Court Opinion

ID: 8560034
Source: CourtListenerOpinion
Date Created: 2022-11-23 12:59:17.993249+00
Date Added: 2024-06-11T16:53:07.355151
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Opinión disidente del
Juez Asociado Señor Rigau.
San Juan, Puerto Rico, a 15 de marzo de 1971
Este caso, resuelto mediante una opinión per curiam del Tribunal, trata de una reclamación de daños por una lesión sufrida por una niña de 10 años de edad en una escuela pública.
*744No hay controversia sobre las determinaciones de hechos expresadas por el tribunal de instancia en su opinión y las partes sometieron el caso a base de dichas determinaciones. Lo que teníamos que resolver en este caso es si, dados esos hechos, procedía o no conceder compensación y, en caso afir-mativo, la cuantía de la misma.
La niña perjudicada era una estudiante de una escuela pública en Río Piedras. Los hechos ocurrieron el 10 de fe-brero de 1969. En lo pertinente, el tribunal de instancia concluyó lo siguiente:
“En la referida fecha, dicha menor salió de clases a las 11:00 A.M. para comenzar nuevamente a las 12:00 del mediodía. Luego de almorzar, la referida menor permaneció en los predios de la escuela y como a eso de las 11:30 A.M., junto a otras amigas, subió al segundo piso del edificio de la escuela para ir a servicio sanitario.
Entró al referido servicio sanitario y penetró a uno de los cubículos del mismo, pero no pasó la aldaba o cerradura por que ésta estaba rota. Acabando de entrar al cubículo el menor estu-diante Luis A. Rivera, entró al cuarto de baño de las niñas, intentó abrir el cubículo donde estaban algunas de las compa-ñantes de la demandante y al no lograrlo trató de abrir la puerta del cubículo donde había penetrado la menor demandante. La intención del referido estudiante, según el testimonio de la menor demandante era para tratar de besar a las niñas.
El menor Rivera comenzó a intentar abrir la puerta del cubículo halándola hacia afuera y la menor reclamante lo impedía halando hacia adentro. Esto lo hacía la demandante agarrando con ambas manos la puerta del cubículo por el borde donde ésta termina (como a 14 pulg. del piso) quedando su mano izquierda cerca del lado donde gira la misma en los goznes.
Súbitamente la puerta se cerró, pillándole a la menor de-mandante el dedo índice de su mano izquierda y produciéndole una lesión que causó la pérdida de parte de la falange distal del dedo, lo que ocasionó hondos sufrimientos a ella y a sus padres.”
*745A pesar de lo anterior, el tribunal de instancia declaró sin lugar la demanda y la opinión mayoritaria de este Tribunal confirma esa decisión.
Lamento tener que disentir de la opinión del Tribunal. La niña perjudicada, como alumna de esa escuela, tenía derecho a utilizar ese cuarto de baño. La escuela le debía un mínimo de protección. Ese mínimo de protección era tener allí un pasador o cerradura en buen estado de funciona-miento. De haberlo tenido no se hubiese producido el forcejeo que le produjo la lesión a la niña. Prueba de ello es que las niñas que estaban en los otros cubículos que el niño trató de abrir y no pudo, por estar sus puertas bien aseguradas, no recibieron lesión alguna.
Para ver la iniquidad de la situación no satisfactoria que la opinión mayoritaria da por buena cabe considerar los si-guientes interrogantes. ¿A qué padre le gustaría que cuando su hijita de 10 años va al servicio sanitario de la escuela, venga un varón a abrirle la puerta, diz que para besarla, o para lo que sea? ¿No es acaso patético el cuadro, presente en este caso, de esta niña de 10 años agarrada a la puerta del servicio sanitario con sus manecitas, forcejeando para que no se la abran, mientras que afuera hay un varón que quiere abrirla para forzar su entrada en el cubículo? ¿Es de espe-rarse acaso que ella gustosamente abra la puerta y lo invite a entrar? No creo que la libertad sexual comienza con niñas de 10 años de edad.
Los cubículos de los servicios sanitarios en las escuelas, y en todas partes, deben tener y por regla general tienen pasadores o cerraduras de alguna especie. Lo anómalo es que no las tengan. Tan claro es que pueden preverse casos de indisciplina como el del caso de autos, que los otros cubículos en aquel cuarto de baño tenían pasadores o aldabas. En otras palabras, los pasadores o cerraduras en esas puertas obvia-mente no se ponen para decorarlas sino para que puedan *746cerrarse y así evitar situaciones como las de este caso y otros análogos.
Es deber de los que operan escuelas ver que los cubículos de los servicios sanitarios de las niñas puedan cerrarse con pasadores o con alguna cerradura apropiada para la protec-ción de dichas niñas. Creo que esa proposición es evidente. Se cierran los almacenes de materiales escolares, se cierran los salones de clases y las oficinas. ¿No merece igual o mayor cuidado la moral, la integridad física y la seguridad de las niñas de tierna edad que acuden a los planteles escolares?
¿Qué clase de valores vamos a sostener en nuestras deci-siones? Hace apenas unos días, en Piovanetti Doumont v. Martínez, 99 D.P.R. 663 (1971), un caso que trata de cobro de dinero, dijimos, muy acertadamente a mi entender, que “la misión del Juez es sobre todo y propiamente la de hacer justicia y esta justicia solo puede realizarse vivificando con la equidad la prescripción de la ley.”
¿Vamos a vivificar la ley para proteger el interés econó-mico en una finca y en unos dólares pero vamos a rehusar hacerlo para proteger la integridad física de una niña es-colar de 10 años de edad que sus padres confiadamente ponen en la escuela? En el caso de autos, para hacer justicia no tenemos siquiera que recurrir a la equidad para vivificar la prescripción de la ley. Reconociendo su deber moral, que es la equidad en estos casos, el Gobierno de Puerto Rico se adelantó a este Tribunal y mediante legislación expresa au-torizó las demandas contra el Estado en casos de daños y perjuicios. Ley Núm. 104 de 29 de junio de 1955; 32 L.P.R.A. sec. 3077.
En Cruz Costales v. E.L.A., 89 D.P.R. 105 (1963), caso que citan el Tribunal de instancia y este Tribunal, reconoci-mos que “la multitud de casos y la infinidad de circunstan-cias posibles han producido y producirán jurisprudencia disímil.” Como un caveat que creimos oportuno, allí señalamos que la jurisprudencia más reciente exige un mayor grado *747de cuidado de parte de las escuelas para con los niños de poca edad que el que se exigía anteriormente.
Para que nuestra opinión en el caso de Cruz Costales no se tomase como un cheque en blanco, allí expresamos a la pág. 115 lo siguiente:
“Es necesario tomar en consideración los elementos genéricos y los individuales de cada caso. [T] odo caso es individual y tiene un algo de irreducible a los demás que exige tener muy presentes sus circunstancias y factores individuales. Cuando lo típico pre-domina sobre lo individal no hay otro medio posible, ni más seguro, de ser justo, e incluso equitativo, que poner en práctica el criterio igualitario prefijado en el esquema legal. Ahora bien, si aún dentro de una serie típica de casos, lo individual supera a lo genérico, entonces la misma justicia exige la práctica de la equidad, es decir, el no aplicar el esquema lógico, genérico y abstracto de la norma, sino una medida adecuada a esos elemen-tos individuales: pues lo contrario sería faltar a la justicia, pues sería tratar igualmente lo desigual y lo desigual ha de tratarse desigualmente.” (Citas omitidas.)
Se le hace un flaco servicio al Departamento de Instruc-ción y a los miles de niños que a las escuelas acuden, al resolver como el Tribunal ha resuelto en este caso, lo cual no es otra cosa que dar por buena una situación que no lo es y que solo puede, al condonarla, propiciar el descuido y la desidia en la conservación de las escuelas públicas. Sé que el Departamento de Instrucción no desea eso. Ayudémosle no cayendo en la complacencia injustificada. No es muy costoso ni muy difícil mantener en buen estado los pasadores de las puertas de los cuartos de servicios sanitarios de los niños y las niñas. Creo que es lo menos que se puede pedir.
Yo resolvería declarando con lugar la demanda y conce-diendo una compensación adecuada.