Source: https://es.scribd.com/document/81866371/13LoscastigospenitencialesdelconciliodeElvira
Timestamp: 2018-03-23 22:53:02
Document Index: 344501327

Matched Legal Cases: ['In fine', 'In fine', 'In fine', 'in fine', 'in fine', 'in fine', 'in fine']

J, ns GUIBI!RT. S. 1,
que tant d'autres enseignements spirituels sur des matieres plus mains complexes et delicates, celui-ci ne devra etre distribue, a des cornmencants surtout, sans prudence ni discernement; on devra y joindre les forts avertissements, tradition nels eux aussi, sur les lerribles dangers des amities vaines on coupables, sur la facilite d'y gusser insensiblement; mais apres avoir donne ces avertissemems, il conviendra de marquer discretement la place des vraies amities spirituelles 1"1 leurs multiples bienfaits pour lin rneilleur service de Dietl. Dans Ies livres de botanique, apres avoir decrit longuement, it grand renfort de planches impressionnantes, les champignons veneneux, leurs dangers, la facilite de lcs CUll fond re avec les especes comestibles, on consacre tout de meme an:,;si un chapitre aux hons cbampignons, aux signes qui perrnet.tent de les reconna itre et merne leurs incontestahles qua0\1
Los castigos penltenciales del ConcUio de Elvira
lites nutriti ves.
Entre [as joyas de la antigua literatura eclesiastica espaiiola, ninguna ha despertado ranto interes como los ochentaiun canones del concilio de Elvira, celebrado aproximadamente hacia el aiio trescientos. Y sin embargo, apesar de haber sido tan discutido ', todavia no poseemos una edicion critica definitiva :! III pueden rlarse par resueltos todos los problemas que suscita SLl
J os ";PB
Gu I"BERT S. 1.
De caracter exclusivarnente disciplinar, U110 de los aspectos rn ',5 importantes del concilio de Elvira es el penitencial. A el estan consagrados rna" de cuarenta canones. Un estudio atento de los mismos nos ha heche reparar 4ue la principal preocupacion de los diecinueve Ohispos espaiioles, en 5U empefio par malltener vigorosa 1<1 vida cristiana, lui: deterrninar los castigos (I
penas que hahian de imponerse fi eles.
por In:; distintos
pecados de los
Desde luego, al igual que en las restanres iglesias ca, vernos reglamentada por los Padres de Elvira f'eni tencio (II 1111uica , ('II yu ejercicio era considerudo como una g-racia que la Iglesia concedia una sola vez
de la epo1<1.lamada l por todos en la vida,
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11 Z. G. VILUIM,
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10, pgs .. lO[-,j2~ (Madrid lu principal,
Historia Lclesuistir« , .lonrlc hallara reconmUJllJllI < egura , Esta
sezuiremos la de F. A.
(Madrid il?,oR). la cual los otrns citarernos
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se tiene concilios tambien
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en la I-Iispuna. Mrlatina. Para 10, condel cooEl texto
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rcprodure aJ lado
en el 1. H~ de la Parrologia en GoNzAu!z.
cilio de Elvira ,e encuentra ell el t, ,2. ':;-19,
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LOS CASTlGO:; PioNITI'NCIAU';S
UEL CONCILlO DE ELVIRA
y, mediante la cual, los pecadores recobraban Ia amistad con Dios y todos sus derechos eclesiasticos. Castigo mas grave aun que la penitencia canonica, y mas caracteristico tambien : del concilio eliberitano, es 1a excomuni6n perpet:ua, por la cual quedaba el pecador excluido de participar en la vida de 1a Iglesia. Existia adernas otra clase de penitencia, sin nomhre particular. y que par oposicion a la penitencia publica vamos a llamar penitencia extracasumica 0 priva,da. El clero, en atenci6n a sus elevadas funciones, estaba sometido a una legislaci6n especial.
Es un heche indiscutible que, a partir del siglo tercero, y quizas ya desde el siglo anterior, los pecadores a quienes se irnponian determinadas penitencias para expiacion de sus culpas, constituian una como clase dentro de la Iglesia. Su organizacion fue muyvariada en las distintas iglesias. Mientras que en el Asia Menor se distinguian entre los penitentes hasta cuatro grades diversos, en Occidente por eJ contrario parece que no existia mas que uno. cuyas penas fundamentales eran la practica de ciertas obras satisfactorias, y alguna separaci6n del cuerpo social de la Iglesia (excornunion parcial) 3. E1 concilio de Elvira parece suponer bien conocida esta practica de los catolicos espaiioles. De ahi que sin darle otro nombre que el de poenitentia, y sin pararse tampoco a descrihirla en sus pormenores, se refire a ella can expresiones tan generales como estas : Acta leqitirna poenitentia (en. 3, 5. 14,
.1 EJ concilio de Lerida, \4el aiio 546, sefiala en el canon primero, ademas de 101 excomuni6n, las sig,~ientes penitencias que han de ser practicadas pur el clerigo hornicida : «Vigilia.~, ayunos, oraciones, lirnosnas ». Y eo el canon septimo del mismo concilio, se vuelve a hablar de «lIantos y erecido numero de ayunos ». (GoNZALEZ, 313, 314; MANS!, 8, 612-613).
31, 64, 72. 76, 78); acta poenitentia (cn. 7, 59, 76); si egerit prJe}titentiatlf. (en. 13); agat pot'nitentia.m (en. 22, 69) ~. ~Que pecados fueron sornetidos por los Padres eliberitanos a la penitencia ean6nica? En general podriarrros responder con una expresion conciliar que los pecados mortales : Crimen mortis (ell. 76); ruina mortis (en. 32). En concreto damos a continuacion una lista mas detallada, especificando at pro pia tiempo la duracion de la penitencia, segun los diversos pecados. Hay dos casos en los cuales la penitencia se prolonga toda la vida. Los flamines que despues del bautismo ofrecen dones . a los idolos (en. 3). y las vfrgenes consagradas a Dios que cometieren pecados deshanestos can deterrni nados agra van tes (en. 13). s6lo seran absueltos al fin de la vida. Excepcion hecha de esos dos pecados, la duration maxima asignada por los Padres de Elvira a la penitencia canonica, es de diez aiios, Este es el tiempo sefialado para los herejes (en. 22), ap6statas (CD. 46). idolatras (en. 59) y deshonestos (cn. 64, 70,72). El ama que voluntariamente diese rnuerte a su criada a fuerza de golpes, debia hacer penitencia durante- siete afios. Si el hornicidio fuese involuntario, la penitencia se reduciria a cinco aiios (en. 5). Otro tanto habia de durar la penitencia de dOI1cellas deshonestas (en. 14), de adul teros (cn. 69), 78), de viudas deshonestas (en. 72), y la del diacono que hubiese cornetido un pecado de horriicidio, anteriorrnente a su ordenacion, cuando ese pecado Fuese descuhierto POI"otro tereero (en. 76). La pena mas breve es de tres afios. Y a ella habra de someterse eI diacono que espontaneamente confesare el pecad > de homicidio, de que acabamos de hablar (cn. 76). Por consiguente la penitencia canonica decretada por lu~ Obispos de Elvira, podia durar toda la vida, diez, siete, cinrr:
v tres afios,
• A base de fuente, posteriores hizo el P. VrLLwA una reconstruccion de la penitencia publica en la iglesia visigoda, Puede verse en su Hist. Ed.
l. 2, p. 2, c. 5, p. f:l4-66 .
LOS CASTJGOS PENlTENC1ALES DEL CONCILlO DE ELVIRA
Existen sin embargo dos circunstancias que pueden aCOTtar el tiempo prescrito : Son la intercesion de los confesores (en. 25, 58) y el peligro de muerte. Par esto ultimo se anticipaba el perdon a homicidas (cn. j), adulteros (en. 69), concubines (en. 9) y a algunos que habian eelebrado indebidarnente 511 union conyugal (en. 61, 72). Una mirada comparativa al Oriente y a epocas posteriores de la iglesia espanola nos hara ver que en la administraci6n de la penitencia can6nica no tiene nada de excesivo el rigor del concilio de Elvira. En cuanto puede apreciarse por el concilio de Ancira, de 314, conternporaneo aproximadamente al de Elvira, en Oriente no durabarnenos la penitencia can6nica. Cierta clase de homicidios y pecados deshonestos debian ser llorados por toda 1a vida 5; habra penas ele treinta, veinte, diez, siete anus, etc". Dentro de Espana, persisten todavia durante largos afios penas analogas a las de Elvira. 1£1 concilio de Zaragoza, de 380, habla de satisfacciones de rnuchos afios ", EI Toledano I. celebrado el afio cuatrocientos, impuso penas de diez afios y de toda la vida S El de Lerida, de 546, tambien sefiala penitencias de siete y nueve afios y de toda la vida G. Segun el concilio de Elvira, e! rninistro ordinario de la penitencia canonica es el Obispo; el cual sin embargo en caso de necesidad puede ser sustituido por el presbitero y aun por el diacono )0. Ni puede absolver cualquier Obispo; debe hacerlo aquel precisarnente que Iue el autor de la excomuni6n 1].
Cone. Afley,.anum, en. 22, 21, 16 (GoNz.hEZ, 21-23; MANSI, 2, 517-520). Cone. Ancyrallum, en. 16,25, 20,9, 8, 23 etc. (GoNZALEZ, 19-23; MANSI. 2. 517-520. ; Cone. Caesaraugustallum I, en, 6. (GoNZAI.EZ, 304; MANSI, j, 635). 3 COile. Toletanum I, en, 16 y 18. (GONzAU;z, 325; MANSI, 3, 100r). il Cone. Ilerdense, en. 2, 9, 4, 5. (GoNzALEZ, 313-315; MANS!, 8,6r2-614). In Cone. I liberilanul'll, en. 32. Esta ley coincide exactamente can la 1razada por SAN ClPRIANO ya m ucho antes en su C arta lB, 1. La misma ley '-"Ia re Flejada posteriormente en el en. 4 del segundo concilio de Cartage, y en el librito De reporatlone iapsi de Baquiario. En el concilio segundo 'le Sevilla. en. i, se prohibe al presbitero « publice., in rnissa quernquarn
De to do 10 dicho acerca de 1a penitencia can6nica se desprende que seria in justo quien tachara simplemente de n~vacianos a los Obispos de Elvira; ya que ellos, como hemos visto, hacen uso de la Iacultad concedida por jesucristo a la Iglesia de perdonar todos los pecados, aun aquellos que dieron en 11amarse capitales
II - La excomunlon perpetua La penitencia canonica incluye, segun acabamos de ver, cierto grado de separacion de la vida de la Iglesia; ~; tal rn~do que los penitentes vivian sujetos a una excomumon parcial. Pero repasando los canones de Elvira obseTva~o_s ~a e~is:encia de otra pena mas grav~ que la misma pemtenc.l~ publica, la cual consistia en privar para siernpre de 1a muon con la Iglesia a los que se habian heche reos de grandes delitos,
poenitentium reconciliare l>. No entrarnos a estudiar en que forma uueda admitirse que el diacono Iuese ministro de la penitencia canonica. , " COliC. jlUberilanunl, en. 53, Esta norma la vemos repetida en concilias posteriores, Vease por ejemplo el de Nicea, en, 5; el de Antioquia, ell. 6; el primero de Zaragoza. en. 5; el tercero de Cartage, en, 32. (GoNI:,\LEZ, 3, 44. 304, 132; MANSI, 2, 66), 1312; 3.' 635, 88s.). . 12 Quien quisiere conocer al detalle las impugnaciones de hetercdoxia que ba· snfrido el concilio de Elvira, a partir del Renacimiento, !'UCd,' vcr'Io en el P. VILLADA, Hist. Eel" t. I, p. t, C. to, p. 307 55. El mas ardiente defensor de la oTtodoxia del concilio eliberitano ha side D. FF.RN·;\Nl-'" DE MENDOZA, De confirmando concilio IIliberitano... Quieo no posea la primera edicion de 1594 (muy Tara), ni tampoco la reimpresion de Manuel Gonzalez Tellez, de 1665, podra encontrar esta obra en 1. S, .DE AGUlRR.E, Collectio maxima conciliorum omnium, Hispaniae.-. (Roma 1(\(}3) , t. 1, p, 241-742; y tarnbien en MJ\NSf, 2, 57-396. Hoy dia se da por pasada esta racha de oposicion, considerindose generalmente al concilio de Elvira cornu ortodoxo, y tratando de explicar las dificultades que suscita,
LA~TIl.u~
I'ENITtNUALt:S
Uf.l_
CQNCll.JO DE ELVIRA
DE f.XC():\1:UNJ6N
De los canones 37 y 47 se deduce que los cristianos, poseidos del demonic, y los sumergidos en el adulterio, vivian excomulgadas toda la vida; pero a la bora de la muerte se les ofrecfa la reconciliacion, En cambia existen otros veintiun cases en los cuales se niega la comuni6n aun a la bora de la rnuerte. Los pecados que dan Iugar a tan duro castigo, se pueden reducir en terrninos generales a los siguientes:
Idolatria (cu. I). Deshcnestidades (en. 7, 8, 12, 13, 18, 47, 64, 66, 21). Hcrnicidio juntamente COD idolatria Q deshonestidad. 0 con las dos cosas a la vez (ca. 2, 6, 63). Idolatrfa juntamente con deshonestidad (ca, 3). Casamiento de los hljos con sacerdotes de Idolos (cn. 11). Bendici6n de los frutos par los iudlos (cu. 49). El clerigo que no abandona a sn mujer adultera (en, 65).' El marido que retiene a su mujer, sabiendo que esta era adtiltera (en. 70). La viuda deshonesta que eontrae matrimonio con otro (no cristiano) distinto de aquel con quien pee6 (cn. 72). EI delator (en. 73), EI calumniador del clero (en. 75).
I-Ie aqui el cata'ogo de los delitos que meredan la excoreunion perpetua, Reflexionemos sobre H Ante to do, nadie podra decir que los pecados par los cuales se excluye perpetuamente de la eomuni6n con Ia Iglesia sean sirnplemente los pecados capitales. Ya vimos mas arriba, al hablar de la penitencia canonica, como por ella se perdonaban pecados de idolatria, deshonestidad y hornicidio, Ademas, basLa volver a ojear el presente cuadro para advertir c6rno entre las causas de excomuni6n perpetua no aparece e! simple pecado de hornicidio, y c6mo en cambio se afiaden otros que de ningun modo pueden caer bajo la denorninacion de pecados capirales. Por 10 cual debemos confesar que la razon de este castigo no es preeisamente el concepto de pecado capital; concepto
que por 10 demas era conocido de los Padres de Elvira, y aun se encuentra consignado expresamente en el canon prirnero. ~emil es pues la idea que motiva tan graves sanciones? A juzgar por el escaso razonamiento que acompafia a los canones, quizas deba decirse que los motives son variados, segun los distintos peeados; pero que si quisieramos reducirlos a uno s610, todos corrvienen en fa especial gravedad de algunos pecados 0 series de pecados, Recojarnos en particular cada uno de esos motivos. Es el primero el de acumulaci6n de pecados de idolatria, deshonestidad y homicidio (en. 2, 6, 63). Otro es la repetition pertinaz de unos misrnos pecados deshonestos (cn. 47, 64). El tercero, aducido solamente para los pecados del clero, es el del mal ejemplo 0 escandalo en aquellos que debieran ser espejos de toda virtud (cn. 18. 65). El cuarto es la dignidad y excelencia de la Iglesia, comparada can el judaisrno (en. 49). A este ultimo se acerca el quinto, del aprecio y estima que los fieles deben hacer de la comunion eclesiastica (en. 3, 47). En un s610 caso se babla de la simple recaida en deshonestidad, despues de haber heche penitencia publica de ese rnismo pecado (en. 7). Pero si compararnos este canon con los canones 3 y 47, donde se trata de recaidas en iguales peeados, tendremos que decir que aun entonces la razon que movia a los Padres de Elvira a adoptar semejante rigor era el respeto a la cornunion eclesiastica. En otros canones Sf indica como raz6n la gravedad rnisrna del pecado. Interesante es bajo este aspeeto el canon primero, donde se dice de la ido'atria ser «crimen capitale » (en algunos codices « principale »), y esto porque es « summum seeIus », apelativos que no seria extrai'i.o estuviesen tornados de Tertuliano 1.1.
IX TER'fULtANO habia escrito en De. ido/v/f1t";rr. r. c Principale crimen generis humani. . idololatria ». Y en De spectaculis. 2 - «Summa offensio idololatria est ».
En el canon 18, hablando de los pecados deshonestos del clero, se da como motivo para castigarlos tan duramente, el ser, ademas de escandalosos, «profanum crimen ». En los restantes casos, sin dar razon especial, se procura subrayar la misrna malicia del pecado. Tal sucede en los en. 12, 13, 66, 71, 73. 2.
LOS CASTiGQS PENITI1.NCIALE5
coscn.ro
DE EL.VlRA
a cornmunione.
a communione
(en. 34. 40.
- Privari communi one (en. 53), - Abiciatur penitus all ecclesia (en. 49). - Cohibere se all ecclesia (en. 56). - Non ludere ulterius de communions pacis (en. 47), - Alieni ab ecclesia habeantur (en. 4I). - Proic.iatur ab ecclesia (en. 62). Formulas afirmativas
Hemos examinado los pecados y motivos que dan origen <t la excomunion eliberitana. Pasemos ahora a estudiar las for~ mulas con que esta suele expresarse, para aSI deducir mas Facilmente su propia naturaleza. Salta a la vista que la palabra central, que aqui juega papel decisive, es C01Ulnlmio. EUa de par 51, 10 rnismo pudiera significar cornunion eucaristica que reconciliacion eelesiastica y ann ahsolucion sacramental ". Pero C0J;l10 rnuchas veces se encuentra 110 sola, sino engarzada en expresiones mas arnplias, 0 contrapuesta y aun sustituida par otras que ofrecen sentido equivalente, del analisis de tales clausulas es de doude debe deducirse la idea que de hecho entrafiaba en el vocahulario de Elvira. Para proceder ordenadarnente, agrupemos primero las f6r~ mulas de sentido negativo; despues presentaremos las que ofrecen aspecto afirmativo, Del estudio de ambas resultara el verdadero significado de cni'l'l,rn.unio. F ormuias
ncy(~lj,:a.s
In finem danda est eommunio (en. 10. 37. 47. 69. 72). In finem praestare communion em (en. 3. 32), Admitti ad communionem (en, S. 14, 31, 53), In finem accipiat communionem (en, IJ. 5. 4>. 55. b4, 70, 73. 76), Sociari communioni dorninicae (en. 78). Recipere communinnem, Recipi atur (en. 53. 59, -14), Reconciliari. Reeonciliari communioni (cn. 14. 69, p, 79). Suscipi (in ecclesiarn) (en. 62).
- Non est danda cornrnunio ulterius. Nee in fmem est danda C0111munio. Non communi care (en. 3, 13, 17. 63, 04. 66. 70, 7f, 72. 75. 28). - Nee in finem accipere cornmunionem. Non accipiat cornmuruonern (en. I, 2. 8. 12, 18, 65. 73, 9, 72). - Nee in finem habere communionern (en, 7), - Nec in finern irnpertiendam e-sse communionem (en, 6). - Abstineatur a comrnunione. Abstinearur (en. 16. u. 37, So. S3. 54, .~7. 61. 74. 7(), ,~ De heche 51'. le han. dado todas esas interpretaciones, Para seguir mas de cerca las vicisitudes de esa controversia, consultese el P. VILLADA, l i ist. Eel .• t. I, p. I. c. 10. p. 31655.
Hag-amos un poco de analisis, Acabarnos de ver que la palabra co-nununio aparece de vez en cuando encuadrada en frases como estas : «Arceri a comrnunione ecclesiae s (en. 34); «non ludere de communi one pacis» (en. 47); «accipere comrnunionern laicarn » (en. 76). Ahora bien, la communio ecclesiae, Ia camm:ll11io loic« v la C01n1HIInio pacis no pueden significar otra cosa que recondl.iad.6n. Luego sera precise admitir que en las dernas expresiones en que aparece sola la palabra communio, despues de «arceri », «accipere », «non accipere », tiene que tener identico significado, siendo como es uno misrno el contexte. En segundo lugar, en el canon 61 alternan 0 se contraponen las formulas « abstineri a communione» par una parte, y « dare pacem» por otra. Pues bien, sabernos que « dare pacem» no era otra cosa que admitir de nuevo a la cornunion con la Iglesia, mediante la absolncion sacramental. Par 10 tanto « abstineri a cornrnunione » 0 sirnplemente « ahstineri », terrninos tan repetidos en Elvira. tienen que significar excornmunion 0 separacion de ia Iglesia. Ademas, «reconciliari» (en. 14, 69) no puede significar
s, r;ONZALEZ,
mas que reconciliacion. Si ahora se considera que « reconciliari » 10 usaban los Padres de Elvira como sinonimo de « reconciliari communioni s (en. 72,. 79). y que 10 hacian alternar can « darecommunionem », « admittere ad communionem », s accipere comrnuuionem» (cn. 14. 69, 72), resuita evidente que todas esas expresiones, de suyo tan ambiguas, quedan restringidas en el formu.lario eliheritano al significado de reconciliadon I~. De analogo sentido a e reconciliari » es erecipi », En el canon 44 se dice de la mu jer que habia sido prostituta en el paganismo, que si algun dia quisiera convertirse a la ie cristiana, .« incunctanter esse recipiendam »; y en el canon .59 se prescribe que eI cristiano que subiere al Capitolio, despues de diez afios de penitencia, «redpiatur », Es rnanifiesto que en ambas formulas « recipi » no significa sino ser incorporado a la Iglesia, yen el segundo caso, precisamente par la reconciliadon. De donde deduzco que cuando en el canon 53 se dice « recipiat comrnunionem », en un contexte del todo analogo, la Frase solo puede entenderse de la reconciliacion eclesiastica. Finalmente hay formulas que ya ellas de por SI, solo sufren elsignificado de excomunion, Asi por ejernplo : « Proiciatur ab ecclesia », en contraposicion a «suscipi» (en. 62); « alieni ab ecclesia habeantur» (cn. 41); «cohibere se ab ecclesia » (cn. 56); « abiciatur penitus ab ecclesia s (cn. 49). As! pues al cabo del analisis que precede, llegamos a la conviccion de que, atendido el contexte de los canones de Elvira, communio representa siempre la -idea de reconciliacion. Aun aqueHa clausula del canon 3, « ne illusisse de dominica cornmunione videantur », la xual nos sugiere instintivamente el recuerdo de la Eucaristia, debe interpretarse tam bien de la union can la Iglesia. Lo prueba e1 s610 paralelismo con los canones 47 y 78. donde Ieernos «non ludere de communione pads» y « dominicae sociari cornmunioni », expresiones que vistas en el
15 Breve, pero hermosamente, define SAN [SIDORO J,,~ ~iKI(>~mas tarde el significado de reconciliatio, y el puesto que OCUpa en la accion penitential cr. Elym., l. 6, c. 19 (ML 82, 258-2'59).
CAS-TWOS P]lNI"I"I';NCIALE5
I)EL CONCILIQ
1)1;;
contexte no pueden significar mas que reconciliacien con la Iglesia. cuerpo mistico de Cristo. For 10 demas, parecidas expresiones, con este mismo sentido de reconciliacion, las encontrarnos en el eoncilio contemporaneo de Ancira y en el posterior de Lerida, En el de Ancira se dice: «Quotquot. .. a fide dominico deviarunt »l&. Yen el de Lerida:« Sanctam Com.n~UimOncn't nisi in exitu percipiant » ".. Par consiguiente, 10 que negaban los Padres de Elvira, como castigo de tan graves delitos era la reconciliation con la Iglesia. Castigo que incluia siempre, al igual que la penitencia canonica, la privacion de la sagrada Eucaristla, tesoro precioso que la Iglesia reparte entre sus mejores hijos IS. Esta interpretacion nos la impone, no solo el voeabulario eliberitano que venimos estudiando, sino tambien una rapid a ojeada a otros documentos extrafios al concilio, En Ia iglesia africana, tan intimamente relacionada can la espanola' ya desde mitad del siglo tercero w, cuando se trata de cuestiones penitenciales, commumo significa union 0 reeonciliaci6n con la Iglesia. Tal es la idea que envuelveesta palabra en Tertuliano 20; Y ese es el sentido que tiene tambien en la correspondencia entre S. Cipriano 'J S. Cornelio. En Oriente. el concilio de Ancira emplea rnuchas veces contffliunio en 'identico sentido n. En Espafia, persiste .este mismo usa en el eoncilio de Za(GoNZALEZ. 20; MANSI,. 2, 53!). Cone. Ilerdense, cn. 5. (GoNZALEZ, 314; MANSI, 8, 613). 18 As! por elcontral'io leernos en TERTULlANO que cuando eI pecador era absuelto y reconciliado, se le daba elcuerpo del Senor, como prenda de su perfecta comuni6n con Dios y con la Iglesia. Cf. De pudicitio, 9. .9 Para persuadirse de las relaciones intimas que rnediaban por aque\ cntonces, y ann antes. entre la iglesia espanola y la afrrcana, lease e1 P. VtLLADA, Hist. Ecl., t. r, p. I. c. 5. p. 185 S$. A.I mismo tiempo, la iglesia espanola tambien vivia en estrecho contacto con Roma (Ibid.; p.:zrS) y con c! Oriente (ibid.. t. I, p. 2', p. I [ S5. y 255 ss.), "20 c. CRARTIElI., L'Excommunication ecclesiasiique d'ap,es les ecrits de Te,Jullitn (Antonianum, 10 rH}351 303). -no Cone. Ancy,.an"m, en. 4.6, 7, 8, 9, etc. (GoNZALEZ, 18 ss.: MANSI, 2. 516-517).
Conc. Ancyranum, cn. g.
!;ONzALEZ,
LOS CASTlGO!' PENlTENC[.\U:S
IIf.L cnxcrt.ro
DE EI.ViRA
del ana 5162<, en el de Gerena de 517 .~, en el de Lerida ss y en el tercero de Toledo, tenido en 5892'. Conviene sin embargo advertir que desde el Toledano I, como si existiese ya el empeiio de evitar toda ambigiiedad, se empieza a introducir el termino propio de « excommunicatus » 21(.
ragoza ~", en el Toletano I
2" en el de Tarragona
3_ EL
RIGORTSMO
De este modo queda planteado el problema del tall decantado rigorisrno del concilio de FI"ira. ~Existe efectivamente tal rigor? Resumamos 10 dicho has [a aqui. EI concilio de Elvira reconoce la penitencia canonica como el media ordinaria .para recobrar la santidad cristiana. Esta penitencia es mas 0 rnenos larga, segun la gravedad de los delitos ; pero si ocurre peligro de muerte debe abreviarse, para 4ue el cristiano rnuera en paz (on Dios y LOll la Ig-le~ia. Mas toda via; a ciertos pecadores que pasabau la vida excomulgadus, les hrinda a la hora de la muerte la gracia del perdon. A otros en camhio los arrojaba perpetuamente de su seno de madre, condenandolos a vivir y morir alejados del cuervo social de la Iglesia. Es innegable que esta ultima medida entrafiaba no pequeno rigor, no solo par 10 que ella misrna representa, sino tarnbien por e1 contraste que of rece con Ill. disciplina vigente en ot ras iglesias. Creemos que el canon trece del primer concilio de Nicea refleja la disciplina general de 'Ia Iglesia catolica, segun la cual se daha el perdon, In reconciliaci/m con la Iglesia y Ill. rnisma
Cae.lllrougusianttm. I. en. _:;. (GflNZALEZ, 304; M.'\N<;I. 3. 6:'15), Toletanum I. en. 12. (GoNzAu:z. 324; ,\IIANSI. ,1, 1(00), " COli(. T arraconense . en, 6, (GO"'ZA LE.Z. 2(,q; MANSI, 8. 342). .-, C'iI/(. Genmdef!.fe, en, 1)_ (C;·O!'lZALEz. 302: :vrAN~r, x. _,30). 2& Conr_ tlerdense, en. I, 2, {) etc. rGo\'iZAU:Z, 313; MAN~I, 8, 612 ss.), 2' CO!le. To/planum 111. en, 1,1- rr;oNZAU:Z, 351; MANSI, g, 996). 28 Cone. Toletonum. I, en. " Y [2_ Mas tarde, vuelve a aparecer en el T'oledano Ill, en 16, I('nJNZALE2, 324 Y 352: MASSI, 3. TOOO: Q, (06).
Eucaristia a todos los que humildemente 10 suplicaban en el trance de la muerte. Mas aun: esta dehio de ser siempre la disciplina corriente de la Iglesia, ya que los Padres al tomar aquella resolucion no se presentan como innovadores, sino que invocan « la ley antigua y can6nica» (0 n:aA{lLO£ 'ltal KUVOVt'KO£ V0f.L0£) ~9. Esta interpretacion la vemos confirmada por otros concilios del Oriente, anteriores al propio concilio de Nicea. El concilio de Ancira, ya varias veces citado, en sus veinticinco canones nunea niega la comunion a la hora de [a rnuerte. Es mas; queriendo mitigar los rigores de la Iegislacion antigua, no dice de aquella que excomulgara perpetuarnente, sino tan solo basta el memento de la muerte l". La excomunion mas lar g-a, irnpuesta par el concilio de Neocesarea (314-325), dura solarnente hasta el dia de la muerte, dandose entonces al pecadar la conciliacion de los sacrarnentos ~I. Por 10 eual estimamos que las palabras de Inocencio r ai Obispo de Tolosa, en 20 de febrero de 404, «observatio prior durior, posterior interveniente misericordia inclinatior, N am consuetudo prior tenuit ut concederetur poenitentia, sed comrnunio negaretur» 32, deben referirse, no a la disciplina general de la Iglesia, sino unicamente al uso de algunas iglesias del
Una de esras, como consta abundantemente par el concilio de Elvira, iue la iglesiaespaiiola. Y por cierto que este rigor duraba todavia, al menos en parte, bacia fines del siglo cuarto ; pues en el concilio primero de Zaragoza aim se percibe eI eco de esta' disciplina en los canones 3 y 4, donde se dicta « anathema in perpetuum» contra los que no consumian el cuerpo de1 Senor dentro de la iglesia, y contra aquellos que no concurrian a la rnisma iglesia durante las tres sernanas que preceden a La Epifania 3_~•
Cane. Nicaenum I, en. 13. (MANSI. 2. 07.1). Cone. Ancyra1lum, en. 21. (GoNZALEZ. 22; MAl"SI, 2.5.(0). nl Cone. Neocaesoriense, en, 2. (GoNzALEZ, 24: MANSI. 2. _;J9)32 SAN INOCENCIO I, E(Jist. 6, 2. (ML 20. 498). sa Cone. Caesaraugust.anum I, en. 3 Y -I, (GoNZALEZ. 303-J04; MANst, 3, 634).
•• Cuur
COI1,-
20,,"
S. r.oNzALEZ.
LOS CASTIGOS PENITENCIALES
[)EL CONCILIO DE .E.LVI~
Bien pronto sin embargo debio desaparecer totalmente este A partir del concilio prirnero de Toledo, ni en este, ni en 10:; posteriores de Toledo, Tarragona, Gerena, Lerida, Zaragoza etc. vuelve a mencionarse la excornunion perpetua ~'. Las penas mas duras terrninahan con la vida del delincuente, rigor.
concepto, y aim de expresi6n, queexiste entre el canon primew de Elvira y los escritos de Tertuliano, Tambien advertimos la coincidencia can San Cipriano en 10 que hace al ministro de la penitencia canonica, Aceptada Ia hip6tesis de queel rigorismoeliberitano parta de Africa, bien pudiera considerarse a Espana como el puente que dio paso a esta disciplina para algunas iglesias francesas, EI hecbo de que en Francia existieran practicas parecidas, nos parece innegable, tanto par la carta que ya citamos de San Inocencio I al Obispo de Tolosa, como tambien por Ia de San Celestino I a los Obispos de Viena y de N arbona, de que Iuego hablaremos,
No tenernos documentos dec isi vas para seiialar los or igenes de esta disciplina. Pero todos los indicios nos hacen 505pechar que esta inspirada en el rigorismo africano, Como ha dernostrado C. Chartier :lO, en Africa, no solo entre los Montanistas, sino tambien entre algunos sectores carolicos, se excluia para siernpre de la comuni.6n con la Iglesia a los reos de pecados capitales. Por atro lado sabemos que las relaciones entre la iglesia espanola y la africana eran muy estrechas, como bastan a probarlo sobradanrenteJas carras que las comunidades de LeonAstorga y Merida dirigieron a San Cipriano con ocasi6n de la apostasia de Basilides y Marcial. y la respuesta que aquel Ies di6 3G. T eniendo presentes esas dos cosas, alguno de aquellos
Pero el punta
vira, al propio
pos catolicos que habia adoptado en Africa sernejante plina • .;no pudo trasplantarla el rnismo a Espaiia, 0 ensefiarla cuando rnenos a huespedes de la Peninsula que acudian a Cartago en busca de luz y aliento para su fe en tiempos de tan d u ras persecucionesf A esto debe afiadirse indudablernente la lectura de los 1ibros a fricanos. Y a hicimos notar arriba la identidad de
Obisdisci-
delincuentes, si por el contrario, excluido definitivamente el pecador del cuerpo social de la Iglesia, siempre tenia abierta la puerta del perdon. Es deeir, si la excomunionera perpetua, pero no total y
mas delicado esm en si el concilio de Eltiempo que excomulgaba perpetuamente a esos les negaba tambien la absolucion sacramental; 0
del (01lC. T otedano I se dice del que no consumia la en la Iglesia (el rnismo delito que casrizaba el cone de Zarazoz a con perpetuo 'analema) que .. velur sacrilegus propellatur s. :Jift"i] ('S precisar el alcance de esta ex presion. Con todo n05 parece que ". En eI en. -agrada Eucaristia
El texto de Elvira nada dice expresamente, nien un sentido ni en otro, Can todo, del solo silencio nada puede arguirse en favor de la negation de la penitencia ; ya que los Padres pudieron tener por superfluo el hablar de una practica que fuese conocida, y hasta ejercitada quizas frecuentemente, por los fieles. En cambia. paraafirmar que se les concedla la absolucion, nos hace alguna fuerza la carta de los treintaisiete Obispos africanes a las iglesias de Leon-Astorga y Merida, escrita hacia el ana 254. En ella leemos.
«De acuerdo can nosotros (los Obispos de Africa) Y COD todos los Obispos del Universe, establecio (el Papa) Cornelio, colega nuestro, sacerdote pacifico y justo, a quien el Senor hOQl·6con la palma del martirio, que tales hombres (los Obispos ap6stat.a.s Basilides y Marcial) podfan set
r-Ila nu reprexenra
necexariamente
Ill, excomunion perpetua ~t--'20. J. IOS7-1072;
(GONZ.ALEZ., ~24:
Y[..,.""'I .. 3,
,'. 10; S~N
(000),
Al1/0nl(ll1l1m.
CU·RL .. xu,
Epist. 67 (ML
IJ· 735-743)..
l.e,,~(' tambien
VrLLADA,
Hut. Eel.•
I, c. 3. p.18S-I04.
LOS CAS"II(;OS l'ENITENCI"LES
DEL CONClLJO D.E ELVIRA.
admitidos a !a penitencia, pero que estaban del clero y de los bono res saeerdotales $ a,.
de la orrlenacinn
De set' estoast, habria tenido perfecta realizacion en 1a Iglesia espanola la disciplina a que se refiere San Inocencio I:
«La regia primitiva Tue en un principio mas dura; perodespuCs, interviniendo la misericordia, se hizo blanda, Porque 130 antiguacostumbre establecie que se les concediera Ia penitencia, pero que se les negara la comuni6n. .. Se les concedio 130 peaitencia, a fin de no negarles todo por complete, haciendo mas dificaltosa la remisi6n las circunstancias de los tiempos s ... as.
Es decir, que nos encontramos ante uno de IOE pecados mas graves: la apostasla de dos Obispos, Y sin embargo, ann en este caso, Ia resolution de la Iglesia universal es que se los degrade, pero que se les conceda la penitencia .. Esta carta, escrita a comunidades del norte y sur de Espana, solucion de un conflieto que habia conmovido a todo nuestro pueblo, tuvo que erigir en norma de vida de 1a iglesia espanola, si ya no 10 era antes, la misma dictada por San Cipriano, esto es, Ia conciliacion de Ja degradacion y excomunion con la penitencia y rernision de los peeados. Pero se no-s pudiera objetar : Aun admitida Ia existencia de esta regia en 254, -d no se iria borrando poco a poco de 1<'1 mente de los Obispos espafioles en e-! media siglo que corre todavia hasta el concilio de Elvira, sabre- todo siendo como eran aquellos los momentos de mayor exaltacion del Novacianismo? La existencia de la penitencia extracan6nica, concedida como verernos pronto, bien como reconciliaci6n con ill Iglesia y absolution de los pecados, bien tan s610 como absolucion de los pecados, nos autoriza para sospechar que- ese genero de perutencia, practicada en esta ultima forma, era tambien para los excornulgados perpetuamente, Sobre esto, el primer escritor espafiol que vuelve a tocar derenidamente temas penitenciales despues del concilio de Elvira, es San Paciano, En sus obras no aparece ni sombra de (Jllt: un cristiano pudiera monr privado de la absolucion sacramental. Al contrario, si alguna idea repite can insistencia el Obispo de Barcelona es esta de que la Iglesia perdona todos los
Par el mismo caso, habria que limitar a alguna iglesia francesa, como La ex::igen ya de suyo los mismes corresponsales, el rigor condenado por San Celestino I, el alia 428, en carta a los Obispos de Viena y Narbona:
e Sabemos que se niega 13.peniteneia a los moribundos, y que se rechaza a aquellos que a la bora de Ia muerte desean ser ayudados con este remedio .... ,. SQ.
III - Penitencia
extracanonlCR (0 tambien
Can el nombre de penitenciaextracanonica
vada, como sue!e llamarsela, en oposicion a la publica) vamos
a de-signa! otro- genera de penitencia, mencionada par los Padres de Elvira. y presentada POt ellos misrnos como distinta de las dos anteriores, El peligro de muerte, no solo era suficiente para adelantar la absolud6n a los queestaban practicando la penitencia blica, sino que tambien era motivo para ofrecer la reconciliacion y el perdon a los que hasta entonces habian vivido en el pecado. El canon 47 reza asi :
Pensamos pues COil alguna probabilidad que se les daba la absolution sacramental, aun a aquellosque habian sido perpetuamente excomulgados. Pasaban la vida en penitencia, pero
podian rnoriren gracia
67, 6_ (ML 3, CV
p. 741).
e Si quis fidalis, habens uxorem, non semel sed saepe fuerit moecbatus, in fine mortis estconveaiendue: quod si se promiserit cessaturum, detur ei communio : si resuscitatus, rursus fuent raoeehatus, placuit rulterius Don lcdere eum de communione pacis Jo.
.s8 S"N
CUmlANO,
INOCENCIO CELESTINO
I, Epist. 6, I, Episl. 4,
{ML (ML
498). 431-4-12).
I.,OS CASTIGO:> PENITENCIALES DEL CONCILIO DE ELVIRA
POt donde consta que se absolvia al adultero moribundo, si este, exhortado a arrepentirse, prornetia enmendarse de su pecado, Es manifiesto que en tales circunstancias no hay lugar a penitencia can6nica; y con todo se le da el perd6n 10 mismo que si hubieran precedido largos afios de penitencia. Luego hay que admitir, (ciertamente en el caso propuesto, y es de presurnir que tarnbien en otros), que a fa hora de fa muerte se daba la absolucion, attn independientemente de la penitencia publica. Es decir que existia en La Iglesia espanola otra penitencia, distinta de la canonica, para reconciliar al pecador can Dios y con la Iglesia. En epoca posterior, el concilio de Gerona daba a esta penitencia, administrada en el instante de la muerte, el nombre de «viaticum ». SegUn el canon 9 MI, el «viaticum» se cootrapone a la penitencia publica, y es la bendid6n penitential y la reeonciliacion can la Iglesia que se redbe en el lecho de muerte. Ya Ie habian dado el mismo nornbre los condlios de Ancira y de Nicea Mas no eta 5610 en el trance de la rnuerte. Tambien durante la vida se concedia el perd6n de los pecados, independietemente de la penitencia can6nica. En el canon 14 de Elvira se dice expresamente:
«Virgines, quae virginitatem suam nOD custodierint, si eosdern qui eas viclaverint duxerint et tenuerint maritos, eo quod solas nuptias violaverint, post Gnnum sine /Joenitenlill I"ilc()1Icilillyi debeblt~lt ... l>.
una excomuni6n temporal, a cuyo termino obtenian la reconciliacion, De esta penitencia privada quizas deban entenderse los canones 14, 16, 21, 40, SO, 55, 57, 61; 73, 74 y 79, donde la duraci6n de la excomuni6n oscila entre uno y cinco afios, Hay sin embargo un canon, el 20. en el eual sin preceder excomunion ninguna, se concede el perd6n. lis el caso del usurero seglar, que corregido de su falta, promete enmendarse. Lo mismo cuando se imponia la excomuni6n, que cuando esta no tenia lugar, parece ex.istia siempre la «correptio» por parte del ministro de la penitencia, As! se desprende de los canones 20 y 21. Y esta costumbre todavia estaba en vigor al tiempo de los concilios Toledano I y Tarraconense EI termino empleado par los Padres de Elvira para designar el perd6n que se daba POt la penitencia privada es el de « venia» (en. 20); expresi6n que habia usado ya Tertuliano can el rnismo sentido >!lS, y que vuelve a repetirse en el concilio primero de Toledo y en el de Lerida 44. Esta penitencia privada, la cual en muchos casos se verificaba indudablemente de una manera secreta, debi6 irse hacienda cada vez mas frecuente en la Iglesia espanola; de tal modo que andando el tiernpo, pugnaba por suplantar a la rnisrna penitencia can6nica. Un indicio de estoIo tenemos en el concilio Toledana III, donde los sesentaidos Obispos aIH congregados decian en el canon 11:
Esta claro par la sola lectura del canon que sin ser sometidas esas j6venes deshonestas a la penitencia publica, al cabo de un afio se les daba la reconciliacion. En general, como se desprende del mismo canon que dejames trascrito, los que cometian alguno de aquellos pecados que no estaban sujetos a la penitencia can6nica, ni meredan tampoco la excomuni6n total y perpetna, eran castigados can
Cone. Gerundense, COliC. Ancy,.anum, MANSI. 2, 516, 673).
~ Hernos advertido que en algunas iglesias espaficlas no se hace penitencia par los pecados, segun la norma establecida, sino que cuantas veces se quiere pecar, otras tantas 51'. pide 130 reconciliacion al presbitero l> ..•
mea ".
se urge la practica de 1a penitencia cano-
42 Co.ne, Toletamen I, prearnbulo ; Cone. Torraconense, I_r,z, 3.21, 296: MAN"I, 3.1)98; 8, 542). i3
en. 5. (GoNZA-
TEl!:TUI.,li\NO,
De pudicililJ,
cn. 9. (GONZAI.,EZ, 301-302: MANSI, en. 6; Cone. Nicaenum, cn. f3.
8, 550).
(GoNZA[.EZ. J9.
" en, 5; LOrle. llerdense, en. to. (GoNzA.I.,I\:Z. 323. J 15; MANSI, 3, 999; 8, 614). 45 Cone. Toleumum Ill, CD. II. (GoNz.ALI>Z, 351; MANSI, 9, 995). Por esee mismo canon, y por el siguiente, se advierte que entonces ya se ha-
.<1 Cone. Toletonwm
LOS. (As-nGO;;
PENlT.E:-lCIAI..ES nEl
CONCI LID llE ELVIRA
Ya mas tarde, San Isidore considerara Ia penitencia privada como el medio ordinario de perd6n para las mismas faltas cotidianas 4ft. IV Recorriendo Ia antigua literatura cristiana, pronto se echa de ver c6mo en la disciplina penitencial el clero no estaba sujeto a las mismas leyes de los dernas fieles, Tertuliano, wando se trata de pecados del clero, nunea habla de excomunion ni de exomologesis, sino tan s610 de privad6n del ofieio ~7. San Cipriano, de acuerdo can el Papa Cornelio y can los tlem;is Obis pas del orbe, excluia a los tales, S1 eran Obispos, de Ia ordenaci6n del clero y de los honores sacerdotales, pero los adrnitia a la penitencia, y finalmente a la comunion en el estado laical f8. La disciplina de Elvira marcha por esos rnismos cauces de la catolicidad, como 10 demuestra el siguiente cuadro : 1) Hay canones, en los cuales velando celosarnente por Ia pureza y dignidad del mismoestado eclesiastico, se castigan con la deposicion aun los peeados cometidos antes de la ordenacion. Asi se manda que si algunos de los venidos de la here j ia habian sido ordenados, «deponantur» (en. 51); y se prescribe tarnbien que los diaconos que hubieren sido deshonestos en su juventud, «amoveantur », para evitar el peligro de que fuesen promovidos subrepticiamente a un mas, alto grado (en. 30). 2) Con este mismo castigo de la de posicion se amenaza a los Obispos, presbiteros y diaconos que hacen uso de sus mujeres (co. 33: «Ab honore clericatus exterrninetur »). Y en el canon 53 se advierte que si algiin Obispo reconcilia a los peblaba indistintarnente del obispo y del presbitero, como ministros de. la pe ni ten cia, .-& SAN ISIIlORO, De eccles. ajjic., I. 2, c. 17 Y 24. (ML 83. B03 Y 819).
cadores contra la voluntad de aquel que los excomulg6, corre peligro de perder su oficio, 3) Cuando el pecadoes de usura, a la deposid6n se afiade la excomunion (en. 20: Degradari et abstineri »). 4) Si se trata de un diacono que pee6 antes de la ordenacion, y es otro tercero quien descubre su delito, era excornulgado; y despues de cinco afios de penitencia quedaba reducido al estado laical (en, 76: «Post quinquennium, acta poenitentia, accipere communionern laicam debere »J. 5) En dos casos descarga el concilio sobre los clerigos delincuentes el castigo mas duro de todos, la exeomunion perpetua, La xausa puede ser, 0 hien algun pecado deshonesto (e11. 18), 0 bien el no haber despedido a su mujer, constandole que aqueUa era adiiltera (cu. 65). Estas son pnes por orden de gravedad las penas COil las cuales se castigaban losdelitos del clero : La simple degradacion, la degradaci6n jnntamente con la excornunion temporal, Ia excomunion perpetua. Exceptuado este ultimo caso, en todos 10$ demas, el clerigo 0 ya quedaba porel rnismo hecho incorporado al estado laical, oesta incorporacion se le concedia al Iinalizar el tiempo de la excomunion, No sabrernos decir COil certeza si la penitencia que entonces hacian era precisamente la canonica o la privada ; la unica frase que sobre esto poseernos, «acta poenitentia» (en. 76), parece referirse mas bien a la penitencia public<l_ Finalrnente por 10 que hace a los excomulgados perpetuamente, es de creer que estos correrian igua\ suerte que los seglares sujetos a la misrua pena. Poco despues del eoneilio de Elvira, se celebran en Oriente los de Anei ra y N eocesa rea. La legi s Iacion que aq ui se dio para el clero coincide sustancialmente con 1a de Elvira: Suspension en todo 0 en gran parte de las funciones sagradas, excomunion y reduccion al estado laical, al que se incorporaban despues de hecha penitencia 4t!. La unica diferencia esta en que la legislaci6n oriental desconoce la excornunion perpetua.
CO>1(.
CRARTI&R,
en AntonianU1Ii,.
3l9. 741).
67, 6. (ML 3, 1068; CV 3. 2,']l.
en. I y 10; Cone. Neocaesariense, en. I. 8,9, 10; Nicoemem, en. 10, 18. (GoNzAu;z. 17. 20. 23. 25, 26, 4. 18-19. MANSI. S2B. 531, 539-542, 672, 676).
'"' COliC. A'lCyranum,
LOS CASTlOOS
PE.rllTENCIALES
DEL CONC1LlO DE Ii.LVmA
;!lJ
En la iglesia espanola, at menos desde fines to, habia desaparecido tambien la excornunion daba sin embargo la degradacion, la excomunion consiguiente incorporacion al estado seglar, una la penitencia, a 10 que parece, publica 60.
del siglo cuarperpetua. Quetemporal, y la vez terminada
Una mirada retrospectivaal estudio que hernos hecho de los castigos penitenciales impuestos pOI' los Padres de Elvira, nos permitira reconstruir a grandes rasgos la disciplina penitendal de Ia iglesia espafiola en los siglos tercero y cuarto, y contribuir asi en algun grado a esclarecer la practica de la penitencia en los primeros siglos de la Iglesia. Decimos en los siglos tercero y cuarto ; pues aunque el concilio se celebre a principios del siglo cuarto, con todo sus canones no pueden representar una Iegislacion que naciese entonces repentinamente, sino que esta ya tenia que venirse dibujando duranteel siglo tercero, Aun sin ser dogmatico el concilio de Elvira, en todas sus resoluciones est latente la fe en aquella verdad fundamental de que 1a Iglesia tiene poder para perdonar los pecados, Hay nada menos que unos quince canones (en, 3, 5,7, 13, 14, 22, 31, 46, 59, 64, 69, 70,. 72, 76, 78) en los cuales Ja igIesia espanola hace usa de esta facultad, admitiendo al perd6n a toda clase de pecadores, despues de hecha la debida penitencia. Si el cristiano cometia un pecado grave, el camino ordinario para salir de este estadoera fa penitencia can6nica. Tanto
eo Cone. Toletanum. I, en. 4, (GoN:l;A.I.F,z, 322; MANSI. 3, 999). La misma disciplina se revela en 0".1Dr! reparntion« lapsi de Baquiario, donde un diacouo que habla cometido un pecado deshonesto, es excomulgado por su Abad, y se le exhorta a volver al primer estado por el camino de la penitencia, En los cone, Tarraconense, CII. I, 9, ro : Ilerdense, en, IS; en el Va lletonum, en, 5.". se vuelve a hablar de degradation y excomunion, (GONZALEZ, 295, 297, 315, 320; MANSI, 8, 541-543, 614). EI canon 2 del cone. T oledano I mandaha que no SO". admitiese entre las filas del clew a aquel que hubiese practicado la peni tencia publica: par 10 tanto se reconocia clerta oposicion entre 1'1 honor clerical y la penitencia can-mica.
por 10 que hace a su duration, como par 10 que se refiere al ,?inistro de la misma, su organizaci6n no difiere sustancialmente del modo como se practicaba en las restantes iglesias del Occidente. Lo caracteristico de la iglesia espanola esta en haber sustraido de la penitencia publica algunos pecados de excepdonal gravedad (no precisarnente los capitales), para castigarlos can la excomuni6n perpetua. Las tendencias rigoristas de la epoca, el celo par conservar pura la fe y la vidacristiana en tiernpos de persecueion y de costumbres corrompidas, debieron predisponer los animas del episcopado espaiiol para adoptar tan dura medida. De origen probablemente africano, por medic de Espana pasa a Francia, donde reviste todavia caracteres mas graves. Con todo si admitirnos, como 10 parecen persuadir las razones arriba expuestas, que alguna forma de la penitencia extracanonica era tam bien para los excornulgados perpetuamente, la disciplina de la iglesia espanola, aunque rigurosa, queda templada por la absolucion sacramental. De este modo el pecador, si bien separado del cuerpo social de la Iglesia, y en estado de penitente, podia morir "en gracia y amistad can Dios. Paralelamente a la penitencia canonica, existia otra rnanera de conseguir el perdon de los pecados par media de la penitencia privada ; la cual se administraba 1ibremente, a juicio del obispo 0 presbitero. En virtud de ella, precediera 0 no la excomunion parcial, el pecador podia recohrar el estado de gracin v los derechos ecclesiastico, ya durante la vida, ya sabre todo a I.. hora ele la muerte ; y esto ultimo par cierto aunque se tratara de pecados tan graves como los deshonestos, Cuando era e1 delincuente algt'ln miernbro del clero, era era castigado con la degradacion, la excomunion y la reducci6n al estado seglar. En dos cases se apartaba la iglesia espafiola de la disciplina corriente en las dernas iglesias, sometiendo tambien al clero a la exconmni6n perpetua. Del concilio de Elvira pnrece desprenderse que la penitencia practicada pOl' el clero em la neuitencia canonica. En cambia e1 concilio prirnero de Toledo supone cierta oposiciorr entre Ia dignidad clerical y la pe11 ireneia publica. Par 10 cual quizas pudiera establecerse la 51-
guiente regIa que conciliara esas dos afirmaciones encontradas : Cuando un individuo del cleroera reducido definitivamente al estado laical, se le sometia a la penitencia can6nica; pero cuando habia de volver al ejercicio de sus funciones sagradas, su dignidad y prestigio ante el pueblo exigian que la penitencia fuese practicada privadamente. Esta era la discipiina penitencial de. la iglesia espanola, cual se desprende de los canones eliberitanos, Hacia el ocaso del siglo cuarto, San Paciano escribia 5U Exhortaiio ad poenilentimn y sus costas printera y ierceraa Sempronianu,- poco despues, aparecia el De reparation!! lapsi de Baquiario y se celebraba el primer concilio Toledano ; durante el siglo sex to se suceden los concilios de Tarragons, Gerena, Lerida y el segundo y rercero de Toledo; en t'l siglo septimo tienen lugar las restarttes asambleas Toledanas, florecen San Isidore de Sevilla v Taj6n, y queda definitivarnente fijado el Libra penitencia:l de I~ iglesia visigoda .... Una revision de todos estes documentos nos perrnitira completar La historia de la disciplina penitencial en la iglesia espanola, y a su vez quizas proyecte tambien algun nuevo raya de claridad sabre el fonda oseuro del concilio de Elvira, Universidad Pontificia de Salamanca.
SEVmUNI1 \.rONZ.'\LEZ.
Sulla necessita dei doni dello Spirito Santo per tuttigli atti soprannatnrali del Giusto
Nel campo teologico si e agitata, anche non molto tempo fa, da altum scrittori seguaci dell' Angelico Dottore una elegante discussione riguardo all'interpretaaione del pensiero di S. Tommaso circa la necessita dei doni dello Spirito Santo per ciascun atto soprannaturale del giusto '. Cosi ad es, it Rev. P. Gardeil segue I'esegesi del teste (1. I L q. 68 a. 1.) diS. Tommaso seeondo la quale non sarebbe necessario the ad ogni atto soprannaturale del giusto si ricbiedanoi doni. Can tale intento interpreta il semper dell'art. 2 ib, col significato di «semper non pro semper) - e a prova di do osserva the nell'articolo si parla della necessita del doni per rag§\iungere la salute, non gia per ciaseun atto; che la risposta «ad secundum » deve interpretarsi alia luce dell'articolo e non viceversa; che trattasi non di una necessita assoluta, rna relativa ad alcuni atti, conforrne a cio che si legge neI «ad tertium»; che infine il richiedere ad agni atto i doni sarebbe UTI negare I'efficacia delle virtu infuse. A questa interpretazione si oppone queUa di altri, per es. di Mr. Perriot secondo la quale i doni sarebbero necessari per tutti gli atti del giusto, interpretazione che pit1 si accorderebbe can tutta la dottrina dell'Angelico. Lo StOpO di questa modesto lavoro e appunto quello di cercare quale sia il pensiero di S. Tommaso a questo proposito in conformita a tutto il suo insegnamento, senza voler insistere esclusivamente sopra questa 0 quel passo del S. Dettore.
, Cf. Dictionnaire de theologie cathofique "aeant et Mangeuot, T. IV col. 1728-1781. Cf. in particolare «Perfection chretienne et Contemplation» del R. p_ Garrigou-Lagrange O. P 46 edition. Art. V p. 338 SS. 2 ibid.