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Timestamp: 2018-07-17 01:33:57
Document Index: 25016508

Matched Legal Cases: ['artículo 2331', 'artículo 19', 'artículo 6', 'artículo 1546', 'artículo 2329', 'artículo 2329', 'artículo 1928', 'artículo 69', 'artículo 3', 'artículo 19', 'artículo 34', 'artículo 125', 'artículo 85']

Mauricio Jara Melo
El tema del daño moral no sólo nos presenta problemas de carácter jurídico o positivo, sino que también nos genera ciertos problemas o interrogantes de carácter ético y moral, ya que en este tema estamos frente a la indemnización o reparación de daños que no son tangibles o a lo menos cuantificables en cuanto a su extensión y de ahí es que concluimos que el daño moral es un tema complejo y que merece ser analizado no solo desde el punto de vista del Derecho, sino que también desde el punto de vista de la Filosofía, y así comenzaremos haciendo una pequeña introducción sobre el tema ya indicado, haciendo una referencia a sus generalidades y señalando los problemas más importantes que se nos presentan en relación a esta materia.
ASPECTOS PRELIMINARES DENTRO DEL TEMA DEL DAÑO MORAL.
Partiremos diciendo que una de las cuestiones mas discutidas en el ámbito de la indemnización de los prejuicios es el de la reparación de los daños morales, ahora bien, en este tema ya se ha llegado a un consenso, por casi la unanimidad de la doctrina y jurisprudencia nacional, de que los daños morales deben ser efectivamente reparados o compensados, así esta última cuestión no es fuente de conflicto, aun cuando se sostuvo antigüamente el que los daños morales no podían ser objeto de indemnización, ya que se estableció el que la indemnización tiene por objeto hacer desaparecer el daño y en el caso del daño moral sería imposible el dejarlo sin efecto, además se daba también como argumento el que si se acepta la posibilidad de compensar los daños morales, esto se prestaría, en la práctica, para abusos por parte de las personas, debido a la naturaleza no tangible o no perceptible de este daño. Sin embargo, como se dijo, hoy en día se acepta indiscutiblemente, tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, el que es perfectamente posible la indemnización del daño ya señalado, dándose como principales argumentos los siguientes:
1.- Se parte diciendo el que no es efectivo que la indemnización sea siempre reparadora, ya que ésta puede tener también el carácter de compensadora y prueba de ello es que tratándose de los daños materiales (expresión amplia para diferenciarlos de los daños morales), podemos encontrar también algunos respecto de los cuales no es posible hacerlos desaparecer en cuanto a sus efectos. Así se indica que en el caso de la indemnización de los daños morales, el objetivo que se busca es otro: hacer más llevadero el dolor de quien ha sufrido el daño moral.
2.- Se le responde a la teoría que no acepta la indemnización de los daño morales, indicando que si bien es posible que se generen abusos a través de la compensación del daño moral, también ello es posible respecto de los daños materiales, esto sin perjuicio de reconocer que dado el carácter eminentemente subjetivo del daño moral, la prueba con que éste pretenda acreditarse, pueda prestarse con mayor facilidad a un uso abusivo de la institución por parte de una supuesta victima.
3.- También se dan argumentos de carácter positivo, señalándose que las normas del Código Civil que regulan el tema de la indemnización de perjuicios, en materia extracontractual (Título XXXV , epígrafe “De los delitos y Cuasidelitos”, artículos 2314 y siguientes), son amplias y no se hace distinción, en ellas, entre distintos tipos de daño.
4.- Finalmente se indica que en el artículo 2331 del Código Civil, el legislador niega o prohíbe en forma expresa la indemnización del daño moral: “Las imputaciones injuriosas contra el honor de una persona no dan derecho para demandar una indemnización pecuniaria, a menos de probarse daño emergente o lucro cesante…”, de este modo y a contrario-sensu en los demás casos sí se permite.
De este modo, actualmente, parece casi insostenible, el sostener una postura contraria a la de aceptar la indemnización del daño moral dentro de nuestro ordenamiento jurídico, tanto en el ámbito de la responsabilidad contractual como en el da la responsabilidad extracontractual. Incluso hoy en día, nuestro marco Constitucional favorece a toda interpretación que sea amplificadora de la tutela personal, como lo sería esta teoría o interpretación de aceptar el resarcimiento de los daños morales, al consagrarse como primera garantía en el artículo 19 número 1 de la Constitución de 1980 “El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de las personas y en el número 4 del mismo artículo “El respeto y protección a la vida privada y pública y a la honra de la persona y su familia”, a cuyo respecto están obligados a su respeto, no sólo todos los ciudadanos, sino que también todos los poderes del Estado, incluyéndose en estos últimos a los Tribunales de Justicia. Así, analizando las disposiciones citadas se puede llegar a la conclusión que actualmente, la teoría que acepta la indemnización del daño moral tiene base Constitucional. Esta conclusión se impone o se hace valer, a su vez, del artículo 6 de la Constitución de 1980, el que consagra el que algunos llaman “El principio de la legalidad Constitucional”, en virtud del cual todos los poderes y autoridades del Estado, deben obedecer, primeramente, a las normas Constitucionales y han de someterse a ellas.
Una vez analizada la discusión ya superada, en torno a si es factible o no la indemnización de los daños morales, analizaremos también otras discusiones o conflictos que se presentan en relación al tema del daño moral:
Uno de los conflictos mas importantes dentro del tema del daño moral es el de determinar si es posible o no el de obtener la reparación de estos daños en virtud del incumplimiento de un contrato, es decir, si cabe la posibilidad de que por el incumplimiento de un contrato se ocasionen daños de tal naturaleza, no está claro si los daños morales puede encontrar en la normativa propia del contrato incumplido el cauce o fundamento para su indemnización o, si por el contrario, no hay otro modo de obtener su reparación que no sea por la acción para hacer efectiva la responsabilidad extracontractual o aquiliana. Existen en la doctrina básicamente 2 opiniones o teorías al respecto:
A.- Están los que indican que los daños morales, por su propia naturaleza, están fuera de la órbita de los contratos, puesto que en este caso, se estarían afectando “bienes” (Por ejemplo: El dolor por la muerte de un ser querido) que se encuentran fuera del comercio y por esto el dolor o sufrimiento psíquico solamente pueden ser indemnizados a través de las acciones para hacer efectiva la responsabilidad extracontractual.
B.- Existe una segunda opinión o doctrina, seguida, entre otros, por la profesora Carmen Domínguez Hidalgo, que nos indica de que es perfectamente posible el que por medio de toda la normativa propia de los contratos se llegue a una adecuada reparación de los daños morales derivados del incumplimiento del contrato respectivo. Han dado como fundamento el que los contratos vinculan a las partes no sólo en lo expresamente pactado, sino que también a todas las consecuencias que digan relación con la Buena fe, los usos y la Ley, lo que se deduciría, en nuestro ordenamiento jurídico, del artículo 1546 del Código Civil. Ahora bien, ellos nos indican que es otra cosa el que los demandantes, en la práctica, prefieran obtener la reparación del daño moral por medio de la interposición de la acción de responsabilidad extracontractual o aquilina, debido al tratamiento mas generoso de los jueces respecto a ésta, en perjuicio de las acciones para hacer efectiva la responsabilidad por el daño contractual.
Otro conflicto de gran importancia en esta materia es el que dice relación con que el concepto de daño moral y toda la regulación propia de su reparación es producto esencialmente de la labor de la jurisprudencia (a lo menos en su origen) y que luego, una vez que ya este concepto se encontraba firme y presentaba sus características propias, fue recogido por nuestro ordenamiento positivo en algunas leyes. Y decimos que éste es un problema, ya que, como cualquier creación jurisprudencial, el concepto de daño moral adolece de falta de sistematización y de imprecisión en cuanto a su determinación y además el desarrollo de materias a través de la labor jurisprudencial, contrario a como podría pensarse, es muchas veces lenta y en algunas ocasiones casi imposible. De este modo la noción de daño moral ha tenido en nuestro ordenamiento una precaria evolución y así, en el origen de este concepto la tendencia de la jurisprudencia fue la de confundir los daños morales con el sufrimiento, los desagrados o las lesiones a los sentimientos de afección y es sólo en la actualidad y en forma reciente, el que se ha llegado a una conclusión distinta; llegando a determinarse el que dentro del concepto de daño moral pueden incluirse perfectamente otros intereses lícitos y no patrimoniales, que se acercan más a la noción de atributos de la personalidad, así, por ejemplo, y bajo la tendencia jurisprudencial anterior es que se llegó resolver por algunos fallos el que respecto de las personas jurídicas no procede la indemnización por daños de carácter moral, ya que éstas no pueden padecerlos al no tener sentimientos.
La afirmación que se hace en el párrafo anterior en el sentido de que el desarrollo y evolución del concepto de daño moral se debe a una labor eminentemente jurisprudencial, se demuestra o queda de manifiesto en una sentencia de la Corte Suprema del 27 de Julio del año 1972 que nos expresa: “…es cierto que por la vía jurisprudencial, cuando el texto legal lo permite, se ha reconocido la existencia del daño moral… pero ello ha podido hacerse debido al texto especialmente del artículo 2329 inciso primero del Código Civil que permite la reparación de todo daño…” (Considerando 7). Así en esta parte, que se extrae de una sentencia de la Corte Suprema, se estaría reconociendo por nuestro máximo Tribunal que el concepto e indemnización del daño moral ha sido fruto de la labor jurisprudencial, por lo menos hasta antes de su consagración en el ordenamiento jurídico positivo, de modo que concluimos que los Tribunales al dictar fallos sobre la materia han ido cumpliendo una labor de integración de las normas legales que existían sobre el tema. Además analizando este considerando se llega a la conclusión de que los Jueces tiene un cierto margen de licencia, al no estar consagrado positivamente, a lo menos en un primer momento, el concepto de daño moral. De este modo los Jueces podrían haber ampliado el alcance o interpretación de una determinada norma, para con ello cubrir situaciones que no estaban previstas, en forma inicial, por nuestro ordenamiento jurídico y así llegar a la indemnización de los daños morales, ya que recordemos que estamos en materias de Derecho Privado, en el cual puede hacerse todo lo que no está prohibido por la Ley. Por otro lado, si sólo se toma en cuenta este considerando, prescindiendo por completo de la realidad, se podría llegar a la conclusión de que el concepto de daño moral no podría ser jamás obra exclusiva y pura de la Jurisprudencia, si no que este concepto se habría podido desarrollar solo como una institución amparada por textos positivos, por ello, a lo menos en forma aparente o en el papel, la Jurisprudencia no podría aparecer como fuente formal de la indemnización del daño moral, pero en la práctica o en la realidad si lo es, ya que al tiempo de dictación del Código Civil, la idea de reparación patrimonial de intereses que no eran pecuniarios o económicos no había sido ni siquiera pensada o prevista por el Derecho. La amplitud en la consagración de los daños que son susceptibles de reparación del artículo 2329 del Código Civil tiene su explicación en otra cosa: Se estaba simplemente consagrando en este artículo el principio general de la responsabilidad, atribuido a Domat, pero en ningún caso se quiso hacer una referencia expresa a la reparación del daño moral, ya que, como ya se indicó, se estaba muy lejos, en esa época, de considerar y consagrar la reparación de daños no patrimoniales, además se puede dar como argumento el que a la fecha de dictación de nuestro Código Civil Andrés Bello no pudo tomar como basa los otros textos existentes a la época, pues ninguno de ellos contemplaba la posibilidad de reparación de los daños morales, sólo pudiendo mencionarse, tal vez como excepción el Código de Lousiana del año 1842 en su artículo 1928 número 3, en el cual se hacía alusión al daño moral, aun cuando éste Código fue muy poco explorado en la época en que Bello redactó el Código Civil Chileno.
De este modo, a la conclusión a que llegamos es que el daño moral, en nuestra realidad fue una creación jurisprudencial, la cual una vez ya consagrada y una vez asentada con características propias fue recogida por algunas normas de Derecho positivo, siendo algunos ejemplos en nuestro Ordenamiento Jurídico: La Ley 16.744 sobre accidentes del trabajo, actualmente en el artículo 69 letra b) y posteriormente y en forma más reciente por la Ley 19.496 sobre Protección de los Derechos de los Consumidores, en su artículo 3 letra e).
PROBLEMAS QUE SE PRESENTAN AL TRATAR DE LLEGAR A UN CONCEPTO DE DAÑO MORAL.
El problema de la determinación del concepto de daño moral es, sin duda, uno de los más complejos y de los que más genera discusión en el ámbito de la responsabilidad civil, tanto en nuestro ordenamiento jurídico nacional como en el Derecho comparado, en los cuales no se ha logrado un consenso al respecto. Esto no se debe a una imposibilidad intrínseca de traducción del concepto del daño moral en sí mismo, sino que a un una serie de factores y circunstancias, que podrían denominarse “externas”, que contribuyen a dificultar la tarea de encontrar una definición de daño moral en la que exista unanimidad a su respecto, además, obviamente, de la dificultad que se nos presenta al definir cualquier otro concepto o noción jurídica. Hay que dejar constancia en este punto que se nos presenta el mismo problema (dificultad de llegar a un concepto unánime), tanto en materia contractual como en materia extracontractual, debido a que el concepto de daño moral será el mismo para ambos casos.
De este modo, uno de los factores que influyen en el problema de encontrar un concepto de daño moral, es el hecho de que no exista una unanimidad terminológica, así el término usual y corriente para referirse a este tipo de daños, en muchos países, es el de “Daño Moral”, lo cual ocurre principalmente en los países cuyos Derechos Civiles se encuentran codificados basados en el Código de Napoleón, debido a la influencia del Derecho Francés en la que se habla de “dommage moral”, por ejemplo: México, España, Chile y Argentina (aunque en el Derecho Argentino también se utiliza la expresión “agravios morales”). En otros ordenamientos Jurídicos, así, se conceptualiza el daño moral en forma distinta a la utilizada por los países ya nombrados: En Alemania se utiliza la expresión “daño extrapatrimonial” o “daño inmaterial” para referirse a esta tipo de perjuicios, en el ámbito del Common Law se le define como “daño no pecuniario” (non pecunniary loss o non economic loss) y en el ordenamiento jurídico Italiano se habla de “daño no patrimonial”. Hay que señalar que esta diversidad de términos utilizados por distintos ordenamientos jurídicos, no es la única dificultad que se nos presentamos al tratar de llegar a un concepto único y uniforme del daño moral, pero si representa la dificultad ante la que nos enfrentamos, frente a esta categoría de daños, en cuanto a su concepción general.
Otra problema que se nos presenta en esta materia es la de la distinción entre esta categoría de daños, que denominamos morales, de la otra categoría de daños ante la cual enfrentamos la primera que serían, en forma genérica, los daños con contenido económico o patrimonial. Si bien podría pensarse en un principio que no es difícil el llegar a tal distinción, pues se diría que todo daño que tenga una traducción patrimonial sería un daño de categoría económico o material y todo atentado contra valores o bienes sin contenido patrimonial sería daño moral, ello no es tan simple.
Así no podría llegarse a la conclusión que simplemente el daño moral sería el excluyente del daño material, ya que, hay que tomar en consideración no sólo al daño en sí mismo, sino que también habrá que considerar, en este punto, los efectos que tal daño producen y así si se analizan ciertos daños morales nos percataremos que algunos de ellos si tienen alcances económicos o patrimoniales, debido a los efectos que ellos producen. Así, por ejemplo, la pérdida o lesión sobre un derecho o bien de carácter extrapatrimonial, podría también causar efectos económicos de importancia, como ocurriría en el caso en el que se le ampute una pierna o un brazo a una persona o el caso en que una persona sufra la pérdida de un ojo o incluso un atentado en contra de su honor, ya que todas estas situaciones o daños morales, si bien afectan bienes de carácter inmaterial, además producen efectos de carácter económico de importancia, ya que todas estas lesiones o atentados tendrán repercusión en el trabajo de la persona que las sufre y, de este modo, también afectaran sus posibilidades de remuneración, las cuales se podrían ver disminuidas. Entonces, habría que llegar a la conclusión que la distinción entre daños morales y daños materiales es insuficiente, debiendo hacerse una nueva distinción o clasificación de los daños, desde este punto de vista, distinguiéndose entre: Los daños morales puros, daños morales con repercusión patrimonial y los daños patrimoniales. Respecto de este último hay que señalar el que perfectamente podría causar aflicción o pena, tal como los daños morales, como ocurriría en el caso en que se destruya un bien que traiga recuerdos a una familia, por ejemplo: una tumba de un familiar. De este modo la distinción anterior entre daños morales y daños materiales se transforma ahora en una distinción o clasificación tripartita en la que habrá que diferenciar estos 3 tipos de daños.
En esta parte hay que dejar por establecido que llegar a un concepto preciso y determinado de daño moral puede no ser tan importante en algunos ordenamientos jurídicos, como por ejemplo el nuestro, en el que las leyes establecen una concepción muy genérica y amplia de los daños respecto a los cuales procede indemnización, pero si puede tener importancia o interés cuando, si bien se admite la indemnización, en forma amplia, de los daños patrimoniales o materiales, sólo se permita en un modo restringido respecto de los daños morales, lo que ocurre, por ejemplo, en Alemania o Italia, o incluso se llegue a rechazar la posibilidad de reparación de tales daños, como sucede en nuestro país al regularse la indemnización procedente por expropiación causado por la utilidad pública, la cual, según el artículo 19 número 24 de la Constitución de 1980, solamente admite la indemnización del daño patrimonial efectivamente causado. De este modo, en los casos señalados, será importante, desde el punto de vista práctico, el concepto de daño moral y la distinción entre daños materiales y daños morales, ya que sólo respecto de una de estas categorías de lesiones o perjuicios procederá siempre la indemnización.
Pese a lo dicho, igualmente es importante llegar a un concepto o noción del daño moral, aun cuando estemos frente a una legislación que contemple una concepción amplia y genérica de los daños que se deben indemnizar, ya que, el precisar tal concepto nos permite incorporar nuevas categorías de bienes cuya pérdida o lesión permiten dar origen a indemnización.
CRITERIOS QUE SE HAN PROPUESTO PARA DEFINIR EL DAÑO MORAL.
En virtud de la dificultad que se nos presenta al tratar de llegar a un concepto unánime y uniforme del daño moral (lo cual ya se explicó anteriormente) la doctrina ha propuesto un variado número de criterios para definir al daño moral, algunos de los cuales son muy distintos entre sí. Así, mientras algunas teorías le niegan toda autonomía al daño moral, incluyéndolo dentro de otras categorías de daños o perjuicios, otras lo configuran como una categoría autónoma de daños autónoma y muy amplia, la cual, a su vez, comprende distintas subcategorías. Así haremos un resumen de cada una de ellas, señalando sólo sus aspectos esenciales (debido a razones de extensión solicitada) y luego, en virtud del análisis y estudio de tales teorías, llegaremos al criterio que pareciera ser el más admisible.
I.- Concepciones Que Niegan La Autonomía Del Daño Moral En Relación Con El Daño Patrimonial.
Estamos aquí frente a una doctrina intermedia entre las que son contrarias a la reparación de todo daño moral y las que son favorables o están de acuerdo en que éste de indemnizarse. Esta doctrina nace debido al problema que significa la determinación precisa del límite existente entre el daño moral y el daño material, en virtud de este problema o conflicto era inevitable que surgiera una teoría que planteara el que sólo eran reparables u objeto de indemnización los efectos o repercusiones carentes de contenido pecuniario que la lesión o daño patrimonial causaran. Así, si analizamos en forma detenida esta teoría nos percataremos que para los que la siguen, el daño moral no sería un daño autónomo, sino que estaría directamente relacionado con el daño material, siendo conexos entre sí, y tanto es así que según ellos ante ausencia de un daño o menoscabo de índole patrimonial o pecuniario, debemos descartar la reparación del daño moral.
Esta teoría se ha utilizado en distintos países para darle una respuesta civil, es decir, obtener la indemnización, de los daños de carácter moral, en tanto que en otros países, en virtud de esta teoría, se ha permitido la reparación de ciertos daños que no son patrimoniales y respecto de los cuales, las leyes de esos países, en estricto rigor, no permitían tal indemnización. En algunos países, incluso, esta teoría ha recibido consagración legal, calificándose por algunas normas a los daños morales con incidencia patrimonial, de daño material o jurisprudencial, como ocurre en Chile, por ejemplo, en el artículo 34 de la Ley 16.643 sobre abusos de publicidad. De este modo, el incluir las repercusiones económicas de los daños morales dentro de los daños patrimoniales y como una categoría de aquellos, ampliará en forma importante, para quien siga esta teoría, el alcance de la responsabilidad civil, tanto contractual como extracontractual.
Sin embargo a esta teoría también se le han hecho críticas, señalándose el que actualmente resulta inadmisible dentro del contexto de la responsabilidad civil, donde la tutela jurídica de los bienes y derechos no pecuniarios se justifica por sí sola. Se señala además por los críticos de esta teoría el que no existe ninguna relación entre los perjuicios o daños patrimoniales y los morales, ya que ambos pueden producirse con completa independencia del otro sin ningún problema, e incluso cuando tiene su origen en un mismo hecho son totalmente autónomos entre sí, de este modo se llega a la conclusión que no es posible que el Tribunal determine el monto o “quantum” del daño moral en función del monto de lo que conceda por concepto de daño patrimonial, ni tampoco podrá rechazar la reparación del primero por ya haber otorgado el segundo.
Debido a las críticas que se le hacen a esta teoría, a las cuales ya se hizo referencia en el párrafo anterior, se llega a la conclusión de que quienes la siguen están equivocados y es por esto que actualmente es rechazada por la casi unanimidad de la doctrina y la jurisprudencia. Por lo mismo se señala que tal vez el único interés de esta teoría radica en que nos demuestra y nos pone de manifiesto el error en que caía la generalidad de la doctrina de la época, en relación con las repercusiones o efectos económicos que originaban el daño moral (considerándolos como una especie de daño material y no como un daño diferente y autónomo), y es por lo mismo que se originaron una serie de clasificaciones de los daños, ninguna de las cuales ha logrado aún imponerse en la actualidad y así todavía hoy no existe unanimidad respecto a la clasificación de los daños que tienen repercusiones en el patrimonio, pero que no lo afectan en forma inmediata o directa. La posición que más ha tenido acogida por la doctrina, actualmente, es la de centrarse en el estudio del daño moral y no en el material, distinguiendo dentro del primero, por una parte, al daño moral “puro” o “meramente moral”, del daño moral con repercusiones económicas y así esta posición solamente consideraría como daño moral al “puro” o “meramente moral” y no al segundo, de este modo, se intenta el establecer al daño moral como una categoría totalmente autónoma dentro de los perjuicios o daños.
II.- Concepciones Que Aceptan El Daño Moral Como Un Perjuicio Autónomo Del Daño Patrimonial.
Esta es la concepción que ha seguido la mayoría de la doctrina y jurisprudencia y a nuestro entender es la correcta, incluso ha recibido consagración positiva, como ocurrió en España en el artículo 125 de la Ley propiedad intelectual de 1987 en el que se establece “…en caso de daño moral procederá su indemnización, aún no probada la existencia de perjuicio económico”. Si bien parece indiscutible el que esta concepción es la correcta, también hay que hacer notar que lo que no permanece como totalmente indiscutible es la determinación del límite exacto entre ambos tipos de daños (moral y material), cuestión que, como ya se señaló anteriormente, no es sencilla. Es en virtud de este problema o discusión el por qué esta concepción se divide, a su vez, en otras concepciones, las cuales también se dividen en distintos conceptos o definiciones de cómo debemos entender al daño moral, de acuerdo al criterio que se siga para efectuar la distinción ya señalada entre daño moral y daño material, siendo estas distintas opiniones y teorías, incluso muy dispares entre sí, pero todas coincidentes en considerar al daño moral como un tipo de perjuicios autónomos del daño material o patrimonial.
A.- Concepciones Negativas.
Dentro de este grupo de concepciones se agrupan todas aquellas que no definen al daño moral, sino que lo contraponen con el daño material o patrimonial, ya sea en relación con su contenido o en relación con alguna de sus características.
1.- Daño moral es todo daño o perjuicio cuyo objeto no es un interés de carácter patrimonial.
El mayor exponente y defensor de esta teoría es De Cupis. De acuerdo a esta posición el daño moral solamente puede ser definido a través de su contraposición con el daño patrimonial, ya que ambos tipos de perjuicios constituirían las 2 categorías que configurarían al llamado “daño privado”. De este modo esta teoría define al daño material como “todo daño que tiene por objeto un interés patrimonial” y daño moral sería “todo daño privado que no puede comprenderse en el daño patrimonial por tener por objeto un interés no patrimonial, o sea, que guarda relación a un bien no patrimonial” y se entiende por bien no patrimonial, según De Cupis, en contraposición al bien patrimonial, el que es intrínseco a la víctima y que no puede clasificarse en el orden de la riqueza material, no valorable en dinero y que satisface una necesidad no económica. Si se analizan las definiciones señaladas de daño moral y de bien no patrimonial nos percataremos de que ambas son planteadas en términos negativos y es en virtud de esta particularidad el que esta teoría (al igual que las demás concepciones negativas), es objeto de críticas, sin embargo se contesta por ésta, el que es en virtud de esta particularidad el que se reafirma y se enfatiza la autonomía del daño moral en relación al material. Así entonces, a pesar que el daño moral se plantee simplemente en oposición al daño patrimonial, ello no significa que el primero sea dependiente del segundo, sino que por el contrario, al vincularse el daño moral con el interés que se ha lesionado, puede perfectamente ocurrir que este daño solamente ocasione perjuicios no patrimoniales y no genere daños de carácter material, lo que se dará en aquellos casos en que el interés que se ha dañado sea meramente afectivo. Pero también puede ocurrir que en virtud de un mismo hecho se lesionen tanto bienes patrimoniales, como bienes no patrimoniales y en este caso se originarán ambos tipos de perjuicios (moral y material), es decir, por la lesión de un bien no patrimonial pueden también ocasionarse un daño distinto de carácter patrimonial y viceversa, por ejemplo: El caso en que a una persona que trabaja realizando esfuerzos físicos (minero, carpintero, albañil, etc.) es lesionado en su integridad física (le es cortada una de sus piernas), aquí se producirán tanto perjuicios morales como también patrimoniales, morales pues esta persona sufrirá dolor y sufrimientos psíquicos al perder una de sus pierna y patrimoniales pues deberá cubrir los gastos de hospitalización y recuperación y no podrá seguir trabajando ni recibir la remuneración por el trabajo que antes desempeñaba).
2.- Daño moral es todo daño que no repercute en el patrimonio.
Esta teoría es una de las más seguidas en el Derecho comparado y así fue establecida expresamente en el artículo 85 del proyecto Franco-Italiano de Código de las obligaciones y los contratos. En esta corriente se define al daño moral en forma muy simple, diciendo que “Es aquel que no causa ningún atentado al patrimonio o que ni aun indirectamente se traduce en una disminución patrimonial”. De este modo, según esta posición, la distinción entre el prejuicio material y el moral es el efecto que se produce en el patrimonio de la víctima o acreedor; si se produce una disminución de aquel estamos frente al daño material y si el patrimonio no sufre alteración estaremos, entonces frente al daño moral.
En definitiva, aquí el daño moral corresponde única y exclusivamente al llamado “daño moral puro” (del cual ya se habló anteriormente) que es aquel que no produce alteración alguna en el patrimonio de la víctima, ni siquiera indirectamente.
Se critica a esta teoría porque si la seguimos en forma exacta el daño moral tendría un marco de aplicación mínimo, cuya relevancia sería escasa.
3.- Daño moral es todo daño que carece de equivalencia pecuniaria.
Según esta posición el daño moral se definiría como “Aquel cuya valoración en dinero no tiene base para la reparación”. Haciendo el análisis correspondiente de la definición concluiremos que esta teoría realiza la distinción entre daño moral y material en relación al modo de reparación que procede para cada uno de estos daños. Entonces y siguiendo esta orden de ideas el daño material sería aquel que puede ser objeto de una compensación exacta o de un restablecimiento monetario, en cambio, respecto del daño moral no procede o no corresponde realizar cualquier evaluación a apreciación susceptible de valorarse en dinero, esto debido a su estrato esencialmente inmaterial.
Se le realizan observaciones a esta teoría en el sentido de que si bien es cierto el problema de la definición de daño moral se encuentra vinculado al problema de su reparación, esta unión o vinculación no debe llevar a confundir a 2 problemas que son distintos e independientes entre sí, ya que mientras el problema de su reparación dice relación con la aptitud que tiene el daño para ser susceptible de una indemnización económica, el problema de su concepto y distinción respecto del daño material dice relación con la determinación del contenido del daño moral. Se le critica también porque si seguimos la definición que nos da de daño moral, se toma el riesgo de dejar fuera de él a todos aquellos perjuicios respecto de los cuales la imposibilidad de su apreciación en dinero es una cuestión que no es necesaria plantear siquiera. La otra crítica que se ha formulado a esta tesis es la que no nos permitiría distinguir de un modo exacto y preciso a los daños materiales de los daños morales, ya que muchos daños materiales o patrimoniales son también de muy difícil valoración pecuniaria (por ejemplo el lucro cesante) y es claro que este tipo de daños (como el lucro cesante) no son daños morales sino que materiales.
Criticas comunes que se le han formulado a las concepciones negativas.
Sin perjuicio de las críticas formulada en particular a cada una de estas concepciones, todas ellas adolecen de un grave problema común que dice relación, precisamente, con su carácter de negativas, ya que en todas ellas no se precisa el contenido de la institución del daño moral, sino que simplemente se limitan a contraponerlo con el daño material, el que sí es más conocido en su contenido, los cual, sin duda, es la vía más fácil para evitarse los problemas que puede presentar el tratar de definir en forma directa o positiva un concepto tan variado en cuanto a sus hipótesis, como lo es el daño moral. Se dice, además, que si un daño tiene la entidad suficiente como para ser indemnizado, su conceptualización debe hacerse posible de un modo directo y no en forma negativa.
Se formula también otra crítica a estas concepciones negativas del daño moral, diciendo que éstas se enmarcan en una tendencia o punto de vista patrimonialista, el que ha sido actualmente abandonado por el Derecho Civil. Se dice que, hoy en día, el patrimonio no es el único prisma respecto del cual pueden concebirse todas las respuestas de carácter jurídico y sobretodo las que dicen relación con la responsabilidad civil y es por esto que se sostiene que configurar el concepto de daño moral en una estricta dependencia del concepto de patrimonio, es un retroceso en el desarrollo que ha alcanzado actualmente la materia de la responsabilidad civil.
B.- Concepciones Positivas.
Estas concepciones fueron creadas precisamente como una forma de superar las críticas planteadas a las concepciones negativas y es así como un gran sector de la doctrina y también de la jurisprudencia hicieron los esfuerzos necesarios para proponer conceptos del daño moral que contengan una mayor precisión de lo que este tipo de perjuicios comprende exactamente.
1.- Daño moral como Pretium Doloris.
Esta fue el concepto que se le dio al daño moral en sus primeros años, cuando estaba surgiendo en la vida jurídica. La jurisprudencia Chilena de hasta unos años atrás nos da el concepto de daño moral en una sentencia dictada por la Corte de Apelaciones de Santiago, desde esta perspectiva, diciendo que “Es el dolor, la aflicción, el pesar que causa en los sentimientos o afectos el hecho ilícito, ya sea en la víctima o en sus parientes más cercanos” o en otra sentencia dictada por la Corte Suprema se establece que “El daño moral consiste en dolor psíquico y aun físico, en sufrimientos en general, que se experimenta a raíz de un suceso determinado”. De este modo, según esta teoría se debe identificar el daño moral con el sufrimiento físico o psíquico que causa la lesión a la víctima o perjudicado.
Sin duda, a esta teoría debe, en gran parte, su reconocimiento el daño moral, ya que, es por medio de la sensibilidad hacia el dolor ajeno que se fue presionando a los Tribunales de Justicia a la concesión de algún tipo de resarcimiento ante tal tipo de daños o perjuicios, esto se donde manifiesto esencialmente en caso de la muerte de un familiar, que es donde empezó tener su origen la indemnización del daño moral, así esta concepción fue. Sin duda, el aliciente principal en la aceptación de la indemnización del dolor y sufrimiento que causa la muerte de una persona a sus familiares más cercanos.
Se le formulan críticas a esta teoría en el sentido de que es demasiado estricta como para poder abarcar toda la serie de perjuicios y daños que hoy se indemnizan por concepto de daño moral, ya que se restringe el daño moral al sufrimiento físico y psíquico, lo que no permite justificar las indemnizaciones que proceden, fundamentadas en el daño moral, cuando ha existido violación a ciertos bienes como el honor o la intimidad, ya que, aquí estamos hablando de una lesión en los atributos de la personalidad que las Leyes deben proteger, con independencia de que ocasione o no un sufrimiento, en este caso psíquico, a la víctima, es decir, el solo menoscabo de estos atributos de la personalidad originan el derecho a solicitar un resarcimiento al margen cualquier otro efecto que esta lesión pueda producir. También se critica esta teoría porque estaría confundiendo a los efectos del daño con el daño en sí mismo, ya que, el sufrimiento físico o psíquico son solo las consecuencias que produce el daño respectivo, pero no constituyen, de manera alguna, su esencia, el daño en sí mismo viene determinado por la lesión a ciertos intereses o bienes que el Derecho reconoce a las personas.
2.- Daño moral como menoscabo de un derecho extrapatrimonial.
Esta tesis centra la distinción del daño moral en el carácter o extrapatrimonial del bien que es objeto del daño y no en la persona natural, como la teoría anterior. Así el daño moral se definiría como “El atentado a Derechos extrapatrimoniales”. A su vez esta concepción se divide en 2 vertientes: Una vertiente amplia, en virtud de la cual el concepto de “derecho extrapatrimonial” debe ser tomado en un sentido extenso, comprendiendo a todos los derechos de la personalidad, los derechos políticos y los derechos de familia. La vertiente restringida, en cambio, no considera que cualquier lesión a cualquier bien que no tenga un contenido pecuniario sea daño moral, sino que solo aquellas que dicen relación con la condición de persona de la víctima, entonces, para esta vertiente el daño moral solamente sería “La lesión de los derechos de la personalidad o de los derechos de la persona”.
Si bien esta teoría parece muy bien planteada en principio, y parece ser muy útil por los conceptos que ella utiliza, sólo lo es en la medida en que la lesión a este derecho extrapatrimonial (vertiente amplia) o a los derechos de la personalidad (vertiente restringida) tenga como efecto o genere siempre un daño de tal naturaleza (extrapatrimonial o a la personalidad) y no genera también un daño económico o pecuniario, porque en tal caso el criterio inicial de distinción pierde todo valor. Es en virtud de esto último, el porque se le formulan críticas a esta teoría, ya que no es efectivo que el atentado a un derecho extrapatrimonial o a un derecho de la persona genere exclusivamente un daño moral, único caso en que el criterio de distinción no se vería afectado, ya que en una gran variedad de casos este atentado también producirá un daño económico y viceversa el atentado a un bien o derecho pecuniario puede también producir, sin problemas, un daño moral, junto con el daño material causado. Además se critica en forma específica a la vertiente restringida, en cuanto estaría dejando sin indemnización una serie de derechos, cuya lesión también pude ser constitutiva de un daño moral y, por lo tanto, objeto de reparación; lo que ocurre respecto de los políticos y sociales y los derechos de familia, los que incluso en algunos ordenamientos jurídicos han recibido consagración positiva como fuente de daños morales, como ocurre en el caso del Código Civil Griego a propósito de la regulación del daño moral en caso de divorcio.
3.- Daño moral como menoscabo a los bienes de la personalidad.
Esta es la teoría que se encuentra más arraigada en la doctrina comparada y en la jurisprudencia en general, en especial ha tenido una gran acogida en el Ordenamiento Jurídico Español y hay que dejar constancia que este es la concepción que, sin duda, ha ayudado y permitido no sólo el reconocimiento, sino que también el posterior desarrollo de la institución del daño moral. Dentro de esta teoría adquiere importancia la lesión a los llamados “bienes de la personalidad”, los cuales se conceptualizan, por esta concepción, como “Aquella categoría de bienes incorporales cuya tutela cobijamos bajo la categoría de los denominados derechos de las personas”. De tal modo, la gran distinción distintiva, en esta teoría, entre daño moral y daño material dice relación con la naturaleza del bien afectado, en cuanto es ésta naturaleza la que determina el carácter de no patrimonial del daño y no la naturaleza del daño ocasionado., siendo así, el hecho de que por la lesión a un bien no patrimonial se derive un perjuicio pecuniario no afecta la existencia del daño moral, contrariamente a lo que ocurre en las concepciones opuestas a esta teoría.
Dentro de esta teoría podemos encontrar 2 corrientes distintas para determinar que debemos entender por bienes de la personalidad, es decir, de precisar tal concepto:
a) Una primera corriente, en vez de establecer una noción o definición general de tal concepto, lo que hace es recurrir a una enumeración de una serie de bienes extrapatrimoniales, cuya lesión o alteración pueden causar un daño moral, es esto lo que ocurre, por ejemplo, en el Ordenamiento Jurídico Mexicano, a través de su Código Civil, en que hace la siguiente enumeración de bienes de la personalidad: sentimientos, afectos, creencia, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspectos físicos, o bien la consideración que de sí misma tiene los demás. Esta es una de las pocas definiciones legales que encontramos en el mundo de daño moral (aun cuando sea a través de una enumeración de los bienes cuya lesión lo pueden configurar), otro ejemplo de Ordenamiento Jurídico que sigue la misma línea es el de Filipinas.
b) La otra corriente, en cambio, recurren a una mención general de que consideran que son los derechos de la personalidad y luego establecen o mencionan algunos ejemplos de los derechos o bienes que deben entenderse comprendidos dentro de los bienes de la personalidad. Un ejemplo de esta corriente es la definición que nos da el autor Dalmatello quien nos indica que este perjuicio o daño moral consiste “En la privación de un bien que tiene valor principal para la vida del hombre, como la paz, la tranquilidad de espíritu, la libertad individual, la integridad física, el honor, etc.”
Sin embrago, esta teoría también ha sido objeto de críticas, entre ellas la principal es la de la relatividad de sus contornos o límites, lo que impide adoptarla como un criterio cierto de distinción en relación a los demás daños, esto se debe a que al enfrentarnos frente a una definición de daño moral basada en torno a la expresión genérica “Los bienes de la personalidad”, se hace muy difícil el delimitar y precisar cuales son los bienes en específico que dentro de tal expresión se comprenden, salvo los que se encuentren reconocido expresamente por la Ley. De este modo, el catálogo de los derechos cuya lesión tendrían por efecto un daño moral, quedaría impreciso en cuanto su determinación.
4.- Criterio que toma en consideración el carácter no patrimonial del interés lesionado.
Según esta teoría, la certeza en el concepto o definición del daño moral solo se lograría si se circunscribe a la naturaleza del interés o derecho que resulta perjudicado con la lesión, de este modo estaremos frente al daño moral cada vez que exista una lesión a derechos o intereses no patrimoniales que hayan sido provocados por el hecho ilícito que produce el daño y el daño material, por su parte, se configuraría en los casos en que exista una lesión a intereses o derechos patrimoniales.
Si se analiza esta teoría se llegará a la conclusión que es la misma teoría planteada dentro de las concepciones negativas del daño moral bajo el número 1, es decir, la que establece que daño moral es todo perjuicio cuyo objeto no es un interés de carácter patrimonial, pero formulada desde un punto de vista positivo. De este modo esta teoría nos permiten evitar gran parte de las críticas a las distintas definiciones de daño moral, ya que, por un lado, no está restringiendo el concepto a la persona física y, por otro lado, lo saca del ámbito o independiza del carácter extrapatrimonial o no de los intereses que se vieran afectados con el daño, ya que hay que tener presente que el interés no patrimonial puede calzar en forma indistinta entre unos u otros.
Esta teoría también resulta interesante en relación al daño moral que puede existir en materia contractual, ya que centra la noción o concepto de tal perjuicio en el interés lo que permite sortear las dificultades que nos presenta una concepción patrimonialista de la obligación, en especial lo que dice relación con su prestación, respecto a la admisibilidad de una responsabilidad por daño moral dentro del ámbito contractual.
Si bien se le han formulado críticas a esta teoría, todas han sido contestadas en forma contundente y es por esto que esta teoría se nos presenta como tan interesante, pero es en virtud de una de estas críticas que surge una nueva concepción o teoría en relación al concepto de daño moral.
5.- Doctrina que toma en cuenta el resultado que la acción dañosa provoca en la persona.
Según esta teoría el daño moral no estaría constituido por los dolores que sufre la víctima del perjuicio, ya que, éstos son solamente manifestaciones del daño moral, o sea, la forma en que este se exterioriza, sino que el daño moral estaría constituido por el contrario por el disvalor o sufrimiento subjetivo que se produce, es decir, por la comparación entre, por una parte la situación en que se encontraba el perjudicado antes del acto que produjo el daño moral, y por otra la situación posterior a la ocurrencia de aquel hecho, miradas ambas situaciones desde un punto de vista afectivo, como también respecto de los aspectos de la personalidad que son objetos de protección. Así, según esta concepción, el daño moral no se refiere exclusivamente a los efectos de carácter anímico que la lesión produce, sino que a todas las consecuencias que aquella produce en la víctima, referidas tanto a alteraciones de tipo interno, de la psiquis de la persona como a alteraciones externas, por ejemplo, todo lo que dice relación con la vida, con los semejantes o la vida “negocial”.
Esta concepción presenta el interés de que consigue una unidad en el criterio de distinción del daño moral que ninguna de las otras concepciones ya desarrolladas logra. Así, la calificación de un daño como patrimonial o extrapatrimonial está determinada por los efectos perjudiciales de la acción que causa el daño, siendo estos efectos los únicos que interesan para efectos indemnizatorios.
Esta teoría ha tenido acogida principalmente en la doctrina argentina y no son pocas las críticas que se la han formulado a la concepción ya señalada. De este modo, pese al rigor técnico que esta concepción pareciera tener, las objeciones que se le han realizado han reducido en forma considerable su valor inicial. La crítica de mayor importancia es la que nos dice que esta teoría comete una confusión entre el daño en sentido amplio (lesión) y el daño resarcible, ya que, entre ambas nociones solo existe una relación de género a especie: De este modo, el daño en su acepción más amplia comprende a toda lesión, ya sea, a un interés de carácter patrimonial o de carácter extrapatrimonial, mientras que el daño resarcible, en el ámbito del derecho civil sólo comprende única y exclusivamente a todos los efectos perjudiciales que se deriven de tal lesión. En consecuencia el daño susceptible de reparación se define por el perjuicio que la lesión produce a ciertos bienes o intereses, ya sea, en el patrimonio o pecunio de una persona (daño patrimonial), ya sea, en la persona en si misma (daño moral). Otra crítica es la que nos dice que el seguir una noción de daño moral como ésta, la cual lo restringe a las consecuencias que el hecho o atentado produzcan en la subjetividad o espíritu de la víctima, nos impide extender la indemnización de aquellos a las personas jurídicas, cuando es la tendencia, casi unánime, de la doctrina comparada el reconocimiento que éstas si pueden sufrir un daño moral (en su fama, prestigio, reputación, crédito comercial, etc.). También se le critica el que esta concepción limita la indemnización del daño moral sólo a aquellas personas que se encuentren en condiciones de “entender, sentir o querer”, es decir, en pleno goce de sus facultades mentales y físicas, ya que, de lo contrario, no podrán experimentar una modificación perjudicial en su subjetividad, así el individuo que se encuentre en un estado de inconciencia (ebrio) o que tiene un insuficiente desarrollo mental (demente), no es capaz de comprender lo que sucede en su entorno y no podría, por lo tanto, ser sujeto de este tipo de daños morales, cuando es evidente que una conclusión en este sentido es equivocada, ya que, desde el punto de vista de los principios del derecho es indiscutible que merece protección jurídica tanto el que puede percibir lo que le afecta (capaz) como el que no (incapaz) puesto que tal protección tiene su origen única y exclusivamente en su condición de persona o ser humano.
Concepto Admitido. En Particular, Daño Moral Derivado De Un Contrato.
En primer lugar el adjetivo de “moral” que se le ha dado tradicionalmente a este daño lo único que ha hecho es dificultar la determinación del significado de este tipo de daño, ya que, la noción moral dice relación con un contenido espiritual inmaterial, ético, que si bien tiene injerencia en el nacimiento de este daño, no tiene que ver con lo que finalmente se indemniza bajo este concepto. Es por esto que esta expresión debiera ser abandonada por otras que fueran más correctas o tuvieran mayor relación con el contenido que, en realidad, se quiere comprender y así la expresión correcta en nuestra opinión sería la de daño no patrimonial o extrapatrimonial. Pese a esto la tendencia más reciente tanto de la doctrina como de la jurisprudencia comparada es darle a este perjuicio la expresión de “daño moral”, es por ello que, pese a lo dicho anteriormente lo más práctico parece ser el mantener esta denominación universalmente reconocida, siempre que se emplee en su correcto alcance, es decir, en un sentido amplio, equivalente al de daño extrapatrimonial, incorporándose en esta noción todo el conjunto de hipótesis que son objeto de indemnización, actualmente, bajo esta denominación.
También hay que dejar constancia de que si bien al daño moral derivado de un incumplimiento suele denominársele como “daño moral contractual”, se llega a la conclusión de que este adjetivo es errado, ya que, este perjuicio no se produciría únicamente cuando la fuente de la obligación incumplida es un contrato, ya que, también puede provenir de la infracción de las obligaciones que tengan origen en los cuasi contratos o en la ley, es decir, de los daños extrapatrimoniales que deben determinarse según las reglas aquilianas. En definitiva, nos parece más correcto el calificar el daño moral ocasionado por el incumplimiento de un contrato como “derivado de contrato”, el utilizar los adjetivos extracontractual o contractual sólo nos lleva a caer en confusiones.
Una vez que ya ha sido aclarada las terminologías propias del daño moral debemos preocuparnos de resolver el problema de fondo.
Ya analizadas todas las concepciones del daño moral que ha formulado la doctrina, nos percataremos que todas ellas si bien tienen argumentos sólidos o favorables, también presentan críticas. En general, todas estas críticas dicen relación con el mismo punto y este es el de la pretensión de los ordenamientos jurídicos de formular teorías cerradas y delimitadas entre sí, por fronteras claramente establecidas.
Debido a la variedad de situaciones que se pueden dar en la práctica, la última idea señalada parece imposible, así incluso los mismos partidarios o creadores de estas distintas concepciones, han tenido que admitir precisiones y excepciones que destruyen la idea inicial planteada por ellos. Siendo así, parece más adecuado el obrar de un modo más práctico y más apegado a la realidad, porque en definitiva, todas estas distintas concepciones doctrinarias no nos conducen a resultados útiles, ya que, la tendencia del derecho contemporáneo es la de la reparación de absolutamente todo daño, incluyéndose al denominado daño moral, así no se divisa el interés en formular tantas concepciones distintas y sistemáticas. Además, no se nos debe olvidar que el daño moral es esencialmente una creación jurisprudencial más que doctrinal y así es como se proyecta la regulación de este tema hacia el futuro, de este modo la determinación del concepto del daño moral es una tarea que le corresponde más a la jurisprudencia que a la doctrina.
En definitiva, nuestra opinión es que se debe concebir al daño moral del modo más amplio posible, incluyéndose dentro de él, todo daño, físico o psíquico, a la víctima en sí misma, como toda lesión que se produzca en sus derechos extrapatrimoniales. De este modo, el daño moral comprende toda lesión al cuerpo humano considerado como un valor o interés en si mismo, con independencia de sus efectos perjudiciales al patrimonio, por ejemplo, la amputación de un brazo a una persona que tiene un trabajo remunerado es un daño moral y es indemnizable por si mismo y, además este hecho va a producir un daño patrimonial, el cual es la disminución de la capacidad laboral de la víctima, de este modo, la indemnización de uno no dice relación con la de otro, pues estamos frente a dos ámbitos que no deben mezclarse, procediendo en este caso tanto una indemnización por daño moral como una indemnización por daño material.
En resumen, el daño moral está constituido por la lesión que se produce sobre un bien o interés no patrimonial y este perjuicio será calificado como “derivado de contrato” cuando sea el efecto del incumplimiento de un contrato por aquella parte que estando obligada a cumplirlo, no lo hace.
Si bien, pareciera que a esta teoría se le criticara el hecho de ser relativa, se le contesta a esta objeción el que no hay que confundir la relatividad de un concepto con la amplitud de aquel, el que una noción sea amplia no significa que ella sea relativa, sino que sólo, y en el caso particular del daño moral, en su interior se pueden incluir varias especies o tipo de perjuicios, que como ya dijimos es la opción que parece haber tomado la jurisprudencia comparada.
En virtud de esta concepción amplia de daño moral se pueden superar todos los conflictos generados sobre la base de la distinción entre daño patrimonial y no patrimonial; Del daño moral con el daño no patrimonial; Los daños morales puros y los daños con efectos patrimoniales económicos. No hay que olvidar, como ya señaló, que un mismo hecho puede producir tanto daños morales como materiales, sin que por ello sean dependientes entre si. Además, esta concepción considera a la persona o víctima de una manera general y no la limita a la persona natural, y a través de ello, se permite a la persona jurídica el poder, también, demandar perjuicios derivados de un daño moral, ya que, ella también está dotada de atributos que superan el ámbito de lo patrimonial. Finalmente, además permite justificar la indemnización por el daño moral que han sufrido las personas que se encuentran privadas de ejercer o gozar en plenitud de sus facultades mentales, lo que les impediría comprender, a cabalidad, la lesión o perjuicio provocado en sus intereses o atributos extrapatrimoniales, lo que según la teoría positivista, que toma en cuenta el resultado que la acción dañosa provoca en la persona (la número 5 de las concepciones positivistas), impediría a esta persona el sufrir un daño moral y demandar la correspondiente indemnización.
En el trabajo que se presenta, la intención del alumno fue la de analizar el daño moral desde un punto de vista, mayoritariamente filosófico, poniendo el énfasis en su concepto, haciendo alusión a las distintas concepciones y teorías que se han elaborado al respecto, las cuales son muy variadas, lo que pone de manifiesto el que éste es un tema que genera grandes discusiones y es muy importante de analizar desde una perspectiva filosófica. De este modo, se elaboró un resumen (por razones de espacio) de sus principales aspectos preliminares, de las principales controversias iniciales que se presentan respecto a él y el ya señalado estudio de todas las concepciones existentes a su respecto, dejando de lado otros aspectos de un carácter más reglamentario o incluso procesal del daño moral, como lo es, lo que dice relación con su valoración, prueba y la fijación de su quantum, centrándose en los aspectos de un carácter más doctrinario, los cuales ya fueron señalados.
1.- El Daño Moral. Carmen Domínguez Hidalgo. Tomo I y Tomo II. Editorial Jurídica de Chile, año 2.000.
2.- De La Responsabilidad Extracontractual. René Ramos Pazos. Fondo de Publicaciones, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Concepción, año 2.003.
3.- Apuntes de Clases de la Asignatura de Derecho Civil II, Facultad de Derecho, Universidad de Concepción, año 2.004, Profesor Carlos Álvarez Núñez.
4.- Apuntes de Clases de la Asignatura de Derecho Civil IV, Facultad de Derecho Universidad Del Desarrollo, año 2.004, Profesor Ramón Domínguez.
5.- Código Civil Chileno. Editorial Jurídica de Chile. Año 2.001.
Publicar Rechazar (Mauricio Jara
posted by Filosofía del Derecho @ 2:23 PM