Source: https://www.dimensis.com/num-109-el-software-cuestiones-acerca-de-su-patentabilidad-ii
Timestamp: 2019-11-17 00:04:20
Document Index: 178342302

Matched Legal Cases: ['artículo 95', 'artículo 96', 'artículo 97', 'artículo 98', 'artículo 99', 'artículo 99', 'artículo 99', 'artículo 100', 'artículo 197']

El programa de ordenador puede considerarse, en primer término, fruto de la creación y el ingenio humano. Cumple por tanto el primero de los requisitos para ser considerado obra susceptible de protección mediante la Ley de Propiedad Intelectual.
En cuanto a la originalidad de los programas de ordenador, ha de tenerse en cuenta que éstos suelen ser desarrollados teniendo como base aplicaciones ya conocidas, sobre las cuales se introducen innovaciones y mejoras Así pues, una vez convenientemente rebajado el requisito de originalidad, podemos considerar el software como una creación original fruto del ingenio humano, es decir, una obra susceptible de protección.
La calificación de los programas de ordenador como obra literaria hace necesario examinar más profundamente la naturaleza de los mismos, en orden a su adaptación a ésta categoría de obra. El programa de ordenador, creado esencialmente para transmitir órdenes e indicaciones a una máquina, puede ser expresado por medio de signos inteligibles por el ser humano (así, el código fuente -una serie de indicaciones expresadas en un lenguaje informático comprensible por los técnicos- frente al código máquina -exteriorizado mediante un código binario, únicamente descifrable por el ordenador-). La expresión del código fuente en lenguajes como BASIC, PROLOG, etc., posibilita su interpretación por los usuarios, y, al mismo tiempo, posibilita su asimilación a la obra literaria.
En cuanto a la regulación específica que nuestra ley concede a los programas de ordenador, ésta se recoge, como ya se ha visto, en el Título VII del Libro I del TRLPI, en los artículos 95 a 104.
En el primer artículo de este título, el artículo 95, el legislador establece un régimen singular para los programas de ordenador, en el sentido de que los sustrae al régimen general aplicable a las obras protegibles, estableciendo que “(...) el derecho de autor sobre los programas de ordenador se regirá por los preceptos del presente Título y, en lo que no esté específicamente previsto en el mismo, por las disposiciones que resulten aplicables de la presente ley”. Ello quiere decir que únicamente se aplicarán a los programas de ordenador aquellas disposiciones del TRLPI que resulten adecuadas a su naturaleza, distanciándolos del resto de obras protegidas.
Nuestra ley define el programa de ordenador en el artículo 96 del TRLPI, como “(...)toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión o fijación”.
La protección otorgada al programa de ordenador así considerado se extiende a toda la documentación preparatoria así como a la documentación técnica y los manuales de uso, protegiéndose igualmente las versiones sucesivas del mismo. En este precepto queda clara la conciencia del legislador de la naturaleza principalmente utilitaria de los programas de ordenador, con la inclusión no sólo de la documentación preparatoria (en su mayor parte fórmulas matemáticas), la documentación técnica y los manuales de uso sino también de las versiones sucesivas del mismo. Se pretende proteger la creación del desarrollador de software en toda su amplitud pues al proteger también las versiones sucesivas se está asegurando la innovación tecnológica y el perfeccionamiento técnico.
Puede ser titular de los derechos de autor sobre el software tanto una persona física como una persona jurídica (artículo 97 TRLPI). Dada la naturaleza de los programas de ordenador y el desarrollo de la industria del software, los programas de ordenador suelen ser resultado de una relación laboral. Esto significa la cesión al empresario de los derechos de explotación sobre la obra, aunque se mantienen sobre la misma los derechos de carácter moral, con alguna adaptación. En cuanto a la duración de la protección otorgada por la ley, el programa de ordenador se acoge al régimen general establecido por la legislación española, en caso de que el autor sea persona física, durante toda su vida más setenta años, en el caso de que sea una persona jurídica, durante setenta años desde la puesta a disposición o desde su creación, si no se llega a poner a disposición del público (artículo 98 TRLPI).
Por lo que respecta a los derechos de explotación sobre los programas de ordenador, las potestades del titular de derechos son muy amplias, ya que comprenden la facultad de autorizar la reproducción total o parcial del programa, ya sea permanente o transitoria (artículo 99.a); la traducción, adaptación, arreglo o cualquier otra transformación del programa (artículo 99.b) y cualquier forma de distribución pública del mismo (artículo 99.c). Se establece además un régimen de cesión no exclusiva del derecho de uso del mismo. El usuario legítimo queda únicamente facultado a realizar, sin autorización del titular, actos necesarios para la utilización del programa (reproducción o transformación del programa, copias de seguridad, etc.), actos que vienen descritos en el artículo 100 TRLPI. La extensión de las facultades del titular de derechos sobre los programas de ordenador está determinado por el carácter mercantil de los mismos.
Las razones de que una creación tan peculiar como el software entre dentro de la protección de las leyes de propiedad intelectual son, en buena medida, razones de política económica. El registro de patentes implica un proceso lento y costoso que concede al objeto patentado un período de exclusividad considerablemente reducido. Sin embargo, la protección a través de la propiedad intelectual es mucho más simple, no es necesario el registro para conceder protección (que se otorga “por el solo hecho de la creación”), se rebaja significativamente el requisito de originalidad y el período de protección se prolonga mucho más en el tiempo. No obstante estas consideraciones, en la actualidad vuelve de nuevo a plantearse la posibilidad de otorgar al software la condición de objeto patentable. Su consideración como obra protegida por la propiedad intelectual lleva consigo un esfuerzo de interpretación, en el sentido de que es la legislación la que se adapta a la naturaleza del software y no a la inversa.
La especial naturaleza del software, una creación desarrollada para incorporarse a un objeto patentable (programas de aplicación) y en muchas ocasiones, unido indisolublemente a ellos (programas de sistema, desarrollados para hacer utilizable a un determinado hardware), lo sitúa en la frontera del derecho de patentes y el derecho de propiedad intelectual. Hasta ahora, la legislación de propiedad intelectual ha sido suficiente para otorgar al software protección frente a usos ilegítimos (copias ilícitas, plagios, etc). Sin embargo, el desarrollo de las tecnologías, especialmente la aparición de nuevos soportes (la world wide web) están haciendo necesaria una revisión de su actual consideración -véase por ejemplo, el informe emitido por un comité de expertos de la Unión Europea acerca de la patentabilidad del software (Study contract ETD/99/B5-3000/E/106: The economic impact of patantability of computer programs), teniendo en cuenta los desafíos tecnológicos y jurídicos que la Era de la información implica.
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