Source: https://lcaputo.com/el-tribunal-arbitral-trunco/
Timestamp: 2019-09-21 15:17:56
Document Index: 340367812

Matched Legal Cases: ['artículo 12', 'artículo 15', 'artículo 31', 'artículo 25', 'artículo 757', 'artículo 744', 'artículo 33']

El tribunal arbitral trunco » LCaputo Abogados
El tribunal arbitral trunco
El fallo dictado por la Sala B de la Cámara Comercial en «NSB S.A. y otros c/A. A. S.A. y otros s/organismos externos (nulidad de laudo arbitral)» dirime un conflicto que tiene gran trascendencia en el funcionamiento de tribunales arbitrales, como es la salida de uno de los árbitros del panel. En el caso puntual, ello se debió a un hecho lamentable, como fue el fallecimiento de uno de los árbitros. 2. Los dos restantes integrantes del tribunal, luego de adoptar, en conjunto con la Corte de la CCI, ciertos procedimientos vinculados con su permanencia como tribunal, dictaron el laudo. El presidente del tribunal dirimió con su solo voto las cuestiones en las que no medió acuerdo con el restante árbitro. Es importante señalar que el fallecimiento del árbitro se produjo luego de haber participado en las deliberaciones previas al laudo. 3. Una de las partes dedujo el recurso de nulidad del laudo, con fundamento en que el tribunal arbitral no había sido constituido debidamente, circunstancia que motivó en el fallecimiento de uno de los árbitros, lo que había derivado en que el laudo fuera dictado por los restantes dos y en algunos puntos con la sola firma del presidente del tribunal, lo que habría implicado, a criterio de la nulidicente, apartamiento del acuerdo arbitral, por medio del cual se estipuló que el conflicto habría de ser dirimido por un tribunal integrado por tres miembros. La Alzada Comercial, a nuestro juicio correctamente, rechazó el recurso de nulidad. 4. La situación generada por el fallecimiento de uno de los árbitros y la actuación posterior de los restantes árbitros da pie a las siguientes reflexiones, en las que nos concentraremos en la situación de los llamados tribunales arbitrales truncados (truncated arbitral tribunals) con independencia de la razón puntual que genera la misma —sea, por ejemplo, el fallecimiento u otra circunstancia, como la renuncia intempestiva de un árbitro—. En materia internacional existe experiencia sobre cómo abordar la situación generada como consecuencia de la salida de árbitros de un tribunal colegiado, lo que llevó a considerar la situación de estos tribunales arbitrales truncados; ello fue particularmente relevante a partir del caso de los reclamos entre los Estados Unidos e Irán, donde se produjo la salida abrupta de uno los árbitros, concretamente, el nominado a propuesta de Irán, quien acusó a sus colegas de no permitirle participar en las deliberaciones previas al dictado del laudo (1). Otro caso resonante fue el de Ivan Milutinovic PIM v. Deutsche Babcock AG (2), que tramitó con sede en Zurich. Se trató de un tribunal constituido bajo el reglamento de la CCI, en el cual en un estado avanzado del proceso, el árbitro designado por una de las partes renunció. Los restantes árbitros mostraron su intención de continuar con el procedimiento. La parte que había propuesto al árbitro renunciante solicitó a la CCI el reemplazo de los restantes árbitros, lo que rechazado por la Corte y resolvió que el árbitro renunciante debía continuar actuando. Éste no atendió las reuniones internas del tribunal y reafirmó su renuncia; tampoco firmó el laudo, que fue presentado a la CCI y aceptado. Finalmente, luego de diversas instancias judiciales, el laudo fue anulado (3). Lo cierto es que tras diez años de arbitraje y litigio, las partes volvieron a fojas cero. Más reciente (1 de julio de 1997) fue el fallo de la Justicia francesa en el caso Agence Transcongolaise des Communications — Chemin de Fer Congo (ATC-CFCO) v. Compagnie Minière de ‘Ogooue — Comilog. Una vez que hubo participado de las deliberaciones y el proyecto de laudo le había sido enviado por el presidente del tribunal, el árbitro nominado a instancias de ATCCFCO renunció. La Corte de Apelaciones de París consideró que el tribunal no estuvo debidamente integrado al momento de dictar el laudo y en consecuencia, lo anuló (4). La doctrina especializada destaca que sea cual fuere la conclusión que se puede extraer de estos dos fallos, la tendencia internacional es justamente la contraria (5). También ha señalado que la experiencia a extraer del caso Comilog, es la importancia de elegir buenas reglas arbitrales que permitan el funcionamiento del tribunal arbitral truncado (6). Esta experiencia permite extraer conclusiones como las que exponemos a continuación. 5. Constitución, quórum y mayoría. La salida imprevista de un árbitro pone en juego, como quedó reflejado en el fallo en comentario, cuestiones que corresponde distinguir adecuadamente como son: i) la debida constitución del tribunal arbitral; ii) el quórum conforme al cual debería funcionar el tribunal, y iii) la mayoría requerida para el dictado de un laudo válido, es decir, susceptible de ser ejecutado. i) La debida constitución del tribunal arbitral. Es clave analizar la vigencia de la cláusula arbitral; en efecto, si las partes estipularon que su conflicto fuera dirimido por un tribunal colegiado integrado por tres árbitros, ¿es válido que, finalmente, el laudo sea dictado por tan solo dos árbitros? Más aún: ¿es conforme a dicha estipulación que la decisión adoptada en el laudo sea decidida con el voto de uno solo de los árbitros?
29/5/2019 Información Legal Online
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Ello fue lo que ocurrió en el caso en comentario dada la imposibilidad de alcanzar un acuerdo entre el presidente del tribunal y el restante árbitro, habiendo aquél formado la decisión final con su solo voto. La debida constitución de un tribunal arbitral es una de las cuestiones más importantes de la materia arbitral. Distintos antecedentes y razones dan sustento a la antedicha conclusión. En primer lugar, se reconoce el derecho de la parte a proponer la designación de uno de los integrantes del tribunal arbitral colegiado como un derecho esencial. Ello conlleva aspectos importantes como el equilibrio del tribunal (7), lo cual puede tener suma relevancia en arbitrajes que involucran a partes de distinta nacionalidad, en los que la función del árbitro designado a instancia de la parte, que presumiblemente es de su misma nacionalidad o se ha formado bajo el mismo sistema jurídico, puede hacer notar en el seno del tribunal las cuestiones culturales que son esenciales para la parte a cuya instancia se lo designó. En segundo lugar, la debida integración del tribunal arbitral es un aspecto delicado en los arbitrajes con multiplicidad de partes, cuestión resuelta por la jurisprudencia francesa en el famoso precedente «Dutco» (8). En tercer lugar, la debida constitución del tribunal se relaciona con el reconocimiento y la ejecución del laudo a dictarse. Por un lado, es deber del árbitro dictar un laudo que sea ejecutable (9). Por otro lado, la debida integración del tribunal arbitral es uno de los aspectos involucrados en lo que el derecho procesal argentino reconoce como causal de nulidad de la sentencia arbitral bajo la figura de falta esencial del procedimiento (10). Puede concluirse, entonces, que la debida constitución del tribunal arbitral involucra un derecho esencial de las partes y hace al reconocimiento y ejecución del laudo. ii) A su vez, ¿debe funcionar un tribunal arbitral conforme a un determinado quórum? En otras palabras, que el tribunal deba estar debidamente integrado, lo que pone en juego el equilibrio del tribunal y de las partes ante el proceso, ¿implica que en todo momento se impone al tribunal funcionar con tres miembros, tal como las partes pactaran en el acuerdo de arbitraje? Si bien la respuesta plantea un interrogante delicado porque involucra un derecho esencial como el recientemente visto por el que se reconoce a cada parte el derecho a participar en la designación de los miembros del tribunal colegiado, no es posible dar una respuesta unívoca. Ello es así porque la respuesta dependerá, en definitiva, de la solución que provea la reglamentación procedimental escogida por las partes. En el caso puntual que cupo resolver a la Sala B, las partes eligieron el reglamento de la CCI. De esta manera, sus disposiciones quedaron incorporadas por referencia al acuerdo arbitral. Y ese reglamento no exige que el tribunal arbitral funcione con un quórum determinado. Al escoger un determinado reglamento las partes se sujetan a sus disposiciones. Por ello, en estas función podrían producirse modificaciones a los términos del acuerdo arbitral. Por ejemplo, en cuanto al plazo para el dictado del laudo; o bien, en cuanto a la cantidad de integrantes que finalmente integrará el tribunal arbitral. Empero, analizando la cuestión con más rigor puede observarse que, en general, las partes no estipulan en la cláusula arbitral que el tribunal deba funcionar de acuerdo a un determinado quórum, por lo que el reglamento, al omitir una exigencia en ese sentido, no está estrictamente modificando lo estipulado por las partes (aunque, si lo hiciere, serían las propias partes quienes habrían decidido, por referencia, esa modificación). Es cierto, no obstante, que los deberes que pesan los integrantes de un tribunal arbitral deben ser satisfechos al momento de su nominación y permanecer cumplidos durante todo el proceso. De este principio podría derivarse que el tribunal tiene que estar debidamente constituido al momento de integrarse y debe permanecer con esa característica durante todo el proceso. El principio establecido en la experiencia internacional consiste en que el árbitro no frustre la labor del tribunal, como ocurriría con su salida intempestiva, lo cual se vincula con su estándar de conducta. En esa dirección, se ha sostenido, sin referencia a un específico reglamento arbitral, que frente a la renuncia de un árbitro que pueda ser considerada obstructiva del curso del procedimiento, debería permitirse a los restantes árbitros continuar su función en tanto las partes no hayan excluido esa posibilidad (11). Sin embargo, la ausencia de una disposición específica acerca de la exigencia de un quórum determinado en el reglamento aplicable por elección de las partes no implica que de ello se derive que ante la salida de un árbitro el tribunal quedará indebidamente constituido de manera sobreviniente (12). Por el contrario, y siempre sin olvidar que cabe prestar atención al reglamento concreto que las partes hayan seleccionado, la salida de un árbitro en un proceso en el que no se exigiera un quórum determinado no implicará que el tribunal deje de estar correctamente constituido (13). Específicamente, el reglamento elegido por las partes del caso, el de la CCI, no tiene una exigencia de quórum determinado para el funcionamiento del tribunal arbitral. iii) El último punto anticipado se relaciona con la mayoría necesaria para el dictado de un laudo. Estrictamente, la cuestión no sólo involucra cuál es la mayoría exigible, sino que también se relaciona con la constitución o integración del tribunal al momento del dictado del laudo. Dado el tiempo en que tramitó el proceso arbitral, éste se rigió por el reglamento vigente desde 1998, que fue modificado a partir del año 2012. Por lo tanto, la Cámara tomó consideración la norma entonces vigente, esto es, el artículo 12:5 del reglamento, que fue en idénticos términos, al menos en lo sustancial, a como luce el artículo 15:5 del nuevo reglamento instaurado en 2012.
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La norma a la que las partes se sometieron establecía que la Corte de la CCI podía tomar la decisión de continuar con el proceso arbitral bajo la conducción de los restantes árbitros; empero, esta solución está doblemente condicionada: en primer lugar, el grado de avance del arbitraje tenía que ser tal que ya se hubiera cerrado la instrucción y en segundo lugar, con carácter previo a adoptar la solución, aquélla debía consultar la opinión de los restantes árbitros y las de las partes. No es un tema menor. Como la propia Secretaría de la CCI explica en su guía del reglamento actual (conclusión igualmente válida para interpretar el anterior reglamento dada la ya destacada similitud entre ambas normas), rara vez la Corte ha hecho aplicación de aquella disposición en caso de que algún árbitro o parte la objetara (14). El hecho de que las partes hayan escogido el reglamento y éste contuviera la solución es un tema cardinal, como la propia Cámara se encargó de resaltar. Y ello es así, en tanto la salida de un árbitro designado a instancias de una parte puede generar, como ya vimos, un desequilibrio en la composición del tribunal (15). Al respecto, en el caso puntual cabe formular dos consideraciones. La primera es que la solución adoptada, por vía de referencia, por las partes implicó otorgarle a la Corte de la CCI la potestad de decidir la continuación del arbitraje bajo la conducción de dos árbitros. Se trata de una regla específica del reglamento al que las partes se sujetaron, ya que no en cualquier arbitraje de tres árbitros el fallecimiento de uno de los árbitros permite continuar el procedimiento bajo la conducción de los dos restantes (16). La segunda es que, según refiere el fallo de la Alzada, el árbitro fallecido había participado de las deliberaciones. Ello nos lleva a considerar, en el acápite siguiente, cuál es la importancia que cabe atribuir a la deliberación. Antes de ello, podemos concluir este apartado destacando que por imperio del reglamento elegido por las partes el tribunal arbitral truncado, que quedó en esa condición luego de haberse cerrado la instrucción, está habilitado para dictar el laudo, previa decisión de la Corte de la CCI que adoptará la decisión escuchando a las partes y los árbitros vigentes. No hay problemas de indebida constitución ni de quórum exigible que impida adoptar esa solución. Puede entonces notarse que no se trata sólo de una cuestión de mayoría, pues en un tribunal colegiado integrado por los tres miembros puede adoptarse la solución con la disidencia de uno de ellos; allí se producirá un claro supuesto de mayoría. En cambio, en el caso del tribunal truncado, ello no es necesariamente así, pues, como aconteció en el caso en comentario, dos cuestiones acaecieron: una, que el tribunal quede integrado por dos miembros, y otra, que al menos algunas de las decisiones fueran adoptadas con el voto exclusivo el presidente del tribunal. Ya no se trata, entonces, de un problema estricto de mayoría, sino de una solución contractual de base reglamentaria para superar una situación imprevista, como es la salida de un árbitro en un estado avanzado del proceso. 6. Mínimamente sobre la deliberación. Como anticipamos, vamos a analizar someramente la cuestión de la deliberación en el seno del tribunal arbitral. Según la ya mencionada guía de la Secretaría de la CCI, se entiende que el reglamento, implícitamente, impone a los árbitros deliberar antes de adoptar una decisión. Empero se encarga de aclarar que ello no conlleva que todos los árbitros deban participar activamente de la deliberación (aunque deberían hacerlo), sino más bien que se les debe otorgar una oportunidad razonable de expresar sus puntos de vista y de deliberar con sus colegas (17). Siguiendo con la opinión de la Secretaría de la Corte de la CCI, el primer borrador de laudo se debería redactar después de que los miembros del tribunal hayan deliberado sobre la solución adoptar (18). Como resulta de los antecedentes reseñados por la Cámara, el árbitro fallecido había participado de las deliberaciones como así también había aprobado el laudo que la Corte de la CCI validó un día antes de ocurrido su fallecimiento. Adicionalmente cabe considerar que el reglamento de la CCI autoriza al presidente a dictar el laudo con su sola firma cuando no existe acuerdo entre los miembros del tribunal (actual artículo 31:1, que contiene la misma solución que el artículo 25:1 del reglamento anterior). Se trata de una nota característica del reglamento de la CCI, como a su vez, es una particularidad del reglamento de la CNUDMI disponer que el árbitro presidente exclusivamente puede resolver por sí sólo cuestiones de procedimiento y siempre que haya sido autorizado al efecto (19). 7. Las disposiciones del Código Procesal. En su artículo 757 el CPCCN autoriza el dictado de laudos por mayoría, en caso de resistencia de uno de los árbitros a reunirse para deliberar o para pronunciarlo. Nada prevé sobre la posibilidad de continuar la labor de los restantes árbitros de un tribunal colegiado tras la salida de uno de ellos; por el contrario, a tenor de lo dispuesto en el artículo 744, segundo párrafo, cabría proceder inexorablemente a su reemplazo. La interpretación de ambas normas permitiría concluir que en el sistema del CPCCN, es válido el dictado del laudo por mayoría, lo cual no incluiría el supuesto de un tribunal arbitral truncado, pues dada la hipótesis de salida de un árbitro se impondría su reemplazo. (1) SOLHCHI, M.A., «The Validity of Truncated Tribunal Proceedings and Awards», Arbitration International, Vol. 9 No. 3 (1993), pág. 305. (2) Ivan Milutinovic PIM v. Deutsche Babcock AG, ICC Case No. 5017, Laudo Parcial del 8 November 1987 (ver Schwebel, Stephen M., «The Validity of an Arbitral Award Rendered by a Truncated Tribunal», 6 ICC International Court of Arbitration Bulletin (November 1995, no. 2) p. 22.). (3) SCHWEBEL, Stephen M., «The Authority of a Truncated Tribunal», ICCA Congress series no. 9 (Paris/1999), pág. 315. (4) SCHWEBEL, op. cit., pág. 316.
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(5) SCHWEBEL, op. cit., pág. 317. (6) BENSAUDE, Denis, «Malecki v Long: Truncated Tribunals and Waivers of Dutco Rights», en Journal of International Arbitration, Vol. 23 No. 1 (2006), pág. 87. (7) SEIFI, Jamal, «The Legality of Truncated Arbitral Tribunals (Public and Private): An Overview in the Wake of the 1998 ICC Rules of Arbitration», Journal of International Arbitration, Vol. 17 No. 6 (2000), pág. 3. (8) Cour de Cassation (1reCh. civile), 7 janvier 1992, «Claimant : sociétés BKMI et Siemens; Defendant: société Dutco, Revue de l’arbitrage, 1992 – No. 3, pp. 470/472. Si bien este caso resolvió un conflicto relativo a la propuesta de designación de árbitro en caso de pluralidad de partes, entendemos que el principio sentado en cuanto a la trascendencia del derecho a proponer la designación del árbitro es también aplicable a procesos en lo que no haya pluralidad de partes. (9) Art. 41 del Reglamento de la CCI: «En todos los casos no previstos expresamente en el Reglamento, la Corte y el tribunal arbitral procederán según el espíritu de sus disposiciones y esforzándose siempre para que el laudo sea susceptible de ejecución legal». (10) CNCom., Sala C, del 28/7/2009, «American Restaurants, Inc. c/Outbank Steakhouse Int. s/queja (s/ incidente de tasa de justicia)», elDial.com – AGE05. (11) SEIFI, op. cit., pág. 34. (12) Se ha explicado, al respecto, que la omisión de exigir un quórum determinado no se debe a una inadvertencia de las partes o del reglamento involucrado. Por el contrario, ella está estrechamente vinculada con la especial estructura de los tribunales arbitrales, que normalmente están integrados por árbitros nominados a instancia de cada parte, lo cual conlleva que esa integración refleja una representación adecuada de los intereses de ambas partes (Seifi, Jamal, op. cit., pág. 27). Destacamos el uso de la expresión representación de los intereses de las partes no es correcto; a lo sumo, el árbitro nominado a propuesta de una parte tiene un rol a cumplir en el balance cultural del tribunal, pero nunca será un representante de intereses de parte (ver Jiménez Blanco, Gonzalo, «Los llamados ‘árbitros de parte'», Spanish Arbitration Review N° 18 (https://www.clubarbitraje.com/los-llamados-%C2%AB%C3%A1rbitros-de-parte%C2%BBgonzalo-jim%C3%A9nez-blanco-abogado-del-estado-exc-socio-de-ashurst-llp). (13) Es por ello que si las partes quisieron exigir que el tribunal funcionase con un determinado quórum así deberían específicamente pactarlo (Solhchi, op. cit., pág. 310). (14) The Secretariat’s Guide to ICC Arbitration, ICC, París, 2012, pág. 192. (15) The Secretariat’s Guide, pág. 193. Esta cuestión fue advertida por la doctrina al momento de presentarse el reglamento de 1998 (Seifi, op. cit., pág. 6). La doctrina ha destacado que la participación de todos los miembros del tribunal en el proceso de dictado del laudo es generalmente considerada como una parte fundamental del debido proceso (Julian D.M. Lew, Loukas A. Mistelis and Stefan M. Kröll Comparative International Commercial Arbitration, 2003, Kluwer Law International, pág. 301 y siguientes). (16) En esta dirección se ha sostenido que ante la salida maliciosa de un árbitro, los restantes tienen competencia para continuar con el proceso, mientras que en caso de muerte de unos de ellos, general el tribunal se disuelve (Solhchi, op. cit., pág. 309, quien brinda esta opinión sin sujetarla a un reglamento arbitral en particular). (17) The Secretariat’s Guide, pág. 317. Por su parte, la doctrina también adopta este criterio (Pierre Lalive, «Du Nouveau Sur Les Tribunaux Arbitraux «Tronqués»?, ASA Bulletin, Kluwer Law International 1999 Volume 17 Issue 2, pág. 215. (18) The Secretariat’s Guide, pág. 317. (19) Cfr. artículo 33 del reglamento de la CNUDMI.
Categoría: ArtículoPor Leandro Caputo 4 septiembre, 2019 Deja un comentario
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