradia«.
«Yten ordenamos que los officiales alcalde y diputados y mayordomos se junte con el nuestro scriuano en el conuento de nuestra Señora de la Encarnación el domingo de Ramos en la tarde, y allí confieran entre sí xpianamente y sin ruydo ni passion que personas serán más conuenientes de los nuestros hermanos para regir la procesión del Uiernes y que puesto an de dar a cada uno y que personas an de lleuar las insignias que uan en la dicha procesión y así confferido les embien una boletas para que vean lo que an de hazer y no se enquentren ni perturben unos a otros sino que cada hermano acuda al ministerio que se le encargare lo qual cumplan sopena de media arroua de zera para los gastos de la dicha procesión«.
«lleuen sus túnicas blancas y descalcos y por lo menos con alpargates y con la insgignia de Nuestra Señora de la Soledad pintada y colgada o prendida al pecho y hagan la dicha disciplina con la mayor deuoción que les fuera posible y cumpliendo el orden que se les diere«.
Por su parte los hermanos de luz irían con sus túnicas negras y sus velas, al señalar las ordenanzas que «uayan con sus túnicas negras y en cuerpo con la insignia de Nuestra Señora de la Soledad en el pecho, alumbrando en la dicha procesión en la parte que más menester fuere cumpliendo el orden que les diere nuestro alcalde«.
«Salir de Nuestra Señora de la Encarnación y por la calcada arriba y alhóndiga de la ciudad yr a San Francisco, atrauesar la calle Nueua yr a San Miguel, subir la Sillería arriba yr a San Martín, subir el Peso arriba yr a Sanctiago, y de allí a la yglesia mayor de Sancta María, y baxar a la yglesia de la Uera Cruz por la calcada; y de allí baxar al hospital de la Charidad y entrar en la Encarnon«.
«Esta dicha Procesión a de lleuar las insignias siguientes en proporción puestas para que uayan entre los penitentes: lo primero a de yr delante la cruz de los entierros y desde esta cruz an de yr los niños que se fueren acotando en la dicha Procesión yendo la cruz delante hasta el estandarte; el estandarte de tafetán negro grande con la insignia de Nra Sª desde aquí an de yr los hermanos; Xpo amarrado a la Coluna; Xpo con la cruz a cuestas; muger Verónica; Xpo crucificado; estandarte de la muerte arrastrando puesto sobre el ombro; el Sancto Sepulcro; cruz grande con los taos y caluario; Nuestra Señora«.
Delante de cada uno de estos pasos iría un hermano que habían sido designados por el alcalde y oficiales, con túnica negra y una cruz en la mano «rigiendo y poniendo en horden la procesión«, y que aparecen designados como regentes, como resulta del inventario de bienes de la cofradía que incluye “catorce cruces para los rrejentes”, y lo que nos hace pensar que ese elevado número refleja que eran muchos los cofrades que participaban en el desfile.
«uaya esta tal noche de la procesión con su túnica negra y en cuerpo con la cruz en la mano y la insignia de Nuestra Señora de la Soledad por toda la procesión preuiniendo y dando el orden que fuere menester al qual obedeceran los nuestros hermanos«.
El artículo 35º nos hace saber que anualmente se oficiaría el día de San Miguel una misa rezada en el altar del cardenal Gaete, «por el ánima que más necesidad tuviere en las penas del purgatorio, a la qual misa arda la zera y pague la limosna la cofradía de sus bs«.
El artículo 20º se refería al entierro de los cofrades, y el mismo día del óbito sí fuera posible se ofreciera por su ánima una misa rezada en el altar del Cardenal Gaete, que sería pagada por la cofradía, y sí no pudiese ser tendría lugar en la mañana del siguiente. El mayordomo de la cera debía citar a todos los hermanos para la misa cantada de cuerpo presente, «y se lleue al entierro el estandarte y la cruz de los entierros y doze hachas y cera menuda«.
Pero la asistencia en la muerte no se limitaba al entierro, pues era muy importante el artículo 23º, que se refería a los oficios por los cofrades una vez que hubieran sido inhumados sus cuerpos. Con carácter previo, el escribano debía acreditar que había pagado de forma íntegra su cuota de entrada, pues entonces la cofradía le haría en la iglesia donde estuviera su cuerpo «un officio con una vigilia de tres leciones y una misa de Requien cantada con ministros«, y sobre su sepultura se pondría las andas con paño, cruz de los entierros y estandarte, ardiendo cuatro hachas con velas y con la asistencia obligatoria de todos los hermanos.
Además le ofrecería otras cincuenta y nueve misas rezadas cuya limosna abonaría de forma íntegra, y tendrían lugar en las siguientes iglesias: diez en el altar del Cardenal Gaete, pagando real y medio cada una; otras diez en el convento de la Encarnación, cuya limosna sería recibida por los dominicos; las restantes treinta y nueve serían distribuidas en distintas iglesias libremente por el mayordomo de la cera, «procurando que se digan aquel día si fuera pusible (sic) o el día siguiente y a de pagar de limosna a real y quartillo, y se le encarga en consciencia la buena distribución«.
El artículo 24º contemplaba el supuesto de un cofrade que dejara de ser viudo al contraer otro matrimonio, y su segunda esposa también falleciere, en cuyo caso la cofradía estaba obligada a enterrarla como si fuera un miembro más, «con la cera e insignias sin la hazer offizio«.
[3] RAMOS RUBIO, JA: Historia de la Semana Santa en Trujillo. Cáceres 1993. Este trabajo vuelve a ser publicado en las Actas XXVII Coloquios Históricos de Extremadura con el título «Aportaciones histórico-artísticas de la Semana Santa en Trujillo», que fueron publicadas en Cáceres en 1996. Además Juan Tena Fernández a lo largo de su magnífico libro «Trujillo Histórico Monumental«, publicado en Salamanca en 1988, aporta datos muy importantes sobre esta importante celebración religiosa.
[14] AHMT. PNT. Cristóbal de Amarilla, Caja 19, 1591: «mando que si desta enfermedad muriere mi cuerpo sea enterrado en la yglesia de Nra Señora Santa María la mayor en una sepultura de dicha yglesia […] y acompañe mi cuerpo el cura y servidores de la dicha yglesia y la cofradía de nra señora de la Soledad se le pague lo que es costumbre […] yten mando que se digan por mi ánima siete misas a la soledad de Nra Señora. Yten mando se diga otras siete a las siete angustias de Nra Señora«.
[15] AHMT. PNT. Juan de Santiago Madrigal, Caja 41, 1594: «Yten declaro soy hermana de las cofradías de del Sacramento y de la Caridad y de la Soledad, mando acompañen mi cuerpo en my entierro«.
[18] Sínodo Diocesana del Obispado de Plasencia celebrada por el Ilustrimimo y Reverendíssimo Señor Don Fr. Joseph Ximenez Samanigo, Obispo de Plasencia, del Consejo de Sv Magestad, el Rey Nvestro Señor, y sv theologo en la Real Junta de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios &c. En la Civdad de Plasencia, los días XI, XII, XIII, XIV y XV del mes de mayo de MDCLXXXVII. En Madrid en la Oficina de Melchor Álvarez Año MDCLXXXXII. Título XIV. De confraternitatibus. Constitución 1. «Que no se hagan Cofradías nuevas, ni leyes para las antiguas sin licencia del Prelado, y se anulan las hechas sin ella».
[27] El prólogo tiene el siguiente tenor literal: «Como todas las cossas endereçadas al seruicio de Dios Nuestro Señor, sean aquellas que se hazen con fin de ensalcar su sancta fe chatholica y guardar sus mandamientos y el remidio de los hierros que contra su diuina Majestad cometimos los pecadores, es hazer algunas buenas obras, especialmente permanecientes y exemplos de donde los sucesores tomen dechado para lleuar sançto fundamento y para la Recreación de las ánimas q an de parecer el día estremo del juicio ante el acatamto diuino, donde nuestros maléficos serán castigados y las buenas obras defensa y escalera para poder subir a gozar de la uida enterna, puniéndolas y lleuandolas por delante ante la uera y eterna justicia, y como sea una de las principales tener por defensora a la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, a la qual lleuándola delante en todas las cossas que en este Peregrinage hazemos, y después en el último día del destierro que en este ualle de lágrimas estamos cumpliendo guiados por Ella, no aura cosa que no tenga el fin perfecto para la dulcissima pretensión de nuestra saluacion, y acordándonos de las angustias que tan dolorosamente sintió en la Passión del Soberano hijo de Dios su único hijo y el tránsito y soledad con que se halló, no hallando su dulce consuelo Jesús nuestro Redemptor que por nuestros pecados auia sido descoyuntado en el árbol de la Cruz, y sea cossa tan acertada que la ofrezcamos con deuotos coraçones nuestras oraciones, para que merezcamos no uayan nuestras ánimas solas y si el consuelo de la penitencia y contrición necesaria para poder subir a la uerdadera habitación, y ella sea seruida acompañarlas y ser nuestra intercesora ante la magestad diuina para que puestas las buenas obras en discuento de nuestros pecados y su gloriosisima intercesión, merezcamos alcançar el fin desseado, hordenamos para inmemorable memoria la coffradía y hermandad de su congoxosa Soledad y Angustias y del Sanctissimo Nombre de Jesús, que en ella ua incorporada con las ordenanças sigte»
[32] «Otrossi que el hermano que fuere recebido de luz por otro nombre llaman de hacha teniendo de cinqta mil mrs arriba a quien no se aya de echar officios de limosna de su entrada ocho mill mrs y su heredero uaron cinquenta reales y si fuere hembra seis ducados y si fuere trasuersal no pueda heredar hembra en ninguna manera y el varón paque de su entrada tres mill mrs y si el tal hermano que uviere de ser recebido tuuiere de cien mil mrs de renta arriba pague catorce mill mrs de la limosna de su entrada, y si fuere otra persona reciba por hermano de hacha a quien se pueda echar officio y pueda seruir la dicha cofradía dé de limosna de su entrada doze ducados y de su herencia pague su hijo uaron tres ducados y si fuere hembra y el varón pague quatro ducados y todo se remite a la prudencia de los officiales que fueren y el scriuano asiente las entradas«.
[33] «Otrosi Ordenamos que por quanto aya insignias muy grandes que van en la dicha Procesión que es de muy gran trabajo el lleuarlas como es el Sancto Sepulcro y Xpo con la Cruz a cuestas y Xpo amarrado a la coluna y no se hallan hermanos que comodamente las puedan lleuar por ser de mucho pesso, ordenamos que se puedan rezebir hermanos deuotos que las lleuen todos los día de su uida y la coffradia les entierre quando murieren como a hermanos con la cera y en la forma que a los frayles de Sancto domingo nuestros hermanos se les diga el día de su entierro si fuere ora o sino el siguiente una misa de Requien Cantada con ministros por su alma y pague la limosna della la coffradia de sus bienes y los tales hermanos que assi se recibieren an de ser obligados a lleuar las insignias que el nuestro alcalde les ordenare toda su uida y si tuuieren impedimento dar persona que lo haga por ellos y sino lo hizieren que la cofradía no tenga obligación desde el día que faltaren a les acudir a nada«.
[34] En los XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura he presentado una comunicación titulada “Conflicto entre las ideas racionalistas de la Ilustración y las manifestaciones de religiosidad popular. La suspensión de las cofradías de Trujillo a finales del siglo XVIII” donde se reflejan cuales eran las propiedades de la cofradía de la Soledad y sus rendimientos económicos a finales del siglo XVIII: «Casas: dos casas en la calle Nueva, 209 y 104 reales; otra al sitio de los Corrales, 77 reales; en el Pozito, 99 reales; dos en el Campillo por 121 y 66 reales. Cercas: al sitio de la Carbonera, 75 reales; otra en la Magdalena, 27 reales; en el Llano de Ramiro, 30 reales; la contigua a la ermita de la Magdalena nada producía , pues era cedida de forma gratuita a la santera de su esquilmo. Censos: el que pagaba don Isidro Parejo, 55 reales y 2 maravedís; don Antonio Barroso, 6 reales; don José Pizarro 60 reales; el abonado por don José Pozo 9 reales y 30 maravedís; don Cristóbal Salazar 55 reales y 27 maravedís; Narciso Casco 6 reales y 20 maravedís. Suerte de tierra: la que dicen de la Tripa, 155 reales. Mandas pías: por la de doña Ana de Zúñiga se cobraba 33 reales 27 maravedís«.
[41] LÁZARO DAMAS, S: El protagonismo de las órdenes religiosas en la difusión de la iconografía. En Semana Santa en la provincia de Jaén«, Sevilla 1992, p. 14. En Trento se asignó a las imágenes religiosas dos funciones básicas. La primera sería pedagógica, por su carácter narrativo y didáctico, pues era el método idóneo para la enseñanza de los misterios y verdades de la fe, a un población analfabeta e inculta. A esta, se añadiría su fin esencial, que es el adoctrinamiento y la ejemplaridad que debe llevar al católico a la práctica de las virtudes cristianas, la adoración y amor a Dios.
[44] «Otrossi que ninguno de los dichos nuestors hermanos, assi de diciplina como de luz, falte a la dicha Procesión yendo en la forma que dicha es, sino es que tenga impedimiento bastante a satisfacción de nuestro alcalde y officiales, sopena de quatro libras de cera, y encargamos al dicho nuestro alcalde y diputados no le ayan por escusado sin cédula de médico o impedimento forzoso, y examniando con cuidado si es impedimento o malicia«.
[45] «Otrossi Ordenamos que todos los hermanos assi de diciplina como de luz como los del Sepulcro quando uayan a la Congregación para hacer la Procesión uayan conffesados y comulgados y que si entre algunos de los hermanos ouiere diferencias o odios o enemistades el nuestro alcalde con los diputados aquella noche o antes si fuere posible los ponga en paz y haga amigos sopena de seis libras de zera y qualquiera hermano que supiere de la tal enemistad tenga obligación a dar noticia dello para que se hagan las amistades»
[53] «en la misa cantada de cuerpo presente que dixeren por el tal difunto hermano arda toda la zera, y sí le enterraren de sobre tarde lleue la zera luego el día siguiente por la mañana para que arda a la misma y las insignias dichas, y sí por el tal hermano o hermana diffuntos se dixere officio entero de nueue leciones, pague quinientos mrs porque arda la cera a todo el officio, y sino se allanaren a pagarlos se mate la zer después de dichas las tres leciones primeras hasta la missa«.
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