| Introducción La violencia y la injusticia despiertan sentimientos de rabia, rencor, retaliación ( en adelante |
| las 3Rs) las cuales pueden dejar bien sea, marcas temporales y solamente individuales o por |
| el contrario, generar efectos comportamentales colectivos de larga duración, que dificultan |
| la comprensión de |
| la complejidad de |
| las causas de |
| la violencia y |
| la atribución de |
| responsabilidades individuales y colectivas en ella. Esta reflexión propone la siguiente tesis: una de las raíces más profundas de la violencia en |
| Colombia ( y en el mundo) está en la cultura de la venganza (inconscientemente adoptada |
| por las bases sociales) y la economía política del odio (promovida por las diversas elites del |
| país). Se argumenta que estos elementos irracionales de las decisiones humanas – o sea, las |
| 3Rs- han tenido y tienen aún, impacto tan nocivo en el desarrollo de Colombia que, adaptando |
| el vocabulario de Amartya Sen, ha generado una privación del potencial (capability |
| deprivation) de los colombianos para la paz. Comprender estas dinámicas irracionales en la |
| cultura política de los pueblos es prioritario para facilitar el diseño de propuestas de |
| pedagogía político-cultural que permita superarlas. El último informe Desarrollo del Banco Mundial ha querido darle urgencia e importancia a |
| la |
| transformación de |
| estas motivaciones político-culturales porque pueden generar |
| transformaciones de alto impacto y costo-beneficio. Este texto propone que será necesario |
| transformar estas actitudes adquiridas e inveteradas (las 3Rs) y por lo mismo, sutiles y casi |
| imperceptibles para lograr cambios y desarrollo significativos. Es verdad que –en muchos casos- la pobreza produce violencia pero es igualmente cierto, |
| que |
| la violencia produce aún más pobreza. |
| Esas 3Rs paralizan el ser, el pensar |
| (establecimiento de relaciones complejas en la explicación del fenómeno), y el hacer de las |
| personas. Para referirnos aquí a una economía política del odio tratamos de establecer un campo de |
| análisis acerca de |
| la producción, distribución, |
| intercambio y consumo de narrativas, |
| soportadas emocionalmente por la rabia, el rencor y la retaliación, que son producidas, |
| empaquetadas y distribuidas como insumos ideológicos-emocionales para la promoción de |
| interpretaciones acerca del conflicto, sus causas y las formas de solución. ¿Quién produce |
| estos insumos-narrativos? ¿Cómo son distribuidos? ¿Cómo se genera la demanda? ¿Qué tipo |
| de acumulación permite a los productores y distribuidores? ¿Qué necesidad satisface en los |
| consumidores? La historiografía de Colombia cuenta con valiosas aproximaciones al tema, |
| sin embargo, no se ha definido como objeto de estudio de la economía política. Esta propuesta se presenta en tres cuerpos: primero, la interpretación de algunos historiadores |
| acerca de las narrativas que soportan el odio en Colombia; segundo, la sustentación de la |
| hipótesis que plantea el odio como un |
| insumo para |
| la producción |
| ideológica en |
| la |
| acumulación de poder político; y para finalizar, se propone un modelo de pedagogía cultural |
| que facilita el desarrollo de una economía del perdón y la reconciliación. La aproximación |
| histórica busca evidencias sobre las formas en que historiadores y especialistas se han |
| aproximado al tema. La hipótesis, se adentra en el tema de la cultura de la venganza y la |
| economía política del odio, que si bien es germinal, cuenta hoy con desarrollos significativos. 3 Al terminar, se sugiere la pedagogía política del perdón y la reconciliación como respuesta |
| a la demanda de satisfacción de las necesidades subjetivas, indispensable para la paz |
| sostenible de los pueblos. Hasta ahora estas 3Rs no ocupan un lugar destacado en la interpretación de las causas de la |
| violencia social y política, no solo en Colombia, sino que también la coyuntura mundial lo |
| sugiere. |
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| La rabia, el rencor y la urgencia de venganza a fuerza de repetirse niegan su posible |
| superación. Los juiciosos estudios reunidos en el último aporte de la Comisión Histórica del Conflicto y |
| sus víctimas, publicado en Febrero 2015, destaca en el análisis de los factores (nudos o |
| múltiples desciframientos, en palabras de Daniel Pecaut) tradicionalmente explicativos de la |
| violencia en Colombia, los siguientes: el problema agrario, la ausencia del Estado y las |
| economías campesinas abandonadas a su suerte, el bipartidismo sectario, el gamonalismo |
| regional, el narco-cultivo y el narcotráfico, el paramilitarismo, el sistema político clientelista, |
| la influencia de la revolución Cubana, la colonización, entre otros. El historiador Malcom Deas, después de décadas de análisis del conflicto colombiano, |
| concluye: cabe |
| insistir en |
| la naturaleza esencialmente política de estos conflictos |
| caracterizados por intensa rivalidad partidista que ha dejado numerosas víctimas. Insiste |
| Deas en que los historiadores son propensos a negar lo estrictamente “político” o al menos |
| (son propensos) a empotrarlo en otros marcos: conflicto regional, agrario y de clase. William Ospina resume esta misma perspectiva en su libro "Pa´que se acabe la vaina", |
| afirmando que tarde o temprano lo que era guerra aprenderá a ser diálogo…. El historiador Fernán González, ha resaltado extensamente el maridaje fatal entre violencia, |
| partidos y la construcción del Estado. Describe a Colombia como “una comunidad política escindida en partidos políticos contrapuestos, cuyos partidarios excluyen a los distintos |
| como enemigos absolutos por fuera de la patria, a la vez que incluyen a los grupos |
| subordinados dentro de sus partidos mediante relaciones clientelistas”5. Javier Giraldo lo define así: “El peor contraste en esa colección de contrastes que definen a |
| Colombia quizás sea la incapacidad de nuestras instituciones liberales de garantizar |
| universalmente un mínimo de civilización política. Mientras continúe la vinculación entre |
| las armas y |
| la política esa brutal anomalía continuará. Una |
| tarea central de |
| las |
| generaciones futuras de colombianos será desmontarla sistemáticamente” 6. Esta costumbre arcaica de resolverlo todo con las armas, la resume Gonzalo España con los |
| títulos de sus dos últimos libros: Un país que se hizo a tiros (historia de las incontables |
| guerras civiles hasta el fin del siglo XIX donde cada prócer resolvía los conflictos montando |
| ejércitos y dependiendo en todo del poder de las armas) y Odios Fríos, o la novela del |
| presidente Miguel Antonio Caro en el poder, que lo describe como católico furibundo, |
| ultraconservador, maquinador y rencoroso, que legó a la historia de Colombia la triste |
| herencia de la Guerra de los Mil Días, la separación de Panamá y el resentimiento enconado |
| entre los partidos liberal y conservador7. El reclamo del derecho a la disidencia política y la rebelión, la exigencia de legitimidad y de |
| inclusión por parte de los grupos subversivos por un lado, y por otro, la exigencia del Estado |
| a su legitimidad y a la defensa de la democracia, hizo que ambos adoptaran el concepto de |
| enemigo interno y justificaran el incremento de la violencia, dejando sin contenido de |
| significado a las reivindicaciones legítimas que cada uno reclamaba. El concepto de enemigo interno, originado en la famosa Escuela de las Américas, legalizó la |
| creacion de grupos paramilitares (grupos de civiles con armas oficiales y coordinación del |
| ejército) que segun Javier Giraldo, tuvieron origen oficial en la visita de la “Misión |
| Yarborough” –de la Escuela de Guerra Especial de Fort Bragg (Carolina del Norte), realizada |
| a Bogotá en 1962 y oficializada en 1965 por el Presidente Guillermo León Valencia. Grupos que con el transcurrir de los años se fueron deteriorando hasta los extremos |
| impensados de la violencia de la década 1995-2005, cuando los índices de homicidios |
| tuvieron sus más altos picos. Hay indicios fuertes que esta estrategia aún persiste velada en |
| las Bandas criminales denominadas Bacrim. El Paramilitarismo actual y las Bacrim –más |
| allá de los meros intereses económicos- siguen siendo expresiones escondidas de la economía |
| política del odio y de la cultura de venganza fuertemente motivadas por la filosofía del |
| enemigo interno. Es la filosofía del enemigo - el opositor o el diferente político - que debe ser eliminado. Este |
| ha sido un común denominador importante de la historia de Colombia y de la lucha por el |
| poder político. Se comenta que Jacobo Arenas, cofundador de las FARC, en alguna ocasión, |
| afirmó que si el Gobierno Colombiano no hubiera respondido con armas al nacimiento de las |
| repúblicas independientes, “quizás no habrían nacido las FARC”. Tanto para los grupos subversivos como para el Gobierno de turno, fue normal aplicar el |
| principio de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Posiblemente Colombia sería otra, si esta economía política del odio y cultura de la venganza |
| hubiera sido percibida por los líderes del Gobierno Colombiano, cuando en 1973, después |
| de la Operación Anorí, el ELN se encontraba en estado de extinción, y en 1974, cuando las |
| FARC tenían solo 4 frentes y estaban seriamente debilitadas. Haberles ofrecido una salida |
| digna a través de la negociación y del diálogo, que no implicara necesariamente su |
| desaparición violenta, hubiera legado, en la historia de las lecciones sobre la solución |
| negociada de conflictos políticos, una enseñanza que permitiría hoy concluir, que las armas |
| y los ejércitos, no son la solución a la violencia. Otra vez: las armas son el fracaso de la |
| palabra. En la mitad de la década de 1970, un factor atroz de la violencia, estaba ya posicionado por |
| doquier: el narcotráfico. Como nadie antes, se convirtió en un multiplicador de la venganza. |
| Quien conoce las entrañas del narcotráfico, puede afirmar con propiedad, que la venganza es |
| una de las estrategias más exitosas para el posicionamiento de los carteles de la droga. Con |
| ellos, los colombianos experimentamos como nunca los niveles más crueles e inhumanos de |
| la violencia y la barbarie. Carlos Mario Perea, remite a temas que están en la misma perspectiva de la hipótesis de las |
| 3Rs, cuando describe los siguientes contenidos recurrentes en las narrativas que se ofrecen |
| públicamente para la comprensión del conflicto en Colombia: la sacralización de la guerra, |
| los códigos de honor, el inconsciente arcaico, el llamado de la sangre y en general el nexo |
| entre símbolos y política. Perea describe la cultura política como el ejercicio de desentrañar |
| esos hilos, a los que he denominado cultura de la retaliación. El nudo del problema Perea lo |
| resume diciendo que para mediados del s. XX, la colectividades políticas no tuvieron otro |
| modo de tramitar sus diferencias y sus odios heredados, más que a través de la violencia. |
| La antropóloga María Teresa Uribe explica diversas formas de distribución del odio: no solo |
| a través de la guerra misma, sino y sobre todo, a través de la palabra y de las narrativas que |
| sobre los acontecimientos históricos se generan. Particularmente importantes son la retórica |
| (ejercicio de lenguaje dirigido a la razón para convencerla) y la poética (ejercicio dirigido al |
| corazón para inspirar emociones e ideales nuevos), que gracias a una acción de prefiguración, |
| configuración y |
| re-figuración, genera cambios |
| importantes en el pensamiento de |
| las |
| personas, de las masas y de la sociedad. Siempre habrá razones retóricas para justificar la guerra: proteger la ciudadanía en peligro, |
| recuperar el Estado arrodillado a las guerrillas, el peligro del Castro-chavismo, el gobierno |
| de los malos y excusas por el estilo. Es una retórica político-bélica, que al decir de María |
| Teresa Uribe, llega incluso a justificar aún más, la necesidad de ejércitos fortalecidos para |
| continuar la guerra. Pero la guerra, conlleva también razones poéticas, inteligentemente |
| diseñadas para conmover al público con metáforas, antinomias y dramaturgias: evocación |
| de los héroes de la patria, frases catastróficas y premonitorias como: vender el país a la |
| subversión, matar el imperio de la ley, sometimiento de la justicia, de la majestad de la |
| constitución, de la democracia y de las instituciones más sublimes de la nación, y así, ad |
| infinitum. |
| Con la excusa de persecución política, se le apunta a un líder malo para ensalzar veladamente |
| un líder bueno, que se sacrifica por esta patria nueva y justa: “estos lenguajes poéticos con |
| los cuales se alimentó la dramaturgia de las guerras civiles operaron como recursos 6 narrativos para declarar las guerras y también para continuarlas… La historiografía, los |
| ha llamado los odios heredados, lo cual permitió |
| que pervivieran, reproduciéndose, |
| ampliándose y re-significándose relatos y memorias cuyas huellas llegan hasta el presente” |
| 12. Los mejores representantes de esta retórica y de esta poética de la economía del odio, han |
| sabido revestirla con pieles de ovejas tranquilas y mansas, ofreciendo programas de paz y |
| desarrollo – casi siempre de gran calado asistencialista y partidista. Estas pocas referencias a esta interpretación de las causas de la violencia en Colombia, |
| sugieren que en la raíz más profunda de la violencia está la venganza, resultado final de |
| rabias y de rencores colectivos acumulados, distribuidos y sostenidos política y culturalmente |
| de la forma más ciega y atávica. Es la ira-rabia la primera palabra con la que Homero comienza su famosa epopeya de la |
| Ilíada: La ira canta, oh Diosa, del Pélida Aquiles/ que causó a los aqueos incontables |
| dolores. Según Peter Sloterdijk es aquella ira-rabia con la que empezó toda la historia de |
| Occidente. Es la rabia traducida en guerra e inmediatamente vestida del significado de |
| felicidad o placer. Los griegos lo definieron como thimos o sea la cocina pasional, sobre |
| todo de la ira-rabia que brota de la ambicion del éxito, prestigio y autoestima y de su fracaso. |
| Subraya Sloterdijk: “son los grupos políticos, los conjuntos que de modo endógeno están |
| bajo tensión thimótica. (Allí) las acciones políticas se ponen en marcha a partir del |
| diferencial de tensión existente entre los centros de ambición…La retórica en cuanto arte |
| teórico de la conducción del afecto en conjuntos políticos, es thimótica aplicada”… . Todo esto, de la forma más curiosa, se esconde en ese modelo de economía prevalente que |
| fundamenta su acción en la deuda, en el pasado y por lo mismo en la culpa. La economía del |
| futuro será siempre la economía que no genere ni culpable, ni deudor o sea, la economía que |
| tiene como patrón moral, el gesto de la bondad, del donar y sobretodo de.... perdonar. Rush Dozier hablando del odio dice: “la más terrible de las armas de destrucción masiva |
| vaga dentro de nuestros mismos cerebros primitivos y debemos encontrar formas de |
| desactivarla”. El odio es particularmente peligroso – repetimos- por su capacidad de generar |
| significado. El más perverso de todos es el significado de enemigo porque el thimos es capaz |
| entonces de justificar la violencia y el uso de las armas para eliminarlo. Ante estas referencias a las rabias, los odios y las venganzas en la historiografía de Colombia |
| es pertinente preguntar: ¿Qué explica que en las soluciones a las múltiples causas de la |
| violencia se haya perpetuado un denominador común: el uso de las armas y la eliminación |
| del otro? 2. El árbol de la paz sostenible y la hipótesis Tres R 7 La hipótesis que plantea este artículo asume como analogía explicativa un modelo |
| proveniente del mundo de la botánica. Un árbol consta básicamente de 3 partes: tallo, ramas |
| y raíz. Así también, el árbol de la paz sostenible debe satisfacer tres condiciones básicas: |
| contar con un tallo sólido, o sea responder a las necesidades objetivas: salud, empleo, |
| educación, vivienda, tierra. Poseer ramas con hojas, flores y frutos saludables que satisfagan |
| las necesidades ecológicas de la paz: verdad, justicia, reparación, buen gobierno. Y unas |
| raíces vigorosas, satisfacción de las necesidades subjetivas, para nuestro caso, la necesidad |
| de superar las rabias, rencores y urgencias de venganza generadas por la violencia, aspecto |
| crucial para garantizar la salud de todo el árbol. Cuando se habla de las causas de la violencia, sin duda es necesario revisar esas tres partes |
| planteadas en la metáfora del árbol. De las tres, la más olvidada es la raíz, los factores |
| subjetivos de la violencia, profundos e invisibles, y sin embargo, detonadores constantes de |
| la violencia. Siguiendo la metáfora del árbol de la paz, el historiador Fernán González se aproxima a las |
| dos primeras partes del mismo, y concluye que los elementos estructurales (el tallo y las |
| ramas) de la violencia son: la configuración social de las regiones, su poblamiento y cohesión |
| interna, ligados a un problema agrario nunca resuelto; la integración territorial y política |
| de las regiones y sus pobladores mediante el sistema político bipartidista; las tensiones y |
| contradicciones sociales que se derivan de |
| los dos procesos anteriores, |
| frente a |
| la |
| incapacidad del régimen para tratarlas adecuada y pacíficamente... |
| Hasta ahí no hay nada nuevo. Termina González planteando acerca de los factores subjetivos |
| (las raíces) lo siguiente: “Los factores subjetivos serían las interpretaciones que las personas |
| y grupos sociales hacen de las tensiones, su valoración de las mismas tiene que ver con sus |
| hábitos de pensamiento, su preconcepciones y marcos ideológicos que finalmente arrojan |
| opciones y decisiones frente a la situación así diagnosticada 16”. Esta propuesta analítica- agrega González-, llevaría en conclusión, a explicar la violencia |
| colombiana como un resultado no planeado previamente de forma voluntaria sino algo |
| impremeditado, producto de las combinaciones de esas contradicciones estructurales de 8 larga duración… |
| Sugerencia que Edgardo España considera que por tratarse de factores |
| impremeditados e involuntarios, se hace necesario develarlos ampliamente para superarlos. 2.1 - La venganza y las furias “La ofensa de alguien nos genera rabia y esa rabia fácilmente se convierte en odio”. |
| (Darwin, La expresión de emociones en los humanos y animales.) “La violencia en Colombia tiene origines antiguos que no podemos tocar con nuestras manos. Nuestra |
| cultura de violencia es una intoxicación que navega dentro de nuestra sangre nacional”. |
| (Arturo Guerrero, Una rosa violenta, Ensayo para El Espectador, 3 Mayo 2015). Después de Homero (siglo VIII. A.C), la historia de Grecia y el mito se ocupan de este tema. |
| Esquilo (siglo V, A.C), en la clásica obra Oresteia, refiriéndose a las rabias-rencores de ese |
| mundo arcaico, habla de las furias –diosas de la venganza- para posicionar la transición del |
| odio y la venganza a la justicia y la paz en la antigua Grecia. Subraya Esquilo, dos |
| transformaciones importantes. Primero, la Diosa Atenas establece instituciones legales |
| (cortes independientes, audiencias, jueces) para superar el ciclo interminable de violencia: |
| la retaliación (a tal ofensa, tal venganza). Segundo, la Diosa Atenea logra convencer a los |
| Furias que ellas son importantes, que deben permanecer en la ciudad, pero ocultas y por |
| debajo de la tierra, en un lugar de honor. Comenta Martha Nussbaum, que de este modo se |
| reconoce que el sistema legal debe incorporar y honrar estas oscuras pasiones vengativas. |
| Esquilo describe las Furias como perros de cacería rabiosos, con la boca atafagada de |
| coágulos de sangre de sus víctimas (apenas digerida a medias), vomitándola por doquier, |
| emitiendo ruidos y quejidos típicos de su clase. Esquilo, se preocupa en mostrar cómo la rabia desbordada es obsesiva, destructiva e |
| impulsada solo a causar dolor y maldad. Ahora, en un ambiente de democracia y de ley, la |
| Diosa Atenea invita a las Furies a reposar en calma su oleada de negra rabia . Ahora, ya |
| incorporadas a la ciudad, y comprometidas con adoptar sentimientos benévolos, han ganado |
| porte erguido y su lenguaje es articulado. Las rabias se han transformado en indignación |
| respetuosa y no violenta, realizando en su interior una profunda re-orientación de su |
| personalidad. No son ya perros, sino mujeres bellas que de Furias se han convertido en |
| Euménides, en Bondadosas. La justicia política –agrega Nussbaum- en Esquilo, no pone en jaula a las Furias, sino que las |
| transforma |
| totalmente, haciéndolas mover del pasado que no se puede cambiar, a |
| la |
| construcción de un futuro posible de prosperidad y paz. Así, una profunda transformación |
| ha sucedido en el mundo: la rabia vengativa ha asumido la justicia bondadosa y ahora mira |
| más al futuro, que al pasado. 2.2 Cultura de venganza: Rabia-Rencor-Retaliación (3R) Del modo más elemental, rabia y miedo son la respuesta instintiva que los humanos |
| manifestamos ante una amenaza, o ante una agresión. Si no se logra superar esa rabia, en |
| breve, el recuerdo de la ofensa se convierte en odio/rencor/resentimiento. Cuando no se logra 9 curvar el odio y la memoria repetida de la ofensa, muy pronto se cae en la urgencia de |
| retaliación/venganza, momento detonante para el escalamiento la violencia. |
| Reacciones ante la ofensa: |
| Figura 2 Retaliación o |
| Venganza Rencor-odio Rabia Ofensa La |
| rápida secuencia |
| rabia- |
| rencor-retaliación |
| habla |
| de |
| las |
| emociones |
| que |
| soportan las economías del odio y las invitaciones que históricamente líderes y grupos de |
| liderazgo político han realizado a las gentes de una nación para destruir a otras gentes y |
| naciones. Rush Dozier en un reciente libro, "Por qué odiamos", afirma que el arma de |
| destrucción masiva más terrible, acecha dentro de nuestras psiques primitivas y tenemos que |
| encontrar la forma de desactivarla21. La rabia-odio es una reacción física natural. También, una construcción de significados |
| individual y colectiva. Los seres humanos reaccionamos químicamente mediante emociones |
| a lo que creemos que es bueno o malo, sin embargo, la reacción química que genera la rabia |
| puede detenerse o exacerbarse, en función de la explicación/justificación que le demos a la |
| ofensa (Nussbaum, 2016). Al respecto, del significado cultural que se le da a las emociones Martha Nusssbaum plantea |
| en el libro “Paisajes de Pensamiento” (2008,22) lo siguiente: “En lugar de concebir la moralidad como un sistema de principios que el intelecto |
| imparcial ha de captar y las emociones como motivaciones que apoyan o bien socavan |
| nuestra elección de actuar según esos principios, tendremos que considerar las |
| emociones como parte esencial del razonamiento ético. No podemos obviarlas |
| razonablemente una vez que reconocemos que las emociones contienen juicios que |
| pueden ser verdaderos o falsos y pautas buenas o malas para las elecciones éticas". Este razonamiento ético al que se refiere Nussbaum, interpretado como sentimiento moral, |
| adquiere sentido y legitimidad a partir de las narrativas de soporte que se les da en las |
| versiones difundidas por instituciones como las iglesias, los partidos políticos, las academias |
| y las escuelas de pensamiento, dentro de otras. Los humanos, equipados como estamos para prever y planear, crear símbolos, y uso del |
| lenguaje complejo, somos capaces también de odiar sistemáticamente, e inscribir el odio |
| dentro de los insumos de producción de rentabilidad en términos de acumulación de poder |
| político, sin escrúpulos, sobre la violencia que genera de manera residual. En este sentido, la |
| violencia en sí misma y desde esta perspectiva, es un residuo que genera gran contaminación 10 ambiental, como en el caso estricto de los residuos industriales tóxicos y otros similares, |
| aproximación que sugiere establecer la variable violencia como un insumo más en la |
| sostenibilidad de ciertos tipos de statu quo. 2.3 La economía política del odio y la cultivo de venganza “Siempre que los cúmulos de ira, guardados colectivamente, adquieran la forma de reservas, tesoros o |
| crédito,…se puede utilizar como capitales aptos para la inversión” (Sloterdijk Peter, Ira y Tiempo,2010) Entre las múltiples causas de la violencia en Colombia hemos aventurado la hipótesis de que |
| en las raíces profundas de la violencia está lo que aquí hemos resumido como economía |
| política del odio o sea la producción, distribución e intercambio de narrativas de rabia, |
| rencor y retaliación (las 3Rs) que aupadas por élites son adoptadas socialmente y llegan a |
| constituir lo que aquí llamo, cultivo de la venganza. Desentrañar esta dinámica, preguntar cómo nace, quién las crea, por qué se multiplican tan |
| fácilmente? Por qué todos estamos infectados de ellas? Y ¿Por qué no nos damos cuenta? es |
| un trabajo de urgencia que los colombianos debemos realizar. Esta es una invitación al giro |
| narrativo, al salto evolucionario que nos permita reclamar derechos y obtener respuesta a las |
| satisfacción de necesidades objetivas y ecológicas, sin recurrir a las armas y a la violencia. Precisamos entender que la historia de la evolución humana ha tenido sus momentos de |
| mayor crecimiento cuando ha sido cooperativa, y por lo mismo, cuando ha tenido el diálogo |
| como su herramienta principal. Tomar conciencia de este hecho, evitará la ceguera colectiva |
| que hemos tenido en al menos estos dos últimos siglos de historia. Aunque los diálogos de la |
| Habana certifican ya la importancia del diálogo, quedan todavía residuos de rabia-rencor y |
| urgencias de venganza –en grandes sectores de la sociedad colombiana. La academia y diversos estrategas políticos han estudiado cómo las campañas publicitarias, |
| la imagen y las estrategias de movilización social otorgan beneficios políticos. Sin embargo, |
| poco han estudiado el odio como una estrategia para ganar votos y maximizar y/o imponer |
| intereses políticos. Al respecto, Edward Glaeser es uno de los primeros académicos en |
| considerar que los discursos son capaces de generar odio entre diversos grupos sociales, |
| permitiendo que algunos actores sociales incrementen su capital político. La economía política del odio deberá establecer el peso de estos factores en la producción de |
| la cultura política de los colombianos, evaluando desde una perspectiva crítica –inevitable y |
| necesaria-, la contribución de estos factores, a la argumentación de la necesidad de la guerra, |
| y a la constitución imaginaria y emocional del significado del enemigo interno. En especial, |
| a contribución a la analítica del riesgo que implica para el establecimiento de un régimen de |
| libertades democráticas como condición de la paz en Colombia, la difusión de narrativas del |
| odio afianzadas en análisis sesgados de los orígenes del conflicto político. Este último planteamiento |
| implica elaborar una |
| serie de preguntas y de |
| líneas de |
| investigación para el dominio de la economía política del odio ¿Cuál es, entonces, la historia, |
| y las narrativas que deben acompañar el proceso de paz? ¿Cuál la versión a difundir y a través 11 de qué medios se debe promover? Posiblemente, estas dos preguntas, tan solo ellas, generen |
| desde ya, la necesidad de revisar creencias; de volver a construir los relatos que hasta ahora |
| muchos colombianos dan por ciertos; de revisar tendencias ideológicas y partidistas que se |
| promueven |
| como |
| versiones |
| ciertas |
| (algunas |
| sin manipulación |
| estratégica |
| y |
| otras |
| necesariamente instrumentalizadas para la consecución de logros de acumulación de poder |
| político); de evaluar el alto contenido emocional y moral de esos relatos y de sopesar hasta |
| dónde contribuyen a sostener odios y rencores entre colombianos de distintas orillas. ¿De qué manera es ofertado y demandado el odio en diferentes contextos socio-políticos? El |
| odio es producto del mercado político (Glaeser, 2002), en donde los actores políticos son |
| quienes lo ofertan y la ciudadanía quienes lo demandan. Los actores políticos ofertan odio |
| básicamente a través de sus discursos. Saben bien que así, incrementan su capital político. |
| Para evitar referencias a personajes actuales de la vida política colombiana, citamos a Donald |
| Trump y al Presidente Maduro, ejemplos de la economía política del odio. En el discurso de |
| lanzamiento de su campaña, Trump mencionó que México envía lo peor de su país a Estados |
| Unidos, que los migrantes de esta nacionalidad llenan al país de problemas porque traen |
| drogas, son violadores y criminales, y agregó, que los musulmanes son importadores de |
| terrorismo (Lee, 2015). Vender odio para ganar votos y poder político, es una estrategia hábil para cautivar masas, |
| que informadas superficialmente sobre los orígenes de los conflictos por un tipo de memoria |
| histórica distorsionada, son susceptibles de manipulación emocional e ideológica mediante |
| la atribución de las crisis sociales a chivos expiatorios, que en la historia de los conflictos |
| sociales, políticos, étnicos, económicos, religiosos, han llegado a constituir hitos históricos |
| de violación de los derechos y de la dignidad, en la versión que los manipuladores del odio |
| realizan. La memoria distorsionada, y la emocionalidad que ella suscita en los consumidores del odio, |
| aparecen entonces como |
| insumos necesarios para el condicionamiento de |
| respuestas |
| violentas en la historia de la movilización de pueblos hacia las confrontaciones bélicas y, en |
| la justificación de la violencia discriminatoria. La teoría del chivo expiatorio de René Girard (2007) ofrece una profunda explicación de este |
| hecho. Explica Girard, la necesidad de culpar a otros de las causas de problemas actuales. |
| Donald Trump, provee a través de sus discursos, un chivo expiatorio (los mexicanos y los |
| musulmanes) a |
| la sociedad norteamericana, constituye, erige, a ese alguien en quién |
| descargar la rabia y la urgencia de generar políticas anti-migratorias como parte de la |
| solución a las crisis de la sociedad estadounidense. De ahí queda poco para el escalamiento |
| de la violencia y del miedo. Y la memoria del holocausto promovido por el nacional |
| socialismo en Alemania contra los judíos, advierte sobre los peligros de la movilización |
| política de una nación, cuando encuentra chivos expiatorios en la interpretación de su |
| malestar. Para los analistas de las economías del odio, la demanda de odio, en un sistema social se |
| reducirá, si se logra motivar una interacción positiva entre los grupos sociales que son parte |
| del proceso de generación del odio. Aunque Glaeser no argumenta profundamente esta idea, |
| ni expresa cómo hacerlo, nosotros argüimos que la cultura ciudadana del perdón y de la 12 reconciliación constituye una salida sabia a la estrategia sagaz de los políticos empresarios |
| del odio. La siguiente gráfica trata de ilustrarlo. Figura 3. Modelo de la Economía Política del Odio de Edward Glaeser. Agregar dos cuadros |
| más sobre DISTRIBUCION Y CONSUMO. Elaboración propia con la información de |
| Glaeser, Edward (2002) “The Political Economy of Hatred”. Fuente: Una vez |
| la economía política del odio generada desde |
| las elites (políticas, sociales, |
| económicas, religiosas) se fortalece, se fortalece también la cultura de la venganza, que |
| apropian fácilmente las bases sociales y lo peor… lo multiplican en sus ambientes. Así, se ha |
| constituido el caldo de cultivo ideal para la multiplicación de las violencias y la justificación |
| de ejércitos, cárceles y otras formas de violencia. Así, se llega a lo peor: “la más oscura de las emociones, el odio, bloquea las relaciones, |
| destruye comunidades, arruina vidas y se traga la salud de muchos que no logran superarla. |
| Unido todo eso a nuestro extraordinario talento para crear armas de la más grande |
| precisión e impacto, el odio se convierte en el único poder más destructivo de la tierra”. Transformar esta cultura de la rabia-odio-retaliación es la enorme tarea evolucionaria de los |
| pueblos. Cuando el Global Peace Index ranquea los países con más capital de Paz Positiva, |
| introduce la capacidad de resiliencia, la capacidad que tienen las personas y los pueblos para |
| absorber los golpes y los traumas, que como el amortiguador de los carros, absorbe los golpes |
| del camino y vuelve a su estado normal. A más capacidad de absorción, mayor paz |
| positiva(ver gráfico)25. Esta capacidad de absorción describe en gran parte, una de las |
| funciones centrales de la cultura ciudadana del perdón que es la misma capacidad de |
| tolerancia y expresión de civilidad, que se subraya con frecuencia, como necesaria, cuando |
| las personas y las comunidades quieren vivir en paz. Gráfica: Resiliencia y paz (al diseñador por favor re-hacer esta gráfica.. en español). Sobre las causas de la violencia venimos diciendo que históricamente los colombianos, |
| aupados por las elites, se han dejado atrapar por las 3Rs. Para comprender mejor la dinámica del odio en Colombia, dentro de otras formas de la |
| producción y distribución de las economías del odio, es necesario establecer comparaciones |
| –economía del odio comparada-. Los mensajes del odio, por ejemplo, en la Alemania nazi, |
| fueron auspiciados y subvencionados. En Colombia, los grupos armados al margen de la ley |
| por su parte, desarrollaron formas de inversión social en maquilas, puestos de salud e incluso |
| infraestructura social para facilitar el posicionamiento ideológico de las propuestas del odio |
| y la venganza, e invitar a sus beneficiarios a confrontar y aniquilar a otros. Balancear la economía natural del trío rabia-rencor-retaliación y su utilización estratégica |
| para generar movilizaciones humanas en torno a intereses electorales, colonialistas, raciales, |
| geopolíticos, son dentro de otros, temas de trabajo para la analítica de la economía política |
| del odio. Urge develar y evaluar cómo se distorsionan verdades, cómo se miente, o cómo |
| verdades irrefutables aún, son manejadas instrumentalmente por agentes y agencias para |
| satisfacer acumulación de poder -el bien más tangible para los empresarios del odio-. Habrá quienes desarrollen el estudio de las economías políticas del odio para evitar la |
| manipulación de las masas, habrá quienes la comprendan para instrumentar guerras y formas |
| de acceder a poder de la manera menos digna posible, a través del exterminio de humanos |
| por humanos. |
| Los manipuladores del odio como estrategia de acumulación |
| leen y magnifican |
| los |
| sentimientos morales y |
| las condiciones emocionales de sus destinatarios. Son cínicos |
| expertos extractores de |
| la plusvalía del odio que comprendiendo perfectamente |
| la |
| complejidad de factores que concurren en la hermenéutica del conflicto, sin embargo, |
| aprovechan la base emocional para soportar su discurso acerca de la ilegitimidad del otro, o |
| para desconocer las razones que podrían justificar las reivindicaciones y la dignidad de sus |
| enemigos. El resultado trágico es la construcción de la imagen del enemigo, del bloqueo al |
| dialogo, y la posible eliminación del otro. Quienes trabajamos en la otra orilla de los promotores y generadores del odio en la |
| acumulación de poder, proponemos en cambio, la producción, distribución, intercambio y |
| consumo de economías políticas del perdón y la reconciliación, aprovechándonos de esa otra |
| faceta de la condición humana: la bondad, el perdón, la reconciliación y la resolución pacífica |
| de conflictos a través de la conversación y de la palabra amable, y de la pedagogía de la re- |
| significación e interpretación de las causas de los conflictos, a partir de una argumentación |
| más compleja, que necesariamente pasa por el sistema de educación y por el contraste de |
| escuelas de interpretación, dentro de lo que se puede denominar, la promoción de una cultura |
| política, que deberá acompañar el postconflicto en Colombia. Y, por extensión, a cualquier |
| otro proceso de reconciliación intra-nacional, inter-étnico e internacional, de la misma |
| manera que |
| la |
| reconciliación |
| interpersonal demanda |
| la construcción entre |
| las partes |
| separadas por la ofensa, de una narrativa más compleja acerca de las causas que suscitaron |
| la ofensa y de las consecuencias que para cada una de las partes generó la agresión, incluso |
| para aquellos otros no directamente asociados con el hecho. Esta última aproximación proviene de |
| los planteamientos generales de |
| la |
| Justicia |
| Restaurativa, otra disciplina que en el campo del derecho complementa a |
| la |
| justicia |
| transicional, y de la que, es la oportunidad en Colombia, se deberá asimilar sus contenidos |
| filosóficos, sociológicos y antropológicos, entre otros, como condición de promoción de una |
| cultura política de la ciudadanía, la reconciliación, y la solución negociada de conflictos. Deberemos repetir continuamente – como lo gritan los indígenas Nasa Kiwe del sur de |
| Colombia: las armas son el fracaso de la palabra. Con razón el historiador Fernán Gonzales |
| insiste en que “haría falta un proceso profundo de re-educación política… que permita ir |
| pasando de la política como confrontación amigo-enemigo a la política como diálogo y |
| discusión entre adversarios” 26. Creer que la violencia no es un destino fatal o como sugiere la historiadora Diana Uribe, |
| superar el complejo de fatalidad colectiva y mejor, generar una narrativa cultural totalmente |
| nueva, es la gran transformación cultural y política que nos espera. Es el parto socio-cultural- |
| político por el que comienzan ya a transitar un creciente número de colombianos. Pasar de la |
| negociación del conflicto a la construcción de la paz en el sentido pleno de Galtung. La propuesta de la cultura política del perdón y la reconciliación, ofrece narrativas nuevas |
| que transforman los modelos mentales de las 3Rs, mediante mecanismos nuevos |
| de |
| socialización. Estos mecanismos nuevos gradualmente |
| transitan del |
| imperativo de |
| las |
| emociones manipuladas, a la humanización de la vida y de las formas de solucionar los |
| conflictos mediante la compasión y la bondad como expresiones de un gran trabajo en |
| educación para la paz, que se construya sobre el eje de las cátedras de historia, formales y no |
| formales, cátedras comprometidas con una misión crítica: facilitar la reconstrucción de las |
| narrativas que sobre las causas del conflicto en Colombia fueron amañadas en los nidos del |
| odio, el resentimiento y la venganza por grupos de las élites políticas. Narrativas que les |
| permitieron grandes réditos en la acumulación de poder político y el usufructo inequitativo |
| de bienes terrenales, como la justicia, la tierra y la cultura universal, y de tantos más, que la |
| extensa lista de causas de la violencia comenzó a llamarse ”deuda histórica”. Dentro de esa “deuda”, también es posible contabilizar el hecho de que a grandes mayorías |
| en Colombia se les ha expropiado del derecho a una narrativa de la génesis del estado y de |
| las causas de la violencia, libre de contaminación ideológica y emocional. Y, se les ha |
| limitado el acceso a las versiones que desde diferentes aproximaciones -historiográficas, |
| sociológicas, antropológicas, económicas, psicológicas y otras- narran las causas de la |
| violencia. Es hora de saldar esta otra deuda histórica, saldo cultural que deberá cubrirse como |
| una de las formas de satisfacer las necesidades subjetivas del árbol de la paz, en una nación |
| que “empieza a presentir de la epopeya el fin”. Además, de explicitar mejor el concepto de economía política del odio nos queda por |
| establecer diseños de medida propios de una econometría que establezca las categorías y |
| variables ideales para un proceso de constatación de la hipótesis, en el sentido de la economía |
| política. Falta aún, argumentar las hipótesis que consideran que las narrativas elaboradas |
| acerca de las causas de la violencia, contienen relatos de fuerte arraigamiento emocional |
| (celular), y que, comprender la dinámica de este en-cuerpar (embodiment), es un reto para la |
| analítica de los sentimientos morales y del rol que desempeñan, en la toma de decisiones |
| políticas. |
| A partir de estas sugerencias, se cuenta con una hipótesis, que aún sin investigación |
| suficiente, se atreve a proponer campos de trabajo para la hermenéutica de la cultura política, |
| en el área específica de la explicación de las causas de la violencia en Colombia. |
| Veamos a continuación, los componentes principales de esta narrativa nueva propuesta |
| como Cultura Política del Perdón y Reconciliación. 3. La cultura política del perdón y de la reconciliación El perdón se presenta aquí como virtud política y como ejercicio exquisito de democracia |
| (quien no perdona, excluye). Es el perdón asepsia personal, liberación del pasado y del eterno |
| retorno de lo mismo. Se habla aquí del perdón como esfuerzo heroico y por lo mismo, de |
| práctica de lo más elemental de los derechos humanos: la dignidad. Es el perdón, en otras |
| palabras, como estrategia eficaz para reconstruir el contrato social, vulnerado por la ofensa. |
| Es superar lo que Arendt llama la irreversibilidad del pasado y la impredictibilidad del |
| futuro. El Premio Nobel de Paz, Desmond Tutu lo expresará maravillosamente diciendo: sin |
| perdón no hay futuro. La víctima que perdona no cambia su pasado pero si su futuro. Con |
| el perdón la víctima deja de ser víctima y se convierte en victorioso. Si uno debiera resumir |
| el ejercicio del perdón debería decir que el perdón es el salto evolucionario que hace una |
| victima para superar las 3Rs y en lugar de la venganza, practicar la compasión, la bondad, la |
| misericordia. Quien perdona, evoluciona! Es, en pocas palabras un giro narrativo, cultural, |
| social y político de impactos incalculables. Para un país como Colombia con cerca de 8 millones de víctimas, cómo lograr construir una |
| narrativa nueva capaz de superar la fatalidad colectiva que pesa después de dos y más siglos |
| de violencia? ¿Cómo se hace realidad este giro narrativo? Una de las formas más efectivos |
| para ese logro es precisamente el ejercicio de narrar la ofensa ante un pequeño grupo de |
| personas que antes de hacer este ejercicio de catarsis se comprometen a hacerlo en total |
| confidencialidad.29 Quince años de experiencia de la Fundación para la Reconciliación con |
| las ESPERE –escuelas de perdón y reconciliación- demuestran que esos pequeños grupos lo hacen realidad y se convierten en islas de creatividad, de transformación y superación de las |
| más crueles ofensas y traumas, en liberación y paz. Este ejercicio de contar la ofensa tiene un profundo valor político porque logra colocar en |
| público el dolor de las víctimas. Su dolor se posiciona no solo como protesta sino también |
| como promesa de que jamás se volverá a repetir. Así, el giro narrativo deja de ser un acto |
| intimista para convertirse en un valeroso acto de protesta y profecía que anuncia que a la |
| violencia no se responde con violencia y que las armas, vengan de donde vengan, seguirán |
| siendo siempre expresión primitiva para solucionar los conflictos inherentes a la existencia |
| humana. Facilitar diversidad de espacios para posicionar el dolor de las víctimas, deberá ser estrategia |
| privilegiada en un país que como Colombia, ha decidido lucidamente, que las víctimas están |
| en el centro de la negociación del conflicto y de la construcción de la paz. Así entendido, |
| el perdón se constituye en un componente indispensable para la cohesión social y para la |
| reconstrucción del tejido social de grupos humanos lacerados por años de violencia. El ejercicio de reparar el tejido roto, normalmente es empezado por la victima quien es el |
| propietario de las llaves del perdón. Paradójicamente es el perdón mostrado o a veces |
| ofrecido por la víctima, lo que garantiza el ambiente seguro para que el victimario pueda |
| pedir perdón. Es muy difícil que un ofensor solicite perdón u ofrezca disculpas si está |
| expuesto al peligro de ser condenado. Los jefes de las FARC empezaron a pedir perdón a |
| los colombianos solamente después de que sentían seguridad jurídica gracias a los acuerdos |
| ya logrados. 3.1 Cinco errores sobre el perdón Por las potentes razones anteriores es necesario superar tres errores. El primero: el perdón |
| aunque es una decisión personal por ningún motivo es simplemente un acto intimista. Por el |
| contrario, debe enarbolarse como un acto de cultura política de los más excelsos. Una razón |
| fuerte por la que el perdón es un deber moral, ético y político, es porque como decíamos |
| arriba, el perdón es un acto de democracia, de respeto a |
| los derechos humanos, de |
| elevamiento de la suprema dignidad de la víctima y del ofensor. Adicionalmente, el perdón es en un gigantesco aporte a la salud y a la seguridad pública de |
| un pueblo, sencillamente, porque las rabias-rencores y deseos de venganza son infecciosos y |
| se multiplican en grupos humanos enteros por siglos y siglos. En una extensa encuesta |
| realizada con 89.000 personas de 53 países sobre la venganza, Naci Mokan concluye que |
| la venganza es condicionada no solo por factores personales, sino también por factores |
| culturales. Quiere decir que las 3Rs al igual que el perdón son decisiones privadas-personales |
| pero enraizadas fuertemente en factores socio-culturales. La historia de Colombia –se ha |
| dicho ya arriba- es la historia de odios heredados e infectados de generación en generación. |
| Malcom Deas lo resume diciendo que “Este ingrediente de la rivalidad es un componente |
| crucial para entender la historia de la violencia política en Colombia” Pero más allá de estas consideraciones, el perdón es un imperativo categórico para la plena |
| salud y bienestar individual. Otra vez, la experiencia de la Fundación para la Reconciliación |
| trabajando en tecnologías del perdón, ha enseñado que mientras es bueno que las personas |
| por un cierto tiempo hagan duelo y sientan rabia por las ofensas, sin embargo, esas mismas |
| personas agradecen cuando alguien –al igual que el buen médico- son estimuladas a |
| someterse a tratamientos incómodos pero necesarios para su salud completa. El segundo error es condicionar el perdón a las disculpas del ofensor. El perdón es un acto |
| de bondad (o de don) que no depende de la generosidad del otro. Es un regalo para uno |
| mismo. |
| El tercer error es creer que exigir el perdón a una víctima es imponerle todavía más carga y |
| dolor. Por el contrario, el perdón libera, oxigena, aligera, sana. Es este ejercicio de liberación |
| que hace que la víctima deje de ser víctima y se vuelve victorioso. Sin el perdón las víctimas |
| se quedan eternamente víctimas. |
| Un cuarto error, muy popular, es creer que perdón es olvidar, o negar la justicia. Por el |
| contrario, el perdón es recordar con otros ojos y es hacer que la justicia siga su rumbo. Un último error es confundir el proceso de perdón con la reconciliación. El perdón –dijimos- |
| es el giro narrativo de la retaliación a la compasión. La reconciliación es tránsito de la |
| desconfianza a la confianza. Puede haber perdón sin reconciliación pero no viceversa. Los países que más |
| recientemente salieron de conflictos y violencias |
| (Sud África, |
| Mozambique, Ruanda, Salvador, Honduras, Nicaragua) siguen registrando altos niveles de |
| violencia. Ello se debe a que adicional a que no han respondido a las necesidades objetivas y |
| ecológicas de las víctimas, descritas en la metáfora del Árbol de la Paz (ver arriba), tampoco |
| han logrado responder con propuestas prácticas a las necesidad subjetivas de la paz o sea la |
| superación de las 3Rs. Si Colombia no desea encontrarse en la misma o peor situación dentro |
| de 15-20 años deberá resolver este tema que aún es poco valorado en las ciencias sociales y |
| políticas. Muchas víctimas, algunas ya organizadas en grupos paramilitares y/o Bandas |
| Criminales (y en este momento, la guerrilla del Ejercito de Liberación Nacional, ELN) son |
| expresiones claras de la ceguera atávica causada por la rabia/rencor/venganza, y expresada |
| mediante narrativas ideológicas que sostienen la pertinencia de la guerra y su continuidad. 3.2 El Cristianismo y la gran tarea de la paz En |
| las décadas de 1930-1950, a |
| la ya exacerbada |
| tensión sectaria entre |
| liberales y |
| conservadores, ayudó la fuerte corriente antiliberal de la Iglesia Católica que contribuyó |
| decididamente al camino de la violencia en Colombia. Ambos partidos se señalaban |
| recíprocamente como culpables de tanto mal. En 1946 con el triunfo del Partido Conservador |
| se desató en Colombia un sectarismo ciego que generó un período violento como pocos que |
| culminó en el asesinato de Gaitán y el famoso Bogotazo. Los Cristianos y en especial, los |
| Católicos, no tuvieron la actitud profética de anunciar que el odio y la venganza por sí mismos |
| constituían una auto-expulsión de la fe cristiana. La religión del chivo expiatorio (culpa-castigo) –como arquetipo cultural milenario- la han |
| apropiado todas las culturas en sus construcciones míticas. La cultura cristiana no ha sido 18 ajena a esa tendencia. Sin embargo, el reciente acuerdo de paz firmado entre las FARC y el |
| Gobierno Colombiano (26 Septiembre 2016) representa una superación importante de esa |
| tendencia cultural: en lugar de buscar un chivo expiatorio, han aceptado un ejercicio valeroso |
| de reconocimiento de la corresponsabilidad de las dos partes y de muchas otras, por la |
| violencia en Colombia: Gobierno, Ejército, Guerrilla, Empresarios, Académicos…y muchos |
| más. Al Cristianismo en Colombia – aunque fuera nada más como fenómeno cultural más que |
| religioso- le queda pendiente todavía la gran tarea de promover el amor a los enemigos y el |
| perdón, como su inspiración fundacional. La cultura de sacrificar al otro como chivo |
| expiatorio (violencia contra el otro) tendrá que ser reemplazada por la cultura del perdón- |
| misericordia (violencia contra mi mismo para frenar la venganza), como acto político |
| supremo y como logro del significado más profundo de la existencia. |
| El reciente plebiscito del 2 de Octubre 2016, para refrendar los Acuerdos de la Habana, |
| demostró cómo |
| los Cristianos en Colombia estaban profundamente divididos entre el |
| paradigma de la justicia restaurativa y la justicia punitiva, o en otras palabras, entre optar |
| por el perdón-misericordia o por el castigo-infierno. El mandato de Jesús de buscar primero |
| el Reino de Dios y su justicia-misericordia seguirá siendo por algunos años, el desafío crucial |
| del Cristianismo en Colombia. Así, este país, paradójicamente seguirá siendo uno de los |
| países más desiguales, más violentos y más cristianos del Continente Conclusión Una cosa queda clara de estos años de historia colombiana: el uso de las armas para superar |
| la violencia no ha logrado más que profundizar la exclusión (política, social, económica), |
| destruir el contrato social y negar la sagrada dignidad de sí mismo y del otro-a. Buena parte de los analistas (Daniel Pecaut, Malcom Deas, Javier Giraldo) para concluir sus |
| análisis sobre |
| las causas de |
| la violencia |
| terminan afirmando que “se |
| impone una |
| democratización que ponga fin a las redes de poder clientelistas o armadas de las últimas |
| décadas” (Pecaut 33), que se recupere “el elemento de rivalidad, crucial para entender la |
| historia de la violencia política en Colombia (que) brilla por su ausencia”34, que “mientras |
| continúe la vinculación entre las armas y la política esa brutal anomalía se mantendrá y que |
| es tarea central de las generaciones futuras de colombianos desmontarla sistemáticamente”. 35 En un reciente libro titulado “El arte de construir la paz grupal”, George Halvonson (NNN), |
| hace un símil con el Arte de la Guerra de Sun Tzu y afirma que si el arte de la guerra consiste |
| en hacer mal al otro para que pierda, el Arte de construir la paz, busca fortalecer a la |
| contraparte para que ambos ganen. Mientras que con la guerra se ejercita violencia contra el |
| otro, con la paz se ejercita la violencia contra uno mismo y claramente, contra el instinto más |
| primitivo de la rabia/rencon/retaliacion. |
| Para lograr la paz, es necesario tener líderes que sepan manejar sus instintos, y en particular, |
| el instinto básico que engendra enemigos y divide el mundo entre nosotros y ellos. Cuando |
| el otro es también nosotros, todo cambia. Este es el concepto del Ubuntu, tan practicado por |
| Mandela: yo también soy tú. Cuando El otro es nosotros, nos revestimos de protección, aceptación y cuidado. Si el otro es ellos, entonces generamos desconfianza, rabia, rencor y |
| venganza. Los colombianos estamos ad portas de fortalecernos en la domesticación de nuestras 3Rs |
| haciendo que esas energías |
| invasivas, subterráneas como |
| las |
| furias se conviertan en |
| Euminides o hacedoras de generosidad y de bondad. No es una tarea meramente sicológica |
| sino profundamente cultural y política. Todo lo que subyace a la base de esta propuesta es el discernimiento ontológico sobre la |
| última finalidad del ser o sea el ser para la libertad: la libertad que da la capacidad de ser |
| don y en lo más hiperbólico de todo, la capacidad del perdón. Es aquí donde se construye |
| por un lado, la robustez del contrato social y por otro, lo más refinado de la dignidad del ser |
| humano. En ambos casos, es la causalidad por la libertad, una causa que no la precede |
| ninguna otra. El alfa y el omega de la existencia. |