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Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 1
En medio del hondo silencio y de la gran noche milenaria que rodea a los astros, sólo el sol despide áureos destellos.Desde este astro, su luminosa morada, Tupã observa el universo entero con ojos escrutadores que ven a través de las sombras y de las cosas. Una débil nube de amargura parece envolver el brillo maravilloso de su mirada. Acaso le infunde alguna tristeza la soledad infinita que le circunda.Después, Tupã, da por celebradas sus nupcias con Arasy. Conságrale enseguida como Madre del Cielo y le fija por morada la Luna, blanca y tenuemente resplandeciente, como un copo gigantesco de algodón flotante en el espacio. Un tibio calor circunda a la tierra. Un vaho caldeado, que se escapa de las aguas agitadas, se desliza presuroso y siseante; y, allá a lo lejos, el trueno, como un heraldo de guerra, anuncia con su ronco estertor una recia tempestad. Relámpagos prolongados se suceden con intermitencia, iluminando el ámbito y todo el orbe parece moverse en pasmódica convulsión. Las nubes se agrupan y se dispersan como corderos enloquecidos de un fantástico rebaño... De improviso, rásgase el cielo con la fugitiva quebrada luminosa de un rayo, y, poco a poco, como perlas desengarzadas de un collar, caen los granizos sobre la faz de la tierra. ¡Los elementos, dirigidos por una mano monumental y bárbara traban la más formidable batalla que haya conmovido jamás la lid del universo!...Como al anochecer, rompiendo la densa cortina de las sombras, comienza a caer la lluvia con su agua purificadora y fecunda. Primero caen grandes gotas que a la luz fugaz de los relámpagos cobran extrañas fulguraciones, y luego, se precipitan las aguas copiosamente en torrente incontenible. Hasta los pies del cerro, que se alza en medio de la planicie como una admonición, llegan las aguas, blanquecinas a la distancia, llenas de espumajos. La luna, entre unas nubes que corren veloces, cabeceando como veleros desorientados, asoma su faz sonriente y blanca.Ya cerca del amanecer, el cielo despéjase por completo y aparece limpia y brillante la superficie toda de la tierra.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 2
Aquella remota mañana, luminosa y fresca, Tupã levantóse temprano con el ánimo despreocupado y alegre. Invitó a Arasy, su esposa, para que bajase con él a la tierra, hasta la colina de Arigua. Desde este lugar crearían los mares y los ríos, los bosques, las estrellas y todos los seres del universo.La tierra experimentó un leve estremecimiento, como si despertase de su larga modorra de siglos, y desde entonces florecieron las plantas, retoñaron los árboles, rieron los pájaros con su risa loca y jovial y el viento difundió por todas partes mil aromas agradables... La tierra, como infundida de nueva vida, giraba armoniosamente y toda su faz ofrecía un espectáculo portentoso y sublime, pero faltaba algo para completar la gama maravillosa de todo lo creado y entones Tupã se propuso crear la primera pareja humana.Reunió un poco de arcilla y, mezclándola con sumo de ka'a ruvicha, sangre de un ave llamada Yvyja'u, unas hojas de sensitivas y un insecto llamado ambu'a (miriápodo), hizo una pasta. Esta pasta fue remojada con agua traída de un manantial cercano, que desde entonces quedó consagrado con el nombre de Tupãykua (hoy Ypacaraí). Con la pasta, hicieron dos estatuas a su semejanza y las expusieron al sol para secarse.Una vez expuestas al calor de los rayos solares, las estatuas cobraron vida, transformándose en dos seres vigorosos que prorrumpieron en gritos de júbilo.Ambos dioses hicieron sentar frente a ellos a los seres recién creados. Arasy se dirigió a la figura femenina, diciendo: "Mujer que de mí naciste a mi semejanza: te doy por nombre Sypavê." Tupã, a su vez, nombró al ser masculino: "Te doy por nombre Rupavê." Luego, Tupã se dirigió a ambos, instándolos a amarse mucho, reproducirse indefinidamente, mostrar siempre especial cariño a los niños y no afligirse nunca por nada, ya que todo lo necesario estaría al alcance de sus manos.Arasy interrumpió a Tupã, cuestionando: "¿Por qué dices así? Si no hacen nada, si no trabajan, si no distraen la felicidad de vivir que acabamos de darles con la pena de una labor, acaso lleguen a ser desdichados. Vida siempre grata y fácil no es vida, sino muerte lenta."Sin embargo, Tupã, sin prestar mayor atención a las palabras de su esposa, aseguró a los recién creados que para su alimento les dejaban las frutas de las plantas y los árboles que componen los bosques, así como la carne de los animales que habitarían la tierra con ellos. Sypavê entonces preguntó: "¿A mí, qué me dejáis?"Arasy le respondió: "Para ti, Sypavê, queda la fruta del guayabo (arasa) cuyo nombre tanto se asemeja al mío Arasy. Cuando la gustes, acuérdate de mí."Rupavê requirió a su vez: "¿Y a mí, que me dais?".Tupã, generoso, con paternal ternura, le replicó al punto: "Para ti, hijo mío, queda el cocotero."Rupavê entonces gritó: "¡Yo quiero más!".Tupã respondió con fingida ira: "¡Hombre Avaro!", señalándole el suelo.Tupã: "Te dejo también este lecho (tupa) cuyo nombre te recordará el mío."Levantó luego su diestra Tupã, y bendijo a todos los animales que poblaban los bosques.Tupã volvió a hablar: "Todo esto, que para vosotros queda, debéis respetar y conservar. Empleád a su modo todas las cosas sin desperdiciarlas; comed cuanto querráis hasta que arribe a las playas de estas tierras el verdadero señor, el karaiete, que vendrá un día para marcar el destino de este continente... Vosotros – entendédlo bien – sois parte de la arcilla que estáis pisando. La tierra es vuestra madre común y hermana suya es la Luna, que veis allá suspendida en el espacio: Ambas tienen vida y constantemente giran aunque vosotros no os deis cuenta de ello.Todo lo que allá abajo se mueve, como una enorme cabellera agitada a impulso dei viento, son los árboles, y todo lo que veis animarse a ras del suelo, como gusanillos, son los seres vivientes... Cuando la vida se escape de vosotros y tornéis al seno de esta arcilla, mezcláos con ella, por entero y así, una vez que os hayáis confundido con ella, volveréis a gozar de nueva vida... Vosotros estáis de paso en esta tierra; quedaréis un momento sobre ella y luego pasaréis. Seréis como los fuegos fatuos, que veréis surgir a flor del suelo, en noches tormentosas, que iluminan un momento y después se esfuman para siempre. ¡Cómo quisiera veros ya vivir esta existencia que acabamos de daros! Si la dignificáis, no os faltarán las recompensas..."Calló un momento Tupã, y luego con amplio ademán, como abarcándolo todo, continuó con pausada voz:Aquello que veis parpadear en el cielo, como infinitas pupilas, son las estrellas, fragmentos de la Luna, tocados por mi mano... Habéis de saber que todo lo que se reproduce tiene vida. El agua es la sangre, el elemento fecundante de la tierra; el viento, (yvytu o yvypytu) que es el aliento de la tierra – es ésa cosa misteriosa, cargada de rumores, que a veces pasa suavemente, acariciándoos, y otras, como poseído por un espíritu maléfico, corre velozmente, terrible y brutal – contiene el aire que es la base de vuestra existencia...... Amáos mucho, vivid en el amor, pacíficamente, en tanto que yo vele por vosotros. Os dejo a Taû y a Angatupyry como compañeros: Ambos conocen desde ya los caminos que seguiréis y aunque no los veáis, el uno os sostendrá en el Bien y el otro os empujará hacia el Mal.¿Para qué nos dais por compañero a Taû? – gimió medrosa, Sypavê.¡Su presencia es necesaria entre vosotros! – replicóle Tupã,. Si el miedo no existiese, seríais muy desdichados: así también, si todo lo obtuvieseis sin esfuerzo alguno, no sabríais el valor de las cosas... No llegarían a conocerse las virtudes curativas de las hierbas si no existieran las enfermedades; tampoco experimentaríais placer si no conocierais el dolor... Vagaríais errantes, padeciendo, si no pudierais morir, y yo no quisiera que vivierais renegando de la vida, cargados de hastío y de blasfemias... En estos lugares nada habría, sería un desierto terrible si yo no os pusiera a vosotros sobre este globo para multiplicáros indefinidamente... Si os afecta algún mal es porque Taû os somete a prueba y comienza entonces el combate entre él y Angatupyry. Esta será la eterna lucha del bien con el mal. Si llegáis a recobrar la salud, es porque Taû abandona la lid, derrotado, y es Angatupyry, en cambio, el que queda triunfante. No os dejéis llevar jamás por la tentación de robar, es mi principal consejo, y no creáis que si alguna vez cometiereis un hurto de las cosas de vuestros semejantes, aún a cubierto de toda mirada, no dejaría de conocerse luego vuestra falta, pues habéis de saber que siempre, en cualquier lugar que os encontréis, por signos que escaparán a vuestra más escrupulosa previsión y prudencia, asomará la vergüenza de vuestros actos.Quedó un momento Tupã ensimismado, como abstraído en algún pensamiento profundo, y luego prosiguió:No arrebatéis jamás la vida a vuestros semejantes, porque, quien así llegare a hacer, no gozará tranquilidad en todos sus días. Hubiera, querido yo que supierais con alguna anticipación lo que os sucederá, pero ello no es bueno ni conveniente, porque en conocimiento de vuestro destino, acaso lleguéis a cometer muchos excesos.Llenaré de pájaros estos bosques para que con su canto alegren estos lugares y por consiguiente a vosotros también, pero si por ventura yo llegare a ver que por perversa sed de maldad, sacrificáis inútilmente a los animales, no llegaréis a merecer jamás ninguna recompensa. Así también le pasará a los que mutilasen sin necesidad los árboles y las plantas. Alimentáos con sus frutos, pero no los destruyáis.En vuestra sangre hay savia de ka'a ruvicha y es por eso que los árboles os aman a su manera. Tened presente que todos los vegetales tienen vida como vosotros, pero no os será dado nunca comprender su lenguaje.En esta tierra hallaréis unas hierbecillas que deben ser mezcladas con ka'a ruvicha. De esta mezcla, ¡cuántos remedios maravillosos obtendréis! Con el sumo de ambos se compone un remedio milagroso, pero vosotros lograréis conocerlo sólo después de muchísimos esfuerzos.Enseñad a vuestros hijos el amor a los suyos y recomendad especialmente a los varones que reconozcan y respeten a sus descendientes.Roturad la tierra y sembrad en ella las semientes.Arrancad las primicias y gustadlas en paz y tranquilidad.Aquellos que se hayan unido en matrimonio, deben ayudarse mutuamente, debiendo repartirse cordialmente los frutos. Tomad ejemplo de los pájaros que cuando hallan un gusano, llaman alegremente a su compañera para saborearlo juntos.A los buenos los ayudaré siempre y cuando lleguen a mi morada, después de muertos, les rodearé de mimos y cuidados.Los que abrigan pensamientos perversos y tienen el espíritu del mal en sus entrañas, los que sólo siguen las indicaciones de Taû, no se librarán jamás del fracaso. Les pesará el vivir; les atormentarán los genios malignos, y todo lo que hicieran, contrariamente a sus deseos será. Toda la vida de estos seres, será un constante sufrimiento tanto físico como moral, y así purgará las faltas y pecados que hubiesen cometido.A los que arrebatasen la vida a sus semejantes y a los que robasen, el remordimiento de Angekovóra no dejará un momento en paz, atormentándole con mil punzantes garfios invisibles.Os tatuaré el rostro para que al fijáros, os acordéis que también existimos nosotros. De este modo nunca olvidaréis nuestras palabras. No bien había acabado de hablar, cuando Tupã y Arasy desaparecieron de la vista de Rupavê y Sypavê.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 3
Desde ese instante Rupavê y Sypavê, sobre la colina de Aregua, comenzaron a vivir en el mundo de la realidad. Semejantes a los pájaros, se amaron mucho, se arrullaron más y se multiplicaron prodigiosamente bajo la mirada protectora de Tupã, sin conocer jamás los dolores punzantes del hambre ni la angustia torturante del deseo insatisfecho.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 4
Conozcamos ahora, quiénes fueron sus descendientes:Tres fueron los varones y las mujeres muchas. Uno de los primeros, el mayor, llamábase Tumê Arandu ; el segundo Marangatu y el último, de quién decían que había nacido de pié, al revés de los demás, nombrábase Japeusa. Entre sus hermanas, solamente cuatro se hicieron prontamente notables en el lugar que moraban: Porãsy, considerada como madre de la hermosura por ser de singular belleza; Guarasyáva, porque no tenía rival como nadadora; Tupinamba, por su fuerza física incomparable; y, por último, Yrasêma a quien la llamaban «murmullo de las aguas» porque tocaba a maravilla la guitarra y hechizaba a cuantos la oyeran, con su canto melodioso y sedante que semejaba al murmullo de los arroyuelos.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 5
Transcurrieron muchos años en que esta familia vivía satisfecha sobre la colina de Arigua. Allí procrearon a la sombra de la más completa armonía y felicidad, hasta que una noche en que Yrasêma había cantado con exceso, amaneció enferma, afónica. En tal circunstancia la madre Sypãve llamó a su hijo Japeusa para que fuese con urgencia en busca de las yerbas que le servirían de medicamento. Encargóle especialmente trajese hojas de agrial y cáscaras de inga para un cocimiento, con sal extraída de uno de los barreros cercanos. Era el objeto suministrar en ayunas a la enferma al día siguiente en forma de gárgaras; pero Japeusa, que había nacido al revés para hacerlo todo en sentido contrario, fue y recogió ajíes picantes, hojas de ka'atai, tres hojas de ortigas, y dos frutas de naranja agria, con los cuales preparó un menjunje e impuso a su hermana para que lo bebiese.No había transcurrido media hora cuando la garganta de Yrasêma se hinchó y se irritó de tal manera que se le cerró por completo la respiración.Era medio día cuando Yrasêma dobló la cerviz, cual una flor marchita que dobla su corola, y entregó su espíritu a Tupã en medio de general consternación.Aquella virgen, dechado de la gracia guaraní, flor predilecta de la tribu, ha cerrado sus ojos de pasionaria para siempre, dejando solo su perfume que flotaba en aquel ambiente de tristeza hasta entonces ignorado.Toda la tribu se agolpó en su alrededor rompiendo en inconsolable llanto ante aquel insólito cuadro. Yrasêma murió sin mancha como había vivido; porque siempre había rechazado los vínculos carnales de sus parientes cercanos (33) y era tan solo su afición la música y el canto.La noticia de su muerte atrajo a las gentes de las más lejanas comarcas, quienes le presentaron numerosas ofrendas, en su mayoría comestibles, que iban depositando en una gran urna de barro, en la creencia, sin duda, de que con tales vituallas podrían hacer revivir a la muerta. También acumularon sobre su cuerpo muchas yerbas medicinales y así esperaron por varios días confiados en que tornaría a la vida. Era el primer caso de muerte que presenciara la tribu, por ello se encontraba perpleja, no atinando qué partido tomar.Uno de los circunstantes levantó la voz para expresarse en estos términos: Aunque somos testigos de la amarga realidad de su muerte, nos resistimos a creerlo; porque Yrasêma parece convivir con nosotros.Al escuchar éstas breves palabras el hermano mayor de la extinta, apodado Arandu y que no era otro que el profeta, Tumê, le replicó del siguiente modo: Este cuerpo inanimado de mi hermana, debemos depositarlo en algún sitio; pues, ya lo ven ustedes que Arasy le ha sustraído el aliento para siempre; y como tú lo acabas de decir, aunque somos testigos de su muerte, nos resistimos a creer la amarga realidad, Y esa incredulidad subsistirá mientras su cuerpo se halle presente a nuestros ojos y mientras su espíritu invisible flote en nuestro rededor. Llevémosla, pues, a darle sepultura en el seno de la tierra: Así lo ordena Tupã porque ese es el sitio a donde iremos a parar todos en la hora de la muerte.Así es que, ya veis, hermanos míos, el porvenir que nos está reservado. A los mortales nos aguarda un tyvy o sea, una triste fosa; y agrego: ¡Cuan grande es la sabiduría de Tupã al construir nuestro cuerpo lleno de orificios, que requiere cada uno de ellos una necesidad imprescindible! La boca pide de comer y beber desde que nace el día hasta la noche; los ojos piden la contemplación de bellos paisajes y cuanto de hermoso hay en el mundo. La nariz, pide recibir los más delicados olores, las esencias más gratas al olfato. Los oídos reclaman la percepción de las más dulces armonías, los cantares y los tiernos acordes de la guitarra. También estaréis de acuerdo conmigo en que experimentamos la necesidad de los goces sexuales; sería muy triste la vida sin una compañera que nos haga feliz la existencia. Tupã hizo nuestro cuerpo llenándolo de ansiedades que deben ser satisfechas y para calmarlas, fuerza es trabajar. Y prosiguió: Esta misma tierra que pisamos, tiene existencia propia. Es un ser que vive, se alimenta de las plantas y de nuestro cuerpo. Nada perdura sobre ella. Todo lo que sobre su superficie existe irá a parar, tarde o temprano, en sus entrañas inexorables. Tan solo las piedras y el carbón no puede digerirlos fácilmente. Y prosiguiendo su plática expresó: Ya veréis vosotros cuando hayan pasado algunos plenilunios, nadie ya recordará de esos muertos; más todavía, cuando la tierra se haya nutrido de aquellos despojos o sea cuando se hayan mezclado con ella hasta las últimas partículas, el individuo muerto habrá pasado a otro estado. Comenzará a vivir la vida elemental (17). Allí sentirá las emociones que experimenta la madre tierra, que no es sino un ser con vida y movimiento.– El agua es su sangre y el aire su aliento. La vegetación es como el vello que le circunda y los bejucos son a modo de intestinos del boscaje.Y mi hermano Japeusa ha cometido ese error por una supina ignorancia.– Obedecía a su modo de ser, a su propio temperamento. Hay un destino trazado por Tupã y sus designios deben cumplirse infaliblemente, pese a los sabios o ignorantes que quisieran oponerse a esa ley.Por eso pido clemencia para los extraviados como mi hermano Japeusa.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 6
Los restos de Yrasêma, la doncella romántica cuyo canto era como el murmullo de los arroyuelos, fueron colocados en una urna de barro repleta de olorosas flores y de apetitosos manjares. Esta urna fue situada en una fosa profunda mientras el cortejo allí presente formó en circuito una gran cadena, y tomándose de las manos, saltaron, danzaron, y cantaron por largo rato.En este instante se adelantó la madre Sypãve y fue la primera en arrojar sobre la fosa partículas de tierra, hecho que fue imitado por los presentes hasta llenar por completo la sepultura. Terminada esta ceremonia trajeron a Japeusa, y lo colocaron sobre la tumba ya cubierta de tierra. La tribu indignada pedía a gritos para que Japeusa fuese ultimado; pero el corazón de una madre, allí presente, corazón misericordioso como no se hallará otro igual, se opuso, escudándose con las palabras de Tupã que había dicho: «No arrebatéis jamás la vida de vuestros semejantes» y añadió: Ya que mi hijo Japeusa está destinado a vivir contrariando siempre todas las voluntades, dejemos a Arasy que ella misma aplique el castigo que su error o su maldad merecen.Retiróse Japeusa y en medio del general ludibrio, fue a arrojarse en un arroyo cercano. Inútil fue la búsqueda que de él se hiciera. Solo después de muchos días se halló su esqueleto en la ribera ante el cual se agruparon las gentes y vieron por primera vez un bicho muy extraño, parecido a la tarántula, adherido al ya referido esqueleto. Lo desprendieron y al ponerlo sobre la arena, comenzó a andar hacia atrás, cuya condición les convenció que no era otro que Japeusa (cangrejo). En ese instante todos exclamaron horrorizados: ¡Japeusa! ¡Japeusa!, siempre marchando para atrás. Ved en qué animal lo había, convertido Arasy como expiación de su culpa. Luego el esqueleto fue enterrado en la arena, retirándose los circunstantes hacia la población. Allí debían encontrarse con otra novedad: el novio de Yrasêma había llegado esa tarde. En Tavaypy le había sorprendido la amarga nueva de la muerte de su adorada y veloz como un rayo vino hasta Arigua. Era el pobre Jahari que en su desesperación había llegado hasta el aposento de su prometida, regando con sus lágrimas todos los objetos que le pertenecieron en vida.Allá en el poniente se escondía el sol entre nubes de color rojo como ahogándose en charcos de sangre, mientras aquí el apasionado Jahari se lamentaba desoladamente. Encaminóse hacía la sepultura de su idolatrada Yrasêma y revolcándose sobre su fosa, ensayó este triste cantar:Yrasêma, Yrasêma, me dejaste abandonado. ¿Y esto será verdad? Quiero morir ahora mismo para juntarme a ti. Yo no podré resignarme a vivir solo: lloraré por donde quiera que vaya. Y a la contemplación de tu tapera y de tus cosas abandonadas, siéntome volver loco. ¡Oh! Tupã, por favor, llévame donde está mi Yrasêma.Al terminar su canto cayó muerto sobre la misma sepultura guardadora de los restos de aquella a quién tanto amó. Al lado mismo le enterraron.Los siete mitos generados de Taû y Kerana: Teju jagua, Mboy Tu'i, Moñai, Jasy Jatere, Kurupi, Ao Ao, Luison.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 7
Ha pasado el plenilunio y conforme había pronosticado el sabio Tumê, ya nadie recordaba aquel suceso luctuoso que marginó las tres primeras muertes acaecidas en los albores de la Era Guaranítica. Pero bien pronto habría de ocurrir un hecho sensacional llamado a quedar indeleble en la memoria de la posteridad que marcaría el origen de la Mitología y las tradiciones del mundo guaraní. Ocurrió que en la tribu existía una nieta de Sypãve, hija mimada de Marangatu, niña de extraordinaria belleza, que pasaba sus días durmiendo; por eso la apodaron Kerana (dormilona.) Esta era la unigénita de Marangatu, que constituía el encanto del hogar, y era la simpatía personificada, el ídolo de la tribu.El espíritu maléfico Taû, que hacía tiempo se había prendado de ella en silencio, transfomóse en un apuesto joven y fue a cumplimentarla. A los siete días de sus frecuentes visitas, intentó raptarla, pero oportunamente intervino Angatupyry, el espíritu del bien, quien se presentó resuelto a defenderla. Apenas se hallaron frente a frente, se trabaron en una encarnizada lucha, tomando por escenario un gran campo. Lucharon 7 días con sus noches, hasta que Taû, desfalleciente, se consideró perdido. En tal emergencia solicitó la ayuda de su viejo abuelo Pytajovái,que era el Dios del valor y llevaba en sus entrañas el fuego de la destrucción; no tenia rivales y su aliento despedía llamaradas que a él mismo le inquietaban y llenaban de zozobra.Este intrépido guerrero hizo rodar por tierra a Angatupyry, y ya dueño del campo, Taû fue a raptar a Kerana. Esta actitud produjo una justa indignación entre las gentes, quienes desde ese momento, se desvelaron en suplicas y ruegos a Arasy para el ejemplar castigo del raptor.La diosa escuchó aquellos ruegos y su propia indignación se manifiesta en terrible maldición lanzada contra Taû. Esta maldición va a cumplirse bien pronto.Veamos lo que ocurre. Al llegar siete plenilunios, o sean siete meses, Kerana dio a luz el primer hijo monstruo. Era su figura el de un iguana-perro con siete cabezas. Siguieron los alumbramientos cada siete meses hasta completar los siete mitos conocidos en las leyendas guaraníes hasta nuestros días.Ellos son: Teju jagua (iguana-perro) , Mbói Tu'î (víbora-loro) , Moñái , Jasy jatere , Kurupi, Ao-Ao , y el Luisón, que fue el séptimo hijo.Estos seres contrahechos por la Naturaleza, desde tierna edad se revelaron como entes diabólicos, inspirando terror general. Sus inclinaciones se manifestaron bien pronto con los atributos que siguen:Así: Teju jagua, (iguana-perro) o Jaguaru es la encarnación del mito que significa la inacción obligada, debida a la deformidad de su cuerpo por las siete cabezas que le embarazaban para todo movimiento. Era el más horrible por su fealdad. Sus ojos despedían llamaradas. Tupã no le concedió la facultad de desarrollar su ferocidad, siendo, por el contrario, dócil e inofensivo. Se nutría de frutas y su hermano Jasy jatere le proporcionaba miel de abeja, alimento de su predilección Fue considerado como el señor de las cavernas y protector de las frutas.Mbói Tu'î (víbora-loro) – Serpiente de formas colosales con cabeza de loro, fue el segundo hijo del connubio maléfico. Sus dominios se extendían por los esteros. Protector de los anfibios, del rocío, de la humedad y de las flores.Moñai– Señor de los campos, de los aires y de las aves: protector del robo y de toda pillería o picardía.Jasy jatere oJasy Atere (fragmento de la luna); hombrecillo de cabellos dorados, señor de las siestas poseedor de una varita áurea que le hacía invisible, protector del Ka'aruvicha o yerba hechicera y de las abejas.Kurupi– El prototipo de la sensualidad, dominador de la selva y de los animales silvestres. Su miembro viril era de una longitud descomunal.En los montes se cría una especie de liana con el nombre de Kurupi rembo, como una confirmación de lo dicho.Ao-Ao– Señor de la fecundidad. Era considerado como el dominador de los cerros y montañas. Cuenta la tradición que vivía como los Jabalíes en majadas canibalinas y voraces, persiguiendo a las gentes. Cuando éstas, al escaparse de aquellas, para librarse se subían a los árboles, las rodeaban gritando en coro: Ao-Ao, Ao-Ao. Luego desarraigaban los árboles y los volteaban para apoderarse de sus víctimas. Los que subían a las palmeras se salvaban, como si estas plantas tuviesen una virtud contra ellos.Luisón o Luvisón – Séptimo hijo de Taû y de Kerana; señor de la noche y compañero de las parcas. Su dominio se extendía por los cementerios y se nutria de la carne de los difuntos.Estos fenómenos sietemesinos tuvieron su desarrollo máximo a los siete años, y entre todos ellos, quién más alboroto promovía era Kurupi que se dedicaba al rapto de las vírgenes. Las más bellas de éstas desaparecían misteriosamente y bien pronto, se hallaban encinta para alumbrar a los siete meses. Pero como los vástagos eran de origen maléfico, dado el caso que tuvieran que vivir, incendiarían el mundo con sus fechorías; pero Tupã dispuso que a los siete días de nacer se les descompusiera el ombligo, acabando por fallecer del mal de siete días (tétano).Entre los siete hijos de Taû, Moñái era aficionado al robo, ubicándose en una gruta en Yvyty kuape , hoy llamado «Cerro Kavaju», departamento de Atyrá. En esa gruta Moñái acumulaba los productos de su rapiña. Los hechos vandálicos de estos hermanos vinieron a crear un estado de nerviosidad superlativa entre las gentes, un semillero de discordias plantado por la influencia maligna de aquellos. Se odiaban, se culpaban, se armaban, envenenaban sus flechas, incendiaban los montes y sementeras. Allá un asesinato, acá una violación, acullá un incendio de casa. Viejos, chicos y mujeres, poseídos de odio colectivo, se agredían y se mataban ferozmente.Pero, he aquí que aparece en el escenario el gran profeta Tumê resuelto a poner fin a este estado de cosas.Convocó a los Avare (sacerdotes), caciques y demás vecinos caracterizados del pueblo a un Amandaje (asamblea) y les pidió a que le ayudaran a dar fin a esta desgracia colectiva. Fueron invitados a concurrir al Ñemono'ongáva o Cabildo, situado entonces en Atyra, que también significa lugar de reunión, en el que en esa ocasión hablaría Tumê.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 8
Una mañana Taû meditaba y sonreía irónicamente al contemplar a sus vástagos deformados fenomenales así como la obra de destrucción a que se entregaban. Sus ojos bailaban en las órbitas, sus dientes castañeteaban, por su boca despedía llamaradas y monologaba en estos términos: «Dicen que las mujeres me habían maldecido y que por eso he sido condenado a tener esta descendencia contrahecha. ¡Bueno! A esas mujeres (Kuña), yo también las maldigo y quiero que la maldad arraigue en sus lenguas. En vez de kuña, que lleven la denominación de ku ñaña o sea, lengua maldita. También los kuimba'e (hombres), que gozan de la plena posesión de sus lenguas, (i ku imba'e). No obstante eso, podrán tener la debilidad de obedecer todos los caprichos femeninos. Ved si no, que la mayor parte de los acontecimientos humanos que conmueven a las sociedades, (crímenes, dramas, tragedias etc.), tendrán por móvil siempre la mujer; o si no fuere su propia obra, será su insinuación.La serpiente misma, esconde su ponzoña, y no hace uso de ella si no es agredida y solo en tal caso morderá en defensa propia, y su mordedura mata o pronto cura. En cambio, las mujeres serán mucho peor. El que fuere picado por su lengua viperina, no caerá fulminado, pero tendrá un sufrimiento lento, hasta su total aniquilamiento. Su predilección será clavar los dientes en la carne de las amigas ausentes. Hay que dejarlas que se desahoguen, pues, así como los volcanes, cuando no vomitan lava se produce un terremoto. Hay que dejarlas que se desahoguen, que mastiquen las reputaciones ajenas, pues es ese su placer oculto. Ellas, en vez de buscar la calma que produce la paz del espíritu, su propio temperamento las condenará a una vida de desasosiego y de contrariedades.¡Que ellas sufran pues, las consecuencias de su propia maldad!
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 9
Era una noche blanca. La luna iluminaba el conjunto de panoramas que ofrecían los contornos de Atija, (hoy Atyrá).Un panorama primitivo, una naturaleza joven, pletórica de exuberancia y cargada de aromas. El Yvyty rembó o sea la cordillera de los Altos, dibujaba su silueta, en la penumbra, allá en el fondo de la planicie.El Ñemono'ongáva o Cabildo se hallaba atestado de un público sediento de escuchar las palabras salvadoras de Tumê, quién, presentándose ante ellos, les habló de unión, de concordia, de amor mutuo. Después de una larga exhortación pública invitó a una sesión secreta a los más caracterizados auditores, en cuyo acto volvió a recomendar mucha prudencia, a fin de que no se enterase Moñái de los planes que les preparaba, pues, agregó, en ésta dura prueba aquel que se adelantare gustará de la mejor presa.No hace aún mucho tiempo, cuando Kerana comenzaba a alumbrar a los niños fenómenos, predije entonces que aquel hecho era un mal augurio; y ya veis vosotros que mis sospechas han llegado a confirmarse. Estamos asistiendo a un período de desolación de sangre, de lágrimas y de asesinatos y estos asesinatos tienen también sus lógicos efectos. El remordimiento de conciencia de los homicidas que pone en tensión los nervios.Si acabareis con la vida de vuestros semejantes, sentiréis el espíritu de Angekovóra que posesionándose de vuestras entrañas os calcinará el corazón con un fuego lento, que os quitará la tranquilidad y el sueño. Pero Tupã, dijo ¡basta! y me envió un emisario, es éste, el Jahari gua'a, (papagallo) que me acompaña y que por su intermedio, me transmite sus deseos. Él dispuso que, sin pérdida de tiempo, se tome una represalia contra los hermanos mitos inspirándome para prepararles una trampa; agregando: «Dentro de siete días, por la noche, haréis al pié de la letra lo que os indicaré. Una de mis hermanas ya está destinada al sacrificio; tiene la misión abnegada y sublime de salvarnos , si la suerte le acompaña volverá ilesa; si no, su vida habrá sido ofrendada en holocausto a nuestra tranquilidad. Marchará resuelta a aplacar las iras de Moñái, a seducirlo, a desarmarlo, o en caso contrario, a perecer!
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 10
Tan pronto como regresó a su casa Tumê, llamó a sus tres hermanas quienes iban llegando sucesivamente a su presencia; primero Tupinamba, luego Guarasyáva y finalmente Porãsy, que era la menor; todas ellas radiantes doncellas a quienes su hermano Tumê o sea Pa'i arandu (25.), les habló confidencialmente en estos términos: ¿Qué habéis pensado de nuestra vida? Hemos vivido muchos años y no envejecemos nunca y estamos destinados a subsistir en ésta forma. Si alguien no nos matare, las enfermedades no nos matarán, porque estamos inmunizados. Conservamos nuestra juventud pletórica de energía, mientras la mayor parte de nuestros parientes cercanos ya han desaparecido. Tan solo cuatro hemos sobrevivido los que estamos aquí presentes; quiero revelarles un secreto, para lo cual espero me prestéis la debida atención. Queridas hermanas, escuchadme: Debéis saber que yo os he suministrado un remedio contra la muerte, para que os mantengáis siempre jóvenes e inmunes a toda enfermedad. ¿Conocéis aquel Jahari gua'a, el papagallo que me acompaña?; aquel que fue obsequio del joven Jahari a nuestra finada hermana Yrasêma? Pues bien, ese pájaro yo lo recogí después de la muerte de los amantes; y ¡qué revelación! Un día amaneció lleno de la chispa divina de la sabiduría. Nada menos que Tupã lo había elegido como medio de comunicación para hacerme conocer sus deseos. Gracias a las indicaciones de ese pájaro, supe el secreto de una yerba silvestre llamada Ka'a ruvicha (yerba soberana). El varón que llega a ingerir una poción de aquella yerba, no morirá mientras no cometiere el angaipa (fornicación); no envejecerá y gozará siempre de buen humor, será sabio y estará a salvo de toda enfermedad.El que hiciere uso de aquella yerba maravillosa, podrá también conocer el porvenir, adivinará cuantos secretos deseare; solo depende de la forma de cocimiento y mezcla. Unicamente existen cuatro seres que han gustado de esa medicina: los cuatro hermanos que nos hallamos presente y éstegua'a.Desde aquél día, vosotras os halláis poseídas del encantamiento y si lo deseáis, hoy mismo podréis elegir esposo sin que os perjudique el remedio, como lo habíamos supuesto; al contrario, la mujer procreará mejor y no sufrirá los dolores del parto. El varón, por el contrario, si llegare a cohabitar, morirá y no sentirá los placeres sexuales. Este es mi secreto que hoy os revelo. Y prosiguió en su plática: vosotras sois testigos de cuán amarga va siendo nuestra existencia. Estamos bajo la influencia maléfica de los siete espíritus que nos llenan de terror; y nuestra raza necesita un salvador. Me dirá, una de vosotras, si se anima a afrontar la magna empresa de ir ante Moñái para poner en ejecución el arandu ka'aty, plan forjado por mi ingenio. Porãsy se adelanta y con voz resuelta, expresa: ¡Yo iré a matarlo!Luego de haber recibido las instrucciones del caso, marchó a cumplir la difícil misión que se le había encomendado.¡Cuán joven y hermosa era la doncella, última hermana de Tumê, que ofrecía su vida en holocausto de la redención de su patria, librándola así de la dominación de los siete mitos que asolaban el terruño amado!
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPITULO 11
No muy lejos de Atyja se divisa el cerro Kabaju , en cuya gruta vivía Moñái. Allí fue que Porãsy se presentó una mañana muy temprano para poner en práctica los planes de su hermano Tumê. Tan pronto como despertó el terrible Moñái, apareció ante sus ojos como una visión la elegante y voluptuosa figura de Porãsy, y ésta en cuanto lo vio, le dijo: hacía tiempo que tenía vivos deseos de conoceros; hoy, al fin, me encuentro en vuestra presencia, tenéis fama de valiente y de esforzado, por eso os amo y a costa de muchos empeños os he hallado. Os felicito y celebro que gocéis de buena salud.Moñái, ante ésta repentina aparición, se incorporó en su lecho y mirándola, se sintió burlado de tal modo que hasta le parecía un sueño. Aquel malvado de tan negras entrañas, que nunca conoció el miedo helo aquí ante una mujer, sintiéndose pequeño, cohibido, abochornado. Era que jamás había visto una mujer tan hermosa, de formas esculturales tan perfectas, de mirada tan dulce y penetrante, y armada de una audacia incomparable. Le subyugaba de tal suerte que se sentía avergonzado al mirarla fijamente al rostro. Y lo que más le halagaba era el hecho de que viniera expresamente a visitarle porque le amaba. Así que se sintió sumiso y humillado. Después de muchos rodeos se venía acercando tímidamente a su visitante y con voz suplicante, le habló: Sois tan bella, que no me canso de contemplaros; y luego prosiguió: Hace tantos años que vivo aquí solo, en medio de estas piedras, jamás ha llegado hasta aquí un ser humano que tuviese la amabilidad de visitarme. Tú lo has hecho y si es verdad que me amas, creo no tendréis inconveniente en que nos vinculemos ahora mismo... Porãsy le interrumpió: Para eso he venido, pero sería mi deseo que juntéis a todos vuestros hermanos a quienes tengo vivos deseos de conocer y una vez reunidos todos en este lugar realizaremos una gran fiesta y nos casaremos, pero antes de eso es inútil pensar en ello. Así es que apresuraos en reunirlos a todos ellos para dentro de diez días por la noche. Que estemos todos juntos y contentos; y si no los trajereis, yo no me arrobaré en vuestros brazos y pensaré que no me amáis; y así tal como he venido volveré a casa, pues ¿qué buscaría yo por acá?Haré todo cuanto me sea posible le repuso Moñái. De todos modos desde ahora yo vivo y viviré para consagrarme a satisfacer todos tus deseos. Sólo encuentro una dificultad, uno de mis hermanos reside en Jaguaru (Yaguarón), y no podrá venir hasta aquí debido a su deformidad, pero nos trasladaremos a su residencia para que aquel pueda estar también en nuestra compañía. En ese mismo momento ambos se encaminaron a Jaguaru, en donde le fue dado conocer a Teju jagua. Éste al ver tanta belleza se sintió como humillado por tener siete cabezas. Entre tanto Moñái salió en busca de sus otros hermanos para la reunión que se proyectaba.Todas las instrucciones de Tumê Arandu se iban cumpliendo exactamente. A los diez días señalados se encontraban reunidos en la gruta de Yaguarón: Teju jagua, Mboi tu'î, Moñái, Jasy jatere, Kurupi, Ao-Ao y Luisón, quienes rodearon e hicieron cumplida adoración a Porãsy, que allí estaba más hermosa que nunca en su atavío nupcial.Comenzaron a abusar de la chicha, la bebida tradicional de los indígenas, y bien pronto quedaron embriagados. Esta circunstancia esperaba aprovechar Tumê, que los acechaba con su gente. En el acto se dispuso a cerrar la puerta de la caverna, en el momento preciso en que Porãsy tenía que abandonar la gruta. Se ignora las causas por las cuales los mitos se dieron cuenta de las artimañas que les urdían; lo cierto es que, al pretender la huida, Porãsy fue asaltada por Moñái quien, en medio de su borrachera, atinó a sujetarla de los brazos, apostrofándola del modo siguiente: ¡No me abandonéis, hija querida!, me estáis traicionando...¡Traición!, ¡traición!, respondieron a coro los hermanos. Descubierto así el plan, Porãsy gritó a los suyos: ¡Ya no puedo salir, prefiero morir aquí con ellos, así... aseguren la entrada!Entre tanto Tumê y los suyos acumularon piedras y leñas, de modo que ya nadie pudiera salir de la caverna. Y los siete hermanos maléficos, al verse así encerrados, comenzaron a lanzar alaridos terribles. Teju jagua ladraba desesperadamente, el gárrulo Mbói loro despedía gritos desaforados, produciendo todo esto una infernal orquesta que hacía trepidar la tierra en aquellos contornos.Había que escuchar el tumulto de los mitos, en su desesperación. El uno lanzaba ayes ensordecedores, otro bramaba, otro lanzaba alaridos y los demás contribuían con sus voces a una gritería capaz de reventar los tímpanos.La puerta de la caverna se sentía crujir. Las fuerzas concentradas de todos ellos, hacían vacilar toda la tierra en los alrededores, hasta levantar una densa polvareda que obscurecía el cielo.En tales instantes, Tumê prendió fuego a la hoguera y siguió atizando toda la noche.A eso de la madrugada, Porãsy dejó de existir entre el humo y el fuego y su espíritu luminoso, semejante a una luciérnaga, salió de aquel antro candente y se elevó a las regiones del éter, donde mora. Desde aquel entonces el firmamento se exornó con la estrella matutina que los guaraníes llamaron Mbyja co'ê.Ese radiante lucero es el espíritu de Porãsy, que fue situado allí por obra de Tupã, destinado a alumbrar todas las auroras por los siglos de los siglos. El rutilar de aquel lucero, recordará perennemente los ojos de aquella diosa de la hermosura, sacrificada en aras de la ’redención de un pueblo.Y, en tanto que Porãsy fue la primera en asfixiarse, los demás mitos necesitaron siete días y siete noches para consumirse.Y así, sus espíritus purificados por el fuego, abandonaron el antro ígneo, y también resplandecientes remontaron hacia el infinito, ubicándose los siete unidos para formar después el conjunto astronómico de las siete cabrillas (Eichu).Después de siete años de continuas depredaciones y fechorías, aquellos siete monstruos, hijos malditos de Kerana, fueron incinerados en aquella gruta que les sirvió de tormento ígneo.Ese horno fue abierto por Tumê y todo el pueblo allí reunido, pudo contemplar las cenizas.Y aquel sitio legendario, desde entonces quedó consagrado con el nombre de Moñái Kuare, departamento de Yaguarón .
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPITULO 12
La tribu de Sypãve, fue presa de un hondo sentimiento por la muerte de su ídolo Porãsy, quemada viva por salvar a su nación.Existía por entonces un Ne'ê papára, contador de sílabas, o sea, un versificador guaraní, llamado Etiguara, ferviente adorador de Porãsy a quien dedicó un salmo, que las muchedumbres solían entonar en coro, y cuyo sentido ha llegado hasta nosotros en alas de la tradición:" Toda la naturase mueve gozosacuanto tu apareces,estrellita hermosa(Coro)Blanca flor del alba,por buena que fuiste,de querer salvarnosquemada moriste(Coro)Hija de Arasyperlita del cielo,tu fresco rocíose infiltra en el suelo.(Coro)Lágrimas de nieblacargadas de esencia.las flores se abrenante tu presencia.(Coro)Oh, bella estrellitacuando asoma el día,al mirar tu brillonos das alegría.(Coro)Y si de las heladasblanquean los campos,tu luz refulgentetórnase un encanto(Coro)Moñái te adorabapor efecto tal...¡nos abandonastepara nunca más!(Coro)Para siempre fuistePorãsyadorada,te lloramos siemprecon las alboradas(Coro)Más ello no obstantehallamos consueloal saber que eresmimada del cielo(Coro)¿Adonde te has ido?vuélvete enseguida,¡las aves reclamantu pronta venida!(Coro)¡Tu eres del cielola estrella encanada,que incitas las almasa ser adorada!(Coro)"
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 13
Después de la incineración de los siete seres maléficos que azotaban la región, terminaron, por un corto tiempo, las inquietudes y zozobras.Una aparente calma invadía el ambiente, infundiendo el aliento de vagas esperanzas de un futuro mejor, pero bien pronto, los hombres volvieron a alentar ansias de venganza, para derramar entre ellos los torrentes de sus odios y rencores.Eso se debía a la influencia diabólica de Taû que había regresado de un largo viaje, para atizar la discordia en el alma de los guaraníes.El exterminio de su prole había ocurrido en su ausencia. Él se encontraba en sus dominios de Ruapehû , cerca de Taûranga, allá por la Nueva Zelandia, por una larga temporada.Tan pronto como volvió a la tierra de Tumê (Paraguay) fue a ascender a la cumbre del cerro de Jaguaru con su consorte. Ésta le refiere la horrorosa catástrofe ocurrida; y al saber Taû que sus siete hijos fueron sacrificados en las llamas por Tumê, se levantó enfurecido y lanzó un soberbio puntapié, contra una piedra cuyas huellas , aún se dejan ver hasta hoy, y rápido como el viento, salió en busca de Tumê, de quien juró vengarse.Dirigióse a Atyha, su residencia habitual. Iba resuelto a triturarlo, a aniquilarlo. Pero había incurrido en un lastimoso error...Entre tanto, Kerana, en la cumbre del cerro de Jaguaru traspasada de dolor, lloraba inconsolablemente hasta que se le agotó la fuente de sus lágrimas, acabando por fallecer de pena.En ese mismo sitio puede observarse hasta hoy un pocito de agua surgente donde filtra como un hilo permanente, gota a gota, el líquido cristalino.La tradición refiere que aquellas gotas evocan las lágrimas dolientes de Kerana.Entre tanto, Taû empeñosamente andaba en busca de Tumê, a quien halló desnudo bañándose en un pequeño salto del arroyo Karumbe'y en el paraje Mbururu, departamento de Atyha.Taûse le acercó sigilosamente, pero Tumê, avisado ya de antemano por el Gua'a, estaba alerta y volviendo el rostro rápidamente hacia él, le dirigió una mirada desconcertante.Taûno pudo resistir la fuerza de aquella mirada y quedó vencido. Aquel profeta extraordinario le "empayenó", o sea le magnetizó, le dominó y le conjuró con el símbolo triangular (o) y tuvo que huir de su presencia despavorido, como alma que lleva el diablo.En su huida pasó por un lugar donde existe una curiosa piedra hoy llamada Ita Espejo , que Tumê utilizaba entonces como tal.Por venganza, Taû empañó la piedra con su aliento y trazó sobre ella la figura de una pata de avestruz, cuyo significado es la amenaza de un soberbio puntapié lanzado contra la generación de Tumê. Se retiró luego, e inmediatamente fue a poner en práctica sus negros designios.Sembró la cizaña entre los hombres y entre éstos surgieron guerras intestinas.Y volvió, como en otrora, la época más siniestra de sangre y muerte que recuerda la historia guaraniana.Un incendio, voraz por fin, desbastó casi la mitad de la región, y así pudo vengarse Taû de los guaraníes, sus mortales enemigos.En vista de la maldad humana que reinaba entonces, Tupã se encolerizó y dispuso que un Yporu (diluvio) viniese a poner fin a tan espantosas crueldades.Esa determinación la transmitió a Tumê por medio del Gua'a.Deseaba que él, personalmente, construyese un Ygarusu , o sea un lanchón de un solo tronco de árbol para su salvamento. Tumê aguzó todo su ingenio para dicha construcción y tan pronto como terminó la obra, una tarde, mientras el sol iba declinando se produjo un fenómeno extraordinario en las regiones siderales que asombró a todos los rebeldes que luchaban incesantemente.El astro rey parecía bañarse en un mar de sangre. Estaba ornado de un enorme círculo semejante a un gran reflector que producía arreboles que iluminaban la faz de la tierra con sus irisáceos colores. Esta era una señal que presagiaba un acontecimiento grave. Todos los seres vivientes comenzaron a agitarse y al caer la noche, la sorpresa culminó con la caída de una lluvia de estrellas .Un calor extraordinario calcinaba el ambiente. Los insectos zumbaban; las ranas croaban; los zorros gruñían; las aves nocturnas silbaban y el tajasu guyra, ave agorera, con su estridente grito anunciaba un cercano y espantoso cataclismo. En los esteros, el karãu lanzaba, lamentos desesperados, en coro con el chaha y el graznido del kurukãu, que desde las alturas llenaba los corazones de honda congoja.Los jaguaru (lobos grandes) aullaban por doquiera. Los tigres y leones estremecían el ambiente con sus ronquidos soberanos, mientras en los bañados silbaban las serpientes.Estas escenas producían estupor y escalofríos hasta en los guerreros más intrépidos y fuertes, quienes temblaban ante el presentimiento de su fin cercano. Éstos en su arrepentimiento hicieron las paces. Hubo un momento en que el oxigeno se enrarecía y los seres vivientes comenzaban a respirar jadeantes. Ante este desesperante momento, los guerreros rompían sus flechas y llenos de alarma fueron a refugiarse entre los peñascos y otros escondrijos. Por fin terminó la guerra... Causó mucha pena a Arasy el próximo exterminio del género humano. Deploraba que los hombres, a causa de su ignorancia, se hubieran hecho crueles entre si y debido a ello tuviesen que recibir la pena capital.Se constituyó ante Tupã para pedirle la gracia de que fueran perdonados, pero aquél le contestó: «No es posible, ya he ordenado a Tupã amaru que, como su nombre lo indica, es el padre de las agua, que habita el fondo de los mares, para que, mañana mismo, azote la faz de la tierra con una lluvia larga y torrencial. De ese diluvio, agregó, quiero que se salven tan solo Tumê con sus hermanas y el Gua'a, porque entiendo que ellos procrearan otra generación más pura y más obediente a nuestros mandatos». Y así era que ya nada se pudo objetar. Tupã haría su voluntad, y ésta será la más justa e inapelable.No hubo otro remedio que aguardar la hora suprema de la gran lluvia... En aquella noche de ansiedad infinita, nadie concilió el sueño, hasta que al fin despuntó el día, pero no surgió el sol. Se interpuso delante un Jaguaveve, un eclipse total, para vendar los ojos dei sol, la morada de Tupã, quien no deseaba contemplar el exterminio de tantos malvados. Se concretó a descargar sobre ellos un Ara kañy, o sea, el día del juicio final, que viene a ser algo así como un remedio heroico, extirpador de impurezas.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 14
Por fin llegó el día del Yporu, o sea, el del diluvio Universal.El cielo amaneció encapotado; parecía vestirse de luto. Un algo tenebroso flotaba en el ambiente. Tumê con sus dos hermanas y el Gua'a ya se hallaban ubicados convenientemente dentro de la embarcación. Un vaho sofocante se escapaba de las aguas agitadas y las corrientes de aire caldeada, traían fuerte olor a cucarachas. Se avecinaba una pavorosa tempestad. Relámpagos prolongados se sucedían con intermitencia, iluminando todos los ámbitos y el orbe parecía moverse en espasmódica convulsión.Las nubes se agrupan, se dispersan, suben y bajan, remolineando en tremenda confusión. Las descargas eléctricas menudean; y, ya cerca del medio día comenzó a azotar la faz de la tierra una horrorosa tormenta con lluvia. Los campos y lugares se inundaban con sábanas de agua, y seguía lloviendo y lloviendo... hasta que ellas cubrieron por completo los montes quedando solo visibles los picos de una que otra elevada montaña.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 15
Tumênunca pudo precisar cuanto tiempo duró el diluvio sólo recuerda que, después de muchos días de continuas y torrenciales lluvias, no quedaron a flote sino una que otra cumbre de elevadas montañas sobre las cuales se salvaron los animales que constituyen la fauna guaraní actual. Numerosas especies desaparecieron, aquellas que hoy se citan como seres ante diluvianos.Los hombres todos perecieron a excepción de los tres elegidos por Tupã.Cuando las aguas iban ascendiendo por las laderas de los cerros, se ofrecía el espectáculo más emocionante y grandioso que hasta entonces se hubiere visto, y que era digno por cierto de la pantalla cinematográfica.Millares de aborígenes, luchando desesperadamente contra las aguas, pugnaban por llegar hasta las cumbres pero se veían atacados de continuo por los animales feroces, o por colosales serpientes que los devoraban, de suerte que aquellos que no morían ahogados, perecían en las garras de las bestias, o acosados por el hambre.Después de escampar comenzaron a descender las aguas, hasta que normalizaron sus cauces; pero un Yvytyngusu, o sea una intensa neblina reinó por espacio de varios días, hasta que por fin, también se disipó y fue entonces que un sol brillante iluminó la faz de la tierra. Tumê se decidió a abandonar su barquilla para salir a realizar una breve excursión por los alrededores.Contemplaba las frondas verdinas y los limbos amarillentos de las hojas, recientemente exhumadas de las aguas. Los árboles estaban cubiertos de algas y líquenes, por efecto de la humedad, suspendidos de las ramas en forma de cabelleras. Hongos gigantescos brotaban por doquiera; y he aquí que con gran sorpresa de Tumê, aparecieron las siluetas de dos hombres de un montículo cercano. Eran dos arrogantes donceles de cutis amarillo obscuro , de miradas risueñas (ma'ê hory), sanos, robustos y atractivos.Tumêse entrevistó con ellos y como no comprendía su lenguaje los llevó en presencia de sus hermanas y bien pronto con el trato llegaron a comprenderse, profesándose mutua simpatía.Los desconocidos relataron su historia del modo siguiente:Nosotros somos del mar (Paragua) . Hemos llegado hasta aquí navegando en un botecillo y Ñandejára nos ha guiado para hallarnos aquí juntos.En medio del mar se hallaba situado nuestro hermoso país, que fue el luminoso Halánte (Atlántida) tierra de incomparables encantos. Una noche siniestra se lo tragó el mar, y sus habitantes sucumbieron en la lucha con las olas espumosas.Las aguas embravecidas rugían de un modo extraño y el oleaje se elevaba a centenares de metros cuando sus habitantes perecían todos ahogados más una mano providencial colocó a nuestro paso dos botecillos que venían flotando.En nuestra inminente ruina, yo y mi hermano nos apoderamos de uno de ellos y en el otro se ubicó un matrimonio que también pugnaba por salvar la vida. Ese matrimonio que resultó ser Kariõ (Deucalión) y su mujer Pirra, quienes nos acompañaron por muchos días en la navegación, hasta que las olas los llevaron a rumbos desconocidos . Y, prosiguió: Yo me llamo Karaive (13.), y mi hermano mayor aquí presente se llama Ma'ê hory . Somos sobrevivientes del diluvio.Tumêle interrogó: ¿Sois entonces marítimos? Bien venido seáis y demos gracias a Tupã por haberos conservado, cayendo aquí como gusanos de la lluvia (amaraso), expresamente designados para esposos de mis hermanas...Ocurrió que Amaraso quedó como apodo de Ma'ê hory y a Karaive se le dio el sobrenombre de Paragua (que significa marítimo.) Ambos quedaron con ellos.Guarasyávase casó con Paragua y Tupinamba se unió con Amaraso; éste se dirigió al Brasil con su esposa radicándose a orillas de un gran río que llevó la denominación primitiva de Amarasoya, palabra que por dificultades de pronunciación fue cambiada por Amasonia.Tupinamballegó a ser así la madre de los tupíes. Paragua, quedó aquí y también levantó su hogar provisoriamente a orillas de otro gran río que llamaron Paraguay (agua del marítimo); pero, más tarde, por dificultades ortográficas, escribieron y pronunciaron Paraguay, que equivale a PARAGUAY.¡Qué hombre inteligente era Paragua!Tupãhabía enviado un digno colaborador, un buen cuñado a Tumê.Este un día vino a llevarlo a Arigua para fundar un pueblo, muy cerca del Tupã Ykua y Paragua se trasladó allí porque algo le faltaba, no hallaba paz en el lugar que él había elegido.Comenzó pues a laborar con ahínco para levantar un pueblo ideal que sería la admiración de la época. Tenía un hijo primogénito que se llamaba Arekaja , un modelo de hombre dinámico, dotado de facultades extraordinarias. Nadie como él para las invenciones, Era el factótum, el indispensable, para dirigir y animar los trabajos de construcciones, las que iban progresando día a día. Todos los habitantes se hallaban empeñados en aquellos trabajos, hasta que por fin llegó a su apogeo.Desde Arigua se contemplaba una ciudad resplandeciente; era el símil de aquella capital de la Atlántida desaparecida. Se fabricó también todo cuanto era uso en aquella urbe. Por la noche despedía un resplandor blanco semejante a la luz del relámpago. Cuenta la tradición que la casa de Paragua era un Edén suspendido a las orillas del Tupã Ykua. Construcción de extraordinaria altura, sus mborechakáva (ventanas), eran doradas a fuego. Al contacto de los rayos solares despedían áureos reflejos que cegaban la vista. Paragua tenía la obsesión de las luces y acarició la idea de obtener una iluminación igual a la que se usaba en la gran ciudad resplandeciente que fue la metrópoli de Atlántida, en cuyas cercanías había un pozo de profundidad extraordinaria, de donde se extraía un líquido amarillento que tenía propiedades fosforescentes, capaces de alumbrar en la obscuridad como alumbran las luciérnagas.Este líquido era envasado en grandes redomas de cristal. Se ponía en contacto con ciertos aparatos fabricados de ita embo po'i (alambre), ita karu (imán), sostenido por itapygua morotî (clavos de plata pulida); todo lo cual se hacía funcionar por medio de una ñokendavoka (llave); y teniendo como elemento primario el aceite amarillo, de origen mineral, mezclado con ita ysy (azufre) y el itatymbéy (azogue) se obtenía una iluminación semejante a la luz del día.Paraguaconfiaba encontrar esa substancia amarillenta a una gran profundidad, e hizo cavar un pozo en su mismo predio de Mba'e vera guasu en busca del Arakua ; pero la magna empresa dio un resultado negativo. Después de centenares de metros de perforación, brotó un líquido blanco muy espeso, parecido a la leche pero no fosforescente. Era un barniz blanco, con el cual bañaban los más importantes edificios y, a la luz solar, producía extrañas fulguraciones.Los aborígenes gustaron de esa leche y la encontraron muy agradable. Bebiendo cierta cantidad de ella, producía la embriaguez y una somnolencia que hacía transportar a un estado de arrobamiento deleitoso.Muy pronto, aquellos que la ingerían engordaban, pero también los huesos se les reblandecían, terminando por fallecer.En presencia de tal descubrimiento, se ordenó que se siguiese adelante la excavación, y ya se había trabajado doblemente cuando, de pronto, brotó fuego... lo que produjo una gran alarma. El director de los trabajos, (Arekaja) dijo: Nosotros que íbamos buscando el antro de la luz, venimos ahora a topar el infierno...Ordenó, pues, el cierre inmediato del pozo y con esa medida quedó truncada la colosal empresa. Los afanes de Arekaja se dirigieron a la búsqueda de otro procedimiento tendiente a dar nombre a la ciudad fascinadora de Têtã vera guasu.Paragua y su hijo Arecaya comenzaron a ocuparse exclusivamente en practicar experimentos. Extrajeron el zumo de la naranja agria en el cual sumergieron el ita karu (piedra imán), ignorándose qué otras substancias, hasta que un día se le incendió el fuego, es decir, cuajaron sus ideas y consiguieron producir una luz bastante intensa. Había que ver a estos dos genios del progreso con qué entusiasmo anduvieron colocando unos extraños aparatos en lo alto de las casas, que, por la noche, se hallaban adornadas con ramilletes de luces, generadores de la electricidad.Apenas oscurecía, comenzaban a funcionar los aparatos llenando de resplandores toda la población que cobraba así un aspecto verdaderamente fantástico.A esta ciudad, cuna de los misterios y de los encantos le dieron la denominación de Mba'e vera guasu, que quiere decir, gran ciudad resplandeciente.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 16
La vida de Paragua fue una integral consagración al trabajo, a la realización de obras artísticas, que en aquella lejana época no había quien pudiera superarlas, dando aquello una idea del superior grado de adelanto de los atlantes. Y aquellas obras sobrenaturales, según sus propias manifestaciones, la realizaba para olvidar sus penas, porque se sentía avasallado por una profunda e incurable nostalgia. En tal estado vivía meditabundo y melancólico, redoblando así sus actividades. Durante todo el tiempo de sus tareas y afanes tenía por costumbre ponerse a silbar aires tan tristes que impresionaban vivamente a cuantos le escuchaban; con frecuencia exhalaba suspiros exclamando ¡Ha Atlante! que parecían brotar del fondo mismo de su corazón. Sus hijos que a menudo oían de sus labios esa frase interjectiva, le remedaban: ¡Ha tualante! que vive hasta hoy en boca de algunos ancianos, haciendo equivaler a ¡Ah caramba! ignorándose su origen, que no es otro que el desahogo o el suspiro del padre de la raza guaraní evocando su Atlántida desaparecida.Paragua soportó en silencio aquella angustia torturante, porque, como hombre, no quería demostrar debilidad y trataba de ocultar sus lágrimas.No obstante esa precaución, un día fue sorprendido infraganti.Era una tarde lila. El sol estaba a punto de ocultarse entre nubes de ópalo y grana. Era un momento solemne que invitaba al éxtasis y a la meditación. Las cigarras con sus pitos de sirenas anunciaban la capitulación del día con el reinado de las sombras. En esa hora se inundaba de tristeza el corazón de Paragua, quien se hallaba cabizbajo y profundamente impresionado. En esa actitud le sorprendió su esposa. Le salta al cuello, lo besa, lo llena de caricias, le baña el rostro con sus lágrimas y poseída de un gran celo le interroga: Maridito mío, ¿qué sientes tanto?, ¿quién habrá sido la ingrata que te redujo a ese estado? Confiésame la verdad porque estoy tan quebrantada de verte poseído, de un tiempo a ésta parte, de una melancolía tan profunda que ya no puedes ocultar. Ni si hubiese muerto tu propia madre, no es posible que llegue hasta ese extremo tu dolor. iAh! Cuanto he sufrido y sufro ante tus incurables angustias!Paragua la abrazó y le dijo en tono confidencial: iAh, Guarasyáva! No quieras pensar en tonterías; es que vivo embargado por el recuerdo de mi antigua querencia. Esta honda melancolía que me domina, es una especie de enfermedad que se llama nostalgia.Siempre.... ¡pero siempre! me atormenta la duda de si existirá o no sobre el planeta aquella hermosa Atlánte, aquella patria adorada que, en una noche de pesadilla, vi sumergirse en el abismo insondable de los mares. Durante las horas de mi intensa labor, trato de atemperar mis penas , silbando aires que me transportan a aquellos lugares de mi infancia.Es verdad que es muy grave la pérdida de una madre; pero encuentro aún mucho más horroroso pensar que toda una gran nación ya no existe; ni siquiera el sitio donde estuvo ubicada... Además me embarga la inmensa duda de si ya estará o no a flote aquel bello país. En mis noches de insomnio, me pierdo en conjeturas y si duermo, es para soñar que ando recorriendo feliz las calles de mi ciudad predilecta. Y si despierto, es para volver a luchar con los recuerdos que bullen en mi mente como una horrible pesadilla o cual una enfermedad que me va consumiendo paulatina y fatalmente. (pausa)Así se expresó Paragua y su esposa amante se convenció de la sinceridad de sus palabras. Enjugó sus lágrimas, consolándose ante la realidad de que, al fin, había llegado a conocer la causa original de la infinita tristeza de su esposo, que siempre fue motivo de una justa inquietud para sus familiares.Así fue que aquella profunda nostalgia que dominaba al padre Paragua, quedó como una herencia a sus pósteros y, justamente, es aquella la causa de que el indio sea, por naturaleza, pensativo, cabizbajo y melancólico.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 17
Un día Tumê se hallaba pensativo y meditabundo, en su adusto semblante se retrataba el dolor que le torturaba el alma. De pronto poniéndose de pie exclamó: ¡Cuántos años he vivido ya, y aunque disfruto de buena salud, el tedio me invade a tal punto que me hace aborrecer la vida. Es sabido que cuando nace una criatura la partera, como primera providencia, le corta el ombligo y lo lleva a depositar bajo tierra detrás de la casa. Esto viene a ser como una anotación del día del nacimiento. Por las capas geológicas, se contarán después los años del nacido. Y mi ombligo, cuan profundo estará ya en el seno de la tierra. Yo siento el tremendo peso que está encima. Así también es pesada mi vida y no veo llegar ya el día de hallar un descanso. Ya quiero morir para finiquitar esta pena que me devora y comprendo que no podré alcanzar esa gracia porque cometí el gran error de haber gustado de aquel ka'a ruvicha, como elixir de larga vida de la cual ya estoy harto y no atino a discurrir qué podría hacer.Por otra parte, me desespera el pensamiento de que se va acercando el día en que los karaiete, o sea, los hombres que se titulan civilizados, pronto avanzarán sobre nuestros lares, en son de guerra. Esto es lo que más me inquieta porque no quisiera verlos.Aquellos conquistadores arribarán a nuestras playas en tres Ygarata (carabelas) y nos traerán «la semilla del bien y del mal»; así me lo ha pronosticado el gua'a...¡Oh, Tupã, oh Arasy! Escuchad mis ruegos. Inspiradme lo que debo hacer para llegar a la obtención de mi ambicionado descanso. El gua'a, que había estado escuchándole repuso: Trata de casarte para dejar un heredero. Sólo después te será dado morir y si no prefieres la muerte, elige entre ella y la vida. Torna a transformarte en inocente niño. Resuélvete ahora mismo a hacer lo que te digo, porque Tupã te concede ese privilegio solo a ti, así me lo manda.Y, prosiguiendo su plática, expresó: ¿Por qué no retornas a la infancia?; vuelve a aquella edad feliz que fue siempre objeto de tus adorables recuerdos, a aquellos días rosados de ventura en que sólo te faltaba alas para volar por un mundo resurrecto. Volverás a contemplar a través del prisma de tus visiones toda tu edad vivida, esa naturaleza rebosante de alegría, de exuberancia, de murmullos, de cánticos alados, que te elevarán a las encantadas regiones de las caricias y las cristalinas fuentes del amor.Renacerán para ti aquellas lejanas auroras que hacían brotar el rocío fecundante, produciendo la sagrada y magnífica eclosión de los cálices y de las aromosas corolas mañaneras, que invadirán el ambiente con sus gratas esencias.Renacerán las alegrías en tu pecho rejuvenecido y volverás a gozar, como en otrora, de la apacible serenidad del paisaje iluminado por los plateados fulgores de un radiante plenilunio.La contemplación de aquellas sencillas escenas de la Naturaleza que tanto te ilusionaban en pretéritos amaneceres, hoy, por desventura, noto que te llenan de tristeza. Resuélvete pues sin tardanza. ¿Por qué no te decides a lanzar hacia atrás los años y entrar de nuevo a recomenzar la misma ruta de tu propia vida?Tumê, presa de honda emoción exclamó: ¡Oh, divino papagallo, dulce compañero de mi existencia! qué consoladoras palabras son las tuyas!... Breves momentos de reflexión siguieron a esta escena y continuó diciendo: ¡Cuán hermoso debe ser todo esto!, pero únicamente si tuviese que elegir las frutas dulces del sendero, menos para aprisionarme entre los espinosos lazos de los zarzales, propios de la vida.En nuestras peregrinaciones por esta tierra hallamos, por desventura, que los sufrimientos son mayores que los goces, como las lágrimas son más permanentes que los instantes fugaces del placer. Yo comparo la vida con esa planta de tala, con el tallo vestido de espinas punzantes nos clavan por cada frutilla insignificante que vamos a recoger. Por cada gota de almíbar un torrente de amargura.¡Ah, si pensamos en todo esto, en el fondo de la conciencia, nos desilusiona la vida!... Pero los recuerdos viven perennemente en nuestros espíritus, velados casi siempre por el antifaz del optimismo. Esto no es otra cosa que la añoranza de la dulce fruta, no de las espinas. Por eso la existencia es amable.Aspiramos a vivir más y más. Pero ahora mismo me estoy perdiendo en conjeturas. Pienso que si volviera a trocar mis años por las auroras de mi juventud y tuviese que recorrer el panorama de lo que ya he vivido, si tuviese que experimentar las mismas sensaciones del ayer gustado, y si me fuera dado alguna vez la contemplación de un día preñado de fatalidades, ¡ay!.. en la víspera sería capaz de volverme loco. Y ve, ¡que es ingrato el destino!. Él nos va llevando a la rastra, hacia horribles tempestades. Él nos somete a la más ruda labor y a las inclemencias de la intemperie: frío, calor, hambre, y angustias de toda laya y los martirios ocasionados por las picaduras de miles de sabandijas... ¡No, mil veces no! ¡Jamás retrocederé a aquella edad pasada!... (Pausa)Manorã o sea las Parcas nos aterra cuando vemos que se nos viene acercando. Es por nuestro instinto de conservación, porque sabemos que viene armado de un aguijón que, pese a nuestro temor, llegará irremisiblemente a devorar nuestros sesos y este será el instante precursor del descanso eterno.Manorães, sin embargo, nuestro mejor amigo. Pero, ¿quien es Manorã? Es un colosal gusano volador, ciego, pero con buen olfato. Su cuerpo está armado de púas, en cada una de ellas hay virus microbianos de una enfermedad. Debido a su ceguera, a nadie puede elegir; son sus futuras víctimas las que se arrastran hacia él, movidos por su imprudencia o por su mala estrella. Es como el hierro que solicita el imán. Y como es invisible, es también difícil notar su presencia. Basta su contacto para que el cuerpo humano quede contagiado del siniestro virus de la muerte. Es como la bala perdida que sin precautelación posible, se incrusta en el organismo, tronchando la vida, por eso es justo en el rol que desempeña. Y quien quiera que fuese aquel con que llegare a tropezar, estaría irremisiblemente perdido, ya fuere rico, pobre, joven o anciano.Si es verdad que la visión de la muerte nos infunde terror, también es cierto que nos causa tedio la vida, cuando ésta nos resulta interminable. Y soy de aquellos que prefieren un abrazo de Manorã, antes que el insomnio, la modorra y el aburrimiento que me devoran. ¡Oh Manorã inexorable! tú eres el bálsamo de los que sufren, y único refugio de los desesperados ... ¡¡Dispón de mí a tu placer y voluntad!!...
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 18
Era la media noche.Tumêpasaba en vela. Un algo inexplicable embargaba su mente.Levantóse de su lecho y, acercándose al gua'a le dijo: Despierta ave divina y dile a Tupã, que tengo vivos deseos de conocerle personalmente. ¡Oh, Tupã, yo te veo constantemente con los ojos de la imaginación pero hasta hoy no me ha sido dado contemplar tu rostro soberano! Unicamente tú, gua'a, eres el que estableces el contacto espiritual entre yo y él. El gua'a incorporándose con misteriosa voz le contesta: Levanta tus brazos al cielo, permanece en esa suplicante actitud y prepárate a escuchar la misma voz de Tupã.Dicho esto, se dibujaron en el espacio los vivos trazos de relámpagos intermitentes que alumbraban la inmensidad con azulados reflejos. Rasga el rayo las tinieblas con estruendo pavoroso, y su eco repercute por valles y collados provocando la caída de una lluvia abundante, acompañada de granizo. El huracán arrecia, los troncos de los bambúes balancean y silban de un modo extraño. El fragor de la tormenta seguía produciendo en el boscaje una orquestación terrífica, un concierto infernal, escuchándose como el eco de asordantes flautines.De pronto, se deja sentir una breve trepidación de la tierra, luego todo vuelve a su cauce. Se aleja la tempestad y una profunda calma vuelve a reinar en aquella noche misteriosa y solemne...Entonces el gua'a interroga:– ¿Has escuchado la divina voz de Tupa?Tumêsolo acertó a menear la cabeza exclamando: Pues no se nada.– Ese amandareko, ese ciclón, prosiguió, que acaba de extinguirse, es el compañero de Tupã, pero tu mente frágil no ha tenido la suficiencia para comprender su lenguaje, ni tus ojos alcanzaron a distinguir su forma. Como medio de adentrar en tu cerebro, las palabras que aquí acaba de pronunciar, ponte a esculpir ahora mismo sobre esta piedra los signos equivalentes a las palabras de Él, que yo voy a dictarte.Así quedarán grabados esos pensamientos para que tú los analices y sean del conocimiento de la posteridad.Son las breves explicaciones que acabo de escuchar, las que dan una idea acerca de la existencia de ese ser supremo, dominador del Universo, que nosotros conocemos con el nombre de Tupã:«Todas las cosas movibles y estáticas, y todo cuanto se abarca con la mirada, tanto en la superficie de la tierra, como también los cuerpos que brillan en las honduras del firmamento; todos los líquidos, sanguíneos o lechosos como la savia misma de las plantas, en donde quiera que se respire oxígeno: Yo estoy allí. En la luz como en las tinieblas, en el vacío de la gran inmensidad, en la NADA misma o sea donde los ojos humanos son de nula percepción y todo habla del misterio insondable... Mi espíritu está allí. Yo estoy mezclado con las lágrimas, con el amor mismo...; en los rayos solares que filtran en lo más recóndito del boscaje; en el canto, grito o vagido de los animales silvestres; en todos los elementos; en esa misma tierra que pisas; en las tempestades, en los relámpagos, en el trueno, en las descargas eléctricas, desapercibidamente Yo estoy allí. Soy yo el Creador, el Ñemoñangára, como también soy la destrucción, el Principio y el Fin, la enfermedad y la salud, la ventura y la adversidad, lo posible y lo imposible, la revelación y el misterio, o lo que es lo mismo, el enigma universal que el cerebro humano jamás podrá trasponer.Soy el murmullo del arroyuelo que serpea por el hondón de los valles ocultos; el torrente que se precipita sobre las peñas y se convierte en espumas, Hyjuipa expresándose en un lenguaje que jamás podrá ser comprendido por el ser humano.Soy la gota de rocío que titila sobre la flor, que la luz solar adorna bañándola con los colores del iris y done los insectos de alas doradas que liban su licor, vuelan a mis impulsos.Soy el deseo nunca satisfecho, el pensamiento y la idea que ha quedado sin expresión y jamás tendrá su realidad. Soy así mismo, todo aquello que ha dejado de suceder, soy lo infinito, lo curable y lo irreparable. Por eso mi espíritu está diluido en todo ello."Por los aires, por los ecos,por las nubes, voy flotando,y en todo lo creado,mi divino soplo está.A los ojos de los hombres,mi poder está brillandoy por más que ellos me miren,no podrán verme jamás."Al terminar su obra grabatoria, Tumê arrojó el cincel exclamando: ¡Oh, pájaro endiablado, que estas soñando. Déjame dormir por que ya veo que no podrá entrar en cabeza alguna los disparates que acabas de dictarme.¿Será posible Tumê que así te expreses?, le interrumpió el gua'a. Estás chocho? Nada has entendido? Aunque todo eso no me extraña cuando se trata de manifestaciones de Tupã, en las que vislumbra siempre algo de enigmático a los ojos de la investigación mental de los hombres.¿Es acaso que no tienes interés en conocer el sentido de las palabras de Tupã? ¡Ah, es vano empeño el esfuerzo desplegado para enseñar al terco! Es tarea inútil pretender mostrar algo al ciego, dar de comer al harto, hacerse escuchar de un sordo, que se hace tal para no oírte. Los que nacieron para ignorantes es fuerza que acaben así. Nunca tendrán la lucidez necesaria para conocer y comprender a su Creador, ni siquiera para forjarse una idea acerca del sitio donde tiene su morada aquél.¿Pero como puede comprendérsete si estás diciendo cosas incoherentes? Tu presunta revelación sobre la anunciada aparición de Tupã no tiene pies ni cabeza.– ¡Muy bien Tumê, muy bien Tumê!, has dado en la clave... Es eso mismo, Tupã no tiene pies ni cabeza; su aspecto físico nada tiene de parecido con los hombres, tal como tu lo esperabas ver.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 19
Atyhaestaba de fiesta. Una apiñada muchedumbre ocupaba el Cabildo y sus alrededores. Los habitantes de la gran región hallábanse convocados a una junta general para escuchar por última vez la palabra del maestro Tumê, que toda aquella mañana estuvo ocupado en exhortar a los suyos con su acostumbrada elocuencia. Sus palabras llenas de emoción y de sanos consejos eran como blandas caricias para sus oyentes, quienes al escucharle no podían menos que llorar amargamente.– Aunque está muy lejano todavía el día nefasto, dijo Tumê, en que los karai ete arribarán a nuestras playas en tres ygarata, me espanta el sólo pensar que tenga que llegar a vivir hasta aquel día para presenciar su arribo, y luego ver, oír y sentir las iniquidades que cometerán y que quizás sean peores que la plaga de los siete mitos, de tan ingrata historia para nuestra nación. Aquellos extranjeros serán nuestros encarnizados enemigos; nos despreciarán, exterminarán nuestros animales silvestres y nuestra raza será batida, a la par que las bestias feroces, a chuzazos, a lanzazos y será desahuciada por los perros, se verá perseguida y desbaratada hasta su total exterminio. Aquellos extranjeros prevalidos de su inteligencia y de los elementos científicos de que seguramente dispondrán, harán mucho de bueno, como también podrán hacer mucho de malo.La sed de oro será su constante obsesión. Los intereses bastardos arraigarán en sus pechos haciendo brotar la envidia y la mezquindad, como un mal que se trasmitirá a sus descendientes. Quebrantarán la armonía común y desaparecerá en gran parte la simpatía y la hospitalidad. El sentimiento de humanidad llegará a ser ante los intereses creados contrapuestos cosa secundaria.Prosiguiendo en sus disquisiciones agregó Tumê:– Deploro tener que abandonaros para ir en busca de una esperanza que vislumbro en el camino de mi vida y regocija mi alma. Tras largo y rudo bregar por esta tierra, condenado a no morir, veo al fin acercarse la hora feliz de mi eterno descanso. Por eso vengo hoy a despedirme de vosotros para siempre. Debo marchar hoy mismo a un sitio prefijado, donde me ocultaré en el seno de un cerro matizado (yvyty paraguari pe) (93)"En el cerro matizadola vida voy a enmendary me hallaré transformadoen roca de aquel lugar."Al dejar Tumê el uso de la palabra, desapareció de entre la muchedumbre.Se había dirigido sigilosamente con su gua'a hacia un elevado cerro, en cuya falda se sentó a descansar sobre una ancha piedra blanca que le sirvió de marandeko kuatia rã o sea de elemento para la Historia, comenzando allí mismo a grabar unos extraños jeroglíficos, por inspiración del gua'a cuyo sentido se presume sea una predicción del destino reservado a la raza guaraní.Era una tibia siesta de invierno que invitaba por igual a los ejercicios físicos o al descanso.Una brisa templada difundía por doquiera los perfumes de extrañas orquídeas.Tumê, fatigado moral y materialmente se sintió dominado por el sueño, del que despertó sobresaltado por los gritos estridentes del gua'a...¿Qué había ocurrido? Una hermosa gua'a, hembra, se le había acercado, quedando absorta al contemplar al pájaro divino ornado de hermosísimos colores.Se acercó a su lado y después de afectuosas caricias, la cubrió, y cayendo desfalleciente, murió a la vista de su dueño. Era el efecto del ka'a ruvicha, contrario al coito. El dolor de Tumê fue grande y como el caso no tenía remedio, enterró el cuerpo del ave parlera debajo de la misma piedra donde había grabado los petroglifos de que ya hemos hecho mención.Antes de arrojar tierra sobre la fosa abierta, le dirigió sentidas frases de despedida al amigo inseparable, al buen consejero, que tantos años le había acompañando. «Yo envidio vuestro descanso» le dice al final mientras sepultaba su cuerpo inerte.Y el cerro que fue teatro de esta escena de dolor es el mismo que se titula «Jarigua'a», situado entre los departamentos de Paraguarí y Carapeguá.Su primitivo nombre era Jaharigua'a porque allí murió y fue enterrado el gua'a de Jahari bajo aquella histórica loza que fue motivo de justa curiosidad de parte de los turistas y hombres de ciencia que solían visitarla. No hará mucho que fu destruida por manos criminales.Después de este trágico suceso, Tumê se dirigió hacia el CerroPara, (Cerro Overo), donde eligió el sitio de su última morada, dentro de una gruta.Seguidamente salió por las aldeas en busca de una joven que le serviría de esposa. Bien pronto encontró una doncella de aspecto atrayente llamada Tere a quien eligió como esposa y la llevó inmediatamente para instruirla e inculcarle algo de su sabiduría, por que le decía: Yo pronto te dejaré para conocer el descanso eterno.La enseñanza duró varias semanas. Tumê tuvo que aplazar el fin de sus días solo con el objeto de dejar a su esposa una mediana instrucción, así como también la revelación de algunos secretos entre los cuales figuraba el uso de la yerba mate y del avati (maíz).Una tarde, hallándose ambos en la puerta de la gruta, Tumê dirigió una mirada melancólica hacia el cerro Jahari gua'a y le dijo a Tere con voz compungida, apuntando con el índice.¿Ves como parece estar muy cerca aquel lejano cerro? ¡Upe hi'ari gua'a o manónga chehegui! (de aquel cerro en la cima, murió mi pobre papagallo); ¡ave de mi hondo afecto que me acompañó toda mi vida! Al expresarse así se le inundaron los ojos de lágrimas. Luego le refirió la historia de los karai ete que llegarían un día en son de guerra, dispuestos a luchar por el oro y la desmembración de la raza guaraní. Por último, le confesó la triste determinación de abandonar el mundo para sustraerse a todo, horrorizado por la perspectiva de un batallar por la vida, tanto más intenso cuanto más avanza la civilización, y hasta llegará una época ominosa en que desaparecerá la armonía colectiva.Luego agregó: Esta misma noche nos vincularemos para poder dejarte un gua'i rã (un vástago) que heredará mis cualidades y te servirá de amparo.En efecto, ni bien entrada la noche, cohabitó con su virgen esposa y bien pronto produjo sus efectos el ka'a ruvicha; se sintió desfallecer; una extraña frialdad hizo presa de su cuerpo; se levantó y en aquel instante, uno de sus pies comenzaba a convertirse en piedra; sucesivamente cada uno de los miembros de su cuerpo amanecía petrificado, quedando intacta solamente la cabeza. En presencia de un hecho tan extraño, la gente de la comarca se agolpaba a su rededor. Era tan emocionante el cuadro y tan admirable la plática que escuchaban de labios de aquel moribundo, o mejor dicho, de aquella estatua de piedra con cabeza animada, que llamaba constantemente a Tupã y a Arasy y dirigía cariñosas palabras de consuelo a la joven esposa que tan pronto iba a abandonar.Momentos antes de expirar le dijo: Tere, hoy en el ocaso de mi vida, te contemplo tan llena de gracia que te amo de todo corazón y deploro una y mil veces que tenga que separarme de tu lado. Recién ahora conozco la felicidad que se experimenta al lado del ser querido, aprisionado en los brazos de una consorte amantísima, rodeado de hijos queridos que le acarician y le acosan a preguntas inocentes llenas de infantil ingenuidad. Así sería otra cosa la vida, no se sentiría el aburrimiento que de mi alma se ha apoderado en mi triste soledad. Si a tiempo hubiera sabido que existían estos placeres, jamás hubiese gustado de la «yerba soberana» que me sirvió de elixir de larga vida. Pero, mira Tere, no te canses de recomendar a nuestros descendientes para que se abstengan de cometer esa locura de ingerirla. Yo estoy convencido de que sólo al hombre le produce este mal efecto, no así a la mujer; por el contrario, le ahorra el sufrimiento del parto. Y a fin de que nadie haga uso de ella he dejado enterrada la receta en este itakoty (aposento de piedra), donde quedará oculta hasta el día del juicio final.Enjugad vuestras lágrimas, que ya no tardará en brillar la alborada en que volvamos a conversar familiarmente como ahora. Desde otras regiones, quizá desde algún Jasy rata guasu (desde algún planeta), os enviaré mis mensajes de cariño y amor, y eso lo cumpliré estrictamente... es mi formal promesa...!Terminada esta exhortación el gran Profeta de los guaraníes, aquel Tumê, Tomé, Sumé, Pa'i Arandu, Paisandú o Santo Tomás, (éste último según suposición de los conquistadores) cuyo nombre se ha prestado para la denominación de numerosos lugares, pueblos y hasta ciudades de este continente, le llegó también su hora, dándose a eterno silencio porque acababa de convertirse totalmente en piedra en la gruta de Santo Tomás en Paraguarí.Su espíritu luminoso despidió fulgores por varios segundos, alumbrando el obscuro aposento de piedra (ita koty) y luego se elevó a la mansión celeste, donde mora convertido en el planeta Marte. Su esposa Tere se quedó asida al cuello de sus despojos petrificados, en tanto la concurrencia le acompañaba con sus lágrimas.Existía por entonces un anciano llamado Chochî , director de rezos, mejor dicho avare (sacerdote), quién rezó un curioso salmo, especie de letanía respondiendo dialogalmente un coro de voces el estribillo: Tere Noe . " Chochî – Nuestro apreciado Tumêfue hijo de RupavêTere Noe (Coro)del vientre de Sypavênació en la primaveraTere NoeNuestro entendido Avareutilizaba el paye (magia)Tere Noe Incineró con su cienciaa Moñái y sus hermanos.Tere Noe y merced a su invenciónse tuvo una embarcación.Tere Noe A él mediante, del diluviose ha salvado nuestra raza.Tere Noe Así que el grande Tumêfue ante nosotros, Noé.Tere Noe Él nos enseñó el cultivode la yerba y el maíz.Tere Noe Él fundó para nosotrosel Mba'e vera guasu.Tere Noe El grabó con propias manoslas palabras del gua'a Tere NoeCon blandas alas fue al cielopara hallar reposo y paz.Tere NoeFue a dar grata visitaa aquella Arasy infinita.Tere NoeDel Jarigua'a en la cumbresus leyes están grabadas.Tere NoeYa solo está entre nosotrossu fría imagen de piedra.Tere NoeY desde allá nos alumbraun planeta en la penumbra.Tere NoeOh Tupã grande Deidada nuestra raza amparad...!Tere Noe Tumê desde el firmamentonos dará su mandamiento. " Al finalizar este salmo reverente en adoración a Tumê, en la maraña cercana de la selva se oyó un lamento quejumbroso, lastimero, así también como el lúgubre tañido de una campana en son de tétrico doblar.Era Urutaû que, en su hondo duelo, lloraba la desaparición eterna de Tumê y el guyra ita o Tupin (pájaro campana), que con su canto metálico invitaba a la meditación y al recogimiento.Desde aquel día memorable, la fauna guaraní cuenta con dos curiosas especies de pájaros, cuyos cantos han dado origen a conocidas e interesantes leyendas. Nueve meses después de los hechos que acabamos de relatar, la joven viuda de Tumê dio a luz un varoncito a quién le dieron el nombre de Gua'irã, que significa vástago o heredero.Desde su infancia, este niño demostró una mentalidad clarividente.Entre sus primeras aficiones le encantaba la construcción de botecitos cuyos ejemplares llenaban la casa.Aquella singular y tal vez lógica inclinación la heredó de Tumê, quién fue un día inventor de aquel ygarusu con el que salvó su propia vida y las de sus hermanas.Ya adolescente, Gua'irã, se dirigió una siesta hacia la selva cercana con sus herramientas, con el objeto de cortar maderas para la fabricación de sus botecillos, pero con tal mala suerte que extravió el camino. Aquí es oportuno recordar que Taû, el genio maléfico, nunca pudo vengarse de Tumê, debido a la posesión del paye, contrario a toda influencia del exorcismo.Aconteció que después de su muerte acechó a su unigénito Gua'irã. Siendo este un niño inexperto aun, lo extravió por las sendas ocultas del bosque por donde anduvo vagando durante varias semanas.En esta obligada peregrinación, causada por el extravío, recorrió las sierras de «Amambáy» y «Mbarakaju», sustentándose sólo de frutas silvestres y miel de abejas, hasta que se le interpuso un gran río, un Parana que tenía que vadear para volver a su hogar, según su creencia. Así tuvo que quedar a trabajar varios días para construir un ygatimî (botecillo blanco), con el cual pensó vadear el Paraná. Terminada su obra y botada al agua la pequeña embarcación, se puso a remar hasta quedar rendido de cansancio. Entonces se dejó llevar por las olas, hasta que de pronto una corriente impetuosa lo arrastró al infierno, o sea al abismo del gran salto que hoy lleva su nombre: Salto de Guaira . Refiérese después, como cosa verídica, que varias tribus ribereñas vieron pasar al intrépido niño luchando con las olas en su botecillo blanco.Esta fue la única venganza de Taû.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 20
En los albores de un risueño amanecer, se levantó Paragua, acompañado de su esposa Guarasyáva y emprendió viaje hacia Amarasója. Es que abrumado por la nostalgia, aquella noche no había podido conciliar el sueño y resolvió ir a visitar a su hermano Amarasó, confiando que a su lado hallaría algún consuelo. Le interrogó su esposa, porque no trataba de olvidar aquello que ya no existe, desde que con el andar del tiempo se olvida hasta los seres más queridos. He luchado conmigo mismo, dijo Paragua, día y noche sin conseguirlo. Es una paradoja pero aquellos que se proponen olvidar algo que les obsesiona, más lo recuerdan. Hasta el bruto llega a olvidar la compañera muerta, pero no su querencia, a tal punto que en cualquier inesperado momento es atraído hacia ella...Después de una larga odisea por tierra y por agua Paragua y Guarasyáva consiguieron llegar a los dominios de Tupina, Tupinamba o Tupinamba'e (30.). Ésta había procreado tanto como las hormigas; sus descendientes constituían un gran pueblo cuyos habitantes vivían en promiscuidad. Formaban tribus que vivían en estado miserable una existencia nómada, alimentándose de la caza y de la pesca. Amaraso se hallaba muy avejentado y casi ciego. Su hermano le reprochó su indiferencia y su escaso amor al progreso.¡Ah!, le decía, cómo quisiera mostrarte nuestra casa, y sobre todo nuestra ciudad de Mba’e Vera Guasu, pobre hermano mío... Nos envidiarías y hasta te arrancaría lágrimas de los ojos, porque su contemplación te daría la sensación de encontrarte en la misma capital de nuestra querida Atlántida.Dicho esto Paragua se puso de pie, hondamente emocionado y se confundió con su hermano en un prolongado y fuerte abrazo. Luego continuó su relato en la forma que sigue: Tuve la suerte de contar con un hijo llamado Arekaja. Hijo cariñoso y dinámico, estaba dotado del don de la invención. Con él, y bajo la dirección de nuestro gran cuñado Tumê, conseguimos levantar una fascinante ciudad, a la cual en todos los momentos, traté de imprimir todos los aspectos de nuestra antigua urbe.No cabe duda, prosiguió, que vosotros sois unos soberanos indolentes y por ello desearía llevar uno de vuestros hijos para darle algunas instrucciones acerca de los trabajos útiles, e inculcarle ideas de progreso.En Mba’e Vera Guasu aprenderá él muchas cosas, porque esto de ser nómada, es decir, vivir por siempre una vida inestable,(ku java mantérei) , no puede aparejar cosa buena.Con tal sistema no se llega a saborear la suculenta mandioca, ni el maíz, cuya manera de sembrar no la habríais conocido. Si llegarais a gustar de las comodidades comprenderíais su importancia y pensarías que no conduce a nada bueno la vida errante (Ku java mantérei).En esto se le acercó de improviso un indiecito de baja estatura, feucho pero bastante simpático. Era el último hijo de Amarasó, que respondía al nombre de Toryja, que dice tanto como el cómico, el hazmerreír o el bufón. Nuestro personaje, además de tener una pronunciación defectuosa, inventaba cada chiste que provocaba hilaridad a cuantos le escuchaban. Por tal cualidad era querido de todos siendo realmente un tipo popular.Tupina que se hallaba presente le dijo: ven hijo mío a saludar a tu tía y a tu tío (nde syi ha nde tuty). El mozo los abrazó y luego se colocó muy junto al tío Paragua a quién comenzó a relatar tantas mentiras que le dejaron subyugado, terminando por invitarle a que le acompañara al sitio indicado a ver el brazo de un río donde aparecía un fantasma acuático (Ypóra) de tres cabezas.Paragua,ignorando que su sobrino era un bobo, le dio crédito y le siguió con marcada curiosidad. Ambularon por espacio de medio día, hasta que se sentaron a descansar a la orilla de un río.De pronto Paragua increpó a su sobrino en estos términos: ¡Eres un mentirosa, Toryja! (Nde japúre Toryja) Prosiguieron sus andanzas y no pudieron encontrar salida por la costa de aquel río que hoy se denomina «Yapuré». Se hallaban desorientados totalmente. Nunca Paragua llegó a enfurecerse tanto como aquella vez y asiendo del brazo a su sobrino le amenazó con ahorcarle si no trataba de encontrar el camino que les conduciría a la casa de donde salieran; pues yo, agregó, no conozco estos lugares mientras tú los conocerás al dedillo.Vea tío, le repuso Toryja, ten un podo de paciencia. Recuerda que tú también puedes equivocarte. Nadie es infalible; (Nde avei karai avy) .¡No quiero oír nada! ¿Para que me has traído engañado por acá? ¿Ves estos bejucos (sypo) que arranco ahora? Pues algo más tarde voy a hacer uso de ellos, (Kuri ve jepe tai puru) ya los tengo preparados para ahorcarte.Estando en estas discusiones, de pronto Paragua exclamó: Toryja; ¡grita!, ¡grita!, pide auxilio (Esapukái arosa) mira que nos ataca un tigre. En efecto, una soberbia pantera se abalanzó sobre Paragua, trabándose ambos en una lucha cuerpo a cuerpo. Mientras esto sucedía, el bobo de Toryja le estuvo observando impasible, actitud que le exasperó de tal manera que le infundió más valor y coraje. En tal situación Paragua le grita: ¡Toryja! ayúdame; ¿no ves que esta fiera puede dominarme? Y el bobo le respondió: ¡Jajai... cualquier día! ¡No te apures tío, que ya bien pronto te dominará! Dicho esto desapareció entre la maraña del bosque dejando al tío a merced de su suerte...Pasó la noche. Los primeros rayos solares invadían la superficie de la tierra cuando Toryja iba llegando a su casa, donde la familia muy alarmada le estaba aguardando.Guarasyávafue la primera en interrogarle. Toryja por ocultar su cobardía, inventó otra patraña: Ocurrió que mi tío, les dijo, encontró unas mujeres tan amables que lo llevaron a su casa en donde está ahora muy encantado. Yo escapé de él para regresar a casa.La tía Guarasyáva que también desconocía la falta de cordura de Toryja fióse de sus palabras y poseída de un recóndito celo le llamó a solas y le ofreció buenas dádivas si le acompañaba a la supuesta casa donde estaba su marido. Incontinenti emprendieron la marcha y después de muchas andanzas estériles llegaron a la orilla de un hermoso lago lleno de aves acuáticas. Allí descansaron a inmediaciones de un esteral. Be improviso les invadió una manada de monos noveleros (karaja o kadaja), motivo que marginó el nombre de "Cadaya" al lago situado cerca de Manáos (Brasil).Guarasyáva, en vista del paso falso que había dado, se puso a llorar, y ni siquiera pensaría que le estaba aguardando otra sorpresa mayor, pues de entre unos camalotales vecinos brotó furtivamente una enfurecida serpiente clueca, de colosal tamaño que se les dirigía resueltamente. Ambos corrieron aterrados a no poder más, hasta que Guarasyáva desesperadamente se vio aprisionada dentro de un gran espinal del que le era imposible salir. Comenzó a gritar desaforadamente a Toryja rogándole que no la abandonara. Le prometió entregarle la hermosa yunta de patos que le pertenecía con todas las crías. La promesa llegó a interesarle mostrándose decidido a velar por la suerte de su vieja tía. Todo un día y una noche rondó inútilmente por el erizado espinal que mantenía presa a Guarasyáva; era impenetrable el sitio donde ella se hallaba. En vista de estas dificultades recurrió a una curiosa estratagema haciendo este cálculo: si llevada del susto penetró allí, seguramente con otro susto podrá volver a salir; veamos como resulta el remedio que voy a aplicarle. Frotó una yesca y prendió fuego al espinal que ardió como el sebo produciendo un chisporroteo semejante a descargas de ametralladoras. Naturalmente Guarasyáva, con la desesperación que le producía la idea de quemarse, hizo un esfuerzo sobrehumano y en un santiamén sé encontró fuera del círculo de hierro donde se hallaba aprisionada; sólo que de la prueba salió con la cara y el cuerpo arañados y chamuscados.Encamináronse luego hacia casa donde llegaron ya entrada fa noche. Guarasyáva refirió su desventura a su hermana, pero ésta al oír el relato y al ver su rostro en estado lamentable no pudo contener la risa. En esta circunstancia sonaron reiterados golpes en la puerta; era Paragua en persona, Toryja se sorprendió al ver que Paragua no había sido devorado por la pantera como así lo esperaba. Pretendió huir pero el tío, fuera de sí, le asaltó para descargar sobre él su justa indignación. Pero Tupina se interpuso rogándole que no hiciera caso del muchacho a quién le faltaba el juicio y para convencerlo de la verdad añadió: Que te refiera Guarasyáva la mala jugada que acaba de hacerle mientras estaban en tu búsqueda. Ahí se volvió al repetir el relato de las hazañas del bobo, al finalizar el cual, todos los circunstantes festejaron con hilarantes carcajadas, incluso los mismos damnificados.Esto acontecerá en todos los tiempos y lugares; hasta las malas obras se aplauden si se las realiza con arte. Hasta los robos (Jamunda) no constituyen un delito si el ladrón opera con mucho ingenio y si no es descubierto seguirá siendo honrado a la par de todos. Así que a Toryja le absolvieron de toda culpa y su tío Paragua en persona lo llevó y lo bañó cuidadosamente en las mansas aguas del Jamunday.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 21
Cuando la rosada aurora iba palideciendo y disipándose paulatinamente perseguida por los reflejos de una mañana azul, y cuando el astro rey parpadeaba sobre la selva verdioscura que se extendía a las márgenes del poético Amarasója, se levantaron los dos viejos atlántes en aquella memorable mañana y respiraron un oxígeno que era para sus espíritus algo así como una inyección reconfortante que les infundía ánimo y buen humor.Las brisas mañaneras acariciaban la frente envejecida de aquellos dos hermanos a quienes la Providencia les había predestinado para progenitores de la gran raza tupi guaraní.Paragua púsose de pie y en un arranque de inspiración exclamó: – En una mañana tan hermosa como esta ¿qué te parece hermano mío si hiciéramos un supremo esfuerzo y zanjando toda dificultad marcháramos ahora mismo hasta Hatlas? Amarasó le repuso vivamente: ¡Ni qué decir hermano! Toda vez que se trate de volver a nuestro adorado país yo estoy listo. Despertaron de inmediato a cinco de sus hijos, mozos fuertes y elegidos, tanto buenos nadadores como aguerridos y dirigiendo una última mirada de despedida al viejo hogar salieron sigilosamente, rebosantes de alegría.Gran emoción produjo en Amarasója la noticia de que los dos patriarcas habían huido esa madrugada con cinco de sus hijos hacia rumbos ignorados. Las esposas hicieron los más variados comentarios sobre el hecho y bien pronto se dieron cuenta de que había llegado al fin el momento tanto tiempo acariciado de hacer una exploración en busca de la Atlántida. Los excursionistas eran siete personas, a saber: Paragua, Amarasó, y sus hijos Guaná, Guajá, Mbyra, Ani y Toryja. Caminaron a marcha forzada todo aquel día, haciendo alto en un sitio elegido para pernoctar. Escogieron un montículo a orillas de un río y allí, rendidos por la fatiga, quedaron profundamente dormidos. En su primer sueño Guaja fue sorprendido por un Ka’aguypóra (hermano de Ka’apóra), dueño de aquellos lugares. Le apretó del cuello impidiéndole gritar, luchando con el fantasma toda aquella noche, recién a la madrugada Amarasó se dio cuenta de lo que ocurría a su hijo y sin pérdida de tiempo pudo atrapar al fantasma. Pero era ya tarde, Guaja se estaba descogotando y durante varias horas estuvo postrado en el lecho con el cuerpo tembloroso hasta que expiró. Con la indignación consiguiente, ataron cuatro veces al Ka’aguypóra, pero éste siempre hacia trizas sus ataduras. Por fin lo dominaron y asegurándole a un árbol, Amarasó se le acercó dándole un escupitajo; maldíjole así mismo pidiendo a Tupã que castigase al Poguyro, al cobarde que atacó a un dormido indefenso. Y Tupã lo transformó en Ñakyrambói (Jekiranambóia).Ya ocurrida esta metamórfosis, Amarasó se le aproximó y volvió a escupirle diciéndole: ¡Ah cobarde! ¡Horroroso vestigio! ¡Oh parto del monte! Tienes ojos pero no podrás ver; tienes alas pero no podrás volar; tienes la cabeza de un lagarto, eres dragón, eres cigarra, eres mariposa, eres murciélago, pero en resumen no eres ni una ni otra cosa. Tus dos caras exhibirán al mundo tu cualidad de hipócrita. Quédate así en castigo de tu cobarde acción. (La reproducción gráfica del precitado monstruo, aunque en miniatura, es la Fulgóra que fue descubierta por primera ves en las Guayanas).Antes de abandonar aquel sitio fatal, Amarasó dijo: Guaja na ápevoi ñañoty i rupa nunu , haguépe (Enterremos aquí mismo a Guaja, en este lecho donde estuvo temblando antes de morir). Y, luego de terminada la fúnebre y doliente ceremonia, limpiaron con esmero los alrededores de la sepultura y al retirarse prendieron fuego al montículo. Aquellos lugares legendarios quedaron con el nombre de Guajana (hoy dominación inglesa); y Rupa nunú es el río a cuya margen se halla la fosa de Guaja.Después de largas jornadas los exploradores alcanzaron la costa del Océano, desde allí los románticos patriarcas, escudriñaron inútilmente todos los horizontes del mar inmenso sin distinguir por ningún lado tan ansiada ciudad que afanosamente buscaban.En tal situación se decidieron a penetrar mar adentro. Pero, ¿como? Paragua se adelantó y dijo: Toda vez que tengamos plena voluntad, nada hay que pueda servirnos de valla. Yo aprendí de Gua’ira, el arte de construir embarcaciones y... ¡manos a la obra! En pocos días consiguieron alistar un esquife de regulares dimensiones, al que dieron el nombre de Mahori, hasta que llegó el esperado instante de botarlo al agua.Era un diáfano amanecer cuando los exploradores comenzaron a navegar mar adentro, dejando como denominación de la playa de donde salieron, el nombre de Gua'irã (hoy La Guaira, Venezuela.)Mientras iban alejándose de la costa, los hermanos atlántes se pusieron de pie y navegaban abrazados. Nunca se sintieron tan felices como en aquellos momentos: Un vaho caldeado, como si dijéramos el aliento de los mares, soplaba tibiamente sobre sus frentes arrugadas y aquel oxígeno salino respiraban con todos sus pulmones. Se sintieron rejuvenecidos y sus espíritus se transportaron a la primera edad, desde el instante mismo en que se encontraron en aquel ambiente tan familiar para ellos.Cuando adentraron el mar y ya no divisaron sino cielo y agua, de pronto percibieron a lo lejos un punto verdoso a donde se dirigieron llegando a una isla, a lo largo de cuya costa continuaron navegando. Súbitamente Paragua púsose de pie y como orientándose exclamó: ¡Kaembo parapeguára! (¡una isla de mar!)Yo conozco esta isla, agregó, es Para paundy jeré, (una de las Antillas). Cuando niños solíamos venir por aquí a cazar. ¿Te acuerdas Amaraso?...Siguieron navegando hasta encontrar otra isla cuyos alrededores exploraron, pero ya perdían la esperanza de encontrar la Atlántida, llegando al convencimiento de que el mar la había tragado para siempre. Mas, antes de darse por vencido, Paragua dijo: Toryja, haz una zambullida y explora el fondo, porque este es el sitio, me parece, donde estuvo ubicada la ciudad. Así lo hizo Toryja, pero bien pronto volvió a salir a flote diciendo: Me parece que hay muchas casas en el fondo, pero tuve que salir apresuradamente por temor a los tiburones que me acechaban.Siempre mentiroso Toryja, le increpó Amarasó y dirigiéndose al otro hijo le dijo: Mbyra háma toñapymí. (Ahora le toca el turno a Mbyra para sumergirse). Éste zambulló igualmente pero no volvió a salir a flote. Créese que estará todavía en aquella ciudad fascinante de donde nadie ha vuelto jamás. Aquella isla quedó con el nombre de Mbyrahama Hoy Bahama (Antillas).Después de este trágico suceso, reanudaron viaje hasta encontrar otra hermosísima isla ornada de gigantescas palmeras, en cuya playa de blanca arena se hallaba un ejército de guarapytánga oguyrapytangy (ave rosada o Flamenco). La tierra como el cielo presentaban el risueño aspecto de un rosado amanecer, debido al apiñamiento de estas pintorescas aves acuáticas en tales parajes.No lejos de la costa los expedicionarios detuvieron la marcha y Amarasó dijo a su hijo Guaná: Vamos a ver si tu tienes más suerte que tus hermanos.Guana zambulló apareciendo rato después sobre la superficie de las aguas. Traía en sus manos un itaembo po’i (alambre) al que estaban sujetos tres itapygua (clavos).Los tomó el padre y doblando las puntas exclamó: Esta es una de las piezas del artefacto que en Atlántida nos servía para iluminar las habitaciones. Paragua en confirmación de lo dicho, agregó: Tienes razón, hermano: este es un kuarepotity kytyngo (un alambre de plata pulida). Estos extremos servían para unir a los recipientes de barro de los cuales pendían unas ñokendavoca (llave) que los ponían en comunicación con otro recipiente de cristal en el que se depositaba el aceite fosforescente que al hervir junto con el azufre, y el azogue producía una luz semejante a la del día. ¿Te acordarás también de aquel Arakua o pozo cercano a Vera Guasu, de donde se extraía el aceite luminoso?Entusiasmados por este hallazgo insistieron en que bajaran dos exploradores buzos y dijeron en coro: Pe ñapymi Guana ha Ani . Ndo roipotáinte pêsê pereyre: «Kóina ko rojuhu pe jahekáva» (Sumergíos Guana y Ani. No quisiéramos que salieseis sin haber hallado lo que buscamos).Los dos valientes muchachos se arrojaron de cabeza en el mar, dejando una estela de espirales sobre la superficie líquida. Largo rato estuvieron sumergidos ambos, ratos de gran expectativa, hasta que aparecieron a la superficie luchando aprisionados en los tentáculos de un enorme monstruo marino. Al verlo Paragua saltó con su filosa arma a defenderlos, pudiendo dominar bien pronto al terrible enemigo, que resultó ser un Pira Jagua (pez perro que tiene la cara parecida a un bulldogg y es tan grande como una casa). Consiguieron arrastrarlo hasta la playa donde con mucho trabajo lograron desprender a Guana y Ani de los tentáculos del Pirajagua; pero por desgracia eran ya cadáveres. El uno tenía el cráneo destrozado y el otro la espina dorsal fracturada.El dolor de los dos patriarcas era indescriptible; en vista de estos sucesivos fracasos y lo incierta que resultaba cada vez más la empresa de encontrar al añorado terruño, llegaron a sospechar que habían equivocado el camino o seguirían sumergidos en el fondo del mar; posiblemente porque la expedición estaba compuesta de siete personas, y los espíritus maléficos les guiaron por las sendas del fracaso en la isla de Guanapane .Acto seguido procedieron a la inhumación de los despojos de aquellos dos héroes, los cuales depositaron debajo de unas peñas, dando esto lugar a una ceremonia de tocante e indescriptible emoción, que culminó al tener que abandonar aquellos dos restos queridos en un lugar tan desolado y lejaño.Una extensa banda de golondrinas se congregó en aquellos momentos sobre las rocas, como si quisieran descubrir lo que allí acababan de ocultar.Entonces los patriarcas, llenos de supersticioso pavor exclamaron:Paragua, Amarasó y Toryja, eran los sobrevivientes de aquella aventurada expedición; como ya nada les quedaba por hacer allí, resolvieron abandonar definitivamente el febril afán de buscar la Atlántida para regresar a sus casas.Y a medida que la embarcación se iba alejando de la costa, dirigían una última e inquietante mirada hacía aquel fatídico lugar, pronunciando estas dolientes palabras: ¡Guaná ha Ani...! ya quedáis acá para siempre...Y la tradición consagró aquella isla con el nombre evocador de GUANAHANI o de GUANA PANÉ.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 22
Después de estas trágicas aventuras, los excursionistas sobrevivientes viraron con intención de regresar a sus lares. Remaban con ahínco porque ya se aproximaba la noche y las tinieblas comenzaban a derramar su negra tinta sobre el anchuroso mar. Un hálito caldeado y sofocante hacía prever la proximidad de una borrasca.De pronto divisaron sobre la superficie de las aguas, extensas sábanas luminosas. Eran como reflejos de luna, o cual áureo líquido hirviente o aceite luminoso y fosforescente, que abarcaba considerable extensión.Mientras seguían remando a toda fuerza, por la retaguardia sintieron que un oleaje avasallador empujaba y hacía deslizar la frágil embarcación con una rapidez vertiginosa, obligándola a entregarse al azar de una corriente tan veloz como incontenible. En medio del bramido ensordecedor de las aguas, quizás por efecto de una alucinación, nuestros bogavantes escucharon clara y distintamente una voz atronadora que provenía del fondo del mar, o tal vez del ambiente y que sería la voz del padre de los atlántes que decía estas palabras:¡Hola! ¡Hola! muchachos ¿qué andáis buscando por acá? ¡Si seréis traviesos! Dejad estas aguas y volved presurosos a vuestras viviendas. Aquella ciudad que buscáis, Tupã ha dispuesto que permanezca sumergida para siempre; y esas luces fosforescentes sobre las cuales os vais deslizando, son las emanaciones de la materia orgánica de vuestros antepasados, los atlántes; estos reflejos aparecen sobre la superficie de las aguas cada vez que se avecinda una gran tempestad como ésta.En ese mismo instante, la ráfaga de un amandareko terrible les alcanzó y los arrastró a gran velocidad en una marcha que duró largas horas, y por fin, terminó por arrojarlos contra una costa rocosa, haciéndose astillas el esquife.Los náufragos ateridos y medio desmayados se encontraron tendidos sobre una piedra, mientras el padre sol que en ese momento tendía por el espacio su dorada cabellera, alumbró el cuadro final. El epílogo macabro de aquella temeraria expedición. Con el calor solar se reanimaron los cuerpos de los héroes de esta aventura y levantándose observaron el lugar en que se encontraban, permaneciendo cabizbajos y meditabundos. Extenuados, hambrientos y afiebrados, lanzaron un suspiro, perdida ya toda esperanza.Paragua, para orientarse, se subió sosteniéndose de un remo, a una alta roca y desde allí observó bajo sus pies el continuo azotar de las olas contra la costra pétrea y desolada. De improviso llamó a su hermano Amarasó, le gritó y comenzó a mirar fijamente hacia un punto como si llegara a divisar algo a través de las olas exclamando: ¡Aguardad! ¡Aguardad! ¿Qué es aquello que aparece casi a flor de agua? Es una gran ciudad llena de casas de estilo gótico, profusamente iluminada. ¿Por ventura no será Halánte? Mirad, por favor... ¿veis? Sí, sí... Ahí está Halánte; aquella ciudad que siempre fue mi obsesión y mi dorado sueño, aquella que fue motivo de mis tristes insomnios y de mis visiones inefables; de mis penas y alegrías; aquella de la cual nunca he pensado alejarme, aterrándome la idea de tener que dejar mis huesos en tan remotas playas.Y hoy, cuanto más se acerca el fin de mi vida, más me atrae, y voy llegando precisamente a ella...¡Silencio! ¡Silencio! ¿Veis que ya está más cerca? Yo la distingo perfectamente... ¿O es que estoy soñando?¡No! Hoy más que nunca me siento despierto y alegre...¡Halánte! ¡Halánte!... Yo te estoy viendo aquí, debajo de mis pies. Al fin llegamos... ¡Compañeros! ¡compañeros! si sois hombres seguidme que yo marcho adelante...Al decir esto, Paragua, poseído del delirio dio un salto como una rana y zambulló en las encrespadas aguas del mar. Tras breve momento, reapareció haciendo titánicos esfuerzos por sostenerse sobre la superficie. Su hermano Amarasó, que le observaba en ese trance, se arrojó tras él con la intención de salvarle pero Paragua, en el paroxismo de la muerte, consiguió asirse de la cabellera de su hermano trabando su libre movimiento para la natación. Así, fuertemente abrazados desaparecieron para siempre en el mar de los Karaive.Toryja, el pobre Toryja, encontrándose completamente solo en aquel desierto, comenzó a ambular desorientado.Aquella península que fue el ocaso de los dos patriarcas, antepasados de la extensa raza tupí guaraní, apodados Amarasó y Paragua, quedó consagrada con el nombre de Península de Paraguaná, y el mar donde está situado el parapaundy (Antillas) tomó la denominación del mar de los Karaive o Caribe.Toryja, solitario y vagabundo, alimentándose de la caza y la pesca mediante algunos elementos que pudo retirar de la extinguida expedición, marchó días enteros bordeando un golfo y luego un gran lago que hoy se llama Maracaibo, (entre Venezuela y Colombia).Un día mientras pescaba al borde del mismo golfo, vio una bandada de gaviotas que volaban a ras de las aguas desprendiéndose de pronto una de ellas para venir a posarse sobre su misma caña de pescar. Tanta mansedumbre del ave marina le admiró y como los guaraníes fueron siempre muy supersticiosos, levantó suavemente la caña y vivamente emocionado interrogó a la gaviota:¿Qué quieres de mí, pobre pájaro? ¿Tienes hambre?...Fue efecto de la sugestión o acaso de la alucinación, lo cierto es que el ave le respondió: Te comunico que tu padre y tu tío ya están en su país. Encontraron a Halánte transformada en un paraíso. Sus grandes sufrimientos ya han cesado y yo soy su mensajera de ventura y alegría. Sus almas buenas revolotearán cual azules colibríes por sobre estas Antillas. Sus restos mortales, siempre abrazados, las corrientes los han arrastrado a la costa misma de este golfo de Goajira . Y allí permanecerán eternamente como su lengua, tupí guaraní, también en abrazo estrecho, reinarán en esta parte del Continente a pesar de todas las persecuciones.Vosotros sus descendientes, conoced ese lugar y tratad de comunicaros con ellos, os hablarán por intermedio de las ondas del viento. Si prestáis atención escucharéis su voz aunque no os será dado contemplar sus rostros sino veladamente y en forma más o menos horrorosa. Pero debéis estar prevenidos de que toda manifestación sobrenatural que observareis, en forma vaga o fantástica, serán ellos mismos que la provocan.Toryjaconservó fielmente en su memoria aquellas palabras proféticas del ave mensajera, por la cual llegó a saber el paradero de su padre y de su tío y desde aquel momento su espíritu parecía despertarse. Se orientó y tomó inmediatamente el camino de Amarasóya.Aquel lugar, debido a la revelación de la gaviota, llegó a ser en el correr de los tiempos el centro de donde nacieron las leyendas sobre póras, fantasmas, duendes, etc. Los primeros pobladores de la costa del Goajira, guiados por aquellos relatos, apenas llegada la noche, ponían oídos atentos a cualquier ruido sobrenatural y en su imaginación exaltada por la fantasía, creían escuchar cosas singulares.Refieren que por la ribera del golfo se oían ayes lastimeros, quizás de almas en pena. Ora la exhalación de hondos suspiros, ora el son de aires melancólicos, hacía que los más supersticiosos, con misteriosa voz, repitieran: ¡Paragua aipóa! , en la creencia de que era el espíritu de Paragua el que vagaba por aquellos lugares. (Hoy Paraguaipóa es una población situada a orillas del Goajira en Colombia.)Las supersticiones nacidas de la sugestión colectiva, sentaron sus reales entre los lugareños. Doquiera se le presentaban espectros, sombras de formas humanas que se arrebujaban, a veces con la cabeza atada. Oían llantos dolientes, veían siluetas de hombres que gateaban en la obscuridad, cerdos sin cabeza, perros que aullaban... Divisaban asimismo luces extrañas que alumbraban a intervalos la ribera. Algo flotaba en las tinieblas que nadie podía explicar. Un ente misterioso, oculto en las sombras, requería al viandante, le chistaba o le pedía un favor. Todo esto enervaba los ánimos y ponían carne de gallinas al más pintado por su coraje. De suerte que antes de ponerse el sol los lugareños ya se encerraban herméticamente en sus covachas, donde seguían bajo la influencia de un terror pánico.¡Cuantas leyendas pintorescas se han forjado por aquel entonces! Cualquier pequeño ruido motivaba la exclamación sacramental ¡Paraguáaipóa! Y aquellos sucesos estrafalarios, inspiraron los cantos de las generaciones que se sucedieron llegando hasta nosotros con el mismo vigor de antes y con visos de verdad, según las creencias de neutra gente del pueblo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 23
En una mañana, memorable apenas despuntado el día, llegó a su hogar aquel Toryja de quien se decía haber sucumbido con los demás exploradores.Aquello fue toda una sorpresa. Su desconsolada madre le saltó al cuello y le llenó de caricias, y rodeado de los demás parientes le colmó de interrogaciones. Mas él conservó siempre su genio humorístico y haciéndose el chistoso excusó decir palabra acerca de sus aventuras, sino a cambio de apetitosos manjares y valiosas dádivas. Comenzó diciendo: Peruraêta mante ko’ape hi’upyrã (Traigan primero algo que comer). Traigan un pato frito y buenas chipa de mandioca, colóquenme una hamaca y háganme descansar columpiándome estas muchachas ociosas. Dénme chicha para beber y rodéenme de confort y alegría si quieren conocer la historia de nuestra expedición.Las jóvenes que le rodeaban le decían en coro: ¡Oh, el gran señor, qué pretencioso vuelve del viaje! ¡No sabe otra cosa que pedir! Traer y traer. ¡Ah, está hondamente mimado éste indiencito feucho! De hoy en adelante le llamaremos Perurima. (Traed más y más). Mirad que angurriento, que tragón insaciable.Tres días duró la gran expectativa y nadie consiguió arrancarle la más mínima noticia relativa a la suerte que corrieron sus compañeros. Sólo después que obtuvo todo lo que quería comenzó el integral relato de la expedición. Y cuando llegó a la parte donde refiere que la gaviota mensajera le había enterado que Paragua yAmarasó habían sido arrastrados por las olas del Caribe hasta las playas del Maracaibo en Colombia, las dos viudas Guarasyáva y Tupina se abrazaron muy impresionadas pero contuvieron el llanto porque había la creencia de que las personas que mueren en pos de un ideal, iban rectamente al cielo. A este efecto no era conveniente hacerles malos augurios derramando lágrimas, por el contrario, era necesario alegrarse para no quebrantar sus espíritus. Ambas mujeres levantaron los brazos hacia la luna y exclamaron llenas de unción:«¡Oh! Arasy, a ti te pedimos que protejas a nuestros esposos.»Y luego estuvieron comentando la vida de angustias que habían pasado lejos de su nación, formulando votos fervientes porque sus pobres viejecitos, después de tantos sacrificios, encuentren eterno y merecido descanso en el reino de sus mayores. Luego organizaron fiestas, cantaron y bailaron durante tres días, festejando el venturoso arribo de los patriarcas a su país resplandeciente, así como también por la llegada de Toryja, a quien le cambiaron el nombre por el de Perurima. Éste se veía constantemente rodeado de curiosos que le pagaban para que les relatara los pasajes más pintorescos y emocionantes de la expedición y en especial la odisea de su viaje de retorno después de quedar completamente solo en Paraguaná. A fuerza de tanto repetir la misma historia llegó a adquirir tal elocuencia que sus relatos subyugaban a sus oyentes, pues tenían pasajes de gran emotividad y comicidad.Algunos días después del regreso de Perurima Guarasyáva resolvió asimismo retornar al lado de los suyos y preparó el viaje con el sobrino Perú para llevarlo consigo a Mba’e vera guasu, respondiendo a aquella insinuación del finado Paragua, que anhelaba que su sobrino fuese a conocer otros ambientes y aprender algo más digno y elevado.Previamente enviaron un emisario para prevenir a los habitantes de Mba’e vera guasu del pronto retorno de Mamá Guarasyáva, noticia que despertó tanto interés como impaciencia y suscitó la curiosidad por conocer al famoso Perurima, de quién se decían tantas cosas en extremo interesantes.Los preparativos para la recepción se realizaban con entusiasmo indescriptible. Era cosa de ver como estaban adornadas las casas y el camino por donde debía desfilar la comitiva. Llenóse éste de una larga hilera de plantas de cuyas ramas pendían líquenes en forma de cabelleras que jugueteaban al leve soplo del viento. Flores silvestres de todos los perfumes y colores y frutas apetitosas fueron colgadas acá y acullá al alcance de los viajeros y su séquito.Se despachó a su encuentro una comisión compuesta de cuarenta doncellas todas montadas sobre Mborevisu (mborevi guasu) especie de tapir o gran bestia de colosales dimensiones (el gran Palæoterium) de la que se servían en aquel entonces los habitantes de la región para el transporte y también para la alimentación, siendo su carne tan apreciada que pronto se extinguió la especie.Un yvyvajere, a manera de carro adornado profusamente y tirado también por una yunta de Mborevisu, estaba destinado a ser la carroza de honor para conducir a tan ilustres personajes. En la playa del río Paragua-y desembarcaron de su esquife «Mahorí» los tan esperados viajeros que fueron conducidos en la carroza, seguida de una escolta de honor que entonaba cánticos y una muchedumbre que prorrumpía en vítores y daba lugar a una algarabía infernal.Así fueron llegando a Mba’e vera guasu ya al atardecer.La recepción alcanzó proporciones nunca vistas. Perurima fue a ocupar la silla de Avare guasu (Gran obispo) con el honroso título de Marandeco kuatiajara (Historiador) por ser conocedor de la historia y único sobreviviente de la expedición al Para de los Karaive (Mar de los Caribe) .En su honor se realizaron numerosos festivales, entre los cuales, lo que más le interesaba eran los banquetes, pues jamás los había visto ni soñado tan suntuosos.El Mba'e vera guasu presentaba más que nunca un aspecto deslumbrador. Las mujeres ataviadas a las mil maravillas usaban unas camisillas coquetonas y unas polleras cortas de vegetal, rayadas y de muy variados colores (el conjunto semejaba a una manada de cebras). Llevaban también cintos de cuero de distintas clases de animales silvestres, con preferencia de tigres. Sus cabezas ostentaban sendas peinetas, usaban igualmente mantillas floreadas y ornadas de borlitas. En las orejas llevaban pendientes de argollones de oro y los dedos ostentaban anillos de huesos con incrustaciones de piedrecitas de colores que eran talismanes y otros que parecían de brillantes.Por lo general las mujeres eran de aspecto simpático y constituía su característica el ma’e hory (las miradas risueñas) que a Perurima hacían perder la cabeza, a pesar de que él nunca resolvía declararse a ninguna de ellas.Así vivió por espacio de muchos años aquel feucho «Historiador», muy entrañado en el cariño de su pueblo. Tenía mucho amor propio, era muy susceptible y siempre tenía la manía de lucirse. Con tal fin inventaba cualquier cosa que otros no podían hacer. Sus trabajos de cerámica eran inimitables: sus botijas, cántaros, pequeñas estatuas, platos con relieves que representaban animales, víboras y mil objetos de arte, despertaban general admiración.Hasta llegó a inventar un fusil de aire comprimido. Al principio tomó una caña, de takuapi en la que introdujo cáscaras de naranja que con una baqueta empujaba violentamente produciendo una pequeña explosión debida a la compresión del aire que impulsaba así súbitamente a largas distancias las pidrecitas con que estaba cargado el caño. Este aparatito fue perfeccionado hasta utilizarse en la caza de pajaritos y también servía para infundir respeto hacia aquel que portaba el arma.De un mbure mbure (Eryngium) fabrico un mimby (especie de flauta) que después de felices ensayos le permitió ejecutar con ella algunos aires arrobadores. Con el concurso de varias guitarras hechas de porongos o calabazas, organizó una orquesta mágica que hacía congregar a su alrededor a toda la población en las encantadas noches de luna.Habiendo llegado a su conocimiento que su tío el ilustre Tumê había referido que antes del Diluvio, el Karumbe'ai y el Taturana, eran empleados para el transporte de carga, ideó también hacer trabajar como tales al Mborevisu, la Llama y Alpaca, animales que para tal destino dieranmuy buenos resultados.Así mismo Perurima había formado un repertorio notable de chistes, anécdotas y cuentos de su invención, todos llenos de ingenio y de chispeante humorismo, que le hicieron celebérrimo.De tradición en tradición se ha venido narrando los cuentos de Perurima que hasta el presente subsisten incorporados al folklore del guaraní actual.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 24
Muchísimos años, acaso siglos, transcurrieron hasta que en una diáfana mañana, sacudió de improviso la tierra de Guarasyáva o de Guaránia, Mbohapy árasunu (tres truenos lejanos) consecutivos y trepidantes.¿Qué habría ocurrido? ¿Truenos? ¿Caída de algún bólido o algún fenómeno sísmico? Muy pronto los ancianos guaraníes, haciendo memoria, recordaron lo que la tradición pronosticaba y convinieron en que aquella sería una señal de lo Alto. Era el anuncio de la llegada de los Karaiete y por ende el día del terror colectivo. Debido a una delación llegaron seguramente los enemigos de la raza, a descubrir el secreto, y vinieron para profanar ufanamente las tumbas de Guana y de Ani y usurpar los dominios de Rupavê.¿Quienes serian los delatores? Fue una sola golondrina que en un nefasto día traspuso los mares llevando en la mente el secreto que le confiaran los padres de la raza, y que aquella no pudo silenciar.Fue a revelar el secreto a un argonauta, a un karaiete. El argonauta medio enloquecido desde aquel día por la posesión del secreto, puso en juego todos los recursos para llegar al nuevo mundo cuya existencia se le revelara. Venciendo todos los obstáculos consiguió armar la expedición en tres carabelas. «Y, las carabelas clásicas partieron. Partieron guiadas por un pensamiento matemático, en dirección al Sol poniente, e intrépidas, se hundieron en la vaguedad del mar, en la zona donde reinaban nieblas y leyendas.Y se sorprendió el océano que durante siglos y siglos sólo vio aves marinas, estrellas y huracanes.Las olas se precipitaban y empujaban, desde confines ignotos y eternamente rodaban, pasaban y se perdían en círculos ruidosos. El viento remedaba cadencias fabulosas y las aguas grandes parecían traer rumores de otro mundo y presidir el sueño de una Atlántida dormida en la negra inmensidad.Con las preocupaciones melancólicas de la patria, estrella perdida en el Oriente, alternaban a veces terrores singulares, pero nada quebrantó la audacia de las altivas carabelas.Un cálculo de geómetra las empujaba adelante, siempre adelante, entre las brumas misteriosas, contra tormentas y leyendas. Y una luz trémula señaló al fin, el sitio donde los Argonautas del Oriente debían de arrojar su ancla de abordaje. Se realizaba el presentimiento de pensadores y poetas de otra edad. Las carabelas habían traído la Europa, adormecida por el vaivén de las olas, a playas ignoradas del planeta.Otro teatro para el destino humano, para el drama universal. El rumbo de nuevas estrellas en el cielo astronómico infinito y el rumbo de nuevas ideas en el cielo, también infinito, del espíritu.Una idea fija, estrella polar en la vida meditabunda y errante de un marino, había despertado a un Continente de su sueño milenario:«¡Oh, mil veces bendita. La inmensa fuerza de la mente humana!» (Dr. Manuel Domínguez).Era Cristóbal Colón que había tocado tierra de Guaránia con sus tres carabelas, disparando tres cañonazos que estremecieron el corazón de los aborígenes.El genio tutelar de la raza, maldijo entonces al mby'yi, al jurumby’yî (chismoso) conminándole a él y a sus descendientes a cruzar anualmente el gran Océano, para compurgar así la culpa de haber revelado un secreto sagrado.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 25
– «Comed cuanto queráis hasta que arribe a las playas de estas tierras el verdadero señor, el karaiete (13..), que vendrá un día para marcar el derrotero reservado a este continente. »Así había expresado Tupã a la primera pareja humana que creó en ocasión de la Génesis del mundo guaraní. Y era lo que iba a cumplirse al pie de la letra. Había llegado la hora en que la existencia del pobre indio sería un doloroso calvario.Ese fue siempre el temor del profeta Tumê, que con los otros antepasados imploraron a Tupã desde el limbo donde moraban para que la radiante ciudad guaraní, la cuna de la luz y del misterio, el Mba’e vera guasu, desapareciera a igual que la Atlántida, debajo de las aguas, antes de ser profanada por las plantas del enemigo. Y así aconteció.Tupãhabía acogido esa fervorosa petición. Fue desde ese momento que el Tupã ykua se enturbió y comenzó a bullir día y noche.La hermosa ciudad, pronto fue cubierta por las aguas quedando encenagada bajo el negro barro de las anguilas.No obstante haber desaparecido la famosa ciudad radiante (Mimbipára), la fuente divina o el Tupã ykua, (hoy degenerado en Tapaikuá), siguió vomitando sin cesar torrentes de agua, tal vez por las mismas perforaciones que hiciera practicar Paragua en busca del «Arakua», hasta que las aguas comenzaron a invadir las laderas de los cerros vecinos...Cuenta una tradición, que aquella fuente siguió bullendo, desbordándose y amenazando inundar la superficie de la tierra de Rupavê, coincidiendo este hecho con la llegada de un karaiete, (el padre Bolaños), quién la bautizó y la bendijo conjurándose así el peligro de la inundación. Pero el Mba’e vera guasu, la ciudad santa y misteriosa de los guaraníes, la ciudad mimbipára con toda su grandeza, ya había quedado para siempre sepultada en el fondo cenagoso del lago, como la Atlántida en el mar, y quedando ahora como el propio Mba’e vera guasu el lago Ykua Karai o Ypa karai fuente bautizada (V. 13)El autor de esta obra, creyó fundadamente, haber encontrado la confirmación de aquella leyenda, cuando un día, recorriendo la extensa playa del Ypacaraí, durante la gran bajante de sus aguas observada en el año 1919, encontró el cementerio de los antiguos habitantes del «Mba’e Vera Guasu», en el que se destacaba, sobre la superficie del lodo negro, una cantidad de esqueletos humanos sepultados en posición vertical, en su mayoría en avanzado proceso de petrificación. Puesto el hecho en conocimiento del Director del Parque y Museo de Historia Natural Dr. Carlos Fiebrig, este funcionario se constituyó en el lugar del hallazgo y previas algunas excavaciones, consiguió extraer varios ejemplares que se conservan hoy en el Museo del Jardín Botánico.Tocante a ese mismo asunto, el Dr. Fiebrig escribió un extenso articulo titulado «Nuestros Fósiles».Fue gracias a la oportuna presencia de Fray Bolaños que bendiciendo las enfurecida aguas, pudo conjurar el gran peligro, la fuente cesó de bullir y la inmensa masa líquida que cubría todo el cajón de Pirayú se descargó al río Paraguay. Pero en el valle donde antes se elevaba la ciudad resplandeciente (Mimbipára), no quedó sino un pintoresco lago, encajado entre las prominencias del Yvyty rembo (Cordillera), el Yvyty hálas (hoy cerro de San Bernardino) y el Yvytypane de Patiño.El Yvytyhálas es el cerro de Atlás o de Atlántida y el Yvytypane es el cerro aciago o cerro de la jetta, por razón de haber sido testigo mudo de la devastación del Mba’e vera guasu.En cuanto al lago, hemos citado en las Notas del poema guaraní varias etimologías. Nosotros opinamos que Ypakarai o Yupa karai, significa lago bendito o conjurado.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
CAPÍTULO 26
Con la sumersión del Mba’e vera guasu parece que no ha quedado ningún monumento material visible.Pero la lengua tupi guarani ha dejado sus rastros por los rincones más apartados de este Continente. Se ha infiltrado hasta la médula de éste sus antiguas dominaciones y bastaría un breve análisis para deducir de su toponimia la muda historia de esta parte del Nuevo Mundo, que recogemos aquí como base para la dilucidación de muchos puntos nebulosos de la etimología y teogonía guaraní.Aquellas deducciones las hicimos bebiendo en las fuentes originarias del acervo nacional: como son los refranes que son la expresión de la sabiduría popular, los mitos y leyendas nativas referentes al tópico; el sentido originario de las voces; las denominaciones de pueblos, lugares, ríos y montañas que siguen figurando hasta hoy en la nomenclatura geográfica y la toponimia del Paraguay, Brasil, las Guayanas, Venezuela, Colombia, Antillas, Mar Caribe y varias regiones o puntos de la Oceanía, hasta cerca del Africa. Consultamos las monografías escritas por el eminente etnólogo Dr. Moisés S. Bertoni, algunos trabajos de los eruditos americanistas Dr. Manuel Domínguez, Dr. Diógenes Decoud, Fulgencio R. Moreno y Eloy Fariña Nuñez.Estos datos nos colocan en la situación de poder revelar, la razón etimológica de la mayoría de las voces empleadas en el poema guaraní «NANDE YPY KUÉRA», así como también el argumento y la hipótesis en que se funda este poema etnogenético americano.En el capítulo final de «NANDE YPY KUÉRA» figuran referencias acerca de un fenómeno que se observa periódicamente en Yvytymi, y que consignamos aquí, desde que forma parte de las leyendas populares y por que también existe la suposición de que sea un vago reflejo de los antepasados guaraníes. Y si los descreídosQuisieran observarLos lumíneos reflejosDe la pasada edadA Yvytymi se vayanEn las tardes murientesEl misterio a admirarEn Yryvu mombeVeréis levantarseUna ciudad que fueLa urbe famosaHalánte tal vez...¡Que es digno por ciertoDe un film de interés!Y allá en pleno campoVeréis las procesionesDe los Mborevisú,De los Taturaná,Y de los Angusú: Cuyos nombres olvidadosEl tiempo disipó.También allá veréisAl Karumbe ai,Que andando apareceIndolente y pesadoY con paso a compás.Y la carreteríaDe aquel Perurima.De la noche entre el mantoVerse esas imágenesEsfumándose ya...Se cree que son almasDe los que ya no están,Y son como recuerdos¡Que vivieron acá!FIN
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
ÑANDE YPYKUERA
NUESTROS ANTEPASADOS (ÑANDE YPY KUÉRA) - Obra de NARCISO R. COLMÁN (N.R.C.)San Lorenzo, Paraguay. GUARANí, 1937. 152 pp.Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
Traducciones
Tupãv o Tupã = Dios supremo de los guaraníes.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Pavê = común o de todos.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tenondete = principio de todas las cosas.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Kuarasy o kuarahy = sol, foco de luz u origen del mundo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Arasy = madre del cielo cuya morada es la luna.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jasy = luna.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvyty o Yviaty = montón de tierra, cerro, montaña o colina.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvytyrembo = cordillera.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvytyrusu = cerro grande.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvytymi = cerro pequeño.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Arigua o Yvyty ári gua = Sobre la colina.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ka'a ruvicha = La yerba soberana.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvyja'u = Ave nocturna del Paraguay
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jukeri o Jukerei = Planta mimosa o sensitiva.
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Ambu'a = miriápodo, especie de cien pies.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tupãykua = Fuente divina.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ykuá karai = Fuente bautizada.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ypakarai = Lago consagrado.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Sypãve = madre común de la raza americana.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Rupavê = padre común de la raza americana.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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So'o ka'apeguãra o ka'apeguára = Animales silvestres.
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Tupa = cama o lecho.
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Karai = el que ha recibido el bautismo.
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Karaive = hombre civilizado (que fueron los atlántes)
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Karaiete = hombre muy civilizado (los europeos representados por Colón).
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Hague = vello, pelo o pluma.
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Yvyraso = gusano de la tierra. (Refiérese a todo ser viviente, en sentido figurado).
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Pe vy'ãro hendive = gozar de nueva vida.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jasyrata = estrella, constelaciones.
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Taû = espíritu del mal.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Angatupyry = espíritu del bien.
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Ka'a = bosque, monte, frondas.
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Ka'aguy = bajo el bosque.
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Pane = fatalidad o fracaso.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Angekovóra = Supremo Juez de la conciencia.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Hova pini = cara pintada. (El tatuaje).
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Marangatu = virtuoso o bondadoso.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Japeusa = Cangrejo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Porãsy = Diosa de la hermosura de fuerza hercúlea.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Guarasiáva o Guarasy'ava = Madre del hombre guaraní
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tupina o Tupinamba'e = Lo perteneciente a Tupí o madre de la raza Tupí.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yrasêma = Murmullo de las aguas, diosa de los cantares.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Mburukuja = Pasionaria.
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Mberu kuja o mberu ku ojaha = Criadero de moscas.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Mbya = gentes o personas.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tyvy = tumba, sepulcro o mausoleo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tava ypy o Tavapy = primer pueblo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Kerana = Diosa del sueño.
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Po kuã mokóî = Siete
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tamõi o Ramõi = Abuelo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Tamõi pavê = bisabuelo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Temiarirõ = nieto.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Temiarirõrirõ = bisnieto.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Temiarirõrirõrirõ = tataranieto.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Pytajovái = Abuelo del espíritu maléfico Taû.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Pokua mokóî jasyhópe guare = Siete mesinos.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Pokua mokóî hapeve = Siete varones nacidos consecutivamente.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Mbói Tú'i = Víbora loro.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jasy Tere, Jasy jatere o Jasy atere = Fragmento de la luna.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jaguaru = Padre del lobo grande.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Jaguarete o jagua ete = perro auténtico o chivi guasu como denominaban al tigre americano.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yvyty kuape = Cerro Kabaju.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ñemono'ongáva = Cabildo.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Pysyrõ = Amparar, salvar, defender, libertar o librar a alguien de algún peligro.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Angaipa = Mientras se mantengan vírgenes o mientras no cometan la fornicación.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Arandu ka'aty = Arte y sabiduría que infunde la virtud del ka'a ruvicha.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Savaypo oka'u = Borrachera o embriaguez.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Mañandára = Alcahuete, encubridor o traidor.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Mbyja ko'ê = Estrella matutina, Venus.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Yja = en el este
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Moñái kuare = gruta o caverna de Moñái.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ñe'e papára = Poeta, contador de sílabas o sea compositor de cantares.
Colmán, N. R. (1937). Ñande ypykuera. Imprenta y Editorial Guaraní. San Lorenzo (Paraguay).
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Ro'y rypy'a = Escarcha o nieve.
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