Source: http://www.colombiaun.org/Historia/Participacion%201945-1995/Articulos/capitulo_III.html
Timestamp: 2014-09-17 21:36:28
Document Index: 116106205

Matched Legal Cases: ['Artículo 51', 'Artículo 51', 'Artículo 4', 'artículo 4', 'artículo 18', 'artículo 18', 'e contrario']

Capítulo III: Algunas Posiciones de Colombia
En la segunda parte de la I Asamblea General, que tuvo lugar en Nueva York desde el 23 de octubre hasta el 15 de diciembre de 1946, la Delegación de Colombia estuvo compuesta por el Expresidente de la República Alfonso López Pumarejo, como Presidente de la Delegación; Roberto Urdaneta, José Soto de Corral, Eduardo Zuleta Angel y Eliseo Arango, como Delegados; Emilio Toro y Jesús María Yepes, como Delegados Sustitutos y Edmundo de Holte Castello, como Secretario General. En esa Asamblea se discutieron, entre otros asuntos, lo siguientes: el Veto, el Caso Indio, el Desarme, el caso Español, la Discriminación Racial, la Admisión de Nuevos Miembros, los Derechos y las Libertades Fundamentales del Hombre. Colombia fue elegida como Miembro No permanente del Consejo de Seguridad, por un período de dos años a partir del 1 de Enero de 1947. En tal elección, Colombia obtuvo 53 votos de 54 posibles. Para atender esas responsabilidades se creó la Delegación Permanente en Nueva York, para la cual fueron designados el Expresidente Alfonso López Pumarejo, quien la presidió, y los Embajadores Eduardo Zuleta Angel y Alberto González Fernández, como Segundos Delegados. Edmundo de Holte Castello actuó como Secretario General. Por ser miembro del Consejo de Seguridad, Colombia pasó a serlo también de otras Comisiones: la de Control de Energía Atómica, la de Limitación de Armamentos Convencionales, la que investigó el asunto de Yugoslavia y Albania, de otro; la Comisión Fiscal, y la de Asuntos de Derecho Internacional, para la cual fue nombrada el Dr. Jesús María Yepes. EN el seno del Consejo de Seguridad, Colombia actuó en la Comisión Especial para India y Pakistán y participó en los debates sobre el caso Egipcio y la situación de Indonesia, de los Balcanes y de Palestina.
A. El Veto En la Reunión de San Francisco, Colombia fue uno de los Estados que más se opuso a que se le otorgara el privilegio del veto a algunos Estados. Con Australia y las demás repúblicas latinoamericanas se opuso permanentemente a esa concesión y en el momento de las decisiones, solamente Colombia y cuba votaron negativamente la inclusión de dicho privilegio. Alfonso López Pumarejo, quien en esa época era Presidente de la República en su segundo período (1942_1946), dio instrucciones a la Delegación colombiana para que se opusiera a la consagración del veto. La posición colombiana para obedecía a convicciones democráticas sobre la igualdad entre los Estados. Además, el liderazgo colombiano durante la Conferencia de Chupultepec en México, dos meses antes de la Reunión de San Francisco, le obligaba a ser consecuente. En el sistema interamericano, y esto fue ratificado y cada cual, sin distinciones, se le otorgaba un voto igual. De allí que en San Francisco el bloque más fuerte en contra del veto fuera el de los Estados de Latinoamérica. Alberto Lleras Camargo, Presidente de la Delegación colombiana en San Francisco, sustentó la posición de Colombia contra el veto.
Alfonso López Pumarejo al estar en contacto con los acontecimientos en las Naciones Unidas, fue atenuando su posición respecto al veto. A ese propósito, durante la Asamblea General de 1946 expresó: " en realidad, ni el voto de las mayorías ni el veto, por sí solos pueden garantizar la paz. La imposición de una mayoría de votos puede parecer más legítima que cualquiera otra forma de imposición, pero no por eso deja de ser el resultado de la fuerza numérica, que por el hecho de que no se ejerza de manera brutal, no es más excusable. Les impone a las naciones fuertes, que son las menos, la obligación de ceder ante la voluntad de los débiles, que son los más. De donde surge, en nuestro concepto, la necesidad de restringir no solamente el empleo del veto, sino del voto como recurso ordinario para las decisiones trascendentales. Tanto el uno como el otro impiden la transacción en muchos casos en que sería fácil llegar a ella como una solución intermedia…
La posición Colombia acerca del veto, quedó establecida en San Francisco; pero la delegación que me honró en presidir considera hoy oportuno hacer el margen de ella algunos breves comentarios:
El veto ha existido siempre, en una u otra forma, como un privilegio de las grandes Potencias. Ha existido en el desarrollo de su política y en sus llamadas esferas de influencia. Existía en el Consejo de la Sociedad de las Naciones envuelto en la regla de la unanimidad. La delegación de Colombia estima conveniente insistir en que se respeten las restricciones las condiciones previas que los Estados Unidos de América, la Gran Bretaña, la Unión de Repúblicas Soviéticas y China aceptaron en San Francisco antes de que les fuera otorgado. Y a demás quiere expresar la positiva complacencia con que ha visto la actitud asumida por el Subsecretario de Relaciones Exteriores de la URSS, Sr. Vishinsky, al facilitar el debate de la moción de Cuba sobre el veto, no obstante considerarlo inconveniente e inoportuno para su gobierno.
Como están las cosas, el empleo razonado del veto podría interpretarse como un derecho que los pequeños Estados han concedido a los grandes para aplazar el estudio de cualquier materia en un momento dado. Pero también podría considerarse como una tremenda amenaza para el derecho a disentir que todos los pueblos y sus representantes deben tener, particularmente los más débiles, si los fuetes pretendieren ejercerlo indiscriminadamente, como arrogándose una imprevista tutela sobre las opiniones del mundo contemporáneo. El derecho a discutirlo en el Consejo de Seguridad; pero entendemos que, siendo iguales todas las naciones, grandes y pequeñas, en esta Asamblea no es igual la responsabilidad que tienen en la preservación de la paz. Sin embargo, a partir de entonces la posición colombiana ha sido la de impugnar decididamente el veto como una expresión antidemocrática. Las palabras de Eduardo Zuleta Angel, Representante de Colombia en la Asamblea General de 1949, en su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, resumen esta posición:
"…Colombia fue uno de los dos países que en la Conferencia de San Francisco rehusaron votar a favor del veto…. Votamos en un sentido negativo porque muy claramente preveíamos lo que iba a suceder: el Consejo de Seguridad, y como consecuencia, sería un elemento que pondría en peligro el prestigio de la Organización. Votamos contra el veto porque considerábamos antidemocrático y contrario al principio fundamental de la Carta, en lo que respecta a la igualdad soberana de los Estados.
B. La Admisión de España
En la Asamblea de 1946 se discutió el caso de España, país que según algunos Estados, especialmente Polonia, no debía ser admitido en la Organización de las Naciones Unidas debido a que su régimen era dictatorial y cercano a las Potencias en Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos países de América Latina eran partidarios de la admisión de España en las Naciones Unidas y de impedir las sanciones que algunos proponían contra el régimen de Franco. Alfonso López Pumarejo, a nombre de la delegación de Colombia, sostuvo que España debía ser admitida sin que ello implicara una aceptación de su régimen.
"La Delegación de Colombia no ha pretendido hacer defensa alguno del Gobierno del General Franco, ni ha levantado su voz para darle aliento o estímulo; menos todavía para acudir en defensa de ideas opuestas a las que he profesado con inalterable adhesión durante toda mi vida. " Lo deseable sería que España tuviera otro tipo de organización política, pero no se traba de invertir en sus asuntos internos, porque la Carta autoriza a la Organización para evaluar el tipo de régimen, o de lo contraria se sentaría un precedente.
"…Que podría ser alegado desde mañana para que las Naciones Unidas asuman la misma actitud y formulen análogas prevenciones ante cualquiera de sus Miembros dentro de cuya jurisdicción no haya libertad de palabra, prensa y asociación, o falte el debido respeto a la expresión d la voluntad popular." Cuando este mismo asunto se discutió en 1949, la posición del gobierno colombiano fue presentada por el Embajador Roberto Urdaneta Arbeláez, quien había reemplazado al doctor Alfonso López Pumarejo en el Consejo de Seguridad, del cual fue presidente, en la sesión de mayo. Anotó el Embajador que el primer paso respecto al gobierno de España tuvo lugar en San Francisco al condenarse su ingreso, pero que las circunstancias habían cambiado porque ya habían sido vencidas las potencias del Eje. España no constituía un peligro para la paz universal y no era una amenaza para los países democráticos. "El gobierno actual de España, cualesquiera sean los principios que lo rigen, no trata de mezclarse ni está en capacidad de hacerlo e los problemas internos o externos de otros Estados. El gobierno español se dedica todos sus esfuerzos, con criterio que podemos o no compartir, al mantenimiento de la paz en España y a la restauración de su prosperidad. No puede, entonces, ser considerado como un foco de perturbación para la paz internacional… En resumen, consideramos que la situación actual en el caso de España viola el principio Internacional de no-intervención, está en contraposición con los artículos 39 y 40 que otorgan al Consejo de Seguridad la facultad de imponer sanciones; traspasa el límite de las atribuciones de la Asamblea General y resulta a demás inadecuada e inconveniente en pie de inferioridad respecto a otros." En el año 1949, ocurrió el bloqueo a Berlín, con ocasión de la cual Colombia, por intermedio del Embajador Roberto Urdaneta Arbeláez, ofreció su ayuda, junto a representantes de otros miembros de Consejo de Seguridad (Argentina, Bélgica, Canadá, China y Siria) para que se investigaran aspectos esenciales del problema. Se constituyó asi llamado de los "neutros" que hizo una importante mediación.
2. MEDIO ORIENTE, PALESTINA, ISRAEL, JERUSALEN
Sobre el problema de Palestina se sometieron dos propuestas al debate en 1947: la primera, que a la postre fue la de la mayoría proponía la creación de un solo Estado federal independiente. Ninguna de las dos reunía el consenso de los delegados. El delegado colombiano Alfonso López Pumarejo propuso entonces el aplazamiento del plan de partición en dos Estados. Su posición era l de profundizar en el estudio del problema antes de que se tomara una decisión de consecuencias irreversibles que gravitaría en la problemática mundial en el futuro, como efectivamente sucedió. En la Sesión del 28 de noviembre de 1947, en la Asamblea General, Alfonso López Pumarejo expresó: …No podemos pasar por alto ni desestimar el hecho de que entre los 13 votos consignados contra la participación de Palestina están incluidos los de todos los países musulmanes. Si el problema judío es religioso y racial a la vez, no parece que no es un buen augurio para la ejecución del plan que haya sido unánimemente repudiado por el mundo musulmán. Y repudiado silenciosamente, sino bajo protesta vehemente. Y no por una pequeña parte de la humanidad, sino por los representantes de cuatrocientos millones de seres de un mismo credo religioso. No es extraño, así, que el plan haya tenido que atravesar el Atlántico en busca de los defensores que no ha podido encontrar en los países vecinos de Palestina, ni en el Mediterráneo oriental, ni en la Europa occidental, ni el distante Continente Asiático. Políticamente nos parece de igual significación que ni China, ni Francia, ni el Reino Unido hayan estado de acuerdo con los Estados Unidos y la Unión Soviética en este caso… La cuestión palestina es tan altamente contenciosa como cualquiera otra que haya venido ante la Asamblea General. Tal vez más. La división de opiniones en el Comité ad-hoc sobre la constitución de un Estado federal fue de 29 en contra, 2 en favor y 14 abstenciones. Puede verse, pues, que este último plan no fue aceptado por treinta Estados miembros y que el de partición no lo fue por veintiséis. Y puede decirse, por lo tanto que el juicio colectivo de la Organización está esperando todavía una expresión a este arreglo.
Una divergencia de opiniones similar se ha puesto de manifiesto en las votaciones sobre todas las demás posiciones referentes a los distintos aspectos de este caso. Las relativas a los refugiados judíos y personas desplazadas fueron aprobadas por un escaso margen, con numerosas abstenciones. La petición a la Corte Internacional de Justicia de un concepto sobre si las Naciones Unidas o cualquiera de sus miembros tiene competencia para ejecutar por la fuerza o recomendar la ejecución por la fuerza de cualquier propuesta relativa a la constitución y futuro sea contrario a los deseos de los habitantes de Palestina o sea adoptado sin su consentimiento, fue rechazado por 21 votos en contra, 20 en favor y 13 abstenciones.
Volviendo al punto principal de nuestro argumento, no hay mucho lugar a equivocarse respecto de la orientación general del criterio y de los sentimientos de los miembros de la Asamblea General. Diríamos que puede resumirse así: tanto el Estado federal como la partición, como han sido concebidos, cuentan con un grupo muy limitado de sostenedores. El uno tiene más defensores fervorosos y sinceros que el otro. Los Estados miembros que todavía no han creído conveniente aceptar ninguno de los dos planes de acuerdo con sus propios conceptos constituyen un grupo más numeroso. En estas circunstancias, Señor Presidente, nos permitimos sugerir que la Asamblea General haría bien en aplazar una decisión y en hacer un nuevo ensayo, no importa el costo que represente para la Organización o el trabajo adicional que imponga a sus funcionarios, para encontrar una solución más susceptible de obtener la aceptación tanto de los judíos como de los árabes, así como el apoyo y la cooperación entusiastas del mundo cristiano. Respetuosamente insistimos que no es demasiado tarde para hacer ese ensayo. La Asamblea General puede devolver el asunto al Comité ad-hoc para Palestina con la recomendación especial de que trate de elaborar y desarrollar el trabajo que ya se ha hecho, con el ánimo de definir y clarificar las posiciones conflictivas de los árabes y de los judíos, y que se valga de la situación que estamos confrontando actualmente para lograr un entendimiento que pueda dar a la Asamblea General una garantía de mayor éxito."
Para la solución de este conflicto, Colombia propuso la creación de una comisión de conciliación compuesta por personalidades escogidas por el Consejo de Seguridad, la Asamblea y la Corte Internacional de Justicia para garantizar la imparcialidad del proceso palestino. El 29 de noviembre de 1947, un día después de la intervención de López Pumarejo, se votó en la Asamblea General el Plan de Participación de Palestina, votación en la cual se dieron 33 votos a favor de la partición, 13 en contra y 10 abstenciones, entre ellas la de Colombia.
Más adelante durante las deliberaciones del Consejo de Seguridad en la Sesión del 27 de febrero de 1948, López Pumarejo expresó la preocupación por la población judía y por su ubicación en términos dirigidos a sacudir las buenas conciencias de los países occidentales que trataban de soslayar su responsabilidad enviando a la población judía lejos de sus territorios:
" Si no estoy equivocado, originariamente la idea de crear un hogar judío en Palestina obedecía al propósito de dar a los judíos la satisfacción y el sosiego de salir de un ambiente hostil y trasladarse a un país que pudieran considerar como suyo. Esa fue la idea en una época en que judíos y gentiles podían viajar libremente, sin visado, por el mundo entero, y establecerse y prosperar donde quisieran sin las restricciones, discriminaciones y persecuciones que abruman en nuestros días a los judíos. Hace medio siglo los judíos podían, si lo tenían a bien, marchar en cualquier momento a Palestina. No es, pues, exagerado decir que tenían la facultad de elegir, facultad que les está prácticamente negada en la actualidad. Una parte de Palestina está siendo ofrecida como un refugio a los millares de desventurados judíos que han sido arrojados de sus hogares de Europa, que se sienten indeseables en Europa y que quieren poner fin a los incesantes infortunios y miserias que han experimentado durante los últimos veinte años. En definitiva, Palestina les permite escapar de discriminaciones y persecuciones en el mundo democrático. Pero nosotros pretendemos que esta solución permitirá igualmente a los países democráticos eludir su obligación de poner fin a las discriminaciones o persecuciones religiosas y raciales y de restablecer al pueblo judío en su derecho natural de compartir con los otros la posibilidad de luchar por los goces de una vida pacífica. Creemos firmemente que no se debería obligar al pueblo judío a vivir únicamente en ciertas partes de Palestina, sino que debería tener así mismo el derecho de establecerse en los territorios de los Estados miembros de las Naciones Unidas, según un sistema previamente establecido de cupos de inmigración, como se ha propuesto ya. No nos agrada la perspectiva de un inmenso ghetto labrado en Tierra Santa a fin de que los gentiles de la humanidad puedan descargar sus conciencias de los males infligidos a la raza judía por orden de Hitler y de sus cohortes. Queremos ver el fin de esta gran tragedia humana… Cuanto más meditamos sobre las perspectivas que ofrece la cuestión de Palestina más convencidos quedamos de que la Resolución del 29 de noviembre de 1947, fue aprobada con demasiada precipitación y de que hubiera sido posible mejorarla sin gran dificultad y sin largos debates…"
Colombia tuvo especial interés en tener una posición y sobre Jerusalén y los Santos Lugares, entre otras razones, porque dada la mayoría católica del país estos lugares tenían una gran significación religiosa. Por eso, el Ministerio de Relaciones Exteriores propuso que se consagrara su neutralidad permanente por medio de un "Estatuto Especial". En lo referente a Jerusalén, un Memorando de la Cancillería colombiana del 4 de octubre de 1948 dice:
"...La ciudad de Jerusalén y sus alrededores merecen ser considerados como un patrimonio internacional, ajeno a toda preponderancia política o religiosa de una raza sobre otra. Nada tan a propósito, a demás, para fomentar el entendimiento y la ordenación jurídica de los pueblos, como el hecho de estar vinculada ´de jure´ a la Organización de las Naciones Unidas, una Tierra que debe ser ejemplo de armonía y fuente segura de inspiración y de doctrina sobre la paz… Pero desea este despacho llamar la atención de los otros gobiernos americanos, acerca de la conveniencia y necesidad de que este ´Estatuto Especial´, sea otorgado a la ciudad de Jerusalén y sus alrededores, incluyendo la aldea de Belén, como ´Corpus Separatum´, esto es, con un carácter verdaderamente internacional y dependiente en forma principal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas."
Al mismo tiempo, Colombia ha tenido una permanente preocupación por los pueblos árabes desplazados en la zona y por sus derechos. Esta preocupación estuvo presente en las intervenciones del delegado colombiano en las deliberaciones sobre la creación de Israel y la partición de Palestina y de nuevo fue expresada en la siguiente intervención, en el año 1948:
"El orador estima que se deben tomar medidas eficaces a favor de los refugiados árabes. No es suficiente reconocerles compensaciones equitativas; deberían tener derecho a escoger una compensación y el regreso a su hogar y, en este último caso, deberían tener la seguridad de poder gozar de sus derechos de ciudadanía, su libertad de acción y el ejercicio de sus derechos en general. "
Colombia reconoció a Israel como Estado en febrero de 1949. El 11 de mayo de ese mismo año, Israel fue admitido como Estado en el seno de la Organización de las Naciones Unidas.
El tema del Oriente Medio fu tratado de nuevo en el Consejo de Seguridad en 1969 cuando Colombia, por cuarta vez, tenía un asiento en dicho Consejo. Jordania presentó una queja acerca de bombardeos a su territorio por parte de la aviación israelí (febrero-marzo de 1969). En el curso del debate, la posición de Colombia fue la de una solución integral en la región, es decir, el retiro de las tropas israelíes de los territorios ocupados, el reconocimiento de Israel y el fin del estado de beligerancia. Finalmente, se adoptó la Resolución 265 propuesta por Pakistán, Senegal y Zambia, en el cual se condenaba a Israel, con cuatro abstenciones, entre ellas la de Colombia. Así mismo se trató una queja del Líbano respecto a bombardeos de sus poblaciones por la aviación israelí (enero- junio de 1969), cuyo debate produjo la Resolución 270 (69), que condenaba este ataque.
En torno a la situación de Jerusalén, Jordania presentó al Consejo de Seguridad una queja referente a la violación de derechos humanos en esa ciudad por parte de las autoridades israelíes. Tras el debate se produjo la Resolución 271 (69), presentada por Pakistán, Senegal y Zambia y aprobada por unanimidad, en la cual se condenaba a Israel por los hechos. Se discutió también el caso del incendio de la mezquita Al Aqsa. El Consejo produjo entonces la Resolución 271 (69), propuesta por Pakistán y aprobada por cuatro abstenciones, entre ellas la colombiana. Tal Resolución condenaba de nuevo a Israel.
Acerca del Medio Oriente, el Consejo de Seguridad produjo la Resolución 270 (70), propuesta por España y adoptada unánimemente el 12 de mayo de 1970, en la cual se pedía el retiro inmediato de las tropas israelíes de el Líbano. Sobre este tema se emitió 7 días después la Resolución 280, que Colombia se abstuvo de votar, en la cual se condenó a Israel por violar premeditadamente sus obligaciones con la Carta de las Naciones Unidas. La Resolución 285 del 5 de septiembre de 1970, en la cual se abstuvo Estados Unidos de votar, exigía el retiro de las tropas del territorio en cuestión.
La cuestión de Palestina fue un tema destacado en la Asamblea XXXI periodo de sesiones (1976), de la Asamblea General. Por resolución 3120, votada afirmativamente por Colombia, se exigió el retiro de las tropas de Israel de los territorios ocupados desde 1967, se reiteró el derecho a libre determinación del pueblo palestino y el de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares.
Dentro de los temas discutidos en la XXXIV Asamblea (1979), el Embajador Omar Henry Velasco leyó una declaración de la Delegación colombiana, sobre la ´Cuestión Palestina´, en la Sesión Plenaria del 27 de noviembre de 1979. En ella se expresa la adhesión del Gobierno colombiano a la causa Palestina, y la necesidad de llamar el pueblo palestina a la causa Palestina, y la necesidad de llamar al pueblo palestino a la mesa de discusiones y a participar en las decisiones que afectan su destino:
"… Bien puede decirse que este año de 1979 será considerado en la historia como el más fecundo en el duro camino de la realización de los derechos inalienables del pueblo palestino destinados a alcanzar su autodeterminación, la fundación de su hogar nación y la realización de su propio destino histórico. En este período, dentro de las Naciones Unidas como fuera de ellas, la causa del pueblo palestino, por encima de las interesadas influencias de los medios internacionales de información, comienza a ser acogida por numerosos Estados que entienden de Justicia inaplazable de sus demandas…
A pesar de esas penosas circunstancias, a pesar de que deben vivir como exiliados en su propia patria, a pesar de que se les niega esa misteriosa unión del hombre a su tierra y a su paisaje que ha sido fuente de toda civilización, como nos lo ha comunicado su genuino representante en esta misma sala, han sabido sus líderes, siguiendo la voluntad popular, realizar ingente tarea para conseguir que en semejantes condiciones de pobreza, mediante la educación, el trabajo, la disciplina social, se pueda llevar una vida comunitaria digna, sin analfabetismo, con enormes realizaciones culturales, bajo el signo de la fe ciega en la realización de su destino.
Tampoco puede aceptar mi delegación la conquista de territorios por la fuerza de las armas. Es un concepto que va contra la tradición diplomática de Colombia, nación que no ha conquistado un solo metro de su territorio por semejante violencia. Tampoco puede aceptar que se invoquen, unilateralmente, conceptos de la historia religiosa para reclamar derechos de soberanía…"
Durante la Asamblea General de 1983se discutió ampliamente el asunto de Medio Oriente.
Colombia mantuvo su respaldo al derecho del pueblo palestino a tener un Estado propio dentro de unas fronteras seguras y estables; rechazo la acción militar de Israel en el Líbano y propugnó la evacuación de los territorios árabes. En lo atinente a Israel, Colombia se opuso a su eventual expulsión de cualquier foro internacional basándose en el principio de la universalidad de los Organismos Internacionales. Sin embargo, se condenaron algunos procedimientos adelantados por Israel en los territorios árabes ocupados, en violación a los derechos humanos.
En el año 1989, en el que Colombia participó por quinta vez en el Consejo de Seguridad, se presentó el tema de "la situación de los Territorios Árabes Ocupados." En el curso de las discusiones, se produjo un viraje en la posición tradicional de los Estados Unidos, como consecuencia de la nueva visión derivada del conflicto del Golfo Pérsico. Estados Unidos tuvo que mitigar el apoyo a Israel para obtener la colaboración de algunos países árabes en su lucha contra Irak. En febrero de 1989, el Observador Permanente de Palestino en el Consejo de Seguridad denunció una serie de medidas represivas en los territorios ocupados por Israel, las cuales habían dejado como resultados tres palestinos muertos y treinta y cinco heridos. El presidente del Grupo Árabe pidió al Presidente del consejo de Seguridad, que convocara a una reunión de ese Organo. Durante la discusión, el embajador Enrique Peñalosa sentó la posición colombiana en estos términos:
"Venimos hoy a protestar por la forma brutal e inhumana como las fuerzas de ocupación israelíes han manejado el levantamiento palestino. Al igual que el pueblo judío aspiraba de manera justa a su libre determinación hacer cuarenta y dos años, constituye ésta la aspiración de los habitantes de los pueblos ocupados."
El 6 de julio de 1989, se aprobó un proyecto de Resolución copatrocinado por Colombia, el cual exhortaba a Israel a suspender las deportaciones de palestinos y a asegurar el regreso de los civiles palestinos. Así mismo se reafirmó en la Resolución que el Convenio de Ginebra, relativo a la protección de la población civil en tiempo de guerra, era aplicable a los territorios ocupados, incluyendo a Jerusalén.
El 1 de agosto de 1989 se inició la invasión de Irak y Kuwait, con lo cual se estableció una relación entre esta situación y lo que venía sucediendo en otras zonas del Oriente Medio. Si se condenaba la invasión y ocupación de Kuwait por Irak, debía condenarse también la ocupación israelí en los territorios árabes. En ese sentido fue la intervención del Embajador Enrique Peñalosa, en la sesión del 8 de octubre de 1990, para condenar la doble moral de algunos países de la comunidad internacional según la cual había invasiones buenas e invasiones malas:
" Estamos en los dos casos, frente a flagrantes violaciones de los principios más elementales del derecho internacional, como son el uso de la fuerza, la violación de derechos humanos, el incumplimiento de obligaciones aceptadas mutuamente, como las del cuarto Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra y otras tantas que harían más extensa mi intervención…Mi delegación no puede aceptar que haya invasiones buenas y que, en un caso, el dolor, la humillación y la muerte de los individuos no conmueva y haya despertado la preocupación del mundo y que, en otros, seamos simples espectadores, a través de los decenios sin que la más mínima sensibilidad humana se refleje en nuestros rostros."
3. LOS AÑOS CINCUENTA
Al iniciarse la década de los años cincuenta, se suscitó un asunto de repercusiones mundiales en el cual Colombia participó. Fue la Guerra de Corea, motivada por el ataque de Corea del Norte a su vecino del Sur a través del paralelo 38. Al ser llevado el caso por el gobierno de los Estados Unidos al Consejo de Seguridad, éste decidió, por medio de la Resolución 82 del 25 de junio de 1950, declarar que "esta acción constituye un rompimiento de la paz", y exigir a las autoridades norcoreanas el fin inmediato de las hostilidades y el retiro de sus fuerzas armadas al paralelo 38. Dicha Resolución fue tomada en ausencia de la Unión Soviética y contó con la abstención de Yugoslavia. El Consejo de Seguridad solicitó también a "todos los Miembros prestar todo apoyo a las Naciones Unidas para la ejecución de esta Resolución y abstenerse de prestar ayuda a las autoridades de Corea del Norte."
Corea del Norte desconoció esta Resolución y por ello, el 27 de junio de 1950, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 83 por la cual recomendó a todos los Miembros que proporcionaran a la Republica de Corea, "la ayuda necesaria para repeler el ataque armado y restablecer la paz y la seguridad internacionales en la zona".
Colombia, con base en dicha recomendación, envió un contingente militar y una fragata a Corea y se constituyó en el único país latinoamericano en participar militarmente en este episodio que marca uno de los puntos culminantes de la guerra fría. El Presidente Laureano Gómez, que se había posesionado el 7 de agosto de 1950, ofreció, en septiembre de ese año enviar la fragata "Almirante Padilla". El Decreto 3230 del 23 de octubre de 1950 autorizó la participación de contingentes colombianos. En noviembre, el Embajador Eduardo Zuleta ofreció los servicios de un batallón de infantería de mil hombres y ochenta y tres oficiales. " A mediados de febrero de 1951, Roberto Urdaneta Arbeláez, en ese entonces Ministro de Guerra de Laureano Gómez, informó que Colombia estaba entrenando un batallón de mil ochenta y tres hombres para el conflicto y declaró que si las Naciones Unidas lo deseaban, Colombia podría entrenar una división entera y equiparla con armas compradas en Estados Unidos. El 12 de mayo hubo misa y ceremonia en la Plaza de Bolivar de Bogotá para despedir a la tropa que es día salió para Corea. El Batallón Colombiano terminó sus servicios e combate en julio de 1953 y el 25 de noviembre de 1954 regresó el último contingente de Colombia"
Después de tres años de lucha, se firmo el 27 de julio de 1953 un acuerdo de amisticio para dar fin a las hostilidades. A partir de esa fecha se hicieron varios intentos para que se celebraran conversaciones entre las partes y se efectuara una Conferencia que estudiara el aspecto política de la paz en Corea. Esta se celebró en Ginebra a partir del 26 de abril de 1954. Las labores de la Conferencia se dividieron en los partes: la unificación e independencia de Corea y la situación y eventuales soluciones de la guerra de Indochina. Colombia participó en la primera fase como país que había tomado parte en las operaciones militares. La Delegación Colombiana estuvo integrada por los Embajadores Eduardo Zuleta Angel, quien la presidió, Francisco Urrutia Holguín, el Coronel Jaime Polanía Puyo y el Capitán de Fragata Julio Reyes Canal. Luis González Barros, fue nombrado asesor con el rango de Ministro Consejero.
B. Por segunda y tercera vez en el Consejo de Seguridad
Colombia fue elegida por segunda vez como miembro del Consejo de Seguridad para el período comprendido del 1 de enero de 1953 al 31 de diciembre de 1954. Durante éste se trataron, entre otros, los siguientes asuntos: Marruecos, (ver capítulo IV); Guatemala, (ver capítulo III) y una queja israelí respecto a interferencias en el Canal de Suez por parte de Egipto, sobre cargamentos con destino a Israel, acerca de lo cual la posición colombiana, expuesta pro el Embajador Carlos Echeverrí Cortés, fue la de retirar el principio de libre navegación de los canales internacionales.
La Delegación colombiana al Consejo de Seguridad estuvo compuesta por los Embajadores Francisco Urrutia Holguín, quien la presidió, y Carlos Echeverri Cortés, como Alterno; por el Brigadier General Gabriel París, y los enviados extraordinarios Alfredo Carbonell, Eduardo Carrizosa De Brigard, José Umaña Bernal y Misael Pastrana Borrero. Colombia, por ser Miembro del Consejo de Seguridad, también lo era de la Comisión de Desarme, en la cual estuvo representada por el Coronel Villamizar.
Un acontecimiento de interés en lo que respecta a las actividades de las Naciones Unidas en nuestra región fue la creación, en Bogotá, de un Centro de Información de las Naciones Unidas para Colombia, Ecuador y Venezuela. Se extendería más tarde su radio de acción al Perú. Fue inaugurado en el mes de julio de 1954. A la ceremonia asistió el Señor Benjamín Cohen, entonces Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas para la Información Pública. El primer director fue don Luis Zalamea.
La Asamblea General de 1956 se ocupó de la invasión de fuerzas de la Unión Soviética a Hungría en el mes de octubre de ese año. Así mismo, el asunto se planteó en el Consejo de Seguridad, pero el procedimiento no avanzó debido al ejercicio del veto por la Unión Soviética. En esas condiciones se convocó a un Período Extraordinario de Emergencia de la Asamblea General, durante la cual se adoptaron cinco Resoluciones referentes al problema. En desarrollo de los mismos el Secretario General de la ONU constituyó un grupo de tres personalidades distinguidas para asesorarlo en las funciones de investigación que se le habían encomendado. El grupo estuvo constituido por Alberto Lleras Camargo, Arthur Lall y O. Genderson, y presentó un informe sin conclusiones por no disponer de "nuevas fuentes de material fidedignomeladieante sobre el terreno."
Respecto al problema de la invasión de tropas soviéticas a Hungría, la posición colombiana en la Asamblea General fue la de impugnar la tesis soviética según la cual se trataba de un asunto interno de Hungría por la tanto la Organización no tenía competencia para intervenir. En el periodo 1956-57, Colombia fue elegida por tercera vez, Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad. La Delegación estuvo compuesta así: Representante principal, Embajador Francisco Urrutia Holguín; Representante alterno Carlos Vesga Duarte; Asesores: Drs. Jorge Morales Rivas, Jesús Zárate Moreno, Antonio Angel Escobar y Jaime Canal Rivas. Debido al cambio de gobierno producido por la caída del General Gustavo Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957, se efectuó una modificación en la Delegación en las Naciones Unidas. Por Decreto 1306 del 25 de junio de ese año, fue nombrado como Jefe de la Delegación Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Representante al Consejo de Seguridad y ante la Comisión de Desarme, el Dr. Alfonso Araujo. C. Egipto
El 26 de julio de 1956, Egipto nacionalizó la Compañía Universal del Canal de Suez. El 29 de octubre, fuerzas de Israel invadieron territorio egipcio. Estados Unidos pidió una reunión inmediata del Consejo de Seguridad y presentó un Proyecto de Resolución por el cual se condenaba la invasión, el cual fue vetado por Inglaterra y Francia. Además, estos dos Estados advirtieron al Consejo de Seguridad que invadirían el territorio de Egipto en veinticuatro horas si continuaba la lucha entre Egipto-Israel. La invasión de tropas franco-británicas al territorio egipcio se llevó a cabo dentro del término señalado. El Consejo de Seguridad se paralizó debido al veto de Francia e Inglaterra y como no estaba reunida la Asamblea General, hubo de convocarse, a solicitud de Yugoslavia, a Sesiones de Emergencia de la Asamblea que se titula "Unión Pro-paz". En ella el Embajador Francisco Urrutia Holguín expuso la posición de Colombia en estos términos:
"… No queremos entrar a discutir los derechos que tengan, puedan tener o no tengan Israel, Francia o Inglaterra. Puede que efectivamente se consideren con títulos para reclamar derechos que, a su juicio hayan sido o hayan podido ser desconocidos, pero desde el punto de vista de las Naciones Unidas estos derechos, sean ellos que fueren, en ningún caso pueden ser reclamados por la fuerza… Tampoco pueden Israel, Francia e Inglaterra alegar que se encuentran dentro del Artículo 51 de la Carta, pues aunque hubieran sido víctimas de otra clase de agresiones, en San Francisco expresamente se limitó la facultad de actuar dentro del Artículo 51 al caso de agresión armada exclusivamente, y no tenemos noticia de que haya habido una agresión armada contra Francia e Inglaterra…"
Las tropas de infantería colombiana participaron en la operación First United Nations Emergency Force (UNEF I), entre el 16 de noviembre de 1956 y el 31 de Mayo de 1958, en la zona Gaza. El gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) estuvo de acuerdo con el envío de tropas colombianas a la región, bajo la divisa de las Naciones Unidas, y se formó entonces el Batallón Colombia No. 2, en el que participaron muchos de los hombres que estuvieron en Corea en el Batallón Colombia No. 1.
"Las fuerzas colombianas, al mando del Coronel Cesar Babrera, partieron de Bogotá el 10 de noviembre de 1956… Las tropas llegaron por fin a Egipto el 16 de Noviembre junto con el Secretario General de la ONU. Al batallón Colombia le fue asignado de patrullaje en la zona de Khan Yunia, de la Franja Gaza. En la última semana de octubre de 1958, el Batallón partió para Colombia, luego de cerca dos años de tedioso servicio. El total de tropas que participaron en la acción fue de 490 oficiales y soldados."
En 1981 visitó a Colombia el Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Bourtros Ghali, por invitación del Presidente Julio Cesar Turbay (1978-1982). En esa oportunidad el Ministro egipcio y el Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Carlos Lemos Simmonds, suscribieron una declaración conjunta sobre el Medio Oriente y el pueblo palestino. Producto de las conversaciones fue la aceptación colombiana para enviar un contingente al Sinaí para que hiciera pare de la Fuerza Multinacional de Observadores. Así se conformo el Batallón Colombia No. 3. Esta fuerza multinacional no dependía de las Naciones Unidas y se constituyó a instancias de los acuerdos de Camp David.
" El nuevo Batallón Colombia salió del país el 13 de Marzo de 1982 al mando del Teniente Coronel Bernardo Ramírez Lozano. Lo conformaron 500 hombres que se unieron a soldados de Uruguay, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Después del contingente norteamericano, el grupo colombiano fue el más numeroso."
4. LA REPRESENTACIÓN CHINA
Un tema importante durante la XXVI Asamblea, en 1961, fue el de la Representación de China en las Naciones Unidas. El asunto venía aplazándose desde que se planteó por primera vez en 1951. Colombia expuso la necesidad de examinar con cautela toda propuesta que se hiciera al respecto. En cuanto a la eventual exclusión de la China Nacionalista de Chiang Kai-Shek y su reemplazo por la República Popular de China, Colombia se opuso.
En la Asamblea General de 1962, como en años anteriores, la Unión Soviética promovió la discusión del tema propugnado el ingreso de la República Popular de China a la Organización Mundial y la exclusión de la proposición soviética, la cual fue rechazada. La posición colombiana fue sustentada así por el Embajador Alfredo Vázquez Carrizosa, en su intervención del 29 octubre de 1962.
"La Delegación de Colombia votará en contra de este proyecto de resolución por motivos de alta conveniencia internacional, por razones derivadas de las circunstancias mundiales y por la misma interpretación de la Carta de las Naciones Unidas, que a todos nos liga como norma suprema que es de la comunidad de los Estados… El hecho de que existan dos Gobiernos reconocidos para la misma nación no sería bien claro para nosotros. Si ambos tuvieran asiento en esta Asamblea no podrían hacer lo mismo en el Consejo de Seguridad. Y si escogiéramos la vía procesal de la expulsión del Gobierno chino representado en esta sala, como la solicita el proyecto de resolución que se discute, estaríamos en calidad de jueces y partes de las ocurrencias internas de una nación, resolviendo sus propios asuntos y sentando el precedente de que no son gobernantes, sino gobiernos extranjeros los que se pronuncien a favor de uno de los bandos en disputa, que resulta ser en este caso el de la escrupulosamente de las condiciones que impone el Artículo 4 de la Carta de San Francisco, ninguna de las cuales obedece el actual gobierno de Pekín y son las de aceptar las obligaciones consignadas en esta Carta y que ´a juicio de la Organización estén capacitados para cumplir dichas obligaciones y se hallen dispuestos a hacerlo´."
Al presentarse el conflicto Chino-Soviético, y al pasar estos países de la situación de aliados a la de antagonistas y adversarios, en adelante la propuesta de ingreso de China Popular fue presentada por Albania que era su aliado. Albania proponía como legítimo representante del pueblo china al gobierno de Pekín y no al de Chiang Kai-Shek. Se presentaba el asunto no como una admisión sino como una restitución al pueblo chino de su legítima representación. La diferencia de presentación tenía una profunda implicación. En el caso de admisión, se podía aducir, como en efecto ocurrió, que se trataba de un Estado no amante de la paz, lo cual le vedaba el ingreso, según el artículo 4 de la Carta. Pero, sobre todo, el asunto tenía grandes implicaciones respecto al procedimiento, pues la admisión de un nuevo Estado, así como la expulsión de un Miembro, se considera cuestión importante y requiere las dos terceras partes de los votos, según el artículo 18 de la Carta. Además, la admisión de nuevos Estados tiene que ser aprobada por el Consejo de Seguridad con el voto afirmativo de todos los Miembros Permanentes y allí China Nacionalista que era la que tenía la representación, podía imponer el veto. Si por el contrario se trataba de una "restitución" en sus derechos, no se requería esta mayoría y no tenía que pasar por el Consejo de Seguridad.
Por tratarse de China el asunto era más complejo, pues este país tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y el privilegio del veto. De suerte que la admisión de la República Popular de China ponía en juego esta posición. Se trataba entonces de no sólo de establecer si China Popular estuviese en la ONU, sino también de saber quién estaría en el Consejo de Seguridad como legítimo representante del pueblo chino. China popular declaró desde un comienzo que no aceptaría una doble representación, la China y la de Taiwan, lo cual implicaba que su admisión tenía como consecuencia la salida del Segundo.
Colombia, durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), empezó a matizar su posición respecto a este asunto. Alfonso López Michelsen, su Ministro de Relaciones Exteriores, en sendas intervenciones ante la Asamblea General en 1968 y en 1969, se refirió al tema. En la de 1969 dijo:
"La cuestión de la admisión de la China Continental, si en verdad ésta aspira a formar parte de la Organización, no puede seguir siendo tratada indefinidamente como una cuestión procedimental, en la que se define si ésta es una de llamadas ´cuestiones importantes´, para ser votada por las dos terceras partes, o como un simple problema de credenciales. Están de por medio los intereses generales de la paz, el respeto a la libre determinación del pueblo de Taiwan, a quien mal se le podría excluir de la Organización y por otra serie de cuestiones relacionadas con un arreglo general de los conflictos del Continente Asiático.
A medida que se escuchan más voces que invitan a la universalización de las Naciones Unidas, como la del Presidente de Colombia, hace pocos meses en el Consejo de Seguridad, al lado de las muchas ilustres que invitan a un análisis de la participación de la China Popular y de otros países nuevos, se llega a la conclusión de que es necesario soslayar la cuestión para encararla frente a frente, simultáneamente con una deliberación general de las Naciones Unidas, definiendo también inequívocamente qué se entiende, por consenso general, como "un nuevo Estado" en la comunidad internacional. No es posible que indefinidamente y sin un nuevo escrutinio de los principios que permiten tales fenómenos, se estén estudiando limitaciones para darle carácter de miembros asociados a pequeños Estados, en razón de su tamaño reducido, mientras al mismo tiempo deja de investigarse si 700 millones de seres en el Continente Asiático, tendrán interés en recibir los beneficios de la Organización Mundial y someterse a sus reglas. Es una incógnita que se hace necesario despejar para escoger una conducta que armonice con los fines de las Naciones Unidas."
El 25 de octubre de 1971, la Asamblea General decidió restituir a la República Popular de China sus derechos, reconocerla como la única representante legítima de China en la ONU, darle asiento en el Consejo de Seguridad y expulsar a los representantes de Chiang Kai-shek de su puesto, lo que se hizo a través de la Resolución 2758 (XXVI). Colombia resolución en el que pedía a la Asamblea que decidiera que toda representación en la ONU constituía "cuestión importante", según el artículo 18 de la Carta.
La posición colombiana fue expresada por el Embajador Espinosa Valderrama en su discurso:
"… Dentro del criterio general que ha inspirado política internacional de Colombia, el principio de la universalidad es un elemento básico. De ahí que mi Delegación votará en contra de un proyecto de la Resolución cuya aprobación implicaría la expulsión de un miembro de la Organización que dado cabal cumplimiento a sus obligaciones de acuerdo a la Carta, y con el cual mantiene mi país cordiales relaciones diplomáticas. Pero deseo dejar expresa constancia de que, conforme a privar aquel principio de la universalidad, la Delegación colombiana entiende que no es lógico que la República Popular de China, con más de 700 millones de habitantes, no sea ya un miembro de las Naciones Unidas. Mi delegación formula votos para que en una próxima oportunidad se llegue a la preparación de un proyecto de resolución que abra a la República Popular de China el camino para su ingreso a la Organización, sin que él implique la expulsión de otro Estado que, como la República de China, ha cumplido con la norma y ha sido fiel al espíritu de la Carta durante 25 años…"
5. NO INTERVENCIÓN
En 1965 la Unión Soviética presentó un tema a la Asamblea General, título "Inadmisibilidad de la Intervención en los Asuntos Internos de los Estados y Protección de su Independencia y Soberanía". Este fue incluido en el programa de dicha Asamblea y asignado a la Primera Comisión. El 3 de diciembre de 1965, la Delegación soviética presentó un proyecto de declaración encaminado a condenar la "Intervención directa". Esta propuesta tenía un claro sentido político y estaba dirigida a condenar implícitamente a los Estados Unidos por sus intervenciones en Vietnam y República Dominicana. La Delegación colombiana, en conversaciones informales con las demás delegaciones latinoamericanas, señaló la importancia del tema para América Latina, región que tenía autoridad en ese campo, tanto por circunstancias históricas como por el aporte dado al Derecho Internacional sobre este asunto. Como propuesta concretas se plantearon dos: la primera, tendiente a que el Grupo Latinoamericano introdujera enmiendas al proyecto soviético; la segunda, a que se presentara un proyecto latinoamericano independiente. En el seno del Grupo Latinoamericano, la Delegación de Colombia opinó en favor de esta última alternativa, la cual fue acogida en forma unánime.
Colombia, por intermedio de los Embajadores Alvaro Herrán Medina y Alberto Galindo, elaboró un anteproyecto de resolución para someterlo al Grupo Latinoamericano y patrocinado conjuntamente. El proyecto tendía a condenar todas las formas de intervención, tanto directas como indirectas. Después de ser examinado, se pasó a un comité de trabajo compuesto por las Delegaciones de Colombia, Argentina, Brasil, Chile, México y Perú. El grupo acordó ciertas modificaciones al texto y lo presentó en forma oficial, con el patrocinio de todas las Delegaciones del Grupo, excepto de la República Dominicana. Según el proyecto, es deber de cada Estado abstenerse a intervenir directa o indirectamente en los asuntos de otro Estado. Al mismo tiempo consideró que las medidas de las organizaciones mundiales orientadas al mantenimiento de la paz o la protección de los derechos humanos no constituyen intervención.
Otras Delegaciones, especialmente de Asia y Africa, presentaron enmiendas tanto al proyecto soviético como al latinoamericano y algunos Estados afroasiáticos empezaron a presentar proyectos separados. Las Delegaciones de los Estados Unidos y la Gran Bretaña presentaron enmiendas al proyecto soviético. Al terminar el debate general se decidió aplazar la conclusión mientras los autores de los principales proyectos- latinoamericanos y afroasiáticos-, intentaban elaborar un texto único. Se formo, entonces un comité de seis miembros, tres latinoamericanos y tres afroasiáticos (Colombia, México, Perú, Etiopía, Irak y Malí).
Finalmente, este grupo presento a la Primera Comisión un Proyecto de Declaración que, con el patrocinio de 57 Estados, fue aprobado el 20 de diciembre de 1965por 109 votos y las abstenciones de Australia, Canadá y la Gran Bretaña. Dos días después se aprobó en la Sesión Plenaria de la Asamblea, con las únicas abstenciones de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la Resolución titulada "Inadmisibilidad de la Intervención en los Asuntos Internos de los Estados y Protección en su Independencia y Soberanía."
De esta forma, el proyecto se convirtió en la Resolución 2131 (XX), la cual fue ponderada en estos términos en la Memoria de Relaciones Exteriores, presentada por el Ministro Castor Jaramillo Arrubla al Congreso Nacional:
"El debate sobre No Intervención en las Naciones Unidas tuvo singular importancia histórica, de tan alta trascendencia, como la que tuvieron durante los últimos veinte años la ´resolución de unidad para la paz´ y la que puso fin al colonialismo. Unidad de intenciones para la paz universal, rechazo rotundo al colonialismo y afirmación del principio de No Intervención son, en el campo doctrinario, los hechos más importantes de las Naciones Unidas desde la Conferencia de San Francisco hasta hoy. Es cierto que la No Intervención, el derecho a la libre determinación de los pueblos, son parte de los siete principios básicos de las Naciones Unidas. De ahí que algunos comentaristas, ignorantes del desarrollo de la política internacional, consideren superflua e inútil su reiterada confirmación. Olvidan ellos que esos principios, y otros más, han sido violados, y se violan hoy, por las grandes potencias en las cinco partes del globo. Y que los pequeños Estados deben apelar al recurso periódico de establecer específicamente su vigencia como "auténticas alambradas de garantías" para dominar la voluntad de expansión de los grandes."
6. TRES VECES MÁS EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD
Colombia fue elegida por cuarta vez como Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad para el período 1969-70. En él Colombia fue representada por los doctores Julio César Turbay Ayala, Joaquín Vallejo Arbelaez, Augusto Espinosa Valderrama y José María Morales Suárez.
Se discutieron en el seno del Consejo de Seguridad los casos de Namibia, (ver Capítulo IV) Chipre, Rhodesia del Sur (ver Capítulo IV), y las eventuales enmiendas el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, entre otros. También se ocupó el Consejo en repetidas ocasiones de asuntos relacionados con el Oriente Medio (ver Capítulos I-II).
En el seno de la Asamblea General de 1969, se adoptó la Resolución 2602 E (XXXIV) que declaró la década de los setenta como la "Década del Desarme", lo cual indica el clima de distensión que comenzaba a vivirse entre las dos superpotencias. Colombia a su vez, copatrocinó una Resolución, que fue aprobada, acerca de la prohibición de armas nucleares en el lecho marino. Participó de igual forma con su voto afirmativo en las demás resoluciones referentes a desarme, así como en una propuesta sobre el fortalecimiento de la seguridad internacional que, al ser aprobada por la Asamblea, se convirtió en la Resolución 2606.
Entre el 9 y el 28 de abril de 1974 se celebró una Asamblea Extraordinaria, en la que se aprobó entre otras, la Resolución 3201 (S-VI), Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico y la Resolución 3202 (S-VI): Programa de Acción sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional.
A propósito de estas discusiones, el Ministro Alfredo Vázquez Carrisoza, pronunció un discurso en el cual alude a las tendencias globalistas de la época. Dijo el Ministro en esa ocasión: "El mayor vuelco de la historia contemporánea, por lo que hace a las relaciones internacionales, se ha producido en los últimos cinco años. Atrás han quedado algunas crisis semejantes a la del bloqueo de Berlín, la Guerra de Corea y la situación generada por los cohetes en el Mar Caribe en 1962, como testimonio de una época que va desapareciendo."
En el XXIX período de sesiones de la Asamblea General, 1974, la delegación colombiana estuvo encabezada por el Embajador Aurelio Caicedo Ayerbe, Jefe de la Misión Permanente. El 12 de diciembre fu adoptada la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (Resolución 3281). Los países del Grupo de los 77, los del bloque socialista y algunos industrializados votaron a favor. En contra votaron Alemania Federal, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos, Gran Bretaña y Luxemburgo. Colombia lo hizo a favor pero votó negativamente el art. 2 de esta Carta, el cual, en su parte segunda, hace referencia a la consulta previa que debe existir entre dos o más países sobre la explotación de los recursos naturales compartidos. El 18 de septiembre de 1979 el Embajador Indalecio Liévano Aguirre, que había presidido la Asamblea General en el período anterior, declaró abierto el trigésimo cuarto período ordinario de sesiones de la Asamblea General.
Colombia fue elegida por quinta vez como Miembro No Permanente en el Consejo de Seguridad para el período 1989-1990. En tal ocasión recibió 155 votos sobre 158, lo que consolidó su posición y estableció un fuerte contraste con lo que sucedido en 1979. En aquella ocasión, Cuba presentó su candidatura con el apoyo latinoamericano. Más adelante Colombia presentó la suya para el mismo cargo, lo cual generó un proceso jamás visto en las Naciones Unidas Entre el 26 de octubre de 1979 y el 6 de enero de 1980, se realizaron 154 votaciones, de las cuales sólo una fue ganada por Colombia. Sin embargo ninguno de los dos Estados obtuvo la mayoría de las dos terceras partes requeridas. Al final se llegó a un acuerdo entre los dos países, las cuales tuvieron mayor significación dado el papel que Colombia había jugado frente a Cuba al momento de su suspensión de la Organización de Estados Americanos. Sin embargo, cuando Colombia de nuevo presentó su candidatura para ingresar al Consejo de Seguridad a partir de 1979, se logró un "compromiso de caballeros", mediante el cual Cuba apoyaría a Colombia en su elección de 1988 y Colombia haría otro tanto, respecto a la candidatura de Cuba, para el período 1990-1991.
La delegación de Colombia ante el Consejo de Seguridad en este período estuvo compuesta así: Embajador Enrique Peñalosa Camargo, Jefe de Misión. Delegados: Juanita Castaño, Jaime Grón Duarte, Luis Guillermo Grillo, Mario Fernando Pinzón y Fanny Umaña Mallarino. Asesor: Fernando Alzate.
Hubo un aspecto muy importante, que marcó la política de Colombia durante las actuaciones en el Consejo de Seguridad y tuvo repercusiones sobre el rumbo futuro de la política exterior colombiana y es el siguiente. Cuando Colombia ingresó al Consejo de Seguridad por quinta vez, empezó a actuar con criterio de miembro del Grupo de Países No Alineados. A partir del gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978), Colombia había participado como observador en el Movimiento de los No Alineados. Sin embargo, su ingreso formal lo hizo durante el Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), cuando su Ministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Lloreda, formalizó el ingreso en 1983, durante la reunión de Nueva Delhi, en la India. Al ingresar Colombia al Consejo de Seguridad en 1989, comenzó a actuar con el criterio de no alineación como país perteneciente al grupo que encarnaba esa filosofía. En un memorando enviado por la Misión de Colombia ante las Naciones Unidas, el 14 de Enero de 1989, se delineó la política a seguir en el Consejo de Seguridad, en concordancia con su participación dentro de la línea del Movimiento de los No Alineados. Decía el documento:
" En la medida en que Colombia, como No Alineado que es, participe de manera activa, inteligente y clara de los trabajos del CAUCUS, contribuirá decisivamente a la formación de las políticas de los No Alineados. De esta manera, con los demás miembros del CAUCUS, será coautor y copatrocinador de la opinión de los No Alineados en el Consejo de Seguridad. En el caso de que Colombia no fuera miembro de los No Alineados, sería simplemente una rueda suelta entre el grupo de los cinco miembros permanentes."
CAUCUS es el nombre que se le da en Naciones Unidas a un grupo de trabajo integrado por los Países No Alineados que forman parte del Consejo de Seguridad. No se trata de un grupo institucionalizado legalmente pero es sumamente importante dentro del Consejo de Seguridad. Hasta el punto de que en algunos años este grupo ha llegado ha tener lo que se llama veto colectivo, porque en varios períodos ha tenido siete miembros dentro del Consejo, lo que implica que sí el grupo se opone a un proyecto, éste no pasa porque no logra tener los nueve votos requeridos para su aprobación. La importancia de este grupo "fue tenida en cuenta por Colombia en su decisión sobre la forma como trabajaría en el Consejo a lo largo de 1989-1990. El 95% de los proyectos de resolución sometidos a la consideración del Consejo fueron presentados por el grupo en mención."
Durante este período, el Consejo de Seguridad trató los siguientes temas: independencia de Namibia (ver Capítulo IV), territorios árabes ocupados (ver Capítulo I-III), Haití (ver Capítulo III), Centroamérica (ver Capítulo V). También se trato el asunto de los aviones libios y lo relacionado con la Guerra del Golfo Pérsico.
A. Los aviones libios:
Al cuarto día de su ingreso en el Consejo de Seguridad, Colombia se vio ante un acontecimiento sobre el cual fijó un criterio y una línea de conducta que aplico desde entonces. Se trata del derribamiento de aviones libios frente a las costas de ese país, en el Mediterráneo, por parte de aviones de los Estado Unidos. En cuanto a las circunstancias y a los hechos había diferentes versiones. Los americanos afirmaban que los aviones libios portaban misiles y tenían una actitud claramente hostil y agresiva y que los aviones americanos estaban en misión de entrenamiento por lo cual, al producirse el incidente, su acción había sido en legítima defensa. Aducían también que en Libia existía una planta para la producción de armas químicas. La versión americana perdió peso al no poderse comprobar que los aviones libios estaban armados y al ligar su acción con el asunto de la planta química. El problema consistía en que el Protocolo de 1925 prohibe el uso de armas químicas, pero no su producción y almacenamiento, tema sobre el cual, precisamente, los Estados Unidos estaban negociando en Ginebra. Por esa razón llegó a afirmarse que Libia tenía igual derecho que los Estados Unidos a producir y almacenar armas químicas como estrategia de disuasión. Colombia votó afirmativamente la Resolución que condenaba la actuación de los Estado Unidos lo cual fue muy controvertido dentro del país. El embajador Enrique Peñalosa explicó que se trataba de tener una posición autónoma, basa en los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas y que Colombia estaba actuando en forma consecuente con el Movimiento de Países No Alineados. La Revista Semana, de Bogotá, analizó así esta posición de Colombia en las Naciones Unidas:
"Lo que es indudable es que detrás del protagonismo de Peñalosa estaba el deseo colombiano de dejar claro, que contrario a lo que podría preverse, Virgilio Barco no iba a ser, ni mucho menos, un aliado incondicional de los Estados Unidos. Por el contrario, que iba a continuar con la política internacional independiente que Colombia ha venido practicando en los últimos años, particularmente desde su ingreso al grupo de los No Alineados. Es una lástima que una reafirmación de independencia de esta naturaleza haya podido ser interpretada como uno de los principales patrocinadores del terrorismo internacional." B. La Invasión de Irak a Kuwait:
El 2 de Agosto de 1990 fuerzas de Irak invadieron a Kuwait. El proyecto del Presidente Saddam Hussien era anexar el territorio de Kuwait. El Consejo de Seguridad reaccionó rápidamente y ese mismo día realizó una sesión formal para discutir el caso. Kuwait pidió la intervención del Consejo de Seguridad
para asegurar el retiro inmediato de las fuerzas de Irak. Este país, por su parte, quiso eliminar el carácter internacional del conflicto, planteando que se trataba de un asunto interno de Kuwait, donde, supuestamente se había producido un golpe de estado y se había establecido un Gobierno Libre Provisional, que solicitaba ayuda a Irak para restablecer la seguridad y el orden.
Durante la reunión del Consejo de Seguridad, la Representación de Colombia señaló que Colombia siempre había respaldado el principio de No Intervención en los asuntos internos de otros Estados, además de oponerse al uso de la fuerza o de la amenaza de fuerza. Durante dicha sesión se aprobó la Resolución 660, con el voto afirmativo de 14 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, con la excepción de Yemen que votó en contra. La Resolución condenaba la invasión, exigía el retiro incondicional e inmediato de las fuerzas iraquíes. Dado que Irak no cumplió con lo dispuesto en la Resolución 660, se aprobó la Resolución 666 de 1990, copatrocinada por Colombia. Esta establecía un embargo económico sobre Irak. Para hacer un seguimiento sobre el cumplimiento de lo establecido en la Resolución, el Consejo de Seguridad estableció un Comité presidido por Finlandia y con la Vicepresidencia de Canadá y Colombia. Previendo que el embargo no fuera la solución se advirtió que si éste no surtía efecto, seguiría la acción militar.
Como a pesar de las anteriores disposiciones, Irak declaró la fusión de Kuwait, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 662, del 9 de Agosto de 1990, la cual declaró que la anexión carecía de validez jurídica. Colombia, como abanderada que había sido en San Francisco de las Organizaciones Regionales, propuso la mediación de Liga de los Estados Arabes, pero la idea desechada.
Irak continuó desacatando las órdenes del Consejo de Seguridad por lo que, el 25 de Agosto de 1990, se aprobó la Resolución 662, votada afirmativamente por Colombia aunque con algunas observaciones, en la cual se decidió el uso de la fuerza. Las observaciones colombianas iban en el sentido de que la Resolución era apresurada e imprecisa. Recalcó su importancia pero lamentó que la rapidez con se desarrollaron las negociaciones hubiera impedido a los Miembros No Permanentes del Consejo de Seguridad participar más activamente para mejorar el texto. Pero, sobre todo, expresó el Embajador Enrique Peñalosa que Colombia le preocupaba su otorgara una delegación de autoridad sin saber a quién, sin saber donde se iba a ejercer, y sin que quienes recibían esa delegación de responsabilidad por parte del Consejo tuvieran ante quién responder:
" La sesión del 25 de agosto y las decisiones tomadas en ella tuvieron trascendencia histórica. Por primera vez en 45 años de existencia y luego de 2.938 sesiones del Consejo de Seguridad en las que se debatieron los más diversos temas, los cinco miembros permanentes se pusieron de acuerdo en toro a un tipo de acción sólo usado una vez ante el Consejo de Seguridad, pero previsto por la Carta de las Naciones Unidas y en numerosos casos se había empleado con las fuerzas de paz o cascos azules, ahora el procedimiento se salía de lo específicamente dispuesto la Carta y adicionalmente se pasaba al Capítulo VII sin haber agotado aún el Capítulo VI de la misma. De todas maneras la Resolución se redactó, y aplicó, con un carácter ambiguo que precisamente llevó a los reparos que presentó Colombia en las consultas informales previas y en aquella sesión."
El 29 de noviembre de 1990, fue aprobada la Resolución 678, por 12 votos a favor incluido el de Colombia, dos en contra: Cuba y Yemen y una abstención, China. En ella se fijó la hora cero para el comienzo de la guerra y se orientó el conflicto hacia las soluciones de la fuerza.
La posición de Colombia durante todos estos acontecimientos quedó bien expresada en una entrevista concedida a una publicación de Bogotá por el Embajador Enrique Peñalosa, quien presidió la Delegación colombiana en el Consejo de Seguridad durante todos estos acontecimientos.
"Colombia no es ni será un superpoder ni siquiera a nivel regional. Lo único que nos ha hecho y hará respetables y respetados por otras naciones es nuestro apego al derecho internacional. No podemos guiar nuestras acciones por intereses o conveniencias a corto plazo. Por esa razón no siempre coincidimos con la política norteamericana; sus intereses nacionales no siempre coinciden con los nuestros ni con el derecho internacional. En esta oportunidad, Colombia patrocinó y lideró entre las Naciones No Alineadas la votación de la resolución condenando la invasión a Kuwait por parte de Irak de la misma manera que lo habíamos hecho en diciembre para condenar la invasión de Panamá por los Estados Unidos. Colombia siempre ha estado en contra del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Para Colombia todas las invasiones son malas."
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