Source: http://www.consejosdederecho.com.ar/87.htm
Timestamp: 2018-11-15 06:39:57
Document Index: 232045203

Matched Legal Cases: ['e contrario', 'artículo 203', 'artículo 210', 'artículo 3554', 'artículo 3776', 'artículo 1204', 'artículo 3786']

OBJETO LEGADOS - COSAS QUE PUEDEN LEGARSE - LOS DERECHOS LEGADOS - DERECHOS QUE PUEDEN SER LEGADOS - COSAS LEGADAS - EL RECONOCIMIENTO DE DEUDA LUEGO DEL FALLECIMIENTO - BIENES GANANCIALES O PROPIOS - LEGADO ALIMENTOS - LEGADO SUMA DINERO - LEGADO LOCAL
LAS COSAS QUE PUEDEN SER LEGADAS. SISTEMA PREVISTO POR NUESTRA LEGISLACIÓN CIVIL. LEGADOS DE ALIMENTOS, DE PRESTACIONES PERIÓDICAS, DE DAR SUMAS DE DINERO, ETC. DESCARGA EN AUDIO TEXTO IMPLICA QUE LO PUEDE ESCUCHAR AL TEMA POR INTERNET O DESCARGAR ESTE CONTENIDO EN AUDIO EN SU PC.
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¿Pueden ser objeto de los legados las cosas futuras?
¿Se puede delegar el objeto del legado a un tercero?
¿Cómo se identifica la cosa legada en cierto grado?
¿Pueden legarse cosas ajenas?
¿Cuáles son las consecuencias posibles de que el heredero no cumpla con la obligación de adquirir o intentar adquirir la cosa de un tercero?
¿Está legitimado el legatario de cosa ajena a solicitarla del propietario?
¿Qué ocurre con los frutos o productos de la cosa legada ajena?
¿Puede el heredero perder la sucesión por incumplimiento de adquirir la cosa legada del propietario?
¿Qué ocurre si la cosa legada es obtenida por el testador luego de realizado el legado?
¿Qué ocurre si la cosa legada es tan onerosa que el heredero decide no adquirirla?
¿Cómo podría llevarse a cabo la adquisición por el heredero para un legatario una cosa ajena por su género o especie?
Valores diferentes a elección del heredero respecto a su subjetividad en la apreciación de la cosa ajena objeto de legado.
Duda sobre el objeto legado
¿Desde qué momento es propietario el legatario de cosa cierta?
¿Pueden ser objeto de los legados las cosas incorporales como ciertos derechos que no son el de dominio pleno o propiedad?
Usufructo, uso y habitación ¿Pueden ser objeto de legados?
¿Pueden legarse las acciones o cuotas partes de una sociedad o empresa comercial?
¿Desde cuándo es propietario el legatario?
¿Desde cuándo es propietario el legatario de las cosas inciertas, sólo seleccionadas por la especie o género?
¿Se puede considerar legado el producido de una venta de un inmueble del acervo hereditario?
¿Es legado de cosa cierta el inmueble no subdividido pero construido en varias construcciones?
¿Cómo puede hacerse la identificación del inmueble?
¿Qué pasa con las modificaciones a los predios posteriores al legado realizadas por el testador?
¿Qué sucedería si las mejoras en el predio no las hizo el testador?
Legado de una casa con sus muebles.
Legado de un establecimiento rural o hacienda de campo.
La expresión “lego el negocio”
Legado de conjunto de cosas
El testador no era el único dueño de la cosa legada pero luego la adquirió.
Supuesto de legado de universalidades de bienes sin consideración a los objetos que lo componen.
Condición necesaria para que exista legado de sucesión.
El legado del bien que forma parte de una sucesión y que el testador consideró propio o que iba a incorporarse a su patrimonio.
¿Qué pasa con los gananciales post mortem, con los menores e incapaces, con la constitución de bien de familia, con la indivisión hereditaria, y con la administración por el cónyuge sobreviviente?
Supuesto de asentimiento conyugal para el legado de gananciales.
Supuesto de falta de asentimiento conyugal. Aplicabilidad de las normas sobre beneficio de competencia.
Supuesto de que el bien ganancial haya sido aportado por uno de los cónyuges a más del cincuenta por ciento.
Supuesto en el que el bien ganancial se integre completamente al patrimonio del causante
Supuesto en el que el testador, al disolverse la sociedad conyugal, quede con el % 100 de la propiedad.
¿Qué ocurre en el supuesto de que el legado sea de un bien propio?
Legado de cosa hipotecada o prendada.
Legado de cosa cierta sujeto a servidumbre, usufructo, uso, etc.
Legado de género de cosas pero infungibles.
Legado de cosas fungibles.
Legado de dar suma de dinero.
¿Cuándo se produce la mora del heredero encargado de dar el legado de dinero? ¿Cuál es la sanción posible por la mora?
¿Se pueden actualizar los legados de dar sumas de dinero?
Legado de dar una suma de dinero en moneda extranjera.
Legado de un certificado de depósito en moneda extranjera.
¿El legado de un crédito comprende sus accesorios, como garantías por ejemplo?
¿Si queda subsistente el cumplimiento de una obligación, por parte del testador puede considerarse legado de crédito?
¿Puede considerarse legado de crédito al ocasionado con motivo de un ilícito del que ha sido víctima el testador?
¿Puede el legatario de crédito transmitir su derecho?
¿Puede ser legado una remisión de deuda del legatario a su testador?
Caso de remisión de deuda contemplado en el Código Civil no expresado directamente en el testamento
¿Cabe la interpretación analógica de remisión de la deuda para otros supuestos?
Legado de cosa alternativa.
Un supuesto inmoral. Legado de reconocimiento de deuda.
Otro supuesto inmoral: el legado de lo que es debido.
Facultades de los legatarios a los que se les reconocen deudas.
El legado de prestaciones periódicas.
Legado de alimentos. ¿Puede solicitarse un incremento de la cuota alimentaria o su reducción como en el caso de los alimentos en el Derecho de Familia?
He de referirme, seguidamente, a las cosas u objeto de los legados.
Puede tratarse de cualquier cosa comercializable. No necesita que esté específicamente en el comercio, basta que sea comercializable. Por ejemplo, no lo es un cadáver, pero sí sus órganos, si el legado lo contiene, para personas que necesitan de alguno de los mismos. Eso es “comercializable”, entendiendo por tal término, aquello que circula o puede circular muy posiblemente dentro de la economía.
Las llamadas “cosas futuras”, empleando una incorrecta terminología, pueden ser objeto de un legado, por ejemplo, la cosecha de tal año. Obviamente se va a tratar de lo recaudado por motivo de la cosecha, ya que no se puede retroceder en el tiempo con cosas perecederas, que deben venderse por ese mismo motivo.
El empleo de la palabra “cosa futura” está en el art. 3751 al decir el mismo: “Pueden legarse todas las cosas y derechos que están en el comercio, aun las que no existen todavía, pero que existirán después” Si se tiene la certidumbre de que existirán después, no es una cosa futura, es un derecho actual, y si no llegase a existir los autores entienden que no existe legado. O sea, la cosa futura debe ser cierta, con muchas chances de que se produzca, o sea que la certidumbre debe analizarse con la lógica del art. 901 del Cód. Civil: “Las consecuencias de un hecho que acostumbra suceder, según el curso natural y ordinario de las cosas, se llaman en este código "consecuencias inmediatas". “Las consecuencias que resultan solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman "consecuencias mediatas". Las consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman "consecuencias casuales". Este artículo dispone lo que se da en denominar en derecho, cadena de causalidad adecuada, esto significa que existe una relación de causa – efecto, y que esa relación de causa efecto, sea la que estadísticamente suela ocurrir. Por consiguiente, si el hecho futuro, no ocurriese por un hecho concausal, es decir, por ejemplo, en el caso de una siembra, no se coseche, por obra de un inusitado problema, que no suela ocurrir, no resultaría un objeto de un legado. Pero, estos son derechos que ya tenía el testador en expectativa, ya estaban dentro de su patrimonio, y por consiguiente son derechos actuales, aunque luego se produzcan efectos futuros, los derechos en expectativa, tienen la potencialidad de acrecer el patrimonio de las personas, y el mismo estaba ya en el momento del legado. Por lo tanto, lo de futurístico, a tenor de la norma en análisis, respecto de la causalidad adecuada, es un término que no define adecuadamente. Hay que hechos futuros que son inciertos, ellos no pueden ser objeto de los legados, porque no están en el patrimonio del testador, por lo que no puede disponerse de lo que no sea tiene. No es un derecho en expectativa porque no hay un mínimo de derecho, sólo una chance, y la chance, no es un bien incorporado al patrimonio, no es un activo patrimonial computable, y, por lo tanto, no siendo o no formando parte del activo patrimonial, no es factible instituir un legado de esa manera. El tema es discutible, dentro de las estadísticas. Hay autores que restringen el hecho futuro de muy marcada manera, otros que son más abiertos. En lo personal, considero que es hecho futuro, todo aquello que estadísticamente pueda ocurrir, incluyendo, por ejemplo, un mero billete de lotería. Todos concuerdan en que no sería un objeto futuro debe convertirse en una cosa, entendiendo por tal, objeto comercializable. Y sobre esa cosa se tienen derechos, por consiguiente, los meros derechos en expectativa, no son objetos de legados. La condición de hecho futuro, se debe entender como que se convierte en cosa, en alguna oportunidad, en algún momento. Pero el derecho en expectativa no es cosa, no hay derechos sobre una cosa, por lo que lo inmaterial no puede ser objeto de legado. Lo cierto es que acuñar el concepto de “cosa futura” es una terminología indefinida, debiera precisarse como “cosa producto del derecho en expectativa estadísticamente posible”.
Es aquí donde se plantea un problema respecto de esa expectativa, que los autores llaman cosa futura cierta, es decir, con chances de ocurrir reales y razonables. Todos sostienen que es cosa futura la que no existe pero existirá. Pero al mismo tiempo hablan de un grado de certeza. Rébora entiende que se trata de una condición ( de que llegue a existir ).
Pero lo más interesante del tema, es que no se trata de una cosa futura objeto del legado, puesto que debe incorporarse al patrimonio del testador dicha cosa, por lo que lo de legado de cosa futura, como concepto, deja bastante que desear, ya que debe estar la cosa y los derechos del testador, en vida del mismo, por lo que no debemos confundir.
La respuesta es no, aunque sea un heredero, un sucesor universal o particular, un legatario de cuota alícuota, el cónyuge. No puede elegir el objeto del legado, mejor dicho, la elección del legado no puede depender de un tercero. Si lo que estableció el testador es un porcentaje en la herencia que hace depender la entrega de la cosa que correspondería a ese porcentaje a un tercero, es un legado de parte alícuota, otro tipo de legado, pero no objeto de legados particulares. Sobre legado de parte alícuota ya me expedí. Solamente puede dejarse a elección de un tercero, algo de un género o especie de la herencia.
Puede haber, en la individualización, algún grado de incertidumbre. El art. 3756 del Cód. Civil señala: “El legado de cosa indeterminada, pero comprendida en algún género o especie determinada por la naturaleza, es válido, aunque no haya cosa de ese género o especie en la herencia. La elección será del heredero, quien cumplirá con dar una cosa que no sea de la calidad superior o inferior, habida con consideración del capital hereditario, y a las circunstancias personales del legatario” El art. 3757 señala: “Siempre que el testador deje expresamente la elección al heredero o al legatario, podrá el heredero en el primer caso, dar lo peor, y en el segundo, el legatario escoger lo mejor”.
Si es parcialmente ajena, sí, en la parte que es propia. No se puede legar respecto de lo que no se tiene derecho sobre el objeto. Por cierto, existen hipótesis de que las cosas son ajenas, pero pueden llegar a estar en la expectativa de inclusión el patrimonio del testador. En vida del testador se le permite hasta la enajenación de la cosa ajena, y se le pone como condición para que la enajenación sea válida, que, en determinado momento forme parte de su activo patrimonial. Así lo dispone el art. 1177 del Código Civil: “Las cosas ajenas pueden ser objeto de los contratos. Si el que promete entregar cosas ajenas no hubiese garantizado el éxito de la promesa, sólo estará obligado a emplear los medios necesarios para que la prestación se realice. Si él tuviere culpa de que la cosa ajena no se entregue, debe satisfacer las pérdidas e intereses. Debe también satisfacerlas, cuando hubiese garantizado la promesa, y ésta no tuviere efecto”. Pero esta disposición no es aplicable a los legados, ya que no es un contrato, sino un acto lícito con disposición de última voluntad, no hay consentimiento entre vivos que caracteriza a los contratos. Al respecto, rige otra norma, la cual es el art. 3754 “Si el testador ordenare que se adquiera una cosa ajena para darla a alguna persona, el heredero debe adquirirla y darla al legatario; pero si no pudiese adquirirla porque el dueño de la cosa rehusare enajenarla, o pidiese por ella un precio excesivo, el heredero estará sólo obligado a dar en dinero el justo precio de la cosa. Si la cosa ajena legada hubiese sido adquirida por el legatario, antes del testamento, no se deberá su precio sino cuando la adquisición hubiese sido a título oneroso, y a precio equitativo”. Se establece así, un régimen específico para el legado de cosa ajena distinto al establecido para los contratos. Es la única factibilidad de hacer un legado de cosa cierta total o parcialmente ajena.
Si el heredero no cumple con tal obligación, puede ser demandado a efectos de dicho cumplimiento, pero no se puede accionar por daños y perjuicios en toda su extensión, sino, solamente, con relación el valor de la cosa en dinero, salvo que el incumplimiento sea doloso. Que el precio sea el justo, depende del arbitrio del heredero, y es, por lo tanto, una cuestión subjetiva. Ahora, ningún cumplimiento por parte del heredero, puede dar lugar a una acción por daños y perjuicios.
No la acción, o las acciones, son exclusivamente del legatario contra el heredero.
En principio, y tal como surge de la propia ajenidad, el legatario no es propietario de la cosa legada, por lo que mal puede serlo de los frutos o productos, salvo, la inacción dolosa del heredero.
Puede perder la legítima, es decir, la porción indisponible si así lo impuso el testador. Sobre la legítima me remito ( clic aquí ).
La doctrina no es muy coherente al respecto, sostiene que los bienes deben considerarse al momento de la redacción del legado. Sin embargo critican al artículo en mención por no contemplar la hipótesis de la adquisición posterior o a la fecha de su fallecimiento. Sostienen que la norma de referencia 3754 es de aplicación igualmente.
En dicho supuesto, puede renunciar a la sucesión, incluso puede renunciar a la parte no legítima conservando su legítima.
No esta prevista esa posibilidad, en lo que a legados se refiere por lo que rige a rajatabla el art. 3752 del Código Civil: “El testador no puede legar sino sus propios bienes. Es de ningún valor todo legado de cosa ajena cierta y determinada, sepa o no el testador que no es suya, aunque después adquiriese la propiedad de ella.” . Pero sin perjuicio de esta norma, fuera de lo que es el legado en sí, puede imponerse una carga testamentaria, a un heredero, que si es demasiado onerosa, puede incumplirla renunciando a la sucesión en lo que a la porción no legítima se refiere.
Al respecto rige el art. 3765 del Cód. Civil: “En caso de duda sobre la mayor o menor cantidad de lo que ha sido legado, o sobre el mayor o menor valor, se debe juzgar que es la menor cantidad o de menor valor”.
Duda sobre el objeto legado.
Puede admitirse alguna duda sobre la cosa legada, al respecto señala el art. 3764 del Cód. Civil: “El error sobre el nombre de la cosa legada, no es de consideración alguna, si se puede reconocer cuál es la cosa que el testador ha tenido la intención de legar”
Desde el fallecimiento del causante, pero tendrá la posesión desde la apertura de la sucesión, y debe pedirle la posesión a los jueces, no entran como los herederos legitimarios en posesión de dichos bienes sin necesidad de pedírsela a los jueces. Por ello, el legatario de cosa cierta y determinada, no es propietario de los frutos o productos anteriores. De la acción de petición el juez dará conocimiento a los herederos o albacesas. Disponen así los arts. 3766 “El legatario de cosas determinadas es propietario de ellas desde la muerte del testador, y transmite a sus herederos el derecho al legado: los frutos de la cosa le pertenecen, y su pérdida, deterioros o aumentos son de su cuenta. Esta disposición se aplica a los legados hechos a término cierto o con una condición resolutoria” y el art. 3667 “El legatario no puede tomar la cosa legada sin pedirla al heredero o albacea, encargado de cumplir los legados. Los gastos de la entrega del legado son a cargo de la sucesión” No sería necesario el pedirla a los jueces si los herederos son todos legitimarios.
Borda sostiene que no, dado que el art. 3766 habla de “propiedad”, o sea un dominio no desmembrado. Por otro lado el art. 3775 “Cuando el legado sea de un objeto determinado en su individualidad, el legatario está autorizado a reivindicarlo de terceros detentadores con citación del heredero”.
El sistema de Vélez Sársfield ha sido siempre contrario al desmembramiento del derecho de dominio. No obstante, algunos autores, como Zanoni consideran otra cosa.
Para la respuesta positiva se basan en el art. 2812 del Cód. Civil inc. 2, relativo al usufructo “El usufructo se constituye:
1º Por contrato oneroso o gratuito;
2º Por actos de última voluntad;
3º En los casos que la ley designa;
Respecto del uso y la habitación en el art. 2949 del C. Civil: “El uso y la habitación se constituyen del mismo modo que el usufructo, con excepción de no haber uso legal o establecido por las leyes”
Sostienen que en este caso, la nuda propiedad, o sea la propiedad sin la posibilidad de uso, habitación o con usufructo, la tendrá el heredero, a quien hay que solicitarla.
Y que por tales motivos, es dable aceptar que el legado puede recaer sobre esos derechos.
Personalmente no estoy de acuerdo, aunque sea la doctrina mayoritaria, puesto que las disposiciones antes vistas sobre legados, como por ejemplo la elección por género o especie, estarían en letra muerta, salvo que se refieran a un dominio pleno.
Por otro lado, “acto de última voluntad” no significa que necesariamente abarque al legado, puede tratarse, en realidad, de una disposición testamentaria, institución de herederos, o una mejora por dicha vía de un heredero legitimario. La doctrina mayoritaria no coincide en esto. No sigue la opinión de Borda.
La respuesta es afirmativa, se trata de un legado de cosa cierta, ello conforme a la regla del art. 2319 del Código Civil al referirse a la moneda y a los instrumentos públicos o privados: “Son también muebles todas las partes sólidas o fluidas del suelo, separadas de él, como las piedras, tierra, metales, etc.; las construcciones asentadas en la superficie del suelo con un carácter provisorio; los tesoros, monedas y otros objetos puestos bajo del suelo; los materiales reunidos para la construcción de edificios mientras no estén empleados; los que provengan de una destrucción de los edificios, aunque los propietarios hubieran de construirlos inmediatamente con los mismos materiales; todos los instrumentos públicos o privados de donde constare la adquisición de derechos personales”. Por lo que el codificador al considerar “cosa mueble” a lo indicado, el legado es de cosa cierta.
El art. 3766 dispone que “El legatario de cosas determinadas es propietario de ellas desde la muerte del testador, y transmite a sus herederos el derecho al legado: los frutos de la cosa le pertenecen, y su pérdida, deterioros o aumentos son de su cuenta. Esta disposición se aplica a los legados hechos a término cierto o con una condición resolutoria.” Sin embargo a pesar de que es propietario, no tiene automáticamente la posesión de los bienes, por lo que tendrá que pedírselas a los herederos legitimarios, ya que son los únicos que entran en la posesión de la herencia sin necesidad de pedirla a los jueces, y por medio del juez, de ser necesario si los herederos legitimarios no le dan la cosa o si no lo son. Casi siempre, puesto que es necesaria también la apertura de la sucesión, ya que, es desde ese momento en que se aclara mejor la situación, pero la posesión de las cosas de pleno derecho de los legitimarios, haría entrar en juego la posibilidad de la entrega por ellos de la posesión sin necesidad de esperar la apertura de la sucesión. Al entrar en posesión, serán suyos los frutos y productos. Por esta razón no serán del legatario, los frutos o productos anteriores, hasta la posesión, porque ese es el modo de entrar en el dominio de la cosa legada, por más que el artículo referido diga que es propietario desde la fecha de la muerte del testador. De otra manera habría entre fallecimiento y apertura un cuadro de responsabilidad que sería factible imputar sólo por la inacción del propio legatario, ya que él puede abrir la sucesión y pedir la posesión al juez. Ahora, si la cuestión se controvierte con los herederos, la consiguiente obligación de reparar el daño causado, si de dicha controversia ha surgido un daño y no les asistía razón a los herederos en la apertura de la sucesión, o antes, en caso de ser legitimarios y haberles sido reclamado el legado.
En este caso es necesaria una actividad inicial, o sea la individualización, y, si la misma, en la disposición testamentaria no corresponde al legatario escoger, se aplicará la norma del art. 3756 y 3757 referidos: “El legado de cosa indeterminada, pero comprendida en algún género o especie determinada por la naturaleza, es válido, aunque no haya cosa de ese género o especie en la herencia. La elección será del heredero, quien cumplirá con dar una cosa que no sea de la calidad superior o inferior, habida con consideración del capital hereditario, y a las circunstancias personales del legatario” El art. 3757 señala: “Siempre que el testador deje expresamente la elección al heredero o al legatario, podrá el heredero en el primer caso, dar lo peor, y en el segundo, el legatario escoger lo mejor”.
Absolutamente sí, y puede tratarse de cosa ajena en los términos indicados al hablar de legado de cosa ajena, o puede estar comprendido en el acervo hereditario, pero no se trata de legados de cosas ciertas, porque no existían en vida del testador, se trata de una imposición a un heredero o legatario, de vender cierta cosa para entregarle otra, o dinero al otro legatario. Y es desde ese momento en que es propietario de la cosa, no desde la muerte del testador, pues éste ha deferido en el tiempo, el dominio del legado.
En la suposición de que, en una fracción de terreno, existieran tres edificaciones, y todas aparentan en distintos lotes no subdivididos. Fassi lo mira desde el punto de vista de si es un solo lote, en realidad, o no, conforme al destino y conforme a los títulos. Menciona que los predios pueden ser, en realidad, una fracción de terreno, dividida o no. Podrí estar dividida, sostiene, pero el destino es importante porque en realidad el predio sería uno, al igual que el o los títulos y el destino. Y el destino predominaría sobre el o los títulos. No estoy de acuerdo: mientras la subdivisión sea factible se considerará legado de cosa cierta y respecto de las construcciones, no es sólo la subdivisión, es también todo lo relativo al Código de Edificación y Planeamiento. Importa a mi juicio, mucho menos el destino y los títulos y si se trata de un solo predio o más. Si lo construido en una fracción de terreno es divisible, ya es cosa cierta, pero de terreno, no de lo construido. Para lo cual habría que examinar la legalidad con los otros códigos mencionados. También podría verse la posibilidad de aplicación de la ley 13.944 de propiedad horizontal. Si las condiciones legales lo permiten, estamos en presencia de un legado de cosa cierta, y el legatario podría pedir la posesión de lo construido y de su futuro lote dadas las condiciones legales que le permiten esa posesión.
Lo mejor es ser lo más preciso posible. Se lo puede identificar por la chapa de ingreso catastral, por el número de partida de contribución inmobiliaria, por la matrícula o legajo, o por la partida municipal. Existen supuestos de descartes, donde los testadores mencionan a los terrenos sin esas especificaciones, por ejemplo por provincia o municipalidad, por el nombre del terreno, por los linderos o vecinos, siempre que no exista confusión en los términos de dónde comienza uno y dónde el otro. La orientación de la rosa de los vientos es suficiente.
Al respecto hay que tener bien presente lo dispuesto por el art. 3762 del Cód. Civil: “Si la cosa legada es un predio, los terrenos y los nuevos edificios que el testador le haya agregado después del testamento no se comprenden en el legado; y si lo nuevamente agregado formase con lo demás, al tiempo de abrirse la sucesión, un todo que no pueda dividirse sin grave pérdida, y las agregaciones valiesen más que el predio en su estado anterior, sólo se deberá al legatario el valor del predio; si valiesen menos, se deberá todo ello al legatario, con el cargo de pagar el valor de las agregaciones, plantaciones o mejoras”
La solución aparece lógica, el testador lega los bienes en el estado en el que se encuentran. Pero no parece muy elocuente desde que es el mismo testador el que edifica a sabiendas del legado. Por ello el Codificador en la nota a este artículo expresa: Todos los códigos, desde el romano, disponen que el legatario tiene derecho a la cosa legada con todos sus accesorios, en el estado que ella se encuentre a la muerte del testador. POTHIER, "Pand", t. 2, p. 338, núm. 329. L. 37, tít. 9, Part. 6ª, Cód. francés, art. 1018; holandés, 1010, y que por lo tanto, si el testador ha hecho construcciones en un terreno legado en su testamento, estas construcciones pertenecen al legatario. Cód. francés, art. 1019. POTHIER, "Pand", t. 2, p. 336, núm. 316. TROPLONG, "Testament", núm. 1940. AUBRY y RAU, § 722. Estas resoluciones parten del principio de que el dominio de las cosas comprende el dominio de los accesorios de ella. Más esto no basta para fundar estas resoluciones, pues las mejoras hechas en cosa ajena, lo que se edifique de buena fe en suelo ajeno, son en verdad del propietario de cosa mueble o inmueble; pero él debe satisfacer lo edificado o las mejoras que se hubiesen hecho. Por otra parte, se olvida el principio que siempre rige las liberalidades, que éstas más bien deben restringirse que ampliarse. Sobre lo contenido en el artículo, MARCADE mismo que sostiene la disposición del art. 1019 del Cód. francés, reconoce que la construcción de un edificio, sobre un terreno legado que al tiempo del testamento era un jardín, que causase la destrucción del jardín, causaría la caducidad del legado, y que el legatario lejos de poder agregar la construcción del terreno legado, no conservaría ni el terreno mismo. El Cód. de Chile se separa de la legislación y doctrinas existentes sobre la materia, y de él tomamos el texto del artículo. Sobre la materia, COIN DELISLE en los arts. 1018 y 1019. DEMANTE, t. 4, núm. 64 bis.
Pero en definitiva, es la solución que adoptó nuestro sistema, el expresado en el artículo, con las discrepancias de la nota.
Desde luego no se comprende demasiada la norma, aunque es clara, puesto que si hay herederos legítimos y esas mejoras o modificaciones alteraron su valor, y, por lo mismo, afectaron la legítima de los herederos forzosos, el legatario sólo tiene derecho a la porción disponible. Suceden a diario situaciones como la siguiente: terrenos que valen muy poco dinero y respecto de los cuales se hacen, por ejemplo los complejos enormes, que varían en mucho la fortuna del testador. No veo problema alguno en el uso de la legítima, y se le deberá el dinero de lo que era legado al momento de pagarle la porción disponible. No comprendo por cuál razón esta disposición se aparta de la legítima y de las acciones de su defensa, para instaurar un mero sistema de disidencia en el derecho comparado.
La solución ha sido muy criticada. Ha llevado a Azpiri a sostener qué es lo que vale más y si se trata de una mejora que, si se saca, no afecta al valor del predio, o no le ocasiona grave pérdida. Si la mejora es fundamental, o mayor que el valor del predio en sí, considerando lo construido y el lote vacío, y si esa construcción se puede sacar, sin desmedro del lote, y sin desmedro de la mejora, se habrá de tener que entregar el lote, y la mejoras quedarán para los herederos. Es difícil imaginarse esa posibilidad.
Ningún autor menciona la disposición del art. 2950 plenamente aplicable a este caso (¿?): “Cuando haya habido mala fe, no sólo por parte del que edifica, siembra o planta en terreno ajeno, sino también por parte del dueño, se arreglarán los derechos de uno y otro según lo dispuesto respecto al edificante de buena fe. Se entiende haber mala fe por parte del dueño, siempre que el edificio, siembra o plantación, se hicieren a vista y ciencia del mismo y sin oposición suya.” Tampoco mencionan los arts. 2588: “Cuando de buena fe, se edificare, sembrare o plantare, con semillas o materiales propios en terreno ajeno, el dueño del terreno tendrá derecho para hacer suya la obra, siembra o plantación, previas las indemnizaciones correspondientes al edificante, sembrador o plantador de buena fe, sin que éste pueda destruir lo que hubiese edificado, sembrado o plantado, no consintiéndolo el dueño del terreno” y 2589: “Si se ha edificado, sembrado o plantado de mala fe en terreno ajeno, el dueño del terreno puede pedir la demolición de la obra y la reposición de las cosas a su estado primitivo, a costa del edificante, sembrador o plantador. Pero si quisiere conservar lo hecho, debe el mayor valor adquirido por el inmueble”
Si el testador ve edificar por parte del legatario, o de los herederos, la solución va a ser distinta en uno u otro caso. Como en vida el único que puede quejarse es el titular del bien, es decir, el testador, de no existir una oposición del mismo, sea que la mejora la haya hecho un heredero o el propio legatario, o un tercero, si el testador no se opuso, los que hicieron las obras, pueden reclamar su valor, salvo prescripción de la acción de reclamo. Ahora, si el testador “hizo suya” la obra, es decir, la incorporó, desinteresando al constructor, nada se le debe al legatario.
La doctrina sin embargo, sostiene que puede el heredero que ha construido, solicitar el valor de las mejoras, o construcciones sin más. No se comprende a esta doctrina porque no son propiedad de los herederos, que son extraños al testador en materia patrimonial sino hasta el momento de su muerte. No pueden pedir el valor de las mejoras, si no las reclamaron del testador en términos judiciales en tiempo propio. Sea que se trate de un edificio porque no le pertenecía, y sabía ello, o contaba con los medios suficientes como para saber que eran del testador las propiedades sobre las que se construyó. Más allá de lo cual, es obvia en tribunales la aplicación de la referidas normas y del plazo de prescripción por las mejoras realizadas para su reembolso. Obviamente que, muchas veces, no vamos a poder hablar de “mejoras” por cuanto lo construido puede exceder el valor del terreno, pero esta es una cuestión semántica, no hay mas expresiones en el Código Civil. Por ende que las susodichas mejoras, quedarán a favor del legatario, siempre que se den las condiciones indicadas y el plazo de prescripción comienza a correr desde que estas construcciones se alzaron. Es la solución de la jurisprudencia, por otro lado.
Si sólo se hace mención a los muebles, en general, es de aplicación el límite establecido en el art. 2323: “En los muebles de una casa no se comprenderán: el dinero, los documentos y papeles, las colecciones científicas o artísticas, los libros y sus estantes, las medallas, las armas, los instrumentos de artes y oficios, las joyas, ninguna clase de ropa de uso, los granos, caldos, mercaderías, ni en general otras cosas que las que forman el ajuar de una casa”. Esto, obviamente salvo que la disposición testamentaria diga otra cosa.
En el caso juega el art. 3763: “Si se lega una casa con sus muebles o con todo lo que se encontrase en ella, no se entenderán comprendidos en el legado sino los muebles que forman el ajuar de la casa y que se encuentran en ella; y así, si se legase de la misma manera una hacienda de campo, no se entenderá que el legado comprende otras cosas que las que sirven para el cultivo y beneficio de la hacienda y que se encuentran en ella.”
Se trata de los elementos de producción, no de lo producido. La hacienda no se incluye.
Se ha interpretado que incluye el local. Eso depende de la investigación de la voluntad del testador y del tipo de negocio. A mi entender si el negocio es de un tipo que no ha necesitado operativamente de un local determinado, éste queda excluido, como por ejemplo, legar un negocio de venta de ropas que se hacía por internet, y era indiferente hacerlo por cualquier otro lado. Al revés, hay locales que tienen un valor como fondo de comercio. En esos casos corresponde interpretar que el local queda incluido. En este sentido, pero sin este distingo, la casi totalidad de la doctrina coincide.
Legado de conjunto de cosas.
Suelen emplearse palabras tales como, mis computadores, mis libros, etc. El legado es de cosa cierta. Está individualizado como conjunto. Debe serle entregado lo que exista, y lo que haya sido enajenado por el testador, sobre eso, el legatario no tiene derechos.
Si bien es cierto que lo que se da como legado es lo que el testador tenía al tiempo de realizar la liberalidad mortis causa, se ha admitido, con elasticidad, que debe interpretarse su voluntad, por ejemplo, si señala que lega el inmueble sito en tal calle, pero lo tenía en conjunto con otro, y luego lo adquiere, es que su voluntad ha sido entregarle el % 100 de ese inmueble, a modo de ejemplo. De otra manera, si el testador indica el porcentual o dice parte indivisa o manifiesta de alguna manera ser titular parcial, entonces se entenderá que el legado es de una parte indivisa. La cual está permitida en el Código Civil, al señalar el art. 3752 del Código Civil: “El testador no puede legar sino sus propios bienes. Es de ningún valor todo legado de cosa ajena cierta y determinada, sepa o no el testador que no es suya, aunque después adquiriese la propiedad de ella”. La letra del artículo aparece como contundente. Y le va en contra de la doctrina mayoritaria en la interpretación de la voluntad del testador y la posibilidad de que éste adquiera el resto porcentual. A mi entender, la disposición referida en primer lugar, es clara en el sentido de que se trata de cosas ajenas en un % 100, porque dice la norma: cosa ajena cierta y determinada y en un condominio no hay determinación de cosa. No creo que sea, ontológicamente, un legado de cosa cierta, porque se trata de cuotas partes ideales, no representativas de otra cosa que no sea de derechos, por ser, el de dominio, retaceado. Se trata de un legado de un derecho, que lo admite la doctrina y la jurisprudencia, pero ha generado un debate infernal, siendo la doctrina mayoritaria la que interpreta en el sentido expuesto: dependiendo de cómo el testador haya redactado la disposición testamentaria. Si repasáramos un poco, en materia de condominio, veríamos que, respecto de la cosa, sobre la que recaen los derechos del propietario, que hay varias restricciones, que invalidan a la cosa como cierta, en el sentido de que sobre la misma hay posibilidad de hacer o deshacer, entre vivos, y, por ende, por actos de última voluntad. El condómino no puede realizar actos materiales ni jurídicos que involucren el ejercicio actual del derecho de propiedad, puesto que está condicionado: así el art. 2680 del C. Civil al señalar: “Ninguno de los condóminos puede, sin el consentimiento de todos, ejercer sobre la cosa común ni sobre la menor parte de ella, físicamente determinada, actos materiales o jurídicos que importen el ejercicio actual e inmediato del derecho de propiedad. La oposición de uno bastará para impedir lo que la mayoría quiera hacer a este respecto” “Todo lo contrario respecto al derecho de un único titular, art. 2684: Todo condómino puede gozar de la cosa común conforme al destino de ella, con tal que no la deteriore en su interés particular”. También lo contrario al derecho del único titular. Una titularidad dominial restringida de esta manera su dominio, no es sino, el titular de un derecho, que se llama de condominio, y que difiere del de dominio, por estas limitaciones. Si se es titular único, se tiene derecho, incluso, a la propia destrucción de la cosa de la que se es dueño, en cambio, en el condominio, la cosa es para usarla y gozarla con otra condición más: conforme a su destino, no pudiéndose hacer nada más. La norma del art. 3752, por el lugar donde está incorporada en el Código Civil, por el contexto del que se rodea, evidencia referirse a las cosas totalmente ajenas. Y como se está hablando, en ese contexto normativo, del legado de cosa cierta, no existiendo en este caso, a mi entender, el legado puede ser admitido, no por ser “cosa”, ya que se trata de una fracción ideal, donde nadie es dueño de una porción cierta de la cosa. Es realmente un legado de derechos y ni de parte alícuota, puesto que no se transmite el porcentual de una universalidad.
Podría entenderse su postrer incorporación y formar parte del legado por la aplicación analógica de esta norma: “El legado de cosa indeterminada, pero comprendida en algún género o especie determinada por la naturaleza, es válido, aunque no haya cosa de ese género o especie en la herencia. La elección será del heredero, quien cumplirá con dar una cosa que no sea de la calidad superior o inferior, habida con consideración del capital hereditario, y a las circunstancias personales del legatario”.
El condominio es incierto pero no indeterminado. Es cierto en cuanto a que la cosa realmente existe, pero como no existen todos los derechos de dominio, habría una asimilación a una incertidumbre de derecho, de parte del testador, quien podría cumplir con posterioridad, pues era uno de los proyectos de vida y de última voluntad.
No obstante, por razones de reconocimiento de la realidad y la expresa permisión del codificador en el art. 3753, debe admitírselo, sea como legado de cosa cierta o como se llame, pero se lo toma y se le aplican las normas relativas a las mismas para este caso, toda vez que, existe en el testador, la posibilidad de enajenar el % 100 de su intangible cuota parte indivisa.
Es en supuesto, que se forme un legado con una herencia a la que el testador tenía derecho, pero, por disposición de última voluntad ( legado ) la deja como derecho para su legatario, sólo como derecho. Esta situación se llama derecho a la universalidad de bienes, y este derecho está contemplado en el art. 3281 del Código Civil y su nota: “La sucesión a título universal es la que tiene por objeto un todo ideal, sin consideración a su contenido especial, ni a los objetos de esos derechos”
Nota:3281. SAVIGNY, "Derecho romano", t. 8, § 375. Si la sucesión a título universal abraza los derechos particulares contenidos en el conjunto de los bienes, no es sino como integrante del conjunto que forma el objeto propio de la sucesión. La sucesión universal puede también no abrazar la totalidad, sino una porción determinada de los bienes, porque esta porción tiene por base necesaria el conjunto total como la fracción a la unidad.
Conforme hemos visto, los legados no pueden ser de derechos, sino de cosas, salvo el legado de parte alícuota. Es que el problema se presenta aquí, no cuando la sucesión ha sido legada y luego partida. Como el legado no es de cosa cierta, la doctrina igualmente lo admite, por el principio de analogía y haciendo una interpretación analógica de los arts. 3754: “Si el testador ordenare que se adquiera una cosa ajena para darla a alguna persona, el heredero debe adquirirla y darla al legatario; pero si no pudiese adquirirla porque el dueño de la cosa rehusare enajenarla, o pidiese por ella un precio excesivo, el heredero estará sólo obligado a dar en dinero el justo precio de la cosa” Que involucra, en cierto aspecto una elasticidad en el sentido de que el legado de derecho, cuando se materializa, es legado de cosa cierta, conforme a esa disposición. Por lo que el legado lo será cuando se materialice en la partición de la sucesión dejada como legado. De otra manera sería nula la disposición testamentaria. También se ha admitido la solución por vía de aplicación de normas análogas por lo dispuesto en el art. 3753 “El legado de cosa que se tiene en comunidad con otro, vale sólo por la parte de que es propietario el testador, con excepción del caso en que algún cónyuge legue un bien ganancial cuya administración le esté reservada. La parte del otro cónyuge será salvada en la cuenta de división de la sociedad”. Se lo acepta como legado diferido, es decir, sujeto a las normas que lo hacen cosa cierta para ser propietario.
Distinta sería la cuestión si el legado se recibe por partición de la herencia a la que tenía derecho el testador porque la partición, precisamente, no constituye en dueño, declara dueño de la cosa con efectos retroactivos. Se lo advierte a partir del art. 3503: “Se juzga que cada heredero ha sucedido sólo e inmediatamente en los objetos hereditarios que le han correspondido en la partición, y que no ha tenido nunca ningún derecho en los que han correspondido a sus coherederos; como también que el derecho a los bienes que le han correspondido por la partición, lo tiene exclusiva e inmediatamente del difunto y no de sus coherederos”
Se llegaría así a una interpretación restrictiva del art. 3752 al decir: “El testador no puede legar sino sus propios bienes. Es de ningún valor todo legado de cosa ajena cierta y determinada, sepa o no el testador que no es suya, aunque después adquiriese la propiedad de ella” Y esta interpretación restrictiva en cuanto a esta norma, valida las opciones, cuando se parte la sucesión, como los efectos son declarativos, y como la partición es meramente declarativa, conforme hemos analizado, es un legado de cosa cierta, porque al partirse la herencia, indica el art. 3503, es como si jamás hubiesen correspondido a otras personas lo que al testador heredero le queda en parte.
Ahora en la suposición de que le quede al heredero testador una parte indivisa, se aplicaría la norma del art. 3753 que permite el legado de cosas indivisas, al decir: “El legado de cosa que se tiene en comunidad con otro, vale sólo por la parte de que es propietario el testador, con excepción del caso en que algún cónyuge legue un bien ganancial cuya administración le esté reservada. La parte del otro cónyuge será salvada en la cuenta de división de la sociedad”
En definitiva, la cosa, si termina siendo cierta y determinada, para toda la doctrina y jurisprudencia es legado de cosa cierta.
Toda vez que no se pueden aceptar o rechazar herencias futuras, o sea respecto de personas que aún están vivas, es necesario que, a lo menos, el testador, tenga el derecho a intervenir como legatario o como heredero, legitimario o no, en la sucesión.
Va de suyo que nunca ha sido propietario, por lo que se sigue la solución prevista precedentemente.
¿Qué ocurre si se lega un bien que es ganancial?
Respecto de la parte indivisa, puede ser legada, respecto de la parte que corresponde al cónyuge condómino, el sistema legal es diferente al establecido para el condominio. El ex esposo debe tratar de salvar los derechos del ex cónyuge. Así lo expresa el codificador en el art. 3753 reformado en 1968 por la ley 17.711. El artículo decía: El legado de cosa que se tiene en comunidad con otro, vale sólo por la parte de que es propietario el testador, con excepción del caso en que algún cónyuge legue un bien ganancial cuya administración le esté reservada. La parte del otro cónyuge será salvada en la cuenta de división de la sociedad. La reforma a dicho artículo hace que ahora exprese: “El legado de cosa que se tiene en comunidad con otro, vale sólo por la parte de que es propietario el testador, con excepción del caso en que algún cónyuge legue un bien ganancial cuya administración le esté reservada. La parte del otro cónyuge será salvado en la cuenta de división de la sociedad”. Se trató de una adecuación a la posición de igualdad de derechos en materia sexual.
Es cierto lo que sostiene el autor Maffía, en cuanto a que la administración de los bienes gananciales tiene un sistema distinto al del condominio. A mi juicio el precepto contempla la posibilidad de legar cuando la sociedad conyugal está vigente, porque si no lo estuviera, entonces, sería legado de parte indivisa.
De todas maneras su incorporación en el sistema, no es inadecuada, desde que, en algún momento, va a operar la disolución de la sociedad conyugal, por ejemplo, por fallecimiento de uno de los cónyuges.
El legatario tendrá derecho de propiedad una vez liquidada la sociedad conyugal, pero no basta con la disolución, puesto que la disolución, no atribuye partes, ni indivisas ni de ninguna clase, sino sólo la etapa de liquidación. De acuerdo a esto.
La norma es criticada por el funcionamiento de la sociedad conyugal, que difiere a la del condominio refiriendo la norma del art. 1277 del Cód. Civil, que expresa “Es necesario el consentimiento de ambos cónyuges para disponer o gravar los bienes gananciales cuando se trate de inmuebles, derechos o bienes muebles cuyo registro han impuesto las leyes en forma obligatoria, aportes de dominio o uso de dichos bienes a sociedades, y tratándose de sociedades de personas, la transformación y fusión de éstas. Si alguno de los cónyuges negare sin justa causa su consentimiento para otorgar el acto, el juez podrá autorizarlo previa audiencia de las partes. También será necesario el consentimiento de ambos cónyuges para disponer del inmueble propio de uno de ellos, en que está radicado el hogar conyugal si hubiere hijos menores o incapaces. Esta disposición se aplica aun después de disuelta la sociedad conyugal, trátese en este caso de bien propio o ganancial. El juez podrá autorizar la disposición del bien si fuere prescindible y el interés familiar no resulte comprometido.”
Por esta razón, para poder disponer por vía de legado, sería necesario el consentimiento del otro cónyuge.
Debemos tener en cuenta que no toda la vida de las personas, al casarse, se yuxtaponen de una manera tal, que no existan ciertas libertades, y que la sociedad conyugal no es comercial, por lo que los derechos personalísimos no se pierden por motivo del matrimonio. Si bien puede usarse el apellido de soltera o de casada de la mujer, estas posibilidades no pueden implicar la abolición de la individualidad. En el sistema matrimonial, hay elementos comunes, pero no se excluyen los privados. Esto viene a ser como la matemática de los conjuntos, hay superposiciones, pero siempre son parciales. Por más que la Biblia diga, que son una sola carne, o que alguien interprete que vienen a ser uno solo.
El tema se resuelve con el hecho de que los derechos del cónyuge queden salvados, o sea, que si se lega la totalidad de los gananciales, deben ser salvados esos derechos, además de los derechos incluidos en la norma recién transcripta, como también lo dispuesto respecto a la constitución de bien de familia, lo dispuesto por el art. 211 del Cód. Civil que señala: “Dictada la sentencia de separación personal el cónyuge a quien se atribuyó la vivienda durante el juicio, o que continuó ocupando el inmueble que fue asiento del hogar conyugal, podrá solicitar que dicho inmueble no sea liquidado ni partido como consecuencia de la disolución de la sociedad conyugal si ello le causa grave perjuicio, y no dio causa a la separación personal, o si ésta se declara en los casos del artículo 203 y el inmueble estuviese ocupado por el cónyuge enfermo. En iguales circunstancias, si el inmueble fuese propio del otro cónyuge, el juez podrá establecer en favor de éste una renta por el uso del inmueble en atención a las posibilidades económicas de los cónyuges y al interés familiar, fijando el plazo de duración de la locación. El derecho acordado cesará en los casos del artículo 210. También podrá declararse la cesación anticipada de la locación o de la indivisión si desaparecen las circunstancias que le dieron lugar”. El art. 203 del Cód. Civil declara: “Uno de los cónyuges puede pedir la separación personal en razón de alteraciones mentales graves de carácter permanente, alcoholismo o adicción a la droga del otro cónyuge, si tales afecciones provocan trastornos de conducta que impidan la vida en común o la del cónyuge enfermo con los hijos”. Es de considerar que el bien de familia se transmite mortis causa al cónyuge y a los hijos, mientras se de la situación prevista en el art. 34 de la ley 14394 (Toda persona puede constituir en "bien de familia" un inmueble urbano o rural de su propiedad cuyo valor no exceda las necesidades de sustento y vivienda de su familia, según normas que se establecerán reglamentariamente ), la indivisión establecida en esa norma se transmite conf. art. 36 “A los fines de esta ley, se entiende por familia la constituida por el propietario y su cónyuge, sus descendientes o ascendientes o hijos adoptivos; o, en defecto de ellos sus parientes colaterales hasta el tercer grado inclusive de consanguinidad que convivieren con el constituyente”
Tiene singular importancia lo establecido en el art. 37 de esa ley: El "bien de familia" no podrá ser enajenado ni objeto de legados o mejoras testamentarias. Tampoco podrá ser gravado sin la conformidad del cónyuge; si éste se opusiere, faltare o fuere incapaz, sólo podrá autorizarse el gravamen cuando mediare causa grave o manifiesta utilidad para la familia.” Aunque deben cumplir con lo normado en el art. 41 de dicha ley: “El propietario o su familia estarán obligados a habitar el bien y a explotar por cuenta propia el inmueble o la industria en él existente salvo excepciones que la autoridad de aplicación podrá acordar sólo transitoriamente y por causas debidamente justificadas”
También hay dificultades desde el punto de vista del art. 51 de la mencionada ley: “Toda persona podrá imponer a sus herederos, aun forzosos, la indivisión de los bienes hereditarios, por un plazo no mayor de diez años. Si se tratase de un bien determinado, o de un establecimiento comercial, industrial, agrícola, ganadero, minero o cualquier otro que constituya una unidad económica, el lapso de la indivisión podrá extenderse hasta que todos los herederos alcancen la mayoría de edad, aun cuando ese tiempo exceda los diez años. Cualquier otro término superior al máximo permitido, se entenderá reducido a éste”
También hay que sortear estos obstáculos:
Art. 52.- Los herederos podrán convenir que la indivisión entre ellos perdure total o parcialmente por un plazo que no exceda de diez años, sin perjuicio de la partición temporaria del uso y goce de los bienes entre los copartícipes. Si hubiese herederos incapaces, el convenio concluido por sus representantes legales, no tendrá efecto hasta la homologación judicial. Estos convenios podrán renovarse al término del lapso establecido. Cualesquiera de los herederos podrá pedir la división antes del vencimiento del plazo siempre que mediaren causas justificadas.
Arto 53.- Cuando en el acervo hereditario existiere un establecimiento comercial, industrial, agrícola, ganadero, minero o de otra índole tal que constituya una unidad económica, el cónyuge supérstite que lo hubiese adquirido o formado en todo o en parte podrá oponerse a la división del bien por un término máximo de diez años.
Lo dispuesto en este artículo se aplicará igualmente a la casa habitación constituida o adquirida con fondos de la sociedad conyugal formada por el causante, si fuese la residencia habitual de los esposos.
Art 54.- La indivisión hereditaria no podrá oponerse a terceros sino a partir de su inscripción en el registro respectivo.
Art 55.- Durante la indivisión autorizada por la ley, los acreedores particulares de los copropietarios no podrán ejecutar el bien indiviso ni una porción ideal del mismo, pero sí podrán cobrar sus créditos con las utilidades de la explotación correspondiente a su respectivo deudor.
El bien de familia y todo bien ganancial puede ser objeto de legado, es incorrecta la expresión de la ley 14.394, el legado es un acto particular como se ha señalado y no necesita de la conformidad del cónyuge. El legado puede hacerse, lo que se quiere señalar es que no puede ejecutarse.
Si el cónyuge supérsite da su consentimiento para la liberalidad y no se dan los supuestos de hijos menores, el legado no tendrá inconveniente alguno, mientras no existan hijos menores o incapaces y se den las situaciones respecto de ellos antes indicadas.
Es aquí donde se generan los problemas doctrinarios, pero se generan por hacer prevalecer el legado en las consideraciones de los autores. Al contrario, el legado viene no reluce, sino las normas que sobre familia imperan, ya que son de orden público. Y sólo si se superan las circunstancias de hecho o los acuerdos celebrados, o la imposición de la indivisión cesa, entonces habrá solución para el legatario, mientras tanto sólo se lo puede considerar como un acreedor de la sucesión, sujeto al beneficio de competencia, previsto por los arts. 799 y 800 del Código Civil:
Art. 799 “Beneficio de competencia es el que se concede a ciertos deudores, para no obligárseles a pagar más de lo que buenamente puedan, dejándoles en consecuencia lo indispensable para una modesta subsistencia, según su clase y circunstancias, y con cargo de devolución cuando mejoren de fortuna”
Art. 800 “El acreedor está obligado a conceder este beneficio:
6to. Al deudor de buena fe que hizo cesión de bienes, y es perseguido en los que después ha adquirido, para el pago completo de la deuda anterior a la cesión, pero sólo le deben este beneficio los acreedores a cuyo favor se hizo”
En cualquier caso, el legatario puede no ser ni ascendiente, ni descendiente, como tampoco cónyuge pero la sucesión debe el legado, que opera como cesión de bienes por causa de muerte, y un deudor: el legatario, quien solamente podrá optar por lo que buenamente le puedan dejar hasta poder completar la entrega de la cosa, lo que, en muchas oportunidades va a significar esperar a la mejoría de fortuna, salvo claro está, que exista abuso en el derecho, por ejemplo, pactos de indivisión hereditaria entre herederos indefinidos ( por aplicación del art. 1071 del C. Civil: El ejercicio regular de un derecho propio o el cumplimiento de una obligación legal no puede constituir como ilícito ningún acto. La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos. Se considerará tal al que contraríe los fines que aquélla tuvo en mira al reconocerlos o al que exceda los límites impuestos por la buena fe, la moral y las buenas costumbres ).. Vale decir, que el legado ocupa un segundo lugar delante de las normas de Derecho de Familia. Muchos autores se complican no teniendo en consideración el inc. 6to. del art. 800 del Código Civil. No hay por lo tanto, una exigibilidad inmediata, el legatario que no puede recibir la cosa cierta, deberá esperarla, no permitir el ejercicio abusivo de los derechos y conceder el beneficio de competencia, en compás de espera.
Por otro lado, se critica la norma en el sentido de que se perjudicaría a los herederos de los gananciales. Pero porque se insiste en la exigibilidad inmediata. En el caso previsto por la norma, se trata de un legado con un cargo: desinteresar al cónyuge. El interés es la medida de la acción. Si están desinteresados cónyuge, hijos menores, la casa habitación, etc, y el legado no afecta a la legítima de los herederos forzosos, se le deberá entregar al legatario la cosa legada ganancial y las indivisiones que se pacten o impongan, habrán de tener que revisarse, porque el legatario puede o no ser un deudor, según el punto de vista jurídico, pero tiene derecho a su legado. Obviamente que si se trata de una explotación comercial hay que releer el contenido del art. 1277 El juez podrá autorizar la división, total o parcial a pedido de la parte interesada y sin esperar el transcurso del plazo establecido, cuando concurran circunstancias graves o razones de manifiesta utilidad o interés legítimo de tercero”. Ese tercero, puede ser, y en el caso analizado lo es, el legatario.
En cuanto al deber del legatario es cumplir con el art. 1316 bis del Código Civil: “Los créditos de los cónyuges contra la sociedad conyugal al tiempo de la disolución de ésta, se determinarán reajustándolos equitativamente, teniendo en cuenta la fecha en que se hizo la inversión y las circunstancias del caso”
Si el legatario quiere el todo, pero no desinteresó al cónyuge, en su momento, deberá pagar la parte indivisa y los créditos del otro cónyuge contra la sociedad conyugal hasta hacer un legado cierto, si por alguna de las circunstancias que señala la ley, o más bien, donde ellas apuntan, eso hace a la legítima, o de algún modo afectan a la familia dejada por el causante, como prioridad tienen las normas de Derecho de Familia, el legado no se concretará, lo mismo si le resulta demasiado oneroso al legatario.
El art. 1315 no computa sino el cincuenta por ciento, con estas palabras: “Los gananciales de la sociedad conyugal se dividirán por iguales partes entre marido y mujer, o sus herederos, sin consideración alguna al capital propio de los cónyuges, y aunque alguno de ellos no hubiese llevado a la sociedad bienes algunos”
Es el art. 1316 bis el que cambia el rumbo de las cosas: “Los créditos de los cónyuges contra la sociedad conyugal al tiempo de la disolución de ésta, se determinarán reajustándolos equitativamente, teniendo en cuenta la fecha en que se hizo la inversión y las circunstancias del caso” Este artículo no existía y fue incorporado por la ley 17.711. ¿Qué es un crédito de uno de los cónyuges contra la sociedad conyugal?
En realidad se hizo pequeña relación con la situación pasada y una pequeña simetría con las normas relativas al condominio. Es decir, sin perjuicio de lo establecido en el art. 1315 que se va a coordinar, entonces, con el art. 1267 “La cosa adquirida durante la sociedad, no pertenece a ella aunque se haya adquirido a título oneroso, cuando la causa o título de adquisición le ha precedido y se ha pagado con bienes de uno de los cónyuges” y con el art. 1266: “Los bienes que se adquieren por permuta con otro de alguno de los cónyuges, o el inmueble que se compre con dinero de alguno de ellos, y los aumentos materiales que acrecen a cualquier especie de uno de los cónyuges, formando un mismo cuerpo con ella por aluvión, edificación, plantación, u otra cualquier causa, pertenecen al cónyuge permutante, o de quien era el dinero, o a quien correspondía la especie principal”. La solución es lógica, si lo posterior al matrimonio sólo puede ser ganancial, los frutos, productos o todo lo que se le devengue a uno de los cónyuges que tenga por origen fecha anterior, no se guiarán por las normas del Derecho de Familia. Esta cuestión hace que muchos autores puedan considerar “recompensa” a la división por el % 50. En realidad lo anterior al matrimonio sólo se puede computar en términos numéricos, no estando presente la cuestión de lazo o afectiva que lo altere. Sin embargo algunos sostienen que uno de los cónyuges ya estaría recompensado. Tengo mis dudas. Creo que, si no media acuerdo entre cónyuges, y asesor, habiendo menores, la recompensa tiene que ser exacta.
Como la acción va dirigida contra la sociedad conyugal, la recompensa sólo procede al % 50, pues, conforme al mecanismo semejante, como la acción no es contra uno de los cónyuges sino que recae sobre la masa a liquidar, obviamente va a afectar a uno de los cónyuges en el % 50 y al otro en el otro % 50. Es decir, se va a tratar de una acción que va en una suerte de propio perjuicio del accionante. Por ejemplo: Si se adquiere ganancialmente una casa que uno de los cónyuges mejora con $ 100.000 como la acción por los $ 100.000 es contra la sociedad conyugal, esto significa también contra uno mismo, pues uno es parte de la sociedad conyugal. Por ende, al liquidarse, se va a tener derecho sobre $ 50.000. Obviamente que en estas circunstancias, la recompensa para la recuperación del todo va a ser el % 50 del % 50 de la acción que se instaura, porque no va dirigida al otro cónyuge.
Supuesto en el que el bien ganancial se integre completamente al patrimonio del causante.
En este caso, y aunque la disposición testamentaria sea anterior, conforme a la doctrina, se entiende que el objeto legado durante la vigencia de la sociedad conyugal, se integra con esa adquisición ( art. 3753 ) “El legado de cosa que se tiene en comunidad con otro, vale sólo por la parte de que es propietario el testador, con excepción del caso en que algún cónyuge legue un bien ganancial cuya administración le esté reservada. La parte del otro cónyuge será salvado en la cuenta de división de la sociedad.”
En este caso y como se señaló, se entiende al legado como de cosa cierta, por aplicación de las normas de los arts. 2695 y 2696, las cuales dicen respectivamente: “La división entre los copropietarios es sólo declarativa y no traslativa de la propiedad, en el sentido de que cada condómino debe ser considerado como que hubiese sido, desde el origen de la indivisión, propietario exclusivo de lo que le hubiere correspondido en su lote, y como que nunca hubiese tenido ningún derecho de propiedad en lo que ha tocado a los otros condóminos” Y aunque los autores hablen de la especialidad del condominio conyugal, jurisprudencialmente se aplica esta norma. Como la subsiguiente, art. 2696: “El mismo efecto tendrá, cuando por la división de condominio uno de los condóminos hubiera venido a ser propietario exclusivo de la cosa común, o cuando por cualquier acto a título oneroso hubiera cesado la indivisión absoluta, pasando la cosa al dominio de uno de los comuneros”. Texto Modificado por: Ley 17.711 Art.1 (Sustituído por inciso 107). (B.O. 26-04-68). A partir del 01-07-68 por art. 7. )
También por aplicación del art. 1331: “La venta hecha por uno de los copropietarios de la totalidad de la cosa indivisa, es de ningún efecto aun respecto a la porción del vendedor; pero éste debe satisfacer al comprador que ignoraba que la cosa era común con otros, los perjuicios e intereses que le resulten de la anulación del contrato”
Esta norma también se aplica a la liquidación de la sociedad conyugal a pesar de que, a los autores consideren un régimen especial de copropiedad conyugal.
El art. 3503 también se aplica, y se lo considera para la partición de los bienes de la sociedad conyugal. “Se juzga que cada heredero ha sucedido solo e inmediatamente en los objetos hereditarios que le han correspondido en la partición, y que no ha tenido nunca ningún derecho en los que han correspondido a sus coherederos; como también que el derecho a los bienes que le han correspondido por la partición, lo tiene exclusiva e inmediatamente del difunto y no de sus coherederos”
En principio no hay problemas en este sentido, el legado lo recibirá el legatario sin mayores inconvenientes. Pero puede verse afectada la porción legítima del cónyuge en la sucesión de su marido, cuando no concurren a la herencia otros legitimarios, por ejemplo o bien que concurra a la sucesión del testador con descendientes, además. ¿Cuál es la solución en ese caso?
Para Maffía, hay aplicación analógica de lo dispuesto por el art. 3575 del Código Civil “Cesa también la vocación hereditaria de los cónyuges entre sí en caso que viviesen de hecho separados sin voluntad de unirse o estando provisionalmente separados por el juez competente. Si la separación fuese imputable a la culpa de uno de los cónyuges, el inocente conservará la vocación hereditaria siempre que no incurriere en las causales de exclusión previstas en el artículo 3554” Texto Modificado por: Ley 23.515 Art.2 (Sustituído. (B.O. 12-06-87). ) Antecedentes: Ley 17.711 Art.1 ((B.O. 26-04-68). Inciso 131) incorpora último párrafo. A partir del 01-07-68 por art. 7. )
Correctamente el autor hace prevalecer el Derecho de Familia sobre las disposiciones testamentarias. Pero ¿Qué solución hay para el legatario?
Sostiene el autor que debe hacerse la imputación proporcional sobre los bienes propios. Quiere decir esto que los herederos, descendientes, por ejemplo que excluyen al cónyuge en los propios, o cónyuge heredero, en el caso de no existir descendientes, como están en calidad de herederos, deben pagar las cargas de la sucesión, incluyendo los legados, en tanto no afecte la legítima. Y con las consideraciones vertidas en cuanto a la indivisión pos mortem tratada más arriba. Siendo de aplicación, en el caso, el artículo 3776: “Los herederos están obligados personalmente al pago de los legados en proporción de su parte hereditaria; pero son solidarios cuando la cosa legada no admite división” Como que también es de aplicación el art. 3798: “Todos los que son llamados a recibir la sucesión o una parte alícuota de ella, sea en virtud de la ley, sea en virtud de testamento, están obligados al pago de los legados en proporción a su parte, salvas siempre las legítimas de los herederos forzosos. Los que no son llamados sino a recibir objetos particulares, están dispensados de contribución para el pago de los legados, cualquiera que sea el valor de esos objetos, comparado al de toda la herencia, a no ser que el testador hubiese dispuesto lo contrario.”
La solución adoptada por el Código Civil es poco feliz, en tanto dice el art. 3755: “Si la cosa legada estaba empeñada o hipotecada antes o después del testamento, o gravada con un usufructo, servidumbre, u otra carga perpetua, el heredero no está obligado a librarla de las cargas que la gravan.”. No es justo, porque la deuda pesa sobre el acervo hereditario, y lo empeñado o hipotecado puede ser el bien gravado, pero las deudas recaen sobre el acervo hereditario en su totalidad, o se hace extensivo a los herederos en el supuesto de que no medie el beneficio de inventario. Una cosa es la deuda, otra cosa es la garantía que recae para el cobro de la misma. Las deudas recaen sobre el acervo hereditario, y deben ser pagados los acreedores de la herencia. Y en el supuesto de que, con la cosa garantizada, empeñada, prendada, o hipotecada, no pueda ser cancelada ¿Contra quien va a ir entonces el acreedor del difunto si no es contra el acervo hereditario en su totalidad? Por otro lado, el acreedor, puede decidirlo, y gravar con embargo las acciones y derechos de los herederos, e incluso de los legatarios.
Sin embargo la jurisprudencia en su casi totalidad impone, no sólo la liberación al legatario de la obligación garantizada, sino el pago de toda la deuda.
Para otra posición que se está imponiendo, y teniendo en cuenta la obligación de pagar deudas y legados que corresponde a los herederos, sí éstos dejan ejecutar el bien prendado, hipotecado, etc., entonces deberán responder ante el legatario que ha pagado por ellos en la proporción correspondiente, por ser ellos, continuadores de la persona del difunto, en los créditos y en las deudas. Así lo establece el art. 3417 del Código Civil: “El heredero que ha entrado en la posesión de la herencia, o que ha sido puesto en ella por juez competente, continúa la persona del difunto, y es propietario, acreedor o deudor de todo lo que el difunto era propietario, acreedor o deudor, con excepción de aquellos derechos que no son transmisibles por sucesión. Los frutos y productos de la herencia le corresponden. Se transmiten también al heredero los derechos eventuales que puedan corresponder al difunto.”
El llamado beneficio de inventario, es decir, la posibilidad de responder sólo con bienes relictos, no impide al legatario cobrarse como otro acreedor mas, repitiendo el pago que ha hecho para liberarse de la garantía que pesaba sobre su legado.
El legado es válido y el legatario debe aceptarlo recibiendo el bien, o rechazarlo, sin que ello implique una mengua a sus derechos patrimoniales personales. Es que el legado tiene por objeto una cosa, y esas otras cargas que pesan, que no son de garantía de otra obligación que pese sobre los herederos, forman un valor, un valor de una cosa que está en el comercio. Y es esa cosa la que precisamente ha quedado legada.
Como hemos dicho un legado que incluya un género de cosas que pueden elegirse por el heredero, por el legatario, o en defecto de ambos por el juez, conforme hemos visto, debe ser de cosa fungible, puesto que si la cosa no puede ser intercambiada, por ejemplo, por tratarse de un obra pictórica específica, la disposición testamentaria no sería de género o especie de cosas de la misma naturaleza, sino de cosa cierta. Y si el testador dispusiera que se escoja entre varias obras infungibles estaríamos ante un legado de alternativa. “El legado de cosa indeterminada, pero comprendida en algún género o especie determinada por la naturaleza, es válido, aunque no haya cosa de ese género o especie en la herencia. La elección será del heredero, quien cumplirá con dar una cosa que no sea de la calidad superior o inferior, habida con consideración del capital hereditario, y a las circunstancias personales del legatario” El art. 3757 señala: “Siempre que el testador deje expresamente la elección al heredero o al legatario, podrá el heredero en el primer caso, dar lo peor, y en el segundo, el legatario escoger lo mejor”. Me remito al legado de cosa alternativa ( clic aquí )
El legado hecho de esta manera: lego esto, o aquello, o esto otro, no es un legado de una cosa cierta, pues la disposición testamentaria misma esta indicando que la cosa no es cierta y determinada.
Si la cosa es absolutamente fungible, no es, en principio, cosa cierta y determinada. Son cosas fungibles, las absolutamente reemplazables, tal como el dinero, el agua, etc. De alguna manera debe procederse a una determinación. En los legados de cosa cierta, especificadas por su género o especie, no puede tratarse de alguna cosa absolutamente infungible, ni tampoco absolutamente fungible. La característica de la fungibilidad es su posibilidad de consumo. Se determinan por la cantidad. No hay otra manera. Por ejemplo: el dinero es cosa fungible, y no puede determinarse. Al respecto rige la disposición del art. 3760 del Código Civil: “El legado de cosa fungible, cuya cantidad no se determine de algún modo, es de ningún valor. Si se legar la cosa fungible, señalando el lugar en que ha de encontrarse, se deberá la cantidad que allí se encuentre al tiempo de la muerte del testador, si él no ha designado la cantidad; y si la ha designado, hasta la cantidad designada en el testamento. Si la cantidad existente fuese menor que la designada, sólo se deberá la existente, y si no existe allí cantidad alguna de la cosa fungible, nada se deberá”.
Si el legado es de cosa fungible, pero especificada por cantidad, lugar donde se encuentra o por cualquier metodología que involucre individualización por cantidad o por el lugar, se lo considera legado.
Es perfectamente válido. Queda fuera lo que no es dinero, tales como monedas de oro o monedas de colección. Basta con que sea dinero a la época de la disposición testamentaria, aunque luego no lo sea. No hay ningún impedimento para que el testador legue una suma de dinero con el producido de uno de los bienes del acervo hereditario, con tal que exista al momento de su deceso. Tampoco lo hay si en la disposición testamentaria se obliga a un heredero a la venta del bien para entregar el dinero al legatario. Tampoco hay impedimento si el testador impuso a los herederos instituidos la obligación de vender, luego de adquirir ciertas cosas para luego venderlas, por ejemplo, cuando el legatario llegue a mayoría de edad. La suma debe ser actualizada y arrojará intereses si el heredero no cumple en término e ingresa en mora por imperio de la disposición del art. 622 del Código Civil. Si existiesen plazos, la mora será automática por imperio del art. 509 del Código Civil: “En las obligaciones a plazo, la mora se produce por su solo vencimiento. Si el plazo no estuviere expresamente convenido, pero resultare tácitamente de la naturaleza y circunstancias de la obligación, el acreedor deberá interpelar al deudor para constituirlo en mora. Si no hubiere plazo, el juez a pedido de parte, lo fijará en procedimiento sumario, a menos que el acreedor opte por acumular las acciones de fijación de plazo y de cumplimiento, en cuyo caso el deudor quedará constituido en mora en la fecha indicada por la sentencia para el cumplimiento de la obligación. Para eximirse de las responsabilidades derivadas de la mora, el deudor debe probar que no le es imputable”.
Esto último significa que la actividad del heredero instituido, debe ser la normal y habitual, debe pagar los impuestos, tasas, o lo que fuere, con los bienes del acervo, no siendo necesario que ingrese de su patrimonio dinero alguno. Su actividad debe ser normal y habitual. Pueden dejarle al legatario esa posibilidad el o los herederos instituidos para cumplir con esa obligación.
Salvo la hipótesis de actividad a plazo, donde la mora es automática y teniendo en cuenta lo dispuesto por el art. 622 del Cód. Civil “El deudor moroso debe los intereses que estuviesen convenidos en la obligación, desde el vencimiento de ella. Si no hay intereses convenidos, debe los intereses legales que las leyes especiales hubiesen determinado. Si no se hubiere fijado el interés legal, los jueces determinarán el interés que debe abonar. Si las leyes de procedimiento no previeren sanciones para el caso de inconducta procesal maliciosa del deudor tendiente a dilatar el cumplimiento de la obligación de sumas de dinero o que deba resolverse en el pago de dinero, los jueces podrán imponer como sanción la obligación accesoria de pago de intereses que, unidos a los compensatorios y moratorios, podrán llegar hasta dos veces y media la tasa de los bancos oficiales en operaciones de descuentos ordinarios”
En cuanto al momento de la mora, el mismo será desde el momento en el que exista la posibilidad de disponer, en el juicio sucesorio, habrá de necesitarse no sólo la declaratoria de herederos, sino también la orden de inscripción de esa declaratoria con respecto al bien que debe venderse. O en el caso de suma de dinero, con autorización judicial. Dependerá del proceso sucesorio, luego de la declaratoria de herederos, con su orden de inscripción o de disposición de los bienes. Habrá que pagar la respectiva tasa de justicia para ello. Y, en su caso, los aportes previsionales y honorarios de los abogados. Para la apertura de la sucesión no podemos dejar de olvidar que el legatario puede abrir dicha sucesión, solicitando al juez se libre la respectiva cédula de notificación a los herederos a fin de que tomen intervención en el proceso sucesorio y, de esa manera cumplan la manda testamentaria, a no ser que se conformen con la legítima y no deseen saber absolutamente nada con las disposiciones testamentarias que pudieran acrecer su derecho al acervo hereditario. Por cuanto, como ya hemos visto, puede aceptarse la herencia con beneficio de inventario, incluso, hasta la porción legítima, y puede rechazarse la acreencia. Si bien esta posición está discutida, convendrá aceptar la herencia con beneficio de inventario y dejar expresa renuncia a los derechos que en mas, se le hayan incluido a los herederos por disposición testamentaria. En este caso, los herederos no tienen actividad alguna que hacer para beneficiar al legatario, ni éste puede reclamar el legado, cualquiera fuere.
En este punto hay discrepancia doctrinaria, por motivo de la ley de emergencia económica 25.561/2002 y sus decretos reglamentarios. Sin embargo la indexación que se prohíbe, de acuerdo al estudio de estas normas, son las relativas a las obligaciones entre vivos, lo cual no puede imponerse a disposiciones testamentarias, por obvias razones: el legislador quiso parar la escalada inflacionaria y mantener incólume el valor de la moneda o de los ahorros. Más allá de que los resultados fueron magros, las indexaciones o repotenciaciones de entregar sumas de dinero fueron dictadas con el objeto de pacificación, haciendo las veces de jueces de las causas, en una función judicial que le es propia al poder judicial, que la ha abandonado y el Poder Ejecutivo, tomado ( clic aquí ).
En consecuencia se pregunta la doctrina respecto de la aplicabilidad del estos artículos: 3756 del Cód. Civil señala: “El legado de cosa indeterminada, pero comprendida en algún género o especie determinada por la naturaleza, es válido, aunque no haya cosa de ese género o especie en la herencia. La elección será del heredero, quien cumplirá con dar una cosa que no sea de la calidad superior o inferior, habida con consideración del capital hereditario, y a las circunstancias personales del legatario” y el art. 3757 que señala: “Siempre que el testador deje expresamente la elección al heredero o al legatario, podrá el heredero en el primer caso, dar lo peor, y en el segundo, el legatario escoger lo mejor”.
Creo que es imposible cumplir con estas normas en cuestiones de orden matemático. Cuando el testador legó la suma de dinero, pensó en un valor, en un poder adquisitivo. De otra manera no sería un legado de dinero, sino de billete, como cosa.
Por consiguiente, los doctrinarios que se empecinan en la aplicabilidad de estos artículos, deben entender que “lo peor” o “lo mejor” siempre resultan respecto de cosas y su valor, no de “lo peor” o “lo mejor” dentro de parámetros místicos. Como el objeto de los legados son objetos que están en el comercio, “lo peor” o “lo mejor” estará situado dentro de ese parámetro, como valor de las cosas. Pero si la cosa ya tiene especificado un valor, como en el legado de dar suma de dinero, es como que el testador especificara en un legado de otro objeto que no sea dinero, que se debe elegir “exactamente lo equivalente a x bien”, con lo cual, los herederos, no pueden elegir ni lo peor, ni lo mejor.
Por otro lado, las múltiples maniobras que se han hecho desde el Poder Ejecutivo en la Argentina, para impedir la inflación, no se limitan a la ley de emergencia económica ni al decreto 214/2002. Si repasamos nuestra historia, sería imposible llegar a un entendimiento numérico. Por tal razón se ha hecho aplicación de la doctrina sentada en "VIEYTES DE FERNÁNDEZ C/ PROVINCIA DE BUENOS AIRES” Y “VALDEZ, J.R. c/ GOBIERNO NACIONAL” y "Valdez, J.R., c/ Gobierno Nacional” y otras semejantes ( clic aquí ).
La mención “las especiales circunstancias del legatario” del art. 3756 y “habida con consideración del capital hereditario” como consecuencia del beneficio de competencia, al que referimos: Art. 800 “El acreedor está obligado a conceder este beneficio:… 6to. Al deudor de buena fe que hizo cesión de bienes, y es perseguido en los que después ha adquirido, para el pago completo de la deuda anterior a la cesión, pero sólo le deben este beneficio los acreedores a cuyo favor se hizo” es de aplicación, por cuanto, si bien es cierto que el complejo normativo anti inflacionario ha ocasionado una biblioteca jurídica, no es menos cierto que las circunstancias económicas del país cambian, y debe ajustarse la entrega del dinero teniendo en cuenta que estos cambios perjudican o benefician a todos los sucesores. La función judicial no debe auto desalojarse ( clic aquí ).
La doctrina analizada sigue el mismo criterio que con respecto a la moneda nacional. Suma a lo antedicho y en los dos casos, la intención que tuvo el testador, que hay que desentrañarla bien. No obstante, si el legado se ha hecho durante la vigencia de la pesificación y nada se ha dispuesto con respecto a la emergencia económica, por parte del testador en su disposición testamentaria, la doctrina y la doctrina judicial ha entendido que ha ejercido su acto con arreglo a las normas de pesificación.
Al no haber determinación, se ha resuelto judicialmente que es un legado de crédito, al cual me referiré al tocar el tema del legado de crédito.
Tratándose de una cosa que está en el comercio, es susceptible de ser legada. Son de aplicación los arts. 3751 y 3786 del Cód. Civil, que dicen respectivamente: “Pueden legarse todas las cosas y derechos que están en el comercio, aun las que no existen todavía, pero que existirán después”.
Respecto de la incertidumbre, para que sea cosa cierta o no cierta o futura cierta me remito al tema ¿Pueden ser objeto de los legados las cosas futuras? Donde se obtendrá la respuesta referente a qué es una cosa cierta.
El legado de crédito es una cosa cierta, porque estadísticamente suele suceder que ocurra, conforme al orden normal y ordinario de las cosas, a lo que me he referido a las cosas que pueden legarse. No obstante reproduzco el contenido del art. 901 del Cód. Civil, para que se observe que es cosa cierta, la que estadísticamente suele suceder: “Las consecuencias de un hecho que acostumbra suceder, según el curso natural y ordinario de las cosas, se llaman en este código "consecuencias inmediatas". Las consecuencias que resultan solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman "consecuencias mediatas". Las consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman "consecuencias causales".
Se establece lo que se denomina cadena de causalidad adecuada, que es lo que genera en relación causa efecto, conforme a lo que estadísticamente sucede. Por ejemplo: si se dispara con un arma de fuego al pecho de una persona, lo más probable es la muerte de la misma. Esta disposición que rige también para el derecho de daños, hace al daño futuro cierto, esto es, al que acostumbra suceder, como que es daño actual, a los efectos indemnizatorios. Este sistema, denominado “causalidad adecuada”, nos permite establecer qué es lo cierto en tiempo futuro para considerarlo en tiempo actual, o para considerarlo, como en el presente caso, un legado de cosa cierta. Aún cuando la doctrina pudiere decir o sostener que al no estar identificada o cuantificado el crédito, no es cosa cierta, en verdad teniendo en consideración, que naturalmente se va a incorporar al acervo hereditario, es cierta, pero no cuantificada en su valor. Porque si no fuera cosa cierta, entonces tampoco lo sería un inmueble sujeto a tasación. Si lo cierto depende del valor, entonces no existirían los legado de cosas ciertas. El legado de crédito es, a mi entender, cosa cierta, cuyo valor, como el de los objetos que componen el acervo hereditario, debe establecerse.
En cuanto al art. 3786 del Código Civil señala: “El legado de un crédito a favor del testador, comprende sólo la deuda subsistente y los intereses vencidos a la muerte del testador. El heredero no es responsable de la insolvencia del deudor. El legatario tiene todas las acciones que tendría el heredero”
Los intereses forman parte de una incertidumbre de valor, pero no hacen por ello que el legado de crédito sea cosa incierta.
Ahora, con respecto a la insolencia del deudor, no lo considero en términos estadísticos, porque de otra manera caería el conjunto de normas relativas a las obligaciones y su cumplimiento en el sistema del Código Civil.
Ninguna duda, lo principal comprende lo accesorio como un todo. Así el art. 3270 del Código Civil dispone que “Nadie puede transmitir a otro sobre un objeto, un derecho mejor o más extenso que el que gozaba; y recíprocamente, nadie puede adquirir sobre un objeto un derecho mejor y más extenso que el que tenía aquel de quien lo adquiere”. De donde surge la identidad entre el crédito y sus accesorios, hipoteca, prenda, etc. Y todo lo que tienda a garantizar se transmite al legatario.
Si hay deuda de parte del testador no hay legado de crédito, si éste depende del cumplimiento del testador que no lo pudo llevar a cabo por el fallecimiento del mismo. Si lo que existen son sólo modalidades a cumplir para que el crédito se haga efectivo y el mismo esté en alcance del legatario el cumplir, lo esencial de crédito se ha cumplido. Sólo las prestaciones graves que no se han llevado a cabo son las que hacen que el legado no sea de crédito, las esenciales. Así, en materia contractual, por imperio del art. 1198 del C. Civil se establece que para la resolución de los contratos es necesario: “En los contratos bilaterales conmutativos y en los unilaterales onerosos y conmutativos de ejecución diferida o continuada, si la prestación a cargo de una de las partes se tornara excesivamente onerosa, por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte perjudicada podrá demandar la resolución del contrato. El mismo principio se aplicará a los contratos aleatorios cuando la excesiva onerosidad se produzca por causas extrañas al riesgo propio del contrato. En los contratos de ejecución continuada la resolución no alcanzará a los efectos ya cumplidos. No procederá la resolución, si el perjudicado hubiese obrado con culpa o estuviese en mora. La otra parte podrá impedir la resolución ofreciendo mejorar equitativamente los efectos del contrato”. El art. 1204 del Código Civil señala que “En los contratos con prestaciones recíprocas se entiende implícita la facultad de resolver las obligaciones emergentes de ellos en caso de que uno de los contratantes no cumpliera su compromiso. Mas en los contratos en que se hubiese cumplido parte de las prestaciones, las que se hayan cumplido quedarán firmes y producirán, en cuanto a ellas, los efectos correspondientes. No ejecutada la prestación, el acreedor podrá requerir al incumplidor el cumplimiento de su obligación en un plazo no inferior a quince días, salvo que los usos o un pacto expreso establecieran uno menor, con los daños y perjuicios derivados de la demora; transcurrido el plazo sin que la prestación haya sido cumplida, quedarán resueltas, sin más, las obligaciones emergentes del contrato con derecho para el acreedor al resarcimiento de los daños y perjuicios. Las partes podrán pactar expresamente que la resolución se produzca en caso de que alguna obligación no sea cumplida con las modalidades convenidas; en este supuesto la resolución se producirá de pleno derecho y surtirá efectos desde que la parte interesada comunique a la incumplidora, en forma fehaciente, su voluntad de resolver. La parte que haya cumplido podrá optar por exigir a la incumplidora la ejecución de sus obligaciones con daños y perjuicios. La resolución podrá pedirse aunque se hubiese demandado el cumplimiento del contrato; pero no podrá solicitarse el cumplimiento cuando se hubiese demandado por resolución”. Del análisis de estas disposiciones, la jurisprudencia, ha sostenido
“Para que el incumplimiento autorice a invocar la resolución del contrato, es menester que se encuentre relacionado con la obligación principal y que sea grave. Cuando aquél recae sobre circunstancias accesorias o si las dificultades que provoca a la contraparte la inobservancia de alguna obligación complementaria, no se presentan insalvables, aparece desmesurada la pretensión de ruptura del vínculo contractual, ya que es posible reclamar el cumplimiento y/o los daños y perjuicios derivados. En síntesis, resultará menester, en cada circunstancia particular, la investigación de las causales que se invocan para obtener el efecto resolutorio pretendido, y por ende, deberá quedar evidenciado tanto lo que concierne a la existencia de la infracción, como al carácter de la misma y, en su caso, la gravedad del incumplimiento.”
CC0202 LP 97854 RSD-32-5 S 8-3-2005 , Juez SUAREZ (SD)
CARÁTULA: Boffa, Marcelo Antonio c/ Zaffar, Carlos s/ Resolución de contrato. Daños y perjuicios
MAG. VOTANTES: Suárez-Ferrer
“En miras a la aplicación del artículo 1204 del C .C., habrá de verificarse la verdadera magnitud de la inobservancia imputada, porque no cualquier defección contractual faculta, sin más, a la desvinculación de las partes. Para que el incumplimiento autorice a invocar la resolución del contrato, es menester que se encuentre relacionado con la obligación principal y que sea grave”
CCI Art. 1204
CC0202 LP 108944 RSD-268-7 S 18-12-2007 , Juez SUAREZ (SD)
CARÁTULA: Sister Rodolfo c/ Vivas Juan Ernesto s/ Cumplimiento de Contrato
MAG. VOTANTES: Suarez-Ferrer
Para que se opere la resolución del contrato por incumplimiento del comprador es preciso que éste sea grave y de una obligación esencial (CNCiv., Sala C, Diciembre 11 1962). ED, 5-765.
Record Lógico: 2207
El Derecho en Disco Laser - (C) 1996 Albrematica S.A.
Repertorio: 13
XIX- Disolución y liquidación
109- “La ley 19550 ha superado las dificultades que presentaba el art. 419 del Código de Com., Incorporando, entre las numerosas causales de exclusión de socio, una sumamente amplia, a punto tal que permite englobar las diversas situaciones fácticas que la cambiante y rica realidad nos puede presentar. Específicamente, cuando la ley hace mención al grave incumplimiento por parte del socio de las obligaciones sociales, la que por su flexibilidad y abstracción permite prever todas las posibles causales que se pueden presentar” (CNCom., Sala B, Octubre 31 1978). ED, 82-389.
Record Lógico: 119612
Repertorio: 17
VII- Extinción resolución y rescisión
20- El reglamento de concesionarios, que admite la posibilidad de dar por finiquitada la concesión sin previo aviso, debe ser interpretado en el sentido de que para que ello suceda debe mediar un incumplimiento grave de la concesionaria (CNCom., Sala B, Marzo 14 1983). ED, 104-182.
Record Lógico: 150078
En orden a lo expuesto, el legado de crédito, es viable cuando aún la obligación está pendiente de terminación, o se trata de prestaciones periódicas, por ejemplo, un legado de alquileres, de un contrato de suministro, de una concesión.
No puede decirse que la obligación del testador y/o la del legatario han terminado, porque de otra manera quedarían fuera de los legados los créditos que se devenguen de manera continua, como este tipo de contratos, o como ejemplo el crédito que devengue un contrato de ejecución continuada, tenga o no plazo de duración.
Pero no hay que confundir un aspecto: una cosa es el crédito, que ya se devengó, o por una mera actividad adicional del legatario surge, otra cosa es la utilidad para lo futuro. En este último caso el legado no es de crédito, sino de explotación comercial, sería de una empresa o establecimiento. Y si bien entra como legado de cosa cierta, existe una diferencia conceptual que tiene alcances jurídicos, conforme lo antedicho respecto de las actividades del legatario.
Y dimos el ejemplo de una explotación comercial, que puede o no dar lugar al legado del local, como asimismo las limitaciones que el Derecho de Familia establecen al tratar el tema ¿Qué pasa con los gananciales post mortem, con los menores e incapaces, con la constitución de bien de familia, con la indivisión hereditaria, y con la administración por el cónyuge sobreviviente?
Sin lugar a dudas, no sólo se comprenden los créditos contractuales. Son ciertos, es decir, con importantes chances de suceder, aunque aún el litigio no se haya entablado. No así si ha ocurrido el plazo de prescripción. Ahora y tal como antes lo he señalado: si estamos en una cuestión de que no creemos en la posibilidad de cobrarlo, entonces renegamos de todo el sistema del Código Civil y de las leyes procesales. Ciertamente el esquema es teórico, y siempre existe el riesgo de o no ganar el juicio, o no cobrar el crédito. Pero basta para que sea cierto, que tenga chances serias de que una sentencia le obligue a pagar al deudor. Es importante hacer notar, que para esto, es importante estudiar el estado de la jurisprudencia. Si es adversa, habría, como máximo, una chance. Tienen que ser créditos que se han devengado o que se tenga un grado de certeza respecto de la obligación incumplida o el hecho ilícito. De otra manera, no existe el legado como legado de crédito. Así en el caso de contratos nuevos, recién surgidos, respecto de los cuales no hay normativa específica, lo que suele suceder con la actividad comercial.
Entraría en otro tipo de legados, pero no como de crédito, o tal vez, de crédito hipotético, no siendo cierto ni determinable. No obstante la doctrina no hace esta distinción, puesto que el esquema, es teórico, en la suposición de que el crédito existe por fundamentación legal y por amparo de las normas, que, aún cuando no previeren un asunto o contrato, no se puede hacer del legado de crédito una especie de conjetura, puesto que ello conllevaría a suponer una incorrecta administración de justicia. Y esto veda cualquier análisis jurídico, porque no podemos suponer que la justicia no apreciará debidamente las razones o se equivocará. Sería como esperar a que termine una acción penal, para incoar la civil, por desconfianza a la justicia misma. El plazo de prescripción de la acción civil es independiente de la penal, puesto que la jurisprudencia supone la confianza en a justicia. Y por tal razón, no se puede aislar la temática sosteniendo que, jurídicamente el legado no es de crédito, en función de la interpretación judicial posible, ya que se parte de la base de su correcto funcionamiento y de que el susodicho crédito, está amparado desde el punto de vista legal, siquiera por vía de analogía de normas.
No lo considero así, y me parece bastante aventurado, sostener que existe un legado de crédito cuando una acción está claramente prescripta. Seria una solución muy absoluta. A mi entender podría no interponerse la excepción de prescripción, es una posibilidad remota, pero posible. Para verificar entonces este tipo de legado, como de crédito, habría que verificar si la excepción de prescripción ha sido deducida por el deudor de la obligación.
Si esto es así, no va a faltar quien diga que se ha instituido un legado de crédito natural, es decir, no exigible judicialmente. Vale la apreciación. Sólo que en la práctica, no va a poderse cobrar el legado en un % 99 de los casos. Igualmente el crédito existe.
No hay previsiones específicas para estos casos, pero rige la máxima de que, cuando la ley no distingue, no debemos hacerlo nosotros. Consecuentemente, todo este tipo de legados, resultan ser legados de crédito. Habrá de depender de la voluntad del legatario llevarlo o no adelante para su cobro. Pero este es otro tema, que si bien concierne a la realidad, no deja por ello de ser un legatario de crédito jurídicamente hablando.
El es propietario de ese derecho desde la muerte del testador, lo tiene como un derecho a otro derecho, pero un derecho al fin. No hay ningún impedimento para la transmisión. El mismo artículo 3786 lo señala “El legado de un crédito a favor del testador, comprende sólo la deuda subsistente y los intereses vencidos a la muerte del testador. El heredero no es responsable de la insolvencia del deudor. El legatario tiene todas las acciones que tendría el heredero”
Expresamente se lo considera legado, los herederos entonces no podrán accionar contra el legatario, por existir remisión de deuda. Lo establece el art. 3783 del Cód. Civil: “La remisión de la deuda que hiciere el testador a su deudor, no comprende las deudas contraídas después de la fecha del testamento”.
La remisión debe ser clara, toda vez que los actos que involucren renuncia a los derechos debe ser clara e inequívoca. El art. 874 lo dispone expresamente: “La intención de renunciar no se presume, y la interpretación de los actos que induzca a probarla debe ser restrictiva” De modo que la renuncia debe surgir claramente del testamento mismo, sin mas indagación que la pura expresión de renunciar al derecho.
Obviamente esto no puede afectar la legítima de los herederos forzosos, mas allá de la porción disponible del testador.
Caso de remisión de deuda contemplado en el Código Civil no expresado directamente en el testamento.
El art. 3782 del Cód. Civil señala: “Legado el instrumento de la deuda, ésta se entiende remitida; legada la cosa tenida en prenda, se entiende también remitida la deuda, si no hay documento público o privado de ella; si lo hubiese y no se legase, se entiende sólo remitido el derecho de prenda”
Si y en todos los casos que se prevén en la norma del art. 877 del Código Civil: “Habrá remisión de la deuda, cuando el acreedor entregue voluntariamente al deudor el documento original en que constare la deuda, si el deudor no alegare que la ha pagado”
En el caso del mutuo con garantía hipotecaria también, desde que el mutuo no necesita de escritura pública, ni estar inscripto en Registro Alguno. Y no es en la garantía hipotecaria donde consta la deuda, sino en el contrato de mutuo. Y este contrato puede estar hecho o no por escritura pública. También es que, solamente cabe entender que se ha hecho tal renuncia, cuando en el mutuo, se establece que se retiene el título de propiedad, desde que ese contrato debe ser redactado con tantos ejemplares como parte intervengan. De tal modo, que no puede presumirse la renuncia, si el mutuo está inscripto en el Registro junto con la hipoteca. Pero en el caso de que no lo esté, el instrumento por el cual el acreedor tenía en sus manos la ejecución hipotecaria, al entregarlo, obviamente no pretende su ejercicio, desde que se desprende de algo que necesita. Y para el supuesto de que haya retención del título de propiedad, por haberse así pactado, cuando media también devolución de éste. Se ha sostenido que la disposición puede ser de aplicación analógica por instrumentos transmisibles por endoso. Y cuando se produce la devolución, entonces la renuncia. Sin embargo, a pesar de lo discutible del tema, el art. 218 del Código de Comercio, permite una mas amplia investigación al señalar: “Siendo necesario interpretar la cláusula de un contrato, servirán para la interpretación las bases siguientes:
4º Los hechos de los contrayentes, subsiguientes al contrato, que tengan relación con lo que se discute, serán la mejor explicación de la intención de las partes al tiempo de celebrar el contrato”
El mismo está previsto en el art. 3758 del Código Civil: “En los legados alternativos se observará lo dispuesto para las obligaciones alternativas”
De manera que vamos a las disposiciones sobre obligaciones alternativas. El art. 635 del Código Civil la define de esta forma “Obligación alternativa es la que tiene por objeto una de entre muchas prestaciones independientes y distintas las unas de las otras en el título, de modo que la elección que deba hacerse entre ellas, quede desde el principio indeterminada” En consecuencia, salvo que el testador haya dispuesto otra cosa, la elección corresponde al heredero, pues hace las veces de deudor, por aplicación del art. 637 del Cód. Civil: “En las obligaciones alternativas, corresponde al deudor la elección de la prestación de uno de los objetos comprendidos en la obligación”.
No estamos suponiendo alternativa dentro de un género o especie de cosas. Si bien la cosa objeto del legado no puede dejarse al arbitrio de un tercero en el legado de cosa alternativa el Código establece una excepción a esa regla.
De acuerdo a la remisión de la norma respecto de las obligaciones alternativas, son de aplicación las normas siguientes además: art. 638 “Si una de las prestaciones no podía ser objeto de la obligación, la otra es debida al acreedor.”, como el art. 639 “Si uno de los objetos prometidos no pudiese realizarse aunque sea por culpa del deudor, o por otra causa cualquiera, debe prestarse el que ha quedado. Si ninguno de ellos puede prestarse, y el uno ha dejado de serlo por culpa del deudor, éste tiene la obligación de entregar el valor del último que hubiese dejado de poder ser prestado.”
También son de aplicación los arts. 641 y 642 del Código Civil que, respectivamente, dicen: “Cuando la elección fuere dejada al acreedor, y una de las cosas se hubiese perdido por culpa del deudor, el acreedor podrá reclamar, o la cosa que ha quedado, o el valor de la que se ha perdido. Si se han perdido las dos por culpa del deudor, el acreedor puede reclamar el valor de la una o de la otra. Lo mismo se observará si las prestaciones que comprende la obligación no fuesen de entregar cosas, estimándose entonces por el juez el valor de la que, elegida por el acreedor, no puede prestarse.” y 642 “Si las prestaciones se han hecho imposibles sin culpa del deudor, la obligación queda extinguida”
Zanoni expresa que la cosa es debida desde la apertura de la sucesión, lo mismo que los frutos. Otra doctrina sostiene que es debida desde la apertura de la sucesión, pero no los frutos.
En el caso tiene mucho que ver “la posesión” pues hace las veces de tradición. La cosa es debida, lógicamente, no desde la apertura de la sucesión, que puede realizarse 10 años luego del fallecimiento del testador, sino desde el momento en el que ya pudo abrirse la sucesión, es decir, pasados los 30 días de llanto y luto, por el cual los terceros no pueden iniciar la sucesión pasado ese lapso “Los terceros interesados pueden exigir que el heredero acepte o repudie la herencia en un término que no pase de treinta días, sin perjuicio de lo que se dispone sobre el beneficio de inventario” Esos son los llamados 30 días de luto, en los que los terceros no pueden impulsar ni intimar a los herederos a realizar alguna acción hereditaria. En la doctrina se observa una constante correlación con el procedimiento sucesorio. Y éste no tiene que ver. ¿Qué es la apertura de la sucesión? Una apertura con un escrito acompañando certificado de defunción, matrimonio y nacimiento, punto con un escrito señalando cuando falleció el testador. ¿Y cuál es la relación entre un escrito judicial que puede dejar cualquiera, hasta un tercero acreedor, con la deuda del legado y de los frutos? Es francamente incomprensible. La ley estima que en 30 días se está en condiciones de iniciar la sucesión, y la cosa legada es debida pasado ese plazo y no se va a deber si no media intimación del legatario para ejercer ese derecho, pasados esos 30 días, o inicio del proceso sucesorio de su parte o de parte de los herederos. Recién, a partir de ese momento, la cosa es debida. Pero no los frutos, porque debe hacérsele entrega de la posesión. Y él legatario, como se estableció, debe pedírsela a los herederos, y si no al juez. Pero de los frutos no va a poder hacerse, hasta que no haya entrega de la cosa legada, y la entrega va a tener que hacerse con autorización judicial, salvo que se trate de herederos legitimarios, que son los que entran en posesión de la herencia sin necesidad de pedírsela a los jueces. Y en tal caso, la cosa es debida, desde el momento en el que el legatario la pide a los herederos. Por lo visto, resulta absurdo diferir al mero concepto de “apertura de la sucesión” sin aclarar nada más.
Y como no necesariamente van a ser cosas del mismo género o especie, no son de aplicación las normas vistas referentes a ese tipo de legados, que vuelvo a transcribir “Siempre que el testador deje expresamente la elección al heredero o al legatario, podrá el heredero en el primer caso, dar lo peor, y en el segundo, el legatario escoger lo mejor” ( art. 3757 C. Civil ).
En este caso la elección se hará con entera libertad. Obviamente, de acuerdo a los datos de la realidad, el legatario elegiría lo mejor y el heredero lo peor.
En fin, es una excepción a la regla de la determinación y una lastimosa delegación de un derecho personalísimo a un tercero. Falta nada mas que le ponga condiciones de conducta, para las elecciones de billete de lotería que esta elección de alternativa, si se mantiene casado, si se debe divorciar, entonces, será acreedor de… Un despropósito.
Supongamos que el testador le deba algo al legatario, pero no se lo reconozca en vida sino que, por acto de última voluntad le reconoce la deuda. Ese es el legado de reconocimiento de deuda y está establecido en el art. 3788 del Cód. Civil al decir éste: “El reconocimiento de una deuda, hecho en el testamento, es reputado como un legado mientras no se pruebe lo contrario, y puede ser revocado por una disposición ulterior”
La doctrina sostiene que puesto que el acreedor de la sucesión puede presentarse como legatario y entonces ser sujeto pasivo de una acción de reducción. Una vergüenza… Cabe aclarar que los herederos pueden controlar lo que es debido, puesto que tienen un interés en esto. Y ver si la deuda reconocida corresponde.
Puede presentarse. Está previsto sin embargo en el art. 3787 del Código Civil que “Lo que el testador legare a su acreedor no puede compensarse con la deuda”. Con lo cual si el testador llegara a decir. “Lego esta x propiedad y reconozco adeudarle a x esta suma…” tendrá el legatario un premio realmente.
Están establecidas en el art. 3797 del C. Civil: “Cuando la sucesión es insolvente, los legados no pueden pagarse hasta que estén pagadas las deudas. Si hay herederos forzosos, los legados sufren reducción proporcional hasta dejar salvas las legítimas” Con lo cual, pueden presentarse como acreedores de la sucesión y ejercer la facultad que les otorga el art. 3400 “Los legatarios no pueden pretender ser pagados sino después que los acreedores hubiesen sido enteramente satisfechos”.
O sea lo considera el Código Civil un legado, pero, en verdad, son tantos legados como prestaciones periódicas existan. Está previsto en el art. 3793 del Código Civil “Si es legada una cantidad determinada para satisfacerla en tiempos establecidos, como en cada año, el primer término comienza a la muerte del testador, y el legatario adquiere el derecho a toda la cantidad debida por cada uno de los términos, aunque sólo haya sobrevivido al principio del mismo término”
Este legado debe distinguirse del establecido a plazos, a una suma cierta que se debe pagar en plazos determinados hasta su agotamiento. Esta distinción la hace el mismo codificador en la nota al art. 3794 al decir: “En los legados anuales o a términos designados hay tantos legados como años o términos. Una sola prescripción no puede extinguirlos: son necesarias tantas prescripciones, como haya años o términos. Nota:3794. L. 4, Dig. "De annuir legatis" POTHIER, "Pand", t. 2, p. 377, núms. 1 y 2. TROPLONG, "Testament", núm. 1893. De la resolución de los artículos anteriores resulta que por el año que comienza el legado es puro y simple, pero en los otros años está subordinado a la condición de si el "legatario vive", a no ser que el legado hubiese sido hecho al legatario y sus herederos, o a una comunidad o establecimiento que no muera, aunque mueran todas las personas que lo componían al tiempo del testamento. Es preciso no confundir el legado anual con el legado de una suma cierta, cuyo pago se fija en diversos términos. Entonces, no hay sino un solo legado y no es preciso que el legatario sea capaz tantas veces como términos haya para el pago, basta que lo sea a la apertura de la sucesión. POTHIER, en sus "Pandectas", t. 2, p. 378, pone las reglas para distinguir si el legado es anual, o si sólo es sobre una suma divisible, únicamente en cuanto a su pago”.
Este tipo de legado puede ser de por vida para el legatario o por un plazo determinado. No es necesario aceptar cada cuota, basta con aceptar una. También cae bajo el rigor del art. 3400 “Los legatarios no pueden pretender ser pagados sino después que los acreedores hubiesen sido enteramente satisfechos”.
A diferencia del legado por suma fija pagadera en plazos, los herederos de este legatario, no pueden incorporarlo a su sucesión, por tratarse de una renta vitalicia. Y es tal, cuando el plazo es indefinido. Lo cual significa que, fallecida esa persona, se terminó el legado. El legado de suma cierta pagada en plazos, si no lo ha percibido en su totalidad el legatario, pueden pedir el saldo los herederos de éste.
En cuanto a la prescripción de cada cuota, rige al respecto la norma del art. 4027 del Cód. Civil. Es decir: 5 años por cada cuota. Y existirán tantos pedidos de prescripciones liberatorias como cuotas pasen de ese plazo.
El mismo está previsto en el art. 3790 del Cód. Civil al decir: “El legado de alimentos comprende la instrucción correspondiente a la condición de legatario, la comida, el vestido, la habitación, la asistencia en las enfermedades hasta la edad de dieciocho años, si no fuese imposibilitado para poder procurarse los alimentos. Si lo fuese, el legado durará la vida del legatario”. Esta disposición es concordante con la del art. 372 del Cód. Civil: “La prestación de alimentos comprende lo necesario para la subsistencia, habitación y vestuario correspondiente a la condición del que la recibe, y también lo necesario para la asistencia en las enfermedades”
Al tratar el tema Maffía sostiene que bastaba con el art. 372 citado. Pero es que precisamente las acciones tendientes a aumentar o reducir la cuota alimentaria no están afectadas como en el Derecho de Familia, ni el menor tiene que llevar la misma vida que sus padres antes de su separación, y si iba a un Colegio Privado luego de la separación de los cónyuges debe tener la posibilidad de seguir yendo. Todo lo cual significa, en términos de Derecho de Familia, que el menor no ve menoscabados sus derechos alimentarios, en toda su extensión ( Clubes de Fútbol, enseñanza privada, etc. ). En cambio, la situación para el legado de alimentos no se reitera, como sostiene el autor, sino que, la disposición del art. 3790, si bien posibilita cierta elasticidad, lo es dentro de los parámetros que dentro del legado de alimentos está previsto. Es hasta las situaciones que se pueden realizar acciones legales, de aumento o reducción de la cuota alimentaria.
Se ha discutido mucho en doctrina el legado de alimentos, si trabaja, si no trabaja, si es mayor de 18 años, si no lo es. El art. 3790 es supletorio de la voluntad del causante, en eso todos están de acuerdo. Pero nadie se acuerda para el caso de que no los necesitase en absoluto. Para este supuesto, y como se trata de interpretar la voluntad del causante, la cuota, que se fija teniendo en cuenta el patrimonio de los herederos y el del legatario, habrá de reducirse o de extinguirse, puesto que no es un legado de entregar sumas de dinero periódicas sino específicas: alimentos. Y del análisis de la mencionada norma surge claro, que si el testador nada añade, lo que cubre son las necesidades contempladas en el art. 3790 y no más que ellas. Habrá de depender del examen de los dos patrimonios, por ejemplo, si un menor puede ir a un Colegio Privado, o debe ser uno del Estado.
La intención del testador es no dejar en situación de abandono a una persona, o librada a la suerte de la vida, máxime si es incapaz por ser menor, o por adolecer de alguna enfermedad. Ello surge palmario del menor análisis que se le haga a la norma.
Maffía sostiene que hay una semejanza con respecto a los alimentos entre parientes. Sin embargo, más allá de que le encuentre semejanza, puede tratarse de cualquier persona a la que el testador, por algún motivo, le haya tenido afecto y no desea que quede abandonada esa persona a la suerte de la vida.
En consecuencia las cuotas serán de acuerdo a cada necesidad, para el supuesto de enfermedad con intervención quirúrgica, se habla por parte de la doctrina de cuota extraordinaria. El concepto de cuota extraordinaria parte de la base de cuotas ordinarias y en el caso, no las hay. Aunque la llamen de esa manera, en verdad, no se trata de cuotas extraordinarias, sino de lo que la persona necesita, lo cual puede hacer muy variable la prestación de auxilio a cada situación. Por ello la semejanza con las normas del Derecho de Familia, a lo que Maffía aludía, tienen más que ver con la parte afectiva que respecto del nivel de vida y guarismos de cuota.