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Timestamp: 2017-08-19 11:22:04
Document Index: 85722318

Matched Legal Cases: ['artículo 10', 'artículo 18', 'artículo 142', 'artículo 33', 'artículo 10', 'artículo 32', 'artículo 33']

Unidad DDHH Ministerio Público Fiscal Federal Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Recurso de Casación contra el arresto domiciliario de Hugo Ildebrando Pascarelli, condenado a prisión perpetua en el juicio CCD Vesubio
Recurso de Casación contra el arresto domiciliario de Hugo Ildebrando Pascarelli, condenado a prisión perpetua en el juicio CCD Vesubio
Felix Crous, Fiscal integrante de la Unidad de Asistencia en Causas por Violaciones a los Derechos Humanos durante el Terrorismo de Estado me presento ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 4 de esta ciudad, en causa nº 1487 del registro de ese Tribunal “Incidente de arresto domiciliario de Hugo Ildebrando Pascarelli”, y digo:
En los términos y con los alcances contemplados en los arts. 456 incs. 1º y 2º, 457, 458 y 491 del C.P.N.P., vengo a interponer recurso de casación contra la resolución del Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 4 dictada el 19 de agosto de 2011 por la cual se resolvió: “I. HACER LUGAR A LA DETENCIÓN DOMICILIARIA de Hugo Idelbrando PASCARELLI, quien actualmente se halla alojado en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, del Servicio Penitenciario Federal, la que se hará efectiva en el domicilio de la calle Echeverría 2143, piso 11 de C.A.B.A.
II. A fin de cumplimentar lo aquí ordenado, líbrese oficio al Sr. Director del Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, y a la División Traslados del Servicio Penitenciario Federal, a fin de ordenar que con los recaudos de seguridad, se proceda al traslado del condenado PASCARELLI, al domicilio indicado, previo labrarse acta compromisoria en el cual se le harán saber las previsiones del art. 34 de la ley 24660, con la expresa mención de que si quebrantare en forma injustificada la obligación de residir en forma permanente en el domicilio indicado, se dispondrá la continuidad de su detención en una Unidad de Detención y que cualquier salida por cuestiones de salud de carácter urgente, se deberá comunicar en forma inmediata al Tribunal.
Asimismo se designará oportunamente a la persona integrante del Tribunal, que realizará en el domicilio del Sr. PASCARELLI, un control periódico sobre las condiciones de detención del nombrado, confeccionándose un informe que será agregado al presente legajo.
III. Notifíquese lo aquí ordenado a la Dirección Nacional de Readaptación Social, dependiente de la Subsecretaría de Asuntos Penitenciarios de la Secretaría de Justicia, a fin de que se de cumplimiento en la persona de Hugo Ildebrando PASCARELLI, al mecanismo de vigilancia electrónica de arresto domiciliario que fuera instrumentada mediante resolución de dicha Dirección nro 1587/2008. A tal efecto líbrese el oficio correspondiente.
IV. Líbrese oficio al Patronato de Liberados de esta ciudad, a fin de solicitar que se confeccione en forma semanal un amplio informe de la supervisión ordenada en donde consten las condiciones de detención del condenado PASCARELLI, , las que deberán ser remitidas a este Tribunal.”a fin de que se revoque esta decisión por la arbitrariedad que conlleva y se disponga el encarcelamiento del encartado en un establecimiento penitenciario.
En primer lugar resulta admisible, porque la resolución cuestionada se conforma con la defectuosa consideración de extremos conducentes para la, a mi entender, correcta solución de la cuestión, pues carece de motivación y fundamentación suficientes al haber omitido arbitrariamente dar tratamiento a argumentos oportunamente esgrimidos y constancias obrantes en el incidente, y a haber incurrido en una defectuosa deducción de la comprobación de extremos fácticos conducentes a resolver en forma favorable a mi petición. Los fundamentos del Tribunal son aparentes y autocontradictorios, en franca inobservancia de normas que acarrean sanción de nulidad (arts. 123, 404 inc. 2° y 456 inc. 2° del CPPN), menoscabando directamente las garantías de defensa en juicio y debido proceso con sustento en la doctrina de la arbitrariedad .
La impugnación propugnada descansa principalmente en el agravio de arbitrariedad porque la resolución en crisis incurre en afirmaciones dogmáticas y argumentos genéricos que conllevan una falta de motivación. En este sentido la resolución no se encuentra suficientemente fundada ya que contiene arbitrariedades en la interpretación, valoración y selección de argumentos que pretenden sustentarla y que la descalifican como acto jurisdiccional válido, conforme se desarrollará más adelante. Este vicio deriva de una errónea interpretación y aplicación de los artículos 32 y 33 de la ley 24.660, del artículo 10 del Código Penal y del artículo 18 de la Constitución Nacional.
Según surge de la norma señalada, esa es la vía procesal adecuada para que el Ministerio Público Fiscal requiera la impugnación de las decisiones relativas a la ejecución de la pena, entre ellas el arresto domiciliario del condenado, constituyendo entonces un supuesto de ampliación de la impugnabilidad objetiva del art. 456 del CPPN.
Ahora bien, pese a que en este caso, no nos hallamos frente a una estricta cuestión de ejecución —el tema a resolver está vinculado con el ámbito de cumplimiento en que tiene lugar una medida cautelar como es la prisión preventiva— corresponde la aplicación de la normativa citada, en virtud del art. 11 de la ley 24.660, donde dispone aplicación a los procesados, siempre que sus normas no contradigan el principio de inocencia y resulten más favorables y útiles para resguardar su personalidad.
Asimismo, el fallo recurrido, al resolver contrariamente a lo que esta parte sostuvo al momento de contestar las respectivas vistas que fueron conferidas, expresándose en ellas la pretensión postulada, causa un gravamen irreparable a este Ministerio Público al que represento, no subsanable por otra vía .
Sobre el particular, cabe puntualizar que según es criterio admitido por la doctrina de la Cámara Nacional de Casación Penal, a pesar de que la Convención Americana de Derechos Humanos haya previsto expresamente el derecho al recurso solo como garantía del imputado, ello no impide a que los acusadores, aunque no sean titulares de tal garantía, también se les permita recurrir el fallo cuando las leyes los habilitan a ello. Por fin, de modo subsidiario, se entiende que se trata de un supuesto de “gravedad institucional, que habilita a sortear los escollos formales de admisibilidad y dar tratamiento a los motivos de agravio.
El acceso a la vía casatoria es pertinente toda vez que la decisión impugnada incurre en gravedad institucional por conmoción pública, causada en un caso de trascendencia pública, cual es la lenidad en el modo de cumplimiento de la prisión preventiva para aquél que fue condenado, tras haber sido hallado culpable de la comisión de gravísimos crímenes de lesa humanidad.
A tal punto esto es así, que incluso en aquellos casos en los que la resolución recurrida no fuera la del superior Tribunal de la causa, la parte podría recurrirla directamente a la Corte, pidiéndole que se avoque y sortear de este modo una instancia fundada en la gravedad del hecho. Más allá de la discusión que pueda sostenerse respecto de los distintos casos de per saltum, lo cierto es que éstos prueban también que la existencia de gravedad institucional puede tornar imprescindible la intervención de la Corte Suprema. En consecuencia, la CNCP está llamada a intervenir aquí, por la importancia del tema que se le presenta y por ser el máximo Tribunal en lo penal del país.
La jurisprudencia de la C.S.J.N. ha establecido, en sentido amplio, que gravedad institucional está constituida por “… cuestiones que exceden el mero interés individual de las partes y afectan de modo directo a la comunidad” y esta trascendencia respecto del mero interés individual tiene que tener, una “… dimensión suficiente como para repercutir —en el presente o en el futuro— en una amplia gama de relaciones humanas.”
La gravedad del caso que nos ocupa resulta innegable por su trascendencia, es decir, su repercusión más allá de las partes, y porque su resolución se proyecta sobre casos futuros lo cual lo subsume en las hipótesis b) y c) .
La trascendencia se encuentra vinculada, por un lado, a los crímenes por los cual ha sido recientemente juzgado y condenado Pascarelli. La conmoción causada en la sociedad finca en que se trata de un caso más que extiende hasta hoy las huellas del trágico pasado reciente, donde el Estado terrorista avasalló los derechos fundamentales suprimiendo, para ello, las normas básicas de convivencia democrática. Luego, ya en democracia, los perpetradores consiguieron perpetuar la impunidad por esos crímenes.
En ese caso, estimó que se daba una situación de tal gravedad que podía ser pensada como razón valedera para prescindir de la aplicación de determinados precedentes -haciendo referencia a la doctrina sentada por la Corte de no admitir un recurso extraordinario por cuestiones procesales-. La gravedad aludida fue dimensionada poniendo de relieve “la difusión y notoriedad [alcanzada por el] proceso: la prensa le ha dedicado una atención extraordinaria, y la opinión pública ha sido conmovida por las características de los hechos y la extensión y ramificación que se les atribuye.”
En el presente, se observa claramente la situación enunciada en el párrafo anterior. En principio, se puede advertir que, de no admitirse este recurso “…puede traducirse en menoscabo de la confianza que el pueblo deposita en el Poder Judicial” y, por qué no, en la totalidad de las instituciones.
En el mismo precedente la Corte entendió que cuando se trata de cuestiones atinentes a una mejor administración de justicia, refiriéndose a los límites que impiden el tratamiento por esa jurisdicción de cuestiones procesales que “… esta exigencia [haciendo referencia a la recta administración de justicia] cobra carácter prevalente cuando las cuestiones sometidas a juicio superan los intereses de los partícipes en la causa, de tal modo que ella conmueve a la comunidad entera, en sus valores más sustanciales y profundos …”
Pero en este caso, como en todos los demás en los cuales se han juzgado los crímenes del terrorismo de estado argentino, es necesario poner en contexto la cuestión en debate: el arresto domiciliario de Pascarelli como modo de cumplimiento de la prisión preventiva –la que fue impuesta hace menos de dos meses- es la versión extremadamente leve de la restricción de la libertad que beneficia a quien fue juzgado y condenado a la pena de prisión perpetua como coautor de homicidios agravados, privaciones ilegales de la libertad y tormentos, en su doble carácter de Jefe del Grupo de Artillería I con asiento en Ciudadela y Jefe del Área 114.
El arresto domiciliario del imputado que se desempeñó en las más altas instancias de mando en la campaña de represión ilegal y que según las constancias de este proceso, presenta un cuadro de salud que puede ser tratado y atendido en el instituto penitenciario en el que se encontraba detenido, no puede sino causar una enorme angustia y consternación en las víctimas-testigos que declararon en su contra y en la sociedad en general.
Conforme surge de las actuaciones principales de la causa nro. 1487 el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nro. 4 de esta ciudad, con fecha 14 de julio último, dictó sentencia y condenó a Hugo Ildebrando Pascarelli, por considerarlo coautor mediato penalmente responsable del delito de homicidio calificado por su comisión con alevosía y con el concurso premeditado de dos o más personas, reiterado en tres (3) oportunidades, en perjuicio de Hugo Manuel Mattion (caso 2), Federico Julio Martul (caso 9) y Gabriel Eduardo Dunayevich (caso 10); en concurso real con el delito de privación ilegítima de la libertad cometida por un funcionario público con abuso de sus funciones o sin las formalidades prescriptas por la ley, agravada por mediar violencia y amenazas y por haber durado más de un mes, reiterado en ocho (8) oportunidades, en concurso real con el delito de imposición de tormentos, agravados por la condición de perseguido político de la víctima, reiterado en ocho (8) oportunidades, por los hechos que damnificaran a Hugo Manuel Mattion (caso 2), Graciela Alicia Dellatorre (caso 4), Alicia Elena Carriquiriborde de Rubio (caso 5), Analía Delfina Magliaro (caso 6), Gabriel Eduardo Dunayevich (caso 10), Mirta Lovazzano (caso 11), Julio Vanodio (caso 12) y Horacio Ramiro Vivas (caso 14), los que a su vez concurren en forma material con los delitos de privación ilegítima de la libertad cometida por un funcionario público con abuso de sus funciones o sin las formalidades prescriptas por la ley, agravada por mediar violencia y amenazas, reiterado en siete (7) oportunidades, en concurso real con el de imposición de tormentos agravados por la condición de perseguido político de la víctima, reiterado en siete (7) oportunidades, por los hechos que damnificaran a Gabriel Oscar Marotta (caso 1), Raymundo Gleyzer (caso 3), Graciela Perla Jatib (caso 7), José Valeriano Quiroga (caso 8), Federico Julio Martul (caso 9), Noemí Fernández Álvarez (caso 13) y María Élida Serra Villar (caso 15), a la pena de PRISIÓN PERPETUA, INHABILITACIÓN ABSOLUTA Y PERPETUA, accesorias legales y costas procesales (artículos 2, 12, 19, 29, inciso 3°, 45, 55, 80, incisos 2° y 6º, 144 bis inciso primero y último párrafo -texto según ley 14.616-, en función del artículo 142, incisos 1° y 5° -texto según ley 20.642- y 144 ter, primer y segundo párrafo -texto según ley 14.616- todos ellos del Código Penal de la Nación y arts. 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).-
Si bien el Tribunal en la fecha referida dio el veredicto, el próximo 23 de septiembre leerá los fundamentos que lo llevaron a dictar esa sentencia de condena.
En esa oportunidad, además, resolvió revocar la excarcelación de Pascarelli y ordenó consecuentemente la detención del nombrado, que se produjo en ese mismo día, siendo alojado en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz del Servicio Penitenciario Federal.
Asimismo, para fundar esta toma de posición, tuvieron en cuenta la doctrina que emana del plenario “Díaz Bessone” en el entendimiento de que el marco objetivo del caso permitía sostener que frente a tamaña condena, se elevan los riesgos de que Pascarelli no se someta a su cumplimiento.
Sin perjuicio de la postura personal que el juez Bruglia dejó a salvo respecto a cómo juegan o deben ser interpretadas las normas que regulan la excarcelación, este magistrado adhirió a los votos que lo precedieron en lo que hace al análisis y decisión del caso concreto de Pascarelli.
Frente a ello, el Dr. Nemesio González se presentó el día 15 de julio del corriente año ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro 4, y solicitó para su defendido el arresto domiciliario. Fundó este pedido en que su defendido tiene más de 70 años y en su estado de salud al que se refirió como “gravemente quebrantada” (art. 33 de la ley 24660).
Luego de correr vista a esta fiscalía acerca del precedente planteo —al que esta parte se opuso—, el Tribunal tuvo presente el dictamen fiscal y resolvió que “ A fin de contar con mayores elementos de juicio y previo a resolver en el presente incidente de arresto domiciliario, resulta necesario contar con informes psicológicos y sociales, de acuerdo a lo establecido en el artículo 33, párrafo 2do. De la ley 24660” y a tales fines libró oficios al Cuerpo Médico Forense y al Patronato de Liberados de la provincia de Buenos Aires Delegación San Isidro a fin de que se confeccionara un amplio informe psicológico y un amplio informe social en el domicilio de Pascarelli.
En la contestación a ese primer traslado corrido al Ministerio Público, se afirmó en base a los antecedentes jurisprudenciales allí reseñados, que el beneficio de la prisión domiciliaria es una potestad del juzgador de acuerdo a lo dispuesto en los arts. 32 y 33 de la ley 24.660, y que no resulta de aplicación automática por el simple hecho de haber alcanzado el condenado la edad a la que alude la ley, debiendo evaluarse su procedencia según las distintas circunstancias del caso.
Se sostuvo que en el caso de Pascarelli, si bien había cumplido los ochenta y dos años de edad, su estado de salud (tomado éste como elemento de juicio disponible para una adecuada valoración de las circunstancias), no constituía un obstáculo para mantener su permanencia en un establecimiento carcelario y en consecuencia no existía ningún motivo que ameritase la concesión del arresto domiciliario, basado en razones humanitarias.
Del mismo modo se consideró que la existencia de condena a prisión perpetua como pauta objetiva, pesaba gravemente para presumir que el imputado pudiera intentar sustraerse a su ejecución, adecuando esos fundamentos a los lineamientos del dictamen del Sr. Procurador General en la causa SC., D 352, L. XLV “Díaz Bessone, Ramón Genaro, s/ recurso de casación”.
Y por último, se advirtió que el otorgamiento de la prisión domiciliaria a Hugo Ildebrando Pascarelli no aseguraría el definitivo juzgamiento y ejecución de la condena impuesta, en tanto que “se encuentra comprometida la responsabilidad internacional del Estado argentino, que debe garantizar el juzgamiento de todos los hechos de esas características, de acuerdo al derecho internacional vinculante para nuestro país”.
Ahora bien, una vez cumplidas las medidas mencionadas anteriormente, el Tribunal corrió una nueva vista a esta parte. En esa oportunidad, y teniendo en especial consideración las constancias previas existentes en el expediente relacionadas con actitudes del imputado en el proceso —concretamente, cuando en oportunidad de prestar indagatoria en el juicio se hizo referencia a que no estaba en condiciones de salud de afrontar dicho acto, pero lo sobrellevó sin el más mínimo sobresalto—, es que se solicitó al Tribunal que se practicara nuevamente un ecocardiograma y una junta médica, para que los profesionales que conocen su historia médica se expidan acerca de varios puntos. Emprendido por el Tribunal el camino de explorar nuevamente su estado de salud, el Ministerio Público considera imprescindibles actualizar el informe de la junta médica, instancia de evaluación que garantiza una mirada conjunta de los profesionales, de la cual no hay razones plausibles para prescindir en esta oportunidad, cuando se acudió a ella antes de la condena.
Asimismo, se pidió expresamente que corriera nueva vista a fin de ponderar entonces la totalidad de los elementos dirimentes: informes psicológico, social y el informe médico y cardiológico actualizado cuya realización se estaba pidiendo.
Empero, el Tribunal se limitó a recibir el escrito presentado por la fiscalía el 18 de agosto, y sin más, al día siguiente, es decir el 19 de agosto de 2011, decidió conceder el arresto domicilio a Hugo Ildebrando Pascarelli.
En esta resolución, el Tribunal afirmó que se requería analizar el ámbito normativo y luego el contexto concreto del caso. Ese razonamiento y las respectivas conclusiones a las que arriba son el objeto del agravio que se denuncia, y serán los extremos desarrollados en el próximo punto.
Basta con la simple lectura de la resolución que se impugna para reparar que su aparente fundamentación se erige en: a) consideraciones de tipo dogmático que luego, al analizar el caso concreto, se alejan de los fundamentos enunciados; b) afirmaciones que a medida que avanzan en el razonamiento lógico resultan autocontradictorias con las ya vertidas dentro de la misma resolución; c) aserciones que además se contradicen con la posición que el Tribunal aparentemente fue construyendo en orden a sostener cuáles eran los elementos necesarios para resolver la cuestión que se le planteaba; d) conclusiones contrarias a las constancias que determinan las circunstancias específicas del caso.
En efecto, la conclusión a la que se arriba en la resolución cuestionada, se deriva de una errónea aplicación de las premisas y reglas generales que constituyen pautas de interpretación jurisprudencial y dogmática; desatienden de esta forma el requisito de motivación exigido por el art. 123 del CPPN, en la garantía del debido proceso (art. 18 CN) y determinan, en consecuencia, la descalificación del pronunciamiento como acto jurídico idóneo.
En primer lugar, el Tribunal cita mal el planteo de la defensa, ya que no se condice con lo plasmado por esa parte en la presentación obrante a fs. 55 del incidente, planteos a los que luego responde y analiza sin que hayan sido introducidos por la defensa de Pascarelli (sí lo había hecho el defensor de Gamen respecto de su defendido).
Luego, aseveró que la problemática de la detención domiciliaria parte de los artículos 314 del Código Procesal Penal de la Nación y del artículo 10 del Código Penal, y que la solicitud de este instituto está contemplada en la ley de ejecución penal en lo que el legislador tituló como “alternativas para situaciones especiales”, por lo que esta circunstancia lo obligaba a extremar el ámbito de reflexión en la dinámica que –señaló-, se produce entre una pena grave y el fin humanitario del instituto solicitado.
Entonces, destacó que la discusión acerca de si el requisito etario estaba condicionado por el padecimiento de una enfermedad, se trata de una polémica que ha sido saldada con la sanción de la ley 26472 que incluyó en el inciso d) del artículo 32 de la ley 24.660, como uno de los supuestos para la concesión de la detención domiciliaria, al interno mayor de 70 años.
Asimismo, el Tribunal agregó que el artículo 33 de dicha ley, estableció que la decisión que concede el beneficio en análisis, debe fundarse en informes médico, psicológico y social para los casos de los incisos a, b y c, pero aclaró que “ningún condicionamiento se pide a las personas que se encuentran en el inciso d), es decir aquéllos mayores de 70 años. Es decir no se ha condicionado expresamente la concesión del arresto domiciliario…”
Y prosiguió diciendo que, de tenerse en consideración las particularidades del caso, habiendo superado el interno la edad de 70, en este caso holgadamente, en principio correspondería que cumpla en detención domiciliaria la pena impuesta.
Si bien el Tribunal se refirió a pena impuesta, para esta parte es claro que no estamos frente a un problema de cumplimiento de pena, sino con una medida cautelar, razón por la que varían considerablemente las circunstancias a tomar en consideración para resolver de un modo ecuánime la cuestión.
Al mismo tiempo el Tribunal reiteró que la decisión es facultativa y no obligatoria “desde la comprensión de la realidad y contexto médico del interno”.
Véase que, por un lado, en la resolución se recalca la exclusión de condiciones para aquellos casos, como el de Pascarelli, cumplirían “holgadamente” con el requisito etario requerido por la ley; pero por el otro se dice que se debe tener en consideración el contexto médico.
Aquí se advierte una doble contradicción del Tribunal: se descarta un requisito de la concesión a la vez que se lo atiende, para luego, a su vez, resolver en contra de lo que aconseja su comprobación.
Es que tras cartón, el Tribunal afirma que va a realizar un análisis casuístico, y que valora la condición general de Pascarelli. Además de la edad, sostiene, debe considerarse, entre otras eventualidades, su condición de salud.
En ese sentido mencionó los problemas médicos que de acuerdo a las constancias obrantes en el incidente de salud, el nombrado padece, entre las que mencionó el informe del Adjutor Walter Sosa, Jefe del Cuerpo Médico del Complejo Penitenciario de Marcos Paz del que solo citó los antecedentes de salud de Pascarelli a los que este médico se refiere, y agregó el Tribunal, que es de destacar que la Unidad Médica Asistencial cuenta con una importante infraestructura médica, pero no, con unidad de terapia intensiva y “…ello frente a un paciente de riesgo, necesariamente debe contemplar cualquier tipo de contingencia médica...”.
Ahora bien, es evidente que el Tribunal se basó en informes médicos que datan de hace más de un año, con lo cual no sabemos qué variaciones puede haber sufrido el estado de salud del imputado; y no hizo lugar al pedido de actualizarlos porque afirmó que, cubriendo el imputado el requisito etario, esas medidas devienen innecesarias.
Tampoco analizó de ningún modo, la totalidad de las constancias obrantes en el legajo y las conclusiones del informe psicológico, ni el conjunto de la información que brindó el médico Sosa de la Unidad Penitenciaria, elemento éste que era determinante para resolver y que fue valorado por la fiscalía al contestar una de las reiteradas vistas conferidas.
En este sentido, el Tribunal soslayó en la resolución cuestionada, la parte en que el Adjutor se explayó acerca de las condiciones, instalaciones y personal idóneo con que cuenta la unidad en la que Pascarelli se encontraba detenido, y la infraestructura para asistir complicaciones y/o descompensaciones propias de internos añosos y de patología compleja como la del imputado, al que sindicó como de alto riesgo. Y aclaró que para el caso de descompensaciones que requieran asistencia rápida y eficiente, contaban con unidades móviles equipadas para tal efecto y para realizar traslados al hospital más cercano, esto es el de Marcos Paz, a de 10 km.
El Tribunal tomó menos aún en consideración que la Licenciada Elena E. Foschini informó que Pascarelli, en el transcurso de la entrevista, no observó indicadores de deterioro de las funciones básicas de la personalidad ni actividad de índole psicótica, ni indicadores manifiestos compatibles con compromiso orgánico, y con relación a la posibilidad de que cumpliera condena en su domicilio, dijo que en este caso quedaba a consideración médica.
Aquí se patentiza la contradicción, cuando el Tribunal sostiene que la detención domiciliaria es una facultad de los jueces, no una obligación, y que la concesión no es automática, para luego concederla sobre la base de una valoración parcial de las insuficientes constancias obrantes en la causa, apartándose del camino que el Tribunal se autoimpuso para decidir. Es decir que la no verificación de los extremos a los que alude el Tribunal como requisitos para la concesión —pretendida motivación de la opción elegida en el ejercicio de la potestad jurisdiccional de concederla—, hace que la resolución derive necesariamente hacia uno de los supuestos que la descalifican como acto jurídico válido: la arbitrariedad por vicios en su motivación.
En derrotero del razonamiento del Tribunal para llegar a la conclusión decidida no es, entonces, una derivación racional de las constancias obrantes en la causa, ni del derecho vigente, ni tiene ninguna pertinencia con el sentido y finalidad que llevó al legislador a sancionar la ley 26.472 al modificar el art. 32 y 33 de la ley 24.660, ni con el instituto de la detención morigerada en cualquiera de sus configuraciones históricas.
La arbitrariedad que agravia a este Ministerio Público reside en que los jueces no aplican aquellas reglas al examinar el caso puntual, mediante un método lógico-deductivo, en el que se pueda seguir la conclusión como derivación razonada de sus premisas, sino que, es un acto discrecional contrario a los propios postulados en los que la resolución pretende descansar.
La misma suerte han corrido los demás argumentos principales expuestos por la fiscalía para postular la denegatoria del arresto domiciliario, ya que fueron desechados sin siquiera analizarlos mínimamente, en perspectiva con el caso.
De esta manera, la omisión de cuestiones concretas oportunamente propuestas por las partes es causal de arbitrariedad en las resoluciones judiciales, las que deben en consecuencia ser dejadas sin efecto . Este déficit puede consistir en la omisión de la consideración de planteos ; no hacerse cargos de ciertos argumentos aducidos por el recurrente ; o no analizar adecuadamente determinados agravios .
En este mismo sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia de la Nación en reiteradas ocasiones. En efecto, el más Alto Tribunal sostuvo que “Es descalificable el pronunciamiento que…omitió considerar los serios argumentos expuestos por el recurrente... Ello es así, pues al prescindir la sentencia apelada del examen y decisión de temas oportunamente propuestos, susceptibles de gravitar en el resultado del tema debatido, produjo el desmedro del derecho que consagra al respecto el art. 18 de la Constitución Nacional.”
Sin embargo, el Tribunal contestó solo alguno de los argumentos de la Fiscalía acudiendo a una exposición dogmática y general, apartada de la jurisprudencia actual tanto de la Cámara de Casación como de la Corte federal.
Uno de los puntos sobre los que la Fiscalía se basó para expedirse, fue que la salud del imputado no le impedía cumplir la prisión preventiva en un establecimiento penitenciario, y por consiguiente no se daban razones humanitarias que pudieran motivar la aplicación de la alternativa excepcional de arresto domiciliario para el cumplimiento de la medida cautelar recientemente dispuesta.
El tribunal no analizó seriamente este argumento en relación al caso concreto.
Y de este modo, se aparta de los fundamentos de la normativa y la jurisprudencia que establecen como pauta valorativa ineludible el estado de salud del encartado para fundamentar si es viable una alternativa de tamaña trascendencia —el prisión extramuros—, pues, dado que la edad no es un supuesto de aplicación automática, se debe atender al mismo —como el propio Tribunal afirma— como cartabón para calibrar si la concesión del beneficio efectivamente se nutre de un fundamento humanitario o resulta ser pura voluntad subjetiva de los jueces.
Así ha sido considerado por la jurisprudencia actual de la CNCP “… el otorgamiento de la prisión morigerada es potestativa para el juez, deviene inevitable efectuar una disquisición, la que se conecta con la inteligencia que debe asignarse al art. 32 de la ley penitenciaria. Es que si nos ciñéramos estrictamente a su letra, la norma de cita permitiría al magistrado de que se trate tomar decisiones arbitrarias, modo de conducirse de la jurisdicción que resulta inadmisible en un Estado Democrático de Derecho. Digo ello por lo siguiente, si el precepto bajo estudio comienza con la voz “el juez... podrá disponer el cumplimiento de la pena impuesta en detención domiciliaria” y el inciso “d” de dicha norma establece como única condición para hallarse habilitado a adoptar esa postura la de contar con una edad determinada, conferiría a la jurisdicción un cheque en blanco que sería llenado a su antojo; es decir, el juez, sin sustento jurídico alguno, habría de conceder la prisión domiciliaria a unos acusados, para, sin más, negársela a otros, desoyéndose, de tal modo, la piedra angular de la forma republicana de gobierno, cuál es la necesidad de control a través de los tribunales superiores o de Alzada para evitar los desequilibrios del poder...” .
Este argumento es una grosera falacia. La consagración legislativa de una interpretación en disputa de una ley preexistente, con el fin de superar dilemas privilegiando una de ellas, y otorgar previsibilidad jurídica, amén de los objetivos de política criminal perseguidos, es una práctica por demás conocida. Basta un ejemplo que se nos presenta obvio: la iniciativa de despenalizar el consumo de sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias. Sea cual fuere la suerte que esta iniciativa corra o haya corrido en el Poder Legislativo, no implicará que una u otra de las hermenéuticas que hoy merece la norma que atrapa esa conducta resulte afectada.
Pero si un Tribunal decide otorgar un beneficio como el que estamos analizando a un condenado por sentencia no firme a prisión perpetua, debería fundarlo al menos en constancias médicas concluyentes que prescriban un riesgo concreto y no potencial, el que solo puede ser evaluado mediante los estudios médicos pertinentes y los profesionales específicos de esa materia. Máxime si, según surge de las constancias obrantes en el incidente, aún cuando el imputado presenta serias patologías de base, se encontraba alojado en un establecimiento carcelario que cuenta con todas las condiciones necesarias para atender su cuadro.
Parece una demasía derivar potenciales riesgos de que la unidad carcelaria no cuente con una unidad de cuidados intensivos, cuando se cuenta con los medios para su inmediato traslado a un establecimiento próximo que posee ese recurso.
Contrariamente, de los estudios médicos surge, tal como fue sostenido por la fiscalía, que Pascarelli, pese a la problemática de salud que presenta, se encuentra estable y deambula por sus propios medios sin dificultad. Tal como fue señalado en otras oportunidades en este proceso, muchos de aquellos que acudimos al juicio pudimos comprobar que el nombrado llegaba al lugar conduciendo personalmente su vehículo. Volveremos sobre el deambular de Pascarelli más adelante.
Por otra parte, el cumplimiento de la prisión preventiva en un establecimiento penitenciario no implica de ninguna manera una mortificación innecesaria del condenado, porque no necesariamente conlleva un agravamiento de la salud ni tampoco constituye un desmedro que vaya más allá de las restricciones propias de la detención.
Es cierto que la ley no incluye para el caso de los internos mayores de setenta años la necesidad de evaluar informes médico, psicológico y social. Pero de ningún modo esto implica que el carácter facultativo de la concesión del beneficio se transforme en obligatoria en esa hipótesis. Antes bien, esta forma de arresto, fundada en razones humanitarias, exigen justificar que estas se verifiquen puestas frente a los riesgos que entraña la pérdida de control continuo estatal de un condenado por crímenes de lesa humanidad, tanto e fuga como en la seguridad de terceros.
Es evidente que el estado de inocencia que aún ampara al imputado, se ha resquebrajado seriamente cuando fue condenado a la pena de prisión perpetua, luego de un complejo y largo juicio (circunstancia que, dicho sea de paso, descalifica por completo otro de los argumentos valorados por el Tribunal para la concesión de la detención domiciliaria, esto es el haber gozado ya de este beneficio durante la instrucción, estadio procesal en el cual el estándar de sospecha que pesa sobre el imputado es menor).
En este sentido, es pacífica tanto la jurisprudencia como la doctrina al considerar que una sentencia condenatoria constituye una pauta objetiva que permite presumir que en caso de quedar firme, el imputado intentará sustraerse a la ejecución ; y que “…no es posible equiparar las situaciones procesales de quienes no han obtenido un pronunciamiento jurisdiccional con la de aquellos a cuyo respecto se ha dictado una sentencia condenatoria, aunque la misma no se encuentre firme, sin que ello implique vulneración alguna al principio de igualdad ante la ley (voto de la juez Ledesma)
El concepto está vinculado con los distintos grados de peligro de fuga posibles en las diversas etapas de un proceso, pues “…no es lo mismo analizar un peligro de fuga al conceder una excarcelación luego de una indagatoria –más allá de la penalidad prevista para el delito imputado- que un peligro de fuga analizado luego de una condena de efectivo cumplimiento de gravedad dictada en el debate. En el primer caso, podemos decir, que el imputado se encuentra lejos de una eventual pena…, mientras que luego del debate, cuando se dicta una condena agrave al procesado éste se encontrará en situación diferente, estando ya probada su responsabilidad penal, quedando sólo por delante la actividad impugnativa, con lo cual la “tentación” de fugarse puede ser mayor, dado que se encuentra más próximo al cumplimiento efectivo de una pena de larga duración.”
Pero además, esta fiscalía siguiendo los lineamientos del Procurador ante la Corte Luis González Warcalde en diversos dictámenes, a los cuales la Corte Suprema se remitió parta resolver conforme, sostuvo que en los crímenes que aquí han sido juzgados los riesgos procesales adquieren una dimensión muy específica.
En este punto, el Tribunal desechó que pueda existir la posibilidad de que Pascarelli todavía conserve algún ascendiente sobre las estructuras de poder que le fueron adictas, por cuanto ello no ha sido objetivado ni referenciado por ningún elemento de juicio ni la fiscalía lo ha precisado con algún alcance concreto.
Lo curioso es que el Tribunal sustentó la revocatoria de la libertad de Pascarelli durante la casi totalidad de este proceso sobre la base de esta doctrina, que ahora condiciona con la pretensión de ciertas exigencias.
Hace pocas semanas el Tribunal revocó la excarcelación del imputado en la convicción de que la gravísima condena que estaba dictando eleva de un modo superlativo los riesgos procesales de que el imputado no cumpla con ella.
La situación objetiva era la misma, la edad y el estado de salud eran los mismos; también eran las mismas las constancias y fundamentos sobre los que ahora basó su argumentación para conceder el beneficio. Es más, en el caso del consorte de causa Gamen, frente a un pedido concreto de su defensor, el Tribunal lo rechazó y sostuvo sencillamente que el pedido era prematuro.
Pero, además, tal como lo ha sostenido el Procurador ante la Corte, en este tipo de delitos se teme al poder del hombre, no su capacidad física. Vale computar allí lo que el sujeto puede hacer para que el proceso no culmine; y, como no, también como represalia ¿Quién habrá de controlar sus contactos y las visitas en su casa? Nadie.
Así, la C.S.J.N. en el fallo D. 352. XLV hizo suyos los argumentos vertidos por el Sr. Procurador en la causa “D. B., Ramón Genaro s/ recurso de casación” ya citada, donde consideró: “Digámoslo de una vez: este Ministerio Público no teme a la capacidad física de un anciano para fugarse o entorpecer de manera activa el proceso, sino al ascendiente que todavía conserve sobre las estructuras de poder que le fueron adictas y que, por desgracia, pueden pervivir en el país. No se teme la fuerza, sino el poder de un hombre. En conclusión, creo que el riesgo aludido no puede considerarse superado por las condiciones personales del imputado que la casación valoró para ordenar su libertad; condiciones que, dicho sea de paso, cumplen, por lo general, todos los militares de similar grado sospechados de delitos de lesa humanidad, ya que obraron, justamente al amparo de su propicia situación personal, familiar y social, y bajo este mismo estatus podrían frustrar su proceso. Con lo cual, también desde este punto de vista, esa decisión debería revocarse…”
También consideró en causa “G., Aníbal Alberto s/ causa 8222” que “(…) no se puede desconocer, en favor de esta posición, que, encontrándonos ya bajo el amparo del manto democrático, resulta hasta hoy imposible hallar a una persona desaparecida hace más de dos años en la Provincia de Buenos Aires, testigo de hechos similares a los que aquí se juzgan, o, citando otro ejemplo, que la justicia federal cordobesa ha sufrido intromisiones delictuosas durante el desarrollo de reservadas tareas vinculadas. Ello conlleva a mantener resguardos y no menospreciar las estructuras de poder a las que podría recurrir con mayor facilidad el imputado de recuperar su libertad; estructuras que habrían actuado con total desprecio por la ley y sobrepasado los límites del territorio nacional, como lo ha recordado V.E. en “Arancibia Clavel” integrando una red continental de represión ilegal, cuyos residuos remanentes sería ingenuo ignorar”
Cierto es que esta doctrina se corresponde con la excarcelación de un encausado, y no con las condiciones de cumplimiento de la condena de prisión. Sin embargo es tanto o más aplicable a nuestro caso que a las hipótesis en las cuales se acuñó, ya que en aquéllas el estadio temprano del proceso mantenía el estado de inocencia sin la contundente erosión que ha sufrido por una sentencia condenatoria. Y, por lo demás, si hablamos de eufemismos, la detención domiciliaria, tal como está regulada en nuestra legislación, supedita su eficacia a la sola voluntad del condenado, ya que no puede ser controlada de modo continuo por la fuerza pública, y no recibe otra verificación eficaz permanente que el difuso y azaroso control social.
La arbitrariedad resulta manifiesta en este punto pues lo que correspondía, por el deber de motivación de las resoluciones judiciales, era repeler la regla como tal a nivel teórico con apoyo en una norma de jerarquía superior, o explicar fundadamente porqué esos motivos no eran aplicables al caso, máxime cuando la Fiscalía invocaba para fundar su postura el fallo “Díaz Bessone” de un Tribunal superior, argumentando riesgos procesales concretos presentes en los procesos de esta naturaleza, como ya citáramos.
También en consideración a las circunstancias que deben evaluarse al decretar la prisión preventiva de un acusado por este tipo de crímenes la CNCP sostuvo: “En síntesis, se renueva en esta cuestión el dilema entre el respeto a la dignidad de la persona humana y el ejercicio de sus derechos, a lo que se suma en la detención preventiva su estado de inocencia y la atención de requerimientos que emergen de la obligación de investigar los delitos y, con mayor énfasis, aquéllos categorizados como de lesa humanidad, para garantizar al conjunto de la población el mismo reconocimiento de la dignidad de la persona y el goce de sus derechos que, como lo anticipara, debe asegurarse al imputado. Dilema que encuentra solución o, cuanto menos una salida equilibrada, en una detallada consideración de las condiciones personales del imputado, de las conductas que se le atribuyen, del grado de desarrollo de la investigación y/o del proceso para establecer su eventual responsabilidad penal…”
Como puede observarse al momento de analizarse la conveniencia de otorgar una alternativa para el cumplimiento de la una medida cautelar como la prisión preventiva, sin duda se impone la obligación de considerar las necesidades humanitarias del detenido sopesado equilibradamente frente al interés de la sociedad en la seguridad pública, la prevención del delito, y la necesidad de afianzar la justicia, lo cual exige un marco de certidumbre jurídica: quien comete un delito cumplirá su castigo en un establecimiento penitenciario, lo que constituye la regla general, a menos que imperativos muy excepcionales —ausentes en nuestro caso— aconsejen lo contrario.
Es que, nuestro sistema de la detención domiciliaria debe evaluarse con extrema cautela, ya que, como lo anticipara, es un sistema —evidentemente defectuoso— que impide controlar eficazmente su cumplimiento, porque ningún policía puede pararse en la puerta del domicilio, precisamente porque fue pensado para personas que no tienen ni capacidad de desplazamiento, ni de ejecutar, por sí, actos peligrosos. Esta postura aproxima nuevamente la edad de setenta años a la enfermedad terminal, aunque desde la reforma de la ley de aplicación sean claramente dos hipótesis diferenciadas.
Por más que el Tribunal haya pretendido dar algún viso más de seriedad a este control, lo cierto es que las inconsistencias y problemas que presenta este instituto en el caso de imputados en la situación concreta de Pascarelli, —es decir un hombre de edad avanzada con problemas de salud propios de cualquier hombre en edad avanzada, pero que con medicación y control, se encuentran absolutamente estabilizados y sin riesgos excepcionales— han quedado evidenciados en el presente caso, a menos de un mes de haber sido concedido el beneficio.
De las constancias obrantes hasta el momento, nada indica que haya sido implementado mecanismo alguno de vigilancia electrónica.
Y lo que es aún más grave, es que según se desprende del acta obrante a fs. 123, el imputado habría quebrantado la obligación impuesta al momento de ordenarse su traslado del Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz a su domicilio.
De esa constancia de un secretario del Tribunal, Eduardo Héctor Mendez, fechada el 27 de agosto pasado, surge que el funcionario se presentó sorpresivamente en el domicilio de Pascarelli, y que éste refirió ante las indicaciones del secretario acerca de la prohibición de salir de su domicilio, salvo motivos médicos y siempre con el conocimiento pleno del Tribunal, que había concurrido al Hospital Militar los días 25 y 26 de agosto sin aviso previo —ni autorización—, ni siquiera dar noticia inmediatamente posterior al Tribunal.
En el mismo incidente obra a fs. 122 un papel en el que hay anotados siete turnos para que concurriera a realizar diversas consultas médicas, las que comenzaban el 1° de septiembre.
Esta irregularidad dará lugar al pedido correspondiente por esta parte en otra presentación.
Y éste también ha sido el criterio del Sr. Procurador Fiscal González Warcalde al dictaminar en la causa “G., Aníbal Alberto s/ causa 8222” en la cual consideró que “A ello cabría agregar que en casos como el sub examine, en los que se imputan al acusado varios delitos calificados como de “lesa humanidad”, se encuentra comprometida la responsabilidad internacional del Estado argentino, que debe garantizar el juzgamiento de todos los hechos de esas características, de acuerdo con el derecho internacional vinculante para nuestro país (Fallos: 328:2056; 330:3248). Y dado que lo decidido por la Cámara de Casación autoriza la libertad del imputado, con la consiguiente posibilidad de que se sustraiga a la acción de la justicia, pone inmediatamente en riesgo aquellos compromisos de la Nación y, por lo mismo, configura un caso de gravedad institucional (Fallos: 317:1690, voto del ministro Petracchi).” A estos argumentos se remitió nuestro máximo tribunal en pleno.
Al respecto, la fiscalía sostuvo este punto como una pauta más a evaluar a fin de dimensionar de modo correcto el tipo de crímenes cometidos y nada dijo el tribunal al respeto, sino que simplemente omitió dar el tratamiento adecuado a la cuestión planteada. Ya dijimos que a nuestro criterio el sustrato fáctico de aquel dictamen es sustancialmente parificable al que nos ocupa.
Tal como ha sido citado en números fallos de la Cámara Nacional de Casación Penal la llamada prisión domiciliaria, implica un temperamento menos intenso de la privación de la libertad (tanto procesal como penal), fundado en la posibilidad de grave daño que podría experimentar el sujeto por causa del encarcelamiento (Jorge A. Clariá Olmedo, Tratado de Derecho Procesal Penal, Tomo V, Ed. Ediar, págs. 240 y 241).”
De este modo, el cumplimiento de la condena es la regla y en ciertos casos esa regla cederá, pero los motivos por los que debe conceder una morigeración deben ser evaluados con extrema cautela y con fundamentos en estrictas razones humanitarias.
Por todos los motivos expresados, cabe concluir que la resolución deviene arbitraria, pues soslaya aspectos acreditados en el incidente con impacto dirimente en su resolución, a la luz de los criterios considerados esenciales por la doctrina y jurisprudencia para evaluar la procedencia o no de la pretensión articulada.
El Tribunal no explica cómo fue su razonamiento para sopesar el derecho a la salud del cual se priva al imputado, o la mortificación innecesaria a la que se vería sometido Pascarelli por estar en prisión preventiva en el establecimiento penitenciario en el que estaba alojado. Tampoco se valoró en qué aspectos concretos se afectaría su integridad física, su salud o en definitiva su dignidad.
Para ello debió evaluarse con sustento fáctico su estado de salud actual, la gravedad y naturaleza de los hechos objeto del proceso; los riesgos procesales con las dimensiones asignadas por nuestro máximo tribunal; las circunstancias personales del imputado, y en definitiva todos los demás criterios que pudieran racionalmente ser de utilidad para tal fin.
Desde este punto de vista no basta, para que una decisión sea un acto jurídico valido, enunciar fundamentos generales o dogmáticos, que de ser aplicados razonablemente al caso concreto sin duda llevarían a la solución en las antípodas.
En tal sentido, la Corte ha sostenido en numerosos precedentes que una resolución que incurre en arbitrariedad afecta tales garantías que corresponden no sólo al imputado sino también a la querella en tanto parte de proceso y, en consecuencia, integran la “legalidad” del proceso que este Ministerio Público está llamado a controlar por mandato constitucional (art. 120 CN).
La C.S.J.N. ha afirmado que “con la doctrina de la arbitrariedad se tiende a resguardar la garantía de la defensa en juicio y el debido proceso, exigiendo que las sentencias sean fundadas y constituyan una derivación razonada del derecho vigente con aplicación a las circunstancias comprobadas de la causa”
Por su parte, en cuanto a la garantía del debido proceso, desde el año 1967 viene diciendo la Corte que “todo aquel a quien la ley reconoce personería para actuar en juicio en defensa de sus derechos está amparado por la garantía del debido proceso legal consagrada en el art. 18 de la Constitución Nacional, sea que actúe como acusador o acusado, como demandante o demandado; ya que en todo caso media interés institucional en reparar el agravio si este existe y tiene fundamento en la Constitución. (…) la Carta Fundamental garantiza a todos los litigantes por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma, cualquiera sea la naturaleza del procedimiento –civil o criminal- de que se trate”
3) Se hace reserva el caso federal (arts. 14 y 15 de la ley n° 48) en función de los principios y garantías comprometidas (arts. 18, 28, 31 y 120 de la C.N.).
Fiscalía, 16 de septiembre de 2011.
Publicado por el escandidor en 11:16