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Timestamp: 2018-09-21 07:53:28
Document Index: 79394294

Matched Legal Cases: ['artículo 241', 'Artículo 34', 'artículo 1504', 'artículo 1504', 'artículo 34', 'artículo 34']

SENTENCIA N° C-507 de 2004
Referencia: Expediente D-4866
Código Civil, artículos 34 y 140, parciales
Demandante: Jesús Sanabria Ardila
Bogotá, D.C., veinticinco (25) de mayo de dos mil cuatro (2004)
En ejercicio de la acción pública consagrada en el artículo 241 de la Constitución, el ciudadano Jesús David Sanabria Ardila solicitó a esta Corpora­ción la declaración de inexequibilidad parcial de los artículos 34 y 140, parciales, del Código Civil.
Artículo 34.- Llámase infante o niño, todo el que no ha cumplido siete años; impúber, el varón que no ha cumplido catorce años y la mujer que no ha cumplido doce; adulto, el que ha dejado de ser impúber; mayor de edad, o simplemente mayor, el que ha cumplido (veintiún)1 años, y menor de edad, o simplemente menor el que no ha llegado a cumplirlos.
[Las expresiones mayor de edad o mayor, empleadas en las leyes comprenden a los menores que han obtenido habilitación de edad, en todas las cosas y casos en que las leyes no hayan exceptuado expresa­mente a estos.]2
1. Cuando ha habido error acerca de las personas de ambos contra­yentes o de la de uno de ellos.
2. Cuando se ha contraído entre un varón menor de catorce años, y una mujer menor de doce, o cuando cualquiera de los dos sea respec­tiva­mente menor de aquella edad.
Jesús Sanabria Ardila considera que los apartes acusados del Código Civil descono­cen los artículos 5, 13, 43 y 44 de la Constitución Política.
1. Considera que la razón por la cual las normas acusadas fijan edades diferentes a partir de las cuales los hombres y las mujeres pueden contraer matri­monio es inaceptable constitucionalmente y en consecuencia discrimi­natoria por violar el principio de igualdad (art. 13, CP); a su juicio se trata de un motivo de carácter histórico que desconoce la realidad psico­lógica y psíquica de hombres y mujeres. Dice al respecto la demanda,
“En el año 1873, época en que se adoptó el Código Civil del señor Andrés Bello, no había certeza médica, psicológica ni jurídica acerca del desarrollo psicológico y fisiológico de una persona, fuese hombre o mujer. Es más, aún hoy día no la hay. La ciencia, a pesar de su desarrollo a pasos agigantados, se encuentra en su etapa de infancia.
Se estableció entonces la edad de doce años como límite a donde la mujer deja de ser impúber tomando conciencia relativa de sus actos e iniciando su etapa de fertilidad, es decir, que a partir de sus doce años la mujer abandona una incapacidad absoluta convirtiéndose en menor adulta con una incapacidad relativa para celebrar actos que pueden tener valor en ciertas circunstancias (inciso tercero del artículo 1504 del Código Civil); (…).
Contrario al Supraprincipio de la Igualdad, se estableció la edad de catorce años —dos más que para la mujer— como el límite donde el varón deja de ser impúber tomando conciencia relativa de sus actos e iniciando su etapa de fertilidad, es decir, que para el legislador es a partir de esa edad cuando el hombre abandona su incapacidad absoluta convirtiéndose en menor adulto con una incapacidad relativa para celebrar actos que pueden tener valor en ciertas circunstancias (inciso tercero del artículo 1504 del Código Civil); (…)
Como se ha explicado anteriormente, el legislador entendió y plasmó (a mi juicio erróneamente) una desigualdad psico fisiológica entre la mujer y el hombre cuando aprobó la edad de doce años para la mujer y del catorce para el varón como límite final de la impubertad. La ley establece a manera de una presunción de derecho un límite impasable para adquirir la relativa capacidad. (…)”
El demandante considera que “[n]o se puede permitir que se siga limitando el ejercicio de ciertos actos jurídicos a los varones entre 12 y 14 años. No se pue­de permitir que el varón entre 12 y 14 años siga siendo incapaz absoluto mientras que la mujer en la misma edad sea relativamente incapaz. No hay sustentos fácticos ni jurídicos suficientes para seguir sosteniendo una tesis médica, psicológica y jurídica que se derrumba ante una verdad insoslayable como lo es que los seres humanos tomamos las decisiones de acuerdo con los razonamientos de nuestro intelecto y que esa capacidad intelectual para decidir empieza a ser consciente y madurar a partir de los 14 años aproximadamente, tanto para las mujeres como para los varones.” Fundándose en el texto La igual­dad jurídica y social de los sexos de Alma L. Spota Valencia, el deman­dante afirma que “[n]o existen características psicológicas o fisiológicas que demarquen un muro perenne e inderrumbable de desigualdad entre hom­bres y mujeres.”3
El demandante considera que médicamente no se puede sostener la tesis de la desigualdad entre hombre y mujer, “(…) pues aunque evidentemente existen marcadas diferencias en lo funcional, lo cierto es que hay una tendencia al equilibrio.” De hecho, considera que el factor físico, cuando se trata de la capa­cidad, no es tan primordial como el factor psíquico.
2. A juicio del demandante deben igualarse las edades en los 14 años, más no a los 12, pues aunque “(…) pareciera ser mejor al contrario por cuanto se pensaría que se le disminuyen los derechos a la mujer en búsqueda de resta­blecer la igualdad”, igualar al hombre y a la mujer en los 12 años no cumpliría el propósito buscado por el legislador. Al respecto señala,
“(…) Lo correcto es que el límite de edad es el de 14 años para los dos sexos, puesto que el legislador busca proteger a los menores que no estén en condiciones mínimas para disponer de sus bienes o celebrar contratos. Asimismo, busca proteger la institución del matrimonio como institución básica familiar, al establecer como causal de nulidad el que sea celebrado por menores de una determinada edad.
Entonces, haya mayor probabilidad que una persona de 14 años tenga mayor capacidad de discernimiento que una persona de 12 años. Por esto mismo, no es conveniente rebajar el límite sino ampliar el período de incapacidad absoluta para la mujer hasta los 14 años. (…)”
3. La demanda señala que de acuerdo a la jurisprudencia constitucional el de­re­cho a la igualdad es relacional; en esa medida es preciso comparar el trato diferencial que fijan las normas y determinar, mediante un “test de igualdad”, si éste es razonable o no.
Para la demanda los sujetos de la relación comparativa son “(…) los sujetos del artículo 34, en lo relacionado con el concepto de impúberes son los varones entre 7 y 14 años y las mujeres entre 7 y 12 años. Concluyendo así que las personas afectadas por la discrimi­na­ción son los varones entre los 12 y los 14 años con respecto a las mujeres de la misma edad.” Y el objeto de la relación comparativa es “(…) la incapacidad relativa para los menores adul­tos, donde bajo ciertas circunstancias pueden obligarse, es decir, pue­dan celebrar algunos contratos o realizar ciertos actos jurídicos sin nece­sidad de represen­tación legal.” Al respecto señala,
“Aquí encontramos que la mujer entre los 12 y los 14 años, puede celebrar algunos contratos o realizar algunos actos jurídicos que el varón, en la misma edad y con las mismas capacidades de discerni­mien­to, no puede llevar a cabo por cuanto el artículo 34 demandado, no se lo permite.
Los actos jurídicos que realice el varón entre los 12 y los 14 años, son nulos por su condición de incapaz absoluto (artículos 34, 1504 y ss del Código Civil), mientras que los celebrados por la mujer de la misma condición cronológica son válidos o tienen la posibilidad de ratificarse en la plenitud de su capacidad legal y de ejercicio.”
La demanda considera que no existe un criterio base para justificar el trato diferente que sea válido. “Por el contrario, —señala— existen razones jurídi­cas, sociológicas y psicológicas para defender una igualdad entre mujeres y varones entre los 12 y los 14 años de edad.”
3.1. En cuanto a la finalidad buscada por el trato diferente el demandante señala lo siguiente,
“Puedo pensar que el objetivo perseguido por el legislador mediante los artí­culos demandados es la protección de la mujer menor de 12 años, pues no tiene la suficiente capacidad de discernimiento para celebrar ciertos actos jurídicos.
Por otra parte, puedo pensar que buscó conceder la relatividad a la incapa­cidad de una mujer cuando llega a los 12 años, pensando que con su aptitud para procrear llega también su capacidad de discerni­miento.
Podría pensar que el objetivo es otorgar esa incapacidad relativa a quien se desarrollara físicamente primero, pero allí existen casos en que el hombre se puede desarrollar primero que la mujer, no sólo física sino también psicoló­gicamente, La madurez sólo la concede el grado de formación y educación de una persona.
Por último, podría pensar que el propósito del legislador fue otorgar una protección especial, tanto a la mujer que pudiese quedar embara­zada como el naciturus.
Pero, a mi juicio, ninguno de estos argumentos justifica el trato diferente. No existe un objetivo específico ni unos secundarios, que se persigan con el trato desigual pues se trata de dos sujetos en las mismas condiciones físicas, fisiológicas, sociológicas y psíquicas; lo que me hace deducir que cuentan con las mismas capacidades voliti­vas e intelectivas que requieren para contraer derechos y obligaciones con un grado relativo de validez. En otras palabras, a esas edades aún no nacen diferencias entre uno y otro sexo que hagan necesario un trato desigual.
No existen criterios médicos o psíquicos que contradigan lo que enuncio como cierto. Si bien físicamente se resaltan diferencias, pues en la mayoría de los casos la mujer se desarrolla más tempranamente que el varón, también es muy cierto que entre los 12 y los 14 años tanto varones como mujeres tienen las mismas capacidades intelec­tivas. Es más aún, yo me atrevo a afirmar —libre de prejuicios— que el varón a sus 13 años tiene mayor agudeza intelectiva que las mujeres de su misma edad.
No es válido decir que la incapacidad relativa se le conceda a la mujer por su condición fisiológica, cuando debe tenerse en cuenta el factor más importante para obligarse: El Elemento Volitivo.
Para ilustrar mejor mi exposición, quiero traer unos ejemplos:
Dos personas nacen en la misma fecha y año. Una es mujer y la otra es varón. El varón durante 13 años recibe la mejor educación y la mejor formación en su hogar y en su colegio. La mujer, por el contrario, durante los mismos 13 años recibió una formación defectuosa en su hogar, no tuvo acceso a la educación institucional y creció rodeada de malos ejemplos y en ausencia de principios éticos y valores morales. Pregunto: ¿Cuál de las dos personas merece tener incapacidad relativa? (…)
Supongamos que nacen dos gemelos, una mujer y un varón, que du­ran­te sus primeros 13 años de edad reciben la misma educación, la misma formación en el hogar, el mismo trato social, tienen un desarro­llo físico psíquico que podemos ubicar dentro de lo normal. Pregunto: ¿Cuál de las dos personas merece tener la incapacidad relativa? (…)”
3.2. En cuanto a la “adecuación de la medida diferenciadora” la demanda señala que “[e]n ninguna medida, es adecuado que se estipule la cuestionada diferencia de edades. (…) se está otorgando un beneficio en desmedro de los derechos que tiene otra persona con igual protección constitucional, pues según la constitución y legislación colombiana se trata de dos niños, merece­dores por igual de una protección especial del Estado.”
3.3. Tampoco considera el demandante que sea necesario el trato diferente. Señala que “(…) si lo perseguido es la protección especial de la mujer a partir de su pubertad o aptitud para procrear, debe aumentarse el límite a los 14 años y no dejarlo a los 12 cuando las niñas a esa corta edad deben pensar en cosas mucho menos trascendentales que la crianza de un hijo. Además, que a esa corta edad no tiene la capacidad intelectual ni puede disponer de plena voluntad para decidir cuándo y cómo iniciar su vida sexual.” A lo cual añade, “(…) si se quiere dar protección especial deben establecerse los límites de edad, pero individualmente para cada contrato. Tal como sería legislar para que la mujer que se hallare en estado de embarazo pudiese contraer el vínculo matrimonial antes de los 14 años, previo permiso de sus padres o represen­tante legal. Eso como una medida de dar protección no sólo a la mujer sino al que está por nacer, para que nazca en el seno de un hogar.”
3.4. La demanda alega que las normas acusadas no son proporcio­nadas, por cuando sacrifican otros derechos y principios de igual importancia. Hace un recuento de las normas de los Códigos Civil, de Proce­di­miento Civil y de Comercio, señalando los tratos diferentes que implican cada una para los hombres y las mujeres entre los 12 y 14 años. De forma similar, hace un recuento de las normas de dichos Códigos, además de los Códigos del Menor, Laboral y Penal, que se ocupan de tratar paritariamente a hombres y mujeres entre los 12 y 14 años. Dentro de las disposiciones citadas resalta la siguiente,
“La nueva legislación penal establece una protección del pudor y la integridad sexual a todos los menores de 14 años. Y es aquí donde más se fortalece mi posición de subir la edad límite de la pubertad a los 14 años. Con esto se protege de la promiscuidad sexual a la juven­tud naciente. En este sentido se pueden consultar los artículos 208 y 209 del Código Penal.
Hasta la misma Corte Suprema de Justicia, en Sentencia de Casación Penal, de marzo 8 de 1988, resalta que con estos artículos se busca evitar la corrupción del menor ‘induciéndolo prematuramente y por cualquier medio a practicar actividades sexuales’.”
Finalmente, alega la demanda,
“ (…) siendo el matrimonio el más importante de todos los contratos y confor­me a lo anteriormente expuesto, concluyendo que la intención del legislador es dar protección especial a la mujer por razones solamente fisiológicas y admi­tiendo que la incapacidad relativa tiene en cuenta exclusivamente el elemento volitivo, debe entenderse que no sólo es nulo el matrimonio conforme al artículo demandado, sino que también lo es cuando se celebra por una mujer menor de 14 años salvo que se halle en estado de embarazo, caso en el cual debe mediar la autorización de sus padres como lo dispone el Código Civil.
En esta hipótesis de solución, se acabaría con muchos líos que se han suscitado en este sentido. Además se rodea a una institución tan especial, sagrada y fundamental para la sociedad como lo es la familia. Primeramente porque de seguro sus hijos estarán más tiempo (al menos hasta los 14 años) en período de formación y segundo porque el naciente hogar tendrá mayores bases ético morales para construir con solidez una familia con todas las responsabilidades y el cumplimiento de los deberes que implica.
Finalmente quiero resaltar una frase del fallecido caudillo liberal Dr. Jorge Eliécer Gaitán: El pueblo no demanda la igualdad retórica ante la ley, sino la igualdad real ante la vida.”
IV. PRUEBAS SOLICITADAS
Antes de recibir las intervenciones, la Corte solicitó a los Decanos de la Facultades de Medicina de las Universidades Nacional y del Rosario para que informaran a la Corte si existen razones fisiológicas que justifiquen establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a al edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio. De forma similar se preguntó a los Decanos de la Facultades de Psicología de la universidades Nacional, de Los Andes y Javeriana para que informaran a la Corte si existen razones de orden psicoló­gico que justifiquen establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a la edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio. A continua­ción se presentará brevemente lo dicho en los conceptos remitidos a la Corte Constitucional.
1. Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia y Facultad de Medicina de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Bogotá
El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colom­bia, Rodrigo Díaz Llano, y los médicos Héctor Bernal Supelano y Dianney Clavijo Grimaldi, profesores de fisiología y morfología, respectivamente, presentaron conceptos por escrito en los cuales absuelven la siguiente cues­tión planteada por la Corte Constitucional: ¿Existen razones fisiológicas que justifiquen establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a la edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio?
1.1. Los médicos consideraron que la cuestión acerca de cuál es la edad a partir de la cual las personas pueden casarse debe responderse con base en las condi­ciones psicológicas de las personas, antes que con base en sus condiciones fisiológicas. Sin embargo, presentan la información que en su materia consi­deran relevante.4
1.2. Los conceptos presentados por las Facultades de Medicina establecen que la variabilidad biológica en el desarrollo de los seres humanos es la regla no la excepción.5 No obstante, desde una perspec­tiva estadística es posible verificar una tendencia en las mujeres a alcanzar la pubertad antes que los hombres.6 En otras palabras, si bien es cierto que existe una tendencia de carácter general por sexos, ésta no dice nada en un caso concreto.7 Por ejemplo, algunos hombres se desarrollan antes que algunas mujeres, algunas mujeres se desa­rrollan antes de los 12 años y algunos hombres alcanzan su madurez sexual después de los 14 años.
1.3. Ahora bien, el rango de edades en que varía el momento en que las mujeres alcanzan la pubertad es grande; va desde los 8 hasta los 16 años.8 En el caso de los hombres, además de existir un rango de variabilidad similar, se trata de una cuestión que aún es científicamente incierta.9
1.4. El concepto de la Facultad de la Universidad Nacional concluye que “(…) sí existen razones fisiológicas que permiten establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a la edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio.” El concepto de la Facultad del Rosario, de otra parte, concluye así:
“Los comentarios anteriores, basados en los artículos revisados10 (…) permiten concluir que en la actualidad los cambios sexuales de la pubertad se inician en promedio en la mujer, aproximadamente un año antes que en el varón.
Tal como lo advertimos al comienzo, solamente hemos estudiado el aspecto orgánico relativo a la competencia para mantener relaciones sexuales y procrear en los dos sexos; no se puede desconocer además que junto con la maduración sexual, hay también cambios en la esfera cognoscitiva que requieren un poco más de tiempo para establecerse, y que se caracterizan porque los ‘procesos de pensamiento concreto, intuitivo, basado en la experiencia previa a un pensamiento abstracto, formal u operacional, adquiriendo de esa forma capacidad de imagi­nar­se las posibles consecuencias de una actuación sin necesidad de haberla vivido previamente. Este paso no ocurre súbitamente y no es una ley de todo o nada’.11
El desarrollo del ser humano es un fenómeno integral de maduración de las esferas física, fisiológica, cognitiva, intelectual, psicológica, social, cognitiva, intelectual, psicológica, social y valorativa. La ma­du­ra­ción de estas esferas no se hace de manera sincronizada. El hecho de que los cambios físicos y fisiológicos se den cada vez a edades más tempranas no significa, necesariamente que simultánea­mente el indi­viduo esté preparado desde los puntos de vista cognitivo, intelectual, psicológico, social y valorativo para asumir los eventos que se den como conse­cuencia de mantener relaciones sexuales y tener capacidad para procrear.12 Insistimos en que estos aspectos deben ser consul­ta­dos a expertos en dichas áreas.”
En conclusión, la edad de madurez sexual la alcanzan las mujeres, en promedio, aproximadamente un año antes que los hombres. No obstante, se trata de un dato estadístico que poca validez tiene en los casos concretos, en los que la regla es la variabilidad, dentro de un margen amplio de posibilidades. Adi­cio­nal­men­te, se considera que la cuestión acerca de cuándo el ser humano ha madu­rado en su desarrollo, depende de consideraciones no sólo fisiológicas, sino principal­mente cognitivas, sociales y psicológicas.
2. Departamento de Psicología y Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional; Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana y Facultad de Psicología de la Universidad de Los Andes, Bogotá
Los profesores de la Universidad Nacional de Colombia, Telmo Eduardo Peña (Departamento de Psicología) y Yolanda Puyana (Departamento de Trabajo Social);13 los profesores de la Universidad Javeriana, Felipe Rojas Moncriff y Sergio Trujillo García (ambos de la Facultad de Psicología); y la Directora del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, Viviola Gómez Ortiz, Ph.D., remitieron sendos escritos al proceso de la referencia, resolviendo la siguiente cuestión planteada por la Corte Constitucional: ¿Existen razones de orden psicológico que justifiquen establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a la edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio?
El primero de los conceptos responde enfáticamente que “[n]o hay razones psicológicas que justifiquen establecer un trato diferente entre hombres y mujeres con relación a la edad a partir de la cual pueden contraer matrimonio”, posición a la que se suma el segundo de ellos. Por su parte, el último sostiene que sí existen algunas dife­rencias entre los géneros, pero coincide en que la edad mínima para contraer matrimonio debería ser más tardía.
2.1. Los conceptos psicológicos coinciden señalan que existe un consenso en torno a cuáles son los hitos del desarrollo humano. Los profesores de psicolo­gía de la Universidad Javeriana sostienen, por ejemplo, que los consen­sos científicos que existen en torno a lo que se sabe acerca de cómo se desarrolla el ser humano permiten construir políticas públicas sobre la materia.14 Coinciden con los médicos al señalar que en el desarrollo humano, teniendo en cuenta no sólo las diferencias entre géneros, sino entre individuos, “las dife­ren­cias son la regla, no la excepción”.15
Para los Profesores de la Universidad Nacional “[l]a investigación empírica ha demostrado que existen diferencias de desa­rrollo, intelectuales, de persona­lidad y de juicio moral entre hombres y mujeres a lo largo de todo el ciclo vital”. Pero no las consideran relevantes, pues a su juicio “(…) no implican que los hombres deban recibir un trato diferencial con respecto a las mujeres en relación a la edad en asuntos jurídicos.” La Directora del Departamento de Psicología de la Universidad de Los Andes coincide con esta postura, pues aunque hay ciertas etapas en que el desarrollo es mayor, “(…) como es la adole­scen­cia donde los sujetos viven algo que se ha denominado un síndro­me normal. En esta etapa se puede encontrar un desbalance en la velocidad de desarrollo entre los niños y las niñas. Pero estas diferencias se igualan en el adulto joven. A partir de esta etapa, ya no hay señales físicas como la pubescencia ni etapas cognoscitivas claras como el pensamiento operacional formal, donde nos digan dónde comienza una etapa y comienza la siguiente y qué características diferencian cada año que trascurre. Por el contrario el desa­rrollo del adulto está marcado por hitos sociales determinados por la cultura y por las funciones y relaciones que forman parte de los ciclos fami­liares y profesionales. Pero en ningún momento por el hecho de ser hombre o mujer.”
2.2. La primera razón por la que no es determinante el momento en que se alcanza la pubertad para establecer la capacidad para contraer matrimonio es que tal capacidad no depende tanto del desarrollo fisiológico como del desarrollo de otras dimensiones del ser humano. Los profesores de la Universidad Nacional, por ejemplo, señalan que
“(…) los dos géneros funcionan de manera diferente en muchos aspectos de sus vidas, en parte debido a las diferencias biológicas, pero fundamental­mente debido a factores socio-culturales que definen roles actitudes y subjetividades. Sin embargo, ambos sexos están en condi­cio­nes seme­jan­tes con respecto a los elementos de juicio nece­sa­rios para compren­der y asumir las responsabilidades de sus decisiones. Las diferencias observadas con respecto del momento en el que ocurre la pubertad (indicada por el comienzo de la menstruación en la mujer y la capaci­dad de eyaculación en los hombres) no tienen paralelismo con respec­to de sus capacidades intelectuales, ni su estabilidad emo­cional. En otras palabras, los factores relativos a la educación familiar y socio-cultural son más determinantes de la llamada ‘madurez psicológica’ que el género y la edad.” (acento fuera del texto)
Para los profesores de la Universidad Javeriana “(…) la madurez sexual, rela­tivamente fácil de establecer a través de marcadores o indicadores bioló­gicos y cronológicos, no coincide con la madurez general ni con la madurez psicoló­gica en particular, ni constituye, por tanto, el único criterio para identi­ficar la capacidad de una persona para asumir la responsabilidad por el matri­monio, siendo éste el contrato más importante en nuestra sociedad, ni la competencia suficiente para ser madre y/o padre de familia.”16 Por este motivo el concepto considera que la cuestión planteada por la Corte Constitucional
“(…) esconde un dilema cuyas implicaciones son más profundas: así existan diferencias de género notables, en función de las velocidades diferentes del desarrollo bio-psico-social entre hombres y mujeres, la edad más apropiada para casarse y más conveniente para el matri­monio debería ser cada vez más tardía.
Establecer los 14 años como edad legal para casarse, con base en argumentos de igualdad de género, desconoce las graves implica­ciones evolutivas y sociales para quienes, legalmente, conformarían parejas sin haber alcanzado la madurez psicológica y social. Esto coloca en entre dicho no sólo la petición de la demanda, sino también la edad considerada actualmente legal para el matrimonio. Téngase en cuenta, además, que la edad legal para trabajar y por tanto, para sostener económicamente a la familia, es un aspecto de la problemá­tica que se soslaya en la discusión presentada.”17
Para la Directora del Departamento de Psicología de Los Andes, el “(…) momento de los acontecimientos como contraer matrimonio varía en cada perso­na pero con base en factores asociados a las diferentes áreas de desa­rrollo y no necesariamente de género. La forma en la que cada cual está preparado para estos acontecimientos, está regido por características indivi­duales a lo largo del desarrollo y por exigencia y restricciones culturales. Si bien es cierto que los individuos se desa­rrollan de acuerdo a lo que se ha denominado el reloj biológico, entendiendo éste como el cronómetro interno que mide el desarrollo del ser humano, las diferencias del movimiento de ese cronómetro no está determinada por el género.” Para que el ser humano esté preparado para asumir la responsa­bilidad del matrimonio partiendo de una relación amorosa, no basta ser púber, se requiere intimidad, pasión, decisión y compromiso.”
El desarrollo fisiológico está relacionado con el resto de las dimensiones de la persona pero no se da necesariamente al mismo tiempo. De hecho, al lado de un desarrollo sexual temprano, anterior al desarrollo físico general, se encuen­tra un desarrollo psicológico, cada vez más tardío.18 En contraste, el desa­rrollo fisiológico es cada vez más precoz, como lo indicaron los médicos.
2.3. La segunda razón por la que se considera que la pubertad no es el momento adecuado para contraer matrimonio, es el riesgo que representa para una adolescente y sus eventuales hijos un embarazo temprano. Los profesores de la Universidad Nacional advierten que muchas “(…) investigaciones han mostrado los efectos negativos del embarazo temprano en las mujeres antes de los 15 años y por ello, diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos han abogado por un incremento en la edad legal del matrimonio a nivel internacional.” El incremento en la edad, dicen, es justificado con base en dos razones:
“(a) La UNICEF considera que el matrimonio de los menores viola sus derechos ya que les priva de su derecho a la educación y ocasiona daños físicos y emocionales a los niños. Se ha demostrado que las niñas que se casan antes de los 18 años tienden a dejar la educación, tienen embarazos de alto riesgo y tienden a tener más problemas de salud. Hay que tener en cuenta que la UNICEF considera como niños a todas las personas menores de 18 años.
(b) La maternidad de las niñas antes de los 18 años presenta serios riesgos de salud para ellas y sus bebés en términos de progreso insa­tisfactorio del embarazo, dificultades en el nacimiento y proble­mas de salud en los años subsiguientes. Igualmente, las madres adolescentes experiencian desventajas sociales de educación, vivienda, empleo e ingreso (Berthoud & Robson, 2001).”
El concepto de la Javeriana señala que “[s]egún los informes acerca de la población mundial del Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, FNUAP19 de los últimos años y según la última investigación llevada a cabo en Colombia sobre la sexualidad adolescencial,20 antes de que el desarrollo orgá­nico general tenga lugar, es decir, en el período de tiempo que transcurre entre la madurez sexual y el total desarrollo físico, los riesgos derivados de un embarazo precoz para la salud de la madre y del hijo, son muchísimo mayores en razón de que el cuerpo de la madre aún no está completa­mente desarrollado para la gestación ni para la lactancia, que los riesgos para las mujeres adultas y sus hijos.”
Asociar la pubertad con el momento idóneo para contraer matrimonio ha gene­rado además del problema de los embarazos tempranos, el problema de los matrimonios forzados y bajo presión y el comercio ilegal de niñas con fines matrimoniales. El concepto presentado por lo profesores de la Univer­sidad Nacional cita la opinión de Marlene Hinshelwood,21 quien señala: el “(…) matrimonio temprano ocurre antes de que el niño o la niña hayan alcan­zado la mayoría de edad. Aunque muchos países han establecido una edad legal mínima para el matrimonio, cada año, millones de niñas son vendidas o intercambiadas en ceremonias de matrimonio por sus familias muy por debajo de la edad legal. Aunque amplia, esta práctica ha sido tan poco documentada que prácticamente no hay datos. El matrimonio temprano y forzado de las niñas constituye uno de los múltiples abusos de los derechos de las niñas. En muchas sociedades, el bajo estatus social de las niñas las reduce a un bien de cambio. (…)”22