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Timestamp: 2019-04-21 20:07:14
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Matched Legal Cases: ['artículo 675', 'artículo 675', 'artículo 767', 'artículo 767', 'artículo 3', 'artículo 767', 'artículo 767', 'artículo 2317', 'artículo 767', 'artículo 767', 'artículo 739', 'artículo 767']

BOE.es - Documento BOE-A-2019-4393
Documento BOE-A-2019-4393
«BOE» núm. 73, de 26 de marzo de 2019, páginas 30742 a 30752 (11 págs.)
BOE-A-2019-4393
Mediante escritura autorizada por la notaria de Jerez de la Frontera, doña María Esther Vallejo Vega, el día 18 de septiembre de 2018, con el número 1.479 bis de protocolo, se formalizó la aceptación, partición y adjudicación de herencia de don M. R. G., fallecido el día 17 de febrero de 2018, bajo testamento otorgado el día 27 de julio de 1995.
En dicho testamento se disponía lo siguiente: «Primera.–Sin perjuicio de la legítima de su madre si le sobrevive instituye heredera universal de todos sus bienes a su esposa doña M. C. C.F. Segunda.–En el supuesto de que tengan hijos de su matrimonio les instituye herederos universales legando en tal caso a su esposa el usufructo universal y vitalicio de su herencia, con relevación de inventario y fianza, con facultades de tomar por sí mismo posesión de su legado y ordenado por vía de partición que las legítimas de sus hijos se satisfagan en adjudicaciones en nuda propiedad en cuanto sea necesario para la integridad del usufructo universal legado a su esposa».
Y en la referida escritura se expresaba lo siguiente: «Dicho testamento fue otorgado constante el matrimonio del causante e instituyendo heredera universal a su esposa doña M. C. C. F., si bien dicha institución, ordenada a favor de «su esposa» ha quedado sin efecto como consecuencia del divorcio posterior y disolución del vínculo conyugal del causante y de doña M. C. C. F. Como consecuencia de ello, procede la apertura de la sucesión intestada del causante, lo cual se ha llevado a cabo mediante Acta de Notoriedad de Declaración de Herederos Abintestato, autorizada (…) el día 7 de agosto de 2018 y bajo número 1.427 de protocolo, en cuya virtud se han declarado herederos del causante a sus tres hermanos aquí comparecientes». La escritura fue otorgada únicamente por estos tres herederos.
Presentada copia autorizada de la referida escritura, junto con el acta de declaración de herederos abintestato reseñada, en el Registro de la Propiedad de Jerez de la Frontera número 1, fue objeto de la siguiente nota de calificación:
G. J., J. L. presentó en el Registro de la Propiedad de Jerez de la Frontera N.º 1, provincia de Cádiz, escritura de herencia autorizada por la Notaria de esta Ciudad doña María Esther Vallejo Vega el día 18/09/2018 con el número 1479/2018 de su protocolo.
En virtud de lo anterior se efectuó dicha presentación el día 23/10/2018 bajo el asiento de presentación número 1886 del Diario de Operaciones número 154 del mencionado Registro.
Por tanto, no puede inscribirse la partición hereditaria otorgada en virtud de un título sucesorio –acta de notoriedad– que, dada las circunstancias, carece de efecto alguno, al existir un título sucesorio testamentario que, en los términos expresados, produce todos sus efectos mientras no se declare judicialmente su ineficacia.
Este documento ha sido firmado con firma electrónica cualificada por Oscar Eimil Trasancos registrador/a de Registro Propiedad de Jerez de la Frontera 1 a día treinta de Octubre del año dos mil dieciocho.»
Contra la anterior nota de calificación, doña María Esther Vallejo Vega, notaria de Jerez de la Frontera, interpuso recurso el día 30 de noviembre de 2018 mediante escrito con los siguientes fundamentos jurídicos:
a) El testamento se otorga tras el matrimonio, que sin duda aconseja una solución diferente en relación a aquellos testamentos que se otorgan con anterioridad al matrimonio.
b) El empleo del término “esposa” en la propia institución de heredera, de manera que no sólo se menciona a la esposa instituida en los antecedentes del documento testamentario, sino que se menciona en la propia institución.
c) Aun cuando se trata de indagar la voluntad real del testador en el momento de hacer testamento, dicha interpretación se produce, necesariamente, una vez fallecido el mismo y no antes.
d) La propia literalidad a la que el artículo 675 del Código Civil otorga prioridad, aconseja interpretar el término “esposa” que emplea la cláusula Primera del testamento en unión con la cláusula Segunda, que dispone, para el caso de que los cónyuges tuvieran hijos constante su matrimonio, la llamada “cautela socini”, reconociéndose en favor de la esposa un usufructo universal al que sólo en caso de fallecer bajo matrimonio tendría derecho. Es decir, de la redacción completa y sistemática del testamento se desprende claramente que las disposiciones contenidas en el mismo tenían como presupuesto básico e ineluctable la vigencia del matrimonio.
e) La propia cronología de los hechos corrobora esta interpretación, puesto que el testamento se otorgó el día 27 de julio de 1995 y, tras una separación previa (año 1999), se tramitó y decretó el divorcio (sentencia de 22 de enero de 2004). Además, el inmueble objeto de la herencia del causante era privativo del mismo, puesto que fue adquirido antes del matrimonio, lo que dota a la interpretación que se defiende de un matiz revelador y claramente diferenciador de este supuesto de aquél en que, por ser el inmueble ganancial, pudiera considerarse que la voluntad del causante fuera que su esposa deviniera única propietaria del mismo.
Una vez expuestos los criterios hermenéuticos anteriores y las circunstancias del caso concreto, puede abordarse en profundidad la cuestión planteada en el Fundamento Primero anterior, en el sentido de que, teniendo en cuenta tales criterios así como las circunstancias concurrentes en este supuesto también expresadas, es evidente que la institución de heredera se encontraba condicionada a que la instituida fuera la esposa del causante al abrirse la sucesión, de modo que debe entenderse que cuando se produjo el divorcio la institución quedó sin causa e ineficaz. Es decir, dado que en el momento del fallecimiento del testador se ha producido un cambio de circunstancias que provoca la desaparición del motivo determinante por el que el testador formalizó su disposición testamentaria, la misma queda ineficaz. Conforme al artículo 675 del Código Civil, la regla esencial en materia de interpretación testamentaria es la averiguación de la voluntad real del testador. Por ello, la literalidad del artículo 767.1 del Código Civil, que se refiere a la “expresión” del motivo de la institución, no impide que sea posible deducir el motivo de la disposición y su carácter determinante con apoyo en el tenor del testamento, en particular por la identificación del favorecido por cierta cualidad, como la de esposa del testador. Así ha sucedido en el presente caso, en el que el empleo del término “esposa” para referirse a la instituida no puede ser entendido como una mera descripción de la relación matrimonial existente en el momento de otorgar el testamento, ni como mera identificación de la instituida, sino que la mención del término “esposa” revela el motivo por el que el testador nombraba a la misma. Producido el divorcio después del otorgamiento del testamento, la institución de heredera quedó privada de la razón por la que se otorgó y, en consecuencia, no puede ser eficaz en el momento en que se produce la apertura de la sucesión.
Sobre esta cuestión, la Dirección General de los Registros y del Notariado ha rechazado que, en el ámbito notarial y registra', quepa presumir la voluntad de revocar la disposición testamentaria efectuada a favor del cónyuge que se divorcia del testador (en virtud de las Resoluciones que el Sr. Registrador cita en su calificación, de 26 de noviembre de 1998 y de 26 de febrero de 2003), remitiendo la cuestión de la apreciación de la posible voluntad del testador en tal sentido al ámbito judicial.
1. El argumento antes expresado de la causa falsa con apoyo en el artículo 767 del Código Civil ha sido reconocido en diversos pronunciamientos judiciales. Así, por ejemplo, la sentencia de la Audiencia Provincial de Granada 796/2010, de 11 de junio de 2010 acude a una interpretación de la voluntad hipotética del testador en los mismos términos expuestos y que por dicho motivo no reproduzco. A dicho argumento, la sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga 3871/1999, de 13 de diciembre de 199, añade que “mediante una interpretación integradora y tomando en consideración el artículo 3 del Código Civil en cuanto a la realidad social, el común de los testadores entendería que se instituye heredera a la esposa en tanto en cuanto es su esposa y esta disposición debe entenderse motivada por la consideración a que precisamente es su esposa; si el testador hubiera previsto que no lo sería no hubiera determinado dicha disposición, padeciendo en consecuencia, de causa falsa de la institución de heredero regulada por nuestro Código Civil en su artículo 767, la disposición cuestionada en la presente litis y en este sentido debe declararse ineficaz”.
2. Existen igualmente pronunciamientos judiciales que se expresan en el sentido opuesto, si bien lo hacen en función de alguna otra circunstancia reveladora de la voluntad del testador, como sucede en el caso de la reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid 3649/2017, de 9 de marzo de 2017, que apreció la relevancia de que el testador designara a su esposa como beneficiaria de un seguro de vida contratado después de su separación matrimonial.
3. En el ámbito de los ordenamientos civiles especiales, y a excepción de Baleares, se recoge expresamente la ineficacia sobrevenida de la disposición testamentaria a favor del cónyuge en caso de crisis matrimonial; salvo que del testamento resulte otra cosa. En este mismo sentido, la Resolución de la Dirección General de Cataluña aclara que, en tales casos, la disposición a favor del cónyuge adolecería de ineficacia sobrevenida y su validez debería ser alegada y probada por el cónyuge en sede judicial.
4. En el caso concreto que nos ocupa, la finca del causante era privativa del mismo, el testamento anterior a la declaración del divorcio y, tras el divorcio, las relaciones entre el causante y su esposa inexistentes, hasta el punto de que los hermanos del causante desconocen si la esposa vive o no, y en caso afirmativo si tiene conocimiento del fallecimiento del causante, no existiendo ningún indicio que revele que se hayan mantenido o reanudado de alguna manera las relaciones entre un matrimonio divorciado, del cual, además, no quedó descendencia.
“... A diferencia de lo que sucede en otros derechos, no existe en el Código civil una regla de interpretación de la voluntad hipotética del testador medio por la que, basándose en máximas de experiencia, el legislador dé por supuesto que la disposición a favor del cónyuge o su pareja se hace en calidad de tal y mientras lo sea. Sin embargo, de acuerdo con la opinión dominante de la doctrina, esta sala considera que, ante la ausencia de una norma de integración que contemple un caso concreto de imprevisión, debe aplicarse el art. 767.1 CC, dada la identidad de razón existente entre los denominados casos de imprevisión y el supuesto a que se refiere este precepto, Por ello, cuando en el momento del fallecimiento del testador se haya producido un cambio de circunstancias que dé lugar a la desaparición del motivo determinante por el que el testador hizo una disposición testamentaria, la misma será ineficaz. Conforme al art. 675 CC, la regla esencial en materia de interpretación testamentaria es la averiguación de la voluntad real del testador. Por ello, la literalidad del art. 767.1 CC, que se refiere a la ‘expresión’ del motivo de la institución o del nombramiento de legatario, no impide que sea posible deducir el motivo de la disposición y su carácter determinante con apoyo en el tenor del testamento, en particular por la identificación del favorecido por cierta cualidad, como la de esposo o pareja del testador.”
Por tanto, el Tribunal Supremo, ante la falta de una regla en el Código Civil que aborde directamente las consecuencias de un divorcio posterior entre testador y beneficiado por la disposición testamentaria, encuadra el caso en el ámbito del artículo 767 del Código Civil. Sin embargo, esta norma establece como regla general que la causa falsa no produce el efecto de ineficacia de la disposición testamentaria, salvo que “del testamento resulte que el testador no habría hecho tal institución o legado si hubiese conocido la falsedad de la causa”. Y llevado esto al caso del divorcio, el Tribunal Supremo concluye que la expresión en el testamento de que la institución o disposición testamentaria se hace a favor del esposo de la testadora, permite concluir que su voluntad hubiera sido la de que la disposición fuera ineficaz en caso de divorcio posterior, aunque ello no le llevara a la revocación expresa del testamento,
“... Esto es lo que ha sucedido en el presente caso en el que, tras contraer matrimonio, la causante otorgó testamento en el que instituyó heredero ‘a su esposo D. Esteban’. El empleo del término ‘esposo’ para referirse al instituido no puede ser entendido como una mera descripción de la relación matrimonial existente en el momento de otorgar el testamento, ni como mera identificación del instituido, a quien ya se identificaba con su nombre y apellidos. La mención del término ‘esposo’ revela el motivo por el que la testadora nombraba a Esteban como su heredero, sin que haya razón para pensar que, de no ser su esposo, la testadora lo hubiera instituido heredero. Producido el divorcio después del otorgamiento del testamento, la institución de heredero quedó privada de la razón por la que se otorgó y; en consecuencia; no puede ser eficaz en el momento en el que se produce la apertura de la sucesión.''
La identidad completa entre el supuesto contemplado por el Tribunal Supremo y el que nos ocupa en el presente caso resulta evidente de la transcripción del párrafo anterior, que he incluido por este motivo. Considero, como viene manteniendo la DGRN, que cada cuestión deberá resolverse en función de las circunstancias del caso concreto, si bien sería conveniente clarificar dicha doctrina en aquellos supuestos en que los elementos de hecho sean totalmente equivalentes a los resueltos por la sentencia, configurándose una revocación presunta y una ineficacia que podría calificarse de ''ex lege'' (como sucede en los ordenamientos civiles especiales). Es decir, y así lo está apuntando el Tribunal Supremo, la ineficacia de la disposición testamentaria opera de forma automática al producirse la crisis matrimonial (salvo que del contexto del testamento resulte que el testador la habría ordenado incluso en caso de crisis matrimonial), ya que no se trata de valorar una conducta, sino de apreciar la producción de un hecho o circunstancia fáctica, y correspondiendo al Notario autorizante la indagación de la voluntad real de los otorgantes es ineludible para el Notario reconocer la ineficacia de la disposición testamentaria, que, en el presente caso, deja sin sentido al testamento otorgado y determina la apertura de la sucesión intestada.
Como dice el Sr. Registrador, “no está previsto en nuestro ordenamiento jurídico, como efecto de la separación o el divorcio de los cónyuges, a diferencia de lo que ocurre con la representación voluntaria, la revocación por ministerio de la ley de las disposiciones testamentarias efectuadas por uno de ellos a favor del otro”. No obstante y precisamente para solventar los problemas que de ello se derivan, unificando la solución con otros ordenamientos españoles, es precisamente por lo que el Tribunal Supremo ha admitido la ineficacia sobrevenida del testamento bajo los supuestos del presente caso, sin necesidad de revocación expresa, como a continuación, el Sr. Registrador señala en su calificación. Si se admite la revocación ex lege de la representación voluntaria por la separación y el divorcio, con mayor razón debe llegarse a la misma conclusión tratándose de una disposición como el testamento que, al igual que un apoderamiento, se sustenta en una relación de confianza (y en el caso del testamento incluso de cariño), al menos cuando concurran las circunstancias que se dan en el caso resuelto por el Tribunal Supremo, que son idénticas a las que aparecen en el presente caso, Es más, a ello debe añadirse que, en el caso que nos ocupa, a una previa separación legal sucedió una declaración de divorcio con ruptura de vínculo entre cónyuges que no han tenido descendencia, que no han mantenido ni reanudado, ni siquiera de forma aislada, ningún tipo de relación, y que otorgaron sus testamentos bajo la idea y presupuesto de la existencia de su vínculo conyugal (así resulta claramente del empleo del término “esposa” en la institución y de la ordenación de la “cautela socini” dispuesta en la cláusula Segunda para el caso de que tuvieren descendencia con posterioridad al testamento).
Por tanto, entiendo inscribible la partición hereditaria formalizada mediante la escritura por mí autorizada, puesto que, dada la ineficacia de la disposición testamentaria (idéntica a la resuelta por el Tribunal Supremo), procedía dotar a dicha partición de un título sucesorio, como se ha hecho a través de la declaración de herederos intestados del causante.»
El registrador de la propiedad informó mediante escrito de fecha 12 de diciembre de 2018 y elevó el expediente a esta Dirección General.
Vistos los artículos 24 de la Constitución; 9, 14, 102, 106, 658, 675, 715, 738, 739, 743, 767, 773, 786, 792, 793 y 1284 del Código Civil; 422-13 de la Ley 10/2008, de 10 de julio, del libro cuarto del Código Civil de Cataluña, relativo a las sucesiones; 208 de la Ley 2/2006, de 14 de junio, de derecho civil de Galicia; 438 del texto refundido de las Leyes civiles aragonesas, aprobado, con el título de «Código del Derecho Foral de Aragón», por el Decreto Legislativo 1/2011, de 22 de marzo, del Gobierno de Aragón; 201 de la Compilación de Derecho civil Foral de Navarra; 28.3 de la Ley 5/2015, de 25 de junio, de Derecho Civil Vasco; las Sentencias del Tribunal Supremo de 30 de abril de 1920, 10 de febrero de 1942, 14 de marzo de 1964, 5 de marzo y 3 de abril de 1965, 12 de febrero de 1966, 2 de julio de 1977, 29 de enero de 1985, 6 de abril de 1992, 29 de diciembre de 1997 y 23 de junio de 1998, 24 de mayo de 2002, 14 de octubre de 2009, 25 de noviembre de 2014 y 28 de septiembre de 2018, y las Resoluciones de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 5 de diciembre de 1945, 26 de noviembre de 1998, 13 de septiembre de 2001, 26 de febrero de 2003, 12 de noviembre de 2011, 12 de junio de 2012, 21 de noviembre de 2014, 12 y 16 de noviembre de 2015 y 2 de agosto y 5 de octubre de 2018.
1. Mediante el presente recurso se pretende la inscripción de una escritura de aceptación, partición y adjudicación de herencia con las siguientes circunstancias relevantes:
En el testamento que sirve de base a las adjudicaciones el causante «instituye heredera universal de todos sus bienes a su esposa doña M. C. C. F. (…)». Y se expresa que «dicha institución, ordenada a favor de “su esposa” ha quedado sin efecto como consecuencia del divorcio posterior y disolución del vínculo conyugal (…). Como consecuencia de ello, procede la apertura de la sucesión intestada del causante, lo cual se ha llevado a cabo mediante acta de notoriedad de declaración de herederos abintestato, autorizada (…) el día 7 de agosto de 2018 y bajo número 1.427 de protocolo, en cuya virtud se han declarado herederos del causante a sus tres hermanos aquí comparecientes». La escritura fue otorgada únicamente por estos tres herederos.
«No está previsto en nuestro ordenamiento jurídico, como efecto de la separación o el divorcio de los cónyuges, a diferencia de lo que ocurre con la representación voluntaria, la revocación por ministerio de la ley de las disposiciones testamentarias efectuadas por uno de ellos a favor del otro.
Por tanto, no puede inscribirse la partición hereditaria otorgada en virtud de un título sucesorio –acta de notoriedad– que, dada las circunstancias, carece de efecto alguno, al existir un título sucesorio testamentario que, en los términos expresados, produce todos sus efectos mientras no se declare judicialmente su ineficacia.»
2. La cuestión debatida ha sido resuelta por esta Dirección General (Resoluciones de 26 de noviembre de 1998 y de 26 de febrero de 2003) con una doctrina que debe ser mantenida.
Como puso de relieve la primera de esas resoluciones, la revocación de los testamentos abiertos, en Derecho común, no puede tener lugar, sino a través del otorgamiento de un nuevo testamento válido. No se produce la revocación de los testamentos mediante actos o negocios jurídicos que no adopten las formas testamentarias, ni en virtud de causas no previstas legalmente (cfr. artículos 738, 739 y 743 del Código Civil). Debe resaltarse, a este respecto, que no está previsto como efecto de la separación o divorcio de los cónyuges –o de la nulidad del matrimonio– la revocación o ineficacia, «ministerio legis», de las disposiciones testamentarias efectuadas por uno de ellos en favor del otro (a diferencia de lo establecido respecto de los poderes y consentimientos en los artículos 102 y 106 del Código Civil). Y es que falta una norma como la de la mayoría de las legislaciones forales, que para tales casos establecen –normalmente, como presunción «iuris tantum»– la ineficacia de la disposición testamentaria en favor del cónyuge (cfr. artículos 422-13 de la Ley 10/2008, de 10 de julio, del libro cuarto del Código Civil de Cataluña, relativo a las sucesiones; 208 de la Ley 2/2006, de 14 de junio, de derecho civil de Galicia; 438 del texto refundido de las Leyes civiles aragonesas, aprobado, con el título de «Código del Derecho Foral de Aragón», por el Decreto Legislativo 1/2011, de 22 de marzo, del Gobierno de Aragón; 201 de la Compilación de Derecho civil Foral de Navarra, y 28.3 de la Ley 5/2015, de 25 de junio, de Derecho Civil Vasco). También se previene expresamente la ineficacia sobrevenida de las disposiciones testamentarias en favor del cónyuge en caso de crisis matrimonial en ordenamientos extranjeros como el alemán (parágrafo 2077 del B.G.B.), portugués (artículo 2317.d del Código Civil) o el inglés (sección 18.A de la «Will Act»).
Por otra parte, en el presente caso no puede apreciarse que en la institución hereditaria debatida concurra una causa falsa –en el sentido de erróneo motivo de la disposición que determine su ineficacia–, conforme al artículo 767 del Código Civil.
Este precepto acogió la regla tradicional, procedente del Derecho Romano, de que la expresión testamentaria de una causa falsa de la institución hereditaria se tiene por no escrita y no afecta a la validez de aquélla («falsa causa non nocet»). Este criterio pasó al Código Civil a través de las Partidas («falsa o mintrosa razón diziendo el testador, quando ficiesse la manda, non le empece nin se embarga por ella»; Sexta Partida, Tít. IX, Ley XX), y ha sido corroborado por la doctrina del Tribunal Supremo (cfr. las Sentencia de 30 de abril de 1920, 10 de febrero de 1942, 14 de marzo de 1964, 5 de marzo de 1965 y 2 de julio de 1977, entre otras).
Así, debe tenerse en cuenta: a) que del hecho de que la disposición testamentaria ahora cuestionada se refiera a la «esposa» y añada su nombre y apellidos no puede concluirse que haya una clara expresión del motivo de la institución, pues bien pudiera interpretarse como un elemento más de identificación de la persona favorecida, por lo que no sería aplicable la norma del artículo 767 del Código Civil. Pero, además, si se aplicara dicho precepto, necesariamente debería llevar a concluir que aun entendiendo que esa forma de disposición comporta la expresión del motivo de la institución de heredera y ese motivo deviene posteriormente erróneo, debería considerarse dicha expresión como no escrita y, por ende, probarse que del propio testamento resulta que el testador no la habría ordenado si hubiese conocido dicho error. En definitiva, a falta de una norma que –como las antes referidas de las legislaciones forales y comparadas– establezca la presunción de ineficacia de la disposición en favor del ex cónyuge, debe probarse que el testador no habría otorgado la disposición de haber podido conocer la disolución del matrimonio por divorcio (cfr., respecto de la filiación, las Sentencias del Tribunal Supremo de 10 de febrero de 1942 y 14 de marzo de 1964); b) que, en congruencia con la naturaleza del testamento como acto formal y completo una vez otorgado, ha de ser determinante la voluntad pretérita del testador, su voluntad en el momento de otorgar la disposición, por lo que la simple alteración sobrevenida de circunstancias tiene su adecuado tratamiento en la revocabilidad esencial del testamento (cfr. artículo 739 del Código Civil) y en la posibilidad de otorgamiento de una nueva disposición testamentaria, y c) que, no obstante, a la hora de interpretar la verdadera voluntad del testador no debe descartarse que ésta presupusiera, para la validez de la institución, la persistencia de una situación –la relación matrimonial entre la favorecida y el testador hasta el fallecimiento de éste– que después queda interrumpida, y esa voluntad debe prevalecer de conformidad con el criterio interpretativo en sede de testamentos recogido en los artículos 675 y 767 del Código Civil, sin que constituya óbice alguno la referencia que tales preceptos hacen al propio testamento como base de la interpretación, porque, según la reiterada doctrina del Tribunal Supremo, dicha interpretación ha de hacerse con un criterio subjetivista, pues aunque tenga un punto de partida basado en las declaraciones contenidas en el documento testamentario, su finalidad primordial es la de investigar la voluntad real del testador, tratando de armonizar en lo posible las distintas cláusulas de aquél, e incluso haciendo uso, con las debidas precauciones, de los llamados medios de prueba extrínsecos, o circunstancias exteriores o finalistas a la disposición de última voluntad que se interpreta (cfr. las Sentencias de 3 de abril de 1965, 12 de febrero de 1966, 29 de enero de 1985, 6 de abril de 1992, 29 de diciembre de 1997, 23 de junio de 1998, 24 de mayo de 2002, 14 de octubre de 2009 y 25 de noviembre de 2014, entre otras citadas en ellas). Al apreciar la eficacia o ineficacia de la disposición nada impide que de la interpretación de la real «voluntas testatoris» del momento en que otorgó el testamento pueda concluirse, con los medios hermenéuticos mencionados, que el «de cuius» no habría hecho la institución de haber sabido que el vínculo conyugal con la instituida no subsistiría y que eso quería expresar al mencionar en la disposición la condición de esposa de la beneficiaria (algo que no cabe presumir, máxime si se tiene en cuenta que, en la práctica, es habitual designar como favorecido al cónyuge precisamente haciendo referencia a esta cualidad y no por la mera transcripción de sus nombre y apellidos, pero sin que se condicione expresamente la disposición a aquella cualidad), si bien tal hipótesis sólo puede ser apreciada judicialmente, en procedimiento contradictorio, con una fase probatoria que no cabe en el ámbito del recurso contra la calificación registral –ni en las actuaciones notarial y registral–, debiendo prevalecer mientras tanto la interpretación favorable a la eficacia de la institución, en congruencia con el principio de conservación de las disposiciones de última voluntad que late en diversas normas del Código Civil (cfr., por ejemplo, el propio artículo 767, y los artículos 715, 743, 773, 786, 792, 793, y «ex analogía», 1284).