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Timestamp: 2020-04-10 07:56:37
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CONTRA TI, CONTRA ÉL, CONTRA ELLA; CONTRA TODOS. «Por qué tu cerebro odia a los demás», por Robert Sapolsky – Punto Crítico Derechos Humanos header ('Content-type: text/html; charset=utf-8');
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10 enero, 2019 PUNTO CRÍTICO Editorial Justicia 2
Por qué tu cerebro odia a los demás, por Robert Sapolsky
El mecanismo interpretativo que la mayoría de Audiencias Provinciales habían encontrado para paliar el efecto pernicioso y perverso que se produce como consecuencia del desigual tratamiento punitivo que contempla el Código Penal, ha sido pulverizado por la decisión adoptada por el Tribunal Supremo por la que se considera que no existe base ni argumento legal para degradar a un delito leve una agresión mutua entre hombre y mujer que sean pareja o ex pareja, ya que no es preciso acreditar una específica intención machista debido a que cuando el hombre agrede a la mujer ya es por sí mismo un acto de violencia de género con connotaciones de poder y machismo. Esta "igualación" supone una aplicación automatizada de la norma, al margen del caso concreto, lo cual resulta fuera de toda lógica y condena al varón por ser varón con independencia de su grado de culpabilidad. Culpabilidad por el autor, no por el hecho. Un enorme retroceso evolutivo que, en nuestra humilde opinión, no va a servir para eliminar la verdadera lacra que se perpetúa en un numero intolerable, indecente e inmutable de muertes cada año, sino que, al contrario, va a servir para agudizar las diferencias, la separación entre sexos, separación o dicotomía que vuelve a distraernos del fin esencial: vivir todos en libertad.
De la misma manera que la violencia de genero se produce también fuera del seno de la pareja o intimidad familiar, no todo acto ilícito que se produce entre un hombre y una mujer que son o han sido pareja o matrimonio es violencia de género. Esta comporta siempre la cosificación de la mujer, un acto de poder más allá de la fuerza física que marca una concreta intención y voluntad: anular al otro por razón de su sexo. La decisión del Alto Tribunal parece olvidar estos básicos conceptos.
También parecen olvidarlos los medios de comunicación. Muestra de ello es la ejemplificacion que en el vídeo que se inserta en el articulo que reproducimos a continuación se produce; en ella, se compara un simple empujón de mujer a hombre con un feo e intencional puñetazo en el estómago de un hombre a una mujer. Esos no son términos de comparación hábiles. Ni es el supuesto de hecho sobre el cual el Tribunal Supremo ha decidido.
Articulo publicado el 9 de enero de 2018 en: https://elpais.com/sociedad/2019/01/08/actualidad/1546959665_854962.html
El Tribunal Supremo ha adoptado un acuerdo de pleno que fija doctrina y unifica criterios en torno a la violencia de género. El fallo, a raíz de una agresión recíproca entre un hombre y una mujer que eran pareja, sienta que "a partir de ahora la intención de dominación o machismo no es un requisito que tenga que probarse en el juicio. El mero hecho de una agresión de un hombre contra una mujer que sea su pareja o expareja ya constituye un acto de violencia machista", según fuentes del tribunal. Esa conclusión, discutida por los 14 miembros del Tribunal, acabó con un voto particular en contra suscrito por cuatro de los magistrados, que entienden que se ha "perdido una oportunidad de interpretar y aplicar la protección a la mujer contra la violencia de género, evitando extender el trato desigual al varón y a la mujer, contenido en el artículo 153 del Código Penal, de una forma excesiva y mecánica o automática a todos los casos”, según la sentencia.
Los hechos probados de este caso relatan que ambos, que conviven y tienen un hijo en común, se enfrascaron en una discusión a las puertas de una discoteca al no ponerse de acuerdo en el momento en que tenían que regresar a casa, Ella quería quedarse un rato más y él marcharse a casa. La disputa llegó a las manos. Ella le propinó [al hombre] un puñetazo en el rostro "y él le dio un tortazo con la mano abierta en la cara, recibiendo él una patada propinada por la señora, sin que conste la producción de lesiones. Ninguno de los dos denunció al otro". La denuncia la interpuso un policía que presenció la pelea.
Frente a eso, el ministerio fiscal interpuso un nuevo recurso y la cuestión acabó en la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que ahora revoca esa absolución, ya que "no existe base ni argumento legal para degradar a delito leve una agresión mutua entre hombre y mujer que sean pareja o expareja de la que no se desprendan lesiones objetivables", según explica la sentencia. Además, "la riña mutua no puede suponer un beneficio penal", ni tampoco debe suponerlo el hecho de que dicha riña acabara sin lesiones: "Si se degrada la tipicidad por el desvalor del resultado, al no existir lesiones y derivarlo al artículo 147.3 del Código Penal, se atenta contra la propia filosofía del artículo 153 del CP, que solo exige que entre los sujetos exista la relación fijada de forma objetiva y que el acto objetivo integrante del tipo penal sea de golpear o maltratar sin causar lesión". Y esto, añade el fallo, "es maltrato en ambas direcciones si hay riña y agresión mutua sin legítima defensa". Algo que también considera: "Cuestión distinta es que el sujeto se defienda ante el acometimiento del otro, aunque ello entraría ya en la apreciación, o no, de circunstancias eximentes o atenuantes", pero no en la conducta de maltrato tipificada en el artículo 153.
Por esos motivos, el Pleno del tribunal condena al hombre a seis meses de prisión por un delito que la Sala entiende como violencia machista —con penas de seis meses a un año—, a ella a tres meses por un delito de violencia doméstica —castigado con cárcel entre tres meses a un año—, y a ambos con la "inhabilitación especial para el derecho al sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, privación del derecho a la tenencia y porte de armas por tiempo de un año y un día y a la prohibición de aproximación a menos de 200 metros de su domicilio, lugar de trabajo y cualquiera frecuentado" por el otro "y de comunicación por cualquier medio por tiempo de un año y seis meses y costas".
Para la Sala Segunda, esta sentencia fija doctrina "respecto a lo que venía sucediendo en alrededor de un 20% de las sentencias. Cuando ocurrían agresiones recíprocras, las audiencias provinciales absolvían a ambos. Con esta se les condena con un criterio muy claro". Además, añaden las mismas fuentes, "esto también servirá en los casos de agresión unilateral de hombre a mujer, donde tampoco se va a exigir ya que se acredite esa intención machista".
Según datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial a los que hacen referencia fuentes del tribunal, "aproximadamente diez audiencias provinciales" estaban exigiendo el elemento de intencionalidad en el acto de agresión de un hombre contra una mujer. "Y si no se acreditaba, el acto no era constitutivo de violencia de género". Con esto, aseguran, eso ya no sucederá. Según la sentencia, "se entiende que los actos de violencia que ejerce el hombre sobre la mujer con ocasión de una relación afectiva de pareja constituyen actos de poder y superioridad frente a ella con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad".
La sentencia incluye un voto particular que suscriben cuatro de los 14 magistrados del Pleno, que rechaza que se condene al acusado por violencia de género, y considera que hombre y mujer debieron ser condenados ambos como autores de un delito del artículo 153.2, y ante la escasa gravedad de los hechos, serles aplicada la pena inferior en un grado que permite el artículo 153.4.
En esas condiciones, los magistrados discrepantes señalan que la aplicación del artículo 153.1 al acusado varón “resulta automática y mecánica, e implica una presunción en su contra relativa a la concurrencia del elemento objetivo que, según la doctrina del Tribunal Constitucional, justifica que la sanción sea diferente y más grave que la que correspondería al otro miembro de la pareja que ejecuta hechos de idéntica relevancia penal". En su opinión, "partir de la base de que concurre el elemento que justifica el trato desigual es contrario a la presunción de inocencia". Y, además, se vulnera el principio de culpabilidad, porque no se ha justificado ni probado la desigualdad de trato.
Por qué tu cerebro odia a los demás*
Articulo publicado el 20 de septiembre de 2018 en:
https://www.letraslibres.com/espana-mexico/ciencia-y-tecnologia/por-que-tu-cerebro-odia-los-demas
10 enero, 2019 en 12:31 pm
Veo este vídeo: https://youtu.be/mJb1zJGFz1w
Creí que el argumento era que el género y el sexo definían lo mismo, por eso se habían inventado el asunto del “nosotres”, para crear un género que definiera su sexo indefinido, pero ahora resulta que elles mismes defienden que el género y el sexo son cosas completamente distintas como yo siempre pensé, puesto que un coche tiene género masculino y una furgoneta femenino, pero ninguno de ellos tiene sexo alguno. O un gladiolo es masculino y una rosa femenina pero ambas son femeninas porque son flores. O yo mismo, soy un hombre y una persona.
Pero bueno, una vez sacado el término género de su concepto de categoría gramatical, parece que todo vale. Digamos que cada uno puede construir los conceptos que quiera en base a su propia percepción de la realidad y la verdad no existe, sino que se crea a medida de todo aquel que consiga formar un clan suficientemente numeroso para imponerla a los demás.
Pero por si no había tenido una dosis suficiente de irracionalidad, luego me encuentro con este artículo y resulta que ahora si una mujer te pega un puñetazo (ojo, empieza ella) y tú le devuelves el golpe con la mano abierta y ella te responde con una patada, eres un machista y estás ejerciendo la violencia de género (6 meses de arresto) pero ella ejerce violencia doméstica (3 meses) porque lo dice el Tribunal Supremo. Del mismo modo si mandas a tu pareja a la mierda y ella te contesta que a la mierda te vas tú, eso es una falta penada con 5 días de arresto domiciliario para ti y una reprimenda para ella.
¿Es este el espíritu de la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres?
Imagino entonces que los robos con fuerza ejercidos por mujeres sobre hombres dejarán de ser robos con fuerza y pasarán a ser hurtos. ¿No es esa la lógica?
¿Estamos ya en el punto en que si me pega una mujer por la calle no me puedo defender?
A que ahora va a resultar que la libertad nos vuelve locos. ¿Será esa la idea final que nos quieren transmitir con todo esto?
Y siguiendo con las contradicciones: ¿De verdad voy a tener que votar a Vox para defender el auténtico espíritu del artículo 14 de la Constitución?
Todo parece indicar que, sea por el motivo que sea, alguien nos quiere divididos y enfrentados todos contra todos. Sea quien sea, hay que felicitarle, lo está haciendo francamente bien y nosotros estamos cayendo en la trampa como corderitos.
10 enero, 2019 en 5:28 pm
En realidad, ese impedimento del ejercicio de la legítima defensa no se refiere a «las mujeres», sino a aquéllas con las que tienes, o has tenido, una relación de convivencia; que es la justificación del «Instituto de la Violencia de Género», que se alza contra la repugnante «cosificación», no del otro, sino de la mujer que comparte o ha compartido tu vida.
Pero, me preocupa otra cuestión que no está siendo tratada; y es gruesa; mucho.
Ni ella ni él denunciaron o acusaron.
Ha sido en todo momento la FISCALíA (es decir, el Gobierno, más directa que indirectamente; ANTES DEL PP, AHORA DEL PSOE, el PPSOE de toda la vida) la impulsora de las acciones penales. Acusó en el Juicio Oral. Apeló a la Audiencia Provincial, y contra la desestimación, recurrió en Casación al Tribunal Supremo, que le ha dado la razón en esta controvertida sentencia, que espero poder leer completa cuanto antes.
Porque esa Sentencia del Supremo, LOS OBLIGA A CESAR EN SU CONVIVENCIA DURANTE MUCHOS MESES; entrometiéndose en la esfera privada de la intimidad familiar de las personas de manera inadmisible. Intolerable.
En definitiva, como decían los aristócratas de la Atenas anterior a Solón, «hay que hacer al pueblo todo el daño que sea posible, no por sadismo, sino por ser la única manera de mantenerlo débil y así poder, los muy pocos, prevalecer sobre los muchos».
En efecto, como dijo no sé si Julio o César, «Divide y vencerás». Y en eso andan.
Quizás algo tenga que ver el hecho de haber olvidado cómo construir. Nos oponemos, protestamos, exigimos, pero nada proponemos, nuestros compromisos son fugaces, y todos los principios van encontrando el final …
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