Source: http://www.palladinopellonabogados.com/las-personas-criminalmente-responsables-de-los-delitos/
Timestamp: 2017-06-29 08:52:43
Document Index: 215174770

Matched Legal Cases: ['Artículo 31', 'Artículo 61', 'Artículo 27', 'Artículo 28', 'Artículo 28', 'Artículo 29', 'Artículo 28']

La Autoría, La Participación y La Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas
Las Personas Criminalmente Responsables de los Delitos	Publicado por	admin	en Blog
Este Título del Código Penal nos habla sobre las personas criminalmente responsables de los delitos, estableciendo el concepto y funcionamiento de la figura del autor y el cómplice, e incorporando al ordenamiento jurídico español desde la Reforma del Código Penal practicada en el año 2010, la Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas. Está última ha sido protagonista también de la Reforma del Código Penal del año 2015, que introdujo fundamentalmente la modificación del Artículo 31 bis, ya que el resto de preceptos mantiene su redacción original, con leves modificaciones.
¿Por qué es importante diferenciar estas figuras?
Como veremos a continuación, conceptualmente vamos a distinguir entre autor y partícipe, aunque luego el Legislador equipare en ciertos casos ambas figuras, lo que si bien jurídicamente funcionará así, no quita que tengan rasgos distintivos y que no estemos hablando de lo mismo, ya que la participación puede asimilarse a la autoría a efectos de la pena, pero eso no modifica su condición conceptual distinta de esta. Debemos adelantar que en cualquier caso, no puede haber participación sin autoría, revistiendo esta entonces un carácter accesorio.
La importancia de distinguir estas “categorías”, también encuentra sentido y relación al asociarse más adelante en el propio Código, a unas penas determinadas de acuerdo a su naturaleza. (Artículo 61 y siguientes).
El Artículo 27 abre este apartado diciendo que “Son responsables criminalmente de los delitos y faltas los autores y los cómplices.” a lo que es relevante recordar que el encubrimiento ha dejado de ser una forma genérica de participación en el delito para convertirse en un delito autónomo.
En el Artículo 28 el texto punitivo define lo que la ley considera como “autor” de un hecho delictivo, comenzando por aclarar que se refiere a quienes realicen el hecho por sí solos (realizando la acción típica), conjuntamente (coautores) o por medio de otro del que se sirven como instrumento (autores mediatos).
En todos los casos que estudiemos en este Título, destinado a las personas criminalmente responsables de los delitos, vemos que el Legislador busca individualizar y castigar a quien tiene “dominio” del delito. La Ley persigue al autor directo que actúa de forma inmediata y realiza el hecho por sí mismo, pero también castiga al que lo hace por medio de otro al que utiliza como instrumento (autor mediato), considerándolo el verdadero autor del mismo, por tener ese mencionado dominio, siendo este sujeto el que realiza un hecho penalmente relevante y no su “instrumento”.
Entiende el Legislador como Coautoría, el realizar el hecho conjuntamente con otros, de forma consciente y voluntaria. Por tanto esta figura existe cuando varias personas de común acuerdo toman parte en la fase ejecutiva de la realización del tipo, e implica que cada uno de los concertados para ejecutar el hecho, colabora con alguna aportación objetiva y causal, eficazmente dirigida a la consecución del fin conjunto. La doctrina admite excepciones a la necesidad de que la colaboración sea ejecutiva, cuando la aportación del sujeto sea de una gran transcendencia. (Por ejemplo el caso del Jefe de una Banda, que si bien no realice actos ejecutivos en unos hechos, sea comprendido en la figura porque su función es importante y finalmente los hace posibles).
Sobre Las Personas Criminalmente Responsables de los Delitos
Hasta aquí nos hemos centrado en la autoría, pero como podemos observar, en el mismo Artículo se contempla por una parte la figura del Inductor y del Cooperador Necesario, equiparadas a la del autor, en cuanto participan del delito o colaboran en su ejecución con actos imprescindibles, lo que los convierte también en sujetos activos del mismo. Estos últimos sin ser autores propiamente dichos, son tratados como tales por la forma en la que participan del hecho, lo que hace que se observe la diferencia que a pesar de ello hace la doctrina entre autor y partícipe, donde este último se caracteriza porque no tiene ese “dominio” del hecho al que venimos refiriéndonos. Finalmente veremos también que la norma recoge a la Complicidad, dentro de las formas de participación.
Como hemos apuntado antes, la participación existe siempre que exista la autoría, por lo que sin la acción dolosa de un autor no sería posible condenar nunca a un partícipe, siendo también necesario dicho elemento (El Dolo), en la conducta de éste último.
Siguiendo dentro del mismo Artículo 28, la norma nos presenta entonces dos formas de participación, que son la Inducción y la Cooperación Necesaria.
La Inducción, es una forma de participación, equiparada a la autoría por el Legislador, que consiste en suscitar en otro, dolosamente, la resolución de cometer el acto punible, siendo esta una forma de participación en un delito ajeno, ya que la autoría y el dominio pertenecen a quien es inducido. La acción de inducir debe presentar una relación causal con la posterior conducta del inducido, y ostentar la importancia necesaria como para hacer posible esta última. El que es inducido mantiene en todo momento su voluntad, y es quien finalmente será el autor, ya que de otra forma no estaríamos ante una Inducción sino ante una Autoría Mediata.
La Cooperación Necesaria, es otra forma de participación, equiparada a la autoría por el Legislador, que consiste en una aportación en el hecho delictivo de un carácter muy importante, pero sin llegar a tener lo que como venimos apuntando, la doctrina denomina “dominio del hecho”. Esa cooperación ha de ser relevante en cuanto a su capacidad de hacer posible el delito, y tener relación causal con este.
Como hemos observado en el primer Artículo de este Título del Código, el Legislador considera criminalmente responsables del delito, no solo a los autores, sino también a los cómplices.
El texto punitivo, nos dice en su Artículo 29 que considera cómplices a quien o quienes no hallándose comprendidos en el Artículo 28 de mismo Código, cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos a este.
Hemos adelantando al iniciar este apartado, que la Complicidad es también una forma de participación en el delito, por lo que el cómplice sin ser autor, responderá criminalmente de acuerdo a la Ley como tal. Su participación ostenta una menor entidad material y por ello la pena prevista por la norma, también lo será.
La Ley entiende y configura la complicidad “negativamente”, como la realización de actos anteriores o simultáneos al hecho delictivo, que contribuyan al mismo y que no puedan ser catalogados como autoría, inducción o cooperación necesaria. En cualquier caso la complicidad aunque tenga menor entidad, debe ser dolosa, y presentar una relación causal en su participación en los hechos perpetrados por el autor.
Esta figura va a contemplar tanto casos de acción como de omisión, por lo que podemos encontrar el caso de alguien que asesora al autor, a quién le apoya moralmente, o a quien omite realizar una determinada conducta que contribuye a la realización del hecho delictivo.
Si bien forma parte del mismo Título, como ya tratamos en este espacio el tema de la responsabilidad penal de las personas jurídicas, dada su entidad, incluimos a continuación el enlace al artículo en el que hemos desarrollado el mismo. Ver: “La Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas”
TÍTULO II – De las personas criminalmente responsables de los delitos